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Imagen del crítico Amadeo Lukas
Amadeo Lukas
  • Cantidad de críticas: 434
  • Promedio: 66%
  • Críticas favorables: 365/434 (84%)
  • Críticas desfavorables: 69/434 (16%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • El arbitro
    El arbitro
    Revista Veintitrés
    Pase de pantalla

    En momentos en los que el inminente Mundial 2014 invade todos los terrenos comunicacionales, este film italiano aborda propicia y oportunamente su temática. Si bien aborda el fútbol con una visión minimalista, El árbitro impregna con las simbologías típicas de esa pasión deportiva a toda su estructura estética. Hay films que han usado como excusa ese mundo para contar otras cuestiones, pero el director Paolo Zucca propone aquí un verdadero y muy definido canto audiovisual que identificará al ferviente adepto de cualquier rincón del mundo.

    Coproducida por Daniel Burman, El árbitro sirvió de apertura del reciente Cinema Made In Italy, contando con la presencia del realizador e intérpretes del film como Jacopo Cullin y Benito Urgu. Ambos, interpretando a un jugador desequilibrante pero desafortunado y un entrenador muy particular –¡no vidente!–, son dos baluartes de la película, que cuenta con un estilo expresivo desbordante. Dentro de una trama que integra los devaneos de un prestigioso árbitro desterrado a dirigir la tercera división, una rivalidad acérrima en esa categoría y el regreso al pueblo de un crack que probó suerte en la Argentina (cuyo inefable look evoca a varios futbolistas locales), el film depara escenas antológicas, algunas dotadas de una poesía premeditadamente fellinesca. Con una extraordinaria fotografía en blanco y negro y detalles que recuerdan mucho al Metegol de Campanella, El árbitro es una experiencia artística jubilosa. Y futbolera.
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  • El examen
    El examen
    Revista Veintitrés
    Claustrofóbica y acaso –sólo acaso- ideal para ser representada en un formato teatral, El Examen es un film también muy cinematográfico y atrayente. Se trata de la ópera prima del británico Stuart Hazeldine, que llega a nuestras salas cinco años más tarde y de la que resulta interesante apreciar las vicisitudes de un heterogéneo grupo de aspirantes a un codiciado puesto de trabajo en un hipotético mundo atravesado por un virus devastador, detalle que no es revelado de entrada. Este y otros elementos la internan sutilmente en el terreno de la ciencia ficción, un ingrediente algo sorpresivo pero que no deja de ser un aporte. Ocho candidatos con diferentes trasfondos culturales, etnias y sexos son enfrentados en una habitación de cemento y metal con diferentes fuentes lumínicas, más parecida a una prisión de alta seguridad que a una oficina de Recursos Humanos. El film de Hazeldine comienza siendo una radiografía de un inquietante test en la que las entrevistas laborales parecen ser interpeladas, sin embargo, todo parece pasar más por una competencia en la que el ingenio y los juegos de roles prevalecen.

    Pero cerca del final esta impresión cambia, como parte de sus virajes, hasta llegar a un desenlace que la redimensiona, brindando una vuelta de tuerca humanista entre tanto maltrato corporativo, pugna y codicia. Pese a sus notorias inspiraciones en El método y El cubo, hay una sustancia propia en El examen, además de mantener la tensión y el interés en todo su metraje –desarrollado casi en tiempo real-, con un par de buenas performances actorales.
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  • Winter: el delfín 2
    Winter: el delfín 2
    Revista Veintitrés
    Danza con delfines

    Tal como ocurrió con la primera película, la potente emocionalidad de la historia vuelve a llegar a través de un delfín y de carismáticos personajes humanos inspirados en seres reales que dedican su vida al trabajo en un gran acuario. Winter: el delfín se llamó aquel sencillo pero bello film acerca de una hembra gravemente herida rescatada por un niño y por un equipo del Clearwater Marine Aquarium de Florida, un centro de recuperación de animales sin fines de lucro. La historia recorría las difíciles alternativas del animal tras sufrir una amputación, y el tesón por su recuperación por parte de la gente del establecimiento y por ella misma. Algo que en la vida real ha causado una enorme inspiración para niños y adultos discapacitados, que diariamente concurren a visitar a la delfín y su prótesis especialmente diseñada que permitió que sobreviva.

    Nuevamente de la mano de la sensibilidad y la capacidad expresiva del realizador Charles Martin Smith, Winter: el delfín 2 retoma la trama a varios años de aquellos hechos, en donde resulta imperativo encontrar un animal para su piscina, ya que los delfines deben estar siempre en compañía. Surgirá otra delfín rescatada, mucho más pequeña, y el desafío será lograr que Winter y la recién llegada puedan establecer un vínculo y convivir, de lo contrario la licencia del acuario será revocada. Con un convincente y emotivo elenco, resulta un film ideal para los amantes de la naturaleza y más aún para los que admiran a los delfines, esas criaturas acuáticas tan lúcidas y afectivas. En cuanto a los niños, son innecesarias las recomendaciones: todos ellos aman a los animales sin hacerse planteos al respecto.
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  • El cazador
    El cazador
    Revista Veintitrés
    Subí que te llevo

    Inquietante, feroz, incómoda, sin concesiones, El cazador es una despiadada visión de la condición humana en situaciones extremas. Perteneciente al subgénero del cine post-apocalíptico, recurrente hasta el agotamiento en los últimos años, esta película del realizador australiano David Michôd redescubre esta impronta otorgándole una visceralidad casi intolerable. Todo lo que se ve o vislumbra en el film llega a las entrañas, se transforma en una vivencia compartida con el espectador en la que lo que ocurre parece palparse, olerse y hasta saborearse, en el peor sentido del término.

    Con un aliento de western desolado y futurista, El cazador reserva un espacio considerable a la redención, a la posible salvación de almas irredentas. El insospechado vínculo que se establece entre un hombre aparentemente desalmado e implacable y un joven desorientado y de escaso raciocinio signa de manera poderosa la segunda parte del film. El primero le salva la vida al otro sólo con la intención de no perder la pista de su vehículo robado, un auto rastreado obsesivamente quizá por contener algo valioso o como transporte en un mundo anárquico y desquiciado. Pero esa relación ventajosa entre ambos adquirirá otra envergadura, acercándola casi imperceptiblemente a una rara humanidad.

    Un impecable y pleno de sutiles matices Guy Pearce, componiendo a un lúcido y contradictorio criminal, acompañado por un sorprendente e irreconocible Robert Pattinson, cada vez más comprometido con su carrera artística, enriquecen una pieza notable, que va bastante más allá de estar adscripta a un estilo fílmico en boga. Un inesperado final, relacionado con ese codiciado automóvil, conmueve y redimensiona el film.
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  • Relatos salvajes
    Relatos salvajes
    Revista Veintitrés
    Puntos límite

    Rebosante de ideas, robustecidas por una enorme destreza narrativa, Relatos salvajes cumple desde el primer fotograma al último con lo que venía prometiendo desde el inicio del proyecto: un thriller ramificado, escabroso y atiborrado de personajes al límite de la perturbación absoluta. La estructura de episodios desconectados argumentalmente entre sí era una apuesta riesgosa, teniendo en cuenta la rareza y poca repercusión de este tipo de films. Pero evidentemente fue el formato que precisaba un Damián Szifrón recargado para volcar su catarata de tramas y obsesiones, una diversificación expansiva que encauce una cabeza poblada de visiones. Y el recurso de reunir seis cortometrajes, o una suerte de ellos, en un solo largometraje, resulta una determinación fascinante, que redefine genérica y expositivamente al film.

    Con tan sólo dos buenas películas en su haber, Szifrón es más conocido por su genial ciclo televisivo Los simuladores y aquí realmente se decidió a plasmar su talento expresivo en el cine sin guardarse nada, fuera de temores o prejuicios. Ingeniosa, impredecible, retorcida, grotesca, tragicómica, perturbadora y además divertida y entretenida, Relatos salvajes asombra y atrapa en cada capítulo por igual, con diferentes armas y elementos audiovisuales, surcados por extravagantes personajes inmersos en inauditas situaciones. Circunstancias que los irán llevando, dentro de una sociedad agresiva y decadente, en pos de una reparación justiciera, a un irremediable extravío. Y es lo máximo que se podría contar acerca de una obra en la que la sorpresa es uno de sus ingredientes clave.

    El párrafo final sólo podría estar dedicado a un elenco que no sólo se destaca por su poderío, sino por su convicción, entrega dramática (Martínez, Darín, Grandinetti) y despliegue físico (Sbaraglia, Rivas). Junto a ese núcleo protagónico, el espléndido nivel de intérpretes como Núñez, Gentile, Zylberberg, Cortese o Marull queda equiparado al más ínfimo papel de reparto, por lo que se trata de la mejor película de Szifrón, también, como conductor actoral. Simplemente un peliculón. Sólo hay que ir a verla.
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  • Gabor
    Gabor
    Revista Veintitrés
    Detrás de cámara

    Girando alrededor de un personaje singular y querible, Gabor combina documental con toques de ficción y propone diferentes vertientes, que quizá lo diversifiquen demasiado. De todas maneras, este film del cineasta argentino radicado en Madrid Sebastián Alfie logra con cierto encanto aunar sus distintas intenciones expresivas y atraer al espectador, más allá de que no todo esté bien amalgamado. Gabor parte de un trabajo por encargo: un corto que iba a referirse a un caso de recuperación de no videntes en Bolivia, y lentamente se transforma en otra cosa, pero sin embargo, y paralelamente, logra conectarse con la misma temática.

    Esto se produce gracias a la integración al proyecto de Gabor Bene, un húngaro ex director de fotografía que insólitamente sigue viviendo de alguna manera de su oficio, en este caso alquilando cámaras y lentes. Pero este hombre es también un buscavidas que atravesó por diferentes experiencias en su vida, no todas legales, y el director tiene la inconcebible idea de que lo acompañe en su tarea y vuelva a ponerse detrás de las cámaras, con toda la incertidumbre que eso conlleva. Desde España, el equipo de filmación llegará a Bolivia y algunas preguntas se irán develando en ese trabajo en el que la ceguera será también el tópico esencial. A pesar de no internarse a fondo en ese mundo, Gabor, fundamentalmente a través del hombre que le da título al film, logra interesar en todo momento.
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  • La ballena va llena
    La ballena va llena
    Revista Veintitrés
    El arca del arte

    A través de un proyecto casi inconcebible por su ambiciosa connotación, La ballena va llena narra las vicisitudes de un grupo de artistas que no permiten que nada ni nadie –ninguna crisis ni impedimento– les arrebate un sueño loco y aparentemente irrealizable. El colectivo de artistas Estrella del Oriente, integrado por reconocidos nombres –Juan “Tata” Cedrón, Marcelo Céspedes, Daniel Santoro, Juan Carlos Capurro y Pedro Roth, los realizadores del film–, están en principio persuadidos de que el concepto y el alcance de lo que normalmente se define como obra de arte se puede ampliar y redefinir. En la concepción de un proyecto de enorme envergadura artística que se mixtura con un intento solidario de una magnitud semejante, el film combina documental con situaciones recreadas ficcionalmente al narrar la excéntrica pretensión de un grupo incondicionalmente creativo. Ellos advierten que en Europa las leyes destinan importantes sumas de dinero a las obras de arte; entonces sostienen con legitimidad que se podría convertir a los migrantes en algo equivalente, para que no sean perseguidos ni deportados. Para lograr ese objetivo se proyecta la construcción de una suerte de crucero en forma de ballena que los contendría a la vez que sería la meca del arte mundial. Con casi imperceptible ironía y picardía y una gran perseverancia conceptual, el film analiza los sinuosos destinos de fondos y becas, entre la realidad y una virtuosa y reconfortante irrealidad.
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  • Guardianes de la galaxia
    Guardianes de la galaxia
    Revista Veintitrés
    United colors of Justicieros

    La franquicia de Marvel no deja de aportarle viejos y nuevos héroes a su formato cinematográfico. En el caso de los Guardianes de la galaxia, se trata de un puñado de desquiciados personajes con superpoderes que tratarán de revindicarse de sus pecados y convertirse en salvadores del universo. Nada demasiado novedoso, pero tampoco muy transitado en este terreno, y en esta nueva traslación fílmica de un cómic, el resultado es sumamente atractivo, pese al escaso conocimiento de los justicieros galácticos elegidos para recrear.

    Se trata de unos inadaptados sujetos multirraciales que abarcan un amplio rango dentro de los reinos animal y vegetal. Como Groot, un enorme árbol regenerativo humanoide; Rocket, poderoso mapache parlante e inteligente; Gamora, la letal villana de piel verde; el tatuado y fornido Drax El Destructor, y Peter Quill, el único y corajudo humano, cazarrecompensas y consumidor de música retro, que irá aglutinando al heterogéneo y marginal grupo.

    Parte de esta mitología apareció en una edición de la marca en 1969, pero bien entrado el nuevo siglo se reconfiguró en una generación de guardianes que se ha versionado en este enérgico, humorístico y centelleante film en 3D. Ambientada mayormente en el espacio y muy alejada del universo de Los Vengadores, Guardianes de la galaxia es más un film de supervillanos que combaten entre ellos que de superhéroes, e integra la aventura, la ciencia-ficción y un ácido humor a su entretenido cóctel audiovisual. James Gunn, un cineasta con pocos antecedentes, maneja toda esa mixtura con enorme capacidad y gran dinamismo.

    Un fulgurante grupo de intérpretes termina de amalgamar el producto. Además de los buenos protagónicos de los cinco renegados-guardianes, entre los que se destacan Chris Pratt y la voz de Bradley Cooper como el mapache, aparecen talentos como los de John C. Reilly, Glenn Close y Benicio del Toro. Héroes casi desconocidos e inesperados, pero muy disfrutables.
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  • El planeta de los simios: Confrontación
    Llegando los monos

    Siguiendo la tendencia de generar nuevas y redituables sagas, la revisión de esta franquicia iniciada por una película señera y memorable de la ciencia-ficción de los ’60 como El planeta de los simios es una de las mejores apuestas recientes de Hollywood. Aquella pieza emblemática dirigida por Franklin J. Shaffner y protagonizada por un ícono de la época y el género como Charlton Heston dio pie en su momento a una insufrible serie de secuelas y una serie televisiva que jamás remedaron el nivel narrativo y simbólico del original.

    Tras una torpe intentona de remake de un desconocido Tim Burton hace una década, parecía que la genial trama urdida por Pierre Boullé iba a quedar archivada, pero El planeta de los simios: (R)evolución de Rupert Wyatt fue el extraordinario puntapié inicial de una renovada exploración de la trama. Con sustanciosos elementos expresivos, visuales, filosóficos y alegóricos, esa precuela logró atraer, conmover y conmocionar a la vez.

    Y esta continuación, aún en proceso de revisar los orígenes de la historia, mantiene su gran calidad y preceptos conceptuales, robusteciendo con inteligencia y sensibilidad sus aspectos más conflictivos. Quizá se podría reprochar en …Confrontación que arranque con el trillado paisaje post apocalíptico del cine de anticipación contemporáneo (planeta devastado y con pocos sobrevivientes despojados de toda tecnología, que vuelven a las fuentes en una urbe abandonada). Pero aquí están los simios, que viven en comunidad en el bosque y han evolucionado gracias a César, el chimpancé rebelde del primer film, sin dejar de lado ámbitos y hábitos naturales. Tanto los humanos como ellos cuentan con un líder positivo y otro negativo, y esas polaridades no tardarán en hacer eclosión. Matt Reeves, director de la excelente y pionera Cloverfield, logra establecer una narración clásica pero creativa y atrapante, llegando a uno de los puntos más altos en la técnica de captura digital de movimiento en las caracterizaciones de los simios, especialmente la de Andy Serkis como César. El elenco humano funciona y el film, pese a no descuidar su hondura dramática, no da respiro.
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  • El inventor de juegos
    El inventor de juegos
    Revista Veintitrés
    Jugar por jugar

    Financiada entre Canadá, España e Italia, El inventor de juegos es una coproducción muy particular. Pese a los países participantes, está protagonizada mayormente por intérpretes anglosajones y hablada originalmente en inglés; sin embargo, fue dirigida por el cineasta argentino Juan Pablo Buscarini, basándose en la novela de otro compatriota, Pablo de Santis, y rodada íntegramente en suelo argentino. Heterogéneos detalles culturales y regionales para un film dirigido al público infantil en 3D que, de todos modos, cuenta con unidad expresiva y la suficiente magia como para atraer al sector al que está dirigido. A través de la historia de un niño de 7 años apasionado por los juegos de mesa, logra interesar a niños de distintas edades y atraer a los adultos, con un despliegue visual pocas veces alcanzado dentro del género en el cine nacional.

    El protagonista accederá a un concurso y se transformará en una pequeña eminencia en ese metier lúdico, lo que le permitirá vivir aventuras, dificultades, encuentros con peculiares personajes y diversos misterios a resolver. Atractivas fantasías atemporales y realidades paralelas se irán sumando a la trama, más allá de algunos huecos en la estructura dramática. Las muy cuidadas imágenes del director de fotografía de Orgullo y prejuicio, Román Osin, y del diseñador de producción Dimitri Capuani (La invención de Hugo Cabret, Pandillas de Nueva York) compensan satisfactoriamente esas falencias. Se les suman sólidas actuaciones, en especial la del niño David Mazouz y figuras como Joseph Fiennes, Tom Cavanagh y Edward Asner, mientras que los intérpretes argentinos Alejandro Awada y Vando Villamil aportan su indudable oficio. El mejor logro en la interesante trayectoria de Buscarini, pionero a través de Condor Crux y solvente en films posteriores como El Ratón Pérez.
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  • Ismael
    Ismael
    Revista Veintitrés
    En el nombre del padre

    Nutrida de premisas y situaciones dotadas de un alto contenido emocional, Ismael vuelve a poner en vigencia la capacidad expresiva de Marcelo Piñeyro, aquí con una temática inusual en su versátil filmografía: el director de Tango feroz, Caballos salvajes y El método ha dado sobradas muestras de aportar singulares variaciones a sus trabajos fílmicos. En este caso se introduce en una trama tan distante de esos títulos como lo fue Kamchatka, su único opus con un niño protagonista. Porque aquí la problemática abordada nada tiene que ver con la opresión de la dictadura ni tampoco con nuestro país, ya que Ismael está ambientada en Barcelona y Madrid y todos los personajes son de ese origen. Todo gira alrededor de un niño de ocho años que desea con toda su pequeña humanidad conocer a su padre, un misterio que su madre nunca le aclaró del todo: por eso escapa de ella y se toma un tren en soledad en dirección a él, con los pocos datos con los que cuenta. Así arranca un verdadero remolino de sentimientos comandado inteligentemente por Piñeyro, quien logra una de sus mejores obras, tanto desde el aspecto narrativo como interpretativo, además de aportar notables imágenes en las locaciones seleccionadas. Con actuaciones intensas y verosímiles de Mario Casas, Belén Rueda, el pequeño talento de Larsson Do Amaral y el carismático Sergi López, Ismael propone una historia entrañable, desbordante de genuina emotividad.
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  • El pacto
    El pacto
    Revista Veintitrés
    Legado oscuro

    Suspenso y terror de muy buena calidad es lo que tiene para ofrecer, ni más ni menos, este modesto film estadounidense de bajo presupuesto. El pacto no innova demasiado, dentro de claras y habituales reglas del género, pero sin embargo las reformula con un estilo depurado y verosímil, logrando una tensión apropiada al potente relato que está narrando. El film del debutante Nicholas McCarthy no apela prácticamente a efectos visuales, y sólo con miradas, planos muy expresivos y una edición punzante, logra mantener la atención durante todo su metraje, a la vez que impacta y asusta con buenas armas. Su película tampoco recurre –salvo uno o dos momentos muy breves– al gore o a lo gratuitamente sanguinolento.

    Dos hermanas se enfrentan a un oscuro legado de su madre, recién fallecida. La casa de la mujer les trae recuerdos atormentadores, pero eso no es lo peor: una de ellas desaparece y la hija que queda deberá investigar su inexplicable falta, lo que traerá aparejado nefastos descubrimientos. Con una inquietante interpretación de Caity Lotz, bien acompañada por el reaparecido Casper Van Dien y Agnes Bruckner, más pequeños roles muy bien cubiertos, El pacto es un impecable ejercicio de estilo, que resulta en una sustanciosa propuesta de género.
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  • Lumpen
    Lumpen
    Revista Veintitrés
    Padre e hijo

    Debut cinematográfico como realizador del gran actor Luis Ziembrowski, Lumpen propone un verdadero desafío expresivo, pero revela aciertos y falencias. Un notorio espíritu críptico en la trama predomina en el film y lo vuelve fatigoso, especialmente para encontrar el hilo por donde se encamina la narración. En un escenario temporal, escenográfico y social ambientado a comienzos de este siglo, en pleno conflicto político y financiero, Lumpen se interna en una suerte de comunidad con una profunda crisis de valores y de propósitos vivenciales. En ese desclasado espacio en el que conviven una panadería, una fábrica, una remisería y otros elementos, el protagonista, un fotógrafo desmotivado, se debate entre una realidad incómoda y un contexto asfixiante, intentando darle un sentido a sus vínculos familiares. Especialmente al incierto rumbo de su hijo adolescente, entre vocaciones audiovisuales y boxísticas y la búsqueda de su identidad sexual.

    El film se mueve en una suerte de realidad paralela, a veces naturalista y otras ensoñada o surreal. Con buenas interpretaciones de un elenco de figuras no afamadas pero reconocidas –Sergio Boris, Diego Velázquez, Daniel Valenzuela, Analía Couceyro, Gabo Correa, Fabián Arenillas y el joven Alan Daisc, entre otros–, Lumpen es consistente dramática y visualmente, pero no logra amalgamar del todo su propuesta estética y narrativa.
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  • Madam Baterflai
    Madam Baterflai
    Revista Veintitrés
    Un film de género

    Basada en singulares testimonios de hombres que decidieron pasar el resto de sus vidas –en distintos grados de profundidad y determinación– dentro del género femenino, Madam Baterflai es un documental apasionante y revelador acerca del travestismo y la transexualidad. En realidad, el film de Carina Sama ahonda fundamentalmente en el tema de la identidad: todas sus criaturas desean con intensidad afirmarse en su nuevo género, además de tener un lugar en el mundo que las cobije y llevar adelante una vida plena. Con la intervención de parientes directos de los protagonistas y especialistas en cuestiones biológicas y psicológicas, el film posee un desarrollo bastante habitual dentro del género; sin embargo, cuenta con un par de quiebres expresivos y temáticos que lo distinguen. Esto se produce, en primer lugar, cuando un par de ellas, luego de referirse a vicisitudes familiares y cotidianas, entran de lleno en la problemática de la prostitución. Y luego, cuando se revela que una tuvo un final trágico a poco de haber terminado el rodaje. Elementos que se suman a su transversalidad moral y su deconstrucción social, que la enaltecen como documento. Algunas imágenes artísticas de gran expresividad y el carisma de sus heroínas terminan de redondear una gran pieza testimonial.
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  • El secreto de Lucía
    El secreto de Lucía
    Revista Veintitrés
    Pareja despareja

    El secreto de Lucía propone, como primera medida, el aporte de una trama inusual, que no se asemeja a ninguna ofrecida por el cine nacional en los últimos tiempos. Un mérito que, de todos modos, no es suficiente como para redondear un gran film, pero igualmente Becky Garello alcanza momentos interesantes en su ópera prima, desarrollada en gran parte en un viejo colectivo fileteado, que le otorga al film un toque de road movie. Una idea extravagante, arriesgada y aparentemente redituable moviliza a uno de los protagonistas, un porteño bohemio con inclinaciones artísticas no muy definidas que desea llegar a la calle Corrientes a como dé lugar. Para ello aprovecha las características físicas de un hombre que, sin tener los rasgos faciales clásicos de un enano, posee su altura. Así formarán un dúo con el que viajarán por el interior del país haciendo un peculiar show que alcanza relativo éxito. La protagonista que le da título al film interactuará con ellos artística y afectivamente, en situaciones en las que también intervendrá otro hombre, en ambos planos.

    Con alguna amplificación forzada de conflictos amorosos, el film prosigue su marcha al igual que esa suerte de teatro ambulante, conformando una apuesta aceptable. La interesante dualidad del rol de Carlos Belloso está acompañada por correctas actuaciones de la bella Emilia Attias, Tomás Pozzi y Adrián Navarro, también como narrador de la historia
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  • Fermín
    Fermín
    Revista Veintitrés
    Recuerdos de un compadrito

    Tanguera, evocativa y entrañable, Fermín ofrece alternativas y condimentos que mantienen el interés a lo largo de todo su metraje, logrando además convocar a la emoción. Debut cinematográfico del tándem compuesto por Oliver Kolker y Hernán Findling, el film narra una historia que atraviesa varias décadas y tiene como hilo conductor al personaje del título, un Fermín algo despótico, que de respetado compadrito en los años ’40 pasará a ser un solitario anciano recluido en un errático centro de salud mental. El film se ubica de entrada en ambos espacios temporales: en el hospicio, un joven médico busca desentrañar el misterio del comportamiento del protagonista en los arrabales de aquellos tiempos, la época de oro del tango. De a poco la trama irá revisando las controvertidas vivencias de ese guapo milonguero atormentado por un amor no correspondido, que sojuzga a causa de ello a la mujer que sí lo ama y a su descendencia.

    Con algunos recursos narrativos logrados, como ese perturbado Fermín que se expresa sólo con letras de tango, y una atrayente pintura de las milongas actuales y pretéritas, la película progresa y acrecienta su emotividad. Un par de decisiones de casting no demasiado acertadas no desmerecen el muy buen desempeño del elenco, con el regreso de Héctor Alterio y un Emilio Disi notable, fuera de registro.
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  • Ella se va
    Ella se va
    Revista Veintitrés
    Aventura con Mercedes

    Suerte de combinación de comedia dramática con road movie, Ella se va seduce con su trama cambiante y singular pero fundamentalmente por la presencia magnética de la gran Catherine Deneuve. Abordando un rol sin tanto glamour, la Deneuve aquí es una mujer simple pero contradictoria: por un lado, se comporta como una adolescente, al abandonar de golpe su vida rutinaria y familiar, y por otro, demuestra madurez al no estar demasiado atada a su pasado de fulgurante reina de belleza. Al contrario de sus colegas, con las que se encuentra –muy a su pesar– en un revival periodístico y publicitario. Esa mujer con problemas financieros y una molesta relación con su madre posesiva hace eclosión, y con la clásica excusa de ir a buscar cigarrillos se lanza a una aventura no planeada con su viejo Mercedes. Pero su vida cambiará por el encuentro con un nieto al que no ve desde hace años, vínculo que dará pie a los mejores y más entrañables momentos de la película.

    La también actriz y realizadora Emmanuelle Bercot (directora de la interesante Backstage) da la sensación de haber bosquejado una trama madre y luego haberse dejado llevar por lo que le proponían los caminos y paisajes de su país, los personajes y esencialmente el carisma y la persistente belleza de la legendaria intérprete francesa. Con aciertos expresivos y algunas lagunas, Ella se va es un film disfrutable, de la mano de una actriz fascinante y un convincente niño como partenaire.
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  • Condenados
    Condenados
    Revista Veintitrés
    Abordando hechos sucedidos en la cárcel de La Plata en los primeros años de la dictadura cívico-militar, Condenados nos acerca a un momento poco conocido de la historia trágica de aquellos años de absoluta impunidad. La Junta Militar concentró en ese penal a miles de presos políticos, separando a líderes de movimientos como Montoneros y el ERP en celdas bien identificadas, pabellones de la muerte, en donde el objetivo era ejecutar fusilamientos sin juicio. El film de Carlos Martínez, su segundo largometraje de ficción luego de su olvidable Rosas Rojas… Rojas, focaliza en ese predio para narrar la resistencia y la templanza de esos internos por urdir algunos ingeniosos pero infructuosos intentos de estar en contacto entre ellos y, fundamentalmente, sobrevivir. La situación de ellos estaba decidida, tal como indica el título del film, pero la película también hace hincapié –con imágenes documentales- en el hecho que treinta y dos años más tarde, los ejecutores de estos crímenes sarán juzgados y condenados.

    Rodado en escenarios reales, el film tiene buenas intenciones y despierta algún interés por los hechos que se exponen, pero se desmerece por su escasa convicción y solidez. La falta de firmeza en la dirección y los diálogos hace que asimismo alcancen verosimilitud muy pocas actuaciones, entre las que se pueden mencionar a Enrique Dumont y los intimidantes milicos compuestos por Horacio Roca y Raúl Rizzo.
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  • Inevitable
    Inevitable
    Revista Veintitrés
    El amor en los ’80

    La reciente colaboración de realizadores españoles con el cine argentino ya ha entregado algunos títulos de real valía, como Atraco! y Séptimo, y ya sea haciendo participar a intérpretes de aquí o rodando en nuestro país, esta integración está rindiendo sus frutos. En el caso de Inevitable, el director Jorge Algora, responsable de la atrayente El niño de barro, aborda una trama completamente distinta, aunque también un extraño pero hipotético crimen se produce. Inspirándose en una obra del notable autor Mario Diament, esta película vuelve a poner a Darío Grandinetti en un protagónico fílmico, acierto que se extiende a otros intérpretes talentosos como Federico Luppi y Antonella Costa.

    Ubicada en unos indeterminados años ’80, el film propone devaneos amorosos, filosóficos, psicológicos y hasta metafísicos, en una amalgama que, con inteligencia y sensibilidad, no se aparta de la peculiar línea narrativa pero que podría haber dado aún para más. En medio de un matrimonio desgastado y una muerte cercana, el protagonista tomará decisiones inesperadas, que sacudirán sus vínculos y su vida rutinaria, mientras que un escritor ciego (referencia clara a Jorge Luis Borges) intervendrá otorgándole nuevos devenires a la historia. Un estupendo Grandinetti, pleno de matices, junto a una Costa intrigante y bella, comandan un elenco en el que también se destaca la española Mabel Rivera.
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  • El gran hotel Budapest
    El gran hotel Budapest
    Revista Veintitrés
    El reino de la excentricidad

    El inefable Wes Anderson profundiza su fenomenal y creativo estilo a través de la recreación de un insólito, figurado y lujoso hotel de la ciudad capital de Hungría, en El gran hotel Budapest. Aunque el film transcurre en un país ficticio llamado Zubrowka, en una Europa oriental frívola, sarcástica e imaginaria, en vísperas de la hegemonía totalitaria. Cada vez más personal y audaz en sus enunciados estéticos y narrativos, el director de la genial Los excéntricos Tenenbaum y la reciente y bellísima Un reino bajo la luna, se interna aquí en ese universo europeo de países y reinos hipervinculados (pese a la ausencia de tecnología), haciendo foco en sus supuestos hoteles, los más sofisticados y emblemáticos.

    La trama, burbujeante y abarcativa, avanza persiguiendo las peripecias del calificado conserje y de un joven botones de ese famoso hotel europeo. Manteniendo un tono de delirante farsa, ambos atravesarán robos, cárceles, fortunas familiares, asesinos e inspectores con el telón de fondo de un continente, en apariencia, resplandeciente.

    Con un diseño de producción suntuoso, elegante en extremo pero también melancólico y decadente, El gran hotel Budapest tiene como marco una insólita pantalla cuadrada que remite a los inicios del cine, lo cual no impide apreciar una imponente parafernalia visual. Y como si esto no fuera suficiente, reúne un elenco inconcebible para cualquier otro realizador, arrancando por un Ralph Fiennes impecable como el personaje que conduce expresivamente todo el andamiaje. Junto a él, Adrien Brody, Tilda Swinton, Willem Dafoe, Edward Norton, Harvey Keitel, Jeff Goldblum, Owen Wilson, Bill Murray, F. Murray Abraham y Jude Law, entre otros, como para que sobren las palabras.
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  • Aires de esperanza
    Aires de esperanza
    Revista Veintitrés
    La posibilidad del amor

    En un cambio llamativo de perfil estilístico, el realizador Jason Reitman deja atrás la comedia inteligente con toques sarcásticos y chispeantes, con los que desdramatizaba temáticas a veces hondas y complejas, para abordar aquí un drama con todas las letras. Aires de esperanza es un film con ingredientes sentimentales y románticos básicamente arduo en su trama y que busca activar resortes emotivos. Y en el tramo final, especialmente, llega a lograrlo, además de incluir algunos trazos de suspenso.

    El director de las magníficas La joven vida de Juno y Amor sin escalas hace un brusco rebaje en su carrera y apuesta a la posibilidad de que un amor inesperado entre como un aluvión en las vidas de dos (o tres) personas, pese a los indudables reparos, peligros y desencuentros que traerá aparejado ese vínculo. Porque una joven madre y su hijo se cruzarán con un fugitivo criminal que los forzará a que le brinden ayuda y escondite. A partir de allí, en ese fin de semana largo en el que se celebra el Día del Trabajo, se producirá un encuentro profundo e insólitamente perdurable entre esos tres seres. El film cuenta bien una historia que podría ser difícil de creer, sin llegar a ser una gran película pero aportando momentos logrados y emotivos. Las notables labores de Kate Winslet, Josh Brolin y el niño Gattlin Griffith sostienen dramáticamente su frágil estructura.
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  • La tercera orilla
    La tercera orilla
    Revista Veintitrés
    Universo adolescente

    Luego de su debut con Ana y los otros hace diez años, la directora Celina Murga ofreció un film diferente pero de muy escasos logros como Una semana solos; ahora, con el aval de Martin Scorsese, estrena su tercera película, La tercera orilla, un film con casi las misma deficiencias y virtudes que el anterior. La cineasta maneja indudablemente bien los climas cotidianos, otorgándoles una singular verosimilitud. Aquí lo demuestra internándose en ámbitos muy diferentes, ya sea la casa de un barrio cerrado colmada de niños o una familia disfuncional en un pueblo mesopotámico. En ambos casos, Murga sorprende con un fuerte quiebre en el desenlace, que aún generando interés en el espectador, de ningún modo se justifica a través del minucioso pero abúlico desarrollo previo.

    Aquí retrata muy bien el universo adolescente de la zona junto a extraños y sinuosos vínculos familiares, con la mira puesta en un joven taciturno guiado por ciertos y férreos principios y un padre respetado en el pueblo pero tradicionalista, controlador y autoritario. Una chispa se encenderá entre ambos, produciendo una desproporcionada actitud de uno.

    El realismo costumbrista y la ausencia de todo suspenso malogran los ambiciosos objetivos propuestos, pero algunas buenas escenas se pueden rescatar, junto a composiciones como la de Daniel Veronese.
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  • Ella
    Ella
    Revista Veintitrés
    Amor a primer clic

    Partiendo de una idea y un desarrollo brillantes, y llevando eso hasta las últimas consecuencias –bien en el estilo de Spike Jonze–, Ella es una obra cinematográfica absolutamente fuera de lo común. El director de ¿Quieres ser John Malkovich? vuelve a demostrar que su universo es único, y además que aquí alcanza su máxima expresión. Combinando extrañamente la ciencia-ficción, la comedia romántica, la tecnología deshumanizada, la metafísica, la filosofía y –paradójicamente– con un enorme humanismo, Ella cuenta una trama insólita pero a la vez, si el espectador acepta rápidamente todos los códigos puestos en juego, una historia de amor con todos los ingredientes posibles.

    Con toques que la vinculan con algunos films muy diferentes pero a la vez afines, como Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y la reciente Cuestión de tiempo, este film de Jonze envuelve, deslumbra y también conmueve. Un hombre rutinario y a la vez creativo, que coexiste con un peculiar futuro no especificado, se vincula de manera profunda con un programa femenino informático. Y no vale la pena detallar más acerca de una trama que en todo momento atrapa, sorprende y compromete. La estética visual, la ambientación, el vestuario y la música enmarcan de manera fascinante un film en el que Joaquin Phoenix y tan sólo la voz –incomparable– de Scarlett Johansson hacen el resto. Imperdible.
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  • Luna en Leo
    Luna en Leo
    Revista Veintitrés
    Amor: conocerás al hombre de tu vida

    Con la particularidad de contar no sólo con la participación como protagonista del cantautor Ismael Serrano, sino también como coautor del guión junto al director, y Jimena Ruiz Echazú, Luna en Leo propone una eficiente comedia romántica, sin muchas pretensiones pero correctamente realizada. El director Juan Pablo Martínez ya había recurrido al músico en un film anterior, El hombre que corría tras el viento, y aquí mejora sustancialmente la propuesta, tanto en lo formal como en el desempeño de Serrano. El título del film hace referencia al nombre del personaje femenino y a la ocupación periodística del protagonista, que confecciona horóscopos. Ambos atraviesan por el trance de la primera cita, y en esas circunstancias vivirán situaciones inesperadas, enojosas y contradictorias, que finalmente resultarán casi milagrosamente conducentes. Con buena puesta en escena y fotografía, Luna en Leo logra hilvanar algunos diálogos y situaciones graciosas. Martínez logra retratar a dos seres con pocas cosas en común que en definitiva logran comunicarse y encontrarse. Convincente desempeño de la bella Carla Pandolfi, acompañando a un Serrano que se esfuerza en crecer en sus nuevos desafíos artísticos.
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  • Tras la puerta
    Tras la puerta
    Revista Veintitrés
    Guerra de dos mundos

    Con una Helen Mirren excepcional y una historia atrayente y extrañamente melancólica, Tras la puerta ofrece la posibilidad de apreciar un gran melodrama a cargo del notable cineasta István Szabó. El realizador húngaro de perlas como Mephisto, Coronel Redl y Cita con Venus aborda aquí un arduo entramado en el que los vínculos humanos, a pesar de las barreras, trascienden intensamente. Szabó regresa cinematográficamente a su patria, una eclipsada Hungría de posguerra, más allá de que la película esté hablada en inglés. El conflicto que da lugar al título se refiere al misterio que rodea a un ama de llaves hosca, parca, maniática y conflictiva, que no le permite a nadie traspasar la puerta de su casa: ni siquiera a la mujer que la emplea, que vive al lado y con la que establece una peculiar relación de afecto. Ambas pertenecen a mundos opuestos, lo que fomenta el enfrentamiento y una búsqueda de supremacía de una sobre la otra. El controvertido universo femenino que pinta el realizador se integra a una evocativa recreación histórica que desata hondos pero muy contenidos sentimientos. Además, la sutil intriga que sostiene la narración no se agota aún después de ser franqueada la morada de esa mujer casi intratable pero fascinante. Lo propio se puede decir de la soberbia interpretación de la Mirren, magníficamente acompañada por la alemana Martina Gedeck.
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  • La corporación
    La corporación
    Revista Veintitrés
    Corpo a la medida

    Una verdadera y estimulante sorpresa representa este nuevo film de Fabián Forte, que antes había incursionado en el género de terror, especialmente en su último y desbordado título, ¡Malditos sean! Con toques de ciencia ficción integrados a una trama disfrazada de un engañoso costumbrismo, La corporación habla de una misteriosa organización o compañía –que nada tiene que ver con grupos empresariales reales vinculados a la realidad política del país, o sí– que recrea un mundo artificioso confeccionado a la medida de cada cliente. El recuerdo de la genial Al filo de la muerte (The Game), de David Fincher, resulta inevitable y tampoco se puede dejar de mencionar a The Truman Show de Peter Weir, cuya parábola roza las ideas y el espíritu expresivo aquí expuesto. Pero más allá de inspiraciones, La corporación está dotada de sus propios valores y originalidad, dentro de una trama que se va hilvanando inteligente y sustanciosamente, gracias a una puntillosa realización y un grupo de personajes bien delineados. Este último elemento suele escasear en nuestro cine, y aquí se ve afianzado por un Osmar Núñez impecable como ese empresario metódico y estructurado pero acosado por un enorme vacío interior, acompañado por un consustanciado elenco en el que también aportan su oficio figuras como Juan Palomino y Federico Luppi. Como para terminar de redondear una notable pieza del cine nacional.
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  • Operación monumento
    Operación monumento
    Revista Veintitrés
    Arte, arte, arte

    Ambientada en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial e inspirada en hechos reales y muy poco difundidos, Operación Monumento es la nueva película como director de George Clooney, en la que también se desenvuelve como actor, guionista y productor, roles que ya conoce. Con chispazos de muy buen cine y abordando nuevamente temáticas fuera de catálogo –quizás el rasgo más inteligente y reconfortante de este popular intérprete en su faz de cineasta–, este film aglutina ingredientes que lo vuelven muy disfrutable. La búsqueda de obras de arte secuestradas en el marco de la guerra más devastadora de la historia, trama esencial del relato, se ve matizada por toques de comedia, humor, suspenso y aventura. Sin embargo, aun así, estas alternativas no fueron aprovechadas en sus máximas posibilidades expresivas, como sí lo había logrado en la evocativa y magnifica Buenas noches y buena suerte y en la excelente Secretos de Estado.

    En una suerte de brigada que acaso recuerda a la de Bastardos sin gloria, pero con propósitos muy diferentes, Operación Monumento progresa de manera ascendente en su trama, logrando mayor interés a medida que transcurre el metraje. Esos hombres de los monumentos, tal como fue denominada esa fuerza especial creada por Roosevelt para recuperar patrimonios artísticos históricos en aquellos tiempos, tienen un gran lucimiento a través de un estupendo grupo de actores que incluye a John Goodman, Jean Dujardin, Matt Damon, Cate Blanchett, Bill Murray y Bob Balaban. Y el espíritu por la defensa del arte que el actor y director quiso poner en un gran primer plano.
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  • Nebraska
    Nebraska
    Revista Veintitrés
    Padre e hijo

    A veces el cine ofrece joyas resplandecientes –por más que no estemos ante un film particularmente luminoso– y entrañables –por más que los sentimientos afloren a cuentagotas– como Nebraska. Con esta obra extraordinaria pero a la vez sencilla y austera, inocultablemente local pero de aliento universal, el cineasta Alexander Payne se coloca en un lugar referencial de la cinematografía mundial, luego de ofrecer títulos valiosos como la formidable Entre copas y la interesante pero algo sobrevalorada Los descendientes. Con indudables reminiscencias de Una historia sencilla de David Lynch, por su tratamiento formal y narrativo, Payne alcanza con esta pieza niveles sublimes tanto en el plano expresivo como en el dramático y emocional. E internándose en terrenos en los que la comedia y la parodia también se suman a los variados estímulos artísticos propuestos.

    Una película cuyo ramillete de nominaciones de la Academia, merecidas pero que no revalorizan especialmente a un film que no parece estar concebido con ese propósito, posee claros componentes que la podrían ubicar dentro del subgénero de la road-movie. Pero Nebraska es mucho más que eso. A través del disparador de un hombre mayor y arrasado por el alcohol que pretende retirar un premio que una tramposa carta le promete, se pondrá en marcha una regocijante y a la vez melancólica aventura caminera de padre e hijo, con otros sustanciosos personajes que irán interviniendo. El paso del tiempo, la incomunicación y la avaricia familiar son temáticas que Payne aborda con una extraña mezcla de distanciamiento y profundidad. La excepcional fotografía en blanco y negro fortalece aún más el factor dramático de interpretaciones tan verosímiles como soberbias de Bruce Dern, June Squibb y Will Forte. Y una bellísima banda sonora realza el poder de los paisajes y las criaturas que los habitan.
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  • Horas desesperadas
    Horas desesperadas
    Revista Veintitrés
    Reloj, no marques las horas

    Horas desesperadas, un film póstumo de Paul Walker, el actor recientemente fallecido de la saga Rápido y furioso, se titula en realidad simplemente Horas (Hours), y el aditamento de “desesperadas” lo emparienta con aquel clásico protagonizado por Humphrey Bogart y su remake, más contemporánea. Un adjetivo poco imaginativo, aunque esta pieza de suspenso y drama se lleva bien con el título, a través de una historia que tiene mucho que ver con la angustia del paso de las horas, o más bien, de los minutos. Ópera prima de Eric Heisserer, un guionista especializado en sagas y remakes de terror que denota habilidad para manejar climas en donde la tensión se integra con intensidad a una trama opresiva. El actor había abandonado aquí su traje de veloz héroe de acción para componer a un hombre que pierde a su esposa en medio de un trabajo de parto prematuro, y su bebé es conectado a un respirador artificial mientras se desata el huracán Katrina, obligando al personaje a tomar decisiones extremas en medio de graves problemas energéticos. Con una angustia creciente, algún toque de acción y un desenlace emotivo, se trata de un film de alcances modestos pero bien hecho y actuado. Y que revela que Walker intentaba darle un golpe de timón a su carrera actoral, buscando roles más comprometidos, ofreciendo aquí una tarea convincente y prometedora.
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  • 12 años de esclavitud
    12 años de esclavitud
    Revista Veintitrés
    Los pliegues de la historia

    Steve McQueen, cineasta con nombre de actor icónico de los ’70, es un británico descendiente de africanos que hasta ahora había ofrecido dos films muy diferentes entre sí pero igualmente notables: Hunger y la reciente Shame: Sin reservas, acerca de un sexópata incapaz de reconocer su capacidad de amar. Ahora arriba una película fuertemente vinculada a sus ancestros, y a pesar de no ser estadounidense logra con 12 años de esclavitud una lacerante, estremecedora y verosímil visión acerca del execrable período de la esclavitud en gran parte del territorio de América del Norte.

    Además de narrar con inmensa convicción y talento el drama de un hombre libre convertido en esclavo, el realizador, candidato al Oscar como mejor director, le otorga nuevos matices a una temática sumamente transitada por el cine, que últimamente, acaso por la presencia –inédita en la historia política estadounidense– de un presidente afroamericano, se ha reforzado con títulos como la excepcional Django sin cadenas de Tarantino, y la correcta y emotiva El mayordomo. Entre una con toques claramente bizarros y otra seria y circunspecta, surge ahora con fuerza arrolladora 12 años…, para nada divertida o paródica, pero dotada de un realismo que no desdeña la poesía visual ni la expresividad narrativa. Y con aspectos poco abordados en el cine, como ese acercamiento a hombres de color de la época que formaban parte de la alta sociedad de los Estados Unidos y que nada tenían que ver ni con la servidumbre ni mucho menos con la esclavitud, a través de un protagonista engañado, secuestrado y vendido como una mercancía más, como sucedía habitualmente antes de las medidas abolicionistas de Lincoln y otros estadistas. La excelente, conmovedora y hondamente humana labor de Chiwetel Ejiofor cobra aún mayor intensidad ante la interacción de un elenco de figuras que incluye a Michael Fassbender, que vuelve a sorprender componiendo a un ser abominable.
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  • Por un puñado de pelos
    Por un puñado de pelos
    Revista Veintitrés
    Tónica bizarra

    En una nueva apuesta al absurdo y la desfachatez argumental, Néstor Montalbano ofrece Por un puñado de pelos, después de aquellas delirantes y muy divertidas Soy tu aventura y Pájaros volando. Parece que aquí el cineasta (también autor de un estupendo y poco valorado thriller, Cómplices) quiso darle una pequeña vuelta de tuerca a su estilo, incluyendo en el cóctel algo del costumbrismo argentino de remanidos films de los años ’70 y ’80 y alusiones al spaghetti-western a través del paisaje, la música y algún duelo a pistola.

    Pero esta historia de un joven con calvicie incipiente que descubre un salto de agua milagroso con el que proyecta un negocio millonario, poco tiene que ver con el aliento épico y de venganza característico del género. Quizás el problema más ostensible de Por un puñado… sea su dificultad para producir gracia, falencia fundamental para una comedia presuntamente burlona y paródica. La película también incluye ingredientes emotivos y de superación personal que poco se integran a su tónica bizarra global. Nicolás Vázquez aporta una gran energía en su caracterización de ese porteño consumista y de pocas luces que puede llegar a redimirse, pero la inexperiencia de otros intérpretes queda en mayor evidencia ante las inconsistencias del guión y la dirección.
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  • Yo, Frankestein
    Yo, Frankestein
    Revista Veintitrés
    Yo reciclo

    Con una clara impronta de la saga de Inframundo (mismos productores), Yo, Frankenstein no es tanto una vuelta de tuerca sobre el célebre personaje de terror sino más bien, el intento de una nueva serie de films para jóvenes y preadolescentes. Toma la fórmula y la estética de aquella saga y de Van Helsing, el intento de una nueva serie de films para jóvenes y preadolescentes de vieja data vueltos personajes de acción. Símiles a superhéroes, pero que no pelean por el bien común sino por el suyo propio, dentro de ámbitos urbanos darks en los que rara vez asoma algún humano.

    Yo, Frankenstein no tiene nada que ver con aquellos inolvidables films de James Whale con Boris Karloff, aunque parece una continuación del de Robert De Niro (hay imágenes que recuerdan el final de aquella magnífica recreación de Kenneth Branagh). Pero es sólo un breve déjà vu, porque el buen actor Aaron Eckhart no es De Niro ni el director Stuart Beattie, especialista en la saga Piratas del Caribe, es Branagh. Con un “monstruo” fachero y en gran forma a pesar de sus siglos de existencia, la película transita por todos los estereotipos del subgénero, con un notorio abuso de efectos digitales, a lo que habría que sumar –o restar– la escasez de trama y su exceso de solemnidad. La escenografía logra una atrayente metrópolis gótica, con escenas de acción muy bien hechas y un 3D logrado, como para compensar.
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  • Ladrona de libros
    Ladrona de libros
    Revista Veintitrés
    Realismo estremecedor

    Apelando a la fascinante historia contenida en la novela de Markus Zusak, Ladrona de libros logra describir de una manera tan dolorosa como poética y entrañable la indeleble tragedia de la guerra. No por nada uno de los personajes del film del ascendente Brian Percival, es nada menos que la mismísima muerte, que a través de una envolvente y armoniosa voz en off, aparece en determinados y sustanciales pasajes del film. El desprecio por la vida humana fue uno de los ejes esenciales que el nazismo llevó adelante para desencadenar el Holocausto y la posterior genocida Segunda Guerra Mundial. De todo eso habla y expone con crudeza el film, pero también se refiere a una pequeña y promisoria niña y todo su ramillete de afectos, que incluyen un joven al que su familia protege de la persecución antisemita, un vecino de su edad que irradia amor infantil, una madre intransigente pero con dos caras y un padre repleto de dignidad. Criaturas que van desarrollando su vida y sus afectos en medio del espanto y la devastación del totalitarismo y la contienda. Atrapante de principio a fin, estremecedora en su realismo y cautivante en su plano metafórico, Ladrona de libros, más allá de su condición de film candidato al Oscar, es una pieza repleta de lecciones de vida. Notable en su ambientación, fotografía y sustentada por un elenco que pese a su disparidad de edades se iguala en su enorme bagaje emocional.
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  • El misterio de la felicidad
    El misterio de la felicidad
    Revista Veintitrés
    Dentro de su carácter de comedia dramática con toques románticos y humorísticos, El misterio de la felicidad se interna en aguas emocionales y evocativas profundas. Con la inestimable contribución de una intensa pareja protagónica, logra estimular resortes íntimos y sentimentales, mérito de un Daniel Burman que aquí se mueve dentro de una frecuencia más clásica pero sin dejar de lado su sello personal y una innegable originalidad, tanto en los tópicos abordados como en su tratamiento expresivo. Si bien es cierto que en parte de sus últimos films el realizador de El abrazo partido se ha acercado subrepticiamente a un cine más industrial, con la presencia de figuras populares de la escena argentina, con La suerte en tus manos volvió a su esencia en un film repleto de riesgos, tanto en su temática como en las apuestas actorales. Y si bien aquí retoma aquella impronta, con intérpretes reconocidos y una historia en la que el amor -en sus distintas acepciones- asoma en variados momentos del metraje, se percibe en su narración aparentemente más convencional, la interpelación de detalles narrativos más “indies”, o mejor dicho, más burmanianos.

    En su historia de un par de amigos hermanados como siameses, en la cual uno de los dos desaparece sin dejar rastro, conmocionando sin remedio la vida del otro; se vislumbran emociones primales del ser humano. Sensaciones que pese a su humor destilan melancolía, y que se amalgaman mediante una labor extraordinaria de un Guillermo Francella pleno de expresividad pero muy medido en sus recursos gestuales habituales, junto a la vuelta a la actividad de una brillante Inés Estévez que, con un personaje lleno de matices, resulta clave en el film. Tanto Alejandro Awada como Fabián Arenillas despliegan su talento en roles sumamente peculiares, y por último, María Fiorentino y Sergio Boris, aportan lo suyo en sus breves participaciones. Con una escena final antológica y conmovedora, esta simple y magnífica comedia romántica con ingredientes dramáticos resulta asimismo mucho más que eso.
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  • El juego de Ender
    El juego de Ender
    Revista Veintitrés
    Basada en una novela histórica del género, de gran suceso dentro del círculo de lectores de ciencia-ficción hace casi dos décadas, El juego de Ender marcó el nacimiento de una seguidilla de cinco libros del autor Orson Scott Card. Y por el final de este film de Gavin Hood, con una taquilla que seguramente acompañe, está claro que propiciará una saga cinematográfica que funcione paralelamente a los textos ya escritos. Y aunque los adolescentes son los principales destinatarios de esta serie, dentro de la impuesta tendencia que une a esta franja de público con productos fantásticos, futuristas o levemente terroríficos, esta historia se avizora interesante, o al menos, con toques diferentes.

    Transcurre en un no tan próximo futuro luego de un asedio extraterrestre a nuestro mundo que será repelido, pero ante una inminente nueva ofensiva se pone en marcha un nuevo programa de entrenamiento en el que intervienen preadolescentes entrenados intensivamente. Lo destacable del mensaje es que los personajes cuestionan tal artilugio, mientras que un final sorprendente y claramente espiritual y antibeligerante termina de asentar valores que promueven la reflexión juvenil, además de estimular su gusto por las aventuras espaciales. Buenas imágenes digitales y performances de un elenco que mixtura dos generaciones opuestas.
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  • Caminando con dinosaurios
    Caminando con dinosaurios
    Revista Veintitrés
    Realizada con extremo realismo visual y artístico, en su meticulosa combinación entre animación 3D y escenarios naturales rodados en vivo, Caminando con dinosaurios ofrece una asombrosa reproducción de la vida salvaje en nuestro planeta millones de años atrás. Hasta aquí sus valores incuestionables, en lo que hace a todo el resto de la propuesta, este film de Barry Cook y Neil Nightingale produce una sensación muy semejante a la que despertó en su momento Dinosaurio de los estudios Disney, cuya extraordinaria introducción audiovisual sin diálogos de diez minutos, recorriendo el derrotero de un huevo del cual saldría el protagonista de la película, era arruinada cuando los personajes se humanizaban y empezaban a hablar. Lo que sucede en Caminando con dinosaurios es similar aunque aquí los personajes no hablen, ya que mantienen sus características salvajes y sus hábitos recreados, incluyendo chillidos y sonidos guturales naturales. Sin embargo, todo esto queda desdibujado ante el insufrible relato del locutor, presuntamente gracioso, y las voces que les adjudican a los principales criaturas, que brotan como si fueran pensamientos audibles.

    La trama contiene forzadas alternativas amorosas entre animalitos en desarrollo, pero eso molestaría menos si el film, tal como está -es bastante explícito y entendible-, fuera despojado del relato y las voces. Da la impresión, aunque probablemente no sea así, que los productores temieron por la asistencia infantil y agregaron todo eso, innecesaria y gratuitamente. Sólo los apuntes educativos acerca de los extintos animales resultan oportunos.
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  • La vida de Adele
    La vida de Adele
    Revista Veintitrés
    Realizador de un gran film previo como Cous Cous, fantástica radiografía de una comunidad afincada en otro país, con sus incertidumbres y certezas, ahora arremete con esta deslumbrante, abarcadora, descomunal nueva obra La vida de Adèle. Una presencia reflejada a toda gestualidad en una pantalla que registra puntillosamente hasta sus más mínimos gestos en rabiosos y siempre reveladores primeros planos. Abdellatif Kechiche, un cineasta que demuestra una absoluta capacidad de extraer el talento y la capacidad emocional de sus criaturas, se ocupa simplemente de narrar en imágenes la vida adolescente y el proceso de maduración de una chica desbordada de hormonas en su sinuosa búsqueda sexual, amorosa y existencial. Para ello se vale de tres horas de metraje cinematográfico que, de manera casi inexplicable, no se sienten, y hasta parecen pertenecer a un film de clásica duración de hora y media. Tan explícita en sus escenas íntimas como en las sentimentales, La vida de Adèle es un derroche de humanidad que atribula y compromete al espectador plano tras plano. Y que con tan poco –aparentemente- para contar, quite el aliento, conmueva, estimule, hechice, arrebate; se debe en gran parte a una actriz joven indiscutiblemente extraordinaria llamada Adèle Exarchopoulos. Un sinnúmero de sensaciones enfatizadas por ella junto a un magnífico elenco acompañante.
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  • Frozen, una aventura congelada
    Ya en franca y directa competencia creativa con Pixar, los estudios Disney presentan su tercer film de animación digital propio, luego de las atrayentes Enredados y Ralph El Demoledor. En verdad sólo Ralph se puede calificar como “pìxariano”, ya que Enredados, basado en la historia de Rapunzel y su larga cabellera y esta nueva producción, se acercan más a la impronta de los clásicos tradicionales de Disney, con jóvenes princesas en apuros, galanes principescos, castillos y realezas. Pero enmarcados por un notorio aggiornamiento, como lo demuestra claramente Frozen: una aventura congelada, aventura en 3D repleta de alternativas, personajes, sorpresas y un aspecto visual que brinda desafíos expresivos a cada escena, entre paisajes helados y situaciones vividas a bajo cero. Llevada adelante por Chris Buck, co director de un clásico de los estudios como Tarzán, y por Jennifer Lee, co guionista de la mencionada y creativa Ralph, Frozen cuenta con una trama dinámica y con variadas ramificaciones, a través de esa temeraria adolescente heredera que sale en febril búsqueda de una hermana reina dotada de extraños poderes freezantes. La ayudarán un enamoradizo alpinista, su entusiasta reno y otros divertidos seres, como el muñeco de nieve Olaf y los gnomos-roca trols. La trama irá desembocando en un fuerte momento emotivo, como para redondear un nuevo y formidable producto de una marca legendaria.
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  • Ritual sangriento
    Ritual sangriento
    Revista Veintitrés
    Basada en un film mejicano no estrenado aquí en cines ni en DVD, Ritual sangriento es una obra que combina el drama costumbrista psicológico con el terror más declarado, y en esa mixtura basa su indudable eficacia expresiva y cinematográfica. Notablemente filmada, e interpretada con talento por un elenco que integra jóvenes casi debutantes con experimentados actores adultos, el film de Jim Mickle puede atrapar tanto a cinéfilos como a amantes del más puro cine de terror. Los Parker, una familia respetable pero distante de un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos, guarda secretos acerca de perversas costumbres ancestrales, que mantienen a rajatabla aún después de padecer la absurda muerte de un integrante clave del clan. El patriarca, ante la pérdida de su esposa y madre de sus tres hijos, no deja de lado mandatos irrevocables, que esta vez harán sospechar a algunos doloridos e incrédulos pueblerinos. Mickle reinventa el film original, redimensionando el aspecto traumático del drama, con una estética plomiza y gris, y poniendo énfasis en climas visuales y sensoriales antes que en efectismos innecesarios. Apuesta casi todo a la narración y a la caracterización de sus personajes, logrando un suspenso que va llevando a un desenlace sustancioso y casi intolerable. El estupendo criterio en la fotografía, la música y las actuaciones terminan de dar valor a una pieza imperdible.
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  • Visiones
    Visiones
    Revista Veintitrés
    Con una intensa labor protagónica de la actriz Roxana Randon, Visiones, último film nacional del año, es una pieza atravesada por aciertos y falencias, pero con la virtud de mantener el interés en su trama. La idea, bien planteada en el guión de Nicolás Cisco, se interna en ciertos aspectos parapsicológicos y pesadillescos, premisas que giran alrededor de una presunta gitana que dice conocer el presente y el futuro de sus clientes a través de improbables poderes. Con la complicidad de un joven que aprovecha su atracción con las mujeres para sacarles directa o indirectamente dinero, el film alcanza algunos momentos logrados.

    Pero otros pasajes más débiles y las constantes alternancias entre la realidad y las visiones del título que sufre la falsa –o no tanto- vidente, llegan a marear y confundir. Esos tramos del segmento final de la película dirigida por el debutante Juan De Francesco, recuerdan a films sobre paradojas temporales, idea fascinante que pudo haberse desarrollado mejor. Igual el director aprovecha esos inesperados dones de la protagonista como flashbacks que revelan zonas del pasado bloqueadas de los personajes. Con un desenlace esperanzado, Visiones ofrece un aceptable intento de comedia dramática con toques fantásticos, con una Roxana Randon sensible y plena de matices y buenos aportes, dentro de un elenco desparejo, de Adrián Ero y José Luis Alfonzo.
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  • Diario de Ana y Mía
    Diario de Ana y Mía
    Revista Veintitrés
    Diario de Ana y Mía es un particular título que no se refiere a un par de mujeres que se llamen así, sino a la condensación de dos inquietantes palabras: anorexia y bulimia. El film debut de la directora de fotografía Alejandra Martín (El Vestido de Paula De Luque) aborda aquí un universo casi desconocido: el de las mujeres que padecen estos síndromes y la manera en la que tratan de salir de ellos o por el contrario, entregarse sin reparos a sus peores síntomas. Para acercarse con mayor certeza e ingenio a esta problemática, la realizadora investiga en imágenes y testimonios a un puñado de chicas que forman parte de una comunidad bloguera. Un oscuro rincón de la Web que precisamente se denomina Ana y Mía, y que engloba a miles de mujeres, autodenominadas paradójicamente “princesas”, y que atraviesan, en distintas etapas y gravedades, su condición de “Anas” o de “Mías”. Un sitio de Internet o suerte de reducto místico en el que sus adeptas no sólo confiesan debilidades, miserias y padecimientos, sino que llegan a establecer “mandamientos” cuasi religiosos acerca de su devoción a reglas que atentan contra su salud y su propia vida. Confesiones de chicas casi anónimas que a su vez deslizan un velado o directo cuestionamiento a una sociedad de consumo cuyos patrones de moda, alimentos, bebidas o accesorios tienden a exacerbar una utópica y muchas veces falsa imagen femenina. Un creativo, revelador y muy bien rodado y editado trabajo fílmico, acompañado por un sensorial aporte musical de Pablo Trilnik.
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  • A la deriva
    A la deriva
    Revista Veintitrés
    Con cierto espíritu que la emparenta con Horacio Quiroga, por más que esta no sea una versión de aquél memorable relato suyo del mismo título, A la deriva es una pieza nacional atrayente, con una espléndida pintura regional. Surcada por personajes golpeados, inmersos en duras encrucijadas, el film de Fernando Pacheco acierta en una conducción actoral que integra profesionales y novatos dentro de una economía de diálogos que le dan carnadura y convicción a la trama. En el marco de un pueblo misionero, cercano a la frontera con Paraguay, un peón de aserradero con trabajo escaso es convencido por su compadre para ser parte del traslado de una carga ilegal para un narcotraficante de la zona.

    Pero la codicia de uno de los dos por querer sacar provecho de la situación, pondrá en peligro sus acciones. En su ópera prima, Pacheco diseña su propuesta privilegiando los climas, los gestos y la parquedad de criaturas en un delicado límite entre la pasividad y la intolerancia. Interesante y minuciosa además su semblanza sobre los vínculos entre hombres dominantes y mujeres resignadas y sumisas. Daniel Valenzuela es sin dudas uno de los más verosímiles intérpretes de nuestro cine y aquí vuelve a demostrarlo junto a los sustanciosos aportes de Juan Palomino, Julián Stefan, Mónica Lairana y Mariana Medina
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  • Huellas
    Huellas
    Revista Veintitrés
    Dos cineastas amigos presentan en conjunto este par de magníficos films documentales con un criterio de cine continuado. Un homenaje al cine de antaño que es en realidad una excusa para presentar con más fuerza estos trabajos modernos, pero también clásicos, abordando un deporte tradicional como el box y una historia que se remonta muy atrás en el tiempo.

    Con Boxing Club Víctor Cruz regresa al documental luego de lograr una obra de ficción excepcional como El perseguidor. El mundo del pugilismo nacional es retratado de manera detallada y sigilosa, como si la cámara espiara inadvertidamente un ámbito poco conocido en sus aspectos más íntimos. Sin relatos, apuntes históricos o identificación de los actores, el film hace una semblanza de la trastienda de ese mundo mostrando situaciones precarias de varios de los involucrados, junto a mánagers, entrenadores y otros personajes típicos que se hacen ver fuera de toda pose. Con un gran trabajo de cámara, Boxing Club interesa aún a quienes son muy ajenos a este particular deporte.

    Por su parte Huellas tiene un carácter completamente diferente, abordando la propia saga familiar del director Miguel Colombo, que va mucho más allá de cualquier historia parental habitual. En este caso con narración en off y el protagonista entrevistando a sus afectos funcionan como parte de una verdadera indagación detectivesca. Búsqueda que tiene que ver con su abuelo –especialmente-, su padre y otros integrantes de su casta, que lo llevarán a Italia y a un lejano e intrincado paraje del interior del país. Fascinante y sorprendente -se podría llevar adelante un film de ficción con esta historia-, se destaca además el aporte climático y expresivo de la música de Miguel Magud.
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  • Boxing Club
    Boxing Club
    Revista Veintitrés
    Dos cineastas amigos presentan en conjunto este par de magníficos films documentales con un criterio de cine continuado. Un homenaje al cine de antaño que es en realidad una excusa para presentar con más fuerza estos trabajos modernos, pero también clásicos, abordando un deporte tradicional como el box y una historia que se remonta muy atrás en el tiempo.

    Con Boxing Club Víctor Cruz regresa al documental luego de lograr una obra de ficción excepcional como El perseguidor. El mundo del pugilismo nacional es retratado de manera detallada y sigilosa, como si la cámara espiara inadvertidamente un ámbito poco conocido en sus aspectos más íntimos. Sin relatos, apuntes históricos o identificación de los actores, el film hace una semblanza de la trastienda de ese mundo mostrando situaciones precarias de varios de los involucrados, junto a mánagers, entrenadores y otros personajes típicos que se hacen ver fuera de toda pose. Con un gran trabajo de cámara, Boxing Club interesa aún a quienes son muy ajenos a este particular deporte.

    Por su parte Huellas tiene un carácter completamente diferente, abordando la propia saga familiar del director Miguel Colombo, que va mucho más allá de cualquier historia parental habitual. En este caso con narración en off y el protagonista entrevistando a sus afectos funcionan como parte de una verdadera indagación detectivesca. Búsqueda que tiene que ver con su abuelo –especialmente-, su padre y otros integrantes de su casta, que lo llevarán a Italia y a un lejano e intrincado paraje del interior del país. Fascinante y sorprendente -se podría llevar adelante un film de ficción con esta historia-, se destaca además el aporte climático y expresivo de la música de Miguel Magud.
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  • Este es el fin
    Este es el fin
    Revista Veintitrés
    Lo que a primera vista parecía ser un film guarro y simplote entre amigos actores, acaso semejante a una estudiantina trivial en la que a veces cae últimamente esta suerte de subgénero estadounidense, se convierte aquí en un más que disfrutable producto, tanto para los conocedores de la trayectoria de los involucrados, como de aquellos que los conocen poco y nada –que pueden ser mayoría-. Esta comedia delirante y desprejuiciada, que en todo momento bordea el abismo del mal gusto y la ramplonería, sale airosa merced a una idea oportuna y creativa, un guión inteligente, una correcta labor como director de Seth Rogen en colaboración con Evan Goldberg y fundamentalmente gracias a un fenomenal grupo de comediantes.

    A modo de lo que ofrecía el ciclo de TV de Gabriel Nesci Todos contra Juan, en el que figuras del medio se autoparodiaban (y que luego se extendió al film Días de vinilo, con Sbaraglia en la misma tónica), Este es el fin presenta un grupo de actores que usan sus propios nombres, como James Franco, Jonah Hill, Jay Baruchel, Danny McBride, Craig Robinson y el propio Rogen. A los que se sumarán otros intérpretes reconocidos como Jason Segel, Paul Rudd y Channing Tatum, que participan en consentidas y divertidas humillaciones varias. Los seis primeros quedan encerrados en medio de un inesperado y descomunal apocalipsis pseudo bíblico, y deberán aprender a convivir y sobrevivir en medio del caos apoyándose mutuamente, algo a lo que no son proclives.

    Esa visión exacerbada, miserable, neurótica y narcisista de ellos mismos, es la base de la propuesta expresiva, que se enriquece con una trama desenfadada que incluye, además de referencias permanentes al cine, metáforas acerca de la condición masculina y la humana en general, sin dejar de lado apuntes teológicos.

    Con la mejor inspiración en ciclos como Saturday night live o los films de Judd Apatow y otros, con una producción mayor para su impronta, que incluye sorpresas visuales y argumentales, y un formidable desenlace, Este es el fin propone una desopilante diversión de principio a fin.
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  • La boleta
    La boleta
    Revista Veintitrés
    Grotesca, desenfadada y dinámica, La boleta ofrece una trama cambiante ambientada en submundos urbanos, y un buen elenco de comediantes le otorgan al film una sostenida diversión. El derrotero de un perdedor de clase media baja lo llevará a una villa manipulada por un mafioso, tras el temerario objeto de recuperar la boleta de un sorteo que le fue arrebatada, cuya combinación de seis números responde a una revelación ensoñada que podría cambiar su cruel realidad. El sentido del título hace referencia a la citada papeleta pero asimismo a un conocido y legendario modismo del hampa, a la hora de hablar de ajusticiar a alguien. Dichas virtudes de esta comedia con toques de policial y aventura se ven desdibujadas en algunos pasajes (alguna elipsis inapropiada, un tiroteo inconsistente), pero no por eso la película deja de ser efectiva, logros que hay que atribuirle al director Andrés Paternostro, apellido que remite a un memorable film ícono de los años 60, Mosaico, obra de su padre, Néstor Paternostro.

    Dotado de alternativas que mantienen el interés hasta llegar a un desenlace con sorpresas, La boleta es un buen exponente de un género bien nativo. Al eficaz protagónico de Damian De Santo lo acompaña un formidable Marcelo Mazzarello y expresivas caracterizaciones de Claudio Rissi, Roly Serrano y otros buenos secundarios.
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  • La carpa invisible. Familia de circo
    Siempre resultan fascinantes las películas que abordan, directa o indirectamente el impar mundo circense. Los ejemplos son abundantes, y en los últimos tiempos varios pertenecen al cine argentino y son de carácter testimonial. Uno muy reciente fue Sólo para payasos, que focalizaba en esos inefables bufones de narices rojas y maquillajes coloridos. Que no faltan en esa interesante semblanza de Juan Imassi cuyo largo título, La carpa invisible, familia de circo, hace referencia a varias circunstancias. Además de mencionar a Los Magote, una verdadera y muy humilde estirpe de tramoyistas, la otra parte de ese rótulo, la carpa invisible, es una metáfora al respecto de la ceguera del padre, el líder de esa familia y de esa pequeña compañía cirquense. Reducida pero multiplicada, a través del intenso amor de todos sus integrantes entre sí y especialmente dirigida a Pablo, ese hombre que es capaz de conducir de manera sostenida esa troupe, a pesar de su condición de no vidente. Y de lo antes mencionado se hace cargo su mujer, a través de su alter ego la payasa Margarita, una singular humorista y madre de una prole numerosa y plenamente artística. Un momento clave del film es la reapertura de un cine en la comunidad balnearia Aguas Verdes, donde ellos desarrollan sus actividades. Sumando la música de Rodolfo Mederos y una página clásica de Spinetta, se trata de una experiencia audiovisual graciosa, emotiva y además –los planos en negro que cortan algunas escenas no son errores técnicos-, sensorial.
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  • Omisión
    Omisión
    Revista Veintitrés
    Con lucidez y buenas armas cinematográficas, el debutante Marcelo Páez Cubells logra con Omisión un atrayente thriller dramático con condimentos eclesiásticos. Combinar la religión con el policial en el cine no es novedad, pero este cineasta, cuyo único antecedente ha sido el guión de la notable Boogie el aceitoso de Gustavo Cova, conforma un interesante combo en el que el secreto de confesión se vuelve clave en el clima de suspenso que su película alcanza. Sin ser el único conflicto, el sacramento de la omisión es el ingrediente clave del film, que focaliza en un joven sacerdote que regresa a la parroquia de su barrio con intenciones sociales pero escondiendo un duro hecho de su adolescencia. A su situación traumática personal se le sumará la circunstancia de tener que callar crímenes declarados en su confesionario, que lo instalarán en una encrucijada permanente. Su dilema ético lo obligará a confrontar en varios frentes, incluyendo a una investigadora policial que fue un gran vínculo amoroso suyo. Las distintas alternativas incluidas en la trama, el ámbito en el que se desarrolla y las características de los personajes son elementos que se amalgaman apropiadamente y colaboran en la eficacia y el dinamismo del film. Con actuaciones convincentes y parejas, Omisión es un buen producto de género con ramificaciones teológicas y psicológicas.
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  • En llamas
    En llamas
    Revista Veintitrés
    Con un nivel de producción y vuelo narrativo mayores, esta segunda parte de Los juegos del hambre ya ha establecido su fuerte condición de saga, con una tercera y cuarta entregas ya definidas, más allá que las novelas publicadas hasta el momento sean sólo tres. La escritora Suzanne Collins se introdujo hace unos pocos años en este emprendimiento literario que le generó un gran suceso y un rápido pedido de derechos para el cine. Historias futuristas desarrolladas en un mundo distópico, ambientadas en un lugar irreal e indeseable, totalmente alejado del concepto de utopía.

    Con puntos de contacto que se presumen basados en Battle Royale, libro y posterior film de origen japonés, y que aquí se reiteran, Los juegos del hambre: En llamas revalida los puntos positivos incluidos en el primer film. Aquél dirigido por Gary Ross, realizador de la genial Amor a colores, que le imprimió cierta poética y sugerencia a la primera parte, que en este caso el más experto en el género Francis Lawrence (Constantine, Soy Leyenda) vuelca más al terreno del dinamismo, la acción y la pura ciencia-ficción.

    Lejos de una impronta juvenil augurada inicialmente, estas aventuras no son para nada livianas ni mucho menos románticas, más allá de la historia de amor entre los protagonistas, más relacionada con la tragedia que con el idilio. Esta secuela está dividida claramente en dos partes, una inicial en la que el itinerario de la ganadora del certamen anterior revelará grupos rebeldes y conspiraciones contra el poder, y se verán buenas escenas de masas y escenarios posapocalípticos; y una segunda con los juegos propiamente dichos, aditadas con momentos de acción, dramatismo, sorpresas mortíferas e incertidumbres en cuanto a lealtades y traiciones. Las actuaciones no se pueden mensurar apropiadamente porque la distribuidora proyectó insólitamente a la prensa una versión doblada, pero de todos modos la bella y talentosa Jennifer Lawrence se luce, dentro un elenco mixto entre discretos intérpretes jóvenes y notables consagrados.
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  • En busca de la ciudad perdida
    Para el que nunca fue a las ruinas de Machu Picchu y desea conocer algo de ese mundo y sus alrededores, que incluyen otros monumentos y reliquias milenarias del imperio incaico, En busca de la Ciudad Perdida puede resultar medianamente útil. Aunque más no sea para establecer un itinerario para recorrer ante una supuesta visita. Pero si estamos hablando de cine documental, esta pieza de Fernando Martínez carece casi por completo de interés, porque se trata, ya con lo antedicho queda claro, de un producto eminentemente turístico y despojado de mínimas propuestas expresivas o audiovisuales.

    Martínez recorre rutinaria e inconsistentemente esos bellos escenarios, en donde lo natural, lo antiguo y lo moderno se mixtura, pero sin ningún criterio artístico. Para colmo comete la torpeza de aparecer permanentemente en cámara sin objeto alguno, en primeros planos delante de los paisajes o caminando sin rumbo, movido acaso por un narcisismo inexplicable. El presunto documental cuenta con una locución convencional que ilustra las imágenes como si fuera el spot de una agencia de turismo, y sólo se puede rescatar la música de Héctor Magni, un profesional del soundtrack de cine, que aporta buenas armonías y sonoridades.
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  • El abogado del crimen
    El abogado del crimen
    Revista Veintitrés
    Cormac McCarthy, autor de un par de novelas ya llevadas al cine, como la reconocida No Country for Old Men (Sin lugar para los débiles, de los hermanos Coen), decidió en este caso escribir directamente un guión cinematográfico y entregarlo a una productora. Con la intervención de celebrados artífices del mettier, el resultado es El abogado del crimen, un film verdaderamente estupendo e inusual. “El protagonista es la clásica figura de una tragedia, un hombre decente que se levanta una mañana y decide hacer algo mal porque piensa que eso es lo que necesita. Algunas personas pueden llevar existencias repugnantes, estar en la ilegalidad toda su vida y morir en paz en sus camas, a los 102 años de edad. El abogado no es uno de ellos”, define el propio McCarthy y esa es la esencia del film dirigido por un cineasta enorme como Ridley Scott. Aquí elabora una suerte de thriller con poca acción pero lúcido, filosófico y desesperanzado, con un tratamiento visual y estético –dos legendarios puntos fuertes del director de Blade Runner- redimensionados sin regodeos ni excesos, con cada imagen dosificando en su punto justo esa impronta suya. A pesar de algunas sorpresas y pasajes devastadores en la narración, la trama avanza de manera relajada, característica que abarca todo el largometraje, cuyo título original, The counselor, remite de manera más irónica al infortunio del protagonista. Al significar tanto abogado como “consejero”, veremos que el hombre, en el tramo decisivo del film, debe solicitar paradójica y desesperadamente “consejos” a oscuros personajes para intentar desembarazarse de su situación terminal. Scott logra aquí su más depurado thriller de la última década luego de un par de buenos productos como Red de mentiras y American Gangtser, respaldado por un elenco excepcional en el que conmueve Michael Fassbender y se disfrutan las caracterizaciones de Cameron Diaz y Javier Bardem, entre otros
    intérpretes notables.
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  • Un paraíso para los malditos
    El cineasta Alejandro Montiel se perfila como un nuevo y diestro artífice de largometrajes de género en nuestro medio. Ha transitado hasta ahora por formatos marcadamente diferentes, como la comedia grotesca en Las hermanas L, el documental en Chapadmalal y el policial romántico con protagonistas reconocidos en Extraños en la noche. Ahora, arribando a su tercer film dirigido en soledad, en Un paraíso para los Malditos Montiel incursiona decididamente en el thriller de acción con condimentos dramáticos. Aunque la acción aparezca a cuentagotas, cuando se desata, resulta potente, demoledora; y el suspenso con toques de angustia está muy presente a lo largo del metraje. El factor dramático también sostiene con firmeza una breve historia salpicada por alternativas intensas que van alimentando la narración. El personaje principal es una suerte de actor de los submundos que asume dos personalidades, una como el sereno en un depósito de una fábrica del conurbano, y otra cuando pasa a ser el hijo de un hombre postrado y con trastornos. Habrá crímenes, amor y una suerte de “familia” ficticia que funcionará para él como una compensación afectiva, una razón para existir y luchar. Interesante en su formulación, el film no logra superar algunos huecos dramáticos y narrativos, pero se redime en su excelente criterio estético y los magníficos climas audiovisuales que logra. Notable Joaquín Furriel como el taciturno y contenido protagonista, muy bien acompañado por la verosímil Maricel Álvarez y un despojado Alejandro Urdapilleta.
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  • Mar del Plata
    Mar del Plata
    Revista Veintitrés
    Con una dupla protagónica formidable, Mar del Plata es una comedia para treintañeros sin demasiadas pretensiones pero con momentos realmente logrados. Los directores debutantes Sebastián Dietsch y Ionathan Klajman, el primero marplatense y el segundo israelí, sólo se propusieron narrar un periplo entre dos viejos amigos que oscilan permanentemente entre el amor y el odio y que en ese desbalanceo emocional generan chispas realmente divertidas. El conflictivo dúo viaja en auto a la ciudad balnearia del título con el objetivo de aprovechar una estadía gratuita y se encontrarán allá con algunos personajes y hechos –una ex novia, un escritor pedante, alguna salida inapropiada- que incentivarán sus disidencias personales pero a la vez les harán vivir eventos inesperados y no tan negativos. Los diálogos y situaciones urdidas por ambos cineastas no sólo son graciosos sino también inteligentes, y aciertan con algunos recursos expresivos como los flashbacks con viejas fotos fijas, la pantalla dividida y los coloquios a cámara de uno de los personajes. De todos modos en el último tramo varias líneas interesantes de la trama se pierden y podrían haber sido mejor aprovechadas. Pablo G. Pérez y Gabriel Zayat, como ese par de inmaduros en crisis, alcanzan momentos desopilantes, a lo que se suman los buenos aportes de Lorena Damonte y Pablo Caramelo.
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  • La Guayaba
    La Guayaba
    Revista Veintitrés
    El tema de la trata de adolescentes es abordado nuevamente por el cine argentino, como ocurriera subrepticiamente en la pieza nacional estrenada la semana pasada, Destino anunciado. En ese caso se trataba sólo de una alusión, mientras que en La Guayaba el tratamiento es claro y directo con respecto a una problemática dolorosamente presente en la actualidad. Por eso guarda profundas correspondencias con La mosca en la ceniza, el excelente film de la fallecida realizadora Gabriela David que reproducía el desolador cuadro de explotación y esclavización instalado en prostíbulos clandestinos. Aquí esa temática es abordada en otro contexto, más pueblerino y campestre, pero el martirio que sufren chicas confinadas en verdaderos calabozos, sumados a la brutalidad, el desprecio por mínimos derechos humanos y la indolencia y complicidad de clientes y autoridades correspondientes, está igualmente plasmado en este segundo largometraje de Maximiliano González. También aquí una joven que vive en un ámbito humilde pero familiar y feliz, es coptada y llevada a la fuerza a una casa donde será recibida ya de entrada con maltrato y violación. El film, sin la contundencia expresiva del film mencionado, cuenta de todos modos con un interesante desarrollo, algunas metáforas y buenas actuaciones. Entre ellas, las de Lorenzo Quinteros, Marilú Marini en un rol difícil e inusual, Raúl Calandra, Bárbara Peters y la convincente debutante Nadia Ayelén Giménez.
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  • Escape imposible
    Escape imposible
    Revista Veintitrés
    Existen fans incondicionales de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger que aman a uno y detestan al otro, como en las rivalidades futboleras, rockeras o políticas. Pero ha pasado un tiempo considerable de eso, ambos ya han actuado en Los Indestructibles 1 y 2 y es probable que esos seguidores irreconciliables hayan aceptado verlos juntos en ese tándem fílmico de acción. Lo que no muchos saben es que ellos nunca fueron realmente rivales, sino camaradas, y hasta socios, fundadores de la cadena de restaurantes Planet Hollywood acompañados en el negocio por otros partícipes famosos como la por entonces pareja de Bruce Willis y Demi Moore.

    Pero en esta ocasión la unión está mucho más establecida, no aparecen en alguna escena aislada como en esa saga sino que coprotagonizan Escape Imposible en casi todo su metraje. Por lo tanto la película dirigida por Mikael Håfström se puede considerar la primera en la que Arnold y Sly actúan realmente juntos. Y el resultado es altamente satisfactorio. El film no solamente guarda muy buenas escenas de acción sino que tiene una trama inteligente, condimentada por alternativas intrincadas y algunas bienvenidas sorpresas. Håfström es un realizador sólido, que sin embargo venía de abordar géneros distantes del que se ocupa aquí, como la religiosa y no muy soportable (pero bien hecha) El Rito y 1408, aceptable pieza de terror fantástico. En este caso se mete a fondo en una de acción combinada con el subgénero de plan de escape de prisión, en un mix propicio y bien llevado. El guión de Miles Chapman y Jason Keller contiene los suficientes ingredientes como para atrapar desde el arranque y presentar situaciones que mantienen la tensión y el interés hasta el final.

    Además del atractivo innegable de sus dos figuras míticas, Escape imposible cuenta en el reparto con buenos y reconocidos intérpretes como Jim Caviezel, Sam Neill y un irreconocible Vincent D’Onoffrio,
    entre otros roles bien cubiertos.
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  • Carrie
    Carrie
    Revista Veintitrés
    Este es un nuevo ejemplo acerca de la incertidumbre que causan las remakes, especialmente sobre películas que están muy bien hechas, y en el caso de un clásico como Carrie, obra legendaria de Brian De Palma basada en el libro de Stephen King, no parecía necesaria una reversión. Pero lo primero que hay que rescatar es que la historia del autor de La zona muerta y Misery es tan atrayente que aún sabiendo todo lo que va a ocurrir sigue atrapando sin vueltas. Esa adolescente introvertida y discriminada que debe sobrellevar el fanatismo religioso de su alterada madre y que en estados de furia despliega poderes telequinéticos, sigue siendo una trama poderosa. Y que cuenta con correspondencias interesantes con la actualidad, especialmente por el tema del bullying, a lo que habría que sumar el empleo de las tecnologías actuales, como por ejemplo cuando sus compañeras graban a la protagonista con un smartphone, video que suben luego a You Tube. Por otra parte las habilidades para mover objetos y personas a distancia aparecen aquí de manera más recurrente y subrayada, apelando a los efectos visuales disponibles. La directora Kimberly Peirce, responsable de un film notable como Los Muchachos No Lloran, pese a presentar una versión más superficial y con mucho menos vuelo expresivo que la original, alcanza algunos momentos logrados. Las actuaciones tampoco mejoran las de Sissy Spacek y compañía, pero la dupla compuesta por Chloe Grace Moretz y Julianne Moore guarda una sostenida intensidad.
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  • Destino anunciado
    Destino anunciado
    Revista Veintitrés
    Luego de ofrecer como ópera prima el documental Un día en Constitución, un retrato abarcativo sobre esa estación de trenes y su jungla urbana, en su primer film de ficción Juan Dickinson se anima a un mix entre el road movie, la pintura costumbrista y el thriller. Demasiados objetivos quizás, para un Destino anunciado que cuenta con un arranque auspicioso, momentos con buenos climas, una intriga lograda y un par de sorpresas, pero que en su último tramo prácticamente descalifica sus virtudes parciales. Ese buen desarrollo inicial, que además muestra un universo poco conocido -el de los choferes de micros de larga distancia-, cuenta con un suspenso que se va intensificando y promete un último segmento intenso. Allí deberían confluir las dos o tres líneas narrativas presentadas, que integran la trata de personas y la dictadura, pero un desenlace trunco y algo apresurado, que puede llegar a sorprender y nada más que eso, desaprovecha ese entramado correctamente presentado. Queda la sensación que en el guión de Enrique Cortes, sobre ideas de Dickinson, cae en un vacío narrativo y expresivo en el que se diluyen sus propuestas.

    Una pena, pero estas falencias no hacen mella en el formidable protagónico de Luis Machín, que logra una caracterización impecable, muy bien acompañado por un Manuel Vicente con un personaje con dobleces. Y vale la pena disfrutar de las escenas en las que actúan juntos.
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  • Caíto
    Caíto
    Revista Veintitrés
    Poniendo el énfasis en los vínculos afectivos del protagonista y en el amor entre dos hermanos más que en las dificultades existenciales que provoca la discapacidad, Caíto es un lúcido y profundo disparador acerca de estas problemáticas. Esta docu ficción del intérprete Guillermo Pfening, quien participa en el film haciendo de sí mismo, se ubica en un lugar diferente en su tipo.

    Precisamente el propio Pfening se desdobla en las escenas documentales y en las recreadas ficcionalmente, al igual que el muchacho que le da título al film, convincente al hacer de sí mismo pese a su inexperiencia. Distintos actores personificarán otros roles de ese universo pueblerino, como en los casos del padre de ambos hermanos, compuesto –inesperadamente- por el cineasta Juan Bautista Stagnaro y la kinesióloga, a cargo de Bárbara Lombardo.

    Otros personajes entran en el terreno de la pura ficción, como la encantadora Anita de Franca Licatta, Romina Ricci como la madre y la muy sexy Susuki de Marinha Villalobos. La trama paralela se entrelazan bien en la película, arribando a un desenlace en el que ambos mundos coexisten, en este inteligente debut de Pfening, que no se desborda al exponer en imágenes algo en lo que está íntimamente comprometido. Caíto, utilizando la recreación como atrayente instrumento narrativo, logra conmover, aunando su buena manufactura con la emotividad.
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  • Capitán Phillips
    Capitán Phillips
    Revista Veintitrés
    Plasmada con impecable destreza por el notable cineasta Paul Greengrass, Capitán Phillips es una narración lineal de una intensa historia verídica en alta mar, y no mucho más que eso. Se trata de un hecho que tuvo lugar en 2009, en el que el MV Maersk Alabama se convirtió en el primer buque de carga estadounidense en ser secuestrado en doscientos años. El Capitán Richard Phillips, totalmente inexperto en enfrentamientos armados, tuvo que enfrentar prácticamente solo el secuestro de su navío por parte de piratas somalíes, y después ser el único rehén de sus atacantes en un pequeño bote acorazado, donde transcurre gran parte de la trama. Lo verdaderamente excepcional del film hay que buscarlo en su realización, en la que queda a las claras que fue rodada en el océano, con naves y vehículos de transporte acuático reales y con una casi nula utilización de efectos especiales y recreaciones digitales. Tan sólo un puñado de escenas transcurren en tierra firme, el resto de la película se desarrolla en aguas marinas, y el desafío técnico llevado adelante por sus artífices comprometió a la producción y especialmente los actores, que debieron interpretar sus papeles en espacios reducidos y hasta dentro del mar. En ese sentido Capitán Phillips guarda un realismo extraordinario, a la vez de mantener una tensión realmente angustiante. Greengrass, responsable de dos de los films del agente Bourne y de Vuelo 93 priorizó la verosimilitud por sobre cualquier otra cosa, logrando una pieza que atrapa en todo momento, aún a pesar de su extensión, pero que no deja demasiados resquicios para hacer algún otro tipo de formulación. Queda claro, sí, que pese a ser un film claramente norteamericano, los villanos no son sólo los desfallecientes piratas somalíes, sino los propios correligionarios del Capitán, que presuntamente desean rescatarlo. El sacrificado trabajo de Hanks es encomiable, pero los cuatro actores debutantes que interpretan a los somalíes ofrecen caracterizaciones fuera de serie, física, corporal y dramáticamente.
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  • Gravedad
    Gravedad
    Revista Veintitrés
    Plasmando otra obra magistral, tal como lo hiciera con Niños del hombre, su anterior y algo ya lejano film, aunque sin las alegorías y hondas visiones de la condición humana que contenía ésta, al mejicano Alfonso Cuarón ya se lo puede considerar uno de los mejores realizadores del planeta. Y a propósito de este último término, es probable que en Gravedad se encuentren las imágenes más asombrosas y bellas de la Tierra desde el espacio vistas en el cine, sólo una parte más de la enorme cantidad de estímulos visuales que propone en forma permanente esta nueva obra del director de Y tu mamá también. Su título en realidad tiene más que ver con la falta de gravedad que con su presencia, por eso se puede considerar deliberadamente ambiguo, para un film que, al contrario de Niños del hombre no tiene una trama con grandes alternativas ni mucho menos demasiados diálogos, elementos de los que no precisa en lo absoluto.

    Porque Gravedad, entre 2001, Apollo 13 y Jinetes del espacio, basa más su contenido en lo visual que en lo textual, y narra su concisa historia con el poder de la imagen y el sonido, o a veces la ausencia del él, en la inmensidad del silente espacio. Aunque también intervenga, como un ingrediente expresivo singular, la notable música de Steven Prince, que en los momentos culminantes desborda la pantalla y los sistemas de audio. En lugar de contar nada, es mejor afirmar que se trata de una experiencia única, ubicada en un contexto en el que la tensión se acentúa ante lo desconocido –sin necesidad de apelar a ningún alien, ET, o ejemplar semejante-, y que sólo debería ser apreciada en una sala de cine para aprovechar en toda su dimensión la expresividad y el meticuloso trabajo de la imagen, en un 3D aplicado de manera excepcional. Sus asombrosos logros técnicos quedan expuestos desde el formidable y climático plano secuencia que abre el film, y la interpretación de Sandra Bullock quita el aliento, ese que escasea en varios de sus pasajes. George Clooney no es aquí protagonista, es sólo –y nada menos que- un impecable partenaire de lujo. Con o sin gravedad, cine en su máxima expresión.
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  • Blue Jasmine
    Blue Jasmine
    Revista Veintitrés
    Con una intensidad y compromiso dramático mayor que en sus últimos films, Woody Allen desarrolla en Blue Jasmine una conmovedora semblanza de una mujer en crisis. En realidad de la Jasmine del título no se puede confiar ni en su propio nombre, ya que su tendencia a la mitomanía es notoria, lo que, entre otras cosas, acentúa su conflictiva existencia. Tras penurias diversas, la mujer, adicta a los antidepresivos, lleva una doble vida en la que por un lado ofrece un porte aristocrático, de mujer refinada ataviada con elegantes atuendos de marca y por el otro, ante cualquier circunstancia negativa, puede desbordarse emocionalmente y perder de inmediato todo su glamour. Mudada forzosamente con una hermana que le muestra lo peor de si misma, la película está narrada entre dos tiempos distantes, tanto en lo temporal como en lo emocional, que coexisten permanentemente, lo que le otorga al film, además de su envergadura temática, una ágil y atrayente continuidad.

    Dentro de una trama, en la que Allen contrapone numerosos y singulares personajes de universos opuestos de la burguesía frívola de Manhattan y de la clase trabajadora, sin dudas que el rol que lleva adelante Cate Blanchett es incontrastable. Un anti heroína que se suma a otras que el genial director tuvo a lo largo de su carrera, pero en este caso dueña de una interpretación excepcional, deslumbrante, dotada de una paleta de matices que atraviesa por todos los colores emotivos.
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  • Romper el huevo
    Romper el huevo
    Revista Veintitrés
    En una película a la vez distendida y arriesgada, Roberto Maiocco desgrana en Romper el huevo buenas ideas y un sentido del humor que sostiene con ingenio las visicitudes de la trama. Médico de profesión, supo hacer una notable semblanza de un sufrido y tenaz residente en ámbito hospitalario en Solo gente, con una gran labor de Pablo Echarri, en un momento en el que sólo se lo consideraba un galán. Luego se internó en el drama de la desocupación con toques de ternura en Un minuto de silencio, y aquí recurre a otro protagonista inesperado, el músico y humorista Hugo Varela, que tuvo una gran responsabilidad sobre sus espaldas, a veces franqueada y otras no tanto. En Romper el huevo, cuyo título alude a salir del cascarón y afrontar la vida, el tema de la adopción es un tópico esencial. El protagonista recibe a un niño que espera desde hace doce años justo el día en que descubre que padece una enfermedad terminal, idea agridulce en extremo y algo compleja psicológicamente en la que el realizador trata de mantener el equilibrio como un malabarista. No alcanza de todos modos a resolver algunos problemas narrativos, pero el agregado de situaciones y personajes absurdos muy creativos le otorgan al film un disfrutable condimento extra. Las buenas participaciones de Tony Lestingi y Ágata Fresco aportan rigor actoral al film, que cuenta con coloridos y apropiados apuntes musicales de Martín Bianchedi.
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  • Elysium
    Elysium
    Revista Veintitrés
    Con sólo dos –sorprendentes- películas, ambas futuristas, el sudafricano Neill Blomkamp ya se ha transformado en un especialista y acaso referente dentro del género, más que nada por su estilo personal. El cineasta aprecia combinar la ciencia ficción con la denuncia, incorporando lucha de clases, discriminación, opresión, desigualdad y grupos poderosos que sojuzgan a los más débiles, temática que predomina en su nueva pieza, Elysium. Está claro que esta formulación quedó mucho mejor expuesta en Sector 9, obra cuyo género alguien rebautizó como ciencia social ficción, una extraordinaria alegoría acerca del racismo y el apartheid sudafricano. Ese film le permitió a Blomkamp acceder a su segundo film con mayores posibilidades expresivas e intérpretes más renombrados, aunque en este caso haya tenido que adaptarse un poco a los mandatos hollywoodenses, como el hecho que sólo un hombre blanco (Matt Damon) pueda contra todo, incluyendo sistemas infranqueables, duros enemigos y un villano de fuste y muy sádico como el que compone Sharlto Copley. A lo que habría que sumar algunos pasajes del guión poco trabajados y personajes que no hablan español de la mejor manera, un aspecto que, a esta altura, ya no se puede disculpar.

    Más allá de estos detalles Elysium cumple con creces a la hora de plasmar en imágenes elementos clásicos y no tan clásicos del género, que en este segundo caso la acercan a tendencias estéticas y visuales más modernas de otros exponentes recientes como Oblivion o Después de la tierra. Damon, como un obrero al que le quedan cinco días de vida y que debe intentar llegar a un paraíso de la opulencia llamado Elysium, pone lo que hay que poner para darle intensidad y credibilidad a su rol, acompañado por un elenco sólo correcto a excepción del mencionado Copley. Notable la música, lo mismo que la imaginería visual puesta en juego.
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  • Bella addormentata
    Bella addormentata
    Revista Veintitrés
    Dotada de múltiples aristas, la nueva película del notable y ya maduro cineasta italiano Marco Bellocchio, se introduce a fondo y con lucidez en temáticas incómodas y poco transitadas. Una trama controvertida que aborda asuntos teológicos, morales, políticos, sociales, mediáticos y familiares en su tratamiento. Vinculada básicamente a la eutanasia, esta mirada se integra a subtramas que entran y salen con fluidez e intensidad durante el metraje de una obra comprometida y atrayente.

    La historia de Bella addormentata (Bella durmiente, no queda claro por qué se mantuvo el título original) está atravesada por el hecho real de una joven mujer llamada Eluana Englaro que, tras pasar 17 años en estado vegetativo, es dejada morir tras una larga batalla judicial y religiosa. Un caso que conmocionó a toda Italia y a Europa y sobre el que Bellocchio no hace una biografía, toma el hecho como referencia para ofrecer un puñado de historias en formato coral que sacuden y conmueven. Con un polo en la fábula de Perrault y la princesa de Disney y en el otro Mar Adentro de Alejandro Amenábar, el film del director de El diablo en el cuerpo y Vincere reniega de ambas vertientes y vuelca una mirada personal, por momentos desbordada y frenética, para hacer una verdadera radiografía de la condición humana. Una heterogénea galería de personajes transitan la pantalla a través de algunos intérpretes magistrales como Toni Servillo, la ascendente Alba Rohrwacher e Isabelle Huppert. Un film arduo, bello, de visión ineludible.
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  • Dragon Ball Z: La batalla de los Dioses
    Creación del historietista Akira Toriyama, Dragon Ball es un ícono de la infancia de los que tienen entre veinte y treinta años. Dragon Ball Z es una vuelta de tuerca del primero, que aquí vuelve al cine luego de más de una década en una versión desarrollada por su autor original. Este popular animé no tiene la complejidad de una serie como Akira, o la belleza artistica y alegórica de una pelicula de Hayao Miyazaki, pero las aventuras de Goku y sus amigos recorriendo el mundo en busca de místicas esferas que cumplian deseos a quien las reuniera, desairando al malo de turno, fueron una referencia para una generación. Los personajes de Toriyama contaban con un variado abanico, y en el caso de Dragon Ball Z la batalla de los dioses interviene Bills, el Dios de la Destrucción –con un intencionado aire de trazo egipcio-, que mantiene el universo en equilibrio y despierta luego de un largo sueño para fastidio de los héroes de la saga. Con toques de comedia y muchos guiños a los fanáticos de la serie, se desata un enfrentamiento entre este dios y roles como Goku y Vegeta, estos últimos doblados por Mario Castañeda y René Garcia, sus voces clásicas. Un final no tan típico para el personaje principal le otorga un detalle interesante al desenlace, y, dentro su particular estilo, se despliega una lograda animación tradicional.
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  • Caídos del mapa
    Caídos del mapa
    Revista Veintitrés
    Un film protagonizado por niños reales y no animados, que transcurra en un colegio y que además ese escenario esté enmarcado en el país no es tan habitual en nuestro cine. Por lo cual es probable que esos ingredientes combinados provoquen una atracción particular en el público infantil y asimismo en padres jóvenes que en algún momento accedieron a la saga de novelas escritas por María Inés Falconi. Lo que acaso pueda augurarle a Caídos del mapa un suceso cinematográfico afín al que se está produciendo –y batiendo algunos récords- con un puñado de películas nacionales estrenadas en este 2013. El subgénero de aventuras protagonizadas por niños ha sido explotado por Hollywood con algunos logrados exponentes, y los directores Leandro Mark y Nicolás Silbert han recurrido más al estilo de ciertos films dirigidos por Spielberg, Donner o Dante que a viejos intentos vernáculos, lo cual, en algún punto, resulta positivo. Porque a las entretenidas alternativas ideadas por la autora se les han añadido toques de comic y situaciones y diálogos que no ofenden la inteligencia de sus destinatarios y no pocos apuntes graciosos como para que los adultos la pasen lo mejor posible. Al aporte de buenos comediantes como Tina Serrano, Karina K, Alejandro Paker y Osqui Guzmán se les suma un elenco preadolescente más que correcto. Más allá de algunos desniveles técnicos y dramáticos, la propuesta sale airosa y puede dar pie a una bienvenida saga propia.
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  • Wakolda
    Wakolda
    Revista Veintitrés
    Realista y rigurosa, y a la vez metafórica y simbólica, Wakolda ofrece el que seguramente sea el mejor trabajo de la realizadora Lucía Puenzo, que se vuelve a mostrar inquieta y distanciada de su producción anterior. Si hay un elemento que resulta característico en su filmografía es el hecho de buscar distintos escenarios, temáticas, tipologías humanas y hasta nacionalidades en sus películas. Tanto en XXY como en El niño pez y en este nuevo trabajo suyo, se da también la circunstancia que los contextos urbanos no forman parte de su mirada, y en este caso sobresale la presencia del ámbito nevado del sur, paisajes que a veces se ven imponentes y en otras helados, inhóspitos y amenazantes.

    Ubicado en el año 1960, el film aborda el vínculo incómodo y sinuoso entre un médico alemán y una familia argentina en esa zona del país, región elegida no caprichosamente –en algún momento dicho personaje germánico afirma que “el paisaje lo hace sentir como en casa”- , al considerarlo un espacio familiar y protegido. Pero el tal Helmut Gregor esconde una identidad tenebrosa, la de uno de los peores criminales y torturadores de la historia. La hija de Luis Puenzo se interna a fondo en esa trama que combina reales trazos históricos con itinerarios y hechos imaginados que se relacionan con el denominado el Ángel de la Muerte Mengele, que fundamentalmente tratará de conquistar y experimentar con la niña mayor de la familia, limitada por aparentes dificultades de crecimiento.

    La historia avanza con pasos seguros y criteriosos, integrando diversos personajes y elementos alegóricos -como las muñecas que empiezan a fabricarse en serie-, que irán sumando tensión e inquietud a lo largo del metraje. Atrayente visualmente, Wakolda cuenta con una excelente recreación de época, mientras que el elenco, que se expresa tanto en español como alemán, se muestra consistente y verosímil. Natalia Oreiro sigue confirmando su ascendente carrera como actriz cinematográfica, bien acompañada por Diego Peretti, Elena Roger, Guillermo Pfening y, el notable Alex Brendemühl, que logra un villano lleno de matices.
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  • P3nd3jo5
    P3nd3jo5
    Revista Veintitrés
    Raúl Perrone es un auténtico outsider cinematográfico. Su cine siempre ha estado alejado de géneros, tendencias, modas y tecnologías dominantes –más allá que la notable La Navidad de Ofelia y Galván fuera rodada sólo con una cámara fotográfica recién adquirida-. Su carrera fílmica siempre estuvo al margen de la industria, de los lazos comerciales con otros formatos, como la TV, y hasta del propio cine independiente, a menudo mal denominado como tal. Y sin dudas que ha establecido, entre variantes y altibajos, un estilo personal inconfundible y representativo, un sello propio a veces menospreciado y otras tantas sobreestimado. Sea como fuere, un puñado de films suyos son piezas únicas en su tipo.

    Y P3ND3J0S es su apuesta más elevada, más elaborada y por eso mismo más lograda, el Citizen Kane perroniano. Un pico altísimo, visual, expresiva y narrativamente; por momentos –abundantes momentos-, una obra de arte. Dentro de su habitual universo ituzaingoniano, el director de Peluca y Marisita renueva su mirada y redescubre espacios suburbanos, calles húmedas, rincones inexplorados, reductos que combinan la naturaleza con el asfalto. Y fundamentalmente rostros y cuerpos anhelantes, introspectivos, sugerentes. Despojados, insondables y también refulgentes. En especial al estar desplazados en sus skates, casi una parte más de ellos, tablas rodantes que se vuelven tan protagonistas del film como los pibes a los que alude el –no tan- críptico título. Los diálogos, resueltos de manera inesperada, evocativa, a través de placas con textos, estética que se traslada a la imagen recortada entre contornos negros, también expresa. Y habla, porque P3ND3J0S no es una película muda más allá de estas pinceladas, todo lo contrario; su excepcional banda de sonido se integra al audio ambiental dando por resultado una sonoridad que se acopla impecablemente a las imágenes, potenciando improntas climáticas. Quizás algunas escenas se podrían haber acortado, pero es sólo un detalle que no empaña una experiencia audiovisual insoslayable.
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  • Sólo para dos
    Sólo para dos
    Revista Veintitrés
    En plan de intercalar en la cartelera un producto romántico afín a alguno del cine estadounidense (Solo para Parejas con Vince Vaughn es una referencia inevitable), y concebido también para el lucimiento de Nicolás Cabré y sus particulares –y por qué no, eficaces- dotes para la comedia, Sólo para dos, como intento en el subgénero, termina siendo insulso, cuando no deficitario. La idea no va más allá de explotar dos o tres tópicos amoroso-picarescos elementales en un paisaje caribeño, mientras que diálogos y situaciones no escapan a la vulgaridad y el lugar común, entre personajes a veces chispeantes y otras no tanto. Porque no siempre un buen actor o actriz se adapta bien a este estilo, tal el caso de Martina Gusmán, talentosa intérprete cuya empatía para el dudoso humor propuesto, es escasa.

    Coproducción entre Argentina, España y Venezuela, el film integra elementos de cada país en una trama en la que un matrimonio en crisis dueño de un resort para parejas ubicado en una turística playa tropical, recibirá un contingente algo fogoso que entrecruzará vínculos por doquier. La impronta de comedia de enredos produce de todos modos alguna sonrisa, fundamentalmente a través de los españoles Antonio Garrido y Santi Millán y el apuntado Cabré. Si incluimos en el combo curvas atrayentes y el colorido marco, Sólo para dos se puede llegar a sumar a otros éxitos del cine nacional actual, a pesar de todo.
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  • Aviones
    Aviones
    Revista Veintitrés
    Este nuevo film de Disney es prácticamente una suerte de Cars 3, sólo que en este caso los vehículos en cuestión llevan hélices, alas y andan por el aire. Cuenta también con personajes automotrices que no pertenecen a la saga mencionada, pero que tienen exactamente la misma conformación de los films dirigidos por John Lasseter. Es más, podría haber participado alguno de ellos como para otorgarle un punto de atracción extra a los chicos, y darle un poco más de interés a la insípida trama. Hay que decir, en principio, que las dos Cars son las películas animadas menos logradas del genial creador de Toy Story, embarcado en la animación de elementos carentes de vida y expresividad como automóviles, camiones y otros medios de transporte, idea forzada que nunca terminó de cuajar.

    Y en Aviones, dirigida por Klay Hall, se llega al absurdo que un avión y unos autos toquen la guitarra y canten como mariachis, que otro vehículo viaje con un carrito cargado con valijas llenas de ¿ropa?, según asegura el personaje, o que el avión fumigador protagonista llegue al Tibet y se encuentre con máquinas con ojos rasgados y caracterizadas como budistas, entre otras situaciones propias de la desproporcionada humanización de los aparatos. Gags que para colmo no producen gracia, más allá los varones menores de diez años que gustaron de Cars se puedan enganchar con la propuesta, estéticamente correcta.
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  • Corazón de león
    Corazón de león
    Revista Veintitrés
    En los últimos años varios desafíos actorales han tenido lugar dentro de la carrera de Guillermo Francella, especialmente a partir de El secreto de sus ojos, un film bisagra en su trayectoria. Y el estreno de Corazón de León representa para el actor un peculiar paso adelante en su versatilidad interpretativa, porque, más allá de sus reconocidas dotes para la comedia con toques emotivos, debe componer aquí un personaje inusual, un León que tiene un pequeño inconveniente, que es precisamente su pequeñez. Un hombre que a causa de problemas congénitos no pudo alcanzar una estatura normal, condición que le trae problemas al conocer a una bella y alta mujer, acaso el amor de su vida, vínculo que se verá obstaculizado por prejuicios y preconceptos.

    Semejante temática, tomada con sensibilidad, capacidad narrativa, y no pocos toques de humor, era ideal para ser abordada por Marcos Carnevale, un director que ha transitado por historias de seres diferentes que se abren paso en la vida. Como en Elsa & Fred, dedicado al amor en la tercera edad, en Anita, que combinaba la tragedia de la AMIA con la búsqueda de afecto de una niña con síndrome de Dawn, o en Viudas, con un empleado doméstico transformista buscando su destino. Aquí se ocupa de un ser entrañable que diariamente lleva adelante su lucha por insertarse en una jungla urbana que le infringe una encubierta o manifiesta marginación.

    La historia de amor que desarrolla la trama tiene momentos distendidos y dramáticos, pero también altibajos argumentales y una resolución algo idealizada. Los tres films mencionados de este realizador quizás estén más logrados que Corazón de León¸ que de todos modos cuenta con una honestidad a toda prueba que suscita con legítimos recursos tanto sonrisas como lágrimas. Y en este sentido Francella es un baluarte que pone su expresividad al máximo nivel tanto en los pasajes humorísticos como en los dolorosos, muy bien acompañado por una espléndida Julieta Díaz, un exacto Mauricio Dayub y una divertida Jorgelina Aruzzi, entre otros. Un párrafo aparte merecen los efectos digitales puestos en juego para que resulte verosímil y sorprendente el aspecto corporal del protagonista.
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  • Los amantes pasajeros
    Los amantes pasajeros
    Revista Veintitrés
    Luego de transitar por una serie de notables films atravesados por el drama y la densidad, Almodóvar se toma un respiro para entregar esta pieza –deliciosamente- pasatista. El estilo de Los amantes pasajeros se acerca indudablemente a la línea de los filmes que rodaba en su primeras épocas, con toda su impronta kitsch y colorida, que alcanzó su máxima expresión en la emblemática Mujeres al borde de un ataque de nervios. Su humor frontal y desenfadado aflora sin pausas, en una película que debe ser una de las más explícitamente gays concebidas por el director de La ley del deseo.

    Tras títulos recientes como las extraordinarias Hable con ella, Volver o La piel que habito, el realizador español más famoso se aleja de tramas sinuosas y vuelve a las fuentes. Y aunque no logre una gran película, apuesta a la diversión con sus armas más personales. La trama, como no podía ser de otra manera con él, es inusual; un avión de línea rumbo a México amenaza con desplomarse, y el lógico estado de angustia de los pasajeros será atenuado por ciertas insólitas decisiones de los tripulantes. A este ingrediente se suman las peculiares características de varios de los viajeros (entre los que se destacan los roles de Cecilia Roth y Lola Dueñas), que harán eclosión e irán remontando la situación. Más de una procacidad al borde del mal gusto ocupará varios pasajes de ese vuelo en peligro, momentos sin los cuales el film no sería el mismo. Como no lo sería sin esa escena antológica en la que los tres azafatos (brillantes Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces) hacen un video clip en vivo con la icónica canción ochentista I'm So Excited. Imperdible. En definitiva, una comedia menor de Almodóvar, pero sumamente disfrutable para su público, cinéfilo y no tanto.
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  • Vino para robar
    Vino para robar
    Revista Veintitrés
    En una apuesta de género audaz para emprender en nuestro medio, Ariel Winograd logra con Vino para robar una eficaz y entretenida combinación de film de robo a guante blanco con toques jamesbondianos. Apelando a una pareja de actores a la que el cine independiente ha recurrido con asiduidad, esta suerte de thriller romántico recorre diversos escenarios y locaciones que la vuelven atractiva visualmente, a la vez de abordar con dinamismo una historia que va salpicando sorpresas y guiños.

    Winograd maneja con gran soltura el lenguaje cinematográfico, lo que le permite introducirse sin temor por terrenos por los que no había transitado. Luego de haber plasmado comedias como Cara de queso y Mi primera boda, distintas en cuanto a producción y despliegue –la segunda, estupenda, contaba con un gran presupuesto y un heterogéneo y multiestelar elenco-, acá el cineasta da el giro con aceptables resultados y toques de humor que distienden y enganchan. Homenajes al cine asoman durante la narración, dentro de una temática enóloga un tanto forzada. Pero varias escenas notables, una gran banda sonora de Darío Eskenazi y un muy buen elenco sostienen todo. Como Daniel Hendler, impecable en su nueva faceta de galán al margen de la ley, muy bien acompañado por una Valeria Bertuccelli inteligente y llena de matices y un divertido Martín Piroyansky.
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  • Los Pitufos 2
    Los Pitufos 2
    Revista Veintitrés
    En este tipo de películas a veces hay que ser un poco indulgente; Los Pitufos 2 se trata de un producto concebido para niños pequeños y la mirada infantil que todos poseemos dentro debe aflorar indefectiblemente. Porque sino habría que cuestionar esquemas ya vistos, situaciones argumentales poco elaboradas, actuaciones desparejas, etc. De la mano de un realizador experto en este subgénero de la animación combinada con la acción viva, Raja Gosnell (las dos de Scooby Doo, Un Chihuahua en Beverly Hills y el anterior film pitufo), hay que decir que hace bien su trabajo, pero tampoco deslumbra con su creatividad. Y aquí retoma el mundo de esas criaturas, que indudablemente, desde que adquirieron su nuevo aspecto corporizado y tridimensional, han aumentado su encanto. Se han estilizado los trazos, algunos lucen mucho mejor (especialmente la Pitufina, para deleite de las niñas, aquí con un rol muy protagónico) y algunos más graciosos (como el pitufo Vanidoso y Tontín). Y quién más se ha beneficiado es el personaje de Gargamel, un villano que de la mano de un gran actor Hank Azaria, se convierte en una verdadera creación. En este caso intervienen otros pequeñuelos que se podrían denominar gnomos, en el marco de una París a la que caprichosamente nos lleva la trama. Pero algunos planos de la ciudad luz colaboran con la magia que necesariamente aporta la propuesta. Brendan Gleeson también destaca su módico aporte actoral para que los niños tengan momentos de humor no sólo a través de los hombrecitos azules.
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  • Ladrona de identidades
    Ladrona de identidades
    Revista Veintitrés
    Con una pareja despareja ideal para el género -mujer traumada, desprolija, marginal, buscavidas y finalmente estafadora, frente a hombre de familia y empleado standart que acaba de obtener un mejor empleo-, Ladrona de identidades es la nueva comedia de Seth Gordon, responsable de un buen exponente como Navidad sin los suegros y de otro magnífico como Quiero matar a mi jefe. Este último, revulsivo y audaz título había contado con un elenco formidable, encabezado precisamente por Jason Bateman. Aquí este comediante tan solicitado luego de La vida de Juno, comparte cartel con la voluminosa y ascendente Melissa McCarthy, camino al estrellato luego de Damas en Guerra. Esto ya garantizaba momentos chispeantes, pero la buena idea puesta en juego por el guión de Craig Mazin le otorgan al film condimentos atrayentes, que se emparentan con esquemas de algunas comedias sarcásticas del cine americano más reciente. Mezcla de comedia de enredos con road movie, Ladrona de identidades, dentro de su alocada persecusión, incorpora otros personajes y situaciones, no todas logradas pero sí muy humorísticas, aún en sus procacidades. Un segmento final emotivo redime a este par de desafortunadas criaturas, en una parodia que puede ser disfrutada u odiada, dotada de algunos divertidos intérpretes secundarios además de la buena dupla protagónica.
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  • Sólo para payasos
    Sólo para payasos
    Revista Veintitrés
    Con un criterio estético y narrativo singular, Sólo para payasos incursiona en el sorprendente mundo de estos artistas circenses como pocas veces el cine ha transitado. Apelando a imágenes y testimonios fuera de registro, el film de Lucas Martelli aborda con creatividad el género documental, ubicándolo en un plano diferente. Una suerte de planeta paralelo en el cual clowns, payasos, comediantes y afines son los dueños de un disparatado discurso verbal y físico. El realizador es además acróbata, así que conoce a fondo el universo del circo y sobre él se apoya para reinventar un poco el género, como un recurso para retratar personajes tan distanciados de lo convencional como la película.

    Pasarán por la pantalla un insólito dirigible que traslada un ómnibus y diversas manifestaciones callejeras de distintos representantes de la elite payasesca, tan graciosa como atrayente. Las entrevistas siempre llamativas de cada integrante de esa troupe imaginaria, le otorgan a Sólo para payasos testimonios del más diverso calibre. Los vestuarios, a veces sencillos o más elaborados, colaboran en el color innegable de la propuesta. Martelli es el director de fotografía de una pieza muy disímil como La historia invisible, sobre la identidad de los mapuches, y aquí demuestra nuevamente su talento para plasmar imágenes de gran belleza y solidez visual, al que la música de Gonzalo Mazar enmarca apropiadamente.
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  • Esos colores que llevás
    Esos colores que llevás
    Revista Veintitrés
    Largometraje un poco por casualidad (más allá que dure poco más de una hora) Esos colores que llevás es un documental que logra una empatía y una emocionalidad notables, que acaso van un poco más allá de los tonos a los que alude el título. Porque este film de Federico Peretti, es un gran tributo a la hinchada de River y su espíritu indoblegable, pero también representa la pasión de todas las hinchadas del fútbol argentino, que tienen en común un sentimiento futbolero incomparable. Y los simpatizantes de River Plate fueron los protagonistas de un evento que significó la mayor manifestación popular deportiva de la Argentina, cuando la bandera más larga del mundo de un club de fútbol, de casi ocho kilómetros de extensión, fue llevada en andas por sus hinchas en octubre pasado. Más de cien mil entre los que se congregaron en la zona de la vieja cancha de Alvear (hoy canal 7), los que trasladaron la enorme tela y los que aguardaron en un Estadio Monumental repleto.

    Y la casualidad mencionada al principio tiene que ver con que Peretti -autor de El otro fútbol, otro buen homenaje al deporte más popular, en ese caso dedicado al ascenso- sólo se proponía registrar un breve clip, pero al ir acopiando material se jugó por un formato más extenso y profesional, que terminó siendo este film, en definitiva muy bien rodado y técnicamente sólido. Con el plus de testimonios de Amadeo Carrizo, Ortega, Francescoli y Alonso entre otros referentes del club, y de los artífices de la proeza, básicamente hinchas transmitiendo puro sentimiento, en medio de dolores por un descenso dejado atrás y un palpable optimismo por el futuro.
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  • Metegol
    Metegol
    Revista Veintitrés
    Así como ha ocurrido con la comedia dramática nacional y el thriller, la irrupción de Juan Jose Campanella en el terreno de la animación significa a través de este largometraje un verdadero hito en la cinematografía argentina. No solamente porque Metegol, más allá de géneros, es la película más costosa de nuestra industria en toda su historia, sino por sus alcances técnicos, expresivos, estéticos y simbólicos. Y en este último punto haríamos referencia a lo que representa el film como espejo artístico de un país a través de su
    deporte más popular y generalizado, el fútbol.

    Después de haber obtenido el Oscar por El secreto de sus ojos, era lógico que el director de El hijo de la novia arriesgara y diera un paso más allá de lo que era dable esperar, aunque no estuviera previsto que fuera en la animación digital 3D, un formato en el que no tenía antecedentes. Y Campanella vuelve a dejar su sello indeleble en el dominio de lo audiovisual, su película no solamente es –aún sin llegar a la exquisitez visual de algunos productos de Pixar, Dreamworks o Blue Sky Studios- impecable en lo artístico y ambiciosa en lo expresivo y argumental, sino que logra emocionar por su contenido bien nativo y futbolero, combinado con sus componentes humanos y de espíritu de superación, materiales que pueden estar presentes en otras piezas del género, pero aquí, al vincularse con nuestra esencia, se resignifican.

    Quizás Metegol, entre Toy Story y Luna de Avellaneda, sea abarcativa en exceso, pero al estar obsesivamente balanceada, esto pasa a ser sólo un detalle, y en esto la tríada compuesta por Fontanarrosa, autor del cuento original, Campanella y Eduardo Sacheri, uno de los guionistas y propiciador de la mayor parte de los elementos antes mencionados, resulta ideal. Juntos logran que el fútbol encierre metáforas acerca del amor, la amistad, la comunidad, el barrio y los ideales, sin olvidarnos de los milagros y la magia, ingredientes que harán palpitar al niño que llevamos dentro y a los verdaderos, que tendrán una diversión asegurada a partir de los siete u ocho años. Excelentes trabajos “actorales” de Rago, Gianola, Ramos, Coco Sily y otros, así como el impecable relato del gran partido final a cargo de Jorge Troiani.
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  • Woody Allen - El documental
    Woody Allen - El documental
    Revista Veintitrés
    Tras décadas de persecución, el documentalista Robert B. Weide logró que muchos se proponían, que el poco predispuesto Woody Allen se decidiera a aceptar ser el protagonista de un film testimonial sobre su existencia, sobre su vida y obra. Y para llevar a cabo una empresa de este calibre Allen no eligió un cineasta muy reconocido pero sí el más indicado, ya que sus trabajos previos eran todos acerca de grandes comediantes, como Los Hermanos Marx, su primer film, W. C. Fields, Mort Sahl y Lenny Bruce. Y, una vez más, como tantas veces en su carrera, tuvo razón, porque el resultado de Woody Allen el documental es absolutamente fascinante. Una mirada general y a la vez íntima y privada sobre el artista, abarcando no sólo su trayectoria sino también el proceso creativo con el que aborda y ha abordado su prolífica filmografía, y a la vez sus aspectos más personales, que incluyen sus afectos y particularmente sus amores. Sin dejar de lado sus obsesiones, conflictos y reflexiones, dejando espacios entre las descripciones muchas veces pormenorizadas de determinados films de su vasta obra, para retratar al hombre y sus circunstancias.

    Weide además tuvo el excepcional privilegio de registrar por vez primera parte del rodaje de una película suya, Conocerás al hombre de tus sueños, un momento incomparable del film, aquél en el que se devela el misterio, se ve al mítico hombrecito en plena tarea y se advierte que no había secretos tan recónditos. Eso llega luego de una apasionante recorrida, con imágenes de archivo recogidas en cada época, por títulos emblemáticos como Corrió, huyó y lo pescaron, Sueños de un seductor, Annie Hall, Manhattan, La rosa púrpura de El Cairo, Hannah y sus hermanas, entre muchos otros, hasta llegar a films más contemporáneos como Match point o Vicky Cristina Barcelona. Lo más importante es que el espíritu expresivo del director de Crímenes y pecados se respira con deleite desde el primer hasta el último fotograma.
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  • El chef
    El chef
    Revista Veintitrés
    Suerte de comedia gastronómica con una aceitada pareja interpretativa, El chef es también un vehículo concebido para ridiculizar la nueva cocina molecular, especialmente la que cultiva el español Ferrán Adriá. Más allá de su trama, liviana pero simpática, y de algunos buenos gags, diálogos y situaciones, el film de de Daniel Cohen se ocupa principalmente de salvaguardar la de la gastronomía francesa ante un avance modernoso que se propone arrasar con las tradiciones culinarias. El chef hace foco también en los cocineros mediáticos, los chefs-stars, ya que el personaje de Jean Reno combina su prestigio profesional (en peligro que le sea bajada su calificación), con su aspecto de popular conductor en un ciclo de cocina televisivo, lo que le aporta un matiz más al film. Al menos la película del director y también actor Daniel Cohen, no se inspira demasiado en otras piezas recientes que abordan esta temática, como El sabor del edén, Deliciosa Martha, y su remake americana Sin reservas, y la participación de Santiago Segura como chef de la nueva era resulta disfrutable, aporte fundamental en el tópico de satirizar a los platos en los que la química interviene más que la legendaria cocción alimenticia. Con toques de Pierre Richard y Benigni, el joven actor Michaël Youn es una revelación en el plano de la comedia y el humor, junto a un Reno muy divertido. Ambos destacan su timming en el squetch en el que se disfrazan de pareja japonesa en un restaurante de –presuntas- delicias moleculares.
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  • Paisajes devorados
    Paisajes devorados
    Revista Veintitrés
    A Eliseo Subiela nadie le puede negar su carácter de verdadera usina de ideas cinematograficas y expresivas, que le han deparado grandes films que además fueron éxitos. Y si bien en los últimos
    tiempos se le ha dado por encarar piezas más humildes o independientes (quizás más abocado a su escuela de cine, en la que incluso transcurren un par de momentos de esta película), mantiene esa llama de creatividad que alumbra, poco o mucho, cada nuevo opus suyo. El director de Hombre mirando al sudeste, -y nombrar este film emblemático de su autoría no resulta caprichoso-, aborda aquí una pequeña obra que se la puede definir, más que como un homenaje al cine, como un tributo enfático, enfervorizado, cuasi militante. Un film que se emparenta extraña y
    quizás involuntariamente con el documental Hachazos de Andrés Di Tella, que retrataba al prócer del cine alternativo y experimental
    Claudio Caldini.
    Como bien ha consignado el realizador en la información de prensa,
    los principales destinatarios del film son los estudiantes de cine, ya
    que incluso tres de ellos protagonizan la película, que además
    posee el valor agregado que su principal personaje esté a cargo de
    una eminencia del cine latinoamericano como Fernando Birri. La
    locura, como en el título del film de Subiela mencionado, vuelve a
    reflejarse en un primerísimo primer plano, ya que esta suerte de
    documental apócrifo transcurre en el neuropsiquiátrico Borda,
    donde está internado un singular hombre mayor, fabulador, negador
    o usurpador de personalidad, presunto cineasta y cinéfilo
    comprobado. Detalles que importan pero más aún el significado y el
    aliento de sus palabras, sus ideas, de su vuelo poético vinculado de
    una manera casi extrasensorial al arte cinematográfico. Pese a que
    no destacarse por sus interpretaciones y rubros técnicos, Paisajes
    devorados es una experiencia fílmica por la que vale la pena
    transitar.
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  • El llanero solitario
    El llanero solitario
    Revista Veintitrés
    Con un collage de estilos y géneros que incluyen el western, la comedia, el grotesco, la acción desatada, la evocación, los tributos, el drama –atenuado- y el sarcasmo, El Llanero Solitario impone básicamente el entretenimiento entre tantas oscilaciones expresivas. Fundamentalmente la película del desparejo pero creativo Gore Verbinski apunta a la desacralización del héroe con abundantes apuntes humorísticos que no dejan de lado la caricatura, con lo cual cabe preguntarse: ¿Por qué en los últimos
    tiempos a algunos viejos superhéroes o personajes heroicos se los
    lleva a este terreno? Da la sensación de que existe un cierto miedo
    a no poder sostener un film entero en tren de seriedad que no caiga
    en lo solemne.
    El dúo Trendle y Striker concibió en la década del 50 la inolvidable
    serie televisiva que llevaba el mismo nombre y luego en los 60 llevó
    adelante otro excelente ciclo que fue El Avispón Verde.
    Seguramente ambos no estarán en este mundo, porque de ninguna
    manera hubieran consentido una recreación tan abominable como
    la del film reciente sobre ese personaje con Seth Rogen y dirigida
    por Michel Gondry, y tampoco habrían aceptado esta versión del
    sheriff enmascarado dotada de un tono bastante satírico e
    irrespetuoso, pero mucho menos desafortunado que El Avispón
    Verde. Aunque está claro que El Llanero Solitario parte de una
    apuesta comercial en la cual están reunidos casi todos los artífices
    de la payasesca saga Piratas del Caribe (producción a cargo de
    Bruckheimer-Disney, el citado director, guionistas y protagonista
    Johnny Depp). Demasiados nombres en común como para no caer
    en los excesos de la serie de films apuntada, pero, más allá de su
    tono de farsa, la rescatan sus varias e interesantes subtramas, un
    sentido revisionista en el que ni la caballería montada queda bien
    parada, un Depp gracioso pero también agudo, un Armie Hammer
    que no parece el más indicado para el rol pero es carismático y
    pone lo suyo, y un final trepidante a toda orquesta arriba de un par
    de trenes que, con el apoyo de la espectacular banda sonora de
    Hans Zimmer y un montaje excepcional, saca el aliento. Y los
    símbolos del enmascarado que reconfortan, asomando aquí y allá.
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  • Guerra Mundial Z
    Guerra Mundial Z
    Revista Veintitrés
    Con su extraña condición de film de zombie a lo James Bond, Guerra mundial Z triunfa por sobre cualquier reparo, sumando a los inevitables toques –o más que eso- de una larga lista de películas del subgénero, el marco de pieza apocalíptica, tan en boga en el cine fantástico de los últimos tiempos. La referencia a 007 no resulta caprichosa ya que su director Marc Foster, responsable de un exitoso film del agente inglés, Quantum of Solace, presenta en este film a una suerte de Bond desaliñado que se desplaza desesperadamente por el mundo de busca de una cura para la epidemia, a través de Brad Pitt como un ex agente de las Naciones Unidas llamado Gerry Lane. Ya no será por balnearios top de Europa sino por un oscuro hangar de Corea o una pertrechada Jerusalén y ya no conquistando espléndidas féminas sino tan sólo una fornida soldado israelí que tiene lo suyo, y con la que conformará una alianza inquebrantable.

    Sacando los clásicos films de Romero en los que los zombies tienen otros comportamientos, hay influencias notorias del Exterminio de Danny Boyle y de El amanecer de los muertos, del actual supermaniano Zack Snyder y también conceptos claramente extraídos de Soy leyenda y de la poco apreciada Contagio de
    Steven Soderbergh. Sea como fuere, esta guerra es trepidante, espectacular, saca el aliento desde el primer hasta el último fotograma, y ofrece, además de sus impactantes y terroríficas escenas de masas, pasajes de enfrentamientos más íntimos en el último segmento, que resultan aún más inquietantes. Estos matices vuelven a demostrar la versatilidad y el talento de Foster, logrando con el sólido Pitt un tándem inmejorable. Con saga en puerta.
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  • Monsters University
    Monsters University
    Revista Veintitrés
    Dentro de la notable producción animada de Pixar, que ya cuenta con catorce largometrajes y un ramillete de cortos únicos, hay algunos hitos indudables. Dos de ellos, en los que la imaginación y la concepción de personajes fueron excepcionales, son Toy Story, que dio pie a dos geniales secuelas y Monsters Inc. Esta última estaba enriquecida, además, por estupendas criaturas y un andamiaje expresivo formidable. Propiciar con este producto una segunda entrega en formato de precuela no parecía una mala idea, pero tampoco demasiado buena. Quizás aquél patrón de monstruos programados para aterrar a niños en pleno sueño, que en Monsters University los vemos en pleno aprendizaje y entrenamiento para tal fin, ya no sorprende tanto. El primer film exprimió a fondo y con destreza todas las alternativas posibles que le deparaba esa ecuación. Ni tampoco divierte tanto ya, debido a que en algunos puntos –que aquí se acentúan al ver precarios muñecos que remedan niños en los “simuladores” universitarios al margen de la “empresa” Monsters Inc.–, se trata de una representación no demasiado estimulante. El film original disimulaba sus aspectos tétricos, que aquí quedan más expuestos.

    Monsters University es ágil, artísticamente impecable y cuenta con algunos buenos gags, pero ubicar a los personajes en una supuesta época universitaria resulta forzado, y a poco de comenzar el film resultan notorias las dificultades para otorgarle interés a la trama. Por otra parte los localismos acerca de las costumbres estudiantiles en Estados Unidos, como las “iniciaciones” y otros tópicos, adaptados a los monstruitos, por más satíricos que sean, no tienen tanta gracia para nosotros. Existen también tributos a films de terror y otros, medianamente logrados.

    Este año precisamente se relanzó en 3D Monsters Inc. y se han destacado tres piezas del género de muy buena factura como la brillante Los Croods, Ralph y El reino secreto. Esta nueva Monsters no llega ni por asomo a ese nivel, y quizás nuestra Metegol se meta entre lo más destacado del 2013. Mientras tanto, la diversidad de extraños seres es lo más disfrutable de esta propuesta, y los chicos que se apasionaron con ellos en Monsters Inc. van a saber apreciarlo.
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  • El hombre de acero
    El hombre de acero
    Revista Veintitrés
    Este Superman tiene como principal novedad el hecho de despegarse absolutamente de las versiones de los años 80 e inclusive de la última y bastante desmerecida Superman regresa de Brian Synger, que mantenía una fidelidad manifiesta hacia la saga protagonizada por el inolvidable Christopher Reeve. La estética, la melodía original de John Williams y la presencia de Marlon Brando redigitalizado como Jor-El, denotaban esa clara evocación, que aparentemente se volvió en contra de aquella versión de 2006, poco apreciada por público y crítica. Al modo de El sorprendente Hombre Araña, El hombre de acero baraja y da de nuevo y propone, en principio, una catarata de acción y despliegue visual como jamás ningún film o serie sobre el superhéroe más famoso tuvo antes. Y además encuentra en Henry Cavill a un Súperman espléndido en sus aspectos físicos y dramáticos, superior al Brandon Routh del anterior film, aquí realmente avasallado por una producción a todas luces más a tono con las tendencias actuales. La imagen, el vestuario y el diseño de los símbolos y mitos supermanianos están reconfigurados con estimulante ingenio.

    A la imaginería visual de Zack Snyder se le suma el concepto de superhéroe moderno que ha instaurado Christopher Nolan, en este caso como productor y también coautor del argumento inicial. Ambos cineastas le imprimen a la película un clima uniforme pese a transitar por diferentes vicisitudes argumentales. La utilización de flashbacks que recorren sucintamente la niñez y adolescencia de Clark Kent resultan apropiados, sin reiterar momentos trillados de la vida del kryptoniano. Sí en este caso, y es una de las sorpresas de la versión, El hombre de acero le da una gran cabida a la historia en el planeta de origen, con un intenso y notable arranque a todo Kryptón, previo al envío del bebé Kal-El hacia nuestro mundo. El enfrentamiento final entre el de la capa roja y el General Zod en medio de una Metrópolis devastada (Superman se muestra aquí bastante desaprensivo) es sin dudas espectacular y deja sin aliento. Emocionante pero sin embargo muy poco emotivo (Superman regresa, pese a sus falencias, emocionaba más) el andamiaje de Snyder, redimensionado por la descomunal música de Hans Zimmer, impresiona sin pausas, con el consistente Cavill al frente de un buen elenco de figuras que destaca a Amy Adams, Russell Crowe, Michael Shannon y Kevin Costner.
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  • Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica
    En medio de una ausencia artística y humana que aún se siente, y a poco más de tres años de su fallecimiento, su hijo, apoderado y sostén Fabián Matus y el cineasta Rodrigo H. Vila llevan adelante la realización de un trabajo fílmico que da testimonio sobre la trayectoria, el sentir y las repercusiones humanas que alcanzó la excepcional cantante. Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica, título simple, casi obvio, pero a la vez concluyente, define el espíritu elegido para retratar una figura mítica, que representó a nuestro país más allá del continente latino. Otras partes del mundo atestiguaron su expansivo e inusual talento, más aún luego de su destierro, que en el film ocupa una porción significativa del metraje, recorriendo, a través de testigos entrañables en su vida e imágenes documentales de enorme valor, sus pasos por tierras europeas. Resultan inquietantes las escenas correspondientes a las amenazas y restricciones que sufrió en esa etapa de su carrera, recreadas sin enfatizar en los hechos, sólo exponiéndolos con creatividad visual y ajustados relatos.

    El antecedente de Como un pajaro libre, film de Ricardo Wullicher que ofreció a comienzos de los 80 un vibrante alegato acerca de la efervescencia popular que producía la Negra en un pueblo
    devastado, en vísperas de dejar atrás la peor de las dictaduras; contrasta con la visión de Vila, más serena y reflexiva, ubicada en otro momento de la historia y ya sin ella entre nosotros. Su temple, sus ideales, sus grandezas, pesares, terquedades y afectos están conmovedoramente presentes. El relevamiento de su inolvidable cancionero no recurre a sus páginas más trilladas, y a este buen tino se suman las sentidas palabras de sus hermanos, los reales y los de la vida; como León Gieco, Pablo Milanés, Charly García, Victor Heredia y Fito Páez, entre otros y otras.
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  • Después de la Tierra
    Después de la Tierra
    Revista Veintitrés
    Con destellos del mejor Shyamalan, una gran puesta en escena y convincentes labores del tándem Will-Jaden Smith, Después de la Tierra
    es una pieza de ciencia-ficción con toques filosóficos y ambientalistas que pudo haber llegado más lejos. Al menos, tras algunos notorios traspiés, como La dama del agua, El fin de los tiempos o Airbender: El Último Guerrero, el cineasta se ha reivindicado en parte.

    Si bien el género fantástico ha estado presente en su filmografía, es la primera vez que aborda una película futurista y espacial en su
    carrera; y el resultado es, al menos, visual y expresivamente, notable. La imaginación puesta en juego acerca del porvenir tecnológico humano, en cuanto a diseños, texturas, materiales y digitalización, coloca a este film a la vanguardia entre los de su tipo. Pero la trama, elaborada por Shyamalan pero basándose en una idea de Will Smith, no alcanza el mismo grado de lucidez y parece una pieza más cercana a la impronta de los films que en los últimos años ha protagonizado el actor, como En busca de la felicidad –el excelente drama que también co protagonizó con su hijo Jaden- o Siete Almas, con toques de ciencia-ficción a lo Yo robot o Soy leyenda. También alguna reminiscencia de Avatar se puede percibir por ahí, lo mismo que la estética e ideas de Oblivion, contemporánea de esta.

    Con el gran marco de la música de James Newton Howard, Después de la Tierra logra algunos momentos intensos y atrayentes pero sin llegar a sacudir o emocionar; una experiencia sólo aceptable del género.
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  • Cristiada
    Cristiada
    Revista Veintitrés
    Reseña histórica de estilo clásico y lineal, Cristiada narra un cruento enfrentamiento teológico, una suerte de “Guerra Santa” en pleno siglo XX. El film del debutante Dean Wright sorprende fundamentalmente al poner en imágenes hechos muy poco conocidos y difundidos, con una buena reconstrucción de época y sólidos rubros técnicos. Acontecimientos que tuvieron lugar en México entre 1926 y 1929, cuando el gobierno atentó contra el culto católico que se llevaba a cabo en las iglesias del país. Las fuertes restricciones al catolicismo recrudecieron dramáticamente cuando asumió el gobierno del presidente Calles, que prohibió sus actividades y persiguió y asesinó a curas, obispos y fieles. Grupos de resistencia armados, autodenominados cristeros, le hicieron frente al ejército promoviendo una sangrienta Guerra Civil. La indoblegable convicción y heroísmo de personas que dieron la vida por su fe, es lo más relevante y conmovedor del film, más allá de lo controvertido de sus postulados. Es una pena que esta ambiciosa producción mayormente mexicana, esté hablada en un inglés mal pronunciado, desaprovechando un elenco que se podía haber expresado muy bien en su idioma, como Andy García, Catalina Sandino Moreno y Rubén Blades, entre otros. El buen arranque del film, cuya duración global está un tanto excedida, incluye la
    participación del legendario Peter O'Toole.
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  • ¿Qué pasó ayer? Parte 3
    ¿Qué pasó ayer? Parte 3
    Revista Veintitrés
    La de Qué pasó ayer es indudablemente una saga atípica dentro del cine Hollywoodense. En general los films que vienen en serie desde allí pertenecen al terreno de la acción o el terror, entre otras tendencias que incluyen la ciencia-ficción y el género fantástico. El humor bizarro y corrosivo, en general, no caracteriza a films con secuelas, o al menos, con más de una continuación.

    En este caso, la buena idea que dio origen al disparatado film original, indudablemente trasgresor y divertido pero también machista y grosero, fue la combinación que permitió la franquicia. Y la historia de ¿Qué pasó ayer? Parte III se dispara para un lado diferente a los dos primeros opus de la de la saga, en los que las despedidas de soltero eran el origen del descalabro. Aquí la trama por momentos entra en el género policial, con gangsters, un atraco de guante blanco, y hasta algunas muertes a balazo limpio. Dos años después del último desenfreno, con Phil, Stu y Doug alejados de aquel pasado caótico, deben socorrer a un Alan en plena crisis, tras lo cual entrará en escena el inefable Leslie Chow y un mafioso llamado Marshall, y las cosas se complicarán de manera vertiginosa. Además los cuatro terminarán en Las Vegas, el marco de la primer y recordada aventura descontrolada.

    El entretenimiento está correctamente diseñado, con algunos chistes divertidos pero con un tono algo más moderado, un humor más sutil que produce sonrisas antes que carcajadas. De todos modos no habrá que perderse una formidable escena extra que asoma tras el cast, que puede despertar aquellas típicas risotadas y que más oficiar como cierre propiciaría una descabellada cuarta parte. Y el arranque, con dos gags bastante negros.

    Con la participación del gran John Goodman, Zach Galifianakis vuelve a destacarse como comediante frente al resto del eficaz cuarteto.
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  • Cuando yo te vuelva a ver
    Cuando yo te vuelva a ver
    Revista Veintitrés
    Dentro de los últimos estrenos nacionales, Cuando yo te vuelva a ver se destaca claramente como una comedia dramática evocativa dotada de interesantes matices y un alto contenido emotivo. Dirigida a un público adulto y maduro, este film del artesano Rodolfo Durán presenta una trama sentimental bien hilvanada, con sólidos recursos narrativos y visuales.

    El consustanciado reparto sabe traducir el sensible guión de Gisela Benenzon y Marcela Sluka, que aborda una historia de amor detenida en el tiempo y reavivada por un regreso acaso no casual, que le permite a un hombre algo mayor intentar recuperar un sentimiento que nunca creyó haber perdido. Obsesión que traerá aparejada conflictivos reencuentros y poderosas revelaciones afectivas. Con diálogos muy cuidados y dosis melodramáticas salpicadas en su justa medida, el film va moviendo con sutileza fuertes resortes emocionales. Luego de una comedia fallida como Vecinos, Durán arriba a su mejor película, conduciendo con sapiencia a una capacitada pareja protagónica en la que Manuel Callau se muestra hondo y conmovedor y la reaparecida Ana María Picchio, notable, compartiendo además elenco con su hija Delfina
    Peña y su nieta Juana Dates Peña. Las buenas participaciones de Malena Solda y Alejandro Awada y la apropiada música que homenajea a Procol Harum y su Con su blanca palidez redondean una pieza nostálgica y entrañable.
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  • Los posibles
    Los posibles
    Revista Veintitrés
    El director de El estudiante presenta, en esta ocasión junto al coreógrafo Juan Onofri Barbato, una película completamente diferente, un semi documental con una duración menor al de un largometraje convencional. El título Los posibles está compartido en
    realidad con el que lleva una obra de danza moderna de Onofri de características muy particulares. Un espectáculo elaborado a través de la conformación de un grupo de jóvenes de zonas barriales y suburbanas con altos stándares de desarrollo y dinamismo físico. El film cruza el cine con lo escénico, y la cámara va espiando y registrando los cuerpos en movimiento sin quedarse estática, casi acompañando la danza y esa estética marginal, gimnástica y laboral. Los desplazamientos eléctricos o cadenciados de estos siete artistas, que en todos los casos buscan la originalidad del lenguaje corporal, van alcanzando mayor intensidad cuando se incorpora la música en vivo, partiendo esencialmente de una batería a la cual se van agregando otras sonoridades. Un final en el cual el grupo se distiende y conversa animadamente al retirarse del predio, se contrapone con la presencia solitaria de un miembro que continúa danzando, en una suerte de competencia con su sombra. Notable la música de Ramiro Cairo para una pieza fílmica atrayente e inusual.
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  • Rouge amargo
    Rouge amargo
    Revista Veintitrés
    Este policial negro nacional con toques del Juan Carlos Desanzo de los ’80, marca el retorno de Gustavo Cova a un film con actores, ya que sus últimos dos trabajos habían sido de animación; el notable Booggie el aceitoso y el dinámico y colorido film infantil Gaturro. Y hace más de veinte años atrás había realizado junto a Horacio Maldonado Alguien te está mirando, una pieza de ciencia-ficción vernácula que, a la distancia, parece haber inspirado a varias piezas estadounidenses recientes, como La cabaña del terror.
    Precisamente se vuelve a formar aquí la dupla Maldonado-Cova, ya que el primero oficia de productor y coguionista.

    Luego de unos atrayentes títulos que denotan el aliento a cómic que le quiso imprimir el realizador a su película, el arranque es
    ciertamente cinematográfico, con varias situaciones violentas e imágenes sugerentes despojadas de diálogos. El crimen de un
    político candidateado en un raído hospedaje-burdel da el puntapié inicial a una historia que progresa a buen ritmo y de manera
    intensa. Los movimientos constantes de cámara y una edición frenética colaboran en las saludables intenciones expresivas de
    Cova. Si bien algún pasaje aparece forzado o demasiado arquetípico, la idea del film es centrar el nudo más en la acción que
    en la trama, dando lugar a varias escenas de enfrentamientos y persecuciones. El tema de la corrupción política y el periodista que
    denuncia puede resultar oportuno en el contexto actual, en una pieza arriesgada y entretenida que además es de género, premisa
    al que nuestro cine debería recurrir con mayor asiduidad. Dentro de un correcto elenco se destaca claramente la composición de
    Gustavo Moro como el travesti, pero asimismo la participación de Rubén Stella en un rol de inspector que maneja bien, el inquietante rol de Adrian Venagli, el aporte verosímil de Nicolás Pauls, el despliegue físico de Luciano Cáceres y la apropiada belleza y presencia, para el estilo noir del film, de Emme.
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  • Nosilatiaj. La Belleza
    Nosilatiaj. La Belleza
    Revista Veintitrés
    En una línea expresiva que recuerda a la Lucrecia Martel de La ciénaga, la directora Daniela Seggiaro presenta una ópera prima prometedora y poética. A través de las vivencias de una niña wichi que vive y trabaja para una familia criolla en un pequeño poblado del interior, el film narra los sutiles cimbronazos que ocasiona un aparentemente poco significativo hecho: un simple corte de pelo que decide hacerle su patrona. En su cultura, poseer una larga y hermosa melena tiene un significado especial para ella, y su limitada capacidad comunicativa no le permite expresar lo que siente ante ese hecho casi violatorio de su intimidad y su esencia. Los reflejos ancestrales de su existencia se cruzan fuertemente con su vida actual, entronizada en esa casa familiar en la que se siente una extraña. Su cabellera era la belleza de su cultura Wichí, de su idioma Wichí Lhämtés y de los árboles del monte Chaqueño. Toda esa belleza se desdibuja tras la tarea del coiffeur, más allá de la
    buena intención de la dueña de casa, más preocupada por la fiesta de cumpleaños de 15 de su hija y los conflictos con su marido que por otra cosa.

    La formidable descripción audiovisual del ambiente típico de la vida de provincia, se suma al choque cultural de la trama y a esos planos acuáticos o paisajísticos en los que la chica wichi se expresa en el idioma de sus antepasados, mientras la traducción asoma en pequeñas letras blancas. Notable Ximena Banus, dentro de la verosímil labor de un elenco mixto en el que se destacan Víctor Hugo Carrizo y la joven Rosmeri Segundo.
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  • El gran Gatsby
    El gran Gatsby
    Revista Veintitrés
    No caben dudas que el australiano Buzz Luhrman es un cineasta diferente, dotado de un componente creativo a veces desbordante, aunque su nivel de trasgresión artística se ha ido moderando a través del tiempo.

    Tras Stricktly ballroom, una comedia romántica musical que ofrecía coreografías de gran impacto visual, tuvo su resonante incorporación a Hollywood con Romeo + Julieta, adaptación audaz pero no del todo lograda del drama de Shakespeare. Luego alcanzó su obra mayor, Moulin Rouge, comedia musical ambientada en la París de fines del siglo XIX y nutrida con canciones de todas las épocas en donde una mixtura única produjo una eclosión artística. Luego de Australia, film más épico e histórico, llega a El gran Gatsby, nueva versión de la novela clásica de Francis Scott
    Fitzgerald, con quien había sido su Romeo, Leonardo DiCaprio, como protagonista absoluto. Tras la recordada versión con Robert Redford de los años 70, y una anterior con Alan Ladd, es indudable que esta es la mejor y más fiel adaptación de la novela original. Lo que no quiere decir que se trate de una gran película, si un producto fílmico sumamente atractivo estética y expresivamente. En este caso, los acostumbrados anacronismos de Luhrmann están
    presentes sólo –más allá de algunos detalles menores- en la banda de sonido diseñada por Craig Armstrong, con amplia participación de Bryan Ferry, un artista ideal para hacer su aporte retro en las variadas canciones.

    La trama hace foco en la obsesión amorosa de Gatsby, pero también le hace un lugar importante al personaje del escritor que va narrando la historia y los aspectos más oscuros del protagonista, cuyos lujos de millonario esconden secretos de los que no podrá evadirse. Más allá de una extensión algo excesiva, la película alcanza un pico dramático bien sostenido en su segmento final, con un desenlace ciertamente desolador. El 3D se ensambla a la perfección con los recursos visuales puestos en juego por el director, apoyado en los notables trabajos de Di Caprio y Tobey Maguire.
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  • Spring Breakers: viviendo al límite
    Con una inspiración apreciable en Asesinos por naturaleza y asimismo emparentada con Salvajes, otro film de Oliver Stone rodado casi al mismo tiempo que éste, Spring Breakers ofrece una experiencia fílmica lisérgica, hipnótica, caprichosa y deslumbrante. Surcada por excesos, desbordes, reiteraciones e inverosimilitudes, el film de Harmony Korine es aún así una rara pieza de arte, a la que es mejor entregarse sin prejuicios ni análisis intelectuales. Y
    disfrutar así de su fenomenal estética y sus variados trasfondos. El colorido del logo, el título, el afiche, las fotos y especialmente las participaciones de Selena Gomez y Vanessa Hudgens -íconos del universo teen americano-, dan una aparente sensación de frivolidad y superficialidad, en una frecuencia tipo E! entretainment. Y si bien denominan Spring Break a esa semana de vacaciones que se toman los jóvenes estadounidenses en primavera, este “break” está muy lejos de la inocente postal playera. Adolescentes bellos, torneados, relucientes en sus bikinis y bermudas, pero a la vez capaces de los peores desbordes, entre el alcohol, el sexo, las drogas y el crimen. Jóvenes desatados, liberados, apasionados con la vida y la muerte y sin sentimientos de culpa. Un final sangriento y
    acaso “feliz” -o ensoñado- le da un cierre inquietante y sublime a un film fuera de lo común. La sorprendente y excepcional caracterización de James Franco y la música del notable Cliff Martinez terminan de redondear todo.
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  • Pensé que iba a haber fiesta
    En una película que es a la vez pareja y despareja, la realizadora Victoria Galardi confirma con su tercer opus sus indiscutibles condiciones como cineasta, aún sin haber logrado aquí una pieza superlativa. Luego de codirigir en su debut la pequeña pero formidable Amorosa Soledad y proseguir ya como única directora con la excelente Cerro Bayo, su nueva propuesta indaga en otra veta narrativa pero sin perder su propio y personal estilo. Y una de las características de su cine es que, aún sin definirse en la comedia o el drama, puede divertir y emocionar. En el caso de Pensé que iba a haber fiesta no alcanza a transmitir eso con la misma intensidad, pero se trata de una atrayente experiencia fílmica. Decíamos que su película es pareja porque mantiene un tono uniforme en su trama de dos amigas en conflicto con un hombre en el medio, sin excederse en la crispación del conflicto, pero a la vez es despareja en la eficacia de sus escenas, algunas magníficas y otras poco relevantes.

    Su meticulosa descripción de un ámbito de clase media alta con toques de snobismo se destaca en el festejo de año nuevo, con un llanto en el brindis que parece pertenecer a la típica emotividad de la fecha, pero tiene que ver en realidad con una visita incómoda que se aproxima, que desencadenará bienvenidas afectadas, suspicacias y tensiones. Un momento fenomenal de un film que
    aunque no mantiene ese nivel de brillantez, deslumbra en su verosimilitud y sus impecables rubros técnicos. La empatía con los personajes corrobora la calidad como directora de actores de Galardi, con Valeria Bertuccelli y Elena Anaya como notable dupla
    protagónica.
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  • Rigoletto en apuros
    Rigoletto en apuros
    Revista Veintitrés
    Dustin Hoffman, intérprete excepcional, casi un indiscutido, es también una figura entrañable, incluso componiendo algún personaje despreciable. Esa característica parece haberla trasladado a este formidable debut como realizador, en el que todo es encantador, disfrutable e irresistible, aún en sus toques melodramáticos. Da la sensación que Hoffman previamente haya codirigido alguna de las decenas de películas que ha protagonizado, ya que su talento parece expandirse y alcanzar al director y los diferentes elencos que ha integrado. Pero lo que sí es seguro es que ha acumulado la experiencia suficiente como para aplicarla con destreza en esta primera obra suya detrás de cámaras, Rigoletto en apuros Ambientada en una residencia para músicos retirados, un variopinto abanico de artistas expresa allí su pericia en el canto, la ejecución y hasta el baile. Pero el lugar está al borde de la clausura, y para recaudar fondos organizará un concierto de distintos géneros en los que prevalece lo operístico, con la presentación de un número muy especial, el del Cuarteto (que le da título original al film), formación ideal para versionar el Rigoletto de Giuseppe Verdi. El arribo a la mansión de una renombrada voz será fundamental para el cierre de esa gran gala, pero para ello se deberán salvar antiguos conflictos de ego y algunos más profundos.
    Inspirada en una obra teatral y poblada de diálogos deliciosos, Quartet es una suerte de sonata interpretativa. Casi todos los actores que forman parte del elenco deslumbran con performances en las cuales dejan traslucir su propia realidad dentro de su arte. Esos maravillosos músicos y cantantes líricos son también ellos mismos dando testimonio de su virtuosismo en la extrema madurez, especialmente el citado cuarteto y la fenomenal Maggie Smith, por dar un nombre.

    Para deleitarse y emocionarse sin pausas, de principio a fin del metraje.
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  • Iron Man 3
    Iron Man 3
    Revista Veintitrés
    Redoblando la apuesta al máximo luego de un film inicial y su secuela, la saga de Iron Man logra en su tercera versión probablemente su mejor opus. Y acaso el último, según de lo que se desprende del inesperado desenlace del film, pero eso puede ser sólo un rebaje para volver a poner primera. Con un estilo diferente
    al que le imprimió Jon Favreau, responsable de los dos films anteriores, Shane Black sorprende en su reinterpretación del mito del personaje metálico. Con sólo un film como realizador en su haber y varios trabajos notables como guionista (la primera Arma mortal y El último gran héroe, aquel ingenioso e irónico film de
    acción con Schwarzenegger que homenajeaba al cine), Black logra un film atractivo en su faz dinámica y a la vez interesante en su trama y subtextos.

    En su primer largometraje, Entre besos y tiros, también tuvo a Robert Downey Jr. como protagonista, y quizás por ese conocimiento previo, el lucimiento del actor de Chaplin parece esta vez mayor, física e histriónicamente. La trama lo pone al límite como nunca antes y esto tiene que ver no sólo con las escenas de acción sino también con otras que lo comprometen emocionalmente. Además, y esta es otra novedad, Tony Stark tendrá que arreglárselas más de una vez sin su armadura de acero, apelando a su destreza física e ingenio electrónico y mecánico. También en esta continuación crece significativamente el rol de Pepper Potts, la secretaria y gran amor del millonario, con una Gwyneth Paltrow dispuesta a mayores proezas en todo sentido.

    Con un prólogo que arranca justo antes del nuevo siglo, la historia va proponiendo bifurcaciones que la van enriqueciendo, con la participación de personajes diversos y sustanciosos como los villanos a cargo de Guy Pearce y Ben Kingsley y un niño con el que se produce una carismática dupla. Con algunas escenas fenomenales (como el rescate en el aire de pasajeros de un avión despresurizado) y asimismo algunos excesos (entran juego demasiados trajes de Iron man que se despedazan con demasiada facilidad) el resultado global es igualmente formidable.
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  • Por un tiempo
    Por un tiempo
    Revista Veintitrés
    Sin vueltas ni preámbulos, Por un tiempo introduce al espectador de lleno en el meollo de una temática que va atravesarla en su totalidad. Una convencional y feliz pareja al borde de su primer alumbramiento se topa con una pequeña hecatombe para la relación: una niña preadolescente, fruto de una relación anterior de él y de la que desconocía su existencia, irrumpe sin desearlo en la vida de ambos. Con una madre agonizante y una tía poco maternal pero expeditiva, la niña se introducirá en un mundo desconocido, cálido pero levemente hostil, y transformará con su retraimiento y fragilidad un ámbito a la vez tan frágil como ella. El intérprete y ahora realizador Gustavo Garzón, como ya lo había demostrado en los libretos del unitario Señoras y señores, aprovecha para su ópera prima su capacidad de contador de historias y su experiencia en el manejo actoral para narrar con fluidez una trama humana no tan sencilla de plasmar.

    Esteban Lamothe transmite una sustanciosa cantidad de sentimientos, desde la incertidumbre hasta la ira y el dolor, con recursos dramáticos sutiles y profundos. Ana Katz lo acompaña en ese tránsito con la mirada de una simple mujer desatendida, cuya situación de gravidez incrementa su inmanejable sensibilidad. Con buenas participaciones de Patricio Contreras, Sergio Surraco y Maria José Gabin, Por un tiempo, más allá de algún altibajo, indaga, atrapa y no desdeña la emoción.
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  • 21 La gran fiesta
    21 La gran fiesta
    Revista Veintitrés
    Combinación entre Proyecto X y la saga de ¿Qué pasó ayer? , 21 la gran fiesta es básicamente –en todo el sentido de la palabra- un film concebido para la diversión de adolescentes que gustan de caer en excesos como sinónimo de diversión. No por nada Jon Lucas y Scott Moore fueron los guionistas de ¿Qué pasó ayer?, razón de su arribo a este debut en el que
    dedican sus mejores energías al humor guarro, desquiciado y absurdo, condimentos semejantes a los empleados en aquella comedia con Zach Galifianakis, Ed Helms y Bradley Cooper. El problema es que aquí, en lugar de ese eficaz trío, alma de esa película y su secuela, está el terceto de jóvenes Miles Teller, Justin Chon y Skylar Astin, dueños de una simpatía elemental y de escasas dotes como comediantes. Además el ingenio otrora puesto en juego en aquel guión aparece muy poco en esta trama sobre ese aplicado estudiante asiático arrastrado por dos amigos a celebrar a lo grande su cumpleaños número 21, sin considerar que a la mañana siguiente debe asistir a su entrevista de admisión a la universidad de medicina. El caos y el alcohol harán que el descontrol sea irremediable y allí estará la gracia de todo, dentro de un producto de aspiraciones mínimas. A pesar de lo antedicho se pueden experimentar un par de momentos de franca risotada y sin dudas que alguna parte del público para el que esta dirigido lo podrá disfrutar.
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  • Oblivion: El tiempo del olvido
    Con elementos reconocibles de otras piezas de ciencia-ficción –cosa que a esta altura de la historia de este género quizás ya resulte inevitable- llega ahora este exponente con grandes logros estéticos y expresivos y no demasiados argumentales. El tema de una tierra devastada en el futuro ya ha sido desarrollado de manera exhaustiva, y si bien Oblivion: El Tiempo del Olvido intenta establecer algunos toques distintivos, no alcanzan a tener la significación que sus artífices se propusieron. Porque en esta historia de ese soldado asignado a patrullar un planeta desolado y destruir los últimos vestigios de una raza hostil y aparentemente alienígena, en el que la presencia de dos mujeres aportan subtramas, al menos existen propuestas y búsquedas.

    Joseph Kosinski, realizador de la aceptable secuela de Tron, contó con varios guionistas para desarrollar sus ideas, extraídas de su propia novela gráfica, pero ninguno parece haber dado en la tecla, porque lo mejor de la película es su aspecto visual y expresivo, mérito excluyente del director. También es mérito suyo no tener un texto propio lo suficientemente llamativo, o acaso plasmado sin ingenio por sus colaboradores.

    Sea como fuere, es un placer contemplar la película; la iluminación, los escenarios capturados en paisajes reales, el diseño de las naves, drones, estructuras, trajes y vestuario. Algunas escenas, pocas, son vibrantes, como una de persecución entre montañas que recuerda a Star Wars. Pero la confrontación entre el protagonista y los rebeldes, y las menciones a la memoria –con ciertos trazos de poesía- daban para más. Tom Cruise no decepciona, se pone al hombro todas las películas en las que actúa y entre él y los climas expresivos de Oblivion, la experiencia visual y heroica es factible.
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  • Puerta de Hierro, el exilio de Perón
    Se trataba indudablemente de una empresa ambiciosa, desafiante, y hasta controvertida, recrear los aspectos fundamentales de lo que ocurrió en los largos años de exilio del Gral. Perón. No era fácil contar y llevar a la pantalla ese segmento de la historia argentina,
    que no se desarrolló aquí sino en la capital de España, Madrid, sin muchos registros ni testigos vivos de esos sucesos. Por otra parte había que encontrarle el punto justo a cada cosa.

    Víctor Laplace, como co director junto a Dieguillo Fernández, coguionista e intérprete excluyente, lo logra en gran medida. Con apropiados ingredientes narrativos, políticos y sentimentales Puerta de Hierro, el exilio de Perón va desgranando los aspectos más significativos de ese encierro, de esa prisión al aire libre de un hombre cuya única libertad posible era volver a su patria. Con sus contradicciones en el tema, claro, alguna indecisión y flaqueza, pero con su capacidad dialéctica y conductiva aún a pleno. Precisamente ese flanco humano es el que destaca Laplace en su personificación –notable actuación, una de las mejores de su carrera- y descripción del gran líder. Entre tantos nombres legendarios ligados al peronismo histórico, la participación de un personaje ficticio como el de Sofía (Natalia Mateo) resulta uno de los aciertos del film, al que
    se suman rubros técnicos de gran valía y excelentes composiciones de Victoria Carreras, Fito Yanelli y Javier Lombardo, entre otros.

    Más allá de algún subrayado doctrinario, el film cumple en atraer y emocionar.
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  • ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?
    Auténtico representante del docudrama, este film que aúna al documental escenas ficcionadas, cuenta, en principio, con una inteligente factura, tanto en la faz técnica como en la narrativa. Los cineastas Julián Morcillo y Alejandro Rath abordaron con ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? un sangriento y a la vez eminentemente político hecho reciente, con compromiso y buenas armas expresivas. Tratando de apartarse de una exposición convencional y rutinaria, apelaron a personajes de ficción que se entrelazan con los verdaderos protagonistas que tuvo la tragedia ocurrida en octubre de 2010 en Barracas, en una manifestación de trabajadores tercerizados de los ferrocarriles. En esa movilización, una suerte de patota sindical –o más bien asesina, a secas-, desbarató la iniciativa de la peor manera, empleando armas de fuego que terminaron con la vida del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra.

    La dupla de directores sigue una línea de denuncia similar a la empleada por el periodista y ex compañero de nuestra redacción Diego Rojas, en su revelador libro que lleva el mismo título, quien asimismo participa con su testimonio en imagen. Pero Morcillo y Rath sorprenden, en principio, al convocar como protagonista a otro periodista, el también escritor Martín Caparrós, quien se muestra convincente componiendo al reportero Andrés Oviedo, más allá de ser un rol cercano a su actividad profesional. En esa trama creada especialmente para el film, intervienen más personajes, algunos desarrollados sólo con la voz, como la inconfundible de Enrique Piñeyro como el misterioso jefe de redacción, mientras que otros intérpretes ponen el cuerpo, como Lucía Romano e Iván Moschner, y lo hacen muy bien. Si sumamos ciertos logros visuales, ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, proporciona un interesante testimonio fílmico-político.
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  • La reconstrucción
    La reconstrucción
    Revista Veintitrés
    Aportando un significativo golpe de timón a su filmografía, Juan Taratuto logra con La reconstrucción un acercamiento genuino y profundo al melodrama, alejándose de la comedia romántica y el humor, sus aparentes especialidades en el mettier. El director de No sos vos, soy yo y Un novio para mi mujer se introduce con sensibilidad y madurez en una trama dolorosa y de gran alcance emocional. Sin embargo su película va aportando pasajes en los que el drama se distiende sigilosamente, suerte de descansos dramáticos que no apelan necesariamente al paso de comedia o al apunte ocurrente, lo cual le otorga un mérito aún mayor al nuevo trabajo del realizador. La reconstrucción responde dócilmente al mandato de su título, dando pasos sutiles, apocados pero firmes, hacia el restablecimiento de sus personajes de la insondable desdicha que los aqueja.

    A través de una historia que integra dos o más personajes que sobrellevan situaciones críticas y que adolecen de la voluntad –o acaso de herramientas culturales- para expresar o verbalizar sus sentimientos, el film muestra un arranque ciertamente lacónico. La trama se permite luego luego alguna comunicatividad, hasta arribar al principio de una redención; otra novedad en Taratuto, con films previos profusamente dialogados. Diego Peretti en un rol complejo, atravesado por emociones ocultas, ofrece una excelente y conmovedora performance, muy bien complementado por una notable Claudia Fontán. Ambos navegan por aguas poco habituales y enriquecen, junto a las contribuciones de Casero, de las dos adolescentes y del gélido y bello paisaje fueguino, a un pequeño gran film.
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  • La memoria del muerto
    La memoria del muerto
    Revista Veintitrés
    Engalanada por un elenco de figuras, raro para un film nacional de terror clase B, y con un encomiable trabajo visual y estético, La memoria del muerto es un exponente interesante y diferente dentro de las producciones de este tipo que se producen en el país. El realizador Valentín Javier Diment cambia de género y de estilo narrativo luego de su ópera prima testimonial Parapolicial negro, que abordó el espinoso tema de la Triple A. Se pueden vincular ambas películas en el terreno de lo sangriento, ya que las recreaciones actorales de ese docudrama tenían toques violentos al borde de lo gore, tónica que abunda en La memoria del muerto.

    Pero en este caso con cierto contenido; una trama atractiva, un par de buenas vueltas de tuerca y algunos trasfondos argumentales que van más allá de lo habitual en el género. Con la excusa de homenajear a su difunto esposo, una mujer convoca a sus amigos más cercanos a una casa en las afueras para leerles una entrañable carta suya. Pero los desprevenidos –o no tanto– invitados ignoran que están formando parte de un macabro ritual.

    Alternando escenas notables, de gran impacto para los habituales seguidores de lo terrorífico, con otras no tan logradas, el film alcanza buenas atmósferas, incluyendo un final que sorprende genuinamente. Formidables actuaciones de Lola Berthet y Luis
    Ziembrowski, y una breve pero contundente participación de Gabriel Goity.
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  • Jack el cazagigantes
    Jack el cazagigantes
    Revista Veintitrés
    Con elementos del conocido cuento de origen inglés Jack y las habichuelas mágicas, en fusión con historias clásicas para niños (hay cosas de Príncipe y mendigo y de la leyenda de Erik el Vikingo), Jack el cazagigantes es una ingeniosa adaptación fílmica del versátil Bryan Singer. El director de la saga X-men hace foco en la acción que puede deparar la historia, puesta más en el ogro gigante, el gran protagonista, que en las dichosas habichuelas y la legendaria planta gigante que surge de ellas. Serán parte de la trama una raza de descomunales congéneres suyos que se toparán con el bueno de Jack, un joven que intentará vencerlos, pese a su hambre de venganza …y de humanos, que les resultan apetecibles –lo cual no la hace tan recomendable para niños pequeños-. El film de Singer se acerca al espíritu de tradicionales cuentos de hadas, combinándolo con la tendencia actual de reciclar historias clásicas, en este caso con menos toques modernos que las recientes adaptaciones de Hansel & Gretel y Blancanieves, por ejemplo. Los ogros digitales y el empleo del 3D resultan apropiados para las vertiginosas escenas de acción, varias de ellas muy logradas. Intérpretes reconocidos y con oficio como Ewan MacGregor y Stanley Tucci enriquecen la propuesta, mientras que Nicholas Hoult, el de la actualmente en cartel Mi novio es un zombie, aporta su carisma.
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  • Una pistola en cada mano
    Una pistola en cada mano
    Revista Veintitrés
    Sustentado en un guión excepcional, Una pistola en cada mano revalida el indudable talento del cineasta catalán Cesc Gay, autor de un puñado de films sencillos pero enormes en sus alcances expresivos y narrativos. Pese a su título engañoso y desconcertante, esta nueva muestra fílmica suya está muy lejos de ser una comedia pasatista, sino una radiografía rigurosa de las falencias, frustraciones e incertidumbres que giran alrededor de la identidad masculina. Hombres en crisis que se niegan a declararse como tales y que frente a diferentes mujeres se muestran incapaces de percibir la realidad cotidiana, no solamente las vicisitudes femeninas, sino sus propias y patéticas circunstancias. De estructura coral, el film se edifica a través de distintos encuentros, aparentemente azarosos, entre personajes relacionados por leves o fuertes hilos que les ha proporcionado la vida. Charlas casuales y por momentos rutinarias que van desencadenando sorprendentes revelaciones que darán giros determinantes –a veces absolutos- a sus existencias. Dentro de estos diálogos un humor casi constante distiende permanente situaciones de notoria gravedad emocional.

    Un epílogo no demasiado logrado es el único punto flojo de una comedia dramática extraordinaria, en el que cada intérprete descolla. Por hacer nombres, un Javier Cámara antológico, una Candela Peña brillante, y participaciones sustanciosas y entrañables de los argentinos Leonardo Sbaraglia y Ricardo Darín.
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  • Efectos colaterales
    Efectos colaterales
    Revista Veintitrés
    El –últimamente- muy desparejo Steven Soderbergh vuelve rápidamente a las salas, desparramando lo mejor de su talento visual y narrativo con Efectos colaterales. Tanta asiduidad de trabajos suyos se debe a que, aparentemente, ha decidido abandonar su tarea de cineasta para dedicarse a otros menesteres. Es al menos lo que ha anunciado y la razón por la cual en los últimos tiempos ha rodado sin pausas numerosos films. La seguidilla se inicia con la no estrenada y singular El desinformante, continúa con la muy bien filmada pero fallida Contagio, la magnífica e imperdible pieza de acción –con superheroína de comic- La traición, la reciente, prometedora y decepcionante Magic Mike y ahora este fenomenal thriller farmacológico, con un leve vínculo con Contagio pero más con ciertos films de suspenso de los años 90 y 70.

    Sea como fuere, el director de la deliciosa saga de La gran estafa y de la rigurosa semblanza en dos partes del Che, parece estar entregando en su ¿última película? su mejor expresividad cinematográfica, a través de un libro escrito por Scott Z. Burns, autor de la última Bourne con Matt Damon y colaborador suyo en Eldesinformante y Contagio.

    Girando alrededor del concepto de la adicción mundial a los medicamentos, especialmente de aquellos destinados a males vinculados a la psiquis y cómo la industria farmacéutica se aprovecha de ello, el film no hace una denuncia declarada al respecto, pero sí redondea un entretenimiento impecable.

    Una muerte sangrienta y un llamativo intento de suicidio dan el puntapié inicial de una intriga de enorme vibración física, psicológica y sensorial. Los notorios vínculos de los personajes con drogas medicinales de dudosa eficacia son el eje de la trama, pero también los misterios de la mente, el instinto criminal y un amor oculto, factores que se van entrelazando dando pie a disfrutables y narrativamente eficientes vueltas de tuerca. Por último un elenco estupendo que pone lo que tiene que poner amalgama todo, partiendo de la compleja composición de la genial Rooney Mara, un verosímil Jude Law y una Catherine Zeta-Jones diferente.
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  • Los Croods
    Los Croods
    Revista Veintitrés
    DreamWorks Animation, creadora de exitosas y dinámicas sagas como Shrek, Madagascar y Kung Fu Panda, es responsable de otros films del género de gran calidad, como la iniciática y metafórica Antz, Megamente, gran homenaje a los superhéroes, y la notable y emocionante Cómo entrenar a tu dragón. Uno de los directores de de esta última pieza de animación, Chris Sanders, codirige esta nueva producción Los Croods, ambientada en épocas prehistóricas con algún toque de La Era de Hielo, reminiscencias de la legendaria Los Picapiedras y hasta algún resabio de Avatar. Más allá de sus méritos visuales y divertidos personajes, la mención del título de James Cameron la hace pertenecer a una de esas habituales “tendencias”, producto de la encarnizada competencia de
    Hollywood. Avatar (con próximas secuelas), la recién estrenada Oz, el poderoso y la inminente El reino secreto, también se internan en mundos desconocidos y fantásticos, repletos de extraños especimenes de flora y fauna. Esto merma la originalidad de Los Croods, sobre el que habría que mencionar además cierta semejanza entre su heroína femenina y la de Valiente de Disney. Fuera de todo ello, la película es trepidante y sorprendente, con un mensaje claro e inteligente de unión familiar. Cada integrante de esa parentela tan particular tiene sus hallazgos y algunos gags son formidables, incluyendo guiños tanto para niños como para niñas, de los que se puede sacar buen provecho.
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  • La nana
    La nana
    Revista Veintitrés
    Raquel es una mujer hosca, recelosa, golpeada por la vida y poco instruida. Casi una antisocial. Sin embargo, es también la empleada que hace más de veinte años trabaja para la familia Valdés, un cónclave parental de varios miembros de clase acomodada. Las distintas personalidades que componen ese seno familiar tienen vínculos muy distintos con esta mujer, a veces opuestos, pero sin embargo, siendo sólo la mucama o la “nana” de ellos, a veces pareciera que la casa girara a su alrededor, en lugar de lo contrario.

    Este es el nudo esencial de esta notable película chilena, que establece una sustanciosa pintura social a la vez de contar una
    simple y singular historia. Raquel, adicta casi enfermiza a la limpieza, puede ser también desganada y hasta saboteadora de las
    tareas familiares básicas, fundamentalmente cuando se enfrenta al ingreso de distintas mujeres que se van designando para ayudarla en sus tareas. Lo cual produce en ella una rechazo casi animal, al borde de lo patológico, momentos en los cuales el film parece que va a desembocar en el más puro género terrorífico. Pero la irrupción de una nueva colaboradora generará un bálsamo de luz inesperado.

    Un film con variadas vertientes, verosímil, logrado y atrayente. Y dotado de un elenco impecable, en el que brilla la carismática Mariana Loyola como Lucy y la fenomenal caracterización de su protagonista, Catalina Saavedra.
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  • Anna Karenina
    Anna Karenina
    Revista Veintitrés
    Joe Wright es probablemente el mejor realizador de cine de temática de época de los últimos tiempos. Su capacidad notable para desentrañar textos y situaciones ligadas a tramas complejas de la alta sociedad que demandan grandes recreaciones, como en el caso de Orgullo y prejuicio, y trasladarlas al lenguaje del cine, es indudable. Su obra máxima sin duda que ha sido Expiación, deseo y pecado, donde logró combinar con fascinantes recursos visuales y evocativos la literatura con el cine.

    Pero Wright en los últimos tiempos se acercó también a otro tipo de géneros a través de Hanna y El solista, con resultados interesantes, pera retornar ahora a este terreno en el que se maneja como pez que en el agua, esta vez rodando un clásico real, ya que aborda la novela -que originalmente publicó por entregas una revista rusa- de León Tolstoi Anna Karenina.

    Sin embargo en esta ocasión su brillante puesta en escena, que mixtura en todo momento lo teatral con lo cinematográfico, y su vasto caudal expresivo en el que hasta la comedia musical –sin canciones- está presente, no logra cuajar adecuadamente con el relato romántico y social que plasmó el gran escritor ruso. La melodramática historia de amor está bien presente, pero no se complementa con otros aspectos de la vida rusa de aquellas épocas, como un personaje combativo y desamparado que no participa mucho. Y por otra parte algunas situaciones de la historia
    de amor caen en reiteraciones que fatigan un poco. El director se muestra realmente obsesionado con el diseño estético, que incluye algunas meticulosas coreografías de la vida cotidiana e imágenes y recursos sensoriales de altísimo nivel. Ni que hablar de los bailes de época, formidablemente expuestos en el film. Las actuaciones en general son buenas pero adolecen de algo más de carnalidad, con una Keira Knightley que de todas maneras desborda la pantalla.
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  • Villa
    Villa
    Revista Veintitrés
    Con mucho nervio expresivo, una estructura cinematográfica atrayente y una interesante ubicación temporal, Villa propone un lúcido acercamiento a algunas criaturas de una villa de emergencia de la capital argentina. Ezio Massa, luego de Más allá del limite y Caceria, dos films diferentes entre sí y distantes en el tiempo, arriba a una película mucho más under que las anteriores, casi con espíritu de ópera prima. Tras la reconocida Elefante blanco, su visión acerca de los movimientos y el comportamiento de los habitantes de la villa es muy distinta, y las zonas son diferentes.

    Además, Villa transcurre en el año 2002, en pleno desarrollo del Mundial de Korea-Japón, recurso interesante de ambientación y narración. Tres jóvenes de ese cinturón urbano, al ser echados de una pizzería por tratar de ver la apertura del campeonato, se proponen ver, a como dé lugar, el primer partido de Argentina. La tensión irá en aumento hasta llegar a picos de violencia en distintos puntos del conurbano. Pese a ser un film ascético y poco discursivo,
    apela a apuntes didácticos sobre la Villa 21, oportunos y de buena factura visual. Las interpretaciones, que alternan actores profesionales y habitantes de la villa, son desparejas aunque con gran verosimilitud física, especialmente del trío protagónico. Fuera de ellos se destacan Diego Sampayo, Adrián Spinelli y la ya fallecida Floria Bloise.
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  • Oz: el poderoso
    Oz: el poderoso
    Revista Veintitrés
    Oz: el poderoso despertaba en principio considerables expectativas. Retornar al mágico mundo de la tierra de Oz concebido por Lyman Frank Baum, del cual se desprendió el memorable film protagonizado por Judy Garland y su maravillosa voz, era atrayente. Y más aún si esto se recreaba a través de una película realizada neda menos que por Sam Raimi, director de las sagas de The Evil Dead y Spiderman. Que la idea fuera hacer una precuela, fórmula recurrente del cine estadonudense de los últimos años, no le restaba interés, al contario. Sin embargo, algunos problemas relacionados con el film original condicionan a este, como que no se podían utilizar los personajes originales por cuestiones de derechos –ni Dorothy, ni el espantapájaros ni el león forman parte de la trama- y que los fondos y criaturas digitales abarrotan demasiado las imágenes y se emparentan muy poco con el estilo y la estética que caracterizaron a El Mago de Oz en 1939.

    Si bien Oz: el poderoso arranca de manera sugerente en un blanco y negro que luego se traslada al color ampliando su pantalla, tal como ocurre en aquel clásico cinematografico, luego se va deshilvanando, en una combinación en la que influyen la escasa imaginación de la trama, la falta de fuerza de sus roles, cierta reteración de situaciones y una duración excedida. La lucha entre las brujas y el mago, en la que participan “ejércitos” de raros personajes, carece del interés necesario. De todas maneras no se puede negar que la recreación digital de ese reino, el vestuario y las pocas escenografías reales que se aprecian, son atrayentes. Y quizás por estos detalles valga la pena la experiencia, en compañía de algún menor de entre ocho y quince años.

    Pero así como ocurrió con la nueva versión de Alicia en el País de las Maravillas a cargo de Disney y Tim Burton, esta precuela de Oz de Raimi y la misma productora, no pudo ir más allá de algunas buenas ideas.
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  • Broken City
    Broken City
    Revista Veintitrés
    Thriller de espionaje político urbano, Broken City cuenta con una factura formal e interpretativa de calidad, pero no se destaca especialmente en su formulación integral. Tras el post apocalíptico El Libro de los Secretos que realizara con su hermano Albert, Allen Hughes incluye aquí aspectos de denuncia sobre la corrupción gubernamental en la jungla de Manhattan, con consistencia expresiva y algunas escenas potentes, pero nada lo suficientemente hondo como para dejar huella.

    Si bien en su pintura sobre las disputas de poder entre dos candidatos a alcaldes se observan pasajes interesante, el film está muy lejos de ser, por ejemplo, Secretos de estado de George Clooney; y si hablamos de un policial con esos ingredientes, ha habido mejores exponentes del género. De todos modos pueden atraer sus devaneos electorales, su investigación sobre un adulterio que esconde otras trapisondas, un crimen que puede quedar impune y algunas vueltas de tuerca que asoman en el segmento final. Y aunque queden algunos cabos sueltos, el desenlace es sugerente.

    Un film que no parece imprescindible, pero una buena fotografía nocturna de la siempre fascinante Nueva York, una música bien armonizada -pero excedida en un inútil afán de subrayar climas-, y un trío protagónico correcto, al que acompañan otros buenos actores como Jeffrey Wright y Barry Pepper, hacen su aceptable aporte.
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  • Mala
    Mala
    Revista Veintitrés
    Cuesta creer que Mala pertenezca a un cineasta de fuste como Adrián Caetano. Inconexa, tediosa y hasta insustancial, la película parece hacer juego con un título acaso deliberado. Aún con ideas y escenas sugerentes, las decisiones expresivas y estéticas resultan antojadizas, cercanas a un cine experimental o iniciático. Está claro que el film propone búsquedas anticonvencionales o poco transitadas, pero esas lícitas motivaciones se desdibujan entre tantos desaciertos. Girando alrededor de un sicario femenino que sólo elije ajusticiar a hombres que sojuzgan a mujeres, el ecléctico elenco, paradójicamente, se ve sometido. Rafael Ferro parece un puching ball a expensas de los caprichos del guión, el notable Arturo Goetz actúa sólo un instante al ser asesinado –peculiarmente, eso sí- en el arranque del film, y Florencia Raggi, muy ajustada a su rol, es “reemplazada” a lo largo de la trama por tres chicas que abordan distintas facetas del personaje, alguna –Liz
    Solari- de manera insostenible ¿No confió Caetano en la Raggi como protagonista absoluta del film? Por otra parte el estilo o género del relato no se define nunca, deambulando entre el thriller tarantinesco, la denuncia dramática, lo contemplativo y lo psicológico, hasta desembocar en un final de tono fantástico (Los usurpadores de cuerpos?). Mala parece ser sólo un mal sueño del director de Un oso rojo, con sobrado tiempo y talento para recuperarse.
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  • Lincoln
    Lincoln
    Revista Veintitrés
    Figura emblemática y sustancial de la política estadounidense y universal, Abraham Lincoln se merecía una película sobre su vida, obra y legado. Y quién mejor que Steven Spielberg para abocarse con toda su capacidad expresiva y cinematográfica a semejante personaje histórico. Sin embargo, Lincoln NO es una biopic, no es una obra biográfica, no es un film que específicamente gire alrededor suyo. Es más, hay pasajes enteros en los que no aparece en pantalla y ni siquiera –algo que sorprende- es reflejado su
    homicidio, ni hay mención alguna sobre su asesino o un posible complot criminal en su contra. Lincoln no es Lincoln o no es sólo Lincoln, sino una película acerca de la abolición de la esclavitud, y en eso se emparenta extrañamente con Django sin cadenas, ya que la última película de Tarantino aborda, de alguna manera, la “previa” de Lincoln, narrando en forma explicita y potente tal flagelo.

    Entonces, por un lado esta obra del director de El color púrpura (su visión propia sobre el tópico) no abreva en el carácter épico y espectacular de otros films suyos, como por ejemplo el inmediatamente anterior, Caballo de guerra, lo que podría decepcionar a algunos. Pero por otro lado es una pieza esencialmente política y rigurosa, lo que podría entusiasmar a otros. Lejos de un impactante relevamiento sobre un prócer legendario, nadie podría negar que en esta despojada visión acerca de este
    hombre, exista también un espacio reservado para ese inmaculado héroe spielbergiano.

    Lincoln acumula doce nominaciones a los Oscar sólo internándose en los últimos meses de la vida del ex presidente estadounidense, pero en un momento determinante de su carrera política. Narrando las idas y vueltas que representaba la sanción de la 13ª enmienda en contra de la esclavitud, Spielberg desgrana implacable y magistralmente todos los enfrentamientos dialécticos, incluyendo lobbys, traiciones, presiones, arreglos, etc. Quizás algún exceso de teatralidad se pueda objetar, en algunos largos e intrincados diálogos el film se resiente, pero hay que saber internarse en él, Lincoln no es para cualquier público. El excepcional elenco tiene puntos altísimos, como los de Tommy Lee Jones, Hal Holbrook, James Spader y obviamente, el enorme Daniel Day-Lewis.
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  • Cracks de Nácar
    Cracks de Nácar
    Revista Veintitrés
    Inusual y sorprendente en su semblanza, Cracks de nácar se ocupa de una suerte de deporte de salón prácticamente desconocido pero que quizás en la infancia de muchos estuvo presente inadvertidamente. Nos referimos a la singular habilidad de apelar de botones de costura para simular en una mesa de vidrio un partido de fútbol, en este caso hecho y derecho y con todas sus reglas casi intactas. El aún reconocido para el público Rómulo Berruti, fundamentalmente por Función privada, aquel inolvidable ciclo de cine que conducía junto a Carlos Morelli, y Alfredo Serra, periodista, entrevistador y editorialista de gran trayectoria profesional, llevan adelante desde la adolescencia la práctica del Fútbol de botones, un hobby convertido con el tiempo en una actividad obligatoria, en un absoluto ritual. Un juego tan absurdo como fascinante que no sólo es la pasión de dos colegas y amigos entrañables, sino que tiene fervientes cultores en otras partes del mundo, como en España y Brasil. Precisamente de este último país arriba una pareja de jugadores para enfrentarse a la dupla argentina, en un duelo imperdible. Este es el punto culminante de un film sencillo pero atrapante, que no sólo indaga en las insólitas peculiaridades de esa disciplina sino que se enriquece –con buenos recursos expresivos de los cineastas Casabé y Dieleke- con las historias, anécdotas personales e imágenes de otros tiempos de estos dos histriónicos representantes de un periodismo de raza en extinción.
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  • Graba
    Graba
    Revista Veintitrés
    Con una coloratura, imagen y estilo artístico ascético, despojado y plomizo, Graba propone, entre otras cosas, la problemática inmigratoria de un sudamericano en un país claramente restrictivo y poco inclusivo en ese aspecto. Una capital de Francia muy alejada de las postales, con una realidad actual más gris y menos reconfortante que en otras épocas. En ese contexto, la protagonista argentina se debate entre un pasado reciente doloroso y un presente ambiguo, que le ofrece oportunidades laborales y amorosas, pero al mismo tiempo la deportación y el rechazo, en varios sentidos. Un misterioso test de embarazo termina de ensombrecer, o no, el panorama de una chica introspectiva y sufrida pero sensual y seductora a su modo, caracterizada de manera impecable por la magnética Belén Blanco.

    El cineasta Sergio Mazza diseña una pequeña obra cinematográfica cargada de silencios y significados, de sexo y desapego, de angustias y barreras. Con un marcado realismo intimista que reniega de apoyaturas musicales o visuales innecesarias, Graba va desarrollando su breve trama con inteligencia y sensibilidad. Algunas intrigas de la historia serán reveladas, otras no, ni tampoco harán falta, redondeando una pieza atrayente, por más que se proponga lo opuesto. El casi debutante francés Antoine Ronan Raux acierta en un personaje en crisis, complementándose apropiadamente con la mencionada actriz, ideal para su rol.
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  • Django sin cadenas
    Django sin cadenas
    Revista Veintitrés
    A pesar que Quentin Tarantino cumple en este film con sus excentricidades expresivas, cosa habitual en su –corta- filmografía, en el caso de Django sin cadenas esa característica se manifiesta sólo en pequeñas cuotas. La premisa principal de este extraordinario y memorable western en estado puro –o impuro-, es contar una historia ambiciosa, apasionante y a la vez durísima, que se entronca con las más salvajes y deplorables tradiciones del derrotero estadounidense. Aquellas perlitas levemente antojadizas siguen siendo, para qué negarlo, ese sello personal tan suyo que hace a sus películas algo único, pero el resto es narración limpia, cine clásico y moderno, poesía cinematográfica al servicio de objetivos dramáticos precisos. Una trama que se va construyendo a través de escenas y secuencias fría y minuciosamente calculadas, pero fervorosamente manufacturadas.

    La improbable amistad entre un cazarrecompensas alemán y un esclavo afroamericano es el inmejorable el hilo conductor del relato, vínculo que aúna conveniencia y venganza, pero a la postre, solidaridad y hermandad. Django sin cadenas es western spaghetti y western americano, es Lo bueno, lo malo y lo feo y El oro de Mackenna, pero fundamental y sustancialmente es un relevamiento estremecedor de las extremas perversiones de la esclavitud imperante. Si bien los toques de humor y parodia no están ausentes, el director de Kill Bill elije retratar la esclavitud en sus costados más humillantes, execrables y sanguinarios. En ese horizonte descarnado, poblado de laceraciones físicas y psíquicas, Django se vuelve una suerte de fascinante Shaft del Viejo Oeste. El cóctel audiovisual es realzado aún más por un elenco soberbio, partiendo de Christoph Waltz, el medido Jamie Foxx, un inusual Leonardo DiCaprio, hasta llegar al descomunal y camaleónico Samuel L. Jackson. E incluyendo disfrutables participaciones entre las que el propio Tarantino se reservó su respectivo y explosivo cameo. La anacrónica y nostálgica banda de sonido se ensambla de manera extraña y genial con la estética general de un cineasta al que se lo puede examinar de manera puntillosa o ampulosa, insertándolo en una ensalada –que él mismo propicia- de títulos y géneros. Pero más allá de cualquier análisis, Django sin cadenas es simple, lisa y llanamente, una gran película.
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  • S.O.S: Familia en apuros
    S.O.S: Familia en apuros
    Revista Veintitrés
    Con la intención de ofrecer una película familiar, S.O.S: Familia en apuros busca cierta fórmula divertida dentro del subgénero pero no se preocupa demasiado por partir de un guión mínimamente potable, y hasta la idea hace acordar a algún otro film. El director de la afín y poco atractiva Entrenando a Papá reincide en la temática familiera con niños incluidos con discretos resultados, aún contando con una pareja protagónica de expertos comediantes como Billy Crystal y Bette Midler. La historia parte precisamente de ellos, que en medio de una pequeña crisis deciden viajar a la otra punta del país para cuidar a tres nietos que no ven hace años. La “vieja escuela” de los abuelos choca con la modernosa educación de sus padres y en ese pequeño apremio reside la tónica del film. Pero los gags son forzados y algunos de ellos bastante escatológicos, con la suposición que pueden resultar graciosos para chicos y grandes. Para colmo otro grupo de chistes abusa del materialismo, ya que el abuelo “soborna” al más pequeño para que cumpla con sus presuntas enseñanzas. Mal gusto y capitalismo, en yunta. De todos modos Midler y Crystal aportan su carisma y brindan un momento agradable al cantar a dúo una vieja canción infantil, y en el final algunos toques emotivos pueden funcionar. Pese a los reparos, los chicos se pueden enganchar perfectamente con la trama, a ellos –y quizás también a un público muy mayor- está dirigida la propuesta.
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  • Tesis sobre un homicidio
    Tesis sobre un homicidio
    Revista Veintitrés
    Más allá de un excelente –por más que resulte habitual, cosa que no se debe confundir con rutinario- protagónico de Ricardo Darín y una impecable factura técnica, Tesis sobre un homicidio falla en su remate y además se emparenta de manera llamativa con El Secreto de sus Ojos. Ambos largometrajes, aunque el de Juan José Campanella haya sido más abarcativo y ambicioso, entran dentro del terreno del thriller policial y presentan un cruento y misterioso asesinato a una chica, que casualmente propiciará la obsesiva investigación de un abogado especialista en criminología, rol llevado a cabo por el mismo intérprete del film ganador del Oscar, cuyo protagonista trabajaba asimismo en el ámbito judicial.

    Paralelismos que se acumulan y pueden no resultar tan oportunos. Fuera de esto, Tesis sobre un homicidio atrapa en todo su transcurso con buenas armas formales y expresivas. La calidad de todos sus rubros, como el de la fotografía, se aprecian con gusto, en medio de un desarrollo argumental que siempre genera interés, a través de ese investigador vuelto docente que desea fervientemente volver a sus mejores épocas. Y que acaso haya
    creado para sí un escenario criminal ideal para que esto sea factible, porque él no está fuera de la lista de sospechosos, aún convencido de la culpabilidad de un alumno suyo, a la vez hijo de un viejo amigo. El sorpresivo y ambiguo desenlace sugiere un difuso culpable, sin embargo se asemeja más a un final abierto que a otra cosa. Justamente un momento de clímax en el que daba la sensación que aún faltaba mucho por contar; el principio de una etapa investigativa definitoria en la trama. El talentoso Hernán Goldfrid, responsable de la formidable Música en espera, comedia
    romántica que aunaba varios géneros y estímulos, no alcanza aquí los mismos resultados pero repite buenas performances actorales, aparte de Darín se destacan Arturo Puig y el hispano-cordobés Alberto Ammann con exactas composiciones.
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  • Mentiras mortales
    Mentiras mortales
    Revista Veintitrés
    Con una gran interpretación de Richard Gere, un libro inteligente y una realización espléndida del cuasi debutante Nicholas Jarecki (sólo con un documental en su haber), Mentiras mortales establece una pieza de primer nivel, con no pocos toques reflexivos. Si hay que cuestionar algo no es culpa de sus artífices, y es el deplorable título en castellano, que no aprovecha el sentido de Arbitrage, palabra inexistente en el diccionario inglés que combina términos como arbitrariedad, pacto y calamidad. Describiendo sin pausas la atribulada vida de un prospero empresario y casi magnate, a pocos días de festejar su cumpleaños número 60, Arbitrage es una película que desde un formato aparentemente convencional propone conceptos alejados del más reciente y rutinario cine estadounidense. Este hombre entrará en una vorágine de desventuras –por manejos ilegales y una muerte inesperada- que llevarán su privilegiada vida profesional y familiar a una crisis de proporciones.

    El film va desarrollando su estructura dramática de manera certera e impecable, induciendo al espectador a introducirse en zonas inquietantes del turbulento mundo de las componendas y agachadas financieras, hasta llegar a la amarga redención de su
    plano final. Las actuaciones son un pilar en la estructura clásica del film, al ya mencionado Gere se suman las breves pero soberbias participaciones de Tim Roth y Susan Sarandon y los jóvenes y notables Brit Marling y Nate Parker, todo realzado por las magnéticas impresiones musicales de Cliff Martinez.
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  • Jack Reacher - Bajo la mira
    Jack Reacher - Bajo la mira
    Revista Veintitrés
    Basado en un personaje creado por un ex productor televisivo desempleado, Jack Reacher - bajo la mira tiene un arranque estremecedor si tenemos en cuenta los sucesos recientes en el país del norte: un hombre con un rifle de mira telescópica mata a cinco personas en un espacio público sin razón aparente. Luego entrará en acción el protagonista, un ex militar e investigador policial marginal que será tanto héroe como villano prófugo en distintos pasajes del film. Christopher McQuarrie, responsable como director de la violentísima pero casi filosófica Al calor de las armas y como guionista de la brillante Los Sospechosos de Siempre, construye su película apoyándose en climas y tiempos psicológicos de los personajes. Pero el problema es que el material argumental no era muy profundo ni creativo que digamos, por más que el cineasta se esfuerce por otorgarle una entidad más reflexiva al film. Tanto intercambio de palabras e hipótesis investigativas lo extienden innecesariamente y le otorgan cierta solemnidad, aunque algunos toques de humor no están ausentes, especialmente en algunas réplicas descontracturadas del protagonista. Aún así el film posee solidez narrativa tanto en las secuencias de acción –varias de ellas excelentes- como en intensos diálogos que ofrecen un par de
    vueltas de tuerca. Y cierta línea chispeante se intensifica con la aparición del rol interpretado por el legendario Robert Duvall, en un personaje relajado que se complementa a la perfección con el inflexible y acosado Reacher.

    En suma, un film con menos acción que la esperada pero que igualmente atrapa. Y que quizás sea el arranque de una nueva saga -hay dieciséis novelas más de Reacher- con un Cruise convincenteque sabe otorgarle matices a sus personajes.
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  • Los ilegales
    Los ilegales
    Revista Veintitrés
    Con un claro estilo clásico de film de gánsters de la era de la Ley Seca, Los ilegales respeta sin fanatismos los códigos del género, aportando toques distintivos que la realzan. Dirigida por John Hillcoat, responsable de una pieza post apocalíptica notable y sin concesiones como La carretera, cambia aquí radicalmente su impronta expresiva y temática para introducirse en un mundo sórdido e inclemente. Y en ese sentido, tanto para abordar un impredecible futuro como un más palpable pasado, Hillcoat apela a armas visuales y dramáticas que lo llevan a terrenos inesperadamente semejantes. Y asimismo se rodea nuevamente –como un el caso mencionado, que contó con nombres como los de Viggo Mortensen, Charlize Theron, Robert Duvall y Guy Pearce- de un elenco extraordinario, magníficamente conducido. Basada en un libro de Matt Bondurant en el que se recorre la epopeya criminal de la familia que lleva ese apellido, el film se ocupa de tres temerarios hermanos que se atreven a competir en el redituable negocio del alcohol ilegal, enfrentándose con obstinación a enemigos irreductibles que los acosan desde ambos lados de la ley. La obsesión de los Bondurant, con diferentes matices entre ellos, es hacerse respetar y crear su propio imperio en una época descarnada y sin códigos de comportamiento. Con elementos narrativos que recuerdan films de los Cohen (especialmente De paseo a la muerte), otros de los 70 como Dillinger o Bonnie & Clyde, o la reciente El enemigo público, Los ilegales entrega intensos momentos de acción en los que la truculencia y cierto preciosismo visual que hace foco en lo nefasto, no están ausentes.

    Las interpretaciones son soberbias, partiendo de Tom Hardy y el ascendente Shia LaBeouf hasta las fenomenales participaciones de Guy Pearce y Gary Oldman.
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  • Uno
    Uno
    Revista Veintitrés
    Insertando a un joven hombre urbano y profesional en un contexto extraño y hostil -un pequeño pueblo en el que queda varado, a expensas de historias y personajes que le son ajenos pero que lo intrigan y motivan-, el realizador Dieguillo Fernández ofrece una ópera prima despareja pero valiosa y argumentalmente atrayente.

    Ese arquitecto, que espera que su remota mujer se decida o no por seguir con él, despojado de su identidad al extraviar su bolso, encontrará en ese poblado indeterminado nuevas e insospechadas razones de vida a través de una niña huérfana o abandonada, repleta de misterios y a la vez necesitada de un vínculo afectivo que la salve. La trama tiene chispazos de originalidad y está bien desarrollada a través del guión del propio director y Edgardo
    González Amer, logrando pasajes interesantes, poéticos y emotivos, fundamentalmente por intermedio del rol de la pequeña de mediana edad, con suficientes cuestiones a resolver que logran atraer. Luciano Cáceres lleva adelante un protagónico convincente, evocando a otros personajes cinematográficos masculinos fuera de su ámbito y buscando reencontrarse con ellos mismos.
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  • Diablo
    Diablo
    Revista Veintitrés
    Una auténtica sorpresa rojo sangre y tarantiniana nacional, entrega este Diablo, realizada por el casi debutante Nicanor Loretti y celebrada en el Festival de Mar del Plata 2011. Procedente de la redacción de la emblemática publicación de cine fantástico y alternativo La Cosa, Loretti se decidió para su ópera prima de ficción por una pieza repleta de violencia gore y guiños vinculados al cine de Guy Ritchie, Robert Rodriguez, el mencionado e
    idolatrado Quentin y hasta nombres más lejanos como los de Sam Peckimpah. Sin embargo, y he aquí lo mas destacable y disfrutable de la película, tiene muy poco de cine americano y si -y mucho-, de costumbrismos locales que le otorgan una fenomenal identidad, y que colaboran en un espíritu juguetón que llega a deparar momentos auténticamente desopilantes. Diablo es también el nombre de un antihéroe inesperado que presenta el film, el primo del ex campeón de boxeo que la protagoniza, un hombre acabado y abrumado que sólo desea recibir la visita de su ex novia, pero que se hundirá sin pausas en un cadalso de violencia y muerte. Siempre al borde del absurdo y el ridículo, y aún con algunos cabos sueltos inevitables, Diablo sale a flote de todas sus situaciones extremas con sagacidad narrativa y bizarro sentido del humor. Para ello se sostiene en una explosiva e imperdible caracterización de Juan
    Palomino, brillantemente acompañado por Sergio Boris, dentro de un elenco consustanciado.
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  • Una mujer sucede
    Una mujer sucede
    Revista Veintitrés
    A través de un talentoso cuarteto de intérpretes y una interesante línea narrativa, Una mujer sucede es el primer largometraje de Pablo Bucca, quien adapta con recursos consistentes una novela de Luis Lozano dotada de buenas ideas. El arranque resulta atrayente, en un indeterminado pueblo del interior, cubierto por una copiosa lluviosa nocturna, tres hombres se reúnen accidentalmente –o noen el velatorio de una mujer, cuya identidad se desconoce. A partir de allí, entre cartas, truco y cortes de luz, cada uno irá desgranando hipótesis acerca del nombre real del cuerpo oculto en un cajón –que a la vez oficia de mesa- en ese despoblado funeral. Y aflorarán historias amorosas que han signado sus rutinarias existencias, todas representadas por mujeres caracterizadas por la versátil y bella Viviana Saccone. Del trío de relatos, desarrollados través de sendos flashbacks, se destaca el capítulo del medio, el más logrado dramáticamente, con una trama potente y cambiante. Los otros están dentro del tono ambiguo y melancólico que trasunta un film que quizás adolezca de un climax final o acaso de un remate que justifique mejor la propuesta. Fuera de la ya mencionada y
    camaleónica performance de la Saccone, las actuaciones masculinas están teñidas de una gran sensibilidad, a través de un exacto Eduardo Blanco, un convincente Alejandro Awada y un entrañable Oscar Alegre.
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  • La inocencia de la araña
    La inocencia de la araña
    Revista Veintitrés
    Inquietante y levemente perturbadora, La Inocencia de la Araña contiene logros creativos en la faz argumental, pero también desfasajes dramáticos y actorales que perjudican el conjunto. El guionista y director Sebastián Caulier ofrece aún así una auspiciosa ópera prima, en la que la idea de un temprano y perverso despertar amoroso de dos niñas, expuestas a contradictorios mandatos adultos y a dudosas leyendas mágicas de la zona, se destaca. Una araña, al igual que otro film nacional reciente, La araña vampiro, de Gabriel Medina, se transforma en un singular y metafórico eje que atraviesa la historia. En un colegio formoseño un nuevo y seductor profesor de biología lleva en una jaula de vidrio una tarántula para desarrollar experimentos, un gran amor suyo que hasta lleva un risueño nombre propio: Ofelia. Luego accederá a un vínculo real con una atractiva y superficial colega que ocasionará los celos de dos alumnas con una fértil imaginación y capacidad de trabajo para intentar separar a toda costa a la pareja. Dichas maquinaciones desembocarán en un cadalso, que sorprende y redimensiona la anécdota. Correctamente plasmada y enriquecida por un convincente protagónico de Juan Gil Navarro (un actor que debería ser más convocado por el cine), el film tiene como contrapartida la inexpresiva participación de las niñas (lugareñas y debutantes) que deben llevar a cuestas el mayor peso dramático de la historia.
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  • Juegos de muerte
    Juegos de muerte
    Revista Veintitrés
    Absolutamente sanguinolienta y macabra, Juegos de muerte es más una película gore que un film de terror en estado puro. O sea, impresiona, repugna, da miedo y también sobresalta, pero no es su principal virtud. En realidad, hablar de “virtudes” en este tipo de producciones es relativo, The Collection, tal su título original, está bien hecha dentro de sus retorcidos postulados, pero está claro que no se propone hacer arte.

    Aunque la traducción al castellano no lo anticipe, Juegos de muerte es la segunda parte de El juego del terror y no queda clara la razón de haber ocultado este detalle. Importante, claro, porque esta nueva entrega comienza directamente a partir del desenlace de la original y allí queda deschavada su condición de secuela. Veremos al principal sobreviviente del exterminio del primer film a manos de un asesino enmascarado, que es visitado por un grupo parapolicial para que se sume al rescate de una joven, nueva secuestrada por El Coleccionista. A todo esto se ha producido una masacre en una disco clandestina, que es un momento culminante dentro del estilo que predomina en el largometraje. El grupo armado, en busca del verdugo y sus secuestrados, ingresará a una fétida guarida llena de trampas y sorpresas desagradables.

    Con claras influencias de El silencio de los inocentes y otros films que surgieron a su sombra, combinada con la saga de Saw (El juego del miedo), Juegos de muerte va desarrollando su galería de atrocidades sin demasiada lógica ni explicaciones –que en varios pasajes harían falta-, hasta llegar a una lucha final que tiene cierto nervio. El aspecto visual está cuidado, pero, más allá de las ideas sanguinarias puestas en juego, el guión y los diálogos no están bien trabajados. Pero sin dudas un público ávido de truculencias podrá sentirse recompensado.
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  • Néstor Kirchner, la película
    Néstor Kirchner fue un hombre que asumió la presidencia de su país convencido que no iba a ser un mandatario más. Arribó a un cargo bastardeado, menoscabado, degradado por nombres que a lo largo de la historia democrática contemporánea y aún apoyados por grandes caudales de votos, no se destacaron por el atrevimiento, el altruismo y la grandeza y sí por la claudicación, la indolencia y la avaricia. Hubo excepciones a la regla, nombres ilustres que
    alcanzaron a edificar, entre obstáculos irreductibles y enemigos insaciables, precedentes relevantes sobre los que Kirchner se alineó, aprovechando un momento propicio para llevar adelante políticas restauradoras y reivindicativas. Se entregó en cuerpo y alma a producir pura y transformadora gestión gubernamental, generando cambios sustanciales que quizás le hayan costado la vida. La cineasta Paula de Luque habla básica y precisamente de todo eso, aún usando palabras ajenas e imágenes prestadas. Con un espíritu militante y el nervio testimonial que hacía falta, Néstor Kirchner, la película contiene y expande la epopeya de un estadista esencial del segmento más reciente de la política nacional.

    Apelando a un formato y una modalidad expresiva alejada de su filmografía previa -aún de un film claramente político como su opus anterior Juan y Eva-, esta obra documental canaliza un poderoso caudal de imágenes alusivas con una impronta sobria y reflexiva, que se permite transgredir algunos preceptos del género y revalorizar otros. Con una cambiante y multigenérica trayectoria detrás, De Luque construye una pieza que, recorriendo postulados esenciales del discurso kirchnerista (como el resonante No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada) incluye toques poéticos y evocativos. Dentro de los momentos íntimos y desconocidos de su entorno familiar, la muerte del ex presidente ocupa una porción ínfima del film, que se realimenta permanentemente con actos de vida y militancia. Faltarán cosas, pero aún así se trata de un tributo cinematográfico fuertemente emotivo, una visión ambiciosa y a la vez austera enmarcada por la indispensable música del gran Santaolalla.
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  • Amanecer - Parte 2
    Amanecer - Parte 2
    Revista Veintitrés
    Crepúsculo y sus continuaciones deben conformar la saga más insípida producida por la historia del cine. Basados en novelas de la astuta autora Stephenie Meyer, y aún con algunos toques imaginativos dentro de la frecuentada mitología vampírica, el conjunto de cuatro films nunca lograron remontar su propuesta, pálida como la piel de sus protagonistas. Dirigida fundamentalmente a jóvenes preadolescentes, con una estirada trama que combina
    peripecias de chupasangres y licántropos con un lánguido y telenovelesco romanticismo, la saga llega a su clausura con un film dividido en dos partes.

    Siempre encarnados por chicos y chicas modernos, atildados, bellos y fashion, con escasas dotes actorales y expresivas, estos vampiros y hombres lobo presentan una casi imperceptible monstruosidad, un detalle menor dentro de las alternativas de la historia. Quizás esta última parte, incluyendo Amanecer parte 1, contenga mayores ingredientes de terror y aventura. Se podría mencionar el final de la primera parte, que muestra un inquietante embarazo de la heroína Bella, con algún toque de Alien, y el remate de este segmento definitivo, que muestra un enfrentamiento final con cierta épica y violencia desusada. Este desenlace guarda una sorpresa, que apela a un recurso empleado asimismo por Oliver Stone en su reciente Salvajes. Sea como fuere, hay cierto nervio y espectáculo en ese final, dentro de una película que en general no conmueve demasiado.

    Esto no ocurrirá con los abundantes fans de la saga, que con seguridad disfrutarán intensamente de este cierre crepuscular. Bill Condon, director de la excelente Dioses y monstruos y de la rítmica y atrayente Dreamgierls, no alcanza ni por asomo esa calidad expresiva con Amanecer Parte 2, pero sin dudas que conformará a los seguidores y habrá acumulado recursos para futuras obras más personales. El formidable histrionismo de Michael Sheen se destaca claramente dentro de la pobreza interpretativa.
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  • Días de pesca
    Días de pesca
    Revista Veintitrés
    Tras incursionar en el thriller con la estupenda El gato desaparece, en la introspección pictórica y metafórica con la fallida La ventana, y en una road-movie autóctona y deportiva con El camino de San Diego, Carlos Sorín vuelve a las fuentes con Días de pesca, con el marco en el que más se siente identificado y dentro de la estética y la pulsión narrativa que se han vuelto un sello en su filmografía. El realizador retoma el aliento y las atmósferas sencillas con las que diseñó ese film extraordinario que fue Historias mínimas, y lo hace a través de una trama en la que el protagonista podría haber sido amigo del personaje de Javier Lombardo y pariente de la chica que recorre la ruta con su auto en el citado film. Un hombre que viaja a
    Puerto Deseado con el objetivo claro, aunque con difusos elementos, de buscar reencontrarse con su abandonada hija, y a la vez cristalizar el viejo sueño de participar en la pesca deportiva de tiburones. Todo se irá desarrollando en forma minimalista e incierta pero con una inconfundible expresividad soriniana. Combinando nuevamente –hace tiempo que no lo hacía- actores profesionales con lugareños debutantes, el cineasta despliega una impronta sentimental que no sacude pero que le hace placenteras consquillas al alma, hasta arribar a un plano final que encierra una pequeña pero emotiva metáfora. Un Alejandro Awada entrañable e impecable en cada gesto y cada texto, muy bien acompañado por la ascendente Victoria Almeida completan un cuadro fílmico breve, sencillo, algo contenido, pero igualmente virtuoso, realzado por los magníficos estímulos sonoros de Nicolás Sorín.
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  • Ni un hombre más
    Ni un hombre más
    Revista Veintitrés
    Llevada adelante por personajes al borde del abismo y capaces de las más insólitos y retorcidos comportamientos –por un puñado de dólares, eso sí-, Ni un hombre más propone una historia policial que a la vez es una comedia de enredos con toques de humor negro. No caben dudas que el guionista y director debutante Martín Salinas ha intentado abarcar variadas facetas expresivas en su debut cinematográfico, como que suele suceder en una primera obra, pero
    de todas maneras se las arregló bastante bien hasta el último tramo, en el que no alcanzó a resolver de manera adecuada tantos estímulos que fue proponiendo. Las alternativas de esta pieza cuyo título (que se refiere a una frase menor dentro de la trama) no resulta para nada expositivo del espíritu de la película, crecen y se enriquecen disparatadamente hasta que llegan a un punto muerto en que se anulan mutuamente. Con notoria influencia del cine inglés de humor negro, desde El quinteto de la muerte hasta la reciente Cuatro muertos y ningún entierro, adaptados en este caso a un marco litoraleño, Ni un hombre más sorprende, entretiene y provoca numerosos momentos de grotesca y perversa diversión. El consustanciado elenco es clave para sostener sus logros parciales, entre los que se destacan la siempre brillante Valeria Bertuccelli, el dúctil y ascendente Martín Piroyansky y un Luis Ziembrowski en otro registro.
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  • Otro corazón
    Otro corazón
    Revista Veintitrés
    Dotada de una realización prolija, buen ritmo y un convincente nivel actoral y artístico, Otro corazón, no logra, pese a estas meritorias virtudes, conformar una película aceptable. El cineasta Tomás Sanchez despliega una multiplicidad objetivos expresivos que se quedan en estímulos vacíos en su pretensión de tocar fibras emocionales, ya que cierto apuro en acumular situaciones y diálogos van en desmedro de la hondura dramática. También habría
    que apuntar que la película está auspiciada por la Fundación Favaloro y el INCUCAI, instituciones que quizás establecieron pautas en la trama que pudieron limitar los alcances del guión. El núcleo argumental se refiere a un hombre que espera su primer hijo y se debate entre esa inminente paternidad y la afección cardíaca que amenaza la vida de su padre, precisado de un urgente trasplante de corazón. Esta temática, tomada de manera alivianada –y a veces candorosa- y con diversos toques de humor, se va ramificando con varias historias paralelas que, en lugar de enriquecer la narración, la disgrega y la vuelve confusa. Esta dispersión se agudiza en el último segmento del film, que no logra
    encarrilarse pese a sus aciertos formales.

    Entre ellos hay que apuntar la riqueza que expone el versátil elenco, especialmente Elena Roger, quién no sólo se luce actuando sino entonando buenas canciones de Javier Lopez Del Carril y Luis Alberto Spinetta. Lo propio se puede decir de Patricia Sosa y su prometedora hija Marta Mediavilla, con pasajes musicales que no se justifican demasiado, pero se disfrutan. Fabián Gianola y Carlos Moreno hacen también aportes interesantes con sus personajes.
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  • El sexo de las madres
    El sexo de las madres
    Revista Veintitrés
    Abordando una historia fuerte relacionada con dos amigas de la adolescencia, casi hermanas, El sexo de las madres se introduce en duras y controvertidas temáticas femeninas, que la directora Alejandra Marino afronta con disparidad. Ambas volverán a encontrarse en un lejano hostel campestre, un reencuentro signado por secretos muy ocultos y peligros que merodean. Serán los hijos de ellas quienes activarán ciertos resortes para que los misterios de sangre y vejación se aclaren.

    Cierta buscada sensualidad en ambas madres, tal como anticipa el título, aparecen en distintos momentos del relato, lo mismo que las pistas con respecto a maternidades reales o ficticias. La historia posee cierta intriga, con un par de sorpresas en su tramo final, pero la narración y los diálogos no acompañan adecuadamente el trámite. La cineasta no opta por un final explícito, logrando ser sugerente frente a los tangibles matices truculentros que afloran en el desenlace. En las actuaciones conviven dos actrices experimentadas y sensitivas como Victoria Carreras y Roxana Blanco, que le otorgan entidad a sus conflictuados personajes, junto a adolescentes debutantes apenas convincentes como Tahiel Arevalo y Carolina Rodríguez Carreras. Un rol destacable y difícil está a cargo de Juan Carlos Di Lullo. Marino, de todos modos, mejora con respecto a la melodramática Franzie y merece un crédito para su futura realización.
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  • Frankenweenie
    Frankenweenie
    Revista Veintitrés
    Un jubiloso y entrañable compendio de lo mejor del caudal expresivo y estético de Tim Burton ofrece el último film del gran cineasta, o más bien artista integral del arte audiovisual. Frankenweenie se puede tomar como una pieza infantil, para todo público o acaso para adultos con alma de niños freak, pero sea como fuere, se trata de una obra cautivante y memorable.

    Recreando y expandiendo al máximo su primer cortometraje, homenajea en primera instancia al cine de terror, un género en el que Burton se siente irremediablemente extasiado, y que lo ha inspirado en gran parte de su suculenta filmografía. Imposible dejar de mencionar a El extraño mundo de Jack como principal antecedente -aquella maravillosa relectura del mito de la Navidad que extrañamente no fue dirigida por él pero que nadie deja de
    adjudicársela-, por el espíritu tenebroso y la técnica de realización, exactamente la misma utilizada en Frankenweenie, ese cuadro a cuadro que en este caso recibe varias ayuditas de la animación digital, pero que destila en todo momento ese sabor artesanal y diferente a tanto producto de dibujo computado reciente.

    El introvertido e ingenioso niño protagonista es sin dudas un alter ego de Burton, ya desde el hecho de realizar películas caseras que sus padres disfrutan, que luego se convertirá en un genio sombrío al tratar de resucitar a su amado perrito Sparky, inspirado en otras hazañas llevadas a cabo por otroras portadores de su apellido Frankenstein. Con claros homenajes a la imagen en blanco y negro que lograba James Whale en sus films sobre aquel científico y reanimador serial, Frankenweenie propone un deleite tan terrorífico como humano, porque el creador de El joven manos de tijera ofrece
    criaturas repletas de ternura y capacidad de redención.

    Fascinante en todo su metraje, incluyendo su delicioso desfile de monstruos final, el film posee el plus de poder ser apreciado en su idioma original y escuchar las voces de grandes intérpretes como la del legendario Martin Landau (el Vincent Price de Ed Wood, la mayor obra de Burton).
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  • Longchamps
    Longchamps
    Revista Veintitrés
    Un experimento cinematográfico no siempre se puede englobar dentro del cine experimental, por eso Longchamps sólo se podría ubicar en el terreno de lo primero, un simple experimento, insípido y apenas tolerable. Filmada en un solo día, ubicada en una única locación, presuntamente de la zona a la que hace referencia el título, y basándose en improvisaciones de un grupo de actores en formación, el film deambula dentro de una pobre excusa argumental, que en todo su transcurso no logra alcanzar ningún tipo de asidero.

    Según reza la información, la película se llevó a cabo a través de una idea técnicamente ingeniosa, con ocho tomas de una hora de duración registradas simultáneamente en distintos espacios de esa casa que es el epicentro de las alternativas del film. La idea central aúna una nueva guerra mundial con partituras de Béla Bartok, y sólo acumula situaciones confusas y diálogos reiterativos y absurdos. La experimentación en el cine siempre es bienvenida,
    pero en este caso el resultado es insostenible y no justifica su estreno al público. Aún así, o precisamente por todo lo apuntado, quizás Longchamps
    llegue a ser considerado un film de culto. Todo es posible.
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  • El círculo
    El círculo
    Revista Veintitrés
    A través de la epopeya del doctor Henry Engler, ex dirigente tupamaro y actual médico reconocido por su investigación sobre el mal de Alzheimer, El Círculo establece una estremecedora semblanza del padecimiento de un preso político, y a la vez redimensiona la lucha armada en los desoladores años dictatoriales latinoamericanos. Documental uruguayo con aportes de Alemania, Argentina y Chile, transcurre en distintas localidades de Uruguay y
    también de Suecia, donde Engler reside actualmente, ya que tras una invitación pasajera, no esperaba enamorarse y echar raíces afectivas y profesionales allí. Un país escandinavo, lejano y frío, donde acaso este hombre lacerado haya encontrado un refugio que cicatrice heridas y apacigüe dolores de un alma mancillada. A través del testimonio esencial de Engler, el lúcido film de José Pedro Charlo y Aldo Garay va determinando un itinerario de vida que lo involucra junto a otros compañeros de militancia armada con los que se irá encontrando, incluyendo al actual Presidente uruguayo José Mujica, cuya breve aparición ilumina la pantalla y endulza los oídos. Estableciendo sutiles paralelismos entre las palabras meditadas de este hombre de origen germánico, algunas referidas a su especialidad en medicina neuronal, y sus duras experiencias de vida, El Círculo justifica su título, reivindica la memoria y ofrece un testimonio notable que desde el Uruguay resuena en toda la región.
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  • Masterplan
    Masterplan
    Revista Veintitrés
    Sorprende que este modesta comedia nacional, sin incluir actores renombrados (a excepción de alguna participación especial, como el estupendo Campi), sea lanzada por una distribuidora internacional de alta gama. Más allá que esté bien hecha y tenga puntos de contacto con otras producciones del género argentinas recientes, como Días de vinilo, El vagoneta en el mundo del cine, o Mi primera boda (en la cual también actúa el protagonista Alan Sabbagh), algunos hechos de la trama no se justifican demasiado ni están bien aprovechados. Aún así esta comedia de enredos que incluye toques grotescos y absurdos muy locales, contiene pasajes muy disfrutables, especialmente a través de su típico protagonista perdedor y de pésima estrella. Masterplan arranca con la idea de una estafa perfecta craneada por dos tipos presuntamente rebeldes y listos, una tramoya sin la suficiente elaboración como para salir bien, que desencadenará una serie de divertidos infortunios para el personaje principal. Luego el film presenta una segunda vertiente, que es el vínculo de él con un linyera freak (el delirante Andrés Calabria), que atrae sólo por momentos. La película alterna momentos de humor muy efectivos con otros no tan logrados, yasimismo las actuaciones son desparejas. Pero Alan Sabbagh se destaca claramente y lleva bien el peso expresivo y humorístico del film.
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  • Histeria - La historia del deseo
    Una película que gira alrededor de la no tan cercana creación de un artefacto sexual femenino, parecía a priori una idea más apropiada para un telefilm a ser emitido en un canal erótico. Sin embargo la directora Tanya Wexler, en su tercer y más importante opus, se las arregla para otorgarle al asunto un interés argumental que escapa cómodamente a este concepto. Es más, Histeria, La historia del deseo no es precisamente un film erotizante, sí un retrato de época levemente psicologista e irónico, con algunos pasos de comedia y una subtrama romántica. Porque la película, fuera de sus connotaciones sexuales, no se destaca por su irreverencia, y trata la historia con cierto espíritu naif. Pierde en el recuerdo de Cuerpos perfectos de Alan Parker, ubicada en época similar y bastante más audaz y desprejuiciada.

    Aún así, trasladándose a la Inglaterra de finales del siglo XIX, el film ofrece apuntes y hechos llamativos, de los cuales no se tenía demasiada información. En su desarrollo curiosea en la peculiar trayectoria del doctor Joseph Mortimer Granville, que por aquellos años se sumaba un tratamiento médico -y con el cual se presenta la mayor sorpresa-, que indicaba que ciertos síntomas femeninos denominados comunmente como “hysteria”, se debían tratar con masajes en la zona genital. Esta suerte de hedonistas o masturbatorios ginecólogos del pasado empezaron a cobrar notoriedad entre las presuntas pacientes, y el especialista mencionado se atrevió a ir unos pasos más allá en lo suyo. Más allá de la jugosa anécdota, Histeria no ofrece mucho más, e incluso desaprovecha el personaje de la siempre convincente Maggie Gyllenhaal, una defensora de la igualdad de género, de clase y propulsora del sufragio femenino. Vale la pena apreciar el desfile de imágenes de utensilios que acompaña los títulos finales, en sintonía con la temática del film.
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  • El notificador
    El notificador
    Revista Veintitrés
    Pequeña pero rotunda sorpresa del hijo del escritor y periodista Tomás Eloy Martínez, Blas Eloy Martínez, que en su segundo y autobiográfico film presenta un también pequeño –o no tantopersonaje de la vida cotidiana urbana. Se trata del Oficial Notificador del Poder Judicial, encargado de entregar escritos o cédulas legales a domicilio, oficio esencial pero poco conocido dentro de la maquinaria de la Justicia, hasta que llega el momento en que alguien debe ser notificado de alguna situación irregular dentro de la ley. Un papel que recibirá inexorablemente, aún si se está desarrollando su propio velatorio, como ocurre en una de las primeras y grotescas escenas de una película que revela un submundo rutinario, kafkiano, extraño y también fascinante, como toda realidad oculta que de cuando en cuando revela el cine.

    Demandas, despidos, desalojos, sucesiones, entre otras tribulaciones judiciales, llegarán a destino de la mano de Eloy, alter ego del realizador, quien se involucrará en historias dolorosas, insólitas, impactantes que lo distraerán irremediablemente de su propia vida, sus sueños y su resquebrajada relación de pareja. El fenomenal Ignacio Toselli, tras su notable protagónico en Buena Vida delivery y su brillante rol en Días de vinilo, descolla aquí como el obsesivo, alienado y frágil protagonista, pieza determinante para ver sin vueltas este modesto pero estupendo film nacional.
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  • Argo
    Argo
    Revista Veintitrés
    En una doble responsabilidad como intérprete y director, Ben Affleck propone con Argo, su tercer opus como cineasta, una pieza completamente distinta a las anteriores. No caben dudas que uno de sus aciertos en este terreno es su capacidad para encontrar historias potentes que además, detalle importante, son sumamente cinematográficas. Lo cual parece desmentir aquellas dudas que afloraron hace cerca de quince años atrás acerca del gran guión que escribió junto a Matt Damon para En busca del destino.

    Porque en su debut detrás de las cámaras, con la excelente Desapareció una noche, también fue co autor, narrando con calidad y sensibilidad una trama con sino trágico y vuelta de tuerca incluida que escapó al melodrama convencional. En Atracción peligrosa se animó al policial con derivaciones sociales y confirmó sus aptitudes, y ahora se propuso abordar un thriller político evocando sucesos reales. Y lo hizo con enorme convicción, inspirándose acaso,
    especialmente por su ubicación temporal, en aquellos grandes films de Sidney Lumet, Alan Pakula o Arthur Penn, incluyendo algún toque de Costa-Gavras. El vibrante arranque de alguna manera compensa cierto favoritismo de la historia hacia las bondades de la agencia criminal CIA, que si bien en el film recibe un tono escéptico, forma parte de la esencia del relato. Tony Mendez (Affleck), pertenece a esa administración y es un especialista en rescates de
    agentes en países en conflicto, y deberá ocuparse de regresar a seis empleados de la embajada de los Estados Unidos refugiados en la de Canadá, en los momentos más álgidos del régimen de Ayatolah Khomeini, decidido a liquidar todo estadounidense que tenga cerca, culpable o inocente. Su idea es simular ser parte de un equipo de filmación de una película estilo Star Wars, titulada como el film, para llevar a cabo una nada sencilla operación de rescate.

    Las alternativas se desarrollan de una manera lúcida, apasionante y sin respiro en una Argo que, de paso, homenajea al cine. Y un elenco impecable redondea los valores de un film relevante en todos sus rubros.
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  • Luces rojas
    Luces rojas
    Revista Veintitrés
    El subgénero del thriller sobrenatural es uno de los más atrayentes del cine contemporáneo, con un claro refundador como M. Night Shyamalan con su obra emblemática Sexto sentido. Si bien Luces rojas no llega a un logro semejante, además de abordar una temática apasionante, cuenta con uno de los mejores y más sorprendentes desenlaces de la pantalla grande en los últimos tiempos.

    El cineasta gallego Rodrigo Cortés ha logrado con sólo dos films ser coptado por Hollywood, en un vínculo que se avizora perdurable. Tras la avasallante y lúcida tragicomedia Concursante, protagonizada por Leonardo Sbaraglia en épocas de gran actividad actoral en España, sacudió al ambiente cinematográfico con la claustrofóbica y fenomenal Enterrado. En este caso arriba a su film más ambicioso, no sólo en cuanto a producción y elenco sino
    también por internarse en tópicos que llegan a ser más escabrosos –y hasta reveladores- de lo que aparentan.

    Un dúo de académicos e investigadores de fenómenos psíquicos, empecinados en desenmascarar adivinos, predicadores, médiums y especimenes por el estilo, se topan con el retorno, luego de treinta años, de un legendario metafísico ciego, lo cual se transforma en su mayor reto profesional. Alternativas entre dramáticas y paranormales irán acrecentando la tensión y la intriga – brillantemente urdida- de la trama. No caben dudas que Cortés tiene talento y buenas ideas fílmicas y aquí lo vuelve a demostrar, más allá que Luces rojas (o rotas, porque estallan unas cuantas) deje algunos cabos sueltos. Incluso habrá que verla más de una vez, especialmente en sus tomas finales que presentan ciertos simbolismos al pasar. Dentro del sólido reparto hay que destacar a un De Niro con destellos de sus mejores trabajos, a Cillian Murphy, que lleva con convicción casi todo el peso expresivo del film, y la
    intensa y desbordante participación de Sbaraglia.
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  • Looper: asesinos del futuro
    Looper: asesinos del futuro
    Revista Veintitrés
    Alternando entre una obra de ciencia-ficción con renovadas ideas dentro de las últimas tendencias, con un film por momentos rebuscado y excedido, Looper, asesinos del futuro es una pieza ambiciosa, por momentos atrayente, pero también despareja. Con una dupla protagónica carismática, compuesta por el veterano pero siempre vigente Bruce Willis, bastante identificado con el cine futurista (12 monos, El quinto elemento, Identidad sustituta), junto a
    uno de los mejores actores de la nueva generación, Joseph Gordon-Levitt, a los que se suma la ascendente y bella Emily Blunt; la película garantiza convicción y seducción actoral. Lo que no significa que el trío ponga al producto totalmente a salvo.

    Para empezar, resulta bastante difícil entrar en la convención que ambos son la misma versión de un asesino intertemporal (llamados loopers, como reza el título), ya que, salvo por el color de ojos, se parecen muy poco. Más allá del atractivo del dúo, aspecto ya consignado, se trata de una vaguedad del casting. Esto condiciona el film a partir de la media hora en adelante, ya que su arranque es de lo mejor que ha presentado el género en los útimos tiempos, en donde se recicla la idea de los viajes en el tiempo poniendo en primer plano a sicarios futuristas que trabajan para organizaciones
    criminales de un futuro bien lejano. Con una clara inspiración en Terminator, habrá idas y venidas en el tiempo, entre otras vuelta de tuerca que irán ajustando y enriqueciendo la idea. Luego la trama se ira deshilvanando hasta un segmento final en el que la persecución de un niño con poderes sobrenaturales complejizará y disgregará todo, innecesariamente. En definitiva Looper, asesinos del futuro termina siendo más un desatado film de acción que otra cosa, con lo cual, en definitiva, puede atraer a variados tipos de público.
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  • La araña vampiro
    La araña vampiro
    Revista Veintitrés
    Partiendo de una interesante idea que confronta a un joven personaje urbano, algo perturbado, con un extenso e inquietante ámbito natural, La araña vampiro lleva adelante una trama con toques de aventura, suspenso y hasta terror. En su segunda película, Gabriel Medina, director de Los paranoicos, cambia totalmente su temática, contexto, búsqueda expresiva y estética, y en lo único que se acerca a la impronta de su primer film es en su
    caracterización de personajes. El cineasta se vuelve a apoyar no sólo en su inventiva y sólidas herramientas técnicas, sino en la peculiaridad de los roles, y aquí tanto el protagonista como los sujetos que lo rodean tienen extraviadas características. Llevado por su padre a una alejada cabaña en un paraje montañoso para pasar unos días, este principiante en excursiones agrestes es atacado por una araña, que, según afirman los lugareños, tiene una
    picadura incurable. Esto será el punto de partida de una travesía –o una carrera contra la muerte- junto a un descarriado guía, en pos de un presunto antídoto natural. La mezcla de géneros mencionada no resulta obvia ni evidente, y va envolviendo lentamente al espectador hasta hacerlo partícipe del drama.

    Con un desenlace más misterioso que feliz, La araña vampiro cuenta con una convincente labor de Martín Piroyansky junto a un intenso y extremo Jorge Sesán.
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  • Schafhaus, casa de ovejas
    Schafhaus, casa de ovejas
    Revista Veintitrés
    Una interesante primera obra de ficción presenta el director y productor Alberto Masliah, tras su debut en el documental con Negro Che: Los primeros desaparecidos, acerca de la problemática de la erradicación de la población negra en nuestro país. En este caso el cineasta aborda una historia relacionada con otros asuntos dolorosos, como la identidad y la represión ilegal tras los años de plomo. Con sensibilidad y capacidad narrativa, Masliah afronta el derrotero de Ernesto, residente en Alemania tras la desaparición forzada de sus padres, que intentará aquí reconstruir su pasado pese a una obstinada negación de sus reales sentimientos. Casi sin proponérselo, y con la excusa de hacerse cargo de una empresa de lana, emprenderá en el sur la búsqueda de una casa de campo llamada “Schafhaus”. Paralelamente establecerá fuertes lazos afectivos con lugareños que irán modificando sus planes de
    regreso, alternativas que permitirán descubrir en pocos trazos características de varios personajes que eligieron su lugar en el mundo. Sergio Surraco lleva adelante su primer protagónico en el cine con convicción y sutileza, dejando entrever emociones detrás de ese germánico fastidioso y distante, bien rodeado por un elenco eficaz en el que se destaca Maria Lía Bagnoli. Una espléndida fotografía enmarca un film pequeño y de estilo clásico, pero logrado.
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  • El amigo alemán
    El amigo alemán
    Revista Veintitrés
    En una semana nutrida de estrenos nacionales como pocas veces, dos de los seis films que se suman a la cartelera, tienen en su trama y hasta en su título, contenidos germánicos. Además de Schafhaus, parte del metraje de El amigo alemán transcurre y está relacionado con aquel país. De la mano de la directora argentinofrancesa Jeanine Meerapfel llega ahora una epopeya fílmica de fuerte contenido emocional y político, pieza con la cual, además, la
    realizadora enhebra una suerte de tríptico vinculado a la idea de la amistad. Sus tres películas en Argentina (las otras serían La amiga y Amigomio) tienen nombres que giran alrededor de este término, aunque seguramente el tópico que más las aúna sean las profundas heridas abiertas por la dictadura cívico-militar. Su trama es lo suficientemente abarcativa y ambiciosa como para caer en elipsis continuas y aspectos poco desarrollados, pero a la vez colabora en el interés constante que lleva la historia, sin por otra parte menguar sus componentes emotivos.

    Hablada en español y alemán -muchas veces los diálogos se inician en un idioma y las réplicas terminan en otro-, y a través de casi medio siglo, entran en el juego dramático la dictadura, la guerrilla, las luchas estudiantiles, las Madres de Plaza de Mayo y entramados familiares ocultos. Meerapfel corre riesgos con todas esas subtramas, pero la da un lugar preferencial a esa potente historia de amor, que prevalece a través del tiempo, entre una judía y un –muy a su pesar- descendiente de nazis. La ambientación es de gran nivel pese a los continuos cambios de locaciones y en las actuaciones confluye lo mejor del espíritu del film. La enorme belleza de Celeste Cid está en absoluta sintonía con su múltiple capacidad de transmitir sentimientos y el joven actor alemán Max Riemelt la acompaña con carisma, pero es su compatriota Benjamin Sadler el que más se destaca, junto con notables participaciones de
    Noemí Frenkel, Jean Pierre Noher, Carlos Kaspar y Daniel Fanego.
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  • Días de vinilo
    Días de vinilo
    Revista Veintitrés
    Aunque parezca dirigida sólo a un par de generaciones muy específicas, Días de Vinilo depara tanto desenfreno nostálgico y emotivo, que el disfrute sin pausas que recorre todo su metraje puede resultar afín para cualquier tipo de público. El cineasta debutante Gabriel Nesci, que demostró con creces su creatividad y talento en la TV con Todos contra Juan, recorre con su film las vicisitudes personales y fraternales de cuatro auténticos loosers llenos de coincidencias y a la vez dueños de un universo tan propio como patético. En sus alternativas predominan los encuentros y desencuentros amorosos y la pasión por la música y los discos de vinilo, en una trama que se va subdividiendo en mini historias que nunca resienten la unidad narrativa del film. Más allá que haya que convenir que la película remita a otras, lejanas y cercanas, y que algunas escenas estén armadas en pos de buscados efectos, Días
    de Vinilo es tan entrañable, regocijante y plena de innumerables hallazgos expresivos, que merece un apoyo fervoroso. Además de sus múltiples homenajes musicales, entre otros minuciosos detalles generacionales, la película se realimenta permanentemente con un cuarteto protagónico brillante, en el que
    Fernán Mirás alcanza momentos desopilantes e Ignacio Toselli, Gastón Pauls y Rafael Spregelburd logran personajes memorables. Se destacan además la encantadora Inés Efrón y Leonardo Sbaraglia, fenomenal en una autoparodia que es una clara referencia a la impronta de Todos contra Juan. Una banda de
    sonido sin desperdicio termina de optimizar una imperdible comedia nacional de aliento universal.
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  • Cacería implacable
    Cacería implacable
    Revista Veintitrés
    Fuera de la trilogía de Millenium, no abundan los thrillers de origen nórdico, y Cacería implacable (título que desaprovecha el original Headhunters –cazatalentos-, con una “traducción” que se repite demasiado en el cine), nos da a conocer un film de género de esa procedencia. Más precisamente noruego, una cinematografía de la cual nunca se tienen noticias en las carteleras argentinas, pero que demuestra una calidad de producción y realización semejante a producciones estadounidenses o británicas de alta gama. Pese a esto su eficacia general no es tan contundente, tras un gran arranque y varios pasajes posteriores con fuertes dosis de acción y adrenalina.

    El protagonista, tras su fachada de empresario exitoso, oculta una doble vida ligada al robo de obras de arte, y tras dar el golpe de su vida, una escena magnífica, se deberá enfrentar a nuevas dificultades y feroces enemigos que pondrán en juego su existencia a cada paso. El director Morten Tyldum ofrece un intenso film, tan repleto de traiciones, venganzas y ambiciones desmedidas, que se vuelve recargado y también confuso. De todas maneras la acción, la intriga y las sorpresas nunca se detienen, y los desbordes –dotados a veces de cierto humor negro- se compensan con un espléndido y
    convincente elenco.
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  • La casa del miedo
    La casa del miedo
    Revista Veintitrés
    En 1948 Alfred Hitchcock dejó sentada una notable innovación para la historia del cine con Festín diabólico, filmada en un aparente plano secuencia integral. Pero eso era imposible en aquella época por problemas de carga de celuloide, así que el gran Alfred la tuvo que hacer con varios cortes disimulados e inevitables. Luego llegó El Arca Rusa, impactante pero farragoso film de Alexander Sokurov, y hace un par de años el cine uruguayo sorprendió empleando esta técnica con La casa muda, notable experimento dentro del género de terror. Hollywood tomó nota de esa pieza y ahora ofrece esta remake que, al menos, no es una copia en carbónico del original, como ha ocurrido en otros casos. La interesante dupla de cineastas Chris Kentis y Laura Lau, responsables de la angustiante Mar abierto, rodada íntegramente en un marco acuático, vuelven a hacerse cargo de un asunto que demandaba un desafío técnico con La casa del miedo y en general salen airosos. Fundamentalmente le dan una vuelta de tuerca a la trama, agregando algunas atrayentes
    connotaciones perversas que en el film original de Gustavo Hernández sólo estaban sugeridos y algunos efectos medidos y oportunos. Por otra parte la actuación de Elizabeth Olsen es intensa e inquietante en grado sumo. Acá se nota más que el plano continuo es ficticio, pero bueno, no se puede con todo. El miedo de la casa está garantizado.
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  • Infancia clandestina
    Infancia clandestina
    Revista Veintitrés
    “Soy Juan”, dirá el protagonista infantil en el epílogo de Infancia Clandestina, un estreno nacional verdaderamente extraordinario. Identificación manifiesta y decisiva que le otorga a la película un cierre cargado de significado, concepto que se traslada sin inconvenientes al resto de esta obra dirigida por Benjamín Ávila y producida por Luis Puenzo, una de las mejores que han retratado el nefasto período de la dictadura (el verdadero, no el que lleva una K añadida). Junto a títulos emblemáticos como La noche de los lápices, La historia oficial (del propio Puenzo) y Garage Olimpo; Infancia Clandestina se gana un lugar preferencial con absoluta legitimidad, y estimula la posibilidad que nuevos films se sumen a una vertiente que precisa de piezas valiosas y representativas.

    Conmovedora, conmocionante, con aspectos poco planteados dentro de esta temática (sólo esbozados en Andrés no quiere dormir la siesta de Daniel Bustamante), dotada de una gran calidad artística y técnica y corporizada por un plantel de actores sobresaliente -incluyendo niños enormemente verosímiles-, la película no tiene puntos flojos y atrapa y compromete al espectador desde la primera hasta la última imagen.

    Ya desde su título se avizora el conflictuado derrotero de un niño en ese tramo despiadado de nuestra historia reciente, como hijo de una pareja de la resistencia armada contra el régimen. Lo que ocurre con su psiquis, su visión del mundo, su interacción con otros niños, sus expectativas de vida y sus sueños amorosos, estará dramáticamente supeditado a las actividades, movimientos y contratiempos de las operaciones del grupo revolucionario.

    La utilización de lúcidos y creativos fragmentos de animación y la impecable ambientación, donde hasta el más mínimo detalle está cuidado, son otros aspectos relevantes del relato. El talento y la convicción de intérpretes como Ernesto Alterio, Natalia Oreiro, César Troncoso y el niño Teo Gutiérrez Moreno, hacen el resto y resultan sustanciales.
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  • Maradona - Médico de la selva
    Con un estilo de documental clásico, de estructura lineal y con narraciones en off, Maradona – Medico de la selva, aborda la existencia de un hombre absolutamente alejado de lo convencional. Dentro de su profesión Esteban Maradona fue un revolucionario, el propiciador de ideas y técnicas que aún hoy son pioneras y audaces en su tipo, y en lo que hace a su paso cotidiano por este mundo, llevó una vida de características sorprendentes, casi marginales, que en muy poco se asemejan a la de cualquier otro hombre y menos aún a la de un profesional en su tipo. Y la película inicial de Martin Serra tampoco es una pieza tan convencional, por su collage de recursos audiovisuales y porque la principal voz de referencia es del propio Dr. Maradona. Un personaje hermético, misterioso, rebelde y a la vez múltiple (escritor, dibujante, naturalista, aventurero, soldado en una guerra), genial y casi legendario. Muy poco transitado y reconocido en la historia oficial de la medicina argentina, pasó del seno de una familia acomodada a ser un médico rural que renunció a todo y hasta fue perseguido por sus ideales. Recién en la última etapa de su vida recibe cierta repercusión en los medios por su inusual trayectoria. El film se plantea si se trató de tan sólo un outsider, un curandero ermitaño, o mucho más que eso. Interesante trabajo que retrata a un hombre fascinante.
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  • Salvajes
    Salvajes
    Revista Veintitrés
    Retomando lo mejor de su imaginería visual y expresiva, el cineasta Oliver Stone propone con Salvajes un acercamiento al brutal mundo del comercio ilegal de sustancias en los límites de la frontera mexicana-estadounidense. Luego de la claustrofóbica y melodramática Las torres gemelas, la interesante secuela de Wall Street y los potentes discursos políticos de Al sur de la frontera, Stone le da un giro drástico a su filmografía a través de un film de tono descarnado y feroz, donde la estética –con mucho de comic y video clip- se impone claramente al contenido. El director de La
    radio ataca, de todos modos, narrando con pericia, busca en todo momento diferenciarse a otros productos rutinarios sobre el mundo de la droga y los enfrentamientos entre narcos.

    Con pasajes de tintes tarantinescos y soderberghianos (pese a que está claro que Stone hace cine desde antes que ellos), el film tiene un atractivo arranque a través de dos traficantes de marihuana de alto rango que llevan adelante su negocio mientras son parte de un triángulo amoroso casi estable. Engañosa armonía que se quebrará con violencia, venganza y desenfreno ante el secuestro del objeto de deseo de ambos. Con climas densos y al borde de lo tolerable, la trama arriba a un desconcertante doble final que prolonga el absurdo y la ensoñación de un film ya de por sí –y acaso deliberadamente-, desequilibrado y antojadizo; y con actuaciones asimismo desparejas. Dentro del joven terceto protagonista, Taylor Kitsch se destaca frente al desabrido Aaron Johnson y la bellísima Blake Lively, mientras que en el lote de figuras la formidable caracterización de Benicio del Toro y el buen trabajo de John Travolta opacan a una poco convincente Salma Hayek. Salvajes es un film que está lejos de ser redondo pero que de la mano de un Oliver Stone cercano al espíritu de su extraordinaria Asesinos por naturaleza, puede llegar a ser icónico.
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  • El etnógrafo
    El etnógrafo
    Revista Veintitrés
    Más docudrama que documental clásico, El Etnógrafo es uno de los trabajos del género más notables y conmovedores de los últimos tiempos. Siguiendo el itinerario de un hombre excepcional, John Palmer, un británico que llegó a nuestro país hace más de 30 años con un doctorado de Oxford, con el objetivo estudiar la cultura wichí, el film de Ulises Rosell va mucho más allá de un simple acompañamiento, se niega a que el espectador sea un mero testigo
    de sus vivencias y vicisitudes, sino más bien un comprometido integrante de la aventura. Un derrotero para nada sencillo, en el que este antropólogo, asentado en Tartagal junto al grupo étnico Lapacho Moche, integrada por miembros wichís, e incluso formando familia con una mujer aborigen, brega, a veces infructuosamente, por hacer prosperar la vida de la comunidad. Entre sus objetivos también aparece la lucha por obtener la libertad de un miembro de la comunidad y el reclamo de tierras, entre otras búsquedas, mientras sus niños dan vueltas a su alrededor hablando una jerga que combina el castellano, el inglés y el wichí. El director de films de ficción como El Descanso y Sofacama aborda el género como el experto documentalista que también es, brillantemente apoyado por los climas sonoros de James Blackshaw y la fotografía de Guido De Paula. Una pieza reveladora, emotiva, austera y grandiosa al mismo
    tiempo.
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  • Sal
    Sal
    Revista Veintitrés
    Así como Aballay fue un auténtico western argentino, atravesado por la cultura gauchesca; Sal, con otra propuesta formal y narrativa, se podría decir que es un singular western chileno, dotado de sus modismos típicos, con aportes de nuestro país. Para empezar esta ópera prima es de Diego Rougier, un argentino radicado en Chile, y uno de sus personajes clave, Patricio Contreras, es un chileno que ha echado raíces en nuestras tierras sin olvidar sus orígenes. Esta amalgama, a la que hay que añadir a un actor principal español como Felé Martínez, da por resultado un fenomenal film de género, en el que también tiene lugar la parodia y algún gag bizarro. Los artilugios clásicos de la trama –la venganza, la lealtad, el honor, la traición-, dan pie a inserts evocativos propios del cine del lejano oeste o del mismo spaghetti. Por otro lado Sal arranca con el atractivo tópico del cine detrás del cine, ya que el protagonista es un mediocre director de cine español que, aún con un guión defenestrado, está empecinado en hacer un western en los paisajes
    desérticos trasandinos. Al arribar allí será confundido con un pistolero fugitivo al que le adjudican atributos que no tiene (¿pero que acaso tendrá?). El tratamiento de la imagen y la estética del western son impecables, y se ven realzados por la transformación dramática que sufre el personaje de Martínez y el estupendo trabajo de Contreras como un villano de fuste.
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  • El circuito de Román
    El circuito de Román
    Revista Veintitrés
    Con interesantes diálogos y apuntes conceptuales, El circuito de Román es una sólida producción de origen chileno dirigida por el debutante Sebastián Brahm, que logra que un entramado que podía llegar a ser farragoso y poco atractivo adquiera un interés sostenido. El slogan del film lo define como una “película de ciencia y ficción”, ya que su temática aborda conflictos y vicisitudes que viven hombres de ciencia y parece ser una historia real pero en
    realidad plantea una pura ficción.

    Desarrollada en ámbitos académicos chilenos, el científico y docente Roberto Román regresa a Chile para enseñar en la universidad de la que se fue diez años antes como alumno calificado, gracias a sus teorías sobre la migración de la memoria. El reencuentro con un antiguo mentor, con un compañero y con una ex novia a la que aún ama pondrán a prueba, junto a los peculiares y absorbentes tests a los que se ve sometido, a sus circuitos mentales y emocionales. El film ofrece diversas parábolas pero en pocos momentos deja de ser cerebral y solemne. Aunque en el segmento final se produzca un sugerente y audaz quiebre, en el que las vivencias del protagonista se fusionan y converjan en escenas que remitan a la estética de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Dentro de las ascéticas y convincentes interpretaciones, se destaca Cristián Carvajal.
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  • Todos tenemos un plan
    Todos tenemos un plan
    Revista Veintitrés
    Sin dudas que Todos tenemos un plan conlleva el atractivo primordial de poder apreciar la participación de Viggo Mortensen en una película de producción argentina, con el aditamento extra de que cumpla, a falta de uno, con la caracterización de dos roles. Después viene todo lo demás, que se trate de un thriller nacional, género siempre bienvenido en nuestro medio, que cuente con una trama atrayente e ingeniosa urdida por una cineasta debutante con
    sólidas aptitudes técnicas y expresivas (Ana Piterbarg), que la película presente un elenco ecléctico pero llamativo y que esté ambientado básicamente en la fascinante y misteriosa zona del Delta en el Tigre. Elementos que de ningún modo podían ser secundarios y que resultan sustanciales.

    Porque el film se nutre de excelentes climas, muy buenos diálogos, metáforas interesantes (que se emparentan con la apicultura, las implicancias del título y Horacio Quiroga), una fotografía sugerente que aprovecha visual y sensorialmente el ámbito y la gran apoyatura musical de la dupla Jusid (Atraco!) - Godoy, además de contar con escenas extraordinarias como el encuentro entre los mellizos, de notable factura técnica e interpretativa, o la visita de Claudia (Soledad Villamil) a la cárcel del Delta. Precisamente la propuesta se enriquece en el casting, como ese espléndido canalla interpretado por Daniel Fanego, de brillante presente actoral, la sorprendente y sensible Sofía Gala Castiglione y el ya mencionado Mortensen, que a su carisma le suma inteligencia y economía de recursos –sólo con una mirada suple a veces líneas enteras de texto- para corporizar a dos oscuros y complejos mellizos. Un film en el que aún los más pequeños roles están cubiertos con solvencia, lo que no evita baches en su trama y un exceso de
    atmósferas que tratan de disimular debilidades narrativas. Falencias que se ven compensadas por virtudes a las que vale la pena apostar.
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  • Posesión satánica
    Posesión satánica
    Revista Veintitrés
    Con sólo algunos detalles que la diferencian de otros films de terror del subgénero “cuerpos poseídos y exorcismos”, Posesión satánica consigue, de todos modos, distinguirse un poco del montón. Y, a pesar de ciertos caminos trillados dentro de la anécdota diabólica, propone espanto con genuinas armas expresivas y logra unos cuantos sobresaltos, de esos que este tipo de cine, a esta altura del partido, le cuesta mucho conseguir. La relativamente conocida Caja Dibbuk es prácticamente la protagonista de la trama, un elemento que según leyendas urbanas contiene un espíritu errante que posee y puede llegar a destruir a su huésped humano. En esos trazos se basó el reconocido director y productor Sam Raimi junto al realizador danés Ole Bornedal, para diseñar esta pieza que no dejará de recordar otras, desde El exorcista en adelante, pero que de todos modos tiene lo suyo. Uno de sus aciertos es que logra emociones fuertes con un empleo muy discreto de efectos digitales y otro sería que en este caso no tendremos un sacerdote para extraer ánimas malignas, sino a un rabino, puesto que la Caja Dibbuk está relacionado con la cultura judía. Sea como fuere, la trama avanza de manera convincente y sin pausas, llegando a un tramo final inquietante. La niña Natasha Calis llega a conmocionar con su intenso desempeño, acompañada de correctos intérpretes
    adultos, dentro de esta aceptable propuesta para seguidores del género.
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  • La máquina que hace estrellas
    Con un presupuesto mucho menor pero apelando a técnicas expresivas y de animación digital en 3D de films de Pixar o Dreamworks, La máquina que hace estrellas se propone resultados artísticos similares, sin lograr su ambicioso cometido. Si bien puede alcanzar a conformar a niños que se sientan atraídos por el afán de su personaje principal, Pilo, y su trama, que aúna la ciencia-ficción a simbologías y leyendas ancestrales, combinando diseños
    mecánicos retro con una aventura espacial, estos aciertos en principio atrayentes no se ven sustentados por un guión bien trabajado. Los personajes, por ejemplo, como el Robot 19 y esa suerte de fantasmita llamado Pandabás, pese a intentarlo, no logran divertir; y ese es un problema esencial del film, su escaso aporte humorístico. Por otra parte, el malvado Asura, con su cara de niño y esas antenas y cables que parten de su cerebro se asemeja más a
    un personaje de cine de terror para adultos que otra cosa.

    Promediando la narración, la trama se estanca un poco y deja de interesar, pese a la escasa duración del film. El historietista e ilustrador Esteban Echeverría, de todos modos, logra un buen empleo de la tecnología 3D, dentro de los parámetros de esta tecnología en nuestro medio. Aún con reparos, La máquina que hace estrellas logra empatía con el público infantil, lo cual es su punto más destacable.
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  • La despedida
    La despedida
    Revista Veintitrés
    Abordando el poco conocido mundo del fútbol amateur, La Despedida sorprende ofreciendo un buen momento fílmico, y aunando ingredientes del cine independiente con una temática muy arraigada a la cultural popular. El director Juan Manuel D'Emilio, proveniente del cine publicitario, arriba a una ópera prima en la que logra plasmar su capacidad narrativa y visual, con una trama que con la excusa futbolística se concentra en las vicisitudes de la
    amistad varonil, con alguna bienvenida sorpresa en algún personaje. Sin ir mucho más allá de eso, en su falta de pretensiones se encuentra uno de los aciertos de su película.

    Un empleado público catalogado como goleador amateur histórico de un club porteño de una divisional muy alejada de la primera A, atraviesa por la encrucijada de tener que abandonar esa práctica ante una dolencia cardíaca. Con una lejana inspiración en Pelota de trapo de Leopoldo Torres Ríos con Armando Bo, en este caso también el futbolista ocultará sus riesgos personales en pos de ser fiel a sus colores y su pasión. Las alternativas en las que se involucran sus dos amigos cercanos y su mujer alcanzan toques de humor –con un par de escenas desopilantes- y de emotividad, aunque está claro que el espectador masculino puede ser más receptivo, con algunos guiños bien ubicados. Con un convincente y sensible protagónico de Carlos Issa, muy bien acompañado por Natalia Lobo, el ex futbolista Fernando Pandolfi y Héctor Díaz, La despedida redondea una propuesta nacional sencilla pero sólida, pese a su bajo presupuesto.
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  • Cuando los chanchos vuelen
    Cuando los chanchos vuelen
    Revista Veintitrés
    La ocupación de tierras Palestinas por parte de Israel y las represalias suicidas por parte de grupos radicalizados son dos temas harto conflictivos y desoladores de estos tiempos. Problemáticas que, focalizadas en la convivencia impuesta entre pueblos antagónicos, es abordada por el parisino Sylvain Estibal, que se inclina en su primer film por un paso de comedia con toques burlescos. El guión del propio Estibal combina realidades y fantasías a través de ese pescador palestino sin mucha fortuna en lo suyo, que de pronto, entre basura y objetos desechados, encuentra atrapado en su red nada menos que a un chancho, un hallazgo tan sorprendente como incómodo, ya que el cerdo es un animal impuro y casi prohibido para ambas culturas enfrentadas.

    Una idea interesante que luego va derivando en situaciones a veces propicias para el humor y otras forzadamente graciosas, como por ejemplo que se use al animal como una bomba viviente y que fuercen al atribulado pescador a suicidarse por no haber llevado a cabo su atentado. El desenlace ofrece cierto lirismo acerca de una presunta convivencia entre ambos pueblos, apelando asimismo a un momento final con una particular danza que llega a conmover. El
    protagonista Sasson Gabai despliega un intenso trabajo, que incluye patetismo y aceptables recursos humorísticos.
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  • Dos más dos
    Dos más dos
    Revista Veintitrés
    En los últimos tiempos las comedias románticas de Pol-ka protagonizadas por Adrián Suar –una unidad indisoluble, claro está- se han convertido en una suerte de subgénero, asimismo exitoso, dentro del cine nacional. Con un lejano arranque con toques grotescos con Cohen vs. Rossi, se sucedieron más tarde películas que plantearon diversos tópicos con cierta originalidad dentro de esta frecuencia, como Apariencias, Un novio para mi mujer (de Juan
    Taratuto, sin dudas la que más se destaca de esta serie) e Igualita a mí.

    Dos más Dos se introduce en el intercambio de pareja, una modalidad sexual ejercida en ciertos círculos sociales, que tuvo en el cine un lejano puntapié inicial con Bob, Carol, Ted and Alice de Paul Mazursky. La trama se aboca a un par de parejas muy cercanas en la que una de ellas lleva a cabo esta práctica y propone compartirla, lo que trae aparejado descubrimientos, fantasías dormidas, sentimientos de euforia y también conflictos de toda índole. La primera parte alcanza momentos realmente desopilantes, con diálogos y situaciones bien plasmadas, en los que aflora también una remarcable audacia. El segmento final cambia su tono notoriamente pero guarda algunas sorpresas, como por ejemplo que un personaje que aparenta ser liberal y desprejuiciado se vuelva un inquisidor. El desenlace podría haber rumbeado por insólitos caminos, pero se inclinó por una resolución más conservadora o tranquilizadora. A pesar de este quiebre, ambas partes del film de Diego Kaplan escrito por Juan Vera y Daniel Cuparo están bien llevadas, con aceitados recursos técnicos y expresivos. Pero en las interpretaciones del cuarteto protagónico se encuentra lo mejor, destacándose un Suar cada vez más asentado
    en el humor y aportando otros matices, a los que se suma un Alfredo Casero imperdible.
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  • El vengador del futuro
    El vengador del futuro
    Revista Veintitrés
    Remake del memorable film de anticipación con el mismo nombre, El Vengador del Futuro relata una historia semejante a la de aquella película que protagonizara Arnold Schwarzenegger. En su momento la caprichosa “traducción” del original Total recall era en realidad una triquiñuela para aprovechar el éxito de Terminator con el mismo actor, pretendiendo confundir al público acerca de otro –inexistente- “vengador del futuro”. Para esta nueva versión se podría haber modificado el título, pero, sea como fuere, se trata de una costosa producción que apenas alcanza a justificar su manufactura, a pesar
    de entretener con aceptables recursos visuales.

    Muy poco innova como para diferenciarse de la original, y en los escasos momentos que lo hace, no acierta. En especial en la ambientación, que deja de ser Marte para focalizarse en una Tierra devastada, subdividida en regiones antagónicas y amenazada por un acelerado plan de reemplazo de humanos por autómatas. Ya no hay aquí luchas por el control del oxígeno ni espeluznantes -y a la vez deliciosas e imaginativas- criaturas mutantes que poblaban ese
    peculiar planeta rojo. Y si bien presenta una dinámica y agitada última parte, no empalidece las fuertes escenas de acción y violencia del film original, una impronta distintiva y audaz del realizador holandés Paul Verhoeven, un especialista en el género (Robocop, Invasión). En este caso el film de Len Wiseman (responsable como director y productor de la poco atrayente saga de Inframundo) hace hincapié en algunas cuestiones políticas y
    sociales sin demasiada convicción. Con un correcto Colin Farrell, la nueva El Vengador del Futuro no está mal hecha y puede interesar tanto a aquellos que vieron el film con Schwarzenegger como a los que no, un argumento que a duras penas hace entendible la remake.
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  • Amigos intocables
    Amigos intocables
    Revista Veintitrés
    Precedida por un suceso histórico en Francia que se trasladó a Europa y otras latitudes, Amigos intocables es una de esas piezas de cine que equilibran sabiamente el humor y la desdicha, encontrando el tono justo para describir los eternos e inevitables altibajos y claroscuros de la vida. En el afiche se la relaciona con Conduciendo a Miss Daisy y El discurso del rey, y aún se pueden encontrar más comedias dramáticas en esta frecuencia, pero en
    verdad este film de los directores Olivier Nakache y Eric Toledano no precisa de publicidades comparativas porque posee su propia y fenomenal potencia expresiva y emocional. Más allá de reparos sobre semejanzas o afinidades, lo más importante es entregarse a disfrutar distendidamente de una pequeña gran obra cinematográfica. Arribando a su cuarta película en conjunto, la primera que llega a estrenarse en nuestro país, esta dupla buscó inspiración en el vínculo real establecido por un opulento aristócrata cuadripléjico y un joven inmigrante necesitado de papeles, contratado para cuidarlo. El mismo parapente que confinó a ese estado al poderoso millonario, depara una de los momentos más disfrutables de la película, junto a otras escenas estimulantes y memorables. El film se realimenta permanentemente en las formidables tareas interpretativas de François Cluzet y Omar Sy, que además hacen gala de una química peculiar para llevar adelante un auténtico y verosímil enlace artístico, dentro de un elenco impecable. Entrañable, agridulce, conmovedora, pero sobre todo divertida, Amigos Intocables aborda asuntos serios y graves con un espíritu fresco y jubiloso. Una amistad intocable como adelanta su título –que encierra una metáfora relacionada con el padecimiento del hombre postrado-, más allá de toda limitación humana.
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  • Atraco!
    Atraco!
    Revista Veintitrés
    Dotada de apropiadas medidas de drama y comedia, una gran recreación de época y fundamentalmente un atrapante trasfondo político, Atraco depara un estupendo momento fílmico. La película del sólido cineasta catalán Eduard Cortés logra además, como pocas veces, que se justifique y potencie la colaboración entre las cinematografías hispana y argentina, en esta coproducción que aborda un episodio real ocurrido a mediados de los años 50. En él
    se ven involucradas mujeres ligadas a la elite política como Doña Carmen, esposa del generalísimo Franco y nada menos que Eva Perón. Lo cual tampoco deja a fuera a sus carismáticos esposos y líderes (la figura de Perón llega a vislumbrarse en una ventana), cada uno con su impronta operativa.

    Filmada íntegramente en España, Atraco se ocupa en esencia de un hecho violento que se emparenta con el título, sólo una breve porción de una apasionante trama que se va desmadejando lenta pero seguramente. El destino de unas joyas pertenecientes a Evita son la clave y el desencadenante de una intriga cruzada por fuertes ambiciones políticas, en las que se combinan, en un sino trágico, la militancia (peronista) y el autoritarismo (franquista).

    El ajustado guión se integra bien al alto nivel de producción, enriquecido a su vez por un brillante elenco de ambas nacionalidades. El excelente desempeño del cada vez más maduro Guillermo Francella se ve acompañado por un sorprendente Nicolás Cabré, medido y emotivo tras un arranque a puro humor. Junto al notable Daniel Fanego; los aportes de Jordi Martínez, Oscar Jaenada y la bellísima Amaia Salamanca redondean un óptimo nivel actoral. Por último Federico Jusid vuelve a demostrar con sus partituras su valía como autor de bandas de sonido.
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  • Todo queda en familia
    Todo queda en familia
    Revista Veintitrés
    Las impensadas combinaciones y derivaciones de los vínculos entre hombres y mujeres dominados por una arrebatada pulsión erótica, son la temática esencial del film de origen croata Todo queda en familia. Personajes que conforman un par de matrimonios de dos hermanos varones, en los que se incluyen amantes diversos e hijos de dudoso origen. El arranque del film es muy gráfico, con el padre artista de Nikola y Braco internado en un hospital, que deja ver antes de morir bocetos plagados de situaciones sexuales inspirados por la enfermera de turno. Algunos toques risueños como este forman parte de la trama, que también transita por la nostalgia y el melodrama en un cóctel relativamente equilibrado, con un par de escenas logradas.

    Las relaciones paralelas de los personajes los empujan a una suerte de doble vida en la que ciertos modismos y reacciones no dejan de resultar algo extraños, quizás por ser costumbrismos propios de la región. De todos modos que ambos hermanos continúen con sus tareas y sus amores a la mañana siguiente de la muerte de su padre, llama la atención. Las actuaciones, convincentes y entrañables, son un aspecto muy destacado del film, al igual que un personaje extra: el fascinante paisaje urbano de la ciudad de Zagreb.
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  • El silencio del puente
    El silencio del puente
    Revista Veintitrés
    Haciendo un profundo relevamiento del ámbito que rodea al puente San Roque González de Santa Cruz, que une la capital de Formosa, Posadas, con la ciudad de Encarnación, de Paraguay, el cineasta Eduardo Schellemberg logra un film documental con poco difundidas aristas, en el que su afán investigativo se impone.

    Partiendo de un proyecto original del gobierno de facto de Videla, en el discurso inaugural del ex presidente Menem, éste aseguraba que esa gran obra significaba un lazo de unidad entre Argentina, Paraguay y Brasil. Pero al poco tiempo se transformó en un puesto de frontera que aúna el narcotráfico, la corrupción y el maltrato gubernamental y policial. En esa situación El Silencio del Puente se aboca a describir tres historias relacionadas con dicha zona de paso, la de la viuda de un gendarme que murió en un confuso episodio bajo el puente, la de un ex fiscal paraguayo que enfrentaba allí al contrabando y que fue destituido, y por último la de un abogado defensor de Posadas ligado al anticapitalismo y los Derechos Humanos. Schellemberg, director de otro largo documental, Segundos afuera, propone un cine testimonial y de denuncia. El contenido de su película no interesa en todo momento
    y puede que esté un poco extendida, pero vale la pena acercarse a su esforzado trabajo audiovisual, que le llevó varios años de manufactura.
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  • Nicaragua... el sueño de una generación
    En momentos en que se conmemora el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, ocurrida el 19 de julio de 1979, se da a conocer oportunamente este notable trabajo de los directores Roberto Persano y Santiago Nacif Cabrera. Un movimiento histórico, señero, ejemplar, inolvidable para toda la región, y que ahora encuentra eco audiovisual en este documento que aúna valioso material de archivo con entrañables exposiciones de testigos -y también partícipes activos- de aquellas horas. Relatos de militancia y adhesión incondicional a la gesta del sandinismo que testimonian su tremendo poder ideológico y social. Salpicados por emotivas revelaciones, corresponden en su mayor parte a argentinos, como los cineastas Jorge Denti y Nerio Barberis, que llegaron a ese país centroamericano llevados por fuertes convicciones, algunos exiliados por el golpe del 76. Dentro de las imágenes de aquella época se incluyen fragmentos de otros films, como el realizado en animación por la actual conductora del INCAA Liliana Mazure y el grupo Cine Sur, en pos de una mayor alfabetización y renacimiento económico.

    La película hace un relevamiento amplio de la resurrección y la tragedia de un pueblo, dedicando un párrafo a esa suerte de fin de sueño que fue la asunción en 1990 de Violeta Chamorro en el gobierno. Una pieza insoslayable para quienes la afirmación de la memoria es un concepto esencial.
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  • El dictador
    El dictador
    Revista Veintitrés
    Con un personaje ideal para su particular modalidad humorística, Sacha Baron Cohen presenta con El dictador una nueva e irreverente comedia. Su controvertido líder totalitario Haffaz Aladeen se amalgama perfectamente con su personalidad, a unos años de Borat, el film en el que caracterizaba a un desaforado y freak periodista proveniente de un ficticio país de Europa del Este. Y el resultado es positivo, Cohen se afirma como capo cómico con un
    producto que genera indudable diversión, alcanzando algunos momentos desopilantes y otros tan despojados de filtro que bordean el mal gusto y la escatología.

    El actor y el director Larry Charles (responsable también de Bruno, el segundo protagónico del comediante no estrenado aquí) se las ingenian para llevar al protagonista a los EE.UU., como ocurriera en Borat, lo que permite que Aladeen interactúe intempestiva y disparatadamente en territorio norteamericano, dejando traslucir posturas políticas, contrariando sin pausas valores occidentales y cristianos y dejando expuestos prejuicios de todo tipo contra los tipos humanos de Medio Oriente. Este recurso vuelto a aplicar redunda en una menor sorpresa con respecto a aquella comedia desbordante.

    En su cuarta película, Charles –también responsable de series memorables como Seinfield y Loco por ti-, más que destacarse como cineasta, actúa fundamentalmente como propiciador de la ironía corrosiva de Cohen y del espíritu satírico del trío de guionistas. El dictador ofrece alguna escena antológica, como la del helicóptero, y otras más dudosas como la de la tortura y la del parto,que aún así producen risotadas. Además de las buenas
    participaciones de actores ilustres como Ben Kingsley y John C. Reilly, algunos cameos insospechados de Megan Fox y Edward Norton proporcionan otros pasajes –incómodamente- disfrutables.
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  • Arrieros
    Arrieros
    Revista Veintitrés
    Este documental forma parte de una trilogía del cineasta Juan Baldana sobre tipologías humanas y comunidades que conviven en la naturaleza sobre los márgenes del sistema de producción globalizada. Y es la idea esencial de Arrieros, el resto es una pormenorizada y parsimoniosa semblanza de un grupo de personas que arrían animales en la montaña, pegados a la frontera con Chile. Y que ofrece un espíritu similar a Soy Huao, que se estrenó el año pasado y en la que se describe una tribu de indios de la Amazonía Ecuatoriana.

    Parece increíble que este mismo realizador, que cuenta con extensa trayectoria publicitaria y televisiva, sea el autor de un sólido film de ficción, urbano, trepidante y atrayente como Los Angeles. En las antípodas de este Arrieros, que retrata la cotidianidad de una familia que se encarga de la cría y transporte de ganado a caballo, vendiendo productos propios, dando entender en todo momento que la montaña es su lugar en el mundo. Un cine de pura
    observación, despojado completamente de relatos en off o datos sobreimpresos, en donde hasta la bella música compuesta por Sergio Vainikoff sólo asoma con los títulos de cierre. Un cine que denota un gran esfuerzo personal, y que, más allá de algunos pasajes e imágenes valiosas, sólo logrará identificación con espectadores muy interesados en estos contextos y paisajes.
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  • Valiente
    Valiente
    Revista Veintitrés
    Valiente es un nuevo film de animación digital que había generado expectativa por su gráfica, su trailer y publicidad en general, augurando un nuevo acierto de la productora Disney-Pixar, más allá de la forzada secuela de Cars -que ya partía de un poco convincente original-. Pero ese universo precolombino, medieval, vikingo, expuesto aquí, no atrae lo suficiente. Más aún teniendo en cuenta que ya estuvo presente de manera magnífica en Cómo
    Entrenar a tu Dragón de Dreamworks y también en algunos trazos de Enredados, cuya figura principal, además, ofrecía importantes dosis de rebeldía y arrojo.

    Los tres directores proponen una pieza realista y algo sombría, con escasa magia y fantasía, por más que en su trama esté incluido un raro hechizo. Pero el problema fundamental es que la historia no tiene mucho vuelo y casi ninguna subtrama, y de la gran epopeya femenina planteada desde el mismo título se trasluce muy poco. La mentada “valentía” de la princesa Mérida es más que nada un caprichoso enfrentamiento con la figura materna, que la lleva a
    cometer un desliz del que buscará redimirse con temple. Dentro del subgénero “princesas de Disney”, el film es una apuesta diferente, pero eso solo no es suficiente.

    Tampoco los personajes, una garantía en los productos de Pixar, se destacan. Es muy bello el look de Mérida, pero su personalidad no ofrece demasiado, y lo propio se puede decir de la mayor parte de los roles, apenas los tres pequeños pelirrojos revoltosos proporcionan un par de toques de humor. Precedida por La luna, un corto notable, dotado de enorme poesía, Valiente posee sin dudas una gran calidad visual y cuenta con cierta intriga acerca de cómo se solucionará su enredo. Pero a su falta de sustancia argumental se suman en varios momentos toques de violencia y sobresalto, lo cual la hace poco recomendable para niños de seis años para abajo. Tan sólo un traspié de Pixar que no empaña su gran filmografía.
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  • Tierra de los padres
    Tierra de los padres
    Revista Veintitrés
    Apoyada en una idea singular –revisitar la tragedia de la historia argentina a través de sus hombres y mujeres célebres, usando como marco el Cementerio de la Recoleta - Tierra de los Padres es una suerte de experimento cinematográfico bastante estimulante. Con elementos del documental pero perteneciente a un género difícil de clasificar, el film de Nicolás Prividera resulta atrayente en su contenido y también en su aspecto visual y estético. Con una
    ópera prima muy elogiada, M, el cineasta arranca con el himno nacional y una secuencia con un material de archivo realmente impresionante, acerca del los puntos más oscuros y funestos de la historia argentina antigua y contemporánea. Esto da pie, casi con naturalidad, a introducir al espectador en dicho osario, en el que asistiremos a una serie de relatos verbalizados por actores, intelectuales y artistas diversos, que leen en voz alta textos que van desde Sarmiento hasta Eva Perón, de Mariano Moreno a Rodolfo Walsh, entre muchos otros nombres relevantes.

    Las brillantes tomas de los senderos, los monumentos, los nichos y las bóvedas de la Recoleta, que se suman a algunos inserts acerca de la cotidianeidad del cementerio, disimulan un poco cierto sopor que provoca tanta reiteración de personas leyendo, sin muchos matices, delante de una cámara. El final aéreo con partitura de Verdi resignifica y redondea esta interesante pieza, que daba aún para más.
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  • Pompeya
    Pompeya
    Revista Veintitrés
    En su debut en soledad como realizadora, la actriz y cineasta Tamae Garateguy, como ya sucediera con la brillante UPA: Una Película Argentina, recurre a la trastienda del quehacer cinematográfico para hacerle frente a un feroz policial suburbano, marginal y argento. Una suerte de película de gángsters autóctona que reúne rufianes de distinta procedencia, incluyendo rusos, coreanos y criollos. El artificio con el que aborda el género es a través del muy conocido cine dentro del cine, aquí interpelando a un trío de emprendedores de cine independiente que se reparten entre un displicente director, un rebuscado guionista y un entusiasta asistente que busca complacer a ambos. La trama que va urdiendo el terceto se desarrolla paralelamente en imágenes, práctica que no es novedosa pero sobre la cual Garateguy aporta buenas ideas y sólidos recursos cinematográficos. Escenas crudas y truculentas de violencia con reminiscencias de John Woo y el cine oriental, mujeres pulposas y escenarios desapacibles acordes al estilo forman parte del combo. Pompeya logra darle un cierre creativo al asunto, superando desniveles tanto en la trama como en las actuaciones. Revelando a una cineasta que se interna en un género de acción al que sólo colegas como las estadounidenses Kathryn Bigelow o Mimi Leder se le animan. José Luciano González, Federico Lanfranchi, Lorena Damonte y Chang Sun Kim se destacan en el heterogéneo elenco.
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  • El sorprendente Hombre Araña
    Esta nueva versión fílmica del Hombre Araña parecía en principio innecesaria, tan sólo un intento de lucrar con la franquicia luego de que Sam Raimi, el director de la saga, fuera dejado de lado en pos de una remozada etapa del superhéroe en el cine. Raimi había logrado una gran trilogía, especialmente en los dos primeros films, arribando a un tercero menos logrado pese a su vuelta de tuerca sobre el personaje. Por otra parte Marc Webb, director de la notable 500 días con ella, venía de un género completamente distinto y no parecía el más apropiado para este abordaje. Sin embargo este cineasta experto en videoclips toma las riendas de la saga de manera inmejorable, logrando otorgarle al proyecto un nuevo y revitalizador punto de partida. Contando con Andrew Garfield, un protagonista mucho más carismático, estilizado y emocional que Tobey Maguire, y un guion muy bien elaborado por un terceto de expertos como Steve Kloves, James Vanderbilt y Alvin Sargent, El Sorprendente Hombre Araña toma fenomenal impulso desde el arranque y no abandona su buen pulso cinematográfico hasta un final que hasta llega a conmover, incluyendo un apéndice en medio de los créditos finales a propósito de una muy probable extensión de la nueva serie arácnida.

    En este caso, con un aire de precuela no tan absoluto, la historia de Peter Parker se remonta a su más tierna infancia, buscando nuevos indicios de sus conflictos y su naturaleza. Un misterioso portafolio que perteneció a su padre dará pie a revelaciones sobre su pasado y un contacto directo con el villano de turno, uno de los mejores que ha dado el cine en este género, el Dr. Connors, alias El Lagarto. Además del excelente Garfield, un elenco de grandes actores (Martin Sheen, Sally Field, Denis Leary, etc.) enriquecen el producto.

    Quizás una duración algo extendida y alguna profusión de diálogos con toques psicologistas en la primera parte no resulten tan propicios para preadolescentes y jóvenes, pero el público adulto y más aún el fan del comic y los superhéroes clásicos va a disfrutar intensamente de este –realmente- sorprendente Hombre Araña.

    Imperdible y extraordinario por donde se lo mire.
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  • Las voces
    Las voces
    Revista Veintitrés
    Con innegables inquietudes estéticas y visuales, uno de los hijos de Leopoldo Torre Nilson, el cineasta y novelista Pablo Torre arriba a su cuarto largometraje, dentro de una filmografía en la que se destaca El amante de las películas mudas. También autor de una novela afín a aquella película, La ensoñación del biógrafo, Torre despunta nuevamente en Las voces parte de esas obsesiones relacionadas con cines antiguos, films en blanco y negro y artistas de otras épocas. Especialmente a través del personaje de Jean Pierre Noher, un particular ventrílocuo y cómico que hace el “número vivo” en una misteriosa sala que guarda sus secretos. Uno de ellos es la presencia en el cine de una extraña niña que tendrá su correspondencia en el futuro. Porque Las voces durante todo su metraje alterna el pasado y el presente con cierta soltura, una virtud que sin embargo no ayuda a que su intriga y las diferentes subtramas cohesionen, fluyan y resulten atrayentes, dentro de una tónica sombría y algo estática.

    En un personaje difícil Noher vuelve a apelar, como en la reciente El mal del sauce, a nutridas búsquedas expresivas, incluyendo singulares emisiones vocales y sonoras que se emparentan con el título del film. Ana Celentano, María Socas y Alejandro Awada aportan también buenos pasajes actorales enmarcados por las partituras del histórico Luis María Serra.
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  • A Roma con amor
    A Roma con amor
    Revista Veintitrés
    Proponiendo un puñado de historias que giran alrededor de los habitantes y los espacios clásicos de la capital itálica, Woody Allen diseña una de sus comedias más logradas de los últimos años con A Roma con Amor. Pequeñas y cautivantes crónicas caricaturescas y paródicas con las que el ingenioso cineasta newyorkino homenajea a Roma con un espíritu similar con el que ha tributado a Londres, Barcelona o París, pero en este caso apelando con más
    énfasis al humor y el gag.

    Sin que jamás se entrelacen, el director de Match Point va narrando las peripecias de una serie de personajes estadounidenses y romanos que a través de sus vínculos se ven dominados por emociones que no son capaces de controlar. El amor, el sexo, la notoriedad, la altanería, el cinismo y la vanidad los hacen caer en comportamientos tan insólitos y vergonzosos como desopilantes. En un registro de aparente liviandad y gracia, Allen hace algún apunte
    incisivo sobre la injusticia social, pero aprovecha para hacer una semblanza sobre la vida y los caracteres típicos en esa gran urbe. Hurgando, por ejemplo, en los vaivenes inauditos de la fama, que llevan allí a personas poco calificadas a alcanzar popularidad extrema. Tópico que fue la esencia de aquel Celebrity suyo, y que en este caso apunta al estilo avasallante de los medios italianos, encabezados por los inefables paparazzis, para terminar con una escena metafórica y antológica de Roberto Benigni.

    No vale la pena detallar las cuatro tramas que recorren la película, solo garantizar que cada una de ellas proporcionan, aún extravagantes y absurdas, distintas formas de deleite. Momentos convenientemente realzados por un elenco que aporta sin pausas su talento, como la inesperada tana Penélope Cruz, un lúcido Alec Baldwin, los estupendos Jesse Eisenberg y Ellen Page y un fenomenal, más allá del mencionado Benigni, grupo de intérpretes italianos.
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  • Fuera de juego
    Fuera de juego
    Revista Veintitrés
    Con una temática futbolera que se combina con pasos de comedia y algún toque romántico, Fuera de Juego es una coproducción argentino-española que, más allá de algunas falencias, alcanza a ser entretenida y graciosa.

    A través de una historia que une inesperadamente a un ginecólogo argentino con un manager de jugadores españoles de baja categoría, el cineasta ibérico David Marqués ofrece buena mano para el género y logra empatía entre los protagonistas. Pero no ofrece otras virtudes cinematográficas ni se destaca en la conducción de los actores de reparto, un factor clave para una comedia –y para cualquier film, a decir verdad-. También hay que decir que el film puede decepcionar al público masculino, por tratarse de una pieza ambientada en el mundo del fútbol sin suficientes imágenes de cancha, aún con la participación de Iker Casillas y Martín Palermo. El presunto gran crack Gustavo Casares, (Ricardo “Chino” Darín) por el que pugnan representantes y clubes grandes españoles, no demuestra sus virtudes con el balón en ningún momento de la película, por ejemplo. Sin dudas que lo mejor de Fuera de Juego es la química y los buenos diálogos entre Diego Peretti y Fernando Tejero, donde se integran con chispa modismos españoles y argentinos. Por esta dupla y algunas escenas divertidas, la comedia apenas triunfa en tiempo de descuento y de penal.
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  • Prometeo
    Prometeo
    Revista Veintitrés
    Apelando a la imaginería visual y expresiva con que supo dotar a dos de los mejores films de ciencia-ficción de todas las épocas, Alien y Blade Runner, Ridley Scott, tras varias décadas, vuelve al género con renovadas ínfulas, a través de este Prometeo que esboza una nueva mitología que gira alrededor del primer título mencionado. Aquella El Octavo Pasajero que supo integrar de manera sorprendente el cine futurista y espacial con el más puro y
    descarnado terror, funciona aquí como punto de partida, transportándonos al “pasado” del original, en una aún fecha muy lejana en el tiempo. Más allá que se trate de otro producto signado por el tan en boga mote de precuela, propone una trama que recupera trazos argumentales dejados de lado (según se ha revelado) del guión de la primer Alien, y aprovecha para hurgar en el origen de la raza humana, sembrando dudas acerca de nuestra condición de terráqueos. Surcada de una intriga bien dosificada, acción, espanto y alta tecnología, Prometeo va amalgamando elementos que dan por resultado un film con pasajes verdaderamente fascinantes, más aún para aquellos que admiran los recursos estéticos de este cineasta. Scott, que luego de la sobrevalorada Gladiador en los últimos años revalidó su talento con la excelente American Gangster y la más que interesante Red de mentiras, retoma con la misma capacidad un género que maneja como pocos. Y si bien deja cabos sueltos y alguna situación no del todo bien resuelta, el espectáculo está asegurado y los seguidores del género y la cultura Alien no saldrán defraudados. Por otra parte las actuaciones superan con holgura lamedia habitual en este tipo de films, con nombres de excelencia como Michael Fassbender (el brillante protagonista de Shame), la camaleónica sueca Noomi Rapace y -como siempre- una bella e impecable Charlize Theron.
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  • Madagascar 3: Los fugitivos
    Madagascar 3: Los fugitivos
    Revista Veintitrés
    Aprovechando al máximo las posibilidades expresivas de esta saga infantil, la tercer entrega de Madagascar ofrece lo que los espectadores (niños o no tanto) esperan y aún más. Eric Darnell y Tom Mc Grath, creadores y guionistas del brillante film original y asimismo de la secuela, retoman los mismos y formidables personajes de aquel zoológico de Nueva York, trasladándolos esta vez a Europa, donde vivirán dinámicas peripecias en las que están incluidas una carpa cirquence que redondea estética y narrativamente la aventura.

    Madagascar 3: los fugitivos mejora argumentalmente a una parte 2 no tan lograda y propone una trama en la que, inesperadamente, el cine de espionaje europeo y el espíritu del circo se dan la mano. El león Alex, la cebra Marty, la jirafa Melman, la hipopótamo Gloria y los inefables pingüinos mantienen su protagonismo, pero se irán sumando otros cuadrúpedos recreados que forman parte de la troupe ambulante. Y en esta oportunidad también un personaje
    humano toma importancia: la funcionaria de la policía francesa Madame Chantel Dubois, experta en el control de animales. Una suerte de frenética Cruella De Ville que perseguirá sin descanso a los amigos del zoo. Una propuesta imaginativa y repleta de diversión entre gags, música, baile, parodia al cine de suspenso y otros elementos disfrutables, todo enmarcado en un 3D muy bien utilizado.
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  • Acorralados
    Acorralados
    Revista Veintitrés
    Con el recuerdo casi inevitable de Plata dulce, aquella comedia costumbrista de Fernando Ayala sobre otro desquicio económico de nuestro pasado y algún toque de Caballos salvajes, Acorralados obra como una aceptable crónica de crudos momentos acaecidos en 2001. Y lo hace contando una improbable pero no por eso menos creíble historia protagonizada por un hombre mayor atravesado por el desaliento y la indignación. La emblemática figura de Federico Luppi se hace cargo de ese desahuciado Funes, que no puede ni siquiera suicidarse –muy buena escena de arranque en el cementerio- porque un cruento asalto impide que alcance a cumplir su propósito. Pero él tiene un plan para forzar a su banco amurallado a que le sean reintegrados sus ahorros en medio del
    corralito, aquella intempestiva medida de denominación infantil. En formato de comedia dramática con algo de thriller, el film de Julio Bove (formado en Estados Unidos) incluye fuerte material documental de la época, logrando una pieza llevadera y con momentos de tensión.

    Fuera del oficio de Luppi, Esther Goris, Gustavo Garzón y Gabriel Corrado, los roles de reparto no cuentan con la misma convicción y esto resiente dramáticamente la propuesta. Por otra parte hay un exceso en la utilización de las muy buenas partituras de Martín Bianchedi, que pudieron haberse dosificado mejor.
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  • Abrir puertas y ventanas
    Abrir puertas y ventanas
    Revista Veintitrés
    Luego de realizar cortometrajes ganadores en varios festivales, la cineasta argentino-suiza Milagros Mumenthaler arriba a su primer largo, Abrir puertas y ventanas, que de alguna manera prosigue con esa tónica festivalera. Su film ya se alzó con importantes premios en Locarno y en Mar del Plata, entre otras distinciones. ¿Las razones? en primer término una buena manufactura y actuaciones valiosas, pero acaso también por introducirse en un siempre
    fascinante mundo femenino, que suele tener buena recepción en las muestras internacionales. Sea como fuere, se trata de una película atrayente, surcada por sutiles matices e interesantes climas, en una impronta cotidiana con muchos toques sensoriales. En medio de esta estética asoman tres hermanas jóvenes, que deben reacomodar su vida en un caserón suburbano. La pérdida de su abuela les acarrea movilización, confusión y conflictos, pero a regañadientes darán pasos relacionados con el título del film.

    Melancólica (al compás de las intimistas y bellas canciones que se entrelazan con el espíritu del film), algo estática, y con un guión que podría haber crecido a la par de sus personajes, Abrir puertas y ventanas logra fundamentalmente convicción a través de su trío protagónico, en especial por Maria Canale, quien alcanza a transmitir una compleja gama de sensaciones.
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  • El puerto
    El puerto
    Revista Veintitrés
    El director finlandés Aki Kaurismaki es una extraña mezcla de Ettore Scola y Ed Wood, porque por un lado filma con un estilo –deliberadamente- estático, inexpresivo y lineal y por otro cuenta historias atrapantes y minimalistas pero que alcanzan a emocionar. Esto último sucede en El puerto, Le Havre en su título original, nombre que lleva un apacible y bello pueblo portuario situado al norte de Francia y con el que Kaurismaki arriba a su primera
    incursión en el cine de ese origen. Su sencilla y cristalina historia no impide que aborde la desoladora situación del inmigrante en terreno europeo, con un tono nostálgico propio de su estilo pero a la vez con gran frescura y dosis atenuadas de ese humor triste y casi negro que abunda en su filmografía, como por ejemplo en su anterior Luces al atardecer. Un niño africano que forma parte de un grupo de refugiados que llegan a ese puerto, entra en contacto con un pescador de malas costumbres que desafiará a su entorno al protegerlo, cumpliendo de alguna manera una postergada función
    paterna. Todos los personajes del film son intencionadamente estereotipados, y llegan a un espíritu solidario en el que hasta el villano inspector termina siendo querible.

    Humanismo y minimalismo integrados, dando lugar a una pieza sensible y singular.
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  • Hombres de negro 3
    Hombres de negro 3
    Revista Veintitrés
    Manteniendo intactos los preceptos estéticos y conceptuales del film original y su secuela, Hombres de negro 3 supera al menos la desbordada segunda parte, sin llegar a ser, de todos modos, una pieza brillante. La perfecta continuidad de estilo se debe fundamentalmente al aporte de Barry Sonnenfeld, responsable de ambos films anteriores, y de la pareja protagónica compuesta por Will Smith y Tommy Lee Jones, aunque en este caso se agrega un tercer personaje, con el que juega el número 3 del título. En realidad es uno de ellos en otra etapa de tu vida, a cargo de uno de los actores más requeridos y prestigiosos del cine estadounidense actual, Josh Brolin.

    No caben dudas que esta tercera entrega de la serie está afirmada en muy buenas ideas, pero no todas las líneas argumentales están bien aprovechadas. El habitual contenido de ciencia-ficción del film vuelve a estar combinado con la comedia, pero aún así algunas sorpresas relacionadas con el vínculo de los roles principales en el pasado le otorgan un inesperado toque sentimental y entrañable al asunto. En esos casos se aprecia algún aporte del productor, un tal Steven Spìelberg. El director de Los locos Addams vuelve a demostrar un buen timming para el humor y algunos toques de creatividad ayudado por un cuarteto de guionistas, que establecen que el agente J (Smith) deba viajar al pasado, al preciso momento del lanzamiento del Apolo 11, para rescatar a su coequiper, el agente K (Jones), intentando a la vez salvar al planeta de la amenaza de un alienígeno. Se producirán variadas ironías
    relacionadas con el tiempo, que acaso recuerdan planteos de Recuerdos del futuro (especialmente la parte 2) y Terminator.

    La recreación de época es uno de los ingredientes atractivos del opus 3 de la saga, junto con un trío protagónico en el que Will Smith cumple con creces lo que se espera de él.
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  • Elefante blanco
    Elefante blanco
    Revista Veintitrés
    Ningún elefante de ningún color forma parte de las imágenes de este poderoso, avasallante, descarnado último film de Pablo Trapero. El paquidermo al que hace referencia el título es un enorme edificio enclavado en La villa 31, rebautizado así por sus ocupantes. Lo que sesenta años atrás iba a ser el hospital más grande y moderno de Latinoamérica –otro proyecto fagocitado por una urbe desconcertante-, se convierte aquí en el epicentro de una trama tan angustiante como imprescindible. Ambientada en una porción céntrica de esta ciudad desmesurada que ya hace tiempo tiene sus propias favelas nacionales, ex villas, el film focaliza también en las facetas humanas y entrañables que conviven entre la desolación y la brutalidad, tanto interna como externa (la policial y la discriminación de las clases privilegiadas).

    Elefante Blanco está protagonizada por un actor que jamás rueda una película sin un piso de calidad indispensable, Ricardo Darin, y eso se aprecia con creces en esta nueva obra del realizador de El bonaerense, un cineasta aún joven que desde Mundo grúa dejó sentadas las bases de un cine crudo, comprometido y sin sentimentalismos, pero humanista en su condición más esencial.

    Con Leonera quizás alcanzó su punto estético y narrativo más alto, pero ahora con Elefante Blanco extrema sus valores expresivos al máximo. La historia engloba a dos curas tercermundistas seguidores del Padre Mugica -claramente homenajeado en la película- y una asistente social trabajando sin descanso en un ámbito feroz y perturbador. Quizás en el meollo de la trama y más aún en el desenlace asome algún cabo suelto, pero aún así la última imagen es absolutamente clara y significativa y el director logra en general un film sin concesiones y con una verosimilitud cinematográfica por momentos conmocionante.

    El trío protagónico se complementa a la perfección, destacándose la emocionalidad y sensibilidad del belga Jérémie Renier, al lado de unas impecables y a la vez dosificadas caracterizaciones de Martina Gusman y Darín, todo enmarcado por las expansivas partituras del gran Michael Nyman.
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  • No te enamores de mí
    No te enamores de mí
    Revista Veintitrés
    En los últimos dos o tres años se han dado a conocer varios films argentinos de tono romántico y estructura coral semejantes a esta brillante ópera prima de Federico Finkielstain. Títulos como Amor en tránsito, La ronda, Solos en la ciudad o Güelcom se pueden mencionar; pero sin dudas, más allá de alguna inspiración, este es el mejor largometraje nacional concebido dentro de esta suerte de subgénero. Porque No te enamores de mí cuenta con un sólido guión del propio director, una realización pulida que está al servicio de las diferentes historias que se cuentan y fundamentalmente con un espléndido elenco, versátil para la comedia y el drama.

    Por el camino de las relaciones de pareja y con distintos matices se va desarrollando un film de ritmo sostenido pero que también se toma saludables tiempos para que sus personajes transiten por determinados trances psicológicos, lo que le da mayor envergadura a la narración. Treintañeros que le buscan rumbo a sus relaciones afectivas con un deseo en común: hallar un amor verdadero que colme sus vidas. El abanico de alternativas es amplio y disfrutable, dotado de la virtud de que las distintas situaciones seducen –valga el término- en forma uniforme, con alguna bienvenida sorpresa final.
    Finkielstain se muestra además como un gran conductor de actores, entre los que se destacan Guillermo Pfening, intérprete muy requerido por el cine argentino más reciente, que logra quizás su mejor trabajo; y Violeta Urtizberea, que llena la pantalla de gracia y sensibilidad, logrando una dupla imperdible con Ana Pauls, toda una revelación. Y son excelentes los aportes de Julieta Ortega, Pablo Rago, Mercedes Oviedo, la breve participación de Luisina Brando y Tomás Fonzi, en el rol más introvertido y difícil.
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  • 35 Rhums
    35 Rhums
    Revista Veintitrés
    Claire Denis es una cineasta parisina que apela a un cine de fuerte contenido sentimental marcado a su vez por temáticas relacionadas con la inmigración, el colonialismo y la confrontación cultural, sin dejar de lado los apuntes políticos. Y en 35 rhums recurre nuevamente a estos ingredientes, aunque en este caso prevalezca el aspecto afectivo. Fundamentalmente el intenso vínculo entre un padre y una hija en un contexto edilicio humilde pero compensado por permanentes dosis de afectividad y cuidado por el otro. La mayoría de los personajes son afro franceses y a través de su
    conducta, sus grandezas y miserias, veremos la semblanza de un pueblo silencioso dentro de una gran urbe.

    Pese a que la directora focaliza en la relación y la convivencia de ambos, sin una madre misteriosamente ausente, de él que se gana la vida manejando un subte-tren y ella que estudia antropología y trabaja en una disquería hasta altas horas de la noche, lo social y político se dan alguna vuelta por la historia. Se habla de la deuda externa de los países del Tercer Mundo, se lucha contra el desempleo y el cierre de facultades, pero las relaciones humanas vuelven a aflorar como el tema esencial de 35 rhums (o la cantidad de copas que hay que tomar para volver inolvidable un encuentro).

    Entrañables interpretaciones de Alex Descas, Mati Diop y Nicole Dogué.
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  • Cuando te encuentre
    Cuando te encuentre
    Revista Veintitrés
    Basada en una novela de Nicholas Sparks, autor de éxitos literarios que llegaron al cine como Querido John o La última canción y dirigido por Scott Hicks, quien hace años atrás entregara una valiosa obra como Claroscuro, este drama romántico es apenas una pieza que hace cierto honor al género y no ofrece demasiados elementos fuera de eso.

    Cuenta con un intérprete principal que va camino al estrellato -al menos en el resto del globo, en Estados Unidos ya es un galán consagrado desde High School Musical -, Zac Efron, que aquí compone un sargento de la Marina norteamericana que halla la foto de una joven y bella mujer en pleno conflicto en territorio iraquí. Esa imagen lo intriga y lo motiva, ya que por un lado no alcanza a ubicar al compañero vivo o muerto a quien pertenecía dicho retrato, y por otro llega a considerar que la fotografía tiene buena estrella para él.

    El ingrediente que los combatientes se aferren a un objeto que les sirva de amuleto sobrenaturalal en medio de un trance bélico, es un punto no demasiado tratado en el cine y resulta atrayente. Al regresar este soldado a su pueblo se desarrolla el meollo del argumento y explota su costado romántico y melodramático, ya que emprende la búsqueda de la chica de la foto, a la que fnalmente encuentra, sin confesarle su historia. Su secreto y la insidiosa presencia de un ex de ella, llevarán adelante el conflicto principal de la trama.
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  • Ánima Buenos Aires
    Ánima Buenos Aires
    Revista Veintitrés
    Como un verdadero legado del extraordinario talento del recientemente fallecido Carlos Loiseau, Caloi, y también como un homenaje a ese programa ejemplar de la TV argentina que fue Caloi en su tinta, Ánima Buenos Aires integra lo mejor de la animación nativa con un espíritu porteño a ultranza. María Verónica Ramírez junto con el dibujante de Clemente fueron la gran usina creativa de ese ciclo histórico de Canal 7 y aquí ella se ubica en el rol de realizadora y guionista, pero fundamentalmente supervisora de un puñado de trabajos animados de brillante manufactura y formulación. Una estimulante iniciativa que lamentablemente obra como despedida del gran humorista gráfico, pero aún así redobla las ganas de acercarse a ver nuevamente este hipnótico compendio audiovisual.

    Que no es mérito exclusivo de Caloi, claro está, ya que congrega las aptitudes de otros notables animadores. Como por ejemplo Nine, que con Bu–Bu ofrece un desbordado, grotesco y genial corto en blanco y negro, que desarrolla una suerte de policial negro enriquecido por la voz en off de Horacio Fontova. Antes hay que apreciar Meado por los perros de los hermanos Faivre, trama ultra barrial dotada de un perfecto mix visual y sonoro y Claustrópolis de
    Pablo Rodríguez Jáuregui, que recrea a Buenos Aires de manera retro psicodélica. Y finalmente Mi Buenos Aires herido ofrece un Caloi en estado puro, creatividad porteña de altísimo nivel poético y artístico salpicada por todos los símbolos porteños. Juan Pablo Zaramella, aportando excelentes inserts entre cada trabajo empleando las paredes urbanas, redondea una obra de enormes valores.
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  • El campo
    El campo
    Revista Veintitrés
    Con una pareja protagónica de gran expresividad, El campo es un film nacional de sólida manufactura que logra atrapar al espectador, aún adoleciendo de una clara línea narrativa. Su trama está sostenida por buenos diálogos, logradas situaciones dramáticas e intensos climas, aciertos que sin embargo no desembocan en un conflicto argumental concreto. El problema esencial que presenta la película, con su sucinta historia de una pareja urbana y su nenita
    que se mudan al campo de un tirón, es el hecho de plantear amagues genéricos que no se cristalizan. Porque el cineasta Hernán Belón, en su primer largometraje de ficción, apela a recursos del suspenso y el terror que no tienen mucho que ver con las intenciones generales de la narración y que no se sustentan.

    Belón, con dos excelentes trabajos previos como para mencionar como el histórico cortometraje de los 90 Aluap y el formidable largo documental Sofía cumple 100 años, consigue de todos modos una gran semblanza psicológica de una pareja en crisis. Un párrafo aparte merecen las espléndidas tareas de Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi, él exacto en cada mirada y cada frase y ella enigmática y de gran energía gestual. La niña Matilda Manzano es un prodigio, mérito atribuible a la coach infantil María Laura Berch.
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  • El útimo Elvis
    El útimo Elvis
    Revista Veintitrés
    Girando de manera casi excluyente alrededor de la figura y la voz de John Mc Inerny, un soberbio imitador de Elvis Presley, El Ultimo Elvis alcanza notables picos narrativos, emotivos y cinematográficos. Un arranque con un plano secuencia que recorre la entrada a un club, llega al cantante a punto de salir a escena y registra el comienzo de su performance, da pie a una virtuosa travesía por la existencia de un hombre obsesionado con un ídolo.

    Hablamos del perdurable icono musical y cultural de Memphis, con el cual el protagonista está encandilado a niveles patológicos, al punto de llamar Priscilla a su mujer y Lisa Marie a su hija. Tras colaborar con Alejandro Gonzalez Iñarritu en el guión de Biutiful y con su nombre emblemático a cuestas, Armando Bo logra una ópera prima de gran calidad visual y sensorial. El final es acaso muy extremo, pero aporta interesantes toques místicos y poéticos. John McInerny, platense hijo de irlandeses, distinguido por la BBC de Londres por su tributo, desarrolla una abarcativa labor; como artista
    luce descomunal y como intérprete más que correcto. Resulta llamativa la participación de dobles de otros ídolos musicales y sustancial la contribución de Griselda Siciliani y la niña Margarita López. Excelente la música de punta a punta, tanto la que interpreta McInerny como el soundtrack de Sebastian Escofet.
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  • Los vengadores
    Los vengadores
    Revista Veintitrés
    No era para nada sencillo plasmar un film que reuniera esta cofradía de superhéroes de Marvel, lograr empatía entre todos y que eso se transmita al espectador, y además contar con una buena historia que incluyera una amenaza contra el planeta y un villano acorde con la envergadura de estos gladiadores del Comic. Más allá de su esperable, superpoderoso, nivel de producción, The Avengers: Los Vengadores logra todo eso con buenas armas expresivas y visuales, ya que es bien sabido que no siempre un gran presupuesto da por resultado una gran película.

    Si bien en el film del Joss Whedon (con amplia carrera televisiva, conocimiento profundo de estas temáticas, y director de la interesante pieza de ciencia-ficción Serenity) todo está calculado hasta el mínimo detalle, la narración es fluida, y colabora en esto cierto desenfado de algunos personajes, que incluso tienen varios gags de un disfrutable buen humor.

    Los Vengadores incluye gran cantidad a referencias a las películas que se realizaron con los personajes individuales, como Capitán América, las dos Iron Man, y especialmente la Thor de Kenneth Branagh, cosa que será muy agradecida por los fanáticos, pero que a la vez no imposibilita que sea –relativamente- entendible para los neófitos. Resulta también elogiable el hecho que estén presentes en el film todos los actores que protagonizaron las películas mencionadas, con la sola ausencia de los que interpretaron a Bruce Banner (Hulk), Eric Bana o Edward Norton, pero a cambio los productores consiguieron a Mark Ruffalo, lo cual paradójicamente es uno de los mayores aciertos del film. Todos estos detalles se ensamblan a la perfección como que este mancomunado equipo de superdotados funcione sin fisuras a lo largo de más de dos horas y media de metraje muy bien aprovechados. Un entretenimiento espectacular para ver, con o sin 3D, sí o sí en el cine.
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  • El mal del sauce
    El mal del sauce
    Revista Veintitrés
    Atrayente conceptual y visualmente y dotada de una actuación intensa y arriesgada de Jean Pierre Noher, El mal del Sauce, opera prima del Sebastián Sarquís, no encuentra sin embargo una apropiada cohesión de todas sus búsquedas expresivas. Hijo de Nicolás Sarquís, fallecido director de grandes obras como El hombre del subsuelo y Palo y hueso, apela en su primera obra a interesantes recursos cinematográficos.

    El film narra la situación de un hombre que despierta en medio de un secuestro extorsivo, y su desconcierto, aislamiento e incomunicación lo obligan a iniciar un extraño viaje paralelo en el que se enfrenta con sus propios fantasmas. En medio de esa inubicable isla del Delta se introducen hipótesis improbables pero metafóricas acerca de los efectos acaso lisérgicos de las hojas del sauce. Sarquís se interna en la confusa mente de un ser en apariencia cautivo, pero también aprovecha para abordar el desencuentro paterno filial, al incluir la presencia del hijo de este hombre, que se desenvuelve ambiguamente en ese ámbito como intermediario entre él y sus captores. Esto da pie a un sinnúmero de especulaciones por parte del personaje principal. Interesante obra inicial de un director con cosas para decir y aportar, con un absorbente y lúcido protagónico de Noher.
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  • El pozo
    El pozo
    Revista Veintitrés
    Abordando la temática del autismo en nuestro país, el debutante Rodolfo Carnevale propone un fuerte acercamiento a este síndrome y las consecuencias que producen en un seno familiar. El pozo presenta a una mujer joven, Pilar, que padece distintos trastornos de comportamiento producidos por el autismo, lo que ocasiona serios conflictos dentro una casa en la que su hermano menor tiene dificultades para aceptar la situación y sus padres se debaten entre
    la internación o el tratamiento hogareño. Finalmente la determinación que tomen ocasionará cambios sustanciales en sus vínculos y una evolución particular de la chica autista.

    El film no puede evitar caer en el melodramatismo y la sensiblería, con una narración lineal adosada con algunas imágenes fantásticas no muy logradas que intentan traducir la imaginación y los deseos de Pilar, y en las que surge el espacio profundo al que alude el título. El empleo de la sólo aceptable música de Pablo Borghi se torna excesivo y no ayuda a alcanzar los efectos deseados. El pozo, con correctas interpretaciones de un elenco de figuras y sensibles y esforzadas labores de Ana Fontán y Ezequiel Rodríguez, como Pilar y su compañero con dificultades motrices; puede atraer especialmente a aquellas personas vinculadas a estas problemáticas.
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  • [REC] 3 Génesis
    [REC] 3 Génesis
    Revista Veintitrés
    REC se está transformando en una saga de terror por demás respetable, más si tenemos en cuenta que es un producto puramente español, salvo el hecho de haber sido objeto de una remake –correcto pero descarado calco de la original- obviamente estadounidense. REC 3, que propone en su arranque una joven
    pareja que se casa, con una pintoresca y formidable descripción de sus situaciones y personajes clásicos, tiene una relectura casi decisiva con respecto a los dos films anteriores. Aquí no hay una continuación del inquietante final de la parte dos, sino que se ingresa en una nueva veta de la trama (su denominación El comienzo, que da a entender una precuela, es una “traducción” de génesis, más que ver con lo litúrgico que otra cosa), hechos que en
    apariencia ocurren contemporáneamente a los anteriores. Además rompe con el esquema de film narrado con cámara subjetiva en mano o u otras ocasionales, ya que el personaje que registra la idílica boda es atacado por el novio, que aplasta su camarita, y paralelamente el tal “Atún” (una suerte de Alex de la Iglesia under que filma oficialmente el evento), decide dejar de lado su pesado equipo para correr por su vida. A partir de allí se desatará el
    desastre y el formato entra en un más tradicional cine de terror clase B con zombies, con mucho gore y toques de humor bastante negro. Cambios que quizás haya que atribuirlos a que en esta ocasión no hay un dueto de realizadores sino sólo uno, el igualmente notable Paco Plaza.

    Buenas sorpresas en el desenlace –como el gag del audífono del abuelo zombie- y sólidos trabajos de los protagonistas Leticia Dolera y Diego Martín hacen que REC 3: El Comienzo ofrezca sin dudas un verdadero manjar para fanáticos del género.
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  • Espejito, espejito
    Espejito, espejito
    Revista Veintitrés
    Con una gran producción y renovados ingredientes expresivos, la conocida historia de Blancanieves llevada al cine por Disney hace más de setenta años, encuentra ahora una versión moderna y estimulante. Dirigida por el notable Tarsem Singh, realizador de esa verdadera odisea visual y creativa llamada The fall, y de la reciente y no tan notable Inmortales, aborda el clásico cuento de hadas de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm desde una persectiva muy
    diferente, lo que no quiere decir que haya plasmado un film totalmente logrado. Espejito espejito hace que cobren vida emblemáticos personajes como la bella y caucásica protagonista, la envidiosa y malvada reina y, claro está, los famosos enanitos, interpretados en su totalidad por auténticos actores afectados de enanismo.

    Más allá que por su estética, sus toques de parodia y algunos sorprendentes cambios en la trama, parezca estar destinada a los adultos, en la función de prensa se sentía a los niños expresar su plena diversión. Componiendo a una no tan diabólica majestad, vale la pena disfrutar de las entonaciones, gestos y sentido del humor de Julia Roberts, mientras que el estupendo Nathan Lane se destaca como el lacayo Brighton. Los otros aciertos hay que
    buscarlos en el sofisticado vestuario y los imaginativos escenarios, que vuelven un deleite algunas escenas.
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  • Tiempos menos modernos
    Tiempos menos modernos
    Revista Veintitrés
    Metáfora realista acerca del conflicto o el antagonismo entre la modernidad y el espacio natural del hombre, Tiempos menos modernos ofrece una interesante semblanza sobre los principios de un hombre de tierra adentro. Posturas a veces acérrimas que presenta Payaguala, un tehuelche que vive solo y aislado del mundo en un rancho de la Patagonia. Además de trabajar y cuidar su tierra –con especial énfasis frente a extranjeros que pretenden explotarla-, también canta, cosa que apenas comparte con su entorno. Su amistad con un joven chileno le permite una tarde acceder a un mundo desconocido e inesperado: el de la TV satelital.

    La película está ambientada en las postrimerías del menemato y al borde de la crisis de comienzos de siglo en nuestro país, detalle que sin embargo no ofrece un aporte significativo en la trama. Lo que sí resulta sustancial es el cambio, pese a sus declaradas resistencias, que representa en su vida la aparición en su casa de esos aparatos, que incluyen en el combo un teléfono, que también emplea con reticencias. Esos presuntos avances tecnológicos tendrán un impacto en su vida y él tomará determinaciones al respecto. Más allá de su bella fotografía y del correcto trabajo de Nicolás Saavedra, la película no sería tal si no contara con un consustanciado Oscar Payaguala en el rol principal.
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  • La suerte en tus manos
    La suerte en tus manos
    Revista Veintitrés
    Burbujeante y salpicada de variados estímulos expresivos, La suerte en tus manos es una comedia romántica con el sello distintivo de un cineasta inquieto como Daniel Burman. Con una inesperada pareja protagónica compuesta por Valeria Bertuccelli, una actriz súper requerida en los últimos tiempos por el cine argentino, y el cantautor uruguayo Jorge Drexler, la película atraviesa distintos facetas del sentimiento y del humor mientras se interna en unas cuantas apuestas, tal como adelanta su título, rubricado por las cartas de póker que forman parte de las alternativas de la trama.

    Porque Burman tomó riesgos dignos de un jugador audaz, no sólo ubicando como protagonista al autor de Todo se transforma, sino por incorporar también a otros debutantes. Como por ejemplo al periodista Gabriel Schultz, al niño Lucciano Pizzichini (eximio guitarrista infantil), e incluir como parte de la trama a integrantes de la movida musical de Rosario que signaron la década del 80, Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Rubén Goldín y Adrián Abonizio,
    que no sólo cantan sino que hasta hacen algunos pasos actorales.

    La trama gira alrededor de un hombre joven en permanente desafío consigo mismo, con las mujeres, con sus tareas, con su tendencia al juego y hasta con su propio físico, ya que se somete a una particular intervención quirúrgica. Cuando surge un viejo-nuevo amor, originará renovadas apuestas en su vida. La suerte en tus manos no es la pieza más lograda de su director, pero vale la pena acercarse a un film con momentos de franca diversión y toques de
    nostalgia (entre los que se incluye la trova rosarina). Una verdadera sorpresa, por su empatía y naturalidad, alcanza la performance actoral de Drexler, dentro de un llamativo y ecléctico elenco.
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  • La sal de la vida
    La sal de la vida
    Revista Veintitrés
    Gianni Di Gregorio es sin dudas uno de los artistas más carismáticos y talentosos del más reciente cine italiano, y hace muy poco que empezaron a llegar aquí sus películas. El año pasado se dio a conocer Un feriado particular, deliciosa pintura de la relación entre un maduro hombre soltero, su madre y su grupo de amigas.

    Esa ópera prima databa de 2008, pero este segundo film suyo ha llegado con más premura, y también (por momentos parece una secuela del anterior) se refiere a un protagonista con una relación estrecha con su madre, pero que en este caso vive junto a su mujer, hija y novio –ocioso e invasivo- de esta última. Su título original, Gianni e le donne, es mucho más gráfico con respecto a este señor recién jubilado y dedicado a quehaceres domésticos, que, pese a estar rodeado de bellas mujeres, piensa que ya no está en edad de romances. Hasta que un amigo lo despierta de su letargo amoroso.

    La sal de la vida es casi un eco expresivo de Un feriado particular, y en ese sentido Di Gregorio innova muy poco. Pero su imperdible galería de gestos y sus pequeños gags corporales son la clave de su cine, que además escudriña leve pero entrañablemente en la situación de un hombre que atraviesa por una edad en la que está a mitad de camino en todo.
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  • El vagoneta en el mundo del cine
    Graciosa, juguetona y bufonesca, El Vagoneta en el mundo del cine propone un momento de desfachatez y entretenimiento sobre la base de personajes de una serie web con numerosos adeptos. En formato de sólido paso de comedia con mucho de parodia, ofrece además el atractivo de las participaciones de muchas caras conocidas. La parte del título que hace referencia al “mundo del cine” no es una redundancia sin sentido, ya que la trama se introduce descontracturadamente en dicho ámbito, ante la posibilidad de los cuatro protagonistas de lograr un contacto, no para ser parte del mismo, sino tan sólo para acceder a un buen sponsor y aprovechar el cartel que han instalado en la azotea. Y así dedicar su vida al ocio mientras “trabaja” el letrero. Llegarán al Festival de Mar del Plata para convencer al productor de la película del momento, en un pasaje en el que se destaca Juan Martín Denari
    como el acelerado secretario del magnate del cine, a cargo de un impecable Guillermo Francella. Las actuaciones del cuarteto, deliberadamente estáticas e
    inexpresivas, vuelven aún más cómico el producto, en perfecta sintonía con los cameos de Gastón Pauls, el Puma Goyti, Jean Pierre Noher, Paula Kohan y Axel Kuschetvatzky, entre otros. Una muy buena banda de sonido completa una pequeña sorpresa del cine nacional como para disfrutar sin disimulos.
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  • El mal del sueño
    El mal del sueño
    Revista Veintitrés
    Si bien no está presentada como una pieza reveladora acerca de realidades ocultas en territorio africano, El mal del sueño tiene un enfoque por lo pronto disperso, que no deja en claro su cometido. Se trata de un film alejado de lo convencional e imbuido en una peculiar postura artística, lo cual no justifica sus falencias.

    El mal transmitido por la picadura de la mosca tse-tse es una problemática abordada tangencialmente por este film del germano Ulrich Kohler, cuya trama se ocupa fundamentalmente de los devaneos del doctor Velten, afincado en África para mitigar los efectos de esa enfermedad en la comunidad. Cuando su mujer prefiere volver a Alemania, él decide permanecer allí no sólo por su vocación sino por un misterioso apego, factores que investigará un doctor francés de origen congoleño que es enviado a la zona. Un desenlace alegórico y risueño, que se relaciona con una leyenda regional, ofrece una bienvenida sorpresa en el final, pero no rescatan a El mal del sueño de sus baches narrativos y personajes inconsistentes, incluyendo la declarada homosexualidad del médico recién llegado, un dato que nada aporta a la historia. Bien filmada pero caprichosa y desprolija, la película no se destaca por su causa
    humanitaria ni por sus valores estéticos y conceptuales.
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  • Dormir al sol
    Dormir al sol
    Revista Veintitrés
    Transpuesta al cine en varias oportunidades, la obra de Adolfo Bioy Casares tuvo en los últimos tiempos una aceptable adaptación como la de El sueño de los héroes, de Sergio Renán. Ahora Alejandro Chomski se suma a la lista de realizadores atraídos por su literatura, adaptando el libro Dormir al sol, a priori un material interesante dentro de un marco ídem: el enigmático barrio porteño de Parque Chas.

    Pero esta historia ambientada en los años 50, que aborda la locura (o acaso la bipolaridad, aún no definida así en aquella época) y que se interna en extraños -y fantásticos- vericuetos del comportamiento humano, pese a sus esfuerzos formales, no termina de convencer. Tanto la trama, que deriva en una prodigiosa transmutación de almas, como ese pequeño laberinto urbano que representa esa zona de Buenos Aires, no están aprovechados a pleno. Más allá de
    ciertas imágenes subjetivas -relacionadas con perros-, ofrece una ambientación correcta pero precaria, con actuaciones ceñidas a personajes limitados que luchan por salir a flote. Dormir al sol (título sobre el que, por otra parte, no hay referencias durante el metraje) es un film demasiado medido que no alcanza clímax ni atmósferas pesadillescas -o kafkianas-, acordes con la imaginación puesta en juego en el texto original.
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  • Proyecto X
    Proyecto X
    Revista Veintitrés
    Dentro de la ya –muy- transitada fórmula de la cámara en mano que va narrando una historia (y que después por necesidades resolutivas va trasladándose a otras cámaras ocasionales), Proyecto X posee una estética muy afín a la aún en cartel Poder sin límites. Sólo que en el film protagonizado por adolescentes superpoderosos, la cosa se pone melodramática -con varias muertes y todo- y aquí, si bien el descontrol es descomunal; no. Además de recordar a una película que a su vez es un remix de otras, e incluir toques de las viejas Porky’s o American Pie, se puede decir que Proyecto X es una suerte de Supercool extrema, porque también está protagonizada por tres nerds, que para destacarse deciden organizar una fiesta inolvidable. Un cumpleaños absolutamente extremo que se les va de las manos, con desastres varios que convocarán a la policía y los medios de comunicación. Detrás está el sello de Todd Philips (¿Qué Pasó Ayer?), que se nota en el humor sexual, escatológico, el caos y la oda al mal comportamiento; pero también en su falta de reflexión acerca de estos hechos. Sea como fuere, la película está bien hecha por el británico de origen árabe Nima Nourizadeh y depara un momento de desmedida diversión, ideal para aquellos “fiesteros”, jóvenes y no tanto, que aman las raves con accesorios.
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  • Enter the Void
    Enter the Void
    Revista Veintitrés
    Gaspar Noé, más que un simple cineasta, es un artista integral, un creador en estado puro, capaz de proponer un volumen expresivo y estético que acaso excedan el formato del cine. La extraordinaria, trascendente y perturbadora Irreversible es un hito cinematográfico y ahora con Enter the Void alcanza nuevos logros creativos, extrañamente emparentados con la obra maestra de Wenders Las alas del deseo y quizás también con el Kubrick de 2001.
    Unos títulos de apertura frenéticos, alucinógenos, psicodélicos, nipones, dan la pauta de una inminente y fuera de lo común vivencia cinematográfica. El arranque juega con dos carteles de neón, uno perteneciente a un aviso (Enter) y otro al nombre de una disco-café (The Void), pantalla de otros negocios, a pocas cuadras la casa del protagonista. Entre esas dos expresiones tintineantes deambula el noctámbulo Oscar, iniciático e inexperto dealer, incapaz de reconocer su propia condición de adicto. Su peregrinar será registrado en forma subjetiva y omnisciente, un ingrediente extremo que se mantendrá aún luego de su prematura muerte, donde la cámara ya no serán sus ojos -que en rigor ya no existen- sino su espalda, como cuando se cambia la perspectiva de un jugador de video game. Ambientada en una deslumbrante y a la vez inhóspita Tokyo, Enter the Void se introduce en un espíritu dolido, que indaga en su pasado y hurga en el presente de sus afectos, que dependían de él más de lo que se imaginaba. El segmento final, imbuido de erotismo, aporta conceptos energéticos y lumínicos (la luz que en todas sus formas serán parte esencial de ese viaje astral de Oscar).
    Inclasificable, desmesurada, virtuosa, genial, en Enter the Void el espectador será parte de un viaje audiovisual pocas veces visto. Y que quizás no vuelva a experimentar en mucho tiempo.
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  • Un dios salvaje
    Un dios salvaje
    Revista Veintitrés
    La capacidad narrativa y visual del gran Roman Polanski se pone a prueba en esta última obra suya, algo inusual en su cinematografía. Porque Un dios salvaje, basada en una pieza teatral de la reconocida Yasmina Reza, no deja de ser una de esas películas que se suelen denominar despectivamente teatro filmado. Si bien el realizador de El pianista sale airoso del desafío, el resultado final no escapa a ese mote, a sabiendas que es difícil llevar adelante esa cinchada de formatos en forma acabada.
    Relevamiento agudo y corrosivo de la clase media burguesa de las grandes ciudades, la autora de ART ubicó originalmente su texto en París y Polanski la trasladó a Nueva York para trabajar con actores mayormente estadounidenses (aunque irónicamente tuvo que filmar en Francia por conocidos impedimentos legales). El resultado es bueno, pero no hubiera estado nada mal que la hubiera rodado directamente en francés con actores de ese origen.
    Sea como fuere, Un dios salvaje cuenta con un sólido cuarteto protagónico, que intercala detalles sutiles de interpretación que en teatro no hubieran sido factibles. Dos parejas de padres que tienen una reunión aparentemente cordial luego de una grave pelea entre sus hijos, cuatro personajes con características muy definidas que desarrollan diálogos intensos e irónicos y se vuelven despiadados y humillantes. Los cuatro caerán en comportamientos intempestivos que los llevarán al más absoluto ridículo, y en esto Polanski es inclemente. La catarsis será feroz y los emparentará en plena adultez con el enfrentamiento adolescente de sus hijos. Lejos de un final explícito, el film termina con dos últimas y sugerentes imágenes, en una traslación fílmica impecable pero que no será recordada entre lo más destacado del renombrado cineasta.
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  • John Carter: entre dos mundos
    Basada en el primero de una serie de libros del gran Edgar Rice Burroughs, John Carter: entre dos mundos contiene elementos de legítima imaginación pero también recuerda a otros films y personajes. Su espíritu épico y fantástico la emparentan con sagas como la de Star Wars, El señor de los anillos, y a films como El último samurai o Avatar. Aunque hay que decir que este personaje y su epopeya pueden haber sido una inspiración previa a esos títulos y no al revés. Esta historia de un militar de la época de la secesión transportado a un planeta retro-futurista en el que adquirirá poderes inusuales y será parte de luchas entre distintas especies, quiere ser el inicio de una nueva saga, más allá que la película sea muy ambiciosa, lo que la hace caer en excesos.
    De solemnidad, como si se tratara de la recreación de un texto demasiado honorable y asimismo de una violencia y crueldad incesantes, que no siempre son sinónimos de acción (en la premiere doblada al castellano un par de niños salieron llorando). Desbordes que alcanzan la utilización de la animación digital (más allá de algunos excelentes logros) y su extensión. Andrew Stanton, director de la notable WALL-E, no logró una calidad semejante en este traspaso suyo al cine de acción viva, pero su film atrapa, y se puede esperar más de él en el futuro (en principio, una secuela).
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  • Sólo por dinero
    Sólo por dinero
    Revista Veintitrés
    La bellísima y carismática Katherine Heigl es una nueva estrella hollywoodense que luego de algunos trabajos aceptables en comedias románticas (27 bodas, Ligeramente embarazada), ha decidido arriesgarse un poco más. Sin apartarse demasiado de esa línea, se ha involucrado hace poco en la fallida Asesinos con estilo y ahora en Sólo por Dinero, buscando roles con mayor exigencia física. La realidad es que aquí volvió a elegir mal, no solamente porque el personaje de Stephanie Plum, heroína de una exitosa saga literaria, no le sienta en lo más mínimo –especialmente por su escaso glamour-, sino además por la endeble adaptación del trío de guionistas y la directora Julie Ann Robinson. El material presuntamente brillante de la escritora Janet Evanovich, cuyos libros tienen miles de seguidores en los EE.UU. y su protagonista es una suerte de referente femenina, no alcanzó para armar una aceptable comedia, si es que eso se propusieron.
    Si es que existía algún ingenio en la historia de esta inexperta y pulposa cazarrecompensas, sólo se aprecia en un par de diálogos, el resto del film es un insípido producto romántico-policial que no atrae ni divierte y en el cual la Heigl trata de demostrar dotes para la acción y sólo trasunta incomodidad. Y el elenco que la acompaña deambula por la pantalla con roles poco aprovechados.
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  • La carrera del animal
    La carrera del animal
    Revista Veintitrés
    Distinguida en la muestra Bafici 2011, La carrera del animal denota algunas buenas ideas e indudables virtudes formales y expresivas. Aspectos positivos que se desdibujan ante un exceso de pretensiones y un manto de solemnidad que abarca la corta extensión del film.

    A través de una trama entrecortada y poco clara, la pieza da a entender cómo dos hermanos, en un pueblo grande, indefinido en el tiempo y el espacio, se debaten frente al futuro de una empresa familiar cuyo ceo es un hombre esquivo, misterioso y manipulador, que a la vez es su padre. La carrera del animal, dudosa metáfora que se vincula a la estética que trasunta el film, ofrece una tónica narrativa que atrae y a la vez desconcierta. Cada escena, en su aspecto formal y argumental, parece iniciar una nueva película, lo cual resulta llamativo pero a la vez desarticula la continuidad de la trama. Las tomas quedan aisladas y no son sostenidas por ciertas situaciones y diálogos ampulosos, semejantes a los de una obra de teatro independiente. De todos modos intérpretes como Lautaro Vilo, Valeria Lois y Elisa Carricajo resultan convincentes. En su trabajo iniciático Nicolás Grosso acierta en las locaciones elegidas, que crean un ambiente afín a films fantásticos de los años 60, que se realzan por la muy buena fotografía en blanco y negro de
    Gustavo Biazzi. Además es excelente la música de Pommez Internacional.
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  • Poder sin límites
    Poder sin límites
    Revista Veintitrés
    Aún combinando una gran cantidad de ideas ya plasmadas en diferentes películas, y sin demasiadas luces en su trama y diálogos, Poder sin limites es una de las cintas más taquilleras en la cartelera estadounidense y su final augura una factible secuela.

    Puede que atraiga al público joven el protagonismo de tres estudiantes dotados de capacidades sobrenaturales, y los que ven series quizás encuentren toques de Héroes. De todos modos estos personajes adolescentes, que tras un hallazgo se impregnan de sorprendentes poderes mentales y físicos, en ningún momento se proponen ayudar a nadie, por el contrario, caen en el descontrol y uno de ellos, en una suerte de psicosis violenta. En el orden de las
    influencias, este film llamado originalmente Chronicle está rodado al estilo de Cloverfield o la legendaria Blair Witch, con una cámara en mano a la cual se sumarán otras. Estos recuerdos fílmicos, especialmente del primer título mencionado, no terminan aquí, y asoman otros afines como Kick-ass, Soy el número cuatro y hasta Hankock. Y si nos remontamos un poco más atrás, un casi olvidado film de Brian De Palma, La furia. Fuera de estas referencias Poder sin limites está muy bien hecha y es visualmente atrayente, pero su exceso de desbordes y alaridos, su guión desprolijo, carente de cualquier sentido y rigor, la descalifican.
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  • Caballo de guerra
    Caballo de guerra
    Revista Veintitrés
    Con el bagaje audiovisual y emotivo habitual en la filmografía de Steven Spielberg, Caballo de guerra propone una poderosa pieza de cine clásico desde lo narrativo, lo más despojada posible de añadiduras digitales. Lo que no significa que este tipo de asistencias técnicas estén ausentes, pero sí dosificadas con la habilidad proverbial de un realizador que desde Jurassic Park ha apelado a estos recursos casi como ningún otro. Paradójicamente
    Spielberg acaba de presentar la notable Las aventuras de Tintín, en donde da otro paso significativo en el campo de la animación digital.
    Sea como fuere, esta película nominada por la Academia que muestra sin pausas su rodaje verosímil en pantalla, es básicamente un relato de temple, reivindicación y lealtad, en el que prevalecen las vicisitudes de un caballo y su primer dueño, un adolescente idealista y tenaz. Ambientada en la Inglaterra rural y en distintos puntos de Europa en tiempos de la Primera Guerra Mundial, Caballo de guerra es tanto una atrayente aventura épica como una cruenta e impiadosa película bélica. A partir de la separación entre el joven y el caballo arranca una odisea plagada de sinsabores, en la cual se sucederán nuevos y pasajeros dueños para el equino. Como bien declaró el propio Spielberg, el film sólo se ocupa de los personajes que se relacionan con el animal, no sigue a otro rol ni toma partido, porque el animal no tiene ideas políticas. Con este concepto, la nueva obra del director de la saga de Indiana Jones desarrolla sobre un duro trasfondo una suerte de travesía emocional que en varios tramos golpea fuerte al corazón. La simpleza del
    guión y su carácter melodramático se vuelven por momentos ostensibles, pero la metáfora presente en la escena del caballo atrapado en medio de los dos frentes de batalla, la realza y resignifica.
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  • La invención de Hugo Cabret
    La invención de Hugo Cabret
    Revista Veintitrés
    Con la discutible pátina de film apto para todo público o directamente infantil, La invención de Hugo Cabret es en realidad una película destinada al más incondicional y militante cinéfilo en estado puro. Con lo cual, queda claro que un niño se va aburrir a los pocos minutos de verla, por más que un personaje de su edad la protagonice. Dejando en claro este detalle, el último trabajo del gran Martin Scorsese es un descomunal homenaje al cine, quizás uno de los más abarcativos que ha dado la cinematografía en su ya no tan corta historia. El director de Cabo de miedo, como parte de un giro
    expresivo que está llevando a cabo en los últimos años, desarrolla en este film temáticas casi nunca exploradas en su fértil y febril
    trayectoria.

    Con la presdigitación de un mago, como lo fue en sus orígenes Georges Méliès, principal destinatario del gran tributo que representa Hugo (a secas, en su título original) va construyendo su acto de hechicería buscando el más depurado arte y virtuosismo. A pesar sus denodados esfuerzos, no siempre lo consigue a lo largo del metraje, pero sin dudas que alcanza picos de altísima calidad técnica, visual y expresiva en su obra, imposible de ser apreciada
    en otro ámbito que no sea una sala cinematográfica. Porque La invención de Hugo Cabret es la más excelsa ofrenda a los inicios de ese vehículo audiovisual que tuvo varios nombres hasta ser denominado como cine. Queda claro que Scorsese hace años guardaba en su alma la chance de plasmar su propio Cinema Paradiso, incluyendo el protagonismo de un niño, cosa que concreta con una trama distintiva de la inolvidable pieza de Giuseppe Tornatore, cuyo espíritu flota sin dudas en el apasionante desenlace.

    Con interpretaciones soberbias de Ben Kingsley, Sacha Baron Coen y otros talentos, Hugo pudo haber dado aún para más, pero nada ni nadie le va a quitar su propiedad de obra que, con pocos parangones en la historia, homenajea el indudable legado del séptimo arte.
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  • Penumbra
    Penumbra
    Revista Veintitrés
    Luego de un paso interesante con Sudor frío, aguerrido film del género estrenado a principios del año pasado, los hermanos cineastas Adrián y Ramiro García Bogliano prosiguen con sus obsesiones terroríficas ahora con Penumbra, pieza dotada de una trama atrayente en la que se aprecian varias influencias. Platenses aunque nacidos en Madrid, han rodado en su ciudad varios largometrajes focalizados en este estilo cinematográfico y aquí
    evidencian una notoria capacidad para transitar una historia claustrofóbica de manera concisa y eficiente, logrando fuertes climas que se mantienen hasta un final extremo y sorprendente. La bella y convincente Cristina Brondo, protagonista hispánica que ha transitado el género, es una agente inmobiliaria española de paso por Argentina, que acude a mostrar un departamento en alquiler a unos potenciales arrendatarios. Lo que no imagina es el arrebatado
    destino que estos –sospechosos- interesados piensan otorgarle al inmueble, que se vincula de manera estremecedora a un inminente eclipse total de sol.

    Penumbra no mantiene todo el tiempo su tensión y suspenso, pero con toques visuales que recuerdan a Polansky y Alex de las Iglesia arriban a un aceptable resultado expresivo, bien sostenidos por un elenco en el que también se destacan el talentoso Sebastián Muñiz y la fenomenal participación de Arnaldo André.
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  • Que lo pague la noche
    Que lo pague la noche
    Revista Veintitrés
    Con un buen pulso cinematográfico y un gran manejo de actores no profesionales, el debutante Néstor Mazzini no logra de todas maneras encausar una película que se filmó hace casi diez años, que sufrió varios retoques de posproducción y recién ahora puede darse a conocer comercialmente. Que lo pague la noche cuenta con un atrayente marco real, los peculiares monobloks del barrio Lugano 1 Y 2, a su vez también recreados digitalmente en la
    sugerente presentación de títulos. Es otro los logros de este –corto- largometraje, pero en lo que hace a su trama con toques de thriller, el andamiaje fílmico se resiente al no lograr remontar una serie de confusas y forzadas vueltas de tuerca.

    Ambientada durante la crisis política de diciembre del 2001, el film, que hace alguna mención visual y narrativa de estos hechos, refleja climas de tensión, tras lo que sucede en una rústica boda que se lleva a cabo en una plaza de Villa lugano. Rodeados por ese paisaje de edificios, ese particular festejo va desenmadejando una extraña y sórdida trama entre oscuros personajes. Las alternativas van tomando un cariz algo ensoñado, donde no se sabe a ciencia cierta qué es lo que está sucediendo. Mazzini acierta en la caracterización de los personajes, pero no se decide entre una trama realista de
    acción o un drama psicológico surrealista, y se queda a mitad de camino.
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  • La dama de hierro
    La dama de hierro
    Revista Veintitrés
    A sólo una semana del estreno de J. Edgar, la gran biografía cinematográfica de un fuerte líder del poder político, La Dama de Hierro, sobre la controvertida Primer Ministro conservadora de Inglaterra, Margaret Thatcher, ofrece un personaje mucho más conocido por históricas razones. En este caso con dos particularidades artísticas relevantes, una cineasta mujer, Phyllida Lloyd, y el protagonismo de la descomunal y siempre inspirada
    Meryl Streep. La Lloyd viene del musical Mamma Mia! en el que también dirigió a la Streep, y pese a que aquí se introduce en un film de características opuestas, demuestra gran ductilidad, sensibilidad e inteligencia para abordar una temática riesgosa. Entre Edgar Hoover y la Thatcher existen claros puntos de contacto, como la ideología de derecha de ambos y el hecho que hayan privilegiado su carrera por el poder a los afectos, entre otros
    detalles. Pero mientras que Eastwood optó por una estética contenida, exhaustiva y rigurosa, el tono de la Lloyd es más frontal y visceral. Potentes biopics en las que J. Edgar sea acaso una obra de arte dentro de este subgénero.

    En este sentido La Dama de Hierro parece ofrecer mayores condescendencias hacia la señora en cuestión, pero también muestra su autoritarismo incontenible, su desprecio por las clases bajas y trabajadoras, incluyendo escenas con desesperadas movilizaciones sociales y una represión policial mostrada con crudeza. La directora no deja de lado imágenes sugerentes y focaliza en una sustanciosa conducción actoral, poniendo en pantalla la lucha de una mujer común por sus ideales, abriéndose camino dentro de un universo político liderado por hombres para nada dispuestos a darle un lugar. Una porción importante del film está dedicada a la Guerra del Atlántico Sur, que significó para la estadista un triunfalismo amargo y pasajero. La Streep, más allá de su extraordinario trabajo de caracterización, dota de una carga emocional sustantiva a su personaje.
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  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    Dotada de un humor ciento por ciento revulsivo y devastador, Peter Capusotto y sus 3Dimensiones se enaltece por un trabajo audiovisual acorde con el producto. Porque Pedro Saborido demuestra aquí, y con creces, que dentro del genial y proverbial universo de Diego Capusotto, él es una parte indisoluble, un creador de caracteres y de gags inagotables. Y, además, en su condición de director, le otorga a ese estilo de humor, que puede
    llegar a ser inmanejable y caótico, un marco ideal, catalizador y cómplice. Algo que el director Néstor Montalbano había esbozado con Capusotto a través de comedias absurdas como Soy tu aventura y Pájaros volando, pero aún faltaba algo más en el terreno cinematográfico para el mejor capo cómico argentino de los últimos tiempos. Y esa obra faltante llega ahora con toda la furia con esta película, auténticamente 3D y a la vez anti 3D y anti
    entretenimiento. Está claro que aquellos que se han regocijado legítimamente con Todo por $2, y luego con el formidable Peter Capusotto y sus Videos, serán más perceptivos con respecto a los innegables códigos que presenta el film –una espectacular catarata de squetchs en la que descollan personajes como Bombita Rodríguez, Violencia Rivas y Jesús de Laferrere-, pero los neófitos avisados y bien predispuestos encontrarán la más pura, bizarra y
    subversiva diversión.
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  • El amor de Tony
    El amor de Tony
    Revista Veintitrés
    Con un fuerte contenido sentimental y emocional, El amor de Tony narra una historia de amor singular, fuera de registro, en un marco pintoresco pero a la vez atípico, arisco y por momentos desolador. En realidad el film se titula Angèle et Tony, que describe con mayor amplitud el contenido de la trama, que está quizás más emparentado con las vivencias de ella que con las de él, que aún así encierran numerosas aristas que el guión de la realizadora francesa Alix Delaporte irá develando poco a poco. Ambos se conocen tras una cita a ciegas en un pueblo costero, él un duro trabajador de la pesca afectado por una pérdida y ella en libertad condicional tras dos años de cárcel, en una etapa licenciosa de su vida. Dos almas vaciadas por la soledad y la necesidad de afecto con las que Delaporte hace una pintura muy personal de la pasión humana, una verdadera radiografía sostenida sin desmayos y con enorme sensibilidad por la pareja actoral compuesta por la bellísima y talentosa Clotilde Hesme y el fenomenal Grégory Gadebois. Polos casi opuestos que lograrán relacionarse y experimentar sensaciones casi olvidadas, incluyendo el amor materno-filial y el familiar, en un circuito emotivo potente pero sutil, y además sumamente disfrutable.
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  • Al borde del abismo
    Al borde del abismo
    Revista Veintitrés
    Sin dudas que el australiano Sam Worthington es un intérprete en franco ascenso que va un poco más allá de su imagen y carisma. Luego de un papel algo robótico en Terminator 4, lo cual no estaba del todo mal porque parte de su organismo era mecánico, demostró en Avatar condiciones actorales interesantes. Esto lo fue confirmando en algún otro film y ahora lo ratifica en Al Borde del Abismo, film en el cual está casi todo el tiempo en pantalla y debe sostener todo el peso narrativo.

    Viendo el film asoma el recuerdo de Ultima llamada de Joel Shumacher, en el que un hombre debe vivir una situación extrema en una cabina telefónica durante todo el film, algo parecido ocurre acá, pero en la cornisa de la ventana de un importante hotel de Nueva York, a la que se sube un hombre sin razón aparente. También films como El Plan Perfecto de Spike Lee y otros de ese estilo, incluyendo Robo en las Alturas, estrenada la semana pasada,
    se recuerdan, porque hay un robo en la película y un gran rascacielos tiene protagonismo. Cosa que asimismo ocurre en Misión Imposible 4. Pero bueno, dejando de lado semejanzas, el thriller del danés Asger Leth juega con la caída al precipicio de este ex policía injustamente acusado de asesinato, durante casi todo su metraje. Él intenta llamar la atención de la ciudad y lo logra, provocando gran revuelo en la calle y en la prensa. Todo para
    probar su inocencia, y también para disimular otras cosas generadas por él que ocurren al mismo tiempo y enriquecen la trama.

    Con un elenco llamativo en el que se pueden nombrar al magnífico Jamie Bell, Ed Harris, Edward Burns, William Sadler y Kyra Sedwick, entre otros. Al Borde del Abismo cumple su cometido, entretiene con nervio y buenos recursos.
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  • La chica del dragón tatuado
    La chica del dragón tatuado
    Revista Veintitrés
    Las remakes estadounidenses le quitan en general la esencia original al film primigenio, pero en el caso de La Chica del Dragón Tatuado, los productores se tomaron el trabajo de respetar el origen y la nacionalidad de la historia original y con ello las locaciones y hasta el nombre de los personajes. Ok, pero sin embargo en esta ocasión hubiera sido más interesante (será que no hay nada que nos venga bien) ver trasladada esa fascinante trama al territorio norteamericano y ver cómo se concatena con los violadores y femicidas existentes allí. Sea como fuere el notable David Fincher logra una gran recreación del film y de la novela, rodeándose de un brillante elenco y apelando a algunas armas expresivas que supo utilizar en Pecados capitales y en Zodíaco, entre otros detalles muy personales que aparecen aquí y allá en el film.

    ¿Qué le baja la calificación? Que ya estaba –y muy bien- hecha antes, y además, recientemente. Para los que disfrutaron de Los hombres que no amaban a las mujeres de Niels Arden Polev, con un sólido Michael Nyqvit y una Noomi Rapace inigualable, ver esta nueva versión, pese a su calidad, les puede deparar la molesta sensación de ver algo ya visto, y todo thriller pierde su eficacia cuando se sabe todo lo que va a pasar. Más allá que haya que
    destacar que Rooney Mara es una formidable réplica de la cyberpunk Lisbeth Salander.

    Es más, dan más ganas de revisar la original –hablada en sueco y no con actores que hablan inglés con acento nórdico- que otra cosa.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
    Revista Veintitrés
    Nostálgica y a la vez moderna -sin exagerar-, Los Muppets representa un jubiloso regreso de uno de los mejores productos de entretenimiento (¿infantil?) contemporáneo. Luego de varias películas previas memorables que ya datan de un par de décadas, ahora estos delirantes muñecos o títeres de paño regresan en su formato original y con las técnicas primigenias con las que fueron concebidos. Y de la mano de Disney, que se hizo cargo hace unos pocos años de la licencia, relanzando las inolvidables creaciones de Jim Henson a través de un largometraje que conserva su esencia y a la vez tiene el sello de la emblemática productora. La trama incluye un nuevo personaje llamado Walter que es el hilo conductor del film, una criatura que los admira incondicionalmente y que no advierte su propia e inconfundible categoría de Muppet. Él desencadenará una trama divertida que se reserva toques
    sentimentales y melancólicos en lo que respecta a la supervivencia del grupo, a los que el aporte de la ironía y la sátira resultan ingredientes infaltables. Canciones, pasos de baile y squetchs a cargo tanto de ellos como de los intérpretes humanos forman parte de una propuesta sustanciosa, que presenta actores fenomenales con roles importantes o fugaces, como Chris Cooper, Jack Black, Zach Galifianakis, Jason Segel, Amy Adams y Whooppi Goldberg, entre otros. Con respecto a los destinatarios de esta pieza intensamente disfrutable, no son fáciles de determinar. Es verdad que los niños
    están incluidos entre los espectadores posibles, pero no son los únicos; los de treinta para arriba que accedan a la versión original en inglés, que es casi como una película diferente, están primeros en la lista. Y como si todo esto no fuera suficiente, el nuevo corto de Toy story, se ocupa de la suerte de los muñequitos que se incluyen en los menús de las hamburgueserías y es un absoluto hallazgo.
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  • La última noche de la humanidad
    Con elementos recurrentes del cine de ciencia-ficción más reciente, dentro de su trillada variante de invasiones extraterrestres, La última noche de la humanidad ofrece dentro de su acostumbrado menú algunos leves toques que tratan de diferenciarla. Ingredientes que apenas levantan el interés en
    algunos aislados momentos. Chris Gorak en 2006 debutó como director con un thriller que nunca fue estrenado en Argentina y trata de aportar algo interesante en este film apocalíptico, que incluye elementos visuales de Exterminio de Danny Boyle y de Soy leyenda, especialmente al ver una emblemática Moscú, no tan aprovechada por el cine como otras urbes, totalmente despojada de seres humanos. También la reciente y no muy lograda La oscuridad forma parte de estas influencias. Esta coproducción estadounidense-rusa posee un guión excesivamente llano, con pocos elementos reflexivos, que en estos casos pueden revalorizar el formato y transformarlo en otra cosa. Quizás los aliens eléctricos aparecen diferentes en su concepción, pero visualmente resultan poco atractivos y, aún devastadores; poco inquietantes o terroríficos. El grupo de intérpretes jóvenes y carilindos que corren por su vida recuerda la estética de Cloverfield, que está a años luz de esta fallida muestra del género, que pese a todo augura una secuela.
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  • El extraño Sr. Horten
    El extraño Sr. Horten
    Revista Veintitrés
    Refrescante, naif, creativa y encantadora, El extraño Sr. Horten es una película muy particular, que podría haber dado para más pero que aún así está fuera de registro. Odd Horten es un ingeniero ferroviario cuyo trabajo a lo largo de cuarenta largos años fue manejar locomotoras que van desde Oslo a puntos aledaños, ida y vuelta. Ahora llegó a su edad jubilatoria, recibirá los honores pertinentes que incluyen un bonito (o no tanto) trofeo y a la vez
    descubrirá su soledad. Sentirá nostalgia por los trenes, pero a la vez empezara a disfrutar y valorar su nueva vida y, acaso, su libertad existencial. Ese salto en su renovada etapa lo llevará por terrenos inesperados, que contienen en el paquete un amigo -que nunca tuvo-, que por un par de días se transformará en su guía principal y acaso lo llevará por el sendero de un amor que siempre tuvo frente a sus ojos y no terminó de asumir. Bent Hamer en su quinto largometraje como director y guionista apela a algún toque surreal, dentro de una tónica melancólica en la que no falta el humor absurdo. La máscara del indispensable protagonista Baard Owe resulta ideal, y a pesar que algunos tramos del argumento podrían haberse explotado más, El extraño Sr. Horten destila por momentos una deliciosa poesía.
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  • Las aventuras de Tintín
    Las aventuras de Tintín
    Revista Veintitrés
    Con legítimos ingredientes del mejor Indiana Jones, no solamente en el aspecto narrativo sino tambièn en lo visual, Las Aventuras de Tintín ofrece una irresistible cabalgata de aventura pura y descontracturada. Pero a la vez este film de animación, que apela de manera superior a la técnica de captura de movimiento –haciendo referencia específicamente a Robert Zemeckis y sus últimos y poco logrados films-, se integra con absoluta verosimilitud al universo del historietista Hergé. Es más, teniendo en cuenta que este mismo artista opinó alguna vez que Steven Spielberg era “el único que podría hacerle justicia a Tintin”, parece que desde algún lugar (el caricaturista falleció en 1983) podría estar disfrutando de esta recreación.

    Que desde su arranque y especialmente a partir de la media hora de proyección propone un fenomenal entretenimiento que incluye acción, con apasionantes persecuciones por parajes exóticos; suspenso, toques de humor y algún atisbo sentimental que nunca está ausente en el cine del realizador de tantas obras emblemáticas del cine contemporáneo. Estas remozadas aventuras del joven Tintín adapta varias historias de ese trotamundos de origen belga respetando pormenorizadamente su aspecto estético, pero principalmente apela a La Leyenda del Unicornio como una guía narrativa que enmarca la trama.

    Esta línea argumental traslada a Tintin por terrenos que incluyen el mar y el aire además de la tierra firme, y el folletín aventurero parece una cinta sin fin que no se inicia cuando arranca la película ni tiene un cierre cuando termina. Lo que indudablemente abre la clara posibilidad de secuelas, una próxima que estará a cargo nada menos que de Peter Jackson, que en este film oficia de coproductor, pero está claro que ha intervenido en otros aspectos. Las interpretaciones de Jamie Bell, Andy Serkis y Daniel Craig van más allá de poner la voz, son integrales debido a la técnica, y redondean una narración impecable, inagotable en sus recursos audiovisuales.
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  • Norberto apenas tarde
    Norberto apenas tarde
    Revista Veintitrés
    Película que tuvo prácticamente dos estrenos (se dio a conocer hace dos meses de manera casi fantasmal y ahora se relanza), Norberto apenas tarde es una comedia costumbrista uruguayaargentina que cuenta también con la particularidad de haber sido escrita y dirigida por el actor Daniel Hendler, un intérprete muy personal que en los últimos años se ha transformado en un emblema del cine alternativo nacional. Otro elemento interesante en es esa descripción visual y ritual de Montevideo, dentro de una cuidada manufactura formal. El actor de El abrazo partido y Fase 7 describe minuciosamente un personaje de bajo perfil, poco vuelo y hasta levemente patético, pero aún así capaz de patear el tablero y de marcar un sendero nuevo en su vida, pese a tener que toparse con otros tipos humanos autoritarios como su nuevo jefe o el profesor de teatro. El film parece incluir toques autobiográficos, especialmente referidos al giro que da la actuación en la existencia de Norberto, que no terminan de producirle una satisfacción absoluta, quizás porque Hendler se cuida demasiado que el personaje no genere empatía en el espectador. Por eso apela en todo momento, aún en el humor, a tonos neutros y ambiguos, que se mantienen incluso en una escena final de cierto optimismo y redención. En ese mismo registro se mueve el buen elenco del film, destacándose el protagónico de Fernando Amaral.
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  • Un zoológico en casa
    Un zoológico en casa
    Revista Veintitrés
    Desde que irrumpió con Say Anything, una buena comedia romántico-juvenil a fines de los 90 con John Cusack, Cameron Crowe entregó películas que, aún abordando temáticas e historias lineales lograron ser diferentes gracias a sus ideas expresivas y su buena mano como realizador. Jerry Maguire, Casi famosos y Todo sucede en ElizabethTown son ejemplos inmejorables de esta premisa y Un zoológico en casa se inscribe perfectamente en esta tendencia, a pesar que la carrera de Crowe parece haberse estancado en los últimos años. Basada en un caso real ocurrido en Inglaterra, se vuelve aquí una amena, sensible y emotiva pieza cinematográfica. A través de una clásica historia de vida de superación y temple frente a la adversidad, con un reciente viudo y
    periodista de aventuras que nunca las vivió en carne propia, que decide renunciar a todo y mudarse con sus niños a una casa con zoo incorporado, el realizador logra apartarse de los lugares comunes y aportar en cada escena condimentos que la diferencian de productos fílmicos afines. Alternativas de fuerte contenido sentimental y humano sostienen cada uno de los minutos que demanda narrar la trama, enriquecidas por un elenco fenomenal, en
    el que no sólo se destacan Matt Damon y Scarlett Johansson sino también secundarios estupendos y un par de consumados pequeños actores.
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  • La última mirada
    La última mirada
    Revista Veintitrés
    Tocando temáticas de fuerte contenido, La última mirada evoca nuestro derrotero histórico en una dura parábola vinculada al
    presente. Con aciertos pero también desbordes melodramáticos y expresivos, el film de Víctor Jorge Ruiz ofrece una trama que enlaza diferentes tópicos relacionados con la dictadura cívico-militar. Un escritor y periodista español nacido en Argentina vuelve al país para terminar de escribir una novela sobre sus padres, asesinados en 1976, incluyendo una deseo oculto y no muy firme de llevar a cabo una drástica venganza. Este periplo, ubicado en un alejado espacio campestre, es aprovechado por Ruiz para focalizar en aspectos visuales y en la intimidad de los personajes, que atravesarán por una incómoda historia de amor y la paradoja que experimenta el protagonista, al descubrir que el hombre al que quiere
    desenmascarar resulta ser un “colega”. Claro que el libro que escribe el militar transita por la vereda opuesta y se titula Tarea inconclusa, por considerar un “error” la superviviencia de los bebés de desaparecidos. Con la distinguida presencia en una escena de Estela Carlotto, esta pieza con toques de thriller presenta algunos desniveles actorales y diálogos y escenas no muy pulidas. Aún así mantiene un interés constante y se apoya en una notable caracterización de Arturo Bonín, destacándose el trabajo de Victoria Almeida como su atribulada hija apropiada.
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  • Canciones de amor
    Canciones de amor
    Revista Veintitrés
    Con algún eco de Los paraguas de Cherburgo y el recuerdo inevitable de la espléndida Conozco la canción de Alain Resnais, Canciones de amor ofrece una deliciosa pieza musical cinematográfica. La presencia de elementos que se relacionan con la comedia musical estadounidense son parte indudable del film, pero también las situaciones dramáticas están presentes. El realizador Christophe Honoré, con un claro espíritu truffautiano en el que Almodóvar no está alejado, logra aunar una historia atrayente envuelta por el mejor estilo del cancionero francés. Con las suficientes alternativas como para ofrecer entretenimiento constante y algunos toques emotivos que no por ser leves son superficiales, la trama engloba circunstancias ligadas a temáticas amorosas de diversa índole, pero siempre inusuales e irreverentes. Triángulos, vínculos igualitarios y tendencias afines forman parte del abanico amatorio incluido, aunque en casi todos los casos el afecto y los sentimientos prevalecen. Al comienzo, la pareja formada por Ismael y Julie invitan a Alice –enamorada de ambos- a vivir con ellos, presuntamente para darle más chispa a su relación. Esto funcionará por momentos, pero tendrá una trágica escisión. A partir de ahí las situaciones atravesarán por inesperados carriles, todos muy disfrutables.

    La asidua presencia de canciones no corta la continuidad dramática sino por el contrario se integran al relato logrando una armoniosa confluencia artística. Los temas musicales y los climas sonoros proporcionados por Alex Beaupain son un aspecto esencial del film, casi un personaje más. Carismáticos y talentosos, Louis Garrel, Ludivine Sagnier y Chiara Mastroianni protagonizan el film dentro de un elenco homogéneo y eficaz. Para hambrientos de amor y del mejor encanto del cine musical francés.
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  • La campana
    La campana
    Revista Veintitrés
    Metafórica y atrayente, La campana es una interesante ópera prima nacional del director y guionista Fredy Torres, autor de un memorable cortometraje de los años 90, Líneas de Teléfonos, que ofreció un sugerente y fantástico acercamiento al tema de los desaparecidos. Basándose en una presunta leyenda de pescadores, el realizador propone ahora en La Campana una historia en el que las ironías temporales y los desaparecidos vuelven a formar parte de la trama, en esta ocasión con el agregado de la Guerra en el Atlántico Sur. Incluyendo una historia de amor desencontrado, fuera de –precisamente- tiempo, y con la ambientación del inconfundible puerto de la ciudad de Mar del Plata, la mitología de los hombres de mar que nunca regresan de su travesía se engloba en la parábola de “La campana”, un misterioso espacio mar adentro. La ambiciosa multiplicidad de líneas narrativas y alegóricas no terminan de fraguar del todo bien, que hubieran precisado una duración mayor para desarrollarse, pero de todos modos el nudo argumental logra un desenlace singular. Muy bien filmada, presenta personajes convincentes como el veterano y sentencioso pescador de Lito Cruz, el gringo dueño del bar, Julian Howard y la prostituta de María Fernanda Callejón, entre otros. Jorge Nolasco como el atribulado protagonista, también hace un gran aporte.
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Un actor introvertido, tembloroso y taciturno y un pseudo escritor con pretensiones de ser parte del negocio del cine son la genial pareja de una película que en realidad se titula A Film with Me in it (Un film en el que esté yo en él). Su ¿traducción? como Cuatro muertos y ningún entierro, pese a su obvia y hasta casi torpe referencia a la recordada Cuatro bodas y un funeral, resulta sin embargo más explícita y apropiada que el original. Sea como fuere, esta pieza del ex actor Ian FitzGibbon es una proeza de la tragicomedia y el cine de humor negro inglés como no se veía quizás desde la memorable El quinteto de la muerte. Protagonizada por estos dos patéticos perdedores, la película acumula, con una cierta lógica absurda, una serie de situaciones infaustas en las que varias personas van pereciendo en un mismo y fatídico ámbito.

    Lejos de ser asesinos o encubridores, estos sujetos, inocultablemente comprometidos, apelarán a insólitos recursos para librarse del escarnio. El hilarante Mark Doherty que abre con su caricaturesca imagen el film, es también el diestro guionista de esta pequeña y fenomenal obra, en la que hacen su aporte la notable música y los enrarecidos climas de suspenso. Para divertirse sin pruritos morales y remitirse a la época en la que el gran Peter Sellers aún rodaba films inolvidables.
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  • El precio del mañana
    El precio del mañana
    Revista Veintitrés
    Alguna vez Steven Spielberg dijo que una película debe introducir al espectador en un universo diferente, y no caben dudas que Andrew Niccol lo ha logrado en su filmografía, más aún dentro del terreno de la ciencia-ficción y afines, especialidades suyas. Responsable de una obra maestra como Gattaca, uno de los mejores films contemporáneos del género, el guionista y realizador ha sido capaz de ofrecer un par de films fuera de serie como El señor de la guerra, que no a será de ciencia-ficción pero por su estética se le acerca y Nicole, otra pieza distintiva. También fue autor del emblemático The Truman Show de Peter Weir, y de La terminal del mencionado Spielberg. En El precio del mañana, con su creatividad habitual, logra agrupar un puñado de ideas atrayentes relacionadas con el control del envejecimiento humano, el concepto de “tiempo es dinero” y el poder hegemónico de los relojes inventados por el hombre, en este caso convertidos en cronómetros de la muerte, y a la vez de la vida. Muchos temas a la vez enmarcados con una estética singular que muestra un futurismo moderado, dentro de despojadas locaciones urbanas.

    Niccol incluye cierto contenido reflexivo y algún hálito de rebelión frente al sistema, pero apuesta en esta oportunidad a combinarlo con la acción y el entretenimiento. El resultado es ambiguo, da la sensación que se quedó a mitad de camino por no jugarse por entero por una de las opciones. Justin Timberlake, Amanda Seyfried y Cillian Murphy, tres buenos intérpretes jóvenes, no se destacan especialmente dentro de un film que pudo haber alcanzado mayor envergadura. Pero dotado de una trama de la que no vale la pena contar demasiado, como para internarse en ella, sorprenderse, y sacar conclusiones.
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  • Las acacias
    Las acacias
    Revista Veintitrés
    La acacia es un árbol frondoso que abunda en Paraguay y en la zona mesopotámica argentina. Rubén es un camionero rutinario, parco y acorazado emocionalmente, que sólo traslada troncos de esta especie arbórea que ocupan todo su acoplado, salvo en esta ocasión, que recibirá de su patrón el encargo de agregar el peso extra de una mujer desconocida, no sólo cargada de bolsos sino además de una bebita que no estaba en los planes de nadie. Ese largo trayecto desde Asunción del Paraguay hasta Buenos Aires proporcionará cambios profundos en estos dos personajes, a los que habría que agregar a Anahí (Nayra Calle Mamani), la beba que transitará asimismo por una serie de nuevas percepciones. Pocas veces una criatura de cinco meses ha logrado hacer tantos aportes expresivos dentro de una trama fílmica. Pablo Giorgelli en su debut cinematográfico diseña una breve pero magistral pieza de cine. Con una capacidad narrativa impecable, el director apela a elementos documentales para alcanzar una verosimilitud extraordinaria, con breves y ajustados diálogos, climas, miradas y gestos que lo dicen todo. Una última porción plena de sutiles y taciturnos –el film carece de apunte musical alguno- toques emotivos redondea una obra excepcional, en la que Germán de Silva y Hebe Duarte parecen actuar sin tener conciencia de las cámaras que los rodearon.
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  • Verdades verdaderas, la vida de Estela
    Conmovedora de principio a fin, Verdades Verdaderas - La vida de Estela, se propone ser, y lo logra, una intensa radiografía del itinerario vital de la representante de Abuelas de Plaza de Mayo
    Estela de Carlotto. Pero esta auspiciosa pieza inicial del realizador Nicolás Gil Lavedra no sólo focaliza en la vida de esta extraordinaria mujer, sino también de sus afectos fundamentales, su entorno y el doloroso contexto de los tiempos del gobierno de facto detentado por militares y civiles. Por lo cual termina siendo un insoslayable homenaje a esa entidad esencial, a los nietos recuperados y a la búsqueda de los nietos apropiados. El film que va bastante más allá de la mera biografía cinematográfica y por momentos alcanza la estatura de una obra abarcadora de toda una época de la Argentina, de sus tragedias y resurrecciones.

    A través de un interesante libro cinematográfico de Jorge Maestro y María Laura Gargarella, que quizás debió trabajar aún más los diálogos, la película abarca un extenso período que se adelanta a
    los hechos más significativos de la historia, haciendo incluso una breve referencia a la represión incipiente del gobierno de la otra Estela, Martínez de Perón. Gil Lavedra, con cierto aire de veteranía para un joven nacido con la vuelta de la democracia, se muestra riguroso con los hechos históricos, dándose el gusto de incluir detalles expresivos y visuales que escapan a lo convencional, sin emplear elementos enfáticos, melodramáticos o discursivos innecesarios. Quizás por ello mismo, el film logra sacudir con escenas de fuerte impacto emocional que se suceden sin frenesí pero a la vez sin pausas.

    Con un párrafo especial para la música de Nicolás Sorín, las actuaciones son un pilar inmejorable, empezando por una entrañable y encendida Susú Pecoraro, acompañada por un excepcional Alejandro Awada, a la cabeza de un compenetrado elenco.
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  • Un amor
    Un amor
    Revista Veintitrés
    Con un notable trío de intérpretes, que sostiene gran parte del peso dramático y emocional del film, Un Amor muestra una faceta diferente dentro de la ecléctica trayectoria cinematográfica de la
    realizadora Paula Hernández. Luego de la excelente Herencia y la no tan lograda Lluvia –pero dotada de una cautivante estética visual- , aquí la directora se embarca en una búsqueda diferente, vinculada a la indeleble permanencia de las experiencias adolescentes. Vivencias que en este caso están centralizadas en un pueblo donde dos amigos inseparables verán obstaculizado su vínculo ante la tormentosa irrupción de una chica recién llegada y de pasajera estadía. Luego de una previsible separación esta situación se reiterará décadas más tarde en la gran ciudad y también en aquella añorada localidad de la infancia. Hernández logra volcar todas estas alternativas con genuinos recursos técnicos, expresivos y dramáticos. Los trabajos de los personajes en su juventud son también eficaces y creíbles, pero quizás el problema esencial sea la escasísima semejanza física con el trío en su adultez. De todos modos esto se puede pasar por alto, especialmente por la revelación que representa Elena Roger en su primer protagónico fílmico, un Luis Ziembrowski impecable y un Diego Peretti pleno de matices y vulnerabilidad ante postergados y escondidos sentimientos.
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  • La prima cosa bella
    La prima cosa bella
    Revista Veintitrés
    Emotiva, melancólica, expansiva, desbordante de sentimientos, neorrealista y a la vez contemporánea, La prima cosa bella es una comedia dramática en la mejor tradición del cine italiano, con varios David Di Donatello a cuestas y candidata a los Oscar. Risi -homenajeado en el film, ya que aparece en un set de filmación-, Monicelli y algún realizador más actual como Scola asoman su legado en esta pieza fenomenal de Paolo Virzì que recorre varias décadas de una familia disfuncional. Con un elenco extraordinario que encuentra el tono y la sensibilidad justas para componer cada personaje en sus diferentes edades, la película salta infatigablemente entre los años 70, los 80, y la actualidad mientras describe vínculos parentales que oscilan entre las sonrisas, las lágrimas, la desgracia y la alegría. Un arranque prodigioso nos muestra un típico evento veraniego del pasado –con ecos del comienzo de Luna de Avellaneda de Campanella- con elección de
    reinas dudosas y fugaces, cantantes melosos y animadores kistchs, sólo para presentar una pareja y dos hijos pequeños que serán parte indisoluble de una trama que en su par de horas de extensión
    no deja de atraer, conmover y proponer toques de bienvenida diversión. La descomunalmente bella Micaela Ramazzotti y el formidable Valerio Mastandrea son sólo dos nombres a mencionar dentro de un cast inmejorable bañado por melodiosas canciones peninsulares que son un personaje más y que hasta que le dan título al film.
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  • Antes del estreno
    Antes del estreno
    Revista Veintitrés
    Santiago Giralt, en su segunda película como único realizador (en UPA! Una película Argentina y, Las Hermanas L fue parte de sendos grupos de directores), acierta y atrae con su mirada acerca de una actriz de importante popularidad y su entorno en vísperas de un intimidante estreno teatral. Levemente vinculada con la reciente Vaquero de Juan Minujín, e inspirada en un film del gran John Cassavettes, Giralt se introduce en la más profunda intimidad de su sexy, irritable, carismática, voluble y adictiva –tabaco, alcohol, inestabilidad emocional- vida; propia de una diva que se precie. En un privado marco suburbano ella ensaya y espera su gran momento, en medio de una conflictiva relación con su marido guionista y cineasta (Nahuel Mutti), y rodeada de dispares visitantes. Mientras tanto su niña (la prometedora Miranda de la Serna) parece ser la que más la sostiene y protege. Luego de un paso fallido en la costumbrista Toda la gente sola, Giralt vuelve a la temática que mejor lo representa, la trastienda del arte audiovisual (como la brillante UPA), redondeando una pieza que pudo haber dado para más pero que propone un singular momento fílmico y expresivo. Entre la cautivante labor de Erica Rivas, los travellings y planos secuencia, aparecen sustanciosos personajes a cargo de María Marull, Emmanuel Miño, Mónica Villa y Rodrigo de la Serna.
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  • Tres hermanos, tres destinos
    Tres hermanos, tres destinos
    Revista Veintitrés
    Rachid Bouchareb, realizador argelino-francés que ya había sido nominado al Oscar por el notable film bélico Días de gloria, alcanzó por este épico, doloroso y evocador film una nueva postulación de la Academia. Tres hermanos, tres destinos es un desprendimiento de aquella otra película, y con su título en español algo forzado (el original Hors-la-loi puede significar tanto Desterrados como Al margen de la ley), refleja de todos modos a través del mismo un aspecto fundamental de una obra abarcativa y ambiciosa que alcanza todos sus objetivos. Porque esos tres hermanos argelinos que atraviesan por distintas experiencias de vida tienen como ferviente meta en común combatir el yugo colonialista galo y lograr la liberación de su país. Y a través de ellos se recorrerán episodios que abarcan desde 1925 hasta 1962, con los que el director de London River logra amalgamar una estupenda narración cargada de injusticias, movimientos revolucionarios y poderosos sentimientos encontrados. Con una impecable ambientación de cada época y un elenco realmente extraordinario, este thriller político conmueve al abordar hechos históricos poco o mal contados, la hermandad a toda prueba, las raíces, el despojo, la represión salvaje, la venganza, la guerra, la guerrilla, la violencia indiscriminada, la muerte y la redención. Peliculón y punto.
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  • Fontana, la frontera interior
    Rodada en los mismos escenarios naturales donde ocurrieron los hechos, Fontana, La Frontera Interior es un nuevo acercamiento cinematográfico a la historia argentina, en un año que se dio a conocer importante material nacional sobre el género. A los films sobre próceres resignificados como San Martín y Belgrano se suman otros acerca de hechos menos revisados por la historia, como La patria equivocada y este estreno de Juan Bautista Stagnaro, autor de excelentes films que también abordaron hechos del pasado, como Casas de fuego y El camino del sur, y coautor del guión del emblemático Camila. En este caso su trabajo no llega a picos tan altos pero permite descubrir un personaje interesante como el Mayor Luis Jorge Fontana, que en su doble condición de naturalista y militar se diferencia de Roca, más allá de que su epopeya también trajo sangrientos enfrentamientos con tribus indígenas. Sus acciones inhabituales para las expediciones militares de su tiempo incluyeron la fundación de una ciudad y la integración a su ejército de la comunidad galesa. Sus monólogos interiores para nada autocomplacientes atraviesan la estructura el film y le otorgan un significado humanista. Bien realizada y fotografiada, no interesa en todo su metraje ni se destaca por la tarea de su elenco, pero se trata de una obra necesaria y oportuna.
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  • Eva de la Argentina
    Eva de la Argentina
    Revista Veintitrés
    La conjunción del experto en cine de animación José Luis Massa con la periodista, escritora y ahora realizadora María Seoane y el recientemente fallecido dibujante Francisco Solano López da como resultado una obra de genuina calidad plástica e ideológica, acercando la figura de Eva Perón a un terreno artístico inédito.

    Massa, director de títulos dirigidos al público infantil y productor de la notable Boogie el aceitoso, encara una búsqueda estética y temática diferente, que coincide con la calidad gráfica de los trazos de Solano López. Por su parte Seoane, como orquestadora de este trabajo abarcador y ambicioso llamado nada menos que Eva de la Argentina, se propone enaltecer la figura de una líder popular que traspasó los límites de un país y se transformó en un mito universal.

    Con ecos de la francesa Persépolis, basada en la historia autobiográfica de una niña iraní que huye de un régimen fundamentalista, el film va desarrollándose con una atrayente visión del género. Aquí la pequeña Eva Duarte atraviesa por su propia epopeya, en este caso sin huir de ningún poder hegemónico sino por el contrario acercándose, luego de una infancia difícil, a un incipiente movimiento del que será parte de manera indisoluble.

    Narrada y protagonizada por el periodista y escritor Rodolfo Walsh -otro hallazgo de la película-, Eva de la Argentina describe a esa mujer revolucionaria, amada y odiada, que tras su dolorosa muerte atravesó con su cadáver por un tormentoso periplo. En algunos tramos aparece algún exceso de enfatismo partidario, pero los buenos recursos expresivos, la tarea de Carlos Portaluppi y Carlos Russo en las voces en off, los cuidados apuntes sonoros de Gustavo Santaolalla y la bella canción final de León Gieco enmarcan una pieza apasionada y apasionante.
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  • Solos en la ciudad
    Solos en la ciudad
    Revista Veintitrés
    Con algunas notorias influencias de films románticos estadounidenses y también nacionales y una línea argumental bien perfilada pero demasiado previsible, Solos en la Ciudad logra proponer de todos modos una aceptable historia de amor con toques de comedia. Una trama amorosa que se reduce tan sólo a un día, en el que una joven pareja, luego de asistir a una boda, saca a relucir viejos enconos, produciendo un alejamiento entre ambos dudosamente definitivo. En ese trance surgirán idas y vueltas en las que intervendrá una atrayente galería de personajes. Diego Corsini con su ópera prima logra una pieza entretenida, alternando algunas escenas brillantes (como el diálogo en la cuadra del zoo y el encuentro de ella con su padre) con otras no tan logradas.

    Por otra parte parece ser que en cine a Sabrina Garciarena le buscan galanes semejantes, porque en su anterior film también romántico, Amor en tránsito, Lucas Crespi luce idéntico a su aquí partenaire Felipe Colombo, y hasta en Felicitas Gonzalo Heredia tiene un tipo físico afín. Fuera de este apunte, se trata de una actriz indudablemente bella y fotogénica, que le otorga naturalidad y encanto a sus roles. Colombo la acompaña con corrección, pero en intérpretes secundarios como Luciano Leyrado, Mario Pasik, Laura Azcurra, Matías Scarvaci y Federico Amador, se encuentran aportes verdaderamente disfrutables.
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  • Detrás de las paredes
    Detrás de las paredes
    Revista Veintitrés
    El realizador irlandés Jim Sheridan tiene un su haber algunas películas extraordinarias como Mi pie izquierdo, Esta tierra es mía, En el nombre del padre y Golpe a la vida-The boxer, la mayoría de ellas protagonizadas por Daniel Day Lewis, y narrando vibrantes historias referidas a su conflictiva región en la Isla Británica. Pero últimamente no está revalidando convenientemente esos pergaminos; su último film, Hermanos, por ejemplo, había sido una remake de una película danesa, cuando en su carrera siempre trabajó con ideas propias.

    En el caso de Detrás de las paredes, se interna de lleno en el thriller con toques de terror, un género que no había frecuentado con anterioridad, pero se trata más de un trabajo por encargo que otra cosa. A lo que habría que agregar que el propio Sheridan renegó de este film al terminarlo y reclamó que retiren su nombre de los títulos, sin conseguirlo. Sea como fuere, contaba con tres protagonistas de peso como Daniel Craig, Rachel Weisz y Naomi Watts y una historia interesante que tenía un buen arranque, pese a algún resabio de Sexto sentido y Los otros. Un hombre se muda con su esposa y sus dos hijas a una casa en las afueras de Estados Unidos en donde descubren que fue el escenario del asesinato múltiple, y el pueblo está convencido que el asesino fue el único sobreviviente, esposo y padre de las víctimas. Todo ese primer segmento está narrado con un atractivo suspenso, pero en la segunda mitad el film decae sustancialmente, se vuelve confuso, forzado y poco creíble. Si bien hay cosas que dejan de ser de una manera para volverse diferentes, detalle clásico y positivo dentro del género, no lo son en el caso de este film. Hay algunos sobresaltos y las interpretaciones son correctas, pero esta casa fantasmagórica –el título original es Dream house- queda desdibujada y su director también.
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  • Medianeras
    Medianeras
    Revista Veintitrés
    Con un talento expresivo poco usual, el cineasta Gustavo Taretto arriba a su primer largometraje con un film que transita por el terreno de la comedia romántica con puntos de vista tan personales como originales. Sin internarse en grandes reflexiones, Medianeras analiza leve y divertidamente el amor, el desencuentro y la soledad en las grandes urbes. Dos jóvenes de mediana edad viven en edificios linderos y acaban de salir –mal- de sendas relaciones amorosas que les dejan como recuerdo un perrito lanudo, por ejemplo. Ella sublimará a través de la natación o erotizando a maniquíes, él conociendo dispares mujeres a través de sitios de Internet; irremediablemente semejantes en sus neurosis, angustias, gustos, pequeños placeres y grandes frustraciones. Sin embargo los une una misma medianera que a la vez los separa y algo de luz surgirá de ella a través de piquetes, martillos y nuevas ventanas. Textos que se escuchan en off o aparecen sobreimpresos colaboran acertadamente con la continuidad estética y narrativa de un film moderno que a la vez parece registrar el pasado (cortes de luz, teléfonos antiguos, gente que chatea por primera vez…). Dos nuevos y estupendos protagonistas como Pilar López Ayala y Javier Drolas se ven bien rodeados por un elenco de caras conocidas que con sus caracterizaciones colaboran eficazmente en la oferta audiovisual.
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  • El agua del fin del mundo
    El agua del fin del mundo
    Revista Veintitrés
    Una reconfortante sorpresa ofrece la actriz y ex modelo Paula Siero con su ópera prima, un film sencillo pero a la vez dotado de ciertas ambiciones narrativas que lo enriquecen. A través de una historia que gira alrededor de dos hermanas que conviven y deben atravesar por una dura circunstancia de vida, El agua del fin del mundo va desarrollando un drama con fuertes contenidos sentimentales y emocionales. El diagnóstico de una enfermedad terminal mueve a la hermana mayor a ir a Ushuaia a cumplir su sueño de zambullirse en las aguas del extremo sur antes de morir, mientras que diversos personajes se irán integrando y aportando distintos matices a la trama. Especialmente un músico callejero, desquiciado y adicto a las bebidas fuertes (un Facundo Arana fuera de registro) que se involucrará con ambas y será decisivo en el camino y las decisiones que tomen. Con algunos aportes visuales interesantes, diálogos creíbles y un desenlace sugerente, El agua del fin del mundo redondea una obra pequeña pero valiosa, sostenida por un elenco que combina oficio con sensibilidad.

    Notable Diana Lamas, muy bien acompañada por la bellísima revelación de La tigra, Chaco, Guadalupe Docampo; junto a secundarios impecables como Graciela Stefani y Mario Alarcón.
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  • La cocina (En el medio hay una ley)
    Como en su anterior film documental como co-director, Porotos de soja (2009), David Blaustein vuelve a unirse con Osvaldo Daicich para desglosar en este caso la discusión por la regulación de la Ley 26.522, de Servicios de Comunicación Audiovisual, la simple y conocida popularmente como Ley de Medios, en medio, precisamente, de una feroz y polarizada disputa –no casualmente- mediatizada al máximo. Con algún eco de las piezas últimas de Pino Solanas, La cocina se adscribe al denominado “cine de emergencia”, registrando hechos y opiniones que explican, sin hacerlo, un país efervescente, politizado y en proceso de cambio permanente. El debate que desencadenó ese proyecto de ley, denominado por sectores opositores y monopolios de comunicación como Ley K o Ley Mordaza, se ve reflejado aquí no sólo por lo que pasó en la Capital Federal, sino también por las reacciones despertadas en Santa Fe, Córdoba, Tucumán, La Pampa o Neuquén, a través de representantes de radios, teleemisoras y medios gráficos de esas regiones. El empleo de material de archivo tomado de distintas señales televisivas completa un exhaustivo trabajo audiovisual sobre hechos aún en plena etapa de asentamiento. Tras films testimoniales que dejaron su huella en el género como Cazadores de utopías o Botín de guerra, Blaustein sigue echando luz sobre acontecimientos que marcan una época.
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  • Vaquero
    Vaquero
    Revista Veintitrés
    Con toques del conocido subgénero “cine detrás del cine”, Vaquero se podría denominar mejor como “actor detrás del actor”, porque la ópera prima de Juan Minujín es una lúcida, exhaustiva y por momentos asfixiante indagación acerca de los fantasmas, realidades y rutinas cotidianas de un actor argentino. Un intérprete a veces capacitado y con algún talento pero la mayor parte del tiempo mediocre, frustrado y resentido con el medio que lo rodea. El actor de Un año sin amor y Zenitram conoce muy bien, claro está, los resortes, intimidades, debilidades y desamparos de su condición, pero de todos modos tuvo el discernimiento y la capacidad de observación para poder plasmarlo en este breve y contundente momento fílmico. Su alter ego, con trabajo ocasional en cine y teatro pero con aspiraciones que exceden su módica capacidad expresiva, intenta ser parte de un western norteamericano a manos de un prestigioso e improbable cineasta que opera como todopoderoso manipulador de las ansiedades actorales nativas. Su despiadada voz interior deja en evidencia sus vanidades, perversiones y miserias que lo ponen al borde de lo patético. Brillante y verosímil formalmente, Vaquero se enriquece aún más a través de, precisamente, el aporte actoral del propio Minujin -notable-, Daniel Fanego, Leonardo Sbaraglia, Pilar Gamboa y Guillermo Arengo.
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  • Winter: El delfín
    Winter: El delfín
    Revista Veintitrés
    Basada en la historia real de una delfín hembra con problemas motrices, y protagonizado por ella misma, Winter - el delfín entrega un grato y emotivo momento fílmico, Este animal es una celebridad en Estados Unidos, no sólo por la epopeya que sufrió en su vida, sino por haber servido y servir actualmente de permanente inspiración para niños y adultos discapacitados, que van a ver a ella y su cola prostética como un aliciente para seguir adelante en sus vidas. Era una joven delfin cuando perdió su cola en una trampa para cangrejos, pero su vínculo con un niño de 11 años, que la libera y la atiende, y un grupo de especialistas que la rescata en la costa, será vital para una recuperación y rehabilitación que jamás antes se había intentado con éxito. Esta temática de hondas implicancias psicológicas y vivenciales está plasmada en el film de manera sencilla y sin melodramatismos innecesarios. El realizador y ex actor Charles Martin Smith aprovecha todos los recursos visuales y emocionales que tiene a su alcance, pero privilegiando una trama cuyas alternativas pueden ser muy estimulantes para el público infantil. Si bien las copias están dobladas, aún así se pueden apreciar convincentes labores del gran Morgan Freeman como el Dr. creador de la prótesis, Harry Connick Jr., Ashley Judd y el niño revelación Nathan Gamble.
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  • Día naranja
    Día naranja
    Revista Veintitrés
    Òpera prima de la directora venezolana Alejandra Szeplaki, Día Naranja es un film dotado de sobredosis de femineidad pero ataviado por un inusual caudal de creatividad y poesía visual. Coproducción entre Argentina y Venezuela, el film atraviesa por tres ciudades latinoamericanas que contienen tres breves historias protagonizadas por sendas mujeres en estado de gestación. Tres disímiles actitudes y posturas frente a esa inminente posibilidad por parte de Patricia en Caracas, que ansía estar embarazada, Ana en Buenos Aires, que desea con fuerzas no estarlo, y Sol en Bogotá, cuya indecisión arrastra además a dos hombres diferentes. Sin otra conexión entre ellas que su condición, la película entrelaza la triple trama a través de una idílica visión estética de las tres urbes –con una singular búsqueda de locaciones- y por las fantasías de las doncellas, expuestas en imaginativas imágenes que reflejan sus sentimientos, sueños y sensaciones. Szeplaki concibió, valga la metáfora, una personal representación visual ya desde los formidables títulos, apelando a atrayentes recursos gráficos y expresivos, junto a un buen guión escrito por ella y Leticia Castro. Más allá de escenas no muy logradas y una escasa marcación actoral, Día Naranja propone una valiosa experiencia sensorial, complementada por buena música y canciones, que el público femenino sabrá apreciar especialmente.
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  • Juan y Eva
    Juan y Eva
    Revista Veintitrés
    Transitando fundamentalmente el vínculo afectivo entre el carismático Coronel del Ejército Juan Domingo Perón y la incipiente actriz radial Eva Duarte, Juan y Eva propone un acercamiento a una trama atravesada por múltiples circunstancias históricas. Una crónica de una porción sumamente significativa de nuestro pasado político que no impide que estemos ante un film visceral y encendido. Alejada de la experimentación audiovisual que caracterizó sus films anteriores, la realizadora Paula de Luque encaró su trabajo más maduro y ambicioso, buscando no sólo escenificar ese poderoso vínculo sino desmenuzar la situación gubernamental, social y jerárquica de una sociedad argentina en vísperas de un cambio profundo y sustancial.
    Con indisimulable amor y consideración hacia sus personajes, de Luque revela también algunos claroscuros de Perón y Eva, dentro de los feroces tironeos y luchas de poder que signaban la época, más allá de que cierta solemnidad aflore en algunos tramos y no colabore en una mayor fluidez del relato. El terremoto de San Juan de mediados de los años 40 da pie al metafórico origen de la historia de amor que insinúa el título, cuyas nada sencillas etapas se irán delineando en el marco de intensos acontecimientos socio políticos. Y que desembocarán, con una enorme vibración emocional, en la movilización del 17 de octubre de 1945. La utilización del blanco y negro –dentro de un interesante manejo de las tonalidades- unifica los materiales empleados, logrando un convincente mix de la emblemática epopeya, realzado por la notable música de Ivan Wyzsogrod. El enfoque general, centrado en el hombre y la mujer que están detrás del mito, se armoniza con las caracterizaciones de Osmar Nuñez y Julieta Diaz, que descollan y escapan a los estereotipos, junto a otros sólidos trabajos de Fernán Miras, Maria Ucedo, Alfredo Casero y Pompeyo Audivert.
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  • El significado del amor
    El significado del amor
    Revista Veintitrés
    Estableciendo una jubilosa y poética relectura de la comedia romántica, El significado del amor recorre las zigzagueantes alternativas de un vínculo entre dos personajes opuestos aunque no antagónicos. Una extrovertida y desafiante joven y un maduro y estructurado investigador conformarán una historia de amor plena de exóticas y singulares alternativas que no desdeñan la reflexión. Las ideologías políticas y la religión son sólo dos de los tópicos que asomarán caóticamente a lo largo de la narración en medio de una discontinua y apasionada relación amorosa. Ella está empeñada en convertir a hombres conservadores, machistas y autoritarios en seres respetuosos de ideas ajenas y hasta preocupados por el medio ambiente, entre otros cambios notorios. Cuál es su modus operandis? El sexo. Sin amor y como práctica liberadora y luminosa. En ese trance conocerá a Arthur Martin, un nombre que remite a Juan Pérez o John Smith en Francia, más allá de la marca de cocinas. Un hombre común y rutinario con la suficiente sensibilidad como para enamorarse y enamorar a la dama en cuestión e iniciar un nuevo camino, acaso tortuoso y siempre sorprendente, para ambos. Con la incomparable presencia de Jacques Gamblin y de la deliciosa Sarah Forestier, el film de Michel Leclerc depara un momento original, descontracturado, lúcido y emotivo. Qué más.
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  • Splice
    Splice
    Revista Veintitrés
    Splice, que significa empalmar o montar elementos de distinta procedencia, va bastante más allá de ser un film industrial de ciencia-ficción relacionado con experimentos genéticos, estilo Especies o Resident Evil. Porque el film del estadounidense -pese a su nombre y apellido- Vincenzo Natali, apunta a metáforas mucho más hondas e inquietantes, dentro de una temática que gira alrededor de la creación de un híbrido en el que se combina ADN humano con material molecular de otras especies. Tónica que la encuadraría en el subgénero fantástico al que hemos hecho referencia, pero ya desde los excelentes títulos se percibe que Splice –que cuenta con la especializada bendición de Guillermo del Toro- no será sólo eso. Una pareja de científicos concibe en un laboratorio clandestino una forma de vida que significa un nuevo escalón en el árbol evolutivo; Dren (Nerd al revés), un engendro extrañamente hermoso y lleno de cualidades inusuales que proporcionará tanto maravillas como pesadillas. Natali es autor de una película del género única en su tipo como El cubo y aquí también ofrece una pieza singular, con toques del mito de Frankenstein, algún homenaje a David Cronenberg, excelentes efectos visuales y la consistente participación de dos intérpretes que escapan al cine convencional como Adrien Brody y Sarah Polley.
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  • Amigos con beneficios
    Amigos con beneficios
    Revista Veintitrés
    Con el antecedente demasiado cercano de Amigos con derechos, se da a conocer ahora, con un título muy semejante, un planteo afín y hasta edades, tipos físicos y condiciones carismáticas coincidentes, la comedia romántica Amigos con beneficios. El veterano cazafantasma Ivan Reitman había sorprendido hace sólo unos meses con la espléndida No Strings Attached, (Sin ataduras), rótulo original que incluso tuvo como alternativa el de Friends With Benefits (¡!). ¿Qué ocurrió? ¿Sólo incómoda casualidad o espionaje de ideas entre estudios hollywoodenses? Sea como fuere, ambos films que combinan romance con humor y entran en el tópico amistad-entre-hombre-y-mujer-que incluye-sexo, no son un calco, pero se sabe de entrada que su desarrollo y final van a desembocar en lo mismo. En Amigos con derechos había una jugosa mirada hacia la trastienda televisiva, en cambio aquí hay una pretendida burla hacia –precisamente- la comedia romántica, cuando el cínico publicista jugado por Timberlake comenta: “Creen que poniendo esa conocida canción al final van a persuadir a la gente que disfrutó de una buena película”. Y en este caso, los muy creativos y diferentes títulos de cierre no coinciden con la calidad –sólo aceptable- del film en cuestión. La pareja protagónica se desenvuelve con divertidos recursos pero no conmueve, y en los roles secundarios nadie se destaca demasiado.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    Revista Veintitrés
    Ofreciendo un entretenimiento sin pausas y desenfadados pincelazos de humor, Mi Primera Boda sorprende como impecable representación de comedia cinematográfica de formato industrial que no pierde identidad propia y que hasta sabe incluir toques de sátira y cine alternativo. La milenaria ceremonia del casamiento ha deparado películas de todo tipo, y en el terreno nacional han existido títulos que lo han nutrido en décadas pasadas.
    En este caso el modelo es indudablemente la comedia estadounidense, que ha entregado en los últimos tiempos una cantidad considerable de films que giran alrededor de esta temática, pero esta búsqueda nunca deja de lado un humor bien argentino, dentro de un formato de comedia de enredos que no se detiene y que llega hasta sus últimas y disparatadas –más allá de cualquier credibilidad- consecuencias. Con los valiosos antecedentes de las comedias románticas de Juan Taratuto, Hernán A. Golfrid (Música en Espera) y Diego Kaplan (Igualita a mi), el cineasta Ariel Winograd, con el formidable sustento que le proporcionó el guión de Patricio Vega, diseña una estupenda y desopilante pieza del género. Desde los atrayentes dibujos de los títulos, realizados por Liniers (concepto que se extiende también al creativo formato del cast de cierre) el film, que recorre las alternativas de una clásica –aunque no tanto, al combinar el judaísmo con el catolicismo- pero accidentada boda, atrapa al espectador desde la primera imagen y no lo suelta hasta un final que incluye sabrosos apéndices.
    Quizás los relatos a cámara de los protagonistas a veces no fluyan demasiado, pero eso no empaña un ritmo sostenido y burbujeante, que incluye algunas escenas y personajes fuera de serie. El triángulo Hendler-Oreiro-Imanol Arias funciona a la perfección, dentro de un elenco encendido en el que habría que nombrar los aportes de cada uno.
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  • No le temas a la oscuridad
    No le temas a la oscuridad
    Revista Veintitrés
    Con el inequívoco trasfondo de las obsesiones expresivas del aquí productor Guillermo del Toro, No le temas a la oscuridad es un film que transita por el terror, el suspenso, lo sobrenatural y lo mágico, alcanzando algunas atmósferas notables y que revela en Troy Nixey a un realizador avezado. Basada en una producción televisiva del año 1973, del Toro y Matthew Robbins diseñaron un guión con muchas referencias
    En suma, una pieza que promete mucha más de lo que finalmente da, pero que sin dudas propone un sustancioso plato de truculencia y horror que no deberán dejar pasar los amantes de los subgéneros que ha ido deparando el terror a través del tiempo.
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  • Cerro Bayo
    Cerro Bayo
    Revista Veintitrés
    A través de un film sencillo pero magistral, la guionista y directora
    Victoria Galardi demuestra, con tan sólo dos largometrajes en su haber, una categoría de cineasta nacional de primer nivel. Presentando un segundo film de su total autoría –su ópera prima, la notable Amorosa Soledad, estuvo codirigida- esta realizadora maneja con absoluta fluidez todos los elementos inherentes al lenguaje cinematográfico, redondeando con Cerro Bayo una pieza sin mayores pretensiones, salvo la de de lograr una estupenda e impecable narración. Ambientada en el sur turístico de nuestro país, en un pueblo anodino que vive de los visitantes, al pie del cerro que le da nombre al film y en vísperas de la temporada de esquí, la mujer más grande de una particular familia, decide suicidarse. A partir de allí, con la abuela internada y sin respuesta cerebral, un verdadero cisma familiar afectará decisivamente a ellos y a la comunidad. Este núcleo central engloba una serie de pequeñas historias que se siguen con gran deleite, combinando las mejores virtudes del cine de autor con toques de un cine más entrañable y acaso popular. Con algunas escenas antológicas, como el desfile de chicas aspirantes a princesa del pueblo o la firma de un contrato de venta de un terreno familiar, Cerro Bayo construye sin pausas una obra de excelencia, incluyendo un cierre en el que la emoción no está para nada ausente. Un andamiaje sostenido a la perfección por un elenco formidable, en el que hasta el más breve personaje aporta verosimilitud y creatividad.
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    Revista Veintitrés
    Dirigida por Brad Anderson, que en un par de films anteriores había logrado buenos exponentes de cine de suspenso con toques fantásticos; aquí no repite esos méritos a través de una película fallida. Uno de sus problema quizás sea que no se decide por un género específico para narrar su odisea. La oscuridad es un thriller con toques apocalípticos que precisamente no opta nunca por ser simplemente eso, un film –subgénero en boga- acerca del fin de la humanidad, uno alegórico con referencias teológicas o filosóficas o uno claramente orientado hacia el más puro terror. La combinación de géneros a veces es apropiada, pero en este film, en el original Vanishing on 7th street (Desapareciendo en la 7ma. calle) no consigue amalgamar una trama coherente que, básicamente, gire alrededor del mítico miedo a la oscuridad. Un extraño apagón en la ciudad de Detroit viene acompañado de funestos sucesos que se harán visibles al amanecer, al encontrar unos pocos sobrevivientes ropas de gente que se ha esfumado, coches abandonados y silencio espectral. La película llegaa lograr algunos pasajes angustiantes, en los que asoma inquietud acerca de la suerte de los personaje, pero en realidad es una sensación forzada, porque el film logra una escasa empatía con el espectador y en su tramo final se vuelve algo reiterativa y rebuscada.
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  • Hachazos
    Hachazos
    Revista Veintitrés
    El documentalista e investigador Andrés Di Tella, con el respaldo de otro especialista en el género como Marcelo Céspedes, va en búsqueda de Claudio Caldini, verdadero prócer del cine alternativo y experimental. Detrás de un circunspecto hombre recluido en una quinta suburbana, a veces lozano y lleno de bríos como cuando filmaba en su juventud y otras inexpresivo y distante, se halla oculto un verdadero genio de la imagen. Hijo de un empecinado cineasta aficionado, no ve reflejada su gran estatura artística a través de este film disperso y mal enfocado, que acaso debió haberse llamado El cineasta secreto, como el propio Caldini se auto denomina, en lugar de la inapropiada y nunca explicitada Hachazos. El realizador –lejos de su brillante Fotografías- lo registra en su cotidianeidad mientras busca descifrar las motivaciones de su cine, salpicando fragmentos de su obra en súper-8, formato hoy justamente homenajeado por la dupla Spielberg-Abrams. Pero lo mejor de la película es un final con Caldini en su esplendor exhibiendo una pieza rodada en esos días con tres proyectores simultáneos que va manejando como un director de orquesta. Un breve y extraordinario momento visual y sensorial que el film le debe mucho más a Caldini que a Di Tella. Aún así Hachazos tiene el mérito de sacar del anonimato a un cineasta fuera de serie, merecedor de un ciclo con su obra.
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  • ¿Diferente de quien?
    ¿Diferente de quien?
    Revista Veintitrés
    En principio, esta tragicómica comedia italiana le hace honor al primer término de su título, ya que es claramente diferente a todo lo que se está viendo en la cartelera actual. Desenfadada, imprevisible, insólita, vertiginosa, ¿Diferente de quién? presenta una inesperada combinación entre la política y la amplitud sexual, y aunque ambas temáticas no parezcan –o sí- compatibles, el film las integra de movida. Lo que es sólo el punto de partida, ya que el director debutante Umberto Carteni no teme en ningún momento agudizar y llevar la historia hasta sus últimas consecuencias. Sin perder su interés pero acaso sí toda credibilidad, ¿Diferente de quién? se muestra naturalista y militante de sus causas, sin por esto dejar de ser más una fábula que una pieza realista. En el tradicionalista noreste de Italia, un gobernador estilo macrista -pero aún más de derecha-, deberá hacer frente a un candidato a intendente de la centro-izquierda y además homosexual, que compartirá fórmula con una arcaica diputada conservadora. Las agrias diferencias del comienzo se irán disipando al punto de modificar los pensamientos, sentimientos y objetivos de vida de ambos. La comedia no detiene su marcha ante ningún obstáculo, incomodando y sorprendiendo sin pausas al espectador. Un formidable trío de intérpretes redondea una propuesta tan polémica como imperdible.
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  • Los Pitufos
    Los Pitufos
    Revista Veintitrés
    Los curiosos personajes creados por el belga Peyo, mezcla de duendes y enanitos de otra dimensión –ya no verdes sino azules-, que pasaron de una antigua historieta a la TV y hasta tuvieron su propio largometraje, llegan ahora remozados en su versión 2011, digital, 3D y combinada con acción viva. Propuesta que resulta atrayente si la comparamos con aquella serie de animación de trazos básicos y recursos visuales y narrativos elementales, a cargo de la voraz usina de ciclos del género que fue la productora Hanna-Barbera. Pero claro que los admiradores de esas exitosas criaturas dibujitos de los años 80 quizás se sientan nostálgicos al verlas recicladas de manera hiperrealista y trasladadas desde su pequeña aldea a una urbe expansiva como Nueva York. Sea como fuere, el cambio es burbujeante, a través de una trama sencilla en la que el recordado Gargamel (eficaz Hank Azaria) persigue a los pulgarcitos hasta forzarlos a atravesar un portal mágico que los hace llegar a nuestro mundo, donde interactuarán con una pareja humana mientras el villano y su gato Azrael tratan de atraparlos. Las incidencias sólo son medianamente interesantes, aunque ágiles y de seguro impacto en los más pequeños. Técnicamente correcta y sin demasiados hallazgos, Los Pitufos funciona como una suerte de carta de presentación de inminentes secuelas.
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  • El fin del Potemkin
    El fin del Potemkin
    Revista Veintitrés
    Realizada por un cineasta marplatense, asiduo colaborador de Luis Puenzo, El Fin del Potemkin narra con hondura e imágenes de gran poder expresivo una historia singular que abarca a Rusia y Argentina, a través de localidades como Mar del Plata, Moscú, Bielorrusia, Letonia y la Patagonia. Misael Bustos reconstruye la compleja e insólita trama de un grupo de marineros de la Ex URSS rusos varados en la gran ciudad balnearia a fines de 1991, a causa de que el barco pesquero en el que trabajan quedó desamparado ante la disolución de la Unión Soviética. Exiliados contra su voluntad y sin ser reconocidos por su patria ni siquiera en el aspecto de los salarios adeudados, debieron subsistir en un país muy ajeno, sin recursos, casi incomunicados y luchando por adaptarse a costumbres extrañas para ellos. Bustos focaliza en dos de los que quedaron vivos de ese duro trance, Viktor, especialmente, y Anatoli, ex tripulantes del barco mercante Latar II, detenidos en el tiempo y sobrellevando esa situación límite con la mayor dignidad y temple posibles. Un trabajo de rodaje y filmación de notables aristas, realzado por planos de gran fuerza visual enmarcados por la apropìada y melancólica música de Guillermo Pesoa.
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  • Loco y estúpido amor
    Loco y estúpido amor
    Revista Veintitrés
    Con una impronta romántica pero surcada por momentos irreverentes y descontracturados, formato en el que la comedia estadounidense está incursionando saludablemente en los últimos años, Loco y estúpido amor cumple con algunos de esos postulados. Chispazos que hay que atribuirles a un guionista inteligente y a un dueto de directores con buen pulso para abordar un género mixto y a veces riesgoso. Los cineastas Glenn Ficarra y John Requa supieron ofrecer toques de este espíritu en la desprejuiciada historia de amor gay combinada con fugas carcelarias Una pareja despareja (I Love You Philip Morris). En Loco y Estúpido Amor, que milagrosamente conserva el sentido del título original Crazy, Stupid, Love, narran en cambio tramas amorosas cruzadas que se desencadenan a partir del divorcio de una pareja unida desde la adolescencia y con tres hijos de distintas edades. Con alternativas dispares y a veces sarcásticas y absurdas, el film transita con dinamismo esos vínculos inesperados hasta arribar a un final tan forzado como desopilante. Si bien pudo haber dado para más, estos amores locos y (no tan) estúpidos escapan a las convenciones románticas habituales, y se disfrutan aún más a través de intérpretes como Steve Carell, Ryan Gosling, la formidable Marisa Tomei y el sorprendente pequeño actor Jonah Bobo.
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  • Las aventuras de Nahuel
    Las aventuras de Nahuel
    Revista Veintitrés
    Hace tiempo que el realizador Alejandro Malowicki acariciaba un proyecto que aunara títeres y animación y finalmente ahora llega a las salas con Las aventuras de Nahuel, un film dirigido al público infantil que puede resultar atrayente para chicos que ronden edades de los cinco a los once años. A esos elementos se suma un claro concepto autóctono en personajes, contextos e historias, acentuadas por buenas canciones con toques de murga y candombe. Malowicki, cuyo último film fue el documental de denuncia PyME (Sitiados), tiene como antecedente en el género Pinocho, ambiciosa recreación en los años 80 de la historia de Carlo Collodi. En este caso la apuesta es más acotada pero no por eso menos lograda técnica y expresivamente, y se aboca a narrar la historia de un chico de la calle nacido en un barrio que remite a La Boca, que busca a su madre y se hace amigo de un gato atorrante. El hallazgo de un libro llamado Leyendas aborígenes, permite que Nahuel y el niño espectador se introduzcan didáctica y mágicamente en un mundo ancestral y nativo. Las alternativas son entretenidas, más allá de una cierta falta de carisma y chispa de los personajes principales. La creativa tarea de Martín Bianchedi en las canciones y la música incidental enmarcan adecuadamente esta valiosa búsqueda de film infantil nacional.
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  • Tengo algo que decirles
    Tengo algo que decirles
    Revista Veintitrés
    Múltiple y abierta en su generosa oferta de situaciones sentimentales , Tengo algo que decirles es una película dotada de condimentos típicos de la comedia italiana y otros más vinculados a un cine europeo costumbrista contemporáneo. Sea cual fuere su estilo, su catarata emocional -y a la vez disfuncional- la vuelve irresistible de principio a fin. Asmbientada en un pueblo del sur de Italia de fuerte raigambre tradicionalista no sólo en sus vínculos familiares sino también en su paisaje , esta comedia dramática dirigida por un cineasta de origen turco, Ferzan Ozpetek, De todas maneras Tengo algo que decirles, siendo una película de estructura clásica, se guarda también algunos misterios bajo la manga, especialmente relacionados con la abuela de la familia y asimismo alrededor de un final de toques poéticos y silenciosos. Elementos que no hacen más que enriquecer sus ya considerables atributos
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  • Hermanitos del fin del mundo
    Hermanitos del fin del mundo
    Revista Veintitrés
    Concebida en gran parte para aprovechar el éxito televisivo de la pareja protagónica, los animadores, actores y cantantes Topa y Muni, Hermanitos del fin del mundo es un aceptable producto destinado al público infantil. Diego Topa conduce el segmento de Disney en cable para chicos entre tres y seis años desde que apareció en la grilla como Playhouse Disney (hoy Disney Junior) y hace un tiempo que lo acompaña en esa tarea Mariana Seligmann (Muni). Un rol en apariencia sencillo que ambos desarrollan con buen humor, carisma y talento, elementos que trasladan ahora al formato cinematográfico a través de una trama que aúna solidaridad, música y bellos paisajes del sur de nuestro país. La historia involucra a niños desamparados a punto de ser desalojados de su hogar en el marco de la ciudad de Ushuaia, a los que tratan de proteger los protagonistas, aquí Pato y Pirucha, inseguro maestro de música y muy graciosa cocinera, respectivamente. Habrá un grupo musical para preadolescentes incluido en la historia, una típica villana a cargo de Norma Pons que remite a Cruella de Vil y otros roles bien cubiertos por Fabio Aste y Mimí Ardú. Un final emotivo y un par de buenas canciones completan un menú apropiado para niños menores de ocho años en etapa de receso escolar.
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  • Mundialito
    Mundialito
    Revista Veintitrés
    Contando con un material muy poco difundido que gira alrededor de una suerte de Mundial de Fútbol reducido que tuvo lugar a fines del año 1980, Mundialito ofrece un más que interesante documento acerca de toda un época. Ya de por sí los videos y fílmicos que registran ese poco recordado y a la vez histórico torneo futbolístico, que se realizó en esa única oportunidad, justificaban un film del género, pero esto se complementa con los testimonios y el concepto puesto en juego en el documental. El director uruguayo Sebastián Bednarik unió dos hechos que en su momento estuvieron unidos pero que no trascendieron demasiado en otras latitudes: un plebiscito constitucional que la dictadura uruguaya organizó para perpetuarse con mayor legitimidad en el poder, que iba a tener su correlato en ese inédito mini-campeonato mundial organizado con el aval de la FIFA con equipos representantes de la elite futbolística. La idea del gobierno de facto era que el resultado favorable del plebiscito sea coronado por un gran éxito deportivo, pero ambos emprendimientos adquieren simbolismos muy diferentes a los esperados. Ese núcleo ideológico del film se ve enriquecido por sustanciosas reflexiones de jugadores, dirigentes, presos políticos y otros protagonistas de esos singulares sucesos.
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  • Cars 2
    Cars 2
    Revista Veintitrés
    Fuera de los indudables valores que tiene la empresa de animación fílmica Pixar y fundamentalmente su mentor -y realizador de buena parte de los films del estudio- John Lasseter, Cars no ha sido de lo mejor que ha llevado adelante. Más allá que el género implique animales y objetos que hablan y actúan como humanos, en la primera pieza había que tener mucha fuerza de voluntad para aceptar un mundo dominado por autos parlantes, autocomandados y autosuficientes, valga la redundancia. La no existencia de criaturas antropomorfas en esta ya definida saga se podría atribuir a una búsqueda de la productora de despegarse del concepto de Toy Story –obra capital del estudio-, es decir, objetos inanimados que cobran vida cuando las personas dejan de prestarles atención. Idea que hace poco recicló la igualmente estupenda Gnomeo y Julieta.
    De todos modos chicos de todo el mundo han disfrutado del producto, y seguramente lo propio ocurrirá con esta secuela, destinada a niños de 7 para arriba. En este caso hasta aviones, navíos y otros objetos motorizados tendrán vida propia, en una historia que muestra inicialmente a personajes ya conocidos rumbo a un Grand Prix que propondrá peripecias con una impronta de espionaje internacional, en la que participan una suerte de auto 007 y una sexy modelo femenina, entre otros nuevos roles. Una vuelta de tuerca interesante pero forzada, mientras que las escenas de carreras recuerdan la parafernalia visual de los hermanos Wachowski en su recreación de Meteoro. Claro que la factura formal de Cars 2 tiene momentos magníficos, entre atrayentes diseños y meticulosos detalles, pero el film en su totalidad está lejos de esos toques a lo James Bond que aparecen en Los increíbles, y ni hablar de otras genialidades que Pixar ha puesto en juego en films como Ratatouille, WALL-E, Buscando a Nemo o Up.
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  • El retrato postergado
    El retrato postergado
    Revista Veintitrés
    De haber proseguido con su obra, el escritor desaparecido durante la dictadura cívico-militar Haroldo Conti hubiera llegado a ser, sin dudas, una figura emblemática de la literatura argentina. Aún así textos como La balada del álamo carolina, Alrededor de la jaula o Sudeste lo siguen posicionando como un narrador notable, con pocos parangones entre pares argentinos y latinoamericanos. El retrato postergado reúne, fundamentalmente, material documental inédito y valioso que iba a formar parte, hace más de treinta años, de un film que iba a recorrer el aspecto humano que había detrás del escritor. Trabajo que estaba siendo llevado a cabo por un joven cineasta llamado Roberto Cuervo y que quedó abortado debido al secuestro sufrido por Conti. Un retrato vivencial que no pudo concluirse y que le da título a un trabajo interesante, con algunas búsquedas expresivas atendibles por parte de Andrés Cuervo, hijo de Roberto, que se apropió de ese material –que incluye tomas junto a Rodolfo Walsh y opiniones de Galeano y Martha Lynch- y lo amalgamó con otras imágenes hasta conformar una nueva película. Lo más atractivo de esta breve obra sea seguramente escuchar el testimonio parlante del autor, expresiones que pueden mostrarlo cotidiano, descriptivo, mordaz, descarnado; pero siempre lúcido.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Vibrante y con alguna variante con respecto a los dos films anteriores de la saga, Transformers: El Lado Oscuro de la Luna, sin dejar de ser un producto, como ocurre con otras series cinematográficas hollywoodenses, ofrece un suculento momento para sus seguidores. De la mano experta de Michael Bay y el hiperactivo Steven Spielberg, y con efectos visuales, mecánicos y escenográficos realmente espectaculares, esta tercera edición de la versión fílmica de los populares dibujos por momentos deja sin aliento. En esta ocasión los transformistas seres metálicos deberán afrontar una amenaza que viene del pasado y del satélite natural de la tierra. Transformers 3 no ahorra en batallas estridentes (y sangrientas) entre los blindados buenos y malos, incluyendo otras maquinarias vivientes de diversos tamaños y potencialidades. Asimismo un feroz ataque sobre la ciudad de Chicago la emparenta, de paso, a la actual tendencia de films sobre naves extraterrestres sometiendo urbes terrestres. Luego de un buen arranque con la saga primera versión, la fallida Transformers 2 no alentaba más continuaciones, sin embargo este tercer film reflota con intensidad épica y grandes efectos la franquicia. Las actuaciones son solventes, más si presentan nombres como los de John Malkovich, John Turturro, Frances McDormand y Patrick Dempsey,
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  • Aballay
    Aballay
    Revista Veintitrés
    Esa emoción única que produce el cine en estado puro logra despertar Aballay, el hombre sin miedo, en principio el mejor opus de Fernando Spiner, cineasta que venía prometiendo esa gran película que finalmente llegó. El realizador de La Sonámbula y Adiós querida luna abandona el cine futurista presentando una formidable conjunción de western clásico con épica gauchesca, amalgamada con toques narrativos propios del cine contemporáneo. Ese género emblemático, irresistible aún en su versión italiana, se ve mixturado aquí con ese pistolero de a caballo pampeano del cine nacional, que acaso llegara a su máxima expresión a través del Juan Moreira de Favio. Spiner abreva equilibrada, intensa y jubilosamente en estas vertientes, arribando a una pieza estupenda, dotada de gran solidez dramática y expresividad visual. La historia hace énfasis en la venganza, sentimiento clásico en el género, pero ofrece giros propios del talento del autor del relato original, Antonio Di Benedetto; combinando crudas escenas de acción con momentos intimistas, sugerentes, místicos y alegóricos, fundamentalmente rebosantes de argentinidad. Elementos enriquecidos por la magnífica pintura musical de Gustavo Pomeranec, la fotografía de Claudio Beiza, y sustancialmente un elenco inmejorable, con la sorprendente máscara de Pablo Cedrón y un descollante Claudio Rissi a la cabeza.
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  • La doble vida de Walter
    La doble vida de Walter
    Revista Veintitrés
    Jodie Foster como realizadora siempre de ha despegado de obras anteriores tratando de ofrecer propuestas diferentes, arrancando con la pequeña pero entrañable Mentes que brillan, lúcido análisis de la precocidad intelectual humana, que se extendió a la interesante búsqueda dramática de Home for the Holidays. En el medio de estos dos films brindó como productora y protagonista el notable Una Mujer Llamada Nell, que aún si ser dirigido por ella contiene su espíritu estilístico y expresivo. Su retorno detrás de cámaras la ubica nuevamente en un film que no se parece a ninguno de su filmografía, teniendo en cuenta que sus elecciones como intérprete son menos selectivos y rigurosos que como cineasta.

    Sea como fuere, La doble vida de Walter presenta particularidades varias, desde abordar los bloqueos mentales más inexpugnables, hasta la curiosa elección como protagonista de un Mel Gibson que ofrece como actor una de sus composiciones más arriesgadas. Un rol sólo comparable al de El hombre sin rostro, su primera pieza como director, un campo en el que no se le pueden negar audacias que lo vinculan fuertemente con la distintiva carrera de su amiga y aquí directora. Walter Black, exitoso empresario de juguetes, sufre una indescifrable y a la vez profunda depresión que lo desvinculan de su tranquila vida familiar y de su propia existencia. Sin embargo en un acto desesperado se aferra a un viejo títere manual de su creación, que cobra vida y lo resucita en todos los órdenes, hundiéndolo a la vez lo en un nuevo y aparentemente irreversible desorden psicológico. Un extraño y desafiante melodrama, casi siempre perturbador y tragicómico aunque con wscasas líneas de humor. La trama paralela que engloba al hijo adolescente de Walter y sus conflictos redondea una propuesta atrayente, simbólica y controvertida que quizás daba aún para más. El trabajo de Gibson es encomiable y lo propio se puede decir de los ascendentes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence.
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  • Juntos para siempre
    Juntos para siempre
    Revista Veintitrés
    Autor de brillantes esquemas argumentales, era esperable que Pablo Solarz, en este paso del guión hacia la dirección de cine, lo diera con un film fuera de rubro, pese a su romántico y engañoso título. Guionista de una obra esencial como Historias mínimas, propone con Juntos para siempre una suerte de comedia negra, amarga e intranquilizadora, que poco se emparenta con otros notables trabajos suyos que dieron de lleno en el género, como Un Novio para mi Mujer o lo sobrevolaron, como El frasco. Personajes oscuros, perturbados o simplemente conflictuados transitan su ópera prima a través de dos planos narrativos que abordan la vida de un guionista –acaso su alter ego-, y una historia paralela que elucubra su inventiva. Una ruptura afectiva atravesada por una trama sórdida, que lentamente empezará a contaminar la aparente realidad y se convertirá en otra película dentro de la película. Los variados escenarios del film no pueden desmentir su carácter claustrofóbico y asfixiante, y su escasa empatía con el espectador lo resienten en parte, pero decisivamente lo alejan de un cine nacional joven a veces despojado en exceso (a menudo de guión).

    Su corrosiva historia de desamor, surcada por lúcidos diálogos y situaciones, está sostenida por un impecable elenco en el que se destacan el fenomenal Peto Menahem, un inquietante Luis Luque y una imperdible Mirta Busnelli.
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  • El túnel de los huesos
    El túnel de los huesos
    Revista Veintitrés
    Los films sobre fugas carcelarias resultan siempre atrayentes para el espectador porque producen una empatía con el o los escapistas, quizás por un afán inconciente por reivindicar al convicto, más allá de los crímenes que haya cometido. El túnel de los huesos es un film del género de un nivel sólo aceptable, pero que está dotado de una gran vibración, a la que se le agrega el ingrediente extra de ser un hecho real ocurrido en la cárcel de Devoto a principios de los años 90, con conexiones con los crímenes de estado de los años 70. Antecedentes como Los evadidos o La fuga de Eduardo Mignogna hablan de una temática abordada por el cine argentino con buenas armas expresivas.

    Si bien en este caso algunas escenas y diálogos pueden no convencer, no se puede negar que el film atrae en todo momento y se robustece aún más a partir de un atroz descubrimiento por parte de los reclusos. La trama, resuelta a través de flashbacks que parten de la charla de un prófugo con un periodista (que representa a un joven Ricardo Ragendorfer), llega a un punto central al toparse los condenados en plena excavación con osamentas pertenecientes a cuerpos abatidos por la represión, con lo que este producto de suspenso carcelario nos retrotrae a un nefasto pasado. Las escenas en el túnel son de una notable verosimilitud y algunas sólidas interpretaciones colaboran en este sentido, especialmente las de Raúl Taibo, Luciano Cazaux y Daniel Valenzuela.
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  • X-men: Primera Generación
    X-men: Primera Generación
    Revista Veintitrés
    Como parte de esa tendencia de Hollywood -llevada a su máxima expresión por George Lucas y sus Star Wars revisionistas-, la serie fílmica de X-Men tiene también su precuela, quizás más justificada y lograda que otras en los últimos tiempos. Con historias que han formado parte en algún momento de los comics originales de Marvel, recreadas y aggiornadas con óptimos recursos visuales y atrayentes alternativas argumentales, y un excelente elenco que combina intérpretes jóvenes y talentosos con otros de trayectoria, X-Men: Primera generación termina de dar forma a un relevante opus de una de las mejores sagas cinematográficas de superhéroes.
    El director Matthew Vaughn, sin antecedentes realmente valiosos pero contando con el respaldo del gran Bryan Singer, demuestra destreza al narrar una trama que arranca en un campo de concentración nazi (como el primer film de la saga), donde se develarán las razones del odio insondable de Magneto (o Erik Lehnsherr), y su temprana amistad con Charles Xavier (luego Profesor X). Ambos, junto a ese grupo de mutantes y fenómenos paranormales y antes de convertirse en archirrivales, intercederán en el momento más tenso de la Guerra Fría, en donde auténticos discursos de Kennedy e imágenes documentales del conflicto entre Estados Unidos y la U.R.S.S. formarán parte de un tramo importante del film, que sorprende por ese acercamiento histórico dotado de una gran ambientación.
    Luego del paso en falso de Wolverine -personaje estrella del grupo que aquí aparece sólo en una humorística toma-, y más allá de algún error geográfico (que toca de cerca a nuestro país), el film logra combinar espléndidamente todas sus vertientes estilísticas. Incluso hablado en diferentes Idiomas (alemán, ruso, francés, algo de español además del inglés), otro detalle poco habitual dentro del género, X-Men: Primera generación propone un gran resurgimiento de la saga, tan oportuno para seguidores como para iniciáticos.
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  • Alfredo Li Gotti. Una pasión cinéfila
    Sustentada fundamentalmente por las características de su protagonista, un empecinado, infatigable, romántico coleccionista de cine, este documental de Roberto Ángel Gómez, clásico en esencia, quizás no podría haberse plasmado de otra manera. Porque Alfredo Li Gotti. Una pasión cinéfila es una reverencia hacia un hombre irrepetible, y a la vez un axiomático tributo al cine. Gómez abordó la deconstrucción de este apasionado amante del celuloide de la forma más tradicional posible, porque es probable que algún ímpetu audaz o innovador -habitual en una ópera prima- hubiese desvirtuado en algún punto el espíritu de este verdadero personaje. Y este film es precisamente un documento fiel que refleja sin desmayos una vida y obra que no sólo daba para una película, sino para una saga o miniserie. Singularidad que se transfiere y enriquece a través del testimonio de otros recopiladores de cine, amigos, colaboradores, cineclubistas y afectos que van acercando momentos –o escenas- clave en la existencia de este hombre. No sólo dueño de una rica y probablemente única colección de películas en distintos formatos, sino de una sala en su propia casa y de reflexiones y vivencias entrañables vinculadas a su pasión cinéfila.
    Nada más ni nada menos que eso, suficiente para cautivar a cualquier espectador de cine que se precie de serlo.
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  • La palabra empeñada
    La palabra empeñada
    Revista Veintitrés
    Sustentado en un material de archivo de singular valor y en reveladores y variados testimonios, La palabra empeñada constituye una pieza documental de aristas intensas y comprometida visión militante. Trabajo que hace hincapié en los últimos años de vida del periodista Jorge Ricardo Masetti (padre de uno de los directores), el único periodista argentino que cubrió la guerra de guerrillas que llevó a la liberación de Cuba, a través de la cual logró establecer contacto visual y entrevistas irrepetibles con Fidel Castro y fundamentalmente el Che Guevara. Registros que tuvieron lugar en la Sierra Maestra, teatro de operaciones de la gesta revolucionaria. Masetti, tras formar parte de esa proeza, fundó y dirigió en Cuba la agencia de noticias Prensa Latina, que significó un proyecto de resistencia pionero frente a los monopólicos canales de información imperantes. Compromiso que lo llevó a dejar de lado su tarea periodística para volcarse decididamente a la lucha armada, quedando al frente de la avanzada del Che bajo el alias de "Comandante Segundo". Palabras de ilustres testigos como Gabriel García Márquez, el cineasta –y antes periodista y militante- Alejandro Doria, y Ciro Bustos, entre otros, enriquecen las valiosas imágenes y fotografías que presenta el film. Un documental que, desde su título esencial, reivindica a una figura poco reconocida de la lucha revolucionaria guevarista.
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  • Le quattro volte
    Le quattro volte
    Revista Veintitrés
    Nada diferencia demasiado a Le Quattro Volte de un documental hecho y derecho. El film del milanés Michelangelo Frammartino recorre los hábitos, personajes y el marco natural y animal que rodea a un pueblo del sur de Italia, con un espíritu absolutamente testimonial y contemplativo. No existen diálogos ni ninguna situación argumental definida a lo largo de toda la película, pero, a la vez, tampoco existen voces en off como para encuadrar al film en el género enunciado al principio. Ambientada en un poblado de Calabria detenido en el tiempo, el film debe su título, Le Quattro volte, a “las cuatro vueltas” que tiene estacionalmente un año, reflejando a través del frío del invierno, el renacer de la primavera, etc., las vivencias y ceremonias costumbristas que llevan a cabo sus habitantes. Cortejos fúnebres, levantamiento de curiosos monolitos efímeros (como un árbol gigante que se derriba y un iglú de madera, matas y barro que se quema) y hasta el conmovedor alumbramiento de un cabrito, son parte de sucesos, actos, eventos y cultos que caracterizan la vida de esa comunidad. Con una intensa poesía visual –algunas imágenes son arrobadoras-, la película recorre esos momentos y a veces se detiene brevemente –aunque nada sea breve ni expeditivo en el film, al contrario- en algún ser que lo transita, como un anciano que protege su rebaño. Atrayente pieza fuera de géneros o tendencias.
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  • Winnie the pooh
    Winnie the pooh
    Revista Veintitrés
    En momentos de superabundancia de productos de animación digitales y en 3D, surge este film clásico de Disney, realizado con técnicas tradicionales y narrando historias sencillas, dotadas de mucha ternura y escaso frenesí, dirigidas hacia los niños más pequeños. Winnie The Pooh retoma los personajes originales de los cuentos de A.A. Milne casi presentándolos de nuevo, en una suerte de precuela infantil. El osito de peluche de remera roja se muestra aquí rodeado de amigos infaltables como Igor, Tigger, Conejo y Piglet, la participación de Cangu y Rito, la reaparición en la pandilla de Búho, y fundamentalmente la presencia de Christopher Robin, el niño que inventa imaginativas historias con esos muñecos que cobija en su cuarto.
    Luego de otros films de la saga en los que las estrellas eran Tigger y Piglet y el más reciente, que presentaba un personaje nuevo como el efelante Lumpy, el personaje principal vuelve a ser Pooh, que despierta, como siempre, hambriento de miel, un problema menor ante la aparente desaparición del niño, la búsqueda de la cola para Igor, y la presunta existencia de un monstruo llamado El Ponto. Winnie The Pooh homenajea en todo su transcurso al formato del libro, y ofrece un dulce remanso para niños y padres, a los que hay que recomendar no retirarse hasta que terminen todos los títulos, ya que habrá deliciosos dibujitos decorándolos y una escena final que cierra la historia.
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  • Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo
    Tras el reciente y estupendo El hombre de al lado, Mariano Cohn y Gastón Duprat reaparecen sin demora con una nueva y singular pieza, que es un digno producto de su lucidez y destreza. Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo es un largo y sarcástico título que remite a leyendas urbanas, pero que en realidad encierra una trama con incidencias más cercanas a lo fantástico que al imaginario popular. Una historia que arranca en el lejano oriente y que se traslada a un decadente café barrial en el que un rutinario hombre conoce a un persuasivo y magnético sujeto, aparentemente inmortal y dotado de poderes sobrenaturales, con el que establece un pacto. Un acuerdo de características extraordinarias que le deparará una segunda oportunidad en su vida y a la vez un gran resarcimiento económico; pero también un infierno en la tierra. Cohn y Duprat han combinado en otros films la ficción con el documental, y aquí incluyen un insospechado elemento testimonial, al escritor Alberto Laiseca, autor del relato en el que se basa el film, que interviene en varias oportunidades aportando formidables y mordaces apostillas. Precisamente la mordacidad y la audacia es una constante en un film que, con un poco más de ambición expresiva, hubiera sido excelente, pero que vale la pena disfrutar, incluyendo las sustanciosas interpretaciones de Eusebio Poncela y Emilio Disi.
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  • Los labios
    Los labios
    Revista Veintitrés
    Con un estilo notoriamente documental, Los Labios es un film intimista y a la vez enriquecido con profundas implicancias sociales, que reúne en un mismo objetivo a los cineastas Santiago Loza e Iván Fund. El primero tiene en su haber una filmografía muy peculiar que incluye títulos como Extraño, Cuatro mujeres descalzas y el espléndido documental Rosa Patria, mientras que el segundo estrenó recientemente su primer largometraje, La risa. Este trabajo en conjunto ofrece una mirada muy particular sobre tres asistentes sociales que viajan a una indeterminada comunidad del país para escuchar y aconsejar a seres desabastecidos, con muchos niños a su cargo a los cuales crían con muy pocos recursos. Tres mujeres que atraviesan por esa misión en condiciones precarias pero con un redoblado espíritu solidario, y que a la vez deben sobrellevar una buena convivencia entre ellas. A medida que llevan a cabo sus entrevistas se aceptan y se relacionan mejor con el contexto, mientras que un par de ellas descubren escondidos, y quizás nuevos, sentimientos. Un final de celebración y distensión corona un trabajo expresivo encomiable, que cuenta con un trío de actrices estupendas (Eva Bianco, Victoria Raposo y Adela Sánchez), que, rodeadas de auténticos pueblerinos, convencen al espectador que son realmente asistentes sociales sorprendidas por la cámara en medio de sus tareas.
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  • Agua para elefantes
    Agua para elefantes
    Revista Veintitrés
    Narrando una historia ambientada en el mundo de un circo itinerante de décadas pasadas, el director Francis Lawrence alcanza cierto lirismo visual y expresivo con su nuevo film, ya desde su poético título. Quizás uno de los logros del realizador de Soy leyenda y Constantine sea que el inexpresivo objeto de deseo adolescente Robert Pattinson demuestre algunas dotes actorales. Es bastante, más aún teniendo en cuenta que el protagonista de Crepúsculo y sus secuelas tuvo que ponerse a la par de un elenco interesante aunque heterogéneo, como ocurre en todo ámbito cirquense. Con referencias notorias pero no enfáticas sobre la gran depresión, Agua para elefantes recorre una trama que abarca dos momentos muy distantes en el tiempo en la vida de un joven veterinario nunca recibido, que terminará trabajando para una carpa ambulante, creativa pero plagada de dificultades.
    Dentro de las alternativas sentimentales y pintorescas extraídas de una novela por el guionista y director Richard LaGravenese, existen otros personajes clave como los animales de la delegación, especialmente una elefanta entrañable y talentosa que terminará llevando a cabo una represalia poco creíble, pero funcional al desenlace del film. Enmarcados por bellas labores de fotografía, dirección de arte y música, se destacan el glamour sexy de Reese Witherspoon y el histrionismo de Christoph Waltz, el antológico Coronel Landa de Bastardos sin gloria, como el extraviado mandamás del circo. Una propuesta diferente, especialmente para ese público cautivo que representan las incondicionales admiradores de Pattinson.
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  • Amateur
    Amateur
    Revista Veintitrés
    Néstor Frenkel es un cineasta que, luego de un breve paso por la ficción con Vida en Marte, ha destinado su carrera a largometrajes documentales plenos de originalidad y hallazgos. Buscando a Reynols ofreció la singular visión de un muchacho con síndrome de dawn baterista con su propio e inclasificable grupo de rock, y Construcción de una Ciudad abordó con lucidez y sensibilidad la historia de un pueblo entrerriano arrasado en pos del progreso, vuelto a reconstruir de manera esquemática, para luego transitar por su tercera fundación. Ahora con Amateur Frenkel encuentra otra veta expresiva a través de un insólito cineasta aficionado al margen de todo tipo de cine existente y recolector de datos sobre la cinematografía mundial, entre otras cosas. Protector apasionado de su propia y abundante obra, este odontólogo, conductor radial, filatelista y fundador de un peculiar grupo de boy scouts tiene un caballito de batalla llamado Winchester Martín, un western pampeano kistch en súper 8 con el que está a punto de llegar a su tercer remake. Un personaje increíble e infatigable que se apropia de la película, aunque los primeros diez recorriendo material visual casero anónimo propongan asimismo un momento extraordinario. Una pieza fuera de serie que, más que al cine, homenajea a la cámara cinematográfica.
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  • Gnomeo y Julieta
    Gnomeo y Julieta
    Revista Veintitrés
    Con una brillante calidad de animación digital, muy buenas ideas narrativas y divertidas parodias sobre el cine, Gnomeo & Juliet propone un momento muy entretenido para el público infantil y a la vez fenomenal para los espectadores adultos. Especialmente por su particular recreación de los legendarios Romeo y Julieta de Shakespeare, que se vuelven aquí dos simpáticos enanos de jardín como los que decoran la entrada de algunas casas, pero dotados de pasión amorosa y rivalidad familiar. Con una indisimulable influencia de Toy story, el film de Pixar que resignificó el largometraje de animación en tres dimensiones, aquí también los personajes sólo adquieren movimiento una vez que los humanos los pierden de vista, pero en el film de Kelly Asbury, director de Shrek 2 y Spirit que también participó en la manufactura de, precisamente, Toy story, eso es sólo un detalle. Sólo hay que sentarse a disfrutar de las peripecias de estos gnomos y otras criaturas afines que cobran vida, incluyendo también la estupenda música, ya que el film tiene la particularidad de contar con un puñado de canciones de Elton John, además productor ejecutivo. Es una pena que no se estrenen copias en su idioma original, una mala costumbre reciente que impide escuchar las labores de intérpretes como Emily Blunt, Michael Caine y Julie Walters.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    Revista Veintitrés
    En primera instancia llama la atención que detrás de la manufactura de este film esté Kenneth Branagh, actor y hombre de cine que recreó a Shakespeare a través de títulos como Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces y el emblemático Hamlet, entre otras. Pero también se aproximó al thriller con Volver a morir, a la comedia con Los amigos de Peter y hasta a la ópera con La flauta mágica, así que quizás no sorprenda tanto que ahora se ocupe de un superhéroe clásico de la editora Marvel como Thor; teniendo en cuenta además su carácter épico, ataviado con toques medievales y escandinavos.
    Sea como fuere, la adaptación del cómic ofrece innovaciones pero es respetuosa del original, narrando la mitología del dios del trueno expulsado de su mundo por su padre Odín, rey del planeta Asgard, y confinado a la Tierra como castigo. La trama arranca en el presente en Estados Unidos y va alternando entre este mundo, el del héroe y la tierra de los Hombres de hielo, acérrimos enemigos de los asgardianos. La película propone fundamentalmente un gran espectáculo visual, con abundante acción, pero incluyendo también algunos elementos dramáticos que, claro está, son del gusto de Branagh. En especial la rivalidad entre los hermanos Loki y Thor, enfrentados por el afecto de su padre, la lucha por el poder y la posesión del famoso martillo Mjolnir. Con notables diseños escenográficos y digitales y un lucido vestuario, Thor no descolla pero entretiene y se reserva muchas alternativas para una indisimulada secuela. Dentro de un elenco de figuras que incluye a Natalie Portman, Anthony Hopkins, Stellan Skarsgård, René Russo y Samuel L. Jackson, se destaca el joven Tom Hiddleston como el conflictuado hermano de Thor.
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  • Mis tardes con Margueritte
    Mis tardes con Margueritte
    Revista Veintitrés
    Con el estilo intimista, humano y fraternal que ha caracterizado la obra más reciente del realizador Jean Becker, Mis Tardes con Margueritte es un película pequeña y entrañable, espléndidamente interpretada. La fortuna de vivir y Conversaciones con mi jardinero son dos films anteriores de este director vinculados estilísticamente con esta pieza, que se ocupa de la cálida y singular relación entre un maduro sembrador y comerciante de legumbres, casi analfabeto, y Margueritte, una erudita anciana, apasionada por la lectura, ex investigadora y militante de la Organización Mundial de la Salud. Por casualidad este hombre se sienta al lado de ella en un parque y lentamente empiezan a compartir el amor por las palomas, y los diálogos sencillos que tocan circunstancias de la vida, de las pasiones y el arte. Y alrededor de ellos, familiares y afectos que serán partícipes significativos en las reacciones y las vicisitudes por las que atraviesan. Una madre desequilibrada, y un grupo de amigos posesivos en el caso de él y un sobrino desapegado en el caso de ella, entre otros. El inmenso, en todo sentido, Gérard Depardieu y la formidable Gisèle Casadesus sostienen una tierna y esperanzada trama, que no deja de ser una historia de amor.
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  • El gato desaparece
    El gato desaparece
    Revista Veintitrés
    Un verdadero renacimiento de su cine propone Carlos Sorín con su nueva película, fundamentalmente por su apuesta de género, que se suma a un alto riesgo narrativo y visual. La singular obra del director de El camino de San Diego incluye un par de verdaderos hitos del cine nacional como La película del Rey e Historias mínimas, pero tras su poética y contemplativa La ventana, minimalista y fallida, parecía que su carrera estaba entrando en un punto muerto. Y ahora rápidamente establece un golpe de timón con El gato desaparece, thriller acotado pero repleto de suspenso, vueltas de tuerca y agudas observaciones de la vida cotidiana.
    La trama se reduce al periplo de un profesor universitario dado de alta luego de un brote psicótico, y la tensión e intriga que generan su vuelta al hogar, especialmente en su vulnerable y expuesta mujer, crecen hasta llegar a instancias intolerables. Con sugerentes apuntes visuales -acentuados por el abarcativo superscope-, un suspenso bien entendido y algo de humor negro, el director logra entretener, inquietar, sorprender y ofrecer alguna breve e irónica reflexión. Estructura que se apoya en la sólida pareja de intérpretes compuesta por Luis Luque, excepcional en su capacidad gestual y manejo expresivo, y la notable paleta de emociones que transmite Beatriz Spelzini. Más allá de un estilo predeterminado, Sorín demuestra su condición de cineasta puro, capaz de lograr que hasta un animal tan inmanejable como un gato, le responda.
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  • La chica de la capa roja
    La chica de la capa roja
    Revista Veintitrés
    La idea era atractiva: recrear el cuento (¿infantil?) Caperucita Roja, haciendo foco en sus costados más perversos y terroríficos, con todos los elementos técnicos del cine actual. Pero el arranque medianamente interesante de esta peculiar adaptación pronto se desdibuja para internarse en la línea de los subproductos para adolescentes que se iniciaron con Crepúsculo. Films que combinan elementos sobrenaturales y románticos, y que terminan siendo un desfile de carilindos y atléticos chicos y chicas que presuntamente actúan. La directora Catherine Hardwicke fue precisamente la responsable de Crepúsculo y aquí, en lugar de aprovechar alguna buena idea que le proponía el guión de David Johnson (La huérfana), prefirió alinearse dentro del estilo del film vampírico-amoroso que la catapultó.
    La chica de la capa roja transforma la antigua y tradicional fábula en una historia con toques góticos y medievales que incluye una aldea sitiada por uno o más licántropòs, un cazador estilo Van Helsing y una chica protagonista que en este caso no es una niña. En esta versión es ya una joven y bella mujer que no sólo se debate entre dos amores, sino que también debe lidiar con un padre y una abuela (sí, la famosa abuelita) que esconden siniestros secretos que ella intentará develar. Munida de su capa y capucha roja, claro.
    La bonita y no poco talentosa Amanda Seyfried (Mamma Mia!, Cartas a Julieta) debe padecer un par de inexpresivos galanes, dentro de un elenco que incluye un seleccionado de actores de ayer y de hoy como Gary Oldman (con su habitual capacidad histriónica), Julie Christie, Billy Burke, Virginia Madsen y Lukas Haas. Pero ninguno de ellos logra remontar una trama que se acerca más a un fiasco que a una recreación novedosa.
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  • El derrotado
    El derrotado
    Revista Veintitrés
    En general los largometrajes de Javier Torre, que cuentan con búsquedas temáticas y cierta capacidad narrativa, no han sido muy valorados, quizás por haber sido estigmatizado por su condición de hijo de Leopoldo Torre Nilsson y nieto de Leopoldo Torres Ríos, prestigiosos hombres de cine. Se trata de un cineasta desparejo, sí, pero también capaz de contar bien una historia, como demostró en Las tumbas, El camino de los sueños, El juguete rabioso y especialmente Un amor de Borges. En el caso de este nuevo film suyo logra un nivel aceptable, trasladando al cine precisamente una novela de su padre, acaso influenciado por su mujer escritora Beatriz Guido. Sea como fuere, se trata de una historia con costados interesantes y algunas falencias que Torre no pudo remontar, como la falta de un crescendo dramático en el protagonista, un jugador empedernido y patológico que hace honor al título. En cambio el rol de su mujer tiene otro aliento trágico y más alternativas. La trama transcurre en una Buenos Aires de la década del 50 que se transforma en un personaje más, dentro de una humilde pero acertada recreación de época y de tipos humanos. Adrián Navarro logra darle una convincente máscara a su perdedor, bien acompañado por la bella Romina Gaetani, el sólido Rafael Ferro y acertadas participaciones de Daniel Ritto y Elena Pérez Rueda.
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  • Ajami
    Ajami
    Revista Veintitrés
    Intenso drama étnico, Ajami atraviesa conflictos milenarios entre judios, musulmanes y cristianos a través de personajes desesperados por sus tragedias y enceguecidos en sus odios, en medio de evidentes fragilidades. El título hace referencia a un barrio árabe llamado Jaffa Ajami, escenario de ataques y revanchas entre jóvenes enfrentados, pequeñas piezas de un gran tablero sangriento en el que están en juego el resentimiento, los clanes familiares, las mafias, las armas ilegales y la droga.
    La historia se va narrando a través de varios personajes, testigos y partícipes de una situación siempre insostenible, al borde del drama y de la muerte. Un niño israelí que es capaz de predestinar y un adolescente palestino que busca financiar una operación vital para su madre enferma son sólo un par de ejes narrativos de una trama compleja pero lineal, en la que la vida rara vez se impone. Sin proponer un derrotero sin salida ni una densidad asfixiante, los directores Scandar Copti y Yaron Shani, palestino y hebreo respectivamente, construyen con destreza, convicción y espíritu documentalista un film implacable y a la vez repleto de humanidad. Un notable grupo de actores no profesionales otorga una sorprendente verosimilitud dramática al conjunto.

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  • Rio
    Rio
    Revista Veintitrés
    Dotada de una estupenda galería de personajes, tanto del reino animal como del humano y de una formidable calidad audiovisual, Río se erige como una de las mejores piezas de animación digital de los últimos años. Producción de la Fox y Blue Sky Studios (La era de Hielo, Robots), el film supera esos productos y propone una burbujeante historia enmarcada en el marco fascinante de la ciudad de Rio de Janeiro y un colorido desfile de plumíferos, entre los que se destacan guacamayos –protagonistas- y tucanes. Precisamente su director es también brasileño, y para esa productora realizó como co director los films mencionados, y fue responsable exclusivo de las secuelas 2 y 3 de La era de Hielo y ahora vuelve a ser el único director en Río. Haciendo honor a su nacionalidad, Saldanha recrea la esencia de esa urbe –incluyendo las favelas y algunos sutiles toques sobre la pobreza, la marginalidad y la polución-, pero focalizando en sus íconos clásicos, mucho más aptos para el público infantil, como el carnaval, la samba y el fútbol. También el film se hace un espacio para mencionar las especies en peligro, a través de una trama en la que la dueña del último guacamayo azul macho del planeta se traslada desde Minnesota para unirla con su símil hembra en la ciudad carioca, tras lo cual arrancará una serie de frenéticas y bien dosificadas aventuras. La recreación del Sambódromo es notable, y lo propio de puede decir de los monitos arrebatadores, afines a otros animalitos antológicos como los pingüinos de Madagascar o las palomas de Bolt. Una banda de sonido espectacular completa una imperdible propuesta familiar.
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  • Revolución. El cruce de Los Andes
    Alejada de visiones escolares, acartonadas y esquemáticas, Revolución: el cruce de los andes redescubre la figura de un hombre esencial de nuestra historia, buscando reconstruir con crudeza y pocas concesiones una gran gesta épica. Con la preocupación de ser fiel a la verdad histórica, y a la vez, sin embargo, no estar completamente aferrado a ella, este film dirigido por el debutante Leandro Ipiña logra despertar un puñado de sensaciones que la acercan a sentimientos verosímiles y por qué no, genuinamente patrióticos. Ipiña es un sanluiseño que estudió cine en Córdoba y que finalmente se afincó en Buenos Aires, recorrido que seguramente lo habrá templado como para encarar un proyecto de esta envergadura, para nada sencillo y desbordante en significados. Sea como fuere, el joven realizador se las ha ingeniado para entregar una ópera prima sólida.
    Y desde su interesante arranque el film muestra una distinción para contar su trama, porque no estará narrada desde San Martín, sino desde el punto de vista de uno de sus colaboradores, ahora un anciano y antes un joven con vocación literaria que se volverá combatiente. Un testigo de la historia, un hombre obsesionado por el recuerdo de viejas épocas gloriosas que abre y cierra una película que se ocupa mayormente de la epopeya del cruce de la Cordillera, pero que no es sólo eso, Empresa que también resulta atrayente, por supuesto, fundamentalmente por la grandeza del marco y de sus artífices, junto a logradas escenas de batallas, masas en movimiento y de travesía. Lo mismo se puede decir de los diálogos del General con sus subordinados en pos de establecer las mejores estrategias de lucha.
    Revolución, título significativo, logra alcanzar un valioso y emotivo espíritu épico. Factores que se amalgaman con la intensa, visceral, apasionada composición de Rodrigo de la Serna para darle carnadura a un film nacional relevante.
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  • El mal ajeno
    El mal ajeno
    Revista Veintitrés
    Con un estilo que combina un drama naturalista “de hospital” con el thriller y lo sobrenatural, El mal ajeno propone una historia fuerte y atrayente, impecablemente filmada y actuada. Pero algunas notorias influencias y cierta reiteración melodramática la resienten. De la mano de Alejandro Amenábar, el director debutante Oskar Santos narra lo que le ocurre a un médico muy profesional en su manejo de situaciones límite, pero que se ha inmunizado ante el dolor de los demás y esto le trae consecuencias importantes en su entorno afectivo y familiar. Un violento encuentro termina con una vida y revive la suya, y le traerá a aparejado un don relacionado con la sanación, por el que luego deberá pagar un precio muy alto. El novel director se basó en un guión del experimentado Daniel Sánchez Arévalo, y le sirve para demostrar su mano diestra y a la vez una indisimulable semejanza narrativa y estilística con su padrino artístico Amenábar. La trama avanza con sustento, buenos diálogos, y unas cuantas sorpresas que la enriquecen. Pero asoma el nítido recuerdo de la excelente El protegido de M.Night Shyamalan, mientras que Eduardo Noriega no puede evitar mimetizarse con el George Clooney de ER, junto a situaciones melodramáticas que se acumulan en exceso, restando ductilidad al film. Aún así El mal ajeno es una pieza valiosa y atrayente, con alguna metáfora interesante. Excelentes labores de Noriega, Belén Rueda y la joven Clara Lago, dentro de un elenco muy ajustado.
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  • El predio
    El predio
    Revista Veintitrés
    Resulta sin dudas complejo reseñar y calificar un film de las características de El predio. Una pieza que desestima la narrativa cinematográfica y aún los principios básicos de cualquier documental, que, por más de avanzada que sea, ofrece al menos un registro audiovisual. La pieza de Jonathan Perel es también eso, una descripción visual, pero en este caso decididamente contemplativa, despojada de los conceptos clásicos empleados en el género. Tomas fijas, planos estáticos, ausencia de cualquier tipo de intervención por parte del realizador –obviamente no hay narración alguna-; un todo que conforma una visión absolutamente particular. Una visión desposeída fundamentalmente de vida, como un elemento clave que la define. Las imágenes de muros, salas ruinosas en proceso de reacondicionamiento, instalaciones artísticas, avances de actos culturales, dentro de los vestigios fantasmales de un pasado trágico, se van acumulando toma tras toma a través de una verdadera apuesta estética y expresiva. Fotos en movimiento de una realidad molesta, a través de las cuales El predio por momentos se transforma en una radiografía espeluznante de la muerte. Para apreciar con paciencia y sin preconceptos.
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  • Marte necesita mamás
    Marte necesita mamás
    Revista Veintitrés
    Este film de animación digital de Disney está llevado adelante por el estudio digital de Robert Zemeckis, director de piezas antológicas como Forrest Gump, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y la trilogía Volver al futuro, entre otras, quien se ha obsesionado últimamente con el sistema motion capture. En Marte necesita mamás, con el respaldo de la productora del gran Walt, vuelve a la carga con un formato con el que ha pergeñando títulos animados poco convincentes como El Expreso Polar, en este caso con una mayor justificación en su empleo, ya que se trata de un film de ciencia-ficción. El director Simon Wells, un especialista en el género (Balto, El Príncipe de Egipto), se ocupa de la lucha de un niño por rescatar a su madre abducida por marcianos que precisan de su esencia para los cachorros de su especie. Una trama algo rebuscada y dotada de escenas poco agradables para los muy pequeños, pero que puede interesar a niños más grandes por la aventura interplanetaria. La realidad es que sólo James Cameron pudo darle envergadura al sistema a través de la excepcional Avatar, mientras que Marte necesita mamás cae en falencias ya vistas, como los rostros y expresiones que buscan ser calcos de la mirada humana y no lo consiguen. Están más logrados, lógicamente, los personajes marcianos, y atraen ciertos logros formales y de diseño, pero aún así el humor y la diversión no abundan.
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    Revista Veintitrés
    Jalonada por estudiados pero disfrutables chispazos creativos, Un cuento chino es un film pequeño con aspiraciones de obra mayor, que aunque navegue en ese tránsito intermedio alcanza igualmente resultados estimulantes. Sebastián Borensztein, el de ciclos televisivos notables como El garante y Tiempo final, demoró un poco su esperado paso hacia el largometraje, que finalmente llegó con la comedia bizarra La suerte está echada, con puntos de contacto con este nuevo film suyo aunque las temáticas sean muy diferentes.
    Su segundo y misterioso opus, el thriller Sin memoria, seguramente tendrá otro estilo, pero aquí Borensztein despliega recursos narrativos y formales vinculados a un humor melancólico y tragicómico, a través del inesperado encuentro entre un porteño y un chino perdido en la gran ciudad, que busca al único familiar que tiene vivo, y al que el primero da cobijo. Una incómoda convivencia debido a la incomunicación (su huésped sólo habla chino mandarín), y las características hoscas, solitarias, obsesivas, rutinarias y pesimistas del argentino (para el que la vida es “un gran sinsentido”); asimismo atormentado por su condición de ex combatiente de Malvinas. La trama ofrece un terreno fértil para los equívocos y el paso de comedia, y el film avanza serenamente y sin pausas, con algunos momentos divertidos y otros paradojales y fantásticos a lo Tim Burton. El desenlace, ciertamente emotivo, redondea una pieza que cumple con sus objetivos pero que pudo haber dado para más. Un par de sólidos protagonistas como Ricardo Darín, exacto en cada gesto y cada frase, e Ignacio Huang, formidable revelación; se complementan con el creíble y sensible aporte de Muriel Santa Ana y los estupendos apuntes musicales de Lucio Godoy.

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  • Familia para armar
    Familia para armar
    Revista Veintitrés
    Combinando con cierto equilibrio drama y comedia, el guionista y cineasta debutante Edgardo González Amer presenta una pieza personal, que logra destacarse dentro de otros films sobre temáticas familiares del cine argentino reciente. La particularidad de Familia para armar reside en una historia poco transitada, con varias líneas narrativas que atraviesan con ductilidad el film. El balneario de Valeria del Mar sirve de agradable marco para atravesar una trama con zonas más incómodas que simpáticas, donde en un hospedaje regenteado por un hombre joven, su madre y su hermana, surgirá en escena una hija adolescente, lanzada desde Buenos Aires tras una situación límite, y decidida a recuperar amor paterno tras largos años de distanciamiento. Un terreno plagado de lógicos obstáculos, en los que la terquedad de él –entre traumas y temores-, los devaneos adolescentes de ella y un secreto difícil de digerir dificultarán el reencuentro.
    Protagonizada por un auténtico núcleo familiar, compuesto por Norma Aleandro (madre), Oscar Ferrigno (hijo), Valeria Lorca (esposa y nuera), la película alcanza algunos momentos verosímiles y sentidos a través de estos intérpretes y otros secundarios, con diálogos aceptablemente formulados. Una familia que pudo haber dado más frutos, pero que resulta interesante de apreciar.
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  • Líbano
    Líbano
    Revista Veintitrés
    Apelando básicamente a rostros en primer plano, diálogos ajustados y lacerantes y el pequeño espacio que presenta el cubículo de un tanque de guerra, Líbano diseña una obra cinematográfica de máxima destreza, expresividad y originalidad. Con fuertes puntos de contacto con su propia historia de vida, el cineasta israelí Samuel Maoz se introduce de lleno en la guerra de Oriente Medio, una de las más atroces y dilatadas de todos los tiempos. Sus experiencias como soldado novato durante la guerra del Líbano de 1982 están expuestas sin medias tintas, eufemismos ni heroísmos, sumergiendo al espectador en medio de una devastadora e impiadosa conflagración.
    La misión de un tanque israelí durante la invasión al Líbano, llevando en su interior a un prisionero libio, es el mínimo eje argumental de esta verdadera proeza fílmica, que apenas presenta alternativas o conflictos personales profundos. Con cuatro inexpertos soldados a bordo, tripulando una brutal máquina de matar y obedeciendo órdenes criminales totalmente desligadas del más mínimo respeto por la condición humana, el vehículo militar avanza sin pausas ni concesiones, igual que el largometraje. O se detiene, dando pie a las más inquietantes sospechas y sentimientos; compartidos, confrontados o degradados. Movilizadora, claustrofóbica, pesadillesca, excepcionalmente actuada y dotada de un par de escenas finales de la más pura y bizarra poesía visual y emocional, Líbano es una obra maestra del cine de guerra.
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  • El concierto
    El concierto
    Revista Veintitrés
    Si bien una partitura del colosal Tchaikovsky en un final de película a toda orquesta es potencialmente emocionante de por sí, el film El concierto es mucho más que eso. La realización del rumano Radu Mihaileanu va más allá del simple estímulo sonoro de una obra del gran compositor ruso espléndidamente recreada. El autor de la extraordinaria El tren de la vida aprovecha al máximo los elementos expresivos que tenía entre manos y arriba a una obra que aúna comedia con drama y denuncia política y que se podría definir como un emocionante y a la vez divertido homenaje a la música y al espíritu artístico incluyendo críticas descarnadas a más de un sistema gubernamental.
    Nominado en los últimos Globo de Oro, el film fustiga en su trama al comunismo soviético, especialmente el comandado por Leónidas Brézhnev, que convierte al director de orquesta del Bolshói -que luego se tomará su gran revancha-, en un empleado de la limpieza ante su empecinamiento de incluir músicos judíos en su formación. Por otra parte el personaje de la violinista solista, a cargo de la bellísima y talentosa Mélanie Laurent (Bastardos sin gloria) también sufre en su más tierna infancia atropellos del régimen. Pero estos apuntes decidamente críticos se extienden también al fuerte neo capitalismo que impera en el país ruso. Por supuesto que apuntar a tantos objetivos al unísono hace tambalear por momentos el andamiaje y especialmente la credibilidad de El concierto, pero hay que decir que el film apela a elementos sencillos como el carisma de sus personajes, a cargo de un estupendo elenco, y la emoción que producen la música y la tenacidad de un artista. Los pasos de comedia, un ritmo indomable a puro pulso emotivo y la reconfortante y magnífica escena final hacen el resto.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    Realizada con notable pulso cinematográfico, acción trepidante e impecable tecnología, Invasión del Mundo. Batalla: Los Ángeles no se destaca en cambio por su idea, su guión ni por el tratamiento que le da a su remanida trama. Además, por momentos se vuelve irritantemente pronorteamericana y militarista. La escasa historia arranca, precisamente, en un campo militar, donde un veterano marine (Aaron Eckhart), decide retirarse del servicio tras un luctuoso operativo en Irak. Paralelamente una invasión masiva de naves extraterrestres asola a diversas urbes del mundo, incluyendo, claro está, a Los Angeles, donde el oficial en cuestión volverá al ruedo y se tomará revancha. Hay que decir que el film se despega de los códigos clásicos de la ciencia-ficción y se acerca más a una película de guerra, aunque standard. Aún así luce emparentada con la reciente Skyline La Invasión, probablemente debido a las tendencias que genera Hollywood, por no hablar de copias descaradas, mientras que los aliens y las naves recuerdan bastante a los diseños de Sector 9. El director Jonathan Liebesman tiene un par de interesantes antecedentes y aquí vuelve a demostrar su gran capacidad narrativa. Pero no contó con un buen sustento, y los tiros, explosiones y combates descarnados terminan por abrumar.
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  • Un feriado particular
    Un feriado particular
    Revista Veintitrés
    Recién a los 58 años el guionista, director y actor Gianni Di Gregorio arriba finalmente a su ópera prima, a través de esta breve pero verdadera joya llamada Un feriado particular. El título original, Pranzo di Ferragosto, se refiere a una festividad itálica que se realiza en el mes de agosto, y gira alrededor de Gianni, un romano desocupado casi sesentón acuciado por deudas, que vive con su madre viuda. El persecutorio administrador lo sorprende con la propuesta de cobijar a su madre en su casa durante los días festivos, a cambio de reducir sus deudas. Pero esta señora vendrá acompañada por una tía, a la que se suma la madre de su médico de cabecera, que le pide también que la cuide durante esas fechas. El hombre ve de pronto invadida su casa y deberá doblegar su esfuerzo ante cuatro mujeres de avanzada edad que precisan atención. Con toques inimitables que sólo pertenecen a la mejor comedia italiana, y un certero costumbrismo, Di Gregorio diseña una obra entrañable que quizás demandaba algunos apuntes extra sobre los personajes, dando una sensación de film en proceso que a la vez, dentro de sus códigos, es redondo. Pleno de matices resulta asimismo su propio trabajo como protagonista, mientras los espléndidos toques musicales de Ratchev & Carratello enmarcan esta pequeña pero deliciosa pieza cinematográfica.
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  • Infierno al volante
    Infierno al volante
    Revista Veintitrés
    Hay un solo Robert Rodriguez, capaz de presentar las historias más absurdas y extremas en un homogéneo y aggiornado registro clase B, y el canadiense Patrick Lussier, especialista en cine de terror, intenta con Infierno al volante emparentarse frenéticamente al notable estilo del realizador de Machete y Del crepúsculo al amanecer. Sin conseguirlo, claro, más allá que su film tenga un buen arranque a través de un inmortal sediento de venganza (Nicolas Cage), que perseguirá a una secta criminal que sacrificó en un ritual a su hija y que hará lo propio con su pequeña nieta. A bordo de un reciclado auto deportivo y con inmejorable compañía (la súper sexy Amber Heard), recorrerá las carreteras en un atrayente despliegue de súper acción y parodia con estética de comic. Pero luego la propuesta se desvirtuará en su propio desborde de cadáveres acribillados, chatarra ensangrentada, interminables peleas cuerpo a cuerpo, enviados demoníacos y fuegos del averno. El personaje de Cage recuerda al de Ghost rider, el vengador fantasma, y no se puede negar que el film proporciona un suculento plato para un ávido público seguidor de este subgénero. Violencia gore, vehículos retro, cachondas chicas onda Hustler y un premeditado mal gusto son la clave para una pieza muy clase B o Z en un renovado 3D, que puede ser tan amada como detestada.
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  • Fase 7
    Fase 7
    Revista Veintitrés
    Verdadera sorpresa nacional, Fase 7 propone una sólida y muy bien actuada pieza de humor bizarro que se introduce en un subgénero muy presente en el cine de los últimos años, el apocalíptico, con el fin de la raza humana y el planeta devastado a cuestas. En el caso de esta ópera prima escrita y dirigida por Nicolás Goldbart, ubica esta temática en un edificio parapetado ante la aparición de un virus mortal que está extinguiendo rápidamente a la población. El aislamiento, la escasez de víveres y la lucha por la subsistencia generarán imprevisibles comportamientos en vecinos que dejarán de serlo para convertirse en seres paranoicos, conspirativos, hostiles y criminales.
    La reciente Los santos sucios registraba a un grupo de sobrevivientes a campo abierto, contrapuesto a este Fase 7 casi totalmente claustrofóbico; y aunque hubiera sido interesante un poco más de aire en su metraje, el resultado es mucho más logrado y potente. Los diálogos y situaciones alcanzan momentos atrapantes y a la vez desopilantes, con picos interpretativos notables en Daniel Hendler -lleno de matices-, un formidable Yayo y un Federico Luppi antológico, aprovechado al máximo. Más allá de algunas falencias en el desenlace, se trata de una verdadera y disfrutable pieza de género para nuestro cine, de esas que no abundan.
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  • Amigos con derechos
    Amigos con derechos
    Revista Veintitrés
    Cada tanto el cine estadounidense aporta dentro de la comedia romántica alguna pieza disfrutable o diferente. El último gran ejemplo en este terreno ha sido 500 días con ella de Marc Webb, y aunque Amigos con derechos (inesperado primer puesto en la taquilla norteamericana) no raye a esa altura, tiene sus destellos y se merece una buena calificación. Está dentro de los parámetros de algunos recientes films con Jennifer Aniston -una reina actual del género-, como la coral Simplemente no te quiere, o la aceptable Papá por accidente. Su protagonista Natalie Portman, dueña de doble suceso de público y crítica por este film y la probablemente oscarizada El Cisne Negro, optó por una película pasatista y descontracturada y acertó, aún habiendo elegido un partenaire de poco sustento como Ashton Kutcher y un director algo veterano como Ivan Reitman (superado en los últimos tiempos por su hijo Jason, el de Amor sin escalas y La joven vida de Juno). Porque aquél realizador de títulos como Los cazafantasmas, Gemelos o la magnífica Dave, presidente por un día, también da en el blanco, y ampliamente, con esta trama acerca de una pareja libre con encuentros sexuales sin compromisos, situación que entre estos amigos empieza a generar ansiedades y conflictos varios.
    Más allá de algún desnivel, la indudable química entre la versátil y espléndida Portman (no hay papeles menores para ella) y un Kutcher algo más maduro, divertido y consustanciado, son, junto al ajustado guión, los pilares para que el conjunto sea efectivo. Aunque se sepa de entrada cómo va a culminar, las alternativas están bien planteadas, los diálogos son una garantía y los toques emotivos logran su cometido. Y como en todo buen film del género, no fallan algunos graciosos roles secundarios a cargo de Lake Bell, Jake M. Johnson, Greta Gerwig y un estupendo e imperdible Kevin Kline.
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  • Biutiful
    Biutiful
    Revista Veintitrés
    Sombría, turbia, desesperanzada y también apasionada, lúcida y poderosa, Biutiful expone la antítesis de lo que representa su irónico y alegórico título. Una tragedia que reduce a una menudencia el concepto de melodrama, en medio de intensos recorridos plagados de controversiales emociones y fatalidades recurrentes. Caminos sinuosos, circulares y paradojales que incluyen asimismo la belleza y la redención.
    Más allá de su condición de obra difícil de ver y digerir, como otras de este cineasta, el último film de Alejandro González Iñárritu es absolutamente fiel al estilo de un artista cabal, y sólo es posible asimilarlo desestimando resistencias, internándose en la sordidez de un mundo tan reconocible como ajeno. Y vivenciar así la estremecedora radiografía de un hombre en estado terminal, que no remite sólo al fin de una existencia física sino al de su legado en el mundo, dentro de una visceral semblanza de la paternidad.
    Apartándose un poco de historias corales que fueron esenciales en su estética, Iñárritu desglosa sin concesiones una trama en apariencia lineal que se ramifica y complejiza, dando lugar a miradas, situaciones y roles que desembocan en una historia que termina por donde comienza y que describe a un sensitivo e indolente buscavidas con dones sobrenaturales. Un hombre capaz de hablar con muertos como el que lleva dentro, ante su propia e inminente extinción. atormentado por drásticas contradicciones, entre conflictos éticos y espirituales que conviven honda y sensorialmente con el espectador a lo largo de un metraje que lo compromete sin pausas. Fatídicas obsesiones de la cultura mexicana trasladadas a una Barcelona marginal, multirracial y despiadada, hecha carne y sentimiento en la piel de un extraordinario Javier Bardem, y en la descomunal revelación que representa la argentina Maricel Álvarez, entre otros heterogéneos y a la vez homogéneos intérpretes. Y la expresiva paleta sonora de Gustavo Santaolalla envolviendo todo este andamiaje dramático y cinematográfico sustancial.
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  • Soy el número cuatro
    Soy el número cuatro
    Revista Veintitrés
    No hace falta ser muy sagaz para notar que Soy el número cuatro se emparenta claramente con la saga de Crepúsculo. Ámbito estudiantil, chicos y chicas carilindos y atléticos, amores entre humanos y no humanos, legados sobrenaturales para honrar, enfrentamientos entre líderes juveniles antagónicos, etc. Además, ante un desenlace que evidencia sin pudores aventuras en ciernes, se asegura en principio una secuela. Al menos opta por la ciencia-ficción en lugar del terror light de los films basados en los libros de Stephenie Meyer, con su remanido desfile de vampiros, licántropos y demás deformidades que se entremezclan con devaneos teens de poca monta. El film de D.J. Caruso (que viene de hacer un muy buen thriller como Control total), combina con cierto atractivo fantasía extraterrenal con acción y romance, logrando pasajes interesantes a través de ese errante adolescente cósmico, parte de una comunidad de nueve miembros, que huyendo de enemigos interplanetarios encontrará en Ohio un lugar de pertenencia afectiva.
    Más allá de la inevitable y algo forzada historia de amor y sin ponerse exigente con los bonitos protagonistas, Soy el número cuatro funciona como un buen anticipo de lo que vendrá si el éxito la acompaña. Los correctos efectos visuales se guardan alguna monstruosa sorpresa en la lucha final.
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  • Desconocido
    Desconocido
    Revista Veintitrés
    Jaume Collet-Serra, director de La huérfana, pieza de terror que guarda una de las mejores sorpresas dentro del género en los últimos tiempos, arremete aquí con Desconocido, un atrayente relato de suspenso en formato de thriller clásico. El cineasta barcelonés afincado en Hollywood demuestra nuevamente su destreza en films de género, aunque el arranque de la historia no resulte novedoso (un hombre que luego de un accidente descubre que ha sido despojado de su identidad y su memoria). Pero con el auxilio de un estupendo guión, Collet-Serra alcanza un desbordante momento de tensión, acción y vueltas de tuerca, un disfrutable rompecabezas para armar a medida que transcurren las muy bien empleadas casi dos horas de metraje.
    En las peripecias del tal Dr. Harris, que tras ese incidente deberá lidiar con confusos recuerdos y persecuciones, asoman toques hitchcockianos, acaso la memorable Frantic de Polansky y también la reciente Búsqueda implacable, más que nada por la participación del mismo intérprete, el siempre intenso y creíble Liam Neeson. Más allá de algún cabo suelto, Desconocido cumple con los preceptos de un género aún más gratificante en su formato europeizado, apoyado por un elenco impecable y cosmopolita que incluye a Bruno Ganz, Frank Langella, Sebastian Koch y Aidan Quinn.
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  • El rito
    El rito
    Revista Veintitrés
    Después de la interesante idea y manufactura de El último exorcismo y de un antecedente bastante cercano como El exorcismo de Emily Rose, no resultaba muy conveniente que sobrevenga, como si nada, otro film más sobre esta temática; por más que esté protagonizada por Anthony Hopkins y dirigida por el sueco Mikael Hafström, (responsable de la atrapante Descarrilados y de Habitación 1408). Aquella ópera prima de Daniel Stamm producida por Eli Roth mencionada en primer término, acerca de un exorcista apócrifo, abría una puerta que no precisamente El rito aprovecha. Todo lo contrario, esta película "basada en un hecho real” no aporta nada nuevo dentro de este subgénero, y hasta se podría calificar de innecesaria. Ofrece algunos sobresaltos, es cierto, pero está a dos aguas entre el terror religioso y el film testimonial, y su presunta “verosimilitud” sólo se nota en su excedida solemnidad.
    Muchas veces un actor de la talla de Hopkins precisa tener un partenaire de fuste para enriquecer su trabajo, y no lo encuentra aquí en el ignoto Colin O'Donoghue, incapaz de transmitir la relativa complejidad psicológica que le demandaba su personaje. De todos modos el gran actor inglés –que últimamente está poco selectivo- se las arregla para ser lo mejor de la película, claro.
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  • Las aventuras de Sammy
    Las aventuras de Sammy
    Revista Veintitrés
    Producción animada de origen belga, Las aventuras de Sammy - En busca del pasaje secreto es un film de altísima calidad visual y estética, además de contener mensajes esenciales acerca de la preservación del medio ambiente, La película de Ben Stassen, sin apelar a ritmos alocados ni personajes hiperkinéticos, propone asimismo un entretenimiento sin pausas a través de su trama y recursos técnicos. Porque la aventura de esta tortuga de mar en su búsqueda de un amor perdido en su playa natal, está desarrollada con un 3D de formidable resolución expresiva, como pocas veces se ha visto desde que el sistema ha sido reciclado para films de animación y de acción viva. Su imaginativo aprovechamiento, unido a los atributos artísticos de los trazos digitales, logran una combinación atrayente y singular.
    Narrando las alternativas de vida de este encantador paquidermo marino desde su nacimiento hasta su adultez, confraternizando o confrontando con otras criaturas que incluyen humanos, la película va recorriendo distintas latitudes, en tierra firme o ámbito acuático. Más allá de alguna inevitable ingenuidad, Las aventuras de Sammy intercala con creatividad y espíritu formativo importantes postulados ecológicos, que redondean un producto más que recomendable.
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  • Conocerás al hombre de tus sueños
    Las películas de Woody Allen, especialmente las de las últimas dos décadas, poseen temáticas, contenidos, diálogos, géneros, personajes, intérpretes y locaciones bien diferentes. No son tan similares entre sí como algunos aseguran, lo que las iguala y emparenta es ese estilo personal que hace que cada film le pertenezca absolutamente y cualquier escena resulte inconfundible acerca de su artífice. Lo más difícil que existe en el arte. Igual se seguirán estableciendo semejanzas aunque el director de Match Point no se repita y vaya intercalando la manera de presentar sus tramas en forma coral o desarrollando una sola con sus ramificaciones. En Conocerás al hombre de tus sueños Woody recurre al primer rubro, desplegando un abanico de tipos humanos y relaciones afectivas y mundanas, elementos narrativos que va acumulando y que después vuelca generosamente en un solo film, sin guardarse nada ni aprovechar algún cabo suelto para un próximo guión. Si el producto sale bien, perfecto; sino, a otra cosa.
    Las historias de este nuevo film suyo protagonizado por Anthony Hopkins, Naomi Watts y Antonio Banderas, entre otros, son burbujeantes, los personajes, atractivos, algunos encantadores; pero de todos modos Allen no alcanza a redondear una muy buena comedia acerca de las relaciones humanas y los azares de los vínculos amorosos. En el final se guardará un par de ases bajo la manga y una de sus criaturas, el voluble y embustero novelista Roy (Josh Brolin) padecerá una situación tragicómica, mientras que una incipiente pareja entre personas mayores se cristalizará, como un toque de esperanza. Un destello acerca del amor que no gira alrededor del atractivo físico, aquél incondicional. Aunque algún caracter no esté bien delineado, no todo tenga un buen cierre o un amalgame preciso, con esas pinceladas, más un entretenimiento sin pausas, será suficiente y satisfactorio. Para qué más.
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  • El Avispón Verde
    El Avispón Verde
    Revista Veintitrés
    Cuando una película asume demasiados riesgos puede sorprender, sobresalir o también convertirse en un fiasco. El Avispón Verde fue una notable serie del 60 que combinaba el policial con el subgénero del enmascarado defensor del orden, y sin dudas que sus adeptos hubieran preferido un film más fiel al original en lugar de una versión repleta de audacias. Pero eso ya casi pasa al terreno anecdótico ante la cantidad de licencias que se han tomado los artífices de este largometraje (de largo metraje, además) con el mismo título. Las apuestas de ubicar al regordete, grotesco y pretendidamente gracioso Seth Rogen como el vengador sin poderes del ciclo original y de realizador al brillante e innovador Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), de tan fallidas, espantan. Lo propio se puede decir de la desdibujada participación de actores como Tom Wilkinson, Cameron Diaz, Edward James Olmos y del extraordinario Landa de Bastardos sin gloria, Christoph Waltz, como un insustancial archivillano.
    Si la intención fue evocar el concepto de los dos primeros Batman de la década del 90, con el incipientemente genial Tim Burton detrás de cámaras, que a su vez convocara para el papel principal a un comediante como Michael Keaton; hay que decir que el director de Ed Wood (título que en este caso recuerda a Gondry, vaya a saber por qué) hizo sus films sobre el Hombre Murciélago muy en serio, con su visión oscura y creativa. Nadie esperaba cristalinos homenajes, pero tampoco la parodia y la desfachatez, y con tan escasa gracia.
    La recreación del director de Rebobinados venía tan malograda que quizás por eso pobló el último segmento de escenas de acción tan salvajes que exasperan (incluyendo una desproporcionada pelea entre el presunto –no lo parece en ningún momento- héroe y su asistente, más parecida a alguna de Clouseau con su mayordomo oriental). Y ni hablar de las necedades que pueblan los diálogos entre ambos y de la mayoría de los personajes, mérito en el que suma otro poroto el protagonista Rogen, coautor del incalificable guión. Un avispón de vuelo defectuoso que se desbarranca hacia el esperpento. Un irrespetuoso bofetón, además, para quienes amaron la serie.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    Revista Veintitrés
    Sórdida, descarnada e implacable, Lazos de sangre es un film que representa de manera cabal las últimas tendencias del cine independiente estadounidense. Dotada de un alto contenido dramático, el film jamás se aparta de un estilo narrativo duro y sin concesiones que en ningún momento intercala pausas que alivien al espectador, alguna línea de humor o al menos una leve sonrisa en todo su metraje. La obra revela la infrecuente capacidad de la cineasta Debra Granik en un género peculiar, que combina un costumbrismo hiperrealista con toques de thriller. Si bien el título en castellano grafica correctamente el espíritu del film, es más estremecedor y metafórico el original Winter's Bone (Invierno en los huesos), apelando a una frase cotidiana acerca del crudo frío invernal de la zona. Aunque no presente nieve, tormentas gélidas ni imágenes por el estilo, tan sólo el frío entumecedor que sin excepciones transmite la gente de la región boscosa de Ozark.
    Especialmente cuando enfrentan a la casi adolescente Ree (impecable Jennifer Lawrence), que sólo se propone encontrar a su padre, búsqueda que no responde a un interés puramente afectivo. Ella está a punto de perder la casa donde vive con sus dos hermanos pequeños y su madre depresiva e indolente a manos del fisco, ya que este hombre la puso de garantía y luego desapareció sin dejar rastro. Atravesando los bosques, ella indagará entre sus hoscos y agresivos parientes, desafiando un siniestro código de silencio familiar emparentado con una suerte de honor tribal, que los envuelve y la amenaza. La búsqueda de verdad y redención será inclemente y es el intenso hilo conceptual que atraviesa la trama.
    Las homogéneas y verosímiles actuaciones caracterizan personajes curtidos, aislados, resentidos, discriminados y discriminadores, que esbozan diálogos certeros y lacónicos en un inglés provinciano casi ininteligible, en medio de un paisaje agreste e inhóspito que nunca recibe el baño del sol. Una pintura fascinante pero a la vez distante, de un film que no emociona pero atrapa de principio a fin.
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  • El oso Yogi
    El oso Yogi
    Revista Veintitrés
    Basada en un recordado personaje animado de la productora Hanna-Barbera, El oso Yogi es recreado con algunos aciertos, pero se resiente en su trama y en su combinación entre humanos y animación digital, resolución pretendidamente innovadora de una serie que siempre tuvo un formato clásico. Bastante antes Los Picapiedras, de los mismos creadores, fue llevada al cine íntegramente en acción viva, con menos luces que el imaginativo producto original. En este caso hay que decir que este extraño oso parlante de cuello y corbata que roba canastas de comida a turistas en un parque nacional acompañado por un osito pequeño, es mucho menos interesante que aquella otra pieza emblemática de la dupla, que fue una extraordinaria usina de grandes series del género, como Los Autos Locos (dando lugar personajes clásicos como Penélope Glamour y Patán), Don Gato, Los Supersónicos y Scooby-Doo, entre muchas otras. El director Eric Bravig, que debutó en el cine con un film de aventuras para niños y adolescentes como Viaje al centro de la tierra, no logra aquí la misma eficacia, aunque Yogi y Boo Boo mantienen su gracia, especialmente cuando no interactúan con la acción viva. Ciertos mensajes ecologistas en una esquemática trama que gira alrededor de una tortuga en extinción –que podría haber sido más graciosa- y un político corrupto que la secuestra, se pueden rescatar.
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  • La casa muda
    La casa muda
    Revista Veintitrés
    Verdadera proeza fílmica y expresiva, La casa muda es un film de género muy similar a otros en su tipo y a la vez diferente a todos. Filmada en plano secuencia y en tiempo real con extrema precisión,
    el efecto terrorífico es eficaz sin apelar al montaje o efectos visuales. Un mérito que se suma al hecho que la película de Gustavo Hernández es uruguaya, por eso un factor inicial llamativo sea que un film de lanzamiento internacional esté hablado en un más que familiar voceo. Creando una historia ficticia, o no tanto, alrededor de un tenebroso hecho criminal auténtico ocurrido en el país oriental, el film focaliza en una chica que trata de sobrevivir en una oscura casona de campo que oculta un fantasmal asesino. La intensa protagonista Florencia Colucci recuerda a Manuela Velasco en REC y asoman ecos de El proyecto Blair Witch, Actividad paranormal y el tramposo –pero afín- film francés Alta tensión, pero aún así La casa muda es una inteligente pieza que abre una nueva puerta en el género. Rodada con una cámara de fotos, formato en el que ya incursionó el pionero Raúl Perrone con la magnífica La Navidad de Ofelia y Galván, Hernández demuestra una habilidad fuera de lo común para aprovechar al máximo sus escasos recursos, logrando genuino terror y tensión constante. Habrá también alguna trampita, pero el perturbador y bizarramente poético final termina de redondear una pieza formidable.
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  • El mensajero
    El mensajero
    Revista Veintitrés
    Comprometida y genuinamente conmovedora, El mensajero habla de las secuelas irreparables de la guerra desde un punto de vista poco habitual, además de hondo y descarnado. Indagación que aborda al personal asignado al Servicio de Notificaciones de Víctimas de Guerra en Estados Unidos, aquellos soldados y oficiales encargados de comunicar a los familiares acerca de la muerte de un combatiente. Víctimas de conflictos en los que se embarca ese país con el aval de gobiernos belicistas y capitalistas como el de George W. Bush. Dos integrantes del ejército enfrentan la ardua tarea de transmitir malas nuevas, mientras bromean y discuten en el camino y buscan luego alivio y alguna compensación adictiva en sus respectivas casas. Pero uno de ellos empieza a sentirse atraído por una reciente viuda a la que contacta, ante lo cual el desapego y la distancia ordenada por sus superiores se desvirtúa y se acrecienta el conflicto con su compañero.
    El guionista Oren Moverman (I’m not there) debuta aquí como director y logra imbuir a una trama sencilla con pocas alternativas de una notable intensidad dramática. Los ajustados diálogos y las compenetradas interpretaciones aportan otros elementos significativos de una obra fuerte que a veces corta el aliento. Woody Harrelson y Ben Foster asumen sus roles poniendo en juego una emocionalidad constante y redondean dramáticamente un film que hay que ver.
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  • Los viajes de Gulliver
    Los viajes de Gulliver
    Revista Veintitrés
    Desfachatada y expansiva como su protagonista, Los viajes de Gulliver es una insólita nueva versión del clásico literario de Jonathan Swift, y si se dejan prejuicios de lado garantizará un momento divertido para todo tipo de público. Jack Black es un actor, cantante y músico que desde su memorable papel secundario en Alta Fidelidad se volvió una suerte de ícono de la nueva comedia americana. Y supo patentar además un personaje que lo llevó a descollar en un film que ya es un clásico de la década recién finalizada: Escuela de Rock. De todos modos también fue capaz de exponer otros matices en films como King Kong, El Descanso y Jesus’ Son.
    Y así como en Kung Fu Panda el animalito luchador fue creado a su medida, aquí Lemuel Gulliver gira asimismo alrededor de su particular histrionismo. Aún basado en el rol que imaginó su autor hace casi tres siglos atrás, este más que aggiornado Gulliver es un embustero y hedonista repartidor de correo de un diario newyorkino, que en un paseo en bote se internará en un remolino, suerte de pasaje dimensional al reino de Liliput. Allí se sentirá a sus anchas para hacer de las suyas, transformando a sus habitantes en sus súbditos incondicionales. Y además transgrediendo sin pausas sus tradiciones y hábitos, que es en donde reside el principal aporte humorístico de esta recreación, con algunos gags muy logrados. Más allá de alguna guarrada innecesaria y que poco y nada ha quedado en el guión de las alegorías políticas y sociales de Swift, Los viajes de Gulliver, con sus paródicos homenajes al cine y al rock incluidos, y teniendo muy en cuenta -con sus pros y sus contras- que Black es el único y auténtico eje de la propuesta, redondea un aceptable pasatiempo.
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  • La vieja de atrás
    La vieja de atrás
    Revista Veintitrés
    Focalizando en el vínculo entre un adolescente y una señora mayor, ambos aislados -casi rechazados- del mundo, el director Pablo José Meza en su segunda película establece un singular paralelismo entre dos seres en apariencia distantes e incompatibles. Un joven proveniente de La Pampa que trata de costearse dificultosamente sus estudios de medicina en Buenos Aires, a punto de ser desalojado del apartamente que alquila, recibe la sorpresiva propuesta de su vecina, una jubilada que desea compañía a esa altura de su vida, a cambio de alojamiento y comida. A través de esa trama simple pero matizada por diversas situaciones y personajes aleatorios, el realizador de Buenos Aires 100 km ( interesante y ópera prima pueblerina protagonizada por niños) ofrece su mirada a dos seres frágiles y vulnerables, más parecidos que diferentes pese al abismo generacional y los contrapuestos objetivos de vida. Los buenos y sucintos diálogos sostienen una historia de vida atrayente, magníficamente interpretada por Adriana Aizenberg y el ascendente Martín Piroyanski, con buenas participaciobnes de Marina Glezer y Atilio Pozzobón.
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  • Noches de encanto
    Noches de encanto
    Revista Veintitrés
    Concebida casi exclusivamente para permitir el lucimiento de Christina Aguilera -también productora ejecutiva musical del film- y en menor medida de Cher, Noches de Encanto o Burlesque es un musical que brilla en sus momentos escénicos y decae indefectiblemente en su prefabricado entramado y esquemáticos diálogos y situaciones. Llevar al cine una comedia musical no es fácil, últimamente sólo Rob Marshall en Nine (y también en Chicago) logró cosas dignas. De todas maneras hay que decir que el director debutante Steven Antin, con una carrera importante como actor, no parte de ninguna pieza de Broadway sino que él mismo escribió el guión y lo volcó al género del music-hall o comedia musical. Contando con un elenco importante en el escenario (espléndido cuerpo de bailarines y cantantes aparte de las protagonistas), y bajo de él (Peter Gallagher, el excelente Stanley Tucci y la propia Cher, entre otros), Antin logra que ellos muestren lo que saben y acierta en la atmósfera visual del burlesque, además en la eficacia de la banda de sonido. Pero el resultado global es pobre y por momentos insufrible.
    Noches de Encanto trae a la memoria inevitablemente a Cabaret y la distancia enorme, kilométrica que separan tanto a ambos films como a la Aguilera y a Cher de Liza Minelli. Y no se trata de comparaciones antojadizas, porque queda clara la intención de remedar de algún modo aquella pieza memorable de Bob Fosse y a su extraordinaria protagonista. Pero las situaciones dramáticas, humorísticas o costumbristas que juega Aguilera son tan ramplonas y elementales como su incapacidad actoral, más allá de su voz privilegiada y buenas dotes de bailarina; que no le alcanzan para ser el centro –al borde de lo egocéntrico- de una película, Por otra parte Cher, que sigue cantando muy bien, apenas puede hacer visible alguna emoción en un rostro enmascarado a fuerza de años de liftings y cirugías.
    De todas maneras en la premiere de este film los admiradores de la diva disfrutaron intensamente del film, tarareando y aplaudiendo cada canción. Para tenerlo en cuenta.
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  • Imparable
    Imparable
    Revista Veintitrés
    Basada en “un caso de la vida real”, Imparable narra un hecho heroico que llevaron a cabo dos maquinistas de la red ferroviaria estadounidense, y no mucho más que eso, porque si los hechos son recreados fielmente, no necesariamente tendrán aristas extra. Es el caso del último film de Tony Scott, que mantiene inalterable su nervio visual y narrativo, y con eso disimula el relativo atractivo argumental de la película, que quizás sólo daba para un buen telefilm. Pero la tensión generada por un tren sin control en línea directa a estrellarse contra un pueblo, compensa significativamente lo antedicho. Un maquinista desganado y negligente iniciará la arrolladora marcha de un convoy sin control ni tripulación, repleto de vagones con material inflamable; y dos conductores, uno veterano y otro novato -éste en su primer día de trabajo-, perseguirán la formación para intentar detenerla. Scott vuelve a establecer con Washington un tándem sólido, que ya había deparado films vibrantes como Hombre en llamas y Deja vu, y más allá de reparos, el film entretiene aún en las no muy relevantes referencias a las problemáticas personales de ambos. Porque también hay que decir que Imparable no presenta villanos ni protagonistas iluminados, tan sólo dos trabajadores de diferentes generaciones a los que un hecho fortuito unió para que este sea sólo un film de salvataje y no de cine catástrofe. En esa sencillez a veces reside el leve encanto de una historia de vida.
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  • Los santos sucios
    Los santos sucios
    Revista Veintitrés
    Los films de temática post apocalíptica en el que todo atisbo de progreso y tecnología aparece arrasado en medio de lúgubres paisajes urbanos han tenido aquí su coletazo a través de este film de Luis Ortega, en este caso con escasos resultados expresivos y alegóricos. La carretera es un ejemplo ineludible de este subgénero, como así otros títulos recientes como El libro de los secretos, Número 9 y Soy leyenda, entre muchos otros. Que el cine argentino también afronte este tipo de tramas con Los santos sucios puede resultar estimulante pero también dudoso, en el sentido de adscribirse a tendencias que nos son ajenas. El film además no logra aportar algún costado original, dentro de una producción demasiado modesta para abordar semejante propuesta. Muchas preguntas sin respuestas propone la trama ideada por Ortega y los actores Alejandro Urdapilleta y Emir Seguel, en la que un grupo de sobrevivientes deambula luego de una hecatombe, tratando de encontrar recursos, afectos y salidas a una forzada indignidad. Tras su debut con la oscura y minimalista Caja negra, el cine de este director y productor ha mantenido cierta coherencia dentro de temáticas muy diferentes y arriesgadas, como ésta. Aunque fallida. Los santos sucios ofrece algunas buenas imágenes, la tarea como actor de Ortega –y frases de su relato en off- y la de Martina Juncadella.
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  • Enredados
    Enredados
    Revista Veintitrés
    Con el espíritu y el estilo visual y narrativo de las realizaciones clásicas de Disney sobre princesas, Enredados es el primer film de esta empresa en formato digital y sistema 3D que logra aunar y armonizar ambos mundos de la animación de una manera que hubiera aprobado el legendario Walt. Atrayente, mágica, dinámica, mordaz, romántica y emotiva, la película dirigida por Byron Howard (Bolt) y Nathan Greno combina tradición y modernidad con un encanto irresistible.
    Así como Encantada integró la acción viva con la animación, dotando a una historia de princesas y príncipes de un logrado e ingenioso aggiornamiento, algo similar logra Enredados en este remozado producto de la firma. Que apela a la recreación de un clásico cuento de los Hermanos Grimm, Rapunzel, acerca de una primorosa adolescente de largísimo cabellera aislada en una misteriosa torre que se topa con el carismático bandido Flynn, y todo lo que ocurre con ambos, suerte de antihéroes redimidos.
    La calidad visual de films manufacturados con tecnologías digitales ya no sorprende, sin embargo en varios aspectos Enredados alcanza fascinantes resultados; por ejemplo en los fondos, dotados de bellos pero nada empalagosos paisajes, y las texturas que le dan forma al voluminoso cabello de la protagonista, atributo fundamental alrededor del cual gira el film.
    La princesa y el sapo fue un intento aceptable de Disney por retomar la línea histórica de films de animación tradicional sobre tramas principescas, sin embargo éste basado en la historia de Rapunzel alcanza una mayor envergadura dramática y humorística, proponiendo elementos de atracción para niñas pero también para varones y público en general. Tanto la versión en inglés como la doblada tienen pareja eficacia, el final guarda un momento de gran emotividad y el personaje del caballo blanco no tiene desperdicio.
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  • Los bastardos
    Los bastardos
    Revista Veintitrés
    El cine mejicano sigue presentando cineastas con altas cualidades cinematográficas y expresivas, y en esa senda se puede incluir a Amat Escalante, el director de Los bastardos. Como Rodrigo Plá con La zona, pieza vibrante y con varias lecturas sociales y metafóricas, Escalante aborda esta trama fuerte con un espíritu afín pero con otras preocupaciones temáticas y estéticas. También la perceptible influencia de Carlos Reygadas es ostensible, no casualmente productor asociado de este film, suerte de thriller con toques introspectivos, contemplativos y hasta metafísicos. Dentro de un fascinante concepto narrativo, la presencia de sólo un par de escenas ultraviolentas sacuden con más dureza que las de un film de acción constante, fundamentalmente en el extendido abordamiento a la morada de una mujer indefensa. Sin embargo, todo el film está impregnado por una inquietante y asfixiante violencia contenida.
    Un par de jornaleros indocumentados en Los Ángeles, luego de un encargo ocasional, se introducen a la noche en una casa de familia para afrontar un trabajo distinto y más redituable, para el cual ya no emplearán sus herramientas habituales sino una escopeta recortada. En el abordaje de esa encomienda iniciática, ambos se tomarán licencias y prerrogativas en las que se combinarán el hedonismo, la perversión, la cobardía y el espanto. La humillación de su condición de extranjeros ilegales les hará aflorar una inexplorada crueldad.
    La minimalista actuación de Jesús Moisés Rodríguez y Rubén Sosa, contrapuesta con la estremecedora composición de Nina Zavarin, otorga un contraste interpretativo singular, dentro de un film dotado de imágenes tan atrayentes como perturbadoras.
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  • El ilusionista
    El ilusionista
    Revista Veintitrés
    Jacques Tati ha sido uno de los más grandes humoristas que ha dado el cine, pero además fue una suerte de poeta del paso de comedia. Su impronta personal, a través de su alter ego Monsieur Hulot, era desarrollar historias en las que los gags eran prodigios de coordinación entre el contexto, los personajes y su espigada y caricaturesca humanidad. Una meticulosa torpeza, combinada con candor y ternura, terminaban produciendo una gracia irresistible. Pero además Tati tenía una mirada levemente sarcástica del mundo que lo rodeaba, y eso quedó plasmado en películas fuera de serie como Playtime y Trafic. En El ilusionista, film que nada tiene que ver con el excelente film de Neil Burger con Edward Norton, el director Sylvain Chomet retoma un guión del comediante y cineasta francés que nunca fue rodado y lo traslada al terreno de la animación con fascinantes resultados. Fundamentalmente este recurso le sirvió para revivir de alguna manera a Jacques Tati, quien a través de sus inspirados trazos vuelve a mostrar esa fisonomía inconfundible.
    Chomet tiene como antecedente insoslayable esa maravilla del género llamada Las trillizas de Belleville, una obra de animación única en su tipo, así que la imaginaria unión entre Tati y Chomet se puede decir que ha sido una óptima idea, que ha deparado una obra artística formidable. Sin diálogos, sólo con algunos balbuceos ininteligibles entre los personajes que combinan distintos idiomas, la historia narra el ocaso de la carrera de un viejo mago, que en medio de fracasos en el mundo del music hall de hace varias décadas atrás, encuentra en un viaje una joven que pasa a acompañarlo en su tour y convertirse en una suerte de hija sustituta. Con más melancolía y sordidez que optimismo y más lirismo y sensibilidad que humor, El ilusionista es una joya que hay que disfrutar sin preconceptos. Y para los amantes de Tati y Las trillizas de Belleville, una cita obligatoria.
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  • Videocracy
    Videocracy
    Revista Veintitrés
    Con un estilo descriptivo y sensorial, focalizando en la fuerza de las imágenes y despojado de subrayados, el documentalista Erik Gandini realiza una demoledora semblanza del poder omnímodo del mandamás italiano Silvio Berlusconi. El título del film, Videocracy (algo así como imagencracia), grafica el concepto de un trabajo testimonial que engloba un país dominado y sometido por un empresario capitalista y de derecha que pasa de ser jerarca de los medios a jefe de estado. Gandini, desde una óptica irónicamente objetiva, acentuada por un desapasionado y monocorde relato propio (como Solanas en sus films pero con una expresividad opuesta); muestra a un país, el suyo, embrutecido. Una Italia limitada intelectual, cultural y emocionalmente por los medios hegemonizados por Berlusconi y sus laderos, algunos descaradamente mussolinianos como un famoso empresario televisivo que usa de ring tone una marcha al Duce. Dentro de una impronta eminentemente audiovisual la TV es la reina, mostrando personajes y programas que, más allá de una obvia frivolidad, bordean lo obsceno, lo patético, degradan ideales y anestesian conciencias. Al punto que el espectador por momentos parece estar asistiendo a un film futurista acerca de un país alegórico, dictatorial, orwelliano. Pero no, es el presente en Italia y Videocracy no recurre a ficción ni recreación alguna. El tramo final que aborda el itinerario de un sujeto mediático llamado Corona y un par de datos estadísticos inquietantes, si de un país del primer mundo se trata, terminan de redondear un documental apabullante, magistral, imperdible.
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  • Querido asesino
    Querido asesino
    Revista Veintitrés
    Con la presencia detrás de cámaras del talentoso Francis Veber, Querido asesino no alcanza los picos de eficacia de algunas otras brillantes comedias suyas pero logra un producto humorístico aceptable. Creador de films notables del género como El juguete, Los compadres, El placard y La cena de los tontos, Veber trabajó con grandes actores y comediantes franceses como Pierre Richard, Gerard Depardieu y Daniel Auteuil, y también fue autor de aquél film singular de Philippe de Broca, El magnífico y otros memorables con distintos directores como Alto, rubio y con un zapato negro, La jaula de las locas y su secuela. Este hombre que asimismo emprendió remakes de sus guiones y films en Estados Unidos reflota aquí un personaje histórico de su cuño como François Pignon, un cargoso de pocas luces que puede ser capaz de los actos más nobles. La trama transcurre casi en su totalidad en dos habitaciones de hotel comunicadas por una puerta en las que están él (traicionado y al borde del suicidio) y un sicario implacable. Los enredos que se producirán serán inevitables e incluirán a un tercer sujeto, el doctor amante de la mujer de Pignon, con alguna participación desopilante. El buen humor de los protagonistas Patrick Timsit y Richard Berry sostiene la eficacia de una propuesta llevadera.
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  • Personalidad múltiple
    Personalidad múltiple
    Revista Veintitrés
    Estadounidenses, surcoreanos y suecos, multiplicidad de nacionalidades para conformar Personalidad Múltiple, interesante thriller protagonizado por Sarah Michelle Gellar, la ex chica caza vampiros. Porque basándose en una película surcoreana de 2002 de Young-hoon Park titulada Addicted, la dupla de realizadores suecos integrada por Joel Bergvall y Simon Sanquist decidió recrear aquella película con resultados módicos pero manteniendo el interés hasta el final. Ambos cineastas habían llamado la atención de Hollywood con su film Den osynlige (Invisible), acerca de un estudiante que luego de un violento episodio descubre que se ha vuelto invisible para el resto del mundo. Aquí en Personalidad Múltiple, que en su título original, Possession, refleja mejor el espíritu de la historia, veremos una suerte de triángulo entre dos hermanos y una mujer en el que un accidente casi mortal de ambos hombres producirá un extraño enroque de personalidades. Las temáticas metafísicas parecen atraer a los nórdicos y acá tomaron el film de Park reformulando levemente la trama junto al guionista Michael Petroni, logrando aciertos y flaquezas, ya que mejoraron algún aspecto del argumento pero la sugestiva relectura del final no convence mucho. De todos modos las atmósferas creadas por los directores, los toques de suspenso y la buena interpretación dual de Lee Pace resultan atrayentes.
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  • El perseguidor
    El perseguidor
    Revista Veintitrés
    Sin relación alguna con el cuento del mismo título escrito por Julio Cortázar que luego derivó en un recordado film con Sergio Renán, El perseguidor es una notable pieza corta que no podría haberse llamado de otra manera. Estremecedora, atrapante y dotada de un lenguaje cinematográfico impecable, esta película del debutante Víctor Cruz no cuenta con jazz ni saxofonistas pero se convierte en una sorprendente ópera prima. Con experiencia como co director de documentales y productor del atrayente y paradojal film de Sandra Gugliotta Las vidas posibles, Cruz diseña precisamente con Gugliotta un guión sugerente y a la vez contundente, apenas dialogado y despojado de subrayados. La trama, salpicada con ajustados saltos narrativos, se podría resumir como la pesadilla de un matrimonio de un neurocirujano y una arquitecta acosados por un desconocido al intentar pasar un fin de semana en el Delta, en medio de revelaciones y nefastas decisiones. El film construye su historia de manera fragmentada, al presentar como parte del relato la cámara del hombre acosador, que registra los pasos de la pareja. Un recurso muy empleado por el cine de los últimos años, que aquí ofrece un quiebre visual que enriquece aún más la narración. Las interpretaciones de Marita Ballesteros y Alejo Mango, formidables y plenas de intensos matices, se ensamblan a la perfección con la propuesta estética y expresiva del director, confirmando una vez más que un film conciso y modesto también puede ser extraordinario.
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  • Amor en tránsito
    Amor en tránsito
    Revista Veintitrés
    Primer largometraje de Lucas Blanco, Amor en tránsito combina con buenos recursos dos historias de amor urbanas en medio de éxodos y migraciones. Idas y vueltas de argentinos nómadas e indecisos, porque tanto Mercedes (Sabrina Garciarena) como Juan (Damián Canduci) se debaten entre irse o quedarse en el país ante nuevas y desafiantes circunstancias afectivas. Ella termina los trámites que la llevarán a Barcelona donde un novio la espera y él arriba al país tras muchos años de ausencia, y ambos se cruzarán con dos personas que representarán un cimbronazo en sus vidas. Diálogos interesantes en el guión elaborado por Blanco y Roberto Montini, en los que el humor y la melancolía están presentes, van marcando una línea expresiva y dramática que sufre un corte algo abrupto. Porque la última porción del film ofrece una vuelta de tuerca inesperada pero confusa, en un intento de remedar la cinta de Moebius. Más allá de ese cierre no del todo logrado. Amor en tránsito ofrece un aceptable espíritu romántico y porteño, sostenido en parte por un cuarteto protagónico carismático a pesar de ciertos desniveles interpretativos y de marcación. Se destaca la creíble y sensible Verónica Pelaccini, la química entre Lucas Crespi y la bella Garciarena y la participación del siempre eficaz Carlos Kaspar.
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  • 4 3 2 Uno
    4 3 2 Uno
    Revista Veintitrés
    Con una serie de inquietudes expresivas, visuales y alegóricas, la realizadora Mercedes Farriols conforma un film de carácter eminentemente experimental, con todo lo que esa definición implica. Luego de su fallido film debut Olga, Victoria Olga, esta nueva pieza suya, de sugerente título numérico, 432 UNO, marca una clara diferencia conceptual con su obra anterior, en el que la existencia de una trama –melodramática, compleja, densa- era ostensible. Aquí prácticamente no existe un hilo argumental, que presenta a cuatro mujeres que en una playa van canalizando sus respectivas sensaciones frente a la muerte de un marido en común, una idea curiosa y original que de todos modos no queda claramente explicitada. El duelo de todas ellas frente al mismo hecho es abordado de diferentes -y a veces crípticas-, maneras, siempre enmarcado con un paisaje costero espléndidamente fotografiado pero algo abrumador, lo propio ocurre con los permanentes y cambiantes subrayados musicales. El cambio de rumbo en la narrativa de esta cineasta está dotado de un atractivo sólo relativo, restringido a un determinado público que pueda sentirse atraído por algunos pasajes. Una estética elaborada y los cambios cromáticos que va sufriendo el film, de blanco y negro a color y viceversa, son algunos puntos a rescatar. El resto es un experimento para pocos.
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  • Las hermanas L.
    Las hermanas L.
    Revista Veintitrés
    La productora MyS, que arrancó con un excelente film comunitario como UPA!, una película argentina, repite la experiencia ahora con Las Hermanas L., es decir abordar la manufactura de un film con varias cabezas funcionando, tanto en la dirección como en el guión. En el caso de Upa! coexistieron tres directores –y a la vez intérpretes-, y en esta nueva y audaz propuesta los realizadores –y a la vez guionistas- ascienden a cuatro: Eva Bär, Santiago Giralt, Alejandro Montiel y Diego Schipani. Sólo se reitera el nombre de Giralt, quien hace poco presentó su primera película como único director, Toda la gente sola. En realidad Las Hermanas L data ya de un par de años de existencia y vale la pena que ahora se pueda acceder a esta comedia pasional y erótica sobre un par de familias disfuncionales y sus objetos de deseo, con toques bizarros y kistchs que entretiene en todo momento y es capaz de despertar unas cuantas carcajadas. Las susodichas hermanas L. tienen en realidad el apellido Legrand, algo que la diva de los almuerzos no autorizó para el título y que es nada más que una humorada más de un film que cuenta con desfachatada galería de personajes rondando las desventuras de estas chicas, entre la que se destaca claramente una escritora de cuentos eróticos a cargo de una desopilante e imperdible Soledad Silveyra. Más allá de algunos desniveles y excesos grotescos, una propuesta divertida e irreverente..
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  • Skyline: La invasión
    Skyline: La invasión
    Revista Veintitrés
    Con un estilo Clase B adaptado íntegramente a la contemporaneidad, con todos los avances tecnológicos existentes en efectos especiales, digitales, robóticos, sonoros y escenográficos; Skyline La Invasión es un film de ciencia-ficción que tan sólo se puede calificar de aceptable. Dirigido por Los Hermanos Strause, realizadores de la secuela de Alien vs Predator, (Requiem) y forjadores de parte de las maravillas visuales de Avatar, encararon aquí un film típico de invasión extraterrestre sin poder evitar caer en lugares comunes y visibles referencias muchos otros film del género de los últimos años y de su prehistoria. Ambientada en una ciudad de Los Ángeles asolada por extrañas luces y desquiciadas naves extraterrestres que no dejarán a ningún ser vivo en paz, la trama, salvo alguna que otra sorpresa menor, abunda en inconsistencias y lo propio se puede decir de los diálogos y situaciones. Pero quizás lo que más molesta es que los “homenajes” sean permanentes, partiendo sin dudas de Día de la independencia y La guerra de los mundos de Spielberg, pasando por la serie V, Cloverfield, Sector 9 y Matrix Revoluciones. Demasiadas referencias, pero cierto nivel épico, la tensión constante y la grandilocuencia de los efectos, harán que los fanáticos del género la disfruten de todos modos. Y quizás también la secuela en ciernes.
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  • Un buen día
    Un buen día
    Revista Veintitrés
    La dupla Enrique Torres (guión) y Nicolás Del Boca (director) remontan su vínculo de exitosos creadores de telenovelas y arriban a este paso cinematográfico, entusiasta pero fallido. Con alguna pretendida reminiscencia de Antes del amanecer de Richard Linklater, Un buen día presenta un amor incipiente y providencial de dos argentinos en un contexto luminoso y lejano (California), con un claro aliento melodramático y algún toque de comedia. Pero esto se desbarranca producto de diálogos pretenciosos, situaciones mal resueltas y una trama general difícil de sostener con sólo dos personajes. La bella –aunque innecesariamente retocada- Lucila Solá pasea durante toda la proyección su estilizada figura pero también su prefabricada expresividad y escasa convicción dramática. Vinculada sentimentalmente con Al Pacino, la protagonista no logra dar el tono adecuado, más aún cuando la trama entra de lleno en un doloroso drama personal. El más experimentado y talentoso Aníbal Silveyra tampoco puede evitar cierta afectación, inevitable ante algunos diálogos y situaciones con las que debe lidiar, pero alrededor de su personaje se sostiene levemente la estructura dramática del film. En el final, que propone una confusa y hasta caprichosa vuelta de tuerca de tono fantástico o espiritual, la presencia de Andrea Del Boca otorga un toque de solidez actoral.
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  • Cosa voglio di più
    Cosa voglio di più
    Revista Veintitrés
    Con una trama llana y despojada de psicologismos y alegorías, el excelente cineasta milanés Silvio Soldini (Pan y tulipanes) ofrece su mejor obra en esta última y notable realización suya. Presentada con su título original, sin traducción o “adaptación” alguna, Cosa voglio di più (algo así como Qué más yo podría desear), se interna profundamente en la temática de la infidelidad y la pulsión contra viento y marea de dos amantes que redescubren la pasión. El director, como en la magnífica Sonrisas y lágrimas, se vuelve a ocupar de los vínculos de pareja, pero en este caso de dos relaciones, y de una tercera que se conforma a partir de éstas. Una empleada contable que acaba de acordar tener un bebé con su novio conoce a un hombre casado con dos niños con el que establece una desatada y estremecida relación amorosa, que modifica radicalmente la rutina de la vida de ambos. Con una magistral observación de la vida cotidiana, un registro conmovedor del amor pasional y clandestino, unos sutiles pero significativos trazos acerca de la crisis económica y moral que atraviesa Italia, Cosa voglio di piu cuenta además con un elenco inmejorable. Imposible no mencionar a la camaleónica protagonista Alba Rohrwacher, la adolescente feúcha y perturbada de El papá de Giovanna, aquí transformada en una bellísima mujer. Un film simple y a la vez extraordinario.
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  • Boca de fresa
    Boca de fresa
    Revista Veintitrés
    Una verdadera sorpresa dentro del desparejo terreno del paso de comedia cinematográfico autóctono propone Boca de fresa, título sugerente y acaso kitsch que también la da nombre a un tema cuartetero de la Mona Giménez que cierra jubilosamente la película. Porque la desprejuiciada historia abordada aquí tiene que ver con el nostálgico mundo que rodea a los hits discográficos y la antigua caza de talentos musicales. Con una indisimulable evocación a los años 70, sus artistas beat, y algo de aquella legendaria puja entre la música complaciente y la progresiva, la comedia entrega unos cuantos pincelazos retro y desarrolla una trama divertida y atrayente. Boca de fresa es capaz de abarcar tópicos sentimentales y pasatistas con una frescura que supera los estereotipos, enmarcándola en un terreno de cine popular de muy buen nivel.
    Escrita, dirigida y también musicalizada por Jorge Zima, esta segunda película suya cuenta la historia de un sobrino y tío que manejan una decadente productora de música y descubren que una banda noruega ha convertido en hit el remix de una antigua canción perteneciente a un cantante que ellos representaban. El aparente aislamiento de ese artista en un lugar impreciso de las sierras de Córdoba da el punto de partida de una aventura que emprende el más joven de la impresentable productora junto a su novia, engañada con un presunto viaje romántico. Brillantemente protagonizada por la pareja (real) compuesta por Rodrigo de la Serna y Erica Rivas, el film entretiene con buenas armas y algunos bien ubicados toques sensibles y románticos. Junto a intérpretes con mucho oficio como Roberto Carnaghi y María Fiorentino se destaca la excelente composición del cantautor Juan Vattuone, en un personaje clave en el film. Para disfrutar –y tararear- con un pequeño, divertido y cálido momento fílmico nacional.
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  • Como bola sin manija
    Como bola sin manija
    Revista Veintitrés
    Centrada en un personaje de la vida real que merecía una película, o, al menos una nota periodística, Como bola sin Manija va más allá de su circunstancia anecdótica y se transforma en una módica reflexión sobre una familia disfuncional y sobre la vida misma. El film aborda la personalidad y la existencia de un ex bancario jubilado llamado Rubén, cuyo hábito llamativo es el de negarse a salir de su vivienda desde hace casi tres décadas, a pesar de no tener impedimentos de ningún tipo. Con su casa como epicentro y microcosmos, este extraviado hombre grande no es un completo ermitaño, está vinculado con una vecina con la que se comunica a través de la medianera y mantiene un fluido contacto con tres sobrinos suyos, muy distintos entre sí en su aspecto, sus actividades, su manera de ser y sus actitudes frente al comportamiento de su tío. Abrevando en esta insólita pero limitada situación los directores Pablo Osores, Roberto Testa (ambos responsables del notable film testimonial Flores de Septiembre) y Miguel Frías (también crítico de cine del diario Clarín) construyen un lúcido documental. Sin alardes expresivos ni visuales, con una óptica sencilla y llana, pero focalizando en la atracción de un misterio que precisa ser develado, o, al menos, indagado; aciertan y echan luz sobre un ser singular y por qué no, encantador.
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  • La cantante de tango
    La cantante de tango
    Revista Veintitrés
    Dotada de una estilización visual por momentos notable, La cantante de tango se debate entre sus virtudes estéticas y creativas y sus errores conceptuales y de casting. El realizador argentino Diego Martinez Vignatti trabaja en Bélgica hace más de diez años y sin dudas que a través de este film transmite su amor por el tango y sus artistas, destilando un tono evocativo y melancólico que en algunos tramos alcanza cierta envergadura. Pero esas premisas se van desdibujando como consecuencia de un dubitativo guión y de una elección desacertada de la protagonista. Se trata de la atractiva Eugenia Ramírez Miori, que se ocupa aquí de cantar y actuar con la exigente premisa argumental de componer a Helena, una extraordinaria cantante de tango. Existiendo en Buenos Aires tal –y ascendente- cantidad y calidad de cantantes femeninas del género, resulta casi inadmisible su elección para un rol que pone en evidencia su escasa expresividad vocal y tanguera. Como actriz resulta algo más convincente, en la piel de esa mujer no correspondida en el amor que, en otro país, está a punto de cumplir sus máximas metas artísticas. Algunos momentos musicales y personajes interesantes (son buenas las participaciones de Dora Baret y Alfredo Piro, por ejemplo) se suman a los mencionados planos visuales y salvan en parte el film.
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  • El bosque
    El bosque
    Revista Veintitrés
    Película nacional de bajo presupuesto de un par de directores noveles, El bosque cuenta con un buen trabajo de cámara y algunos interesantes climas, pero no logra amalgamar esas ideas a través de una trama con sustento. Tampoco ayudan a Pablo Siciliano y Eugenio Lasserre, los jóvenes y acaso promisorios cineastas, el trío protagónico con que llevaron a cabo el proyecto. Oscar Pérez, Paula Brasca y Martín Markotic, con muy poca o nula experiencia en cine, debían cargar con todo el peso dramático del film y no aportan la expresividad y convicción necesarias.
    Este largometraje que fuera estrenado sin mayor repercusión hace algunas semanas, es relanzado ahora oportunamente, y narra una historia ambientada en el marco natural al que alude el título, en el que un sujeto mayor, ermitaño y taciturno que vive en una casa perdida en el medio del campo, refugia a una joven pareja que está de paso, lo que da pie a una perturbada relación triangular, con extraños cambios de comportamiento y situaciones sobrenaturales que llevarán a sombrías consecuencias. Con toques de thriller alegórico, y un atrayente trabajo de sonido, El Bosque cuenta con algunos méritos, ya apuntados, que no alcanzan pero abren auspicios para el futuro de Siciliano y Lasserre.
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  • Todo un parto
    Todo un parto
    Revista Veintitrés
    El guionista y director Todd Phillips ya tiene, al menos, dos hitos perdurables en el terreno de la comedia disparatada: ¿Qué pasó ayer? y Borat. En el caso del desopilante y exitoso film con Bradley Cooper, Ed Helms y el propio Zach Galifianakis (protagonista de este estreno), hay que decir que ya está en rodaje su secuela, y la genial comedia sobre el reportero de Kazajistán y su incalificable documental en Estados Unidos, partió de un argumento original de Phillips, y significó el lanzamiento del fenomenal Sacha Baron Cohen. Todo un Parto propone una pieza humorística con un espíritu afín pero con una trama de otras características. Que propone confrontar dos personalidades opuestas pero complementarias, la de Peter (Robert Downey Jr.) padre primerizo que intenta regresar a su hogar de un viaje de negocios para estar presente en el parto de su mujer, y la de Ethan (Galifianakis), sujeto –al igual que su perro- intolerable y calamitoso pero de buenos sentimientos, con el que el primero probará su paciencia e instinto asesino. Lo que acontezca con ese yuppie impoluto y ese actor aficionado que lleva a las cenizas de su padre en un tarro de café (que dará pie a un predeterminado pero antológico gag) será fundamentalmente descontracturado y divertido como para pasar un momento entretenido, y no mucho más que eso.
    Con toques de road-movie y claros puntos de contacto con Mejor solo que mal acompañado de John Hughes con Steve Martin y John Candy, esta nueva entrega de Phillips no alcanza la eficacia de ¿Qué pasó ayer?, porque aquella suculenta idea tenía una pareja acumulación de alternativas. En este caso el espacio de diversión se reduce mucho y por momentos flaquea. De todas maneras es indudable que, con el aporte significativo del dueto de comediantes protagónico, Todo un parto provoca, merecidamente o no, un puñado considerable de sonrisas, risas y risotadas a lo largo de su metraje. Y eso siempre se agradece.
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  • Elegía de abril
    Elegía de abril
    Revista Veintitrés
    Con creatividad y sensibilidad, el cineasta Gustavo Fontán presenta a través de Elegía en Abril una historia autobiográfica que gira alrededor de su abuelo poeta y la suerte de un libro póstumo que no alcanzó a ser distribuido. Nunca mejor dicho que una película combina documental y ficción como ésta, cuyo título cita el del libro de ese hombre llamado Salvador Merlino, punto de partida de un bello ejercicio cinematográfico. El director propone una experiencia singular para narrar esa situación que arranca con la búsqueda de unos olvidados envoltorios en lo alto de un placard, “reemplazar” a quienes hacían esa tarea –sus propios padres- con los actores Lorenzo Quinteros y Adriana Aizenberg, que ocuparán sus lugares para desarrollar dramáticamente vivencias que tienen que ver con una íntima reconstrucción de la memoria. Como un ensayo puesto a la vista de un trabajo por editar que en realidad ya está –y muy bien- hecho, el film va desenvolviendo, al igual que esos polvorientos paquetes que guardaban ejemplares poéticos, una trama llena de sentimientos, evocaciones y pequeños tributos. Salpicada visualmente con apuntes sensoriales, estéticos y emocionales, Elegía de abril parece ser el mejor trabajo de Fontán, luego de su algo antojadiza La madre. El sustancioso aporte interpretativo de Quinteros, Aizenberg y el joven Federico Fontán redondean una breve pero entrañable joya.

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  • El lince perdido
    El lince perdido
    Revista Veintitrés
    Producido por Antonio Banderas, El lince perdido es un film de animación español que cuenta con una trama ecológica atendible y una realización dotada de recursos aceptables dentro de la especialización digital del género. Los países de habla castellana están ofreciendo alternativas interesantes frente los tanques de Pixar y Dreamworks como Perú con la reciente El delfín: La historia de un soñador y nuestro país con la aún en cartel Gaturro. Si bien esta nueva obra infantil cinematográfica ha sido premiada con un Goya y considerada en España como la mejor hasta la fecha, no parece superar la magia de El bosque animado, que inauguró la animación 3D en largometrajes en su país de origen y en Europa toda, ni mucho menos la creatividad de Planet 51 de Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez De todos modos en este último caso participaron capitales y artistas estadounidenses, y en esta pieza de Manuel Sicilia y Raúl García, todo corre por cuenta de animadores, actores y productores ibéricos.
    La historia corresponde a Félix, un lince herido que se recupera en una oscura clínica para animales que después se verá que es un refugio para animales en peligro de extinción. Centro manejado por un millonario de nombre alegórico –Noé-, que deberá confrontar con Newmann, un cazador mercenario que pasará de ser aliado a enemigo, mientras veremos peripecias del lince junto a personajes logrados como un camaleón que no es precisamente diestro en el arte del camuflaje, una cabra y un topo.
    La trama es dinámica, con algunos momentos divertidos, y resulta original que el protagonista sea un lince, bello animal en riesgo, pero de todos modos su personaje y el de su contrapartida femenina (Lincesa) están discretamente delineados y no generan el interés necesario. Los chicos, termómetro fundamental para mensurar este tipo de films, se sienten atraídos sólo por momentos.
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  • Lengua materna
    Lengua materna
    Revista Veintitrés
    En un momento en que la cartelera porteña ofrece al menos dos films, Una pareja despareja y Mi familia, que abordan relaciones entre personas del mismo sexo, el cine argentino también se suma a esa tendencia y ofrece la audaz e interesante Lengua Materna, sugerente título de acuerdo al contenido. Dirigida por una mujer, circunstancia que ha predominado este año con atrayentes propuestas como La mosca en la ceniza de Gabriela David, declarada en estos días “de interés social” por la Legislatura Porteña, en una semana la que también se da a conocer Franzie de Alejandra Marino; esta pieza protagonizada por Claudia Lapacó y Virginia Innocenti se ocupa de una trama familiar que gira alrededor de una pareja lesbiana en crisis. La guionista y directora Liliana Paolinelli ya había demostrado su talento en su debut testimonial Por sus propios ojos, y aquí entra en un terreno de ficción con un tema riesgoso que alterna momentos dramáticos con otros decididamente humorísticos, por momentos desopilantes. El peculiar vínculo entre una madre posesiva con su hija mayor, de la que tarde se entera de que está en pareja con otra mujer, está tratado con sensibilidad apoyado en buenos diálogos y situaciones. Un segmento final con una elipsis apresurada y un tono dispar no malogran un film dotado de un elenco ajustado, en el que se destacan las estupendas caracterizaciones de Lapacó e Innocenti.
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  • Red social
    Red social
    Revista Veintitrés
    La mixtura entre un director notable y siempre a la búsqueda de tópicos poco frecuentados y el fascinante espacio de las redes sociales informáticas, da por resultado un film, aún abarrotado de diálogos, absorbente y atrapante. Sin escenas de acción, historias de amor, melodramatismos, pretensiones humorísticas o pasos de comedia, David Fincher diseña con Red social un formidable acercamiento fílmico a un universo tan cotidiano como inexplorado. Los contactos interpersonales a través de la computadora y la red, que a menudo empleamos casi involuntaria, automática, inconteniblemente, tienen aquí su mirada histórica y a la vez visionaria. Así como en su momento Tron y Juegos de guerra abordaron fantasiosamente el novedoso mundo de los video games, esta película del director de Seven, The game y El curioso caso de Benjamin Button logra englobar la esencia básica de Facebook, pero en este caso con una mirada realista y despojada de chisporroteos cybers.
    Una “historia de la vida real”, la epopeya de Mark Zuckerberg, el joven introvertido y obsesivo por la informática que, con algunas leves inspiraciones ajenas, inventó esta red social que derivó en una demanda de su mejor amigo y otros. Basada en un libro que no es novela, Fincher y su guionista encontraron allí el material indispensable para desarrollar un film que no precisa apoyarse en pantallas de monitores o en digitalizaciones como recurso narrativo, aunque hay que destacar que los gemelos Winklevoss están interpretados por un mismo actor por imperceptibles destrezas de montaje y efectos. Y a propósito de actuaciones, son el pilar sustancial de un espléndido andamiaje, partiendo de un Jesse Eisenberg lleno de matices junto a Andrew Garfield, Armie Hammer y Justin Timberlake (impecable, cada vez mejor en esta faz), entre otros. Aún para aquellos muy poco empapados en la temática, Red social es un film apasionante, irresistible, conectado con redes humanas que van más allá de Internet.
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  • Franzie
    Franzie
    Revista Veintitrés
    Con una pareja protagónica carismática, Franzie ofrece el primer rol principal en un largometraje de Mimí Ardú, que extrañamente no había alcanzado aún esa chance. Tanto ella como Enrique Liporace sostienen dramáticamente un film desparejo y a veces caprichoso en su trama, que sólo por momentos mantiene su interés. La actriz que descolló en El bonaerense de Pablo Trapero y tuvo importantes participaciones en El destino, Un año sin amor y La demolición, compone aquí a una mujer solitaria y melancólica llamada Francisca, cuyo sobrenombre le da título al film, que sufre un grave y nunca revelado mal por lo cual se propone cumplir con algunas situaciones pendientes. En este trance aparece en su vida Emanuel, escritor frustrado y corrector desempleado que se convierte en una especie de acompañante pago de ella para lograr sus objetivos. La compleja situación familiar de Franzie suma momentos agridulces y emotivos a la trama, pero aún así ni el guión ni la realización alcanzan el tono adecuado ni tampoco acompañar las módicas expectativas que despierta el film en su arranque. Algunas escenas jugadas en pareja por una entrañable Ardú y un estupendo Liporace y las participaciones de Victoria Carreras y Norma Pons aportan lo suyo y rescatan levemente el producto.
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  • Padres de la plaza: 10 recorridos posibles
    Si bien Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo han tenido importantes registros audiovisuales de diferentes cinematografías, quizás aún esperen una película que refleje abarcativa y pormenorizadamente su lucha casi legendaria. Mientras tanto, los padres que estuvieron cerca de ellas, a través de un reconocimiento algo tardío pero valioso, ya tienen su pequeño y a la vez gran film testimonial. Porque Padres de la Plaza - 10 recorridos posibles es un conmovedor documental que se ocupa de un puñado de hombres, menores en número, más anónimos, menos mediáticos o mediatizados, pero igualmente poseedores del dolor de haber tenido hijos secuestrados, desaparecidos o comprobadamente aniquilados durante la nefasta segunda mitad de los años 70. Padres que compartieron con sus mujeres la búsqueda de sus hijos, pero sin por ello llegar a agruparse y organizarse como una referencia reconocible para sus pares y para el mundo. La película de Joaquín Daglio entrelaza con enorme sensibilidad diez historias que cuentan sobrecogedoras vivencias que se desprenden de esos episodios trágicos. Mientras recorren espacios entrañables, ellos hablan a la cámara con nostalgia, desazón, ira, entereza, algún sentimiento de culpa y comparten sus testimonios descomprimiendo, quizás, su indescriptible pesar. Sin grandes despliegues visuales, Padres de la Plaza está dotada de un impacto emocional poderoso e indeleble.
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  • Orquesta roja
    Orquesta roja
    Revista Veintitrés
    Los debates que actualmente involucran a los medios hegemónicos encuentran aquí un nuevo punto de vista a través de esta increíble historia vinculada a un fugaz movimiento guerrillero. Trama luego reducida a una patraña, como parte de una operación mediática que arrancó con una primicia desaforada y terminó en una estudiada trivialización y desmerecimiento. Orquesta roja, primer largometraje de Nicolás Herzog, joven cineasta dotado de prestigioso y oportuno apellido, hace una radiografía sorprendente de estos hechos a través de tres personajes singulares y las dispares situaciones que se difundieron sobre ellos a mediados del año 2000 desde Concordia, Entre Ríos. Una nota exclusiva de los medios de comunicación Crónica TV y Radio 10 con ese grupo guerrillero llamado Comando Sabino Navarro, anunciaba a través de su líder, el comandante Chelo Lima, una vuelta a la lucha armada y al espíritu combativo de los años 70. Un trato previo que establecía un falso vivo fue incumplido por la radio, lo que derivó en un abrupto corte de la entrevista y una apresurada huída. Escenario luego desacreditado por el resto de los medios como una farsa del popular canal de noticias, este trabajo testimonial se ocupa de poner las cosas en su estricto lugar. Una obra reveladora, que desnuda facetas humanas e intereses creados, realzada con interesantes recursos visuales.
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  • Enterrado
    Enterrado
    Revista Veintitrés
    Con su indudable halo de singularidad cinematográfica, Enterrado ofrece una pieza con pocos parangones, lo que sin dudas es un buen punto de partida. El otro es su trasfondo acerca de la política exterior norteamericana y los negocios corporativos que genera la guerra en Oriente Medio, aspecto que le otorga al film algún toque de denuncia. Pero más allá de eso, el producto global que ofrece esta película del español Rodrigo Cortés responde cabalmente, a pesar de que en este caso no lo haya hecho a través de un guión propio, al caracter llamativo, burbujeante y siempre pretendidamente original que ha llevado adelante en su corta y veloz trayectoria. Que ahora lo ha llevado a filmar por vez primera con una figura actoral estadounidense, aunque este no sea un film producido en Hollywood, circunstancia que ya está a punto de llegar en su carrera. En sus varios y notables cortometrajes, como Yul, Los 150 metros de Callao, y el documental apócrifo 15 días, Cortés ha desplegado esa idea del cine en la que el artificio es más importante que el contenido, lo cual se extendió a su atrayente ópera prima Concursante, con un estupendo protagónico de Leo Sbaraglia, pese a ello no estrenada aquí.
    Y Enterrado era un proyecto ideal para este cineasta autodidacta y talentoso, que supo sacarle el jugo al ingenioso y claustrofóbico guión de Chris Sparling acerca del conductor de camión que despierta dentro de un viejo ataúd de madera, enterrado vivo y acompañado por unos pocos elementos, como un celular de última generación pero con poca batería, una linterna con falso contacto y un encendedor. Cosas que a veces le serán útiles en su situación y otras no tanto, mientras mantendrá diálogos a veces sordos con sus captores árabes, sus rescatistas norteamericanos, su contacto para la empresa en la que trabaja y su mujer. Con pasajes angustiantes y dramáticos, una esforzada labor de Ryan Reynolds, un final negro y sorprendente –aunque no tan original-, y una sostenida tensión, Enterrado es un brillante ejercicio cinematográfico. Pero esto no siempre da por resultado un gran film.
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  • Whisky con Vodka
    Whisky con Vodka
    Revista Veintitrés
    El cine dentro del cine no es precisamente una novedad, muchos cineastas han apelado a este recurso, que puede resultar atrayente para el espectador entendido. Quizás la película modelo en este subgénero sea La noche americana, sin embargo este delicioso film de Andreas Dresen (que venía de ofrecer una joya como Nunca es tarde para amar), merecería figurar en un lugar destacado detrás de aquella obra maestra de Francois Truffaut y acaso de La mujer del teniente francés de Karel Reisz. Más que nada por su formidable pintura de una luminaria actoral en decadencia, ese Otto Kullberg que se debate entre su amor por el cine y sus problemas de comportamiento, ligadas mayormente al alcohol. De ahí el título Whisky con Vodka, que también funciona como una alegoría ligada al protagonista y a su actor reemplazante. Ese hombre endiosado y despreciado que, más allá de sus debilidades, sigue siendo un artista; una entrañable excusa narrativa que no oculta un indisimulable homenaje al cine. Los devaneos amorosos del equipo, los problemas de egos y cartel y otros detalles del universo de un rodaje, son situaciones de la trama que suman atractivos por partida doble, al reflejar otro film en proceso. El abanico audiovisual se completa con la canción de Gardel Por una cabeza, que forma parte de la banda de sonido, y la excelente composición de Henry Hübchen, dentro de un elenco inmejorable.
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  • Huellas y memoria de Jorge Prelorán
    La vida de Jorge Prelorán, uno de los cineastas más admirados y estudiados de nuestro país, es reflejada en este trabajo de manera abarcativa y a la vez atrayente, utilizando algunos de los principios que el propio protagonista del film enuncia en esta película-homenaje. Este artista de la imagen testimonial, especializado en el género documental casi desde sus inicios, y fallecido recientemente, recibe aquí un acercamiento a su tarea, su pensamiento y forma de ser a través de esta oportuna y entrañable pieza de Fermín Rivera. Quizás su objetivo más importante haya sido reivindicar la trascendencia mundial que Jorge Prelorán y su prolífica filmografía han tenido y seguramente ese aspecto está más que cumplido. Rivera había ofrecido a través de Pepe Núñez, luthier, una singular mirada sobre un hombre anónimo y discapacitado que llevaba adelante su oficio contra todas las dificultades, documental elogiado precisamente por Prelorán, quien aceptó que este colega suyo se ocupara de su historia de vida tan particular. Rodado a lo largo de más de cuatro años en distintos escenarios, pasando por sus primeros y curiosos films argumentales en los Estados Unidos y llegando a obras que recorrieron de una manera única la geografía de un país, Huellas y memoria de Jorge Prelorán es un valioso tributo para conocedores y neófitos.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    Revista Veintitrés
    Un más que auspicioso debut cinematográfico ofrece el joven cineasta Miguel Cohan, un ex asistente de Marcelo Piñeyro (colaboró con él en películas como Cenizas del Paraíso y Plata quemada) que se da el lujo además, cosa que también podría haber conllevado un riesgo, de dirigir a figuras de gran peso en el cine nacional como Leonardo Sbaraglia y Federico Luppi. Los aciertos y valores de este thriller dramático parten fundamentalmente de una potente idea que dio como resultado un sólido guión de Ana Cohan y el director.
    Varios aspectos turbios de la sociedad argentina, que por momentos recuerdan a las denuncias de El Rati Horror Show, se ponen en tela de juicio en Sin retorno, a través de una trama intensa y atrapante. De todos modos la estructura narrativa del film es lineal y apenas presenta un par de elipsis, pero que son bastante pronunciadas. Se trata de saltos temporales que pasan por alto instancias que podrían haber tenido un interesante desarrollo en la película, como un juicio oral que termina por condenar al personaje de Federico (Sbaraglia), acusado de atropellar a un ciclista y abandonarlo, y el posterior tránsito de él en prisión a lo largo de tres años y medio. Ambos segmentos son obviados en la historia, dejando aún más en evidencia el sustancioso contenido del entramado argumental. Que enfoca las consecuencias de una serie de acontecimientos fortuitos –combinados con irresponsabilidad y negligencia- que desembocan en un accidente trágico. El afán de un grupo familiar por evadir un compromiso legal y el empecinamiento de un padre por encontrar un culpable, sea quién fuere, dan por resultado una injusticia y una posterior venganza.
    Con una tensión que llega a volverse angustiante y un final de enorme impacto emocional, la película de Cohan cumple satisfactoriamente con casi todos sus objetivos. Se puede advertir algún desnivel actoral dentro de un elenco mayormente impecable, en el que los protagonistas Sbaraglia y Martin Slipak logran formidables composiciones, sin dejar de mencionar a un Luppi conmovedor y eficaces participaciones de Ana Celentano y Luis Machín.
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  • Sarmiento, un acto inolvidable
    El innegable gran educador, hombre de estado y escritor tiene en este film un protagonismo especial, ya que la propuesta fundamental de Sarmiento, un acto inolvidable es poner en primer plano su relevancia como figura histórica de la patria. Reconocido por los progresos que llevo adelante en el campo educativo, el autor de Facundo o Civilización y barbarie es sin dudas un prócer controvertido, más por sus ideas que por su obra. Es precisamente lo que el director sanjuanino Pepe De La Colina pone en el tapete en su film, apelando a diversos recursos expresivos en los que alterna situaciones del presente con otras de la historia sarmientina combinadas con un toque fantástico. Elementos que conviven en una trama en la que una maestra, encargada de la realización de un acto alusivo, recibirá una fantasmal sorpresa, a la que se suma una módica vuelta de tuerca en el final. El afán reivindicatorio del director se hace ostensible a través de un profesor de historia que cuestiona severa y maniqueamente a Sarmiento, por cuanto, más que homenajearlo sin retaceos, De La Colina cae en un discurso enfático y por momentos burdo que no favorece sus objetivos. La discreta labor del elenco tampoco ayuda, pero de todos modos el esfuerzo puesto en juego en la ambientación y algunas ideas pueden atraer a quienes se interesen en nuestra historia.
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  • Wall street 2 - El dinero nunca duerme
    Con una trama y un estilo renovados con respecto al primer film, pero manteniendo el espíritu crítico acerca del mega poder económico, Oliver Stone despliega lo mejor de su talento visual y expresivo pero no alcanza a conformar una gran obra. A más de veinte años del memorable Wall Street original, que desmenuzaba ferozmente la rapiña financiera, ponía en primer plano a la generación yuppie y creaba un nuevo y despiadado antihéroe llamado Gordon Gekko, el director de Asesinos por naturaleza, La radio ataca y JFK consideró interesante retomar esa historia y crear una suerte de saga. Pero además, haciendo honor a la trama de aquél film, Stone se procuró un trabajo fílmico que consolide su capital, acaso como para seguir adelante con sus otras vertientes cinematográficas, caso la reciente Al sur de la frontera o la anterior y no estrenada aquí Looking For Fidel. No habrá estado equivocado en ninguna de las dos cosas, porque no fue una mala idea realizar esta secuela y probablemente la taquilla lo acompañe.
    Quizás el problema de Wall Street: El dinero nunca duerme, además de un final un tanto idealizado, sea el haber picoteado en variados tópicos sin llegar a profundizar en ninguno, como por ejemplo un mega colapso de la economía mundial, una conflictiva y casi terminal relación padre-hija, el tema del mentor o padre sustituto que padece el personaje del joven operador de Wall Street (Shia LaBeouf), tanto con su jefe anterior (Frank Langella) como con Gekko y como estos elementos combinados pueden destruir una relación de pareja. De todos modos esta versatilidad temática le otorga al film un innegable y constante interés.
    Con deslumbrantes recursos visuales para mostrar a Nueva York y su mundillo financiero (incluyendo un atrayente video clip que se puede ver con los títulos finales), una excelente –otra vez- actuación de Michael Douglas, bien acompañado por LeBeouf y grandes actores de reparto (Josh Brolin, Langella, Susan Sarandon), y algunas lecciones atendibles acerca de la hora que vivimos, este regreso de Gekko y su capitalismo salvaje valen la pena.
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  • Lula, el hijo de Brasil
    Lula, el hijo de Brasil
    Revista Veintitrés
    Concebida como un inusual homenaje a un presidente en ejercicio, Lula, El hijo de Brasil es una película asimismo inusual en su presupuesto, si de una cinematografía latinoamericana estamos hablando; más de diez millones de dólares que la han convertido en la más cara de la historia de ese país. Un costo alto pero bien amortizado, porque, estrenada a comienzos de este año en Brasil, ha convocado a más de un millón de espectadores. Una obra de un claro y simple carácter biográfico, que no pretende hacer historia en el género, pero que para los que desconocen la trayectoria de Luiz Inácio Lula da Silva –y para los que sí la conocen-, ofrece un sólido muestreo de una vida fascinante, salpicada de luchas, duros sinsabores y fenomenales logros.
    Entre las desdichas habrá que incluir la padecida por el propio realizador del film, Fábio Barreto, quien unos días antes del estreno sufrió un gravísimo accidente automovilístico del cual aún no se ha recuperado y que probablemente le impida volver a filmar. Barreto, hermano de Bruno, director de la memorable Doña Flor y sus dos maridos, ya había alcanzado una candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera por O quatrilho, y aquí puso de manifiesto su oficio para narrar con estilo clásico una historia de vida que, más allá de algún idealismo e inevitables simplificaciones, resulta ejemplar. Desde su humilde nacimiento en el estado de Pernambuco hasta el entierro de su madre al que pudo concurrir aún estando en prisión, gran parte del recorrido de Lula está presente a lo largo de un metraje que aporta un par de momentos fuertemente emotivos, como el señalado del final. Un elenco eficiente con un intenso Rui Ricardo Diaz a la cabeza, conforman un adecuado marco para recrear la epopeya de un líder tan carismático como genuino.
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  • Ni dios, ni patrón, ni marido
    Coproducción argentino-española dirigida por la ibérica Laura Mañá, Ni Dios, ni patrón, ni marido es una interesante evocación de uno de los primeros grupos de mujeres activistas. Estrenada en nuestro país con retraso, ya que data de 2007, tal demora no influye demasiado en la vigencia de su contenido, dado el carácter histórico del film. Que gira alrededor de la anarquista rosarina Virginia Bolten, que funda el periódico La Voz de la Mujer, el primero en Latinoamérica que abarcó tanto ideas revolucionarias como feministas. En el marco de una hilandería en conflicto por despidos, insalubridad y maltratos a sus obreras, todas mujeres por cuestiones de costos; se va desarrollando el germen de la rebelión, en medio de otras alternativas argumentales. Una cantante de ópera de la alta sociedad que se pliega a la lucha, un senador que la ama y que desata una represión clandestina contra las trabajadoras y su propio objeto de deseo, son otros apuntes de la trama que, junto a una cuidada ambientación y vestuario, mantienen el interés del film. Que sin dudas daba para más, pero que a través de un atendible guión coescrito por una de sus protagonistas, Esther Goris, refleja con acierto las iniciáticas luchas femeninas contra el despotismo e ignorancia de los hombres de la época. Junto a la Goris se destaca la labor de Eugenia Tobal, y los aportes de Daniel Fanego y Jorge Marrale.
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  • El Rati Horror Show
    El Rati Horror Show
    Revista Veintitrés
    Luego de un arranque actoral con Daniel Burman en Esperando al Mesías y con Marco Bechis en Garage Olimpo, componiendo de manera eficaz dos personajes disímiles, parecía que la carrera de Enrique Piñeyro iba a fluir tranquilamente por ese sendero, pero este inconformista ex piloto de aviación buscó sin demoras otros caminos de expresión y se abocó a la realización cinematográfica, lo que derivó en la excelente Whisky Romeo Zulu. Pero esa dirección ficcionada tampoco pareció conformarlo, y a partir de ese momento todos sus films fueron documentales: Fuerza Aérea Sociedad Anónima, Bye Bye Life y ahora su mejor y más arriesgado trabajo, El Rati Horror Show. A través de la controvertida historia de Fernando Ariel Carrera, un hombre común condenado de manera deliberada a treinta años de cárcel sin pruebas concluyentes en su contra -o mejor dicho, con evidencias plantadas-, Piñeyro establece una verdadera proeza en el campo del film de investigación político-social. Con su presencia y relato en primer plano, el director va eslabonando una turbia cadena de manipulación en la causa judicial condenatoria, hasta arribar al encubrimiento de un caso de gatillo fácil. Con impecables y variados recursos técnicos y expresivos, Piñeyro logra conmocionar, estremecer y atrapar con un documental dotado de ritmo sostenido y tensión constante y creciente.
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  • Mis días con Gloria
    Mis días con Gloria
    Revista Veintitrés
    Más allá de algún desequilibrio estructural, Mis dias con Gloria es un aceptable policial, con buenos momentos de suspenso y acción que lo ubican en el marco de un film de género salpicado por toques sentimentales y evocativos. Este film marca el retorno de Isabel Sarli a la pantalla luego de La dama desaparece y también de Juan José Jusid, que no rodaba desde Apasionados en 2002. El director de Los gauchos judíos y Bajo bandera propone una pieza teñida de melancolía, no sólo por su caracter de tributo a una vieja diva, sino por el derrotero de su protagonista masculino, un asesino a sueldo en busca de redención. La trama combina con riesgo el policial negro, el melodrama y el redimensionamiento de una estrella, y algunos puntos clave se resuelven apresuradamente. De todos modos las imágenes que presenta el último tramo, con la actriz en los inicios de su carrera con un look a lo Gina Lollobrigida y la cálida dedicatoria final; resultan emotivas. Dentro de en elenco heterogéneo, Luis Luque logra una de las mejores performances de su carrera, dotando de múltiples matices a un personaje intenso. Las breves y sólidas participaciones de José Luis Alfonzo y Carlos Portaluppi se intercalan con la singularidad de ver actuar con arrojo a Nicolás Repetto. Por su parte, Isabelita Sarli se muestra como una heredera dotada de belleza y carisma. La Coca vigente por partida doble.
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  • Sofía, cumple 100 años
    Sofía, cumple 100 años
    Revista Veintitrés
    Con algunos puntos de contacto con la reciente Diletante de Kris Niklison, que se ocupó de Bela, una señora octogenaria y levemente aristocrática de una zona ribereña argentina, Sofía también retrata a una mujer muy mayor, que en este caso está a punto de cunplir nada menos que un siglo de vida. Ese espíritu testimonial y afectuoso de aquel logrado trabajo documental está también presente en esta notable y aún más entrañable película de Hernán Belón, quien registra el itinerario de una mujer que se va acercando, mientras experimente diversas sensaciones, a su cumpleaños número cien. Una anciana juvenil, lúcida, activa y enérgica, dueña de un amor a la vida verdaderamente extraordinario.
    En este caso la señora Sofía es una persona urbana y con un compromiso ideológico mucho más profundo, ya que su doloroso pasado incluye la desaparición de un hijo durante la dictadura cívico-militar y un exilio que debió llevar a cabo cuando ya se acercaba a los setenta años de vida. También debió padecer la muerte de su padre en el terremoto de San Juan de 1944, sin embargo nada de eso la entristece del todo, su sentido del humor siempre presente se combina con un envidiable optimismo. Por otra parte su sorprendente lozanía permite que cocine para numerosos invitados, que lea sin anteojos, que opine y discuta acerca de cualquier tema y que esté en permanente actividad y movimiento, aún con los achaques propios su avanzadísima edad.
    La película está estructurada en segmentos titulados con los nombres de los meses anteriores a su cumpleaños, y aunque para cuando llegue esa época estará en silla de ruedas por una fractura de cadera, nada le impedirá ser parte del gran festejo centenario. La emoción que Sofía deja fluir en cada encuentro y a cada momento, logra ser transmitida al espectador, más aún al arribar a esa celebración inolvidable. Como el film, memorable y celebratorio.
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  • El último exorcismo
    El último exorcismo
    Revista Veintitrés
    Indudable producto dentro de un terror cinematográfico que permanentemente busca nuevas alternativas, El último exorcismo es, aún con las reservas del caso, una aceptable pieza del género. Por supuesto que el estilo de este film, que combina la cámara en mano con la película casera y el falso documental, le debe mucho a la pionera El proyecto Blair Witch, y más recientemente, a Actividad paranormal, y retorna de alguna manera a aquellas películas de posesión demoníaca que se originaron luego del impacto indeleble de El exorcista de William Friedkin. Con el antecedente cercano en este subgénero de El exorcismo de Emily Rose, este film de Daniel Stamm emplea ese recurso mencionado que caracterizó al exitoso film de Oran Peli, sin olvidar la formidable Cloverfield, y el film de terror español REC. El último exorcismo, que también es un suceso en la taquilla estadounidense, narra el sinceramiento del Reverendo Marcus, un exorcista fraudulento que antes de retirarse ha decidido ser parte de un documental que lo ponga en evidencia. Pero hete aquí que el último caso, referido a una adolescente llamada Nell, hija de un perturbado fanático religioso, lo exigirá mucho más de lo que había imaginado. La película tiene nervio y verosimilitud y algunos buenos personajes, y no se le puede desconocer unos cuantos legítimos sobresaltos, especialmente en su tramo culminante.
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  • Awka Liwen
    Awka Liwen
    Revista Veintitrés
    Con la narracion, el protagonismo y asimismo la colaboración en la realización del escritor e historiador Osvaldo Bayer, Awka Liwen es un revelador documental que se ocupa de una investigación que abarcó más de tres años, Relevamiento que fundamentalmente se ocupa de los más aberrantes actos de genocidio, discriminación, humillación, exclusión y despojo que se han llevado a cabo en suelo argentino en toda su historia; aquellos que tuvieron como víctimas predilectas a los pueblos aborígenes originarios. Una historia trágica que básicamente estuvo sustentada por la pugna en la apropiación de riqueza en nuestro país del grupo económico dominante, o sea corporaciones agropecuarias que precisaban terrenos nuevos para no pagar impuestos. Con la precisión discursiva de Bayer, que se suma a conceptos claros de personalidades como Felipe Pigna y testimonios de otros especialistas en ciencia, educación, periodismo e historia, Awka Liwen, que significa Rebelde amanecer, ofrece una contundente mirada de esta porción esencial de nuestro pasado y también nuestro presente. Redondeando un trabajo de edición que recopila valiosas imágenes de distintas épocas, el documental apela a variados recursos visuales que incluyen animaciones y gráficos. Declarado de Interés Nacional por la Presidencia de la Nación, esta pieza testimonial de Mariano Aiello, Kristina Hille y Bayer resulta insoslayable.
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  • El baile de la victoria
    El baile de la victoria
    Revista Veintitrés
    Basada en una novela de Antonio Skármeta, dirigida por el prestigioso Fernando Trueba, elegida para representar a España en los Oscar de este año y protagonizada por un calificado elenco internacional, El baile de la victoria no justifica tanto nombre ni representatividad, más allá de la buena historia que tenía para contar. La sustanciosa trama ideada por el escritor de El cartero se ubica en la etapa de la vuelta a la democracia en Chile, momento en que se decreta una amnistía general que beneficia a un joven ladrón abusado en la cárcel y un publicitado especialista en cajas fuertes, quienes se unirán para dar un gran golpe, sazonado por un fuerte símbolo antidictatorial. Ese estudiado atraco tendrá marchas y contramarchas, fundamentalmente ocasionados por una bella chica que condicionará los destinos de ambos.
    Ubicada en su totalidad en un contexto chileno, incluye algo forzadamente a intérpretes argentinos y de otras nacionalidades, cosa que suele suceder a veces en este tipo de coproducciones. Quizás el único actor que no “molesta” sea Abel Ayala, de interesantes trabajos en El polaquito y El niño de barro, que aquí ofrece una composición que se mimetiza con el entorno, a lo que suma dosis de expresividad suficientes como para despertar emoción. No se puede decir lo mismo de Ricardo Darín –que aporta su oficio- y otros intérpretes que no logran consustanciarse con la propuesta por problemas de diálogos y realización. El director de Belle Epoque y El año de las luces no logra amalgamar adecuadamente todas las líneas narrativas y evocaciones al pasado reciente que proponía el material, e incluso cae en situaciones caricaturescas. La extensión del film, otro factor en contra, quizás disimule un poco sus falencias de estructura, en la que un extraño plano final, abierto y alegórico, permite referirse a otra figura destacada del elenco, la actriz y bailarina Miranda Bodenhöfer. Sus escenas de baile y otras que buscan el lirismo y el costado artístico de la trama se pueden rescatar.
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  • Gaturro
    Gaturro
    Revista Veintitrés
    Si bien esta animación digital resignifica el personaje original de Nik, se trata del mejor trabajo del género realizado hasta la fecha en la Argentina. Está claro que nos referimos a films de orientación infantil, porque han existido algunos trabajos atrayentes dirigidos a público adulto realizados con técnicas mixtas, como Cóndor Crux, Martín Fierro y la excelente Boogie el aceitoso, seguramente la mejor obra nacional en este campo. Precisamente este film pertenece al mismo director de Gaturro, la película, Gustavo Cova, quien aquí redobla la apuesta en el aspecto visual y expresivo, ya que en Boogie había logrado una estética personal, potente, y a la vez sumamente fiel al personaje original de Fontanarrosa. En este caso se supera en algunos aspectos y no tanto en otros, pero la traslación a la pantalla grande de este felino doméstico tan popular es inmejorable técnicamente, de un óptimo nivel internacional. Precisamente en este punto hay que decir que la
    historia un Gaturro empecinado en conquistar a la gata de sus sueños, que se convierte en estrella de TV, y esa fama se le vuelve en contra, contiene –con el objeto de la comercialización del producto- un exceso de “neutralidad” en el lenguaje, la ambientación (demasiados carteles en inglés o spanglish) y en las características de los personajes humanos. También los admiradores del Gaturro original pueden no sentirse satisfechos, pero hay que tener en cuenta que Gaturro, la película está concebida en especial para niños pequeños. De todos modos nada desmerece una fenomenal y muy divertida realización, con acertados trabajos de voces, buenas canciones y algunos gags, situaciones y personajes (como el ratón Rat Pit) sumamente disfrutables.
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  • Amor a distancia
    Amor a distancia
    Revista Veintitrés
    Buscando puntos de contacto con un par de comedias estadounidenses que en los últimos tiempos renovaron el género, Amor a distancia arranca con un estilo moderno y descontracturado que auspicia un buen resultado global, pero esa impronta no logra mantenerse. Las referencias son a la excelente 500 días con ella y a la más que interesante Simplemente no te quiere, más aún teniendo en cuenta que en esta última participó –sin formar pareja- el dueto protagónico de esta película. Con estos dos formidables antecedentes, el guionista Geoff LaTulippe y la directora Nanette Burstein, que debuta en el largometraje de ficción luego de un par de elogiados films documentales, concibieron esta historia acerca de una pareja que luego de un romance veraniego mantiene una relación a distancia. Apelando al carisma y las buenas dotes para el género de Drew Barrymore y Justin Long, Amor a distancia cuenta el flechazo que en principio los une, a través de una jugosa charla en un bar, una noche juntos con desayuno incluido y la propuesta de seguir frecuentándose sin promesas ni compromisos, aprovechando momentos que ya no se repetirán. La kilométrica extensión que existe entre San Francisco y Nueva York, sus respectivas ciudades, impedirían la continuidad de la breve aventura, pero finalmente la pasión y el sentimiento son más fuertes y deciden intentar mantener el vínculo pese a la distancia del título.
    A partir de allí la comedia, tras algunos toques mordaces y originales, se interna en un romanticismo más transitado, y las escenas interesantes empiezan a resultar más aisladas, menos eficaces y a veces rozando el mal gusto. La chispa de algunos intérpretes secundarios y el citado encanto de Barrymore y Long rescatan levemente la propuesta.
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  • El hombre de al lado
    El hombre de al lado
    Revista Veintitrés
    Sarcástica, inteligente, brillantemente actuada, dotada de altos valores estéticos y fundamentalmente entretenida de principio a fin, El hombre de al lado escapa a los formatos del cine argentino más reciente. Despegada de abúlicas pretensiones intelectuales, búsquedas alegóricas y realismos costumbristas, este film de Mariano Cohn y Gastón Duprat es una suerte de comedia negra, corrosiva pero sumamente disfrutable y a la vez reflexiva. La dupla, que ha sido capaz de plasmar ciclos televisivos de indudable creatividad además de fundar y dirigir el canal Ciudad abierta, arribó luego a un atrayente film de entrevistas como Yo Presidente. Con El Artista abrieron un camino en el cine argumental sin dejar de lado el documental, retratando el mundo de las exposiciones y el comercio de obras de arte con sátira y desenfado. Ese mismo espíritu descolla en su nueva película, completamente dedicada a una historia de ficción, que presenta un conflicto vecinal entre un diseñador industrial prestigioso y soberbio y un prepotente buscavidas que decide hacer un agujero en la medianera para instalar una ventana. Una trama sencilla y a la vez compleja, resignificada a cada momento por inesperadas vueltas de tuerca. Porque uno de los valores más interesantes de El hombre de al lado es su escasa previsibilidad, lo que resulta más beneficioso aún teniendo en cuenta la existencia de films previos y afines como El inquilino de John Schlesinger y comedias cáusticas como Qué pasa Bob de Frank Oz o Vecinos de John G. Avildsen.
    El marco estético de un edificio diseñado por Le Corbusier se suma a planos de notable audacia expresiva en los que los rostros de los intérpretes pueden aparecer ocultos o fragmentados, entre otros toques innovadores de la puesta en escena. Algunas situaciones levemente remarcadas sobre el funcionamiento familiar del dueño de casa y un atraco no demasiado convincente no desmerecen una pieza brillante y provocadora, sustentada por un elenco en el que las estupendas caracterizaciones de Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz resultan imperdibles.
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  • El ambulante
    El ambulante
    Revista Veintitrés
    Este pintoresco y entrañable trabajo documental encierra una película dentro de otra, nada que no se haya hecho antes, sin embargo las características de El Ambulante transforman este simple recurso en algo prácticamente sin antecedentes. Porque la esforzada y nómada tarea como cineasta de Daniel Burmeister tiene un inédito sesgo de espontaneidad, instantaneidad y entusiasmo a toda prueba. Un hombre que con su cámara al hombro y a bordo de un pequeño y desvencijado auto recorre pueblos alejados e ignotos ofreciendo la manufactura de un largometraje de ficción interpretado por los vecinos de cada localidad. A través del visto bueno de sendos intendentes y autoridades, este singular trotamundo esparcirá las bondades de una propuesta que luego redunda en un modesto producto cinematográfico capaz de emocionar y divertir a toda una comunidad. Su energía y capacidad creativa resultan fundamentales para desarrollar una tarea múltiple en la que logra abarcar prácticamente todos los rubros de un equipo cinematográfico. El registro y la recreación de esta suerte de epopeya está magníficamente narrada por los directores Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich, quienes de una manera sencilla retratan a un increíble personaje de la vida real y rescatan el espíritu esencial del cine.
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  • De vuelta a la vida
    De vuelta a la vida
    Revista Veintitrés
    Con una verosímil y sensible interpretación de Clive Owen, De vuelta a la vida ofrece una historia mínima pero convincente que de alguna manera señala la reposición familiar del varón en la era contemporánea. Esta comedia dramática que ofrece una mirada acerca de las nuevas relaciones familiares, no niega la existencia previa de una Kramer vs. Kramer, pero el hecho de estar basada en la autobiografía de un periodista deportivo británico y fundamentalmente la sólida realización, le otorgan al film condimentos extras. El protagonista, tras la dolorosa y prematura muerte de su mujer, deberá lidiar con la crianza de un niño sin descuidar los grand slam de tenis, a lo que sumará el reencuentro con su hijo mayor, fruto de una relación anterior. Aún siendo desparejo, Scott Hicks es un director que siempre ha privilegiado historias interesantes en su filmografía, plenas de hallazgos y valores. Aquí retoma su buen paso luego de una olvidable remake (Sin reservas) y logra capturar momentos de cierta hondura, indudablemente emotivos, especialmente a partir de la aparición del hijo adolescente. Luego de haber protagonizado en los últimos tiempos films de acción o intriga, Owen cambia el registro para desplegar matices interpretativos intimistas y conmovedores, muy bien acompañado por los pequeños y talentosos actores George Mac Kay y Nicolas Mc Anulty.
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  • Luz silenciosa
    Luz silenciosa
    Revista Veintitrés
    El realizador mejicano Carlos Reygadas debe ser el más particular, personal y hasta extravagante cineasta en actividad. Tiene en su haber sólo tres films y todos ellos presentan singularidades con pocos parangones en la cinematografía actual. Japón y Batalla en el cielo han sido obras inclasificables y transgresoras hasta el capricho, pero al mismo tiempo dotadas de verdaderas proezas visuales, técnicas y expresivas. Luz Silenciosa, aún fiel a su estilo audaz, provocativo y sorprendente, es sin dudas su obra más acabada y madura. Con lejanos puntos de contacto con el thriller de Peter Weir Testigo en peligro, fundamentalmente por ubicarse íntegramente en una colectividad menonita, pueblo germánico que elige vivir fuera de casi todo patrón tecnológico o industrial de México, Reygadas focaliza meticulosamente en el conflicto de un hombre bígamo que infringe gravemente las leyes religiosas y sociales de su comunidad. Su bellísima manufactura, plena de atmósferas sugerentes, intensas y de alto contenido emocional y espiritual, se suma a profundas interpretaciones de un elenco de actores no profesionales; haciendo olvidar cierto exceso de metraje y de planos alargados. Elementos que de todos modos forman parte indisoluble del estilo de este notable cineasta. Una experiencia fílmica extraordinaria.
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  • La mirada invisible
    La mirada invisible
    Revista Veintitrés
    El joven cineasta Diego Lerman arriba a su tercer largometraje con La mirada invisible, dando un giro interesante a su filmografía. Muy lejos de su atrayente film coral Mientras tanto y también de su descontracturada y encantadora ópera prima Tan de repente, Lerman aborda aquí una trama rigurosa, oscura y alegórica. Basándose por primera vez en una novela, el realizador se ubica en el ocaso de la dictadura cívico-militar para internarse en un colegio prestigioso de esta capital focalizando en una preceptora recién salida de la adolescencia que sin embargo actúa como una mujer mayor. Una suerte de señora prejuiciosa, reprimida y represora, sometida a una suerte de obediencia debida que ejerce sobre ella el omnipresente jefe de preceptores Biasutto.
    Su obsesión por mantener el orden, combinada con su represión sexual, la llevan a asumir denigrantes y perversas conductas relacionadas con el baño de de varones, con el pretexto de sorprender a infractores a las reglas y llevarlos ante las autoridades del colegio. Costumbres que se vuelven rituales y van revelando fuertes tensiones sexuales con un alumno y también con su propio y amenazante preceptor jefe.
    La mirada invisible circunscribe casi claustrofóbicamente su semblanza a las aulas, paredes y pasillos de ese establecimiento, mientras en el afuera los estruendos y gritos hablan de una Argentina convulsionada, a punto de forzar el fin del régimen y a la vez a días del trágico retroceso que significará la toma de las Islas Malvinas. “No hay nada de qué preocuparse”, dirá Biasutto tranquilizando al personal del colegio, confiando en la continuidad del autoritarismo.
    Excelente en su descripción audiovisual del ámbito escolar de la época, la película empero se torna por momentos reiterativa y demasiado solemne. De todos modos los sólidos rubros técnicos y artísticos se imponen, sostenidos por las notables caracterizaciones de la talentosa Julieta Zylberberg y el camaleónico Osmar Núñez.
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  • Otro entre otros
    Otro entre otros
    Revista Veintitrés
    Lo que en principio aparenta ser un rutinario documental acerca de las costumbres y ritos de integrantes de la religión judía en nuestro país, da un golpe de timón y se interna en un camino absolutamente diferenciado. Porque Otro entre otros (cacofónico y poco expresivo título) hace una reveladora radiografía acerca de una comunidad inserta dentro de otra comunidad: aquella compuesta por hombres gays que profesan esa particular tradición de fe. Una significativa frase de uno de los entrevistados, “los que son discriminados también discriminan”, dispara el cuestionamiento más álgido del film; las notorias y dolorosas perturbaciones que ejerce esta condición ante costumbres tan arraigadas y milenarias. La vida de un puñado de homosexuales que no por ello dejan de ser fervientes adeptos al judaísmo, es descripta en esta ópera prima de Maximiliano Pelosi con lúcidos recursos visuales, expresivos y también periodísticos. El cineasta, productor de un par de films afines como Un año sin amor y Lesbianas de Buenos Aires, aborda aquí una problemática casi desconocida y a la vez dotada de una candente actualidad, debido a la reciente sanción del casamiento igualitario. Testimonios sorprendentes y dotados de fuertes ribetes emotivos, redondean un documental alejado de pintoresquismos, y a la vez atractivo y llevadero.
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  • Interview
    Interview
    Revista Veintitrés
    Particular y reconfortante remake, Interview está alejada de ese insufrible hábito hollywoodense de rehacer una buena película de habla no inglesa para transformarla en una nueva versión adaptada al supuesto gusto americano. No fue esa la intención del actor y director Steve Buscemi, sino básicamente homenajear al realizador holandés Theo Van Gogh, asesinado hace unos años por un musulmán radicalizado. Este descendiente de Vincent Van Gogh realizó en 2003 el film original, y fantaseaba con hacer una versión propia en Hollywood de Interview y otras películas suyas. Buscemi cumple aquí en parte con su sueño, forjando una pieza inteligente acerca de la accidentada entrevista entre un cronista lúcido pero prejuicioso y resentido y una célebre actriz televisiva, frívola y antojadiza. Dos personalidades antagónicas que confrontan pero llegan a un contacto profundo, sexy, entrañable y también por momentos desolador y autodestructivo, en el que la aparente ética periodística y humana de él y la presunta superficialidad de la entrevistada no serán tales. Film teatral pero a la vez cinematográfico, desarrollado casi en tiempo real e interpretado magníficamente por la bellísima Sienna Miller y el propio Buscemi, cuenta con un irónico e impiadoso final en el que se deja ver Katja Schuurman, protagonista del Interview de Van Gogh.
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  • Un cuento de verano
    Un cuento de verano
    Revista Veintitrés
    Este singular film polaco elaborado por un interesante y nuevo director de ese país, ofrece un cálido retrato, cargado de pequeños significados que se van engrandeciendo, de la infancia en un pequeño pueblo. Su título original, traducido al inglés como Tricks (Travesuras), se ajusta más al espíritu del film que la versión en español, aún así sugerente. Porque de una cadena de juegos y enredos provocados por un niño inquieto surgirán varias y presuntas revelaciones, o al menos una serie de alternativas que modificarán la vida apacible y desmotivada de un grupo de personajes pueblerinos. El pequeño Stefek conoce tan pormenorizadamente los movimientos y cadencias que se producen en las calles y rincones de su localidad, que es capaz de urdir cambios sutiles, sucesos casi imperceptibles pero perfectos para ser usados en su beneficio. Una suerte de manipulación del destino en pequeña escala, en el que la búsqueda de un pretendido padre abandónico se convierte en un eje sustancial. El film se apoya en una estructura dramática serena y llevadera que acaso evoca al neorrealismo italiano, a través de sus toques de ternura, candor y esperanza. El encantador Damian Ul encabeza un elenco versátil que compone una verdadera galería de tipos humanos.
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  • Igualita a mi
    Igualita a mi
    Revista Veintitrés
    Más allá de una estudiada empatía, de una fórmula pretendidamente exitosa, Igualita a mí termina conformando la deliciosa y divertida comedia que sus artífices se propusieron. El cineasta independiente Diego Kaplan derrocha una inesperada capacidad en el género para ofrecer un buen momento de cine nacional en el que el entretenimiento y la emotividad transitan por equilibrados andariveles, salpicados por algunas escenas memorables. Tras su auspicioso pero lejano debut con ¿Sabés nadar?, Kaplan se destacó en la TV (Drácula, Mosca & Smith), la publicidad y los clips musicales, y su retorno al cine lo muestra ingresando de lleno en una industria con ambiciones masivas. Aún así, Igualita a mí cuenta con aciertos en su trama, desarrollo y rubros técnicos para escaparle al mote de “producto” y garantizar su eficacia dentro de un cine de comedia no siempre aceitado en el terreno internacional. El guión del productor Juan Vera y Daniel Cúparo acerca de un ególatra, machista y ermitaño hombre de la noche a punto de ser redimido por una hija oculta, cumple su sustancial función dentro del andamiaje del film, junto, claro está, a la pareja protagónica. Un Adrián Suar pleno en matices para superar los estereotipos de su rol se complementa con el encanto exacto de Florencia Bertotti, mientras que intérpretes secundarios como Claudia Fontán, Andrea Goldberg y Gabriel Chame Buendía, entre otros, hacen un estupendo aporte.
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  • La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina
    Esta sorprendente saga de novelas escrita por un periodista fallecido (que por lo tanto no puede continuarla, sin embargo pese a esto hay un nuevo libro por aparecer escrito por la esposa con la ayuda de “unos borradores”), abarca tres inspirados y sugerentes títulos bajo una denominación central de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Los tres ya tuvieron sus versiones cinematográficas, aunque por el momento sólo dos se dieron a conocer. La primera, sin dudas que un notable thriller policial -más aún teniendo en cuenta su origen sueco, un cine que nunca se especializó en el género-, abarcaba un sinnúmero de tópicos y situaciones en un carroussell de vueltas de tuerca. Algo similar ocurre con la actual Millennium 2, aunque quizás en esta secuela las alternativas no resultan tan impactantes y sólidas, pero se reiteran con acierto algunos ítems interesantes vistas en el primer film, como el escrutamiento del feroz circuito de perversión sexual oculto en las entrañas de Suecia. Y, por supuesto, Lisbeth Salander, un personaje que ya está entrando en un terreno antológico, toda una creación del escritor y de la fantástica Noomi Rapace. Por lo demás, el film cuenta con un elenco impecable encabezado por el carismático Michael Nyqvist y mantiene con buenas armas y toques de buen cine la tensión hasta el final. Es bastante para una secuela, sea cual fuere.
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  • Vincere
    Vincere
    Revista Veintitrés
    Un gran director de regreso y una gran historia acerca de un relevante (y patético) personaje son los puntos principales de atracción de Vincere, ambicioso acercamiento histórico al período más nefasto de la Italia contemporánea. El cineasta Marco Bellocchio se propone retratar nada menos que a un tal Benito Mussolini, pero escapando a la biografía clásica y focalizando en un hombre desesperado por acceder al poder y mantenerlo, más allá de cualquier circunstancia que se interponga en su camino. En sus inicios, un joven díscolo, luchador y ególatra que iniciará una tormentosa relación pasional con una mujer con la cual no sólo se casará sino que concebirá un hijo varón. Vínculos afectivos que, del mismo modo que sus orígenes socialistas y anarquistas, se transformarán en un pasado oculto, una mancha vergonzante en su vida. Secretos impenetrables que dejan a la deriva a dos seres no reconocidos y martirizados en medio de un marco despótico y criminal. Desbordante y arrolladora, Vincere cuenta con las extraordinarias –y a veces también desbordadas- labores de Giovanna Mezzogiorno como Ida y Filippo Timi como el El Duce y su hijo, doble papel que no resulta muy creíble ante una falta de caracterización apropiada. Falencias del maquillaje en general, no muy estricto ante el paso de los años, que no desmerecen una pieza atrapante y de enorme valor testimonial.
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  • Cinco minutos de gloria
    Cinco minutos de gloria
    Revista Veintitrés
    Dotada de una visión particular, acotada, acaso íntima, de la trágica canfrontación religiosa irlandesa entre católicos y protestantes, Cinco minutos de gloria focaliza en los conflictos esenciales de sólo dos personajes, testigos y actores reales de una serie de situaciones límite que recrea el film. Sin necesidad de bucear en aristas mayores del sangriento conflicto, resulta suficiente la breve fracción temporal que en su mayor parte abarca esta pieza del sólido realizador alemán Oliver Hirschbiegel, retratando el espanto y la sinrazón de un enfrentamiento entre hermanos que sacudió y diezmó a esa región a lo largo de varias décadas. Con intensidad, convicción y fuertes ribetes emocionales el director de La caída desmenuza escrupulosamente a dos seres atormentados por las secuelas de la contienda, que desde bandos opuestos deberán volver a hacerse frente en la década del 2000, cuando treinta años atrás fueron partícipes del terror, uno como victimario y otro como víctima –aunque hijo de otro victimario-, buscando desesperadamente la sensación que describe el título.
    Hirschbiegel no sólo tiene en su haber ese abordaje sobre los últimos momentos de Hitler en su claustrofóbico bunker, sino la notable e inquietante El experimento, aunque también es responsable de un flojísimo acercamiento a El usurpador de cuerpos (idea con sobredosis de remakes) en su única incursión hollywoodense. Aquí, luego de una vibrante introducción se ocupará de los sentimientos contrapuestos de ambos hombres ante un forzado encuentro televisivo, sensacionalista símbolo de la reconciliación. Miradas, gestos y palabras cargadas de tensión, angustia y violencia contenida se respiran en ese abortado segmento del film, que luego darán pie a otras situaciones de igual calibre y a una redención que asoma como imprescindible alternativa. En el auténtico duelo actoral entre Liam Neeson y James Nesbitt sale mejor parado el protagonista de La lista de Schindler ante cierta sobreactuación de Nesbitt, pero es sólo un detalle ante una obra conmocionante.
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  • Mi villano favorito
    Mi villano favorito
    Revista Veintitrés
    Producto animado llevado adelante por una nueva compañía estadounidense y artistas franceses y españoles, Mi villano favorito surge casi al término de las vacaciones de invierno detrás de los éxitos arrolladores de las formidables Toy Story 3 y Shrek para siempre. Quizás sea porque este film cuenta con detalles en su factura estética y visual que pueden ser mejor disfrutados por espectadores adultos que otros títulos que presentan personajes ya conocidos y asimilados por el público infantil, pero como contrapartida no se podrá acceder a copias con subtítulos y así apreciar la tarea de actores como Steve Carell, Will Arnett, y la legendaria Julie Andrews. Lo que no amengua la posibilidad de disfrutar de un muy buen trabajo de animación digital, que busca ser diferente en su concepción y realización, fundamentalmente a partir de un auténtico archivillano de historieta como protagonista. Este maléfico ser al mando de un insólito ejército de criaturas, está siempre empecinado en dominar al mundo de las más estrambóticas formas, pero tres niñas huérfanas modificarán los valores de su vida y le harán aflorar un costado enternecedor. Con varios y hasta delirantes aciertos creativos e indisimulables toques ACME de los cartoons de la Warner, Mi villano favorito es una gran alternativa dentro del género.
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  • Al diablo con el amor
    Al diablo con el amor
    Revista Veintitrés
    Primera película como directora de la exitosa autora y protagonista de Mi Gran Casamiento Griego Nia Vardalos, Al Diablo con el Amor! vuelve a presentar un formato de comedia romántica, como ocurriera asimismo con la reciente Mi Vida en Grecia. La actriz de origen griego pero de nacionalidad canadiense, reitera sus aceptables dones para el género, y aborda el desafío de no sólo escribir y actuar sino también de dirigir. Esta comedia, que en realidad tiene como título original a I Hate Valentine’s Day, reúne a la misma pareja de Mi Gran Casamiento Griego, Vardalos junto a un John Corbett más maduro y sin melena, y ambos lucen sin duda cierta química. Aquí ella es una florista experta en romance, que dicta cátedra acerca del Día de los Enamorados y de todo lo que tenga que ver con las citas, especialmente en el rubro de elegir las flores apropiadas para cada ocasión. Y en su vida personal el romance es para ella una fórmula con determinadas reglas que la eximen de cualquier sentimiento, hasta que, claro, aparece alguien en su vida. El carisma natural de la protagonista y algunas buenas ideas que puso en juego como guionista y directora, se acompañan con divertidos roles de reparto, detalle fundamental en una comedia. No se puede decir lo mismo del coprotagónico de Corbett, que está lejos de ser un buen comediante.
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  • Portadores
    Portadores
    Revista Veintitrés
    Parece ser que la temática apocalíptica en el cine, que abarca cataclismos naturales, invasiones extraterrestres, conflagraciones nucleares, pandemias que derivan en zombies depredadores, enfrentamientos bíblicos, etc.; no se termina de agotar y aún ejerce una perversa atracción en el público, más aún en aquél seguidor de la ciencia-ficción y el terror. Portadores entra en el tópico “plagas incontrolables”, ya que la inminente desaparición de la raza humana será a causa de un virus mortal de origen desconocido y devastadoramente contagioso. Nada nuevo, pero al menos en el caso de este film estadounidense dirigido por una pareja de hermanos españoles, los infectados no derivan en muertos vivientes, no son agresivos, no se vuelven caníbales; lo que le proporciona al film un toque de realismo y verosimilitud y como contrapartida le resta espacio a escenas terroríficas y de acción. Por otra parte, si hay algo que resulta denigrante en este subgénero es que siempre la solidaridad y la humanidad quedan desvirtuadas a causa de un presunto espíritu de supervivencia, lo que permite cualquier tipo de actitud canallesca. Portadores se puede definir mejor como un dramático road movie sobre el fin de los tiempos, y cuenta con una trama bien filmada que da pie a algunas reflexiones, sostenida por un elenco convincente.
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  • Policía, adjetivo
    Policía, adjetivo
    Revista Veintitrés
    Obra curiosa y singular por donde se la mire, Policía, adjetivo desafía el formato clásico del policial desde su mismo y significativo título, que encierra una cuestión mucho más semántica que policial. Porque casi nada que tenga que ver con este género ligado a la acción, está presente en este film rumano, más allá de su semblanza de un puntilloso trabajo de investigación. Un joven policía, de costumbres solitarias aún viviendo en pareja, pasa días enteros persiguiendo y espiando a un estudiante sospechado de consumir y distribuir sustancias prohibidas. En medio de esa pesquisa metódica y rigurosa, sufrirá una crisis de conciencia al recibir una orden de detención sin pruebas decisivas, casi como un coletazo de épocas despóticas en ese país. Discutirá la situación con su superior y su compañero de tareas, llegando a un debate en el que se verán involucrados la ética, la conveniencia, la burocracia y el sentido del deber. La lectura de un diccionario volverá todo una experiencia semiótica. Vale como interesante acercamiento a un cine prácticamente desconocido, en el que el espectador accede a una idiosincrasia aparentemente despojada de expresividad, empatía y energía vital. Las actuaciones logran una notable verosimilitud, pero los largos planos del seguimiento, carentes de elipsis alguna, extienden innecesariamente la propuesta.
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  • Miss Tacuarembó
    Miss Tacuarembó
    Revista Veintitrés
    Esta coproducción entre Argentina, Uruguay y España gira alrededor de la figura de la reconocida actriz Natalia Oreiro, que en esta película retoma el estilo que la ha llevado a la popularidad a través de varios y exitosos productos televisivos. En los últimos años el formato del cine ha sido el elegido por ella para desarrollar su versátil carrera, al principio abordando personajes afines a su impronta, pero luego aceptando roles más riesgosos, como en Las vidas posibles, y la muy reciente Francia, aún en cartel. Miss Tacuarembó se podría considerar un mix de ambas vertientes, no solamente porque la Oreiro sorprende componiendo dos caracteres opuestos, sino porque el film, dentro de su apuesta popular, encierra una serie de ítems más que interesantes. Más allá de la trama de Natalia, luego Cristal (un nombre simbólico por varias razones), una chica de pueblo que busca concretar sus sueños, la historia cuenta con una serie de elementos que la distinguen de lo convencional.
    El título del film remite a un pueblo uruguayo desde donde la protagonista -en ese tramo interpretada por la promisoria niña Sofía Silvera-, busca dar el gran salto hacia la capital de Buenos Aires, con muchos retos a vencer, como los prejuicios sociales y religiosos. En su adultez, donde llegará a transitar por patéticos ciclos televisivos, Natalia-Cristal tendrá encuentros singulares que realimentarán sus deseos, como con su madre catequista y con el mismo Jesús (una oportuna y ajustada creación de Mike Amigorena).
    El realizador de cortos y video clips Martín Sastre arriba a un ambicioso primer largometraje apelando a saludables dosis de creatividad, humor, desenfado y mordacidad, recurriendo a toques kistchs y almodovarianos sin dejar de lado la emotividad, pero tal cantidad de ingredientes no alcanzan la mejor amalgama. Oreiro luce lo mejor de su carisma y talento, muy bien acompañada por Diego Reinhold y por participaciones especiales de Graciela Borges, Rossy de Palma y el mencionado Amigorena.
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  • El aprendiz de brujo
    El aprendiz de brujo
    Revista Veintitrés
    El pochoclero productor hollywoodense Jerry Bruckheimer se vuelve a asociar con Disney, un vínculo que ya tiene en su haber sagas como La leyenda del tesoro perdido y Piratas del Caribe y que probablemente aspire con El aprendiz de brujo a generar alguna secuela. En el caso de la serie también protagonizada por Nicolas Cage, el primer film fue atrayente, no así el segundo; y si hablamos de los taquilleros piratas, la película original fue inconsistente, sin embargo el asunto mejoró con las continuaciones. Este arranque aparece aceptable, y seguramente la concurrencia infantil y adolescente se va a encontrar con alternativas aptas para el entetenimiento; mientras que el resto del público padecerá un producto armado y esquemático, que cae en situaciones ya transitadas en muchos films. Si bien se quiso recrear un fragmento inolvidable del clásico Fantasía protagonizado por Mickey, incluyendo una escena que lo homenajea, el consabido asunto de la magia, explotado al máximo en la franquicia Harry Potter y otros films juveniles que surgieron a su sombra; ya agota. También la lucha urbana sobrenatural entre magos archirivales recuerda a la reciente Percy Jackson y el Ladrón del Rayo, y la enseñanza del brujo a su discípulo, a La máscara del Zorro. Dentro de la parafernalia de efectos, se puede encontrar a un Cage bien lookeado y los toques de comedia de Jay Baruchel.
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  • Chéri
    Chéri
    Revista Veintitrés
    Típico film de estilo inglés de época, Chéri cuenta en principio, con el magnético protagonismo de la siempre espléndida Michelle Pfeiffer, dentro de un buen elenco en el que se destaca la talentosa Kathy Bates. Pero también posee otros dos fuertes atractivos, la vigente capacidad detrás de las cámaras del gran director Stephen Frears, y nada menos que la pluma de Christopher Hampton (director de Carrington, de la nunca estrenada aquí Imagining Argentina y guionista de dos obras extraordinarias: Relaciones peligrosas y Expiación, deseo y pecado). Y aunque precisamente en esta película se renueve la triple participación de Pfeiffer, Hampton y Frears, Chéri no alcanza la estatura de aquella inolvidable Relaciones peligrosas. Pero los puntos de contacto son evidentes, y se acentúan al adaptar dos novelas de la escritora francesa Collete, que describió con levedad sentimental la París de principios del siglo XX. Allí, la cortesana retirada Léa, o Nounoune, recibe el mandato de su amiga y ex colega Madame Peloux para que se encargue de la mejor manera de su hijo Fred, o Chéri, y lo que iba a ser un flirteo pasajero se convierte en una profunda relación entre dos seres que viven momentos opuestos de sus vidas, en medio de la frivolidad, el encanto y la ostentación de la Belle Epoque. Sólida en todos sus rubros, Chéri no es más que, y quizás no sea poco, un agradable y melancólico vodevil.
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  • Shrek para siempre
    Shrek para siempre
    Revista Veintitrés
    Esta emblemática saga arrancó con el que probablemente sea el más genial film de animación digital realizado hasta la fecha, dentro del poco tiempo que aún transita esta tecnología. Su divertida y desenfadada revisión de los cuentos infantiles, surcada por fenomenales personajes –especialmente ese enorme ogro verde cargado de gracia y ternura-, marcó un hito en el género hace ya casi una década. Por supuesto que la otra saga que ha competido en creatividad y talento ha sido –y es- Toy Story, y la significativa diferencia entre ambas es que las secuelas de la creación de Disney-Pixar han realzado de manera brillante los aciertos del film original, y no es el caso de las continuaciones de este producto de los estudios Dreamworks. Ni la segunda ni la tercera parte pudieron recrear los hallazgos de la primera película, convertidas en films infantiles de aventuras, escasos de ingenio, ironía y buen humor. De todas maneras Shrek 2 (con la inestimable aparición del fenomenal personaje del Gato con Botas) y Shrek 3 mantuvieron destellos que ahora, en el llamado capítulo final asoman renovados para redondear una muy buena última entrega.
    Cuyas virtudes principales son ese fantástico hechizo que permite la irrupción de ogros y brujas por doquier y el recurso, por primera vez en esta saga, de un bien empleado 3D. Es que un Shrek demasiado familiero y civilizado precisaba de la vuelta de tuerca que le otorga esta trama, en la que se aviene a firmar un dudoso pacto con el villano Rumpelstiltskin que lo coloca en otra dimensión, en la cual vuelve a ser un fiero ogro que espanta a los aldeanos y que debe comenzar de cero. Por eso tendrá que volver a hacerse amigo de Burro, luchar por la libertad de sus congéneres y fundamentalmente, reconquistar a Fionna. Los ya habituales y divertidos trabajos en las voces de Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz y Antonio Banderas, entre otras figuras, están bien resueltos en la versión castellana, aunque con algún exceso de mejicanismo. Fuera de esto, solo resta disfrutar de un más que digno epílogo shrekiano.
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  • La Pivellina
    La Pivellina
    Revista Veintitrés
    Dotada de parejas dosis de originalidad, convicción y sensibilidad, este film italiano conmueve transitando un camino que alterna la ficción con el documental, e impone valores expresivos dentro de una apuesta riesgosa. Porque la trama obliga a forzar a una criatura a situaciones que quizás pudieran resultar traumáticas, pero sin embargo se aprecia que la carismática niña protagonista sale airosa de la prueba, lo mismo que el film. La pivellina cuenta la historia de una nena de 2 años abandonada por su madre en una plaza, que termina siendo adoptada por trabajadores de un circo en plena preparación de su temporada de funciones. Patti, una mujer que esquiva dagas, abocada a tratar de encontrar a su mascota perdida, se topa con este hallazgo inesperado, desconcentrante y perturbador, que modificará sustancialmente su vida y la de su entorno. Los realizadores abordan esta temática teniendo muy en cuenta la circunstancia real y reiterada del abandono de niños en Italia, y el film deambula entre la búsqueda de la madre y el creciente amor que ese dulce y encantador ser va despertando en esa pequeña comunidad. Sin sentimentalismos ni música incidental, con toques neorrealistas y el claro espíritu de un film documental, La pivellina sacude el alma y cuenta con un estupendo elenco de intérpretes no profesionales.
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  • El recuento de los daños
    El recuento de los daños
    Revista Veintitrés
    Combinando una impronta metafórica y reflexiva con una suerte de thriller pasional –y acaso incestuoso-, El Recuento de los daños no logra arribar a un resultado aceptable dentro de su singular e ambiciosa propuesta. Si bien algunas propuestas formales y audaces líneas argumentales asoman interesantes, el film de Inés de Oliveira Cézar abunda en incertidumbres narrativas y decisiones artísticas poco convincentes que lo van deshilvanando. Existe en la película de la directora de Como pasan las horas un paralelismo entre la tragedia griega de Edipo y la última dictadura militar, ya que un joven empleado que va a hacer una inspección a una fábrica, inicia una fuerte relación con la dueña, reciente viuda, madre de un bebé apropiado por el terrorismo de estado que podría llegar a ser él mismo. Por otra parte el marido de ella acaba de morir en un accidente en la ruta que podría haber sido atropellado por su propio hijo, ahora su amante; situación expuesta de manera confusa en el arranque del film. Una trama dotada de una complejidad que linda con el rebuscamiento, que precisaba de algo más que imágenes sólo sugerentes y diálogos en exceso escuetos y poco creíbles para ser abarcada y hasta comprendida. La inexplicable división del film en segmentos numerados y un estilo actoral deliberadamente distante son otros elementos que no permiten una mínima empatía con el espectador.
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  • Océanos
    Océanos
    Revista Veintitrés
    Abordando el reino animal submarino como pocas veces lo ha hecho antes el cine, Océanos combina documental con toques de recreación ficcionada para ofrecer una obra con un poderoso y conmovedor mensaje ecológico. Con realizadores y producción diferentes, resulta complementario a Terra, el otro gran documental presentado el año pasado por Disney Nature y, condensando largos años de elaboración en mares de los cinco continentes, se trata del film en su género más caro de la historia de Europa y quizás del planeta. A propósito de planeta y de dinero, da la sensación que está justificado cada centavo puesto en su realización, la segunda como director del reconocido intérprete francés Jacques Perrin, ahora dedicado a la manufactura de este tipo de propuestas junto a Jacques Cluzaud, el verdadero cerebro de esta proeza audiovisual. Aquí ambos elaboran un verdadero y deslumbrante redescubrimiento de la vida acuática, con la breve participación de Perrin como un abuelo que contempla junto a su nieto museos y acuarios que conservan numerosas especies desaparecidas por la acción del hombre o a punto de extinguirse. También estrujan el alma las mutilaciones y matanzas de tiburones, delfines y ballenas, y los fuertes párrafos sobre la contaminación; pero aún así, y con más silencios que palabras, Océanos apuesta a la esperanza antes que al vaticinio apocalíptico.
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  • Francia
    Francia
    Revista Veintitrés
    Israel Adrián Caetano es uno de los cineastas nacionales de mayor predicamento en los últimos años, dueño de un estilo contundente con el que presenta intensas pinturas sociales, mostradas desde ángulos y temáticas diferenciadas. Su impactante debut junto a Gabriel Stagnaro con Pizza, birra, faso tuvo cierta correlación con su notable film siguiente, Bolivia, pero muy poco que ver con su formidable -aún su mejor obra-, Un oso rojo. Menos aún se pueden vincular estos títulos con su posterior Crónica de una fuga, su único pero épico acercamiento a los años de plomo. Quizás su excepcional miniserie Tumberos tenga más relación con algunos de sus largometrajes por su vibrante mirada marginal.
    En el caso de Francia, su última pieza, se interna nuevamente en una búsqueda, aún más alejada de sus anteriores trabajos. Una trama que gira alrededor de una niña que es depositaria de numerosos conflictos de los adultos que ejercen su tutela, en medio de subhistorias que sobrevuelan el costumbrismo y la comedia ácida. Las vivencias de esa niña son volcadas a través de su propio y peculiar relato, observando básicamente a sus padres y ese extraño comportamiento de estar separados y al mismo tiempo estar viviendo bajo el mismo techo. La historia incluye miradas escuetas pero incisivas acerca de la violencia, tanto en el seno familiar como el escolar, junto a trazos sobre despectivas familias pudientes y dudosos tratamientos psicológicos judiciales. Un notorio riesgo artístico, sin dudas, del que Caetano no sale del todo bien parado, pero está claro que se trata de un realizador que no opta por ir a lo seguro. Cierto estatismo y falta de convicción de algunas escenas se alterna con otras muy logradas, conformando un film interesante en el que se destacan más algunos roles secundarios como los de Mónica Ayos, Daniel Valenzuela y Violeta Urtizberea, que los protagónicos.
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  • Cómplices del silencio
    Cómplices del silencio
    Revista Veintitrés
    Coproducción ítalo-argentina, Cómplices del Silencio (un título explícito pero a la vez muy poco gráfico acerca del contenido y la potencialidad del film) propone una visión lejana pero no por ello menos lacerante acerca de la dictadura militar, en este caso circunscripta al período del Mundial de fútbol de 1978. Los cineastas italianos parecen estar particularmente dotados para abordar esta problemática, tal como lo hiciera Marco Bechis en la excelente Garage Olimpo, y aquí el director y coguionista Stefano Incerti logra ensamblar con solidez una serie de tópicos íntimamente vinculados a esa etapa nefasta. Los secuestros compulsivos e indiscriminados, las torturas, los asesinatos masivos, el contubernio entre militares, civiles, sacerdotes, políticos y embajadores y la resistencia armada, están desoladoramente presentes. Aunque se trate de situaciones transitadas por numerosos films, la convicción y verosimilitud de varias escenas ubican a Cómplices del Silencio entre los retratos más contundentes dentro de esta temática. Tampoco el género, una fuerte historia de amor dentro de un trasfondo político, es novedoso, e incluye un par de resoluciones simplistas y for export. Pero la película atrapa e inquieta en todo su metraje, cuenta con una puntillosa ambientación de época, una sorprendente y bellísima Florencia Raggi y un notable Alessio Boni, a la cabeza de un compenetrado elenco.
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  • Cartas a Julieta
    Cartas a Julieta
    Revista Veintitrés
    Con un espírtu romántico a toda prueba, Cartas a Julieta narra dos historias de amor lejanas generacionalmente pero muy cercanas afectivamente. Una corresponde a una casi utópica búsqueda amorosa de cinco décadas atrás, y la otra a una suerte de triángulo que se irá despejando a medida que avanzan estas tramas que se desarrollan en forma paralela y funcional. La película, que mayormente se desarrolla en un deslumbrante marco que abarca Verona, Toscana y otras locaciones itálicas, arranca en Nueva York con Sophie, una joven aspirante a escritora que viaja a la península junto a su novio (un Gael García Bernal muy secundario y algo esquemático), y descubre que todos los años miles de cartas llegan a una casa que presuntamente inspiró a Shakespeare a escribir su legendario Romeo y Julieta. Ella se suma a un cuerpo de voluntarios que se encarga de responderlas y responde con tal convicción una escrita hace cincuenta años, que motiva a una mujer muy mayor a viajar a Italia a buscar un antiguo y perdido amor. Dotada de toques quijotescos y aún despojada de conflictos sustanciales, Cartas a Julieta escapa a otras historias remanidas del género, entretiene y llega a emocionar. El talento de Vanessa Redgrave y la belleza –consustanciada con el entorno- y carisma de Amanda Seyfried redondean la propuesta.
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  • Por tu culpa
    Por tu culpa
    Revista Veintitrés
    Anahí Berneri confirma con Por tu culpa que se trata de una de las mejores cineastas nacionales, sumándose así a otras mujeres que están demostrando en los últimos tiempos una presencia nutrida y talentosa. Tan sólo este año han presentado films notables Gabriela David con La mosca en la ceniza, Natalia Smirnoff con Rompecabezas, Sabrina Farji con Eva & Lola, y Kris Niklison con Diletante, mientras que en 2009 otras directoras ofrecieron films valiosos como Amorosa Soledad y El último verano de la Boyita, entre otros títulos. Berneri, que tenía en su haber Un año sin amor y Encarnación, dos films atrayentes y a la vez opuestos narrativa y expresivamente, vuelve aquí a dar un giro singular, como si se tratara de una realizadora distinta en cada película. Por tu culpa plantea un drama doméstico que involucra acciones policiales y judiciales dentro de un marco urbano duro y distante, revelando entramados familiares vacíos de sensibilidad y compromiso. Un incidente hogareño aparentemente trivial desencadena sospechas que terminan en denuncia, y también inician incómodos sucesos que confrontarán a todos los personajes. En su tercer largometraje esta directora alcanza una lúcida mirada a una mujer en crisis, sostenida por la intensa tarea interpretativa de Erica Rivas, sin dejar de lado esa incisiva radiografía familiar y social que afronta un elenco homogéneo y ajustado.
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  • Legión de ángeles
    Legión de ángeles
    Revista Veintitrés
    Con sus peculiaridades teológicas, Legión de ángeles entra dentro de un grupo de títulos apocalípticos que últimamente predominan, como El libro de los secretos, Número 9, la vampírica Daybreakers, y la aún no estrenada La carretera, sin olvidarse de otras películas recientes como El fin de los tiempos y La niebla y, yendo un poco más atrás, la primer Terminator. Este formato ha ganado numerosos adeptos, pero también lo han hecho films que abordan temas bíblicos con toques fantásticos, y esta ópera prima del especialista en efectos visuales Scott Stewart combina ambos subgéneros con buenas ideas, pero arribando finalmente a un producto fallido. La trama imagina a un Dios violento y harto de la raza humana, que envía hordas poseídas que arrasan la Tierra, comandados por ángeles salvajes, armados y de obediencia debida. Pero un ángel rebelde se aparta del grupo y pretende desafiarlos, fundamentalmente protegiendo a una chica embarazada en el bar perdido de una ruta desértica, donde se recluyen los últimos humanos. El guión, repleto de asuntos que no cierran, excedido en solemnidad y en diálogos que pretenden ser profundos y no lo son, abunda en desaciertos, pero sin embargo la realización es vibrante y alcanza momentos de gran atractivo visual y expresivo. Está claro que Stewart, a través de un final sugerente, se ha propuesto instalar una saga propia con Legión de ángeles, pero deberá mejorar muchos aspectos de aquí en adelante.
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  • Regreso a la mansión Brideshead
    Con el estilo propio de una gran película inglesa de época, Regreso a la Mansión Brideshead es una obra de enorme calidad plástica y expresiva, ideal para el público que aprecia el género. Ambientada en las campiñas británicas en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, el film está basado en un clásico de la literatura inglesa que en su momento desencadenó polémicas por su historia de amores prohibidos y confrontados, un triangulo entre dos hombres y una mujer en el que las pasiones no se centran en la dama sino en uno de los dos varones, en un cúmulo de arrebatados sentimientos del cual ninguno de los tres podrá abstraerse. Una madre dominante y excluyente, una familia disfuncional y otros personajes que giran alrededor de una aristocracia católica inglesa en decadencia, van jalonando una trama apasionante, magníficamente plasmada en imágenes. La poderosa injerencia religiosa en los vaivenes de la historia, le otorga al film un toque asfixiante y mordaz. El realizador Julian Jarrold en su cuarta película entrega su mejor trabajo, ensamblando con maestría todos los elementos, ayudado asimismo por la excelente música de Adrian Johnston. El jerarquizado elenco, además de una impecable Emma Thompson y una bellísima y talentosa Greta Scacchi, cuenta con un dueto protagónico formidable en Matthew Goode y Ben Whishaw, el camaleónico actor de Perfume, historia de un asesino.
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  • Dioses
    Dioses
    Revista Veintitrés
    Pese a ser una coproducción entre Perú, Argentina, Francia y Alemania, Dioses es un film absolutamente peruano que aborda aspectos de la realidad de ese país con una alta calidad narrativa y expresiva. El film revela el innegable talento como guionista y director de Josué Méndez, quien en su segundo largometraje (el primero fue Días de Santiago, el más premiado de la historia de esas tierras), maneja un lenguaje fílmico depurado y dotado de múltiples lecturas. A través de una trama de líneas sencillas y un estilo que se podría encuadrar dentro del costumbrismo, Dioses se propone fundamentalmente establecer una lúcida e incisiva mirada sobre la opulencia. El conflicto central de un joven de la alta sociedad peruana que siente una irrefrenable atracción hacia su propia hermana, encierra sub historias caracterizadas por la hipocresía y la discriminación que involucran a seres que se debaten entre la arrogancia y el desamparo. Méndez deslumbra con su cuidado esteticismo audiovisual sin distraerse de objetivos más profundos, apelando a toques introspectivos y simbólicos que a la vez no desdeñan una buena dosis de entretenimiento. El homogéneo y verosímil nivel interpretativo, en el que hay que mencionar al adolescente Sergio Gjurinovic, redondean una pieza admirable.
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  • Marmaduke
    Marmaduke
    Revista Veintitrés
    Comedia familiar y perruna, Marmaduke está incluida dentro de una tendencia en la cual los animales están representados de manera realista, como si todo el film estuviera rodado en acción viva. Quizás el film que inauguró esta impronta sea Como Perros y Gatos, mientras que Un Chihuahua de Beverly Hills y Santa Buddies son otras películas que apelan a este formato. Precisamente Como Perros y Gatos está estrenando su continuación en unas semanas y Marmaduke seguramente aspirará también a tener su propia saga, pese a su escasa originalidad (también hay un gato parlanchín, por ejemplo). Aunque hay que aclarar que el film está basado en un comic creado en 1954, que alcanzó una gran popularidad en muchos países que reproducen la tira en sus diarios. La historieta retrata a un enorme Gran Danés con el nombre que le da título al film, que vive con una familia a la que somete a graciosos desastres. La adaptación busca caminos dentro de este esquema e incluye una verdadera jauría de personajes que le dan cierta gracia a algunas situaciones, aunque los que realmente se pueden divertir medianamente son niños de cinco a diez años y adultos que amen demasiado a los canes y sus distintas razas.
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  • El plan B
    El plan B
    Revista Veintitrés
    De la mano de dos especialistas en ciclos televisivos, la guionista Kate Angelo (series Becker, Will y Grace y otras) y el director y productor Alan Poul (Six Feet Under, Roma, Big Love), aquí debutante en cine, la bella y carismática actriz y cantante Jennifer Lopez es la atracción principal de El Plan B. Una comedia romántica armada a su medida, que cumple con los cánones del género, pero que no está dotada de demasiadas luces. Quizás la idea básica que la propicia tenga su mérito, una mujer que rondando los cuarenta está empeñada en convertirse en madre, cosa que tras varias frustraciones de pareja decide que sea a través de un proceso de inseminación artificial. Pero la puesta en marcha de ese pretendido Plan B (o plan alternativo o de relevo, como apunta más apropiadamente el original,.Back-up Plan) tiene la particularidad que justo el día en que es fecundada conoce a alguien que reúne los requisitos necesarios para ser el hombre de sus sueños.
    Jennifer López tiene en su haber una muy buena comedia romántica como Sucedió en Manhattan de Wayne Wang, en la que junto a Ralph Fiennes abordó una trama amorosa arquetípica pero creíble y emotiva. Evidentemente con El Plan B no pudo repetir esa impronta, no contó con la química necesaria en su partenaire, y lo propio se puede decir de los escasos momentos humorísticos y toques conmovedores. Es probable que el potencial público femenino al cual está dirigido el film encuentre temas de su interés -la ya dicha inseminación artificial que se suma al embarazo y la maternidad-, aunque para los varones también hay: el par de escenas que juega el personaje de Stan con un padre de tres hijos (Anthony Anderson) en una plaza. Una situación interesante que quizás daba para otro film, pero hablando de este, aquí tampoco se encuentran otros roles secundarios destacables, un punto clave para cualquier comedia. Para colmo, los mejores gags en el rubro embarazo ya estuvieron plasmados en Ligeramente embarazada, y aquí no pasan de ser grotescos y de escaso gusto.
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  • El mural
    El mural
    Revista Veintitrés
    Esta esperada coproducción argentino-mexicana ofrecía en primer lugar la vuelta de Héctor Olivera a una temática histórico-política, quizás su especialidad, con un último y poco valorado logro como Ay Juancito. También una temática apasionante, ideal para ser abordada cinematográficamente y por último un elenco heterogéneo que si lograba amalgamarse podía rendir muy buenos frutos. A estos puntos habría que añadir una –atrayente- ambientación para enmarcar una trama atravesada por grandes pasiones, proezas artísticas y cruces controversiales entre figuras emblemáticas de la cultura nacional y latinoamericana. Lamentablemente todos estos factores mancomunados entregan más falencias que virtudes y dan la sensación de que no se aprovecharon en su total dimensión.
    El mural narra situaciones que signaron una era en el país, en las que básicamente están incluidos el proceso de manufactura del ambicioso trabajo pictórico del artista mexicano David Alfaro Siqueiros que le da título al film y también parte de la existencia de quien fuera su gestor, el director del diario Crítica Natalio Botana, más otros personajes sustanciales que se vinculan a la trama, como los escritores Pablo Neruda, Victoria Ocampo y Blanca Luz Brum. La mayor parte de estos roles se resienten ante episodios eróticos muchas veces forzados y caricaturescos, entre otras flaquezas de la narración. Entre las desparejas caracterizaciones se destaca nítidamente Bruno Bichir como Siqueiros y un párrafo aparte merece la muy buena banda sonora de Eduardo Gamboa.
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  • Eva y Lola
    Eva y Lola
    Revista Veintitrés
    Abordando con cierta audacia formal y expresiva la temática de los chicos apropiados durante los años de plomo, Eva & Lola propone un valioso ejemplar de cine revisionista que descree de la densidad y el melodramatismo. A través de la nada simple amistad entre las dos chicas del título, este tercer film de Sabrina Farji ofrece una reivindicatoria y aún imprescindible mirada sobre la memoria y la identidad, apelando a recursos diferentes y creativos. Dos singulares y jóvenes artistas que hacen performances en un denominado circo cabaret punk, poco a poco deberán enfrentar sus respectivas y desoladoras realidades familiares, vinculadas con la represión ilegal. Eva busca sobrellevar su duro pasado a través de fantasiosas llamadas a un padre ausente, mientras que Lola se niega a aceptar su carácter de nieta que busca ser recuperada. Pero no sólo eso las emparenta, también la presencia de una tercera mujer llamada Alma, entre otros pormenores que las obligarán a comprometerse y crecer de golpe. Más allá de algún desequilibrio, Eva & Lola atrae y emociona, sustentada por buenos diálogos y situaciones, el talento y la belleza de Celeste Cid y Emme y un buen elenco en el que se destacan Victoria Carreras, Willy Lemos y Alejandro Awada.
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  • Carancho
    Carancho
    Revista Veintitrés
    En el estilo de El bonaerense y Leonera, y con algunos toques de Nacido y criado y Mundo grúa, Pablo Trapero entrega en su sexto largometraje una nueva y feroz indagación sobre seres urbanos marginales o dejados de lado por la sociedad. Tan contundente como desoladora, Carancho muestra una realidad poco conocida por la comunidad y escasamente divulgada por los medios, aquella que tiene que ver con agentes de estudios jurídicos que, tras una fachada de ayuda a víctimas de accidentes de tránsito, tienen en realidad el objetivo de cobrar suculentos seguros. Para ello precisan de un esquema en el que no sólo estén involucrados enfermeros, jueces, policías y aseguradores, sino también los presuntos damnificados y los testigos.
    Dentro de este turbio panorama Sosa (un compenetrado y convincente Ricardo Darín), un carancho encargado de llevar adelante este lucrativo mecanismo ilegal, se encontrará con Luján (la bellísima y talentosa Martina Gusman) una mujer médica también un poco al margen de todo, esforzada, desprotegida y adictiva. En medio de ese infierno de intereses tenebrosos surgirá una compleja relación pasional y afectiva entre ambos. El despectivo mote identifica también a un ave de rapiña que habita en nuestro país, que se alimenta principalmente de carroña, frecuenta basureros y banquinas de rutas en busca de desperdicios e incluso acepta la compañía de buitres.
    Con un estilo de policial negro y sin dejar de lado el entretenimiento, el film de Trapero logra establecer también una poderosa pintura social, en la que la sombra de las decenas de muertos diarios a causa de accidentes automovilísticos está perturbadoramente presente. La estupenda factura técnica del film enmarca una pareja protagónica que transmite intensidad, verosimilitud y química, rodeados por un elenco impecable.
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  • El Almafuerte
    El Almafuerte
    Revista Veintitrés
    Este documental representa una meritoria iniciativa, posibilitar que jóvenes recluidos en una suerte de reformatorio de máxima seguridad puedan expresarse a través de la imagen y el sonido. Porque El Almafuerte es una crónica acerca de un grupo de aprendices de cineastas, salvo por el pequeño detalle de que todos ellos se encuentran confinados en un Instituto de Menores denominado Almafuerte. Este derrotero audiovisual que a los directores Martínez Cantó, Cabrera y Roberto Persano les llevó varios años de realización, dio por resultado la manufactura de un cortometraje que este documental sobrevuela, pero que no constituye el principal logro. La disposición de un taller de cine y video dentro del penal permitirá que los internos descubran en ciertos casos sus deseos más profundos. El estilo del documental, clásico y llano, cuenta con algunos fragmentos a cargo de los propios reclusos. Hay que destacar la estupenda e inconfundible participación del Chango Farías Gómez con la música incidental, e incluso participando en un segmento en el que dirige una batucada. Los créditos finales muestran el destino que han tenido cada uno de los participantes del documental y los desiguales caminos tomados por ellos, con sus infortunios y redenciones.
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  • Dos en uno
    Dos en uno
    Revista Veintitrés
    Dos en Uno es el primer film escrito y dirigido por la dupla compuesta por Nicolas Charlet y Bruno Lavaine, que se hacen llamar simplemente Nicolas y Bruno. Y precisamente esta dualidad está vinculada a la trama de este film protagonizado por el excelente Daniel Auteuil, sin dudas el actor francés más versátil y requerido de los últimos años. Un retraído contador, tras ser atropellado por Gilles Gabriel (Alain Chabat), un cantante francés ídolo de la década de los ochenta, se verá obligado a convivir con él, introducido en su cuerpo –o en su cabeza-, forzado a aceptar una voz y personalidad ajenas. La solitaria existencia de este oficinista rutinario será alterada, cuestionada y hasta exaltada por este espíritu excéntrico, opuesto por completo a su carácter. Esto dará pié, claro está, a distintas situaciones disparatadas, quizás la más lograda aquella en la que el personaje transforma una presentación empresarial en un rítmico tema pop. Sin poder evitar comparaciones con Hay una Chica en mi Cuerpo, aquella exitosa comedia de le época de oro de Steve Martin, Dos en Uno tiene su propia impronta, con algunas escenas francamente divertidas y un Auteuil siempre eficaz y camaleónico.
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  • Diletante
    Diletante
    Revista Veintitrés
    Kris Niklison, actriz, bailarina y puestista teatral argentina residente en Holanda, diseña en esta ópera prima documental –con algunas realistas recreaciones ficcionadas- una verdadera joya del género. Que arranca precisamente en Amsterdam con una detallista instantánea de un alegre y voluptuoso desfile de la comunidad gay. Imágenes que nada tienen que ver –o quizás mucho- con el resto del film, que incluirán unos breves e irónicos apuntes de la cineasta sobre sí misma y su dinámica familiar, para pasar inmediatamente a volcar un retrato íntimo y profundo de una señora octogenaria y levemente aristocrática llamada Bela. Su propia madre, que ocupará la casi totalidad de este singular trabajo en un encendido y distendido discurso cotidiano con una sola interlocutora, su empleada Cata, y una sola presencia, la del peón de su estancia. Con estos simples elementos se conforma una cautivante radiografía de la vejez, con reflexiones especialmente lúcidas como aquellas que teorizan acerca de la rápida decrepitud de los políticos, entre otras. Mientras tanto sus arrugas, registradas por la cámara con el mismo espíritu que se muestra el bellísimo paisaje ribereño, contrastan permanentemente con su energía física y mental. Una última anécdota suya revelará el peculiar sentido del título de esta pequeña y admirable pieza audiovisual.
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  • La hora de la siesta
    La hora de la siesta
    Revista Veintitrés
    Con una apuesta narrativa y estética semejante a la del cine argentino de los años 60, sensación acentuada por la fotografía en blanco y negro, La hora de la siesta observa el comportamiento de una pareja de niños hermanos, el día del fallecimiento de su padre, en un ámbito pueblerino. A la hora de la siesta los hermanos, incómodos por la presencia de parientes indeseables, saldrán de su casa y darán una vuelta por el barrio, haciendo escalas en su plaza y su iglesia. Pero finalmente pasarán la mayor parte de ese lapso en una casa oscura y misteriosa donde viven un niño obeso y su madre enferma, donde tendrán lugar escenas extrañas, crispadas y acaso alegóricas. La idea puesta en juego por la directora y guionista Sofía Mora en esta ópera prima tiene un arranque interesante, pero luego las situaciones se irán volviendo grotescas, en medio numerosas indefiniciones narrativas y argumentales. A estos tramos fallidos se les suma una muy floja dirección de intérpretes infantiles, que en muy pocos momentos alcanzan una mínima convicción actoral; aunque hay que aclarar que también deben batallar con los diálogos de un guión caprichoso. Sólo el trabajo de la iluminación y la imagen, entonces, se pueden destacar.
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  • Rompecabezas
    Rompecabezas
    Revista Veintitrés
    Con un espíritu tan lúdico como el que expresa el título del film, esta ópera prima de Natalia Smirnoff propone una historia singular, con toques de comedia costumbrista y dotada de curiosas situaciones y deliciosos personajes. Las distintas alternativas de la trama van conformando una mixtura tan atrayente como el placer de lograr ensamblar las piezas de un puzzle. Smirnoff debuta como guionista y realizadora introduciéndose en un mundo desconocido, quizás nunca abordado hasta ahora en la pantalla; el de los adoradores de rompecabezas resueltos sin mirar la ilustración a armar. A partir de este punto de partida la trama descubre la presunta existencia de torneos locales e internacionales en los que se compite por parejas. No vale la pena establecer si son reales o ficticios, sí hacer referencia a que Smirnoff no se conforma con esta extraña indagación sino que también tiene tiempo de hacer una lúcida semblanza de un grupo familiar que precisa oxigenarse. A través del vínculo de la protagonista con sus afectos y con el creciente hobby que la fascina, Rompecabezas avanza con simples y pequeñas anécdotas que sin embargo revelan subtextos y complejidades varias. Con la magnética expresividad de Maria Oneto como protagonista, la película se sostiene en un sólido elenco en el que se destacan Gabriel Goity y Arturo Goetz, excelentes y minuciosos a la hora de elaborar sus roles.
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  • Ricky
    Ricky
    Revista Veintitrés
    François Ozon es un especialista en sorprender y movilizar al espectador con legítimos recursos, apelando fundamentalmente a la creatividad y la originalidad en ideas y tratamientos cinematográficos. Ricky es quizás el ejemplo más acabado de esta impronta del realizador de La piscina, que narra cómo una pareja de módicos recursos y aspiraciones dan sin embargo a luz una criatura fuera de lo común, un bebé mágico. Las características extraordinarias del pequeño acarrearán conflictos e ingratitudes y a la vez sorprendentes derivaciones para ambos y la niña de ella. Metafórica, teológica y siempre sugerente, Ricky vuelve a demostrar que a Ozon la resolución de los misterios no le interesan y esa es quizás la principal atracción que ejerce el film, su incógnita permanente. Algo similar, pero con una tónica más dramática y melancólica, ocurría con Bajo la arena, en el que el enigma de la desaparición de una persona en la playa nunca se resuelve. El film atrapa, propone un emotivo final de reconciliación familiar pero también desconcierta y da la sensación que pudo haber dado para más. El magnífico trío protagónico de Alexandra Lamy, Sergi Lopez y la niña Mélusine Mayance se complementa con un notable y realista –dentro de una historia irreal o acaso onírica- trabajo de efectos especiales.
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  • Nuevamente Amor
    Nuevamente Amor
    Revista Veintitrés
    Nuevamente amor es una comedia romántica dotada de varios títulos en castellano (Sorpresa de amor figura en el afiche, mientras que una tercera traducción aparece cuando asoman los títulos), que fundamentalmente propone una flamante pareja cinematográfica conformada por dos intérpretes exitosos y requeridos. Jennifer Aniston, Aaron Eckhart y su peculiar combinación de caracteres logran en principio una aceptable química en pantalla, lo cual es casi un cincuenta por ciento de la eficacia de una producción del género. El film se interna en terrenos terapéuticos y de autoayuda, a la vez que integra su lógico romanticismo con dramáticos padecimientos –básicamente dolor y sentimiento de culpa- del protagonista masculino.
    Eckhart es un mediático terapista y escritor que maneja grupos donde sus pacientes deben tratar de superar trágicas pérdidas, mientras que Aniston sólo es una florista recién alejada de un novio. Se encontrarán en un hotel donde él dicta un seminario, pero la atracción instantánea entre ambos deberá atravesar por arduas pruebas, claro está. El hasta ahora guionista Brandon Camp intenta en su ópera prima dotar al género de un fuerte contenido dramático y hasta humanista. Pese a esto el tramo final del film cae en fórmulas ya transitadas y además queda en evidencia su afán de equilibrar el drama con momentos distendidos y leves toques de humor. Lo cual se emparenta con el entretenimiento buscado.
    No hay muchos valores más para rescatar de esta historia de amor que amaga con ser más de lo que finalmente resulta. Eckhart alcanza un par de momentos emotivos, mientras que la actriz del otro film en cartel, El cazarecompensas, tiene aquí un rol mucho más agraciado, en el que puede desplegar un delicioso repertorio de mohines. Buenos trabajos de reparto de John Carroll Lynch, Dan Fogler y un muy vigente Martin Sheen.
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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    Revista Veintitrés
    Apelando a un registro poco explorado en su filmografía, Daniel Burman logra con Dos Hermanos una pieza singular, en la que revisa el desgastado vínculo entre una pareja de hermanos en un tono de comedia agridulce. Si bien no es un género absolutamente ajeno a su estilo, el director de El nido vacío aborda aquí una vertiente de humor grotesco y costumbrista, cercana acaso a Jacobo Langser. En películas como Esperando al Mesías, El abrazo partido (que siguen siendo sus obras mayores) y Derecho de Familia los toques de humor y comedia se internaban en mundos judaicos, judiciales y afectivos, mientras que aquí ofrece una impronta diferente, acaso más familiera, pero también dotada de finas observaciones acerca de la soledad.
    El fallecimiento de la madre de ambos desencadenará en el arranque del film un exilio en la otra orilla y una convivencia conflictiva, plagada de miserias, resentimientos, cuestiones nunca aclaradas, odios y amores encontrados. Aún así, más allá de un par de momentos de cierto patetismo, el film nunca alcanza clímax dramáticos de consideración. Que quizás no eran necesarios, porque también es cierto que Dos Hermanos posee una tónica contemplativa, que trata con mordacidad a sus criaturas pero sin desnudarlas con crudeza.
    Las clases de teatro a cargo de Mario (un preciso Osmar Nuñez) son un capítulo aparte en el film, y muestran una verdadera galería de personajes y situaciones. La mixtura de dos estrellas del calibre de Antonio Gasalla y Graciela Borges, con sus peculiaridades expresivas a las que suman algunos matices, se vuelve una apuesta atrayente. Un bellísimo plano final en el marco de ese pequeño balneario uruguayo y unos cuantos inserts en los títulos finales aportan gratificaciones extras al espectador.
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  • El caza recompensas
    El caza recompensas
    Revista Veintitrés
    En los últimos tiempos Hollywood ha abordado las comedias románticas con un target más amplio que le ha permitido atraer diferentes tipos de público. Este tipo de tramas de pareja con toques de humor ya no están dirigidas exclusivamente a las mujeres, como en el caso de Ligeramente embarazada con Katherine Heigl, una de las principales figuras del género, que luego hizo pareja con Gerard Butler en la más reciente La cruda verdad. Comedias bastante masculinas y hasta adolescentes, que, entre otras, ahora dan lugar a El caza recompensas, donde ese nuevo antigalán comparte cartel con una de las heroínas románticas por excelencia, Jennifer Aniston. Se trata de la conformación de una pareja que a priori parecía interesante, pero en las imágenes nunca se consolida. No logran remedar a la que en los años ochenta conformaban Goldie Hawn y Mel Gibson con mucha más química, carisma y sentido de la diversión, sin desconocer que además tenían detrás de las cámaras a un señor como John Badham.
    En este caso Andy Tennant parte de una buena idea para afrontar una historia que combinaba un poco de acción con romance y humor; un policía en desgracia transformado en caza recompensas que debe atrapar a su ex esposa metida en líos legales. En estas nuevas tendencias del paso de comedia amoroso, hubiera resultado impensado años atrás ver a un pretendiente encerrando en el baúl de un auto y esposando todo el tiempo despectivamente a su objeto de deseo, entre otros ejemplos de maltrato entre ambos.
    Pero El caza recompensas, más allá de algunas escenas divertidas, no tiene muchos puntos de contacto con la violencia sarcástica de Sr. y Sra. Smith ni mucho menos con La Guerra de los Roses, aunque estos films hayan servido de pretendida inspiración. Además la duración resulta excesiva para tan pocos momentos de auténtico entretenimiento.
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  • La gran fiesta de Coco
    La gran fiesta de Coco
    Revista Veintitrés
    Dirigida y protagonizada por Gad Elmaleh, uno de los comediantes más populares de Francia, La gran fiesta de Coco gira fundamentalmente alrededor de la figura de este actor, dotado de indudables dosis de carisma y energía. En tono de comedia vertiginosa, Elmaleh, también coautor del guión, derrocha su particular sentido del humor al narrar las peripecias de un improbable personaje llamado Coco, hombre de negocios ultra exitoso y multimillonario que no se pone límites a la hora de satisfacer sus ególatras deseos. Sus ideas y pujanza inagotable le permiten escalar rápidamente de posición, alcanzar un descomunal poder económico y una fama de estrella multimediática. En esa tónica Coco pretende celebrar el bar mitzvah de su hijo Samuel, transformando una ceremonia sencilla y tradicional (vista en el reciente film de los Coen Un hombre serio) en un espectacular megaevento. Pero su hijo sólo desea que su padre aprecie sus virtudes en el patinaje sobre el hielo, circunstancia que dará pie a desencuentros. Todas estas incidencias están salpicadas con gags dialogados y visuales que Elmaleh maneja desde su triple rol con aciertos y tropiezos, pero sin perder nunca un ritmo sostenido. Película muy taquillera en su país, aquí puede deparar un entretenimiento liviano que sólo en su emotivo cierre ofrecerá un matiz diferente.
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  • La mosca en la ceniza
    La mosca en la ceniza
    Revista Veintitrés
    Abordando con gran calidad artística y dramática un tema áspero y escabroso, la realizadora Gabriela David logra con La mosca en la ceniza su mejor film y la película nacional más destacada de este tramo del año. La directora de la atrayente y singular Taxi un encuentro mantiene una ambientación urbana y porteña pero se interna en una temática más vasta y disímil. Aquí la trata de adolescentes es su objetivo esencial, sin embargo debajo de esas “cenizas” asoman inquietantes alegorías y se disparan otros tópicos narrativos. El film arranca en un contexto pueblerino y campestre donde se producirá un pacto espúreo que permitirá que dos chicas lleguen a una ensoñada urbe no para desempeñarse como domésticas en moradas opulentas sino para ser esclavizadas en uno de los prostíbulos clandestinos que ya abundan en todo Buenos Aires. El martirio posterior en ese caserón convertido en calabozo, hará recordar perturbadoramente a películas ambientadas en el holocausto, en prisiones inclementes, o en los mismos años del Proceso, en los que la brutalidad, el silencio y la complicidad eran parte de la vida cotidiana. La incisiva y sorprendente mirada de David de una realidad incómoda alcanza momentos crudamente emotivos y está sostenida por un elenco sólido y de notable homogeneidad entre actores experimentados y fenomenales intérpretes jóvenes como María Laura Cáccamo y Paloma Contreras.
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  • La muestra
    La muestra
    Revista Veintitrés
    Una docuficción diferente y admirable propone La muestra, film acerca de las vicisitudes del prestigioso escultor Antonio Pujia en su intención de hacer una presentación de sus últimos trabajos. Una empresa para nada pretenciosa teniendo en cuenta la dimensión del artista, sin embargo ese simple proyecto se volverá una verdadera odisea, aquí expuesta y desarrollada por Lino Pujia, su hijo. En este segundo documental suyo buscará un camino alternativo y sumamente creativo en su propósito de retratar a su padre en su trabajo diario, su pensamiento, sus estados de ánimo y en sus vínculos familiares, artísticos y mundanos. Utilizando como excusa la cristalización de la anhelada exhibición, la película registra la dinámica de esos lazos con una intimidad y verosimilitud pocas veces vista en un trabajo de este tipo. Esos pormenores y vaivenes rozan también temas más incómodos: el mercantilismo de las galerías de arte, la indiferencia del medio y la poca consideración de la cultura estatal ante un artista poco afecto a los vericuetos de la modernidad. La muestra escapa claramente al rótulo de documental y se acerca por momentos más a la ficción sin que la continuidad del film se resienta, transmitiendo tanto impresiones estéticas como genuinas emociones al espectador.
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  • Paco
    Paco
    Revista Veintitrés
    Con un gran elenco de actores, el director Diego Rafecas, con una experiencia personal con el mundo de la droga, se interna en una temática difícil y alcanza a transmitir con verosimilitud situaciones extremas relacionadas con las adicciones. Especialmente las que se vinculan con la manufactura, el tráfico y el consumo de esa suerte de narcótico apócrifo y criminal denominado paco. Se puede decir que Rafecas es un realizador versátil, capaz de abordar un film espiritual, atrayente y entretenido como Un buda y de adentrarse en submundos marginales como en la no tan lograda Rodney. En Paco no recurre a elementos de la primera, apenas a algunos vinculados a la segunda, conformando sin dudas su film más intenso y descarnado, aunque desprolijo estructuralmente al abarcar una trama coral con variadas líneas argumentales. La más importante es la que lleva adelante Francisco, apodado justamente Paco, hijo de una influyente senadora inducido a la sobredosis y envuelto en una escalada de revancha y violencia. Paralelamente el film atraviesa con lucidez el proceso de rehabilitación de buena parte de los personajes. Dentro y fuera de ese ámbito se destacan profundas interpretaciones de Luis Luque, Juan Palomino y Norma Aleandro, y roles conmovedores como el padre e hija compuestos por Claudio Rissi y Romina Richi, el padre-madre de Willy Lemos, Guillermo Pfening y un sensible y ajustado Tomás Fonzi.
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  • Están todos bien
    Están todos bien
    Revista Veintitrés
    Si bien la mención aparece recién en los créditos finales y ni siquiera está consignado en el afiche –doble despropósito- Están Todos Bien es una versión estadounidense (coproducida con Italia) de la película de Giuseppe Tornatore Stanno tutti bene. Protagonizada por el gran Marcello Mastroianni y con otra extraordinaria partitura de Ennio Morricone, fue una verdadera obra maestra de Tornatore que, como ha ocurrido antes (Fabricante de estrellas y La leyenda de 1900 no fueron valoradas en su real dimensión) y sigue ocurriendo ahora (con la excelente La desconocida), ha estado eclipsada por la joya emblemática Cinema Paradiso. Con todo ese recuerdo, era muy difícil que ese buen director que es Kirk Jones (El divino Ned) logre empalidecer las virtudes del film original, cosa que por otra parte ocurre con el noventa por ciento de las a veces inexplicables remakes norteamericanas.
    De todas maneras Están Todos Bien, cuyo toque italiano en la producción sólo se vislumbra en la agradable música de Dario Marianelli, es un digno acercamiento al espíritu de aquél film, fundamentalmente porque la trama y la línea expresiva no pretenden emparentarse con la idiosincrasia familiera y extrovertida retratada por Tornatore. Jones se basa en la manera de ser del estadounidense, más sobrio con sus afectos y con una tradición familiar menos arraigada. Además le otorga al viudo y jubilado Frank una antigua tarea de manufacturador de cables, los mismos que acompañan sus viajes en tren y ómnibus por todo el país a la búsqueda de recomponer los lazos con sus distanciados hijos. En sus reencuentros descubrirá pequeñas o grandes tragedias que le eran ocultadas por ser un padre manipulador y proclive a la victimización. Él aún ve como niños a sus hijos adultos, y un tramo final profundamente emotivo le da un apropiado cierre a una comedia dramática que recupera a un gran actor como De Niro, acompañado por un elenco ajustado en el que se destaca Sam Rockwell.
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  • El pescador y su mujer
    El pescador y su mujer
    Revista Veintitrés
    La talentosa directora alemana Doris Dorië regresa a nuestras carteleras con un delicioso film que está a la altura de sus antecedentes y se eslabona perfectamente con otras piezas de su filmografía. Inesperada versión de una fábula de de los hermanos Grimm, El pescador y su mujer está basada en una de sus imaginativas historias, que con el mismo título presenta a una mujer excesivamente ambiciosa casada con un pescador humilde y sumiso. Este hombre un día atrapa a un pez parlante que puede cumplir cualquier deseo, y a partir de allí la mujer de él no se detendrá en sus pedidos hacia su esposo para cumplir con sus insaciables pretensiones. Este punto de partida disparó en la realizadora de Hombres y ¿Soy linda? una trama mucho más moderna y cambiante en la que la pareja está compuesta por un joven pescador alemán especialista en la crianza de peces de raza y una chica rumana apasionada por las telas y las frutas. Ni ella es tan caprichosamente ambiciosa ni él es un hombre tan sometido ni carente de objetivos, y las alternativas entre ambos estarán salpicadas por los diálogos de una pareja de peces hechizados –el toque de fábula- que ironizan sobre el amor y la condición humana. Un insólito y divertido final y el carismático trío protagónico redondean esta inclasificable y regocijante comedia.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    Revista Veintitrés
    Más allá del magnífico protagónico de Jeff Bridges, que le deparó sendos Oscar y Globo de Oro, Loco Corazón es también un valioso film que aborda el complejo mundo de un artista. La genuina visión con la que el adaptador y director debutante Scott Cooper afrontó esta temática, logra atraer al tocar variadas fibras sentimentales y emocionales. El actor de Tucker, Starman, Los fabulosos Baker Boys, Sin miedo a la vida y El gran Lebowski, entre muchas otras, realiza aquí una labor notable, quizás no la mejor de su trayectoria, pero la estatuilla otorgada por la Academia funciona también como un reconocimiento a otras grandes interpretaciones suyas no recompensadas.
    Aquí Bridges es Bad Blake, un cantautor country que otrora empleó su nombre original, Otis Blake; el Bad sobrevino a causa de sus malos hábitos y su errático andar artístico. La debacle en su carrera profesional, por su afición a la bebida, se ensombrece aún más por el resentimiento que le produce el masivo éxito de otro cantante más joven que él promovió. Su decadencia se extiende a su vida afectiva, incluyendo un hijo abandonado con el que pretende, ya adulto, reestablecer un vínculo inviable. Su nueva pareja, una periodista (excelente Maggie Gyllenhaal) con un niño pequeño, alienta una dudosa resurrección para sus días. Las alternativas del film prosiguen sin mayores sorpresas, pero cargadas de la mayor verosimilitud e intensidad emocional posibles, claros objetivos del realizador y de uno de los productores, Robert Duvall, también a cargo de un entrañable personaje. Duvall alguna vez protagonizó y ganó un Oscar por un film de características afines, El precio de la felicidad. Otro detalle disfrutable de Loco corazón es el real talento de Bridges como cantante y músico, al que se suma también Collin Farrell con su propia voz en su rol de afamado y carilindo músico folk.
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  • Mongol
    Mongol
    Revista Veintitrés
    Concebida como una auténtica superproducción llevada adelante por Kazajistán, Rusia, Mongolia y Alemania, Mongol es un épico y extraordinario film del realizador ruso Sergei Bodrov que compitió hace un par de años por el Oscar en su rubro. Con notorias y casi indisimulables influencias de Akira Kurozawa, el film ahonda en los conflictivos primeros años de la vida de alguien nacido bajo el nombre de Temudgin que luego se transformará en el poderoso, proverbial, casi mitológico líder Genghis Khan. Bodrov elige una pintura benigna acerca de la niñez y juventud de quién fue considerado un salvaje y despótico emperador, retratado como un duro guerrero pero también como un hombre tenaz, visionario y generoso.
    Todo el enorme crisol de costumbrismos cotidianos, ancestrales y guerreros de esas regiones están recreados de manera espléndida en la película de Bodrov, como la ceremonia o pacto de sangre que sella una hermandad, la elección varonil de las prometidas, el temor a los truenos, y la astrología, que titula y segmenta el film, en varios capítulos de acuerdo al animal correspondiente (caballo de fuego, tigre, etc). Si bien el film progresa de manera cronológica, no tiene un tono biográfico y prefiere contar sus incidencias con toques poéticos, elipsis sugerentes, figuras que se recortan en el paisaje imponente y miradas poderosas que resumen en silencio pasajes de la trama.
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  • Un maldito policía en Nueva Orleans
    Con la apariencia de un policial sórdido y melancólico, el genial Werner Herzog vuelve al ruedo –aunque esté filmando seguido y acá poco y nada recibamos de su trabajo-. entregando una particular semblanza de un corrupto policía americano. Empleando el marco de una ruinosa y dolida Nueva Orleans, el director de Kaspar Hauser integra un film de género con otro en el que determinadas visiones surrealistas, oníricas y sarcásticas se intercalan.
    Si bien Herzog lo niega, Un maldito policía en Nueva Orleans parece estar claramente inspirada -hasta el título es casi el mismo, tanto en inglés como en su versión en español- en Un maldito policía de Abel Ferrara con Harvey Keitel, que también retrataba un corrupto y licencioso teniente policial, sólo que emprendiendo un caso de otras características y en un contexto urbano muy diferente. Aquí el teniente en cuestión está a cargo de Nicolas Cage, quien es un detective de homicidios con fuerte dolores de espalda que fomentan sus tendencias adictivas. Sus vínculos con dudosos personajes, como una prostituta, un apostador usurero y finalmente un gangster responsable de una masacre, al que presuntamente se alía para traicionarlo; no hacen más que hundirlo cada vez más en un abismo. De todos modos el cineasta alemán se toma en serio muy poco de toda esta trama, entre las alucinaciones del protagonista y sus desbordes eufóricos y melodramáticos. Momentos surcados por una extraña poesía y un ácido sentido del humor van desvirtuando creativamente lo que se podría denominar un simple policial de acción. A esto se suma un tramo final envuelto en una absurda resolución serial de conflictos, que formarían parte de una ensoñada redención. De todos modos el pulso irregular puesto en juego por Herzog no alcanza para dar forma a una gran obra. Un Cage sobreactuado y burlón se luce junto a un elenco que ofrece curiosos matices.
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  • Sólo para parejas
    Sólo para parejas
    Revista Veintitrés
    Concebida como un producto llevadero dirigido, como reza su título, a mujeres y hombres vinculados afectivamente, esta comedia norteamericana cumple en ese aspecto con su módico cometido. El problema es que Solo para parejas no aprovecha consistentemente su buena idea global, que progresa con escasas dosis de audacia e inventiva. Con esta comedia sentimental o farsa romántico-sexual, debuta como director el actor Peter Billingsley, que cuenta con un guión en el que también intervienen los protagonistas Vince Vaughn y Jon Favreau (que está desarrollando una gran carrera paralela como director con Zathura, Iron Man y su secuela). Y en este campo Vaughn se reserva los mejores pasajes, a tal punto que por momentos sus líneas parecen corresponder a un stand up. La película se inicia con unos logrados créditos para luego enfocar situaciones apenas graciosas de cuatro parejas en sus vicisitudes cotidianas. Ante la crisis de una de ellas, todos los personajes emprenderán un viaje a un entorno vacacional paradisíaco que presenta reglas casi dictatoriales. Con toques paródicos acerca de las terapias y tratamientos new age, el film entretiene sin brillar ni en sus alternativas ni en su sentido del humor. Ni siquiera el gurú a cargo de Jean Reno aporta demasiados matices divertidos.
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  • Al filo de la oscuridad
    Al filo de la oscuridad
    Revista Veintitrés
    Curiosa y singular resulta la última propuesta fílmica protagonizada por Mel Gibson, fundamentalmente porque se trata de un policial que escapa a las obviedades del género, además de encerrar no pocas connotaciones. Tras una intensa etapa de su carrera en la que se dedicó a su faz de cineasta, asumiendo sin dudar riesgos históricos, teológicos y estilísticos –en especial en sus dos últimos films, La pasión de Cristo y Apocalypto-, se podía esperar que el australiano-estadounidense, al volver a trabajar simplemente como estrella protagónica, iba a descansar en una película de acción dotada de una trama eficaz y taquillera. Pero Al filo de la oscuridad , que arranca con el brutal asesinato de la hija de Thomas Craven (Gibson), veterano policía de Boston para quien aparentemente estaba dirigido el escopetazo, sorprende con su semblanza acerca de las sangrientas telarañas que urde el poder, incluyendo también momentos de fuerte dramatismo, extrema violencia y hasta metáforas espirituales. Desde Señales de M.Night Shyamalan, un film ya muy particular, que Gibson no se desempeñaba sólo como actor (a excepción de un ignoto film independiente que hizo a posteriori, The Singing Detective, no estrenado aquí). Así que se podía esperar que el actor de las Mad Max retomara como intérprete la línea de Revancha o la saga de Arma mortal. Pero la mano del guionista de Red de mentiras y Los infiltrados, William Monahan, y la solidez del director Martin Campbell logran que el film se adentre en terrenos que conducen a la corrupción política y hasta el capitalismo salvaje. Pero a pesar de su tono inquietante, su remate agridulce y su buen elenco, el film deja algunos cabos sueltos y la sensación que podría haber dado aún para más.
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  • La madre
    La madre
    Revista Veintitrés
    Interesante desde el punto de vista estético, visual y sensorial, La madre, nuevo film del peculiar cineasta Gustavo Fontán, no logra sin embargo sostenerse ni dramática ni argumentalmente. Si bien el realizador de El Árbol posee una línea experimental, en el caso mencionado una leve trama resignificaba la apuesta formal y le daba sentido a la obra. Aquí Fontán acentúa sus búsquedas expresivas mientras intenta narrar el calvario de un hijo adolescente frente a una madre bebedora que sufre diversos trastornos de conducta. Sus monólogos internos parecen aseverar esta idea y muchas de sus actitudes también, sin embargo su atildado aspecto personal y el cuidado al elegir su vestuario aparentan desmentirlo. Una mínima historia debería tener alguna continuidad y sustento, pero algunas licencias del director conspiran contra eso, quizás ex profeso. En la mitad del film la mujer aparece muerta y ensangrentada y en el final el joven ataca a hachazos un criadero de abejas, situaciones que, entre otras, sólo aportan confusión. Prácticamente despojada de diálogos y con un metraje que apenas justifica el rótulo de largometraje, La Madre ofrece climas audiovisuales muy logrados, en el que la contemplación estética alcanza bellos momentos. Las interpretaciones están supeditadas a un contexto algo caprichoso, pero aún así Gloria Stingo transmite ciertas sensaciones.
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  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Con la impronta de muchos films surgidos a la sombra de Harry Potter, como Las crónicas de Narnia, La brújula dorada o Los seis signos de la luz, ha llegado ahora el puntapié inicial de lo que sin dudas se transformará en una saga; Percy Jackson y el Ladrón del Rayo. Lo cual no extrañaría teniendo en cuenta el inminente final de la saga de J. K. Rowling, que el autor Rick Riordan ya escribió dos continuaciones y tiene dos más en la gatera y, fundamentalmente, que esta primera película cumple con la mayoría de los requisitos para ser aceptada por el público adolescente consumidor de este tipo de aventuras.
    Peripecias que protagoniza el estudiante del título que descubrirá ser un semidiós por ser el hijo de una deidad, Poseidón, dios del mar, y una mortal. Con semejante padre no tendrá más remedio que embarcarse en una misión en la que están involucrados los dioses griegos del Olimpo, a punto de trenzarse en una guerra en medio de la contemporánea Estados Unidos. y sus dos nuevos y extraños amigos, que también resultan ser semidioses. Lo más interesante dentro de este subgénero, es que Percy Jackson y el Ladrón del Rayo transcurre mayormente en paisajes urbanos como los de Las Vegas o Nueva York, apartándose de las ambientaciones que caracterizan a las otras sagas, y por otra parte quizás estimule a los más jóvenes a acercarse a la mitología griega.
    Chris Columbus, además de dirigir éxitos del más variado calibre como Mi pobre angelito, Mrs. Doubtfire, Nueve meses, El hombre bicentenario, también es responsable de la primera y la segunda Harry Potter; así que conocía muy bien la tela que debía cortar. De modo tal que diseñó un film entretenido y con algunos momentos visuales atrayentes como esa alucinada entrada al infierno de los personajes en cuestión. Intérpretes reconocidos como Pierce Brosnan y Uma Thurman, entre otros, deben sufrir un obligado doblaje, pero aún así vale la pena verlos.
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  • Plumíferos
    Plumíferos
    Revista Veintitrés
    Nuestro país ha sido pionero en el género ya que aquí se realizó el primer largometraje animado del mundo, El Apóstol, pieza de Quirino Cristiani. Tras él surgieron las figuras de Dante Quinterno, con Upa en apuros, uno de los primeros largos sonoros y en colores, y Manuel García Ferré, cuya hegemonía dentro de la animación atravesó varias décadas con productos de primer nivel.
    Nada de esto encuentra punto de comparación con Plumíferos, Aventuras Voladoras, impresentable estreno realizado en animación 3D que desmerece absolutamente esta rica historia. Más aún si nos referimos a films de los últimos años realizados con técnicas mixtas como la futurista Cóndor Crux, la corrosiva Mercano el marciano y especialmente la formidable Boogie el aceitoso. Hasta en los recientes films del Ratón Pérez –estos sí dirigidos al público infantil-, los personajes digitales interactúan con la acción viva con una técnica notoriamente superior a este mamarracho. El hecho que este film haya sido manufacturado por un estudio independiente empleando un software libre no justifica su extremada precariedad en todos los rubros. A pesar de estar protagonizada por aves, nunca remonta vuelo en su idea, diálogos, gags, voces (exceptuando los personajes a cargo de Peto Menahem y Mike Amigorena) ni fundamentalmente en una animación y fondos carente de todo arte, creatividad y gracia.
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  • Los viajes del viento
    Los viajes del viento
    Revista Veintitrés
    Como una travesía musical y espiritual que encierra toda la mitología y las tradiciones autóctonas colombianas se podría definir Los viajes del viento, ambicioso segundo film de Ciro Guerra. Alemania, Holanda y Argentina participaron de esta coproducción que cuenta el último trayecto de un legendario acordeonista y cantor que ha decidido dejar de tocar, no sin antes cumplir con algunos mandatos. Ignacio Carrillo es el nombre de este popular juglar que tras años de recorrer poblados cargando con su acordeón, toma la decisión de hacer un largo viaje por la región norte de Colombia para devolverle el instrumento a su anciano maestro y así abandonar en paz su arte. Se plegará a su periplo un joven cuya ilusión en la vida es seguir sus pasos y llegar a ser acordeonista, con el que establece un vínculo paternal y de guía vivencial. Quizás el nulo espacio reservado para el humor y el excesivo metraje aumentan el peso de algunos subrayados acerca de la conducta del protagonista y ciertos momentos demasiado circunspectos o ceremoniosos. Rodada en cinemascope, Los viajes del viento logra captar gracias a este mítico formato visual la magnitud de un paisaje muy bien registrado. Lo que, sumado a sus indudables valores, vuelve recomendable ver este film –perteneciente a un cine poco divulgado en nuestro país-, en las salas.
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  • Vivir al límite
    Vivir al límite
    Revista Veintitrés
    Luego de unos años de ausencia o de poca actividad, la realizadora Kathryn Bigelow, muy atípica en su óptica del cine con respecto a sus colegas de género, vuelve al ruedo con un film de extraordinaria intensidad, capaz de producir una tensión difícil de tolerar. La ex esposa de James Cameron -con el cual justamente van a compartir nominaciones en los rubros de Mejor Director y Mejor Película-, logra mancomunar en Vivir al límite lo más puro del cine bélico contemporáneo con una mirada inquietante sobre la condición humana. Luego de un film iniciático adelantado a su época, Cuando cae la noche, aquél transformado en un clásico, Punto límite y una pieza futurista audaz y singular, Días extraños, la Bigelow empezó a filmar con menos asiduidad pero alcanzó a entregar otro film relacionado con el militarismo pero desde un punto de vista submarino y soviético, K-19.
    Y reiterando su clara identificación con los temas que abordan los cineastas hombres, Vivir al límite está ambientada bien a fondo, como nunca antes se vio en el cine, en la guerra de Irak. Una zona en permanente conflicto vista a través de los ojos de tres soldados estadounidenses que forman parte del escuadrón elite que se ocupa de la tarea más ingrata, la del desmantelamiento de bombas y objetos explosivos de todo tipo que las organizaciones rebeldes diseminan contra los invasores pero también contra su propio pueblo. Este retrato tan cercano y dotado de un enfoque tan específico sobre el tema recuerda a otros grandes films del género como Apocalypse now, Pelotón, Nacido para matar y Salvando al soldado Ryan. Aunque aquí hay poco espacio para la reflexión y mucho para el constante desfile de situaciones extremas que se deben resolver, más que con valentía y coraje, con el mismo criterio suicida de sus oponentes. Si bien quedan algunos cabos sueltos, Vivir al límite es una obra de notable poder expresivo que deja lacerantes resonancias, dotada de un excepcional trío de intérpretes y que quizás sea la gran sorpresa de la próxima entrega de la Academia.
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  • Andrés no quiere dormir la siesta
    Dotada de una importante producción y despliegue para una ópera prima, que incluye una excepcional ambientación, Andrés no quiere dormir la siesta cuenta además con en un notable elenco que incluye varias figuras. Con visibles antecedentes en piezas nacionales como Kamchatka, La ciénaga, y también extranjeros como La culpa la tiene Fidel, el trabajo del director Daniel Bustamante hace foco en un cuidado detallismo histórico, similar a la que Gustavo Postiglione plasmó en su reciente y rosarina Días de mayo. Y cercana geográficamente, ya que este film está ubicado en la ciudad de Santa Fe entre 1977 y 1978, allí el pequeño Andrés, tras sufrir la muerte de su madre en un accidente nunca bien clarificado, debe mudarse a un barrio donde funciona un centro clandestino de detención, un secreto a voces que incluye operativos nocturnos en la zona. Y también debe soportar el maltrato de su confundido padre y su abuela autoritaria, en medio de un panorama cotidiano y familiar colmado de complejos matices y aristas. Con algunas escenas altamente logradas y otras resueltas con ciertos subrayados, Andrés no quiere dormir la siesta es un film desparejo pero lúcido y ambicioso, con un sustancioso poder evocativo.
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  • Nine
    Nine
    Revista Veintitrés
    Basada en una pieza que a su vez tuvo su origen en un film de Federico Fellini, esta recreación fílmica de Rob Marshall propone un deslumbrante y melancólico homenaje al cine en formato de comedia musical. El curioso trayecto de esta obra que tuvo su punto de partida en el cine y que ahora vuelve con renovado formato al celuloide, no tiene una trama definida porque es precisamente una semblanza del bloqueo creativo de un director de cuya crisis salió la inmortal 8 y medio y muchas décadas después nos depara esta espléndida Nine. La manera en la que Marshall, responsable de una brillante adaptación del género con Chicago pero también de un gran film como Memorias de una geisha, aborda su despliegue narrativo y visual, es a través de quiebres permanentes. Desarrolla su trama con un estilo expresivo claramente europeo, y traslada de pronto al espectador a un escenario con toda la puesta en escena correspondiente el espectáculo, para luego volver a las calles, los estudios o los hoteles de Roma donde prosigue una historia escasa y a veces inconexa pero sustanciosa glamorosa, irresistible y por momentos emocionante. Daniel Day-Lewis, Marion Cotillard, Sophia Loren, son algunos de los nombres que iluminan la pantalla a puro carisma y talento.
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  • Amor sin escalas
    Amor sin escalas
    Revista Veintitrés
    Con tan sólo tres películas en su haber, Jason Reitman ya se ha forjado un estilo muy personal y una trayectoria sustanciosa. Hijo de Ivan Reitman, el productor y director de exitosos films como la saga Cazafantasmas y Un detective en el kinder, pero también de una comedia inteligente como Dave, presidente por un día, el talento de Jason parece haberse inclinado por la línea expresiva de este film de su padre, donde asimismo trabajó como actor. Sea como fuere, tras su auspiciosa ópera prima Gracias por fumar y su brillante Juno, el joven cineasta propone en Amor sin escalas una comedia extremadamente agridulce, surcada por diálogos mordaces y situaciones irónicas y hasta bizarras, que pasa de lo risueño a lo doloroso y reflexivo con una inmediatez en el que las sensaciones contrapuestas no se acumulan sino que aportan un enriquecimiento dramático constante.
    Así como en Gracias por fumar Reitman describe a un hombre que trabaja sin remordimientos para las grandes tabacaleras defendiendo los “derechos” de los fumadores, aquí se ocupa de otro que es la estrella de una empresa que se dedica a un oficio aún más despiadado, el de comunicar a empleados de todo Estados Unidos que sus compañías deben efectuar drásticas reducciones de personal. Un servicio casi canallesco que él lleva a cabo con elegancia e indisimulable placer sólo porque adora volar y recolectar millas que lo lleven a un secreto y deseado objetivo. Convicciones se verán desdibujadas por la aparición de dos mujeres, una madura que se volverá su principal interés amoroso y una adolescente que, como Juno, desestabilizará todo lo que la rodea, aunque su arrogancia oculte una niña dolida y asustada.
    Sarcástica y tierna, contemporánea y tradicional, Amor sin escalas es una pieza fenomenal sostenida sin pausas por un elenco impecable, con un Clooney a la cabeza que pone en juego lo mejor de su carisma y destreza interpretativa.
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  • Medusas
    Medusas
    Revista Veintitrés
    Bellísima analogía entre el mar, el agua y el alma femenina, Medusas es un film israelí capaz de contar un puñado de historias dispares y encadenarlas sin perder nunca su línea narrativa. Situaciones costumbristas y cotidianas en el marco urbano de Tel Aviv que no sólo atraen y comprometen emocionalmente sino que también incluyen, imperceptiblemente, un universo surreal, onírico y metafórico. Una mesera de catering que recoge a una niña aparentemente abandonada en la playa, una pareja que atraviesa una accidentada luna de miel, una mujer filipina que cuida ancianos y que desea volver a su país con un barco de juguete para el cumpleaños de su hijo, una mujer que vive una relación conflictiva con su hija actriz y que desea desesperadamente dar y recibir afecto, son algunos de los personajes que recorren la pantalla en su muy corto metraje.
    Esa compleja estructura coral presentada por la pareja de escritores y ahora cineastas Etgar Keret y Shira Geffen da la sensación que dejará unos cuantos cabos sueltos que deberán ser completados por la imaginación al espectador, sin embargo, el brillante guión de ambos –colmado de pequeñas sorpresas- se las ingenia para esbozar un destino claro para todas esas frágiles y entrañables criaturas. Las sensibles composiciones de todo el elenco redondean una pequeña, poética e imperdible joya fílmica.
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  • Sherlock Holmes
    Sherlock Holmes
    Revista Veintitrés
    Si uno se olvida un poco de la imagen clásica e inmaculada del detective criminalístico Sherlock Holmes, sin dudas que va a disfrutar intensamente de esta versión siglo XXI que propone la película del resucitado Guy Ritchie. El cineasta, que hizo una irrupción impactante en el mundo del cine con Snatch y que luego de unos años de repliegue retornó auspìciosamente con Rocknrolla, ofrece aquí una mirada riesgosa y audaz pero fascinante del inspector creado por el escritor escocés Arthur Ignatius Conan Doyle. El personaje, ese sagaz y obsesivo detective londinense de fines del siglo XIX, era capaz de resolver los casos más engorrosos y complejos gracias a su capacidad de observación y razonamiento deductivo, fue el rol más interpretado en cine, con setenta actores que le dieron vida en más de doscientos títulos.
    Y Ritchie aparentemente tira por la borda todo ese historial, hace borrón y cuenta nueva y le quita a Holmes muchos de sus atributos característicos, especialmente aquellos que tienen que ver con el vestuario y su afectación típicamente británica. Ya no veremos aquí su gorro de cazador y su ornamentado abrigo, ni mucho menos escucharemos la célebre frase "Elemental, mi querido Watson", que en realidad sólo aparece en una de los relatos y nunca más se repitió. Tan sólo encenderá su emblemática pipa en un par de ocasiones, y en ninguna de ellas ese gesto estará relacionado con situaciones relajadas y reflexivas.
    Un final abierto con Holmes en primer plano lanzando un interrogante, se empalma con la reciente confirmación de una secuela de un film pleno de trepidante acción y despliegue, que aún al borde del anacronismo no le resta espacio a su proverbial astucia y perspicacia ni de otros elementos que forman parte del universo del personaje. Especialmente su inseparable asistente Watson, que aquí no luce como un simple partenaire, y que conforma con Holmes una suerte de dúo dinámico. A los diálogos irónicos e ingeniosos, la deslumbrante ambientación y los hallazgos visuales y narrativos hay que sumarle la habitual energía y desparpajo de Robert Downey Jr. al frente de un brillante elenco.
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  • Buenas Costumbres
    Buenas Costumbres
    Revista Veintitrés
    Basada en una sarcástica obra de Noel Coward, Buenas costumbres cuenta con la inesperada mirada del director de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, Stephan Elliott. Se trata de la reaparición de un realizador muy poco prolífico, el film nombrado, su ópera prima, data de 1994, y su segunda pieza ya tiene casi diez años de estrenada. Y este cineasta australiano que tiene aquí el desafío de adaptar a este prestigioso autor al frente de un elenco repleto de figuras, se puede decir que arriba a buen puerto, sin apartarse del espíritu del dramaturgo y aportando algunos toques ácidos y de humor grotesco que aggiornan al original.
    El arranque de Buenas costumbres muestra imágenes proyectadas en un cine de los años veinte que combinan tomas de archivo con agregados digitales actuales que dan la sensación que el film va a transitar por el terreno de la gran recreación de época con historias cruzadas entre muchos personajes. Pero no, la trama nunca se diversifica demasiado, restringiéndose a un enfrentamiento entre una dama de buena familia británica que transita su decadencia y su flamante nuera, una sexy y glamorosa joven mujer estadounidense que además está adelantada a su tiempo –aún hoy lo estaría-, ya que es corredora y líder en carreras de autos. Un joven, frívolo y –en apariencia- acaudalado caballero inglés se casa impetuosamente con ella y al poco tiempo la lleva a su hogar familiar, confrontándola inconcientemente con su rigurosa, hiriente pero a la vez lúcida y sabia madre. La dinámica familiar que gira alrededor de ellas dos, incluyendo la servidumbre, los allegados, las costumbres y pasatiempos al aire libre, funcionan como un sustancioso desfile que caracteriza a un film que atrae sin pausas pero que no mueve a grandes reflexiones.
    Tampoco son muy necesarias, estas Buenas costumbres redondean un momento de agradable buen cine con estupendos intérpretes como Kristin Scott Thomas, Colin Firth, Kris Marshall y la cada vez más bella Jessica Biel.
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  • La princesa y el sapo
    La princesa y el sapo
    Revista Veintitrés
    Haciendo punta en una primorosa vuelta a las fuentes que está encarando la plana mayor de los Estudios Disney, La princesa y el sapo recuerda aquella época dorada de la animación que volvió inmortal a su creador, Don Walt. Este film realizado en animación tradicional es el primer paso de una serie en la que el cartón pintado vuelve a ser la estrella reemplazando a la digitalización y el motion capture, con Winnie The Pooh como proyecto inminente. En este caso John Musker y Ron Clements, dos experimentados hombres de la productora que tenían en su haber La sirenita y Aladino, plasmaron esta creativa versión de un clásico de los cuentos infantiles con princesa incluída que había quedado pendiente. Y con el condimento musical que caracterizó a films del estudio como Hércules y otros. El nuevo giro del relato original se ambienta en New Orleans en los años veinte y presenta a una chica afroamericana llena de ilusiones que se topará con un sapo en apariencia recién salido de los típicos pantanos de la zona pero que esconde a un príncipe hechizado. Y el proverbial beso que él se procurará para volver a ser humano dará pie a otro resultado y a una aventura colorida dotada de personajes muy divertidos. De todas maneras, y pese al aggiornamiento de situaciones y dibujos, efectos y criaturas, o quizás por esto mismo –por momentos hay un exceso de chistes de dudoso gusto-, La princesa y el sapo no alcanza la estatura de los grandes clásicos de Disney. Pero es un muy buen exponente remozado de una animación tradicional que estaba haciendo falta.
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  • La tigra, Chaco
    La tigra, Chaco
    Revista Veintitrés
    Los dos estrenos argentinos de esta semana, Matar a Videla y La Tigra, Chaco presentan un tópico similar: el regreso de un joven a su pueblo natal y sus afectos primordiales. Y hace poco se dio a conocer Los Angeles, otro film nacional afín a esta tónica pero con una impronta más cruda, que se vincula a esta joyita dirigida por Federico Godfrid y Juan Sasiaín por sus valores cinematográficos y por retratar pueblos reales de pocas cuadras de extensión y escasísima población. En este caso ese retorno es relatado con tanta economía de recursos expresivos como generoso despliegue de apuntes costumbristas, diálogos verosímiles y una cristalina capacidad de transmitir sensaciones y emociones. La búsqueda nunca explicitada de un padre nómade parece ser la excusa de Esteban para reencontrarse con olores, sabores, texturas y afectos perdidos. Y fundamentalmente con una compañera de la infancia que desestructurará su presente, levemente cosmopolita, devolviéndole su propio corazón detenido.
    La excelente y sensible interpretación de Ezequiel Tronconi y la bellísima Guadalupe Docampo se conjugan impecablemente con un elenco en que se amalgaman –acaso con un espíritu soriniano- lugareños y actores profesionales. Un film pequeño en su propuesta y duración pero enorme en su alcance artístico y emocional.
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  • Avatar
    Avatar
    Revista Veintitrés
    En la historia del cine de ciencia-ficción o de anticipación hay un puñado de películas emblemáticas que parten de Metrópolis, pasan por La guerra de los mundos, La máquina del tiempo y El día que paralizaron la tierra, y llegan a títulos más contemporáneos como 2001 Odisea en el espacio, Encuentros cercanos del tercer tipo, Star Wars, Blade Runner y Matrix. Privilegiado inventario de films futuristas que va a incluír sin dudas a Avatar por sus avances técnicos y narrativos y su historia dotada de poderosos apuntes filosóficos y espirituales.
    La nueva obra de James Cameron transporta al espectador a otro universo, a otra realidad, como pocas veces antes el arte cinematográfico pudo plasmar, en la extraordinaria recreación de una lejana luna llamada -no casualmente- Pandora donde vive una tribu de criaturas azules de gran estatura rodeada de una deslumbrante fauna y flora. Allí descansa una de las potencialidades expresivas del film del autocalificado “rey del mundo” (o del cine), que como autor y director dejará sentada una postura ecologista y antimilitarista sencilla, pero impregnada de un altísimo voltaje emocional y audiovisual. Aún dentro de su trama singular y atrapante Avatar traerá a la memoria otros films, algo casi inevitable en el género; inclusive a algunos que se remontan al pasado como El último samurai de Edward Zwick. Pero nada disminuirá un impacto que recuerda el asombro que en su momento provocó el estreno de la primera Jurassic Park de Steven Spielberg o la que logró el propio Cameron, con con su poco reconocida El abismo.
    Sam Worthington, quien tuvo hace poco un flojo protagónico en Terminator 3, logra transmitir muy bien complejas sensaciones, alcanzando una empatía con el espectador que resulta fundamental en el andamiaje de esta monumental producción, dentro de un elenco convincente –algo inédito desde la implementación de las técnicas digitales en el cine- tanto en intérpretes virtuales o de carne y hueso. Inolvidable para los fanáticos del género e imperdible para cualquier tipo de espectador, Avatar propone una experiencia que no sólo hay que visualizar, sino vivenciar.
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  • Eden Lake
    Eden Lake
    Revista Veintitrés
    Promocionado como un simple film de terror, Eden Lake produce más espanto por su concepto y realización que por responder a los resortes clásicos del género. Coqueteando en buena parte de su metraje con el golpe bajo, el gore y la truculencia, este film británico se puede definir más como un thriller extremo y sale bien parado de tanto desborde, redondeando una pieza sin concesiones que vale la pena ver. Hay que atreverse, porque la propuesta no es para estómagos frágiles; el director debutante James Watkins no anduvo con medias tintas al plantear un crudo enfrentamiento entre una pandilla de preadolescentes y una pareja que sólo tenía pacíficos y románticos planes. El marco, un idílico y solitario paisaje arbóreo al borde de un lago, lentamente irá cobrando un aspecto más sombrío, y ya el bosque y la naturaleza pasarán a resultar agrestes y siniestros. Si bien en un principio la película parece tomar partido por la inocente pareja de enamorados, luego esto no será tan claro y se verá que en ellos también subyacen instintos revanchistas y criminales. Excelentes intérpretes, tanto de parte del dueto protagónico como del convincente grupo de jóvenes, completan un cóctel excedido en sangre pero atrayente y con espacio para la reflexión.
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  • El último aplauso
    El último aplauso
    Revista Veintitrés
    El renombrado Bar El Chino, es –o ha sido, porque ya perdió parte de su esencia- un lugar emblemático que cobijó las raíces más puras del tango arrabalero. Y también ya fue objeto de dos films, uno titulado como el bar y ahora El último aplauso, que propone un conmovedor y abarcativo registro testimonial sobre la trayectoria de este reducto ubicado en Pompeya, fundamentalmente a través de los artistas y personajes que lo habitaron. Bar El Chino de Daniel Burak combinó ficción y documental en un sentido acercamiento al espíritu de un lugar que en este caso recibe una mirada más profunda, moviendo durante su metraje un sinnúmero de resortes sentimentales aún para aquellos que poco gusten del género. El documentalista argentino afincado en Alemania Germán Kral propone un recorrido visual y sonoro que rara vez deja indiferente, haciendo a su vez foco en la humilde y genuina estética del bar, inclaudicable frente a los mercantilistas espacios for export. Narrando la última época antes de la muerte de su dueño El Chino Garcés y llegando a sus momentos más recientes antes de su remodelación, El último aplauso es una obra de largo aliento plasmada con enorme sensibilidad y talento, que además permite descubrir a un puñado de artistas veteranos y jóvenes que se hacen cargo como pocos de un extraordinario repertorio ciudadano.
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  • Aparecidos
    Aparecidos
    Revista Veintitrés
    Con una interesante y audaz metáfora sobre los desaparecidos, esta coproducción española-argentina que en apariencia sólo se propone sobresaltar, sale airosa de su singular y riesgoso mix. Aparecidos pretende producir espanto por más de una razón, y por momentos logra su tenebroso cometido, ya que la trama, nada sencilla de resumir, afronta con mucha dignidad la premisa de asustar por sus fantasmas y también por su conexión con las más execrables prácticas del terrorismo de estado.
    Dos hermanos españoles, cuya madre argentina se exilió con ellos de pequeños, vienen a Buenos Aires a hacerse cargo de un padre en coma sobre el cual pesan sombrías sospechas. Esto traerá a colación un viaje al sur de ambos con un Ford Falcon rural –todo un símbolo- que oculta un rotoso diario que describe el asesinato de una familia, mientras una oxidada y tétrica camioneta y unos muertos que no tienen paz, ni de un lado ni del otro, los acosan sin piedad. Estos y otros ingredientes van diseñando una alegórica pieza de horror que cierra apropiadamente con una espectral y conmocionante imagen final de Buenos Aires. Dentro de un elenco sólido se destacan sus dos estupendos y jóvenes protagonistas ibéricos, Javier Pereira y Ruth Díaz, y las buenas participaciones de intérpretes locales como Pablo Cedrón, Héctor Bidonde y Graciela Tenenbaum.
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  • Planeta 51
    Planeta 51
    Revista Veintitrés
    Inesperadamente proveniente de España, que vuelve a demostrar su capacidad de exportación en el mettier, PLANET 51 es un film de animación digital tan rebosante de creatividad como divertido. Hollywood hace rato emplea intérpretes (Banderas, Bardem, Penélope Cruz) como realizadores (Amenábar, Collet-Serra, Isabel Coixet, entre otros) y ahora también estrena y distribuye films de ese origen, algunos pertenecientes a terrenos muy ligados a la Meca del cine como el caso del terror, con REC y REC 2. Y con esta notable comedia animada de Jorge Blanco, logra –con la inestimable colaboración de Sony Pictures- un nivel técnico a veces similar a piezas de Pixar-Disney o Dremaworks, y por momentos superior por su desprejuicio, mordacidad, calidad visual y artística. La trama es uno de sus mejores atributos, al ironizar sobre la carrera espacial estadounidense a través de un engreído astronauta que se supone un adelantado en un planeta ya habitado por seres que, entre desniveles tecnológicos y el temor de ser invadidos por extraterrestres, lo transforman a él en un peligroso alienígena. Homenajeando la estética de los años 50 y con personajes fenomenales como Rover, un caninizado robot recolector de muestras con toques de WALL-E, Planet 51 redondea una experiencia reconfortante para todo tipo de público.
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  • La invención de la carne
    La invención de la carne
    Revista Veintitrés
    Santiago Loza es un cineasta con un fuerte sello personal que mantiene una unidad de estilo aunque sus films transiten por distintos escenarios y temáticas. Sus obsesiones formales y narrativas no buscan la empatía del espectador medio y ese registro estético está presente en su nueva pieza La invención de la carne, que tras ese pretencioso título aborda el incierto viaje emprendido por una extraña pareja taciturna, que luego derivará en la inesperada apropiación de un bebé. Una trama relativamente sencilla y dotada de ciertos simbolismos complejos pero comprensibles, que aún así no garantizan el entendimiento o un objetivo claro de la propuesta. Lo cual no es un factor imprescindible en el cine ni en ningún arte, pero en este caso podría estar plasmado en forma más apasionada y atrayente. Los escasos diálogos, ajustados y lacónicos, no están dispuestos como simples apuntes que acompañan las imágenes, sino que disparan conceptos enfáticos, tornándose forzados y poco creíbles. Algunas escenas bellas y audaces como el baño bajo el agua con el bebé, no alcanzan para justificar la totalidad de un metraje –corto- en el que los protagonistas deben luchar interpretativamente con situaciones antojadizas. Al menos en este plano Umbra Colombo se muestra mucho más convincente que su joven compañero.
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  • Terror en la Antártida
    Terror en la Antártida
    Revista Veintitrés
    Con la atrayente presencia de la antiheroína de la saga Underworld, y la dirección de Dominic Sena, con aceptables antecedentes hollywoodenses en Swordfish y 60 segundos, Terror en la Antártida prometía un momento de crispación y sobresaltos en medio de un gélido escenario polar. Quizás a uno le quedó el recuerdo de La cosa de John Carpenter, que en un marco similar había logrado una obra memorable, y aún sabiendo que en este caso no intervenía lo fantástico, suponía que se iba a encontrar con un film inquietante y acaso –precisamente- escalofriante. Casi nada de eso queda expuesto en este simple thriller que en varios momentos intenta escapar a lo rutinario y previsible, sin conseguirlo. Ya desde el título en castellano el asunto asoma fallido, ya que no se trata de un film de terror; el original reza simplemente Whiteout (algo así como “todo blanco alrededor”), y da la sensación que se trató de cambiar el género de la película a través de un nombre levemente tramposo. Fuera de estas consideraciones aleatorias, el film ofrece un módico suspenso y entretenimiento a través de una trama que incluye un hallazgo tentador en pleno hielo y un sádico asesino que pretende usufructuarlo junto a un misterioso cómplice. Demasiado paisaje para tan poca sustancia.
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  • El último verano de la boyita
    La guionista y cineasta rosarina Julia Solomonoff da un paso adelante en carrera como realizadora con El último verano de la Boyita, luego de su interesante debut con Hermanas. También supo tener un breve pero delicioso momento actoral en Historias mínimas, pero ahora hay que hablar de esta pieza en la que pone en juego lo mejor de su sensibilidad y capacidad de observación, en este caso del mundo tan particular como el de la preadolescencia. Y lo hace desde un bello marco campestre a través del cual, entre cabalgatas y baños en el río, el conflicto de un par de niños que transitan cambios hormonales se verá acentuado por estar rodeados por adultos dominados por la ignorancia, el prejuicio y hasta la brutalidad. Luego de una primera porción muy descriptiva, visual y narrativamente, que se ocupa de las vivencias de una niña que prefiere irse al campo con su padre en lugar de vacacionar con una madre y una hermana con las que no siente empatía, el film entra en una franja más intensa dramáticamente, en la que la pérdida de la inocencia y el despertar sexual desembocan en descubrimientos inéditos para ella y la comunidad. Con ciertos toques a lo XXY, la película aporta muy buenos desempeños de un elenco inegrado por niños y mayores y redondea un pequeño pero muy estimulante film nacional.
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  • Shotgun Stories
    Shotgun Stories
    Revista Veintitrés
    El primer largometraje del novel director Jeff Nichols es un cabal exponente de lo mejor del cine independiente estadounidense. Un prodigio de economía narrativa y solidez visual, que cuenta, con el paisaje de la localidad de Arkansas -pueblo natal del cineasta-, como fondo, una feroz contienda entre dos grupos de medio hermanos después de la muerte de su padre. Un ex alcohólico devenido cristiano al cual jamás se ve su aspecto, que abandonó una parte de su familia para dedicarse a la otra, generando rencores irreconciliables por un lado y custodias incondicionales por el otro. Shotgun Stories, tal el título original con que se da a conocer esta semana en el Arte Cinema, desglosa el despiadado legado de un hombre sin rostro y con ese mismo concepto elije no exponer situaciones de furia y venganza que se precipitan entre estas familias ligadas pero antagónicas. Nichols, con un criterio maduro y artístico, golpea al espectador con una violencia extrema pero sugerida, logrando que esos arrebatos sean aún más lacerantes. Las medidas y hondas interpretaciones de un elenco de jóvenes actores componiendo a personajes hoscos, taciturnos y resentidos redondean una propuesta amarga pero reconfortante por sus altos valores cinematográficos y su metáfora sobre la condición humana.
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  • Toy Story 2
    Toy Story 2
    Revista Veintitrés
    Ha pasado casi una década y media del estreno de Toy Story, y ante el inminente estreno de más reciente continuación de la saga animada, realizada íntegramente en 3D, Disney Pixar decidió remozar y reestrenar este par de genialidades de la animación digital de John Lasseter. Hace dos semanas se repuso el primero, que mantiene una sorprendente vigencia gracias a una originalidad sustentada en irresistibles personajes, diálogos brillantes, ritmo sostenido y animación impecable. Sin olvidar el singular trasfondo del “maltrato” infantil a los juguetes, mensaje para nada desdeñable. Las bondades de la nueva versión en relieve se aprecian especialmente en las escenas de acción, aunque todo el producto tiene un mejor semblante.
    Y ahora se da a conocer en 3D Toy Story 2, cuya revisión descubre un film aún superior al inicial, por la notable creatividad puesta en juego que se suma a momentos de gran emotividad, como la escena de la muñeca vaquera recordando el abandono de su dueña. Las nuevas técnicas potencian la excelencia de esta secuela y realzan visualmente ese arranque espacial protagonizado por Buzz Lightyear, y los vertiginosos tramos finales. Hay que aprovechar las pocas semanas que estarán en cartel y disfrutar en cine con niños -o adultos- de estas imperdibles versiones.
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  • Toy Story
    Toy Story
    Revista Veintitrés
    Ha pasado casi una década y media del estreno de Toy Story, y ante el inminente estreno de más reciente continuación de la saga animada, realizada íntegramente en 3D, Disney Pixar decidió remozar y reestrenar este par de genialidades de la animación digital de John Lasseter. Hace dos semanas se repuso el primero, que mantiene una sorprendente vigencia gracias a una originalidad sustentada en irresistibles personajes, diálogos brillantes, ritmo sostenido y animación impecable. Sin olvidar el singular trasfondo del “maltrato” infantil a los juguetes, mensaje para nada desdeñable. Las bondades de la nueva versión en relieve se aprecian especialmente en las escenas de acción, aunque todo el producto tiene un mejor semblante.
    Y ahora se da a conocer en 3D Toy Story 2, cuya revisión descubre un film aún superior al inicial, por la notable creatividad puesta en juego que se suma a momentos de gran emotividad, como la escena de la muñeca vaquera recordando el abandono de su dueña. Las nuevas técnicas potencian la excelencia de esta secuela y realzan visualmente ese arranque espacial protagonizado por Buzz Lightyear, y los vertiginosos tramos finales. Hay que aprovechar las pocas semanas que estarán en cartel y disfrutar en cine con niños -o adultos- de estas imperdibles versiones.
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