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Imagen del crítico Amadeo Lukas
Amadeo Lukas
  • Cantidad de críticas: 250
  • Promedio: 65%
  • Críticas favorables: 206/250 (82%)
  • Críticas desfavorables: 44/250 (18%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • No te enamores de mí
    No te enamores de mí
    Revista Veintitrés
    En los últimos dos o tres años se han dado a conocer varios films argentinos de tono romántico y estructura coral semejantes a esta brillante ópera prima de Federico Finkielstain. Títulos como Amor en tránsito, La ronda, Solos en la ciudad o Güelcom se pueden mencionar; pero sin dudas, más allá de alguna inspiración, este es el mejor largometraje nacional concebido dentro de esta suerte de subgénero. Porque No te enamores de mí cuenta con un sólido guión del propio director, una realización pulida que está al servicio de las diferentes historias que se cuentan y fundamentalmente con un espléndido elenco, versátil para la comedia y el drama.

    Por el camino de las relaciones de pareja y con distintos matices se va desarrollando un film de ritmo sostenido pero que también se toma saludables tiempos para que sus personajes transiten por determinados trances psicológicos, lo que le da mayor envergadura a la narración. Treintañeros que le buscan rumbo a sus relaciones afectivas con un deseo en común: hallar un amor verdadero que colme sus vidas. El abanico de alternativas es amplio y disfrutable, dotado de la virtud de que las distintas situaciones seducen –valga el término- en forma uniforme, con alguna bienvenida sorpresa final.
    Finkielstain se muestra además como un gran conductor de actores, entre los que se destacan Guillermo Pfening, intérprete muy requerido por el cine argentino más reciente, que logra quizás su mejor trabajo; y Violeta Urtizberea, que llena la pantalla de gracia y sensibilidad, logrando una dupla imperdible con Ana Pauls, toda una revelación. Y son excelentes los aportes de Julieta Ortega, Pablo Rago, Mercedes Oviedo, la breve participación de Luisina Brando y Tomás Fonzi, en el rol más introvertido y difícil.
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  • 35 Rhums
    35 Rhums
    Revista Veintitrés
    Claire Denis es una cineasta parisina que apela a un cine de fuerte contenido sentimental marcado a su vez por temáticas relacionadas con la inmigración, el colonialismo y la confrontación cultural, sin dejar de lado los apuntes políticos. Y en 35 rhums recurre nuevamente a estos ingredientes, aunque en este caso prevalezca el aspecto afectivo. Fundamentalmente el intenso vínculo entre un padre y una hija en un contexto edilicio humilde pero compensado por permanentes dosis de afectividad y cuidado por el otro. La mayoría de los personajes son afro franceses y a través de su
    conducta, sus grandezas y miserias, veremos la semblanza de un pueblo silencioso dentro de una gran urbe.

    Pese a que la directora focaliza en la relación y la convivencia de ambos, sin una madre misteriosamente ausente, de él que se gana la vida manejando un subte-tren y ella que estudia antropología y trabaja en una disquería hasta altas horas de la noche, lo social y político se dan alguna vuelta por la historia. Se habla de la deuda externa de los países del Tercer Mundo, se lucha contra el desempleo y el cierre de facultades, pero las relaciones humanas vuelven a aflorar como el tema esencial de 35 rhums (o la cantidad de copas que hay que tomar para volver inolvidable un encuentro).

    Entrañables interpretaciones de Alex Descas, Mati Diop y Nicole Dogué.
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  • Cuando te encuentre
    Cuando te encuentre
    Revista Veintitrés
    Basada en una novela de Nicholas Sparks, autor de éxitos literarios que llegaron al cine como Querido John o La última canción y dirigido por Scott Hicks, quien hace años atrás entregara una valiosa obra como Claroscuro, este drama romántico es apenas una pieza que hace cierto honor al género y no ofrece demasiados elementos fuera de eso.

    Cuenta con un intérprete principal que va camino al estrellato -al menos en el resto del globo, en Estados Unidos ya es un galán consagrado desde High School Musical -, Zac Efron, que aquí compone un sargento de la Marina norteamericana que halla la foto de una joven y bella mujer en pleno conflicto en territorio iraquí. Esa imagen lo intriga y lo motiva, ya que por un lado no alcanza a ubicar al compañero vivo o muerto a quien pertenecía dicho retrato, y por otro llega a considerar que la fotografía tiene buena estrella para él.

    El ingrediente que los combatientes se aferren a un objeto que les sirva de amuleto sobrenaturalal en medio de un trance bélico, es un punto no demasiado tratado en el cine y resulta atrayente. Al regresar este soldado a su pueblo se desarrolla el meollo del argumento y explota su costado romántico y melodramático, ya que emprende la búsqueda de la chica de la foto, a la que fnalmente encuentra, sin confesarle su historia. Su secreto y la insidiosa presencia de un ex de ella, llevarán adelante el conflicto principal de la trama.
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  • Ánima Buenos Aires
    Ánima Buenos Aires
    Revista Veintitrés
    Como un verdadero legado del extraordinario talento del recientemente fallecido Carlos Loiseau, Caloi, y también como un homenaje a ese programa ejemplar de la TV argentina que fue Caloi en su tinta, Ánima Buenos Aires integra lo mejor de la animación nativa con un espíritu porteño a ultranza. María Verónica Ramírez junto con el dibujante de Clemente fueron la gran usina creativa de ese ciclo histórico de Canal 7 y aquí ella se ubica en el rol de realizadora y guionista, pero fundamentalmente supervisora de un puñado de trabajos animados de brillante manufactura y formulación. Una estimulante iniciativa que lamentablemente obra como despedida del gran humorista gráfico, pero aún así redobla las ganas de acercarse a ver nuevamente este hipnótico compendio audiovisual.

    Que no es mérito exclusivo de Caloi, claro está, ya que congrega las aptitudes de otros notables animadores. Como por ejemplo Nine, que con Bu–Bu ofrece un desbordado, grotesco y genial corto en blanco y negro, que desarrolla una suerte de policial negro enriquecido por la voz en off de Horacio Fontova. Antes hay que apreciar Meado por los perros de los hermanos Faivre, trama ultra barrial dotada de un perfecto mix visual y sonoro y Claustrópolis de
    Pablo Rodríguez Jáuregui, que recrea a Buenos Aires de manera retro psicodélica. Y finalmente Mi Buenos Aires herido ofrece un Caloi en estado puro, creatividad porteña de altísimo nivel poético y artístico salpicada por todos los símbolos porteños. Juan Pablo Zaramella, aportando excelentes inserts entre cada trabajo empleando las paredes urbanas, redondea una obra de enormes valores.
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  • El campo
    El campo
    Revista Veintitrés
    Con una pareja protagónica de gran expresividad, El campo es un film nacional de sólida manufactura que logra atrapar al espectador, aún adoleciendo de una clara línea narrativa. Su trama está sostenida por buenos diálogos, logradas situaciones dramáticas e intensos climas, aciertos que sin embargo no desembocan en un conflicto argumental concreto. El problema esencial que presenta la película, con su sucinta historia de una pareja urbana y su nenita
    que se mudan al campo de un tirón, es el hecho de plantear amagues genéricos que no se cristalizan. Porque el cineasta Hernán Belón, en su primer largometraje de ficción, apela a recursos del suspenso y el terror que no tienen mucho que ver con las intenciones generales de la narración y que no se sustentan.

    Belón, con dos excelentes trabajos previos como para mencionar como el histórico cortometraje de los 90 Aluap y el formidable largo documental Sofía cumple 100 años, consigue de todos modos una gran semblanza psicológica de una pareja en crisis. Un párrafo aparte merecen las espléndidas tareas de Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi, él exacto en cada mirada y cada frase y ella enigmática y de gran energía gestual. La niña Matilda Manzano es un prodigio, mérito atribuible a la coach infantil María Laura Berch.
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  • El útimo Elvis
    El útimo Elvis
    Revista Veintitrés
    Girando de manera casi excluyente alrededor de la figura y la voz de John Mc Inerny, un soberbio imitador de Elvis Presley, El Ultimo Elvis alcanza notables picos narrativos, emotivos y cinematográficos. Un arranque con un plano secuencia que recorre la entrada a un club, llega al cantante a punto de salir a escena y registra el comienzo de su performance, da pie a una virtuosa travesía por la existencia de un hombre obsesionado con un ídolo.

    Hablamos del perdurable icono musical y cultural de Memphis, con el cual el protagonista está encandilado a niveles patológicos, al punto de llamar Priscilla a su mujer y Lisa Marie a su hija. Tras colaborar con Alejandro Gonzalez Iñarritu en el guión de Biutiful y con su nombre emblemático a cuestas, Armando Bo logra una ópera prima de gran calidad visual y sensorial. El final es acaso muy extremo, pero aporta interesantes toques místicos y poéticos. John McInerny, platense hijo de irlandeses, distinguido por la BBC de Londres por su tributo, desarrolla una abarcativa labor; como artista
    luce descomunal y como intérprete más que correcto. Resulta llamativa la participación de dobles de otros ídolos musicales y sustancial la contribución de Griselda Siciliani y la niña Margarita López. Excelente la música de punta a punta, tanto la que interpreta McInerny como el soundtrack de Sebastian Escofet.
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  • Los vengadores
    Los vengadores
    Revista Veintitrés
    No era para nada sencillo plasmar un film que reuniera esta cofradía de superhéroes de Marvel, lograr empatía entre todos y que eso se transmita al espectador, y además contar con una buena historia que incluyera una amenaza contra el planeta y un villano acorde con la envergadura de estos gladiadores del Comic. Más allá de su esperable, superpoderoso, nivel de producción, The Avengers: Los Vengadores logra todo eso con buenas armas expresivas y visuales, ya que es bien sabido que no siempre un gran presupuesto da por resultado una gran película.

    Si bien en el film del Joss Whedon (con amplia carrera televisiva, conocimiento profundo de estas temáticas, y director de la interesante pieza de ciencia-ficción Serenity) todo está calculado hasta el mínimo detalle, la narración es fluida, y colabora en esto cierto desenfado de algunos personajes, que incluso tienen varios gags de un disfrutable buen humor.

    Los Vengadores incluye gran cantidad a referencias a las películas que se realizaron con los personajes individuales, como Capitán América, las dos Iron Man, y especialmente la Thor de Kenneth Branagh, cosa que será muy agradecida por los fanáticos, pero que a la vez no imposibilita que sea –relativamente- entendible para los neófitos. Resulta también elogiable el hecho que estén presentes en el film todos los actores que protagonizaron las películas mencionadas, con la sola ausencia de los que interpretaron a Bruce Banner (Hulk), Eric Bana o Edward Norton, pero a cambio los productores consiguieron a Mark Ruffalo, lo cual paradójicamente es uno de los mayores aciertos del film. Todos estos detalles se ensamblan a la perfección como que este mancomunado equipo de superdotados funcione sin fisuras a lo largo de más de dos horas y media de metraje muy bien aprovechados. Un entretenimiento espectacular para ver, con o sin 3D, sí o sí en el cine.
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  • El mal del sauce
    El mal del sauce
    Revista Veintitrés
    Atrayente conceptual y visualmente y dotada de una actuación intensa y arriesgada de Jean Pierre Noher, El mal del Sauce, opera prima del Sebastián Sarquís, no encuentra sin embargo una apropiada cohesión de todas sus búsquedas expresivas. Hijo de Nicolás Sarquís, fallecido director de grandes obras como El hombre del subsuelo y Palo y hueso, apela en su primera obra a interesantes recursos cinematográficos.

    El film narra la situación de un hombre que despierta en medio de un secuestro extorsivo, y su desconcierto, aislamiento e incomunicación lo obligan a iniciar un extraño viaje paralelo en el que se enfrenta con sus propios fantasmas. En medio de esa inubicable isla del Delta se introducen hipótesis improbables pero metafóricas acerca de los efectos acaso lisérgicos de las hojas del sauce. Sarquís se interna en la confusa mente de un ser en apariencia cautivo, pero también aprovecha para abordar el desencuentro paterno filial, al incluir la presencia del hijo de este hombre, que se desenvuelve ambiguamente en ese ámbito como intermediario entre él y sus captores. Esto da pie a un sinnúmero de especulaciones por parte del personaje principal. Interesante obra inicial de un director con cosas para decir y aportar, con un absorbente y lúcido protagónico de Noher.
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  • El pozo
    El pozo
    Revista Veintitrés
    Abordando la temática del autismo en nuestro país, el debutante Rodolfo Carnevale propone un fuerte acercamiento a este síndrome y las consecuencias que producen en un seno familiar. El pozo presenta a una mujer joven, Pilar, que padece distintos trastornos de comportamiento producidos por el autismo, lo que ocasiona serios conflictos dentro una casa en la que su hermano menor tiene dificultades para aceptar la situación y sus padres se debaten entre
    la internación o el tratamiento hogareño. Finalmente la determinación que tomen ocasionará cambios sustanciales en sus vínculos y una evolución particular de la chica autista.

    El film no puede evitar caer en el melodramatismo y la sensiblería, con una narración lineal adosada con algunas imágenes fantásticas no muy logradas que intentan traducir la imaginación y los deseos de Pilar, y en las que surge el espacio profundo al que alude el título. El empleo de la sólo aceptable música de Pablo Borghi se torna excesivo y no ayuda a alcanzar los efectos deseados. El pozo, con correctas interpretaciones de un elenco de figuras y sensibles y esforzadas labores de Ana Fontán y Ezequiel Rodríguez, como Pilar y su compañero con dificultades motrices; puede atraer especialmente a aquellas personas vinculadas a estas problemáticas.
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  • [REC] 3 Génesis
    [REC] 3 Génesis
    Revista Veintitrés
    REC se está transformando en una saga de terror por demás respetable, más si tenemos en cuenta que es un producto puramente español, salvo el hecho de haber sido objeto de una remake –correcto pero descarado calco de la original- obviamente estadounidense. REC 3, que propone en su arranque una joven
    pareja que se casa, con una pintoresca y formidable descripción de sus situaciones y personajes clásicos, tiene una relectura casi decisiva con respecto a los dos films anteriores. Aquí no hay una continuación del inquietante final de la parte dos, sino que se ingresa en una nueva veta de la trama (su denominación El comienzo, que da a entender una precuela, es una “traducción” de génesis, más que ver con lo litúrgico que otra cosa), hechos que en
    apariencia ocurren contemporáneamente a los anteriores. Además rompe con el esquema de film narrado con cámara subjetiva en mano o u otras ocasionales, ya que el personaje que registra la idílica boda es atacado por el novio, que aplasta su camarita, y paralelamente el tal “Atún” (una suerte de Alex de la Iglesia under que filma oficialmente el evento), decide dejar de lado su pesado equipo para correr por su vida. A partir de allí se desatará el
    desastre y el formato entra en un más tradicional cine de terror clase B con zombies, con mucho gore y toques de humor bastante negro. Cambios que quizás haya que atribuirlos a que en esta ocasión no hay un dueto de realizadores sino sólo uno, el igualmente notable Paco Plaza.

    Buenas sorpresas en el desenlace –como el gag del audífono del abuelo zombie- y sólidos trabajos de los protagonistas Leticia Dolera y Diego Martín hacen que REC 3: El Comienzo ofrezca sin dudas un verdadero manjar para fanáticos del género.
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  • Espejito, espejito
    Espejito, espejito
    Revista Veintitrés
    Con una gran producción y renovados ingredientes expresivos, la conocida historia de Blancanieves llevada al cine por Disney hace más de setenta años, encuentra ahora una versión moderna y estimulante. Dirigida por el notable Tarsem Singh, realizador de esa verdadera odisea visual y creativa llamada The fall, y de la reciente y no tan notable Inmortales, aborda el clásico cuento de hadas de los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm desde una persectiva muy
    diferente, lo que no quiere decir que haya plasmado un film totalmente logrado. Espejito espejito hace que cobren vida emblemáticos personajes como la bella y caucásica protagonista, la envidiosa y malvada reina y, claro está, los famosos enanitos, interpretados en su totalidad por auténticos actores afectados de enanismo.

    Más allá que por su estética, sus toques de parodia y algunos sorprendentes cambios en la trama, parezca estar destinada a los adultos, en la función de prensa se sentía a los niños expresar su plena diversión. Componiendo a una no tan diabólica majestad, vale la pena disfrutar de las entonaciones, gestos y sentido del humor de Julia Roberts, mientras que el estupendo Nathan Lane se destaca como el lacayo Brighton. Los otros aciertos hay que
    buscarlos en el sofisticado vestuario y los imaginativos escenarios, que vuelven un deleite algunas escenas.
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  • Tiempos menos modernos
    Tiempos menos modernos
    Revista Veintitrés
    Metáfora realista acerca del conflicto o el antagonismo entre la modernidad y el espacio natural del hombre, Tiempos menos modernos ofrece una interesante semblanza sobre los principios de un hombre de tierra adentro. Posturas a veces acérrimas que presenta Payaguala, un tehuelche que vive solo y aislado del mundo en un rancho de la Patagonia. Además de trabajar y cuidar su tierra –con especial énfasis frente a extranjeros que pretenden explotarla-, también canta, cosa que apenas comparte con su entorno. Su amistad con un joven chileno le permite una tarde acceder a un mundo desconocido e inesperado: el de la TV satelital.

    La película está ambientada en las postrimerías del menemato y al borde de la crisis de comienzos de siglo en nuestro país, detalle que sin embargo no ofrece un aporte significativo en la trama. Lo que sí resulta sustancial es el cambio, pese a sus declaradas resistencias, que representa en su vida la aparición en su casa de esos aparatos, que incluyen en el combo un teléfono, que también emplea con reticencias. Esos presuntos avances tecnológicos tendrán un impacto en su vida y él tomará determinaciones al respecto. Más allá de su bella fotografía y del correcto trabajo de Nicolás Saavedra, la película no sería tal si no contara con un consustanciado Oscar Payaguala en el rol principal.
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  • La suerte en tus manos
    La suerte en tus manos
    Revista Veintitrés
    Burbujeante y salpicada de variados estímulos expresivos, La suerte en tus manos es una comedia romántica con el sello distintivo de un cineasta inquieto como Daniel Burman. Con una inesperada pareja protagónica compuesta por Valeria Bertuccelli, una actriz súper requerida en los últimos tiempos por el cine argentino, y el cantautor uruguayo Jorge Drexler, la película atraviesa distintos facetas del sentimiento y del humor mientras se interna en unas cuantas apuestas, tal como adelanta su título, rubricado por las cartas de póker que forman parte de las alternativas de la trama.

    Porque Burman tomó riesgos dignos de un jugador audaz, no sólo ubicando como protagonista al autor de Todo se transforma, sino por incorporar también a otros debutantes. Como por ejemplo al periodista Gabriel Schultz, al niño Lucciano Pizzichini (eximio guitarrista infantil), e incluir como parte de la trama a integrantes de la movida musical de Rosario que signaron la década del 80, Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Rubén Goldín y Adrián Abonizio,
    que no sólo cantan sino que hasta hacen algunos pasos actorales.

    La trama gira alrededor de un hombre joven en permanente desafío consigo mismo, con las mujeres, con sus tareas, con su tendencia al juego y hasta con su propio físico, ya que se somete a una particular intervención quirúrgica. Cuando surge un viejo-nuevo amor, originará renovadas apuestas en su vida. La suerte en tus manos no es la pieza más lograda de su director, pero vale la pena acercarse a un film con momentos de franca diversión y toques de
    nostalgia (entre los que se incluye la trova rosarina). Una verdadera sorpresa, por su empatía y naturalidad, alcanza la performance actoral de Drexler, dentro de un llamativo y ecléctico elenco.
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  • La sal de la vida
    La sal de la vida
    Revista Veintitrés
    Gianni Di Gregorio es sin dudas uno de los artistas más carismáticos y talentosos del más reciente cine italiano, y hace muy poco que empezaron a llegar aquí sus películas. El año pasado se dio a conocer Un feriado particular, deliciosa pintura de la relación entre un maduro hombre soltero, su madre y su grupo de amigas.

    Esa ópera prima databa de 2008, pero este segundo film suyo ha llegado con más premura, y también (por momentos parece una secuela del anterior) se refiere a un protagonista con una relación estrecha con su madre, pero que en este caso vive junto a su mujer, hija y novio –ocioso e invasivo- de esta última. Su título original, Gianni e le donne, es mucho más gráfico con respecto a este señor recién jubilado y dedicado a quehaceres domésticos, que, pese a estar rodeado de bellas mujeres, piensa que ya no está en edad de romances. Hasta que un amigo lo despierta de su letargo amoroso.

    La sal de la vida es casi un eco expresivo de Un feriado particular, y en ese sentido Di Gregorio innova muy poco. Pero su imperdible galería de gestos y sus pequeños gags corporales son la clave de su cine, que además escudriña leve pero entrañablemente en la situación de un hombre que atraviesa por una edad en la que está a mitad de camino en todo.
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  • El vagoneta en el mundo del cine
    Graciosa, juguetona y bufonesca, El Vagoneta en el mundo del cine propone un momento de desfachatez y entretenimiento sobre la base de personajes de una serie web con numerosos adeptos. En formato de sólido paso de comedia con mucho de parodia, ofrece además el atractivo de las participaciones de muchas caras conocidas. La parte del título que hace referencia al “mundo del cine” no es una redundancia sin sentido, ya que la trama se introduce descontracturadamente en dicho ámbito, ante la posibilidad de los cuatro protagonistas de lograr un contacto, no para ser parte del mismo, sino tan sólo para acceder a un buen sponsor y aprovechar el cartel que han instalado en la azotea. Y así dedicar su vida al ocio mientras “trabaja” el letrero. Llegarán al Festival de Mar del Plata para convencer al productor de la película del momento, en un pasaje en el que se destaca Juan Martín Denari
    como el acelerado secretario del magnate del cine, a cargo de un impecable Guillermo Francella. Las actuaciones del cuarteto, deliberadamente estáticas e
    inexpresivas, vuelven aún más cómico el producto, en perfecta sintonía con los cameos de Gastón Pauls, el Puma Goyti, Jean Pierre Noher, Paula Kohan y Axel Kuschetvatzky, entre otros. Una muy buena banda de sonido completa una pequeña sorpresa del cine nacional como para disfrutar sin disimulos.
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  • El mal del sueño
    El mal del sueño
    Revista Veintitrés
    Si bien no está presentada como una pieza reveladora acerca de realidades ocultas en territorio africano, El mal del sueño tiene un enfoque por lo pronto disperso, que no deja en claro su cometido. Se trata de un film alejado de lo convencional e imbuido en una peculiar postura artística, lo cual no justifica sus falencias.

    El mal transmitido por la picadura de la mosca tse-tse es una problemática abordada tangencialmente por este film del germano Ulrich Kohler, cuya trama se ocupa fundamentalmente de los devaneos del doctor Velten, afincado en África para mitigar los efectos de esa enfermedad en la comunidad. Cuando su mujer prefiere volver a Alemania, él decide permanecer allí no sólo por su vocación sino por un misterioso apego, factores que investigará un doctor francés de origen congoleño que es enviado a la zona. Un desenlace alegórico y risueño, que se relaciona con una leyenda regional, ofrece una bienvenida sorpresa en el final, pero no rescatan a El mal del sueño de sus baches narrativos y personajes inconsistentes, incluyendo la declarada homosexualidad del médico recién llegado, un dato que nada aporta a la historia. Bien filmada pero caprichosa y desprolija, la película no se destaca por su causa
    humanitaria ni por sus valores estéticos y conceptuales.
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  • Dormir al sol
    Dormir al sol
    Revista Veintitrés
    Transpuesta al cine en varias oportunidades, la obra de Adolfo Bioy Casares tuvo en los últimos tiempos una aceptable adaptación como la de El sueño de los héroes, de Sergio Renán. Ahora Alejandro Chomski se suma a la lista de realizadores atraídos por su literatura, adaptando el libro Dormir al sol, a priori un material interesante dentro de un marco ídem: el enigmático barrio porteño de Parque Chas.

    Pero esta historia ambientada en los años 50, que aborda la locura (o acaso la bipolaridad, aún no definida así en aquella época) y que se interna en extraños -y fantásticos- vericuetos del comportamiento humano, pese a sus esfuerzos formales, no termina de convencer. Tanto la trama, que deriva en una prodigiosa transmutación de almas, como ese pequeño laberinto urbano que representa esa zona de Buenos Aires, no están aprovechados a pleno. Más allá de
    ciertas imágenes subjetivas -relacionadas con perros-, ofrece una ambientación correcta pero precaria, con actuaciones ceñidas a personajes limitados que luchan por salir a flote. Dormir al sol (título sobre el que, por otra parte, no hay referencias durante el metraje) es un film demasiado medido que no alcanza clímax ni atmósferas pesadillescas -o kafkianas-, acordes con la imaginación puesta en juego en el texto original.
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  • Proyecto X
    Proyecto X
    Revista Veintitrés
    Dentro de la ya –muy- transitada fórmula de la cámara en mano que va narrando una historia (y que después por necesidades resolutivas va trasladándose a otras cámaras ocasionales), Proyecto X posee una estética muy afín a la aún en cartel Poder sin límites. Sólo que en el film protagonizado por adolescentes superpoderosos, la cosa se pone melodramática -con varias muertes y todo- y aquí, si bien el descontrol es descomunal; no. Además de recordar a una película que a su vez es un remix de otras, e incluir toques de las viejas Porky’s o American Pie, se puede decir que Proyecto X es una suerte de Supercool extrema, porque también está protagonizada por tres nerds, que para destacarse deciden organizar una fiesta inolvidable. Un cumpleaños absolutamente extremo que se les va de las manos, con desastres varios que convocarán a la policía y los medios de comunicación. Detrás está el sello de Todd Philips (¿Qué Pasó Ayer?), que se nota en el humor sexual, escatológico, el caos y la oda al mal comportamiento; pero también en su falta de reflexión acerca de estos hechos. Sea como fuere, la película está bien hecha por el británico de origen árabe Nima Nourizadeh y depara un momento de desmedida diversión, ideal para aquellos “fiesteros”, jóvenes y no tanto, que aman las raves con accesorios.
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  • Enter the Void
    Enter the Void
    Revista Veintitrés
    Gaspar Noé, más que un simple cineasta, es un artista integral, un creador en estado puro, capaz de proponer un volumen expresivo y estético que acaso excedan el formato del cine. La extraordinaria, trascendente y perturbadora Irreversible es un hito cinematográfico y ahora con Enter the Void alcanza nuevos logros creativos, extrañamente emparentados con la obra maestra de Wenders Las alas del deseo y quizás también con el Kubrick de 2001.
    Unos títulos de apertura frenéticos, alucinógenos, psicodélicos, nipones, dan la pauta de una inminente y fuera de lo común vivencia cinematográfica. El arranque juega con dos carteles de neón, uno perteneciente a un aviso (Enter) y otro al nombre de una disco-café (The Void), pantalla de otros negocios, a pocas cuadras la casa del protagonista. Entre esas dos expresiones tintineantes deambula el noctámbulo Oscar, iniciático e inexperto dealer, incapaz de reconocer su propia condición de adicto. Su peregrinar será registrado en forma subjetiva y omnisciente, un ingrediente extremo que se mantendrá aún luego de su prematura muerte, donde la cámara ya no serán sus ojos -que en rigor ya no existen- sino su espalda, como cuando se cambia la perspectiva de un jugador de video game. Ambientada en una deslumbrante y a la vez inhóspita Tokyo, Enter the Void se introduce en un espíritu dolido, que indaga en su pasado y hurga en el presente de sus afectos, que dependían de él más de lo que se imaginaba. El segmento final, imbuido de erotismo, aporta conceptos energéticos y lumínicos (la luz que en todas sus formas serán parte esencial de ese viaje astral de Oscar).
    Inclasificable, desmesurada, virtuosa, genial, en Enter the Void el espectador será parte de un viaje audiovisual pocas veces visto. Y que quizás no vuelva a experimentar en mucho tiempo.
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  • Un dios salvaje
    Un dios salvaje
    Revista Veintitrés
    La capacidad narrativa y visual del gran Roman Polanski se pone a prueba en esta última obra suya, algo inusual en su cinematografía. Porque Un dios salvaje, basada en una pieza teatral de la reconocida Yasmina Reza, no deja de ser una de esas películas que se suelen denominar despectivamente teatro filmado. Si bien el realizador de El pianista sale airoso del desafío, el resultado final no escapa a ese mote, a sabiendas que es difícil llevar adelante esa cinchada de formatos en forma acabada.
    Relevamiento agudo y corrosivo de la clase media burguesa de las grandes ciudades, la autora de ART ubicó originalmente su texto en París y Polanski la trasladó a Nueva York para trabajar con actores mayormente estadounidenses (aunque irónicamente tuvo que filmar en Francia por conocidos impedimentos legales). El resultado es bueno, pero no hubiera estado nada mal que la hubiera rodado directamente en francés con actores de ese origen.
    Sea como fuere, Un dios salvaje cuenta con un sólido cuarteto protagónico, que intercala detalles sutiles de interpretación que en teatro no hubieran sido factibles. Dos parejas de padres que tienen una reunión aparentemente cordial luego de una grave pelea entre sus hijos, cuatro personajes con características muy definidas que desarrollan diálogos intensos e irónicos y se vuelven despiadados y humillantes. Los cuatro caerán en comportamientos intempestivos que los llevarán al más absoluto ridículo, y en esto Polanski es inclemente. La catarsis será feroz y los emparentará en plena adultez con el enfrentamiento adolescente de sus hijos. Lejos de un final explícito, el film termina con dos últimas y sugerentes imágenes, en una traslación fílmica impecable pero que no será recordada entre lo más destacado del renombrado cineasta.
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  • John Carter: entre dos mundos
    Basada en el primero de una serie de libros del gran Edgar Rice Burroughs, John Carter: entre dos mundos contiene elementos de legítima imaginación pero también recuerda a otros films y personajes. Su espíritu épico y fantástico la emparentan con sagas como la de Star Wars, El señor de los anillos, y a films como El último samurai o Avatar. Aunque hay que decir que este personaje y su epopeya pueden haber sido una inspiración previa a esos títulos y no al revés. Esta historia de un militar de la época de la secesión transportado a un planeta retro-futurista en el que adquirirá poderes inusuales y será parte de luchas entre distintas especies, quiere ser el inicio de una nueva saga, más allá que la película sea muy ambiciosa, lo que la hace caer en excesos.
    De solemnidad, como si se tratara de la recreación de un texto demasiado honorable y asimismo de una violencia y crueldad incesantes, que no siempre son sinónimos de acción (en la premiere doblada al castellano un par de niños salieron llorando). Desbordes que alcanzan la utilización de la animación digital (más allá de algunos excelentes logros) y su extensión. Andrew Stanton, director de la notable WALL-E, no logró una calidad semejante en este traspaso suyo al cine de acción viva, pero su film atrapa, y se puede esperar más de él en el futuro (en principio, una secuela).
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  • Sólo por dinero
    Sólo por dinero
    Revista Veintitrés
    La bellísima y carismática Katherine Heigl es una nueva estrella hollywoodense que luego de algunos trabajos aceptables en comedias románticas (27 bodas, Ligeramente embarazada), ha decidido arriesgarse un poco más. Sin apartarse demasiado de esa línea, se ha involucrado hace poco en la fallida Asesinos con estilo y ahora en Sólo por Dinero, buscando roles con mayor exigencia física. La realidad es que aquí volvió a elegir mal, no solamente porque el personaje de Stephanie Plum, heroína de una exitosa saga literaria, no le sienta en lo más mínimo –especialmente por su escaso glamour-, sino además por la endeble adaptación del trío de guionistas y la directora Julie Ann Robinson. El material presuntamente brillante de la escritora Janet Evanovich, cuyos libros tienen miles de seguidores en los EE.UU. y su protagonista es una suerte de referente femenina, no alcanzó para armar una aceptable comedia, si es que eso se propusieron.
    Si es que existía algún ingenio en la historia de esta inexperta y pulposa cazarrecompensas, sólo se aprecia en un par de diálogos, el resto del film es un insípido producto romántico-policial que no atrae ni divierte y en el cual la Heigl trata de demostrar dotes para la acción y sólo trasunta incomodidad. Y el elenco que la acompaña deambula por la pantalla con roles poco aprovechados.
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  • La carrera del animal
    La carrera del animal
    Revista Veintitrés
    Distinguida en la muestra Bafici 2011, La carrera del animal denota algunas buenas ideas e indudables virtudes formales y expresivas. Aspectos positivos que se desdibujan ante un exceso de pretensiones y un manto de solemnidad que abarca la corta extensión del film.

    A través de una trama entrecortada y poco clara, la pieza da a entender cómo dos hermanos, en un pueblo grande, indefinido en el tiempo y el espacio, se debaten frente al futuro de una empresa familiar cuyo ceo es un hombre esquivo, misterioso y manipulador, que a la vez es su padre. La carrera del animal, dudosa metáfora que se vincula a la estética que trasunta el film, ofrece una tónica narrativa que atrae y a la vez desconcierta. Cada escena, en su aspecto formal y argumental, parece iniciar una nueva película, lo cual resulta llamativo pero a la vez desarticula la continuidad de la trama. Las tomas quedan aisladas y no son sostenidas por ciertas situaciones y diálogos ampulosos, semejantes a los de una obra de teatro independiente. De todos modos intérpretes como Lautaro Vilo, Valeria Lois y Elisa Carricajo resultan convincentes. En su trabajo iniciático Nicolás Grosso acierta en las locaciones elegidas, que crean un ambiente afín a films fantásticos de los años 60, que se realzan por la muy buena fotografía en blanco y negro de
    Gustavo Biazzi. Además es excelente la música de Pommez Internacional.
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  • Poder sin límites
    Poder sin límites
    Revista Veintitrés
    Aún combinando una gran cantidad de ideas ya plasmadas en diferentes películas, y sin demasiadas luces en su trama y diálogos, Poder sin limites es una de las cintas más taquilleras en la cartelera estadounidense y su final augura una factible secuela.

    Puede que atraiga al público joven el protagonismo de tres estudiantes dotados de capacidades sobrenaturales, y los que ven series quizás encuentren toques de Héroes. De todos modos estos personajes adolescentes, que tras un hallazgo se impregnan de sorprendentes poderes mentales y físicos, en ningún momento se proponen ayudar a nadie, por el contrario, caen en el descontrol y uno de ellos, en una suerte de psicosis violenta. En el orden de las
    influencias, este film llamado originalmente Chronicle está rodado al estilo de Cloverfield o la legendaria Blair Witch, con una cámara en mano a la cual se sumarán otras. Estos recuerdos fílmicos, especialmente del primer título mencionado, no terminan aquí, y asoman otros afines como Kick-ass, Soy el número cuatro y hasta Hankock. Y si nos remontamos un poco más atrás, un casi olvidado film de Brian De Palma, La furia. Fuera de estas referencias Poder sin limites está muy bien hecha y es visualmente atrayente, pero su exceso de desbordes y alaridos, su guión desprolijo, carente de cualquier sentido y rigor, la descalifican.
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  • Caballo de guerra
    Caballo de guerra
    Revista Veintitrés
    Con el bagaje audiovisual y emotivo habitual en la filmografía de Steven Spielberg, Caballo de guerra propone una poderosa pieza de cine clásico desde lo narrativo, lo más despojada posible de añadiduras digitales. Lo que no significa que este tipo de asistencias técnicas estén ausentes, pero sí dosificadas con la habilidad proverbial de un realizador que desde Jurassic Park ha apelado a estos recursos casi como ningún otro. Paradójicamente
    Spielberg acaba de presentar la notable Las aventuras de Tintín, en donde da otro paso significativo en el campo de la animación digital.
    Sea como fuere, esta película nominada por la Academia que muestra sin pausas su rodaje verosímil en pantalla, es básicamente un relato de temple, reivindicación y lealtad, en el que prevalecen las vicisitudes de un caballo y su primer dueño, un adolescente idealista y tenaz. Ambientada en la Inglaterra rural y en distintos puntos de Europa en tiempos de la Primera Guerra Mundial, Caballo de guerra es tanto una atrayente aventura épica como una cruenta e impiadosa película bélica. A partir de la separación entre el joven y el caballo arranca una odisea plagada de sinsabores, en la cual se sucederán nuevos y pasajeros dueños para el equino. Como bien declaró el propio Spielberg, el film sólo se ocupa de los personajes que se relacionan con el animal, no sigue a otro rol ni toma partido, porque el animal no tiene ideas políticas. Con este concepto, la nueva obra del director de la saga de Indiana Jones desarrolla sobre un duro trasfondo una suerte de travesía emocional que en varios tramos golpea fuerte al corazón. La simpleza del
    guión y su carácter melodramático se vuelven por momentos ostensibles, pero la metáfora presente en la escena del caballo atrapado en medio de los dos frentes de batalla, la realza y resignifica.
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  • La invención de Hugo Cabret
    La invención de Hugo Cabret
    Revista Veintitrés
    Con la discutible pátina de film apto para todo público o directamente infantil, La invención de Hugo Cabret es en realidad una película destinada al más incondicional y militante cinéfilo en estado puro. Con lo cual, queda claro que un niño se va aburrir a los pocos minutos de verla, por más que un personaje de su edad la protagonice. Dejando en claro este detalle, el último trabajo del gran Martin Scorsese es un descomunal homenaje al cine, quizás uno de los más abarcativos que ha dado la cinematografía en su ya no tan corta historia. El director de Cabo de miedo, como parte de un giro
    expresivo que está llevando a cabo en los últimos años, desarrolla en este film temáticas casi nunca exploradas en su fértil y febril
    trayectoria.

    Con la presdigitación de un mago, como lo fue en sus orígenes Georges Méliès, principal destinatario del gran tributo que representa Hugo (a secas, en su título original) va construyendo su acto de hechicería buscando el más depurado arte y virtuosismo. A pesar sus denodados esfuerzos, no siempre lo consigue a lo largo del metraje, pero sin dudas que alcanza picos de altísima calidad técnica, visual y expresiva en su obra, imposible de ser apreciada
    en otro ámbito que no sea una sala cinematográfica. Porque La invención de Hugo Cabret es la más excelsa ofrenda a los inicios de ese vehículo audiovisual que tuvo varios nombres hasta ser denominado como cine. Queda claro que Scorsese hace años guardaba en su alma la chance de plasmar su propio Cinema Paradiso, incluyendo el protagonismo de un niño, cosa que concreta con una trama distintiva de la inolvidable pieza de Giuseppe Tornatore, cuyo espíritu flota sin dudas en el apasionante desenlace.

    Con interpretaciones soberbias de Ben Kingsley, Sacha Baron Coen y otros talentos, Hugo pudo haber dado aún para más, pero nada ni nadie le va a quitar su propiedad de obra que, con pocos parangones en la historia, homenajea el indudable legado del séptimo arte.
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  • Penumbra
    Penumbra
    Revista Veintitrés
    Luego de un paso interesante con Sudor frío, aguerrido film del género estrenado a principios del año pasado, los hermanos cineastas Adrián y Ramiro García Bogliano prosiguen con sus obsesiones terroríficas ahora con Penumbra, pieza dotada de una trama atrayente en la que se aprecian varias influencias. Platenses aunque nacidos en Madrid, han rodado en su ciudad varios largometrajes focalizados en este estilo cinematográfico y aquí
    evidencian una notoria capacidad para transitar una historia claustrofóbica de manera concisa y eficiente, logrando fuertes climas que se mantienen hasta un final extremo y sorprendente. La bella y convincente Cristina Brondo, protagonista hispánica que ha transitado el género, es una agente inmobiliaria española de paso por Argentina, que acude a mostrar un departamento en alquiler a unos potenciales arrendatarios. Lo que no imagina es el arrebatado
    destino que estos –sospechosos- interesados piensan otorgarle al inmueble, que se vincula de manera estremecedora a un inminente eclipse total de sol.

    Penumbra no mantiene todo el tiempo su tensión y suspenso, pero con toques visuales que recuerdan a Polansky y Alex de las Iglesia arriban a un aceptable resultado expresivo, bien sostenidos por un elenco en el que también se destacan el talentoso Sebastián Muñiz y la fenomenal participación de Arnaldo André.
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  • Que lo pague la noche
    Que lo pague la noche
    Revista Veintitrés
    Con un buen pulso cinematográfico y un gran manejo de actores no profesionales, el debutante Néstor Mazzini no logra de todas maneras encausar una película que se filmó hace casi diez años, que sufrió varios retoques de posproducción y recién ahora puede darse a conocer comercialmente. Que lo pague la noche cuenta con un atrayente marco real, los peculiares monobloks del barrio Lugano 1 Y 2, a su vez también recreados digitalmente en la
    sugerente presentación de títulos. Es otro los logros de este –corto- largometraje, pero en lo que hace a su trama con toques de thriller, el andamiaje fílmico se resiente al no lograr remontar una serie de confusas y forzadas vueltas de tuerca.

    Ambientada durante la crisis política de diciembre del 2001, el film, que hace alguna mención visual y narrativa de estos hechos, refleja climas de tensión, tras lo que sucede en una rústica boda que se lleva a cabo en una plaza de Villa lugano. Rodeados por ese paisaje de edificios, ese particular festejo va desenmadejando una extraña y sórdida trama entre oscuros personajes. Las alternativas van tomando un cariz algo ensoñado, donde no se sabe a ciencia cierta qué es lo que está sucediendo. Mazzini acierta en la caracterización de los personajes, pero no se decide entre una trama realista de
    acción o un drama psicológico surrealista, y se queda a mitad de camino.
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  • La dama de hierro
    La dama de hierro
    Revista Veintitrés
    A sólo una semana del estreno de J. Edgar, la gran biografía cinematográfica de un fuerte líder del poder político, La Dama de Hierro, sobre la controvertida Primer Ministro conservadora de Inglaterra, Margaret Thatcher, ofrece un personaje mucho más conocido por históricas razones. En este caso con dos particularidades artísticas relevantes, una cineasta mujer, Phyllida Lloyd, y el protagonismo de la descomunal y siempre inspirada
    Meryl Streep. La Lloyd viene del musical Mamma Mia! en el que también dirigió a la Streep, y pese a que aquí se introduce en un film de características opuestas, demuestra gran ductilidad, sensibilidad e inteligencia para abordar una temática riesgosa. Entre Edgar Hoover y la Thatcher existen claros puntos de contacto, como la ideología de derecha de ambos y el hecho que hayan privilegiado su carrera por el poder a los afectos, entre otros
    detalles. Pero mientras que Eastwood optó por una estética contenida, exhaustiva y rigurosa, el tono de la Lloyd es más frontal y visceral. Potentes biopics en las que J. Edgar sea acaso una obra de arte dentro de este subgénero.

    En este sentido La Dama de Hierro parece ofrecer mayores condescendencias hacia la señora en cuestión, pero también muestra su autoritarismo incontenible, su desprecio por las clases bajas y trabajadoras, incluyendo escenas con desesperadas movilizaciones sociales y una represión policial mostrada con crudeza. La directora no deja de lado imágenes sugerentes y focaliza en una sustanciosa conducción actoral, poniendo en pantalla la lucha de una mujer común por sus ideales, abriéndose camino dentro de un universo político liderado por hombres para nada dispuestos a darle un lugar. Una porción importante del film está dedicada a la Guerra del Atlántico Sur, que significó para la estadista un triunfalismo amargo y pasajero. La Streep, más allá de su extraordinario trabajo de caracterización, dota de una carga emocional sustantiva a su personaje.
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  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    Dotada de un humor ciento por ciento revulsivo y devastador, Peter Capusotto y sus 3Dimensiones se enaltece por un trabajo audiovisual acorde con el producto. Porque Pedro Saborido demuestra aquí, y con creces, que dentro del genial y proverbial universo de Diego Capusotto, él es una parte indisoluble, un creador de caracteres y de gags inagotables. Y, además, en su condición de director, le otorga a ese estilo de humor, que puede
    llegar a ser inmanejable y caótico, un marco ideal, catalizador y cómplice. Algo que el director Néstor Montalbano había esbozado con Capusotto a través de comedias absurdas como Soy tu aventura y Pájaros volando, pero aún faltaba algo más en el terreno cinematográfico para el mejor capo cómico argentino de los últimos tiempos. Y esa obra faltante llega ahora con toda la furia con esta película, auténticamente 3D y a la vez anti 3D y anti
    entretenimiento. Está claro que aquellos que se han regocijado legítimamente con Todo por $2, y luego con el formidable Peter Capusotto y sus Videos, serán más perceptivos con respecto a los innegables códigos que presenta el film –una espectacular catarata de squetchs en la que descollan personajes como Bombita Rodríguez, Violencia Rivas y Jesús de Laferrere-, pero los neófitos avisados y bien predispuestos encontrarán la más pura, bizarra y
    subversiva diversión.
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  • El amor de Tony
    El amor de Tony
    Revista Veintitrés
    Con un fuerte contenido sentimental y emocional, El amor de Tony narra una historia de amor singular, fuera de registro, en un marco pintoresco pero a la vez atípico, arisco y por momentos desolador. En realidad el film se titula Angèle et Tony, que describe con mayor amplitud el contenido de la trama, que está quizás más emparentado con las vivencias de ella que con las de él, que aún así encierran numerosas aristas que el guión de la realizadora francesa Alix Delaporte irá develando poco a poco. Ambos se conocen tras una cita a ciegas en un pueblo costero, él un duro trabajador de la pesca afectado por una pérdida y ella en libertad condicional tras dos años de cárcel, en una etapa licenciosa de su vida. Dos almas vaciadas por la soledad y la necesidad de afecto con las que Delaporte hace una pintura muy personal de la pasión humana, una verdadera radiografía sostenida sin desmayos y con enorme sensibilidad por la pareja actoral compuesta por la bellísima y talentosa Clotilde Hesme y el fenomenal Grégory Gadebois. Polos casi opuestos que lograrán relacionarse y experimentar sensaciones casi olvidadas, incluyendo el amor materno-filial y el familiar, en un circuito emotivo potente pero sutil, y además sumamente disfrutable.
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  • Al borde del abismo
    Al borde del abismo
    Revista Veintitrés
    Sin dudas que el australiano Sam Worthington es un intérprete en franco ascenso que va un poco más allá de su imagen y carisma. Luego de un papel algo robótico en Terminator 4, lo cual no estaba del todo mal porque parte de su organismo era mecánico, demostró en Avatar condiciones actorales interesantes. Esto lo fue confirmando en algún otro film y ahora lo ratifica en Al Borde del Abismo, film en el cual está casi todo el tiempo en pantalla y debe sostener todo el peso narrativo.

    Viendo el film asoma el recuerdo de Ultima llamada de Joel Shumacher, en el que un hombre debe vivir una situación extrema en una cabina telefónica durante todo el film, algo parecido ocurre acá, pero en la cornisa de la ventana de un importante hotel de Nueva York, a la que se sube un hombre sin razón aparente. También films como El Plan Perfecto de Spike Lee y otros de ese estilo, incluyendo Robo en las Alturas, estrenada la semana pasada,
    se recuerdan, porque hay un robo en la película y un gran rascacielos tiene protagonismo. Cosa que asimismo ocurre en Misión Imposible 4. Pero bueno, dejando de lado semejanzas, el thriller del danés Asger Leth juega con la caída al precipicio de este ex policía injustamente acusado de asesinato, durante casi todo su metraje. Él intenta llamar la atención de la ciudad y lo logra, provocando gran revuelo en la calle y en la prensa. Todo para
    probar su inocencia, y también para disimular otras cosas generadas por él que ocurren al mismo tiempo y enriquecen la trama.

    Con un elenco llamativo en el que se pueden nombrar al magnífico Jamie Bell, Ed Harris, Edward Burns, William Sadler y Kyra Sedwick, entre otros. Al Borde del Abismo cumple su cometido, entretiene con nervio y buenos recursos.
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  • La chica del dragón tatuado
    La chica del dragón tatuado
    Revista Veintitrés
    Las remakes estadounidenses le quitan en general la esencia original al film primigenio, pero en el caso de La Chica del Dragón Tatuado, los productores se tomaron el trabajo de respetar el origen y la nacionalidad de la historia original y con ello las locaciones y hasta el nombre de los personajes. Ok, pero sin embargo en esta ocasión hubiera sido más interesante (será que no hay nada que nos venga bien) ver trasladada esa fascinante trama al territorio norteamericano y ver cómo se concatena con los violadores y femicidas existentes allí. Sea como fuere el notable David Fincher logra una gran recreación del film y de la novela, rodeándose de un brillante elenco y apelando a algunas armas expresivas que supo utilizar en Pecados capitales y en Zodíaco, entre otros detalles muy personales que aparecen aquí y allá en el film.

    ¿Qué le baja la calificación? Que ya estaba –y muy bien- hecha antes, y además, recientemente. Para los que disfrutaron de Los hombres que no amaban a las mujeres de Niels Arden Polev, con un sólido Michael Nyqvit y una Noomi Rapace inigualable, ver esta nueva versión, pese a su calidad, les puede deparar la molesta sensación de ver algo ya visto, y todo thriller pierde su eficacia cuando se sabe todo lo que va a pasar. Más allá que haya que
    destacar que Rooney Mara es una formidable réplica de la cyberpunk Lisbeth Salander.

    Es más, dan más ganas de revisar la original –hablada en sueco y no con actores que hablan inglés con acento nórdico- que otra cosa.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
    Revista Veintitrés
    Nostálgica y a la vez moderna -sin exagerar-, Los Muppets representa un jubiloso regreso de uno de los mejores productos de entretenimiento (¿infantil?) contemporáneo. Luego de varias películas previas memorables que ya datan de un par de décadas, ahora estos delirantes muñecos o títeres de paño regresan en su formato original y con las técnicas primigenias con las que fueron concebidos. Y de la mano de Disney, que se hizo cargo hace unos pocos años de la licencia, relanzando las inolvidables creaciones de Jim Henson a través de un largometraje que conserva su esencia y a la vez tiene el sello de la emblemática productora. La trama incluye un nuevo personaje llamado Walter que es el hilo conductor del film, una criatura que los admira incondicionalmente y que no advierte su propia e inconfundible categoría de Muppet. Él desencadenará una trama divertida que se reserva toques
    sentimentales y melancólicos en lo que respecta a la supervivencia del grupo, a los que el aporte de la ironía y la sátira resultan ingredientes infaltables. Canciones, pasos de baile y squetchs a cargo tanto de ellos como de los intérpretes humanos forman parte de una propuesta sustanciosa, que presenta actores fenomenales con roles importantes o fugaces, como Chris Cooper, Jack Black, Zach Galifianakis, Jason Segel, Amy Adams y Whooppi Goldberg, entre otros. Con respecto a los destinatarios de esta pieza intensamente disfrutable, no son fáciles de determinar. Es verdad que los niños
    están incluidos entre los espectadores posibles, pero no son los únicos; los de treinta para arriba que accedan a la versión original en inglés, que es casi como una película diferente, están primeros en la lista. Y como si todo esto no fuera suficiente, el nuevo corto de Toy story, se ocupa de la suerte de los muñequitos que se incluyen en los menús de las hamburgueserías y es un absoluto hallazgo.
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  • La última noche de la humanidad
    Con elementos recurrentes del cine de ciencia-ficción más reciente, dentro de su trillada variante de invasiones extraterrestres, La última noche de la humanidad ofrece dentro de su acostumbrado menú algunos leves toques que tratan de diferenciarla. Ingredientes que apenas levantan el interés en
    algunos aislados momentos. Chris Gorak en 2006 debutó como director con un thriller que nunca fue estrenado en Argentina y trata de aportar algo interesante en este film apocalíptico, que incluye elementos visuales de Exterminio de Danny Boyle y de Soy leyenda, especialmente al ver una emblemática Moscú, no tan aprovechada por el cine como otras urbes, totalmente despojada de seres humanos. También la reciente y no muy lograda La oscuridad forma parte de estas influencias. Esta coproducción estadounidense-rusa posee un guión excesivamente llano, con pocos elementos reflexivos, que en estos casos pueden revalorizar el formato y transformarlo en otra cosa. Quizás los aliens eléctricos aparecen diferentes en su concepción, pero visualmente resultan poco atractivos y, aún devastadores; poco inquietantes o terroríficos. El grupo de intérpretes jóvenes y carilindos que corren por su vida recuerda la estética de Cloverfield, que está a años luz de esta fallida muestra del género, que pese a todo augura una secuela.
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  • El extraño Sr. Horten
    El extraño Sr. Horten
    Revista Veintitrés
    Refrescante, naif, creativa y encantadora, El extraño Sr. Horten es una película muy particular, que podría haber dado para más pero que aún así está fuera de registro. Odd Horten es un ingeniero ferroviario cuyo trabajo a lo largo de cuarenta largos años fue manejar locomotoras que van desde Oslo a puntos aledaños, ida y vuelta. Ahora llegó a su edad jubilatoria, recibirá los honores pertinentes que incluyen un bonito (o no tanto) trofeo y a la vez
    descubrirá su soledad. Sentirá nostalgia por los trenes, pero a la vez empezara a disfrutar y valorar su nueva vida y, acaso, su libertad existencial. Ese salto en su renovada etapa lo llevará por terrenos inesperados, que contienen en el paquete un amigo -que nunca tuvo-, que por un par de días se transformará en su guía principal y acaso lo llevará por el sendero de un amor que siempre tuvo frente a sus ojos y no terminó de asumir. Bent Hamer en su quinto largometraje como director y guionista apela a algún toque surreal, dentro de una tónica melancólica en la que no falta el humor absurdo. La máscara del indispensable protagonista Baard Owe resulta ideal, y a pesar que algunos tramos del argumento podrían haberse explotado más, El extraño Sr. Horten destila por momentos una deliciosa poesía.
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  • Las aventuras de Tintín
    Las aventuras de Tintín
    Revista Veintitrés
    Con legítimos ingredientes del mejor Indiana Jones, no solamente en el aspecto narrativo sino tambièn en lo visual, Las Aventuras de Tintín ofrece una irresistible cabalgata de aventura pura y descontracturada. Pero a la vez este film de animación, que apela de manera superior a la técnica de captura de movimiento –haciendo referencia específicamente a Robert Zemeckis y sus últimos y poco logrados films-, se integra con absoluta verosimilitud al universo del historietista Hergé. Es más, teniendo en cuenta que este mismo artista opinó alguna vez que Steven Spielberg era “el único que podría hacerle justicia a Tintin”, parece que desde algún lugar (el caricaturista falleció en 1983) podría estar disfrutando de esta recreación.

    Que desde su arranque y especialmente a partir de la media hora de proyección propone un fenomenal entretenimiento que incluye acción, con apasionantes persecuciones por parajes exóticos; suspenso, toques de humor y algún atisbo sentimental que nunca está ausente en el cine del realizador de tantas obras emblemáticas del cine contemporáneo. Estas remozadas aventuras del joven Tintín adapta varias historias de ese trotamundos de origen belga respetando pormenorizadamente su aspecto estético, pero principalmente apela a La Leyenda del Unicornio como una guía narrativa que enmarca la trama.

    Esta línea argumental traslada a Tintin por terrenos que incluyen el mar y el aire además de la tierra firme, y el folletín aventurero parece una cinta sin fin que no se inicia cuando arranca la película ni tiene un cierre cuando termina. Lo que indudablemente abre la clara posibilidad de secuelas, una próxima que estará a cargo nada menos que de Peter Jackson, que en este film oficia de coproductor, pero está claro que ha intervenido en otros aspectos. Las interpretaciones de Jamie Bell, Andy Serkis y Daniel Craig van más allá de poner la voz, son integrales debido a la técnica, y redondean una narración impecable, inagotable en sus recursos audiovisuales.
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  • Norberto apenas tarde
    Norberto apenas tarde
    Revista Veintitrés
    Película que tuvo prácticamente dos estrenos (se dio a conocer hace dos meses de manera casi fantasmal y ahora se relanza), Norberto apenas tarde es una comedia costumbrista uruguayaargentina que cuenta también con la particularidad de haber sido escrita y dirigida por el actor Daniel Hendler, un intérprete muy personal que en los últimos años se ha transformado en un emblema del cine alternativo nacional. Otro elemento interesante en es esa descripción visual y ritual de Montevideo, dentro de una cuidada manufactura formal. El actor de El abrazo partido y Fase 7 describe minuciosamente un personaje de bajo perfil, poco vuelo y hasta levemente patético, pero aún así capaz de patear el tablero y de marcar un sendero nuevo en su vida, pese a tener que toparse con otros tipos humanos autoritarios como su nuevo jefe o el profesor de teatro. El film parece incluir toques autobiográficos, especialmente referidos al giro que da la actuación en la existencia de Norberto, que no terminan de producirle una satisfacción absoluta, quizás porque Hendler se cuida demasiado que el personaje no genere empatía en el espectador. Por eso apela en todo momento, aún en el humor, a tonos neutros y ambiguos, que se mantienen incluso en una escena final de cierto optimismo y redención. En ese mismo registro se mueve el buen elenco del film, destacándose el protagónico de Fernando Amaral.
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  • Un zoológico en casa
    Un zoológico en casa
    Revista Veintitrés
    Desde que irrumpió con Say Anything, una buena comedia romántico-juvenil a fines de los 90 con John Cusack, Cameron Crowe entregó películas que, aún abordando temáticas e historias lineales lograron ser diferentes gracias a sus ideas expresivas y su buena mano como realizador. Jerry Maguire, Casi famosos y Todo sucede en ElizabethTown son ejemplos inmejorables de esta premisa y Un zoológico en casa se inscribe perfectamente en esta tendencia, a pesar que la carrera de Crowe parece haberse estancado en los últimos años. Basada en un caso real ocurrido en Inglaterra, se vuelve aquí una amena, sensible y emotiva pieza cinematográfica. A través de una clásica historia de vida de superación y temple frente a la adversidad, con un reciente viudo y
    periodista de aventuras que nunca las vivió en carne propia, que decide renunciar a todo y mudarse con sus niños a una casa con zoo incorporado, el realizador logra apartarse de los lugares comunes y aportar en cada escena condimentos que la diferencian de productos fílmicos afines. Alternativas de fuerte contenido sentimental y humano sostienen cada uno de los minutos que demanda narrar la trama, enriquecidas por un elenco fenomenal, en
    el que no sólo se destacan Matt Damon y Scarlett Johansson sino también secundarios estupendos y un par de consumados pequeños actores.
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  • La última mirada
    La última mirada
    Revista Veintitrés
    Tocando temáticas de fuerte contenido, La última mirada evoca nuestro derrotero histórico en una dura parábola vinculada al
    presente. Con aciertos pero también desbordes melodramáticos y expresivos, el film de Víctor Jorge Ruiz ofrece una trama que enlaza diferentes tópicos relacionados con la dictadura cívico-militar. Un escritor y periodista español nacido en Argentina vuelve al país para terminar de escribir una novela sobre sus padres, asesinados en 1976, incluyendo una deseo oculto y no muy firme de llevar a cabo una drástica venganza. Este periplo, ubicado en un alejado espacio campestre, es aprovechado por Ruiz para focalizar en aspectos visuales y en la intimidad de los personajes, que atravesarán por una incómoda historia de amor y la paradoja que experimenta el protagonista, al descubrir que el hombre al que quiere
    desenmascarar resulta ser un “colega”. Claro que el libro que escribe el militar transita por la vereda opuesta y se titula Tarea inconclusa, por considerar un “error” la superviviencia de los bebés de desaparecidos. Con la distinguida presencia en una escena de Estela Carlotto, esta pieza con toques de thriller presenta algunos desniveles actorales y diálogos y escenas no muy pulidas. Aún así mantiene un interés constante y se apoya en una notable caracterización de Arturo Bonín, destacándose el trabajo de Victoria Almeida como su atribulada hija apropiada.
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  • Canciones de amor
    Canciones de amor
    Revista Veintitrés
    Con algún eco de Los paraguas de Cherburgo y el recuerdo inevitable de la espléndida Conozco la canción de Alain Resnais, Canciones de amor ofrece una deliciosa pieza musical cinematográfica. La presencia de elementos que se relacionan con la comedia musical estadounidense son parte indudable del film, pero también las situaciones dramáticas están presentes. El realizador Christophe Honoré, con un claro espíritu truffautiano en el que Almodóvar no está alejado, logra aunar una historia atrayente envuelta por el mejor estilo del cancionero francés. Con las suficientes alternativas como para ofrecer entretenimiento constante y algunos toques emotivos que no por ser leves son superficiales, la trama engloba circunstancias ligadas a temáticas amorosas de diversa índole, pero siempre inusuales e irreverentes. Triángulos, vínculos igualitarios y tendencias afines forman parte del abanico amatorio incluido, aunque en casi todos los casos el afecto y los sentimientos prevalecen. Al comienzo, la pareja formada por Ismael y Julie invitan a Alice –enamorada de ambos- a vivir con ellos, presuntamente para darle más chispa a su relación. Esto funcionará por momentos, pero tendrá una trágica escisión. A partir de ahí las situaciones atravesarán por inesperados carriles, todos muy disfrutables.

    La asidua presencia de canciones no corta la continuidad dramática sino por el contrario se integran al relato logrando una armoniosa confluencia artística. Los temas musicales y los climas sonoros proporcionados por Alex Beaupain son un aspecto esencial del film, casi un personaje más. Carismáticos y talentosos, Louis Garrel, Ludivine Sagnier y Chiara Mastroianni protagonizan el film dentro de un elenco homogéneo y eficaz. Para hambrientos de amor y del mejor encanto del cine musical francés.
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  • La campana
    La campana
    Revista Veintitrés
    Metafórica y atrayente, La campana es una interesante ópera prima nacional del director y guionista Fredy Torres, autor de un memorable cortometraje de los años 90, Líneas de Teléfonos, que ofreció un sugerente y fantástico acercamiento al tema de los desaparecidos. Basándose en una presunta leyenda de pescadores, el realizador propone ahora en La Campana una historia en el que las ironías temporales y los desaparecidos vuelven a formar parte de la trama, en esta ocasión con el agregado de la Guerra en el Atlántico Sur. Incluyendo una historia de amor desencontrado, fuera de –precisamente- tiempo, y con la ambientación del inconfundible puerto de la ciudad de Mar del Plata, la mitología de los hombres de mar que nunca regresan de su travesía se engloba en la parábola de “La campana”, un misterioso espacio mar adentro. La ambiciosa multiplicidad de líneas narrativas y alegóricas no terminan de fraguar del todo bien, que hubieran precisado una duración mayor para desarrollarse, pero de todos modos el nudo argumental logra un desenlace singular. Muy bien filmada, presenta personajes convincentes como el veterano y sentencioso pescador de Lito Cruz, el gringo dueño del bar, Julian Howard y la prostituta de María Fernanda Callejón, entre otros. Jorge Nolasco como el atribulado protagonista, también hace un gran aporte.
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Un actor introvertido, tembloroso y taciturno y un pseudo escritor con pretensiones de ser parte del negocio del cine son la genial pareja de una película que en realidad se titula A Film with Me in it (Un film en el que esté yo en él). Su ¿traducción? como Cuatro muertos y ningún entierro, pese a su obvia y hasta casi torpe referencia a la recordada Cuatro bodas y un funeral, resulta sin embargo más explícita y apropiada que el original. Sea como fuere, esta pieza del ex actor Ian FitzGibbon es una proeza de la tragicomedia y el cine de humor negro inglés como no se veía quizás desde la memorable El quinteto de la muerte. Protagonizada por estos dos patéticos perdedores, la película acumula, con una cierta lógica absurda, una serie de situaciones infaustas en las que varias personas van pereciendo en un mismo y fatídico ámbito.

    Lejos de ser asesinos o encubridores, estos sujetos, inocultablemente comprometidos, apelarán a insólitos recursos para librarse del escarnio. El hilarante Mark Doherty que abre con su caricaturesca imagen el film, es también el diestro guionista de esta pequeña y fenomenal obra, en la que hacen su aporte la notable música y los enrarecidos climas de suspenso. Para divertirse sin pruritos morales y remitirse a la época en la que el gran Peter Sellers aún rodaba films inolvidables.
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  • El precio del mañana
    El precio del mañana
    Revista Veintitrés
    Alguna vez Steven Spielberg dijo que una película debe introducir al espectador en un universo diferente, y no caben dudas que Andrew Niccol lo ha logrado en su filmografía, más aún dentro del terreno de la ciencia-ficción y afines, especialidades suyas. Responsable de una obra maestra como Gattaca, uno de los mejores films contemporáneos del género, el guionista y realizador ha sido capaz de ofrecer un par de films fuera de serie como El señor de la guerra, que no a será de ciencia-ficción pero por su estética se le acerca y Nicole, otra pieza distintiva. También fue autor del emblemático The Truman Show de Peter Weir, y de La terminal del mencionado Spielberg. En El precio del mañana, con su creatividad habitual, logra agrupar un puñado de ideas atrayentes relacionadas con el control del envejecimiento humano, el concepto de “tiempo es dinero” y el poder hegemónico de los relojes inventados por el hombre, en este caso convertidos en cronómetros de la muerte, y a la vez de la vida. Muchos temas a la vez enmarcados con una estética singular que muestra un futurismo moderado, dentro de despojadas locaciones urbanas.

    Niccol incluye cierto contenido reflexivo y algún hálito de rebelión frente al sistema, pero apuesta en esta oportunidad a combinarlo con la acción y el entretenimiento. El resultado es ambiguo, da la sensación que se quedó a mitad de camino por no jugarse por entero por una de las opciones. Justin Timberlake, Amanda Seyfried y Cillian Murphy, tres buenos intérpretes jóvenes, no se destacan especialmente dentro de un film que pudo haber alcanzado mayor envergadura. Pero dotado de una trama de la que no vale la pena contar demasiado, como para internarse en ella, sorprenderse, y sacar conclusiones.
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  • Las acacias
    Las acacias
    Revista Veintitrés
    La acacia es un árbol frondoso que abunda en Paraguay y en la zona mesopotámica argentina. Rubén es un camionero rutinario, parco y acorazado emocionalmente, que sólo traslada troncos de esta especie arbórea que ocupan todo su acoplado, salvo en esta ocasión, que recibirá de su patrón el encargo de agregar el peso extra de una mujer desconocida, no sólo cargada de bolsos sino además de una bebita que no estaba en los planes de nadie. Ese largo trayecto desde Asunción del Paraguay hasta Buenos Aires proporcionará cambios profundos en estos dos personajes, a los que habría que agregar a Anahí (Nayra Calle Mamani), la beba que transitará asimismo por una serie de nuevas percepciones. Pocas veces una criatura de cinco meses ha logrado hacer tantos aportes expresivos dentro de una trama fílmica. Pablo Giorgelli en su debut cinematográfico diseña una breve pero magistral pieza de cine. Con una capacidad narrativa impecable, el director apela a elementos documentales para alcanzar una verosimilitud extraordinaria, con breves y ajustados diálogos, climas, miradas y gestos que lo dicen todo. Una última porción plena de sutiles y taciturnos –el film carece de apunte musical alguno- toques emotivos redondea una obra excepcional, en la que Germán de Silva y Hebe Duarte parecen actuar sin tener conciencia de las cámaras que los rodearon.
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  • Verdades verdaderas, la vida de Estela
    Conmovedora de principio a fin, Verdades Verdaderas - La vida de Estela, se propone ser, y lo logra, una intensa radiografía del itinerario vital de la representante de Abuelas de Plaza de Mayo
    Estela de Carlotto. Pero esta auspiciosa pieza inicial del realizador Nicolás Gil Lavedra no sólo focaliza en la vida de esta extraordinaria mujer, sino también de sus afectos fundamentales, su entorno y el doloroso contexto de los tiempos del gobierno de facto detentado por militares y civiles. Por lo cual termina siendo un insoslayable homenaje a esa entidad esencial, a los nietos recuperados y a la búsqueda de los nietos apropiados. El film que va bastante más allá de la mera biografía cinematográfica y por momentos alcanza la estatura de una obra abarcadora de toda una época de la Argentina, de sus tragedias y resurrecciones.

    A través de un interesante libro cinematográfico de Jorge Maestro y María Laura Gargarella, que quizás debió trabajar aún más los diálogos, la película abarca un extenso período que se adelanta a
    los hechos más significativos de la historia, haciendo incluso una breve referencia a la represión incipiente del gobierno de la otra Estela, Martínez de Perón. Gil Lavedra, con cierto aire de veteranía para un joven nacido con la vuelta de la democracia, se muestra riguroso con los hechos históricos, dándose el gusto de incluir detalles expresivos y visuales que escapan a lo convencional, sin emplear elementos enfáticos, melodramáticos o discursivos innecesarios. Quizás por ello mismo, el film logra sacudir con escenas de fuerte impacto emocional que se suceden sin frenesí pero a la vez sin pausas.

    Con un párrafo especial para la música de Nicolás Sorín, las actuaciones son un pilar inmejorable, empezando por una entrañable y encendida Susú Pecoraro, acompañada por un excepcional Alejandro Awada, a la cabeza de un compenetrado elenco.
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  • Un amor
    Un amor
    Revista Veintitrés
    Con un notable trío de intérpretes, que sostiene gran parte del peso dramático y emocional del film, Un Amor muestra una faceta diferente dentro de la ecléctica trayectoria cinematográfica de la
    realizadora Paula Hernández. Luego de la excelente Herencia y la no tan lograda Lluvia –pero dotada de una cautivante estética visual- , aquí la directora se embarca en una búsqueda diferente, vinculada a la indeleble permanencia de las experiencias adolescentes. Vivencias que en este caso están centralizadas en un pueblo donde dos amigos inseparables verán obstaculizado su vínculo ante la tormentosa irrupción de una chica recién llegada y de pasajera estadía. Luego de una previsible separación esta situación se reiterará décadas más tarde en la gran ciudad y también en aquella añorada localidad de la infancia. Hernández logra volcar todas estas alternativas con genuinos recursos técnicos, expresivos y dramáticos. Los trabajos de los personajes en su juventud son también eficaces y creíbles, pero quizás el problema esencial sea la escasísima semejanza física con el trío en su adultez. De todos modos esto se puede pasar por alto, especialmente por la revelación que representa Elena Roger en su primer protagónico fílmico, un Luis Ziembrowski impecable y un Diego Peretti pleno de matices y vulnerabilidad ante postergados y escondidos sentimientos.
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  • La prima cosa bella
    La prima cosa bella
    Revista Veintitrés
    Emotiva, melancólica, expansiva, desbordante de sentimientos, neorrealista y a la vez contemporánea, La prima cosa bella es una comedia dramática en la mejor tradición del cine italiano, con varios David Di Donatello a cuestas y candidata a los Oscar. Risi -homenajeado en el film, ya que aparece en un set de filmación-, Monicelli y algún realizador más actual como Scola asoman su legado en esta pieza fenomenal de Paolo Virzì que recorre varias décadas de una familia disfuncional. Con un elenco extraordinario que encuentra el tono y la sensibilidad justas para componer cada personaje en sus diferentes edades, la película salta infatigablemente entre los años 70, los 80, y la actualidad mientras describe vínculos parentales que oscilan entre las sonrisas, las lágrimas, la desgracia y la alegría. Un arranque prodigioso nos muestra un típico evento veraniego del pasado –con ecos del comienzo de Luna de Avellaneda de Campanella- con elección de
    reinas dudosas y fugaces, cantantes melosos y animadores kistchs, sólo para presentar una pareja y dos hijos pequeños que serán parte indisoluble de una trama que en su par de horas de extensión
    no deja de atraer, conmover y proponer toques de bienvenida diversión. La descomunalmente bella Micaela Ramazzotti y el formidable Valerio Mastandrea son sólo dos nombres a mencionar dentro de un cast inmejorable bañado por melodiosas canciones peninsulares que son un personaje más y que hasta que le dan título al film.
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  • Antes del estreno
    Antes del estreno
    Revista Veintitrés
    Santiago Giralt, en su segunda película como único realizador (en UPA! Una película Argentina y, Las Hermanas L fue parte de sendos grupos de directores), acierta y atrae con su mirada acerca de una actriz de importante popularidad y su entorno en vísperas de un intimidante estreno teatral. Levemente vinculada con la reciente Vaquero de Juan Minujín, e inspirada en un film del gran John Cassavettes, Giralt se introduce en la más profunda intimidad de su sexy, irritable, carismática, voluble y adictiva –tabaco, alcohol, inestabilidad emocional- vida; propia de una diva que se precie. En un privado marco suburbano ella ensaya y espera su gran momento, en medio de una conflictiva relación con su marido guionista y cineasta (Nahuel Mutti), y rodeada de dispares visitantes. Mientras tanto su niña (la prometedora Miranda de la Serna) parece ser la que más la sostiene y protege. Luego de un paso fallido en la costumbrista Toda la gente sola, Giralt vuelve a la temática que mejor lo representa, la trastienda del arte audiovisual (como la brillante UPA), redondeando una pieza que pudo haber dado para más pero que propone un singular momento fílmico y expresivo. Entre la cautivante labor de Erica Rivas, los travellings y planos secuencia, aparecen sustanciosos personajes a cargo de María Marull, Emmanuel Miño, Mónica Villa y Rodrigo de la Serna.
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  • Tres hermanos, tres destinos
    Tres hermanos, tres destinos
    Revista Veintitrés
    Rachid Bouchareb, realizador argelino-francés que ya había sido nominado al Oscar por el notable film bélico Días de gloria, alcanzó por este épico, doloroso y evocador film una nueva postulación de la Academia. Tres hermanos, tres destinos es un desprendimiento de aquella otra película, y con su título en español algo forzado (el original Hors-la-loi puede significar tanto Desterrados como Al margen de la ley), refleja de todos modos a través del mismo un aspecto fundamental de una obra abarcativa y ambiciosa que alcanza todos sus objetivos. Porque esos tres hermanos argelinos que atraviesan por distintas experiencias de vida tienen como ferviente meta en común combatir el yugo colonialista galo y lograr la liberación de su país. Y a través de ellos se recorrerán episodios que abarcan desde 1925 hasta 1962, con los que el director de London River logra amalgamar una estupenda narración cargada de injusticias, movimientos revolucionarios y poderosos sentimientos encontrados. Con una impecable ambientación de cada época y un elenco realmente extraordinario, este thriller político conmueve al abordar hechos históricos poco o mal contados, la hermandad a toda prueba, las raíces, el despojo, la represión salvaje, la venganza, la guerra, la guerrilla, la violencia indiscriminada, la muerte y la redención. Peliculón y punto.
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  • Fontana, la frontera interior
    Rodada en los mismos escenarios naturales donde ocurrieron los hechos, Fontana, La Frontera Interior es un nuevo acercamiento cinematográfico a la historia argentina, en un año que se dio a conocer importante material nacional sobre el género. A los films sobre próceres resignificados como San Martín y Belgrano se suman otros acerca de hechos menos revisados por la historia, como La patria equivocada y este estreno de Juan Bautista Stagnaro, autor de excelentes films que también abordaron hechos del pasado, como Casas de fuego y El camino del sur, y coautor del guión del emblemático Camila. En este caso su trabajo no llega a picos tan altos pero permite descubrir un personaje interesante como el Mayor Luis Jorge Fontana, que en su doble condición de naturalista y militar se diferencia de Roca, más allá de que su epopeya también trajo sangrientos enfrentamientos con tribus indígenas. Sus acciones inhabituales para las expediciones militares de su tiempo incluyeron la fundación de una ciudad y la integración a su ejército de la comunidad galesa. Sus monólogos interiores para nada autocomplacientes atraviesan la estructura el film y le otorgan un significado humanista. Bien realizada y fotografiada, no interesa en todo su metraje ni se destaca por la tarea de su elenco, pero se trata de una obra necesaria y oportuna.
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  • Eva de la Argentina
    Eva de la Argentina
    Revista Veintitrés
    La conjunción del experto en cine de animación José Luis Massa con la periodista, escritora y ahora realizadora María Seoane y el recientemente fallecido dibujante Francisco Solano López da como resultado una obra de genuina calidad plástica e ideológica, acercando la figura de Eva Perón a un terreno artístico inédito.

    Massa, director de títulos dirigidos al público infantil y productor de la notable Boogie el aceitoso, encara una búsqueda estética y temática diferente, que coincide con la calidad gráfica de los trazos de Solano López. Por su parte Seoane, como orquestadora de este trabajo abarcador y ambicioso llamado nada menos que Eva de la Argentina, se propone enaltecer la figura de una líder popular que traspasó los límites de un país y se transformó en un mito universal.

    Con ecos de la francesa Persépolis, basada en la historia autobiográfica de una niña iraní que huye de un régimen fundamentalista, el film va desarrollándose con una atrayente visión del género. Aquí la pequeña Eva Duarte atraviesa por su propia epopeya, en este caso sin huir de ningún poder hegemónico sino por el contrario acercándose, luego de una infancia difícil, a un incipiente movimiento del que será parte de manera indisoluble.

    Narrada y protagonizada por el periodista y escritor Rodolfo Walsh -otro hallazgo de la película-, Eva de la Argentina describe a esa mujer revolucionaria, amada y odiada, que tras su dolorosa muerte atravesó con su cadáver por un tormentoso periplo. En algunos tramos aparece algún exceso de enfatismo partidario, pero los buenos recursos expresivos, la tarea de Carlos Portaluppi y Carlos Russo en las voces en off, los cuidados apuntes sonoros de Gustavo Santaolalla y la bella canción final de León Gieco enmarcan una pieza apasionada y apasionante.
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  • Solos en la ciudad
    Solos en la ciudad
    Revista Veintitrés
    Con algunas notorias influencias de films románticos estadounidenses y también nacionales y una línea argumental bien perfilada pero demasiado previsible, Solos en la Ciudad logra proponer de todos modos una aceptable historia de amor con toques de comedia. Una trama amorosa que se reduce tan sólo a un día, en el que una joven pareja, luego de asistir a una boda, saca a relucir viejos enconos, produciendo un alejamiento entre ambos dudosamente definitivo. En ese trance surgirán idas y vueltas en las que intervendrá una atrayente galería de personajes. Diego Corsini con su ópera prima logra una pieza entretenida, alternando algunas escenas brillantes (como el diálogo en la cuadra del zoo y el encuentro de ella con su padre) con otras no tan logradas.

    Por otra parte parece ser que en cine a Sabrina Garciarena le buscan galanes semejantes, porque en su anterior film también romántico, Amor en tránsito, Lucas Crespi luce idéntico a su aquí partenaire Felipe Colombo, y hasta en Felicitas Gonzalo Heredia tiene un tipo físico afín. Fuera de este apunte, se trata de una actriz indudablemente bella y fotogénica, que le otorga naturalidad y encanto a sus roles. Colombo la acompaña con corrección, pero en intérpretes secundarios como Luciano Leyrado, Mario Pasik, Laura Azcurra, Matías Scarvaci y Federico Amador, se encuentran aportes verdaderamente disfrutables.
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  • Detrás de las paredes
    Detrás de las paredes
    Revista Veintitrés
    El realizador irlandés Jim Sheridan tiene un su haber algunas películas extraordinarias como Mi pie izquierdo, Esta tierra es mía, En el nombre del padre y Golpe a la vida-The boxer, la mayoría de ellas protagonizadas por Daniel Day Lewis, y narrando vibrantes historias referidas a su conflictiva región en la Isla Británica. Pero últimamente no está revalidando convenientemente esos pergaminos; su último film, Hermanos, por ejemplo, había sido una remake de una película danesa, cuando en su carrera siempre trabajó con ideas propias.

    En el caso de Detrás de las paredes, se interna de lleno en el thriller con toques de terror, un género que no había frecuentado con anterioridad, pero se trata más de un trabajo por encargo que otra cosa. A lo que habría que agregar que el propio Sheridan renegó de este film al terminarlo y reclamó que retiren su nombre de los títulos, sin conseguirlo. Sea como fuere, contaba con tres protagonistas de peso como Daniel Craig, Rachel Weisz y Naomi Watts y una historia interesante que tenía un buen arranque, pese a algún resabio de Sexto sentido y Los otros. Un hombre se muda con su esposa y sus dos hijas a una casa en las afueras de Estados Unidos en donde descubren que fue el escenario del asesinato múltiple, y el pueblo está convencido que el asesino fue el único sobreviviente, esposo y padre de las víctimas. Todo ese primer segmento está narrado con un atractivo suspenso, pero en la segunda mitad el film decae sustancialmente, se vuelve confuso, forzado y poco creíble. Si bien hay cosas que dejan de ser de una manera para volverse diferentes, detalle clásico y positivo dentro del género, no lo son en el caso de este film. Hay algunos sobresaltos y las interpretaciones son correctas, pero esta casa fantasmagórica –el título original es Dream house- queda desdibujada y su director también.
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  • Medianeras
    Medianeras
    Revista Veintitrés
    Con un talento expresivo poco usual, el cineasta Gustavo Taretto arriba a su primer largometraje con un film que transita por el terreno de la comedia romántica con puntos de vista tan personales como originales. Sin internarse en grandes reflexiones, Medianeras analiza leve y divertidamente el amor, el desencuentro y la soledad en las grandes urbes. Dos jóvenes de mediana edad viven en edificios linderos y acaban de salir –mal- de sendas relaciones amorosas que les dejan como recuerdo un perrito lanudo, por ejemplo. Ella sublimará a través de la natación o erotizando a maniquíes, él conociendo dispares mujeres a través de sitios de Internet; irremediablemente semejantes en sus neurosis, angustias, gustos, pequeños placeres y grandes frustraciones. Sin embargo los une una misma medianera que a la vez los separa y algo de luz surgirá de ella a través de piquetes, martillos y nuevas ventanas. Textos que se escuchan en off o aparecen sobreimpresos colaboran acertadamente con la continuidad estética y narrativa de un film moderno que a la vez parece registrar el pasado (cortes de luz, teléfonos antiguos, gente que chatea por primera vez…). Dos nuevos y estupendos protagonistas como Pilar López Ayala y Javier Drolas se ven bien rodeados por un elenco de caras conocidas que con sus caracterizaciones colaboran eficazmente en la oferta audiovisual.
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  • El agua del fin del mundo
    El agua del fin del mundo
    Revista Veintitrés
    Una reconfortante sorpresa ofrece la actriz y ex modelo Paula Siero con su ópera prima, un film sencillo pero a la vez dotado de ciertas ambiciones narrativas que lo enriquecen. A través de una historia que gira alrededor de dos hermanas que conviven y deben atravesar por una dura circunstancia de vida, El agua del fin del mundo va desarrollando un drama con fuertes contenidos sentimentales y emocionales. El diagnóstico de una enfermedad terminal mueve a la hermana mayor a ir a Ushuaia a cumplir su sueño de zambullirse en las aguas del extremo sur antes de morir, mientras que diversos personajes se irán integrando y aportando distintos matices a la trama. Especialmente un músico callejero, desquiciado y adicto a las bebidas fuertes (un Facundo Arana fuera de registro) que se involucrará con ambas y será decisivo en el camino y las decisiones que tomen. Con algunos aportes visuales interesantes, diálogos creíbles y un desenlace sugerente, El agua del fin del mundo redondea una obra pequeña pero valiosa, sostenida por un elenco que combina oficio con sensibilidad.

    Notable Diana Lamas, muy bien acompañada por la bellísima revelación de La tigra, Chaco, Guadalupe Docampo; junto a secundarios impecables como Graciela Stefani y Mario Alarcón.
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  • La cocina (En el medio hay una ley)
    Como en su anterior film documental como co-director, Porotos de soja (2009), David Blaustein vuelve a unirse con Osvaldo Daicich para desglosar en este caso la discusión por la regulación de la Ley 26.522, de Servicios de Comunicación Audiovisual, la simple y conocida popularmente como Ley de Medios, en medio, precisamente, de una feroz y polarizada disputa –no casualmente- mediatizada al máximo. Con algún eco de las piezas últimas de Pino Solanas, La cocina se adscribe al denominado “cine de emergencia”, registrando hechos y opiniones que explican, sin hacerlo, un país efervescente, politizado y en proceso de cambio permanente. El debate que desencadenó ese proyecto de ley, denominado por sectores opositores y monopolios de comunicación como Ley K o Ley Mordaza, se ve reflejado aquí no sólo por lo que pasó en la Capital Federal, sino también por las reacciones despertadas en Santa Fe, Córdoba, Tucumán, La Pampa o Neuquén, a través de representantes de radios, teleemisoras y medios gráficos de esas regiones. El empleo de material de archivo tomado de distintas señales televisivas completa un exhaustivo trabajo audiovisual sobre hechos aún en plena etapa de asentamiento. Tras films testimoniales que dejaron su huella en el género como Cazadores de utopías o Botín de guerra, Blaustein sigue echando luz sobre acontecimientos que marcan una época.
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  • Vaquero
    Vaquero
    Revista Veintitrés
    Con toques del conocido subgénero “cine detrás del cine”, Vaquero se podría denominar mejor como “actor detrás del actor”, porque la ópera prima de Juan Minujín es una lúcida, exhaustiva y por momentos asfixiante indagación acerca de los fantasmas, realidades y rutinas cotidianas de un actor argentino. Un intérprete a veces capacitado y con algún talento pero la mayor parte del tiempo mediocre, frustrado y resentido con el medio que lo rodea. El actor de Un año sin amor y Zenitram conoce muy bien, claro está, los resortes, intimidades, debilidades y desamparos de su condición, pero de todos modos tuvo el discernimiento y la capacidad de observación para poder plasmarlo en este breve y contundente momento fílmico. Su alter ego, con trabajo ocasional en cine y teatro pero con aspiraciones que exceden su módica capacidad expresiva, intenta ser parte de un western norteamericano a manos de un prestigioso e improbable cineasta que opera como todopoderoso manipulador de las ansiedades actorales nativas. Su despiadada voz interior deja en evidencia sus vanidades, perversiones y miserias que lo ponen al borde de lo patético. Brillante y verosímil formalmente, Vaquero se enriquece aún más a través de, precisamente, el aporte actoral del propio Minujin -notable-, Daniel Fanego, Leonardo Sbaraglia, Pilar Gamboa y Guillermo Arengo.
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  • Winter: El delfín
    Winter: El delfín
    Revista Veintitrés
    Basada en la historia real de una delfín hembra con problemas motrices, y protagonizado por ella misma, Winter - el delfín entrega un grato y emotivo momento fílmico, Este animal es una celebridad en Estados Unidos, no sólo por la epopeya que sufrió en su vida, sino por haber servido y servir actualmente de permanente inspiración para niños y adultos discapacitados, que van a ver a ella y su cola prostética como un aliciente para seguir adelante en sus vidas. Era una joven delfin cuando perdió su cola en una trampa para cangrejos, pero su vínculo con un niño de 11 años, que la libera y la atiende, y un grupo de especialistas que la rescata en la costa, será vital para una recuperación y rehabilitación que jamás antes se había intentado con éxito. Esta temática de hondas implicancias psicológicas y vivenciales está plasmada en el film de manera sencilla y sin melodramatismos innecesarios. El realizador y ex actor Charles Martin Smith aprovecha todos los recursos visuales y emocionales que tiene a su alcance, pero privilegiando una trama cuyas alternativas pueden ser muy estimulantes para el público infantil. Si bien las copias están dobladas, aún así se pueden apreciar convincentes labores del gran Morgan Freeman como el Dr. creador de la prótesis, Harry Connick Jr., Ashley Judd y el niño revelación Nathan Gamble.
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  • Día naranja
    Día naranja
    Revista Veintitrés
    Òpera prima de la directora venezolana Alejandra Szeplaki, Día Naranja es un film dotado de sobredosis de femineidad pero ataviado por un inusual caudal de creatividad y poesía visual. Coproducción entre Argentina y Venezuela, el film atraviesa por tres ciudades latinoamericanas que contienen tres breves historias protagonizadas por sendas mujeres en estado de gestación. Tres disímiles actitudes y posturas frente a esa inminente posibilidad por parte de Patricia en Caracas, que ansía estar embarazada, Ana en Buenos Aires, que desea con fuerzas no estarlo, y Sol en Bogotá, cuya indecisión arrastra además a dos hombres diferentes. Sin otra conexión entre ellas que su condición, la película entrelaza la triple trama a través de una idílica visión estética de las tres urbes –con una singular búsqueda de locaciones- y por las fantasías de las doncellas, expuestas en imaginativas imágenes que reflejan sus sentimientos, sueños y sensaciones. Szeplaki concibió, valga la metáfora, una personal representación visual ya desde los formidables títulos, apelando a atrayentes recursos gráficos y expresivos, junto a un buen guión escrito por ella y Leticia Castro. Más allá de escenas no muy logradas y una escasa marcación actoral, Día Naranja propone una valiosa experiencia sensorial, complementada por buena música y canciones, que el público femenino sabrá apreciar especialmente.
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  • Juan y Eva
    Juan y Eva
    Revista Veintitrés
    Transitando fundamentalmente el vínculo afectivo entre el carismático Coronel del Ejército Juan Domingo Perón y la incipiente actriz radial Eva Duarte, Juan y Eva propone un acercamiento a una trama atravesada por múltiples circunstancias históricas. Una crónica de una porción sumamente significativa de nuestro pasado político que no impide que estemos ante un film visceral y encendido. Alejada de la experimentación audiovisual que caracterizó sus films anteriores, la realizadora Paula de Luque encaró su trabajo más maduro y ambicioso, buscando no sólo escenificar ese poderoso vínculo sino desmenuzar la situación gubernamental, social y jerárquica de una sociedad argentina en vísperas de un cambio profundo y sustancial.
    Con indisimulable amor y consideración hacia sus personajes, de Luque revela también algunos claroscuros de Perón y Eva, dentro de los feroces tironeos y luchas de poder que signaban la época, más allá de que cierta solemnidad aflore en algunos tramos y no colabore en una mayor fluidez del relato. El terremoto de San Juan de mediados de los años 40 da pie al metafórico origen de la historia de amor que insinúa el título, cuyas nada sencillas etapas se irán delineando en el marco de intensos acontecimientos socio políticos. Y que desembocarán, con una enorme vibración emocional, en la movilización del 17 de octubre de 1945. La utilización del blanco y negro –dentro de un interesante manejo de las tonalidades- unifica los materiales empleados, logrando un convincente mix de la emblemática epopeya, realzado por la notable música de Ivan Wyzsogrod. El enfoque general, centrado en el hombre y la mujer que están detrás del mito, se armoniza con las caracterizaciones de Osmar Nuñez y Julieta Diaz, que descollan y escapan a los estereotipos, junto a otros sólidos trabajos de Fernán Miras, Maria Ucedo, Alfredo Casero y Pompeyo Audivert.
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  • El significado del amor
    El significado del amor
    Revista Veintitrés
    Estableciendo una jubilosa y poética relectura de la comedia romántica, El significado del amor recorre las zigzagueantes alternativas de un vínculo entre dos personajes opuestos aunque no antagónicos. Una extrovertida y desafiante joven y un maduro y estructurado investigador conformarán una historia de amor plena de exóticas y singulares alternativas que no desdeñan la reflexión. Las ideologías políticas y la religión son sólo dos de los tópicos que asomarán caóticamente a lo largo de la narración en medio de una discontinua y apasionada relación amorosa. Ella está empeñada en convertir a hombres conservadores, machistas y autoritarios en seres respetuosos de ideas ajenas y hasta preocupados por el medio ambiente, entre otros cambios notorios. Cuál es su modus operandis? El sexo. Sin amor y como práctica liberadora y luminosa. En ese trance conocerá a Arthur Martin, un nombre que remite a Juan Pérez o John Smith en Francia, más allá de la marca de cocinas. Un hombre común y rutinario con la suficiente sensibilidad como para enamorarse y enamorar a la dama en cuestión e iniciar un nuevo camino, acaso tortuoso y siempre sorprendente, para ambos. Con la incomparable presencia de Jacques Gamblin y de la deliciosa Sarah Forestier, el film de Michel Leclerc depara un momento original, descontracturado, lúcido y emotivo. Qué más.
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  • Splice
    Splice
    Revista Veintitrés
    Splice, que significa empalmar o montar elementos de distinta procedencia, va bastante más allá de ser un film industrial de ciencia-ficción relacionado con experimentos genéticos, estilo Especies o Resident Evil. Porque el film del estadounidense -pese a su nombre y apellido- Vincenzo Natali, apunta a metáforas mucho más hondas e inquietantes, dentro de una temática que gira alrededor de la creación de un híbrido en el que se combina ADN humano con material molecular de otras especies. Tónica que la encuadraría en el subgénero fantástico al que hemos hecho referencia, pero ya desde los excelentes títulos se percibe que Splice –que cuenta con la especializada bendición de Guillermo del Toro- no será sólo eso. Una pareja de científicos concibe en un laboratorio clandestino una forma de vida que significa un nuevo escalón en el árbol evolutivo; Dren (Nerd al revés), un engendro extrañamente hermoso y lleno de cualidades inusuales que proporcionará tanto maravillas como pesadillas. Natali es autor de una película del género única en su tipo como El cubo y aquí también ofrece una pieza singular, con toques del mito de Frankenstein, algún homenaje a David Cronenberg, excelentes efectos visuales y la consistente participación de dos intérpretes que escapan al cine convencional como Adrien Brody y Sarah Polley.
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  • Amigos con beneficios
    Amigos con beneficios
    Revista Veintitrés
    Con el antecedente demasiado cercano de Amigos con derechos, se da a conocer ahora, con un título muy semejante, un planteo afín y hasta edades, tipos físicos y condiciones carismáticas coincidentes, la comedia romántica Amigos con beneficios. El veterano cazafantasma Ivan Reitman había sorprendido hace sólo unos meses con la espléndida No Strings Attached, (Sin ataduras), rótulo original que incluso tuvo como alternativa el de Friends With Benefits (¡!). ¿Qué ocurrió? ¿Sólo incómoda casualidad o espionaje de ideas entre estudios hollywoodenses? Sea como fuere, ambos films que combinan romance con humor y entran en el tópico amistad-entre-hombre-y-mujer-que incluye-sexo, no son un calco, pero se sabe de entrada que su desarrollo y final van a desembocar en lo mismo. En Amigos con derechos había una jugosa mirada hacia la trastienda televisiva, en cambio aquí hay una pretendida burla hacia –precisamente- la comedia romántica, cuando el cínico publicista jugado por Timberlake comenta: “Creen que poniendo esa conocida canción al final van a persuadir a la gente que disfrutó de una buena película”. Y en este caso, los muy creativos y diferentes títulos de cierre no coinciden con la calidad –sólo aceptable- del film en cuestión. La pareja protagónica se desenvuelve con divertidos recursos pero no conmueve, y en los roles secundarios nadie se destaca demasiado.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    Revista Veintitrés
    Ofreciendo un entretenimiento sin pausas y desenfadados pincelazos de humor, Mi Primera Boda sorprende como impecable representación de comedia cinematográfica de formato industrial que no pierde identidad propia y que hasta sabe incluir toques de sátira y cine alternativo. La milenaria ceremonia del casamiento ha deparado películas de todo tipo, y en el terreno nacional han existido títulos que lo han nutrido en décadas pasadas.
    En este caso el modelo es indudablemente la comedia estadounidense, que ha entregado en los últimos tiempos una cantidad considerable de films que giran alrededor de esta temática, pero esta búsqueda nunca deja de lado un humor bien argentino, dentro de un formato de comedia de enredos que no se detiene y que llega hasta sus últimas y disparatadas –más allá de cualquier credibilidad- consecuencias. Con los valiosos antecedentes de las comedias románticas de Juan Taratuto, Hernán A. Golfrid (Música en Espera) y Diego Kaplan (Igualita a mi), el cineasta Ariel Winograd, con el formidable sustento que le proporcionó el guión de Patricio Vega, diseña una estupenda y desopilante pieza del género. Desde los atrayentes dibujos de los títulos, realizados por Liniers (concepto que se extiende también al creativo formato del cast de cierre) el film, que recorre las alternativas de una clásica –aunque no tanto, al combinar el judaísmo con el catolicismo- pero accidentada boda, atrapa al espectador desde la primera imagen y no lo suelta hasta un final que incluye sabrosos apéndices.
    Quizás los relatos a cámara de los protagonistas a veces no fluyan demasiado, pero eso no empaña un ritmo sostenido y burbujeante, que incluye algunas escenas y personajes fuera de serie. El triángulo Hendler-Oreiro-Imanol Arias funciona a la perfección, dentro de un elenco encendido en el que habría que nombrar los aportes de cada uno.
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  • No le temas a la oscuridad
    No le temas a la oscuridad
    Revista Veintitrés
    Con el inequívoco trasfondo de las obsesiones expresivas del aquí productor Guillermo del Toro, No le temas a la oscuridad es un film que transita por el terror, el suspenso, lo sobrenatural y lo mágico, alcanzando algunas atmósferas notables y que revela en Troy Nixey a un realizador avezado. Basada en una producción televisiva del año 1973, del Toro y Matthew Robbins diseñaron un guión con muchas referencias
    En suma, una pieza que promete mucha más de lo que finalmente da, pero que sin dudas propone un sustancioso plato de truculencia y horror que no deberán dejar pasar los amantes de los subgéneros que ha ido deparando el terror a través del tiempo.
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  • Cerro Bayo
    Cerro Bayo
    Revista Veintitrés
    A través de un film sencillo pero magistral, la guionista y directora
    Victoria Galardi demuestra, con tan sólo dos largometrajes en su haber, una categoría de cineasta nacional de primer nivel. Presentando un segundo film de su total autoría –su ópera prima, la notable Amorosa Soledad, estuvo codirigida- esta realizadora maneja con absoluta fluidez todos los elementos inherentes al lenguaje cinematográfico, redondeando con Cerro Bayo una pieza sin mayores pretensiones, salvo la de de lograr una estupenda e impecable narración. Ambientada en el sur turístico de nuestro país, en un pueblo anodino que vive de los visitantes, al pie del cerro que le da nombre al film y en vísperas de la temporada de esquí, la mujer más grande de una particular familia, decide suicidarse. A partir de allí, con la abuela internada y sin respuesta cerebral, un verdadero cisma familiar afectará decisivamente a ellos y a la comunidad. Este núcleo central engloba una serie de pequeñas historias que se siguen con gran deleite, combinando las mejores virtudes del cine de autor con toques de un cine más entrañable y acaso popular. Con algunas escenas antológicas, como el desfile de chicas aspirantes a princesa del pueblo o la firma de un contrato de venta de un terreno familiar, Cerro Bayo construye sin pausas una obra de excelencia, incluyendo un cierre en el que la emoción no está para nada ausente. Un andamiaje sostenido a la perfección por un elenco formidable, en el que hasta el más breve personaje aporta verosimilitud y creatividad.
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    Revista Veintitrés
    Dirigida por Brad Anderson, que en un par de films anteriores había logrado buenos exponentes de cine de suspenso con toques fantásticos; aquí no repite esos méritos a través de una película fallida. Uno de sus problema quizás sea que no se decide por un género específico para narrar su odisea. La oscuridad es un thriller con toques apocalípticos que precisamente no opta nunca por ser simplemente eso, un film –subgénero en boga- acerca del fin de la humanidad, uno alegórico con referencias teológicas o filosóficas o uno claramente orientado hacia el más puro terror. La combinación de géneros a veces es apropiada, pero en este film, en el original Vanishing on 7th street (Desapareciendo en la 7ma. calle) no consigue amalgamar una trama coherente que, básicamente, gire alrededor del mítico miedo a la oscuridad. Un extraño apagón en la ciudad de Detroit viene acompañado de funestos sucesos que se harán visibles al amanecer, al encontrar unos pocos sobrevivientes ropas de gente que se ha esfumado, coches abandonados y silencio espectral. La película llegaa lograr algunos pasajes angustiantes, en los que asoma inquietud acerca de la suerte de los personaje, pero en realidad es una sensación forzada, porque el film logra una escasa empatía con el espectador y en su tramo final se vuelve algo reiterativa y rebuscada.
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  • Hachazos
    Hachazos
    Revista Veintitrés
    El documentalista e investigador Andrés Di Tella, con el respaldo de otro especialista en el género como Marcelo Céspedes, va en búsqueda de Claudio Caldini, verdadero prócer del cine alternativo y experimental. Detrás de un circunspecto hombre recluido en una quinta suburbana, a veces lozano y lleno de bríos como cuando filmaba en su juventud y otras inexpresivo y distante, se halla oculto un verdadero genio de la imagen. Hijo de un empecinado cineasta aficionado, no ve reflejada su gran estatura artística a través de este film disperso y mal enfocado, que acaso debió haberse llamado El cineasta secreto, como el propio Caldini se auto denomina, en lugar de la inapropiada y nunca explicitada Hachazos. El realizador –lejos de su brillante Fotografías- lo registra en su cotidianeidad mientras busca descifrar las motivaciones de su cine, salpicando fragmentos de su obra en súper-8, formato hoy justamente homenajeado por la dupla Spielberg-Abrams. Pero lo mejor de la película es un final con Caldini en su esplendor exhibiendo una pieza rodada en esos días con tres proyectores simultáneos que va manejando como un director de orquesta. Un breve y extraordinario momento visual y sensorial que el film le debe mucho más a Caldini que a Di Tella. Aún así Hachazos tiene el mérito de sacar del anonimato a un cineasta fuera de serie, merecedor de un ciclo con su obra.
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  • ¿Diferente de quien?
    ¿Diferente de quien?
    Revista Veintitrés
    En principio, esta tragicómica comedia italiana le hace honor al primer término de su título, ya que es claramente diferente a todo lo que se está viendo en la cartelera actual. Desenfadada, imprevisible, insólita, vertiginosa, ¿Diferente de quién? presenta una inesperada combinación entre la política y la amplitud sexual, y aunque ambas temáticas no parezcan –o sí- compatibles, el film las integra de movida. Lo que es sólo el punto de partida, ya que el director debutante Umberto Carteni no teme en ningún momento agudizar y llevar la historia hasta sus últimas consecuencias. Sin perder su interés pero acaso sí toda credibilidad, ¿Diferente de quién? se muestra naturalista y militante de sus causas, sin por esto dejar de ser más una fábula que una pieza realista. En el tradicionalista noreste de Italia, un gobernador estilo macrista -pero aún más de derecha-, deberá hacer frente a un candidato a intendente de la centro-izquierda y además homosexual, que compartirá fórmula con una arcaica diputada conservadora. Las agrias diferencias del comienzo se irán disipando al punto de modificar los pensamientos, sentimientos y objetivos de vida de ambos. La comedia no detiene su marcha ante ningún obstáculo, incomodando y sorprendiendo sin pausas al espectador. Un formidable trío de intérpretes redondea una propuesta tan polémica como imperdible.
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  • Los Pitufos
    Los Pitufos
    Revista Veintitrés
    Los curiosos personajes creados por el belga Peyo, mezcla de duendes y enanitos de otra dimensión –ya no verdes sino azules-, que pasaron de una antigua historieta a la TV y hasta tuvieron su propio largometraje, llegan ahora remozados en su versión 2011, digital, 3D y combinada con acción viva. Propuesta que resulta atrayente si la comparamos con aquella serie de animación de trazos básicos y recursos visuales y narrativos elementales, a cargo de la voraz usina de ciclos del género que fue la productora Hanna-Barbera. Pero claro que los admiradores de esas exitosas criaturas dibujitos de los años 80 quizás se sientan nostálgicos al verlas recicladas de manera hiperrealista y trasladadas desde su pequeña aldea a una urbe expansiva como Nueva York. Sea como fuere, el cambio es burbujeante, a través de una trama sencilla en la que el recordado Gargamel (eficaz Hank Azaria) persigue a los pulgarcitos hasta forzarlos a atravesar un portal mágico que los hace llegar a nuestro mundo, donde interactuarán con una pareja humana mientras el villano y su gato Azrael tratan de atraparlos. Las incidencias sólo son medianamente interesantes, aunque ágiles y de seguro impacto en los más pequeños. Técnicamente correcta y sin demasiados hallazgos, Los Pitufos funciona como una suerte de carta de presentación de inminentes secuelas.
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  • El fin del Potemkin
    El fin del Potemkin
    Revista Veintitrés
    Realizada por un cineasta marplatense, asiduo colaborador de Luis Puenzo, El Fin del Potemkin narra con hondura e imágenes de gran poder expresivo una historia singular que abarca a Rusia y Argentina, a través de localidades como Mar del Plata, Moscú, Bielorrusia, Letonia y la Patagonia. Misael Bustos reconstruye la compleja e insólita trama de un grupo de marineros de la Ex URSS rusos varados en la gran ciudad balnearia a fines de 1991, a causa de que el barco pesquero en el que trabajan quedó desamparado ante la disolución de la Unión Soviética. Exiliados contra su voluntad y sin ser reconocidos por su patria ni siquiera en el aspecto de los salarios adeudados, debieron subsistir en un país muy ajeno, sin recursos, casi incomunicados y luchando por adaptarse a costumbres extrañas para ellos. Bustos focaliza en dos de los que quedaron vivos de ese duro trance, Viktor, especialmente, y Anatoli, ex tripulantes del barco mercante Latar II, detenidos en el tiempo y sobrellevando esa situación límite con la mayor dignidad y temple posibles. Un trabajo de rodaje y filmación de notables aristas, realzado por planos de gran fuerza visual enmarcados por la apropìada y melancólica música de Guillermo Pesoa.
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  • Loco y estúpido amor
    Loco y estúpido amor
    Revista Veintitrés
    Con una impronta romántica pero surcada por momentos irreverentes y descontracturados, formato en el que la comedia estadounidense está incursionando saludablemente en los últimos años, Loco y estúpido amor cumple con algunos de esos postulados. Chispazos que hay que atribuirles a un guionista inteligente y a un dueto de directores con buen pulso para abordar un género mixto y a veces riesgoso. Los cineastas Glenn Ficarra y John Requa supieron ofrecer toques de este espíritu en la desprejuiciada historia de amor gay combinada con fugas carcelarias Una pareja despareja (I Love You Philip Morris). En Loco y Estúpido Amor, que milagrosamente conserva el sentido del título original Crazy, Stupid, Love, narran en cambio tramas amorosas cruzadas que se desencadenan a partir del divorcio de una pareja unida desde la adolescencia y con tres hijos de distintas edades. Con alternativas dispares y a veces sarcásticas y absurdas, el film transita con dinamismo esos vínculos inesperados hasta arribar a un final tan forzado como desopilante. Si bien pudo haber dado para más, estos amores locos y (no tan) estúpidos escapan a las convenciones románticas habituales, y se disfrutan aún más a través de intérpretes como Steve Carell, Ryan Gosling, la formidable Marisa Tomei y el sorprendente pequeño actor Jonah Bobo.
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  • Las aventuras de Nahuel
    Las aventuras de Nahuel
    Revista Veintitrés
    Hace tiempo que el realizador Alejandro Malowicki acariciaba un proyecto que aunara títeres y animación y finalmente ahora llega a las salas con Las aventuras de Nahuel, un film dirigido al público infantil que puede resultar atrayente para chicos que ronden edades de los cinco a los once años. A esos elementos se suma un claro concepto autóctono en personajes, contextos e historias, acentuadas por buenas canciones con toques de murga y candombe. Malowicki, cuyo último film fue el documental de denuncia PyME (Sitiados), tiene como antecedente en el género Pinocho, ambiciosa recreación en los años 80 de la historia de Carlo Collodi. En este caso la apuesta es más acotada pero no por eso menos lograda técnica y expresivamente, y se aboca a narrar la historia de un chico de la calle nacido en un barrio que remite a La Boca, que busca a su madre y se hace amigo de un gato atorrante. El hallazgo de un libro llamado Leyendas aborígenes, permite que Nahuel y el niño espectador se introduzcan didáctica y mágicamente en un mundo ancestral y nativo. Las alternativas son entretenidas, más allá de una cierta falta de carisma y chispa de los personajes principales. La creativa tarea de Martín Bianchedi en las canciones y la música incidental enmarcan adecuadamente esta valiosa búsqueda de film infantil nacional.
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  • Tengo algo que decirles
    Tengo algo que decirles
    Revista Veintitrés
    Múltiple y abierta en su generosa oferta de situaciones sentimentales , Tengo algo que decirles es una película dotada de condimentos típicos de la comedia italiana y otros más vinculados a un cine europeo costumbrista contemporáneo. Sea cual fuere su estilo, su catarata emocional -y a la vez disfuncional- la vuelve irresistible de principio a fin. Asmbientada en un pueblo del sur de Italia de fuerte raigambre tradicionalista no sólo en sus vínculos familiares sino también en su paisaje , esta comedia dramática dirigida por un cineasta de origen turco, Ferzan Ozpetek, De todas maneras Tengo algo que decirles, siendo una película de estructura clásica, se guarda también algunos misterios bajo la manga, especialmente relacionados con la abuela de la familia y asimismo alrededor de un final de toques poéticos y silenciosos. Elementos que no hacen más que enriquecer sus ya considerables atributos
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  • Hermanitos del fin del mundo
    Hermanitos del fin del mundo
    Revista Veintitrés
    Concebida en gran parte para aprovechar el éxito televisivo de la pareja protagónica, los animadores, actores y cantantes Topa y Muni, Hermanitos del fin del mundo es un aceptable producto destinado al público infantil. Diego Topa conduce el segmento de Disney en cable para chicos entre tres y seis años desde que apareció en la grilla como Playhouse Disney (hoy Disney Junior) y hace un tiempo que lo acompaña en esa tarea Mariana Seligmann (Muni). Un rol en apariencia sencillo que ambos desarrollan con buen humor, carisma y talento, elementos que trasladan ahora al formato cinematográfico a través de una trama que aúna solidaridad, música y bellos paisajes del sur de nuestro país. La historia involucra a niños desamparados a punto de ser desalojados de su hogar en el marco de la ciudad de Ushuaia, a los que tratan de proteger los protagonistas, aquí Pato y Pirucha, inseguro maestro de música y muy graciosa cocinera, respectivamente. Habrá un grupo musical para preadolescentes incluido en la historia, una típica villana a cargo de Norma Pons que remite a Cruella de Vil y otros roles bien cubiertos por Fabio Aste y Mimí Ardú. Un final emotivo y un par de buenas canciones completan un menú apropiado para niños menores de ocho años en etapa de receso escolar.
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  • Mundialito
    Mundialito
    Revista Veintitrés
    Contando con un material muy poco difundido que gira alrededor de una suerte de Mundial de Fútbol reducido que tuvo lugar a fines del año 1980, Mundialito ofrece un más que interesante documento acerca de toda un época. Ya de por sí los videos y fílmicos que registran ese poco recordado y a la vez histórico torneo futbolístico, que se realizó en esa única oportunidad, justificaban un film del género, pero esto se complementa con los testimonios y el concepto puesto en juego en el documental. El director uruguayo Sebastián Bednarik unió dos hechos que en su momento estuvieron unidos pero que no trascendieron demasiado en otras latitudes: un plebiscito constitucional que la dictadura uruguaya organizó para perpetuarse con mayor legitimidad en el poder, que iba a tener su correlato en ese inédito mini-campeonato mundial organizado con el aval de la FIFA con equipos representantes de la elite futbolística. La idea del gobierno de facto era que el resultado favorable del plebiscito sea coronado por un gran éxito deportivo, pero ambos emprendimientos adquieren simbolismos muy diferentes a los esperados. Ese núcleo ideológico del film se ve enriquecido por sustanciosas reflexiones de jugadores, dirigentes, presos políticos y otros protagonistas de esos singulares sucesos.
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  • Cars 2
    Cars 2
    Revista Veintitrés
    Fuera de los indudables valores que tiene la empresa de animación fílmica Pixar y fundamentalmente su mentor -y realizador de buena parte de los films del estudio- John Lasseter, Cars no ha sido de lo mejor que ha llevado adelante. Más allá que el género implique animales y objetos que hablan y actúan como humanos, en la primera pieza había que tener mucha fuerza de voluntad para aceptar un mundo dominado por autos parlantes, autocomandados y autosuficientes, valga la redundancia. La no existencia de criaturas antropomorfas en esta ya definida saga se podría atribuir a una búsqueda de la productora de despegarse del concepto de Toy Story –obra capital del estudio-, es decir, objetos inanimados que cobran vida cuando las personas dejan de prestarles atención. Idea que hace poco recicló la igualmente estupenda Gnomeo y Julieta.
    De todos modos chicos de todo el mundo han disfrutado del producto, y seguramente lo propio ocurrirá con esta secuela, destinada a niños de 7 para arriba. En este caso hasta aviones, navíos y otros objetos motorizados tendrán vida propia, en una historia que muestra inicialmente a personajes ya conocidos rumbo a un Grand Prix que propondrá peripecias con una impronta de espionaje internacional, en la que participan una suerte de auto 007 y una sexy modelo femenina, entre otros nuevos roles. Una vuelta de tuerca interesante pero forzada, mientras que las escenas de carreras recuerdan la parafernalia visual de los hermanos Wachowski en su recreación de Meteoro. Claro que la factura formal de Cars 2 tiene momentos magníficos, entre atrayentes diseños y meticulosos detalles, pero el film en su totalidad está lejos de esos toques a lo James Bond que aparecen en Los increíbles, y ni hablar de otras genialidades que Pixar ha puesto en juego en films como Ratatouille, WALL-E, Buscando a Nemo o Up.
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  • El retrato postergado
    El retrato postergado
    Revista Veintitrés
    De haber proseguido con su obra, el escritor desaparecido durante la dictadura cívico-militar Haroldo Conti hubiera llegado a ser, sin dudas, una figura emblemática de la literatura argentina. Aún así textos como La balada del álamo carolina, Alrededor de la jaula o Sudeste lo siguen posicionando como un narrador notable, con pocos parangones entre pares argentinos y latinoamericanos. El retrato postergado reúne, fundamentalmente, material documental inédito y valioso que iba a formar parte, hace más de treinta años, de un film que iba a recorrer el aspecto humano que había detrás del escritor. Trabajo que estaba siendo llevado a cabo por un joven cineasta llamado Roberto Cuervo y que quedó abortado debido al secuestro sufrido por Conti. Un retrato vivencial que no pudo concluirse y que le da título a un trabajo interesante, con algunas búsquedas expresivas atendibles por parte de Andrés Cuervo, hijo de Roberto, que se apropió de ese material –que incluye tomas junto a Rodolfo Walsh y opiniones de Galeano y Martha Lynch- y lo amalgamó con otras imágenes hasta conformar una nueva película. Lo más atractivo de esta breve obra sea seguramente escuchar el testimonio parlante del autor, expresiones que pueden mostrarlo cotidiano, descriptivo, mordaz, descarnado; pero siempre lúcido.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Vibrante y con alguna variante con respecto a los dos films anteriores de la saga, Transformers: El Lado Oscuro de la Luna, sin dejar de ser un producto, como ocurre con otras series cinematográficas hollywoodenses, ofrece un suculento momento para sus seguidores. De la mano experta de Michael Bay y el hiperactivo Steven Spielberg, y con efectos visuales, mecánicos y escenográficos realmente espectaculares, esta tercera edición de la versión fílmica de los populares dibujos por momentos deja sin aliento. En esta ocasión los transformistas seres metálicos deberán afrontar una amenaza que viene del pasado y del satélite natural de la tierra. Transformers 3 no ahorra en batallas estridentes (y sangrientas) entre los blindados buenos y malos, incluyendo otras maquinarias vivientes de diversos tamaños y potencialidades. Asimismo un feroz ataque sobre la ciudad de Chicago la emparenta, de paso, a la actual tendencia de films sobre naves extraterrestres sometiendo urbes terrestres. Luego de un buen arranque con la saga primera versión, la fallida Transformers 2 no alentaba más continuaciones, sin embargo este tercer film reflota con intensidad épica y grandes efectos la franquicia. Las actuaciones son solventes, más si presentan nombres como los de John Malkovich, John Turturro, Frances McDormand y Patrick Dempsey,
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  • Aballay
    Aballay
    Revista Veintitrés
    Esa emoción única que produce el cine en estado puro logra despertar Aballay, el hombre sin miedo, en principio el mejor opus de Fernando Spiner, cineasta que venía prometiendo esa gran película que finalmente llegó. El realizador de La Sonámbula y Adiós querida luna abandona el cine futurista presentando una formidable conjunción de western clásico con épica gauchesca, amalgamada con toques narrativos propios del cine contemporáneo. Ese género emblemático, irresistible aún en su versión italiana, se ve mixturado aquí con ese pistolero de a caballo pampeano del cine nacional, que acaso llegara a su máxima expresión a través del Juan Moreira de Favio. Spiner abreva equilibrada, intensa y jubilosamente en estas vertientes, arribando a una pieza estupenda, dotada de gran solidez dramática y expresividad visual. La historia hace énfasis en la venganza, sentimiento clásico en el género, pero ofrece giros propios del talento del autor del relato original, Antonio Di Benedetto; combinando crudas escenas de acción con momentos intimistas, sugerentes, místicos y alegóricos, fundamentalmente rebosantes de argentinidad. Elementos enriquecidos por la magnífica pintura musical de Gustavo Pomeranec, la fotografía de Claudio Beiza, y sustancialmente un elenco inmejorable, con la sorprendente máscara de Pablo Cedrón y un descollante Claudio Rissi a la cabeza.
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  • La doble vida de Walter
    La doble vida de Walter
    Revista Veintitrés
    Jodie Foster como realizadora siempre de ha despegado de obras anteriores tratando de ofrecer propuestas diferentes, arrancando con la pequeña pero entrañable Mentes que brillan, lúcido análisis de la precocidad intelectual humana, que se extendió a la interesante búsqueda dramática de Home for the Holidays. En el medio de estos dos films brindó como productora y protagonista el notable Una Mujer Llamada Nell, que aún si ser dirigido por ella contiene su espíritu estilístico y expresivo. Su retorno detrás de cámaras la ubica nuevamente en un film que no se parece a ninguno de su filmografía, teniendo en cuenta que sus elecciones como intérprete son menos selectivos y rigurosos que como cineasta.

    Sea como fuere, La doble vida de Walter presenta particularidades varias, desde abordar los bloqueos mentales más inexpugnables, hasta la curiosa elección como protagonista de un Mel Gibson que ofrece como actor una de sus composiciones más arriesgadas. Un rol sólo comparable al de El hombre sin rostro, su primera pieza como director, un campo en el que no se le pueden negar audacias que lo vinculan fuertemente con la distintiva carrera de su amiga y aquí directora. Walter Black, exitoso empresario de juguetes, sufre una indescifrable y a la vez profunda depresión que lo desvinculan de su tranquila vida familiar y de su propia existencia. Sin embargo en un acto desesperado se aferra a un viejo títere manual de su creación, que cobra vida y lo resucita en todos los órdenes, hundiéndolo a la vez lo en un nuevo y aparentemente irreversible desorden psicológico. Un extraño y desafiante melodrama, casi siempre perturbador y tragicómico aunque con wscasas líneas de humor. La trama paralela que engloba al hijo adolescente de Walter y sus conflictos redondea una propuesta atrayente, simbólica y controvertida que quizás daba aún para más. El trabajo de Gibson es encomiable y lo propio se puede decir de los ascendentes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence.
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  • Juntos para siempre
    Juntos para siempre
    Revista Veintitrés
    Autor de brillantes esquemas argumentales, era esperable que Pablo Solarz, en este paso del guión hacia la dirección de cine, lo diera con un film fuera de rubro, pese a su romántico y engañoso título. Guionista de una obra esencial como Historias mínimas, propone con Juntos para siempre una suerte de comedia negra, amarga e intranquilizadora, que poco se emparenta con otros notables trabajos suyos que dieron de lleno en el género, como Un Novio para mi Mujer o lo sobrevolaron, como El frasco. Personajes oscuros, perturbados o simplemente conflictuados transitan su ópera prima a través de dos planos narrativos que abordan la vida de un guionista –acaso su alter ego-, y una historia paralela que elucubra su inventiva. Una ruptura afectiva atravesada por una trama sórdida, que lentamente empezará a contaminar la aparente realidad y se convertirá en otra película dentro de la película. Los variados escenarios del film no pueden desmentir su carácter claustrofóbico y asfixiante, y su escasa empatía con el espectador lo resienten en parte, pero decisivamente lo alejan de un cine nacional joven a veces despojado en exceso (a menudo de guión).

    Su corrosiva historia de desamor, surcada por lúcidos diálogos y situaciones, está sostenida por un impecable elenco en el que se destacan el fenomenal Peto Menahem, un inquietante Luis Luque y una imperdible Mirta Busnelli.
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  • El túnel de los huesos
    El túnel de los huesos
    Revista Veintitrés
    Los films sobre fugas carcelarias resultan siempre atrayentes para el espectador porque producen una empatía con el o los escapistas, quizás por un afán inconciente por reivindicar al convicto, más allá de los crímenes que haya cometido. El túnel de los huesos es un film del género de un nivel sólo aceptable, pero que está dotado de una gran vibración, a la que se le agrega el ingrediente extra de ser un hecho real ocurrido en la cárcel de Devoto a principios de los años 90, con conexiones con los crímenes de estado de los años 70. Antecedentes como Los evadidos o La fuga de Eduardo Mignogna hablan de una temática abordada por el cine argentino con buenas armas expresivas.

    Si bien en este caso algunas escenas y diálogos pueden no convencer, no se puede negar que el film atrae en todo momento y se robustece aún más a partir de un atroz descubrimiento por parte de los reclusos. La trama, resuelta a través de flashbacks que parten de la charla de un prófugo con un periodista (que representa a un joven Ricardo Ragendorfer), llega a un punto central al toparse los condenados en plena excavación con osamentas pertenecientes a cuerpos abatidos por la represión, con lo que este producto de suspenso carcelario nos retrotrae a un nefasto pasado. Las escenas en el túnel son de una notable verosimilitud y algunas sólidas interpretaciones colaboran en este sentido, especialmente las de Raúl Taibo, Luciano Cazaux y Daniel Valenzuela.
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  • X-men: Primera Generación
    X-men: Primera Generación
    Revista Veintitrés
    Como parte de esa tendencia de Hollywood -llevada a su máxima expresión por George Lucas y sus Star Wars revisionistas-, la serie fílmica de X-Men tiene también su precuela, quizás más justificada y lograda que otras en los últimos tiempos. Con historias que han formado parte en algún momento de los comics originales de Marvel, recreadas y aggiornadas con óptimos recursos visuales y atrayentes alternativas argumentales, y un excelente elenco que combina intérpretes jóvenes y talentosos con otros de trayectoria, X-Men: Primera generación termina de dar forma a un relevante opus de una de las mejores sagas cinematográficas de superhéroes.
    El director Matthew Vaughn, sin antecedentes realmente valiosos pero contando con el respaldo del gran Bryan Singer, demuestra destreza al narrar una trama que arranca en un campo de concentración nazi (como el primer film de la saga), donde se develarán las razones del odio insondable de Magneto (o Erik Lehnsherr), y su temprana amistad con Charles Xavier (luego Profesor X). Ambos, junto a ese grupo de mutantes y fenómenos paranormales y antes de convertirse en archirrivales, intercederán en el momento más tenso de la Guerra Fría, en donde auténticos discursos de Kennedy e imágenes documentales del conflicto entre Estados Unidos y la U.R.S.S. formarán parte de un tramo importante del film, que sorprende por ese acercamiento histórico dotado de una gran ambientación.
    Luego del paso en falso de Wolverine -personaje estrella del grupo que aquí aparece sólo en una humorística toma-, y más allá de algún error geográfico (que toca de cerca a nuestro país), el film logra combinar espléndidamente todas sus vertientes estilísticas. Incluso hablado en diferentes Idiomas (alemán, ruso, francés, algo de español además del inglés), otro detalle poco habitual dentro del género, X-Men: Primera generación propone un gran resurgimiento de la saga, tan oportuno para seguidores como para iniciáticos.
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  • Alfredo Li Gotti. Una pasión cinéfila
    Sustentada fundamentalmente por las características de su protagonista, un empecinado, infatigable, romántico coleccionista de cine, este documental de Roberto Ángel Gómez, clásico en esencia, quizás no podría haberse plasmado de otra manera. Porque Alfredo Li Gotti. Una pasión cinéfila es una reverencia hacia un hombre irrepetible, y a la vez un axiomático tributo al cine. Gómez abordó la deconstrucción de este apasionado amante del celuloide de la forma más tradicional posible, porque es probable que algún ímpetu audaz o innovador -habitual en una ópera prima- hubiese desvirtuado en algún punto el espíritu de este verdadero personaje. Y este film es precisamente un documento fiel que refleja sin desmayos una vida y obra que no sólo daba para una película, sino para una saga o miniserie. Singularidad que se transfiere y enriquece a través del testimonio de otros recopiladores de cine, amigos, colaboradores, cineclubistas y afectos que van acercando momentos –o escenas- clave en la existencia de este hombre. No sólo dueño de una rica y probablemente única colección de películas en distintos formatos, sino de una sala en su propia casa y de reflexiones y vivencias entrañables vinculadas a su pasión cinéfila.
    Nada más ni nada menos que eso, suficiente para cautivar a cualquier espectador de cine que se precie de serlo.
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  • La palabra empeñada
    La palabra empeñada
    Revista Veintitrés
    Sustentado en un material de archivo de singular valor y en reveladores y variados testimonios, La palabra empeñada constituye una pieza documental de aristas intensas y comprometida visión militante. Trabajo que hace hincapié en los últimos años de vida del periodista Jorge Ricardo Masetti (padre de uno de los directores), el único periodista argentino que cubrió la guerra de guerrillas que llevó a la liberación de Cuba, a través de la cual logró establecer contacto visual y entrevistas irrepetibles con Fidel Castro y fundamentalmente el Che Guevara. Registros que tuvieron lugar en la Sierra Maestra, teatro de operaciones de la gesta revolucionaria. Masetti, tras formar parte de esa proeza, fundó y dirigió en Cuba la agencia de noticias Prensa Latina, que significó un proyecto de resistencia pionero frente a los monopólicos canales de información imperantes. Compromiso que lo llevó a dejar de lado su tarea periodística para volcarse decididamente a la lucha armada, quedando al frente de la avanzada del Che bajo el alias de "Comandante Segundo". Palabras de ilustres testigos como Gabriel García Márquez, el cineasta –y antes periodista y militante- Alejandro Doria, y Ciro Bustos, entre otros, enriquecen las valiosas imágenes y fotografías que presenta el film. Un documental que, desde su título esencial, reivindica a una figura poco reconocida de la lucha revolucionaria guevarista.
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  • Le quattro volte
    Le quattro volte
    Revista Veintitrés
    Nada diferencia demasiado a Le Quattro Volte de un documental hecho y derecho. El film del milanés Michelangelo Frammartino recorre los hábitos, personajes y el marco natural y animal que rodea a un pueblo del sur de Italia, con un espíritu absolutamente testimonial y contemplativo. No existen diálogos ni ninguna situación argumental definida a lo largo de toda la película, pero, a la vez, tampoco existen voces en off como para encuadrar al film en el género enunciado al principio. Ambientada en un poblado de Calabria detenido en el tiempo, el film debe su título, Le Quattro volte, a “las cuatro vueltas” que tiene estacionalmente un año, reflejando a través del frío del invierno, el renacer de la primavera, etc., las vivencias y ceremonias costumbristas que llevan a cabo sus habitantes. Cortejos fúnebres, levantamiento de curiosos monolitos efímeros (como un árbol gigante que se derriba y un iglú de madera, matas y barro que se quema) y hasta el conmovedor alumbramiento de un cabrito, son parte de sucesos, actos, eventos y cultos que caracterizan la vida de esa comunidad. Con una intensa poesía visual –algunas imágenes son arrobadoras-, la película recorre esos momentos y a veces se detiene brevemente –aunque nada sea breve ni expeditivo en el film, al contrario- en algún ser que lo transita, como un anciano que protege su rebaño. Atrayente pieza fuera de géneros o tendencias.
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  • Winnie the pooh
    Winnie the pooh
    Revista Veintitrés
    En momentos de superabundancia de productos de animación digitales y en 3D, surge este film clásico de Disney, realizado con técnicas tradicionales y narrando historias sencillas, dotadas de mucha ternura y escaso frenesí, dirigidas hacia los niños más pequeños. Winnie The Pooh retoma los personajes originales de los cuentos de A.A. Milne casi presentándolos de nuevo, en una suerte de precuela infantil. El osito de peluche de remera roja se muestra aquí rodeado de amigos infaltables como Igor, Tigger, Conejo y Piglet, la participación de Cangu y Rito, la reaparición en la pandilla de Búho, y fundamentalmente la presencia de Christopher Robin, el niño que inventa imaginativas historias con esos muñecos que cobija en su cuarto.
    Luego de otros films de la saga en los que las estrellas eran Tigger y Piglet y el más reciente, que presentaba un personaje nuevo como el efelante Lumpy, el personaje principal vuelve a ser Pooh, que despierta, como siempre, hambriento de miel, un problema menor ante la aparente desaparición del niño, la búsqueda de la cola para Igor, y la presunta existencia de un monstruo llamado El Ponto. Winnie The Pooh homenajea en todo su transcurso al formato del libro, y ofrece un dulce remanso para niños y padres, a los que hay que recomendar no retirarse hasta que terminen todos los títulos, ya que habrá deliciosos dibujitos decorándolos y una escena final que cierra la historia.
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  • Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo
    Tras el reciente y estupendo El hombre de al lado, Mariano Cohn y Gastón Duprat reaparecen sin demora con una nueva y singular pieza, que es un digno producto de su lucidez y destreza. Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo es un largo y sarcástico título que remite a leyendas urbanas, pero que en realidad encierra una trama con incidencias más cercanas a lo fantástico que al imaginario popular. Una historia que arranca en el lejano oriente y que se traslada a un decadente café barrial en el que un rutinario hombre conoce a un persuasivo y magnético sujeto, aparentemente inmortal y dotado de poderes sobrenaturales, con el que establece un pacto. Un acuerdo de características extraordinarias que le deparará una segunda oportunidad en su vida y a la vez un gran resarcimiento económico; pero también un infierno en la tierra. Cohn y Duprat han combinado en otros films la ficción con el documental, y aquí incluyen un insospechado elemento testimonial, al escritor Alberto Laiseca, autor del relato en el que se basa el film, que interviene en varias oportunidades aportando formidables y mordaces apostillas. Precisamente la mordacidad y la audacia es una constante en un film que, con un poco más de ambición expresiva, hubiera sido excelente, pero que vale la pena disfrutar, incluyendo las sustanciosas interpretaciones de Eusebio Poncela y Emilio Disi.
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  • Los labios
    Los labios
    Revista Veintitrés
    Con un estilo notoriamente documental, Los Labios es un film intimista y a la vez enriquecido con profundas implicancias sociales, que reúne en un mismo objetivo a los cineastas Santiago Loza e Iván Fund. El primero tiene en su haber una filmografía muy peculiar que incluye títulos como Extraño, Cuatro mujeres descalzas y el espléndido documental Rosa Patria, mientras que el segundo estrenó recientemente su primer largometraje, La risa. Este trabajo en conjunto ofrece una mirada muy particular sobre tres asistentes sociales que viajan a una indeterminada comunidad del país para escuchar y aconsejar a seres desabastecidos, con muchos niños a su cargo a los cuales crían con muy pocos recursos. Tres mujeres que atraviesan por esa misión en condiciones precarias pero con un redoblado espíritu solidario, y que a la vez deben sobrellevar una buena convivencia entre ellas. A medida que llevan a cabo sus entrevistas se aceptan y se relacionan mejor con el contexto, mientras que un par de ellas descubren escondidos, y quizás nuevos, sentimientos. Un final de celebración y distensión corona un trabajo expresivo encomiable, que cuenta con un trío de actrices estupendas (Eva Bianco, Victoria Raposo y Adela Sánchez), que, rodeadas de auténticos pueblerinos, convencen al espectador que son realmente asistentes sociales sorprendidas por la cámara en medio de sus tareas.
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  • Agua para elefantes
    Agua para elefantes
    Revista Veintitrés
    Narrando una historia ambientada en el mundo de un circo itinerante de décadas pasadas, el director Francis Lawrence alcanza cierto lirismo visual y expresivo con su nuevo film, ya desde su poético título. Quizás uno de los logros del realizador de Soy leyenda y Constantine sea que el inexpresivo objeto de deseo adolescente Robert Pattinson demuestre algunas dotes actorales. Es bastante, más aún teniendo en cuenta que el protagonista de Crepúsculo y sus secuelas tuvo que ponerse a la par de un elenco interesante aunque heterogéneo, como ocurre en todo ámbito cirquense. Con referencias notorias pero no enfáticas sobre la gran depresión, Agua para elefantes recorre una trama que abarca dos momentos muy distantes en el tiempo en la vida de un joven veterinario nunca recibido, que terminará trabajando para una carpa ambulante, creativa pero plagada de dificultades.
    Dentro de las alternativas sentimentales y pintorescas extraídas de una novela por el guionista y director Richard LaGravenese, existen otros personajes clave como los animales de la delegación, especialmente una elefanta entrañable y talentosa que terminará llevando a cabo una represalia poco creíble, pero funcional al desenlace del film. Enmarcados por bellas labores de fotografía, dirección de arte y música, se destacan el glamour sexy de Reese Witherspoon y el histrionismo de Christoph Waltz, el antológico Coronel Landa de Bastardos sin gloria, como el extraviado mandamás del circo. Una propuesta diferente, especialmente para ese público cautivo que representan las incondicionales admiradores de Pattinson.
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  • Amateur
    Amateur
    Revista Veintitrés
    Néstor Frenkel es un cineasta que, luego de un breve paso por la ficción con Vida en Marte, ha destinado su carrera a largometrajes documentales plenos de originalidad y hallazgos. Buscando a Reynols ofreció la singular visión de un muchacho con síndrome de dawn baterista con su propio e inclasificable grupo de rock, y Construcción de una Ciudad abordó con lucidez y sensibilidad la historia de un pueblo entrerriano arrasado en pos del progreso, vuelto a reconstruir de manera esquemática, para luego transitar por su tercera fundación. Ahora con Amateur Frenkel encuentra otra veta expresiva a través de un insólito cineasta aficionado al margen de todo tipo de cine existente y recolector de datos sobre la cinematografía mundial, entre otras cosas. Protector apasionado de su propia y abundante obra, este odontólogo, conductor radial, filatelista y fundador de un peculiar grupo de boy scouts tiene un caballito de batalla llamado Winchester Martín, un western pampeano kistch en súper 8 con el que está a punto de llegar a su tercer remake. Un personaje increíble e infatigable que se apropia de la película, aunque los primeros diez recorriendo material visual casero anónimo propongan asimismo un momento extraordinario. Una pieza fuera de serie que, más que al cine, homenajea a la cámara cinematográfica.
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  • Gnomeo y Julieta
    Gnomeo y Julieta
    Revista Veintitrés
    Con una brillante calidad de animación digital, muy buenas ideas narrativas y divertidas parodias sobre el cine, Gnomeo & Juliet propone un momento muy entretenido para el público infantil y a la vez fenomenal para los espectadores adultos. Especialmente por su particular recreación de los legendarios Romeo y Julieta de Shakespeare, que se vuelven aquí dos simpáticos enanos de jardín como los que decoran la entrada de algunas casas, pero dotados de pasión amorosa y rivalidad familiar. Con una indisimulable influencia de Toy story, el film de Pixar que resignificó el largometraje de animación en tres dimensiones, aquí también los personajes sólo adquieren movimiento una vez que los humanos los pierden de vista, pero en el film de Kelly Asbury, director de Shrek 2 y Spirit que también participó en la manufactura de, precisamente, Toy story, eso es sólo un detalle. Sólo hay que sentarse a disfrutar de las peripecias de estos gnomos y otras criaturas afines que cobran vida, incluyendo también la estupenda música, ya que el film tiene la particularidad de contar con un puñado de canciones de Elton John, además productor ejecutivo. Es una pena que no se estrenen copias en su idioma original, una mala costumbre reciente que impide escuchar las labores de intérpretes como Emily Blunt, Michael Caine y Julie Walters.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    Revista Veintitrés
    En primera instancia llama la atención que detrás de la manufactura de este film esté Kenneth Branagh, actor y hombre de cine que recreó a Shakespeare a través de títulos como Enrique V, Mucho ruido y pocas nueces y el emblemático Hamlet, entre otras. Pero también se aproximó al thriller con Volver a morir, a la comedia con Los amigos de Peter y hasta a la ópera con La flauta mágica, así que quizás no sorprenda tanto que ahora se ocupe de un superhéroe clásico de la editora Marvel como Thor; teniendo en cuenta además su carácter épico, ataviado con toques medievales y escandinavos.
    Sea como fuere, la adaptación del cómic ofrece innovaciones pero es respetuosa del original, narrando la mitología del dios del trueno expulsado de su mundo por su padre Odín, rey del planeta Asgard, y confinado a la Tierra como castigo. La trama arranca en el presente en Estados Unidos y va alternando entre este mundo, el del héroe y la tierra de los Hombres de hielo, acérrimos enemigos de los asgardianos. La película propone fundamentalmente un gran espectáculo visual, con abundante acción, pero incluyendo también algunos elementos dramáticos que, claro está, son del gusto de Branagh. En especial la rivalidad entre los hermanos Loki y Thor, enfrentados por el afecto de su padre, la lucha por el poder y la posesión del famoso martillo Mjolnir. Con notables diseños escenográficos y digitales y un lucido vestuario, Thor no descolla pero entretiene y se reserva muchas alternativas para una indisimulada secuela. Dentro de un elenco de figuras que incluye a Natalie Portman, Anthony Hopkins, Stellan Skarsgård, René Russo y Samuel L. Jackson, se destaca el joven Tom Hiddleston como el conflictuado hermano de Thor.
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  • Mis tardes con Margueritte
    Mis tardes con Margueritte
    Revista Veintitrés
    Con el estilo intimista, humano y fraternal que ha caracterizado la obra más reciente del realizador Jean Becker, Mis Tardes con Margueritte es un película pequeña y entrañable, espléndidamente interpretada. La fortuna de vivir y Conversaciones con mi jardinero son dos films anteriores de este director vinculados estilísticamente con esta pieza, que se ocupa de la cálida y singular relación entre un maduro sembrador y comerciante de legumbres, casi analfabeto, y Margueritte, una erudita anciana, apasionada por la lectura, ex investigadora y militante de la Organización Mundial de la Salud. Por casualidad este hombre se sienta al lado de ella en un parque y lentamente empiezan a compartir el amor por las palomas, y los diálogos sencillos que tocan circunstancias de la vida, de las pasiones y el arte. Y alrededor de ellos, familiares y afectos que serán partícipes significativos en las reacciones y las vicisitudes por las que atraviesan. Una madre desequilibrada, y un grupo de amigos posesivos en el caso de él y un sobrino desapegado en el caso de ella, entre otros. El inmenso, en todo sentido, Gérard Depardieu y la formidable Gisèle Casadesus sostienen una tierna y esperanzada trama, que no deja de ser una historia de amor.
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  • El gato desaparece
    El gato desaparece
    Revista Veintitrés
    Un verdadero renacimiento de su cine propone Carlos Sorín con su nueva película, fundamentalmente por su apuesta de género, que se suma a un alto riesgo narrativo y visual. La singular obra del director de El camino de San Diego incluye un par de verdaderos hitos del cine nacional como La película del Rey e Historias mínimas, pero tras su poética y contemplativa La ventana, minimalista y fallida, parecía que su carrera estaba entrando en un punto muerto. Y ahora rápidamente establece un golpe de timón con El gato desaparece, thriller acotado pero repleto de suspenso, vueltas de tuerca y agudas observaciones de la vida cotidiana.
    La trama se reduce al periplo de un profesor universitario dado de alta luego de un brote psicótico, y la tensión e intriga que generan su vuelta al hogar, especialmente en su vulnerable y expuesta mujer, crecen hasta llegar a instancias intolerables. Con sugerentes apuntes visuales -acentuados por el abarcativo superscope-, un suspenso bien entendido y algo de humor negro, el director logra entretener, inquietar, sorprender y ofrecer alguna breve e irónica reflexión. Estructura que se apoya en la sólida pareja de intérpretes compuesta por Luis Luque, excepcional en su capacidad gestual y manejo expresivo, y la notable paleta de emociones que transmite Beatriz Spelzini. Más allá de un estilo predeterminado, Sorín demuestra su condición de cineasta puro, capaz de lograr que hasta un animal tan inmanejable como un gato, le responda.
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  • La chica de la capa roja
    La chica de la capa roja
    Revista Veintitrés
    La idea era atractiva: recrear el cuento (¿infantil?) Caperucita Roja, haciendo foco en sus costados más perversos y terroríficos, con todos los elementos técnicos del cine actual. Pero el arranque medianamente interesante de esta peculiar adaptación pronto se desdibuja para internarse en la línea de los subproductos para adolescentes que se iniciaron con Crepúsculo. Films que combinan elementos sobrenaturales y románticos, y que terminan siendo un desfile de carilindos y atléticos chicos y chicas que presuntamente actúan. La directora Catherine Hardwicke fue precisamente la responsable de Crepúsculo y aquí, en lugar de aprovechar alguna buena idea que le proponía el guión de David Johnson (La huérfana), prefirió alinearse dentro del estilo del film vampírico-amoroso que la catapultó.
    La chica de la capa roja transforma la antigua y tradicional fábula en una historia con toques góticos y medievales que incluye una aldea sitiada por uno o más licántropòs, un cazador estilo Van Helsing y una chica protagonista que en este caso no es una niña. En esta versión es ya una joven y bella mujer que no sólo se debate entre dos amores, sino que también debe lidiar con un padre y una abuela (sí, la famosa abuelita) que esconden siniestros secretos que ella intentará develar. Munida de su capa y capucha roja, claro.
    La bonita y no poco talentosa Amanda Seyfried (Mamma Mia!, Cartas a Julieta) debe padecer un par de inexpresivos galanes, dentro de un elenco que incluye un seleccionado de actores de ayer y de hoy como Gary Oldman (con su habitual capacidad histriónica), Julie Christie, Billy Burke, Virginia Madsen y Lukas Haas. Pero ninguno de ellos logra remontar una trama que se acerca más a un fiasco que a una recreación novedosa.
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  • El derrotado
    El derrotado
    Revista Veintitrés
    En general los largometrajes de Javier Torre, que cuentan con búsquedas temáticas y cierta capacidad narrativa, no han sido muy valorados, quizás por haber sido estigmatizado por su condición de hijo de Leopoldo Torre Nilsson y nieto de Leopoldo Torres Ríos, prestigiosos hombres de cine. Se trata de un cineasta desparejo, sí, pero también capaz de contar bien una historia, como demostró en Las tumbas, El camino de los sueños, El juguete rabioso y especialmente Un amor de Borges. En el caso de este nuevo film suyo logra un nivel aceptable, trasladando al cine precisamente una novela de su padre, acaso influenciado por su mujer escritora Beatriz Guido. Sea como fuere, se trata de una historia con costados interesantes y algunas falencias que Torre no pudo remontar, como la falta de un crescendo dramático en el protagonista, un jugador empedernido y patológico que hace honor al título. En cambio el rol de su mujer tiene otro aliento trágico y más alternativas. La trama transcurre en una Buenos Aires de la década del 50 que se transforma en un personaje más, dentro de una humilde pero acertada recreación de época y de tipos humanos. Adrián Navarro logra darle una convincente máscara a su perdedor, bien acompañado por la bella Romina Gaetani, el sólido Rafael Ferro y acertadas participaciones de Daniel Ritto y Elena Pérez Rueda.
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  • Ajami
    Ajami
    Revista Veintitrés
    Intenso drama étnico, Ajami atraviesa conflictos milenarios entre judios, musulmanes y cristianos a través de personajes desesperados por sus tragedias y enceguecidos en sus odios, en medio de evidentes fragilidades. El título hace referencia a un barrio árabe llamado Jaffa Ajami, escenario de ataques y revanchas entre jóvenes enfrentados, pequeñas piezas de un gran tablero sangriento en el que están en juego el resentimiento, los clanes familiares, las mafias, las armas ilegales y la droga.
    La historia se va narrando a través de varios personajes, testigos y partícipes de una situación siempre insostenible, al borde del drama y de la muerte. Un niño israelí que es capaz de predestinar y un adolescente palestino que busca financiar una operación vital para su madre enferma son sólo un par de ejes narrativos de una trama compleja pero lineal, en la que la vida rara vez se impone. Sin proponer un derrotero sin salida ni una densidad asfixiante, los directores Scandar Copti y Yaron Shani, palestino y hebreo respectivamente, construyen con destreza, convicción y espíritu documentalista un film implacable y a la vez repleto de humanidad. Un notable grupo de actores no profesionales otorga una sorprendente verosimilitud dramática al conjunto.

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  • Rio
    Rio
    Revista Veintitrés
    Dotada de una estupenda galería de personajes, tanto del reino animal como del humano y de una formidable calidad audiovisual, Río se erige como una de las mejores piezas de animación digital de los últimos años. Producción de la Fox y Blue Sky Studios (La era de Hielo, Robots), el film supera esos productos y propone una burbujeante historia enmarcada en el marco fascinante de la ciudad de Rio de Janeiro y un colorido desfile de plumíferos, entre los que se destacan guacamayos –protagonistas- y tucanes. Precisamente su director es también brasileño, y para esa productora realizó como co director los films mencionados, y fue responsable exclusivo de las secuelas 2 y 3 de La era de Hielo y ahora vuelve a ser el único director en Río. Haciendo honor a su nacionalidad, Saldanha recrea la esencia de esa urbe –incluyendo las favelas y algunos sutiles toques sobre la pobreza, la marginalidad y la polución-, pero focalizando en sus íconos clásicos, mucho más aptos para el público infantil, como el carnaval, la samba y el fútbol. También el film se hace un espacio para mencionar las especies en peligro, a través de una trama en la que la dueña del último guacamayo azul macho del planeta se traslada desde Minnesota para unirla con su símil hembra en la ciudad carioca, tras lo cual arrancará una serie de frenéticas y bien dosificadas aventuras. La recreación del Sambódromo es notable, y lo propio de puede decir de los monitos arrebatadores, afines a otros animalitos antológicos como los pingüinos de Madagascar o las palomas de Bolt. Una banda de sonido espectacular completa una imperdible propuesta familiar.
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  • Revolución. El cruce de Los Andes
    Alejada de visiones escolares, acartonadas y esquemáticas, Revolución: el cruce de los andes redescubre la figura de un hombre esencial de nuestra historia, buscando reconstruir con crudeza y pocas concesiones una gran gesta épica. Con la preocupación de ser fiel a la verdad histórica, y a la vez, sin embargo, no estar completamente aferrado a ella, este film dirigido por el debutante Leandro Ipiña logra despertar un puñado de sensaciones que la acercan a sentimientos verosímiles y por qué no, genuinamente patrióticos. Ipiña es un sanluiseño que estudió cine en Córdoba y que finalmente se afincó en Buenos Aires, recorrido que seguramente lo habrá templado como para encarar un proyecto de esta envergadura, para nada sencillo y desbordante en significados. Sea como fuere, el joven realizador se las ha ingeniado para entregar una ópera prima sólida.
    Y desde su interesante arranque el film muestra una distinción para contar su trama, porque no estará narrada desde San Martín, sino desde el punto de vista de uno de sus colaboradores, ahora un anciano y antes un joven con vocación literaria que se volverá combatiente. Un testigo de la historia, un hombre obsesionado por el recuerdo de viejas épocas gloriosas que abre y cierra una película que se ocupa mayormente de la epopeya del cruce de la Cordillera, pero que no es sólo eso, Empresa que también resulta atrayente, por supuesto, fundamentalmente por la grandeza del marco y de sus artífices, junto a logradas escenas de batallas, masas en movimiento y de travesía. Lo mismo se puede decir de los diálogos del General con sus subordinados en pos de establecer las mejores estrategias de lucha.
    Revolución, título significativo, logra alcanzar un valioso y emotivo espíritu épico. Factores que se amalgaman con la intensa, visceral, apasionada composición de Rodrigo de la Serna para darle carnadura a un film nacional relevante.
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  • El mal ajeno
    El mal ajeno
    Revista Veintitrés
    Con un estilo que combina un drama naturalista “de hospital” con el thriller y lo sobrenatural, El mal ajeno propone una historia fuerte y atrayente, impecablemente filmada y actuada. Pero algunas notorias influencias y cierta reiteración melodramática la resienten. De la mano de Alejandro Amenábar, el director debutante Oskar Santos narra lo que le ocurre a un médico muy profesional en su manejo de situaciones límite, pero que se ha inmunizado ante el dolor de los demás y esto le trae consecuencias importantes en su entorno afectivo y familiar. Un violento encuentro termina con una vida y revive la suya, y le traerá a aparejado un don relacionado con la sanación, por el que luego deberá pagar un precio muy alto. El novel director se basó en un guión del experimentado Daniel Sánchez Arévalo, y le sirve para demostrar su mano diestra y a la vez una indisimulable semejanza narrativa y estilística con su padrino artístico Amenábar. La trama avanza con sustento, buenos diálogos, y unas cuantas sorpresas que la enriquecen. Pero asoma el nítido recuerdo de la excelente El protegido de M.Night Shyamalan, mientras que Eduardo Noriega no puede evitar mimetizarse con el George Clooney de ER, junto a situaciones melodramáticas que se acumulan en exceso, restando ductilidad al film. Aún así El mal ajeno es una pieza valiosa y atrayente, con alguna metáfora interesante. Excelentes labores de Noriega, Belén Rueda y la joven Clara Lago, dentro de un elenco muy ajustado.
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  • El predio
    El predio
    Revista Veintitrés
    Resulta sin dudas complejo reseñar y calificar un film de las características de El predio. Una pieza que desestima la narrativa cinematográfica y aún los principios básicos de cualquier documental, que, por más de avanzada que sea, ofrece al menos un registro audiovisual. La pieza de Jonathan Perel es también eso, una descripción visual, pero en este caso decididamente contemplativa, despojada de los conceptos clásicos empleados en el género. Tomas fijas, planos estáticos, ausencia de cualquier tipo de intervención por parte del realizador –obviamente no hay narración alguna-; un todo que conforma una visión absolutamente particular. Una visión desposeída fundamentalmente de vida, como un elemento clave que la define. Las imágenes de muros, salas ruinosas en proceso de reacondicionamiento, instalaciones artísticas, avances de actos culturales, dentro de los vestigios fantasmales de un pasado trágico, se van acumulando toma tras toma a través de una verdadera apuesta estética y expresiva. Fotos en movimiento de una realidad molesta, a través de las cuales El predio por momentos se transforma en una radiografía espeluznante de la muerte. Para apreciar con paciencia y sin preconceptos.
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  • Marte necesita mamás
    Marte necesita mamás
    Revista Veintitrés
    Este film de animación digital de Disney está llevado adelante por el estudio digital de Robert Zemeckis, director de piezas antológicas como Forrest Gump, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? y la trilogía Volver al futuro, entre otras, quien se ha obsesionado últimamente con el sistema motion capture. En Marte necesita mamás, con el respaldo de la productora del gran Walt, vuelve a la carga con un formato con el que ha pergeñando títulos animados poco convincentes como El Expreso Polar, en este caso con una mayor justificación en su empleo, ya que se trata de un film de ciencia-ficción. El director Simon Wells, un especialista en el género (Balto, El Príncipe de Egipto), se ocupa de la lucha de un niño por rescatar a su madre abducida por marcianos que precisan de su esencia para los cachorros de su especie. Una trama algo rebuscada y dotada de escenas poco agradables para los muy pequeños, pero que puede interesar a niños más grandes por la aventura interplanetaria. La realidad es que sólo James Cameron pudo darle envergadura al sistema a través de la excepcional Avatar, mientras que Marte necesita mamás cae en falencias ya vistas, como los rostros y expresiones que buscan ser calcos de la mirada humana y no lo consiguen. Están más logrados, lógicamente, los personajes marcianos, y atraen ciertos logros formales y de diseño, pero aún así el humor y la diversión no abundan.
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    Revista Veintitrés
    Jalonada por estudiados pero disfrutables chispazos creativos, Un cuento chino es un film pequeño con aspiraciones de obra mayor, que aunque navegue en ese tránsito intermedio alcanza igualmente resultados estimulantes. Sebastián Borensztein, el de ciclos televisivos notables como El garante y Tiempo final, demoró un poco su esperado paso hacia el largometraje, que finalmente llegó con la comedia bizarra La suerte está echada, con puntos de contacto con este nuevo film suyo aunque las temáticas sean muy diferentes.
    Su segundo y misterioso opus, el thriller Sin memoria, seguramente tendrá otro estilo, pero aquí Borensztein despliega recursos narrativos y formales vinculados a un humor melancólico y tragicómico, a través del inesperado encuentro entre un porteño y un chino perdido en la gran ciudad, que busca al único familiar que tiene vivo, y al que el primero da cobijo. Una incómoda convivencia debido a la incomunicación (su huésped sólo habla chino mandarín), y las características hoscas, solitarias, obsesivas, rutinarias y pesimistas del argentino (para el que la vida es “un gran sinsentido”); asimismo atormentado por su condición de ex combatiente de Malvinas. La trama ofrece un terreno fértil para los equívocos y el paso de comedia, y el film avanza serenamente y sin pausas, con algunos momentos divertidos y otros paradojales y fantásticos a lo Tim Burton. El desenlace, ciertamente emotivo, redondea una pieza que cumple con sus objetivos pero que pudo haber dado para más. Un par de sólidos protagonistas como Ricardo Darín, exacto en cada gesto y cada frase, e Ignacio Huang, formidable revelación; se complementan con el creíble y sensible aporte de Muriel Santa Ana y los estupendos apuntes musicales de Lucio Godoy.

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  • Familia para armar
    Familia para armar
    Revista Veintitrés
    Combinando con cierto equilibrio drama y comedia, el guionista y cineasta debutante Edgardo González Amer presenta una pieza personal, que logra destacarse dentro de otros films sobre temáticas familiares del cine argentino reciente. La particularidad de Familia para armar reside en una historia poco transitada, con varias líneas narrativas que atraviesan con ductilidad el film. El balneario de Valeria del Mar sirve de agradable marco para atravesar una trama con zonas más incómodas que simpáticas, donde en un hospedaje regenteado por un hombre joven, su madre y su hermana, surgirá en escena una hija adolescente, lanzada desde Buenos Aires tras una situación límite, y decidida a recuperar amor paterno tras largos años de distanciamiento. Un terreno plagado de lógicos obstáculos, en los que la terquedad de él –entre traumas y temores-, los devaneos adolescentes de ella y un secreto difícil de digerir dificultarán el reencuentro.
    Protagonizada por un auténtico núcleo familiar, compuesto por Norma Aleandro (madre), Oscar Ferrigno (hijo), Valeria Lorca (esposa y nuera), la película alcanza algunos momentos verosímiles y sentidos a través de estos intérpretes y otros secundarios, con diálogos aceptablemente formulados. Una familia que pudo haber dado más frutos, pero que resulta interesante de apreciar.
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  • Líbano
    Líbano
    Revista Veintitrés
    Apelando básicamente a rostros en primer plano, diálogos ajustados y lacerantes y el pequeño espacio que presenta el cubículo de un tanque de guerra, Líbano diseña una obra cinematográfica de máxima destreza, expresividad y originalidad. Con fuertes puntos de contacto con su propia historia de vida, el cineasta israelí Samuel Maoz se introduce de lleno en la guerra de Oriente Medio, una de las más atroces y dilatadas de todos los tiempos. Sus experiencias como soldado novato durante la guerra del Líbano de 1982 están expuestas sin medias tintas, eufemismos ni heroísmos, sumergiendo al espectador en medio de una devastadora e impiadosa conflagración.
    La misión de un tanque israelí durante la invasión al Líbano, llevando en su interior a un prisionero libio, es el mínimo eje argumental de esta verdadera proeza fílmica, que apenas presenta alternativas o conflictos personales profundos. Con cuatro inexpertos soldados a bordo, tripulando una brutal máquina de matar y obedeciendo órdenes criminales totalmente desligadas del más mínimo respeto por la condición humana, el vehículo militar avanza sin pausas ni concesiones, igual que el largometraje. O se detiene, dando pie a las más inquietantes sospechas y sentimientos; compartidos, confrontados o degradados. Movilizadora, claustrofóbica, pesadillesca, excepcionalmente actuada y dotada de un par de escenas finales de la más pura y bizarra poesía visual y emocional, Líbano es una obra maestra del cine de guerra.
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  • El concierto
    El concierto
    Revista Veintitrés
    Si bien una partitura del colosal Tchaikovsky en un final de película a toda orquesta es potencialmente emocionante de por sí, el film El concierto es mucho más que eso. La realización del rumano Radu Mihaileanu va más allá del simple estímulo sonoro de una obra del gran compositor ruso espléndidamente recreada. El autor de la extraordinaria El tren de la vida aprovecha al máximo los elementos expresivos que tenía entre manos y arriba a una obra que aúna comedia con drama y denuncia política y que se podría definir como un emocionante y a la vez divertido homenaje a la música y al espíritu artístico incluyendo críticas descarnadas a más de un sistema gubernamental.
    Nominado en los últimos Globo de Oro, el film fustiga en su trama al comunismo soviético, especialmente el comandado por Leónidas Brézhnev, que convierte al director de orquesta del Bolshói -que luego se tomará su gran revancha-, en un empleado de la limpieza ante su empecinamiento de incluir músicos judíos en su formación. Por otra parte el personaje de la violinista solista, a cargo de la bellísima y talentosa Mélanie Laurent (Bastardos sin gloria) también sufre en su más tierna infancia atropellos del régimen. Pero estos apuntes decidamente críticos se extienden también al fuerte neo capitalismo que impera en el país ruso. Por supuesto que apuntar a tantos objetivos al unísono hace tambalear por momentos el andamiaje y especialmente la credibilidad de El concierto, pero hay que decir que el film apela a elementos sencillos como el carisma de sus personajes, a cargo de un estupendo elenco, y la emoción que producen la música y la tenacidad de un artista. Los pasos de comedia, un ritmo indomable a puro pulso emotivo y la reconfortante y magnífica escena final hacen el resto.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    Realizada con notable pulso cinematográfico, acción trepidante e impecable tecnología, Invasión del Mundo. Batalla: Los Ángeles no se destaca en cambio por su idea, su guión ni por el tratamiento que le da a su remanida trama. Además, por momentos se vuelve irritantemente pronorteamericana y militarista. La escasa historia arranca, precisamente, en un campo militar, donde un veterano marine (Aaron Eckhart), decide retirarse del servicio tras un luctuoso operativo en Irak. Paralelamente una invasión masiva de naves extraterrestres asola a diversas urbes del mundo, incluyendo, claro está, a Los Angeles, donde el oficial en cuestión volverá al ruedo y se tomará revancha. Hay que decir que el film se despega de los códigos clásicos de la ciencia-ficción y se acerca más a una película de guerra, aunque standard. Aún así luce emparentada con la reciente Skyline La Invasión, probablemente debido a las tendencias que genera Hollywood, por no hablar de copias descaradas, mientras que los aliens y las naves recuerdan bastante a los diseños de Sector 9. El director Jonathan Liebesman tiene un par de interesantes antecedentes y aquí vuelve a demostrar su gran capacidad narrativa. Pero no contó con un buen sustento, y los tiros, explosiones y combates descarnados terminan por abrumar.
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  • Un feriado particular
    Un feriado particular
    Revista Veintitrés
    Recién a los 58 años el guionista, director y actor Gianni Di Gregorio arriba finalmente a su ópera prima, a través de esta breve pero verdadera joya llamada Un feriado particular. El título original, Pranzo di Ferragosto, se refiere a una festividad itálica que se realiza en el mes de agosto, y gira alrededor de Gianni, un romano desocupado casi sesentón acuciado por deudas, que vive con su madre viuda. El persecutorio administrador lo sorprende con la propuesta de cobijar a su madre en su casa durante los días festivos, a cambio de reducir sus deudas. Pero esta señora vendrá acompañada por una tía, a la que se suma la madre de su médico de cabecera, que le pide también que la cuide durante esas fechas. El hombre ve de pronto invadida su casa y deberá doblegar su esfuerzo ante cuatro mujeres de avanzada edad que precisan atención. Con toques inimitables que sólo pertenecen a la mejor comedia italiana, y un certero costumbrismo, Di Gregorio diseña una obra entrañable que quizás demandaba algunos apuntes extra sobre los personajes, dando una sensación de film en proceso que a la vez, dentro de sus códigos, es redondo. Pleno de matices resulta asimismo su propio trabajo como protagonista, mientras los espléndidos toques musicales de Ratchev & Carratello enmarcan esta pequeña pero deliciosa pieza cinematográfica.
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  • Infierno al volante
    Infierno al volante
    Revista Veintitrés
    Hay un solo Robert Rodriguez, capaz de presentar las historias más absurdas y extremas en un homogéneo y aggiornado registro clase B, y el canadiense Patrick Lussier, especialista en cine de terror, intenta con Infierno al volante emparentarse frenéticamente al notable estilo del realizador de Machete y Del crepúsculo al amanecer. Sin conseguirlo, claro, más allá que su film tenga un buen arranque a través de un inmortal sediento de venganza (Nicolas Cage), que perseguirá a una secta criminal que sacrificó en un ritual a su hija y que hará lo propio con su pequeña nieta. A bordo de un reciclado auto deportivo y con inmejorable compañía (la súper sexy Amber Heard), recorrerá las carreteras en un atrayente despliegue de súper acción y parodia con estética de comic. Pero luego la propuesta se desvirtuará en su propio desborde de cadáveres acribillados, chatarra ensangrentada, interminables peleas cuerpo a cuerpo, enviados demoníacos y fuegos del averno. El personaje de Cage recuerda al de Ghost rider, el vengador fantasma, y no se puede negar que el film proporciona un suculento plato para un ávido público seguidor de este subgénero. Violencia gore, vehículos retro, cachondas chicas onda Hustler y un premeditado mal gusto son la clave para una pieza muy clase B o Z en un renovado 3D, que puede ser tan amada como detestada.
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  • Fase 7
    Fase 7
    Revista Veintitrés
    Verdadera sorpresa nacional, Fase 7 propone una sólida y muy bien actuada pieza de humor bizarro que se introduce en un subgénero muy presente en el cine de los últimos años, el apocalíptico, con el fin de la raza humana y el planeta devastado a cuestas. En el caso de esta ópera prima escrita y dirigida por Nicolás Goldbart, ubica esta temática en un edificio parapetado ante la aparición de un virus mortal que está extinguiendo rápidamente a la población. El aislamiento, la escasez de víveres y la lucha por la subsistencia generarán imprevisibles comportamientos en vecinos que dejarán de serlo para convertirse en seres paranoicos, conspirativos, hostiles y criminales.
    La reciente Los santos sucios registraba a un grupo de sobrevivientes a campo abierto, contrapuesto a este Fase 7 casi totalmente claustrofóbico; y aunque hubiera sido interesante un poco más de aire en su metraje, el resultado es mucho más logrado y potente. Los diálogos y situaciones alcanzan momentos atrapantes y a la vez desopilantes, con picos interpretativos notables en Daniel Hendler -lleno de matices-, un formidable Yayo y un Federico Luppi antológico, aprovechado al máximo. Más allá de algunas falencias en el desenlace, se trata de una verdadera y disfrutable pieza de género para nuestro cine, de esas que no abundan.
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  • Amigos con derechos
    Amigos con derechos
    Revista Veintitrés
    Cada tanto el cine estadounidense aporta dentro de la comedia romántica alguna pieza disfrutable o diferente. El último gran ejemplo en este terreno ha sido 500 días con ella de Marc Webb, y aunque Amigos con derechos (inesperado primer puesto en la taquilla norteamericana) no raye a esa altura, tiene sus destellos y se merece una buena calificación. Está dentro de los parámetros de algunos recientes films con Jennifer Aniston -una reina actual del género-, como la coral Simplemente no te quiere, o la aceptable Papá por accidente. Su protagonista Natalie Portman, dueña de doble suceso de público y crítica por este film y la probablemente oscarizada El Cisne Negro, optó por una película pasatista y descontracturada y acertó, aún habiendo elegido un partenaire de poco sustento como Ashton Kutcher y un director algo veterano como Ivan Reitman (superado en los últimos tiempos por su hijo Jason, el de Amor sin escalas y La joven vida de Juno). Porque aquél realizador de títulos como Los cazafantasmas, Gemelos o la magnífica Dave, presidente por un día, también da en el blanco, y ampliamente, con esta trama acerca de una pareja libre con encuentros sexuales sin compromisos, situación que entre estos amigos empieza a generar ansiedades y conflictos varios.
    Más allá de algún desnivel, la indudable química entre la versátil y espléndida Portman (no hay papeles menores para ella) y un Kutcher algo más maduro, divertido y consustanciado, son, junto al ajustado guión, los pilares para que el conjunto sea efectivo. Aunque se sepa de entrada cómo va a culminar, las alternativas están bien planteadas, los diálogos son una garantía y los toques emotivos logran su cometido. Y como en todo buen film del género, no fallan algunos graciosos roles secundarios a cargo de Lake Bell, Jake M. Johnson, Greta Gerwig y un estupendo e imperdible Kevin Kline.
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  • Biutiful
    Biutiful
    Revista Veintitrés
    Sombría, turbia, desesperanzada y también apasionada, lúcida y poderosa, Biutiful expone la antítesis de lo que representa su irónico y alegórico título. Una tragedia que reduce a una menudencia el concepto de melodrama, en medio de intensos recorridos plagados de controversiales emociones y fatalidades recurrentes. Caminos sinuosos, circulares y paradojales que incluyen asimismo la belleza y la redención.
    Más allá de su condición de obra difícil de ver y digerir, como otras de este cineasta, el último film de Alejandro González Iñárritu es absolutamente fiel al estilo de un artista cabal, y sólo es posible asimilarlo desestimando resistencias, internándose en la sordidez de un mundo tan reconocible como ajeno. Y vivenciar así la estremecedora radiografía de un hombre en estado terminal, que no remite sólo al fin de una existencia física sino al de su legado en el mundo, dentro de una visceral semblanza de la paternidad.
    Apartándose un poco de historias corales que fueron esenciales en su estética, Iñárritu desglosa sin concesiones una trama en apariencia lineal que se ramifica y complejiza, dando lugar a miradas, situaciones y roles que desembocan en una historia que termina por donde comienza y que describe a un sensitivo e indolente buscavidas con dones sobrenaturales. Un hombre capaz de hablar con muertos como el que lleva dentro, ante su propia e inminente extinción. atormentado por drásticas contradicciones, entre conflictos éticos y espirituales que conviven honda y sensorialmente con el espectador a lo largo de un metraje que lo compromete sin pausas. Fatídicas obsesiones de la cultura mexicana trasladadas a una Barcelona marginal, multirracial y despiadada, hecha carne y sentimiento en la piel de un extraordinario Javier Bardem, y en la descomunal revelación que representa la argentina Maricel Álvarez, entre otros heterogéneos y a la vez homogéneos intérpretes. Y la expresiva paleta sonora de Gustavo Santaolalla envolviendo todo este andamiaje dramático y cinematográfico sustancial.
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  • Soy el número cuatro
    Soy el número cuatro
    Revista Veintitrés
    No hace falta ser muy sagaz para notar que Soy el número cuatro se emparenta claramente con la saga de Crepúsculo. Ámbito estudiantil, chicos y chicas carilindos y atléticos, amores entre humanos y no humanos, legados sobrenaturales para honrar, enfrentamientos entre líderes juveniles antagónicos, etc. Además, ante un desenlace que evidencia sin pudores aventuras en ciernes, se asegura en principio una secuela. Al menos opta por la ciencia-ficción en lugar del terror light de los films basados en los libros de Stephenie Meyer, con su remanido desfile de vampiros, licántropos y demás deformidades que se entremezclan con devaneos teens de poca monta. El film de D.J. Caruso (que viene de hacer un muy buen thriller como Control total), combina con cierto atractivo fantasía extraterrenal con acción y romance, logrando pasajes interesantes a través de ese errante adolescente cósmico, parte de una comunidad de nueve miembros, que huyendo de enemigos interplanetarios encontrará en Ohio un lugar de pertenencia afectiva.
    Más allá de la inevitable y algo forzada historia de amor y sin ponerse exigente con los bonitos protagonistas, Soy el número cuatro funciona como un buen anticipo de lo que vendrá si el éxito la acompaña. Los correctos efectos visuales se guardan alguna monstruosa sorpresa en la lucha final.
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  • Desconocido
    Desconocido
    Revista Veintitrés
    Jaume Collet-Serra, director de La huérfana, pieza de terror que guarda una de las mejores sorpresas dentro del género en los últimos tiempos, arremete aquí con Desconocido, un atrayente relato de suspenso en formato de thriller clásico. El cineasta barcelonés afincado en Hollywood demuestra nuevamente su destreza en films de género, aunque el arranque de la historia no resulte novedoso (un hombre que luego de un accidente descubre que ha sido despojado de su identidad y su memoria). Pero con el auxilio de un estupendo guión, Collet-Serra alcanza un desbordante momento de tensión, acción y vueltas de tuerca, un disfrutable rompecabezas para armar a medida que transcurren las muy bien empleadas casi dos horas de metraje.
    En las peripecias del tal Dr. Harris, que tras ese incidente deberá lidiar con confusos recuerdos y persecuciones, asoman toques hitchcockianos, acaso la memorable Frantic de Polansky y también la reciente Búsqueda implacable, más que nada por la participación del mismo intérprete, el siempre intenso y creíble Liam Neeson. Más allá de algún cabo suelto, Desconocido cumple con los preceptos de un género aún más gratificante en su formato europeizado, apoyado por un elenco impecable y cosmopolita que incluye a Bruno Ganz, Frank Langella, Sebastian Koch y Aidan Quinn.
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  • El rito
    El rito
    Revista Veintitrés
    Después de la interesante idea y manufactura de El último exorcismo y de un antecedente bastante cercano como El exorcismo de Emily Rose, no resultaba muy conveniente que sobrevenga, como si nada, otro film más sobre esta temática; por más que esté protagonizada por Anthony Hopkins y dirigida por el sueco Mikael Hafström, (responsable de la atrapante Descarrilados y de Habitación 1408). Aquella ópera prima de Daniel Stamm producida por Eli Roth mencionada en primer término, acerca de un exorcista apócrifo, abría una puerta que no precisamente El rito aprovecha. Todo lo contrario, esta película "basada en un hecho real” no aporta nada nuevo dentro de este subgénero, y hasta se podría calificar de innecesaria. Ofrece algunos sobresaltos, es cierto, pero está a dos aguas entre el terror religioso y el film testimonial, y su presunta “verosimilitud” sólo se nota en su excedida solemnidad.
    Muchas veces un actor de la talla de Hopkins precisa tener un partenaire de fuste para enriquecer su trabajo, y no lo encuentra aquí en el ignoto Colin O'Donoghue, incapaz de transmitir la relativa complejidad psicológica que le demandaba su personaje. De todos modos el gran actor inglés –que últimamente está poco selectivo- se las arregla para ser lo mejor de la película, claro.
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  • Las aventuras de Sammy
    Las aventuras de Sammy
    Revista Veintitrés
    Producción animada de origen belga, Las aventuras de Sammy - En busca del pasaje secreto es un film de altísima calidad visual y estética, además de contener mensajes esenciales acerca de la preservación del medio ambiente, La película de Ben Stassen, sin apelar a ritmos alocados ni personajes hiperkinéticos, propone asimismo un entretenimiento sin pausas a través de su trama y recursos técnicos. Porque la aventura de esta tortuga de mar en su búsqueda de un amor perdido en su playa natal, está desarrollada con un 3D de formidable resolución expresiva, como pocas veces se ha visto desde que el sistema ha sido reciclado para films de animación y de acción viva. Su imaginativo aprovechamiento, unido a los atributos artísticos de los trazos digitales, logran una combinación atrayente y singular.
    Narrando las alternativas de vida de este encantador paquidermo marino desde su nacimiento hasta su adultez, confraternizando o confrontando con otras criaturas que incluyen humanos, la película va recorriendo distintas latitudes, en tierra firme o ámbito acuático. Más allá de alguna inevitable ingenuidad, Las aventuras de Sammy intercala con creatividad y espíritu formativo importantes postulados ecológicos, que redondean un producto más que recomendable.
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  • Conocerás al hombre de tus sueños
    Las películas de Woody Allen, especialmente las de las últimas dos décadas, poseen temáticas, contenidos, diálogos, géneros, personajes, intérpretes y locaciones bien diferentes. No son tan similares entre sí como algunos aseguran, lo que las iguala y emparenta es ese estilo personal que hace que cada film le pertenezca absolutamente y cualquier escena resulte inconfundible acerca de su artífice. Lo más difícil que existe en el arte. Igual se seguirán estableciendo semejanzas aunque el director de Match Point no se repita y vaya intercalando la manera de presentar sus tramas en forma coral o desarrollando una sola con sus ramificaciones. En Conocerás al hombre de tus sueños Woody recurre al primer rubro, desplegando un abanico de tipos humanos y relaciones afectivas y mundanas, elementos narrativos que va acumulando y que después vuelca generosamente en un solo film, sin guardarse nada ni aprovechar algún cabo suelto para un próximo guión. Si el producto sale bien, perfecto; sino, a otra cosa.
    Las historias de este nuevo film suyo protagonizado por Anthony Hopkins, Naomi Watts y Antonio Banderas, entre otros, son burbujeantes, los personajes, atractivos, algunos encantadores; pero de todos modos Allen no alcanza a redondear una muy buena comedia acerca de las relaciones humanas y los azares de los vínculos amorosos. En el final se guardará un par de ases bajo la manga y una de sus criaturas, el voluble y embustero novelista Roy (Josh Brolin) padecerá una situación tragicómica, mientras que una incipiente pareja entre personas mayores se cristalizará, como un toque de esperanza. Un destello acerca del amor que no gira alrededor del atractivo físico, aquél incondicional. Aunque algún caracter no esté bien delineado, no todo tenga un buen cierre o un amalgame preciso, con esas pinceladas, más un entretenimiento sin pausas, será suficiente y satisfactorio. Para qué más.
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  • El Avispón Verde
    El Avispón Verde
    Revista Veintitrés
    Cuando una película asume demasiados riesgos puede sorprender, sobresalir o también convertirse en un fiasco. El Avispón Verde fue una notable serie del 60 que combinaba el policial con el subgénero del enmascarado defensor del orden, y sin dudas que sus adeptos hubieran preferido un film más fiel al original en lugar de una versión repleta de audacias. Pero eso ya casi pasa al terreno anecdótico ante la cantidad de licencias que se han tomado los artífices de este largometraje (de largo metraje, además) con el mismo título. Las apuestas de ubicar al regordete, grotesco y pretendidamente gracioso Seth Rogen como el vengador sin poderes del ciclo original y de realizador al brillante e innovador Michel Gondry (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos), de tan fallidas, espantan. Lo propio se puede decir de la desdibujada participación de actores como Tom Wilkinson, Cameron Diaz, Edward James Olmos y del extraordinario Landa de Bastardos sin gloria, Christoph Waltz, como un insustancial archivillano.
    Si la intención fue evocar el concepto de los dos primeros Batman de la década del 90, con el incipientemente genial Tim Burton detrás de cámaras, que a su vez convocara para el papel principal a un comediante como Michael Keaton; hay que decir que el director de Ed Wood (título que en este caso recuerda a Gondry, vaya a saber por qué) hizo sus films sobre el Hombre Murciélago muy en serio, con su visión oscura y creativa. Nadie esperaba cristalinos homenajes, pero tampoco la parodia y la desfachatez, y con tan escasa gracia.
    La recreación del director de Rebobinados venía tan malograda que quizás por eso pobló el último segmento de escenas de acción tan salvajes que exasperan (incluyendo una desproporcionada pelea entre el presunto –no lo parece en ningún momento- héroe y su asistente, más parecida a alguna de Clouseau con su mayordomo oriental). Y ni hablar de las necedades que pueblan los diálogos entre ambos y de la mayoría de los personajes, mérito en el que suma otro poroto el protagonista Rogen, coautor del incalificable guión. Un avispón de vuelo defectuoso que se desbarranca hacia el esperpento. Un irrespetuoso bofetón, además, para quienes amaron la serie.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    Revista Veintitrés
    Sórdida, descarnada e implacable, Lazos de sangre es un film que representa de manera cabal las últimas tendencias del cine independiente estadounidense. Dotada de un alto contenido dramático, el film jamás se aparta de un estilo narrativo duro y sin concesiones que en ningún momento intercala pausas que alivien al espectador, alguna línea de humor o al menos una leve sonrisa en todo su metraje. La obra revela la infrecuente capacidad de la cineasta Debra Granik en un género peculiar, que combina un costumbrismo hiperrealista con toques de thriller. Si bien el título en castellano grafica correctamente el espíritu del film, es más estremecedor y metafórico el original Winter's Bone (Invierno en los huesos), apelando a una frase cotidiana acerca del crudo frío invernal de la zona. Aunque no presente nieve, tormentas gélidas ni imágenes por el estilo, tan sólo el frío entumecedor que sin excepciones transmite la gente de la región boscosa de Ozark.
    Especialmente cuando enfrentan a la casi adolescente Ree (impecable Jennifer Lawrence), que sólo se propone encontrar a su padre, búsqueda que no responde a un interés puramente afectivo. Ella está a punto de perder la casa donde vive con sus dos hermanos pequeños y su madre depresiva e indolente a manos del fisco, ya que este hombre la puso de garantía y luego desapareció sin dejar rastro. Atravesando los bosques, ella indagará entre sus hoscos y agresivos parientes, desafiando un siniestro código de silencio familiar emparentado con una suerte de honor tribal, que los envuelve y la amenaza. La búsqueda de verdad y redención será inclemente y es el intenso hilo conceptual que atraviesa la trama.
    Las homogéneas y verosímiles actuaciones caracterizan personajes curtidos, aislados, resentidos, discriminados y discriminadores, que esbozan diálogos certeros y lacónicos en un inglés provinciano casi ininteligible, en medio de un paisaje agreste e inhóspito que nunca recibe el baño del sol. Una pintura fascinante pero a la vez distante, de un film que no emociona pero atrapa de principio a fin.
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  • El oso Yogi
    El oso Yogi
    Revista Veintitrés
    Basada en un recordado personaje animado de la productora Hanna-Barbera, El oso Yogi es recreado con algunos aciertos, pero se resiente en su trama y en su combinación entre humanos y animación digital, resolución pretendidamente innovadora de una serie que siempre tuvo un formato clásico. Bastante antes Los Picapiedras, de los mismos creadores, fue llevada al cine íntegramente en acción viva, con menos luces que el imaginativo producto original. En este caso hay que decir que este extraño oso parlante de cuello y corbata que roba canastas de comida a turistas en un parque nacional acompañado por un osito pequeño, es mucho menos interesante que aquella otra pieza emblemática de la dupla, que fue una extraordinaria usina de grandes series del género, como Los Autos Locos (dando lugar personajes clásicos como Penélope Glamour y Patán), Don Gato, Los Supersónicos y Scooby-Doo, entre muchas otras. El director Eric Bravig, que debutó en el cine con un film de aventuras para niños y adolescentes como Viaje al centro de la tierra, no logra aquí la misma eficacia, aunque Yogi y Boo Boo mantienen su gracia, especialmente cuando no interactúan con la acción viva. Ciertos mensajes ecologistas en una esquemática trama que gira alrededor de una tortuga en extinción –que podría haber sido más graciosa- y un político corrupto que la secuestra, se pueden rescatar.
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  • La casa muda
    La casa muda
    Revista Veintitrés
    Verdadera proeza fílmica y expresiva, La casa muda es un film de género muy similar a otros en su tipo y a la vez diferente a todos. Filmada en plano secuencia y en tiempo real con extrema precisión,
    el efecto terrorífico es eficaz sin apelar al montaje o efectos visuales. Un mérito que se suma al hecho que la película de Gustavo Hernández es uruguaya, por eso un factor inicial llamativo sea que un film de lanzamiento internacional esté hablado en un más que familiar voceo. Creando una historia ficticia, o no tanto, alrededor de un tenebroso hecho criminal auténtico ocurrido en el país oriental, el film focaliza en una chica que trata de sobrevivir en una oscura casona de campo que oculta un fantasmal asesino. La intensa protagonista Florencia Colucci recuerda a Manuela Velasco en REC y asoman ecos de El proyecto Blair Witch, Actividad paranormal y el tramposo –pero afín- film francés Alta tensión, pero aún así La casa muda es una inteligente pieza que abre una nueva puerta en el género. Rodada con una cámara de fotos, formato en el que ya incursionó el pionero Raúl Perrone con la magnífica La Navidad de Ofelia y Galván, Hernández demuestra una habilidad fuera de lo común para aprovechar al máximo sus escasos recursos, logrando genuino terror y tensión constante. Habrá también alguna trampita, pero el perturbador y bizarramente poético final termina de redondear una pieza formidable.
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  • El mensajero
    El mensajero
    Revista Veintitrés
    Comprometida y genuinamente conmovedora, El mensajero habla de las secuelas irreparables de la guerra desde un punto de vista poco habitual, además de hondo y descarnado. Indagación que aborda al personal asignado al Servicio de Notificaciones de Víctimas de Guerra en Estados Unidos, aquellos soldados y oficiales encargados de comunicar a los familiares acerca de la muerte de un combatiente. Víctimas de conflictos en los que se embarca ese país con el aval de gobiernos belicistas y capitalistas como el de George W. Bush. Dos integrantes del ejército enfrentan la ardua tarea de transmitir malas nuevas, mientras bromean y discuten en el camino y buscan luego alivio y alguna compensación adictiva en sus respectivas casas. Pero uno de ellos empieza a sentirse atraído por una reciente viuda a la que contacta, ante lo cual el desapego y la distancia ordenada por sus superiores se desvirtúa y se acrecienta el conflicto con su compañero.
    El guionista Oren Moverman (I’m not there) debuta aquí como director y logra imbuir a una trama sencilla con pocas alternativas de una notable intensidad dramática. Los ajustados diálogos y las compenetradas interpretaciones aportan otros elementos significativos de una obra fuerte que a veces corta el aliento. Woody Harrelson y Ben Foster asumen sus roles poniendo en juego una emocionalidad constante y redondean dramáticamente un film que hay que ver.
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  • Los viajes de Gulliver
    Los viajes de Gulliver
    Revista Veintitrés
    Desfachatada y expansiva como su protagonista, Los viajes de Gulliver es una insólita nueva versión del clásico literario de Jonathan Swift, y si se dejan prejuicios de lado garantizará un momento divertido para todo tipo de público. Jack Black es un actor, cantante y músico que desde su memorable papel secundario en Alta Fidelidad se volvió una suerte de ícono de la nueva comedia americana. Y supo patentar además un personaje que lo llevó a descollar en un film que ya es un clásico de la década recién finalizada: Escuela de Rock. De todos modos también fue capaz de exponer otros matices en films como King Kong, El Descanso y Jesus’ Son.
    Y así como en Kung Fu Panda el animalito luchador fue creado a su medida, aquí Lemuel Gulliver gira asimismo alrededor de su particular histrionismo. Aún basado en el rol que imaginó su autor hace casi tres siglos atrás, este más que aggiornado Gulliver es un embustero y hedonista repartidor de correo de un diario newyorkino, que en un paseo en bote se internará en un remolino, suerte de pasaje dimensional al reino de Liliput. Allí se sentirá a sus anchas para hacer de las suyas, transformando a sus habitantes en sus súbditos incondicionales. Y además transgrediendo sin pausas sus tradiciones y hábitos, que es en donde reside el principal aporte humorístico de esta recreación, con algunos gags muy logrados. Más allá de alguna guarrada innecesaria y que poco y nada ha quedado en el guión de las alegorías políticas y sociales de Swift, Los viajes de Gulliver, con sus paródicos homenajes al cine y al rock incluidos, y teniendo muy en cuenta -con sus pros y sus contras- que Black es el único y auténtico eje de la propuesta, redondea un aceptable pasatiempo.
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  • La vieja de atrás
    La vieja de atrás
    Revista Veintitrés
    Focalizando en el vínculo entre un adolescente y una señora mayor, ambos aislados -casi rechazados- del mundo, el director Pablo José Meza en su segunda película establece un singular paralelismo entre dos seres en apariencia distantes e incompatibles. Un joven proveniente de La Pampa que trata de costearse dificultosamente sus estudios de medicina en Buenos Aires, a punto de ser desalojado del apartamente que alquila, recibe la sorpresiva propuesta de su vecina, una jubilada que desea compañía a esa altura de su vida, a cambio de alojamiento y comida. A través de esa trama simple pero matizada por diversas situaciones y personajes aleatorios, el realizador de Buenos Aires 100 km ( interesante y ópera prima pueblerina protagonizada por niños) ofrece su mirada a dos seres frágiles y vulnerables, más parecidos que diferentes pese al abismo generacional y los contrapuestos objetivos de vida. Los buenos y sucintos diálogos sostienen una historia de vida atrayente, magníficamente interpretada por Adriana Aizenberg y el ascendente Martín Piroyanski, con buenas participaciobnes de Marina Glezer y Atilio Pozzobón.
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  • Noches de encanto
    Noches de encanto
    Revista Veintitrés
    Concebida casi exclusivamente para permitir el lucimiento de Christina Aguilera -también productora ejecutiva musical del film- y en menor medida de Cher, Noches de Encanto o Burlesque es un musical que brilla en sus momentos escénicos y decae indefectiblemente en su prefabricado entramado y esquemáticos diálogos y situaciones. Llevar al cine una comedia musical no es fácil, últimamente sólo Rob Marshall en Nine (y también en Chicago) logró cosas dignas. De todas maneras hay que decir que el director debutante Steven Antin, con una carrera importante como actor, no parte de ninguna pieza de Broadway sino que él mismo escribió el guión y lo volcó al género del music-hall o comedia musical. Contando con un elenco importante en el escenario (espléndido cuerpo de bailarines y cantantes aparte de las protagonistas), y bajo de él (Peter Gallagher, el excelente Stanley Tucci y la propia Cher, entre otros), Antin logra que ellos muestren lo que saben y acierta en la atmósfera visual del burlesque, además en la eficacia de la banda de sonido. Pero el resultado global es pobre y por momentos insufrible.
    Noches de Encanto trae a la memoria inevitablemente a Cabaret y la distancia enorme, kilométrica que separan tanto a ambos films como a la Aguilera y a Cher de Liza Minelli. Y no se trata de comparaciones antojadizas, porque queda clara la intención de remedar de algún modo aquella pieza memorable de Bob Fosse y a su extraordinaria protagonista. Pero las situaciones dramáticas, humorísticas o costumbristas que juega Aguilera son tan ramplonas y elementales como su incapacidad actoral, más allá de su voz privilegiada y buenas dotes de bailarina; que no le alcanzan para ser el centro –al borde de lo egocéntrico- de una película, Por otra parte Cher, que sigue cantando muy bien, apenas puede hacer visible alguna emoción en un rostro enmascarado a fuerza de años de liftings y cirugías.
    De todas maneras en la premiere de este film los admiradores de la diva disfrutaron intensamente del film, tarareando y aplaudiendo cada canción. Para tenerlo en cuenta.
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  • Imparable
    Imparable
    Revista Veintitrés
    Basada en “un caso de la vida real”, Imparable narra un hecho heroico que llevaron a cabo dos maquinistas de la red ferroviaria estadounidense, y no mucho más que eso, porque si los hechos son recreados fielmente, no necesariamente tendrán aristas extra. Es el caso del último film de Tony Scott, que mantiene inalterable su nervio visual y narrativo, y con eso disimula el relativo atractivo argumental de la película, que quizás sólo daba para un buen telefilm. Pero la tensión generada por un tren sin control en línea directa a estrellarse contra un pueblo, compensa significativamente lo antedicho. Un maquinista desganado y negligente iniciará la arrolladora marcha de un convoy sin control ni tripulación, repleto de vagones con material inflamable; y dos conductores, uno veterano y otro novato -éste en su primer día de trabajo-, perseguirán la formación para intentar detenerla. Scott vuelve a establecer con Washington un tándem sólido, que ya había deparado films vibrantes como Hombre en llamas y Deja vu, y más allá de reparos, el film entretiene aún en las no muy relevantes referencias a las problemáticas personales de ambos. Porque también hay que decir que Imparable no presenta villanos ni protagonistas iluminados, tan sólo dos trabajadores de diferentes generaciones a los que un hecho fortuito unió para que este sea sólo un film de salvataje y no de cine catástrofe. En esa sencillez a veces reside el leve encanto de una historia de vida.
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  • Los santos sucios
    Los santos sucios
    Revista Veintitrés
    Los films de temática post apocalíptica en el que todo atisbo de progreso y tecnología aparece arrasado en medio de lúgubres paisajes urbanos han tenido aquí su coletazo a través de este film de Luis Ortega, en este caso con escasos resultados expresivos y alegóricos. La carretera es un ejemplo ineludible de este subgénero, como así otros títulos recientes como El libro de los secretos, Número 9 y Soy leyenda, entre muchos otros. Que el cine argentino también afronte este tipo de tramas con Los santos sucios puede resultar estimulante pero también dudoso, en el sentido de adscribirse a tendencias que nos son ajenas. El film además no logra aportar algún costado original, dentro de una producción demasiado modesta para abordar semejante propuesta. Muchas preguntas sin respuestas propone la trama ideada por Ortega y los actores Alejandro Urdapilleta y Emir Seguel, en la que un grupo de sobrevivientes deambula luego de una hecatombe, tratando de encontrar recursos, afectos y salidas a una forzada indignidad. Tras su debut con la oscura y minimalista Caja negra, el cine de este director y productor ha mantenido cierta coherencia dentro de temáticas muy diferentes y arriesgadas, como ésta. Aunque fallida. Los santos sucios ofrece algunas buenas imágenes, la tarea como actor de Ortega –y frases de su relato en off- y la de Martina Juncadella.
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  • Enredados
    Enredados
    Revista Veintitrés
    Con el espíritu y el estilo visual y narrativo de las realizaciones clásicas de Disney sobre princesas, Enredados es el primer film de esta empresa en formato digital y sistema 3D que logra aunar y armonizar ambos mundos de la animación de una manera que hubiera aprobado el legendario Walt. Atrayente, mágica, dinámica, mordaz, romántica y emotiva, la película dirigida por Byron Howard (Bolt) y Nathan Greno combina tradición y modernidad con un encanto irresistible.
    Así como Encantada integró la acción viva con la animación, dotando a una historia de princesas y príncipes de un logrado e ingenioso aggiornamiento, algo similar logra Enredados en este remozado producto de la firma. Que apela a la recreación de un clásico cuento de los Hermanos Grimm, Rapunzel, acerca de una primorosa adolescente de largísimo cabellera aislada en una misteriosa torre que se topa con el carismático bandido Flynn, y todo lo que ocurre con ambos, suerte de antihéroes redimidos.
    La calidad visual de films manufacturados con tecnologías digitales ya no sorprende, sin embargo en varios aspectos Enredados alcanza fascinantes resultados; por ejemplo en los fondos, dotados de bellos pero nada empalagosos paisajes, y las texturas que le dan forma al voluminoso cabello de la protagonista, atributo fundamental alrededor del cual gira el film.
    La princesa y el sapo fue un intento aceptable de Disney por retomar la línea histórica de films de animación tradicional sobre tramas principescas, sin embargo éste basado en la historia de Rapunzel alcanza una mayor envergadura dramática y humorística, proponiendo elementos de atracción para niñas pero también para varones y público en general. Tanto la versión en inglés como la doblada tienen pareja eficacia, el final guarda un momento de gran emotividad y el personaje del caballo blanco no tiene desperdicio.
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  • Los bastardos
    Los bastardos
    Revista Veintitrés
    El cine mejicano sigue presentando cineastas con altas cualidades cinematográficas y expresivas, y en esa senda se puede incluir a Amat Escalante, el director de Los bastardos. Como Rodrigo Plá con La zona, pieza vibrante y con varias lecturas sociales y metafóricas, Escalante aborda esta trama fuerte con un espíritu afín pero con otras preocupaciones temáticas y estéticas. También la perceptible influencia de Carlos Reygadas es ostensible, no casualmente productor asociado de este film, suerte de thriller con toques introspectivos, contemplativos y hasta metafísicos. Dentro de un fascinante concepto narrativo, la presencia de sólo un par de escenas ultraviolentas sacuden con más dureza que las de un film de acción constante, fundamentalmente en el extendido abordamiento a la morada de una mujer indefensa. Sin embargo, todo el film está impregnado por una inquietante y asfixiante violencia contenida.
    Un par de jornaleros indocumentados en Los Ángeles, luego de un encargo ocasional, se introducen a la noche en una casa de familia para afrontar un trabajo distinto y más redituable, para el cual ya no emplearán sus herramientas habituales sino una escopeta recortada. En el abordaje de esa encomienda iniciática, ambos se tomarán licencias y prerrogativas en las que se combinarán el hedonismo, la perversión, la cobardía y el espanto. La humillación de su condición de extranjeros ilegales les hará aflorar una inexplorada crueldad.
    La minimalista actuación de Jesús Moisés Rodríguez y Rubén Sosa, contrapuesta con la estremecedora composición de Nina Zavarin, otorga un contraste interpretativo singular, dentro de un film dotado de imágenes tan atrayentes como perturbadoras.
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  • El ilusionista
    El ilusionista
    Revista Veintitrés
    Jacques Tati ha sido uno de los más grandes humoristas que ha dado el cine, pero además fue una suerte de poeta del paso de comedia. Su impronta personal, a través de su alter ego Monsieur Hulot, era desarrollar historias en las que los gags eran prodigios de coordinación entre el contexto, los personajes y su espigada y caricaturesca humanidad. Una meticulosa torpeza, combinada con candor y ternura, terminaban produciendo una gracia irresistible. Pero además Tati tenía una mirada levemente sarcástica del mundo que lo rodeaba, y eso quedó plasmado en películas fuera de serie como Playtime y Trafic. En El ilusionista, film que nada tiene que ver con el excelente film de Neil Burger con Edward Norton, el director Sylvain Chomet retoma un guión del comediante y cineasta francés que nunca fue rodado y lo traslada al terreno de la animación con fascinantes resultados. Fundamentalmente este recurso le sirvió para revivir de alguna manera a Jacques Tati, quien a través de sus inspirados trazos vuelve a mostrar esa fisonomía inconfundible.
    Chomet tiene como antecedente insoslayable esa maravilla del género llamada Las trillizas de Belleville, una obra de animación única en su tipo, así que la imaginaria unión entre Tati y Chomet se puede decir que ha sido una óptima idea, que ha deparado una obra artística formidable. Sin diálogos, sólo con algunos balbuceos ininteligibles entre los personajes que combinan distintos idiomas, la historia narra el ocaso de la carrera de un viejo mago, que en medio de fracasos en el mundo del music hall de hace varias décadas atrás, encuentra en un viaje una joven que pasa a acompañarlo en su tour y convertirse en una suerte de hija sustituta. Con más melancolía y sordidez que optimismo y más lirismo y sensibilidad que humor, El ilusionista es una joya que hay que disfrutar sin preconceptos. Y para los amantes de Tati y Las trillizas de Belleville, una cita obligatoria.
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  • Videocracy
    Videocracy
    Revista Veintitrés
    Con un estilo descriptivo y sensorial, focalizando en la fuerza de las imágenes y despojado de subrayados, el documentalista Erik Gandini realiza una demoledora semblanza del poder omnímodo del mandamás italiano Silvio Berlusconi. El título del film, Videocracy (algo así como imagencracia), grafica el concepto de un trabajo testimonial que engloba un país dominado y sometido por un empresario capitalista y de derecha que pasa de ser jerarca de los medios a jefe de estado. Gandini, desde una óptica irónicamente objetiva, acentuada por un desapasionado y monocorde relato propio (como Solanas en sus films pero con una expresividad opuesta); muestra a un país, el suyo, embrutecido. Una Italia limitada intelectual, cultural y emocionalmente por los medios hegemonizados por Berlusconi y sus laderos, algunos descaradamente mussolinianos como un famoso empresario televisivo que usa de ring tone una marcha al Duce. Dentro de una impronta eminentemente audiovisual la TV es la reina, mostrando personajes y programas que, más allá de una obvia frivolidad, bordean lo obsceno, lo patético, degradan ideales y anestesian conciencias. Al punto que el espectador por momentos parece estar asistiendo a un film futurista acerca de un país alegórico, dictatorial, orwelliano. Pero no, es el presente en Italia y Videocracy no recurre a ficción ni recreación alguna. El tramo final que aborda el itinerario de un sujeto mediático llamado Corona y un par de datos estadísticos inquietantes, si de un país del primer mundo se trata, terminan de redondear un documental apabullante, magistral, imperdible.
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  • Querido asesino
    Querido asesino
    Revista Veintitrés
    Con la presencia detrás de cámaras del talentoso Francis Veber, Querido asesino no alcanza los picos de eficacia de algunas otras brillantes comedias suyas pero logra un producto humorístico aceptable. Creador de films notables del género como El juguete, Los compadres, El placard y La cena de los tontos, Veber trabajó con grandes actores y comediantes franceses como Pierre Richard, Gerard Depardieu y Daniel Auteuil, y también fue autor de aquél film singular de Philippe de Broca, El magnífico y otros memorables con distintos directores como Alto, rubio y con un zapato negro, La jaula de las locas y su secuela. Este hombre que asimismo emprendió remakes de sus guiones y films en Estados Unidos reflota aquí un personaje histórico de su cuño como François Pignon, un cargoso de pocas luces que puede ser capaz de los actos más nobles. La trama transcurre casi en su totalidad en dos habitaciones de hotel comunicadas por una puerta en las que están él (traicionado y al borde del suicidio) y un sicario implacable. Los enredos que se producirán serán inevitables e incluirán a un tercer sujeto, el doctor amante de la mujer de Pignon, con alguna participación desopilante. El buen humor de los protagonistas Patrick Timsit y Richard Berry sostiene la eficacia de una propuesta llevadera.
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  • Personalidad múltiple
    Personalidad múltiple
    Revista Veintitrés
    Estadounidenses, surcoreanos y suecos, multiplicidad de nacionalidades para conformar Personalidad Múltiple, interesante thriller protagonizado por Sarah Michelle Gellar, la ex chica caza vampiros. Porque basándose en una película surcoreana de 2002 de Young-hoon Park titulada Addicted, la dupla de realizadores suecos integrada por Joel Bergvall y Simon Sanquist decidió recrear aquella película con resultados módicos pero manteniendo el interés hasta el final. Ambos cineastas habían llamado la atención de Hollywood con su film Den osynlige (Invisible), acerca de un estudiante que luego de un violento episodio descubre que se ha vuelto invisible para el resto del mundo. Aquí en Personalidad Múltiple, que en su título original, Possession, refleja mejor el espíritu de la historia, veremos una suerte de triángulo entre dos hermanos y una mujer en el que un accidente casi mortal de ambos hombres producirá un extraño enroque de personalidades. Las temáticas metafísicas parecen atraer a los nórdicos y acá tomaron el film de Park reformulando levemente la trama junto al guionista Michael Petroni, logrando aciertos y flaquezas, ya que mejoraron algún aspecto del argumento pero la sugestiva relectura del final no convence mucho. De todos modos las atmósferas creadas por los directores, los toques de suspenso y la buena interpretación dual de Lee Pace resultan atrayentes.
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  • El perseguidor
    El perseguidor
    Revista Veintitrés
    Sin relación alguna con el cuento del mismo título escrito por Julio Cortázar que luego derivó en un recordado film con Sergio Renán, El perseguidor es una notable pieza corta que no podría haberse llamado de otra manera. Estremecedora, atrapante y dotada de un lenguaje cinematográfico impecable, esta película del debutante Víctor Cruz no cuenta con jazz ni saxofonistas pero se convierte en una sorprendente ópera prima. Con experiencia como co director de documentales y productor del atrayente y paradojal film de Sandra Gugliotta Las vidas posibles, Cruz diseña precisamente con Gugliotta un guión sugerente y a la vez contundente, apenas dialogado y despojado de subrayados. La trama, salpicada con ajustados saltos narrativos, se podría resumir como la pesadilla de un matrimonio de un neurocirujano y una arquitecta acosados por un desconocido al intentar pasar un fin de semana en el Delta, en medio de revelaciones y nefastas decisiones. El film construye su historia de manera fragmentada, al presentar como parte del relato la cámara del hombre acosador, que registra los pasos de la pareja. Un recurso muy empleado por el cine de los últimos años, que aquí ofrece un quiebre visual que enriquece aún más la narración. Las interpretaciones de Marita Ballesteros y Alejo Mango, formidables y plenas de intensos matices, se ensamblan a la perfección con la propuesta estética y expresiva del director, confirmando una vez más que un film conciso y modesto también puede ser extraordinario.
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  • Amor en tránsito
    Amor en tránsito
    Revista Veintitrés
    Primer largometraje de Lucas Blanco, Amor en tránsito combina con buenos recursos dos historias de amor urbanas en medio de éxodos y migraciones. Idas y vueltas de argentinos nómadas e indecisos, porque tanto Mercedes (Sabrina Garciarena) como Juan (Damián Canduci) se debaten entre irse o quedarse en el país ante nuevas y desafiantes circunstancias afectivas. Ella termina los trámites que la llevarán a Barcelona donde un novio la espera y él arriba al país tras muchos años de ausencia, y ambos se cruzarán con dos personas que representarán un cimbronazo en sus vidas. Diálogos interesantes en el guión elaborado por Blanco y Roberto Montini, en los que el humor y la melancolía están presentes, van marcando una línea expresiva y dramática que sufre un corte algo abrupto. Porque la última porción del film ofrece una vuelta de tuerca inesperada pero confusa, en un intento de remedar la cinta de Moebius. Más allá de ese cierre no del todo logrado. Amor en tránsito ofrece un aceptable espíritu romántico y porteño, sostenido en parte por un cuarteto protagónico carismático a pesar de ciertos desniveles interpretativos y de marcación. Se destaca la creíble y sensible Verónica Pelaccini, la química entre Lucas Crespi y la bella Garciarena y la participación del siempre eficaz Carlos Kaspar.
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  • 4 3 2 Uno
    4 3 2 Uno
    Revista Veintitrés
    Con una serie de inquietudes expresivas, visuales y alegóricas, la realizadora Mercedes Farriols conforma un film de carácter eminentemente experimental, con todo lo que esa definición implica. Luego de su fallido film debut Olga, Victoria Olga, esta nueva pieza suya, de sugerente título numérico, 432 UNO, marca una clara diferencia conceptual con su obra anterior, en el que la existencia de una trama –melodramática, compleja, densa- era ostensible. Aquí prácticamente no existe un hilo argumental, que presenta a cuatro mujeres que en una playa van canalizando sus respectivas sensaciones frente a la muerte de un marido en común, una idea curiosa y original que de todos modos no queda claramente explicitada. El duelo de todas ellas frente al mismo hecho es abordado de diferentes -y a veces crípticas-, maneras, siempre enmarcado con un paisaje costero espléndidamente fotografiado pero algo abrumador, lo propio ocurre con los permanentes y cambiantes subrayados musicales. El cambio de rumbo en la narrativa de esta cineasta está dotado de un atractivo sólo relativo, restringido a un determinado público que pueda sentirse atraído por algunos pasajes. Una estética elaborada y los cambios cromáticos que va sufriendo el film, de blanco y negro a color y viceversa, son algunos puntos a rescatar. El resto es un experimento para pocos.
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  • Las hermanas L.
    Las hermanas L.
    Revista Veintitrés
    La productora MyS, que arrancó con un excelente film comunitario como UPA!, una película argentina, repite la experiencia ahora con Las Hermanas L., es decir abordar la manufactura de un film con varias cabezas funcionando, tanto en la dirección como en el guión. En el caso de Upa! coexistieron tres directores –y a la vez intérpretes-, y en esta nueva y audaz propuesta los realizadores –y a la vez guionistas- ascienden a cuatro: Eva Bär, Santiago Giralt, Alejandro Montiel y Diego Schipani. Sólo se reitera el nombre de Giralt, quien hace poco presentó su primera película como único director, Toda la gente sola. En realidad Las Hermanas L data ya de un par de años de existencia y vale la pena que ahora se pueda acceder a esta comedia pasional y erótica sobre un par de familias disfuncionales y sus objetos de deseo, con toques bizarros y kistchs que entretiene en todo momento y es capaz de despertar unas cuantas carcajadas. Las susodichas hermanas L. tienen en realidad el apellido Legrand, algo que la diva de los almuerzos no autorizó para el título y que es nada más que una humorada más de un film que cuenta con desfachatada galería de personajes rondando las desventuras de estas chicas, entre la que se destaca claramente una escritora de cuentos eróticos a cargo de una desopilante e imperdible Soledad Silveyra. Más allá de algunos desniveles y excesos grotescos, una propuesta divertida e irreverente..
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  • Skyline: La invasión
    Skyline: La invasión
    Revista Veintitrés
    Con un estilo Clase B adaptado íntegramente a la contemporaneidad, con todos los avances tecnológicos existentes en efectos especiales, digitales, robóticos, sonoros y escenográficos; Skyline La Invasión es un film de ciencia-ficción que tan sólo se puede calificar de aceptable. Dirigido por Los Hermanos Strause, realizadores de la secuela de Alien vs Predator, (Requiem) y forjadores de parte de las maravillas visuales de Avatar, encararon aquí un film típico de invasión extraterrestre sin poder evitar caer en lugares comunes y visibles referencias muchos otros film del género de los últimos años y de su prehistoria. Ambientada en una ciudad de Los Ángeles asolada por extrañas luces y desquiciadas naves extraterrestres que no dejarán a ningún ser vivo en paz, la trama, salvo alguna que otra sorpresa menor, abunda en inconsistencias y lo propio se puede decir de los diálogos y situaciones. Pero quizás lo que más molesta es que los “homenajes” sean permanentes, partiendo sin dudas de Día de la independencia y La guerra de los mundos de Spielberg, pasando por la serie V, Cloverfield, Sector 9 y Matrix Revoluciones. Demasiadas referencias, pero cierto nivel épico, la tensión constante y la grandilocuencia de los efectos, harán que los fanáticos del género la disfruten de todos modos. Y quizás también la secuela en ciernes.
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  • Un buen día
    Un buen día
    Revista Veintitrés
    La dupla Enrique Torres (guión) y Nicolás Del Boca (director) remontan su vínculo de exitosos creadores de telenovelas y arriban a este paso cinematográfico, entusiasta pero fallido. Con alguna pretendida reminiscencia de Antes del amanecer de Richard Linklater, Un buen día presenta un amor incipiente y providencial de dos argentinos en un contexto luminoso y lejano (California), con un claro aliento melodramático y algún toque de comedia. Pero esto se desbarranca producto de diálogos pretenciosos, situaciones mal resueltas y una trama general difícil de sostener con sólo dos personajes. La bella –aunque innecesariamente retocada- Lucila Solá pasea durante toda la proyección su estilizada figura pero también su prefabricada expresividad y escasa convicción dramática. Vinculada sentimentalmente con Al Pacino, la protagonista no logra dar el tono adecuado, más aún cuando la trama entra de lleno en un doloroso drama personal. El más experimentado y talentoso Aníbal Silveyra tampoco puede evitar cierta afectación, inevitable ante algunos diálogos y situaciones con las que debe lidiar, pero alrededor de su personaje se sostiene levemente la estructura dramática del film. En el final, que propone una confusa y hasta caprichosa vuelta de tuerca de tono fantástico o espiritual, la presencia de Andrea Del Boca otorga un toque de solidez actoral.
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  • Cosa voglio di più
    Cosa voglio di più
    Revista Veintitrés
    Con una trama llana y despojada de psicologismos y alegorías, el excelente cineasta milanés Silvio Soldini (Pan y tulipanes) ofrece su mejor obra en esta última y notable realización suya. Presentada con su título original, sin traducción o “adaptación” alguna, Cosa voglio di più (algo así como Qué más yo podría desear), se interna profundamente en la temática de la infidelidad y la pulsión contra viento y marea de dos amantes que redescubren la pasión. El director, como en la magnífica Sonrisas y lágrimas, se vuelve a ocupar de los vínculos de pareja, pero en este caso de dos relaciones, y de una tercera que se conforma a partir de éstas. Una empleada contable que acaba de acordar tener un bebé con su novio conoce a un hombre casado con dos niños con el que establece una desatada y estremecida relación amorosa, que modifica radicalmente la rutina de la vida de ambos. Con una magistral observación de la vida cotidiana, un registro conmovedor del amor pasional y clandestino, unos sutiles pero significativos trazos acerca de la crisis económica y moral que atraviesa Italia, Cosa voglio di piu cuenta además con un elenco inmejorable. Imposible no mencionar a la camaleónica protagonista Alba Rohrwacher, la adolescente feúcha y perturbada de El papá de Giovanna, aquí transformada en una bellísima mujer. Un film simple y a la vez extraordinario.
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  • Boca de fresa
    Boca de fresa
    Revista Veintitrés
    Una verdadera sorpresa dentro del desparejo terreno del paso de comedia cinematográfico autóctono propone Boca de fresa, título sugerente y acaso kitsch que también la da nombre a un tema cuartetero de la Mona Giménez que cierra jubilosamente la película. Porque la desprejuiciada historia abordada aquí tiene que ver con el nostálgico mundo que rodea a los hits discográficos y la antigua caza de talentos musicales. Con una indisimulable evocación a los años 70, sus artistas beat, y algo de aquella legendaria puja entre la música complaciente y la progresiva, la comedia entrega unos cuantos pincelazos retro y desarrolla una trama divertida y atrayente. Boca de fresa es capaz de abarcar tópicos sentimentales y pasatistas con una frescura que supera los estereotipos, enmarcándola en un terreno de cine popular de muy buen nivel.
    Escrita, dirigida y también musicalizada por Jorge Zima, esta segunda película suya cuenta la historia de un sobrino y tío que manejan una decadente productora de música y descubren que una banda noruega ha convertido en hit el remix de una antigua canción perteneciente a un cantante que ellos representaban. El aparente aislamiento de ese artista en un lugar impreciso de las sierras de Córdoba da el punto de partida de una aventura que emprende el más joven de la impresentable productora junto a su novia, engañada con un presunto viaje romántico. Brillantemente protagonizada por la pareja (real) compuesta por Rodrigo de la Serna y Erica Rivas, el film entretiene con buenas armas y algunos bien ubicados toques sensibles y románticos. Junto a intérpretes con mucho oficio como Roberto Carnaghi y María Fiorentino se destaca la excelente composición del cantautor Juan Vattuone, en un personaje clave en el film. Para disfrutar –y tararear- con un pequeño, divertido y cálido momento fílmico nacional.
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  • Como bola sin manija
    Como bola sin manija
    Revista Veintitrés
    Centrada en un personaje de la vida real que merecía una película, o, al menos una nota periodística, Como bola sin Manija va más allá de su circunstancia anecdótica y se transforma en una módica reflexión sobre una familia disfuncional y sobre la vida misma. El film aborda la personalidad y la existencia de un ex bancario jubilado llamado Rubén, cuyo hábito llamativo es el de negarse a salir de su vivienda desde hace casi tres décadas, a pesar de no tener impedimentos de ningún tipo. Con su casa como epicentro y microcosmos, este extraviado hombre grande no es un completo ermitaño, está vinculado con una vecina con la que se comunica a través de la medianera y mantiene un fluido contacto con tres sobrinos suyos, muy distintos entre sí en su aspecto, sus actividades, su manera de ser y sus actitudes frente al comportamiento de su tío. Abrevando en esta insólita pero limitada situación los directores Pablo Osores, Roberto Testa (ambos responsables del notable film testimonial Flores de Septiembre) y Miguel Frías (también crítico de cine del diario Clarín) construyen un lúcido documental. Sin alardes expresivos ni visuales, con una óptica sencilla y llana, pero focalizando en la atracción de un misterio que precisa ser develado, o, al menos, indagado; aciertan y echan luz sobre un ser singular y por qué no, encantador.
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  • La cantante de tango
    La cantante de tango
    Revista Veintitrés
    Dotada de una estilización visual por momentos notable, La cantante de tango se debate entre sus virtudes estéticas y creativas y sus errores conceptuales y de casting. El realizador argentino Diego Martinez Vignatti trabaja en Bélgica hace más de diez años y sin dudas que a través de este film transmite su amor por el tango y sus artistas, destilando un tono evocativo y melancólico que en algunos tramos alcanza cierta envergadura. Pero esas premisas se van desdibujando como consecuencia de un dubitativo guión y de una elección desacertada de la protagonista. Se trata de la atractiva Eugenia Ramírez Miori, que se ocupa aquí de cantar y actuar con la exigente premisa argumental de componer a Helena, una extraordinaria cantante de tango. Existiendo en Buenos Aires tal –y ascendente- cantidad y calidad de cantantes femeninas del género, resulta casi inadmisible su elección para un rol que pone en evidencia su escasa expresividad vocal y tanguera. Como actriz resulta algo más convincente, en la piel de esa mujer no correspondida en el amor que, en otro país, está a punto de cumplir sus máximas metas artísticas. Algunos momentos musicales y personajes interesantes (son buenas las participaciones de Dora Baret y Alfredo Piro, por ejemplo) se suman a los mencionados planos visuales y salvan en parte el film.
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  • El bosque
    El bosque
    Revista Veintitrés
    Película nacional de bajo presupuesto de un par de directores noveles, El bosque cuenta con un buen trabajo de cámara y algunos interesantes climas, pero no logra amalgamar esas ideas a través de una trama con sustento. Tampoco ayudan a Pablo Siciliano y Eugenio Lasserre, los jóvenes y acaso promisorios cineastas, el trío protagónico con que llevaron a cabo el proyecto. Oscar Pérez, Paula Brasca y Martín Markotic, con muy poca o nula experiencia en cine, debían cargar con todo el peso dramático del film y no aportan la expresividad y convicción necesarias.
    Este largometraje que fuera estrenado sin mayor repercusión hace algunas semanas, es relanzado ahora oportunamente, y narra una historia ambientada en el marco natural al que alude el título, en el que un sujeto mayor, ermitaño y taciturno que vive en una casa perdida en el medio del campo, refugia a una joven pareja que está de paso, lo que da pie a una perturbada relación triangular, con extraños cambios de comportamiento y situaciones sobrenaturales que llevarán a sombrías consecuencias. Con toques de thriller alegórico, y un atrayente trabajo de sonido, El Bosque cuenta con algunos méritos, ya apuntados, que no alcanzan pero abren auspicios para el futuro de Siciliano y Lasserre.
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  • Todo un parto
    Todo un parto
    Revista Veintitrés
    El guionista y director Todd Phillips ya tiene, al menos, dos hitos perdurables en el terreno de la comedia disparatada: ¿Qué pasó ayer? y Borat. En el caso del desopilante y exitoso film con Bradley Cooper, Ed Helms y el propio Zach Galifianakis (protagonista de este estreno), hay que decir que ya está en rodaje su secuela, y la genial comedia sobre el reportero de Kazajistán y su incalificable documental en Estados Unidos, partió de un argumento original de Phillips, y significó el lanzamiento del fenomenal Sacha Baron Cohen. Todo un Parto propone una pieza humorística con un espíritu afín pero con una trama de otras características. Que propone confrontar dos personalidades opuestas pero complementarias, la de Peter (Robert Downey Jr.) padre primerizo que intenta regresar a su hogar de un viaje de negocios para estar presente en el parto de su mujer, y la de Ethan (Galifianakis), sujeto –al igual que su perro- intolerable y calamitoso pero de buenos sentimientos, con el que el primero probará su paciencia e instinto asesino. Lo que acontezca con ese yuppie impoluto y ese actor aficionado que lleva a las cenizas de su padre en un tarro de café (que dará pie a un predeterminado pero antológico gag) será fundamentalmente descontracturado y divertido como para pasar un momento entretenido, y no mucho más que eso.
    Con toques de road-movie y claros puntos de contacto con Mejor solo que mal acompañado de John Hughes con Steve Martin y John Candy, esta nueva entrega de Phillips no alcanza la eficacia de ¿Qué pasó ayer?, porque aquella suculenta idea tenía una pareja acumulación de alternativas. En este caso el espacio de diversión se reduce mucho y por momentos flaquea. De todas maneras es indudable que, con el aporte significativo del dueto de comediantes protagónico, Todo un parto provoca, merecidamente o no, un puñado considerable de sonrisas, risas y risotadas a lo largo de su metraje. Y eso siempre se agradece.
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  • Elegía de abril
    Elegía de abril
    Revista Veintitrés
    Con creatividad y sensibilidad, el cineasta Gustavo Fontán presenta a través de Elegía en Abril una historia autobiográfica que gira alrededor de su abuelo poeta y la suerte de un libro póstumo que no alcanzó a ser distribuido. Nunca mejor dicho que una película combina documental y ficción como ésta, cuyo título cita el del libro de ese hombre llamado Salvador Merlino, punto de partida de un bello ejercicio cinematográfico. El director propone una experiencia singular para narrar esa situación que arranca con la búsqueda de unos olvidados envoltorios en lo alto de un placard, “reemplazar” a quienes hacían esa tarea –sus propios padres- con los actores Lorenzo Quinteros y Adriana Aizenberg, que ocuparán sus lugares para desarrollar dramáticamente vivencias que tienen que ver con una íntima reconstrucción de la memoria. Como un ensayo puesto a la vista de un trabajo por editar que en realidad ya está –y muy bien- hecho, el film va desenvolviendo, al igual que esos polvorientos paquetes que guardaban ejemplares poéticos, una trama llena de sentimientos, evocaciones y pequeños tributos. Salpicada visualmente con apuntes sensoriales, estéticos y emocionales, Elegía de abril parece ser el mejor trabajo de Fontán, luego de su algo antojadiza La madre. El sustancioso aporte interpretativo de Quinteros, Aizenberg y el joven Federico Fontán redondean una breve pero entrañable joya.

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  • El lince perdido
    El lince perdido
    Revista Veintitrés
    Producido por Antonio Banderas, El lince perdido es un film de animación español que cuenta con una trama ecológica atendible y una realización dotada de recursos aceptables dentro de la especialización digital del género. Los países de habla castellana están ofreciendo alternativas interesantes frente los tanques de Pixar y Dreamworks como Perú con la reciente El delfín: La historia de un soñador y nuestro país con la aún en cartel Gaturro. Si bien esta nueva obra infantil cinematográfica ha sido premiada con un Goya y considerada en España como la mejor hasta la fecha, no parece superar la magia de El bosque animado, que inauguró la animación 3D en largometrajes en su país de origen y en Europa toda, ni mucho menos la creatividad de Planet 51 de Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez De todos modos en este último caso participaron capitales y artistas estadounidenses, y en esta pieza de Manuel Sicilia y Raúl García, todo corre por cuenta de animadores, actores y productores ibéricos.
    La historia corresponde a Félix, un lince herido que se recupera en una oscura clínica para animales que después se verá que es un refugio para animales en peligro de extinción. Centro manejado por un millonario de nombre alegórico –Noé-, que deberá confrontar con Newmann, un cazador mercenario que pasará de ser aliado a enemigo, mientras veremos peripecias del lince junto a personajes logrados como un camaleón que no es precisamente diestro en el arte del camuflaje, una cabra y un topo.
    La trama es dinámica, con algunos momentos divertidos, y resulta original que el protagonista sea un lince, bello animal en riesgo, pero de todos modos su personaje y el de su contrapartida femenina (Lincesa) están discretamente delineados y no generan el interés necesario. Los chicos, termómetro fundamental para mensurar este tipo de films, se sienten atraídos sólo por momentos.
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  • Lengua materna
    Lengua materna
    Revista Veintitrés
    En un momento en que la cartelera porteña ofrece al menos dos films, Una pareja despareja y Mi familia, que abordan relaciones entre personas del mismo sexo, el cine argentino también se suma a esa tendencia y ofrece la audaz e interesante Lengua Materna, sugerente título de acuerdo al contenido. Dirigida por una mujer, circunstancia que ha predominado este año con atrayentes propuestas como La mosca en la ceniza de Gabriela David, declarada en estos días “de interés social” por la Legislatura Porteña, en una semana la que también se da a conocer Franzie de Alejandra Marino; esta pieza protagonizada por Claudia Lapacó y Virginia Innocenti se ocupa de una trama familiar que gira alrededor de una pareja lesbiana en crisis. La guionista y directora Liliana Paolinelli ya había demostrado su talento en su debut testimonial Por sus propios ojos, y aquí entra en un terreno de ficción con un tema riesgoso que alterna momentos dramáticos con otros decididamente humorísticos, por momentos desopilantes. El peculiar vínculo entre una madre posesiva con su hija mayor, de la que tarde se entera de que está en pareja con otra mujer, está tratado con sensibilidad apoyado en buenos diálogos y situaciones. Un segmento final con una elipsis apresurada y un tono dispar no malogran un film dotado de un elenco ajustado, en el que se destacan las estupendas caracterizaciones de Lapacó e Innocenti.
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  • Red social
    Red social
    Revista Veintitrés
    La mixtura entre un director notable y siempre a la búsqueda de tópicos poco frecuentados y el fascinante espacio de las redes sociales informáticas, da por resultado un film, aún abarrotado de diálogos, absorbente y atrapante. Sin escenas de acción, historias de amor, melodramatismos, pretensiones humorísticas o pasos de comedia, David Fincher diseña con Red social un formidable acercamiento fílmico a un universo tan cotidiano como inexplorado. Los contactos interpersonales a través de la computadora y la red, que a menudo empleamos casi involuntaria, automática, inconteniblemente, tienen aquí su mirada histórica y a la vez visionaria. Así como en su momento Tron y Juegos de guerra abordaron fantasiosamente el novedoso mundo de los video games, esta película del director de Seven, The game y El curioso caso de Benjamin Button logra englobar la esencia básica de Facebook, pero en este caso con una mirada realista y despojada de chisporroteos cybers.
    Una “historia de la vida real”, la epopeya de Mark Zuckerberg, el joven introvertido y obsesivo por la informática que, con algunas leves inspiraciones ajenas, inventó esta red social que derivó en una demanda de su mejor amigo y otros. Basada en un libro que no es novela, Fincher y su guionista encontraron allí el material indispensable para desarrollar un film que no precisa apoyarse en pantallas de monitores o en digitalizaciones como recurso narrativo, aunque hay que destacar que los gemelos Winklevoss están interpretados por un mismo actor por imperceptibles destrezas de montaje y efectos. Y a propósito de actuaciones, son el pilar sustancial de un espléndido andamiaje, partiendo de un Jesse Eisenberg lleno de matices junto a Andrew Garfield, Armie Hammer y Justin Timberlake (impecable, cada vez mejor en esta faz), entre otros. Aún para aquellos muy poco empapados en la temática, Red social es un film apasionante, irresistible, conectado con redes humanas que van más allá de Internet.
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  • Franzie
    Franzie
    Revista Veintitrés
    Con una pareja protagónica carismática, Franzie ofrece el primer rol principal en un largometraje de Mimí Ardú, que extrañamente no había alcanzado aún esa chance. Tanto ella como Enrique Liporace sostienen dramáticamente un film desparejo y a veces caprichoso en su trama, que sólo por momentos mantiene su interés. La actriz que descolló en El bonaerense de Pablo Trapero y tuvo importantes participaciones en El destino, Un año sin amor y La demolición, compone aquí a una mujer solitaria y melancólica llamada Francisca, cuyo sobrenombre le da título al film, que sufre un grave y nunca revelado mal por lo cual se propone cumplir con algunas situaciones pendientes. En este trance aparece en su vida Emanuel, escritor frustrado y corrector desempleado que se convierte en una especie de acompañante pago de ella para lograr sus objetivos. La compleja situación familiar de Franzie suma momentos agridulces y emotivos a la trama, pero aún así ni el guión ni la realización alcanzan el tono adecuado ni tampoco acompañar las módicas expectativas que despierta el film en su arranque. Algunas escenas jugadas en pareja por una entrañable Ardú y un estupendo Liporace y las participaciones de Victoria Carreras y Norma Pons aportan lo suyo y rescatan levemente el producto.
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  • Padres de la plaza: 10 recorridos posibles
    Si bien Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo han tenido importantes registros audiovisuales de diferentes cinematografías, quizás aún esperen una película que refleje abarcativa y pormenorizadamente su lucha casi legendaria. Mientras tanto, los padres que estuvieron cerca de ellas, a través de un reconocimiento algo tardío pero valioso, ya tienen su pequeño y a la vez gran film testimonial. Porque Padres de la Plaza - 10 recorridos posibles es un conmovedor documental que se ocupa de un puñado de hombres, menores en número, más anónimos, menos mediáticos o mediatizados, pero igualmente poseedores del dolor de haber tenido hijos secuestrados, desaparecidos o comprobadamente aniquilados durante la nefasta segunda mitad de los años 70. Padres que compartieron con sus mujeres la búsqueda de sus hijos, pero sin por ello llegar a agruparse y organizarse como una referencia reconocible para sus pares y para el mundo. La película de Joaquín Daglio entrelaza con enorme sensibilidad diez historias que cuentan sobrecogedoras vivencias que se desprenden de esos episodios trágicos. Mientras recorren espacios entrañables, ellos hablan a la cámara con nostalgia, desazón, ira, entereza, algún sentimiento de culpa y comparten sus testimonios descomprimiendo, quizás, su indescriptible pesar. Sin grandes despliegues visuales, Padres de la Plaza está dotada de un impacto emocional poderoso e indeleble.
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  • Orquesta roja
    Orquesta roja
    Revista Veintitrés
    Los debates que actualmente involucran a los medios hegemónicos encuentran aquí un nuevo punto de vista a través de esta increíble historia vinculada a un fugaz movimiento guerrillero. Trama luego reducida a una patraña, como parte de una operación mediática que arrancó con una primicia desaforada y terminó en una estudiada trivialización y desmerecimiento. Orquesta roja, primer largometraje de Nicolás Herzog, joven cineasta dotado de prestigioso y oportuno apellido, hace una radiografía sorprendente de estos hechos a través de tres personajes singulares y las dispares situaciones que se difundieron sobre ellos a mediados del año 2000 desde Concordia, Entre Ríos. Una nota exclusiva de los medios de comunicación Crónica TV y Radio 10 con ese grupo guerrillero llamado Comando Sabino Navarro, anunciaba a través de su líder, el comandante Chelo Lima, una vuelta a la lucha armada y al espíritu combativo de los años 70. Un trato previo que establecía un falso vivo fue incumplido por la radio, lo que derivó en un abrupto corte de la entrevista y una apresurada huída. Escenario luego desacreditado por el resto de los medios como una farsa del popular canal de noticias, este trabajo testimonial se ocupa de poner las cosas en su estricto lugar. Una obra reveladora, que desnuda facetas humanas e intereses creados, realzada con interesantes recursos visuales.
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  • Enterrado
    Enterrado
    Revista Veintitrés
    Con su indudable halo de singularidad cinematográfica, Enterrado ofrece una pieza con pocos parangones, lo que sin dudas es un buen punto de partida. El otro es su trasfondo acerca de la política exterior norteamericana y los negocios corporativos que genera la guerra en Oriente Medio, aspecto que le otorga al film algún toque de denuncia. Pero más allá de eso, el producto global que ofrece esta película del español Rodrigo Cortés responde cabalmente, a pesar de que en este caso no lo haya hecho a través de un guión propio, al caracter llamativo, burbujeante y siempre pretendidamente original que ha llevado adelante en su corta y veloz trayectoria. Que ahora lo ha llevado a filmar por vez primera con una figura actoral estadounidense, aunque este no sea un film producido en Hollywood, circunstancia que ya está a punto de llegar en su carrera. En sus varios y notables cortometrajes, como Yul, Los 150 metros de Callao, y el documental apócrifo 15 días, Cortés ha desplegado esa idea del cine en la que el artificio es más importante que el contenido, lo cual se extendió a su atrayente ópera prima Concursante, con un estupendo protagónico de Leo Sbaraglia, pese a ello no estrenada aquí.
    Y Enterrado era un proyecto ideal para este cineasta autodidacta y talentoso, que supo sacarle el jugo al ingenioso y claustrofóbico guión de Chris Sparling acerca del conductor de camión que despierta dentro de un viejo ataúd de madera, enterrado vivo y acompañado por unos pocos elementos, como un celular de última generación pero con poca batería, una linterna con falso contacto y un encendedor. Cosas que a veces le serán útiles en su situación y otras no tanto, mientras mantendrá diálogos a veces sordos con sus captores árabes, sus rescatistas norteamericanos, su contacto para la empresa en la que trabaja y su mujer. Con pasajes angustiantes y dramáticos, una esforzada labor de Ryan Reynolds, un final negro y sorprendente –aunque no tan original-, y una sostenida tensión, Enterrado es un brillante ejercicio cinematográfico. Pero esto no siempre da por resultado un gran film.
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  • Whisky con Vodka
    Whisky con Vodka
    Revista Veintitrés
    El cine dentro del cine no es precisamente una novedad, muchos cineastas han apelado a este recurso, que puede resultar atrayente para el espectador entendido. Quizás la película modelo en este subgénero sea La noche americana, sin embargo este delicioso film de Andreas Dresen (que venía de ofrecer una joya como Nunca es tarde para amar), merecería figurar en un lugar destacado detrás de aquella obra maestra de Francois Truffaut y acaso de La mujer del teniente francés de Karel Reisz. Más que nada por su formidable pintura de una luminaria actoral en decadencia, ese Otto Kullberg que se debate entre su amor por el cine y sus problemas de comportamiento, ligadas mayormente al alcohol. De ahí el título Whisky con Vodka, que también funciona como una alegoría ligada al protagonista y a su actor reemplazante. Ese hombre endiosado y despreciado que, más allá de sus debilidades, sigue siendo un artista; una entrañable excusa narrativa que no oculta un indisimulable homenaje al cine. Los devaneos amorosos del equipo, los problemas de egos y cartel y otros detalles del universo de un rodaje, son situaciones de la trama que suman atractivos por partida doble, al reflejar otro film en proceso. El abanico audiovisual se completa con la canción de Gardel Por una cabeza, que forma parte de la banda de sonido, y la excelente composición de Henry Hübchen, dentro de un elenco inmejorable.
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  • Huellas y memoria de Jorge Prelorán
    La vida de Jorge Prelorán, uno de los cineastas más admirados y estudiados de nuestro país, es reflejada en este trabajo de manera abarcativa y a la vez atrayente, utilizando algunos de los principios que el propio protagonista del film enuncia en esta película-homenaje. Este artista de la imagen testimonial, especializado en el género documental casi desde sus inicios, y fallecido recientemente, recibe aquí un acercamiento a su tarea, su pensamiento y forma de ser a través de esta oportuna y entrañable pieza de Fermín Rivera. Quizás su objetivo más importante haya sido reivindicar la trascendencia mundial que Jorge Prelorán y su prolífica filmografía han tenido y seguramente ese aspecto está más que cumplido. Rivera había ofrecido a través de Pepe Núñez, luthier, una singular mirada sobre un hombre anónimo y discapacitado que llevaba adelante su oficio contra todas las dificultades, documental elogiado precisamente por Prelorán, quien aceptó que este colega suyo se ocupara de su historia de vida tan particular. Rodado a lo largo de más de cuatro años en distintos escenarios, pasando por sus primeros y curiosos films argumentales en los Estados Unidos y llegando a obras que recorrieron de una manera única la geografía de un país, Huellas y memoria de Jorge Prelorán es un valioso tributo para conocedores y neófitos.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    Revista Veintitrés
    Un más que auspicioso debut cinematográfico ofrece el joven cineasta Miguel Cohan, un ex asistente de Marcelo Piñeyro (colaboró con él en películas como Cenizas del Paraíso y Plata quemada) que se da el lujo además, cosa que también podría haber conllevado un riesgo, de dirigir a figuras de gran peso en el cine nacional como Leonardo Sbaraglia y Federico Luppi. Los aciertos y valores de este thriller dramático parten fundamentalmente de una potente idea que dio como resultado un sólido guión de Ana Cohan y el director.
    Varios aspectos turbios de la sociedad argentina, que por momentos recuerdan a las denuncias de El Rati Horror Show, se ponen en tela de juicio en Sin retorno, a través de una trama intensa y atrapante. De todos modos la estructura narrativa del film es lineal y apenas presenta un par de elipsis, pero que son bastante pronunciadas. Se trata de saltos temporales que pasan por alto instancias que podrían haber tenido un interesante desarrollo en la película, como un juicio oral que termina por condenar al personaje de Federico (Sbaraglia), acusado de atropellar a un ciclista y abandonarlo, y el posterior tránsito de él en prisión a lo largo de tres años y medio. Ambos segmentos son obviados en la historia, dejando aún más en evidencia el sustancioso contenido del entramado argumental. Que enfoca las consecuencias de una serie de acontecimientos fortuitos –combinados con irresponsabilidad y negligencia- que desembocan en un accidente trágico. El afán de un grupo familiar por evadir un compromiso legal y el empecinamiento de un padre por encontrar un culpable, sea quién fuere, dan por resultado una injusticia y una posterior venganza.
    Con una tensión que llega a volverse angustiante y un final de enorme impacto emocional, la película de Cohan cumple satisfactoriamente con casi todos sus objetivos. Se puede advertir algún desnivel actoral dentro de un elenco mayormente impecable, en el que los protagonistas Sbaraglia y Martin Slipak logran formidables composiciones, sin dejar de mencionar a un Luppi conmovedor y eficaces participaciones de Ana Celentano y Luis Machín.
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  • Sarmiento, un acto inolvidable
    El innegable gran educador, hombre de estado y escritor tiene en este film un protagonismo especial, ya que la propuesta fundamental de Sarmiento, un acto inolvidable es poner en primer plano su relevancia como figura histórica de la patria. Reconocido por los progresos que llevo adelante en el campo educativo, el autor de Facundo o Civilización y barbarie es sin dudas un prócer controvertido, más por sus ideas que por su obra. Es precisamente lo que el director sanjuanino Pepe De La Colina pone en el tapete en su film, apelando a diversos recursos expresivos en los que alterna situaciones del presente con otras de la historia sarmientina combinadas con un toque fantástico. Elementos que conviven en una trama en la que una maestra, encargada de la realización de un acto alusivo, recibirá una fantasmal sorpresa, a la que se suma una módica vuelta de tuerca en el final. El afán reivindicatorio del director se hace ostensible a través de un profesor de historia que cuestiona severa y maniqueamente a Sarmiento, por cuanto, más que homenajearlo sin retaceos, De La Colina cae en un discurso enfático y por momentos burdo que no favorece sus objetivos. La discreta labor del elenco tampoco ayuda, pero de todos modos el esfuerzo puesto en juego en la ambientación y algunas ideas pueden atraer a quienes se interesen en nuestra historia.
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  • Wall street 2 - El dinero nunca duerme
    Con una trama y un estilo renovados con respecto al primer film, pero manteniendo el espíritu crítico acerca del mega poder económico, Oliver Stone despliega lo mejor de su talento visual y expresivo pero no alcanza a conformar una gran obra. A más de veinte años del memorable Wall Street original, que desmenuzaba ferozmente la rapiña financiera, ponía en primer plano a la generación yuppie y creaba un nuevo y despiadado antihéroe llamado Gordon Gekko, el director de Asesinos por naturaleza, La radio ataca y JFK consideró interesante retomar esa historia y crear una suerte de saga. Pero además, haciendo honor a la trama de aquél film, Stone se procuró un trabajo fílmico que consolide su capital, acaso como para seguir adelante con sus otras vertientes cinematográficas, caso la reciente Al sur de la frontera o la anterior y no estrenada aquí Looking For Fidel. No habrá estado equivocado en ninguna de las dos cosas, porque no fue una mala idea realizar esta secuela y probablemente la taquilla lo acompañe.
    Quizás el problema de Wall Street: El dinero nunca duerme, además de un final un tanto idealizado, sea el haber picoteado en variados tópicos sin llegar a profundizar en ninguno, como por ejemplo un mega colapso de la economía mundial, una conflictiva y casi terminal relación padre-hija, el tema del mentor o padre sustituto que padece el personaje del joven operador de Wall Street (Shia LaBeouf), tanto con su jefe anterior (Frank Langella) como con Gekko y como estos elementos combinados pueden destruir una relación de pareja. De todos modos esta versatilidad temática le otorga al film un innegable y constante interés.
    Con deslumbrantes recursos visuales para mostrar a Nueva York y su mundillo financiero (incluyendo un atrayente video clip que se puede ver con los títulos finales), una excelente –otra vez- actuación de Michael Douglas, bien acompañado por LeBeouf y grandes actores de reparto (Josh Brolin, Langella, Susan Sarandon), y algunas lecciones atendibles acerca de la hora que vivimos, este regreso de Gekko y su capitalismo salvaje valen la pena.
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  • Lula, el hijo de Brasil
    Lula, el hijo de Brasil
    Revista Veintitrés
    Concebida como un inusual homenaje a un presidente en ejercicio, Lula, El hijo de Brasil es una película asimismo inusual en su presupuesto, si de una cinematografía latinoamericana estamos hablando; más de diez millones de dólares que la han convertido en la más cara de la historia de ese país. Un costo alto pero bien amortizado, porque, estrenada a comienzos de este año en Brasil, ha convocado a más de un millón de espectadores. Una obra de un claro y simple carácter biográfico, que no pretende hacer historia en el género, pero que para los que desconocen la trayectoria de Luiz Inácio Lula da Silva –y para los que sí la conocen-, ofrece un sólido muestreo de una vida fascinante, salpicada de luchas, duros sinsabores y fenomenales logros.
    Entre las desdichas habrá que incluir la padecida por el propio realizador del film, Fábio Barreto, quien unos días antes del estreno sufrió un gravísimo accidente automovilístico del cual aún no se ha recuperado y que probablemente le impida volver a filmar. Barreto, hermano de Bruno, director de la memorable Doña Flor y sus dos maridos, ya había alcanzado una candidatura al Oscar a la Mejor Película Extranjera por O quatrilho, y aquí puso de manifiesto su oficio para narrar con estilo clásico una historia de vida que, más allá de algún idealismo e inevitables simplificaciones, resulta ejemplar. Desde su humilde nacimiento en el estado de Pernambuco hasta el entierro de su madre al que pudo concurrir aún estando en prisión, gran parte del recorrido de Lula está presente a lo largo de un metraje que aporta un par de momentos fuertemente emotivos, como el señalado del final. Un elenco eficiente con un intenso Rui Ricardo Diaz a la cabeza, conforman un adecuado marco para recrear la epopeya de un líder tan carismático como genuino.
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  • Ni dios, ni patrón, ni marido
    Coproducción argentino-española dirigida por la ibérica Laura Mañá, Ni Dios, ni patrón, ni marido es una interesante evocación de uno de los primeros grupos de mujeres activistas. Estrenada en nuestro país con retraso, ya que data de 2007, tal demora no influye demasiado en la vigencia de su contenido, dado el carácter histórico del film. Que gira alrededor de la anarquista rosarina Virginia Bolten, que funda el periódico La Voz de la Mujer, el primero en Latinoamérica que abarcó tanto ideas revolucionarias como feministas. En el marco de una hilandería en conflicto por despidos, insalubridad y maltratos a sus obreras, todas mujeres por cuestiones de costos; se va desarrollando el germen de la rebelión, en medio de otras alternativas argumentales. Una cantante de ópera de la alta sociedad que se pliega a la lucha, un senador que la ama y que desata una represión clandestina contra las trabajadoras y su propio objeto de deseo, son otros apuntes de la trama que, junto a una cuidada ambientación y vestuario, mantienen el interés del film. Que sin dudas daba para más, pero que a través de un atendible guión coescrito por una de sus protagonistas, Esther Goris, refleja con acierto las iniciáticas luchas femeninas contra el despotismo e ignorancia de los hombres de la época. Junto a la Goris se destaca la labor de Eugenia Tobal, y los aportes de Daniel Fanego y Jorge Marrale.
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  • El Rati Horror Show
    El Rati Horror Show
    Revista Veintitrés
    Luego de un arranque actoral con Daniel Burman en Esperando al Mesías y con Marco Bechis en Garage Olimpo, componiendo de manera eficaz dos personajes disímiles, parecía que la carrera de Enrique Piñeyro iba a fluir tranquilamente por ese sendero, pero este inconformista ex piloto de aviación buscó sin demoras otros caminos de expresión y se abocó a la realización cinematográfica, lo que derivó en la excelente Whisky Romeo Zulu. Pero esa dirección ficcionada tampoco pareció conformarlo, y a partir de ese momento todos sus films fueron documentales: Fuerza Aérea Sociedad Anónima, Bye Bye Life y ahora su mejor y más arriesgado trabajo, El Rati Horror Show. A través de la controvertida historia de Fernando Ariel Carrera, un hombre común condenado de manera deliberada a treinta años de cárcel sin pruebas concluyentes en su contra -o mejor dicho, con evidencias plantadas-, Piñeyro establece una verdadera proeza en el campo del film de investigación político-social. Con su presencia y relato en primer plano, el director va eslabonando una turbia cadena de manipulación en la causa judicial condenatoria, hasta arribar al encubrimiento de un caso de gatillo fácil. Con impecables y variados recursos técnicos y expresivos, Piñeyro logra conmocionar, estremecer y atrapar con un documental dotado de ritmo sostenido y tensión constante y creciente.
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  • Mis días con Gloria
    Mis días con Gloria
    Revista Veintitrés
    Más allá de algún desequilibrio estructural, Mis dias con Gloria es un aceptable policial, con buenos momentos de suspenso y acción que lo ubican en el marco de un film de género salpicado por toques sentimentales y evocativos. Este film marca el retorno de Isabel Sarli a la pantalla luego de La dama desaparece y también de Juan José Jusid, que no rodaba desde Apasionados en 2002. El director de Los gauchos judíos y Bajo bandera propone una pieza teñida de melancolía, no sólo por su caracter de tributo a una vieja diva, sino por el derrotero de su protagonista masculino, un asesino a sueldo en busca de redención. La trama combina con riesgo el policial negro, el melodrama y el redimensionamiento de una estrella, y algunos puntos clave se resuelven apresuradamente. De todos modos las imágenes que presenta el último tramo, con la actriz en los inicios de su carrera con un look a lo Gina Lollobrigida y la cálida dedicatoria final; resultan emotivas. Dentro de en elenco heterogéneo, Luis Luque logra una de las mejores performances de su carrera, dotando de múltiples matices a un personaje intenso. Las breves y sólidas participaciones de José Luis Alfonzo y Carlos Portaluppi se intercalan con la singularidad de ver actuar con arrojo a Nicolás Repetto. Por su parte, Isabelita Sarli se muestra como una heredera dotada de belleza y carisma. La Coca vigente por partida doble.
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  • Sofía, cumple 100 años
    Sofía, cumple 100 años
    Revista Veintitrés
    Con algunos puntos de contacto con la reciente Diletante de Kris Niklison, que se ocupó de Bela, una señora octogenaria y levemente aristocrática de una zona ribereña argentina, Sofía también retrata a una mujer muy mayor, que en este caso está a punto de cunplir nada menos que un siglo de vida. Ese espíritu testimonial y afectuoso de aquel logrado trabajo documental está también presente en esta notable y aún más entrañable película de Hernán Belón, quien registra el itinerario de una mujer que se va acercando, mientras experimente diversas sensaciones, a su cumpleaños número cien. Una anciana juvenil, lúcida, activa y enérgica, dueña de un amor a la vida verdaderamente extraordinario.
    En este caso la señora Sofía es una persona urbana y con un compromiso ideológico mucho más profundo, ya que su doloroso pasado incluye la desaparición de un hijo durante la dictadura cívico-militar y un exilio que debió llevar a cabo cuando ya se acercaba a los setenta años de vida. También debió padecer la muerte de su padre en el terremoto de San Juan de 1944, sin embargo nada de eso la entristece del todo, su sentido del humor siempre presente se combina con un envidiable optimismo. Por otra parte su sorprendente lozanía permite que cocine para numerosos invitados, que lea sin anteojos, que opine y discuta acerca de cualquier tema y que esté en permanente actividad y movimiento, aún con los achaques propios su avanzadísima edad.
    La película está estructurada en segmentos titulados con los nombres de los meses anteriores a su cumpleaños, y aunque para cuando llegue esa época estará en silla de ruedas por una fractura de cadera, nada le impedirá ser parte del gran festejo centenario. La emoción que Sofía deja fluir en cada encuentro y a cada momento, logra ser transmitida al espectador, más aún al arribar a esa celebración inolvidable. Como el film, memorable y celebratorio.
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  • El último exorcismo
    El último exorcismo
    Revista Veintitrés
    Indudable producto dentro de un terror cinematográfico que permanentemente busca nuevas alternativas, El último exorcismo es, aún con las reservas del caso, una aceptable pieza del género. Por supuesto que el estilo de este film, que combina la cámara en mano con la película casera y el falso documental, le debe mucho a la pionera El proyecto Blair Witch, y más recientemente, a Actividad paranormal, y retorna de alguna manera a aquellas películas de posesión demoníaca que se originaron luego del impacto indeleble de El exorcista de William Friedkin. Con el antecedente cercano en este subgénero de El exorcismo de Emily Rose, este film de Daniel Stamm emplea ese recurso mencionado que caracterizó al exitoso film de Oran Peli, sin olvidar la formidable Cloverfield, y el film de terror español REC. El último exorcismo, que también es un suceso en la taquilla estadounidense, narra el sinceramiento del Reverendo Marcus, un exorcista fraudulento que antes de retirarse ha decidido ser parte de un documental que lo ponga en evidencia. Pero hete aquí que el último caso, referido a una adolescente llamada Nell, hija de un perturbado fanático religioso, lo exigirá mucho más de lo que había imaginado. La película tiene nervio y verosimilitud y algunos buenos personajes, y no se le puede desconocer unos cuantos legítimos sobresaltos, especialmente en su tramo culminante.
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  • Awka Liwen
    Awka Liwen
    Revista Veintitrés
    Con la narracion, el protagonismo y asimismo la colaboración en la realización del escritor e historiador Osvaldo Bayer, Awka Liwen es un revelador documental que se ocupa de una investigación que abarcó más de tres años, Relevamiento que fundamentalmente se ocupa de los más aberrantes actos de genocidio, discriminación, humillación, exclusión y despojo que se han llevado a cabo en suelo argentino en toda su historia; aquellos que tuvieron como víctimas predilectas a los pueblos aborígenes originarios. Una historia trágica que básicamente estuvo sustentada por la pugna en la apropiación de riqueza en nuestro país del grupo económico dominante, o sea corporaciones agropecuarias que precisaban terrenos nuevos para no pagar impuestos. Con la precisión discursiva de Bayer, que se suma a conceptos claros de personalidades como Felipe Pigna y testimonios de otros especialistas en ciencia, educación, periodismo e historia, Awka Liwen, que significa Rebelde amanecer, ofrece una contundente mirada de esta porción esencial de nuestro pasado y también nuestro presente. Redondeando un trabajo de edición que recopila valiosas imágenes de distintas épocas, el documental apela a variados recursos visuales que incluyen animaciones y gráficos. Declarado de Interés Nacional por la Presidencia de la Nación, esta pieza testimonial de Mariano Aiello, Kristina Hille y Bayer resulta insoslayable.
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  • El baile de la victoria
    El baile de la victoria
    Revista Veintitrés
    Basada en una novela de Antonio Skármeta, dirigida por el prestigioso Fernando Trueba, elegida para representar a España en los Oscar de este año y protagonizada por un calificado elenco internacional, El baile de la victoria no justifica tanto nombre ni representatividad, más allá de la buena historia que tenía para contar. La sustanciosa trama ideada por el escritor de El cartero se ubica en la etapa de la vuelta a la democracia en Chile, momento en que se decreta una amnistía general que beneficia a un joven ladrón abusado en la cárcel y un publicitado especialista en cajas fuertes, quienes se unirán para dar un gran golpe, sazonado por un fuerte símbolo antidictatorial. Ese estudiado atraco tendrá marchas y contramarchas, fundamentalmente ocasionados por una bella chica que condicionará los destinos de ambos.
    Ubicada en su totalidad en un contexto chileno, incluye algo forzadamente a intérpretes argentinos y de otras nacionalidades, cosa que suele suceder a veces en este tipo de coproducciones. Quizás el único actor que no “molesta” sea Abel Ayala, de interesantes trabajos en El polaquito y El niño de barro, que aquí ofrece una composición que se mimetiza con el entorno, a lo que suma dosis de expresividad suficientes como para despertar emoción. No se puede decir lo mismo de Ricardo Darín –que aporta su oficio- y otros intérpretes que no logran consustanciarse con la propuesta por problemas de diálogos y realización. El director de Belle Epoque y El año de las luces no logra amalgamar adecuadamente todas las líneas narrativas y evocaciones al pasado reciente que proponía el material, e incluso cae en situaciones caricaturescas. La extensión del film, otro factor en contra, quizás disimule un poco sus falencias de estructura, en la que un extraño plano final, abierto y alegórico, permite referirse a otra figura destacada del elenco, la actriz y bailarina Miranda Bodenhöfer. Sus escenas de baile y otras que buscan el lirismo y el costado artístico de la trama se pueden rescatar.
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  • Gaturro
    Gaturro
    Revista Veintitrés
    Si bien esta animación digital resignifica el personaje original de Nik, se trata del mejor trabajo del género realizado hasta la fecha en la Argentina. Está claro que nos referimos a films de orientación infantil, porque han existido algunos trabajos atrayentes dirigidos a público adulto realizados con técnicas mixtas, como Cóndor Crux, Martín Fierro y la excelente Boogie el aceitoso, seguramente la mejor obra nacional en este campo. Precisamente este film pertenece al mismo director de Gaturro, la película, Gustavo Cova, quien aquí redobla la apuesta en el aspecto visual y expresivo, ya que en Boogie había logrado una estética personal, potente, y a la vez sumamente fiel al personaje original de Fontanarrosa. En este caso se supera en algunos aspectos y no tanto en otros, pero la traslación a la pantalla grande de este felino doméstico tan popular es inmejorable técnicamente, de un óptimo nivel internacional. Precisamente en este punto hay que decir que la
    historia un Gaturro empecinado en conquistar a la gata de sus sueños, que se convierte en estrella de TV, y esa fama se le vuelve en contra, contiene –con el objeto de la comercialización del producto- un exceso de “neutralidad” en el lenguaje, la ambientación (demasiados carteles en inglés o spanglish) y en las características de los personajes humanos. También los admiradores del Gaturro original pueden no sentirse satisfechos, pero hay que tener en cuenta que Gaturro, la película está concebida en especial para niños pequeños. De todos modos nada desmerece una fenomenal y muy divertida realización, con acertados trabajos de voces, buenas canciones y algunos gags, situaciones y personajes (como el ratón Rat Pit) sumamente disfrutables.
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  • Amor a distancia
    Amor a distancia
    Revista Veintitrés
    Buscando puntos de contacto con un par de comedias estadounidenses que en los últimos tiempos renovaron el género, Amor a distancia arranca con un estilo moderno y descontracturado que auspicia un buen resultado global, pero esa impronta no logra mantenerse. Las referencias son a la excelente 500 días con ella y a la más que interesante Simplemente no te quiere, más aún teniendo en cuenta que en esta última participó –sin formar pareja- el dueto protagónico de esta película. Con estos dos formidables antecedentes, el guionista Geoff LaTulippe y la directora Nanette Burstein, que debuta en el largometraje de ficción luego de un par de elogiados films documentales, concibieron esta historia acerca de una pareja que luego de un romance veraniego mantiene una relación a distancia. Apelando al carisma y las buenas dotes para el género de Drew Barrymore y Justin Long, Amor a distancia cuenta el flechazo que en principio los une, a través de una jugosa charla en un bar, una noche juntos con desayuno incluido y la propuesta de seguir frecuentándose sin promesas ni compromisos, aprovechando momentos que ya no se repetirán. La kilométrica extensión que existe entre San Francisco y Nueva York, sus respectivas ciudades, impedirían la continuidad de la breve aventura, pero finalmente la pasión y el sentimiento son más fuertes y deciden intentar mantener el vínculo pese a la distancia del título.
    A partir de allí la comedia, tras algunos toques mordaces y originales, se interna en un romanticismo más transitado, y las escenas interesantes empiezan a resultar más aisladas, menos eficaces y a veces rozando el mal gusto. La chispa de algunos intérpretes secundarios y el citado encanto de Barrymore y Long rescatan levemente la propuesta.
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  • El hombre de al lado
    El hombre de al lado
    Revista Veintitrés
    Sarcástica, inteligente, brillantemente actuada, dotada de altos valores estéticos y fundamentalmente entretenida de principio a fin, El hombre de al lado escapa a los formatos del cine argentino más reciente. Despegada de abúlicas pretensiones intelectuales, búsquedas alegóricas y realismos costumbristas, este film de Mariano Cohn y Gastón Duprat es una suerte de comedia negra, corrosiva pero sumamente disfrutable y a la vez reflexiva. La dupla, que ha sido capaz de plasmar ciclos televisivos de indudable creatividad además de fundar y dirigir el canal Ciudad abierta, arribó luego a un atrayente film de entrevistas como Yo Presidente. Con El Artista abrieron un camino en el cine argumental sin dejar de lado el documental, retratando el mundo de las exposiciones y el comercio de obras de arte con sátira y desenfado. Ese mismo espíritu descolla en su nueva película, completamente dedicada a una historia de ficción, que presenta un conflicto vecinal entre un diseñador industrial prestigioso y soberbio y un prepotente buscavidas que decide hacer un agujero en la medianera para instalar una ventana. Una trama sencilla y a la vez compleja, resignificada a cada momento por inesperadas vueltas de tuerca. Porque uno de los valores más interesantes de El hombre de al lado es su escasa previsibilidad, lo que resulta más beneficioso aún teniendo en cuenta la existencia de films previos y afines como El inquilino de John Schlesinger y comedias cáusticas como Qué pasa Bob de Frank Oz o Vecinos de John G. Avildsen.
    El marco estético de un edificio diseñado por Le Corbusier se suma a planos de notable audacia expresiva en los que los rostros de los intérpretes pueden aparecer ocultos o fragmentados, entre otros toques innovadores de la puesta en escena. Algunas situaciones levemente remarcadas sobre el funcionamiento familiar del dueño de casa y un atraco no demasiado convincente no desmerecen una pieza brillante y provocadora, sustentada por un elenco en el que las estupendas caracterizaciones de Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz resultan imperdibles.
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  • El ambulante
    El ambulante
    Revista Veintitrés
    Este pintoresco y entrañable trabajo documental encierra una película dentro de otra, nada que no se haya hecho antes, sin embargo las características de El Ambulante transforman este simple recurso en algo prácticamente sin antecedentes. Porque la esforzada y nómada tarea como cineasta de Daniel Burmeister tiene un inédito sesgo de espontaneidad, instantaneidad y entusiasmo a toda prueba. Un hombre que con su cámara al hombro y a bordo de un pequeño y desvencijado auto recorre pueblos alejados e ignotos ofreciendo la manufactura de un largometraje de ficción interpretado por los vecinos de cada localidad. A través del visto bueno de sendos intendentes y autoridades, este singular trotamundo esparcirá las bondades de una propuesta que luego redunda en un modesto producto cinematográfico capaz de emocionar y divertir a toda una comunidad. Su energía y capacidad creativa resultan fundamentales para desarrollar una tarea múltiple en la que logra abarcar prácticamente todos los rubros de un equipo cinematográfico. El registro y la recreación de esta suerte de epopeya está magníficamente narrada por los directores Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich, quienes de una manera sencilla retratan a un increíble personaje de la vida real y rescatan el espíritu esencial del cine.
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  • De vuelta a la vida
    De vuelta a la vida
    Revista Veintitrés
    Con una verosímil y sensible interpretación de Clive Owen, De vuelta a la vida ofrece una historia mínima pero convincente que de alguna manera señala la reposición familiar del varón en la era contemporánea. Esta comedia dramática que ofrece una mirada acerca de las nuevas relaciones familiares, no niega la existencia previa de una Kramer vs. Kramer, pero el hecho de estar basada en la autobiografía de un periodista deportivo británico y fundamentalmente la sólida realización, le otorgan al film condimentos extras. El protagonista, tras la dolorosa y prematura muerte de su mujer, deberá lidiar con la crianza de un niño sin descuidar los grand slam de tenis, a lo que sumará el reencuentro con su hijo mayor, fruto de una relación anterior. Aún siendo desparejo, Scott Hicks es un director que siempre ha privilegiado historias interesantes en su filmografía, plenas de hallazgos y valores. Aquí retoma su buen paso luego de una olvidable remake (Sin reservas) y logra capturar momentos de cierta hondura, indudablemente emotivos, especialmente a partir de la aparición del hijo adolescente. Luego de haber protagonizado en los últimos tiempos films de acción o intriga, Owen cambia el registro para desplegar matices interpretativos intimistas y conmovedores, muy bien acompañado por los pequeños y talentosos actores George Mac Kay y Nicolas Mc Anulty.
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  • Luz silenciosa
    Luz silenciosa
    Revista Veintitrés
    El realizador mejicano Carlos Reygadas debe ser el más particular, personal y hasta extravagante cineasta en actividad. Tiene en su haber sólo tres films y todos ellos presentan singularidades con pocos parangones en la cinematografía actual. Japón y Batalla en el cielo han sido obras inclasificables y transgresoras hasta el capricho, pero al mismo tiempo dotadas de verdaderas proezas visuales, técnicas y expresivas. Luz Silenciosa, aún fiel a su estilo audaz, provocativo y sorprendente, es sin dudas su obra más acabada y madura. Con lejanos puntos de contacto con el thriller de Peter Weir Testigo en peligro, fundamentalmente por ubicarse íntegramente en una colectividad menonita, pueblo germánico que elige vivir fuera de casi todo patrón tecnológico o industrial de México, Reygadas focaliza meticulosamente en el conflicto de un hombre bígamo que infringe gravemente las leyes religiosas y sociales de su comunidad. Su bellísima manufactura, plena de atmósferas sugerentes, intensas y de alto contenido emocional y espiritual, se suma a profundas interpretaciones de un elenco de actores no profesionales; haciendo olvidar cierto exceso de metraje y de planos alargados. Elementos que de todos modos forman parte indisoluble del estilo de este notable cineasta. Una experiencia fílmica extraordinaria.
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  • La mirada invisible
    La mirada invisible
    Revista Veintitrés
    El joven cineasta Diego Lerman arriba a su tercer largometraje con La mirada invisible, dando un giro interesante a su filmografía. Muy lejos de su atrayente film coral Mientras tanto y también de su descontracturada y encantadora ópera prima Tan de repente, Lerman aborda aquí una trama rigurosa, oscura y alegórica. Basándose por primera vez en una novela, el realizador se ubica en el ocaso de la dictadura cívico-militar para internarse en un colegio prestigioso de esta capital focalizando en una preceptora recién salida de la adolescencia que sin embargo actúa como una mujer mayor. Una suerte de señora prejuiciosa, reprimida y represora, sometida a una suerte de obediencia debida que ejerce sobre ella el omnipresente jefe de preceptores Biasutto.
    Su obsesión por mantener el orden, combinada con su represión sexual, la llevan a asumir denigrantes y perversas conductas relacionadas con el baño de de varones, con el pretexto de sorprender a infractores a las reglas y llevarlos ante las autoridades del colegio. Costumbres que se vuelven rituales y van revelando fuertes tensiones sexuales con un alumno y también con su propio y amenazante preceptor jefe.
    La mirada invisible circunscribe casi claustrofóbicamente su semblanza a las aulas, paredes y pasillos de ese establecimiento, mientras en el afuera los estruendos y gritos hablan de una Argentina convulsionada, a punto de forzar el fin del régimen y a la vez a días del trágico retroceso que significará la toma de las Islas Malvinas. “No hay nada de qué preocuparse”, dirá Biasutto tranquilizando al personal del colegio, confiando en la continuidad del autoritarismo.
    Excelente en su descripción audiovisual del ámbito escolar de la época, la película empero se torna por momentos reiterativa y demasiado solemne. De todos modos los sólidos rubros técnicos y artísticos se imponen, sostenidos por las notables caracterizaciones de la talentosa Julieta Zylberberg y el camaleónico Osmar Núñez.
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  • Otro entre otros
    Otro entre otros
    Revista Veintitrés
    Lo que en principio aparenta ser un rutinario documental acerca de las costumbres y ritos de integrantes de la religión judía en nuestro país, da un golpe de timón y se interna en un camino absolutamente diferenciado. Porque Otro entre otros (cacofónico y poco expresivo título) hace una reveladora radiografía acerca de una comunidad inserta dentro de otra comunidad: aquella compuesta por hombres gays que profesan esa particular tradición de fe. Una significativa frase de uno de los entrevistados, “los que son discriminados también discriminan”, dispara el cuestionamiento más álgido del film; las notorias y dolorosas perturbaciones que ejerce esta condición ante costumbres tan arraigadas y milenarias. La vida de un puñado de homosexuales que no por ello dejan de ser fervientes adeptos al judaísmo, es descripta en esta ópera prima de Maximiliano Pelosi con lúcidos recursos visuales, expresivos y también periodísticos. El cineasta, productor de un par de films afines como Un año sin amor y Lesbianas de Buenos Aires, aborda aquí una problemática casi desconocida y a la vez dotada de una candente actualidad, debido a la reciente sanción del casamiento igualitario. Testimonios sorprendentes y dotados de fuertes ribetes emotivos, redondean un documental alejado de pintoresquismos, y a la vez atractivo y llevadero.
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  • Interview
    Interview
    Revista Veintitrés
    Particular y reconfortante remake, Interview está alejada de ese insufrible hábito hollywoodense de rehacer una buena película de habla no inglesa para transformarla en una nueva versión adaptada al supuesto gusto americano. No fue esa la intención del actor y director Steve Buscemi, sino básicamente homenajear al realizador holandés Theo Van Gogh, asesinado hace unos años por un musulmán radicalizado. Este descendiente de Vincent Van Gogh realizó en 2003 el film original, y fantaseaba con hacer una versión propia en Hollywood de Interview y otras películas suyas. Buscemi cumple aquí en parte con su sueño, forjando una pieza inteligente acerca de la accidentada entrevista entre un cronista lúcido pero prejuicioso y resentido y una célebre actriz televisiva, frívola y antojadiza. Dos personalidades antagónicas que confrontan pero llegan a un contacto profundo, sexy, entrañable y también por momentos desolador y autodestructivo, en el que la aparente ética periodística y humana de él y la presunta superficialidad de la entrevistada no serán tales. Film teatral pero a la vez cinematográfico, desarrollado casi en tiempo real e interpretado magníficamente por la bellísima Sienna Miller y el propio Buscemi, cuenta con un irónico e impiadoso final en el que se deja ver Katja Schuurman, protagonista del Interview de Van Gogh.
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  • Un cuento de verano
    Un cuento de verano
    Revista Veintitrés
    Este singular film polaco elaborado por un interesante y nuevo director de ese país, ofrece un cálido retrato, cargado de pequeños significados que se van engrandeciendo, de la infancia en un pequeño pueblo. Su título original, traducido al inglés como Tricks (Travesuras), se ajusta más al espíritu del film que la versión en español, aún así sugerente. Porque de una cadena de juegos y enredos provocados por un niño inquieto surgirán varias y presuntas revelaciones, o al menos una serie de alternativas que modificarán la vida apacible y desmotivada de un grupo de personajes pueblerinos. El pequeño Stefek conoce tan pormenorizadamente los movimientos y cadencias que se producen en las calles y rincones de su localidad, que es capaz de urdir cambios sutiles, sucesos casi imperceptibles pero perfectos para ser usados en su beneficio. Una suerte de manipulación del destino en pequeña escala, en el que la búsqueda de un pretendido padre abandónico se convierte en un eje sustancial. El film se apoya en una estructura dramática serena y llevadera que acaso evoca al neorrealismo italiano, a través de sus toques de ternura, candor y esperanza. El encantador Damian Ul encabeza un elenco versátil que compone una verdadera galería de tipos humanos.
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  • Igualita a mi
    Igualita a mi
    Revista Veintitrés
    Más allá de una estudiada empatía, de una fórmula pretendidamente exitosa, Igualita a mí termina conformando la deliciosa y divertida comedia que sus artífices se propusieron. El cineasta independiente Diego Kaplan derrocha una inesperada capacidad en el género para ofrecer un buen momento de cine nacional en el que el entretenimiento y la emotividad transitan por equilibrados andariveles, salpicados por algunas escenas memorables. Tras su auspicioso pero lejano debut con ¿Sabés nadar?, Kaplan se destacó en la TV (Drácula, Mosca & Smith), la publicidad y los clips musicales, y su retorno al cine lo muestra ingresando de lleno en una industria con ambiciones masivas. Aún así, Igualita a mí cuenta con aciertos en su trama, desarrollo y rubros técnicos para escaparle al mote de “producto” y garantizar su eficacia dentro de un cine de comedia no siempre aceitado en el terreno internacional. El guión del productor Juan Vera y Daniel Cúparo acerca de un ególatra, machista y ermitaño hombre de la noche a punto de ser redimido por una hija oculta, cumple su sustancial función dentro del andamiaje del film, junto, claro está, a la pareja protagónica. Un Adrián Suar pleno en matices para superar los estereotipos de su rol se complementa con el encanto exacto de Florencia Bertotti, mientras que intérpretes secundarios como Claudia Fontán, Andrea Goldberg y Gabriel Chame Buendía, entre otros, hacen un estupendo aporte.
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  • La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina
    Esta sorprendente saga de novelas escrita por un periodista fallecido (que por lo tanto no puede continuarla, sin embargo pese a esto hay un nuevo libro por aparecer escrito por la esposa con la ayuda de “unos borradores”), abarca tres inspirados y sugerentes títulos bajo una denominación central de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Los tres ya tuvieron sus versiones cinematográficas, aunque por el momento sólo dos se dieron a conocer. La primera, sin dudas que un notable thriller policial -más aún teniendo en cuenta su origen sueco, un cine que nunca se especializó en el género-, abarcaba un sinnúmero de tópicos y situaciones en un carroussell de vueltas de tuerca. Algo similar ocurre con la actual Millennium 2, aunque quizás en esta secuela las alternativas no resultan tan impactantes y sólidas, pero se reiteran con acierto algunos ítems interesantes vistas en el primer film, como el escrutamiento del feroz circuito de perversión sexual oculto en las entrañas de Suecia. Y, por supuesto, Lisbeth Salander, un personaje que ya está entrando en un terreno antológico, toda una creación del escritor y de la fantástica Noomi Rapace. Por lo demás, el film cuenta con un elenco impecable encabezado por el carismático Michael Nyqvist y mantiene con buenas armas y toques de buen cine la tensión hasta el final. Es bastante para una secuela, sea cual fuere.
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  • Vincere
    Vincere
    Revista Veintitrés
    Un gran director de regreso y una gran historia acerca de un relevante (y patético) personaje son los puntos principales de atracción de Vincere, ambicioso acercamiento histórico al período más nefasto de la Italia contemporánea. El cineasta Marco Bellocchio se propone retratar nada menos que a un tal Benito Mussolini, pero escapando a la biografía clásica y focalizando en un hombre desesperado por acceder al poder y mantenerlo, más allá de cualquier circunstancia que se interponga en su camino. En sus inicios, un joven díscolo, luchador y ególatra que iniciará una tormentosa relación pasional con una mujer con la cual no sólo se casará sino que concebirá un hijo varón. Vínculos afectivos que, del mismo modo que sus orígenes socialistas y anarquistas, se transformarán en un pasado oculto, una mancha vergonzante en su vida. Secretos impenetrables que dejan a la deriva a dos seres no reconocidos y martirizados en medio de un marco despótico y criminal. Desbordante y arrolladora, Vincere cuenta con las extraordinarias –y a veces también desbordadas- labores de Giovanna Mezzogiorno como Ida y Filippo Timi como el El Duce y su hijo, doble papel que no resulta muy creíble ante una falta de caracterización apropiada. Falencias del maquillaje en general, no muy estricto ante el paso de los años, que no desmerecen una pieza atrapante y de enorme valor testimonial.
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  • Cinco minutos de gloria
    Cinco minutos de gloria
    Revista Veintitrés
    Dotada de una visión particular, acotada, acaso íntima, de la trágica canfrontación religiosa irlandesa entre católicos y protestantes, Cinco minutos de gloria focaliza en los conflictos esenciales de sólo dos personajes, testigos y actores reales de una serie de situaciones límite que recrea el film. Sin necesidad de bucear en aristas mayores del sangriento conflicto, resulta suficiente la breve fracción temporal que en su mayor parte abarca esta pieza del sólido realizador alemán Oliver Hirschbiegel, retratando el espanto y la sinrazón de un enfrentamiento entre hermanos que sacudió y diezmó a esa región a lo largo de varias décadas. Con intensidad, convicción y fuertes ribetes emocionales el director de La caída desmenuza escrupulosamente a dos seres atormentados por las secuelas de la contienda, que desde bandos opuestos deberán volver a hacerse frente en la década del 2000, cuando treinta años atrás fueron partícipes del terror, uno como victimario y otro como víctima –aunque hijo de otro victimario-, buscando desesperadamente la sensación que describe el título.
    Hirschbiegel no sólo tiene en su haber ese abordaje sobre los últimos momentos de Hitler en su claustrofóbico bunker, sino la notable e inquietante El experimento, aunque también es responsable de un flojísimo acercamiento a El usurpador de cuerpos (idea con sobredosis de remakes) en su única incursión hollywoodense. Aquí, luego de una vibrante introducción se ocupará de los sentimientos contrapuestos de ambos hombres ante un forzado encuentro televisivo, sensacionalista símbolo de la reconciliación. Miradas, gestos y palabras cargadas de tensión, angustia y violencia contenida se respiran en ese abortado segmento del film, que luego darán pie a otras situaciones de igual calibre y a una redención que asoma como imprescindible alternativa. En el auténtico duelo actoral entre Liam Neeson y James Nesbitt sale mejor parado el protagonista de La lista de Schindler ante cierta sobreactuación de Nesbitt, pero es sólo un detalle ante una obra conmocionante.
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  • Mi villano favorito
    Mi villano favorito
    Revista Veintitrés
    Producto animado llevado adelante por una nueva compañía estadounidense y artistas franceses y españoles, Mi villano favorito surge casi al término de las vacaciones de invierno detrás de los éxitos arrolladores de las formidables Toy Story 3 y Shrek para siempre. Quizás sea porque este film cuenta con detalles en su factura estética y visual que pueden ser mejor disfrutados por espectadores adultos que otros títulos que presentan personajes ya conocidos y asimilados por el público infantil, pero como contrapartida no se podrá acceder a copias con subtítulos y así apreciar la tarea de actores como Steve Carell, Will Arnett, y la legendaria Julie Andrews. Lo que no amengua la posibilidad de disfrutar de un muy buen trabajo de animación digital, que busca ser diferente en su concepción y realización, fundamentalmente a partir de un auténtico archivillano de historieta como protagonista. Este maléfico ser al mando de un insólito ejército de criaturas, está siempre empecinado en dominar al mundo de las más estrambóticas formas, pero tres niñas huérfanas modificarán los valores de su vida y le harán aflorar un costado enternecedor. Con varios y hasta delirantes aciertos creativos e indisimulables toques ACME de los cartoons de la Warner, Mi villano favorito es una gran alternativa dentro del género.
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  • Al diablo con el amor
    Al diablo con el amor
    Revista Veintitrés
    Primera película como directora de la exitosa autora y protagonista de Mi Gran Casamiento Griego Nia Vardalos, Al Diablo con el Amor! vuelve a presentar un formato de comedia romántica, como ocurriera asimismo con la reciente Mi Vida en Grecia. La actriz de origen griego pero de nacionalidad canadiense, reitera sus aceptables dones para el género, y aborda el desafío de no sólo escribir y actuar sino también de dirigir. Esta comedia, que en realidad tiene como título original a I Hate Valentine’s Day, reúne a la misma pareja de Mi Gran Casamiento Griego, Vardalos junto a un John Corbett más maduro y sin melena, y ambos lucen sin duda cierta química. Aquí ella es una florista experta en romance, que dicta cátedra acerca del Día de los Enamorados y de todo lo que tenga que ver con las citas, especialmente en el rubro de elegir las flores apropiadas para cada ocasión. Y en su vida personal el romance es para ella una fórmula con determinadas reglas que la eximen de cualquier sentimiento, hasta que, claro, aparece alguien en su vida. El carisma natural de la protagonista y algunas buenas ideas que puso en juego como guionista y directora, se acompañan con divertidos roles de reparto, detalle fundamental en una comedia. No se puede decir lo mismo del coprotagónico de Corbett, que está lejos de ser un buen comediante.
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  • Portadores
    Portadores
    Revista Veintitrés
    Parece ser que la temática apocalíptica en el cine, que abarca cataclismos naturales, invasiones extraterrestres, conflagraciones nucleares, pandemias que derivan en zombies depredadores, enfrentamientos bíblicos, etc.; no se termina de agotar y aún ejerce una perversa atracción en el público, más aún en aquél seguidor de la ciencia-ficción y el terror. Portadores entra en el tópico “plagas incontrolables”, ya que la inminente desaparición de la raza humana será a causa de un virus mortal de origen desconocido y devastadoramente contagioso. Nada nuevo, pero al menos en el caso de este film estadounidense dirigido por una pareja de hermanos españoles, los infectados no derivan en muertos vivientes, no son agresivos, no se vuelven caníbales; lo que le proporciona al film un toque de realismo y verosimilitud y como contrapartida le resta espacio a escenas terroríficas y de acción. Por otra parte, si hay algo que resulta denigrante en este subgénero es que siempre la solidaridad y la humanidad quedan desvirtuadas a causa de un presunto espíritu de supervivencia, lo que permite cualquier tipo de actitud canallesca. Portadores se puede definir mejor como un dramático road movie sobre el fin de los tiempos, y cuenta con una trama bien filmada que da pie a algunas reflexiones, sostenida por un elenco convincente.
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  • Policía, adjetivo
    Policía, adjetivo
    Revista Veintitrés
    Obra curiosa y singular por donde se la mire, Policía, adjetivo desafía el formato clásico del policial desde su mismo y significativo título, que encierra una cuestión mucho más semántica que policial. Porque casi nada que tenga que ver con este género ligado a la acción, está presente en este film rumano, más allá de su semblanza de un puntilloso trabajo de investigación. Un joven policía, de costumbres solitarias aún viviendo en pareja, pasa días enteros persiguiendo y espiando a un estudiante sospechado de consumir y distribuir sustancias prohibidas. En medio de esa pesquisa metódica y rigurosa, sufrirá una crisis de conciencia al recibir una orden de detención sin pruebas decisivas, casi como un coletazo de épocas despóticas en ese país. Discutirá la situación con su superior y su compañero de tareas, llegando a un debate en el que se verán involucrados la ética, la conveniencia, la burocracia y el sentido del deber. La lectura de un diccionario volverá todo una experiencia semiótica. Vale como interesante acercamiento a un cine prácticamente desconocido, en el que el espectador accede a una idiosincrasia aparentemente despojada de expresividad, empatía y energía vital. Las actuaciones logran una notable verosimilitud, pero los largos planos del seguimiento, carentes de elipsis alguna, extienden innecesariamente la propuesta.
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  • Miss Tacuarembó
    Miss Tacuarembó
    Revista Veintitrés
    Esta coproducción entre Argentina, Uruguay y España gira alrededor de la figura de la reconocida actriz Natalia Oreiro, que en esta película retoma el estilo que la ha llevado a la popularidad a través de varios y exitosos productos televisivos. En los últimos años el formato del cine ha sido el elegido por ella para desarrollar su versátil carrera, al principio abordando personajes afines a su impronta, pero luego aceptando roles más riesgosos, como en Las vidas posibles, y la muy reciente Francia, aún en cartel. Miss Tacuarembó se podría considerar un mix de ambas vertientes, no solamente porque la Oreiro sorprende componiendo dos caracteres opuestos, sino porque el film, dentro de su apuesta popular, encierra una serie de ítems más que interesantes. Más allá de la trama de Natalia, luego Cristal (un nombre simbólico por varias razones), una chica de pueblo que busca concretar sus sueños, la historia cuenta con una serie de elementos que la distinguen de lo convencional.
    El título del film remite a un pueblo uruguayo desde donde la protagonista -en ese tramo interpretada por la promisoria niña Sofía Silvera-, busca dar el gran salto hacia la capital de Buenos Aires, con muchos retos a vencer, como los prejuicios sociales y religiosos. En su adultez, donde llegará a transitar por patéticos ciclos televisivos, Natalia-Cristal tendrá encuentros singulares que realimentarán sus deseos, como con su madre catequista y con el mismo Jesús (una oportuna y ajustada creación de Mike Amigorena).
    El realizador de cortos y video clips Martín Sastre arriba a un ambicioso primer largometraje apelando a saludables dosis de creatividad, humor, desenfado y mordacidad, recurriendo a toques kistchs y almodovarianos sin dejar de lado la emotividad, pero tal cantidad de ingredientes no alcanzan la mejor amalgama. Oreiro luce lo mejor de su carisma y talento, muy bien acompañada por Diego Reinhold y por participaciones especiales de Graciela Borges, Rossy de Palma y el mencionado Amigorena.
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  • El aprendiz de brujo
    El aprendiz de brujo
    Revista Veintitrés
    El pochoclero productor hollywoodense Jerry Bruckheimer se vuelve a asociar con Disney, un vínculo que ya tiene en su haber sagas como La leyenda del tesoro perdido y Piratas del Caribe y que probablemente aspire con El aprendiz de brujo a generar alguna secuela. En el caso de la serie también protagonizada por Nicolas Cage, el primer film fue atrayente, no así el segundo; y si hablamos de los taquilleros piratas, la película original fue inconsistente, sin embargo el asunto mejoró con las continuaciones. Este arranque aparece aceptable, y seguramente la concurrencia infantil y adolescente se va a encontrar con alternativas aptas para el entetenimiento; mientras que el resto del público padecerá un producto armado y esquemático, que cae en situaciones ya transitadas en muchos films. Si bien se quiso recrear un fragmento inolvidable del clásico Fantasía protagonizado por Mickey, incluyendo una escena que lo homenajea, el consabido asunto de la magia, explotado al máximo en la franquicia Harry Potter y otros films juveniles que surgieron a su sombra; ya agota. También la lucha urbana sobrenatural entre magos archirivales recuerda a la reciente Percy Jackson y el Ladrón del Rayo, y la enseñanza del brujo a su discípulo, a La máscara del Zorro. Dentro de la parafernalia de efectos, se puede encontrar a un Cage bien lookeado y los toques de comedia de Jay Baruchel.
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  • Chéri
    Chéri
    Revista Veintitrés
    Típico film de estilo inglés de época, Chéri cuenta en principio, con el magnético protagonismo de la siempre espléndida Michelle Pfeiffer, dentro de un buen elenco en el que se destaca la talentosa Kathy Bates. Pero también posee otros dos fuertes atractivos, la vigente capacidad detrás de las cámaras del gran director Stephen Frears, y nada menos que la pluma de Christopher Hampton (director de Carrington, de la nunca estrenada aquí Imagining Argentina y guionista de dos obras extraordinarias: Relaciones peligrosas y Expiación, deseo y pecado). Y aunque precisamente en esta película se renueve la triple participación de Pfeiffer, Hampton y Frears, Chéri no alcanza la estatura de aquella inolvidable Relaciones peligrosas. Pero los puntos de contacto son evidentes, y se acentúan al adaptar dos novelas de la escritora francesa Collete, que describió con levedad sentimental la París de principios del siglo XX. Allí, la cortesana retirada Léa, o Nounoune, recibe el mandato de su amiga y ex colega Madame Peloux para que se encargue de la mejor manera de su hijo Fred, o Chéri, y lo que iba a ser un flirteo pasajero se convierte en una profunda relación entre dos seres que viven momentos opuestos de sus vidas, en medio de la frivolidad, el encanto y la ostentación de la Belle Epoque. Sólida en todos sus rubros, Chéri no es más que, y quizás no sea poco, un agradable y melancólico vodevil.
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  • Shrek para siempre
    Shrek para siempre
    Revista Veintitrés
    Esta emblemática saga arrancó con el que probablemente sea el más genial film de animación digital realizado hasta la fecha, dentro del poco tiempo que aún transita esta tecnología. Su divertida y desenfadada revisión de los cuentos infantiles, surcada por fenomenales personajes –especialmente ese enorme ogro verde cargado de gracia y ternura-, marcó un hito en el género hace ya casi una década. Por supuesto que la otra saga que ha competido en creatividad y talento ha sido –y es- Toy Story, y la significativa diferencia entre ambas es que las secuelas de la creación de Disney-Pixar han realzado de manera brillante los aciertos del film original, y no es el caso de las continuaciones de este producto de los estudios Dreamworks. Ni la segunda ni la tercera parte pudieron recrear los hallazgos de la primera película, convertidas en films infantiles de aventuras, escasos de ingenio, ironía y buen humor. De todas maneras Shrek 2 (con la inestimable aparición del fenomenal personaje del Gato con Botas) y Shrek 3 mantuvieron destellos que ahora, en el llamado capítulo final asoman renovados para redondear una muy buena última entrega.
    Cuyas virtudes principales son ese fantástico hechizo que permite la irrupción de ogros y brujas por doquier y el recurso, por primera vez en esta saga, de un bien empleado 3D. Es que un Shrek demasiado familiero y civilizado precisaba de la vuelta de tuerca que le otorga esta trama, en la que se aviene a firmar un dudoso pacto con el villano Rumpelstiltskin que lo coloca en otra dimensión, en la cual vuelve a ser un fiero ogro que espanta a los aldeanos y que debe comenzar de cero. Por eso tendrá que volver a hacerse amigo de Burro, luchar por la libertad de sus congéneres y fundamentalmente, reconquistar a Fionna. Los ya habituales y divertidos trabajos en las voces de Mike Myers, Eddie Murphy, Cameron Diaz y Antonio Banderas, entre otras figuras, están bien resueltos en la versión castellana, aunque con algún exceso de mejicanismo. Fuera de esto, solo resta disfrutar de un más que digno epílogo shrekiano.
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  • La Pivellina
    La Pivellina
    Revista Veintitrés
    Dotada de parejas dosis de originalidad, convicción y sensibilidad, este film italiano conmueve transitando un camino que alterna la ficción con el documental, e impone valores expresivos dentro de una apuesta riesgosa. Porque la trama obliga a forzar a una criatura a situaciones que quizás pudieran resultar traumáticas, pero sin embargo se aprecia que la carismática niña protagonista sale airosa de la prueba, lo mismo que el film. La pivellina cuenta la historia de una nena de 2 años abandonada por su madre en una plaza, que termina siendo adoptada por trabajadores de un circo en plena preparación de su temporada de funciones. Patti, una mujer que esquiva dagas, abocada a tratar de encontrar a su mascota perdida, se topa con este hallazgo inesperado, desconcentrante y perturbador, que modificará sustancialmente su vida y la de su entorno. Los realizadores abordan esta temática teniendo muy en cuenta la circunstancia real y reiterada del abandono de niños en Italia, y el film deambula entre la búsqueda de la madre y el creciente amor que ese dulce y encantador ser va despertando en esa pequeña comunidad. Sin sentimentalismos ni música incidental, con toques neorrealistas y el claro espíritu de un film documental, La pivellina sacude el alma y cuenta con un estupendo elenco de intérpretes no profesionales.
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  • El recuento de los daños
    El recuento de los daños
    Revista Veintitrés
    Combinando una impronta metafórica y reflexiva con una suerte de thriller pasional –y acaso incestuoso-, El Recuento de los daños no logra arribar a un resultado aceptable dentro de su singular e ambiciosa propuesta. Si bien algunas propuestas formales y audaces líneas argumentales asoman interesantes, el film de Inés de Oliveira Cézar abunda en incertidumbres narrativas y decisiones artísticas poco convincentes que lo van deshilvanando. Existe en la película de la directora de Como pasan las horas un paralelismo entre la tragedia griega de Edipo y la última dictadura militar, ya que un joven empleado que va a hacer una inspección a una fábrica, inicia una fuerte relación con la dueña, reciente viuda, madre de un bebé apropiado por el terrorismo de estado que podría llegar a ser él mismo. Por otra parte el marido de ella acaba de morir en un accidente en la ruta que podría haber sido atropellado por su propio hijo, ahora su amante; situación expuesta de manera confusa en el arranque del film. Una trama dotada de una complejidad que linda con el rebuscamiento, que precisaba de algo más que imágenes sólo sugerentes y diálogos en exceso escuetos y poco creíbles para ser abarcada y hasta comprendida. La inexplicable división del film en segmentos numerados y un estilo actoral deliberadamente distante son otros elementos que no permiten una mínima empatía con el espectador.
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  • Océanos
    Océanos
    Revista Veintitrés
    Abordando el reino animal submarino como pocas veces lo ha hecho antes el cine, Océanos combina documental con toques de recreación ficcionada para ofrecer una obra con un poderoso y conmovedor mensaje ecológico. Con realizadores y producción diferentes, resulta complementario a Terra, el otro gran documental presentado el año pasado por Disney Nature y, condensando largos años de elaboración en mares de los cinco continentes, se trata del film en su género más caro de la historia de Europa y quizás del planeta. A propósito de planeta y de dinero, da la sensación que está justificado cada centavo puesto en su realización, la segunda como director del reconocido intérprete francés Jacques Perrin, ahora dedicado a la manufactura de este tipo de propuestas junto a Jacques Cluzaud, el verdadero cerebro de esta proeza audiovisual. Aquí ambos elaboran un verdadero y deslumbrante redescubrimiento de la vida acuática, con la breve participación de Perrin como un abuelo que contempla junto a su nieto museos y acuarios que conservan numerosas especies desaparecidas por la acción del hombre o a punto de extinguirse. También estrujan el alma las mutilaciones y matanzas de tiburones, delfines y ballenas, y los fuertes párrafos sobre la contaminación; pero aún así, y con más silencios que palabras, Océanos apuesta a la esperanza antes que al vaticinio apocalíptico.
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  • Francia
    Francia
    Revista Veintitrés
    Israel Adrián Caetano es uno de los cineastas nacionales de mayor predicamento en los últimos años, dueño de un estilo contundente con el que presenta intensas pinturas sociales, mostradas desde ángulos y temáticas diferenciadas. Su impactante debut junto a Gabriel Stagnaro con Pizza, birra, faso tuvo cierta correlación con su notable film siguiente, Bolivia, pero muy poco que ver con su formidable -aún su mejor obra-, Un oso rojo. Menos aún se pueden vincular estos títulos con su posterior Crónica de una fuga, su único pero épico acercamiento a los años de plomo. Quizás su excepcional miniserie Tumberos tenga más relación con algunos de sus largometrajes por su vibrante mirada marginal.
    En el caso de Francia, su última pieza, se interna nuevamente en una búsqueda, aún más alejada de sus anteriores trabajos. Una trama que gira alrededor de una niña que es depositaria de numerosos conflictos de los adultos que ejercen su tutela, en medio de subhistorias que sobrevuelan el costumbrismo y la comedia ácida. Las vivencias de esa niña son volcadas a través de su propio y peculiar relato, observando básicamente a sus padres y ese extraño comportamiento de estar separados y al mismo tiempo estar viviendo bajo el mismo techo. La historia incluye miradas escuetas pero incisivas acerca de la violencia, tanto en el seno familiar como el escolar, junto a trazos sobre despectivas familias pudientes y dudosos tratamientos psicológicos judiciales. Un notorio riesgo artístico, sin dudas, del que Caetano no sale del todo bien parado, pero está claro que se trata de un realizador que no opta por ir a lo seguro. Cierto estatismo y falta de convicción de algunas escenas se alterna con otras muy logradas, conformando un film interesante en el que se destacan más algunos roles secundarios como los de Mónica Ayos, Daniel Valenzuela y Violeta Urtizberea, que los protagónicos.
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  • Cómplices del silencio
    Cómplices del silencio
    Revista Veintitrés
    Coproducción ítalo-argentina, Cómplices del Silencio (un título explícito pero a la vez muy poco gráfico acerca del contenido y la potencialidad del film) propone una visión lejana pero no por ello menos lacerante acerca de la dictadura militar, en este caso circunscripta al período del Mundial de fútbol de 1978. Los cineastas italianos parecen estar particularmente dotados para abordar esta problemática, tal como lo hiciera Marco Bechis en la excelente Garage Olimpo, y aquí el director y coguionista Stefano Incerti logra ensamblar con solidez una serie de tópicos íntimamente vinculados a esa etapa nefasta. Los secuestros compulsivos e indiscriminados, las torturas, los asesinatos masivos, el contubernio entre militares, civiles, sacerdotes, políticos y embajadores y la resistencia armada, están desoladoramente presentes. Aunque se trate de situaciones transitadas por numerosos films, la convicción y verosimilitud de varias escenas ubican a Cómplices del Silencio entre los retratos más contundentes dentro de esta temática. Tampoco el género, una fuerte historia de amor dentro de un trasfondo político, es novedoso, e incluye un par de resoluciones simplistas y for export. Pero la película atrapa e inquieta en todo su metraje, cuenta con una puntillosa ambientación de época, una sorprendente y bellísima Florencia Raggi y un notable Alessio Boni, a la cabeza de un compenetrado elenco.
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  • Cartas a Julieta
    Cartas a Julieta
    Revista Veintitrés
    Con un espírtu romántico a toda prueba, Cartas a Julieta narra dos historias de amor lejanas generacionalmente pero muy cercanas afectivamente. Una corresponde a una casi utópica búsqueda amorosa de cinco décadas atrás, y la otra a una suerte de triángulo que se irá despejando a medida que avanzan estas tramas que se desarrollan en forma paralela y funcional. La película, que mayormente se desarrolla en un deslumbrante marco que abarca Verona, Toscana y otras locaciones itálicas, arranca en Nueva York con Sophie, una joven aspirante a escritora que viaja a la península junto a su novio (un Gael García Bernal muy secundario y algo esquemático), y descubre que todos los años miles de cartas llegan a una casa que presuntamente inspiró a Shakespeare a escribir su legendario Romeo y Julieta. Ella se suma a un cuerpo de voluntarios que se encarga de responderlas y responde con tal convicción una escrita hace cincuenta años, que motiva a una mujer muy mayor a viajar a Italia a buscar un antiguo y perdido amor. Dotada de toques quijotescos y aún despojada de conflictos sustanciales, Cartas a Julieta escapa a otras historias remanidas del género, entretiene y llega a emocionar. El talento de Vanessa Redgrave y la belleza –consustanciada con el entorno- y carisma de Amanda Seyfried redondean la propuesta.
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  • Por tu culpa
    Por tu culpa
    Revista Veintitrés
    Anahí Berneri confirma con Por tu culpa que se trata de una de las mejores cineastas nacionales, sumándose así a otras mujeres que están demostrando en los últimos tiempos una presencia nutrida y talentosa. Tan sólo este año han presentado films notables Gabriela David con La mosca en la ceniza, Natalia Smirnoff con Rompecabezas, Sabrina Farji con Eva & Lola, y Kris Niklison con Diletante, mientras que en 2009 otras directoras ofrecieron films valiosos como Amorosa Soledad y El último verano de la Boyita, entre otros títulos. Berneri, que tenía en su haber Un año sin amor y Encarnación, dos films atrayentes y a la vez opuestos narrativa y expresivamente, vuelve aquí a dar un giro singular, como si se tratara de una realizadora distinta en cada película. Por tu culpa plantea un drama doméstico que involucra acciones policiales y judiciales dentro de un marco urbano duro y distante, revelando entramados familiares vacíos de sensibilidad y compromiso. Un incidente hogareño aparentemente trivial desencadena sospechas que terminan en denuncia, y también inician incómodos sucesos que confrontarán a todos los personajes. En su tercer largometraje esta directora alcanza una lúcida mirada a una mujer en crisis, sostenida por la intensa tarea interpretativa de Erica Rivas, sin dejar de lado esa incisiva radiografía familiar y social que afronta un elenco homogéneo y ajustado.
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  • Legión de ángeles
    Legión de ángeles
    Revista Veintitrés
    Con sus peculiaridades teológicas, Legión de ángeles entra dentro de un grupo de títulos apocalípticos que últimamente predominan, como El libro de los secretos, Número 9, la vampírica Daybreakers, y la aún no estrenada La carretera, sin olvidarse de otras películas recientes como El fin de los tiempos y La niebla y, yendo un poco más atrás, la primer Terminator. Este formato ha ganado numerosos adeptos, pero también lo han hecho films que abordan temas bíblicos con toques fantásticos, y esta ópera prima del especialista en efectos visuales Scott Stewart combina ambos subgéneros con buenas ideas, pero arribando finalmente a un producto fallido. La trama imagina a un Dios violento y harto de la raza humana, que envía hordas poseídas que arrasan la Tierra, comandados por ángeles salvajes, armados y de obediencia debida. Pero un ángel rebelde se aparta del grupo y pretende desafiarlos, fundamentalmente protegiendo a una chica embarazada en el bar perdido de una ruta desértica, donde se recluyen los últimos humanos. El guión, repleto de asuntos que no cierran, excedido en solemnidad y en diálogos que pretenden ser profundos y no lo son, abunda en desaciertos, pero sin embargo la realización es vibrante y alcanza momentos de gran atractivo visual y expresivo. Está claro que Stewart, a través de un final sugerente, se ha propuesto instalar una saga propia con Legión de ángeles, pero deberá mejorar muchos aspectos de aquí en adelante.
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  • Regreso a la mansión Brideshead
    Con el estilo propio de una gran película inglesa de época, Regreso a la Mansión Brideshead es una obra de enorme calidad plástica y expresiva, ideal para el público que aprecia el género. Ambientada en las campiñas británicas en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, el film está basado en un clásico de la literatura inglesa que en su momento desencadenó polémicas por su historia de amores prohibidos y confrontados, un triangulo entre dos hombres y una mujer en el que las pasiones no se centran en la dama sino en uno de los dos varones, en un cúmulo de arrebatados sentimientos del cual ninguno de los tres podrá abstraerse. Una madre dominante y excluyente, una familia disfuncional y otros personajes que giran alrededor de una aristocracia católica inglesa en decadencia, van jalonando una trama apasionante, magníficamente plasmada en imágenes. La poderosa injerencia religiosa en los vaivenes de la historia, le otorga al film un toque asfixiante y mordaz. El realizador Julian Jarrold en su cuarta película entrega su mejor trabajo, ensamblando con maestría todos los elementos, ayudado asimismo por la excelente música de Adrian Johnston. El jerarquizado elenco, además de una impecable Emma Thompson y una bellísima y talentosa Greta Scacchi, cuenta con un dueto protagónico formidable en Matthew Goode y Ben Whishaw, el camaleónico actor de Perfume, historia de un asesino.
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  • Dioses
    Dioses
    Revista Veintitrés
    Pese a ser una coproducción entre Perú, Argentina, Francia y Alemania, Dioses es un film absolutamente peruano que aborda aspectos de la realidad de ese país con una alta calidad narrativa y expresiva. El film revela el innegable talento como guionista y director de Josué Méndez, quien en su segundo largometraje (el primero fue Días de Santiago, el más premiado de la historia de esas tierras), maneja un lenguaje fílmico depurado y dotado de múltiples lecturas. A través de una trama de líneas sencillas y un estilo que se podría encuadrar dentro del costumbrismo, Dioses se propone fundamentalmente establecer una lúcida e incisiva mirada sobre la opulencia. El conflicto central de un joven de la alta sociedad peruana que siente una irrefrenable atracción hacia su propia hermana, encierra sub historias caracterizadas por la hipocresía y la discriminación que involucran a seres que se debaten entre la arrogancia y el desamparo. Méndez deslumbra con su cuidado esteticismo audiovisual sin distraerse de objetivos más profundos, apelando a toques introspectivos y simbólicos que a la vez no desdeñan una buena dosis de entretenimiento. El homogéneo y verosímil nivel interpretativo, en el que hay que mencionar al adolescente Sergio Gjurinovic, redondean una pieza admirable.
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  • Marmaduke
    Marmaduke
    Revista Veintitrés
    Comedia familiar y perruna, Marmaduke está incluida dentro de una tendencia en la cual los animales están representados de manera realista, como si todo el film estuviera rodado en acción viva. Quizás el film que inauguró esta impronta sea Como Perros y Gatos, mientras que Un Chihuahua de Beverly Hills y Santa Buddies son otras películas que apelan a este formato. Precisamente Como Perros y Gatos está estrenando su continuación en unas semanas y Marmaduke seguramente aspirará también a tener su propia saga, pese a su escasa originalidad (también hay un gato parlanchín, por ejemplo). Aunque hay que aclarar que el film está basado en un comic creado en 1954, que alcanzó una gran popularidad en muchos países que reproducen la tira en sus diarios. La historieta retrata a un enorme Gran Danés con el nombre que le da título al film, que vive con una familia a la que somete a graciosos desastres. La adaptación busca caminos dentro de este esquema e incluye una verdadera jauría de personajes que le dan cierta gracia a algunas situaciones, aunque los que realmente se pueden divertir medianamente son niños de cinco a diez años y adultos que amen demasiado a los canes y sus distintas razas.
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  • El plan B
    El plan B
    Revista Veintitrés
    De la mano de dos especialistas en ciclos televisivos, la guionista Kate Angelo (series Becker, Will y Grace y otras) y el director y productor Alan Poul (Six Feet Under, Roma, Big Love), aquí debutante en cine, la bella y carismática actriz y cantante Jennifer Lopez es la atracción principal de El Plan B. Una comedia romántica armada a su medida, que cumple con los cánones del género, pero que no está dotada de demasiadas luces. Quizás la idea básica que la propicia tenga su mérito, una mujer que rondando los cuarenta está empeñada en convertirse en madre, cosa que tras varias frustraciones de pareja decide que sea a través de un proceso de inseminación artificial. Pero la puesta en marcha de ese pretendido Plan B (o plan alternativo o de relevo, como apunta más apropiadamente el original,.Back-up Plan) tiene la particularidad que justo el día en que es fecundada conoce a alguien que reúne los requisitos necesarios para ser el hombre de sus sueños.
    Jennifer López tiene en su haber una muy buena comedia romántica como Sucedió en Manhattan de Wayne Wang, en la que junto a Ralph Fiennes abordó una trama amorosa arquetípica pero creíble y emotiva. Evidentemente con El Plan B no pudo repetir esa impronta, no contó con la química necesaria en su partenaire, y lo propio se puede decir de los escasos momentos humorísticos y toques conmovedores. Es probable que el potencial público femenino al cual está dirigido el film encuentre temas de su interés -la ya dicha inseminación artificial que se suma al embarazo y la maternidad-, aunque para los varones también hay: el par de escenas que juega el personaje de Stan con un padre de tres hijos (Anthony Anderson) en una plaza. Una situación interesante que quizás daba para otro film, pero hablando de este, aquí tampoco se encuentran otros roles secundarios destacables, un punto clave para cualquier comedia. Para colmo, los mejores gags en el rubro embarazo ya estuvieron plasmados en Ligeramente embarazada, y aquí no pasan de ser grotescos y de escaso gusto.
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  • El mural
    El mural
    Revista Veintitrés
    Esta esperada coproducción argentino-mexicana ofrecía en primer lugar la vuelta de Héctor Olivera a una temática histórico-política, quizás su especialidad, con un último y poco valorado logro como Ay Juancito. También una temática apasionante, ideal para ser abordada cinematográficamente y por último un elenco heterogéneo que si lograba amalgamarse podía rendir muy buenos frutos. A estos puntos habría que añadir una –atrayente- ambientación para enmarcar una trama atravesada por grandes pasiones, proezas artísticas y cruces controversiales entre figuras emblemáticas de la cultura nacional y latinoamericana. Lamentablemente todos estos factores mancomunados entregan más falencias que virtudes y dan la sensación de que no se aprovecharon en su total dimensión.
    El mural narra situaciones que signaron una era en el país, en las que básicamente están incluidos el proceso de manufactura del ambicioso trabajo pictórico del artista mexicano David Alfaro Siqueiros que le da título al film y también parte de la existencia de quien fuera su gestor, el director del diario Crítica Natalio Botana, más otros personajes sustanciales que se vinculan a la trama, como los escritores Pablo Neruda, Victoria Ocampo y Blanca Luz Brum. La mayor parte de estos roles se resienten ante episodios eróticos muchas veces forzados y caricaturescos, entre otras flaquezas de la narración. Entre las desparejas caracterizaciones se destaca nítidamente Bruno Bichir como Siqueiros y un párrafo aparte merece la muy buena banda sonora de Eduardo Gamboa.
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  • Eva y Lola
    Eva y Lola
    Revista Veintitrés
    Abordando con cierta audacia formal y expresiva la temática de los chicos apropiados durante los años de plomo, Eva & Lola propone un valioso ejemplar de cine revisionista que descree de la densidad y el melodramatismo. A través de la nada simple amistad entre las dos chicas del título, este tercer film de Sabrina Farji ofrece una reivindicatoria y aún imprescindible mirada sobre la memoria y la identidad, apelando a recursos diferentes y creativos. Dos singulares y jóvenes artistas que hacen performances en un denominado circo cabaret punk, poco a poco deberán enfrentar sus respectivas y desoladoras realidades familiares, vinculadas con la represión ilegal. Eva busca sobrellevar su duro pasado a través de fantasiosas llamadas a un padre ausente, mientras que Lola se niega a aceptar su carácter de nieta que busca ser recuperada. Pero no sólo eso las emparenta, también la presencia de una tercera mujer llamada Alma, entre otros pormenores que las obligarán a comprometerse y crecer de golpe. Más allá de algún desequilibrio, Eva & Lola atrae y emociona, sustentada por buenos diálogos y situaciones, el talento y la belleza de Celeste Cid y Emme y un buen elenco en el que se destacan Victoria Carreras, Willy Lemos y Alejandro Awada.
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  • Carancho
    Carancho
    Revista Veintitrés
    En el estilo de El bonaerense y Leonera, y con algunos toques de Nacido y criado y Mundo grúa, Pablo Trapero entrega en su sexto largometraje una nueva y feroz indagación sobre seres urbanos marginales o dejados de lado por la sociedad. Tan contundente como desoladora, Carancho muestra una realidad poco conocida por la comunidad y escasamente divulgada por los medios, aquella que tiene que ver con agentes de estudios jurídicos que, tras una fachada de ayuda a víctimas de accidentes de tránsito, tienen en realidad el objetivo de cobrar suculentos seguros. Para ello precisan de un esquema en el que no sólo estén involucrados enfermeros, jueces, policías y aseguradores, sino también los presuntos damnificados y los testigos.
    Dentro de este turbio panorama Sosa (un compenetrado y convincente Ricardo Darín), un carancho encargado de llevar adelante este lucrativo mecanismo ilegal, se encontrará con Luján (la bellísima y talentosa Martina Gusman) una mujer médica también un poco al margen de todo, esforzada, desprotegida y adictiva. En medio de ese infierno de intereses tenebrosos surgirá una compleja relación pasional y afectiva entre ambos. El despectivo mote identifica también a un ave de rapiña que habita en nuestro país, que se alimenta principalmente de carroña, frecuenta basureros y banquinas de rutas en busca de desperdicios e incluso acepta la compañía de buitres.
    Con un estilo de policial negro y sin dejar de lado el entretenimiento, el film de Trapero logra establecer también una poderosa pintura social, en la que la sombra de las decenas de muertos diarios a causa de accidentes automovilísticos está perturbadoramente presente. La estupenda factura técnica del film enmarca una pareja protagónica que transmite intensidad, verosimilitud y química, rodeados por un elenco impecable.
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  • El Almafuerte
    El Almafuerte
    Revista Veintitrés
    Este documental representa una meritoria iniciativa, posibilitar que jóvenes recluidos en una suerte de reformatorio de máxima seguridad puedan expresarse a través de la imagen y el sonido. Porque El Almafuerte es una crónica acerca de un grupo de aprendices de cineastas, salvo por el pequeño detalle de que todos ellos se encuentran confinados en un Instituto de Menores denominado Almafuerte. Este derrotero audiovisual que a los directores Martínez Cantó, Cabrera y Roberto Persano les llevó varios años de realización, dio por resultado la manufactura de un cortometraje que este documental sobrevuela, pero que no constituye el principal logro. La disposición de un taller de cine y video dentro del penal permitirá que los internos descubran en ciertos casos sus deseos más profundos. El estilo del documental, clásico y llano, cuenta con algunos fragmentos a cargo de los propios reclusos. Hay que destacar la estupenda e inconfundible participación del Chango Farías Gómez con la música incidental, e incluso participando en un segmento en el que dirige una batucada. Los créditos finales muestran el destino que han tenido cada uno de los participantes del documental y los desiguales caminos tomados por ellos, con sus infortunios y redenciones.
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  • Dos en uno
    Dos en uno
    Revista Veintitrés
    Dos en Uno es el primer film escrito y dirigido por la dupla compuesta por Nicolas Charlet y Bruno Lavaine, que se hacen llamar simplemente Nicolas y Bruno. Y precisamente esta dualidad está vinculada a la trama de este film protagonizado por el excelente Daniel Auteuil, sin dudas el actor francés más versátil y requerido de los últimos años. Un retraído contador, tras ser atropellado por Gilles Gabriel (Alain Chabat), un cantante francés ídolo de la década de los ochenta, se verá obligado a convivir con él, introducido en su cuerpo –o en su cabeza-, forzado a aceptar una voz y personalidad ajenas. La solitaria existencia de este oficinista rutinario será alterada, cuestionada y hasta exaltada por este espíritu excéntrico, opuesto por completo a su carácter. Esto dará pié, claro está, a distintas situaciones disparatadas, quizás la más lograda aquella en la que el personaje transforma una presentación empresarial en un rítmico tema pop. Sin poder evitar comparaciones con Hay una Chica en mi Cuerpo, aquella exitosa comedia de le época de oro de Steve Martin, Dos en Uno tiene su propia impronta, con algunas escenas francamente divertidas y un Auteuil siempre eficaz y camaleónico.
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  • Diletante
    Diletante
    Revista Veintitrés
    Kris Niklison, actriz, bailarina y puestista teatral argentina residente en Holanda, diseña en esta ópera prima documental –con algunas realistas recreaciones ficcionadas- una verdadera joya del género. Que arranca precisamente en Amsterdam con una detallista instantánea de un alegre y voluptuoso desfile de la comunidad gay. Imágenes que nada tienen que ver –o quizás mucho- con el resto del film, que incluirán unos breves e irónicos apuntes de la cineasta sobre sí misma y su dinámica familiar, para pasar inmediatamente a volcar un retrato íntimo y profundo de una señora octogenaria y levemente aristocrática llamada Bela. Su propia madre, que ocupará la casi totalidad de este singular trabajo en un encendido y distendido discurso cotidiano con una sola interlocutora, su empleada Cata, y una sola presencia, la del peón de su estancia. Con estos simples elementos se conforma una cautivante radiografía de la vejez, con reflexiones especialmente lúcidas como aquellas que teorizan acerca de la rápida decrepitud de los políticos, entre otras. Mientras tanto sus arrugas, registradas por la cámara con el mismo espíritu que se muestra el bellísimo paisaje ribereño, contrastan permanentemente con su energía física y mental. Una última anécdota suya revelará el peculiar sentido del título de esta pequeña y admirable pieza audiovisual.
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  • La hora de la siesta
    La hora de la siesta
    Revista Veintitrés
    Con una apuesta narrativa y estética semejante a la del cine argentino de los años 60, sensación acentuada por la fotografía en blanco y negro, La hora de la siesta observa el comportamiento de una pareja de niños hermanos, el día del fallecimiento de su padre, en un ámbito pueblerino. A la hora de la siesta los hermanos, incómodos por la presencia de parientes indeseables, saldrán de su casa y darán una vuelta por el barrio, haciendo escalas en su plaza y su iglesia. Pero finalmente pasarán la mayor parte de ese lapso en una casa oscura y misteriosa donde viven un niño obeso y su madre enferma, donde tendrán lugar escenas extrañas, crispadas y acaso alegóricas. La idea puesta en juego por la directora y guionista Sofía Mora en esta ópera prima tiene un arranque interesante, pero luego las situaciones se irán volviendo grotescas, en medio numerosas indefiniciones narrativas y argumentales. A estos tramos fallidos se les suma una muy floja dirección de intérpretes infantiles, que en muy pocos momentos alcanzan una mínima convicción actoral; aunque hay que aclarar que también deben batallar con los diálogos de un guión caprichoso. Sólo el trabajo de la iluminación y la imagen, entonces, se pueden destacar.
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  • Rompecabezas
    Rompecabezas
    Revista Veintitrés
    Con un espíritu tan lúdico como el que expresa el título del film, esta ópera prima de Natalia Smirnoff propone una historia singular, con toques de comedia costumbrista y dotada de curiosas situaciones y deliciosos personajes. Las distintas alternativas de la trama van conformando una mixtura tan atrayente como el placer de lograr ensamblar las piezas de un puzzle. Smirnoff debuta como guionista y realizadora introduciéndose en un mundo desconocido, quizás nunca abordado hasta ahora en la pantalla; el de los adoradores de rompecabezas resueltos sin mirar la ilustración a armar. A partir de este punto de partida la trama descubre la presunta existencia de torneos locales e internacionales en los que se compite por parejas. No vale la pena establecer si son reales o ficticios, sí hacer referencia a que Smirnoff no se conforma con esta extraña indagación sino que también tiene tiempo de hacer una lúcida semblanza de un grupo familiar que precisa oxigenarse. A través del vínculo de la protagonista con sus afectos y con el creciente hobby que la fascina, Rompecabezas avanza con simples y pequeñas anécdotas que sin embargo revelan subtextos y complejidades varias. Con la magnética expresividad de Maria Oneto como protagonista, la película se sostiene en un sólido elenco en el que se destacan Gabriel Goity y Arturo Goetz, excelentes y minuciosos a la hora de elaborar sus roles.
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  • Ricky
    Ricky
    Revista Veintitrés
    François Ozon es un especialista en sorprender y movilizar al espectador con legítimos recursos, apelando fundamentalmente a la creatividad y la originalidad en ideas y tratamientos cinematográficos. Ricky es quizás el ejemplo más acabado de esta impronta del realizador de La piscina, que narra cómo una pareja de módicos recursos y aspiraciones dan sin embargo a luz una criatura fuera de lo común, un bebé mágico. Las características extraordinarias del pequeño acarrearán conflictos e ingratitudes y a la vez sorprendentes derivaciones para ambos y la niña de ella. Metafórica, teológica y siempre sugerente, Ricky vuelve a demostrar que a Ozon la resolución de los misterios no le interesan y esa es quizás la principal atracción que ejerce el film, su incógnita permanente. Algo similar, pero con una tónica más dramática y melancólica, ocurría con Bajo la arena, en el que el enigma de la desaparición de una persona en la playa nunca se resuelve. El film atrapa, propone un emotivo final de reconciliación familiar pero también desconcierta y da la sensación que pudo haber dado para más. El magnífico trío protagónico de Alexandra Lamy, Sergi Lopez y la niña Mélusine Mayance se complementa con un notable y realista –dentro de una historia irreal o acaso onírica- trabajo de efectos especiales.
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  • Nuevamente Amor
    Nuevamente Amor
    Revista Veintitrés
    Nuevamente amor es una comedia romántica dotada de varios títulos en castellano (Sorpresa de amor figura en el afiche, mientras que una tercera traducción aparece cuando asoman los títulos), que fundamentalmente propone una flamante pareja cinematográfica conformada por dos intérpretes exitosos y requeridos. Jennifer Aniston, Aaron Eckhart y su peculiar combinación de caracteres logran en principio una aceptable química en pantalla, lo cual es casi un cincuenta por ciento de la eficacia de una producción del género. El film se interna en terrenos terapéuticos y de autoayuda, a la vez que integra su lógico romanticismo con dramáticos padecimientos –básicamente dolor y sentimiento de culpa- del protagonista masculino.
    Eckhart es un mediático terapista y escritor que maneja grupos donde sus pacientes deben tratar de superar trágicas pérdidas, mientras que Aniston sólo es una florista recién alejada de un novio. Se encontrarán en un hotel donde él dicta un seminario, pero la atracción instantánea entre ambos deberá atravesar por arduas pruebas, claro está. El hasta ahora guionista Brandon Camp intenta en su ópera prima dotar al género de un fuerte contenido dramático y hasta humanista. Pese a esto el tramo final del film cae en fórmulas ya transitadas y además queda en evidencia su afán de equilibrar el drama con momentos distendidos y leves toques de humor. Lo cual se emparenta con el entretenimiento buscado.
    No hay muchos valores más para rescatar de esta historia de amor que amaga con ser más de lo que finalmente resulta. Eckhart alcanza un par de momentos emotivos, mientras que la actriz del otro film en cartel, El cazarecompensas, tiene aquí un rol mucho más agraciado, en el que puede desplegar un delicioso repertorio de mohines. Buenos trabajos de reparto de John Carroll Lynch, Dan Fogler y un muy vigente Martin Sheen.
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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    Revista Veintitrés
    Apelando a un registro poco explorado en su filmografía, Daniel Burman logra con Dos Hermanos una pieza singular, en la que revisa el desgastado vínculo entre una pareja de hermanos en un tono de comedia agridulce. Si bien no es un género absolutamente ajeno a su estilo, el director de El nido vacío aborda aquí una vertiente de humor grotesco y costumbrista, cercana acaso a Jacobo Langser. En películas como Esperando al Mesías, El abrazo partido (que siguen siendo sus obras mayores) y Derecho de Familia los toques de humor y comedia se internaban en mundos judaicos, judiciales y afectivos, mientras que aquí ofrece una impronta diferente, acaso más familiera, pero también dotada de finas observaciones acerca de la soledad.
    El fallecimiento de la madre de ambos desencadenará en el arranque del film un exilio en la otra orilla y una convivencia conflictiva, plagada de miserias, resentimientos, cuestiones nunca aclaradas, odios y amores encontrados. Aún así, más allá de un par de momentos de cierto patetismo, el film nunca alcanza clímax dramáticos de consideración. Que quizás no eran necesarios, porque también es cierto que Dos Hermanos posee una tónica contemplativa, que trata con mordacidad a sus criaturas pero sin desnudarlas con crudeza.
    Las clases de teatro a cargo de Mario (un preciso Osmar Nuñez) son un capítulo aparte en el film, y muestran una verdadera galería de personajes y situaciones. La mixtura de dos estrellas del calibre de Antonio Gasalla y Graciela Borges, con sus peculiaridades expresivas a las que suman algunos matices, se vuelve una apuesta atrayente. Un bellísimo plano final en el marco de ese pequeño balneario uruguayo y unos cuantos inserts en los títulos finales aportan gratificaciones extras al espectador.
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  • El caza recompensas
    El caza recompensas
    Revista Veintitrés
    En los últimos tiempos Hollywood ha abordado las comedias románticas con un target más amplio que le ha permitido atraer diferentes tipos de público. Este tipo de tramas de pareja con toques de humor ya no están dirigidas exclusivamente a las mujeres, como en el caso de Ligeramente embarazada con Katherine Heigl, una de las principales figuras del género, que luego hizo pareja con Gerard Butler en la más reciente La cruda verdad. Comedias bastante masculinas y hasta adolescentes, que, entre otras, ahora dan lugar a El caza recompensas, donde ese nuevo antigalán comparte cartel con una de las heroínas románticas por excelencia, Jennifer Aniston. Se trata de la conformación de una pareja que a priori parecía interesante, pero en las imágenes nunca se consolida. No logran remedar a la que en los años ochenta conformaban Goldie Hawn y Mel Gibson con mucha más química, carisma y sentido de la diversión, sin desconocer que además tenían detrás de las cámaras a un señor como John Badham.
    En este caso Andy Tennant parte de una buena idea para afrontar una historia que combinaba un poco de acción con romance y humor; un policía en desgracia transformado en caza recompensas que debe atrapar a su ex esposa metida en líos legales. En estas nuevas tendencias del paso de comedia amoroso, hubiera resultado impensado años atrás ver a un pretendiente encerrando en el baúl de un auto y esposando todo el tiempo despectivamente a su objeto de deseo, entre otros ejemplos de maltrato entre ambos.
    Pero El caza recompensas, más allá de algunas escenas divertidas, no tiene muchos puntos de contacto con la violencia sarcástica de Sr. y Sra. Smith ni mucho menos con La Guerra de los Roses, aunque estos films hayan servido de pretendida inspiración. Además la duración resulta excesiva para tan pocos momentos de auténtico entretenimiento.
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  • La gran fiesta de Coco
    La gran fiesta de Coco
    Revista Veintitrés
    Dirigida y protagonizada por Gad Elmaleh, uno de los comediantes más populares de Francia, La gran fiesta de Coco gira fundamentalmente alrededor de la figura de este actor, dotado de indudables dosis de carisma y energía. En tono de comedia vertiginosa, Elmaleh, también coautor del guión, derrocha su particular sentido del humor al narrar las peripecias de un improbable personaje llamado Coco, hombre de negocios ultra exitoso y multimillonario que no se pone límites a la hora de satisfacer sus ególatras deseos. Sus ideas y pujanza inagotable le permiten escalar rápidamente de posición, alcanzar un descomunal poder económico y una fama de estrella multimediática. En esa tónica Coco pretende celebrar el bar mitzvah de su hijo Samuel, transformando una ceremonia sencilla y tradicional (vista en el reciente film de los Coen Un hombre serio) en un espectacular megaevento. Pero su hijo sólo desea que su padre aprecie sus virtudes en el patinaje sobre el hielo, circunstancia que dará pie a desencuentros. Todas estas incidencias están salpicadas con gags dialogados y visuales que Elmaleh maneja desde su triple rol con aciertos y tropiezos, pero sin perder nunca un ritmo sostenido. Película muy taquillera en su país, aquí puede deparar un entretenimiento liviano que sólo en su emotivo cierre ofrecerá un matiz diferente.
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  • La mosca en la ceniza
    La mosca en la ceniza
    Revista Veintitrés
    Abordando con gran calidad artística y dramática un tema áspero y escabroso, la realizadora Gabriela David logra con La mosca en la ceniza su mejor film y la película nacional más destacada de este tramo del año. La directora de la atrayente y singular Taxi un encuentro mantiene una ambientación urbana y porteña pero se interna en una temática más vasta y disímil. Aquí la trata de adolescentes es su objetivo esencial, sin embargo debajo de esas “cenizas” asoman inquietantes alegorías y se disparan otros tópicos narrativos. El film arranca en un contexto pueblerino y campestre donde se producirá un pacto espúreo que permitirá que dos chicas lleguen a una ensoñada urbe no para desempeñarse como domésticas en moradas opulentas sino para ser esclavizadas en uno de los prostíbulos clandestinos que ya abundan en todo Buenos Aires. El martirio posterior en ese caserón convertido en calabozo, hará recordar perturbadoramente a películas ambientadas en el holocausto, en prisiones inclementes, o en los mismos años del Proceso, en los que la brutalidad, el silencio y la complicidad eran parte de la vida cotidiana. La incisiva y sorprendente mirada de David de una realidad incómoda alcanza momentos crudamente emotivos y está sostenida por un elenco sólido y de notable homogeneidad entre actores experimentados y fenomenales intérpretes jóvenes como María Laura Cáccamo y Paloma Contreras.
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  • La muestra
    La muestra
    Revista Veintitrés
    Una docuficción diferente y admirable propone La muestra, film acerca de las vicisitudes del prestigioso escultor Antonio Pujia en su intención de hacer una presentación de sus últimos trabajos. Una empresa para nada pretenciosa teniendo en cuenta la dimensión del artista, sin embargo ese simple proyecto se volverá una verdadera odisea, aquí expuesta y desarrollada por Lino Pujia, su hijo. En este segundo documental suyo buscará un camino alternativo y sumamente creativo en su propósito de retratar a su padre en su trabajo diario, su pensamiento, sus estados de ánimo y en sus vínculos familiares, artísticos y mundanos. Utilizando como excusa la cristalización de la anhelada exhibición, la película registra la dinámica de esos lazos con una intimidad y verosimilitud pocas veces vista en un trabajo de este tipo. Esos pormenores y vaivenes rozan también temas más incómodos: el mercantilismo de las galerías de arte, la indiferencia del medio y la poca consideración de la cultura estatal ante un artista poco afecto a los vericuetos de la modernidad. La muestra escapa claramente al rótulo de documental y se acerca por momentos más a la ficción sin que la continuidad del film se resienta, transmitiendo tanto impresiones estéticas como genuinas emociones al espectador.
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  • Paco
    Paco
    Revista Veintitrés
    Con un gran elenco de actores, el director Diego Rafecas, con una experiencia personal con el mundo de la droga, se interna en una temática difícil y alcanza a transmitir con verosimilitud situaciones extremas relacionadas con las adicciones. Especialmente las que se vinculan con la manufactura, el tráfico y el consumo de esa suerte de narcótico apócrifo y criminal denominado paco. Se puede decir que Rafecas es un realizador versátil, capaz de abordar un film espiritual, atrayente y entretenido como Un buda y de adentrarse en submundos marginales como en la no tan lograda Rodney. En Paco no recurre a elementos de la primera, apenas a algunos vinculados a la segunda, conformando sin dudas su film más intenso y descarnado, aunque desprolijo estructuralmente al abarcar una trama coral con variadas líneas argumentales. La más importante es la que lleva adelante Francisco, apodado justamente Paco, hijo de una influyente senadora inducido a la sobredosis y envuelto en una escalada de revancha y violencia. Paralelamente el film atraviesa con lucidez el proceso de rehabilitación de buena parte de los personajes. Dentro y fuera de ese ámbito se destacan profundas interpretaciones de Luis Luque, Juan Palomino y Norma Aleandro, y roles conmovedores como el padre e hija compuestos por Claudio Rissi y Romina Richi, el padre-madre de Willy Lemos, Guillermo Pfening y un sensible y ajustado Tomás Fonzi.
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  • Están todos bien
    Están todos bien
    Revista Veintitrés
    Si bien la mención aparece recién en los créditos finales y ni siquiera está consignado en el afiche –doble despropósito- Están Todos Bien es una versión estadounidense (coproducida con Italia) de la película de Giuseppe Tornatore Stanno tutti bene. Protagonizada por el gran Marcello Mastroianni y con otra extraordinaria partitura de Ennio Morricone, fue una verdadera obra maestra de Tornatore que, como ha ocurrido antes (Fabricante de estrellas y La leyenda de 1900 no fueron valoradas en su real dimensión) y sigue ocurriendo ahora (con la excelente La desconocida), ha estado eclipsada por la joya emblemática Cinema Paradiso. Con todo ese recuerdo, era muy difícil que ese buen director que es Kirk Jones (El divino Ned) logre empalidecer las virtudes del film original, cosa que por otra parte ocurre con el noventa por ciento de las a veces inexplicables remakes norteamericanas.
    De todas maneras Están Todos Bien, cuyo toque italiano en la producción sólo se vislumbra en la agradable música de Dario Marianelli, es un digno acercamiento al espíritu de aquél film, fundamentalmente porque la trama y la línea expresiva no pretenden emparentarse con la idiosincrasia familiera y extrovertida retratada por Tornatore. Jones se basa en la manera de ser del estadounidense, más sobrio con sus afectos y con una tradición familiar menos arraigada. Además le otorga al viudo y jubilado Frank una antigua tarea de manufacturador de cables, los mismos que acompañan sus viajes en tren y ómnibus por todo el país a la búsqueda de recomponer los lazos con sus distanciados hijos. En sus reencuentros descubrirá pequeñas o grandes tragedias que le eran ocultadas por ser un padre manipulador y proclive a la victimización. Él aún ve como niños a sus hijos adultos, y un tramo final profundamente emotivo le da un apropiado cierre a una comedia dramática que recupera a un gran actor como De Niro, acompañado por un elenco ajustado en el que se destaca Sam Rockwell.
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  • El pescador y su mujer
    El pescador y su mujer
    Revista Veintitrés
    La talentosa directora alemana Doris Dorië regresa a nuestras carteleras con un delicioso film que está a la altura de sus antecedentes y se eslabona perfectamente con otras piezas de su filmografía. Inesperada versión de una fábula de de los hermanos Grimm, El pescador y su mujer está basada en una de sus imaginativas historias, que con el mismo título presenta a una mujer excesivamente ambiciosa casada con un pescador humilde y sumiso. Este hombre un día atrapa a un pez parlante que puede cumplir cualquier deseo, y a partir de allí la mujer de él no se detendrá en sus pedidos hacia su esposo para cumplir con sus insaciables pretensiones. Este punto de partida disparó en la realizadora de Hombres y ¿Soy linda? una trama mucho más moderna y cambiante en la que la pareja está compuesta por un joven pescador alemán especialista en la crianza de peces de raza y una chica rumana apasionada por las telas y las frutas. Ni ella es tan caprichosamente ambiciosa ni él es un hombre tan sometido ni carente de objetivos, y las alternativas entre ambos estarán salpicadas por los diálogos de una pareja de peces hechizados –el toque de fábula- que ironizan sobre el amor y la condición humana. Un insólito y divertido final y el carismático trío protagónico redondean esta inclasificable y regocijante comedia.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    Revista Veintitrés
    Más allá del magnífico protagónico de Jeff Bridges, que le deparó sendos Oscar y Globo de Oro, Loco Corazón es también un valioso film que aborda el complejo mundo de un artista. La genuina visión con la que el adaptador y director debutante Scott Cooper afrontó esta temática, logra atraer al tocar variadas fibras sentimentales y emocionales. El actor de Tucker, Starman, Los fabulosos Baker Boys, Sin miedo a la vida y El gran Lebowski, entre muchas otras, realiza aquí una labor notable, quizás no la mejor de su trayectoria, pero la estatuilla otorgada por la Academia funciona también como un reconocimiento a otras grandes interpretaciones suyas no recompensadas.
    Aquí Bridges es Bad Blake, un cantautor country que otrora empleó su nombre original, Otis Blake; el Bad sobrevino a causa de sus malos hábitos y su errático andar artístico. La debacle en su carrera profesional, por su afición a la bebida, se ensombrece aún más por el resentimiento que le produce el masivo éxito de otro cantante más joven que él promovió. Su decadencia se extiende a su vida afectiva, incluyendo un hijo abandonado con el que pretende, ya adulto, reestablecer un vínculo inviable. Su nueva pareja, una periodista (excelente Maggie Gyllenhaal) con un niño pequeño, alienta una dudosa resurrección para sus días. Las alternativas del film prosiguen sin mayores sorpresas, pero cargadas de la mayor verosimilitud e intensidad emocional posibles, claros objetivos del realizador y de uno de los productores, Robert Duvall, también a cargo de un entrañable personaje. Duvall alguna vez protagonizó y ganó un Oscar por un film de características afines, El precio de la felicidad. Otro detalle disfrutable de Loco corazón es el real talento de Bridges como cantante y músico, al que se suma también Collin Farrell con su propia voz en su rol de afamado y carilindo músico folk.
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  • Mongol
    Mongol
    Revista Veintitrés
    Concebida como una auténtica superproducción llevada adelante por Kazajistán, Rusia, Mongolia y Alemania, Mongol es un épico y extraordinario film del realizador ruso Sergei Bodrov que compitió hace un par de años por el Oscar en su rubro. Con notorias y casi indisimulables influencias de Akira Kurozawa, el film ahonda en los conflictivos primeros años de la vida de alguien nacido bajo el nombre de Temudgin que luego se transformará en el poderoso, proverbial, casi mitológico líder Genghis Khan. Bodrov elige una pintura benigna acerca de la niñez y juventud de quién fue considerado un salvaje y despótico emperador, retratado como un duro guerrero pero también como un hombre tenaz, visionario y generoso.
    Todo el enorme crisol de costumbrismos cotidianos, ancestrales y guerreros de esas regiones están recreados de manera espléndida en la película de Bodrov, como la ceremonia o pacto de sangre que sella una hermandad, la elección varonil de las prometidas, el temor a los truenos, y la astrología, que titula y segmenta el film, en varios capítulos de acuerdo al animal correspondiente (caballo de fuego, tigre, etc). Si bien el film progresa de manera cronológica, no tiene un tono biográfico y prefiere contar sus incidencias con toques poéticos, elipsis sugerentes, figuras que se recortan en el paisaje imponente y miradas poderosas que resumen en silencio pasajes de la trama.
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  • Un maldito policía en Nueva Orleans
    Con la apariencia de un policial sórdido y melancólico, el genial Werner Herzog vuelve al ruedo –aunque esté filmando seguido y acá poco y nada recibamos de su trabajo-. entregando una particular semblanza de un corrupto policía americano. Empleando el marco de una ruinosa y dolida Nueva Orleans, el director de Kaspar Hauser integra un film de género con otro en el que determinadas visiones surrealistas, oníricas y sarcásticas se intercalan.
    Si bien Herzog lo niega, Un maldito policía en Nueva Orleans parece estar claramente inspirada -hasta el título es casi el mismo, tanto en inglés como en su versión en español- en Un maldito policía de Abel Ferrara con Harvey Keitel, que también retrataba un corrupto y licencioso teniente policial, sólo que emprendiendo un caso de otras características y en un contexto urbano muy diferente. Aquí el teniente en cuestión está a cargo de Nicolas Cage, quien es un detective de homicidios con fuerte dolores de espalda que fomentan sus tendencias adictivas. Sus vínculos con dudosos personajes, como una prostituta, un apostador usurero y finalmente un gangster responsable de una masacre, al que presuntamente se alía para traicionarlo; no hacen más que hundirlo cada vez más en un abismo. De todos modos el cineasta alemán se toma en serio muy poco de toda esta trama, entre las alucinaciones del protagonista y sus desbordes eufóricos y melodramáticos. Momentos surcados por una extraña poesía y un ácido sentido del humor van desvirtuando creativamente lo que se podría denominar un simple policial de acción. A esto se suma un tramo final envuelto en una absurda resolución serial de conflictos, que formarían parte de una ensoñada redención. De todos modos el pulso irregular puesto en juego por Herzog no alcanza para dar forma a una gran obra. Un Cage sobreactuado y burlón se luce junto a un elenco que ofrece curiosos matices.
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  • Sólo para parejas
    Sólo para parejas
    Revista Veintitrés
    Concebida como un producto llevadero dirigido, como reza su título, a mujeres y hombres vinculados afectivamente, esta comedia norteamericana cumple en ese aspecto con su módico cometido. El problema es que Solo para parejas no aprovecha consistentemente su buena idea global, que progresa con escasas dosis de audacia e inventiva. Con esta comedia sentimental o farsa romántico-sexual, debuta como director el actor Peter Billingsley, que cuenta con un guión en el que también intervienen los protagonistas Vince Vaughn y Jon Favreau (que está desarrollando una gran carrera paralela como director con Zathura, Iron Man y su secuela). Y en este campo Vaughn se reserva los mejores pasajes, a tal punto que por momentos sus líneas parecen corresponder a un stand up. La película se inicia con unos logrados créditos para luego enfocar situaciones apenas graciosas de cuatro parejas en sus vicisitudes cotidianas. Ante la crisis de una de ellas, todos los personajes emprenderán un viaje a un entorno vacacional paradisíaco que presenta reglas casi dictatoriales. Con toques paródicos acerca de las terapias y tratamientos new age, el film entretiene sin brillar ni en sus alternativas ni en su sentido del humor. Ni siquiera el gurú a cargo de Jean Reno aporta demasiados matices divertidos.
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  • Al filo de la oscuridad
    Al filo de la oscuridad
    Revista Veintitrés
    Curiosa y singular resulta la última propuesta fílmica protagonizada por Mel Gibson, fundamentalmente porque se trata de un policial que escapa a las obviedades del género, además de encerrar no pocas connotaciones. Tras una intensa etapa de su carrera en la que se dedicó a su faz de cineasta, asumiendo sin dudar riesgos históricos, teológicos y estilísticos –en especial en sus dos últimos films, La pasión de Cristo y Apocalypto-, se podía esperar que el australiano-estadounidense, al volver a trabajar simplemente como estrella protagónica, iba a descansar en una película de acción dotada de una trama eficaz y taquillera. Pero Al filo de la oscuridad , que arranca con el brutal asesinato de la hija de Thomas Craven (Gibson), veterano policía de Boston para quien aparentemente estaba dirigido el escopetazo, sorprende con su semblanza acerca de las sangrientas telarañas que urde el poder, incluyendo también momentos de fuerte dramatismo, extrema violencia y hasta metáforas espirituales. Desde Señales de M.Night Shyamalan, un film ya muy particular, que Gibson no se desempeñaba sólo como actor (a excepción de un ignoto film independiente que hizo a posteriori, The Singing Detective, no estrenado aquí). Así que se podía esperar que el actor de las Mad Max retomara como intérprete la línea de Revancha o la saga de Arma mortal. Pero la mano del guionista de Red de mentiras y Los infiltrados, William Monahan, y la solidez del director Martin Campbell logran que el film se adentre en terrenos que conducen a la corrupción política y hasta el capitalismo salvaje. Pero a pesar de su tono inquietante, su remate agridulce y su buen elenco, el film deja algunos cabos sueltos y la sensación que podría haber dado aún para más.
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  • La madre
    La madre
    Revista Veintitrés
    Interesante desde el punto de vista estético, visual y sensorial, La madre, nuevo film del peculiar cineasta Gustavo Fontán, no logra sin embargo sostenerse ni dramática ni argumentalmente. Si bien el realizador de El Árbol posee una línea experimental, en el caso mencionado una leve trama resignificaba la apuesta formal y le daba sentido a la obra. Aquí Fontán acentúa sus búsquedas expresivas mientras intenta narrar el calvario de un hijo adolescente frente a una madre bebedora que sufre diversos trastornos de conducta. Sus monólogos internos parecen aseverar esta idea y muchas de sus actitudes también, sin embargo su atildado aspecto personal y el cuidado al elegir su vestuario aparentan desmentirlo. Una mínima historia debería tener alguna continuidad y sustento, pero algunas licencias del director conspiran contra eso, quizás ex profeso. En la mitad del film la mujer aparece muerta y ensangrentada y en el final el joven ataca a hachazos un criadero de abejas, situaciones que, entre otras, sólo aportan confusión. Prácticamente despojada de diálogos y con un metraje que apenas justifica el rótulo de largometraje, La Madre ofrece climas audiovisuales muy logrados, en el que la contemplación estética alcanza bellos momentos. Las interpretaciones están supeditadas a un contexto algo caprichoso, pero aún así Gloria Stingo transmite ciertas sensaciones.
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  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Con la impronta de muchos films surgidos a la sombra de Harry Potter, como Las crónicas de Narnia, La brújula dorada o Los seis signos de la luz, ha llegado ahora el puntapié inicial de lo que sin dudas se transformará en una saga; Percy Jackson y el Ladrón del Rayo. Lo cual no extrañaría teniendo en cuenta el inminente final de la saga de J. K. Rowling, que el autor Rick Riordan ya escribió dos continuaciones y tiene dos más en la gatera y, fundamentalmente, que esta primera película cumple con la mayoría de los requisitos para ser aceptada por el público adolescente consumidor de este tipo de aventuras.
    Peripecias que protagoniza el estudiante del título que descubrirá ser un semidiós por ser el hijo de una deidad, Poseidón, dios del mar, y una mortal. Con semejante padre no tendrá más remedio que embarcarse en una misión en la que están involucrados los dioses griegos del Olimpo, a punto de trenzarse en una guerra en medio de la contemporánea Estados Unidos. y sus dos nuevos y extraños amigos, que también resultan ser semidioses. Lo más interesante dentro de este subgénero, es que Percy Jackson y el Ladrón del Rayo transcurre mayormente en paisajes urbanos como los de Las Vegas o Nueva York, apartándose de las ambientaciones que caracterizan a las otras sagas, y por otra parte quizás estimule a los más jóvenes a acercarse a la mitología griega.
    Chris Columbus, además de dirigir éxitos del más variado calibre como Mi pobre angelito, Mrs. Doubtfire, Nueve meses, El hombre bicentenario, también es responsable de la primera y la segunda Harry Potter; así que conocía muy bien la tela que debía cortar. De modo tal que diseñó un film entretenido y con algunos momentos visuales atrayentes como esa alucinada entrada al infierno de los personajes en cuestión. Intérpretes reconocidos como Pierce Brosnan y Uma Thurman, entre otros, deben sufrir un obligado doblaje, pero aún así vale la pena verlos.
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  • Plumíferos
    Plumíferos
    Revista Veintitrés
    Nuestro país ha sido pionero en el género ya que aquí se realizó el primer largometraje animado del mundo, El Apóstol, pieza de Quirino Cristiani. Tras él surgieron las figuras de Dante Quinterno, con Upa en apuros, uno de los primeros largos sonoros y en colores, y Manuel García Ferré, cuya hegemonía dentro de la animación atravesó varias décadas con productos de primer nivel.
    Nada de esto encuentra punto de comparación con Plumíferos, Aventuras Voladoras, impresentable estreno realizado en animación 3D que desmerece absolutamente esta rica historia. Más aún si nos referimos a films de los últimos años realizados con técnicas mixtas como la futurista Cóndor Crux, la corrosiva Mercano el marciano y especialmente la formidable Boogie el aceitoso. Hasta en los recientes films del Ratón Pérez –estos sí dirigidos al público infantil-, los personajes digitales interactúan con la acción viva con una técnica notoriamente superior a este mamarracho. El hecho que este film haya sido manufacturado por un estudio independiente empleando un software libre no justifica su extremada precariedad en todos los rubros. A pesar de estar protagonizada por aves, nunca remonta vuelo en su idea, diálogos, gags, voces (exceptuando los personajes a cargo de Peto Menahem y Mike Amigorena) ni fundamentalmente en una animación y fondos carente de todo arte, creatividad y gracia.
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  • Los viajes del viento
    Los viajes del viento
    Revista Veintitrés
    Como una travesía musical y espiritual que encierra toda la mitología y las tradiciones autóctonas colombianas se podría definir Los viajes del viento, ambicioso segundo film de Ciro Guerra. Alemania, Holanda y Argentina participaron de esta coproducción que cuenta el último trayecto de un legendario acordeonista y cantor que ha decidido dejar de tocar, no sin antes cumplir con algunos mandatos. Ignacio Carrillo es el nombre de este popular juglar que tras años de recorrer poblados cargando con su acordeón, toma la decisión de hacer un largo viaje por la región norte de Colombia para devolverle el instrumento a su anciano maestro y así abandonar en paz su arte. Se plegará a su periplo un joven cuya ilusión en la vida es seguir sus pasos y llegar a ser acordeonista, con el que establece un vínculo paternal y de guía vivencial. Quizás el nulo espacio reservado para el humor y el excesivo metraje aumentan el peso de algunos subrayados acerca de la conducta del protagonista y ciertos momentos demasiado circunspectos o ceremoniosos. Rodada en cinemascope, Los viajes del viento logra captar gracias a este mítico formato visual la magnitud de un paisaje muy bien registrado. Lo que, sumado a sus indudables valores, vuelve recomendable ver este film –perteneciente a un cine poco divulgado en nuestro país-, en las salas.
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  • Vivir al límite
    Vivir al límite
    Revista Veintitrés
    Luego de unos años de ausencia o de poca actividad, la realizadora Kathryn Bigelow, muy atípica en su óptica del cine con respecto a sus colegas de género, vuelve al ruedo con un film de extraordinaria intensidad, capaz de producir una tensión difícil de tolerar. La ex esposa de James Cameron -con el cual justamente van a compartir nominaciones en los rubros de Mejor Director y Mejor Película-, logra mancomunar en Vivir al límite lo más puro del cine bélico contemporáneo con una mirada inquietante sobre la condición humana. Luego de un film iniciático adelantado a su época, Cuando cae la noche, aquél transformado en un clásico, Punto límite y una pieza futurista audaz y singular, Días extraños, la Bigelow empezó a filmar con menos asiduidad pero alcanzó a entregar otro film relacionado con el militarismo pero desde un punto de vista submarino y soviético, K-19.
    Y reiterando su clara identificación con los temas que abordan los cineastas hombres, Vivir al límite está ambientada bien a fondo, como nunca antes se vio en el cine, en la guerra de Irak. Una zona en permanente conflicto vista a través de los ojos de tres soldados estadounidenses que forman parte del escuadrón elite que se ocupa de la tarea más ingrata, la del desmantelamiento de bombas y objetos explosivos de todo tipo que las organizaciones rebeldes diseminan contra los invasores pero también contra su propio pueblo. Este retrato tan cercano y dotado de un enfoque tan específico sobre el tema recuerda a otros grandes films del género como Apocalypse now, Pelotón, Nacido para matar y Salvando al soldado Ryan. Aunque aquí hay poco espacio para la reflexión y mucho para el constante desfile de situaciones extremas que se deben resolver, más que con valentía y coraje, con el mismo criterio suicida de sus oponentes. Si bien quedan algunos cabos sueltos, Vivir al límite es una obra de notable poder expresivo que deja lacerantes resonancias, dotada de un excepcional trío de intérpretes y que quizás sea la gran sorpresa de la próxima entrega de la Academia.
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  • Andrés no quiere dormir la siesta
    Dotada de una importante producción y despliegue para una ópera prima, que incluye una excepcional ambientación, Andrés no quiere dormir la siesta cuenta además con en un notable elenco que incluye varias figuras. Con visibles antecedentes en piezas nacionales como Kamchatka, La ciénaga, y también extranjeros como La culpa la tiene Fidel, el trabajo del director Daniel Bustamante hace foco en un cuidado detallismo histórico, similar a la que Gustavo Postiglione plasmó en su reciente y rosarina Días de mayo. Y cercana geográficamente, ya que este film está ubicado en la ciudad de Santa Fe entre 1977 y 1978, allí el pequeño Andrés, tras sufrir la muerte de su madre en un accidente nunca bien clarificado, debe mudarse a un barrio donde funciona un centro clandestino de detención, un secreto a voces que incluye operativos nocturnos en la zona. Y también debe soportar el maltrato de su confundido padre y su abuela autoritaria, en medio de un panorama cotidiano y familiar colmado de complejos matices y aristas. Con algunas escenas altamente logradas y otras resueltas con ciertos subrayados, Andrés no quiere dormir la siesta es un film desparejo pero lúcido y ambicioso, con un sustancioso poder evocativo.
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  • Nine
    Nine
    Revista Veintitrés
    Basada en una pieza que a su vez tuvo su origen en un film de Federico Fellini, esta recreación fílmica de Rob Marshall propone un deslumbrante y melancólico homenaje al cine en formato de comedia musical. El curioso trayecto de esta obra que tuvo su punto de partida en el cine y que ahora vuelve con renovado formato al celuloide, no tiene una trama definida porque es precisamente una semblanza del bloqueo creativo de un director de cuya crisis salió la inmortal 8 y medio y muchas décadas después nos depara esta espléndida Nine. La manera en la que Marshall, responsable de una brillante adaptación del género con Chicago pero también de un gran film como Memorias de una geisha, aborda su despliegue narrativo y visual, es a través de quiebres permanentes. Desarrolla su trama con un estilo expresivo claramente europeo, y traslada de pronto al espectador a un escenario con toda la puesta en escena correspondiente el espectáculo, para luego volver a las calles, los estudios o los hoteles de Roma donde prosigue una historia escasa y a veces inconexa pero sustanciosa glamorosa, irresistible y por momentos emocionante. Daniel Day-Lewis, Marion Cotillard, Sophia Loren, son algunos de los nombres que iluminan la pantalla a puro carisma y talento.
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  • Amor sin escalas
    Amor sin escalas
    Revista Veintitrés
    Con tan sólo tres películas en su haber, Jason Reitman ya se ha forjado un estilo muy personal y una trayectoria sustanciosa. Hijo de Ivan Reitman, el productor y director de exitosos films como la saga Cazafantasmas y Un detective en el kinder, pero también de una comedia inteligente como Dave, presidente por un día, el talento de Jason parece haberse inclinado por la línea expresiva de este film de su padre, donde asimismo trabajó como actor. Sea como fuere, tras su auspiciosa ópera prima Gracias por fumar y su brillante Juno, el joven cineasta propone en Amor sin escalas una comedia extremadamente agridulce, surcada por diálogos mordaces y situaciones irónicas y hasta bizarras, que pasa de lo risueño a lo doloroso y reflexivo con una inmediatez en el que las sensaciones contrapuestas no se acumulan sino que aportan un enriquecimiento dramático constante.
    Así como en Gracias por fumar Reitman describe a un hombre que trabaja sin remordimientos para las grandes tabacaleras defendiendo los “derechos” de los fumadores, aquí se ocupa de otro que es la estrella de una empresa que se dedica a un oficio aún más despiadado, el de comunicar a empleados de todo Estados Unidos que sus compañías deben efectuar drásticas reducciones de personal. Un servicio casi canallesco que él lleva a cabo con elegancia e indisimulable placer sólo porque adora volar y recolectar millas que lo lleven a un secreto y deseado objetivo. Convicciones se verán desdibujadas por la aparición de dos mujeres, una madura que se volverá su principal interés amoroso y una adolescente que, como Juno, desestabilizará todo lo que la rodea, aunque su arrogancia oculte una niña dolida y asustada.
    Sarcástica y tierna, contemporánea y tradicional, Amor sin escalas es una pieza fenomenal sostenida sin pausas por un elenco impecable, con un Clooney a la cabeza que pone en juego lo mejor de su carisma y destreza interpretativa.
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  • Medusas
    Medusas
    Revista Veintitrés
    Bellísima analogía entre el mar, el agua y el alma femenina, Medusas es un film israelí capaz de contar un puñado de historias dispares y encadenarlas sin perder nunca su línea narrativa. Situaciones costumbristas y cotidianas en el marco urbano de Tel Aviv que no sólo atraen y comprometen emocionalmente sino que también incluyen, imperceptiblemente, un universo surreal, onírico y metafórico. Una mesera de catering que recoge a una niña aparentemente abandonada en la playa, una pareja que atraviesa una accidentada luna de miel, una mujer filipina que cuida ancianos y que desea volver a su país con un barco de juguete para el cumpleaños de su hijo, una mujer que vive una relación conflictiva con su hija actriz y que desea desesperadamente dar y recibir afecto, son algunos de los personajes que recorren la pantalla en su muy corto metraje.
    Esa compleja estructura coral presentada por la pareja de escritores y ahora cineastas Etgar Keret y Shira Geffen da la sensación que dejará unos cuantos cabos sueltos que deberán ser completados por la imaginación al espectador, sin embargo, el brillante guión de ambos –colmado de pequeñas sorpresas- se las ingenia para esbozar un destino claro para todas esas frágiles y entrañables criaturas. Las sensibles composiciones de todo el elenco redondean una pequeña, poética e imperdible joya fílmica.
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  • Sherlock Holmes
    Sherlock Holmes
    Revista Veintitrés
    Si uno se olvida un poco de la imagen clásica e inmaculada del detective criminalístico Sherlock Holmes, sin dudas que va a disfrutar intensamente de esta versión siglo XXI que propone la película del resucitado Guy Ritchie. El cineasta, que hizo una irrupción impactante en el mundo del cine con Snatch y que luego de unos años de repliegue retornó auspìciosamente con Rocknrolla, ofrece aquí una mirada riesgosa y audaz pero fascinante del inspector creado por el escritor escocés Arthur Ignatius Conan Doyle. El personaje, ese sagaz y obsesivo detective londinense de fines del siglo XIX, era capaz de resolver los casos más engorrosos y complejos gracias a su capacidad de observación y razonamiento deductivo, fue el rol más interpretado en cine, con setenta actores que le dieron vida en más de doscientos títulos.
    Y Ritchie aparentemente tira por la borda todo ese historial, hace borrón y cuenta nueva y le quita a Holmes muchos de sus atributos característicos, especialmente aquellos que tienen que ver con el vestuario y su afectación típicamente británica. Ya no veremos aquí su gorro de cazador y su ornamentado abrigo, ni mucho menos escucharemos la célebre frase "Elemental, mi querido Watson", que en realidad sólo aparece en una de los relatos y nunca más se repitió. Tan sólo encenderá su emblemática pipa en un par de ocasiones, y en ninguna de ellas ese gesto estará relacionado con situaciones relajadas y reflexivas.
    Un final abierto con Holmes en primer plano lanzando un interrogante, se empalma con la reciente confirmación de una secuela de un film pleno de trepidante acción y despliegue, que aún al borde del anacronismo no le resta espacio a su proverbial astucia y perspicacia ni de otros elementos que forman parte del universo del personaje. Especialmente su inseparable asistente Watson, que aquí no luce como un simple partenaire, y que conforma con Holmes una suerte de dúo dinámico. A los diálogos irónicos e ingeniosos, la deslumbrante ambientación y los hallazgos visuales y narrativos hay que sumarle la habitual energía y desparpajo de Robert Downey Jr. al frente de un brillante elenco.
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  • Buenas Costumbres
    Buenas Costumbres
    Revista Veintitrés
    Basada en una sarcástica obra de Noel Coward, Buenas costumbres cuenta con la inesperada mirada del director de Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, Stephan Elliott. Se trata de la reaparición de un realizador muy poco prolífico, el film nombrado, su ópera prima, data de 1994, y su segunda pieza ya tiene casi diez años de estrenada. Y este cineasta australiano que tiene aquí el desafío de adaptar a este prestigioso autor al frente de un elenco repleto de figuras, se puede decir que arriba a buen puerto, sin apartarse del espíritu del dramaturgo y aportando algunos toques ácidos y de humor grotesco que aggiornan al original.
    El arranque de Buenas costumbres muestra imágenes proyectadas en un cine de los años veinte que combinan tomas de archivo con agregados digitales actuales que dan la sensación que el film va a transitar por el terreno de la gran recreación de época con historias cruzadas entre muchos personajes. Pero no, la trama nunca se diversifica demasiado, restringiéndose a un enfrentamiento entre una dama de buena familia británica que transita su decadencia y su flamante nuera, una sexy y glamorosa joven mujer estadounidense que además está adelantada a su tiempo –aún hoy lo estaría-, ya que es corredora y líder en carreras de autos. Un joven, frívolo y –en apariencia- acaudalado caballero inglés se casa impetuosamente con ella y al poco tiempo la lleva a su hogar familiar, confrontándola inconcientemente con su rigurosa, hiriente pero a la vez lúcida y sabia madre. La dinámica familiar que gira alrededor de ellas dos, incluyendo la servidumbre, los allegados, las costumbres y pasatiempos al aire libre, funcionan como un sustancioso desfile que caracteriza a un film que atrae sin pausas pero que no mueve a grandes reflexiones.
    Tampoco son muy necesarias, estas Buenas costumbres redondean un momento de agradable buen cine con estupendos intérpretes como Kristin Scott Thomas, Colin Firth, Kris Marshall y la cada vez más bella Jessica Biel.
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  • La princesa y el sapo
    La princesa y el sapo
    Revista Veintitrés
    Haciendo punta en una primorosa vuelta a las fuentes que está encarando la plana mayor de los Estudios Disney, La princesa y el sapo recuerda aquella época dorada de la animación que volvió inmortal a su creador, Don Walt. Este film realizado en animación tradicional es el primer paso de una serie en la que el cartón pintado vuelve a ser la estrella reemplazando a la digitalización y el motion capture, con Winnie The Pooh como proyecto inminente. En este caso John Musker y Ron Clements, dos experimentados hombres de la productora que tenían en su haber La sirenita y Aladino, plasmaron esta creativa versión de un clásico de los cuentos infantiles con princesa incluída que había quedado pendiente. Y con el condimento musical que caracterizó a films del estudio como Hércules y otros. El nuevo giro del relato original se ambienta en New Orleans en los años veinte y presenta a una chica afroamericana llena de ilusiones que se topará con un sapo en apariencia recién salido de los típicos pantanos de la zona pero que esconde a un príncipe hechizado. Y el proverbial beso que él se procurará para volver a ser humano dará pie a otro resultado y a una aventura colorida dotada de personajes muy divertidos. De todas maneras, y pese al aggiornamiento de situaciones y dibujos, efectos y criaturas, o quizás por esto mismo –por momentos hay un exceso de chistes de dudoso gusto-, La princesa y el sapo no alcanza la estatura de los grandes clásicos de Disney. Pero es un muy buen exponente remozado de una animación tradicional que estaba haciendo falta.
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  • La tigra, Chaco
    La tigra, Chaco
    Revista Veintitrés
    Los dos estrenos argentinos de esta semana, Matar a Videla y La Tigra, Chaco presentan un tópico similar: el regreso de un joven a su pueblo natal y sus afectos primordiales. Y hace poco se dio a conocer Los Angeles, otro film nacional afín a esta tónica pero con una impronta más cruda, que se vincula a esta joyita dirigida por Federico Godfrid y Juan Sasiaín por sus valores cinematográficos y por retratar pueblos reales de pocas cuadras de extensión y escasísima población. En este caso ese retorno es relatado con tanta economía de recursos expresivos como generoso despliegue de apuntes costumbristas, diálogos verosímiles y una cristalina capacidad de transmitir sensaciones y emociones. La búsqueda nunca explicitada de un padre nómade parece ser la excusa de Esteban para reencontrarse con olores, sabores, texturas y afectos perdidos. Y fundamentalmente con una compañera de la infancia que desestructurará su presente, levemente cosmopolita, devolviéndole su propio corazón detenido.
    La excelente y sensible interpretación de Ezequiel Tronconi y la bellísima Guadalupe Docampo se conjugan impecablemente con un elenco en que se amalgaman –acaso con un espíritu soriniano- lugareños y actores profesionales. Un film pequeño en su propuesta y duración pero enorme en su alcance artístico y emocional.
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  • Avatar
    Avatar
    Revista Veintitrés
    En la historia del cine de ciencia-ficción o de anticipación hay un puñado de películas emblemáticas que parten de Metrópolis, pasan por La guerra de los mundos, La máquina del tiempo y El día que paralizaron la tierra, y llegan a títulos más contemporáneos como 2001 Odisea en el espacio, Encuentros cercanos del tercer tipo, Star Wars, Blade Runner y Matrix. Privilegiado inventario de films futuristas que va a incluír sin dudas a Avatar por sus avances técnicos y narrativos y su historia dotada de poderosos apuntes filosóficos y espirituales.
    La nueva obra de James Cameron transporta al espectador a otro universo, a otra realidad, como pocas veces antes el arte cinematográfico pudo plasmar, en la extraordinaria recreación de una lejana luna llamada -no casualmente- Pandora donde vive una tribu de criaturas azules de gran estatura rodeada de una deslumbrante fauna y flora. Allí descansa una de las potencialidades expresivas del film del autocalificado “rey del mundo” (o del cine), que como autor y director dejará sentada una postura ecologista y antimilitarista sencilla, pero impregnada de un altísimo voltaje emocional y audiovisual. Aún dentro de su trama singular y atrapante Avatar traerá a la memoria otros films, algo casi inevitable en el género; inclusive a algunos que se remontan al pasado como El último samurai de Edward Zwick. Pero nada disminuirá un impacto que recuerda el asombro que en su momento provocó el estreno de la primera Jurassic Park de Steven Spielberg o la que logró el propio Cameron, con con su poco reconocida El abismo.
    Sam Worthington, quien tuvo hace poco un flojo protagónico en Terminator 3, logra transmitir muy bien complejas sensaciones, alcanzando una empatía con el espectador que resulta fundamental en el andamiaje de esta monumental producción, dentro de un elenco convincente –algo inédito desde la implementación de las técnicas digitales en el cine- tanto en intérpretes virtuales o de carne y hueso. Inolvidable para los fanáticos del género e imperdible para cualquier tipo de espectador, Avatar propone una experiencia que no sólo hay que visualizar, sino vivenciar.
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  • Eden Lake
    Eden Lake
    Revista Veintitrés
    Promocionado como un simple film de terror, Eden Lake produce más espanto por su concepto y realización que por responder a los resortes clásicos del género. Coqueteando en buena parte de su metraje con el golpe bajo, el gore y la truculencia, este film británico se puede definir más como un thriller extremo y sale bien parado de tanto desborde, redondeando una pieza sin concesiones que vale la pena ver. Hay que atreverse, porque la propuesta no es para estómagos frágiles; el director debutante James Watkins no anduvo con medias tintas al plantear un crudo enfrentamiento entre una pandilla de preadolescentes y una pareja que sólo tenía pacíficos y románticos planes. El marco, un idílico y solitario paisaje arbóreo al borde de un lago, lentamente irá cobrando un aspecto más sombrío, y ya el bosque y la naturaleza pasarán a resultar agrestes y siniestros. Si bien en un principio la película parece tomar partido por la inocente pareja de enamorados, luego esto no será tan claro y se verá que en ellos también subyacen instintos revanchistas y criminales. Excelentes intérpretes, tanto de parte del dueto protagónico como del convincente grupo de jóvenes, completan un cóctel excedido en sangre pero atrayente y con espacio para la reflexión.
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  • El último aplauso
    El último aplauso
    Revista Veintitrés
    El renombrado Bar El Chino, es –o ha sido, porque ya perdió parte de su esencia- un lugar emblemático que cobijó las raíces más puras del tango arrabalero. Y también ya fue objeto de dos films, uno titulado como el bar y ahora El último aplauso, que propone un conmovedor y abarcativo registro testimonial sobre la trayectoria de este reducto ubicado en Pompeya, fundamentalmente a través de los artistas y personajes que lo habitaron. Bar El Chino de Daniel Burak combinó ficción y documental en un sentido acercamiento al espíritu de un lugar que en este caso recibe una mirada más profunda, moviendo durante su metraje un sinnúmero de resortes sentimentales aún para aquellos que poco gusten del género. El documentalista argentino afincado en Alemania Germán Kral propone un recorrido visual y sonoro que rara vez deja indiferente, haciendo a su vez foco en la humilde y genuina estética del bar, inclaudicable frente a los mercantilistas espacios for export. Narrando la última época antes de la muerte de su dueño El Chino Garcés y llegando a sus momentos más recientes antes de su remodelación, El último aplauso es una obra de largo aliento plasmada con enorme sensibilidad y talento, que además permite descubrir a un puñado de artistas veteranos y jóvenes que se hacen cargo como pocos de un extraordinario repertorio ciudadano.
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  • Aparecidos
    Aparecidos
    Revista Veintitrés
    Con una interesante y audaz metáfora sobre los desaparecidos, esta coproducción española-argentina que en apariencia sólo se propone sobresaltar, sale airosa de su singular y riesgoso mix. Aparecidos pretende producir espanto por más de una razón, y por momentos logra su tenebroso cometido, ya que la trama, nada sencilla de resumir, afronta con mucha dignidad la premisa de asustar por sus fantasmas y también por su conexión con las más execrables prácticas del terrorismo de estado.
    Dos hermanos españoles, cuya madre argentina se exilió con ellos de pequeños, vienen a Buenos Aires a hacerse cargo de un padre en coma sobre el cual pesan sombrías sospechas. Esto traerá a colación un viaje al sur de ambos con un Ford Falcon rural –todo un símbolo- que oculta un rotoso diario que describe el asesinato de una familia, mientras una oxidada y tétrica camioneta y unos muertos que no tienen paz, ni de un lado ni del otro, los acosan sin piedad. Estos y otros ingredientes van diseñando una alegórica pieza de horror que cierra apropiadamente con una espectral y conmocionante imagen final de Buenos Aires. Dentro de un elenco sólido se destacan sus dos estupendos y jóvenes protagonistas ibéricos, Javier Pereira y Ruth Díaz, y las buenas participaciones de intérpretes locales como Pablo Cedrón, Héctor Bidonde y Graciela Tenenbaum.
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  • Planeta 51
    Planeta 51
    Revista Veintitrés
    Inesperadamente proveniente de España, que vuelve a demostrar su capacidad de exportación en el mettier, PLANET 51 es un film de animación digital tan rebosante de creatividad como divertido. Hollywood hace rato emplea intérpretes (Banderas, Bardem, Penélope Cruz) como realizadores (Amenábar, Collet-Serra, Isabel Coixet, entre otros) y ahora también estrena y distribuye films de ese origen, algunos pertenecientes a terrenos muy ligados a la Meca del cine como el caso del terror, con REC y REC 2. Y con esta notable comedia animada de Jorge Blanco, logra –con la inestimable colaboración de Sony Pictures- un nivel técnico a veces similar a piezas de Pixar-Disney o Dremaworks, y por momentos superior por su desprejuicio, mordacidad, calidad visual y artística. La trama es uno de sus mejores atributos, al ironizar sobre la carrera espacial estadounidense a través de un engreído astronauta que se supone un adelantado en un planeta ya habitado por seres que, entre desniveles tecnológicos y el temor de ser invadidos por extraterrestres, lo transforman a él en un peligroso alienígena. Homenajeando la estética de los años 50 y con personajes fenomenales como Rover, un caninizado robot recolector de muestras con toques de WALL-E, Planet 51 redondea una experiencia reconfortante para todo tipo de público.
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  • La invención de la carne
    La invención de la carne
    Revista Veintitrés
    Santiago Loza es un cineasta con un fuerte sello personal que mantiene una unidad de estilo aunque sus films transiten por distintos escenarios y temáticas. Sus obsesiones formales y narrativas no buscan la empatía del espectador medio y ese registro estético está presente en su nueva pieza La invención de la carne, que tras ese pretencioso título aborda el incierto viaje emprendido por una extraña pareja taciturna, que luego derivará en la inesperada apropiación de un bebé. Una trama relativamente sencilla y dotada de ciertos simbolismos complejos pero comprensibles, que aún así no garantizan el entendimiento o un objetivo claro de la propuesta. Lo cual no es un factor imprescindible en el cine ni en ningún arte, pero en este caso podría estar plasmado en forma más apasionada y atrayente. Los escasos diálogos, ajustados y lacónicos, no están dispuestos como simples apuntes que acompañan las imágenes, sino que disparan conceptos enfáticos, tornándose forzados y poco creíbles. Algunas escenas bellas y audaces como el baño bajo el agua con el bebé, no alcanzan para justificar la totalidad de un metraje –corto- en el que los protagonistas deben luchar interpretativamente con situaciones antojadizas. Al menos en este plano Umbra Colombo se muestra mucho más convincente que su joven compañero.
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  • Terror en la Antártida
    Terror en la Antártida
    Revista Veintitrés
    Con la atrayente presencia de la antiheroína de la saga Underworld, y la dirección de Dominic Sena, con aceptables antecedentes hollywoodenses en Swordfish y 60 segundos, Terror en la Antártida prometía un momento de crispación y sobresaltos en medio de un gélido escenario polar. Quizás a uno le quedó el recuerdo de La cosa de John Carpenter, que en un marco similar había logrado una obra memorable, y aún sabiendo que en este caso no intervenía lo fantástico, suponía que se iba a encontrar con un film inquietante y acaso –precisamente- escalofriante. Casi nada de eso queda expuesto en este simple thriller que en varios momentos intenta escapar a lo rutinario y previsible, sin conseguirlo. Ya desde el título en castellano el asunto asoma fallido, ya que no se trata de un film de terror; el original reza simplemente Whiteout (algo así como “todo blanco alrededor”), y da la sensación que se trató de cambiar el género de la película a través de un nombre levemente tramposo. Fuera de estas consideraciones aleatorias, el film ofrece un módico suspenso y entretenimiento a través de una trama que incluye un hallazgo tentador en pleno hielo y un sádico asesino que pretende usufructuarlo junto a un misterioso cómplice. Demasiado paisaje para tan poca sustancia.
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  • El último verano de la boyita
    La guionista y cineasta rosarina Julia Solomonoff da un paso adelante en carrera como realizadora con El último verano de la Boyita, luego de su interesante debut con Hermanas. También supo tener un breve pero delicioso momento actoral en Historias mínimas, pero ahora hay que hablar de esta pieza en la que pone en juego lo mejor de su sensibilidad y capacidad de observación, en este caso del mundo tan particular como el de la preadolescencia. Y lo hace desde un bello marco campestre a través del cual, entre cabalgatas y baños en el río, el conflicto de un par de niños que transitan cambios hormonales se verá acentuado por estar rodeados por adultos dominados por la ignorancia, el prejuicio y hasta la brutalidad. Luego de una primera porción muy descriptiva, visual y narrativamente, que se ocupa de las vivencias de una niña que prefiere irse al campo con su padre en lugar de vacacionar con una madre y una hermana con las que no siente empatía, el film entra en una franja más intensa dramáticamente, en la que la pérdida de la inocencia y el despertar sexual desembocan en descubrimientos inéditos para ella y la comunidad. Con ciertos toques a lo XXY, la película aporta muy buenos desempeños de un elenco inegrado por niños y mayores y redondea un pequeño pero muy estimulante film nacional.
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  • Shotgun Stories
    Shotgun Stories
    Revista Veintitrés
    El primer largometraje del novel director Jeff Nichols es un cabal exponente de lo mejor del cine independiente estadounidense. Un prodigio de economía narrativa y solidez visual, que cuenta, con el paisaje de la localidad de Arkansas -pueblo natal del cineasta-, como fondo, una feroz contienda entre dos grupos de medio hermanos después de la muerte de su padre. Un ex alcohólico devenido cristiano al cual jamás se ve su aspecto, que abandonó una parte de su familia para dedicarse a la otra, generando rencores irreconciliables por un lado y custodias incondicionales por el otro. Shotgun Stories, tal el título original con que se da a conocer esta semana en el Arte Cinema, desglosa el despiadado legado de un hombre sin rostro y con ese mismo concepto elije no exponer situaciones de furia y venganza que se precipitan entre estas familias ligadas pero antagónicas. Nichols, con un criterio maduro y artístico, golpea al espectador con una violencia extrema pero sugerida, logrando que esos arrebatos sean aún más lacerantes. Las medidas y hondas interpretaciones de un elenco de jóvenes actores componiendo a personajes hoscos, taciturnos y resentidos redondean una propuesta amarga pero reconfortante por sus altos valores cinematográficos y su metáfora sobre la condición humana.
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  • Toy Story 2
    Toy Story 2
    Revista Veintitrés
    Ha pasado casi una década y media del estreno de Toy Story, y ante el inminente estreno de más reciente continuación de la saga animada, realizada íntegramente en 3D, Disney Pixar decidió remozar y reestrenar este par de genialidades de la animación digital de John Lasseter. Hace dos semanas se repuso el primero, que mantiene una sorprendente vigencia gracias a una originalidad sustentada en irresistibles personajes, diálogos brillantes, ritmo sostenido y animación impecable. Sin olvidar el singular trasfondo del “maltrato” infantil a los juguetes, mensaje para nada desdeñable. Las bondades de la nueva versión en relieve se aprecian especialmente en las escenas de acción, aunque todo el producto tiene un mejor semblante.
    Y ahora se da a conocer en 3D Toy Story 2, cuya revisión descubre un film aún superior al inicial, por la notable creatividad puesta en juego que se suma a momentos de gran emotividad, como la escena de la muñeca vaquera recordando el abandono de su dueña. Las nuevas técnicas potencian la excelencia de esta secuela y realzan visualmente ese arranque espacial protagonizado por Buzz Lightyear, y los vertiginosos tramos finales. Hay que aprovechar las pocas semanas que estarán en cartel y disfrutar en cine con niños -o adultos- de estas imperdibles versiones.
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  • Toy Story
    Toy Story
    Revista Veintitrés
    Ha pasado casi una década y media del estreno de Toy Story, y ante el inminente estreno de más reciente continuación de la saga animada, realizada íntegramente en 3D, Disney Pixar decidió remozar y reestrenar este par de genialidades de la animación digital de John Lasseter. Hace dos semanas se repuso el primero, que mantiene una sorprendente vigencia gracias a una originalidad sustentada en irresistibles personajes, diálogos brillantes, ritmo sostenido y animación impecable. Sin olvidar el singular trasfondo del “maltrato” infantil a los juguetes, mensaje para nada desdeñable. Las bondades de la nueva versión en relieve se aprecian especialmente en las escenas de acción, aunque todo el producto tiene un mejor semblante.
    Y ahora se da a conocer en 3D Toy Story 2, cuya revisión descubre un film aún superior al inicial, por la notable creatividad puesta en juego que se suma a momentos de gran emotividad, como la escena de la muñeca vaquera recordando el abandono de su dueña. Las nuevas técnicas potencian la excelencia de esta secuela y realzan visualmente ese arranque espacial protagonizado por Buzz Lightyear, y los vertiginosos tramos finales. Hay que aprovechar las pocas semanas que estarán en cartel y disfrutar en cine con niños -o adultos- de estas imperdibles versiones.
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