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Imagen del crítico Emiliano Fernández
Emiliano Fernández
  • Cantidad de críticas: 280
  • Promedio: 61%
  • Críticas favorables: 179/280 (64%)
  • Críticas desfavorables: 101/280 (36%)
  • Diferencia absoluta: 13%
  • Mientras duermes
    Mientras duermes
    A Sala Llena
    La felicidad y el cloroformo.

    A lo largo de su carrera como realizador Jaume
    Balagueró ha construido un andamiaje sólido
    dentro del cine de horror como prácticamente
    nadie en habla hispana: alejado del desparpajo
    sardónico de Álex de la Iglesia y los enroques
    sutiles de Guillem Morales, ejemplos
    característicos de los dos extremos del abanico, el
    catalán fue convirtiéndose de a poco en un adalid
    -casi fundamentalista- del género, un verdadero
    experto a la hora de apuntalar el devenir narrativo
    a través de una estructura de tensión in
    crescendo, detalles de humor negro y desenlaces
    que siempre prometen una vuelta de tuerca. Su
    primer opus en solitario luego de Rec (2007) y
    Rec 2 (2009), ya sin Paco Plaza, no podía ser la
    excepción.
    De hecho, en Mientras Duermes (2011) nos
    topamos con un regreso a los climas opresivos de
    Los sin Nombre (1999), su extraordinaria opera
    prima, aunque en esta ocasión atizados por
    tendencias voyeuristas y distintos chispazos de
    parodia social en función de las necesidades de
    contenido de los thrillers de “invasión de hogar”:
    homenajeando en buena medida al Roman
    Polanski de Repulsión (1965), El Bebé de
    Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968) y El
    Inquilino (Le Locataire, 1976), Balagueró articula
    un relato clasicista que sorprende al obviar las
    obsesiones sexuales y plantear en cambio una
    motivación de índole existencial, aclarando desde
    el inicio que la “noble causa” está sepultada bajo
    la superficie.
    Por supuesto que la historia ha sido visitada en
    otras oportunidades aunque pocas veces con este
    nivel de eficacia e inteligencia: César (Luis Tosar)
    es un conserje servicial y expeditivo que detrás de
    una fachada afable esconde una depresión
    arrastrada desde muy lejos. Asqueado por la
    sandez y el miserabilismo de los burgueses
    patéticos que tiene por “jefes”, el señor considera
    que sufre de una incapacidad crónica para “ser
    feliz” y canaliza dicha situación en el seguimiento
    de Clara (Marta Etura), sin dudas la vecina más
    simpática del edificio. Ahora bien, el meollo de la
    cuestión radica en la botellita de cloroformo del
    protagonista y sus constantes incursiones
    nocturnas en el departamento de la pobre chica.
    Así como los arquetipos idiosincrásicos
    dictaminan que la mujer paulatinamente
    desarrolla una compulsión orientada a “agradar” y
    los hombres a intentar “lucirse”, cuando se
    traduce la ecuación comunitaria a los resortes del
    suspenso por lo general pasamos a los terrenos
    del sadismo de propensión fetichista, en el caso
    del hombre/ victimario, y del “objeto del deseo”
    lustroso pero hueco al fin, en el caso de la mujer/
    víctima. El guión de Alberto Marini, con quien
    Balagueró ya había trabajado en Para Entrar a
    Vivir de la excelente saga televisiva Películas
    para no Dormir, exacerba el dualismo apelando
    al bello recurso hitchcockiano de centrarse en el
    punto de vista del villano, ese gran baluarte del
    enigma.
    Resulta alarmante que cada vez tengamos menos
    ejemplos de films -macabros de verdad- que
    ofrezcan “el sentir” del psicópata, en la balanza
    maltrecha del panorama actual prevalecen la
    cobardía y el automatismo berreta (existen
    cientos de convites narrados desde los labios de la
    víctima y/ o los pies del encargado de la cacería).
    Mención aparte merecen la maravillosa labor de
    Luis Tosar, aquel temible Malamadre de Celda
    211 (2009), y el retorno del genial Carlos Lasarte,
    entregando otro porteño intolerante de clase
    media. El director administra con mano maestra
    los engranajes de la trama y en el trayecto
    consigue una obra exquisita acerca de la
    misoginia y la búsqueda de la más perversa
    felicidad…
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  • El conspirador
    El conspirador
    CineFreaks
    Pacificando al país…

    Si vamos a llamar a las cosas por su nombre conviene señalar que Robert Redford no entregaba una buena película desde la lejana Quiz Show (1994), aquella pequeña maravilla que superó holgadamente a Gente Como Uno (Ordinary People, 1980) y que desde entonces ha permanecido como el punto máximo del californiano en su rol de director. Sólo basta recordar bodriazos como El Señor de los Caballos (The Horse Whisperer, 1998) o Leyendas de Vida (The Legend of Bagger Vance, 2000) para tomar conciencia de hasta dónde puede llegar el hombre en cuanto al tono acartonado y la profusión de estereotipos.

    Por suerte siempre quedó latente la posibilidad de redención y a decir verdad ya venía siendo hora de que escuchara a su corazoncito de centro izquierda: luego de la fallida Leones por Corderos (Lions for Lambs, 2007), típico producto coral de la década pasada que de tanto diálogo hueco terminaba diluyendo sus intenciones cuestionadoras para con la administración de George W. Bush, hoy es el turno de El Conspirador (The Conspirator, 2010), otro ambicioso ejercicio político que en esta ocasión combina el thriller judicial y el drama histórico para denunciar los atropellos legales, el oportunismo y la sed de venganza.

    Aquí se mete con el proceso seguido a Mary Surratt, la única mujer acusada de ser parte de la conspiración para matar al Presidente Abraham Lincoln, al Vicepresidente Andrew Johnson y al Secretario de Estado William H. Seward: en 1865, durante la etapa final de la Guerra Civil, se la arresta por ser la propietaria de la pensión donde se planearon los atentados y de inmediato se constituye un tribunal militar para juzgar a los 8 detenidos. Así las cosas, Frederick Aiken (James McAvoy) es el abogado que debe defender a Surratt frente a un gobierno decidido a obtener una condena ejemplar para “pacificar a la nación”.

    Una vez más con un elenco repleto de luminarias (Tom Wilkinson, Danny Huston, Kevin Kline, Robin Wright, Evan Rachel Wood, Justin Long, etc.), Redford demuestra su oficio sacando a flote un guión estándar que no agrega nada nuevo a los géneros considerados pero que funciona a la perfección como alegoría ponzoñosa con respecto a las violaciones a los derechos humanos en la Base Naval de Guantánamo. La pulcritud y cierto automatismo vuelven a ser los factores que impiden que el relato escale aún más y gane como obra cinematográfica, a pesar de ello la propuesta resulta gratificante y cumple sus objetivos…
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  • Drive
    Drive
    A Sala Llena
    La dialéctica del contraste.

    Sólo muy de vez en cuando llega a la cartelera porteña una anomalía tan gratificante como Drive (2011), en esencia una suerte de neo film noir que toma prestada la imaginería visual de los convites de acción de la década del 80...
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  • Con el diablo adentro
    Sobre la transmisión demoníaca

    Por más que ya nadie los reclame desde hace muchísimo tiempo, hoy nuevamente tenemos ante nosotros un mockumentary de terror que más que infundir algo de vitalidad al subgénero lo único que hace es confirmar su agotamiento temático y formal. Como suele ocurrir en el ámbito cinematográfico, los coletazos de un producto exitoso se extienden en demasía hasta el punto de la saturación y ponen en perspectiva el trayecto que permitió llegar a esta situación: de hecho, cuando nos topamos con un exploitation berreta de otro exploitation berreta es sin dudas un signo irrevocable de que es momento de detenerse.

    Así como El último Exorcismo (The Last Exorcism, 2010) era una mixtura muy poco original de las imbatibles El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999) y El Exorcista (The Exorcist, 1973), la insípida Con el Diablo Adentro (The Devil Inside, 2012) funciona como una extrapolación directa de El último Exorcismo pero con detalles varios sustraídos de El Exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005) y El Rito (The Rite, 2011), miembros recientes de la familia de las posesiones satánicas. Una vez más un guión básico y previsible cede todo el peso del relato al dispositivo de la enunciación.

    La trama gira alrededor de las tribulaciones de Isabella Rossi (Fernanda Andrade), cuya madre María (Suzan Crowley) asesinó en 1989 a tres personas durante su propio “ritual de purificación”. Un par de décadas más tarde, la joven considera propicio entrevistar a su progenitora junto a un camarógrafo con el fin de comprender las motivaciones detrás de los crímenes: por supuesto que la señorita descubre que María continúa arrastrando el mismo problema y eventualmente decide encarar un nuevo exorcismo con la ayuda de dos sacerdotes renegados que se dedican a “examinar” los casos rechazados por el Vaticano.

    Se podría decir que la segunda mitad, más aguerrida y compacta, compensa en gran parte unos primeros minutos bastante flojos en cuanto a un planteo dramático vetusto y cierta torpeza para elegir las excusas de la “transmisión demoníaca”. La edición está bien y las escenas en cuestión poseen una impronta clasicista aunque lamentablemente el convite no escapa de la típica medianía de los estereotipos progresivos y las buenas intenciones nunca plasmadas del todo. El realizador William Brent Bell no cuenta con la imaginación visual suficiente como para potenciar un elenco enclenque y una historia plagada de clichés…
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  • El topo
    El topo
    A Sala Llena
    Todas tus maquinaciones…

    A lo largo de la historia del cine podemos identificar dos modelos prototípicos en lo que respecta a los thrillers de espionaje y su planteo estético: por un lado están las propuestas “de acción” que se sustentan en la imagen lustrosa del protagonista, las secuencias de persecuciones, las señoritas con poca ropa y un recorrido...
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  • La dama de negro
    La dama de negro
    A Sala Llena
    Persiguiendo sombras.

    A simple vista La Dama de Negro (The Woman in Black, 2012) presenta de antemano la posibilidad de despejarnos las dudas en cuanto a las aptitudes y/ o capacidades concretas de sus dos máximos responsables...
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  • Penumbra
    Penumbra
    A Sala Llena
    Masacre esta noche.

    No podemos más que celebrar el estreno en el triste circuito comercial local de Penumbra (2011), la nueva realización de los inefables Adrián y Ramiro García Bogliano: pese a que a nivel internacional los hermanos ya han sido ampliamente reconocidos por la originalidad y el desparpajo de sus aproximaciones al horror más salvaje de corte ochentoso, en Argentina recién con su producción anterior Sudor Frío (2010) lograron colarse en una cartelera siempre en estado catatónico y dominada por mamotretos televisivos, bodrios artys festivaleros y esas “películas excusa” construidas para cobrar el subsidio del INCAA...
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  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    La sacarina del espectáculo

    A lo largo de su trayectoria como comediante Diego Capusotto ha demostrado ser un engranaje fundamental en proyectos colectivos de tono absurdo e inclinaciones irónicas como los recordados Cha Cha Cha, De la Cabeza y Todo por Dos Pesos: cada uno de aquellos ciclos fue sin dudas tanto un representante de su época en términos sociales como una maravillosa parodia de los puntos más ridículos del “vivir argentino” del momento. Cuando finalmente se lanzó en solitario con Peter Capusotto y sus Videos, ya sin Fabio Alberti de coequiper, las expectativas eran elevadas y los recursos mucho más que escasos.

    El producto resultante no sólo lo posicionaba como un humorista extraordinario para el lamentable nivel de la escena nacional sino que además ponía en evidencia cuanto se podía alcanzar cuando se dejaban de lado la lógica del rating, la imbecilidad y la repetición perpetua: combinando videos musicales y sketchs cómicos, la propuesta funcionaba como un oasis dentro de una televisión -cada vez más devaluada y patética- que desconoce la originalidad. Tanto es así que la influencia y acidez metadiscursiva también se han sentido en el ámbito rockero, otro triste enclave que durante la última década ha caído en desgracia.

    Luego del reconocimiento popular, la edición de los DVDs, los premios recibidos y hasta la publicación de un libro alegórico, estaba casi cantado el rodaje de una película con los personajes más celebrados por un público reducido pero extremadamente fiel. Peter Capusotto y sus 3Dimensiones (2012) cuenta con la distribución de Buena Vista y la dirección del infaltable Pedro Saborido, suerte de compañero de correrías en una etapa que muchos consideran la cúspide de su carrera. Aquí reaparecen clásicos absolutos como Bombita Rodríguez, Micky Vainilla, Violencia Rivas, Jesús de Laferrere y el gran Pomelo.

    Sin embargo no estamos ante un simple vehículo para el lucimiento de Capusotto sino que más bien debemos hablar de un film autónomo con una premisa orientada hacia una continua paráfrasis con eje en la denuncia de izquierda de la omnipresencia contemporánea del entretenimiento, del cual la tecnología 3D es apenas la “punta del iceberg”. Haciendo alarde de una enorme lucidez e inteligencia, la dupla dispara un sinfín de dardos contra la preponderancia de los medios masivos de comunicación, los distintos desfasajes en relación al devenir cotidiano local, la ignorancia del ser humano promedio y el macro conformismo.

    A rasgos generales se puede afirmar que el convite es similar al programa televisivo aunque sin el componente musical, con un mayor presupuesto y hoy aludiendo más a la “sacarina del espectáculo” que a los vaivenes y estereotipos de la cultura rock (aún así se extraña el increíble archivo de Marcelo Iconomidis). Se agradece la oportunidad de tener una obra argentina de esta envergadura para disfrutar en salas cinematográficas: si fuera por el resto del panorama todo sería costumbrismo bobalicón, mamotretos mainstream, sonseras artys festivaleras y/ o “películas excusa” para cobrar el consabido crédito del INCAA…
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  • J. Edgar
    J. Edgar
    A Sala Llena
    La información es poder.

    Así como Toro Salvaje (Raging Bull, 1980) es sin dudas el modelo por antonomasia de biopic posmoderna, gran parte del género en cuestión ha deambulado desde entonces por dos inevitables reduccionismos en lo que a retratos de figuras públicas se refiere: por un lado tenemos los films que exacerban la vida profesional del protagonista proponiendo un recorrido sumario por su carrera y por el otro están los que se concentran en la esfera privada bombardeándonos con metáforas que vienen a dar cuenta de tal o cual aspecto de su carácter. Sin embargo también es posible encontrar representantes de una tercera posición que pretende ofrecer una combinación balanceada de las dos vertientes anteriores...
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  • La chica del dragón tatuado
    La bestia debe morir

    Muy rara vez un proyecto típicamente mainstream encuentra un equipo creativo y técnico capaz de explotar con sabiduría las posibilidades que su misma esencia ofrece: todos los que vimos Los Hombres que no Amaban a las Mujeres (Män Som Hatar Kvinnor, 2009), la adaptación cinematográfica sueca del best seller mundial de Stieg Larsson, sabíamos que pronto llegaría la versión norteamericana de la historia y hasta conjeturábamos que pocos en Hollywood respetarían los detalles escabrosos, la mayoría los evitaría con rapidez. Ahora bien, el anuncio de que David Fincher sería el realizador encargado de semejante tarea trajo mucho alivio considerando sus antecedentes y la aspereza del material de origen.

    Hoy con los resultados a la vista podemos afirmar que La Chica del Dragón Tatuado (The Girl with the Dragon Tattoo, 2011) es un verdadero ejemplo de lo que ocurre cuando los factores involucrados funcionan en consonancia logrando que prevalezca no sólo el conjunto en tanto “todo armónico” sino también aquella inteligencia formal que desde el inicio ha sido una de las “marcas registradas” más envidiables del director (de hecho, el film comienza con una extraordinaria secuencia de CGI que presenta a seres humanos de una consistencia símil alquitrán en constante proceso de destrucción). Nunca se subraya lo suficiente el talento de Fincher a la hora de narrar una cacería articulando el devenir visual.

    Nuevamente tenemos una estructura dividida en dos partes bien específicas: en la primera conocemos a los dos protagonistas principales, el editor en crisis de la revista Millennium Mikael Blomkvist (sale Michael Nyqvist, entra Daniel Craig) y la investigadora freelance y heroína psycho punk Lisbeth Salander (Rooney Mara reemplaza a la increíble Noomi Rapace). Mientras que él acaba de perder un juicio contra el turbio empresario Hans-Erik Wennerström, ella por su parte sufre de abusos sexuales a manos de su nuevo tutor legal Nils Bjurman (Yorick van Wageningen). Llegando a la segunda mitad ambos se encuentran y trabajan en conjunto para resolver un caso que prácticamente le cae del cielo a Blomkvist.

    Bajo la fachada de redactar sus memorias, el multimillonario Henrik Vanger (Christopher Plummer) lo contrata para indagar en el macabro árbol familiar con vistas a descubrir al asesino de su sobrina Harriet, una adolescente cuya misteriosa desaparición durante una velada en la isla propiedad del clan lo ha perturbado por más de cuatro décadas. El guión de Steven Zaillian cuenta con varios puntos a favor que lo diferencian de su predecesor: más allá de que por suerte se evitó el traslado a suelo estadounidense y se mantuvo el contexto original, estamos ante un relato de índole clasicista mucho más balanceado y con menos componentes de denuncia aunque sin perder la contundencia y el tono hardcore de la saga.

    Por supuesto que mención aparte merece esa sutil “sustitución de temperamento” que se implementó en el desarrollo de personajes propiamente dicho: si en el convite pasado Mikael era un poquitín naif y Lisbeth extremadamente furtiva, ahora se produce un enroque en el que el primero pasa a ser más rudo y la segunda sorprende con atisbos de “salidas emocionales”, señalemos en contraste esa crudeza fundamental que aún conserva. Al igual que en Red Social (The Social Network, 2010), aquí Trent Reznor y Atticus Ross vuelven a brillar con una banda sonora de ribetes industriales combinando ambient, programaciones in crescendo y mucha perspicacia hipnótica en la línea del Ghosts I-IV de Nine Inch Nails.

    Sin dudas Fincher entrega una nueva adaptación de la novela más que una simple remake: con un gran respeto y paciencia para con la trama y sus móviles, el cineasta logra esquivar la polémica imponiendo su criterio en la construcción de una Salander distinta (con rasgos más “femeninos” si se quiere) y en la pequeña modificación introducida en el desenlace (que por cierto reproduce el final concebido por Larsson). Desde la apertura con Immigrant Song de Led Zeppelin a cargo de Reznor y Karen O hasta el cierre con Is Your Love Strong Enough? de Bryan Ferry por How to Destroy Angels, la premisa central continúa orientada hacia el ajusticiamiento de esos monstruos enquistados en el poder político y económico…
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  • Las aventuras de Tintín
    Anexo de crítica: Lamentablemente Las Aventuras de Tintín (The Adventures of Tintin, 2011) viene a confirmar que Steven Spielberg -por más buenas intenciones que tenga- ha perdido el talento para el cine de aventuras desde hace mucho tiempo: el film como adaptación no rejuvenece una historieta hoy anacrónica y como entrada dentro de la carrera del realizador no pasa de una versión berreta de Los Cazadores del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981)…
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  • Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma
    Anexo de crítica: Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Mission: Impossible - Ghost Protocol, 2011) entrega con eficacia exactamente lo que se espera de ella y sin dudas funciona como la secuela más “palo y a la bolsa” de la franquicia: las escenas de acción son espectaculares y los eslabones intermedios pueden resultar un tanto vacuos aunque en realidad no molestan. El “casi cincuentón” Tom Cruise continúa dando batalla a pesar del generoso kilometraje…-
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  • Un zoológico en casa
    Anexo de crítica: Si bien Un Zoológico en Casa (We Bought a Zoo, 2011) está repleta de estereotipos y carga con la imaginería más cursi de las pequeñas epopeyas familiares, también resulta innegable que Cameron Crowe administra con destreza los resortes de la narración y hasta consigue un par de escenas muy logradas, redondeando una propuesta simple pero eficaz…-
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  • La cueva de los sueños olvidados
    Grito de piedra

    Sin lugar a dudas este primer estreno en salas comerciales argentinas de un trabajo documental de Werner Herzog obedece al hecho de que ha sido filmado en 3D, lo que señala la popularidad del formato e invita a sopesar tanto el espíritu impredecible y aventurero del mítico cineasta como su energía vital, esa misma de sus comienzos y que hoy a los 69 años continúa dando batalla produciendo obras verdaderamente exquisitas. Las obsesiones temáticas de siempre han permanecido intactas a lo largo de las décadas: el choque de culturas, la dialéctica de los misántropos, la búsqueda de la pureza, la voracidad destructora de las metrópolis, la marginación social y las muchas utopías de los visionarios.

    Uno de los tópicos fundamentales de su carrera ha sido la más que conflictiva relación entre hombre y naturaleza, centrándose principalmente en los diferentes grados de comprensión y/ o aceptación por parte del ser humano según la civilización e individuos particulares considerados (en un margen que va desde la convivencia pacífica hasta la explotación irresponsable). En esta oportunidad el alemán utiliza la tecnología tridimensional con el fin de registrar todos los detalles constituyentes de las pinturas rupestres más antiguas y mejor conservadas de las que se tenga noticia, ubicadas en la llamada Cueva Chauvet/ Pont-d`Arc, en abierto homenaje a su descubridor y a la comuna francesa en la que se encuentra.

    Aquí nuevamente el propio Herzog narra los pormenores de la tarea y ofrece sus clásicas reflexiones acerca de las implicancias antropológicas y filosóficas de tamaño ejercicio artístico de nuestros antepasados, otro ejemplo más de ese empeño inclaudicable -que se remonta al Paleolítico- orientado a aprehender el entorno que nos rodea mientras que en simultáneo fijamos nuestra trascendencia. Hallada en 1994, la formación rocosa funciona a ojos del cineasta como una extraordinaria “cápsula del tiempo” porque su entrada fue sellada por una avalancha hace miles y miles de años, circunstancia que ha garantizado la preservación de las viñetas y la inalterabilidad de los restos fósiles y las huellas en el suelo.

    Cada año la administración francesa autoriza sólo a un puñado de investigadores a realizar distintos estudios complementarios por algunos días con vistas a ampliar el conocimiento sobre este tesoro de la arqueología, es en esta coyuntura restringida en la que el director explora la caverna y encuentra desde impresiones de manos y bellos dibujos de especies animales ya desaparecidas hasta manchas de humo de antorchas ancestrales, una figura de una Venus y rastros fortuitos de posibles rituales animistas. Por suerte no está permitida la entrada al público en general para no contaminar el área y por los altos índices de dióxido de carbono, lo que convierte a toda la propuesta en una experiencia única y fascinante.

    En La Cueva de los Sueños Olvidados (Cave of Forgotten Dreams, 2010) regresa el mejor Herzog documentalista, aquel de Lessons of Darkness (Lektionen in Finsternis, 1992), Little Dieter Needs to Fly (1998) y la maravillosa Mi Enemigo Íntimo (Mein Liebster Feind- Klaus Kinski, 1999). En sintonía con los demás exponentes de este “período anglosajón”, The White Diamond (2004), Grizzly Man (2005) y Encuentros en el Fin del Mundo (Encounters at the End of the World, 2007), el devenir de las quimeras y nuestros límites en tanto mortales vuelven a estructurar la simbología cotidiana de estos “gritos de piedra” en donde la vida -tal cual es- se nos presenta a través de los abismos del tiempo…
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  • Terror en lo profundo 3D
    Prohibido bañarse

    A decir verdad hacía bastante tiempo que no nos topábamos con una película tan pero tan mala como Terror en lo Profundo 3D (Shark Night 3D, 2011), uno de esos típicos ejemplos de “mamarracho incorregible” que -sin llegar a ofender la inteligencia del espectador- definitivamente fracasa en todos y cada uno de los muchos rubros que componen el arte cinematográfico. Pareciera que la idea original de los productores era construir un exploitation de Piraña 3D (Piranha 3D, 2010) del gran Alexandre Aja aunque con un tono severo y en versión PG-13, dos “modificaciones” que apuntaban a maximizar el público.

    Si bien el resultado final no cae en el nivel de Está Vivo (It''s Alive, 2008), un desastre de proporciones que hasta incluía errores narrativos y que por gracia del destino también terminó estrenándose en salas comerciales, tampoco estamos muy lejos que digamos. Empecemos a enumerar: el guión es pésimo y está repleto de estereotipos de manual, los CGI provocan vergüenza ajena y son totalmente inverosímiles, casi todos los actores son de madera terciada y para colmo la supuesta seriedad del convite neutraliza el encanto pasatista que debiera ser el eje del “prohibido bañarse” del horror de monstruos acuáticos.

    Con semejante título no hace falta más que explicitar que hablamos de tiburones que atacan a un puñado de universitarios carilindos de veinte y pico, en este caso los pobres peces son controlados por unos psicópatas que se dedican al snuff. La historia transcurre en una isla rodeada por un lago y sigue el clásico derrotero de los slashers pero sin desnudos, gore y/ o un mínimo de energía por fuera de la que pueden ofrecer tantos clichés administrados a desgano. En especial llama la atención el montaje aletargado, la ausencia de sangre y el patético diseño de los predadores, tres factores centrales a la hora de garantizar la fluidez.

    Lamentablemente el realizador David R. Ellis se muestra incapaz de introducir aquel componente bizarro que había caracterizado a obras como Celular: La Llamada Final (Cellular, 2004) y Terror a Bordo (Snakes on a Plane, 2006): apostando por un itinerario equivocado, aquí pretende clonar la estructura de Destino Final 2 (Final Destination 2, 2003) y El Destino Final (The Final Destination, 2009), sus trabajos para la saga de las premoniciones. La propuesta entretiene sólo de a ratos y combina de manera grosera el dramatismo de las escenas intermedias con embestidas extremadamente ridículas…
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  • El juego de la fortuna
    Anexo de crítica: Sin dudas El Juego de la Fortuna (Moneyball, 2011) es una propuesta más que singular para lo que suele ser el promedio de los films deportivos norteamericanos, muchas veces presos de clichés vetustos, montaje hi-fi y estrellitas venidas a menos. No hablamos simplemente de una historia sobre el béisbol sino más bien de una exploración acerca de las distintas medidas del éxito personal y la dialéctica laboral, siempre con sus posiciones internas encontradas: los dos factores centrales que conducen la película a buen puerto son la impecable actuación de Brad Pitt y el guión de Steven Zaillian y el gran Aaron Sorkin. De hecho, todo el convite funciona como una versión austera y taciturna de la extraordinaria Red Social (The Social Network, 2010)…- Emiliano Fernández (7 puntos)
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Respirar es un lujo

    Sin lugar a dudas históricamente uno de los leitmotivs más recurrentes de la comedia negra ha sido el imponderable “¿y ahora qué hacemos con el cuerpo?”, eje a partir del cual giran las miserias de los protagonistas y sus intentos desesperados por salir inmunes de una situación tan peculiar como la señalada. En la línea de aquella pequeña sorpresa intitulada Muerte en un Funeral (Death at a Funeral, 2007), hoy llega con bastante retraso a la cartelera porteña Cuatro Muertos y Ningún Entierro (A Film with Me in It, 2008), una maximización concreta de la fórmula en lo que respecta al absurdo y el patetismo general.

    La trama se centra en Mark (Mark Doherty), un actor desempleado que no tiene mucha suerte que digamos: su novia Sally (Amy Huberman) lo quiere abandonar, su hermano cuadripléjico David (David O`Doherty) es una carga y su casero Jack (Keith Allen) no deja de perseguirlo para que le pague el alquiler de un sótano- departamento que literalmente se cae a pedazos. Sin embargo la cosa empeora aún más cuando en el transcurso de unos pocos minutos termina de golpe con varios cadáveres entre sus manos, así junto a su amigo Pierce (Dylan Moran), un cineasta alcohólico y frustrado, deberá escapar de tal coyuntura.

    Con diálogos lacónicos, vueltas de tuerca inesperadas y muchos tiempos muertos, el maravilloso guión del propio Doherty juega con la idiotez y la apatía de nuestros héroes de una burguesía artística maltrecha, trabajando tanto la pasividad y desorientación existencial como la construcción de una especie de “thriller involuntario” que evade los clásicos cercos del verosímil a la Hollywood (la intromisión de una oficial de policía interpretada por Aisling O`Sullivan profundizará la crisis). La película, proveniente de Irlanda, se acopla a la tradición oscura inglesa y a los opus más nihilistas de los hermanos Joel y Ethan Coen.

    El realizador Ian Fitzgibbon sabe balancear un tono entre irónico y trágico, obtiene un gran desempeño por parte del elenco y en buena medida compensa los deslices ocasionales en la progresión narrativa con un desarrollo de personajes muy ajustado y una más que interesante puesta en escena. Si a todo ello sumamos los graciosos cameos de Neil Jordan y Jonathan Rhys Meyers, el resultado es doblemente gratificante: Cuatro Muertos y Ningún Entierro funciona como una materialización de las leyes de Murphy e invita a tratar con respeto la posibilidad de un accidente ya que respirar a veces puede convertirse en un lujo.
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  • La vida en tiempos difíciles
    Anexo de crítica: Luego de aquel interesante experimento que fue Palindromes (2004), Todd Solondz regresa con un extraordinario ejercicio de estilo que funciona como un corolario de las recordadas Welcome to the Dollhouse (1995) y Happiness (1998): todos los rasgos monumentales y revulsivos de las anteriores -que en buena medida definieron al cine independiente norteamericano de la década del ´90- siguen presentes aunque hoy quedan reducidos a un planteo a escala en donde la apología del masoquismo/ sadismo corre de la mano de una posibilidad irónica de redención, por lo menos a nivel metadiscursivo. La vida en tiempos difíciles (Life During Wartime, 2009) es tanto una respuesta amarga al contexto político contemporáneo como otra sátira demoledora acerca de la hipocresía y las compulsiones patéticas de los burgueses, un estrato social que sobrevive en términos psicológicos gracias a placebos, perversiones e imágenes distorsionadas de ellos mismos. La voz ácida de Solondz no pierde ni un ápice de su valentía, coherencia y esa típica testarudez insular que nuevamente se abre camino en un panorama cinematográfico cada vez más insignificante y empobrecido…- Emiliano Fernández (9 puntos)
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  • El gato con botas
    En busca de las habichuelas mágicas

    Sin lugar a dudas de todos los personajes que pulularon en el “universo Shrek” el que más se merecía su propia aventura animada era El Gato con Botas, aquel minino heroico que conocimos en la segunda parte de la franquicia, allá por el 2004. En gran medida gracias al carisma y buen humor de Antonio Banderas, el pequeño secundario se destacaba por sobre un entorno que paulatinamente se fue achatando y volviéndose más enclenque: los dos últimos eslabones constituyeron casi el opuesto exacto de las dos primeras entradas debido a la repetición de las fórmulas, la nulidad absoluta del trasfondo y cierta endeblez general.

    Aunque Gato con Botas (Puss in Boots, 2011) se mantiene fiel a esa ensalada prototípica que combina la comedia directa, el tono satírico y las múltiples referencias a los cuentos de hadas y la literatura para niños, en esta ocasión la gente de DreamWorks levanta la puntería al optar por un enfoque más clasicista que deja de lado la colección de citas sueltas y privilegia una historia con algo de sustento: desde ya que en el éxito del convite también juega un papel fundamental el hecho de que nadie esperaba demasiado del cineasta Chris Miller, aquí lavando culpas luego de la anodina Shrek Tercero (Shrek the Third, 2007).

    La película funciona como un spin-off con un planteo de precuela independiente por completo de los avatares relativos al ogro verde y su séquito: reproduciendo el eje amistad- traición- venganza, la estructura incluye el eterno devenir de Jack y las Habichuelas Mágicas, el paradigma del conflicto fraternal y un sinnúmero de alusiones al mundo de las más populares canciones de cuna anglosajonas (Humpty Dumpty, Jack y Jill, Mother Goose, etc.). Por suerte el equipo de guionistas construyó una trama coherente y disfrutable que aprovecha los rasgos distintivos de la criatura de Perrault subrayando sus paradojas.

    Ubicándose por debajo de la maravillosa Megamente (Megamind, 2010) y al mismo tiempo superando a la mediocre Shrek para siempre (Shrek Forever After, 2010), la realización reduce el componente caricaturesco de los CGI, apuesta a un desarrollo leve pero eficaz e incorpora con ingenio el 3D a la narración, logrando a fin de cuentas que no resulte forzado. Otro detalle curioso, que como los anteriores no lo sería si no estuviésemos hablando de un Hollywood contemporáneo tan esquemático, pasa por las sutiles escenas de acción: la ausencia de toques bombásticos corrige toda esa parafernalia hueca de antaño…
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  • Operación regalo
    Dilemas de familia

    Una de las situaciones más gratificantes como espectador es la ocasional sorpresa que el medio nos puede deparar, esos instantes en los que se descubre una pequeña maravilla cuando los ropajes tradicionales del subgénero no prometían mucho que digamos (superar los prejuicios y entrar a la sala no es tan difícil después de todo). Por fin estamos ante un film navideño que utiliza dicho contexto de forma inteligente, no para ensalzar el espíritu de siempre sino más bien con vistas a exponer la dinámica de una familia disfuncional como pocas, hablamos específicamente de la “dinastía Claus”, los rectores del Polo Norte.

    La historia nos presenta un panorama bastante singular, con un desarrollo de personajes francamente extraordinario: el actual Santa, una suerte de figura simbólica encargada de poner la cara cada 25 de diciembre, tiene dos hijos con temperamentos opuestos, Steve es el líder ejecutivo y ha montado una estructura paramilitar/ tecnocrática mientras que el atolondrado Arthur se siente muy feliz en la “división cartas” respondiendo con una enorme dedicación los pedidos de los niños. Cuando por cosas del destino quede un regalo sin entregar, él será el único interesado en llevar el obsequio a la pobre chiquilla en cuestión.

    Para ello decide partir en una misión con un equipo desconcertante a más no poder, una exquisita selección de secundarios que -como suele ocurrir- se terminan comiendo la película al sobrepasar en buena medida el encanto del protagonista: en el infaltable trineo de madera lo acompañan Bryony, una diminuta e hiperquinética elfa de la “división envoltorios”, y el Abuesanta, el nono del clan que tiene a un reno añoso como mascota y disfruta de lo lindo criticando férreamente la pasividad de su hijo y la modernización que implementó Steve (estadísticas varias, protocolos y hasta una nave espacial de por medio).

    Se podría afirmar que en términos prácticos Operación Regalo (Arthur Christmas, 2011) combina la progresión general de la olvidada Santa Claus: la película (1985) con algunos de los tópicos de Lluvia de Hamburguesas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009), la otra joyita reciente de animación de la factoría Sony. Nuevamente se hace explícita la imperiosa necesidad de construir un relato aceitado a la hora de encarar una propuesta ATP de estas características, el camino contrario pasa por la exaltación del apartado visual a la DreamWorks en desmedro de la trama, ese bello “detalle” que le da unidad al conjunto.

    Hoy la responsable absoluta es Sarah Smith, aquí en su primer proyecto cinematográfico luego de más de una década de experiencias televisivas: también a cargo del guión en colaboración con Peter Baynham, la realizadora aporta frescura a una temática por demás remanida, evita la típica fábula aleccionadora, incorpora una infinidad de chistes eficaces y especialmente ofrece una mirada adulta acerca de los dilemas hogareños que no descuida al público infantil, respetándolo al obviar toda idiotez y/ o atajo estéril. Con personajes multidimensionales y una fluidez increíble, no podemos más que agradecer este presente…
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  • El precio del mañana
    Anexo de crítica: Quizás lo más frustrante de El Precio del Mañana (In Time, 2011) es que a pesar de sus buenas intenciones nunca pasa de ser un exploitation de la ciencia ficción existencialista de Philip K. Dick. La edición deja bastante que desear, el guión acumula muchas situaciones forzadas y definitivamente Justin Timberlake todavía no está para encabezar una propuesta de este calibre: en suma, estamos ante otro caso de un concepto interesante mal ejecutado…-
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  • Fuera de la ley
    Fuera de la ley
    CineFreaks
    Cofradía de vigilantes

    La verdad es que hay que darle crédito al indescriptible Nicolas Cage, un actor que vive en la cuerda floja desde hace por lo menos dos décadas ofreciendo una película buena a razón de tres mamarrachos (que quede claro que no son simplemente realizaciones malas sino desconcertantes). Pensemos en esta catarata de engendros recientes: Infierno al Volante (Drive Angry, 2011), Trespass (2011), Cacería de Brujas (Season of the Witch, 2011), El Aprendiz de Brujo (The Sorcerer''s Apprentice, 2010), Peligro en Bangkok (Bangkok Dangerous, 2008), El Vidente (Next, 2007) y El Vengador Fantasma (Ghost Rider, 2007).

    Como al señor le encanta combinar los extremos, por suerte tuvimos a las excelentes Cuenta Regresiva (Knowing, 2009) y Un Maldito Policía en Nueva Orleans (The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans, 2009) para compensar semejante debacle: desconocido para el gran público es el terreno intermedio que sólo en ocasiones suele transitar, obras -como la que hoy nos ocupa- que sin ser maravillas están por encima del promedio. Fuera de la Ley (Seeking Justice, 2011) es un thriller paranoico basado en la premisa símil Alfred Hitchcock del “hombre común en circunstancias extraordinarias”.

    En esta oportunidad la historia nos propone una especie de “cofradía de vigilantes” que funciona como una organización parapolicial con estructura de células terroristas y eficacia de mega corporación capitalista: cuando un psicópata viola a su esposa Laura (January Jones), el profesor Will Gerard (Cage) le dice que “sí” a la susodicha entidad, cuyo rostro visible es un tal Simon (Guy Pearce) que por supuesto le adelanta que se le cobrará el servicio a futuro pidiéndole algún que otro favorcillo. El guión construye una cadena lógica de acontecimientos que resultan muy previsibles pero no por eso dejan de ser satisfactorios.

    Definitivamente en ello juega un papel fundamental la intervención del veterano Roger Donaldson, un director que a lo largo de su carrera ha hecho un poco de todo y casi siempre con una bienvenida solvencia: lejos del nivel de Sentencia de Muerte (Death Sentence, 2007) o siquiera Valiente (The Brave One, 2007), la trama curiosamente elige el camino del Hollywood clásico orientado a no manchar las manos del protagonista, defendiendo el arrepentimiento frente a la decisión de viabilizar la venganza. En ese instante el film introduce otro engranaje tradicional del maestro del suspenso, la idea del “falso culpable”.

    Vale señalar que los que busquen una espiral interminable de escenas de acción van a salir defraudados porque el devenir gira alrededor de la investigación de Gerard para probar su inocencia, rechazando la pirotecnia y reservándose un par de “sorpresas” que por el cúmulo de fórmulas no lo son tanto. El elenco está perfecto aunque a decir verdad el único con posibilidades de desarrollar su personaje es Cage, aquí por cierto bastante medido: el convite pretende ser una parábola sobre la desesperación de la New Orleans post Huracán Katrina, principal telón de fondo, pero a fin de cuentas no pasa de las buenas intenciones…
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  • Happy Feet 2: El pingüino
    Paternidad bajo cero

    Definitivamente una película como Happy Feet 2 (2011), que cuenta con un antecedente tan valioso, puede generar reacciones encontradas y hasta en cierto punto complementarias: si bien conserva algo del encanto, entereza y densidad temática de la original, resulta indudable que estamos ante una propuesta inferior que sin embargo se ubica muy por encima del promedio de calidad de la animación hollywoodense, un terreno paupérrimo en el que sólo se vive de las anomalías aisladas. Aquí el extraordinario George Miller regresa a la silla de director y evita la simple repetición de fórmulas de las secuelas contemporáneas.

    La historia en esta ocasión se inclina hacia la lucha por la supervivencia de los pingüinos emperadores y el delicado balance existente entre todos los seres que habitan un ecosistema en constante peligro: cuando un gigantesco témpano encierre a su comunidad, Mumble deberá hallar una rápida solución al dilema de alimentar y socorrer a los suyos. Hoy la tarea no será nada fácil ya que además está al cuidado de su pequeño hijo Erik, quien no puede cantar como su mamá ni bailar como su papá y para colmo tiene de ídolo a Sven, un carismático “pingüino volador” que se ha convertido en el caudillo de los vecinos adelias.

    Una vez más el apartado visual deja sin aliento y está decididamente al servicio de una trama que explora aquella “paternidad bajo cero” pero sin alcanzar la profundidad de antaño, centrándose en cambio en el componente dramático y la desesperación de las aves: se podría afirmar que las metáforas sociales, étnicas y religiosas están implícitas aunque no en primer plano. Otra novedad pasa por la incorporación del maravilloso dúo cómico de Bill y Will, dos diminutos crustáceos que forman parte del krill antártico (mientras que el primero posee un temperamento calmo y racional, el segundo es rebelde e inconformista).

    Quizás el mayor problema del film lo encontremos en los olvidables números musicales ya que salvo el último, concebido alrededor de Under Pressure de Queen y David Bowie, el resto está sustentado en coreografías y canciones con poco peso específico que no agregan demasiado al desarrollo narrativo. Unicamente un realizador con el talento de Miller puede entregar una continuación tan digna y bienintencionada como la presente aunque tampoco hace milagros: el ecologismo radical y una estupenda utilización del 3D no compensan lo innecesario de todo el convite, frente al cual se engrandece la bella Happy Feet (2006)…
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  • Amanecer - Parte 1
    Sobre afrodisíacos adolescentes

    Guste o no, franquicias como la que hoy nos ocupa generan entre el público y la crítica reacciones un tanto desmesuradas que dicen más de los que formulan el juicio que de la obra en sí, apenas otro producto más orientado al ejército de fans ya captados (a quienes por cierto les importa un bledo las apreciaciones casuales del resto). Así las cosas, la primera parte del desenlace propiamente dicho de Crepúsculo se ubica en un nivel intermedio entre la mediocre Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009) y el eslabón anterior, Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010), sin dudas la mejor de todas.

    De hecho, la película es tan austera en su estructura que nos remite a la original del 2008: más que de “historia” tendríamos que hablar de un “planteo” debido a que prácticamente no hay desarrollo alguno, estamos ante una típica aproximación intuitiva basada en personajes inamovibles y una idea -muy esquemática- que ya había sido adelantada en el trailer. El eterno melodrama ahora nos presenta el casamiento de Bella (Kristen Stewart) y Edward (Robert Pattinson), siempre con Jacob (Taylor Lautner) como tercero en discordia, el embarazo de la “señora” y los conflictos que el híbrido humano/ vampiro trae aparejados.

    Estaba cantado desde el inicio que esta primera mitad iba a privilegiar los vaivenes sexuales del matrimonio y el enfrentamiento con los licántropos, en relación a una amenaza general por la supuesta incapacidad de controlarse del pequeño, mientras que el segundo capítulo hará lo propio con los Volturi y definirá el destino del triángulo amoroso. Amanecer - Parte 1 (The Twilight Saga: Breaking Dawn - Part 1, 2011) reincide en el montaje de video clip romántico, los rostros de hielo, las escenas súper dialogadas, el tono rosa, los chispazos de humor, la acción con cuentagotas, las subtramas huecas y los arranques de furia hormonal.

    Resulta evidente que tuvieron que editar la secuencia de la “luna de miel” para complacer a la MPAA y conseguir un PG-13, situación que transforma algo insípido en algo totalmente bizarro (Stephenie Meyer, una devota cristiana, de seguro se sentirá orgullosa de que no se vea nada más allá de una cama rota, unos besitos aislados y un par de partidas de ajedrez posteriores). Una vez más el guión de Melissa Rosenberg aporta coherencia y evita el ridículo aunque lamentablemente el realizador Bill Condon no se las ingenia para mejorar el nivel de las actuaciones del elenco, estancado en la falta de novedades significativas.

    Al fin y al cabo el devenir de la saga se sustenta en la decisión de Bella de convertirse en una chupasangre para poder acostarse con Edward, ambos al igual que los gatos no saben si saldrán vivos de cada revolcón: el vampirismo, como el mismo film para con sus fieles seguidores, funciona como una especie de afrodisíaco adolescente con tendencia a legitimar una exploración idílica del período. Lejos de desastres mayúsculos como las Narnia o las Harry Potter, propuestas impersonales sin la más mínima identidad, aquí la narración está encausada hacia el masoquismo sensible y cumple sus objetivos con eficacia y esmero…
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  • La hora del crimen
    Anexo de crítica: Dentro de la insípida cartelera porteña una película como La Hora del Crimen (La Doppia Ora, 2009) logra destacarse sin demasiado esfuerzo: lo que comienza como un thriller símil Alfred Hitchcock de repente se transforma en un melodrama irónico, todo gracias a una vuelta de tuerca muy Brian De Palma. La extraña opera prima de Giuseppe Capotondi se sostiene en un buen manejo de climas, un desenlace realmente genial y en la intensa actuación de la bella Kseniya Rappoport, ya vista en La Desconocida (La Sconosciuta, 2006)…- Emiliano Fernández (7 puntos)
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  • La profecía del 11-11-11
    El evangelio según Samuel

    Si existe un género cinematográfico “histérico” por antonomasia, en el sentido estricto del término, sin lugar a dudas es el terror, esa pequeña zona de incomodidad en que las reacciones nerviosas suelen ir en aumento en concordancia con la progresión dramática: lo anterior funciona como un principio común que en ocasiones, aún más en el presente, corre parejo a un automatismo más o menos exitoso según el caso en cuestión y las expectativas del espectador. Ahora bien, encontrar lo que podríamos denominar “películas histéricas” ya es harina de otro costal, obedece a un estado de angustia continua que se traslada al público.

    El mayor mérito de La Profecía del 11-11-11 (11-11-11, 2011) pasa por la tensión que impone en su desarrollo gracias a una serie de elementos que unificados producen un efecto relativamente interesante pero que en forma separada no alcanzarían para solidificar el verosímil: invocando todos los estereotipos vinculados a las tragedias personales, las premoniciones y el nunca bien ponderado advenimiento del apocalipsis, la trama se centra en Joseph Crone (Timothy Gibbs), un escritor norteamericano de fama mundial que padece horribles pesadillas como consecuencia de la muerte de su esposa e hijo en un incendio.

    Así las cosas, ni la terapia de grupo ni los millones de dólares en su cuenta bancaria le traen satisfacciones hasta que en el transcurso de unas pocas horas ocurre una seguidilla de acontecimientos que lo conducen hacia nuevos rumbos: conoce a una linda señorita, choca su vehículo y le avisan que debe regresar a la casa familiar en Barcelona porque su padre está agonizando. Mucho odio de por medio, una vez allí aprovechará para descargarse con su progenitor Richard (Denis Rafter) y con su hermano Samuel (Michael Landes), un sacerdote parapléjico que difunde una visión un tanto particular de los “santos evangelios”.

    Combinando el esquema de La Profecía (The Omen, 1976) y los aquelarres solapados a la Roman Polanski, el guionista y director Darren Lynn Bousman, responsable máximo de las tres primeras secuelas de la saga de El Juego del Miedo (Saw), se autoafirma como un especialista idóneo aunque no muy original que digamos: aquí simplemente ofrece una obra entretenida que sigue la ola de la “numerología demoníaca” sin desviarse de los cánones tradicionales. A partir de la neurótica actuación de Gibbs y un devenir ameno, la realización no se toma tan en serio a sí misma como parece ni tampoco cuestiona la fe como debería…
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  • La piel que habito
    Las procesiones van por dentro

    Somatizar una película tan revulsiva como La Piel que Habito (2011), para bien o para mal, resulta francamente inevitable, es una consecuencia directa de un cine que se origina en las entrañas y que emparda la pasión con el intelecto sin hallar ninguna paradoja en el camino. Si en términos históricos siempre fue una empresa muy dificultosa el simple hecho de delimitar los géneros intervinientes en cada nueva obra del genial Pedro Almodóvar, hoy su último opus nos conduce a un nivel de desconcierto inédito: las referencias van desde Los Ojos sin Rostro (Les Yeux sans Visage, 1960) y Vértigo (1958) hasta Frankenstein (1931) y Pacto de Amor (Dead Ringers, 1988), sin dudas todo un catálogo de films perturbadores.

    A pesar de que volvemos a estar frente a un melodrama exacerbado con un verosímil de contrastes heterogéneos, vale aclarar que en esta ocasión el tono tiende a ser más severo que de costumbre y el desarrollo narrativo paulatinamente se desplaza del thriller con detalles de ciencia ficción a un horror clasicista centrado en la transformación corporal. La trama gira alrededor de la relación entre un inquietante cirujano plástico, el Doctor Robert Ledgard (Antonio Banderas), y su “conejillo de indias”, la pobre Vera (Elena Anaya). Con la ayuda de Marilia (Marisa Paredes), un ama de llaves que hace las veces de asistente personal, el médico mantiene bajo cautiverio a la mujer sometiéndola a operaciones varias.

    Lo que en un primer momento aparenta estar vinculado a un fetiche sádico para con la investigación y el testeo de una novedosa piel artificial creada en laboratorio a través de procedimientos transgénicos, con el transcurso de los minutos muta hacia oscuros designios que tienen su raíz en el pasado lejano, en una obsesión que se remonta a las terribles quemaduras que sufriera su esposa y los trastornos psicológicos de su hija adolescente. Como es habitual en las realizaciones del manchego, aquí el amor platónico y el desenfreno sexual se confunden en exquisitos remolinos de encuentros y desencuentros en los que los protagonistas terminan fagocitándose los unos a los otros a puro mutualismo masoquista.

    Siempre que Almodóvar se propone adaptar material ajeno se toma muchos años para pulir el guión y la presente traslación de la novela Tarántula de 1995 de Thierry Jonquet no fue la excepción, este proyecto particularmente ha tenido un copioso tiempo de maduración: aunque se barajó la posibilidad de filmarla en inglés, por suerte el director mudó la acción a Toledo y decidió reanudar su fructífera colaboración con el inefable Antonio Banderas, quien en esta oportunidad ofrece uno de sus trabajos más logrados, a la altura de lo mejor de su carrera. Elementos tradicionales como los toques kitsch, una banda sonora lacrimógena y la maravillosa puesta en escena ahora están en sintonía con un relato austero.

    Uno nunca deja de sorprenderse ante un talento inclasificable, tan emparentado al cine de Douglas Sirk y Luis Buñuel como al de Rainer Werner Fassbinder y John Waters. Los rasgos distintivos son la naturalidad con que incorpora situaciones insólitas y la enorme destreza para ponerlas al servicio de un entramado expositivo en el que priman la complejidad moral, el humanismo concienzudo y las múltiples lecturas según el contexto considerado: en La Piel que Habito cuesta deducir la opinión del realizador acerca de los personajes y/ o su lógica, lo que es seguro es su cariño por cada uno de ellos y la certeza de que los envases serán perfectos pero las procesiones siguen su recorrido por el interior…
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  • Los tres mosqueteros
    Anexo de crítica: Mezcla de film de aventuras a la antigua y clase B con presupuesto, Los Tres Mosqueteros (The Three Musketeers, 2011) es sin lugar a dudas tan ridícula como entretenida, un delirio mayúsculo que hasta incluye detalles retro- futuristas: el inefable Paul W.S. Anderson vuelve a dar la nota ofreciendo un producto desconcertante, a todo trapo, repleto de clichés y por suerte con una Milla Jovovich pateando cabezas…- Emiliano Fernández (5 puntos)
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  • Contagio
    Contagio
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Si Contagio (Contagion, 2011) resulta una exitosa aproximación a la ciencia ficción apocalíptica y los pormenores del caos se debe exclusivamente a la destreza y claridad de ideas de Steven Soderbergh, un cineasta camaleónico como pocos: aquí una vez más ejecuta con mano maestra un guión estándar, desnuda la narración al extremo y reúne un elenco inobjetable. Aunque el desenlace pro- estatal le resta eficacia discursiva, cabe señalar que hacía tiempo que no nos topábamos con un retrato tan elocuente de la paranoia contemporánea…- Emiliano Fernández (7 puntos)
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  • Violeta se fue a los cielos
    Sin lugar a dudas la biografía ha sido históricamente un género bastante problemático en términos cinematográficos que de entrada podríamos dividir en dos grupos específicos, ambos acusados desde siempre de reduccionismo y pobreza general: por un lado tenemos los mamotretos gigantescos que en el caso de las figuras políticas y/ o militares pretenden brindar un análisis tanto del demagogo de turno como de su época, por el otro están los pantallazos etéreos centrados en artistas que atravesaron el clásico proceso de canonización hipócrita que suele llegar post mortem (olvido en su momento, panteón para el porvenir).

    Las vidas de los seres humanos, por más dilatadas e interesantes que sean, no resisten una estructura dramática estándar y asimismo pueden tener serios inconvenientes para encontrar un público receptor, principalmente porque los bustos de bronce se derriten ante las múltiples paradojas cotidianas: esta es la única coyuntura en la que no se aplica aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, más bien todo lo contrario. Violeta se fue a los cielos (2011), retrato de la extraordinaria Violeta Parra, es un nuevo eslabón en esta interminable cadena de vallas que permiten repensar los alcances concretos de la ficción.

    Estas típicas limitaciones de formato suelen resolverse con un collage de flashbacks y flashforwards, mecanismo hoy utilizado por el realizador Andrés Wood: así nos topamos con un desarrollo que sigue una cierta matriz cronológica, alrededor de una entrevista televisiva, pero que incluye numerosos saltos temporales en función de la interconexión de los distintos períodos considerados. Este ambicioso proyecto abarca toda la existencia de la mítica folklorista chilena, desde su infancia marcada por la miseria, recorriendo sus vaivenes profesionales y su agitada vida familiar, hasta llegar a un desenlace muy trágico.

    Basándose en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de Violeta, el mayor acierto de Wood pasa por la selección de Francisca Gavilán como la protagonista: la actriz no sólo es similar físicamente e interpreta ella misma las canciones sino que además transmite con gran convicción la fuerza vital de la cantautora- pintora- bordadora y logra atrapar de inmediato la atención del espectador a puro carisma e inteligencia. La correcta labor del resto del elenco y el excelente nivel técnico son los complementos perfectos para este soliloquio que privilegia la sutileza visual y los pequeños gestos por sobre los macro apuntes detallados.

    A pesar de que se extiende un poco más de lo debido, el film resulta un verdadero prodigio dentro de su género gracias a que pone el acento en los lugares apropiados, léase las experiencias circenses, sus peregrinaciones en pos de recopilar tesoros varios de la cultura nativa, sus viajes a Europa, la muerte de su hijita, la relación amorosa con el antropólogo suizo Gilbert Favre, su exposición en el Museo del Louvre y la instalación de la carpa en la comuna de La Reina. Contradiciendo las tendencias populares volcadas al escapismo, Parra denunció las desigualdades sociales y edificó una obra tan excepcional como fascinante…
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  • Actividad paranormal 3
    Ya venía siendo hora de que la franquicia de Actividad Paranormal levantara un poco la puntería luego de dos corolarios muy decepcionantes: teniendo en cuenta que la obra de Oren Peli fue una pequeña maravilla que atrapaba de inmediato al espectador a partir de una construcción minimalista del suspenso, sin recurrir a latiguillos gore o vueltas de tuerca inconducentes, la segunda parte norteamericana y su homóloga japonesa nada hicieron para expandir el terreno en cuestión y hasta fallaron en la no tan sencilla tarea de entregar un producto digno, capaz de sustentarse por sí solo más allá de las referencias al original.

    Precisamente Actividad Paranormal 3 (Paranormal Activity 3, 2011) llega para corregir este último detalle: sin ninguna necesidad de atar cabos, maximizar la lógica formal u ofrecer algún componente novedoso dentro de lo que ha sido la saga hasta el momento, hoy la propuesta está orientada exclusivamente a dinamizar la narración a sabiendas de que a esta altura la “sorpresa” resulta inexistente. Los realizadores Henry Joost y Ariel Schulman, responsables de la interesante Catfish (2010), edificaron la entrada más “industrial” de todas privilegiando sustos simples aunque eficaces y una progresión dramática más amena.

    Luego de un prólogo en el que las hermanas Katie (Katie Featherston) y Kristi (Sprague Grayden) encuentran una caja repleta de grabaciones de cuando eran niñas para pronto presenciar cómo la susodicha desaparece, a posteriori la acción se traslada a 1988, período en el que conviven bajo el cuidado de su madre Julie (Lauren Bittner) y el novio de ésta, Dennis (Christopher Nicholas Smith). Así descubrimos que el germen del calvario se remonta a Toby, el “amigo imaginario” de Katie, la entidad fantasmal que la acosa sin pausa y que disfruta provocando ruidos, moviendo objetos y haciendo explotar bombillas.

    En esta oportunidad la justificación para el fetichismo con las cámaras pasa por el trabajo de Dennis, el filmar casamientos, cumpleaños y fiestas similares: a pesar de que la carencia general de ideas vuelve a ser el rasgo distintivo, aquí por lo menos el desarrollo de personajes supera al de los convites anteriores y los chispazos de humor están mucho mejor insertados. Si Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2, 2010) era una suerte de “precuela colateral” algo torpe y repetitiva, la presente es un exploitation hecho y derecho en donde la profesionalidad del equipo interviniente saca a flote un esquema ya agotado…
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  • Detrás de las paredes
    Anexo de crítica: Esta versión light y conciliadora de El Resplandor (The Shining, 1980) con toques depalmianos busca desesperadamente esquivar los lugares comunes de siempre en cuanto al tópico “casas embrujadas” pero termina cayendo en cada uno de ellos. Aún así, la buena labor del elenco y el tono austero que impone Jim Sheridan logran construir un verosímil sustentable...
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  • Asesinos de Elite
    Anexo de crítica: Típica película de acción con un marcado tufillo noventoso, Asesinos de Elite (Killer Elite, 2011) resulta un producto sumamente irregular que unifica -sin demasiadas pretensiones- un guión por momentos lamentable, persecuciones eficientes y un Jason Statham que continúa mejorando como actor...
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  • Don Gato y su pandilla
    Para sobrevivir en el callejón

    Como tantos otros cartoons clásicos de la factoría comandada por William Hanna y Joseph Barbera, Don Gato y su Pandilla (Top Cat en la versión original estadounidense) duró muy poco tiempo al aire, apenas 30 episodios emitidos por la ABC entre 1961 y 1962, pero su fama y aceptación posterior trepó hasta niveles insospechados sobre todo en geografías lejanas que progresivamente adoptaron como propia a la extraordinaria colección de personajes que ofrecía la serie televisiva. De hecho, Latinoamérica no fue la excepción y por estos rumbos también hemos amado a estos mininos buscavidas de ideario anarquista.

    Así las cosas, si queremos comprender los pormenores de un proyecto tan singular como el presente hay que tener en cuenta lo anterior y simplemente señalar que esta adaptación cinematográfica es una coproducción entre Ánima Estudios de México e Illusion Studios de Argentina: la obra en cuestión supera a desastres mayúsculos recientes como El Oso Yogi (Yogi Bear, 2010) o Los Pitufos (The Smurfs, 2011) y vuelve a poner de manifiesto que el éxito artístico debe ir de la mano de una historia coherente con una mínima densidad conceptual, gags simpáticos y un respeto real por una tira que está celebrando sus 50 años.

    La película no sólo nos restituye la esencia de los gloriosos Don Gato, Benito, Cucho, Demóstenes, Espanto, Panza y el Oficial Matute, sino que además sale bien parada de la difícil aventura de aggiornar la propuesta a los tiempos que corren, en esta ocasión introduciendo la figura de un villano tecnócrata llamado Lucas Buenrostro que se parece muchísimo a los políticos new age basados en estereotipos publicitarios, preceptos ombliguistas y populismo de plástico. Hoy se hace hincapié en las típicas estrategias de control posmodernas orientadas a destruir el espacio público y demonizar a los homeless.

    Mientras que el susodicho jefe de la policía de New York dispara criterios eficientistas y se la pasa enrejando la ciudad, instalando miles de cámaras de seguridad y reemplazando a los seres humanos por computadoras y robots varios, Matute se transformará prácticamente en su criado y Don Gato padecerá una temporada en prisión por inmiscuirse en sus planes. Más allá de la buena labor del equipo técnico -especializado en 3D- responsable de Gaturro (2010) y la traslación animada de El Chavo del Ocho, aquí se destacan la profesionalidad del director Alberto Mar y el talento del elenco encargado de las voces de los protagonistas.

    A pesar de que en parte está compensado por la puesta en escena y la amplitud cromática del convite, el guión de Tim McKeon y Kevin Seccia a la larga resulta algo limitado y recurre a demasiados clichés para avanzar en términos narrativos. Sin embargo el film conserva aquel encanto cómplice de antaño a través de todo ese catálogo de actividades delictivas destinadas a garantizar la supervivencia de la fauna del callejón: Don Gato y su Pandilla (2011) llega hasta al extremo de justificar explícitamente y con gran valentía el robarle a los ricos y/ o burgueses en general, por cierto una empresa siempre bienvenida…
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  • Gigantes de acero
    Anexo de crítica: Con un poco de Rocky (1976), otro tanto de Halcón (Over the Top, 1987) y mucho de la recordada El Campeón (The Champ, 1979), Gigantes de Acero (Real Steel, 2011) se impone como un entretenimiento familiar a la antigua que cumple dignamente con la cuota estándar hollywoodense de CGI. Los atisbos humanistas de la trama y el gran carisma de Hugh Jackman compensan en parte la torpeza general del realizador Shawn Levy...
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  • Justicia final
    Justicia final
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Si bien son incontables los dramas procesales sobre casos revisitados a la luz del paso del tiempo, Justicia Final (Conviction, 2010) se destaca del resto principalmente gracias a la eficacia naturalista del guión de Pamela Gray y las emotivas actuaciones de Hilary Swank y Sam Rockwell, dos intérpretes que en el contexto adecuado siempre terminan brillando...
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  • Pina
    Pina
    CineFreaks
    El lenguaje corporal

    Quizás duela reconocerlo pero claramente han quedado muy lejos aquellos años en los que Wim Wenders era una voz valiosa dentro del espectro cinematográfico internacional: desde fines de la década del ´90 hasta el presente el alemán se fue hundiendo en una triste mediocridad, mejor dicho en ese tipo de medianía que casi siempre promedia para abajo. Desastres mayúsculos como The Million Dollar Hotel (2000) o Palermo Shooting (2008) conviven con films apenas pasables como Land of Plenty (2004) o Don`t Come Knocking (2005) en una ensalada agridulce en la que sólo se salva Buena Vista Social Club (1999).

    Precisamente poco subsiste de la frescura de aquel documental, hoy metamorfoseado en un retrato prolijo aunque estéril de Pina Bausch, otra de esas coreógrafas minimalistas y un tanto ridículas que pululan por los círculos snobs. A decir verdad estamos ante el típico caso en el que el arte del encargado del homenaje supera con creces a lo que puede llegar a ofrecer el homenajeado en sí: parece que la idea original era registrar a la mujer trabajando no obstante con su súbito fallecimiento en el 2009 la producción se detuvo, luego de la insistencia de sus colegas Wenders retomó el proyecto orientándolo hacia nuevos rumbos.

    A través de una fotografía preciosista y una clásica escenificación teatral que aprovecha al máximo el formato 3D, el director prefirió simplemente montar cuatro de las piezas más conocidas de Bausch, condimentar como siempre la banda sonora y dejar que sus bailarines hablen de ella sin detalles históricos en off o la más mínima contextualización: tenemos un cuadro sobre tierra, otro con sillas y mesas como obstáculos, uno que incluye segmentos individuales y un último con agua y una gran roca de fondo. Los “movimientos” unifican juegos de manos, trastornos epilépticos, instantes símil yoga y algo de ballet tradicional.

    La puesta sumamente artificial de Wenders no es fallida de por sí ya que resulta prodigiosa a nivel visual y coloca a la obra analizada al descubierto, el problema surge cuando la susodicha no se sostiene debido a su pobreza conceptual, la reiteración de elementos y la falta de imaginación. Como la apología no se traduce en encanto, Pina (2011) pronto se convierte en un paneo simpático por el lenguaje corporal que termina revelando mucho más por sus limitaciones que por sus aciertos: este collage de teatro, danza y mímica continúa la línea de vacuidad lustrosa a la que nos tiene acostumbrados el malogrado realizador…
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  • Actividad Paranormal 0: El Origen
    Antes que nada conviene señalar que estamos frente a un producto un tanto extraño, no precisamente por la singularidad de sus características específicas sino más bien por su esencia comercial indefinida: a pesar del título con el que llega a la Argentina que parece subrayar un estatuto de precuela, en realidad hablamos de una continuación directa de la película original del 2007 aunque ejecutada por japoneses. Como si la propuesta no fuera de por sí ya lo bastante bizarra, aclaremos también que no guarda ninguna relación con Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2, 2010), su homóloga norteamericana.

    Para comprender situaciones como la presente debemos recordar aquellas “semi- secuelas” europeas de las décadas del `70 y `80 que vampirizaban a los éxitos hollywoodenses de terror de turno: aquí aparentemente el sustrato exploitation, por lo menos a nivel legal, está domesticado porque al inicio nos topamos con un “inspirada en” que indicaría que los responsables contaron con el visto bueno de la Paramount (es decir, depositaron el cheque o vaya uno a saber). El asunto es que Actividad Paranormal 0: El Origen (Paranormal Activity 2: Tokyo Night, 2010) se siente más cercana a una remake que a un corolario.

    Esto ocurre principalmente por la generosa carga de obviedad y recursos estandarizados que ofrece tanto para el despegue como para el desarrollo. Todo comienza cuando Haruka Yamano (Noriko Aoyama) se ve obligada a regresar a su casa en la capital nipona luego de que un accidente automovilístico en Estados Unidos la dejara con las dos piernas fracturadas. En esta ocasión no hay excusa circunstancial para las videocámaras, que conste que su hermano Koichi (Aoi Nakamura) es fanático de ellas y listo: así de a poco el joven registra cómo la silla de ruedas se mueve sola, se escuchan pisadas y hasta estallan vasos.

    Si bien el enlace narrativo con la anterior está justificado con discreción, la obra escrita y dirigida por Toshikazu Nagae apenas si funciona como una antología de clichés de los falsos documentales que para colmo avanza en piloto automático y sin entregar más que un par de “novedades” (la inmovilidad de la protagonista y la estructura laberíntica de los hogares asiáticos). El hoy desaparecido “efecto sorpresa” es vital en una saga basada en el minimalismo formal y una puesta en escena claustrofóbica: el film de Oren Peli permanece invicto mientras continúan encendiéndose en la oscuridad esas pequeñas luces rojas…
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  • El árbol de la vida
    Aquella esperanza ontológica

    No cabe la menor duda que Terrence Malick es un creador excepcional, no sólo por sus inclinaciones solipsistas o su misteriosa conducta sino más bien por la calidad interviniente, ese conjunto de rasgos etéreos que en oposición, sin siquiera proponérselo, pintan al contexto cinematográfico que lo rodea. En un circuito dominado casi exclusivamente por la superficialidad acrítica y/ o la falsa modestia, el realizador ha edificado a lo largo de poco menos de cuatro décadas de actividad un andamiaje perceptivo- filosófico portador de una riqueza incalculable, un pequeñísimo tesoro dividido en cinco películas que nos han regalado experiencias apasionantes con su propia lógica y sus criterios de legitimación.

    La facultad de construir poemas visuales de semejante inteligencia, belleza y profundidad no siempre es remarcada lo suficiente cuando se pretende poner de manifiesto las muchas particularidades de la obra del norteamericano: no podemos más que agradecer la chance de ver en pantalla grande El Árbol de la Vida (The Tree of Life, 2011), quinto eslabón de esa eterna búsqueda existencial por el origen de nuestro devenir como seres humanos, por el sentido de nuestra presencia en la Tierra. A través de un puñado de saltos temporales y una edición fragmentada, aquí el pathos trágico está vinculado al fallecimiento de un joven de 19 años, principio rector de una serie de eventos que lo anteceden y de otros posteriores.

    Durante los primeros minutos descubrimos una estructura narrativa sustentada en tres ejes simultáneos: por un lado contemplamos a una familia de Texas de los `50 encabezada por el Señor O´Brien (Brad Pitt) y su esposa (Jessica Chastain), luego se impone un segundo nivel centrado en la taciturna actualidad de Jack (Sean Penn), el hijo mayor del matrimonio, y por último tenemos una gloriosa amalgama de escenas complementarias que retratan los momentos de transformación en la constitución vital citando a 2001: Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968), tanto por la colaboración del genial Douglas Trumbull como por su idiosincrasia artesanal (la secuencia del Cretáceo es la única que utiliza CGI).

    Ahora bien, gran parte del metraje está dedicado a la versión infantil de Jack (impecable debut de Hunter McCracken), en trayecto desde la niñez hacia la adolescencia: mientras que su madre es dulce y complaciente, su padre es autoritario y algo ciclotímico. Tironeado entre estos dos extremos que coexisten irremediablemente en su corazón, el amor y la ley o “la gracia y la naturaleza” en términos del film, así disfruta de su hermano antes de la fatalidad aunque muy pronto deberá lidiar con el dogma absolutista cristiano y la dualidad ontológica que caracteriza a los protagonistas de los universos ensoñados de Malick, aquella bondad desinteresada y aquel egoísmo que destruye para reafirmarse en su ceguera.

    El desarrollo psicológico que se inaugura con la primera inocencia convalidante y muta en los sentimientos contradictorios subsiguientes, incluida la rebelión contra el estatuto colectivo representado en la figura del padre, es en esta ocasión el punto de partida elegido para volver a plantear la esperanza de una reconciliación concreta y espiritual, sin las típicas negaciones, facilismos o idioteces new age tan populares por estos días. Cuestiones inaprehensibles como el horror de la extinción, la magnificencia del firmamento, la razón de los pesares, el proceder ante el prójimo o la disyuntiva de fijar nuestra trascendencia reaparecen bajo ropajes más sensoriales que verbales, en sintonía con la fluidez óptica.

    Sin embargo cabe señalar que la esencia del opus retoma un antiguo concepto que en mayor o menor medida ha atravesado toda la carrera del cineasta, nos referimos a la noción de “fundamento” entendida dentro de los parámetros de un esquema complejo de crecimiento polifacético: esa base imperecedera del vivir tenía un carácter individual en Badlands (1973), de inmediato se expande a la familia en Días de Gloria (Days of Heaven, 1978), después llega al entramado social con La Delgada Línea Roja (The Thin Red Line, 1998), a posteriori hace lo propio con la usina histórica de El Nuevo Mundo (The New World, 2005) y hoy finalmente se atomiza en la cosmovisión primordial de una obra maestra suprema.
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  • Conan el Bárbaro
    El paganismo de la espada

    Luego de muchísimo tiempo de desarrollo, disputas legales, baches esporádicos, mala suerte y vaya a saber qué más, por fin llega a la pantalla grande una nueva adaptación del archiconocido personaje creado en 1932 por Robert E. Howard, artífice de un subgénero muy famoso de la literatura fantástica denominado de “espada y hechicería”. En lo que respecta a Conan el Bárbaro el pasado es de temer: el guerrero cimmerio no sólo fue un baluarte de la mítica revista Weird Tales sino que además ha sido trasladado a todos los soportes existentes, desde libros y comics hasta programas de televisión y videojuegos.

    Sin lugar a dudas la referencia ineludible en materia cinematográfica es la recordada película de John Milius de 1982 del mismo nombre, a la que le siguió una secuela de menor calidad dos años después: por aquellas épocas era Arnold Schwarzenegger el encargado de cortar cabezas y bien que cumplió su cometido desparramando violencia seca. Como ocurría con Cazador de Demonios: Solomon Kane (Solomon Kane, 2009), otro producto reciente inspirado en la obra de Howard, el film que hoy nos ocupa apuesta más al acero que a la magia y apenas si resulta simpático, quedándose en buenas intenciones pasatistas.

    La historia comienza con nuestro héroe naciendo en el campo de batalla, sin ninguna metáfora de por medio: su progenitor utiliza un cuchillo sobre su esposa embarazada para que pueda ver al niño antes de morir. Corin (Ron Perlman) le enseña a su hijo las artes de la guerra pero los vínculos familiares pronto se desvanecen con el arribo de una horda de “civilizados” comandada por Khalar Zym (Stephen Lang). El bellaco asesina a su padre, quema la aldea y se lleva consigo el último fragmento de la “máscara de Acheron”, un artilugio capaz de revivir a su compañera muerta y con el que podrá conquistar al mundo.

    Dos décadas más tarde, Conan (Jason Momoa) continúa obsesionado con la venganza hasta que eventualmente termina chocando de nuevo con los planes de Khalar Zym y su primogénita Marique (Rose McGowan), esta vez orientados a obtener la sangre de una pobre señorita llamada Tamara (Rachel Nichols) en tanto ingrediente final del rito. Si bien es cierto que para el nivel infantiloide del Hollywood contemporáneo el opus por lo menos eleva un poco el voltaje gore y sexual, a decir verdad la trama obedece a un impulso bastante rutinario y no consigue construir seres interesantes más allá de las carnicerías.

    Aquí reaparecen las “marcas registradas” del realizador alemán Marcus Nispel, responsable de La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 2003), Conquistadores (Pathfinder, 2007) y Viernes 13 (Friday the 13th, 2009): una fotografía preciosista, cero evolución narrativa, mucha hemoglobina vía CGI, algo de tetas al aire, edición videoclipera y una “brutalidad” que no está a la altura de la original. Aún así, también es innegable que Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian, 2011) cuenta con un elenco convincente y a la larga entretiene si uno pretende consumir una eficaz antología de escenas de acción…
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  • Identidad secreta
    Anexo de crítica: Frente a una “máquina del tiempo cinematográfica” tan inocente y hueca como Identidad Secreta (Abduction, 2011) uno no puede contener la sonrisa: si bien hablamos de apenas un vehículo para Taylor Lautner, no por ello deja de ser cierto que la propuesta combina con mucha torpeza los latiguillos de la “saga Jason Bourne” con todos los clichés imaginables de aquellos films de acción/ espionaje de fines de los `80 y principios de los `90. En suma la obra de John Singleton es extremadamente inverosímil, al punto de que pasada la mitad hasta comienza a caer simpática…
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  • Pearl Jam
    Pearl Jam
    CineFreaks
    Sobre la permanencia en el tiempo

    Si existe un ítem que históricamente ha caracterizado a los debates alrededor de Pearl Jam es el de la calidad musical de la experiencia en sí: sin dudas durante las últimas dos décadas la banda de Seattle dio innumerables muestras de su fuerza en vivo pero a decir verdad siempre quedó flotando aquel comentario de Kurt Cobain de principios de los `90 en el que los denigraba tildándolos de ser una “versión grunge” de Led Zeppelin. Muy lejana la coyuntura y considerando la escena rockera contemporánea, atrapada en lo que podríamos definir como una “retromanía aguda”, ya poco importa si la agrupación en su momento de despegue fue la más clasicista, en términos concretos hoy constituye una propuesta valiosa.

    Frente a un documental tan satisfactorio como el presente a uno le resulta casi imposible esquivar el aluvión de recuerdos de aquellos años dorados de la adolescencia, última etapa masiva del rock como movimiento contracultural capaz de moldear imaginarios sociales autónomos (específicamente hablamos de un random existencial que incluye descubrir por primera vez el video de Jeremy y/ o encontrarse con una infinidad de “piratas oficiales” en las bateas de la Tower Records). Por supuesto que no podía ser otro que Cameron Crowe el encargado de dar forma a la antología: el director de Jerry Maguire (1996) y Casi Famosos (Almost Famous, 2000) los conoce desde antes de su cameo en Solteros (Singles, 1992).

    El trabajo del californiano repasa toda la historia del grupo y recopila una enorme cantidad de material inédito de la más variada naturaleza y obtenido de múltiples fuentes: así se van acumulando cronológicamente entrevistas originales, grabaciones caseras, shows a lo ancho del globo, intimidades hogareñas, reseñas de la época, presentaciones televisivas, detalles de backstage, testimonios desconocidos y muchísimas imágenes que registran los sucesivos puntos de inflexión. De hecho, el cineasta ofrece una primera mitad vertiginosa acorde con el éxito abrumador de Ten para luego bajar las revoluciones con una segunda parte más serena, en sintonía con el retrato de la permanencia en cuestión, tan inusual por estos días.

    Prácticamente no ha quedado tópico afuera, estamos ante un análisis exhaustivo de aquel ascenso meteórico, la dinámica interna, el carisma de Eddie Vedder, sus reiterados ataques a MTV, el boicot a Ticketmaster, los conciertos autogestionados, la excelente relación con sus colegas de Soundgarden, las colaboraciones con Neil Young, la mítica de sus recitales, los cambios de integrantes, la temática de las letras, las disputas eventuales, la decisión de no repetir demasiadas canciones en las giras, la tragedia en Dinamarca durante el Festival Roskilde, el amor de los fanáticos, sus numerosos choques con la industria discográfica, el activismo socio- político y su oposición tajante a la administración de George W. Bush.

    Crowe utiliza con sabiduría toda la parafernalia hollywoodense a su alcance para construir un rockumental extremadamente completo que a pesar de contar con el beneplácito de la banda nunca cae en los típicos ejercicios de indulgencia de los macro actos mainstream. Siguiendo la línea señalada por obras recientes como las extraordinarias End of the Century (2003) acerca de los Ramones o Amazing Journey (2007) sobre The Who, Pearl Jam Twenty (2011) equivale al sueño glorioso de un entusiasta de la música en general: bien podemos leer a estos muchachos como la metáfora perfecta del trayecto que va desde el glam berreta de los `80 -símil Mother Love Bone- hasta el grunge de la constitución final…
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  • Paul
    Paul
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Tranquilamente podríamos considerar a Paul (2011) un verdadero desastre si sólo tuviésemos en cuenta el hecho de que constituye el esperado regreso de la dupla compuesta por Simon Pegg y Nick Frost luego de las extraordinarias Shaun of the Dead (2004) y Hot Fuzz (2007), sin embargo -y para relativizar el impacto de tanta cursilería y chiste fácil- hoy debemos señalar la presencia de un director mediocre como Greg Mottola y un guión sujeto a la improvisación fortuita. Aún así duele reconocer que ni el talento del dúo protagónico ni la colección de citas nos salvan del tedio ocasional...
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  • Noche de miedo
    Noche de miedo
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Noche de Miedo (Fright Night, 2011) es una remake respetuosa -aunque algo rutinaria- que de tanta preocupación por condimentar al relato con salidas cómicas circunstanciales termina descuidando el desarrollo de personajes. Un desenlace correcto redime en parte a la propuesta pero definitivamente la original de 1985 de Tom Holland era superior...
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  • Sin escape
    Sin escape
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Si dejamos de lado el lugar común de interpretarla como una simple celebración de la adrenalina, podremos apreciar que Sin Escape (Der Räuber, 2010) funciona más bien como un retrato meticuloso de la ansiedad, aquí sin dudas en sintonía con una depresión arrastrada de lejos y canalizada a través de una maravillosa serie de actividades orientadas a desvalijar bancos. Desde el inicio este pequeño e interesante thriller austríaco adquiere la forma de un viaje solipsista gracias a la impecable labor de Andreas Lust y el pulso aletargado que impone el realizador Benjamin Heisenberg…
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  • Invasión a la privacidad
    Terrores nocturnos

    En esencia tenemos ante nosotros otro film fallido que en el mercado estadounidense salió como un “directo a DVD” y que en términos prácticos promete más de lo que cumple: de hecho, Invasión a la Privacidad (The Resident, 2011) es un caso bastante singular porque viene de los escombros de la alguna vez maravillosa factoría Hammer y como si fuera poco cuenta con la “producción ejecutiva” de la estrella de turno, nada menos que Hilary Swank. Buscando desesperadamente la típica armazón del thriller voyerista, la película cae en todos los estereotipos del subgénero sin jamás superar el nivel mínimo de suspenso y erotismo.

    Si bien los primeros minutos plantean correctamente el contexto, pronto el desarrollo deriva en el mismo derrotero de siempre: la joven doctora Juliet Devereau (Swank) se muda a un espacioso loft en Brooklyn después de pelearse con su novio Jack (Lee Pace), ingratos cuernos de por medio. Así la señorita entabla una suerte de amistad con el propietario, el afable Max (Jeffrey Dean Morgan), que se transforma en un “revolcón y hasta luego” debido a que no puede quitarse de la mente a su anterior pareja. Aquí es cuando la trama vira hacia la obsesión de Max y el cambio de rumbo se siente forzado y por demás gratuito.

    Lo curioso es que el guión omite explicar las compulsiones involucradas y casi de inmediato se pierde en un hilarante catálogo de tomas de Swank bañándose: si la idea era montar un exploitation softcore con inquietudes a la Psicosis (Psycho, 1960), el resultado es negativo ya que el tono de los desnudos es inocuo. También se podría considerar al producto como un vehículo de lucimiento para la actriz orientado a reafirmar su feminidad, recordemos que la norteamericana se hizo conocida con Los Muchachos No Lloran (Boys Don´t Cry, 1999) y popular con Million Dollar Baby (2004), dos papeles muy masculinos.

    A decir verdad el que sorprende es Morgan, un intérprete que -en un exceso de sinceridad- ni siquiera se molesta en modificar sus facciones en el trayecto que va desde el “hombre común” al “acosador sexual”. Estos terrores nocturnos materializados no pasan de una mixtura de Durmiendo con el Enemigo (Sleeping with the Enemy, 1991) y Mujer Soltera Busca (Single White Female, 1992): pese a que la fotografía de Guillermo Navarro y la participación de Christopher Lee son admirables, el convite naufraga por la inoperancia del realizador Antti Jokinen y su incapacidad para exprimir una puesta en escena auspiciosa.
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  • Splice
    Splice
    CineFreaks
    Los Prometeos posmodernos

    Resulta difícil no manifestar una mínima frustración frente a lo que ha sido la carrera del realizador norteamericano- canadiense Vincenzo Natali luego de El Cubo (Cube, 1997), su excelente opera prima: Cypher (2002) y Nothing (2003) fueron obras atendibles que no llegaron a desarrollar su máximo potencial, quedándose en premisas interesantes aunque un tanto desaprovechadas. Respetando este camino vinculado a la medianía general, en esta oportunidad nos entrega su cuarto opus, Splice (2009), un pantallazo a los dilemas morales que plantean la responsabilidad paterna, la manipulación genética y el hambre de lucro.

    En términos concretos se puede afirmar que estamos ante una mixtura de horror y ciencia ficción que toma prestada la estructura de Frankenstein o el Moderno Prometeo de Mary Shelley para articularla con referencias plenamente cinematográficas como un pulso narrativo a la David Cronenberg y un diseño de producción similar al ya clásico de H. R. Giger para Especies (Species, 1995). Los científicos Clive Nicoli (Adrien Brody) y Elsa Kast (Sarah Polley) se dedican a la combinación de ADN con el fin de crear animales híbridos para extraer proteínas en función de los intereses de un laboratorio farmacéutico.

    Sin el consentimiento de sus superiores, la pareja decide llevar la investigación un paso más allá incorporando características humanas a la mezcla en pos de revolucionar la medicina: el producto final es un ser que aglutina elementos de los primates, los anfibios y las aves. El film a partir de este punto presenta en paralelo el veloz crecimiento de la criatura (lo que nace con forma de renacuajo muta en mujer), la imperiosa necesidad de ocultarla (bajo la amenaza de que desaparezcan los fondos) y los problemas de esta “paternidad forzada” (de esta manera salen a la luz los criterios, reparos y motivaciones de cada uno al respecto).

    A pesar de que la película a nivel conceptual se adentra con sensatez en tópicos candentes que nunca perderán vigencia, es innegable que de a poco se acumulan algunos traspiés en la ejecución propiamente dicha: los chispazos cómicos no cumplen su cometido, los estereotipos entorpecen la trama y la resolución se hace bastante predecible. Aún así el director ofrece una propuesta por demás correcta que se ubica varios escalones por encima de los representantes industriales. Con un buen desempeño del elenco y un gran trabajo en CGI, Splice subraya eso de que los hombres son los únicos monstruos que merecen morir…
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  • Sin límites
    Sin límites
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Sin Límites (Limitless, 2011) es el típico thriller hollywoodense de plástico que termina hastiando a los pocos minutos a fuerza de una premisa ridícula y un desarrollo muy forzado: incapaz de generar verdadero interés, el film nunca pasa de ser un collage insustancioso y bastante torpe...
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  • Apollo 18
    Apollo 18
    CineFreaks
    El lado soviético de la Luna

    Visionar una experiencia “clase B” tan modesta como Apollo 18 (2011) genera un placer culposo que nos remonta a la infancia, esa época dorada en la que los prejuicios aún no estaban asentados y la imaginación lúdica habilitaba situaciones de todo tipo. Para los que lo hayan considerado durante aquellos años y para los que no, el esquema en cuestión sigue siendo el mismo: si uno va al espacio tiene que enfrentarse -por obligación- a alguna peste intergaláctica porque de lo contrario hablamos de un viaje insatisfactorio, de esos que compran los burgueses en plan de “superación cultural” o para gozar de las miserias ajenas.

    Claramente el viejo y querido subgénero de los falsos documentales alcanzó su techo con Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007), convite que llevó el minimalismo al extremo y por consiguiente señaló los límites específicos del found footage. Finiquitado en términos formales aunque no tanto en lo que respecta al contenido, como lo demuestra por ejemplo la excelente TrollHunter (Trolljegeren, 2010), el mockumentary ha ofrecido desde productos fallidos como El último Exorcismo (The Last Exorcism, 2010) hasta maravillas como El Diario de los Muertos (Diary of the Dead, 2007) del genial George A. Romero.

    Hoy la historia nos presenta el pequeño calvario del Comandante Nathan Walker (Lloyd Owen), el Capitán Benjamin Anderson (Warren Christie) y el Teniente Coronel John Grey (Ryan Robbins), tres astronautas enviados en los ´70 en una “misión secreta” al satélite de la Tierra para montar un equipo de comunicaciones con el cual espiar a la antigua URSS o algo así: al recorrer la vasta superficie lunar descubrirán la verdadera agenda del gobierno estadounidense, por supuesto vinculada a un módulo soviético cercano, un cadáver de un pobre cosmonauta y fuertes indicios de la presencia de seres extraterrestres poco amistosos.

    A pesar de que la propuesta se sumerge de lleno en un cúmulo de clichés quemados resulta innegable que entretiene -sin mayores pretensiones- debido a que privilegia el suspenso gradual por sobre los golpes de efecto y las escapadas gore. Sin llegar al nivel de Rec (2007) pero tampoco descendiendo al subsuelo de bodrios como Contactos de Cuarto Tipo (The Fourth Kind, 2009), el realizador Gonzalo López-Gallego y el guionista Brian Miller salen relativamente bien parados de la bizarra aventura de combinar El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999) y la eterna Alien, el Octavo Pasajero (Alien, 1979).
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  • Destino final 5
    Destino final 5
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Repitiendo la fórmula -calcada a su vez del porno- de las secuelas de Martes 13 (Friday the 13th, 1980) y Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984), en donde las escenas intermedias resultan accesorias, Destino Final 5 (Final Destination 5, 2011) cumple dignamente con la cuota estándar de sadismo e imaginación aunque sin lugar a dudas lo mejor del convite vuelve a ser la masacre del comienzo, un verdadero prodigio técnico que justifica de por sí la visión del film…
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  • La verdad oculta
    La traición de los garantes

    Desde siempre existen determinados tópicos que por su naturaleza alarmante anulan de lleno cualquier consideración cinematográfica eventual que pudiera esclarecer el nivel de calidad del trabajo en cuestión, aún así se agradecerán de sobremanera los proyectos que además de meterse con temas álgidos lo hagan con inteligencia y fundamentalmente sin descuidar la sensibilidad popular en lo referido a la “llegada” de los relatos (un clásico parecer del cine militante es que la difusión se ubica por delante de los criterios estéticos y todas las nimiedades burguesas). Mientras el vehículo pasa a segundo plano y el mensaje adquiere preponderancia los resortes del discurso dominan la estructura y enaltecen la obra.

    Ahora bien, en el triste contexto contemporáneo películas como La Verdad Oculta (The Whistleblower, 2010) constituyen la excepción porque unifican la eficacia conceptual con las necesarias disposiciones de género tendientes a captar el mayor número de espectadores posible: al respecto recordemos las actitudes patéticas y obsecuentes de la crítica narcisista frente a las bazofias soporíferas que suele producir el cine arty, tanto norteamericano como europeo, cuando le pica el “bichito de la conciencia”. Prescindiendo de la imbecilidad de aquellos lambiscones y de la torpeza hueca de los demagogos mainstream, segunda subespecie del escriba ocasional, sólo queda la urgencia de la coyuntura y su canalización.

    La opera prima de la realizadora canadiense Larysa Kondracki combina el pulso enérgico del thriller político símil Costa-Gavras y el tono furioso de las epopeyas testimoniales de la década del ´70 con vistas a denunciar la corrupción de los “cascos azules” durante el período inmediatamente posterior a la finalización de la Guerra de Bosnia: en términos concretos se narra la experiencia verídica de Kathryn Bolkovac (Rachel Weisz), una oficial de policía de Nebraska que en 1999 llega a Sarajevo para desempeñarse como garante de la paz en territorios reducidos a escombros luego de cuatro años de genocidios metódicos, limpiezas étnicas y violaciones en masa a cargo de las falanges serbias, croatas y bosnias.

    Una vez allí, la protagonista descubre que las fuerzas enviadas por la ONU formaban parte de una red de trata de personas en la que no sólo recibían sobornos de las mafias de Europa del Este sino que además operaban en franca complicidad con los agentes autóctonos, ayudaban a transportar a las víctimas y hasta concurrían a burdeles en donde se obligaba a mujeres y niñas a prostituirse en situación de esclavitud. El detalle principal radica en que los involucrados gozaban de inmunidad diplomática y trabajaban para una contratista militar con la misión de supervisar la reconstrucción y evitar nuevos enfrentamientos, circunstancia que derivó en el mayor encubrimiento de la historia de las Naciones Unidas.

    Resulta sorprendente lo bien que se complementan el estilo seco de la directora, alejado de las sandeces de la edición posmoderna, y la extraordinaria labor de Weisz, quien vislumbra las exigencias de su personaje y va aumentando progresivamente la intensidad dramática. Con secundarios de lujo como Vanessa Redgrave, Monica Bellucci y David Strathairn, el film plantea un compromiso de divulgación que retrata la brutalidad y el alcance de los crímenes esquivando los atajos exploitation y asumiendo sin culpa sus rasgos misándricos, claves para comprender el accionar de excrementos sociales como la policía, el sistema judicial, las instituciones de control, los organismos internacionales y los gobiernos locales.
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  • No le temas a la oscuridad
    Gótico americano

    A lo largo del último lustro el inefable Guillermo del Toro ha demostrado un gusto bastante heterogéneo en lo que a terror se refiere como claramente lo atestiguan El Orfanato (2007), Splice (2009) y Los Ojos de Julia (2010), obras tan disímiles como interesantes. Aún lejos de la silla del director luego de su partida amistosa de El Hobbit, para su primera remake eligió un telefilm de culto estadounidense de 1973 casi desconocido por estas pampas: en la sugestiva No le Temas a la Oscuridad (Don´t Be Afraid of the Dark, 2010) no sólo oficia de productor sino que además es responsable del guión junto a Matthew Robbins y su intervención se siente en el tono lúgubre del convite y la intensidad de algunas secuencias.

    Si bien en esta oportunidad la historia introduce un cambio sustancial en lo que respecta a la protagonista excluyente, vale aclarar que la estructura narrativa se mantiene inalterable y hasta podríamos decir que estamos ante una versión extremadamente fiel para con la original: la Sally de antaño, esa mujer adulta a la que su marido no le creía que padecía el acoso de unas criaturas diabólicas semejantes a gnomos, ha mutado en una niña que motivada por la curiosidad también abre portales con consecuencias poco felices para todos los involucrados. Sin dudas subsiste el tópico de la victima entregada al escepticismo de su entorno pero ahora está complementado con los conflictos relativos a una infancia solitaria.

    De hecho, el mayor logro de la película corre parejo a la sutileza con la que la trama va encausando la indiferencia, reprimendas, humillación y/ o castigos que los hijos pueden llegar a aceptar por parte de sus padres, inocencia primordial y construcciones hegemónicas mediante: la joven, interpretada por la apacible Bailee Madison, es un personaje más que verosímil que atraviesa con pesar el divorcio de sus progenitores, el desinterés de su padre Alex (Guy Pearce) y el tener que conocer a su nueva novia Kim (Katie Holmes). El arribo al caserón gótico quiebra por un momento una monotonía cercana a la depresión para pronto convertirse en un calvario gracias tanto al hostigamiento como a su propia familia.

    Más allá de la acertada labor del trío central y el consabido talento del mexicano, no se puede pasar por alto el maravilloso desempeño del debutante Troy Nixey: aquí el realizador sorprende ninguneando las inclinaciones gore contemporáneas y jugándose de lleno por el suspenso de desarrollo paulatino, vinculado principalmente a una fotografía preciosista y a una atmósfera sobrecargada a la Hammer. La ausencia de novedades significativas dentro de los parámetros del género está compensada por el clasicismo general de la puesta en escena, el diseño de la mansión y una excelente mezcla de sonido, ítems que en conjunto edifican una experiencia que hoy pide a gritos ser disfrutada en salas cinematográficas…
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  • Balada triste de trompeta
    Anexo de crítica: Balada Triste de Trompeta (2010) comienza con dos payasos riendo y finaliza con dos payasos llorando, lo que acontece entre los opuestos es una suerte de melodrama psicótico ambientado en la repugnante España franquista. El siempre extraordinario Álex de la Iglesia condimenta el relato con humor negro, mucha sátira social y una multitud de detalles sádicos que nos reenvían al terror más enajenado: aquí se desata de golpe toda la locura que el cineasta definitivamente venía acumulando desde Los Crímenes de Oxford (The Oxford Murders, 2008). La carcajada y el dolor vuelven a fusionarse en una aventura imposible en la que predominan la belleza de Carolina Bang y ese proverbial amor por el despropósito…
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  • Quiero matar a mi jefe
    Humor aséptico con sabor a Jennifer

    Y aquí tenemos una nueva comedia mainstream que la va de “hardcore” pero que resulta tan infantil, mediocre y estéril como casi cualquier otra del subgénero producida durante el último lustro: Virgen a los 40 (The 40 Year Old Virgin, 2005) y ¿Qué Pasó Ayer? (The Hangover, 2009), por nombrar dos ejemplos, eran bodrios exploitation de los films de los hermanos Bobby y Peter Farrelly que a su vez eran una versión zarpada de las obras de Jim Abrahams y los hermanos Jerry y David Zucker quienes a su vez se habían inspirado en los primeros y extraordinarios trabajos de Woody Allen y Mel Brooks… y así hasta el infinito.

    El ciclo del “eterno refrito” de por sí no tiene nada de malo porque nadie crea en el vacío sino más bien dentro de una tradición que necesita ser aggiornada para mantener su vigencia, el problema surge por la merma de calidad en lo que respecta a la estructura de la historia, el desarrollo de personajes y los leitmotivs cómicos. La pauperización viene de la mano de la típica mojigatería de la industria aunque hoy disfrazada de una “efusividad” entre sexual y escatológica: mientras que los protagonistas de estas bazofias se la pasan hablando de genitales, en pantalla la anatomía está ausente por ese conservadurismo bobo.

    Basta con chequear Quiero Matar a mi Jefe (Horrible Bosses, 2011) para percatarse de las contradicciones de un cine que por ser aséptico traiciona el mismo espíritu de la comedia, siempre cercano a lo revulsivo y socialmente movilizador: llena de insultos, caricaturas y escenas inconducentes, la trama no es capaz de “vender” a estos payasos ni articular un mínimo hilo narrativo que sustente el devenir general o por lo menos justifique la colección de huevadas aisladas, todo por supuesto con referencias a Pacto Siniestro (Strangers on a Train, 1951) y su correlato Tira a Mamá del Tren (Throw Momma from the Train, 1987).

    A decir verdad lo único rescatable es la labor del elenco, no tanto la de los “héroes” (Jason Bateman, Charlie Day y Jason Sudeikis) sino la de los “villanos” (Kevin Spacey, Jennifer Aniston y Colin Farrell). Lamentablemente su participación es bastante escueta, circunstancia que se vuelve más lastimosa aún si señalamos la existencia de un cameo de Donald Sutherland al comienzo. El director Seth Gordon, responsable de la anodina Navidad sin los Suegros (Four Christmases, 2008), no sabe cómo explicar el “odio” de los empleados hacia sus patrones y mucho menos cómo construir una auténtica comedia negra.

    Ya está un poco quemado el tópico favorito de esta raza de humor pedorro, léase “grupito de burgueses idiotas que se divierten gritando groserías cada cinco segundos reloj”. La aproximación al sexo es extremadamente pueril debido a que estamos ante una película torpe, cobarde y paradójica que incluye por ejemplo una secuencia sobre “lluvia dorada” y nunca va más allá de insinuar la desnudez de una Aniston ninfómana: en el Hollywood masturbatorio actual -ese que pretende infantilizar al público para reducirlo al nivel de ganado preso de compulsiones- se puede hablar de tetas y culos pero no mostrarlos…
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  • Cowboys y Aliens
    Anexo de crítica: Cowboys & Aliens (2011) es una simpática clase B con un presupuesto gigantesco, estrellas hollywoodenses y una profesionalidad a toda prueba cortesía del eficiente Jon Favreau. La premisa del título está aprovechada con inteligencia dentro de un contexto narrativo muy bien llevado en el que por fin vuelve a brillar el inefable Harrison Ford...
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  • El planeta de los simios: (R)Evolución
    Anexo de crítica: A decir verdad nadie esperaba demasiado de la precuela de la mediocre remake de Tim Burton del 2001: el segundo opus de Rupert Wyatt no sólo privilegia el apartado conceptual por sobre el visual -trabajando tópicos clásicos de la saga como la explotación, la esclavitud y el egoísmo generalizado- sino que además funciona a la perfección como un admirable mecanismo de relojería. Hablamos de un film que está a la altura de las secuelas originales de la década del ´70 y que ofrece un retrato bastante amargo de la humanidad (amén de que siempre resultará placentero ver a los simios como portadores de ese castigo definitivo que tanto merecemos). Por cierto la labor de Andy Serkis como César supera holgadamente a la de James Franco...
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  • En un mundo mejor
    Anexo de crítica: En un Mundo Mejor (Hævnen, 2010) examina con mesura un asunto típicamente norteamericano como el “dar de baja” a los sádicos y al mismo tiempo lo relativiza incluyendo las diferentes medidas de la justicia. Aunque el desenlace conciliador resulta algo forzado, en conjunto el film cumple ofreciendo grandes actuaciones y eficiencia conceptual: este “ejemplo light” de Zentropa esquiva el atajo remanido de los choques culturales y a fin de cuentas se entiende el Oscar a mejor película extranjera...
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  • Linterna Verde
    Linterna Verde
    CineFreaks
    La voluntad es energía

    Respetando la línea de las últimas adaptaciones cinematográficas de cómics longevos, aquí tenemos otra propuesta relativamente entretenida que si bien nunca llega a derrapar de manera grosera tampoco entusiasma demasiado ni nos invita a contemplar algo más que un melodrama eficaz de raíces griegas y recargado con mucha pirotecnia: este “estado de cosas” -vinculado en gran parte a una prolija exaltación de la medianía- de por sí no tiene nada de malo y permite afirmar que Hollywood está exigiendo a sus directores mayor homogeneidad general y menos “jugadas riesgosas” que puedan hacer tambalear la taquilla.

    El problema con este modelo de producción es que eventualmente el público se percata de los mecanismos intervinientes y comienza a rechazar convites simpáticos aunque cada vez más reiterativos: de hecho, Linterna Verde (Green Lantern, 2011) decepcionó en Estados Unidos y para colmo cuenta con numerosos puntos de contacto con sus “hermanas gemelas” Thor (2011) y Capitán América: El Primer Vengador (Captain America: The First Avenger, 2011). Hablemos de obras de DC o de Marvel, el eje principal a la hora de la traslación a la pantalla gira alrededor de no importunar a nadie y saturar el ojo con los CGI.

    La trama combina distintos pasajes de los macro períodos de la historieta para construir una mixtura agradable que por suerte no se toma muy en serio a sí misma: el piloto de pruebas Hal Jordan (Ryan Reynolds) es “elegido” por el anillo de un extraterrestre moribundo para ocupar su lugar junto a los Linternas Verdes, un cuerpo intergaláctico dedicado a defender la paz y la justicia. Mientras se somete al entrenamiento de rigor y trata de comprender aquello de que “la voluntad es energía”, en simultáneo escapa de su encierro Parallax, una entidad que se alimenta del miedo y que desea vengarse de la cúpula de nuestro escuadrón.

    Desde hace tiempo una de las estrategias predilectas de la industria -en cuanto a tanques sustentados en el apartado visual se refiere- es la de seleccionar a un actor con poco poder para que no imponga condiciones ni porcentajes y rodearlo de apellidos de prestigio con el fin de que los espectadores circunstanciales que desconozcan al personaje central no se sientan tan fuera de contexto. El presente film no es ninguna excepción y ofrece un elenco interesantísimo que incluye un catálogo de lo más variado (Tim Robbins, Geoffrey Rush, Angela Bassett, Mark Strong, Peter Sarsgaard, Jay O. Sanders y Michael Clarke Duncan).

    Como suele ocurrir en estos casos, la catarata de estereotipos de un guión previsible está compensada por la química de la pareja protagónica: un solvente Reynolds, quien viene de la magnífica Enterrado (Buried, 2010), y la hermosa Blake Lively, una verdadera revelación que hasta este momento había pasado algo desapercibida. A pesar de que la fórmula descubierta gracias al éxito de Iron Man (2008) y Hulk: El Hombre Increíble (The Incredible Hulk, 2008) empieza a mostrar su cansancio luego de tantas réplicas, la película aprovecha su propia levedad prescindiendo de redundancias y/ o diálogos altisonantes…
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    CineFreaks
    Anexo de crítica: A pesar de un comienzo prometedor y una premisa apocalíptica realmente sugestiva, La Oscuridad (Vanishing on 7th Street, 2010) vaga sin rumbo fijo en función de un guión rebosante de planteos inverosímiles, inconsistencias varias y diálogos neutros. Este es el típico caso en el que director y elenco no supieron salvar la situación, así el producto final resulta tan fallido como desconcertante...
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  • Super 8
    Super 8
    CineFreaks
    Mi pequeña debacle

    Había una vez un señor llamado Steven Spielberg que ofrecía películas tan buenas como la que hoy nos ocupa: definitivamente esos días han quedado en el pasado, sepultados por un sinfín de opus pretenciosos que no sólo perdieron la magia de antaño sino que además aburren desde todo punto de vista, pensemos por ejemplo en las tediosas Munich (2005) o La Guerra de los Mundos (War of the Worlds, 2005). En esencia Super 8 (2011) es otro de esos casos en que un maestro en decadencia es vencido por un alumno aventajado, tan dedicado y prolijo en lo suyo que no se le puede objetar casi nada: J. J. Abrams revive y aggiorna aquel espíritu de los ´70 como lo hiciera con el de los ´60 en Star Trek (2009).

    La historia transcurre durante el verano boreal de 1979 y se centra principalmente en una serie de extraños acontecimientos que se desencadenan en Lillian, un pueblito de Ohio, a partir del descarrilamiento de un tren perteneciente a la Fuerza Aérea: casualidades mediante, en el mismo lugar del suceso un grupo de chicos estaban filmando una cinta de zombies en super 8 para ser presentada en competencia en un festival. Con una gran puesta en escena y sin estrellas hollywoodenses, la obra se juega de lleno por el desarrollo de la dinámica familiar de los niños protagonistas, un suspenso de pulso creciente, muchos remates cómicos y el viejo recurso clase B de no mostrar al responsable hasta el desenlace.

    Tan sencilla en términos narrativos como anómala en el contexto industrial contemporáneo, la propuesta cuenta con un ADN saturado que saca a relucir desde el primer momento y en función del cual resulta encantadora y atrapante: así descubrimos elementos que han sido sustraídos de una amplia gama de fuentes, desde los clanes disfuncionales de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977) y una asignación de roles símil Los Goonies (The Goonies, 1985) hasta arrebatos de una criatura posmoderna a la Cloverfield (2008), un capítulo final calcado de E.T.: El Extraterrestre (E.T.: The Extra- Terrestrial, 1982) y un par de detalles de la pesquisa que recuerdan a Tiburón (Jaws, 1975).

    Abrams, con el beneplácito de Spielberg, construye un retrato humanista de una debacle de la “América profunda” combinando sutilmente el melodrama, el cine catástrofe, la ciencia ficción más paranoica, las comedias de aventuras y algunos chispazos de horror furtivo. Poniendo el ojo en el torbellino de las comunidades pequeñas y las eternas tácticas del gobierno estadounidense para tapar “accidentes” que no lo son, Super 8 se transforma en una experiencia muy gratificante por el maravilloso desempeño del elenco y una certera edición sonora: los adultos agradecerán que los CGI estén reducidos al mínimo y el público adolescente disfrutará de un relato enérgico, anti- gore y sustentado en dilemas plausibles…
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  • Los Pitufos
    Los Pitufos
    CineFreaks
    El comunismo azul ya no es lo que era...

    Quedan muy pocos íconos pop de los ´80 que Hollywood no haya refritado en su eterna pretensión de “apostar a seguro”, esa vieja creencia de los estudios de que todo se resolverá cuando -campaña publicitaria mediante- los padres les expliquen a sus hijos quiénes son los protagonistas de esas películas con presupuestos millonarios y que hoy apenas si despiertan curiosidad. Pensemos en dos ejemplos que se ubican en extremos opuestos en términos cualitativos, las recientes adaptaciones de G.I. Joe y Transformers: la primera pasable y la segunda desastrosa pero ninguna capaz de generar la simpatía y el culto devoto de antaño.

    Si se trata de imponderables de aquella década en el terreno de la animación infantil, podríamos afirmar que He-Man y los ThunderCats vienen escapando a las conversiones fallidas gracias a un complejo ovillo legal. En esta ocasión las tristes víctimas fagocitadas por la industria cinematográfica son nada menos que los Pitufos, las pequeñas criaturas azules de inclinaciones comunistas creadas en 1958 por el dibujante belga Peyo (Pierre Culliford), héroes de incontables comics y de la queridísima serie televisiva producida por Hanna- Barbera que duró nueve años con la friolera de 256 episodios emitidos por la NBC.

    Aquí el director Raja Gosnell y el pelotón de guionistas ensamblaron una propuesta híbrida basada en la interacción entre humanos reales y pitufos “modelo CGI”: la excusa es un portal mágico que transporta a los gnomos hacia New York, allí deberán congraciarse con una pareja burguesa, planear el regreso a la aldea y esquivar los embates de Gargamel y su fiel secuaz, el gato Azrael. El film cuenta con buenas intenciones no obstante a la larga resulta demasiado derivativo e incluye chistes escatológicos -fuera de rango- que no suman nada a un relato insípido que se mueve con torpeza dentro del ABC del seudo cine familiar.

    Uno hasta siente la incomodidad de los actores frente al dilema de trabajar con un material tan limitado, en síntesis otro cúmulo de clichés vetustos que conforman un nuevo engendro multitarget sin público específico (los niños lo recibirán con indiferencia y a los fans históricos les parecerá una bastardización berreta). Gosnell, responsable de mamarrachos como Mi Pobre Angelito 3 (Home Alone 3, 1997), Mi Abuela es un Peligro (Big Momma´s House, 2000) y Scooby-Doo (2002), desaprovecha la oportunidad de ofrecer una obra digna del original: sólo esos diez minutos iniciales cumplen su misión, el resto mejor olvidarlo…
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  • Loco y estúpido amor
    Expandiendo el corazón

    No cabe la menor duda de que estamos ante la mejor comedia romántica del presente año y sin mayores sobresaltos podríamos extendernos hasta el último lustro: hablamos de un género que en el contexto cinematográfico contemporáneo, sea industrial o independiente, está prácticamente muerto en función de un interminable proceso de infantilización que ha demolido cualquier atisbo de un planteo perspicaz y/ o valioso detrás de esa triste catarata de sandeces huecas y latiguillos de manual con la que nos bombardean desde la pantalla (resulta pertinente recordar los casos de las propuestas hardcore y las sátiras de films populares, las otras dos vertientes que están sumergidas en los mares de la mediocridad).

    ¿Pero exactamente qué caminos elige recorrer Loco y Estúpido Amor (Crazy, Stupid, Love, 2011)? Por suerte no es una invitación retro de pulso anacrónico ni un exploitation de las películas de los hermanos Bobby y Peter Farrelly ni esa prototípica sonsera del onanismo intelectual, claramente las tres variedades más difundidas hoy en día. El convite en cuestión es un verdadero ejemplo, hasta cierto punto un modelo, de cómo deberían trabajarse en nuestra época los pivotes de siempre vinculados a las desventuras agridulces del corazón: unificando el realismo seco y la autoconciencia de tono irónico característica de estos tiempos, la obra desarrolla a través de una estructura coral todas las disposiciones del amor.

    De hecho, la trama es mucho más sencilla de lo que puede llegar a parecer: Cal Weaver (Steve Carell) está divorciándose de su esposa Emily (Julianne Moore) a raíz de que la rutina los sobrepasó y por el pequeño detalle de que ella le fue infiel con David Lindhagen (Kevin Bacon), un personaje con un apellido memorable por razones que no revelaremos. Pronto el señor decide recibir la ayuda del donjuán treintañero Jacob (Ryan Gosling) con vistas a recuperar el ímpetu empezando con Kate (Marisa Tomei), aunque las experiencias no le hacen olvidar a su ex. Jacob, por su parte, también entra en crisis cuando se apega sin desearlo a Hannah (Emma Stone), una bella joven que en un primer momento lo rechaza.

    Como si fuera poco, hay que sumar la historia de Robbie (Jonah Bobo), el hijo de 13 años de Cal, quien está perdidamente enamorado de Jessica (Analeigh Tipton), su niñera de 17 años, que a su vez está obsesionada con el pobre de Cal. El mérito insoslayable del guión de Dan Fogelman reside en la naturalidad con la que construye un andamiaje narrativo muy lúcido en el que esta maravillosa miscelánea de protagonistas debe testear, corregir y eventualmente expandir su visión personal del amor de una forma adulta, sin escapismos ni tonterías imberbes. Al aunar el porfiar cotidiano con las clásicas “coincidencias” a la Hollywood, el film enriquece al género agregándole una bienvenida densidad conceptual.

    Una vez más los máximos responsables de tantos éxitos son Glenn Ficarra y John Requa, dos especialistas en las comedias de propensión anarquista, pensemos en las excelentes Una Pareja Despareja (I Love You Phillip Morris, 2009) y Un Santa No Tan Santo (Bad Santa, 2003): en su segundo opus como realizadores, aquí acotan la mordacidad, se juegan por un relato más dramático y dejan de manifiesto su talento para la dirección de actores. A partir de un elenco impecable y una hilaridad en ocasiones sórdida, esta anomalía absoluta ofrece una exploración brillante sobre un sentimiento eterno y permite reencontrarnos con elementos que muchos dábamos por desaparecidos, léase “encanto, química e inteligencia”.
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  • Capitán América - El primer vengador
    Anexo de crítica: Ya el mismo hecho de que se rescaten personajes como el Capitán América o Linterna Verde, representantes de la “clase B” del universo de los comics, pinta a las claras que Hollywood está teniendo problemas serios a la hora de encontrar excusas potables para sus blockbusters. En esta ocasión el film resultante es entretenido e ideológicamente inocuo, por supuesto toda una jugada relativista en términos narrativos destinada a captar los mercados internacionales (aquí el chauvinismo yanqui está anulado gracias a que la propuesta traiciona a conciencia el espíritu del original). Rutinaria a más no poder, por lo menos cumple con creces en lo que respecta a la reconstrucción de época...
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  • Los pingüinos de papá
    Anexo de crítica: Una de las peores cosas que le puede ocurrir a una comedia familiar es carecer de encanto y Los Pingüinos de Papá (Mr. Popper´s Penguins, 2011) es otro testimonio de ello: aquí la fórmula “Jim Carrey + aves simpáticas” no funciona principalmente debido a un guión pedestre repleto de estereotipos huecos que empantanan la narración todo el tiempo y no llegan a despertar ni siquiera una sonrisa. Para colmo los CGI están muy mal desarrollados y terminan saturando a fuerza de repetición y pocas ideas…
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  • Atrapada
    Atrapada
    CineFreaks
    Un asunto de mujeres

    No cabe la menor duda que las tribulaciones que padeció el mítico John Carpenter durante la última década pintan a las claras algunas de las estrategias comerciales y/ o artísticas del Hollywood contemporáneo, léase repetición hueca de las mismas fórmulas de siempre y cero apoyo a propuestas originales gestadas desde los márgenes. Otra de las tácticas favoritas de la industria es la clonación lisa y llana de películas que han tenido éxito en tiempos o latitudes lejanas: precisamente al no conseguir financiamiento para sus proyectos, el norteamericano se aventuró a la televisión con dos capítulos para la serie Masters of Horror y decidió empezar a cobrar los cheques por las remakes de sus clásicos.

    Recordemos que el realizador no entregaba un largometraje desde Fantasmas de Marte (Ghosts of Mars, 2001), un interesante opus de ciencia ficción con espíritu de western revisionista que sin embargo fue superado holgadamente por Pro-Life (2006) y en especial por la extraordinaria Cigarette Burns (2005), sendos aportes para la tira creada por Mick Garris. Hoy por fin llega a las pantallas argentinas Atrapada (The Ward, 2010), un exquisito regreso a la palestra internacional que no hace más que reconfirmar cuánto se lo extrañaba en un género como el terror que suele estancarse a nivel mainstream en la mediocridad, el automatismo y la falta de profesionalidad de los responsables ocasionales.

    Combinando el slasher y el suspenso de entorno cerrado, la historia gira alrededor de Kristen (Amber Heard), una joven confinada a un hospital psiquiátrico luego de incendiar una casa: mientras corren rumores de terapias experimentales, de a poco sus compañeras desaparecerán a manos de un furioso espectro. Aquí volvemos a disfrutar de rasgos como el minimalismo formal, un trabajo de cámaras meticuloso, una protagonista obstinada, mucha steadicam y un excelente ritmo narrativo. En esta oportunidad no fue Carpenter el encargado de componer la música incidental, la tarea recayó en Mark Kilian y si bien se echan de menos los sintetizadores debemos admitir que el resultado es más que positivo.

    Sin adelantar demasiados datos acerca de la trama y con vistas a conservar el misterio que atraviesa a gran parte del relato, sólo diremos que el guión de los hermanos Michael y Shawn Rasmussen hace referencia a todos los cánones tradicionales relacionados con la locura institucionalizada e inteligentemente toma prestados elementos paradigmáticos de Psicosis (Psycho, 1960), modelo Identidad (Identity, 2003), y apuntes varios de Shock Corridor (1963) de Samuel Fuller. Como si se tratase de una versión a escala de la monumental La Isla Siniestra (Shutter Island, 2010), la fotografía de Yaron Orbach retrata sin sutilezas cada pequeño detalle de las ráfagas de violencia características del director.

    Por supuesto que la experiencia no sería tan satisfactoria si no incluyera la interpretación de Heard, una actriz bella y talentosa cuyo desempeño fija el tono para sus colegas y sostiene en buena medida la progresión dramática en este verdadero “asunto de mujeres”. Aunque las participaciones de Danielle Panabaker, Lyndsy Fonseca, Mamie Gummer y Laura Leigh también son bienvenidas, los que realmente se destacan -en segunda línea- son los antagonistas de turno, Jared Harris como el Doctor Stringer y Susanna Burney como la Enfermera Lundt. A fin de cuentas el placer que genera el film es equivalente a la maestría absoluta de Carpenter: esperemos que la próxima lección de cine no tarde tanto en arribar…
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  • La reencarnación de los muertos
    Duelo al anochecer

    Ya sea producto de una conjunción planetaria, una jugada improvisada en el momento o un glorioso accidente de la distribuidora, el asunto es que no podemos más que festejar el hecho de que finalmente se estrene en salas del circuito tradicional La Reencarnación de los Muertos (Survival of the Dead, 2009), el último e hilarante eslabón de la saga de los cadáveres caminantes de George A. Romero. Hablamos de una propuesta de marcado espíritu “clase B” destinada sólo a los fanáticos del mítico cineasta, el resto del público debería abstenerse porque la ensalada puede resultar muy difícil de digerir: combinando la comedia, el western y el horror, el neoyorquino construye otra sátira de los Estados Unidos.

    En esta oportunidad la ironía apunta a los pequeños feudos del interior, esas geografías lejanas que parecen escapar a la lógica caníbal de la metrópoli pero que siempre terminan convirtiéndose en un modelo a escala con ribetes fundamentalistas. Más allá del eterno detalle contextual del apocalipsis del título, ahora la aventura se centra en un conflicto de larga data entre los dos patriarcas que controlan la Isla Plum, en la costa de Delaware: mientras que Patrick O´Flynn (Kenneth Welsh) considera que lo “más sensato” es pegarles un buen tiro a los señores de ultratumba, Seamus Muldoon (Richard Fitzpatrick) en cambio opina que es “más humano” dejarlos encadenados por ahí en espera de una cura a futuro.

    Por supuesto que con un arsenal de por medio nunca se iban a poner de acuerdo, situación que deriva en un exilio compulsivo hacia el continente para O´Flynn y su séquito. Aquel pelotón circunstancial que robaba a los protagonistas de El Diario de los Muertos (Diary of the Dead, 2007) hoy se transforma en el elemento unificador del relato: cuatro miembros desertores de la Guardia Nacional comandados por el Sargento Crockett (Alan Van Sprang) caen en una trampa del “viejo zorro” y eventualmente se suman a su proyecto de recuperar la isla, vengarse de Muldoon y refugiarse del caos. Con un ritmo frenético y personajes estupendos, la película reflexiona acerca de los distintos clichés de los géneros trabajados.

    Sin lugar a dudas los intereses del realizador han ido mutando con el transcurso del tiempo: en La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968) objetó la participación norteamericana en la guerra de Vietnam, en la obra maestra El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978) lanzó sus dardos contra el consumismo actual y la cultura de la obsolescencia, en El Día de los Muertos (Day of the Dead, 1985) ridiculizó el militarismo fascistoide de la década del ´80 y en Tierra de los Muertos (Land of the Dead, 2005) atacó los embates imperialistas del clan Bush. Claramente el tono severo de la trilogía inicial contrasta con el más distendido de la segunda etapa en donde el humor se vuelve un fetiche.

    Como sucedía en la entrada anterior en lo que respecta a los medios de comunicación y el mockumentary, aquí el retrato del egoísmo, la cobardía y la deshumanización se une a una estructura sarcástica que traza analogías en función de una serie de motivos juzgados paradigmáticos: en esta ocasión predomina el western clásico en términos narrativos con zombies que actúan como indígenas sin voz ni voto, un antihéroe con un corazón de oro, una camarilla de secundarios pintorescos, un “falso villano” que tiene la razón y un lobo con piel de oveja que se destapa como el peor de todos (cada referencia está acompañada de un subtexto, por suerte no encontramos citas posmodernosas que se agotan en sí mismas).

    Romero sabe de sobra lo que quiere y por ello toma prestados los cimientos primordiales de Horizontes de Grandeza (The Big Country, 1958) de William Wyler para trastocarlos en una batalla magistralmente patética entre dos facciones -tan ciegas como hipócritas- que parecen seguir la senda de los republicanos (Muldoon) y los demócratas (O´Flynn): así la alimentación, vinculada a la “subsistencia” de los difuntos, adquiere preponderancia en este duelo nocturno en un corral en el que hombres y mujeres son reducidos a ganado con el cual experimentar. El creador de la extraordinaria Martin (1977), cumplidos sus 71 años, no aminora ni un ápice la marcha y una vez más saca a relucir su honestidad e independencia.
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  • De dioses y hombres
    Anexo de crítica: A pesar de sus buenas intenciones y la prodigiosa labor del elenco, De Dioses y Hombres (Des Hommes et des Dieux, 2010) apenas si resulta pasable a causa de un tono narrativo soporífero e indulgente obsesionado con retratar -en detrimento del contexto- la vida de un puñado de monjes franceses en Argelia que se dedican a cantar loas a la inmunda culpa cristiana. El principal problema del film es que falla en generar empatía por la misma condición de los protagonistas, claramente otro residuo colonial en una región rapiñada al extremo...
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  • Cars 2
    Cars 2
    CineFreaks
    Anexo de crítica: La insólita Cars 2 (2011) funciona en un terreno diametralmente opuesto al de la película original del 2006: no sólo transforma aquella pequeña fábula bucólica en un thriller de espionaje muy recargado sino que además cuenta con la valentía suficiente como para reemplazar en el rol protagónico a Lightning McQueen con la imponderable grúa Mater, un “payaso modelo” que parecía condenado a un sustrato secundario. Más allá del agradable cúmulo de escenas de acción y detalles paródicos, la naturalidad y la fluidez características de Pixar vuelven a decir presente en otra bella aventura sobre ruedas que -en buena medida- escapa a las expectativas…
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Anexo de crítica: Sin dudas la estridente Transformers: El Lado Oscuro de la Luna (Transformers: Dark of the Moon, 2011) es la “mejor” de la franquicia, por supuesto si se pudiese aplicar dicho término a un “producto Michael Bay”: el nivel general continúa siendo bajísimo aunque en esta oportunidad el señor por lo menos se limita un poco en el terreno de las secuencias videocliperas y los pasos de comedia. Apenas más digerible que las anteriores, la película hubiese levantado la puntería si no arrancase con la acción recién a la hora de metraje (una vez más las torpezas narrativas, los latiguillos pop y el tono chauvinista destruyen cualquier atisbo de una verdadera aventura de ciencia ficción). A fin de cuentas el californiano merece todas las críticas que le llueven, dista mucho de ser inimputable...
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  • Medianoche en París
    La nostalgia infinita

    A lo largo de su prolongada trayectoria Woody Allen ha construido numerosas “cartas de amor cinematográficas” a determinadas figuras, obras, géneros y/ o geografías cuya única misión es precisamente transmitir su simpatía por las susodichas, coyuntura que produce diversas reacciones entre el público debido a que en ocasiones como las señaladas el realizador suele privilegiar el mensaje cariñoso por encima de la progresión dramática: así nos encontramos con varios “films- excusa” estructurados alrededor de la admiración del señor y poco más, pequeños caprichos personales que constituyen una rareza en sí mismos.

    No cabe la menor duda que Recuerdos (Stardust Memories, 1980) funcionaba como un homenaje a 8 ½ (1963) de Federico Fellini, Sombras y Niebla (Shadows and Fog, 1991) rendía tributo al expresionismo alemán, Todos Dicen Te Quiero (Everyone Says I Love You, 1996) a los musicales clásicos hollywoodenses y Dulce y Melancólico (Sweet and Lowdown, 1999) hacía lo propio con respecto al jazz y Django Reinhardt en particular. Continuando esta tradición hoy llega Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011), tanto una oda a la metrópoli del título como una ofrenda a la fauna artística de la década del ´20.

    El director, ni lento ni perezoso, sabe que siempre lo acusaron de nostálgico y por eso aquí pone en tela de juicio esa remembranza infinita basada en la ilusión de un pasado brillante que no regresará jamás, una época lejana considerada opuesta a nuestro presente plagado de insatisfacciones: Gil (Owen Wilson), un exitoso guionista que está escribiendo su primera novela, arriba a la “ciudad luz” junto a su prometida Inez (Rachel McAdams) como parte de un viaje de negocios de su suegro. Ninguneado por su futura familia, el protagonista descubre un vehículo que lo transportará al período en el que vivieron todos sus “héroes”.

    Desdibujando la frontera entre la triste realidad y la ensoñación más pomposa, delante de sus ojos comienzan a circular creadores de la talla de F. Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston), Cole Porter (Yves Heck), Ernest Hemingway (Corey Stoll), Gertrude Stein (Kathy Bates), Pablo Picasso (Marcial Di Fonzo Bo), Salvador Dalí (Adrien Brody), Man Ray (Tom Cordier), Luis Buñuel (Adrien de Van) y T. S. Eliot (David Lowe). Mientras intenta obtener consejos literarios de sus ídolos para finalmente completar su atesorado trabajo, conocerá a la exquisita Adriana (Marion Cotillard), una especie de “groupie” del momento.

    A diferencia de sus últimos opus politemáticos, en esta oportunidad Allen centra la atención en la romantización apasionada, el arsenal de citas eruditas y la belleza característica de la capital francesa. Como suele ocurrir con las representantes de esta subcategoría de su carrera, el desarrollo de personajes y los remates irónicos quedan en segundo plano dentro de una disposición narrativa muy honesta aunque un poco enclenque. Sin embargo no nos podemos quejar porque ya venía siendo hora de que el neoyorquino se diera un gusto luego de tantas propuestas extraordinarias, además el convite cumple de sobra con su objetivo…
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  • El laberinto
    El laberinto
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Por fin tenemos un drama tan sincero como despojado que le escapa a todo facilismo, “homenaje” y/ o afectación oportunista del cine arty contemporáneo: El Laberinto (Rabbit Hole, 2010) es un pequeño prodigio sustentado en las maravillosas actuaciones del dúo protagónico, el impecable guión de David Lindsay-Abaire y la excelente dirección de John Cameron Mitchell, ese “niño terrible” que nunca deja de sorprender...
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  • 8 minutos antes de morir
    La reasignación del tiempo

    Luego de aquella pequeña maravilla intitulada En la Luna (Moon, 2009), el británico Duncan Jones ratifica su talento en 8 Minutos antes de Morir (Source Code, 2011), otra remarcable exploración en el terreno de la ciencia ficción aunque en esta oportunidad con un presupuesto mucho más generoso detrás. De hecho, el realizador transforma lo que podría haber sido un típico producto industrial en una obra lúcida que funciona a la perfección tanto dentro de las fronteras del género específico como en lo que respecta a las inclinaciones definitivamente humanistas de un señor que hasta hace poco sólo era registrado por su condición de ser el primer hijo del siempre extraordinario David Bowie.

    El Capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal), un piloto del ejército estadounidense en Afganistán, despierta frente a Christina Warren (Michelle Monaghan) en un tren hacia Chicago. A pesar de que ella lo conoce bajo el nombre de Sean Fentress, él no sabe cómo llegó hasta allí y cuando comienza a investigar de pronto la formación ferroviaria estalla a los ocho minutos exactos. En ese momento Stevens parece viajar y vuelve a recuperar la consciencia en una suerte de cápsula desde la cual Colleen Goodwin (Vera Farmiga) y el Doctor Rutledge (Jeffrey Wright) no dejan de interrogarlo sobre lo ocurrido y le anuncian que se encuentra en una misión y deben regresarlo al tren las veces que resulten necesarias.

    Como el film presenta un planteo enigmático y sucesivas vueltas de tuerca conviene no adelantar más acerca de la trama, basta con la secuencia inicial. Mientras que En la Luna proponía una mixtura muy peculiar de 2001: Una Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) y Solaris (Solyaris, 1972), 8 Minutos antes de Morir combina la estructura narrativa de Hechizo del Tiempo (Groundhog Day, 1993), algunos detalles de 12 Monos (12 Monkeys, 1995) y una intriga de espionaje símil Alfred Hitchcock: en ambas películas descubrimos un cuestionamiento sutil a la insensibilidad contemporánea, en la primera apuntando a las mega corporaciones energéticas y en la segunda al estado norteamericano.

    A decir verdad sorprende el trabajo meticuloso de Ben Ripley, un guionista con escasa experiencia y ningún mérito previo que merezca ser señalado. El proyecto se preocupa por acoplar de modo armonioso todas las dimensiones de la historia y especialmente privilegia el desarrollo de personajes y la progresión dramática por encima de la rutina de las escenas de acción y los artilugios visuales, ingredientes cinematográficos por antonomasia a nivel mainstream: el clasicismo y la mesura que encauzan al relato obedecen a las inquietudes de Jones (no cabe la menor duda que con el mismo material cualquier asalariado de los estudios hubiese edificado otro mamotreto estándar de esos que pasan sin pena ni gloria).

    La química entre Gyllenhaal y Monaghan constituye un contrapunto inmejorable para los vericuetos de la pesquisa detectivesca y las preguntas del dúo compuesto por Farmiga y Wright, rectores máximos del “código fuente” del título en inglés, un programa informático a testear que controla esa cíclica reasignación temporal que padece el protagonista. Más allá de la banda sonora retro de Chris Bacon y la minuciosa edición de Paul Hirsch, las grandes estrellas de 8 Minutos antes de Morir son la naturalidad e inteligencia en función de las cuales se ejecuta una compleja premisa central vinculada a la manipulación de nuestro devenir cotidiano en beneficio de poderes que nos otorgan “cero margen” de autonomía…
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  • El túnel de los huesos
    Anexo de crítica: Con todos los problemas clásicos del cine argentino en lo que respecta a las actuaciones y a la naturalidad general del convite, El Túnel de los Huesos (2011) por lo menos no pasa vergüenza y ofrece una medianía relativamente aceptable. El realizador Nacho Garassino propone un enfoque ambicioso aunque mal ejecutado: a fin de cuentas hablamos de otro film más acerca de la eterna impunidad autóctona, cadáveres no identificados de por medio...
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  • Los agentes del destino
    Anexo de crítica: A pesar de sus buenas intenciones, Los Agentes del Destino (The Adjustment Bureau, 2011) no funciona ni como drama romántico ni como thriller de ciencia ficción debido a la torpeza del director y guionista George Nolfi. Sin dudas lo mejor de la propuesta pasa por la participación del gran Terence Stamp y la química entre Matt Damon y Emily Blunt: la levedad general y la poca garra del relato no se condicen para nada con la obra de Philip K. Dick…
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  • La doble vida de Walter
    ¿Títere terapéutico o enajenación progresiva?

    El cine a veces ofrece posibilidades de redención y en otras ocasiones entierra determinadas carreras sin el más mínimo preámbulo: si existe alguien que conoce de estos avatares de la vida artística es el inefable Mel Gibson, un señor que ha sido acusado de prácticamente todo lo nocivo en la historia de la humanidad (racismo, maltrato, homofobia, misoginia, violencia, antisemitismo, etc.). Con el transcurso de los años el norteamericano se ha convertido en un paria dentro de Hollywood tanto por las “actividades” apuntadas como por varias decisiones profesionales arriesgadas y por fuera de los cánones de la industria.

    Junto con Al Filo de la Oscuridad (Edge of Darkness, 2010), La Doble Vida de Walter (The Beaver, 2011) constituye el regreso de Gibson a la interpretación luego de más de un lustro abocado al rol de director, recordemos para el caso las pomposas aunque insípidas La Pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004) y Apocalypto (2006). Puede resultar curioso pero lo más rescatable de la propuesta en cuestión es precisamente el desempeño del simpático de Mel como el Walter del título en castellano, un CEO de una compañía de juguetes que padece de una depresión crónica que le impide relacionarse con su entorno.

    Así las cosas, un día el protagonista encuentra en un tacho de basura un títere de un castor y casi instintivamente se lo lleva al hotel que habita desde que su esposa Meredith (Jodie Foster) lo echó del hogar. Después de un intento de suicidio fallido, el pequeño ser de peluche se transforma en un álter ego a través del cual procurará recuperar a su familia y hasta salvar a su empresa de la bancarrota. Jamás sabremos cuánto de ficción hay en el trabajo del actor no obstante consigue destacarse sacando a relucir su costado ciclotímico y moviéndose con ingenio en esa delgada línea que separa al verosímil del ridículo absoluto.

    Lamentablemente debemos señalar que en el convite la que no sale muy bien parada es Foster, aquí delante y detrás de cámaras en lo que parece ser el tardío eslabón final de una trilogía centrada en los sinsabores del devenir parental. Como en las correctas Mentes que Brillan (Little Man Tate, 1991) y Feriados en Familia (Home for the Holidays, 1995), la acción hace foco en la dinámica maltrecha de un clan en el que los conflictos están a punto de estallar. Pese a que mantiene el tono ameno, hoy no vislumbramos la fuerza narrativa de antaño y las buenas intenciones del relato no tapan las carencias en el desarrollo general.

    Sin embargo vale aclarar que el problema principal del film es el guión del inexperto Kyle Killen ya que acumula muchos estereotipos, se siente demasiado previsible y nunca llega a tomar vuelo más allá de una medianía respetuosa para con un tema tan delicado como la depresión (basta con decir que la subtrama protagonizada por los excelentes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence por momentos opaca al resto). Por suerte la película evita las soluciones facilistas símil manual de autoayuda del dramedy contemporáneo e invita a compartir las vivencias con los seres queridos para esquivar una progresiva enajenación…
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  • Priest: El Vengador
    El clérigo renegado

    Siguiendo la línea de la reciente Daybreakers: Vampiros del Día (Daybreakers, 2009), llega la segunda realización del especialista en efectos digitales devenido director Scott Stewart: a rasgos generales podemos afirmar que Priest: El Vengador (2011) funciona como una “versión mejorada” de Legión de Ángeles (Legion, 2009), un film con espíritu clase B que comenzaba prometiendo para pronto diluirse en un vendaval de secuencias predecibles y diálogos huecos. En esta oportunidad tenemos la adaptación hollywoodense del comic coreano homónimo de Hyung Min-woo, una mixtura de ciencia ficción y terror.

    La historia está ambientada en un mundo paralelo en el que la Iglesia Católica controla la existencia de los seres humanos, hoy todos aglutinados en mega ciudades amuralladas, luego de luchar durante siglos y finalmente vencer a los vampiros, criaturas nocturnas no muy populares que han sido obligadas a vivir en “reservaciones”. El susodicho éxito se debió a la intervención de los “sacerdotes” del título, unos guerreros símil samuráis entrenados por el clero con vistas a masacrar a los chupasangres: pasado ya el tiempo del combate, nuestro héroe se encuentra marginado por las autoridades y la misma sociedad.

    El entorno apocalíptico está condimentado con la iconografía del western clásico y un generoso número de escenas de acción: así es como la estructura narrativa reproduce al pie de la letra el devenir de Más Corazón que Odio (The Searchers, 1956), la obra maestra de John Ford, y el receptor de tanta incomprensión parece un clon karateca del personaje de Sylvester Stallone en la inefable Rambo (First Blood, 1982). Cuando el señor descubre que los antagonistas de turno han secuestrado a su sobrina, decide ir a su rescate en un camino que lo llevará a contradecir las órdenes de sus superiores y a enfrentar muchísimos peligros.

    Vale señalar que pese a la poca originalidad del guión de Cory Goodman, el desarrollo por lo menos evita las cursilerías de Legión de Ángeles y entrega una aventura árida bastante eficaz. Más allá de las bienvenidas participaciones de Christopher Plummer, Brad Dourif y Karl Urban, es Paul Bettany quien sostiene el proyecto componiendo con sutileza al justiciero renegado, una especie de infiltrado protestante en medio del dogma romano fundamentalista. Stewart le saca provecho a la bella fotografía de Don Burgess y ofrece un producto entretenido aunque olvidable que se destaca sólo por su fantástico diseño visual…
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  • Kung Fu Panda 2
    Kung Fu Panda 2
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Kung Fu Panda 2 (2011) es un producto un tanto desparejo: si bien el film resulta maravilloso a nivel formal gracias a un admirable trabajo de animación, a decir verdad la historia termina molestando a fuerza de clichés quemados y cero novedades. Ya no sorprende que las películas mainstream para niños incluyan una mínima temática adulta y/ o detalles sombríos, una vez más la colección de escenas de acción no alcanza…
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  • Hanna
    Hanna
    CineFreaks
    Cuando los niños crecen...

    Claramente el cuarto trabajo de Joe Wright es uno de esos films que terminan sobresaliendo por la suma de sus partes, no tanto porque se acoplan entre sí de manera armoniosa sino más bien debido a que cada una se destaca dentro de su categoría, elevando a fin de cuentas el nivel general. En términos prácticos Hanna (2011) es un clásico thriller de acción sustentado en un relato de venganza que incluye algunos de los condimentos habituales del realizador en lo que respecta a la faena visual y al contenido específico: a esta altura de la carrera del inglés ya podemos aislar inclinaciones como los travellings depalmianos, un esteticismo más que concienzudo, mucha fanfarria y ciertos personajes de espíritu circense.

    La historia es en extremo sencilla y gira alrededor de tres ejes: por un lado tenemos a la adolescente del título, Hanna (Saoirse Ronan), luego está su padre, el ex agente de la CIA Erik (Eric Bana), y finalmente descubrimos a la compañera del anterior, Marissa (Cate Blanchett). El detalle que impulsa la narración pasa por el homicidio de la madre de la joven en manos de la despiadada Marissa, tragedia que de inmediato produjo una respuesta vinculada a una obsesión de revancha. Ocultándose en una remota cabaña de Finlandia, Erik entrenó a Hanna a lo largo de toda su vida para convertirla en una asesina sigilosa que pudiera enfrentar a sus futuros enemigos y por supuesto “despachar” a la villana de turno.

    Cuando los niños crecen y comienzan a tomar sus propias decisiones el control parental rápidamente se viene abajo como un castillo de naipes: así un día la protagonista considera que ha llegado la hora de cumplir la misión asignada y contemplando su serena eficacia papá no puede más que asentir. Pese a que el guión de Seth Lochhead y David Farr no se caracteriza por su originalidad y por momentos se pierde un poco en lo superficial, vale señalar que acierta incorporando humor negro al convite, centrando el devenir en un “viaje iniciático” y en especial combinando elementos de El Perfecto Asesino (Léon, 1994), la obra maestra de Luc Besson, con una generosa dosis de violencia seca a la Sam Peckinpah.

    Wright vuelve a sorprender al modificar el rumbo a posteriori de El Solista (The Soloist, 2009), un proyecto humilde que sin ser completamente fallido resultaba olvidable. Aquí ofrece una propuesta inspirada que está muy lejos de las bazofias hollywoodenses del subgénero y hasta recupera aquel virtuosismo altisonante de las extraordinarias Orgullo & Prejuicio (Pride & Prejudice, 2005) y Expiación: Deseo y Pecado (Atonement, 2007), dos piezas de época que habilitaban el error de rotularlo como “uno más” dentro del batallón británico oscarizable. Pasado el tiempo, el señor demostró que sabe escaparle a las expectativas, traicionarlas con ingenio y encontrar rasgos personales desde los cuales crear.

    Sin embargo la soledad no es buena consejera y en esta oportunidad la ayuda recibida es enorme: más allá del desempeño de Eric Bana y Cate Blanchett, la que realmente se roba la película es Saoirse Ronan, una actriz meticulosa rebosante de autodisciplina y talento. Ya vista en la paupérrima Desde Mi Cielo (The Lovely Bones, 2009), hoy se luce y saca adelante una gran cantidad de escenas coreografiadas al milímetro por el equipo técnico. Mención aparte merece la excelente banda sonora de los Chemical Brothers que mezcla el eclecticismo big beat de Come with Us y Push the Button con el drum ´n´ bass de Dig Your Own Hole, en esencia otro apéndice ejemplar para un cóctel tan bello como extravagante…
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  • X-men: Primera Generación
    La evolución del neandertal

    Ya sabemos que Hollywood todo lo puede y para la industria no hay contexto que no pueda ser modificado si el cambio se justifica: lo que comenzó siendo un proyecto centrado en Magneto, escrito por Sheldon Turner y con Zak Penn como realizador, se terminó convirtiendo en una precuela de la trilogía original en la que Matthew Vaughn reemplazó a nada menos que Bryan Singer. El neoyorquino pasó a ocupar la silla de productor y su influencia se siente en X-Men: Primera Generación (X-Men: First Class, 2011), un mega tanque que abre citando a X-Men (2000) y toma elementos varios de X-Men 2 (X2, 2003).

    Los minutos iniciales pintan a la propuesta de pies a cabeza: mientras que el sanguinario Sebastian Shaw asesina en un campo de concentración a la madre de Erik Lehnsherr con vistas a “desatar” su poder, el joven Charles Xavier decide proteger a la desamparada Raven, conocida años más tarde como Mystique. Durante aquellos ´60 en que los Estados Unidos jugaban a la guerra fría con la Unión Soviética, la CIA recurrirá al futuro Profesor X cuando necesite información acerca de mutaciones genéticas y todo lo referido a la evolución desde el neandertal -salteándose al homo sapiens- hasta estas “fases superiores”.

    Pese a que la película mantiene algunos tópicos de los dos primeros capítulos, vale aclarar que no alcanza ese nivel de calidad y en términos formales es una “versión corregida” de X-Men: La Batalla Final (X-Men: The Last Stand, 2006), definitivamente el eslabón más flojo de la franquicia. Tambien por debajo de la dinámica X-Men Orígenes: Wolverine (X-Men Origins: Wolverine, 2009), aún así el producto entretiene y genera empatía gracias a dos factores excluyentes: por un lado la levedad narrativa que instaura un desarrollo ameno y por el otro la labor de un elenco muy bien elegido en donde cada intérprete dignifica su rol.

    Debemos reconocerle al cineasta una mejoría lenta pero sostenida, pensemos sino en la desastrosa Stardust: El Misterio de la Estrella (Stardust, 2007) o la anodina Kick-Ass (2010). En esta oportunidad acierta respetando el tono prudente de los opus de Singer y “amansando” al estudio para que le permita administrar los tiempos como no pudo Brett Ratner: la progresión dramática que ofrece el guión de Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman y el propio Vaughn resulta sumamente natural y logra incorporar la crisis de los misiles en Cuba de 1962 sin banalizar los acontecimientos históricos o caer en el ridículo.

    El film compensa la superficialidad con la que se tratan temas como la discriminación y el armamentismo con el carisma del trío protagónico, a saber: James McAvoy (Profesor X), Michael Fassbender (Magneto) y Kevin Bacon (Shaw). Con participaciones de Oliver Platt, Michael Ironside, Jennifer Lawrence y la bella January Jones, más un cameo a cargo del genial Hugh Jackman (Wolverine pronuncia el único insulto del metraje), X-Men: Primera Generación entrega solvencia, acción y un verosímil sin sobresaltos. Mención aparte merece el refugio del ex nazi Shaw, nuestra Villa Gesell aunque con lagos y montañas…
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  • La noche del Demonio
    El metrónomo y los recipientes vacíos

    Con un presupuesto minúsculo para los estándares hollywoodenses de apenas un millón y medio de dólares, La Noche del Demonio (Insidious, 2010) resultó un inesperado éxito de taquilla en Estados Unidos recaudando la friolera de 50 millones: por lo general en este tipo de casos interviene tanto el momento del estreno y la competencia circunstancial como el “boca a boca” y los méritos específicos del equipo de realizadores. En el terror no es fruto del azar que se reproduzca este contexto, en mayor o menor proporción, fundamentalmente por la fidelidad del público en cuestión y la repetición de los mismos apellidos detrás de cámaras, garantes de una determinada idiosincrasia formal que suele cumplir sus promesas.

    Estamos ante la tercera colaboración entre el director malayo James Wan y el guionista y actor australiano Leigh Whannell, responsables nada menos que de El Juego del Miedo (Saw, 2004) y El Silencio de la Muerte (Dead Silence, 2007). Definitivamente los señores se complementan bastante bien porque si hay algo que vincula a films tan disímiles es la excelente articulación entre los resortes del subgénero considerado y el trabajo meticuloso aportado desde la cúspide para administrar con sabiduría los recursos en stock. Podríamos afirmar que una vez más dan vuelta la página y deciden dejar de lado el gore, jugarse con una historia de “acoso paranormal” y abrazar el suspenso sustentado en pequeños detalles.

    Hoy el dúo sorprende gracias a una propuesta heterogénea con una primera mitad que combina elementos varios de El Exorcista (The Exorcist, 1973) y Aquí Vive el Horror (The Amityville Horror, 1979), y una segunda parte orientada hacia el inefable tópico de las “proyecciones astrales” y el secuestro de almas cercano a Poltergeist (1982). El matrimonio compuesto por Josh Lambert (Patrick Wilson) y su esposa Renai (Rose Byrne) lleva una vida tranquila en su nuevo hogar hasta que la caída desde una escalera del ático de Dalton (Ty Simpkins), uno de sus tres hijos, deriva en lo que parece ser un estado de coma. Casi de inmediato se van acumulando sucesos extraños y los terribles espectros no tardan en llegar.

    Luego del maravilloso thriller de venganza Sentencia de Muerte (Death Sentence, 2007), Wan regresa al minimalismo concienzudo de sus opus iniciales pero siempre conservando su interés en la puesta en escena, el pulso narrativo y los rubros técnicos, todos ítems en los que La Noche del Demonio sobresale a puro preciosismo y solvencia. El talento del cineasta se percibe en la diagramación de las tomas y la utilización por demás altisonante de la banda sonora: uno de sus mayores logros radica en haber resuelto un final ambicioso de un modo sumamente sencillo y sin que se noten las limitaciones presupuestarias (ya era hora de que pudiéramos ver un rescate etéreo en un “más allá” pocas veces representado).

    Sin lugar a dudas otros puntos importantes que debemos destacar son el villano de turno, una entidad muy misteriosa con “cara de fuego”, y la bienvenida contribución de veteranas del género como Barbara Hershey (Lorraine Lambert, la madre de Josh) y Lin Shaye (Elise Rainier, una suerte de médium especializada en niños), dos figuras extraordinarias que se roban cada secuencia en la que participan. En lo que respecta a Wilson y Byrne, puede que no sean grandes intérpretes no obstante cumplen dignamente evitando el clásico arsenal de estereotipos de los “padres atormentados”. Sólo resta poner el simpático metrónomo en funcionamiento y disfrutar de esta lucha lacónica por recipientes corporales desocupados…
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  • ¿Qué pasó ayer? Parte 2
    La estupidez como diversión

    No cabe la menor duda que en el Hollywood contemporáneo la comedia hardcore, centrada en el humor de trazo grueso y los estereotipos más reaccionarios, está prácticamente muerta. Como ocurre con las propuestas románticas y las sátiras de films populares, desde hace tiempo la industria no puede entregar ni siquiera un producto sincero que resignifique todo ese catálogo de estrategias cómicas fallidas: cuando no se toma nota de los pivotes en cuestión y los clásicos de los distintos subgéneros se cae en el facilismo retrógrado de esta clase de “ejercicios”, siempre viciados por una multitud de atajos y comodines narrativos.

    A modo de confirmación de lo anterior hoy llega a nosotros la intrascendente ¿Qué Pasó Ayer? Parte II (The Hangover Part II, 2011), apenas un clavo más en el ataúd de aquellos que pretenden asustarnos con “lo políticamente incorrecto” surgido desde la más pura genuflexión. Aquí tenemos otra obra inofensiva y bastante boba que repite al pie de la letra la fórmula de la primera con la salvedad de que en esta ocasión el devenir se traslada a Tailandia: el leitmotiv del paupérrimo guión de Craig Mazin, Scot Armstrong y el propio director Todd Phillips no va más allá de “lo que sucede en Bangkok, queda en Bangkok”.

    El tópico de la despedida de soltero que de pronto se desmadra ya ha sido trabajado en innumerables oportunidades y para colmo de males este correlato en piloto automático languidece por su torpeza crónica, ubicándose a fin de cuentas por debajo de la también rutinaria ¿Qué Pasó Ayer? (The Hangover, 2009). Proyectos lamentables como Viaje Censurado (Road Trip, 2000), Starsky & Hutch (2004) o la misma Todo un Parto (Due Date, 2010) ponían de manifiesto tanto la incompetencia del realizador como su triste propensión a reproducir la estructura de los opus de los hermanos Bobby y Peter Farrelly.

    Nuevamente estamos ante una película estéril a la que le falta originalidad, desarrollo de personajes y un mínimo de inteligencia: no sólo los protagonistas no son queribles sino que además aburren con una travesía anodina carente de autocrítica y/ o apuntes sociales de peso. Se podría decir que el desempeño del elenco es el único elemento a destacar sin embargo tampoco alcanza para compensar los lugares comunes y la grasitud infantiloide de esta exaltación de unos payasos huecos que confunden diversión con estupidez y viceversa. Ya sabíamos que las situaciones robadas y los chistes ineficaces traen sus consecuencias…
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  • Incendies
    Incendies
    CineFreaks
    Anexo de crítica: La ambiciosa Incendies (2010) analiza las consecuencias de los eternos conflictos en Medio Oriente y se destaca principalmente por el estupendo trabajo de la protagonista Lubna Azabal. Con un desenlace demasiado forzado, el director Denis Villeneuve pone en evidencia la naturaleza teatral del material y convierte lo que hasta ese momento había sido una propuesta realista en una obra abstracta que para colmo termina mordiéndose la cola. Aún así el film no deja de despertar interés y condena al oscurantismo en todas sus vertientes, sean cristianas o musulmanas...
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  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
    Anexo de crítica: Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas (Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides, 2011) viene a confirmar que la saga arrastra un cansancio innegable y que a pesar de todo aislando la esencia aún puede llegar a funcionar. Bajando de un hondazo a los personajes -ya irrelevantes- de Orlando Bloom y Keira Knightley, la Disney apostó de lleno a una clásica historia de aventuras símil Indiana Jones centrada exclusivamente en los simpáticos bucaneros (Johnny Depp, Geoffrey Rush, Ian McShane y la siempre bienvenida Penélope Cruz). Por suerte Rob Marshall, aquí en reemplazo de Gore Verbinski, aporta algo de aire fresco a la franquicia y entrega la mejor secuela del lote, un film ameno que recupera el encanto lúdico de Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, 2003). Se agradecen de sobremanera los hilarantes cameos de Keith Richards y Judi Dench…
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  • Poder que mata
    Poder que mata
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Tomando como base el “Valerie Plame affaire”, otra de las tantas matufias de la administración de George W. Bush, Poder que Mata (Fair Game, 2010) combina con inteligencia el thriller político, los films de denuncia de los ´70 y los melodramas conyugales. El guión podría haber indagado aún más en el tema pero a fin de cuentas cumple al poner al descubierto todo ese manojo de mentiras masivas y represalias patéticas. Doug Liman entrega su mejor opus hasta la fecha y consigue actuaciones muy interesantes por parte de Naomi Watts y Sean Penn, aquí bastante medido para variar…
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  • Que 'la cosa' funcione
    La felicidad es individual

    Dentro de la carrera reciente de Woody Allen Que la Cosa Funcione (Whatever Works, 2009) se destaca por reunir dos características que pueden ser consideradas tanto centrales como nimias según las inquietudes del observador: por un lado hablamos del regreso del cineasta a su amada New York luego del periplo europeo de Match Point (2005), Scoop (2006), El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, 2007) y Vicky Cristina Barcelona (2008); por el otro debemos señalar que la propuesta está basada en un guión escrito originalmente en la década del ´70 para Zero Mostel y abandonado después de su muerte.

    A todos estos avatares hay que sumar el hecho de que en Argentina Conocerás al Hombre de tus Sueños (You Will Meet a Tall Dark Stranger, 2010) se estrenó primero cuando en realidad es un proyecto posterior en orden cronológico. La explicación de la demora se amalgama con los rasgos subrayados y fundamentalmente pasa por la ausencia de estrellas hollywoodenses de peso y por ser el film menos interesante del pasado lustro, dicho esto por supuesto teniendo en cuenta el siempre altísimo nivel de calidad del director. Hoy estamos frente a una comedia romántica existencialista marcada por un tono muy lúdico.

    En esta oportunidad la trama hace eje en la singular relación de Boris Yellnikoff (Larry David), un misántropo y ególatra que estuvo a punto de ser nominado al Premio Nobel por sus trabajos en física cuántica, y Melodie St. Ann Celestine (Evan Rachel Wood), una tierna e inexperta joven de Mississippi que se desvela por establecerse en la Gran Manzana. Mientras que él está divorciado, posee un grupo reducido de amigos que lo soportan y sobrevive dando clases de ajedrez a niños, ella comienza pidiéndole alojamiento, pronto consigue empleo paseando perros y eventualmente se convierte en su encantadora esposa.

    Desde ya que la crisis no tarda en llegar de la mano de la inclinación de Boris hacia el nihilismo y las visitas imprevistas de los padres de Melodie, Marietta (Patricia Clarkson) y John (Ed Begley Jr.). Valiéndose de sus clásicas interpelaciones a cámara símil Dos Extraños Amantes (Annie Hall, 1977) y reflotando algunos elementos de Poderosa Afrodita (Mighty Aphrodite, 1995), en especial las disquisiciones alrededor de la condición de “genio” y la presencia de un personaje femenino transparente, Allen construye un relato agridulce protagonizado por un álter ego malhumorado que “disfruta” de sus compulsiones.

    Si bien la puesta en escena es deliberadamente artificial y las vueltas de tuerca cargan con una ironía prototípica, la película avanza un tanto en piloto automático y en general se asemeja a una obra teatral, perfecta en su concepción pero con pocas sorpresas para ofrecer a los fanáticos históricos del neoyorquino. Una vez más la maravillosa dirección de actores y la inteligencia de los diálogos deslumbran en un paneo por la irracionalidad del corazón, la influencia del azar, el principio de entropía, el eterno fantasma de la muerte y esa certeza de que la felicidad es individual debido a que nuestra especie está condenada a la extinción.
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  • Culpable o inocente
    Anexo de crítica: La primera hora de Culpable o Inocente (The Lincoln Lawyer, 2011) se mueve como un más que interesante “courtroom drama” basado en un correcto desarrollo de personajes y un planteo auspicioso (un abogado tiene a un cliente inocente convicto y a otro que sabe responsable de ambos casos aunque debe defender muy a su pesar). Lamentablemente durante su segunda mitad el film de Brad Furman desperdicia en parte las posibilidades y cae en un torbellino de vueltas de tuerca, algunas pasables y otras demasiado rebuscadas. En promedio el resultado final es positivo gracias al desempeño de un elenco sólido encabezado por Matthew McConaughey…
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  • Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo
    Anexo de crítica: El nuevo opus de Mariano Cohn y Gastón Duprat, responsables de las extraordinarias El Artista (2008) y El Hombre de al Lado (2009), es otra comedia negra de inflexión satírica para con la cultura autóctona y los devaneos existenciales en general. En esta ocasión la balanza comandada por Alberto Laiseca se inclina hacia los rasgos más patéticos del pequeño burgués, léase su vacuidad, egoísmo, frustración y cobardía. La enajenada Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo (2011) utiliza el formato del pacto faustiano para atacar la razón de ser de la vida posmoderna, todos esos sinsabores y venganzas cíclicas en los que de a poco nos vamos hundiendo casi imperceptiblemente. Con grandes actuaciones de Emilio Disi, Eusebio Poncela y Darío Lopilato, la propuesta se ubica un par de peldaños por debajo de las anteriores pero aún así constituye un oasis dentro del cine argentino contemporáneo…
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  • Secuestro y muerte
    Anexo de crítica: Si bien tropieza con algunas fallas históricas del cine argentino relacionadas con la puesta en escena y las actuaciones del elenco, Secuestro y Muerte (2010) no es una obra del todo desdeñable principalmente por la temática tratada y la excelente labor de Enrique Piñeyro como Aramburu. A pesar de sus buenas intenciones, Rafael Filippelli abusa de los tiempos muertos y queda atrapado en un planteo esquemático y demasiado abstracto…
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  • Gnomeo y Julieta
    Una tragedia de jardín

    Nunca está de más recordar que en el ámbito artístico a veces las buenas intenciones no alcanzan y lo que es peor pueden llegar a convertirse en un signo irrevocable de que el talento debería ir primero. El realizador Kelly Asbury, en su debut en solitario luego de las películas colectivas Spirit: El Corcel Indomable (Spirit: Stallion of the Cimarron, 2002) y Shrek 2 (2004), al momento de entregar su tercer opus se queda en una experiencia sumamente rutinaria que apenas si funciona como un rip-off de Toy Story (1995) y sólo consigue despertar alguna que otra sonrisa sutil a fuerza de autorreferencias continuas.

    Si bien transformar a Romeo y Julieta de William Shakespeare en una especie de “tragedia de jardín” protagonizada por gnomos de cerámica no es del todo una mala idea, el producto final defrauda esencialmente porque no logra ir más allá de una prolijidad demasiado gris a la que le falta encanto y simpatía. Para colmo el doblaje al castellano no ayuda aunque pareciera que la versión original compensa los fallidos con un ejército de voces famosas; basta con nombrar a Michael Caine, Patrick Stewart, James McAvoy, Emily Blunt, Jason Statham, Jim Cummings, Maggie Smith, Ozzy Osbourne, Hulk Hogan y Dolly Parton.

    La historia se centra en la enemistad entre dos vecinos humanos, el Señor Capuleto y la Señora Montesco, que desde ya se extiende a la decoración antropomorfizada de los patios de sus respectivas viviendas. Esta cíclica “guerra de guerrillas” basada en eternas venganzas mutuas se quiebra con el amor entre rivales, así de a poco la premura del contexto jugará un papel fundamental en el destino de la unión. Claramente el principal punto a favor del film pasa por el haber convencido a Elton John, cargo de “productor ejecutivo” mediante, para que brindara la autorización con el fin de utilizar sus clásicos.

    En buena medida la banda sonora dice más acerca de los personajes que el propio guión, circunstancia que nos pinta de pies a cabeza el hecho de que la cantidad de firmas no suele ser proporcional a la calidad (en esta ocasión tenemos siete apellidos detrás de una trama que le puede resultar previsible hasta a los más pequeños). A pesar de que cuenta con un puñado de situaciones jocosas y la animación está bastante bien para un proyecto con un presupuesto moderado, Gnomeo y Julieta (Gnomeo & Juliet, 2011) adolece de un desarrollo narrativo estéril y termina cayendo en esos mismos lugares comunes de siempre.
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  • Agua para elefantes
    Todo es ilusión

    Definitivamente la tercera parece ser la vencida para Francis Lawrence, realizador de las apenas rescatables Constantine (2005) y Soy Leyenda (I Am Legend, 2007). Si vamos a ser justos con el hombre conviene recordar que su desempeño en aquellas aventuras no fue ni bueno ni malo, a simple vista pasaba desapercibido como cualquier otro asalariado del sistema hollywoodense: la primera película sufría de la presencia de un Keanu Reeves no muy inspirado (más bien en punto muerto) y la segunda de un Will Smith prototípico (acompañado como siempre de una catarata de latiguillos de manual y chistes lamentables).

    La pulcritud narrativa y la destreza visual del director por fin encontraron un proyecto a su medida, capaz de exprimirlas sin necesidad de personalismos o tanta interferencia de los productores. La ambiciosa Agua para Elefantes (Water for Elephants, 2011) es en esencia un melodrama ambientado en las carpas de un circo nómada que durante la Gran Depresión de la década del ´30 se encuentra atravesando una profunda crisis. El joven Jacob (Robert Pattinson) queda en la calle luego de la repentina muerte de sus padres y termina como veterinario de una caravana de varieté comandada por el terrible August (Christoph Waltz).

    Por supuesto que a nadie le resultará extraño que la esposa del señor, la bella Marlena (Reese Witherspoon), tenga más que un metejón con Jacob; circunstancia que empeorará paulatinamente con la llegada de la elefanta Rosie, junto a la cual ambos deberán construir un nuevo acto. El guión del especialista Richard LaGravenese, el de Pescador de Ilusiones (The Fisher King, 1991), Los Puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995) y El Espejo Tiene Dos Caras (The Mirror Has Two Faces, 1996), ofrece -a partir de la novela de Sara Gruen- un triángulo amoroso súper clasicista y para nada intempestivo.

    Tampoco nos olvidemos de aportes fundamentales como la fotografía de Rodrigo Prieto y sobre todo el diseño de producción de Jack Fisk, un verdadero veterano que trabajó con figuras de la talla de Brian De Palma, Terrence Malick, David Lynch y Paul Thomas Anderson. El elenco en su conjunto funciona de maravillas y el trío protagónico no es la excepción: Witherspoon cumple como una mujer aguerrida, Waltz reincide en lo hecho en Bastardos sin Gloria (Inglourious Basterds, 2009) y Pattinson levanta la puntería para lo que venía siendo su nivel standard en la saga iniciada con Crepúsculo (Twilight, 2008).

    No cabe la menor duda de que estamos ante otra de esas propuestas cuyo principal mérito pasa por administrar con sabiduría los mismos viejos estereotipos de siempre vinculados al devenir fecundo del corazón. El film maneja un tono sosegado que permite un interesante desarrollo de personajes a través de situaciones verosímiles y diálogos precisos que se acoplan perfecto a una atmósfera enrarecida. Mientras que el leitmotiv gira alrededor de los entretelones más oscuros de la ficción escénica, Agua para Elefantes sorprende destruyendo la magia con una vehemencia nostálgica poco habitual en el cine mainstream.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    CineFreaks
    Anexo de crítica: A pesar de que promete más de lo que termina entregando, Thor (2011) es un gran espectáculo visual que compagina con dificultad segmentos cómicos con otros más dramáticos de influjo shakesperiano, cortesía del inefable Kenneth Branagh. Vale aclarar que mientras estos últimos funcionan a la perfección, los primeros se hunden en remates previsibles relacionados con la incompatibilidad entre el protagonista y el mundo de los humanos. Lo mejor de la propuesta pasa por el prólogo y la actuación de Chris Hemsworth, una verdadera revelación…-
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  • Scream 4
    Scream 4
    CineFreaks
    Acuchíllame, por favor

    A quince años de su estreno hoy no queda ninguna duda que Scream (1996) mató al cine de horror para adolescentes, ese mismo que se basaba en los viejos patrones establecidos en los ´70 y estandarizados en los ´80. A posteriori y en buena medida desapareció aquel slasher moralizante que garantizaba una muerte segura a todos los que sucumbían a los placeres de la carne: la película dirigida por Wes Craven y escrita por Kevin Williamson se sumergía en un abordaje súper consciente del género que por un lado satirizaba sus resortes prototípicos y por el otro los respetaba dedicándoles una nueva tanda de cadáveres frescos.

    Los exploitations subsiguientes, una catarata que abarca muchísimas remakes y que continúa hasta la actualidad, nacieron sin vida ni nada valioso para agregar: el cimbronazo que produjo la obra protagonizada por Neve Campbell se siente en la incapacidad del Hollywood contemporáneo de ofrecer un film eficiente que no esté destinado a la ridiculización masiva y que aporte aunque sea un elemento novedoso. Durante la última década las propuestas que revitalizaron al terror llegaron de la mano de outsiders totales o directamente de Asia y Europa, como si la escasez mainstream de ideas fuese irreversible.

    En lo que respecta al resto de los eslabones de la franquicia, si bien fueron proyectos disfrutables a decir verdad no alcanzaron la altura de la primera: Scream 2 (1997) demostró perspicacia pero sufrió por la anulación del factor sorpresa y Scream 3 (2000) fue la más floja del lote debido a un guión no tan elaborado en el que se hacía demasiado evidente la ausencia de Williamson. Cuando nadie lo esperaba The Weinstein Company decidió que era el momento oportuno para reflotar a Ghostface y reunir a todo el equipo original, así las cosas el resultado es la estupenda Scream 4 (2011), claramente la mejor secuela de la saga.

    Luego de un sinnúmero de cuchillos agitados y un frondoso elenco de psicópatas detrás de la máscara, Woodsboro tuvo sus años de tranquilidad y pudo reponerse a la seguidilla de crímenes. Sidney Prescott (Campbell) regresa para promocionar un libro acerca de sus experiencias, Dewey Riley (David Arquette) ahora es el sheriff del pueblo y su esposa Gale Weathers (Courteney Cox) ha abandonado con recelo el periodismo. Por supuesto que la paz dura poco y pronto Sidney vuelve a ser blanco de un flamante chiflado adicto al acoso, privilegio que comparte con su prima Jill Roberts (Emma Roberts) y otras bellas señoritas.

    Que la cuarta entrada genere empatía ya es un logro mayúsculo, si además sumamos un comienzo y un desenlace muy inspirados hablamos de una anomalía absoluta: el inicio funciona como una hilarante “parodia dentro de una parodia” y el final destruye a los medios de comunicación citando con inteligencia a Poder que Mata (Network, 1976) y El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982), específicamente se hace hincapié en esa tendencia a mercantilizar los hechos cotidianos. El dueto Craven- Williamson reflexiona sobre los dispositivos de la enunciación sin descuidar una intriga que nunca defrauda…
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  • La chica de la capa roja
    Anexo de crítica: Uno de antemano podría deducir que nunca será del todo mala una película con Amanda Seyfried como una Caperucita Roja adolescente, Virginia Madsen como su madre y con Julie Christie personificando a la dulce abuelita (ya que estamos tampoco nos olvidemos de Gary Oldman en el rol de un inquisidor fanático del viejo arte de torturar a seres humanos en elefantes de bronce flameados). Sin embargo Hollywood vuelve a sorprendernos y en otro de sus típicos razonamientos lineales le encargó un exploitation de Crepúsculo a Catherine Hardwicke, directora nada menos que del primer eslabón de la saga: el resultado es un producto hueco y meloso lleno de estereotipos e incapaz de generar algo más allá de la indiferencia y/ o el tedio...
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  • El hombre que podía recordar sus vidas pasadas
    Anexo de crítica: La ganadora de la Palma de Oro en la edición 2010 de Cannes es otra de esas propuestas budistas diseñadas para el consumo en Occidente que hoy incluye monos fantasmas, sexo con peces y un riñón que necesita ser drenado de tanto en tanto. Apichatpong Weerasethakul entrega una simpática colección de escenas inconexas y cumple en términos formales aunque lamentablemente la originalidad brilla por su ausencia...
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  • El gato desaparece
    Certezas de la medicina

    La carrera de Carlos Sorín comenzó con obras atrayentes como La Era del Ñandú (1986) y La Película del Rey (1986), siguió con aquel traspié intitulado Eterna Sonrisa de New Jersey (1989) y pronto devino en el autoexilio de la década del 90, cuando el director se dedicó de lleno a la publicidad. Su regreso con Historias Mínimas (2002) fue leído por muchos como una jugada oportunista en tiempos del “nuevo cine argentino”: lo que había sido una trayectoria muy original hasta ese momento quedó en nada con la repetición de la fórmula en El Perro (2004) y sobre todo en la paupérrima El Camino de San Diego (2006).

    Con la retirada progresiva del apoyo por parte del grueso del público, la crítica y los festivales internacionales, el hombre se arriesgó profundizando en las sonseras artys seudo existencialistas en la intrascendente La Ventana (2008), otro de esos productos destinados a la exportación que pasó sin pena ni gloria. Hoy parece que luego de dos equívocos por fin decidió congraciarse con los espectadores locales: aún así debemos señalar que El Gato Desaparece (2011) es un intento fallido dentro del terreno del suspenso seco a la Claude Chabrol, aunque sin el encanto o los comentarios sociales ácidos característicos del francés.

    De hecho, aquí pone de manifiesto casi en forma involuntaria su condición de “turista” en lo que respecta a los resortes del género. Sorín nos quiere vender la historia de una mujer, Beatriz (Beatriz Spelzini), que desconfía de su esposo recién salido de un neuropsiquiátrico pero no nos ofrece ni un motivo convincente para que la trama vaya por esa senda: definitivamente los thrillers no son lo suyo. Al guionista y realizador se le ocurrió una única idea que conduce hacia un final obvio y que para colmo ya ha sido trabajada en demasía por manos muchísimo más diestras (el contexto y los pivotes se le escapan por completo).

    Si bien la propuesta mantiene la prolijidad y claramente supera a los opus anteriores, tales méritos no le alcanzan para esquivar una preocupante medianía que pierde y recupera el interés sin ninguna destreza o rasgo a destacar. Luis Luque cumple como el marido no obstante la que sostiene el proyecto tapando los baches narrativos y las torpezas generales es Spelzini, una actriz que de una materia prima insignificante extrae lo suficiente como para no pasar vergüenza. El mayor punto a favor de un film tan desganado como el presente lo hallamos en el ataque sutil a las supuestas “certezas” que suelen brindar los médicos…
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  • Torrente 4
    Torrente 4
    CineFreaks
    Anexo de crítica: La extraordinaria Torrente 4: Lethal Crisis (2011) no sólo es la mejor secuela de la saga, ubicándose apenas por debajo de la original de 1998, sino que además rankea en punta entre las propuestas más salvajes y caóticas de los últimos años. Esta sátira de espíritu anarquista y humor muy ecléctico pone en evidencia las características más monstruosas de la policía en particular y del ser humano en general: toda la hipocresía, estupidez y moralinas burguesas van a parar a la misma cloaca desde la cual el protagonista manipula a sus compañeros circunstanciales, denigra a las mujeres, saca a relucir su xenofobia, roba a manos llenas, disfruta de su fascismo simpaticón y en términos prácticos asesina a todos los que se cruzan en su camino (sean accidentes o no). únicamente resta señalar al responsable de tanta crueldad para con el palurdo promedio… ¡muchísimas gracias, Santiago Segura! ¡Y viva El Fary, coño!-
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  • Ajami
    Ajami
    CineFreaks
    Vecinos que se miran de reojo

    Con un relato coral y una intensidad extrema que recuerdan a la trilogía de Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, la ópera prima de Scandar Copti y Yaron Shani es un interesante paneo por la violencia, el sometimiento y la marginalidad que caracterizan al barrio del título, un distrito suburbial de Tel Aviv en el que conviven musulmanes y cristianos a pura reticencia mutua.

    Quizás con media hora menos y una estructura narrativa un poco más pulida, el film no caería en algunas escenas inconducentes y podría superar a su modelo norteamericano Vidas Cruzadas (Crash, 2004).

    Aún así la propuesta mantiene el interés, construye personajes maravillosos a partir de actores no profesionales y definitivamente merecía la nominación al Oscar a mejor película extranjera…
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  • Los Marziano
    Los Marziano
    CineFreaks
    Anexo de crítica: El último film de Ana Katz puede ser tomado como un verdadero “signo de los tiempos” en lo que respecta al cine argentino, actualmente atravesando lo que parece ser una etapa de transición hacia “vaya uno a saber qué”: estamos ante una propuesta entre arty y popular (sin caer de lleno en ninguno de los dos modelos), distribuida por la Fox (implicancias publicitarias al descubierto) y estelarizada por un elenco de primera línea (en buena medida condición fundamental para el apoyo mainstream). A pesar de que el trailer la vende como una película costumbrista de humor discreto, Los Marziano (2010) en realidad tiene más puntos de contacto con la obra de Woody Allen y en especial con sus comedias dramáticas más adustas. Este retrato de un típico distanciamiento familiar de la burguesía -repleto de rencor, pasividad y orgullo malsano- funciona gracias a un puñado de escenas correctas, la labor de sus protagonistas y un final para nada complaciente…
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  • Revolución. El cruce de Los Andes
    Anexo de crítica: No podemos más que celebrar la realización en nuestro país de obras ambiciosas destinadas al consumo masivo como Revolución, el Cruce de los Andes (2010), propuesta que aplica al pie de la letra el archiconocido esquema de las épicas históricas (crónica retrospectiva a través de un personaje secundario en el macro contexto de una hazaña imperecedera). A pesar de algunos detalles técnicos y su poca originalidad, la película cumple dignamente tanto en lo que respecta al contenido como a nivel formal: se destacan en especial la actuación de Rodrigo De la Serna como el General José de San Martín y la bienvenida profesionalidad del director Leandro Ipiña…
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  • Pase libre
    Pase libre
    CineFreaks
    Honestidad y humor verde

    Los hermanos Bobby y Peter Farrelly gozaron de un enorme éxito durante la década del ´90 con una seguidilla de comedias desquiciadas y súper escatológicas que dejaron huella en el género, específicamente hablamos de Tonto y Retonto (Dumb & Dumber, 1994), Loco por Mary (There´s Something About Mary, 1998) e Irene, Yo y Mi Otro Yo (Me, Myself & Irene, 2000). Pero la decadencia sobrevino de inmediato bajo la forma de propuestas que limitaban los decibeles y pretendían incorporar las distintas vertientes de los dilemas románticos a la misma estructura de siempre basada en el humor verde y la sensibilidad.

    Podríamos afirmar que los señores padecen el “complejo de los comediantes maduros”, léase conocimiento previo del público de todos los remates e innegable cansancio por parte del dúo de directores. De hecho, no se los puede acusar de no haber intentado un cambio de rumbo ya que a ello apuntaban las desparejas Osmosis Jones (2001), Amor Ciego (Shallow Hal, 2001), Inseparablemente Juntos (Stuck on You, 2003) y Amor en Juego (Fever Pitch, 2005). El problema principal es que su carrera en términos de calidad fue en declive, llegando a un subsuelo digno -aunque subsuelo al fin- con sus dos últimas realizaciones.

    Ni La Mujer de Mis Pesadillas (The Heartbreak Kid, 2007) ni la presente Pase Libre (Hall Pass, 2011) constituyen regresos con gloria o productos relativamente equilibrados como los anteriores, aún con sus defectos. El cine de los Farrelly siempre fue contradictorio: mientras que a nivel ideológico es bastante conservador, en lo que respecta al contenido y los aspectos formales suele ser un tanto radical para el “Hollywood promedio”. Sus primeros trabajos proponían un caos controlado que funcionaba de maravillas dentro de los parámetros que guiaban la trama, así el corazón se mezclaba con los genitales y las heces.

    En algún punto el sistema se vino abajo y sólo quedó en pie el clasicismo para con los vaivenes morales; hoy los toques groseros no generan risas y hasta se sienten demasiado forzados (quizás son esos “rasgos estilísticos” que muchos artistas se ven obligados a incluir por automatismo y/ o para no defraudar a su séquito de aduladores). La historia en esta oportunidad es muy simple: Rick (Owen Wilson) y Fred (Jason Sudeikis) obtienen de sus esposas Maggie (Jenna Fischer) y Grace (Christina Applegate) ese “pase libre” del título por una semana fuera del matrimonio para disfrutar con otras mujeres sin reproches.

    Como de costumbre tratándose de una película de los hermanos, las moralejas pasan por la proverbial estupidez del macho y la perspicacia casi natural de la hembra: ellos acumulan fallidos y ellas aprovechan el período de libertad. El film cuenta con un comienzo promisorio, está construido con honestidad y pone en el tablero algunos tópicos interesantes relacionados con las crisis, los hijos y la incomunicación en la pareja. Si bien se agradece la participación de Richard Jenkins, hay que reconocer que la obra derrapa feo de mitad hacia delante cuando pretende bombardearnos con detalles chabacanos que ya no asustan a nadie.
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  • Rio
    Rio
    CineFreaks
    La dinámica del vuelo

    Sin lugar a dudas resulta más que admirable el ímpetu del realizador Carlos Saldanha: gracias al éxito rotundo a nivel internacional de la trilogía de La Era de Hielo, el carioca acumuló el poder suficiente como para convencer a Blue Sky Studios y a la Twentieth Century Fox de que le den vía libre a su proyecto personal, una suerte de oda a su tierra de origen. Rio (2011) es una propuesta exuberante que si bien posee varios puntos de contacto con sus predecesoras, definitivamente amplía el abanico en lo que respecta al mensaje ecologista, las posibilidades cromáticas y la riqueza intrínseca de todos los protagonistas.

    En esta ocasión la aventura animada sigue el clásico derrotero de las “parejas desparejas”, en donde uno de los involucrados es un nativo experto en la simpática fauna local y el otro un pobre turista que se siente demasiado perdido. Por supuesto que el contexto de este “descubrimiento mutuo” lo aporta la ciudad del título: Blu, un guacamayo secuestrado por humanos y llevado a un pueblito de Minnesota, es encontrado y criado por Linda, una joven que lo adopta. Pero un día llega Tulio, un científico loco brasileño, quien les comunica que Blu es el último macho de su especie y debe viajar para conocer a Jewel, la última hembra.

    Mientras que la señorita sólo ansía la libertad, él de inmediato se frustra debido a que no puede volar, triste consecuencia de la domesticación. Sin embargo el dúo no cuenta con mucho tiempo para lamentarse: rápidamente son enjaulados por traficantes de animales y recluidos bajo la custodia del malévolo Nigel, una cacatúa australiana. A pesar de todo consiguen escapar y así comienza una “fuga en cadenas” en la que se toparán con el canario Nico, el cardenal Pedro, el tucán Rafael y hasta con un bulldog llamado Luiz (Nigel por su parte recluta a un infame ejército de monos tití especializados nada menos que en capoeira).

    Aquí el director decidió privilegiar la música a conciencia como un rasgo identitario de los héroes y como el principal elemento unificador en lo que hace a los vaivenes del relato. Superando la presencia específica del componente en la “franquicia helada”, ahora la banda sonora y los segmentos explícitamente musicales sustentan numerosas situaciones de la trama, apuntalan la coyuntura general y dan sentido a algunos remates. Una característica que merece ser destacada es la fluidez narrativa que una vez más impone el carioca, por suerte recuperando aquel espíritu lúdico de la maravillosa La Era de Hielo (Ice Age, 2002).

    Si uno tuviese que elegir un exponente ejemplar de la estructura centrada en el “viaje iniciático”, un eterno baluarte dentro de los films infantiles, el que hoy nos ocupa sería el candidato perfecto. Las escenas de acción son muy vertiginosas, el desarrollo de personajes extremadamente lúcido y las intervenciones formales de Saldanha corrigen cualquier falencia del guión. Rio construye un arco iris encantador a pura convicción y destreza: con la favela durante el carnaval de fondo, esta pequeña epopeya de un ave que aprende a volar corre pareja a la denuncia de los que no respetan la vida, siempre encerrándola bajo llave…
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  • El mecánico
    El mecánico
    CineFreaks
    Anexo de crítica: El Mecánico (The Mechanic, 2011) es una remake fallida del clásico de culto de 1972 dirigido por Michael Winner y protagonizado por el mítico Charles Bronson. Banalizando cada uno de los detalles del original y reduciéndolos a un esqueleto inerte, el torpe Simon West no se decide entre el thriller retro y la súper acción pochoclera. Jason Statham y Ben Foster hacen lo que pueden pero el guión se cae a pedazos desde el inicio, así lo más interesante por lejos es la reaparición en pantalla grande del extraordinario Donald Sutherland…
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  • Cacería de brujas
    Anexo de crítica: Luego de la desastrosa Terror en la Antártida (Whiteout, 2009), Dominic Sena apenas si levanta el nivel general con Cacería de Brujas (Season of the Witch, 2011), otra de esas experiencias “clase B con presupuesto” a las que nos tiene acostumbrados el imponderable Nicolas Cage. Sin duda alguna la presencia de Ron Perlman le suma mucho a un convite lleno de lugares comunes aunque relativamente entretenido…
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  • Nunca me abandones
    Anexo de crítica: La tercera película de Mark Romanek es una prodigiosa anomalía sustentada en un espíritu desolador a la Stanley Kubrick: hablamos de un melodrama de ciencia ficción, tan minimalista como profundo, que pone en cuestión los rasgos más hipócritas y despiadados del ser humano. Nunca me abandones (Never Let Me Go, 2010) construye un balance casi perfecto entre la pequeña anécdota central y ese contexto pesadillesco que el trío protagónico asume a veces con resignación, a veces con esperanza. Más allá de la bella fotografía de Adam Kimmel y el muy ajustado guión de Alex Garland a partir de una novela de Kazuo Ishiguro, el que se luce es el propio realizador al imponer un pulso narrativo cautivante, de una exquisitez absoluta…
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  • El mal ajeno
    El mal ajeno
    CineFreaks
    Consecuencias del vivir

    No es precisamente una casualidad que Alejandro Amenábar oficie de productor en la correcta El Mal Ajeno (2010), una propuesta que comparte con Mar Adentro (2004) tanto la temática relacionada con los pacientes terminales como el tono expositivo entre apasionado y humanista. Más allá de las similitudes a nivel general, resulta conveniente aclarar que la mayor diferencia pasa por una pequeña vuelta de tuerca sobrenatural que recuerda a la serie televisiva La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone) y convierte al film en un melodrama fantástico con un pulso bastante lúgubre, de marcadas resonancias mortuorias.

    La historia se centra en Diego (Eduardo Noriega), un médico especialista en paliar el sufrimiento de hombres y mujeres cuyas enfermedades prácticamente no presentan posibilidades de cura. Insensibilizado ante el dolor cotidiano luego de años de profesión y con un matrimonio que marcha cuesta abajo, la pareja de una de sus pacientes le dispara porque lo considera responsable del intento de suicidio de Sara (Angie Cepeda). Al despertar no sólo descubre que el difunto atacante en realidad estaba casado con Isabel (Belén Rueda), sino que ha regresado con un don de sanación portador de una doble faz…

    Retomando el antiquísimo leitmotiv “poder especial, bendición y/ o condena”, la película saca provecho del contexto del relato, el hospital donde trabaja Diego y su esposa enfermera Pilar (Cristina Plazas), al tiempo que desarrolla varias vertientes narrativas en forma simultánea, aunque lamentablemente no todas con el mismo éxito: por momentos el guión de Daniel Sánchez Arévalo peca de ambicioso y no llega a cumplir sus promesas. En términos concretos la trama arranca con fuerza y -si bien mantiene el interés- de a poco se va desinflando a raíz de algunos estereotipos, un par de escenas melosas y cierta vacilación.

    A pesar de ello, la opera prima de Oskar Santos ofrece una progresión verosímil y el realizador en particular demuestra gran inteligencia en lo que respecta a la dirección de actores. De hecho, la labor del elenco es lo más destacable del convite: todos los intérpretes colaboran con talento pero Noriega vuelve a llevarse las palmas en una suerte de soliloquio camuflado y para nada egoísta (está casi siempre en pantalla acompañado de excelentes colegas). Dejando de lado la ausencia de originalidad y el desgaste del subgénero, El Mal Ajeno es una obra prolija y movilizadora acerca de las consecuencias fortuitas del vivir…
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  • Marte necesita mamás
    Anexo de crítica: Si bien en el apartado visual Marte Necesita Mamás (Mars Needs Moms, 2011) supera a las últimas obras en motion capture de Robert Zemeckis, resulta evidente que una historia rutinaria y unos personajes unidimensionales le terminan jugando muy en contra. Para colmo el desempeño del director Simon Wells no va más allá de una aceptable prolijidad…
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  • Amor sin límites
    Anexo de crítica: En su última realización el extraordinario Neil Jordan regresa a una estructura narrativa emparentada con los cuentos de hadas macabros símil En Compañía de Lobos (The Company of Wolves, 1984), El Niño Carnicero (The Butcher Boy, 1997) y Sueños de un Asesino (In Dreams, 1999). Las ninfas marinas, el alcoholismo y la soledad se entremezclan en un relato bellamente filmado en el que debemos destacar el desempeño del trío protagónico (Alicja Bachleda, Colin Farrell y Alison Barry) y la infaltable participación del gran Stephen Rea. Amor sin Límites (Ondine, 2009) es un melodrama tan honesto como sutil, conducido por una mano maestra que deja el corazón en cada fotograma...
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    Buscar y destruir

    A esta altura podríamos afirmar que uno de los rasgos característicos del inefable Zack Snyder es su perseverancia en cuanto a la estructuración meticulosa de sus opus y en lo que respecta a la capacidad de incluir casi cualquier componente del orden del contenido, detalles temáticos que al señor definitivamente tienen sin cuidado. Si bien El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004) continúa siendo su mejor película hasta la fecha, hoy debemos señalar que la simpática Sucker Punch- Mundo Surreal (Sucker Punch, 2011) llega un tanto rezagada para ganar el segundo puesto: más que una mixtura de Alicia en el País de las Maravillas y el cine de Quentin Tarantino, promociones mediante, la obra es otra de esas “clase B con presupuesto” similar a las producidas por el gran Roger Corman.

    La narración pendular del film presenta una sucesión de escenas seudo dramáticas y rimbombantes secuencias de acción, las primeras desde ya funcionando como excusas para las segundas. Respetando la dialéctica “realidad/ fantasía”, la historia comienza en el apartado terrenal cuando Baby Doll (Emily Browning), a poco tiempo de la muerte de su madre, mata accidentalmente a su pequeña hermana al defenderse de su padrastro y de inmediato es enviada a una institución mental bastante peculiar, especializada en el “negocio del placer”: con la amenaza de una lobotomía pendiendo sobre su cabeza y obligada a trabajar en el burdel del lugar, la joven decide construir un universo imaginario como coraza de protección mientras va recolectando distintos ítems para una futura fuga.

    Si la propuesta se centrase exclusivamente en las penurias de las internas pronto caería en el tedio y la ridiculez debido a que el elenco nada puede hacer frente a los paupérrimos diálogos que pululan en el guión de Steve Shibuya y el propio director. Por fortuna la falta de desarrollo general está compensada a través de las escapadas etéreas de la protagonista, en las cuales siempre contamos con la inestimable participación de Scott Glenn como una suerte de “maestro de ceremonias” y de un seleccionado de bellas señoritas brindando apoyo durante cada una de las “misiones” (Abbie Cornish, Jena Malone, Vanessa Hudgens y Jamie Chung completan el equipo). Por el lado de los villanos están Blue Jones (Oscar Isaac) y Madam Gorski (la gloriosa Carla Gugino), los encargados de los suplicios de turno.

    De hecho, son los pasajes oníricos los que mantienen el interés del espectador y a la larga acercan el convite hacia una entretenida colección de enfrentamientos grandilocuentes basados en CGI de última generación y elaboradas coreografías. Snyder supera sus trabajos anteriores a nivel visual combinando una estética de video juego retro, motivos varios extraídos de los comics y una macro edición publicitaria: se destacan particularmente la fotografía de Larry Fong y esas tomas extensas que ahora sí poseen una cadencia en sintonía con el resto del “paquete interactivo” (otra vez lamentamos la ausencia de un bonito joystick pegado a la butaca). Así, en un contexto donde poco importan el tiempo y el espacio, lucharemos contra samuráis gigantes, nazis desfigurados, dragones y hasta robots.

    Un ingrediente que no podemos pasar por alto es la banda sonora, no tanto porque establece el ritmo de las escaramuzas sino en función del buen gusto de la antología (aunque no en sus versiones originales, tenemos canciones de The Beatles, Queen, Jefferson Airplane, The Stooges, Roxy Music, Eurythmics, Pixies, Björk y The Smiths). El cineasta da forma a un nuevo recipiente colorido que llegando el desenlace pretende llenar con algo de manual de autoayuda y una vuelta de tuerca a la La Isla Siniestra (Shutter Island, 2010): lejos de la fallida La Leyenda de los Guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga´Hoole, 2010), en esta ocasión retoma los ralentís de 300 (2006) y el tono dark de Watchmen (2009) con vistas a materializar “en plan descafeinado” aquello que cantaba Iggy Pop en 1973…
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    CineFreaks
    ¿Nunca te miró una vaca de frente?

    Parece que de un tiempo a esta parte el cine argentino por fin aprendió la lección y está produciendo obras de calidad pensando en el público local y no en la sonsera eterna de esos festivales internacionales que no le importan a nadie. Si bien todavía sobrevive el negocio de cobrar el subsidio del INCAA y echarse a dormir, resulta innegable que de a poco va surgiendo un número cada vez mayor de películas de género orientadas a ganarse el apoyo popular. Precisamente dentro de este contexto hoy llega Un Cuento Chino (2011), una nueva realización con perspectiva mainstream escrita y dirigida por Sebastián Borensztein.

    En esencia estamos frente a una típica comedia dramática con toques sutiles de índole costumbrista que adopta el formato de “pareja despareja”, en donde el foco narrativo está puesto en la incomunicación y los choques culturales entre dos protagonistas de distintos orígenes. Por un lado tenemos a Roberto (Ricardo Darín), un ferretero huraño y obsesivo que evita -siempre que puede- el contacto con otras personas. En el extremo opuesto del mundo nos encontramos con Jun (Ignacio Huang), un chino que durante una excursión en bote se queda sin casamiento cuando una vaca voladora cae encima de su futura esposa.

    La excusa para la convivencia forzada pasa por el arribo a Buenos Aires de Jun en busca de su tío: luego de ser asaltado por un par de taxistas, se topa con Roberto, quien termina llevándoselo a su hogar ante la negativa de ayuda por parte de las autoridades responsables (destaquemos para el caso las escenas en la comisaría y la embajada, por cierto situaciones totalmente plausibles en la coyuntura de nuestro país). La propuesta combina sin apuro lo que podríamos llamar “apuntes porteños” –algo de cinismo, honestidad brutal y disgustos- con mucha sensibilidad a flor de piel, portadora de una tristeza arrastrada desde muy lejos.

    Borensztein se muestra fundamentalista en su intención de no agregar ni un elemento por fuera del canon establecido: a pesar de los estereotipos y la falta de originalidad, Un Cuento Chino se sostiene por su tono entre noble y melancólico, su eficacia en el planteo general y la gran labor del elenco. Mientras que Darín ofrece todo su carisma y vuelve a confirmar porqué es el mejor actor argentino contemporáneo, Huang sorprende como un partenaire a la altura del desafío. Con diálogos planeados al dedillo y un humanismo encantador, aquí los rumiantes pueden ser ese destino que nos atormenta y/ o aquello que deseamos evadir…
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  • Sanctum
    Sanctum
    CineFreaks
    Anexo de crítica: La correcta Sanctum 3D (2011) cuenta con la producción de James Cameron y este “detalle” se percibe en el ánimo explorador que enmarca el relato, hoy decididamente centrado en otra de esas “expediciones perdidas en un contexto hostil”. Si bien falta desarrollo de personajes y el guión deja mucho que desear, la propuesta funciona como film de aventuras y de seguro agradará a los fans del canadiense...
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  • Sólo tres días
    Anexo de crítica: En Sólo Tres Días (The Next Three Days, 2010) Paul Haggis entrega exactamente lo que se espera de él: un guión sólido, actuaciones precisas y una dirección ajustada a los parámetros de una típica historia de “hombre común en circunstancias extraordinarias”. Más allá de las bienvenidas participaciones de Liam Neeson y Brian Dennehy, debemos admitir que aquí Russell Crowe ofrece uno de los mejores trabajos de su carrera (por suerte en esta oportunidad está bastante medido). El realizador demuestra una vez más su inteligencia a la hora de construir un verosímil tan multidimensional como angustiante...
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  • Los ojos de Julia
    Anexo de crítica: La segunda realización de Guillem Morales es una de las propuestas de género más extrañas de los últimos tiempos: lo que comienza como una versión en “clave terror” de La Doble Vida de Verónica (La Double Vie de Véronique, 1991) da paso a un thriller paranoico que de golpe muta, promediando el metraje, en una pequeña epopeya sádica a la Brian De Palma (hasta nos topamos con interesantes citas formales). La bellísima Belén Rueda sostiene un guión extremadamente enajenado que hace honor a lo mejor del cine contemporáneo de suspenso. Con una progresión dramática impecable, Los Ojos de Julia (2010) ofrece un segmento final prodigioso desde todo punto de vista...
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  • Líbano
    Líbano
    CineFreaks
    Anexo de crítica: A pesar de cierto tufillo arty y la presencia de un generoso puñado de golpes bajos, Líbano (Lebanon, 2009) es un retrato minimalista y eficaz de las interminables luchas en Medio Oriente. El film de Samuel Maoz pone de manifiesto la violencia exacerbada característica del conflicto y la ingenuidad -por no decir estupidez- de gran parte de la milicia, sea del bando que sea…
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  • Mi abuela es un peligro 3
    Ese gustito por el humor chabacano...

    ¿Qué se puede escribir acerca de un mamarracho insalvable como Mi Abuela es un Peligro 3 (Big Mommas: Like Father, Like Son, 2011)? Estamos hablando de la última entrada en la saga de Martin Lawrence quien, bajo la excusa de interpretar al agente encubierto del FBI Malcolm Turner, sigue ventilando su consabido gusto por el humor muy chabacano (a esta altura podríamos afirmar que es algo compulsivo). En esta oportunidad Turner une fuerzas junto a su “hijo” Trent (Brandon T. Jackson toma la posta de Jascha Washington).

    Además de ser uno de los actores más odiados e insufribles de Estados Unidos, a Lawrence por lo general se le achaca el no haber ofrecido ni siquiera un film decente a lo largo de su carrera, circunstancia que no es tan así porque en sus inicios formó parte del pelotón de Haz lo Correcto (Do the Right Thing, 1989) de Spike Lee: consuelo irrelevante o excepción que confirma la regla, queda en cada uno elegir la respuesta adecuada. Por otro lado, el caso de Jackson es menos grave ya que recién está comenzando y hace poco participó en la excelente Una Guerra de Película (Tropic Thunder, 2008) componiendo a “Alpa Chino”.

    Mientras que Mi Abuela es un Peligro (Big Momma´s House, 2000) apuntaba a un “público adulto” aunque con un coeficiente mental calamitoso y Mi Abuela es un Peligro 2 (Big Momma´s House 2, 2006) estaba dirigida al “sector familiar” con una capacidad intelectual similar, ahora la presa a engullir son los adolescentes. Precisamente los responsables del convite decidieron ambientar la acción en una Academia de Artes para jovencitas, volcar la balanza hacia el personaje púber de Trent e incluir un manojo de segmentos musicales orientados al soul y el hip hop: la jugada resulta bastante patética y abarca muchos clichés.

    El paupérrimo realizador televisivo John Whitesell y el guionista Matthew Fogel repiten las estupideces de las anteriores y para colmo no consiguen despertar ni una mísera sonrisa. Todos los involucrados deambulan perdidos en una trama sin alma o convicción que gira alrededor de una suerte de competencia entre los Turner y la mafia rusa por un pen drive con datos incriminatorios: la propuesta funciona como un desastroso sketch de un solo chiste de alguna sitcom berreta norteamericana que ha sido extendido sin el más mínimo sentido a tres largometrajes que bien podemos ubicar entre lo peor del cine contemporáneo.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    Oda a los marines

    Desde hace tiempo que no nos topábamos con una película tan nauseabunda como Invasión del Mundo- Batalla Los Angeles (Battle: Los Angeles, 2011), dicho esto tanto a nivel formal como ideológico. Estamos ante un film militarista que de ciencia ficción tiene poco y nada ya que está construido como si se tratase de una cinta bélica patriotera de la década del `50, hoy con aliens en el lugar de aquellos simpáticos nazis demonizados hasta el hartazgo. A partir de miles de primeros planos registrados con una cámara en mano hiperquinética, el insignificante Jonathan Liebesman aburre a lo largo de 116 minutos.

    Combinando a lo bestia las ridiculeces varias de La Caída del Halcón Negro (Black Hawk Down, 2001) y los rasgos estilísticos de la trilogía de Jason Bourne, el guión de Christopher Bertolini rankea en punta entre los más trillados de los últimos años: el protagonista central es el Sargento Michael Nantz (Aaron Eckhart), quien debe lidiar con los fantasmas de su pasado y con un nuevo pelotón comandado por el joven Teniente William Martínez (Ramón Rodríguez). En el contexto de un ataque extraterrestre, la misión de turno es rescatar a unos civiles que quedaron varados en una zona que pronto será bombardeada.

    Vale aclarar que no existe ni una idea original y/ o valiosa dentro de este cúmulo por momentos insoportable de estereotipos, latiguillos y salidas francamente patéticas: a cada escena de escaramuzas con los señores del espacio (por cierto caracterizadas por una enorme torpeza y coreografías bastante confusas) le sigue una secuencia de relax plagada de diálogos bobos y rostros compungidos (el desarrollo de personajes es nulo porque el verosímil quedó sepultado bajo la estupidez general). La catarata de disparos y explosiones no compensa la pereza hasta en el diseño de los alienígenas, vistos siempre desde lejos.

    De hecho, Invasión del Mundo- Batalla Los Angeles más que realizada con el beneplácito de los marines parece financiada por la fuerza, así la moraleja se vincula a una lucha eterna: como ocurre con otras obras hollywoodenses que justifican la intervención imperialista de los Estados Unidos en plan “policía global”, resulta vomitivo ver a Eckhart solicitándole a un nenito que se sobreponga a la muerte de su padre porque ahora necesita que sea “su pequeño marine”. Lo más gracioso de todo es que este engendro ineficaz y pedante se ubica por debajo de productos clase B como la reciente Skyline: La Invasión (Skyline, 2010)…
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  • Rango
    Rango
    CineFreaks
    Sobre la disponibilidad de recursos

    Gore Verbinski es uno de esos asalariados de Hollywood que dependen por completo del contexto de colaboradores circunstanciales y de la naturaleza intrínseca del material a trabajar debido a que por su cuenta es incapaz de entregar un producto interesante: recordemos sino pasos en falso como Un Ratoncito Duro de Roer (Mousehunt, 1997) y La Mexicana (The Mexican, 2001), obras aceptables como La Llamada (The Ring, 2002) y El Hombre del Tiempo (The Weather Man, 2005) o la trilogía en decadencia de Piratas del Caribe, la cual comenzó prometiendo entretenimiento retro para pronto caer en desgracia.

    Más allá de la simpática idea de tomar prestada la premisa central de Barrio Chino (Chinatown, 1974) del extraordinario Roman Polanski e incluir alusiones explícitas a figuras de la talla de Hunter S. Thompson o Clint Eastwood, Rango (2011) no pasa de ser otro “film homenaje” que sólo funciona a nivel técnico y metadiscursivo: el subgénero aquí explorado es el spaghetti western a través de una historia de un “recién llegado” que pretende satirizar los correlatos más famosos de Yojimbo (1961) de Akira Kurosawa, léase Por un Puñado de Dólares (Per un Pugno di Dollari, 1964) y por supuesto Django (1966).

    En gran medida esta colección caprichosa de citas es responsabilidad de Johnny Depp, un actor cuyo período de gloria indudablemente ha quedado en el pasado. Acercándose a la autoparodia involuntaria y la eterna repetición de un andamiaje petrificado de manierismos, el señor de 47 años compone a un camaleón metropolitano que termina como sheriff de un pueblito remoto llamado Tierra al que le viene faltando desde hace tiempo el agua para sus cultivos. Todos los lugares comunes dicen presente: robos, muertes varias, corrupción, un interés romántico, etc. (la trama es oscura para niños y demasiado simple para los adultos).

    Prácticamente no hay ni un gramo de originalidad en el guión del bienintencionado John Logan, basta con señalar que los villanos de turno constituyen sendas referencias a Lee Van Cleef y John Huston. Nadie se puede ofender por tanto amor cinéfilo, el problema se origina en el hecho de que la película es apenas un vehículo tosco en “plan refrito” con más cinismo que corazón (de más está decir que el grueso del público no acusará recibo). Se extraña a Terry Gilliam en lo que por momentos parece ser una versión domesticada del espíritu salvaje de Pánico y Locura en Las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas, 1998).

    La animación símil caricatura a cargo de la Industrial Light & Magic resulta el rasgo distintivo de la propuesta, el elemento que justifica su visión a fuerza de una exquisitez y meticulosidad que dejan sin aliento. Con mucho apoyo estético y un encanto maltrecho, Verbinski vuelve a poner de manifiesto sus limitaciones al privilegiar el apartado visual por sobre la coherencia del relato. La única forma digna de rendirle tributo a Sergio Leone es construyendo un spaghetti autosuficiente y no un álbum de recortes aislados: así siempre entre los recursos debería primar el talento, ese oro líquido que a veces se nos evapora…
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  • La revelación
    La revelación
    CineFreaks
    Anexo de crítica: John Curran regresa con una propuesta irreprochable que continúa la línea de Adulterio (We Don´t Live Here Anymore, 2004) y Al Otro Lado del Mundo (The Painted Veil, 2006) llevando los cuestionamientos existenciales del pasado hacia recovecos aún más profundos y con una mayor eficacia. Mezcla de thriller psicológico y melodrama de tono grave, La Revelación (Stone, 2010) se caracteriza por un pulso narrativo austero que nunca pierde el rumbo ni cae en la tentación de convertirse en una mera excusa para el lucimiento del dúo protagónico. Sin dudas estamos ante otro trabajo notable de Edward Norton y ante la primera película decente de Robert De Niro en más de una década…
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  • Fase 7
    Fase 7
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Esta mixtura bastante berreta de Rec (2007) y La Comunidad (2000) se queda en las buenas intenciones de su realizador Nicolás Goldbart, léase retratar la estupidez del argentino promedio combinando sutilmente la comedia costumbrista y el terror apocalíptico. Fase 7 (2010) cuenta con un par de escenas destacables pero es en esencia un producto fallido debido a las torpezas varias del guión y las pobres actuaciones del anodino Daniel Hendler y del grasiento Yayo Guridi…
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  • Infierno al volante
    ¡El nono se escapó del averno!

    Podríamos resumir una vieja y querida fórmula cinematográfica señalando que existen películas malas que a la larga resultan simpáticas y otras simplemente malas: sin lugar a dudas en esta última categoría cae de cabeza Infierno al Volante 3D (Drive Angry 3D, 2011). Desde ya que pedirle un producto de calidad al anodino Patrick Lussier sería casi un delirio pero recordemos que en su anterior propuesta, Sangriento San Valentín 3D (My Bloody Valentine 3D, 2009), supo aprovechar la tecnología y compensó en parte el cúmulo de estereotipos con un montaje bastante decente que garantizaba entretenimiento barato.

    En esta ocasión lo que nos viene faltando es precisamente un ritmo narrativo acorde con la idiotez general del guión de Todd Farmer y el propio realizador. Combinando comedia fallida, latiguillos quemados, escenas de acción poco originales y un tempo en verdad soporífero, la historia se pasea por las tribulaciones de Milton (Nicolas Cage) en pos de vengar la muerte de su hija y rescatar a su nietito de las manos de una secta de satanistas comandada por el terrible Jonah King (Billy Burke): el detalle principal es que el nono se escapó del averno y tiene al “Contador” (William Fichtner) siguiéndole de cerca los pasos.

    La mayoría de los lugares comunes no están bien trabajados y la cosa empeora debido a que son legión: mujeres hermosas, vehículos veloces, andanada de disparos, explosiones varias, mucha sangre y asuntos pendientes con Mefistófeles. Lussier, conocido por su paupérrima trilogía centrada en Drácula y por ser el editor de Wes Craven desde los ’90, es incapaz de imprimirle un mínimo de corazón al film y/ o usufructuar las posibilidades que abren las tres dimensiones. De hecho, la obra ni siquiera cuenta con el humor y el espíritu lúdico de la “clase B” autoconsciente, hundiéndose en banalidades huecas que nada aportan al relato.

    Mientras que Nicolas Cage continúa empecinado en participar en cuanto desastre industrial se cruce en su camino, sus colegas en cambio pueden ser perdonados en función de su buena voluntad (aquí lo mejor son las actuaciones de Amber Heard y David Morse como los colaboradores circunstanciales del protagonista). Por momentos pareciera que “alguien” se equivocó feo porque Infierno al Volante 3D es un despropósito insalvable, un claro ejemplo de lo que debería ser un “directo a DVD” si no viviéramos en un mundo al revés: nunca entenderemos cómo se llegan a estrenar comercialmente mamotretos de esta ralea…
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  • Biutiful
    Biutiful
    CineFreaks
    Las pymes de trabajo esclavo provocan cáncer

    Finalmente ocurrió lo tan temido y por consiguiente podemos formular un axioma que no caerá simpático: una película de Alejandro González Iñárritu sin un guión de Guillermo Arriaga es tan tediosa como vacía. Biutiful (2010), su “debut” en solitario luego de la trilogía con su compatriota, resulta un fiasco en lo referido a la dimensión del contenido y la estructuración general de la propuesta, empantanada desde el inicio en los vaivenes de la vida de Uxbal (Javier Bardem), un pequeño empresario del trabajo esclavo con una bella cadena de producción (chinos haciendo carteras, senegaleses vendiéndolas).

    Si por un lado se agradece la inclusión de tópicos como el multiculturalismo, los atropellos y la marginación, por el otro queda claro que tratarlos en piloto automático y sin ningún sustento discursivo puede provocar efectos contrarios a los deseados. Esencialmente estamos ante un intento de duplicación de la obra existencialista de Arriaga que no llega a satisfacer las expectativas debido a que en esta oportunidad tenemos personajes poco interesantes, una constante vacilación temática, demasiados tiempos muertos, tramas colaterales atadas con alambre y diálogos que no agregan nada a la progresión narrativa.

    Así el film combina un retrato rutinario de un protagonista en caída libre con tomas descriptivas listas para la exportación y/o los festivales internacionales. Quizás el mayor problema pasa por esa típica pata boba del humanismo barato, léase el dibujar a trazo grueso componentes positivos en seres nefastos con vistas a “humanizarlos”: detrás del telón siempre hallamos el argumento de que el hombre es “bueno” por naturaleza, lo que eventualmente lleva a la ridiculización de los diletantes de esta filosofía en función del considerable manojo de evidencia en su detrimento (Uxbal es además hijo, esposo y padre).

    Como si se tratase de una versión resumida de los guiones de antaño, en esta ocasión el leitmotiv es “tener una pyme basada en explotar a inmigrantes ilegales genera cáncer de próstata”. Los esfuerzos bondadosos empeoran todo y conducen hacia un tono dramático endeble, casi de cartón (vaya uno a saber qué aportes hicieron los argentinos Armando Bó y Nicolás Giacobone, coautores del libreto junto con el director). Por supuesto que Bardem está excelente en tanto aspirante a la salvación posmoderna pero queda muy desprotegido como fuerza matriz de una historia bastante hueca que gira ensimismada sobre su centro.

    Por suerte el desempeño del elenco compensa en gran parte los deslices señalados y los toques casuales símil realismo mágico, muchísimo mejor trabajados en la reciente Más Allá de la Vida (Hereafter, 2010) de Clint Eastwood. En especial merece destacarse lo hecho por Maricel Álvarez, una revelación cargada de histrionismo en su primera labor en pantalla. Sólo resta aguardar que Alejandro González Iñárritu levante la puntería a futuro y vuelva a colaborar con profesionales de peso: en Biutiful roza la autoparodia y la comodidad, bien lejos de la eficacia de Camino a la Redención (The Burning Plain, 2008).
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  • 127 horas
    127 horas
    CineFreaks
    Anexo de crítica: En esencia otro ejercicio de estilo por parte del hiperquinético Danny Boyle, 127 Horas (127 Hours, 2010) es una propuesta interesante que desagradará al público casual por sus obvias limitaciones en cuanto al orden del contenido. El realizador utiliza la diminuta anécdota de un montañista atrapado en un cañón de Utah como excusa para desplegar su artillería visual basada en una intrincada manipulación de la imagen. Ahora bien, si se dejan de lado los prejuicios y se acepta esta celebración del artificio se podrá disfrutar de un film amable que apenas si se ubica por debajo de Slumdog Millionaire (2008)...
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  • Soy el número cuatro
    Anexo de crítica: Soy el Número Cuatro (I Am Number Four, 2011) es un producto paupérrimo dirigido al público adolescente y cortesía del tándem D. J. Caruso/ Michael Bay, dos verdaderos expertos en hamburguesas cinematográficas que ni siquiera saben bien. La historia del elegido ya la hemos visto cientos de veces, la catarata de lugares comunes termina aburriendo y sólo la actuación de Timothy Olyphant merece ser rescatada de la debacle…
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  • El ganador
    El ganador
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Cuando nadie lo esperaba David O. Russell regresa a lo mejor de su carrera con El Ganador (The Fighter, 2010), una excelente propuesta cargada de humor, energía y esplendorosa vitalidad. Si bien ya hemos presenciado en innumerables ocasiones la historia del boxeador de origen humilde y corazón de oro que supera sus múltiples dificultades, aquí tenemos un balance perfecto entre film deportivo y melodrama familiar (todo sazonado con arrebatos de comedia costumbrista a la estadounidense). La labor del elenco es en verdad extraordinaria, destacándose lo realizado por Mark Wahlberg, Christian Bale, Amy Adams y Melissa Leo. Como si se tratase de una vieja y querida canción que adquiere nueva vida en manos de virtuosos, la película resulta una prodigiosa anomalía en el ámbito de la redención profesional…
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  • Piraña
    Piraña
    CineFreaks
    Porno, sangre y depredadores prehistóricos

    Desde hace tiempo Alexandre Aja se viene consolidando como un artista de género a tener en cuenta, uno de los pocos realizadores que sabe manejar los resortes de los relatos mainstream sin descuidar el apartado visual y la coherencia interna. Su carrera hasta la fecha ha sido sumamente ecléctica, el francés abarca todas las vertientes: desde el drama de ciencia ficción de su opera prima Furia (1999), pasando por el terror psicológico de Alta Tensión (Haute Tension, 2003) y el slasher de Despertar del Diablo (The Hills Have Eyes, 2006), hasta la historia de fantasmas vengadores de Espejos Siniestros (Mirrors, 2008).

    No podemos obviar la circunstancia de que sus méritos se duplican debido a que hoy estamos ante su tercera remake consecutiva: la muy enajenada Piraña 3D (Piranha 3D, 2010) es una reinterpretación de aquel clásico de culto de 1978 dirigido por Joe Dante y producido por Roger Corman que a su vez funcionaba como un simpático rip-off de Tiburón (Jaws, 1975). A partir de un guión de Pete Goldfinger y Josh Stolberg, Aja construye un parque de diversiones desproporcionado en donde los elementos centrales son el sol, las mujeres ligeras de ropa y los pequeños depredadores prehistóricos del título.

    La película en sí es una combinación extremadamente eficaz entre comedia y horror, siempre orientada a ridiculizar de una forma bastante brutal la estupidez e ignorancia del norteamericano promedio de espíritu parrandero. También puede ser leída como una parodia/ homenaje al gore moralista de desnudos de la década del ´80, en el cual todos los personajes de vida licenciosa tenían un deceso espeluznante y sólo el protagonista virginal vivía para contar lo sucedido (por supuesto hasta el inicio de la ineludible secuela, cuando lo asesinaban para pasar la posta a un colega y recomenzar el ciclo de la cacería suprema).

    En el preciso instante en que un pueblito de Arizona está atiborrado de turistas por las vacaciones de primavera, un movimiento sísmico en el fondo del Lago Victoria libera a miles de pirañas que han sobrevivido a través de los siglos mediante el canibalismo. De hecho, durante la primera escena hay un cameo de Richard Dreyfuss que nos permite avizorar el resto: el tono cínico y el ritmo frenético casi nunca se han llevado tan bien en términos generales, aquí incorporando una gran utilización de las tres dimensiones con referencias onanistas al porno, el machismo, la muerte, el espectáculo y la degradación.

    Queda claro que la eficiencia del convite se deriva en parte de un elenco de una extraordinaria singularidad: Elisabeth Shue, Ving Rhames, Jerry O´Connell, Eli Roth y Christopher Lloyd colaboran en el “vale todo” de una propuesta exacerbada que no siente la más mínima culpa y se asume portadora de una locura tan hilarante como vital (hay desde ballets de pechos subacuáticos hasta penes regurgitados hacia cámara). Aja se confirma como un entusiasta perspicaz del despropósito y nos ofrece un festival clase B que le rinde tributo al cine trash, así el sexo y las masacres se entremezclan con la gloriosa anarquía.
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  • Desconocido
    Desconocido
    CineFreaks
    Las ironías de la memoria

    La nueva obra del talentoso Jaume Collet-Serra lo ubica en una posición inmejorable dentro del Hollywood contemporáneo, siempre repleto de asalariados que en última instancia demuestran ser incapaces de redondear una propuesta en verdad interesante: lo que el catalán hizo con el slasher en La Casa de Cera (House of Wax, 2005) y con el suspenso en La Huérfana (Orphan, 2009), aquí lo repite con el thriller de espionaje en la maravillosa Desconocido (Unknown, 2011), otro ejemplo del camino que debería transitar el cine de género. Concretamente nos referimos a una estrategia orientada a trabajar la tensión narrativa desde un registro realista, dinámico, cauteloso y con explosiones aisladas de furia.

    En un principio la historia parece seguir los pasos de Búsqueda Frenética (Frantic, 1988) de Roman Polanski para rápidamente virar hacia un cóctel muy lúcido de Intriga Internacional (North by Northwest, 1959), El Hombre que Sabía Demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1956) y algunos leitmotivs extraídos de la trilogía del inefable Jason Bourne. El Doctor Martin Harris (Liam Neeson) y su esposa Elizabeth (January Jones) llegan a Berlín por primera vez para una conferencia sobre biotecnología pero la estadía resulta un tanto difícil debido a que se olvidan la valija con los pasaportes en el aeropuerto y encima el señor termina en coma en un hospital producto de un accidente automovilístico.

    Grande será su sorpresa cuando al despertar descubra que padece amnesia parcial, su mujer no lo reconoce y otro hombre ha asumido su identidad. Con la asistencia de Gina (Diane Kruger), la taxista que le salvó la vida, y Ernst Jürgen (Bruno Ganz), un investigador privado y ex miembro de la Stasi, hará todo lo posible para recuperar su pasado y eventualmente enfrentar a un dúo de sicarios implacables que no dejan de perseguirlo. Como puede apreciarse el elenco aglutina apellidos de renombre de distintas nacionalidades en un ensamble que funciona a la perfección dentro de los parámetros clasicistas del guión de Oliver Butcher y Stephen Cornwell a partir de una novela de Didier Van Cauwelaert.

    Si bien se agradecen las pequeñas participaciones de Frank Langella y Sebastian Koch, de nuevo el que se lleva las palmas a pura serenidad y eficacia es Liam Neeson: el protagonista ayuda al director a asentar el verosímil en un espíritu retro que incluye un desarrollo progresivo del enigma principal, una puesta en escena meticulosa, mucha profesionalidad en los rubros técnicos y un puñado de elaboradas secuencias de acción. Collet-Serra esquiva el facilismo del torbellino hiperquinético y construye en cambio una pesadilla acerca de las ironías de la memoria con una vuelta de tuerca final a la Alfred Hitchcock que en términos prácticos homenajea a aquellos queridos MacGuffins del inglés.
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  • El cisne negro
    El cisne negro
    CineFreaks
    Anexo de crítica: El extraordinario Darren Aronofsky vuelve a sorprender con El Cisne Negro (Black Swan, 2010), una fascinante mixtura de Las Zapatillas Rojas (The Red Shoes, 1948) y Repulsion (1965). Ya desde el mismo prólogo queda explícito que no seremos testigos de un proceso de enajenación progresiva sino más bien de la manifestación visual de un desfasaje interno: respetando los parámetros del nihilismo a la Stanley Kubrick, todo está perdido desde el comienzo por lo que se torna imperativo trasladar en imágenes la esquizofrenia elemental (así la creatividad y el talento pasan al servicio del horror más sutil, el de la represión engendrada por innumerables ataques externos). Mientras que El Luchador (The Wrestler, 2008) era una obra humanista acerca de un deporte marginal, aquí tenemos su opuesto exacto, una pesadilla freudiana con ribetes existencialistas y tono claustrofóbico sobre un arte extremadamente snob. La labor de Natalie Portman y la secuencia final de la “transformación” son en verdad apabullantes…
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  • Temple de acero
    Temple de acero
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Bajo la apariencia de subvertir los resortes del western imponiendo a una niña como protagonista, los hermanos Joel y Ethan Coen en realidad construyen su película más ortodoxa hasta la fecha: la joven reúne todos los típicos rasgos masculinos, la estructura sigue el derrotero tradicional del género y el humor característico del dúo está administrado con cuentagotas. Tan fundamentalista como eficaz, Temple de Acero (True Grit, 2010) se destaca en especial por sus excelentes diálogos y la maravillosa actuación de Jeff Bridges...
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  • El discurso del rey
    Anexo de crítica: No hay nada particularmente destacable en la prolija El Discurso del Rey (The King´s Speech, 2010) salvo la correcta actuación de Colin Firth y la prodigiosa presencia de Geoffrey Rush, quien por cierto haciendo de sí mismo le pasa el trapo al susodicho. Sin lugar a dudas el realizador Tom Hooper había demostrado una mayor valentía en Longford (2006), aquí apenas si entrega una película tan conservadora y acrítica como cabía esperar en función de todas las atenciones recibidas por parte de la Academia...
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  • El rito
    El rito
    CineFreaks
    Seminario de exorcismo para escépticos

    A esta altura podemos afirmar que Mikael Håfström desarrolló su carrera en Hollywood siguiendo un recorrido formalmente similar al de su itinerario sueco: tenemos ante nosotros un puñado de films que abarcan distintos géneros y se caracterizan por una fotografía preciosista pero moderada, un discurso bien definido y una correcta labor por parte del elenco. Dentro del pelotón de los directores meticulosos aunque nunca deslumbrantes, el hombre una y otra vez ha sabido sobrellevar con dignidad la pobreza de los guiones, esa clásica afección -en extremo contagiosa- que padecen los representantes de su fraternidad.

    Tanto Descarrilados (Derailed, 2005) y 1408 (2007) como la por aquí inédita Shanghai (2010) fueron productos nobles que alcanzaron sus metas ofreciendo exactamente lo que prometían. El Rito (The Rite, 2011) es una realización respetuosa para con la inteligencia del espectador y eficaz desde el punto de vista de los resortes prototípicos del terror, hoy sin duda inclinados en pulso hacia el suspenso: trabajando el tópico de las posesiones demoníacas, la película toma prestados elementos varios de El Exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005) y la obra maestra El Exorcista (The Exorcist, 1973).

    La trama se centra en Michael Kovak (Colin O´Donoghue), un joven que decide estudiar para convertirse en sacerdote como un medio de escape del “negocio familiar”, una funeraria encabezada por el adusto Istvan (Rutger Hauer). Luego de cuatro años, Michael continúa firme en su desazón y escepticismo, por lo que el Padre Matthew (Toby Jones), su superior inmediato, prácticamente lo obliga a asistir a una especie de seminario de exorcismo que se dictará en Roma. Allí el profesor Xavier (Ciarán Hinds) lo remitirá al Padre Lucas (Anthony Hopkins), un experto que vive en contacto cotidiano con el maligno.

    Håfström disimula los lugares comunes del relato privilegiando el apartado visual y las actuaciones de los dos protagonistas principales, Hopkins y O´Donoghue (el sabio creyente y el neófito en plena crisis existencial). El verosímil está construido con paciencia y se mantiene lejos de las desproporciones industriales, léase CGI y demás fanfarrias que podrían acercar al opus a la autoparodia. Si bien El Rito es previsible y no entrega ninguna novedad significativa, cabe señalar que su estructura narrativa es más que precisa y su tono apesadumbrado funciona a la perfección en un contexto cargado de dubitaciones religiosas.
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  • Sudor frío
    Sudor frío
    CineFreaks
    Sudor Frío (2011) es una encantadora experiencia “clase B” sustentada en un guión dinámico que incluye chispazos de humor muy eficaces. Adrián García Bogliano homenajea a la excelente Carga Maldita (Sorcerer, 1977) de William Friedkin y construye un puñado de escenas tan bizarras que recuerdan a los productos ATP más enajenados de la década del ´80. A pesar de que la labor del elenco deja mucho que desear y los villanos no convencen del todo, la película entretiene gracias a su más que interesante nivel técnico, ubicándose por encima de Visitante de Invierno (2008) y Aparecidos (2007) aunque detrás de la reciente La Casa Muda (2010)...
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    CineFreaks
    Anexo de crítica: En Lazos de Sangre (Winter´s Bone, 2010) la realizadora Debra Granik esquiva lo que podría haber sido un típico melodrama exacerbado del cine independiente y ofrece en cambio una especie de film noir naturalista acerca de las consecuencias de la endogamia, la pobreza y la estupidez que aún hoy caracterizan a ciertas regiones de Estados Unidos. Si bien aquí no encontraremos nada que no se haya visto en innumerables ocasiones, la propuesta sobrepasa a gran parte del Hollywood contemporáneo en cuanto a desarrollo general y autenticidad…
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  • El Avispón Verde
    Elogio de la idiotez

    Sólo con ver el trailer uno podía deducir que El Avispón Verde (The Green Hornet, 2011) prometía ser una de las peores películas del año: el producto final no cae tan bajo aunque tampoco se aleja de la mediocridad más absurda. Estamos hablando de la adaptación cinematográfica de un justiciero estadounidense -no muy popular por estas pampas- que debutó en radioteatro allá por 1936 para luego extenderse hacia seriales fílmicos, comics y la tira televisiva de la década del ´60, su encarnación más recordada. Con Van Williams como el héroe y el inmortal Bruce Lee como su fiel asistente Kato, la propuesta pretendía aprovechar el gran éxito de su hermana gemela Batman pero apenas si duró 26 episodios.

    Por supuesto que la mayoría de los productores de Hollywood carecen de ideas y suelen divagar con apellidos que entran y salen de cualquier proyecto sin la más mínima coherencia, no obstante contratar a Seth Rogen para protagonizar y escribir el guión de una parodia símil Kick-Ass (2010) supera todas las expectativas en lo que a despropósitos se refiere: su intervención inmoviliza el relato debido a su incapacidad de construir por lo menos una escena creíble en donde encontremos algún tipo de historia que hilvane la eterna repetición del mismo chiste (una y otra vez se insiste con el cliché del niño rico y arrogante que no sabe cómo encarar el “hobby” que comparte con Kato, eso de combatir al crimen).

    La característica distintiva que ha sobrevivido del convite original es precisamente la más patética: al igual que en el pasado, el carismático responsable de componer al secuaz, en esta ocasión Jay Chou de La Maldición de la Flor Dorada (Man cheng jin dai huang jin jia, 2006), termina opacando al vigilante enmascarado del título. De hecho, es el único intérprete cuya labor merece ser destacada ya que el desempeño del resto del elenco genera un poco de vergüenza ajena (Tom Wilkinson, Edward James Olmos, Christoph Waltz y Cameron Diaz deambulan perdidos en una trama carente de encanto y/ o interés). El seudo humor de Rogen es de una precariedad absoluta y se queda en un triste elogio de la idiotez.

    En buena medida Michel Gondry también consigue salir inmune, aquí en su quinto opus luego del díptico con Charlie Kaufman, Human Nature (2001) y Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), y el par en solitario, Soñando Despierto (La Science des Rêves, 2006) y Rebobinados (Be Kind Rewind, 2008). Si bien el director regala un puñado de prodigiosos detalles visuales, a decir verdad hay que aguardar hasta el desenlace para disfrutar de su imaginación a pleno y cuando llegan los créditos el daño acumulado resulta irremediable. Esperemos que Rogen regrese a los roles secundarios, en los que su inexpresividad y su falta de talento pasan más desapercibidas…
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  • Conocerás al hombre de tus sueños
    Bálsamos del escapismo

    Cuesta creerlo pero a sus 75 años el extraordinario Woody Allen nos ofrece su opus número 41, un verdadero récord en el terreno de la productividad cinematográfica que nos obliga a formular algunas consideraciones respecto a los dos macro períodos de su carrera. Prácticamente todos los fundamentalistas abrazan con nostalgia la etapa de la explosión creativa, la cual abarca las primeras propuestas y a su vez se divide en los “años Diane Keaton” (década del ´70) y los “años Mia Farrow” (década del ´80): a lo largo de este tramo se aglutinan las realizaciones más valiosas del neoyorquino, sus obras maestras atemporales. Durante los cuatro lustros posteriores asistimos a una catarata algo errática de films que, aun conservando una enorme calidad e inteligencia, sin dudas dejan de lado aquellas inquietudes experimentales del ayer. De hecho, el rasgo distintivo de la etapa de la compulsión laboral pasa por la exacerbación y maximización de elementos ya presentes.

    Sólo si se acepta este estado de cosas se podrá disfrutar de películas tan exquisitas como Conocerás al Hombre de tus Sueños (You Will Meet a Tall Dark Stranger, 2010), un más que generoso oasis en medio de la andanada pasatista contemporánea. En términos concretos Allen regresa a Londres aunque se mantiene lejos de su anterior “trilogía criminal británica”, compuesta por Match Point (2005), Scoop (2006) y El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, 2007): superando con creces a la todavía inédita en Argentina Whatever Works (2009) y en especial recobrando el nivel de Vicky Cristina Barcelona (2008), aquí el director saca a relucir un nihilismo curiosamente tolerante para con esos placebos cotidianos que -a caballo del absurdo y la irracionalidad- nos hacen la existencia un poco menos cruenta y mucho más soportable. Las ironías del destino y el devenir caótico de la vida se unen a los bálsamos del escapismo y el inefable poder de la ilusión.

    La historia funciona como una comedia negra de relaciones y gira alrededor de dos matrimonios con fecha de vencimiento, el de Alfie Shebritch (Anthony Hopkins) y Helena (Gemma Jones), y el de la hija de ambos, Sally (Naomi Watts), con Roy Channing (Josh Brolin). Alfie pretende recuperar la juventud perdida y para ello abandona a Helena, quien pronto entra en una crisis que la lleva a caer bajo las garras de Cristal (Pauline Collins), una adivinadora de la fortuna/ consejera espiritual que le comunica exactamente lo que quiere oír. Mientras su padre sorprende a todos casándose con una prostituta llamada Charmaine (Lucy Punch), Sally se siente frustrada porque desea un hijo y ve con buenos ojos a su jefe Greg (Antonio Banderas), propietario de una famosa galería de arte. Su esposo Roy tampoco se queda atrás en lo referido a esperanzas maltrechas: en el eterno periplo de terminar su segunda novela, trata de acercarse a su bella vecina hindú, Dia (Freida Pinto).

    A pesar de que quizás el recurso del locutor en off por momentos peca de redundante, el desarrollo de personajes y la amplia riqueza de los mismos justifican de sobra la estructura narrativa y de paso ratifican a Allen como un gran virtuoso del relato coral (así es cómo su talento para la dirección de actores y el retrato de los engranajes de la seducción corre a la par del excelente desempeño del elenco). El registro habitual de los diálogos, orientado hacia los remates cortantes, en esta ocasión está atenuado en consonancia con un tono un poco más trágico, no tanto por el contexto específico sino por el realismo y la mesura necesarias para construir con franqueza una pluralidad de protagonistas atravesados por la melancolía: recordemos que la insatisfacción y el fantasma permanente de la muerte juegan un papel central y no pueden ser obviados, de esta forma la felicidad se nos aparece como pasajera debido a que la risa tiene su costo y jamás llega sin una dosis similar de lágrimas.
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  • La casa muda
    La casa muda
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Esta anomalía absoluta que nos llega desde Uruguay combina con perspicacia El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999), Rec (2007) y hasta elementos varios de Psicosis (Psycho, 1960). El director Gustavo Hernández obtiene un buen desempeño por parte del elenco, se luce en la puesta en escena y sabe camuflar sutilmente los cortes para hacernos creer que su opera prima está filmada de corrido en una única toma. En síntesis, estamos ante una película que merece nuestro apoyo tanto por su eficacia concreta como por la valentía de encarar/ enarbolar un género como el que hoy nos ocupa. Queda claro que por una vez las buenas intenciones dejan sus frutos y todos salen ganando: el público descubre que se puede producir terror digno en el sur, la crítica se sacude la modorra típica de su ombliguismo y los responsables demuestran que un presupuesto limitado no es obstáculo de nada si se cuenta con una pizca de inteligencia…
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  • El oso Yogi
    El oso Yogi
    CineFreaks
    Cleptomanía culinaria

    Desde hace más de dos décadas Hollywood está obsesionado con recrear cuanto producto familiar o infantil haya quedado en el inconsciente colectivo de generaciones pasadas con la presunta certeza de apostar a seguro: el razonamiento de los popes de los estudios parece ser “si ayer funcionó, con algo de chapa y pintura hoy también debería satisfacer las expectativas”. De esta forma se dan cita dos problemas mayúsculos que pasan por la “chapa y pintura” (guiones lastimosos que rebozan mediocridad) y ese inefable “debería satisfacer las expectativas” (sin un verdadero análisis se elige materia prima sumamente anacrónica).

    Así las cosas, propuesta tras propuesta que llega a la pantalla grande no hace más que defraudar en esta doble vertiente que abarca las características del opus originario y la triste incompatibilidad al momento de la adaptación. Para colmo de males la situación empeora por el desgano y la desidia que suelen manifestar los realizadores de tales engendros: todo lo anterior nos obliga a admitir que El Oso Yogi (Yogi Bear, 2010), si bien tan limitada y leve como cabría esperar, por lo menos no cae en los bajos fondos de otros desastres recientes del género y resulta prácticamente inofensiva para los pequeños, su nicho natural.

    En términos históricos los cartoons de la factoría comandada por William Hanna y Joseph Barbera fueron siempre ninguneados por la competencia (a pesar del éxito televisivo de sus múltiples obras, la Disney y la Warner Bros. nunca los tomaron demasiado en serio en lo que a calidad se refiere). De hecho, el film que hoy nos ocupa es una especie de copia al carbónico -aunque remixada- de un típico capítulo de aquella tirada inicial de los ´60: Yogi y Boo Boo deben ayudar al Guardia Smith a frustrar el plan del Alcalde Brown, quien pretende talar el Parque Jellystone para sanear las cuentas y postularse para gobernador.

    Las modificaciones en realidad son mínimas: ahora el otrora enemigo se convierte en aliado, tenemos un interés romántico para Smith y el mensaje ecologista aparece en primer plano. Eric Brevig, un encargado de efectos especiales devenido director, aquí en su segundo intento luego de Viaje al Centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth, 2008), sabe aprovechar los CGI, impone un ritmo narrativo aceptable y sobre todo se mantiene fiel al diseño original de personajes. Por supuesto que la apelación a latiguillos y fórmulas gastadas termina destruyendo el encanto retro de tanta cleptomanía culinaria…
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  • Tres monos
    Tres monos
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Estamos ante un interesante drama moral símil Krzysztof Kieslowski que le pega duro a la incomunicación, el individualismo y las estructuras del poder. Con un gran desempeño por parte del realizador Nuri Bilge Ceylan, el film de por sí constituye una verdadera rareza: no siempre arriban a la cartelera porteña representantes de la cinematografía turca…
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  • El turista
    El turista
    CineFreaks
    Anexo de crítica: La verdad es que genera un poco de vergüenza ajena que Florian Henckel von Donnersmarck, realizador de La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen, 2006), sea el máximo responsable de una propuesta tan fallida como El Turista (The Tourist, 2010), suerte de thriller romántico que pretende rescatar los films de espionaje de la década del ´50 pero sin la más mínima pasión o encanto. Angelina Jolie y Johnny Depp están en piloto automático, la narración no ofrece sorpresas y el preciosismo visual apenas si funciona como un aliciente…
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  • Los viajes de Gulliver
    Carisma y levedad

    Antes que nada conviene llamar a las cosas por su nombre y no andar con eufemismos: Los Viajes de Gulliver (Gulliver´s Travels, 2010) es el típico producto hollywoodense que toma prestada una premisa cualquiera, en este caso extraída de la inmortal obra de Jonathan Swift, con vistas a explotarla en tanto vehículo a la medida de la estrella de turno. En un contexto de estas características el éxito o el fracaso depende de la capacidad de los responsables de mantener una mínima dignidad y no traicionar a un público ATP adepto a los lugares comunes, los chistes previsibles y esa recurrente catarata de efectos digitales.

    Otro factor importantísimo para poder disfrutar del convite pasa el simple gusto personal de cada espectador: si el protagonista no resulta simpático la experiencia en su conjunto puede volverse en extremo insoportable. Por cierto actualmente no debe existir intérprete que divida más las aguas que Jack Black, un verdadero “tómelo o déjelo” cinematográfico. El actor de maravillas como Escuela de Rock (The School of Rock, 2003), Nacho Libre (2006) y Rebobinados (Be Kind Rewind, 2008) es en sí mismo un cúmulo de referencias musicales, televisivas y de cultura pop en general que no siempre son aceptadas por todos.

    Como la trama es archiconocida sólo diremos que ahora Lemuel Gulliver (Black) es un triste empleado de correos que -fruto de su amor por Darcy Silverman (Amanda Peet)- termina con el encargo de escribir una nota acerca del Triángulo de las Bermudas. Desde ya que pronto se pierde con su embarcación en medio de una terrible tormenta y sin quererlo arriba a Lilliput, una tierra en la que será un gigante entre diminutos seres humanos. El limitado guión de Joe Stillman y Nicholas Stoller deja bastante que desear y los mejores momentos del film dan la sensación de que han sido improvisados por el estupendo elenco.

    De hecho, Emily Blunt como la Princesa Mary y Chris O´Dowd como el malvado General Edward colaboran contrapesando el carisma visceral de Black. El anodino Rob Letterman, en su tercer opus luego de Monstruos vs. Aliens (Monsters vs Aliens, 2009) y El Espanta Tiburones (Shark Tale, 2004), sustituye el tono satírico del original por una prudente levedad que no molesta pero tampoco despierta demasiado entusiasmo. Si bien los CGI cumplen para el nivel contemporáneo, el doblaje al castellano es paupérrimo: aún así se agradecen las hilarantes alusiones a Star Wars (1977), Titanic (1997) y Kiss de Prince…
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  • Escupiré sobre tu tumba
    Feminismo de barricada

    Si de exploitation de venganza exacerbada se trata quizás el más infame sea Day of the Woman (1978), un film mucho más conocido bajo el título que le asignaron unilateralmente los distribuidores, I Spit on Your Grave: hablamos de un clásico de culto que en su momento funcionó como una mixtura de Amarga Pesadilla (Deliverance, 1972) y Perros de Paja (Straw Dogs, 1971), aunque realizada dentro de las limitaciones presupuestarias de The Last House on the Left (1972). Allí la fórmula narrativa prototípica del subgénero era llevada al extremo de la crudeza a través de prolongadas secuencias de violación y tortura.

    Desde ya que aquella obra no era ninguna maravilla pero cumplía en su pretensión de shockear gracias a una innegable autenticidad, pocas veces alcanzada por el cine: se podría afirmar que compensaba sus deficiencias generales con un discurso feminista de barricada que pintaba muy bien la idiotez de los hombres y de paso nos ofrecía un relato austero de revancha. La remake que hoy nos ocupa es una “versión corregida” de la original, en esencia un verdadero triunfo en lo que respecta a la difícil tarea de aggiornar la propuesta y no perder de vista ese eje vinculado a un ajusticiamiento tan necesario como inexorable.

    La trama mantiene todos los elementos centrales: Jennifer Hills (Sarah Butler) es una joven escritora que alquila una remota cabaña en busca de paz para escribir su novela. Dicha tranquilidad se derrumba cuando un grupo de hombres la ataca y viola, aún así logra salir viva del trance y pronto decide emparejar la situación con estos pajueranos inmundos, representantes de la hipocresía y la misoginia. Las novedades más significativas pasan por la correcta labor del elenco, una mejora en la puesta en escena del asalto, la introducción de un quinto agresor y una vuelta de tuerca a la El Juego del Miedo (Saw) llegando el final.

    Nuevamente la simpleza de la historia y el escueto desarrollo de personajes son factores que están compensados por la brutalidad expresiva y un tono seco que presenta sin maquillaje coyunturas verosímiles que no pretenden contentar al público casual. Por suerte el director Steven R. Monroe y el guionista Stuart Morse esquivan los errores de Meir Zarchi, incluida la secuencia moralista de la iglesia, y permiten que cada cual maneje su estómago a gusto: es casi imposible que alguna mujer se ofenda por esto y sólo los estreñidos pueden objetar un producto eficaz que se despega del promedio contemporáneo.

    Siguiendo la senda de anomalías en el terreno de las remakes como Despertar del Diablo (The Hills Have Eyes, 2006), La Venganza de la Casa del Lago (The Last House on the Left, 2009) y La Epidemia (The Crazies, 2010), la película suplanta el realismo símil documental y demasiado tosco de la primera por climas de suspenso bastante inteligentes y protagonistas repugnantemente precisos (en este contexto se hacen más patéticos los argumentos que suelen esgrimir los psicópatas para justificar sus crímenes). Escupiré sobre tu Tumba (I Spit on Your Grave, 2010) hasta se juega trocando el cuchillo por las tijeras…
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  • Noches de encanto
    Anexo de crítica: Apenas por encima de los patéticos productos de la Disney, Noches de Encanto (Burlesque, 2010) sólo sirve para poner de manifiesto dos circunstancias irrefutables: el pop en sus últimos 20 años ha caído hasta un nivel francamente lastimoso y Cher asesina desde el comienzo a Christina “alaridos insoportables” Aguilera (decir que la opaca es reducir el asunto, la supera en todos y cada uno de los rubros). Plagada de estereotipos, extensa a más no poder y con una triste dirección del inoperante Steve Antin, la película pretende enarbolar un espíritu de “bohemia retro” pero termina demostrando que el musical es un género que requiere de mucho más talento…
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  • Somewhere - En un lugar del corazón
    Anexo de crítica: Con Somewhere (2010), en esencia María Antonieta (Marie Antoinette, 2006) desde el punto de vista de un actor hollywoodense, Sofia Coppola se termina de imponer como una voz única dentro del cine independiente contemporáneo: la soledad, el desapego y la falta de pasión vuelven a ser los hilos conductores de un relato agridulce plagado de tiempos muertos verdaderamente exquisitos. Lejos del nihilismo barato y festivalero de algunos de sus colegas, la realizadora construye obras líricas que se destacan por su sinceridad ideológica y perspicacia estética...
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  • Buen día, día
    Buen día, día
    CineFreaks
    El mito del trovador

    Que el rock argentino siempre ha sido caótico no es precisamente ninguna novedad: desde mediados de la década del ´60 hasta principios de los ´90 (con el advenimiento del menemismo y la pauperización social se cierra el ciclo valioso del movimiento), se formaron y separaron en tiempo record una infinidad de bandas integradas por una serie limitada de apellidos ilustres que iban y venían de proyecto en proyecto. Miguel Abuelo, más allá de su eterna condición de mito inaprehensible, es quizás la figura que más se presta para resumir un trayecto histórico- musical tan convulsionado como nuestro país.

    La génesis de su carrera estuvo en sincronía con la de todos los pioneros, durante los años de fuego recorrió Europa como artista callejero y el boom comercial de los ´80 lo encontró convertido en un verdadero huracán de carisma, puro corazón: lamentablemente a nivel popular sólo se conoce el material de la segunda versión de Los Abuelos de la Nada, la primigenia y la última están en el olvido (y no hablemos de las grabaciones que registró en su periplo francés). Su muerte a causa del SIDA en 1988 marcó un hito y, junto con la desaparición de Federico Moura y Luca Prodan, puso fin a un período de talento y gloria.

    Sinceramente uno no puede más que frustrarse ante Buen Día, Día (2010), un documental expositivo con malogradas pretensiones líricas que no está a la altura del retratado. Ya sea fruto de la amistad o de la necesidad de hacerse con los derechos de las canciones, los realizadores Sergio Constantino y Eduardo Pinto no tuvieron mejor idea que estructurar la película alrededor del “viaje metafórico” de Gato Azul, el único hijo del trovador, en pos de descubrir la esencia de su padre o algo así: la edición nos obliga a soportar tomas estériles del joven en moto que interrumpen a cada rato una biografía de poco peso, casi televisiva.

    Por otro lado ninguna de las entrevistas aporta datos significativos que no hayan sido trabajados en innumerables ocasiones (van pasando los infaltables Pipo Lernoud, Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo, Andrés Calamaro y Kubero Díaz, más Luis Alberto Spinetta, Horacio Fontova, Alfredo Rosso, Miguel Cantilo, etc.). A pesar de que el film acumula algunos testimonios inéditos del protagonista y registros curiosos de presentaciones en vivo, el audio siempre deja mucho que desear. Las buenas intenciones quedan empantanadas en el desfasaje general y la ausencia de una adecuada restauración…
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  • El retrato de Dorian Gray
    El proceso de descomposición

    Como ya lo demostrara en Otelo (Othello, 1995) y La Importancia de Llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest, 2002), a Oliver Parker le fascinan las “adaptaciones cool” de obras insignia del patrimonio cultual británico. En esta ocasión regresa al territorio de Oscar Wilde para ofrecernos otra correcta traslación en términos generales aunque quizás un tanto reduccionista para con la riqueza del original: el cineasta inglés suprimió algunos pasajes, otros los aggiornó y unos cuantos han sido estilizados con el fin de acotar la intenciones satíricas y acercar el relato hacia una suerte de thriller de acento terrorífico.

    La clásica historia faustiana permanece invariante: en la Londres de la segunda mitad del Siglo XIX, el ingenuo y esplendoroso Gray (Ben Barnes) es retratado por Basil Hallward (Ben Chaplin). El protagonista pronto traba amistad con Lord Henry Wotton (Colin Firth) y absorbe toda su idiosincrasia hedonista, fruto de la cual se entregará a un sinnúmero de placeres carnales dedicados a entronizar la belleza, único bien a salvaguardar. Cuando el asesinato entre en la ecuación el joven comprenderá que su deseo se hizo realidad: la pintura padece las marcas de sus actos mientras que su cuerpo simula una oscura eternidad.

    Se debe destacar que el guión del debutante Toby Finlay posee una envidiable capacidad de síntesis y captura sin mayores problemas el eje de la trama, ese proceso paulatino de descomposición moral en donde la influencia del entorno y los límites del ego están puestos en tela de juicio. Sin embargo el que se lleva las palmas es el elenco, sobre todo los siempre eficaces Chaplin y Firth. El caso de Barnes es sumamente peculiar: si bien el actor cumple con solvencia en su rol de carilindo arrastrado por el vicio, por momentos resulta poco convincente y en conjunto obstaculiza la posibilidad de enriquecer los vaivenes narrativos.

    Desde el vamos conviene admitir que estamos ante un producto destinado al público masivo por lo que los “factores pecaminosos” están orientados más hacia el sexo que a las drogas y/o hasta los crímenes (es muy hilarante el criterio aplicado por los responsables del film: muchas mujeres con poca ropa -pero no desnudas- y casi nada de estupefacientes). Parker es uno de esos directores prolijos que descuidan el desarrollo de personajes en pos de “secuencias- resúmenes” sustentadas en una edición videoclipera fuera de contexto. Aún así, queda claro que tópicos como la corrupción y el esteticismo no han perdido vigencia…
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  • Imparable
    Imparable
    CineFreaks
    ¿Y dónde está el maquinista?

    El caso de Tony Scott es bastante peculiar: siempre opacado por su hermano Ridley, el hombre indudablemente dejó su marca en el género de acción sin ser muy consciente de ello, influenció a varias generaciones de colegas sin recibir el crédito correspondiente y para colmo viene filmando la misma película desde Top Gun (1986), detalle más detalle menos. Algunos dirán que lo único bueno que hizo fue El Ansia (The Hunger, 1983), los amantes de los thrillers se inclinarán por Escape Salvaje (True Romance, 1993) y el resto irá a Marea Roja (Crimson Tide, 1995) y El último Boy Scout (The Last Boy Scout, 1991).

    A esta altura no es ninguna novedad que la década precedente fue exitosa a nivel comercial pero sumamente pobre en términos artísticos: dentro de aquella maraña de trabajos tan ambiciosos como huecos, cuesta recordar aunque sea un opus valioso del director en ese período. Se podría afirmar que Imparable (Unstoppable, 2010) en buena medida corrige lo anterior a través de un relato enérgico acerca de una formación ferroviaria fuera de control en la línea de Escape en Tren (Runaway Train, 1985), por supuesto intercambiando la poesía del inmenso Akira Kurosawa por un obrerismo light y oportunista a la Hollywood.

    Luego del poco preciso “inspirado en eventos reales”, comienza el devenir de la típica pareja despareja, Frank (Denzel Washington) y Will (Chris Pine) en esta ocasión, quienes al frente de una locomotora con muchos vagones a cuestas deben evitar colisionar con el extraviado, otro carguero que transporta a toda velocidad sustancias químicas peligrosas (es preferible no adelantar la causa por la que el convoy queda sin maquinista, resulta demasiado hilarante…). Así las cosas, nuestros héroes sortearán amenaza tras amenaza mientras que la encargada Connie (Rosario Dawson) los asiste desde el centro de mando.

    Superando a la mediocre Rescate del Metro 123 (The Taking of Pelham 1 2 3, 2009), aquí Scott construye uno de sus mejores films en años valiéndose de elaboradas escenas de acción que -para variar- consiguen que nos olvidemos desde el inicio de los baches en el desarrollo de personajes. El inglés se contiene en lo que a “cámara hiperquinética” se refiere y ennoblece el limitado guión de Mark Bomback gracias a su clásico festín sensorial (fotografía preciosista, primeros planos implacables y una edición que no descuida la música). Más allá de algunos desaciertos aislados, la intensidad está más que garantizada.
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  • Enredados
    Enredados
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Tan derivativa como correcta, la nueva realización de la Disney respeta el canon clásico del estudio pero tropieza en lo referido a las secuencias musicales (poco interesantes y un tanto forzadas). A pesar de ello Enredados (Tangled, 2010) entretiene ofreciendo un ritmo narrativo fluido y un puñado de personajes muy bien desarrollados. Sin dudas el caballo y el mimo se roban la función…
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  • La epidemia
    La epidemia
    CineFreaks
    El aniquilamiento de un pueblito modelo

    De un tiempo a esta parte pareciera que Hollywood por fin aprendió de sus errores de antaño y pasó a reconsiderar las estrategias disponibles para actualizar propuestas de género de diferentes épocas y/ o geografías. Claramente La Epidemia (The Crazies, 2010) es otra representante de ese grupo de remakes contemporáneas que salen airosas de la difícil tarea de dar nueva vida a lo ya realizado: al igual que La Venganza de la Casa del Lago (The Last House on the Left, 2009) y La Maldición de las Hermanas (The Uninvited, 2009), por citar dos ejemplos, la película cumple y dignifica en lo que al ámbito del horror se refiere.

    Aquí se recrea la muy poco vista The Crazies (1973) de George A. Romero, un film de culto de bajo presupuesto que analizaba la desastrosa respuesta gubernamental y militar frente a una plaga imparable. En buena medida la estructura narrativa sigue siendo la misma aunque en esta oportunidad la historia se enfoca menos en las tropas y más en los sobrevivientes de la debacle: un avión que transportaba un arma biológica secreta cae en un lago y contamina el suministro de agua de un pequeño municipio rural, desencadenando la rápida expansión de un virus que genera comportamientos homicidas entre los lugareños.

    El director Breck Eisner construye sin apuros un relato de resistencia en la línea de la reciente Portadores (Carriers, 2009) y en especial consigue remontar un guión a cargo de Scott Kosar y Ray Wright que no se caracteriza precisamente por su originalidad. Si bien algunas situaciones se resuelven de una forma bastante pedestre, resulta indudable que la trama mantiene el suspenso y saca provecho de un tópico tan caro al ideario estadounidense como el del aniquilamiento de un pueblito modelo, microcosmos que nunca ha dejado de fascinar al público debido a la eterna identificación con esa proximidad entre protagonistas.

    Así es cómo al sheriff David Dutten (Timothy Olyphant), su esposa Judy (Radha Mitchell) y el ayudante Russell Clank (Joe Anderson) no les queda otra opción más que hacer todo lo posible para escapar de este enjambre caótico de infectados, soldados, agentes estatales y civiles varios. Con un gran desempeño en fotografía y maquillaje, La Epidemia termina siendo una obra tan derivativa como eficaz que pone una vez más de manifiesto las “soluciones” improvisadas y brutales que suelen implementar las autoridades ante cualquier indicio de rebelión: por suerte se ha conservado el sustrato ideológico del genial Romero...
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  • Más allá de la vida
    Sentir el dolor

    De un tiempo a esta parte la crítica tiene muy poco que ofrecer frente a cada nuevo film de Clint Eastwood, dicha labor apenas si se limita a remarcar lo ya sabido por todos los espectadores con la sensibilidad necesaria para apreciar la obra de este maestro de maestros del séptimo arte: resulta francamente increíble que a los 80 años el estadounidense aún tenga el coraje suficiente para ampliar sus horizontes y destruir el cerco de lo que se puede esperar de él. Quizás una de las películas más radicales al respecto es la que hoy nos ocupa, Más Allá de la Vida (Hereafter, 2010), una suerte de melodrama con elementos fantásticos que nos presenta en forma paralela tres historias centradas en las consecuencias que se derivan del contacto con la muerte y el mismo hecho de suponer una existencia posterior.

    El interesante guión de Peter Morgan, quien continúa cuesta arriba luego de Frost/Nixon (2008), comienza con la periodista televisiva Marie Lelay (Cécile de France) sobreviviendo a un tsunami en Tailandia y experimentando casi de inmediato visiones protagonizadas por figuras humanas. La trama corta a Londres, en donde los hermanos gemelos de doce años Jason y Marcus (George y Frankie McLaren) hacen lo imposible para que su madre heroinómana conserve la patria potestad: sin embargo con la súbita desaparición de Jason, a quien atropellan accidentalmente, Marcus padece la soledad, elude la pérdida e inicia un periplo en pos de respuestas. Como si esto fuera poco, el trajín incluye también a George Lonegan (Matt Damon), un psíquico de San Francisco que trata de huir de sus facultades.

    Aquí el director supera lo alcanzado en Invictus (2009) y otra vez sale airoso analizando tópicos que a primera vista parecerían ajenos: de este modo vuelve a metamorfosear la propuesta para sumergirla en su clásico humanismo crepuscular. La perspectiva individual de los protagonistas en relación al tema ha sido plasmada en términos narrativos con sumo respeto y sin especulaciones inconducentes. Queda claro que desde Million Dollar Baby (2004) el mítico cineasta está escribiendo su testamento a partir de un andamiaje ideológico tan esperanzado como de costumbre aunque relativamente más amargo, metiéndose en disyuntivas que plantean lo irremediable de determinadas situaciones mientras señalan a los responsables de turno (tanto en lo que atañe a los rasgos positivos como a los negativos).

    Lejos de los típicos atajos de la idiosincrasia norteamericana, Eastwood se toma su tiempo para desarrollar los personajes, dibujar su entorno y explicitar opciones que en muchos ámbitos no son tales precisamente porque escapan al control de estos seres contradictorios, complejos y testarudos a más no poder. Así es cómo el realizador, fiel a su coherencia y sabiduría, optó por construir su opus alrededor de la circunstancia de sentir el dolor y la frustración en vez de la alternativa de priorizar a la mera muerte. Como siempre la fotografía, la música y el desempeño del elenco se condicen con la extraordinaria riqueza general y colaboran para que estemos ante una experiencia cinematográfica de una belleza abrumadora, capaz de involucrarnos -creamos o no- en todos estos vaivenes del corazón.
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  • Los bastardos
    Los bastardos
    CineFreaks
    Anexo de crítica: Los Bastardos (2008) no pasa de ser una versión lavada y sumamente hueca de Funny Games (1997), ahora en clave de “inmigrantes ilegales mexicanos” (el discurso etéreo sobre la violencia posmoderna ha sido trabajado en innumerables ocasiones). El soporífero timing narrativo a la Andrei Tarkovski no se condice con un planteo ideológico muy escueto: la cosa podría haber mejorado si el realizador Amat Escalante -en vez de malgastar todo el presupuesto en la simpática escena final- hubiese contratado a actores profesionales. En síntesis, otro producto festivalero que exuda torpeza y demagogia...
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  • Las crónicas de Narnia - La travesía del viajero del alba
    Anexo de crítica: Sin dudas el rendimiento por debajo de lo esperado de Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian (The Chronicles of Narnia: Prince Caspian, 2008) marcó el fin de las tentativas de Hollywood por encontrar una nueva gallina de los huevos de oro una vez agotada la saga de El Señor de los Anillos (lo que por cierto no quita que hoy todas las miradas se posen sobre El Hobbit). El precedente fue un período en el que exploitation tras exploitation pretendía ocupar el lugar vacante y fallaba miserablemente, tanto a nivel comercial como artístico. Luego de que la Disney se lavara las manos, ahora la Fox toma la posta con la tercera entrada de la tediosa franquicia: al igual que en las anteriores, Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Viajero del Alba (The Chronicles of Narnia: The Voyage of the Dawn Treader, 2010) sufre de un tono grandilocuente pero aniñado al mismo tiempo, plagado de referencias cristianas vetustas y muy poca fluidez narrativa. Por supuesto el humor simplón, el pobre desempeño del elenco y la ausencia de imaginación en lo que respecta a las escenas de acción colaboran para que estemos ante otra película rutinaria que, si bien se ubica por encima de bazofias absolutas como las Harry Potter, roba a mansalva elementos de Piratas del Caribe y para colmo desaprovecha el formato 3D. Esperemos que en el futuro regrese la hermosa Tilda Swinton para algo más que un cameo…
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  • El ilusionista
    El ilusionista
    CineFreaks
    Melancolías del Music Hall

    Quizás pocos lo recuerden pero hace ya siete años nos topábamos de improviso con la que se convertiría en una de las películas animadas más queridas de la década, Las Trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville, 2003), aquella obra surrealista, kitsch, muda y de corazoncito retro comandada por el enajenado Sylvain Chomet. La carrera posterior del cineasta estuvo marcada por una serie de proyectos frustrados por razones de variada índole: primero se vio obligado a cancelar Barbacoa debido a la escasez de recursos, luego fue expulsado por la Universal Pictures de Despereaux- Un Pequeño Gran Héroe (The Tale of Despereaux, 2008) a causa de desavenencias creativas y finalmente, sin trabajo, no le quedó otra que desmantelar Django Films, su estudio de animación ubicado en Edimburgo.

    Sin embargo supo abrirse camino entre tantas dificultades y hoy podemos disfrutar de su segundo largo como director, El Ilusionista (L´Illusionniste, 2010): hablamos de una propuesta basada en un guión que Jacques Tati dejó sin realizar, circunstancia que le otorga un aura insólita al convite no tanto por los homenajes explícitos (que por supuesto los hay) sino más bien por las diferencias para con los rasgos generales que cabrían esperar (en función de aquellos seis opus históricos). De hecho, Chomet se despega a conciencia del humor visual sustentado en meticulosas coreografías y se centra muchísimo más en una anécdota minúscula, la amistad entre un mago y una adolescente, con el fin de retomar la crítica a una sociedad consumista que se muestra indiferente a la suerte de sus miembros.

    Nuevamente tenemos a nivel formal todas las características de Las Trillizas de Belleville: personajes lánguidos y de trazo artesanal, fondos oscuros pero plagados de colores pasteles, utilización sutil y no invasiva del 3D, pluralidad de rostros con facciones caricaturizadas y ciertos pormenores de un inusitado realismo. El protagonista, una representación directa de Tati, ve peligrar su medio de subsistencia frente al avance masivo de productos típicos de la modernidad del Siglo XX como el pop y la televisión. Después de encontrar en una comunidad aislada de Escocia a una joven de condición humilde, la chica lo acompaña en un derrotero en donde la pobreza, la frustración y las melancolías varias del Music Hall son las verdaderas estrellas (así ventrílocuos, payasos y equilibristas sufren también el olvido).

    Satirizando el supuesto “progreso material” que nos llega en envases tan antisépticos como insípidos, Chomet cita con inteligencia a Mi Tío (Mon Oncle, 1958) y respeta a rajatabla el legado del cómico francés aunque al mismo tiempo subvierte nuestras expectativas acercándolas al cine de Charles Chaplin, de quien el propio Tati era un devoto admirador. El Ilusionista es una creación de una belleza arrolladora que se rebela contra la animación mainstream estadounidense. Con un ritmo narrativo sosegado y un tono entre tierno y distante, el film debe ser leído como una comedia dramática silente que no busca impostar sonrisas y/o complacer a los oligofrénicos de siempre: estamos ante un retrato sincero de un fracaso construido a partir de detalles líricos en los que el declive suprimió toda magia.




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  • Tron: El legado
    Tron: El legado
    CineFreaks
    Aunque TRON: El Legado (TRON: Legacy, 2010) se nos presenta como una secuela del singular clásico de 1982, en realidad estamos ante una suerte de remake aggiornada que retoma con sumo respeto tanto aquella estética minimalista como el tono narrativo distante (en esta ocasión apenas “lavado” para generar un poco más de empatía con el público). En esencia tenemos la misma película casi treinta años después: movilizadora en términos visuales pero muy discreta desde lo conceptual, hoy apuntalada en la bella fotografía de Claudio Miranda y el simpático house kitsch de Daft Punk. Con el correr de las décadas el diseño de vanguardia del original se transformó en estándar y aquel disparador argumental en modelo de un sinnúmero de films posteriores; circunstancias que sin embargo no le quitan mérito a esta correcta ópera prima de Joseph Kosinski, un artesano que definitivamente no pudo superar lo hecho por James Cameron en el terreno de los CGI (por momentos el rostro de Clu entorpece la fluidez de la animación). Más que por el 3D habría que preocuparse por verla con subtítulos ya que la actuación de Jeff Bridges resulta fundamental...
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  • Personalidad múltiple
    ¿El cambio es una elección?

    La pobre Sarah Michelle Gellar sigue sin encontrarle un rumbo a su carrera y proyectos deficitarios como el presente no hacen más que confirmar sus problemas a la hora de hallar un film más o menos interesante. Por supuesto que en esta coyuntura juegan un rol central el encasillamiento y las pocas ideas de los productores de Hollywood: a partir del final de Buffy, La Cazavampiros, tanto desde la industria como de los márgenes independientes, no han cesado de ofrecerle el mismo papel de esposa treintañera acosada por fantasmas (lo paradójico es que sus lamentables intentos de hacer algo distinto generan aún más miedo).

    Con semejante título y una mínima sinopsis ya está todo dicho: Personalidad Múltiple (Possession, 2009) comienza presentándonos las tensiones existentes entre Jess (Gellar) y su cuñado Roman (Lee Pace), sin que su marido Ryan (Michael Landes) se preocupe demasiado al respecto. El ex presidiario abandona de golpe el hogar de la pareja, su hermano se marcha desesperado a buscarlo y ambos terminan en coma luego de chocar uno contra el otro en un terrible accidente automovilístico. El asunto empeora cuando Roman se despierta y afirma ser Ryan, situación a la que Jess paulatinamente se irá acostumbrando…

    Para aquellos que no lo sepan estamos hablando de una remake de una película surcoreana llamada Addicted (Jungdok, 2002), la cual por cierto era muchísimo mejor que este opus deslucido de los suecos Joel Bergvall y Simon Sandquist. Combinando el suspenso psicológico y el thriller sobrenatural, sin salir airosa en ninguna de las dos vertientes, la propuesta no llega a ser un mamarracho pero exuda torpeza durante gran parte de la narración y en conjunto no encontramos ni un gramo de originalidad. Los únicos puntos que merecen ser rescatados son las actuaciones y el segmento melodramático de la mitad.

    Al igual que El Día del Juicio Final (Unthinkable, 2010), Personalidad Múltiple salió en el mercado norteamericano como un “directo a DVD”: si hay apellidos de renombre esta falta de confianza suele ser un indicio de que la realización sufrió inconvenientes varios (ya sea desavenencias entre los responsables, disconformidad con el resultado final o simples dificultades financieras de las compañías involucradas). De hecho, Yari Film Group pidió la quiebra antes del estreno y así le regaló un poco más de mala suerte a Sarah Michelle Gellar, quien a esta altura se debe estar preguntando si el ansiado cambio es una elección...
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  • El inmortal
    El inmortal
    CineFreaks
    Nunca puede llegar a ser mala una película intitulada El Inmortal (L'immortel, 2010) y protagonizada por un Jean Reno desenfrenado que regresa de la muerte luego de recibir 22 balazos. Tan esquemático como eficaz, el opus de Richard Berry comienza austero en tono policial para de a poco ir virando hacia un exploitation de venganza nada sutil. En síntesis, gracias al cine industrial francés recuperamos al Reno que todos queremos, ese asesino furtivo especializado en zares de la cocaína...
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  • El día del juicio final
    Elogio del tormento

    Ya sea por los misterios insondables de la distribución global o por las pocas luces de algunos de los involucrados, hoy nos topamos en Argentina con el estreno de un film que en el mercado estadounidense salió como un “directo a DVD” (parece que no le tenían mucha confianza al producto…). El Día del Juicio Final (Unthinkable, 2010) es una típica “película planteo” que sigue la consigna un tanto quemada de “qué pasaría si…”: mientras que este disparador circunstancial en una propuesta estándar de género podría resultar inocente, en el contexto de un thriller político cae de lleno en el terreno de la manipulación.

    El norteamericano convertido al Islam Steven Arthur Younger (Michael Sheen) envía un video a las autoridades en el que exhibe tres bombas nucleares programadas para explotar en menos de una semana. Pronto se deja atrapar y desde ese momento tanto el FBI como el Ejército quedan al servicio de un “consultor externo” de la CIA que responde al seudónimo de “H” (Samuel L. Jackson), un carnicero especializado en doblegar a prisioneros. Así las cosas, la agente del FBI Helen Brody (Carrie-Anne Moss) no verá con buenos ojos el “modus operandi” de H, el cual incluye diversas amputaciones y cirugía dental innecesaria.

    Corriendo el telón de inmediato para demostrar de qué va el asunto en realidad, no se puede más que señalar que estamos ante una combinación bastante barata de porno de torturas y suspenso de entorno cerrado, todo presentado bajo la apariencia de un “drama serio” centrado en los alcances concretos de los estatutos para combatir al terrorismo. Las torpezas y baches esporádicos de la mísera historia ideada por Peter Woodward, un actor devenido guionista, hacen que la acción quede petrificada en un elogio del tormento y que encima constantemente se pierda el interrogante simplista referido a si “el fin justifica los medios”.

    Por suerte el elenco evita el desastre: Samuel L. Jackson ofrece otro enajenado con tintes fascistas, Carrie-Anne Moss cumple dentro de sus posibilidades y en especial se destaca la labor de Michael Sheen, un británico que hasta ahora había pasado desapercibido. El director Gregor Jordan, el mismo de las fallidas Ned Kelly (2003) y The Informers (2008), entrega un rip-off deslucido de 24 que carece de convicción e inteligencia. En resumen, El Día del Juicio Final es un engendro demagógico y en extremo inverosímil, una obra plagada de estereotipos, delirios de derecha y errores varios que empantanan la narración...
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  • El juego del terror
    Entomología y coleccionismo

    Por lo general llegan muy pocas películas independientes de género a la cartelera argentina, circunstancia que vuelve aún más gratificante una propuesta de por sí correcta como El Juego del Terror (The Collector, 2009). No es para nada un hecho fortuito que el equipo compuesto por Marcus Dunstan y Patrick Melton sea el responsable de las últimas cuatro entregas de la saga de El Juego del Miedo (Saw), incluido el séptimo eslabón en 3D: aquí Dunstan dirige y ambos escriben esta combinación retorcida de caper movie, thriller de entorno cerrado y porno de torturas, revoltijo con una inesperada disposición preciosista.

    La historia comienza con los problemas financieros de la esposa de Arkin (Josh Stewart) y la triste necesidad por parte del hombre de robar la casa en la que ha estado efectuando tareas de reparación y mantenimiento. En un momento en el que la familia debería estar de viaje, no sólo no podrá sustraer la gema de la caja fuerte sino que además se topará con uno de esos psicópatas de sangre fría y escasas palabras. El susodicho se divierte colocando trampas en el hogar, atormentando a los ocupantes y llevándose en baúles a los que considera dignos de su “colección” (no más de uno por vivienda, de ahí el título original).

    El suspenso de tono lúgubre y ambientación gore está bastante bien desarrollado y se sustenta especialmente en la bella fotografía ocre de Brandon Cox y en la excelente edición a cargo de Alex Luna, James Mastracco y Howard E. Smith. Aunque el desempeño del elenco no es una maravilla ni mucho menos, el guión aporta el dinamismo fundamental para garantizar la tensión a partir de trayectos narrativos eficaces, los cuales por supuesto responden al ABC de los slashers clásicos de los ´70 y ´80: de este modo el apartado formal compensa la ausencia de novedades imponiendo una cacería armoniosa de ritmo sostenido.

    Lejos de las deslucidas remakes de Michael Bay pero también de anomalías exquisitas como La Huérfana (Orphan, 2009) y Los Extraños (The Strangers, 2008), El Juego del Terror es un notable ejercicio de estilo de los por hoy experimentados Dunstan y Melton, quienes definitivamente saben cómo aprovechar un presupuesto limitado. Como si se tratase de una versión hardcore de Mi Pobre Angelito (Home Alone, 1990) protagonizada por un homicida con vocación de entomólogo y predilección por los cuchillos, el film saca partido de su minimalismo concienzudo sin jamás caer en las típicas sonseras industriales...
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  • Megamente
    Megamente
    CineFreaks
    Megamente (Megamind, 2010) es una de las sorpresas más gratificantes del año y sin lugar a dudas la mejor película animada de DreamWorks: hablamos de una mezcla por momentos brillante de comedia romántica, sátira sobre superhéroes y propuesta de enredos, todo condimentado con buenas secuencias de acción, detalles visuales exquisitos y el clásico ritmo vertiginoso del estudio. La moraleja que deja un film tan compacto y disfrutable como el presente es muy sencilla: invertir millones de dólares en el apartado formal sin un guión a su altura no sirve de nada. Demos gracias a Alan J. Schoolcraft y Brent Simons...
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  • La reunión del diablo
    Entrepiso, por favor...

    Considerando que el film precedente en el que estuvo involucrado M. Night Shyamalan fue El último Maestro del Aire (The Last Airbender, 2010), un opus en verdad lamentable, bien podemos afirmar que con este nuevo proyecto el hombre supera obstáculos creativos y recupera algo de la dignidad perdida. La Reunión del Diablo (Devil, 2010) es un producto desparejo que aún así consigue entretener a fuerza de colocar en la misma bolsa elementos tan diversos como el horror de inclinaciones demoníacas, una correcta estética “clase B”, el thriller de entorno cerrado y numerosas referencias a la obra de la inefable Agatha Christie.

    La situación la hemos visto muchísimas veces aunque aquí cambia el contexto y el villano principal: cinco personas quedan recluidas en un ascensor, una a una irán muriendo bajo condiciones un tanto extrañas y a fin de cuentas no se puede ser más explícito acerca de quién es el responsable de tales tropelías. Mientras que la prodigiosa Enterrado (Buried, 2010) mantenía la cámara dentro del ataúd defendiendo a pura convicción un formalismo extremo, en esta ocasión por el contrario tenemos un desarrollo paralelo entre el interior y el afuera, con el Detective Bowden (Chris Messina) a la cabeza del operativo de rescate.

    Aclaremos que La Reunión del Diablo es el primer capítulo de una futura trilogía que pretende centrarse en acontecimientos sobrenaturales ambientados en grandes urbes: por supuesto que los tópicos ineludibles son la crisis de la estructura familiar y esa clásica redención entre existencial y religiosa (no por nada Shyamalan aporta la historia y oficia de productor). De hecho, pareciera que el realizador John Erick Dowdle, quien poco ha demostrado desde la floja Cuarentena (Quarantine, 2008), no fuera más que un testaferro ya que la película cuenta con la destreza técnica y el pulso narrativo prototípicos del hindú.

    Pero los problemas de siempre tampoco faltan en el convite: específicamente estamos hablando del triste desempeño actoral y el recurso redundante de la voz en off, una sonsera mayúscula que en varias escenas adelanta lo que va a ocurrir a continuación. Pese a que el relato carece de originalidad y nada en un sinnúmero de lugares comunes, la propuesta en conjunto se sostiene y atrapa de inmediato al espectador. El guión de Brian Nelson, el de 30 Días de Noche (30 Days of Night, 2007) y Hard Candy (2005), va directo al grano, incluye diálogos concisos y entrega toda la profesionalidad necesaria para dignificar al género...
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  • Burma VJ
    Burma VJ
    CineFreaks
    Sobre la guerrilla audiovisual

    Birmania vive desde hace casi cinco décadas bajo un férreo régimen dictatorial que mantiene cercado el país y en donde sólo los medios de comunicación oficiales pueden transmitir información, así las atrocidades cotidianas permanecen ocultas y silenciadas. Durante la segunda mitad del 2007 la junta militar removió los subsidios a los combustibles motivando un aumento significativo en los precios finales al público, circunstancia que vino a sumarse a “factores tradicionales” como la opresión social, la ausencia de libertades individuales, la prohibición de toda actividad política y el abuso a los derechos humanos.

    En términos concretos en septiembre de ese año surgió un interesante movimiento de protesta que pareció poner en jaque al gobierno de facto: en un principio caracterizado por episodios aislados, pronto estos ejercicios de valentía mutaron en manifestaciones populares a gran escala impulsadas por la participación de los miles de monjes budistas del lugar. Sin embargo la pasividad de los generales frente a esta serie de marchas pacíficas duró relativamente poco y la temida represión no tardó en llegar, dejando una vez más como saldo varios muertos, numerosas desapariciones y una enorme cantidad de detenidos.

    La obra que nos ocupa combina elementos de los documentales expositivos con los de observación, centrándose en el accionar clandestino de Joshua, suerte de “líder táctico” de la única cadena periodística opositora, la Voz Democrática de Birmania. Estamos hablando de un grupo de jóvenes que se dedican a registrar con cámaras camufladas los atropellos, castigos y detenciones que padece el pueblo a manos de las autoridades enquistadas en el poder. Sacando el material a través de Internet o vía satélite, éste se edita rápidamente para luego regresar por aire y ser retransmitido al resto del globo mediante servidores web.

    El realizador dinamarqués Anders Østergaard ofrece el testimonio en primera persona del protagonista acerca de esos acontecimientos de septiembre, utilizando recreaciones y permitiendo que las imágenes originales de la organización despejen cualquier duda. Así es cómo presenciamos los intentos rudimentarios de edificar un enérgico mecanismo de denuncia contra las barbaridades perpetradas por los militares: esta guerrilla audiovisual no sólo cumple su cometido sino que además adquiere la suficiente preponderancia como para importunar al sistema, poniendo en evidencia las tristes mentiras difundidas a nivel masivo.

    Burma VJ: Noticias de un País Aislado (Burma VJ: Reporter i et lukket land, 2008) es un retrato muy eficaz tanto de una red encubierta como de la incomunicación colectiva, producto de un estado policial y totalitario que por lo burdo parece una traslación directa de aquel paradigma que tan maravillosamente dibujó George Orwell en su mítica novela 1984. Trazando un paralelo con los trágicos sucesos de 1988 y explicitando la importancia social de la figura de Aung San Suu Kyi, ilustre acreedora en 1991 del Premio Nobel de la Paz, Østergaard construye una experiencia intensa que exalta la osadía de esta lucha ejemplar…
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  • Machete
    Machete
    CineFreaks
    A pesar de que el “trailer real” de Machete (2010) definitivamente era muy inferior al falso de Grindhouse (2007), la película en sí resulta una simpática sorpresa ya que además del tradicional cóctel “clase B” de Robert Rodriguez nos encontramos con un retrato afilado de la xenofobia estadounidense y sus correlatos paranoicos: aquí las recurrentes amputaciones, las gloriosas curvas femeninas y la ausencia de metáforas van de la mano de un régimen discursivo de “complacencia cero” (precisamente por ello Planet Terror fue una obra interesante y Death Proof de Quentin Tarantino un gesto patético, vacuo a más no poder). Danny Trejo, Jeff Fahey, Cheech Marin y Steven Seagal constituyen los engranajes centrales de esta hipérbole desvergonzada...
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  • Cazador de demonios: Solomon Kane
    Un hombre de paz...

    Resulta difícil no disfrutar de un producto “clase B” tan sincero y prolijo como Cazador de Demonios: Solomon Kane (Solomon Kane, 2009), adaptación libre de una saga creada en 1928 por el mítico Robert E. Howard, artífice principal de un subgénero muy transitado de la literatura fantástica denominado de “espada y hechicería”. A pesar de que Conan continúa siendo el personaje más conocido del estadounidense, a quien dio vida Arnold Schwarzenegger en Conan, el Bárbaro (Conan the Barbarian, 1982) y Conan, el Destructor (Conan the Destroyer, 1984), el que hoy nos ocupa también tiene sus adeptos.

    La trama comienza con el mercenario Solomon Kane (James Purefoy) y su séquito entrando salvajemente en un misterioso castillo del Norte de África en el 1600: en vez de tesoros encuentran una colección de “espejos encantados” que los irán asesinando uno a uno. El protagonista advierte que “alguien” vendió su alma al mismísimo Diablo y a duras penas consigue escapar del dilema, sólo para verse obligado -de allí en más- a renunciar a la violencia a condición de que los moradores del infierno no den con su paradero. Lástima que los obstáculos del camino demuestran ser un poco más encarnizados que lo esperado…

    Por supuesto que esto incluye una familia de puritanos que acude en su ayuda en el momento preciso, una damisela en peligro que pide a gritos ser rescatada y hasta un simpático villano cuyo único interés es esclavizar y masacrar. Vale aclarar que aquellos que estén buscando una catarata de brujas, nigromantes y criaturas del averno, saldrán algo defraudados de la sala porque éste es recién el capítulo inicial de lo que podría llegar a convertirse en una futura trilogía: la magia negra está bastante acotada y lo que prima es la batalla cuerpo a cuerpo y un desarrollo pausado de los avatares personales del pobre Kane.

    El director y guionista Michael J. Bassett mantiene con inteligencia un tono de tenebrosa seriedad aunque se muestra incapaz de aportar un gramo de originalidad a un convite en extremo previsible: si por un lado la narración avanza a paso firme y los CGI están bien administrados, la falta de sorpresas termina jugándole en contra a las aventuras de este “hombre de paz” que no teme decapitar a sus enemigos (si el contexto lo amerita). Más allá de las participaciones de Max von Sydow y Pete Postlethwaite, es James Purefoy quien saca adelante la película componiendo a un héroe ni tan glorioso ni prosaico como otros...

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  • Skyline: La invasión
    El cielo se está cayendo

    Salvo honrosas excepciones, de un tiempo a esta parte pareciera que Hollywood se ha quedado sin ideas en lo que respecta a la vieja y querida ciencia ficción, un género históricamente atesorado por legiones de espectadores alrededor del globo. Si dejamos de lado las anomalías recientes a cargo de Christopher Nolan y James Cameron, debemos esforzarnos en demasía para recordar aunque sea un proyecto rescatable en el período que va desde la patética Día de la Independencia (Independence Day, 1996) hasta la desastrosa Transformers: La venganza de los caídos (Transformers: Revenge of the Fallen, 2009).

    Por supuesto que incluso una obra tan bizarra como Skyline: La Invasión (Skyline, 2010) está por encima de aquellos mamotretos pero tampoco puede revertir la tendencia. Estamos hablando de una rareza para los cánones del sistema de producción estadounidense: la película fue financiada en forma independiente por sus realizadores, Colin y Greg Strause, sin interferencias industriales de ningún tipo. Basta con señalar que este sombrío exploitation de ofensiva alienígena ha sido filmado casi por completo en el condominio propiedad de uno de los hermanos con un costo total de apenas diez millones de dólares.

    En esta ocasión los extraterrestres vienen a recolectar cerebros humanos y para ello utilizan ases de luces que nos arrastran telepáticamente hacia “aspiradoras” gigantescas que podríamos denominar “naves, monstruos o qué sé yo”. Así es cómo un grupo encabezado por Jarrod (Eric Balfour, de 24) y Oliver (David Zayas, de Dexter) queda atrapado en medio de las escaramuzas entre el ejército y los iracundos visitantes. Antes que nada aclaremos que los diálogos son paupérrimos y las actuaciones dejan bastante que desear: ni el guión de Liam O´Donnell y Joshua Cordes ni la labor del elenco son puntos a destacar.

    Como cabía esperar considerando que los Strause son expertos en efectos digitales, Skyline: La Invasión demuestra que se pueden hacer maravillas en términos plásticos con un presupuesto limitado, destreza y un poco de imaginación. Al igual que en su opera prima como directores, la ridícula aunque también entretenida Alien vs. Depredador 2 (Aliens vs Predator - Requiem, 2007), aquí las grietas en la narración y el desarrollo de personajes se compensan a través del apartado visual: la escena del estacionamiento y la interesante batalla final justifican la odisea. El talento está puesto en ese cielo que se nos cae encima...
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1
    Alquimistas de cotillón

    Gracias al infierno la franquicia del mago más aburrido del planeta está llegando a su fin, como viene a atestiguarlo esta primera parte del desenlace propiamente dicho. La muy insoportable Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1, 2010) extiende un poquito más el martirio a través de una especie de road movie inconducente que pretende retratar la peregrinación del protagonista -de la mano de sus anodinos compinches- en pos de destruir los “horcruxes” que aún restan para dar de baja al todopoderoso Lord Voldemort (Ralph Fiennes), el “villano comodín” de la saga.

    De esta forma una vez más Potter (Daniel Radcliffe) y sus amigos Ron Weasley (Rupert Grint) y Hermione Granger (Emma Watson) desperdician más de dos horas de metraje en las que no ocurre prácticamente nada: hoy los disparadores del relato son el asesinato de Dumbledore (Michael Gambon) y un golpe de estado semi- nazi en el Ministerio de Magia, circunstancias arrastradas de Harry Potter y el Misterio del Príncipe (Harry Potter and the Half-Blood Prince, 2009) que en esta ocasión provocan un éxodo en masa de hechiceros y la fuga automática del trío, la cual pronto deviene en una pesquisa detectivesca o algo así.

    Cuando parecía que el guionista Steve Kloves iba a evitar la fórmula histórica de la serie, nuevamente la aplica sin mayores resquemores: todos los malos contra Harry porque es “el elegido”, una investigación a partir de unos “cosos” que dejó un nigromante que ya no está entre nosotros, encadenamiento absurdo de los sucesos, humor simplón fortuito y detalles melodramáticos que sazonan la estética darky y la idiotez de siempre vinculada al crecimiento espiritual de estos alquimistas de cotillón. La triste monotonía y la ausencia de escenas de acción juegan un papel central en que este eslabón sea el más precario del lote.

    Por supuesto que nadie esperaba demasiado de este mix berreta de estereotipos, latiguillos y mitos varios del género fantástico, pero los productores tendrían que haber disimulado un poco más que con dividir el último libro en dos lo único que deseaban es facturar el doble (cero excusas artísticas). El realizador televisivo David Yates sigue tan inoperante como de costumbre y hay que destacar que Daniel Radcliffe por suerte mejoró su desempeño, de seguro gracias a sus continuos esfuerzos en teatro. Ni la participación de Helena Bonham Carter ni la secuencia animada sobre las “reliquias de la muerte” nos salvan del desastre...
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  • Jackass 3D
    Jackass 3D
    CineFreaks
    Escatología y autoflagelación

    Todos aquellos que conozcan el abnegado derrotero de los muchachos de Jackass sabrán exactamente qué esperar de esta tercera entrada fílmica, para el resto de los mortales aquí va una pequeña aclaración: estamos hablando de una troupe de estadounidenses enajenados que se especializa en pruebas de alto riesgo físico, barbaridades relacionadas con los fluidos corporales y cámaras ocultas de variada índole. Con gran fanfarria estos gladiadores del circo de la estupidez han establecido a lo largo de tres gloriosas temporadas una propuesta extrema que deja afuera a las mujeres en particular y a los débiles de estómago en general.

    Si consideramos que el programa original se emitió por MTV entre el 2000 y el 2002, resulta más que significativo el rotundo éxito de esta suerte de reality show que explota la obsesión actual con el despropósito, la rivalidad hueca y las “proezas” más ridículas. Sin embargo cabe señalar que la “imaginación” de esos primeros años de Johnny Knoxville, Spike Jonze y compañía fue tan cruda -ajena por completo a los manierismos o las poses mainstream del momento- que era casi imposible no quedar atrapado en las redes de semejante revoltijo de peligro, angustia, golpes, mierda, vómito y demás ingredientes.

    Ahora bien, la saga cinematográfica comenzó como la despedida que el ciclo televisivo nunca tuvo: las impensadas ganancias que trajo en taquilla Jackass: The Movie (2002) derivaron en una continuación intitulada Jackass Number Two (2006), dos realizaciones que mantuvieron un nivel bastante digno aunque a fin de cuentas no llegaron a igualar la frescura y terquedad de los sketches primigenios. Sin lugar a dudas Jackass 3D (2010) es la menos espontánea y creativa de todas en su afán explícito de “refritar” escenas del pasado y volcarse más hacia la escatología exacerbada, reduciendo el número total de contusiones.

    Más allá de un par de situaciones un tanto forzadas y la falta de novedades sustanciales, la tecnología 3D ha sido aprovechada a través de hilarantes secuencias en cámara lenta y la enorme mayoría del “elenco estable” vuelve a decir presente (Chris Pontius, Steve-O, Ryan Dunn, Bam Margera, Jason “Wee Man” Acuña, Dave England, Ehren McGhehey, Preston Lacy y por supuesto el inefable Knoxville). Jeff Tremaine, cocreador y director histórico de la franquicia, recupera algo del encanto, tan fecalofílico como autoflagelante, de ver a un pobre chiflado volar por los aires dentro de un baño químico atiborrado de excremento...
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  • Actividad paranormal 2
    Retrato de un acreedor infernal

    Más allá del innegable agotamiento de un subgénero como el de los “falsos documentales de terror”, el cual merece pasar a retiro aunque sea por un tiempo, lo que pone en evidencia Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2, 2010) es la enorme dificultad que implica construir un corolario de un éxito formalista, apegado a un determinado patrón de representación. Si bien Hollywood fagocita todo lo que considera rentable para adaptarlo de inmediato en piloto automático, en el trajín de la duplicación suele olvidar la esencia y dejar una lustrosa cáscara con vistas a neutralizar la novedad original y crear un esquema.

    Precisamente estamos frente a la típica precuela mainstream que a pesar de respetar la estructura narrativa del film de Oren Peli no llega ni por lejos a los mismos resultados aterradores, quedándose en una ráfaga de espasmos bien ejecutados pero carentes de corazón en su triste concepción mimética. Así es cómo retomando las tribulaciones de la pobre pareja compuesta por los malogrados Katie (Katie Featherston) y Micah (Micah Sloat), ahora el eje gira hacia la familia de la hermana de ella, Kristi (Sprague Grayden), quien convive en un caserón con Dan Rey (Brian Boland) y su hija Ali (Molly Ephraim).

    Dos meses antes de los acontecimientos primigenios, el clan se reúne sin conocer las consecuencias y muy pronto comienzan los ruidos nocturnos y los movimientos esporádicos de objetos. En esta ocasión el arribo de un bebé al hogar, primer retoño del matrimonio Rey, es la excusa elegida para justificar mucha cámara en mano, apuntalar la intensidad dramática y conferir al relato un aire de tragedia suburbial a la Poltergeist (1982). El mayor inconveniente pasa por el guión de Michael R. Perry, Christopher B. Landon y Tom Pabst: la trama es en extremo predecible y avanza con demasiada torpeza.

    Sin embargo la película escapa de la debacle gracias al correcto desempeño del realizador Tod Williams y la profesionalidad de Sprague Grayden de 24 y Jericho, claramente una mejor actriz que Katie Featherston. El suspenso minimalista del pasado apenas si se hace presente durante el desenlace, los vaivenes restantes abandonan las sutilezas y generan más indiferencia que empatía. Al intentar atar cabos sueltos sin necesidad en la más pura tradición industrial, Actividad Paranormal 2 termina siendo un proyecto forzado y de características agridulces: este retrato de un acreedor infernal poco asusta con sus clichés...
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  • Todo un parto
    Todo un parto
    CineFreaks
    Todd Phillips vuelve a entregar una propuesta fallida a la que le falta originalidad, desarrollo de personajes y un mínimo de inteligencia. Como ocurría en las lamentables ¿Qué pasó ayer? (The Hangover, 2009), Starsky & Hutch (2004) y Viaje Censurado (Road Trip, 2000), el film no pasa de ser un catálogo de situaciones robadas y chistes ineficaces que apenas si se deja ver por la labor del elenco: en conjunto funciona como una “versión grasa” de Mejor solo que mal acompañado (Planes, Trains & Automobiles, 1987)...
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  • Agora
    Agora
    CineFreaks
    El siempre interesante Alejandro Amenábar sorprende con un peplum rústico ambientado en la Alejandría del Siglo IV: durante el comienzo prima un crudo retrato de la intolerancia monoteísta para luego dejar paso a los conflictos explícitamente políticos de la segunda mitad. En esta acertada denuncia de las supersticiones y el fundamentalismo ideológico el realizador ofrece bellas tomas aéreas, evita todo eufemismo y en especial saca provecho de la gran Rachel Weisz aunque vale aclarar que quizás el personaje de Hypatia merecía un mayor desarrollo. Clasicista y en extremo terrenal, Ágora (2009) es una verdadera rareza para el común actual de las épicas cinematográficas...
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  • Anónima: Una mujer en Berlín
    El cine industrial europeo viene haciendo justicia con tópicos otrora escabrosos como las miserias de la resistencia o las atrocidades cometidas por las milicias de ocupación, poniendo en el candelero eso de que los nazis no fueron los únicos genocidas de la Segunda Guerra Mundial (la masacre fue potestad de todas las potencias involucradas). Como si se tratase de una versión sintética de Black Book (Zwartboek, 2006), la muy interesante Anónima: Una Mujer en Berlín (Anonyma: Eine Frau in Berlin, 2008) retrata con agudeza las vejaciones que padecieron las alemanas durante la invasión soviética de 1945. Más allá del contexto circunstancial de revancha bélica, lo que sobrevuela constantemente es la mugre ideológica del machismo, esa respuesta idiota a las frustraciones e inhibiciones de los pobres diablos (si la voluntad de imponerse como hobby frente a la mujer es propia de los cobardes, el maltrato ya califica de furia gratuita derivada de un deseo homosexual reprimido). Con una gran actuación de Nina Hoss, este “diario de campo” no deja títere con cabeza en su afán desmitificador para con las mal llamadas “fuerzas de liberación”, hoy el patético Ejército Rojo…
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  • El juego del miedo 3D
    Cadenas, sierras y engranajes

    Desde el 2004 en adelante los fans del terror hemos podido disfrutar –y por suerte sólo en ocasiones padecer- cada eslabón anual de la más que adictiva saga de El Juego del Miedo (Saw), una franquicia que ha sabido mantener el nivel de calidad a fuerza de combinar el policial clásico, el snuff de torturas y el thriller posmoderno a la Pecados Capitales (Se7en, 1995). Ahora todo parece indicar que estamos ante el ansiado desenlace de un relato que acumula casi tantos recovecos como víctimas del inefable Jigsaw (Tobin Bell) podemos llegar a enumerar: así las vueltas de tuerca se acotan, van surgiendo las piezas faltantes del rompecabezas y en especial se destacan las autorreferencias colaborando en el eje narrativo.

    La trama presenta en paralelo la cacería de la que es objeto Mark Hoffman (Costas Mandylor) por parte de la policía, la obsesión de éste último en lo que respecta a vengarse de Jill Tuck (Betsy Russell) y por supuesto una nueva sesión de “juegos”. Mientras que esta especie de discípulo aventajado de extrema derecha se divierte acosando a la esposa de Jigsaw, nuestro paladín de la justicia hecha carne hoy carga desde el más allá contra Bobby Dagen (Sean Patrick Flanery), un gurú de la autoayuda y presunto sobreviviente de una de esas pruebas de alcances existenciales. El Juego del Miedo 3D: El Capítulo Final (Saw 3D, 2010) es sin dudas la más gore y directa de la serie en cuanto al planteo estético general.

    En esta resolución tuvieron un papel fundamental tanto el formato en tres dimensiones como el haber limitado el montaje videoclipero del pasado: claramente las dificultades que impone la tecnología y la intervención decisiva de Kevin Greutert, editor histórico y realizador de la anterior, hicieron que la balanza se inclinara hacia las cadenas, las sierras y los engranajes (léase desmembraciones y efectos varios de maquillaje). De hecho, la escena de la comisaria parece ser un homenaje bien explícito a los giallos más desproporcionados de la década del ’70. Si en El Juego del Miedo 6 (Saw VI, 2009) el enemigo era el sistema de salud estadounidense, en esta oportunidad le toca al palabrerío new age y sus bestsellers.

    Aquí más que el suspenso de pulso frenético lo que domina es una catarata de sentencias hardcore enraizadas en el horror de corazoncito humanista, quizás sumamente macabro y sanguinario pero humanista al fin (otra de las marcas registradas de la evisceración sardónica). Los guionistas Patrick Melton y Marcus Dunstan, máximos responsables de las últimas cuatro entregas incluida la que nos ocupa, ofrecen un cierre digno y a todo trapo, de esos que los seguidores sabrán apreciar en pantalla grande. Resulta un verdadero misterio si Lionsgate y Twisted Pictures cumplirán su promesa de pasar a retiro a su gallina de los huevos de oro, esperemos que así sea para que el agotamiento no se intensifique aún más...
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  • Red
    Red
    CineFreaks
    La nueva película de Robert Schwentke, responsable de Plan de vuelo (Flightplan, 2005) y Te amaré por siempre (The Time Traveler´s Wife, 2009), es una comedia de acción y espionaje bastante pasable considerando el cúmulo de estereotipos y la ausencia general de novedades. Estamos ante la típica propuesta mainstream en la que un elenco soñado consigue transmitir la afabilidad del rodaje aunque no mucho más...
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  • El lince perdido
    Al apreciar films como El Lince Perdido (2008) uno de inmediato deduce que los problemas de la animación latina tienen alcances hispanoamericanos: nuevamente debemos destacar una gran mejoría en el apartado visual aunque al mismo tiempo nos reencontramos con otro de esos guiones patéticos que no cuentan con destinatarios visibles más allá de los niños muy pero muy pequeños...
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  • Atracción peligrosa
    Cuentapropistas de los suburbios

    Durante los últimos años se han estrenado varios policiales duros que se desarrollaban en la ciudad de Boston, en el estado de Massachusetts, y que compartían numerosos rasgos en común, por lo que a esta altura ya se ha comenzado a hablar de un subgénero que engloba películas tan diversas como Río Místico (Mystic River, 2003), Los Infiltrados (The Departed, 2006) y La Isla Siniestra (Shutter Island, 2010). Luego de la maravillosa Desapareció Una Noche (Gone Baby Gone, 2007), el insólito Ben Affleck continúa firme por el buen camino y vuelve a sorprender con otra historia hardcore de marginales al filo de la ley que hoy nos llega bajo el lamentable título de Atracción Peligrosa (The Town, 2010).

    La obra en cuestión aglutina algunos leitmotivs de las “caper movies” -opus centrados en atracos- que vienen siendo reproducidos sin grandes modificaciones desde Casta de Malditos (The Killing, 1956) del genial Stanley Kubrick: una banda conformada por personalidades antagónicas, un “trabajo” final antes del retiro, frustraciones de todos los colores, problemas enraizados en el universo femenino y la angustiante posibilidad de ser capturados. De hecho, la propuesta presenta en paralelo el accionar del grupo de ladrones y la persecución por parte de los agentes de la policía y el FBI, ambas facciones recorriendo desesperadamente las calles de Charlestown, cuna barrial de la mayoría de los criminales.

    Como en los otros representantes de esta vertiente contemporánea del film noir, aquí tenemos mucha crudeza suburbana, un ritmo narrativo sosegado, detalles slang, balaceras esporádicas y un tono realista que no se anda con vueltas en lo referido a la construcción del contexto y el delineamiento de personajes. En la primera escena vemos cómo una cuadrilla comandada por Doug MacRay (Ben Affleck) y su mano derecha James Coughlin (Jeremy Renner) asalta en tiempo record un banco y toma de rehén a la pobre gerenta de la sucursal Claire Keesey (Rebecca Hall). Una vez libre, descubren para su desconcierto que vive en el mismo vecindario y rápidamente deciden vigilarla por temor a ser reconocidos.

    Mientras que Doug se pasa de la raya enamorándose de la mujer, el jefe de los federales Adam Frawley (Jon Hamm), con la asistencia local de Dino Ciampa (Titus Welliver), va cerrando el cerco alrededor de la pandilla. Más allá de la sutil fotografía de Robert Elswit y la compacta edición de Dylan Tichenor, sin dudas dos aliados de peso, el director de por sí supo redondear con singular maestría un relato agridulce que recupera la meticulosidad de su opera prima aunque en esta oportunidad relajando la tensión melodramática: así la orientación mainstream, una estructura indefectible y el cambio de tópico reemplazan la pesadez existencial del pasado y acompañan a un convite tan clasicista como eficiente.

    Debemos destacar el desempeño del elenco en su conjunto, con una mención especial para la revelación absoluta de Vivir al Límite (The Hurt Locker, 2008), el extraordinario Jeremy Renner (también se agradecen las participaciones de Pete Postlethwaite y Chris Cooper). Sin embargo resulta innegable que el que se roba la función es el mismísimo Affleck, quien para variar entrega una interpretación estupenda en la línea de las recientes Hollywoodland (2006) y Los Secretos del Poder (State of Play, 2009). El actor/ guionista/ realizador no sólo se redime artísticamente sino que además apabulla con magníficas secuencias de acción basadas en el escabroso devenir de estos cuentapropistas sardónicos símil Michael Mann…
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  • Red social
    Red social
    CineFreaks
    Los abductores del nuevo milenio

    El interrogante inicial, uno de esos típicos espasmos que se derivan de los prejuicios del “sentido común cinéfilo”, plantea lo siguiente: ¿realmente David Fincher dirigió una película sobre la génesis de Facebook, una suerte de tragedia griega pero situada en el contexto de la Universidad de Harvard? La afirmación que acarrea la respuesta no llega a dimensionar los alcances del proyecto en su conjunto ya que estamos ante un opus que se posiciona de inmediato y con una fuerza arrolladora entre lo mejor del año. De hecho, aquellos reparos que aparecen en función de las entendibles suspicacias no hacen más que incrementar la sorpresa -y por supuesto la admiración- para con un cineasta extraordinario.

    Si de juzgar los componentes individuales del convite se trata, sin lugar a dudas el primero que merece ser considerado es el guión de Aaron Sorkin, un pantallazo formidable que salta con una prodigiosa comodidad del campo de los altos estudios norteamericanos y el microambiente de las fraternidades a las diferencias de género, los límites concretos de la amistad, la lujuria como motor máximo del vivir, las trampas que destruyen el sendero y los múltiples juegos políticos detrás del simple acto de hallar una impensada mina de oro. Basándose en el libro de Ben Mezrich The Accidental Billionaires, Sorkin redondea un relato genial y abarcador acerca de una de esas burbujas que tanto fascinan al capitalismo.

    La secuencia del comienzo establece el ritmo a seguir: es el año 2003, Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) y su novia Erica Albright (Rooney Mara) mantienen una discusión antológica que gira sin rumbo fijo alrededor de una infinidad de oposiciones cognitivas y de apreciación general. El resultado va más allá de la ruptura casi automática y el ataque de misoginia posterior, con apenas unas horas frente a su computadora el joven consigue hackear numerosos sitios intra- facultades, robar fotos a mansalva y crear una irreverente web en la que los hombres pueden elegir a la más linda de sus compañeras. Lo que sucede a continuación está marcado por los sinsabores del éxito y la memoria reciente del fracaso…

    Con un pulso frenético fundado en una puesta en escena maravillosa, situaciones que rebosan inteligencia y diálogos en extremo hilarantes, el film desarrolla los cruces tanto verbales como judiciales entre Zuckerberg y el que fuera uno de sus mejores amigos, Eduardo Saverin (Andrew Garfield), con motivo del funcionamiento y pronta expansión de Facebook. Uno es soberbio y el otro más humilde aunque la disputa se convierte en algo serio recién con la llegada en carácter de asesor de Sean Parker (Justin Timberlake), nada más ni nada menos que el creador de Napster. Esta verdadera cumbre de abductores del nuevo milenio está retratada con una perspicacia suprema y un humanismo encantador.

    Ahora bien, el otro gran pleito, que a su vez habilita continuos flashbacks, es el de Mark con los gemelos ricachones Cameron y Tyler Winklevoss (Armie Hammer) y su socio Divya Narendra (Max Minghella), un equipo que en un principio lo tentó para sumarse a un esquema de rasgos exclusivos. Precisamente de esta manera se divide la historia según su tono circunstancial: mientras que los intercambios con los hermanos están volcados hacia la comedia, durante la agitada audiencia de conciliación con Saverin prima la vertiente trágica y la profundización de una crisis latente. Un elenco conformado en su mayoría por ilustres desconocidos aporta la intensidad dramática necesaria para que la magia sea universal.

    Sin embargo uno podría preguntarse en dónde encontramos exactamente la mano de Fincher en una realización como Red Social (The Social Network, 2010): pensemos en la secuencia de la competencia de remos, el hecho de optar por un único actor para interpretar a ambos Winklevoss o la misma selección musical (desde Ball and Biscuit de los White Stripes hasta Baby, You´re a Rich Man de los Beatles). Apoyado en la bella fotografía de Jeff Cronenweth y una inspirada banda sonora a cargo de Trent Reznor y Atticus Ross, el director construye una pequeña obra maestra que vuelve a ser un signo de sus tiempos, una síntesis cultural que además se erige como un hito cinematográfico a superar en el futuro…
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  • El ocaso de un asesino
    Luego de la interesante Control (2007), aquella biopic sobre el líder de Joy Division Ian Curtis, Anton Corbijn bordea el paso en falso en la apenas correcta El ocaso de un asesino (The American, 2010): este retro thriller setentoso sufre principalmente de un guión lleno de estereotipos y en segundo lugar de un George Clooney al que ya le conocemos todos los manierismos de su “formato taciturno”. Aún así el holandés se las arregla para imponer una estética elegante y muy sexy, en especial gracias a la participación de la descomunal Violante Placido. Resulta una incógnita el futuro de este afamado realizador de video clips...
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  • Resident Evil 4: La resurrección
    La esperanza es lo último en morir...

    Para juzgar una película de las características de Resident Evil 4: La Resurrección (Resident Evil: Afterlife, 2010) resulta fundamental tener presente uno de esos principios que la crítica afirma conocer pero que casi nunca subraya: a diferencia de lo que ocurre en el cine, en el universo de los videos juegos las secuelas suelen ser bienvenidas porque en ellas es común encontrar una multiplicación de protagonistas, una mejora considerable en el motor gráfico y un macro apuntalamiento en lo que respecta a los controles del usuario. Lamentablemente la pantalla grande reclama además una narración que sustente el periplo.

    Así las cosas, la franquicia cinematográfica en cuestión comenzó bajo la batuta de Paul W.S. Anderson y en buena medida a posteriori no hubo modificaciones significativas: todos los films de la saga fueron escritos en solitario por el inglés y sólo Resident Evil 3: La extinción (Resident Evil: Extinction, 2007) se alejó a consciencia de la pauta a fuerza de introducir un cierto espíritu de “western apocalíptico” cercano a Mad Max (1979) y Escape de Nueva York (Escape from New York, 1981), cortesía del veterano Russell Mulcahy. La propuesta retoma el final del eslabón previo y se adentra en la búsqueda de supervivientes.

    En la primera escena presenciamos cómo los clones de Alice (Milla Jovovich) destruyen las instalaciones en Tokio de la Corporación Umbrella: por supuesto que el villano de turno escapa sin dejar rastros aunque no sin antes inyectarle un suero que neutraliza los efectos del “Virus T” y la convierte en un ser humano normal. Cuando nuestra heroína llega a Arcadia, en Alaska, con la esperanza de reunirse con sus compañeros del pasado, descubre que el lugar está desierto y no hay ninguna ayuda a la vista. Pronto la señorita se marcha y eventualmente termina atrapada en otro torbellino infernal de zombies malhumorados.

    Si bien aún estamos ante una obra en extremo derivativa y con un desarrollo de personajes mínimo, a nadie le importan estos detalles debido a que la historia funciona apenas como una excusa para compaginar una serie de secuencias de acción en cámara lenta; basadas sobre todo en coreografías rimbombantes, muchísimos disparos y esa prototípica esencia de las consolas. Con más garra que intelecto y participaciones de Ali Larter de Heroes y Wentworth Miller de Prison Break, Anderson se las arregla para construir un cóctel industrial standard que lo continúa situando como una versión corregida de Michael Bay…
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  • Che, un hombre nuevo
    Sobre las guerras de liberación

    Si bien podemos afirmar con plena justicia que el tópico “Ernesto Guevara” está agotado de sobremanera, quizás todavía faltaba un documental sincero que recorriera sin exabruptos y con vocación televisiva aquella senda insurgente que con el tiempo ha alcanzado proporciones míticas. En lo que respecta a la ficción el cierre definitivo al tema llegó de la mano de Steven Soderbergh y su mega biopic independiente Che (2008), dividida para su estreno internacional en El Argentino y Guerrilla. Allí un extraordinario Benicio Del Toro sacaba a relucir todo su histrionismo en función de un trabajo verdaderamente antológico.

    Ahora es el turno de Tristán Bauer y su también ambiciosa Che, Un Hombre Nuevo (2009): adoptando la estructura de los documentales expositivos y siguiendo el clásico derrotero de las biografías de personajes públicos con final trágico (típico inicio mortuorio y de ahí hacia atrás), el marplatense vuelve a contar la misma historia de siempre con la excusa de aportar algunos minutos de material inédito principalmente cortesía de Aleida March, viuda de Guevara. Hablamos de grabaciones caseras, escritos varios, archivos, fotos desconocidas y un rollo de 8 milímetros con la última visita a sus padres y hermanos en Punta del Este.

    La investigación central estuvo a cargo de Carolina Scaglione, quien junto al director dedicó más de doce años a recopilar información y distintos registros con el fin de ampliar el espectro visual y sonoro del convite. Aunque en términos del contenido no hay novedades significativas que merezcan ser señaladas, semejante tarea de exploración dio sus frutos por lo menos en lo referido al apartado formal: queda claro que tanto viajar por Argentina, Perú, Bolivia y Cuba sirvió para acumular suficiente “materia prima” como para que la propia voz del protagonista narre su férreo porfiar revolucionario y antiimperialista.

    Lejos del fervor de la estampita popular de izquierda o del demonio contradictorio que censura la derecha palurda, el “Che” de Bauer es un idealista que hizo de la disciplina y el afán de justicia un estilo de vida, un hombre riguroso en su lucha política pero también apasionado y temeroso como cualquier otro. El tono grandilocuente y sesudo no cae en la celebración hueca ni descuida sus inquietudes teóricas, la relación familiar, su vertiente artística y las crónicas de los combates. Con un excelente desempeño en restauración y montaje, el film se sumerge de a poco en esas guerras eternas de liberación nacional…
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  • Enterrado
    Enterrado
    CineFreaks
    La impotencia de los inocentes

    Desde hace mucho tiempo que no nos encontrábamos con una propuesta de género tan refrescante como Enterrado (Buried, 2010). Esta extraordinaria coproducción entre España, Estados Unidos y Francia fue realizada casi por completo por un equipo hispano comandado por Rodrigo Cortés, aquí entregando su segundo largometraje a posteriori de la correcta Concursante (2007). A primera vista pareciera que con semejante título ya está todo dicho en lo referido a la trama del film, sin embargo aún falta una aclaración fundamental: el protagonista de turno padece de una enfermedad congénita que podríamos denominar “nacionalidad norteamericana”, esa lamentable dolencia cuyos efectos curiosamente sufre el resto de la humanidad y sólo muy de vez en cuando el portador.

    Los minutos iniciales plantean el contexto general de la experiencia: Paul Conroy es un camionero estadounidense que despierta dentro de un ataúd de madera, sepultado vivo debajo de una enorme cantidad de tierra. El hombre trabaja para una de esas empresas responsables de la “reconstrucción” de Irak luego de la invasión de George W. Bush y compañía. Así las cosas, pronto utiliza su encendedor para descubrir que su margen de maniobra se reduce a las dimensiones del féretro y las posibilidades que brinda un celular ubicado a la altura de sus pies. La película lleva el minimalismo formal al límite de ni siquiera recurrir a flashbacks o bifurcaciones argumentales, dos de los recursos más empleados a la hora de amenizar ambientes perentorios de una claustrofobia esencial.

    El asunto tan poco feliz de que nos “confundan” -por impericia o a voluntad- con un cadáver ha sido explotado en innumerables ocasiones por el cine, en un trayecto terrorífico que va desde la primigenia El Entierro Prematuro (Premature Burial, 1962) hasta la reciente Kill Bill: Vol. 2 (2004). En esta oportunidad el encargado de interpretar a la víctima no es otro que Ryan Reynolds, una verdadera sorpresa considerando su paupérrimo currículum hasta la fecha. El actor está maravilloso en el rol precisamente porque no le exige demasiado y su semblante de “ciudadano promedio” calza perfecto en el leitmotiv del proyecto, vinculado a las repercusiones del accionar imperialista de las potencias globales (los captores tienen una simpatiquísima pyme especializada en secuestros de contratistas).

    Si la historia crea un verosímil apremiante que desespera al espectador, obviando con inteligencia atajos estereotipados, sin dudas es mérito absoluto del tándem compuesto por Cortés, su director de fotografía Eduard Grau y el guionista Chris Sparling. Más allá de la labor particular de Reynolds, el dinamismo visual juega un papel muy importante en el desarrollo narrativo de un thriller de horror de estas características, tan pesadillesco como ingenioso. En síntesis, Enterrado es un prodigio inigualable en cuanto a puesta en escena, intensidad dramática y aplicación concreta de los principios que regían la obra del gran Alfred Hitchcock: a través de un cinismo de fructíferas inclinaciones políticas, el film analiza la hipocresía estatal, el hambre de lucro y la triste impotencia de los inocentes…
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  • Ga’Hoole: La leyenda de los guardianes
    La Leyenda de los Guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga'Hoole, 2010) no es más que 300 (2006) pero en versión ATP, con búhos y políticamente correcta (o algo así…). A pesar del preciosismo visual y los millones de dólares invertidos, la torpeza narrativa de Zack Snyder impide que la trama vaya más allá del prototípico “viaje iniciático” y toda esa galería de clichés vetustos. Otra decepción del director y van…
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    CineFreaks
    El gusto burgués por la evasión

    Si consideramos que Sin Retorno (2010) es la opera prima de Miguel Cohan, histórico asistente de dirección de Marcelo Piñeyro, uno no puede más que agradecer la buena voluntad del proyecto y la corrección formal con la que ha sido ejecutado (dos factores para nada habituales en el cine argentino contemporáneo, siempre sumergido en el pedantismo y la desesperación por cobrar a toda costa los subsidios del INCAA). Aquí el realizador cumple y dignifica aportando la profesionalidad necesaria para garantizar la armonía general: claramente la película funciona como un canto sensato a la pulcritud narrativa.

    Combinando el tono seco de los films norteamericanos de la década del ’70 y la estructura de las obras corales de los mexicanos Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, la propuesta nos presenta en paralelo tres historias entrelazadas por un par de accidentes automovilísticos, un recurso a esta altura explotado en exceso pero que sigue vigente a nivel internacional. Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia) es un ventrílocuo que una noche arrolla sin querer la bicicleta de Pablo Marchetti (Agustín Vásquez), quien poco después es atropellado por el estudiante de arquitectura Matías Fustiniano (Martín Slipak).

    El joven llama a una ambulancia y esquiva lo ocurrido denunciando el robo del auto y abandonando el vehículo de inmediato. Lamentablemente Pablo fallece debido a las múltiples heridas sufridas y su padre Víctor (Federico Luppi) inicia una furiosa campaña en los medios de comunicación en pos de hallar al culpable: así Federico se transforma de la noche a la mañana en el “perejil” de turno y es condenado sin el más mínimo resquemor por el sistema judicial. Sin Retorno adopta un pulso de thriller con ribetes trágicos para colocar en primer plano el ideario y los comportamientos de cada uno de estos individuos.

    Que nadie se extrañe si el acento está puesto en la familia de clase media- alta de Matías: todos los miembros del clan vienen a representar esa clásica predilección burguesa por la evasión; desde su madre Laura (Ana Celentano), pasando por su hermana Luciana (Rocío Muñoz), hasta su padre Ricardo (Luis Machín). Cuando el victimario se quiebre y les confiese lo sucedido a sus progenitores, éstos rápidamente consultarán a un abogado, destruirán las pruebas incriminatorias y asistirán impasibles al linchamiento público de Federico. La sed de sangre de Víctor es el otro condimento determinante en la ensalada.

    Hay que señalar que el mayor mérito de Cohan pasa por la meticulosa dirección de actores en función de un equilibrio interpretativo de características excepcionales (recordemos las diferencias de edad dentro del elenco, las singularidades requeridas según el personaje y las numerosas escenas basadas en situaciones muy difíciles de transmitir con convicción). Quizás Sin Retorno no ofrece grandes novedades en cuanto al “desarrollo en mosaico” aunque para los estándares argentinos está más que bien: al igualar inquietudes existenciales y estímulos melodramáticos, se impone como un crudo retrato de la injusticia.
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  • No se lo digas a nadie
    Secretos a la vera del lago

    El hasta ahora ignoto Guillaume Canet se impone como un realizador a tener en cuenta a futuro con su sorprendente segundo opus, No se lo digas a nadie (Ne le dis à personne, 2006). A pesar de la demora con la que llega a nuestro país, el film es un thriller romántico símil Alfred Hitchcock que se destaca del resto precisamente por la labor del francés: al combinar la clásica premisa del “falso culpable” y un tono de vocación melancólica, esquiva la catarata de estereotipos hollywoodenses y conduce la trama hacia el terreno de los laberintos cotidianos; sacando en el trajín chapa de “artesano”, uno de los pocos que todavía saben mantener la tensión sin caer en infantilismos, alicientes bobos o golpes bajos.

    Adelantar demasiado acerca de una película de estas características puede jugarle en contra debido a que sus méritos están vinculados más a la ejecución concreta que al disparador circunstancial (aquí la novela del norteamericano Harlan Coben). Sólo diremos que el guión de Philippe Lefebvre y el propio Canet comienza con una velada a orillas de un lago protagonizada por Alexandre Beck (François Cluzet) y su esposa Margot (Marie-Josée Croze). Pronto la alegría se disipa como consecuencia de un ataque relámpago: ella es encontrada muerta y él inconsciente. Ocho años después, el caso se reabre por el hallazgo de dos cuerpos y Alexandre empieza a recibir mails anónimos que parecen ser de Margot…

    No es para nada un hecho fortuito que la propuesta se haya alzado en 2007 con cuatro premios César, entre ellos mejor director y actor. Tanto por idiosincrasia como por sus inquietudes formales, No se lo digas a nadie resulta francesa hasta la médula aunque sin jamás descuidar los resortes del género: si por un lado hace alarde de esa “elegancia- marca registrada” a la que nos tienen acostumbrados los galos, por el otro se apodera de algunos motivos de los policiales negros para reformularlos con vitalidad y un gran olfato para el ritmo narrativo (los 131 minutos están aprovechados al máximo, por suerte sin lagunas que lamentar). Con el correr de la historia crece un “humanismo del corazón” de rasgos sutiles.

    Más allá del excelente desempeño de Cluzet, sin dudas la figura central del convite, cabe señalar que el elenco en conjunto funciona de maravillas e incluye participaciones de profesionales de la talla de Jean Rochefort, André Dussollier y Kristin Scott Thomas. De por sí la escena de la persecución justifica la visión del film: allí el cineasta a partir de recursos mínimos transmite la angustia necesaria para incomodar al espectador. Amparado en oscuros secretos familiares, muchas vueltas de tuerca y la ajustada fotografía de Christophe Offenstein, Canet se reserva con ironía un rol secundario y a fin de cuentas construye un rompecabezas complejo y meticuloso, baluarte del realismo más sofisticado…
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  • Wall street 2 - El dinero nunca duerme
    En la codicia con corazón confiamos...

    Quizás pocos lo recuerden pero existió una etapa en la que Oliver Stone fue un cineasta muy importante dentro del sistema hollywoodense, tan oportunista y chapucero como interesante y vital. Hoy esos “años locos” forman parte del pasado: sin lugar a dudas sus grandes aportes de principios de los ’80 hasta mediados de los ’90 quedaron grabados -para bien o para mal- en la cultura estadounidense del período, no obstante casi todo lo que entregó a posteriori de Camino Sin Retorno (U Turn, 1997), su último film verdaderamente satisfactorio, no ha conseguido más que dejar un sabor amargo en la boca del espectador.

    De hecho, a partir de Un Domingo Cualquiera (Any Given Sunday, 1999) su carrera comenzó a hundirse como si el hombre estuviese seco en términos creativos y ya no tuviera nada más que ofrecer (por supuesto que también cambió el contexto, circunstancia fundamental para que sus planteos pasen de ser considerados “osados” al rechazo absoluto por “infantiloides”). Resulta innegable el lustro de decadencia que hemos dejado atrás: ni Alejandro Magno (Alexander, 2004) ni Las Torres Gemelas (World Trade Center, 2006) ni W. (2008) ni mucho menos sus documentales lograron recuperar el visto bueno general.

    Tampoco se lo puede condenar tan fácilmente por seguir intentándolo una y otra vez, siempre refritando motivos caros a su difusa ideología: primero fue la cinta histórica, luego el relato testimonial y a continuación una nueva biopic que pretendía cerrar su trilogía sobre presidentes norteamericanos caídos en desgracia. Considerando Wall Street: El Dinero Nunca Duerme (Wall Street: Money Never Sleeps, 2010), su cuarto “regreso” consecutivo, uno se ve obligado a concluir que el director debe estar desesperado por el respeto de sus colegas porque recurrir a una secuela de su clásico ochentoso es una jugada bastante triste.

    Sólo hace falta señalar que ya ni siquiera escribe sus propios guiones, en esta ocasión los anodinos Allan Loeb y Stephen Schiff tomaron la posta: así los diálogos y conflictos principales parecen una versión escuálida de aquellos que caracterizaron a la película original. La historia se centra en la tenaz venganza del agente bursátil Jacob Moore (Shia LaBeouf) contra Bretton James (Josh Brolin), a quien considera responsable por la muerte de su mentor Louis Zabel (Frank Langella). Para ello no tiene mejor idea que asociarse con el padre de su futura esposa, el recién salido de prisión Gordon Gekko (Michael Douglas).

    Precisamente lo único rescatable es la excelente labor del elenco, factor que mantiene el interés y suma varios puntos desde el inicio (no nos olvidemos de las participaciones de Eli Wallach, Susan Sarandon, Carey Mulligan y el simpático cameo a cargo de un avejentado Charlie Sheen). Stone abusa del pulso narrativo videoclipero y queda atrapado en una trama enclenque a la que le falta fuerza, encanto, novedad y/o un sustrato conceptual que vaya más allá de la premisa bobalicona de “con el dinero serás millonario aunque no rico”, léase “en la codicia con corazón confiamos”. El desenlace es la cumbre suprema del patetismo…
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  • Una pareja despareja
    Bueno, ya podemos confirmarlo: Un Santa No Tan Santo (Bad Santa, 2003) no fue para nada un accidente, Glenn Ficarra y John Requa están lo suficientemente trastornados como para entregar otra propuesta agridulce de tendencias anarquistas. Más allá de la maravillosa apología de los marginados sociales, resulta sorprendente que semejantes peripecias hayan ocurrido en realidad: la película marca el regreso de Jim Carrey y Ewan McGregor a lo más destacado de sus carreras, denuncia la infinita estupidez del ciudadano promedio y a fin de cuentas se impone como una de las mejores comedias del año…
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  • El descenso 2
    El descenso 2
    CineFreaks
    En las tinieblas

    El terror ha sido, es y será un género cinematográfico maravilloso porque las películas en cuestión -a rasgos generales- casi siempre son anomalías revulsivas, profundamente pesimistas, van directo al grano, no se extienden en su duración y en especial no le deben un final feliz a nadie (todos sabemos que allí los seres humanos son retratados como la peor escoria que haya pisado la tierra). La excelente El Descenso (The Descent, 2005) fue sin dudas uno de los mejores exponentes de la década, una propuesta muy lograda que comenzaba como un thriller claustrofóbico basado en el desarrollo de personajes para de a poco virar hacia una carnicería de enormes proporciones, ejecutada con garra y maestría.

    Luego su realizador, el británico Neil Marshall, confirmó sus dotes con la enérgica Juicio Final (Doomsday, 2008), en este caso una bomba de adrenalina que combinaba sin ningún tipo de tapujo las legendarias Fuga de Nueva York (Escape from New York, 1981) y Mad Max 2 (Mad Max 2: The Road Warrior, 1981). Ahora es momento de ceder la silla de director al experimentado montajista Jon Harris: de hecho, El Descenso 2 (The Descent: Part 2, 2009) es su más que eficaz opera prima. Rescatando el arte perdido de construir buenas secuelas, aquí entrega una obra interesante que adopta la premisa narrativa de la ya mítica Aliens (1986) de James Cameron, aquel retorno recargado a la “escena del crimen”.

    Aunque se ubica varios escalones por debajo del original, el film sintetiza la esencia dramática del conflicto y dosifica los arrebatos de violencia. Una vez más el imponderable festival gore dice presente, las criaturas mantienen la batuta y por suerte no hay signos de mojigatería o retrocesos estilísticos para contentar a un público mainstream no acostumbrado al baño de sangre. La historia hasta recupera aquella querida tradición de continuar en el punto exacto donde terminó la anterior: dos días después, hoy Sarah (Shauna Macdonald) padece amnesia y es obligada por el Sheriff Vaines (Gavan O'Herlihy) a volver a la terrible cueva para colaborar en la búsqueda de sus compañeras desaparecidas.

    Conviene aclarar que el guión de James McCarthy, J. Blakeson y James Watkins, éste último el máximo responsable detrás de la apabullante Eden Lake (2008), no ofrece novedades significativas pero a cambio elige el camino relativamente humilde de definir los componentes centrales del convite, explotarlos a pleno y no magnificar los acontecimientos primigenios, evitando originar una bola de nieve que la mayoría de las veces suele desbaratar el verosímil. Por supuesto que regresan las formulaciones nihilistas sobre el devenir de las tinieblas, la execrable naturaleza humana y sus destellos esporádicos de piedad, esos que cuando la esperanza ya se esfumó llegan con ánimo de salvar las papas…
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  • El Rati Horror Show
    Con El Rati Horror Show (2010) Enrique Piñeyro regresa a la estructura formal de Fuerza Área Sociedad Anónima (2006) y de paso se impone como una suerte de Michael Moore argento y “en cámara lenta” (su estilo didáctico y esa cadencia meticulosa al hablar no permiten otra expresión). Concretamente reincide en el documental de denuncia con vocación militante, aquí en pos de la liberación de Fernando Carrera, una víctima más de la inoperancia de la policía, el corporativismo judicial y la nunca bien ponderada idiotez de los medios de comunicación. El realizador adopta el rol de fiscal, juzga a todas las partes involucradas y utiliza una voluminosa artillería de recursos cinematográficos para poner de manifiesto los distintos niveles de corrupción dentro del aparato represivo del Estado y el sistema encargado de impartir justicia. Complicidad y encubrimiento son las respuestas habituales cuando las cosas no resultan como han sido planeadas: los documentalistas de nuestro país deberían aprender de este verdadero prodigio del género, a ver si algún día abandonan esos proyectos irrelevantes sobre burgueses patéticos…
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  • Gaturro
    Gaturro
    CineFreaks
    Devaneos del amor felino

    Las últimas propuestas argentinas de animación digital habían dejado un gusto muy amargo en la boca, especialmente en todos aquellos que deseamos que alguna vez el género despegue y se afiance por estos horizontes aunque sea reproduciendo modelos foráneos (un mínimo de constancia alcanza y sobra). Obviando la desastrosa Plumíferos (2010) de Daniel De Felippo, los bienintencionados Norman Ruiz y Liliana Romero entregaron Martín Fierro (2007) y Cuentos de la selva (2010), dos obras fallidas, mientras que Gustavo Cova hizo lo propio con Boogie, el aceitoso (2009) y la presente Gaturro (2010).

    ¿Pero en qué estado nos encontramos exactamente? Se podría decir que superamos la prueba en lo que respecta al apartado formal, un nivel significativo que depende del presupuesto y la imaginación de los realizadores. Si bien Cova resulta tan anodino como en la malograda adaptación de la historieta de Roberto Fontanarrosa, aquí por lo menos levanta la puntería visual y ofrece un film prolijo que sustenta con eficacia la dialéctica entre fondos y personajes. Las penosas asimetrías que surgían al combinar dibujos tradicionales y CGI quedaron en el pasado, condenadas al baúl de los anacronismos fútiles.

    Como estamos hablando de una coproducción conviene señalar que la asistencia en esta oportunidad llegó vía México, de seguro la parte responsable de la armonía plástica de la película y su pedigrí apto para la exportación. La puesta en escena y la estructuración general de las tomas son los rasgos más sólidos de Gaturro; en una segunda línea se superponen su interesante amplitud cromática, la precisión de los movimientos y la profesionalidad de todos los actores involucrados (por suerte las voces mantienen el equilibrio y no nos topamos con las típicas desproporciones de los intérpretes locales).

    Sin embargo los éxitos no logran eclipsar la infinidad de problemas que arrastra el guión: ya viene siendo hora de que dejen de justificar los clichés más huecos y la ausencia de novedades con el asunto de que “nos dirigimos a niños chiquitos”, como si este argumento explicase la idiotez de los que estampan la firma (o quizás piensan que los verdaderos idiotas son los pequeños). El relato apenas si sigue el derrotero del protagonista en pos de volverse un gato televisivo para conquistar a su amor inalcanzable, una minina histérica llamada Agatha. La paupérrima creación de Nik se destaca sólo en materia de animación…
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  • El último exorcismo
    Una pyme del demonio

    Y por vigésima vez nos topamos con una propuesta alicaída de “found footage”, otro falso documental que en este caso combina las posesiones demoníacas de El Exorcista (The Exorcist, 1973) con la estructura prototípica de Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust, 1980), por supuesto modelo El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999). Concretamente el resultado final se ubica en un nivel intermedio entre la muy interesante Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007), sin dudas el techo del subgénero, y Contactos de cuarto tipo (The Fourth Kind, 2009), quizás el peor representante del pelotón.

    A decir verdad la película tiene un comienzo prometedor en el que somos testigos de la “crisis de fe” del reverendo Cotton Marcus (Patrick Fabian), un ministro evangélico con un largo historial de servicios religiosos. Lo curioso del asunto es que el hombre tiene una suerte de “pyme de exorcismos fraudulentos” basada en la administración de placebos a personas que dicen estar poseídas, muchos truquitos y verborragia florida de por medio. En un tono bastante cínico, el film pretende registrar su último trabajo previo al retiro: desde ya que la adolescente que surge del azar parece necesitar métodos un poco más drásticos…

    La primera parte está orientada a parodiar levemente algunos rasgos característicos del mockumentary, en especial la organización del verosímil y las reacciones habituales de los espectadores. El principal responsable de que las buenas intensiones no lleguen más lejos es el mismo guión de Huck Botko y Andrew Gurland: de hecho, el alemán Daniel Stamm dirige con una envidiable pulcritud pero la falta de originalidad y la sumatoria de clichés terminan jugándole en contra a un proyecto que en reiteradas ocasiones amenaza con despegar para luego volver a caer en una versión light de los clásicos derroteros del pasado.

    Más allá de los apuntes cómicos, el pulso sostenido y la correcta actuación de Fabian, todos elementos que se agradecen de sobremanera, la segunda mitad del convite anula los logros anteriores debido a la pobreza específica de la producción, una fotografía un tanto hueca y la chatura interpretativa del resto del elenco (con la anodina Ashley Bell a la cabeza como la víctima en cuestión). Para colmo durante sus minutos finales El último Exorcismo (The Last Exorcism, 2010) se transforma en una mixtura demacrada de las legendarias El Bebé de Rosemary (Rosemary´s Baby, 1968) y El Hombre de Mimbre (The Wicker Man, 1973).
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  • Los Indestructibles
    Peligro de sobrecarga

    Y al final Sly recuperó su dignidad, levantó unos lindos billetes en el camino y volvió como debería haber vuelto desde un principio. La tercera es la vencida sencillamente porque Los Indestructibles (The Expendables, 2010) no tiene nada que ver con las últimas dos entradas en franquicias que ya estaban muertas desde hace muchísimo tiempo: mientras que Rocky Balboa (2006) fue un pretendido "cierre" al que le faltaban ideas y desarrollo, Rambo: regreso al infierno (Rambo, 2008) por su parte funcionaba como una desastrosa remake de todo lo realizado hasta la fecha, más el plus de una inexplicable tendencia shockeante que incluía violencia y vejaciones infantiles. Por suerte no tenemos que lamentar una nueva e innecesaria bastardización de lo que en un primer momento fue algo en verdad valioso, Rocky (1976) y Rambo (First Blood, 1982) no se lo merecen porque en su época fueron obras interesantes que plantearon preocupaciones históricas de la derecha estadounidense.

    ¿Pero exactamente qué se puede esperar de este regreso del otrora omnipotente Sylvester Stallone, ese ilustre representante de los extremos más reaganianos de la década del ’80? A diferencia de los tristes balbuceos de los ‘90, aquí el señor pone toda la carne al asador y demuestra un mínimo de sentido común al corregir los errores del pasado: si bien no llega a la altura de sus primeros trabajos, sin dudas los más coherentes de su errática carrera, por lo menos evita caer en los bajos fondos de los despropósitos anteriores y hasta en ocasiones alcanza el nivel de la “segunda línea” de sus años dorados, con un tono similar a películas fascistoides aunque simpáticas como Cobra (1986), Halcón (Over the Top, 1987) y Tango & Cash (1989). En esta oportunidad la excusa para la masacre de turno es la “misión” de unos mercenarios motoqueros que involucra rescatar a una mujer, derrocar a un dictador latinoamericano y eliminar a su “dueño”, un ex agente de la CIA dedicado al narcotráfico.

    Por supuesto que con semejante trama uno no puede andar exigiendo profundidad narrativa o sentencias altisonantes acerca de política internacional. Más que un manifiesto personal sobre un modus operandi que ha marcado al género de la “acción excesiva” para siempre, Los Indestructibles es la embestida sincera de Stallone contra el Hollywood actual y su aburrida pasteurización de la violencia: sin eufemismos de por medio, literalmente son 103 minutos de “como hoy en la industria son todos unos maricones, este pequeño panfleto retro les demostrará que el público sigue amando la carnicería”. Lejos de la enorme catarata de salvajadas y estupideces de Rambo: regreso al infierno y asistido por un seleccionado de colegas y entusiastas, ahora Sly modera la virulencia estilística, redondea mejor su discurso melancólico y en especial encuentra un escalafón intermedio desde donde lanzar sus dardos contra el establishment que le destrozó el ego rebajándolo a producciones independientes.

    Sin embargo la propuesta en sí no es tan auspiciosa como su dimensión ideológica: aunque durante la realización se encendió la luz de “peligro de sobrecarga”, el legendario actor- guionista- director continúa preso de sus clásicos inconvenientes vinculados a la edición, el verosímil y los personajes secundarios. Hasta en los convites más leves éstos son factores que se deben colocar a la par de las escenas estrambóticas: aquí se notan demasiado los CGI baratos, la ausencia de sorpresas y el poco aprovechamiento de un elenco que incluye a Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Mickey Rourke y Eric Roberts (más un hilarante cameo de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger). A pesar de algunos diálogos forzados y una evidente torpeza en el montaje, estamos ante un film inofensivo, tan limitado como eficaz. Stallone tiene razón en cuanto a la desaparición de la testosterona y el gore en el cine de acción: su voz ajada y alternativa resulta pertinente en el contexto contemporáneo.
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  • Rembrandt's J’Accuse
    El contrato del pintor

    Afirmar que Peter Greenaway es uno de los cineastas más ambiciosos e inteligentes de las últimas tres décadas es quedarse un tanto corto. Su intrincada obra incluye un sinfín de lo que podríamos denominar “trayectos artísticos variables” -definitivamente no muy bien recibidos por el grueso de los mortales- como por ejemplo cuestionar con insistencia la hipocresía posmoderna, estimular el raciocinio de los receptores, manipular la imagen con intenciones vanguardistas, difundir el cinismo en su vertiente absurda, trazar paralelos con otras disciplinas, anular los prejuicios del sentido común, explicitar los mecanismos de representación ficcional y por supuesto construir un “todo complejo” que abarque tanto los quehaceres estéticos como las problemáticas del contenido. Semejante faena reaparece una y otra vez a lo largo de su carrera abriendo una multiplicidad de interpretaciones oblicuas.

    Como el deber máximo de la crítica cultural pasa por esbozar una genealogía del trabajo en cuestión, nada más acertado que analizar un opus que hace lo propio con la mítica labor de un tercero. En términos concretos nuestra “meta- apreciación” tiene su eje en una de las propuestas más recientes del realizador, Rembrandt´s J´Accuse...! (2008), la cual a su vez focaliza su accionar deductivo sobre La ronda nocturna o La ronda de noche, el afamado lienzo de Rembrandt pintado entre 1640 y 1642. Combinando registros tan diversos como el mockumentary, el thriller de época y los ensayos visuales, Greenaway nos presenta su “contrato de lectura” personal acerca del contexto, características, protagonistas e ideología de una creación tan ampliamente estudiada como la del holandés: aquí pone al descubierto los conflictos políticos del momento amparado en una audaz investigación detectivesca.

    La premisa básica de la película es que existió una conspiración para ocultar un asesinato y que los responsables fueron precisamente los retratados- clientes, el Capitán Frans Banning Cocq y el Teniente Willem van Ruytenburch: en función de ello el film adopta el rol de “fiscal” sistematizando los 31 misterios que ofrece el lienzo y haciendo gala de una erudición exquisita que recorre con meticulosidad los puntos álgidos de la “edad de oro” de los Países Bajos; un período en el que detrás de la fachada de la bonanza económica se escondían intrigas palaciegas, enormes desigualdades sociales, milicias en extremo elitistas, una nobleza decadente y sus turbios negocios bañados con sangre. Las superposiciones del video arte, el montaje paralelo, la puesta en escena teatral, la “musique concrète” y los travellings prolongados son algunos de los recursos de una fusión siempre experimental.

    Pero más allá de los datos históricos y la gama de interrogantes que plantea Rembrandt´s J´Accuse...!, todos de una riqueza incomparable si consideramos el alicaído panorama contemporáneo, quizás el componente más valioso viene por el lado de la misma metáfora cinematográfica que el director logra imponer desde el inicio, a saber: según Greenaway la sociedad occidental nunca dejó de privilegiar la cultura textual basada especialmente en la palabra escrita, aún por sobre la tan mentada “imagen posmoderna” y sus supuestos atributos ilimitados. El empobrecimiento del cine, siguiendo esta línea de razonamiento, se explica por la polución general de “iletrados visuales”, conductores y conducidos incapaces de escapar de la superficie y llegar al núcleo a partir de la deducción lógica. Una posible solución sería un enroque a favor de la imagen, sumado a un cambio macro en las actitudes.

    Así fases que parecían autónomas como la producción y el consumo recuperan su ligazón y pueden ser leídas como ciclos de un proceso analítico en el que resuenan distintos elementos constitutivos de los documentales reflexivos, interactivos y de exposición (el rostro y la voz de Greenaway unifican también la dicotomía restante). Al hacer manifiestos los dispositivos de la enunciación, tanto los propios como los del pintor, el inglés se mira al espejo de una pantalla con ecos pictóricos y cita con perspicacia aquel “Yo Acuso” de un Émile Zola exasperado por el Caso Dreyfus. En la coyuntura actual resulta irrelevante discutir la información, las aseveraciones y/o las pruebas enarboladas desde la más pura subjetividad: el centro estético está adherido a la dimensión temática y en ambos domina un discurrir crítico alejado del maquillaje mainstream y muy próximo a la obsesión científica.

    Mientras que la trilogía de The Tulse Luper Suitcases fue un proyecto demasiado difícil y 8½ Mujeres (8 ½ Women, 1999) no estuvo a la altura de sus mejores opus, aquí retorna a la cima de su carrera compaginando la estructura argumentativa de The Falls (1980), los rasgos formales de La Tempestad (Prospero´s Books, 1991) y el leitmotiv de la primigenia El contrato del pintor (The Draughtsman´s Contract, 1982). Rembrandt´s J´Accuse...! es un extraordinario complemento conceptual de Nightwatching (2007); obra de ficción a la que alude y que a su vez nos reenviaba a clásicos como Zoo (A Zed & Two Noughts, 1985), El vientre de un arquitecto (The Belly of an Architect, 1987), Conspiración de mujeres (Drowning by Numbers, 1988), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (The Cook the Thief His Wife & Her Lover, 1989) y la bella Escrito en el cuerpo (The Pillow Book, 1996).
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  • Hansel & Gretel
    Hansel & Gretel
    CineFreaks
    La casa de los niños felices

    Durante la última década ha surgido del cine surcoreano un puñado de realizadores que con el correr de los proyectos se fueron estableciendo como fuerzas creativas con una voz propia mucho más que interesante. En términos concretos cabe decir que directores como Park Chan-wook, Bong Joon-ho y Kim Ji-woon han aportado un espíritu de renovación como ya prácticamente no existe en el panorama internacional, estancado en una medianía que nos deja presos de los grandes apellidos y en buena parte anula las sorpresas o excepciones. De hecho, para ratificar esta aseveración hoy llega desde esas geografías la atrapante Hansel & Gretel (2007), película que participó en la edición 2009 del BAFICI.

    Como su título lo indica, estamos ante una reformulación del cuento de hadas germano registrado en el siglo XIX por los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm. En este caso la premisa que desencadena la historia arranca más bien en el final del susodicho, esquivando con inteligencia la simple traslación del clásico: con la horrible señora en el horno, los chicos deciden no volver con sus padres y literalmente quedarse en la morada de la bruja acumulando suspicacia para con el mundo de los adultos. El segundo largometraje de Yim Pil-sung se centra en tres nenes que dominan al dedillo la fábula original debido a que sus experiencias en esta vida han sido bastante similares, por lo menos tristes y desafortunadas.

    El guión de Yim y Kim Min-sook comienza con el accidente automovilístico de Eun-soo (Cheon Jeong-myeong) en una carretera desierta que bordea un bosque. Con una novia embarazada de cuatro semanas y una madre enferma, el hombre apenas si logra salir del vehículo para pronto desvanecerse en un paraje rodeado de arboles. Al despertar descubre que anocheció y una nena llamada Young-hee (Shim Eun-kyung) se ofrece a llevarlo hasta su hogar con la ayuda de un farol. Allí se encuentra con un cartel de bienvenida a “la casa de los niños felices” y conoce a los dos hermanos de la pequeña, el mayor Man-bok (Eun Won-jae) y la menor Jung-soon (Jin Ji-hee), junto a dos adultos que afirman ser sus padres.

    Todo se complica cuando a la mañana siguiente intenta en vano hallar el camino de regreso hacia la ruta, así una y otra vez cual Hechizo del tiempo (Groundhog Day, 1993) termina donde comenzó el recorrido. La situación empeora al segundo día: luego de una discusión nocturna a espaldas de los jóvenes, el matrimonio desaparece dejándole a Eun-soo una nota en la que le solicita que “cuide” a sus hijos… En la línea de las recientes El Orfanato (2007) y El Laberinto del Fauno (2006), esta lúgubre fantasía sobre el maltrato infantil juega constantemente a dos puntas entre el egoísmo inclaudicable de los niños y los impulsos destructivos de los mayores, esos que brotan de las más terribles compulsiones.

    Amparado en el excelente diseño de producción de Ryu Seong-hie, Yim trabaja con paciencia y en forma cíclica la relación entre los hermanos y el huésped/ prisionero por un lado y la de éste último con su entorno/ cárcel por el otro. Como los protagonistas poseen “capacidades” diferentes, las cuales incluyen la telepatía, el animismo específico y la psicoquinesis; cada uno interpreta a su modo la faena de Eun-soo en pos de abandonar ese paraíso privado que los chicos han construido ajenos a la sociedad. La satisfacción de todos los involucrados peligrará a partir de la aparición de un villano fanático religioso símil La Noche del Cazador (The Night of the Hunter, 1955): la moraleja final golpea a puro rigor…
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  • Agente Salt
    Agente Salt
    CineFreaks
    La espía que volvió del frío

    El australiano Phillip Noyce ha ofrecido un poco de todo a lo largo de su errática carrera: desde obras interesantes como Terror a bordo (Dead Calm, 1989) y Cerca de la libertad (Rabbit-Proof Fence, 2002), pasando por algunas correctas como Furia ciega (Blind Fury, 1989), El coleccionista de huesos (The Bone Collector, 1999) y El americano (The Quiet American, 2002), otras apenas rescatables como Juegos de patriotas (Patriot Games, 1992) y Peligro inminente (Clear and Present Danger, 1994), y no nos olvidemos de aquellos desastres mayúsculos intitulados Sliver (1993) y El santo (The Saint, 1997). Hoy regresa a la dirección con Agente Salt (Salt, 2010), un thriller de espionaje y acción bastante potable.

    Aparentemente en un primer momento el proyecto había sido pensado como un vehículo para Tom Cruise pero a posteriori el actor decidió bajarse por las similitudes con la franquicia de Misión Imposible. Allí es cuando tomó la posta Angelina Jolie y adaptaciones mediante llegamos a este producto que combina el ritmo frenético de la saga Bourne y la premisa central de la recordada Telefon (1977), aquella pequeña maravilla “clase B” del gran Don Siegel. La historia comienza con Evelyn Salt (Jolie), una agente de la CIA que finge trabajar en una compañía petrolera, en manos de tropas norcoreanas. Por insistencia de su futuro esposo, el gobierno norteamericano gestiona un intercambio de prisioneros.

    Pasada la tormenta, la señora está felizmente casada y lleva una vida apacible hasta que su superior, Ted Winter (Liev Schreiber), le encarga interrogar a un desertor ruso, Vassily Orlov (Daniel Olbrychski), quien promete suministrar datos importantes de inteligencia. Para su sorpresa el hombre le informa que intentarán asesinar al máximo mandatario ruso durante su visita a la ciudad de New York con motivo del funeral del vicepresidente estadounidense y como si fuera poco afirma que la encargada de llevar a cabo la tarea no es otra que una tal “Evelyn Salt”. De inmediato ambos quedan detenidos aunque Orlov pronto se las ingenia para escapar, a lo que nuestra protagonista responde en iguales términos.

    Con un guión del muy ambivalente Kurt Wimmer en el que no faltan vueltas de tuerca, persecuciones varias y muchos espías infiltrados, el film cumple de sobra en los rubros técnicos y entretiene sin esfuerzos en especial gracias a la ajustada narración de Noyce y la profesionalidad de la siempre excesiva Jolie, una experta en el trajín de sacar a la superficie los rasgos más viscerales de sus personajes (a diferencia de la mayoría de sus colegas que siguen jugando con muñecas, ella no tiene problemas en desnudarse, llorar de verdad o salir lastimada del set). Por supuesto que en conjunto la propuesta es derivativa y un tanto ridícula, sin embargo resulta agradable ver a una chica anti- James Bond volver del frío…
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  • Chloe
    Chloe
    CineFreaks
    Atom Egoyan vuelve a entregar exactamente lo que se espera de él, ahora para colmo a años luz de las disertaciones con tufillo arty de Exótica (Exotica, 1994) y El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, 1997): la primera mitad de Chloe (2009) se inclina al “melodrama sexy” para luego girar con desgano hacia un thriller demasiado inocuo. Más allá de las buenas actuaciones de Liam Neeson y Julianne Moore, aquí la que se roba el show es Amanda “ojos saltones” Seyfried componiendo a la prostituta del título. Las fantasías y el adulterio en general de los burgueses resultan muy rebuscados, pautados hasta el más mínimo detalle; los lúmpenes en cambio materializan todo delante del cónyuge y listo (así los hijos se van apilando en el fondo del hogar). Lo curioso del caso es que el film termina siendo tan anodino como el original francés Nathalie X (Nathalie…, 2003), en esta ocasión exacerbando una trama que una vez más combina los trayectos narrativos del porno soft con los típicas escenas de destape sesentoso y las “grandes sentencias” sobre la familia...
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  • El último maestro del aire
    Si El fin de los tiempos (The Happening, 2008) era la obra menos interesante de M. Night Shyamalan desde Señales (Signs, 2002), su sucesora El último maestro del aire (The Last Airbender, 2010) se lleva el trofeo a la peor de toda su carrera. Con un reparto de ilustres desconocidos y un tono grandilocuente de tintes mesiánicos, el hindú no ofrece nada nuevo en un combo de aventuras que naufraga debido a una narración estéril, un núcleo temático poco convincente y la propia incapacidad del director a la hora de construir un desarrollo en verdad atrapante, sin tantas vueltas ni estereotipos. Hay que admitir que si bien no logra destacarse con el tópico quemado del “elegido” por lo menos no pasa vergüenza y hasta en ocasiones nos encontramos con lo que podríamos denominar una “sobredosis de budismo” (muchas veces bordeando peligrosamente la filosofía new age y el palabrerío de los manuales de autoayuda). El apartado visual y las secuencias de acción ganan un par de puntos a favor aunque con un presupuesto de 150 millones de dólares resultaba lo mínimo esperable: a fin de cuentas uno no sabe si un Shyamalan carente de inspiración no pudo garantizar la fluidez del relato o si fue el estudio quien solicitó sin criterio que varios minutos del metraje original desaparezcan en la sala de edición. Sólo resta aguardar un mañana mejor porque aquí la convicción ideológica y la destreza formal a las que nos tenía acostumbrados brillan por su ausencia...
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  • Depredadores
    Depredadores
    CineFreaks
    John McTiernan revolucionó el cine de acción a fines de los ‘80 con una trilogía extraordinaria que pareció abrir un sinnúmero de posibilidades antes de que Hollywood, fiel a su costumbre, redujera todo a un esqueleto hueco: hablamos de Depredador (Predator, 1987), Duro de matar (Die Hard, 1988) y La caza al Octubre Rojo (The Hunt for Red October, 1990). A pesar de los atropellos de la industria, cada una de estas propuestas dejó una huella indeleble en el campo en cuestión (el horror con toques de ciencia ficción, la testosterona cuasi bélica y el proverbial thriller político, respectivamente). Hoy es la dupla Robert Rodriguez- Nimród Antal la encargada de traernos un nuevo eslabón en la saga de los alienígenas adeptos a la mejor cacería de todas, aquella en la que los seres humanos son la presa. Para tratar de reemplazar a Arnold Schwarzenegger y su pelotón de muchachos ahora contamos con ocho “blancos móviles” que van desde mafiosos y paramilitares hasta psicóticos y condenados a muerte (Adrien Brody, Laurence Fishburne y Danny Trejo componen con eficacia a los personajes más interesantes). Simpática y compacta aunque sin demasiado encanto, la película ofrece un puñado de escenas bien desarrolladas que intentan emular al film original en lo referido a la dinámica narrativa y el contexto del relato (no hay sutilezas, la imitación es explícita). Quizás falta garra pero el convite formalmente es irreprochable, aquí el mayor mérito es del director: Antal sabe construir climas de suspenso claustrofóbico como ya lo había demostrado en la enérgica Hotel sin salida (Vacancy, 2007)...
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  • Vincere
    Vincere
    CineFreaks
    Tan anacrónica como artificiosa, la última película de Marco Bellocchio deambula sin convicción entre una primera parte centrada en una caricatura hueca de “El Duce” y una segunda mitad de mayor peso dramático, donde permite que los actos del dictador hablen por sí mismos. Muchas tomas de archivo, una buena labor de Giovanna Mezzogiorno y muy poco más…
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  • Pájaros volando
    En buena medida el lamentable cine argentino merece el ninguneo del que es objeto por parte del público local, reacción lógica que va desde la simple indiferencia hasta la burla lisa y llana. Sin embargo por suerte siempre encontramos excepciones esporádicas: Pájaros Volando (2010), la última realización del equipo responsable de Soy tu aventura (2003), es otra comedia satírica que en este caso hace mella sobre el cine de ciencia ficción, la cultura basura nacional, los ideales setentistas, el ambiente del rock y cierta estupidez desproporcionada que define tan pero tan bien al argentino promedio (no hay lugar para distinciones, tanto al pajuerano como al citadino). Con momentos sumamente lúcidos, mucha apología de las drogas y algunos cameos memorables, Néstor Montalbano aprovecha a Diego Capusotto y Luis Luque en un combo a puro absurdo costumbrista basado sobre todo en remates cortantes, una trama melancólica y un sinnúmero de citas musicales, sociales, televisivas y políticas (desde ya que los pobres iletrados que no compartan las referencias quedarán fuera del convite). Nunca mejor dicho: “¡viva Perón, carajo!”…-
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  • Cinco minutos de gloria
    El camino hacia el perdón

    Los eternos conflictos en Irlanda del Norte han sido históricamente examinados por el cine con resultados varios, no obstante en muchas ocasiones predominaron las caricaturas socio- políticas volcadas más hacia el melodrama facilista que al retrato verídico de los acontecimientos. De hecho, sólo hace falta recordar algunos ejemplos muy opuestos en cuanto a rendimiento se refiere: pensemos en las excelentes En el nombre del padre (In the Name of the Father, 1993) y El viento que acaricia el prado (The Wind That Shakes the Barley, 2006) por un lado, y en las fallidas El precio de la libertad (Michael Collins, 1996), Enemigo íntimo (The Devil's Own, 1997) y Golpe a la vida (The Boxer, 1997) por el otro.

    Recuperado de aquel mal paso profesional que fue Invasores (The Invasion, 2007), el realizador Oliver Hirschbiegel una vez más saca a relucir su eclecticismo con la intensa Cinco minutos de gloria (Five Minutes of Heaven, 2009). Aquí nos presenta la trágica historia de Joe Griffin (James Nesbitt) y Alistair Little (Liam Neeson), dos hombres que terminan enfrentados tanto por el contexto bélico como por el mismísimo azar. En un 1975 crispado por la violencia de los nacionalistas católicos, los unionistas protestantes y la milicia británica, un joven e inexperto Little, miembro de la Fuerza Voluntaria del Ulster, mata al hermano mayor de Griffin desencadenando una serie de fatalidades en la familia.

    Con apenas once años a cuestas, Joe presencia estupefacto lo ocurrido, una suerte de advertencia para amedrentar a los civiles católicos del distrito. Luego de 33 años, incluida una condena de 12 para Alistair, un programa de televisión ofrece gestionar un encuentro entre ambas partes en otro de esos intentos de los medios en pos de “espectacularizar” la realidad. Mediante un trabajo de cámaras en verdad admirable y un pulso narrativo que se mueve constantemente entre la angustia y la quietud, el director recrea el guión de Guy Hibbert imponiéndole un bienvenido tono seco, similar al de Hunger (2008) y Domingo sangriento (Bloody Sunday, 2002) pero mucho más minimalista en su enfoque general.

    Desde ya que resultan decisivas las interpretaciones de Liam Neeson y James Nesbitt, dos actores magníficos de los que no siempre se saca partido (el primero poseedor de una carrera bastante errática y el segundo interesado sobre todo en la pantalla chica). El dúo protagónico hace de la gestualidad de raigambre teatral su principal herramienta para así construir un maravilloso verosímil en donde priman la sinceridad, el rencor acumulado, la sed de venganza y el escabroso camino hacia el perdón. Hirschbiegel recupera el nivel de La caída (Der Untergang, 2004) y El experimento (Das Experiment, 2001) con un film humilde aunque poderoso en términos ideológicos, de una férrea impronta conciliadora.
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  • La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina
    El fuego en la clandestinidad

    Antes de adentrarnos de lleno en la adaptación cinematográfica del segundo eslabón de la “trilogía Millennium” conviene recordar la estructura narrativa de su predecesora, Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor, 2009). La historia se dividía en dos partes específicas: durante la primera se presentaba en paralelo a los dos protagonistas centrales, el tenaz editor Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) y la implacable hacker Lisbeth Salander (Noomi Rapace); en la segunda mitad sus respectivas trayectorias los llevaban a converger y trabajar juntos en el caso en cuestión. Ahora bien, La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina (Flickan som lekte med elden, 2009) es el comienzo del desenlace propiamente dicho y como tal puede ser homologada a aquella primera sección del film original aunque en esta oportunidad el foco gira hacia Salander.

    En términos concretos la trama sigue el típico desarrollo de los capítulos intermedios y vuelve a ofrecer las vicisitudes de ambos personajes reservando con inteligencia el ansiado reencuentro para el episodio final. Las tres películas respetan a rajatabla la organización expositiva de las novelas de Stieg Larsson: el primer tomo es autosuficiente y las dos secuelas funcionan en conjunto como una obra única, en la que La reina en el palacio de las corrientes de aire se deriva de manera explícita del volumen anterior. Lo que a simple vista podría percibirse como una sutil metamorfosis desde el thriller hardcore posmoderno hacia el policial de cuño clasicista más bien debe ser leído dentro de un contexto general que abarca tanto las modificaciones que los propios libros van pautando como el consabido reemplazo en la silla del director, así Daniel Alfredson toma la posta de Niels Arden Oplev.

    Mientras que Blomkvist incorpora en el staff de la revista Millennium a Dag Svensson (Hans Christian Thulin), un joven periodista que está escribiendo un espinoso artículo sobre el tráfico sexual de mujeres basado a su vez en la tesis de doctorado de su novia, Lisbeth por su parte considera que ha llegado el momento de finalizar su estadía en el Caribe y retornar a Estocolmo para visitar a sus seres queridos y “chequear” que su tutor legal Nils Bjurman (Peter Andersson) esté cumpliendo su cometido. De inmediato todo se complica cuando Dag, su pareja y el mismo Bjurman son ejecutados y la policía encuentra un arma con las huellas de Salander. Obligados a actuar bajo presión, nuestros dos antihéroes iniciaran investigaciones por separado en pos de hallar a los verdaderos culpables de los crímenes, él desde la prensa gráfica y ella literalmente desde la más pura clandestinidad.

    Como puede apreciarse el tono detectivesco marca el pulso del relato imponiendo una exploración progresiva sobre los distintos rasgos de Salander, uno de los personajes más fascinantes que haya dado la ficción en mucho tiempo. La sistematización de los abusos de la primera entrega deja paso a su inevitable consecuencia, una enorme espiral de venganzas recíprocas: la misoginia social y la corrupción de la dirigencia sueca ahora se nos aparecen singularizadas bajo la forma de “monstruos” de extrema derecha que se mimetizan y lucran en función del desconocimiento masivo. Alfredson sale airoso del trance de ya no contar con el factor sorpresa y aprovecha al máximo el intrincado guión de Jonas Frykberg, sin dudas tan ajustado como el de su antecesor Nikolaj Arcel. La extraordinaria Noomi Rapace constituye el corazón de un verosímil furioso que solicita a gritos el fuego de la revancha…
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  • Mi villano favorito
    Si bien el debut en animación digital de Universal no pasa vergüenza, se nota la falta de ideas y cierta intención de reflotar el espíritu de los “cartoons” históricos de la Warner Bros. (precisamente esos que hacían foco en el humor directo, los gags físicos y las accidentadas peripecias de los villanos). El doblaje deja mucho que desear y lo más destacable resulta la parodia al 3D de los créditos finales; aún así la propuesta entretiene a condición de que no se le exija demasiado...
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  • El origen
    El origen
    CineFreaks
    Genealogía del buen dormir

    El séptimo largometraje del genial Christopher Nolan es una obra maestra de enormes proporciones que reconfirma todos los éxitos artísticos de su predecesora Batman- El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008). Aquí el inglés no sólo dirige sino que además escribe en solitario y produce junto a su colaboradora habitual, nada menos que su esposa Emma Thomas. El Origen (Inception, 2010) nos propone un mundo en el que es posible sustraer ideas, datos o criterios mediante sueños colectivos en los que la mente de los durmientes interactúan en base a contextos muy susceptibles a la manipulación. Así las cosas, todo funciona a través de un dispositivo portátil que inyecta un fluido especial por vía intravenosa para conectar entre sí las psiquis de los involucrados. Por supuesto que esta tecnología generó aplicaciones non sanctas como la “implantación” de nociones ajenas al sujeto, lo que eventualmente podría engendrar modificaciones varias en su sistema racional.

    Los primeros minutos del convite ya presentan a las claras los caminos a seguir: Cobb (Leonardo DiCaprio) es un extractor que con la ayuda de su mano derecha Arthur (Joseph Gordon-Levitt) se dedica al espionaje industrial. Juntos están en una operación secreta, robar información al millonario japonés Saito (Ken Watanabe), que deben abortar de improviso cuando el susodicho descubre el plan por el entrometimiento de la proyección inconsciente de Mal (Marion Cotillard), la esposa muerta de Cobb. A pesar de que en un primer momento pueden escapar, pronto son interceptados por Saito quien les ofrece un nuevo trabajo: aprovechando que Cobb es un fugitivo de las autoridades estadounidenses y que desea con desesperación regresar a su país para reencontrarse con sus hijos, el asiático promete resolver inmediatamente su situación legal a cambio de que ejecute un “inception” -una introducción de un concepto- que garantice la destrucción de una multinacional rival.

    Conviene no adelantar más del film y dejar que el espectador descubra los pormenores de tamaña tarea que por cierto resulta fascinante. Sólo un cineasta del talento de Nolan puede reunir y certificar interpretaciones maravillosas a cargo de un elenco que incluye participaciones de Michael Caine, Pete Postlethwaite, Tom Berenger, Ellen Page, Cillian Murphy, Tom Hardy y Dileep Rao. La elegante multiplicidad de la película abre el rango estilístico a numerosas referencias cruzadas: tenemos desde elementos en común con las primigenias Following (1998) y Memento (2000), pasando por una estructura deudora de las denominadas “caper movies” (opus centrados en atracos) y un entorno general de ciencia ficción posmoderna (el conflicto “virtualidad versus realidad”), llegando hasta citas astutas ahora reconvertidas en ejes de la narración; en este sentido se destaca la alusión a la bella El Discreto Encanto de la Burguesía (The Discreet Charm of the Bourgeoisie, 1972).

    Precisamente la ambición de la trama es uno de los factores claves en un desarrollo expositivo más que complejo que pone al descubierto cuán involuntarios son muchos de nuestros comportamientos y faenas cotidianas. Amparado en una infinidad de paradojas emocionales y la misma inaprehensión de los mecanismos profundos del intelecto, el director de a poco traduce la metáfora y la metonimia lacanianas (o la condensación y el desplazamiento según Freud), en tanto leyes del inconsciente, en un esquema destinado al entretenimiento masivo pero respetando con inusual sapiencia dichos principios. A lo largo de sus 148 minutos la propuesta va construyendo un cóctel que tiene su punto de ebullición durante el extraordinario desenlace, el cual en esta oportunidad rompe todas las barreras cinematográficas al extenderse por casi una hora en función de cinco niveles oníricos simultáneos en donde la estrategia del “sueño dentro del sueño” llega a su cúspide máxima.

    La exquisita meticulosidad de cada plano, el esfuerzo volcado en la puesta en escena y la ya clásica edición entre epiléptica y enajenada son apenas indicios de una lógica profesional símil Stanley Kubrick que combina la destreza técnica y una incomparable disposición hacia los interrogantes ontológicos del devenir social. Como nadie en la actualidad, Nolan sabe inyectar sentimientos auténticos en la historia sin nunca perder el rigor -por momentos hasta metafísico- del relato. Con los CGI discurriendo de manera imperceptible por sobre las hermosísimas imágenes, mantiene la tensión gracias a personajes vulnerables y en especial elige privilegiar la fotografía de Wally Pfister y la majestuosa banda sonora de Hans Zimmer. El Origen es en última instancia una genealogía irónica del buen dormir que derrocha imaginación e inteligencia a raudales, torciendo la ecuación tanto hacia los efectos del pasado como a los procesos cognitivos que escapan a nuestro mísero control consciente.
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  • Portadores
    Portadores
    CineFreaks
    Exposición y contagio

    Hollywood sigue firme en su vieja táctica de fagocitar a realizadores extranjeros de cine de género para esporádicamente reemplazar a los asalariados de siempre, aquellos que suelen ser confundidos por la crítica imberbe con los queridos “artesanos” (este término implica un mínimo conocimiento que los directores propiedad del estudio ya no poseen desde hace tiempo). En lo referido a la valorización de las obras resultantes, en la década del ’90 numerosas carreras que prometían se vieron truncadas a raíz de productos deficitarios que revelaban sin sutilezas el carácter poco tolerante del gigante norteamericano: por suerte durante los últimos años la tendencia se ha dado vuelta y hoy el desafío es muy auspicioso.

    El caso que nos ocupa, la interesante Portadores (Carriers, 2009), ejemplifica lo anterior al poner una vez más de manifiesto la incompetencia de la “planta permanente” y la solvencia de los por ahora “turistas”. De hecho, hablamos de un combo terrorífico dirigido con una fuerte impronta dramática por los hermanos españoles Àlex y David Pastor: el film es tanto su debut en largometraje como su primera colaboración concreta (hasta este momento habían desarrollado trayectorias por separado centradas exclusivamente en cortos). Como en la reciente La Carretera (The Road, 2009) aunque sin los padecimientos humanistas, la propuesta construye un futuro tenebroso en la línea de Exterminio (28 Days Later..., 2002).

    Todo comienza con cuatro jóvenes viajando en una camioneta luego de que una pandemia diezmara casi por completo la población mundial: Brian Green (Chris Pine), su novia Bobby (Piper Perabo), su hermano Danny (Lou Taylor Pucci) y la amiga de éste Kate (Emily VanCamp). Por supuesto que de inmediato se topan con un sobreviviente y su hija infectada, lo que junto a las circunstancias contextuales disparará varios interrogantes en torno al dilema de abandonar o asistir a los enfermos. La película regresa una y otra vez sobre este eje moral a través de un pulso narrativo que abraza el suspenso minimalista y deja de lado la iconografía de los zombies (aquí la agonía es trágica y la muerte definitiva).

    Sin maravillar el elenco cumple dentro del marco general y Chris Pine conduce la acción replicando en buena medida su rol en Star Trek (2009). Sin dudas el aspecto más destacable es la misma labor de los cineastas, también responsables del guión: manteniendo un tono ameno que parece flirtear con el horror adolescente para rápidamente girar hacia la ciencia ficción apocalíptica, el dúo entrega un opus compacto sustentado en diálogos precisos, coherencia formal y sustos furtivos vinculados a las reacciones de los protagonistas. Lejos de las torpezas y la falta de ideas del promedio contemporáneo, en esta ocasión la exposición y el contagio están al servicio de un ataque inteligente contra el individualismo.
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  • Policía, adjetivo
    En su segundo opus Corneliu Porumboiu vuelve a emplear la misma estructura narrativa desmitificadora de su muy interesante ópera prima Bucarest 12:08 (12:08 East of Bucharest, 2006). Ayer el devenir de la periferia, hoy la burocracia policial: el cineasta ofrece un retrato de las miserias cotidianas a través de un minimalismo riguroso que atenta conscientemente contra los resortes hollywoodenses. Tan cíclica como discursiva, la película ataca con dureza la cobardía, inoperancia y corrupción de nuestros patéticos funcionarios públicos…
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  • El aprendiz de brujo
    Hechicería para principiantes

    Los últimos productos del tándem Walt Disney Pictures/ Jerry Bruckheimer Films habían resultado bastante pasables considerando el trágico historial de los involucrados, tanto compartido como en soledad: El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo (Prince of Persia: The Sands of Time, 2010) fue una aventura sumamente amable de espíritu retro y Fuerza G (G-Force, 2009) representó una ridiculez de tal magnitud que terminaba cayendo simpática. Guste o no, la racha se corta en este momento con la rutinaria El Aprendiz de Brujo (The Sorcerer''s Apprentice, 2010), otra típica amalgama pop sin corazón ni cordura.

    Aparentemente el plan original de Nicolas Cage pasaba por aggiornar el famoso episodio del mismo título de Fantasía (Fantasia, 1940) para adaptarlo en un largometraje. Con este fin los muchachos de Hollywood contrataron a un pelotón de guionistas y al paparulo de Jon Turteltaub, quien ha demostrado poco y nada en una carrera que supera los veinte años: si Mientras Dormías (While You Were Sleeping, 1995), Fenómeno (Phenomenon, 1996) e Instinto (Instinct, 1999) ya lo pintaban como un experto en la ciencia de los pasos en falso, mejor no extenderse demasiado en su fatídica reconversión hacia el cine de aventuras ATP.

    En esta oportunidad el director de La Leyenda del Tesoro Perdido (National Treasure, 2004) y La Leyenda del Tesoro Perdido: El Libro de los Secretos (National Treasure: Book of Secrets, 2007) repite la consabida fórmula mainstream que incluye una trama previsible, apuntes cómicos de poco vuelo y un enorme aluvión de CGI, verdaderos garantes de la fastuosidad del espectáculo. Que nadie se sorprenda si llegamos a idénticas conclusiones: para los adolescentes posee una concepción muy aniñada y a los adultos desprevenidos en un primer instante les hará recordar su infancia, luego se volverá cada vez más insufrible.

    Más allá de las referencias cinéfilas con las que está condimentado el relato y la presencia de alguna que otra escena mínimamente hilarante, la pobreza de ideas y el cúmulo de clichés empantanan la narración y llegando el desenlace la dejan en estado terminal. A pesar de ello vale aclarar que una película de estas características no puede ser del todo mala si tiene al chiflado de Nicolas Cage enseñando hechicería, a Alfred Molina como un villano obsesivo y a la hermosísima Monica Bellucci atrapada en una mamushka junto a una bruja que pretende destruir al mundo. Pero en realidad ni la magia nos salva del tedio…
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  • Encuentro explosivo
    James Mangold es un realizador heterogéneo que sin nunca sobresalir demasiado por lo menos acepta sus limitaciones y acostumbra entregar propuestas humildes basadas casi exclusivamente en la labor de los protagonistas de turno. Encuentro Explosivo (Knight and Day, 2010) es una de sus películas más flojas, un rip-off de Mentiras verdaderas (True Lies, 1994) que no termina de convencer al mezclar a lo bestia el drama de espionaje, la comedia romántica y la súper acción de tono inverosímil; haciendo agua en todas las vertientes. La química entre Tom Cruise y Cameron Diaz resulta funcional pero la indecisión del film le juega muy en contra…
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  • Shrek para siempre
    Adiós, irreverencia, adiós

    Si tuviésemos que poner un ejemplo de cierta mediocridad cinematográfica que de vez en cuando arrastra su medianía por sobre nuestras queridas pantallas, la insulsa Shrek para siempre (Shrek Forever After, 2010) nos caería como anillo al dedo. Ya no podemos más que confirmar que DreamWorks se quedó sin imaginación, entró en piloto automático y/ o simplemente decidió abandonar la lucha por la supremacía en el mercado internacional de la animación infantil: el supuesto final de la franquicia apenas si despierta un par de sonrisas con una premisa muy deudora de ¡Qué bello es vivir! (It''s a Wonderful Life, 1946).

    Quizás pocos lo recuerden pero las peripecias del ogro más famoso comenzaron en 2001 con un film sumamente interesante que combinaba comedia directa, tono satírico y múltiples referencias a los cuentos de hadas y la literatura para niños. Su primera secuela del 2004 aplicó con destreza la doctrina hollywoodense por antonomasia: maximización general en cuanto a escenas de acción y personajes más alguna que otra vuelta de tuerca narrativa. Considerando estas dos piedras angulares de la década nadie se esperaba ese traspié mayúsculo que fue la desapasionada y fofa Shrek Tercero (Shrek the Third, 2007).

    Ahora nos venimos a enterar que aquello no fue un accidente aislado sino un verdadero motivo de alerta: cuando en una saga llega el momento de reflotar el viejo latiguillo de “qué pasaría si…”, estamos ante la inminente desaparición del acompañamiento popular debido a la falta de ideas, el humor cada vez más esquemático y la tendencia a desaprovechar las distintas vertientes que el mismo relato propone. Todo esto acontece en Shrek para siempre de una forma bastante peculiar ya que a pesar de la pérdida casi completa del encanto original los protagonistas aún hoy conservan algo de vitalidad y podrían haberse lucido.

    Más allá de la nulidad del realizador Mike Mitchell y los guionistas Josh Klausner y Darren Lemke, un puñado de marionetas incompetentes al servicio del estudio, lo que más molesta es el carácter impersonal del convite, como si una trama predecible y un villano sin energía indicaran que la edad del público a captar bajó significativamente (o tal vez el coeficiente intelectual de los espectadores, vaya uno a saber…). Este Shrek en plena crisis de los cuarenta no convence y para colmo los mejores chistes estaban “resumidos” en el trailer. Las brujas bailan al ritmo de Sure Shot de los Beastie Boys pero la irreverencia se agotó…
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  • Eclipse
    Eclipse
    CineFreaks
    Dubitaciones de la adolescencia sobrenatural

    Bueno, lo que tanto se aguardaba finalmente sucedió: hacía falta la presencia de un verdadero especialista en el terror como David Slade para que la saga Crepúsculo levantara su nivel artístico general. Más allá del talento del realizador de Hard Candy (2005) y 30 Días de Noche (30 Days of Night, 2007), igual de incuestionable resulta la incompetencia de sus predecesores Catherine Hardwicke y Chris Weitz, dos pobres almas que no supieron aprovechar el género ni mucho menos la dinámica de los relatos melosos de corazoncito sobrenatural. Slade viene a corregir lo anterior, acelera con inteligencia el tempo narrativo y de paso entrega a los “adultos” un producto ameno que cumple dentro de sus parámetros.

    Ya la vacuidad de Crepúsculo (Twilight, 2008) y los histeriqueos de Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009) quedaron en el pasado, ahora es momento de redondear las características de los personajes, subir el tono de los intercambios y ofrecer alguna que otra definición sentimental: así es cómo Bella Swan (Kristen Stewart), Edward Cullen (Robert Pattinson) y Jacob Black (Taylor Lautner) regresan con diálogos sintéticos, una generosa dosis de acción, los rostros pálidos de siempre, chispazos esporádicos de humor y formulaciones más concretas en lo referido al malambo psicológico que paulatinamente se ha forjado entre los protagonistas de este triángulo “ser humano- vampiro- hombre lobo”.

    Por supuesto que nos encontramos con la vuelta de la malvada Victoria (Bryce Dallas Howard toma la posta de Rachelle Lefevre), aunque en esta ocasión los hilos de la amenaza están mucho mejor administrados a través de la proximidad de un ejército de vampiros “recién nacidos”, la misteriosa actitud de los Volturi, los continuos roces con los licántropos y hasta una inesperada seguidilla de flashbacks que ilustran tanto las desdichas individuales de los involucrados como sus estrategias de defensa y los orígenes de esta animadversión a flor de piel. El director controla la tendencia al melodrama rosa del guión de Melissa Rosenberg bifurcando la historia y garantizando la complementación recíproca.

    A esta altura sólo queda repartir culpas y sincerarnos en nuestras apreciaciones: los fans estarán encantados con la mejor película por lejos de la franquicia, a la crítica idiota que recomienda basura arty le parecerá otra más, los hombres no la pasarán tan mal y el resto simplemente disfrutará de un combo heterogéneo que hoy sí suma elementos para satisfacer a todos; no obstante las señoritas de corta edad siguen representando el objetivo principal del convite y está bien que así sea. A pesar de su poco vuelo conceptual y los titubeos de su elenco, aquí algo atenuados, Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010) es el film perfecto para las quinceañeras que deambulan perdidas entre un sinfín de dubitaciones adolescentes.
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  • La carretera
    La carretera
    CineFreaks
    Todos aquellos que esperen de La Carretera (The Road, 2009) una suerte de western apocalíptico saldrán sumamente defraudados de la sala: más bien estamos ante un drama humanista que por ambientación se acerca a los relatos más amargos de postguerra. Muy lejos de la parafernalia hollywoodense aunque recuperando todos los lugares comunes del formato, la película apenas si propone un viaje mínimo de supervivencia que demarca la delgada línea que separa a la fuerza vital del colapso psicológico. La gran actuación de Viggo Mortensen compensa los tropiezos de Kodi Smit-McPhee y le da sentido a un film bastante lánguido que en manos de un equipo creativo más talentoso podría haber sido extraordinario…
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  • Karate Kid
    Karate Kid
    CineFreaks
    Esta paupérrima remake de la recordada Karate Kid (1984) intenta con desesperación combinar la estructura de la original con la ambientación de la primera secuela, fallando indefectiblemente en ambos casos: bajar la edad del protagonista convierte a la trama en una ridiculez total (hasta incluyeron un interés romántico para el chico de doce años) y como si fuera poco el realizador Harald Zwart abusa de las tomas turísticas de Beijing (no hacía falta remarcar cada cinco minutos que esto es una coproducción). Ni Jaden Smith ni Jackie Chan son convincentes en sus actuaciones, limitados por un guión anodino cuyos únicos momentos pasables calcan al detalle las vicisitudes del clásico ochentoso. De hecho, aquella maravillosa química entre Pat Morita y Ralph Macchio sobrepasa por lejos todo lo aquí logrado…
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  • Brigada A
    Brigada A
    CineFreaks
    Mercenarios del honor

    Explicitemos una de las grandes verdades de la historia de la televisión estadounidense: Brigada A (The A-Team) fue la serie más violenta, sexista, enajenada y endiabladamente entretenida de los años ’80, lo que es mucho decir si recordamos los productos que circulaban por aquella década. La tira era tan estructurada, adictiva y poco verosímil que donde sea que se emitía de inmediato acaparaba la atención de los espectadores masculinos y las críticas de las pobres mujeres, quienes atacaban al show enarbolando esos mismos estereotipos pero al revés (por supuesto que en este último bando incluimos a los intelectualoides más patéticos de la prensa). Tanta testosterona y demencia entregaba la propuesta que uno no podía más que maravillarse ante la “justicia” de estos mercenarios.

    Luego de varias idas y vueltas, hoy por fin llega la adaptación cinematográfica nada más ni nada menos que bajo el control de Joe Carnahan, quien aunque continúa lejos del nivel de Narc: calles peligrosas (Narc, 2002) sabe dejar en el pasado aquel desatino intitulado La última carta (Smokin'' Aces, 2006). Si consideramos que la creación de Stephen J. Cannell y Frank Lupo se mantuvo en el aire a lo largo de cinco temporadas y 97 episodios, trasmitidos por primera vez entre 1983 y 1987, no hace falta agregar demasiado en lo respecta al desarrollo de personajes: George Peppard interpretando a “Hannibal” Smith, Mr. T como el tremendo B.A. Baracus, Dwight Schultz componiendo a Murdock y Dirk Benedict como Face cimentaron figuras que se convirtieron en íconos de la cultura popular.

    Precisamente debido a que gran parte del ADN contemporáneo ya estaba inscripto en aquella producción de la NBC, el Hollywood de nuestros días no tropieza con mayores obstáculos en pos de reformular las aventuras de este comando de veteranos de Irak (ayer del conflicto de Vietnam) que son encarcelados “por un crimen que no cometieron”. Al escapar del presidio se ven obligados a romper unas cuantas cabezas en el arduo derrotero para limpiar su nombre: aquí el realizador evita sucumbir a la moda de las “precuelas” y decide narrar el primer encuentro de los muchachotes durante la escena inicial de créditos, a posteriori entramos en el trajín que todos conocemos. El guión se pasea por la acción más estrambótica, el humor irónico, la abundancia de bellezas y ese viejo encanto caricaturesco.

    Quizás al combo se la va un poco la mano en el terreno de los CGI, los cuales son tan desquiciados e irregulares como las secuencias a las que dan sentido y auténtica motivación: en especial se destacan la que transcurre en el puerto y la del tanque, un fastuoso monumento a la desproporción norteamericana. En este caso la dinámica entre los protagonistas está bastante bien lograda: Liam Neeson se lleva las palmas como el Coronel y Bradley Cooper avanza detrás poniéndole el cuerpo a Peck; Quinton “Rampage” Jackson y Sharlto Copley hacen lo propio con Baracus y Murdock respectivamente. Más allá de que nunca estarán a la altura del elenco original, los señores construyen caracterizaciones adecuadas según las circunstancias y así consiguen transmitir un cierto “espíritu de grupo”.

    Sin lugar a dudas caerán algunas lágrimas cuando vuelva a verse la clásica camioneta GMC negra y a escucharse la inolvidable cortina musical de Mike Post y Pete Carpenter, dos de las marcas registradas de la serie que regresan a pura nostalgia (sumemos también los simpáticos cameos de Schultz y Benedict, Mr. T no quiso participar). La película sorprende colocando a la simple codicia como el motor principal del relato, factor siempre a tener en cuenta cuando se desea eludir al “terrorismo”. Con las intervenciones de Patrick Wilson, Brian Bloom y la muy hermosa Jessica Biel, nuevamente las muertes son mínimas y el honor se nos presenta como un código de lealtad individual encauzada hacia el altruismo desinteresado: la irremediable violencia masculina viene acompañada de un buen corazón.
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  • Flame y Citrón
    Flame y Citrón
    CineFreaks
    La heterogeneidad de un país en ebullición

    Resulta innegable que de un tiempo a esta parte el cine europeo no está ofreciendo películas interesantes ni mucho menos productos con algún merito que puedan llegar a tener éxito en mercados que no sean los locales. Lejos de las cúspides estilísticas de décadas anteriores, el viejo continente parece resignado a correr por detrás de la industria estadounidense y sólo de vez en cuando se decide a poner toda la carne al asador para competir en géneros hegemonizados por Hollywood. Debido a esta circunstancia llama la atención el estreno en Argentina de Flame y Citrón (Flammen & Citronen, 2008), una prodigiosa anomalía que inesperadamente se ubica entre lo mejor del año. Hablamos de un thriller bélico con una fuerte impronta dramática que por momentos recuerda a El Soldado de Orange (Soldaat van Oranje, 1977) y Black Book (Zwartboek, 2006), las obras maestras de Paul Verhoeven.

    La historia aquí planteada se basa en hechos verídicos acontecidos en Dinamarca durante la invasión nazi de la Segunda Guerra Mundial. Corre el año 1944 en una Copenhague férreamente controlada por las tropas germanas, Bent Faurschou-Hviid (Thure Lindhardt) y Jørgen Haagen Schmith (Mads Mikkelsen) cumplen tareas en la peculiar resistencia danesa asesinando a distintos miembros del gobierno colaboracionista. Siempre al mando de Aksel Winther (Peter Mygind), quien a su vez responde a la cúpula británica, casi de inmediato ambos se convierten en una suerte de “héroes” entre los partisanos luego de varias operaciones de alto perfil. La situación comienza a complicarse cuando reciben la orden de eliminar a tres alemanes: hasta ese instante la ejecución de nazis estaba vedada en términos generales por temor a las represalias, así terminan aceptando el encargo pero todo sale mal.

    El realizador Ole Christian Madsen construye con inteligencia un relato exaltado en donde el doble discurso y la paranoia conspirativa juegan un papel fundamental tensando los hilos que unen al dúo protagónico con el resto de los personajes. Las tribulaciones se superponen a medida que la intriga va abriendo posibles atajos o quizás callejones sin salida: mientras que los dos esperan con ansiedad el visto bueno para ajusticiar a Karl-Heinz Hoffmann (Christian Berkel), el jefe de la Gestapo, Bent traba relación con la hermosa Ketty Selmer (Stine Stengade), un correo de la resistencia, y Jørgen trata de recuperar a su familia, a la que fue perdiendo por sus reiteradas ausencias. Un pulso clasicista de espionaje a la film noir recorre de punta a punta el guión de Lars K. Andersen y el propio director, como si la estética barroca de los ’50 colisionase con el realismo tortuoso de nuestra cotidianeidad.

    Sin lugar a dudas el desempeño del elenco es otro de los factores que merecen destacarse en una propuesta muy enérgica que se arriesga muchísimo al combinar un desarrollo de índole testimonial en verdad impecable y una estructura de suspenso sustentado en vueltas de tuerca y generosas secuencias de acción. Sin desmerecer el gran aporte de sus colegas, las exploraciones de los taciturnos Mads Mikkelsen y Thure Lindhardt profundizan y hasta en ocasiones sobrepasan la amplitud concedida por la trama para con sus respectivos roles. Lamentablemente hacía bastante tiempo que no nos encontrábamos con interpretaciones tan rigurosas y en sintonía con las necesidades narrativas del conjunto: como antecedentes cercanos señalemos que Mikkelsen hizo del antológico Le Chiffre en Casino Royale (2006) y a Lindhardt lo pudimos ver en Hacia rutas salvajes (Into the Wild, 2007) de Sean Penn.

    Amparado en la fotografía de Jørgen Johansson y el montaje de Søren B. Ebbe, Madsen consigue angustiar al espectador con las paradojas de un retrato amargo que no celebra ni condena el accionar de los protagonistas, cuyos nombres de guerra son precisamente aquellos del título (“flammen” es “llama” en danés y se refiere al cabello rojizo de Bent, Jørgen por su parte trabajó en la fábrica de Citroën en Copenhague y en un principio sólo fue chofer). Más allá de los atropellos psicóticos de los nazis, cada una de las misiones de esta resistencia poco resplandeciente pone en cuestión la competencia de los superiores, el margen de maniobra en el contexto de una invasión y las fronteras morales de todos los involucrados. Ya sea que luchen por su carrera, una ideología o el simple odio al enemigo, estos “soldados sin frente” no pueden ganarle a la heterogeneidad de un país en ebullición.
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  • Toy Story 3
    Toy Story 3
    CineFreaks
    Como se preveía por el tono de la segunda parte, aquí el equipo de Pixar profundiza la perspectiva melancólica y el ataque contra la cultura de la obsolescencia. Una pequeña dosis de la chispa de la original desapareció pero aún así el rendimiento de Toy Story 3 (2010) continúa siendo muy positivo. Sólo la secuencia de acción apocalíptica en el basurero y el esplendoroso desenlace valen de por sí el precio de la entrada. Por cierto no es imprescindible pagar el 3D, para variar por fin podemos elegir disfrutarla con subtítulos. El homenaje a Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988) de Hayao Miyazaki es otro detalle encantador…
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    CineFreaks
    Escafandras y narcos

    Aunque en términos prácticos los comics están muertos desde hace más de tres décadas, las adaptaciones cinematográficas gozan de buena salud y son muy redituables en taquilla. Precisamente debido a la enorme popularidad de antaño, gran parte del público conoce a muchos personajes míticos del ámbito sin nunca haber leído ni siquiera un ejemplar (los componentes anacrónicos de las obras no descalifican la mirada cariñosa que despiertan la estética, algunos rasgos de la ideología y en especial los diversos íconos de las historietas).

    La poco imaginativa Kick-Ass (2010) reúne un par de factores que ilustran lo anterior y de paso confirman el estancamiento de la comedia mainstream: se basa en un comic reciente de Mark Millar y John Romita que a su vez parodiaba ciertos motivos clásicos del género, sobre todo la ausencia de “súper poderes” en algunos vigilantes antológicos como el Batman de Bob Kane y Bill Finger. Aquí la industria desperdicia la oportunidad de meditar acerca de la cultura urbana estadounidense y en cambio entrega otro pastiche mal digerido.

    Ya lo vimos mil veces: un adolescente burgués se aburre en su cómoda casita porque no tiene ni una sola actividad extracurricular (sus amigos no pasan de dos, a la salida del colegio siempre le roban el dinero y lo peor es que todavía no tuvo sexo). Imitando a sus ídolos gráficos decide calzarse una escafandra verde y empezar a patrullar las calles, sin el entrenamiento necesario o una mínima causa por la que luchar. Si no fuera por estos detalles estaríamos ante un nuevo bodrio sólo apto para los diletantes del onanismo eterno.

    Así es como nuestro protagonista Dave Lizewski (Aaron Johnson) pronto se hace conocido bajo el seudónimo de Kick-Ass y en una noche agitada se topa con Big Daddy (Nicolas Cage) y su pequeña pero aguerrida hija Hit-Girl (Chloe Moretz). El guión se pasea por un montón de estereotipos del cine “políticamente incorrecto” sin brillar en ninguno y para colmo no se decide cuál dirección profundizar, si la senda del superhéroe malogrado o el retrato de sus enemigos, con el cruel traficante Frank D''Amico (Mark Strong) a la cabeza.

    El tono jamás llega a la comedia negra sino que más bien se queda en una sátira bastante deslucida, de esas que pretenden “impactar” con una violencia hoy vetusta y la infaltable colección de insultos. El panorama se aclara cuando nos percatamos que el realizador no es otro que el inglés Matthew Vaughn, responsable de la desastrosa Stardust (2007). Aquí demuestra una vez más que le cuesta muchísimo trabajar los aspectos formales y/o estructurar una narración sólida sin el recurso de las citas múltiples o el robo liso y llano.

    Si además sumamos que la música y la edición son increíblemente desprolijas, el margen de placer cinéfilo se reduce aún más. A pesar de ello y en función de la incompetencia del esposo de Claudia Schiffer y el equipo creativo en general, un elenco librado a su suerte constituye lo mejor de la película: Cage continúa tan enajenado como siempre, Strong le esquiva a la repetición, Johnson hace querible a Kick-Ass y Moretz termina llevándose las palmas. Torpezas aparte, el film se mueve en una medianía de la que nunca consigue salir.
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  • Cartas a Julieta
    Esas cosas lindas de la feminidad…

    Si nos manejamos con el rótulo de “comedia romántica”, una película como Cartas a Julieta (Letters to Juliet, 2010) tiene más de “romántica” que de “comedia”, detalle que en este caso deriva en una propuesta bastante pasable considerando las últimas y raquíticas aproximaciones al género por parte de Hollywood. Desde ya que los productos de este tipo siempre están destinados al olvido instantáneo pero una vez más debemos subrayar lo que se puede lograr con un par de apellidos ilustres y algo de profesionalidad detrás de cámara.

    Sophie (Amanda Seyfried), una investigadora que trabaja en la revista The New Yorker, está comprometida con Victor (Gael García Bernal), un chef a punto de abrir su propio restaurant. Como cada uno vive en su burbuja individual, ambos deciden viajar a Verona de vacaciones como una especie de “ensayo” para su luna de miel. Allí Sophie descubre a las “Secretarias de Julieta”, un grupo de señoras que se dedican a contestar cartas dejadas por lugareñas en la supuesta casa donde vivió la joven inmortalizada por William Shakespeare.

    Por supuesto que la protagonista se suma de inmediato, responde una misiva de hace 50 años y sin quererlo desencadena la aparición de Claire (Vanessa Redgrave) y su antipático nieto Charlie (Christopher Egan). Los tres comienzan un viaje en busca del amante de Claire de aquella época, un tal Lorenzo Bartolini, a quien abandonó por miedo a una reprimenda paterna. Como se puede apreciar la premisa es sumamente clasicista, lo que por suerte se condice con un desarrollo narrativo sin grandes sorpresas aunque bien articulado.

    A pesar de que casi no existe química entre Seyfried y Egan, la historia corre por ese lado y mantiene en paralelo la esperanza del personaje de Redgrave. El realizador Gary Winick, un verdadero especialista en el género, desaprovecha a García Bernal, incluye demasiadas tomas turísticas y acierta de sobremanera con la participación de Franco Nero. Un guión predecible y una concepción inocente del amor conspiran contra este paneo sincero por las “cosas lindas” de la feminidad, esas que parecen llegar mucho después de la menopausia…
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  • La ciudad de las tormentas
    Busqueda inútil

    Busqueda inútilMatt Damon y Paul Greengrass, el equipo responsable de las vertiginosas La Supremacía de Bourne (The Bourne Supremacy, 2004) y Bourne: El Ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007), regresan con un thriller bélico que funciona como un catálogo de todas las mentiras que la administración Bush y sus cómplices utilizaron para justificar la invasión a Irak. La Ciudad de las Tormentas (Green Zone, 2010) hace foco en la inútil búsqueda de “armas de destrucción masiva”, los atropellos contra la población civil, la manipulación de los medios de comunicación y las disputas dentro de las fuerzas de ocupación. Los engaños se tapan una y otra vez con más y más sangre...
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  • Legión de ángeles
    Tenemos ante nosotros una mezcla insatisfactoria entre la estética de un video juego apocalíptico, el thriller alegórico de entorno cerrado y el terror basado en posesiones. En sí la película comienza bastante bien pero de a poco va cayendo en un torbellino de escenas predecibles y diálogos huecos, de esos que terminan molestando de tanta nimiedad. De todas formas desde ya que estas sonseras bíblicas a punta de gatillo resultan mucho más disfrutables que casi cualquier exponente de la catarata de mamarrachos argentinos y europeos que suelen pasar sin pena ni gloria por la cartelera porteña…
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  • Batalla por Terra
    Belicosidad pacifista

    El contexto y el presupuesto suelen ser dos factores decisivos al momento del estreno de una película, en especial si consideramos las demoras propias de la distribución mundial y las enormes diferencias entre los recursos de los productos mainstream y los llamados “independientes” (concepto amplio si los hay…). Batalla por Terra 3D (Battle for Terra, 2007) sufre muchísimo debido a sus similitudes con Avatar (2009): tres años después de haber sido completada, un año luego de su fracaso absoluto en la taquilla estadounidense y cinco meses después del tanque de James Cameron, el film está predestinado al olvido.

    La historia es tan antigua como la injusticia: un pueblo con un pasado turbio alcanza un presente de relativa tranquilidad hasta que por enésima vez aparece un invasor extranjero con hambre de pillaje y destrucción. Los protagonistas en este caso son las víctimas, una raza alienígena que habita el planeta del título, y no extraña que los victimarios sean los seres humanos, unos homeless espaciales fruto de guerras eternas. Mala (Evan Rachel Wood) ve cómo los susodichos secuestran a su padre Roven (Dennis Quaid) y aún así ofrece refugio al piloto Jim Stanton (Luke Wilson) cuando su nave cae sobre la superficie.

    El director Aristomenis Tsirbas contó con apenas ocho millones de dólares y en general supo construir una animación bastante digna aunque poco imaginativa, en ocasiones bordeando el plagio: encontramos demasiadas “referencias” a los diseños de La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977). Más allá de las comparaciones, la propuesta carece de un desarrollo de personajes en verdad sustentable, capaz de movilizar al espectador y sumergirlo de cabeza en la trama. El guión de Evan Spiliotopoulos, basado a su vez en un corto del 2003 del mismo Tsirbas, pronto queda prisionero de una infinidad de estereotipos.

    Lamentablemente ni siquiera podemos disfrutar de las voces originales porque sólo nos llega doblada al castellano (además de los citados, el frondoso elenco incluye participaciones de James Garner, Brian Cox, Danny Glover, Mark Hamill, Rosanna Arquette, Beverly D''Angelo, Amanda Peet, Chris Evans, Ron Perlman y Danny Trejo). Se agradecen las buenas intenciones ideológicas y resulta meritorio el realismo oscuro de algunos pasajes pero el convite defrauda en términos narrativos y apenas si funciona como un alegato a favor de la belicosidad pacifista y/ o el resurgimiento de la violencia contenida.
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  • El príncipe de Persia
    El imperio de las plataformas

    Para todos aquellos que crecimos en los ’90 el Prince of Persia representó un verdadero oasis dentro del mundillo de los juegos de plataformas de la época. El original de 1989 y su secuela de 1994 fueron dos maravillas no sólo por la fluidez de los movimientos de los personajes, los detalles de los gráficos y la ansiedad que despertaban los desafíos: el elemento central era el espíritu de aventura que tan pero tan bien transmitía aquel protagonista, ese diminuto acróbata obsesionado con rescatar a la princesa. Ahora tenemos una adaptación cinematográfica basada en un guión de Jordan Mechner, creador de la saga, inspirado a su vez en su aclamada obra del 2003, el Prince of Persia: The Sands of Time.

    Antes que nada debemos sincerarnos: el realizador inglés Mike Newell no entregaba algo interesante desde la lejana Donnie Brasco (1997). Aquí por suerte levanta la puntería y consigue redimirse de la vergonzosa El amor en los tiempos del cólera (Love in the Time of Cholera, 2007), sin lugar a dudas una de las peores películas de la década. Intercalando ingredientes de las últimas encarnaciones en 3D, la historia retrata el periplo de Dastan (Jake Gyllenhaal), un príncipe aguerrido que es utilizado como chivo expiatorio en una conspiración para matar a su padre. En su huida une fuerzas con Tamina (Gemma Arterton), una hermosa monarca con muchos secretos que lo ayudará a limpiar su nombre.

    Por supuesto el contexto fantástico está a la orden del día y en este caso involucra la posibilidad de deshacer sucesos recientes mediante una daga con poderes extraordinarios, objeto de disputa entre bandos antagónicos. La trama trabaja en forma eficaz gran parte de los arquetipos del cine de aventuras: el antihéroe bonachón aunque diestro para las armas, su compañera astuta e hiperquinética, un compinche un tanto contradictorio y el infaltable villano que no se detiene ante nada ni nadie. En lo que respecta a estos dos últimos, destaquemos en especial la excelente labor de Alfred Molina como el Sheik Amar, un empresario adalid de la desobediencia civil, y Ben Kingsley como el malvado Nizam.

    La película está producida por el equipo responsable de la exitosa franquicia de Piratas del Caribe, Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer Films, circunstancia que pone de manifiesto los rasgos estilísticos del convite. Por momentos El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo (Prince of Persia: The Sands of Time, 2010) parece una versión corregida de Furia de Titanes (Clash of the Titans, 2010): aquí sí han aprovechado a Gemma Arterton, las secuencias de acción son muy retro y los homenajes al original resultan pertinentes. Con diálogos graciosos y una generosa tanda de CGI no intrusivo, la propuesta entretiene edificando un imperio de plataformas sobre las cuales saltar y saltar…
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  • Los mejores de Brooklyn
    Durante sus primeros minutos Los mejores de Brooklyn (Brooklyn's Finest, 2009) parece una versión ampliada de Día de entrenamiento (Training Day, 2001) pero de a poco va creciendo hasta convertirse en un film coral tan ajustado como fulminante. Antoine Fuqua sabe dónde golpear, nos devuelve al Wesley Snipes “actor” y a fin de cuentas ofrece un retrato realista acerca del siempre contradictorio accionar policial…
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  • Robin Hood
    Robin Hood
    CineFreaks
    Arquería y redención

    Ya era hora de que Ridley Scott se redimiera de equívocos groseros como Un Buen Año (A Good Year, 2006), Gangster Americano (American Gangster, 2007) y Red de mentiras (Body of Lies, 2008), todos films que lamentablemente se ahogaban en su propia vacuidad preciosista. Robin Hood (2010) en cambio es un producto muy entretenido que funciona como un complemento perfecto de la versión de Kevin Reynolds de 1991 estelarizada por el hoy desaparecido Kevin Costner: ambas son pomposas, delirantes y por momentos ridículas. Mientras aquella era fundamentalista, la presente se abre un poco de la leyenda.

    En este caso tenemos a Russell Crowe como el justiciero de los bosques de Sherwood, quien por suerte aporta la garra necesaria y deja de lado varios de sus tics habituales. Hay que decir que el casting es en verdad excelente ya que cada actor está en sincronía con su personaje y la suma de apellidos llama la atención: Max von Sydow, William Hurt, Mark Strong y la siempre maravillosa Cate Blanchett. Aquí la historia continúa la senda de otras precuelas hollywoodenses y apunta a retratar los comienzos del protagonista como arquero en el ejército de Ricardo Corazón de León y la subsiguiente deserción en pos de la libertad.

    Resulta hilarante apreciar cómo el guión del errático Brian Helgeland mete en la misma bolsa hechos verídicos, pormenores del folklore inglés y ficción bastante eficaz. Por supuesto que la película no es un baluarte de la exactitud si se la piensa en términos históricos, pero si aflojamos la cuerda se la puede disfrutar como espectáculo sin ningún tipo de problema (en la trama los franceses pretenden invadir a los británicos, cuando en realidad sucedió al revés). Intercalando chispazos de humor, el film ofrece un relato ambicioso que incluye conspiraciones palaciegas, guerra civil y la gesta de Nottingham.

    Una vez más el trabajo de fotografía es estupendo y viniendo de quien viene hasta un tanto escueto: no nos topamos con esa catarata incesante de primeros planos, tomas detalle y ralentís. Pareciera que el señor optó por la modestia que exigía una aventura de marcada inflexión clasicista. Otra de las “novedades” más importantes pasa por el desarrollo de personajes, por fin a la par del diseño de producción y las deslumbrantes secuencias de enfrentamientos. Habría que avisarles a los que siguen esperando un regreso del Scott de los ’70 y ’80 que sólo con una máquina del tiempo sería posible, el horizonte quedó en el pasado…
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  • Samarra
    Samarra
    CineFreaks
    El genial Brian De Palma construye a conciencia el film más virulento hasta la fecha sobre la invasión a Irak. Adoptando un registro múltiple de falso documental, Samarra (Redacted, 2007) desborda valentía y sinceridad al tiempo que destroza la administración de George W. Bush, la manipulación a cargo de los medios y esa mentalidad tan estadounidense de apoyar a los militares en sus tropelías cotidianas. La propuesta no es apta para cobardes que gusten de cerrar los ojos ante las masacres ajenas…
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  • El escritor oculto
    La impostación de la verdad

    Cada obra de Roman Polanski es una lección de perspicacia cinematográfica a cargo de uno de los más grandes maestros del séptimo arte, creador de un andamiaje verdaderamente revolucionario. Sus trabajos de las décadas del ‘60 y ‘70 abrieron caminos que luego serían transitados por una infinidad de colegas a nivel mundial. El influjo de sus “marcas registradas” resulta inabarcable: los aportes van desde la sensación de claustrofobia y la tensión sexual, pasando por el humor corrosivo y la picaresca crítica, hasta la parodia sutil y esa eventualidad trágica convertida en eje de la narración. Después de la modesta Oliver Twist (2005), aquel cariñoso homenaje a la infancia en la tradición de Piratas (Pirates, 1986), hoy regresa al thriller siniestro símil Alfred Hitchcock con un elenco magnífico que incluye participaciones de Eli Wallach, Tom Wilkinson, Timothy Hutton y James Belushi.

    El Escritor Oculto (The Ghost Writer, 2010) combina de manera magistral elementos tan diversos como una investigación bibliófila modelo La última Puerta (The Ninth Gate, 1999), los pormenores del poder político de Barrio Chino (Chinatown, 1974) y un entorno cerrado que recuerda al contexto de asfixia psicológica en el que se desarrollaba Cul-de-sac (1966). Para aquellos que no lo sepan vale la aclaración: el “fantasma” del título proviene del argot anglosajón y se refiere a un “negro literario”, una persona a la que la editorial contrata para redactar textos que a posteriori se adjudican a otro, ese cuyo nombre impregna la portada y que en realidad nada tuvo que ver con el producto final. Polanski lleva los términos al extremo de ni siquiera asignarle un seudónimo al personaje de Ewan McGregor, un escritor profesional especializado en “autobiografías” de figuras públicas.

    Así el atribulado protagonista acepta sin demasiado entusiasmo dar forma definitiva a las memorias del ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan) para su próxima publicación. La paga es generosa pero los detalles alrededor de la faena son un tanto tétricos: su predecesor murió en un extraño accidente al caer de un ferry, para acceder al manuscrito anterior debe mudarse a la mansión que el antiguo dignatario habita en una remota isla de Estados Unidos y como si esto fuera poco casi en simultáneo se desata un escándalo gigantesco cuando acusan a Lang de “criminal de guerra” por entregar a la CIA prisioneros sospechados de actividades terroristas para ser torturados en busca de información. Sin saber en quién confiar, el biógrafo pronto descubre la dinámica entre Ruth (Olivia Williams), la esposa de Lang, y Amelia Bly (Kim Cattrall), su asistente y amante…

    El film está basado en el bestseller del 2007 El Poder en la Sombra (The Ghost) de Robert Harris. Todas las similitudes entre el mandatario de ficción y el genocida Tony Blair son más que coincidencias: de hecho, el mismo Harris fue un colaborador de Blair hasta la invasión a Irak y en repetidas ocasiones ha manifestado que el personaje es una traslación del devoto socio de George W. Bush. En el guión firmado por el autor y el propio Polanski encontramos numerosos interrogantes en torno a las medidas de los gobiernos de los países centrales, los estatutos de derecho internacional y la influencia de determinados asesores en la construcción del perfil de los jefes de estado. En un análisis acerca de la justicia que involucra muchas variables, la película hace foco en los vínculos del régimen inglés con la Agencia Central de Inteligencia en función de cooptaciones tan peculiares como oportunas.

    Por supuesto que otra posible lectura es la que nos reenvía a la vida personal del director, conexiones irónicas siempre premeditadas: pensemos sino en el asesinato de Sharon Tate en manos del clan Manson y Macbeth (The Tragedy of Macbeth, 1971), el episodio de pederastia y Tess (1979) o su infancia en el Gueto de Cracovia y El Pianista (The Pianist, 2002). Siendo él un eterno prisionero en Europa incapaz de volver a los Estados Unidos, coloca en el corazón de su último proyecto a un hombre imposibilitado de abandonar suelo norteamericano en pos del viejo continente, según la jurisdicción de la Corte Penal de La Haya. Con un espíritu cercano a El Ocaso de una Vida (Sunset Boulevard, 1950) de Billy Wilder, aquí el cineasta ofrece rigurosidad y elegancia en un retrato sarcástico del campo secreto de las mentiras masivas, esas que constituyen la base de la impostación política.
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  • Carancho
    Carancho
    CineFreaks
    Carancho (2010) comienza como Vidas al límite (Bringing Out the Dead, 1999) de Martin Scorsese y de a poco va mutando hacia un policial negro en clave hospital público/abogados chupa sangre. A pesar de una floja actuación de Martina Gusmán y algunas escenas que se extienden más de lo debido, la película se sobrepone a un guión predecible y explora con eficacia los manejos turbios detrás de “las muertes del pavimento”. Una lástima ese final a lo Hollywood…
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  • Pesadilla en Calle Elm
    Una siestita en el infierno

    Si el buenazo de Michael Bay dejase de dirigir y en cambio se dedicase sólo a producir el mundo sería un lugar mucho mejor, pero lamentablemente ya tiene planeada la segunda secuela de Transformers (2007). Ahora se aparece con una remake del clásico de Wes Craven Pesadilla en lo profundo de la noche (A Nightmare on Elm Street, 1984) que duplica al pie de la letra la trayectoria estilística a la que ya nos tiene acostumbrados: estamos ante un producto ameno aunque muy redundante dirigido al mercado adolescente.

    Al igual que en La masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 2003), Terror en Amityville (The Amityville Horror, 2005), Carretera al infierno (The Hitcher, 2007) y Viernes 13 (Friday the 13th, 2009), el californiano aquí contrata a un realizador con amplia experiencia en el campo de los video clips y la publicidad para construir un relato discreto enmarcado en tonos ocres a puro preciosismo visual. De hecho, este es el debut cinematográfico de Samuel Bayer, un verdadero especialista con dos décadas en el ruedo.

    Los resultados vuelven a ser los mismos: sin logros que destacar la película por lo menos no pasa vergüenza refritando la historia del legendario Freddy Krueger, aquel pederasta que regresa desde la tumba bajo la forma de un fantasma onírico para aterrorizar a todos los jóvenes que lo han denunciado y no tanto (el señor siempre se toma algunas licencias…). Por supuesto que Jackie Earle Haley ni siquiera le llega a los talones a Robert Englund, aunque aclaremos que tampoco ayuda el guión insípido de Wesley Strick y Eric Heisserer.

    Precisamente este es el problema del aluvión de remakes mainstream de los últimos años: si bien no traicionan el espíritu primordial y entretienen sin demasiadas pretensiones, en términos prácticos se quedan en una medianía tan poco imaginativa como estimulante. Lejos de los numerosos aciertos de los originales, estos films generan gran frustración en el espectador a raíz de que una y otra vez amenazan con despegar sin nunca cumplir la promesa de asustar por derecho propio, sin el por hoy demacrado recurso del “bus effect”.

    Acerca del horror se suele formular un sinfín de estupideces debido a que la enorme mayoría del público y crítica están muy limitados en el área, sus “comentarios” no pasan de ser un puñado de prejuicios no reconocidos. Los fans saben que en la actualidad lo mejor del género lo descubrimos en anomalías absolutas como La Huérfana (Orphan, 2009) y Los Extraños (The Strangers, 2008), o propuestas que nos llegan desde los márgenes como El Descenso (The Descent, 2005) y Criatura de la noche (Låt den rätte komma in, 2008).

    A favor de la película podríamos decir que el protagonista ha sido explotado en exceso: sin contar la serie de TV y el desatino de Craven del ’94, fueron en total cinco secuelas siendo la más interesante la de 1987. Así nos reencontramos con las nenas saltando la soga, el inefable guante acariciando vaginas en la bañera y la táctica de traer a Freddy a nuestro mundo para liquidarlo. Los hombres disfrutarán de la belleza y ellas revivirán su fantasía de ser violentadas. Esto más que una “pesadilla” es una siestita dominical en el infierno…
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  • Sangre y amor en París
    Royale con queso

    Al ver una película como Sangre y Amor en París (From Paris with Love, 2010) uno no puede más que imaginarse a Luc Besson comentándole a Pierre Morel que “estaría bueno hacer una de espionaje descerebrada con John Travolta y Jonathan Rhys Meyers como dos locos que se la pasan reventando terroristas por ahí, eso sí… contratá vos a un guionista porque yo estoy muy ocupado”. De esta forma tenemos un producto escrito por el poco intuitivo Adi Hasak, un asalariado que respetó el designio de Besson aunque con un escaso desarrollo de personajes y sin grandes variaciones de enfrentamiento en enfrentamiento.

    Morel empezó su carrera como operador de cámara para rápidamente mutar a director de fotografía primero y realizador después. La simpática Distrito 13 (Banlieue 13, 2004) fue sobrepasada por Búsqueda Implacable (Taken, 2008), ambas firmadas por el propio Besson. Su tercer film demuestra ser el más flojo y cae varios puntos con respecto a aquella enérgica propuesta protagonizada por Liam Neeson y centrada en el tópico de la trata de blancas. Aquí los responsables máximos deciden privilegiar la vertiente cómica durante la mayoría del metraje, dejando apenas unos instantes de “gravedad” en el inicio y el final.

    Si a pesar de sus limitaciones el convite entretiene al espectador desprejuiciado y se deja ver sin demasiados inconvenientes, esto es mérito exclusivo del cineasta y los intérpretes. La agilidad narrativa, una correcta edición y la química existente entre John Travolta y Jonathan Rhys Meyers son ítems que hacen que este refrito de los tanques de súper acción de los ’80 sea por momentos bastante divertido. De hecho, el combo ofrece la cantidad justa de cadáveres como para pasarla bien bajo la condición de no andar intercalando refutaciones desubicadas en lo que se refiere a un verosímil de montaña rusa extrema.

    Desde ya que llegando el desenlace la sensación de vacío resulta patente y está perfecto que así sea: cada uno juzga en función de sus intereses particulares. Quizás con una progresión dramática uniforme, un mínimo concepto detrás, algún villano de peso y secuencias de combate más originales la cosa hubiese sido distinta y ahora estaríamos festejando otro producto redondo de la dupla (veremos qué ocurre con la próxima adaptación mainstream de Duna de Frank Herbert a cargo de Morel). Se agradece la cita a Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994) en boca del mismo Travolta, ese fanatismo por la “royale con queso”…
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  • Iron Man 2
    Iron Man 2
    CineFreaks
    La privatización de la paz mundial

    Apenas dos años después de su primera aventura, regresa el multimillonario inventor en la dinámica Iron Man 2 (2010). Conservando el mismo equipo de realizadores y protagonistas, por una vez el viejo adagio hollywoodense que incita a “multiplicar recursos” funciona sin mayores problemas y por sobre todas las cosas dignifica a la franquicia en cuestión. Desde el vamos aclaremos que a pesar del songtrack de AC/DC que reposa en las disquerías, sólo hay dos canciones de los australianos en el film: la música se mueve en un espectro rockero bastante ecléctico que abarca desde Queen a The Clash.

    La historia en esta oportunidad gira alrededor de los intentos por parte del gobierno para adueñarse de la creación de Tony Stark (Robert Downey Jr.): así tenemos un flamante competidor, Justin Hammer (Sam Rockwell), un villano de temer, Ivan Vanko (Mickey Rourke), y hasta una nueva asistente, Natalie Rushman (Scarlett Johansson). Por supuesto vuelven Gwyneth Paltrow como Pepper Potts y Samuel L. Jackson como Nick Fury, ahora sí con algo de presencia en pantalla. El único cambio se produce en el personaje de James Rhodes, mano derecha de Stark, con Don Cheadle reemplazando a Terrence Howard.

    El director e intérprete Jon Favreau reincide sabiamente en esa combinación justa de energía vertiginosa, fantasía tecnológica y drama condimentado con muchos toques de humor perspicaz. Para ser más precisos debemos señalar que los primeros 30 minutos son en verdad excelentes, de una fuerza narrativa pocas veces vista en el Hollywood actual. Llegando a la mitad la película entra en una meseta no muy acentuada que sin embargo permite profundizar en algunas aristas de la identidad de nuestro héroe. El desenlace trae consigo un nuevo aluvión de efectos digitales y rimbombantes secuencias de acción.

    Todo el elenco aporta lo suyo pero lo de Robert Downey Jr. a esta altura resulta difícil de medir o por lo menos clasificar: ya ni siquiera se puede decir que hace de sí mismo porque esta versión del inefable Stark está elevada a la enésima potencia con respecto a la anterior en lo que hace al cinismo, la capacidad de respuesta y la disposición hacia la parranda. El actor se come la pantalla entregando literalmente su corazón a un proyecto que llevado por otra estrella parecería un esqueleto eficiente aunque sin núcleo, una montaña rusa desaprovechada. Sam Rockwell y Mickey Rourke complementan de maravillas ésta labor.

    Considerando que las secuelas suelen caer en redundancias paralizantes e idioteces varias, podemos concluir que Iron Man 2 supera con éxito la prueba que siempre presenta la repetición de personajes y situaciones. El guión de Justin Theroux edifica un desarrollo natural sin necesidad de forzar los términos o recurrir a artificios infantiles que neutralicen el relato. Con otro genial cameo de Stan Lee y una premonitoria escena post créditos finales, la obra ofrece su propia lógica y entretiene en función de una condena del armamentismo y un alegato sarcástico a favor de la privatización de la “paz mundial”.
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  • Ricky
    Ricky
    CineFreaks
    Y una vez más el prolífico y extremadamente ecléctico François Ozon se aparece con un film que nadie esperaba de su parte. Aunque en esencia una obra fallida, Ricky (2009) resulta una ingeniosa curiosidad para los tiempos que corren: hablamos de una fábula fantástica acerca de la responsabilidad paternal y lo insoportables que pueden llegar a ser los hijos. Este bebé con una capacidad excepcional se le escapa hasta al propio realizador, aquí apenas un turista en el género. En síntesis, una buena idea desaprovechada en función de un desarrollo exiguo y un final marcado por una metáfora muy trillada…
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  • Synecdoche New York. Todas las vidas, mi vida
    Dividiendo el átomo

    La ambición artística de Charlie Kaufman llega a niveles insospechados en la revulsiva Synecdoche, New York (2008), ópera prima como realizador de un guionista mítico dentro del mundillo cinematográfico de la última década. Sus obsesiones particulares regresan magnificadas en un film desvergonzado que funciona como un canto a la introspección existencial y el debate sobre el proceso creativo: así nos topamos con la experimentación formal, el melodrama exacerbado, secuencias surrealistas, mucho humor negro, un desarrollo visceral de personajes, la originalidad más arrogante y una enorme cantidad de proyecciones cruzadas entre el responsable máximo del devenir en pantalla y los pobres espectadores en sus butacas. Muy lejos de las comedias estúpidas del mainstream estadounidense y europeo, aquí el inconformismo y la crítica son los principios rectores.

    Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman) es un director de teatro meditabundo a cargo de una adaptación de La muerte de un viajante de Arthur Miller en un reducto arty de Schenectady, en los suburbios de New York. Mientras que su carácter depresivo lo distancia de su esposa Adele (Catherine Keener) y su cuerpo padece una larga serie de enfermedades iniciadas con un accidente doméstico, de a poco comienza a flirtear con Hazel (Samantha Morton), la chica de la boletería. A pesar de la terapia de pareja en manos de la psicóloga Madeleine Gravis (Hope Davis), pronto Adele lo abandona llevándose a su pequeña hija con ella en pos de un futuro dichoso en Berlín. De imprevisto Caden recibe una beca MacArthur y con el dinero decide montar una obra brutalmente honesta en donde pueda volcar todas sus inquietudes... para ello alquila un gigantesco depósito en Manhattan.

    Gran parte de la película se divide entre los ensayos de una pieza en constante crecimiento y los vaivenes tragicómicos de la vida personal del protagonista. Los trabajos de Kaufman han mantenido a través del tiempo una coherencia envidiable, siempre fieles a un derrotero tan alucinógeno en su calidoscopio estilístico como sorprendente en términos de valoraciones nihilistas. Combinando la comedia absurda de ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999) y Human Nature (2001) con la melancolía paranoica de Confesiones de una mente peligrosa (Confessions of a Dangerous Mind, 2002) y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), la propuesta en sí es una suerte de “continuación conceptual” de El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002), el extraordinario segundo opus del también misántropo Spike Jonze.

    Uno no puede más que maravillarse ante semejante cúmulo de escenas inclasificables, diálogos épicos y situaciones de una lucidez abrumadora. Kaufman, consciente de las reacciones contradictorias que genera en el público, se anticipa a ellas, se burla a puro desparpajo de las posibles refutaciones y como si esto fuera poco continuamente redobla la apuesta en lo que a la argumentación filosófica se refiere. El metadiscurso insaciable y los detalles intertextuales se amalgaman con el fin de parodiar tópicos clásicos del “arte elevado” como la autoindulgencia, el realismo, los parámetros de representación, la disponibilidad de recursos o el estancamiento profesional. La ridiculización de los ideales burgueses corre a la par de la explicitación de los callejones sin salida que la vida nos impone a diario: en el filtro quedan muchísimos interrogantes y casi ninguna conclusión.

    Aunque Synecdoche, New York recuerda por momentos al cine de Woody Allen, Ingmar Bergman y Luis Buñuel, en realidad representa una celebración altisonante de todas las desproporciones características de Kaufman. Al igual que Imperio (Inland Empire, 2006) de David Lynch, el film marca un punto de inflexión en su carrera por la sencilla razón de que estamos ante una síntesis suprema de lo expuesto en el pasado. Se agradecen una vez más el desapego a las fórmulas hollywoodenses, la violencia expresiva, el tratamiento intrincado y la brillantez del elenco en su conjunto; con generosas participaciones de Emily Watson, Jennifer Jason Leigh, Dianne Wiest y Michelle Williams. Mientras que la figura retórica del título toma a la parte por el todo o viceversa, el hoy director vuelve a alterar sentidos en un juego de duplicidades, encadenamientos discursivos y eternas subdivisiones.
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  • ¡Está vivo!
    ¡Está vivo!
    CineFreaks
    El niño carnicero

    Dejando cualquier tipo de eufemismo de lado, genera vergüenza ajena que se estrenen comercialmente en Argentina películas como Está vivo (It's Alive, 2008), una propuesta desastrosa que hasta en Estados Unidos fue directo a DVD. Para aquellos que no conozcan la obra original de 1974 del héroe del horror “clase B” Larry Cohen, sólo diremos que con los años pasó de inteligente rip-off de El bebé de Rosemary (Rosemary's Baby, 1968) a clásico de culto dentro de las huestes del género: una marioneta aterradora, críticas poco sutiles a la medicina y el fantasma del aborto se combinaban en un cóctel muy hilarante.

    Lamentablemente lo que podría haber sido una actualización orientada a la bioética se transforma desde el inicio en un cachivache impresentable en donde priman un ritmo soporífero, las torpezas formales, un guión plagado de errores y una alarmante vacuidad conceptual. No existe ni una escena capaz de asustar ni mucho menos movilizar al espectador, tenga éste la edad que tenga. La historia vuelve a girar alrededor de la presencia de un recién nacido con un irrefrenable apetito por la carne humana; aunque ya no se sabe si es un mutante producto de drogas experimentales o un ardid derivado de la falta de ideas.

    El mismo Cohen parece que cobró el cheque y luego vapuleó a esta remake que transcurre en New Mexico pero en realidad fue filmada en Bulgaria con un equipo autóctono. Este “detalle” se percibe en especial en el contexto desolado y la repetición de exteriores, lo que repercute negativamente en un verosímil demasiado ajado. Sin embargo el principal problema pasa por la banda sonora: los diálogos han sido doblados en su totalidad, la sincronización es pésima y la música incidental da pena (recordemos para el caso que la maravillosa partitura de la original estuvo a cargo del legendario Bernard Herrmann).

    Ahora bien, si queremos extender un manto de piedad conviene no adentrarse en el tristísimo desempeño de Bijou Phillips y James Murray como los padres de la criatura, dos pobres navegantes que viajan sin brújula. Más allá de un cronograma a los apurones, CGI estúpidos y un presupuesto escaso, aquí el máximo responsable es el insípido director Josef Rusnak, cuyo único antecedente rescatable sigue siendo El piso 13 (The Thirteenth Floor, 1999). Dedicado a los mamarrachos de acción con Wesley Snipes, aquí el alemán desvaría a lo largo de ochenta minutos sin fijar un mínimo eje sobre el cual construir el relato…
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  • Sólo un hombre
    Sólo un hombre
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    La muerte es el futuro

    El renombrado diseñador de moda Tom Ford pega un salto hacia la pantalla grande y sorprende con su ópera prima Sólo un hombre (A Single Man, 2009), un melodrama homosexual enmarcado en una tragedia del corazón tan devastadora como esencial. A través de un pulso sutil y una gran sinceridad ideológica, el realizador nos presenta a puro preciosismo un día en la vida de George Carlyle Falconer (Colin Firth), un profesor británico de literatura de mediana edad que decide suicidarse luego de la inesperada muerte de Jim (Matthew Goode), su pareja de muchos años, en un accidente automovilístico.

    Ambientada en Los Ángeles poco después de la crisis de los misiles en Cuba de 1962, la historia se divide en tres vertientes que funcionan en paralelo desde lo narrativo: por un lado están los preparativos del acto en cuestión, por otro los flashbacks que delinean la génesis de la relación sentimental y finalmente tenemos los encuentros del protagonista con distintos personajes a lo largo de la jornada. De esta forma nos topamos con Kenny (Nicholas Hoult), un estudiante fascinado con Falconer, Carlos (Jon Kortajarena), un taxi boy que ofrece sus servicios, y Charley (Julianne Moore), una bella amiga de larga data.

    Con un guión meticuloso del propio Ford y David Scearce, basado a su vez en una novela con elementos autobiográficos de Christopher Isherwood, el film propone un tour de force existencial lleno de instantes etéreos en los que la trama se diluye mediante la recurrente utilización de la cámara lenta y una banda sonora altisonante (no podemos dejar de destacar la partitura de Abel Korzeniowski y el estupendo trabajo del director de fotografía Eduard Grau). Precisamente esos impasses de índole contemplativa evitan el facilismo romántico y generan numerosos interrogantes acerca del contexto en el que se desarrollan los hechos.

    Sin embargo más que la profundidad minimalista lo que sobresale a nivel conceptual es el ingenioso distanciamiento con respecto a la depresión: lejos de la manipulación arty y las inconsistencias hollywoodenses, la película se sostiene en una iconografía autosuficiente emparentada con el cine de Douglas Sirk y Rainer Werner Fassbinder. Por supuesto que la rigurosa actuación de Colin Firth juega un papel fundamental aportando detalles enigmáticos y una interesante amplitud de respuesta según la ocasión. La afabilidad del intérprete o la delicadeza del relato no impiden avizorar nuestro futuro como mortales…
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  • Hombres de mentes
    El silencio de las cabras

    La insólita Hombres de mentes (The Men Who Stare At Goats, 2009) es una rareza absoluta dentro del Hollywood contemporáneo, otro de esos caprichos derivados del espíritu inconformista y extremadamente lúdico de George Clooney: sólo porque el actor da el visto bueno pueden ser producidas películas tan descabelladas como la presente. Aquí se unen con naturalidad la comedia satírica, el drama bélico y la acción de carácter testimonial, todo en un combo que se pasea por distintos tópicos vinculados a la crisis de identidad, la frustración política, el desarrollo armamentista y la reciente invasión norteamericana a Irak.

    Así nos topamos con la historia de Bob Wilton (Ewan McGregor), un periodista que abandonado por su esposa decide marchar a Medio Oriente para probar su valía como hombre. Allí por casualidad se encuentra con el singular Lyn Cassady (Clooney), quien le comenta que está en una misión secreta relacionada con el “Ejército de la Nueva Tierra”, una organización castrense especializada en toda clase de destrezas paranormales. Interesado en la vida de este “espía psíquico”, Wilton lo acompaña en su derrotero por el desierto y de a poco descubre los orígenes de esta bizarra cofradía de tendencia pacifista.

    Haciendo alarde de una estructura dividida, el film desarrolla por un lado las accidentadas aventuras del par de guerreros mentales y por el otro se sumerge en una incesante catarata de flashbacks para describir al “autor intelectual” del grupo, Bill Django (Jeff Bridges), y el principal enemigo interno, el sádico Larry Hooper (Kevin Spacey). Si sumamos las participaciones de Robert Patrick y Stephen Lang, queda claro que con semejante elenco las expectativas son bastante altas: lo curioso del caso es que la propuesta se mantiene lejos de cualquier solemnidad y abraza en cambio una bienvenida alegría lisérgica de tono hippie.

    Con algunos detalles muy astutos que recuerdan a las obras de los hermanos Joel y Ethan Coen, el realizador Grant Heslov, colaborador habitual de Clooney, aprovecha el hilarante guión de Peter Straughan sobre un libro de Jon Ronson para construir un retrato sencillo aunque eficaz del cinismo, la brutalidad y la apatía de una humanidad que parece condenada a repetir siempre los mismos errores. Clooney se luce buscando la redención por el asesinato de una cabra, Spacey representa la traición de los ideales de antaño y Bridges entrega otra genialidad retro en la línea de El Gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998).
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  • La cinta blanca
    La cinta blanca
    CineFreaks
    A pesar del estereotipo de centrar una historia deliberadamente alegórica sobre el origen del “totalitarismo civilizado” en un pueblito luterano de la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial, la última película de Michael Haneke está al nivel de Escondido (Caché, 2005) y La profesora de piano (La pianiste, 2001). La carrera del austríaco es sinónimo de una pretenciosa irregularidad, pensemos sino en las fallidas Código desconocido (Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages, 2000), El tiempo del lobo (Le temps du loup, 2003) o ambas Funny Games (1997 y 2007). Aquí entrega su realización más madura en términos narrativos, incluye una inesperada relación romántica y una vez más consigue muy buenas interpretaciones del elenco en su conjunto. Adoptando una perspectiva realista y dejando de lado buena parte del formalismo hueco y las contradicciones ideológicas del pasado, tenemos una obra tradicional y poco imaginativa pero compacta desde lo narrativo: viniendo de un diletante del “extremismo europeo” como Haneke eso ya es algo...
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  • Nuevamente Amor
    Nuevamente Amor
    CineFreaks
    El duelo según Hollywood

    Genera un poco de indignación que Nuevamente amor (Love Happens, 2009) sea el regreso de Aaron Eckhart luego de su extraordinaria participación en la obra maestra de Christopher Nolan Batman - El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008). Los actores suelen equivocarse cuando buscan evitar el encasillamiento, pero llegar al nivel de filmar semejante revoltijo de clichés resulta preocupante. La ópera prima del hasta ahora guionista Brandon Camp es muy extensa para ser una comedia romántica y demasiado simplona para calificar como un drama de peso, con un mínimo desarrollo de personajes.

    La historia se centra en Burke Ryan (Eckhart), un viudo solitario que se encuentra en Seattle por unos días con motivo de la presentación de su reciente best seller de autoayuda acerca de la progresiva superación de la pérdida de un ser querido. En medio de seminarios motivacionales rentados y negociaciones con cadenas televisivas, el hombre se hace un lugar en su agenda para ventilar el trauma provocado por la trágica muerte de su esposa y además tiene tiempo para perseguir a la florista Eloise Chandler (Jennifer Aniston). La película apunta a retratar mucho más el estado psicológico de Burke que la relación en sí.

    Uno no sabe qué es más patético, si la constante colocación de productos, la acumulación de estereotipos quemados o el noviecito veinteañero que le han puesto a Aniston durante el principio con el fin de quitarle por lo menos una década a su edad real. Los únicos elementos positivos son el tono moderado y la actuación de Eckhart, sobre el que descansa prácticamente todo el guión del director y Mike Thompson (ella anda por ahí mendigando alguna que otra escena). La trivialidad norteamericana y la manipulación sentimental se combinan a lo bestia en un registro opaco que ha sido reciclado en innumerables ocasiones.

    Si de soluciones ridículas para problemas serios se trata aquí tenemos de muchos colores: desde caminar sobre brazas ardientes, pasando por comprar distintos artículos de ferretería en Home Depot, hasta robar un simpático papagayo. Más allá de la profesionalidad de interpretes como Martin Sheen y John Carroll Lynch, en la propuesta abundan las torpezas narrativas y las contradicciones conceptuales: como si fuera una versión banal del protagonista de Gracias por fumar (Thank You for Smoking, 2005), Ryan elabora una metodología del duelo tan hipócrita como gran parte de los fundamentos cinematográficos.
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  • Furia de titanes
    Sobre la erosión del Olimpo

    Todos aquellos que conozcan la carrera del legendario Ray Harryhausen sabrán que Furia de titanes (Clash of the Titans, 1981) fue su última película como diseñador de efectos especiales. Imitado en innumerables ocasiones a partir de su obra maestra Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963), el norteamericano es un referente fundamental para comprender hasta dónde puede llegar el cine en términos visuales: sus aportes al campo técnico abarcan un puñado de títulos por década y están sustentados en una bellísima animación en stop motion y una rigurosidad de marcado corte artesanal.

    La presente remake de Louis Leterrier debe ser leída desde dos perspectivas casi opuestas. Por un lado queda claro que un Hollywood carente de ideas pretendía una suerte de “actualización formal” de aquel broche de oro, volcando la balanza hacia la acción más pochoclera. Pero tampoco podemos dejar de señalar que la estructura narrativa continúa siendo la misma y que el director solicitó inútilmente la colaboración de Harryhausen, por lo que el film a pesar de su levedad e inconsistencia también funciona como un homenaje cariñoso al que quizás sea el mayor especialista en FX de la historia del séptimo arte.

    Esto es así al punto de que regresan motivos centrales como los escorpiones gigantes, los caballos alados, Medusa y el monstruo Kraken. La ensalada de mitos está a la orden del día: Perseo (Sam Worthington), hijo bastardo del todopoderoso Zeus (Liam Neeson), ve morir a su familia humana en manos de Hades (Ralph Fiennes), hermano resentido de éste último. Mientras que los habitantes de Argos se rebelan contra los dioses, el joven encuentra la excusa para su anhelada venganza: Hades, amparado por Zeus, promete liberar al Kraken para destruir la ciudad si antes no sacrifican a la princesa Andrómeda (Alexa Davalos).

    En esta oportunidad el relato deja de lado la vertiente romántica y vuelca sus energías en el viaje de Perseo en pos de hallar un modo de matar al engendro devastador (aquí el eje de la trama es la represalia y no el amor). La única novedad pasa por la introducción del personaje de Io (Gemma Arterton), el “ángel guardián” del atribulado protagonista. Si bien los CGI resultan despampanantes y la fotografía de Peter Menzies Jr. es muy atractiva, en conjunto faltan secuencias de acción que oculten la ineptitud de un guión paupérrimo; plagado de situaciones trilladas, diálogos estériles y personajes varios sin desarrollo alguno.

    Viniendo de Leterrier llama la atención que la propuesta no llegue a mejor puerto: aunque El transportador (The Transporter, 2002) y El transportador 2 (Transporter 2, 2005) apenas si obtenían el visto bueno, Danny the Dog (2005) y Hulk: el hombre increíble (The Incredible Hulk, 2008) en cambio fueron productos entretenidos y con una interesante base conceptual, valorables dentro de un panorama mainstream de escasos recursos estilísticos. En tanto proyecto “clase B” con millones de dólares encima, el film conserva algo del encanto del original; sin embargo este Olimpo muestra signos irrevocables de erosión…
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  • La caja mortal
    La caja mortal
    CineFreaks
    Manual de explotación de recursos humanos

    En la actualidad pocos films construyen un mundo con una lógica propia tan claustrofóbica como la del tercer opus del norteamericano Richard Kelly. Al igual que en las obras de culto Donnie Darko (2001) y Las horas perdidas (Southland Tales, 2006), aquí nos presenta una historia fantástica con ribetes terroríficos, ambientación paranoica y una gran densidad intelectual. Nuevamente el banquete está servido tanto para fanáticos como para detractores: en La Caja Mortal (The Box, 2009) reaparecen la narración gélida pero meticulosa, el tono apocalíptico y esa edición plagada de elipsis y vueltas de tuerca difusas. El realizador entrega una película consecuente para con sus inquietudes que no sólo respeta los cánones de los géneros trabajados, sino que además resulta un verdadero triunfo artístico al combinar con maestría una estructura de tragedia griega y un misterio envolvente símil Alfred Hitchcock.

    Norma Lewis (Cameron Diaz) y su esposo Arthur (James Marsden) reciben una enigmática caja de madera con una cubierta de vidrio, una cerradura y un botón en su interior. Junto con la encomienda encuentran una tarjeta anunciando la llegada del Señor Arlington Steward (Frank Langella) a las cinco de la tarde de ese día. Ambos se mantienen incrédulos y siguen con sus rutinas hasta que finalmente arriba el visitante y ella en soledad se ve obligada a escuchar su propuesta. La pareja debe elegir entre dos opciones específicas: apretar el botón implica hacerse de un millón de dólares y a la vez provocar la muerte de un desconocido, por supuesto de abstenerse la penosa situación financiera de la familia permanecería invariante. El extraño suministra la llave del cofre, abre un maletín con todo el dinero en efectivo y antes de marcharse da un plazo de veinticuatro horas para deliberar.

    La premisa básica que funciona como disparador del relato surge del cuento corto Button, Button del renombrado escritor y guionista de ciencia ficción Richard Matheson, colaborador histórico de Rod Serling en la serie televisiva La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone). A pesar de que existe un puñado de adaptaciones anteriores, incluso una de 1986 para aquel refrito de la mítica tira, en este caso tenemos que hablar en términos de “inspiración lejana” debido a que Kelly premeditadamente da por concluido el cuento original a los 20 minutos de iniciada la proyección y el susodicho episodio a la media hora, homenajes explícitos mediante. El resto del metraje es de su completa invención: de a poco el humanismo con tendencias bíblicas deriva hacia los dilemas morales, la responsabilidad social y el existencialismo con diversas referencias a Jean-Paul Sartre y Arthur C. Clarke.

    De hecho, el cineasta introdujo cambios que le imprimen un dejo autobiográfico al film. Norma perdió casi todos los dedos de un pie por la conducta negligente de un radiólogo como su madre y Arthur codiseñó para la NASA la cámara utilizada en las sondas Vikingo como su padre. Si a estos datos sumamos que la acción transcurre durante 1976 y reparamos en el enorme peso que dentro de la trama tiene el amalgamiento entre tecnología y magia, eventualmente se tomará conciencia de hasta qué punto están plasmados sus intereses personales. Sin profundizar demasiado podemos afirmar que algunos elementos del comienzo y el desenlace hacen recordar a Stanley Kubrick; en especial los diálogos pausados, la precisión en la puesta en escena, la focalización sobre determinados gestos y el empleo de acercamientos furiosos para retratar procesos de paulatina deshumanización.

    El excelente guión del director no teme adentrarse en tópicos tan diferentes como las conspiraciones gubernamentales, la frustración profesional, el egoísmo estadounidense, la redención mística, la investigación de índole policial y las inevitables consecuencias de la mecanización. Aunque Diaz y Marsden cumplen dentro de sus posibilidades, vale aclarar que de haber contado con mejores interpretes el convite alcanzaría alturas supremas (Langella por su parte se roba la función). Intrigas metafísicas y tests minimalistas se unen en un thriller extremadamente ambicioso marcado por una gran banda sonora a cargo de la base de Arcade Fire. Cuando parecía que las sorpresas habían quedado suprimidas en el Hollywood contemporáneo, Kelly vuelve a patear el tablero a pura elegancia. La sofisticación formal de este “manual de explotación de recursos humanos” resulta exquisita.
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  • Caso 39
    Caso 39
    CineFreaks
    Esta mixtura estándar de La huérfana (Orphan, 2009) y La profecía (The Omen, 1976) entretiene sin grandes pretensiones y hasta por momentos está bastante bien editada. Pero la historia nunca llega a atrapar del todo debido a un guión predecible, efectos digitales baratos, el abuso de lugares comunes y una Renée Zellweger poco verosímil dentro de la estructura del género. Por lejos lo mejor del film es la actuación de Jodelle Ferland, la talentosa protagonista de Tideland (2005) de Terry Gilliam. Tan amena como olvidable, desaparecerá rápidamente sin pena ni gloria…
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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    CineFreaks
    La mejor película de Daniel Burman no deja de ser una obra en esencia fallida y carente de encanto. Resulta muy hilarante que el realizador todavía no pueda armonizar su típica ensalada compuesta por el melodrama familiar, la comedia costumbrista, los “modismos Woody Allen” y una estructura narrativa deudora del Hollywood clásico. Por supuesto Antonio Gasalla y Graciela Borges están bien pero tampoco hacen milagros. El cómico arrastrará un público televisivo que se confunde fácil, la crítica obsecuente continuará en lo suyo y unos cuantos saldrán ofuscados de la sala por un final increíblemente simplón. Es que estamos hablando de otro de esos cineastas argentinos que no saben construir proyectos para el mercado local, sólo por una cuestión de percepción cultural films de esta cepa pueden ser premiados en los distintos festivales internacionales...
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  • Contactos de cuarto tipo
    El subgénero de los falsos documentales de horror alcanzó su techo con Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007), un film sumamente eficaz que exprimía hasta el extremo la toma fija, uno de los últimos recursos que quedaban por aprovechar. Al igual que El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999), aquella era una obra independiente que sólo a posteriori fue retocada por el estudio una vez comprados los derechos de distribución. Contactos de cuarto tipo (The Fourth Kind, 2009) representa el opuesto exacto: sin dudas tenemos una propuesta que nació de las mismas entrañas de Hollywood y esto se percibe en cada uno de los lamentables fotogramas que la componen.

    Corresponde aclarar que estamos hablando de una combinación poco feliz entre la injustamente olvidada Comunión (Communion, 1989) y la pequeña epopeya acerca de la bruja amante de las rocas a los pies de las carpas (la enorme popularidad actual del mockumentary hace que a esta altura resulte innecesario -y hasta redundante- trazar una genealogía cinematográfica). La historia gira alrededor de las tribulaciones vividas por Abbey Tyler (Milla Jovovich), una psicóloga que al realizar experimentos con hipnosis sobre sus pacientes descubre que numerosos habitantes del pueblito de Nome, en Alaska, comparten padecimientos como el insomnio y “motivos oníricos” como los búhos blancos.

    Con semejante título está todo dicho: el primer tipo es el avistamiento, el segundo el registro, el tercero el contacto y el cuarto, para los mortales que no lo sepan, es la abducción. En términos formales la película se asemeja a uno de esos típicos programas esotéricos del canal Infinito en los que se intercalan ficcionalizaciones “clase B” con entrevistas repletas de lugares comunes en lo que al tema se refiere. La baja calidad prima por sobre todo, los estereotipos paralizan continuamente la narración y la falta de ideas novedosas empantana el verosímil desde el inicio. Este segundo largo del director y guionista Olatunde Osunsanmi está saturado de golpes de efecto y diálogos intrascendentes.

    Estamos ante un verdadero fracaso en lo que respecta al marketing virtual por la sencilla razón de que nadie fue capaz de “comerse” que lo presentado se basaba en hechos reales (factor decisivo para que el público concurra a las salas cuando el opus no se sostiene por méritos propios). Más allá de la torpeza del estudio, en conjunto el film no pasa de ser un seudo- informe monótono con un par de escenas correctas y una insoportable cadencia televisiva. Jovovich hace lo que puede, Will Patton sobreactúa como el sheriff y Elias Koteas salva las papas interpretando al colega escéptico de la protagonista. El cielo nos vigila, los reflectores nos iluminan y la mediocridad nos arrastra hacia la indiferencia...
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  • Hermanos
    Hermanos
    CineFreaks
    Jim Sheridan venía en picada desde Tierra de sueños (In America, 2002) y Rico o muerto (Get Rich or Die Tryin'', 2005): hoy continúa cayendo en una catarata de estereotipos que ya ni siquiera sabe administrar con la calidad propia de los comienzos de su carrera. Su última realización, Hermanos (Brothers, 2009), es un melodrama bélico rutinario que para colmo reproduce escena por escena el film original de Susanne Bier, que por cierto tampoco era gran cosa que digamos. Este rip-off de El francotirador (The Deer Hunter, 1978) tocaría fondo si no fuera por la química del trío protagónico, la participación de Sam Shepard y el maravilloso desempeño de Bailee Madison como la hija mayor de Tobey Maguire. Sin embargo los recursos no alcanzan y mejor ni hablar de la “reincidencia U2” del final…
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  • Como entrenar a tu dragón
    A pesar de ser la película más interesante de DreamWorks hasta la fecha desde el punto de vista visual, Cómo entrenar a tu dragón (How to Train Your Dragon, 2010) no agrega nada nuevo al tópico -demasiado transitado- de la “crisis adolescente” y los parias sociales en general. Aún así la propuesta es entretenida y ofrece unas deslumbrantes secuencias de acción, destacándose sobre todo por su diseño de personajes, los detalles de los fondos y un gran empleo del 3D…
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  • Un sueño posible
    Mi corazón de oro

    Mal que pese, Sandra Bullock merecía un Oscar desde hace rato aunque no precisamente por sus dotes actorales, sino más bien como un reconocimiento por parte de la industria para con la máxima responsable, junto con Julia Roberts, de que las comedias bobaliconas sigan siendo rentables a nivel masivo. La excusa llegó con Un sueño posible (The Blind Side, 2009), una película algo bizarra en términos formales: comienza como un melodrama basado en golpes bajos, continúa con ritmo de comedia familiar y termina desembocando en una propuesta deportiva con un remate simplón vinculado a la auto- superación personal.

    El guionista y director John Lee Hancock no cae en los patetismos superfluos de la reciente Preciosa (Precious: Based on the Novel Push by Sapphire, 2009) y maneja un tono ameno, dejando bastante espacio para los detalles cómicos. Si bien está repleto de estereotipos hollywoodenses, el film se toma su tiempo para desarrollar los personajes y en conjunto llama la atención por su amplitud narrativa. La historia gira alrededor de la relación entre Michael Oher (Quinton Aaron), un joven negro corpulento y sin hogar, y Leigh Anne Tuohy (Bullock), una mujer ultra independiente, segura de sí misma y cabeza de familia.

    Un buen día los Tuohy encuentran a Oher vagando por la calle, le ofrecen un lugar donde quedarse y eventualmente lo terminan aceptando como un miembro más del clan. Superando los traumas de su pasado, madre adicta al crack y varios padres sustitutos incluidos, Michael de a poco descubrirá que su físico le asegura un futuro como jugador de fútbol americano, esa versión afeminada y con protectores del rugby que tanto enloquece a nuestros vecinos del norte. Desde ya que el énfasis del relato está puesto en el desempeño de Bullock, quien en esta oportunidad ofrece una interpretación aguerrida, muy profesional.

    A esta altura podemos confirmar que los dramas constituyen el pináculo de su carrera: la presente, Infame (Infamous, 2006) y Vidas Cruzadas (Crash, 2004) son sus mejores trabajos hasta la fecha. Más allá de un carisma minúsculo y su limitado rango histriónico, cuando se lo propone la actriz saca provecho de elementos de su personalidad como el cinismo y su legendario mal carácter. Sin embargo ni un maquillaje que la embellece como nunca ni la sublime participación de Kathy Bates consiguen elevar a Un sueño posible por sobre el promedio contemporáneo. El Oscar y un corazón de oro no son garantía de nada...
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  • El libro de los secretos
    Profecías del cuchillo

    Los hermanos Albert y Allen Hughes regresan al cine luego de nueve largos años con El libro de los secretos (The Book of Eli, 2010), una suerte de western post apocalíptico propenso a las alegorías religiosas. Al igual que en Desde el infierno (From Hell, 2001), aquí tratan de construir un relato dinámico que respete los cánones del género en cuestión y al mismo tiempo no sacrifique “seriedad” (la interpretación es libre...). Nuevamente el ejercicio no sale del todo bien pero la profesionalidad técnica del dúo hace que el convite valga la pena: el resultado entretiene a pesar de tomarse demasiado en serio a sí mismo.

    Denzel Washington compone al Eli del título original, otro personaje recio y elegante de esos a los que nos tiene acostumbrados (sólo basta decir que desde hace 30 años recorre un mundo devastado por un holocausto bélico y ni por un segundo es capaz de sacarse los anteojos oscuros...). En un contexto general que recuerda a Mad Max 2 (1981) por la sensación de amenaza continua y los enfrentamientos con aires místicos, la trama se centra en el viaje de este profeta itinerante con cuchillos muy afilados: contradicciones de por medio, el hombre es todo un pacifista new age aunque no teme derramar sangre a su paso.

    Así las cosas, su tesoro más preciado es un libro por el que está dispuesto a entregar su vida (o más bien la de los demás...). Los directores trabajan con gran eficacia el apartado visual y las coreografías de los duelos, destacándose en especial la falsa toma secuencia del tiroteo en la casa de la pareja de ancianos. Algunas falencias del guión de Gary Whitta están compensadas por la excelente labor del elenco: como la antítesis del protagonista tenemos a Gary Oldman, una vez más regalando un psicópata maquiavélico, y hasta nos topamos con pequeñas participaciones de genios absolutos como Malcolm McDowell y Tom Waits.

    Más allá de la ausencia de ideas novedosas y la sobrecarga de proselitismo cristiano, el film permite pensar el rol de la religión en la construcción político- social de un estado a la vez que ofrece ejemplos “positivos” y “negativos” al respecto (a fin de cuentas no hay muchas diferencias entre Washington y Oldman...). De hecho, los Hughes en buena medida esquivan el típico maniqueísmo de Hollywood y la intolerancia extrema de los fanáticos de la fe, refritando Fahrenheit 451 (1966) y el espíritu de los spaghetti westerns. Aunque el desenlace se prolonga más de lo debido, el giro mesiánico por suerte no llega a lo risible...
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  • Número 9
    Número 9
    CineFreaks
    Nuevos trapos

    Y nuestro héroe despierta en un edificio destartalado a los pies del cadáver de su creador. Rápidamente deduce que no es fácil ser un robot minúsculo con una cubierta símil “muñeco de trapo” en un contexto post apocalíptico, donde todos los humanos han muerto en manos de su propia producción armamentista. Sin voz y colgando de un brazo, el pequeño logra liberarse y para su sorpresa descubre un cierre relámpago en su pecho, dentro del cual incorpora un extraño objeto que encuentra en las ruinas. Al salir del lugar se topa con un mundo estéril controlado por distintos autómatas, baluartes de la “inteligencia artificial”.

    De hecho, máquinas feroces con apariencia animal continuamente amenazan a un temeroso cónclave de su misma especie. Con un “9” pintado en la espalda y un poco de valor en las entrañas, este androide con piel de arpillera pronto deberá hacer frente a un sinfín de peligros vinculados al misterio de su existencia... Número 9 (9, 2009) es la ópera prima de Shane Acker, maximización concreta de su corto del 2005 nominado al Oscar. El film entrega un espectáculo visual de una extraordinaria belleza en función de una historia plena de alusiones políticas y sutiles puntos oscuros librados a la imaginación del espectador.

    Con la producción de Tim Burton y Timur Bekmambetov, el enajenado detrás de Guardianes de la noche (Nochnoy dozor, 2004) y Guardianes del día (Dnevnoy dozor, 2006), el equipo técnico ha construido una metáfora sobre la vida de los refugiados, el estado de guerra permanente y los peligros inherentes al mecanicismo. El clásico arquetipo de las fábulas distópicas “humanoide con alma en lucha contra armamentos fuera de control” está bien desarrollado a partir de un minimalismo concienzudo de muy pocas palabras. La animación en CGI ofrece originalidad, matices opacos y fuertes contrastes.

    Quizás el guión de Pamela Pettler, responsable de los libretos de El cadáver de la novia (Corpse Bride, 2005) y Monster House (2006), por momentos se pasa de etéreo y cae en algunos clichés, pero Acker con celeridad corrige estos detalles imponiendo un ritmo narrativo intenso basado en una maravillosa puesta en escena y numerosas secuencias de acción. Precisamente la trama se sostiene y avanza gracias a componentes varios como un suspenso de pulso riguroso, personajes carismáticos y la insólita crudeza de las circunstancias (artilugios macabros, cementerios por doquier y coprotagonistas asesinados).

    El elenco reúne muchos apellidos ilustres: Christopher Plummer, Martin Landau, John C. Reilly, Elijah Wood, Jennifer Connelly, Crispin Glover, etc. Sin embargo es la propuesta en su conjunto la que se luce debido a que siempre domina un tono entre sereno y alegórico (los diálogos son parcos y el humor está bastante acotado). Otro elemento a destacar es la referencia final a El cristal encantado (The Dark Crystal, 1982), la inolvidable obra maestra de Jim Henson y Frank Oz. Cargada de una profundidad implícita y un preciosismo excepcional, Número 9 ennoblece sus harapos con valentía y de ellos extrae esperanza...
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    CineFreaks
    En buena medida podemos afirmar que lo único relevante en Loco Corazón (Crazy Heart, 2009) es la prodigiosa actuación de Jeff Bridges. Más allá de algunos detalles astutos del guión y el interesante nivel de las canciones, la película en sí no aporta demasiado a los dramas musicales: resulta muy extensa, cae en varios lugares comunes y el tópico de la “redención” ha sido trabajado en muchísimas ocasiones. En síntesis, hablamos de un film correcto aunque olvidable…
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  • ¿Y... dónde están los Morgan?
    Expedición a Wyoming

    Estamos ante una de las comedias románticas más insulsas y bobaliconas de lo que va del año, curiosamente realizada por un equipo que cuenta con una amplia experiencia en el subgénero: aquí se repite la dupla conformada por el guionista/director Marc Lawrence y el inefable Hugh Grant, responsables de Letra y música (Music and Lyrics, 2007) y Amor a segunda vista (Two Weeks Notice, 2002). A este simpático par debemos sumar la presencia de Sarah Jessica Parker, refritando su caracterización de la serie televisiva Sex and the City.

    ¿...Y dónde están los Morgan? (Did You Hear About the Morgans?, 2009) es una película fallida que utiliza como excusa al “programa de protección de testigos” para retratar el proceso de reconciliación de una pareja en crisis, anonimato y convivencia forzada de por medio. Sucede que durante una caminata nocturna por New York ambos se transforman en testigos de un asesinato, por lo que sus vidas comienzan a correr peligro. Así tendrán que suspender la separación, dejar su amada ciudad y mudarse a un pueblito de Wyoming.

    Que el producto sea previsible vaya y pase, pero el problema principal es que a lo largo del metraje no se decide entre el dramatismo light y el humor simplón: en lo que respecta al primero hace abuso de las coyunturas más estereotipadas y en lo referido al segundo casi todos los latiguillos cómicos giran alrededor de la desgastada oposición campo/metrópoli. La morosidad narrativa, los diálogos paupérrimos, las situaciones carentes de imaginación, el ritmo soporífero y la falta de ideas destruyen con rapidez la paciencia del espectador.

    Para tomar real dimensión de lo que se habla sólo basta recordar que Hugh Grant no ofrece un trabajo interesante desde la lejana Ladrones de medio pelo (Small Time Crooks, 2000) del gran Woody Allen. Lo mismo podría decirse de Sarah Jessica Parker, en este caso remontándonos hasta Cuéntame tu historia (State and Main, 2000) de David Mamet. Parece que les sienta mejor elegir roles secundarios que protagonizar sus propios proyectos: buenas intenciones mediante, aquí por lo menos cumplen dentro de sus posibilidades.

    Lamentablemente el film en conjunto es un barco a la deriva. Por momentos la química dice presente pero Lawrence la desaprovecha en pos de un relato monocorde que pide a gritos alguna sorpresa: si no fuera por la participación de Sam Elliott y Mary Steenburgen la propuesta tocaría fondo. La trama es demasiado esquemática y el final constituye el epítome de la torpeza, aún para los niveles habituales de Hollywood. Sin la soltura necesaria, ¿...Y dónde están los Morgan? retrasa varias décadas a puro cliché pasatista.
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  • La isla siniestra
    Las puertas deben permanecer cerradas

    A esta altura no existen palabras que puedan describir el aporte de Martin Scorsese al séptimo arte, simplemente diremos que es uno de los mejores cineastas a nivel mundial. Su nueva película, La Isla Siniestra (Shutter Island, 2010), constituye otro ejemplo extraordinario de ese enorme talento para la edificación de la intensidad dramática y el realismo obcecado, elementos primordiales no aptos para los diletantes del medio pelo contemporáneo y la mediocridad fílmica. Sus trabajos en ficción siempre han respetado la estructura de los géneros clásicos hollywoodenses, potenciando las aristas más incómodas del relato sin jamás descuidar intereses personales como la corrupción, la violencia progresiva, la derrota, la enajenación individual, el sarcasmo y la vida metropolitana. El machismo sin culpas y la vehemencia intransigente son marcas centrales de su accionar.

    En un claro regreso al tono asfixiante de Cabo de Miedo (Cape Fear, 1991), el director combina el thriller psicológico símil Vertigo (1958) de Alfred Hitchcock con un andamiaje conceptual cercano a las exploraciones sobre la demencia de la recordada Shock Corridor (1963) de Samuel Fuller. Por momentos haciendo uso de la típica ambientación del horror clase B, el film propone una primera hora orientada al suspenso de entorno cerrado para luego paulatinamente girar, a partir de su segunda mitad, hacia un misterio muy lúgubre con profundas raíces psicóticas. Al igual que en Pandillas de Nueva York (Gangs of New York, 2002), El Aviador (The Aviator, 2004) y Los Infiltrados (The Departed, 2006), Leonardo DiCaprio vuelve a protagonizar una historia ambiciosa en donde la identidad, el hambre de poder, el remordimiento y los conflictos entrecruzados son los ejes principales.

    El excelente guión de Laeta Kalogridis está basado en la novela homónima de Dennis Lehane, el mismo de Río Místico (Mystic River, 2003) y Desapareció Una Noche (Gone Baby Gone, 2007). La trama comienza en 1954 con el arribo del U. S. Marshal Teddy Daniels (DiCaprio) y su compañero Chuck Aule (Mark Ruffalo) al Hospital Ashecliffe, una institución mental ubicada en la Isla Shutter de la Bahía de Boston. Ambos deben investigar la enigmática desaparición de Rachel Solando (Emily Mortimer), una paciente que en el pasado ahogó a sus tres hijos y hoy se ha fugado de una habitación cerrada. Como los máximos jerarcas del lugar, los doctores John Cawley (Ben Kingsley) y Jeremiah Naehring (Max von Sydow), no expresan ánimo de cooperar con los recién llegados, Daniels de a poco aumenta la virulencia de su pesquisa y decide no revelar sus motivaciones secretas.

    Los rumores que circulan acerca del establecimiento hablan de prácticas semi-nazis que abarcan desde la experimentación con psicofármacos hasta lobotomías y distintas mutilaciones del cerebro con objetivos “terapéuticos”. La obra en conjunto, más allá de la intriga y sus resortes cinematográficos, funciona como un retrato certero de la etapa más inhumana de la psiquiatría en Estados Unidos: entre 1936 y mediados de los ’50 el campo fue hegemonizado por un procedimiento inventado por el neurólogo Walter Freeman que consistía en clavar un picahielo en los conductos lagrimales del paciente para cortar las conexiones entre el lóbulo frontal y el resto del cerebro. Precisamente esta variación de un método atroz se abre camino a lo largo del metraje como un fantasma espantoso que encontramos empardado con los campos de concentración y el despotismo de los médicos.

    Si bien la química del elenco y la fotografía de Robert Richardson son puntos admirables, sin dudas aquí la música se roba la función a través de una manipulación intrusiva a la Bernard Herrmann: el realizador se reunió con su colaborador habitual Robbie Robertson de The Band y juntos crearon un soundtrack con material previamente grabado. El resultado es una de las piezas más memorables de los últimos tiempos, una fascinante articulación entre imágenes y melodías. La escena inicial, el travelling del fusilamiento y la toma final son detalles exquisitos: se puede “vivir como un monstruo o morir como un hombre decente”. Debido a que la frontera que separa a los facultativos de los enfermos es minúscula, no está de más la exhortación del cartel colgado a la entrada del manicomio. No vaya a ser que el régimen vigente se de vuelta y nadie pueda diferenciar quién es quién…
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  • Un maldito policía en Nueva Orleans
    Su alma sigue bailando...

    La situación es la siguiente: Werner Herzog, autor mítico del “nuevo cine alemán” de los ’70, aceptó dirigir en Hollywood una remake de Un maldito policía (Bad Lieutenant, 1992), aquel clásico de culto del también enajenado Abel Ferrara, representante insignia del cine independiente norteamericano de los ’80 y ‘90. Las circunstancias contextuales no dejaban mucho margen para las predicciones por lo que el resultado de la aventura era toda una incógnita. Un maldito policía en Nueva Orleans (The Bad Lieutenant: Port of Call - New Orleans, 2009) es un film extraordinario que se abre camino a pura exuberancia y desenfado, una verdadera anomalía que combina sin prejuicios el drama criminal con la comedia negra, la sátira social y los apuntes alucinatorios- surrealistas. Nada quedó de la redención harcore con aires católicos de la original, la irreverencia cínica tomó su lugar.

    El convite se torna todavía más bizarro si consideramos que el protagonista absoluto es Nicolas Cage, el cual no entregaba una obra interesante desde la lejana El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002): por suerte en los últimos tiempos ha vuelto a su mejor forma, pensemos en Cuenta regresiva (Knowing, 2009). Su Teniente Terence McDonagh prácticamente no tiene contacto con el personaje alguna vez interpretado por Harvey Keitel, factor decisivo que se desprende además de la confesión por parte de Herzog en relación a que jamás vio el opus de Ferrara (desconocimiento que llega al punto de que ni siquiera sabe quién es el neoyorquino). Ambientada en la ciudad del título durante los meses posteriores a la devastación provocada por el Huracán Katrina, la película del alemán no evade las tragedias que expone sino que se sumerge en ellas con ironía y gran realismo.

    Nuevamente nuestro terrible “oficial de la ley” está empantanado hasta el cuello en el asesinato, el robo, la corrupción, las apuestas, el estupro y la adicción a las pastillas, la marihuana y la cocaína. Sin solemnidad o pedantería acartonada, el excelente guión del veterano William M. Finkelstein retrata las contradicciones del accionar policial a través de varias líneas de desarrollo paralelo: tenemos la relación de McDonagh con su padre alcohólico Pat (Tom Bower), su vínculo afectivo con la prostituta de lujo Frankie Donnenfeld (Eva Mendes), los problemas con el corredor de apuestas Ned Schoenholtz (Brad Dourif), los “arreglos” que atesora con el responsable del depósito de evidencias Mundt (Michael Shannon), etc. La coyuntura trágica está dada por la masacre de cinco inmigrantes senegaleses a manos de uno de los capos del narcotráfico de la zona suburbial.

    El relato se balancea entre la vertiente investigativa símil thriller, los chispazos de un humor extremadamente crítico y las secuencias orientadas al retrato de otro de los típicos antihéroes trotamundos del director. Sólo hace falta recordar su legendaria pentalogía con el inolvidable Klaus Kinski o el díptico con Bruno S. para tomar conciencia de hasta dónde puede llegar el hombre en su afán por registrar tanto las actitudes individuales más difíciles de asimilar por el colectivo social como los páramos más oscuros y recónditos de la enigmática naturaleza. Toda su producción se ha caracterizado por un constante porfiar a favor de los misántropos de índole quijotesca: desde sus primeros trabajos de fines de los ’60, pasando por la consagración de los ’70 y el período ulterior dedicado en esencia al formato documental, hasta la vuelta reciente a la ficción a partir de Invincible (2001).

    Según el cineasta la utopía visionaria y las luchas idealistas siempre aparecen amalgamadas a la autodestrucción progresiva, los ataques del entorno y el desbordar la frontera que separa cordura y psicosis violenta. En este sentido la posibilidad de colaborar con Cage, todo un experto en la sobreactuación, le vino como anillo al dedo: al igual que Christian Bale en la anterior Rescate al amanecer (Rescue Dawn, 2006) o el mismo Michael Shannon en la próxima My Son, My Son, What Have Ye Done (2009), el californiano desparrama impetuosidad y valentía (en este caso mezclando el reptar de Quasimodo con los exabruptos de Sledge Hammer y/ o Harry, el sucio). La bella fotografía de Peter Zeitlinger y la música incidental de Mark Isham, más detalles como la selección de las canciones o la enorme imaginación en la puesta en escena, hacen que el combo funcione de maravillas.

    Para los que hemos seguido la trayectoria de Herzog a lo largo de los años este no es el “gran regreso” del realizador por la sencilla razón de que nunca se fue a ningún lado. Si bien es cierto que es su primer estreno comercial en Argentina en más de veinte años, sus trabajos, cada vez más inaccesibles para el público masivo, no han dejado de obnubilarnos década tras década. De hecho, podríamos afirmar que su propio ímpetu perseverante e iconoclasta es el encargado de armonizar esa fuerza visceral que no deja nada en pie con las descripciones preciosistas de un universo vital en franca descomposición. Los conflictos culturales, ideológicos, sociales, procedimentales y éticos son el eje de una carrera única en la historia del séptimo arte. Las iguanas que piden libertad, el interrogatorio en el geriátrico y el alma que baila breakdance son manifestaciones concretas de esta sardónica genialidad.
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  • Alicia en el país de las maravillas
    Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010) es quizás la película más intrascendente de Tim Burton, aquí trabajando en piloto automático y atrapado en su propia medianía. Los únicos puntos positivos son el diseño de producción y la hilarante participación de Helena Bonham Carter, en el resto de los apartados reaparecen viejos vicios del director: tenemos problemas narrativos varios, un guión escuálido, colores poco sutiles, personajes desaprovechados y un ritmo general un tanto tedioso. El formato 3D pasa sin pena ni gloria, recién durante el desenlace nos topamos con algunos detalles interesantes. Para colmo de males cae de maduro que han insertado en la mayor cantidad de escenas posibles al Sombrerero de Johnny Depp con vistas al innecesario lucimiento del actor, todo a través de martillazos contra una historia que le debe mucho al Hook (1991) de Steven Spielberg. Tan infantil como pasatista, la propuesta a fin de cuentas es otro triunfo del estilo por sobre la sustancia. Alguien le tendría que avisar al buenazo de Tim que el público agradece el equilibrio entre ambas vertientes más que la mera sobrecarga visual…
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  • El imaginario mundo del Doctor Parnassus
    El Doctor Parnassus es el mismo Terry Gilliam y no hay mucho más para agregar. Sus apuestas con el diablo, esas que le han garantizado la inmortalidad, son la metáfora perfecta de su conflictiva relación con los estudios de Hollywood. La muerte de Heath Ledger es apenas otra triste anécdota dentro de una carrera plagada de las más bizarras eventualidades, chequear sino Lost in La Mancha (2002). Tan exuberante y enajenada como cabía esperar, la película es una extraordinaria montaña rusa visual que celebra en términos conceptuales todos los desbordes posibles de la imaginación humana. A pesar de un elenco repleto de apellidos ilustres, el que se roba el show es el genial Tom Waits componiendo a un Mefistófeles de antología...
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  • Un hombre serio
    Un hombre serio
    CineFreaks
    Pormenores de la resignación

    Resulta extraordinario que los hermanos Joel y Ethan Coen todavía puedan venderle a Hollywood una película tan exquisita y valiente como Un hombre serio (A Serious Man, 2009), tercer opus seguido en el que los realizadores apabullan a pura inteligencia. La seguidilla iniciada con Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men, 2007) y continuada con Quémese después de leerse (Burn After Reading, 2008) encuentra su correlato perfecto en esta comedia negra que combina el humor mordaz de la segunda con los detalles abstractos de la primera, elipsis y tragedias incluidas. Sin embargo debemos aclarar que en términos conceptuales la propuesta reenvía al tono de sátira implícita de Barton Fink (1991) y El hombre que nunca estuvo (The Man Who Wasn''t There, 2001), aunque con una virulencia que recuerda a El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998).

    Luego de un hilarante prólogo acerca del conflicto que despierta en una pareja la aparición o no de un “dybbuk”, un cuerpo poseído por un alma condenada, la historia propiamente dicha comienza presentando los infortunios de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física amante del rigor académico, la “seriedad” del título: un estudiante asiático pretende sobornarlo, su mujer le pide el divorcio, sus hijos no le prestan la más mínima atención, su hermano tiene actitudes de parásito, se siente atraído por su vecina y para colmo de males ve peligrar la posibilidad de convertirse en un catedrático a raíz de una misteriosa serie de cartas en las que una figura anónima se divierte denigrándolo. Estas tristes circunstancias lo van llevando en forma progresiva hacia una crisis existencial de increíbles connotaciones, en función de la cual solicitará asistencia a tres rabinos diferentes.

    Si bien el film lanza sus dardos contra la religión y filosofía judías, en sí éstas constituyen otra metáfora más de la deplorable cultura estadounidense y los juegos de espejos tras el siempre escurridizo “sueño americano”. Aquí más que el consumismo, la estupidez, la violencia casual, la sed de éxito o el culto por la belleza, prevalece lo que aparenta ser el extremo opuesto del andamiaje social: una suerte de auto- marginación generada por una cosmovisión hueca sumida en la pasividad, el empecinamiento y la indulgencia. En varias escenas Larry afirma que “no ha hecho nada” para merecer esto o aquello, ese es precisamente el leitmotiv: los Coen cargan las tintas con sabiduría sobre cada uno de los pormenores que caracterizan a la exasperante resignación del protagonista, un ser que jamás considera devolver los golpes recibidos o por lo menos defenderse según la ocasión.

    El atrevimiento cinematográfico de los directores pasa por el hipnótico pulso narrativo, una trama inconformista saturada de un cinismo demoledor, el trasfondo lúdico del proyecto en conjunto y la ejemplar utilización de un elenco de ilustres desconocidos, casi todos con una vasta experiencia a cuestas. Destaquemos la labor de Richard Kind como el hermano, la de Fred Melamed como Sy Ableman y en especial el desempeño del estupendo Stuhlbarg. Más allá del prodigioso desarrollo de personajes o los diálogos de ensueño, la genialidad de estos creadores solitarios arremete con una furia digna de sus mejores obras. Mucha marihuana, situaciones patéticas, cantidades generosas de hebreo y la clásica Somebody to love de los Jefferson Airplane son elementos de este retrato de un país cuya “fe” se tambalea al ritmo del desconsuelo de un Job moderno que busca certezas donde no las hay.

    Secuencias como la de los dientes del “goy”, la pesadilla de la fuga a Canadá o el “descubrimiento” de la vecina ponen de manifiesto la enorme capacidad de los hermanos para trazar alegorías de una profunda riqueza simbólica, las cuales a su vez cumplen a la perfección el rol que se les ha asignado en consonancia con un verosímil enrarecido. Tampoco obviemos el contexto autobiográfico del relato: la acción se sitúa en los suburbios de Minneapolis durante 1970, año de edición -como se señala- del Abraxas de Santana y el Cosmo''s Factory de Creedence Clearwater Revival. Nuestro antihéroe de turno, respetando la lógica de la mediocridad, sufre impasible y confundido los duros embates de familia, colegas, extraños y el mismo Hashem, ese Dios que se parece a los Coen de tanto sadismo para con los humanos más grises. El Apocalipsis final indica que todos merecemos morir…
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  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Chris Columbus no hace una buena película desde Mi pobre angelito (Home Alone, 1990). Toda su carrera fue una interminable sucesión de bodriazos y Percy Jackson y el ladrón del rayo (Percy Jackson & the Olympians: The Lightning Thief, 2010) no es la excepción. Por momentos apenas pasable, el film tiene todo lo necesario para engatusar a la fauna adolescente burguesa: un protagonista carilindo con tendencias homosexuales, una compañera histérica sin mucho para decir y un negro seudo- lisiado que desesperadamente intenta hacerse el gracioso. Como puede apreciarse, estamos ante un éxito de taquilla garantizado. Lo único rescatable es el pinball de Contacto en Francia (The French Connection, 1971)...
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  • Plumíferos
    Plumíferos
    CineFreaks
    Hoy tus alas se queman al sol

    Siempre frente a una película como Plumíferos (2010) afloran sentimientos encontrados: por un lado está la obligación de juzgar el producto tal cual nos llega a los espectadores y por el otro tenemos la clásica -y nunca bien ponderada- “decepción cinéfila”. No importa el número de films consumidos, uno se aferra a la esperanza loca de que en algún momento el cúmulo de apellidos detrás del proyecto genere algo que podamos clasificar como “una gran realización de la animación mainstream nacional”. Pero no hay caso, nada más lejos...

    Nuevamente Telefé ha financiado un engendro que pretende captar a los niños y los curiosos circunstanciales que deseen chequear el estado del cine televisivo local, en esta Pampa lo más cercano a una “industria del espectáculo” (como las productoras no pueden sostener el gasto casi siempre deben recurrir a los canales de aire). Si encima sumamos el infaltable subsidio del INCAA nos damos cuenta de la cantidad de recursos y esfuerzo que se desperdician en bodrios vergonzosos, que a lo sumo durarán dos semanas en cartel...

    ¿Cómo describir la mediocridad llevada al extremo de la más penosa incomodidad? El nivel de la animación nos retrotrae a principios de los ’90, cuando se estaban dando los primeros pasos en el 3D y los CGI en general: los fondos son paupérrimos, los personajes parecen incompletos y las secuencias de acción causan risa. Plumíferos aparentemente está hecha con “software libre” pero en sí no había ninguna necesidad, bien se podría haber realizado mediante técnicas tradicionales para evitar caer en semejante despropósito...

    Sin embargo los factores que más molestan son el guión (increíblemente estúpido) y las voces (carentes de toda profesionalidad y buen gusto). La “historia”, si acaso la podemos llamar así, recorre el tópico “protagonista engreído se une a coprotagonista insegura”, moraleja de auto- aceptación incluida. Juan, un gorrión manchado con pintura, afirma ser un “pájaro exótico” al tiempo que se enamora de Feifi, un canario hembra fugitivo “propiedad” de un magnate. Los chicos se aburren porque estas alas se queman al sol...

    Con la ayuda de sus amigos, una paloma y un colibrí, Juan por supuesto deberá rescatar a su amor cuando el villano de turno dé con ella. La participación de Mariano Martínez, Luisana Lopilato, Carla Peterson y demás miembros del elenco es por lo menos lamentable, no tanto por culpa de ellos sino por la no- dirección de Daniel De Felippo, responsable de la también patética Los Superagentes, nueva generación (2008). El diseño está calcado de la fallida aunque infinitamente superior Valiant (2005): aquí ya ni originalidad nos queda...
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  • Desde mi cielo
    Desde mi cielo
    CineFreaks
    Estamos no sólo ante la peor película de Peter Jackson, también es uno de esos films que a los pocos minutos se vuelven francamente insoportables. Desde mi cielo (The Lovely Bones, 2009) intenta refritar la atmósfera y el tópico “crisis adolescente en un contexto trágico” de la recordada Criaturas celestiales (Heavenly Creatures, 1994), pero termina confirmando que King Kong (2005) no fue un accidente: esperemos que este declive creativo no se transforme en un período de decadencia. La propuesta es pomposa casi en todo momento, está llena de imbecilidades, aburre a fuerza de lugares comunes, carece de imaginación y pretende manipular al espectador con una inocencia que genera tanta risa como asco. El realizador no se decide por ninguna línea argumental, desaprovecha al personaje de Mark Wahlberg y abusa de un tono narrativo monocorde, siempre entre afligido, meloso y alegórico. Aquí los únicos elementos rescatables son el acento de Stanley Tucci, la maravillosa participación de Susan Sarandon y el vinilo que se ve por ahí del primero de Black Sabbath...
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  • Los hombres que no amaban a las mujeres
    Aproximación a la violencia misógina

    El sueco Stieg Larsson (1954- 2004), autor de la llamada “trilogía Millennium”, trasladó gran parte de sus obsesiones a su escasa obra literaria. En una entrevista su viuda comentó que a los 14 años presenció impasible cómo sus amigos violaban a una chica. Cuando días después se acercó a la joven para disculparse por no haber hecho nada, ella lo rechazó y desde entonces el feminismo se convirtió en una de sus constantes ideológicas. Periodista y militante trotskista, en la década del 90 fue uno de los creadores de la “Fundación Expo”, dedicada al estudio de las tendencias sociales de extrema derecha, y director de la revista del mismo nombre. Sin apoyo los proyectos pronto fracasaron y por su cuenta comenzó a escribir varios libros de investigación sobre las conexiones entre los grupos nazis locales y el establishment político- financiero, convirtiéndose en un verdadero experto en el tema.

    Aunque le sobraban amenazas de muerte por parte de las huestes neo- fascistas, falleció a los 50 años de un infarto. Como la ley de su país le exigía dejar asentada su residencia, nunca pudo casarse con su pareja Eva Gabrielsson ya que hacerlo hubiese significado exponerla a posibles ataques. Su fama arribó póstuma a través de una serie de novelas que escribía durante las noches como diversión: la primera de ellas se conoce en castellano como Los hombres que no amaban a las mujeres, las siguientes son La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. No pudo verlas transformadas en best sellers mundiales porque murió al poco tiempo de entregar el tercer episodio a un amigo editor. Ahora nos llega la versión cinematográfica del comienzo de esta exitosísima saga orientada al policial negro de cuño posmoderno.

    Los responsables de la adaptación varían según el caso: en esta oportunidad son los guionistas Rasmus Heisterberg y Nikolaj Arcel y el realizador Niels Arden Oplev, para los otros dos volúmenes fueron Jonas Frykberg y Daniel Alfredson respectivamente (los tres eslabones ya han sido estrenados en Suecia durante el 2009 con algunos meses de diferencia uno del otro). La historia de Los hombres que no amaban a las mujeres (Män som hatar kvinnor, 2009) está dividida en dos partes. En la primera se presenta en paralelo a los dos protagonistas principales, el reportero en crisis de la revista Millennium Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist) y la joven dark e investigadora freelance Lisbeth Salander (Noomi Rapace). Él acaba de perder un juicio contra el todopoderoso industrial Hans-Erik Wennerström y ella sufre de abusos sexuales a manos de su nuevo tutor legal Nils Bjurman.

    Llegando la segunda mitad ambos se conocen y trabajan en conjunto para resolver el caso que Blomkvist se ve obligado a aceptar para garantizar el buen pasar de los suyos durante los seis meses de prisión que le esperan fruto de la sentencia. Precisamente Henrik Vanger (Sven-Bertil Taube), el anciano líder de un consorcio de empresas controladas por una oscura dinastía familiar, lo contrata para hallar al asesino de su sobrina Harriet (Ewa Fröling), desaparecida cuatro décadas atrás. La adolescente nunca más fue vista luego de una reunión en la isla propiedad del clan Vanger, una cofradía singular en la que cada miembro es sospechoso o por lo menos “partícipe necesario”... El film administra con sabiduría el suspenso a la vez que ofrece un desarrollo de personajes muy interesante, combinando rasgos sutiles con elementos manifiestos de una imprevista dureza existencial.

    Podemos afirmar que el eje está puesto tanto en la resolución del crimen como en la extraña relación que mantienen Blomkvist y Salander. En la construcción del maravilloso verosímil juegan un papel central las actuaciones del elenco y la sobriedad del guión, alejado por suerte de sermones ridículos y frases altisonantes. Los personajes atrapan desde el inicio y los hechos hablan por sí solos sin necesidad de mayores aclaraciones. Oplev impone un ritmo narrativo cargado de distendida frialdad, le da un tratamiento hardcore a algunos tópicos siempre candentes y no teme llevar el misterio ideado por Larsson hacia regiones bastante más densas que lo que suele ser habitual en el género. A fuerza de un estilo pulcro que se abre camino en un contexto de envilecimiento social, la película constituye una aproximación nada complaciente a la violencia misógina y los brotes racistas escandinavos.
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  • Preciosa
    Preciosa
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    Preciosa (Precious: Based on the Novel Push by Sapphire, 2009) es el típico producto “independiente” sobre discapacitados y /o marginales que le encanta nominar a la Academia y que a fin de cuentas está diseñado para el consumo de burgueses hipócritas, quienes cada cinco minutos manifestarán su seudo indignación- compasión ante el desfile de patetismos acaecidos en pantalla. Estamos hablando de la historia de una adolescente obesa, negra, analfabeta, abusada por ambos padres, con una hija con síndrome de down y otro en camino... En sí la película se mueve en un rango que va desde la mediocridad a lo pasable, a veces glorificando el sistema estadounidense de asistencia social y en otras ocasiones relativizando sus alcances concretos: hay tantos estereotipos de cartón pintado que el film en conjunto parece una radiografía hecha por los demócratas del país que “le dejaron” los republicanos, todo con el sello de aprobación de Oprah Winfrey incluido. Los obreros, las clases bajas y los indigentes en general nunca desarrollarán la vieja y querida “conciencia para sí” marxista; esto únicamente sucede en la ficción. Gabourey Sidibe y Mo'Nique cumplen sin lucirse demasiado, al igual que el resto del elenco (Mariah Carey y Lenny Kravitz por suerte no dan vergüenza). Mucho más interesante es la reacción que despierta en ciertos sectores de la crítica... la gran mayoría de los que hoy festejan este tipo de propuestas son los mismos palurdos que en su momento ensalzaron mamotretos como Rain Man (1988), Forrest Gump (1994) o Una mente brillante (A Beautiful Mind, 2001). Por lo menos en este caso no encontramos esa repugnante solemnidad ya que la narración está condimentada con detalles cómicos y alucinaciones- quimeras modelo denuncia a la Réquiem para un sueño (Requiem for a Dream, 2000). Uno no puede dejar de sonreír al recordar los dardos de "South Park", las realizaciones de los hermanos Farrelly o la parodia específica de Ben Stiller en Una guerra de película (Tropic Thunder, 2008). Ahora bien, para completar la colección de oro de la manipulación cinematográfica sólo restan proyectos varios acerca de un autista con una libido de proporciones, un parapléjico campeón en las olimpíadas o un travesti japonés que superando su condición aprende a manejar...
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  • Días de ira
    Días de ira
    CineFreaks
    Elogio de la corrupción

    Días de ira (Law Abiding Citizen, 2009) es una suerte de exploitation -muy pero muy poco sutil- de la extraordinaria Batman- El Caballero de la Noche (The Dark Knight, 2008) de Christopher Nolan. La carrera del anodino realizador F. Gary Gray no admite términos medios y a rasgos generales se divide en obras rutinarias como El negociador (The Negotiator, 1998) y La estafa maestra (The Italian Job, 2003) y otras en verdad penosas como Un hombre diferente (A Man Apart, 2003) o Tómalo con calma (Be Cool, 2005).

    La historia sigue en paralelo el accionar de dos personajes supuestamente opuestos: Clyde Shelton (Gerard Butler), un terrorista que pretende atacar los cimientos del sistema judicial, y Nick Rice (Jamie Foxx), uno de los “abogados estrella” de la fiscalía. El primero es un pobre tipo que se quedó sin esposa e hija cuando dos delincuentes las asesinaron y el segundo es el principal responsable de que el peor de ellos sea liberado fruto de uno de esos típicos acuerdos que las aves de rapiña “consiguen” cuando no hay suficientes pruebas.

    Ya se ha dicho en innumerables ocasiones, la película tiene un inicio auspicioso, un nudo francamente en picada y un final lamentable, de esos que traicionan todo lo planteado hasta el momento. Lo que comienza como un canto a la insurgencia pronto muta hacia el conservadurismo simplón para luego desembocar en un triste elogio de la corrupción, la mano dura y el “cheque en blanco”, tanto policial como legislativo (con un aterrador estado de sitio de por medio). La idiotez de la trama apenas si ofrece un par de sobresaltos huecos.

    Ahora bien, el guión de Kurt Wimmer no es el único culpable. A esta altura queda claro que la cúspide de la trayectoria de Gray sigue siendo el video clip de Ms. Jackson de los OutKast… En el relato nos topamos con enormes agujeros negros: se han dejado de lado elementos centrales como la identidad del cómplice de Shelton o la del novio de la ayudante de Rice. Aquí definitivamente las productoras metieron mano recortando escenas y empantanando aún más las cosas, como si la contradicción ideológica no fuera suficiente.

    También en la labor del elenco encontramos desniveles. Si bien Foxx trabaja en piloto automático por lo menos Butler aporta algo de intensidad –por supuesto dentro de sus limitaciones- y a fin de cuentas se redime de la vomitiva 300 (2006). Su personaje, aunado al tono realista de la primera mitad, genera y mantiene un cierto interés que desaparece de golpe con las increíbles derivaciones que dispara el desenlace. Ahí es cuando el verosímil se hace añicos a pura torpeza narrativa y vueltas de tuerca símil El juego del miedo (Saw).
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  • El Hombre Lobo
    El Hombre Lobo
    CineFreaks
    Este manual cinematográfico de “licantropía para principiantes” es tan clasicista en su concepción que a fin de cuentas resulta previsible y extremadamente chato. ¿Qué más se podía esperar de Joe Johnston, un autómata propiedad de los estudios cuyos mayores logros han sido Querida, encogí a los niños (Honey, I Shrunk the Kids, 1989) y Rocketeer (The Rocketeer, 1991)? Benicio Del Toro, Anthony Hopkins y Hugo Weaving dignifican pero el combo en general sabe a poco, ni siquiera convencen los CGI en los primeros planos. A pesar de la fórmula del “cazador cazado” y las muchas referencias al Drácula (1992) de Francis Ford Coppola, la clásica rutina sin novedad de las remakes hollywoodenses se hunde en el gore pacato de la luna llena...
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  • Vivir al límite
    La sed del vulnerable

    Al considerar la interesante carrera de la norteamericana Kathryn Bigelow, de inmediato debemos dividir su producción en dos períodos específicos. Aunque sus primeras obras resultan bastante atendibles, las cúspides artísticas de la etapa inicial son las pintorescas Punto límite (Point Break, 1991) y Días extraños (Strange Days, 1995), films que imponen un estilo singular vinculado a la súper acción ochentosa, el preciosismo formal y la profusión de tomas subjetivas. El quiebre hacia la adultez llega con la relativamente fallida The Weight of Water (2000) y la excelente K-19: The Widowmaker (2002). Como consecuencia del fracaso en taquilla de ésta última, el regreso se dilató por seis largos años.

    Sin dudas Vivir al límite (The Hurt Locker, 2008) es su mejor trabajo hasta la fecha, un drama bélico de una insólita virulencia en donde el desarrollo de personajes y la intensidad de la trama son los elementos fundamentales. Todo comienza con la asignación del Sargento William James (Jeremy Renner), un adicto a la adrenalina, como el nuevo líder de la Compañía Bravo, una unidad de elite encargada de desmantelar explosivos en los días posteriores a la invasión a Irak. Pronto se gana el odio de sus compañeros Sanborn (Anthony Mackie), un hombre que siempre apuesta a seguro, y Eldridge (Brian Geraghty), un joven con tendencias depresivas. Juntos deberán convivir hasta el ansiado reemplazo.

    El guión de Mark Boal, responsable de la historia de la temáticamente similar La conspiración (In the Valley of Elah, 2007), hace foco en el hecho de que determinados soldados disfrutan de la vehemencia del combate, esa furia ambigua que se tambalea en la frontera que separa a las victimas de los victimarios. Con el mismo espíritu crítico de Redacted (2007), el opus del gran Brian De Palma acerca de la guerra en Medio Oriente, la película también puede ser leída como un análisis de la vulnerabilidad y amplitud de maniobra de las tropas estadounidenses en territorio enemigo. Quizás éste es el verdadero eje de la multipremiada propuesta, aún más que la mendacidad perenne detrás del conflicto.

    Pocas veces el devenir cotidiano de los enfrentamientos militares ha sido plasmado en pantalla con tanta inteligencia y meticulosidad en el trazado general. Bigelow construye una ambiciosa estructura narrativa basada en un tono seco y un ritmo asfixiante, por momentos francamente demoledor: las prolongadas secuencias de suspenso en torno a las bombas están intercaladas con instantes de aparente quietud en la base. La realizadora administra las escaramuzas con su maestría habitual y reincide en el minimalismo expresivo para apuntalar la tensión (en este ítem el film supera con creces a K-19: The Widowmaker). Una angustia expectante recorre el relato sin nunca dejar lugar a la calma.

    Más allá de los cameos de figuras de primera línea como Ralph Fiennes, David Morse y Guy Pearce, el desempeño del elenco en su conjunto es uno de los pivotes principales del andamiaje emocional. En especial sobresale la labor de Jeremy Renner, un actor austero que saca provecho de un personaje mucho más complejo de lo que se cree a simple vista. Centrándose en las paradojas de una profesión extrema, Vivir al límite pone al descubierto las distintas clases de egoísmo que afloran en un contexto espantoso, en el que nadie es inocente. Aquí la honestidad humanista, alejada del maquillaje mainstream, registra los pormenores de una sed de supervivencia que se mezcla con la inefable pulsión de muerte.
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  • Nine
    Nine
    CineFreaks
    Invocación fallida

    Antes que nada explicitemos el origen de la paupérrima Nine (2009) para tomar conciencia de hasta dónde puede llegar Hollywood en su infinita voracidad comercial. Aparentemente el mismo Federico Fellini dio el visto bueno para que a principios de los ’80 su obra maestra 8 ½ (1963) se transformase en un típico musical de Broadway, el cual resultó ser un verdadero éxito tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido. Tres décadas más tarde y como era de esperar, hoy arriba la adaptación cinematográfica de aquel espectáculo.

    La dirección quedó en manos de Rob Marshall, responsable de la interesante Chicago (2002) y la aparatosa Memorias de una Geisha (Memoirs of a Geisha, 2005). Aquí literalmente apuesta a seguro y reproduce el esquema de su opera prima: elenco saturado de estrellas, meticulosidad formal, tono tragicómico, citas múltiples y cuadros musicales en un set estable, apenas con algún que otro cambio de canción en canción. El problema principal pasa por el hecho de que toda la propuesta está impostada y carece del encanto necesario.

    Quizás los “detalles” más patéticos los encontramos en el idioma elegido, un inglés con un ridículo acento italiano, y el contexto general de la historia, la producción de un film intitulado nada menos que “Italia”. Pero como si esto fuera poco en esta ocasión en vez de analizar la crisis profesional y existencial de Guido, un cineasta muy parecido a Fellini, se ha decidido privilegiar la vertiente melodramática vinculada al triángulo amoroso con su mujer y su amante: el proceso creativo casi desapareció, sólo hay devaneos románticos.

    Llama la atención que Daniel Day-Lewis, quien viene de la extraordinaria Petróleo sangriento (There Will Be Blood, 2007), se haya prestado para semejante despropósito sin pies ni cabeza. Aunque cumple con lo justo y se notan sus buenas intenciones, los zapatos del gran Marcello Mastroianni le quedan demasiado grandes. Sus “chicas” también dignifican dentro de sus posibilidades: Sophia Loren, Judi Dench, Nicole Kidman, Marion Cotillard, Penélope Cruz, Kate Hudson y “Fergie”, la cantante de The Black Eyed Peas.

    El guión de Michael Tolkin y Anthony Minghella no tiene la más mínima magia y da vueltas ensimismado alrededor de la corrección política, el homenaje bobo cinéfilo y la repetición hueca de una trama- exploración ya clásica, a la cual no renueva en ningún sentido. Las canciones de por sí son lamentables, las interpretaciones funcionan en piloto automático y las coreografías aburren por lo rudimentarias. En el pasado Marshall invocó con éxito el aura de Bob Fosse: con Fellini, un extranjero, se equivocó a más no poder...
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  • Tierra de zombies
    Tan simpática como sencilla, Tierra de zombies (Zombieland, 2009) entretiene gracias a un apocalipsis caníbal extremadamente pautado y algunas escenas muy hilarantes (en especial se destaca la que se desarrolla en la mansión de Bill Murray...). El realizador Ruben Fleischer homenajea a Muertos de risa (Shaun of the Dead, 2004) y nos regala la inestimable presencia de Woody Harrelson como un mata- zombies antológico...
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  • Invictus
    Invictus
    CineFreaks
    La película deportiva y el drama testimonial se mezclan en el nuevo opus del gran Clint Eastwood. Aquí más que el trabajo de los actores sobresale el tono entre ascético y cauto de un relato muy ambicioso desde el punto de vista conceptual (fin del apartheid, proceso de “reconciliación”, despegue democrático, etc.). En sí Nelson Mandela en la Copa Mundial de Rugby de 1995 se limitó a reunirse con el Capitán del equipo local, encomendar una gira recreativa por Sudáfrica y finalmente desearles “buena suerte” antes del choque inicial: sólo un cineasta de este calibre podría sacarle provecho a una “intervención” tan escueta. La secuencia del primer encuentro entre los guardaespaldas blancos y negros es extraordinaria, un verdadero logro. En conjunto quizás el film no está entre lo mejor del norteamericano pero desde ya que vale la pena por esa inconfundible maestría narrativa...
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  • Astro Boy
    Astro Boy
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    Aquella voluntad altruista

    Aquella voluntad altruistaLa más famosa creación de Osamu Tezuka apareció por primera vez en 1951 bajo la forma de un personaje secundario de Atom Taishi. Al año siguiente -fruto de su enorme éxito- protagonizó su propio manga y eventualmente pegó el salto hacia la televisión, con tres versiones hasta la fecha (en 1963, 1980 y 2003). Aquella serie original en blanco y negro se transformó en la punta de lanza para lo que a posteriori se conocería como “animé”, imponiendo casi todos los patrones estéticos que hoy caracterizan a la animación japonesa.

    Después de varias cancelaciones y pasos en falso, por fin llega a las pantallas la adaptación cinematográfica con tecnología CGI 3D. Astro Boy (2009) resulta una agradable sorpresa a pesar de haber sido un rotundo fracaso de taquilla en Estados Unidos. Utilizando una concepción visual símil Lluvia de hamburguesas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009), el film combina la recordada historia del androide huérfano con distintos elementos de propuestas como Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence, 2001) y RoboCop (1987).

    Si bien esta aproximación por un lado mantiene la profusión de batallas rimbombantes y el clásico tono infantil con reminiscencias a Walt Disney, por el otro aggiorna al personaje central dándole un matiz un poco más adulto y enfatizando los segmentos más trágicos del relato. Nuevamente todo comienza con la muerte accidental de Toby, el pequeño hijo del Dr. Tenma, y su “reemplazo” por un robot idéntico de vanguardia. El susodicho deberá sobrellevar no sólo su naturaleza mecánica sino también el rechazo de su preciado “padre”.

    El contexto en esta ocasión está dado por un futuro distópico en el que las clases bajas subsisten a duras penas en una superficie terrestre contaminada y la burguesía habita en una suerte de “ciudad flotante de lujo” gobernada por un presidente en busca de la reelección indefinida. Cuando nuestro héroe sea expulsado de su hogar y termine compartiendo terruño con otros parias sociales, tendrá que hacerse pasar por niño humano y al ser descubierto experimentará el triste destino de los esclavos: chatarra y sádica diversión.

    Sin lugar a dudas una de las novedades más sugestivas pasa por la hilarante presencia del Frente Revolucionario Robot, unos “tres chiflados” adeptos al comunismo libertario. El realizador David Bowers supera su opus anterior, la mediocre Lo que el agua se llevó (Flushed Away, 2006), y consigue un diseño verdaderamente espectacular, plagado de bellos detalles. La película atrapa a los chicos con gran facilidad, apela a los mayores a través de citas astutas y exalta aquella voluntad altruista que marcó a tantas generaciones...
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  • Vampiros del día
    Cuando la sangre no llega al río...

    Daybreakers, vampiros del día (Daybreakers, 2009) es uno de esos típicos films que los fanáticos del cine de género agradecen a más no poder porque ofrece una historia bien llevada, aprovecha al máximo cada uno de sus componentes y además va directo al grano sin utilizar artilugios bobos en busca de satisfacer a sectores del público ajenos a la propuesta. En el marco de un futuro controlado por un estado vampiro que “cultiva” a los suculentos seres humanos, la película combina un interesante concepto extraído de la recordada Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973) con un esquema narrativo cercano a 1984 (Nineteen Eighty-Four, 1984), vertiente orwelliana modelo Gattaca (1997).

    Cuando una plaga transformó a casi todos los hombres en moradores nocturnos quedó pendiente el tema del alimento. Mientras que el principal proveedor de sangre, una multinacional encabezada por el implacable Charles Bromley (Sam Neill), se enfrenta a la escasez del ”producto”, los investigadores descubren que las consecuencias de la inanición incluyen locura, violencia escalonada y horribles mutaciones. De hecho, el más importante de ellos es el hematólogo Edward Dalton (Ethan Hawke), encargado de hallar un sustituto para la sangre. Fruto de la casualidad, entabla relación con un grupo de sobrevivientes humanos al mando de Audrey Bennett (Claudia Karvan) y Lionel Cormac (Willem Dafoe).

    Los hermanos Michael y Peter Spierig comenzaron su carrera en Australia y ahora desembarcan a pura pirotecnia en los Estados Unidos: su opus trabaja con distintos registros, los unifica en forma coherente y el resultado curiosamente está muy por encima del promedio contemporáneo del horror mainstream. Daybreakers, vampiros del día suministra -sin ningún tipo de culpa- ambiciosas secuencias de acción, una trama súper entretenida, algunos apuntes cómicos, detalles varios “clase B” y una enorme cantidad de vísceras. La parafernalia gore, el tono oscuro y el ritmo pausado funcionan de maravillas en este eficaz combo de bajo presupuesto, con un diseño de producción en verdad ingenioso.

    Otro elemento a destacar es el subtexto social a la Metrópolis (1927), esa metáfora inmemorial que involucra a ricos viviendo en la superficie y pobres famélicos arrastrándose por las cloacas. Quizás el relato a rasgos generales parezca un tanto desprolijo y llegando el final quede la sensación de que se podría haber exprimido aún más el núcleo temático, pero lo cierto es que la obra se sostiene por sus propios méritos. El elenco en conjunto aporta la seriedad necesaria y evita caer en infantilismos estúpidos. Tan simple como dinámico, el guión de los realizadores nos regala un prólogo magnífico y unos primeros minutos de hermosas tomas descriptivas. Ya sabíamos que el capital depende del eterno parasitismo...
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  • Sherlock Holmes
    Sherlock Holmes
    CineFreaks
    Guy Ritchie no participó en el guión de Sherlock Holmes (2009) y se nota de sobremanera: parece que se quiso aggiornar al personaje pero manteniendo el clásico espíritu y su estructura narrativa paradigmática. Tanta ambición terminó convirtiéndose en una trama predecible, un planteo formal interesante y muy poco que destacar. El director y los actores hacen lo que pueden en esta suerte de introducción a un futuro film en el que nuestro héroe enfrentará al Profesor Moriarty. Bizarra y demasiado extensa, la película por momentos cae en baches de los que difícilmente logra salir...
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  • La joven Victoria
    Pasteurización y desencanto

    Estamos ante un nuevo retrato de la monarquía británica, centrado en esta oportunidad en los primeros años del extenso reinado de Victoria I y su relación con quien luego sería su esposo, el Príncipe Alberto. Precisamente la “era victoriana” fue un período de enormes cambios para el Reino Unido: consolidación del imperio colonial, reformas electorales varias y comienzo de las reivindicaciones independentistas de Irlanda. Sin embargo el film obvia estos “detalles históricos” para celebrar un corazón rosa y la romantización ingenua.

    De por sí esta perspectiva artística no tiene nada de malo más allá de su innegable obsecuencia con fines comerciales, el problema es que ni siquiera está aprovechada del todo. La Joven Victoria (The Young Victoria, 2009) no es más que una versión pasteurizada y carente de encanto de María Antonieta (Marie Antoinette, 2006): desapareció la valentía de aquel relato descontextualizado sobre una adolescente “predestinada” a la grandeza, sólo queda el preciosismo de los escenarios y para colmo se ha instaurado la corrección política.

    El elenco aporta profesionalidad y sapiencia, destacándose Jim Broadbent, Paul Bettany, Miranda Richardson y Mark Strong. De hecho, en buena medida la película se sostiene por la química entre Emily Blunt y Rupert Friend, Victoria y Alberto respectivamente. El realizador Jean-Marc Vallée y el guionista Julian Fellowes construyen un paneo amable aunque insípido por una época turbulenta sin llegar a desarrollar sus puntos álgidos o por lo menos ofrecer el sustrato dramático necesario, entregados a un penoso titubeo emocional.

    Debemos concluir que en términos generales la obra se ubica entre las recientes La Otra Bolena (The Other Boleyn Girl, 2008) y La Duquesa (The Duchess, 2008), con un triángulo amoroso casi suprimido y evitando caer en los bajos fondos característicos de los opus de Shekhar Kapur sobre Elizabeth I. Intrascendente a más no poder, La Joven Victoria hace gala de una trama que no conduce a ningún lugar, finaliza de manera abrupta y únicamente agradará a la crítica rancia, el jurado de la Academia y algún que otro burgués estreñido.
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  • Asesino Ninja
    Asesino Ninja
    CineFreaks
    Desde el trailer Asesino Ninja (Ninja Assassin, 2009) parecía un verdadero desastre, sin embargo la película entrega un verosímil eficaz y en general resulta una agradable sorpresa. Clichés simpáticos, ritmo vertiginoso, estética clase B y decenas de litros de sangre... ¿Qué más se puede pedir de una trama centrada en un clan antiquísimo de sicarios implacables? Luego de la interesante V de Venganza (V for Vendetta, 2005), James McTeigue continúa por el buen camino...
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  • Halloween 2
    Halloween 2
    CineFreaks
    Todos los caballos blancos

    En un principio Rob Zombie había dicho que no estaba interesado en realizar una secuela de la ambiciosa Halloween, el comienzo (Halloween, 2007), su particular remake del film original de 1978 a cargo de John Carpenter. Pero el cansancio que le generó aquel proyecto pronto se disipó y el resultado final es Halloween II (2009), nueva reinterpretación de la vastísima “mitología Michael Myers”. Aquí el énfasis está puesto en el dinamismo de la caza y las motivaciones onírico- familiares- alucinatorias que dan sentido a lo ocurrido.

    De hecho, Halloween II es a su antecesora lo que Violencia Diabólica (The Devil’s Rejects, 2005) fue a 1000 Cuerpos (House of 1000 Corpses, 2003): estamos hablando de una obra que traza distancia a fuerza de acotar la estética sobrecargada, reducir las citas cinéfilas e intensificar la crudeza formal. Más que el fetichismo dark, la carnicería psicologista domina el registro. Aún así Zombie mantiene la coherencia del desparpajo continuo combinando dosis exactas de hemoglobina, humor negro, traumas de todo orden y amor por el slasher.

    Mientras que Laurie Strode (Scout Taylor-Compton) trata de recomponer su estado mental luego de un año de terapia inconducente, el bueno de Michael (Tyler Mane) llegando la noche de brujas padece el acecho de extrañas pesadillas en las que su madre, un caballo blanco y él mismo de niño lo incitan a reencontrarse con su hermanita perdida... El cineasta utiliza esta excusa para entregarnos una nutrida serie de mini- secuencias surrealistas de una esplendorosa imaginería visual (en especial se destaca la cena con la “gente calabaza”).

    En esta ocasión el inefable Dr. Samuel Loomis (Malcolm McDowell) ha escrito un libro explotando los sucesos del pasado y la propia Laurie ha mutado de cándida adolescente a sobreviviente extrema. El relato no titubea en su brutalidad primordial, casi ingenua por momentos, y se juega de lleno por el enfoque más dramático de la violencia, el vinculado a las horrendas consecuencias que subsisten a través del tiempo. Con una macabra eficacia, la película trabaja la estupidez mediática y la angustia producida por los asuntos irresueltos...
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  • Avatar
    Avatar
    CineFreaks
    Nota aclaratoria acerca de Avatar - Edición Especial

    El 23 de septiembre de 2010 se reestrena en Argentina la colosal película de James Cameron con nueve minutos de metraje adicional, lo que lleva la duración total a la friolera de 171 minutos: así regresan el indigenismo, la sátira a las invasiones norteamericanas, la defensa del ecosistema, la crítica a la mecanización desmedida, la guerra de guerrillas contra las fuerzas de ocupación y esa saludable radicalización anti-militarista.

    Para los verdaderos fans que la han disfrutado más de una vez aquí explicitaremos las seis novedades que juzgamos más significativas:

    1- El descubrimiento inicial pasa por una serie de tomas descriptivas de la fauna de Pandora durante la primera y fallida expedición del Cabo Jake Sully (Sam Worthington).

    2- Flamante escena dentro del colegio derruido de la Doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver).

    3- Secuencia de cacería posterior al dominio del “declan”, la criatura voladora símil pterodáctilo.

    4- Ampliación del encuentro sexual entre Jake y Neytiri (Zoe Saldana).

    5- Escena desde el punto de vista de los invasores humanos luego del ataque de los nativos a sus máquinas, previa al comienzo de las hostilidades.

    6- En el final, monólogo conclusivo a cargo de Tsu´Tey (Laz Alonso), el antagonista de nuestro héroe en la tribu de los Omaticaya.

    Por supuesto que en su momento estos “bonus tracks” no fueron más que descartes por redundancia aunque hoy brillan por su buen gusto, corrección y coherencia dentro de la estructura narrativa general. En suma, la Edición Especial funciona sobre todo como una excusa para explotar comercialmente la multiplicación a nivel internacional de salas 3D: circunstancia que nos permite a los amantes de la ciencia ficción revisitar una vez más en pantalla grande esta extraordinaria obra maestra que no da respiro al espectador…
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  • Rosetta
    Rosetta
    CineFreaks
    Con diez años de retraso llega a la Argentina Rosetta (1999), una de las obras fundamentales de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. Como siempre el existencialismo social y el minimalismo expresivo se amalgaman para dar forma a un film sencillo pero eficaz, deudor del cine del genial Robert Bresson. A los señores les encanta remarcar la “gravedad” de sus retratos seudo documentales del lumpenproletariado de los países centrales, circunstancia que reproduce cual loro la crítica de pocas luces… la verdad es que les convendría hacer un poco de turismo por el tercer mundo para despabilarse...
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  • Eden Lake
    Eden Lake
    CineFreaks
    Pasatiempos en rojo

    Resulta muy gratificante encontrar en la cartelera porteña proyectos poco convencionales como Eden Lake (2008). Este thriller inglés con elementos de terror constituye la opera prima de James Watkins y nos presenta la historia de una típica pareja burguesa dispuesta a pasar un bello fin de semana a orillas de un lago, bien lejos del mundanal ruido de la ciudad. Steve (Michael Fassbender) y Jenny (Kelly Reilly) rápidamente se sienten invadidos cuando una pandilla de adolescentes de clase obrera también acampa en el lugar. Lo que comienza con un pedido en relación al elevado volumen de la música desemboca en un tormento infernal de hostigamiento, robos, armas blancas, fuego y venganzas cruzadas.

    El film hace gala de su tono parco y propone un derrotero realista cuya intensidad va en aumento con el trascurso de las escenas, desde los apuntes románticos del inicio hasta la crueldad revanchista del inquietante final. Si pensamos en términos de referencias y niveles argumentales, bien podemos afirmar que el recorrido arranca con la oposición geográfica campo/ urbe a la Amarga pesadilla (Deliverance, 1972) de John Boorman, luego se mete de lleno en los conflictos comunitarios vinculados al cine social británico y finalmente el círculo se cierra en tanto relato moral de “crimen y castigo”, en la línea alegórica de La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972), el clásico de Wes Craven.

    Sin dudas el eje pasa por los intercambios generacionales entre jóvenes y adultos, aún por encima de las dimensiones señaladas con anterioridad. Como el mismo director se encargó de explicitar, la película contrapone a pura perspicacia la visión idílica de la “niñez inocente” con la demonización contemporánea a gran escala. Por supuesto que en función de las necesidades del género ya sabemos cuál vertiente tiene más presencia... Sin embargo aquí llama la atención el paralelismo que ofrece el guión de Watkins entre el proceder irresponsable, abusivo y violento de los padres y la conducta extremadamente similar de sus hijos. De a poco veremos hasta qué grado se reproducen el envilecimiento y el sadismo.

    Aunque se podría haber omitido un par de clichés y profundizado algunos tópicos decisivos, debemos reconocer que la obra cuenta con la valentía suficiente para plantear un cúmulo de preguntas más que pertinentes acerca del rol formativo de la sociedad y las diferentes estrategias de supervivencia. El elenco aporta credibilidad, destacándose principalmente Reilly y Jack O’Connell como Brett, el imparable líder de la banda local. Con mucha entereza y sin excesos, Eden Lake entrega un desarrollo dramático de ritmo sostenido, genera incomodidad a partir de enfrentamientos plausibles y adopta el punto de vista de unos burgueses aburridos en eterna lucha contra los lúmpenes y sus “pasatiempos”.
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  • Actividad paranormal
    Demonología de alcoba

    Sólo en una potencia cinematográfica como Estados Unidos se puede dar el caso de una película pequeñísima “rescatada” del underground por Hollywood y estrenada comercialmente con una salida masiva más que generosa en manos de la Paramount Pictures. Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007) fue filmada a lo largo de siete días con apenas 15000 dólares y en su primera semana en cartel recaudó más de 9 millones, convirtiéndose de inmediato en la realización más rentable de la historia al superar el récord ostentado por El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999). De hecho, estamos hablando de una mixtura bastante meditada entre ésta última y El Ente (The Entity, 1981).

    La historia cumple con todos los requisitos de los “falsos documentales”, un subgénero del terror que cuenta con numerosos exponentes recientes como Rec (2007) o Cloverfield (2008). Katie (Katie Featherston) y Micah (Micah Sloat) forman una pareja de novios que ha decidido convivir en función de un buen entendimiento mutuo. En la oscuridad del dormitorio principal ocurren sucesos extraños vinculados a movimientos repentinos, sonidos indescifrables y ráfagas de viento que salen de la nada. Ya desde el inicio está planteado el contexto: ella nunca le comentó que una presencia diabólica la acompaña a donde quiera que vaya y él responde comprando una cámara para registrar lo sucedido.

    Sin lugar a dudas los mayores logros de la propuesta pasan por el mecanismo formal de presentación de las escenas (toma fija con contador para las apariciones) y la estructura narrativa específica (21 noches con secuencias intermedias dilatorias, a veces explicativas). A partir de una construcción minimalista del suspenso, la obra atrapa al espectador sin recurrir a apuntes gore o vueltas de tuerca inconducentes. El realismo de tono cotidiano y la extraordinaria puesta en escena son las peculiaridades que garantizan la eficacia del proyecto. La clase B norteamericana todavía da batalla ofreciendo anomalías como la presente, claro testimonio de que la escasez de recursos no siempre compromete la calidad.

    Existen dos versiones ligeramente distintas de Actividad Paranormal, la original que circuló cuando se buscaba distribuidor y la actual editada según el parecer del estudio. Al mismo tiempo que eliminaron unos 10 minutos de metraje, en especial algunas tomas fútiles del comienzo, también han acortado otras, agregado un par (la de las llaves en el piso y la de la foto colgada en la pared) y en general se perfeccionaron diversos efectos visuales y sonoros. Más allá de estos detalles, las diferencias más importantes las encontramos en el final (el desenlace mainstream deja entrever una probable continuación) y la secuencia del exorcismo en Internet (en la original mucho más extensa y explícita).

    Mientras que en el primer corte había referencias a El Resplandor (The Shining, 1980) y El Exorcista (The Exorcist, 1973), luego evidentemente la Paramount juzgó necesario suprimirlas y priorizar el ritmo entre impactante y sutil del film (hasta se comenta que la conclusión fue modificada bajo sugerencia de Steven Spielberg). Aunque el desempeño de Featherston sobrepasa al de Sloat y el guión del también director Oren Peli no abandona la previsibilidad en tanto estrategia central del relato, la demonología de alcoba establece un patrón alterno en lo que respecta al verosímil sin llegar al nivel de la “Bruja de Blair”: será difícil proponer algo nuevo de ahora en más, este es el techo de los “falsos documentales”.
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  • Criatura de la noche
    La voluntad del ocaso

    Alcanzar la máxima excelencia cinematográfica implica combinar satisfactoriamente los ancestrales resortes del género (estructura recurrente), el desempeño de los rubros técnicos (coherencia profesional) y la imperiosa necesidad artística de trascender (contenido específico). Nunca está de más recordar que sólo un puñado de anomalías ha logrado llegar a este nivel de insólito esplendor, circunstancia tan deseada por los cinéfilos como desconcertante cuando por fin se presenta. Criatura de la noche: Vampiros (Låt den rätte komma in, 2008) o Let the Right One In, tal su título internacional en inglés, es una obra maestra desde todo punto de vista. Estamos ante un film que funciona a la perfección en términos argumentales y en lo que respecta a su previsibilidad comercial, léase sustrato temático y/o expectativas en función del subgénero trabajado. El horror vuelve a perturbar los sentidos.

    El vampirismo como tópico, esa nocturnidad póstuma adicta a la sangre, pocas veces fue aprovechado en su desbordante plenitud, reducido en la mayoría de las oportunidades a esquemas de nulo valor discursivo. Por suerte las excepciones a esta regla general todavía pueden arribar desde las geografías más remotas y saludarnos con su mejor rostro en los momentos menos pensados. La historia gira en torno a la relación entre Oskar (Kåre Hedebrant), un chico retraído que sufre de maltratos por parte de sus compañeros de colegio, y su vecina Eli (Lina Leandersson), una extraña niña que hace poco se mudó al mismo edificio de departamentos. Estos dos jóvenes cuentan con apenas doce años pero ya tienen bien en claro que en la humanidad cohabitan sentimientos aparentemente opuestos como la compasión por el prójimo y los impulsos destructivos, la furibunda sed de matar.

    Ambas vertientes de la existencia forman un todo complejo que a su vez se manifiesta de las maneras más diversas. Mientras que él practica desenvainando un cuchillo y sueña con una venganza terminal contra sus hostigadores, ella arrastra una angustia de siglos y por sobre todas las cosas debe cazar para subsistir. Cuando por una mueca del destino Eli se quede sin su Renfield personal y las agresiones contra Oskar superen su umbral de tolerancia, no sólo se pondrán a prueba las habilidades de cada uno para enfrentar un contexto que solicita a gritos respuestas violentas, también surgirá un amor taciturno basado en la melancolía y la solidaridad. La película se caracteriza por su tono sosegado, su prudente narración, el desarrollo cauteloso de los distintos personajes y un minimalismo expresivo que jamás baja la guardia, aún en las sucesivas dentelladas y amputaciones.

    El hecho de que la acción se sitúe en los suburbios de Estocolmo, en Suecia, no es un detalle para nada menor. El constante clima nevado, la frustración de las capas sociales marginadas, un modo de ser sumamente parco, la ausencia de perspectivas familiares y cierta claustrofobia esencial son componentes más que significativos en un extraordinario planteo vinculado a las disrupciones primordiales y los muchos callejones sin salida que el devenir diario suele imponer. El director Tomas Alfredson, proveniente de la televisión y verdadero especialista en comedia satírica, hace maravillas con el sólido guión de John Ajvide Lindqvist, adaptación de su propia novela. A través de una escenificación etérea, un ritmo pausado y un diseño de producción bastante crudo, la trama se sostiene y avanza con una enrarecida naturalidad, siempre en consonancia con esa imaginación intransigente.

    Aunque el equilibrio dramático es uno de los elementos centrales dentro de una propuesta que ha sido balanceada a conciencia, no podemos dejar de destacar las estupendas interpretaciones de Hedebrant y Leandersson, dos actores que a su corta edad deslumbran por la profundidad y el realismo alcanzados. Sin adentrarse demasiado en la riqueza ambivalente del relato, únicamente diremos que asuntos escabrosos como la homosexualidad y la insatisfacción afectiva son tratados de forma sutil, a puro ingenio. Sendos estados de ánimo, la ternura sugerida y la furia explícita, confluyen a lo largo de esta fábula romántica hasta desembocar en un final de una macabra belleza. Reformulando los cuentos de hadas más tenebrosos y tal la interpelación del título original, el juego de voluntades a los pies del portal hace que el ocaso justifique la extracción de hemoglobina.
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  • Fantasma de Buenos Aires
    Intento más que loable por acercarse a un cine fantástico argentino con toques de comedia costumbrista. La premisa central –vinculada a una suerte de posesión espiritual consensuada- resulta interesante y está bastante bien desarrollada. El ritmo narrativo que impone Guillermo Grillo quizás por momentos no ayuda pero las actuaciones cumplen y el guión dinamiza correctamente el relato. Debemos celebrar el esfuerzo y el coraje del equipo creativo, bienvenidos sean...
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  • Planeta 51
    Planeta 51
    CineFreaks
    Simpático homenaje a la ingenuidad paranoica de la década del '50 y la ciencia ficción en general. Sin volar demasiado alto y con una animación eficiente, el filme mantiene un encanto simplón invirtiendo la clásica premisa de las invasiones alienígenas (ahora nosotros somos los seres extraños). Entretenida y amigable...
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  • Los fantasmas de Scrooge
    Mimetismo y moralidad

    Parece que Robert Zemeckis continúa obsesionado con la idea de maquillar a los muertos a partir de su millonaria tecnología para capturar los movimientos de los intérpretes y construir a posteriori animaciones en extremo realistas. Nuevamente nos topamos con un producto ostentoso, ambivalente desde el punto de vista afectivo, demasiado mecanicista y hasta por momentos hueco en su mimetismo inescrupuloso, cercano a los video juegos en primera persona. Bajo la excusa de ampliar los horizontes cinematográficos el director reincide por tercera vez consecutiva en el 3D de maniquíes tiesos a la Final Fantasy (Final Fantasy: The Spirits Within, 2001). Aunque se percibe en pantalla el enorme presupuesto invertido, en términos formales Los fantasmas de Scrooge (A Christmas Carol, 2009) no pasa de ser un esbozo inerte de lo que en un futuro próximo será una verdadera revelación...

    Ahora bien, si consideramos los dos eslabones anteriores debemos reconocer que la mejoría resulta innegable en lo que respecta a la estilización general y el concepto por detrás del film. Para el caso sólo hace falta recordar que esta suerte de trilogía comenzó con una “obra para nadie” como El Expreso Polar (The Polar Express, 2004), prosiguió con una “epopeya para adultos” como Beowulf, la leyenda (Beowulf, 2007) y hoy desemboca en una nueva adaptación de Un cuento de navidad de Charles Dickens, dirigida principalmente al público infantil y/o adolescente. La propuesta gana en riqueza y vitalidad gracias al inagotable desparpajo de su protagonista absoluto, nada más ni nada menos que Jim Carrey. El actor ofrece otra de sus maratones compositivas y bien podemos afirmar que él solo lleva adelante la película a través de su imaginación histriónica y gestualidad desproporcionada.

    La trama es la misma de siempre: Ebenezer Scrooge es un prestamista mezquino que odia a todos por igual. Empleado, sobrino y distintas almas caritativas que se cruzan en su camino sufren el maltrato propio de alguien que no disfruta del contacto social; mucho menos durante las vísperas de las festividades de fin de año. Una noche su rígido semblante se trastoca con la aparición de su socio fallecido, quien le anuncia la visita de tres fantasmas correspondientes a las navidades pasadas, presente y futuras. Cada uno de ellos le brindará visiones sombrías de una verdad que ha preferido olvidar -o dejar de lado- en función de su egoísmo. Carrey le pone el cuerpo y la voz tanto a Scrooge como a los espíritus, un conjunto de agentes moralizadores que ponen de manifiesto cómo la ignorancia y la necesidad de los hombres conducen al individualismo y destruyen la solidaridad y el amor.

    En papeles secundarios encontramos a profesionales del calibre de Bob Hoskins, Gary Oldman, Robin Wright Penn, etc. Desaprovechados y con pocas líneas de diálogo, apenas si constituyen una base de apoyo para el canadiense dentro de un guión respetuoso para con el original aunque algo insulso. Por suerte en esta ocasión Zemeckis bajó el nivel de la pirotecnia visual, incrementó la paleta de colores y acortó el metraje final. El esquematismo en el diseño de los personajes, en especial en lo referido a rostros y movimientos, vuelve a ser el mayor inconveniente dentro de un patrón de representación barroco que deambula perdido entre la reproducción automática de lo real y la creación animada. Los fantasmas de Scrooge supera los últimos traspiés de la Disney pero queda muy detrás de proyectos tecnológicamente similares como Avatar (2009), el esperado regreso de James Cameron...
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  • Luna Nueva
    Luna Nueva
    CineFreaks
    Onanismo sentimental

    Caía de maduro que en la franquicia Crepúsculo los días de la realizadora Catherine Hardwicke estaban contados. Su desempeño en el film del 2008 había sido un tanto inconsistente y en general sus devaneos no convencieron a nadie. Parece que en Summit Entertainment con la llegada de Chris Weitz planearon un reemplazo del tipo “anodino standard por anodina insípida”: hoy arriba a las salas de todo el mundo la primera secuela del lote, la curiosamente inferior Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009).

    Si recordamos que ya la anterior era un refrito simplificado de Buffy, la cazavampiros, no podemos exigir originalidad aunque sí un poco de vuelo. Ahora el tópico “adolescente embelesada con un vampiro” se expande gracias a un triángulo amoroso con un hombre lobo… El desarrollo narrativo aporta diálogos ajustados, cortesía de la reincidente Melissa Rosenberg, pero no consigue hacer avanzar la historia (sabemos que Stephenie Meyer no tenía experiencia previa, sin embargo el relato no va más allá del arquetipo del melodrama).

    Formuladas estas consideraciones, nos volvemos a topar con una película lánguida, melosa, sincera en su parsimonia, de excesiva duración y dirigida al público femenino de corta edad. Por supuesto regresan Bella Swan (Kristen Stewart), Edward Cullen (Robert Pattinson) y Jacob Black (Taylor Lautner), los tres vértices en conflicto. Resulta hilarante presenciar la sucesión de escenas, todas muy similares: ella está triste porque se fue su amor, luego entra en una depresión y finalmente prueba con varios intentos de suicidio.

    La propuesta repite la estructura a rajatabla: poquísimos enfrentamientos, algunos detalles generacionales y cada situación con su correspondiente verborragia explicativa, bien explícita en su onanismo sentimental. Nunca nadie se complicó tanto la vida por dos personas con las que apenas se besó un par de veces (no olvidemos que el sexo tampoco estuvo ni estará involucrado, Meyer es una cristiana devota...). Cullen se borra al principio “para protegerla”, Black aprovecha para mostrar los colmillos y la señorita sigue cabizbaja.

    En esta ocasión se incrementó el número de secuencias de acción y los CGI en consonancia mejoraron bastante, sin llegar a lucirse ni mucho menos. A pesar de estas “concesiones” destinadas a hacer más digerible un combo esencialmente romántico, los espectadores masculinos están advertidos sobre la naturaleza lacrimógena del film. Uno no deja se sorprenderse de cómo las mujeres pueden disfrutar de dos horas de histeriqueo cruzado. El elenco cumple dentro de un producto torpe y demasiado cursi, aunque eficaz a su manera...
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  • Terror en la Antártida
    Bodrio helado

    Consideremos por un momento las dos escenas con las que comienza la soporífera Terror en la Antártida (Whiteout, 2009). Primero tenemos a un lindo grupito de rusos en los ’50 disparándose los unos a los otros dentro de un avión en vuelo sobre el continente blanco; por supuesto todos terminan besando la nieve. Luego cortamos a una base norteamericana en la actualidad con un montón de yanquis nabos corriendo en pelotas por ahí. Como si esto fuera poco, inmediatamente la hermosa Kate Beckinsale se desnuda y toma una ducha. Desde el vamos que nadie se haga ilusiones porque la señorita se pasa el resto del film vestida (parece que en serio hace mucho frío...). Ahora bien, aquellos que busquen algo de “terror” también se sentirán defraudados debido a que estamos ante un policial muy insípido centrado en una serie de asesinatos alrededor del contenido de unos tubos metálicos. Tan esquemática y berreta es la propuesta que ya en esas dos secuencias iniciales conocemos a los responsables de los crímenes, sus motivaciones y el contexto general. Por si algún colgado todavía no vio El enigma de otro mundo (The Thing, 1982) o 30 Días de Noche (30 Days of Night, 2007), aquí va el detalle principal: el invierno en la Antártida dura seis meses. Así las cosas, la jefa de policía local Carrie Stetko (Beckinsale) cuenta con sólo tres días para resolver este demacrado misterio antes de que la oscuridad absoluta reclame sus dominios. El elenco deambula perdido sin saber qué hacer con un guión que refrita -sin nada de talento- gran parte de los estereotipos del cine de acción de los ‘80. El realizador Dominic Sena sigue sin ofrecer un producto rescatable desde la lejana Kalifornia (1993). De hecho, este es su patético regreso a la dirección luego del díptico compuesto por las lastimosas 60 Segundos (Gone in Sixty Seconds, 2000) y Swordfish (2001). Los CGI son rudimentarios, el gore está insertado a presión, los enfrentamientos resultan intrascendentes y la bendita “vuelta de tuerca” se ve llegar con muchísima anticipación. Más estúpida que obvia, la película se hunde en lo más profundo del freezer...
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  • Mr 73: La última misión
    A quemarropa

    Para aquellos que no lo sepan, antes de iniciar carrera en el mundo del cine el realizador Olivier Marchal fue oficial de policía. La lamentable MR 73: La última misión (MR 73, 2008) viene a cerrar su trilogía sobre el film noir norteamericano más hardcore. Decidido a revisitar “a la francesa” tópicos varios como la corrupción, la marginalidad, la autodestrucción, el trabajo encubierto y las batallas de egos, ahora se vuelca con pobres resultados hacia el thriller de pulso sádico cercano a Pecados capitales (Se7en, 1995).
    Ya en las entretenidas aunque no muy originales Gangsters (2002) y El muelle (36 Quai des Orfèvres, 2004) se percibía que al exacerbar la fórmula “realismo de manual- protagonistas compungidos- suburbios inmundos”, el combo podría darse vuelta y tocar fondo estrepitosamente. Pero a decir verdad nada hacía prever semejante catarata de estereotipos mal administrados y golpes bajos entre dolorosos e inexplicables. De Hollywood sólo queda un ritmo monótono, un tono ampuloso y muchísimos clichés.
    Copiando lo peor y marginando los elementos interesantes, la película hace culto de su trama dividida. Por un lado tenemos la historia de Louis Schneider (personificado por el versátil Daniel Auteuil), un agente borrachín que perdió a su familia en un accidente y hoy investiga a un asesino en serie que viola y mata a mujeres de buen pasar. Mientras tanto Justine (Olivia Bonamy) hace lo que puede para evitar la salida de prisión de Charles Subra (el inefable Philippe Nahon), un homicida responsable del fallecimiento de sus padres.
    En especial llama la atención la hilarante “escena del arresto”, cuando el sospechoso se saca de encima a dos oficiales armados golpeándolos con un balde... por supuesto todo termina con lluvia, el clásico finado y un grito al cielo. Auteuil ofrece una de esas interpretaciones que los actores creen que son “arriesgadas”; no obstante reconfirma otro lugar común del género, la redención. El tufillo seudo existencial, una duración excesiva y la ausencia de novedades son detalles que desembocan en una triste muerte a quemarropa...
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  • Ellos son, Los Violadores
    Con mis drugos al ataque vamos a ir...

    Había una vez una Argentina en la que las bandas de rock obedecían a una determinada estructura paradigmática: salvo contadas excepciones, siempre nos encontrábamos con un virtuoso, un gran letrista, un buen cantante y un “don nadie” especializado en cultivar el perfil bajo. Los roles a veces se superponían en una misma persona pero resulta innegable que estas características dominaron la escena desde el surgimiento del movimiento a fines de los ’60 hasta la pauperización estilística de principios de los ’90. Con el menemato y la miseria social extendida el nivel de calidad cayó en picada arrastrando a todos tras de sí.
    Si pensamos en Los Violadores, la agrupación pionera del punk criollo, los señores no escapan a esta regla general. Aunque en sus orígenes a comienzos de los ’80 patearon el tablero atacando de lleno a los músicos multiinstrumentistas de entonces, ellos también reprodujeron aquel clásico esquema del “rock nacional” (era inevitable, estaba inscripto en su identidad cultural). Cumplidos treinta años del puntapié inicial de una vertiente que a posteriori nunca pudo superar el impulso innovador del primer momento, hoy llega dentro de la andanada revisionista contemporánea el documental Ellos son, Los Violadores (2009).
    El trabajo abarca toda la carrera del grupo centrándose principalmente en el despegue en plena dictadura, el proceso subsiguiente de consolidación, las internas que derivan en la separación de la alineación histórica y la reciente vuelta al ruedo con integrantes alternativos. A pesar de algunos problemas técnicos durante las entrevistas y una edición un tanto desprolija, el film sin embargo mantiene el interés ofreciendo los testimonios de Pil Trafa, El Polaco, Sergio Gramática y Hari- B, más aportes de los actuales El Niño, Sergio Vall y El Tucán (Stuka no fue de la partida). Los registros en vivo demuestran ser escasos.
    De hecho, mientras que del preámbulo under sólo queda un puñado de videos inescuchables en Súper 8 y VHS, en contraste el DVD domina los ensayos y las presentaciones de la última formación. Distintos periodistas, managers y colegas contextualizan los acontecimientos narrados en primera persona y cumplen el rol de un locutor en off tácito, uno bastante monocorde por cierto. Quizás con menos participación de bandas mediocres, un mayor número de temas y un análisis más inteligente, la propuesta podría haber llegado mucho más lejos. Los días de gloria pasaron pero aún así el presente conserva la dignidad...
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  • El juego del miedo 6
    El pulpo y la voluntad de vivir

    Desde la década de los ’90 que no se registraba el estreno comercial de una sexta parte, circunstancia que señala la gran base de fans que posee la saga que nos compete. El juego del miedo 6 (Saw VI, 2009) rankea entre lo mejor de la serie, específicamente la primera trilogía, y se alza por sobre casi todos los productos industriales que circulan en la actualidad, sean del género que fuesen. Mientras que el film por un lado ofrece más rehabilitaciones sádicas y explica muchos detalles del rompecabezas narrativo construido en los eslabones previos, por el otro desarrolla con maestría la sociedad conformada por Jigsaw (Tobin Bell), Hoffman (Costas Mandylor) y la terrible Amanda (Shawnee Smith).
    Superando con amplitud esa suerte de “película de transición” que fue El juego del miedo 5 (Saw V, 2008), la nueva entrada no sólo recupera en buena medida la tensión asfixiante y el minimalismo punitivo de la original, sino que además sorprende al profundizar el siempre interesante sustrato ideológico y elegir un enemigo pertinente que hasta este momento había estado flotando en las anteriores sin llegar a ser protagonista. Nos referimos al sistema de salud imperante en Estados Unidos, basado en coberturas prepagas y planes concretos “seleccionados” por el afiliado. A través de los “juegos” del título y diálogos muy inteligentes, se denuncia a este régimen plutocrático sustentado en la eterna estafa.
    De hecho, la principal victima en esta instancia es William (Peter Outerbridge), un directivo de una típica “aseguradora de la salud” que deberá atravesar con éxito cuatro pruebas en sesenta minutos si no desea que un conjunto de granadas sujetas a sus tobillos y muñecas exploten al unísono. Por supuesto que el señor rechazó la solicitud de Jigsaw para un tratamiento experimental contra el cáncer en función de la bendita “política de la compañía” y distintos cálculos de su propio cuño... John le hará entender hasta qué grado la voluntad de vivir no está presente en dichas ecuaciones. Con la muerte enfrente los pronósticos económicos pasan a segundo plano y todos apreciamos fervorosamente la vida.
    Llama la atención que la opera prima de Kevin Greutert, el histórico editor de la franquicia, acumule tantos puntos a favor luego de lo que asomaba como un estancamiento creativo, quizás no vinculado a una estabilidad carente de la fuerza de antaño aunque sí a un continuo salto hacia delante que enmarañaba aún más la trama sin razón aparente. Exacerbando el ritmo frenético de los policiales paranoicos, el film vuelve a combinar el terror de torturas con el thriller suburbano para desparramar vísceras con perspicacia y originalidad. Los guionistas Patrick Melton y Marcus Dunstan son los responsables de los vaivenes de esta segunda trilogía y aquí se juegan de lleno por el suspenso de tono lúgubre.
    Está claro que la intensidad gore fue en aumento a lo largo de la serie desde la psicología enfermiza de la primera hasta el discurso acabado de esta -por ahora- última entrega. A pesar de las inevitables inconsistencias de una obra colectiva con una vida tan extensa, Saw es sin lugar a dudas “la” saga de horror que marcó para bien la década (cada eslabón genera respeto y ansiedad, consideremos el carrusel...). Más allá de las imitaciones esporádicas y la influencia en productos similares, por suerte Lionsgate y Twisted Pictures siguen apostando a profesionales afines al género. La propuesta actúa como los tentáculos de un pulpo incorporando diferentes elementos estilísticos para diversificarse y multiplicar sus retos.
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  • Camino a la redención
    Corazón clandestino

    A pesar de ser el quinto relato coral consecutivo del mexicano Guillermo Arriaga, Camino a la redención (The Burning Plain, 2008) es un más que loable ejercicio de estilo por parte de un guionista singular que en esta ocasión ha decidido probar suerte en la silla de director. Recordemos para el caso su colaboración con Tommy Lee Jones, Los tres entierros de Melquíades Estrada (The Three Burials of Melquíades Estrada, 2005), y la trilogía de films realizada en sociedad con su compatriota Alejandro González Iñárritu; integrada por Amores Perros (2000), 21 Gramos (21 Grams, 2003) y Babel (2006).
    Nuevamente la estructura dividida, los saltos temporales, el ritmo contenido, los personajes taciturnos y una tensión distante vuelven a ser los elementos centrales de una trama no tan ambiciosa como parece a simple vista. Sin adelantar más de la cuenta podemos decir que tres coyunturas se entrelazan a pura sutileza: el tormentoso pasado de Sylvia (Charlize Theron) la conduce a la promiscuidad, Mariana (Jennifer Lawrence) se sobrepone a la muerte de su madre al tiempo que inicia una relación con un joven y Gina (Kim Basinger) mantiene una aventura clandestina en un remolque abandonado, bien lejos de su familia.
    Existen dos vías de análisis en lo que respecta a la obra de Arriaga, la existencialista y la melodramática. Por supuesto que la primera es “la oficial”, la asumida a conciencia por el cineasta: los cuestionamientos a la moral hipócrita y el retrato minimalista de las contradicciones posmodernas son ingredientes bienvenidos pero ya no causan sorpresa (la originalidad desapareció aunque no hay agotamiento discursivo). Sin lugar a dudas la vertiente melodramática genera mayor satisfacción porque permite distinguir el talento y profesionalidad no sólo del responsable máximo sino también del elenco en su conjunto.
    A decir verdad la historia gira en torno al personaje de Charlize Theron, aquí por suerte a la altura de las circunstancias. Los conflictos cruzados, la impotencia provocada por múltiples pérdidas y un perdón siempre escurridizo son las estaciones de una película que administra sabiamente idas y vueltas narrativas. El rico trasfondo social regresa en la forma de una clase media estadounidense solipsista, una burguesía rural estancada y la infaltable comunidad de inmigrantes mexicanos. Por más que la recurrencia temática juega un poco en contra, hoy casi nadie entrega paisajes del corazón con la naturalidad serena de Arriaga.
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  • Toy Story 2
    Toy Story 2
    CineFreaks
    Los súper juguetes duran todo el verano

    Con la versión en 3D de Toy Story 2 (1999) ocurre algo similar a lo que sucedía con la primera parte: la posibilidad de disfrutar en pantalla grande de este clásico de la animación resulta más interesante que la misma adaptación tecnológica. Por suerte los responsables del proceso de digitalización respetaron ambos films y evitaron “retocarlos” para agradar a los más chicos y/ o acercarlos injustamente a los patrones contemporáneos (práctica común en estos días en lo que se refiere a relanzamientos). Sin necesidad de tales menesteres, casi sin quererlo la extraordinaria secuencia de acción del inicio aprovecha por sí sola el 3D.

    Para aquellos que no lo recuerden, la historia en esta oportunidad deja de lado el esquema de las “buddy movies” y reproduce la estructura de la original haciendo un enroque central: ahora es Woody (Tom Hanks) quien se aleja involuntariamente de la casa de Andy (John Morris) y debe ser rescatado por una cofradía muy llamativa conformada por el Señor cara de papa (Don Rickles), el perro Slinky (Jim Varney), el dinosaurio Rex (Wallace Shawn) y el cerdito- alcancía Hamm (John Ratzenberger). Al mando del inefable Buzz Lightyear (Tim Allen), los juguetes tendrán que vérselas con el coleccionista Al (Wayne Knight).

    Si antes el énfasis conceptual estaba puesto en los conflictos que acarrea la amistad durante la infancia, aquí el tono del relato se oscurece al sumergirse de lleno en los cambios inevitables que llegan con la adultez. La metáfora de la transformación temporal se nota sobre todo en la presencia de dos personajes humanos: uno es Emily, la que alguna vez fue “dueña” de Jessie (la nueva compañera de Woody), y el otro es el propio coleccionista, dedicado al remate de piezas invaluables (dueño además de una juguetería). La primera representa la “evolución natural” y el segundo la traición total de los principios infantiles.

    Ya sea por crecimiento o búsqueda de usufructo, los protagonistas se enfrentan a la contingencia de quedarse solos: por supuesto que la solución es una nueva exaltación del cariño entre marginados. Con hilarantes referencias a Jurassic Park (1993) y El imperio contraataca (The Empire Strikes Back, 1980), una trama plagada de gags maravillosos, un guión mucho más dinámico y una mejoría general en los CGI, esta secuela de John Lasseter por momentos hasta supera a Toy Story (1995). Como en el cuento de Brian Aldiss, el encanto de estos “muñecos con vida” pasa por la aceptación de su destino imperecedero...
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  • Toy Story
    Toy Story
    CineFreaks
    La infancia puede ser tan competitiva...

    En una jugada doble que pretende aprovechar el exitoso regreso del 3D en versión remixada y crear expectativa en relación al próximo estreno de la tercera parte de la saga, Disney decidió refritar la siempre rendidora Toy Story (1995). Para aquellos que no lo sepan, estamos hablando de la primera película de Pixar y la obra que en términos concretos dio el espaldarazo definitivo a la revolución de la animación digital. Mucho más un logro técnico que artístico, no obstante el film aún hoy se abre camino luego de tres largos lustros, sabe emocionar desde la simpleza y en buena medida conserva su encanto.

    Así tenemos nuevamente la historia de Andy (John Morris), un niño que desconoce la interna que despierta entre sus juguetes la llegada del aparatoso Buzz Lightyear (Tim Allen). Sucede que el antiguo favorito, un vaquero de trapo llamado Woody (Tom Hanks), ve con recelo la pérdida de terreno afectivo frente a la competencia. Una jugada del destino hace que ambos terminen lejos de su “dueño” y deban convivir en el peligroso viaje de vuelta al hogar... En suma, otra vez reaparece la vieja y querida “pareja despareja” de las buddy movies en un accidentado periplo de auto- descubrimiento personal y comunitario.

    A pesar de los enormes adelantos recientes en lo que respecta a los CGI, la propuesta envejeció bastante bien salvo por un pequeño detalle: quedó demasiado elemental el perro de Sid, el vecino sádico especializado en torturar y masacrar juguetes. Dentro de las hasta ahora diez películas de Pixar claramente el período menos interesante es el inicial, el que abarca los tres primeros proyectos de John Lasseter. Para quienes despreciamos la producción del Disney tradicional, por supuesto que la presente, Bichos (A Bug''s Life, 1998) y Toy Story 2 (1999) fueron una maravillosa novedad, por momentos exquisita.

    Pero el tiempo no pasa en vano y aquellos opus han sido superados por las ambiciosas realizaciones de Andrew Stanton, Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003) y Wall-E (2008), y su colega Brad Bird, Los Increíbles (The Incredibles, 2004) y Ratatouille (2007). Tanto Cars (2006), también de Lasseter, como los dos aportes de Pete Docter, Monsters, Inc. (2001) y Up (2009), mantuvieron la excelencia visual, el toque humanista y los chispazos de humor astuto característicos de la compañía. Si fuera por la Disney todavía estaríamos sufriendo la sonsera entre conservadora y sonámbula de los eternos huerfanitos.

    Más allá de la pobreza general de los productos DreamWorks y los tristes intentos mainstream de reflotar la animación clásica, guste o no los CGI están aquí para quedarse; muestra irrevocable de ello es la extraordinaria Lluvia de hamburguesas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009). La tecnología 3D no agrega nada a la Toy Story que ya todos conocen y han disfrutado en innumerables ocasiones, el atractivo en esta oportunidad es exclusivamente retro: la pantalla gigante es más funcional que los anteojitos. Hoy podemos volver a deleitarnos con esta simpática parábola acerca de la amistad durante la infancia...
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