Zootopia

Crítica de Alejandro Franco - Arlequin

Si hay un imperio acostumbrado a resurgir de sus cenizas, ése sin dudas es Disney. Llevados a la gloria por su creador, caídos en desgracia tras la desaparición física de éste, rehabilitándose con una nueva camada de creativos que le dió una segunda época de oro al estudio y ahora, que se han convertido en la fuerza de entretenimiento mas masiva, innovadora y exitosa del planeta - además de su apartado animación tienen a Pixar, Marvel y la franquicia de La Guerra de las Galaxias -, no existe nadie en el mundo del espectáculo que siquiera se les pueda asemejar. Zootopia es la última entrega de su departamento de animación; y mientras que su socia Pixar parece haber caído en el estancamiento creativo y la secuelitis, la Disney - ahora con Zootopia y antes con Wreck-it Ralph y Big Hero 6 - parece haber tomado la posta y haber entrado en una etapa de esplendor y originalidad imposible de frenar.
Si este año el mundo del espectáculo se puso denso con el tema de la diversidad racial - especialmente a la hora de las nominaciones al Oscar -, esperen a ver lo que Disney ha preparado con Zootopia. En este mundo utópico los animales no sólo hablan sino que han evolucionado hasta ser capaces de crear una sociedad cosmopolita. Como fruto de dicha evolución los depredadores perdieron sus instintos de ataque y hoy conviven con quienes fueran sus presas en el pasado. Aún con ello, la sociedad de Zootopia está lejos de ser perfecta o armónica: la fortaleza y el tamaño priman como factor de discriminación, eso sin contar con la mala fama que algunas razas se han ganado de acuerdo a su naturaleza traicionera. En ese contexto aparece nuestra protagonista, cuyo empecinamiento en ser oficial del orden le ha hecho ganarse un puesto en el cuerpo de policía - un lugar reservado para animales mas fuertes y corpulentos, y en donde su ingreso no es para nada bien visto -. Como la conejita es inquieta - y pelea para hacerse valer por mérito propio - decide tomar por su cuenta un caso - en el cual han desaparecido misteriosamente varios depredadores a lo largo de toda la ciudad -, y para ello termina utilizando los servicios de un zorro, un estafador callejero de poca monta que parece estar al tanto de las últimas novedades en el mundo del crimen.

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La investigación es la excusa para que el guión ilustre - de mil maneras diferentes y creativas - todos los puntos de vista posibles sobre el tema de la discriminación. Sea por razas - los zorros siempre son considerados criminales o mentirosos compulsivos -, por el lugar de nacimiento - los granjeros no pueden policías o tener un empleo letrado -, por puesto - las ovejas solo sirven para secretarias, y los depredadores son aptos para los puestos políticos -, todo esto matizado por una investigación policial que, aunque rutinaria y cargada de clichés, no deja de bastante densa para el público infantil al que apunta. Para compensar esto el libreto dispara gags (el de los perezosos es mortal!) y - sobre todo - persecuciones, las cuales están coreografiadas con gran altura.

Si hay algo que impresiona, es el preciosismo visual que exhibe. Zootopia es una ciudad viva, plagada de acción y plena de detalles. Mientras los protagonistas hablan en primer plano, uno puede ver en el fondo decenas de detalles - animales renegando con sus autos, yendo de compras, peleándose en un embotellamiento de tránsito, yendo con sus cachorros a la escuela, etc -, lo que lo hace un filme tan rico en lo visual que requiere por lo menos una segunda visión para poder apreciar todos sus pormenores. Los efectos de luces, los decorados, la expresividad de los personajes es abrumadora y, si no fuera por los créditos técnicos, Zootopia podría haber pasado perfectamente por una típica película de Pixar.

Zootopia es un gran filme para toda la familia. Lo calificaría como uno de los mejores títulos que ha dado a luz la Disney en la última década. Es una excelente parábola sobre la discriminación disfrazada de entretenimiento familiar, la cual me parece de visión obligatoria para nuestros pequeños, dándoles a entender sobre la existencia de esas diferencias - mas mentales que reales - que establecemos los humanos entre nosotros mismos, intentando sentirnos superiores con aquellos que no se ven, piensan o sienten como nosotros.