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Imagen del crítico Alejandro Franco
Alejandro Franco
  • Cantidad de críticas: 117
  • Promedio: 68%
  • Críticas favorables: 90/117 (77%)
  • Críticas desfavorables: 27/117 (23%)
  • Diferencia absoluta: 15%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @afranco68
  • Medio donde critica: Arlequin
  • La traición
    La traición
    Arlequin
    Hay veces en que Steven Soderbergh decide incursionar en terrenos más comerciales como para generar algunas ganancias y seguir manteniéndose independiente. Pasó con la trilogía de La Gran Estafa y con Un Romance Peligroso, y ahora pasa con Indomable. Este es un thriller de espionaje muy en la onda Jason Bourne, sólo que con faldas. Mientras que la acción es brutal e impresionante, la trama resulta artificialmente complicada y no es todo lo satisfactoria que debiera. Aún así, Haywire está por encima de la media, y es mucho más competente que el 90% de los filmes de acción que circulan hoy en día por los cines.

    Desde la invasión a Irak que sabemos que hay agencias de seguridad que funcionan más como ejércitos privados que como simples vigilantes del orden. Falta que se sofistiquen un poco y se transformen en una especie de corporación de mercenarios. Algo de ello es lo que ocurre aquí: hay un operativo sucio - concretamente el rescate de un periodista chino en España - y la CIA decide mandar al frente a un contratista (Ewan McGregor), el cual tiene su propio cuerpo de élite de compuesto por chicos duros. Entre ellos se encuentra nuestra protagonista (Gina Carano, ex artista marcial y ex gladiadora televisiva), una mujer maciza y pechugona que parece la versión wrestler de Nia Vardalos. La Carano va al frente en el operativo de rescate y pareciera que todo va bien, pero...

    Lo que sigue es una trampa. Cuando la chica está por irse de la agencia, la mandan a otro operativo. Desconfiando de la pareja que le asignaron (Michael Fassbender), decide rastrearlo y termina poniéndose alerta cuando encuentra el cádaver del chino que rescató el día anterior. ¡Euh! ¡Qué trabajo llevarlo de España a Irlanda para incriminar a la pechugona!. Como sea, las cosas se ponen espesas, Fassbender se va a cantar tangos al otro barrio, y la Carano entra en Matt Damon full mode, exterminando a cualquiera que se interponga a su paso, y rastreando a su ex-amante / ex jefe / inminente fiambre McGregor. Un teléfono pinchado por ahí, algún hackeo por allá, y pronto tenemos una lista de direcciones de la gente de la cual queremos vengarnos.

    En cuanto a atmósfera, Haywire está cargada de tensión. Hay persecuciones y hay situaciones explosivas que uno espera que detonen de un momento a otro. Y, cuando lo hacen, son brutales. Las peleas son largas y sanguinarias y, sobre todo, se vean realistas. Los enemigos tardan en caer. La Carano recibe más trompadas que Schwarzenegger y Stallone juntos en toda su carrera. Las resoluciones son violentas en la misma onda shockeante de Steven Seagal. Quizás el tema es que la acción se alarga demasiado y, aún así, el filme llega boqueando a una hora 26 minutos de duración. Es como que le falta trama - la que hay es demasiado corta y no es muy clara que digamos -. Y a esto se suma que el climax es anticlimático, demasiado limpio y breve en comparación con las expectativas creadas.

    Sin dudas Indomable es competente y tiene sus momentos, pero no es todo lo pareja que debiera. El problema es el libreto, que es minimalista. Por lo demás, Soderbergh se encarga de disfrazar muy bien la falta de substancia, y eso salva el filme. Lo otro es la presencia de la Carano - que se defiende bastante bien actuando junto a un desfile interminable de enormes estrellas, y que pelea como los dioses -, la cual precisaría tener un filme más para confirmar (o no) si tiene cualidades de estrella.
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  • Battleship: Batalla naval
    En Hollywood sobran los dólares y escasean las neuronas. La última moda es tomar cualquier cosa que posea un nombre y sea medianamente conocida, y elaborar un filme entero basado simplemente en eso. Es como hacer películas sobre celulares Nokia, hamburguesas de McDonalds o pen drives Kingston. Que un producto / marca sea conocido a nivel mundial no significa necesariamente que sirva como premisa para hacer un filme de 90 minutos. En el caso que nos ocupa, podría decirse que inventar una película basada enteramente en un jueguito que se ejecuta con lápiz y papel representa el triunfo del marketing más salvaje sobre cualquier tipo de lógica. ¿Para cuando vamos a tener la película de El Estanciero o, mejor aún, de El Ahorcado?

    A veces uno debería tomarse las cosas de manera más light y concluir que - después de todo - el nombre (o concepto base) no es más que el puntapié inicial para crear algo totalmente desde cero. Ciertamente uno de los pocos pasajes que funcionan en Battleship es cuando llega el gran momento de inspiración de los guionistas y trasladan la mecánica del juego a la pantalla. Verán: los terrícolas hemos mandado un mensaje al espacio, y la contestación nos la traen en persona unos alienígenas que son más malos que la peste. Los invasores vienen con tecnología de punta, con lo cual no aparecen en el radar ni aún cuando estén pegados al lado nuestro y - ya que el 90% de la flota naval yanqui se basa en misiles teledrigidos - hay que inventar algún método de detectar al enemigo y dispararles un cohete en el momento exacto. Como los aliens se la pasan en el mar (sino, no habría "Batalla Naval"), cada vez que navegan sacuden unas boyas de alerta de tsunamis que están distribuidos... de manera equitativa en una cuadrícula. El oficial dice "se movió una boya en E5!" y así es como les mandan a los aliens un hermoso supositorio de metal. Jo, igualito que el juego!.

    En sí, Battleship es como ver Dia de la Independencia dirigido por Michael Bay. Si uno ya crujía los dientes con los malos diálogos del filme de Roland Emmerich, esperen a ver lo que les reserva aquí Peter Berg. El primer tercio está conformado por una avalancha de situaciones estúpidas y parlamentos idiotas - con gente haciendo canchereadas para conquistar una chica, violando varias leyes y terminando solo con un chas chás en la cola; y dos toneladas de clisés provenientes de todas las películas de guerra habidas y por haber - que bordea lo insufrible. Al menos las cosas mejoran bastante cuando los aliens llegan a la Tierra... pero las situaciones que plantea la invasión está seriamente reñidas con la lógica. Por ejemplo, ¿por qué las gigantescas naves alienígenas van por el agua y a los saltitos (como chapoteando)?. ¿Cómo es que estos extraterrestres tienen tecnología para cruzar medio universo en dos segundos y desconocen lo que es una bomba atómica?. O ¿cómo es que estos bichos saben de que hay una antena transmisora en Hawaii (y, dicho sea de paso, entienden la primitiva tecnología terrestre como para utilizarla y pedir refuerzos a su planeta natal)?

    Mientras que la refriega con los extraterrestres es medianamente entretenida (en un sentido michaelbayesco, con tomas en cámara lenta y abundancia de explosiones), al momento de poner gente de carne y hueso en escena Battleship se hunde (y mal). Tenemos al sabor del momento, Taylor Kitsch, que viene a ser una especie de versión joven y reciclada de Sam Worthington (otro flaco que sale de la nada y lo ponen a encabezar un blockbuster tras otro). Yo creo que Kitsch sabe actuar, pero el problema aquí es que le tocan unas líneas horribles. Hace de un rebelde sin pausa, encamotado con la hija del almirante (Liam "¿donde está mi cheque?" Neeson), y capaz de cometer todo tipo de estupideces a causa de la calentura. El tipo se enrola en la armada y, de una escena a la otra, ya es teniente de un navío de última generación. Luego tenemos a la cantante pop Rihanna, un hermoso e inútil adorno cuyo papel podría haberse podado olímpicamente. También hay una rubia pechugona (la dichosa hija del almirante), a la que le toca el poco creíble papel de fisioterapeuta (sí, claro! y yo soy un científico nuclear!) y que debe lidiar con un moreno gigante al que le faltan las piernas. Después de un puñado de bochornosas escenas seudo-dramáticas, el dúo termina lidiando con los aliens a su manera.

    Battleship no es un buen filme. Es una orgía de excelentes CGI con una historia que apesta, y con un puñado de escenas de acción bastante buenas. Da la impresión que, cuando lo dejan, Peter Berg se manda solo y consigue repuntar un cacho la puntería de una trama muy floja. Por otra parte el libreto carece del buen criterio de tomarse en broma a sí mismo - en un momento esta gente decide reflotar a un acorazado de la segunda guerra mundial (como si los buques museo tuvieran combustible y munición en depósito y listo para ser disparado!!) y, al mejor estilo Michael Bay, llegan las tomas en camara lenta y con musiquita patriótica de fondo -, como si lo que estuviera narrando fuera Shakespeare o algún tipo de clásico intocable. Quizás allí es donde resida el mayor problema del filme: una cosa es lidiar con un estúpido que se burla de su propia tontería y otra es tratar con un estúpido arrogante que se cree muy vivo. Battleship entra en la segunda categoría, con lo cual le falta la chispa y el swing como para caerle simpática al resto de la gente, algo que podría haber logrado tan solo con el reconocimiento de sus propias limitaciones.
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  • Los vengadores
    Los Vengadores es una bomba. Es imposible negarlo. Tiene acción a raudales, diálogos deliciosos y secuencias que lo dejan a uno con la boca abierta. Considerando que es la confluencia de cuatro películas taquilleras previas (!) (en una brillante y calculadísima jugada de marketing), el dinero inundará las arcas de los productores hasta aplastarlos. Es posible que recaude tanto - o más - que The Dark Night pero no nos confundamos; mientras que el clásico de Christopher Nolan se basa en la inteligencia, el exotismo y la sorpresa, Los Vengadores no es mas que un enorme, prolijo y hermoso espectáculo pochoclero cuya trama podría reducirse a una carilla y, aún así, sobraría espacio.

    La tira original data de 1963, y era la respuesta de la Marvel a la Liga de la Justicia de la DC Comics. Los 60 aún eran una época de frescura para las historietas, si bien las editoriales pronto entrarían en una espiral de competencia e imitación que terminaría por marcar la decadencia de las comics como tal. Piensen, sino, todas las ideas comunes que ambas editoriales terminaron aplicando con el paso del tiempo; superhéroes olvidables demasiado parecidos a los de su competidor, versiones adolescentes / femeninas de los héroes establecidos; universos poblados de versiones alternativas que terminarían décadas mas tarde en una purga general; melodramáticas muertes de algún prócer de la historieta... los cuales serían sospechosamente revividos unos meses más tarde y cuando las ventas comenzaran a declinar: y hasta "Watchmen-versos", en donde toda una casta de venerables personajes pasaba a la ilegalidad y culminaba en guerras intestinas entre superhéroes. Aún cuando la Marvel venía experimentando de hace rato con equipos de superhéroes - Los 4 Fantásticos; X-Men -, los Vengadores son la versión más acabada del modelo, simplemente porque contiene la flor y nata de la editorial.

    Esta versión de Los Vengadores viene de la mano de Joss Whedon, el mismo de Serenity y Buffy, la Cazadora de Vampiros. Whedon es un libretista brillante y ha demostrado tener muy buena mano para dirigir ciencia ficción, aunque tiene cierta tendencia a ser demasiado indulgente con su propio material. Por suerte colabora Zak Penn, el mismo de El Ultimo Gran Héroe y X-Men 2, el que pule las lineas de Whedon y les aporta sus propio salero. Entre ambos conciben una historia chiquita y fácil de seguir, dotada de un ritmo envidiable y salpicada de gloriosos diálogos.

    Si hay manera de definir la experiencia de alguna manera, Los Vengadores vendría a ser un híbrido entre La Gran Estafa y Transformers. Cada uno de los personajes desborda un carisma impresionante - verlos juntos en pantalla es una gozada - y poseen algunas de las mejores líneas de remate que uno haya visto en películas de superhéroes; por otra parte, cuando llega la orgía de destrucción, no hay edificio neoyorkino que quede intacto, y cada pulgada de la pantalla grande está recargada de explosiones. Pero - siguiendo con la analogía - ésta no vendría a ser la Ocean's Eleven original sino la segunda o la tercera secuela, en donde la historia de fondo es una excusa flojita para ver a estos ídolos interactuar en escena.

    Es simple: abren un portal con el cubo de energía que manejaba Hugo Weaving en Capitán América (y que posiblemente sea pariente de la caja de energía que manipulaba Anthony Hopkins en Thor), y aparece Loki en nuestro planeta. El tipo ya viene con plan de quedarse y dominar el mundo, razón por la cual hizo una alianza con unos aliens más malos que la peste. Como estos bichos tienen que revisar aceite, pasar por la estación de servicio y cargar nafta, etc, etc, no llegan enseguida, sino que deben esperar a que Loki - que es un dios todo poderoso - tenga sometido a un grupo de científicos para que le arme el dispositivo que pueda abrir el portal y los aliens lleguen a invadir la Tierra. Y como el cubito de energía apareció en varias películas, la gente de Samuel L. Jackson recluta a toda la gente que estuvo relacionada con el mismo (de una manera u otra): además de los ya mencionados Thor y Capitán América, está Tony Stark que lo encontró, Bruce Banner - que es el especialista en rayos gamma, la radiación que emite el cubo - y un par de agentes secretos que son más un adorno exótico que otra cosa. Esta gente se la pasa peleando verbalmente (y en algunos casos, físicamente) entre ellos y, cuando las cosas se ponen espesas, aúnan fuerzas y dejan los rencores de lado.

    Obviamente las mejores líneas le pertenecen por lejos a Robert Downey Jr, quien sigue siendo la voz cantante de todo el asunto. Su Tony Stark vendría a ser la versión lisérgica y descontracturada de Bruce Wayne en el universo Marvel. El resto tiene oportunidad de lucirse, aunque en un plano secundario y, en semejante ensamble, la gran novedad es el recién llegado Mark Ruffalo, el que da con el pie exacto para componer a Bruce Banner / Hulk. Al fin la mole verde tiene el perfil que se merece, mezcla de atolondrado, conflictuado light y ferocidad contenida, y supera por lejos a Eric Bana y Edward Norton juntos. El otro que destaca mucho es Tom Hiddleston, que se relame en gran forma con con su perverso Loki.

    No esperen que Los Vengadores sea una película inteligente; simplemente es rutina de comic escrita y dirigida con gran virtuosismo. Vienen los malos, los buenos se juntan y destruyen cosas por 90 minutos seguidos (aunque aquí el filme dure bastante más). Los chistes son para aplaudir, la acción es excitante y, lo que es mejor, se da el lujo de traer a la pantalla la orgía de destrucción que los filmes de superhéroes vienen adeudando de unas décadas a esta parte, comenzando por el climax insulso de Superman II. No hay sicología profunda, no hay intrigas inquietantes o sorprendentes; simplemente es gente con superpoderes haciendo bardo y divirtiéndose mucho en el intento. Y lo hacen tan bien que terminan contagiando su entusiasmo a la platea.
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  • [REC] 3 Génesis
    En el 2007 la dupla de directores españoles Paco Plaza y Jaume Balagueró se anotaron un poroto al filmar REC, una de zombies con cámara en primera persona, la cual terminó siendo un suceso de taquilla en todo el mundo. El éxito disparó tanto su correspondiente remake norteamericana - Quarantine, la que terminaría generando su propia franquicia - y su propia saga de secuelas, de la cual REC 3: Génesis es el tercer capítulo. Aquí Paco Plaza queda en solitario, dejando la preparación del cuarto (y final) capítulo de la franquicia a su socio Balagueró. El resultado final es entretenido y excitante hasta los últimos cinco minutos de metraje, en donde la película desciende a un nivel de crueldad absolutamente innecesario. Uno entiende los propósitos de Plaza en el climax - y hasta podría aprobarlos -, pero creo que había maneras mas elegantes de decir lo mismo sin caer en el efectismo barato.

    Confieso no haber visto nunca las entregas anteriores de la saga, aunque sí he seguido la remake norteamericana y su secuela (la cual tiene argumento propio y se aparta de REC 2), con lo cual tengo una idea de lo que pasa, aunque ello no resulta indispensable - esto no es El Señor de los Anillos o Star Wars, en donde si uno perdió el capítulo uno, desconoce qué es lo que está ocurriendo o quién es quién -. Cada capítulo es unitario, con una nueva historia y un nuevo elenco. Aquí las cosas transcurren al mismo tiempo que el filme original, sólo que a varios kilómetros de distancia y en otro ambiente - un pueblito en donde celebran una fastuosa boda -. Hay un infectado que pronto genera una horda de zombies, y hay otro idiota filmando todo el tiempo en primer plano (lo cual es más justificable en este caso, ya que la gente - en esta época en donde abundan los celulares con camarita - siempre graba sus propias versiones de la boda en video). Por suerte el chiste de la cámara POV se termina pronto, ya que el protagonista la deshace a patadas en un arranque de bronca ("¿qué?; ¿vas a filmar esta masacre todo el tiempo?" le grita a su primo), y el filme vuelve al rodaje tradicional con narración en tercera persona.

    En sí REC 3: Génesis es una película mucho más descontracturada que las anteriores. Los personajes son muy simpáticos y abunda el humor, incluso cuando la masacre se ha desatado. Hay momentos en que el filme bordea la autoparodia, muy a lo Sam Raimi, con novias ensangrentadas corriendo a los zombies con una motosierra en la mano, o novios masacrando muertos vivos con una espada y enfundados en armaduras medievales. Los amigotes de la pareja son unos fiesteros de aquellos, hay parientes avergonzantes (como en toda familia), y hasta hay un pésimo clon español de un célebre personaje, que se hace llamar Johnny Esponja para que no lo corran con los derechos de autor. Y toda esta carnicería ocurre utilizando de fondo un tema del Paz Martínez (wtf!!??).

    Yo no diría que REC 3: Génesis es shockeante o particularmente terrorífica. No hay grandes secuencias de suspenso, o momentos en donde uno se orine de miedo. Hay muertes cruentas, pero son demasiado exageradas y, después del décimo zombie despedazado, uno ya se acostumbra a ello. En donde el filme funciona mejor es como comedia negra, en donde uno espera que en cualquier momento salga de los arbustos Bruce Campbell y empiece a destrozar muertos vivientes a machete limpio. Quizás haya algún que otro patinazo del filme en el intento de justificar la epidemia - acá no se trata de un virus (como Quarantine) sino de una plaga diabólica, la cual puede ser controlada rezando versos de la Biblia... lo cual es un bolazo gigantesco, ya que la gente se infecta por mordedura (aunque no por estar bañado por la sangre de los infectados); en todo caso, ¿por qué el perro que mordió a la victima cero estaba infectado? ¿acaso se trataba de un canino ateo? -, y donde derrapa feo es en el final. (alerta spoilers) Aplaudo el coraje de Paco Plaza de rodar un climax deprimente, pero la secuencia es tan explicita y cruel que va a contramano del humor negro que venía vendiendo el filme. Mucho más diplomático hubiera sido filmar de atrás a la pareja saliendo por el tunel, y escuchar a los pocos segundos varios gritos y disparos, en vez de generar una carnicería con dos de los personajes más queridos del filme. Es una cuota totalmente gratuita de sadismo y una falta de respeto hacia aquellos que uno venía venerando como héroes, quienes se merecían una salida mucho más elegante de la historia (fin spoilers).

    REC 3: Génesis es un entretenimiento sólido. El problema que tengo con el filme es que el tono es muy dispar en más de una ocasión, pero no dejo de admirar la prolijidad de la ejecución y el buen setup que tiene toda la historia. Y quedaremos a la espera del cuarto y final capítulo de la saga, agendado para algún momento del próximo año.
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  • Ghost Rider: Espíritu de venganza
    Si un bodrio recauda bien, la secuela es inevitable. Atrás quedan los pudores de los productores y demás involucrados sobre si lo que están haciendo es un crimen contra la cinematografía. Para mí Ghost Rider se componía de una premisa estúpida y un horrendo protagonista (amén de malos diálogos). A nadie le importó esto - costó 100 millones, obtuvo 228 millones; listo el pollo, marche una secuela! - y acá tenemos los resultados. Ghost Rider 2: Espíritu de Venganza es más absurda que el original, está peor actuada, y se nota que es mucho más barata. Quizás sea ésta la bala que logre detener en seco a los productores y nos libre de estos engendros cinematográficos.

    Uno ya ha visto otros enviados del diablo que andan en motos cool (Spawn), pero ninguno de ellos tuvo un casting tan fuera de lugar como el de Nicolas Cage. El tipo tiene cara de bobo, y ahora tiene el agravante que se se ve gordo, envejecido, recargado de colágeno y con un pelo tan falso que parece que le hubieran robado la peluca a una muñeca Barbie. No niego que Cage me cae bien cuando hace de tipo común y algo canchero (Next, Knowing, e incluso Kick Ass), pero cuando se hace el héroe imbatible, me hace acordar al papel de Robert Downey Jr. en Tropic Thunder, en este último donde hacía de actor desubicado que se creía capaz de tomar cualquier rol aunque no le diera el físico (por ejemplo, hacer de negro). Sorry si soy repetitivo con mis discursos, pero es algo que me brota de lo profundo del alma. Acá Cage se ve viejo y totalmente fuera de lugar. Es vox populi que su situación financiera apesta, razón por la cual toma todo tipo de papel que le deje un buen cheque en su bolsillo. A este paso terminará haciendo comedias directas a video con Cuba Gooding Jr. en unos cinco años.

    Considerando que entre los responsables de esto figure David Goyer (el mismo tipo que escribió Batman, el Caballero de la Noche!) resulta increíble la pobreza de ideas que tiene el argumento. Acá hay un nene que es el hijo del diablo (o de uno de sus súbditos, nunca queda claro). Papito lo reclama, la madre se lo niega. Aparece Johnny Blaze como el guardián protector de turno, y todo el mundo anda a las corridas (si todo esto les suena, es porque existen Babylon A.D. y decenas de filmes con argumentos similares). A su vez Blaze quiere exorcizar el demonio que tiene adentro, para lo cual va a un monasterio que tiene un portal intergaláctico / interdimensional / inter lo que mongo sea y allí se saca a la calavera humeante de su interior. Mal día para ir al baño, ya que al pibe lo secuestran al toque y el flaco ya no tiene superpoderes. Y ahora, ¿qué hachemo?

    Como todo esto lo filmaron en Rumania (o por ahí), se ven muchos Renaults Duster persiguiendo a Renaults Sandero y esquivando Dacias del tipo Renault 12. Oh sí, se fueron a rodar al lugar más barato de la Tierra y se nota. Los efectos especiales no son demasiado buenos y, para colmo, la cámara parece operada por alguien que está sufriendo un ataque. Se mueve todo el tiempo, hay mucho corte rápido... no quiero imaginar lo que debe ocurrir en las plateas de los cines 3D en donde están exhibiendo esto, en donde todo el mundo debe ponerse verde y con ganas de expulsar el almuerzo del viernes pasado.

    Corte rápido y cámara movediza no necesariamente involucra adrenalina. Las persecuciones son mas o menos, nada del otro mundo. Hay un gran momento en donde el Jinete se monta en una grúa gigante de minería y la transforma en un vehículo infernal en llamas... pero lamentablemente no hay otras secuencias que sean igual de innovadoras o impactantes. Los combates son algo bobos - el Jinete cancherea demasiado a la hora de pegarle a alguien y y el resto de los secuaces aprovecha para mandarle un par de bazukazos con lo cual nuestro héroe sobrenatural queda viendo las estrellas -, y hay demasiados diálogos que bordean lo lamentable. Pero el colmo es cuando Nicolas Cage debe frenar al espíritu que lleva adentro, en donde el quía comienza a sobreactuar salvajemente - se ríe, grita, golpea todo, habla sandeces -. Curiosamente estas escenas hacen que el filme se sienta más como una versión de cuarta de El Increíble Hulk que como algo propio de Ghost Rider: "no me provoque... no soy yo cuando me enojo".

    Ghost Rider 2: Espíritu de Venganza es pérdida de tiempo y dinero. Es mediocre y la única razón por la cual uno la ve es porque está la chapa de Nicolas Cage y Marvel en el poster. Pero a Cage se les está terminando el período de gracia, y últimamente se ha visto involucrado en tantos bodrios que, más que un gancho para la audiencia, su nombre corre serio riesgo de transformarse en una advertencia para evitar que alguien le compre un ticket.
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  • John Carter: entre dos mundos
    John Carter de Marte es un título influencial de la ciencia ficción, y data de 1912. Precisamente es la primera novela popular que escribió Edgar Rice Burroughs - a quien todos conocemos como el padre de Tarzán -. En sí, John Carter no es sci fi clásica - en donde abundan las descripciones científicas y elaboradas teorías alternativas sobre el funcionamiento del universo - sino que se trata de una fantasía maquillada de aventura espacial. En ese sentido John Carter no difiere demasiado de relatos como Sandokan o El Ladrón de Bagdad; lo único que varía es el escenario y un par de excentricidades como para decir que la acción transcurre en otro planeta.

    Después de mucho trajinar llega esta adaptación a la pantalla grande, proyecto por el que pasó una tonelada de gente durante las décadas que demoró su gestación - desde Ray Harryhausen, John McTiernan y Robert Rodriguez hasta Kerry Conran y Jon Favreau -, y que recién pudo encaminarse en el 2007, cuando la Disney adquirió los derechos. En el interín aparecieron los estudios The Asylum - especialistas en rodar mockbusters o "títulos sospechosamente parecidos a los blockbusters del momento, pero disponibles ya en el estante de su video club" - , los cuales aprovecharon el detalle de que los derechos de la novela eran de dominio público y decidieron mandarse con su propia versión - La Princesa de Marte - en el 2009, la cual es bastante fiel al libro pero termina siendo un engendro a medio cocinar. Ahora la Disney ha logrado materializar su propia y suntuosa versión, poniendo al animador Andrew Stanton (Wall-E) al frente del espectáculo. Pero el resultado final es un mix de grandes escenas y problemas narrativos, y aunque las virtudes superan a los defectos, el conjunto no termina por ser satisfactorio.

    Hay que considerar que el proyecto tenía una gran cantidad de obstáculos desde el vamos. El más importante de ellos es su falta de originalidad frente a los ojos del espectador moderno. Las generaciones modernas han devorado centenares de filmes entre los que se incluyen Superman, Flash Gordon y, especialmente La Guerra de las Galaxias - todos ellos, títulos que han mamado conceptos y estilos del original de Rice Burroughs - con lo cual, cuando vemos a John Carter montado en un bicho en el desierto, inmediatamente decimos "esto lo sacaron de los guerreros Tusken de Star Wars" (y, como ello, se podrían citar cientos de referencias en cada fotograma de la película). Es difícil poder analizar en solitario una historia que es muy antigua y a la que cientos de filmes posteriores depredaron masivamente sus ideas. Aún así, John Carter: Entre Dos Mundos se las ingenia para inyectar energía a cosas que uno siente como recicladas, como las batallas con los navíos aéreos o la arena de combate en donde aparecen un par de monstruos enormes y peludos (más de uno dijo "eso lo copiaron a Episodio II, El Ataque de los Clones"). Esas escenas son espectaculares y están bien rodadas.

    El otro obstáculo a vencer es la obsoleta ciencia que impregna al relato original, que va desde la presunción que Marte es habitable y tiene ríos, hasta el viaje "mental" que hace Carter para llegar al planeta rojo. La Disney ha intentado camuflar esto, sacando el "de Marte" del título "John Carter" (o reemplazándolo en castellano por el "Entre Dos Mundos"), pero ello no evita que la gente lo tome como ridículo (nadie analiza tomar esto como una aventura de fantasía de antaño).

    El tercer problema es la estampa del mismo sello Disney en el poster de la película, lo que suele equivaler al beso de la muerte en la taquilla para cierta clase de filmes. La Disney vende muy bien dibujitos animados y aventuras de Julio Verne, pero aquí el objetivo que se plantean es muy grande - se gastaron 250 millones de dolares en esto, esperando que se transforme en la próxima Star Wars -, y el logo del ratón Mickey solo termina por espantar a aquellos que tienen más de doce años. Hubiera sido mejor que la Disney comercializara el producto por otra vía (como tenía el sello Buena Vista en una época) que con su chapa oficial, la cual no atrae al público para el cual fue específicamente orientado el filme.

    Y el cuarto problema es el excesivo respeto por la historia. El director Andrew Stanton debería haber simplificado varios aspectos cruciales, como es la crónica inicial de los sucesos que llevan a Carter a Marte (se podría haber contado en un flashback en vez de apelar a algo tan elaborado y largo), o la compleja relación que mantienen las razas entre sí en el planeta rojo. Hasta la causa de los Therns no termina siendo muy clara que digamos - son unos interventores divinos que establecen el orden que se les place en un planeta determinado para luego aprovecharse de ello -. Todo esto se traduce en algunos momentos de confusión o escenas demasiado alargadas, o cortes al relato (como los flashbacks de la esposa de Carter) que no terminan por aportarle substancia.

    Es posible que mi review sea injusta con un clásico que ha sido transcripto de manera respetuosa. El problema es que todo lo visto en pantalla parece copiado de filmes que uno ya conoce, precisamente porque éstos se inspiraron en el original literario de Burroughs. Pero también es cierto que da la impresión de que al director Stanton el relato se le escapa de las manos en determinados momentos. Como sea, el filme no es tan redondo ni todo lo emocionante que debería ser, y no va a llegar a ser la próxima Star Wars. Eso es seguro aunque, en el fondo, sea una verdadera lástima.
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  • Inframundo: El despertar
    Buena, movida, bobita, hueca. Esa es una buena definición de la saga Underworld (o Inframundo, como prefieran llamarle), y la última entrega no es muy diferente a las otras. Entran un par de directores suecos, sale Scott Speedman (bah, lo relegan a un cameo digital), hay algunos cambios, la historia se mueve al futuro... y la calidad no mejora. Considerando el impasse de 3 años desde la última entrega, la saga podría haber mejorado la puntería (o bien podría haber seguido sepultada, total, nadie la extrañaría demasiado). Como sea, lo único bueno del filme es que no aburre, pero no hay nada en él que sea mínimamente memorable a las 24 horas de haberlo visto.

    No es ninguna novedad de que los artesanos del cine se extinguieron en Hollywood hace varias décadas. Hoy la meca del cine está dirigida por un montón de idiotas universitarios que piensan todo en términos de marketing y explotación de mercado. En ese sentido, antes de arriesgarse con una película ignota que trate sobre vampiros y hombres lobos, han decidido extender la vida útil a una saga conocida pero agotada como es la de Inframundo. Al parecer "esa" es una de las nuevas movidas del mundillo cinematográfico norteamericano - la otra es reestrenar / remakear todo en 3D -. Underworld es una marca, tal como lo es Coca Cola o McDonalds; aún cuando un filme de la saga fracase, el poder de la marca terminará por dar ganancias a la larga, y ello ya es todo un éxito considerando lo inestable que se ha vuelto el mundo de los negocios cinematográficos. Porque, sinceramente, no creo que hubiera una multitud golpeando la puerta de los estudios y clamando por una nueva secuela de la serie.

    Inframundo: El Despertar es mediocre pero entretenida. Vuelve la bonita Kate Beckinsale, a la que le quedan bien las ropas de cuero pero que carece de carisma como heroína de acción. Acá los nuevos directores de la entrega se esfuerzan al mango para que Selene sea una total badass (pateatraseros), destrozando a cien policías y decapitando lobizones con las manos desnudas... pero todo ello termina salpicando la imagen moral de nuestra protagonista. ¿Está bien que mate humanos para sobrevivir?. ¿Se justifica?. No importa, no interesa.

    Una vez que la Beckinsale exterminó a medio elenco en los 10 minutos iniciales, es atrapada y llevada a un laboratorio en donde la corporación malvada de turno quiere frizarla y hacerle cosas poco glamorosas (!). Oh, sí, todo esto tiene un fuerte tufillo a Resident Evil reciclado: reemplacen a los zombies por vampiros y licántropos, y el argumento es más o menos el mismo.

    Nada de lo que ocurre en Inframundo: El Despertar es demasiado original. Desde la hija made in vitro de la protagonista, pasando por el vínculo síquico con su madre, su cumplimiento de una profecía, la guerra entre humanos y no naturales, la conspiración de turno... etcétera, etcétera. La acción está ok, los diálogos son breves, la historia avanza y es fácil de seguir... todo está muy industrializado y pasteurizado, como una salchicha de marca que es bromatológicamente correcta pero tampoco es alimento ni llena demasiado la panza. Para colmo el filme se empecina en mostrar unos hombres lobos hechos con CGI que parecen confeccionados en una Commodore 64. Gastaron 70 millones de dólares en esta pavada,... ¿y no podían conseguir unos efectos especiales decentes?.

    Inframundo: El Despertar se deja ver. Es pasable y, cuando se le desliza alguna pavada, es tolerable. Carece de originalidad y apenas es excitante. Simplemente es una excusa para matar el tiempo, lo cual hace con un mínimo de eficiencia.
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  • Poder sin límites
    No hay nada de original en Chronicle, Poder Sin Límites: es un acolchado de retazos compuesto por el estilo de El Proyecto Blair Witch, una óptica desangelada y realista de la mitología de los superhéroes (del estilo de Heroes, Jumper, El Elegido), algunas gotas de melodrama Marvel, y un grueso de ingredientes procedentes de los filmes de adolescentes de vida torturada dotados de poderes mentales (Carrie, La Furia, etc) que estuvieron tan de moda en los años 70. El resultado final no sólo cuaja mucho mejor que lo esperado, sino que se trata de uno de los mejores filmes del género de los últimos años. ¿Qué pasa cuando uno descubre que tiene poderes para ser un superhéroe y decide no serlo?. O, por el contrario, ¿qué ocurre cuando el individuo superpoderoso resulta ser mentalmente inestable y decide usar sus dones para efectuar sus venganzas personales?.

    Es de agradecer que la postura de Chronicle es eminentemente pragmática. A toda esta gente le importa un pito ayudar a la humanidad: simplemente son adolescentes que utilizan sus poderes para beneficio propio y/o para divertirse. Nada de subtexto comiquero; ver cuántas cosas se pueden levantar en el aire, qué se puede destrozar, y hasta donde llega el poder. Pero con un gran poder llega una gran responsabilidad... y se precisa un gran sicólogo. Tres muchachos investigan una cueva en donde encuentran un meteorito y la radiación les da poderes telekinéticos. Primero levantan fichas Lego con la mente; luego mueven autos estacionados; por último son capaces de volar por el cielo - es interesante notar que los poderes telekinéticos, en el estado que se muestran en el filme, serían los únicos capaces de explicar el por qué Superman vuela; lástima que el hombre de Kriptón es incapaz de mover cosas con la mente -. En el medio hay un melodrama tipo Carrie, con otro adolescente bastardeado por propios y ajenos y que, cuando descubre el chiche nuevo, no tarda mucho en usarlo para descargar su ira. Esas escenas funcionan muy bien y no caen en el dramatismo barato; uno festeja las revanchas del muchacho... hasta que empezamos a ver que se pone cada vez más violento y poderoso.

    Chronicle, Poder Sin Límites es un filme muy corto - apenas 84 minutos -, y allí reside su efectividad. La cámara en primera persona le da inmediatez en lo emocional y espectacularidad cuando llega la acción, con lo cual el narrador se ahora gastar un montón de recursos para plasmar éstado anímico o crear una atmósfera. Es por ello que la película es tan breve y se siente tan ágil. A esto se suma que el filme explora muchos aspectos del fenómeno - el don que han recibido estos chicos -, con lo cual siempre pasa algo interesante en pantalla. Sumemos a esto muy buenas perfomances - en especial de Dane DeHaan, que tiene la mirada sicótica propia de un Leonardo DiCaprio adolescente - y se obtiene un filme bastante intenso.

    El estilo Blair Witch encaja bastante bien con el resto de la historia. El grueso de la filmación la provee el personaje de Andrew, quien prefiere interponer una cámara entre él y el mundo que lo rodea; pero hay escenas intercaladas con tomas procedentes de la videocámara del primo, dispositivos de seguridad y hasta celulares. Es como si todo el filme estuviera dirigido por un Gran Hermano, haciendo una historia con cuanto retazo de video pueda obtener de cualquier dispositivo presente durante los hechos que acontecen en la historia.

    La escalada dramática está muy bien orquestada. No es difícil anticipar que el personaje de Andrew está gestando su propia emancipación emocional, especialmente ahora que ha recibido estos poderes. El tema es: ¿se trata del individuo adecuado? ¿es alguien suficientemente maduro como para manejarlo?. ¿O se trata de una víctima de su propio destino, en donde los poderes lo único que hacen es acelerar la tragedia que le tenía deparada su vida?. Quizás se le pueda achacar a Chronicle que las circunstancias en que vive Andrew son muy Dickensianas - madre moribunda, padre alcoholico y desocupado, compañeros de escuela que lo torturan, chicas de su clase que lo rechazan - y parecen orquestadas para desencadenar el grand finale del filme - cuando se caiga una de esas fichas, se desmorona el resto del castillo de naipes que compone la vida (y estabilidad mental) de Andrew -, pero por otra parte sirven para plantear un par de interrogantes interesantes. En muchos comics vemos que los superhéroes son adolescentes (tipo Peter Parker), pero las historietas jamás se plantean si son emocionalmente maduros como para asumir dichas responsabilidad. ¿Qué es lo que le impide convertirse en un matón a Peter Parker y abusar de su poder en su propio beneficio o en desmedro de quienes considere sus enemigos?.

    Ciertamente Chronicle, Poder Sin Límites no es el gran filme filosófico sobre super héroes / super poderes que uno pueda imaginar, pero se da el gusto de dejarle varias interrogantes interesantes al fan del género. Por otra parte, elabora una hipotesis y se encarga de demostrarla prácticamente sin fallas. Y cuando las cosas se salen de control, el director / guionista Josh Trank rueda escenas sencillamente impresionantes, con autos y personas volando por los aires o siendo pulverizadas en un instante. El climax es lo más parecido a lo que podría haber sido el final de Superman II si se hubiera rodado en esta época de efectos por computadora.

    Chronicle, Poder Sin Límites es inteligente, intensa y tiene un puñado de escenas espectaculares. Es un guisado hecho de influencias, que termina por obtener su propio sabor. Es muy posible que la disfruten más los fans del género que los neófitos - a quienes les parecerá la premisa demasiado fantasiosa -, pero no por ello uno debe dejar de reconocer las bondades de su manufactura.
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  • El topo
    El topo
    Arlequin
    No soy fan de John le Carré. Al menos, las adaptaciones cinematográficas de sus libros dejan bastante que desear. Encuentro a las tramas de le Carré complicadas y burocráticas pero no ingeniosas. Mucha charla, mucha intriga pero nunca un golpe de efecto sorprendente o una deducción asombrosa por parte del protagonista. También es cierto que le Carré hizo su fama en la vereda opuesta de James Bond - desarrollando novelas de espionaje mucho más realistas que las imaginadas por Ian Fleming -, pero lo encuentro burocrático y mundano. Al menos Len Deighton - otro autor de espionaje totalmente anti Bond, y padre de la saga de Harry Palmer - tiene otra chispa en sus tramas.

    Candelero, Sastre, Soldado, Espia (o como retitularon en castellano El Topo, siguiendo el nombre que le dieron al libro original en su edición en español) está basada en la novela homónima de le Carré que data de 1974. En su momento lo adaptaron como miniserie (con Alec Guinness como protagonista), la cual tuvo gran repercusión en todo el mundo. Ahora llega esta versión que viene de la mano de Tomas Alfredson, el aclamado director sueco responsable de Dejame Entrar (2008). Y si bien El Topo no ha sido un filme taquillero, al menos ha recibido excelentes reviews por parte de la critica especializada.

    El Topo tiene los problemas típicos de las historias de le Carré: es innecesariamente complicada, y tiene una tendencia natural para irse por las ramas. Para colmo, aquí hay cuatro historias confluyentes que son insertadas con calzador en la primera hora: un veterano jefe del servicio secreto, que tiene la posta de que hay un traidor en la cúpula de la inteligencia británica y manda a un hombre de confianza a confirmarlo (cosa que jamás ocurre, ya que el agente cae tiroteado en medio de una emboscada); Smiley, saliendo de su retiro, armando su equipo investigador y lidiando con su esposa infiel; la nueva cupula del servicio secreto (traidor incluido), quienes han conseguido a un doble agente en el alto mando sovietico y están recibiendo información rusa de primera mano; y un agente británico renegado, enamorado de una soviética, y que se ha enterado por casualidad de la existencia del topo en la jefatura de la inteligencia británica, confirmando lo que querían saber en el primer punto. En el medio todo el mundo saca anécdotas de todo tipo, hay un brillante agente soviético (Karla) encargado de confundir a la inteligencia occidental con maniobras geniales, y hay personajes que entran a rolete con cada minuto que la trama avanza. Basta con que uno vaya al baño dos segundos como para perder el hilo de la maraña de cosas que pasan en una historia super complicada.

    Es de admirar la habilidad que tuvo Alfredson para transformar todo este circo en algo potable y relativamente fácil de seguir. La primera hora es muy densa, llena de flashbacks (no siempre bien diferenciados de las escenas ubicadas en la época actual) y toneladas de personajes. Por suerte la segunda hora gana suficiente espacio como para permitirse algunos momentos de tensión (como el robo de los registros dentro del servicio secreto o el montaje de la trampa final al traidor), pero no esperen tiros o persecuciones. El Topo es un filme demandante y dialogado, muy dialogado; es prolijo e inteligente, pero no brillante, y eso es lo que hay que echarle en cara a le Carré. Si bien el Smiley de Gary Oldman es una persona inteligente y calculadora - al contrario de la blanda encarnación de James Mason en Llamada Para el Muerto -, jamás saca un conejo de la galera o se despacha con alguna genialidad. El climax parece rutinario y cansino, a excepción de un par de detalles sexuales que parecen ser los ases en la manga con los cuales le Carré espera sorprender al lector / espectador. Por otra parte, si uno analiza la trama, verá que la mitad de los personajes de la novela tiene connotaciones homosexuales, comenzando por el mismo Smiley (algo que ya había notado en Llamada Para el Muerto). Como si fuera una constante, siempre el tipo que le clava los cuernos a Smiley es el villano de la historia.

    El Topo es un sólido thriller, pero no uno brillante o sorprendente. Es un espectáculo inteligente porque demanda atención al espectador... pero no espere grandes vueltas de tuercas. Piense que hay material para seis horas (una miniserie), comprimido como se pudo en una película de dos horas. A mi juicio, al libreto le falta una pulida más, ya que la subtrama con el agente renegado de Tom Hardy pudo haberse podado y sustituirla con un agente genérico, dándole oxígeno al resto de las escenas. Está bien, pero pudo haber estado mejor.Gigantes de Acero es una regurgitación masiva de clichés, y que conste subrayado en actas. No hay un momento original en todo el film - si uno conoce bastante de cine, puede ir poniéndole a cada escena el titulo de la pelicula de las cual fue tomada- y, a pesar de ser una tonelada de material reciclado, tiene su gracia. Quizás sea porque los mecanismos que prueba están tan usados, pulidos y perfeccionados, que resulta imposible fallar con ellos. No sé si el espectador promedio sentirá fresco al material de Real Steel, pero seguramente lo encontrará emocionante y, en definitiva, eso es lo que importa.

    Resulta curioso ver un filme americano con robots. Pareciera que su mitología fuera patrimonio exclusivo del cine fantástico japonés y, por momentos, Gigantes de Acero se siente como la adaptación live de algún anime nipón - el desahuciado robot que llega a las grandes ligas; la arena de combate de androides, etc, cosas que se pueden encontrar en Astroboy sin ir más lejos -. Pero en vez de obsesionarse con los robots luchadores, Real Steel prefiere hundir el cuchillo en el típico melodrama deportivo. Imaginen a El Campeón (1979), pero con la excepción de que Ricky Schroeder hubiera utilizado un "avatar" mecánico para salir a combatir en vez de su padre Jon Voight (y que tuviera más talento que él!); súmenle algunos elementos melodramáticos típicos de los filmes de boxeo - tipo Rocky -, sacúdanlo en la coctelera y sírvalo bien frío. Eso es Real Steel.

    Acá las cosas funcionan en gran forma gracias a que el elenco es más que competente. Hugh Jackman satura la pantalla de carisma, y está bien acompañado por el pequeño Dakota Goyo. El filme tiene su cuota de melodrama sanitizado - hay algunos malos que son más orgullosos y torpes que malvados; no hay conflicto que no se resuelva en menos de cinco minutos; nadie intenta sabotear o robar al robot; hasta la pareja de ricachones con la custodia del chico resultan más permisivos de lo que a primera vista uno podría pensar -, y decide poner la emoción en dos aspectos: el volátil padre que comienza a poner los pies en la tierra gracias a su hijo mientras recomponen la relación entre ambos, y los feroces combates de androides, los cuales están dirigidos con gran dosis de energía. Real Steel funciona gracias a que alterna una cosa con la otra, y de ese modo se vuelve cada vez más emocionante a medida que se acerca al final.

    Es posible que Shawn Levy haya encontrado la horma de su zapato y se redima artísticamente luego de engendros como la reimaginación 2006 de La Pantera Rosa, y la saga de Una Noche en el Museo. Acá ha logrado inyectar algo de magia a una historia remanida, convirtiéndola de nuevo en interesante y hasta apasionante. Y ésa es una virtud excepcional que amerita su recomendación en estas épocas de sequía creativa.
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  • Mini espías 4 y los ladrones del tiempo
    Confieso no haber visto entero ninguno de los filmes de la serie Spy Kids. Vi algunos fragmentos perdidos, y me dieron la impresión de que era un disparate hiperkinético bien manejado, un buen espectáculo para chicos y grandes. Los Spy Kids entraron en cuarteles de invierno en el 2003 y, desde entonces, Robert Rodriguez - autor de la saga - ha intentado lanzar una franquicia similar. Probó suerte con Las Aventuras de Sharkboy y Lavagirl en el 2005, y ahora es el turno de este reboot / secuela del 2011. Viendo los comentarios de la IMDB, los fans de la saga original la han apedreado desde todos los ángulos, y la crítica especializada no ha sido demasiado amable. En mi caso, romperé una lanza por Rodriguez, diciendo que no es el bodrio que todos dicen. Spy Kids 4: Todo el Tiempo del Mundo es un delirio que resulta más frenético que divertido, pero de allí a que sea detestable ya es otro cantar.

    Ciertamente hay cambios que son discutibles. Si bien uno no es bobo y sabe que los mini espias originales son unos gerontes ahora (precisamente actúan en el filme, haciendo un virtual traspaso de la antorcha a los nuevos niños protagonistas), los reemplazos son extremadamente insípidos y, lo que es peor, no son latinos. Una cosa a destacar era que la saga original se basaba en una familia de latinos superhéroes / super espías, lo cual era una reivindicación racial / de minorías en un Hollywood poblado de héroes rubios y con la cabellera al viento. Pero acá da la impresión que parte del libreto lo hubieran escrito en base a un estudio de mercado, haciendo que el padre / los hijos sean norteamericanos de pura cepa, y que la madrastra sea la latina de turno. Como sea, Rowan Blanchard y Mason Cook son extremadamente aburridos en pantalla, les falta gracia y carecen de química entre ellos.

    Ello no quita que el filme sea entretenido, aunque sin ser gran cosa. La trama es bastante complicada de seguir - hay un villano que maneja el tiempo, hay un dispositivo que actúa como máquina del tiempo, y hay un segundo villano que no se sabe de dónde salió, el cual parece estar operando su propio dispositivo ya que ahora las horas pasan volando para todo el mundo - y, cuando llega el momento de la acción - apartado en donde usualmente Robert Rodriguez se destaca - las cosas ocurren de manera exagerada y sin mucha gracia. A esto se suma un perro robot (con voz de Ricky Gervais), el cual se la pasa haciendo chistes malos todo el tiempo, orinando aceite y tirando bombas con forma de materia fecal. Ja, qué divertido.

    Pero aún cuando el filme gaste un montón de energía y apenas obtenga una sonrisa nuestra de vez en cuando, no dejo de reconocer que el argumento tiene un par de detalles interesantes. En especial en el climax, en donde el villano se manda un sentido discurso de por qué se siente obligado a detener el tiempo y retroceder varias décadas - allí es donde aflora el espíritu de la saga, en donde había mensajes fundamentales sobre la importancia de la familia y el sentimiento fraternal entre padres / hijos y entre hermanos -. Si Spy Kids 4: Todo el Tiempo del Mundo hubiera mantenido esa línea de conducta todo el tiempo, hubiera resultado mejor; pero el mensaje emocional llega algo tarde, cuando uno ha visto con indiferencia como el filme ha malgastado todos sus fuegos artificiales sin lograr demasiados resultados.

    Spy Kids 4: Todo el Tiempo del Mundo está ok, no es horrible. La salva el final y la perfomance de Jessica Alba, que es la única que le pone ganas a un libreto algo flojo; pero definitivamente no es una explosión de humor, ni el gran filme que vaya a disparar otra saga / franquicia millonaria con la cual Rodriguez vaya a llenarse los bolsillos.
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  • Inmortales
    Inmortales
    Arlequin
    Es innegable que Tarsem Singh es un genio en lo visual. Creó escenarios fascinantes en su debut La Celda y, ahora, en su regreso a la pantalla grande, sigue demostrando que no ha perdido un ápice de su talento. Pero poner a un sibarita de la fotografía detrás de cámara no garantiza una obra maestra, y eso es lo que ocurre con Inmortales. Es un filme plagado de virtudes pero, a la hora de evaluar el conjunto, el mismo nunca termina de cuajar como corresponde.

    El primer problema con Inmortales es que toma una historia muy conocida de la mitología griega - la épica de Teseo, la cual conocemos por Furia de Titanes, y que al parecer es la única que conocen los libretistas hollywoodenses -, y termina manipulándola como se le dá la gana. Los dioses no son deidades impresionantes sino seres humanos inmortales con poderes - ya sé que suena estúpido, pero la diferencia estriba en que esta gente puede ser asesinada de alguna manera... y de hecho, a lo largo del filme, algún que otro dios se muere en el fragor de una batalla (!!) -. Los titanes no son gigantes horrendos sino un puñado de tipos, empalados como un metegol humano, que reside en una jaula mágica enterrada en el interior de una montaña. Teseo es un tipo vulgar y silvestre, un bastardo fruto de una violación gang bang que sufrió su madre en sus épocas mozas, y cuyo mayor mérito es su valentía, razón por la cual Zeus decide adoctrinarlo, haciéndose pasar por su padrastro. Y la historia ha dejado de basarse en el capricho de una diosa malvada, celosa de la belleza de una mortal, sino que ahora se trata de un rey renegado que está decidido a conquistar el mundo y el Olimpo, el lugar sagrado en donde residen los dioses. Con lo cual todo esto termina resultando una especie de versión 2.0 de Furia de Titanes, disfrazada con la estética de 300 y con algunos cambios de reglas que resultan desconcertantes, y que me hacen acordar al grado de shock que tuve cuando ví el climax de Bastardos Sin Gloria. Definitivamente esto no es lo que esperaba de una épica de la mitología griega.

    El segundo problema con Inmortales pasa porque es algo estática. Hay muchos diálogos (quizás demasiados) que son más que correctos en su contenido, pero casi ninguno de ellos resulta emocionante. En un momento Henry Cavill se despacha con una arenga al estilo de Gerard Butler en 300... pero las palabras suenan huecas o repetidas, y el tono vocal de Cavill no da para inflarle bravura al discurso.

    Es que, en realidad, Inmortales se siente demasiado como una copia de menor calibre de 300. Los combates se ven muy parecidos, los escenarios extravagantes son similares, hasta la fotografía amarillenta parece un calco. Pero 300 tenía un puñado de personajes intensos con un fuerte sentido del destino, algo que aquí no aparece. El héroe es correcto pero quizás es demasiado estoico, y uno nunca termina de hacer causa común con él, aún cuando hayan matado a su madre delante de sus ojos. No es un problema del protagonista - el exuberante Henry Cavill, que actúa bien y tiene carisma de sobra - sino del libreto, que no termina de decidirse si debe humanizarlo o hacerlo épico. Por contra, el guión tiene muy claro qué hacer con el villano - Mickey Rourke, robándose cada una de las escenas que le toca, y haciendo su mejor imitación de Marlon Brando en Apocalipsis Now -. Hyperión es un tipo tan despiadado como fascinante, ya que se maneja con su propio sistema de valores morales. El tipo liquida a unos y protege a otros, y no se anda con chiquitas a la hora de mutilar gente. Como Brando en el filme de Coppola, parece vivir en un estado de violencia contenida generado por algún tipo de bizarra filosofía zen ... estado del cual abre, de vez en cuando, una puerta y deja salir toda la letalidad de su infierno interior.

    Las perfomances son muy buenas, los dialogos son muy correctos, la historia está ok (aunque los cambios de las reglas de juego sobre los dioses me suenan muy desconcertantes y bizarros). Pero... no es un filme que me emocione, ni tampoco es una película abundante en secuencias de acción. En comparación con Furia de Titanes me quedo con el filme de Louis Leterrier, simplemente porque me entretenía más con aquél que con éste.
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  • La chica del dragón tatuado
    Seré concreto: La Chica del Dragón Tatuado es un ejercicio de futilidad. Es una experiencia similar a ver la versión de Psicosis de Gus Van Sant - prácticamente un calco del original, fotograma por fotograma -, con la diferencia de que el director al que le tocaron el traste en esta ocasión era el sueco Niels Arden Oplev y no ese ícono sagrado que era Alfred Hitchcock (y por ello, nadie salió a prenderle fuego a los cines en donde exhibían la película). La remake norteamericana no sólo no es original - ni en lo visual ni en lo conceptual - sino que aporta su propia cuota de pifias, las cuales - aunque sean pocas o pequeñas - la hacen inferior al original sueco.

    Que los norteamericanos hagan remakes de filmes extranjeros exitosos por el simple hecho de que no les gusta leer los subtítulos (!) es una clara muestra de su ignorancia. Acá tomaron un policial sueco, lo fueron a filmar a Suecia, lo rodaron prácticamente en las mismas locaciones que el filme original, consiguieron a un cast genéticamente idéntico a los actores suecos que participaron en la película primigenia, calcaron las tomas y los diálogos... y aún así, terminan obteniendo algo que es inferior. La Chica del Dragón Tatuado carece de potencia, principalmente porque el filme parece centrarse más en Daniel Craig que en el personaje de Rooney Mara; y aunque la Mara destila excentricidad, está a años luz de la furia animal que escondía Noomi Rapace en Los Hombres que no Amaban a las Mujeres. Es una nerd antisocial fría y antipática, no una sicótica inteligente capaz de destrozarte en menos de 30 segundos si llegabas a enfurecerla.

    Las tomas se ven muy similares, quizás demasiado. Uno lee por allí demasiadas estupideces, como que David Fincher volvió a las fuentes - el libro original - y creó algo de cero. Mentira, buuh, buuh. Fincher fue, cobró un buen cheque y calcó al filme original, simplemente porque el filme original era demasiado bueno para mejorarlo. Fincher quiso meterle ritmo y lo que logró fue descompaginar la armonía que tenía la exposición inicial del relato - acá la historia va a los sobresaltos y resulta difícil identificar a cada miembro de la familia Vanger, cuando en la película de Niels Arden Oplev la exposición era extremadamente didáctica -. Craig está ok en el papel, pero no tiene el mismo aura paternalista que poseía Michael Nyqvist (amén de que es físicamente más poderoso que Nyqvst, y por ello es inconcebible que lo atrapen y lo traten como un trapo) (dato para la trivia: ¿alguien se fijó la cantidad de gente relacionada con el mundo 007 que figura en este filme, incluyendo al ex candidato al papel Goran Visnjic y al ex villano Steven Berkoff?). Y de la dicotomía Rapace / Mara ya hablamos en líneas anteriores.

    Pero lo más indignante es el final, que ha sido alterado de manera poco creíble. En el original, Blomkvist llegaba a una conclusión lógica y había una carga emocional muy fuerte; acá simplemente es confuso. Tampoco ayuda el climax extendido, en donde vemos a la hacker haciendo sus propios negociados durante 20 minutos - es la misma sensación que me dejó el final de El Señor de los Anillos: El Regreso del Rey; si los tiros y la acción terminaron hace media hora, ¿cómo inventar un final que satisfaga al espectador y no resulte un bodrio sobreexcedido? - . Mientras que en el original sueco uno paladeaba la revancha que le daba la vida a Lisbeth Salander, acá sólo vemos a una chica rara haciendo demasiados cambios de vestuario.

    Sin dudas para quien no ha visto el original sueco, La Chica del Dragón Tatuado le parecerá un buen thriller; para mí, está demasiado descremado. Colmar a esto con cinco nominaciones al Oscar es un exceso - es una clara muestra de una cultura que sólo se adora a sí misma -, y es lo mismo que premiar a un deja vu, con la diferencia de que nuestro recuerdo ahora viene hablado en inglés y está protagonizado por actores conocidos.
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  • Sherlock Holmes: Juego de sombras
    Filmes como Sherlock Holmes: Juego de Sombras dejan un extraño sabor en la boca. Es una película con montones de problemas pero con una avalancha de aciertos, los cuales terminan por ganar por peso en la balanza. Hay excesos y redundancias, y da la impresión de que el filme precisaba pasar otra vez por el cuarto de edición para un tijeretazo extra, uno que le podara media hora de duración. Aún así, con todos sus defectos, es un espectáculo entretenido aunque no tan satisfactorio como la Sherlock Holmes original.

    Es posible que parte de los problemas se deban a la llegada de una dupla nueva de guionistas (responsables de Paper Man), los cuales parecen carentes de seguridad y feeling por el material. Los Mulroney (Michele y Kieran) dan vueltas y vueltas durante los primeros 40 minutos, como si no se atrevieran a meterse en la cancha. Así que, durante ese tiempo, vemos mucha cháchara y mucho chiste interno, muy poca acción y, lo que es peor, cero avance de la historia. Es posible que el problema pase porque, cuando la trama se devela, resulta ser muchisima más simple de lo que parece, amén de que arrancamos con la mitad del acertijo resuelto. En los 10 minutos iniciales sabemos que Holmes tiene entre ceja y ceja a Moriarty, y lo único que falta saber es cuál va a ser el siguiente paso del villano.

    Después de mucha sanata de relleno llegamos a Francia, en donde el filme realmente despega. En el medio hay guiños de todo tipo para los fans, en especial con la inclusión de Mycroft - el hermano de Holmes - y un par de gags sobre la inminente boda de Watson. Entra Noomi Rapace en escena - en un enganche que tampoco se entiende demasiado; ¿el hermano (que trabaja con Moriarty) le manda pistas para que lo encuentren? - y las cosas se condimentan un poco. Y si la historia venía patinando por falta de foco, al menos Guy Richie sigue demostrando que es un virtuoso con la cámara en movimiento: las secuencias de acción van de lo excitante a lo fabuloso, llegando al paroxismo con un tiroteo salvaje - que involucra obuses, morteros y cañones - el que transcurre en medio de un nutrido bosque nevado que termina convertido en una montaña de astillas para escarbadientes.

    Sin ser un especialista en la materia, da la impresión de que Sherlock Holmes: Juego de Sombras es más fiel a la mitología del personaje que el filme previo. Además de Mycroft y otros guiños, hay un final cantado que proviene de la última novela de Doyle. Si bien el lugar geográfico difiere del que figura en el libro, el resultado es similar, y es un enorme golpe de efecto para el espectador desprevenido.

    Sherlock Holmes: Juego de Sombras es un buen filme, pero uno muy dispar. Precisaba varios recortes. Pero, por otro lado, hace cosas tan maravillosas que uno le perdona la vida: la reconstrucción de época es impecable, el casting es fantástico - en especial Jared Harris, que compone a una amenaza tan inteligente y brillante como el mismo Holmes; y el delicioso Stephen Fry en un par de escenas hechas con gusto; y la única que desentona por opacidad es la sensación sueca Noomi Rapace, que no destila nada del exotismo que requiere su personaje, y que solo parece una enana cabezona con una peluca enorme -, y la acción es fabulosa. ¿La trama?. Mmm..., está bien y punto. Quien haya visto La Liga Extraordinaria anticipará la verdad del enigma a la legua. Por lo demás, se trata simplemente de un producto potable con envoltura de lujo, al cual le falta enfoque y mucho mas brillo intelectual para ser llamada "una adaptación digna" de Sherlock Holmes.
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  • La última noche de la humanidad
    The Darkest Hour viene de la mano de Timur Bekmambetov, el mismo de Wanted - Se Busca y Nightwatch, y que aquí oficia de productor. Al parecer Bekmambetov quiere armarse un imperio cinematográfico en su Rusia natal, y para ello se ha abocado en desarrollar proyectos relacionados con lo fantástico como, por ejemplo, 9 Nueve o Relámpago Negro. En esta ocasión reclutó a Chris Gorak, el director de El Peor de los Miedos, para poner en escena una invasión extraterreste a la Tierra, la cual comienza en Moscú. Y si bien La Ultima Noche de la Humanidad no comete ningún error imperdonable, tampoco es el filme más excitante del mundo. La dirección es demasiado sobria y el libreto no es demasiado original, y ambas cosas se terminan por combinar para opacar el escaso brillo que podría tener esta película.

    Haciendo un análisis en crudo, La Ultima Noche de la Humanidad no deja de ser material directo a video, sólo que aquí está prolijamente producido (o sobre-producido, como se quiera verse). La invasión extraterrestre está copiada casi textualmente de La Guerra de los Mundos 2005 - los aparatos eléctricos dejan de funcionar, la gente sale a las calles, los aliens caen sobre el asfalto, el primero en morir es el policía que se anima a tocarlos, y hasta los rayos vaporizadores tienen los mismos efectos que el filme de Steven Spielberg -, y hay algunos toques provenientes de otros filmes, al estilo 28 Dias Después - Exterminio (que a su vez se inspiró en el original de El Dia de los Trifidos): otra pareja de superviventes que utiliza las luces de su departamento como un faro para atraer a los desvalidos, aunar fuerzas y emprender una excursión suicida a través de la ciudad para llegar a algún destacamento militar que los lleve a algún lugar lejano y aislado del horror. Como se puede ver, nada de esto es del otro mundo - ni siquiera los alienígenas, que son invisibles hasta el momento en que emiten algún chispazo o activan algún aparato eléctrico, ya que deambulan por ahí como si fueran pilas Duracell con patas -, pero al menos está prolijamente filmado.

    Ciertamente los mayores problemas de La Ultima Noche de la Humanidad no pasan por su falta de originalidad ni porque sea un vehículo casi exclusivo para los efectos especiales. El punto es que se trata de una película hueca y chata. Los personajes son unos ególatras superficiales que se pasan haciendo americaneadas en Rusia, y que jamás terminan por transformarse - a causa de las circunstancias - en mejores personas. El escenario es fascinante pero resulta ser un mero decorado - lo único que entra en juego es que los avisos de auxilio están en ruso y, para ello, precisan encontrar a un ruso vivo y que, además, sepa hablar inglés! -, y jamás es utilizado como subtexto (si en los 50 las invasiones extraterrestres eran metáforas de la paranoia de la Guerra Fría, The Darkest Hour podría haber devuelto el cachetazo, usando la imagen para analizar la invasión de la cultura americana en la conservadora Rusia). Los ataques de los aliens son correctos pero poco inspirados - ninguno de ellos posee algo de suspenso -, y los extraterrestres carecen de personalidad. Son una gran masa anónima, invisible y aburrida.

    Me gustaría tirarle algunas piedras más a La Ultima Noche de la Humanidad, pero el tema es que no le encuentro fallas imperdonables. Es algo lenta e insulsa, y no está mal hecha. No es un entretenimiento "guau!", pero tampoco es un atentado al pudor. En todo caso lo que se le puede recriminar es su falta de valentía para hacer cosas mucho más interesantes con un escenario tan potencialmente rico como resulta ser la occidentalizada Rusia de hoy en día, con lo cual entra a jugar en la liga de "oportunidad desperdiciada", en donde a veces las omisiones pesan mas que los leves pecados que cometen.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
    Arlequin
    - ¡Derribaremos el teatro, nos quedaremos con los nombres de los personajes, y nos haremos millonarios con el petróleo que saquemos de las profundidades!. ¡Ahora ha llegado el momento de la risa diabólica! -

    A mediados de los años 50 Jim Henson creó a Los Muppets - un espectáculo de títeres basados en un humor muy inteligente y surrealista -, y muy pronto comenzó una lenta pero inexorable escalada hacia la fama. No sólo el público se enganchó con la comicidad de los personajes, sino también con los muñecos cada vez más complejos e impresionantes que Henson comenzó a incorporar al show. En los 70s Los Muppets tuvieron su propio programa de televisión, y comenzaron a incursionar en la pantalla grande; pero en los 80 su fama empezó a menguar y el golpe de gracia vino en 1990, con el fallecimiento de su creador. Y aunque Brian Henson tomó la posta de su padre, Los Muppets nunca terminaron por recuperar el brillo que los hiciera famosos, culminando por ser absorbidos por la Disney en el 2004.

    Entra Jason Segel en escena. Segel es una estrella en ascenso - es un comediante bastante competente pero su fuerte son los guiones que escribe, los cuales se han traducido en filmes con buena taquilla y crítica respetable -, y un fan de Los Muppets desde que era niño. Durante el rodaje de Olvidando a Sarah Marshall entró en contacto con la gente de la Jim Henson Company (precisamente para el climax del film, en donde Segel monta toda una obra con marionetas) y, al quedar fascinado con el manejo de los títeres, pronto comenzó a discutir ideas con ellos. Esto lo animó a presentar un libreto a la Disney - con la intención de resucitar a Los Muppets en una nueva aventura para la pantalla grande -, el cual era muy respetuoso de la esencia de los personajes y del humor que Henson le había inyectado al show. La Disney terminó por darle luz verde al proyecto, y esto se tradujo en el filme que ahora reseñamos.

    Ciertamente yo era un fan del show televisivo de los años 70, no tan así de los filmes. Siempre me pareció que el espíritu de Los Muppets yace en la comedia de situaciones, en los sketches, y no en protagonizar una larga trama con desarrollo. Sin embargo la catarata de críticas favorables me indujo a ver Los Muppets 2011, y comprobar qué tanto era de cierto todo lo bueno que contaban. Las buenas nuevas es que las críticas no mienten: la película es buena y divertida y, sobre todo, respetuosa al máximo de la mitología Muppet. No sólo se reconstruye perfectamente la mecánica del show, sino que se rememora los momentos más inolvidables del mismo y, en medio de todo esto, da tiempo para desarrollar una historia que resulta emocionante aunque no sea demasiado original.

    En el fondo, Los Muppets no es más que un reciclado de un argumento visto miles de veces antes - que va desde Los Blues Brothers hasta la inminente Los Tres Chiflados de los hermanos Farrelly -, y que se trata de salvar al teatro / cine / orfanato de turno de las garras del villano millonario, recaudando en tiempo record una cantidad imposible de dólares. Lo que sigue es el viaje de reclutamiento - viendo a dónde fueron a parar y en qué estado están los antiguos miembros de la banda -, y la correría a último minuto para montar el show y llegar sobre la hora con los dólares justos.

    Los Muppets es muy graciosa. Los personajes no han cambiado un ápice su personalidad, y el humor es inteligente y autorreferencial. Los caracteres bromean sobre sí mismos, sobre el hecho de estar en una película - "chicos, no creo que el resto de los Muppets quiera reunirse" dice René, a lo que conteste Amy Adams "guau, esta va a ser una película realmente muy corta"; o "discúlpame que llegue tarde, pero acabo de protagonizar un número musical allá afuera" -, y sobre las convenciones de esta clase de películas. Y mientras los buenos se rompen el lomo para hacer las cosas bien, están los villanos tramando para arruinarle los planes. La nota sorpresa la da Chris Cooper, quien se roba todas las escenas en donde participa - rapeando, bardeando a sus torpes secuaces o planeando maldades -.

    Un detalle curioso y casi surrealista es ver una dupla de hermanos en donde uno es humano y el otro Muppet. Si uno quiere, se puede ver toda la historia como una alegoría sobre poseer un hermano "diferente" - discapacitado, adoptado y perteneciente a otra raza, gay... pongan ustedes el nombre -, en donde el hermano "normal" siempre se esfuerza para que el otro sea aceptado en círculos que normalmente lo discriminarían. Hasta el climax tiene ese sabor a asimilación y redención - gracias a su hermano, el "diferente" ha encontrado a sus pares y ha podido hallar el lugar en donde sentirse normal -.

    Si hay algo para reprochar, es que a veces hay demasiadas canciones seguidas. Sin dudas el tema "Hombre o Muppet" es delicioso, pero antes de él hay una tonelada de tonadas simpáticas que resultan demasiado largas y no muy memorables que digamos. Y si bien las estrellas son los Muppets, uno siente que Amy Adams o el mismo Jason Segel deberían tener un poco más de espacio en pantalla para poder desarrollar mejor su historia personal. Pero, dejando de lado eso, los personajes entrañables están, el humor que los caracterizaba está, los cameos de celebridades están, y hasta están las reediciones de viejos y grandes éxitos como el Mah Na Mah Ná, con lo cual Los Muppets 2011 terminan por convertirse en una fiesta para aquellos fans del viejo show, gente como yo que pinta alguna que otra cana y que se divertía como un descocido viendo las ocurrencias de la rana René y sus amigos en la TV cuando éramos chicos.
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  • Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma
    Mientras que la vida pública y privada de Tom Cruise es totalmente discutible - que va desde su polémica defensa de la Cientología (de la cual es fan confeso) hasta sus polémicas apariciones públicas en programas como el de Oprah Winfrey -, es innegable que el tipo es un artista notable y posee un excelente olfato para los negocios. Cada vez que la carrera de Cruise parece aproximarse al abismo - por jugarse en títulos independientes de floja o nula recaudación - el tipo da un giro de timón y vuelve a estar en la cima de la ola. En los últimos años el caballito de batalla de Cruise ha sido la saga de Misión Imposible, la cual figura ahora como totalmente de su potestad luego de divorciarse de su socia Paula Wagner. Con un control creativo total Cruise ha reclutado a un puñado de talentosos y ha pergueñado el que debe ser el mejor filme de la saga por muy lejos. No sólo la historia es fácil de seguir y es intrigante, sino que sirve como pretexto para disparar algunas de las secuencias de acción más excitantes de los últimos años. Si Cruise está muerto (artisticamente), ... ¡que viva Tom Cruise!

    Una de las decisiones más inteligentes de Cruise ha sido la de aliarse con J.J. Abrams, el cerebro detrás de Lost, Alias y la nueva Star Trek. No sólo le dio luz verde para hacer lo que quisiera en el tercer capítulo de la serie - que sirvió como gran debut cinematográfico para el productor -, sino que ahora ha recurrido a los servicios de un par de libretistas de su staff, los cuales han escrito una historia simple y llena de situaciones perfectas para que un director con talento las tome y llene los blancos. En este caso - y en un nuevo ejemplo de stunt casting a manos del propio Cruise, tal como ocurriera con Abrams - ha reclutado al animador Brad Bird, el mismo de Los Increíbles y El Gigante de Hierro. Lo cierto es que el exquisito refinamiento visual de Bird no ha perdido un ápice en su traslación al celuloide con actores, generando un peliculón de aquellos.

    Acá no hay Spectre ni ninguna organización malévola que quiera dominar el mundo; basta un loco muy inteligente - Michael Nyqvist, de la saga Millennium, corriendo con un papel que usualmente iría a manos de Stellan Skarsgard - con un par de secuaces y mucho dinero como para comprarse un par de aparatos y obtener el acceso a la red de control de misiles balísticos rusos, con el fin de lanzar uno de ellos sobre Nueva York y provocar una guerra nuclear entre las superpotencias. Tras él va Ethan Hunt y su equipo, los cuales tienen la desgracia de estar en el lugar equivocado en el momento correcto, y terminan siendo inculpados por un masivo atentado al Kremlin. Como todo el mundo los quiere atrapar, Hunt y su gente pasan a la ilegalidad y comienzan la cacería del terrorista. El problema es que cada montaje / engaño / incursión clandestina que realizan les sale mal (la dichosa Ley de Murphy) y los tipos deben improvisar sobre el momento, con lo cual el filme recupera la tensión y el sabor que poseía la serie original de hace 40 años.

    No sólo la mecánica de Misión Imposible: Protocolo Fantasma se siente diferente, sino que resulta mucho mas satisfactoria. En los filmes anteriores era la super estrella Cruise y tres o cuatro párvulos que le sostenían los gadgets mientras se lanzaba desde edificios enormes y peleaba con un batallón de sicarios él solito. Acá las responsabilidades están distribuidas y cada miembro tiene su oportunidad de brillar. Paula Patton y Jeremy Renner pelean como los dioses y obtienen tanta pantalla como Cruise, e incluso la dinámica personal entre los miembros del equipo se ve mucho más relajada y con espacio para el humor. Hasta Simon Pegg se ve heroico. Oh, sí, este equipo es una auténtica maravilla.

    Pero la gran estrella del filme es Brad Bird, el que consigue armar unas escenas de acción impresionantes. Cruise escalando a mano el Burj Khalifa - el edificio más alto del mundo, que reside en Dubai - y lleno de contratiempos; una persecución a toda velocidad en medio de una infernal tormenta de arena en plena ciudad árabe; la mencionada incursión en el Kremlin, dotados de una pantalla espejo que no siempre funciona como debiera; y un excitante clímax en mitad de un gigantesco edificio - estacionamiento, en donde los protagonistas deben realizar saltos mortales de una paltaforma móvil a la otra... son tantas las secuencias y están rodadas con tanto estilo que resulta inútil describirlas. Hay que verlas y disfrutarlas como corresponde.
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  • Las aventuras de Tintín
    Tintin es, culturalmente hablando, una ficha rara del comic. Es una historieta de aventuras creada por el belga Georges Remi (alias Hergé) para el diario Le Vingtieme Siecle en 1929. Durante años se publicó como tira para periódico hasta que vino la Segunda Guerra Mundial y allí el autor decidió seguir trabajando en los diarios ubicados en la zona controlada por el régimen pro Nazi de Vichy. Ello le valió el mote de colaboracionista, con lo cual Hergé se vió en aprietos para continuar con su obra, y terminó por armar su propia editorial. Como sea, la movida resultó ser tremendamente exitosa, convirtiendo a Hergé en millonario y haciendo que Tintin apareciera publicado en decenas de países e idiomas diferentes. Curiosamente la tira originada en un diario se transformó en una novela gráfica cuasi de lujo, razón por la cual el acceso a la obra resultó ser restrictivo. Recuerdo que en mi Uruguay natal veía pasar de largo los libros de Tintin, simplemente porque eran demasiado caros (algo similar a lo que ocurría con Lucky Luke, Asterix y otros comics europeos).

    Precisamente debido a la naturaleza elitista de su publicación (y por ende, su acceso disponible sólo a clases acomodadas), resulta muy curioso ver a un americano intentando adaptar semejante obra - más, considerando que la popularidad de Tintin radica en Europa y, en menor medida, en Latinoamérica; Estados Unidos definitivamente no es su mayor mercado -. El tema pasa por una cuestión de gustos y sensibilidades, en donde el director no siempre entiende la naturaleza del material. Acá figura en el sillón de mando Steven Spielberg - tipo con talento, si los hay -, pero semejante nombre no garantiza el éxito de la adaptación. A priori uno hubiera preferido a un director inglés o galo, o incluso a Peter Jackson (que oficia aquí de co-productor y provee los servicios digitales de su empresa Weta), cuya cultura neozelandesa tiene raices europeas más fuertes que la estadounidense y que, por lo tanto, tiene un arraigado sentido del estilo. El otro punto es que Tintin es un comic muy europeo - con aventuras a la antigua y muy pro colonialismo -, y dudo mucho de que se trate de la historieta más vendida en los Estados Unidos. Por el contrario, en una cultura en donde abundan los superhéroes, Tintin debe ser un bicho raro, restringido a un puñado relativamente minúsculo de fans de culto.

    Aún así, Las Aventuras de Tintin: El Secreto del Unicornio resulta superior a lo esperado. Hay intrigas y acertijos, hay un estilo 3D que respeta muchísimo al trazo original de los personajes, y la adaptación resulta bastante fiel al espíritu de la historieta; pero, de no ser por lo que rezan los títulos de crédito, resultaría imposible adivinar que Spielberg es quien dirige. Sin dudas hay ritmo y hay acción, pero no hay secuencias memorables. Spielberg disfruta con las libertades que le da la animación digital - pone cámaras en ángulos imposibles, siguiendo por detrás a personajes en movimiento o atravesando todo tipo de objetos -, e intenta inyectarle adrenalina al relato con persecuciones que se ven demasiado exageradas y que parecen salidas de un film de Barry Sonnenfeld. El exceso de comedia slapstick no arruina la obra, pero resiente su calidad, y es en lo único en donde se nota la mano de un americano en todo el asunto. Por lo demás, la dirección de Spielberg es practicamente anónima y correcta.

    La historia está ok, aunque el enganche de algunas de las pistas que encuentra Tintin suena algo traído de los pelos. La animación es impecable - en el caso del villano Sakharine, uno podría pensar en la versión digital y malvada del propio Spielberg - y el grado de detalle del mundo virtual es asombroso, pero... la historia a veces se pasa de rosca y, para colmo, el personaje del capitán Haddock se vuelve pesado bordeando lo insufrible. Es borrachín, burro, torpe y es más lo que arruina que lo que ayuda. De todos modos, el libreto siempre encuentra algún modo para que uno no termine por odiarlo.

    Una de las cosas más sorprendentes del filme es la interpretación vocal, la que resulta fabulosa. Acá hay actores actuando - no haciendo de sí mismos sino creando voces y caracteres - y, en algunos casos, resultan casi irreconocibles. Andy Serkis es un mago de la caracterización, pero uno se lleva una sorpresa con Daniel Craig - el que suena completamente diferente a lo habitual -, y hasta con la dupla de Simon Pegg y Nick Frost. Por su parte Jamie Bell es más que adecuado para el papel, con el único detalle que la producción convierte a un personaje 100% galo (o belga, como prefiera) en un inglés con acento cerrado.

    Las Aventuras de Tintin: El Secreto del Unicornio es un buen filme, correcto, prolijo y entretenido. No es una maravilla de excitante - aunque hizo una buena recaudación, creo que la obtuvo más por el nombre de Spielberg en el cartel que por otra cosa - ni es lo mejor de Spielberg, pero se deja ver y no deja mal sabor en la boca.
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  • Terror en lo profundo 3D
    Al parecer la remake de Piraña 3D (2010) entusiasmó a algún productor de Hollywood, el que pensó que los peces carnívoros volverían a ponerse de moda, y decidió despacharse con una de tiburones... en un lago. Ok, la premisa es ridícula e incluso hay alguna que otra película horrible dando vueltas por ahí con la misma historia (me viene a la mente una del canal SyFy, cuando no!). Pero acá las cosas están tomadas no muy en serio y, sumando a eso un buen ritmo narrativo, Shark Night 3D resulta ser más potable de lo que aparenta. No esperen ver a una nueva Tiburón; hagan de cuenta de que se trata del hermano menor (y mas light) de Piraña 3D.

    El encargado del proyecto es David R. Ellis, un tipo que tiene un par de secuelas de la saga Destino Final en el lomo, y cuyo antecedente más valioso es Serpientes en el Avión (2006). Uno podría decir que Shark Night 3D sigue la misma vena que el film con Samuel L. Jackson - ¿"Tiburones en el Laguito"?? -, en donde la amenaza de turno es tan ridícula que resulta imposible tomársela en serio. Aparentemente esto no es lo que entendió la crítica pedorr... norteamericana, la cual la apedreó en modo automático cuando el estudio se negó a hacer exhibiciones pre-estreno para la prensa. Tóquenle una nalga al periodismo yanqui y sentirán toda la furia de su poder corporativo.

    No esperen ver horror, porque no lo hay. Hay algo de humor, que es más sugerido que explícito, y sí esperen ver muertes extravagantes. Un grupo de chicos va a un lago - el cual se ve sospechosamente similar a un cayo de la Florida -, y son atacados de la nada por un escualo. Al deportista del grupo el bicho le arranca un brazo, con lo cual hay que llevarlo de urgencia a la civilización. Como toda esta gente vive en una burbuja, nadie se avivó de llevarse una radio de onda corta, así que todos buscan inútilmente señal de celular en medio de un mar de islas (y yo, que me quejaba del servicio de Claro...). Cuando intentan llevarse al chico al hospital más cercano, el tiburón los ataca, les hace percha la hermosa lancha que conducen, y quedan varados en la isla. Acá ocurren dos cosas que dan a entender de que la película no va en serio: 1) aparece una dupla de montañeses (no se me ocurre poner otro término mejor, eso que no existe ni una colina en las islas; ¿sería, acaso, "brutos procedentes del sector rural norteamericano"?), quienes son sospechosamente más amistosos de lo que parece; 2) el deportista - al que le arrancaron el brazo y que perdió la mitad del caudal de sangre de su cuerpo - decide salir de la cama y meterse en el lago, dispuesto a liquidar al tiburón con un cuchillo Tramontina ya que el escualo le ha devorado a su novia y futura esposa. Lo que sigue es una sucesión de disparates cada vez mayores, muertes imposibles, y una explicación totalmente fumada de por qué pasa lo que está pasando. Oh sí, el villano quiere ganar una millonada vendiendo documentales realistas al Discovery Channel, y por ello pobló el lago con tiburones adaptados a agua dulce y que tienen empotradas videocámaras en su ombligo. ¡Sacre Bleu!.

    Si uno la acepta como la pavada que es, Shark Night 3D es entretenida. El libreto es inteligente, despachándose con un montón de estereotipos - el deportista abusivo que explota al nerd para que le salve los exámenes; la chica rica y pedante; la dupla de montañeses racistas; etc, etc - que, a los dos minutos, cambian de actitud y pasan a ser buenos tipos con un gran corazón. Las muertes son muy creativas - en una de ellas un tiburón salta del mar como si fuera un salmón y se devora al vuelo a un tipo que va a en moto acuática; en otra una chica es despedazada por un cardúmen de tiburones enanos, muy a lo Piraña 3D -, aunque uno termina por echarle en cara que no fueran más cómicas y atroces como ocurría con el filme de Alexandre Aja. Y en general uno pasa 90 minutos entretenidos, aún cuando el producto no termine siendo lo que la caja del video club nos vende - una cinta sangrienta de horror -. Como sea, Shark Night 3D es un espectáculo válido, siquiera como para ver como aperitivo antes de cargarle al reproductor el DVD de Pirañas 3D como plato fuerte de la noche.
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  • El gato con botas
    El Gato con Botas es un spin off de la exitosa saga animada Shrek. Ya había aparecido en el segundo capítulo de la serie, y muy pronto terminó por transformarse en un personaje con peso propio. Tal es así que ahora llega la oportunidad de brillar en solitario con su propia película, la cual es muy entretenida en sus propios términos pero que se aleja del humor pop y autorreferencial que inundaba las andanzas del ogro verde.

    Como siempre, los personajes de estas historias han salido de los cuentos de fantasía sajones del siglo XVIII / XIX. No todos ellos han pasado al castellano o, al menos, no se les ha dado la importancia cultural que los anglosajones le otorgan. Por ejemplo, uno se rasca la cabeza con el personaje de Humpty Dumpty, el cual proviene de una rima inglesa muy popular que data de principios de 1800 y que se usaba para arrullar a los bebés. ¿En qué clase de historia puede tener cabida un personaje así?. Lo cierto es que el caracter - un huevo humanoide y parlante - tomó su forma definitiva en Alicia Detrás del Espejo, con lo cual - por extravagancia - terminó por dejar una impresión duradera. Otro tanto ocurre con el Gato con Botas - que proviene de un cuento totalmente amoral y oportunista, en donde el gato de turno tima a medio mundo para favorecer a su desahuciado dueño y dejarlo, al final de la trama, con la posesión de un castillo y de una cuantiosa fortuna -. Mientras que la generación que creció en los 50 y los 60 aún le daba bolilla a la literatura, a los cuentos y a las leyendas clásicas (y que podría conocer a estos personajes tan bizarros y extrañamente populares), la gente de hoy debe wikipediarse para enterarse de qué se trata.

    Ciertamente esta versión de El Gato con Botas no tiene nada que ver con el cuento original de alguno de los personajes involucrados. En realidad se asemeja a una aventura no oficial de El Zorro, con otro fugitivo de la ley que no es tan malo como parece, y que le encanta vivir entreverado entre las faldas de las gatitas que se le cruzan en el camino. Como es habitual, Antonio Banderas está en su salsa y se devora la pantalla con su pegajoso acento castizo y su carisma a raudales. Acá va tras las habichuelas mágicas, se encuentra con el dichoso Humpty Dumpty - con el cual crecieron juntos en el mismo orfanato -, y se mandan a robar los dichosos porotos para hacer crecer un árbol gigante que llegue hasta el castillo que está en las nubes y y donde se encuentra el ganso que pone huevos de oro. Como siempre, con un botin tan suculento (y con algunas viejas deudas que uno de los protagonistas quiere cobrarle al otro) la traición está a la orden del día.

    Es innegable que El Gato con Botas es divertida. No es tan demente com Shrek, pero cuando la emboca lo hace en grande. Por momentos da la impresión de que intenta copiar demasiado a Rango - hay otra escena de cantina, hay tomas panorámicas en un amanecer, hay otro personaje que se la da de sabelotodo y termina metiendo la pata más que de costumbre -; y en otros momentos el filme se lastra hasta el borde de lo tolerable, intentando tridimensionalizar demasiado a los personajes. El guión hace un esfuerzo tan grande en darle un background complejo a la relación de Gato y Humpty - cómo se conocieron, dónde hubo una traición, qué era lo que tenían en común - que termina por parecerse a un thriller sicológico, y se olvida de mechar algunos chistes en el medio.

    Sin dudas El Gato con Botas es recomendable. Ver a Banderas fanfarroneando en pantalla es un show delicioso. El problema pasa por el resto de los personajes, los cuales no son tan interesantes como el protagonista, y por la historia que a veces se toma demasiado en serio a sí misma y subraya aspectos dramáticos que son inusuales para lo que se supone que es una comedia para toda la familia. No es que esos momentos estén mal, pero son pausas que alteran el ritmo cómico que mantenía el filme y que terminan por lastrarlo bastante.
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  • El precio del mañana
    Este es otro nuevo invento de Andrew Niccol, el realizador de culto detrás de Gattaca y el libreto de El Show de Truman. Acá Niccol se mandó con otro futuro onda retro en donde la gente vive hasta los 25 años y, a partir de allí, cobra, roba o pide prestado tiempo para alimentar un reloj biológico que les impide morirse (y que les dice lo que les resta de vida). El resultado final es una pavada extremadamente elaborada, la cual resulta imposible tomar en serio a menos que uno la considere como una alegoría.

    A mi juicio, Niccol es un autor sobrevaluado. Mucha gente se desvive por Gattaca, y en mi opinión, es una obra cargada con una cuota de problemas importantes. Algo parecido ocurre con El Precio del Mañana: la premisa es extremadamente idiota - toda la gente anda con un relojito quartz implantado en el antebrazo, y usan sus manos como si fueran dispositivos USB para intercambiar tiempo como si fuera dinero -, pero es llevada a un grado de sofisticación tal que resulta digno de admirar (y lo digo con total sinceridad). Eso no quita que haya momentos en que la historia bordee lo ridiculo, tensando la cuerda de la credibilidad más allá del limite permitido.

    En un principio Niccol parece haberse inspirado en la premisa de Fuga en el Siglo XXIII (1976), en donde toda la gente tenía un plazo de caducidad genético e inevitable y que estaba plantado en la edad de 25 años. Pero en vez de obsesionarse por la existencia de dicho plazo (quién lo puso y por qué, etc), Niccol construye un universo alternativo en donde hay toda una sociedad lucrando con el intercambio del tiempo - indispensable para seguir alimentando el reloj biológico que las personas poseen implantadas de nacimiento -, y se dedica a mostrarnos el modelo en funcionamiento. Hay ladrones de tiempo, hay guardianes del tiempo (policías que investigan el tráfico ilegal del tiempo), hay banqueros que prestan tiempo, hay asalariados que cobran tiempo, y hay gastos que se pagan con tiempo... los cuales suben de precio todos los días. Toda esta gente vive en zonas divididas con murallas, como si las clases sociales estuvieran atrincheradas en guetos de mayor o menor lujo y resultara imposible cualquier tipo de intercambio entre ellos. Ya que la gente se desespera por el tiempo uno puede ver al mismo como si fuera una especie de droga, o bien, que todo esto se trata de una metáfora sobre la vida moderna. Los pobres corren, los ricos no saben qué es eso - ya que disponen de todo el tiempo del mundo y no padecen urgencias ni necesidades -, y las clases sociales son inmodificables como si fueran castas inexpugnables. A su vez está la imagen de la explotación de las clases bajas con precios cada vez más caros, lo que termina con gente muerta en las calles ya que precisa cada vez más tiempo para pagar sus deudas.

    Pero en el fondo lo que hace Andrew Niccol es despacharse con una alegoría sobre la sociedad norteamericana posterior al derrumbe financiero del 2008. Ricos explotando a los pobres, succionándoles la vida con productos y servicios sobrevaluados; generando un darwinismo social en donde la gente muere por millares debido a que se necesita un cierto equilibrio entre los recursos disponibles y los demandantes de los mismos. Los aristócratas como casta acomodada cuya existencia sólo puede ser amenazada por un golpe de mercado - una inyección millonaria de recursos que estaban fuera de circulación, como ocurre en la película -; y una rebelión masiva de los pobres contra el capitalismo salvaje que lo explota. En el fondo El Precio del Mañana es una alegoría marxista, en donde los dólares han sido sustituidos con dias, horas y minutos. Traduce - aunque de manera camuflada - el resquemor que los estadounidenses han desarrollado contra esos individuos que se han hecho obscenamente ricos gracias a una manipulación financiera despiadada. Gente que no ha fundado fábricas ni se dedica a comprar / vender nada, sino que son sanguijuelas chupasangres que han hecho fortuna lucrando de manera salvaje en la timba bancaria y bursátil que supone Wall Street.

    Mientras que todo ello suena muy bonito y hasta interesante, en la práctica deja bastante que desear. En un momento Justin Timberlake se convierte en una especie de James Bond con cronómetro incorporado - jugueteando con el villano millonario de turno y birlándose a la chica (bah, su hija) - , y en el otro compone con Amanda Seyfried una especie de duo a lo Bonnie & Clyde, sólo que con autos clásicos reestilizados y dotados de motores eléctricos. Detrás de ellos viene un policía (Cillian Murphy, al que nadie le informó que hace rato dejó de tener 25 años y, por lo tanto, no posee el physique du rol que requiere su papel) que parece tener su propia agenda, y hay momentos en que todo esto pareciera transformarse en una especie de Freejack (1992) - con otro oficial de la ley volviéndose cómplice de los fugitivos -. El problema es que tanto el policía como los mafiosos resultan ser artilugios insertados en el libreto como para ofrecer alguna que otra persecución interesante y, cuando llega el momento de resolver la suerte de dichos personajes, Niccol los aborta de una y de la manera más insulsa posible. ¿Para terminar así tuvieron tanto tiempo en pantalla?.

    El relato tiene su cuota importante de inconsistencias internas - empezando por los bancos ubicados en los guetos, los cuales carecen de la más mínima custodia policíaca -, y tampoco la relación amorosa entre Seyfried y Timberlake es algo que uno pueda catalogar de brillante o apasionante. Todo ello se decanta en un filme que tiene su cuota de extravagancias, de momentos muertos, de persecuciones rutinarias, de situaciones ridículas, y de resoluciones abruptas. Quizás lo que precisaba el filme hubiera sido un segundo guionista, un tipo que escribiera una mejor historia principal para ubicarla en el universo que inventó Niccol.

    El Precio del Mañana está ok. Tiene cosas interesantes y cosas ridículas, y depende del grado de tolerancia de cada uno para digerirlas o no. Pero como thriller futurista pochoclero zafa, y en el fondo eso es lo importante.
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  • Amanecer - Parte 1
    Yo soy un defensor de la primera Crepúsculo (2008), pero un notorio detractor del resto de los filmes de la saga. Lo que en principio parecía una buena idea comenzó a volverse cada vez más ridícula y, para esta cuarta parte - dividida codiciosamente en dos, tal como pasó con el último filme de Harry Potter o con la inminente El Hobbit -, las cosas han llegado al extremo de lo intolerable. Aún con la elección de un super director como Bill Condon (Dioses y Monstruos) para manejarla, el talento de éste resulta insuficiente para remontar una parva de material estirado hasta el exceso y plagado de secuencias absurdas. El filme tiene atmósfera... quizás demasiada, y la prueba está en que recién a los 52 minutos nos enteramos de cuál es el conflicto central de esta entrega de la saga.

    Al menos Bella ha dejado el histeriqueo y ha decidido casarse, aunque sea con un antiguo pedazo de carne muerta como resulta ser Edward. Los pibes se van a una isla en Brasil, cosa de que los gritos de la chica no se escuchen en su pueblo natal, y deciden tener una revolcada histórica - imaginen un vampiro con 400 años de celibato! -. El problema es que Edward en la cama es peor que Superman con Viagra, y todo esto culmina con la cama destrozada, y la chica toda machucada, caminando con las piernas flojitas como si fuera Bambi recién nacido. Lo que sigue es una bobada tras otra - Edward que no quiere volver a ponerla, Bella que le ruega que sí -, lo que termina por coronarse con un embarazo instantáneo en menos de 14 días. Algo así como lo mismo que tardaban en crecer un sobrecito de Sea Monkeys.

    Esto recién pasa al final de la primera hora, luego de 60 minutos de videoclips románticos rodados en cámara lenta. Al menos uno deja de bostezar y se acomoda en el asiento, porque el embarazo de Bella es clara señal de que se viene el tole-tole. Dicho y hecho: se entera Jacob - otro que le tiene ganas a Bella desde hace varios años - y empieza una especie de histeriqueo de "tengo que matar a la criatura pero proteger a la muchacha, pero voy a matar a ese vampiro de mier... que ahora resultó ser mi mejor amigo y pelea a mi lado". La gente se pasa de bando como quien se cambia de calzones sucios, y toda esta pavada culmina en una cesárea a dentellada limpia, Berp para creer.

    Amanecer, Primera Parte es lenta y ridícula. El elenco cancherea con sus personajes - ya hace varios filmes que están metidos en sus pieles - y eso es lo que remonta un poco los diálogos y las situaciones terribles que les depara un mal guión. Bella es un interminable dolor testicular que hace lo que quiere y ahora, que logró encamarse con el vampiro, no sólo le niega el nido sino que quiere morirse dando a luz y dejándole un pibe - un pequeño draculín - a su cargo. Pareciera que la moraleja de la historia es que el sexo es malo, sino, mirá lo que te pasa por ponerla. (Sorry por los comentarios coloridos, pero es que cada fotograma del filme me hace pensar en una catarata de chistes atroces relacionados con lo que estoy viendo). El resto histeriquea y vive cambiando de bando y de idea, y uno al final se cansa. Che, ¿no había otra mina mejor en el pueblo?. ¿Alguna vampiresa o alguna loba que estuviera potable?.

    Amanecer, Primera Parte sólo es digerible para los fans a ultranza de la saga. A esta altura, la linea argumental ha entrado en un pantano del que resulta imposible salir a flote. Felicito a los tipos que pergueñaron esto y que recaudaron 280 millones de dólares con semejante engendro, un culebrón ridículo, sobreproducido y extremadamente popular entre las adolescentes cachondas.
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  • Johnny English Recargado
    ¿Es posible que un filme terrible tenga secuela?. Así es, y Uwe Boll es la prueba viviente de ello. No importa la critica, no importa la escasa afluencia de público... si al final los números dan alguna ganancia, el pudor se guarda en algún lugar (escondido de la luz del Sol, por supuesto) y uno sigue adelante por culpa del vil metal. Johnny English (2003) fue una parodía del género de espías que llegó muy tardía, y posiblemente haya sido un intento inglés de ocupar el cetro que había dejado vacante la saga de Austin Powers. A mi juicio era un engendro que bordea lo intragable - nunca pude superar los 15 minutos iniciales del filme -, pero a los productores le debe haber dejado algún dinero. Ahora - 8 años después! - llega la secuela, la que está algo mejor pero no termina de ser una comedia decente.

    Es posible que el tema pase por el ego de Rowan Atkinson - a final de cuentas, el capo cómico es un amante de los autos veloces y posee incluso hasta un fórmula 1 en su colección privada, razón por la cual le gustaría protagonizar su propio film de aventuras -, o por productores inescrupulosos que compraron la franquicia y decidieron exprimirle algún dolar más... vaya uno a saber. La primera Johnny English venía con la particularidad de haber sido escrita por los libretistas actuales de la franquicia Bond - Neal Purvis y Robert Wade -, lo cual no es garantía de nada: escribir prolijamente aventuras de 007 no los convierte necesariamente en expertos en comedias, y la prueba está en que todo el mundo repudió la primera película. Ahora tenemos esta secuela, la cual no es exactamente una pelicula barata - hay despliegue de producción y abundantes escenarios -, que tiene un par de momentos tibiamente cómicos y nada más. Es larga - a los 50 minutos ya se resolvió el 90% de la trama... y aún le queda una hora por delante -, insulsa y fronteriza en lo aburrido.

    El problema es que el guión no sabe hundir el cuchillo en la potencial sátira que subyace bajo toda la historia. La idea de un Toshiba Mi7 - un servicio secreto inglés privatizado y adquirido por corporaciones japonesas - es hilarante, pero no pasa de ser un gag visual de 5 segundos. Rowan Atkinson como una especie de espia zen entrenado por monjes tibetanos es una idea explotada en los 10 minutos iniciales - que probablemente sean los mejores del filme -, y después abandonada sin demasiados remordimientos. El resto es un reciclado de escenas y persecuciones propias de la franquicia 007 - hay otro encuentro en un club de golf a la Goldfinger; hay otro climax en los alpes suizos como Al Servicio Secreto de Su Majestad; hay una persecución con Alfa Romeos negros, tal como en Quantum of Solace; etc -, algunas con más gracia que otras, pero ninguna es demasiado cómica que digamos. La conspiración es tonta e insípida, y los personajes secundarios tampoco ayudan - Rosamund Pike es un hermoso florero que prácticamente no tiene cabida en el relato; y la britanizada Gillian Anderson (Scully!) parece una momia con peluca morocha, exhibiendo un horrendo acento inglés y dando vergüenza ajena en un papel inmerecido -.

    Si puede evitarla, se hará un favor. Johnny English Recargado es pobre en ideas y risas, y sólo se justifica verla cuando la pasen gratis por el cable... y si no hay otra cosa mejor, siquiera en el Canal Rural.
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  • La cosa del otro mundo
    Ciertamente uno podría decir que las adaptaciones de El Enigma de Otro Mundo están condenadas al fracaso en la taquilla. Todo el mundo las disfruta y habla maravillas de ellas, pero tienen una recaudación miserable y sólo se rehabilitan con su salida en video, en donde alcanzan (o alcanzarán) status de culto. Pasó con el original de John Carpenter de 1982 y está ocurriendo con esta precuela 2011. La critica palurda, como siempre, está dividida y la mitad la defenestra mientras que el resto la alaba (tal como el filme de Carpenter). Y esto resulta en una injusta mala fama, ya que la película de Matthijs van Heijningen Jr no marcará ningún camino nuevo, pero no es un insulto a la memoria de un clásico. No es original, es cierto, pero es un filme más que digno que no ensucia el prestigio del original de 1982.

    Esta versión de La Cosa del Otro Mundo es una remake camuflada de precuela. La historia comienza de modo diferente (prácticamente siguiendo con fidelidad a la primera película, la de Christian Nyby de 1951), con el descubrimiento de la nave enterrada en el hielo y el cuerpo del alien, el corte del mismo en un bloque de hielo, el traslado a la base y su posterior descongelamiento. Luego vienen todas las correrias y matanzas varias y, por último, se empalma con el filme de 1982, con aquel comienzo clásico en donde el perro infectado venía corriendo sobre el hielo mientras un helicóptero lo perseguía. Pero el grueso del filme - la parte central, que acontece en la base - no dejan de ser variaciones sobre secuencias inventadas por Carpenter en 1982. Hay otra tensa escena de testeo de infectados, hay más matanzas llevadas a cabo con lanzallamas, y hay criaturas de pesadilla que explotan de dentro de los cuerpos humanos en los momentos más inesperados.

    Aún con toda esa previsibilidad, La Cosa del Otro Mundo 2011 es excelente a la hora de despachar sustos y shocks. Ciertamente ahora los efectos son mejores gracias a los modernos CGI, pero el patrón a seguir es el de los artesanales efectos en vivo que Carpenter había montado en 1982. La tecnología, en este caso, sirve para crear criaturas aún mas enormes y bestiales, engendros de pesadilla que chillan de manera escalofriante. Con toda la critica pedor... que florece por allí, ninguno ha terminado por remarcar que The Thing 2011 cumple con lo que muy pocos filmes de terror han hecho en los ultimos años, y es asustar. Y esto ocurre gracias a que la puesta en escena está cuidada, las actuaciones son creíbles, y hay un excelente clima de tensión. ¿Es original?. No, pero es una pelicula de terror realmente efectiva.

    James Berardinelli remarca que La Cosa del Otro Mundo 2011 sigue más el patrón de Alien que el estilo del filme de John Carpenter. Ciertamente hay muchos ambientes mal iluminados, y cosas reptando por el suelo o por los techos, amén de otra heroína armada con un lanzallamas. En mi opinión, agregaría que el director añadió unas gotas de Los Usurpadores de Cuerpos (en especial, de la versión 1978). Hay momentos en que se ven cuerpos a medio formar o humanos idénticos fusionados por la mitad (como si fueran siameses engendrados en medio de una pesadilla). En otras secuencias descubrimos que los humanos híbridos deshechan lo que sean implantes dentales o clavos incrustados en los huesos, ya que las celulas alien no las pueden replicar. Ello da pie a una de las escenas más logradas de la pelicula, en donde se lleva a cabo un test sui generis para detectar quiénes son los infectados... lo que termina por desencadenar una masacre de proporciones épicas.

    La Cosa del Otro Mundo 2011 es una solida variante sobre el filme en que se basa. Quizás se le puede reprochar la falta de originalidad, y alguna confusión con la suerte de algunos personajes, pero eso no la descalifica como vehiculo efectivo de terror. Y desde ya estaré atento a los próximos filmes dirigidos por Matthijs van Heijningen Jr, el cual ha demostrado aquí tener el pulso y la habilidad de todo un veterano para generar peliculas de horror como deben ser.
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  • Contagio
    Contagio
    Arlequin
    Esta es otra película de Steven Soderbergh, artesano inteligente y todo terreno si los hay. Pareciera que no hay género que le resulte intocable ni en el que pueda generar, al menos, una gran película. Contagio quizás no sea lo mejor de la obra de Soderbergh - el tema no es original, y hay un par de vueltas de tuerca discutibles -, pero es un gran filme y uno muy recomendable cuando uno quiere entretenerse con algo que le flexione los músculos a las neuronas.

    Contagio es la crónica de una epidemia, y es posible que haya surgido de las pesadillas sufridas por el libretista Scott Z. Burns tras el incidente de la H1N1, la dichosa gripe porcina que pareció estar regada por todo el mundo. Es cine catástrofe pero hecho de una manera científica y seria, con los pies en la tierra: acá no hay conspiraciones ni héroes (y me gustaría decir que no hay villanos ni curas de último momento, pero lamentablemente los hay y con ello la película intenta fabricar el climax) y todo transcurre de manera normal, lenta pero inexorable. Eso no quita que en un momento se vean paisajes apocalípticos, con filas interminables de coches pretendiendo salir de las ciudades, gente enfundada en trajes atmosféricos recorriendo calles oscurecidas por montañas de bolsas de basura, y larguisimas fosas comunes a donde van a par mas de uno de los protagonistas.

    Porque aquí, si bien el elenco es multiestelar, también es cierto que caen como moscas. Gwyneth Paltrow es la primera de la lista, y no dura ni cinco minutos en pantalla. La Paltrow regresa en flashbacks, ya que a través de ella seguimos el origen de la enfermedad. Mientras tanto tenemos a: 1) autoridades de la salud, políticos imbéciles, y burócratas de la seguridad nacional peleando por obtener el manejo de la situación; 2) vivillos de turno que quieren sacar una tajada monetaria a todo el asunto; 3) científicos abnegados que van tras la cura, desoyendo órdenes si fuera necesario; 4) una investigación cuasi policial para dar con el origen de la enfermedad; 5) el drama familiar del esposo de una de las víctimas, quien pierde a media familia de la noche a la mañana y debe encargarse de pelear por la superviviencia de la única hija que le queda en medio del caos generalizado.

    Todo esto culmina en un ensamble dramático muy bien aceitado. Uno puede seguir cada una de las historias a la perfección, aunque hay un par que - por su efectismo - desentonan con el resto del relato. Por ejemplo, un blogger - interpretado por Jude Law - que maneja a sus 12 millones de seguidores y los manda a comprar un placebo, diciéndoles que es la cura de la enfermedad mientras se llena los bolsillos con coimas de los laboratorios que lo fabrican. El otro punto es el secuestro de la investigadora de la OMS Marion Cotillard, que es un dispositivo del libreto para diferir hasta último momento la revelación del paciente cero (o del dia 1, cómo se originó la enfermedad).

    Las actuaciones son uniformemente buenas, pero se destaca Matt Damon - como el padre que debe sobrevivir no sólo a la muerte de su esposa e hijo, sino también a las revelaciones de la vida secreta de su mujer y debe proteger como puede a su restante hija - y, en especial, Lawrence Fishburne. Su personaje - como director del Centro Nacional de Enfermedades - está cargado de humanidad y paternalismo; aconseja, protege a los suyos, entiende la carga de sus subordinados y les presta un oído, y es capaz de realizar sacrificios impensados. Es un rol interpretado con mucha sutileza.

    Contagio es una película entretenida y muy inteligente. Es un thriller cerebral, así que no esperen acción o efectos especiales; lo suyo pasa por lo sicológico, por recrear la situación de paranoia que todos vivimos con la H1N1 y llevarla un par de pasos más allá. Quizás el final - supuestamente feliz - se vea forzado por esa necesidad que tiene Hollywood de darnos si o si una luz de esperanza a una situación angustiante pero, por lo demás, es un filme más que competente que intenta demostrar una tesis y lo hace con éxito.
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  • Actividad paranormal 3
    En el 2007 la película de guerrilla Actividad Paranormal recaudó centenares de millones - considerando que fue realizada con un presupuesto miserable de un par de decenas de miles de dólares -, y revivió el estilo de horror en primera persona que El Proyecto Blair Witch había puesto de moda en 1999. De más está decir que las secuelas no tardaron en llegar, con Actividad Paranormal 2 en el 2010, y ahora el tercer capítulo en el 2011. Y a menos que el calendario Maya deje de ser una patraña y llegue el fin del mundo en el año que corre, la cuarta parte será un hecho consumado en el corto plazo. Son filmes que cuestan poco y recaudan mucho y, lo que es mejor, vienen con un nivel de calidad parejo.

    En esta tercera entrega la onda viene de "precuela de precuela". Si antes vimos la historia de la hermana de Katie, ahora saltamos directamente a la niñez de ambas. Ciertamente esto no es Matrix como para que uno tenga que saltar al video y digerir de apuro los capítulos anteriores como para hilvanar de qué va la nueva entrega. Sabíamos que había algún tipo de demonio que vino siguiendo a Katie (y flia) desde su niñez, y ahora vamos a ver en vivo y directo el por qué de ello. Si uno empieza a analizar en detalle, verá que en realidad no hay demasiadas explicaciones de por qué ocurren todas estas apariciones - uno descubre que el demonio viene a ser el amigo invisible de una de las niñas y, de alguna manera, esto se empalma con un turbio secreto familiar, pero jamás se explica por qué el ente está obsesionado con las chicas o cuál es su propósito -. A esto hay que sumarle que la credibilidad comienza a resentirse, ya que tenemos otro capítulo previo en donde otro miembro de la familia filma toda una serie de manifestaciones paranormales - con la única diferencia de que ahora graba todo en VHS -, y termina montando cámaras por doquier. Como toda esta sarta de sanatas ha sido construida de adelante para atrás, la estructura edilicia de la saga empieza a flaquear - ¿cómo Katie no se acordaba de aquel novio de su madre, el loquito que rodaba todo en VHS?; ¿o de las cosas raras que pasaban en su casa cuando era niña? -, pero al público eso le importa poco y nada. La gente lo único que quiere es una historia decente y un par de buenos sustos, y en ese aspecto Actividad Paranormal 3 es más que solvente.

    Ahora la novedad consiste en una cámara montada en un eje rotativo de ventilador, lo que hace un paneo constante de lo que ocurre en escena... y deja un punto ciego como para que salten cosas a la lente cuando la cámara regresa a su punto de origen. Eso da pie a un par de sobresaltos muy efectivos - uno de ellos es una nueva variante de la "cocina ordenada"que vimos en la parte 1 y 2 (y que está inspirado en la secuencia de la silla de Poltergeist), y en la otra hay una sábana que está donde no debería estar, escena que me hace acordar al gag del fantasmita con lentes que John Carpenter había insertado en Halloween -, amén de diversos efectos sonoros y cosas que se mueven por el rabillo del ojo. Como sea, uno no puede negar que la cámara en primera persona es realmente efectiva para los shocks, y la dupla de directores se encarga de sacarle el jugo en esta oportunidad.

    Es posible que la saga de Actividad Paranormal se haya convertido en una especie de cuento kabuki, en donde lo mismo se repite una y otra vez pero con matices, pero lo cierto es que a la gente le gusta y el enfoque es endemoniadamente efectivo. Quizás uno podría achacarle a la tercera entrega que está demasiado profesionalizada - por una parte, el libreto es mucho más fluido y natural en cuanto a la progresión del suspenso, la credibilidad de la historia y el desarrollo de los personajes; pero, por el otro lado, hay algunos CGI en primer plano y hay secuencias demasiado efectistas y hollywoodenses, las cuales atentan contra el espíritu de "filmación de guerrilla" del primer filme -. Aún con esos detalles Actividad Paranormal 3 sigue siendo una película de terror efectiva y credible, dándole al público sustos y diversión, y garantizándole a la saga la gestación de una cuarta y merecida entrega que, desde ya, estaremos esperando ansiosamente.
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  • Detrás de las paredes
    Es difícil que yo encuentre un filme malo pero, cuando es el caso, se tratan de cintas que están construidas de manera odiosa o frustrante. Dream House entra en la última categoría. Acá hay una buena cantidad de talentos - Daniel Craig, Rachel Weisz, el director Jim Sheridan (el cual tiene títulos bajo el brazo como Mi Pie Izquierdo o En el Nombre del Padre) - que se muestran totalmente impotentes a la hora de repuntar un relato que nunca termina de cuajar. Es posible que la historia de base sea una estúpidez, o que el guión fuera incompetente; o incluso podemos culpar al estudio que metió mano por su cuenta - algo habitual para Morgan Creek, los mismos que hicieron dos versiones de la precuela de El Exorcista, o que tijeretearon Razas de Noche -. Como sea el caso, lo cierto es que el resultado final parece un engendro generado por un circo de negligentes, los que arruinaron cualquier minima posibilidad de que el filme fuera interesante o siquiera potable.

    En primer lugar Dream House tiene enormes problemas con la narración. Nunca se ve fluida, siempre da la impresión de que faltan escenas en el medio, y jamás hace el más mínimo esfuerzo para crear un poco de atmósfera. Tampoco ayuda el hecho de que la historia se ve demasiado remanida - un tipo compra una casa vieja con una historia maldita detrás, la cual lo obsesiona y comienza a investigar -, y que la misma tiene problemas de identidad (nunca termina de definirse si se trata de un thriller policial o de un filme de terror). A esto se suma que el libreto basa toda su gracia en dos revelaciones clave: la primera es muy Shyamalanesca y se da a los 40 minutos de iniciado el filme, en donde descubrimos de que el protagonista es el mismo asesino que ha sido liberado del siquiatrico y que padece un fuerte ataque de amnesia (ups, sorry!; se me escapó). La "gran revelación" está manejada con tal grado de torpeza que carece de impacto y en realidad provoca una especie de pantano narrativo, ya que la historia no sabe muy bien cómo seguir a partir de allí. Pero cuando llega la segunda gran vuelta de tuerca - en donde descubrimos por qué pasó lo que pasó -, a uno le entran ganas de volarle las gónadas al guionista de un escopetazo. Es la explicación más idiota que escuchado en el cine en mucho, mucho tiempo, y termina por hundir a Dream House en el más profundo de los abismos.

    Aun cuando Jim Sheridan proteste y quiera quitar su nombre de los créditos, yo creo que es culpable de gran parte del fracaso de la película. Simplemente era el individuo inapropiado para el trabajo, un director incapaz de generar el clima de tensión que precisaba el filme. Si hubiera sido eficiente, el 70% de Dream House - hasta la llegada del horrendo final que insertó con calzador la gente de Morgan Creek - hubiera funcionado de manera decente. Otro director hubiera explotado con mayor profundidad la posibilidad de que las alucinaciones de Daniel Craig no fueran tales sino que él viera los fantasmas de su mujer y sus hijas fallecidas (algo que se explora muy al pasar en el terrible climax), pero acá todo es demasiado lineal y pristino, y las revelaciones llegan sin demasiado entusiasmo. Y si uno no aplica un mínimo de estilo a un thriller, simplemente termina por generar una experiencia fallida y frustrante, como si viéramos una comedia incompetente en donde los chistes son rematados sin gracia o fuera de tiempo.
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  • Gigantes de acero
    Gigantes de Acero es una regurgitación masiva de clichés, y que conste subrayado en actas. No hay un momento original en todo el film - si uno conoce bastante de cine, puede ir poniéndole a cada escena el titulo de la pelicula de las cual fue tomada- y, a pesar de ser una tonelada de material reciclado, tiene su gracia. Quizás sea porque los mecanismos que prueba están tan usados, pulidos y perfeccionados, que resulta imposible fallar con ellos. No sé si el espectador promedio sentirá fresco al material de Real Steel, pero seguramente lo encontrará emocionante y, en definitiva, eso es lo que importa.

    Resulta curioso ver un filme americano con robots. Pareciera que su mitología fuera patrimonio exclusivo del cine fantástico japonés y, por momentos, Gigantes de Acero se siente como la adaptación live de algún anime nipón - el desahuciado robot que llega a las grandes ligas; la arena de combate de androides, etc, cosas que se pueden encontrar en Astroboy sin ir más lejos -. Pero en vez de obsesionarse con los robots luchadores, Real Steel prefiere hundir el cuchillo en el típico melodrama deportivo. Imaginen a El Campeón (1979), pero con la excepción de que Ricky Schroeder hubiera utilizado un "avatar" mecánico para salir a combatir en vez de su padre Jon Voight (y que tuviera más talento que él!); súmenle algunos elementos melodramáticos típicos de los filmes de boxeo - tipo Rocky -, sacúdanlo en la coctelera y sírvalo bien frío. Eso es Real Steel.

    Acá las cosas funcionan en gran forma gracias a que el elenco es más que competente. Hugh Jackman satura la pantalla de carisma, y está bien acompañado por el pequeño Dakota Goyo. El filme tiene su cuota de melodrama sanitizado - hay algunos malos que son más orgullosos y torpes que malvados; no hay conflicto que no se resuelva en menos de cinco minutos; nadie intenta sabotear o robar al robot; hasta la pareja de ricachones con la custodia del chico resultan más permisivos de lo que a primera vista uno podría pensar -, y decide poner la emoción en dos aspectos: el volátil padre que comienza a poner los pies en la tierra gracias a su hijo mientras recomponen la relación entre ambos, y los feroces combates de androides, los cuales están dirigidos con gran dosis de energía. Real Steel funciona gracias a que alterna una cosa con la otra, y de ese modo se vuelve cada vez más emocionante a medida que se acerca al final.

    Es posible que Shawn Levy haya encontrado la horma de su zapato y se redima artísticamente luego de engendros como la reimaginación 2006 de La Pantera Rosa, y la saga de Una Noche en el Museo. Acá ha logrado inyectar algo de magia a una historia remanida, convirtiéndola de nuevo en interesante y hasta apasionante. Y ésa es una virtud excepcional que amerita su recomendación en estas épocas de sequía creativa.
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  • Conan el Bárbaro
    Ya hemos hablado de Conan en nuestra reseña del filme de 1982. Conan nació como personaje de novelas pulp, y terminó por formar su propio género llamado la Fantasía Heroica, el que se caracterizaba por narrar las aventuras de musculosos guerreros en mundos infestados de monstruos y magos infames. A diferencia de la Fantasía común (como, p.ej., las leyendas arturianas o la Tierra Media), la Fantasía Heroica transcurría en un entorno saturado de sexualidad y testosterona, con lo cual llegó a transformarse en una especie de literatura masculina fetichista. Esto quedó en evidencia cuando Conan llegó al comic y Frank Frazetta le impuso la interpretación definitiva de lo que hoy entendemos como Fantasía Heroica - un universo saturado de hombres y mujeres semi desnudos, bañados en sangre y enarbolando enormes espadas -.

    En 1982 John Milius llevó el personaje al cine, en lo que muchos consideran que es la interpretación definitiva. Ciertamente Conan el Bárbaro 1982 tiene puñados de grandes aciertos - la fotografía, el excelente guión de Oliver Stone, la partitura wagneriana de Basil Pouledoris, la presencia de Arnold Schwarzenegger -, que han quedado marcados en la mente de todos, y que han servido para disimular en la memoria colectiva las debilidades de Milius como director en otros aspectos. Pero esas flaquezas de estilo quedan completamente olvidadas cuando uno ve una pifia de proporciones gigantescas como es esta versión 2011 del personaje. Hay tantos errores de criterio que se acumulan hasta formar una pila gigantesca que termina por sepultar cualquier mínimo mérito que pudiera tener la película.

    La primera impresión es que se trata de una versión de Conan dirigida por Uwe Boll. ¿Cuales son los problemas mas sobresalientes y habituales del detestado director alemán?. Primero el casting, luego la excesiva copia de estilos de otros directores mas originales y talentosos que él, y - tercero - la mala dirección de actores. Acá hay otro alemán a cargo - Marcus Nispel, que viene haciendo carrera a fuerza de remakes que no le han gustado a nadie -, y una dupla de guionistas trasnochados (responsables de Sahara, Dylan Dog y El Sonido del Trueno, entre otros libretos mal cocinados) que dan muestra de no haber leído nunca un libro o un comic de Conan. Da la impresión que todos estos tipos se dedicaron a reciclar algún capítulo perdido de Xena, la Princesa Guerrera - que daría muy bien para los standáres de la TV, pero que queda muy corto de ideas y desarrollo para una película a estrenar en cine -, generando una trama con personajes huecos, excesivas correrías copiadas de otros filmes, villanos que no impresionan a nadie y culminando con un climax rebuscado, largo y estúpido. Si hay tanto material generado sobre el personaje en sus ochenta años de vida, ¿por qué no molestarse en abrevar en dichas fuentes?.

    El arranque es muy poco convincente. Cómo la madre da a luz a Conan y lo bautiza en pleno campo de batalla lo deja a uno sacudiendo la cabeza. Luego sigue la flojísima interpretación de Ron Perlman, un tipo que está muy curtido en estas lides pero que acá da la impresión de que le han dado los lineamentos erróneos desde el sillón del director. Hay una competencia de valentía completamente estúpida, hay dos villanos que se relamen en su maldad barata, y hay un héroe que aparece totalmente formado en medio del relato (explicación cero de cómo aprendió a pelear, cómo sacó tanto músculo o cómo se unió con los piratas). Todo es demasiado rápido y muy poco convincente. Y a esto se suman los diálogos, que van de lo simplón a lo anacrónico. En las historias épicas se precisan grandes narradores, grandes discursos y una prosa inspirada. Acá da la impresión que son todos tipos comunes, sin nada que los haga especiales, y hablan como recién hubieran llegado al set luego de hacerse la peluquería en Beverly Hills.

    Ciertamente Jason Momoa es una decisión interesante de casting. Tiene presencia y da los looks del personaje, con lo cual es una bestia pero también es apuesto. El problema es cuando abre la boca; o es demasiado moderno y canchero, o le tocan unos parlamentos muy pobres en contenido. Al menos Stephen Lang le pone energía a su hueco villano y Rose McGowan da muestras de pasarla bomba con su sangrienta hechicera.

    Conan el Barbaro es fallida; es errónea la puesta en escena, el libreto tiene problemas y la historia se ve demasiado superficial. Cuando Schwarzenegger tomó el personaje, le dió la energía oscura que éste precisaba (y eso que el austríaco era un actor terrible). Y cuando John Millius rodó su filme le impuso un tono fuertemente épico, narrando la historia de un hombre signado por la tragedia, formado en el odio y convertido en una máquina de matar para poder ejecutar de manera eficiente su propia venganza. Ese sentido del destino está completamente ausente en esta versión 2011, lo cual convierte al filme en un ejercicio de futilidad.
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  • Noche de miedo
    En Hollywood no entienden lo que significa una remake. Esto es, básicamente, tomar algo que todos conocemos y adoramos, y pulirlo, expandirlo y mejorarlo. Pero hay una diferencia muy grande entre mejorar y cambiar; el tema pasa porque, en el cambio, se pierde la identidad del producto. En esta remake de La Hora del Espanto (rebautizada ahora como Noche de Miedo), le han hecho tantas modificaciones al original que termina siendo prácticamente irreconocible. No sólo han aplastado la premisa original (y todos los mecanismos que funcionaban en ella), sino que la han reemplazado por una historia que resulta corta tanto en humor como en terror. Es un caso similar a la serie remake de Kolchak, el Cazador Nocturno, en donde los nuevos creativos se la dan de genios y engendran un bofe que no satisface a nadie; y, lo que es peor, dan sobrada muestra de que son unos ignorantes que no entendieron (ni entenderán nunca) cuál era la esencia y cuáles eran los elementos por los cuales el público amaba el filme original.

    Seamos sinceros. La Hora del Espanto no era una maravilla pero era (y es) un pequeño clásico de culto ya que todo el mundo que ama este género (¿hace falta decir cuál?) la ha visto y se ha deleitado con ella. Desesperados por revivir marcas que puedan generar cualquier tipo de franquicia rentable, los cráneos hollywoodenses han decidido resucitarla, esta vez con más plata y con un equipo de creativos notable. Ciertamente Noche de Miedo es superior al original en los aspectos técnicos (no así en las criaturas, en donde sigo prefiriendo al maquillaje tradicional en vez de esos deformes y poco convincentes CGI), y en el elenco. Ver al quinteto principal en acción - Anton Yelchin, Colin Farrell, Toni Colette, David Tennant e Imogen Pootts - es una delicia y dan muestras de sobrada química entre ellos. El problema es la historia y la dirección. Noche de Miedo pierde demasiado tiempo con la caracterización de personajes, lo cual no sería tan malo si no fuera porque, cuando llega la hora de los sustos o de los chistes, el filme la pifia de una. Es como si fuera un capítulo extendido de Desperate Housewifes, sólo que con vampiros como los nuevos vecinos tétricos de turno.

    La historia está muy cambiada, demasiado para mi gusto. El protagonista ahora es un escéptico que sólo comienza a creer cuando desaparece su amigo. A los 15 minutos - y totalmente de la nada - el relato tira la teoría de que Colin Farrell es un vampiro... y así como eso, hay varios saltos abruptos en la historia - la idea de contactar al cazador de vampiros (que es una ocurrencia surgida en cuestión de segundos), o el cambio de actitud de Farrell, quien a los 50 minutos del filme abandona su fachada y empieza a perseguir implacablemente a Anton Yelchin, su novia y su madre -. Para colmo el vampiro de Colin Farell es demasiado vulgar, en contraste al aristócrata que encarnaba Chris Sarandon en el original (y que acá tiene tiempo para un brevísimo cameo). Come manzanas, ve realitys por TV y maneja una pickup. Oh, que groncho...

    Toda esta gente habla y habla... y habla demasiado. No es que lo que hablan no sea interesante, pero no es exactamente la cúspide del entretenimiento. El genio del guionista tiene la brillante idea de masacrar al personaje Peter Vincent, trocando al veterano actor de películas por un mago recargado de efectos especiales a lo David Copperfield (sinceramente, me hubiera gustado ver a Robert Englund reemplazando a Roddy McDowall). Gracias a Dios David Tennant (uno de los ultimos Doctor Who) se relame con el papel, y es el único que aporta comicidad a un relato burocrático y chato. Quiten a Tennant y no hay nada en el filme que lo califique como "comedia".

    Y, en cuanto al horror, las cosas tambien vienen muy flojas. Al menos el maquillaje intenta ser respetuoso del original, pero en un momento pasan directamente a CGI... y las cosas se van al diablo. Farrell disfruta mucho del personaje y se nota, pero no es exactamente una amenaza sino mas bien un chico malo con colmillos largos. El combate final es demasiado rebuscado y, en sí, todo el relato tiene problemas de fluidez. La gente hace cosas abruptas o cambia de postura de un momento a otro, y sin dar ningún tipo de explicaciones.

    Si uno se olvida del original, quizás Noche de Miedo le resulte una buena película. O simplemente sea un filme demasiado chato, tanto para la gente que no conoce la historia como para los seguidores del original. No terminó por entretenerme ni asustarme, con lo cual se queda a mitad de camino de lo que debe cumplir un espectáculo para ser considerado eficiente. Yo creo que es algo a medio cocinar, que abandona el espiritu del original y que prueba con su propia receta... la cual no termina siendo muy exitosa que digamos.
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  • Paul
    Paul
    Arlequin
    Paul es un hijo dilecto de la dupla de comediantes británicos Simon Pegg y Nick Frost, los que son amigos en la vida real, han hecho juntos numerosas temporadas de sitcoms británicas, y vienen trabajando en cine desde su impresionante debut en Shaun of the Dead. Como está visto que esta gente es ultra fanática de la ciencia ficción (dentro y fuera de la pantalla), decidieron escribir una comedia sobre sus gustos personales. El resultado final es Paul, una comedia que tiene gracia y angel... el suficiente como para prendar a Steven Spielberg y que éste decidiera prestarse a hacer un cameo en el filme.

    Por supuesto, esta es una comedia nerd. Las referencias a filmes de ciencia ficción abundan, desde ET hasta toda la saga de Alien (incluyendo un sorpresivo cameo y la inserción de parlamentos completos de dichos filmes, hecho con mucha elegancia). Aquí hay dos fans de vacaciones, que deciden hacer turismo alienígena: ir a todos los lugares en donde hubo avistamientos, visitar el Area 51, Roswell, etc. En el camino se les suma un alienígena mal hablado y sucio (con la voz de Seth Rogen), que sólo les trae problemas y les pide que lo ayuden a huir. La película se transforma así en una road movie, en donde el trío se conoce sobre la marcha y protagoniza situaciones cómicas mientras huye de hordas de implacables hombres de negro.

    La comedia funciona muy bien debido a que la gracia está repartida entre todos los personajes, y éstos caen en manos de excelentes comediantes. Es cierto que el centro pasa por Paul, y que el alienígena sigue siendo Seth Rogen a pesar que sea un CGI de piel verde que mide un metro cincuenta, pero la personalidad de Rogen - fiestero, drogón, malhablado - curiosamente funciona en esta ocasión. Usualmente Rogen tiende a saturar al poco tiempo de estar en pantalla, pero aquí demuestra tener cierto ángel que lo hace querible.
    Una de las cosas que mejor funciona en el filme es un subtexto religioso que aparece de la nada y termina teniendo conotaciones realmente interesantes. El trío se ve obligado a secuestrar a una fanática religiosa (Kristen Wiig), la que se transformó en testigo accidental de la presencia del alien. Pero entre la chica y el extraterrestre comienza un debate sobre la existencia de Dios, evolución darwiniana y milagros cristianos, todo lo cual termina yéndose al tacho cuando el alien le cura a la chica su ojo enfermo y completamente irrecuperable. En detalles como esos es donde Paul demuestra una inteligencia completamente inusual para una comedia de estas características, y los libretistas Pegg y Frist reafirman que saben de sobra sobre el tema.

    Paul es un deleite sin desperdicio. Las situaciones cómicas son realmente cómicas, los personajes son queribles, y las referencias cinéfilas abundan por los cuatro costados. Simplemente la recomiendo acaloradamente y sin abundar en detalles, ya que eso mataría el efecto sorpresa de sus escenas.
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  • Splice
    Splice
    Arlequin
    Así como existe el voto castigo, también existe la calificación castigo. En el caso de Splice - la última obra de Vincenzo Natali, el creador de El Cubo - decidimos aplicarlo con todo el rigor. No es que el filme sea tan malo, pero la manera como arruina una premisa fabulosa resulta indignante. El tema está en lo rebuscado del libreto, cuyas vueltas de tuerca van de lo fascinante a lo ridículo y terminan por explotar en un climax realmente bizarro.

    La Idea de Natali es tomar el molde de Frankenstein - científico que crea vida en el laboratorio y cruza barreras morales de todo tipo y color - y aplicarlo sobre la ingeniería genética del siglo XXI, la que viene cuestionada desde la época de la clonación de la oveja Dolly a esta parte. Como para que no queden dudas de su influencia, los personajes principales se llaman Elsa y Clive - como Elsa Lanchester y Colin Clive, los actores que encarnaron respectivamente a la novia y al creador del monstruo en la clásica Bride of Frankenstein (1935) -, y aquí vienen a ser un par de científicos amorales que crean unos engendros mutantes diseñados genéticamente para producir hormonas, proteínas, tejidos, etc. que de otra manera no podrían obtenerse. Los bichos en cuestión son una especie de babosas gigantes agresivas a las que pinchan todo el tiempo para extraerle las mencionadas sustancias, y que fueron creadas a partir de un mix de ADN de diversas especies animales - Splice en inglés significa empalme y es el término usado para referirse a los ensambles genéticos -. Como la corporación para la que trabajan los está apurando con la obtención de resultados a corto plazo, al dúo no se le ocurre mejor idea que añadirle ADN humano a la mezcla, con lo cual obtienen una especie de pollo alienígena mutante que no resulta muy amigable desde el vamos. Como a Elsa y Clive no le importan los tabúes morales y éticos que quiebran - pero sí sus trabajos - deciden sacarlo del edificio y llevárselo a una cabaña aislada en medio de las montañas, en donde ven como el bicho de marras evoluciona hasta convertirse en una especie de demonio alado femenino de extraña belleza. Y como el engendro es salvaje por naturaleza termina por transformarse en una presencia amenazadora, con lo cual el filme entra en los carriles típicos del cine de monstruos y empieza a vomitar un cliché tras otro a medida que se acerca el final.

    Splice arranca de entrada con un problema importante, y es que los protagonistas principales son despreciables. Es un dúo de amorales ambiciosos y enamorados de su intelecto. Hubiera sido mejor ajustar el libreto como para presentarlos como un par de apasionados científicos que deciden cruzar el límite de lo prohibido porque creen que, mas allá de esa barrera, los beneficios son abrumadores y compensan de sobra los tabúes que han quebrado. Pero acá Elsa y Clive no tienen discurso interno, no están atormentados con lo que han hecho, y son en realidad un par de robots con apariencia humana - la discusión sobre el "desliz sentimental" de uno de ellos es realmente patética y queda abandonada a los 10 segundos de haber comenzado la escena -. Para colmo Dren ha comenzado a evolucionar hasta convertirse en una criatura de bizarra belleza, la cual empieza a encandilarlos. Oh sí, mal día para dejar la zoofilia, más teniendo en cuenta que la mascota cachonda de la familia también tiene los genes de uno, con lo cual se suma incesto a la lista de cargos. ¿No será demasiado?
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    Mientras que al principio el relato tiene sus momentos fascinantes (en especial cuando vamos descubriendo las características de la criatura, su agresividad y los alcances de su inteligencia), la historia pierde efectividad cuando Dren llega a adolescente, simplemente porque el pollo mutante deja de ser un CGI y pasa a ser una actriz con maquillaje - y eso la hace menos alienígena -. Pero eso sería un defecto menor sino fuera porque el libreto empieza a despacharse con exageraciones y deux ex machina de todo tipo - Dren se escapa y se devora un par de conejos con piel y todo; la criatura tiene alas y la dejan sola todo el día en una miserable cabaña sin las adecuadas medidas de seguridad como para impedir que se escape; los primeros experimentos mutantes empiezan a tener cambios hormonales de último momento que repercuten en la historia -, como para decir "muchachos, miren que éste también es un filme de terror". Por eso, cuando llega el final, Splice se derrumba como un castillo de naipes, disparando un montón de cosas insólitas en cuestión de segundos y arruinando todos los méritos de algo que había comenzado de manera interesante.

    En realidad el problema de fondo con Splice es Vincenzo Natali, que tiene un puñado de ideas interesantes pero las ejecuta de una manera muy pobre. Al complejo de Frankenstein y a la crítica sobre la moralidad de la manipulación genética de hoy en día, Natali le agrega una visión retorcida y alegórica sobre la paternidad moderna que me hace acordar a Eraserhead de David Lynch. He aquí dos ineptos morales y emocionales haciéndose cargo de un hijo monstruoso. El tema es que Natali va alternando la demostración de estas tres ideas a lo largo de todo el guión ... pero la historia (como un todo) termina por resentirse en su credibilidad. Ahora tenemos una escena sobre padres que no están preparados para serlo (p.ej. Adrien Brody intentando ahogar a Dren, porque ella les representa demasiada responsabilidad); ahora tenemos otra secuencia para mostrar la amoralidad de los científicos (ellos, que deciden no eliminar a la criatura para seguir analizándola y explotar sus descubrimientos científicos); le sigue otra escena a lo Frankenstein (con Dren matando animalitos y siendo castigada por sus creadores)... y así todo el tiempo. Y los personajes terminan por actuar como unos robots, carentes de cualquier tridimensionalidad. En todo caso, el personaje más humano de todo el film es la criatura.

    Splice es una obra fallida plena de puntos fascinantes. Esa es la cuestión de por qué resulta indignante que no termine por arribar a buen puerto en ninguna de las teorías que postula. Es un mix de cosas brillantes y ridiculeces monumentales, manejadas con mal tempo dramático. Y al final termina por transformarse en una experiencia frustrante.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
    Arlequin
    Con El Proyecto Blair Witch se pusieron de moda los falsos documentales. Esas mentiras grandes como una casa, en donde se presenta material falso como "videos descubiertos a último momento y que documentan algo totalmente fuera de lo común". Para mí, ese chiste tiene gracia si está armado por alguien con dos dedos de frente. En el caso de Blair Witch, era la sensación de inmersión en lo que ocurría en escena, ya que había un palurdo (perteneciente al grupo de protagonistas) que filmaba todo el tiempo, aún cuando la amenaza de turno estuviera por devorárselo. Con ese modelo siguieron otros filmes, reemplazando a brujas por monstruos mutantes del espacio (Cloverfield) u hordas de zombies que dominaban el planeta (Diary of the Dead). Y en el 2007 apareció Actividad Paranormal, que reemplazó al nardo que filmaba todo el tiempo por una serie de cámaras de vigilancia, dispuestas en el interior de una casa embrujada. Aún así, el estilo de "cámara testigo" seguía siendo eficiente porque la pasividad y el silencio que brindaban las cámaras de Actividad Paranormal terminaban por producir sus buenos sobresaltos cuando algo salía de la nada luego de 30 segundos de contemplar la escena mientras uno contenía la respiración.

    Apolo 18 es la última película de terror en intentar subirse a ese carro. Intenta ser una especie de Actividad Paranormal en el espacio, ya que tenemos a otro idiota rodando todo el tiempo - en este caso, uno de los astronautas - y hay una parva de cámaras dispuestas por el interior y el exterior del módulo lunar. Hay una cuidadísima reconstrucción de época, y las filmaciones se ven como si dataran de mediados de los setenta. Pero ¿saben qué?. Nada de semejante mise en scene funciona como debiera.

    Ciertamente el escenario que plantea Apolo 18 es fascinante - imaginen estar solitos en medio del desierto lunar, y que algo desconocido empiece a golpearles la puerta -, pero la puesta en escena es errónea. Es recargada. Es distrayente. Cuando pienso en la impresionante desolación de la superficie lunar me acuerdo de 2001, Odisea del Espacio, o de la reciente Moon. Es más: el filme de culto de Duncan Jones plasmaba mucho mejor el clima de paranoia que transmite la aridez de semejante geografía. Acá no sólo hay demasiados cortes de planos que duran tres segundos - vemos la cámara del astronauta, una cámara externa al módulo lunar, otra cámara externa, una cámara dentro de la cápsula, otra en el baño, etc - sino que, por el esfuerzo de reconstrucción de época, todo se ve como un video VHS borroso. Algo se mueve al lado de la bandera estadounidense clavada en suelo selenita, pero la imagen es tan turbia que resulta imposible adivinar de qué se trata.
    En ese sentido, Apolo 18 se hubiera beneficiado mucho más con un enfoque tradicional (cámara en tercera persona) en vez de ser Blair Witch en el espacio. No sólo el director no logra crear el clima necesario de tensión y horror sino que, cuando vienen los supuestos momentos de shock... no shockean a nadie. Ok, también es cierto que la trama no ayuda ya que es predecible - esta gente llega en misión secreta a la Luna para instalar unos aparatos medidores pero a) empiezan a desaparecerle cosas b) encuentran una misión lunar soviética completamente diezmada por algo desconocido c) su propia nave es atacada por algo inesperado d) un miembro del grupo es infectado por algo extraño -, y parece un rejunte de cosas, que van desde Alien hasta El Enigma del Otro Mundo (la exploración del módulo soviético abandonado parece calcada de la investigación de la base noruega del clásico de John Carpenter).

    Resulta increíble que un filme realmente corto - 86 minutos - y con una premisa tan clara la pifie en gran forma. Y si bien no es completamente original, Apolo 18 podría haber sido rutina bien hecha. Hasta uno podría haberle perdonado la vida... hasta que llega la revelación final de qué (o quién) los está atacando, y ahí es cuando Apolo 18 decide lanzarse por el precipicio. Oh, Dios: ¿no se les podría haber ocurrido algo mejor?.

    Apolo 18 no es un filme terrible, pero tampoco es uno bueno. No asusta, es rutinaria, el estilo "testimonial" es distrayente, y el alien malvado de turno es ridículo. Todo esto podría haberse mejorado bastante si la hubieran rodado de manera standard, pero quisieron hacerse los graciosos y el tiro le salió por la culata. A lo sumo es un filme típico de cable, al cual decidieron estrenarlo en cine para ver si recaudaban un poco más con los inocentes que pasaban por la puerta de la sala, se engancharon con el afiche y decidieron entrar.
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  • Destino final 5
    Este es el quinto capítulo de la saga Destino Final, inventada por los ex The X Files James Wong y Glen Morgan. En un principio, Destino Final no difiere demasiado de los filmes de terror de los años ochenta - inventemos una excusa estúpida para ver morir gente de manera creativa y/o a manos de algún homicida excéntrico -. Antes hubo asesinos que mataban imitando escenas de películas de terror; homicidas disfrazados de Papá Noel; tipos con navajas en las manos destripando gente en sueños; grandulones munidos de machetes que partían al medio a sus víctimas; asesinos de fiestas de graduaciones; homicidas que acosaban a niñeras; sicópatas liquidando mujeres en fechas determinadas o siguiendo leyendas urbanas... y un larguísimo etcétera. En el caso de la saga Destino Final, siempre hay un grupo de gente que escapa milagrosamente de alguna muerte segura y, tarde o temprano, termina espichándola de manera creativa. Y, como no hay asesino al cual combatir, lo unico que puede hacer el espectador es sentarse a esperar los minutos reglamentarios que hay entre una muerte y otra, tragándose una tonelada de malos diálogos y pésimas actuaciones.

    En tal sentido, Destino Final 5 es porno horror con todas las letras. A nadie le interesa un pepino los conflictos ni los dramas de los protagonistas, sino que espera ansiosamente la llegada de los cinco minutos que dura cada masacre, las cuales son orquestadas de manera creativa - tal como ocurría con Jason, Freddy y el 99% de los filmes de terror de los últimos 30 años -. Acá todo funciona como una especie de versión gore del video juego The Incredible Machine - en donde un tornillito cae en una máquina que explota y larga una chispa, la que incendia un tacho con combustible y y prende fuego una cuerda, la que sostiene una caja fuerte justo encima de la cabeza del protagonista -. Si bien es un concepto estúpido y limitado, acá está confeccionado con tanta energía que termina resultando entretenido en el sentido más descerebrado de la palabra. Pero saquen esos momentos - entre los cuales se destaca la fantástica escena inicial de la masacre en el puente - y verán que Destino Final 5 no tiene nada más para ofrecer. Y a esto se suma la bizarra elección del casting, en donde el grupo principal parece salido de un concurso de dobles de actores famosos; tenemos un falso Christian Bale, un falso John Krasinski, un Paul Giamatti trucho, un Mos Def de cuarta, una Megan Fox fotocopiada y una Uma Thurman made in La Salada.

    Destino Final 5 es boba pero entretenida, y hay que reconocer que el mérito le corresponde exclusivamente al director Steven Quale, el que le inyecta tanta creatividad visual que termina por crear un espectáculo más que pasable. Cada empalamiento, decapitación o rebanamiento masivo termina siendo pura diversión gracias al virtuosismo del director, el cual la pasa bomba explotando todas las posibilidades que le da la tecnología 3D y lanzando ojos, miembros y objetos filosos contra la cámara. Quizás Destino Final 5 no haga historia, pero es un pasatiempo bastante sólido, y eso ya es pedirle demasiado al quinto capítulo de una saga basada en una premisa ingeniosa pero minúscula.
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  • No le temas a la oscuridad
    Esta es la remake del clásico televisivo Don`t Be Afraid of the Dark (1973), que fuera dirigido en su momento por el padre de la serie The Outer Limits, John Newland. El filme representaba otro ícono de calidad en cuanto a la producción televisiva de horror de la decada del 70, la cual generaría su cuota de perlitas memorables gracias a otros títulos como Kolchak, El Cazador Nocturno y Sombras Tenebrosas (siendo estos últimos productos, frutos del talento de Dan Curtis).

    Por supuesto hablamos de una época pasada, en donde a los guionistas de turno se les pagaba un sueldo para que crearan cosas originales, no como los vagos de ahora que prefieren reciclar todo y condimentarlo con mejores efectos especiales. A su vez la versión 2011 de Don`t Be Afraid of the Dark es una clara señal de que a los productores se les han quemado las neuronas y, una vez agotadas las re-versiones de franquicias famosas, han comenzado a remakear (si dicho verbo existe) cualquier cosa que ocupe un minimo lugar en la memoria del público. No se sorprendan si en algún momento vemos la nueva versión de Mac y Yo (1988), o Manos, the Hands of Fate (1966).

    Al menos esta gente ha tenido la decencia de traer a Guillermo del Toro - Hellboy, El Laberinto de Pan - como productor. Ello establece una cuota mínima de calidad aunque, luego de ver el resultado, desconfío de si del Toro era la mejor elección para este proyecto. Como sea, el tema es que la versión 2011 de No le Temas a la Oscuridad es pulcra y garantiza un par de buenos sustos, pero no llega ni por asomo al nivel de efectividad del original, debido a algunas pifias creativas que - según el caso - pueden llegar a ser importantes.

    El primer problema con la nueva versión es el usual de la mayoría de las remakes, y es que una idea modesta termina siendo sobreproducida. Es lo mismo que pasaba con la versión 1999 de The Haunting frente al formidable clásico que representaba el original de 1963; mientras que el filme de Robert Wise era creativo, minimalista y opresivo, el engendro mutante de Jan de Bont ocurría en medio de una parafernalia de efectos especiales y con una casa iluminada como un estadio de futbol. Siempre menos es más, pero en Hollywood, si una película no cuesta menos de 100 millones de dolares, no es una película - aún cuando filmen a un tipo disparando un monólogo cómico sentado en un banquito -. Acá Troy Nixey traslada la acción a una casona grande como un castillo y llena de vitrales, y el grueso del efecto de "casa embrujada" se pierde por falta de ambientes claustrofóbicos o mal iluminados.

    El cambio siguiente, sin embargo, es bastante efectivo, y es transformar a la figura central de relato en una niña. Acá trajeron a la pequeña Bailee Madison - que era una de las mejores cosas que tenía la comedia de Adam Sandler Just Go With It - y la plantaron en el centro del escenario... y la niña se lo banca de sobra. Lamentablemente su personaje es el único escrito como la gente, ya que el resto de los adultos están pintados como autistas - para colmo Katie Holmes y Guy Pearce parecen dos bulímicos recargados de maquillaje, lo que me lleva a cuestionar si eso se trataba de un efecto buscado por el director -. Como todas las buenos historias de terror, lo que ocurre siempre puede explicarse en términos sicológicos - la niña alucina sobre la existencia de las criaturas, simplemente porque tiene una relación traumática con sus padres divorciados -, pero esa sutileza es demolida a los 5 minutos, ya que el director insiste en mostrar a los gnomos. Oh, sí, los bichos están bien diseñados, pero exhibirlos a cada rato mata todo intento de crear tensión.

    Si los monstruos se ven demasiado, el 90% de los personajes está escrito de manera burda y la casa está demasiado iluminada, el otro problema grave de No le Temas a la Oscuridad 2011 es que el maldito guionista de la remake insiste en meter alguna explicación sobre el origen de los bichos, y ahí es donde el filme queda en dos ruedas bordeando el precipicio - desde que son las versiones mutantes de las hadas de los dientes hasta que el Papa Sebastián II tuvo que hacer un pacto con ellos (wtf???) -. A veces es mejor dejar las cosas en la nebulosa, y que el horror no tenga una causa cientifica o racional.

    Con lo cual lo que uno termina viendo es una parva de decisiones artísticas que terminan siendo discutibles. Una cosa que me sorprendió de No le Temas a la Oscuridad 2011 es que no se siente como un filme de horror sino como una fantasía oscura al estilo de las que del Toro suele despacharse - ¿hadas de los dientes malvadas? ¿lo qué? ¿salieron de Hellboy II? -. Todo esto diluye la efectividad de la película, dejándolo a uno con la sensación que todo esto se trata de una oportunidad desperdiciada. Todo el horror intrínseco de la idea - que algo nos acecha en la oscuridad, queriendo lastimarnos y raptarnos - queda sepultado bajo una parafernalia de cosas superfluas o mediocremente desarrolladas, y el resultado final queda reducido a la quinta parte de efectividad e impacto que tenía el original.
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  • El planeta de los simios: (R)Evolución
    En 1968 la Fox se topó con una enorme mina de oro al adaptar al cine la novela de Pierre Boulle El Planeta de los Simios. El filme se transformó en un clásico instantáneo y llenó a rabiar los cines de todo el mundo, razón por la cual el estudio disparó toda una serie de secuelas. Considerando que el material original de Boulle sólo daba para una película (la primera), resulta asombroso ver el enorme ingenio del que hicieron gala los libretistas que pasaron por el proyecto, los cuales expandieron y enriquecieron la idea hasta niveles insospechados.

    El Planeta de los Simios fue la gran saga de la ciencia ficción en la era pre Star Wars (5 peliculas, dos series para TV, toneladas de merchandising) y, cuando en Hollywood se pusieron de moda las secuelas, precuelas y remakes, la Fox comenzó a romperse la cabeza para ver cómo resucitaba esta vieja y rentable franquicia. El primer intento fue una remake / reimaginación del filme original a cargo de Tim Burton, el cual fracasó estrepitosamente en el 2001. Ahora pasaron 10 años y decidieron arriesgarse con esta nueva entrega, a la que se la podría catalogar como "precuela alternativa" - una historia de origen distinta a la que uno conoce si ha visto toda la saga 1968 - 1973 - . Lo que ocurre en El Planeta de los Simios: (R)Evolución podría funcionar perfectamente como una precuela del filme de 1968, y toma algunos elementos prestados de La Conquista del Planeta de los Simios.

    Para ser una película a la cual uno llega con expectativas negativas El Origen del Planeta de los Simios resulta sorprendente, en especial por la calidad de la dirección y la inteligencia del libreto. No es que cuente cosas demasiado innovadoras para los seguidores de la saga, pero al menos las relata en otro contexto y lo hace con destreza. En la saga original los simios parlantes eran fruto de un bucle en el tiempo - la pareja de monos inteligentes Cornelius y Zira viajaban del futuro al presente y, al dejar en la época actual a su hijo, daban a luz a una nueva raza de primates que terminaba por hacerse con el control del planeta -; pero aquí son el producto de manipulación genética llevada a cabo con el propósito de curar el mal de Alzheimer. Y dichos experimentos son llevados a cabo por James Franco, cuyo personaje está obsesionado con detener la enfermedad que lentamente está destruyendo a su padre (John Lithgow, en una perfomance emocionante). El tema es que la cura produce dos secuelas impensadas: primero, los primates se vuelven asombrosamente inteligentes; segundo, su sangre se ha convertido en una especie de toxina letal para los humanos. He allí la nueva simiente para la posible extinción de la humanidad que aporta este libreto - en vez de la guerra nuclear, que era algo más propio de la década del setenta -.

    Lo que sigue se centra en la evolución de Cesar, un bebé chimpancé que James Franco rescata de su laboratorio para llevárselo a vivir a su casa. Y aunque todos hablan maravillas de los efectos especiales, los simios CGI del filme nunca se ven reales aunque son enormemente expresivos. Por suerte la perfomance de Andy Serkis es tan magnética que uno termina perdonando la desprolijidad de los CGI. Cada vez que Serkis está en pantalla, uno puede percibir cuándo Cesar está elaborando un plan, midiendo a una persona o evaluando una situación. Gracias a Dios, ésta versión de Cesar es tan inteligente y carismática que puede cargar él solito sobre sus hombros el peso de todo el filme.
    En realidad los problemas de El Planeta de los Simios: (R)Evolución pasan por el lado de los humanos. Hay una intensa historia de fondo para la causa de James Franco - pelear por la enfermedad de su padre; recuperar a Cesar -, pero a partir de un momento determinado el libreto empieza a hacer algunos pequeños cortocircuitos y los motivos se diluyen. A su vez lo que nunca termina de quedar claro son los motivos por los cuales Cesar decide quedarse en el cautiverio y armar su propia causa simia. Mientras que en otras películas de la saga era el abuso de los simios por parte de toda la humanidad, aquí todo eso estaría representado por un solo personaje - el despótico guardian que interpreta Tom "Draco Malfoy" Felton -, lo cual parece desproporcionado. También hay algunos pequeños agujeros de lógica en la evolución de Cesar y sus compañeros de cautiverio. Por suerte esto se compensa con intensas escenas de acción, como la descomunal batalla campal entre humanos y simios que se libra sobre el puente Golden Gate en el final de la película.

    Para ser un reboot sin expectativas, El Origen del Planeta de los Simios es una gran película. Deja una gran cantidad de cabos sueltos para futuras secuelas - hay una alusión a la misión Icarus, desaparecida en el espacio y que sería la cápsula en donde viajaba Charlton Heston en 1968; también está la posible pandemia provocada por la sangre tóxica que derraman los simios mutantes; y puede haber una misión de venganza a llevar a cabo por el personaje de Brian Cox -, y se percibe inteligente e intensa todo el tiempo. Para los fans de la saga original, les parecerá una entrega respetuosa e ingeniosa; y para quienes desconocen el contenido de la serie, es una buena aproximación a un universo que, en su momento, tuviera un desarrollo fascinante. En cualquiera de los casos es un producto que merece nuestra más calida recomendación.
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  • Cowboys y Aliens
    A fines de los años 90 Scott Mitchell Rosenberg - en ese entonces ejecutivo de un puñado de editoriales independientes de comics y un creativo en ascenso - estuvo rondando por Hollywood con un proyecto que trataba una invasión alienígena a la Tierra en la época del lejano oeste. El concepto fue adquirido por los estudios y cayó en el development hell durante años, sin que nadie lograra hacerlo despegar. El mismo Rosenberg le inyectaría impulso al transformarlo en una novela gráfica que salió publicada en el 2006 en una de sus editoriales. Allí fue cuando los estudios vieron el potencial y decidieron darle luz verde, atrayendo a un grupo de luminarias al proyecto - desde Steven Spielberg y Jon Favreau hasta Ron Howard, pasando por el equipo creativo de J.J. Abrams con sus guionistas estrella Alex Kurtzman y Robert Orci, eso sin contar con el aporte de gente tan dispar como Brian Grazer o el bizarro Steve Oedekerk, el mismo de Kung Pow: Enter the Fist (2002) -. El problema es que tanta gente terminó metiendo mano que Cowboys & Aliens terminó siendo un pastiche, en donde millones de libretistas y productores tomaron turnos para escribir una línea o escena cada uno. Mientras que como espectáculo está ok, a uno le deja la impresión que acá había mucho potencial y el caos de la producción terminó por arruinar una buena idea.

    El primer problema de Cowboys & Aliens es el cast. Son excelentes actores pero se ven totalmente anacrónicos, pasados de esteroides y botox, y resultan poco creíbles como curtidos vaqueros. Daniel Craig está demasiado musculoso y bien afeitado como para verse como un desaliñado forajido del siglo XIX, y Olivia Wilde parece salida de una sesión de pilates. Para colmo Craig pelea con otros vaqueros en modo comando, con acrobacias y patadas voladoras, lo que queda totalmente fuera de lugar. En esos momentos uno cruza los dedos rogando que el libreto de una explicación coherente de por qué toda esta gente se ve demasiado moderna - que sean aliens reencarnados, por ejemplo, lo que iría bien con los ojos penetrantes que tienen Wilde y Craig -, pero las justificaciones quedan por la mitad o no muy creibles.

    Olvidémonos de lo físico y ocupémonos de la historia. Hay un gran arranque, cargado de misterio, especialmente por que no sabemos quién o qué es el personaje de Daniel Craig. Luego aparece Harrison Ford, que acá hace de malvado terrateniente. Ford - quien se ha cansado de protagonizar fracasos en los últimos años - parece decidido a remontar la cuesta luego del espaldarazo de Indiana Jones 4, y últimamente se ha especializado en los papeles de cínico y gruñón. Acá lo suyo no difiere demasiado del corrosivo periodista veterano de Morning Glory (2010), y es particularmente efectivo en esa línea. Casi se podría decir que Ford es lo mejor del filme.

    Hasta el ataque al pueblo, Cowboys & Aliens venía bien. Uno tenía curiosidad por el pistolero amnésico, el arma brazalete, y la confrontación con el villano de turno. Luego de esto, el libreto entra en una debacle y transforma en otra película, en una especie de The Searchers con aliens en vez de comanches. Los extraterrestres abducen personas y hay una cuadrilla de valientes dispuestos a rescatarlos. Ahora, ¿cómo seguirle el rastro a una nave espacial que va volando a 500 km por hora?. Ah, sí: el libreto mete a un alien herido que escapa a pie. Oh, Dios...
    Las cosas traidas de los pelos comienzan a acumularse. Los aliens carecen de personalidad y son una parva de blancos de dos patas, totalmente anónimos como pasaba en Batalla Los Angeles. Aparece de la nada la anacrónica Olivia Wilde - demasiado limpia, sexy y depilada para la época - y provee pistas que de otro modo resultaría imposible obtener. Aparece pandillas de ladrones, indios - ¿no queda nadie más? - y todos se unen en contra de los aliens. Hasta el malvado Harrison Ford se pone tierno y se humaniza.

    Eso no quita que Cowboys & Aliens siga siendo entretenida, pero los baches del libreto serruchan las expectativas creadas en el primer tercio del filme. Este vendría a ser un ejemplo de película con guión mediocre y que termina siendo sostenida por el carisma de los actores. Harrison Ford y Daniel Craig son muy buenos, aunque lo suyo no deje de ser variaciones de personajes que ya han hecho; y ellos están acompañados por una troupe de secundarios eficaces como Clancy Brown o Keith Carradine. (alerta spoilers) La única que desentona aquí es Olivia Wilde, y no sólo por su aspecto moderno, sino porque su personaje está de más. Yo hubiera fusionado los caracteres de Wilde y Craig en uno solo - sin contraparte femenina -, como un guerrero alien disfrazado de humano y perteneciente a una raza contraria a los invasores. Era algo muchísimo mas coherente. El tema es que alguien pensó que todo esto rebalsaba de testosterona y metió con calzador a una pistolera fashion en el lejano oeste. Porque, si no, ¿con quién se besaba Daniel Craig? ¿Con Harrison Ford? (fin spoilers).

    Vaya tranquilo a ver Cowboys & Aliens. Es un buen show, no se va a aburrir. Es algo hueco, es cierto, pero hay buenos actores que salvan las papas del fuego. La macana es que reunieron a una montaña de creativos y, entre todos ellos, no lograron hacer nada minimamente memorable.
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  • Linterna Verde
    Ya hemos hablado en otras ocasiones de Linterna Verde, uno de los máximos personajes del panteón de superhéroes de la DC Comics. Linterna Verde nació en 1940 y era basicamente un super héroe standard cuyos poderes venía de una linterna mágica. Como la premisa no sonaba interesante, nunca fue demasiado popular y el personaje terminaría siendo archivado en 1949. La segunda oportunidad llegaría a finales de los años cincuenta, cuando la Era de Oro del Comic cayera en una crisis irrecuperable. Terminada la Segunda Guerra Mundial, los superhéroes - que usualmente era representaciones alegóricas del espiritu norteamericano - ya no tenían enemigos de la vida real con quien pelear. Bah, las editoriales habían sustituído a los nazis con los comunistas rojos, pero el público había entrado en una etapa de saturación tal que resultaba imprescindible reinventar el género. Así es como la DC Comics decidió despacharse con un experimento, tomando algunos personajes menores (o archivados), y relanzándolos con profundos cambios como para ver cómo reaccionaba el público (y si ésa era la línea correcta para remodelar a los personajes estrella de la editorial como Batman y Superman). El primero en cruzar la línea fue The Flash en 1958 y le seguiría Linterna Verde en 1959, marcando el inicio de la llamada Era Plateada del Comic. Allí es cuando John Broome y Gil Kane tomaron el nombre del personaje pero elaboraron una historia completamente diferente, creando el cuerpo de élite, los Guardianes de Oa, la mitología de la energía verde y la energía amarilla, etc, etc; todo el folklore clásico de la historieta tal cual la conocemos hoy en día.

    Ahora llega esta versión para la pantalla grande de la mano de Martin Campbell, el responsable de rebootear exitosamente la saga de James Bond en dos ocasiones (con Goldeneye y Casino Royale). Si uno tuviera que elegir director para este proyecto, Campbell no es el primer nombre que se me viene a la cabeza - su experiencia más cercana con un super héroe (o algo parecido) ha sido con la saga de El Zorro, en donde la película original fue genial pero la secuela fue un bodrio mayúsculo -. Eso no quita que Campbell no deje de ser competente, que es lo que se deduce después de ver el filme. Acá todo es muy correcto y prolijo aunque algo insulso, y solo hay dos o tres escenas en donde la película dispara algo de adrenalina.

    Ciertamente uno de los méritos de Linterna Verde es que es respetuosa y fiel al original. Hay algunos cambios en el perfil de los personajes - por ejemplo la entidad Parallax, que en el comic era una forma de energía maligna que terminaba por poseer a una de las encarnaciones de Linterna Verde (precisamente Hal Jordan) y lo transformaba en un villano, y que aquí figura que es un antiguo guardián de Oa, deslumbrado por el poder de la energía amarilla -, pero la inmensa mayoría está ok. Como héroe está Ryan Reynolds, el que funciona muy bien tanto para las secuencias heroicas como para los momentos de comedia. Acá el héroe es bastante descartonado, siguiendo un perfil similar al que aparecía en la versión animada Linterna Verde: Primer Vuelo, y eso da pie a un par de secuencias cómicas logradas. También está el excelente Mark Strong como Siniestro, aunque su rol está severamente acotado. El papel de villano está dividido entre un CGI - la entidad Parallax - y Peter Sarsgaard, quien interpreta a Hector Hammond con mucha naturalidad. Posiblemente la perfomance de Sarsgaard sea lo mejor del filme, actoralmente hablando.
    Y si bien los efectos, la dirección y los actores son muy buenos, los problemas de Linterna Verde pasan por el libreto, que simplemente es chato. Considerando la cantidad de gente que le metió mano, resulta sorprendente que todos estos tipos no hayan escrito diálogos más inspirados o no hayan pulido un poco más las escenas. Por ejemplo, la secuencia en la que Abin Sur se estrella en la Tierra y es hallado por Hal Jordan es innecesariamente rebuscada - hubiera sido mejor que el alienígena chocara con Jordan durante la secuencia de la prueba de vuelo (tal como en el comic), en vez de que el protagonista termine el vuelo, se coma una reprimenda, visite a la familia y se pelee con la novia mientras el guardián galáctico está agonizando en otra parte del planeta durante días -. Del mismo modo el libreto se empecina en generar escenas en nuestro planeta, plagadas de personajes completamente desabridos (las participaciones de Tim Robbins y Angela Bassett son completamente nominales y no le importan a nadie), y forzando un romance insulso con la chica de turno. El tema es que Linterna Verde es un héroe galáctico y debería pasar todo el tiempo en Oa, entrenándose y escuchando apasionantes historias sobre las hazañas legendarias de los guardianes del universo... pero como hacer tantas secuencias en un planeta alienígena hubiera salido muy costoso, el libreto inserta con calzador escenas de relleno en la Tierra. Todo esto podría haberse podado, dando mayor intensidad al proceso de descubrimiento y entrenamiento del héroe, y dándole una perspectiva mucho más épica sobre lo que trata su tarea. Acá Hal Jordan va y viene de Oa como quien toma el colectivo 60 a Tigre, y nunca se lo ve demasiado deslumbrado por los recientes cambios que han afectado a su vida.

    El otro punto en contra es el villano, que es anónimo. Parallax es un CGI que habla poco y carece de profundidad, y Hector Hammond es un sicótico con una cabeza XXL, pero ninguno representa una amenaza decente. Y el que podría ser el antagonista principal - Siniestro - está "tapado" como para revelarse sobre la hora en una posible secuela.

    Todo esto no quita que haya momentos inspirados. La pelea contra Parallax es excepcional (aunque algo corta) y es la primera vez que un filme de superhéroes con actores logra captar la intensidad y el despliegue que caracteriza a las historietas del género. Si uno, por ejemplo, lo compara con las patéticas peleas con cables que tenía Christopher Reeve en Superman 2, el climax de Linterna Verde es glorioso.

    Linterna Verde es dispar, con cosas muy buenas y cosas ok. Yo hubiera traído a otro guionista para inyectarle vida a los diálogos y pulir escenas, y hubiera puesto a un director mas comiquero. En absoluto es un mal filme; simplemente toma una premisa de gran potencial y la ejecuta rutinariamente, lo cual tiene algo de decepcionante.
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    Arlequin
    Desaparición en la Calle 7 viene de la mano de Brad Anderson, el mismo de El Maquinista. En aquel film Anderson estaba inspirado y usaba trucos narrativos de alto vuelo para trazar una línea de duda sobre la estabilidad mental del protagonista - lo que ve, ¿es real o imaginario? -. Pero acá la magia de Anderson parece haberse desvanecido y el filme, que arranca con una idea prometedora, termina sepultado bajo el peso de un guión incompetente.

    Les soy sincero: la primera impresión que me dió Vanishing on 7th Street es que se trataba de una remake del telefilme de 1974 A Dónde se Fue Toda la Gente? (Where Have All the People Gone?). En aquella oportunidad Peter Graves conducía un grupo de gente que había sobrevivido a un extraño fenómeno solar que hacía desaparecer a las personas ... y sólo quedaba la ropa. Era un filme extremadamente estúpido, en donde una escena típica consistía en que uno de los personajes se topaba con un vestido vacío, exclamaba "mi hermana!!" y se ponía a llorar mientras abrazaba la ropa. Acá el maderoso Hayden Christensen (¿cómo puede seguir consiguiendo protagónicos este tipo?) encuentra trajes y vestidos prolijamente apostados sobre mesas y sillas por doquier, lo cual resulta ridículo. Al menos el director Anderson tiende a compensar ese primer pensamiento (natural y compartido entre todos los espectadores del filme) con algunos efectos especiales bastante prolijos, como para darle un aire apocalíptico un poco más denso.

    Y sí, hay una especie de plaga sobrenatural (que parecen las entidades infernales de Ghost, la Sombra del Amor) que acosa desde las penumbras; y sí, cada vez hay menos gente, hay menos energía y la luz del día dura menos. Y ahora, ¿qué hacemos?
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    Y eso mismo es lo que debería haberse preguntado el libretista Anthony Jaswinski, quien parece haber arrojado la piedra para luego esconder la mano. Muy linda la premisa; lástima que no va para ningún lado. Jaswinski empieza a meter molestos personajes de stock, los que parecen salidos de mediocres películas de cine catástrofe al estilo de la saga Aeropuerto. Esto es: la fanática religiosa que extravió a su bebé en el caos que produjo el fenómeno; el molesto nene que está convencido que su madre va a volver (aunque ya se murió el 95% de la población del planeta); el mexicano herido que alucina y es una carga para el grupo; y Hayden Christensen, que es el ateo líder del grupo. No pasa mucho tiempo hasta que uno empieza a desear ver muertos a todos estos personajes, ya que hablan, hablan y hablan ... y no dicen nada.

    El filme podía haber tomado un montón de rumbos distintos; por la existencia de la fanática que compone Thandie Newton (ésta era una buena actriz!; cómo terminó en este bodrio?), bien podríamos pensar que están en una especie de purgatorio o que el resto del mundo está ok y ellos están muertos o en una dimensión paralela; o bien se podría haber hecho algún tipo de investigación para llegar a alguna teoría sobre el fenómeno (oh si, hay una explicación que es sideralmente vaga y no aporta nada). O si esto era una experiencia alegórica, los personajes deberían haber aprendido algo al final del filme. Pero el incompetente libreto toma un camino intermedio, sin resolver ni explicar nada, y dejando un final abierto que resulta indignante. ¿Uno se ha comido 90 minutos de filme para llegar ... a ningún lado?.

    Salvo por el inicio y alguna escena aislada en donde Brad Anderson construye un poco de suspenso, no hay nada potable en Vanishing on 7th Street. Es algo a medio cocinar, fruto de un libretista perezoso. Déjela pasar, ya que no se va a perder de nada que valga la pena.
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  • Super 8
    Super 8
    Arlequin
    Hay películas que no se condicen con las expectativas que ellas mismas crean y Super 8 es una de ellas. Esta es una inusual colaboración entre J.J. Abrams y el pope Steven Spielberg (quien oficia de productor). Todas las señales dan a entender que éste se trata de un sentido homenaje de Abrams a los filmes dirigidos / producidos por Spielberg en los años 70 y 80 - los que van desde Encuentros Cercanos del Tercer Tipo hasta Los Goonies y Los Exploradores -. El problema es que, cuando Abrams deja de imitar a Spielberg y debe hacer algo por su cuenta, termina siendo insípido y decepcionante.

    Seamos claros: los dos primeros actos de Super 8 son muy buenos. Este es un canto de amor hacia la ciencia ficción ochentosa y spielberiana, esa plagada de pueblitos ideales, adolescentes de noble corazón, monstruitos encantadores, y militares malosos que oficiaban como los villanos de turno. A excepción de estos últimos, nadie es demasiado malvado (ni siquiera el monstruo), y la aventura sirve como un proceso de expiación para el protagonista. Vale decir: el chico vive en una familia de porquería (que no es tal), o es perseguido por el matón del barrio (que no es tan malo), o no logra hablarse con la chica que le gusta (y a la que deberá rescatar de improviso para transformarse en el héroe del momento). Y como a nosotros nos gustan los perdedores (o nos identificamos con alguna de las situaciones que debe vivir), terminamos por simpatizar con nuestro sufrido protagonista.
    Mientras que el setup y los personajes funcionan muy bien, los problemas de Super 8 pasan por el tercer acto. Hasta ese entonces, J.J. Abrams venía retaceando la exhibición del monstruo (tomando de ejemplo lo que hizo Spielberg en Tiburón, y que luego el mismo Abrams aplicaría en Cloverfield), lo cual me parece una decisión creativa válida. El problema es que, cuando el bicho entra en escena ... no hace nada memorable. Ahí es cuando queda en evidencia que Abrams es un pálido imitador de Spielberg, simplemente porque no le da la neurona para crear alguna secuencia sensacional, de esas que uno sigue hablando después de salir del cine. No sólo las acciones de la criatura son insípidas sino que el libreto comienza a flaquear con detalles importantes - los chicos encuentran en dos minutos unos informes secretos que los militares estuvieron rastreando durante días; un dúo de enemigos irreconciliables hace las pases demasiado rápido; y, lo que es peor de todo, se revela que el bicho secuestra pero no mata a algunos personajes políticamente correctos de la trama, incluyendo al interés amoroso de nuestro héroe -, con lo cual a uno se le termina de caer la estantería. Después de construir durante una hora un setup tan bueno... ¿por qué no escribieron algo más excitante y original para el climax del filme?.

    Super 8 es una aventura correcta pero decepcionante. El inicio de la película crea unas expectativas que el desenlace no termina de corresponder. Y no es que el final sea malo; lo que pasa, simplemente, es que es demasiado standard.
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  • Capitán América - El primer vengador
    A veces la codicia te puede llevar a que te dispares en tus propios pies. Es el caso de Capitán America: El Primer Vengador. Tiene un gran cast, una excelente reconstrucción de época, formidables efectos especiales, y una historia cuidada. El problema es que, en los últimos cinco minutos, el filme decide tomar una motosierra y amputarse los miembros inferiores, arruinando casi todos los méritos que había hecho hasta ese entonces. Sin dudas los conocedores del comic lo anticipaban (y toleraban) el desenlace... pero, ¿y el resto de la gente?. Me imagino al 90% de la platea disparando insultos a la pantalla apenas se encienden las luces. ¿Es para esto que nos tuvimos que tragar 125 minutos de película? ¿Para quedarnos en ascuas?.

    Seamos claros: Capitán America: El Primer Vengador es una muy buena película. Tal como pasaba como X-Men. Primera Generación, viene en la onda de superhéroe retro. En este caso resulta indispensable, ya que el Capitán América es un dinosaurio que viene de la época de la Segunda Guerra Mundial - en su caso, es un fetiche patriótico nacido en 1941, diseñado para enardecer el espíritu norteamericano adolescente de aquellos años -, y la única manera de digerir a un tipo disfrazado como la bandera yanqui es explicando cómo caczo llegó a calzarse semejante disfraz. Para esta tarea trajeron a Joe Johnston, un tipo que ha dirigido muchas cosas - Jurassic Park III, Jumanji, etc - pero, sobre todo, filmó Rocketeer que era un respetuoso (aunque algo aburrido y muy sanitizado) superhéroe retro. No le echen las culpas a Johnston sino a la Disney que producía la película y quería algo que fuera políticamente correcto por los cuatro costados.

    Por suerte acá Johnston tiene más libertad creativa y por ello termina de armar una buena pelicula de matineé. El debilucho patriota convertido en superhéroe, el villano que tiene su propia agenda - entre lo que se incluye, traicionar al mismísimo Hitler y dominar al mundo por su cuenta -, una fuente de poder inconmensurable (procedente del olimpo de los dioses nórdicos de Thor??) que le permite construir un ejército futurista, la materialización en pantalla de algunos de los proyectos más fascinantes y delirantes de la ingeniería militar alemana de la época - como tanques gigantes o bombarderos intercontinentales ala delta -, un grupo de amigos y fieles compañeros de lucha, y el sentimiento de que la guerra está a punto de salirse de madre por la irrupción de nuevas fuerzas, más poderosas que los bandos en conflicto hasta ese momento. Oh sí, Capitán America: El Primer Vengador tiene mucha tela para cortar, y nadie le puede negar que la narración es sólida. Tan sólo ver cómo los guionistas se las ingeniaron para explicar el mote y el disfraz del personaje resulta digno para aplaudirlos de pie.
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    El tema del filme pasa, en realidad, por el manejo de los tiempos. A mí me gustan las historias de origen, a otros no: prefieren saltárselas y pasar directamente al medio de la acción, con dos bandos pre existentes y ya enfrentados. Acá la historia de origen es buena, pero se toma sus tiempos - pasan 40 minutos antes del experimento del super suero... y aún así debe transcurrir otra media hora como para ver al superhéroe en acción por primera vez - y, cuando llega el momento de la adrenalina, la dirección de Johnston se vuelve algo rutinaria. Es correcta pero no excitante.

    Por supuesto los tiempos siguen y siguen... y ahí es donde viene el error de criterio fatal. Tanto nosotros como la Marvel sabemos que el Capitán América es una reliquia de la Segunda Guerra Mundial, frente a lo cual se presentan dos opciones: a) seguir con el personaje seteado en los años 40, o b) traerlo a la época actual, y ponerlo a pelear contra villanos modernos. La editorial, históricamente, eligió la opción B; el personaje había entrado en decadencia en los años 50, lo archivaron y lo revivieron en los 60, diciendo que habia quedado en estado de animación suspendida cuando, luego de un accidente, quedó enterrado y congelado en el Polo Norte. Ahora bien: ¿cuándo debemos hacer el cambio de época?. En la espantosa versión de Albert Pyun de 1990, el personaje vivía media hora de aventuras en los años 40, y el resto del filme transcurría en la época actual. En otras versiones (como las televisivas de 1979), directamente se omitía la referencia a la Segunda Guerra Mundial. Esos dos enfoques son mucho más coherentes que el tomado aquí, que es dejar al personaje durante el 99% del filme en la década del 40 y, en los últimos 2 minutos, congelarlo y revivirlo 70 años después. Digo yo: uno venía siguiendo una historia y había creado expectativas - el romance con la chica, la suerte de la organización Hydra, el destino de los compañeros de combate de Rogers, etc - y, de pronto, todo eso es cercenado en menos de cinco minutos. Y, lo que es peor, es que el filme ni siquiera tiene la valentía de llamarse Capitán América Volumen I como hizo en su momento Kill Bill. Al menos la obra de Tarantino - partida al medio entre gallos y medianoche, debido a la ambición desmedida de sus productores - t resultaba mas satisfactoria como capitulo unitario en cada una de sus partes, que lo que ocurre aquí. No se explica en absoluto qué le pasó a toda la gente que habíamos conocido durante los 120 minutos previos; y es un intento tan descarado por forzar al público para que vaya a ver la inminente Los Vengadores (2012) y allí recién se entere de cómo terminó la historia. Y, a menos que Tony Stark invente una máquina del tiempo como para que Rogers regrese a su época y se bese como corresponde con su amada imposible, la saga del Capitán América resultará un mamotreto brillante pero amputado en su parte más importante, que es la de darle un final satisfactorio tanto al público como al personaje.
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  • Atrapada
    Atrapada
    Arlequin
    Los artistas pierden su talento con el tiempo. Hay algunas excepciones en lo que esto no pasa, pero es lo que ocurre con la mayoría. Como con John Carpenter, otrora maestro del terror, que hace rato que viene en picada. Atrapada es el primer filme que rueda Carpenter después de esa vergüenza pública que fue Fantasmas de Marte en el 2001. En el medio hizo algunos capítulos para la serie Masters of Horror, pero uno podría afirmar con total justicia que Carpenter no ha hecho nada decente desde mediados de los 90. Desde En la Boca del Miedo (1995), que fue su última gran película.

    Y Atrapada no representa un cambio de tendencia. No es un mal filme, pero es genérico, light, desabrido. Hay unos pocos sustos, no hay un gran clima, ni siquiera el monstruo de turno se ve terrorífico. El problema es el libreto, hecho por un par de desconocidos, y en el cual Carpenter parece no haber metido mano. O, si la metió, no se nota. He aquí otra historia de hospitales embrujados cuyo desarrollo se vuelve predecible. Esa mano que sale de la sombra, ese reflejo inesperado en el espejo, eso espectral que se mueve en el fondo detrás de la protagonista. Es todo tan soso que uno se asombra que el tipo responsable de esto fuera el mismo que hizo Halloween hace una parva de años atrás.
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    A esto se suman otros problemas. El libreto insiste en ambientar la acción en 1965... ¿para qué?. ¿Para que no existan celulares, computadoras ni internet?. La reconstrucción de época es muy mala, comenzando por la troupe de muchachas que protagonizan la historia y que, en ningún momento, se ven como pertenecientes a la década del 60. Tiene pelos con claritos, hablan de manera decidida y anacrónica, y son demasiado avispadas para su época. Considerando que el personaje de Kristen es una chica amnésica y con problemas mentales que vive en 1965, el libreto comete el grueso error de enfrentarla al médico y discutir con él en sus propios términos, utilizando un vocabulario técnico que sería desconocido para cualquier joven que hubiera vivido en esa época. Hoy todos nosotros, sin ser sicólogos, tenemos alguna idea de lo que es esquizofrenia, bipolaridad, electroshock, etc, ya sea por los diarios, la TV, el cine o internet. En los sesentas, la gente leía la revista Life y veía películas de Walt Disney. ¿Cómo podría enterarse de toda esa terminología a menos que no fuera estudiante de sicología?.

    Uno no puede negar que Atrapada es un filme prolijo. Las actuaciones son buenas y el libreto no mete la pata (o al menos, no lo hace de manera irritante). Incluso el guión se atreve a meter una vuelta de tuerca que, sin ser maravillosa, al menos repunta la puntería de la película a último momento. (alerta spoilers) El tema, claro está, es que cuando uno ve el climax en perspectiva, tampoco tiene mucho sentido. Si aquí todo ocurre en la mente de la protagonista - tal como Shutter Island (2010) o, más concretamente, como Identidad (2003) -, ¿qué es lo que viene a representar el fantasma putrefacto?. ¿al terapeuta que va matando personalidades una a una?. (fin spoilers)

    Atrapada es un tipico filme directo a video: no es malo, pero tampoco tiene nada fuera de lo común. Exhibe el nombre de John Carpenter en la portada, pero es sólo un adorno para destacarse de entre cientos de filmes genéricos que poblarían la estantería de un videoclub. Y definitivamente no es una película por la cual yo gastaría el valor de una entrada para verla.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2
    Los que empezaron con el engendro de partir filmes en dos fueron los hermanos Weinstein, quienes hicieron lo propio con Kill Bill en el 2003. Ahora se sumaron a la moda la saga de Harry Potter, y la de Crepúsculo, y aunque intenten disfrazarlo - diciendo que el capítulo final merecía ser extendido para poder disfrutarlo en toda su gloria -, hay olor a vulgar oportunismo comercial en todo esto. Es vender dos veces el mismo filme, y uno debe esperar un año para ver los 90 minutos faltantes de la historia.

    Si Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 1 fue un engendro manipulado, al menos la Parte 2 tiene la decencia de disparar toda la carga emocional que venía reprimida en los últimos filmes. Por supuesto, tiene los mismos bodrios característicos del estilo de J.K. Rowling: hay demasiados Deus Ex Machina (piedras resucitadoras que salen de la nada, vinculos mentales que le dan pistas en todo momento a Harry Potter sin que el mago deba quemar una neurona en algo siquiera parecido a una investigación, etc, etc), los secundarios son más heroicos que el propio Harry, y la trama es tan compleja - saturada de intrigas y personajes secundarios y terciarios -, que uno precisa media hora para situarse en dónde estamos y quiénes son estas personas. O es eso, o es ver la Parte 1 media hora antes de ir al cine.
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    Pero a pesar de mi lanzamiento compulsivo de piedras, no dejo de reconocer que Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2 es emocionante. Olvidando el despiste inicial del filme - sabía que Potter tenía que destruir horocruxes, pero ni me acordaba del enano ni del personaje de John Hurt, ni cómo llegaron a ese punto de la historia -, la cosa se encarrila y, por suerte, para bien. Eso no quita que si uno tiene algo de conocimiento cinematográfico comience a notar influencias de todo tipo y color. Harry y sus amigos quedan atrapados en una boveda llena de cacharros que comienzan a clonarse, llenando todo el espacio posible... y uno espera que agarre el intercomunicador y grite "C3PO, sácanos de aquí y apaga el compactador de basura!!"; o los magos armando una defensa con una cúpula de energía, similar al climax de Episodio I: La Amenaza Fantasma; o una batalla masiva y desesperante, en donde los buenos están al borde de la muerte como El Señor de los Anillos: Las Dos Torres. No me quedan dudas que el asedio de Hogwarts es la versión J.K. Rowling del sitio del Abismo de Helm, eso sin mencionar en que Potter - en un momento - se transforma en una especie de clon de Gandalf el blanco (vi luz y subí!).

    Todo esto no quita que las cosas sean intensas gracias a que David Yates es un director formidable. Las batallas son espectaculares y la acción tiene un gran ritmo. Ralph Fiennes es muy bueno como Voldemort. Hay una enorme cantidad de personajes secundarios de la saga que regresan, ya sea para hacer un cameo o para morir en la batalla de Hogwarts. Los malos van teniendo su merecido por turnos, y la gente aplaude esas victorias. Y si bien el climax es rebuscado - para variar, un personaje secundario termina de sacarle las papas del fuego a Potter & Co -, igual es muy bueno. Considerando que se trata de una serie con 8 filmes en sus hombros, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2 es una conclusión más que potable. En lo personal creo que la saga tendría que haberse finiquitado hace 3 o 4 películas, pero a J.K. Rowling le costó un Perú hacer los giros correctos para encaminar la serie hasta un final espectacular y aquí lo ha logrado. Aún con todos sus problemas narrativos, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2 triunfa en lo emocional y contagia su adrenalina; y eso es lo que hace que uno le de carta blanca y mire para el costado cuando sus defectos salen a la luz.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Transformers: El Lado Oscuro de la Luna es una deliciosa película mala. Uno se ríe con los pasos de comedia. Uno se ríe con las escenas dramáticas, ya que son horribles. Y uno se ríe con los efectos especiales, que son descomunalmente exagerados. La historia tiene huecos enormes, el villano (del lado de los humanos) no sirve, y hay perfomances que a uno le hace apretar los dientes. Pero todo es tan descerebrado que uno termina por aplaudir de pie. Si 2012 representó el pináculo de la carrera del auteur Roland Emmerich (otro especialista en excesos), Transformers: El Lado Oscuro de la Luna debería ser el opus máximo de Michael Bay. Todo el mal cine que han desarrollado durante estos años ha sido pulido de tal forma que ha encontrado su estado de gracia, en el cual tanto los errores como los aciertos resultan festejables a rabiar.

    En primer lugar hay que admitir que Michael Bay ha mejorado mucho su estilo. Ha aprendido de Zack Snyder y ha ralentizado la acción, de manera que se puede seguir sin que a uno le agarre un ACV. De todos modos el tipo es una especie de masturbador crónico con los efectos especiales y, cuando inicia una secuencia, dura 15 minutos como mínimo. Pero al menos aquí rebosa de inspiración y la coreografía de la destrucción termina siendo deliciosa. La última hora de Transformers: El Lado Oscuro de la Luna es delirantemente épica, con ciudades arrasadas, rascacielos partidos a la mitad, y centenares de criaturas robóticas marchando por cielo y tierra como si fueran una legión de destructores de mundos. Oh, sí, a la hora de los efectos especiales el filme es un orgasmo y es el sueño de cualquiera que quiera probar al límite el televisor alta definición de 50 pulgadas que se acaba de comprar.

    En cuanto a la historia, debo admitir que arranca muy bien. Siguiendo la moda creada por Watchmen (y seguida por X-Men: Primera Generación y Liga de la Justicia: la Frontera Final), acá enlazamos a los personajes de comic con la historia reciente de la humanidad. Los Estados Unidos no fueron a la Luna a recoger roquitas sino a revisar los restos de una gigantesca nave espacial estrellada a principios de los 60. Esa nave contenía un generador de portales dimensionales, del cual se encontraron algunos pedazos. El resto del generador lo tienen los villanos de la historia, la raza Decepticon, quienes planean dar un golpe para recuperarlos.

    Mientras que esa parte está muy bien, lo que sigue está insertado con calzador, y es la trama vinculada al protagonista humano que encarna Shia LaBeouf. Acá nuestro héroe está en la mala, sin trabajo y siendo verdugueado por sus padres sobreprotectores. Su antigua novia lo ha abandonado, pero ha caido en brazos de otra belleza - Rosie Huntingdon-Whiteley, quien reemplaza a Megan Fox, y que tiene las dotes actorales de un ladrillo -. La chica tiene conexiones, así que le consigue trabajo en una de las tantas empresas que tiene su multimillonario jefe, encarnado por Patrick Dempsey. Lo que sigue es una larga serie de pasos de comedia - algunos efectivos, otros horrendos - que sirven para matar el tiempo mientras el guión intenta encontrar cómo hacer que el personaje de Shia LaBeouf se vuelva útil para la historia y llegue como un héroe hacia el final.

    Debo admitir que me reí mucho con Transformers: El Lado Oscuro de la Luna y, en el 50% de los casos, me reí en secuencias que se suponían que era serias o dramáticas. Yo no diría que eso es un efecto indeseado; después de todo, la única manera de que funcione como entretenimiento un filme que va a mostrar cientos de edificios colapsados y miles de muertos en las calles es que no se tome en serio a sí mismo (tal cual como ocurria con 2012). Imaginen exhibir esta película frente a una audiencia que aún permanece sensible por el atentado del 11/9/2001.

    Ciertamente hay aciertos y hay errores. Entre los aciertos figura la decisión de Bay de mostrar muertos en pantalla. Acá mueren humanos y mueren robots, lo que lo aleja mucho del espectáculo infantil que le dió origen (y que suele ser el defecto de la fórmula: esos shows en donde los villanos siempre son vencidos pero nunca matan a nadie). Por su parte, los efectos especiales son formidables, y la escalada de destrucción masiva es excepcional (hay una escena cerca del final, en donde LaBeouf y sus amigos quedan atrapados en un rascacielos que está a punto de partirse a la mitad... que hay que verla para creerla). Imaginen Batalla Los Angeles, pero con sobredosis de testosterona. Pero en el apartado de los errores, los mismos se acumulan como una montaña. La Beouf tiene su cuota de escenas fabulosas y otras en las que parece estar en coma. Patrick Dempsey es terriblemente insulso como villano. La perfomance de John Malkovich es, como mínimo, bizarra. Las alianzas y traiciones de turno resultan demasiado rebuscadas y poco creíbles (el diálogo final entre la novia de LaBeouf y Megatron es totalmente absurdo). Y 2 horas y media es demasiado tiempo para desarrollar toda esta bonita pavada (por lo menos le sobran 45 minutos).

    Con toda su caterba de errores y aciertos Transformers: El Lado Oscuro de la Luna es recomendable. Si a usted le gustaron las entregas anteriores y 2012, entonces le encantará esta película. Y si a usted no le gustó ninguna de ellas, ... váyase al videoclub y alquile la última de Woody Allen.
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  • 8 minutos antes de morir
    8 Minutos Antes de Morir es el nuevo trabajo de Duncan Jones, el hijo de David Bowie que tuviera un espléndido debut con Moon (2009). Las buenas nuevas es que Jones ha vuelto a confirmarse como director de calidad, y se trata de uno de esos talentos que vale la pena seguir. Este es un thriller inteligente y prolijo, lo cual equivale a encontrar diamantes en el barro considerando los tiempos de pobreza creativa que últimamente dominan a Hollywood.

    En sí, 8 Minutos Antes de Morir no deja de ser mas que una sofisticación de Hechizo del Tiempo (1993), sólo que ahora la premisa está tomada en serio y está salpicada con toques de Phillip K. Dick. Imaginen despertarse en el medio de una situación irremediable, sabiendo que dentro de 8 minutos va a explotar una bomba, y que uno deberá vivirla una y otra vez hasta que logre dar con el responsable del atentado. Por supuesto la trama avanza y comienza a sofisticarse con detalles inquietantes: en el sueño no somos nosotros mismos sino tomamos la personalidad de una de las víctimas del atentado; y a pesar de todo nuestro esfuerzo por desarmar la bomba, descubrir al culpable o intentar advertir a las victimas, la explosión ocurre de manera inevitable.

    Lo que al principio parece onírico - ser otra persona; estar atrapado en un bucle temporal imposible de alterar, en donde los eventos ocurren y se reinician de cero de manera automática - pronto se revela como algo mas standard y propio de la sci fi: el protagonista está corriendo una simulación de realidad virtual basada en los recuerdos de los últimos 8 minutos de vida de una de las víctimas del atentado. La situación ha sido real - la bomba explotó hoy a la mañana -, y ha sido recreada hasta el más minimo detalle en una computadora a la cual estamos conectados. Por supuesto el mismo argumento termina por caer en una falacia - de que el pasajero fallecido es poco menos que Dios, ya que sus recuerdos son tan completos que es posible simular cualquier cosa que ocurriera en cualquier parte del mundo en el momento de la explosión como, por ejemplo, lo que sucedía fuera del tren -, pero eso es lo de menos. El tema es encontrar al terrorista en menos de 8 minutos, caso contrario habrá que vivir nuestra propia muerte una y otra vez.
    Cuando el filme devela que se trata de una simulación, 8 Minutos Antes de Morir entra en carriles más standard y, de algún modo, permite anticipar el giro de tuerca final del guión - al menos los espectadores experimentados pueden preverlo desde leguas de distancia -. Esto termina por diluir el impacto del climax sin que uno deje de reconocer que toda la obra está construida de manera inteligente. Lo que uno podría reprochar, en cambio, es que los operadores militares del proyecto están escritos como clichés inflexibles. Aún conociendo las circunstancias en las que opera Jake Gyllenhaal, a estos científicos le tendrían que haber dado unas nociones tipo Sicología 101 como para tratar - y especialmente, guiar - a los sujetos con los cuales están experimentando. Dar órdenes a alguien y tratarlo como si fuera un robot es chocante, y es el primer indicio de que las cosas no son lo que aparentan.

    Ciertamente la revelación final, cuando uno la analiza en detalle, termina siendo una pavada - ¿el mundo virtual de la simulación en realidad es un mundo paralelo y conectado al real? -, pero el resto del filme es sólido, prolijo e inteligente. Revelar más datos es arruinar la experiencia y, a mi juicio, 8 Minutos Antes de Morir es un filme que merece verse.
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  • Priest: El Vengador
    Entre 1998 y 2007 se publicaron 16 volúmenes del manhwa (el equivalente coreano del manga) Sacerdote (Priest), el cual tuvo una repercusión notable en el sur de Asia. Era una historia épica que abarcaba desde la antigüedad hasta las cruzadas y la época del lejano oeste, narrando la batalla entre una horda de ángeles caídos (celosos del amor de los hombres por Dios) y el resto de la humanidad. Al final se formaba un cuerpo de guerreros - denominado sacerdotes - que combatían a los ángeles renegados. La historia llamó la atención de Hollywood, y en el 2005 se adquirieron los derechos para generar una adaptación para la pantalla grande. Pero el proyecto cayó en el típico development hell durante un lustro, pasando por diversos directores y actores hasta que fue a parar a manos de Scott Stewart, el mismo de Legion. Y, viendo el producto terminado, uno puede concluir un par de cosas: primero, que alguien le dijo a Paul Bettany (cuando era niño) que parecía un angelito, el tipo se lo tomó en serio y pasó la mitad de su carrera interpretando a sacerdotes y emisarios celestiales; lo segundo es que Priest, El Vengador es superior a Legion por amplio margen aunque tiene su cuota importante de fallas, muchas de las cuales terminan por arruinar una premisa con mucho potencial.

    Uno debe partir de la base que el filme tiene poco y nada que ver con el comic coreano. En vez de los ángeles caídos de la historieta original tenemos vampiros, y todo lo que sigue es un Weird Western en donde los chupasangres vienen a jugar el típico papel de indios. Imaginen a Paul Bettany como un antiguo miembro de una legión de pistoleros que limpió el oeste de indigenas y que ahora un antiguo compañero - que fue raptado y reconvertido por los indios - regresa para vengarse de él y del resto del mundo que lo abandonó. Otra que Danza con Lobos.

    Los problemas con Priest, El Vengador pasan por una cuestión de credibilidad básica. A los cinco minutos de comenzado el filme, o usted abraza la historia o le prende fuego al cine. El tema no pasa porque sea un Western excéntrico en un ambiente futurista y plagado de vampiros - ojalá solo se restringiera a eso -, sino porque la historia empieza a disparar muchos más conceptos de los que uno puede digerir. Por ejemplo, que la humanidad vive en ciudades estado, regidas por una dictadura conformada por la Iglesia Católica. Que las metrópolis se ven como una mezcla de Blade Runner, 1984 y El Vaticano. Que la Iglesia formó a un grupo de élite - llamado los sacerdotes -, quienes son extraordinarios en combate y vencen a mano limpia a decenas de vampiros (alguien dijo Equilibrium?). Que alrededor de las ciudades hay estatuas gigantes (alguien dijo El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo?), construidas en medio de desiertos inmensos, y donde aún vive gente que pretende cultivar algo en las planicies estériles. Y que los vampiros han sido restringidos a reservaciones (en donde mantienen gente infectada como sus esclavos), a pesar de que se trata de una amenaza que la humanidad ha intentado exterminar durante siglos y siglos.
    Sí, hay momentos en que la historia se siente como un collage de películas anteriores y superiores a esta. Cuando Priest, El Vengador logra salir de la mezcolanza de influencias y se mete de lleno en el terreno del Weird Western, es cuando mejor funciona. Eso no quita que, por cada escena buena, haya una mediocre. Como en el primer ataque de los vampiros, en donde los granjeros se ven demasiado limpios, maquillados y cargados de botox como para verse como gente curtida que vive en medio del desierto. O como en la mayoría de los combates, en donde los sacerdotes no parecen humanos entrenados sino supermanes capaces de hacer cosas imposibles. En un momento Paul Bettany pelea con una bestia que se ha ido a un lugar muy alto... y Maggie Q lanza adoquines al aire, los que terminan siendo usados por Bettany como si fuera escalones para pisar en ellos, alcanzar la cima y voltear a la criatura (tsunami de wtf!!).

    Pero si uno le perdona los problemas de credibilidad y/o ridiculez de algunas escenas, verá que Priest, El Vengador tiene ideas muy ricas y su cuota de aciertos. Las perfomances son muy buenas, en especial la de Karl Urban que es un villano efectivo. Aquí todo pinta para una franquicia interesante - el filme se encarga de dejar una buena cantidad de cabos sueltos como para disparar una posible secuela -, la que podría tener potencial si va a parar a manos de otro director más equilibrado. Lamentablemente la recaudación fue muy tibia y la crítica se encargó de despedazarla, con lo cual jamás veremos como sigue la historia.
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  • Los agentes del destino
    En Adjustment Team (1954), Phillip K. Dick se despachaba con una historia acerca de un ejército de individuos que monitoreaban la conducta de todas las personas, verificando que cumplieran con un plan del destino trazado por una inteligencia superior. En dicho cuento uno de dichos agentes descubría que un perro había ladrado un minuto más tarde de lo previsto, razón por la cual se producía un descalabro en el orden de todo el universo - como p.ej. que la URSS y EE UU suprimían la Guerra Fría y llegaban a un acuerdo de paz -. El individuo se veía obligado a intervenir pero un ser humano - el vecino a la casa donde estaba el perro - presenciaba por casualidad toda la operación, razón por la cual era interceptado y le advertían que no dijera nada, caso contrario produciría una sucesión de cambios mayores en el destino de toda la humanidad.

    Más de 50 años después la premisa del cuento es utilizada por George Nolfi - guionista de La Gran Estafa y El Ultimatum de Bourne - para despacharse con una historia romántica con ribetes metafísicos. Es obvio que el relato ha sido expandido a proporciones gigantescas para que quepa en una hora y media de duración, y ciertamente queda muy poco de su esencia. Acá Matt Damon y Emily Blunt se conocen, hacen click, y luego el buró del ajuste (como reza el título original) se la pasa impidiendo que la parejita se junte, lo que nos da una hora y media de persecuciones. Pero el resultado final es algo tibio.

    El problema con Los Agentes del Destino son los tipos del título. Es un gigantesco Deus Ex Machina que el guión nunca termina por desarrollar. Los protagonistas no preguntan demasiado por la naturaleza de esta gente - si eran personas (tienen nombres terrenales) o si son ángeles - ni por los mecanismos que utilizan - por qué usan sombreros; por qué tan importante es cumplir con el plan, y si el destino no encontrará rumbos alternativos; cómo funciona el mecanismo de las puertas, donde abren una y aparecen en la otra punta del planeta, etc -. Incluso en el climax, en donde podría revelarse algo más sobre la naturaleza de esta gente, el libreto decide echarse atrás a último momento. Todo esto termina por convertirse en una agradable comedia romántica que posee una excusa excéntrica y pasada de rosca como la complicación de turno que deben padecer los amantes antes de reunirse definitivamente.
    Lo mejor que tiene Los Agentes del Destino es la dupla central de Damon y Blunt, que poseen una química fabulosa y actúan de manera excepcional. Es una perfomance relajada y completamente natural. Pero el elemento fantástico de turno - el ejército de individuos que realizan correcciones al destino - está a medio cocinar. Si son ángeles, sería el primer caso en donde actúan contra su naturaleza para impedir la concreción del verdadero amor entre dos personas; si son entidades sobrenaturales inteligentes, deberían saber que el futuro encuentra vías alternativas para cumplir el destino real de las personas. Ni siquiera esto sirve como un caso de laboratorio, confrontando la teoría del determinismo versus el caos y la casualidad. Con todo lo que sabe (y puede anticipar) esta gente, ¿no pueden preveer que Matt Damon va a salirse con la suya?.

    Los Agentes del Destino es una película ok. Podría haber sido superior si se hubiera decidido a elaborar y expandir la premisa, y no a dejarla como la excusa de turno que atenta contra el romance de los protagonistas. Porque, así como está, sólo han reemplazado al obstáculo tradicional de los filmes románticos (alguna suegra o ex-novia envidiosa del galán de turno) por un ejército de entidades sobrenaturales salidos de la nada y carentes de todo misterio.
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  • Hanna
    Hanna
    Arlequin
    Hanna es un título con un pedigree interesante. Todo hace presagiar que se trata de una versión teen de Jason Bourne, pero el calibre de los involucrados termina por generar algo distinto y de mayor calidad que lo esperado. El responsable es Joe Wright, un tipo especializado en adaptar dramas de corte clásico como Orgullo y Perjuicio (2005) o Expiación: Más Allá de la Pasión (Atonement) (2007). En vista de eso, Hanna hace mayor énfasis en los personajes que en la acción, con lo cual se produce un thriller equilibrado y, por momentos, apasionante.

    Si uno analiza en detalle, podrá ver que Hanna es material típico de Quentin Tarantino. Hay un fuerte tufillo de comic en todo el asunto, desde el momento en que vemos que el personaje principal ha sido educado desde su infancia para ser una asesina letal. Desde ese punto de vista, Hanna no difiere demasiado de los origenes de Diabolik, o del universo de letales caracteres secundarios de Kill Bill (en especial, Gogo Yubari).

    Cuando a una niña le enseñan a armar bombas en vez de jugar con muñecas, los costos que termina por pagar semejante sujeto son altos. El filme, si bien es competente desde el punto de vista de la acción, prefiere afilar sus uñas en el terreno dramático y explorar el concepto de la inocencia robada del personaje. La supuesta educación formal que le provee el padre no deja de ser un lavado de cerebro concebido desde un punto de vista militar. La chica memoriza idiomas, datos geográficos, históricos y tácticos, de manera de ser un robot ambulante y letal. Cuando Hanna se encuentra en algún lugar y lo identifica, vomita una parva de datos geográficos, utiliza el dialecto local, y calcula las salidas de emergencia. El tema es que esta máquina de matar es, a su vez, una niña que jamás ha disfrutado la vida, que carece de urbanidad y cuyos conceptos morales están agarrados con alfileres. Cuando ella logra escapar de los cuarteles de la CIA y comienza un largo derrotero por media Europa (sin papeles ni dinero), se comporta como si fuera una extraterrestre. Se fascina con el parpadeo de un tubo fluorescente, o tiene reacciones exageradas como cuando intenta quebrarle el brazo a un adolescente calentón que quiso besarla.

    Todo el relato despide un tufillo triste y trágico, simplemente porque el espectador se queda con la sensación de que la chica es un instrumento utilizado por un adulto contra otro, y a que ninguno de los dos realmente le interesa su suerte. Erik la ha formado para vengar a su madre y, si bien es cierto que él ayuda a la chica en dicha operación, a uno le queda la impresión que sus motivos son más egoístas. Digo yo: si Erik es normal, ¿por qué criar a la chica como un robot?. En ningún momento se siente una relación de afecto entre padre e hija (el libreto después se despacha con una explicación sobre este punto). Erik es frío, distante y perfeccionista. Jamás se preocupó por enseñarle a socializar a la adolescente y, por eso, cuando sale al mundo real la chica se siente como si hubiera caido en la fábrica de Willy Wonka. Todo lo que la rodea es raro, es distrayente... y es nuevo.
    En el aspecto thriller, Hanna es eficiente en un sentido jasonbournesco. En el último acto, sin embargo, se presentan problemas. Aparecen elementos de ciencia ficción que intentan explicar como una pequeña adolescente puede vencer a un gorila de dos metros de altura que resienten un poco la credibilidad. Si bien dicho aspecto uno termina por digerirlo, hay otras cosas desprolijas que le impiden dar un cierre como se debe al filme. La suerte de la familia inglesa que la recoge en el norte de Africa es una de ellas - en cualquier otra pelicula hubiera sido el cantado broche de cierre para el relato -; la otra es la batalla final, en donde la suerte de los supervivientes queda en el limbo. Me parece un despropósito que uno se haya interesado por alguien durante 90 minutos y que luego el director venga y baje la cortina abruptamente sin dar más explicaciones.

    Hanna es un muy buen filme. Es un thriller ok, que tiene un plus interesante y distinto. La dirección, el ritmo y las perfomances son muy buenas; el único reproche es el libreto, que sobre el final no termina de tener muy claro cómo clausurar todas las historias que había lanzado al ruedo.
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  • X-men: Primera Generación
    Blade (1998) fue la cabecera de playa del desembarco de la Marvel en el cine, y pronto se sumarían una parva de adaptaciones de comics de la editorial. Pero la verdadera prueba de que el negocio era muy rentable para la editorial fue el masivo hit de X-Men (2000). En lo personal, los filmes de los hombres X siempre me parecieron muy inteligentes pero demasiado estáticos - la acción era poca o no era memorable -, aún con toda la parafernalia desplegada en X-Men: The Las Stand (2006). Como todavía esa vaca tenía leche, la Marvel decidió seguir ordeñándola con precuelas, primero con X-Men Origenes: Wolverine (2009) y luego con la de Magneto, la cual terminó por mutar a último momento en un reboot / precuela de todos los hombres X. El resultado final es el filme que ahora nos ocupa.

    Por suerte tuvieron el tino de despedir al imitador Brett Ratner y trajeron a un tipo con talento real como es Matthew Vaughn - Layer Cake, Kick Ass -. La buena nueva es que Vaughn le aporta la adrenalina que le faltaba la saga; si bien los filmes de Bryan Singer tenía una excelente caracterización de personajes, a veces se excedían en palabras y retaceaban en acción, o las proezas superheroicas se quedaban algo cortas. Acá hay mucha más acción y es realmente espectacular, pero esto se logra a cambio de sacrificar la tridimensionalidad de los personajes. El único desarrollado como la gente es Erik Lenseherr / Magneto, después hay un borrador a trazos gruesos del profesor Xavier, y el resto es absolutamente anónimo.

    Si hay una palabra para definir a X-Men: Primera Generación sería inconsistencia. Es un filme que hace muchas cosas brillantes y hace algunas terribles, y da la sensación que el libreto es un conglomerado de aportes sin que hubiera un guionista rector que hiciera el control final de calidad (o puliera las desprolijidades). Si bien esto es un reboot uno no puede dejar de toparse con algunos detalles chocantes, como que todos los hombres X ahora son adultos jovenes de la misma edad - trasladando esto a la saga dirigida por Bryan Singer, cuesta imaginar que el veterano Patrick Stewart (o el mismo Ian McKellen) figure con la misma edad que la bellísima y fresca Rebecca Romijn -. Por supuesto el libreto se despacha con una explicación no muy creible para esto, lo que equivale a tapar al muerto con un diario y seguir adelante con el partido. Otro punto pasa por el cast, que es dispar. Aún cuando tengan edades similares, Michael Fassbender parece el papá de James McAvoy; y en el caso de Jennifer Lawrence, se ve demasiado insulsa en comparacion a la Mystique / femme fatale que componía Rebecca Romijn en la saga original. Bah, también es cierto que McAvoy no exhibe esa presencia imponente que tenía Patrick Stewart, aunque resulta mucho más natural imaginar a Fassbender (con toda su furia e intolerancia) como la versión joven de Ian McKellen.

    Otro detalle es que la mayoría de los origenes de los personajes están cambiados respecto del comic original, pero ya eso es un tema para los especialistas. Quizás mi ultimo pero hacia el filme sería la insistencia en forzar la marcha, metiendo con calzador cosas vinculadas con la saga original de Singer. El cómo Magneto se transforma en villano parece una invención de ultimo momento del libreto y no el resultado de una evolución natural dentro de la historia. Luego está la aparición del avión Blackbird característico de los X-Men, la mansión de Xavier, el incidente en donde el profesor queda lisiado, la construcción del dispositivo Cerebro para ubicar mutantes, etc, etc... cosas que yo hubiera incluido con mayor discrecionalidad en los siguientes filmes. A final de cuentas, ésta es la primera entrega de una nueva trilogía, ¿no?.
    Ahora que uno ha terminado de ennumerar defectos y desprolijidades, corresponde hablar de los méritos de X-Men: Primera Generación. Si uno perdona esos detalles, el filme es una gozada. El villano de Kevin Bacon es muy bueno, aunque el libreto omite imperdonablemente una explicación de cómo este tipo adquirió super poderes de un día para otro. Aquí Bacon hace de super villano (al estilo de los filmes de James Bond) dotado de su propio plancito para destruir al mundo. Lo que hace tan disfrutable a X-Men: Primera Generación es que tiene el tino de convertir a la trama en una especie de versión alternativa (y secreta) de los sucesos que llevaron a la famosa crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962. Esto es, una epica retro de superhéroes con toques de intriga internacional. El escenario es tan gloriosamente rico que uno perdona las pifias del libreto o los errores de casting. El otro enorme punto a favor es la historia de origen de Magneto, que es realmente potente. Es una lástima que dichas escenas provengan de la canibalización de un libreto descartado - el que habían escrito para la abortada película sobre el personaje -, porque tienen una energía y calidad enorme, además de que su nivel contrasta seriamente con el resto de las secuencias (que tienen tufo a añadido).

    X-Men: Primera Generación es una desprolijidad brillante. Es espectacular y entretenida, aunque cada tantos minutos tenga alguna pifia. Pero como arranque para una nueva trilogía me parece excitante, y no veo la hora de ver las nuevas entregas... aunque espero que en la próxima ocasión esta gente se tome la molestia de pulir la historia como se debe.

    (en nota para la trivia, para los libretistas yanquis Villa Gesell es una especie de fiordo a orillas de los Andes en donde viven millones de nazis escondidos. ¡Cómo se nota que para esta gente el limite del universo es la frontera con Mexico!)
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  • La noche del Demonio
    Para mí, el 99.99 % del cine de terror es descartable. Premisas estúpidas e irreales, malos directores, regocijo gratuito en maquillaje y efectos especiales, actores espantosos. Pero existe un 0.01 % del cine de horror que es efectivo, y es el que me provoca pesadillas. En ese minúsculo grupo pondría a El Proyecto Blair Witch, El Exorcista, Actividad Paranormal, y la mayoría de los filmes de la dupla Wan - Whannell. Saw, el Juego del Miedo era brillante y estremecedora; Silencio Desde el Mal tenía su cuota de momentos shockeantes; y ahora completaron el círculo con Insidious, La Noche del Demonio. El filme es una prueba patente que James Wan (y algunos directores asiáticos) son los únicos de generar algo genuinamente espeluznante en los tiempos que corren.

    Ciertamente el comienzo del filme no parece muy prometedor. Pareciera que Wan y Whannell estuvieran decididos a hacer una especie de Actividad Paranormal 3 (curiosamente, Oren Peli figura como productor de este filme), sólo que rodada de manera más tradicional (sin usar el punto de vista en primera persona), y salpicándola de escenas enteras recicladas de Poltergeist. Ruidos en la casa, puertas que se cierran, niños acosados por espectros. Como suele ocurrir en las películas de fantasmas, uno puede armar una explicación sicológica que justifique todo el asunto, como (p.ej.), que el stress de la mudanza ha despertado los poderes telekinéticos de alguno de los miembros de la familia (posiblemente, del hijo que cae en coma), y que dichos poderes actúan de manera descontrolada, provocando los fenómenos. Como sea, uno pega un par de buenos saltos en esa parte de la película. Pero donde las cosas se ponen realmente estremecedoras es cuando los Lambert se mudan y descubren que los fenomenos los siguen a la nueva casa, esta vez con mayor intensidad y violencia. ¿No eran estos simples poltergeist atados a una casa en particular?. ¿Por qué los siguen a los Lambert?. ¿Qué es lo que buscan de ellos?.
    Mientras Insidious, La Noche del Demonio se encuentra en el proceso de buscar respuestas, el filme obtiene por lejos sus mejores bazas. Uno pega repingos increìbles, con figuras siniestras que surgen de la oscuridad, demonios que aparecen detrás de uno en cuestión de segundos, y espantos que sólo se pueden distinguir en fotos. James Wan dispara toda la artillería que encuentra a su mano - planos rápidos, efectos sonoros, silencios estremecedores, cuidados efectos especiales -, y el filme obtiene una intensidad increíble. Sería completamente justo calificar a los dos primeros actos de Insidious como una obra maestra del género (no por su originalidad pero sí por su intensidad). Quizás lo último que uno haya visto y se acerque (remotamente) en efectividad haya sido Actividad Paranormal 2.

    El problema con Insidious, La Noche del Demonio es su tercer acto, en donde aparecen las explicaciones de turno y toda la trama deviene en un climax muy hollywoodense. No es que la explicación del fenómeno esté mal - hay personas que duermen tan profundamente que pasan a otro plano, y pueden terminar con su alma separada del cuerpo; y hay espíritus de todo tipo intentando apoderarse del cuerpo vacío -, pero la resolución del caso no es muy convincente y parece salida de algún film de Freddy Krueger. Y aunque el filme pierde bastante de su intensidad, Wan se las ingenia para culminar con un par de sustos efectivos.

    Insidious, La Noche del Demonio es un gran film de terror con un final algo flojo y artificial. Es dispar y no es original, pero eso no quita que sea horror 100% efectivo y dirigido con mano maestra. Dígame con sinceridad: ¿cuántas películas de terror lo han asustado de verdad últimamente?.
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  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
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    Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra (2003) es un clásico que la Disney sacó de la galera y terminó por devenir en una trilogía multimillonaria. Era obvio que el estudio del ratón no se iba a quedar de brazos cruzados si veía la oportunidad de exprimirle unos dólares más a la franquicia, y así es como se aventuró con esta nueva secuela. Todo parece indicar que a Hollywood le quedan cada vez menos pudores con tal de seguir recaudando monedas, y la última moda es la de las cuartas partes. Los intentos de revivir franquicias veneradas y archivadas como Duro de Matar, Rambo, Indiana Jones, Scream y un largo etcétera han culminado en una serie de resultados mixtos, que van de lo delicioso a lo execrable. Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas es la última incorporación a dicho grupo, y se la podría resumir en tres palabras: "larga" y "poco inspirada".

    La secuela viene con unos cuantos cambios. No está Orlando Bloom ni Keira Knightley, ni tampoco ha regresado el director Gore Verbinski, ni la tripulación del Perla Negra (a excepción de Geoffrey Rush y Kevin McNally). Para compensar esto trajeron a Rob Marshall, un tipo especializado en musicales como Nine o Chicago (pero que jamás rodó un filme de aventuras), y sumaron a un par de intérpretes de renombre como Penelope Cruz e Ian McShane. Pero aún con semejantes refuerzos, el resultado final no termina de convencerme.

    Hay varios detalles que juegan en contra. La primera es reducir el cast, lo cual le da mayor protagonismo a Johnny Depp pero borra de un plumazo a toda una troupe de personajes que eran realmente graciosos. A mi juicio la función de Depp en la saga siempre ha sido la de ser un comic relief secundario y extravagante (que se la pasaba robando escenas), y así era como todo funcionaba mejor. La cuota de aventuras la ponía Bloom, y el romance lo ponía Knightley, pero la chica siempre estaba enamorada del héroe y no del comic relief. Acá los guionistas se sintieron con la obligación de darle un romance válido a Jack Sparrow, pero la química con el personaje de Penélope Cruz se ve forzada. Y ninguno de los recién llegados logra compensar la ausencia del mono de mal carácter, el mudo que hablaba por su loro, o el dúo del pelado y el flaco con el ojo de madera. Ian McShane es algo estoico, pero en su defensa diré que el libreto no le da las líneas que el papel precisaba para brillar; Penélope Cruz es gélida; y, de los nuevos, los que mejor funcionan son dos desconocidos - Sam Claflin y Astrid Berges-Frisbey -, que componen a un sacerdote y a una sirena, y que le dan la cuota de calidez que la trama precisaba. Lástima que sus papeles son demasiado pequeños...

    La primera hora se hace tediosa debido a que el director y el protagonista se pasan todo el tiempo intentando repetir - sin éxito - la magia de la primera trilogía. Las escenas de acción se ven repetidas, lentas y recargadas de efectos especiales, y son una clara señal de desesperación de un director que no sabe cómo inyectarle adrenalina al relato. Hasta los diálogos son chatos. Por suerte el que ha conservado su talento intacto ha sido Geoffrey Rush, el que resulta un deleite en cada una de sus intervenciones; pero Depp está demasiado tiempo en pantalla, y hay momentos en que se lo ve cansado y sin carisma.
    Donde Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas logra repuntar un poco, es al momento del encuentro con las sirenas. Estas hermosas criaturitas marinas se transforman, de un momento a otro, en una horda de horrendos depredadores, y es el único momento del filme que funciona como debería. Lo que le sigue tiene algo más de empuje, aunque la gracia llega en telegramas; es como si el libreto se tomara muy en serio a sí mismo y quisiera poner el acento en la aventura en vez de la comedia, sin terminar de ser satisfactorio en alguno de los dos terrenos.

    Como película para pasar el rato, Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas llega al status de ok con lo justo. Tiene algo de decepcionante, ya que a esta fiesta del reencuentro faltaron la mitad de los amigos y, los que vinieron, no se encontraban en sus días más graciosos. Y aunque el filme viene recaudando bien en los mercados internacionales - aunque en USA le está costando recuperar los 250 millones de presupuesto -, la impresión de que se trata de un paso en falso es extendida entre los fans de la saga (¿cuatro años de espera para esto?). Sería cuestión de ver, en una futura instancia, si los responsables han atinado a reconocer las fallas de esta entrega como para poder corregirlas antes de terminar de hundir a una saga amada por mucha gente (entre los cuales me incluyo).
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  • Rápidos y furiosos 5
    Esta es la secuela de Rapido y Furioso 4 (2009). Hasta ahora la saga venía concentrándose en las carreras ilegales callejeras con algún que otro matiz. Viendo los productores que el modelo se estaba agotando rápidamente, decidieron darle una vuelta de tuerca a la saga (uh, esta sí que es prosa inspirada!), y se despacharon con la típica película de ladrones y asaltos ingeniosos. Mientras que la historia no es una maravilla y está plagada de agujeros gigantes, lo mejor - por lejos - de Rapidos y Furiosos 5in Control son las escenas de acción. Son tan disparatadas y bizarras que entran directamente en el terreno de la fantasía.

    Acá el trío principal - Vin Diesel, Paul Walker y la bellísima Jordana Brewster - otra vez se encuentra en apuros con la ley y deciden irse de Estados Unidos. El destino elegido es Rio de Janeiro, más concretamente las favelas de Rio, las que se convirtieron en el escenario de acción de moda luego que Tropa de Elite (2007) y el video juego Call of Duty: Modern Warfare 2 (2009) mostraran que no hay nada más excitante en el mundo que perseguir a los narcotraficantes por encima de los techos de chapa de los rancheríos. Aunque esta gente no hable un choto de portugués, se las ingenian para toparse con un viejo amigo, el cual tiene un trabajo: robar una serie de deportivos de lujo de un tren en marcha. El tren va por el desierto brasilero (porque en Brasil hay desiertos, ¿no?) y esta gente monta un disparatado operativo para abrir un vagón del convoy como si fuera una lata de sardinas, sacar uno a uno los coches, y salir pitando antes de que alguien se de cuenta.
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    A partir de allí las cosas se ponen estúpidas en un 50%. La estupidez no pasa por las secuencias de acción, que son alucinantes y que me hacen acordar a las de otro éxito de Vin Diesel - XXX (2002) -, sólo que aquí están recargadas de esteroides. El problema es la trama, que la mitad del tiempo habla y hace pavadas. Por ejemplo, que un narcotraficante mande robar sus propios autos; que en los mismos haya un chip en donde se detalla el lugar donde se encuentran 100 millones de dólares del capital del narcotraficante; que haya aliados que se vuelven traidores y más tarde se alían de nuevo; que venga de la nada una fuerza de seguridad yanqui y se pasee por Rio como si fuera un barrio bajo de Nueva York; que el trío principal tenga otra caterba de amigos en Rio, fanáticos de las carreras y más armados que todo el ejército brasilero en su conjunto; que Vin Diesel pueda ganarse un Porsche último modelo después de una carrerita y tenga para echarle nafta al tanque, aún cuando esta gente carecía de plata al principio de la película; y que todo el filme se base en un elaborado plan para robarse una gigantesca caja fuerte, plan que es abandonado a último momento cuando descubrimos que a) la caja fuerte no está en medio del edificio sino montada cerca de la salida de un garage, detrás de una pared de miserables 5 cm de espesor, y b) esta gente engancha semejante mole de hierro de 10 toneladas de peso a dos autitos - que no alcanza a una tonelada de peso cada uno -, y se van campantes por Rio, arrasando a media ciudad a su paso. El final es tan asombroso y bizarro que uno sólo puede aplaudirlo de pie. Aún cuando el trio principal sean nuestros héroes, los mismos no tienen empacho en masacrar a 50 patrulleros de la policía brasilera que lo persiguen. Y son accidentes feos, de esos en donde las victimas van directo al cementerio en vez de al hospital. El colmo de la ridiculez es el visto bueno de un personaje que se supone que está del lado de la ley y terminó apoyando todo este despropósito.

    El climax es un típico disparate yanqui, en donde estos tipos se manejan como si estuvieran en su casa. Debe haber un centenar de muertos (entre policías y civiles), pero esta gente se ríe y festeja. Total, los brasileros no cuentan como seres humanos (dice el guión, no es lo que digo yo). Al menos el director debería haberse tomado la molestia de intercalar algún plano, mostrando que la gente salía viva y gateando de los autos destrozados. ¿O es que todos los que murieron en semejante persecución - peatones incluídos - eran corruptos o aliados del narcotraficante??.

    Dejando de lado el desprecio por la vida humana - yo no soy moralista, pero lo de aquí es alevoso -, Rapidos y Furiosos 5in Control tiene su cuota importante de pavadas - algo que ni siquiera el empardamiento de las estrellas de acción del nuevo milenio, Vin Diesel y The Rock, puede compensar -. El problema en sí es que el guión es mediocre pero el filme tiene un director talentoso. Mientras hace sus pases mágicos, uno no piensa en las inconsistencias de la historia ... hasta que a Vin Diesel se le acaba la nafta y uno empieza a atar cabos sobre lo que acaba de ver. No es el mejor filme de la saga, pero es intenso y espectacular... en el sentido más bizarro de la palabra.
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  • Scream 4
    Scream 4
    Arlequin
    Scream fue una deliciosa sorpresa que apareció en 1996 y sirvió para revitalizar el género del terror (en especial el slasher, que había quedado archivado desde hacía una década). Lo particular de Scream era su humor negro y su tono autorreferencial - los protagonistas combatían a la amenaza de turno utilizando sus conocimientos sobre cine de horror -. El filme tuvo una repercusión tan notable que revivió la carrera del director Wes Craven y presentó al mundo a Kevin Williamson, un guionista que parecía destinado a dejar una huella profunda en la historia del cine. Y si bien Craven y Williamson arrancaron muy bien, la dupla terminaría cerrando a gatas la trilogía de Scream, dando muestras de un evidente agotamiento de ideas. Ninguno de los dos haría algo decente durante los siguientes diez años, incluyendo su tan esperado regreso al género con Cursed (2005) - una de hombres lobos que fue despedazada primero por el estudio y más tarde por la crítica -, y todas las señales daban a entender que el dúo había perdido la magia. Scream 4 es el regreso de Craven y Williamson a la franquicia que les diera gloria, y es una intentona bastante sólida. Definitivamente no rompe ningún esquema - como lo hiciera Scream 15 años atrás -, pero al menos está mejor escrita que Scream 3.

    Ciertamente hay algo de desilusionante en esta cuarta parte. Considerando que han pasado más de 10 años, la dupla podría haber desarrollado algo mucho más original. El filme insiste en hablar de reboot - relanzamiento - de la serie, diciendo que es una nueva década y hay nuevas reglas... pero todo lo que pasa en pantalla es la rutina habitual de la saga. Matan a alguien, Sidney se ve mezclada, el trío de siempre es perseguido por el ghostface de turno, hay bromas sobre el cine de terror, etc, etc.

    Lo cual no quita que Scream 4 no sea entretenida. De vuelta está Neve Campbell, que se ve como una veterana con cara de nena, y está el matrimonio de la vida real de Courtney Cox y David Arquette, ella pasada de botox y él demasiado serio para su antiguo papel. Hay un comienzo realmente bueno - ficción dentro de ficción dentro de ficción -, en donde los protagonistas de turno intentan sacarle el cuero al género de tortura porno y a los filmes como Saw, aunque los chistes resultan algo tibios. Ahora la novedad es que el asesino acosa a las victimas usando celulares y cuentas de Facebook y Twitter. Ya que no ha quedado nadie vivo de la camada vieja, el libreto mete con calzador a una tia / sobrinas / primas de Sidney (que hacen de carne de cañón para ghostface), y aparece otro traga de filmes de terror que cumple con la cuota auto referencial que antes aportaba Jamie Kennedy. Todo esto culmina en una primera hora prolija aunque algo insípida, ya que la gente nueva es menos interesante que los protagonistas históricos de la saga.
    En donde Scream 4 realmente despega es en su media hora final, en donde el libreto empieza a disparar munición gruesa - comenzando con el choque de los patrulleros con ghostface, y siguiendo por la batalla campal final -, y donde Williamson - Craven recuperan el vuelo de los filmes anteriores. El humor y los shocks funcionan, y si hay algo que reprocharle es el discurso final del asesino, que es demasiado largo y rebuscado. Hay momentos en esa media hora final, en donde el filme amenaza salirse de la regla - por ejemplo, convirtiendo a Sidney en el asesino, lo cual hubiera sido impactante -, pero no pasa mucho tiempo antes de que nos demos cuenta que todo sigue por los habituales carriles, sólo que han sido debidamente maquillados como para que no se note el gusto a reciclado.

    Scream 4 es un buen entretenimiento. No rompe reglas, no cubre territorio nuevo, pero está ok. Es probable que sea la última vez que veamos al trío de siempre en acción, ya que el resultado en taquilla fue bastante decepcionante - costó 40 millones y recaudó 90, algo muy tibio para una saga reconocida y una secuela esperada desde hace 10 años -, y dudo que se animen a disparar una nueva trilogía en base a semejantes números.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    Arlequin
    Thor es una creación de Stan Lee, Larry Lieber (hermano de Lee) y Jack Kirby. Apareció en Agosto de 1962, y pronto generó su legión de adeptos, si bien siempre fue un personaje secundario de la Marvel. El proyecto de la posible adaptación de Thor al cine comenzó a rodar por los estudios desde 1990, al año siguiente de la aparición del Batman de Tim Burton y cuando comenzó la fiebre cinematográfica por los superhéroes. El primero en acercarse fue Sam Raimi, quien estuvo hasta 1997 intentando venderle la idea a los estudios. El proyecto se cayó, Raimi se fué, y habría que esperar hasta el año 2000, cuando los X-Men de Bryan Singer se convirtieron en un megahit, demostrando de que las adaptaciones de comics no se trataban de una moda pasajera y que se podian tratar de manera adulta mientras daban jugosos réditos en taquilla. A partir de entonces la Marvel comenzó a planear meticulosamente un desembarco masivo de sus personajes en el celuloide y reflotó a Thor, poniéndolo en las manos de Matthew Vaughn (Kick Ass) y David S. Goyer (guionista de Blade y la renovada saga de Batman). Pero ambos tropezarían con el estudio y terminarían por apartarse del proyecto, alegando diferencias creativas. La instancia final llegaría en el 2008, cuando la Marvel (en una decisión que dejó con la boca abierta a más de uno) contrató inesperadamente a Kenneth Branagh como director. Curiosamente el casting de Branagh sedujo a más de una estrella, quienes se acercaron al proyecto profundamente intrigados por lo que haría un director shakespearano con algo tan pasatista como es la adaptación de una tira cómica de superhéroes.

    En lo personal debo admitir que esperaba lo peor. Son contados los casos en que los directores han logrado interpretar con fidelidad la esencia de un personaje de comic o, incluso, de mejorar la idea inicial; y, cuando los cineastas no son del palo (léase, no son directores pochocleros), los resultados suelen ser desastrosos. Pero aquí Branagh le ha tapado la boca a todos y el inglés ha terminado despachándose con la mejor adaptación Marvel desde Iron Man. ¿Quieren una historia épica con visos trágicos?. Aquí la tienen. ¿Quieren una aventura pochoclera con secuencias de acción excitantes?. Thor cumple y con creces.

    La película funciona en dos planos: el "olimpo" de los dioses nórdicos - en donde están las intrigas por la sucesión de Odin -, y las correrías en la Tierra, en donde nuestro héroe se ve condenado a vagar sin sus superpoderes. En el primero, Branagh está en su salsa: intrigas palaciegas, herederos malhumorados, traiciones por doquier, hijos incomprendidos y padres demasiado severos. Todo esto ocurre en los aposentos de Odin en el reino fantástico de Asgard, el que parece una versión con esteroides del palacio de Ming el Malvado de Flash Gordon. Los escenarios son gigantes, las armaduras tienen un brillo que enceguece, y hay una deliciosa combinación anacrónica entre ambiente medieval y tecnología de punta. Por suerte los personajes no terminan devorados por la enormidad de los sets, y los diálogos son coherentes y bastante inteligentes.

    Una de las mejores cosas que tiene Thor es el tratamiento del villano, el cual no es una figura malévola de por si sino que surge como fruto de la evolución de una serie de hechos trágicos - celos, necesidad de reconocimiento, venganza -. No es el típico idiota vestido de negro y que se ríe tontamente de lo malo que es, sino que se trata de un personaje profundamente conflictuado que se ve obligado a actuar cuando descubre la ignominia de su origen. Esto lo hace humano y comprensible, pero a su vez lo hace menos siniestro y le quita estatura como villano.
    En donde Thor funciona mejor es en el plano terrenal, en donde el dios nórdico se despierta en un pueblito en medio del desierto y descubre que carece de superpoderes. A medida que veía el filme me asaltaba una sensación de deja vu, hasta que terminé por darme cuenta que todo esto era un reciclado de ideas de Superman II. Otro superhéroe sin poderes; otro alienígena llegado a un pueblito y preguntando para que sirve cada cosa; otro enfrentamiento campal en medio del desierto. Lo que le ocurre a Thor es una mezcla de cosas que le sucedían tanto a Superman como al general Zod en el filme de Richard Lester de 1980. Por suerte Branagh maneja las cosas de manera muy diferente y uno puede darse el lujo de perdonar las similitudes.

    El casting es uniformemente bueno. Hopkins está medido; Natalie Portman (que últimamente está en todos lados) está ok, aunque no es memorable; pero sin lugar a dudas la gran sorpresa resulta ser el ignoto Chris Hemsworth, una masa de músculos de dos metros de altura que derrocha carisma y sabe actuar. Hemsworth parece tener la misma estrella que Christopher Reeve; es otro desconocido con talento que surge de la nada para cargarse la película al hombro y brilla de igual a igual con tipos de mayor renombre que él. Lo más curioso de todo esto es que Hemsworth (cuyo mayor papel previo fue hacer de padre de James T. Kirk durante los cinco minutos iniciales en la nueva Star Trek) había sido rechazado para el rol, hasta que Branagh le dió una segunda oportunidad.

    Thor es una muy buena película de superhéroes. Su mayor virtud es que no se siente como tal. Si hay algo que reprocharle, es que el climax es algo confuso y carece de golpe. Pero, por el resto, es un espectáculo muy entretenido, sólido y muy recomendable.
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  • El mecánico
    El mecánico
    Arlequin
    Esta es la remake 2011 de El Mecánico, un filme de 1972 dirigido por Michael Winner, y con Charles Bronson y Jan Michael Vincent en los papeles principales. La historia trata de un asesino que se ve obligado a eliminar a su mejor amigo, decide entrenar al hijo de éste como sicario (sin que sepa quién liquidó a su padre), y descubre que sus patrones lo han traicionado. Como vengarse contra toda una organización criminal no es tarea para una sola persona, debe hacer equipo con su alumno, corriendo el grave riesgo de que éste termina por darse cuenta que él es el responsable del homicidio de su padre.

    Confieso que lo único que recuerdo de la versión 1972 es el final, y los detalles de la historia se me escapan. De todos modos no creo que fuera un clásico inmortal, ya que la filmografía de Charles Bronson está saturada de peliculas de acción correctas pero que no han hecho historia (salvo un puñado de excepciones). Acá llega esta versión 2011 inundada de esteroides; lo que antes era una bala, ahora es una avalancha de cañonazos y explosiones. Por suerte la factura técnica de Simon West hace que la acción sea disfrutable y fácil de seguir, lo cual es una virtud en estos tiempos en donde abundan los cortes rápidos y las cámaras epilépticas. Los otros puntos destacables son el ritmo, el cual no decae en ningún momento, y Jason Statham, el que aporta su simpatía habitual.

    El gran problema de El Mecánico pasa por el aspecto moral de toda la historia. Existen historias de asesinos que tienen epifanías, se dan cuenta de lo que han hecho, se vuelven justicieros y en contra de sus jefes, y terminan expiando sus culpas con su propia muerte. Pero aquí son todos los personajes son malos tipos - moralmente irrecuperables y completamente reprochables -, comenzando por Statham quien mató a Donald Sutherland sin darle oportunidad de explicarse. Como al tipo le agarra alguna especie de cargo de conciencia, decide hacerse cargo del vago del hijo de Sutherland, Ben Foster - quien es el único en todo el casting que muestra algo parecido a una perfomance -, y lo entrena como asesino (no es que le paga una carrera como abogado o le consigue trabajo en un locutorio). A última hora a Statham le agarra un ataque justiciero (justificado o no, eso no importa), y decide arremeter contra el mismo tipo que le ordenó matar a Sutherland, viendose obligado a poner a Foster a su lado aunque en el proceso vaya a revelarse toda la verdad...
    En ese momento las perspectivas del filme es que todo los que participan mueran asesinados, incluyendo al acomodador del cine. Sería lo más lógico, ya que ninguno es trigo limpio y todo el mundo cumpliría con sus respectivos castigos. (alerta spoilers) El problema es que Statham le debe haber deslizado unos dólares al guionista para que éste hiciera que su personaje no fuera demasiado oscuro, pero el resultado final es bastante bizarro. No sólo éste es un asesino con buen corazón - toma a su cargo al vago hijo de su víctima y le enseña un oficio (!) -, sino que es simpático y sólo asesina a basura mucho peor que él. Y, el colmo de los colmos, sobrevive y le niega la venganza a Ben Foster. ¿Se supone que uno debe aplaudir este final?. Sin dudas es una de las vueltas de tuerca más absurdas y estúpidas que he visto en el cine. Me parece increíble que el libretista haya escrito esto y pensara que se trataba de un climax decente y festejable. (fin spoilers).

    Dejando de lado el aspecto moral, El Mecánico es un espectáculo solvente en un sentido pochoclero. Entretiene, la acción está bien coreografiada, y Jason Statham derrocha carisma. Lástima que el climax ensombrece los méritos del filme, simplemente porque aquí no había héroes y había una venganza que termina por quedar insatisfecha.
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  • Marte necesita mamás
    Marte Necesita Mamás es el fruto de la alianza entre la Disney y la empresa de efectos digitales ImageMovers, propiedad de Robert Zemeckis y responsable de los CGI de Beowulf y El Expreso Polar. Aquí los chicos de Zemeckis demuestran que se han puesto las pilas y han depurado el proceso de captura de movimientos - lo suyo es similar a lo que hacía Andy Serkis con el Gollum de El Señor de los Anillos y el mono gigante de King Kong, con la diferencia de que lo que aquí se anima son directamente dibujos animados -, llevándolo a un nivel de realismo impresionante. Lamentablemente los chiches visuales no lo son todo y, si bien la historia no es mala, termina por resultar algo simplista.

    Si uno la ve en detalle, Marte Necesita Mamás funciona como una especie de alegoría sobre las mujeres profesionales que prefieren su carrera a tener una familia (o si la tienen, delegan a terceros el cuidado de la misma). En Marte hay un durísimo régimen de matriarcado, en donde las mujeres descartan a los varones, tienen niños caídos del cielo (bah, nacen en lotecitos de tierra (??)), y se lo entregan a robots niñeras para así poder seguir con lo suyo. El libreto jamás se preocupa de explorar este tema ni cómo la sociedad marciana ha llegado a esto. Existe per se, lo que motiva a que deban raptar una madre terrícola cada tantos años para recalibrar al ejército de niñeras robot y así criar a una nueva generación de bebés marcianos. Como todo esto no era más que un libro de 40 hojas, los libretistas deciden meter relleno a lo pavo con una sarta de persecuciones interminables.

    Desde el punto de vista técnico, Marte Necesita Mamás es un orgasmo visual. La animación digital es nítida, brillante y tan detallada que, por momentos, resulta imposible afirmar que estamos viendo un dibujo animado. La gente de Zemeckis ha mejorado los actores digitales a tal punto que se ven reales, y ya no tienen esa mirada muerta que afectaba la perfomance de Beowulf. No sólo pelo, piel, ojos se ven reales sino que los personajes son enormemente expresivos y se dan el lujo de exhibir sutilezas. Cuando la mamá (Joan Cusack) pelea con su hijo (Seth Green) y se empieza a quebrar lentamente en llanto, los gestos son de una riqueza fabulosa.
    El punto es que, si bien la historia tiene un par de momentos emocionantes, Marte Necesita Mamás tiene algo de oportunidad desperdiciada. Es muy correcta y es entretenida pero, desde que el chico aterriza en Marte, sólo sigue una correria tras otra para salvar a la madre, y no hace pausas para analizar el mundo en donde fue a parar el personaje. También es cierto que hay muy pocos caracteres secundarios y los que hay no son demasiado ricos. Por ejemplo, para dar explicaciones sobre lo que ocurre en el planeta rojo, el libreto inserta un terricola que también llegó a Marte cuando era niño y se tuvo que criar solo - un papel ideal para Jack Black, aunque aquí cae en manos de Dan Fogler (el anodino clon de John Belushi en Fanboys) -, pero el personaje bordea lo molesto y sólo sobre el final se humaniza y se redime. El otro compañero del protagonista es una marciana enamorada de la cultura hippie de la Tierra y que devora sitcoms de los años 60, pero su única función es salvar a los personajes principales cuando las papas queman. Ni siquiera hay un villano elaborado como la gente, y eso que contrataron a Mindy Sterling (Frau Farbissima de la saga Austin Powers), una actriz que derrocha gracia por todos los poros pero a la que relegaron a un papel pobremente escrito.

    Marte Necesita Mamás es simplemente correcta. No hay nada malo con el filme; sólo es demasiado lineal. Lamentablemente la gente le dió la espalda y no llegó a recaudar ni el 15% de su presupuesto de 150 millones de dólares, lo cual atenta contra la salud de la animación digital. Al parecer la magia en la taquilla de este tipo de producciones está reservada para Pixar y Dreamworks, y este filme termina por probarlo.
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    Yo admiro a Zack Snyder. Es un gran narrador en todo sentido y, en lo visual, es sencillamente revolucionario. La gente lo critica por sus tomas en cámara lenta o sus colores desaturados, pero a mi juicio esos son dos elementos característicos de su estilo. Con Snyder uno puede seguir la acción, y prefiero mil veces una hora de Snyder en su peor momento de inspiración antes que 10 minutos de Michael Bay en un día típico.

    Pero Sucker Punch viene a demostrar las limitaciones de Zack Snyder como creador de historias originales. Hasta ahora, el 99% de la carrera de Snyder se ha basado en adaptaciones de comics y remakes, y el resultado ha bordeado lo excelente. Pero el tipo no es tan bueno a la hora de crear una trama propia y poder redondearla. Aquí Snyder se ha despachado con una premisa ambiciosa - que él define como "Alicia en el Pais de las Maravillas con ametralladoras" -, y durante el 90% del filme mantiene bastante encarrilada la historia a pesar de ciertas desprolijidades argumentales. Pero al momento del climax, Sucker Punch termina saliendo con un domingo siete que arroja por la borda (y mal) los méritos del filme, y uno se queda con una enorme sensación de insatisfacción que no compensa la orgía visual que vivió en los 90 minutos previos.

    Imaginen un mix de Atrapado Sin Salida + una versión animé de The Wall. Todo aquí perfila para la típica historia del adolescente torturado que descubre que tiene un poder oculto y decide usarlo para reivindicar su lugar en el mundo. La heroína es acusada de un crimen que no cometió (¿o si?) y es despachada a un manicomio en donde le van a hacer una lobotomía sin anestesia en cuestión de cinco días. Todo por el vil dinero de una herencia. La chica hace la gran Leonardo Di Caprio y se manda con un Inception sin computadora ni drogas, creando un primer nivel de fantasía que consiste en que ella es una bailarina exótica en un burdel parisino y todos los de la clinica - médicos, guardias, empleados - hacen de madamas, mafiosos, clientes, etc. Cada vez que ella baila pasa a un segundo nivel, en donde imagina un mundo fantastico diferente en cada ocasión y en donde obtiene cada uno de los elementos que figuran en una lista y que son necesarios para que ella pueda escapar. Lo que ella vive allí se traduce de alguna forma en el primer nivel (burdel) y en la vida real, trayendo consecuencias obvias para su vida y para la historia.
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    Una cosa que me ha sorprendido muchísimo de las reviews que he visto en Rotten Tomatoes es que el 99% de la gente ha caído en el lugar común de apedrear a Snyder por el desborde visual, calificándola de pornografía CGI, cuando en realidad los mayores problemas de Sucker Punch pasan por cosas más tradicionales como libreto y coherencia del final con las expectativas planteadas por el relato. La imaginería visual de Snyder es gloriosamente delirante - imaginen bombarderos B 47 perseguidos por dragones, muchachas peleando con demonios samurai del tamaño de Dai Majin, o robots disparándole a biplanos, nazis y dirigibles en medio de un escenario infernal -, y por lejos es lo mejor del filme. La acción se puede seguir y se disfruta. Incluso la otra crítica - que la película es complicada por sus multiples niveles de fantasía y realidad - es realmente estúpida. Por Dios, es como si hubieran contratado a una caterva de ignorantes y les hubieran dado el título de críticos. Flaco: si no podés entender esto, ¿cómo hacés la review de una película de Lynch o Bergman?.

    Oh si, lo visual es fantástico, pero... el filme tiene varios problemas serios en el medio. El primero es Emily Browning (la chica de Lemony Snicket!), que tiene un rostro fabulosamente expresivo y triste pero carece del físico mínimo que requiere el papel. Es como poner a una nena de 12 años (pintada como una puerta!) junto a un puñado de top models (la primera elección, Amanda Seyfried de Mamma Mia!, hubiera resultado mejor en cuanto a physique du rol). El resto de las perfomances está más o menos, a excepción de Oscar Isaac que es bastante patético como villano de la historia (hacer de malo simplemente no es lo suyo). El otro problema serio es que el filme precisaba media hora más para meter historias de origen de los personajes. A excepción de la protagonista, el resto es un grupo de caracteres de cartón pintado de lo cual no sabemos nada. Y allí está el tercer punto, que es el que termina por hundir el filme. Cuando vean el climax y descubran que todo lo visto deriva en otra cosa completamente distinta, se sentirán furiosamente indignados. Lo más parecido que se me ocurre es el final de Watchmen, en donde el villano se salía con la suya y la mitad de los héroes morían... pero allí esa sucesión de hechos inesperados tenía cierta justificación. Aquí no, y eso es lo que le baja notablemente la nota al filme en esta humilde columna.

    Sucker Punch podría haber estado mucho mejor. Estira algunas cosas, se empantana en otras, pero todo eso no sería tan malo si al menos hubieran tenido la decencia de darle tridimensionalidad a los personajes y de escribir un final como la gente. A mi juicio es un gran esfuerzo a mitad de camino, lo cual constituye un fracaso en vista de los recursos utilizados para rodarla.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    Confieso que lo único que he visto de Jonathan Liebesman ha sido Darkness Falls (2003) y me pareció una idiotez total, pero de aquel acontecimiento hasta ahora han pasado 8 años y, por lo tanto, se merece el beneficio de la duda. Liebesman también ha rodado La Masacre de Texas: El Origen (2006), de la cual abundaron las buenas críticas. Ahora llega Invasión a la Tierra, Batalla Los Angeles, la que se supone es la película evento de este momento (bah, todos los filmes sobre invasiones alienígenas masivas lo son). Pero es un filme afectado por problemas tales como falta de originalidad y erróneo enfoque creativo, terminando en una experiencia ruidosa, mareante y hueca.

    Usualmente las invasiones alienígenas a gran escala sirven como reflexión alegórica sobre un tema en particular, o como descerebrados espectáculos pochocleros. La Guerra de los Mundos, en su versión 1953, representaba el temor de una invasión comunista. Cuando llegó la versión de Steven Spielberg, era la materialización de la ansiedad de la sociedad americana por los ataques terroristas del 11 de Setiembre de 2001. Por contra, shows monumentales como Dia de la Independencia sólo servían como excusa para desplegar CGIs en abundancia y excelentes coreografías de acción, lo que compensaban la tontería de otras escenas que figuraban en el libreto. Si hay algo que se le debe achacar a Invasión a la Tierra, Batalla Los Angeles es que se queda a mitad de camino de cualquiera de las dos opciones. Los invasores vienen a apoderarse del agua, ya que la usan como combustible para sus máquinas (¿alguien dijo Irak y petróleo?), pero la idea nunca termina de ser desarrollada como corresponde. Por otro lado, el tema es la excusa para plasmar masivas secuencias de destrucción ... que nunca terminan por ser satisfactorias en pantalla, debido a las terribles decisiones artísticas de Liebesman. El tipo adoptó la perspectiva Proyecto Blair Witch - cámara movediza rodando en primer plano todo el tiempo -, lo cual no estaría mal si no fuera porque el director desconoce las reglas de cómo se debe utilizar. La técnica Blair Witch implica: a) hay un idiota rodando todo el tiempo, sin importar lo apremiante que sea la situación; b) hay una sensación de inmersión, ya que estamos en la piel de uno de los protagonistas y tenemos la acción en primerísimo plano; c) hay un punto de vista continuo (el del camarógrafo) que, aunque se mueve, no termina por marear. Pero aquí Liebesman se despacha no con una sino con una docena de cámaras, con lo cual el efecto final es lo más parecido a ver una versión de El Proyecto Blair Witch rodada por Michael Bay: cada cinco minutos saltamos de un punto de vista a otro - siempre con la cámara sacudiéndose - y, al cabo de poco tiempo, uno termina con una migraña monumental. No sólo arruina el efecto de documental de guerra que se pretendía (Liebesman debería haber visto las escenas de combates de Dr. Strangelove para tener una idea de cómo imitar dicho estilo), sino que liquida la sensación de inmersión y continuidad.
    Pero además del hecho de que la fotografía apesta, Invasión a la Tierra, Batalla Los Angeles tiene otros problemas. Hay 20 larguísimos minutos iniciales utilizados para una supuesta definición de personajes que no sirven para nada. No sólo los personajes son un cliché tras otro (soldado atormentado por una tragedia que le achacan y que debe redimirse nuevamente en la acción; el latino de buen corazón; el moreno simpático, etc, etc) sino que, al usar una decena de cámaras Blair Witch, cuando comienza la acción uno no tiene ni la más pálida idea de quién muere ni cómo. Bah, tampoco es que nos importe demasiado ya que los personajes están perfilados como el demonio.

    Y el otro problema del filme es el propósito de la historia. Esto es La Caída del Halcón Negro, con extraterrestres en vez de somalíes. ¿Es acaso una oda a la valentía del soldado norteamericano promedio, sólo que luchando en esta ocasión contra un enemigo políticamente correcto?. El punto es que los alienígenas son tan anónimos que carecen de misterio y sólo funcionan como una fuerza opositora hecha con gráficos por computadora. Por contra, la historia se centra en los soldados, en sus conflictos internos, en sus ardientes discursos sobre el coraje y la defensa del suelo patrio ... con el detalle de que son personajes absolutamente insulsos que terminan por aburrir en el corto plazo. Quizás el mayor pecado de Invasión a la Tierra, Batalla Los Angeles es que se siente rutinaria y no entretiene. Es un compendio de clichés de filmes de guerra en donde reemplazamos a Al Qaeda, el Viet Cong y los Nazis por aliens, y el combate está en suelo norteamericano. Las refriegas están mal rodadas, la acción no es excitante, los monstruos están filmados desde 10 km de distancia, los villanos carecen de misterio, los dialogos son cliché puro reciclado por enésima vez, y la fotografía sólo da dolores de cabeza. Y la verdad es que dudo mucho que alguien puede entretenerse con un espectáculo armado de semejante manera.
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  • Fase 7
    Fase 7
    Arlequin
    A esta altura del partido no caben dudas de que el cine argentino se ha vuelto más que solvente en lo creativo, produciendo directores y libretistas de gran calidad. De treinta años a esta parte ha ganado profesionalismo y, en el caso de los guiones, ha perdido el almidonamiento que lo caracterizaba hasta la decada del setenta - los diálogos y las actuaciones son fluidas y naturales -. En ese sentido, una de las posibles definiciones sobre Fase 7 sería la de comedia costumbrista argentina con tonos apocalípticos. O una película de epidemias (al estilo de Quarantine o REC) con toques de picardía criolla.

    Acá no hay zombies, aclaremos eso de entrada. Lo que sí hay es un virus que es potencialmente mortal, y que parece haber sido desatado por algún grupo terrorista desquiciado. Hasta ahí llegan las similitudes con Quarantine. Lo que sigue es la situación de aislamiento (cuarentena) a la que se ven obligado un grupo de porteños típicos, la cual se estira demasiado y por la cual todos terminan por caer en una especie de "fiebre de cabina" o locura de encierro. Los viveres se agotan y la gente se pone paranoica, comenzan a atacarse mutuamente para depredar sus suministros, lo que termina por desencadenar una guerra entre vecinos. Por un lado está el viejo Zanutto (Federico Luppi), el que se ha cansado de que lo quieran atacar porque está anciano y que ahora, dotado de una escopeta, ha salido a liquidar a todo el mundo como si fuera la versión geronte de Terminator. Por el otro lado está Horacio, un paranoico en extremo que tiene un arsenal de armas y comida en su departamento, y que oficia de tutor del inoperante protagonista. Oh sí, me olvidaba de Coco (Daniel Hendler), nuestro héroe: un porteño típico - egoista, indiferente a lo que ocurre afuera (mientras no le ocurra nada a él), superficial y bastante vago - que es verdugueado todo el tiempo por la histérica de su mujer. Pero luego que la situación se dispara y se pone sangrienta, termina aprendiendo varias cosas al lado de Horacio, lo que termina por cambiarlo. No es que se haya ganado el respeto de su mujer, pero al menos es un tipo mas práctico y despierto.

    Es obvio que Fase 7 funciona como una alegoría del pánico local surgido por la epidemia de la gripe H1N1 ocurrida a mediados del 2009. Hay varios detalles graciosos en tal sentido, como la lavada de manos del gobierno - que no explica nada, no da provisiones, y decide aislar a todo el mundo para que se arreglen solos -, líneas de ayuda 0800 que jamás funcionan, médicos que están mas enfermos que los posibles infectados, y un montón de toques de humor criollo, como que los especialistas se sacan las máscaras anti gas para tomar mate. A esto se suma las peleas entre los vecinos, las cuales incluyen un extenso y variopinto catálogo de puteadas a la argentina, casi siempre a cargo del personaje de Yayo. Los diálogos son naturales, cómicos, y demostrativos de la idiosincracia porteña - el "no te metás" o "el dejálo así" -.
    Por supuesto el matrimonio protagonista es detestable - se llevan a las patadas todo el tiempo - y el libreto mete el embarazo del personaje de Jazmin Stuart como excusa para justificar de que la mujer sea aborrecible. También es cierto que Daniel Hendler es un cómodo de primer orden; y estos personajes merecerían la hoguera si no fuera que entra Yayo a jugar en el primer tiempo y logra ganarse con facilidad la simpatía del público. Además de ser una película apocaliptica a la criolla, Fase 7 es una historia de maduración: Coco terminará por transformarse en un hombre auténtico al final del viaje.

    El libreto es muy cómico y no solo por los costumbrismos sino porque después se transforma en una comedia violenta tipo Tarantino, con gente que se balea en los corredores y tipos siniestros con costado simpático. Al guión no le interesa explorar mucho el tema del virus sino el de la locura del aislamiento y el crecimiento como persona (entre comillas) del protagonista. Y durante el 90% del tiempo Fase 7 funciona de manera impecable. El gran problema son los cinco minutos finales, que están mal escritos. La resolución de la historia deja mucho que desear - digo yo: el mismo resultado se podría haber conseguido sin embarrar el prestigio de uno de los personajes principales ni metiendo caracteres salidos de la nada a último momento -. El otro punto que podría reprochársele al filme es que el libreto debía ser mas preciso sobre el propósito de toda la historia. Si la conclusión es que Coco se ha transformado en un hombre auténtico luego del baño de sangre, era necesario ser más explícito con ese punto, mostrando el respeto ganado frente a su mujer y hasta incluyendo un pequeño discurso final. Sino, todo esto queda en la gracia de la anécdota, cuyo único propósito es engolosinarse con los detalles de un apocalipsis a la criolla.

    Fase 7 es una película excelente a la cual le faltaron pulir un par de detalles importantes. Las perfomances son muy buenas, y la historia tiene suspenso y detalles muy cómicos. Es un gran comienzo para Nicolás Goldbart - un veterano editor de filmes que aquí hace su debut como guionista y director -, y esperemos pronto tener más noticias sobre él ya que tiene un talento realmente prometedor.
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  • Infierno al volante
    ¿Cómo un tipo con cara de idiota puede convertirse en un héroe de acción taquillero?. La respuesta no la sé, pero la prueba la tengo a mano y se trata de Nicolas Cage. Y, lo que es peor de todo, es que el tipo es solvente en los papeles. Mi critica va, en todo caso, a que en el disparatado mundo de Hollywood todo es posible si se tiene un ego enorme. Es raro que haya visto una pelicula espantosa de Cage (salvo las de la saga National Treasure) y uno puede reprocharle que se las da de galan infalible cuando la pinta no le da, pero nadie le puede negar que el 90% de sus películas de acción son entretenidas.

    Y engrosando ese 90% figura Infierno al Volante. Es una road movie con toques sobrenaturales. Cage va detrás de los malos; un emisario diabólico va detrás de Cage. Nuestro héroe es expeditivo, y no queda títere con cabeza a su paso. Tampoco le importa mucho si lo que liquida son satanistas o policías cumpliendo su deber. ¿Políticamente incorrecto?. Si, y mucho. Pero desde el momento en que mata a una docena de tipos mientras hace el amor (y el quía no se distrae ni se le va la excitación), sabemos que ésta es una película gloriosamente exagerada y ridícula. ¿Para que matarse en intentar tomarla en serio?.

    En Infierno al Volante todo es disparatado. Cage hace cosas demenciales con los autos. Se le une una chica que es tan salvaje como él. Hay balaceras delirantes y persecuciones interminables. También hay un tipo que se hace llamar "el contador" y parece que trabajaba en la administración del infierno. Mal día para Satán: parece que se le escapó una de las almas que tenía retenida en el purgatorio. ¡Esperen!. ¿No será Nick Cage?.
    El libreto es un delirio de aquellos y está dirigido con brío. Era indispensable, sino la gente saldría a raudales de la sala a los cinco minutos de comenzado el filme. El tema es que la historia acumula tantos disparates que, a mitad de camino, se queda sin combustible (cuando los satanistas huyen con la chica en la MotorHome). Entonces los guionistas deciden recoger todo, barajar y repartir de nuevo. Y ahí la película comienza a declinar, simplemente porque los deus ex machina se acumulan de manera inconfesable. Amigos que aparecen de la nada, superpoderes de último momento, gente que pierde dos días de persecución pero igual llega a tiempo para el clímax... La pelicula pierde bastante de su entusiasmo y las incoherencias comienzan a salir a flote. Aún así, llega con el combustible justo para un grand finale medianamente decente.

    Este es un espectáculo pochoclero, así que ni nos calentemos en pedirle peras al olmo. No es Bergman (Ingmar, no Ingrid). Se le pueden reprochar dos cosas: que el villano es anodino, y que la historia se desbarata sobre el final. Por contra, la dupla central es muy buena repartiendo tiros y trompadas, y el personaje de William Fichtner es una delicia cada vez que aparece. Con todo esto, ¿qué más se le puede pedir a 90 minutos de espectáculo descerebrado y entretenido?.
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  • Rango
    Rango
    Arlequin
    Rango es un producto de curioso pedigree. Es la primera película animada de la Industrial Light & Magic (ILM), la empresa de efectos especiales de George Lucas. El que Lucas salga a competir en un terreno liderado por Pixar y DreamWorks Animación no me resulta sorprendente, ya que el estudio venía dando pasos en tal sentido: primero, con el expertise en el manejo de CGI que han adquirido en todos estos años, y luego con la producción de tiras animadas basadas en la nueva trilogía de Star Wars - como Star Wars: Guerras Clonicas -. A esto se suma que la empresa - a través de sus múltiples emprendimientos, como es el caso de los videojuegos - había mostrado históricamente su predilección por realizar parodias de género (con títulos como Grim Fandango, Monkey Island o El Día del Tentáculo). La buena nueva es que el debut digital de la ILM recorre un camino fresco y nuevo, y se aparta de la desgastada rutina de generar subproductos basados en la mitología de Star Wars o Indiana Jones.

    Pero hay mas detalles interesantes. El libretista es John Logan, que no es un tipo sacado de Pixar o Dreamworks Animación sino un curtido guionista con obras del calibre de Gladiador, El Aviador, El Ultimo Samurai o Sweeney Todd bajo el brazo. Y al mando pusieron a Gore Verbinski, quien trajo a bordo a parte de la troupe de Piratas del Caribe - como Johnny Deep y Bill Nighy - para que pusieran las voces. Es decir, ninguno de los involucrados tenía experiencia en filmes de animación y, en contra de las expectativas, terminan generando un filme realmente notable.

    Rango es un canto de amor al western. Hay homenajes aquí y allá - algunos más camuflados que otros - de clásicos del oeste. Pero los más evidentes detallan una fuerte inspiración en la trilogía del Dólar de Sergio Leone: hay otro forastero anónimo (el camaleón toma el apodo de Rango luego de leerlo en una marca de zapatillas) que llega a un pueblo a impartir justicia, hay un asesino idéntico a Lee Van Cleef (Vibora Jake, interpretado por Bill Nighy); hay cabalgatas sobre el Sol naciente; y hasta hay un cameo del "pistolero sin nombre" (el personaje que hacía Clint Eastwood en los filmes de Leone), que figura aquí como el "espíritu del oeste".
    Si uno la analiza al detalle, Rango es más simpática que cómica. Los personajes están bien construídos y tienen gracia, pero no son hilarantes. Es cierto que el camaleón hace de comic relief y tiene sus momentos pero el filme funciona más como un western tradicional al que le insertaron pasos de comedia con calzador. Esto se nota especialmente en la segunda mitad, en donde prácticamente es lineal y tiene algunos momentos cuasi dramáticos. Ojo que esto no es desmerecer el filme, de ningún modo!. La película es deliciosa e inteligente, y tiene momentos de sublime inspiración como la secuencia en el desierto (cerca del climax), en donde el héroe comienza a tener epifanías de todo tipo y color. Allí es cuando Rango abandona la parodia y encuentra vuelo propio.

    Es cierto que, a estas alturas, todas las historias sobre el lejano oeste ya han sido contadas, pero Rango encuentra su propio camino. Como película de animación, creo que es bastante compleja y adulta, y sobrepasa un poco la capacidad de entendimiento de los más chicos. Hay secuencias de comedia slapstick insertadas con calzador como para que los más pequeños no se aburran (y algunas de ellas son las que arruina el final), pero la historia tiene tantos niveles que entretiene a todos por igual... aunque nosotros - los más grandes y que tenemos una idea del cine western - la disfrutaremos aún más.
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  • Piraña
    Piraña
    Arlequin
    En 1978 la Piraña producida por Roger Corman y dirigida por Joe Dante no era más que otro flagrante intento de copiar el éxito de moda Tiburón (1975), sólo que con criaturas carnívoras amazónicas mutantes. A Piraña le siguió la infaltable secuela Piraña II (1981), dirigida por James Cameron, y que todo el mundo terminó por odiar. Los amables pececillos fueron al desván de los recuerdos hasta que los resucitó Corman para una remake hecha para el cable en 1995, y desde entonces han estado dando vueltas por los estudios, esperando por una nueva remake pero con mucho mayor presupuesto. La espera ha llegado a su fin, y ahora nos llega esta versión de la mano del francés Alexandre Aja, el mismo de la remake de El Despertar del Diablo y Alta Tensión. Aja no sólo cumple con las expectativas, sino que se despacha con una auténtica opera gore, llena de tripas, tetas y chistes atroces, lo que encamina a Piraña 3D a convertirse en un auténtico objeto de culto.

    Lo cierto es que esto no es una remake, siquiera una secuela de los títulos de Corman, y opta por ser una historia completamente nueva que usa al depredador amazónico como la excusa de turno. Ya no está el solitario borracho, la detective privada, ni siquiera el proyecto militar experimental que daba pie a las criaturas mutantes de turno en la Piraña de 1978. Por contra, se despacha con una historia prototípica a lo Tiburón, mechada con algo de humor, hasta que termina por desatarse sobre el final. Como se trata de un chiste bien contado, el 70% inicial de Piraña 3D es bastante lineal y serio, aunque hay algún que otro guiño aquí y allá, anticipando de que las cosas van a desembocar de una manera radicalmente diferente a lo esperado. Comenzamos por el cameo de Richard Dreyfuss - que hacía de biólogo en Tiburón -, y que aquí figura como un pescador que se convierte en el desayuno de los peces prehistóricos. Después está el nieto de Steve McQueen en el protagónico, aunque en verdad el pibe es algo blando y mucho el cuero no le da para llenar la pantalla. Haciendo de su madre está Elizabeth Shue (¿qué le pasó a esta mujer, que parece una abuela y ahora protagoniza filmes como éste?), que vuelve a juntarse con Christopher "Doc Brown" Lloyd como para recordar los tiempos en que ambos correteaban en el DeLorean de Volver al Futuro. Hay un productor de programas eróticos para cable - Jerry O´Connell, más sacado que nunca - que vive corrompiendo a todas las chicas que lo rodean, y que sirve de excusa para mostrar primerísimos planos de tetas y culos en 3D (perdón el francés), con lo cual la audiencia masculina aúlla. Lo que le pasa a estos personajes es bastante predecible - sheriff que descubre la verdad, pueblo turístico en plena temporada, gente que desoye las advertencias, etc -, lo que sirve de excusa para ver cómo unas alucinantes pirañas CGI devoran todo lo que encuentran a su paso.

    Como todo chiste narrado con clase, Piraña 3D viene a media máquina con tal de ir preparando momentum, el cual que termina por explotar en el último acto - el remate - y de una manera gloriosamente sangrienta. Esto no es un climax dramático a lo Tiburón, sino un show de muertes groseras, sorprendentes y cómicas, filmadas en alucinante carmesí. Si uno tuviera que comparar a Piraña 3D con algún título de estilo semejante, sería con Terror a Bordo (Serpientes en el Avión), sólo que en una versión imaginaria rodada por Tarantino y Robert Rodriguez. Piraña 3D no disimula en lo más mínimo sus intenciones exploitation - hay mujeres desnudas a rabiar y, cuando tiene que mostrar carnicería, no escatima en recursos -, se regodea con ellas, y termina por cumplir con creces todas las expectativas creadas. Nada de subtexto intelectual; tetas y gente devorada viva es la agenda del filme, y la honra en toda su gloria.

    Piraña 3D es más que recomendable. Es cierto que durante los dos primeros tercios la película va por lo previsible y parece tomarse muy en serio a sí misma, pero en el último acto se destapa de gran forma y compensa la espera. Ya hay una secuela en carpeta, algo que desde ya me hace agua la boca en vista de la calidad de esta entrega.
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  • El rito
    El rito
    Arlequin
    El Exorcista puso la palabra de moda en 1973 y, a partir de entonces, la historia del cine de terror jamás volvió a ser la misma. Quizás el impacto del filme pasara por dos aspectos: la inocencia violada de la protagonista, y la cercanía del mal a nuestro mundo, mucho mayor de lo que nosotros imaginábamos. Lamentablemente luego del filme de William Friedkin nadie ha podido hacer algo decente con el tema (a excepción de alguna que otra secuela oficial) y, en los últimos años, comenzaron a tantear con otros enfoques para intentar darle un punto de vista fresco al género. El Rito se suma a otros filmes - como El Exorcismo de Emily Rose -, que tratan el tema desde una perspectiva cuasi documental, afirmando que todo lo visto en pantalla está basado en hechos reales (ja!).

    Aquí el filme se basa en un libro escrito en el 2009, en donde el periodista Matt Baglio cubrió parte de la vida del padre Gary Thomas, y registró numerosos testimonios de los exorcismos celebrados por el cura durante su iniciación en el tema. Lo que debe haber sido apasionante en el papel termina siendo destrozado bajo el peso del cliché hollywoodense. No sólo el personaje de Gary Thomas es transformado de un amable cincuentón a un bello mozalbete de veintipocos años (y el periodista sufrió un cambio de sexo y se transformó en la impactante Alice Braga), sino que todo el shock y todo el debate intelectual del tema ha quedado reducido a cenizas debido a la incompetencia del director y del guionista. Y eso que Mikael Hafstrom había dirigido algo tan potable como 1408...

    El primer problema del filme pasa por su identidad. El Rito se debate entre ser un relato autobiográfico, un filme de terror o una película de debate metafísico. Todo lo que pasa en pantalla es bastante anodino - la vida del héroe es aburrida, no hay shocks, y ni siquiera hay alguna discusión intelectualmente apasionante -, y uno espera que aparezca pronto en escena Anthony Hopkins como para ponerle un poco de pimienta a la cosa... pero la presencia del inglés tampoco termina por hacer despegar el relato. El otro defecto importante es la construcción de la credibilidad, la cual requiere tiempos que el filme no le permite. Nuestro héroe no quiere ser funebrero y se mete de cura. A los cinco minutos no tiene más fe y quiere abandonarlo todo ... y alguien le dice: a) que todas las iglesias norteamericanas tendrán la obligación de tener un exorcista en sus filas (como si estuviera previsto que va a haber una epidemia de posesiones!); b) que nuestro héroe, el tipo más descreído del mundo y que lleva 5 minutos dentro del seminario, es el más adecuado para irse a Roma y tomar una seminario sobre exorcismo en El Vaticano. Es como si mandaran a mi primo de 8 años - al que le gusta jugar con naves espaciales - a que tome el curso de ingeniero nuclear de la NASA, por poner un ejemplo.
    Los problemas de credibilidad interna del relato no termina ahí. Al curso secreto sobre exorcismo puede asistir cualquiera, inclusive una periodista que piensa publicar todo (!!!). Ella y nuestro aburrido protagonista van a parar a la casa de Anthony Hopkins... quien hace de Anthony Hopkins. El primer exorcismo es absolutamente insulso, carente de clima y, para colmo, es interrumpido por una llamada de celular. Ni los mismos curas respetan al demonio.

    En realidad la gran falla de El Rito pasa por la falta de clima. En ningún momento sentimos que estamos entrando en terreno prohibido, o que estamos viendo algo shockeante o sorprendente. Ya no digo de reiterar cosas como vómitos verdes o cuerpos flotando en el aire (algo sobre lo que bromea el mismo Hopkins en la pelicula). Es cierto que la interpretación física del exorcismo está bien hecha y debió ser extenuante para los actores ... pero todo esto está rodado sin misterio. El demonio no asusta sino que es un ventrílocuo malo y sin gracia. Y el climax bordea lo absurdo, simplemente porque el más curtido y experimentado cae en el lado oscuro y el novato descreído debe rescatarlo. Es un climax forzado y hollywoodense, pero ni aún así logra agregarle algo de adrenalina a la película.

    El Rito es decepcionante. Todo lo que expone está a medio cocinar, y no termina de ser satisfactoria ni siquiera como un vulgar pasatiempo de hora y media de duración. Mi consejo: espere a que la den por cable, y ahórrese el dinero, tanto de la entrada como del alquiler de la película.
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  • El Avispón Verde
    Engendro mutante. Así se podría definir a la versión 2011 de El Avispón Verde. No es que sea una atrocidad inmirable, pero tampoco hace las cosas demasiado bien. En todo caso el mayor problema con esta adaptación del héroe radial creado por George W. Trendle en 1936 (y cuya historia de origen contamos en la review del filme de 1976), es que el ego del productor, guionista y protagonista Seth Rogen ha inundado todo el proyecto hasta pulverizar toda demostración de personalidad y talento de los artistas involucrados. Cuando Rogen está distraído o callado, el director Michel Gondry amenaza con convertir a El Avispón Verde 2011 en una película decente a través de raptos de imaginería visual... pero esos esfuerzos apenas duran un puñado de minutos y el milagro nunca termina por darse. Y siempre terminamos por regresar a las garras de Rogen mientras deseamos que algun villano le dispare una bala en la cabeza o algún directivo de la Columbia se de cuenta de lo que ocurre, lo despida y ponga a otro tipo más centrado en el puesto de protagonista y libretista.

    Seamos sinceros: esta adaptación olió a podrido desde el principio, desde el momento que escuchamos que a algún alto ejecutivo de estudio de Hollywood se le ocurrió que Seth Rogen - el mismo tipo de Superbad y Pineapple Express - debía estar a cargo de una nueva versión de El Avispón Verde. Rogen comenzó a buscar socios para la aventura pero la gente huía del proyecto - como Stephen Chow, atachado en algún momento como co protagonista y director, o Nicolas Cage, eventual candidato para el papel del villano - y, de algún modo, consiguió que tipos tan talentosos como Michel Gondry (de Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos y La Ciencia del Sueño) así como Christoph Waltz (Bastardos Sin Gloria) se subieran al carro. Bah, los inundaron con dólares como para anestesiar sus remordimientos de conciencia.

    Seamos claros: yo no tengo problemas con Rogen ni con el estilo de su humor (he disfrutado mucho de sus filmes), ni con el concepto de que El Avispón Verde sea reimaginado como comedia. Pero unir ambas cosas suena a bizarro e incompatible. Los puntos de rechazo pasan porque a) el humor drogón y fiestero de Rogen no es el más adecuado para una sátira de super héroes; b) un tipo feo, gordito, blanco teta, con dientes desparejos y físico fofo es la antítesis del modelo mental que uno se hace del personaje, y que se basa en la interpretación que hizo Van Williams para la serie de 1966. Rogen no es un actor camaleónico (ni siquiera es uno con cierto rango), y como libretista es bastante limitado. Lo suyo es siempre lo mismo y aquí lo demuestra. Seth Rogen hace de Seth Rogen, mira tetas, culos y hace chistes desubicados, y aún estando más flaco no logra dar con el perfil de heredero millonario convertido a superhéroe. Cada vez que Rogen está en pantalla pasa desapercibido como un travesti en un colegio de monjas. Y llega hasta un punto en que bordea lo irritante. Porque Rogen se escribe parlamentos muy largos y algunos de ellos son anodinos. La cámara se centra demasiado en él, y el resto (con la excepción de Jay Chou, que se la apaña para tener algo de luz propia) desaparece en su sombra. Ni Cameron Díaz ni Tom Wilkinson ni Christoph Waltz ni Edward James Olmos pueden hacer algo con sus personajes. Están muy mal escritos y sólo son figuras decorativas para que Rogen dispare sus seudo genialidades. Todo esto me hace acordar a las comedias de Adam Sandler, en donde el bufo contrata grandes actores en decadencia para denigrarlos de todas las maneras posibles. Acá Rogen no los rebaja directamente, sino que los desmerece de manera más sofisticada. Cualquier actor de segunda o tercera categoría podría haber ocupado esos papeles y no habría afectado en lo más mínimo la efectividad del filme.
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    El otro problema que lastra seriamente a El Avispón Verde 2011 es que ni siquiera Britt Reid es un personaje mínimamente interesante. Es un fiestero drogón que se mete a super héroe sólo porque busca una vida más excitante, y ni siquiera es un tipo convencido de su causa justiciera. Para colmo, es un super héroe absolutamente incompetente, ya que todos los méritos se los lleva Kato (¿dónde se vió a un mayordomo con conocimientos de ingeniería y que pelee como los dioses?). No hace un plan como la gente, no diseña nada, no pelea de manera decente, ni siquiera es valiente. En realidad todo el heroísmo de la película pasa por Jay Chou, y Rogen se dedica a meter chistes en cualquier situación, sin importar lo abominable que sean.

    Por suerte hay momentos en Rogen se calla o no está en escena, y es cuando Michel Gondry toma las riendas visuales de la película. Gondry se las apaña para crear persecuciones y peleas excitantes utilizando todos los medios posibles - desde pantallas divididas hasta un Kato Vision que es una mezcla entre las peleas mentalmente planificadas de Sherlock Holmes y el bullet time de Matrix -, y logra despacharse con un delirante clímax. Pero el manejo de Gondry también termina por refrendar los problemas internos del filme, y es que nunca termina de ser exitoso en ningún aspecto. Tras una gran persecución viene un momento de forzada seriedad o de comedia mediocre, la historia nunca termina de enganchar a la audiencia, los personajes son anodinos, y la trama (llegado un punto) termina por hacerse eterna. 119 minutos de Seth Rogen termina siendo demasiado.

    Por donde se la mire El Avispon Verde 2011 es mediocre. Es un licuado de ideas y estilos que no termina de cuajar, comenzando por un intérprete inapropiado para el papel principal y siguiendo por un libreto plagado de personajes superficiales. Es cierto que hay algunos momentos graciosos o excitantes, pero son los menos. En lo personal le diría que la deje pasar hasta que aparezca en video o, mejor aún, que la emitan por cable. Es un filme que uno puede ignorar olímpicamente sin haberse perdido nada demasiado importante en la vida.
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  • La casa muda
    La casa muda
    Arlequin
    Hablar de Uruguay haciendo cine, es como hablar de un equipo jamaiquino de carreras sobre hielo. Bah, lo último existió y lo primero está ocurriendo. Siendo uruguayo, lo único que se hizo en el país (que yo recuerde) eran rarezas tales como Los Tres Mosqueteros (1945) con Armando Bo (rodada en el Parque Rodó y siglos antes que Bo decidiera mostrarle los flotadores de Isabel Sarli a medio mundo), El Lugar del Humo (1979) (un bodrio por el cual importaron a la única estrella internacional uruguaya, George Hilton), y Guri (1979). Y luego vino un apagón, y la industria cinematográfica uruguaya dejó de producir películas. Por supuesto, luego pasó mucha agua bajo el puente; yo me vine a Argentina, en Uruguay volvió la democracia, y los nuevos gobiernos terminaron por generar nuevas leyes para estimular el séptimo arte en la Banda Oriental. Y entre toda esa gente que se acercan al ICAU en busca de un préstamo para financiar su proyecto cinematográfico, apareció una dupla que venía con idea de rodar una película de terror.

    Y si hay algo más raro que hablar de cine uruguayo, es hablar de cine uruguayo de terror. Y hablar de una buena película uruguaya de terror. Es el caso de La Casa Muda, una auténtica rareza a la que presentaron en varios festivales (como en Cannes) y a la gente le gustó. ¿Y saben por qué les gustó?. Simplemente porque es efectiva.

    Acá los guionistas se basan muuy libremente en un hecho real ocurrido en los años 40. ¿Qué pasó entonces?. No importa, no interesa. En los años 40 no existían cámaras Polaroid, lo que es un detalle importante de la trama, así que la idea básica debió haber sido "muertes extrañas en una casa abandonada" y "un misterio que no se resolvió nunca", y el resto es pura imaginación de los libretistas.

    Acá hay un padre y su hija que son contratados por un estanciero para que arreglen una casa que el tipo está por vender. Llegan a la tardecita, se trancan, se ponen a dormir y empiezan los ruidos. La chica entra en pánico, manda a su padre a investigar, y al viejo lo tumba alguien... o algo... en el primer piso. Como la chica queda enclaustrada en la casa, debe ir al primer piso a recuperar las llaves que tenía su padre. Y, como lo que sea que anda arrastrándose allá arriba no quiere que se vaya, comienza a perseguirla sin cesar para poder atraparla.

    La película es dispar pero muy efectiva. Está rodada en digital, así que se ve impecable aunque el sonido (en especial, de los diálogos) deja mucho que desear. Es como que le faltaba un doblaje en post producción, ya que la cámara se aturde con el sonido ambiental y es muy débil para registrar la voz humana (igual, hay pocos diálogos que atender, pero...). Las perfomances son buenas, en especial la de Florencia Colucci que está en frente de cámara el 90% del tiempo y debe pasar por todos los estados anímicos posibles. Pero en donde La Casa Muda basa su efectividad es en el manejo de cámara; la película está rodada en una sola toma (bah, hay cortes invisibles al estilo de La Soga de Hitchcock, ya que la filmación real llevó cuatro días) y en primer plano tipo El Proyecto Blair Witch. No, no hay un protagonista nabo con la cámara rodando todo el tiempo; es como una cámara fantasma que flota alrededor de la chica y la sigue a todos lados a donde va.

    Debo admitir que el filme tiene su cuota de momentos muertos, en donde la chica examina todo lo que encuentra (absolutamente todo) y a veces con demasiada lentitud. Por su parte, esto contribuye a crear clima. Cuando Florencia Colucci se ve obligada a buscar las llaves en el pantalón de su padre - al cual todos damos por muerto -, el filme entra en una espiral de suspenso creciente. Y la siguiente hora es una auténtica montaña rusa de emociones, en donde uno pega unos repingos increíbles. La tensión que provoca el efecto de toma continua es inenarrable.
    La primera hora es formidable porque se reduce a la chica intentando salir a toda costa de la casa, y siendo acosada desde los rincones por sombras y manos que salen de la nada. Con un libreto tan minimalista, Gustavo Hernandez genera algunos shocks realmente efectivos. Pero la narración resiente un poco de su credibilidad debido a que cada secuencia de impacto funciona como un compartimiento estanco, lo cual no es natural. Por ejemplo, una de las mejores escenas tiene lugar cuando la chica queda encerrada en una habitación y se le rompe la linterna, con lo cual lo único que tiene para iluminarse son los flashes de la cámara Polaroid que encontró. Ni qué decir de las cosas horribles que ve en cada llamarada del flash (demás está decir que con cada fogonazo ve cosas espantosas). Cuando la protagonista logra salir del cuarto y se pasa al siguiente, en vez de huir corriendo por toda la casa decide quedarse a investigar unos objetos extraños que acaba de encontrar. Perdón, pero ¿no es que había monstruos en el cuarto de al lado y queriendo atraparla?.

    En donde la efectividad de La Casa Muda se diluye bastante es en el último acto. (alerta spoilers). El guión decide despacharse con una serie de indicios, dando a entender que todo lo que ocurre es fruto de una mente afiebrada. Es natural que los filmes de fantasmas se puedan interpretar en términos sicológicos, pero aquí las señales son bastante explícitas y arruinan el clima de shock. Al parecer el padre de la chica y el estanciero se mandaban sus fiestitas sexuales en la casa y todo lo documentaban con la Polaroid; cuando la muchacha descubrió las fotos, terminaron por saltarle los fusibles. Al momento en que las evidencias aparecen, los protagonistas empiezan a hablar y - lo que es peor de todo - la cámara queda estática en uno de los intérpretes (como si fueran sus ojos). Es en ese instante en donde La Casa Muda devalúa gran parte de los activos que había conseguido. Primero, porque se trata de un cambio de reglas (en especial la cámara testigo), como si fuera otra película distinta que hubieran empalmado con ésta; y, segundo, porque se transforma en algo demasiado standard. No es que lo que hay en pantalla sea malo, pero tiene tufillo a trampa, y arruina el impacto de la revelación sobre lo que pasa realmente en la casa. (fin spoilers).

    La Casa Muda es muy recomendable. Los yanquis ya tomaron nota y se despacharon con su remake, Silent House (2011) con Elizabeth Olsen (burp!). Aún con sus problemas menores, es un filme de terror efectivo. Y sí; es uruguayo.
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  • Las crónicas de Narnia - La travesía del viajero del alba
    Anodino. Esa palabra sintetiza la experiencia que supone ver Las Cronicas de Narnia 3: La Travesía del Viajero del Alba. Es un filme plagado de personajes aburridos, viviendo aventuras aburridas y enfrentándose a peligros poco excitantes. En el climax la pelicula levanta un poco la puntería, pero los deus ex machina y las explicaciones estúpidas del momento arruinan los escasos méritos que intenta apuntar el director Michael Apted sobre la hora. Y, como todo el mundo coincide en opinar, éste debería ser el último y definitivo clavo del ataúd que sepulte esta lánguida saga de fantasía que nunca terminó de convencer a nadie.

    Hace rato que la franquicia Narnia viene con problemas de rendimiento en taquilla vs costos de producción. Principe Caspian - el segundo filme - recaudó muy poco en comparación a la inversión requerida, y la gente de la Disney decidió deshacerse del clavo, vendiendo la saga a la Fox. Al menos los nuevos productores trajeron a un director más competente - Michael Apted, el mismo de El Mundo no Basta y La Hija del Minero -, aunque tampoco es un tipo que sepa demasiado de cine fantástico. Pero el problema no es Apted, que aquí hace lo que puede con el material; el problema pasa por el texto original, que es insulso, y por la decisión de respetar a rajatabla el tono infantil de la serie. Aquí se dan maña para hundir una fórmula a prueba de balas, como suele ser las odiseas de corte fantástico - al estilo de los viajes de Sinbad o los viajes de Ulises, con los aventureros recorriendo medio mundo y recogiendo fragmentos de algún artefacto mágico para derrotar al villano todopoderoso de turno -, en donde cada episodio da lugar a un enfrentamiento entre héroes y los monstruos que amerite la ocasión. Uno ve el diseño del barco, la tripulación conformada por humanos, minotauros y otras criaturas fantásticas, y cruza los dedos para que saquen algo potable de allí... algo que nunca termina por concretarse. Cada isla que visitan los viajeros es la excusa para una deprimente secuencia de acción o para la presentación de unos aberrantes personajes secundarios (como los duendes invisibles de una sola pierna!!). El libreto poda a la troupe de personajes principales a la mitad - lo que le da aire para su desarrollo -, pero le añade un par de caracteres irritantes como el primo de los Pevensie o la rata parlanchina y mosquetera con lo cual lo único que hace es retroceder puntos. Esta gente habla todo el tiempo ... y no resulta interesante en absoluto nada de lo que dicen.

    Si los libretistas hubieran tenido los testículos bien puestos como para podar personajes ridículos (léase animales que hablan), incluír algunas muertes (ya que aquí todo es demasiado aséptico) y diluir todo el trasfondo de la alegoría cristiana, Las Cronicas de Narnia 3: La Travesía del Viajero del Alba podría haber funcionado y la saga se hubiera reinventado con éxito. Aquí se aplican las palabras de Albert Einstein, quien decía que uno no puede pretender resultados diferentes si siempre hace lo mismo. Toda la historia es episódica, ninguno de los capítulos es muy interesante, se meten deus ex machina a cada rato - la inclusión con calzador de Aslan es atroz -, y en ningún momento da la sensación de ser algo medianamente excitante. Si la saga de Narnia era un fracaso camuflado, creo que este es el momento del sinceramiento y de bajar la persiana. Es lo mínimo que piden las desprevenidas víctimas que han gastado parte de sus ahorros para ver bodrios como éste.
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  • Tron: El legado
    Tron (1982) fue un producto de su tiempo, en donde la gente apenas sabía como funcionaba una computadora y se dejaba llevar por esa fantasía disparatada que nos contaba que existían fuerzas del bien y del mal coexistiendo en una dimensión digital residente en nuestros ordenadores. En realidad era un filme bastante mediocre pero tenía un par de ideas y un par de secuencias de efectos especiales que fueron revolucionarias en su momento, y que le ganaron un lugar en la memoria de millones de espectadores afiebrados durante el inicio de la era de la informática hogareña a principios de los años 80. Tron se transformó en fenómeno de culto con la llegada del VHS, y la Disney trató un par de veces de generar una secuela, algo que recién terminaría por concretar 30 años después.

    En sí, Tron: El Legado es superior a su antecesor. Ya no hablo de los FX - los que después de 30 años han sufrido drásticos avances - sino del argumento, que al menos es algo más coherente y definitivamente menos estúpido. Uno debe considerar que en el medio estuvo Matrix (1999) - que tomó las ideas básicas de Tron y se transformó en una especie de versión 10.0 de la historia -, con lo cual los guionistas de la secuela debieron devanarse los sesos para presentar algo no tan naif como el original y que sonara coherente a una audiencia familiarizada de sobra con los computadoras, Internet y toda la parafernalia informática de hoy en día. En 1982 lo más sofisticado que existía era una Commodore 64, y de las cuales existían 1 cada 10.000 hogares.
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    En todo caso Tron: El Legado es un cabal ejemplo de lo que llamaré "la industria hollywoodense del primer acto". Esto es, libretos que circulan por la meca del cine y que contienen primeros actos espectaculares - ideales para generar un gran trailer, narrados por el locutor meloso de turno -, pero que luego no tienen ni la más mínima idea de cómo seguir desarrollando la premisa (y, mucho menos, de mantener la excitación inicial). Los productores los compran y los financian en base a ese primer acto, y nadie se calienta en pulir lo intermedio o el climax. Ejemplos de esto hay a raudales, como la remake de El Día que Paralizaron la Tierra o Dreamcatcher entre tantos otros casos. Aquí el filme va sobre ruedas, con un protagonista carismático y un desarrollo inteligente (aunque algo copiado de la saga moderna de Batman, con otro niño millonario temerario y despreciativo de la empresa que la ha tocado en herencia), hasta que el libreto empieza a hacer agua desde el momento en que padre e hijo se reunen en la dimensión digital. Empecemos por decir que Jeff Bridges tiene libros de papel (QC!) y deglute comida en dicha dimensión (¿de dónde sale? ¿comen arvejas electrónicas? ¿ciberpollos? ¿dónde los crían?). Desde la escena de la cena, uno se da cuenta de que los libretistas no tienen la más pálida idea de como seguir el desarrollo de la trama - o como crear reglas para un universo digital -, y caen en cosas demasiado standares que no se condicen con el universo que plantea la historia. ¿Boliches para que se diviertan los programas renegados? ¿Dueños de boliches que trafican identificaciones falsas? ¿Qué es esto? ¿Casablanca (1942)?

    Por si fuera poco, el libreto comete dos gruesos errores que demuestran su escaso vuelo inspirativo. Primero, transforma a Jeff Bridges en una especie de Yoda electrónico, dándole superpoderes para alterar el entorno y que aparecen justo en el momento en que el guión no sabe como resolver una situación (como el absurdo climax). Segundo - y que me parece el más grosero de todos - es que el Tron del título ha quedado relegado a un papel miserable y sin peso. En el filme de 1982 Tron era un guerrero legendario, elegido de una profecía para restaurar el equilibrio en el mundo digital. Pero ahora el libreto privilegia al taquillero y oscarizado Jeff Bridges y reduce a Bruce Boxleitner (el Tron original) hasta el punto de convertirlo en un cameo en su propio filme. Esto es bastardizar la idea en base a la trayectoria / poder de box office de los actores. Es tan atroz e injusto el destino designado para Boxleitner / Tron que uno termina indignado.

    Eso no quita de que Tron: El Legado esté ok y sea entretenida. Los efectos especiales son espectaculares. La acción está filmada con virtuosismo, las actuaciones son buenas. Pero a uno le da la sensación de que se podía haber sacado más el jugo a semejante esfuerzo con una historia más pulida, y dándole a Tron el lugar que merecía. Así como está, se deja ver y tiene guiños para los fans del primer filme, pero está lejos de hacer algo memorable.
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  • Megamente
    Megamente
    Arlequin
    Megamente viene de Dreamworks Animation, creadores de Shrek y el único estudio de animación digital capaz de darle pelea al largo reinado de Pixar en el género. Para ello la factoría de Spielberg ha hecho hincapié en generar un perfil propio mediante el uso de un humor más ácido y políticamente incorrecto, lo que ha contribuido a desacartonar el género. En ese sentido, Megamente vendría a ser la respuesta de Dreamworks a Los Increíbles (2004), mezclada con gotas de Mi Villano Favorito (2010).

    Es posible que por allí pasen los problemas de la película. Uno no puede dejar de notar el gran respeto por el género de superhéroes que han puesto los creativos del filme pero, a su vez, hay un tufo bastante fuerte a ideas recicladas que termina por exterminar cualquier dejo de originalidad que pudiera tener. Si Los Increíbles era la versión Pixar de Los Cuatro Fantásticos, Megamente es la visión Dreamworks de la mitología de Superman, en donde el chiste radicaría en que Lex Luthor debe transformarse en el héroe del día. Hay numerosas alusiones a Superman - el origen, con chico alienígena lanzado al espacio mientras su mundo natal perece en una gigantesca explosión; los super poderes adquiridos al llegar a la Tierra; abundantes homenajes a la película de Richard Donner de 1978, con otro vuelo por las nubes entre la reportera y el héroe (sólo que aquí las cosas salen para el diablo, y el responsable es el sicópata super poderoso creado por Megamente); y referencias varias, que van desde la Fortaleza de la Soledad hasta un esquema similar a la historieta La Muerte de Superman (1992) - y, a su vez, el filme sigue un patrón similar a Mi Villano Favorito: el malo de turno conoce a alguien que termina por ablandarlo y se hace más humano.
    Este es un filme que hubiese querido que me gustara; lo que termina jugándome en contra es mi cultura cinematográfica. No paraba en pensar que tal o cual escena estaba tomada de tal o cual filme, como - por ejemplo - la horda de secuaces que sigue a Megamente y que está calcada de Mi Villano Favorito. Pero aún, librándome de todos mis pre-juicios (está bien escrito!), no puedo dejar de pensar de que ésta es una parodia a la que le falta filo. Las perfomances vocales son muy buenas, la animación es sensacional (cuándo harán un filme de Superman con esta técnica?), y no hay nada malo con el libreto, pero ... los resultados se ciñen a sonrisas más que risas. Es cierto que en el tercer acto - Megamente contra el engendro superpoderoso que ha creado - el filme mejora mucho su puntería, pero nunca termina de ser hilarante.

    Megamente es simpática y sirve para pasar el tiempo, pero es una pálida sombra de lo que podría haber sido. Resulta increíble que con tamaña cantidad de talento reunido - produce Ben Stiller, y figuran como consultores creativos Justin Theroux y Guillermo del Toro -, el producto final termine siendo algo tan tibio. Le faltan chistes y le falta un poco más de corazón. A mi juicio es un producto correcto, y no mucho más que eso.
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  • Skyline: La invasión
    Los hermanos Strause no descansan de cometer atrocidades. Alien vs Depredador era una franquicia bastante potable (me cuento entre los pocos que piensan así) hasta que vinieron los brothers y la aniquilaron con la secuela (Requiem) en el 2007. En su momento adujeron que el estudio les sacó el filme, lo manipuló y engendró esa bazofia que despacharon a los cines. Ahora estos chicos - capos del estudio de FX Hydraulx, y que facturan muy bien ya que tienen gran demanda en Hollywood - se despacharon con esta película, producida integramente de su bolsillo. Ya no pueden citar "interferencias de estudio"; la basura es de su completa propiedad, y Skyline es prueba patente de su falta de talento. Buenos efectos especiales no pueden camuflar la desidia generalizada de directores y guionistas por escribir una historia siquiera decente.

    Esto es Dia de la Independencia + Cloverfield, en versión de cine Z. Aquí no hay cámara en mano, la que al menos servía para camuflar un poco la falta de talento del director de turno y con la cual resultaba fácil generar shocks en primer plano. Por contra, el enfoque standard que usa Skyline pone en evidencia todos los problemas del libreto. Aquí hay otra troupe de palurdos enfiestados (tal como Cloverfield) con su cuota de dramas personales de telenovela que no le importan a nadie y que el libreto pretende vender como "tridimensionalización de los personajes". Por suerte esto no dura demasiado, ya que a los 15 minutos tenemos la invasión alienígena en pleno, en donde los extraterrestres disparan gigantescas balizas en las ciudades y las naves madres acuden hacia ellas, actuando como aspiradoras gigantes de seres humanos. A esa altura el tufillo de Dia de la Independencia es más que evidente, con planos casi idénticos. Pero como los FX son muy buenos (si la gente de Hydraulx no sabe de esto, bien pueden poner un puesto de choripanes en la costanera y dedicarse a otra cosa), uno no tiene demasiada queja hasta ese punto.

    Los problemas comienzan cuando el grupo humano de turno empieza a razonar y a hacer estupideces. Como los hermanos Strause vieron ID4, se dijeron: "precisamos a otro cómico negro que haga de héroe" y trajeron a Donald Faison de la serie Scrubs, para que haga de Will Smith del bajo presupuesto. Pero Faison es un tipo con cara de payaso y verlo angustiado por el abrumador ataque alienígena bordea lo ridículo - el drama no es lo suyo -. Para colmo anda armado con una pistola por todo el edificio, como si los marcianos se hubieran mudado al departamento de al lado.
    El tema es que toda esta gente nunca termina de salir de las cuatro paredes del condominio, ya sea porque están sitiados o porque se la pasan pispeando los pormenores de la invasión a través de un telescopio, y con lo cual casi no tienen contacto directo con los extraterrestres de turno. Entonces tenemos a 4 tipos visitando siempre los mismos 3 escenarios - azotea, calle, departamento -, y que no hacen nada más que pelearse entre ellos. Ciertamente en el género de invasiones alienígenas usted puede ser a) el héroe que derrota solito a los marcianos b) el superviviente que pelea por su vida c) el testigo, que reflexiona mientras los ejércitos combaten infructuosamente al invasor. Aquí los protagonistas son tan inoperantes que entran directamente en la categoría c); pero, en vez de decir cosas interesantes sobre el destino que les ha tocado en suerte, esta troupe de idiotas se la pasa peleándose por trivialidades y haciendo burradas. Afuera hay naves madres gigantes como ID4, hay calamares voladores como Matrix Revoluciones, hay bichejos enormes sueltos como Cloverfield, y hay brazos exploradores como La Guerra de los Mundos. Los aliens vienen a saquear cerebros humanos, los que usan para tomar energía como si fueran pilas Eveready. El problema es que los extraterrestres le extirparon los sesos a los guionistas antes de que finalizaran el libreto.

    Si los protagonistas no nos importan; si las escenas de acción están plagiadas de peliculas anteriores (y mucho mejores que ésta); ¿qué nos queda?. Efectos especiales. Una cosa que me impactó de Skyline es que, en este universo, la gente es respetuosa de la propiedad privada aún en las situaciones más apremiantes. Cuando una criatura persigue al coche en donde los protagonistas intentan escapar, el conductor decide esperar los 15 segundos reglamentarios para que la valla automática se abra del todo en vez de arrollarla con el auto. Cuando varios calamares gigantes amenazan con devorarlos, el líder del grupo decide perder segundos valiosísmos en usar la llave adecuada para abrir la puerta del consorcio en vez de hacer puré el vidrio de la misma. Incluso cuando las fuerzas aéreas lanzan un misil atómico a la nave madre - la que está a menos de un kilómetro del condominio -, la explosión nuclear ni siquiera raja un vidrio en el departamento. Ya sabíamos que el filme era barato... pero ¿era mucho costo de producción destrozar un ventanal de vidrio falso?

    A los hermanos Strause deberían prohibirles de por vida dirigir otro filme. Acá hay una desidia total por la historia. Me imagino una reunión de producción del filme, elaborando escenas espectaculares de efectos especiales y, una vez rodadas, escribiendo a las apuradas alguna excusa en el libreto para involucrar a los protagonistas en dicha secuencia. Eso no quita de que haya una segunda parte, ya que el filme costó solo 10 millones de dolares y en el estreno recaudó 12 (faltan más semanas en cartel y la salida en video). Pero dudo que atrapen dos veces a la gente con la misma bazofia.
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  • Machete
    Machete
    Arlequin
    Machete es la expansión a formato de largometraje del falso trailer que Robert Rodriguez había rodado para el proyecto (en dupla con Tarantino) de Grindhouse. De hecho es la materialización de un viejo sueño de Rodriguez que data de 1993, cuando el mexicano desembarcaba en Hollywood y conoció a Danny Trejo, a quien concibió como una suerte de versión latina de Charles Bronson. Desde entonces Rodriguez ha impulsado el proyecto, cosa que le costó 17 años concretar. Y aunque Danny Trejo está más gordo, petiso y viejo que nunca (el tipo tiene 66 años!), tiene el carisma intacto para despacharse como héroe de acción latino en toda su gloria. Rodriguez ha inventado el mexploitation, y acá monta una deslumbrante opera de excesos, aunque la trama no es tan fluída como debiera.

    A mí me gustaba Rodriguez cuando era un buen imitador de Sergio Leone, lo que ocurría tanto en El Mariachi como en su secuela Desperado. Luego se hizo amigote de Quentin Tarantino, y pasó a ser una mediocre copia de éste (no le salen los diálogos excéntricos ni maneja tan bien las troupes de personajes estrafalarios). Eso no quita que las películas de Rodriguez no sean buenas, pero tienen baches narrativos y mezclan grandes excesos con momentos de insoportable seriedad. Es un tipo muy virtuoso en lo visual, pero descuidado respecto de los guiones que escribe. Eso mismo se repite en Machete, en donde el relato va a los saltos en más de una ocasión. También es posible que tenga que ver con ello la característica de producción multiestelar, en donde tantos astros figuran juntos en el casting pero en la realidad difícilmente rueden escenas juntos. Ello es particularmente notable en un puñado de casos: todas las escenas con Lindsay Lohan están insertadas con calzador e incluso parecen rodadas después de haber terminado el filme; la participación de Steven Seagal está levemente mejor incorporada al relato, pero no llega a compartir más de 10 minutos de escena con otro compañero de elenco, y el resto del tiempo se la pasa charlando vía webcam; y así ocurre con un par de intérpretes más.
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    A su vez, hay momentos en que el filme se toma muy en serio a sí mismo. Un dato curioso es que Rodriguez ha usado a Machete como escenario para despacharse con una crítica foribunda a las políticas inmigratorias americanas (tal como las recientes leyes del estado de Arizona), que son cada vez más xenófobas. Ciertamente es una causa noble, pero ver a gente haciendo discursos de barricada en medio de un show de excesos gore termina por desembocar en un espectáculo bizarro. Mientras que en el 50% de los casos hay un odio sincero y sanguíneo en contra de los racistas norteamericanos, el otro 50% se reparte en un delirio descerebrado, con organizaciones de ilegales armadas hasta los dientes y entrando en guerra con senadores corruptos, oscuros hombres de negocios y jefes de la droga. Es un mix muy raro, de algo real mezclado con algo completamente disparatado.

    Eso no quita que cuando Danny Trejo pela su cimitarra mexicana Machete se convierta en un delirio fabulosamente divertido. Rodriguez hace lo mismo que Alexandre Aja en Pirañas 3D, y filma las matanzas de una manera gloriosamente excesiva. El tema es que, cuando la acción se calma, todo pasa nuevamente a descansarse en el desparejo guión y en la calidad de los intérpretes. Danny Trejo es una gloria, Jeff Fahey se deleita con su villano, Steven Seagal está ok (y sigue sin disimular su gordura), Don Johnson disfruta matando ilegales en la frontera como si fuera un deporte, y hasta Michelle Rodriguez está sexy; pero Jessica Alba es un bochorno en cada una de sus apariciones, y Lindsay Lohan parece descolgada, sin propósito en la trama. Para colmo, la mitad de sus apariciones (que son desnudos) están cubiertas por un doble, así que la actuación de la problemática estrella no deja de ser nominal.

    Machete es delirante cuando está en movimiento; en el medio, las cosas son bizarras y no en el mejor sentido de la palabra. ¿Mexploitation con mensaje político?. Así es, y el resultado es algo extraño. Podría haber sido mucho mejor si no tuviera esos seudo momentos de seriedad. Igual, es mucho mejor que Planet Terror - el opus anterior de Rodriguez -, y a Trejo le sobra personalidad aunque tenga 80 años. Era el protagónico que se merecía.

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  • Cazador de demonios: Solomon Kane
    Solomon Kane es una de las primeras creaciones de Robert E. Howard, el autor de Conan. Howard era un estudiante secundario que comenzó a despachar cuentos para revistas pulp de la época como Argosy y Weird Tales. Como sus trabajos eran regulares y populares entre los lectores de dichas publicaciones, Howard no tardaría en convertirse en escritor profesional, lo que ocurriría a la temprana edad de 18 años. Para tener una idea del talento de Howard, el escritor había creado a Solomon Kane a los 22 años, Kull el Conquistador (el personaje de Howard que fundaría el género de la Fantasía Heroica) a los 23, y Conan a los 26. Lamentablemente la situación económica y emocional de Howard se volverían muy inestables con el paso del tiempo, y el escritor se volaría los sesos al cumplir los 30 años.

    En sí Solomon Kane no difiere demasiado de Conan y otros personajes de Howard. Es un guerrero solitario y brutal que combate criaturas sobrenaturales, con la única diferencia que ahora está seteado en la edad media. El dato de que la aventura tiene lugar en el año 1600 y en Inglaterra es simplemente anecdótico; con la excepción de justificar la existencia de mosquetes, iglesias católicas y banderas inglesas, el resto podría calzar perfectamente en plena Tierra Media o en cualquier otro mundo de fantasía. La mayoría de los combates son a pura espada, los demonios acosan desde las sombras, y los castillos se ven más tétricos que nunca. Aún cuando Solomon Kane sea una producción modesta, la ambientación está muy bien hecha y transporta al espectador a una era en donde la existencia de la magia resulta creíble.

    Pero la gracia del filme pasa en realidad por la potencia del personaje central, que es una especie de Aragorn con mala actitud, decidido a patear traseros de cualquier criatura viviente - humana o sobrenatural - que se le cruce por su camino. Este es un tipo brutal, con un corazón negro sediento de sangre, que inspira terror a sus enemigos - en un momento le dice a uno de sus secuaces: ¿de qué te asustas? ¡Aquí el único demonio soy yo! -. Tras verse cara a cara con un súbdito del Diablo (que viene a reclamarle su oscura alma) y lograr escapar, Kane se refugia en un monasterio y se convierte en un hombre temeroso de Dios. Pero cuando las circunstancias lo ameritan, la bestia asesina que lleva adentro renace y provoca estragos entre sus enemigos.

    Quizás el aspecto más fascinante de Solomon Kane tenga que ver con su lucha interna entre el bien y el mal, en donde la naturaleza violenta del personaje termina por triunfar, sólo que ahora se ha encaminado por una buena causa. Este es un sicópata de nacimiento, que ama la violencia y sabe que ése es su mundo. Por ello es que Solomon Kane participa del mismo perfil que el personaje de Clint Eastwood en Los Imperdonables: otro asesino reformado en apariencia, que ha exterminado todo tipo de ser viviente que se le haya cruzado en el camino, y al cual su pasado lo condena a ejercer su único talento de la manera más brutal posible. A lo largo de los dos primeros tercios de Solomon Kane hay puñados de reflexiones fascinantes sobre la inexorabilidad del destino y la naturaleza del mal. En un momento Kane suplica ante las hordas de poseídos que no maten a un muchacho y, ante la sorda escucha de su pedido, termina maldiciendo a Dios por negarle la posibilidad de redención y condenarlo a ser un asesino... tras lo cual, comienza a desguazar esbirros del demonio con sus dos espadas como si fueran sandías maduras.
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    Durante esos dos primeros tercios Solomon Kane transpira carácter. Oh sí, sin dudas es una de las mejores aventuras de fantasía de la era post El Señor de los Anillos, pero acá los méritos no pasan por lo espectacular de la historia ni por lo excéntrico de los efectos especiales, sino porque el personaje central tiene una dualidad contradictoria fascinante. A esto se suma la excelente perfomance de James Purefoy - un tipo que viene haciendo secundarios desde hace años, sin nada memorable a nivel internacional -, la que debería valerle merecidamente el estrellato. Cosa curiosa del destino, Solomon Kane fue estrenada en Europa en el 2009 y ya salió en video, mientras que los norteamericanos aún no la han visto en sus salas de cine (hay un estreno demorado para este 2010). Pero ni bien lo haga, Purefoy debería pasar a ser uno de los más solicitados de Hollywood. Su actuación es perfecta, intensa y radiante de carisma - uno realmente se emociona cuando Kane entra en una racha justiciera, o cuando las cosas le salen mal -.

    Ciertamente la energía de Purefoy permite obviar algunos detalles que tienen que ver con la modestia de la producción (como escenarios y efectos especiales); pero lo único que no puede esconder es el tercer acto, en donde Solomon Kane presenta algunos problemas narrativos y pareciera que le falta una pulida. Comenzando por el cameo extendido de Max Von Sydow, en donde un intérprete tan solvente como el actor sueco recita sus líneas con una falta de convicción sorprendente (y eso que le toca en suerte uno de los momentos más emotivos de la pelicula); y a esto le sigue un clímax resuelto de manera expeditiva y con algunos deux ex machina relativamente molestos. Es como si el presupuesto y la paciencia se hubieran agotado, y el director Michael J. Bassett hubiera apurado el tranco, omitiendo crear el clima épico de la confrontación final y procurando cerrar la historia de manera rápida y económica. De todos modos el final deja la puerta abierta para futuras secuelas (ya se habla de una trilogía si la película tiene éxito en USA), las cuales espero ansiosamente que haya y que cuenten con un presupuesto más holgado como para pulir los detalles que aquí terminan por quedar en evidencia.

    Solomon Kane es un gran filme. Es emotivo, vibrante, está bien actuado y bien dirigido. Que no lo engañe la sosa imagen de colono inglés del poster; ésta es una aventura al mejor estilo de El Señor de los Anillos, sólo que en una época y región más reales. Hay detalles aquí y allá - una música muy parecida a Batman Comienza, actitudes tomadas de Los Imperdonables, acción coreografiada como El Señor de los Anillos, un personaje central vestido a la usanza de V de Venganza y que maneja los cuchillos con igual destreza, sangrientas revanchas personales contra hechiceros de la región al estilo de Conan, etc - que a veces nos hace recordar a los originales en los que se inspira... hasta que James Purefoy abre la boca y nos encandila con su carismático sicópata que asesina a favor del bien.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1
    Oportunismo. Codicia. Soberbia. Los epítetos para calificar la penúltima entrega de la saga de Harry Potter no tienen fin, y demuestran que Hollywood hace cualquier cosa para sacar dólares de debajo de las piedras.

    Seamos claros. Yo disfruto con los filmes de Harry Potter. No llego al grado de fanatismo de ir disfrazado de mago al cine ni asistir a convenciones de fans. Siempre encontré a la serie plagada de problemas, los cuales terminaba por superarlos con un puñado de virtudes que bordeaban lo sobresaliente, y que tenía que ver con los cambios que imponían los guionistas y los directores de turno. Pero la saga hace rato que ha pasado el límite de lo potable - debería haber culminado en la fabulosa Harry Potter y la Orden del Fénix (2007), escrita por un libretista nuevo y cargado de ideas frescas -, y todos los responsables han estirado el inevitable final durante 3 filmes más, del cual el que nos ocupa es el capítulo intermedio. Un capítulo inventado de la nada, ya que éste debería haber sido el último filme y decidieron hacer la gran Kill Bill, partiendo al medio una única película y recaudando el doble. Y no es que la novela fuera gigante (otros libros previos de Harry Potter han sido más extensos y han sido comprimidos en un único filme). Simplemente es pura codicia y oportunismo comercial.

    Ya con sólo ese dato de inicio la opinión sobre Harry Potter y las Reliquias de la Muerte - Parte 1 baja unos cuantos puntos desde el vamos. El problema es que el producto terminado tampoco termina de ser tan deslumbrante como para que uno no deje de pensar que esto es un invento comercial y, al ser en realidad un filme de casi cinco horas partido en dos, la "adaptación" termina por convertirse en una transcripción literal del libro - lo que no filtra ni pule nada -. Esto culmina con una serie de tiempos muertos o demasiado estirados durante el segundo acto, los cuales son demasiado respetuosos del texto original. Es cierto que aquí hay que preparar momentum - el que vendrá con el gran desenlace en la Parte 2 el año que viene -, pero luego de un comienzo muy kinético el relato se entierra en un pantano narrativo y sólo logra salir en los últimos 30 minutos. Parte del problema de ese pantano es que el relato se ha visto obligado a abandonar el confortable escenario de Hogwarts en donde J.K. Rowling tenía los engranajes narrativos aceitados hasta la perfección, no están los coloridos personajes secundarios, y el relato debe recaer en el trío central de adolescentes por demasiado tiempo (y su gracia y expresividad es un tanto limitada).

    Tampoco hay una maravillosa intriga de fondo. Los filmes de Harry Potter siempre han funcionado como pesquisas policiales, en donde el trío central intenta resolver el misterio de turno. Pero aquí sólo hay dos preguntas (¿dónde están los horocruxes? y ¿cómo se destruyen?) y el resto es melodrama fantástico de relleno. Gente huyendo a pie por la campiña inglesa durante demasiados minutos. Noches de campamento en donde los personajes se reprochan mutuamente. En un momento pareciera que a Rowling se le hubieran acabado las ideas y se dedicó a copiar a El Señor de los Anillos, con otro trío cargando un objeto maldito que empieza a envilecerlos. En un momento uno termina por volverse cínico y se pregunta: si Dumbledore sabía dónde estaban los horocruxes y cómo se destruían, ¿por qué no los destruyó él mismo en vez de dejarle un largo testamento recargado de acertijos a Harry y sus amigos?. Sobre todo porque Dumbledore no sabía nada de los horocruxes hasta el capítulo previo, en donde tuvo la mala idea de caerse de un balcón.
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    Pero el tránsito lento del acto II no es el único punto irritante de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte - Parte 1. En el inicio hay persecuciones, explosiones y demasiadas muertes fáciles. Acá han llamado de regreso a la mayoría de personajes memorables de entregas anteriores, les han dado dos líneas de texto y a la tercera parte de ellos los asesinan de manera estúpida y fuera de pantalla. Ciertamente hay que mostrar un tono más oscuro - lo cual está muy logrado con la reunión inicial de Voldemort con sus esbirros -, pero el mutis por el foro de otros personajes (como Brendan "Ojo Loco" Gleeson) es lamentable, simplemente porque está omitido (wtf!). Para colmo el inicio es caótico y abrumador, simplemente porque el espectador está obligado a ver Harry Potter y el Principe Mestizo como tarea para el hogar si desea entender algo de lo que ocurre en los 15 minutos de arranque. Hay personajes que dudo mucho de haberlos visto alguna vez (hay una boda completamente salida de la nada, a menos que el Alzheimer haya comenzado a afectarme seriamente); la secuencia de la boda es una vulgar excusa para tirar de algún modo las pistas absurdas de siempre, solo que esta vez el recurso carece de estilo. Y si el acto I bordea lo incomprensible y el acto II es lerdo, esperen a ver el acto III. El libreto incrusta la reaparición de un antiguo personaje - cuya única utilidad es poseer el único superpoder que puede salvar al trío central de la circunstancia apremiante en que se encuentran -... y vuelve a producir otra muerte gratuita. A esas alturas yo ya estaba indignado; sólo en Serenity vi semejante manipulación amoral de los personajes, en donde los malos sobreviven (aquí no voltean ni a uno) y los buenos caen como moscas, simplemente para ser usados como golpes de efecto del guión.

    Harry Potter y las Reliquias de la Muerte - Parte 1 no me gustó. Me aburrió y me irritó. Quizás mi opinión cambie cuando vea la segunda parte, pero mi impresión es que esto nunca debería haber sido transformado en dos filmes. Así como está es una experiencia frustrante y cerrada, lenta e inconclusa, y un engendro comercial que nunca debería haber visto la luz, al menos en este formato.
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  • Scott Pilgrim vs. los siete ex de la chica de sus sueños
    Entre el 2004 y el 2010 el canadiense Bryan Lee O´Malley se despachó con una saga de seis novelas gráficas que narraban la vida amorosa de un adolescente. Lo destacable de la serie era que utilizaba un lenguaje visual propio de los videogames y del manga, amén de estar plagado de referencias nerd. La saga de Scott Pilgrim obtuvo un gran suceso, y Hollywood llamó a Edgar Wright (Shaun of the Dead, Hot Fuzz) para dirigirla. Lamentablemente el resultado final - Scott Pilgrim Contra el Mundo - lo vieron dos personas, dió enormes pérdidas y pasó a ser rápidamente archivado en video. Es más que probable que sea un filme demasiado caro y dirigido para minorías, pero no se le puede dejar de reconocer el enorme despliegue de talento que Wright, Michael Cera y todo el equipo técnico ha desarrollado para llevar al comic a la pantalla. "Desborde creativo" es un calificativo demasiado modesto para lo que ofrece esta película.

    Aquí hay otra historia de gente dejando de ser adolescente, y en este caso le toca el turno a Scott Pilgrim; un muchacho canadiense algo palurdo que sigue probando suerte con su banda de garage y no puede sacarse de la mente a su ex, la cual lo abandonó hace un año. El chico está saliendo con una estudiante oriental, la que desborda entusiasmo pero no termina por satisfacerlo. Pilgrim tiene un sueño recurrente - el de una chica algo terca, de pelo rosado y patines, que lo prepotea en su fantasía -, y el pibe se enloquece para encontrarla. Mientras lo hace, hay todo un circo de personajes secundarios formados por ex novias de él, compañeros de cuarto gay, insidiosas hermanas mayores y molestas nerds que forman parte de su mundo y opinan todo el tiempo sobre su vida. Todos ellos pondrán el grito en el cielo cuando Scott se tope con Ramona - la chica de sus sueños - y decida abandonar a su amigovia oriental. Pero eso no es lo peor de todo.

    Todo el filme parece ocurrir dentro de un videojuego de la Nintendo, comenzando por la musiquita de órgano que reemplaza a la clásica fanfarria del logo de la Universal al principio de la película (y que establece el tono de todo el relato). Cada personaje tiene puntaje, hay barras de nivel que indican ansiedad, energía, cantidad de orina (!), y los ruidos tienen sus onomatopeyas sobreimpresas en la pantalla. El filme no se queda sólo con esto, sino que pega estilizados saltos narrativos - los personajes comienzan una frase de día y la terminan a la noche o en otro escenario; abren una puerta y salen a otro lugar completamente distinto al esperado -, con lo cual viven mezclando realidad y fantasía. Digo: no pretendo hacer un análisis intelectualoide del filme, pero lo cierto es que Edgar Wright hace un despliegue narrativo visual fabuloso. En todas las secuencias siempre hay un recurso nuevo, y uno no sabe muy bien para dónde apunta el filme.
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    Establecido el clima de videogame, Pilgrim intenta avanzar com Ramona, sólo para descubrir que debe enfrentarse a la liga de sus siete ex novios, los cuales se plantan en combate de manera similar a Mortal Kombat (con música, bonus y fatalities incluídas) y todos ellos poseen superpoderes (wtf!). Algunos de ellos (entre los que se cuenta el ex Superman Brandon Routh y el inminente Capitán América Chris Evans) tienen dones absolutamente ridículos como el poseer poderes telekinéticos debido a que son vegetarianos puros (!!), o la dupla de disk jockeys asiáticos que son capaces de engendrar dragones de fuego desde sus bandejas de discos (!!!). Y cada vez que Pilgrim derrota a uno de ellos, avanza un nivel en el corazón de Ramona Flowers.

    Debo admitir que la idea es encantadora y la puesta en escena es espectacular, pero a su vez hay algo que flaquea en toda la historia y es la relación central entre Scott Pilgrim y Ramona Flowers. En el fondo Scott Pilgrim Contra el Mundo trata de un muchacho que va abandonando la adolescencia (mental) y que sólo entiende a la realidad de acuerdo a los términos nerds que ha mamado durante ella, con lo cual el filme funciona como una alegoría. Ahora se encuentra embarcado en el romance de su vida con la chica de sus sueños ... pero la química es muy débil entre los protagonistas, y no se debe a una falta de los intérpretes sino a que el libreto le asigna un papel muy cínico a Ramona Flowers. Esta chica ha abandonado a medio mundo, y ni siquiera han sido relaciones importantes. ¿Por qué, entonces, volverían a defender el honor de la muchacha?. La historia ensaya una explicación no muy convincente sobre el final, pero lo cierto es que Flowers es el único personaje que no es ingenuo en la trama (bah, ella y el ácido compañero gay de cuarto de Pilgrim), y el romance con ella se ve forzado.

    El otro punto es el tema de los supercombates, que parecen algo exagerados aún en un universo tan fantasioso como éste. No es que las peleas estén mal, pero a partir del segundo combate la cosa se pone repetitiva y cada vez más traída de los pelos. Uno no deja de reírse por eso, pero para el gran climax el director Wright (y el relato) llega con la energía justa. Quizás sean las secuencias menos satisfactorias de la historia, a pesar de su espectacularidad. Es como si Scott estuviera ganando puntos en el corazón / la memoria de Ramona, y cada pelea fuera una representación simbólica de ello... pero uno ve que Ramona no gana admiración por el protagonista a medida que avanza la historia (este mismo punto también fué muy criticado en la edición impresa del comic). Uno llega a la conclusión que quizás la historia hubiera estado mejor sin las super peleas (a pesar de que es uno de los más fuertes argumentos de venta del film).

    Scott Pilgrim Contra el Mundo es una experiencia. Es nerd, es sicodélica, tiene su gracia y tiene momentos de gran ternura. Pero en todo ese cóctel falta algo, y es que el romance de los protagonistas no termina por cuajar por el exceso de adrenalina que lo rodea. Aún así, es una brillante obra fallida que vale la pena no perdérsela.
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  • Actividad paranormal 2
    Actividad Paranormal fue un fabuloso hit que salió de la nada en el 2009, y reavivó la moda de los falsos documentales que había creado El Proyecto Blair Witch en 1999. Con una videocámara hogareña en la mano y rodando en primerísima persona, los sustos resultaban muchísimo más efectivos que una tonelada de caros efectos especiales, amén de que no se requería ser un gran director para lograr resultados impresionantes. El filme de Oren Peli fue un gol de media cancha en la taquilla y era obvio que se imponía la secuela. A menos de un año del estreno de la original llega Actividad Paranormal 2, con nuevo director, un presupuesto más holgado, actores profesionales y toda la maquinaria hollywoodense detrás. El tema es que la continuación no ofrece nada fresco y la sensación de deja vu es tan fuerte que arruina la efectividad de los shocks que el filme tenía reservados en su galera.

    Esta es una especie de precuela / secuela, ya que los sucesos ocurren antes, durante y después de la historia de la primera Actividad Paranormal. Aquí hay una familia compuesta por la hermana de la protagonista del original, con su marido, su hijastra y su bebé recién nacido. Toda esta gente vive en una plácida casa durante agosto 2006 (o sea, dos meses antes de los acontecimientos del filme de Oren Peli), y súbitamente, comienzan a experimentar cosas. Tal como en la anterior entrega, uno puede desarrollar teorías caseras por si la depresión post parto de Kristi ha despertado algun poder telekinético inconsciente que provoca los poltergeist (la hija adolescente de los Rey incluso bromea con eso). Pero eso es lo que menos importa; acá lo único que interesan son los sustos, ya que la trama es bastante lineal. Cada vez se caen más cosas, se cierran puertas o se apagan luces sin motivo aparente. Como el primer ataque fue confundido con un robo, los Rey deciden instalar cámaras de seguridad con lo cual los protagonistas no deben cargar videocámaras todo el tiempo aún en las situaciones más absurdas (que es el defecto frecuente de la premisa de filmar en primera persona; un monstruo me está devorando y yo sigo rodando, p.ej.), y de paso se provee una variedad de escenarios. Mientras los fenómenos poltergeist siguen ocurriendo, vemos a la pareja de Katie y Micah (de Actividad Paranormal 1) haciendo visitas, comentando cosas, y entrelazando de manera paralela su situación con la de los Rey.
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    Ciertamente los Rey son mucho más simpáticos y tolerables que la parejita del primer filme (en especial, del idiota del novio), y hay circunstancias de la rutina familiar que resultan graciosas. Ok, esta gente es más humana, natural, y al menos no cometen tanta estupideces como en la primera película. Pero, por contra, el filme es muchísimo más lerdo en la primera hora y las investigaciones de turno (otra vez por internet, o bien con un mexicano sabelotodo al estilo de Devil) suenan menos creíbles. Es cierto que películas como ésta o como El Proyecto Blair Witch lo único que hacen es construir momentum hasta explotar en toda su gloria al final ... pero aquí todos los shocks que atina a ofrecer el director Tod Williams son un reciclado de la primera cinta. El otro punto negativo es que el tipo que va a ver Actividad Paranormal 2 ya sabe de que va el juego y está expectante todo el tiempo aguardando que vaya a pasar algo - yo mismo me veía como un estúpido, contemplando con ansiedad una pantalla estática durante minutos y divisando todo el tiempo si se abría una puerta de la alacena de la cocina o se movía un candelero en el techo -. En todo caso lo que ha hecho Williams es pegarle una lavada de cara al filme de Oren Peli y venderlo dos veces. De todos modos yo no calificaría a Actividad Paranormal 2 como una estafa, ya que sus sustos reciclados aún son capaces de proveer más de un buen repingo en la butaca, y eso ya es un triunfo en vista de la situación actual del cine de terror - que en el 99% de los casos son incapaces de transmitir el más mínimo estremecimiento a los espectadores -. Lo otro que compensa la falta de originalidad de la película es que provee información complementaria sobre la suerte de los protagonistas del primer filme, y eso da cierta sensación de redondeo de la historia en general (aunque, debo admitir, el climax es bastante malo).

    Actividad Paranormal 2 está ok. Tiene unas cuantas cosas (¿demasiadas?) similares al primer filme y los mismos shocks no son efectivos cuando se ven por segunda vez, pero hay alguna que otra sorpresa, y la historia no daña el cerebro. Sólo podría recomendarla a aquellos que vieron la primera película y les gustó, con lo cual ahora terminarán de armar el rompecabezas. Y como este filme es muy barato de producir y viene recaudando bien, sólo hay que sentarse y esperar al inevitable estreno de Actividad Paranormal 3, algo para lo cual el final de esta película dejó la puerta abierta.
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  • El juego del miedo 3D
    Saw 3D se trata de la sexta y (teóricamente) última secuela de la saga El Juego del Miedo, iniciada con resonante suceso en el 2004. En realidad se trata de Saw VII, pero luego del megahit de Avatar, la tecnología 3D se ha contagiado como la gonorrea en la industria cinematográfica, y todo el mundo se dedicó a filmar / reconvertir películas en tres dimensiones, aprovechando que las entradas a dichos cines son más caras y permiten hacer una buena diferencia de caja. Ello también ha servido de excusa para resucitar sagas agotadas, que van desde Resident Evil y Saw hasta la inminente reconversión de la trilogía clásica de La Guerra de las Galaxias (y Jorgito Lucas sigue currando!). Y acá el chiste es mostrar tripas saltando de la pantalla y salpicando al público de la platea.

    Pero si uno le saca la novelería tecnológica, Saw 3D es un pastiche mediocre. La saga ha caido en un estancamiento creativo y hace varias entregas que viene copiándose a sí misma y en demasía. He aquí a otro tipo que metió la pata y al que el asesino ha decidido tirarlo en un laberinto lleno de salas de tortura activadas automáticamente, en donde sus amigos / compañeros hacen de conejillos de indias. Los artefactos de tortura no estremecen y, lo que es peor, los efectos especiales parecen salidos de una pelicula serie Z - una ristra de chinculines no se ven convincentes como intestinos humanos, y todos los cuerpos parecen maniquíes baratos -.
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    Pero en realidad el mayor problema de Saw 3D es el director Kevin Greutert, que simplemente es un inepto. Greutert es incapaz de generar el más mínimo grado de shock con las muertes, e incluso arruina toda la tensión que implica el duelo entre la viuda y el secuaz de Jigsaw. La secuencia inicial - en donde dos muchachos están atados a sierras interconectadas y deben matarse mutuamente porque, sino, la chica que sale con ambos será rebanada por una tercera sierra que está en el medio - está rodada como el demonio, desperdiciando todas las posibilidades de dicho escenario (la desesperación de la chica, los protagonistas, el público). Ni siquiera el regreso del histórico Cary Elwes (primera víctima de Jigsaw en El Juego del Miedo I) ni el cameo obligatorio de Tobin Bell (el Jigsaw original) tienen el peso, el misterio y los minutos de pantalla que se merecían. Por contra, Greutert y los libretistas le dedican muchísimo más tiempo a una parva de personajes mal escritos y, lo que es peor, mal actuados. El principal ofensor de los sentidos es Chad Donella - que hace del detective Gibson, quien le sigue el rastro a Hoffman -, el que parece estúpido y gesticula de manera irritante. Luego está el ex Joven Indiana Jones Sean Patrick Flanery, que tiene toda la pinta de un tipo deformado por años de alcoholismo (qué le ha pasado a este hombre?), y es extremadamente chato como protagonista. Costas Mandylor sigue siendo un flaco reemplazo de Tobin Bell y la única que podía destilar amenaza y locura es Betsy Russell como la viuda de Jigsaw, pero el libreto se empeña en tenerla poco tiempo en escena.

    La última película que me gustó de la saga fue Saw IV; luego de eso el director Darren Lynn Bousman se fue y la serie comenzó a hundirse de manera cada vez más pronunciada. Saw 3D es efectista, insulsa y rutinaria. En los últimos 10 minutos el filme mejora un poco la puntería, aunque las explicaciones y giros de tuerca son demasiado traídos de los pelos. La suerte de algunos de los protagonistas está definida de manera gratuita y con el simple cometido de explotar el 3D, lanzando tripas a la pantalla. Y ni siquiera provee la gran y satisfactoria conclusión que pretende vender, ya que todo está abierto para una futura Saw VIII. A mi juicio, la saga ya ha pasado hace rato el límite de lo potable, especialmente después de la forzada inclusión de Costas Mandylor; pero, como la taquilla manda y las secuelas son muy baratas de producir, no sería de extrañar que tengamos otro capítulo para el año que viene, algo que no me entusiasma en lo más mínimo.
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  • Red
    Red
    Arlequin
    RED (retired, extremely dangerous) está basada en una novela gráfica creada por Warren Ellis y Cully Hammer, y publicada por Homage Comics entre el 2003 y el 2004. Durante los tres números que constituyeron la saga se contaba la historia de un espía jubilado al cual lo empezaba a perseguir la CIA, ya que el nuevo director de turno estaba convencido de que sabía demasiado sobre antiguas operaciones clandestinas de la agencia. Así es que el retirado espía pasaba de status verde (green) a rojo (red) e iniciaba una especie de guerra personal con la agencia, y todo ello en un tono muy serio y dramático. Lo cierto es que de la historieta apenas quedó el esqueleto, porque Hollywood mutó el resto hasta convertirlo en una comedia de acción. O, mejor dicho, en una comedia romántica de acción (wtf!?). Para tener una idea, RED viene a ser una especie de Shaun of the Dead (2004), sólo que con espías y asesinos en vez de zombies.

    Si uno se atiene a la historia, no hay nada de excepcional - algo que ocurrió en el pasado se ha transformado en un secreto peligroso para ciertos hombres poderosos y empieza una matanza de todos los posibles testigos -. Esta trama una ya la vió quinientas veces, y ni siquiera en esta versión logran maquillar que hay huecos de lógica aquí y allá. Como en las comedias de acción - tipo Arma Mortal y los millones de clones que la siguieron - lo que menos importa es la historia, acá ocurre lo mismo. El matiz lo da la gracia de los personajes, que son básicamente Bruce Willis y Mary-Louise Parker. Como Willis es tan lerdo en las cuestiones románticas que ni siquiera tuvo coraje en su momento para invitarla a tomar un café, no se le ocurre mejor idea que raptar a su posible interés amoroso cuando las papas queman. Y si bien no es la mejor manera de comenzar un romance, la chispa se enciende entre ambos, especialmente cuando la chica ve que el jubilado al que le mandaba los cheques es mas letal que James Bond y Jason Bourne juntos.
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    RED podría haber sido una película standard, entretenida y pasable con Willis a la cabeza, sino fuera por el hecho de que los productores se han gastado toda la plata contratando a un casting enorme de luminarias. Entonces pasa a ser una mezcla entre Shaun of the Dead y Los Indestructibles, con una troupe de estrellas haciendo papelitos pero desarrollados con mucha mayor gracia que el bodoque de acción de Sylvester Stallone. Los yanquis tienen un término llamado stunt casting, que es meter a actores de carácter en personajes totalmente contrarios a su naturaleza. Si bien Brian Cox y Morgan Freeman se han relamido con papeles de espías y conspiradores en otras ocasiones, las frutillas del postre vienen a ser John Malkovich (como un agente retirado completamente paranoide y malhablado) y Helen Mirren. Ver a la Mirren disparando rifles Barret de francotirador o ametralladoras pesadas M60 es una imagen gloriosamente bizarra y sexy. Es como poner a Laurence Olivier a hacer de Rambo, y que el hombre lo haga con una dignidad magnífica.

    Todos los secundarios son deliciosos y tienen su oportunidad de brillar. Los chistes tienen su gracia (Malkovich es un constante ladrón de escenas), y las secuencias de acción son gloriosamente exageradas (en especial el duelo en el aeropuerto). Hasta el romance es efectivo, teniendo en cuenta de que toda esta troupe de implacables espías retirados terminan enternecidos con la relación entre Willis y Parker y les dan unos consejos propios de Corin Tellado. ¿Que si la trama es un disparate?. Oh si, por supuesto. Pero es la excusa para ver a este carnaval de luminarias hacerse la fiesta con sus papeles mientras se meten en las balaceras más absurdas y entretenidas que uno haya visto desde Wanted - Se Busca. Y lo mejor de todo, es que uno se entretiene con ellos.
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  • Resident Evil 4: La resurrección
    Yo no odio a Paul W. S. Anderson. Es un tipo prolijo y capaz. Hace películas que recaudan bien, la acción no es mareante y se puede seguir, y uno no sale renegando del cine después de haber visto 90 minutos de sus productos. Quizás sus libretos salen mejor cuando los toma otro director, como fue el caso de la excitante Resident Evil 2: Apocalipsis. Incluso disfruté Alien vs Depredador, aún cuando la mayoría del planeta quería linchar a Anderson por haberse metido de esa manera con dos franquicias más que veneradas.

    Pero yo ya desconfiaba cuando Anderson anunció que quería volver a dirigir otra entrega de la saga Resident Evil. No era necesario. ¿Acaso estaba celoso de que las críticas dijeran que los directores de las entregas intermedias, Alexander Witt y Russell Mulcahy, eran más talentosos que él?. El tema es que en Resident Evil 4: Ultratumba Anderson tiene todo el control creativo, dirigiendo y escribiendo, además de que la diosa Milla Jovovich (protagonista de la saga) es su esposa. O sea, un negocio familar redondo. El problema en una situación así es que nadie le puede decir si está haciendo algo malo, o si la está pifiando. Y aunque Resident Evil 4: Ultratumba no es el peor filme de la historia ni el peor de la saga (eso le corresponde al primer Resident Evil made by el mismo Anderson), termina siendo ruidoso y emocionalmente inerte.

    Acá aparece nuevamente la super Alice, decidida a arrasar los últimos cuarteles de la corporación Umbrella, lo que sirve para presentar el villano de esta entrega (el anónimo Shawn Roberts) y desactivar los poderes de la chica. Como si eso fuera a impedir que Jovovich no siguiera haciendo cosas humanamente imposibles!. De allí saltamos a una búsqueda cosmopolita de sobrevivientes, terminando con Ali Larter y los nuevos compañeros de este capítulo, todos sitiados por miles de zombies alrededor de una cárcel en Los Angeles. En realidad parece una versión épica de El Amanecer de los Muertos, sustituyendo al shopping del filme de George A. Romero por una prisión estatal. Ahora el objetivo es llegar al barco que está en el puerto, en el cual deberían estar los últimos sobrevivientes del planeta. Pero el buque no da señales de vida desde hace días... ¿acaso estarán todos muertos?.
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    El problema con Resident Evil 4: Ultratumba es el mismo Paul W.S. Anderson. El tipo se despacha con dos toneladas de escenas de acción que son demasiado exageradas. Aún en los filmes de Indiana Jones hay un margen de derrota y sacrificio para el héroe, cosa que aquí no existe - a uno nunca le quedan dudas que Milla Jovovich va a poder vencer cualquier cosa que se le ponga enfrente, tenga superpoderes o no -. Excesivas piruetas, excesivas cámaras lentas y, lo que es peor de todo, no hay ni una sola secuencia de acción que haga algo memorable. Oh si, todas son espectaculares (quizás demasiado) pero ninguna es emocionante o perdurable en la retina del espectador.

    También es cierto de que el desarrollo de los personajes no acompaña como debe. Son todos cartón pintado, estereotipos que vomitan clisés a cada rato. No se salva siquiera la Jovovich - ídola oficial de esta sección - que se ve más rellena, madura y cansada del personaje. Esta mujer ha perdido la chispa de locura que tenía en sus ojos. Tampoco la reincorporada Ali Larter logra aportar algo interesante al filme, ya que parece en piloto automático, y el recién llegado Wentworth Miller aburre directamente con su expresión facial monotemática. Quizás el problema pase porque estas heroínas (y héroes) de acción carecen de remates o latiguillos (one-liners) propios de los heroes serie B. Simplemente despachan zombies y siguen con otros asuntos.

    Residentl Evil 4: Ultratumba es ruidosa y chata. Hay demasiadas exageraciones, demasiadas casualidades, cero desarrollo de personajes y cero clima de algo (de terror,de acción, de lo que sea). Las situaciones que engancha no son creíbles (bah, no precisan serlo, pero cuando el director falla en intentar venderte su idea, uno empieza a notarle todos los defectos). Para colmo se suma el hecho de que ésta es otra entrega con final abierto. ¿Era necesario el cliffhanger para enganchar a la gente hasta la próxima secuela, de aquí a dos años?. Lo que precisa la saga es que Anderson regrese a su rol de libretista y productor, y deje que otro director con más talento pula sus ideas... o quizás sea el momento de un recambio creativo radical. Nadie va a detener la inevitable Resident Evil 5, ya que este capítulo de la saga está recaudando bien. Pero podrían hacer algo un poquito mejor, y ponerle a la hamburguesa otro condimento aparte de la sal. Por lo menos la misma comida chatarra sabría un poco diferente.
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  • El último exorcismo
    El Proyecto Blair Witch + El Exorcista = El Ultimo Exorcismo. Oh sí, mezclen algunas cosas de El Exorcismo de Emily Rose (o sea, exorcismos con visos más reales y menos hollwyoodenses), pero en esencia esa es la idea de fondo. Produce Eli Roth, el director de culto de Hostel, quien ya obtenía ganancias desde el vamos (la película costó 1.8 millones de dolares y se la vendió a los distribuidores en 2 millones, amén de ir a porcentaje sobre la recaudación). La idea era tener una película de guerrilla que costara poco y recaudara mucho. El Ultimo Exorcismo lo es, pero el resultado final es decepcionante. Es una película que arranca muy bien y después decide lanzarse al precipicio, arruinando todos sus méritos iniciales de la peor manera posible.

    Pero el inicio es bueno. Yo no estoy convencido de que el reverendo Cotton Marcus, protagonista del filme, sea un chanta. Tampoco es un individuo de intenciones nobles. En todo caso es una persona que estuvo muy convencida de su fe en su momento, y que después tomó distancia al ver cómo sus fieles pasaban de la devoción al fanatismo ciego. La prueba está en que Cotton le dice al documentalista que la gente compra cualquier cosa - incluyendo la receta familiar de un pastel de banana - en medio de un sermón religioso, y va y lo demuestra. La receta es vitoreada como si fuera la palabra del señor. Es un punto muy bueno del filme para probar de que la gente ya no compra al mensaje sino cualquier cosa que le dice el mensajero.

    En ese sentido Cotton Marcus viene a ser un individuo decepcionado religiosamente que se ha metido a teatralizar exorcismos con tal de cumplir dos propósitos: evitar que otros fanáticos hagan lo mismo, pero mal y provocando daño; y obtener un beneficio económico personal. Es difícil catalogar a Marcus como un villano o un estafador simpático; el tipo transita por una zona gris que es muy interesante de investigar a medida que pasan los minutos de metraje y descubrimos facetas nuevas de su personalidad.

    Por eso es que, cuando va a la granja de los Sweetzer, él en realidad va a cometer una tarea terapeútica según sus propios términos. Si teatraliza un exorcismo, la gente sicológicamente se libera y vuelve a su cauce. Esa es una teoría bastante válida... hasta que termina por toparse con lo real: un auténtico demonio se ha apoderado de una adolescente, y esto la lleva a cometer actos realmente salvajes. Y ahí es donde la película empieza lentamente a desbandarse.
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    Ciertamente Cotton Marcus no es un personaje tan profundo como Lankester Merrin o Damien Karras, pero es muy interesante. El tema es que, cuando debe confrontar la maldad real, todo su discurso interno desaparece. Este debería ser un tipo reflexionando todo el tiempo delante de cámara, diciéndose si esto no es un castigo divino por falsear la existencia del demonio. Pero no; nada de eso (o muy poco) aparece; en cambio, el relato se centra en Nell, su extraño hermano y su atormentado padre, lo cual no está mal pero no se condice con la esencia de lo que la historia venía narrando. Marcus pasa a un segundo plano, siendo reactivo ante lo que sucede en vez de ser un personaje activo. Ciertamente queda enredado en su propia red de mentiras, pero la cámara no le da espacio para admitirlo y se dedica en cambio a seguir los pormenores de los ataques de Nell, sus idas y vueltas al hospital, etc.

    Como toda la película está filmada en primera persona, los sustos son efectivos - el estilo Blair Witch es a prueba de balas cuando de provocar shocks se trata; no importa lo incompetente que pueda ser el director, basta mover la cámara hacia un plano que no veíamos y mostrar algo que no estaba para que uno salte en la butaca -. Acá hay un mínimo de efectos especiales, lo que termina por ganar en la credibilidad del terror. Eso no quita que haya un par de momentos idiotas, como cuando Nell se roba la cámara para filmarse cometiendo desmanes.

    Pero si hasta entonces las cosas venían bien - con algunas escenas y algunos detalles cuestionables sobre el rumbo elegido por el director -, El Ultimo Exorcismo decide chocar y estallar en mil pedazos al momento de desembocar en el final. Sencillamente es un climax idiota. (alerta spoilers) No sólo por la aparición de elementos inesperados y la revalorización completamente radical de personajes existentes, sino porque traiciona totalmente las expectativas creadas. La historia trataba sobre una chica poseída por el demonio, y uno espera que la chica a) desate el infierno sobre la Tierra o b) alguien la salve a costa de algún sacrificio enorme. El director Daniel Stamm inserta un c) hay una conspiración demoníaca detrás, que carece de cualquier tipo de pista previa y suena a trampa o a guionista cansado que no sabía cómo cerrar el relato. Es un final tan estúpido y anticlimático, que arruina todos los méritos que había hecho previamente el filme.(fin spoilers)

    Viendo los resultados del balance, El Ultimo Exorcismo no es una mala película pero sí una decepcionante. Desperdicia una oportunidad enorme de hacer algo realmente estremecedor. Hay buenos diálogos, buenas actuaciones, algunos shocks sólidos, mezclados con un par de escenas bobas y un final realmente idiota. Traiciona su naturaleza a último momento, y traiciona las expectativas de los espectadores. Por mi parte, la recomiendo sólo para cuando salga en video; el precio de la entrada no termina por justificar el arruinamiento masivo de expectativas creadas que genera su final traído de los pelos.
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  • Los Indestructibles
    Los Indestructibles parecía el sueño mojado de cualquier fan del cine de acción - en especial del que estaba de moda en los años 80 -. Stallone había hecho lo imposible, reuniendo uno de los mejores casts de la historia del cine desde que Steven Soderbergh filmara la saga de Ocean´s Eleven con Clooney, Pitt y Cía. Anoten: Dolph Lundgren (ex rival de Stallone en Rocky IV), la estrella asiática Jet Li, el inglés Jason Statham, el veterano Mickey Rourke (que viene de regreso, cobrándose todos los millones juntos que perdió en papeles de mala muerte en los últimos años), las estrellas de la lucha Randy Couture y Steve Austin; y los amigotes y socios de Planet Hollywood, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger (quien se hizo cinco minutos para dejar la gobernación de California y darle el gusto al pibe). Parece una lista de quien es quién en el mundo del botox hollywoodense. Afuera se quedaron Steven Seagal (quien está peleado a muerte con el productor del filme) y Jean Claude Van Damme, que salió con un martes 13, diciendo que esa plata debería usarse para socorrer gente en Centroamérica (!). El tema es que, ni aún con todos esos pesos pesados reunidos, Los Indestructibles logra hacer algo medianamente memorable. Es pura rutina, propia de una película directa a video, y con el agravante que la acción está rodada por un epiléptico al mando de la cámara.

    El problema pasa con toda seguridad por el libreto, que está co-escrito por Dave Callaham - el mismo de Los Jinetes y Doom -, y que es extremadamente chato. Cuando uno arma un ensamble de este estilo, es necesario darle cinco minutos de lucimiento a cada estrella, y que las mismas tengan peso en la historia. Pero acá la trama da señales de que los guionistas no sabían cómo manejar a tanta gente famosa; con la excepción de Stallone, Li y Statham, lo del resto no dejan de ser cameos extendidos. Dolph Lundgren dice un par de palabras, pelea dos minutos, y desaparece el resto de la historia; Mickey Rourke parece estar actuando en otra película mucho más seria y de mayor calidad que ésta, despachándose con unos parlamentos profundos que no van con el tono disparatado del relato; al menos los cinco minutos de Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger son divertidos, pero no deja de ser un momento de chistes entre amigos. Y del resto, que son estrellitas serie B salidas de la lucha u otros deportes, apenas hacen algún aporte. El caso de Steve Austin es ejemplar, ya que el tipo no llega a pronunciar ni 20 palabras en todo el filme.
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    Pero ni siquiera los diálogos (con excepción de Rouke, que tiene una larga epifanía sobre la guerra y que es lo mejor del filme) dejan una impresión duradera. Por contra, la historia está recargada de clisés demasiados desgastados, como que todas las repúblicas tercermundistas parezcan un pueblito haitiano con gente vendiendo fruta y gallinas en las calles. Todo el ejército de la ficticia república de Vilena tiene 200 hombres (!) o el equivalente de 20 minutos de cadáveres constantes que es lo que demanda el clímax. Y la historia es tan lineal que carece en absoluto de sorpresas. Stallone y Callaham se limitaron a reciclar el hit de Schwarzenegger Comando, con la diferencia que el filme de 1985 era mucho más divertido que éste.

    Lo otro que empaña a The Expendables es el rodaje de las secuencias de acción. A mí me gustó mucho como Stallone coreografió la violencia en John Rambo - era una prolija imitación de la cámara lenta de Sam Peckinpah -, pero acá parece sintonizar a Michael Bay en un día pasado de cafeína. Stallone mete planos de menos de un segundo en las peleas, y el resultado es caótico. En gran cantidad de momentos del climax uno termina perdido, sin saber quién le pegó a quién o cuántos murieron y de qué modo. Lo cual es una lástima ya que Stallone no ha escatimado en pirotecnia ni en peleas, pero él solito se encarga de arruinar las secuencias.

    Los Indestructibles está ok. En el fondo es decepcionante, ya que podrían haber armado algo mucho mejor que esto con toda la plata que costó. Están todos viejos, desgastados, deformados por el colágeno y los anabólicos, pero siguen en forma. Pero la dirección caótica en las escenas de acción y el aplastado libreto - que ni siquiera inventa frases de remate como la gente - atentan contra los méritos de lo que podría haber sido una reunión cinematográfica memorable.
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  • Agente Salt
    Agente Salt
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    Esta va a ser una review con mala leche, porque películas tan idiotas como Agente Salt se merecen que la analicen con mala leche. Para empezar, tenemos en el staff técnico a Kurt Wimmer, vendedor profesional de fruta al por mayor en el ámbito hollywoodense. No todo lo que ha hecho Wimmer es un bofe, ya que hay cosas pasables como las adaptaciones de Esfera y El Caso Thomas Crown; pero cuando al tipo lo dejan solo y le permiten inventar, se despacha con idioteces monumentales como Equilibrium, Ultravioleta, y Un Ciudadano Ejemplar. Ahora Agente Salt se suma a su lista de esperpentos salidos de su cerebro.

    Me imagino a Wimmer intentando vender este pescado podrido en Hollywood: "tenemos a Angelina Jolie corriendo, pegando y disparando mientras todo el mundo la persigue... imaginen a Jason Bourne con super tetas!" (perdón el francés). Y los productores, calenturientos, sacan dinero de su bolsillo inmediatamente mientras fantasean con el fotograma mental que Wimmer les acaba de vender. Efectivamente Agente Salt es Jason Bourne con super tetas durante los primeros 30 minutos, tiempo en el cual Wimmer aprovecha para condimentar la historia con detalles calcados del teaser de Otro Dia Para Morir (léase: la Jolie torturada por norcoreanos malos, muy malos). Llega la revelación de mala leche del defector ruso de turno, la Jolie corre y se escapa de milagro... y de pronto pasamos a otra película distinta. ¿Cómo?. ¿Esta mujer no era inocente? ¿Qué hace ahí, apuntándole directo a la cabeza del presidente ruso?
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    Imagino que la intencion de Wimmer era sorprender al espectador con giros de tuerca inesperados; lo que el guionista no entiende es que, si son demasiados, se termina por pasar de rosca. El gran problema con Wimmer es que es un tipo demasiado imaginativo, y no sabe ponerse un punto límite para que la cantidad de fruta despachada no suene ridícula. Usted puede sorprender al espectador determinado número de veces hasta que la lógica se empieza a resentir, especialmente si las sorpresas no están suficientemente avaladas por los acontecimientos que ocurren en pantalla. Es cierto que uno queda desubicado varias veces a lo largo del filme, simplemente porque uno no termina de entender para qué lado termina de tirar Salt. Entonces el libreto dispara un golpe de efecto tras otro, una traición sorpresiva tras otra... y cuando uno ve hacia atrás, empieza a darse cuenta de lo idiota que es todo esto. Si Salt era doble agente, ¿para qué diablos el ruso lo revela en el cuartel de la CIA? ¿No era mejor matar al presidente ruso de callado, sin revelar los planes?. Si hay más de un traidor, ¿cómo no se conocen?. El tema es que no importa, no interesa. El argumento es estúpido por donde se lo mire y, lo que es peor, Wimmer sobrepasa los límites de lo tolerable y sigue despachando fruta. En el filme hay una secuencia que parece el gran final... pero no lo es y sigue... esperen, ahora sí debe ser el final... no, sigue unos minutos más... bueno, termínenla porque esto ya es ridículo... y la trama vuelve a seguir.

    Agente Salt se puede resumir como Jason Bourne con supertetas encuentra a El Embajador del Miedo ... hasta que tiene un rapto de decencia en el último momento y de la manera más absurda posible. Lo único que salva a esta estupidez del cero absoluto es que al menos el director Phillip Noyce (El Santo, Juego de Patriotas) dirige la acción de manera espectacular. Pero la historia, a mitad del filme, vuela en pedazos bajo el peso de su prepotencia y su falta de lógica. Por favor, Wimmer, no escribas nunca más (para colmo tiene en cartera la remake de El Vengador del Futuro!!).
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  • Depredadores
    Depredadores
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    Corría 1994 y el mexicano Robert Rodriguez era nuevo en Hollywood. Su filme El Mariachi - rodado con dos mangos y con tácticas de guerrilla en 1992 - había impresionado a medio mundo y los norteamericanos lo llamaron para una suerte de remake / secuela que terminaría siendo La Balada del Pistolero (1994), ahora con Antonio Banderas como el personaje del título. Y, en medio de todo esto, Rodriguez fantaseaba.... Para esa época ya habían pasado 4 años desde que Depredador 2 había obtenido una tibia respuesta en la taquilla, y parecía que la franquicia había pasado a mejor vida. Y, de puro caradura, Rodriguez se despachó con un libreto que no le había pedido nadie, el que trataba sobre un mundo artificial creado por los depredadores como coto de caza y al cual terminarían abducidos Dutch (Arnold Schwarzenegger) y Harrigan (Danny Glover), protagonistas respectivos de Depredador 1 y 2. El script era muy ambicioso pero nadie le dió bola, lo cajonearon y se olvidaron de todo el asunto. En el 2009 alguien - posiblemente un ejecutivo de estudio desesperado por ideas financieramente potables - se topó con el libreto y llamó nuevamente a Rodriguez. El mexicano dió un paso atrás, se puso en el rol de productor y reclutó a Nimrod Antal, el director húngaro que había llamado la atención con Kontroll (2003) y que había desembarcado en Hollywood con Habitación Sin Salida (2007). Entre ambos le pegaron una pulida al viejo libreto y se despacharon con una secuela más que digna del hit de 1987 - la que obvia los crossovers de Alien vs Predator, considerados los hijos bastardos de ambas franquicias y despreciados por medio mundo -.

    El tema con las franquicias - desde Alien hasta Robocop - es que el deseo de mantener la identidad de las mismas termina por meterlas en un corsé que, a la larga, las termina por matar. Hay patrones que se repiten en todos los filmes, y hay limitaciones impuestas por el molde con lo cual todas las peliculas son más o menos parecidas. El caso más extremo es Robocop, y con Alien al menos tuvieron el tino de contratar buenos directores en el medio como para camuflar un poco las cosas. Pero con la saga de Depredador pasó algo raro: es una serie centrada en la criatura y no en los protagonistas humanos. Aunque mucho se la critique, Depredador 2 me pareció un excelente cambio de clima para la saga, aún cuando tenga su caudal propio de defectos (y la ausencia de Arnold Schwarzenegger sea el menor de todos ellos). Depredadores vuelve a trasladar la acción a la jungla y los protagonistas van de soldados hasta mercenarios. El guión es muy fiel al original, tanto que hasta podría decirse que es una versión 2.0. Hay una fuerte sensación de deja vu en muchas de las escenas, las que parecen tomadas del original de 1987 pero coreografiadas de manera innovadora - soldados acosados en la jungla; otra persecución que termina con gente cayendo al rio desde un acantilado; otro miembro de la expedición que se retrasa para pelear mano a mano con el depredador; incluso hay un climax con fogatas y mucho barro -. Al menos el director Antal tiene suficiente talento como para maquillar lo que está clonado y sorprendernos nuevamente con el mismo viejo truco.
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    Depredadores es más que satisfactoria en más de un sentido. Ciertamente la sorpresa inicial se ha perdido, porque ahora todo los espectadores sabemos de la existencia de los bichos y cómo se comportan; pero por el resto, Antal crea bastante suspenso y hace buenas coreografías de acción (y, lo que es mejor, se pueden seguir sin terminar con un ataque de epilepsia). Acá figura Adrien Brody (¿quien?), un tipo alto, flaquito, narigón, que siempre hace papeles simpaticones. Sin dudas Brody es el menos pensado a la hora de elegir a alguien como figura de acción pero, como diría James Bernardinelli, el género tiene lugar para todo y para todos (hace unos años nadie daría un peso por Matt Damon como héroe de acción y, sin embargo, vean lo que ocurrió con la saga de Jason Bourne). Y, como Brody es un gran actor, el tipo sale parado de ésta con una dignidad más que admirable. Se ve que ha hecho dos toneladas de fierros y encima usa una voz gruesa que haría que el Batman de Christian Bale se orine en sus pantalones, con lo cual Brody se ve creíble como tipo armado y violento, más malo que la caspa. El resto del cast está mas que ok, incluyendo al amigote de Robert Rodriguez, Danny Trejo, el que hace de Danny Trejo y se vuelve a llamar como un instrumento cortante (antes era Machete, ahora se llama Cuchillo!). Como es obvio, esta gente va y viene por la jungla mientras los van liquidando de a uno; se topan con Lawrence Fishburne, quien es el encargado de ponerlos a tanto de toda la situación; y después terminan por elaborar una contraofensiva contra sus cazadores alienígenas. Al parecer los humanos han caído en medio de una guerra tribal entre dos especies de depredadores y uno de ellos (que sería el depredador clásico de 1987) va a terminar siendo un aliado impensado. Mientras tanto bala va, bala viene.

    La mayor contra que tiene Depredadores es que tiene un par de puntos tan obviamente ridículos que sólo es posible asimilarlos en términos de comic. La idea del ensamble de soldados africanos, americanos, rusos, etc. está ok... pero la aparición de un matón colombiano, un yakuza y y un asesino serial escapado de la cárcel ya suena a disparate (¿qué?, ¿los depredadores fueron a la casa de cada uno para abducirlos?). El otro punto es la revelación que hace un personaje cerca del final, algo que termina por lastimar la buena credibilidad que había creado el relato, y que termina siendo una especie de shock barato de último momento.

    Depredadores es una muy buena secuela. Hay momentos de deja vu, pero está dirigida con una mano tan experta y es tan respetuosa del original que es un entretenimiento más que válido. Y desde ya esperamos otra entrega, cuya puerta quedó abierta con esta película. Solo ruego que Robert Rodriguez siga oficiando de productor, ya que aquí ha hecho un trabajo más que digno.

    Los filmes de la saga de Depredador son: Depredador (1987), Depredador 2 (1990), y Depredadores (2010)
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  • La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina
    Esta es la segunda entrega de la trilogía Millennium, escrita por Stieg Larsson y publicada entre el 2005 y el 2007. Estos thrillers se convirtieron en un fenómeno editorial de ventas y la pujante cinematografía escandinava decidió llevarlos a la pantalla grande, obteniendo un enorme suceso en todas partes del mundo. Los norteamericanos ya compraron los derechos y las remakes están en marcha, con el estreno de la primera de ellas agendado para finales del 2011.

    Millennium 2: La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina vuelve a reflejar los temas favoritos de Larsson. Cuando era joven Larsson fue testigo de la violación de una chica por parte de una pandilla, y ese hecho lo terminaría marcando a fuego. Por otra parte Larsson estaba obsesionado (e indignado) con el pasado colaboracionista de Suecia durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Considerando la situación geográfica de los países escandinavos - y su cercanía con la Unión Soviética -, es posible que el temor al gigante rojo avivara posiciones radicales y anticomunistas, con lo cual el nazismo hubiera sido visto como una opción natural para defender la soberanía territorial. Pero Larsson repudiaba esa postura extrema de tener que aliarse con un diablo para combatir al otro, porque equivalía a saltar de la sartén para caer en el fuego. Estas premisas estaban presentes en Los Hombres que no Amaban a las Mujeres y vuelven a aparecer en este filme, solo que aquí han sido reelaboradas con suficiente ingenio como para no notarles sabor a reciclado.

    Viendo de manera secuencial la trilogía, Millennium 2: La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina es más sólida que la primera película. Hay un guionista y un director nuevos, y los mismos parecen haber pulido las fallas del primer capítulo. Igual el climax es algo abrupto pero toda la historia es más satisfactoria.

    Ahora resulta indudable que la estrella de la historia es la andrógina Lisbeth, y la trama de Millennium 2: La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina se centra exclusivamente en su pasado. Es cierto que hay algunas coincidencias demasiado "coincidentes" al principio de la historia - Lisbeth, inundada de plata, decide regresar a Suecia en el momento exacto en que los malvados de turno pergueñan una conspiración en su contra; la conexión entre el asesinato del periodista y el del oficial de control de Lisbeth parece demasiado traido de los pelos - y que el final es algo abrupto, pero el filme es muy satisfactorio en términos de investigación, suspenso y desarrollo de personajes. Aquí Larsson ha decidido mantener a los personajes en carriles paralelos, sin mantener contacto hasta el último fotograma del filme. Sin embargo sus investigaciones paralelas corren sincronizadamente y, a través de terceros o de medios electronicos, logran intercambiar notas. Definitivamente ésta es una trama más elaborada y mejor construida.
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    Pero es la presencia del personaje de Noomi Rapace lo que mantiene las cosas en movimiento. Al conocer más de su pasado - todo se relaciona con el incidente visto en un flashback en Los Hombres que no Amaban a las Mujeres, en donde Lisbeth incendiaba a lo bonzo a su padrastro - y de sus amistades, el personaje gana profundidad. Además lo suyo es una exhibición de fuerza, valentía e ingenio, en donde una chica menudita le hace frente a obstáculos enormes y logra sortearlos. Es tanta su energía que el personaje del periodista - alter ego de Stieg Larsson - termina relegado al papel de testigo de las acciones de la protagonista. Mikael Blomkvist aporta algunos datos pero no es ni el gran impulsor de la historia... ni es siquiera un decente hombre de acción.

    Aquí se han cambiado a los nazis por desertores soviéticos, y el abuso sexual está dado por una despiadada red de prostitución. Como en los viejos policiales de serie negra - como los policiales de Raymond Chandler - hay un asesino enorme, implacable y anónimo, tras el cual van nuestros héroes siguiéndole el rastro. En realidad la historia utiliza dos mecanismos: revolver archivos e interrogar testigos para revelar la historia secreta (el por qué y el cómo), y la pista del gigante rubio es un atajo para ver rápidamente al villano escondido tras toda esta conspiración. Como sea, el climax es muy satisfactorio en más de un sentido.

    Millennium 2: La Chica que Soñaba con un Fósforo y un Bidón de Gasolina es un fantástico thriller. Inteligente, medido, satisfactorio. Lamentablemente la obra de Larsson concluiría con la siguiente obra, Millennium 3: La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire, tras lo cual sufriría un ataque cardíaco que pondría fin a su vida a la temprana edad de 50 años.
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  • Un loco viaje al pasado
    Un Loco Viaje al Pasado es otra comedia de cuarentones calentones haciendo cosas adolescentes, género que se puso de moda con Old School (2003) y Virgen a los 40 (2005). Acá decidieron meter algo de ciencia ficción a la coctelera, terminando en un mix del tipo Qué Pasó Ayer? (The Hangover) encuentra a Volver al Futuro. El resultado final es bastante cómico y entretenido, sin ser nada memorable.

    Acá hay un grupo de amigos que tienen la vida arruinada y que, para colmo, deben hacerse cargo del más bardero del grupo (el insufrible Rob Corddry, el mismo que arruinara Harold y Kumar Escapan de Guantanamo y Operación Proyecto Final, que por lo menos aquí está levemente más contenido y es un poco más gracioso), y deciden irse de vacaciones al mismo lugar a donde iban en su adolescencia. Los tipos se embriagan mal (tal como en The Hangover), mojan los controles del jacuzzi, se descontrolan y caen inconscientes (como The Hangover), y se despietan en medio de un despiole de proporciones bíblicas. Sí... como The Hangover.
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    Luego el filme pasa a sintonizar Volver al Futuro, parodiando a los años 80, y metiéndose en los enredos propios de los viajes en el tiempo - a quién hay que conocer y en qué momento, o si se puede alterar o no determinada cosa y si la misma repercutirá en el futuro -. En sí las escenas son bastante divertidas y uno pasa un buen rato; el problema es que el libreto hace una mezcla de tipos de comedia que a veces resulta chocante. Por un lado John Cusack intenta hacer sus rutinas de cuarentón carismático y algo torpe, las cuales se estrellan contra un muro en cuanto aparece Rob Corddry y empieza a lanzar todo tipo de fluidos y puteadas al aire. Es notable ver lo incómodo y descolocado que queda Cusack cuando Corddry está en pantalla - el tipo vomita, se pasea desnudo por todos lados, comete todo tipo de excesos -, que pareciera que estuvieran en dos películas diferentes. El otro tema es que Corddry y el otro integrante del trío principal, Craig Robinson, tienen el nivel actoral de una sitcom y son incapaces de dar una nota mesurada o sutil, aún en los supuestos momentos emotivos del filme. Es tan enorme la diferencia de nivel en las perfomances, que pareciera que a Laurence Olivier lo hubieran empardado con las versiones de Jim Carrey y Jeff Daniels de Tonto y Retonto (1994). Por lo menos el pendex Clark Duke demuestra tener mucho más rango y calidad que el dúo de palurdos que acompaña a Cusack.

    Pero aparte de enredos y chistes fáciles, no hay nada más en Un Loco Viaje al Pasado. Está ok, aunque su calidad sea dispar, y uno mata el rato sin remordimiento. Pero si uno la compara con su fuente de inspiración - The Hangover -, verá que es una pálida imitación. Al menos en The Hangover había desarrollo de caracteres y una lenta construcción del momentum cómico, que empezaba a explotar en grande cuando llegábamos a mitad del filme. Acá producen de entrada un gag tras otro, y en el conjunto son más los que aciertan que los que fallan. Uno se ríe, pero a las dos horas de terminado el filme apenas se acuerda de haberlo visto.
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  • El origen
    El origen
    Arlequin
    El Origen (un título muy liberal que no tiene nada que ver con Implante, la traducción literal del original Inception y que hubiera quedado mucho mejor) es el nuevo filme de Christopher Nolan, el director estrella de Hollywood que ha revivido la franquicia de Batman tras Batman Comienza y Batman, el Caballero de la Noche. Pero antes de que Nolan se metiera con los superhéroes, el director había demostrado un interés obsesivo con los recuerdos, la memoria y las identidades alternativas. La obra que llamó la atención internacional sobre Nolan fue la excepcional Memento (2001) - en donde el protagonista tenía memoria de corto plazo -, y luego siguió con Insomnia, Noches Blancas (2002) en donde un desvelado Al Pacino era incapaz de diferenciar lo que era real de lo que era alucinación. Incluso El Gran Truco (2006) - otro filme de autoría intelectual de Nolan - trata sobre personalidades desdobladas. Por ello es que Inception se siente como una obra de Nolan de pura cepa, en donde el director retoma su pasión sobre la temática de la percepción de la realidad y la memoria.

    En sí, El Origen se podría definir como Misión Imposible encuentra a Matrix. Acá hay un ladrón de ideas que se conecta a la mente de sus víctimas para extraer recuerdos y secretos. Para ello, víctima y victimario entran en un sueño inducido químicamente y permanecen conectados a un aparato en donde reside un mundo previamente elaborado por un "arquitecto del sueño", que básicamente es un esquema construido de manera familiar a los recuerdos de la víctima y en donde éste se desenvuelve sin percibir la diferencia con la auténtica realidad. Esa estructura es bastante abierta - la víctima termina de construirla de manera inconsciente - y tiene características sicológicas y oníricas. Por ejemplo, los individuos que la habitan son avatares del inconsciente de la víctima y hacen las veces de anticuerpos; los secretos están guardados en elementos representativos de alta seguridad - cajas fuertes, fortalezas -; y las leyes de la física pueden doblarse a voluntad (que es el elemento matrixiano de la fórmula). Por su parte hay toda una serie de reglas propias de este universo: la muerte involucra el despertar inmediato del soñador si está en un nivel primario del sueño... pero aquí es posible soñar dentro del mismo sueño (como si fuera un esquema de cajas chinas) y ello aumenta el peligro de la misión. Una muerte en un nivel profundo puede implicar quedar atrapado en una especie de limbo, del cual puede llevar años despertar. A su vez los tiempos corren de otra manera: en el primer nivel de sueño los minutos reales se transforman en semanas, en el nivel siguiente son meses... y así sucesivamente.

    En un principio el ingreso del espectador a este complejo universo de ideas y reglas es bastante chocante, ya que Nolan no espera a la gente y en menos de cinco minutos pasamos por varios niveles del sueño. Luego el film empieza a tomarse su tiempo, y a través de un tour guiado por Leonardo DiCaprio y Ellen Page aprendemos la gran mayoría de las reglas del juego. Y, durante el 80% del filme, El Origen va sobre ruedas, con una historia apasionante y entendible. Tal como en Misión Imposible DiCaprio recluta gente, elabora un complejo plan, las cosas no siempre salen como es debido (la dichosa Ley de Murphy entra a jugar a pleno), y hay que improvisar sobre la marcha. Por su parte está la subtrama de la fallecida esposa de DiCaprio, la que aparece como invitada no deseada en cada una de las misiones del protagonista. Al parecer el inconsciente de nuestro héroe le está pasando factura por algo, y el guión se encarga de ir develándolo poco a poco.
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    Una vez terminado el plan y la explicación de las reglas del universo, pasamos a la operación, en donde Inception corre carriles similares a Matrix. Una cosa que es destacable es que la concreción del plan es mucho más simple que todo el complejo set de reglas que el filme había venido explicando hasta ese momento. Para que la idea a implantar penetre de manera profunda, DiCaprio elabora un complejo esquema de varios niveles de "sueño dentro del sueño", que va desde una ciudad standard hasta una fortaleza en medio de las montañas heladas al mejor estilo de Al Servicio Secreto de Su Majestad (que Nolan ha admitido más de una vez como una de sus películas favoritas, y que aquí le rinde un extenso homenaje), en donde el tiempo corre de manera cada vez más lenta, y la física se ve afectada por los sucesos que pasen en los niveles superiores del sueño. Si en el nivel uno hay una caída libre, en el nivel dos se vive un ambiente de gravedad cero, lo que da lugar a unos combates espectaculares en corredores que giran alrededor de los protagonistas. Lo que el libreto jamás se preocupa de explicar es por qué esa gravedad cero no afecta el nivel tres de sueño, en donde todos juegan a ser James Bond asaltando una fortaleza alpina.

    Y es precisamente en ese punto del filme en donde El Origen comienza a desarmarse, introduciendo cambios de último momento a las reglas de este universo, amén de meter un par de Deux Ex Machinas. (alerta: spoilers). Empiezan a pasar varias cosas que chocan con la lógica interna del relato. La droga que utilizan no afecta los oidos, por lo que los sonidos y el sentido del equilibrio afectan al sueño... pero todo el ruido de los disparos no despierta a la gente en otros niveles (aunque sí pueden escuchar una canción francesa). La gravedad cero parece llegar sólo al nivel dos, y no al nivel tres en donde todos están en plena balacera en medio de los Alpes. Cuando Cillian Murphy es asesinado, resulta que puede revivirse si se llega al nivel cuatro (el limbo), que debería ser un lugar en donde uno no puede salir en años... pero esta gente entra y sale como pancho por su casa. El rescate de toda la gente del nivel cuatro es estúpido, cuando no traído de los pelos (especialmente porque hasta ese entonces estábamos en el subconsciente de Cillian Murphy y de pronto pasamos al nivel 4 limbo de la mente de Leonardo DiCaprio, que teóricamente es un lugar que uno demora años en salir). A esto se suma el hecho de que la mente de DiCaprio es la única que inserta personajes extraños en la historia onírica en cada momento (¿por qué no aparece la madre de Tom Hardy o el ratón Mickey como avatar onírico de Ken Watanabe, por poner un ejemplo?). Algo similar pasa con el esquema de bombas con detonadores (que genera acción en pantalla, pero no tiene nada que ver con este universo: ¿no es que ellos sólo se pueden despertar cuando Dileep Rao les ponga música o los empape en el nivel uno?). Y aún cuando Murphy es revivido, el concepto de la idea implantada que expone el filme no termina por sonar convincente. En el final la película intenta redimir el desprolijo climax y el manoseo de las reglas con una conclusión ambigua (¿DiCaprio se despertó o sigue soñando?), pero que no logra compensar las fallas de último momento (fin: spoilers).

    Si se quiere, El Origen es 80% de una obra maestra arruinada por un desprolijo último acto. Nolan debería haber ampliado el tema y las reglas del limbo en los minutos anteriores, o bien debería haberle dado una profunda pulida al último capítulo. El concepto es brillante, las actuaciones notables, la dirección excelente ... pero hay olor a trampa de último momento y eso empaña los quilates de la obra. Eso no quita de que tenga cualidades memorables, pero no es un clásico redondo como debería haber sido.
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  • Mi villano favorito
    Despicable Me (traducción literal, Yo, el Despreciable) viene de la alianza entre los estudios Universal e Illumination Entertainment, los cuales están intentando hacerse un lugar en el nicho de la animación digital que lideran Pixar y Dreamworks. Para este proyecto contaron con Chris Renaud, el que viene del riñón de Blue Sky Studios, los responsables de la saga La Era de Hielo. El resultado final no sólo es muy superior a lo esperado, sino que termina siendo una delicia encantadora que hacía tiempo que uno no veía en pantalla.

    Acá hay una pequeña historia que sirve de excusa para el filme, pero que termina siendo lo de menos. Este es un mundo dominado por supervillanos de comic, más parecidos a Pierre Nodoyuna que a Lex Luthor. De hecho, el film abreva en las fuentes de Pierre Nodoyuna, que resultaba ser el profesor Fate de La Carrera del Siglo, el que terminaba inventando gigantescas armas inútiles que acababan por explotarle en sus narices. Acá Gru es un genio criminal asistido por su ayudante, el Dr. Nefario, y ambos terminan por inventar las cosas más disparatadas que a uno se le ocurran con el único fin de dominar el mundo. A su vez están asistidos por una multitud de secuaces idénticos, anónimos y torpes que a uno le hace acordar a los Oompa-Loompas de Charlie y la Fábrica de Chocolate, sólo que estos son muchísimo más simpáticos. Como Gru es un supervillano con complejo de inferioridad, decide ir al Banco del Mal para que le financien su proyecto de robar la Luna y transformarse así en el villano número 1 del mundo. Los del banco acceden, siempre que Gru desarrolle un rayo reductor (parte indispensable del proyecto), y el único que existe está en poder de Vector, un tipo al que Gru había despreciado cuando había comenzado en su carrera criminal. Lo que sigue es una galería interminable de intentos fallidos de infiltrarse en la mansión de Vector, hasta que Gru descubre que un trío de huerfanitas que venden galletas tienen vía libre para ingresar a la fortaleza. Gru adopta a las niñas mientras arma toda una serie de robots camuflados de galletas, los que servirán para desactivar las defensas de Vector y así poder robarle su rayo... pero en el medio las niñas empezarán a ablandar al antipático villano, haciéndole descubrir el tipo de buen corazón que estaba enterrado en él. Y, mientras tanto, el tiempo y los planes continúan su curso.
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    Pero más allá de su historia tonta y corta, lo que hace que Mi Villano Favorito termina por deslumbrar a la platea son los gags y la animación. Los personajes parecen una mezcla de Pocoyo y la versión original del comic de Los Locos Adams, y tienen una gracia impresionante. Tienen una expresividad notable y tienen unos diálogos graciosísimos. Es que en realidad el éxito de un dibujo animado se basa en que los personajes deben de tener un diseño cómico, ser graciosos sin siquiera hablar, y acá lo cumplen con creces. Gru es un gigante con piernas finitas - un hibrido entre el doctor Evil y el tío Lucas Adams - , y sus ojos tienen una chispa fabulosa. Las niñas son extraordinariamente adorables y dulces, y uno no tarda demasiado de enamorarse de ellas y del resto de los personajes. Sumen a esto una tonelada de secuaces - que hacen mil y una burradas y parecen una legión de clones de Los Tres Chiflados -, y verán de que a uno lo que le importa es ver los gestos de estos deliciosos caracteres, mas allá de si dicen algo con sentido. Por suerte los diálogos también tienen mucha gracia y a esto se suma el hecho - si usted tiene la suerte de verla con subtitulos y las voces originales - de la interpretación vocal, que es excepcional. Steve Carell hace que Gru suene como un pomposo villano alemán de caricatura, y se nota que la pasa bomba. El resto del cast lo acompaña de manera sobrasaliente, incluye a un irreconocible Russell Brand como el anciano científico que trabaja para Gru, y a Julie Andrews como la desagradable madre del protagonista.

    Mi Villano Favorito es deliciosa por donde se la mire. Todos sus personajes tienen una gracia magistral, y los gags son realmente cómicos. En realidad es pasar una hora y media de nuestro tiempo con una troupe de amigos encantadores, a los cuales uno empieza a extrañar cuando la película termina y se encienden las luces.
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  • El aprendiz de brujo
    Cada vez que veo a Nicolas Cage en pantalla, me acuerdo del personaje de Robert Downey Jr en Una Guerra de Película (2008), en donde hacía de un actor necio y cargado de ínfulas que creía que podía interpretar cualquier tipo de papel... incluso el de un afroamericano (!). Para mí Cage siempre será el tarado que se creía vampiro en El Beso del Vampiro (1988) - el que debe ser uno de sus papeles más cómicos -. Vale decir, el tipo era bueno para lo comedia y zafaba para el drama, pero con el bendito regalo del Oscar de Leaving Las Vegas (1995), comenzó a creerse que le daba el físico para ser héroe de acción. Como en Hollywood lo usual es que la locura sea compartida (si ganó el Oscar, puede interpretar cualquier cosa), hay un numeroso grupo de productores que también se convencieron de ello (wtf!?) y le dieron su oportunidad. Lo cierto es que Cage ha tenido un olfato bastante bueno para elegir proyectos (cuando no lo apuran sus necesidades monetarias, debido a sus problemas con el fisco) y acierta en 2 de 3, generando películas taquilleras. Esto confirma el segundo axioma hollywoodense (si es taquillero, está en lo correcto), un descerebrado principio que indica que la efectividad en las recaudaciones le da la razón a los tipos más burros, torpes y carentes de talento que hayan circulado por la meca del cine - desde Joel Schumacher hasta Pauly Shore y Tim Story -, y los mantiene en actividad por un tiempo superior a lo saludable. Ciertamente Nicolas Cage no ha hecho un despropósito de su carrera como Cuba Gooding Jr (que ahora da lástima), pero se ha embarcado en proyectos bizarros y/o heroicos para los cuales no le dá el physique du rol - peliculas de pasables para abajo, en donde lo que más desentona es el casting de Cage -. Repasemos: Con Air (1997, y su primer atentado al buen gusto), Contacara (1997), Gone in 60 Seconds (2000), sus anteriores colaboraciones con il ladri Jon Turteltaub - Tesoro Nacional y secuela -, y la peor de todas que ha sido El Motorista Fantasma (2007). Todo esto, sin mencionar que en un momento fue un muy serio candidato a ponerse la capa roja en el papel del título del reboot de Superman cuando Tim Burton manejaba el proyecto (tsunami de wtf!).

    Aun con todo ello, uno no termina de odiar a Cage, simplemente porque el tipo tiene cierta simpatía. Lo que uno cuestiona es su elección de roles de héroe, para los cuales no le da la cara ni el cuero. Cage ha hecho cosas muy buenas como Next y Knowing, que son héroes más comunes y de clase media, pero también se ha embarcado en papeles que eran más del estilo de un Bruce Willis o de un Sylvester Stallone (cuando éstos estaban en su mejor momento). Con El Aprendiz de Brujo vuelve a cometer otro moco cinematográfico, no porque el papel sea para un tipo más atractivo y de físico más grande, sino porque su rol (y todo el film) está escrito para el demonio. Otra vez tenemos a Nicolas Cage haciéndose el canchero en una película absurda en un 99%, tal como ocurría en National Treasure. Como le dice Jay Baruchel en un momento: "Esto es una locura!. ¿No piensas que todo esto es demasiado ridículo?".
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    El otro cómplice de esta abominación es el director Jon Turteltaub, un tipo que no sabe lo que es mesura en términos cinematográficos. Y, detrás de todos estos, está el pope Jerry Bruckheimer produciendo. Me imagino el razonamiento de Bruckheimer con los ejecutivos de la Disney, diciéndoles que si con sólo un nombre pudieron hacer una franquicia millonaria - el del parque de entretenimientos de Disneylandia que evolucionó hasta convertirse en Piratas del Caribe -, por qué no podrían hacer lo mismo con el clip de cinco minutos de Fantasía (1940), en donde el ratón Mickey dirigía un ejército de escobas embrujadas que se salían de control?. Acá el mismo clip está recreado de una manera tan insípida, anónima y veloz que apenas dura tres minutos... pero aún le quedan 108 minutos de trama para rellenar. El filme podría haber seguido algún camino moderado y standard como para generar un poco de clima y hacer amigables a los protagonistas, pero como el director Turteltaub y el productor Bruckheimer están convencidos que están haciendo la próxima gran franquicia mágica post Harry Potter, se empeñan en incrustar efectos especiales cada dos minutos, lo que termina por saturar y volverse odioso. Nicolas Cage montando un águila de metal gigante del edificio Chrysler; Nicolas Cage revoleando a Alfred Molina por los aires; Nicolas Cage conduciendo un antiguo Rolls Royce a toda pastilla por las calles de Nueva York mientras entra y sale de los reflejos en las vidrieras... y así todo el tiempo.

    En el fondo, esto bien podría ser la versión americanizada de Harry Potter dirigida por Michael Bay (o por Barry Sonnenfeld, que no conoce términos medios). Al menos la acción que dirige Turteltaub se puede seguir en pantalla sin que se nos revuelva el estómago, pero es exagerada y recargada. El filme funciona bastante mejor (aunque sin ser una maravilla) cuando Jay Baruchel está solo y/o con la chica (como la danza con los rayos de la bobina Tesla, que debe ser el único momento original del filme). Pero por el resto, abruma y termina resultando ridículo. No es que el filme sea aburrido - simplemente porque todo el tiempo pasan cosas en pantalla -, pero es una película que tiene de todo en exceso, excepto magia real y entretenimiento sólido. Acá había una oportunidad de hacer algo medianamente interesante, sólo que los arruinaron una troupe de tipos que sobreactúan y que se han enviciado con el departamento de efectos especiales.

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  • Eclipse
    Eclipse
    Arlequin
    Debo admitir mi ingenuidad, ya que estaba convencido de que la saga Crepúsculo era una trilogía. Como dirían los Les Luthiers, fue un error de lipotimia. Ahora que acabo de terminar de ver Eclipse, me vengo a enterar que hay una cuarta parte (ugh!), la cual se va a partir al medio y se convertirá en dos filmes al estilo de la última entrega de Harry Potter (re-ugh!!). Dios mío: y yo que pensé que me había librado de todo esto...

    Eclipse es la tercera entrega de la saga Twilight, la que arrancara con la excelente Crepúsculo (2008) y siguiera con la mediocre Luna Nueva (2009). Ahora tuvieron el tino de llamar a David Slade, el mismo de 30 Días de Oscuridad y Hard Candy, que sabe un poco sobre vampiros feroces y adolescentes sicópatas (como es este caso!). Las buenas nuevas es que Slade, al menos, ha podido afilar los colmillos y garras de los involucrados en este culebrón sobrenatural, con lo cual el filme es mucho más satisfactorio en cuanto a clima y violencia. El problema más grave sigue siendo el romance de fondo, ya que los autores (Stephenie Meyer, creadora; Melissa Rosenberg, guionista) siguen convencidos que están desarrollando la próxima Lo Que El Viento Se Llevó ... y la realidad termina por demostrar que se trata de un bodrio de aquellos.

    Me he puesto a analizar cúal es mi fobia con la saga Twilight, ya que la primera entrega me había caído muy bien. Las conclusiones a las que llego son que: a) es una historia plagada de deux ex machina que aparecen en cada capítulo (lobizones de último momento, sociedades secretas de super vampiros, acá el ejército de recién nacidos - vampiros recién contagiados y sedientos de sangre - y un sector de los vultures dispuesto a castigar a Edward por el sacrilegio de enamorarse de una mortal) b) el personaje de Bella Swan ha pasado de una pobre chica traumada a ser una insufrible histérica que ni siquiera vale dos pesos, y que tiene a todo el mundo en jaque debido a seguir enamorada del peor candidato posible sobre la faz de la Tierra (lo que termina de romper todos los tabúes posibles de la tradición vampírica de los Cullen). Pero el peor aspecto de todo esto es que Bella es, en realidad, un personaje antipático y desagradable. A ella no le importa abandonar a sus padres (la madre no valdrá nada, pero el padre al menos la quiere bien), no le importa convertirse en un muerto viviente que deberá chupar sangre el resto de su vida, ni tampoco le importa que no pueda tener hijos (quedarían siempre de la misma edad - el síndrome Kirsten Dunst de Entrevista con el Vampiro -). Tampoco parece importarle los graves problemas sicológicos que representa ser un paria inmortal para toda la eternidad.
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    Y si bien Bella se ha convertido en algo tan agradable como un martillazo en los genitales, al menos hay que reconocer que la historia de Eclipse tiene un poco más de vuelo que la entrega anterior. En primer lugar, le provee un poco más de background a sus personajes, los que han comenzado a contar cómo se volvieron vampiros y hombres lobos (y eso le da la excusa a Slade de insertar un poco de violencia sanitizada como para condimentar las cosas). Otro punto es que estos personajes, aún cuando estén involucrados en un romance insufrible, tienen momentos de honestidad que son de agradecer. Bella sigue siendo detestable también en ese departamento, pero hay discursos sinceros de Robert Pattinson y Taylor Lautner (desde su declaración de amor hasta el diálogo que mantienen en la carpa) que están bien hechos. El último punto es que hay grageas de humor a lo largo de la historia, que combaten la auto seriedad que se impuso semejante historia ridícula. En un momento Pattinson ve a Lautner semidesnudo y le dice a Kristen Stewart: "y este pibe, ¿nunca tiene una remera para ponerse?".

    Pero aún con ciertas mejoras en la historia, Eclipse nunca llega a ser una película como la gente. La ridiculez ha menguado un poco, o la han maquillado con violencia y humor, pero es una trama plagada de problemas. Slade inyecta acción pero, como es una película adolescente, termina siendo tan aséptica que decepciona (cuando le arrancan un brazo a un vampiro, es como sacarle un brazo a un maniquí de yeso). Incluso el enorme ejército de recién nacidos que viene a arrasar el pueblo... termina convirtiéndose en un grupo de 30 pibes que no duran ni cinco minutos en pantalla. Al menos los productores de la saga deberían permitir introducir algunos cambios a la serie, tal como pasó con Harry Potter: primero, que haya más oscuridad en la historia, incluyendo muertes más explícitas; segundo, darle el mando a una mujer como fue la directora Catherine Hardwicke (responsable de Crepúsculo), alguien capaz de inyectar sensibilidad femenina al romance sin edulcorarlo (y camuflando sus defectos). El tema es que, así como está, Eclipse (y toda la saga de Twilight) se va desbarrancando hacia una mezcolanza de ideas y géneros sin terminar de ser efectiva en ninguno de ellos. Entretiene por la variedad, pero carece de substancia.
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  • Brigada A
    Brigada A
    Arlequin
    Brigada A (Los Magníficos en otros países de Latinoamérica) era otro ejemplo de la fast food televisiva que estaba de moda en los años 80. El padre de la serie es Stephen J. Canell, responsable de una parva de tiras memorables, que van desde The Rockford Files, Hunter, Wiseguy hasta Stingray, Renegado, Toma y Baretta. Si bien los productos de Canell eran superiores a la media, The A Team fue uno de sus experimentos más descerebrados y populares: un puñado de mercenarios de buen corazón, graciosos e invencibles, que aparecían de la nada para imponer justicia en el episodio de la semana. Lo que caracterizaba a la serie eran sus disparatadas persecuciones automovilísticas, la invención de alguna superarma hecha a partir de cacharros, y el tono irreverente de sus protagonistas. Brigada A obtuvo inmediatamente status de culto, durando 5 temporadas que se emitieron entre 1983 y 1987.

    Ahora llega esta versión para la pantalla grande, la cual había estado dando vueltas por los estudios desde mediados de los años 90. Al mando está Joe Carnahan - el mismo de la tarantinesca Ases Calientes (2007) -, quien coescribe el libreto junto a Skip Woods (Operación Swordfish) y Brian Bloom (que aquí hace de Pike, uno de los villanos principales). Y a juzgar por el resultado final, el veredicto sobre Brigada A 2010 sería que es tan fiel al original que comparte los mismos defectos y virtudes de la serie televisiva.

    No se precisa ser un genio para descubrir que el libreto de Brigada A es un disparate sin pies ni cabeza. Hay una trama básica, que todo el público puede seguir sin fundirse ni una neurona - ir al punto A, descubrir algo, balearse con algún villano, salir corriendo al punto B, y repetir la secuencia -, pero en cuanto al resto, el filme parece pertenecer a otra galaxia ya que aplica leyes de lógica y de física diferentes a la de este planeta. Hay una gigantesca aventura saltimbanqui internacional - van a Estados Unidos, saltan a Iraq, se escapan Alemania -, en donde todos esos lugares se encuentran a cinco minutos de viaje unos de otros, y en donde no existen controles policiales de ningún tipo (y eso que a estos tipos los buscan como si fueran terroristas internacionales). Hay unas matrices para imprimir dólares, que nadie explica cómo fueron a parar a Iraq (¿el gobierno norteamericano iba a poner una sucursal local de la Casa de la Moneda?). Hay un agente de la CIA que prefiere tomarse la molestia de liberar de la cárcel a Hannibal Smith y toda su gente antes de reclutar un equipo propio e ir ellos mismos tras las dichosas matrices. Y hay dos toneladas de persecuciones en las cuales las leyes de Newton directamente no se aplican, como cuando Murdock apaga el motor del helicóptero para evitar un par de misiles guiados por el calor y lo vuelve a encender a unos 20 metros del suelo; o como otra escena en la que nuestros héroes vienen en caída libre en un tanque (!), con la única ayuda de un miserable paracaídas (!!) y deciden reposicionar la trayectoria del impacto a cañonazo puro (!!!) para terminar de caer en medio de un lago (tsunami de wtf!!). Sinceramente Carnahan se merece un aplauso de pie por haber diseñado las secuencias de acción más ridículas y dementes desde Wanted - Se Busca y Los Angeles de Charlie. Al ser las escenas tan sideralmente exageradas, Brigada A termina por transformarse en un comic filmado que no se toma en serio a sí mismo en lo más mínimo.

    Si bien las secuencias de acción son tan absurdas que son lo mejor del filme por lejos, lo que atenta contra la efectividad cómica de Brigada A es la edición esquizofrénica de las mismas, que las convierten en una coctelera visual casi imposible de seguir. Aquí Carnahan ha decidido seguir la escuela del corte rápido al estilo de Michael Bay, metiendo 20 planos en 5 segundos, amén de mover la cámara todo el tiempo, lo que termina por dejar a la platea fuera de combate y con el estómago revuelto como si hubiera estado en una montaña rusa. En la mayoría de los casos uno tiene que esperar a que la acción se calme un poco como para recapitular lo ocurrido y saber quién quedó vivo o quién iba en ese coche que acaba de explotar. El otro punto que desmerece a Brigada A - además de la trama boba y la edición histérica - es la poco feliz decisión que poner a alguien sin timing cómico como Liam Neeson en el papel principal (aquí se precisaba a alguien como Bruce Willis para el rol de Hannibal Smith). El resto está más que ok - Bradley Cooper sigue siendo muy gracioso, el wrestler Rampage Jackson se ve demasiado amable como Baracus - , con la excepción de Sharlto Copley (Sector 9), que es un eximio ladrón de escenas y se devora el filme con cáscara y todo. Cuando el sudafricano está en pantalla, el resto del casting directamente no existe.

    Brigada A se trata de explosiones y chistes, y no ofrece mucho más que eso. Hay un esqueleto mínimo que se podría llamar "historia" y que sirve de excusa para enganchar una persecución exagerada tras otra, con el nivel de absurdo creciendo en progresión geométrica. Como acá pasan muchas cosas y pasan rápido, es difícil que uno se aburra o se detenga a pensar en lo ridículo de la trama. Y como las partes cómicas funcionan, uno le perdona la vida a la película pero no deja de reconocer sus limitaciones.
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  • La carretera
    La carretera
    Arlequin
    La Carretera está basada en la novela homónima ganadora del premio Pulitzer y escrita por Cormac McCarthy en el 2006. Como otro trabajo de McCarthy - No es Pais para Viejos - fue adaptado exitosamente al cine por los hermanos Coen en el 2007, Hollywood posó su mirada en el premiado libro del autor. Luego de varias idas y vueltas el director australiano John Hillcoat logró plasmarla y ponerla en cartelera en el 2009, recibiendo múltiples elogios de la crítica aunque - para variar - pasó desapercibida a la hora de las nominaciones al Oscar.

    Es un relato realmente amargo. Si hay algo que se le puede asemejar es la segunda parte de Threads (1984) o algunos momentos de The War Game (1965), que pintaban un mundo post apocaliptico con esperanza cero. Aquí el origen del holocausto es desconocido - es probable que se trate de algún tipo de plaga, ya que dejó a la tierra estéril, fulminó animales y plantas en todas partes del mundo -, y lo que queda es la lucha por la supervivencia. En el fondo La Carretera es un estudio sicológico sobre la gente frente al desastre. Cuando la catástrofe no tiene arreglo, persiste en el tiempo, lo que termina por suceder es que las personas empiezan a deshumanizarse. Sin esperanza, hambrientas, desconfiadas de las demás, las personas se transforman en depredadores de sí mismos.

    Este es un futuro para nada elegante. No hay héroes ni luchas épicas al estilo Mad Max; ni siquiera hay un atisbo de alguna luz al final del tunel. Frente a semejante cuadro, la gente reacciona como puede (o como le sale). La esposa que compone Charlize Theron no soporta la realidad, y abandona a su familia en busca de una muerte rápida que ponga fin a su sufrimiento. El padre - Viggo Mortensen - se aferra a la idea de que su hijo debe sobrevivir y que hay esperanza en algún lugar al sur; y el hijo, ajeno a la mayoría del horror que lo rodea, aún mantiene ciertas premisas de moralidad y humanidad que muchas veces terminan por frenar los impulsos desesperados de su padre de cometer una atrocidad con tal de sobrevivir.

    En ese estudio de caracteres es donde residen las mejores bazas de La Carretera, pero son a su vez el defecto de nacimiento que le impide llegar a algo más. Al ser el apocalipsis un escenario, el relato no le presta atención en explicarlo, justificarlo o lamentarlo. Al centrarse exclusivamente en los personajes y en las temibles decisiones diarias que deben enfrentar - Mortensen está siempre preparado para ponerle una bala en la cabeza a su hijo si las cosas se ponen feas -, la historia se limita a sensaciones y a algunas reflexiones, y por ello cuando llega el final no se siente como tal. Esto ni siquiera es la versión apocalíptica de La Vida es Bella, ya que Mortensen cuida a su hijo pero no le camufla el horror del mundo que lo rodea. Y lo que se le podría reprochar es que está tan ensimismado en sobrevivir cada día, que olvida entrenar a su hijo para el día en que deba manejarse por su cuenta.

    La Carretera es un filme que emociona a partir de la visión de los lazos entre los protagonistas. Pero también es cierto que es un filme que no va a ningún lado - cuando llega el climax, todo el trabajo de Mortensen no se pierde por una mera casualidad -, y que funciona mientras dura, por el hecho de que es una crónica de experiencias de viaje a la cual asistimos. Es triste, conmovedora, pero creo que le falta un punto final - ¿para qué sirvió todo lo que vimos y vivimos? - como para redondear una historia muy amarga pero muy bien contada.
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    Arlequin
    - Ok, conchitas... veamos lo que hacen ahora!

    (diálogo dicho por Hit Girl, una superheroína sicópata de 11 años de edad, frente a una decena de criminales adultos y seriamente armados)

    Kick-Ass está basada en la novela gráfica del mismo nombre creada en el 2008 por Mark Millar, el mismo de Wanted - Se Busca. Al momento de publicarse llamó la atención de Matthew Vaughn (ex productor ejecutivo de los primeros filmes de Guy Ritchie como Lock, Stock and Two Smoking Barrels, y que se cortó solo para comenzar a dirigir sus propias películas como Layer Cake y Stardust, El Secreto de la Estrella), quien adquirió los derechos cinematográficos sobre el comic. Pero al presentar el proyecto a distintos estudios major, Vaughn se encontró con la negativa de los mismos, aduciendo el tono ultraviolento y políticamente incorrecto de la historia. Eso no amedrentó a Vaughn, quien salió a buscar capitales privados y terminó por financiar de manera independiente el filme. Y si bien Kick Ass al momento del estreno debutó primero en la taquilla, lo hizo en una semana de recaudaciones muy flojas (apenas 20 millones de dólares en el fin de semana inicial). El tema es que los resultados fueron buenos, pero no el enorme hit que estaban esperando.

    Parte del relativo fracaso de Kick Ass se deba posiblemente a que es una historia con problemas de identidad. En sí, tanto el trailer como el resumen del filme hacen creer que se trata de una parodia del género, lo cual es cierto durante los primeros 30 minutos del filme. Pero luego Kick Ass se sumerge en las rutinas propias del cine de superhéroes, sólo que le añade ultraviolencia y algunos toques bizarros. Y es que la película arranca como si fuera una versión adolescente de Defendor escrita por Judd Apatow (el mismo de Virgen a los 40), con todos los problemas lógicos de intentar ser un superhéroe en el mundo real, ideales justicieros que se ven estúpidos en la práctica, y criminales que se toman a risa la presencia de tipos disfrazados recitando los clichés del género, a lo que se suma las rutinas típicas de American Pie con muchachos nerds y calentones que no tienen éxito sexual con las chicas de su escuela. Esa primera media hora no está mal, pero tampoco es demasiado excitante, y por momentos intenta ser demasiado inteligente en contra de su naturaleza, con el protagonista citando todos los clichés propios de un héroe sin poderes (a lo Batman) e intentando desmitificarlos.

    Pero después las cosas cambian radicalmente, y ello ocurre cuando Nicolas Cage y su hija sicópata de 11 años ingresan a la historia. Es el momento en que el héroe del título termina sepultado y abandonado en su propio filme, y los secundarios se apoderan de la escena. No es un problema de la interpretación de Aaron Johnson, ya que su perfomance está más que ok y posee suficiente carisma; pero el libreto decide darle gas y las mejores líneas a Cage y compañía. A partir de allí, Kick Ass abandona su estilo Defendor mezclado con American Pie, y se transforma en la versión infantil de The Punisher encuentra a Layer Cake. Vale decir, hay un par de superhéroes de último momento - padre e hija - que despachan a los criminales de la manera más sangrienta posible, y a su vez el bando de los mafiosos está compuesto por tipos muy crueles y expeditivos pero a su vez muy simpáticos. El jefe mafioso de Mark Strong es propio de los filmes de Guy Ritchie que Vaughn produjera en su momento, y no tanto el villano habitual de los comics.

    Allí es cuando las cosas se ponen más interesantes pero también más bizarras, y es donde las aguas se dividen entre los críticos. El punto de discordia es la presencia del personaje de Chloe Grace Moretz, que con sus once años despedaza gente, recibe feroces golpizas, y putea como un camionero. Mientras que a James Berardinelli le fascinó, a Roger Ebert le pareció poco menos que una abominación. Ciertamente el hecho de poner un personaje infantil tan border no es nada nuevo; en comics o en la misma Robocop 2 habían niños que eran despiadados jefes mafiosos; y en la tradición del manga y animé japonés prosperan a toneladas los casos de tiernas estudiantes adolescentes convertidas en crueles asesinas seriales - sino, recuerden a la dulce Gogo Yubari de Kill Bill -. Aquí el punto más polémico es el clímax del filme, en donde Moretz recibe feroces golpizas por parte de los adultos, lo que termina por ser shockeante y se bandea entre lo exploitation y el mal gusto.

    Yo no le daría tanta importancia a ese punto, aunque debo admitir que el título real del filme debería haber sido Hit Girl y no Kick Ass. Chloe Grace Moretz se devora toda la película, y su personaje es la verdadera razón de ser de la historia. Mark Strong es un villano con muy buenas líneas, Nicolas Cage hace una hilarante imitación del Batman de Adam West, Aaron Johnson pone toda su ingenuidad y simpatía en su perfomance... pero desaparecen de pantalla con cada incursión de Moretz. Y si hay una secuela de Kick Ass, el único punto válido de interés es ver lo que pasó con Hit Girl antes que la suerte del personaje del título.

    Kick Ass es entretenida, pero no es el ultra hit de culto que pretende ser. Es inteligente, cómica y tiene sus toques excéntricos, pero no deja de ser una aventura tradicional de superhéroes, camuflada inicialmente de parodia y salpicada con algunos tonos bizarros. Para ver una obra maestra sobre los problemas de ser un superhéroe en un cínico mundo real, vean Defendor; para ver a expeditivos superhéroes despachando a criminales de la manera más cruel, vean The Punisher 2: War Zone; y para ver una estudiantina calentona, miren American Pie. Kick Ass se bandea entre el tono y la historia de estos tres filmes, pero con la excepción de Hit Girl no termina de hacer nada con demasiada personalidad propia.
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  • El príncipe de Persia
    Antes que Lara Croft hiciera piruetas en el aire en Tomb Raider (1996), había un jueguito que venía dando vueltas desde 1989 y hacía furor en las Apple y PCs de aquella época. Era un guerrero árabe dotado de una animación inusualmente fluída para esos años, que se la pasaba saltando plataformas plagadas de trampas, y tenía que recurrir a sorprendentes acrobacias para superar las etapas. El juego había sido desarrollado por Jordan Mechner, quien pronto se volvería millonario y dispararía una chorrera de secuelas que llegarían hasta nuestros días. Y como en Hollywood las neuronas vienen bastante quemadas desde hace rato, lo único que están produciendo últimamente son remakes de peliculas y series de TV, cuando no adaptaciones de videojuegos y cuanta otra cosa que exista y tenga una marca famosa (como el parque de diversiones de la Disney que terminó por convertirse en la franquicia de Piratas del Caribe). Precisamente el mismo productor - Jerry Bruckheimer - se prendió a la movida de llevar Principe de Persia al cine, lo cual no lo veo nada mal. A final de cuentas, Bruckheimer ha tenido la destreza de generar cosas potables partiendo simplemente de un nombre y un concepto ...

    Aquí Bruckheimer subió al proyecto al director Mike Newell, quien además de Cuatro Bodas y un Funeral ha sabido dirigir Harry Potter y el Caliz de Fuego. Las buenas nuevas es que Newell ha sabido montar un espectáculo realmente entretenido y colorido, el cual funciona muy bien el 90 % del tiempo; el problema es ese 10% restante, que es cuando el guión debe poner los pies en tierra y empezar a atar todos los cabos sueltos de la historia. La resolución del filme tiene un fuerte tufillo a trampa de las propias reglas que se había impuesto la trama, y no termina de ser demasiado convincente.

    Acá hay una historia propia de Las Mil y Una Noches, pero con menos magia y mucho más parkour. Está el consejero traidor (en este caso, el hermano del rey; esto no es ningún spoiler, ya que el casting del filme clama a gritos que Ben Kingsley es el villano de la historia), el principe traicionado, y la búsqueda del objeto mágico que reestablecerá el equilibrio en el reino y el buen nombre del heredero. En la fuga del príncipe se prende la princesa regente de la ciudad capturada, la cual tiene su propia agenda - recuperar la daga mágica que lleva el protagonista, y de la cual éste aún no conoce sus poderes -, y pone la cuota sexy al relato. Pero lo cierto es que la huida en sí no aporta nada demasiado substancial a la historia, mas de ser la excusa para que los protagonistas vayan de una ciudad a la otra y de un peligro al otro.

    El punto es que El Principe de Persia: Las Arenas del Tiempo tiene un defecto excusable y otro realmente importante. El primero es que el protagonista Jake Gyllenhaal tiene carisma cero como héroe de acción. Aquí aparece Gyllenhaal con un físico descomunal, haciendo piruetas de todo tipo y color; el tipo no es malo para hacer los chistes, e incluso tiene bastante química con Gemma Arterton (una chica que, después de un insípido papel en Quantum of Solace, terminó aterrizando de manera increíble en un protagónico como este; al menos acá se ve realmente hermosa y demuestra mucho más vida que en sus filmes anteriores). Pero su cara de muñeco y su falta de angel lo hacen un héroe bastante hueco - un tipo de Orlando Bloom en el desierto -, cuando el relato precisaba una especie de Burt Lancaster joven. Esto en realidad no es algo tan grave - en todo caso, Gyllenhaal no desentona pero es bastante anónimo -; pero el manejo que hace el guión del dispositivo mágico de turno (la daga que hace retroceder el tiempo) sí es un problema serio y uno que resuelve de manera altamente insatisfactoria. Gemma Arterton detalla una serie de advertencias en un punto, las cuales funcionan completamente al revés al momento del clímax, amén de que los cinco minutos finales se ven estúpidamente forzados. No sólo el libreto traiciona sus propias reglas sino que lo hace de una manera tan descarada que resulta frustrante. Eso arruina la buena puesta en escena del director Newell, con masivos ejércitos chocando sobre las arenas del desierto, divertidas coreografías de freerunning (que calcan algunas de las piruetas más famosas del videojuego), y exóticos Hassansins surgiendo de las dunas. Si los libretistas se hubieran puesto un poco las pilas y hubieran pulido el climax, el filme podría haber llegado a ser excelente.

    El Principe de Persia: Las Arenas del Tiempo es muy entretenida, aunque algo hueca, con un final artificial y con un protagonista algo opaco. Quizás el tema pase porque los productores no se avivaron de repetir la fórmula de Piratas del Caribe - pongan a alguien realmente gracioso al lado del insípido carilindo de turno, y hagan un equipo de protagonistas que se compensen entre sí -. Acá intentaron hacer algo medianamente parecido con Alfred Molina - el que sintoniza a la perfección a Johnny Deep -, pero el libreto comete el sacrilegio de ponerlo muy poco tiempo en pantalla. Por lo demás - y si uno pone el switch del cerebro en off -, verá que El Principe de Persia: Las Arenas del Tiempo ameniza muy bien el rato, salvo al momento de aplicar las leyes de la lógica en el universo que él mismo ha creado.
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  • Los perdedores
    Y Hollywood sigue adaptando desesperadamente comics. Por si la interminable oleada de superhéroes no fuera suficiente, ahora están adquiriendo los derechos de novelas gráficas e historietas menos conocidas. No necesariamente un comic en miniserie implica que el guionista haya creado una genialidad - vean sino Terror en la Antartida -, pero es una clara señal de que las ideas se han agotado en los estudios hollywoodenses. Ahora es el turno de The Losers, un comic de la línea adulta Vertigo de la DC Comics. No hay nada absolutamente original en el film, el que termina siendo un reciclado descarado de las películas de acción típicas de los años 80, cuando Stallone, Willis y Schwarzenegger eran las estrellas del momento. Eso no significa que no deje de ser entretenida, pero precisaba un director con un poco más de talento para afinar la puntería.

    En realidad The Losers era un comic escrito en los años 70 por Robert Kanigher que trataba sobre un grupo comando en la Segunda Guerra Mundial. Saltamos de allí al año 2000, en donde el historietista Andy Diggle estaba buscando personajes antiguos de la DC para realizar algún reboot de ellos. Allí dió con The Losers, aunque se dió cuenta de que la editorial ya estaba trabajando con otras historias basadas en la Segunda Guerra Mundial y descartaría de plano su proyecto. Tomando algún nombre de personaje (el sargento Clay) y el título de la tira de Kanigher, Diggle se mandó a hacer su propia trama sobre un grupo mercenario traicionado por sus superiores y lanzado a un sendero de venganza. La novela gráfica duró 32 capítulos, impresos entre el 2003 y el 2006. Y aquí los guionistas Peter Berg y James Vanderbilt terminaron por adaptar la primera de las historias.

    En sí, The Losers es un rejunte de estrellas de medio pelo y en ascenso. El problema es que ninguna de ellas tiene demasiada chapa propia como para garantizar la taquilla, algo que se terminó por comprobar en la magra recaudación del filme (25 millones de presupuesto versus menos de 30 millones de recaudación en Estados Unidos). Pero no es una mala película como para haber sufrido semejante suerte. La trama no es original pero es movida - grupo de mercenarios traicionados por un villano dentro de la fuerza y que ahora se lanzan en una vorágine de venganza y destrucción -. El cast es muy bueno: está el futuro Capitán America Chris Evans, Jeffrey Dean Morgan (el Comediante de Watchmen), y Zoe Saldana, que hace triplete luego de Star Trek: El Futuro Comienza y Avatar. Las perfomances son buenas. Hay un villano más que potable y muy carismático (Jason Patric, intentando hacer su mejor imitación de Robert Downey Jr... y casi lo logra). Hay balas y explosiones. Hay gags y risas. ¿Qué pudo haber fallado?

    Si bien una parte se le puede reprochar a su falta de marketing y la ausencia de actores taquilleros con chapa propia, el otro defecto (importante) es la dirección de Sylvain White. A la pirotecnia le falta algo de nervio. A las perfomances le falta una pequeña horneada. Pero sobretodo, a la historia le falta un cierre. Por respetar al espiritu del comic con demasiada fidelidad, lo cierto es que el climax del filme es insatisfactorio. El exceso de ambición, las ganas de dejar todo abierto para una futura secuela arruinan las expectativas de un grand finale como la gente. El otro caso que se me viene a la memoria es el de Serenity, en donde el despiadado guionista de turno (Joss Whedon) no tenía empacho de salvar al villano de su merecida muerte, simplemente porque se había enamorado de él y lo quería dejar en reserva para una secuela que jamás llegó. Y, por lo visto con la recaudación de The Losers, aquí pasará lo mismo.

    The Losers es recomendable. Es pura acción, y el guión no pretende tomarse muy en serio a sí mismo. Chris Evans le pone mucha gracia a su papel (siempre salva su parte, aún en los filmes más malos como Push) y Jason Patric tiene algunas líneas deliciosas, aunque es algo blando para el papel. El resto está ok, y entretiene de manera grata a la vieja usanza, como eran los blockbusters de hace 30 años.
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  • Zenitram
    Zenitram
    Arlequin
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    Permítanme comenzar mi review de una manera un tanto pedante. A final de cuentas, he leído a tantos pelotud... atómicos con aires intelectualoides que han analizado a Zenitram de una manera tan equivocada, que considero que tengo derecho a justificar mi análisis en términos un poco más coherentes. Esos periodistas serán buenos críticos de un Bergman o un Allen, pero acá nosotros escribimos todo el tiempo sobre cine fantástico, así que paren un poco de mandar fruta y escuchen un poco más a la gente que está especializada sobre el tema.

    La raíz del tema es que hay un problema de incompatibilidad entre la cultura Argentina y la temática de género (sci fi, terror, policial, etc). Vale decir, una enorme mayoría de géneros están asentados en raíces norteamericanas o europeas, y no se pueden transplantar tal como son (salvo que sea en tono de comedia). Usted no puede poner un detective privado en Buenos Aires o un vampiro en Bariloche porque eso sería ridículo (aunque hay gente que lo ha hecho, y así le ha salido). Eso no quita de que haya versiones autóctonas de ciertos géneros - Borges cultivó el policial y la temática fantástica con un fuerte gusto argentino; Oesterheld nos dió su alegórica historieta El Eternauta, Mosquera R. nos regaló Moebius -; pero dejando de lado esos casos, en la mayoría del resto lo que se hace es crear híbridos, versiones tomadas tal cual de sus moldes yanquis a las que se le agrega porcentajes iguales de cultura criolla y autoparodia. Esto resulta fundamental para que la versión "a la Argentina" logre superar con vida la barrera de los clichés del género - imaginen a Superman buscando una cabina telefónica en Buenos Aires -. El que sabe mucho de esto y ha lidiado con éxito con las dificultades de nacionalizar géneros sin caer en lo ridículo es Damian Szifron.

    Acá Zenitram (basada en un cuento de Juan Sasturain que data de 1996) es un híbrido que entra en la última categoría antes mencionada. El gran riesgo con la nacionalización de géneros es que a veces uno se engolosina con la cuota de cultura criolla que agrega (que sirve para satirizar a los clichés del rubro), y que puede llegar a generar un bofe bíblico como Adios Querida Luna, llena de chistes intelectualoides que sólo le hacen gracia a su autor (¿alguien se rió cuando golpeaban al alienígena con el videojuego del Maradona virtual pateando penales?). Aunque Zenitram amenazaba bastante con caer en esos mismos derroteros, por suerte el filme de Luis Barone tiene una riqueza bastante importante de ideas, lo cual no quita que no tenga su propio caudal de problemas (y algunos de ellos realmente serios).

    Acá hay un muchacho de la villa, al que un día alguien le da superpoderes como en una versión criolla de Shazam - grita su nombre al revés y ya se transforma -. No hay explicación de quién lo hizo y por qué a él, quedando simplemente como el deux ex machina que impulsa la historia. Así mismo recibe la misión de reintegrar el equilibrio del mundo, devolviendo la posesion del agua a la gente. Pero el pibe no es muy brillante, vuela como puede, tiene superfuerza, supervista y supertodo pero no sabe manejarlo. Al toque está la prensa dando vueltas, y allí aparece el periodista Javier Medrano, el que termina por transformarse en una suerte de mentor y manager. El corrupto presidente de la nación (Daniel Fanego, que se relame con su papel) procede a salir en la foto con él y le inventa un ministerio para que se le pegue un poco de la popularidad del muchacho; y, a su vez, el siniestro empresario español Daniel Durban procede a bajar sus líneas de envilecimiento hacia Medrano y Zenitram. Y mientras el muchacho está cada vez más sacado por la droga y el poder, descuida las necesidades de la gente y el objetivo de su misión. Mal día para que Superman deje la falopa.

    Juan Sasturain demuestra que es un escritor inteligente y que maneja los códigos del género de superhéroes. Como aquí hay superhéroe pero no supervillano, el relato debe funcionar como una alegoría (algo que han demostrado las películas de Godzilla de 50 años a esta parte). Acá Sasturain se dispara con una versión alegórica de la Argentina menemista de los años 90, mezclando en la volteada a Maradona, el Guillote, y los temibles inversores españoles de la época (¿alguien dijo Iberia?), y todo esto salpicado por los clichés del género de superhéroes y toques de picardía criolla. Es en esos momentos cuando Zenitram funciona, provocando más sonrisas que risas, ya que toda la situación nos es inconscientemente conocida pero nos resulta simpático el maquillaje que le pusieron.

    Pero Zenitram posee dos graves problemas que la lastran y terminan por frustrar casi todos sus esfuerzos. El primero es el de un par de perfomances horribles. Mientras que Luis Luque le da el tono justo al relato con su voz en off, Fanego se regodea con su presidente populachero, y Minujin llega con lo justo para su superhéroe, por el otro lado Verónica Sanchez arruina completamente cada escena en la que aparece. Posee química cero con el protagonista, es antipática y carece de carisma. El otro que tampoco ayuda es Jorge Rulli, ya que su profesor distraído es tan monocorde y aburrido que es soporífero. El segundo problema importante de Zenitram es el clímax, que es abrupto y deja un montón de historias sin cerrar. Quizás el tema pase porque el relato sólo funcionaba como alegoría menemista y, cuando debe apartarse de ello para cerrar su porción original de la historia (los superpoderes y el regreso del agua), se desmorona violentamente. La inclusión con calzador del superhéroe yanqui retirado que compone el cubano Steven Bauer es una clara señal de que los guionistas no sabían como darle un cierre a todo.

    Zenitram es una aventura a la que aquí calificamos con cuatro atómicos en un exceso de generosidad, simplemente porque el 90% de la película funciona de manera bastante competente, hay unas cuantas ideas interesantes, hay un par de momentos buenos, y los efectos especiales son impecables para una producción made in Argentina (atenti al auto Justicialista que conduce Verónica Sanchez, que es una rareza total). Pero el 10% restante (el final) es terrible y desbalancea seriamente los méritos de la obra al punto de ponerla en riesgo de naufragar. Las conclusiones serían: ¿es interesante? Sí, como curiosidad y en un sentido bastante nerd. ¿Es cómica?. No mucho, tiene un par de momentos, y el resto del tiempo es simpática. ¿Es recomendable?. ¿Vale la pena ir al cine?. Y... yo le diría que, salvo que sea un ultrafan de la Marvel o la DC Comics (o le sobren los 30 mangos de la entrada a un cine), dése un tiempo y espere a a que salga en video.
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    Iron Man 2
    Arlequin
    Esta es la primera de las secuelas del megahit Iron Man del 2008. En un principio nadie apostaba demasiado por este superhéroe secundario de la Marvel, pero el filme de Jon Favreau terminó por transformarse en un arrollador suceso que incluso eclipsaría a Spiderman, el niño mimado de la editorial. Ahora llega la esperada continuación, la que posee una agenda excesivamente recargada. Y si bien el libreto hace un esfuerzo sobrehumano para que cada una de las numerosas subhistorias sea interesante y entretenida, lo cierto es que el total no es la suma de las partes.

    La primera película se había sentido menos como la adaptación de un comic y más como un thriller de Tom Clancy con toques de superhéroe. A mi juicio lo que lastraba la primera Iron Man era su agenda política, que era panfletaria y mezclaba realidades (como la acción policíaca norteamericana de los últimos años en Irak y Afganistán) con fantasía, lo me parece incompatible (o traido de los pelos en el mejor de los casos). Ahora para la segunda parte contrataron al guionista menos pensado, Justin Theroux - el que hacía de Seamus O´Grady en Los Angeles de Charlie: Al Límite y cuyo único libreto previo fue la comedia Una Guerra de Película -, el que hizo un script realmente entretenido. Ciertamente el guión de Theroux se siente más como un comic tradicional que como un thriller internacional; y, para asegurarse de que el argumento sea interesante todo el tiempo (y a prueba de balas), el libretista insertó dos millones de subhistorias, personajes y villanos, cada uno de los cuales se pelea por sus cinco minutos en pantalla. Al menos Theroux tiene talento para escribir diálogos y situaciones interesantes, pero el gran problema de Iron Man 2 es que semejante saturación de historias termina por perder el foco en las cosas que realmente debían importar, que son Tony Stark y el villano Ivan Danko. Para tener una idea de la parafernalia de subtramas que hay en el libreto, les cuento que:

    - Tony está muriéndose de envenenamiento por paladium (la fuente de energía instalada en su pecho);

    - Tony se pelea todo el tiempo con un comité del senado por la posesión de la super armadura;

    - el amigo de Tony, James Rhodes (Don Cheadle, haciendo una blanda imitación de Terrence Howard), tiene sus 15 minutos de superhéroe;

    , el ruso Ivan Vanko (cuyo personaje es una mezcla de villanos Marvel como Whiplash y Crimson Dinamo) que, en la primera de cambio, se quiere comer crudo a Iron Man,

    - hay un competidor de las industrias Stark, Justin Hammer (Sam Rockwell, haciendo una mala imitación de Robert Downey Jr), que se muere por destruirlo;

    - está la hipersecreta agencia SHIELD, con Nick Fury, planes estrafalarios, agentes infiltrados en todos lados ...

    ... y dos millones de cosas más. El mayor problema de todo esto es que los supuestos conflictos que plantea el guión terminan por resolverse sin pena ni gloria en dos minutos, simplemente porque la historia está tan recargada que no puede tomarse minutos extras para crear climax dramáticos. Y todo esto culmina con el pobre Mickey Rourke siendo devorado por el filme en donde debería haberse lucido - el guión ni se calienta en mostrar la injusticia de la muerte de su padre o si los motivos de su venganza son justificados -. No es un spoiler decir que los malos pierden; pero cuando son derrotados, hacen "puff" en escasos segundos y con una absoluta falta de solemnidad, simplemente porque el filme tiene un gran apuro en ir cerrando todas las subhistorias antes de que se les venga la noche.

    No voy a repetir el remanido latiguillo que vengo leyendo en todos lados de que "está buena... pero no es como la primera!". Yo no esperaba que Iron Man 2 fuera otro Batman, el Caballero de la Noche, simplemente porque su línea argumental es mucho más light que los filmes de Christopher Nolan. Todo en Iron Man 2 funciona más que ok, desde las perfomances, los diálogos, las situaciones hasta los efectos especiales. El tema es que está afectada por el síndrome inaugurado por Batman Regresa, en donde los productores se sienten inseguros por los resultados comerciales y meten a presión dos o más villanos como estrategia de marketing para asegurarse una taquilla espectacular; pero esto termina por traducirse en exceso de personajes principales con escaso tiempo de pantalla como para tengan un desarrollo adecuado. Acá no sólo hay dos villanos sino tres superhéroes (además de Iron Man) metidos con calzador, como son Viuda Negra, Nick Fury y War Machine. El libreto podría haber podado olímpicamente a Scarlett Johansson, que se siente como un cameo pagado por la actriz; Nick Fury tiene su gracia - bah, es Samuel L. Jackson haciendo de Samuel L. Jackson, sólo que con un parche en el ojo -, pero este personaje y toda la subtrama del envenenamiento por paladium son dos ideaa que podían haber quedado en la basura; y lo de Don Cheadle / War Machine es realmente prepotente. El personaje maneja como los dioses la armadura a los dos minutos de ponérsela. Saquen ese trío de caracteres (que no los necesita la historia principal) y le hubieran dado tiempo y espacio a Mickey Rourke. En cambio, así como está el filme, su Ivan Danko desaparece por casi una hora hasta que lo llaman para el grand finale. Y la resolución es espectacularmente anónima.

    Si uno analiza en profundidad, en realidad termina por comprender de que los problemas de Iron Man 2 son en realidad los problemas de la política de la Marvel respecto del manejo de sus productos cinematográficos. Está tan apurados en disparar la inminente y multitudinaria película de Los Avengers (la versión Marvel de la Liga de la Justicia), que meten con calzador todos los superhéroes posibles en sus filmes como para llegar al 2012 y que todos estén presentados en sociedad. Así aparecerán Hulk (Edward Norton), el Hombre Araña (con un reboot inminente), el Capitán América (con Chris Evans y a punto de rodarse), Thor (ya filmada y en post producción), Iron Man (Downey Jr), War Machine (Don Cheadle), Nick Fury (Samuel L. Jackson), y quizás algún que otro más.

    Iron Man 2 sigue conservando la gracia de la serie - y en especial gracias a Downey Jr que tiene el carisma intacto -. No es un desastre bíblico al estilo de Spiderman 3; Jon Favreau tiene talento de sobra para dirigir el circo. Pero la Marvel ha obligado a que el libreto esté inundado de personajes, lo que obliga a comprimir material suficiente como para dos filmes en uno solo, y eso se resiente en el peso dramático de los personajes.

    (PD: tras los créditos hay un huevo de pascua en donde encuentran al martillo de Thor, superhéroe cuya película ya se encuentra en rodaje)

    Las películas sobre Iron Man, el personaje de la Marvel, son: Iron Man (2008) y Iron Man 2 (2010)
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  • La caja mortal
    Hay tipos que se creen su propia fama, y terminan desarrollando engendros. Uno de esos casos es el de Richard Kelly, autor del hit de culto Donnie Darko, y un claro pichón shyamalanesco. Hablamos de gente que arrancó su carrera con proyectos brillantes, y que luego terminó rodando basura plagada de pretensiones intelectualoides. En The Box Kelly tomó un cuento de Richard Matheson (autor de infinidad de clásicos como El Increíble Hombre Menguante y Soy Leyenda), el cual fue publicado en la revista Playboy en 1970 - y que consistía en un puñado de hojas -, y lo ha expandido a proporciones ridículamente gigantescas. No sólo la efectividad del relato de Matheson ha terminado ahogada ante la proliferación de subtramas y personajes, sino que todo lo que ha adicionado Kelly se vuelve cada vez más ridículo a medida que avanza la proyección. Y estoy seguro que si hoy mismo le preguntan al director sobre qué opina de su propio filme, responderá con absoluta convicción que se trata de una gran película.

    El cuento original era una especie de versión abreviada del Fausto con toques de humor negro. Había una pareja endeudada y un extraño que llamaba a la puerta de su casa. El extraño les daba una caja en donde había un botón pulsador, y les prometía un generoso pago si se decidían a presionarlo. El tema era que, al pulsarlo, ellos estarían matando a una persona en alguna parte del mundo. Entre idas y vueltas terminaban por apretar el botón. Al poco tiempo el hombre fallecía y la mujer recibía el pago que el extraño le había prometido ... cuyo importe coincidía con la póliza del seguro de vida de su marido. Chin, pún, este cuento se ha terminado!. Imaginen extender esta anécdota a los 115 minutos que dura La Caja. Es como que suena a demasiado, ¿no?
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    La primera media hora es leeenta y todo el elenco pareciera estar bajo los efectos de Valium u otro narcótico de similar potencia. Los personajes están mal escritos - en ningún momento dan sensación de naturalidad, en especial el matrimonio de James Marsden y Cameron Díaz -, y se mezclan detalles excéntricos como que a la Díaz le falta medio pie, en su clase hay un alumno fetichista que la acosa, y Marsden trabaja en la NASA en el mismo proyecto que dió a luz a la expedición Viking (aquella que llegó a Marte a mediados de los años 70). Uno no termina de asimilar todo esto cuando hace acto de presencia Frank Langella, a quien le falta medio rostro (sumando otro detalle bizarro a la trama), y quien les ofrece a los protagonistas el trato faustiano de presionar el botón rojo de un dispositivo que les entrega - lo que produciría automáticamente la muerte de una persona que ellos no conocen -, a cambio de recibir un millón de dólares. Como estos pibes viven en la pobreza (tienen una pequeña mansión, él tiene un pequeño Corvette, los acucia la cuota de la cooperadora escolar, etc), juntan coraje y terminan por pulsar el dichoso botoncito ... lo cual activa el proceso de autodestrucción de todo el filme. Para esto ya ha pasado media hora de proyección y Kelly ha consumido el 90% de las ideas del cuento original de Matheson, con lo cual el director / libretista saca la guitarra y empieza a despachar fruta a lo loco con tal de llenar el tiempo de metraje que le falta. Y la única forma de seguir avanzando con la historia es hacer que el dúo de protagonistas se obsesione con el personaje de Langella, averiguando sobre su pasado y comenzando a perseguirlo. Esto no estaría tan mal si no fuera porque el libreto inserta con calzador una parva de pistas absurdas que insultan la inteligencia del espectador - a Marsden le regalan una foto de Frank Langella durante el ensayo de una boda (!!); una periodista le da una nota a Cameron Díaz antes de morir, aún cuando ambos personajes jamás se habían visto; hay una masacre en la casa de un compañero de Marsden y éste decide investigar la escena del crimen, ya que tiene una inexplicable corazonada (otro artilugio idiota que inventa el guión para que Marsden encuentre otra foto de Langella en el lugar de los asesinatos); hay una niñera que sabe demasiado, y hay una epidemia de hemorragias nasales que afecta a medio elenco, como si les hubieran dado cocaína de la mala -, además de que el ritmo del filme se acelera a tal punto que todo se vuelve estúpido e incoherente. Hay situaciones y personajes que Kelly inventa con el único propósito de que aporten una pista o dos en un momento determinado, y que luego el mismo director termina por esconder bajo la alfombra, quitándoles voz y peso en lo que queda de la trama. Ni los jefes de Marsden (que aparentemente descubren la verdad sobre Langella) sirven para algo, ni se explica qué es lo que ve la niñera en el cuarto de hotel (ni cúal es el posterior destino de la muchacha), ni tampoco se explica cuál es el sentido de la prueba con los extraños cubos de agua. (alerta spoilers) Y cuando llega el final y Langella devela la verdad - que todo se trata de un experimento social de los alienígenas (similar al climax con los ferrys de Batman, el Caballero Oscuro) para debatir si la raza humana tiene suficientes valores como para ser salvada o exterminada -, resulta tan abrumadoramente prepotente que dan ganas de linchar al director. Digo yo: ¿no se les podría haber ocurrido una explicación mejor?. (fin spoilers)

    La Caja es otro bofe indignante de esos que anda dando vueltas por allí. Miren que Kelly contaba con numerosas alternativas para desarrollar la historia, y terminó por elegir las más absurdas. El guión es malo, por momentos da la impresión que faltaran escenas (o que hayan quedado en el piso del cuarto de edición), no hay clima, y la mayor parte del tiempo parece un compendio de excentricidades. Quizás a otra gente le parezca que La Caja no es un filme tan malo; para mí es una pérdida de tiempo irremediable e inexcusable.
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  • Furia de titanes
    Esta es la remake del no - clásico Furia de Titanes de 1981. Aquel film fue el canto del cisne del animador Ray Harryhausen, el que intentó obtener un último (y modesto) éxito con el género de la fantasía que tan buenos réditos le había dado con El Viaje Fantástico de Sinbad o Jason y los Argonautas en su momento. Pero en los años 80 los efectos especiales y los gustos del público estaban cambiando; Harryhausen y sus dragones de plastilina animados cuadro por cuadro habían perecido frente a los gigantescos AT - AT de El Imperio Contraataca y la parafernalia de FX de la factoría de George Lucas. El animador más famoso del stop motion se había convertido en una pieza de museo, y Clash of the Titans era su despedida.

    Acá han hecho un grueso lifting a la historia, y no sólo en la parte de los efectos especiales. El problema con la nueva versión de Clash of the Titans es que no se siente como mitología griega trasladada a la pantalla sino como un relato de fantasía con elementos reciclados de segunda mano. Los humanos sienten que los dioses son tiránicos y entran en guerra con ellos (¿cómo los simples mortales pueden matar a un dios?); incluso llegan a sitiar al monte Olimpo, como si fueran las tierras de Mordor de El Señor de los Anillos. Hay personajes fantásticos de todo tipo y color - Djinns (seres sobrenaturales del desierto, y que son los antecesores conceptuales de los genios al estilo de Las Mil y Una Noches), cazadores furtivos que domestican escorpiones gigantes (como los hombres malvados de Ruhr) - que son totalmente ajenos a los mitos griegos y parecen más propios de una fantasía al estilo de Tolkien. Y todo ello suena como una mescolanza de ideas y estilos que no es totalmente compatible entre sí.

    Es que, en realidad, para apreciar Furia de Titanes 2010 como corresponde hay que apagar el switch mental de la memoria. Olvídese de lo que usted entiende sobre las leyendas griegas (o de lo que recuerda del filme de 1981); este mundo funciona muy diferente aunque usa nombres de personajes muy conocidos. Ya no es una pelea de celos entre dioses por el favoritismo de sus hijos naturales, sino una lucha épica entre humanos y deidades - y que posiblemente Hades esté manipulando desde las sombras para voltear a Zeus -; Calibos no es el hijo de un dios convertido en sátiro deforme, sino el antiguo rey de Argos, castigado por Zeus y seudo - padrastro de Perseus; el héroe no es el romántico empedernido que iba a salvar a la doncella de su terrible destino, sino un resentido de aquellos que quiere ir a patearle el trasero a sus parientes divinos y que, encima, se enamora de otra mujer que no es la princesa de Argos; ... y tan sólo con ese puñado de cambios la historia se termina por sentir diferente y no muy redonda. Hay algo que patina en la lógica de todo esto - Zeus apoya a su hijo con armas y ayudas, aún cuando Perseus quiera destruir a los dioses -, por lo que no termina de cerrar.

    Pero por el resto, es un filme competente. La acción está ok; los diálogos son buenos, y hay un tufillo de camaradería - onda La Comunidad del Anillo - entre los protagonistas que funciona bastante bien. Como el héroe de marras, Sam Worthington está simplemente correcto - lo mismo que pasaba con sus perfomances en Terminator Salvation y Avatar - y no hace nada memorable; y el único del cast que inyecta algo de energía a su papel es Mads Mikkelsen como el general que lo acompaña en la expedición. Gemma Arterton no deja de ser una pieza de utilería; y en el Olimpo todos caen bajo el síndrome Laurence Olivier del filme original, actuando en piloto automático y pasando a buscar inmediatamente su cheque.

    Furia de Titanes 2010 es un buen espectáculo. Es movido, es correcto, es ameno. Las escenas de acción del filme de 1981 siguen presentes aquí, mejor coreografiadas y más pulidas en lo técnico; pero los cambios conceptuales en la trama no cierran, porque son transplantes de otras historias de fantasía. Pero si uno no le presta atención a esos detalles, se encontrará con un show más que adecuado para pasar el rato.
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  • La isla siniestra
    Martin Scorsese: qué director. Si uno considera a la década del 70 como los años que revolucionarían el lenguaje cinematográfico norteamericano, Scorsese es uno de los pocos pilares de aquel movimiento que aún mantiene el talento intacto. En el camino se desplomaron unos cuantos - George Lucas, Francis Ford Coppola - que no son ahora ni la sombra de lo que fueron en su momento. Pero Scorsese sigue manteniendo el mismo nervio, e incluso ha diversificado su tradicional menú mafioso como para mostrar su versatilidad.

    En lo personal creo que Scorsese es un excelente director de policiales. No compro la idea de Scorsese haciendo dramas de época o sico-thrillers (como La Isla Siniestra). Lo suyo es la violencia, los mafiosos, y el crimen desde un punto de vista épico. El resto de sus filmes serán muy buenos o excelentes, no lo dudo, pero son géneros en donde Scorsese aparece como artista invitado. Es que en realidad no hay directores todo terreno (ni siquiera Stanley Kubrick); todos ellos se decantan por un género u otro en la mayor parte de su filmografía, y allí es donde consiguen sus mayores logros.

    En La Isla Siniestra Scorsese juega a montar algo al estilo de Hitchcock. Conspiraciones, trampas de la memoria, y otro inocente perseguido por los villanos de turno. El escenario de la isla llena de acantilados en donde reside la clínica siquiátrica es muy hitchcockiano. A ello se suma la paranoia de las revelaciones que va recibiendo el protagonista, que termina por no confiar en nadie. Y la necesidad de escapar de un lugar imposible.

    El gran problema de La Isla Siniestra es la falta de sutileza en el manejo del relato. Cuando llegan las revelaciones finales, uno las ha adivinado desde 130 minutos antes (y eso que el filme dura 138 minutos, algunos de ellos demasiado largos). Parte de la culpa es del guión y otra parte reside en la dirección de Scorsese. Uno no puede negar que los flashbacks del protagonista tienen estilo, pero a su vez están tan recargados de intenciones que no logran esconder las sorpresas del relato (y, a su vez, hay demasiados flashbacks). Cuando Scorsese decide develar la mano, el espectador ya ha adivinado el 90% de sus cartas y a lo sumo se le escaparon unos detalles menores. En Identidad o El Maquinista (sin mencionar Sexto Sentido) el manejo entre realidad / alucinación y la gran revelación final estaban mucho mejor manipulados. En esos casos el espectador se sorprendía con la última vuelta de tuerca, pero en La Isla Siniestra definitivamente no lo hace.

    Eso no quita de que la travesía esté bien construída. Las perfomances son muy buenas, aunque DiCaprio ya esté un poco sacado de más desde el vamos y empiece a dar pistas sobre qué va el filme. Es un thriller serie B bien hecho, pero falla en los dos puntos fundamentales: la gran revelación final y el mantener a la audiencia sobre el filo, indecisa de si lo que ve es alucinación, realidad, locura, o efectos de las drogas que le dan al protagonista. Scorsese revela las cartas desde temprano, y sólo termina por plasmar un thriller prolijo y correcto.
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  • Alicia en el país de las maravillas
    Hace rato que Tim Burton no me impresiona, y Alicia en el País de las Maravillas representa otra oportunidad de confirmar dicho punto. Es cierto que Burton ha caído bajo las garras de la Disney, y el imperio del ratón jamás se arriesga a hacer cosas demasiado oscuras. Aquí hay un Burton sanitizado y light que no alcanza a inyectar todo el morbo que quisiera al relato; pero también es cierto que lo que aparece en pantalla no termina de impactar como debiera. Una orgía de excesos y efectos especiales sepultan algo que debería haber sido más oscuro, retorcido e íntimo.

    Confieso que nunca leí Alicia en el País de las Maravillas, ni vi ni una sola de sus adaptaciones, a no ser de a ratos y siempre me pareció una historia excesivamente retorcida. Este no es un cuento para niños sino una fantasía drogona versión siglo XIX al estilo de Hunter S. Thompson. En el anárquico y delirante mundo de Lewis Carroll hay criaturas de todo tipo y color, y todas ellas hablan y hablan, y siempre con galimatías. Es posible que Carroll haya creado dicho universo inspirado en pasajes del tradicional cuento de La Bella y la Bestia - que data de 1740, un siglo antes de la aparición de Alicia en el Pais en las Maravillas, y en donde habían objetos encantados que hablaban -, y haya decidido adaptarlo a sus fines literarios. Pero también es cierto que el retorcido mundo del país de las maravillas no es más que una versión alegórica de la vida del propio Carroll. El autor era un ferviente católico, un brillante matemático y, según los escribas malintencionados de siempre, un pedófilo camuflado que vivió enamorado de la hija de uno de sus amigos, de tan sólo once años de edad (la Alicia del título). Esos tres aspectos se encuentran reflejados en el relato, con alusiones religiosas y matemáticas, y convirtiendo a la Alicia de la vida real en la heroína de la historia.

    Aunque a uno le resulte chocante el texto, no puede dejar de reconocer la riqueza de la historia de Lewis Carroll. Bah, uno asume que si alguien se ha tomado la molestia de elaborar algo tan complejo y retorcido es porque tenía algo que decir y, como suele suceder con el arte en su sentido estricto de la palabra, el texto ha servido como un lienzo en donde la gente ha interpretado lo que se le ha dado la gana. En ese sentido Alicia en el País de las Maravillas funciona tal como una obra de Dali, en donde unos descubrirán temas religiosos, otros hallarán ángulos freudianos, y unos pocos lo considerarán como un viaje alucinógeno sin necesidad de tomar LSD. Lo que en principio parece un mamarracho literario (o el fruto de una mente perturbada) termina revelándose como algo mucho más complejo y atrapante a medida que uno profundiza en él.

    Y, por supuesto, todas esas posibles sublecturas se han ido al tacho en la versión Burtoniana de Alicia en el Pais de las Maravillas. Uno percibe un tufillo raro cuando vemos que la niña del título es ahora una adolescente liberada y demasiado moderna para el siglo XIX en donde se desarrolla el relato. Toda la secuencia previa es molesta, llena de elementos subrayados con rojo flúo como para que a uno no le queden dudas de dónde vienen los personajes que crea mentalmente Alicia en sus pesadillas. Y, cuando la muchacha llega al país de las maravillas, llega la catarata de excesos. Todos gritan, hay demasiados FX, hay demasiada gente rara... y no hay ni una pausa. ¿Dónde está la magia? ¿Dónde está el descubrimiento gradual, sutil de un mundo tan anárquico y rico?.
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    No sólo el filme tiene la sutileza de un boxeador, sino que las perfomances son dispares y, algunas de ellas, molestas. No es un problema de los actores - que son capaces - sino de la dirección de Burton, que ha transformado a sus personajes en caricaturas sin gracia. Por ejemplo, Johnny Deep parece un asesino en serie, con momentos amenazadores y raptos de locura. Ni siquiera Deep logra poner algo de chispa o protagonismo al rol, y el mismo papel hubiera quedado mejor en manos de, por ejemplo, Elijah Wood (el que ni siquiera hubiera precisado maquillaje). Lo de Deep imitando a Wood me hace acordar al casting de Beowulf, en donde contrataron a Ray Winstone para que imite a Sean Bean (¿no hubiera sido mejor contratar directamente a ése actor?). Mia Wasikowska (que apareció en Rogue, el Territorio de la Bestia) es una teenager siglo XXI vestida con ropas de época. Crispin Glover hace su mejor imitación de Viggo "Aragorn" Mortensen y casi le sale. Anne Hathaway interpreta a la Reina Blanca como si hubiera ingerido una sobredosis de Valium. Los únicos que se destacan son la oruga sabihonda de Alan Rickmann y la Reina Roja de Helena Bonham Carter, la cual parece pasarla bomba y por lejos tiene las mejores líneas de diálogo de todo el guión. El problema es que, después de la decimoquinta vez que grita "córtenle la cabeza", uno empieza a cansarse.

    Hay problemas de interpretación y hay problemas de clima. Todo va muy rápido y, para colmo, cae en el consabido esquema de las profecías en donde el elegido de turno viene a restaurar el balance del universo en cuestión, un detalle que podría apostar que no figuraba en el relato original. Entonces todo esto termina con un climax muy al estilo de Las Crónicas de Narnia, con Alicia enfundada en armadura y peleando a espada desnuda contra un dragón. Y estoy seguro que Lewis Carroll se revolvería en su tumba al ver las modificaciones que le han hecho a su obra.

    Es posible que, con un criterio pasatista, Alicia en el Pais de las Maravillas sea potable. Para mí está sobreactuada en todo sentido, y está demasiado sanitizada by Disney. Si Burton hubiera dirigido una versión propia con capitales independientes, el resultado podría haber sido muy distinto y oscuro... y ésa hubiera sido una versión de este clásico que me hubiera gustado ver.
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  • El imaginario mundo del Doctor Parnassus
    El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus es el último filme del excéntrico Terry Gilliam. Gilliam comenzó formando parte de la mítica troupe cómica británica Monty Python, pero con los años decidió independizarse. Si bien había llamado la atención con Los Bandidos del Tiempo en 1981, no sería sino hasta el estreno de Brazil (1985) - una reimaginación Gilliamniana del 1984 de George Orwell - que obtendría reconocimiento internacional.

    En general los filmes de Gilliam distan mucho de ser éxitos comerciales y entran dentro de la categoría de cine arte, con la diferencia que suele utilizar astronómicos presupuestos. Si bien es un tipo de creatividad ilimitada, también es un artista que termina sucumbiendo a su propio ego, generando costosos delirios con presupuestos gigantescos y fuera de control. El caso de Gilliam es el típico ejemplo del sindrome del director con control total sobre su obra, lo que termina generando enormes dolores de cabeza a quienes financian sus filmes. En sí, el control maniático de Gilliam no difiere mucho del que hacían Kubrick o Welles, con la diferencia de que el británico suele revolver cielo y tierra, y siempre termina encontrando sufridos productores que lo respalden. El otro gran problema con Gilliam es que es un artista con una impresionante mala suerte, la cual se ha contagiado a más de un proyecto que ha empezado y ha terminado dilatado durante años o directamente terminó en el basurero. Caprichos del director, productores en bancarrota, retrasos de producción que se hacen eternos ... y la muerte de alguno de sus protagonistas. En el caso de El Imaginario del Doctor Parnassus, la yeta de Gilliam volvió a demostrar de que lo seguirá acompañando hasta el final de sus días; en mitad del rodaje ocurrió la muerte de Heath Ledger por una sobredosis accidental de somníferos, y todo pareció indicar que el proyecto estaba condenado - tal como le ocurrió en el 2000 con El Hombre que Mató a Don Quijote, cuya filmación quedó inconclusa -. A esto se sumaría la muerte de uno de los productores e incluso un severo accidente automovilístico que sufrió el propio Gilliam tras el rodaje (si esa no es mala suerte...). Perjurando de su propio destino, Gilliam se puso las pilas y se dispuso a concluir el filme a como fuera lugar. Utilizando el recurso del espejo mágico que figura en el libreto, pudo convocar a tres amigos de Ledger - Jude Law, Colin Farrell y Johnny Deep - y los puso a reemplazar al actor en su papel, a la vez que realizaba profundos retoques en el guión. Pero aún con todo el esfuerzo puesto por el director y los actores, El Imaginario del Doctor Parnassus no termina de cerrar. Ciertamente no debe ser la visión original que Gilliam reservaba para el filme, pero la historia da la impresión de no tener un propósito definido más allá de ser un collage de los excesos visuales que le encantan al director. Si había algún tipo de mensaje, quedó sepultado en el cuarto de edición y con la muerte de Ledger.

    Los filmes de Gilliam suelen ser el equivalente visual de un George Melies intoxicado con drogas pesadas. Toda la estética barroca de la película no difiere demasiado de otro filme de Gilliam - Las Aventuras del Baron Munchausen - y que a su vez pareciera inspirarse en la estética de Melies, al estilo de Un Viaje a la Luna (1902). Disfraces recargados de orfebrería, decorados de cartón pintado, paisajes alucinantes pintados a mano. Aquí hay un inmortal que viaja con su troupe de actores - su familia artística - con un espectáculo barato de feria. Parnassus se pone en trance e invita a los espectadores a cruzar el espejo mágico, en donde materializan sus fantasías en el imaginario del buen doctor. El filme jamás explica cómo Parnassus obtuvo semejantes poderes - uno deduce que le debe haber ganado otra apuesta al diablo -, ni cual es el sentido de poseer semejante habilidad. Durante la mayor parte del tiempo uno piensa en que Parnassus termina siendo un esbirro de Mr. Nick, ya que de una forma u otra termina recolectando almas para el diablo.

    Uno podría pensar que la dimensión fantástica a la que pasan las victimas de turno terminaría siendo una especie de purgatorio en donde las personas son castigadas con sus propios vicios. Pero Gilliam tampoco pone el empeño por allí, mas allá de disparar fabulosos efectos visuales. Tampoco la película se centra en Tony, el recién llegado, ya que termina siendo el pato de la boda en otra carrera de apuestas entre Parnassus y el diablo. En un momento uno piensa que Tony va a terminar siendo el sucesor del ilusionista, y que Parnassus va a culminar pagando con su alma por la relación con el diablo - lo que quizás haya sido la intención original de Gilliam -. Pero el rearmado del proyecto tras la muerte de Ledger le termina de sacar filo al personaje, transformándolo en un accidente del relato. Es un caracter que parece honesto y después termina por demostrarse que no lo es, y en el fondo todo eso termina por desvirtuar al filme.

    Como interpretación postuma de Heath Ledger, no es memorable. Ledger termina siendo molesto en unas cuantas escenas, como si siguiera sintonizando al Joker de Batman, el Caballero de la Noche. Jude Law y Colin Farrell son flacos reemplazos, y quizás el filme se hubiera visto mucho más favorecido si Johnny Deep hubiera tomado el papel desde el vamos, ya que le da un toque de ingenuidad y cierta manía al rol que era lo que precisaba. Christopher Plummer y Tom Waits se deleitan con sus papeles, y el resto de los secundarios está más que ok, pero el libreto no es consistente. Siempre uno debe considerar que esto es un emparche de último momento, pero da la impresión de que lo más importante se quedó en el tintero.

    Tal como está, El Imaginario del Doctor Parnassus termina siendo una alegoría autobiográfica del propio Gilliam. Un veterano showman circense, creador de fantasías delirantes, que siente que ha debido pactar con el diablo para materializar sus obras y que ahora se encuentra pasado de moda. Pero, lamentablemente, no hay mucho más allá de eso. El destino amputó el potencial de la obra, y lo que vemos en pantalla es un pálido reflejo de la visión original del director.
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  • Los hombres que no amaban a las mujeres
    La vida tiene amargas ironías y la saga Millennium fue una de ellas. Esta es una trilogía de thrillers escritos por un periodista sueco, Stieg Larsson, los cuales se convirtieron en un fenómeno de ventas a nivel mundial a partir de la publicación del primer libro en el 2005. El chiste es que Larsson había fallecido en el 2004 y no alcanzó a ver el enorme fenómeno que había generado con sus obras. Editadas post mortem, las mismas han sido llevadas al cine y Los Hombres que no Amaban a las Mujeres es el primer título que aquí comentamos.

    En sí, la saga Millennium está plagada de detalles autobiográficos del mismo Larsson. El héroe es otro periodista de investigación como era él, trabajando en una revista fundada por él - la Millennium del título en el libro, Expo en la vida real -, y un individuo apasionado por una variedad de temas que le eran muy cercanos, que van desde el abuso de menores hasta el colaboracionismo de los locales con el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Las tres obras funcionan en esa misma vena.

    En sí, Los Hombres que no Amaban las Mujeres es un thriller competente. La dirección de Niels Arden Oplov tiene el aplomo propio de un veterano, y el elenco es más que solvente. Pero lo que mas sorprende es el cuidado por la puesta en escena, que se maneja con un equilibrio excepcional. El relato está plagado de momentos fuertes - hay violaciones, mutilaciones y mucha violencia - pero la dirección nunca se regodea con lo repulsivo o cae en los límites de lo intolerable como podría haberlo hecho, por ejemplo, un giallo. Acá lo que importa es la historia y los detalles fuertes son mostrados sin extenderse en ellos.

    Ciertamente Los Hombres que no Amaban las Mujeres tiene mucho de policial negro. El héroe no es un detective privado, pero termina investigando el pasado turbio de una familia adinerada, descubriendo que todos están salpicados de corrupción. La intriga es buena, y la misma avanza sobre una serie de puzzles / enigmas que dejó la chica desaparecida, lo cual es un recurso que suena excesivamente artificial - yo no conozco a demasiadas chicas de 16 años que hubieran llevado a cabo su propia investigación sobre una serie de asesinatos y hubieran encriptado sus descubrimientos de manera indescifrable -. El otro punto que desluce la trama es el climax, que si bien sorprende, al verlo en perspectiva con el resto de la historia suena poco creíble.
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    Pero el punto fuerte del filme no es la intriga en sí, sino el background de los personajes principales, en especial la chica dark que acompaña al protagonista y que termina por robarle toda la película luego de un par de escenas. Lisbeth es oscura, andrógina, brillante, violenta y con un pasado estremecedor - que incluye violencia familiar y abuso sexual -. La película le dedica la primera hora a desarrollar la historia de fondo de los protagonistas y, en el caso de Lisbeth, resulta dolorosamente fascinante - en un momento, ella comienza a ser abusada por su oficial de control y rápidamente comienza a elaborar un plan de venganza que uno termina aplaudiendo -. Es un personaje de múltiples facetas y uno siempre descubre algo nuevo cuando ella aparece en el escenario. Es un alma atormentada que parece haber encontrado en Mikael a un hombre bueno y honesto, aunque su desconfianza le impide entregarse plenamente a él.

    En realidad toda la historia de Los Hombres que no Amaban las Mujeres trata sobre poder y misoginia. Es una cadena de abuso marcada por la testosterona. El industrial corrupto que usa su poder para doblegar (y callar) al periodista decente. El oficial de control que usa su poder para someter a la chica a su cargo. Los criminales nazis que usaron su poder para corromper adolescentes y destrozarlos. Cualquiera de las tramas del filme siempre termina en uno de estos modelos, mostrando la relación entre abusadores y abusados; quienes se someten sin chistar, quienes carecen de herramientas para enfrentarlos, y quienes se plantan frente a sus opresores. Hay una obsesión de Larsson con el tema del poder, como si dijera que resulta imposible que alguien con un poco de poder no se descarrile y comience a explotarlo en beneficio propio.

    Los Hombres que no Amaban las Mujeres es un filme muy sólido. El final no me resulta tan satisfactorio, me suena muy artificial, pero el resto de la película tiene tantos méritos que uno termina por perdonárselo. A mi juicio es una gran versión y me suena innecesaria la remake agendada para finales del 2011, con Daniel Craig como protagonista.
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  • Desde mi cielo
    Después de los éxitos de la trilogía de El Señor de los Anillos, la remake de King Kong y la producción de Distrito 9, Desde Mi Cielo es el primer paso en falso de Peter Jackson. De ninguna manera implica que su talento se haya drenado, pero sin dudas es el equivalente al 1941 de Steven Spielberg - material mal manejado y director incorrecto para el mismo -. Aquí Jackson intenta regresar a los mismos terrenos de Criaturas Celestiales, pero comete una serie de pifias gruesas con el tono. El resultado es como un collage de buenas escenas, pero que no quedan bien juntas y que parecen pertenecer a distintas películas.

    The Lovely Bones (Los Adorables Huesos) está basada en la novela homónima de Alice Sebold. No conozco la obra de Sebold más que por referencias, pero su temática parece siempre girar alrededor de muerte y violación, lo que en su caso es un tema personal ya que la autora fue atacada sexualmente cuando era joven. Obviamente la experiencia le abrió una imprevista corriente inspirativa, lo cual puede catalogarse de explotación comercial de su propia tragedia, visión filosófica de su pasado o terapia literaria, según como se la quiera interpretar. Los especialistas de turno han considerado que la novela era imposible de adaptar al cine, pero el estudio Dreamworks adquirió los derechos y se los ofreció a Jackson, el que se encontraba detrás del proyecto desde hacía años.

    Pero en el fondo Desde Mi Cielo no deja de ser un melodrama típico. Se crea a una protagonista adorable - la excelente Saoirse Ronan, que reboza belleza y carisma, y con seguridad tendrá un gran futuro por delante -, se la destruye de la peor manera posible, y después viene el drama lacrimógeno de turno. Durante el primer tercio Desde Mi Cielo sigue fielmente los pasos del melodrama y, cuando llega el momento de la vejación, simplemente la omite, saltando directamente a la parte onírica. Susie Salmon es violada y asesinada (asumimos por lo que sugiere la policía), y despierta en un mundo que es una mezcla de la Tierra Media con Mas Allá de los Sueños. Un limbo en donde puede materializar lo que desee. Y es allí donde el filme se clava de punta.

    El tema es que The Lovely Bones no precisaba un mundo de fantasía y CGI. Es algo que se podía haber omitido olímpicamente, dejando a la voz en off de Susie Salmon y centrándonos en el drama - lo que hubiera sido más elegante y conciso -. Desde el momento que Susie corre carreras de trineo en fantásticos paisajes nevados, la historia pierde foco. Los pensamientos de Susie no son muy interesantes, la historia se desvía hacia el resto de la familia - llena de personajes a medio terminar hasta ese punto -, y el relato se dispara en intentar completarlos de apuro. Y a la audiencia lo que le interesa es cobrarse revancha de Stanley Tucci. Allí figura el problema central de todo el filme: Jackson se decanta por un melodrama con toques fantásticos, mientras que la platea exige un caso de justicia sobrenatural al estilo Ghost, la Sombra del Amor - con Susie vengándose del pedófilo o dándole pistas a los vivos sobre la identidad de su asesino -. Y yo creo que, más que un defecto de Jackson en ese punto, hay que atribuirle la falta al libro original, que intenta manejar una situación horrible dandole un tono poético ridículo y chocante: si la chica hubiera muerto en un accidente de auto, no habria problemas en que fuera un fantasma romántico; pero si fue violada y asesinada, lo que se precisa es venganza o justicia. La prueba está en el lamentable final, que es completamente insatisfactorio. Hasta ese entonces, The Lovely Bones era tolerable con sus defectos... pero la suerte de Stanley Tucci es tan arbitraria que termina siendo absurda y termina por hundir al filme.

    Eso no quita de que haya momentos inspirados como las secuencias fantásticas en el limbo - aunque no deberían estar -. La perfomance de Stanley Tucci es muy buena... con el grave problema de que le pusieron un maquillaje ridículo que no era necesario, con lo cual lo transformaron en una especie de caricatura de lo que debe ser un pedófilo - jopo, anteojos, dientes postizos, bigotes -. La abuela de Susan Sarandon está completamente fuera de lugar. Saoirse Ronan es deliciosa en pantalla, pero desaparece en la segunda mitad del relato. Mark Wahlberg y Rachel Weisz son bastante anónimos en sus papeles, pero por falta de tiempo y desarrollo. Y en general toda la sensación que deja el filme es la de insatisfacción: no emociona, no deja reflexiones profundas, no cumple con la justicia divina que exigía el relato, no cierra la historia sobre el resto de la familia Salmon. Simplemente Desde Mi Cielo es un mix de criterios diferentes sobre una misma historia, de los cuales no cuaja ni termina por sobresalir ninguno de ellos.
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  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Este debe ser el enésima aspirante a una franquicia a lo Harry Potter. Al menos Percy Jackson y el Ladrón del Rayo se da el lujo de tener al mando a Chris Columbus, quien iniciara la saga del mago adolescente. No es que Columbus sea el mejor director del mundo, pero al menos tiene un mínimo sentido del entretenimiento que los responsables de otros engendros (La Brujula Dorada, Cirque Du Freak: El Aprendiz del Vampiro, etc) carecen. En sí, la ejecución de Percy Jackson y el Ladrón del Rayo roza lo ridículo varias veces y la sombra de la falta de originalidad oscurece sus intenciones; pero, mientras dura, es lo bastante divertida como para resultar perdonable.

    Percy Jackson y el Ladrón del Rayo es la adaptación del primero de una saga de cinco libros (hasta ahora), escritos por el norteamericano Rick Riordan a partir del 2005. Con el éxito de las sagas de fantasía orientadas a un público infantil / adolescente, las novelas de Percy Jackson obtuvieron gran repercusión y pronto Hollywood se encaminó a adquirir y adaptar la franquicia. Lo cierto es que el filme tuvo una tibia repercusión en USA, aunque le fue muy bien en el resto del mundo. Falta ver si esa recaudación es suficiente como para potenciar una secuela, algo que viene resultando excepcional en el género de la fantasía en los últimos años con excepción de Harry Potter y Las Crónicas de Narnia.

    Acá hay un chico que resulta ser un semi dios - el hijo entre un dios griego y una humana -, y que termina involucrado en una interna mitológica que amenaza con arrasar al planeta. El problema es que Percy Jackson y el Ladrón del Rayo vive a la sombra de los filmes de Harry Potter, ya que prácticamente se alimenta de manera parasitaria de la estructura de las aventuras del niño mago, trasladándola al mundo de la mitología griega. Aquí hay otro niño nacido para salvar el mundo, que vive con sus parientes abusivos; hay un descubrimiento sorpresivo de su destino de grandeza; hay innumerables amenazas sobrenaturales; está acompañado en sus aventuras por una chica y un chico (bah, un sátiro) como Hermione y Ron; hay otro guardia / mentor tal como el gigante Rubeus (por momentos el centauro de Pierce Brosnan se ve idéntico); posee poderes especiales y puede salir ileso de los más imposibles desafíos. Como se puede ver, son demasiadas coincidencias.

    Otro gran problema de la película es que la historia transcurre en el mundo actual y, para peor, en tierras norteamericanas. Al menos la trama podría haber tenido la decencia de mudarse a Europa, que es la geografía original de estas leyendas. Pero poner a los dioses griegos viviendo en lo alto del Empire State o dejando artefactos mágicos en medio de un casino de Las Vegas le da un irremediable tufillo mediocre. Es propio de un norteamericano que nunca ha salido de su país y que piensa que su patria es el centro del mundo.

    Al menos Percy Jackson y el Ladrón del Rayo no se toma muy en serio a sí mismo, y las escenas de acción están filmadas con nervio. Pero todo esto le suena a uno como un reciclado de segunda mano de ideas provenientes de mejores obras. El combate entre Percy y Medusa es un robo total de Lucha de Titanes, sólo que con mejores efectos especiales. El otro punto es que la historia se empeña en transcurrir en la actualidad, cuando al menos los filmes de Harry Potter se desarrollan en un mundo paralelo y fantástico en donde la magia resulta creíble. Pero ver a los dioses peleando en el falso partenón de Nashville o en las colinas de Hollywood suena patético.

    Ciertamente el filme resulta digerible hasta que el trío principal llega a Las Vegas, en donde la historia se clava de punta y no se recupera. Hasta ese entonces todo venía bien con un tono medianamente cómico, pero después empieza a tomarse muy en serio a sí mismo y comienza a hundirse. El final está ok, sin ser demasiado excitante.

    Percy Jackson y el Ladrón del Rayo es entretenida mientras dura, pero al mismo tiempo uno se da cuenta de que esto es material mediocre escrito por un escritor mediocre que piensa que el mundo comienza y termina en los Estados Unidos. No hay nada malo con el casting ni con la dirección; la falta debe atribuirsele a la fuente literaria, que precisamente carece de originalidad y frescura.
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  • El Hombre Lobo
    Voto a Dios y a los productores de Hollywood para que prohiban participar (de por vida) a Anthony Hopkins de otra remake de un monstruo clásico de la Universal. Hopkins se dió maña para arruinar la versión de Francis Ford Coppola de Dracula (1992), inundándola con una sobreactuación salvaje. Y si bien en esta remake 2010 de El Hombre Lobo el actor está mucho más restringido, el personaje que le toca en suerte es un engendro creado por este libreto y que no tiene nada que ver con el original. Pero sería injusto recargar las tintas sobre el actor; a todo el mundo le corresponde una cuota del fracaso de The Wolfman 2010, fallando miserablemente en conseguir algo memorable.

    El Hombre Lobo es un monstruo clásico del panteón del horror de los estudios Universal, conjuntamente con Frankenstein, Dracula, La Momia y El Monstruo de la Laguna Negra, y todos creados entre 1930 y 1950. Con la excepción de Gill Man, todos ellos recibieron sus remakes en sus respectivos momentos; y con la salvedad de Drácula, ninguna de ellas ha hecho algo que valga la pena con los mitos que honran. Una vuelta de tuerca seria e intensa, que permitiera ver a la historia desde un punto de vista completamente nuevo.

    Confieso no haber visto nunca el original de 1941 de El Hombre Lobo. Sé que no es una gran película y que su mayor contribución fue sentar toda la mitología moderna sobre los hombres lobo - el inocente condenado por una maldición; las balas de plata, etc -. La falta de visión del filme original de George Waggner me da cierta libertad de prejuicios respecto de la visión de la remake. Pero lo que uno sí entiende es que esta película trata sobre "el" hombre lobo. Vampiros hay muchos, pero sólo hay un Dracula; y lobizones habrá a centenares en la filmografía universal, pero Lawrence Talbot hay uno solo.

    Pero uno se da cuenta de que el filme tuvo problemas enormes y no cumplió con las expectativas cuando investiga el backstage de la producción. Hace dos años que rodaron el filme y permaneció en el limbo hasta su estreno en el 2010. Pasaron dos directores como Mark Romanek y Brett Ratner hasta que la silla del director la ocupó Joe Johnston - Jumanji -. La partitura original de Danny Elfman fue tirada a la basura, trajeron al músico Paul Haslinger, lo echaron, y recuperaron el soundtrack de Elfman, sólo que le hicieron numerosos arreglos. El cambio del tono de la banda sonora motivó cambios en la edición del filme y el rodaje de nuevas escenas. A esto se suma que el maquillador Rick Baker se ofreció de manera entusiasta a crear al hombre lobo, ya que el filme de 1941 inspiró su carrera; pero en el corte final optaron por utilizar CGI para las secuencias de transformaciones, lo que arruinó el esfuerzo de Baker. Y tampoco es que el maquillaje de este artista (para esta versión) fuera algo que uno podría calificar como excepcional.

    Lo que yo entiendo de los lobizones es que se tratan de tragedias con ribetes sobrenaturales. Es un inocente condenado a transformarse en un asesino cuando sale la luna llena, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Es una mutación de la historia clásica de Jekyll y Hyde, pero mucho más dramática, ya que el protagonista ligó la maldición completamente de arriba y de manera involuntaria. Y, en el cine moderno, la única película que pudo reflejar esa suerte trágica fue El Hombre Lobo Americano en Londres. El tema es que el filme de John Landis data de 1981, con lo cual en treinta años no han hecho nada potable con el mito. Y aún siendo de 1981, El Hombre Lobo Americano en Londres tiene mejores efectos especiales (y más creíbles) que esta versión hecha en pleno siglo XXI.

    Pero el problema más grande del filme es que no se contenta con un solo hombre lobo - como el original - sino que pone dos. Sí, Anthony Hopkins es el otro pero esto no es un spoiler ya que desde el primer fotograma vemos que el actor inglés no está haciendo de Blancanieves sino que destila maldad por todos sus poros. En el medio el filme sigue de manera respetuosa al original, aunque Benicio del Toro (fan de la película de 1941) no hace nada destacable con su personaje. Hopkins tampoco, y eso es decepcionante para dos intérpretes oscarizados de semejante altura. El Lawrence Talbot de del Toro es bastante anónimo y no despierta la simpatía del público. Es una perfomance ok pero no una destacable.

    Pero cuando aparecen los efectos especiales, el filme comienza a clavarse de nariz. El maquillaje de Rick Baker homenajea al del original, pero a su vez no se ve bien - o será que los colores afectan a la credibilidad de la criatura frente a cámaras-; y los CGI son horribles. La pelea final es tan exagerada y patética que me hace acordar al clímax de Van Helsing (2004). La persecución por los tejados a mitad de la película carece de originalidad - parece tomada de la citada Van Helsing o de La Liga Extraordinaria -. Y todo en el filme se ve correcto pero chato - a excepción del desastre de los gráficos por computadora -, y totalmente insuficiente para homenajear a la historia de "el" hombre lobo como corresponde.

    Aquí calificamos de acuerdo a las expectativas; y para los fans del horror, El Hombre Lobo 2010 resulta decepcionante. Es un filme standard al que le queda muy grande el prestigioso traje que pretende ponerse. Inserta con calzador la presencia de un villano que la historia no precisaba, con la excusa de generar un grand finale que no satisface a nadie. Todo es chato y fácilmente olvidable, demasiado lineal y carente del sentido de la tragedia que siempre caracterizó a la historia.
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  • Vivir al límite
    Si hay un premio sobrevalorado, poco confiable y carente de la más mínima objetividad, ése es el Oscar. Son innumerables las obras maestras que fueron ignoradas olímpicamente por la Academia, como Citizen Kane o 2001, Odisea del Espacio. Premió a filmes apenas correctos que se perdieron en la memoria del tiempo; colocó galardones según el color político de las épocas que corrían, y manejó una especie de justicia digitada según los valores propios del marketing. Si al menos Hollywood premiaba en los 40, 50 y 60 al espectáculo de calidad, en los últimos años se ha convertido en un show de lo que pretenden creer que es lo políticamente correcto. Con escasas excepciones, la mayoría de los títulos ganadores de las últimas décadas no han hecho nada memorable que los pusiera a la estatura de, p.ej., un El Padrino, un Casablanca, o siquiera un Annie Hall. Y The Hurt Locker (que se podría traducir por "el cerrador de heridas", una expresión que nació en los primeros escuadrones antibombas durante la Guerra de Vietnam) es el último nombre que se agrega a esa lista de filmes sobrevalorados.

    Entiéndanme: The Hurt Locker es un muy buen filme, pero no un digno ganador del Oscar. Tampoco creo que el otro gran contendiente - Avatar de James Cameron - tuviera que ganarlo, ya que es un reciclado sci fi de Danza con Lobos, pero al menos Avatar tiene más momentos memorables y es más redonda en ideas que el filme de Katrhyn Bigelow. Acá se trata de una dramatización de lo que Mark Boal vivió como corresponsal de guerra durante la ocupación de Irak, a lo cual el mismo autor le sumó bastante ficción. El problema es que The Hurt Locker no termina de analizar en profundidad ninguno de los temas que sirve en bandeja - ni al desquiciado sargento James, ni a la guerra, ni a los responsables de los atentados -, y pone su mayor empeño en ser visceral y transmitir los horrores de la guerra... lo que termina por conseguir a medias.

    En realidad ésta es simplemente la historia de un loco enamorado de la guerra. William James es la versión contemporánea del sargento Kilgore de Apocalipsis Now, sólo que adora el olor del Napalm a la mañana, a la tarde y a la noche. Uno no sabe si es un inconsciente, un valiente, un genio que se abstrae de lo que le rodea con tal de cumplir su trabajo, o simplemente es un sicópata en uniforme militar. Es eminentemente pragmático, visiblemente maniático, y constantemente impulsivo. No sigue las reglas, y es capaz de trabajar desnudo o meterse en la boca del lobo con tal de desactivar bombas.

    Pero The Hurt Locker tampoco analiza demasiado a su personaje principal. La perfomance de Jeremy Renner es muy buena (parece el hermano menor de Daniel Craig), pero el libreto tampoco explora demasiado al rol como para que el actor le pueda sacar provecho. El filme termina, vienen los créditos finales, y el 99% de la audiencia se queda sin entender la esencia del impulsivo sargento del escuadrón antibombas.

    En cuanto a la guerra, el filme muestra las secuelas, pero tampoco hace preguntas. Irak es un mundo sin reglas, en donde la muerte flota a cada instante en el ambiente; pero la película no toma ningún tipo de partido en lo político, lo cual es sorprendente. Los iraquíes rebeldes son los enemigos; pero nadie se pregunta por qué son enemigos y hacen lo que hacen - ¿no será que no quieren que nadie los invada y los ocupe? - . En ese sentido es tan aséptica que resulta aborrecible - al no emitir juicios de valor, su silencio termina por otorgar -.

    A The Hurt Locker le faltaban más personajes (que representaran puntos de vista sobre la guerra y la ocupación) y un tono más discursivo. Así como está, sólo representa la tensión y la paranoia en medio de la guerra, generando buenas escenas de suspenso pero omitiendo tomar posturas o dar y/o ampliar explicaciones vitales que el relato precisaba.
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  • Tierra de zombies
    El último éxito de la taquilla norteamericana es Zombieland, una comedia de terror con zombies al estilo de Shaun of the Dead. Aquí hay un equipo creativo que figuraba en ligas menores - secuelas de títulos de la Disney; otras secuelas de calidad cuestionable como Cruel Intentions 3; productores televisivos - que ha pegado el gran zarpazo. Si bien no tuvo una recaudación espectacular - éstas suelen ser de las fechas más flojas en las taquillas yanquis -, a todo el mundo le gustó la película. Y es que Zombieland, tal como Shaun of the Dead, tiene risas, sustos y sobre todo corazón.

    A alguien se le ha ocurrido decir (y con bastante inteligencia) de que el horror está dividido por clases sociales. Los vampiros suelen ser condes y, por lo tanto, de clase alta; los hombres lobo son de clase media; y los zombies vendría a ser el horror proletario. Son masivos, todos tienen las mismas características y son baratos de fabricar. Aunque hay momentos de gore y ataques multitudinarios de muertos vivientes, los zombies no son lo más importante en Zombieland. A la película no le interesa demasiado explicar las causas, o poner un evidente villano en el centro de escena. Los muertos vivos son más un paisaje de fondo que otra cosa. Como suele suceder con el género de los zombies - y por ello la popularidad del mismo -, semejante escenario da para generar subtextos. En realidad, siempre se sigue el modelo de George A. Romero - el padre de la criatura desde su clásico La Noche de los Muertos Vivos y sus interminables secuelas y remakes -, en donde los revividos son una especie de alegoría social. Aquí la historia pasa en realidad por un grupo de inadaptados sociales que terminan formando una familia sui generis - y los zombies vendría a ser el resto de la sociedad que los ataca o rechaza - . Vean sino los especímenes que han sobrevivido a la hecatombe: un adolescente fóbico y antisocial, un provinciano racista y violento, un dúo de estafadoras. No son precisamente lo mejorcito del mundo para intentar reconstruir la existencia de la raza humana.

    El tema es que semejantes personajes terminan resultan queribles, porque empiezan a mostrar un lado humano bastante tierno. La historia se centra en Columbus (Jesse Eisenberg), un nerd maniático y antisocial, que comienza a descubrir el mundo y a madurar cuando debe salir al exterior de su hermético departamento de estudiante. En el fondo, Zombieland no es más que una road movie en donde los personajes se redescubren a sí mismos. Ya sé que todo este análisis suena demasiado intelectual ya que estamos hablando de una comedia, pero allí precisamente es donde radica el plus que hace tan disfrutable al filme. No son personajes profundos ni demasiado tridimensionales, pero al menos son entendibles y creíbles, y uno se identifica con ellos.

    Y mientras se redescubren y empiezan a valorar el significado de la amistad, se les presentan situaciones disparatadas. Por momentos Zombieland parece sintonizar a Feast - en especial los cartelitos en pantalla con las reglas de supervivencia de Columbus -, y muchas veces la acción es propia de las caricaturas, como la secuencia de el asesino de zombies de la semana. Al momento de generar situaciones cómicas, lo hace con gracia y a veces con mucha gracia. Toda la secuencia en que el cuarteto llega a Los Angeles e irrumpe en la mansión de Bill Murray es desopilante. Será breve, pero por lejos es lo mejor del filme.

    Zombieland es una excelente comedia con zombies. Hay gore, pero no tanto. Los diálogos tienen su chispa, y los actores están espléndidos en sus excéntricos papeles. Entretiene de cabo a rabo, y encima ofrece un plus de cierta profundidad. Y eso ya es pedir demasiado para un filme de terror cómico.
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  • Astro Boy
    Astro Boy
    Arlequin
    El Poderoso Atomo era el nombre del manga que Osamu Tezuka comenzó a escribir en 1951 y que terminaría por transformarse en legendario - sentaría una enorme cantidad de reglas tanto en lo narrativo como en lo gráfico sobre las cuales se construiría toda la historia del comic y la animación japonesa hasta la actualidad -. El comic demostró ser enormemente popular, y disparó una serie animada de TV en 1963, que fue el primer anime moderno. Cuando la serie pasó a exhibirse en Occidente fue renombrada como Astro Boy, y sería el título como se la conoce internacionalmente. En los ochentas y en el nuevo milenio la serie de TV tendría varios revivals y nuevas versiones.

    Ahora llega esta coproducción entre Hong Kong y los Estados Unidos dirigida por Dave Bowers - quien proviene del riñon de los estudios Aardman y anteriormente había co-dirigido Flushed Away -. Respecto de la mitología de Astro Boy, los guionistas han hecho algunos cambios, disminuyendo el tono realmente amargo del origen del personaje. En realidad Astro Boy no deja de ser una versión robótica de Pinocho - muñeco con alma que se ha extraviado y termina vagando por un mundo realmente cruel -, con la diferencia de que, en el manga, el androide era despreciado por su propio creador y vendido a una especie de circo romano de robots dirigido por un individuo despiadado. Toda esa parte es realmente oscura y uno no deja de pensar en una versión de un Pinocho robótico escrita por Charles Dickens. Al final el chico de metal era rescatado por el Dr. Elefante, reintegrado a Metro City y convertido en una especie de super héroe de la ciudad flotante.

    Ciertamente los libretistas han seguido los puntos principales de la historia, pero el personaje del Dr. Tenma ha sido cambiado radicalmente. Si bien no acepta a Astro Boy, no se transforma en un villano; el Dr. Elefante (rebautizado aquí como Elefun) pasa a ser un secundario con buen corazón; y todo lo que ocurre pasa por una serie de casualidades más o menos afortunadas que llevan al chico a terminar en el circo romano de Hamegg. Ni siquiera éste es un tipo tan despreciable como lo pintaban las viñetas de Tezuka.

    Sin ser un fan de Astroboy, el filme es realmente excelente. No sólo la animación digital es impecable sino que los personajes son realmente expresivos. La interpretación vocal es formidable, en especial la de Freddie Highmore (Charlie y la Fábrica de Chocolate) que tiene una gran variedad de registros, y la de Donald Sutherland que la pasa bomba como el villano de turno. Su presidente Stone es claramente una sátira de George W. Bush - el tipo busca traidores en todos lados; quiere un robot militar para desatar una guerra y ganar las elecciones; y es un oportunista de aquellos -, y tiene las mejores líneas del filme. A la parva de idiotas conservadores que forman la crítica yanqui no les gustó la agenda política del filme y lo defenestraron, con lo cual Astroboy se hundió en la taquilla.

    Y es una verdadera lástima, ya que es una película genial. Ciertamente no es lo más original del mundo - las influencias de Pinocho y Dickens son obvias; e incluso la historia es demasiado similar a Inteligencia Artificial -, pero está excelentemente dirigida. Hay un montón de robots en papeles secundarios que tienen una gracia enorme, tanto por sus diálogos como por su diseño - hay un par de androides con forma de rociador y secador de vidrios respectivamente; un perro robot que va a buscar llaves inglesas como si fueran huesos; un gigante de aspecto brutal y buen corazón; un trío de robots revolucionarios terriblemente incompetentes; y la frutilla del postre es el miedoso y encorvado mayordomo androide que encarna Eugene Levy -. La historia es muy amena, y los detalles de fondo son realmente graciosos. Y cuando llega la acción - con la secuencia del circo romano o en el gran clímax -, Astro Boy realmente patea traseros. Al final, y a causa de la simpatía por los personajes, termina por ser emocionante.

    Astro Boy es una de esas joyitas que perecen en la taquilla injustamente. No traza ningún camino nuevo, pero cumple con creces su propósito, tiene humor y acción a raudales, y es un proyecto hecho con esmero. Ahora nosotros tenemos la oportunidad de hacerle los honores que realmente se merece.
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  • Vampiros del día
    Daybreakers viene de la mano de los hermanos Spierig, un dúo de australianos que había llamado la atención en el 2003 con el filme de zombies Undead. Después de un largo camino, los Spierig lograron llegar a Hollywood y se despacharon con esta reimaginación de los mitos vampíricos que hubiera hecho las delicias de Richard Matheson - el autor de Soy Leyenda -. El resultado final roza lo brillante, generando algo fresco, sólido y fascinante.

    No es la primera vez que alguien imagina un mundo poblado por vampiros... pero organizados de manera civilizada. Estuvo aquella idiotez de Ultravioleta, pero no cuenta como antecedente válido. Aquí los Spierig han hecho los deberes y han construído un mundo fascinante. Individuos que viven sólo de noche, toman café con sangre, tienen autos con vidrios polarizados y complejos sistemas de navegación para conducir de día, granjas en donde miles de humanos son mantenidos apenas con vida para ser drenados constantemente de su sangre, y una generación de mutantes que ha aparecido debido al consumo de otros tipos de sangre - incluso la de otros vampiros -, lo que provoca horribles cambios. Como los humanos se están extinguiendo - los de las granjas y aquellos que son cazados -, la raza vampírica se enfrenta a su hora final: si el hambre no los mata, lo harán los mutantes generados por su propia raza - es como si la sangre humana les hiciera conservar su humanidad -.

    Mientras pintan semejante universo, Daybreakers es apasionante. En cambio, cuando se trata de la historia en sí, el filme termina por ser un poco más genérico. Es el típico conflicto de intereses creados, con un tipo que descubre la verdad, gente que quiere silenciarlo y las persecuciones propias de este tipo de historias. Hay detalles innovadores propios del universo que los Spierig crearon - como una persecución de autos con ventanillas tapialadas, y los disparos en los vidrios que dejan pasar rayos de luz que van quemando al protagonista -, y a esto se suma una dosis abundante de gore. En particular la escena del testeo de la sangre artificial resulta tan gráfica que termina por dejar a la platea empapada en hemoglobina. Cuando los Spierig deben mostrar la ferocidad de los vampiros, no escatiman en carnicería.

    El otro punto flojo es el tema de la cura del vampirismo, que resulta siendo algo caprichoso. Es como si los chupasangre volvieran a ser humanos si toman dosis moderadas de sol, pero no es una explicación que suene muy lógica que digamos. Aún así, uno le termina por perdonar ese Deux Ex Machina al filme ya que hace méritos de sobra con el resto de la historia.

    Daybreakers es una reconceptualización fascinante del mito vampírico. Intelectualmente es sci fi sólida; como vehículo de acción es muy entretenido, y el ritmo es intenso y no decae nunca. Y como filme de horror, cumple con lo que promete. Definitivamente creo que es uno de los mejores filmes fantásticos del 2010 que comienza.
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  • Sherlock Holmes
    Sherlock Holmes es el personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle y cuya primera aparición literaria data de 1887, en la novela Un Estudio en Escarlata. El total de la obra de Doyle sobre Holmes abarca unas cuatro novelas y cincuenta y seis cuentos, los cuales terminarían trascendiendo el género policial hasta convertir al personaje en uno de los más influenciales de la literatura universal. No sólo en cuanto a personalidad y métodos deductivos sino también en el estilo narrativo, lo que terminaría por dar a luz al género policial moderno.

    Ciertamente no soy fanático del personaje. Debo admitir que se trata de una cuestión cultural personal, ya que mi contacto con la literatura se debe mayormente a las adaptaciones cinematográficas, las cuales son inferiores a la calidad de los textos en que se basan. Pero mi problema pasa por el genero victoriano, el cual fue explotado hasta más allá de los límites de lo tolerable con los estudios Hammer y sus filmes de terror. Cuando uno veía a Peter Cushing en levita, caminando por un Londres brumoso y recitando toneladas de diálogo rebuscado, terminaba por hacerle la cruz a cualquier película ambientada en el siglo XIX (o anterior). Las películas victorianas de la Hammer eran pesadas y lentas, y uno le tomó fobia a la época y al género.

    En sí, la versión 2009 de Sherlock Holmes no deja de ser bizarra. Si bien Guy Richie es inglés, lo suyo son las mafias urbanas londinenses y no el género victoriano. Robert Downey Jr es un gran actor, pero es americano. Hay toda una historia relacionada con logias y magias oscuras - si bien a Arthur Conan Doyle le fascinaban estos temas en la vida real - que no es el standard habitual del personaje (amén de que no se basa específicamente en ninguna historia concreta de Doyle, sino que se inspira en un comic que crearon los productores). Y hay un perfil de héroe de acción que resulta atípico para Holmes. Sin embargo, en semejante bolsa de gatos, los resultados son superiores a lo que uno podría esperar. No sólo produce un excelente aggiornamiento del personaje para las audiencias modernas, sino que también resulta coherente con su perfil. Este Holmes es un antisocial brillante, drogadicto y, por sobre todo, un héroe romántico a la antigua. Ya no es un viejito con levita y pipa, sino un tipo de personalidad intensa, hábil pugilista y genio intelectual. Es cierto que está modelado casi a medida sobre el perfil del Tony Stark de Downey en Ironman; pero no deja de ser enormemente carismático.

    Sin ser un especialista en Sherlock Holmes, el otro punto también renovado es el perfil del Dr. Watson. Tampoco es un viejito sumiso que le dice sí a todo a su mentor, sino que se trata de un cuarentón con problemas con el juego, de carácter irritable pero de profunda admiración por el detective. Tanto las perfomances de Robert Downey Jr como de Jude Law son excelentes, y ambos se sacan chispas con química de alto nivel en pantalla.

    Ciertamente la trama es algo traída de los pelos, pero en realidad la historia está hecha para el lucimiento de Downey Jr y Law. En el fondo me hace acordar a las aventuras de Mel Gibson y Danny Glover en Arma Mortal, en donde la historia era lo de menos y uno se deleitaba con semejante pareja en pantalla. Aquí hay investigación, deducciones geniales, peleas intensas y diálogos afilados. El villano es standard, pero es lo de menos. Lo que importa es el derroche de carisma de los intérpretes principales.

    Posiblemente a los puristas holmesianos la versión 2009 de Sherlock Holmes le parezca un sacrilegio. A mi juicio, es una película pochoclera de gran nivel. Tiene más substancia que lo habitual, gran ritmo - demostrando que Guy Ritchie puede sobrevivir a sus divorcios artísticos con Matthew Vaughn y Madonna -, y dos intérpretes formidables. No será un clásico, pero entretiene y de qué forma... lo suficiente como para que me amigue con mi fobia al cine victoriano.
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  • Halloween 2
    Halloween 2
    Arlequin
    La original Halloween de 1978 dirigida por John Carpenter es un enorme clásico que dictó las normas por las que se guiaría todo el género slasher desde entonces y hasta nuestros días. Pero como las ideas escasean en Hollywood, de unos años a esta parte alguien comenzó la moda de las remakes - fundamentalmente, de los hits de terror de los años 80 -, y Halloween cayó en la volteada. El dudoso honor de recrear semejante hit cayó en manos del músico, guionista y director Rob Zombie, el que terminó por hacer un trabajo bastante pasable. Zombie agregó de su pecunio un largo prólogo - sobre el origen de Michael Myers - que es por lejos lo mejor de la película; pero a la hora de rendir homenaje al original (y recrear escenas), Halloween 2007 resultaba muy blanda. Sin embargo a los estudios le gustó el filme y, aunque Zombie se negó a rodar la obligatoria secuela, dos años más tarde terminó por ceder ante la presión de los ejecutivos. Y lo cierto es que, si Halloween II 2009 no es el mejor filme de terror que haya rodado Rob Zombie en su carrera, por lo menos le pega en el palo.

    Este es un filme notablemente superior a la entrega anterior. Ahora sí resulta obvio que a Zombie lo incomodaba la obligación de seguir fielmente al original - con personajes que al director no le gustaban y regurgitando escenas sin poder agregarle nada nuevo - y, ahora que cumplió las formalidades de la remake, se puede despachar con los lineamientos que más le placen. Zombie lleva los personajes al terreno que le gusta: ahora Laurie Strode ha dejado de ser pulcra y virginal chica de clase media para convertirse en otra "white trash", como lo eran su madre y el resto de su familia. A diferencia de lo que podría esperarse de una secuela de Halloween, aquí hay una exploración sobre las secuelas emocionales y mentales de alguien que ha sobrevivido a una experiencia shockeante y cuya vida ha cambiado radicalmente. Eso no significa que este desarrollo dramático tenga la profundidad de un libreto merecedor del Oscar, pero está bien construído y de manera creíble. Mientras que en Halloween 2007 lo de Scout Taylor - Compton era prácticamente un cameo extendido, ahora tiene todo el protagonismo y se ve obligada a hacer un agotador tour de force.

    Es notable como Zombie se las ingenia para salirse de los clichés del slasher (o de caer en la repetición de rutinas de otras secuelas de Halloween), manteniendo la identidad del asesino y de la saga. En cualquier otra entrega hubiera bastado poner a un montón de chicas semidesnudas en una casona, y dejar que el asesino enmascarado empezara a despacharlas una a una. Pero Zombie se toma la molestia de expandir la construcción mitológica que había comenzado en esa media hora inicial del filme del 2007. Ahora vemos mucho tiempo al asesino en pantalla, sin matar y teniendo visiones tanto de su madre como de sí mismo cuando era niño (y a veces, él mismo de adulto sumándose a la imagen). El Michael Myers niño razona con el fantasma de su madre y le da la voz que precisa el personaje para expresar sus motivaciones. Reitero: Zombie no es Ingmar Bergman, pero resuelve algunas cuestiones con bastante vuelo y una elegancia inusual para un filme exploitation como es este.

    Hay una primera media hora realmente intensa, que prácticamente homenajea a la versión anterior de Halloween 2 (1981) de Rick Rosenthal, con Laurie Strode siendo perseguida por Michael por todo un hospital; pero ahora todo resulta ser una pesadilla, y saltamos a la época presente. El Dr. Loomis es otro de esos parásitos de los medios, un explotador de tragedias que las convierte en best sellers para su fortuna personal. Laurie es una adolescente a punto de perder la cordura. Y Michael se recupera en una granja en la que se esconde, ya que no es precisamente el asesino inmortal que uno supone. Zombie coreografía cuidadosamente los ataques de Michael como para mostrar que no recibe heridas de gravedad o que hace cosas imposibles. Ok, en la versión 2007 le pegaban varios disparos y aún sigue vivo - el cliché más idiota que tiene el género slasher -, y uno tiene que perdonar esa estupidez inicial porque, si no, no habría secuela. Pero una vez que empieza Halloween II 2009, todo sigue por unos carriles sorprendentemente coherentes. Y ahora los caminos de los tres personajes van en trayectoria de colisión directa hacia un final incierto.

    No sólo Zombie hace un desarrollo dramático con mucho mayor vuelo, sino que además se supera a sí mismo a la hora de filmar los asesinatos. Son sangrientos y en primerísimo plano. La mayoría de las apariciones de Michael Myers shockean o, al menos, provocan algún salto. Por fin se siente como una auténtica película slasher. Zombie quizás no sepa crear suspenso, pero maneja muy bien la sorpresa.

    No me gusta el género slasher; no soy fan de Rob Zombie; y considerando todas las reviews que he leído sobre el filme, me siento como un profeta en medio del desierto al alabar Halloween II 2009. Ni a la crítica standard ni a los especializados en el género les ha gustado el filme, pero yo le he encontrado una enorme cantidad de virtudes. Zombie toma un montón de decisiones valientes e inusuales, le da profundidad a la historia, e incluso se anima a mostrar a Michael Myers sin máscara... y sin desvirtuar a la saga. Sinceramente creo que en el futuro Halloween II 2009 será revalorada como corresponde. Enriquece el mito, es satisfactoria en el rubro shock, y se da el lujo de despacharse con un final sorprendente. No sería muy osado compararla con el equivalente a The Dark Knight de la saga Halloween.

    Las versiones de Noche de Brujas son: Halloween (1978) de John Carpenter, y la remake Halloween (2007) de Rob Zombie. Halloween II (2009) es una secuela dirigida por Rob Zombie, basada en una historia original del director.
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  • Asesino Ninja
    Los ninjas o shinobis eran mercenarios que surgieron en el Japón feudal de alrededor del siglo 14. En realidad vienen a ser los primeros soldados comando de la historia, especializados en espionaje, sabotaje y asesinato. Al contrario que los tradicionales samurais, los ninjas eran asesinos al mejor postor, sin demasiadas reglas de honor. Pero lo que terminaría resultando fascinante serían sus técnicas stealth y sus sofisticadas armas, algo que terminaría por envolverlos en un aura mística de invencibilidad.

    En Occidente los ninjas nos eran desconocidos hasta que aparecieron por primera vez en el cine en Solo Se Vive Dos Veces, en donde James Bond terminaba de formar parte de un escuadrón de ellos que combatía a las fuerzas de SPECTRE en Japón. Pero la popularidad de los ninjas vendría en los años 80, cuando surgiría una fugaz e intensa moda del género y con los filmes protagonizados por Sho Kosugi (que aparece, a modo de homenaje, en Asesino Ninja). Lo habitual es que fueran coproducciones serie B de calidad mediana para abajo. Luego de ello, entrarían en cuarteles de invierno o quedarían relegados a figuras secundarias y decorativas en películas como Mortal Kombat o Street Fighter.

    Asesino Ninja viene a ser el primer esfuerzo de los estudios major de Hollywood en contar una historia del género con un presupuesto y un equipo técnico potable. Al mando está James McTeigue, quien viene haciendo las veces de director suplente (¿o testaferro?) de los hermanos Wachowski desde V de Venganza. Desde aquella escena en que V empezaba a lanzar cuchillos a diestra y siniestra en los túneles del metro en el 2006, se veía que McTeigue tiene pasta de sobra para dirigir acción. Y ahora le ha tocado en turno rodar una película en donde la historia es lo de menos, y lo que cuentan son las orgásmicas masacres hermosamente coreografiadas.

    Porque en realidad Asesino Ninja no tiene mucha historia. En realidad el guión maneja dos tramas: el origen de Raizo y la conspiración actual que amenaza las vidas del ninja renegado, la agente de Europol y las fuerzas del orden. Mientras que el origen del protagonista es formidable - esto es Kung Fu, versión el lado oscuro de la fuerza -, nadie le avisó a los guionistas que debían escribir algo medianamente razonable sobre la conspiración que se transpira en el tiempo presente. ¿Por qué están todos en Berlín? ¿Van a matar a alguien?. ¿Cómo hace esta gente para ir y venir de Alemania a Japón como si estuviera a la vuelta de la esquina?.

    Pero no importa. El filme compensa esa omisión con grandes creces. Por un lado hay un enorme clima de misticismo en torno a la figura del ninja - su entrenamiento, los ataques a sus víctimas, sus fabulosas armas - y por el otro lado está la acción. ¿Ya dijimos que era orgásmica?. Es como si a Kill Bill le hubieran puesto esteroides y la hubieran rodado con litros de sangre fosforescente (en vez de las tomas blanco y negro que eligió Tarantino para el combate entre la Novia y el Ejército de los 88 locos). ¿Es creíble?. No, pero ¿a quién le importa si esto es entretenido?

    El cantante surcoreano Rain tiene carisma de sobra para llevar la película sobre sus hombros, y del otro lado Sho Kosugi destila maldad por todos sus poros. Los combates son formidables, y hay uno cada cinco minutos. La pantalla chorrea sangre y tripas, pero es gore en toda su gloria.

    Lamentablemente el lado flaco del libreto - la trama en Berlín - y la oscuridad de las peleas nocturnas - en donde uno adivina lo que ocurre en pantalla - opacan un poco el filme. La crítica la defenestró, y en la taquilla le fue tibio. Y es una lástima, ya que últimamente hay tanta idiotez que explota las taquillas, que a Asesino Ninja le debería haber ido mejor. Era una película que se merecía una mejor recepción, ya que visualmente es sorprendente.
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  • Avatar
    Avatar
    Arlequin
    Luego de estar doce años en el freezer después de la arrolladora Titanic (1997), James Cameron ha regresado y en gran forma. Ciertamente el paso de semejante lapso de tiempo hacía pensar de que "el Rey del Mundo" había entrado en cierta etapa de parálisis creativa - se había limitado a producir documentales y experimentar con cámaras digitales -. Las buenas nuevas es que, a diferencia de otros directores semirretirados - como Richard Donner, que hizo un regreso sin gloria -, Cameron ha mantenido los músculos creativos intactos. El único detalle es que, mientras que Avatar es visualmente impresionante y está filmada como los dioses, por otro lado no termina de contar nada completamente original.

    Como Cameron suele abrevar (por no decir copiarse) de otras fuentes - en general, de la sci fi literaria -, aquí parece haberse inspirado parcialmente en el cuento Call Me Joe de Poul Anderson y que data de 1957. Allí había un astronauta en silla de ruedas que controla a una forma de vida artificial (el Joe del título) y que puede sobrevivir en la hostil atmósfera de Jupiter. Como su nave aparece cada mañana seriamente dañada (y no puede regresar a la estación orbital), le envían un ingeniero, quien termina por descubrir que la mente del astronauta está migrando hacia la de Joe y éste se está convirtiendo en un ente independiente cada vez más independiente - el que, inconscientemente, provoca las fallas diarias al cohete para evitar el retorno -. El cuento termina con la fusión total de sus mentes, y el surgimiento de Joe como una nueva forma de vida.

    Pero Cameron no se contenta con eso, y empieza a tirar dos millones de ideas e influencias en la licuadora, que van desde la más obvia como Danza con Lobos hasta El Ultimo Samurai, Identidad Sustituta y una pizca de Apocalipsis Now. La escena en que el avatar de Jake Sully es cubierto con semillas vivientes del árbol sagrado es casi un calco de Kevin Costner rozando la punta de los trigales en Dance With Wolves. Las semejanzas con el filme de Costner no terminan allí; sustituyan a los Na´vi por Sioux (u otra tribu india norteamericana), y verán que el 90% de la trama de Avatar corre por los mismos carriles. El forastero que descubre nueva sensaciones con una cultura aborigen a la que termina por abrazar; el cumplimiento de los rituales tribales para ganarse el respeto; el renegamiento de sus orígenes y su paso a la rebeldía frente a sus pares... súmele a esto alguna profecía tribal sobre un líder guerrero, y verán que Avatar es eminentemente predecible.

    Lo cual no significa en absoluto que sea mala. En compensación por la falta de originalidad, Cameron se ha despachado con una parafernalia visual abrumadora, que debe ser la más shockeante que uno haya visto en pantalla desde El Señor de los Anillos: El Regreso del Rey. Aquí el director se manda con una cámara prototipo que él ha inventado, y le suma el hecho de estar filmada en 3D. El 70% del filme son CGI impecables de altísima definición. Pero a su vez, tiene el excelente tino de ralentizar la acción cuando corresponde, a efectos de que el espectador no se abrume con los FX y puede seguir a los personajes en medio del caos visual. El tipo es un maestro en rodar acción - todos los filmes de James Cameron, desde El Abismo hasta la fecha, son producciones extremadamente complejas de planificar y rodar, con presupuestos altísimos y abrumadora cantidad de FX - y eso queda demostrado aquí una vez más.

    Estéticamente Avatar parece una versión hiperpotenciada del videojuego Halo. Hay montañas flotantes, criaturas fabulosas de colores fosforescentes - que al principio resultan chocantes, ya que se ven muy plásticas; pero después demuestran una enorme expresividad y uno termina por olvidarse de su apariencia - y un mundo poblado de vegetación gigante que parece el sueño alucinógeno de cualquier diseñador gráfico. Por otro lado, la historia apunta a explotar esa imaginería visual en pos de un mensaje ecológico. La compenetración de los Na´vi con el entorno es directamente física gracias a un apéndice nervioso que poseen en su cabello - y que les permite conectarse mentalmente con plantas y animales -. Por contra, los humanos son la civilización corruptora e industrialista; a ellos sólo le interesa obtener el dichoso metal unobtainium sin importar las vidas y planetas que deban aplastar.

    Los diálogos son realmente buenos. El carácter de Jake Sully es muy desacartonado, lo cual es de agradecer. Lamentablemente el resto de los Na´vi cumplen con todos los clichés de los papeles de los indios del género western, con lo cual no tienen demasiada personalidad propia. Por el otro lado, los papeles secundarios humanos son muy buenos, y el gran ladrón de escenas es el rol del coronel Quaritch - interpretado por Stephen Lang, a quien sólo lo tengo del papel del fiscal corrupto de la serie Historia del Crimen -. Lang se devora la pantalla cada vez que hace acto de presencia, y parece sintonizar a Robert Duvall en Apocalipsis Now - otro de esos militares que mama la guerra como única forma de vida -, lo que termina por proveer un villano realmente sólido a la historia.

    Avatar es un muy buen filme, pero no uno excelente. La tonelada de millones de dolares que se gastó Cameron en la producción - unos 300, sumados a 200 de la promoción y que la convierten en el filme más caro de la historia (este tipo vive batiendo sus propios records) - transpiran en cada fotograma. La historia es muy buena, la acción es notable, y los personajes son interesantes. El problema es que a los 10 minutos de comenzado el filme, el espectador puede anticipar todo el derrotero de la trama - y eso le quita algo de la efectividad emocional que uno debería sentir por el choque entre los débiles nativos y los invasores hiperarmados -. Hay algunas sorpresas pero son muy menores. Si no fuera por esa predecibilidad, Avatar podría haber sido todo un clásico.
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  • Actividad paranormal
    Actividad Paranormal costó unos 15.000 dólares y recaudó en las taquillas más de 100 millones, pasando instantáneamente a figurar en el libro Guinness de records como el filme independiente más exitoso de todos los tiempos en relación a la proporción entre costo y recaudación. En realidad es un filme rodado en el 2007 que tuvo que seguir un tortuoso camino a lo largo de dos años hasta llegar al circuito mainstream de cines; pero cuando lo hizo, se convirtió en un fenómeno del cual todos hablan. Muchos la califican de "El Proyecto Blair Witch del nuevo milenio". Si bien Actividad Paranormal comparte concepto y estilo con el ya clásico de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez - falso documental, cámara en mano y primeros planos, otro fenómeno sobrenatural y la desaparición de los protagonistas - , lo cierto es que algunos detalles del guión le quitan un poco de brillo. Pero definitivamente es el filme de horror efectivo, de esos que se hacen carne y uno lleva consigo durante años.

    El creador del filme es el diseñador de videojuegos israelí Oren Peli. Sin experiencia cinematográfica, Peli se embarcó en el proyecto como una especie de tratamiento terapeútica para enfrentar su fobia hacia los fantasmas - según la Wikipedia, no podía tolerar ver siquiera una comedia inofensiva como Los Cazafantasmas (1984) -. Durante un año estuvo preparando su casa para el rodaje, agregándole mobiliario y rediseñando los cuartos en términos de espacio y comodidades como escenario cinematográfico. Tomó audiciones a un par de cientos de actores y tuvo la suerte de toparse con Katie Featherston y Micah Sloat, quienes - aún siendo extraños - exhibieron una excelente química. Tal como con El Proyecto Blair Witch, los actores usaron sus nombres reales para los personajes, Peli les daba fuera de cámara unos lineamientos generales para la improvisación, y el mismo Sloat fue adiestrado en el manejo de la cámara digital de video, haciendo que el equipo técnico fuera prácticamente mínimo.

    Peli rodó toda la pelicula en una semana y la exhibió en el festival Screamfest en el 2007. Por suerte un ejecutivo de Miramax vió el filme y asistió a Peli para pulir la edición de la cinta. Mientras tanto, Peli había distribuido copias de la película en DVD como para tentar a posibles distribuidores, y una de ellas llegó a manos del pope de Dreamworks, el mismo Steven Spielberg. Al otro día de ver la película, Spielberg apareció por el estudio completamente aterrado, contando incluso que después de ver la película una de las puertas de su casa se cerró sola y pudo destrabarla únicamente llamando a un cerrajero. Ejecutivos de Miramax y Dreamworks cerraron trato con Peli, adquiriendo los derechos tanto para la distribución como para generar secuelas por u$s 300.000.-. Sin embargo, los estudios no tenían demasiado claro qué hacer con el filme - la idea original era armar una remake dirigida por el propio Peli -, pero Jason Blum de Miramax insistió en mantener el original de Peli, ya que la consideraba muy efectiva. Para demostrar su punto armaron una exhibición privada para los libretistas del estudio, así podían apreciar la historia y discutirla en términos de la posible remake. Pero en un momento de la proyección, la gente comenzó a irse de la sala; y no porque el filme fuera malo, sino porque los espectadores huían aterrorizados por la tensión que generaba la cinta - algo similar a lo sucedido en las exhibiciones de prueba de Alien y Tiburón -. Spielberg decidió dar marcha atrás con la remake, pero insistió en retocar el final. Así Actividad Paranormal llegó a los cines en medio de una campaña de marketing viral profundamente planeada - le dieron muy poca publicidad; hicieron pequeñas exhibiciones en cines selectos; pusieron un sitio en internet como para que la gente votara por el estreno del filme en otras ciudades; y se dedicaron a esperar que la recomendación boca a boca hiciera el resto -. En su lanzamiento nacional, Actividad Paranormal llegó a la punta de la taquilla en pleno Halloween - la temporada yanqui favorita para los estrenos de terror -, devorándose incluso a la favorita Saw VI.

    Como filme de terror, Actividad Paranormal es uno de lenta combustión. La película empieza con la compra de la cámara de video por parte de Micah, porque ya estaban sucediendo acontecimientos poltergeist dentro de la casa y querían registrarlos. Pero en el medio, hay mucha charla como para establecer el setup. Ciertamente la química de Micah y Katie es muy efectiva, y lo mejor es que se ven como una pareja real y no como un par de chicos plásticos propios de Hollywood - ella es algo rellenita, él parece el típico galán de barrio, y y son realmente simpáticos -. Pasa bastante tiempo antes de que podamos apreciar algún que otro suceso. En este caso el escenario paranormal gira alrededor del dormitorio, donde siempre ocurre algo mientras están dormidos. En realidad es algo bastante coherente, ya que una lectura alternativa (y desapasionada) de la historia podría ser que el inconsciente de Katie provoca los sucesos en sus sueños.

    Todas las secuencias de acción pasan por los rodajes nocturnos del dormitorio y, la verdad, es que con cada noche que pasa las cosas se ponen cada vez más terribles. En lo personal considero que el filme manipula los mecanismos de terror más efectivos que existen, ya que se basan en los miedos que están dentro de todos nosotros; una casa grande, la oscuridad, ruidos nocturnos, cosas que se mueven solas resultan más aterradoras que una irreal criatura del espacio destripando gente. A su vez, con la cámara montada en un rincón y siempre con el mismo enfoque, genera repetitividad y expectativa: cada vez que vemos el plano de la cama en penumbras, con esa dichosa puerta abierta que anticipa algo terrible (y cada vez peor) acosando en las sombras, uno se pone en el borde de la butaca. Los ataques finales son realmente espeluznantes.

    Hay algunos detalles que opacan el filme. El más molesto es la evolución del personaje de Micah, que termina por transformarse en el idiota de turno que desata el horror. Ciertamente el 90% del cine de terror está poblado de estos imbéciles cinematográficos que despiertan vampiros, profanan tumbas o provocan fuerzas más allá de lo conocido, pero aquí resulta completamente artificial - es como si tomara esto como un hobby, haciendo su propia investigación con sus computadoras y chiches electrónicos, y totalmente ajeno al terror creciente que padece Katie -. Lo peor es que semejante juego tiene un propósito inútil - como si Micah pensara que la solución se puede encontrar buscándola en Internet, y desestimando llamar a exorcistas, síquicos o demonólogos -; y sólo cuando las cosas se salen de control pareciera estar de acuerdo con buscar ayuda. La cantidad de estupideces que comete el muchacho van más allá de los racional y tolerable, y pareciera que el personaje existe simplemente como un artilugio del guión para provocar que ocurran las cosas - un idiota que actúa como catalizador -. Allí es donde Actividad Paranormal se separa completamente de El Proyecto Blair Witch y no logra alcanzar la perfección de ese filme. En Blair Witch al menos la gente se desesperaba y cometía errores, mientras que aquí el protagonista está tranquilo y conscientemente se mete de lleno en la boca del lobo, arrastrando a su aterrorizada mujer.

    El otro punto es que no hay demasiada historia que contar, más allá del festival de sustos (que en algunos casos son formidables). No hay una investigación que descubra quién es el demonio que acosa a Katie ni el por qué; el síquico es simplemente un adorno que sólo da advertencias terribles; e incluso el filme se resiente un poco cuando Micah encuentra un video en Internet - al estilo de El Exorcista - y se lo muestra gratuitamente a Katie.

    El final es cantado pero igualmente es impresionante. (alerta spoilers) Hay tres finales rodados; en el original (que era más efectivo desde mi punto de vista), una sonámbula Katie bajaba las escaleras, gritaba y termina por asesinar a Micah cuando venía a ayudarla. La chica era descubierta por la policía al día siguiente, y era tiroteada ya que no soltaba el cuchillo que había utilizado para el homicidio. Hay un segundo final - mostrado en la exhibición ante los guionistas -, en que la chica regresaba al dormitorio y se cortaba la garganta delante de cámaras. El último - armado según sugerencias de Spielberg - es el exhibido en la versión actual de cines, con primeros planos demoníacos y algún que otro efecto especial. También asusta, pero es más hollywoodense. En lo personal prefiero el climax original que rodó Peli, y que incluso puede encontrarse por Internet. (fin de spoilers)

    Actividad Paranormal es un excelente filme de horror. Que uno de los personajes sea manipulado artificialmente por el director y guionista para provocar las cosas no anula su gran efectividad al momento de generar sustos. Quizás el tema pase aquí por los gustos personales de cada espectador: yo disfruté con el terror minimalista de El Proyecto Blair Witch y disfruté con este filme. Si lo suyo es un engendro mutante de ocho brazos escupiendo ácido, o un asesino serial destripando gente en primer plano, Actividad Paranormal le parecerá insulsa. Pero a mi juicio, es una de las mejores películas de terror de los últimos años.
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  • Criatura de la noche
    De la península escandinava están surgiendo sorpresas cinematográficas en número creciente, con producciones de gran calidad y originalidad que terminan por tomar por asalto a las plateas de todo el mundo. Arrancamos con la versión original de Insomnia (1997), seguimos por la competente serie B de Dead Snow, y culminamos con la trilogía Millenium. En toda esa parva de filmes que han superado las fronteras heladas de Escandinavia se destaca una joyita y que se trata de Déjame Entrar - un atípico filme de vampiros -. Muy pronto se convirtió en un objeto de culto y Hollywood se apresuró a adquirir los derechos para la correspondiente remake, la cual está agendada para este año.

    Aquí el autor John Ajvide Lindqvist parece haberse inspirado en el personaje de Kirsten Dunst en Entrevista con el Vampiro (1994), en donde una nena estaba condenada a permanecer atrapada en su cuerpo infantil para toda la eternidad - lo que terminaba por transformarse en una situación de pesadilla para la protagonista -. Además sigue de cerca la filosofía del filme de Neil Jordan, convirtiendo a los vampiros en figuras trágicas víctimas de una maldición que no pueden deshacer y que están condenadas a una vida eterna de contemplación de muerte y dolor. Pero hasta allí llegan las influencias; por el resto Déjame Entrar toma rumbos nuevos y, muchas veces, demasiado inquietantes.
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    Esta es una película que incomoda al espectador. Esa sensación extraña - que muy pocos filmes me han producido en toda mi vida - surge de la verdadera naturaleza del filme, que es la historia de dos sicóticos homicidas que tienen tan sólo 12 años de edad y que tienen una atracción mutua que va desde la ternura hasta lo puramente sexual. La enferma relación entre Eli y Oskar no difiere demasiado de la dupla central de Henry, Retrato de un Asesino, con la excepción de la edad de los protagonistas. Oskar es victimizado por sus compañeros de colegio, pero las reacciones del pibe no son muy normales que digamos - su primer pensamiento es rebanarlos con un cuchillo -. El chico es hijo de padres divorciados y los mismos no le prestan demasiada atención; incluso hay pistas que podrían llevar a pensar que su padre se ha metido en una relación homosexual. Por su parte, Eli es todo lo contrario: una figura dominante y demandante que lleva a su padre al límite de los sacrificios para saciar su hambre. Es una relación gélida y desagradable, en donde al hombre aún le quedan rastros de cariño por su monstruosa hija, pero no es un sentimiento recíproco - sería interesante especular si el hombre es realmente su padre y no "otro chico" que conoció hace 30 o 40 años -. Y, cuando el padre - cazador de víctimas para su hija - desaparece, la chica queda sola y se afianza aún más en su relación con el perturbado Oskar. Es en esos momentos en donde el filme entra en una zona de incomodidad creciente. Uno siente que estos dos son socios porque comparten vidas arruinadas, pero aún así - en su condición de pareja de parias - les resulta imposible liberarse emocionalmente y ser demostrativos el uno con el otro. Esta es gente con serios daños afectivos, y eso se nota (otro punto más de similitud a la relación de Henry y Becky de Henry, Retrato de un Asesino). La situación de Oskar no difiere demasiado de la de Eli, estando dispuesto a aceptar cualquier cosa con tal de que alguien lo quiera. Por su parte, la chica no puede frenar su naturaleza chupasangre pero la edad y actitud de Oskar terminan por ganarle. Dicho todo esto, el filme se sumerge en algunas situaciones risqué sobre la sexualidad reprimida de estos chicos de 12 años - visiones fugaces de Eli desnuda; los dos chicos pasando una noche juntos en la cama; la ciega obsesión de Oskar por aceptar a Eli, aún cuando ella le niegue que es una "niña"; algunos besos sangrientos después que Eli se merendara a alguno de los vecinos del barrio - que terminan de erizarle la piel a más de uno. El punto no es la atracción sexual entre los protagonistas, sino que su relación es muy retorcida.

    Aún cuando Eli no fuera un vampiro (y fuera simplemente una homicida) Déjame Entrar es inquietante. Ok, tiene unas escenas de shock muy bien filmadas, tiene un gran clima, hay muy buenas actuaciones. Pero el punto central es en realidad la relación entre Eli y Oskar, la que parece convertirse en una versión infantil de Dracula y Renfield con una atracción enfermiza y desubicada entre ambos. Eso no quita que en medio de toda esta amoralidad y apatía uno termine por tomar un poco de partido por los protagonistas, posiblemente porque la sinceridad de su cariño termina por traslucirse desde la pantalla hacia la platea. En el fondo no es más que la historia de dos sicópatas que no han terminado la escuela primaria y que se han enamorado al descubrir la mutua miseria de sus respectivas existencias.
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  • 2012
    2012
    Arlequin
    2012 está basada en las creencias populares generadas por el calendario maya, en donde los astrónomos indígenas habían previsto el fin de los tiempos en el año antes mencionado. Fin de los tiempos (o de los ciclos del calendario maya) no necesariamente significa apocalipsis; para los mayas era la visión del final de una etapa y el comienzo de un nuevo estadío para la humanidad. Mientras que muchos han visto el tema como la elevación del hombre a un nuevo nivel de conciencia - una creencia New Age que sería el equivalente a la Era de Acuario -, otros tantos se han volcado por un enfoque decididamente pesimista. Quizás en el hombre haya un deseo inconsciente sobre la necesidad de explicitar una fecha de vencimiento para su raza, lo que lo ha llevado a la búsqueda constante de poner una fecha tras otra al fin del mundo. Cuando no fue el cometa Halley, fueron las profecías de Nostradamus, el efecto del año 2000 en las computadoras, el nuevo milenio, el año 2008... y ahora el 2012. Y cuando pasemos el 2012, no faltará algún idiota que desentierre las leyendas de mongochito y diga que el mundo se acaba en el 2020 (u otro año a elección y relativamente alejado, así nos da tiempo para comprar libros de los autores apocalípticos de turno).

    Con la idea de prenderse a la movida de turno, Roland Emmerich ha decidido crear un filme exploitation de cine catástrofe. Si uno considera las atroces características del género - ensamble de actores conocidos; pequeñas historias personales que son mediocres, no le interesan a nadie y sólo sirven para identificar quién vive y quien muere en la hecatombe de turno; 10 minutos de efectos especiales después de 90 minutos de bofe dramático -, Emmerich ha creado la mejor película de cine catástrofe de todos los tiempos. No sólo contiene como 20 cataclismos (que podrían haber dado pie cada uno a su propia película), sino que masacra a miles de millones de personas de la manera más divertida. Oh, si: 2012 es abominable científicamente y en sus intenciones exploitation, pero es entretenimiento puro.

    La mejor movida que ha hecho Roland Emmerich desde Dia de la Independencia es haber puesto a su socio y guionista Dean Devlin en el congelador, y haberse buscado libretistas como la gente. Eso no quita de que Emmerich siga generando filmes con mayor o menor grado de atrocidad - como 10.000 BC -, pero al menos los diálogos resultan cada vez más tolerables. Acá el socio de turno es Harald Kloser que participara, además de la aventura cavernícola del alemán, en otros filmes pasables como El Día Después de Mañana y Alien vs Depredador. Y, sinceramente, el resultado final es mucho mejor de lo esperado.

    En sí 2012 cumple con todas las premisas del género. Hay un montón de caras conocidas que aportan su solvencia para decir parlamentos que son ridículos en lo científico y regulares en lo dramático. Hay una amenaza global que es tan disparatada que es imposible tomársela en serio - y que me recuerda a otro filme tonto y muy divertido como era The Core -. De allí en más Emmerich se pone a full, repartiendo el tiempo entre un 20% de diálogos pasables y un 80% de soberbios efectos especiales. Oh, si: cuando tiene que poner la carne en el asador, el alemán no escatima en recursos ni en pisar los tabúes más sagrados de los puritanos yanquis. Cuando en una de sus tantas huídas el avión de John Cusack debe atravesar la ciudad de Los Angeles, lo hace entre dos mil toneladas de edificios que se deshacen con miles de personas volando por los aires. Si este no es un tratamiento de shock para los traumados por el efecto del 11 de setiembre del 2001, sinceramente no sé qué es.

    Hay dos cosas que convierten a 2012 en el rey del género de cine catástrofe: por un lado, el libreto no se ensalza con situaciones dramáticas de stock. Cada vez que hay una escena emotiva - el reencuentro de Cusack con su familia; la despedida de George Segal de su hijo radicado en Japón -, es abruptamente cortada por un tsunami o un gigantesco terremoto antes de que la gente empiece hablar idioteces. Lo otro es que el exterminio de la humanidad nunca fue tan divertido. La destrucción está coreografiada en todo su esplendor, y es donde Emmerich despliega lo mejor de su talento. Desde la explosión del parque Yellowstone - al demonio con el oso Yogui!! - hasta tsunamis arrasando el Tibet (entre otra parva de cataclismos) se ven impresionantes y están filmadas con nervio. Para que tengan una idea, mientras que La Aventura del Poseidón nos hacía comer 90 minutos de basura dramática para poder ver un crucero dando una vuelta de campana, aquí Emmerich lo despacha en cinco minutos y al poco tiempo tenemos otra catástrofe en puerta.

    En sí, lo que ha hecho Emmerich no es sino una adaptación no oficial de Cuando los Mundos Chocan. Quiten el planeta de turno que va a chocar contra la Tierra, y el argumento es el mismo. Oliver Platt viene a jugar el papel de John Hoyt en el filme original de George Pal, pero tampoco es un tipo demasiado perverso o malo como para tildarle el rol de villano - a lo sumo es un desesperado y pragmático que busca salvar su pellejo poniéndose en primer lugar en la fila -. Quizás el detalle más relevante de esta nueva versión no oficial, es que no hay discursos heroicos ni justicieros. El plan de salvataje lo arman las naciones más ricas del planeta en secreto; el resto, que se embrome. No hay lotería por los cupos (Danny Glover lo menciona en un momento, como para que no queden dudas de que Emmerich se inspiró en el filme de 1951) ni elección de los más capaces, bonitos y fuertes. Los sobrevivientes de turno son políticos y millonarios, asi que todos los que estamos en la clase media para abajo estamos condenados. Tampoco publicitan el proyecto, así pueden escaparse en silencio y sin que reine la anarquía. El futuro de la humanidad reside en un grupo de egoístas millonarios del primer mundo; el resto, que explote.

    Pero aún con toda su agenda políticamente incorrecta, 2012 es un descerebre más que entretenido. Es un espectáculo pochoclero divertido y tan atroz que resulta imposible salir del cine pensando que ese va a ser el terrible fin de la humanidad de aquí a unos años. Es tan exagerada que resulta camp, y es enormemente amena.
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  • Planeta 51
    Planeta 51
    Arlequin
    En sí Planeta 51 es una rareza, ya que se trata de una coproducción entre España y Estados Unidos. Creativos españoles, actores y técnicos norteamericanos. Pero más allá de la anécdota, el problema es que el filme no se sostiene más allá de la novedad inicial. Planeta 51 podría haber caminado muy bien como un corto de 5 minutos, pero como filme de hora y media se hace largo. Y todo lo que pasa en el medio no está demasiado inspirado.

    El chiste de Planeta 51 es revertir los roles del subgénero de invasores del espacio, en donde ahora es el humano el alienígena. Por lo demás, es una regurgitación de clichés de la sci fi de los años 50 a esta parte, con homenajes a El Día que Paralizaron la Tierra, E.T. El Extraterrestre, Invasores de Marte y dos toneladas de filmes más. El problema es que no va mucho más allá de eso: reciclar escenas clásicas, en donde ahora el alien es el humano y viceversa. Hay otro ejército paranoico buscando al visitante del espacio. Hay un montón de adolescentes que se deleitan con filmes como "Humanoide!", donde hombres del espacio llegan a su planeta para devorarle cerebros. Hasta allí llega toda la gracia.

    El problema es que Planeta 51 es aburrida. Cuando los personajes principales abren la boca, es soporífera. El peor ofensor de los sentidos es el astronauta humano, que habla idioteces todo el tiempo, no tiene en cuenta el peligro de su situación y sólo se dedica a meter bocadillos con más referencias a otros filmes de sci fi (como si en la película no faltaran) aún cuando suenen ridículos. Una vez que Lem lo ayuda, Baker le dice: "tú eres mi Luke Skywalker". Por Dios, que diálogo tan malo.

    El tema es que el libreto parece escrito por los números. Alguien del equipo creativo dijo: "pongamos toneladas de referencias a clásicos de la ciencia ficción para divertir a los adultos; pongamos escenas de comedia física para divertir a los más chicos; y hagamos personajes bonitos para vender merchandising"... y en el medio se olvidaron de hacer algo original con el argumento. A la décima referencia cinéfila, uno se empieza a aburrir simplemente porque no ocurre otra cosa; cuando llega el slapstick - gente cayéndose y pegándose porrazos - está hecho sin gracia; y el mínimo desarrollo dramático (como para ver los dramas diarios de la comunidad alien) es una tortura testicular.

    Quizás a los chicos les pueda interesar, pero sinceramente creo que a los adultos no. Hay espectáculos infantiles que tienen una mayor variedad de registros - desde las animaciones de Pixar hasta los filmes de Shrek - y, partiendo de la idea base, la enriquecen. Son divertidos. No es lo que pasa con este filme. Los únicos momentos graciosos de la película pasan precisamente por dos personajes mudos como un robotito similar al Mars Pathfinder que se cree un perro, y una mascota alienígena llamada Ripley (y diseñado como un cachorro del Alien de Ridley Scott) que orina ácido y persigue a los carteros. Lamentablemente estos dos sólo aparecen algunos instantes cada 15 o 20 minutos del filme; y, en el medio, la audiencia queda en estado de coma.

    Planeta 51 es una pérdida de tiempo, a menos que usted tenga menos de 12 años de edad. Sino, espere a que salga en video o la pasen por cable. Si quiere divertirse con sus chicos, alquile cualquier título animado de Pixar o incluso de Dreamworks. Porque esta coproducción no le llega ni a los talones de dichos filmes.
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  • Luna Nueva
    Luna Nueva
    Arlequin
    Luna Nueva es la secuela de Crepúsculo, el hit taquillero del 2008. Al parecer el filme de Catherine Hardwicke funcionó mejor en video que en la taquilla (donde ya le había ido muy bien), y sembró una masiva recomendación boca a boca. Esto terminó por generar una enorme expectativa que motivó que Luna Nueva arrancara con una recaudación extraordinaria de 141 millones de dolares en su primer fin de semana, rompiendo los antiguos records de estreno que sustentaban Batman: El Caballero De la Noche y los filmes de Harry Potter. Es obvio que las plateas se atestaron con muchachas enamoradas de Robert Pattinson; pero la impresionante perfomance de boletería no termina de camuflar de que es un filme mediocre y muy inferior a la Crepúsculo original.

    Ciertamente el primer filme me había gustado mucho, más allá de sus defectos. Como este vampiro no era un monstruo atemorizante, había terminado en convertirse en una historia de amor entre una chica tímida y un superhéroe a lo Superman, que tenía una buena porción de ternura. En la secuela, los personajes mantienen el carisma intacto y ese es el atractivo de la película. Pero si ya habíamos dicho en el primer filme que la historia fantástica de fondo era algo floja, acá directamente es terrible. Luna Nueva ha terminado por transformarse en un culebrón adolescente que bordea lo ridículo y con detalles de mal gusto.

    El primer tercio está ok, y todo parece indicar de que el filme va a seguir los mismos carriles de Crepúsculo. El problema es la escritora del libro original, Stephenie Meyer, que no tiene idea de cómo generar drama, y se manda un estofado de aquellos. Después de que Bella se corta accidentalmente en su fiesta de cumpleaños en casa de Los Munsters, los vampiros se les hace agua la boca por la anfitriona. Edward decide que es mejor cortar por lo sano, y decide mudar a su familia a otro lado, antes que su parentela convierta a su novia en el postre de la cena. Y a partir de allí, la película empieza a descarrilarse lentamente hasta que al final agarra toda velocidad y se estrella contra un muro. Rebuscado e incoherente son calificativos suaves para identificar lo que ocurre con el resto de la historia.

    El problema fundamental del filme es que genera conflicto dramático sacando cosas absurdas de la galera. La tierna relación entre Bella y el joven indio Jacob (que siempre está semidesnudo, como si fuera la publicidad de una revista gay) empieza bien hasta que se revela que el muchacho es un hombre lobo. Mal día para dejar la zoofilia; primero vampiros y después lobos. Esto no sería tan malo, estúpido o ridículo si después de hacer la revelación y presentarse como una amenaza para la vida de Bella, la manada de muchachos lobos no se transformara en un grupito de cachorros simpáticos que le piden disculpas a la muchacha por haber querido fagocitársela en algún momento. No conforme con ese giro idiota, el guión se empeña a mostrar de que Bella está devastada e intenta suicidarse a cada rato, ya que es la única manera de tener visiones de su amado Edward. Eso sin contar con el deseo ferviente de que la muerdan y la conviertan en vampiro para toda la eternidad. Para colmo Robert Pattinson está ausente en el 75% del filme y reaparece sobre el final, con otro giro absurdo y rebuscado; porque esta gente va y viene de Europa como si estuviera a la vuelta de la esquina, y porque la historia precisaba mostrar algún tipo de clímax aunque suene idiota.

    Luna Nueva podría haber hecho las cosas mucho mejor. Desde el primer filme (en donde habían detalles que daban para pensarlo), podrían haber seguido un camino interesante poniendo a los indios como cazadores de demonios (o de vampiros) y hubiera sido más coherente y menos estúpido que transformarlos en lobizones. El resto de la historia hubiera sido similar per se habría desarrollado mejor. Pero entre los lobos, el aberrante mensaje de que las chicas abandonadas por sus novios solo encuentran consuelo en la muerte, y el rebuscado viaje a Europa, Luna Nueva se transforma en un aborto cinematográfico. Entiéndanme: los personajes están bien hechos y los dialogos oscilan entre lo muy bueno y lo ridículo, pero la historia de fondo es abismal. Y por esta trama miles de adolescentes cachondas pagaron 141 millones de dolares para verlo. Realmente, es algo que no vale la pena.
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  • Terror en la Antártida
    Terror en la Antartida está basada en la novela gráfica Whiteout, escrita por Greg Rucka y Steve Lieber en 1998. El comic recibió numerosos premios Eisner - los Oscar del mundo de la historieta -, y el éxito sirvió para que la dupla generara un par de secuelas - Whiteout: Melt y Whiteout: Night - entre el 2000 y el 2007. Los estudios adquirieron los derechos sobre la tira, y durante años estuvieron dando vueltas para concretarla en la pantalla grande. Pero lo cierto es que la versión cinematográfica del 2009 no deja de ser decepcionante.

    Desconozco la obra original y si la misma posee los méritos que todos califican. Uno debe tener en cuenta que la naturaleza del comic es, por definición, la creación de mundos exagerados. Las novelas gráficas serían el equivalente de las mini series, en donde los autores ponen un esfuerzo adicional para elaborar historias más complejas y con mayor perspectiva de los personajes. Eso no significa que todas las novelas gráficas sean muestras de excelencia, pero sí de un empeño en crear una narración más pulida. Intuyo que los méritos del comic original de Whiteout se deben a lo estético - una gran cantidad de escenas de la historia están situadas en medio de infernales tormentas de hielo en la Antártida - y a cómo lo resolvieron los autores. Pero la historia en sí no deja de ser un thriller excesivamente rutinario. Lo único que la diferencia de un policial standard es el exótico paisaje helado; pero ni siquiera la trama es medianamente competente como para esconder los ases en la manga que suponen las sorpresas del relato. El 90% de la audiencia puede intuir quién es el villano a los escasos minutos de comenzado el filme, y toda la historia es predecible. No es una falla del director Dominic Sena - Operación Swordfish -, sino que la trama carece de originalidad.

    Kate Beckinsale sigue estando tan bella y adorable como siempre, pero a su vez sigue demostrando que es una figura bonita forzada a asumir roles heroicos que sencillamente no son lo suyo. Pero, además de la falta de vuelo de la historia, el otro aspecto negativo es la presencia de Gabriel "The Spirit" Macht, cuya perfomance es espantosa. Es como una versión moderna de Michael Paré - voz gruesa y monocorde, expresividad cero -, elevada a la enésima potencia. Cada vez que Macht aparece en pantalla es una tortura genital; el problema pasa porque su personaje demanda misterio y el actor intenta crearlo de las peores maneras posibles, desentonando fuertemente con el resto del cast. Es una perfomance que arruina los pocos méritos originales del filme.

    Terror en la Antártida es pasable por el hecho de que la acción está ok y el paisaje helado se ve muy cool. Para ver en video es digerible, pero su trama eminentemente predecible arruina sus posibilidades. Es rutina facturada sin demasiada inspiración ni vuelo propio.
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  • El juego del miedo 6
    Saw VI es la quinta secuela de la saga comenzada en el 2004 por James Wan y Leigh Whannell. A esta altura los creativos originales de la serie partieron después de Saw III, y la franquicia quedó en manos de Marcus Dunstan y Patrick Melton (Feast), pero la dupla comenzó a padecer los efectos de una historia demasiado estirada. Para colmo, la muerte del Jigsaw original (producida en el capítulo III) le quitó una gran cantidad de fuerza a la serie y, si bien Tobin Bell sigue apareciendo en flashbacks, los últimos filmes parecen demasiado nostálgicos de haber perdido al carismático villano principal. Los reemplazos de turno apenas le llegan a los talones.

    Saw VI es una mejora respecto de la entrega anterior. Mientras que en las partes IV y V las cosas parecían decantarse por vendettas personales (y eliminación de perseguidores) del detective Hoffman, al menos aquí se retoma el tono moralista de la primera trilogía y la historia se centra más en las motivaciones personales del desaparecido John Kramer. La historia parece levemente más cuidada, y hay un giro final que genera cierta expectativa sobre una futura Saw VII.

    El primer y gran problema de la serie es que, a esta altura, se trata de un producto sólo para los fans. Para cualquier neófito resulta inescrutable descifrar qué hacen y quienes son estas personas que, para colmo, están envueltas en una serie de rebuscadas relaciones personales. John Kramer aparece en flashbacks o bien como alucinaciones que se le presentan a su esposa; la aparentemente inocente viuda de Jigsaw comienza a participar de los planes póstumos de su marido; el secuaz de Jigsaw es el detective Hoffman (Costas Mandylor), que carece de carisma y cuyo intérprete da una perfomance chatísima. Aún habiendo visto de corrido (y hace muy poco) los cinco capítulos anteriores de la saga, a uno le da la impresión de que se le escapan detalles.

    El otro detalle es que la historia se ramifica tanto que se perdió completamente el clima claustrofóbico de los primeros tiempos. Que Hoffman se la pase escabulléndose de las autoridades debería generar tensión, pero a su vez termina por hacer más vulgar al villano... y el desempeño de Costas Mandylor definitivamente no ayuda. Cada flashback de John Kramer añade un poco de confusión, y nos hace extrañar cuando Tobin Bell estaba vivo. Y si bien las trampas siguen siendo sangrientas (en especial la primera que es shockeante), nos parecen rutinarias a este punto, lo que es una prueba evidente del desgaste que ha sufrido la saga.

    Uno de los giros que tomaron los guionistas fue descargar sus dardos contra el sistema financiero y médico norteamericano - bajo una fuerte crítica después de su responsabilidad en la actual crisis económica, las políticas de salud de Brack Obama y filmes como Sicko de Michael Moore -, algo que terminó por festejar una parte de la crítica yanqui. Aquí las víctimas de turno son prestamistas y aseguradores médicos, que terminan recibiendo lo que se merecen. A su vez todo el esquema de trampas mortales está diseñado como una especie de balanzas, en donde los protagonistas deben dejar algún que otro miembro para salvar a otros que están a punto de ser masacrados en alguno de los juguetitos de Jigsaw. Pero salvando la primera escena, el resto está simplemente ok. La serie ha perdido impacto en tal sentido, aún con el despliegue de tripas exhibido en pantalla, simplemente porque la mitad del tiempo estamos viendo otras historias - el legado para la viuda de Jigsaw, la evasión de Hoffman -.

    Hay una sorpresa final que resulta una apuesta fuerte por parte de los guionistas. Sinceramente no tengo ni idea de cómo podrán construir Saw VII - van a tener que quemar muchas neuronas para armar una historia inteligente y apasionante -, pero a esta altura no es algo que me quite el sueño. Ya la saga ha entrado en un nivel de desgaste que resulta medianamente entretenida pero no alcanza la originalidad ni la excitación de las primeras entregas.
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