Zambezia

Crítica de Pablo Raimondi - Clarín

Alas para Sudáfrica

En el corazón de Africa se alza Zambezia, la encumbrada ciudad de las aves que se prepara para las celebraciones de la Primavera.

Hasta allí llega Kai, un joven, expresivo e inquieto halcón, al huir del nido familiar luego de discutir con su padre Tendai. La estricta disciplina y sobreprotección paternal (cuya relación puede recordar a Buscando a Nemo) se mezcla con la viudez que atraviesa y un constante sentido de culpa.

El niño incomprendido, el que no encaja a sus raíces, toma relevancia en este filme donde el color lo es todo. Ese carácter rebelde, peculiar, puede emparentarse con este filme sudafricano, algo distinto que arriba al país, entre tanto tanque animado estadounidense.

Lo llamativo -aparte de los plumíferos protagonistas- es que en la mayoría de estas películas animadas el guión queda eclipsado por los efectos gráficos. En Zambezia es al revés: una realización que técnicamente podría tener 20 años de antigüedad teniendo en cuenta los avances tecnológicos en filmes como Monsters University, Pitufos 2, Mi villano favorito 2 o Metegol. En este filme sólo podemos destacar algunas tomas aéreas donde se luce el efecto tridimensional.

Es muy difícil que Zambezia genere empatía con el público adulto, pero sí con los más chiquitos, ya que la historia no tiene demasiados secretos, es simple y fácil de comprender con diálogos, por momentos, bastante básicos.

Uno, el sueño de Kai: unirse al grupo de “Los huracanes”, halcones que velan por la seguridad de Zambezia. Dos, los malvados marabúes: unas grotescas aves de rapiña que tienen un rol importante (y cambiante) en el filme. Tres, el villano principal: Budzo, una temeraria iguana que buscará conquistar la ciudad a cualquier precio. Y no falta el momento de amor y admiración entre Kai y su alma gemela Zoe, una bella ave.

Gogo, una excéntrica cigüeña, y el pajarraco Ezee (que siempre buscará la forma de sacar provecho con el menor esfuerzo posible) son algunos de los personajes secundarios que sobresalen.

Con una muy buena banda de sonido (sin ser rimbombante), Zambezia levanta vuelo sola, aunque escasee en sorpresas y dosis de acción. Bien por Sudáfrica.