Yatasto

Crítica de Ezequiel Obregon - EscribiendoCine

La dignidad de los nadies

La ópera prima de Hermes Paralluelo muestra la vida cotidiana de tres niños cartoneros en Villa Urquiza, un suburbio cordobés. A través de una serie de planos largos que capturan diálogos repletos de verdad, el documental Yatasto (2011) resulta un testimonio de vida que no cede en ningún momento ante el sensacionalismo al que estamos habituados.

Alguna vez Godard dijo que un travelling es un decisión de orden moral, señalando la responsabilidad que todo realizador tiene cuando elije no sólo lo que va a mostrar, sino de qué forma. En Yatasto vemos muchos tópicos a los que la televisión nos ha acostumbrado: trabajo precario, exclusión social, niñez jaqueada por los imperativos del mercado. Pero mientras que en aquel formato prima lo maniqueo, el melodrama inescrupuloso y falseado, la trivialidad ante las formas de presentación del dolor ajeno, en este documental impera la nobleza y el respeto. Con especial detenimiento en tres niños y pre-adolescentes (Bebo, Pata y Ricardo; de 15, 14 y 10 años respectivamente), Paralluelo captura con extensos planos el entorno en el cual viven. En donde hay mucho trabajo (la rutina implica cartonear y a veces pedir comida) pero también hay esperanza, respeto y aprendizaje. Tal vez no el tipo de aprendizaje con el que estamos familiarizados, pero el mejor al que el mundo les ha permitido aspirar.

Más cerca de la pátina impresionista que del docu-drama minuciosamente estructurado, sorprende la espontaneidad con la que el realizador echa luz sobre los tres chicos, quienes en ningún momento parecen estar condicionados por el dispositivo cinematográfico. Las mejores secuencias son aquellas que los exponen en el carro, en donde la fluidez de los diálogos señala significativos datos acerca de sus percepciones sobre la familia, el trabajo (metonímicamente, el caballo remite a él) y –claro- el porvenir.

Yatasto muestra con mayor detenimiento a Ricardo, el menor. En uno de los momentos de mayor luminosidad, sostiene una charla con su abuela en donde se cuelan factores de orden universal, como el traspaso de la experiencia y la mirada de una generación sobre la otra. Al mismo tiempo, el documental da la sensación de capturar una red simbólica que refiere a la devastación que produjo las políticas neoliberales en el país. En el trayecto del viaje se pasa de un barrio paupérrimo a otro de clase media. Sin resentimiento, los niños ven las oportunidades que el paisaje les ofrece. Y, claro, también aparecen las preocupaciones, no sólo por conseguir dinero, sino por la madre ausente y la vida errática del padre.

Junto a De Caravana (2010) de Rosendo Ruíz y un puñado de cortometrajes cordobeses, el documental de Paralluelo confirma la diversidad temática y estilística de la provincia mediterránea. Como en los clásicos de siempre (Los cuatrocientos golpes, de Truffaut, por citar un caso) y en recientes films locales (Una Semana Solos de Celina Murga), Yatasto es la mirada a un sector de la infancia, registrada con la cámara de frente y no por encima del hombro. En definitiva, un panorama sobre la niñez postergada, pero con la vitalidad que, tal vez, la lleve hacia un futuro mejor.