Yatasto

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Retrato de la dura realidad de un barrio cordobés

El treintañero Hermes Paralluelo nació y se formó en Cataluña, pero recaló en Córdoba para rodar en las calles de esa ciudad un film que retrata con nobleza, profundidad, rigor y sensibilidad la cotidianeidad de los habitantes de Villa Urquiza, un barrio periférico y muy pobre de la Docta.

En su ópera prima, que excede por la categoría de su puesta en escena y la inteligencia de su construcción el simple marco del documental observacional, Paralluelo pone el énfasis en las experiencias de vida de tres chicos -Bebo (15 años), Pata (14) y Ricardito (10)-, quienes a bordo de un carro tirado por un caballo recorren la ciudad en busca de comida, cartón, papel o cualquier elemento que les permita paliar un poco su precaria situación económica, exacerbada por la ausencia de la madre y el alcoholismo del padre (la abuela toma el lugar de jefa de familia).

Película sobre la paternidad (o, mejor, sobre cómo incide su ausencia), sobre la transmisión de un oficio (el de los carreros o cartoneros) de generación en generación, sobre una familia, sobre un barrio, Yatasto logra una intimidad infrecuente con sus protagonistas (que mantienen ante la presencia de la cámara sus propios códigos y su particular forma de hablar), pero también una dimensión mucho más amplia a la hora de exponer la profunda fractura social que aún subsiste en el país.

Sin subrayados ni demagogias, con una honestidad brutal y sin descuidar las mejores herramientas del lenguaje audiovisual, Paralluelo da otro ejemplo contundente del gran momento que atraviesa el nuevo cine cordobés.