Viudas

Crítica de Javier Porta Fouz - HiperCrítico

No, por favor

Hubo un tiempo tenebroso, allá por fines de los ochenta y principios de los noventa. No pocas voces y plumas solían defender al cine argentino –aún cuando buena parte era indefendible– desde el siguiente razonamiento: “costó mucho hacerlo, no se puede atacar” o “vaya a ver la película arrrgentina, el director hipotecó su casa”. Pocos se animaban a criticar criteriosamente las películas nacionales, a dialogar en serio con el cine local. Con el correr de los años, hubo una renovación en la crítica, una bienvenida y beneficiosa liberación del lastre de “costó hacerlo, es nuestro, hay que defenderlo”.

Ya deben haber escuchado o leído sobre Valeria Bertuccelli y sus palabras en Sábado Bus. Si no se enteraron pueden encontrarlo en muchos lugares, por ejemplo acá. No me interesa discutir si Bertuccelli estaba borracha, si está bien o mal emborracharse en la televisión, si en el programa se discutió tal o cual cosa, si la invitaron para que hable del próximo estreno de Viudas, si el tráiler vino antes o después, si su reacción es o no comprensible. Me interesa hacer foco en lo que se deriva de la actitud y las palabras de Bertuccelli en Sábado Bus, y de lo que manifestó en un programa llamado am el lunes (por acá pueden ver). Me interesa hacer notar la descalificación de Cowboys y Aliens que hizo el sábado, y también el lunes (aunque en el fragmento de am del link precedente no está el momento en que sigue descalificando al cine de Hollywood). Me interesa resaltar ese desprecio hacia una película (sea Cowboys y Aliens u otra del estilo) meramente por ser un tanque de Hollywood. Me interesa oponerme a esa actitud de decir, sin ver la película, que es “un tanque de lo mismo que ya vimos 100 veces”. Me interesa oponerme a esa idea irreflexiva, maniquea, de que las grandes producciones hollywoodenses son maaalas, en este caso acompañada de esa otra que dice que el cine argentino cuesta mucho hacerlo y es bueeeno.

No sé si Bertuccelli vio finalmente Cowboys y Aliens, de Jon Favreau, el director de Iron Man (el lunes, dos días después de agredir la película, dijo que no la había visto). Por mi parte, vi Viudas, de Marcos Carnevale, el director de Almejas y mejillones, Elsa & Fred y Anita. Viudas es una de esas películas argentinas que intentan imitar un modelo de producto a la americana, con un punto de partida de guión con “concepto” fuerte (dos viudas del mismo hombre: esposa y amante del difunto se conocen en el lecho de muerte), comic relief (la mucama), énfasis en algún personaje secundario atractivo (el de Rita Cortese) y mucha música. Con trazos que apuntan a la comedia y al melodrama sin terminar de decantarse por ninguno de esos géneros ni por hacer un híbrido decidido, Viudas ofrece el inveterado oficio de Graciela Borges y Rita Cortese y poco, poquísimo más, como si a partir del concepto fuerte y algunos adornos pudiera sostenerse una película. Entre otras cosas, el cine de Hollywood –que, mal que les pese a muchos, suele salir bien con una regularidad mayor a la del “cine argentino con ambiciones comerciales” – enseña que solamente con el concepto no se avanza demasiado; que hay que dotar a los personajes de la película de complejidad, de diversos tonos; que hay que delinear situaciones en apariencia laterales pero bien orientadas a sostener el interés mientras se profundiza la línea narrativa principal; en suma, que hay que seducir al espectador con algo más que un esqueleto de un relato. En Viudas no hay una narrativa fluida, compacta y cohesionada sino una mera sucesión de escenas que ilustran un devenir lineal, obvio, reiterativo, plúmbeo, con algunos personajes que deberían ser vistos como desastrosos ya desde el guión (¡el chino!), y con estiramientos varios para relatar lo que se ve venir con antelación. Pasa lo mismo que en Un cuento chino (que es mucho más atractiva que Viudas): se descansa en el concepto fuerte y en los actores, pero con eso no se suple el trabajo de elaboración previo al rodaje, de la maceración de las ideas, y así las películas se parecen finalmente más a un borrador que una obra terminada, pulida.

No, por favor, no volvamos al discurso de que al cine argentino hay que defenderlo porque es argentino y cuesta mucho, y que la hipoteca y que la industria y la mar en coche. Ya lo dijo Borges (Jorge Luis) en 1937: “Idolatrar un adefesio porque es autóctono, dormir por la patria, agradecer el tedio cuando es de elaboración nacional, me parece un absurdo.” Agrego que además suele ser contraproducente: cuando se dice que todo es bueno hasta el público más crédulo desconfía. Bertuccelli, por otra parte, tuvo mala suerte: justo los dos tanques hollywoodenses que se estrenaron ayer, el mismo día que Viudas, son especialmente buenos, sólidos, interesantes, tanto El planeta de los simios: Revolución como Cowboys vs Aliens, el objeto central de su descalificación.