Viento salvaje

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

DEPREDADORES

Guionista de Sin nada que perder, Taylor Sheridan continúa en Viento salvaje -su segundo film como director- un camino atravesado por los códigos del western y del policial árido, pero fundamentalmente una exploración hacia la Norteamérica interior, donde la ley (terrenal, divina) está ausente y los hombres deciden su destino… o al menos lo que pueden de él. Como en aquella, el cruce cultural entre blancos y nativos genera tensiones, pero aquí las cosas son más secas y concretas: la aparición del cadáver de una joven en medio de la nieve da pie a una investigación que involucra a una inexperta agente del FBI y a un agente de la reserva encargado de cazar depredadores. Con maestría, el director y guionista no sólo involucra emocionalmente a los protagonistas, sino que los encierra en un contexto donde la violencia subterránea aflorará tarde o temprano para modificar definitivamente sus experiencias.

Viento salvaje es un film parco, cuasi lúgubre, y hace recordar por momentos a la pesadez de Manchester junto al mar por cómo los hechos del pasado relacionados con pérdidas irrecuperables instalan un andar taciturno y sombrío en los personajes (incluso por la utilización de la música). La diferencia aquí es que estamos ante un policial, y las reglas del género aportan un recorrido diferente: especialmente, esas reglas les permiten a los personajes la explosión que sacude la agonía. Sheridan inscribe su relato dentro de ese otro gran relato del cine Americano, aquel que explora lo intrínseco de una cultura donde la violencia masculina está institucionalizada y donde el orden material, desarticulado ante el imperio de la naturaleza, pierde sentido y promueve la desolación. El film es atravesado por hombres apesadumbrados ante el filo de la introspección: cometer el peor de los crímenes es una opción real. Así, Sheridan, estima que determinado tipo de violencia no es más que una consecuencia del sistema, y no necesariamente una excepción.

Si bien podemos cuestionarle al director cierto flashback que pierde de vista la lógica que el relato llevaba hasta ahí con el punto de vista, sin dudas que estamos ante un film notablemente sólido en materia expositiva. Sheridan nunca sucumbe ante las posibilidades que se abren, y se permite todo el tiempo del mundo para ir ensamblando las piezas de un policial que se va cocinando a temperatura baja, hasta llegar a una de las secuencias más electrizantes del año, un fuego cruzado entre diversas fuerzas de seguridad. Si corremos el hilo policial, el verdadero tema de Viento salvaje termina siendo ese choque cultural que enfrenta a nativos con blancos, y a lugareños con extraños, como esa agente de Fort Lauderdale perdida en medio del paraje nevado. Si Jeremy Renner (notable) elabora con sabia parsimonia a su meticuloso Cory, Elizabeth Olsen sorprende en la piel de esa agente involucrada en algo que la supera y la quiebra emocionalmente.

Viento salvaje es una película sobre hombres, crueles o pasivos, y sobre las formas que tienen de afrontar sus pesares y forjar su destino, siempre alejados de lo lúdico o azaroso. Porque como bien explica Cory, en un lugar como ese, perdido en el mundo, es imposible hablar de suerte: los que logran contar el cuento lo hacen por puro espíritu de supervivencia. El cazador, en el fondo, siempre puede ser cazado. Y lo que sobran son depredadores.