Un golpe con estilo

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

UN ENTRETENIMIENTO GERIATRICO

Remake de un film de 1979 dirigido por Martin Brest y protagonizado por tres veteranos de entonces como George Burns, Art Carney y Lee Strasberg, Un golpe con estilo justifica la reversión desde un punto de vista industrial: las comedias geriátricas son un subgénero instalado en el presente, y la posibilidad de intérpretes y público adulto-mayor de encontrar un tipo de entretenimiento que respete sus códigos entre tanto amasijo de gran producción destinado a adolescentes y espíritus jóvenes. Y ahí, claro está, también están sus límites: si la original era una declaración de principios y carta de defunción de una generación ante un cine norteamericano que avanzaba hacia la incierta modernidad, esta versión 2017 se acomoda plácidamente en los resortes de un subgénero que tiene su lugar en la taquilla y su poder de venta: en este perfil hemos tenido experiencias como las de Tres tipos duros o Ultimo viaje a Las Vegas.

Es decir, no son lo mismo los Burns, Carney y Strasberg del ’79, que los Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin del presente. Si aquellos representaban cabalmente una vieja guardia que empezaba a perder su lugar en el Hollywood de entonces, los veteranos de hoy son presencia constante en el cine norteamericano, incluso de alta producción como lo han demostrado Caine o Freeman apareciendo en sagas como las de Batman. Y esto, que parece algo menor, no lo es tanto cuando ese espíritu de época se termina traduciendo a cada versión: hay aquí algo mucho más ligero y despreocupado, menos sombrío. Pero en todo caso no es tanto culpa de la sólida comedia que monta Zach Braff, sino más bien un reflejo del tiempo en el que cada película se inscribe.

Todos recordamos a la Going in style de 1979 como la comedia en la que tres viejos robaban un banco, pero una revisión nos permite observar que era mucho más que eso, de hecho el robo al banco era un episodio más dentro del relato y la película avanzaba mucho más luego de eso. En verdad, aquella película reflexionaba sobre la vejez y sobre las últimas oportunidades, sobre sentirse joven otra vez y encontrar un objetivo: por ejemplo, las motivaciones para robar el banco estaban sostenidas puramente en la necesidad de hacer algo ante la quietud de la ancianidad. Pero detrás de la simpatía que destilaba el trío de protagonistas, había una oscuridad latente que se reflejaba en la forma en que cada uno de los personajes se iba despidiendo de la historia. Y nos decía que más allá de lo que se intente hacer para distraerla, la muerte está siempre ahí, al acecho. Un golpe con estilo circa 2017, por el contrario, lo que hace es tomar la premisa del robo al banco y convertirla en un fin en sí mismo: y demostración del espíritu de nuestro tiempo, busca una justificación al accionar de los viejos. Aquí, la empresa para la que trabajaron se les quedó con el fondo de pensión y, casi en la ruina, deciden robar el banco que los estafó. No podríamos acusar a la original de amoral, pero es cierto que en los 70’s la necesidad de la corrección política estaba mucho más lavada y no se hacía tan patente como en el presente.

Por cierto que Un golpe con estilo es una película mucho más optimista respecto de las posibilidades de la vejez, si acá hasta hay uno que tiene sexo; también -es cierto- porque no es lo mismo ser viejo en 2017 que en 1979. Y si bien la película se hace cargo un poco de eso, hay algo molesto en esta costumbre del subgénero de comedias geriátricas de mostrar viejitos piolas y cancheros que la tienen clara siempre: en el fondo, claro, está la idea muy contemporánea y newage de negar la muerte hasta cumbres de cinismo. En todo caso, y ya lejos de las incómodas comparaciones, lo que queda es una comedia divertida, que hace uso de chistes malísimos pero de otros muy buenos, que se juega el todo por el todo a sacarle brillo a las actuaciones carismáticas de Caine, Freeman y Arkin, y que encuentra cierto nervio (ausente en la original) en la trama policial y en los lugares comunes de las películas de robos maestros y trampas. Como si Zach Braff hubiera decidido ponerse menos filosófico y hubiera apostado más a construir un gran entretenimiento geriátrico. Por momentos, lo logra.