Todos lo saben

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

UNA OPORTUNIDAD DESPERDICIADA

El cine de Asghar Farhadi, con sus dramas de tipo personal que funcionan de trampolín para una lectura social y hasta política, siempre está sobrevolando el peligro de que la manipulación de las circunstancias que atraviesan a los personajes se note demasiado. Es en La separación donde sale definitivamente airoso, permitiendo que las variables espacio-temporales potencien los choques entre los protagonistas y enriquezcan la trama, promoviendo un retrato brutal de cómo un sistema institucional pasa por arriba a los individuos. Sin embargo, en El viajante y El pasado esa mecanicidad comenzaba a evidenciar unas cuantas grietas. Y es en Todos lo saben –que implica su primera producción internacional- donde la estructura se cae como un castillo de naipes.

La consistencia y coherencia hacen presencia en Todos lo saben solo en la primera media hora, donde Farhadi se permite retrasar el estallido del conflicto. Son los momentos de placidez del relato, con Laura (Penélope Cruz) llegando desde la Argentina junto a sus dos hijos al pueblo español donde nació, para asistir al casamiento de su hermana. Allí vemos los reencuentros, la evocación de recuerdos, las celebraciones, que pueden intuirse como una mascarada para las tensiones ocultas pero que a la vez gozan de una inquietante sinceridad, creando empatía a partir de cómo se demuestra que la felicidad puede sustentarse en mentiras pero no dejan de tener una parte de verdad. Hasta que secuestran a la hija de Laura, hay un pedido de rescate y todo empieza a girar alrededor de quién está detrás del crimen y cómo juntar el dinero, mientras que Paco (Javier Bardem) –que en algún momento fue el novio de Laura- empieza a cobrar protagonismo y se produce el arribo de Alejandro (Ricardo Darín), el marido de Laura, para colaborar en el rescate. Desde ahí, todo va barranca abajo y se acaba toda empatía con lo que se venía narrando.

Ese derrumbe se va dando porque Farhadi no está realmente interesado en la parte policial, por lo que monta una pobre estructura de enigma, donde los giros y vueltas de tuerca se ven venir a una enorme distancia. En lo que prefiere hacer foco es en el drama desatado a partir de las disputas por la tierra que se habían dado entre la familia de Laura y el resto de los habitantes del pueblo, suscitada por rencores de clase, mentiras y la necesidad de aferrarse a la propiedad como único factor de identidad. Pero acá el cineasta también patina, porque no hay construcción desde las miradas, los cuerpos, los silencios, las acciones o diálogos puntuales: todo se va enhebrando desde la palabra, los discursos impostados, las explicaciones de lo que pasa o sienten los protagonistas y una puesta en escena a la que le cuesta escapar de la teatralidad.

De ahí que la única herramienta con la que finalmente cuenta Todos lo saben es su elenco multiestelar, donde hasta en los papeles más pequeños hay actores de renombre, casi todos desperdiciados. Y si Bardem recurre a su corporalidad innata para expresar lo que le pasa a su personaje y con eso le alcanza para zafar ligeramente; Cruz cae en la sobreactuación dramática; y Darín queda absolutamente desdibujado, en una de las peores actuaciones de su carrera. Farhadi, con todos los recursos a su disposición, choca la calesita y entrega un film anodino, totalmente fallido.