Temple de acero

Crítica de Hugo Zapata - Cines Argentinos

Temple de acero es un clásico de la literatura norteamericana de las últimas décadas.
Su autor, Charles Portis, se destacó con sus novelas por combinar a la perfección el género western con el humor.
Las novelas de cowboys solían ser demasiado serias o dramáticas hasta que apareció este tipo con sus trabajos.
Esta historia en particular se conoció por primera vez en 1968 y al año siguiente fue adaptada en el cine por el director Henry Hathaway, en una película que no sólo fue uno de los principales éxitos de taquilla de aquel año, sino que además representó el único Oscar que ganó en su carrera John Wayne, por el papel del marshall Rooster Cogburn.
Su labor fue tan bien recibida por el público que el actor volvió a interpretar al personaje en la secuela, Rooster Cogburn (1975), con Catherine Hepburn.
Warren Oates luego tomó la posta de Wayne con la segunda secuela, Temple de Acero: Una aventura más (1978), que se hizo para la televisión y quedó en el olvido.
La mejor de todas es la original que hoy es considerada un clásico del género.
Esta nueva versión de los Hermanos Coen es probablemente una de las adaptaciones cinematográficas más fieles que se hizo de una novela en los últimos tiempos.
Los directores capturaron a la perfección el trabajo de Portis, por eso la película desde los primeros minutos se aleja del trabajo de Hathaway.
El film de los ´60 estuvo construido en base a la figura de John Wayne que era una leyenda del western por entonces. De hecho, el guión se escribió especialmente para él.
Los Coen, en cambio, optaron por contar la trama, al igual que la novela, desde la perspectiva de la verdadera protagonista, Mattie Ross, que fue interpretada brillantemente por Hailee Steinfeld.
No es un dato menor que la actriz tiene 14 años, igual que la protagonista en el libro. Kim Darby cuando hizo la película con Wayne tenía 21 años y el personaje por motivos obvios era muy distinto.
Es muy interesante esta versión de Temple de acero porque al igual que la novela en que se basa tiene mucho más humor, pero a la vez es una película más violenta y oscura que el clásico de los ´60.
El ejemplo más claro de esto es lo que hizo Jeff Bridges con su personaje, que se acerca más a los anti héroes de los spaghetti westerns, que al marshall idílico que interpretó Wayne.
Rooster Cogburn, que mantiene su clásico parche en el ojo (un genial invento del cine que no aparecía en la novela), acá se lo ve con un aspecto mucho más recio y sucio.
Lo mismo ocurre con el personaje de LaBeouf, a cargo de Matt Damon, que es menos ingenuo.
Todos estos cambios que brindaron los Coen hicieron que la historia sea mucho más apasionante y realista. Retrataron la era del viejo oeste como un lugar peligroso y violento para vivir, tal cual lo marcan los libros de historia.
Es gracioso porque mirás de vuelta la película de los ´60 y a lado de esta parece una de Disney.
Por otra parte, todo el trabajo que tiene esta producción en la fotografía, sonido y dirección de arte es tremendo.
Una enorme sorpresa que no termino de entender es la exclusión en las nominaciones al Oscar del compositor Carter Burwell, quien brindó una soberbia banda de sonido, mucho más adecuada para la historia, que el trabajo de Elmer Bernstein en la versión anterior.
No estaba mal el trabajo de Elmer, que fue un groso en lo suyo, pero brindaba la típica música de filmes de cowboys que se hacía en Hollywood por aquellos días. Nada especial.
La labor de Burwell resultó mucho más funcional a la historia. La escena del enfrentamiento final entre Jeff Bridges y Barry Pepper es un ejemplo más que contundente.
En fin, un estreno que se celebra, ya que hace rato que no teníamos un western en la cartelera y que además adaptó con mucha fidelidad una muy buena novela.
Gran película de los Coen.
Hugo Zapata

EL DATO LOCO:
Al igual que ocurre por estos días con Hailee Steinfeld, en 1969, Kim Darby fue elogiada internacionalmente por su interpretación de Mattie Ross en Temple de acero.
Es importante destacar que este personaje es todo un emblema del género western.
Históricamente en estos filmes las mujeres siempre tuvieron dos roles definidos. Putas o amas de casa cariñosas. No había término medio.
Esto cambió con el surgimiento de la puta con corazón de oro que interpretó Claudia Cardinale en Érase una vez en el Oeste (1968), de Sergio Leone.
Por eso pegó fuerte también el personaje de Mattie, ya que nunca se había visto hasta ese momento una chica joven que estuviera a la altura de los protagonistas masculinos en este tipo de historias.
La actriz fue nominada al Oscar y los diarios más importantes de Estados Unidos la destacaron como una de las jóvenes promesas de Hollywood.
Sin embargo este reconocimiento resultó una maldición para Darby, ya que después de los Oscar su carrera se vino a pique. No tuvo una vida personal dramática ni participó de escándalos, pero no volvió a conseguir trabajos en producciones importantes y de a poco su nombre quedó en el olvido.
Su trabajó más notable lo brindó en el clásico de culto, No temas a la Oscuridad, de 1973, cuya remake producida por Guillermo del Toro se conocerá este año. Ahí se destacó con una muy buena interpretación pero no alcanzó para que regresara a las grandes ligas de Hollywood.
Es uno de esos misterios del cine que también vivieron Bo Dereck (10) y la recientemente fallecida Maria Schneider (El último tango en París), quienes también recibieron una gran atención de la prensa en su momento por una película en particular, pero luego no pudieron sostener sus carreras con otros papeles importantes.
Haley Joel Osment (Sexto Sentido) es otro caso reciente. Esperemos que a la nueva Mattie Ross le vaya mucho mejor porque es una buena actriz.