Super Mario Bros. La Película

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

UN JUEGUITO

Digamos una cosa, Aaron Horvath y Michael Jelenic son dos realizadores especialistas en animación, destacándose con esa maravilla alocada de los Teen Titans Go! Por lo tanto, si pensamos a Super Mario Bros: La película desde el punto de vista de su relación con la comedia, el saldo es más que negativo. No es que la nueva adaptación de los clásicos personajes del videojuego carezca de inventiva, pero bien es cierto que su humor no pasa de lo reglamentario, de lo que hoy sabemos que mínimamente podemos exigirle a una película animada mainstream. Si Horvath y Jelenic supieron sacarle todo el jugo al juego autoconsciente con los personajes de DC, aquí se los nota demasiado preocupados en amoldarse a las exigencias de Nintendo, más interesada en crear una franquicia que en permitirse ciertos exabruptos con sus criaturas.

Si en el pasado la relación entre los videojuegos y el cine era bastante conflictiva, con el tiempo han aparecido más libertades expresivas para eludir la mera reproducción de la experiencia gamer. Ya no hay tanta preocupación en el intento de emulación (porque los fracasos han sido estrepitosos), sino uno libertad para entender que el cine, al igual que lo hace con la literatura -cuando lo hace bien-, debe tomar lo básico para construir otro tipo de experiencia. La película de Horvath y Jelenic, por lo tanto, avanza en dos direcciones: una, la de la construcción de una aventura autónoma, con Mario tratando de encontrar a su hermano Luigi, mientras queda en medio de una disputa entre mundos. Hay una tibia construcción de una mitología neoyorquina pero carece del peso suficiente como para hacer sistema y otorgar a los personajes un contexto. La otra dirección es la de ver de qué manera aplica la lógica de los videojuegos a esa narrativa. Se podrá decir que el experimento es un poco fallido, pero no del todo insatisfactorio: si los personajes son mayormente insulsos (uno de los problemas de la película), la iconografía del Super Mario Bros. se aplica de manera coherente con un relato que hace de las dispersión narrativa su norte. Super Mario Bros: La película es fragmentaria, de secuencias que se apilan unas encima de otras y que logran algún efecto cómico en la libertad de experimentar por pasajes sin demasiada conexión argumental.

Esto último es lo que sucede con el villano Bowser, tal vez la gran invención humorística de la película, algo que se debe en parte al notable trabajo vocal de Jack Black. Es su personalidad la que le da identidad al personaje, un ser malvado no exento de una alta dosis de ingenuidad, lo que lo vuelve por momentos un niño caprichoso. En Bowser sí se notan las ganas de jugar de Horvath y Jelenic, y la libertad de romper con lo pautado desde el videojuego. Es eso lo que se extraña en el resto del film, aunque también es cierto que cae un poco preso de las expectativas generadas ante el talento reunido; no solo en la dirección sino también en el elenco de voces. En todo caso es un borrador de una película mucho más divertida, que ante el éxito comercial de esta primera entrega, Horvath y Jelenic pueden tomarse el trabajo de comenzar a construir.