Snowden

Crítica de Lucas Rodriguez - Cinescondite

En la nueva era del mundo digital, la privacidad personal es una aptitud en vías de extinción. Toda la vida de una persona puede subirse a las redes y, por más que el gobierno se repita una y otra vez que no está vigilando a sus ciudadanos, la semilla de la duda está plantada. Las increíbles revelaciones de Edward Snowden sobre la acumulación de datos del gobierno americano explotaron en los medios y está retratado con mucha exactitud y temeridad por Laura Poitras en el fantástico documental Citizenfour. En consecuencia, la dramatización cortesía de Oliver Stone en Snowden levanta las cejas con tensas escenas de tecnothriller pero mete el dedo en la llaga de manera obvia cuando se vuelve aleccionadora sobre los derechos de los ciudadanos y lo que está bien y lo que está mal.

Snowden comienza con una escena tensa, lo que representa la primera interacción entre Edward, la documentalista Poitras y el periodista Glenn Greenwald encarnado por Zachary Quinto. Parece una salida de alguna Misión Imposible, pero para aquel espectador astuto que haya mirado el documental previamente, sabe que la situación no está lejos de la mismísima realidad. La primera vez que escuchamos hablar al Snowden de Joseph Gordon-Levitt sabemos que el carismático actor no tendrá una transformación visible para el personaje, pero esa voz grave y calmada que tiene el verdadero Edward se nota palpable cada vez que habla. Impresiona y para bien, es una gran afectación de voz que se vuelve una experiencia inmersiva instantánea. A partir de ahí, Stone desgrana la vida y obra del joven programador, desde su fallida incursión en las filas militares y su posterior contratación en la CIA para “servir al país de otras maneras” que en el frente de combate.

Con la entrada de la hermosa Lindsay Mills de Shailene Woodley es cuando la película empieza a separarse en blancos y negros en vez de quedarse en las gamas de grises. Lindsay y Edward tienen posiciones políticas muy diferentes, y el guión del propio Stone y Kieran Fitzgerald hace chocar dichas posiciones de una manera muy obvia y masticada. No hay sutileza, y a lo largo de la película la trama se encontrará en caminos similares cuando el programador se vea cara a cara con las infracciones a la privacidad que su propio gobierno al que tanto defiende comete en pos de proteger a la nación.

Si bien es algo evidente, no por ello Snowden es menos interesante. Con una duración un tanto extendida para la historia que relata, la vida y obra de Edward antes de cumplir treinta años parece salida de una novela, pero su vida fue y es ciertamente alucinante. La cantidad de personajes que deambulan por su vida es impresionante, unos en pequeñas dosis como el profesor que interpreta Nicolas Cage bastante comedido y sincero o la casi diabólica interpretación de Rhys Ifans como un subdirector de la CIA, todos interpretados con gracia y mucho profesionalismo por un elenco de estrellas que hacen lo mejor con las pequeñas partes que tienen.

Teniendo su buena dosis de pros y contras, Snowden sale airosa con una dramatización correcta y a veces escalofriante de una de las personas más relevantes de la última época. Ya sea un héroe o un traidor, la historia de Edward Snowden tenía suficientes condimentos para ser una película fascinante. Tiene a un director de gran calibre como Oliver Stone por detrás, pero sus problemas principales radican en encasillarse en momentos tópicos como la relación sentimental entre los protagonistas, donde se aleja mucho del núcleo y el mensaje de la historia. El resto, es tapar con una cinta la cámara de cada computadora y salirse de todas las redes sociales inmediatamente.