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Imagen del crítico Lucas Rodriguez
Lucas Rodriguez
  • Cantidad de críticas: 100
  • Promedio: 66%
  • Críticas favorables: 77/100 (77%)
  • Críticas desfavorables: 23/100 (23%)
  • Diferencia absoluta: 10%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @Lucksaw
  • Medio donde critica: Cinescondite
  • El gran Gatsby
    El gran Gatsby
    Cinescondite
    ¿Qué mejor candidato que Baz Luhrmann para trasponer la caótica década del '20 que transmitió durante años la prosa de F. Scott Fitzgerald? La idea de glamour inherente a la novela le sentaba de perlas a quien supo destacar el arte en su filmografía pero, en cierto punto, el director se perdió a si mismo en la grandeza que resultaba adaptar un icono de la literatura y The Great Gatsby es lujo en desmesura pero carente de afecto.

    Así de ambiciosa como se percibe por los adelantos, detalle clave en toda producción del director australiano, es un cuento repleto de fastuosidad, celebraciones interminables, amores imposibles, traiciones y, a fin de cuentas, los excesos de la riqueza y la imprudencia propia de la juventud. Los avances técnicos de la época permiten que la acción transcurra en una digitalizada ciudad de Nueva York, brillante y reluciente, donde muy pocas veces hay una inmersión hacia los sectores oscuros y sucios de la urbe. Uno de los puntos claves, y el sólo mérito de asistir al cine a ver el despliegue en pantalla grande, son las fiestas organizadas dentro del palacete que posee el misterioso Gatsby. Con la ayuda de la banda de sonido a cargo del músico Jay Z, quien logra una conjunción idónea entre sonidos del pasado y actuales, las bacanales derrochan los elevados diseños de vestuario, cinematografía y producción. Aumentadas con la dimensionalidad que otorga el 3D, las reuniones son un punto fuerte, que determinan el telón de fondo para el desarrollo de los personajes.

    Al ritmo de Crazy in Love de Emeli Sandé y A Little Party Never Killed Nobody de Fergie se presentan los personajes, conducidos por el Nick Carraway de Tobey Maguire. Él es el narrador absoluto, contando la trama a través de sus propios flashbacks mientras escribe sus memorias de los años turbulentos que pasó en Nueva York. Carraway es descrito en la novela como una persona cínica y recelosa de los desconocidos, en el film es una criatura inocente que entra en confianza enseguida con su entorno. El carácter y la actitud noble de Maguire lo hacen un candidato ideal para trabajar la idea y el mito de Gatsby como su mano derecha y confidente. El gran playboy americano se encarna en la piel de un Leonardo DiCaprio que nació para este papel. Cada gesto, cada sonrisa, cada frase destilan una clase elevada que otro actor no hubiese podido emular. La delicada Carey Mulligan también parece cortada para la parte de Daisy, una joven que vivió siempre rodeada de dinero y ahora, tras la reaparición de su viejo amor, ve su mundo trastocado. El trío de Maguire, DiCaprio y Mulligan tiene chispa y se ve bien acompañado por el férreo Tom Buchanan de Joel Edgerton y las bellezas de Isla Fisher y Elizabeth Debicki.

    Durante la primera hora de metraje, las fiestas y la imagen escondida de Gatsby son un aliciente para mantenerse ocupado desentrañando la figura del millonario. La revelación encantadora de Leonardo, con una copa de champagne en sus manos, trae aparejado un desliz narrativo importante. La historia de amor se deja ver infantil y sencilla, sin muchos matices, aunque ciertos giros en el tercer acto logran retomar esa idea de cinismo egoísta que intenta actuar como moraleja. Como adaptación de la novela, no se le puede buscar peros porque el guión de Luhrmann y Craig Pearce se mantiene fiel al texto de Fitzgerald, incluso en la traslación de pasajes y líneas del libro.

    A pesar de ser una novela corta, The Great Gatsby tiene una duración de unos 140 minutos un tanto excesivos, aunque a gusto con los anteriores films del director. Las dos horas y media se sienten, pero el esplendor americano se deja ver, así como también una brillante producción y una ferviente caracterización por parte de DiCaprio son los puntos a favor que tiene esta nueva adaptación de un clásico que, detrás de tanta opulencia, no encuentra asidero para contar una historia única e irrepetible.
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  • Scary Movie 5
    Scary Movie 5
    Cinescondite
    Lo que alguna vez fue divertido en la saga Scary Movie ha desaparecido completamente. Lejos quedó la parodia original de la primera entrega o la reinvención del humor absurdo en la tercera parte, gracias a la dirección de David Zucker. Este supo entretener en los años '80 a la platea con sus inolvidables Airplane!, Top Secret! y la brutal The Naked Gun, pero tal parece que su toque humorístico ha ido desapareciendo con el tiempo. Scary Movie 5 es un título pobrísimo, que apela a engañar a su propia platea insistiendo en figuras escandalosas del medio y en parodias a media cocción de recientes películas de horror que nunca terminan de funcionar.

    Scary Movie 4 era mala pero tenía buenos momentos gracias al candor incansable de Anna Faris. Aquí tenemos una especie de reimaginación del personaje en la jovial Ashley Tisdale y, aunque el material del guión de Zucker es preocupante, al menos Faris hubiese salido airosa. La ex High School Musical no es la veterana humorista y la química con la nueva mejor amiga negra -Erica Ash- es inexistente. Regina Hall tampoco se hace presente, por lo que ese asomo de gracia entre las dos protagonistas, nunca aparece. Las parodias principales de esta maldición de película son la ya gastada Paranormal Activity, Mama y Black Swan. Sin ánimos de defender, la reciente A Haunted House hizo un mejor trabajo parodiando a la saga del found footage, aún siendo una película mala.

    ¿Tiene algo de gracioso que todo el tiempo, cuando se agotan los pocos trucos bajo la manga del film, se nos recuerde a figuras polémicas del ambiente? Desde la escena inicial con Charlie Sheen y Lindsay Lohan -prometía la unión y nada- hasta los guiños a Fifty Shades of Grey, Honey Boo Boo y Tyler Perry's Madea, Scary Movie 5 parece un mal rejunte, una de esas producciones que nunca llegarían al cine a menos que el sólo nombre de la saga pudiera atraer a algún incauto a la sala. ¿Recuerdan las Epic Movie, Superhero Movie, Date Movie? Bueno, en ese nivel y aún más bajo está esta quinta entrega, que mancilla el nombre de lo ya mancillado. ¿Se puede caer más bajo que esto? Pregúntenle al director Malcolm D. Lee cómo se hace.

    Que una película como Scary Movie 5 llegue al fin de sus 86 minutos de metraje es una bendición por partida doble. Primero porque ha terminado el sufrimiento, pero en segundo lugar, para ver los bloopers en los créditos, el momento en el que esta se vuelve divertida. Un detalle que llama la atención en el peor sentido, que lo mejor venga cuando todo ha terminado.
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  • El último exorcismo - Parte 2
    Más allá del cuestionable tecnicismo que presenta el título de la secuela en cuestión, poco y nada se esperaba de The Last Exorcism: Part II, una extensión de una historia que tuvo su pequeño destello de furor en 2010 y ahí quedó todo. Aún vendiéndose bajo la engañosa producción de Eli Roth -inmerecida, porque la cuota de hemoglobina presente es escasa-, el film vuela bajo.

    Siempre es bien recibida una buena alegoría como trasfondo para una película de horror, y aquí el tema es el despertar sexual de la sufrida Nell. Sin familia, sin hogar y sin memoria, el frágil personaje que compone Ashley Bell deja de ser una nena y su cuerpo -y el demonio que la persigue- le exige cada vez más. La dulzura con la cual le declara a su enamorado que alguna vez estuvo embarazada de un hijo y luego se lo quitaron, contrasta con las visitas nocturnas fantasmagóricas que la pobre sufre desde su último encuentro con la entidad llamada Abalam. Y eso no es todo: el plan que el Mal se trae entre pezuñas promete traer el caos a la Tierra a menos que un grupo de extraños e invisibles creyentes del vudú salven su alma antes de que el ente maligno logre su cometido.

    Pero en medio de la adaptación a un vestigio de vida de la protagonista, el director y coguionista Ed Gass-Donnelly y su compañero Damien Chazelle se olvidaron que estaban haciendo una película de horror, y por el medio injertaron subidas de volumen, extrañas voces y sombras en las paredes. ¿En dónde quedaron las contorsiones imposibles, el lenguaje soez o la sangre de la original? Por sobre todas las cosas, ¿dónde está el exorcismo del título? Cierto, hagamos una pequeña referencia al comienzo y logremos que reaparezca cuando faltan diez minutos antes del final, improvisemos un exorcismo pagano y de ahí nos despachamos con el desenlace, con eso se resuelve. No importa que el presupuesto haya crecido exponencialmente, de todas maneras el alma de una ciudad mística como Nueva Orleans se siente trasladada sin gracia a un producto directo a video. Claro, no hay pantanos, pero sí un carnaval estilo Mardi Gras a plena luz del día para compensar.

    Si no fuese por la eterna flama en la sonrisa de Bell -quien se merece una promoción de calidad fílmica urgente- The Last Exorcism: Part II quedaría hundida en el olvido como esa pequeña segunda parte que intentó ser diferente y casi que lo logra. Efectos de segunda, una trama plana y secundarios torpes terminan de darle el traspié final a un nuevo exorcismo que nunca debió existir.
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  • Spring Breakers: viviendo al límite
    El plano inicial con el que abre Spring Breakers -una fiesta playera en cámara lenta en la que no faltan senos y traseros bronceados- nos dice lo irreverente que puede llegar a ponerse el director Harmony Korine y lo divisivo que puede resultar este drama inclasificable.

    Por un lado, el realizador pretende vanagloriar esas escapadas hedonistas que cada primavera los jóvenes americanos aprovechan hasta el último momento, a la vez que presentar la vacuidad que empuja al cuarteto de chicas a cometer una locura tras otra con tal de disfrutar lo que ellas piensan, es la mejor etapa de sus vidas. Divertirse salvajemente tendrá sus consecuencias en cada una de ellas y poco a poco el grupo irá percatándose de qué tan hondo están metidas en la ciénaga que ellas mismas se crearon. El director ya presentó una historia difícil de tragar como el guionista de Kids y ésta vez los protagonistas son menos odiosos pero igual de transgresores. Todo aquel que entre a ver la sala con la idea de ver una nueva Project X pero con un plantel femenino está totalmente equivocado. Spring Breakers es una historia criminal que retrata la vida de una generación que se va perdiendo poco a poco, debido a la inhabilidad de aceptar un futuro en el que las cosas no son tan fáciles como ellas se la plantean. La vida no es un videouego -aunque cierto personaje la plantee como tal- y el precio será diferente para todas.

    Desde un principio la elección de caras Disney les picó bastante a varios, generó curiosidad y el resultado varía en calidad. El papel de Selena Gomez es quizás el mas inocente y el menos jugado, lo que no quiere decir que no esté a la altura de las situaciones del grupo, mientras que Vanessa Hudgens forma una dupla sórdida y desobediente junto a Ashley Benson -quien se destaca en la serie juvenil Pretty Little Liars-, ambas las joyitas del film. La esposa del director y guionista Rachel Korine es quien complementa al cuarteto, no obstante su Cotty no genera inquietud alguna en contraste con las otras tres, se siente más un títere o la típica amiga que ante una decisión responderá "me da lo mismo". Sin embargo, el punto álgido es la aparición de un irreconocible James Franco como el gángster Alien, cuya ayuda le da un giro delictivo a la trama y genera una atracción magnética en su interacción con Benson y Hudgens. Dominando la escena desde su presentación, este tiene una caracterización fascinante como un maleante que quiere ser más grande de lo que aparenta, una especie de Tony Montana para la generación MTV -no es casualidad que se vea un cartel de Scarface colgado en la pared de una habitación-.

    No todos verán lo mismo en Spring Breakers. Los fanáticos de Selena Gomez saldrán impactados con el nivel de realismo de la película. No es una fiesta divertida, es un cuadro deprimente de una juventud en problemas. Para ayudar a crear esta sensación de desasoiego y depresión, Korine se vale de una edición no lineal que exige una colaboración por parte del espectador para completar el rompecabezas, de la cinematografía de Benoît Debie, que juega mucho con la fluorescencia y la calidez de los tonos amarillentos, y de la potente banda de sonido de Cliff Martinez -el mismo de Drive y Contagion- en coautoría con el músico Skrillex.

    Con Britney Spears como una anacrónica musa inspiradora, Spring Breakers parece ser más ligera de lo que es, aunque con el pasar de los minutos se convierte en una fábula oscura que nunca pierde su lado sexy. Entretenida y extraña al mismo tiempo, es un plato interesante que merece una charla luego de su visionado.
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  • Rigoletto en apuros
    Dustin Hoffman ha elegido para su debut en la dirección una comedia sencilla, amable y sin aspavientos, que retrata el día a día de los pacientes de una inusual residencia de la tercera edad para cantantes de ópera retirados. Varios de sus temas están claros: la soledad en la incipiente vejez, la pérdida progresiva de la memoria y, aglutinándolo todo y dándole un cariz poético, el poder terapéutico de la música y, por extensión, del arte.

    Quartet está formulada en positivo, incluso cuando aborda la enfermedad y la muerte lo hace hablando de la vida. Para tantear todo ese material, ni Ronald Harwood -en el texto- ni Hoffman -en la ejecución- se salen de los márgenes de la corrección y el optimismo, lo que no quiere decir que sea una propuesta ingenua, falsamente alegre o con excesos sentimentales. El tono general de la producción es amable con el espectador gracias a su puesta en escena, su corrección formal y su argumento, sencillo y efectivo, que sintoniza con las emociones de la audiencia y las interpretaciones, cercanas y que invitan a la sonrisa. El elenco, un grupo de artistas ya consagrados que con el nombre lo dicen todo, nos presenta a un Billy Connolly quien lleva durante buena parte de la película el peso principal con su humor ácido, a una reina de la pantalla grande y la pequeña como lo es Maggie Smith como la cuarta integrante de este grupo en discordia del título original, a Tom Courtenay, incapaz de perdonar en primera instancia al personaje de Smith -el único que cobró notoriedad en el ámbito dejándolos relegados al resto-, y se completa con la cálida presencia de Pauline Collins, cuya sola sonrisa alimenta el alma.

    El mensaje de Quartet está entre la melancolía por los viejos tiempos de gloria, por las decisiones que marcan una vida, y las ganas de perdurar y seguir creando de unas personas que han sido brillantes artistas y ahora han llegado al ocaso. A pesar de las limitaciones del guión, se disfruta de las excelentes actuaciones y deja un gusto agradable tras su visionado. No recomendable para los que busquen una de acción, pero sí para los que ansíen degustar una pequeña obra con sello de calidad casi teatral.
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  • En trance
    En trance
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    Danny Boyle es un verdadero camaleón. Cuando uno revisa su filmografía, va desde el drama hasta el horror, pasando por la comedia y la ciencia ficción, sin dejar terreno que no haya explorado aunque sea superficialmente. Con Trance vuelve un poco al sendero criminal, aunque no tan sucio como Trainspotting, sino más cercano al thriller de guante blanco como en Shallow Grave.

    No es fácil meterse de lleno en la historia que promete el film, un cuento de hipnosis y traiciones con un buen trío protagonista en James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson. El colaborador constante de Boyle, John Hodge, se une a Joe Ahearne -quien ya había adaptado esta misma historia en 2001 para TV- para crear un robo de una obra de arte de incalculable valor, crimen que tendrá inesperadas consecuencias para los involucrados. Durante el transcurso de la misma, uno de ellos afirma que sólo el 5% de los humanos puede sumergirse en las profundidades de su mente y abrazar la hipnosis a tal punto de poder ser controlado por la misma técnica. El precepto bien puede asociarse con Trance, película de difícil consumo que requiere de mucha atención y del abocamiento total por parte del espectador por jugar y dejarse llevar por una trama que gira constantemente sobre su propio eje para crear confusión y mantener en expectativa a la platea hasta el desenlace.

    En ella no importa tanto el por qué sino el cómo. Los viajes mentales del personaje de McAvoy tienen la impronta visual de un Danny Boyle inspirado y colorido, que juega mucho con sus cámaras y se apresta a golpear con un estilo de alta gama, coches caros y elegantes departamentos. Este corte urbano le da un sabor diferente a lo que se vuelve un triángulo amoroso ardiente entre el trío -un poco inesperado- que patea el tablero más de una vez para dejar en claro que nada es lo que parece. Las falencias argumentales se ven ocultas por un director que sabe como distraer y un elenco que en un principio puede no encajar, pero que con el paso de los minutos van dejando ver una cara escondida que revela mucho más de sus personalidades. McAvoy y Cassel tienen una trayectoria interesante y calidad actoral de sobra, pero el sobresaliente se lo lleva Rosario Dawson en un papel que le exige mucho, demasiado, que se juega con un desnudo frontal y no le tiene miedo a generar una disyuntiva irónica con su Elizabeth Lamb -que de cordero, poco y nada tiene-.

    Suspenso a granel, una historia enredada, varias sorpresas, violencia, sexo y traiciones es lo que promete y cumple Danny Boyle en Trance, una entrada quizás no tan poderosa como otras películas en su filmografía, pero que sigue presentando un apartado visual y estilístico loable para un director que siempre apunta alto.
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  • Palabras robadas
    Palabras robadas
    Cinescondite
    The Words aprovecha el tema del plagio literario para poner en evidencia un ambicioso juego de cajas chinas que se toma a sí mismo demasiado en serio. El film aborda tres historias conectadas por la literatura, los libros, las palabras. Tres historias, cada una más intensa y mejor que la anterior, que siguen una línea temporal evidente: la primera centrada en la posguerra parisina, la segunda abarca la anterior en una Nueva York actual a base de recuerdos, y la tercera y última un futuro a corto plazo que engloba a las otras. Todas tienen una conexión y su misticismo romántico.

    La película de Brian Klugman y Lee Sternthal no se adentra en la lucha del hombre contra la infinita fiereza de un papel en blanco, juega más a mostrarnos al sujeto ávido de trascender, de lograr dejar su impronta, de conquistar el mundo editorial, de alcanzar la plenitud en su trabajo y llegar a la fama. El segmento del escritor y del ladrón está bien contado y se sigue con facilidad, gracias a un guión preciso y correcto aunque poco original, que no pierde en ningún momento el objetivo que se marca, que no es otro que el de jugar entre lo real y lo inventado, entre una vida en que la que se esquivan las consecuencias de las decisiones y otra en la que se asumen. Por eso, por encima de los pormenores de aquel manuscrito oculto y perdido, preferimos centrarnos en ese novelista de éxito entre el remordimiento y la imaginación, el pasado real y el rescatado.

    La presencia de Jeremy Irons llena cada una de las escenas en que está, y su rostro convence más que todas las palabras que se puedan escribir. Frente a él, a Bradley Cooper no le queda más que secundarlo como puede y tratar de no rebajar el conjunto, aunque siga cimentando su calidad actoral en dramas del estilo. A su lado están los correctos Dennis Quaid y las bellezas femeninas de Zoe Saldana y Olivia Wilde para formar un elenco heterogéneo de peso y de mejor ver.

    The Words propone una interesante reflexión sobre el oficio de escritor y en concreto sobre las antonimias realidad-ficción y verdad-mentira, determinantes en la literatura. De corta duración pero amable en calidad, es una interesante moraleja que de vez en cuando siempre regresa al cine para marcarnos que algunas cosas nunca cambian.
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  • El nombre
    El nombre
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    El salto desde una sala de teatro al cine muchas veces le queda grande a una obra que no sabe cómo transmitir con entereza su historia, pero en el caso de la tragicomedia de Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte el traspaso le sienta muy bien. Su trabajo conjunto involucra un encadenado de situaciones equívocas que empiezan con una pregunta clásica e inevitable -¿qué nombre le pondrás a tu hijo?- y degenera en todo un análisis de la amistad, la familia, la confianza y los secretos.


    En Le Prénom vemos como un grupo de cinco amigos -los hermanos Élisabeth y Vincent, sus respectivas parejas Pierre y Anna, y el amigo soltero Claude- se reúnen para una cena que poco y nada tendrá de idílica, cuando Vincent decida anunciar el escandaloso nombre que le pondrá a su primogénito. Una respuesta que en otra situación provocaría comentarios al pasar y un cierre natural, genera entre el futuro padre y su culto amigo de la infancia Pierre un debate candente que arrastra a todos los presentes a sacar poco a poco todos sus trapitos al sol, a veces de manera muy cómica y en otras hundiéndose poco a poco en el territorio del drama.

    El guión de La Patelliére y Delaporte contiene diálogos afilados, que pasan de los chistes más burdos a las discusiones más inteligentes con una fluidez pasmosa que le otorga a su elenco bastante margen para dimensionar a sus personajes. Como sucede con la mayoría de las comedias francesas hay sutileza suficiente, pero eso tampoco implica que se dejen de lado esos momentos en los que los gritos prevalecen por sobre la calma y el torbellino de emociones se hace escuchar con claridad. Cada personaje tiene su momento de gloria, aquel en que se quita la careta y es él mismo, en el que se deja ver tal cual es: un retorcido e irritante Pierre, un cobarde y complaciente Claude, o un narcisista Vincent dejan en buen lugar a Élizabeth y Anna, que saben estar en su sitio aunque también tienen su genio, sobre todo el último monólogo de la explosiva Valérie Benguigui, la abnegada esposa que se reivindica tras una vida de maltrato familiar solapado.

    Le Prénom es una pequeña película que se ve con gusto y que entretiene, que transita sobre un ágil guión de enredos sobre cuatro interpretaciones que resultan decisivas para dar frescura a sus simpáticos personajes. Hay rencillas, equívocos y prejuicios lanzados como dardos que hieren en lo más íntimo, pero al fin y al cabo, en qué familia no hay algún que otro secreto, alguna que otra afrenta silenciada, alguna que otra palabra dicha a destiempo. Y, a la hora de la verdad, ahí están todos para poner el verdadero nombre al infante que nace.
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  • Tabú
    Tabú
    Cinescondite
    Tabú encuentra un nuevo y sorprendente modo de narrar en imágenes, muy distinto al de otros rescates de la estética del cine mudo. Con su prólogo y sus dos partes separadas por 50 años, el film cuenta desde un punto de vista emocional los resortes de la vida privada y de la historia del séptimo arte. Mientras tanto, habla de la relación entre dos vecinas primero y luego sobre un amor del pasado.


    De difícil clasificación, la película del portugués Miguel Gomes es una insólita y laberíntica obra que puede leerse de varias maneras: un ensayo sobre la melancolía post-colonial, una fábula de la conexión de las almas o incluso la crónica de una pasión prohibida. Todas esas lecturas son posibles a partir de un díptico que enfrenta, en respectivos formatos de blanco y negro de 32 y 16 mm., el relato actual de una anciana burguesa que sospecha de la brujería de su criada, y su pasado en una África que exuda pasión, sudor y ninguna restricción moral. En las interrelaciones entre ambas partes, entre el pasado y el presente, se fragua el misterio de una película en cuya narrativa única uno puede identificar el tiempo anterior —aquí un continente, un país innominado— como ese tesoro insensato y lleno de fantasmas amados que pactan con bestias milenarias.

    Tabú se destaca por la delicadeza a la hora de utilizar la magia del cine mudo y un acontecimiento histórico para ofrecer una sagaz visión con un trasfondo político y social interesante sobre la decadencia del colonialismo en África, aunque va más allá y también nos habla de la nostalgia y el amor hacia el período mudo, un recuerdo que perdura en la memoria de mucha gente. Una obra que trata sobre los diferentes puntos de vista y formatos para narrar historias, que consigue materializar con gran acierto la forma en que se producen las emociones, las vivencias y la memoria, para finalmente realzar lo adulterado de la narración como fiel exposición de la realidad. Gomes también nos propone cuestionar nuestra visión respecto al desfallecimiento del amor e indaga en la esperanza interior que todos tenemos de encontrar el edén en algún momento de nuestra existencia, aunque la moraleja final sea implacable: la vida, por mucho que nos duela, no es como en nuestros anhelados sueños.

    Tabú propone un elaborado ejercicio intelectual y un disfrute de la necesidad de relatar en su sentido más primitivo e inocente. No es para todos, ya que su formato, su esquematización, es arte y más arte, lo cual puede bloquear a más de uno que no abra la mente a una propuesta inigualable y profunda.
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  • Roa
    Roa
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    Sabiendo que es un puntal clave en el panorama sociopolítico de su país, el director colombiano Andrés Baiz reconstruye en Roa la historia detrás de Juan Roa Sierra, presunto autor material del asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán, hombre destinado a cambiar la cara de un país en penumbras, destino que finalmente se cumple, pero no de la forma que él esperaba.

    Trama de pelos engominados, trajes y zapatos lustrados, transcurre dentro de un escenario reproducido en forma pulcra que muestra a una Bogotá reluciente a finales de la década del '40. El mencionado personaje principal es un hombre demasiado común pero con promesas de grandeza en su mente, fascinado por el Destino con mayúsculas: el hombre cree que su propósito en esta tierra es mayor, pero lo que le depara el futuro no es lo que él espera obtener. Durante muchos años el misterio de lo sucedido fue, es y seguirá siendo motivo de teorías conspirativas por parte de los historiadores, ya que no se sabe a ciencia cierta qué fue lo que sucedió el 9 de Abril de 1948, cuando un crimen llamó al pueblo colombiano a las calles para tomar justicia por mano propia contra el asesinato del líder en el cual confiaban. El guión de Baiz junto a Patricia Castañeda elige recrear un posible escenario y, bajo el lema "Los perdedores también escriben la historia", sigue a Juan en su camino por dejar huella en este mundo.

    Por desgracia, la mala fortuna del personaje principal y el pésimo tino del mismo a la hora de hacer sus elecciones no provocan que el espectador sienta lástima por él, sino furia al dejarse a sí mismo como un mero peón en la conspiración que se teje alrededor suyo para eliminar al político. ¿Podría haber hecho algo al respecto para cambiar su situación? Totalmente, pero no es la gracia de la película más que presentar a un personaje exasperante y sumamente minúsculo. La película comienza con una escena para luego situarnos unas semanas antes de la misma y así poder empezar a explicar el por qué del comportamiento extraño del protagonista. Durante todo este tramo es cuando Roa es una gran meseta narrativa que va armando poco y nada con sus personajes, hasta el último acto, donde el ambiente se caldea y da paso a un epílogo lleno de tensión, angustia y muerte, momento en el cual esta termina, dejándolo a uno con una sensación de desasosiego pasmoso, a la vez que unas fuertes ganas de saber cómo continúa la acción.

    La actuación de Mauricio Puentes como Roa destaca por su solidez en la forma de un hombre ignoto, con chispa en su mirada pero invisible para otros que no sea de su seno familiar, igual que la aceptable transformación de Santiago Rodriguez como Gaitán. El nombre de Catalina Sandino -nominada al Oscar hace unos años por Maria, llena eres de gracia- convoca la atención, pero se ve relegada al papel de la mujer del hombre central, donde aporta sencillamente nada. El peso y la potencia del avance lo tienen Puentes y Rodriguez, con un plus con la amable aparición del argentino Alberto Fernández de Rosa, no obstante ni ellos pueden subsanar una trama demasiado lineal, con un protagónico principal irritante.
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  • Jugando por amor
    Jugando por amor
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    Desde el gran salto que dio Gerard Butler por el lado de la acción con 300 que su carrera no ha sido la misma. Metido de lleno en el territorio de las comedias románticas, el galán escocés lamentablemente no hace pie en un medio en el que no se lo ve cómodo, pero que le sigue siendo atractivo según corren los años. Qué se puede decir entonces de Gabriele Muccino, quien desde la lacrimosa The Pursuit of Happiness no logra un éxito en suelo americano. Quizás este paso desde Italia hacia Estados Unidos haya hecho que Playing for Keeps sea una tediosa y vulgar comedia romántica -que poco tiene de humor y lo básico en historia del corazón- que atrasa en vez de innovar o al menos reciclar elementos comunes.

    No es que sea insoportablemente mala, sino que resulta demasiado lineal, sin un ápice de sapiencia o inteligencia, con un guión firmado por Robbie Fox, que con tan sólo ver que su último guión fue una comedia bizarra de 1994 ya dice todo. La historia es la de un jugador de fútbol caído en desgracia que llega a un pequeño pueblo buscando recuperar a su familia mientras sufre los embates de las soccer moms, esas madres futboleras en busca del soltero codiciado que interpretan sin carisma ni pasión Catherine Zeta-Jones y Uma Thurman -como las más experimentadas-, o Jessica Biel y Judy Greer -las jóvenes-, todas en conjunto con actuaciones acartonadas para el olvido. Butler, por muy simpático que resulte, empieza a mostrarse un poco lastimoso en la evolución de su filmografía, sin un rumbo fijo amén de la sanidad de su cuenta bancaria. Hace rato que no se veía de una manera tan clara un film en el cual todos los involucrados firmaron por el cheque, desde el director con su trabajo más que seguro, hasta el elenco.

    La película carece de una evolución de personajes coherente y en cambio repite una y otra vez los mismos esquemas hasta la edulcorada conclusión, que se hace obvia desde los primeros cinco minutos. Los pilares de la comedia de enredos entre las mujeres y el seductor irresistible, los problemas familiares, las emociones prefabricadas, la banda de sonido, todo es tan reiterativo que sobrevivir a este telefilm de sábado en la pantalla grande es tarea para los aficionados a este tipo de cine, en donde la tendencia misógina de un macho cabrío frente a los avances de amas de casa desesperadas prepondera sobre cualquier otra linea argumental.

    Más que jugar por amor, el lema de Playing for Keeps debería ser jugar por jugar, como lo hacen los involucrados en el proyecto, que mal que mal, se llevan su dinero bien ganado a sus casas. ¿Y el espectador? Bien, gracias.
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  • 21 La gran fiesta
    21 La gran fiesta
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    Queriendo emular el demoledor éxito que tuvieron tras el guión de The Hangover, sus escritores Jon Lucas y Scott Moore se lanzaron a dirigir su primer largometraje, el cual tiene como foco nuevamente un festejo que se les va de las manos a sus jóvenes protagonistas para terminar en varias situaciones hilarantes. Para más o menos darle forma al film en cuestión, imaginen una historia de corte hangoveriano a la que se suma un poco de frescura juvenil como en Project X, pero con menos gracia y sorpresa que las dos aquí mencionadas.

    La escena inicial, en la cual dos de los protagonistas aparecen casi como Dios los trajo al mundo, plantea que la mayor parte de la trama es un flashback a lo que debe haber sido una noche memorable. Esta comienza cuando los compañeros de secundaria se reúnen para el cumpleaños de Jeff Chang, el destacado amigo asiático que finalmente cumple la mayoría de edad en la víspera de una entrevista laboral que le puede abrir las puertas de un gran futuro. Con tal de darle una jornada única, ellos se proponen tomarse una cerveza, situación inocente que se torna en una debacle llena de problemas a solucionar y con la carga extra de un compañero de juerga pasado de vueltas que les funciona como lastre.

    La idea del guión de 21 & Over, a claras una situación divertida, se ve desmejorada por un agujero imposible en la trama que debe ser evitado a toda costa para entregarse al disfrute pleno por lo que esta verdaderamente es: un festín de descontrol adolescente en el cual se entremezclan una hermandad de chicas latinas imparable, ceremonias religiosas secretas, fogatas con búfalo suelto incluidas y hasta la divertidísima secuencia de la fraternidad por niveles, en la cual la dupla protagonista deberá sortear juegos varios para alcanzar la cima y encontrar una clave más para que la noche termine en los mejores términos posibles. El libreto de Lucas y Moore tropieza cuando entre medio de tanta locura nocturna intenta humanizar a los personajes y hasta sugerir temas más profundos y lacerantes para uno de ellos, cuando en realidad la pintada de tridimensionalidad se olvida con el pasar de los minutos y el intento de generar un interés serio se siente desperdiciado.

    Hay un buen manejo de cámaras para ser una primera vez detrás de ellas, la banda de sonido se olvida enseguida pero durante el momento funciona y el elenco, si bien no se destaca ferozmente, hace un buen trabajo. La química entre Skylar Astin y Sarah Wright es de buen ver y no se siente forzada, el demoledor Miller de Miles Teller resulta muy jocoso y el Jeff Chang de Justin Chon cumple aunque no sorprende. 21 & Over está básicamente varios escalones por debajo de Project X, ya que su sola existencia significa un intento inconsistente de lucrar con una noche de fiesta inolvidable para cualquier joven, pero al mismo tiempo tiene un espíritu jovial que compra y, lejos de ser una joyita, al menos para seguir al súbgenero es un ejemplo pasable, que no bueno.
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  • Ausencia
    Ausencia
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    Aunque dista de ser perfecta, Absentia captura con precisión el tenebroso enigma de una persona desaparecida y los devastadores efectos que se producen en aquellos parientes cercanos al ausente en cuestión. Su presupuesto ínfimo actúa como un arma de doble filo, pero la balanza empuja hacia por el lado positivo. Allá donde se requiere de efectos costosos que no pudo permitirse, el film elige sugerir, jugar con la mente del espectador y volver la pobreza monetaria en riqueza argumental, dejando que los destinos de varios personajes queden plasmados de diferentes maneras, tanto realistas como sobrenaturales.

    El flamante film que dio a conocer a Mike Flanagan al mundo está lejos de ser uno de horror per se, es más un thriller con toques sobrehumanos que en su recta final elige usar todas sus cartas bajo la manga para entrar en terreno cenagoso y asustar a la platea con recursos tan básicos como efectivos. Amén del quid de la cuestión -la declaración in absentia del marido de una de las protagonistas-, hay una historia de fraternidad frágil, de adiciones a las drogas, de religiosidad y hasta también de flirteo con un futuro promisorio para una de ellas. Estas tramas y subtramas están manejadas con frescura y animosidad por el realizador, quien se despacha el guión -y, como verdadero hombre orquesta, también su edición- que resulta correcto, potable, sin aires de grandeza ni superioridad en él, sino uno que le sirve para contar un argumento con integridad. El mismo escrito que solidifica la relación de las hermanas Tricia y Callie tiene varias sorpresas en su haber, aunque la mejor de todas se la guarda para ese cierre tan aplastante como sorpresivo. La vuelta de tuerca causa estupor, con un sentimiento muy fuerte y denso de pesar, todo sin grandes necesidades de mostrar sino bajo el claro perfil de sugerir hasta el momento de los créditos.

    Gran parte de que Absentia funcione recae también en la fuerza gravitatoria de sus actrices principales, en la apatía simpática de la Tricia de Courtney Bell o la dualidad entre frágil y feroz de la hermana menor Callie de Katie Parker. La relación orgánica entre ellas dos es la columna vertebral del film, ya que la acción se enfoca mayormente en ellas y en el sufrimiento de ambas atravesando una situación con una decisión definitiva que es demasiado difícil de tomar para una de las dos. Si agregamos el cameo del camaleón Doug Jones -un señor que provoca escalofríos de solo verlo y es raro encontrarlo fuera de un disfraz de látex para grandes producciones- el combo está servido.

    Dentro de las cantidades de propuestas de horror que llegan todos los años, Absentia es la más radical y minimalista de todas. Un film que demuestra que con muy poco se puede lograr mucho y que un par de elementos bien posicionados lo son todo frente a alternativas que eligen la sangre y el shock value como premisas generales.
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  • Profesor Lazhar
    Profesor Lazhar
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    Lo que debería haber sido un día rutinario en la escuela se torna rápidamente en una pesadilla cuando un alumno, encargado de repartir el cartón de leche matutino en el salón, encuentra a su maestra colgada del techo. Este trágico suceso reverbera a través del colegio, mientras los estudiantes de toda la institución, particularmente los discípulos de la difunta, tratan de comprender su primer y prematuro acercamiento con la Muerte. El alivio llega en la forma de Bashir Lazhar, un inmigrante de Algeria que ocupa su lugar. Con un melancólico pasado a sus espaldas, él ayudará a sus alumnos a sobrevivir este evento y a su vez la clase lo ayudará a él a cerrar su pasado que promete alcanzarlo. Aunque suene bastante melodramático, Monsieur Lazhar es una pequeña gran historia que poco a poco va comprándose el visto bueno del espectador con una fábula sobre la muerte, la culpa y cómo seguir adelante en tiempos oscuros.

    El film no pretende hacernos pasar un mal trago ni mucho menos, sino que con una naturalidad inusitada por parte del canadiense Philippe Falardeau, la narración gira alrededor del profesor Lazhar y la interacción que tiene con su clase -con un estilo que recuerda a la francesa Entre Les Murs por la manera realista de tratar a un grado, con una mirada bastante creíble. Cada chico es un mundo, todos identificados con nombre y apellido, y todos se manejan como cualquier niño de diez años lo haría, con un especial foco en la relación entre el maestro y los estudiantes Simón y Alice. Normalmente el desempeño de actores jóvenes puede funcionar como no, pero en esta ocasión los pequeños están sublimes, más incluso que los adultos: en cierta momento, hay una tensa y terrible escena en el aula en donde Sophie Nélisse y Émilien Néron se sacan chispas de talento, componiendo el punto más memorable del film, junto con el inicio y el brutal final.

    Al terminar la película hay preguntas sin resolver, pero las respuestas están dentro de la misma, desperdigadas sutilmente. No todo tiene por qué ser contestado y a veces un gesto vale más que mil palabras, como bien lo expresa la escena del cierre, un momento totalmente inductorio a las lágrimas. El hecho de que la película dure hora y media no quiere decir que sea corta, sino que en ese tiempo le alcanza y sobra para abrir un mundo de posibilidades en el que los personajes se entrecruzan. Incluso le da tiempo al protagonista para encontrar el amor nuevamente, en una cálida interpretación por parte de Mohamed Fellag que es una pinturita.

    Marcada por una sutil y amena dirección, actuaciones excepcionales y una historia simple y desgarradora, Monsieur Lazhar es la dosis exacta de candidez, penuria, sufrimiento, culpa y superación que cada tanto llega a las salas y sorprende de la mejor manera. A no perdérsela.
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  • Posesión infernal
    Posesión infernal
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    Recuerdo que cuando vi The Evil Dead, la original de Sam Raimi de hace treinta años, reí. Sencillamente no podía tomarme en serio lo que estaba viendo, porque era un caso evidente de esas películas malas que divierten. Con los años, esta cobró un lugar imprescindible como film de culto, además de sentar precedentes para muchas producciones que tomarían como escenario una cabaña en el bosque, cinco amigos y cualquier horror que acechara, tanto humano como sobrenatural.

    Dando un salto hasta el presente, la decisión del propio Raimi de reimaginar su joya más preciada provocó un malestar general inmediato. Es imposible rehacer una obra maestra, es lo que pensaban muchos. Pero el ahora productor, logró lo impensado: le cerró la boca a todos los detractores con Evil Dead, una brutal vuelta a los bosques oscuros plagados de demonios y peligros de una manera tan siniestra, sangrienta y visceral que no deja a lugar a dudas.

    Ahorrémonos la disyuntiva de discutir que son otros los tiempos y el presupuesto de cada film es diferente. Es más que obvio que una película se hizo a pulmón y la otra tuvo una producción de calibre por detrás, pero el principal apartado en el que se destaca Evil Dead es por dejar de lado el humor absurdo de la trilogía original y encaminar su historia por derroteros más serios y convencionales. En esta ocasión, los cinco jóvenes que se encuentran en la cabaña tienen una misión más orgánica y cruda que atender, además de un rápido retiro para emborracharse y tener sexo: Mia, la protagonista, tiene una grave adicción a la heroína, y para comenzar un proceso de desintoxicación, sus amigos, junto a su hermano David y su flamante nueva novia, acudirán al rescate.

    Tras un prólogo bastante escueto y escalofriante se nos presenta la naturaleza de libro maldito en cuestión, que desencadenará la posesión infernal del título en castellano. Dicha vuelta de tuerca del guión le permite a la película jugar un poco con la ilusión y las visiones de un personaje dependiente de las drogas. ¿Realmente está teniendo visiones de ultratumba o los efectos de la sustancia la están consumiendo lentamente? Por muy poco que se explote esta línea de la trama, es un punto interesante que atrapa al espectador hasta que la realidad sobrenatural entra en escena y el ambiente hostil se tensa de forma exagerada. Para cuando este grupo comience a transformarse de maneras horripilantes y a atacarse entre ellos, la experiencia aterradora que prometían los pósters y los avances comienza a dejarse ver, y todos los trucos y artimañas del novato director Fede Alvarez y su co-guionista Rodo Sayagues aparecen en pantalla de forma gloriosa. El uruguayo imita pero no copia, homenajea mucho a su mentor con tomas aéreas y vueltas de cámara imposibles que recrean el espíritu de la original, pero reencarnado. No estamos ante una precuela o una secuela, es una reimaginación hecha y derecha que no sorprende con nada nuevo, pero que resulta terriblemente efectiva, un enunciado enarbolado en el hecho de que no hay efectos computarizados en todo el film, aunque ciertas escenas hagan dudar mucho de eso. Además de los magníficos efectos prácticos, los hectolitros de sangre y protésis varias que usaron Alvarez y compañía, Evil Dead sube un escalón más con la apabullante banda de sonido de Roque Baños, quien evoca diferentes sonidos y el abrumador toque de una sirena que manda más de un escalofrío por la espalda.

    Heridas cortantes bien profundas, quemaduras, miembros cercenados, clavos y mutilaciones varias recorren el segundo y tercer acto del film, culminando en una escena final carmesí y violenta en todo sentido imaginable. El acotado elenco brilla cada uno por separado, aunque el peso final de todo el conjunto recae en la explosiva Jane Levy, quien sufre las peores vejaciones de toda la película y así y todo tiene que interpretar dos caras de la moneda: es la villana y la heroína al mismo tiempo. La joven es expresiva por demás, sus ojos transmiten todas las emociones que recorren su cuerpo y verla sufrir es duro. A su alrededor se encuentran unos convincentes Shiloh Fernandez como el hermano abnegado de Mia y Lou Taylor Pucci como el curioso del grupo que desata un infierno sobre él y sus compañeros. Los personajes de Jessica Lucas -avocada al género desde hace rato- y la desconocida Elizabeth Blackmore completan el equipo de los que la pasarán negras en el bosque húmedo. Ninguno saldrá indemne, todos tienen su cuota de golpes y cortes varios, así que es para aplaudir la dedicación de los cinco.

    Evil Dead representa el vivo hecho de que una película puede tener partes usadas, pero si se las ensambla de una manera creativa y fresca, todo puede funcionar. No sé hasta qué punto los fanáticos de la original disfrutarán de esta nueva entrega que pierde el humor negro en pos de una realidad más oscura, pero sí puedo decir que los seguidores del horror se encontrarán con un plato muy fuerte en una obligada visita a la sala más próxima, porque Evil Dead se disfruta mucho mejor como experiencia cinematográfica en una espacio lóbrego y amplio.
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  • Contrarreloj
    Contrarreloj
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    Cuando uno escucha el nombre de Nicolas Cage sólo se puede imaginar una sola cosa: clase B. El otrora gran actor, un referente que supo consolidar su estrella en el cine de acción con títulos como Con Air y Face/Off no puede encontrar un nicho que lo solidifique nuevamente y todas sus opciones terminan decantando en films que pasan totalmente desapercibidos en las salas comerciales. Stolen es uno de estos estrenos, que sorprenden por el mero hecho de llegar a la pantalla grande cuando su destino final es la comodidad del living del hogar, un domingo lluvioso.

    La colaboración de Cage y el director Simon West -trabajaron juntos en Con Air- los encuentra a ambos en momentos muy diferentes de sus carreras: tras un tiempo apartado de la gran pantalla, el realizador se ha convertido en uno de los nombres más competentes del cine de acción rápido y letal (como bien lo demuestra en The Expendables 2), mientras que el actor es una figura de culto para todo interesado en la serie B contemporánea. Ambientada en el ahora recurrente escenario de una Nueva Orleans post Katrina, Stolen no tiene una historia que resulte intrigante, porque se ha visto ya varias veces. Esto resulta raro porque el anterior guión de David Guggenheim, la superior Safe House, supo armar con elementos básicos una historia correcta, no obstante aquí se queda corto con la proeza de un padre ex-ladrón que quiere recuperar a su hija, secuestrada por un compañero de crímenes que, piensa, tiene una suma millonaria escondida en algún lugar oscuro. Aún con los nombres de West y Cage en la marquesina, no hay absolutamente nada que amerite una temporada en los cines para esta nueva producción: su acción es esporádica y de bajo presupuesto, su historia ha sido producida un millón de veces -y mejor en muchos casos- y la abrumante cantidad de alivios cómicos hace que la escasa veracidad de la trama se vea puesta en evidencia.

    En menor medida, Stolen juega sus cartas con cierta habilidad y, si bien muestra a un Cage extrañamente contenido, deja que el Vincent de Josh Lucas ponga el punto excéntrico en un secundario que supera en histrionismo a cualquier personaje que el otro haya encarnado en sus últimas películas. Pero un elenco competente y una dirección correcta no alcanzan para subsanar un trabajo que no va hacia ningún lado, que encarna la mismísima acepción de diccionario de la palabra pasatista.
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  • Verano del '79
    Verano del '79
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    Verano del '79 es una película de descubrimiento, de iniciación, con mucho sol y mucha luz, hecha de los recuerdos y sentimientos de una inspirada Julie Delpy. En su cuarta incursión como directora elige el camino de la nostalgia para contar una historia mínima pero entrañable, fácil de olvidar -hemos visto bastantes reuniones familiares en el cine como para que esta película pase desapercibida- pero que mientras trascurre su metraje, es imposible no sentirse identificado con algún que otro personaje de los tantos que pululan en pantalla.

    Con su extravagante título original -Le Skylab, en alusión a la creciente amenaza del satélite estrellado- Delpy usa la metáfora del peligro inminente de la caída de dicho artefacto como contraste al estado de ebullición en el que se encuentra la gran familia de Albertine, esa curiosa niña de once años que resulta el lente por el cual observaremos el comportamiento de una reunión en la campiña francesa. Contada a modo de flashback en una cálida remembranza por parte de una Albertine adulta, la acción transcurre cuando el lado materno de la protagonista se reúne para el cumpleaños de la abuela. Cada núcleo familiar tiene una historia y un trasfondo social que contar, los padres de la protagonista son artistas teatrales que rozan lo hippie, mientras que otra rama tiene deslices fascistas que, obviamente, no tardarán en colisionar y hacer estragos, tal cual lo promete el anuncio del incipiente satélite en desgracia.

    El principal problema del film de Delpy radica en las diversas situaciones dramáticas que pretenden crear oscuridad donde solo se permite que haya luz: cuando se limita a ser comedia, acierta, pero al momento en que aspira a más, fracasa. Las cicatrices de guerra de uno de los familiares o el intento de suicidio de otro visto por la mirada infantil no se equiparan correctamente con la bondad de la trama en su totalidad, y de haber seguido el mismo tono juguetón e inocuo de la comedia, otro hubiera sido el resultado. La actriz, guionista y directora se reserva el papel de la madre de la protagonista, en clara alusión a la inspiración maternal que tuvo para narrar la historia, y es convincente junto a Eric Elmosnino al formar esta pareja de padres new age que festejan cada logro de su hija, una luminosa Lou Alvarez.

    A casi dos años de su estreno comercial en Francia, Verano del '79 es una película amable y tierna -lo que no quiere decir que sea empalagosa y blanda-, bien interpretada por adultos y jóvenes, con habilidad para captar la tonalidad de una época, agradable de ver y de sentir. Un sensible recordatorio de una actriz a la que siempre es interesante volver a apreciar.
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  • Jack el cazagigantes
    Bryan Singer no tiene suerte. El otrora gran director que supo cautivar a la audiencia con The Usual Suspects y luego con su brutal tándem X-Men/X2 parece no poder con presupuestos abultados. Tras la pobre recepción de su Superman Returns y el descanso con la minimalista Valkyrie, se puso a la carga una vez más con una superproducción, en esta oportunidad con las manos en una nueva versión del ya clásico cuento de las habichuelas mágicas. En Jack the Giant Slayer tenemos entonces una épica que durante su metraje no sabe bien donde pararse, siendo una aventura familiar de ligeros toques oscuros que termina por crear un confuso episodio que se debate entre animación computarizada y una historia demasiado clásica como para impresionar.

    No sé si será por el hecho de que, de un tiempo a esta parte, se han visto tantas adaptaciones libres de cuentos que el público se ha cansado, pero lo que tiene Jack es que nunca alcanza cotas de oscuridad elevadas y tampoco se arrastra hacia territorios familiares pueriles y sabidos. Singer se salda con una de sus películas más impersonales a la fecha, en donde la opulencia del CGI eclipsa un argumento con personajes arquetípicos (el huérfano pobre, la princesa aventurera y el villano sediento de poder, entre otros) que no van hacia ningún lado y que tampoco ofrecen sorpresa alguna. Conocido por la gran vuelta de tuerca pergeñada junto al guionista Christopher McQuarrie, en esta ocasión la dupla no consigue elevar la trama hacia terrenos fértiles, eligiendo jugar a lo seguro sin darle al elenco una pincelada distintiva. Ni los buenos ni los malos consiguen atraer la atención, de ahí que sus aventuras se paseen con cierta indiferencia por delante de nuestros ojos.

    Destacan por suerte en el elenco el joven Nicholas Hoult como el distraído y valiente héroe, Eleanor Tomlinson es la correcta damisela en apuros y el camaleónico Stanley Tucci el colorido villano. Es interesante ver a Ewan McGregor relegado a un papel secundario, ya que nunca está de más aportar una cara conocida a un producto de tales magnitudes. Sin casi tiempos muertos, exaltada por una estruendosa banda sonora y una dirección artística que más bien parece prestada de otras producciones más potentes, esta historia de destinos encontrados agrada de a ratos pero disgusta si se engloban todos sus aspectos.

    Jack the Giant Slayer es grande, pero como dice el dicho, 'El que mucho abarca, poco aprieta', y Bryan Singer se queda corto con una narrativa plana, acción demoledora y personajes de cartón. A no desesperar, porque Singer promete una reunión nostálgica con X-Men: Days of Future Past.
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  • Los Croods
    Los Croods
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    La rama animada de Dreamworks viene asomándose durante los últimos años y en materia de tecnología le juega limpio a la poderosa Pixar. Aún sin poder llegarle a los talones en lo que a historia y narrativa se refiere -pongo de ejemplo a las demoledoras Toy Story-, el estudio apunta a ofrecer un producto interesante y entretenido, lleno de color y con una pincelada de moralejas como para no perder el paso. Es por eso que The Croods no va a pasar a la historia por ser un film profundo, pero la suma de sus partes hará que al menos conforme un espectáculo digno de ver en la pantalla grande.

    Como ya lo hiciera la longeva saga Ice Age, el escenario prehistórico les sirve a los guionistas y directores Kirk DeMicco (Racing Stripes, Space Chimps) y Chris Sanders (Lilo & Stitch, How to Train Your Dragon) para jugar con un territorio desconocido y crear un mundo en vías de evolución lleno de vida exuberante y de coloridos matices lujuriosos, con tantos focos de atención que uno se pierde tratando de seguir todos. Lo más llamativo es la creación de vistosas criaturas, raras mutaciones que aparecen minuto a minuto en pantalla, hacen su gracia y siguen camino. Como ejemplo se puede tomar a Brazo, o Belt en su idioma original, ese perezoso multiuso que tiene augurada una carrera como personaje enternecedor como el Gato con Botas de Shrek o el mismísimo Scrat de La Era de Hielo.

    Dentro de este marco donde la tecnología lo es todo y no decepciona -como siempre, las películas animadas tienen el mejor uso de 3D del mercado, tanto en el aporte de profundidad como en la posición estratégica de objetos que salen de la pantalla-, la trama gira en torno a la familia Crood, quienes en base a la reticente negativa del jefe del clan, Grug, a explorar el exterior, han sobrevivido cuando otras familias similares han perecido por no atenerse a las reglas más básicas de supervivencia. Por supuesto, no puede faltar el espíritu libre en la familia, papel que recae sobre la joven Eep, ansiosa de comerse al mundo por su propia cuenta. Es ella quien desencadenará el road trip de la familia cuando todo lo que conocen comience a avanzar y las opciones sean claras: moverse acorde a las circunstancias o caer presos de la antigüedad. Tópicos clásicos como la oposición de lo viejo y lo nuevo, la impronta territorial del macho Alfa, la unión familiar y el miedo a lo desconocido hacen acto de aparición en el argumento, con resultados convencionales pero sinceros. The Croods no esconde su simpleza sino que la realza con un conjunto de personajes adorables que aportan pequeñas pizcas de humor aquí y allá, creando una atmósfera agradable. Desafortunadamente, en el camino se perdieron las voces de Nicolas Cage, la calidez de Emma Stone o el jugueteo en el tono de Ryan Reynolds, pero el doblaje al castellano neutro no afecta para nada el resultado final, sino que acerca más a los pequeños espectadores.

    La película es excitante, explosiva y adorable; tiene un ritmo apabullante y, cuando quiere, puede jugar la carta emotiva de manera correcta y sin volverse oscura, o tan sólo lo suficiente como para preocuparnos más por los personajes. Y, lo más importante, apunta a un camino de secuelas si tiene éxito, el cual le deseamos porque es una reunión familiar que podríamos ver, al menos, varias veces más.
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  • ¿Y dónde está el fantasma?
    La decadencia del horror se pudo notar durante el 2012, cuando una ola de estrenos no lograron colmar las expectativas de muchos fanáticos. Lo mismo se puede decir ahora respecto al frente de comedias que busca hacer su dinero a partir de parodiar al género. Si el terror ya está hilando fino, ¿qué le queda entonces a este subgénero que basa sus bromas y burlas en esas fallidas e insatisfactorias películas?

    En A Haunted House -titulada ¿Y donde está el fantasma? en nuestro país- la pregunta que se impone es: ¿Y dónde están las risas? En su momento, las sucesivas entregas de la saga Scary Movie funcionaban porque su humor desvergonzado apuntaba directamente a un sector demográfico específico. Esta nueva propuesta los pone en la mira una vez más, pero en el camino pierde las mismas reglas que antes funcionaban mediante el tedioso síndrome de la repetición. En lo que es una clara sátira a la popular serie Paranormal Activity, una pareja afroamericana se muda a la casa de sus sueños sólo para descubrir que una entidad los persigue. Lo que ocurre a partir de ese momento es una seguidilla de chistes racistas, homofóbicos y escatológicos que A) Pasaron de moda hace tiempo B) Resultan extremadamente ofensivos hasta para la comedia y C) la extensión de dichos gags, que una y otra vez vuelven sobre la misma acción, agota. Lo que resulta divertido, aunque sea por un microsegundo, y logra sacar alguna sonrisa ocasional se convierte en tedio de cara al loop constante de una misma escena por más de un minuto, en lo que parecen momentos eternos.

    Innegable es que Marlon Wayans es el rey de las expresiones faciales hoy por hoy y con sus caras logra arrancar alguna risa, pero como guionista de esta "ópera prima" de Michael Tiddes -si se la puede llamar de esta manera- se nota su fijación por la estupidez humana y no lo deja bien parado al director, cuya película quedará para siempre en su currículum cual ofensor sexual queda registrado en el sistema penal. Incluso deja en evidencia que las ideas se le acaban cuando repite escenas casi calcadas de su paso por las Scary Movie, como por ejemplo la violación de la entidad/fantasma. Por demás, el resto del elenco bien necesitaba el dinero para pagar deudas, porque no se explica que comediantes como David Koechner, Nick Swardson o Cedric the Entertainer se presten para este producto, porque si bien son habitúes de comedias mediocres, acá tocan un nuevo fondo. Salvar las papas del fuego -o al menos intentarlo- es tarea de la protagonista femenina, interpretada con soltura por Essence Atkins, que no recurre a plagiar a la eterna Brenda de Regina Hall y al menos con su interpretación le aporta algo de frescura a un producto que ya pasó de su fecha de vencimiento.

    Que películas como A Haunted House sigan produciéndose no es un misterio. Lo cierto es que si se hacen con $2.5 millones y recaudan en taquilla lo que costaron y lo multiplican, es evidente que tienen público. Por una vez habría que decirle "NO" a un subgénero que merece morir. Si se le sigue dando el brazo a torcer, seguirán apareciendo cual plaga.
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  • Elena
    Elena
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    Elena comienza y termina con el mismo plano sostenido delante de una ventana y detrás de unas ramas: entre uno y otro han pasado unas cuantas cosas, nada espectacular, pero sí hemos atravesado la vida de una madre que, guiada por el instinto de supervivencia, se ve abocada a tomar una serie de decisiones. Abundante en profundas reflexiones morales, así como pesimista sobre las inquietudes y el futuro de sus personajes, la película enfrenta, sin parar, conceptos antagónicos como riqueza y pobreza, calidez y frialdad, acción y pasividad.

    Elena es un retrato crudo de personajes que tienen mucho que esconder, un viaje entre clases desde la Rusia pudiente a la marginal, el mismo trayecto que realiza la protagonista en tren para visitar a sus familiares. Es difícil adivinar si la intención del director Andrey Zvyagintsev realmente fue la de crear una historia de vida plenamente rusa o una metáfora cultural más profunda y abarcativa. Él expone la inflexibilidad de quienes tienen dinero y el contraste que se genera para con los más desfavorecidos, a la vez que nos describe de una forma despiadada un escalafón social sin recursos, al borde del olvido, el desahucio y la falta de cultura, o lo que es lo mismo, sin asideros morales ni materiales, sin perspectivas de futuro ni verdaderas posibilidades de ascender a nivel social.

    Desde el vamos, la primera persona que se ve en pantalla no encaja en ese escenario. El dormitorio, el aspecto y la actitud de Elena (una poderosa Nadezhda Markina) son más propios de una empleada del hogar que de una esposa. Cuando acude a despertar a Vladimir y le prepara el desayuno, las piezas empiezan a caer en su lugar. No se explica nada, el espectador debe obtener la información sobre los protagonistas y los conflictos mientras transcurre la acción. Y durante el proceso, cada uno interpretará los hechos desde su punto de vista. Puede que la puesta en escena asuste al público acostumbrado a la velocidad y la sobredosis de información del cine más comercial, pero es absolutamente coherente con la narración y fundamental para crear la ilusión, para dar vida a los personajes y mantener al espectador pendiente de cada plano, de cada gesto y cada frase.

    Aunque Elena tiene lugar en Rusia, lo esencial es el descarnado y certero retrato de las relaciones humanas y familiares y de cómo el dinero lo cambia todo. De igual modo, el cineasta plantea interesantes cuestiones sobre la educación, el entorno, la crisis económica, la moralidad, la culpa e incluso el futuro del ser humano. Un drama humano polémico que se presta a la reflexión una vez terminado.
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  • En la mira
    En la mira
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    Un dúo de policías patrulla por las calles de Los Ángeles. Su día a día transcurre entre arrestos a delincuentes de poca monta, persecuciones al más puro estilo americano y tiroteos de los que milagrosamente salen ilesos. Son héroes y, sin embargo, los agentes Taylor y Zavala no se ven más que cumpliendo su misión con honradez, como auténticos hermanos dispuestos a todo por el otro, con una amistad a prueba de bombas y con el deseo de una vida familiar feliz. Su actividad es frenética y también peligrosa, sobre todo desde el momento en que un cártel mexicano les jura venganza. End of Watch se las arregla para ofrecer suficiente brío en sus secciones violentas y empatía hacia su pareja central como para constituir un más que absorbente espectáculo a caballo entre el thriller adrenalínico y un documental realista acoplado de una forma más que interesante.

    Lo que la hace tan destacable es el recurso del metraje encontrado, lo cual representa una novedad en el género, sumado a la ya reconocible impronta de David Ayer, un autor que vuelve a utilizar bastantes de las señas de identidad estilísticas y temáticas ya mostradas en anteriores trabajos tras la cámara como Harsh Times y Street Kings, o en su celebradísimo guión de Training Day. Aparte de la buena ambientación conseguida por el montaje y fotografía, las interpretaciones de Jake Gyllenhaal y Michael Peña resultan convincentes y con personalidad —sus policías están bien construidos desde el guión del propio realizador—, cargadas de fuerza y autenticidad, con buena química y complicidad. Muestran dureza y firmeza de convicciones en su cometido patrullando las calles, y también fragilidad y sentimiento humano con los suyos. Frente a la brutalidad de un ambiente sórdido y violento, el director rescata un espíritu de nobleza y amistad, de generosidad y sensibilidad, el que existe entre estos dos hermanos de placa que hablan de códigos policiales con la misma confianza y facilidad que de sus mujeres, que exaltan el ideal corporativo, honesto y solidario del cuerpo —algo nada habitual en el cine— para hacer frente a esos cárteles de explotación y crimen.

    Los caminos por lo que transita End of Watch son los habituales, y más allá de mostrar lo duros que son los barrios marginales del sur de la ciudad californiana, el más loable mensaje crítico que propone es que cualquiera puede hacerse con una placa y una pistola a ambos lados de la ley. Sus motivaciones varían, evidentemente, pero así está la cosa. Creíble y astutamente equilibrada en su mezcla de investigación algo tosca, acción naturalista y alivios cómicos eficaces, logra aportar interés a un género que a estas alturas necesita frescura.
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  • ¿Y si vivimos todos juntos?
    El estreno tardío de ¿Y si vivimos todos juntos? (Et si on vivait tous ensemble?) en la cartelera porteña me remite inmediatamente a otro del año pasado que tocaba un tema similar: sexagenarios dándole una chance más a la vida, todos juntos, como en The Best Exotic Marigold Hotel. Los cinco ancianos rebeldes de esta propuesta coral, liderados en el elenco por una impresionante Jane Fonda -extraño es verla hablar en francés, la lengua del amor- y Geraldine Chaplin, deciden no ser relegados por el sistema y vivir juntos en una suerte de comuna donde sus achaques, miedos y deseos (y su inusual sentido del humor) les harán más fuertes ante lo que se halla fuera de su casa y más allá de su última estación en la vida.

    Un film claramente destinado a un espectador crecido y no a las nuevas generaciones, que podrán quedarse pasmadas, sin comprender del todo su tono revolucionario. Esto le sucede a ese boquiabierto Daniel Brühl, un intérprete competente que en este caso se lo nota abrumado por las circunstancias y por actores de peso en una historia en donde actúa más como disparador y nexo que otra cosa. Fonda y compañía -Chaplin y los franceses Guy Bedos, Claude Rich y Pierre Richard- apuestan con soltura por un retrato atípico de su sector demográfico. En la ausencia de complejos físicos reside la mayor conquista de una película que comparte con las típicas comedias yanquis universitarias su esquema de humor desacatado y su previsibilidad encaminada hacia un siempre emotivo final.

    ¿Y si vivimos todos juntos? transcurre entre catas de vinos, comidas y cenas varias como puntales de reunión. Aparentemente sin pelos en la lengua y abordando una clase media-alta que debe hallar nuevas formas de reinventar sus posesiones y bienes familiares, el director Stéphane Robelin aprovecha el trasfondo vital de su reparto y es ahí donde la comedia sube de nivel. Acá es donde se ve a una Fonda hablando de los años de revueltas y del tópico como regla general que significa el envejecimiento, mientras que el resto del equipo parece asimismo reflexionar irónicamente sobre sus carreras y su propia vejez. Una vez que el elenco de veteranos se hace con las riendas de la situación, el personaje joven -el punto de vista de Brühl- queda de más, ya que la frescura ya fue aportada -y reinventada- por estos gigantes que se rehúsan a no dejar de exprimir hasta la última gota de vida que les queda en sus cuerpos.
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  • Las edades del amor
    Si nos dejamos llevar por el póster de Las Edades del Amor entonces podemos imaginar que estamos frente a una historia romántica protagonizada por la pareja tan inverosímil como extravagante que componen un grande como Robert De Niro y la despampanante Monica Bellucci. Dicho afiche no es más que una trampa, ya que el film es la tercera entrega de la trilogía romántica Manuale d'amore pergreñada por el italiano Giovanni Veronesi y la historia de De Niro y Bellucci es un mosaico más en la narrativa tripartita que ofrece este film, en donde el romance bordea la mera caricatura y poco y nada ofrece en materia de sorpresas.

    Las tres historias, enlazadas por un Cupido taxista devenido en narrador –y por pequeños cameos de los personajes en los demás relatos–, apenas ofrecen sorpresas a nivel argumental, ya que en casi todo momento el espectador mínimamente avispado va un paso delante de lo que va a suceder. Así, el miedo al compromiso del primer protagonista no ofrece dudas sobre a dónde le conducirá finalmente, dando pie a una historia cursi e insípida. Tampoco resulta fresca la segunda parte aunque, pese a todo, Carlo Verdone estiliza su papel de presentador televisivo en pleno modo relax y resulta medianamente estimulante. El tercer capítulo es el que asume un punto más dramático, abandonando la comedia y otorgando sus roles principales a unos De Niro y Bellucci extraños pero atractivos, aunque la historia tampoco sea especialmente recordable y la diferencia de edad entre ambos actores pese. Claramente él disfrutó de filmar la película y su talento fue puesto en modo automático, con el sólo objetivo de disfrutar del sol de Italia y el suntuoso cheque correspondiente.

    Hay determinados momentos en que las distintas tramas ganan algo de envión –ya sea por algún acierto en el guión o por la fuerza de sus intérpretes–, pero en líneas generales los clichés amorosos menos trabajados terminan por imponerse en Las Edades del Amor y resultan pesados, empalagando a quienes no vayan predispuestos a empatizar con ese tipo de sentimentalismo. A fuerza de ir sumando minutos inertes, la cinta se acaba haciendo larga y alcanza dos horas de metraje excesivamente innecesario. No aporta nada al género y sólo satisfará a los seguidores menos exigentes de esta clase de producciones.
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  • Magic Mike
    Magic Mike
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    Cada nueva película de Steven Soderbergh es como uno de esos bailes exóticos rematados con desnudos que los strippers en Magic Mike ofrecen en sus actuaciones: una coreografía amalgamada donde sinceridad y mentira, artificiosidad y espontaneidad, arrancan un aplauso cómplice cada noche. El film resulta un producto bastante entretenido, pero se queda corto tal vez por las expectativas que siempre despierta uno de los cineastas más polifacéticos e irreductibles del cine moderno.

    La historia firmada por Reid Carolin arranca con un tono cómico y jovial, beneficiado por la naturalidad técnica del realizador, tan fresco en su planteamiento visual y narrativo que en ocasiones incluso coquetea con el formato casi documental. Pero a medida que el conflicto avanza y los entretelones del negocio se abren paso, el conjunto cambia de tono y se convierte en ese cuento melodramático de superación que tantas veces hemos visto, volviéndose un tanto pesado en su previsibilidad. Aunque la historia se concentra primero en el novato The Kid (El Chico), aderezada con varios vestigios de conflicto entre algunos secundarios -cuyo elenco incluye cuerpos bronceados y muy trabajados como los de Matthew Bomer, Joe Manganiello y Adam Rodriguez- el guión elige enfocarse en Mike y su relación amorosa con la hermana de su protegido -una desangelada Cody Horn, a la que todavía le falta pasta de actriz- y, de rebote, darle una plataforma a Dallas (McConaughey) para lucirse en su escenario de vieja gloria a la que los quince minutos se le han acabado.

    Con todo, Magic Mike luce bien en pantalla, tanto en su espectro visual como en su elemento humano, con un Channing Tatum totalmente entregado en su recreación de lo que más o menos fue su propia figura, un Alex Pettyfer simpático que tiene uno de los papeles más interesantes de su intermitente carrera, y un colosal Matthew McConaughey, que ofrece la mejor versión de sí mismo al conseguir unir en el personaje de Dallas todo su talento interpretativo y su evidente amor por el esplendor físico y la demostración pública del mismo.

    Magic Mike funciona mejor de lo que uno esperaría de una película de strippers. Se aleja de la comedia fácil pero tampoco se acerca al drama aleccionador, sino que balancea su historia y sus personajes dándoles algo de dimensionalidad, a la vez que muestra los cuerpos de las estrellas nacientes del medio sin problema alguno, causando suspiros en la platea femenina y no necesariamente enojos en la masculina, que también fue razón de su éxito y de que exista una secuela en los planes.
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  • The Master
    The Master
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    Todo empieza con unos remolinos dibujados sobre la estela de un acorazado de la Segunda Guerra Mundial. Espirales que advierten al espectador de que está a punto de embarcarse en una aventura sinuosa e imprevisible, al borde de lo onírico. Y es que The Master serpentea como un sueño febril: una pesadilla habitada por dos bestias primitivas que aspiran a explicarse mutuamente. A un lado Joaquin Phoenix, encorvado y alcoholizado, al otro Philip Seymour Hoffman, el titiritero que aspira sanar -embaucar- a una América sedienta de nuevas esperanzas.

    The Master ha sido desde su estreno un tema controversial, ya que todos asumen que el film de Paul Thomas Anderson no es más que una crítica apenas encubierta hacia la Cientología. No hay dudas de las similitudeds entre La Causa de Lancaster Dodd y los días tempranos del movimiento de L. Ron Hubbard, pero la realidad no podría estar más alejada de eso. Lo que sea que signifique esta religión, ya sea algo malo o bueno, eso queda a criterio del espectador, ya que Anderson en cambio elige concentrarse en la relación entre su creador y el borracho Freddie Quell, para que todo lo demás quede en territorio secundario.

    El de Phoenix es un triste sujeto que vive mayormente haciendo unas pócimas etílicas terriblemente venenosas, perdiendo un trabajo tras otro. Es un hombre con absolutamente nada de control por sobre sus emociones o acciones, un papel que le viene como anillo al dedo a un actor candoroso que nunca baja la guardia y mantiene ese semblante entre duro y tonto, incluso con esa mueca visible de forma constante. Esta imprevisibilidad hace que el personaje de Hoffman intente tomarlo como su protegido, generando un contraste único y bien vistoso: el uno es atolondrado e impulsivo, como un nene que necesita ser castigado constantemente, mientras que el otro, a diferencia de quedar bajo una sombra siniestra, es un señor con todas las letras, carismático y con una lengua afilada y un porte acorde. El resto del elenco gira en torno a la fuerza gravitatoria generada por estos dos brutales actores, siendo la gran destacada una Amy Adams que sorprende por una acidez que se opone al resto de sus papeles, normalmente cálidos e infantiles.

    P.T. Anderson entrega un drama familiar de hombres empeñados en reinventarse a sí mismos, y por el camino descubre nuevos horizontes de ambición, libertad y complejidad. Así, The Master -un film clásico y moderno al mismo tiempo- se entrega a una suerte de vagabundeo narrativo por los recodos más oscuros de la mente humana. Un gran relato americano que, a golpe de un intimismo concentrado sobre primeros planos, se alza como una obra tan hipnótica como hermética.
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  • Carne de neón
    Carne de neón
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    Una bala se aproxima a Ricky en cámara lenta. Cómo ha llegado el muchacho hasta esa peliaguda situación es lo que centra la atención de Carne de neón, segundo film de Paco Cabezas, que adapta su corto homónimo de 2005 con suerte mezclada y elige nuevamente posarse a medio camino entre la tierra patria y un escenario argento bastante notable. La especie de comedia negra y barriobajera que presentaba en su corto se traslada al largo con puntos a favor y en contra, pero su peor error es cambiar de registro a medio camino, lo que hace que el conjunto se desestabilice por completo.

    El acierto de la película es que, a pesar de partir de un ejercicio fílmico heredero de Tarantino y sus allegados (Boyle, Ritchie o Rodriguez), la mirada de Cabezas al universo sórdido y peripatético de sus personajes es netamente brusco. Más allá de las escenas de violencia, tratadas con su apropiada estética y un sadismo convincente, la verdad es que, como ocurriera también en el corto original, estamos ante un ejemplo de puro y duro realismo noir tragicómico español. Matones, prostitutas, yonkis, policías corruptos, traficantes de carne y sangre, un cóctel de elementos recurrentes en cierta ramificación del thriller urbano moderno, mezcolanza presidida por la sensación de que ni el que apunta va a salir vivo de este periplo.

    Como es habitual en un corto hecho largometraje, el guión de Cabezas pierde gas progresivamente luego de un comienzo lleno de humor negro para virar hacia un drama social brutal que comienza a aleccionar al espectador, cuando al principio prometió un viaje sin historias con moraleja. Afortunadamente, la capacidad del cineasta para exprimir lo mejor de su abultado reparto eleva la percepción de la trama, encabezado por la joven estrella ibérica Mario Casas, que por momentos es más que una cara bonita y brinda un par de sorpresas, cuando su elenco secundario no lo opaca con las participaciones nacionales de Luciano Cáceres y el gran Darío Grandinetti, o por la parte española con la fabulosa Ángela Molina como la confusa madre del protagonista, o Infantita, la travesti roba-escenas de Dámaso Conde.

    Aunque su estreno era una cosa impensable en nuestras carteleras -su lanzamiento comercial en España data de Enero del 2011- Carne de neón hace un arribo tardío en las salas, promete una comedia sucia e irreverente y se queda con las ganas de salir de ese mismo molde que se creó para sí misma engañando con su trama sentimental y su desenlace algo moroso.
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  • La extraña vida de Timothy Green
    Aunque tiene una premisa interesante -una pareja que no puede concebir entierra literalmente sus esperanzas de un hijo perfecto en su jardín para encontrarlo en el patio al otro día- The Odd Life of Timothy Green demuestra claramente que el azúcar made in Disney puede provocar terribles casos de empalagamiento con historias demasiado almibaradas que no terminan funcionando, incluso para la platea adicta a estas fábulas románticas irremediables directas para ver una tarde de sábado.

    Por mucho que quise que esta película familiar me agradase, simplemente no pudo lograrlo. Su falta de autenticidad, o al menos un mínimo sentido de la credibilidad dentro del realismo mágico, hacen que la propuesta se note demasiado simple, aún para los más pequeños. La participación del joven CJ Thomas, aunque agradable, no tiene un buen desarrollo que profundice su fantástica aparición, y siquiera la conexión entre sus nuevos padres es creíble. Timothy Green es otra producción más que se jacta de contar que hay veces que los hijos son más sagaces que los padres, incluso exceptuando que el susodicho aparezca por arte de magia en sus vidas. Hay temáticas que siempre suelen ser interesantes de ver en pantalla, pero ninguna de ellas está llevada con honestidad: temas como la muerte, la falta de confianza, los padres que nunca apoyan a sus hijos y hasta la exclusión por parte de los pares son ilustrados con bromas casuales en lugar de considerarse como puntos fuertes del argumento.

    El guión del director Peter Hedges -que es increíble que viendo la calidad de ésta película haya escrito genialidades como ¿What's Eating Gilbert Grape? y About a Boy-, basado en la historia de Ahmet Zappa, no pierde en tiempo presentando a los amorosos y simplones padres que representan sin mucho aspavientos ni inspiración Jennifer Garner y Joel Edgerton. Tampoco a los villanos de turno en una familia que no los apoya bajo ninguna circunstancia. Se sucede con clichés que siempre funcionan pero que en esta ocasión no hay intento alguno de disfrazarlos para que el espectador no note la diferencia.

    Timothy Green es una película confusa, tanto por su misma creación que por cómo fue desarrollada (con Disney involucrado en el medio, uno tendría un concepto mejor). No es una propuesta para chicos, tampoco para adultos. ¿Para padres, quizás? Esa incertidumbre la vuelve otro olvidable producto edulcorado.
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  • Terror en Silent Hill 2: La revelación
    La adaptación de Christophe Gans de Silent Hill tiene sus imperfecciones, pero al menos es considerada, hasta el momento, como una de las adaptaciones más fieles en lo que a videojuegos respecta. El modesto suceso del film, sin embargo, se ve opacado completamente seis largos años después con la inepta y ofensiva masacre que Michael J. Bassett ofrece en Silent Hill: Revelation, una secuela sin pies ni cabeza que arremete sin piedad contra la historia del tercer videojuego, lo que deja a los fanáticos perplejos y al resto de la audiencia sin saber para donde correr en busca de cobijo.

    Durante una angustiosa y aborrecible duración de noventa minutos, el director inglés se gana rápidamente el odio de prácticamente todos al adaptar esta historia, una que continúa las ramificaciones del primer juego -y por ende primera película- de una manera simplista y casi criminal, en donde los constantes guiños a los gamers terminan por ofender a raíz de su mala utilización. Los intentos por ingresar nuevos detalles a la mitología se ven obsoletos y cualquier arrojo de inteligencia se opaca con unos valores de producción paupérrimos, que hace que todos los escenarios luzcan como el mismo, pero reutilizado una y otra vez. Al seguir de cerca una secuela tan esperada, ver cómo los diferentes actores que encarnaron a las contrapartidas del juego volvían a por más o al encontrar las fotos del set, todo indicaba que por fin el sueño de continuar la historia se vería plasmado en pantalla. Pero el sueño debe terminar, como dijo el villano en la primera parte, y así fue. La trama retoma unos años después del fin de la original, con un Christopher Da Silva y su hija ya adolescente en plena fuga del culto que pretende tener a la chica de vuelta en sus garras para sus religiosos planes de purificación mundial. Para atraer a la joven Heather nuevamente a Silent Hill, su padre -un Sean Bean de acento fuerte demasiado desarticulado para funcionar apropiadamente- es secuestrado y ella, con la ayuda inesperada del joven Vincent -horrible Kit Harington, al que le faltan varias clases de actuación encima-, debe regresar al pueblo tan temido para rescatar a su papá y liberarse finalmente de las terroríficas pesadillas que la acechan y no la dejan vivir una vida normal.

    Y hasta ahí puede decirse que Silent Hill 2 es buena. Cuenta nuevamente con una atmosférica banda sonora, cortesía de Akira Yamaoka y Jeff Danna, alguna que otra escena decente -el enfrentamiento sobre la calesita es verdaderamente intimidante e interesante- pero todo se termina cuando el guión acartonado, firmado por el propio Bassett, mastica toda la información por el espectador, sin dejar que uno mismo arme sus propias conclusiones como sí pasaba en la primera parte. Los personajes secundarios actúan como cameos, con un desperdicio de la psicodélica Dahlia Gillespie de Debora Kara Unger, de la triste villana de Carrie Anne Moss o incluso Malcolm McDowell, cuya época de gloria ha pasado y lo ha dejado en la banquina. Sólo puede destacarse que Adelaide Clemens, cuyo parecido con Michelle Williams es impresionante, es la que mejor sale parada componiendo a la sensible pero aguerrida protagonista.

    Nada más se puede decir de Silent Hill: Revelation excepto que es un clavo en el ataúd de una saga que podía llegar a convertirse en algo más potente que la de Resident Evil pero que luego de una decisión torpe tras otra culmina en un producto olvidable y tonto como el que nos precede. La humillación del fanático dentro mío es demasiado dolorosa por haber esperado tanto tiempo para esto.
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  • Hermosas criaturas
    Hermosas criaturas
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    Ahora que la fatídica saga Twilight se acabó -al menos por un largo tiempo hasta que los productores juzguen adecuado una re-imaginación- y con Harry Potter terminada hace rato, los estudios buscan incansablemente un paliativo al nuevo tanque que compone The Hunger Games, y Warner Bros. parece haber encontrado el suyo en Beautiful Creatures, otra adaptación de una serie de novelas de fantasía que tiene todos los condimentos necesarios como para funcionar como cordial reemplazo de los vampiros por un aquelarre de pintorescos brujos y brujas.

    Para un comienzo de una posiblemente portentosa saga, Beautiful Creatures fuerza bastante sus chances de agradar a su público inmediatamente y apenas puede cumplir su cometido de establecer ciertas reglas dentro de su universo fantástico particular. Hay brujos en el mundo, llamados Casters, que se dividen en dos bandos, la Luz y la Oscuridad. Como parangones de la pureza y la negrura total se encuentran en los extremos dos grandes estrellas como Jeremy Irons en la piel de Macon Ravengood, el brujo negro que eligió la luz para guiar a su sobrina hacia la misma, y la inconmensurable Emma Thompson como Sarafine, la Oscuridad encarnada. El nudo en la trama esta vez no está del lado del galán sino de la damisela, un ser muy poderoso por el cual ambas fuerzas cósmicas pelearán con toda la artillería que tengan. El duelo de titanes entre los actores de renombre es uno de los aspectos más inteligentes y logrados del film, ya que claramente ambos se divierten mucho con sus papeles cuasi-esteotipados para los que no tuvieron ningún inconveniente en llevarlos hasta el extremo de lo caricaturesco.

    Es inútil no caer en la tentación de comparar a la pareja protagónica con la de su contrapartida vampírica, y allá en donde la dupla Stewart/Pattinson fallaron en crear una química convincente, los desconocidos Alice Englert y Alden Ehrenreich compran al espectador con su sencillez y su empatía adolescente. El guión del también director Richard LaGravenese a veces intenta mostrarlos demasiado bajo una halo de rebeldía, como al leer libros prohibidos en la comunidad retrógrada y religiosa en la que viven aunque en verdad sean realmente comunes y hasta de lectura obligatoria en otros lugares, así como también decae en ritmo luego de la primera hora, cuando los conflictos mágicos comienzan a surgir (¿será Lena parte de la Luz o de la Oscuridad?). Los secundarios de Viola Davis y una particularmente sensual Emmy Rossum ayudan a crear un dinamismo que en casi dos horas de metraje se hacen necesarios para sostener una trama que promete demasiado y se queda algo comedida.

    Con un claro objetivo demográfico en su mira, Beautiful Creatures es una agradable e interesante nueva historia fantástica sobre la que, con tiempo, podría llegar a construirse algo llamativo y vistoso. A la luz de cómo le fue en su atroz primer fin de semana de exhibición en los Estados Unidos, su futuro es incierto, pero al menos una buena base es lo que cuenta.
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  • Mala
    Mala
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    Caer en la redundancia de bastardear a la película por su nombre es simplemente un hecho demasiado fácil para calificar a Mala, que dicho sea de paso lo es, pero ¿para qué nos vamos a mentir cuando el resultado está a la vista? Lo que resulta poco plausible es que un director de renombre en el país como lo es Adrián Caetano -lo adoptamos como propio cuando es un hermano uruguayo- quien ha hecho grandes cosas tanto en la pantalla chica (las aclamadas series Tumberos y Disputas) como en la grande (Un oso Rojo, Crónica de una Fuga), ofrezca un producto vacío y carente de alma, en el que las buenas intenciones del realizador se ven plasmadas en escena de manera incoherente y algo trágica, en la que casi nada tiene sentido y el elenco queda a la deriva en una historia a medio camino entre la venganza y la nada misma.

    Hay que concederle a Caetano el recurso de usar a cuatro bellas actrices para encarnar diferentes etapas de un mismo personaje, que podría o no tener una mente fragmentada que la empuja a sentirse una mujer distinta durante ciertas instancias de su vida. En ese apartado, claramente se destaca la aguerrida Rosario de Florencia Raggi, que se dejó el cuerpo en la película -literalmente- y tiene escenas bastante jugadas, con un desnudo íntegro que la muestra despampanante a sus 40 años de edad. La novata María Dupláa también aporta un poco de candor y misterio a su porción del personaje, pero en contraste hacen aguas tanto el pequeño cameo -podría decirse- de Liz Solari (que tiene que volver a las pasarelas urgente) como el importante rol que Brenda Gandini apenas puede llenar en la recta final del film.

    Detrás de la gran idea de que varias actrices recreen a la misma mujer, la historia de Caetano no esconde ninguna sorpresa ni aspecto interesante en su transcurrir: estamos presenciando, supuestamente, la venganza de una mujer lisiada (una Ana Celentano a la que se nota muy perdida) contra el amor de su vida (Rafael Ferro, otro desperdiciado) que la abandonó por una joven (Juana Viale a la que le sobran calificativos peyorativos por su actuación). Para llevar a cabo dicha revancha se vale de la reciente atrapada Rosario, a la cual su inestabilidad - tanto mental como la del guión- no le permite discernir entre lo que es la realidad y la ficción.

    Admiro la idea de Caetano de alejarse del cine argentino convencional y apostar por una historia en la que la línea narrativa es tan caótica como la psiquis de la protagonista, pero detrás del mentado homenaje de género con el que se quiso saldar el director, se esconde una atroz edición y una historia que en escasos noventa minutos de metraje no inspira ningún tipo de sentimiento alguno hacia los diferentes personajes, acartonados y de una teatralidad en sus actos demasiado grandilocuente. Por momentos hilarante (sin quererlo, o eso imagino), en ocasiones interesante, pero decididamente un caos narrativo, Mala es uno de los eslabones más flojos en la filmografía de Israel Adrián Caetano, cuya sola existencia ennegrece la reputación de un director audaz y polémico.
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  • Los miserables
    Los miserables
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    Les Misérables es un drama musical que tiene la característica de vivir a pleno todas las emociones que atraviesan a los personajes; dichos personajes a través del marco narrativo le hacen honor al título y son empujados hacia sus límites más bajos, experimentan el amor a primera vista, sacrifican sus vidas por una revolución popular, se pasan décadas en búsqueda de justicia y creen que sus acciones son ordenadas por Dios. El desafío de adaptar un libro convertido en obra de teatro muy bien reconocidos ambos le pareció conveniente y posible a Tom Hooper, radiante después de su premio Oscar por The King's Speech. El resultado final es una obra épica y colosal que lleva al espectador a un viaje en donde reina los sueños, la esperanza y el amor, y la constante lucha por los mismos.

    Con una estruendosa introducción que orgullosamente anuncia las intenciones a gran escala que posee, Les Mis presenta al casi pelado y escuálido antihéroe Jean Valjean, uno de los muchos prisioneros tirando de un enorme barco para hacerlo entrar al puerto mientras el villano justiciero Javert los observa desde arriba. A partir de ese momento es que los números musicales comienzan y la historia de estas dos almas se verá entrecruzada a lo largo de varios años de diferentes maneras.

    La línea narrativa del film bien puede dividirse en dos partes, antes de 1832 y durante la Revolución de París. Ambos bloques cuentan el alzamiento y caída de Valjean, y la posterior persecución durante los conflictos sociales en París que lo tienen como personaje secundario mientras la juventud parisina se rebela contra la monarquía reinante. Dichos segmentos se sienten como historias diferentes con algunos personajes como nexos; la primera parte es la más solida de las dos, donde las emociones se perciben más honestas y personales mientras que vemos a Valjean, Fantine y la joven Cosette atravesando un sinfín de vicisitudes con el poder de la piedad y la gracia. La segunda sección ofrece problemas cuando los jóvenes revolucionarios se presentan en escena con los jóvenes Marius (Eddie Redmayne) y Enjolras(un fantástico Aaron Tveit), el pequeño Gavroche y la damisela Eponine (la ascendente Samantha Barks, que con su On My Own nos deja helados en su repetición del mismo papel que la encumbró en teatro), quien está profundamente enamorada de Marius. Las emociones que empujan a este pequeño grupo no se sienten tan sólidas como las del primer grupo de personajes, ya que la historia elige apurar los enfrentamientos bélicos y los amores a primera vista de manera atolondrada. No hay que entrar en pánico, ya que para el final de la cinta, todas las pequeñas trabas en la historia quedan satisfactoriamente cerradas y la escena final le da el toque perfecto a esta penosa pero hermosa fábula parisina.

    Todos los actores cantaron en vivo mientras la película se filmaba, en contraste a pregrabar las canciones y hacer la mímica correspondiente en escena, lo que le da un aspecto diferente al film, ya que un par de personajes se destacan por encima de otros que encuentran su voz durante la filmación. Sin embargo, hay ciertos momentos donde Hugh Jackman o Anne Hathaway (en los mejores papeles de sus carreras) se tambalean un poco y se traban, lo que añade una capa de profundidad y pasión a sus caracterizaciones, un halo de realismo captado perfectamente en cámara. Hathaway, como era de esperarse, brilla en sus momentos en pantalla, dándole al personaje una de las encarnaciones más frágiles y desesperadas que se hayan visto. Hooper, consciente del poderío tanto vocal como emocional de la actriz, elige desproveer al mayor número de Fantine, la canción I Dreamed A Dream, de cualquier música incidental o sonido, logrando que su voz y la emoción se traguen a la sala entera en un silencio tan conmovedor como aplastante. Quizás el protagonista que ha generado más controversia es el Javert de Russell Crowe: a ojos vista está claro que Crowe no está a la altura de sus compañeros, pero su labor no aplasta ni ensombrece a nadie más que su propio inspector.

    Apenas hay momentos en los que los diálogos no sean cantados o en los que la música no ocupe un lugar de fondo. Para aquello no familiarizados con la obra teatral, la música cuenta la historia en todo tipo de niveles. Cuando un personaje siente cualquier emoción que se le cruza por el cuerpo, la misma será cantada con afección y pasión; si alguno debe tomar una decisión, la letra de su canción será la que revele el plan a seguir. Si lo antes mencionado suena a algo que el espectador no pueda tolerar por más de dos horas y media, no hay razon entonces para disfrutar de Les Misérables en una sala de cine. En cambio, los seguidores de esta enardecida y explosiva historia de Victor Hugo se verán recompensados por una película enorme que es imposible que no deje huella en el corazón de cada uno con cualquiera de los temas que interpreta un elenco entregado en alma y corazón a sus personajes.
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  • La niña del sur salvaje
    No es excusa alguna que la Academia haya nominado en ternas más que importantes a Beasts of Southern Wild sólo porque necesita un chivo expiatorio, sino que realmente el cuento de hadas sureño del director nos permite sumergirnos en un mundo fantástico y rudimentario a la vez que la historia de supervivencia de un personaje querible y sensible como el de una aguerrida niña de nueve años cala hondo el el espíritu feral de cada uno.

    Difícil de enmarcar en un solo género (aunque apunta mucho por el lado del cine social apocalíptico) Beasts... nos sumerge en un microuniverso entre lo candoroso y lo terrible visto a través de la óptica de una pequeña líder nata destinada a hacer frente a las penurias del mundo con el valor y el coraje que tan sólo la mágica inocencia de la infancia nos permite tener. La mirada de Hushpuppy es la de una Quvenzhané Wallis que ha sido nominada al Oscar con solo nueve años, pero que aporta toda la fragilidad y determinación que su personaje necesita: una criatura que tanto sabe comer a lo bruto marisco y destrozar la casa como llamar afectuosa y tiernamente a su madre o cuidar de su padre enfermo. Suyo es el foco protagónico en este proceso acelerado de maduración en el que tiene que prepararse para la vida y para la muerte, hasta ser capaz de hacer frente a esos animales salvajes cuando haya vencido el miedo y aprendido a encajar su pieza en un mundo que tiene que arreglar cuidando a los suyos. Hushpuppy tiene toda la energía que le da Quvenzhané, y también la que le proporciona una banda sonora que llega cargada de emoción y unas imágenes poderosas e impactantes, como ese deshielo devastador o esos jabalíes gigantes que nos trasladan al imaginario infantil hasta alcanzar una verdadera poesía visual.

    El film, primer largometraje de Benh Zeitlin, no se lamenta de las condiciones de pobreza extrema ni juzga las actitudes de unos personajes que bordean actitudes suicidas, sino que delimita el espacio residual —y probablemente para muchos, inspirador— en el que la unión comunitaria y la fraternidad entre vecinos son valores consecuentes del vive como quieras. Uno de los méritos de Zeitlin está en saber mirar la miseria material y encontrar detrás toda la belleza y atractivo humano, hasta el punto de que esa chabola se convierte en un hogar o ese club nocturno se transforma en lugar idóneo para encontrar a su mamá. También resulta extraordinariamente sutil y hermosa la manera en que llega la muerte, tan humana como mágica y placentera, porque para la reina de la Bañera no es más que el comienzo para una nueva vida en la que sentirá siempre la compañía de los que se han ido.

    Beasts of Southern Wild es una potente y visceral propuesta muy indie que ha logrado colarse a la fuerza en los premios anuales gracias a una puesta en escena minimalista pero loable, y un discurso que pone en contraste a la escasez material contra la imaginación y el impulso de la supervivencia.
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  • Las crónicas del miedo
    La gente ya está cansada del formato metraje encontrado. Ya hace más de diez años que The Blair Witch Project revolucionó al género, y a partir de ese momento hubo una inundación de títulos que opacaron el formato, mientras que de vez en cuando hay excepciones. V/H/S intenta entonces agitar un poco las cosas al añadirle el pequeño giro al subgénero, el look de antología, que hace rato se perdió en el horror. ¿Logra su cometido? Por momentos si, por momentos no, siendo que algunas historias resultan y otras no tanto...

    El concepto principal, generado por el editor de la página de horror Bloody-Disgusting Brad Miska, tiene como centro a una banda de desadaptados sociales que disfruta de grabar todas sus fechorías; dicha banda se meterá ilegalmente en una turbia casa para recuperar un casete VHS a cambio de dinero de parte de un aún más misterios benefactor. En esta línea narrativa se podrán encontrar embebidos el resto de las historias, una más dispareja que la otra con resultados tan ambiguos como interesantes. La primera historia es simplemente la mejor de todas e involucra a un grupo de amigos cuya noche de ligue se torna increíblemente siniestra. Equipado uno de ellos con una cámera en sus anteojos, los chicos llevan a un par de chicas a un motel de mala muerte para grabarse teniendo sexo, pero no contaban que una de ellas, la rara, tiene un oscuro secreto. Lo que sigue es una intensa revelación que no escatima en sangre y violencia para culminar en un final estrepitoso y terriblemente escalofriante. ¿Lo peor? Que sea la primera y deje el listón demasiado alto para que el resto de las historias le pueda hacer sombra.

    Después de eso tenemos la aburrida historia de Ti West, un director que supo ganarse un nombre con las geniales House of the Devil y The Innkeepers y que acá falla en presentar una historia interesante en la segunda luna de miel de una pareja perseguidos por una figura desconocida que augura lo peor. Incluso su revelación final no sorprende ni genera expectativa. La historia que le sigue también hace aguas al presentar a un grupo de cinco adolescentes perseguidos en un bosque por un asesino. ¿El giro? Dicho maniático sólo puede verse a través de una cámara. Tan interesante como puede sonar, el ingenio se queda en buenas intenciones en otra dedepción más del montón.
    Por suerte las cosas remontan con el segmento de Joe Swanberg y su parejita de amantes que chatean vía cámara web; en dichas sesiones, ella, revela que hay algo en su cas y ciertas apariciones indeseadas hacen acto de presencia durante la noche. Revelar más sería arruinar los mejores momentos que presenta el segmento, cuyo final es lisérgico por no encontrar otro calificativo más indicado. Por último, el cierre es un gran homenaje a aquellas películas de horror malas de los '80 ( de hecho, el año en el segmento es 1998), en donde un grupo de amigos en Halloween se dirige a una fiesta en una casa que luego encuentran (aparentemente) abandonada.

    El colectivo general es una montaña rusa, con resultados disparejos pero que generan ideas interesantes e historias de calidad difusa. Con una duración de casi dos horas, V/H/S promete regrear próximamente con una secuela que, por los primeros comentarios, ha mejorado los errores de esta primera entrega que, con lo que debe haber costado, promete iniciar una longeva saga de pequeños bocados de horror.
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  • El vuelo
    El vuelo
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    En un colosal regreso al live action desde Náufrago luego de incursionar en territorio animado con El expreso polar, Beowulf y Los fantasmas de Scrooge, Robert Zemeckis vuelve más controversial que nunca en este relato que no se parece en nada a lo que ya haya hecho en su destacada filmografía.

    ¿Queda algo más que decir cuando la escena inicial de Flight nos muestra al capitán Whip Whitaker en la cama durante la mañana, acompañado de una belleza desnuda y tomando el primer trago de cerveza y la primera línea de cocaína del día? Dicha escena nos demuestra varias cosas: que Zemeckis está jugando fuera de su zona de confianza, que está delimitando territorio dentro de la rota psiquis de su personaje principal, que nos presenta la penosa calidad de vida del mismo, y por que derroteros se conducirá la película. Claramente un estudio tridimensional de un personaje conflictivo y aquejado por sus propias elecciones de vida, Flight nos introduce rápidamente al quid de la cuestión, el detonador de la trama, con el malfuncionamiento del vuelo del que Whitaker es piloto. En una escalofriante demostración del poderío visual que puede captar en cámara, el director entrega una de las escenas más recordadas del año: el accidente del vuelo y el casi milagroso rescate por parte del piloto conforman un trago muy duro y angustiante que es sin lugar a dudas el detalle más recordado del film, por el que sólo vale la entrada para disfutar y aterrorizarse en la pantalla grande.

    A partir de allí, las repercusiones del accidente afectarán al explosivo papel que tiene en sus manos un Denzel Washington en plena forma como no se lo veía hace años, desde Man on Fire; el capitán Whitaker es un personaje enfermo, cuyo espiral no parece tener final, y se necesitaba de un actor de peso para conformarlo, y Washington lo logra con creces; ya sea sintiendo pena o disgusto por las situaciones en las que se ve inmersas el piloto, la composición del papel es impecable y al guión de John Gatins no le tiembla el pulso para enfrentarlo contra momentos difíciles de ver, pero conducidos con maestría por un actor que con apenas gestos dice historias completas. Es para notar que el guión se disuelve un poco cuando entra en escena la fotógrafa drogadicta de una brutal Kelly Reilly (cuyo papel tranquilamente podría haber estado nominado este año), pero recupera su potencia cuando llega el esperado momento de la audiencia en la que Whip deberá encontrarse cara a cara contra su demonio más grande al defender sus acciones heroicas mientras estaba alcoholizado y drogado. Aunque el epílogo se sienta forzado y algo blando, el viaje no desmerece la labor del guionista, que mezcla una visión descarnada del alcoholismo y las adicciones con pinceladas espirituales y religiosas en el camino.

    Así como Washington tiene el control de la pantalla durante toda la película, ciertos secundarios son bastante vistosos, como la antes mencionada Reilly, y también el dúo de Bruce Greenwood y Don Cheadle (el uno amigo de Whitaker y el otro el abogado defensor) mientras que John Goodman se roba las escenas en las que interpreta a un proveedor de droga amigo de Whip (a quien se lo presenta con la oportuna Sympathy for the Devil de los Rolling Stones) y James Badge Dale conecta a los personajes principales mediante una interesante escena en la cual es el eje como un paciente terminal de cáncer.

    Robert Zemeckis logra así en Flight un viaje turbulento en el que vuelve a un plano que nunca debió abandonar; con un protagónico explosivo y duro por parte de Denzel Washington, el drama presenta un estudio de un alcohólico cuyo peor enemigo es él mismo.
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  • Lincoln
    Lincoln
    Cinescondite
    Hace falta un gran hombre para contar la historia de otro gran hombre, y que mejor que el incombustible Steven Spielberg para retratar el período más fascinante de la presidencia de uno de los monumentos más queridos por el pueblo americano, el de Abraham Lincoln. Como no podía der de otra manera, Spielberg sale airoso en Lincoln, una cálida y afectiva biopic que, a través de un elenco de lujo, narra uno de los momentos claves en la vida de uno de las grandes figuras políticas de todos los tiempos.

    Con una alborotada duración de 150 minutos, algo que se está volviendo cansino con todas las nominadas al Oscar este año, uno hubiese pensado que Spielberg tomaría el cuadro completo de Lincoln para contar su vida al completo, pero el hábil director nos hace olvidar prontamente que no estamos frente a un a historia de vida sino a un episodio en particular que requiere intimidad y seguimiento, dos características que se vuelven regla en el film. Lincoln se mueve en dos ejes, que en verdad son dos caras de una misma moneda; el primero es la Guerra Civil, que se está llevando la svidas de incontables personas, amén de la discusión del segundo eje, que es la Decimotercera Enmienda de la Constitución, que boga por el derecho de abolir la esclavitud.
    En este marco en donde la Guerra lo está detruyendo todo y las reuniones en el Congreso se tornan más intensas mientras las facciones republicanas y demócratas encarnizan una batalla política, el foco sobre el presidente Lincoln se establece mediante la muestra de un carácter afable y calmado, lejos del semidios representado en todos los libros de texto y biografías. A través de una potente y humana actuación de parte de un enorme Daniel Day-Lewis que tiene asegurada su próxima estatuilla al interpretar a través de diferentes capas al agobiado y cansado presidente, que nunca dejó a nadie de lado para ser el Abraham Lincoln padre, esposo, político y pilar de una sociedad americana en una de sus peores horas. Es casi imposible no ver a otro actor más que Day-Lewis caraterizado como el altísimo presidente, cuya cordialidad al compartir historias con cualquiera que este alrededor suyo hacía que se ganase el respeto de todos.

    La calidad actoral no se remite sólo a Day-Lewis, que ocupa un lugar principal en la trama y cuando está en pantalla nadie le roba el momento, sino que también sus pares alrededor tienen su momento de gloria, en particular Sally Fields y Tommy Lee Jones ambos en los papeles de sus vidas como la acongojada esposa fiel del presidente ella y él como Thaddeus Stevens, uno de los grandes políticos a favor de la Enmienda, cuyas razones se van discerniendo a medida que transcurre el film para concluir su historia en una escena emotiva y llena de significado. Más allá de estos grandes actores, todos los secundarios y terciarios son nombres conocidos y que reflejan la calidad que significa estar frente a un producto de Spielberg; nombres como Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, un irreconocible James Spader y más agracian la pantalla con sus pequeñas pero significantes interpretaciones.

    En conjunción con su colaborador en Munich Tony Kushner, Spielberg logra que durante dos horas y media la cantidad de debates sean interesantes hasta culminar con una verdadera escena llena de suspenso como lo es la votación final en la sala del Congreso; dicha escena tarda en llegar pero hacia allí se dirige toda la fuerza de la película, y el resultado es impecable, si tenemos en cuenta que Spielberg es ayudado en su narrativa con el cinematógrafo Janusz Kami?ski y el compositor John Williams, el resultado es una combinación perfecta.

    Con un resultado superior al demostrado el año pasado en War Horse, Steven Spielberg logra realizar un sentido homenaje a una de las figuras que lo marcó como persona; de una calidad isuperable y con un elenco de alto nivel, Lincoln es un gran legado en la creciente filmografía del director y una biografía precisa y admirable.
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  • La noche más oscura
    Kathryn Bigelow obtuvo el reconocimiento que siempre se mereció con The Hurt Locker, y ahora que está totalmente enfrascada en la zona de guerra se despachó con un ingente thriller que tiene como epicentro a la polémica captura del terrorista Osama Bin Laden; Zero Dark Thirty entonces narra absorbente persecución durante diez años comandada por una audaz e implacable agente de la CIA que se atrevió a todo para conseguir el premio mayor.

    Era más que obvio que una película que cuenta la visión americana de la búsqueda de Bin Laden iba a traer consigo un sinfín de pólemicas críticas de patriotismo americano y nacionalismo exacerbante, pero Bigelow está interesada totalmente en presentar a un personaje y girar alrededor del mismo todas las diferentes vicisitudes y giros de una caza que tuvo a dos presidentes al mando; como si se tratase de un episodio de lujo de la serie 24 o la reciente Homeland, Zero Dark Thirty se enfoca en todos los detalles técnicos y los recursos utilizados por la CIA para unir cabos y atrapar a la aguja en el pajar. Bigelow y su colaborador, el guionista Mark Boal no pierden tiempo en presentar su película mediante una tensa y dura escena de tortura, que termina resultando aleccionadora al mismo tiempo que marca el bautismo de fuego de Maya, la protagonista.

    El desafío de Bigelow al retratar una obsesión personal como la de Maya y a la vez contar la caza y captura del terrorista mediante conexiones, persecuciones y recopilación de información denota una tarea hercúlea que la directora cumple con acierto al entregar como resultado final un film que resulta tenso pero a la vez no se puede dejar de ver. Mientras que no es una película de acción tradicional, Katrhyn crea un impresionante nivel de suspenso en el que por momentos uno sabe lo que sucederá a continuación, pero el ritmo aumenta y aumenta hacia su conclusión de una manera extraordinaria.

    Aunque dos horas y media puedan resultar excesivas le bastan a la directora para presentar la historia y desarrollar la acción detectivesca del film, a la par de llevar a sus personajes hacia la tridimensionalidad, un detalle más que importante cuando el peso de la historia recae en ellos. Por eso es importante destacar la labor de Jessica Chastain, que cumple con creces un protagónico que demandó nervios de acero y mucha obstinación; sí, Chastain entrega una actuación memorable, pero no termina de cerrar, aunque tiene escenas memorables que justifican una nominación. El resto del elenco a su alrededor reúne a un talento maduro y fresco que complementa la trama, como el reacio y cansado agente de Jason Clarke o la sencilla Jennifer Ehle, aunque hay nombres de peso que no están por más de dos minutos en pantalla pero su participación resulta clave para el desarrollo como Mark Strong, James Gandolfini, Kyle Chandler y la dupla de Joel Edgerton y Chris Pratt, los agente de campo que toman escena casi al final de la película y protagonizan los momentos más asfixiantes del film con el raid final a la fortaleza donde se esconde el terrorista.

    No hay dudas de que Zero Dark Thirty puede ser vista como un panfleto político oportunista, pero si de algo no se puede dudar es del ojo y la mano de Kathryn Bigelow para gestar una película sólida y sorprendente, con un elenco de primer nivel y una historia polémica pero intensa.
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  • El lado luminoso de la vida
    Cuando una observa las películas nominadas a los premios Oscars este año, no es difícil destacar del patrón que Silver Linings Playbook es lo que podría llamarse la comedia optimista por decantación que siempre tuiene su lugar en la terna; entrar a la sala a verla con este prospecto solo puede significar una impresión más que positiva, ya que la película rompe con varios esquemas en una historia que no escatima en toques de comedia ni en un drama sensible y realista, sin olvidar una de las relaciones románticas más entrañables de los últimos años.

    La primera inmersión en el mundo narrativo de David O. Russell (me saltée The Fighter incluso tras su fragor en los Oscars) no puede ser más que agradable y estruja el corazón con las situaciones en las que se ven entrometidos sus personajes, basados en el libro homónimo de Matthew Quick. El eje fundacional de la película es la relación entre dos mercancías dañadas, tanto por el lado del profesor bipolar Pat Solitano que está a un paso de perder la mente definitivamente luego de ocho largos meses de reclusión como por el lado de Tiffany Maxwell, una joven viuda con más problemas mentales de los que ella está dispuesta a aceptar.
    El camino de estas dos almas en pena se verán irreversiblemente cruzados para lograr una de las químicas más explosivas y creíbles vistas en pantalla recientemente; sin duda alguna, la elección de un Bradley Cooper lleno de potencial y explosivo en su caracterización como el atribulado Pat y la de Jennifer Lawrence como la carismática y cándida Tiffany funcionan como columna vertebral de esta comedia que cuando quiere se comedia tiene diálogos incisivos geniales, y cuando le toca el turno de generar empatía por las situaciones dramáticas, lo hace con un timing preciso y de relojería. Todos los personajes resultan interesantes, aunque la luz este enfocada en la pareja, quienes tienen los momentos más logrados y de peso en la trama.

    Más allá de un manejo increíble de los diálogos, que realmente tienen profundidad y fuerza propias, la dirección de Russell genera una inestabilidad que refleja sin miramientos el estado mental de la pareja protagónica, pero que nunca marea ni confunde; su manera de encarar a un elenco que no tien desperdicio es sutil y logra sacarle el jugo al máximo, con un Robert De Niro que reluce como hace rato que no lo hace como el combativo padre de Pat, quien podría haber heredado a su hijo con ciertos toques de locura propia, además de una correcta Jacki Weaver que ameniza como la matriarca Solitano; por un lado festejo la nominación de De Niro y espero que gane, pero en esta oportunidad no le veo sustancia mayor a la nominación de Weaver, por ejemplo. Sí festejo el pequeño papel secundario de Chris Tucker, insufrible desde las Rush Hour pero que bajo una buena dirección se acerca al grado de comedia de lo que fue su papel más memorable, el Ruby Rhod de The Fifth Element.

    Maniobrando entre el pesar y la positividad, entre la esperanza y la locura, entre el amor y el resentimiento, las emociones fluyen descontroladas; dirigida con proeza y tino por un director que sabe de relaciones humanas, y un elenco soberbio y bien sostenido, Silver Linings Playbook se va colando poco a poco en la mente y el corazón del espectador, hasta liberar su radiante luz desde dentro. Y no está nada mal sentirse realizado al salir de la sala.
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  • Django sin cadenas
    Django sin cadenas
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    Quentin Tarantino es un nene grande caprichoso y con cada película lo demuestra más y más. No es secreto alguno que el tío Quentin adora el spaghetti western, una de las grandes influencias en su filmografía, y con Django Unchained le da rienda suelta a sus fantasías del Oeste más salvajes en un film que rebosa hectolitros de sangre y carcajadas a partes iguales.

    En el marco de la época pre Guerra Civil, y por durante dos horas y media que uno no quiere que termine más, Tarantino narra una historia de eslavitud, venganza y redención utilizando como faro guía al Django de un excelente Jamie Foxx, acompañado de su nuevo mejor amigo y compañero de batallas, el estrambótico y correcto Dr. King Schultz (un doblete magnánimo de parte de Christoph Waltz) Como no podía ser de otra manera, la brutalidad, marca constante en todos los trabajos del director, se hace presente de una manera cruenta y despiadada, tan sólo desenfocándose cuando el espectador ya ha sufrido demasiado y necesita un descanso.

    Lo que no pasaba en anteriores aventuras del director es la condensación en una misma línea narrativa la comedia negra (negrísima, al gusto Quentin) y las escenas de suspenso rabiosas, de ésas que le ponen a uno los nudillos blancos de la tensión; por momentos estamos viendo escenas que lo hacen a uno arrancar a las carcajadas y por otros los ojos están fijos en la pantalla, atentos a cada movimiento y paso en falso de los protagonistas. Tenía mis reservas de si el elenco resultaba en ciertas partes desafortunado, pero Jamie Foxx tiene un viaje de emociones que para el final de la película lo dejan más que bien parado y con aires de ícono de culto en cualquier momento; quien quizás sale bien parado es Waltz repitiendo un papel peculiar y demasiado justo para él, provocando más de un déjá vu con su Hans Landa de Inglorious Basterds. Sorprende gratamente el ridículamente serio y lleno de aspavientos Monsieur Candie de un Leonardo Di Caprio, eclipsado solamente por el taimado sirviente Stephen de un agradablemente irreconocible Samuel L. Jackson a quien el papel le sienta de perlas. Los cameos y apariciones especiales se suceden en cada escena y cada tramo, y sin dudas la más genial y aplaudida será la participación del eterno Franco Nero, el Django original.

    Como el elenco, todo en Django Unchained está orquestado hasta el más minimo detalle, cortesía de un director meticuloso que no le teme a los acercamientos raudos a la cara de los protagonistas, un detalle casi caricaturesco que le da un regusto diferente a todas sus películas; la banda de sonido es un apartado que nunca decepciona, y acá las melodías de Ennio Morricone se entremezclan con las nuevas creaciones de Rick RossJohn Legend para provocar una combinación armónica fastuosa y fabulosa. Mientras su anterior film puede haber resultado violento en los últimos tramos, con esta nueva historia Quentin se da el lujo de hacer saltar la sangre hasta el techo, y también de pasar a la historia con un clímax tan audaz y sangriento que la pelea de Uma Thurman en Kill Bill es cosa de críos.

    Poco y nada se le puede criticar a Django Unchained, un brutal festín de sangre, violencia y risas como sólo Quentin Tarantino nos puede mimar, demostrando que, como los buenos vinos, mejora con cada año que pasa.
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  • S.O.S: Familia en apuros
    Hace rato que la comicidad de Billy Crystal se ha diluido. Al menos desde una década atrás, después de Analyze Me, que no pega en la taquilla y en Parental Guidance hace un esfuerzo más que sobrehumano para volver a las grandes ligas, pero los intentos caen en vano con una película cuyo formato televisivo y previsible arruina toda intención de provocar divertimento.

    Esta cuenta entonces la historia de una familia americana promedio, con padres terriblemente atareados en sus trabajos y tres preciosos y cuidados hijos que crecen bajo un estricto régimen de crianza y enseñanza muy new age. Problemas van, problemas vienen, los abuelos maternos tienen que encargarse de cuidar a unos nietos que apenas si ven, ya que sus métodos caseros y anticuados de tratar a su propia sangre no encajan y avergüenzan a su hija. De más está decir que todos los estándares de la familia se verán puestos a prueba (de las maneras más previsibles y socarronas posibles) no dejando lugar a la imaginación y a la sorpresa.

    La historia pergeñada por Lisa Addario y Joe Syracuse atrasa unos cuantos años, cuando Home Alone era un hit familiar rotundo y los chistes escatológicos estaban en boga. Dentro de los parámetros de su propia filmografía, el director Andy Fickman (The Game Plan, You Again) no arriesga y juega sobre seguro, tocando todas las notas de la comedia familiar sin salirse de su zona de confort.

    La otrora grandeza de Crystal todavía tiene sus destellos de genialidad, pero en un envase que le queda un poco grande a la rutilante brillantez que alguna vez supo hacer destacar. Los momentos compartidos con una cálida Marisa Tomei son escasos pero creíbles, con una química notable, así como también la siempre cómica y sagaz Bette Midler, que se despacha con algún que otro numerito musical para el recuerdo. Los chicos se comportan como chicos, en especial los más pequeños, además de notar un crecimiento tangente en Bailee Madison.

    Los últimos momentos de Parental Guidance tienen un genuino gusto al drama familiar, y se sienten reales y emocionantes, pero no basta un elenco dócil y ciertos brillos de comedia para levantar a una propuesta de poco vuelo.
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  • Hansel y Gretel: Cazadores de brujas
    Digamos que Hansel & Gretel: Witch Hunters no llega en el mejor momento: ya hemos tenido a varias figuras históricas o de fábulas transportadas a escenarios más oscuros y de resultados dispares como Red Riding Hood, las dos versiones de Blancanieves y Abraham Lincoln: Vampire Hunter, entre otras. ¿Qué cambia entonces con esta propuesta? Nada, son los mismos elementos combinados de manera similar pero con una cuota de diversión sangrienta que no pide permiso para elevar la cota de humor negro por las nubes.

    El noruego Tommy Wirkola no es ajeno a las historias descabelladas. El director de Dead Snow, una brutal y tóxica película de zombies nazis en la nieve, pegó el gran salto a Hollywood con esta versión steampunk de los adorables hermanos pasados de azúcar que nada tienen de dulces. Convertidos en imparables asesinos a sueldo, se verán contra su mayor desafío al enfrentarse a un aquelarre entero de brujas que intenta frenarles el paso de una vez por todas. Hansel & Gretel: Witch Hunters no es una película exigente ni mucho menos; toma inspiración de varias otras con cazadores famosos y criaturas sanguinarias, pero nunca intenta ser otra cosa, ni disfrazar sus intenciones.

    Wirkola se nota que se divierte muchísimo filmando escenas de acción bien coreografiadas y no exentas de golpes y disparos a quemarropa tanto para los enemigos como los protagonistas, que más de una vez terminan gateando en el suelo. Acá la dupla protagónica de Jeremy Renner y Gemma Arterton, si bien no tienen mucha conexión entre sí como hermanos, cumplen con su papel de vigilantes armados a la perfección, ella quizás más que él, que sigue en plan serio pero no aporta mucho carisma a su personaje. Por el lado de los villanos, Famke Janssen se despacha con soltura a una bruja sexy y malévola sin perder el hilo de la propuesta, mientras que la línea secundaria del sheriff de Peter Stormare se siente apurada y sin sentido.

    Quizás el 3D se vea forzado y distraiga bastante en las escenas de acción, pero la simple historia que tiene un par de vueltas en el camino no se vuelve pesada en ningún momento y se hace bien ligera. El mismo guión de Wirkola no se presta a ser un relato serio, sino que es consciente del producto que es y así el film es un festival en su propia ley. Hansel & Gretel es una violento y sangriento film con toques de terror -muy pocos, a decir verdad- que compone una buena opción de entretenimiento salvaje y desconsiderado. Quizás llegue tarde, pero nunca está de más un producto divertido y con bastante mala leche.
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  • Fuerza antigangster
    Gangster Squad es una cáscara brillante, pero vacía. Llama la atención de inmediato por su interesante elenco y la meticulosa reproducción de una Los Ángeles de fines de los '40, no obstante, detrás de su opulencia fílmica, se encuentra una historia ensamblada que se nutre de varios éxitos pasados del género. La misma quiere ser una reimaginación de aquellas historias de pandillas, pero poco y nada tiene que aportar a dicha subtrama criminal, exceptuando ser un producto de calidad y entretenimiento asegurado.

    En una cruenta y pasmosa escena inicial es que conocemos al villano de turno, el matón Mickey Cohen, un sujeto con complejo de superioridad que aspira a comerse el mundo y, para eso, empieza a tomar el control de una Los Ángeles corrupta y llena de vicios por doquier. En una ciudad en la que nada ni nadie está seguro, él se cree un dios, pero un astuto y obstinado agente de la Ley piensa lo contrario: el sargento O'Mara está cansado de que el lugar que eligió para criar a su hijo sea un desperdicio y se dispone a limpiarlo con sus propias manos. Tendrá un incentivo, claro, cuando un superior le proponga armar un escuadrón para hacerle frente al criminal jugando con la misma moneda. ¿El resultado? Casi dos horas de enfrentamientos a quemarropa en el que ambas facciones luchan por el control.

    Antes que nada el aplauso se lo merece Ruben Fleischer por lograr que una de gangsters luzca impecable. El director tiene un pulso bastante peculiar para filmar que ya había mostrado en la brutal Zombieland y que vuelve acá más estilizado que nunca. Muchas tomas cobran vida propia y resultan en una inmersión en la trama, aparte de que la recreación se antoja vistosa y asfixiante de color al mismo tiempo. Técnicamente, Gangster Squad se pasa, pero a la hora de vendernos una historia creíble y aceptable, el guión de Will Beall toca tantos lugares comunes que es inevitable darse cuenta de que es la misma de siempre. Un malo malísimo, un bueno que es un pan de Dios, pérdida de vidas inocentes, trampas, amoríos... Básicamente uno puede prever cada paso y cada vuelta del argumento, lo cual hace el paseo violento menos entretenido y disfrutable de lo que podría haberlo sido con una historia más pulida y no tan simplista.

    Afortunadamente, lo que podía ser un bodrio de película sale a flote con un elenco soberbio y sobrio en todos sus aspectos. Por sobre todas las cosas, las idas y vueltas que tienen Josh Brolin y Sean Penn son fantásticas: el uno que nació para ser un justiciero -y para brillar en Hollywood, sin dudas- y el otro que encontró que el traje de villano le sienta de perlas. La lista sigue y nos encontramos con Ryan Gosling y su seductor emperdenido Wooters -cuya aterciopelada voz resulta extrañamente atractiva-, que le sigue rompiendo el corazón a una despampanante Emma Stone -recordemos la natural química de estos dos en Crazy, Stupid, Love- y conforman uno de los dos polos de amor, el otro siendo el del personaje de Brolin y una convincente Mireille Enos, a la cual nos tendremos que ir acostumbrando en el medio porque viene pisando fuerte. El equipo se conforma con el comodín, Giovanni Ribisi, la resurrección de Robert Patrick y dos caras nuevas que se están colando poco a poco en la Meca: Anthony Mackie -cuya posición consolidada crece más y más, y Michael Peña, el as latino por excelencia en estos últimos años. Mención especial le vale a un Nick Nolte irreconocible.

    Hay tiros, lío, y cosha golda en Gangster Squad, lo suficiente como para que el reloj se pase volando, pero la falta de interés suscitada luego del final es alarmante, y no creo que una película se jacte de eso. Se esperaba mucho más de ella pero no, no estamos frente a The Untouchables del siglo XXI, ni mucho menos.
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  • Una aventura extraordinaria
    Cinco minutos dentro de la hermosa narrativa que tiene Life of Pi y ya uno puede predecir el futuro que tendrá la película en las sucesivas entregas de premios; y es que Hollywood ama lo bollywoodense, y esta encaja perfectamente en todos y cada uno de los requerimientos de este tipo de historias.

    Ya lo hizo una vez un director tan ecléctico como Danny Boyle con su Slumdog Millionaire, así que ¿por qué no podría salirle lo mismo al loado Ang Lee? Ciertamente la fabulosa vida de Pi Patel, basada en la novela de Yann Martel, tiene mucho más sentido y coherencia que la retratada por el británico, y una moraleja mucho más profunda y asible, aunque eventualmente caiga en los mismos lugares comunes del género melodramático. Mal que mal, Ang Lee y su guionista David Magee (Finding Neverland) logran mantener al espectador cautivado con una historia realmente fascinante de dos horas. En ella podemos conocer al protagonista, un personaje con todas las letras, cuya hoja de vida particular inspiró a un escritor a creer en la existencia de Dios luego de un brutal naufragio que dejó al joven sin familia y con la sola compañía de un arisco y de poco fiar tigre de Bengala a bordo de una balsa.

    Lo que hace grande a Life of Pi también termina por delimitarla. No hay dudas que la pelea por sobrevivir de Pi tiene un atenuante pesadísimo con el tigre Richard Parker -sí, con nombre y apellido viene el asunto-, pero eventualmente el film decae en su ritmo y todo se reduce a ver al ingresante Suraj Sharma ingeniárselas para lograr una actuación impresionante, ya que gran parte de la película lo tiene como foco a él y a los animales -sobre todo al felino-, creados casi completamente en digital. La aleccionadora historia sobre la religión nunca termina de consolidarse y parece un panfleto bíblico, pero no afecta el todo porque Ang Lee prefiere maravillar con una película que va más allá de lo técnico y resulta en un festín deslumbrante de colores, desde esos créditos iniciales llenos de un 3D con profundidad pasmosa, que marcan la calidad que tendrá en su totalidad.

    Por mucho que la historia o los efectos arrasen con la mente del espectador, es imposible dejar de ver a Life of Pi como una mezcla entre Cast Away, por la temática obvia, y Forrest Gump, por la construcción del personaje de Pi (todo a partir del extraño nombre completo). No deja de ser un film visualmente impresionante que marca un antes y un después técnica y visualmente, pero sencillamente no es una historia de vida trascendental como parece serlo.
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  • Lo imposible
    Lo imposible
    Cinescondite
    Tardó cinco años en volver a dirigir, pero el español Juan Antonio Bayona está de regreso luego de su escalofriante ópera prima -El Orfanato- con otra historia que hiela la sangre aún más, ya que se basa en la realidad que vivió una familia durante uno de los eventos naturales mas catastróficos de los que alguien tenga recuerdos.

    Con pulso sereno y confiado es que Bayona nos presenta al grupo en cuestión, liderado por los talentosos Ewan McGregor y Naomi Watts, junto a sus tres pequeños hijos, de los cuales destacaremos fervientemente al mayor, Tom Holland. Entre los dos actores con pedigree y el joven novato es que se mueve el encuadre narrativo de la película: durante la mayor parte -la más significativa y provocadora- vemos como el más que realista y palpable tsunami arrasa con todo y deja desamparados a María y su primogénito a la intemperie, mientras que Henry ha puesto a salvo a los retoños menores y busca a su esposa e hijo implacablemente.

    Momentos después de la ola de muerte es cuando Bayona y su guionista Sergio G. Sanchez eligen ensañarse con sus protagonistas de una manera tan realista y a la vez tan cruda que asombra. La cantidad de obstáculos a superar por María y su hijo son innumerables y sus gravísimas heridas no ayudan para nada, sino que empeoran minuto a minuto mientras Lucas (el mayor) encuentra el coraje para seguir adelante y salvarse. De ser la historia verídica de la familia tal cual la vemos en pantalla, estamos ante una historia de supervivencia impredecible y milagrosa, aunque imagino eligieron dramatizar un poco ciertas situaciones que, con la musicalización correcta, golpean bien fuerte pero sin dar golpes bajos.

    No sólo el elenco está estupendo (Watts se eleva más y más a medida que transcurre el metraje y el estado de salud de su personaje deteriora, McGregor cumple y tiene un estallido maravilloso durante una tensa llamada por teléfono y Holland se roba los aplausos como el muchacho -amén del cameo de la eterna Geraldine Chaplin-) sino que los valores de producción son altísimos y la destrucción mostrada en pantalla luce como si hubiesen filmado durante el incidente. Es como para quedarse pasmado con las imágenes que se suceden fotograma a fotograma.

    Como bien reza su frase promocional, nada es más fuerte que el espíritu humano, lo cual se convierte en la columna vertebral de Lo Imposible. No es una película para todos, ciertas secuencias duelen y traen recuerdos dolorosos, pero es un gran homenaje a todas las familias afectadas por la fuerza impredecible de la madre naturaleza, con un elenco de lujo y un director que merece ser reconocido de inmediato.
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  • El romance del siglo
    El prejuicio de decir "es una película de Madonna" escapa instantáneamente al momento de mencionar W.E., el flamante segundo opus directorial de la cantante pero el primero de sus largometrajes. Quizás sin el hecho de destacar que dicha película es de la propia autoría de la estadounidense, la oportunidad de ver este drama romántico y totalmente almibarado sea bastante prudencial. Incluso si dicho detalle hubiese pasado desapercibido a la hora de presentar la película, la opinión de muchos no se hubiese sentido tan parcial, pero si hay que mencionar un detalle es el ojo especial que ella tiene para filmar un producto más que decente, al que le falta más de una pulida para convertirse en algo especial y fuera de lo común.

    Claramente W.E. es una gran pancarta de amor de la propia directora hacia la controversial figura de Wallis Simpson, una norteamericana que logró robarle el corazón al futuro monarca inglés Eduardo VIII y todos los problemas que le trajo aparejado a la pareja al verse inmersos en un escándalo de proporciones mundiales. La visión de la historia entonces es contada en dos líneas temporales: la de Wallis y Eduardo en 1936 y en 1998 por la joven Wally y el guardia de seguridad Evgeni. Como punto de equiparación, la subasta de objetos de los Duques de Windsor actúa como catalizador de que las líneas se entremezclen y se apoyen una a la otra para llegar a la tediosa meta final de las dos horas de metraje. Claramente a W.E. le sobra bastante celuloide y la capacidad narrativa de Madonna solo es efectiva en una dosis más pequeña, más asequible.

    La película tiene romance, mucho romance; es la historia de una mujer que fue contra la corriente y le costó absolutamente todo, y sólo el amor profesado por su amado la ayudó a salir adelante. Por su parte, en el presente, Wally es una joven que anhela ser amada con todas sus fuerzas y su marido es una figura ausente, y he aquí el porqué se sustenta tanto con el "romance del siglo" para lograr finalmente que el amor entre en su vida. Para ser un film que busca reivindicar totalmente a la figura de Wallis Simpson, Madonna jugó mucho con la credibilidad de la historia y en ciertos pasajes es demasiado evidente la fuerza en la que se hace el hincapié para que Wallis agrade y se sienta empatía por ella. Durante gran parte este funciona por medio del carisma y gracia de Andrea Riseborough, apoyada soberbiamente por la joven Abbie Cornish, dando momentos muy atractivos entre las dos cuando sus historias se cruzan en un cuestionable pero interesante recurso fílmico. Los caballeros que las acompañan funcionan también, pero el Eduardo VIII de James D'Arcy no tiene tanta química con Riseborough como sí la tiene Oscar Isaac con Cornish en la historia que transcurre en la actualidad.

    W.E. es hermosa, tiene una reconstrucción histórica impecable y un buen elenco, pero su larga duración y su falta de foco narrativo pueden ser letales para el espectador, aunque si se tiene en cuenta que Madonna es nueva en todo esto, se le puede perdonar que todavía no haya logrado controlar su ojo para el cine. Aún así, es un esfuerzo más que loable de su parte; será cuestión de ver como evoluciona su lado cinéfilo.
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  • Diablo
    Diablo
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    La semana pasada con Dulce de Leche caí bajo el filo del cine nacional mas soporífero que existe; en esta oportunidad era hora de conocer el otro lado de la producción argentina, aquella que si o si necesita del boca a boca para funcionar, que es gratificante de ver en selectas pantallas pero que apena que se le de un tratamiento tan independiente, porque estamos frente a una de las joyitas escondidas en la filmografía del país que tiene todos los condimentos para convertirse en una obra de culto.

    Lo que comienza como un día típico en la vida del ex-boxeador Marcos Wainsberg se convierte rápidamente en el hijo no reconocido de un trabajo de Guy Ritchie y Quentin Tarantino: unos 80 minutos estilizados a la manera argenta, con personajes típicos de la selva de concreto, haraganes, machistas, malhablados, ventajeros, la más baja calaña que se pueda ver cotidianamente en los noticieros, quienes están presentes en la ópera prima de Nicanor Loreti. La mala leche porteña se vive a través de cada sujeto que entra en escena, desde un impresionantemente dejado Juan Palomino, que sorprende con las capas que le aporta a su Inca del Sinaí, hasta el temeroso primo Hugo (un aplaudible Sergio Boris) e incluso el verborrágico Café con Leche de Luis Aranosky; para los más nostálgicos, Hugo Quiril, el eterno Kato, el Ninja Blanco, hace una aparición especial cuando la película toca su lado más rutilante promediado el final.

    Diablo tiene una calidad enorme y eso se le debe a la mano de Loreti y al mismo guión en co-autoría con Nicolás Galvagno. La historia es simple pero poco a poco, a medida que las "visitas" llegan a la casa del boxeador, la trama comienza a girar desquiciadamente, convirtiéndose en un verdadero festín de clase B que no para de generar situaciones fuera de proporción y carcajadas en la platea debido a su alto contenido de humor negro. Usualmente uno espera una calidad dispar en productos nacionales y más en algo creado independientemente, pero Diablo tiene una definición alucinante que la hace merecedora casi obligada de una gira por las salas.

    El cine nacional como este es la clase que hay que apoyar; con una historia simple y muy autóctona, personajes identificables, odiosos y egoístas, un sinfín de situaciones cómicas y con el humor más negro que se pueda apreciar en cartelera. Por motivos como estos es que se debe apreciar lo nuestro: una muestra de que cuando se quiere crear algo novedoso y original sin perder las raíces, se puede. Bravo por Diablo entonces.
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  • Juegos de muerte
    Juegos de muerte
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    En plena tarea con las secuelas de Saw, el dúo de amigos Marcus Dunstan y Patrick Melton idearon una precuela para la exitosa saga de horror que nunca se llevó a cabo. Ni lerdos ni perezosos, los muchachos arreglaron un par de detalles y estrenaron The Collector, un sangriento refrito de pornotortura que claramente se sentía como un robo más, y si bien nunca se esperaba una secuela, acá tenemos The Collection, que básicamente es la misma temática pero con el ángulo Alien/Aliens: más, mejor, más fuerte, sin tapujos.

    Quizás no sea el villano más interesante que haya surgido en los últimos años, pero si algo tiene El Coleccionsista es que es implacable: le gusta matar, y para ello se vale de trampas imposibles de pensar para disfrutar de la carnicería que se viene. Conectando un poco donde quedó la anterior entrega, el antihéroe Arkin se ve inmerso en la acción cuando un millonario lo fuerza a unirse a un grupo de mercenarios para rescatar a su hija Elena de la guarida del asesino: el conveniente hotel en ruinas Argento (por el director italiano Dario Argento, guiño, guiño). De ahí en más, sangre, sangre y más sangre. Dunstan y Melton son conocidos por la gratuidad de las propuestas que escriben. Antes de la saga Saw, firmaron la trilogía Feast y luego la paupérrima secuela Piranha 3DD, cuatro películas que derrapan en lo más absurdo de la serie B del terror y no piden disculpas por ello. Con ese prospecto, se teme lo peor en esta secuela, pero la dupla logra balancear lo gratuito a la vez que repara varios errores anteriores, logrando mayor cohesión en una historia que tiene como valor principal entretener a través de lo sangriento.

    No tiene sentido criticar las imposibles trampas del villano si tampoco le criticábamos a Jigsaw por lo mismo; en este laberinto macabro que se plantea como escenario principal no faltarán la sangre, los huesos rotos ni los aparatos mortíferos. De hecho, si uno ajusta sus expectativas a lo que realmente el producto tiene que ofrecer, se llevará una grata sorpresa -como quien les escribe, que no esperaba nada de la misma y salió satisfecho-. Gran parte de que The Collection funcione también se debe a la dupla en escena que forman Josh Stewart, repitiendo su apático Arkin, y la inserción de la scream queen de Emma Fitzpatrick. Él sigue parco como siempre, pero hay algo que hace click dentro del personaje y son esas ganas de sobrevivir a como de lugar lo que empuja la película hacia otro sitio; por otra parte, Fitzpatrick logra algo impensado y que siempre es razón para aplaudir: que su damisela en peligro sea bastante proactiva y no solo esté para gritar, correr y lucir bien, sino que sea un personaje clave que sepa que se tiene que mover si quiere mantenerse con vida.

    Si la primera película recurría mucho al juego del gato y el ratón entre Arkin y El Coleccionista en una mansión, acá el efecto de la persecución se pierde en pos de una cacería humana, en donde todo es frenético y la muerte está a la vuelta de cada esquina. Por supuesto, uno pensaría que la duología cierra acá, pero no: en una intrigante vuelta de tuerca final podemos apreciar que no todo termina y fácil podemos tener una trilogía o, si el personaje cala más hondo en su público, una heredera de Saw en cuanto a vísceras se refiere. Por si no lo habían notado tampoco, casi todo el equipo técnico de las producciones de Jigsaw hace una gran reunión acá, con los guionistas, el compositor Charlie Clouser y hasta el editor Kevin Greutert, así que no es sorpresa que la película luzca visualmente como una secuela más de aquella saga.

    Dunstan y Melton han creado con The Collection una segunda parte inesperada que expande un poco la visión retorcida y maquiavélica que tienen estos muchachos para con el horror. No es para todos, obviamente, pero el fanático del horror puede descansar sabiendo que va a encontrar un film que destila sangre por cada uno de sus poros de celuloide.
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  • Las ventajas de ser invisible
    La secundaria. Ese gran semillero de personalidades y situaciones que nos marcan es el foco principal tanto del libro como de su adaptación cinematrográfica, ambos escritos de puño y letra por Steven Chbosky. Con mucha autobiografía de por medio, este se lanza al ruedo cinéfilo de una manera brutal y avasallante, al contar una historia conocida con muchos matices, personajes entrañables y una banda de sonido como pocas que hacen que el viaje de Perks of Being a Wallflower sea único.

    Esta gira alrededor de Charlie, un adolescente sumiso y callado que comienza la tan temida nueva etapa escolar. A todas luces es un bicho raro, es diferente al resto, y su profesor de Literatura lo identifica enseguida. Cual si fuera un imán, el joven se ve atraído irreversiblemente a socializar con el chico más extraño de la secundaria, y es así como comienza una amistad con Patrick y su hermosa hermanastra Sam, un vínculo que pasará las mil y una, pero que los hará crecer y aprender los unos de los otros mientras viven un año que los marcará para siempre.

    Hay que concederle que no es la trama más original del mundo, pero las problemáticas que explora Chbosky no sólo son cruentas y difíciles, sino que también excelentes, como la homosexualidad y la homofobia, la depresión, el suicidio, el abuso y el primer desamor, entre otras. Considerando el material a tratar, que se vuelve increíblemente oscuro mientras pasan los minutos, es para aplaudir que el director se haya mantenido íntegro a su propia creación literaria y su visión no se haya visto comprometida. Perks nunca deja de sorprender, y todas las vivencias y malfortunas de los personajes se ven a través de los ojos del trío protagónico, una elección magistral que demuestra el potencial que tienen estos jóvenes. Primero tenemos a Logan Lerman, el eterno cara bonita que sorprende con su madura interpretación del tímido Charlie, o también a la belleza hepburniana de Emma Watson, que egresó de Hogwarts con el mayor mérito y demuestra que el corte estilo pixie le queda de maravillas y el pedigree actoral que tiene es insuperable. Sin embargo, la revelación es Ezra Miller, quien se roba todas y cada una de las escenas con su extravagante y extrovertido Patrick; un personaje muy conflictuado que no tiene un pelo en la lengua.

    Si algo confirma el film, es que se consolida como una digna sucesora de las películas del inmortal John Hughes. Sabemos que la acción transcurre en lo que serían los '90, aunque la fecha nunca es esclarecida, dando a entender que la historia puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar: es una historia de crecimiento universal. Hay que sumar además una banda de sonido para el infarto -suenan desde David Bowie hasta The Smiths pasando por New Order y Sonic Youth- en lo que se conforma como un verdadero viaje noventoso. Fuerte tal cual es, Perks se guarda una sorpresa llegada al final, una bomba de relojería que estalla justo en el momento cúlmine y genera uno de los momentos más conmovedores de la película.

    Para cuando Heroes de Bowie comienza a sonar, uno sabe que el viaje está terminando, pero el ambiente se siente raro. Seas grande y el bicho de la nostalgia te haya picado o un adolescente viviendo todavía la secundaria, es imposible no sentirse identificado con alguna situación vivida por los personajes. Después de todo, ser adolescente marca.
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  • Siete psicópatas
    Siete psicópatas
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    Psycho Killer, Qu'est Que C'est

    Martin McDonagh es una criatura rara en Hollywood. Tras generar una excelente impresión con In Bruges, ahora se lanza en una odisea sangrienta y macabra con Seven Psychopaths, una comedia negrísima cuasi inclasificable, en donde los personajes lo son todo y la meta-realidad de las historias gangsteriles á lá Pulp Fiction juega un papel muy importante en la trama, pergeñada también con su propio trazo.

    En tan sólo dos minutos -su secuencia inicial irrisoria a la vez que sangrienta- nos marca el tono de este desquicio absoluto de dos horas que involucra muertes cruentas y sádicas, un desfile imparable de lunáticos y una historia que poco a poco va girando en un eje de comedia al cual McDonagh le imprime su sentido del humor, uno que de tan siniestro no es para todos los gustos. Seven Psychpaths es una deconstrucción rara del género: es una comedia negra de violencia y acción que se justifica a sí misma con los diálogos de los personajes y las situaciones en las que se ven involucrados; es un constante juego de guiños y referencias dentro del metraje que afortunadamente no confunden, sino que le da varias capas a una trama que parece simple pero no lo es.

    Gracias al papel del alcohólico escritor irlandés de Colin Farrell, intérprete fetiche del director que actúa como sobrio (ejem) hilo conductor que une el guión que necesita escribir acerca de sus trastornados con los siete psicópatas que pululan a su alrededor, es que McDonagh se despacha con un elenco de figuras que serán recordadas durante un tiempo, en particular la dupla de Sam Rockewell y Christopher Walken. Del primero me arriesgo a decir que tendría una nominación al Oscar por la representación del mejor amigo de Farrell, Billy, en un papel definitivo en su carrera, mientras que el otro tiene sus momentos de escalofriante bondad, mezcla entre patetismo y puro corazón, enfrentados a un Woody Harrelson que hace lo que mejor le sale: ser un verdadero hijo de perra. Curiosamente, los menos utilizados son los roles femeninos de las hermosas Abbie Cornish y Olga Kurylenko, pero el as bajo la manga del realizador nos revela que dichos papeles fueron insertados en la trama con un propósito solo, bien investigado dentro de la película.

    El director tiene un timing especial para llevar adelante su historia, jugando muy bien con los tiempos entre la comedia bien bizarra y los momentos emotivos, pero se enreda en su propia creación cuando el fuelle que impulsa a los personajes va perdiendo ritmo y llegando al final, el desenlace se hace desear, cubierto entre muchos falsos cierres que hacen decrecer un poco el producto en general. La escena entre créditos, sin embargo, termina de completar el juego de una manera rutilante.

    No hay que olvidar que Seven Psychopaths es una gran comedia. Oscura, sí, irreverente, también, desaforada, ¿por qué no?, pero es un film que rara vez llega a las carteleras. Uno que hace preguntar: ¿debería estar riendo de tal o cual situación que transcurre en pantalla? ¿Acaso estoy alabando a la violencia?. Como el personaje de Farrell bien lo indica, no puede haber paz en una película de gánsgters y matones, por lo que más de un espectador estará agradecido de ello.
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  • Dulce de leche
    Dulce de leche
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    Acercarse a una propuesta de cine nacional es una navaja de doble filo; podemos encontrar las películas que no llaman la atención pero que el boca a boca las hace funcionar y generan un movimiento importante de espectadores, pero también aquellas entre las que se cuenta Dulce de Leche, una clase de producciones con ínfimo presupuesto y de historia minimalista al extremo, que no produce absolutamente nada en quien la ve.

    Si nos fijamos con detenimiento en el argumento que presenta, no es muy diferente a la trágica historia de amor que se viene interpretando desde Romeo y Julieta: dos enamorados que luchan frente a las adversidades de la vida cotidiana. El director Mariano Galperin podrá ponerle un poco de chispa con diferentes escenas bien costumbristas, representativas de los pueblos del interior de Buenos Aires, pero ahí se termina el aspecto innovador de la misma. Los conflictos con los que se ve enfrentada la dulce pareja atrasan y se sienten vacíos, carentes de importancia; incluso hasta las facciones de amigos tanto de él como de ella no tienen un peso fluctuante en el desarrollo, al contrario, pasan mas tiempo como amigos que como enemigos de ellos.

    Lo que es más importante, Dulce de Leche aburre. Acusa 80 minutos de metraje, pero realmente pesa. Ni siquiera el carisma de los jóvenes puede subsanar los hoyos de una trama repetitiva y esquemática, que no sabe para adonde apuntar. Camilo Cuello Vitale le aporta sentimiento y picardía a su enamoradizo personaje, mientras que la hermosa sonrisa de Ailín Salas se queda en eso, una cara bonita que poco y nada de dinamismo tiene que ofrecer al dúo. El elenco secundario sostiene bastante a los protagonistas, con una Florencia Raggi amable e histriónica y un Luis Ziembrowski parco y en forma, pero no mucho más se puede sacar en concreto del elenco.

    Dulce de Leche es cine argentino que atrasa. En vez de arriesgarse con una propuesta interesante, Galperin y compañía juegan sobre terreno seguro y fallan miserablemente. Que sirva como lección para la próxima.
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  • Curvas de la vida
    Curvas de la vida
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    Trouble with the Curve representa la primera vez en 19 años que Clint Eastwood actúa en una película que no está bajo su total dirección. Si bien la produce a través de su empresa Malpaso, él se pone bajo las órdenes de uno de sus protegidos, Robert Lorenz, quien ha sido su asistente y productor durante años pero acá se lanza a las tareas directoriales con un film de corte más ligero y sentimental que no es usual en las películas de esta leyenda de Hollywood.

    Transcurriendo plenamente en el ámbito americano de este deporte pero en una base más cotidiana que la hipertécnica de Moneyball, nos cuenta la historia de Gus Lobel, eterno cascarrabias al que finalmente la edad lo está alcanzando. En la escena inicial -tras el extraño galope de un caballo negro en la oscuridad que tendrá su significado eventualmente- vemos cómo lucha por orinar en un momento melodramático que marcará el tono de esta propuesta. Ese no será su único problema, ya que su inigualable visión de águila para encontrar jóvenes promesas del deporte ya no es lo que era y su decisión es crucial para contratar a los nuevos talentos de la temporada. El contraste entre el gruñón y orgulloso Gus se encuentra en su hija Mickey, una no tan cándida abogada que está a pasos de llegar a su sueño y elige no obstante ayudar a su padre y reconstruir la turbulenta situación que los une. De yapa, tenemos a Justin Timberlake, quien completa una trifecta actoral que se las trae.

    Y aquí viene el principal problema con la curva -ejem- de la película: no hay sorpresa alguna de cómo terminará, ni siquiera un giro a mitad de camino que haga reconsiderar al espectador cierto aspecto de tal o cual personaje. Para aquel avezado que sepa identificar las enormes pistas que deja el guión de otro novato, Randy Brown, se sabrá entonces que durante el primer cuarto de hora las fichas están preparadas para ese final que todos esperamos. Sabemos que Eastwood está imponente y, como los buenos vinos, añeja con soberbia al paso de los años, y la química que comparte con la hermosa y talentosa Amy Adams es para los libros, pero dichos puntos fuertes son los que salvan a la película de caer en el olvido absoluto con tantos clichés de relación conflictiva padre-hija, la familia versus el trabajo o lo viejo contra lo nuevo.

    Al final, Trouble with the Curve es bastante predecible y difícilmente el tipo de película que a uno le produzca una revelación en la sala del cine, pero su manera de entretener -en una forma agradable y humilde- es ciertamente de buen ver, incluso para los fanáticos de Clint.
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  • Amanecer - Parte 2
    Amanecer - Parte 2
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    Luego de cuatro películas de fluctuante calidad, una de las sagas adolescentes más populares de los últimos años llega a su fin, y en Breaking Dawn: Part II la historia de Bella y Edward ofrece una conclusión vergonzante y carente de afecto, tan fría como los propios vampiros de la saga.

    Cada minuto de las agonizantes dos horas que dura la película se encargan de dinamitar todo lo logrado por los anteriores directores con mayor o menor pericia. Este desenlace carece de enfoque y casi todos los puntos negativos son imposibles de soslayar. Siendo la entrega con mayor presupuesto de todas, es la que peor luce técnicamente, no hablemos ya de vampiros brillantes u hombres lobo de cartón, sino de la cantidad apabullante de malos efectos especiales que se suceden, los más concentrados en la progenie de la parejita del momento, un horror insubsanable que se ve y se siente atroz. Realmente en el único punto que podría marcar una diferencia considerable, hicieron agua brutalmente.

    Ya lejos quedaron las épocas en las que se discutían las habilidades de interpretación de Kristen Stewart, Robert Pattinson y Taylor Lautner: todos son paupérrimos y juegan una carrera a ver quién dice más parlamentos de la manera más vacua y gélida. No hay calidez en sus papeles y todo lo que sale de sus bocas suena superficial e irrelevante. Del resto, no hablemos, o mejor si: grandes talentos como Dakota Fanning y Michael Sheen están absolutamente desperdiciados, siendo ella la gran perdedora con una sola línea en todo el film, y él empujado a una especie de Sombrerero Loco pálido.

    Entré a la sala esperando un final predecible, almibarado y cliché. Durante más de hora y media de metraje, mis expectativas iban en línea con ese final que tenía en mente, pero por alguna de esas casualidades de la vida la guionista Melissa Rosemberg y el director por segunda vez en la saga Bill Condon intentaron innovar y mejorar el aburrido y nada explosivo final del libro con una escena totalmente inventada. En cierto momento creí que lo lograrían, realmente tuve genuina emoción al pensar que, después de todo, se habían superado y alcanzado lo que nunca supuse que lograrían. Incluso la palabra redención se me pasó por la mente. Cinco minutos después un baldazo de agua fría fue lo que sentí. El insulto final, la última carcajada al espectador que pensaba que la saga podría despedirse de la mejor manera posible, teniendo en cuenta el viaje.

    Breaking Dawn: Part 2 va a reventar taquillas y las seguidoras morirán de emoción con la última aventura de sus personajes favoritos, pero más allá del fanatismo exacerbado, no hay ningún atisbo de esperanza que redima a la saga. Ninguno. Twilight ha muerto, para siempre. Dios existe, tal parece.
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  • Bel Ami, historia de un seductor
    En un cruel giro del destino, en el lapso de dos semanas tenemos tres películas que tienen como protagonista a una de las grandes mentiras de los últimos años: Robert Pattinson. El enclenque actor aparece en las salas argentinas en Cosmópolis, en la película que nos compete y cierra el circuito la semana que sigue en el producto que lo hizo saltar a la fama, el final de la saga Twilight.

    Es entonces que en Bel Ami, Pattinson le da vida al personaje de la novela de Guy De Maupassant, un joven cuyos talentos son una belleza incomparable y una despiadada astucia, talentos que pondrá en cruel práctica al intentar seducir a cualquier mujer influyente en la vida parisina para trepar en la escala social y pasar de la miseria absoluta hacia lo mejor de la sociedad de París. El joven actor realmente encaja físicamente en el papel, pero su versatilidad termina ahí; claro que es un referente, un epítome de la belleza actual, pero al frente de una historia con moraleja como lo es el cuento de Maupassant, sus herramientas actorales hacen agua terriblemente.

    Por suerte, un equipo de féminas experimentadas lo respalda sobriamente: ya sea la frigidez característica de Kristin Scott Thomas, el aire picaresco del personaje de Chrsitina Ricci o la hermosura y sensualidad de Uma Thurman, todas estas veteranas ayudan al subir el nivel de la propuesta. Pero no todo es color de rosas y definitivamente un elenco con trayectoria no subsana el hecho de que el guión de Rachel Bennette es bastante escaso y poco pretencioso, y el diálogo minimalista del protagonista tiende a empujarlo hacia el territorio de las constantes miradas petulantes para remediar el problema de lo escrito.

    Poco ayuda también el hecho de que los directores Declan Donellan y Nick Ormerod consigan con Bel Ami su opera prima, por lo cual juegan en un territorio seguro y no innovan en su dirección, lo que hace que se sienta aburrida y repetitiva, por más que los detalles y la fotografía a cargo de Stefano Falivene luzcan increíbles. La historia de Maupassant, aunque no se crea, es interesantemente moderna -sobre todo por el hecho de que hoy en día se puede alcanzar una gran fama sin ningún talento discernible-, pero la producción en general, con un gran elenco, tiene poco que ofrecer más que contar un cuento y ya. Bel Ami tiene poco corazón y, como su personaje, puede parecer atractiva en la superficie, pero por dentro está completamente vacía.
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  • Frankenweenie
    Frankenweenie
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    Burton nunca nos abandona.

    Puede amagar, con el tonto intento de seguir justificando a Johnny Depp en todas y cada una de sus películas como sucedió este mismo año en la torpe Dark Shadows, pero nunca cesa en su empeño de seguir entregando historias con su sello personal. En esta ocasión, regresa en el tiempo y convierte a su adorado corto Frankenweenie en una verdadera aventura en stop-motion que se debía a sí mismo y a los espectadores, ansiosos por ver en pantalla grande esa chispa burtoniana que tanto cautiva.

    Mientas que Frankeenweenie es un poco más convencional -menos extraña, digamos- que dos de sus obras más elogiadas (A Nightmare Before Christmas y Corpse Bride), el alma que destila tiene mucho más carisma y gracia que sus últimas incursiones en el live-action, como ser la ya mencionada Sombras Tenebrosas o la decepcionante Alice in Wonderland. Fijado a los parámetros que se vino imponiendo durante toda su carrera, Burton vuelve a los suburbios, a los vecinos extravagantes, a los personajes que son tildados de raros en la vida corriente pero que en la filmografía del director tienen un lugar especial en su corazón. A fin de cuentas, Frankenweenie bien podría ser una autobiografía, un poco esquizofrénica, de la entonces corta vida del autor.

    Tildado como un chico raro y solitario por sus pares -lo cual es irónico, ya que la mayoría de los compañeros de clase del muchacho adolecen de varios caramelos menos en el tarro-, Victor se la pasa construyendo sets de filmación en su ático con la inseparable compañía de su perro Sparky. En lo que es una ligera y conmovedora alegoría al primer contacto con la muerte cuando somos chicos, Sparky sufre un accidente y muere, lo que provoca que Victor busque resucitarlo con un empujón de su extraño nuevo profesor de ciencias. Lo que sigue a continuación es una de las historias más amables y queribles que se han visto en el cine de animación en los últimos años. No es que sea una revolución, claro que no, pero la sencillez del guión de John August (colaborador incansable de Burton) y la cantidad de referencias al cine de monstruos de todos los tiempos hace que Frankenweenie termine siendo una interesante película para chicos pero que los más grandes disfrutarán más, al adivinar todos y cada uno de los guiños cinéfilos desperdigados por toda la historia.

    Más allá de la calidad insuperable y la belleza del blanco y negro de la película -por que no todo tiene que tener colores rutilantes en pantalla-, se trata de un festival nostálgico para todo aquel seguidor de Burton que se precie de serlo: las voces incluyen nombres como el de la talentosa Catherine O'Hara o la chica rara por excelencia, Winona Ryder, o incluso la voz del brutal Martin Landau como el hilarante Sr. Rzykruski. No puede faltar el eterno guiño a Christopher Lee, del cual pensé que iba a tener un rol más activo en esta propuesta.

    Frankenweenie entonces marca un esperado regreso en forma a la vasta y prolífica filmografía de un genio cono Burton, que se debía hace rato un homenaje propio volviendo a sus raíces y poniéndole todo el empeño a un proyecto soñado hace muchos años atrás. Quizás sea un tanto seguro en comparación con otros films del director, pero es justo lo que necesitaban, tanto el director como sus seguidores.
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  • Locos por los votos
    En un año crucial como lo es el 2012 en materia política, la vieja y la nueva escuela del humor hollywoodense se unen bajo la dirección de Jay Roach para crear The Campaign, una sátira irreverente al mundo de la competencía política que apunta, dispara y acierta más veces de las que falla, aunque en general resulte una comedia más sumada a la filmografía de todos los presentes.

    La película tiene varias fichas para resultar una clara ganadora, pero de una forma u otra termina decepcionando. Tiene un enfrentamiento de talentos humorísticos como lo son el incombustible Will Ferrell (en franca caída, digamoslo así) versus la novedad del momento que representa Zach Galifianakis (todavía no entiendo el humor de este señor, de verdad no puedo...) en el que ambos personifican a candidatos que dan lo peor de sí en una pelea en la que no escasean golpes bajos ni faltan las risas ante cada situación presentada. Tiene una escueta longitud de 85 minutos, transcurre mansamente de un gag al siguiente, algunos con mayor repercusión o impacto que otros -la escena del bebé, aunque graciosa y totalmente desvergonzada, está llevada de una manera muy 'computarizada' como para agradar del todo-, pero finalmente lo que falla es el intento desesperanzado de crear una sátira coherente y cohesiva ante los grandes ganadores de que una parte o la otra cumpla su cometido: las grandes corporaciones que mueven al mundo.

    El acto final se desenvuelve, cuando todas las perversiones, todos los affairs, todas las idas de olla de los personajes han sido sometidas a escrutinio, ese cambio de tono desde lo totalmente vergonzoso y degradante hacia aguas mas beneficiosas, en donde el happy ending sobrevuela el final para dejarnos un mensaje, cuando claramente toda la línea de la película apuntaba hacia otro lado.

    Entre corrupciones e inmoralidades en ambos bandos, Will Ferrell se desenvuelve perfectamente haciendo el ganso como le es habitual en su trayectoria. El tipo autoencumbrado al margen de la percepción que de él tienen los demás, dejando el peso emocional de la historia Galifianakis, muy comedido en su composición de un personaje peculiarmente flexible en su desarrollo, el vulnerable que poco a poco se va fortaleciendo. Como aderezo, The Campaign se adorna con las participaciones de Jason Sudeikis, Brian Cox, Jack McBrayer, Dylan McDermott, John Lithgow y Dan Aykroyd, entregados todos a reflejar la degradación generalizada que provocan a todos los niveles quienes se supone tienen que representarnos.

    Una comedia bizarra, que se suma a la filmografía de Farrell y Galifianakis sin pena ni gloria, tal cual como son los personajes que interpretan.
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  • Sinister
    Sinister
    Cinescondite
    Parece que el 2012 no se rinde y se guarda las últimas cartas de terror para el final. Luego de un año magro -por ser benévolo-, el género da un interesante manotazo de ahogado con Sinister, una más del montón en la que una pesada e inquietante atmósfera sobrelleva una historia francamente agotada pero que se rehúsa a desaparecer.

    El director Scott Derrickson encausa su carrera que comenzó promisoria con la escalofriantemente realista The Exorcism of Emily Rose y sucumbió bajo el peso de la aburrida remake The Day the Earth Stood Still con un film co-escrito con el novato C. Robert Cargill que en papel debería haberse visto terriblemente efectivo pero que en su traslado a la pantalla grande genera una gran desconfianza para con la trama. Y es que la historia de un escritor en franca decadencia esperando un regreso a sus quince minutos de fama se ha visto varias veces, y también todos los elementos secundarios que rodean a dicho argumento: una mujer que lo apoya casi ciegamente, hijos disconformes, oficiales de policía que desconfían de su criterio y demás. Una vez que este escritor comience a investigar más sobre los antiguos habitantes de la casa a la que acaban de mudarse -cuya muerte se puede apreciar en la angustiante escena inicial-, más detalles escabrosos saldrán a la luz y un espectro del pasado se hará presente en la peor de las maneras.

    Lo que nos lleva al quid de la cuestión: ¿Es realmente Sinister una joya del horror perdida entre tanto estreno inútil? No, no lo es, pero se lleva un premio al esfuerzo por intentarlo. Tras su ridícula historia llena de boquetes -¿por qué los personajes no salen corriendo sin cerrar las puertas en el minuto que cosas extrañas comienzan a pasar? ¿Tanto le importa a Ellison un nuevo hit, más que el bienestar de su familia?-, Derrickson se las ingenia para crear escenas que serán difíciles de sacar del imaginario colectivo por un largo rato. Para todos aquellos que la pasaron mal con ciertos pasajes de Paranormal Activity y los recordaron a la hora de ir a dormir, con Sinister y sus oscuros videos caseros estilo Super 8 les provocarán una serie de pesadillas espantosas. A las claras son el aspecto más destacado de la película, y su aire a hecho en casa, sumado a una banda de sonido desconcertante, serán el vivo recuerdo de los espectadores. Esta sensación de malestar va en incremento cuando aparece en pantalla el ser sobrenatural, el Bughuul, quien poco a poco va cobrando mayor presencia en la vida del protagonista y presagia lo peor para todos.

    Para ser una película que costó alrededor de $3 millones, esta luce muy pero muy bien: sus ambientes modestos son aprovechados con tacto por el director para crear un elemento realista, por más que la historia diste bastante de serlo. Tal credibilidad se sostiene convincentemente de la mano de Ethan Hawke, un actor que uno no pensaría que estuviese ligado al horror, pero que es un detalle que suma y mucho con una actuación interesante y honesta, más en los momentos duros de la película, cuando poco a poco la verdad se va haciendo evidente.

    Este film dejará sentimientos encontrados: engaña con su interesante dirección, con su elenco, con su aire a siniestro y ese malestar generado que todos quieren sentir cuando ven una película de horror, pero su trama produce mucha desconfianza cuando sus agujeros comienzan a hacerse notar, y eso le resta. Aún así, es una de las mejores opciones de terror en el año y esta experiencia debe vivirse en una sala de cine, en medio de la oscuridad.
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  • Histeria - La historia del deseo
    Siempre es sorprendente aprender cómo la ciencia médica se ha desarrollado a lo largo de muchas décadas con nuevos descubrimientos, tratamientos y curas. En pleno siglo XIX, la histeria femenina era tratada con lo que se conoce como masaje pélvico. Claramente estamos hablando de la masturbación, siendo un médico el realizador de dicha tarea, no como un acto sexual sino como medio para aliviar a estas mujeres de los síntomas que padecían.

    Escrita por Stephen y Jonah Lisa Dyer, Hysteria juega con la historia libremente inspirada en la creación del famoso consolador. De hecho, la mirada de la directora Tanya Wexler se enfoca en un aspecto más hilarante detrás del surgimiento del aparatejo, con los métodos manuales y los humildes orígenes de una idea impensable para la época. Tanto el doctor Mortimer Granville como el respetado Robert Dalrymple practican este nuevo método en su consulta privada, que acarrea más de un problema -y más de una situación cómica de por medio- y requiere una solución inmediata. En el medio se encuentran las hijas del veterano doctor, entre las cuales generarán un cuasi triángulo amoroso con el joven aprendiz.

    Hysteria concentra muchos tópicos en su narrativa, desde temas candentes como la división de clases hasta el romance de Mortimer entre las dos hermanas, hijas de su colega: la una de una naturaleza pura e impecable, la otra de una candidez e inteligencia intachables, entregada hacia los más necesitados y sin miedo a defender sus convicciones. Sumado a eso, una proposición a Mortimer para poner sus habilidades en practica suena demasiado bien como para ser verdad, a la vez que se genera una lucha interna por sobresalir y hacer aquello en lo que uno cree.

    Aunque puede resultar chocante al comienzo, dado que toca un tema picante y hasta tabú en algunos círculos sociales, la inteligencia de la directora a la hora de abordar la trama se agradece, así como también la elección de un elenco sobrio y comprometido. Hugh Dancy puede que no sea un gran nombre en Hollywood, pero se merece un par de aplausos por su encarnación amable del doctor Granville. Maggie Gyllenhaal no tiene un papel que haga destacar más su apabullante filmografía, pero su personaje se convierte en el catalizador de varios de los puntos claves de la película, mencionando ideas que en la época eran aborrecibles pero que hoy en día son más costumbre que otra cosa. Jonathan Price juega con aplomo al sobreprotector patriarca familiar, mientras que Rupert Everett encarna a un excéntrico magnate quien posibilita al joven protagonista la oportunidad de usar un artefacto de su creación para su propio provecho en un extravagante papel.

    Hay mucho para disfrutar en Hysteria, incluso si uno ya sabe el origen y la evolución de dicho aparato del placer. Con un delicado y sutil sentido del humor como solo los británicos saben ofrecer, aderezado con bastante detalle de la época y relleno de cálidos momentos encantadores. Es atrapante y bastante liviana durante todo su recorrido, e incluso si no lo deja a uno extasiado, sus infecciosas ínfulas positivas ofrecen bastante placer (sic) durante hora y media.
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  • Argo
    Argo
    Cinescondite
    La idea de que un técnico de la CIA se haga pasar por un productor de Hollywood para rescatar -o al menos intentarlo- a seis diplomáticos americanos en fuga durante la crisis de rehenes en Irán en 1979 suena demasiado ridícula como para ser verdad, pero realmente sucedió. En ese año, Tony Mendez se infiltró en territorio iraní y se lanzó hacia lo imposible. Quizás sea una historia muy descabellada para Hollywood, pero últimamente el medio ama las historias de este tipo, y por eso Argo es una de las películas más apasionantes del año en lo que puede considerar un drama puro y duro.

    En la secuencia inicial, que sirve perfectamente para establecer el tono siniestro y verídico de la propuesta, presenciamos el hostil y dramático asalto a la embajada americana en Teherán en una detallada recreación del terrorífico evento que tuvo en vilo a todo el mundo mientras 52 americanos eran retenidos en apoyo a la revolución en plena gestación. Durante dicho revuelo -en el cual las apabullantes imágenes muestran ambos lados del oscuro hecho- un puñado de oficinistas escapa para evadir la captura y lo que supondría una inminente muerte.

    Uno de los factores claves de que Argo funcione como una máquina bien aceitada es por como sus ingredientes encajan todos progresivamente en la trama. Funciona porque lo intrínsecamente desquiciado de la solución para rescatar a los americanos trae aparejado un humor muy bien posicionado sin crear bromas inapropiadas ni irrespetuosas, ya que sus personajes no son meros alivios cómicos -escenas en donde destacan con brillo propio la pareja de Alan Arkin y John Goodman, ambos en su salsa-. El guión del ingresante Chris Rossio puede mezclar con pericia esas transiciones entre el desparpajo de crear una película falsa en la Meca del Cine y por el otro, crear un profundo drama con la crisis en el Oriente y los refugiados americanos.

    Si alguien hace diez años me hubiese dicho que Ben Affleck se convertiría en un director justamente oscarizado, me hubiese reído en la cara de aquella persona. Hoy, a cinco años de su debut como realizador, cada película lanzada ha generado más repercusión que la anterior. Lejos han quedado esos días de paupérrimos films con su protagónico que estelarizaban las marquesinas, y uno llega a descubrir lo exponencialmente buen director que es, polarizando sus regulares actuaciones. Acá tiene un papel muy frontal, pero muy bien cuidado y apoyado en varios actores de renombre que sacan a relucir todo su arsenal anímico. Quizás ciertos puntos de la historia no cierren apropiadamente con la trama (¿cuanta relevancia tiene que el papel de Affleck sea un padre casi ausente?) pero la mano de Ben como director y su visión es innegable a la hora de los momentos finales, una escena simplemente tensa y desgarradora que lo tiene a uno en agonía y puede considerarse como una de las mejores escenas que se han visto en cines este año.

    No importa si uno no sabe nada de esta historia de antemano, Argo te lleva en un viaje educativo de principio a fin, y ya uno sepa o no el desenlace de esta historia, Affleck posee las herramientas suficientes como para dudar hasta el último instante sobre si todo este plan rimbombante tendrá éxito o no. La tensión acumulada durante todo el film tiene la capacidad de envolverlo a uno, y ayuda bastante el hecho de una recreación detallada hasta el más mínimo detalle que ayuda a verse inmerso en la época de los hechos, desde un arruinado cartel de Hollywood hasta las noticias de la revolución, el diseño de vestuario, los peinados, todo está muy bien cuidado y sigue sumando puntos a una ya brutal historia.

    Desde la brillante escena al comienzo hasta los últimos cuadros, Affleck y compañía ofrecen una inteligente y escalofriantemente real historia de heroísmo, donde estos son personas inesperadas y comunes, con fallas pero también con talentos ocultos, y por ello cargan un dejo muy potente en sus conflictos: los hace humanos, y relacionables a cada espectador por igual. Gracias a una de las voces más cautivadoras del cine en estos momentos, Argo es la perfecta combinación entre narrativa, inteligencia y suspenso.
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  • Luces rojas
    Luces rojas
    Cinescondite
    Cansados hasta el hartazgo de repetir que el español Rodrigo Cortés reventó la escena en 2010 con la asfixiante y perfecta Buried, este sabía que se estaba construyendo una reputación muy grande y que la decepción estaba a la vuelta de la esquina, sea cual fuese el proyecto que abordase a continuación. Pues bien, Luces Rojas constituye un buen ejercicio fílmico que gira en torno a la fe, entre el escepticismo y lo paranormal. ¿Existe o no algo que trasciende a la mente humana? ¿Es que en verdad estamos solos y todo es obra del Destino? Su película plantea buenos interrogantes impulsados por un elenco de primera pero que en resumidas cuentas hace agua cuando elige mostrar las cartas en sus momentos finales.

    El guión, cortesía de Cortés, establece enseguida la relación entre la curtida doctora Matheson y el joven físico Tom Buckley, ambos en busca de una verdadera prueba tangible de que lo paranormal existe. Hasta ahora, poca suerte han tenido y ambos están a punto de bajar los brazos. Ella es una total escéptica, pero mantiene una luz al final del túnel en espera de que algo pueda salvar a su comatoso hijo; él todavía no se da por vencido, porque sabe que algo más puede existir. Cuando el misterioso Simon Silver regrese a los escenarios luego de una desaparición de tres décadas -hecho obscurecido por la muerte de su detractor número uno en su último show- hace que la curiosidad de Buckley despegue, aún a pesar de la férrea reticencia que le opone su mentora. Con éste hombre no se juega, le advierte. Gran parte del film se desarrolla mientras el dúo escéptico acaba uno a uno con todos los susodichos fenómenos paranormales y genera el ambiente que tendrá toda la película.

    Sigourney Weaver está especialmente motivada como siempre, y uno de sus discursos es tan emotivo que por poco y te saca lágrimas al transmitir una vulnerabilidad que contrasta muchísimo con el personaje que conocimos al comienzo del film. Su relación con el Dr. Buckley de Cillian Murphy es tierna, hay mucho respeto entre sí y una química innegable. Para cuando entra en escena el psíquico ciego de Robert De Niro, todo se va cuesta abajo. Cortés decide utilizar a un genial, como de costumbre, De Niro para generar miedo en la audiencia, como si el personaje fuese una figura omnipresente y ofrece varios sustos de manual que no encajan del todo con la propuesta en clave thriller que durante la previa media hora venía gestándose. Más aún, hay personajes secundarios que son vagamente esquemáticos, como la pseudonovia de Tom en la piel de una desperdiciada Elizabeth Olsen o la inquietante (sólo en apariencia) asistente de Silver, jugada por Joely Richardson. Hay una mención especial, eso si, para Leonardo Sbaraglia, en una interesante e hilarante escena donde interpreta a un hábil mentalista que resulta ser un farsante absoluto.

    El trío Weaver, Murphy y De Niro la descose en pantalla pero el guión de Cortés se va desinflando y la emoción de saber si realmente podemos, por una vez, creer o reventar va decreciendo en pos de un acto final carente de imaginación y golpe de efecto, además de un cierre revelatorio que resignifica la película y la sube por un punto o la baja en el mismo rango, todo depende del ojo que la mire.

    Luces Rojas demuestra que Rodrigo Cortés es un director a seguir de cerca, pero también que debe cuidarse en los excesos que se marca en su propio guión, en este caso. Ni de lejos una mala película, sino que carente de la emoción que poseía Buried. Mejor suerte para la próxima, sabemos que podés Rodrigo.
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  • Dredd
    Dredd
    Cinescondite
    Brutal. Agresiva. Sucia. Sangrienta. Todo calificativo obsceno le encaja perfectamente a Dredd, la nueva re-imaginación del popular cómic inglés que nada le tiene que reprochar a la burda e inservible versión del '95 protagonizada por Sylvester Stallone. En este caso, el talento británico del director Pete Travis y el excelente guionista Alex Garland se combinan para generar una película corta en imaginación pero fuerte en impacto visual, que hará las delicias de todos aquellos que busquen una opción bien radical de acción en las salas.

    ¿Futuro apocalíptico? Presente. ¿Ciudadanos descontrolados? Presente. ¿Drogas de diseño? Presente. ¿Autoridades extremas? Presente. Si bien la trama de Dredd no deslumbra por su originalidad ni por su inteligencia, constituye un buen ejemplo de que, cuando las piezas se ordenan para ofrecer un festín de acción y sangre lineal y bien conducido, no hacen falta más elementos de los que ya uno se sabe de antemano. El férreo e inflexible juez Dredd es encomendado a solucionar un triple homicidio en uno de los edificios-ciudades más hostiles de la zona y debe llevar a su cargo a la novata jueza Cassandra Anderson para una prueba en vivo y en directo. Claro, lo que parece una rutina más en esta castigada ciudad se convertirá en el eje principal de la película, con ambos escalando hasta lo alto del rascacielos Peach Trees para acabar con la sádica Ma-Ma, la dueña del cartel de droga más prolífico de Mega City One.

    Como si de un videojuego se tratase, el dúo de la Ley deberá llegar hasta la cima, pasando por encima de todos los secuaces enviados a llevar sus cabezas en una bandeja hasta su jefa. Varias secuencias de acción se suceden, en las que la intensidad nunca frena y presentan una violencia inusitada e inesperada también. Dredd no perdona a nadie y la platea sabrá apreciar ese toque de negra ironía que el personaje presenta. El guión de Garland es conciso y se desliza suavemente a la acción, y la dirección de Travis está cargada de adrenalina y se deja ver muy bien -nunca las secuencias a cámara lenta estuvieron más que justificadas que en esta película-, pero el imán es sin duda alguna la interpretación de Karl Urban en el papel del incorruptible Dredd. El personaje nunca se saca el casco en toda la película, pero a Urban le basta con gesticular con la boca y jugar con una voz á lá Clint Eastwood para transmitir toda la potencia que este se merece. Olivia Thirlby se nota muy a gusto como la aguerrida y a la vez vulnerable novata Anderson, quien ayuda en más de una situación con sus extraordinarios poderes psíquicos. También no hay que dejar de lado a Lena Headey, cada vez más en confianza con papeles villanescos, y en esta oportunidad le toca darle vida a la despiadada prostituta Ma-Ma, una mujer de armas tomar (¡y qué armas!).

    Algo que muchas re-imaginaciones tienen es el hecho de querer crear una mitología expansiva del personaje principal en cuestión; en Dredd eso no sucede, sino que es simplemente un día en la vida del Juez más rudo de la ciudad y nada más. Quizás más adelante se pueda continuar eso, pero como una historia repleta de humor negro y sadismo violento ya sirve para dejar satisfecha a una platea que, cual circo romano, festejará cada chorro de sangre salpicado y cada bala disparada viajando a través de la carne, músculos y masa cerebral. El 3D aumenta mucho la sensación de profundidad y de encierro a la vez, además de extender soberbiamente los efectos de la hermosa pero letal droga Slo-Mo.

    Dredd es lisa y llanamente un espectáculo visual y presenta una de las películas de acción más violentas del año. Es entrar a la sala, apagar el cerebro y disfrutar de la balacera (en diferentes calibres y tamaños) que presenta el agente de la Ley más justiciero de los últimos años. Un placer sangriento por donde se lo vea.
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  • Cambio de planes
    Cambio de planes
    Cinescondite
    La temática de chicos con cáncer ha sido utilizada bastante tanto en televisión como en el cine para generar golpes bajos y sentimentalismo a base de sufrimiento e injusticia. ¿Qué hace entonces que la película de Paco Arango sea diferente al resto? Una sola cosa: su tono en general. Así como el pasado enero la película Amor por Siempre, protagonizada por Kate Hudson, tomaba una temática similar, el tono de Cambio de Planes se basa en el lado positivo, en vivir todos los días como si fuera el último, de disfrutar cada momento. Claro, hay escenas que no pueden evitar caer en lugares típicos del tema, pero una dirección amena y un elenco más que agradable hacen que la película resulte una moderada historia con moraleja incluida.

    Diego Peretti, un abonado a las historias gallegas -hace poco se estrenó Fuera de Juego con su protagónico como principal baza- es el casi protagonista principal en la que retrata a Manolo, un hombre en sus cuarentas que lo tiene todo pero a la vez, no tiene nada: un trabajo rutinario, unos hijos problemáticos, una hermosa esposa que lo engaña y demás. Lo usual. El problema llega cuando a raíz de un accidente debe acudir al hospital, en donde por obra del destino conoce a Antonio, un adolescente bastante pícaro que padece cáncer. Habrá más de una coincidencia (llámese magia, llámese destino -como bien lo anticipa su título original, Maktub o 'estaba escrito'-) y los caminos de Manolo y Antonio no pararán de cruzarse, cambiando la vida de ambos y enseñando valiosas lecciones a los protagonistas.

    El guión del director Paco Arango denota ciertas limitaciones, pero hace que la película funcione porque se transmite adecuadamente al espectador. Su humor es sencillo y sin una pizca de malicia, amable y constructivo, por lo que eventualmente uno termina encariñándose con los personajes y la historia. Hay también un dejo fuerte a un cuento navideño lleno de poesía, porque se desarrolla en ea época del año y porque la cena de Nochebuena acaba siendo muy familiar, en uno de los momentos álgidos de la trama. Arango también baraja un variopinto grupo de personajes que interactúan muy bien entre sí, comenzando con el apático y ganso Manolo de Peretti, el impredeciblemente arisco Antonio de Andoni Hernández, la fortuita relación entre la cada vez más sexy Aitana Sánchez-Guijón y Goya Toledo, el hilarante dúo octogenario de Amparo Baró y Mariví Bilbao, y hasta el gordo de Lost, Jorge García, cuyo personaje es el más extraño de todos pero que funciona para crear una faceta particular de la película. Todo el elenco funciona y genera una credibilidad pasmosa.

    Cambio de Planes es una comedia dramática sin pretensiones, que gustará a un público sin grandes expectativas cinematográficas pero con ganas de presenciar una realidad más dulce, con cáncer y la muerte de por medio totalmente desdramatizados y enfocados de manera positiva. Una película amable y concisa, agradabilísima de ver.
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  • Búsqueda implacable 2
    Si en 2008 el director francés Pierre Morel, el productor/guionista Luc Besson y un inimaginable héroe de acción encarnado por Liam Neeson tomaron por sorpresa al mundo con la historia de este agente brutal e imparable, cuatro años después no existe asombro alguno con Taken 2, un refrito de la trama original que apenas es sustancial como para entretener durante hora y media sin generar las ganas de pispear el reloj.

    ¿Hasta qué punto se puede contar un relato que se sienta orgánico y que continúe con buen tino un argumento tan duro y real como una red de prostitución internacional? La respuesta del dúo escritor de Besson y Robert Mark Kamen es una rápida venganza. ¿De quién? Los familiares de aquellos que el ex-agente asesinó despiadadamente con tal de salvar el pellejo de su hija. ¿Cuál es el giro ahora? No es la joven sino el padre y su ex-esposa quienes son secuestrados, mientras la chica sigue las precisas instrucciones del experto para dar con su paradero antes de que ocurra lo peor.

    A partir de ahí, una persecución tras otra tendrán lugar en el exótico destino de turno, la antigua Estambul, en donde los malechores se las verán con la furia de la familia Mills. ¿Taken 2 funciona? Si puede ignorar un poco el exacerbado entrenamiento militar del personaje de Neeson (quien no se puede permitir el más mínimo error a la hora de indicar qué hacer a la gente) se puede disfrutar la hora y media de película, que se traduce en caóticas persecuciones, tiros y patadas repartidos en todo sentido.

    Incluso en sus mejores momentos, Taken 2 es como mirar un extra de escenas de la primera entrega, y puede llegar a aburrir el modus operandi de los creadores, aunque en la dirección esta vez se encuentra el ascendente director francés Olivier Megaton, quien saltó a la fama con la secuela Transporter 3 y es un protegido de Besson. Liam Neeson está en su salsa y parece disfrutar de ser una máquina de matar; además, cada diálogo suyo transmitido con esa voz tan particular y sugestiva genera un escalofrío en la espalda, más allá de que dichos diálogos rocen lo paupérrimo. Maggie Grace vuelve, esta vez no tan vulnerable y con un peso más proactivo en la trama, y también se le da un gran protagonismo a Famke Janssen, a quien le toca jugar a la secuestrada con la misma habilidad con la que siempre borda a sus personajes. Más allá de eso, apenas vale destacar al villano de turno, el Murad de Rade Serbedzija, quien ligeramente logra transmitir maldad con su padre en búsqueda de una satisfacción sangrienta por la muerte de su hijo.

    Hay que entrar a ver Taken 2 con un nivel de emoción menor al de la anterior, porque claramente estamos ante una secuela que poco innova y poco se esfuerza por traer algo fresco a la pantalla. Liam Neeson nuevamente saca adelante una de acción como las de antes, y no mucho más.
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  • Cacería implacable
    Suecia no decepciona. Luego de adaptar la popular trilogía de libros de Stieg Larsson, el nuevo boom es Jo Nesbø y su miríada de novelas; la que nos ocupa en esta ocasión es Headhunters, un film que aparenta poco pero termina ganándose al espectador con sus impulsivas vueltas de tuerca y con un protagonista que se llevará los aplausos de todos con el correr del metraje.

    Basta un buen equipo con el loable hacer del director Morten Tyldum (un reconocido autor de videoclips) y el guión de Lars Gudmestad (la entrega de la saga de terror famosa en su país natal, Fritt Vilt III) y Ulf Ryberg (Millennium 3), que claramente saben lo que hacen, para condensar una historia tensa y brutal tan bien encompasada que en hora y media ya presentó su historia y la cerró con un moño de regalo. Headhunters nos introduce al codicioso Roger Brown, un sujeto que a primera vista es despreciable tanto por como se maneja como por el fastuoso estilo de vida que apenas se puede permitir, todo para guardar las apariencias y esconder los miedos que le atraen sus inseguridades corporales. Para poder mantener contenta a su despampanante esposa, Roger trabaja como un buscatalentos corporativo de día, pero de noche roba costosas pinturas y las vende en el mercado negro. Como todo en esta vida no se puede tener, Roger elegirá a una presa de mayor calibre a las que él está acostumbrado, y la cacería implacable del título (nunca una traducción tuvo tanto -y correcto- peso) comienza raudamente.

    Hasta que cobra fuerza la trama, se mueve dentro de una atmósfera jocosa, con el protagonista dispuesto cual ganador frente a la platea, pero a medida que los minutos corren, la situación de Roger se va complicando más y más, y las proezas que debe superar generan una tensión casi insoportable de contener. Cada vuelta de tuerca, cada nueva situación que se apila a la acuciante trama no deja ni que uno parpadee para no perderse de absolutamente nada. Hay traiciones, hay persecuciones extrañas (el tractor y el perro, por mencionar una), hay escenas asquerosas (la fosa séptica) y sangrientas, todo un combo que no deja de sorprender hasta el mismísimo final.

    Gran parte del mérito se lo lleva Aksel Hennie en una actuación visceral y totalmente entregada a su Roger Brown que las pasará negras durante toda la película. Calculador, lleno de recursos, se puede ver que hay un alma sobreviviente detrás de tanta saña, y su viaje es demasiado entretenido con la presencia de Hennie como para ignorarlo. Junto a él hace su debut cinematográfico la periodista y ex-modelo Synnøve Macody Lund quien interpreta a la explosiva esposa trofeo con una pasividad y naturalidad asombrosas, así como también ha de mencionarse la tarea de Nikolaj Coster-Waldau, muy a gusto con el papel de villano (faltaba más, si Game of Thrones le enseño bastante bien a hacerlo)

    La dirección energética de Tyldum funciona, el guión funciona, la historia funciona, el elenco funciona; todo en Headhunters funciona para intrigar, entretener y contener el aliento hasta el final. Otra pequeña gran joya imperdible traída de tierras nórdicas.
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  • Resident Evil 5: La venganza
    Que las películas de Resident Evil tienen su platea preferencial, no es misterio alguno. Con cada nueva entrada que la saga ofreció, los números fueron en aumento, pero los verdaderos fanáticos comienzan a dudar de la posibilidad de un buen final para una franquicia que llegará a una sextalogía. Ya es loable que un producto rayano en la clase B haya llegado a la quinta iteración fílmica, pero todo es posible cuando se tiene a Milla Jovovich al frente de una producción de acción casi descerebrada pero que recompensa al espectador con un festín casi imparable de adrenalina y violencia.

    Abriendo con un inusitado comienzo en reversa, para una saga no acostumbrada a la calma y a las escenas oníricas, seguido de un ya cansino prólogo que recapitula todo lo ocurrido al momento, Resident Evil: Retribution presenta la extraña vida alternativa de Alice en un barrio suburbano que próximamente recordará al inicio de la remake de Dawn of the Dead cuando los muertos ataquen con saña a la mujer y su familia. ¿Un sueño? ¿Un flashback? Nada de eso, es otro de los planes de Umbrella para seguir mezclando los tantos y arruinar aún más a la casi extinta raza humana. Sin perder tiempo en minucias, Alice será liberada tras un pequeño interrogatorio en una de las bases militares más complejas de la corporación, que recrea en varios ambientes las principales ciudades del mundo como Tokio, Nueva York y Moscú para sus oscuros propósitos. Cual niveles de un videojuego, en cada ambiente hay una nueva amenaza que Alice tiene que enfrentar, con la ayuda de la misteriosa agente del vestido rojo, la impredecible Ada Wong.

    Ada no es la única protagonista de los videojuegos que da el salto, también aparecen el flamante Leon S. Kennedy y Barry Burton, pero son más un pastiche sin personalidad que otra cosa, al servicio de aumentar el fan service -aunque el tiro le salga por la culata a Paul W.S. Anderson-. El malo malísimo esta vez es la conversa Jill Valentine, a manos de una acartonada Sienna Guillory y el Wesker de Shawn Roberts se toma un descansito y se pasa al bando de los buenos (lo que durará hasta la próxima película, calculamos). También hay regresos, como la presencia de Michelle Rodriguez, Oded Fehr y Colin Salmon como versiones buenas y malvadas que agregan un poco más de color (y confusión, todo hay que decirlo) a esta entrega que roza el límite del sinsentido pero sin perder su estilo propio nunca.

    El guión de Anderson hace más aguas que el Mediterráneo, con una edición tan acotada que realmente hace sentir a la película como un videojuego más. Sin embargo, en donde las artes de escriba le fallan, compensa en la silla directorial, en la que el inglés destaca con lucidas peleas coreografiadas a pulso y persecuciones a pura adrenalina. El aspecto 3D sigue siendo la guinda del postre, así como también la estruendosa banda de sonido que aumenta la balacera visual.

    Milla Jovovich se carga una vez más la escasa historia al hombro y le pone todo el cuerpo y la garra para sacar adelante a Retribution de una manera casi obsesa, mirándola por lo que es: un festín de violencia, peleas, piñas, patadas voladoras y sangre, en un envase 3D de hora y media de acción sin parar para consumir y descartar. ¡A por la sexta y última! (o eso se dice).
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  • Tournée
    Tournée
    Cinescondite
    Mathieu Amalric, el galardonado protagonista de La Escafandra y la Mariposa -y también el aburrido villano de 007: Quantum of Solace- sorprende saltando al otro lado de la cámara dirigiendo y co-escribiendo Tournée, una cuasi road movie en donde presenta una historia modesta pero rayana en lo vulgar, lo grotesco, pero con una humanidad latente en sus personajes que dignifica.

    Joachim es un ex-productor de televisión parisino que ha dejado todo atrás, hijos, amigos, enemigos, amantes, lamentos, para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Eventualmente regresa a su Francia natal con un grupo de artistas de burlesque a quienes ha prometido un tour por el país y, mas específicamente, por París. Viajando de puerto en puerto, las curvilíneas intérpretes inventan una extravagante fantasía mundial abundante en calidez y hedonismo, a pesar de estar en constante contacto con hoteles de poca monta y una acuciante falta de dinero. El show es un éxito, y el sueño de realizar el último gran evento en la capital estará en las manos de Joachim y una rivalidad que podría costarles todo lo que han soñado.

    El peso de Tournée recae en Mathieu Amalric, quien interpreta con franqueza a Joachim como un hombre acostumbrado al fracaso, tras haber tomado varias malas decisiones en el negocio, además de trenzar su vida personal con su vida laboral de una manera preocupante. En esencia un hombre de buenas intenciones que sueña con recuperar el poder y prestigio que alguna vez tuvo, es un príncipe sin reino. Siempre es difícil estar delante y detrás de las cámaras, pero su presencia como protagonista es simplemente magnética y lleva con ligereza a su elenco de una manera impecable.

    Amalric encuentra la humanidad en un mundo de parias. También nos da una gran probada de lo que es la vida en un tour: las imprevistas conexiones y las inesperadas intimidades que le ocurren a gente que es diferente pero que por causas de fuerza mayor se unen de maneras muy particulares. Tomemos por ejemplo, la escena entre Amalric y Aurelia Petit en la estación de servicio; ella trabaja detrás del mostrador, tras una ventana y mientras él paga por la gasolina utilizada, en un par de intercambios cortos se nota que hay algo más ahí. Nada nunca pasará, pero sin embargo hay una magia inherente en ese momento. Es el toque que tiene Mathieu para cautivar.

    Tournée ofrece un retrato íntimo del estilo de vida del mundo del espectáculo y sin embargo se las arregla para ser tremendamente sensual y por momentos trascendente. Otra pequeña gran gema del cine francés.
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  • Ruby, la chica de mis sueños
    Alejados de la dirección desde su resonante éxito en 2006 con Little Miss Sunshine, la pareja de Jonathan Drayton y Valerie Faris vuelve al ruedo con una historia de corte fantástico pero que aborda una temática tan universal como cotidiana: encontrar al amor de nuestras vidas. La vuelta de tuerca es, ¿qué tal si dicha media naranja aparece de nuestra propia imaginación?

    Tal situacion le ocurre a Calvin Weir-Fields, un jovencísimo novelista que conoció los laureles a una edad temprana y se ha dormido en ellos. En verdad sigue abocado a su trabajo, pero un acuciante caso de bloqueo de escritor no le permite continuar su explosiva carrera. Unos cálidos y vívidos sueños con una joven de cabello colorado le abrirán las puertas a la escritura nuevamente, de una manera tan rotunda que caerá enamorado de su propia creación... hasta que dicha obra se materialice en su cocina, preparándole el desayuno.

    Cuando todo parece indicar que la película irá por el lado de la locura del propio autor, los giros del guión fortalecen a una trama que puede irse al caño repitiéndose a sí misma, pero no; muchas situaciones tienen resoluciones bien pensadas y sesudas, y todo se debe a la ágil cámara de Dratyon y Faris, encaminados por el guión de la joven Zoe Kazan, que hace de la onírica protagonista Ruby Sparks. Kazan explotará en escena próximamente y es una fuerza natural a reconocer, aunque claramente se busque capitalizarla con un aire cercano Zooey Deschanel con esos hermosos y gigantes ojos azules y ese flequillo que no hace más que acentuar sus rasgos. Paul Dano, acostumbrado a papeles de bajo perfil, le da en el clavo con su retrotraído joven autor y genera una química más que loable con ella; es de buen ver también las apariciones secundarias de la siempre estupenda Annette Benning, el desopilante Steve Coogan y el prácticamente cameo de Antonio Banderas.

    Si bien Ruby Sparks se mueve sobre los cimientos de un romance tan imposible que tiene que ser verdad, realmente se luce cuando los personajes se ven atrapados en la misma telaraña que ellos se han creado, en donde los miedos y las esperanzas de cada uno colisionan y dejan ver su costado más humano. Claramente, los directores optaron por demostrar las dos caras de la moneda en lugar de que el sol brille todo el tiempo para los protagonistas, y éste contraste es el que genera un interés mucho más fuerte por la trama y la resolución final.

    Estoy casi seguro de que Ruby Sparks funcionará tal cual lo hizo (500) Days of Summer allá por el 2009. Trabajada bajo los mismos lineamientos de un ambiente fresco y personajes entrañables, de seguro en unos meses u años se transformará en una pequeña joya de la dramedia romántica.
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  • La casa del miedo
    La casa del miedo
    Cinescondite
    Detrás del éxito de Open Water, aquella tensa película en tiempo real estrenda en 2003, estaba el dúo de Chris Kentis y Laura Lau que, con ningún pelo de tontos, importaron el éxito más resonante de la historia cinematográfica de Uruguay y la adaptaron sin mucha pena ni gloria para la platea norteamericana en Silent House. La misma se revela como un refrito que arregla un par de cosas de la original pero que sigue siendo incoherente y vacía en contenido una vez terminadas las desventuras de la protagonista.

    Inteligentemente editada para que asemeje a una toma continua de casi 80 minutos, la película se apoya en este poco recurrente formato para tranmsitir miedo en tiempo real al espectador y sentir en carne propia las mismas vivencias que la joven e ingenua protagonista. La casa misma es una gran protagonista; una mansión costera vieja, decrépita, venida a menos, sin electricidad, cayéndose a pedazos y cerrada a cal y canto: una escenario ideal para este tipo de propuestas. Técnicamente es irreprochable la tarea de los directores, porque encontraron una locación tétrica y le sacaron el jugo a esas habitaciones oscuras y húmedas; cada sonido, cada paso, cada movimiento se siente real y amenazador, y la sensación de desasosiego se va incrementando a medida que corren los minutos y la posibilidad de un escape decrece.

    Silent House está potenciada en gran manera por el protagónico de Elizabeth Olsen que, a diferencia de Florencia Colucci en la original, está más sosegada y no recurre tanto a la sobreactuación, haciendo su papel mas creíble y, de alguna manera, más entendible en su accionar. Eventualmente, la prueba de fuego de dicha propuesta es sin lugar a dudas el guión, el desenlace de esta historia que divide aguas y casi siempre son más los detractores que los defensores. En reconocimiento de la remake americana, el confuso final uruguayo tiene un poco más de sentido y explicación en este segundo acercamiento, pero aún así se siente como una oportunidad desperdiciada y una salida demasiado facilista a una trama que apuntaba a un poco más.

    Algunos tomarán al final como una traición por sobre la premisa y el truco de filmación. Muchos se encontrarán un poco extrañados por la manera en la cual la película se resuelve, ya que hay un punto y aparte después de que la gran sorpresa es revelada. Gustará o no gustará, pero en Silent House hay unos cuantos buenos sustos (aunque de manual) con un competente elenco, y una idea que vale la pena revisitar o descubrir por primera vez.
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  • La aparición
    La aparición
    Cinescondite
    La japonesa Kairo, su remake americana Pulse, The Ring, The Grudge, Paranormal Activity, ¿falta algo más? No, creo que en esta pequeñe enumeración se conglomera The Apparition, un rejunte de ideas que aún así se queda corto en comparación con sus patrocinadoras y que no ofrece absolutamente nada nuevo al género.

    Tras un prólogo interesante en el que se plantea el único vestigio de originalidad de la película, The Apparition se enfoca penosamente en la relación de Kelly Y Ben, con su nueva casa idílica en un barrio en el medio de la nada, hasta que diferentes sucesos comienzan a acecharlos: ruidos, movimientos, moho por todas partes, etc. No hay que ser un detective para conectar dichos eventos con el experimento parapsicológico del comienzo, ni tampoco para descifrar lo que sucederá en el resto del metraje. Y ese es el principal problema de la pelicula: no hay nada que genere la tensión suficiente para atraer al espectador al más que inevitable y aburrido final, a excepción de una o dos escenas bien pensadas, pero más allá de eso, una meseta de emociones.

    Por supuesto, el elenco joven no ayuda en nada, gracias a una Ashley Greene inexpresiva, un Sebastian Stan sorprendentemente malo y un Tom Felton reducido a un cameo con mucha pena y sin mucha gloria. Poco crédito le queda entonces al director y guionista debutante Todd Lincoln, que tiene sobriedad al filmar pero escasa imaginación para firmar un guión plagado de lugares comunes y nada fresco que ofrecer.

    The Apparition es la enésima película estrenada en cines que intenta lucrar con los fenómenos paranormales, pero llega en un momento en el que la historia lo es todo, y un detalle ya visto es crucial para la aceptación de una platea exigente con su género favorito. Pasatista es un adjetivo que le queda demasiado grande a esta paupérrima propuesta.
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  • 360
    360
    Cinescondite
    Fernando Meirelles, el siempre presente director de la alucinante Cidade de Deus y la recordada The Constant Gardener, hace aguas al intentar abordar una historia coral al mejor estilo Babel, que se entrecruza varias veces al disponer de un elenco de grandes figuras y no usarlas bajo un propósito unificador e interesante en la muy floja 360.

    Dos hermanas eslovacas en busca de un futuro mejor, un marido de viaje buscando placer, una esposa abnegada que lo engaña con un fotógrafo brasilero, la novia de éste que lo deja, un hombre mayor buscando darle cierre a la desaparición de su hija, un pedófilo en rehabilitación, un hombre que no puede tener a la mujer de sus sueños; éstos son los personajes que uno se encuentra en 360, una ambiciosa pero fallida historia que intenta atar cabos y hacernos creer que estamos todos conectados, cuando la realidad es que se trata de un artificio más del guión, que fue escrito de esa manera.

    Ciertamente es impresionante que un director de la talla de Meirelles y un guionista tan implacable como Peter Morgan (The Queen, The Last King of Scotland, Frost/Nixon) hayan pergreñado una película de vuelo internacional pero que poco impacto tiene en el espectador una vez finalizada. El detalle de suceder en dos continentes al mismo tiempo es interesante, y más si cada país está representado por música autóctona que lo induce a uno disfrutar con las imágenes de catálogo que vemos de las diferentes ciudades. El problema recae en cuando todo se tiene que cerrar en el círculo perfecto que aduce el título: no todas las historias tienen un desenlace satisfactorio y no todas las historias cierran con un final que uno esperaría ver.

    Son más las veces que la historia de una figura de reparto secundaria termina con un broche bien puesto que las historias en donde está envuelto el talento de las grandes estrellas del póster. No se entiende entonces cómo Jude Law o Rachel Weisz aceptaron sus papeles cuando sus historias no tienen mucho jugo ni mayor repercusión en la trama en general. Anthony Hopkins tiene un buen momento y un buen monólogo, pero su historia es más que obvia, aunque está muy bien apoyado en la joven Maria Flor y por un excelente Ben Foster en el momento álgido de la película, en donde una despechada novia abandonada aborda e insiste en tener relaciones con el abusador sexual.

    360 es confusa, no aporta mucho y apenas tiene pantallazos de genialidad como para mantener al espectador interesado en sus largas 2 horas de metraje; como postal étnica sirve, pero no más. Un desperdicio de talento.
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  • Mientras duermes
    Mientras duermes
    Cinescondite
    Tras haberse regodeado con el mejor horror junto a su compañero Paco Plaza en [REC] y [REC] 2, el español Jaume Balagueró deja un poco de lado la opresión del terror puro y duro para sumergirse de lleno en el suspenso de estilo hitchcockiano en Mientras Duermes, otra extraña rareza gallega que se deja ver y presenta a uno de los personajes más recordables del género en años.

    "No puedo ser feliz. Lo único que me alivia es que los demás tampoco son felices". En esas dos afirmaciones se puede reflejar el alma y la motivación general de César, el protagonista, cuya historia podemos paladear como meros espectadores de todas las atrocidades que comete. Él es las dos caras de una moneda: para todos los inquilinos es el servicial portero que siempre está disponible para ayudar, pero oculta a un ser con un alma oscura, que gusta de ir minando la tranquilidad de Clara, su amor platónico que ni lo registra sensual ni sexualmente.

    La mayor tensión provocada durante todo el film va acrecentándose poco a poco cuando Úrsula, la pequeña que vive con sus padres, empieza a chantajear a César con pedidos extraños a cambio de su silencio, o cuando llegue el novio de Clara y su impresionante rutina nocturna se vea truncada. Balagueró, que hasta ahora había explorado el terror en su vertiente sobrenatural, afronta con la misma fuerza el thriller de atmósferas asfixiantes, de tensiones insostenibles y de vueltas psicológicas.

    Quizás el guión de Alberto Marini festeje demasiado las andanzas de César, haciendo que uno casi empatice con las actitudes del personaje, pero nunca cae en la justificación per se, sino que enfoca al protagonista como una persona triste y totalmente desequilibrada. En resumidas cuentas, es un viaje de ida con un portero maniático. Mucho ayuda la interpretación del colosal Luis Tosar, quien no requiere de grandes aspavientos para transmitir odio u apatía pura. No es raro que también lo ayude y eleve oportunamente el nivel de bondad de la despampanante Marta Etura o la señora Verónica de Petra Martinez, o hasta la picardía de la pequeña bastarda Úrsula de Iris Almeida. Es grato saber también que Carlos Lasarte (el vecino argento de [REC]) vuelve a personificar a un viejo detestable en esta oportunidad.

    En Mientras Duermes, Jaume Balagueró jugó sus fichas bien y crea un thriller atípico y trascendental; idea a un villano brutal y sin coartadas; y, a partir de los siniestros mecanismos de la mente del protagonista, nos introduce en una pesadilla tan agónica como magnética, entre la realidad más sórdida y la ensoñación meramente psicótica. Un aplauso a Luis Tosar, llegados al caso.
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  • Terror en Chernobyl
    Tras explotar la taquilla en 2009 con Paranormal Activity, Oren Peli se llamó a tareas de productor para el resto de la saga y no escribió ni dirigió nada hasta firmar de su puño y letra el capítulo doble inicial de la pobre serie The River. Con Chernobyl Diaries vuelve a crear una historia en la que la locación lo es todo, pero en la que la trama, tan usual como repetida, atrasa en lugar de innovar.

    La historia comienza entonces cuando el joven Chris viaja con su novia y una amiga a través de Europa para visitar a Paul, su hermano, la oveja negra de la familia, quien los invita a hacer un poco de turismo extremo al visitar las ruinas de lo que fue el peor desastre ecológico de los años '80. Como siempre, no todo sale como uno lo esperaba y lo que prometía ser un viaje inolvidable... bueno, se convertirá en un recorrido para el recuerdo para este cuarteto de americanos y una pareja noruegoaustraliana.

    El director ingresante Brad Parker trabaja muy bien con la estupenda y tenebrosa locación de Prypiat, un escenario único e irrepetible, nunca antes visto en una película de terror. Lamentablemente, es pobremente utilizado con un argumento que se limita a copiar otros ya vistos. Básicamente, estamos viendo un refrito de The Hill Have Eyes (la original o la excelente remake) pero en Chernobyl. La gran mayoría del metraje (increíblemente, fuera del territorio del found footage, bastión de guerra por excelencia de Peli) se encarga de aislar a los protagonistas y enfrentarlos a situaciones límite. Por desgracia los sustos llegan tarde y en pequeñas dosis, por lo cual la situación no llega a escalar a su máxima expresión y termina con una explicación innecesaria y, además, bastante agarrada de los pelos. Poco y nada puede hacer el elenco para remar este bote haciendo aguas: incluso con ciertos veteranos del género (Ingrid Bolsø Berdal, Jonathan Sadowski, Nathan Phillips) las relaciones entre ellos apenas si se sienten convincentes, y menos aún a la hora de transmitir el horror en carne propia a la audiencia.

    Aún con una premisa intereante y una locación excelente y novedosa, Chernobyl Diaries no puede dejar de sentirse como un déjá vu del género, demasiado corto y carente de originalidad.
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  • Todo queda en familia
    Una graciosa pero vulgar interacción entre hermanos en el lecho de muerte de su padre establece el tono de esta comedia negra. Todo queda en familia es la historia de cuatro personas que han engañado y han sido engañadas las unas a las otras tantas veces que se ha vuelto un hecho rutinario. El disparador de la trama se sucede cuando Nikola y su esposa intentan concebir un bebé y el fraternal hermano borracho dona su esperma a la causa. El resto es historia mientras las relaciones, las dobles vidas y los secretos se entrecruzan.

    Lo que debería ser un ambiente depresivo y casi trágico se convierte un entretenimiento absoluto, donde el espectador se encuentra tomando un lado con este grupo de horribles personas que no hacen más que lastimarse entre ellas. Ciertamente una mirada en tono de comedia de la bizarra complejidad de las relaciones y cómo las personas están tan trastornadas y confundidas que lo que era odio se torna en amor en un parpadeo. Los absurdos niveles de planeación a los que los protagonistas recurren para saciar su lujuria se ven hilarantemente desesperados, cuando en una situación normal sería sencillamente insoportable.

    El director Rajko Grlic incorporó una comedia romántica a un extraño mundo con este film, y mientras uno no puede más que querer odiar a los personajes por sus vicisitudes, es imposible dejar de pensar qué harán más tarde. Incluso después de todas sus trampas, sus mentiras y los adulterios, terminan juntos, descubriendo que al final de cuentas se tienen el uno al otro.

    Todo se mezcla entonces en una doble vida, en las relaciones paralelas de esta historia agridulce sobre la búsqueda incesante de amor y felicidad, sobre la lujuria que nunca duerme y las posibles y terribles consecuencias de encontrarse a uno mismo, aunque sea accidentalmente, en la cama de alguien más. El conjunto está bien servido en un equilibrio delicado entre la comedia y el drama.
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  • El dictador
    El dictador
    Cinescondite
    Sacha Baron Cohen adora a los personajes irreverentes y con un acento fuerte. Son la sal de su carrera en comedia que ganó terreno con los falsos documentales Borat y Bruno, individuos creados por el mismo actor para su serie Da Ali G Show. Una vez que su trío tuvo su merecido tiempo en pantalla, era necesario crear a una persona nueva para seguir en la racha del humor ofensivo. Así es como nace El Dictador, que se mantiene en la misma línea de sus trabajos anteriores, comedias forzadas si las hay con su propio ingenio y séquito de espectadores.

    En su tercera colaboración juntos, Baron Cohen y el director Larry Charles arman una historia alrededor del General Aladeen, un déspota del Medio Oriente que guarda obvias similitudes con tiranos reales de nuestra historia. Alejados del formato del falso documental, El Dictador finalmente es una película como tal, sin referencias al público que puede creer que el opresor es un personaje verídico. La exuberante vida de este particular personaje se ve reflejada en los explosivos primeros minutos del film, que establecen la atmósfera para lo que vendrá a continuación.

    Qué resta decir de Sacha Baron Cohen, el alma mater del proyecto. Claramente está en su salsa con un sujeto tan alocado como destacable, aunque se lo nota mucho más comedido que en sus anteriores propuestas. Es posible que la razón por la que se destaque en esta ocasión se deba a un agradable elenco secundario, como el grandioso Ben Kingsley haciendo del tío, el interés romántico jugado por la solvente Anna Faris y el compinche Nadal, interpretado con gracia por Jason Mantzoukas, con quien el actor principal tiene las mejores escenas.

    Ahora bien, ciertos pasajes graciosos y terriblemente ofensivos dispararán la risa continua de la platea; el problema se da cuando los recursos son sobreutilizados hasta el punto de casi no causar gracia. Por ejemplo, el protagonista lanza una sucesión de insultos sobre la imagen masculina del personaje de Faris, quitándole la gracia a algo que tranquilamente podría haber funcionado si hubiera sido un chiste moderado. En caso opuesto, el gag de la cabeza parlante podría no agotarse nunca, y eso que es repetido hasta el cansancio en menos de 30 segundos. Esta polaridad hace que El Dictador sea una continua montaña rusa de altos y bajos, apenas mezclados entre sí con un resultado dispar.

    Aquellos acostumbrados al humor cáustico de Baron Cohen y compañía estarán más que conformes con su nueva apuesta; los que no lo estén, podrán acercarse con precaución, y en ciertos momentos serán recompensados con risas espontáneas.
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  • Plan perfecto
    Plan perfecto
    Cinescondite
    La llegada de los hijos, en ciertos casos, implosiona el cariño que una pareja se tiene y la encamina por una senda que eventualmente puede terminar en la separación. Entonces, ¿cómo se hace para tener hijos sin que la crianza del mismo perjudique el amor mutuo?. En su debut como directora Jennifer Westfeldt, quien también escribió el guión y protagoniza Plan Perfecto, busca contestar dicha pregunta. Lo hace de una forma poco ortodoxa, sin embargo, lo que empieza como una apuesta atípica se va tornando en un drama predecible, más allá de que en resumidas cuentas explore un territorio poco conocido para las comedias dramáticas.

    Desde las primeras escenas, el ojo de Westfeldt para el humor se puede identificar claramente. Además de un guión fresco y revitalizante, las charlas entre el grupo de amigos se notan realistas en boca de un elenco con buen timing para la comedia, con el cuarteto de Kristen Wiig, Maya Rudolph, Chris O'Dowd y Jon Hamm (juntos en la exitosa Bridesmaids) como soporte de los personajes de Adam Scott y la propia realizadora. Estos dos, amigos desde tiempos inmemoriales, son los que conciben la idea de un plan perfecto: tener un hijo, compartir la custodia y seguir buscando a su media naranja. Como siempre, nada puede ser pensado hasta el último detalle, y ver cómo va evolucionando la trama es parte del encanto de Friends with Kids.

    Durante los primeros 45 minutos, la comedia parece funcionar de maravillas, reinan los momentos con gracia bien acertados. Eventualmente el proyecto común se empieza a desmoronar cuando los conocidos empiecen a ver con celos que una pareja de amigos lleve tan bien la crianza de un hijo cuando ellos a duras penas pueden con uno, y mucho menos dos, además del obvio lugar común de los sentimientos hacia el otro que florecen.

    El peso de la trama está muy bien contenido por Scott y Westfeldt, quienes tienen una relación de amistad muy cercana que se siente verídica. El resto del elenco gira en torno a ellos dos, aunque se sienta un poco de culpa al ver a la excelente Kristen Wiig un poco desaprovechada.

    Con el correr del metraje, lo que parecía ser una historia poco habitual termina girando en los mismos círculos que todas las comedias románticas/dramáticas. Si bien el interesante tópico daba para un poco más, el ritmo se desacelera con el pasar de los minutos para terminar de la manera más convencional posible; no hay un atisbo de ingenio para reformular la trama, sino el mismo final feliz de siempre.

    Friends with Kids es una comedia sofisticada y encantadora, que seguro encontrará su platea preferencial en una audiencia más madura que la de costumbre, en especial, aquellas que tienen hijos o planean hacerlo en el futuro. Buen guión, buenas actuaciones, buena dirección. Buen intento.
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  • Donde habita el diablo
    Desde la resurrección del horror con Actividad Paranormal en 2009, muchos han intentado copiar el formato, y llenarse de dinero los bolsillos, pero pocos lo han logrado. Donde habita el Diablo (llamada originalmente Emergo y renombrada en Estados Unidos como Apartment 143) intenta con un manotazo de ahogado tomar tan siquiera unos quince segundos de fama con una trama demasiado familiar y resultados no tan espectaculares como para sostener la escasa hora y cuarto de duración.

    Para muchos el argumento resultará como un déjá vu muy vívido: cámaras por todas partes, sensores de calor, tres expertos en sucesos paranormales y una familia acechada desde la fatídica muerte de la matriarca de la casa. Ahora tan solo quedan el acongojado padre, una hija adolescente muy hostil para con él y, el integrante familiar que no puede faltar para provocar nerviosismo en la platea, el infante.

    Es increíble que el director de la joyita Buried, con Ryan Reynolds, sea el mismo que haya escrito el guión de esta historia paranormal carente de efecto: la mitad del tiempo los especialistas roban cámara explicando todos los aparatos que utilizan para captar cualquier anomalía en el departamento, y la otra transcurre mediante sustos de cartón que ya se han visto decenas de veces. No puede ni rescatarse la premisa, que intenta darle un giro mas realista a la situación para cerrar el telón con una escena que patea el tablero de algo que podría haber sido medianamente aceptable.

    De forma acertada incluso los sustos mas usados en el género pueden servir si están bien posicionados, y éste es el caso. El joven director Carles Torrens al menos sabe cómo y cuándo llamar la atención del público en los momentos más incómodos. También es para encomendar la tarea de dirigir al elenco, comenzando desde lo más destacable de la actuación de Kai Lennox (Beginners) quien tiene una de las escenas más descorazonadoras del film con una confesión, pasando por la dupla de Rick Gonzalez y Fiona Glascott, un dúo que se la pasa flirteando y aporta el toque de humor para alivianar las tensiones. También cabe mencionar al desastre de Michael O´Keefe como el doctor Helzer, simplemente un actor de relleno que pareciese está al frente de una cámara oculta, no de una película en la que tenía que actuar. Lamentable.

    Donde habita el Diablo tiene varios puntos altos en cuanto a suspenso, pero nunca mantiene esa fascinación y miedo por lo desconocido que tan famoso hizo al subgénero cámara en mano. Para ser justos, la película recupera un poco de intensidad en los últimso diez minutos pero no es suficiente para sostener un guión lánguido y sobreexplicativo y una trama por demás superficial.
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  • El chico de la bicicleta
    La primera vez que vemos a Cyril, sostiene con ansias el auricular de un teléfono, expectante. Quiere contactar a su papá, pero no lo logra. Eso lo frustra, a tal nivel que hace lo que sea para escapar del centro infantil en donde está viviendo y se aventura en la ciudad, solo, buscando a su querido padre. El aura del personaje de Cyril es muy compleja y rica en facetas, un desafío no tan difícil para Jean-Pierre y Luc Dardenne, quienes están acostumbrados a entregar historias mínimas del estilo en toda su asombrosa y emotiva filmografía.

    Si bien la historia no destaca por su originalidad desbordante, en donde realmente se nota una diferencia a la hora de encarar El chico de la bicicleta es en sus maravillosos y profundos personajes. El iniciado Thomas Doret explota la pantalla con su conflictuado Cyril, un chico que por momentos es terriblemente odioso por sus actitudes pero en otros hace entender su dolor, el cual esconde a través de la violencia y el escapismo, en un papel que seguro demandó mucha aptitud física por parte de un joven a quien se la augura un genial futuro.

    Orbitando alrededor de Cyril está la sencilla Samantha, la peluquera interpretada con gracia y soltura por la siempre solvente Cécile De France, en el rol femenino que necesita Cyril en su vida para seguir adelante, además de Guy, el padre del muchacho, un personaje frío y distante al cual Jérémie Renier (el padre Nicolas en Elefante Blanco) borda con tal brusca sinceridad que abruma y sorprende a la vez.

    Quizás la narrativa de los hermanos Dardenne deje de lado varias preguntas que seguramente se hará el espectador, como ser ¿por qué una joven permite ser defenestrada por un chico que apenas conoce?, pero lo compensan con una cámara invasora que sigue todos los pasos dinámicos en la historia del pequeño diablillo rubio. El metraje no alcanza la hora y media, pero es más que suficiente para desarrollar esta dura historia que tiene mas bajos que altos para quienes habitan la pantalla. Ciertos toques quedan totalmente inconexos, como el uso de una banda de sonido mínima que aparece en los momentos de transición, los cuales se perciben como descolocados y vacuos, con lo que claramente podrían haberse obviado, pero poco y nada se le puede reprochar a una historia llena de matices sociales y personales tan coloridos y hermosos.

    El chico de la bicicleta es sin lugar a dudas un intrigante retrato de la furia infantil que nunca justifica ni idealiza los raptos de ira que atacan al joven protagonista, sino que toda la historia gira en torno a entender las diferentes instancias en su vida que lo llevaron a estar como está ahora. Una genial fábula social de los siempre solventes hermanos Dardenne.
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  • El camino
    El camino
    Cinescondite
    Debo admitir que tenía en cuenta que el actor Emilio Estevez, una de las bombas jóvenes de los años '80, se había convertido en director, pero no fue hasta su quinto esfuerzo directorial, The Way, que descubrí la poderosa voz narrativa que tiene. El abordaje de esta historia tan simple como melodramática se presenta como la mejor manera de ganarse a la audiencia, con un cuento tan agridulce como inspirador.

    Valiéndose de un punto de partida tan conocido como eficaz, Estevez pone a su padre en la realidad, Martin Sheen, al frente de esta historia en la que un hombre con una visión obtusa de la vida se pone en los zapatos de su fallecido hijo, una mente libre que muere mientras explora el mundo. Y no es sólo un viaje a cualquier parte del globo terráqueo, sino que la historia se centra en el famoso peregrinaje del Camino de Santiago de Compostela, mundialmente recocido por su peso espiritual y religioso. Así, este viejo cascarrabias tendrá tiempo para pensar en los dos meses que supone recorrerlo al completo, y además tendrá la posibilidad de descubrir que hay más mundo para ver de lo que inicialmente podía en su consulta oftalmológica.

    El peregrinaje es iniciado con amargura por Tom, lo cual se intensifica al vislumbrar a su hijo de vez en cuando entre los peregrinos, momentos que estrujan el corazón y representan el sentimiento de congoja que carga el personaje. Afortunadamente, los secundarios son una delicia que contrastan apaciblemente con el carácter apático del protagonista: en orden de aparición, primero se encuentra el amigable gordinflón Joost de Amsterdam (un casi irreconocible Yorick van Wageningen, muy alejado de su oscuro papel en The Girl with the Dragon Tattoo) y le siguen la amarga Sarah de Canadá (Deborah Kara Unger) y Jack (James Nesbitt), el escritor de Irlanda. Este cuarteto supondrá un equipo con sus altos y bajos, pero al final del camino (ejem) sus personalidades se complementarán y terminarán su recorrido como una unidad inseparable.

    Incluso cuando la película roza una duración de 2 horas, y por tramos El Camino puede parecer que traquetea, Emilio Estevez realmente sabe como conducir a su elenco; en el camino (juro que esta es la última referencia graciosa, lo prometo) quedan un par de golpes bajos pero el carisma transmitido por el elenco y su director es suficiente como para querer que este viaje no termine nunca. Particularmente, me dio pena despedirme de tan variopinto grupo de individuos.

    El Camino no es una película que se regodee de su temática ni tampoco pretenda sermonear lo importante que es iniciar un viaje espiritual, simplemente es una historia sencilla contada con honestidad y buenas intenciones. Y películas así nunca pueden estar de más.
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  • Un amor imposible
    Un amor imposible
    Cinescondite
    Si uno logra sobrevivir al título original de la película (pesca del salmón en Yemen) Un Amor Imposible ofrece una agradable y encantadora comedia romántica, que es mucho más realista que lo que hace creer el extravagante rótulo y su propia premisa.

    Si bien toma un rato acostumbrarse a la idea de estar viendo una comedia romántica mientras se aprecia la trama del film (la idea de importar salmones para su pesca en el medio del desierto de Yemén suena completamente loca) esta es completamente abrazada con aprecio por la jefa de Publicidad del Primer Ministro británico (una extremadamente graciosa Kristin Scott Thomas), en un intento de atenuar las conflictivas relaciones entre el Reino Unido y el Medio Oriente. Para llevar a cabo su plan no tiene mejor idea que chantajear al desventurado experto en peces Alfred Jones para realizar el sueño del jeque árabe y que la nación quede apreciada positivamente; claro que el mayor incentivo proviene también de la mano de la hermosa consultora del poderoso hombre: Harriet.

    A la idea del romance entre los personajes de Ewan McGregor y Emily Blunt se le resta importancia en los momentos iniciales, ya que ella tiene un novio militar que luego desaparece de la trama al estar perdido en acción. Poco a poco, mientras va transcurriendo el metraje, la historia de dos profesionales motivados por un jeque optimista que tiene fe en que las cosas funcionarán en el final (aunque todo esté en su contra) va atrayendo a estas dos almas más y más cerca. Dado el título, es razonable pensar que gran parte del tiempo es utilizado para averiguar cómo hacer viable este proyecto logísticamente. Todas las pruebas que tienen que superar los personajes son increíblemente sorprendentes y, promediando el final, uno no puede más que alentar para que el plan tenga éxito, aunque parezca imposible.

    Lo que realmente hace que Salmon Fishing in the Yemen funcione son las actuaciones de Emily Blunt e Ewan McGregor: ambos interpretan a personajes más que agradables y creíbles, con fuerza propia. McGregor no se siente muy lejano a su papel apático y emocionalmente distante que interpretó en Beginners, mientras que Blunt es su contraparte, una versión adorable y llena de optimismo, muy carismática, que lo sacará a flote en sus momentos más cruciales. No se puede negar también el derroche de calidad puesto en Kristin Scott Thomas, en un papel rutilante que se roba todas las escenas en las que aparece en pantalla.

    Salmon Fishing in the Yemen es una encantadora comedia romántica de bajo calibre, ideal para contrarrestar los grandes tanques pochocleros que se vienen próximamente. Un gran canto a la fe; si se quiere, se puede, como dice el dicho.
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  • El secreto de Albert Nobbs
    ¿Alguna vez escucharon la frase "vehículo de lucimiento"? Albert Nobbs bien podría ser un producto que encaje perfectamente con ella ya que, como un gran entero, probablemente no sea grande, pero destaca con dos actuaciones memorables y tan especiales que cualquiera de las dos actrices, estando en pantalla, levantan la trama un par de niveles más.

    El personaje principal, del cual toma la película su nombre, es un papel muy particular y difícil. Siendo la película un proyecto encarado con pasión por Glenn Close (quien también personificó al mismo en la obra teatral), la soberbia actriz personifica a una mujer de mediana edad camuflada como hombre para sobrevivir dentro del seno de una sociedad dublinesca a principios del siglo XX. Una época cruenta y llena de peligros para hombres desempleados, cuyos riesgos se acrecientan para mujeres a la intemperie.

    Así es como Albert Nobbs nace; nunca sabemos la verdadera identidad femenina del personaje, pero no importa, porque al ver a una Glenn Close totalmente transformada (pelo corto, nada de maquillaje y una voz muy masculina que supura acento irlandés) ya se convierte en el centro de atención y el motor del film. Pero la suya no es la única actuación potente de la película: cuando entra en pantalla Hubert Page, el papel de una estelar Janet McTeer, no hace más que confirmar la nominación en los pasados Oscars. Ambas actrices conforman un duo dinámico excepcional y, quizás, la razón más sustancial para ver la película.

    El asunto de Albert Nobbs es que, con casi dos horas completas de duración, cae en un estado soporífero al seguir la historia contada desde el punto de vista de la servidumbre, en este caso, del personaje de la joven y talentosa Mia Wasikowska. Este enfoque diluye la trama y, aunque esté conectada fuertemente y es un aspecto vital y de importancia, no tener en pantalla a Close o a McTeer afecta. No es culpa de su director, un formidable Rodrigo García que sabe como hacer que el guión y el elenco (en el que se encuentran el joven Aaron Johnson y el consagrado Brendan Gleeson como el doctor residente del hotel) tomen forma, pero la trama apunta demasiado al sentimentalismo y la tragedia como para ser tan coherente como podría haber sido.

    Albert Nobbs no es una película excelente; tiene carencias en su historia y se hace demasiado larga cuando sus dos motores principales, las grandiosas Glenn Close y Janet McTeer, no están en pantalla entregando su todo en sendas actuaciones memorables por las cuales vale la pena sentarse a disfrutar (con la caja de Kleenex al lado) de la susodicha película.
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  • Fuera de juego
    Fuera de juego
    Cinescondite
    Fuera de Juego es una ligerísima comedia que retrata, una vez más, el cruce social que ocurre cada vez que un argentino pisa España y viceversa; en este caso, son varios los que llegan al país ibérico para lograr una transacción futbolística que no hará más que complicarse a medida que vaya pasando el tiempo.

    A primera vista, uno diría que Diego Peretti no es una cara que se preste a la comedia pero, sin embargo, en los últimos años esto ha ido cambiando poco a poco y lo ha convertido, con su extraño pero adecuado timing humorístico, en un exponente de la nueva comedia argentina. Su contrapartida española es Fernando Tejero, un sinverguenza que se aprovecha de la gente para flotar en el estanque de tiburones que es el mundo del fútbol. Hacia España se dirige el personaje de Peretti a pedido de su moribundo tío (interpretado en un cameo genial por el incombustible Ricardo Darín) para representar al joven Gustavo César Casares (Chino Darín, quien claramente no tiene el talento nato de su padre), un crack en potencia que fichará por una suma millonaria para el Real Madrid. La cuestión es que el joven Gustavo tiene dos representantes, uno argentino y uno español, lo cual generará un tire y afloje en el cual el mejor mentiroso ganará.

    Los guionistas Rafael Calatayud Cano y Kiko Martínez caen en lugares comunes para generar las risas de la platea con las típicas bromas de las diferencias de idioma y demases, pero aciertan cuando dejan que ciertas situaciones (siempre involucrando al genial dúo de Peretti y Tejero) se descontrolen; los momentos menos pensados son los más divertidos y orgánicos de la pelicula.

    Al margen de tratarse de una película de fútbol, aquellos no fanáticos al deporte podrán seguir la película con fluidez; quizás algún detalle en la trama quede inconcluso (la amargura del personaje de Peretti por no poder jugar desde chico al fútbol queda en el prólogo de la película y nunca es una cuestión mayor para el desarrollo de la historia) o la verdadera naturaleza de cierto personaje que no queda muy bien expresada, pero en líneas generales, es una película potable y entretenida.

    Fuera de Juego no es un gran exponente del género de la comedia, y mucho menos ejemplo de una agraciada coproducción hispanoargentina, pero funciona como comedia pasatista muy ligera que se olvida al terminar de verla.
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  • Prometeo
    Prometeo
    Cinescondite
    Treinta son los años que separan a Prometheus de la última incursión de Ridley Scott en el mundo de la ciencia ficción con Blade Runner. En estas tres décadas el director ha madurado y buscado diferentes ángulos para volver al mismo universo que él mismo creó. Que es una precuela de Alien, que no, muchas versiones se barajaron y muchas similitudes se fueron encontrando a medida que el material promocional fue apareciendo. Y si bien es una gran película de ciencia ficción, no hay que caer en el error de esperar una nueva Alien porque no lo es.

    Con una duración de unas sólidas dos horas, Prometheus arranca y, tras su introducción, entra en un espiral inmenso de ritmo y tensión en donde prácticamente no hay huecos para descansar. Ridley Scott demuestra así que sigue teniendo el pulso de hierro al rellenar la película con escenas no aptas para cardíacos, repletas de suspenso que bordean el horror puro y duro.

    Quizás los más acérrimos de la saga esperaban respuestas concretas de una vez por todas a las grandes incógnitas de la saga, pero serán esos los que salgan decepcionados al saber (y entender) que la película no es una precuela sino actúa más bien como un spin-off dentro del mundo de Alien que ocurre años antes de las aventuras de Ripley. El guión de John Spaihts (The Darkest Hour) con un lavado de cara hecho por Damon Lindelof (Lost) funciona por la presentación de varias ideas religiosas y existenciales, pero hace aguas al intentar (o no) contestarlas. Lo más lacerante del mismo, si bien tiene personajes bien presentados, es que deja demasiadas preguntas sin respuesta; claramente, Scott apunta a una trilogía en donde dichas preguntas finalmente sean contestadas. Repito, los más afectados serán aquellos que esperaron toda una vida por la verdad, pero tal parece que tendrán que esperar un poco más.

    Varios detalles destacan y uno oscurece; primero, el elenco se luce con una mezcla de talentos variopintos como la heroína aguerrida de Noomi Rapace o la fría y rastrera Vickers de Charlize Theron, sumando el talento de Michael Fassbender como el androide de turno, David. Del resto, Idris Elba hace un papel interesante, y es de buen ver que la mayoría de la tripulación tenga un fuerte acento británico. Segundo, los escenarios naturales están más que bien utilizados y se acompañan muy bien con un justificadísimo 3D que brilla en cuanto las imágenes holográficas se hacen presentes. Y, una vez más, se agradece el uso de efectos prácticos por sobre los mínimos computarizados, ya que aportan mucho más realismo en escena. Quizás lo que afecte un poco la sensación de miedo y terror es la elección de la música a cargo de Marc Streitenfeld, demasiado solemne para ciertos momentos en los que se necesitaba una vuelta de tuerca musical más asfixiante.

    Prometheus se hizo esperar mucho y, ahora que llegó, demuestra que es una firme candidata a ser una de las mejores películas de ciencia ficción del año. Denle tiempo y puede que se convierta en una joyita de culto, siempre y cuando no se la compare a rajatabla con la inmensa Alien.
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  • Mi semana con Marilyn
    ¿Existe un ícono femenino más grande, reconocido e influyente que el de Marilyn Monroe? Con una carrera acelerada y majestuosa, así como un final anticipado y lleno de amargura, la blonda actriz dejó una huella inconmensurable en Hollywood, una época que My Week with Marilyn busca explorar a través de un episodio vivido por la misma durante la filmación de El Príncipe y la Corista, una de sus películas más comentadas.

    Basada en las memorias de Colin Clark, esta nos posiciona durante la producción de dicho film, del cual Clark fue asistente del director Laurence Olivier (interpretado con puntillez por un grandioso Kenneth Branagh). Representando tan sólo una semana es que podemos introducirnos en la vida y obra de Monroe, quien quizás no haya sido la actriz más talentosa e inspirada de todas, pero tenía un je ne sais quoi en su personalidad que iluminaba la habitación en la que estuviese y, por más tomas que se tuviesen que repetir, finalmente Marilyn lograría encontrar el significado de su personaje y entregar una actuación bellísima.

    Quizás la película no explore toda su biografía, sino que se enfoque en un período de tiempo específico, pero este detalle es más que suficiente para desarrollar una buena historia de manera limitada, ya que con este pequeño fragmento se puede encontrar la matriz de lo que hacía de ella una estrella cinematográfica. Por supuesto, la película no tendría el reconocimiento que tiene de no ser por la explosiva y asombrosa elección de Michelle Williams para el papel: si quedaba alguna duda de que esta joven actriz era algo especial, tras ver la cinta dichas dudas quedarán disipadas, ya que cada mañierismo, cada gesto, cada palabra articulada refleja el alma de aquel ícono. Por más que haya un excelente elenco alrededor de Williams (Judy Dench, Julia Ormond, incluso el poco reconocido Eddie Redmayne y la grata presencia de Emma Watson en un diminuto papel), es ella la que, al final, atrae todas las miradas, como su personaje lo hizo en la vida real.

    El director Simon Curtis deja entrever que proviene del ambiente de la televisión (su carrera prácticamente está basada en películas para la pantalla chica) y hasta podría decirse que su obra pasaría desapercibida en otro momento y con otro elenco, pero claramente demuestra que tiene talento al conducir con soltura y dinámica un film agradable y bien trabajado. Sus grandes logros recaen en las cuidadas tomas a Michelle, pequeños momentos en los cuales parece que la verdadera Marilyn Monroe está presente en el set de filmación.

    My Week with Marilyn puede que no sea tan trascendental como aparenta ser, pero es una intensa mirada al símbolo sexual de los años '50 y '60, tanto en sus faceta pública como en sus momentos en privado, donde la fragilidad, los miedos y las esperanzas de la actriz entrechocaban. Y también para presenciar una clase de actuación de una descomunal Michelle Williams.
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  • El puerto
    El puerto
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    El prolífico director y guionista finlandés Aki Kaurismäki vuelve al ruedo en Le Havre con una historia minimalista llena de personajes entrañables y simpáticos, con un sentido del humor irónico y alegre que hace la película no pase desapercibida.

    Le Havre es una ciudad que se adapta perfectamente a la temática social de la historia, el conflicto de la inmigración, con su tradicional puerto de la clase obrera y la mezcla única de culturas francesas con un clima muy inglés. Con su extraña mirada llena de toques de comedia entremezclados con drama, Kaurismäki va hilando un cuento de hadas urbano que retrata con solidez una temática un tanto peliaguda. A pesar del difícil tópico a contar, el director nunca pierde ese estilo dulzón y juguetón al retratar una zona portuaria de clase baja que aparenta ser gris y descolorida. Lo hace con tonalidades claras y agradables, no solo en la fotografía y en la escenografía, sino también en la candidez de los habitantes del lugar, ya sea la panadera, el almacencero, la dueña del bar o los borrachos habituales.

    Dichos personajes que pueblan la zona del puerto encajan perfectamente en la trama con sus inquietas personalidades, rayanas en la obnubilación: André Wilms encarna con soltura al entrañable Marcel, un hombre que cualquiera se puede cruzar en la calle o tenerlo de vecino de enfrente; su esposa Arlette, un ángel vestido de mujer gana en expresión y dulzura gracias a la fantástica Kati Outinen y el joven Idrissa, el inmigrante ilegal, encuentra su perfecta personificación en un sensible Blondin Miguel. Cabe destacar también la apatía de Jean-Pierre Darroussin y su Inspector Monet, un personaje que por sus propios lineamientos no debería causar gracia pero Kaurismäki hace de él una marioneta andante.

    Le Havre es una película graciosa y alegre, que demuestra que todavía se puede tener esperanza en el prójimo y la raza humana toda. Puede ser muy poco realista en el sentido de mostrar la bondad de la gente, pero cualquier pelicula que tenga ese punto de vista como eje central es digna del reconocimiento.
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  • Elefante blanco
    Elefante blanco
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    Pablo Trapero es uno de los realizadores más talentosos de la Argentina, un director que se consolida cada vez más como un presentador de la dura realidad que se vive en el país. Lo hizo con El Bonaerense, lo repitió en Leonera y Carancho, y vuelve a por más con Elefante Blanco, su última y quizás mejor película al momento. Fuerte y difícil de digerir, se trata de una concisa y ejemplar radiografía de la situación que se atraviesa.

    Elefante Blanco no pierde tiempo introduciéndonos en su cruda historia cuando vemos a uno de sus protagonistas escapando a través de una espesa jungla, para ver momentos después como un grupo de soldados acaba con la vida de los habitantes de la aldea a sangre fría. Y eso es lo mínimo que tiene para ofrecer en cuanto a violencia... Dicho protagonista es Nicolás, un joven cura belga en plena misión religiosa en el Amazonas. A su rescate viene el padre Julián, un amigo de hace años, quien lo lleva donde reside, una iglesia en el medio de una de las villas mas peligrosas de Buenos Aires, para que se acople a la tarea que allí se encuentra realizando con esfuerzo. Los dos curas no están solos porque Luciana, una joven asistente social, se encuenta asignada al lugar e intenta también con todas sus fuerzas auxiliar a los que no tienen nada. Toda la película cuenta el punto de vista de ellos tres, tres personas totalmente diferentes, con distintas ópticas de la vida, pero con un objetivo en común: ayudar. No será un trabajo fácil, porque ciertas personas no quieren esa asistencia, y terminan complicando su tarea humanitaria, empujándolos hasta sus propios límites.

    El trío protagonista no es unidimensional, tienen aristas bien humanas y sus actitudes no son en blanco y negro, sino que tienen muchos matices, tienen fe en lo que hacen, pero ciertas situaciones los abruman y los llenan de ira, los hacen querer tirar todo por la borda, pero no lo hacen, siguen en su labor, aunque les cueste todo los que han logrado obtener. Ricardo Darín ya cumple en piloto automático con una actuación simple pero comprometida, así como también vuelve a brillar con simpleza Martina Gusmán como la mirada femenina del film. Quien se destaca es el menos conocido Jérémie Renier, el extranjero, el ojo prestado, el joven que hace todo impulsivamente, desde el corazón.

    Trapero vuelve a lucirse, no tanto en el guión, como en la dirección de la película: metiéndose nuevamente con el sector más marginal de la sociedad, logra retratar de una forma asombrosamente real qué significa vivir en una villa. Por momentos el ambiente se siente tan real que la barrera de la ficción se trasciende y pareciera que uno está viendo un documental por las imágenes tan feroces y crudas que se presencian.

    Si el cineasta quería impresionar, con Elefante Blanco lo ha logrado, ha creado una película con una mirada incisiva y demoledora, que se queda pegada en las retinas por días, y deja una sensación de desasosiego inenarrable. Una obra de culto, made in Argentina.
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  • 35 Rhums
    35 Rhums
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    Lionel es un maduro conductor de trenes que vive con su hija Josephine, estudiante de antropología. En el mismo complejo residen Gabrielle, una taxista que conoce a ambos desde hace años, y Noe, un joven que acusa un extraño y desconocido trabajo y tiene una obsesión sana por Josephine. Las historias de estas cuatro personas se entrecruzan íntimamente en 35 Rhums, una historia firmada por Claire Denis que poco necesita mostrar para contar una sucinta fábula urbana con profundidad.

    Junto con el ojo intruso de Denis es que vemos como la vida cotidiana de estos cuatro personajes se desenvuelve con tranquilidad y una pasmosidad perceptible; hay un sentimiento familiar entre los cuatro, aunque solo dos son familia directa. Hay algo en el aire que no se dice, pero que se siente. Las miradas lo transmiten todo, y es a través de ellas que uno debe armar la historia de a poco. Si bien la trama no tiene muchos giros ni sorpresas, es más bien leve el tono impreso a la misma; todos los datos están ahí, en las motivaciones y los miedos del cuarteto, miedos de parte de algunos que no permiten que el resto avance en sus vidas. ¿Están justificados dichos temores? Quizás sí, quizás no, pero la magia de 35 Rhums está en descifrar el juego de miradas, en el que menos es más.

    Este juego sutil queda en manos del elenco, grupo en el cual sobresalen los veteranos Alexa Dascas como Lionel y Nicole Dogue como Gabrielle: más que presentirse, se sabe que han tenido una historia juntos, lo que hace que su relación de cortesía y compañerismo resalte más. Por otro lado la dupla joven, la Josephine de Mati Diop y el eterno tímido Noe de Gregorie Colin forman una atípica pareja, cuyo futuro se va develando a medida que transcurre el film. El cuarteto tiene su momento para brillar en la hermosa escena del bar a la madrugada, en donde todos dejan aflorar sus temores y esperanzas en una escena brillante.

    Claire Denis ha logrado con esta una película lenta pero segura, que va conquistando al espectador, atrayéndolo a su historia, tan cotidiana como honesta.
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  • Essential Killing
    Essential Killing
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    Essential Killing es una película que no pierde el tiempo presentándonos una historia compleja sino que, ni bien comienza, la acción ya está servida y no detiene su lento pero inexorable camino hasta su final, un viaje de ida tanto para el protagonista como para el espectador.

    Presentando unos paisajes cálidos en el comienzo pero congelados por el resto del metraje, el director y guionista Jerzy Skolimowski presenta a su antihéroe sin nombre, contando su historia en pequeños y reducidos flashbacks, enfocándose principalmente en el momento actual del mismo, en el escape que ocupa prácticamente toda la película.

    No se puede definir a Essential Killing como una película de acción. Los elementos están ahí, un hombre en plena fuga (de qué escapa originalmente, vaya uno a saber) que utiliza todos los recursos disponibles para no dejarse atrapar, aunque en el camino deba aniquilar todo lo que le suponga un obstáculo a su seguridad.

    Por momentos hipnótica, por momentos densa, Essential Killing sobresale con una actuación sorprendente por parte de un entregado Vincent Gallo, un tour de force imperdible desde cualquier punto de vista. Poco y nada ayudan los secundarios, a excepción de realzar sus momentos en contraste con el otro, aunque Emmanuelle Seigner (The Ninth Gate, La Vie en Rose) aporte su talento en una pequeña pero importante escena. Todo gira en torno a Gallo, un polémico actor que, cuando quiere, puede.

    La dirección de Skolimowski entremezcla inspiradoras tomas aéreas en donde la arena y la nieve están presentes, y el viaje del musulmán, un viaje crudo en el cual el director no le hace asco a mostrar cómo el protagonista tiene que recurrir a cualquier fuente de alimento para sobrevivir, o cómo elimina todo lo que se encuentre entre sí mismo y su libertad.

    Se trata de una extraña pero cautivadora obra que atrapa, potenciada por una inquietante interpretación por parte de Vincent Gallo, que sólo por él vale la pena su visionado.
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  • La separación
    La separación
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    La sociedad iraní es una de las más cerradas y conservadoras del mundo, con unos preceptos sociológicos y religiosos tan fuertes que provocan escándalo en otros lugares del mundo. La mirada de Asghar Farhadi sobre dicha región es la columna vertebral de A Separation, ganadora del premio Oscar a la Mejor Película Extranjera, un film demoledor que retrata con ojo avizor una temática tan universal como cotidiana.

    La separación del título queda en claro en la primera escena, cuando el matrimonio de Simin y Nader se encuentra frente al estrado de un juez, deliberando su divorcio a raíz de que la mujer quiere viajar al exterior en busca de un mejor futuro para ellos y la hija de ambos, Termeh. La situación no es nada fácil porque el padre de él necesita cuidado constante (tiene Alzheimer) y no pueden abandonarlo. El contratar a una mujer que anda de aquí para allá con su hija pequeña traerá al ya resquebrajado seno familiar más de un dolor de cabeza, un poblema que será resuelto en la corte con resultados que cambiarán a todas las personas involucradas.

    A simple vista, la historia que se cuenta en A Separation puede parecer sacada de un culebrón mexicano, uno tranquilamente puede sentir que la historia ya ha sido contada varias veces. Lo que hace que todo tenga un sabor y una óptica diferente es la manera de narrar dicha historia, a través de un guión fenomenal a cargo del mismo Farhadi, que retrata todos los conflictos sociales que acarrea tener una devota creencia en Dios. Estos conflictos personales no es lo único que destaca, sino tambien el sistema de justicia iraní, más cerca de un diván de debate televisivo verpertino que de un estrado hecho y derecho, pero ahí reside la parte más jugosa de la película, cuando en un espacio reducido los protagonistas sacan a relucir y a reprocharse todos los problemas en los que se encuentren metidos.

    El elenco tiene como estandarte principal a un inspirado Peyman Moadi como Nader, el hombre en pleno divorcio que tiene que lidiar con su familia separada, su padre discapacitado y el problema doméstico que se torna legal con su empleada; una actuación simple y escueta, pero memorable. Leila Hatami cumple con el papel de Simin, la esposa de Nader, pero las mujeres que se roban la película son Sareh Bayat como la doméstica Razieh, y Sarina Farhadi (la hija del director) como Termeh: ambas tienen momentos excepcionales y lo que hace que resalten aún más es la economía de expresiones que utilizan para hacerse entender. Brillante.

    La película dura dos horas pero el peso de la misma casi no se siente con una edición limpia y concisa, y una dirección muy intimista, detallada, una mano de obra impecable por parte del director. Una fluidez narrativa para aplaudir.

    Una temática simple pero desde una óptica particular y polémica hace de A Separation una película imperdible, con una profundidad moral e ideológica sin desperdicio.
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  • Cuando te encuentre
    Nicholas Sparks es la mente detrás de esas novelas románticas que luego se traducen a la pantalla grande en películas que tanto le gustan a tu novia, tu novio, hermana, prima o parecido. Los picos altos han sido la tremendamente romántica The Notebook y Message in a Bottle, siendo la última The Last Song, protagonizada por la joven proeza musical Miley Cyrus. Entonces, ¿cuál es el próximo paso a seguir? Traer a otra joven estrella para dar vida a un nuevo libro, en este caso el joven Zac Efron, al que le falta un golpe de horno actoral, así como también a la simplona historia que presenta The Lucky One.

    El protagonista masculino es un ex-combatiente quien regresa a casa con la foto de una joven desconocida, imagen que encontró en uno de sus viajes y, según él, le sirvió como amuleto para sobrevivir. Una vez vuelto, los embates psicológicos no le permiten reformar su vida normalmente, así que emprende un viaje para encontrar a la muchacha. Por supuesto, ella es hermosa, joven, con un hijo y un trabajo a cuestas, y la química no tardará en aflorar. Y he aquí el problema principal de la película: la trama es demasiado simple como para atraer al espectador medio, un argumento que hasta se vale de los clichés más utilizados en este tipo de propuestas, como el ex-marido celoso o la propia historia familiar de ella.

    De poco sirve el talento de una grande como Blythe Danner (Meet the Fockers) o la sonrisa radiante y la candidez de Taylor Schilling frente a un Zac Efron carente de afecto y emociones (para decirlo en criollo, actuando es de madera). La escasa química de la pareja poco y nada puede hacer frente a las embestidas de una historia que se ha visto demasiadas veces y, lo peor de todo, sin variación alguna en los obstáculos a superar por los personajes. Una desgracia que la sobria dirección de Scott Hicks (Hearts in Atlantis, No Reservations) haya encontrado un recipiente tan insulso como en esta película.

    Para los ávidos y los completistas de las adaptaciones de Nicholas Sparks, la película cumple escasamente con el objetivo. Para el resto, una tortura en forma de novelón.
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  • Shame: sin reservas
    Shame empieza con su protagonista, Brandon, desnudo, caminando solo por su departamento, comiendo el desayuno y orinando, todo esto mientras una mujer, hasta el momento desconocida, ruega al teléfono por escuchar su voz, saber de él, estar segura que ella significó algo. Brandon termina sus necesidades y procede a darse una ducha sin haber atendido sus mensajes. Su indiferencia hacia ella es fríamente evidente.

    Así es como el director Steve McQueen nos presenta a su protagonista, un hombre desconectado emocionalmente de los demás pero con impulsos sexuales inmensos. Impulsos que, cuando no puede expresarlos con alguna mujer, lo hará con sí mismo, ya sea valiéndose de pornografía en revistas, videochats, o simplemente, masturbándose en el baño. Pero todo ese sexo jamás es suficiente.

    Shame es una de esas películas que desnuda a sus personajes, en forma literal y metafórica. No hay tapujos, no hay tabúes, McQueen refleja el retrato de una sociedad guiada por la superficialidad y, al parecer, las consecuencias de ello. Así en pantalla enfrenta a los dos polos: por un lado a Brandon, el hombre desinteresado de cualquier cosa que involucre sentimentalismo y que sólo busca satisfacer sus deseos, mientras que del otro a su hermana Sissy, emocional y vulnerable, brillantemente interpretada por una Carey Mulligan que merecía estar sentada junto a las nominadas al Oscar esa noche del 26 de febrero pasado. El encanto de la película radica en las actuaciones de sus protagonistas: un ejemplo bastante curioso es la escena en el bar donde ella canta New York, New York de Frank Sinatra, canción que a pesar de tener una letra un tanto agradable, resulta incómoda de ver, pues sabemos que Sissy en realidad está cantándole a la indiferencia de su hermano.

    En materia de exposición, McQueen no se mide, hace de Shame una película que orgullosamente merece su clasificación extrema, hay escenas de sexo de calidad y en cantidad, pero cada desnudo, cada penetración, cada encuadre, está justificado y significa algo. McQueen hace del acto sexual una poesía de romanticismo, frustración y dolor, hace que signifique algo y no esté ahí sólo por la mera exposición.

    Ya es de conocimiento público que su punto fuerte es Michael Fassbender, cuya actuación recibió oleadas de aclamación de la crítica y el público. ¿Qué esperar de este estupendo actor?. En efecto, su trabajo es extraordinario, imperdible, valiente y conmovedor, Fassbender da una de las mejores interpretaciones de la década. Su actuación consiste en sutiles pero muy directos gestos, acciones y silencios para saber que por dentro su personaje sufre de una tormento terrible. No hace falta que grite, que rompa cosas y le reclame a Dios en medio de la lluvia el por qué de su existencia y sufrir. ¿Qué si el sexo no es suficiente? ¿Cómo puede ser el placer más grande del mundo resultar algo doloroso? ¿Por qué no se puede conectar con una persona emocionalmente y evitar tener relaciones a la mujer de en frente?. Shame se une a la fila de películas incómodas y profundas como The Last Tango In Paris de Bernardo Bertolucci, Crash de David Cronenberg e incluso, Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick. A McQueen, al igual que los directores de las cintas mencionadas, no le interesa meterse en dilemas morales con sus personajes, decirnos qué está bien y qué está mal, sino simplemente ponerlos en pantalla y mostrarnos su cruel y solitario mundo.

    Shame es una cinta bellamente fotografiada que merece ser vista por aquel público valiente que no le tema a un retrato en el que pueda verse reflejado. No es una película que se disfrute por morbosidad, ya que ninguna de las escenas de sexo resulta erótica, sino poética, dramática, una película cuyo final puede resultar un golpe bajo al estómago sensible del espectador.
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  • Pie de página
    Pie de página
    Cinescondite
    Tener a alguien en tu propia familia que sigue tus mismos pasos y sea exitoso en el campo en el que uno no lo fue debe ser difícil; para el reconocido profesor Eliezer Shkolnik debe ser aún peor que su hijo, sangre de su sangre, lo supere en algo que le ha llevado toda su vida académica construir. En Footnote, las raíces familiares se notan más profundas que nunca cuando un galardón nacional se interpone en la ya deteriorada dinámica entre padre e hijo, provocando un enfrentamiento de egos irresistible.

    Eliezer Shkolnik es el patriarca, el investigador devoto y férreo que maneja sus investigaciones con métodos de la vieja escuela; su hijo, el profesor Uriel Shkolnik se adaptó a los tiempos que corren. Sus investigaciones más cotidianas y mundanas le han valido el cálido reconocimiento de sus pares, mientras que el anticuado Eliezer ha caído en el ostracismo profesional y espera el día en el que su ardua labor sea reconocida. Esta relación es el eje principal de la película, un tire y afloje emocional contado con picardía y emoción por el director y guionista Joseph Cedar (Beaufort), quien firma una historia con varias vueltas en el camino, sorpresas varias y escenas magistrales, como la tensa reunión en el despacho o la investigación final de Eliezer.

    Si bien la historia está bien aderezada por momentos y conforma una narrativa plausible, hay detalles que se pasan por encima, como ser la relación de Uriel con su hijo mayor, quien no decide qué hacer con su vida, así como también la misteriosa mujer con la que se encuentra Eliezer a escondidas; ambas líneas argumentales parecen prometedoras al comienzo pero no contienen un peso mayor a la hora de finalizar la película.

    El elenco está muy bien conformado, comenzando con los centrales, el parco y amargado Eliezer de Shlomo Bar-Aba o el acongojado Uriel de Lior Ashkenazi, pasando por la matriarca Shkolnik, Alisa Rosen, la esposa de Uriel, interpretada por Alma Zack o el apático hijo mayor Josh (Daniel Markovich). Tampoco se puede olvidar al orgulloso profesor Yehuda Grossman de Micah Lewensohn, quien tiene una admirable escena junto a Ashkenazi.

    Footnote es una gran película, y se evidencia su estimación para los Premios de la Academia el pasado febrero. Dirigida y escrita con proeza por Joseph Cedar, su pequeña gran historia es conmovedora a la vez que hilarante e histriónica.
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  • [REC] 3 Génesis
    [REC] 3 Génesis
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    Nadie daba un peso por estos zombies españoles, pero a fuerza de voluntad la saga [REC] ha llegado a su tercera entrega, perdiendo un director en el camino y dejándole el trono sólo a Paco Plaza, para que su amigo y codirector de las anteriores películas se haga cargo de la cuarta y última. Hay varios cambios radicales en Génesis (que de origen, poco y nada tiene) que la diferencian de sus predecesoras, pero mantiene el mismo hilo algo costumbrista y sangriento por el que se caracterizó la serie.

    Nuestra carnicería comienza con el casamiento de Clara y Koldo, con unos sólidos primeros veinte minutos en donde desde diferentes puntos de vista observamos la introducción de los personajes en plena celebración y, por supuesto, con cámara en mano. Un personaje no para de repetir 'cinema verité', característica popular de la saga, con la cruel ironía de que al final de este largo prólogo de veinte minutos, las cámaras no se usarán más y la película salte del formato cámara en mano hacia una convencional película filmada... 'como las del cine' diría dicho personaje. Este gran cambio le permite tomar un gran contraste y desarrollar la acción desde otro punto, algo que los espectadores seguidores de la saga verán con otros ojos, quizás con desconfianza, pero que a fin de cuentas le da otro sabor a una saga que estaba a punto de caer en la repetición constante. Por supuesto es raro ver que la película esté realizada de tal manera, así como que también haya uso de una banda sonora, detalle no presente en las previas aventuras, pero el salto de fe está dado y le sienta bien.

    Así como el formato de filmación cambia para no repetirse tanto, la historia y la narración viran también hacia un tono más de comedia negra, muy cerca de los primeros trabajos de directores como Peter Jackson y Sam Raimi. Dichos aspectos, entre lo grotesco y lo puramente sangriento encajan perfectamente con Génesis; no necesariamente provoca terror absoluto como las anteriores, pero es de agradecer el tono "mala leche" de la película, nunca llevado al extremo sino mantenido entre líneas, para que no sea una parodia absoluta.

    Por el lado del elenco, la película está bien interpretada por la pareja del casorio, unos sólidos Leticia Dolera y Diego Martín, que pasan la mayor parte del film separados y rodeados por secundarios hilarantes -los familiares de cada uno-. El conjunto de invitados tiene momentazos, como el gordo que filma todo, el amigo que se levanta a las solteras de turno, las tías y abuelas bizarras, etc. Hay un buen sentimiento de unidad en todo el elenco. Dolera quizás deba llenar los zapatos grandes que dejó la mítica Manuela Velasco con su Ángela en [REC] y [REC] 2, pero uno no puede evitar aplaudirla cuando ande motosierra en mano.

    Claramente desviada de sus congéneres por el nuevo rumbo tomado en esta pseudoprecuela, REC 3 es una entretenida comedia negra que amplía el espectro de esta saga que, espero, culmine a lo grande.
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  • Adultos jóvenes
    Adultos jóvenes
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    Narra la historia de una escritora de ficción quien, después de su divorcio, regresa a su hogar en un pequeño pueblo de Minnesota, buscando reavivar un romance con un ex enamorado que está casado y con hijos.

    El dúo Jason Reitman y Diablo Cody regresa con una historia brutalmente cínica. En un mundo en el que los personajes no tienen sola una dimensión y hasta sus actitudes más detestables tienen un poco de ternura, uno termina queriendo a estos seres tan extraños como entrañables. En Young Adult vemos cómo una escritora alcohólica de novelas para adolescentes regresa a su pueblo natal para reclamar lo que ella piensa que le pertenece, su amor de la secundaria. Más allá de que está felizmente casado y con una hija recién nacida, Mavis cree que es un rehén de una vida aburrida y hará cualquier cosa para liberarlo.

    Así es como entramos al mundo del personaje creado por la guionista de Juno, quien ya viene hace rato planteando las relaciones entre jóvenes y gente ya crecida. En este caso en particular, esos papeles recaen sobre un mismo rol, interpretado con perfección y detallismo por Charlize Theron, esta diosa sudafricana que le da un nuevo significado al término "perra". La historia de Cody es irreverentemente graciosa, con Mavis siempre yendo contra la corriente, enredándose en situaciones dignas de sentir vergüenza ajena. Lo que se perfila como un viaje de redención para ella no es sino uno de autodestrucción y descubrimiento, en el que no todo brilla para los personajes, con sus miserias saliendo a la luz, todos sus trapitos al sol.

    Young Adult es un verdadero estudio sobre el carácter, una película que va más allá de ver a Mavis insultando y llevándose al mundo por delante; si bien son momentos extremadamente graciosos, constituyen la cubierta de algo más grande, la punta del iceberg. Por debajo de la superficie se encuentran las brillantes actuaciones del elenco completo, encabezado por una Theron inspiradísima, convirtiéndose en aquello que interpreta, en el que cada detalle insuflado por la dupla Reitman/Cody funciona para darle vida a un personaje que va a ser difícil de olvidar. Como contrapeso se encuentra Patton Oswalt, quien acá es Matt, el nerd que detestaba la secundaria e incluso fue objeto de un crimen de odio, como bien lo remarca sonriendo Mavis cuando ve la muleta que usa. Juntos tienen las mejores escenas, las más relevantes y ácidas: son personas totalmente opuestas que a la vez se necesitan, en una bella relación simbiótica.

    El director tiene una visión muy personal en sus películas. Por lo que se puede observar en su último trabajo, hay un seguimiento casi invasivo para con su protagonista, desde los momentos más cotidianos y banales, hasta sus hábitos diurnos o sus ratos de escritura para la longeva saga Waverley High. Todo está cronometrado con un aplomo especial, incluso la recreación de un pequeño pueblo como Mercury, que parece atrapado en el tiempo.

    Realmente quedé fascinado con Mavis Gary, un personaje al que uno se aproxima sólo para ver cómo se relaciona con sus alrededores. La gracia está en realmente llegar al fondo de esta profunda y singular mujer que ha creado Diablo Cody e inmortalizado Jason Reitman. El momento final, imperdible.
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  • 12 horas
    12 horas
    Cinescondite
    Amanda Seyfried es una joven que se está consolidando en Hollywood por todas las razones correctas excepto una: buenas películas. Si bien tiene rachas con cierta aceptación y proyectos interesantes (Chloe, In Time) son más las veces que se utiliza su cara bonita para atraer a la audiencia que por la calidad intrínseca de los mismos (Red Riding Hood, Dear John, Jennifer's Body). En Gone esta variable se vuelve bastante polarizante, con su trama digna de cualquier capítulo de una serie policial á lá CSI pero que curiosamente tiene el detalle de un protagónico por parte de la actriz lo suficientemente atrapante como para cumplir su cometido.

    Jill es una joven moza de una cafetería que vive con su hermana universitaria; por razones que más temprano que tarde conoceremos, es una chica muy paranoica. Hace dos años alguien la raptó y la dejó en un pozo en el medio de un parque nacional inmenso, aunque es la única víctima mujer que logró escapar de sus garras. Cuando su hermana desaparece, Jill está convencida de que es el mismo asesino que ha regresado por ella. ¿La vuelta de tuerca? La policía no le cree nada, debido a que no encontraron ninguna evidencia de su rapto y por ello fue encerrada en un instituto mental. Con las fuerzas policíacas en su contra y sin nadie que le crea, es tarea de Jill encontrar a su hermana antes de que se le acabe el tiempo.

    Gone goza de una producción estupenda: una dirección impecable, cortesía de Heitor Dhalia, brasileño que debuta en el cine angloparlante, una cinematografía hermosa que muestra a los bosques de Oregon en todo su esplendor, un elenco suficientemente aceitado relleno de actores mayormente secundarios pero solventes y una banda de sonido agradable. El aspecto que no le permite sobresalir es el guión, firmado por Allison Burnett, alguna vez escritora de la romántica Autumn in New York y que en su reciente haber tiene Untraceable, Fame y Underworld: Awakening. El mismo es sencillo, casi de manual, siguiendo un camino de evidencias cual sendero de migas hasta el conflicto final, con un desarrollo en donde no faltan las pistas falsas ni las miradas sospechosas.

    El pegamento que mantiene unido a todos estos elementos es la magnética actuación de Amanda Seyfried quien, incluso con una historia carente de escenas creíbles de suspenso, se carga la película al hombro y se pasea durante todo el metraje mintiendo y amenazando para descubrir el paradero de su hermana menor.

    Bajando las expectativas al mínimo quizás uno pueda disfrutar de Gone, ya que es lo suficientemente competente como para mantener al espectador interesado por lo que ocurre en la pantalla. Aquellos que busquen una película de suspenso con una trama más revuelta saldrán decepcionados.
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  • Los juegos del hambre
    Muy pocas veces uno puede decir que un libro se adapta fielmente en su transición a la pantalla grande. Siempre hay líneas secundarias que se cortan para favorecer una historia más dinámica, eventos que se cambian para darle un sabor diferente al film, siempre hay pequeñas cosas que, a la larga, ponen a la adaptación un escalón, o varios, por debajo de su gemelo de tinta y papel. Sorpresa mayor me llevo al ver que The Hunger Games resultó ser una de las historias mejor transpuestas de los últimos años, una experiencia que poco tiene que envidiarle a la novela de Suzanne Collins: no por algo la misma escritora estuvo en el génesis del guión, en coautoría con el director de la misma, Gary Ross.

    El trío que estos dos componen junto a Billy Ray (Hart's War, Flightplan) trae a la vida esta aventura en un mundo distópico cruel y desgarrador, en donde el valor de un personaje femenino extremadamente fuerte hará la diferencia para mejorarlo. Es el conocido buenos muy buenos contra malos muy malos, el eterno Bien vs. Mal, pero con matices diferentes como para que no se note (tanto). En el epicentro de este duro vivir se encuentra Katniss Everdeen, la heroína de turno, a quien una perfecta Jennifer Lawrence evoca con toda esa versatilidad que la caracteriza, dura cuando lo requiere, y tan sencilla, frágil y palpable que parece mentira que tenga tan sólo veinte años y sea capaz de transmitir tanto con tan poco. Es indescriptible lo acertado que estuvieron al acercarla al papel.

    Rodeando a Lawrence hay un gran elenco que sostiene una línea bien alta en cuanto a secundarios se refiere: el joven Josh Hutcherson sigue en ascenso, en este caso como el apoyo masculino de Katniss en la arena de batalla (curiosamente, él es el que termina siendo defendido y no al revés, como suele suceder en cualquier película de acción/ciencia ficción), el hermano de Thor, Liam Hemsworth, quien tiene un papel pequeño pero, a futuro, relevante, Woody Harrelson genial como el borracho Haymitch (tomando un poco de inspiración de su último rol tragicómico en Zombieland), Elizabeth Banks la pega con su odiosa y superficial Effie Trinket, Lenny Kravitz sorprende gratamente con su estilista Cinna, y la lista sigue. Stanley Tucci es un presentador fervoroso, Wes Bentley es el carismático director de los actuales Juegos, Donald Sutherland es el poco agresivo Presidente (el libro lo pinta mucho más cruel) y después están los Tributos de los otros Distritos, entre los que se destacan la adorable Rue de Amandla Stemberg, y los letales Cato y Clove de Alexander Ludwig e Isabelle Fuhrman, entre otros.

    Mi mayor miedo como lector empedernido de la saga es que cortaran momentos para hacer más asequible la experiencia cinematográfica, pero con placer descubrí que la película dura sus buenas dos horas en las que se explica todo con detalles y no falta ningún evento clave o relevante: la historia presenta a los personajes principales, los sigue durante su período de entrenamiento antes de los Juegos y finalmente, la recta final, con el evento propiamente dicho. Todos los caminos conducen a la matanza sangrienta de estos jovencitos, pero el camino es bastante particular y explora muy bien a todos los personajes, los nuevos escenarios y la mitología de este universo, antes de darle al espectador en bandeja lo que vino a ver. Mas allá del elenco absolutamente concentrado, la dirección de Gary Ross es sublime para alguien que nunca filmó una película de acción en toda su carrera. Puede que a muchos les ofusque su peculiar óptica para filmar los Juegos con una cámara movida todo el tiempo, pero es ése detalle que le aporta realismo y veracidad a la angustiosa situación dentro del campo de batalla. Ni Cloverfield había tenido tanto movimiento de cámara, y eso que era una película de metraje encontrado, dos términos que van de la mano, por lo que el experimento le salió muy bien.

    The Hunger Games es una gran saga a seguir para aquellos que quedaron vacíos tras la ida de Harry Potter, y para lo que están cansados ya de los vampiros relucientes y chicas indecisas. Tiene fuerza, una historia atractiva y personajes sólidos, todo el combo necesario para atraer tanto a los jóvenes como a los adultos. Y para los fanáticos, no hace falta que les diga más nada, acá tienen una adaptación muy pero muy fiel.
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  • Protegiendo al enemigo
    Daniel Espinosa es un sueco (sí, con ese nombre, por parte de madre pero con padre chileno) que está a punto de estallar en la escena internacional, primero gracias a la adaptación de la trilogía negra de Jens Lapidus (ya dirigió Snabba Cash) y ahora con su intento serio de pegar el salto al mercado mundial. Esta oportunidad se presenta auspiciosa con el estreno de Safe House, un film de acción con una premisa más bien simple pero que funciona gracias a una gran labor de parte del realizador en cómo mantener el suspenso constante.

    Ryan Reynolds, sobreviviendo al tibio recibimiento como superhéroe en Green Lantern, demuestra de qué esta hecho realmente (muchos lo habrán visto en su mejor momento en la claustrofóbica Buried) al interpretar al cuidador de una "casa segura" de la CIA en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Allí es llevado el Tobin Frost interpretado por Denzel Washington, un vendepatria que es apresado luego de un intento de asesinato por una facción desconocida. Juntos, Reynolds y Washington, deberán confiarse el uno al otro para sobrevivir en el medio de esta pesadilla rellena de balas, sangre y explosiones.

    El guión del novato David Guggenheim juega por sobre las orillas de todas las películas de acción gubernamental en un libreto simple y sin muchas complicaciones: cumple, pero le faltan un par de vueltas para salir de esa sencillez que presenta la trama. Para compensar este revés hay dos variables que por poco y te hacen olvidar la historia conocida. La primera es la química fraternal entre ambos protagonistas, la nueva y la vieja escuela del cine de acción, una dupla con carisma innegable tanto para las escenas enérgicas como para los momentos de puro intercambio verbal. Cierto es que tienen a unos secundarios excelentes como Vera Farmiga o Brendan Gleeson, pero ellos destacan y brillan tanto en solitario como acompañados. Por el otro lado, la dirección de Daniel Espinosa es vertiginosa, casi al borde del éxtasis adrenalínico - si la experiencia se potencia en una sala con buen equipamiento de audio, el combo es perfecto. Él así demostró que es un eximio director dentro del género (una comparación positiva sería con la dirección temeraria de Justin Lin en la logradísima Fast Five) y que ya está preparado para jugar en las grandes ligas de Hollywood.

    Quienes gusten de un film de acción bien construído encontrarán en Safe House un peliculón que se olvida pronto, pero que se disfruta completamente gracias a sus estupendas actuaciones y una dirección para chuparse los dedos.
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  • Proyecto X
    Proyecto X
    Cinescondite
    Seguro que durante los últimos años de secundaria, uno pensó que esa época era el tiempo de gloria para salir de fiesta, emborracharse y pasar las mejores noches de sus vidas. Ni lerdo ni perezoso, Todd Phillips, director de películas descontroladas como Old School, Due Date y las Hangover, vio una oportunidad de llevar el desenfreno de las despedidas de solteros de sus últimas películas hacia un territorio más juvenil. El resultado es Project X, una comedia que separa las aguas, en el sentido que está dirigida a un sector demográfico específico que de seguro disfrutará con fervor este alocado festejo, aunque el resto no encontrará quorum al verla.

    Al comenzar la historia, un trío de perdedores (típicos arquetipos de este tipo de productos) planea una noche fuera de serie para ganarse un nombre por sí mismos y terminar el colegio con un sacudón de popularidad. No hay nada más raro en ella, sino que sigue los mismos patrones de las nuevas comedias de adolescentes como Superbad y demás: los eternos derrotados terminan conquistando la noche, convirtiéndose en leyendas y superando todo obstáculo imaginable. Donde cambia el enfoque es en el guión de la misma y por cómo encara su narración.

    El escritor devenido en guionista Michael Bacall, quien firmó la extremadamente recomendable Scott Pilgrim vs. The World, junto con el novato Matt Drake, rellenan la trama con personajes básicos pero con diálogos frescos cargados de mala leche. Este clásico comportamiento de adolescentes se produce en el marco de muchas situaciones que devienen en una espiral fuera de control, las cuales culminan en el caos máximo. El director debutante Nima Nourizadeh opta por tomar el interesante punto de vista "cámara en mano" para contar esta desopilante historia bien de cerca. Mediante un chico más que filma toda la odisea y a través de los teléfonos que tienen varios protagonistas, se crean varias perspectivas que realmente hacen sentir que uno está dentro de esta celebración del mal comportamiento.

    El trío de desconocidos protagonistas hacen un buen trabajo con una química palpable entre ellos, aunque el amigo gordo, Jonathan Daniel Brown, sirva de punching ball verbal y apenas sobresalga como personaje, y el agregado de Martin Klebba este completamente de más como el enano desquiciado.

    Alcohol, drogas, sexo, no falta nada en este combo de entretenimiento asegurado que presenta Project X. Mayores de 35, abstenerse, esta no es su clase de fiesta...
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  • Amor por siempre
    Amor por siempre
    Cinescondite
    Y de pronto, un día volvió Kate Hudson, esa Kate desentendida y ligera que tanto se ocultó con comedias bodrio durante estos años, desluciéndose poco a poco. Lejos han quedado aquellos soberbios recuerdos de una groupie empedernida en Almost Famous pero, aunque bajo la dirección de Nicole Kassell no sobrepase sus límites antes conquistados, se trata de una gran vuelta en forma con una historia bastante agridulce para contar, narrada con gran pericia.

    Siguiendo una trama parecida pero diferente a la recientemente estrenada 50/50, A Little Bit of Heaven gira en torno a Marley, una treintañera que vive su vida despreocupada, siempre que tenga a sus amigos alrededor, un buen trabajo y visitas amorosas constantes. Esto hasta que su salud empiece a decaer y se entere que padece de cáncer de colon, enfermedad para la que si no comienza un tratamiento inmediato, morirá. Al contario de muchos pacientes, Marley se toma con gracia y ligereza su enfermedad, y ésta es la clave para transitar la película, y el mensaje subyacente en ella: no hay que tenerle miedo a la muerte si nos vamos de esta vida sin arrepentirnos de nada, rodeados de la gente que nos quiere. Mensaje duro si los hay, alejado totalmente del típico "El tratamiento fue un éxito, estas curada", pero que funciona por el sólo hecho de ver algo diferente en esta dramedia romántica.

    Digo dramedia romántica porque lo que comienza como una comedia simpática va virando hacia el drama, nunca perdiendo el toque picaresco, y con el hilo conductor de la pareja formada por Hudson y un correcto Gael García Bernal, al cual todavía lo ponen a decir ciertas palabras en su castellano mexicano, como si causara gracia. Juntos hacen una bonita pareja, con química, pero Hudson se lleva las palmas por sobre todo el elenco con un personaje fresco, carismático y con verdadero alma. Junto a ella está la incombustible Kathy Bates, haciendo un trabajo rotundo como siempre, y Lucy Punch, aquella colorada que sorprendió en Bad Teacher, cosa que vuelve a hacer aquí con el papel de mejor amiga. Un elenco sólido, atípico, incluido el cameo del reciente premiado Peter Dinklage en un papel lleno de ternura que arrancará las risas de la platea. Algo que me picó fue la aparición de Whoopi Goldberg como Dios, un claro guiño (o burda copia) al memorable Dios negro de Morgan Freeman en Bruce Almighty.

    No le hagan caso a la desconcertante campaña de publicidad, entren con la cabeza fresca y la película los sorprenderá, tal cual lo hizo conmigo.
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  • Caballo de guerra
    Caballo de guerra
    Cinescondite
    Steven Spielberg ataca de nuevo con una historia extremadamente larga y sensiblera, de esas que tanto le gustan a él, pero que tiene varios puntos a favor para que no todo el lastre caiga por la borda almibarada de la película.

    Curiosamente, durante todo el metraje de War Horse seguimos los pasos de un caballo indómito, Joey, y su vida a través de sus peripecias en un pequeño pueblo de Inglaterra, antes y durante la Primera Guerra Mundial. Es un punto de vista sumamente extraño, en el que los personajes humanos quedan relegados a un segundo plano y la historia va transcurriendo poco a poco a medida que este transita los peligrosos escenarios de una batalla virulenta. Si bien Spielberg elige contar el combate desde un costado más seguro a su violentamente real Saving Private Ryan, ya que el objetivo acá apunta a un ambiente más comercial y familiero, War Horse es una épica un tanto lenta, que no tiene los chispazos de aventura a los que nos tiene acostumbrados el director, momentos que sí pudimos disfrutar con la brillante The Adventures of Tintin.

    Quizás es el hecho de que las diferentes historias que se entrelazan van trabando un poco el relato y se hace cansino en ciertos pasajes, pero artísticamente el film es impecable: escenarios que quitan el aliento, una producción puntillosa y cuidada, unas escenas de guerra perfectas y preciosas (la del caballo galopando por las trincheras de noche es uno de sus picos máximos) y, por supuesto, una banda de sonido sublime, a cargo del imperecedero John Williams.

    El multitudinario elenco de esta historia casi coral tiene a muchas promesas jóvenes del cine, como Tom Hiddleston (Thor, The Avengers y Midnight in Paris), Benedict Cumberbatch (la aclamada serie Sherlock) y David Kross (The Reader), a los que se les suman los debutantes Jeremy Irvine como el dueño del caballo y una bonita y simpática Celine Buckens. No debemos olvidar, por supuesto, a otros grandes del cine como Emily Watson y David Thewlis, quienes siempre brindan personajes secundarios de calidad. Y aunque el elenco sea eximio, hay algo en War Horse que desentona, y son esas ganas terribles de agradar a todo el mundo, de generar lástima y, desde luego, sacar cuantas lágrimas sea posible para llegar a los tan ansiados galardones. No es culpa de los escritores Lee Hall (Billy Elliot) y Richard Curtis (Four Weddings and a Funeral, Nothing Hill, Love, Actually) porque lograron un trabajo excelente en su guión, pero la penuria que destila la película es exacerbada, incluso cuando estamos ante un Spielberg a puro despliegue visual.

    War Horse es otra gran película de este realizador, quien sigue impertérrito en cuanto a cine de calidad se precie; una lástima que empuje demasiado para gustarle al público con una historia correcta, pero por demás empalagosa al extremo.
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  • La dama de hierro
    La dama de hierro
    Cinescondite
    La Dama de Hierro sigue el ascenso y caída de Margaret Thatcher, la única mujer Primer Ministro del Reino Unido, quien atravesó todas las barreras de género y clase para ser escuchada en un mundo dominado por hombres.

    Las biografìas siempre son un tema candente en el cine. Películas que están especialmente orquestadas para que el espectador se adentre en la sufrida vida del personaje histórico de turno siempre generan controversia al intentar humanizar los íconos más de lo debido, yendo hacia el lado de la edulcoración excesiva. Tal es el caso de The Iron Lady, una película con más de un desliz narrativo pero con la fuerza imponente del personaje creado por una galardonada Meryl Streep, quien acá es más que nunca sinónimo de calidad.

    Contada a travès de flashbacks hilados por una ancianísima Thatcher al borde de la demencia (en todo momento la figura de su marido, quien murió hace años, se le aparece a su lado) es que el espectador ve el ascenso y caída de esta mujer, quien no se detuvo ante nada para cumplir el sueño de su vida: cambiar la tierra en la que vivió siempre, a costa de dejar de lado a su familia por el poder. Más allá de la osadía de mostrar a una otrora líder mundial caída en desgracia (todo el mundo está perplejo de su senilidad), la historia de vida de Margaret es por momentos fascinante por todo lo que logró como mujer en un lugar en donde era inimaginable que llegara, pero por otro lado puede resultar un poco densa y tensa por la pegatina inmensa que resulta ver una escena tras otra de la vida de la dignataria.

    A pesar de estar más que bien dirigida por Phyllida Lloyd (Mamma Mia!), la estrella es, por supuesto, la impresionante Meryl Streep dando una vez más uno de los papeles de su vida: más allá de la crediblísima prostética utilizada para recrear diversas etapas de la Thatcher, Meryl canaliza casi escalofriantemente los tics y modismos de la dignataria de una manera tan natural que asusta. Es la verdadera columna vertebral de The Iron Lady y el principal aliciente a la hora de elegir la película para verla. El resto del elenco hace un más que eximio trabajo, acentuando la labor de Streep, con el siempre agradable de ver Jim Broadbent como el esposo de Margaret, y Alexandra Roach y Harry Lloyd como las versiones jóvenes de ambas también resultan un gran estímulo.

    Por más férrea y descomunal que este Meryl Streep, The Iron Lady sufre de un guión al que se le pasó de raya lo edulcorado del personaje histórico y una mezcolanza de escenas que pueden llegar a pesar en el espectador medio; el enfoque absoluto hacia el personaje de Margaret Thatcher afectó un poco al producto final, que se hubiera beneficiado de explorar los personajes cercanos a la Dama de Hierro. Aún así, es para lanzar laureles ante una portentosa y explosiva Streep: es su show absoluto.
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  • Al borde del abismo
    Un ex-policia (convertido en estafador) amenaza con saltar de la terraza de un hotel en el medio de Manhattan. Luego de escuchar los gritos de una mujer, un policía acude a la escena y deberá hacer todo lo posible para evitar que el hombre salte al vacío.

    Alejándose un poco de los papeles estereotipados del héroe americano que cimentó en Avatar, Clash of the Titans y Terminator Salvation, la nueva película del australiano Sam Worthington es un pequeño thriller decente que cumple con lo que a primera vista promete: una historia simple pero que al mismo tiempo cuenta con varias sorpresas en el guión para dejar al espectador al borde del asiento durante hora y media; creo, tiempo suficiente para sentirse satisfecho.

    Nada es lo que parece cuando Nick Cassidy se come su última cena y se sube a la cornisa del Hotel Roosevelt: el revuelo se arma en un parpadeo y la policía con él. Nick pide la asistencia exclusiva de una detective, recientemente caída en desgracia: el juego comienza. Explorar más en la historia de Man on a Ledge sería quitarle la gracia a la película, donde la trama tiene un ligero sabor conocido (visto en otra película con una situación extrema como Phone Booth, con Colin Farrell) y a la vez inusual: no sólo se trata de una película de suspenso, sino que al mejor estilo Ocean's Eleven hay un robo de por medio, hay sensores por todas partes y el tiempo se agota.

    Tanto el director Asger Leth como el guionista Pablo F. Fenjves son novatos en esto: el primero tan sólo tiene el documental Ghosts of Cité Soleil en su haber, mientras que Fenjves ha escrito un puñado de películas... directas a TV; suena feo al asunto, pero la dupla se encarga, el primero, de entregar un film lleno de momentos cargados de adrenalina y el segundo, de firmar un libreto que si bien no carece de huecos en la trama, son obviados en pos de un film narrativamente rápido que no gasta tiempo más que el necesario para dar un poco de forma a sus personajes.

    Dichos personajes estàn interpretados por un elenco solvente y eficaz: un correcto Worthington, una agradable Elizabeth Banks, un histriónico Jamie Bell y un oscuro e inesperado Ed Harris; tal vez el punto más excusable (y por demás tonto) es la aparición del pibón de turno, la latina Génesis Rodriguez, que cumple con el toque estúpido de todos los guionistas con respecto a la nacionalidad de un personaje: ponerlo a decir groserías en su idioma original. Sinceramente, no le veo el punto y, además, ya es chiste viejo.

    Man on a Ledge se trata de una película muy bien filmada, sencilla, con los suficientes giros en su trama para mantener a la audiencia expectante, y pasajes vertiginosos que serán la delicia de la platea.
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Hoyts