Rojo

Crítica de Santiago García - Leer Cine

En Rojo, una película con un gran potencial como policial, chocan registros, tonos y niveles de complejidad. Escenas que pueden ser cautivantes o misteriosas, quedan aplastadas cuando aparecen otras de un trazo grueso y una mediocridad como no se veía desde la década de los ochenta. Sería injusto ignorar los méritos que la película tiene, pero siendo tan despareja es imposible que sus puntos más flojos no terminen arrastrando al conjunto. La ambigüedad deja de serlo cuando uno descubre que aquello que no quedaba claro en el fondo está al mismo nivel que sus momentos grotescos de resolución bastante triste.

La historia transcurre en 1975, antes del Golpe militar que es inminente. Un plano inicial describe a personas llevándose objetos de una casa. No se dice nada. Luego viene una tensa escena en un restaurante. Es tensa porque no se sabe realmente que pasa, pero a medida que pasan los minutos se vuelve tan ridícula que pierde intensidad y se vuelve completamente inverosímil. Esto ocurrirá muchas veces a lo largo de la película. Hay algunas metáforas que dejarán sorprendidos a los espectadores, por su ridículo exceso de vulgaridad y falta de sutileza, y el andar siempre monótono y sin gracia del protagonista no ayudará mucho a que tampoco alguien pueda sentirse -para bien o para mal- cercano a lo que pasa en la historia.

Los hallazgos visuales de evocar la forma de filmar de aquellos años son lo mejor que la película tiene. Curiosamente, al combinarse con discursos obvios y subrayados varios, terminan creando la sensación de estar viendo una película mala de otra época. Es una pena, porque esos recursos estéticos, que son lo mejor que la película tiene y que hablan muy bien de su director, son los que terminan jugándole en contra. Estética de los setenta, bajadas de línea de los ochenta, todo mezclado para generar un híbrido que no aporta nada a las siempre presentes temáticas de aquellos convulsionados de Argentina, lugar común del cine nacional.