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Imagen del crítico Santiago García
Santiago García
  • Cantidad de críticas: 393
  • Promedio: 59%
  • Críticas favorables: 234/393 (60%)
  • Críticas desfavorables: 159/393 (40%)
  • Diferencia absoluta: 16%
  • Sinsajo - Parte 1
    Sinsajo - Parte 1
    Tiempo Argentino
    Larga, sólo por la codicia

    Las exitosas novelas de Suzanne Collins se convirtieron en la fuente inagotable del cine adolescente hasta el punto de que de un libro se hacen dos películas... y aburren.

    Los juegos del hambre nació como saga cinematográfica a partir del éxito de las novelas de Suzanne Collins. La autora creó una trilogía que, con bastante efectividad, proponía un acercamiento a los códigos de la ciencia ficción literaria con un toque de estilo más cercano al público adolescente. El resultado era bueno y las películas no se hicieron esperar. Así llegó Los juegos del hambre (2012), Los juegos del hambre: En llamas (2013) y se estrena ahora Los juegos del hambre: Sinsajo Parte 1. Y en esa "Parte 1" está el problema. Mientras que los otros dos films proponían varios temas interesantes y un entretenimiento genuino, acá todo se podría haber mantenido con el mismo nivel si no se hubiera dividido la tercera novela, Sinsajo, en dos películas. Sinsajo Parte 2 se estrenará en el año 2015. La trama debería haber llegado a su punto culminante en un tercer film, pero ahora habrá que esperar al cuarto. Ese gran personaje que es Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es ahora el rostro más reconocible contra el Capitolio, la líder natural de una revolución que está por iniciarse. Está claro que ese es el punto hacia el cual se ha dirigido la saga desde el comienzo y por eso debería haberse tratado del último film. Pero se ha vuelto una pésima costumbre –ya lo hicieron con las películas de Harry Potter y con las de Crepúsculo– que para poder ganar más plata antes de cerrar una franquicia, dividen a la última película en dos. Esta codicia podría ser olvidada si no se viera en la pantalla, pero lamentablemente se ve. Y se ve porque todo se alarga de forma absurda, las escenas claramente tienen una intención de relleno que afecta el ritmo de la película y el desarrollo fluido de las acciones. Por supuesto que todo aquello que esperamos de esta trilogía no se asoma hasta el final, lo que lejos de ser un alivio sólo aumenta el enojo con la decisión de dividir la película en dos. Además del gran trabajo de Jennifer Lawrence, sigue siendo un lujo el elenco que incluye a Donald Shuterland, Elizabeth Banks, Julianne Moore, Philip Seymour Hoffman y Woody Harrelson. Una buena saga momentáneamente arruinada por la codicia de los productores. La buena noticia es que Los juegos del hambre: Sinsajo Parte 2 probablemente tenga un gran desenlace. Los fanáticos han quedado atrapados por esta Parte 1, a los demás les aconsejo esperar a esa Parte 2.
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  • Minúsculos
    Minúsculos
    Tiempo Argentino
    La lucha animada por un preciado botín

    Una vaquita de San Antonio queda en el medio de una pelea entre hormigas negras y coloradas que buscan quedarse con los preciados restos de un picnic. Gran cuidado estético en la realización para un resultado débil.

    El cine de animación es, aunque a veces lo olvidemos, un género con posibilidades infinitas. Desde hace ya más de 20 años, la lucha por la taquilla en la animación ha sido feroz en Estados Unidos y a Disney y Pixar, le han salido a competir todos los grandes estudios con sus películas y sagas animadas.
    El mundo no se ha quedado atrás, y desde Japón (con Miyazaki a la cabeza pero con un universo de animé gigantesco) hasta la Argentina (desde García Ferré hasta Metegol), todos han logrado meter, aunque sea de forma aislada, algún éxito de calidad que se ganó su espacio en la historia del género. Minúsculos es una coproducción entre Francia y Bélgica basada en una serie de cortometrajes protagonizados por seres minúsculos, como también ocurre en la película. Estos cortos, breves, algunos más graciosos que otros, son simpáticos y la animación sin ser excepcional es fina y original. En la película el personaje principal es una vaquita de San Antonio que accidentalmente queda en medio de una batalla entre hormigas negras y hormigas rojas que se disputan el botín abandonado por una pareja que, de urgencia, deja atrás su pic nic. Sin diálogos, sólo con sonidos inventados para cada personaje, la película cuenta a través de las acciones todo lo que ocurre y es un mérito que la trama se entienda sin problemas. Es verdad que hay un riesgo y un desafío en eso, pero con eso sólo no alcanza. La película no le llega ni a la suela de los zapatos a, por ejemplo, Wall-E. Pero posiblemente lo peor es que aquellos gags ingeniosos que funcionaban en la serie, acá se alargan hasta que el refinamiento estético se vuelve lisa y llanamente aburrimiento. No es necesario decir que cualquier corto de Pixar hubiera resuelto la misma trama sin tener que estar ochenta y nueve minutos alargando los conflictos. No es necesario porque los creadores de Minúsculos también han sabido hacer dignos cortometrajes, muchos de los cuales se pueden y disfrutar en Internet. Queda demostrado que hacer cine de animación no es tan fácil como muchos pueden creer y también queda claro que además de preciosismo estético y originalidad se necesita mantener el interés en una historia que valga la pena contar. Algunos grandes momentos como el asedio al hormiguero como si fuera una batalla en la edad media sin duda son las cosas que se pueden rescatar de una película que nunca tendría que haberse alejado del formato de cortometraje que le dio origen.
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  • Elsa y Fred
    Elsa y Fred
    Leer Cine
    Pocas luces al atardecer

    Elsa & Fred fue un éxito de taquilla protagonizado por China Zorrilla en el 2005. Aquella película, lejos de ser una obra maestra, tenía cierta simpatía y la actuación de la protagonista era lo más interesante. China Zorrilla interpretaba a Elsa como si fuera una adolescente. El resultado era gracioso, aunque tampoco memorable. Pero algo de gancho había en esa historia de amor en la tercera edad y, créase o no, el guión terminó siendo vendido para realizar una remake. Una remake, recordemos, es cuando el guión de una película es tomado como base para volver a contar la misma historia. Así que acá estamos, con un Elsa y Fred hecho en Estados Unidos, nada menos que con dos leyendas: Shirley MacLaine y Christopher Plummer. El director es Michael Radford, el mismo de Il Postino. El problema, sin duda, es que la película es muy poco interesante, que todo es correcto pero a la vez demasiado pobre en ideas. Un programa de televisión berreta, eso parece. Las escenas están forzadas, la relación entre los protagonistas avanza a golpes malos de guión. Recién al final, cuando llega aquel clímax que el film argentino no podía sostener desde el presupuesto, acá la película hace la indiferencia. Pero aun así, no es fácil saber si eso le juega del todo a favor. Poco más queda para decir, salvo que acá el personaje de Fred tiene un buen peso y que Plummer consigue una gran diferencia entre el viejo apocado del comienzo y el galán que luego va surgiendo. No hay nada, absolutamente nada que justifique la visión de la película excepto el riesgo alocado de la escena final sin tanto pudor como la película Argentina y el carisma no del todo aprovechado de los protagonistas. Me niego rotundamente a entrar en el juego de decir cuál de las dos versiones es mejor. Y por favor, si sienten algún tipo de nostalgia por La dolce vita (muchas personas la sienten pero no les importa realmente la película) vean nuevamente el clásico de Federico Fellini, porque los homenajes no les hacen justicia ni de cerca. Algo más: Recemos porque la remake de El secreto de sus ojos sea más digna.
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  • Interestelar
    Interestelar
    Tiempo Argentino
    Ciencia ficción para la gran pantalla

    La nueva película de Christopher Nolan propone una buena historia con un guión poco pretencioso que evita los lugares comunes del género. Un elenco de grandes actores acompaña el objetivo narrativo del director.

    Nueve largometrajes le alcanzan a Christopher Nolan para estar instalado como uno de los grandes referentes del cine actual. Amado de forma incondicional pero también odiado, Nolan sin duda deja su marca en cada película que hace. Prestigioso por el original film noir Memento, pero realmente popular por su inolvidable trilogía de Batman El caballero de la noche, la obra de Nolan siempre ha suscitado fascinación, admiración y, porque no decirlo, una gran cantidad de parodias, en particular con su película El origen.
    Muchos films y directores de ciencia ficción pueden aparecer cuando uno ve Interestelar (Steven Spielberg, Stanley Kubrick, Robert Zemeckis, Alfonso Cuarón), pero para ser justo con Nolan, hay que dejar que la película hable por sí misma y no en comparación con otras. Sí, es ciencia ficción y sí, es ambiciosa. No tiene prácticamente nada de humor y la película propone una narración importante. La buena noticia es que el guión no es confuso ni pretende dejar significados abiertos o de dudosa profundidad. También evita varios lugares comunes del género.
    La película está ambientada en un mundo cuyo cambio climático amenaza definitivamente con terminar con la humanidad. El protagonista vive en el campo con su hija, su hijo y su suegro. Ser agricultores es lo único que parece posible como trabajo, pero el único cultivo posible que queda es el maíz, y aun este parece tener los días contados. No parece haber esperanzas para la humanidad, hasta que la hija del protagonista lleva a su padre hasta las coordenadas que parecen haberle dictados unos seres misteriosos. Una nueva aventura a través del espacio parece ser la última chance para el mundo.
    Sería injusto con el espectador anticipar más cosas de la trama, pero si hay que destacar que Nolan prefiere la narración a cualquier otra tentación y que sostiene con muy buena mano todo el relato, lleno de misterio y suspenso.
    Los actores son un lujo, Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, John Lithgow son un elenco importante de verdad, algo que también le ha importado siempre a Nolan. Sí, la película no es post moderna ni auto paródica, pero eso no debería ser considerado un defecto, al contrario.La habilidad de narrador del director queda evidente en cada escena y por supuesto que el largometraje está llena de escenas deslumbrantes. Si hay que ver películas en el cine para apreciarlas en toda su magnitud, sin duda Interestelar es una de las que nació para la pantalla grande.
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  • Boyhood - Momentos de una vida
    Esculpir en el tiempo


    Marguerite Yourcenar escribió un libro de ensayos llamado El tiempo, gran escultor, esa idea del tiempo vino a mi mente cuando miraba Boyhood de Richard Linklater. El tiempo todo lo cambia, todo lo modifica. Erosiona sueños, cuerpos, ideas. Pero el tiempo también permite el crecimiento, la belleza, la evolución de las ideas, los cuerpos y los sueños. El tiempo no es ni bueno ni malo, es inevitable. El tiempo va a pasar, nos guste o no. Muchas películas hablan sobre el tiempo y las características que aquí menciono, pero Boyhood las muestra. El protagonista tiene siete años cuando empieza la película y dieciocho cuando termina el relato. No solo lo dice el guión, realmente es así. Y el director busca conectarnos con esa evidencia irrefutable del paso del tiempo. Claro que al ser un niño, el protagonista crece, su cuerpo infantil se transforma en un cuerpo adolescente. No es un efecto de maquillaje, es el actor.

    Linklater distribuyó los casi cuarenta días de rodaje a lo largo de once años, contando cada vez una parte del guión. No solo crece el protagonista, también crece su hermana y envejecen sus padres. Y no soy inocente al trocar la palabra crecer por envejecer, porque detrás de la enorme belleza y emoción de ver crecer un niño, subyace la inequívoca certeza de que se crece y se envejece a la vez. Los padres son la prueba de esto. Mason (Ellar Coltrane, en una actuación tan relajada como memorable) no traiciona sus ideas ni ve frustrados sus sueños como ocurre con sus padres. Los padres son la contracara oscura de ese paso del tiempo. Pero atención, lo que prima en el relato es la emoción, más que la amargura. En la película esa emoción va en aumento hasta llegar a un final apoteótico, de una belleza y una sabiduría digna de la maestría del director de la película.

    Sí, claro que la melancolía está presente, como suele estarlo en Richard Linklater. Linklater ya reflexionó sobre el tiempo en Despertando a la vida y por supuesto en la trilogía de Antes del amanecer tres películas separadas por nueve años entre sí. Pero en Boyhood el trabajo es diferente. El guión tiene una fluidez asombrosa y con una pericia que jamás se vuelve llamativa o pretenciosa, se suceden esos años de forma natural, sin saltos ni grandes golpes dramáticos. Tampoco hay grandes saltos temporales ni elipsis narrativas pretenciosas. Con una buena construcción narrativa y confiando en los actores, Linklater narra de forma naturalista una proeza cinematográfica única. Ese es el verdadero encanto de la película. El tiempo pasa, nada más, nada menos. Si el tiempo esculpe todo en el mundo, incluyendo a las personas, el cine abre la puerta para que el artista esculpa en el tiempo. La genialidad de esta obra maestra consiste en este doble juego. Linklater es un gran escultor.
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  • Pelo malo
    Pelo malo
    Tiempo Argentino
    La búsqueda de la identidad

    Realizado en Venezuela, en coproducción con Argentina, Perú y Alemania, es la historia de un niño de nueve años que está obsesionado con alisarse el cabello como su cantante ídolo.

    Pelo malo llega a su humilde estreno en Argentina con muchos festivales sobre sus espaldas, y estreno en varios otros países del mundo. Premiada en muchas competencias, la película dirigida por Mariana Rondón fue realizada en Venezuela, en coproducción con Argentina, Perú y Alemania. Cuenta la historia de Junior, un niño de nueve años que está obsesionado con alisarse el cabello para tenerlo como un cantante al que admira. Pero esto despierta todos los fantasmas homofóbicos de su madre Marta, que teme que sea una señal de la homosexualidad del pequeño.
    Ambos viven en un muy humilde monoblock en Caracas, Marta es viuda y está desempleada, además de tener que cuidar a una bebé, no sólo a Junior. Junior y su amiga sueñan, la niña con ser una Miss, y el niño con parecerse al cantante del pelo liso. Sueñan en un entorno hostil, duro, gris.
    El "pelo malo" del protagonista es sólo la excusa a partir de la cual la directora arma un relato que describe una sociedad, un entorno que intenta reprimir una conducta diferente a lo que las reglas sociales indican como correctas. La pelea por ese pelo es la pelea por la libertad y la identidad.
    Pero esta película, que se parece a otras docenas de películas que se hacen en Latinoamérica, repite todos los nuevos lugares comunes de lo que se supone deben hacer los países del Tercer Mundo. Una estética que se repite en tantas películas que se convierte en un lugar común, tan adocenado como el del más estándar cine comercial.
    Pelo malo no carece de virtudes, pero es poco lo que cuenta, y pierde demasiado tiempo en apuntes que no ayudan a la fluidez del relato, hasta que recién al final recupera algo de fuerza y obtiene los primeros momentos de emoción.
    Capítulo aparte merecería toda la polémica surgida alrededor de la película, no sólo por el tema, sino por su relación con la política de Venezuela. El protagonista no quiere parecerse a esos adolescentes de pelo rapado que, rifle en mano, representan a su patria de forma oficial. Muchas lecturas se han hecho y se harán, pero para ser justos con el film, las lecturas que se pueden hacer de la película son universales y trascienden en contexto. Sólo es de lamentar la falta de originalidad estética y un estancamiento en el relato que sólo con mucha indulgencia puede pasarse por alto. Con el furor latinoamericano que actualmente despierta 7 cajas, tal vez Pelo malo sea un éxito. Pero no podría haber dos películas más opuestas.
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  • Cantinflas
    Cantinflas
    Tiempo Argentino
    El sueño mexicano del cine

    La película es una impecable invitación para investigar en la vida de uno de los actores más importantes de ese país. Una destacable actuación de Óscar Jaeneda.

    Mario Moreno nació en la Ciudad de México en 1911 y murió en la misma ciudad en 1993. Fue el cómico más popular de su país y probablemente de toda Latinoamérica. El mundo lo conoció como Cantinflas y su extensa y prolífica carrera forma parte de la historia grande del cine. En esta época en la cual el biopic está tan de moda, no es raro que el cine mexicano decidiera apostar a una biografía de su cómico más querido. El enorme éxito de taquilla en su país confirma que la figura de Cantinflas se mantiene vigente. México, incluso, la envía al Oscar para la selección de los films nominados a mejor película extranjera.
    Como un film biográfico de manual, Cantinflas combina dos momentos de su vida, sus comienzos, desde antes de llamarse Cantinflas hasta el proyecto más conocido a nivel mundial en el que participó: La vuelta al mundo en ochenta días. El arranque de la película es veloz y el interés por conocer más de la vida de Mario Moreno, lo vuelve más apasionante. Pero la energía inicial se va apagando o va cambiando, cuando el director decide que la superproducción sobre el libro de Julio Verne se convierta en el eje central de la obra.
    Sin saberlo, o tal vez a propósito, la película juega mucho con la situación de varios actores en el cine mexicano. Popularidad en su país de origen, pero el deseo final de llegar a Hollywood. Como si acaso el actor en una película americana fuera el máximo objetivo de aquellos que hacen cine en México. Tal vez lo sea para el director, tal vez por eso México mande esta película al Oscar, en un claro gesto demagógico. Pero más allá de la lectura, está claro que en Cantinflas conviven dos películas. Ambas son interesantes, pero se anulan mutuamente. Comparemos con la reciente El sueño de Walt, donde en lugar de contar la vida entera de Walt Disney y la autora de Mary Poppins, se elige sólo contar el momento en el que ambos se reúnen en un film. Es interesante la historia de La vuelta al mundo en ochenta días y la lucha de su productor, Michael Todd, por conseguir llevar adelante semejante proyecto. Pero esa es otra película, muy diferente a la vida de Cantinflas.
    Para quienes no conocen a Mario Moreno, esta película tal vez sea una invitación a investigar más sobre su interesante historia. Como era de esperar, Óscar Jaenada, en el rol protagónico, realiza una actuación impecable, digna de destacarse. Caeré en el lugar común y para hablar sobre su gran actuación tan sólo diré: Ahí está el detalle.
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  • Annabelle
    Annabelle
    Tiempo Argentino
    El regreso de una muñeca maldita

    Con las mismas herramientas de siempre, la película profundiza la estética del cine de terror. Su director, John Leonetti logra mantener el suspenso y provocar miedo en los espectadores sin sangre pero con inteligencia.

    Annabelle no viene sola. El cine de terror es el cine en el que con más énfasis se han realizado y multiplicado las secuelas. Desde la década del treinta, con los clásicos monstruos de la Universal hasta la actualidad, el cine de terror ha vuelto sobre sus personajes una y otra vez.
    En el año 2013 una obra maestra del cine de terror llegó a las pantallas de todo el mundo. Se llamaba El conjuro (The Conjuring) y su director era James Wan, un experto en cine de terror, creador de la saga de El juego del miedo. El conjuro era un film de terror poseedor de un estilo fuera de moda, filmada con recursos de la década del cuarenta, como los films de la RKO. Gran utilización del fuera de cuadro, suspenso, puertas que rechinaban y efectos especiales que no intentaban apoderarse de la historia para convertirla en un show de post producción.
    La película demostró que con inteligencia y un refinado trabajo de dirección, se puede asustar y mucho a los espectadores, aun a los que están más acostumbrados al género. No podían quedarse en un solo film.
    Annabelle es una precuela de aquel film, que narra los hechos anteriores al comienzo de aquella historia y tomando como centro a la figura de la muñeca. Una pareja que espera familia compra la muñeca y la lleva a la casa para formar parte de la colección que tienen. Durante el embarazo ocurre un incidente con un culto satánico que parece dejar una secuela siniestra en Annabelle. El embarazo quedará a partir de ese momento bajo amenaza de una fuerza desconocida que parece querer quedarse con el bebé. Nada más se puede adelantar sobre la trama, el resto se develará poco a poco, siempre con la muñeca como figura ominosa y escalofriante.
    Annabelle es leal al estilo visual de El conjuro aun cuando no logre alcanzar su nivel. Pero no se produce un cambio estético notorio y las herramientas para asustar son las mismas. El temor a que un bebé esté en peligro es más que suficiente para que el espectador esté inquieto y algunos momentos muy inspirados producen una tensión que no permite la indiferencia. Los efectos especiales son pocos y los que aparecen tienden a ser utilizados de forma muy realista, lo que sin duda aumenta mucho más el terror.
    Menos sangre, más miedo, esa es la fórmula. Mientras tanto, ya se anunció El conjuro 2, dirigida por James Wan. Habrá que esperar ansiosos, porque por ahora, las historias y las películas son buenas. Eso sí, si tienen una muñeca en sus casas, seguro está noche dormirá afuera. No lo tomen a la ligera.
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  • Un amor en tiempo de selfies
    DRAMA Y PATETISMO CON DISFRAZ DE COMEDIA ROMÁNTICA

    Es un lugar común creer que hacer comedias románticas es algo fácil. Tal vez por eso el cine argentino se ha volcado en los últimos años a probar suerte en este tan taquillero género. En un principio Un amor en los tiempos de selfies parecía ser parte de esta tendencia. Así arranca y así lo sugería el título del film. Lucas es un cómico stand up y profesor de teatro. Guadalupe es una ejecutiva que toma clases con él para poder aprender a hablar en público. Son diferentes, pero todo indica, como ocurre en las comedias románticas, que se van a enamorar. Los lugares comunes se suceden, no por el género, sino por la forma en que se describen los personajes. Sin embargo aquello que arranca como una comedia romántica se transforma con el correr de los minutos en otra cosa, más dramática, y el protagonismo se va inclinando hacia Lucas, demostrando una vez más que en el cine argentino aun hoy cuesta hacer un cine sobre pareja que no esté centrado en el protagonismo masculino. Los personajes son distintos, pero el conflicto y las diferencias no los vuelven graciosos ni simpáticos, al contrario. Poco a poco, escena tras escena, tanto Lucas como Guadalupe se van transformando en personajes poco agradables. Lucas en particular termina siendo agresivo y maleducado de una manera inesperadamente violenta. Un amor en los tiempos de selfies no es una comedia romántica, está claro. Tampoco es un buen drama, por lo que queda entre dos géneros, generando poca empatía y desembocando en un final cuyo patetismo está tanto dentro como fuera de la trama de la historia. Algunos leves chispazos de humor apena disimulan una película muy difícil de sobrellevar, cuya intención de seriedad la vuelve peor que su ligereza inicial. La comedia no logra nunca encontrar el tono pero cuando aparece el drama se extraña esa comedia fallida inicial. Un único detalle interesante pero que lamentablemente está desperdiciado: la incidencia de las redes sociales en los vínculos humanos actuales. Muy poco para esta película que no cumple ni con la comedia ni con el drama.
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  • El escarabajo de oro
    Una de piratas

    “Construir máquinas de ficción que se emancipen de su origen, que se echan a andar de manera incontrolable”
    Mariano Llinás


    Una adaptación de El escarabajo de oro de Edgar Allan Poe. Hecha en Argentina en el año 2014. Si la película fuera solo eso, sería ya una rareza en el cine argentino. Pero no es solo eso, también es una relectura de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, desde el punto de vista de los piratas. Y bastan los primeros minutos –los títulos- para saber que no son esas las dos únicas fuentes del relato. También hay textos de Leandro N. Alem y Victoria Benedictsson, cosa inexplicable en teoría, pero que tienen absoluta justificación en la trama. La película juega, como en otros films de El Pampero Cine dirigidos por Mariano Llinás (acá guionista), con la voz en off. No una, sino varias, en diferentes idiomas, tiempos y estilos. Contar historias, de eso se trata, contar y no parar de contar historias. A los nombres ya citados, y con el único fin de armarle un árbol genealógico, hay que sumarle la comedia alocada de Ernst Lubitsch, Jean Renoir y Luis García Berlanga, hayan sido influencias directas o no de esta película. También el espíritu de la literatura de Jorge Luis Borges se reconoce en la forma de jugar con la historias, en la frondosa cantidad de referencias y en la forma en que lo real y lo apócrifo se mezclan sin poder identificar cual es cual.

    La historia es la de un equipo de rodaje que trabaja en una coproducción con una directora danesa acerca de la vida de una escritora sueca pionera del feminismo. Al mejor estilo Hawks, la película arranca ya con el conflicto avanzado. Un actor amigo de los realizadores llega con la noticia de un tesoro escondido en Misiones. En pocos minutos empiezan a alterar todo el plan de rodaje para conseguir hacerse de ese tesoro. Como la película está basada la más famosa de las novelas de piratas, no es raro que el tono irreverente y algo melancólico del libro se extienda al relato. Las historias de piratas son cómicas, son farsas, y El escarabajo de oro es en ese aspecto una verdadera historia de piratas. También estamos frente a un caso de cine dentro del cine. La forma en que el plan de rodaje cambia y se encamina en nuevas direcciones, respira el mismo aire de libertad que la propia realización de la película tiene. Imposible no disfrutar de tanto cine.

    Una banda de sonido también fuera de serie, responsabilidad de Gabriel Chwojnik, aumenta la euforia desde el comienzo de la película, colocando al espectador en ese clima que es muy difícil encontrar en el cine contemporáneo, destinado en muchos casos al espectáculo vacío o al minimalismo también vacío de interés o encanto alguno. Como Relatos salvajes, el film más taquillero del cine argentino actual, El escarabajo de oro se arriesga, apuesta, cuenta algo, desea sorprender al espectador. No es tan común en el cine independiente –realmente independiente es El escarabajo de oro, tanto que ni pasó por el INCAA- que alguien ponga tanto énfasis en el relato, en el entretenimiento, en un espíritu folletinesco y rocambolesco que parece destinado solo al mejor cine popular, como lo fue antes para la literatura popular del siglo XIX. No hay que reclamarle nada a las demás películas, cada uno hace el cine que quiere. El que más me gusta a mí es el que hacen en la película acá analizada. Sin embargo no se puede decir que existan muchas películas como estas. Es más bien el espíritu, la diversión y los referentes culturales que han tomado lo que hace que a mí me gusta. Pero no sabía que se podía hacer una película como esta, sin duda hay una enorme modernidad en la forma que eligen para contar esta historia tan de otra época. No hay que contar toda la trama, le deseo al espectador que se sorprenda como yo me sorprendí. Lo quiera o no, esto va a ocurrir de todas maneras. Nunca se sabe que ocurrirá en la próxima escena. Es más que no saber lo que ocurrirá. El espectador no puede saber en qué lugar transcurrirá la siguiente escena, ni tampoco en que siglo va a transcurrir en incluso no hay manera de adivinar en qué idioma estará hablada la siguiente escena. Una maravilla, una caja de llena de sorpresas que no paran de asomar en cada momento.

    De todo hay en la película, por decirlo de manera simple. Hasta hay algún homenaje a Mouchette de Robert Bresson suelto por algún lugar de la película. ¿Cuántas cosas habrá en El escarabajo de oro que el espectador no descubrirá? Imposible saber, pero justamente ahí radica su encanto. Esa sensación de exceso, de inagotable fuente de ideas que aparecen en el film, es uno de los motivos por los cuales El escarabajo de oro transmite una enorme alegría. No existe una única forma de hacer cine, esto es más que obvio, pero al ver esta película uno siente que en el cine debería habitar siempre esta convicción para contar historias. Fuera del circuito comercial convencional, pero con aires de cine de culto, El escarabajo de oro no es una gran noticia para el cine argentino, es una gran noticia para el cine en general. No solo el arte de narrar está vivo, también lo está la comedia, la aventura del siglo XIX y el deseo de mantener en vilo al espectador de una punta a otra de una historia.
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  • El libro de la vida
    La muerte es una fiesta

    Un grupo de niños rebeldes llega a un museo donde una misteriosa guía los conduce hacia una visita no oficial por las instalaciones. Ella les habla de El libro de la vida y les cuenta la historia de dos niños y una niña mexicanos, y los eventos ocurridos en torno al Día de los muertos. El relato describe el mundo de los vivos, pero también describe dos lugares pertenecientes a los muertos: la Tierra de los recordados, y la Tierra de los olvidados. Este film de animación producido por Guillermo del Toro (El laberinto del fauno) y dirigido por Jorge R. Gutierrez es una de las grandes sorpresas del año. O tal vez no sea tan sorpresivo, porque Guillermo del Toro tiene una filmografía original, llena de ideas y con un imaginario visual más que interesante. Aunque a priori un espectador puede imaginar el film le debe algo a los films de animación creados por Tim Burton, en particular El cadáver de la novia, lo cierto es que Del Toro no le debe nada a nadie. Desde el comienzo queda claro que los dibujos son diferentes a todo lo que solemos ver dentro del cine industrial, que hay un minucioso trabajo de una gran belleza y que la excusa del Día de los muertos dará pie a muchas imágenes memorables. Hacía mucho tiempo que el cine de animación de alto presupuesto no ofrecía una combinación tan brillante de elementos. La película es muy pero muy divertida, tiene un ritmo ajustado y veloz y el humor funciona de manera exacta, con excelentes chistes y gags. A pesar de algunos momentos dramáticos, la película nunca se vuelve siniestra o angustiante. El clima de fiesta del Día de los muertos tiñe de un tono festivo todo el relato. En ese aspecto, el mayor temor que aparece en El libro de la vida es el de ser olvidado, no el de morirse. Mientras alguien es recordado por sus seres queridos, no hay de qué preocuparse. La tarea de los vivos no es llorar, sino recordar. Lejos de la tragedia, la muerte acá es mostrada de una manera mucho más tranquilizadora, sin mentiras ni promesas religiosas. Los personajes –protagonistas del relato que cuenta la guía del museo- están hechos a partir de las figuras tradicionales que se realizan para el Día de los muertos lo que sin duda le aporta gran belleza a toda la película. Si algo destaca a El libro de la vida es la belleza y el color de cada escenario. No faltan los personajes tradicionales de la festividad y cada escena es un despliegue inusual de imaginación visual. Un poco de modernización cultural y algunos intentos de acercarse a la cultura actual, completan la deslumbrante propuesta de la película. La suma de inteligencia, entretenimiento, humor y alegría de la película, la convierten por lejos en la película de animación del año, y una de las interesantes que se hayan visto en el cine actual.
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  • El juez
    El juez
    Tiempo Argentino
    Grandes actores en lugares comunes

    Robert Duvall y Robert Downey Jr. como padre e hijo sostienen esta endeble trama sobre una mala relación filial, que se asemeja más a un drama de telefilm que a una obra cinematográfica. De juicio y policial, poco y nada.

    l exitoso y cínico abogado Hank Palmer (Robert Downey Jr.) vuelve al pueblo de su infancia cuando muere su madre. Allí se reencuentra con su padre, el juez Joseph Palmer (Robert Duvall), con quien Hank nunca tuvo una buena relación. Pero cuando el juez es acusado de homicidio por atropellar intencionalmente a alguien, será su hijo quien tomará el caso como defensor. Esto es el punto de partida tanto para el caso policial y el clásico film de juicios, así como también para una muy trillada historia de padre e hijo con una mala relación. Quienes estén esperando que la balanza se incline finalmente por un film de juicio, atrapante de punta a punta, no busquen aquí. La película apuesta más al drama familiar que al policial. Y el relato no logra tampoco conducirse de forma interesante, las escenas tienen un timing que las vuelve largas y eso se ve en la injustificable duración de más de dos horas que la película tiene. Se trata más de un drama de telefilm que de un gran relato cinematográfico para ver en la pantalla grande, con pocas novedades genuinas para ofrecer. No todo está perdido, claro, en El juez, porque el guión y el director no son los únicos responsables de esta película. Por suerte, en este caso, están los actores. Todo lo que sostiene este pobre guión es la grandeza de un elenco más que sólido. Justamente, los dos protagonistas, Robert Downey Jr. y Robert Duvall, son famosos por actuar dándolo todo aun en películas menores. La versatilidad y el oficio de ambos se nota claramente, lo mismo para Vincent D'Onofrio, Vera Farmiga y Billy Bob Thornton. Es interesante como al estar frente a actores tan carismáticos se hace más llevadera cualquier historia. Downey brilla con ese humor tan particular en las primeras escenas, donde demuestra porque es una de las grandes estrellas del cine actual y Duvall logra emocionar en algunas situaciones que su talento de veterano sabio construye. Aun así, y mal que nos pese, hay muchos momentos en la película en los cuales ni con los dos protagonistas se logra convencer. El desparejo director, David Dobkin, responsable de Los rompebodas, Shangai Kid en Londres, Si fueras yo y Fred Claus, entre otras películas no es de los más sólidos representantes del cine americano actual, y aquí demuestra nuevamente que sus cintas no superan la medianía o directamente fallan. Por eso, si de actores se trata, no son pocas las películas que Downey Jr. y Duvall han hecho, muchas de ellas son preferibles antes que El juez y son fáciles de conseguir.
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  • Magia a la luz de la luna
    La coherencia de un artista

    Woody Allen empezó a filmar cuando terminaba la década del 60. A sus comienzos de comedia pura le siguió su etapa más ambiciosa, aquella que se desarrolló entre 1977 y 1989, es decir entre Annie Hall y Crímenes y pecados. Luego de aquellos años, su vida cambió, su cine cambió, su público cautivo se fue alejando y el cine en general también cambió. Desde hace ya más de veinte años, que no existe unanimidad acerca de cuáles son las mejores o peores películas de estas dos décadas del cine de Woody Allen. Pero acá, en su película número cuarenta y siete, Allen sigue cumpliendo sin pausa con su film anual. Y filma tan seguido porque le gusta y porque puede hacerlo, lo que seguramente afecta, a esta altura de su carrera, la calidad de su cine. Sin embargo, es lo que le gusta hacer a Allen. Y es justo recordar que no hay muchos directores de la historia del cine que se hayan mantenido independientes y a la vez leales a sí mismos durante tantos años. Woody Allen jamás se traicionó, nunca buscó ser algo diferente de lo que es. Esa coherencia no es necesariamente señal de buen cine, pero en Woody Allen sí es algo a destacar. Magia a la luz de la luna es uno de esos films del director que no están llamados a ser tomados particularmente en serio. No lleva desde su confección, el aura de obra importante como lo han sido –más allá de lo que nos parezcan- Match Point o Blue Jasmine, dos obras que el propio Woody Allen buscó que se volvieran importantes. Tampoco el encanto protector de Medianoche en Paris cuya adorable indulgencia la convirtió en la más taquillera de las películas de Woody en toda su carrera. Magia a la luz de la luna recuerda se parece, en algunos aspectos, a La maldición del escorpión de Jade, un film que pasó sin pena ni gloria por la carrera del director. Es como aquel film pero con un espíritu más romántico.

    Stanley (Colin Firth) es un mago que aunque es inglés, en sus shows se disfraza de mago chino. Es un profesional maniático y brutal, cuya sinceridad es inversamente proporcional a su diplomacia. Enemigo de quienes dicen que existe verdadera magia en el mundo o elementos extrasensoriales o vida más allá de la muerte, Stanley se dedica a desenmascarar a quienes dicen tener poderers capaces de conectarse con los muertos. Cuando su viejo amigo Howard le pide ayuda para que exponga la falsedad de una médium que amenaza quedarse con la fortuna de una familia millonaria, Stanley acepta el desafío. Pero al conocer a Sophie Baker (Emma Stone), el encanto que ella tiene y la inquietante certeza de sus adivinaciones, empieza a complicar el mundo de certezas de Stanley.

    Allen no realizada acá un trabajo particularmente inspirado con la puesta en escena. Claramente para mantener el ritmo de una película al año, muchas veces Woody Allen se dedica a filmar con oficio y prolijidad, sus guiones. Lejos está la sofisticación de la década del ochenta. Pero para compensar este trabajo eficiente pero sin particular brillo, Allen aprovecha que la historia transcurre en 1928 para deslumbrarnos con un vestuario y una dirección de arte impecables. También los escenarios naturales ayudan a la belleza de la película en su totalidad y, nada sorpresivo, la banda de sonido es particularmente hermosa. El detalle de lujo: en las pocas escenas en Berlín que la película tiene, Ute Lemper interpreta a una cantante de cabaret idéntica a Marlene Dietrich.

    La magia siempre ha sido un tema que fascinó a Woody Allen. No son una, ni dos, sino muchas más las películas donde lo mágico o el más allá aparecen dentro de la trama. Pero esta ha sido la fascinación de alguien que no cree en esas cosas. No hay dios en el mundo de Woody Allen tampoco, y eso no ha cambiado con el correr de las décadas. Acá Stanley, adorablemente sincero y brutal, es un alter ego del director, palabra por palabra, acción por acción. Su personaje es el mismo personaje de hace cuarenta años, no ha cambiado. Lo que ha cambiado es el mundo, el cine, la corrección política. Es muy difícil no querer al misántropo Stanley, aun cuando por momentos sea un retrato exagerado. La pregunta es ¿Estará Stanley equivocado finalmente? Todo indica que sí. ¿Pero cómo es esto posible? Al parecer Woody Allen dice que queda un espacio para la irracionalidad. Un espacio que no es magia, ni dios, ni visitas del más allá. Ese espacio es el amor, esa cosa inexplicable que ha fascinado a Allen desde el comienzo y que lo sigue fascinando hasta la actualidad.
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  • Drácula
    Drácula
    Tiempo Argentino
    Sangre de sabor amargo

    Cuando Bram Stoker escribió su gran novela Drácula en 1897 no se pudo imaginar que ese fenómeno naciente llamado cine la iba a convertir en uno de los textos preferidos de las adaptaciones de todos los tiempos. Cientos de películas, del Nosferatu de Murnau al Drácula de Coppola, pasando por el incomparable Bela Lugosi y el gran Christopher Lee, han ilustrado en imágenes al doblemente inmortal personaje. Pero también se supo que Stoker se inspiró en la figura de Vlad Tepes (el empalador) el príncipe de Valaquia famoso por mandar a empalar a decenas de miles. La película Drácula (2014) busca conectar al personaje histórico con la leyenda del vampiro. Pero al hacerlo se encuentra con toda clase de problemas, sin duda. En primer lugar la fuerza del mito vampírico se encuentra, desde Stoker en adelante, en la carga sexual que subyace en todo el relato y su enfrentamiento con la doble moral de una sociedad, cualquiera sea. Pero la historia de Vlad es la historia de un líder que condenó a una muerte cruel a un número gigantesco de enemigos. La película no necesitaba ser leal a Bram Stoker, claro, pero no es sencillo identificarse con el sufrimiento de alguien capaz de cometer semejantes actos sangrientos. "Al empalar a un pueblo entero, salvé a diez más", dice el personaje, complicando bastante las cosas. Sí, el personaje sufre, sí, hay villanos, y sí, también surge el vampirismo, pero las contradicciones son muchas y se notan.
    La mezcla en un solo relato que aquí se hace entre Vlad y Drácula no suma, sino que resta y desarma cualquier interés.
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  • Alexander y un día terrible, horrible, malo... ¡Muy malo!
    Comedia con moralina y poco brillo

    Un niño arranca una jornada desoladora mientras sus padres viven una rutina sin padecimientos y sin enterarse del malestar del pequeño. En su cumpleaños número 12 Alexander pedirá un deseo que modificará la vida familiar.

    Un famoso cuento infantil es la inspiración para Alexander y un día terrible, horrible, malo... ¡Muy malo! Ya se había adaptado en 1988, una versión más larga en 1990 –animada y musical– y hasta el argentino Alejandro Chomski hizo un cortometraje con actores en 1997 basado en el texto de Judith Viorst. Ahora ha llegado el turno de la producción de Hollywood mainstream, con elenco importante y presupuesto importante. No está Disney lejos de las ideas del film y no es la primera vez que una de sus comedias familiares toca esta clase de situaciones absurdas.
    Como en el cuento, Alexander arranca su día con el chicle pegado en el pelo y de ahí en más continúa hasta convertirse en el peor día de su vida. En paralelo, su familia parece vivir una vida perfecta, sin problemas, llena de triunfos. Entonces Alexander, en su cumpleaños 12, desea que su familia, algo indiferente a su sufrimiento, pase por la misma experiencia terrible, horrible y mala que él ha experimentado. El elemento mágico, tan caro al cine familiar de Disney, dispara el nudo de comedia y diversión, como ocurría, por ejemplo, en las dos versiones de Un viernes de locos (Freaky Friday), uno de los grandes clásicos producidos por el estudio. Así es que el padre (Steve Carell), la madre (Jennifer Garner) y el resto de la familia sufrirán todo tipo de calamidades. Steve Carell, extraordinario comediante, sólo consigue desplegar una parte de su talento para la comedia absurda. Si pensamos en su fantástico papel en las películas de Anchorman, acá queda algo opacado, obligado a cumplir con la comedia familiar, como le ocurrió en su momento a Steve Martin, Jim Carrey o Adam Sandler. Aun así, no son pocos los momentos graciosos y aun dentro de la rutina la película consigue, en algún momento, tomar un buen ritmo, sobre todo cuando todo parece entrar en un caso sin remedio. En algún momento, claro, sólo en algún momento. Pero Alexander y un día terrible, horrible, malo... ¡Muy malo! tiene otro objetivo y ese otro objetivo finalmente aflora. Es inevitable que la película busque y encuentre su camino hacia el orden y la bajada de línea. La lección final que en los libros infantiles puede funcionar, en el cine detiene todas las acciones y afecta el ritmo general de la película. No se pretende que una comedia infantil no tenga un final tranquilizador, pero la verdad es que en este caso eso termina de arrebatarle a la película eso que parecía elevarla aunque fuera un poco de las limitaciones de esta clase de cine.
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  • Perdida
    Perdida
    Leer Cine
    Screwball comedy del infierno

    Perdida es una película ambiciosa dirigida por un director ambicioso. David Fincher tiene una filmografía venerada por muchos y despreciada por otros tantos. A veces, cuando decide hacer un juego de perfil bajo, consigue grandes películas. Pero en otras ocasiones, cuando se enreda en su estilo pretencioso y sentencioso, puede tener un traspié. Perdida (título local para Gone Girl) es una película con indudable ambición y con elementos de alto riesgo cinematográfico. La historia que cuenta se va torciendo lentamente (o no tanto, por momentos) para que aquello que comenzó siendo un drama policial, pase a ser un film de suspenso y más tarde una comedia. No es anticipar la trama esto, porque la mayoría de los espectadores no registre claramente este giro y lo vea simplemente como un mamarracho. No lo es, que quede claro, pero sí debe decirse que tan arriesgados cambios de género pueden producir genuino rechazo.

    Nick Dunne vuelve a su casa y descubre que su esposa Amy ha desaparecido. No hay explicación para la desaparición y no se sabe si es un secuestro o un homicidio. No hay noticas de Amy y poco a poco el marido sufriente se transforma en el principal sospechoso. La historia comienza a torcerse y mediante el diario de Amy, vamos descubriendo como era la historia previa del matrimonio. Pero la historia se sigue torciendo, intentando jugar con los puntos de vista y con la información que el espectador recibe. Le lleva su tiempo avanzar y es mérito de Ben Affleck que la historia mantenga siempre el interés. Pero claro, queda mucha película todavía y habrá más revelaciones. Avanzar sobre las mismas sería contar la trama. Pero la película busca dar una vuelta osada y no lo consigue.

    Como si fuera una screwball comedy trágica, Perdida, es una historia sobre el matrimonio. No es una comedia, pero el humor comienza a apropiarse de la trama. Que no piense el espectador que está loco si siente el deseo de reírse. Es intencional. El tema central es el matrimonio. La pareja. Una amarga y sórdida mirada sobre lo que significa el matrimonio. No es un análisis construido de forma realista, todo lo contrario. Con el policial sobrio al comienzo y con un estilo más Brian De Palma en el la última parte, la película conserva su tema pero falla en la transición. Y falla porque los actores –todos excepto Affleck- se vuelcan a la más ridícula sobreactuación. Neil Patrick Harris hace algo incomprensible, que ni en Saturday Night Live podría tener sentido y Rosamund Pike, soñando con un Oscar, muestra que cuando el director no sabe cómo hacer su trabajo los actores son un verdadero peligro. Aun sin negar lo loable del ambicioso relato, hay que decir que Fincher no consigue el objetivo buscado. Aunque sus admiradores sean incondicionales, la película es demasiado forzada, incluso para ellos.
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  • ¿Puede una canción de amor salvar tu vida?
    Para disfrutar y seguir cantando

    La película de John Carney, con un amable tono agridulce, narra la historia de un productor discográfico (Ruffalo), en plena crisis personal, que conoce a una talentosa cantante que le devuelve el entusiasmo hacia su profesión.

    Hace unos años el director de origen irlandés, John Carney, sorprendió con un bellísimo y singular film musical de perfil bajo llamado Once –una vez– que se convirtió en un film de culto dentro del cine independiente y llegó a conseguir el Oscar a mejor canción con "Falling Slowly", parte de su banda de sonido. Carney no saltó de inmediato a Estados Unidos, pero en 2013 realizó esta película cuyo título original era Can a Song Save Your Life?, título que luego cambió por Begin Again, aunque en Argentina se decidió mantener algo parecido al original. Acá la formula y el estilo sigue siendo parecido al de aquel recordado film, pero con pequeños cambios que lo acercan a la estética del cine independiente norteamericano y algo de cine un poco más comercial. Esto, lejos de representar un alejamiento de la línea de perfil bajo del director y su amable tono agridulce, es la coherencia refinada de esas constantes. Mark Ruffalo interpreta a Dan Mulligan, un productor discográfico separado que lleva un largo período de fracasos y no sabe tampoco muy bien cómo lidiar con su ex y su hija adolescente. Dando vueltas por bares para ver músicos, descubre a Gretta (Keira Knightley) una cantante de perfil bajo, actitud algo hosca, pero a la vez de un gran talento, dulzura y sensibilidad. Dan ve en Gretta una posibilidad de encontrar ese talento y ese éxito que le ha sido esquivo todo este tiempo. A su vez, Gretta vive a la sombra del nuevo éxito de su novio, con quien entra en crisis frente a la forma en la que él, también músico, comienza a comportarse. Gretta y Dan combinan bien y se abre frente a ellos la posibilidad de hacer un gran trabajo juntos. La sensibilidad de los protagonistas es la sensibilidad del film en su conjunto.
    Carney realiza una película "para sentirse bien", una obra de una enorme calidez, con un retrato hermoso e inolvidable de personajes. Como agregado, la ciudad de Nueva York está filmada de forma igualmente maravillosa, y es un marco que agrega belleza a todo el film.
    Se sigue notando el estilo del director, aunque haya cambiado de ciudad. Y ni hablar de las muchas hermosas canciones que se cantan a lo largo de la película. El espectador que desee pasar un momento realmente placentero, no tiene más que acercarse y disfrutar de esta hermosa película.
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  • Delirium
    Delirium
    Leer Cine
    La película que no fue

    Tres amigos que no tienen dinero y desean darle un cambio a sus vidas, deciden pegar el gran salto realizando una película. Estos tres personajes, con una idea tan absurda como improbable, se meten en situaciones imposibles aun para un guión de comedia absurda. No es la falta de realismo el problema, sino la falta de convicción para que todo el disparate tenga algún tipo de sentido, aun dentro de las propias reglas del film. Es que estos tres amigos, con ideas que rozan la subnormalidad, ejecutan su plan no por amor al cine, sino por plata. Una película de cine dentro del cine, donde los protagonistas no tienen una motivación noble o convierten en algún momento sus intenciones espurias en algo más noble, sin duda tiene problemas. No hay manera de sentir simpatía por ellos, en particular por uno de ellos, que de tan desagradable, difícilmente pueda convertirse en héroe o protagonista de una comedia. No estamos hablando de los actores, sino de los personajes. Con unos diálogos sin chispa, con una torpeza que suena a improvisada aunque no lo sea, la comedia se desperdicia escena tras escena. Un espectador con un poco de cultura cinéfila, puede ver los chistes que desaprovechados en toda la película. La idea que tienen estos tres jóvenes es contratar a Ricardo Darín para que protagonice la película y les asegure el éxito. Recordemos que son solo tres personas con una cámara VHS las que se hacen pasar por un equipo de rodaje y que Darín, confundiendo a uno de ellos con el hijo de un amigo, les hace favor de participar de lo que se supone es un corto de estudiantes. Pero es un largo y sin ningún otro actor a la vista, solo la promesa de una joven actriz que es moza de un bar. Darín acepta el voluminoso guión sin dudar. ¿Nadie vio en el proceso de Delirium que nada cerraba ni tenía el más mínimo sentido? La película estaba llena de posibilidades, no hay duda, pero para eso se debían haber tomado otros caminos. Hay muchas películas que pueden venir a la memoria para ayudarse a pensar un mejor destino. Desde Mel Brooks a Frank Oz, pasando por algunos momentos de Ed Wood de Tim Burton, hay muchas comedias capaces de dar pistas para saber que las posibilidades eran muchas. Quien vea Delirium (el éxito de Relatos salvajes podría hacer que el milagro Darín le consiga algunos espectadores por error) se encontrará con actuaciones muy flojas, cercanas a lo no profesional. Con ideas confusas acerca del cine, lo que es grave. Con un desaprovechamiento del material –salvo cuando apuesta al humor negro- que irrita. Delirium logra que Ricardo Darín no logre actuar bien, que no le salga el papel de Ricardo Darín, lo que ya es mucho decir. Un manto de piedad para los tres protagonistas, que no parecen estar actuando para cine, directamente. Los únicos que se salvan, irónicamente, son los periodistas que hacen cameos en la película. Y la sorpresa del final (no la de la cadena nacional, que también falla) donde por última vez nos encontramos con la película que no fue. Los títulos de cierre tienen –en la música y el diseño- una energía y una fuerza que ni un solo instante de la película consigue.
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  • Comando especial 2
    Comando especial 2
    Tiempo Argentino
    Graciosa y taquillera, a pura simpatía

    Jonah Hill y Channing Tatum vuelven a protagonizar los personajes de esta comedia basada en una recordada serie televisiva de fines de los años '80. Se mantuvo al mismo director y mismo guionista, repitiendo la fórmula exitosa.

    La serie Comando especial (21 Jump Street), realizada entre 1987 y 1991, en la que se basa esta película y la anterior, era una serie de dudosa ideología. En ella, jóvenes policías infiltrados en un colegio realizaban sus investigaciones. No parecía el mejor de los puntos de partida y realmente no lo era. Tuvo 102 episodios, y su protagonista Johnny Depp huyó antes de la última temporada (lo salvó conocer a Tim Burton). Richard Grieco también tuvo una participación en aquella serie que, recordemos, fue un gran éxito en su momento.
    La película difícilmente podía sostener la mirada que tenía la serie, claramente reaccionaria. Y los directores Phil Lord y Christopher Miller (los directores de Lluvia de hamburguesas) prefirieron la comedia, al igual que los actores Jonah Hill y Channing Tatum, protagonistas y productores.
    La elección se demostró correcta a juzgar por los resultados. A pura simpatía, lograron que la historia fuera graciosa y taquillera. Sacaron el drama, mantuvieron algo de acción, y se lanzaron a la comedia sin culpas.
    Esta nueva entrega ya no los encuentra en el secundario, sino en la universidad, pero la naturaleza del humor sigue siendo la misma, tal vez con algo más de libertad, incluso. El lugar común sería decir que esta secuela ofrece lo mismo que la primera película pero no sorprende a nadie. Pero dudo que la sorpresa sea el objetivo principal. Le bastan a los actores, en particular a Jonah Hill, un par de escenas para demostrar que tiene talento serio para la comedia.
    Phil Lord y Christopher Miller vuelven a la dirección, y no está mal recordar que entre Comando especial y Comando especial 2 dirigieron Lego: la película, otra gran comedia de enorme éxito. Michael Bacall vuelve a ser el guionista. Y como comedia extra, hay buenos personajes secundarios y en particular el jefe de los protagonistas, Ice Cube, tiene muy buenos momentos en los que logra sumar más humor.
    Las escenas de acción vuelven a ser algo perezosas pero son salvadas una y otra vez por los gags que le quitan cualquier seriedad posible. Pero si quedan algunas dudas acerca de esta comedia, la secuencia de títulos final inclina la balanza a favor. En unos pocos minutos se hacen tantos chistes y todos tan buenos que es imposible no salir del cine sonriendo. Ese es un mérito innegable y vale la pena quedarse, porque lo mejor de la película es ese final, sin duda. Tal vez haya una tercera parte, o 20 secuelas más, como bien ironiza ese gran final.
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  • Los Caballeros del Zodiaco: La leyenda del Santuario
    Introducción al animé

    Los caballeros, que protegen al mundo del mal, ofrecen una aventura construida para los fanáticos que no defrauda. Gran despliegue visual y una valorable cuota de humor.

    Saint Seiya, conocido en español como Los Caballeros del Zodíaco, es un manga de acción creado en 1986 por Masami Kurumada y publicado originalmente en enero de 1986 en la revista Shuukan Shounen Jump de la editorial Shüeisha. Manga es el nombre que se le da la historieta en Japón y el volumen de este género es prácticamente inabarcable para quien no decida dedicar su vida a investigar el tema. Incluso Los caballeros del Zodiaco es una historieta bastante grande publicada entre 1986 y 1990. Fue adaptado posteriormente en una serie de animé de ciento catorce episodios. Fue a través de la televisión que su éxito superó ampliamente las fronteras de Japón y se convirtió en objeto de culto por gran parte del mundo. Toda clase de derivados se fueron multiplicando en los más variados formatos, llegando a media docena de films, de los cuales Los Caballeros del Zodiaco: La Leyenda del Santuario (2014) es el último. Sin duda, es muy difícil acercarse a un universo tan vasto y complejo, pero como cualquier largometraje, el que hoy se estrena debe tener vida propia y funcionar o no de forma independiente. Los caballeros que desde tiempos inmemoriales han protegido al mundo del mal, vuelven aquí para ofrecer una aventura que sin duda está construida para los fanáticos, los que serán más críticos y a la vez más leales a la saga. Para los demás espectadores, hay muchos saltos y elementos que llaman a la confusión. Pero el film intenta explicar todo lo que puede la trama y avanza de forma que aun con la falta de información puede disfrutarse. La película comienza con Saori Kido, una niña preocupada por sus misteriosos poderes quien es salvada por un muchacho, Seiya, del ataque de un asesino. Saori se da cuenta de su destino y su misión y decide ir al Santuario con Seiya y su compañía de Caballeros de Bronce. En el Santuario tendrán que emprender una feroz batalla contra los más grandes caballeros, llamados Caballeros de oro. Lo mejor que tiene la película es el despliegue visual, las impresionantes armaduras y la forma en que se van presentando. Para los no acostumbrados a esta clase de cine, tal vez sea una sorpresa el tipo de humor absurdo que la película tiene, pero se trata de una de sus mejores características. Los viejos defensores sabrán disfrutar de esta nueva película y los que no conozcan nada de este universo se sorprenderán mucho con las imágenes, aunque es difícil que muchos de estos últimos se acerquen al cine a verla.
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  • Un mundo conectado
    Un mundo conectado
    Tiempo Argentino
    Futuro que se ve viejo

    Qohen Leth es un genio de las computadoras, que vive en un mundo controlado por Dirección, una oscura figura. Se le permite trabajar en su casa y así desde el interior de una capilla en ruinas, Qohen trabaja en la solución a un extraño teorema, un proyecto que podría descubrir todas las preguntas sobre la existencia. Terri Gilliam es un director de culto para toda una generación, pero su imaginario se ha vuelto cada vez menos interesante en el presente. Si bien sigue teniendo muchos seguidores, es más la superficie de su estilo lo que atrae que sus películas en sí mismas. Gilliam fue el menos conocido de los inolvidable Monty Phyton (dirigió Los caballeros de la mesa cuadrada) y fuera del grupo dirigió buenas películas como Los aventureros del tiempo y su obra más importante, Brazil. También Las aventuras del Barón Munchausen tuvo buena respuesta y gozó nuevamente de prestigio con 12 monos. Tal vez en Pánico y locura en Las Vegas mostró su poco interés en las narraciones tradicionales y es por eso que no deberíamos juzgarlo por su falta de ritmo y progresión dramática en sus films. Un mundo conectado se parece, y mucho, a Brazil, y aunque no es justo compararlas entre sí, al menos podemos recordar que Gilliam podía hacer buen cine dentro de su estilo personal. Su trazo grueso, su sátira sin sutilezas, acá agota más de lo que moviliza. Y a pesar de tener a su disposición una tecnología que le hace más fácil el camino de la ciencia ficción, la película se ve poco original con respecto a sus films de los ochenta.
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  • Las insoladas
    Las insoladas
    Leer Cine
    El regreso del peor costumbrismo

    Al enorme placer que resultó ser el primer film de Gustavo Taretto, Medianeras, se le opone la enorme decepción que significa su segundo largo, Las insoladas. Aquel primer film era divertido, original, lleno de ideas de guión y también visuales. Acá ese aprovechamiento del espacio deviene en una rutina difícil de llevar adelante, repitiéndose en un sinfín de planos feos, que no lograr pegar en el montaje, agotando las ideas en los primeros minutos del film.

    Seis amigas pasan un día en una terraza en el centro de la ciudad. Durante ese día charlan sobre diferentes temas, anticipan el concurso de salsa en el que participarán a la noche y planifican un viaje a Cuba para el año siguiente. Todo esto transcurre en la década de los noventa, y aunque son pocos los comentarios políticos tal vez se pueda intentar una mirada política sobre aquellos años. Mirada crítica, contraria, que muestra aquellos años como superficiales y tontos. Con sueños burgueses. Pero no sé si es lo más acertado exigirle una lectura política minuciosa de aquellos años a esta película.

    Y lo que vuelve difícil una mirada precisa es que la película no produce suficiente material para el análisis político. Y lo que la convierte en la década del noventa es su iconografía y los diálogos, no una lectura profunda. Una de las chicas nombra al presidente Menem y todas las demás se tocan un pecho porque dicen que trae mala suerte. Sin duda es un pensamiento mágico, banal, que las ubica a todas en un lugar de tontas. Y la verdad es que las seis protagonistas son, en esencia, un despliegue de idiotez que va de lo un poco idiota a lo inaceptablemente imbécil. Es difícil, casi intolerable, escuchar sus diálogos durante toda una película. Sin espacio, casi, para salir de esa terraza.

    La vergüenza ajena que producen desde el primer diálogo hasta el último es algo digno de mención. No es culpa de las actrices, sino más bien del guión y la dirección de actor. Una vez más el recuerdo de esa hermosa comedia romántica llamada Medianeras vuelve a aparecer y uno se pregunta porque no mantuvo ese tono. El más rancio de los costumbrismos cinematográfico argentinos aparece en todo su esplendor. El costumbrismo que en este caso se sumerge en lo grotesco, es anti cinematográfico. Los personajes son agotadores, los diálogos imposibles, la situaciones carecen de cualquier interés o complejidad. Y la manera geométrica y fragmentada de filmar de Taretto produce una combinación fatal con esa forma de construir diálogos, situaciones y actuaciones.

    La pregunta que me queda por hacer es si es intencional el retrato de los personajes o es simplemente un error de todo lo que las llevas a ser así. Creo que el cine argentino ya había superado estas cosas y mi reacción frente a la historia confirma que me había desacostumbrado a esta clase de cine. No es común que me resulta difícil soportar una película cuando voy al cine, pero seriamente se hace muy complicado lidiar con una película así. Las insoladas se hace por momentos eterna, sus seis actrices están encerradas en personajes terriblemente tontos y la película a duras penas consigue un mínimo de empatía hacia ellas. Un mínimo de empatía para un largometraje con solo seis personajes que ocupan la casi totalidad del film y que están todo el tiempo en pantalla es muy poco. Si el director las desprecia o las ama es difícil de saber, lo mismo con respecto a la década que retrata. A juzgar por el efecto que tuvo en mí, yo diría que desprecia a ambas cosas, pero no sé si esa fue la intención. Como nota optimista aconsejo saltearse ese film y ver de nuevo o por primera vez Medianeras, que es una gran comedia romántica urbana.
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  • Maze Runner - Correr o morir
    SUPERANDO EL MURO

    La ciencia ficción y los universos distópicos al parecer están teniendo un renacer en las nuevas generaciones de lectores y espectadores. Siguiendo la línea de Los juegos del hambre (tanto el libro como las películas) Maze Runner: Correr o morir (2014), basado en el libro The Maze Runner (2009) escrito por James Dashner toma elementos de la ciencia ficción clásica para convertirse en un producto de las nuevas generaciones. Estos libros, muchas veces trilogías, y a veces series de muchos más ediciones, prueban la vigencia de los temas que angustiaban a los lectores desde antes del nacimiento del cine. El protagonista de Maze Runner despierta en una especie de montacargas junto con un montón de provisiones, asciende a toda velocidad hasta llegar a la luz, donde un grupo de jóvenes como él, lo están esperando. El lugar al que llega es un campamento. Su primera reacción es correr, pero pronto descubre que está rodeado de gigantescos muros de piedra. Una sola salida abierta es lo que hay, y dicha salida conduce al laberinto. Laberinto que abre una vez al día y que al anochecer se cierra, dejando sin esperanzas a quien no haya vuelto al campamento donde todos están prisioneros. Las reglas son claras y todos las cumplen. Pero la llegada del nuevo cambiará las cosas. Solo los corredores tienen derecho a salir y explorar el laberinto, pero Thomas –que ha recordado su nombre, aunque no más que eso- está dispuesto a ir más allá que ningún otro. Sin duda hay algo que, para bien o para mal, lo hace diferente. El gran mérito de esta buena película de ciencia ficción es que arranca rápido, que avanza sin problemas y establece todos los conflictos de forma veloz. No se sale ni un milímetro de la narración clásica, pero tampoco se distrae ni abandona al espectador. Desde el comienzo y hasta el final, la película ofrece novedades, sorpresas, no necesariamente vueltas de tuerca, solo cosas nuevas que ocurren y mantienen el interés de una punta a otra del relato. Toda la mirada paranoica y desencantada de la ciencia ficción aparece aquí como en los mejores exponentes del género. La condición de saga, sin embargo, no permitirá desarrollar al máximo todos los temas y como siempre quedará esa sensación de que falta algo propio de estas construcciones. Mientras esperamos más, queda claro que estamos frente a una gran historia, donde los que se quedan quietos, no sobreviven. Donde lo que está realmente a prueba es el espíritu humano para salir, o no, del laberinto.
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  • Winter: el delfín 2
    Winter: el delfín 2
    Tiempo Argentino
    Sacarle agua a las piedras

    Aunque Winter el delfín era una película relativamente pequeña, se convirtió en un inesperado éxito y, obligación de los tiempos que corren, derivó en una segunda parte. Pero queda claro que hay películas que no deberían tener secuelas, historias que, buenas o malas, no sirven para ser estiradas más. En lugar de inventar algo nuevo, intentan sacar más dinero de algo que terminan arruinando. Está bien, es posible que esta película pase al olvido rápido y ya no haya una tercera parte, pero igual esa costumbre de la secuela es dañina para el cine. Winter pierde a su madre adoptiva y a riesgo de que la soledad obligue a los integrantes del acuario a tener que sacarlo de ahí, buscan una nueva compañía para el delfín. Si en una película de acción, las secuelas suelen aumentar la cantidad de explosiones, si en una película de superhéroes las secuelas suelen agregar un villano más amenazante, bueno, acá lo único que queda es agregar más drama. Y ese drama que se agrega no encuentra un buen cause, se asoma de forma torpe, sin autenticidad, necesariamente ubicado dentro del golpe bajo. No es que haya especial maldad en el film, sino que no tienen de donde sacar material y ahí es donde las cosas se complican. El elenco sigue siendo lujoso: Ashley Judd, Morgan Freeman, Harry Connick Jr., y Kris Kristofferson sin duda ayudan a hacer más vistosa la historia, pero no tienen demasiado para elaborar a partir de las mencionadas limitaciones. El protagonista, Nathan Nelson, ya no es un niño sino un adolescente, eso cambia también la escala de los conflictos pero no alivia a la historia de sus muchos lugares comunes.
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  • Sin City 2: Una mujer para matar o morir
    Un film que se hunde en su propio exceso

    La película dirigida por Miller tiene un reparto multiestelar con caras famosas, en muchos casos irreconocibles por la estética cómic. Las diferentes historias del relato son desparejas y tienen diferente nivel de interés.

    Del crecimiento de la historieta en el mundo del cine no hay nada nuevo para decir. Año tras año son más los films que adaptan comics, historias gráficas y la influencia del género se ve en muchos títulos. Sin City (2005) y Sin City 2: una mujer para matar o morir (2014) son dos películas que adaptan el trabajo del autor de comics Frank Miller que, junto a Robert Rodriguez, se encargó también de la dirección de ambos films (el primero contaba también con la presencia de Quentin Tarantino).
    Sin duda, el elemento estético es primordial y en esta nueva entrega se nota desde el comienzo que la película es un cómic que cobra vida frente a nuestros ojos. Pero mientras que cada plano en sí mismo puede ser de una gran belleza y un enorme impacto visual, la suma de estos cuadros no produce el mismo efecto de deslumbramiento. Al contrario, en los primeros minutos el asombro y la maravilla abren paso a un relato que se estanca en su exceso de esteticismo y, aunque parezca insólito, su falta de ideas visuales más allá del recurso ingenioso.
    Nuevamente estamos frente a una versión exacerbada del film noir, llevada tan al exceso que es casi una comedia. Pero no lo es. Cada personaje es un estereotipo de un estereotipo, a punto tal que produce agotamiento tanto subrayado autoconsciente. Las diferentes historias que conforman el relato se van cruzando en mayor o menor medida y son desparejas y poseen diferente nivel de interés. Femmes fatales, policías corruptos, alcohólicos, perdedores, personajes del policial negro. Siendo el film noir un género tan rico e interesante, Sin City lo arruina al gritar a los cuatro vientos las sutilezas de un género maravilloso y lleno de matices.
    El elenco multiestelar en el que se destacan Mickey Rourke y Bruce Willis, llena de caras famosas cada escena, pero en muchos casos son rostros casi irreconocibles por la estética mitad cómic y mitad cine que tiene la película. Algunas apariciones especiales, como por ejemplo Lady Gaga, agregan algo de curiosidad pero no mejoran sustancialmente la película.
    Esta nueva entrega es también en 3D, pero eso tampoco suma y no vale la pena el gasto extra. Quienes se sientan atraídos por el film noir, tienen docenas de ejemplos que valen la pena y que puede remplazar a esta experiencia tan ambiciosa en la teoría y tan poco interesante en la práctica. El cómic tiene mucho potencial para el cine, pero este aun no lo ha aprovechado como corresponde. Veremos si en el futuro alguien da un paso más allá o si sigue flotando en la superficie.
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  • Si decido quedarme
    Si decido quedarme
    Tiempo Argentino
    Golpes bajos a la orden del día

    Esta novela para adolescentes narra la historia de Mia, una joven que deberá decidir entre perseguir sus sueños con la música clásica o ir tras el amor de su vida, hasta que un día el destino la deja al borde de la muerte.

    Con cierta resignación parece que se acepta que las novelas para jóvenes adolescentes se conviertan más tarde o más temprano en películas mediocres o sin vuelo cinematográfico. Bastaría revisar muchas obras literarias de otras épocas enfocadas a ese público para ver que esto no siempre ha sido así. En esta nueva ola de adaptaciones, ahora llega el turno de Si decido quedarme (If a Stay, 2014), basada en la novela de Gayle Forman, que aquí también es la productora ejecutiva, lo que no suele ser un buen indicio a la hora de llevar un libro a la pantalla. Lo que cuenta la película es la historia de Mia (Chloë Grace Moretz, esforzándose al máximo), quien enfrenta la encrucijada de su vida al tener que elegir entre sus sueños con la música clásica o ir tras el amor de su vida, Adam (Jamie Blackley), cuyos intereses musicales van en línea contraria al conservatorio. El conflicto pasa a un nivel completamente distinto cuando ella sufre un accidente junto con su familia y, estando en el limbo entre la vida y la muerte, es capaz de ver todo lo que pasa, incluso a sí misma en el hospital, luchando por sobrevivir. Esa historia y la que se va enterando a lo largo del relato van haciendo que Mia entienda mucho más sobre ella y su familia. Con recursos de dudoso gusto, con toques melodramáticos muy livianos y de escasa complejidad, la película no ahorra lugares comunes ni evita buscar el llanto fácil de los espectadores. Dependerá de la entrega que tengan el que lloren o no en cada golpe bajo. Dos decisiones son las que Mia debe tomar: si va a vivir a pesar de la tragedia familiar y, en caso de hacerlo, qué rumbo elegirá para su vida. Que Gayle Forman haya escrito una secuela de esta novela no es indicador de cuál es el final del relato, pero sí de que las decisiones no son irrevocables. Demasiada manipulación a la vista hay como para hacer de Si decido quedarme una película memorable. No hay todavía secuela a la vista, pero nunca se sabe qué puede pasar.
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  • El ardor
    El ardor
    Leer Cine
    LLEGA UN DESCONOCIDO

    “El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.” Horacio Quiroga


    De los más de cien estrenos nacionales del año 2014, sin duda El ardor es la mejor. Pensemos en que cientos de películas se cruzan en nuestro camino año tras año, otras miles no se nos cruzan pero están ahí, esperando una oportunidad para que las veamos. Cada día se hace más necesario ser generoso con el espectador, ofrecerle algo que haga la diferencia, que tenga identidad, fuerza, interés de algún tipo y que eso cautive a quien ha decidido pasar dos horas de su vida dedicadas a ver la obra de otra persona. El cine argentino en general suele descuidar al espectador, lo ignora, cree que no existe. Pero quien se siente a ver El ardor tendrá ya al comienzo la certeza de que está viendo esa clase de films que marca la diferencia. La vegetación que arde e ilumina la pantalla con esa ambigua fascinación que produce el fuego, abren el apetito por ver que hay en cualquiera que ame el cine. Estamos adentro, la película ya nos ganó, queremos ver más. Ese encanto inicial es seguido por un film fuera de serie. Una historia atrapante que combina una potente narración clásica con elementos modernos que generan clima en cada escena. El ardor es un film de acción, pero también es un film de silencios, de climas sugestivos que dotan a la película de una identidad poco común.

    No hay duda alguna de que El ardor es un western. Un desconocido, un solitario, llega a un lugar donde ocurre una injusticia y es el único con la capacidad de cambiar las cosas. Desde westerns puros con Shane el desconocido a El jinete pálido, como derivados del western como Testigo en peligro o Un lugar en el mundo, pasando por otros cientos de historias, este es un tópico tan recurrente como atractivo. De El jinete pálido (The Pale Rider, 1985) de Clint Eastwood posee ese revisionismo respetuoso del género, que abre el juego pero siempre dentro de las reglas esenciales. El misterioso protagonista Kai (Gael García Bernal en el mejor papel de su carrera) llega a una finca tabacalera donde sus propietarios son amenazados para que entreguen sus tierras. Unos hermanos que representan intereses económicos mayores operan como pistoleros que buscan con violencia adueñarse de las tierras. En esa posición ideológica la película se pone del lado del débil, como ocurre en la mencionada El jinete pálido o en Rio Bravo (1959) de Howard Hawks. Kai es el único que puede ayudar a quienes viven en esa finca. Pero este western con elementos modernos no transcurre en un desierto, sino en la selva Misionera, que el director con gran maestría convierte en un personaje más. La tierra en llamada del comienzo es el anuncio de una naturaleza amenazada. Como en un relato del escritor rioplatense Horacio Quiroga, la selva tiene identidad, los animales forman parte del relato. La selva por momentos recuerda también a Apocalypse Now, por nombrar un film bélico ambientado en Viet Nam donde el laberinto verde cobra protagonismo y donde las acciones remiten a un elemento casi místico. Personal, bella y apasionante, esta película tiene grandes momentos de acción así como muchos otros de gran clima y belleza. Extraordinarios y temibles villanos (lo de Tolcachir y Sesán es antológico), un héroe clásico y una historia atrapante. Una verdadera maravilla que merece ser vista en la pantalla grande. Uno de esos films llamados a quedar para siempre en la memoria de los espectadores. Desde ahora, un clásico.
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  • Dinosaurios
    Dinosaurios
    Tiempo Argentino
    Aburrido viaje en el tiempo

    El cine de animación domina la taquilla la mayor parte del tiempo, por eso cada vez más aparecen películas de este tipo para buscar una porción de dicha torta. Esta cantidad no se corresponde con la calidad. Dinosaurios (Dino Time, 2012) no debe ser confundido con Dinosaurio el gran film de los estudios Disney. Acá la animación es muy inferior a la media actual y el nivel general deja mucho que desear. La historia es la de tres chicos que terminan viajando en el tiempo luego de estar jugando en el taller del padre de uno de ellos. Pero la aventura se vuelve disparatada porque la nave en la que viajan tiene forma de huevo y una simpaticona hembra de dinosaurio confunde a los tres pequeños viajeros con su propia cría, que a su vez ha quedado en el tiempo presente. Lejos de cualquier mirada dramática, todo en la película es intencionalmente disparatado, pero aun con buenas intenciones el humor y la diversión no llegan nunca a conseguir un resultado efectivo. No es fácil hacer buen cine de animación. Ni en lo técnico es sencillo, ni en lo artístico tampoco. Tampoco los personajes consiguen ser simpáticos, ni la aventura se vuelve apasionante. Pocas cosas resultan más frustrantes que un film de animación visualmente pobre y cinematográficamente carente de encanto. No vale la pena detenerse en esta producción realizada entre Estados Unidos y Corea del Sur. Hay muchos otros films de animación y muchas películas con dinosaurios para ver antes que Dinosaurios.
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  • Nuestro video prohibido
    Nuestro video prohibido
    Tiempo Argentino
    Un brusco cambio de rutina

    Esta comedia sexual es una de las pocas entregas del género que se acerca a un público adulto planteando un conflicto acorde a los tiempos que corren. Y con sorpresas extra.

    Las comedias románticas suelen terminar históricamente con el matrimonio o la conformación de la pareja. Esa solía ser siempre la escena final de estas películas, ya sea con un beso romántico o en el altar, o ambas cosas. Eso es lo que se conoce como el "final feliz". Pero claro, casi nadie contaba lo que pasaba después. La screwball comedy –la variable más divertida y menos sentimental del género– podía incluir el rematrimonio como eje central de la trama. En estas comedias, la pareja ya empezaba casada pero debía recuperar algo que se había perdido en el camino. En Nuestro video prohibido (Sex Tape, 2014) la pareja protagónica se encuentra en una crisis. Jay (Jason Segel) y Annie (Cameron Diaz) tenían una intensa vida sexual durante todo su noviazgo y el comienzo de su matrimonio, pero con los hijos y la rutina la llama se fue apagando gradualmente. Con la esperanza de recuperar ese fuego perdido, deciden grabar un video sexual. Todo marcha bien, hasta que por error, Jay deja el video en la nube, compartiéndolo con todos los contactos a los que él le ha dado un iPad. La pareja no sabe cuántos de esos contactos han visto el video o lo han compartido, por lo que deberán salir a buscar uno por uno y cada iPad para borrar el archivo. La aventura comienza con la disparatada búsqueda y la diversión se combina con los chistes y el suspenso. Esa mezcla hace que la película sea muy graciosa, más entretenida que el promedio de este género. El gran dilema de las comedias de pareja actuales es quedar atrapadas en una fórmula sin poder aportar nada nuevo. Nuestro video prohibido tiene los ingredientes modernos de la comedia romántica, el sexo presentado de forma más frontal, drogas y humor políticamente incorrecto. Las situaciones no se repiten, las escenas sorprenden y en el medio de todo esto avanza la historia de pareja de los protagonistas. En un cine abocado principalmente al público adolescente, Nuestro video prohibido es una de las pocas películas que se acerca a un público más adulto. Y aunque esto no dice nada por sí solo de la calidad de la película, al menos consigue diferenciarse de la mayoría. El talento de Segel y Diaz para la comedia es indiscutible, son ellos los que le dan un toque extra a esta cinta para que funcione. Algunas sorpresas extras hacen aun más divertida la experiencia.
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  • Relatos salvajes
    Mucho cine

    Teniendo en cuenta que para analizar la película se cuentan muchos elementos de la trama, se aconseja no leer este texto hasta después de haber visto la película.


    Cine. Cuando uno ve Relatos salvajes lo que uno ve es cine. Mucho cine. Relatos salvajes es una película llena de cine. Generosamente repleta de cine. Puede parecer una redundancia decir que una película tiene cine, casi una broma. Pero no lo es. No lo es en el cine argentino, definitivamente. De los más de cien estrenos locales del 2014, son pocos los que realmente apuestan al poder del lenguaje cinematográfico. Relatos salvajes es uno de esos títulos. Lo hace de una forma muy particular, lo hace con una fuerza y una alegría que es lo que sin duda ha llevado a que la película atraiga espectadores de forma insólita, descomunal, histórica. La triste sensación de pagar toda una entrada de cine para ver, como decía Billy Wilder “una película que cuesta doscientos doce dólares” no es una amenaza aquí. Fui hasta el cine, me senté en una sala y me entregan una obra inolvidable, llena de ideas, llenas de elementos para sorprender, maravillar, impactar. Eso es, entre otras cosas, Relatos salvajes.

    Seis episodios constituyen esta película de más de dos horas. Nota: ¿Cuántas películas argentinas tienen para contar o pueden contar cosas durante dos horas? Pocas en verdad. Esos seis episodios tienen elementos en común, pero no estamos frente a un film fácil de encasillar. Las historias se pueden asociar, pero también tienen muchas cosas que las diferencian. Algo caótico e incontrolable hay en la película, como bien lo demuestra la historia final, la del casamiento. “La vida se abre paso” decían en Jurassic Park. Y así es, entre la violencia, la maldad, la miseria y la oscuridad, la vida se abre paso, la vida sigue, la especie sobrevive. Y decir especie no es anecdótico. Tanto el título de la película como la fantástica secuencia de títulos inicial nos indica que la asociación pasa por ahí. Pero una vez más: no hay forma de encasillar o reducir Relatos salvajes.

    El primer cuento de este sexteto de historias es el más absurdo y el más ingenioso en el sentido juguetón del término. Muy gracioso, muy divertido y también muy breve, es la puerta de entrada a una montaña rusa de historias grotescas, brutales, animales. Pero ojo, el primer relato no es la historia de un acto animal, sino de una muy premeditada venganza que el mismísimo Edgar Allan Poe hubiera escrito si en el siglo XIX hubieran existido los aviones. Si quisiéramos forzar una lectura animal, diríamos que Pasternak elimina todos los miembros de su especie que han atentado contra su posibilidad de ascenso o desarrollo en la sociedad. No lo hace como un animal, ni tampoco busca sobrevivir. Su acto es salvaje, pero enfermizamente humano. Igual, volviendo a Poe, es una divertida y graciosa historia de humor negro. La película ha comenzado, conceptos como verosimilitud o realismo ya no podrán ser tomados como se los suele tomar en el cine argentino, enfermo de un naturalismo agotador. Naturalismo insufrible que lamentablemente incluye a una gran parte del cine independiente de los últimos años. Relatos salvajes es una patada a ese naturalismo, una generosa, alegre y poderosa pateada de tablero. Bienvenida sea.

    Relatos salvajes podría convertirse en el film más taquillero del 2014 y veremos hasta donde llega en la historia de la taquilla nacional. Lo curioso es que este film tan atractivo para el público no es un film tan agradable en su contenido. Su forma es incomparable pero su contenido no es tan simpático para el espectador como la forma en que la película está narrada. Esto puede hacer que para muchos espectadores que no están interesados en el virtuosismo del director, la película sea un despliegue de sordidez, maldad, violencia y sangre. A ellos les repito: Vean el primer episodio, ahí está anunciado un tono juguetón, no una bajada de línea literal. Con los años será difícil establecer de forma clara si la película captó algo de la violencia puntual de la coyuntura de un país. Lo mejor que se puede decir de una película es que podrá pintar su aldea y su época, pero que con soltura los trasciende y se vuelve universal y atemporal. El ser humano civilizado sostiene una vida en la que convive con el prójimo. Qué pasaría si ese hilo que sostiene al ser que aprendió a vivir en sociedad se corta y se la lanza a un punto de no retorno. Los personajes de estos episodios asumen en varios casos ese riesgo, sin saberlo o sabiéndolo, pero pasan una barrera. Lo maravilloso de Relatos salvajes es que no hay coherencia, en algunos caso deciden inmolarse junto con sus enemigos, en otros se sacrifican por los enemigos de otros, en otros mueren de forma ridícula porque se metieron en una pelea sin calcular bien las consecuencias. También están los que encuentran la forma de sobrevivir con dinero y poder, no con violencia física ni exponiendo el cuerpo. También está el se sale del sistema y el sistema, curiosamente, lo termina considerando un héroe. Y finalmente, y una vez más por eso está al final, la historia de una pareja que se sale de la civilización pero sobrevive. Salvajemente, pero sobrevive. Algo hace que la humanidad no desaparezca, eso es el último episodio, caótico, sorpresivo, lleno de vueltas de tuerca.

    Relatos salvajes es, por todo lo dicho, una película imperfecta. Despareja en muchos aspectos, pero no creo que sea accidentalmente despareja, creo que es su retrato del mundo lo que la lleva a ser así. No me atrevería a hacer una lectura política o social del film inequívoca. Si el primer episodio es simpático y siniestro, el del bar con el político es el más heroico de todos. De hecho en un mundo de gente miserable, la cocinera del episodio Las ratas se sacrifica por la moza. Sabe que la moza ha sufrido una injusticia que jamás será corregida. Pero la moza no puede terminar de arruinar su vida por un personaje horrible, entonces la cocinera toma la iniciativa y tiene un gesto heroico. En una película donde nadie es héroe, ella marca una diferencia. El resto de los personajes son egoístas, corruptos, miserables. Pero no es tan sencillo tampoco. No es todo una mirada lineal. Varios personajes son vengadores, la cocinera es uno, el loco Bombita es otro, la novia del final no acepta callarse la injusticia y la hipocresía y arremete contra la falsedad de la fiesta de casamiento. Bombita es un personaje demagógico, de esos que hacen saltar a la platea. El que se harta del sistema y lo hace, literalmente, volar. ¿Dónde se posiciona la película con respecto a él? ¿Es un héroe o es un villano? ¿Está cerca o está lejos de cualquier ciudadano? Es verdad que al ser en episodios, la película no se toma el tiempo para desarrollar de forma minuciosa a cada uno de los personajes. Pero a Bombita el guión lo protege, el personaje no lastima a ningún inocente, eso queda claro. Me genera cierta pereza analizar qué lugar tiene en esa cárcel y porque los demás presos lo idolatran. Por última vez, las lecturas ideológicas de Relatos salvajes la vuelven pequeña, no más grande. Aun así, creo que, a diferencia de la mayoría de las películas argentinas, acá hay tela para cortar en cantidades. Por algo también la gente elige verla y discutirla. La opinión política más clara está en el episodio La propuesta pero aunque queda claro que hay clases privilegiadas al final, todos los estratos sociales parecen estar atravesados por la misma ambición corrupta.

    Hace pocos días se estrenó Relatos salvajes y ya ha entrado en la historia del cine argentino. No es una mala noticia. No es un éxito forzado ni un invento sin sustancia. Habrá mucho para debatir pero queda fuera de toda discusión que se trata de una película enamorada del cine. Qué busca sorprender y dar al espectador algo notable. Las conexiones y citas cinéfilas son muchas, no mencionar ninguna acá es respetar la vida propia que tiene el film de Damián Szifrón. El gran mérito es de él y de una gran producción y un enorme elenco que suma para el director guionista pueda conseguir esta película. En tiempos en los que se reivindica cada vez un cine minimalista, ascético y bordeando lo documental, Relatos salvajes va eufóricamente en dirección contraria. Ir al cine a verla es una manera de reconciliarse con la pantalla. Acá hay una apuesta fuerte, un riesgo, una ambición. No es una película para pocos, es una película para muchos. Si al final del 2014 resulta ser el film más taquillero del año, será una gran noticia, será la muestra de que el cine sigue estando vivo y bien. Más allá del gusto de cada uno, en Relatos salvajes hay mucho cine.
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  • Tortugas ninja
    Tortugas ninja
    Tiempo Argentino
    Más músculos y poca pizza

    Donatello, Raphael, Michelangelo y Leonardo vuelven a contar su historia, esta vez desde el comienzo, en una nueva película en 3D donde lo que predomina es la confusión.

    Las Tortugas Ninja nacieron como una historieta paródica. Su éxito las llevó a convertirse en una serie de televisión a finales de los '80 y otras tres series diferentes se inspiraron también en estos personajes. En 1990 se realizó una extraña, algo absurda pero finalmente simpática adaptación cinematográfica. Tuvo dos secuelas olvidables y en el 2007 apareció una nueva adaptación, pero en lugar de muñecos, con un regreso a la animación. Tampoco esa versión estaba tan mal, era aceptable y fiel a las series de TV en muchos aspectos. No faltaron videojuegos, claro, e incluso juegos de rol. Lo que se estrena ahora es un nuevo comienzo, donde nos cuentan –o calamidad– el origen de toda la historia de las Tortugas Ninja. Sí, desde el comienzo. Bastaría saber que el nombre original es Tortugas Ninja Adolescentes Mutantes para saber que no hay que tomarse las cosas muy en serio. Las referencias renacentistas en los nombres de los cuatro héroes y su mentor rata también le agregan algo de excéntrico absurdo. Pero las noticias para esta nueva aparición de los personajes son malas. El tono de la película no logra definirse bien y la historia carece de cualquier interés. La simpleza casi infantil no logra encajar con estas tortugas ninja más realistas, más musculosas y más oscuras. Es verdad que tienen un humor pueril y que siguen siendo ridículas pero –maldición del doblaje mediante– los chistes no funcionan a ningún nivel, ni como simples ni como irónicos, ni con citas cinematográficas o televisivas. Hasta duele escucharlas. ¿Y los actores? Megan Fox como April O'Neill tampoco encaja, no da para el personaje en ningún momento y su escasa simpatía o talento no ayudan a que nos caiga bien. Elegida por ser un sex symbol poco tiene que hacer en este contexto. Su elección es parte de la confusión que reina en este proyecto. Como film infantil divertido, no funciona, como película de acción, aun menos, no tiene un solo tema interesante ni plantea subtramas que le aporten complejidad. El éxito de la película se sostiene solamente por el público cautivo que los personajes han conseguido a lo largo de los años. Lo peor es que ese éxito con el que arrancó en la taquilla de Estados Unidos amenaza una segunda parte. El único consuelo es que no podrá ser peor que esta película.
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  • Tierra de María
    Tierra de María
    Tiempo Argentino
    Ni la virgen la salva

    Hay estrenos que son un misterio. En el caso de Tierra de María podemos imaginar que ese misterio no es tal a juzgar por la taquilla en otros países. Pero basta una escena al comienzo para descubrir que estamos muy por debajo de la calidad aceptable para un estreno de cine. La historia que cuenta es la de un hombre católico, no muy convencido, que es elegido por su jefa –un personaje andrógino– para convertirse en abogado del diablo. La investigación es sobre los católicos, los creyentes que creen en Dios y en María. Los pasos de comedia de cuarta categoría del comienzo, y que, lamentablemente, vuelven en varios momentos del film, dan paso a una serie de entrevistas que hacen que la película pase de la comedia al documental. Cada uno de esos testimonios es sobre personas que creen en María, que la veneran y que ven en ella la salvación. En más de una escena se dice, sin ningún pudor, que quienes le dan la espalda a Dios se exponen a –por ejemplo– un atentado como el de las Torres gemelas. ¿De dónde sale un film tan perverso y reaccionario? Imposible saberlo con certeza. Y, ahora sí, es un misterio porque se estrena algo tan lamentable. El abogado del diablo –interpretado por el director de la película– es un abogado malísimo, que jamás repregunta o pone objeciones profundas a los creyentes. Pero la cuestión es: ¿los ateos serían para la película los representantes del diablo? A juzgar por lo visto acá, parece que sí. Una vergüenza que exista una película así.
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  • Juntos... pero no tanto
    Juntos... pero no tanto
    Tiempo Argentino
    Acerca del dolor de ya no ser

    El film de Reiner es una sensible comedia romántica que tiene un elenco talentoso pero desaprovechado. El creador de grandes títulos como Cuenta conmigo o Cuando Harry conoció a Sally no logra encantar con la historia.

    El público adulto ve cada día más restringido su acceso a películas comerciales dedicadas a su edad. O se adaptan a la inmensa mayoría de las salas con productos para niños y adolescentes o esperan a que de tanto en tanto surja una comedia para ellos. Claro que el cine adolescente también puede gustarles, pero siempre queda la sensación de que son invitados, no protagonistas. Juntos… pero no tanto es una comedia romántica un tanto sensiblera protagonizada por dos estrellas mayores del cine: Michael Douglas y Diane Keaton. Ella, estrella desde los '70 junto a Woody Allen, entre otros, y él, un verdadero número 1 cuando era uno de los nombres dominantes desde los '80 y hasta principios de los '90. Lujo extra es el director de la película, Rob Reiner, creador de grandes títulos como Cuestión de honor y Misery pero también de dos grandes clásicos de los '80: Cuenta conmigo y Cuando Harry conoció a Sally…
    Los talentos están, no hay duda, pero la película no es lo mejor que han hecho, ni por asomo. Michael Douglas, experto en personajes poco simpáticos, interpreta a un agente de bienes raíces cínico, hosco y despiadado. Este misántropo, claro, lo es de forma graciosa porque la película es una comedia. Comedia en la cual, todos los espectadores esperan una única cosa: que cambie. Y para eso aparece el personaje de Keaton, pero no sólo ella. Porque también al pobre Michael le surge una nieta y él, que parece odiar a todo el mundo, deberá lidiar con eso y, tal vez, ablandar su corazón con la ayuda de su vecina Keaton.
    Realmente merece un manto de piedad este título, porque en nada beneficia a los participantes que profundicemos en el análisis. ¿Comparar la emoción de Cuenta conmigo con esta película? ¿Buscar similitudes y diferencias con el timing memorable de Cuando Harry conoció a Sally…? Frente a ese ejercicio Juntos… pero no tanto deja de ser una película mediocre y pasa a ser una película mala. Con un poco de tolerancia se la puede calificar de mediocre, pero no más. Quienes no conozcan a los responsables de este film, saldrán decepcionados por un film que no tiene encanto, pero quienes los conocen, saldrán, además, algo tristes por el dolor de lo que ya no son esos que antes nos maravillaban en el cine.
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  • Guardianes de la galaxia
    Mamarracho espacial

    El universo de Marvel se expande. Se expande cada vez más y amenaza con apoderarse de todo el cine industrial, generando tantos adeptos como espectadores que comienzan a preguntarse para que seguir yendo al cine. No todos los films de Marvel son iguales, pero desde que empezaron a combinarlos, sin duda su calidad individual fue volviéndose cada vez menor. Guardianes de la galaxia se suma a esa larga lista y presenta personajes hasta ahora no conocidos por la mayoría de los espectadores de cine. El personaje principal es Peter Quill, un piloto americano que queda en el centro de una disputa espacial por un objeto capaz de destruir mundos completos. Sería una pérdida de tiempo y espacio contar la historia, pero sí, como el título lo indica, Quill termina unido a cuatro personajes más, todos muy diferentes entre sí, provenientes de diferentes mundos, que conformar un singular equipo para rescatar a la galaxia. Cinco personajes que abrevan sin pudor alguno en cuanto film de ciencia ficción anterior existe y que repiten con absoluta impunidad todos los clichés que puedan entrar en una película de dos horas. Aunque se supone que el tono general es de comedia cínica, no hay más que un par de buenos chistes y sí, mucha burla a todas las cosas buenas que el cine de ciencia ficción y aventuras ha construido a lo largo de los años. Pero esa burla que intenta colocarse por encima del resto de los films de manera sobradora, coloca al film por debajo, muy por debajo de los films que lo inspiran a dicha burla. Lo más grave es que luego abandona su cinismo para pones traumas lamentables y berretas, dignos de un telefilm de esos que apenas se pueden tolerar vistos de reojo. Una mamá con cáncer que entrega una cartita con un regalo, un mapache patético a cuyas angustias existenciales solo se puede responder con una risa por lo ridículas que resultan, y así todo. Parecía un mal film que se revelaba contra el género, pero resulta ser el más mediocre exponente de las malas cosas que puede hacer un film industrial. Vergüenza ajena, aburrimiento, algo de enojo, respuestas naturales de un espectador atento a esta forma diluida de cine. Pero claro, quienes no quieran aceptar que el rey está desnudo y quieran vivir esto como una fiesta, podrán hacer la vista gorda y decir que se conforman con tan poco como esto. Una pena, sinceramente, esto ya no es cine, es la caricatura de lo que alguna vez fue cine.
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  • Todo lo que necesitas es amor
    Italia, el destino del romance

    Desde la década del '50 en adelante, Italia ha sido el espacio elegido por cineastas de todo el mundo para mostrar una forma idealizada del amor romántico. Americanos, ingleses y también daneses ahora, han encontrado en Italia un lugar para que los personajes vean revolucionado su corazón en cuanto pisa sus ciudades, sus pueblos o sus costas. Todo lo que necesitas es amor se suma a la larga lista de lugares comunes alrededor de este concepto, aun cuando intente darle una parcial vuelta de tuerca. La historia de la película es la de Ida (interpretada por la actriz danesa Trine Dyrholmm), una peluquera que ha perdido todo su cabello durante su lucha contra el cáncer y cuyo matrimonio se rompe al descubrir que su marido le ha sido infiel. Cuando viaja a Italia para el casamiento de su hija, conoce Philip (Pierce Brosnan), el padre del novio, un viudo aun duro y amargado por la muerte de su esposa. La película, que se promociona como una cómoda comedia romántica, es mucho más que eso. La directora ganadora del Oscar a mejor película extranjera, Susanne Bier, tiene un historial de dramas intensos e impactantes, y acá asoman algunos atisbos de su anterior cine. Como muchos otros directores daneses, Bier observa el infierno que late dentro de cada familia y aunque aquí apela a cierta ligereza, no deja de mostrar su mirada sobre el asunto. Lamentablemente, la directora de Corazones abiertos, Después del casamiento y En un mundo mejor mezcla tonos a lo largo del relato sin obtener el resultado adecuado nunca. Cuando hay humor, este resulta fuera de lugar, cuando hay melodrama excesivo, este queda forzado, cuando hay romance suena falso, y la combinación de todo esto pierde cualquier coherencia posible. La acumulación de temas no llega a resultar cómica por muy poco. Cáncer, infidelidad, accidentes, homosexualidad, violencia, anorexia, clases sociales y el ingrediente de "That's Amore" sonando en la banda de sonido sin que se incline por la ironía o por el verdadero disfrute por la música. Esa es la clave. No sabemos si Bier ha cambiado para llegar un público más masivo y no está cómoda o si por el contrario siente que este es el rumbo que debe adoptar su cine. Lo que importa es lo que se ve en la pantalla, y eso que se ve es muy poco.
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  • Aviones 2: Equipo de rescate
    Otro film de vuelo bajo

    Como segunda parte de aquel fallido film de animación que surgió poco después del éxito de Cars, ahora se estrena esta producción de Disney que no está a la altura de Pixar.

    El cine de animación, y en particular Disney, tiene un mercado mundial gigantesco. Y aunque en un principio el estudio cuidó mucho a sus clásicos, en la explosión de taquilla de los años '90 se lanzó a la realización no sólo de secuelas de sus films de animación (logrando grandes películas en el caso de Pixar), sino también productos de calidad menor destinados al consumo fuera de la pantalla de los cines.
    En esos casos, eran solamente los niños los que seguían las historias, más afectos al fanatismo que a la evaluación artística. Del mundo de Cars, un producto de la factoría Pixar, se creó una rama iniciada por Aviones y continuada por su secuela Aviones 2: equipo de rescate. Ambos films, claramente de una calidad inferior a lo que crea el estudio, y de hecho sin relación artística con los personajes de John Lasseter, creador de Pixar. Pero aparentemente el mercado es grande y la calidad ya no es prioridad.
    No son films malos, simplemente da un poco de tristeza ver imágenes que se parecen tanto a personajes queridos, metidos en historias sin gracia. Dusty ahora es conocido por haber pasado de ser un avión fumigador a ganar una carrera alrededor del mundo. Pero Dusty se entera de que su motor está dañado y que ya no podrá participar de esa clase de competencias nuevamente. Por eso, termina sumándose a un grupo de aviones que se dedica a apagar incendios forestales.
    Cuando la secuela de un film que no nos interesaba aparece, la única esperanza que queda es que haya algo radicalmente nuevo que cambie el estilo del primer film o lo eleve de alguna manera. Nada de eso ocurre aquí, donde el humor es más fallido que en el título anterior, donde la animación sigue quedándose un paso atrás de sus competidoras de género y donde ni siquiera la acción tiene alguna clase de encanto capaz de entretenernos.
    Las películas de animación tienen ese problema: o son obras sublimes y encantadoras, capaces de ser sofisticadas y a las vez muy entretenidas, o caen en esta tibieza insulsa. El problema es que un film de animación mediocre produce una irritación aun mayor que un film mediocre con actores. Tanta técnica llevada hacia ningún lugar es más una pérdida de tiempo que otra cosa. Pixar y Disney han dado mucho, no nos conformemos con menos.
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  • El planeta de los simios: Confrontación
    Monos contra humanos

    Bastan los primeros planos de El planeta de los simios: Confrontación para demostrar que se trata de una película del lado de las buenas. Mientras que diferentes series de películas son una seguidilla de insultos cinematográficos (sí, hablo de Transformers, por ejemplo) acá la segunda parte de esta nueva saga resulta tan buena como la anterior. Han pasado diez años desde los sucesos que terminaron en el Golden Gate con un violento enfrentamiento entre simios y humanos. Caesar y los suyos se han instalado en el bosque y han progresado como sociedad de simios inteligentes. Mientras tanto, la epidemia que se inicia una década atrás, ha diezmado de forma terrible a la especie humana. La historia mantiene la coherencia y la lógica del primer film, así como también todos sus méritos estéticos. El director de esta secuela es Matt Reeves, director de dos grandes películas: Déjame entrar y Cloverfield. Los guionistas del primer film también se repiten, además de que vuelven a ser los productores. La suma de estos talentos sin duda mantiene el alto estándar de esta producción y nos trae una buena noticia: No todo el cine comercial en serie y las remakes tienen que ser malas. El planeta de los simios: Confrontación muestra una notable ambición de hacer todo bien en todos los rubros y a todo nivel. Aunque siguen varios de los temas del primer film, esta nueva película tiene todo un abanico nuevo. Para empezar hay que decir que los humanos pierden aquí el protagonismo, que queda del lado de César y su entorno. César se ha convertido en el líder de una nueva tribu, la primera de monos inteligentes. Esto conlleva toda una serie de problemas nuevos, conflictos de poder. César, cuyo nombre ya tiene suficientes connotaciones, tiene que enfrentarse a Koba, un simio que ha vivido toda su vida sufriendo torturas por parte de los humanos y que quiere la guerra contra ellos. Pero también su hijo, Blue Eyes, tiene dudas sobre las decisiones “humanistas” y pacíficas de su padre. Así que esta secuela, como corresponde, busca hablar sobre esa lucha, mientras hace lo propio, pero en menor medida, con los conflictos de los humanos. De todos los films que se hayan realizado a partir de la novela de Pierre Boullé escrita en 1963, este film y su antecesor directo son los mejores por mucho. Porque lograron, tecnología y talento mediante, que los personajes de los simios fueran completos, que no requirieran de un exceso de complicidad del espectador para identificarse con ellos más allá del maquillaje o los efectos. El impacto visual que tiene la historia, la realización y la narración que Matt Reeves, todo contribuye a que la decretada muerte del cine industrial quede anulada por completo. En ese aspecto no me atrevería a decir que El planeta de los simios: Confrontación va en dirección contraria al resto del cine de Hollywood –o lo que aun llamamos cine de Hollywood- sino más bien que se trata de un ejemplo de excelente cine industrial. Nada más, nada menos.
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  • Transformers 4: La era de la extinción
    Mucho ruido y aburrimiento

    Transformers 4: La era de la extinción continúa la saga de Transformers iniciada en el 2007, siempre bajo la dirección de Michael Bay.
    Cuatro films, cuatro super producciones gigantescas, cuatro éxitos de taquilla que sin dudar llevarán a un quinto film. Todo eso y más, pero sin embargo, y aun con los cambios que hay entre los films, el resultado sigue siendo de una pobreza asombrosa. Mucho ruido, pero mucho, muchos efectos especiales que logran cosas increíbles, excepto que surja una idea coherente o una emoción humana.
    De todos los films en saga malos que se hayan hecho jamás, los de Transformers son los más pesados. No solo que los films superan las dos horas siempre (éste que aquí comentamos dura 165 terribles minutos) sino que además jamás tienen rumbo. No son lo peor que se haya hecho en la pantalla, pero sí son lo más anodino que se haya visto en el cine industrial de alto presupuesto.
    Los eventos que narra esta cuarta parte remiten a la prehistoria, con los dinosaurios extinguidos de una forma muy diferente a como las teorías hasta ahora indicaban. Sí, estuvieron por ahí los Transformers. Y las acciones principales del film son cuatro años después de los eventos de Chicago con los que cerraba la tercera parte.
    El elenco ha cambiado, pero las malas costumbres del director, Michael Bay nos vuelve a refregar su mal gusto ostentoso, caro y vulgar, con imágenes feas, confusas, con una concepción del cine que elude cualquier concepto narrativo claro o cariño por la construcción dramática. Y no es que se le pide a Bay que haga un cine no comercial, no. Pero detrás del ruido infernal de sus films, hay una idea agresivamente provocadora acerca de la falta de importancia que tiene para él hacer buen cine.
    La pena mayor es que el despliegue de producción es tan grande que para muchos espectadores esto en sí mismo es el canto de sirena que los atrae a las salas.
    Luego de más de dos horas de escenas feas, de confusiones varias y de un ruido insoportable, es imposible que alguien se lleve del cine una idea clara de lo que acaba de ver. Una lástima, porque el potencial está, porque el presupuesto lo tienen y porque van a seguir haciendo esta clase de films. Tal vez la quinta sea la vencida y empiece una nueva esperanza. Nunca se sabe, pero por ahora ya van cuatro películas y ni una sola es realmente buena.
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  • Mi gran oportunidad
    Mi gran oportunidad
    Tiempo Argentino
    El joven que quería cantar

    Con el estreno de esta película, Mi gran oportunidad, se cuenta la verdadera historia de Paul Potts, un tímido e inseguro joven que sueña con dedicarse a cantar ópera.


    Para quienes conozcan la vida de Paul, este largometraje no ofrecerá mayores sorpresas, pero para quienes nunca hayan oído hablar de él, la película tiene una carga emocional irresistible.
    David Frankel, el director de filmes como El diablo viste a la moda y Un gran año, cuenta con habilidad, pero sin demasiado vuelo, una historia que se impone por sí misma.
    Todo el film está enfocado en el gran clímax, que a su vez es lo que tal vez más personas conozcan.
    Por eso, la calidad de Mi gran oportunidad depende de que tan bien impacte ese momento en la audiencia. Su objetivo es ése y lo cumple.
    Cuando la emoción debe aflorar, aflora, y se puede decir que la película tiene el mérito de no arruinar aquel gran momento que hizo popular a Potts.
    Las herramientas que utiliza previo a ese momento cumplen con todos los lugares comunes habidos y por haber, tanto en lo dramático como en lo cómico, en lo romántico e, inevitablemente, en lo musical.
    Pero el espectador que se entregue a la historia sin cuestionarle sus claras limitaciones podrá encontrar lo que fue a buscar: una historia de vida que emociona hasta las lágrimas.
    El carisma de los actores hace que la película avance de forma creíble y los curiosos podrán ir a YouTube y comparar lo visto en la pantalla con la historia real.
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  • El inventor de juegos
    El inventor de juegos
    Tiempo Argentino
    La entretenida aventura de una vida

    Se acaba de estrenar la ambiciosa y lograda producción del director y guionista argentino Juan Pablo Buscarini, que reunió a un elenco estelar (Joseph Fiennes, Alejandro Awada, Edward Asner) para filmar un libro de Pablo de Santis.

    El protagonista de El inventor de juegos es Iván Drago (David Mazouz), un niño que al encontrar en una revista un concurso de juegos de mesa finalmente da con su mayor talento: ser un inventor de juegos. Pero un giro abrupto en su vida lo llevará a vivir una aventura totalmente diferente a lo que él esperaba.
    Juan Pablo Buscarini, el director de Condor Crux, El raton Pérez y El arca enfrenta acá una producción internacional basada en la novela del gran escritor Pablo De Santis. El elenco es una mezcla de actores europeos y estadounidenses más algunos rostros argentinos. Y el gran lujo extra que tiene El inventor de juegos es tener a una leyenda como Edward Asner entre sus protagonistas.
    La muy buena noticia es que Buscarini ha crecido mucho como realizador, que con una producción mayor y un equipo técnico de gran calidad acompañándolo, logra llegar más lejos de lo que había logrado en El ratón Pérez, que era hasta este nuevo film su mejor película.
    La estética del film es particularmente inspirada, bella y, como suele ocurrir no solo con Buscarini sino también con Pablo De Santis, hay un gran respeto por el receptor de la obra, un enorme cariño por los géneros y por el imaginario de la literatura y el cine de aventuras y la fantasía.
    Sí, está claro, El inventor de juegos se ve plagada de citas a otros films y obras literarias, pero en realidad esto no molesta para nada, al contrario, es como si la película expusiera su árbol genealógico a manera de homenaje. De Harry Potter a Charles Dickens, pasando por Tim Burton, todo suma y nada resta. Lo importante es que las citas no afectan en lo más mínimo la narración, que por otro lado fluye con una velocidad notable.
    Muchas cosas ocurren en este film destinado a todo público, capaz de entretener a gente de cualquier edad. No caeremos en el paternalismo de decir que es saludable que se hagan films así desde Argentina, porque esta coproducción con Canadá e Italia es motivo de festejo no importa en qué país o época sean realizadas. El inventor de juegos es una buena película en cualquier lugar y momento. Un largometraje bello, inteligente y entretenido, festejo de la imaginación y la aventura.
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  • Khumba
    Khumba
    Tiempo Argentino
    Animación de segunda línea

    Las historias de animales y el cine de animación van de la mano. El animal diferente que termina siendo el elegido son tan antiguas como la animación misma.

    Las historias de animales y el cine de animación van de la mano. El animal diferente que termina siendo el elegido son tan antiguas como la animación misma.
    En Khumba, vemos elementos en común con muchas historias de la historia del dibujo animado, pero no es la falta de originalidad lo que la convierte en un producto olvidable.
    Se puede ir por caminos transitados y renovar los temas para una nueva generación de espectadores, sin duda, el problema es cuando la historia no tiene el interés suficiente para atraer.
    El protagonista que da título a la película es una cebra que nace con la mitad del cuerpo sin rayas. Esto produce en su manada un estado de alerta y desconfianza que desembocará en la expulsión de la pobre cebra, al quedarse sin agua y creer que el animal diferente es el culpable.
    Sudáfrica ha intentado producir un cine de animación capaz de competir con Hollywood, pero la verdad es que se ve más como una imitación fallida que como un cine de calidad con su propio estilo. Hace poco se estrenó también Zambezia, otra película que tenía características similares a Khumba, además de su origen.
    El cine de animación se ha mostrado capaz de diferentes clases de estéticas y estilo a los largo de los años y en la actualidad también. No son pocos los estudios que intentan apoderarse del mercado con grandes productos, a veces por sus méritos y en otros casos simplemente grandotes.
    El problema es que frente a la cantidad de films animados que se estrenan por año –y que en Argentina dominan la taquilla– la tolerancia frente a los mediocres por suerte es cada vez menor.
    Un film animado de calidad baja es algo complicado de digerir. Cuando algo no tiene timing no es fácil engancharse. Y los giros dramáticos mal hechos producen más fastidio que dramatismo.
    Khumba tenía destino directo al formato casero, pero quiso la distribución y su origen que pudiera convertirse en un estreno de cine.
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  • Transcendence: Identidad virtual
    Inteligencias artificiales

    El Dr. Will Caster (Johnny Depp) está a un paso de lograr la creación de una inteligencia artificial capaz de pensar y actuar como un ser humano, pero al mismo tiempo, usando también la lógica.

    Por desgracia, su sueño se ve interrumpido cuando sufre un atentado que le condena a una muerte lenta. Entonces, su compañero Max (Paul Bettany), y Evelyn (su mujer, interpretada por Rebecca Hall) deciden salvarlo introduciendo su mente en una computadora a pesar de los riesgos que pudieran suceder. Una vez logrado esto, Will ambiciona más y necesita más, pero la pregunta es: ¿es realmente Will o la máquina ha adoptado su persona para lograr alcanzar el poder absoluto? Como queda anunciado, hay quienes se oponen al proyecto en general y habrá que tengan dilemas morales de los que carece Caster.
    El director de la película es Wally Pfister, colaborador de Christopher Nolan, quien le permitió que esta sea su primer film, al dejarle el proyecto. Eso explica la presencia de varios actores que trabajaron con Nolan a lo largo del largometraje, como Morgan Freeman, Cillian Murphy, Rebecca Hall. El guión sin duda es perturbador y el futuro de la inteligencia artificial sin duda es un gran punto de partida para una trama.
    La película sorprende en más de un pasaje y logra que sea creíble aun cuando sus desafíos de lógica son muchos. La ciencia ficción interpela al espectador constantemente, mostrando un futuro que no es otra cosa que la proyección disimulada de nuestro presente. El clima de opresión de angustia se desarrolla principalmente en la primera parte del largometraje, alcanzado allí sus mejores momentos, a todo nivel.
    Hacía el final, la película tiene muchas escenas espectaculares, muy bien realizadas, pero que le sacan el pie al acelerador de las grandes preguntas que al comienzo el relato proponía. Sobran ideas, pero muchas quedan sin desplegarse del todo. Aun así, un elenco verdaderamente de lujo consigue animar e interesar a lo largo de toda la historia.
    Como todo buen film de ciencia ficción, queda flotando la pregunta acerca de que tan lejos estamos de que literalmente lleguemos al mundo que describe Trascendence. Mientras tanto, queda claro que la virtualidad es parte de nuestra existencia y ha cambiado en mayor o menor medida el mundo tal cual lo entendíamos.
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  • Jersey Boys: Persiguiendo la música
    Gracias por la música

    Hace muchos años que Clint Eastwood, el director de Jersey Boys, es llamado el último de los clásicos. Hace décadas que él mismo es uno de los grandes gigantes de la historia del cine mundial. Y ahí está, vigente, vital y octogenario filmando películas tan variadas como bellas, explorando sus obsesiones y sus temas una y otra vez, siempre en el más clásico e irreprochable de los envases cinematográficos. Jersey Boys está basado en un exitoso musical de Broadway que también se ha representado en otras grandes capitales del mundo. La historia es la de Frankie Valli and The Four Seasons. No es la primera vez que Clint Eastwood realiza un biopic sobre músicos. En 1988 había logrado su primer golpe fuerte de prestigio en Cannes cuando dirigió Bird, la biografía cinematográfica de Charlie Parker protagonizada por Forrest Whitaker. Eastwood, también músico, dirigió varios documentales centrados en músicos. Acá realiza un ejercicio de maestría narrativa impresionante, al lograr no solo la combinación de varios puntos de vista y la inclusión de un alto números de canciones, sino el hacer que un musical no sea, en el sentido estricto, un musical. Eastwood toma una historia nostálgica, cercana a la época de su propio comienzo como artista, y sin volverla deprimente la dota de una mirada amarga y desencantada. Al optimismo de las canciones y su alegría, le contrapone los duros golpes de la vida que Frankie Valli debe enfrentar. Sin irse encima de los golpes bajos y sin entregarse a la auto indulgencia, Clint Eastwood logra hacer de esta película una obra absolutamente personal. La película es una reflexión sobre el arte y esa forma de perfección negada en la vida que se suele presentar cuando, por ejemplo, cuatro personas cantan juntas. Otros temas que obsesión profundamente al director, como el legado y los hijos, forman parte fundamental de la trama. Como remate, hay que decir que sin caer en golpes bajos ni sensiblerías, la película se vuelve, escena tras escena, cada vez más emocionante. Ni hablar de las canciones, claro o de la enorme presencia de Christopher Walken. Es una alegría enorme presenciar una narración tan perfecta, sin duda, más aun cuando esta clase de belleza hoy es completamente olvidado por casi la totalidad de los cineastas en actividad. Lo que me hace acordar al final de Manhattan, un joven Woody Allen enumeraba las razones por las cuales la vida valía la pena. Sinatra, Louis Armstrong, Cezanne, Groucho Marx, entre otras personas u obras de arte significativas. Cuando tengo que describir el placer que me produce Jersey Boys lo primero que viene a mi mente es que las películas de Clint Eastwood son una de las mejores razones por las cuales vale la pena la vida y el cine.
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  • Cómo entrenar a tu dragón 2
    Secuela que sube la apuesta

    La nueva producción de los estudios Dreamworks vuelve a explorar con imaginación y gran vuelo visual la historia ambientada en la época de los vikingos, con mucho humor.

    Dreamworks, el estudio que creó las sagas de Shrek, Madagascar y Kung Fu Panda, logró con Cómo entrenar a tu dragón (How to train your dragon, 2010) alcanzar un escalón mayor, accediendo a una trama menos infantil y consiguiendo un relato más clásico.
    Aunque la historia parte de un absurdo y políticamente correcto mundo de los vikingos, el humor, los sentimientos y el despliegue visual lograban que todo llegara a destino. Sin duda era el mejor film creado por este estudio.
    Ahora han pasado algunos años y el pueblo de Berk vive en absoluta armonía con los dragones. Hiccup (Jay Baruchel) y Toothless siguen explorando territorios en busca nuevas tierras y se encuentran con una nueva aventura. Cazadores de dragones por un lado y una isla con cientos de dragones viviendo en armonía con un misterioso personaje por el otro.
    Lo primero que hay que decir de esta secuela es que aun estando acostumbrados a la calidad visual, no se puede ignorar la maravilla que tenemos frente a nuestros ojos. El cine tiene guión y tiene sonido, por supuesto, pero sigue siendo por encima de todo un arte visual, y en ese aspecto Cómo entrenar a tu dragón 2 tiene sus valores más relevantes.
    Como toda secuela, está obligado a subir la apuesta y lo consigue, al menos desde el despliegue visual. El anacronismo de la primera parte se mantiene y acumula más contradicciones de corrección política, en contraste con el salvaje mundo vikingo que se supone describe. No es para tomárselo muy en serio, pero ideológicamente la película no es muy coherente tampoco. Tiene sus momentos de humor, asombro y en particular de diversión.
    Una vez más, no es una propuesta para los más chicos de los chicos, pero tampoco se vuelve demasiado siniestra en ningún momento. La versión en 3D proporciona buenos momentos y en el idioma original queda muy claro que no hay intención alguna de realismo, ya que Hipo (así es el nombre del protagonista en castellano) es un adolescente sacado de cualquier colegio del año 2014.
    En inglés, el extra será escuchar la magnífica voz de Cate Blanchett. Difícil elección si se van con niños. Eso sí, puestos a elegir sala para verla, sí o sí aconsejo se busquen la más grande pantalla que encuentren, ya que la película tiene algunas escenas que dejarán al espectador con la boca abierta.
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  • In-actividad paranormal
    In-actividad paranormal
    Tiempo Argentino
    La maldición de las parodias sin fin

    Las parodias tienen una vida útil limitada. Se necesita mucho talento para que una parodia consiga tener la trascendencia del material elegido para parodiar o incluso superarlo. In-actividad paranormal es la secuela de ¿Y dónde está el fantasma? (A Haunted House), pero las absurdas traducciones para el estreno local parecen querer disimular la conexión entre ambas películas.

    Las parodias tienen una vida útil limitada. Se necesita mucho talento para que una parodia consiga tener la trascendencia del material elegido para parodiar o incluso superarlo. In-actividad paranormal es la secuela de ¿Y dónde está el fantasma? (A Haunted House), pero las absurdas traducciones para el estreno local parecen querer disimular la conexión entre ambas películas.
    Sin embargo, la conexión es clarísima: son las dos espantosas. Una vez más, el material de base es la película Actividad paranormal, que ya bastante agotada está como fórmula en sí misma.
    El protagonista de la película, Malcolm (Marlon Wayans), se va a vivir con su nueva novia (Jaime Pressly) y sus dos hijos. Pronto descubrirá que algo raro hay en la nueva casa y, al uso de los films que parodia, descubrirá poco a poco qué es lo que pasa.
    A la parodia a Actividad paranormal se le suman elementos de otros dos films de terror exitosos como Sinister y El conjuro. La explotación de éxitos como elemento de parodia urgente y atolondrada ya hace rato que se ha convertido en un cine que no debería ni asomarse por las salas de cine comercial. Pero al parecer espectadores que no se quieren mucho a sí mismos aceptan que les vendan estos sub-productos lamentables.
    Los mejores chistes del film aparecen al comienzo, cuando todavía hay energía para tolerar los malos. En menos de media hora, la película está agotada y lo que sigue es simplemente cumplir con la duración estándar para la explotación comercial.
    Las parodias buenas vale la penas verlas en cine, las mediocres suelen ser aceptables en cable, las tan malas como esta es mejor no verlas jamás. La única maldición que refleja bien al género de terror es que las sigan haciendo. Ojalá esta sea la última.
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  • El pacto
    El pacto
    Tiempo Argentino
    Secretos del pasado

    El cine de terror se sostiene a lo largo de los años de forma indiscutible. Lo inexplicable, lo misterioso, lo que no podemos entender, abre la puerta para el temor y el género se sirve de eso. Pero hay mucho más que la raíz de lo siniestro para dotar a estas películas de un valor artístico relevante.

    El cine de terror se sostiene a lo largo de los años de forma indiscutible. Lo inexplicable, lo misterioso, lo que no podemos entender, abre la puerta para el temor y el género se sirve de eso. Pero hay mucho más que la raíz de lo siniestro para dotar a estas películas de un valor artístico relevante.
    Todas las semanas aparecen títulos que intentan entrar, cada uno a su manera, en el imaginario del terror elegido por los espectadores. El pacto no está exenta de valores e interés, pero difícilmente consiga encontrar su espacio en la historia.
    Annie (Caity Lotz) y Nichole (Agnes Bruckner) son dos hermanas que se han distanciado pero deciden reunirse a partir del fallecimiento de su madre. Nichole desaparece misteriosamente y Annie debe buscarla a la vez que se enfrenta a los traumas de su infancia, un secreto siniestro y una presencia espectral vinculada con aquel pasado terrible.
    La diferencia entre esta película y otras del género es que se sostiene en buenas actuaciones y que con pocos recursos logra los efectos terroríficos de las grandes producciones. Esboza en las primeras escenas un tono más de drama que de terror, pero –a medida que avanza– el terror va a ganando poco a poco su espacio, a veces con logradas resoluciones de puesta en escena, a veces con golpes de efecto que emparentan a este título con lo más estándar y poco original del género.
    Si no se estrenaran por año docenas de films que utilizan algunas de las cosas que acá vemos, sería sin duda mucho más sencillo disfrutar de este título, que cumple con la base de lo que uno va a buscar cuando elige ver una película de terror. Pero no alcanza nunca el estatus de obra de importancia. Como sea, lo que sí es seguro es que ya tiene secuela (este film es del 2012), pero no diremos quienes aparecen en ella y quienes no.
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  • Un golpe de talento
    Un golpe de talento
    Tiempo Argentino
    Manager en busca del destino

    John Hamm (de Mad Men) es el protagonista de este film donde también aparecen el conocido Bill Paxton y un trío de actores de la India, en una fusión de cricket y béisbol.

    Las películas basadas en hechos reales no tienen un valor extra como obras de arte, a lo sumo pueden parecer un poco más curiosas o graciosas cuando vemos que el absurdo que retratan realmente ocurrió.
    Un golpe de talento (originalmente titulada Million Dollar Arm) cuenta la historia de J.B. Berstein, un representante de deportistas que descubre que las reglas de su trabajo y la forma de entender el deporte han cambiado. Decepcionado por la realidad (un poco en esto la película remite a Jerry Maguire) descubre una idea disparatada que le permite volver a entrar al juego y sorprender con algo inesperado. Decide buscar en la India (donde el deporte más importante es el cricket) jóvenes que participen de un programa de televisión llamado El brazo del millón de dólares, y a los ganadores llevarlos a Estados Unidos para que participen de las grandes ligas de béisbol.
    El coqueteo con el exitoso film ¿Quieres ser millonario? ayuda al espectador a interesarse por la historia, pero ya en Estados Unidos se trata de una película deportiva con humor y, ya que estamos, una historia de amor.
    Un golpe de talento es una película para sentirse bien; emocionante, simpática y agradable. Muy bien contada, con actores conocidos, como John Hamm (nada menos que el protagonista de la serie Mad Men) y Bill Paxton, y un trío de actores indios que obviamente son pura simpatía y derroche de carisma.
    Aunque el film está basado en hechos reales y en Internet es fácil buscar data sobre todo que cuenta, aconsejo que no lo hagan porque la película se disfruta mucho viviéndola en directo, sin avisos previos, sin saber qué pasará con los personajes.
    El director Craig Gillespie (el mismo de Enemigo en casa, Lars y una chica real y Noche de miedo) vuelve un poco al comienzo de su carrera, bastante rara, por cierto, y parece sentirse cómodo con el deporte, aun cuando este film sea el más popular de su carrera y el que tenga el menor número de elementos perturbadores. Pero como demuestra la aparición del film Sus dos pasiones (The pride of the Yankees, 1942) con Gary Cooper, el deporte siempre ha sido un espacio de emoción cinematográfica genuina y los héroes que se generan alrededor de él siempre conmueven. En ese aspecto, Hamm consigue, con su estilo de la vieja escuela, dar con el perfil ideal para la historia.
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  • A million ways to die in the west
    Con el western no, MacFarlane

    El western es el género norteamericano por excelencia, en más de cien años ha sabido dar más obras maestras que cualquier otro género y construir una mitología cinematográfica capaz de incluso ponerse en duda a sí misma. Maestros como John Ford, Howard Hawks, Anthony Mann, Budd Boetticher, Don Siegel, Sam Peckinpah y Clint Eastwood, entre muchos otros, han encontrado en el Oeste una de las pocas épicas posibles en el siglo XX, esto último según nada menos que Jorge Luis Borges. Pero de tanto en tanto llega un objeto anómalo como A Million Ways to Die in the West, de Seth MacFarlane (el creador de Family Guy y Ted). No hablamos de una rareza, ni de una nueva mirada, ni siquiera de una ingeniosa parodia, hablamos de un film que toma el western sin justificación alguna, con el único objetivo de atacarlo e insultarlo de punta a punta. Pero si aceptáramos por un instante la mirada bruta e ignorante del director, si creyéramos que esta ignorancia no es síntoma de un director mediocre, aun así la película es terriblemente mala. El humor está fuera de timing, los gags están ejecutados de manera tal que no pueden interesar, muchas escenas no conducen a nada y ni siquiera ayudan a expresar alguna idea o mirada por parte del realizador. No falta una dosis de humor escatológico de grueso calibre y humor políticamente incorrecto que de todas maneras se contradice a sí mismo porque el director tiene también su agenda política muy clara. Una series de sorpresas que no anticiparemos acá y una escena al final de los títulos no logran salvar a este pseudo film de un naufragio catastrófico. Incluso aquellos que hacen un genuino esfuerzo por actuar bien, como Neil Patrick Harris, sucumben frente a los caprichos de un director que se enreda en sus propios lugares comunes. Incluso toda su carga de cinismo y revisionismo se borra con la historia romántica, tan mediocre y edulcorada como las más estándar de las películas. El que haya tantos planos del Monument Valley no deja de ser la peor manera de recordarnos que allí, años atrás, el más grande directores de todos los tiempos, John Ford, dirigió varias de sus obras maestras. Pero A Million Ways to Die in the West no es digna de comparación. Ni siquiera está a la altura del cálido homenaje paródico que hizo Mel Brooks en la década del 70. Seth MacFarlane llegó tarde a todo y no aportó nada. Una invitación a no ver esta película que de punta a punta y hasta el cameo final, es un verdadero elogio de la ignorancia cinematográfica. Una vergüenza.
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  • Maléfica
    Maléfica
    Tiempo Argentino
    Un cuento de hadas con sello propio

    En una relectura de la clásica historia de La bella durmiente, Angelina Jolie interpreta a la bruja, un personaje lleno de matices y complejidad. Una vuelta de tuerca necesaria para una fábula conocida y siempre rendidora en pantalla.

    Los cuentos de hadas han pasado a lo largo de los siglos por todo tipo de revisiones. En el cine han tenido mayor o menor suerte, pero en la última década han sido afectados por una última revisión: la comprensión de la villana. Claro que en Espejito, espejito y Blancanieves y el cazador, la villana seguía siendo la villana, a pesar de sus conflictos y sus angustias. Pero Maléfica lleva la historia mucho más allá que cualquier otro cuento de hadas llevado a la pantalla grande. Y en ese aspecto, sin duda, estamos frente a una película brillante. La protagonista del film es Maléfica (que de adulta es interpretada por Angelina Jolie), quien lejos de ser victimaria, es claramente víctima de la maldad del futuro rey. En esta relectura del cuento de La bella durmiente no se pierde el espíritu de los cuentas de hadas, tan sólo se corre el sentido al intercambiar roles de héroe y villano. La joven durmiente recibe una maldición en su cuna, y se vuelven a repetir la rueca y el pinchazo en el dedo. Aquella metáfora del fin de la niñez en las mujeres sigue intacta aquí, la diferencia es que no es una mujer su enemigo. Y Maléfica, la que era la malvada bruja, se convierte aquí en un personaje maravilloso, lleno de matices y complejidad. Angelina Jolie brilla y domina la película de punta a punta, como si hubiera nacido para este papel. Y Ellen Fanning es una joven princesa –de nombre Aurora– creíble y carismática, además de bella. Aunque la belleza de Aurora es opuesta a la de Maléfica, ambas se lucen. Si los cuentos de hadas cumplieron desde siempre una función fundamental en el crecimiento de los niños, esta nueva versión es la que les corresponde a los tiempos que corren. Ya no hay mujeres adultas enemigas de jóvenes, ni se ve la entrada en la vida sexual como un espacio de letargo que sólo puede ser quebrado por la llegada del Príncipe Azul. El trabajo del director Robert Stromberg se ve por momentos sepultado en un cierto exceso de producción con algunas escenas de batalla poco justificadas. Pero esto no impide mantener alta la vara de la protagonista y su historia.
    Como broche de oro, la canción del final la interpreta nada menos que Lana Del Rey, un combo ideal para una nueva generación que necesitaba un cambio en los cuentos de hadas.
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  • Al filo del mañana
    Al filo del mañana
    Tiempo Argentino
    Otros días para morir

    Tom Cruise vuelve a incursionar en ciencia ficción con esta historia –de estructura similar a El día de la marmota– en la que la raza humana es amenazada por una invasión alienígena.

    Qué Tom Cruise ha construido la más sólida de las carreras cinematográficas actuales no es un misterio. Tampoco es un secreto que lo haya hecho por su talento personal, pero también por su habilidad de elegir bien con quién trabaja. En esta ocasión el director es Doug Liman, el mismo que inauguró la saga de Jason Bourne en Identidad desconocida. El guionista es Christopher McQuarrie, ganador del Oscar por Los sospechosos de siempre y autor y director del gran film protagonizado por Tom Cruise Jack Reacher. Al filo del mañana es una nueva incursión de Cruise en la ciencia ficción.
    La película, llena de escenas de acción, está ambientada en una guerra en Europa contra una invasión alienígena. William Cage (Cruise) es lo más alejado a un héroe al comienzo de la historia, jamás ha estado en batalla y de pronto se encuentra –muy a su pesar– en el frente mismo. Pero en la primera batalla descubre que el futuro le tenía guardada una sorpresa. Muere y al instante vuelve al día anterior. Esto ocurre un número impreciso de días, tal vez cientos, tal vez miles, en los que él irá aprendiendo cómo resolver las claves que le permitirán ganar la batalla.
    Su compañera de aventuras es Rita Vrataski (Emily Blunt) la más famosa guerrera del ejército que lucha contra los aliens. Esto es sólo el comienzo del film, posiblemente uno de los más entretenidos que veamos este año.
    Todo esto contado con un gran sentido del humor, con un montaje brillante tanto en su ritmo como en sus cientos de elipsis de gran efectividad. Un plano define un día entero, una imagen muestra el fracaso en cada intento.
    En una estructura que recordará a Hechizo del tiempo, también conocida como El día de la marmota (Groundhog Day) y a Cuestión de tiempo (About Time), la película muestra un proceso de aprendizaje, de maduración. Elogio del profesionalismo, la tenacidad y al heroísmo, la película sorprende de punta a punta sin detenerse jamás en detalles irrelevantes. Elige el sobre entendido al subrayado y apela con mucha sutileza a las situaciones de angustia y dolor que subyacen en toda la trama.
    Se trata de una narración perfecta y contundente, como se supone debería ser el cine llamado de entretenimiento, como suelen ser las buenas películas. Tom Cruise sabe lo que hace y lo demuestra una vez más.
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  • Aire libre
    Aire libre
    Tiempo Argentino
    Conflicto de puertas adentro

    El renacimiento del cine argentino que se produjo en la década del '90 nunca se apagó, y un gran número de realizadores construyó desde entonces una filmografía sólida y digna de atención.

    Entre la variada oferta de filmografías que ofrece el cine nacional, la de Anahí Berneri es una de las más notables. Y aunque Aire libre sea la primera de sus cuatro películas con gran proyección comercial, sus films anteriores son dignos de revisión y análisis. Un año sin amor (2004), Encarnación (2007) y Por tu culpa (2010) son, cada uno en su propio estilo, grandes largometrajes, todos interesantes, llenos de inquietudes e ideas. Lo novedoso en Aire libre es la presencia de dos personajes principales que se dividen el conflicto dentro de la trama. En las tres películas anteriores de Berneri, los personajes eran retratados de forma solitaria, aun cuando no estuvieran solos en la vida. Sus interacciones con el exterior no impedían que pudiéramos ver la soledad de sus pensamientos, sus miedos, sus deseos. Por eso sin duda Aire libre genera una tensión inédita dentro del cine de la directora. Los protagonistas son una pareja, Lucía (Celeste Cid) y Manuel (Leonardo Sbaraglia). El matrimonio, que tiene un hijo de siete años, se aleja de la ciudad e intenta iniciar un nuevo proyecto en una casa en las afueras. No hay duda alguna que esa casa que deben reciclar es una metáfora del propio matrimonio, pero como en todo buen film, la metáfora no impide que la película funcione en ese doble discurso de forma fluida y armoniosa. La idea de que cada persona tiene un mundo interior, difícil de conectar con el afuera queda puesta de forma amarga pero también lúcida en esta historia, donde dos personas que comparten un matrimonio se encuentran con que sus ideas, sus mundos, se han alejado y vuelto incompatibles. La maestría narrativa de Anahí Berneri se expone una vez más en su cuarta película y, como es habitual en ella, logra sacar el máximo de partido de la pareja protagónica. Tanto Cid como Sbaraglia consiguen transmitir perfectamente las ideas de la directora en cada una de las escenas. En un año de cine argentino que parece venir con todo, Aire libre es ya una de las películas imperdibles del 2014.
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  • Godzilla
    Godzilla
    Leer Cine
    El monstruo sigue vivo

    Hace sesenta años se estrenaba en Japón el film Gojira, dirigida por Ishiro Honda. Para el mundo, el nombre de ese monstruo que le daba título al film sería Godzilla. En aquellos años Japón vivía el máximo momento de esplendor cinematográfico de su historia y a la vez, mantenía fresca la memoria de Hiroshima. Al mismo tiempo que Ishiro Honda filmaba este clásico de todos los tiempos, los maestros del cine japonés como Ozu, Naruse, Mizoguchi y Kurosawa alcanzan su esplendor como realizadores. Es divertido ver a Takashi Shimura, actor fetiche de Kurosawa, protagonista de Vivir y Los siete samuráis participando de este film. Pero el año 1954 pertenece a una época en la que las grandes potencias mundiales hacían pruebas nucleares. El film de Honda perteneciente a la ciencia ficción logró captar los temores de un país que eran parecidos a los temores de todo el mundo. Japón sabía del peligro de la era Atómica y el film Godzilla fue un entretenimiento que escondía un mensaje. Muchas, pero muchas secuelas tuvo este film y el personaje protagonizó docenas de films, historietas, dibujos animados y demás. Pero Hollywood nunca había podido darle la forma adecuada que combinara los elementos originales con todo lo que la industria norteamericana podía aportar. Pero el 2014 quedará en la historia del cine como el año en el cual eso cambió. Godzilla dirigida por Gareth Edwards logra lo que muchos ya no creían posible: una extraordinaria película americana de alto presupuesto e imágenes impactantes que respeta profundamente al personaje creado en Japón. ¡Enorme desafío si los hay! Ya no las bombas, pero si las centrales atómicas son en Japón algo inquietante. Esta nueva película cuenta la historia de varios personajes, en particular la de Ford Brody, un joven militar cuya familia se vio directamente afectada por una tragedia en Japón quince años atrás de las acciones principales del relato. Los personajes humanos nunca consiguen conmovernos profundamente, pero esto parece ser intencional. Con astucia el guión logra que el verdadero protagonista sea Godzilla. Poco a poco el monstruo se hace desear y cuando aparece en la pantalla no es de la forma que uno imagina. Resigna durante gran parte del relato su presencia pero luego se convierte en el gran personaje, protagonista absoluto del film. Con una maestría sin precedentes, el film logra que el monstruo sea moderno, creíble, impresionante desde todo punto de vista y a la vez se parezca al del film de 1954. Tanto respeto por el origen delata una gran comprensión acerca de la importancia y el impacto de aquel film. El mensaje de Godzilla es muy sencillo: los humanos no son los dueños del planeta. En 1954 o en el 2014, esto sigue siendo una verdad aplastante, como los pies del héroe de esta nueva y extraordinaria película.
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  • La ley del mas fuerte
    La ley del mas fuerte
    Tiempo Argentino
    Sobreviviendo con violencia en los márgenes

    Dos hermanos viven una vida casi marginal en Rust Belt, un pueblo cuya pobre economía gira en torno a una acerera que está a punto de cerrar. El escaso trabajo se vuelva cada vez más escaso. Es entonces que el hermano mayor (Christian Bale) termina en la cárcel por un accidente de auto y su hermano menor (Casey Affleck) –ex combatiente de Irak– comienza un declive muy difícil de remontar.

    Con un elenco de grandes actores y emulando la violencia de directores como Michael Cimino y Paul Schrader, el realizador Scott Cooper arma un drama intenso con elementos policiales y una mirada sórdida y cruda de estas vidas en declive. Las escenas de gran violencia, impactantes y difíciles de tolerar, funcionan como una forma efectista de realismo bastante discutible. Pero ese naturalismo que la película parece buscar con mucha intensidad –no falta la cámara en mano, la suciedad en todas y cada una de las personas y los ambientes– lo abandona al querer realizar una metáfora importante –émula de El francotirador (The Deer Hunter, 1978) de Michael Cimino, por ejemplo– y subrayada. Cuando la película decide darse esa importancia, curiosamente la pierde. Sus símbolos y metáforas resultan muy torpes en contraposición a toda su estética.
    Hay muchos ejemplos de cómo construir una mirada dura sobre la realidad de un pueblo y sus habitantes sin cae tan fácil en impactos superficiales. Lo más criticable de La ley del más fuerte es lo efímero y directo de su discurso. Los actores le dan a todo una enorme gravedad pero cumplen igual con su trabajo.
    A los protagonistas hay que sumarle a Woody Harrelson, cuya facilidad para pasar de un film a otro de simpático a monstruoso es impresionante, y otros actores de gran nivel como Willem Dafoe, Sam Shepard, Zoe Saldana, entre otros.
    La venganza como móvil puede producir tensión e interés, pero cuando se quiere decir algo importante, más vale que lo que se haga esté a la altura de lo que se anuncia. No pasa esto con esta película que trata de imponer gravedad en cada una de las escenas. Tampoco ayuda demasiado la violencia y la sordidez que el director explota al máximo y que produce más asco que efecto dramático.
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  • Mujeres al ataque
    Mujeres al ataque
    Tiempo Argentino
    Una comedia sin vuelo

    Con Cameron Diaz, Leslie Mann, Kate Upton y Nikolaj Coster-Waldau, el film ostenta una ideología ambigua, esta película lanza algunas máximas tan reaccionarias como pavas.

    Una mujer deja atrás su vida de relaciones efímeras al enamorarse del que cree su hombre ideal. Pero entonces descubre que él está casado. Ambas mujeres (Cameron Diaz y Leslie Mann, respectivamente), que ignoraban la existencia de la otra, se conocen y en lugar de una batalla se inicia una amistad. ¿Pero habrá más mujeres además de ellas dos?
    Con este punto de partida, esta comedia busca sumarse al humor femenino que la comedia norteamericana ha logrado explotar con grandes resultados. Lamentablemente, la falta de vuelo –a todo nivel– que muestra esta película desalienta cualquier esperanza de estar frente a un título interesante o innovador.
    La pereza estética, los lugares comunes narrativos y algunos violentos avances en el guión articulado de forma absurda le quitan fuerza a la película minuto tras minuto.
    Teniendo tres protagonistas femeninas, que una de las tres no pueda ser construida como personaje habla de una limitación de guión. Casi podría decirse que se sospecha un montaje algo complicado.
    La película en sí se encarga de agregar el humor escatológico propio del cine actual y no deja fuera escenas grotescas que no conducen a ningún lado. Lo escatológico no es para todos y esta película lo demuestra. A eso hay que sumarle la construcción de otros personajes, como la secretaria de Cameron Diaz, personaje lamentable y muy mal dibujado. Y sin duda alguna el marido de la protagonista es un personaje que pasa de mamarracho a catástrofe, intolerable al final de la película.
    El primer tercio de película entretiene, el segundo comienza a mostrar graves problemas de todo tipo, y el último es una caída libre que asumo se debió a problemas en el proyecto, porque es durísimo. El film pasa a ser demagógico y aburrido, de venganza femenina al peor estilo de El club de las divorciadas. Ya no se trata de problemas, sino de una resolución torpe tras otra.
    Como broche de oro, la película lanza algunas máximas tan reaccionarias y pavas que dan profunda vergüenza ajena. No hay que desesperar, la comedia con mujeres ha dado dos grandes películas en los últimos años y siempre se puede volver a ellas: Damas en guerra y Armadas y peligrosas, brillantes y osadas. Mujeres al ataque es casi una película contra estas comedias y contra las mujeres.
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  • Muppets 2: Los más buscados
    Viejos conocidos con la magia intacta

    La segunda parte de la saga tiene una intriga policial, con Kermit de protagonista, y entretiene a chicos y grandes.

    Estamos en 2014, ya han pasado años desde el nacimiento de Los Muppets. Siete películas de cine, otros tantos especiales de televisión y por supuesto El show de los Muppets, donde la creación de Jim Henson alcanzó su fama mundial en la década del '70. Pero lo que es realmente asombroso y digno de destacar es que a pesar de haber cambiado de manos a los largo de los años, cada uno de los involucrados en cada uno de los proyectos de Los Muppets parece haber entendido la consigna y mantenido la esencia misma que los vio nacer. En esta primera secuela –cuyo número musical inicial ya podría ir llevándose un Oscar– de la nueva etapa, el humor brillante y autoconsciente se muestra en su mejor forma. Con la ayuda de excelentes comediantes, como Ricky Gervais y Tina Fey, los legendarios personajes de Jim Henson consiguen una comedia dinámica, corrosiva, por momentos bastante arriesgada (hay chistes sobre un Gulag a lo largo de toda la trama) y siempre graciosa. La trama juega con un paso de comedia clásico, el protagonista Kermit tiene un doble casi idéntico llamado Constantine, la rana más peligrosa del planeta. Constantine ocupará el lugar de Kermit, condenando a la rana a quedar en un Gulag. A diferencia del film del año 2011, esta película mantiene el humor de punta a punta de la trama y no se detiene nunca con momentos sentimentales. Sin duda, la presencia del actor británico Ricky Gervais (creador de The Office, versión inglesa) permite que se desarrolle un humor más ácido bien a su estilo. Quienes conozcan a los personajes sumarán capas al humor, quienes sepan algo de cine comprenderán mejor los chistes, pero la trama es muy divertida más allá de eso. Esta es una de las razones que hacen que sea una pena que las copias en idioma original brillen por su ausencia en nuestro país. Los chicos sin duda disfrutan de Los Muppets, pero su humor inteligente y complejo está fabricado principalmente para el disfrute del público adulto. Los cameos y las sorpresas están, como es habitual, a la orden del día y no hay que arruinarlas acá contándolas. Hasta el final de los títulos, Los Muppets 2: Los más buscados es una fiesta. Su humor y su inteligencia se mantienen intactos.
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  • Brick Mansions
    Brick Mansions
    Tiempo Argentino
    Un film sin novedades

    Remake franco canadiense del exitoso film francés District B13 (2004) cuyas escenas de acción se destacaban por el uso del parkour.

    El parkour es una disciplina de origen francés que consiste en moverse por entornos urbanos o no (los que conocemos suelen ser los urbanos) utilizando sólo el cuerpo, saltando de forma rápida y fluida de una superficie a otra. Para decirlo mal y pronto: gente saltando por todos lados, entre techos, paredes, alambrados y ventanas.
    Estas imágenes hoy ya forman parte del imaginario cinematográfico y muchas películas las incorporan como parte de la acción. Tanto District B13 como sus secuelas son clarísimos representantes del parkour en el cine. Esta nueva versión vuelve a tener a Luc Besson y Bibi Naceri como guionistas, aunque cambió al director y el elenco en esta película de acción urbana ambientada en un Detroit distópico.
    El protagonista es Paul Walker y este fue el último papel completo que realizó antes de su muerte. El malogrado joven actor cumple con su rol, y su efectividad es indiscutible, pero no alcanza con eso para hacer de esta película un relato que valga la pena seguir.
    Lo acompaña David Belle, que es justamente un personaje famoso del parkour y que participó también en los films franceses. Un barrio peligroso sin dudas es también un gran marco, pero a pesar de todo, la sensación de imágenes repetidas, de cámara lenta utilizada de forma excesiva y agotadora, hacen que la locación parezca más de video clip que de justificada importancia para una trama cinematográfica. Algunos momentos inspirados del mencionado parkour pueden generar cierto interés, aunque lo mismo puede encontrarse buscando videos en Internet.
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  • Río 2
    Río 2
    Tiempo Argentino
    Música y colores para un rato

    Las nuevas aventuras de los pajarracos animados los vuelve a encontrar en Brasil para el despliegue de un universo natural donde conviven y sortean las amenazas al planeta.

    No hay grandes misteRíos detrás del éxito de Río y tampoco lo habrá detrás de Río 2. Brasil se ha vuelto un punto clave para el cine y el deporte mundial en estos últimos años. Hollywood claramente elige sistemáticamente este país para ambientar sus películas o para colocar en ellas puntos clave de las historias. Algunos directores nacidos en Brasil han logrado hacer carreras de fama mundial también. En el caso de los dos films de Río el espíritu de Brasil es todavía más fuerte que en otras producciones. No sólo por la importancia del país en todo el imaginaRío y el argumento, sino que hasta el experto en animación que dirigió ambas es también originaRío de dicho país. Carlos Saldanha dirigió los primeros tres films de La era del hielo y también Robots. Aunque su cine no pasa para muchos de la medianía, hay que decir que ha sabido tener mucho éxito con sus películas. Río vuelve con los personajes de la primera entrega y los embarca en una nueva aventura llena de sorpresas. El despliegue de colores y música que fue el punto más fuerte del primer film se repite aquí con fuerza y sin duda es su mayor encanto. Un viaje al corazón de la selva amazónica será también la excusa para conseguir que la paleta de colores y los bellos fondos tengan un protagonismo indiscutible. Pero también hay que decir que no hay mucho más detrás. Al parecer solo Pixar y Disney consiguen, en mayor o menor medida, darle a los films de animación norteamericanos ese toque extra que las convierte en obras mayores. Pero a su vez fuera de ese ámbito poderoso se respira un poco más de humor absurdo y disparate, algo que también le sirve al cine de animación y al cine en general. En Río y también en Río 2 el humor absurdo juega un papel clave, sin tampoco pasarse de osadía, claro está. Finalmente, y con derecho, un film ambientado en el Amazonas no puede pasar por alto conceptos ecologistas. Está bien que así sea, en tanto no parezca una bajada de línea forzada y sin sentido. Estas aves con conductas humanas siguen siendo animales y es evidente que su ambiente natural está amenazado. Tal vez esa es una idea no del todo aprovechada, los pájaros y los humanos son lo mismo: habitantes de un planeta amenazado. Pero siempre Río 2 se mantiene a una prudente distancia de las ideas complejas. Tal vez ese sea su encanto y su límite.
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  • Noé
    Noé
    Tiempo Argentino
    Un film en problemas

    En el siglo XXI llevar la pantalla la historia del Arca de Noé es más problemático de lo que parece. Por un lado, el público ya no asume esa historia como una realidad indiscutible, al contrario.

    Y por otro lado, las personas más religiosas, no quieren que Hollywood juegue con la Biblia. En menudo problema se metieron al hacer Noé, sin duda. Pero al final de todo, la historia del Arca es una gran historia para el cine catástrofe y aun siendo una fantasía, la idea de los animales transportados en ella sigue siendo de interés para los niños del mundo.
    No fueron pocos los problemas que tuvo su director, Darren Aronofsky, al hacerse cargo de semejante producción. Si los grupos religiosos se quejaron, por suerte las asociaciones protectoras de animales no. Los animales que aparecen en la película son todos creados digitalmente. Un problema menos.
    Asumiendo su idea de ficción, no exenta de metáforas religiosas, Noé debe ser analizada como una película, porque después de todo, eso es lo que es. La historia es la de los descendientes de Adán y Eva, más concretamente del tercer hijo, Set. Noé y los suyos, son los que han seguido el camino de los justos, mientras que una inmensa mayoría que proviene del linaje de Caín, ha convertido a la Tierra en un infierno. Sobreviviendo junto con su esposa e hijos, Noé recibe del creador el anuncio de un diluvio que arrasará con la humanidad y la orden de construir un arca para proteger a las especies animales. La película no se ocupa casi nada de dicho diluvio ni de los animales, sino más bien de todo el conflicto de Noé y su familia, así como también de sus enemigos. Dicho conflicto está teñido por el tema religioso.
    La idea de un creador que hizo todo, la convicción de la existencia de un paraíso, el pecado, el castigo de dicho creador a la humanidad, todo eso como guión cinematográfico es otra cosa. Noé apuesta por una lectura religiosa sin vueltas, aunque brevemente juegue con la desmitificación de la creación, y las escenas resultan, religiosas o no, algo falsas.
    La película adolece de una notable falta de convicción, posiblemente porque debe explorar ideas religiosas en combinación con realismo cinematográfico contemporáneo. De dicha tensión la película no sale bien parada y el cine en general tampoco.
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  • Capitán América y el soldado del invierno
    El crecimiento de los grandes héroes

    En una nueva entrega de la saga creada alrededor de Los Vengadores, se estrena una segunda película "solista" del héroe del uniforme y escudo con el color de la bandera estadounidense. Un thriller político con mucha acción.

    Los héroes del cómic están desde hace ya una década al tope del interés cinematográfico en el cine industrial. Capitán América y el soldado del invierno forma parte del mega proyecto cinematográfico de Los Vengadores, ya que de hecho el Capitán América ha sido denominado justamente El primer vengador en el film anterior.
    De todos los héroes de la saga, el Capitán era, por razones obvias, el más antiguo y clásico. Su forma de ver el mundo y sus principios también lo eran. Acá, la película y el gran guión se encarga de presentar con indudable éxito a ese personaje de la década del '40 teniendo que enfrentarse a los conflictos del presente. Sus certezas se derrumban y sus conflictos se multiplican frente al mundo actual.
    Es que Steve Rogers –el Capitán América– es un héroe clásico de otra época, alguien que no puede imaginar el universo conspirativo en el que en esta historia deberá meterse. La película es un thriller político al estilo de la década del '70, y no por nada es una figura relevante Robert Redford, héroe de esta clase de films. Pero al film de intrigas políticas lo rodea y lo cubre una gigantesca película de acción con superhéroe. La acción acá brilla, se justifica y los efectos tienen una perfección de esas que hoy tomamos como corriente, aunque hace unos pocos años era imposible de soñar. Pero es interesante que esto esté en permanente tensión con las ideas del protagonista y que esto sea, justamente, la fuerza que une y le da sentido a una producción tan gigantesca.
    El gran problema de estas películas suele ser muchas veces la imposibilidad de dotar de humanidad a los personajes, y El Capitán América y el soldado del invierno es un ejemplo de cómo resolver esto. Lo mismo ocurre con la fuerza del villano. En la anterior entrega de este superhéroe, el villano no lograba estar a la altura, pero acá esto se resuelve y le aporta un condimento extra.
    Si bien se extraña un poco la década del '40 del film anterior y toda su estética, hay que decir que la película cumple con creces todos sus objetivos. Funciona para el personaje, funciona dentro de la saga y funciona como película más allá de lo que uno sepa o conozca de este universo.
    Como siempre, hay que quedarse hasta el final de los títulos de crédito. No lo olviden.
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  • Aires de esperanza
    Aires de esperanza
    Tiempo Argentino
    Del melodrama policial al romanticismo

    Jason Reitman, el mismo director de La joven vida de Juno (Juno) y Amor sin escalas (Up in the Air) no parece tener suerte con las traducciones de sus títulos, y así es como Labor Day (Día del Trabajo) se estrena aquí como Aires de esperanza.

    Absurda traducción, obvia en su significado y hasta con opinión acerca de lo que el espectador va a ver. Pero por suerte las películas son más que eso.
    Aquí, Reitman –hijo del famoso director Ivan Reitman, recordemos– cuenta la historia de Adele (Kate Winslet, siempre poderosa, siempre impecable) una mujer deprimida, aislada de la vida que vive junto con su hijo adolescente. Frente a ellos aparece un fugitivo de la justicia (Josh Brolin, un gran actor recuperado) quien estaba preso por haber asesinado a su esposa.
    La tensión de la película va entre el policial y el melodrama, pero busca abrirse paso hacia un drama romántico. La combinación de todo esto no siempre da el mejor resultado, pero el talento actoral y el oficio del director consiguen que las cosas se encaminen.
    En muchos aspectos, eso sí, la película está algo lejos del humor irónico que Reitman trabajó en otras oportunidades. O tal vez aquí hace más evidente lo anunciado desde siempre en su filmografía, y que Reitman no es un director cínico y que de hecho muchos de sus personajes terminan descubriendo que el cinismo es, justamente un callejón sin salida. Rara historia eligió para manifestar abiertamente esta idea, pero tampoco se le puede acusar de haberse traicionado a sí mismo.
    Quedará para el debate cierta ambigüedad ideológica o posibles contradicciones, pero justamente son material debatible por lo ambiguo. Aquellos que por el contrario renieguen de lo cursi, es posible que no se sientan a gusto con este relato, un relato que tiene sus vueltas de tuerca, sus idas y venidas, pero que sin embargo da un saldo positivo debido a que hay convicción en la forma en que la película se cuenta, así como también existe esa misma convicción en los actores, no solo la pareja protagónica, sino también el pequeño actor (Gattlin Griffith), que observa el mundo que lo rodea con la misma esperanza y angustia con la que seguramente el director quiso que nosotros observáramos su film.
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  • Tarzán
    Tarzán
    Tiempo Argentino
    Adaptación al presente

    Tarzán nace como personaje literario en la serie de libros que Edgar Rice Burroughs escribió a partir de 1912. Su popularidad fue instantánea y en el cine le tocó a Johnny Weissmüller, medallista olímpico en natación y actor, ser el más famoso Tarzán de todos los tiempos.

    Pero el personaje de ficción, uno de los más famosos que el mundo ha tenido, siguió su curso mucho más allá. Cientos, sí, cientos, de adaptaciones han pasado por los más variados estilos y formatos.
    Ahora es una película de animación alemana realizada en el año 2013 la encargada de darle vida al personaje. Como corresponde, la película busca dejar su marca. Greystoke Energies (Greystoke es el apellido de Tarzán) es una empresa que ha quedado en manos de gente desalmada y ambiciosa luego de la muerte de los padres del protagonista. El único capaz de hacerles frente será el propio Tarzán, junto con Jane, la famosa novia del hombre mono, hija de un científico.
    La animación, por momentos original, por momentos algo limitada, parece estar muy influenciada por Avatar (2009) la película de James Cameron. No sólo en la estética, sino también en el guión. Pero a pesar de las novedades y el esfuerzo, lo cierto es que la película se estanca en sus limitaciones y se entrega a un discurso demasiado básico y elemental.
    Hacer buen cine de animación es más difícil de lo que parece y esta nueva Tarzán, no exenta de cierto mérito de todas formas, lo demuestra.
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  • El gran hotel Budapest
    UN HOMBRE DE OTRA ÉPOCA

    Pocos cineastas tienen una impronta tan personal como el cineasta norteamericano Wes Anderson, su cine es diferente a todos y se lo reconoce en cada plano, en cada escena, en cada personaje. El gran hotel Budapest es un perfecto ejemplo de todo lo que Anderson es y sabe hacer. Lejos de Hollywood pero también lejos de Europa, Anderson es irrepetible. Aquí el protagonista de la historia, pero no del relato, que como siempre tiene varias capas, es Gustave H. (Ralph Fiennes, brillante) el excéntrico conserje del legendario Hotel Budapest. Como suele ocurrir con los personajes creados por Anderson, Gustave es un organizador, un planificador, alguien que tiene como utopía el control del universo. También es un pícaro, a pesar de tener una enorme nobleza y lealtad con los suyos, es alguien que aprendió a sobrevivir. Su energía, como es habitual para el cineasta, es enorme, nunca se termina. En todo de comedia agridulce, pero con algunos momentos siniestros, la película desarrolla la historia de este personaje demodé, como muchas veces lo son los protagonistas del cine de Anderson. Más que nunca el cineasta se expone y manifiesta como un hombre fuera del mundo actual. Todo su cine siempre se ve de otra época, su extraordinaria paleta de colores, su maravilloso vestuario y su asombrosa dirección de arte, confluyen en una experiencia cinematográfica única. Pero Anderson es también un narrador apasionado. Las aventuras disparatadas y deslumbrantes parecen aquí sacadas de un folletín del siglo XIX. Con un enorme nivel de alegre locura, pero también con la certeza de los tiempos que se han ido, El gran hotel Budapest construye a pura belleza y originalidad, una historia atrapante. Un elenco que es más que un lujo sirve como muestrario de personajes raros y divertidos, que van de lo risueño a lo oscuro, que son un abanico de la condición humana mostrada de una manera única. En el descontrol y la sobre oferta de material audiovisual del mundo actual, Anderson brilla como un joya. Su cine es una fiesta para los espectadores, su mundo es un refugio frente a la mediocridad y el exitismo del mundo actual. Gustave H. es como Anderson, una persona perteneciente a otra época. Una época que había terminado incluso antes de que el naciera. Ver El gran hotel Budapest es una manera de mejorarse la vida como espectador y como persona. Anderson ha sabido entregar varias obras maestras como Rushmore, Los excéntricos Tenenbaums y El fantástico Sr. Fox, por mérito propio, El gran hotel Budapest ya podría incluirse en este selecto grupo.
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  • Heredero del diablo
    Heredero del diablo
    Tiempo Argentino
    La moda "película encontrada"

    La moda de las películas de terror con "película encontrada" (found-footage) se acerca año tras año, título tras título, a un agotamiento que debería alarmar a los productores y directores de cine acerca de la necesidad de abandonar esta modalidad.

    Heredero del diablo cuenta una historia con algunas variaciones, lo que sin duda es su punto más interesante, pero se pierde cuando depende de la estética mencionada. La pareja protagónica está de luna de miel cuando una serie de extraños eventos que suceden una noche son el puntapié inicial para todo el horror que vendrá después. Ella queda embarazada antes de lo que ellos hubieran querido, pero llevan adelante el embarazo y, claro, deciden grabarlo todo.
    Toda la película cumple con las reglas del género, claro, y con las absurdas y forzadas reglas del found-footage. La originalidad de la idea se aplasta a los pocos minutos y hay que sostenerla hasta el final a duras penas, con todos los clichés habidos y por haber para esta clase de films.
    A pesar de que Heredero del diablo intenta tener un hilo argumental y actores más conocidos que otros films del estilo, no hay salida posible al encierro que la propia película propone. Algunas escenas escalofriantes vinculadas con el embarazo de la protagonista son impresionantes por razones médicas pero no cinematográficas.
    Esperemos que en el futuro dejen de "encontrar" películas mediocres y se pongan a filmar algunas buenas.
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  • Need for speed
    Need for speed
    Tiempo Argentino
    Película de autos y lealtades

    Need for speed es la versión cinematográfica de un popular videojuego, pero no se necesita ningún conocimiento previo del mismo para entender o disfrutar del relato.

    El protagonista es un mecánico con gran habilidad para conducir autos preparados, aunque su taller corre riesgo de cerrarse y dejarlo a él y a sus amigos en la calle. Un viejo conocido, devenido en enemigo y exitoso piloto de autos, vuelve para hacerle una propuesta comercial que no lo convence pero que a su vez no puede rechazar.
    Este largo prólogo será la puerta que se abre para desatar los verdaderos conflictos de la película. Ese conflicto, fuerte, claro, interesante, irá acompañado por espectaculares y deslumbrantes autos de todo el mundo.
    Aunque no se necesita ser amante de los autos para disfrutar de Need for Speed, los fanáticos tendrán para hacerse un show con los que aparecen en pantalla. Claramente la película tiene una tensión rara entre dos ideas. Por un lado asume su incorrección política, exponiendo la irresponsabilidad y los peligros para terceros que representan los personajes de la película, pero por el otro reivindica la lealtad y la nobleza de sus protagonistas.
    No será tan fácil como en Rápido y furioso sentirse a gusto, esta película es más incómoda y dramática, pero cierta crudeza de las escenas de acción le sienta muy bien y le otorga algo de originalidad.
    Need for Speed logra, a pesar de estar llena de efectos especiales, un realismo de las escenas de acción –aun las inverosímiles– que engancha al espectador.
    Los actores, buenos actores, también le dan al relato credibilidad para que lo absurdo se haga plausible. Si las cosas le salen bien a esta película, todo está servido para iniciar una nueva saga para los amantes de la acción y los autos. Pero también para quienes buscan héroes nobles, con valores y lealtades inquebrantables.
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  • La tercera orilla
    EL HIJO

    La tercera orilla podrá aparecer en la cartelera como una película más de la sobrecargada y mal aprovechada lista de estrenos nacionales. Claro que su directora no es debutante, que ha participado de festivales y que el señor Martin Scorsese aparece también como partícipe. Pero su destino comercial nunca podrá hacerle justicia a una película que realmente vale la pena. Y no le podrá hacer justicia porque el exceso de estrenos nacionales produce confusión y falta de interés. Peor aún, la falta de seriedad, responsabilidad y exigencia de los críticos locales con la cinematografía nacional produce un efecto pastorcito mentiroso. ¿Si tanto film irrelevante recibe unánimes elogios, qué queda cuando aparece una película como esta, realmente buena? Sí, no es del todo justo ocupar esta crítica en analizar esto, pero a la vez es necesario. Muchos films argentinos de la última década se parecen –mal vistos o a las apuradas- a La tercera orilla pero no lo son. La labor del crítico es diferencias lo irrelevante o mediocre de aquello que tiene encanto, talento, que verdaderamente funciona. Para analizar la película se adelantan algunos elementos de la trama, se aconseja que el lector abandone aquí la lectura de este texto si no desea saber más.

    Ambientada en la provincia de Entre Ríos, la película de Murga se centra en el personaje de Nicolás, un adolescente que observa en silencio el funcionamiento de su familia. Basta ver el rostro del protagonista para descubrir una tensión que en algún momento tendrá que estallar. La tensión estará a lo largo de todo el film, creciendo escena tras escena, con el espectador esperando ese momento. Ese es uno de los méritos del film, que entendamos la tensión desde el comienzo y nos empecemos a preguntar hasta dónde llegará. Cada acción que ocurre delante del protagonista no termina de tener sentido para los demás personajes, pero para nosotros sí. Murga nos hace cómplices y con eso aumenta el suspenso. Todos actúan casi con inocencia, sin tener la totalidad del rompecabezas que es Nicolás. Tampoco nosotros sabemos hasta dónde llegará, pero sabemos que la tensión sube.

    El personaje de su padre se vuelve a cada paso más despreciable, oscuro, siniestro sin actuar como un villano. Nicolás no es como su padre, Nicolás no tiene la doble moral de su padre, Nicolás es noble, recto, generoso, leal. Pero lo que ha observado y lo que soporta sobre sus hombros lo ha vuelto retraído, callado, algo oscuro también. La película brilla en la forma en que describe el mundo de Nicolás. No tenemos una mirada privilegiada en ese aspecto, nosotros llegamos con la trama empezada y debemos esperar un poco para entender todo lo que pasa. Vale la pena, porque eso nos convierte en espectadores más atentos e interesados. Nos volvemos observadores más astutos porque no recibimos informaciones mediantes diálogos obvios o explicaciones.

    Sabemos muchos de Nicolás. Sabemos que ama a su hermana, que cuando va al karaoke combina su energía contenida con una verdadera felicidad. Una felicidad que también vemos cuando baila el vals. Tal vez su hermana sea la persona que él más ama en el mundo. También sabemos que es leal a su medio hermano, a pesar de la doble vida de su padre. Sabemos que le indigna la vida que lleva el padre y que siente pena por su madre. También sabemos que habita en él una violencia que aun no ha estallado pero que en cualquier momento lo hará.

    Murga no renuncia a su estilo cinematográfico y a la vez va sumando pulso narrativo para esta película cargada de tensión y suspenso. Sin hacer un cine convencional, se acerca más al espectador al cautivar al espectador con una tensión, repito, crece escena tras escena.
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  • 300: El nacimiento de un imperio
    Violencia, sexo y aventura

    Secuela o precuela de la película 300 (en realidad tienen momentos en paralelo dentro de la cronología, algunos previos y otros posteriores) que dirigió Zack Snyder, basada en el cómic de Frank Miller, el protagonista es ahora Temistocles (Sullivan Stapleton), quien se convierte en leyenda en la batalla de Maratón porque intentará unir a toda Grecia contra el ataque persa.

    Dicha unión incluye a los 300 espartanos del film anterior, y ahí es donde las historias se desarrollan en paralelo, aun cuando no se le da protagonismo al sacrificio espartano. Al villano Xerses (Rodrigo Santoro), muy poco interesante y bastante estático, se le suma –y casi remplaza– Artemisia (Eva Green), poderosa guerrera, sexuada y potente líder capaz de llevar adelante un ejército y también la trama. Que haya sexo en un film tan comercial en el año 2014 es casi una rareza dentro del cine actual.
    Con una estética algo extrema, de exagerada herencia del cómic de Miller, El nacimiento de un imperio tiene momentos de dudoso buen gusto. Y no hablamos de su artificial pero intensa filiación al cine gore, que por cierto le queda bien. El problema es que las imágenes estáticas de la historieta pierden toda lógica narrativa y le quitan algo de lógica a las acciones que transcurren en cada escena.
    Aun así, y como ocurre con las buenas segundas partes que se saben sin futuro de clásico, la película es pura acción y hacia adelante. Tres grandes bloques dividen la trama y no hay tiempo para nada más. Al no perder la concentración, no hay tiempos muertos, y aunque no logra nunca dar un salto hacia la grandeza, al menos no pierde la pista de la aventura y la acción.
    Tal vez, en muchos aspectos, es menos solemne y acartonada que su antecesora, aunque a la vez no innove tanto en lo estético, sino que repite lo ya probado anteriormente. Los fans de 300 tendrán sus sorpresas y sus buenos momentos, mientras que aquellos que disfruten de un buen show encontrarán aquí una película digna y aceptable, con algunos elementos que la vuelven atípica con respecto a la industria cinematográfica actual. Lo diferente tiene a veces, como en este caso, un valor en sí mismo. Y las batallas navales son espectaculares.
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  • Tinker Bell: Hadas y Piratas
    Con poco vuelo, demoliendo los clásicos

    Durante décadas, los films de Disney, en particular los realizados mientras el mismísimo Walt Disney los realizaba, tenían un aura particular que cuidaba al máximo la exhibición de cada uno de estos films.

    Sin el video y sin el cable, las películas de Disney se veían en el cine y sin importar que tantos años hubieran pasado desde su estreno, las películas eran cuidadas al máximo y todas eran verdaderos clásicos.
    El cine cambió, claro, y los soportes para ver películas también. Disney recuperó su esplendor perdido y a la vez salió a ocupar todos los espacios que el mercado le permitía.
    Así que el clásico Peter Pan (1953) tuvo, de forma lamentable, una secuela en el año 2002 y a partir del 2008 Tinker Bell se independizó para una serie de películas de muy poco vuelo, con perdón del chiste.
    Con su público cautivo, estos personajes enfocados principalmente hacía las niñas, repiten, a veces pasando directo a DVD y, como ocurre en Argentina, estrenando en cines.
    Esta nueva historia, que incluye algunos personajes muy importantes del mundo Disney asociados a Peter Pan, se centra en un hada pirata, excluida del mundo de las hadas y con ambiciones diferentes a la bondad natural de ellas.
    Sin ser la peor de la serie, y con algunos momentos más inspirados que otros, Hadas y piratas no forma parte de la historia cinematográfica del estudio, sino que es más bien uno de sus subproductos de consumo rápido y olvido aun más veloz.
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  • Non-Stop: Sin escalas
    Con los pelos de punta

    Liam Neeson tomó en algún momento la decisión de no estancarse en los papeles importantes y serios (no quise entrecomillar, creo que no es necesario) y recuperó el espíritu de género que en los comienzos de su carrera lo hizo brillar en Darkman. Con Taken demostró ser no sólo un buen héroe de cine de acción, sino directamente un gigante del género. En Non-Stop encuentra una vez más un gran guión y una buena historia que le sirve para lucirse en pos de hacer brillar aun más una película excelente. El no es el principal responsable del resultado, pero es una pieza fundamental. Actúa con todo lo que tiene para hacer una película de género, un entretenimiento puro, una película disfrutable de punta a punta. Un consejo sincero: verla en cine sí o sí, porque la tensión es demasiado alta y la película no merece ser vista de forma distraída y displicente en un formato hogareño.

    Neeson interpreta aquí a Bill Marks, un agente encargado de seguridad aérea a bordo de un vuelo entre New York y Londres. Bill tiene problemas con el alcohol y un trauma de su pasado que lo obsesiona. No tiene idea de lo complicado que será el vuelo que está a punto de abordar. La tentación de contar el argumento de la película podrá ser grande, pero sinceramente creo que no hay que saber nada más de la trama hasta ver la película. Porque cada escena abre un interrogante que va a dejar al espectador cada vez más enganchado con la trama. A Liam Neeson lo acompaña un elenco de grandes actores, algunos famosos, como Julianne Moore, pero también un grupo de desconocidos que brillan por la intensidad y efectividad de sus trabajos.

    El director es Jaume Collet-Serra, responsable de buenas películas de terror, como La casa de cera y La huérfana y de otro film de acción con Liam Neeson, Desconocido (Unknown, 2011). Sin duda que su estilo es preciso, que logra que cada escena esté cargada de tensión y que se pueda vivir la claustrofobia y la paranoia del protagonista. Un buen guión, un gran director y un protagonista de primera clase le permiten a Non-Stop convertirse en una película fuera de lo común. Con el agregado de todo buen film norteamericano: La segunda oportunidad. A diferencia de la vida, le debemos a Hollywood permitirnos soñar con una chance de curar las heridas, de compensar los desequilibrios y saldar las cuentas. Resulta particularmente emocionante en el caso de Non-Stop y en medio de la acción y el suspenso queda un buen lugar para sentir un cariño extra por el protagonista. Larga vida a los films como este.
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  • La paz
    La paz
    Leer Cine
    La Paz, película de Santiago Loza, tiene una historia convencional, un desarrollo convencional y el final más estándar que uno pueda imaginar. Esto no es, por supuesto, un defecto en sí mismo. Muchos films convencionales son excelentes. La rareza aquí es otra. Loza cuenta algo convencional pero lo cubre con una pátina de cierta sordidez, acercándose –no por error, sino por elección- a sus personajes con ambigüedad y un subrayado excesivo para marcar las relaciones entre el protagonista y su entorno.

    El protagonista de La paz acaba de salir de una internación psiquiátrica y se reencuentra con su familia y una ex novia. Esos encuentros, morosos, minimalistas pero obvios, no aportan mucho desde lo narrativo. La falta de ritmo no siempre es sinónimo de arte, esos planos largos que suman poco desde lo cinematográfico, no significan una mirada profunda o compleja. Apenas la relación del protagonista con su abuela alcanza algo de luz, interés y refleja la profundidad del vínculo entre ambos.

    Queda claro que se puede contar una historia como a cada director le parezca mejor, no creo que Loza haya intentado algo diferente. Pero también los espectadores tenemos el derecho a cuestionar cuando una película juega en lo que parecen dos direcciones opuestas. Si la búsqueda era hacer una historia convencional, la forma narrativa no ayuda en nada. Y si la idea era explorar un cine diferente a lo masivo, tampoco hay en la puesta en escena y el relato una apuesta de buenos resultados. Para la mayoría de los espectadores La Paz ni siquiera existe, en parte porque tuvo un estreno pequeño junto con otros tres títulos nacionales. Pero para la mayoría de los críticos locales es una buena película. Esta vez me toca estar en minoría entre colegas, deberá cada espectador evaluar por sí mismo que le parece esta película.
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  • Las aventuras de Peabody y Sherman
    El mejor amigo del perro

    Las aventuras de Peabody y Sherman se basa en los personajes televisivos del mismo nombre, que protagonizaban unas historias bajo el nombre de Peabody's Improbable History, lo que explicaba dos características de sus aventuras: la historia como centro del relato y el poco rigor histórico de cada episodio.

    Mr. Peabody es un perro brillante, multimillonario, que incluso triunfó en el deporte y alcanzó toda clase de metas en la vida. Pero al encontrar su existencia vacía decidió adoptar a un niño, Sherman, para que lo acompañe en la vida. Juntos, viajan en el tiempo enfrentando toda clase de historias absurdas alrededor de eventos claves de la historia.
    La película posee una animación digital moderna que la aleja muchísimo de su original y lo que gana visualmente lo ha perdido en humor.
    Con un exceso de sentimentalismo atravesando la trama principal, la película se detiene demasiado a jugar con los sentimientos de los personajes y posterga demasiado los buenos momentos de aventura. Como si no alcanzara con sutiles rápidos trazos para dar a entender el afecto que une a los personas.
    Las licencias poéticas que se toma con la historia son bastante polémicas y –a diferencia de la serie– no llegan a ser lo suficientemente jugadas como para marca una idea del mundo, son más bien absurdas y contradictorias.
    Finalmente, puede que en este largometraje haya un subtexto acerca de la adopción por parte de personas gays, pero tampoco esto termina de jugarse. Si lo hiciera, tal vez no mejoraría mucho como película, pero tendría algo interesante para aportar.
    A pesar de las muchas cosas que presenta la trama, la película se detiene demasiadas veces a aclarar demasiadas cosas y no se entrega al disfrute. No siempre la superación tecnológica es sinónimo de mejores resultados.
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  • Pompeii, la furia del volcán
    Cine catástrofe de manual

    El cine catástrofe ha cautivado al público desde siempre. Obras como Infierno en la torre o Titanic se han repetido en la historia del cine.

    Pompeii se suma a la larga lista de títulos que han fascinado a generaciones de espectadores en todo el mundo.
    Como su nombre lo indica, la película describe los últimos días de la ciudad de Pompeya, durante el Imperio Romano. Como siempre, la idea no es contar la vida de toda la ciudad, sino los conflictos de unos pocos personajes. Aquí tenemos una pareja protagónica formada por un esclavo gladiador y una joven de la alta sociedad de Pompeya. También hay villanos, claro, hay cobardes, hay valientes, y la amenaza del volcán que se cierne sobre todos ellos.
    La película del desparejo artesano Paul W. S. Anderson (creador de la versión cinematográfica de Resident evil, entre otras películas) va por el género del cine catástrofe usando el manual al pie de la letra. No se mueve ni un centímetro de las reglas y cumple con todas ellas, para placer de quienes adoren este género.
    El resultado es poco original, es verdad, pero también es divertido, emocionante, con escenas llenas de tensión. Arquetipos sin vueltas, ideas claras, simples y directas.
    Visualmente, la película es impactante y tiene escenas impresionantes, como debe ser para una película como ésta. Se notan criterio y buenas ideas para resolver algunos de los momentos más complicados de la catástrofe natural.
    Cínicos abstenerse; para disfrutar de Pompeii es imprescindible participar de las reglas y no cuestionarlas. Héroes y villanos tan antiguos como la historia misma que cuenta.
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  • RoboCop
    RoboCop
    Leer Cine
    Sigan de largo, acá no pasa nada

    Robocop es, no hay misterio alguno, una remake del film de 1987 dirigido por Paul Verhoeven. Ya se sabe de sobra que las remakes suelen ser un callejón sin salida, incluso las que salen medianamente airosas del desafío. Las fantásticas excepciones confirman la regla. No es el caso de este Robocop, por cierto. Una vez más la historia es la del oficial Murphy, severamente herido y cuya única esperanza es ser el prototipo de un modelo experimental mitad robot mitad humano para la policía de Detroit. El film original (que tuvo dos secuelas, una serie y una miniserie) era una rareza, una obra con mucha personalidad, algo enferma, llena de violencia y verdaderamente impactante. Incluso la primera secuela era muy brutal. Para hacer una remake había dos caminos posibles, o bien respetar ese estilo, o bien construir otro diferente pero con igual personalidad. No es lo que ocurrió aquí. La mediocridad del director brasilero José Padilha (qué no dudó en quejarse acerca de lo duro que es trabajar en Hollywood) que ya había sido demostrada en su efectista y sádica Tropa de Elite acá se expone al no poder contar con claridad ni una sola escena de las largas y tortuosas casi dos horas del film. No existe un verdadero dilema moral de ningún orden y los conflictos son todos básicos y carentes de nervio. Paul Verhoeven le gana como narrador, le gana en el uso de la violencia, le gana en la originalidad de las escenas y le gana incluso en el sentido del humor. El humor de esta nueva versión es tan berreta, los subrayados del programa de televisión que unifica el relato son algo difícil de aguantar, que hay que tenerle mucha paciencia a la película en cada momento. Samuel L. Jackson como periodista nada objetivo es un chiste que se alarga y aburre. Un película tan burda burlándose de la televisión da bastante pena. Gary Oldman y Michael Keaton sí suman algo positivo porque le ponen corazón a sus trabajos. Joel Kinnaman es el actor protagónico y ahí es imposible no recordar a Peter Weller realizando una actuación increíble como Alex Murphy y Robocop. Weller lograba pasar de lo humano a lo mecánico y lograba mostras la angustia del personaje. Kinnaman es particularmente malo. Mención aparte merecerían los villanos inquietantes y perturbadores del film de 1987 también. Acá los personajes son confusos y poco relevantes. Ahora, tan solo para ser justos, imaginemos que no es un remake y que es la primera versión que se hace de esta historia. Olvidémonos de las comparaciones. Bueno, si hacemos eso, Robocop es un telefilm clase B (aunque caro) mediocre, firme candidato al olvido. No es la comparación lo que arruina a la película, es simplemente que la propia película carece de cualquier forma de interés. El traje, eso sí, es negro. Se jugaron todo.
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  • Horas desesperadas
    Horas desesperadas
    Tiempo Argentino
    Peripecias por una hija

    Poco y nada le importa a los distribuidores locales respetar el título de un film, así que Hours (2013) pasa a llamarse aquí Horas desesperadas (sí, como el clásico de 1955 con Humphrey Bogart y Fredric March), para sumar más catástrofes a la cartelera local y sus títulos.

    Este buen drama protagonizado por Paul Walker (este fue uno de sus últimos films: el actor murió en noviembre de 2013) cuenta la historia de un hombre que durante el Huracán Katrina queda atrapado en un hospital sin energía eléctrica porque no puede dejar a su hija recién nacida que está en una incubadora. Todos abandonan el edificio pero él se niega, ya que no hay manera de sacar a su hija sin desconectarla.
    La película se concentra en su protagonista casi exclusivo y en las diferentes peripecias que debe sortear para mantener a su hija sin vida.
    El director debutante Eric Heisserer mantiene con nervio la tensión y Paul Walker logra una actuación creíble y efectiva, lejos del héroe de acción de la saga de Rápido y furioso.
    Aunque la película coincida, en su clima, con muchos films de terror o ciencia ficción que giran en torno a una situación apocalíptica, su fuerza consiste igualmente en mantener vinculada con la realidad.
    Katrina fue el escenario de una situación digna de un cine apocalíptico y la película lo aprovecha perfectamente. Con pocos elementos la película logra sostener la tensión y sumar escenas de interés sin exagerar en ningún momento el punto.
    Aun así, la película se alarga y no todo tiene el mismo nivel de efectividad. La trama está siempre al límite, porque lo que está en juego es la vida del bebé recién nacido y esto tensa al espectador cada vez más.
    No tiene tampoco demasiadas posibilidades de salir de su propio esquema. No tiene, digamos, dos finales posibles, pero aun así logra que le interés no se pierda.
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  • Agosto
    Agosto
    Leer Cine
    Esto no es un film

    El éxito de la obra Agosto, ganadora del Pulitzer, escrita por el actor y dramaturgo Tracy Letts dio la vuelta al mundo en numerosas adaptaciones. Pero nunca es tarde para recordar que el teatro es el teatro y el cine es el cine. De tanto en tanto, lamentablemente, hay algún film que lo olvida y se produce una cosa como esta que nos ha tocado sufrir en esta ocasión. Agosto es un despliegue ridículo y casi cómico de lugares comunes de disfuncionalidad prefabricada. Teatro como en el teatro, pero en el cine, un sub Bergman instantáneo para principiantes. No el buen Bergman, sino el Bergman pesado y sin vuelo de sus films más naturalistas y solemnes. La cámara se clava para que los actores desplieguen gestos exagerados. Más de cien años de historia del cine destruidos por esta idea teatral mal entendida, que en realidad está más cerca de una mala televisión y no del teatro. El teatro tampoco es esto. Y si lo es, es teatro malo. ¡Qué poco vuelo tiene esta película! No hay un solo plano, una sola escena que no sea de una literalidad absoluta, directa, subrayada una y otra vez.

    La historia arranca con la desaparición del padre de familia, lo que lleva a que las tres hijas vuelvan al hogar y se encuentren con su madre enferma y adicta a las pastillas. Se suma la hermana de la madre, su marido y su hijo. A partir de allí, una catarata de reclamos, insultos, maltratos, todo filmado con intencional fealdad, poniendo en el rostro de cada uno de los actores los peores gestos, sacándoles toda belleza y obligándolos a una gestualidad exagerada. Ni la propia Meryl Streep es capaz de controlarse y se adapta al juego de la sobreactuación. Ella, y tal vez Chris Cooper, son los únicos dos que tienen instantes en los que destilan algo de emoción, pero son solo instantes. Pocas veces Streep actuó tan mal como aquí. Cuando digo actuar mal no me refiero a que falla, sino a que es llevada a actuar sin sutilezas, sin estilo cinematográfico. El director cree que hay un mérito en poner actores y actrices bellos haciendo de personajes repugnantes, afeados desde el guión, la actuación y hasta la puesta en escena. Todavía hay gente que cree que eso es arte, increíble pero real. Los planos generales del comienzo y el final, los espacios abiertos que el director usa para esconder la teatralidad mal entendida, son un gesto demagógico para ocultar el desprecio de este film por el cine. Agosto está hecha por gente que piensa que el cine es un arte menor, y por eso tratan de ignorarlo. Por suerte están equivocados y todo el gran elenco del film ha sabido, por suerte, dar mejores trabajos en verdaderas películas. No se dejen llevar por inercia, con solo prestar atención la película delata cuan ridícula y forzada es.
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  • Ajuste de cuentas
    La tercera es la vencida

    Sylvester Stallone y Robert De Niro son dos glorias del cine mundial. El primero se hizo famoso interpretando al boxeador de su propia creación Rocky Balboa, en la película de 1976 que ganó el Oscar a mejor film del año: Rocky. El segundo, actor de mucho más prestigio, inmortalizó a otro boxeador, pero de la vida real, cuando interpretó a Jake LaMotta en la película Toro salvaje, de Martin Scorsese en 1980. Pasaron los años y Stallone explotó al máximo –y a veces con resultados muy pobres, otras veces con agradables sorpresas- el fenómeno Rocky, mientras la crítica y el prestigio se iba a alejando de su carrera. De Niro, por el contrario –que había ganado su segundo Oscar por actuación gracias a Toro salvaje- se convirtió en una leyenda viviente. Pasaron más años y Stallone logró reinventarse con algunas novedades ideas que explotaban su condición de actor popular de acción, mientras que De Niro finalmente había cedido a la tentación de films menores pero muy comerciales. En los primeros minutos de la película, estos dos actores que vuelven aquí interpretar a dos boxeadores, cargan con esas filmografías e historias encima, dándole a Ajuste de cuentas un sentido que excede por mucho la humilde propuesta del film. Pero justamente, el enfrentamiento de ambas carreras hace que estos dos boxeadores viejos signifiquen para nosotros algo. Dos actores diferentes no nos habrían convencido tan rápido ni tan bien. Henry “Navaja” Sharp (Stallone) y Billy “El Niño” McDonne (De Niro) son dos boxeadores que se enfrentaron dos veces en el pasado. Una victoria para cada uno. Pero cuando llegaba la pelea definitiva, Sharp se bajó de la misma y arruinó la carrera de ambos. Treinta años más tarde, la rivalidad parece estar intacta y la ridiculez de ambos todavía enojados y peleándose en público abre la posibilidad de un absurdo combate para terminar de forma definitiva con la disputa. Ambos actores son leyendas y son puro carisma, la trama es disparatada pero el sentido del humor que aportan para reírse de sí mismos hace que el espectador disfrute del show y no se preocupe por la lógica. El director Peter Segal (Como si fuera la primera vez , Locos de ira) logra encontrar encanto en el elenco y la historia. No es un clásico ni pretende serlo, es más bien un homenaje a dos leyendas. Para completar el elenco están Kim Basinger y Alan Arkin. Sin duda quien ame el cine y conozca un poco de historia, sabrá valorar tanto grande junto al servicio de una película humilde y a la vez efectiva.
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  • El sueño de Walt
    El arte arregla la vida

    El sueño de Walt cuenta la historia de P. L. Travers (Emma Thompson) y el proceso para adaptar su libro Mary Poppins en un film producido por Walt Disney (Tom Hanks). La película es minuciosa en detalles acerca de las discusiones alrededor de los dos puntos de vista sobre la historia y se desarrolla entre el viaje de Travers a Hollywood y la premiere de la película. No hay misterio ni suspenso porque uno sabe que la película se hizo y como quedó. Lo único que resta es averiguar cómo fue el camino para que Travers, que se negaba a ceder los derechos hasta aprobar el guión final, cambiara su punto de vista sobre muchos de los puntos polémicos del trabajo. No es Disney el que hace un camino dentro del film, sino Travers. Es justamente ella la protagonista de la historia debido a eso.

    Como muchos films enfocados en un artista, Saving Mr. Banks (el título original es mucho más bello y cercano a la historia), explora el pasado de la protagonista y narra en dos tiempos el momento del trabajo con el guión y la infancia de la protagonista. Se delata, así, los elementos personales que Travers puso en Mary Poppins y los temas que subyacen en su obra. Mientras que ese pasado doloroso va desplegándose durante los flashbacks, vemos en tono casi de comedia las peleas entre Travers y el equipo que trabaja con ella. Resulta, para quien ama el cine, un regalo extra ver las discusiones y los enfrentamientos frente al guión, el esfuerzo del guionista Don DaGradi y de los compositores Robert B. Sherman and Richard M. Sherman para complacer y traicionar a la vez a Travers es más que interesante. Ellos, bajo el mando de Disney, sabían que estaban haciendo un clásico popular, pero Travers sabía que algo se iba a perder en el camino. Y se perdión, sin duda se perdió. Sin embargo, curioso remate, hoy la obra de Travers sigue siendo tan popular y famosa gracias a la película que ella tanto despreció.

    Saving Mr. Banks es muy fiel a un sinfín de detalles, incluyendo la grabación de los debates, los eventos históricos y demás. Se toma sus mayores licencias a la hora de mostrar a todos felices y contentos con el resultado artístico final. Pero la película no cede en ese aspecto de forma gratuita, sino que lo hace intencionalmente y con un objetivo. Travers logró con Mary Poppins corregir su propia vida y la película juega justamente a corregir los hechos ocurridos alrededor de la realización del film. ¿En que habría beneficiado al relato hacer un remate más agrio y oscuro? Ya bastante se trasluce en muchos momentos del film, incluyendo el final. La película festeja la forma en que Travers mejoró la realidad y a su vez la mejora también. Resulta muy emocionante en ese aspecto y en los demás. El personaje de Travers es gigantesco y Disney está tan idealizado como dejado de lado aquí. No hay nada objetable en este relato que abre el apetito por leer a Travers y ver nuevamente Mary Poppins. En ambos casos se aprende mucho acerca del valor y la importancia del arte en nuestras vidas.
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  • Yo, Frankestein
    EL PASTICHE QUE ARRUINA AL CLÁSICO

    Yo, Frankenstein está basada en la novel gráfica escrita por Kevin Grevioux, quien por supuesto toma los personajes creados por Mary Shelley. Nada malo tiene en sí misma la novel gráfica como género, pero su condición muchas veces de pastiche a veces le juega en contra. Pastiche es un texto apócrifo sobre un personaje de ficción famoso o una relectura de alguna de sus historias. De este pastiche, algo muy común en la novela gráfica, surge una historia nueva en este caso, que funciona como una secuela del libro. La película arranca con un resumen apresurado y muy personal del famoso clásico de la literatura. La mala noticia es que esos primeros minutos son los únicos que valen la pena. Produce tristeza saber la bella historia que no nos van a contar, ver flashes de esa obra magna de la literatura. Los que amen el libro de Mary Shelley pueden en ese momento abandonar la sala. Lo que vendrá después no es solo un pastiche, es directamente un engendro difícil de aguantar. La criatura creada por Victor Frankenstein no envejece y atraviesa los siglos hasta llegar al presente. No está solo, sino que queda en medio de una batalla entre ángeles y demonios. Lo poco atractivo y lo insultante que es para la novela esta nueva variación podría ser pasada por alto si hubiera en toda la película algún momento entretenido, alguna imagen bella o algún instante de emoción o al menos de humor. Los motivos por los cuales llega a las salas una película así, son un misterio, los motivos por los cuales además trae copias en castellano mejor ni averiguarlo. Dan ganas de sacarse los anteojos 3D para no seguir mirando. El libro de Mary Shelley y las irrespetuosas pero igualmente buenas adaptaciones cinematográficas, siguen disponibles para al espectador y lector con ganas de acercarse a una forma de arte y entretenimiento más genuino.
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  • Escándalo americano
    Más pelucas que películas

    En la siguiente crítica se adelanta elementos de la trama. Se sugiere leer el texto luego de ver la película.


    Fines de la década del setenta. Un estafador (Christian Bale) y su socia y amante (Amy Adams) se ven obligados a trabajar con un agente del FBI (Bradley Cooper). Durante más de dos horas las estafas varias, los cruces y las vueltas de tuerca sin gracia intentarán convencernos de que hay algo interesante, divertido o valioso en esta película. Lejos de cualquier interés, la película está mucho más preocupada por detalles superficiales que por la propia historia a los personajes. Es difícil encontrar el rumbo en una película que no lo tiene. Pero tampoco tiene el disfrute del caos que otros films a lo largo de la historia del cine han demostrado.

    Los peinados son perfectas reconstrucciones de todos los peinados de la década del setenta a los que el tiempo ha mostrado como verdaderas locuras estéticas. Si existiera un premio a los peinados más horribles del mundo, Escándalo americano debería ganarlo por lejos. No todo el mundo tenía peinados y vestuarios tan ridículos. La película pierde demasiada energía en esto y descuida los demás aspectos. Pero más grave aún son las actuaciones. Es una locura difícil de comprender el que el cuarteto protagónico hay recibido tantas nominaciones y premios. No es que no sea bueno, es que directamente, salvo Amy Adams, el cuarteto es directamente malo. Premiar a los cuatro es desmerecer la actuación de Adams, además. La temporada de premios siempre ha sufrido una inercia por la cual cuando alguien entra en el radar de los premios su siguiente actuación –o realización- de un film es tomado también en cuenta a la hora de los galardones. Sí, un disparate, pero a la vez una realidad.

    David O. Russell, también con muchas nominaciones a muchos premios, se expone como un director limitado, cuyas ambiciones podrán ser muy altas pero sus resultados bastante pobres. Sin las nominaciones, Escándalo americano ni merecería un difusión masiva como la que ha tenido, por eso no hay que dejarse llevar y observar la película con sus límites y falencias. La influencia de Martin Scorsese sobre Russell parece obvia y aunque pueda ser injusta –y demoledora- la comparación, está claro que Scorsese sabe tocar esta cuerda y Russell no. Aun en sus films menos logrados, Scorsese es el creador de un estilo, y Russell obviamente no.

    Un interesante momento de luz –más allá de la presencia de Adams y algunos momentos de Louis C.K. – es la aparición sorpresiva de Robert De Niro. Verlo a De Niro haciendo de viejo gángster es una gran sorpresa de la película y funciona muy bien. Claro que su aparición nos devuelve esa sensación de Scorsese de segunda línea que la película tiene. Pasará la temporada de premios y tal vez se lleve el recuerdo de esta película. Si no es así, igual seguirá siendo una película mediocre.
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  • Ladrona de libros
    El peor cine posible

    El nazismo, la 2da Guerra mundial, la literatura, la persecución de los judíos, todos ingredientes ya no de una clase de cine importante sino exactamente lo contrario. Hoy un film que trate todos estos temas y –el punto más alto del cliché busca premios- está protagonizado por un niño es casi sinónimo de mal cine. Y eso es, sin duda alguna Ladrona de libros, basado en un best seller que pocas ganas dan de leer luego de ver esta historia. La voz en off que abre el relato y lo acompaña es la voz de la muerte. La muerte, con mayúsculas, contará con las metáforas más ridículas y vergonzantes, la historia de Liesel, una niña que queda en manos de unos padres adoptivos mientras el nazismo asciende al poder en Alemania. La niña descubrirá una enorme pasión por los libros a la vez que será testigo de los cambios políticos en la sociedad. Un joven judío tendrá refugio y será escondido en su casa mientras el peligro aumenta alrededor de la familia.

    Con un estilo que salta sin pudor de un lugar común a otro, la voz de la muerte dice cosas que sinceramente están por debajo del más ridículo de los discursos. La muerte hablando de las personas ya es una decisión límite, pero al ser tan fallida produce directamente rechazo. No hay nada bueno para rescatar del film, aun cuando la música de John Williams cumpla como siempre con su objetivo. Cumplir no es brillar y la partitura queda escondida entre tantas malas decisiones. Para finalizar una última nota: Qué triste es ver flamear tantas banderas nazis en colores en estas grandes producciones. Por momentos la película logra el objetivo contrario al buscado y termina jugando más a favor que en contra de aquello que critica. Los críticos se quejan siempre de los lugares comunes y de la explotación de las franquicias en el cine de género. En ningún caso esas franquicias y esos lugares comunes caen tan bajos como Ladrona de libros.
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  • Código sombra: Jack Ryan
    Un héroe puramente americano

    El personaje de Jack Ryan, creado por el escritor Tom Clancy (1947-2013) fue protagonista de cuatro grandes films industriales antes de esta nueva versión. Alec Baldwin lo interpretó en La caza al Octubre Rojo (1990) de John McTiernan, donde el show se lo robaba Sean Connery, comandante de un submarino soviético; luego por nada menos que Harrison Ford en dos ocasiones, en Juego de patriotas (1992) y Peligro inminente (1994) y finalmente por Ben Affleck en La suma de todos los miedos (2002). Esta nueva entrega es el comienzo de la historia, de ahí que podamos hablar de precuela, aunque realmente importa poco la conexión con los anteriores films, si es que la hay. Aquí, Ryan (Chris Pine) es un estudiante que antes de terminar de manera brillante sus estudios se enlista en el ejército norteamericano luego del atentado terrorista contra Las torres gemelas en el 2001. A pesar de ser un intelectual, participa de la batalla y se gravemente herido al caer su helicóptero. Intelectual, noble, heroíco y patriota, Ryan es un héroe americano ideal. En plena recuperación –y mientras se enamora de su enfermera (Keira Knightley)- recibe la visita de Thomas Harper (Kevin Costner), un agente de la CIA que desea reclutarlo. La película cuenta el trabajo de Ryan como investigador y su primera misión como agente. Con un ritmo acertado y con un interés que se renueve escena tras escena, el director –y villano del film- Kenneth Branagh consigue que la historia sea un entretenimiento más que eficaz. La película, llena de buena acción, es también un lujo de actuaciones –lo de Costner merecería un Oscar- y consigue emocionar con unos personajes sólidos e interesantes. Branagh, famoso por ser adaptador de Shakespeare consigue aquí un estilo actual, un ritmo de montaje rápido pero no caótico, y narra con estilo una película que se disfruta completamente. Es un disfrute extra pensar que el personaje de Viktor Cherevin, un terrible villano, sea el personaje elegido por el director para darle rostro. A pesar del uso de las tecnologías y de la locura inverosímil que el genial guión propone, este Jack Ryan conserva su condición de héroe clásico, a la antigua, y su jefe Harper logra profundizar esa identificación. Ese mérito está en el director, pero también en el guionista David Koepp. Koepp ha escrito grandes guiones como La muerte le sienta bien, Jurassic Park, Misión: Imposible y Ojos de serpiente. Se nota la combinación de ambos, director y guionista, y el elenco responde, hasta la escena final, a estos preceptos clásicos. La película, muy entretenida, sostiene valores nobles, defiende la lealtad, el coraje, la honestidad. Valores con los que se ha construido el buen cine norteamericano y que siguen siendo valiosos para muchos a la hora de elegir una película de Estados Unidos. La tecnología no cambia eso y aunque lo disimule en algunos aspectos Código sombra Jack Ryan es una película de otra época. Esto, claro está, deberá ser considerado aquí como un elogio.
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  • Dos pavos en apuros
    Dos pavos en apuros
    Tiempo Argentino
    No todo lo animado es oro

    Dos pavos en apuros cuenta una historia absurda y lo sabe, así que aclara que todos los hechos son ficticios, excepto lo de que los pavos hablen.

    Un pavo termina, niña mediante, convirtiéndose en huésped, momentáneo, de la Casa Blanca. La vida le sonríe, come pizza y mira una telenovela mexicana en televisión. Pero las cosas se le vuelven un tanto adversas cuando otro pavo le dice que debe acompañarlo al pasado.
    Claro, como podíamos imaginar desde siempre, en la Casa Blanca hay una máquina del tiempo. ¿El objetivo? Viajar y evitar que se coma pavo el primer Día de Acción de Gracias de la historia. Un objetivo complejo, difícil, pero que podría salvar cientos de miles de pavos.
    Problemática trama que en su centro elige salir a combatir una de las fiestas más importantes de la cultura norteamericana. Y si bien los tiempos cambian, la película se mete en un problema desde el vamos. Más problemático aún es que no funcione casi ningún chiste y que el timing general sea más bien torpe.
    Los chistes son tan mediocres y rutinarios que da la sensación de estar viendo nuevamente alguna película mala de los últimos años. Es una pena que se atrape al público con películas como esta, que le quitan al cine de animación todo el prestigio que el género ha sabido ganar con años de propuestas originales que lograron superar el encierro de ser sólo films para chicos.
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  • El juego de Ender
    El juego de Ender
    Tiempo Argentino
    La historia recién comienza

    Una nueva película con aires de saga llega a las pantallas del mundo. Esta historia de ciencia ficción, basada en los libros de Orson Scott Card, tiene todas las características para convertirse en una nueva serie de films.

    El protagonista de la historia, Ender Wiggin (Asa Butterfield, el recordado protagonista de La invención de Hugo Cabret) es un niño con un talento fuera de serie que es elegido para formar parte de una escuela militar de élite. El planeta se prepara para una nueva invasión alienígena y para evitar las consecuencias de la primera, forma a estos jóvenes de la mejor forma posible.
    La historia es tan antigua como efectiva: Ender es el Elegido, el destinado a salvar a la humanidad. Que sea una historia antigua no la hace menos interesante y, en cuanto al imaginario de ciencia ficción, la película se luce con algunas escenas francamente originales.
    Como todo film destinado a convertirse en una saga, la información se entrega poco a poco y la historia tiende más a abrirse que a cerrarse al final.
    Un lujo extra que la película tiene es ver a Harrison Ford en el papel del Coronel Graff, en un rol que es más que un papel secundario y donde semejante leyenda del cine es aprovechada. También actúa Ben Kingsley para completar el lujo actoral.
    Sin aspiraciones de clásico, pero bastante lograda, El juego de Ender funciona en su propósito y, al igual que Los juegos del hambre, muestra una juventud tironeada por las ambiciones y los deseos del mundo adulto. Sin llegar a inquietar demasiado, la idea queda instalada y es clara. Tampoco es trivial y ligera la presencia de los videojuegos como elemento primordial de la trama. Ya estamos frente a una generación que se ha criado con los juegos y a diferencia de la década de los '80, cuando se escribió el libro cuyo autor se negaba a llevar al cine, ya no ve como un universo tan lejano y asombroso el mundo del videojuego.
    Quedará, si acaso se hacen, para los siguientes títulos de la historia el revelar otras cosas de la historia de Ender y seguir resolviendo algunos interrogantes abiertos. Con una sólida puesta en escena y con excelentes actores, todo parece indicar que vale la pena saber cómo seguirá la vida del joven héroe y su destino de grandeza.
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  • 47 Ronin: La leyenda del samurai
    Un mestizo que busca ser samurai

    En la nueva versión de Los 47 Ronin, leyenda nacional japonesa, Keanu Reeves es el protagonista que se une a un grupo de samurais devenidos en ronin. Una historia de coraje, lealtad y osadía, con puntos fuertes y algunos altibajos.

    Keanu Reeves protagoniza esta nueva versión cinematográfica de la clásica historia de Los 47 Ronin. Esta leyenda nacional japonesa basada en eventos verdaderos ya había sido adaptada varias veces y esta es la primera versión estadounidense. A pesar de su base real, aquí la fantasía se adueña de gran parte del relato, e incluye hechizos y demonios. 47 Ronin está ambientada en el Japón del siglo XVIII, y cuenta la historia de un mestizo (Keanu Reeves) que se une a un grupo de samurai devenidos en ronin. Ronin es el nombre que recibe un samurai sin amo. Al centrarse en la figura de un mestizo, sin duda el film pierde algo de su autenticidad pero a la vez es la manera de acercarse a la leyenda. La historia es demasiado buena como para que problemas como este la terminen deshaciendo, aun cuando las cosas se complican. Reeves está bien en su papel y casi todo el elenco que lo acompaña también. Es cierto que luego de haber visto tantas versiones –la de 1941 dirigida por el maestro Kenji Mizoguchi es por lejos la más importante y posiblemente la mejor– suena raro escucharlos hablar en inglés. Aceptando sin hacerse mala sangre esta licencia, la trama atrapa y entretiene, con algunas escenas realmente muy logradas. Otro punto realmente alto son la escenografía y el vestuario, de una precisión que deslumbra. Lamentablemente se nota que la producción sufrió algunas complicaciones y que el director debutante Carl Rinsch perdió el mando. Una de las cosas más absurdas es la gran presencia en el afiche de un personaje tatuado interpretado por Rick Genest (tatuado como cadáver en la vida real) y que sólo es una sombra en el film, así como también el personaje de Kapitan, que voló de la trama, y que son dos personajes holandeses en una escena claramente resumida. Pero aun con la confusión y las alteraciones, la película cumple su objetivo básico. Y como dato extra valioso hay que destacar que termina siendo fiel al final de la historia en la cual se basa, algo no menor a la hora de una producción de esta clase. La historia de coraje, lealtad y osadía de estos 47 ronin se mantendrá viva más allá de esta película y volverá una y otra vez en diferentes formatos. Buscar y encontrar las versiones anteriores es un sano ejercicio cinéfilo para compararla con esta producción.
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  • Caminando con dinosaurios
    Pesos pesados pero con poca gracia

    Caminando con dinosaurios muestra las enormes posibilidades que la tecnología le ha dado al cine para recrear universos y criaturas. Pero al mismo tiempo es la prueba más contundente de que el cine no se trata de tecnología mayormente. Al ver los dinosaurios creados para este film, no hay duda de que se observa un nivel de precisión asombroso en muchos aspectos.

    Pero al mismo tiempo estos dinosaurios carecen de cualquier encanto o belleza artística. Son falsos, como lo es el guión y la película en su conjunto. Como documental para televisión –ficción que muestra cómo podrían haberse visto los dinosaurios en realidad– podría ser interesante en sus imágenes, pero una cosa es la pantalla del televisor y otra muy diferente la del cine. La película se basa en la serie de televisión que hace unos 15 años pudo haber tenido un impacto mayor al que tiene esta película. El programa de televisión fue tan exitoso como polémico. Su popularidad no impidió que los paleontólogos lo detestaran. Acá las cosas van más allá y más que polémica hay ridiculez. Pero no una ridiculez en un sentido creativo, sino en la forma en que todo ocupa un lugar que supera incluso el lugar común. Los diálogos, como se podrá imaginar, no suman mucha seriedad al relato y el estilo liviano e infantil (lo que no significa que los chicos disfruten, claro) produce más vergüenza ajena que simpatía. Lejos, muy lejos, está Jurassic Park de Steven Spielberg, una película que lograba darles a los dinosaurios una presencia más impactante. Un pequeño dinosaurio pasa de ser una criatura indefensa a ser el líder de la manada, pero este círculo de la vida está tan tamizado por la personalización de los dinosaurios que pierde todo su buscado efecto natural y se acerca más a una bajada de línea. Los admiradores de Jurassic Park, hay que decirlo, igual tendrán una pequeña sorpresa.
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  • El lobo de Wall Street
    Verdadera leyenda cinéfila, Scorsese dirige desde la década del sesenta y atravesó décadas de cambios en el cine americano y mundial. Cinéfilo feroz y cineasta de particular fuerza visual, su cine tuvo altas y bajas y pasó por diferentes períodos. Como casi todos sus compañeros de generación, filmó películas más personales que otras (aunque no fueran las primeras necesariamente siempre las mejores) y vivió esperando un Oscar que llegó recién con Los infiltrados. En El lobo de Wall Street Scorsese explora un personaje típico de su cine. Jordan Belfort (Leonardo Di Caprio, desde hace tiempo actor fetiche del director) es un corredor de bolsa con ambiciones tan grandes y escrúpulos tan pequeños como el protagonista de Buenos muchachos. Como el Jake La Motta de Toro salvaje, este personaje tomado de la vida real crece, asciende y desciende para reinventarse al final una vez más. De forma algo patética desde el comienzo, pero mucho más aun hacia el final.

    El film empieza con la crisis de Belfort. Ya ha logrado sus objetivos, se ha vuelto millonario y ya ha demostrado a todo el mundo y todos los espectadores cuan repugnante puede un ser humano ser. No es que los gángsters de Scorsese fueran personas amables, claro, pero acá el discurso es diferente. Este personaje tan supuestamente encantador es un estafador, un ladrón, pero a su vez hace increíble gala de maldad insolente, prepotencia y mal gusto. Tres horas, nada menos que tres horas le lleva a la película contar algo que en noventa minutos quedaría ya bastante largo. El lobo de Wall Street repite tantas veces las mismas ideas que levantarse media hora y luego regresar, tal vez –no lo intenté- no signifique perderse nada vital para la comprensión de la trama.

    No es obligatorio que el protagonista de un film se noble o que nos caiga bien. La inquietud, claro, estará en tener que identificarnos con alguien que nos irrita, nos molesta realmente. El film no es insufrible por eso solamente. En un alarde demagógico que entra en contradicción con todo, Belfort es luego reivindicado con gestos nobles, como si eso significara que algo de todo lo hecho fuera a cambiar. Pero una vez más, no quiero hacer una crítica ideológica porque no sé si por ahí pasan las intenciones del director. Sí insistir en que esta es, por larga distancia, la más aburrida y vacía de las películas de Scorsese. Que se enreda en sus repeticiones y que engolosinada en una estética que ya todos conocemos, hace uno y abuso de cámaras lentas y se monta sobre una gran selección de canciones a fin de cubrir las falencias de la película.

    Si bien los géneros tienen estructuras y puntos que se repiten, la cantidad de clichés que acumula El lobo de Wall Street. Qué alguien crea que hay una sola escena cómica en la película me resulta más motivo de asombro que de indignación. Y todas las actuaciones son entre correctas y singularmente malas, como es la de Jonah Hill, un gran actor que acá hace el esfuerzo de componer un papel a fin de buscar algún premio de esos que los que son realmente comediantes no suelen ganar.
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  • La increíble vida de Walter Mitty
    El mundo a través de las imágenes

    Nuevamente atrás y adelante de la cámara, Ben Stiller agrega un nuevo hito a su filmografía, ahora con una flamante versión del clásico libro de James Thurber, que tuvo un primer paso a la pantalla con Danny Kaye.

    Para muchos, Ben Stiller es tan solo un gran comediante. Y aunque de su talento actoral no hay duda alguna, es bueno empezar a tener en cuenta su enorme y original talento para la dirección.
    La increíble vida de Walter Mitty es su nueva película y una confirmación más de la coherencia de Stiller a la hora de construir su filmografía. Generación X, El insoportable, Zoolander y Una guerra de película mostraron una sofisticada mirada sobre el mundo contemporáneo. La industria del videoclip, la televisión, el cable, el mundo del modelaje y la publicidad, el cine… Y ahora la fotografía. Stiller está obsesionado con la representación de las personas a través de los medios y como esta condiciona la existencia misma.
    En La increíble vida de Walter Mitty el propio Stiller interpreta a un tímido empleado de la revista Life, encargado de los negativos de las fotos que ilustraron la publicación durante años. La revista en papel llega a su fin y Sean O´Connell (Sean Penn), el máximo fotógrafo que tiene la revista, manda la foto para la tapa final. Es la foto más importante y la que le traerá a Mitty sus peores dolores de cabeza, o tal vez su salvación.
    Mitty se abstrae muy seguido en fantasías diurnas que lo desconectan de su gris realidad y lo llevan a un mundo de aventura. Le gusta mucho su compañera Cheryl (Kristen Wiig) pero obviamente no sabe muy bien como acercarse. Este libro de James Thurber en el cual la película se basa ya tuvo dos adaptaciones, una en 1947 con Danny Kaye y Virginia Mayo y la otra una versión italiana de 1982. Pero en la película de Stiller la idea de fotografía vs la realidad es un tema principal, más allá de la fantasía.
    A pesar de las posibilidades que da una historia como esta, la película no pierde su estilo, su sobriedad y su buen gusto. Y le agrega un discurso a favor de quien hace su trabajo a conciencia más allá de modas o miradas cínicas. No pretende la película oponerse a los avances, pero si rescatar la mirada. La mirada que en el mundo actual tiende a dispersarse o a vulgarizarse debido a la multiplicación de medio para registrarla.
    A pesar de su humor (y de presencias notables, como la de Shirley McLaine, más allá de los actores mencionados) el film es el más dramático de los que ha dirigido Ben Stiller y también la más emotiva. Un paso más para la carrera de un director que hay que tomarse en serio.
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  • Frozen, una aventura congelada
    Clásica por donde se la mire

    Disney es, polémica más, polémica menos o más allá de gustos personales, el estudio cinematográfico de animación por excelencia. De un tiempo a esta parte, Pixar le arrebató el podio aunque finalmente terminaron trabajando juntos. Pero en esos casos se trata, igualmente, de productos Pixar.

    Con Frozen, una aventura congelada, Disney –dirigida por Chris Buck, Jennifer Lee– retoma el mando de su estilo, salva su esencia y a la vez entrega un producto de una calidad narrativa inusual. Como cuando en 1989 La sirenita recuperó la fuerza y la belleza de los films Disney, Frozen supera claramente la monotonía y la producción estándar para brillar con potencia y autenticidad.
    Basada en el cuento La reina de la nieve (1845) de Hans Christian Andersen, posiblemente uno de los más logrados de este autor, Frozen construye la historia con los ingredientes más memorables del cine Disney. Humor, amor, oscuridad, aventura y canciones, logrando una vez más reinventarse y no quedar fuera de época.
    En la versión de Disney se trata de dos hermanas. Una de ellas, Anna, emprende una aventura gigantesca para ir al encuentro de su hermana Elsa, quien tiene en su poder una maldición por la cual ha congelado al reino entero. Ya no un personaje femenino enorme, sino dos, contiene esta gran película. Incluye, claro, un arriesgado héroe que acompaña, Kristoff, y un alivio cómico, un hombre de nieve llamado Olaf.
    Hay villanos, hay muchas buenas y efectivas canciones y por supuesto mucho humor. Incluso hay espacio para el melodrama. Pero lo que hay que destacar una vez más es la manera en la cual el relato va hacia adelante sin fisuras y sin desvíos inútiles, manteniendo el ritmo y el interés, generando en cada nueva escena un verdadero placer para los espectadores. Eso hizo en su momento grande a los estudios Disney, y Frozen lo recupera. Películas de animación muy mediocres han tenido éxito y es una pena, pero teniendo la certeza del éxito que Disney se esfuerce por hacer un producto así, da esperanzas para pensar el cine taquillero como un cine aun con gran dignidad por parte de sus realizadores.
    Si un film Disney tiene que tener éxito este año en la taquilla, ojalá sea Frozen, porque por encima de cualquier otra consideración, se trata de buen cine, además de una gran historia.
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  • Último viaje a Las Vegas
    Sólo un poco de su talento

    Cuatro amigos se vuelven a reunir tras 58 años. Sam (Kevin Kline), Archie (Morgan Freeman) y Paddy (Robert De Niro) son convocados por el millonario y soltero Billy (Michael Douglas) cuando este último les comunica que se va a casar y decide hacer un viaje con ellos a Las Vegas.

    La fórmula parece estar demasiado a la vista: cuatro estrellas del cine que ya hayan cumplido unos cuantos años y califiquen de veteranos, metidos en una aventura que podría ser la última. De esta clase de films se han hecho muchos, algunos muy inspirados, otros muy aburridos y mecánicos. Algunos son films de acción, como Red, y algunos son comedias, como Último viaje a Las Vegas. ¿Se puede hacer una película de esta clase, que valga realmente la pena más allá de la idea? A juzgar por aquella obra maestra llamada Jinetes del espacio con Clint Eastwood, Tommy Lee Jones, James Garner y Donald Shuterland, sí se puede. Pero se necesita algo más que una idea ingeniosa o cuatro excelentes actores.
    Acá sólo vemos un material muy mediocre, con situaciones muy trilladas, con elementos más destinados a crear una construcción estándar que a plantearse con verdadera convicción los posibles conflictos surgidos de la historia. Entonces cada tema, partiendo siempre de la avanzada edad de los protagonistas, se vuelve tan básico que da pena. El sexo, el amor, la pareja, los hijos, la muerte, todo apenas tratado con un discurso tranquilizador y sin matices.
    Se podría decir que la película cumple con su objetivo mínimo y no busca más. Pero el film mencionado antes era una excelente comedia y una visión lúcida e impiadosa de los temas tratados. Y claro, como estaba hecha de corazón, tenía una banda de sonido acorde a sus protagonistas y una para vender artistas de otra generación.
    Finalmente, y como cierre, hay que decir que los cinéfilos aun sabemos por qué Robert De Niro, Morgan Freeman, Kevin Kline y Michael Douglas son grandes, y que da un poco de tristeza que se conformen con tan poco, aun cuando nos regalen aquí un poco de su inmenso carisma y talento. Tanto los espectadores como ellos, estamos para más.
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  • Policeman
    Policeman
    Tiempo Argentino
    Sólo algunos pocos momentos

    La película israelí ganadora en varios festivales, entre ellos el BAFICI, encuentra su rumbo en las escenas de intimidad del protagonista pero, pese a la búsqueda, no logra originalidad.

    A juzgar por los premios, Policeman (Israel, 2011) debería ser considerada una película con muchos valores cinematográficos, pero lamentablemente sus laureles no están a la altura de lo que se ve en la pantalla. Es más, cuesta entender que alguien haya premiado una película tan básica en un festival de cualquier índole. Incluso en el BAFICI, el gran festival de cine independiente, obtuvo dos grandes premios. Lo dicho, un premio no es garantía de nada. La historia de Yaron, miembro de un grupo antiterrorista israelí, su trabajo, su vida junto a sus amigos y colegas y su esposa embarazada, es contada con planos estáticos y poco bellos, con largas tomas sin encanto ni gracia, con esa molesta puesta en escena de film que se aleja de la convención pero no llega a ningún lado. A veces, al ver films así, la sensación es más la de estar frente a un narrador torpe que frente a un cineasta original. La pobreza visual que jamás alcanza encanto alguno se ve a su vez sepultada por los personajes imposibles y absurdos, como ese grupo terrorista que el protagonista deberá enfrentar. Los jóvenes terroristas son un grupo israelí cuya actitud mesiánica sólo es comparable con su torpeza en las acciones. La dedicación del director para describir los momentos de intimidad entre Yaron y su esposa son lo único rescatable de la película. Ese encanto inexistente durante todo el relato, esa falta de ideas que invade el resto sólo encuentra refugio allí. Como si el origen de todo el film fuera ese: mostrar la sensibilidad y la ternura de un miembro de una célula antiterrorista. Incluso el tempo de estas escenas se siente correcto, frente al aburrimiento que producen los demás planos vacíos, donde el director parece querer mostrarse como un genio y simplemente delata pobreza narrativa y poco vuelo ideológico.
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  • Jackass: el abuelo sinvergüenza
    Pocas ideas que se agotan

    Extraída de un programa de MTV donde un grupo de freaks hace cualquier cosa para divertir a la audiencia, la película no consigue el mismo efecto y lo mejor está en el trailer.

    El origen de Jackass: el abuelo sinvergüenza está en su título. La serie que se hizo famosa en MTV a principios de siglo y que luego devino en varias películas se extiende ahora en esta nueva producción. El abuelo sinvergüenza (un título local que parece más una película con Enrique Serrano o Luis Sandrini que una comedia de Jackass) es una ficción teñida con las constantes estéticas del grupo. Jeff Tremaine sigue en la dirección, Spike Jonze sigue figurando en la historia y Johnny Knoxville (caracterizado como el abuelo del título) en el rol protagónico.
    La historia es la de Irving Zisman (Johnny Knoxville), un hombre de más de ochenta años que acaba de enviudar. Irving recibe la noticia de que debe llevar a su nieto a reencontrarse con el padre, después de que la madre del niño es notificada de que debe volver a la cárcel. El recorrido de esta especie de road movie dispersa le da por primera vez a la franquicia Jackass una forma narrativa tradicional.
    Lo que al comienzo parece más o menos interesante y tiene cierta gracia, con el correr de los minutos se va volviendo cada vez menos gracioso, más repetitivo y mucho más forzado. La escatología y la violencia física de Jackass, la única parte de su humor que valía la pena, son dejados de lado acá por una serie de escenas construidas con cámara oculta. El humor de cámara oculta, posiblemente uno de los más pobres que la comedia haya encontrado jamás, tiene impronta de televisión y programa berreta. Una, dos, tres escenas con ese mecanismo, hecho con mucho esfuerzo, puede despertar una sonrisa en quien busque desesperadamente reírse con algo, pero durante más de una hora se vuelve muy molesto. Toda la supuesta transgresión de Jackass queda acá sepultada por la repetición y la pereza. Además, hay que soportar una supuesta línea seria dentro del relato, que de tan mala es complicado saber si es irónica o no. ¿Hay algún chiste bueno en esta seguidilla de bromas? Sí, hay dos o tres, y están todos en el trailer de la película. Lo más recomendable es ver eso y nada más. La proporción risa-tiempo es muchísimo más justa que la que ofrece el largometraje. Los títulos del final con backstage demuestran que mientras nosotros nos aburrimos, los que hicieron la película la pasaron muy bien. Es para envidiarlos.
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  • El Hobbit: La desolación de Smaug
    NUNCA TANTOS PUDIERON TAN POCO

    Hace muchos, muchos años, apareció desde Nueva Zelanda un film llamado Mal gusto. En aquella época un título así era una provocación. Aquella comedia de ciencia ficción mostraba un director primitivo pero con mucha imaginación. Con dificultad, años más tarde se consiguió en video otra joya, Muertos de miedo (Braindead), tal vez la mejor película gore de todos los tiempos. El director de estos films era Peter Jackson, que se haría famoso un poco después con Criaturas celestiales. Su fama crecería muchísimo más y su punto más alto sería la trilogía de El señor de los anillos, películas basadas en eso legendarios libros de culto escritos por J.R.R. Tolkien. El ambicioso proyecto terminó con éxitos de taquilla enormes y un Oscar a mejor película y director por la última de las tres películas. Impulsado por eso, Jackson decidió producir un film sobre El Hobbit, escrito también por Tolkien. En el proceso el film pasó a ser dos films y finalmente se convirtió en una nueva trilogía, aun cuando se trata de un solo libro. Primero el director iba a ser Guillermo Del Toro, pero todo terminó recayendo en las manos del propio Peter Jackson.

    La diferencia entre ambas trilogías es más que evidente. Mientras que El señor de los anillos toma como base tres libros, El Hobbit es tan solo uno y convertirlo en tres películas resulta un proyecto menos logrado. Es más, El Hobbit es un libro pequeño que hasta para un solo film quedaría algo estirado. El cine industrial tiene que ser comercial, sin duda. Si uno invierte mucho dinero para hacer una película, lo hace para recuperarla y no hay nada de malo en eso. Pero estas películas muestran algo que no está bien: muestran que para obtener un nuevo éxito millonario dividido en tres, se estira de forma lamentable un relato. Podría haber salido airoso Jackson, si lograba que La desolación de Smaug tuviera vida propia, si del comienzo hasta el fin la historia de Bilbo fuera algo interesante o atrapante. Pero no lo es. Casi tres horas de película necesita Peter Jackson para contar prácticamente nada. Nada hacen los personajes realmente en esta película. Enormes y espectaculares escenas que no conducen a ningún lado. Que prolongan el film anterior y nos preparan para el siguiente. Y aunque la producción sea impecable en muchos aspectos, tampoco es que las escenas son maravillosas o atrapantes. El desperdicio de talento y energía se nota y la absoluta arbitrariedad en pos de alargar la trama es por momentos irritante. Los muchos personajes tienen un desarrollo algo tosco y por momentos patético, como la naciente historia de amor entre una elfa y un enano. Martin Freeman como Bilbo tiene mucha simpatía, pero apenas puede desarrollarla en semejante contexto. El Gandalf de Ian McKellen aparece poco y el actor ya no tiene la gracia que supo tener. La cámara siempre “flotante” y movediza del director, dejó de ser interesante y comienza aquí a volverse un recurso gastada y hasta molesto. Largas escenas injustificadas, salvo por inventar una historia donde no la hay. Tal vez El Hobbit debería haber sido un film dividido en dos partes y no en tres. A juzgar por lo visto acá, La desolación de Smaug está simplemente de más. Dicho de forma directa: el mejor consejo es pasar de la primera película a la tercera, sin más vueltas.
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  • Kon-Tiki - Un viaje fantástico
    Espíritu de aventura en estado puro

    Dos directores noruegos decidieron recrear la legendaria historia del investigador Thor Heyerdahl, que en 1947 construyó una balsa y se fue a navegar por el Océano Pacífico para demostrar que Polinesia se pobló desde Perú.

    Tal vez para las generaciones actuales Kon-Tiki no signifique mucho, pero años atrás la mera mención de ese nombre era sinónimo de aventura. Kon-Tiki es el nombre de la balsa con la cual el investigador y biólogo noruego Thor Heyerdahl emprendió una de las expediciones más famosas del siglo XX.
    Kon-Tiki Un viaje fantástico es una película de ficción de origen noruego que cuenta esta famosa historia y posiblemente sea para muchos espectadores la primera aproximación a esta aventura. Thor Heyerdahl estaba convencido de que la población de la Polinesia se había producido desde Sudamérica y no desde Asia como hasta ese momento todos creían. Como la mayor objeción que encontraba era que nadie creía posible un viaje así 1500 años atrás en una balsa precaria, Heyerdahl decidió construir una balsa con materiales autóctonos peruanos y sin ningún elemento moderno, y emprender junto con una pequeña tripulación el viaje que podrían haber realizado los habitantes precolombinos. El resto es historia conocida, aunque la película se encarga de que cada peripecia y conflicto que los navegantes sufren se viva a flor de piel.
    Kon-Tiki logra que la aventura en el estado más puro se convine con un sutil tono documental, donde las situaciones, aun dramáticas y cinematográficas, no parecen estar llenas de artificios de ficción. La belleza de la película es también un agregado extra que conmueve profundamente.
    En su momento, Thor Heyerdahl escribió un libro que se convirtió en un best-seller traducido a docenas de idiomas y realizó un film documental que llegó a ganar el Oscar. Hoy, en 2013, donde la aventura parece acorralada en un mundo menos romántico, esta nueva película nos invita a recordar el espíritu y el hambre del ser humano por descubrir, explorar e ir más allá. Tal vez este film noruego sea para muchos algo demodé, pero tal vez sea por eso que su valor es doblemente importante. La grandeza y la belleza de lo que cuenta, así como la descripción de los aventureros que se lanzaron al mar, es conmovedora y movilizadora a la vez. Kon-Tiki es un logro tan heroico y valiente como la historia que cuenta. Y para los que aman la aventura, dentro y fuera del cine, es una película de visión imprescindible.
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  • Este es el fin
    Este es el fin
    Tiempo Argentino
    El día del juicio final

    Imaginen que llega el día del Juicio Final. Imaginen ese día para un grupo de amigos. Ahora bien, imaginen que ese grupo de amigos son estrellas de cine, o grandes actores secundarios del cine actual.

    Eso es Este es el fin: una comedia desaforada, irreverente, y protagonizada por muchos actores conocidos del cine actual, todos haciendo de sí mismos. Seth Rogen, James Franco, Jonah Hill, Jay Baruchel, Danny Mc Bride, Craig Robinson, Michael Cera, Emma Watson, Rihanna y Paul Rudd son algunos de los actores que, para no anticipar la trama realizan roles protagónicos o secundarios o incluso apariciones de segundos. Muchos más aparecen y hay grandes sorpresas, además.
    El gran interés de esta comedia absurda y desatada está en el genuino tono festivo que logra el elenco. Más del 50% de los diálogos fueron improvisados, prueba definitiva del clima del rodaje. Aun así, hay muchos detalles de producción complejos y sofisticados, porque aunque el relato no sea del todo consistente, la película no se ve nunca desprolija o barata. Verdadera catarsis para todos ellos, sin duda, y una manera desacartonada de entender que para bien o para mal las estrellas son sólo personas, con todas sus miserias, pequeñeces y detalles absurdos.
    Hacer un análisis más profundo sería casi una falta de respeto a esta comedia ligera que, a pesar de ser muy revulsiva en muchos aspectos, no es tampoco una película políticamente incorrecta, ya que al final todas las piezas más o menos encajan en una idea correcta del mundo. Bueno, después de todo, es el Juicio Final.
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  • Una familia gay
    Una familia gay
    Tiempo Argentino
    ¿Casarse o no casarse?

    Hace quince años, una película como Una familia gay hubiera sido casi imposible. Que hoy exista significa que esos años han sido un gran paso en favor de una sociedad más igualitaria para todos.

    La película vive en una muy lograda frontera entre la ficción y el documental, sin que el espectador logre siempre saber cuánto pertenece a un género y cuánto al otro, además de que esto no sea imprescindible para disfrutar del relato, al contrario.
    La historia que cuenta es la de un joven que a partir de la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, se pregunta si realmente quiere casarse, ahora que puedo hacerlo.
    Sin duda, se trata de una película, como ya se ha dicho, impensable años atrás y que hoy muestra un mundo avanzado. Para los militantes de la comunidad gay, casarse es casi corroborar ese derecho adquirido, pero para muchos otros es cuestionarse la naturaleza misma del matrimonio.
    Con humor, con emoción y con un abarcador espectro de miradas y opiniones, Pelosi consigue plasmar sus inquietudes de forma transparente y e inequívoca, de forma contundente.
    Se puede decir, con orgullo, que aunque trate temas inherentes a las personas gays, sus preguntas son generales y universales. Amor, sexo, pareja, hijos, religión, estado, familia, son temas para todas las personas que conforman una sociedad. Y las dudas y conflictos a partir de esos temas no le corresponden a un grupo o a una persona en forma exclusiva, sino a todos.
    En esta universalidad, la película triunfa de forma contundente, sin por eso ser un film que esconda o reniegue de la homosexualidad de su protagonista, o intente ser una versión lavada o televisiva de lo gay.
    Es más, la película se podría haber llamado sin problemas simplemente Una familia.
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  • Una segunda oportunidad
    Una segunda oportunidad
    Tiempo Argentino
    Humor para hablar de amor

    La comedia dramática dirigida por Nicole Holofcener reflexiona acerca de la circulación de los sentimientos. A pesar de los toques cómicos no abandona la melancolía y el drama.

    Tal vez lo primero que llama la atención de Una segunda oportunidad sea la presencia de James Gandolfini, gran actor secundario de cine pero de gran fama por su papel protagónico en la serie de TV Los Soprano. Gandolfini murió en junio de este año y dejó dos películas, una es esta comedia dramática y la otra un policial que llegará en 2014. Acá, de forma tierna e insólita, es Albert, el galán de la película. Y tal vez eso dice mucho acerca del tono y las ideas del film.
    La protagonista es Eva (interpretada por Julia Louis-Dreyfus, inolvidable por su trabajo en la serie Seinfeld), una masajista que cuando su hija comienza la facultad cree que es un buen momento para buscar una pareja en serio. Y esa pareja aparece en la figura del gordo Albert, quien parece ser un buen partido. Las cosas toman un giro cómico cuando Eva descubre que su nueva clienta y amiga, Marianne (Katherine Keener) es la ex de Albert, y que todas las cosas que contaba de su horrible ex eran finalmente sobre el nuevo amor de Eva.
    Con humor, pero no exenta de cierta melancolía y drama, la película desarrolla una amable reflexión acerca de la circulación de los sentimientos. Lo que para alguien es malo, para otra persona es el amor verdadero. Nicole Holofcener, directora y guionista nacida en New York en 1960 es la encargada de hacer el entramado de personajes, con sus sentimientos, sus miedos y sus deseos. Con varias películas en su haber, Holofcener es una heredera de los films de Woody Allen. Sin aferrarse tanto al humor, pero creando situaciones parecidas a las del director de Hannah y sus hermanas, ella consigue sacar provecho de sus criaturas y reflexionar acerca de la condición humana. Si hasta la fecha no ha podido hacer alguna película con categoría de clásico, es en parte porque su tono asordinado le impide destacarse demasiado. Su apuesta es más serena y su estética esquiva cualquier clase de lucimiento visual. Si en el futuro su apuesta irá hacia películas más ambiciosas, es imposible saberlo.
    Por lo pronto sus personajes, con mucho de Woody Allen y con mucho de cine europeo también, siguen resultando interesantes y profundamente humanos. Para los admiradores de James Gandolfini les queda la emoción extra de verlo una vez más en la pantalla grande, con su enorme humanidad y su aspecto de oso tierno y querible.
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  • En llamas
    En llamas
    Tiempo Argentino
    Siempre heroína en el Distrito 12

    Segunda parte de la saga de Los juegos del hambre. Siguiendo la adaptación de los famosos libros de ciencia ficción, esta nueva película se preocupa poco y nada por explicarle a un espectador nuevo de qué va la trama.

    La protagonista ha ganado ya los anteriores Juegos del hambre, rompiendo las reglas de un solo sobreviviente al salvar a su compañero de distrito y sembrando así la semilla de una rebelión. Ambos han vuelto al Distrito 12, las injusticias sociales siguen y el presidente está preocupado por estos carismáticos pero no dóciles representantes del pueblo.
    El primer film era bueno, tenía todos los ingredientes de la mejor ciencia ficción, algo que también está en los libros. Pero esta segunda parte no logro impactar de la misma manera. Más de dos horas de relato en la que ya no hay sorpresa ni gracia en muchos de los personajes. Los juegos del título original (en la comercialización local prefirieron evitar la idea de segunda parte) aparecen ya avanzada la historia y vuelven a funcionar, aun cuando las arbitrariedades se multiplican.
    Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) es una luchadora extraordinaria, con especial talento para el arco y la flecha, pero a la vez odia matar y hace lo imposible para evitar que esto ocurra, aun cuando es el objetivo principal de los juegos, donde sólo uno puede sobrevivir.
    El dilema moral de la protagonista tiene muchas aristas, algunas que entran en contradicción, incluso. Debe cuidar a su madre, su hermana y su enamorado, todos habitantes del Distrito 12, y debe también cuidar de su compañero Peeta Mellark. También quiere luchar contra el sistema, pero no quiere que su actitud provoque más muertes que el sistema mismo.
    La película no logra hallar el equilibro y aunque se toma su tiempo para contar la historia, le pasa un poco por encima a algunos de estos dilemas. Es notoria también la ausencia de sangre y violencia explícita en un relato plagado de muertos, y es difícil saber si hay una intención pudorosa una forma de no perder público.
    Pero En llamas logra, como hace muchos años atrás lo hizo El imperio contraataca en la saga de La guerra de las galaxias, dejar la historia lo suficientemente abierta como para desear una tercera parte. En este caso no cabe duda alguna de que lo mejor está por venir, y que Katniss Everdeen va a enfrentarse en la batalla final contra el Capitolio y el presidente Snow.
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  • Diana
    Diana
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    LA CAMARA PERDIDA

    El género de las biografías cinematográficas está viviendo un nuevo esplendor, tal vez el más grande de la historia del cine. El motivo seguramente es la falta de criterio de realizadores, críticos y espectadores para evaluar una obra de arte cuya conexión con la realidad no sea absolumente literal. El mercado, agradecido. Si los libros biográficos son best seller porque no habría de ocurrir algo parecido con los films del género biopic. Dentro de ese género, el Reino Unido ya ha construido un buen número de films. Entre los más destacados primero estuvo La reina (Oscar a mejor actriz para Helen Mirren) y La dama de hierro (Oscar a mejor actriz para Meryl Streep). Ahora ha llegado, de forma razonable si pensamos en término de mercado, Diana, film que retrata el período final de la vida de Lady Di, luego de su separación del Príncipe Carlos y hasta su muerte.

    Como todo film de género, el biopic suele enfrentarse a varios problemas causado por los lugares comunes de esta clase de relatos. Un cliché estético un tanto insufrible es empezar la película por su final, un prólogo de los instantes previos al desenlace para luego retroceder en el tiempo y narrar cronológicamente hasta llegar al final a ese instante narrado en el prólogo. Debido a la muerte violenta de Lady Di, era de esperarse cierto pudor por parte del relato y se agradece que dicho pudor esté. No es mucho más lo que se puede agradecer, en particular al director, causante de mucho de los problemas que tiene la película.

    El ejemplo más claro es la cámara que sigue a Diana y sus acompañantes y se detiene de forma absurda e injustificada cuando ella de pronto también lo hace y, peor aún, ¡retrocede! Delatando así su condición de cámara. Un plano espantoso y totalmente gratuito al que mejor no interpretar más allá de la torpeza visual. Pensar que ese recurso tiene un significado sería hundir aun más al film. Oliver Hirschbiegel, el director de origen alemán y realizador de La caída, no se conforma con ese plano horrible, sino que lo usa dos veces, al comienzo y al final de la película, cuando arma la misma escena con diferentes ángulos de cámara. Si con el mediocre relato sobre los últimos días de Hitler, Hirschbiegel impactó al mundo, aquí sus chances de dejar una marca se vuelven casi imposibles.

    Diana es un film romántico por encima de casi cualquier otra cosa, pero en manos del director equivocado y con un guión que también suma problemas. Esta no es una película para conocer a Lady Di, esta es una película para que los que ya conozcan a Lady Di se acerquen a unos de los aspectos de su vida privada. La historia de amor imposible –en realidad no lo es tanto, y eso vuelve todo más triste- entre ella y un cirujano de origen paquistaní tiene muchas posibilidades pero el retrato chato y casi reidero que hace la película de él le quita toda fuerza al romance. Algunas líneas de diálogo son lamentables, tan simple como eso. Ni Naomi Watts, apenas afectada por la imitación, ese otro cliché del géner, logra imponer su natural carisma, ni la emoción de la historia consigue abrirse paso. Tan solo algunos instantes de emoción, algunos flashes del film que pudo ser que se asoman pero se terminan perdiendo entre todo lo mencionado. La mejor frase del film es un poema de Rumi, tal vez mal citado, pero igualmente emocionante. Ahí, justo al final, llega lo más interesante, aquello que tal vez Diana quiso retratar pero no pudo. “Somewhere between right and wrong there is a garden. I will meet you there.”
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  • Thor: Un mundo oscuro
    Thor: Un mundo oscuro
    Tiempo Argentino
    Vuelve el hombre del martillo

    Las películas basadas en los comics de Marvel están, sin duda alguna, en su esplendor. No solo dominan la taquilla, sino que además se multiplican como si fueran films pequeños o sencillos de hacer.

    Y en realidad son superproducciones planificadas con años de antelación. El plan es gigante y estamos, según se ha explicado, en la Fase 2. Sí, suena raro para hablar de cine, pero esta mitología contemporánea es enorme y abarcadora a punto tal que se divide en fases. El punto culminante de estas historias es Los vengadores, película que reunió a varios grandes héroes de Marvel y que pronto tendrá una segunda parte. Pero ahora le toca a Thor probar suerte con esta segunda parte. Thor: Un mundo oscuro tiene que lidiar con el problema de pertenecer ya no sólo a una franquicia sino a dos. Debe seguir la lógica de su antecesora y a la vez no descuidar su pertenencia a Los vengadores. Incluso el director y guionista de Los vengadores, Joss Whedon, participó de algunas escenas y mejoró otras a fin de acercar el tono a la saga completa. La solemnidad del primer film protagonizado por Thor (Chris Hemsworth, obviamente) cede en algunos momentos para no hacer tanto ruido en su conexión con los demás héroes de Marvel. El aire de Shakespeare que el director de aquel primer film le había dado, se desplaza bastante del centro. Aun así, repite sus momentos de gravedad y se excede, una vez más en efectos especiales de dudoso interés. Pero el clímax en la ciudad de Londres es lo suficientemente espectacular como para recuperar la aventura y el interés. Digamos que ese doble mundo que está siempre en Thor, mejora cuando está en la Tierra. La ciudad está realmente bien empleada y ahí los efectos son mucho más funcionales. Con lo justo, la combinación de seriedad, humor, espectacularidad, emoción, romance, suspenso y acción va encontrando su rumbo. No le es fácil y quienes no hayan visto el film anterior no deberían ni preocuparse en ver este. Los seguidores de todo el combo Marvel, por el contrario, disfrutarán más que nadie de todos los detalles que la película les ofrece. Como siempre en los films de Marvel, hay una escena luego de los créditos, así que hay que quedarse, sí o sí, hasta el final, porque es importante lo que van a ver.
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  • Cuestión de tiempo
    EL RELOJ DE LA VIDA

    Emocionante y profunda reflexión sobre el correr de los años, con un trabajo de dirección brillante y un elenco excelente, Cuestión de tiempo, es mucho más que la más emocionante película del año.

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  • Lluvia de hamburguesas 2
    Lluvia de hamburguesas 2
    Tiempo Argentino
    Con la comida no se juega

    Los éxitos en el mundo de la animación rápidamente generan secuelas, sin tener que preocuparse por los cachets de actores. Ahora llega otro ejemplo, pero con menos brillo.

    No todos los films de animación son iguales, Lluvia de hamburguesas 2 es la prueba de ello. Con una animación más absurda que los clásicos actuales del género, con algo de humor ridículo y un tono diferente al resto, esta secuela del exitoso film intenta hacerse fuerte en ese aspecto principalmente.
    Por supuesto, recupera a sus personajes principales y la premisa absurda del primer film se potencia. Ahora bien, en aquella película del 2009 la historia era más interesante, tenía algo de emoción y bastante sentido dentro del disparate. Acá, los directores y guionistas no tienen idea alguna, por lo cual salen a parodiar de forma directa y diciendo que es homenaje nada menos que a Jurassic Park.
    Declararlo no los hace mejores, porque su aporte es pequeño. La comida ahora ya no cae del cielo, sino que está viva en una isla que sin lugar a dudas es como la de Jurassic Park. Y ahí va nuestro héroe y sus amigos a enfrentarse con un montón de comida (hamburguesas completas, tacos, etc) devenida en la versión comestible de esos gigantes de Jurassic Park o de su antecesora literaria El mundo perdido de Arthur Conan Doyle.
    Como ocurría con el primer film, la diversión se agota y se vuelve un tanto confusa, cuando por momentos parece más algo asqueroso que gracioso. En este film, el taco gigante parece más un vómito que una comida amenazante. Y Flint, el protagonista, debe enfrentarse a un dilema moral que será el centro de la trama. Su ídolo científico se convertirá en su antagonista, lo que creará en él un gran conflicto. Pero el discurso es tan confuso y contradictorio que es imposible dilucidar qué es lo que la película quiere decir.
    Hay demasiadas películas de animación, ocupando demasiadas salas y ofreciendo poca variedad entre ellas. Lluvia de hamburguesas 2 se suma a la lista de las irrelevantes.
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  • Carrie
    Carrie
    Leer Cine
    LAS MUCHACHAS NO LLORAN
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  • Rush - Pasión y gloria
    CORRER PARA VIVIR

    Espectacular recreación de la rivalidad enfre Niki Lauda y James Hunt en el esplendor de la Fórmula 1 en la década del 70. Emocionante y poderosa, la película homenajea a ambos corredores.

    Rush tiene una historia perfecta. O al menos un punto de partida ideal para una película. El año, 1976; el ámbito, la Fórmula 1. La película arranca con una carrera en particular, una que iba a entrar en la historia más escalofriante de las competencias internacionales. Los personajes protagónicos son los famosos corredores Niki Lauda y James Hunt. La historia que les tocó protagonizar es tan extraordinaria que sin duda estaba destinada a ser una película fuera de serie. Pero no es cuestión simplemente de contar esa historia. La estructura del relato y un gran guión le dan sentido a la película. Y del director Ron Howard se pueden decir muchas cosas, pero nadie lo calificaría de autor personal. Pero su carrera es, de todas formas, una de las más importantes del cine contemporáneo. Ha hecho películas que ya son clásicos y ha hecho películas realmente muy malas. Rush es la prueba de que se pueden combinar los elementos adecuados en el cine industrial y llegar a resultados excelentes. Tal vez no sea muy tranquilizador para los cultores más duros de la teoría de autor, pero lo que realmente importa es el resultado.

    Rush tal vez se tome alguna o muchas licencias poéticas, no me interesa saberlo, pero sus dos personajes protagónicos son extraordinarios. El irresponsable y atorrante, pero igualmente talentoso James Hunt (Chris Hemsworth) y el ultra profesional, metódico y obsesivo de Niki Lauda (Daniel Brühl) son los complementos perfectos para una lucha a lo largo de un inolvidable año de competencia en la Fórmula 1 internacional. Aunque la película se rinde a la evidencia de que el enorme Lauda es mejor corredor, igual se encarga de generar un respeto por ambos personajes. La forma en que reivindica a Hunt es prueba de ello. Porque más allá de los hechos reales, la película busca retratar a dos gigantes. A dos deportistas que veían el mundo de forma distinta pero que amaban profundamente la competencia. Rush es una película apasionante y apasionada. Y un relato que cree en la nobleza de sus personajes. Contra todo cinismo o distancia irónica, pero también contra la chatura obsecuente de mucho biopic que da vueltas por ahí. Por todo esto, por un reconstrucción de época perfecta y funcional y porque es entretenimiento puro, Rush no es tan solo uno de los mejores films del 2013, sino que es, además, la mejor película de Ron Howard.
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  • Escape imposible
    Escape imposible
    Tiempo Argentino
    Dos gigantes contra el mundo

    Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger supieron ser las máximas estrellas del cine de acción de los ochenta. Stallone tuvo prestigio en la década anterior, incluyendo el Oscar para Rocky.

    Se volvió héroe de acción ochentoso unos años después, y así se sumó Arnold. Luego, este último supo reinventarse con humor y su estrellato le duró intacto en la década del noventa. Sus carreras han tenido altibajos, pero claramente estaban saliendo del estrellato poco a poco (Schwarzenegger por su carrera política), además de que el pasar de los años afecta a los héroes de acción. Stallone realizó, aunque parezca mentira, dos atendibles secuelas de sus máximos personajes: Rocky Balboa y John Rambo. Estas dos películas le permitieron preparar el terreno para su verdadero regreso, Los indestructibles, realizada en el 2010. El título de indestructible es local, porque el original, The Expendables, era casi contrario, y mucho más a tono con aquel punto en su carrera. El film fue la excusa para que, aunque fuera con un pequeño cameo, reapareciera también Arnold. Los veteranos del cine de acción habían vuelto, y habían vuelto con todo. Su público no los había olvidado, como demostró ese éxito que se transformó en Los indestructibles 2 y va camino a la tercera parte, sumando en cada caso a otras estrellas del cine de acción. Pero Escape imposible trae una verdadera novedad y es que aquellos rivales de la taquilla ahora comparten cartel protagonizando de forma excluyente un film completo. El ámbito es una cárcel de máxima seguridad y ambos juegan con ligereza y humor sus papeles hechos a la medida. No es Escape imposible un film tan divertido y complejo como Los indestructibles, pero ofrece una vez más una idea del cine que es festiva. Se da el lujo de sumar a grandes actores como Jim Caviezel, Sam Neill, Vincent D'Onofrio, Amy Ryan, lo que también habla de un buen ojo para elegir el casting. Nobles y dignos, estos dos gigantes del cine nos regalan otro momento de alegría. Esa nobleza tiene, en más de un momento, ecos de Alexandre Dumas, autor citado en varias partes del film. Esto abre la sospecha de que estamos frente algo sencillo de disfrutar pero complejo de hacer. Con muchos proyectos en el futuro y con varios excelentes films realizados en esta década, los chicos están de vuelta.
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  • El arte de la guerra
    El arte de la guerra
    Tiempo Argentino
    Una biografía distinta

    Wong Kar-Wai tal vez no sea muy conocido por la mayoría del público, pero desde hace ya casi 30 años su estilo visual ha sido uno de los más influyentes en el cine mundial. Su obra siempre estuvo marcada por un excepcional gusto por la belleza, una capacidad fuera de lo común para componer imágenes de un placer visual arrebatador.

    Chungking Express, Fallen angels y Day of being wild fueron los primeros títulos que lo ubicaron en un lugar de privilegio en el panorama del cine mundial. Pero fue con su obra maestra Con ánimo de amar (2000) que impresionó verdaderamente, dejando para siempre su huella en la historia del cine. Su extraña secuela, 2046, fue, insolitamente, su film más taquillero y conocido en nuestro país. Luego de un gran paso –pero mal recibido– por el cine hablado en inglés con El sabor de la noche Wong Kar-Wai estrena un muy trabajado film biográfico centrado en la figura de Ip Man.
    Ip Man fue un maestro de las artes marciales que alcanzó fama mundial por haber sido el maestro de Bruce Lee en sus primeros años. El protagonista es el actor fetiche de WKW, el extraordinario Tony Leung. Actor y director brillan en esta película que no es tanto un relato de artes marciales, como una contemplación acerca de la belleza coreográfica de esa disciplina. Más visual que narrativa, El arte de la guerra es una verdadera fiesta para los ojos.
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  • Los elegidos
    Los elegidos
    Tiempo Argentino
    Una familia contra fuerzas oscuras

    Los elegidos (Dark Skies en el original) cuenta una de esas conocidas y repetidas historias del cine fantástico. Una familia feliz vive en los suburbios. Un matrimonio con dos hijos que empieza a percibir, poco a poco, que algo raro ocurre a su alrededor. ¿Qué tan rápido debería reaccionar una persona frente a hechos insólitos y sin explicación? La película avanza y la inquietud también.

    La amenaza parece centrarse en la figura del niño más pequeño. Este elemento sin duda angustia aun más al espectador, lo vuelve vulnerable, y eso permite que cuando se comience a saber qué pasa realmente, el espectador esté abrumado y listo para aceptar cualquier cosa. La clave de un film como este –del cual no develaremos nada de su trama- consiste en la manera en la cual la película posterga el mostrar su juego y a la vez mantiene al espectador interesado y atento. Y Los elegidos consigue que eso ocurra, sin duda. También la película se sirve de la combinación entre el terror y el drama, lo que aumenta el compromiso del espectador. Y lo que verdaderamente hace la diferencia es que la suma de todos los elementos mencionados produce un enorme caudal de escenas de terror. Muy buenos sustos y momentos escalofriantes demuestran que todo funciona. Los elegidos pertenece, además, a la escuela de las películas que optan por menos despliegue visual y más clima construido a través de una buena puesta en escena y un estilo visual que no busca el impacto fácil. Es difícil sorprender al espectador actual ya acostumbrado a los films de familia atacada por una fuerza desconocida, pero hay que decir que Los elegidos lo logra y justamente por eso que no hay que anticipar nada de la trama. Lo que sí hay que anticipar es que se trata de una película que hará saltar a los espectadores de su butaca, porque cuando tiene que asustar lo logra con creces. Están todos avisados.
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  • Kick-Ass 2
    Kick-Ass 2
    Tiempo Argentino
    Sólo para seguidores

    Cuando en el año 2010 llegó a los cines Kick Ass la película marcaba una evolución o una novedad con respecto al género de super héroes. Entre otras cosas porque su protagonista no era un súperhéroe.

    Su estética de film noir, la crudeza de las imágenes y la autoconciencia del relato eran algo no del todo nuevo, pero sí un paso más en los cambios que el género venía mostrando.
    La película cerraba con sus protagonistas (Kick-Ass y HitGirl) retomando en teoría la vida normal. Lo curioso es que si bien las constantes estéticas del film anterior se conservan intactas, esta segunda parte hace un esfuerzo nulo por interesar a cualquier espectador que no haya visto el primer film.
    Es prácticamente imposible que alguien que recién llegue ahora entienda realmente lo que pasa o de donde viene, aun cuando los diálogos den pistas. Intencionalmente la película renuncia a rescatar a esos nuevos espectadores, lo que no necesariamente está mal, pero es bueno aclararlo. Es mejor ir con la película anterior vista. Hecha esta salvedad, el relato sigue funcionando, casi todo el humor es efectivo y la película mantiene una dosis de violencia alta que le impide convertirse en un film de consumo infantil, aun cuando un desprevenido pueda creer que lo es.
    El mayor defecto del film es la manera en que se desvía para tener escenas de comedia adolescente de colegio secundario, algo que no sólo no funciona sino que además le agrega una escatología que aquí no valía la pena incluir. Atención: hay una escena más al final de los títulos.
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  • Adoro la fama
    Adoro la fama
    Tiempo Argentino
    Locuras de chicos ricos

    Sofía Coppola logró un film lleno de ideas y hecho con una madurez que pocos directores tan jóvenes logran. Protagonizada por la actriz Emma Watson, recrea una historia real.

    Sofía Coppola, ganadora del Oscar a mejor guión por Perdidos en Tokio, entre muchos otros premios, ha dejado de ser la hija de Francis Ford Coppola a la hora de las presentaciones y sólo se menciona a su padre porque aquí, una vez más, oficia de productor con su mítica compañía Zoetrope. Pero no hay dos cineastas más distintos y Sofía poco hereda de los temas o el estilo del padre. Cineasta que representa bien los tiempos que corren, Coppola se ha obsesionado con el malestar de una adolescencia que lo tiene todo pero a nivel emocional parece no tener nada. Sus personajes femeninos desde Las vírgenes suicidas a Adoro la fama, pasando por María Antonieta, tienen en común una angustia y una conducta inesperada a pesar de que nada parece faltarles. Incluso la protagonista de su mejor película, Perdidos en Tokio, era una joven aburrida en un mundo sin carencias económicas.
    En Adoro la fama toma una historia real para llegar más lejos. Ya no es melancolía convertida en tristeza, es melancolía convertida en delito. Jóvenes que salen a robar casas de ricos y famosos que representan en muchos casos la banalidad misma.
    Para muchos, Sofía Coppola podría ser considerada una cineasta con poca perspectiva social, pero dicen que si uno pinta su aldea pintará el mundo, y ella habla del mundo que conoce. Y por extensión del mundo en general. Sus personajes muchas veces autodestructivos, lo tienen todo y podrían ser felices al tener muchas cosas solucionadas, pero la directora nos demuestra que esto no es así, y en que en el mundo de desigualdades, los hijos de ricos, los que heredan un privilegio, no consiguen tampoco ser felices.
    También hay una idea sobre la amistad, el dinero, y sobre todo el poder. Sin ser la más lograda de las películas de la directora, sí hay que decir que es un film lleno de ideas y hecho con una madurez que pocos directores tan jóvenes logran. Por supuesto, también incluye, como siempre en Coppola, una enorme carga de melancolía. Si hay mucho de autobiográfico en la clase social y los conflictos que la directora plasma es difícil de precisar, pero su obra respira autenticidad. La protagonista es Emma Watson, que dicho sea de paso demuestra una vez más que la fama lograda en la saga de Harry Potter no logró encasillarla en su rol y tiene aun mucho más para dar.
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  • Capitán Phillips
    Capitán Phillips
    Tiempo Argentino
    Aventuras en el mar, como las de antes

    Protagonizada por Tom Hanks, esta película basada en hechos reales narra la historia de un hombre que en 2009 fue tomado de rehén por piratas somalíes. Buenos ingredientes para un resultado a la altura de la historia.

    El capitán Phillips del título es el protagonista de esta historia basada en hechos reales ocurridos en el año 2009, cuando cuatro piratas somalíes tomaron su nave y lo retuvieron como rehén. El gran problema de las películas basadas en hechos reales es que desde que arranca la película uno tiene bastante información –o, al menos, adivina– acerca de la historia y su final. Tal vez porque el final no sea lo más importante, sino la reflexión que uno pueda hacer a partir de la historia narrada. Paul Greengrass, el director, tiene un demostrado talento para narrar historias que aquí confirma. A pesar de una enorme capacidad para utilizar recursos visuales impactantes, Greengrass no abandona nunca la narración clásica. Tal vez Capitán Phillips sea, de hecho, la más clásica de sus películas. Greengrass tiene por lo menos cuatro películas impactantes antes de esta: Vuelo 93, La supremacía de Bourne, Bourne: el ultimátum, La ciudad de las tormentas. En todas mostró un gran pulso para la acción y aquí, aunque se trate de otra clase de film, vuelve a hacerlo. Para que el clasicismo sea aún más claro, el capitán Phillips está interpretado nada menos que por Tom Hanks, uno de los más grandes y más clásicos y sobrios actores del cine actual. Su protagonismo es absoluto y por lo tanto gran parte de la película recae sobre sus hombros. Las ideas del mundo que tiene Phillips y su comportamiento a lo largo de la película encuentran en Hanks al rostro ideal para darle credibilidad. Y su sufrimiento se convierte en el nuestro. Actor de gran talento, Hanks ofrece acá una actuación obligadamente contenida y sobria que poco a poco va creciendo junto con el drama. Sin duda, figura entre lo mejor del actor. Las vueltas que va ofreciendo la trama, la tensión de los grandes momentos de suspenso, funcionan de punta a punta del relato. Aun conociendo la historia, aun sabiendo quién la ha contado, igual cada escena es vivida, una vez más gracias al director, con una enorme angustia, sin saber cuál será el siguiente paso que dará el protagonista y sus captores. Un buen director, un buen actor, una buena historia. Los tres pilares que sostienen Capitán Phillips a lo largo de más de dos horas. Verdaderas aventuras en el mar, como en los viejos tiempos, aun cuando la historia transcurra en el presente
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  • Gravedad
    Gravedad
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    UN VIAJE EXTRAORDINARIO


    Noventa minutos de cine puro. O mejor dicho, noventa minutos en los cuales no es posible dejar de mirar, en los cuales toda nuestra atención y todo nuestro interés se concentra en la pantalla como pocas veces. Como la primera vez. Como cuando uno ve una película realmente buena, realmente cinematográfica y el mundo es ese rectángulo al cual no podemos dejar de mirar. Gravedad es una obra maestra del lenguaje cinematográfico. No una, no dos, sino muchas veces conmueve, apasiona, abruma. Desde el minuto uno hasta el minuto final, el espectador queda atrapado, comprometido con lo que ve. Todo nos importa, todo lo que pasa en la película es vital para nosotros. Esto no es un accidente, esto no pasa cada vez que entramos al cine. Sin duda acá hay un trabajo del director que, ayudado por la tecnología (el cine es tecnología desde que nació, después de todo) es capaz de crear universo que nos sorprenda, que nos haga vivir como real una experiencia que sólo como espectadores podríamos vivir.

    El mexicano Alfonso Cuarón siempre fue un cineasta fuera de serie, pero construyó su filmografía poco a poco. Desde la comedia Solo con tu pareja (1991) demostró interés por los géneros y el cine masivo. Aunque aquel film no es más que un primer paso, si se lo compara con todo lo que vino después. En lo personal yo consideré su siguiente película, La princesita (1995), como una obra maestra. Ya en Hollywood, Cuarón demostraba que con el presupuesto y las herramientas adecuadas estaba listo para hacer historia. El espíritu dickensiano de aquel film tal vez lo llevó a encontrarse con una adaptación moderna de Grandes esperanzas (1998). El film comenzaba bien pero se iba deshaciendo con el correr de los minutos. Sí se podía destacar una delicada paleta de colores y el gran trabajo de su fotógrafo Emmanuel Lubezki. Tal vez abrumado por esa experiencia, Cuarón volvió a México y realizó Y tu mamá también (2001), una de esas películas que –para bien o para mal- no se pueden hacer el Hollywood. Con energía renovada aceptó hacer la que muchos considera la mejor de las películas de Harry Potter: Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004) y luego se lanzó a la ambiciosa y notable Niños del hombre (2006) que le sirvió, entre otras cosas, para realizar algunos de los planos secuencias más impactantes de la historia del cine. Varios años pasaron luego hasta llegar a esta nueva película que sin duda lo deja no sólo a las puertas del Oscar, sino dentro de la historia del cine.

    Contar el argumento de esta película sería una tontería, debo ser sincero. Transcurre en el espacio, sí, eso queda claro desde el afiche. Hay problemas, sí, eso es lo que le da drama a la historia. Pero anticipar dichos problemas, contarlos, es secundario. Sí es interesante comprobar que el cine tiene todas las herramientas para fascinar y que no se necesita más que un gran talento para poder utilizarlas. ¿Pero cuánta gente tiene ese talento? Hace poco volví a ver Jurassic Park de Steven Spielberg, y ahí hay, obviamente, talento. Uno puede ver un film de James Cameron y encontrar ahí también esa magia que tienen los genios. Hay miles y miles de películas que intentan por todos los medios engancharnos, impresionarnos. Hay explosiones, efectos, luces, imágenes grandilocuentes jamás vistas, pero no es una cuestión solo de hacer cosas grandes y efectistas, sino de construir un relato que nos importe. Como cuando el héroe cuelga del precipicio y lo único que queremos es que se salve. Cuando la heroína se juega todo en cada escena y por la forma en la narración se construye su destino es el nuestro. Y este viaje extraordinario por supuesto incluye subtramas y temas que con sutileza y sin subrayados forman parte del film. El cine norteamericano es el que ha entendido esto mejor que nadie. Aun cuando muchos de sus maestros no hayan nacido ahí, han filmado con ese espíritu y más tarde o más temprano se han sumado a esa industria. Gravedad es una película en muchos sentidos arriesgada, a contracorriente, y a la vez es una película que utiliza la tecnología de punta al servicio del entretenimiento de una manera brillante. No podemos hablar de una crisis del cine ni que la televisión lo ha superado cuando aparecen películas como Gravedad. Es el mismo viejo oficio de contar historias. Con algunas herramientas nuevas, pero con las mismas reglas básicas. Nada a cambiado y quienes han querido romper el lenguaje del cine a lo largo de más de un siglo, solo han sido estrellas (falsas y) fugaces. Como cierre hay que decir que George Clooney está magnífico, como siempre, pero que sin duda el personaje de Ryan Stone que interpreta Sandra Bullock ya está en la lista de las más grandes heroínas de la pantalla grande. Ella es la pieza clave para que todo el trabajo del director, productor, montajista y guionista Alfonso Cuarón tenga esa gracia extra que solo tienen los clásicos de todos los tiempos.
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  • La noche del demonio 2
    La noche del demonio 2
    Tiempo Argentino
    El mundo del terror, por Wan

    Quienes amamos el cine de terror y creemos que es un género capaz de reflexionar sobre temas interesantes y a la vez proporcionar un entretenimiento intenso, vemos en James Wan a uno de esos directores que ha sido capaz de revitalizar el género.

    James Wan dirigió nada menos que El juego del miedo (Saw, 2004) una gran película que luego derivó en secuelas sin tanto mérito. Pero este año sorprendió a todos con el estreno de El conjuro (2013), una de las mejores películas de terror de los últimos años.
    Wan sabe varias cosas acerca del género y también conoce como son las cosas en los tiempos que corren. No le es ajeno el aumento del gore ni la utilización de los efectos digitales y, con total intencionalidad, evita al máximo ambas cosas.
    Claro que hay sangre en el cine de Wan, pero comparado con lo que hoy se ve, El conjuro y La noche del demonio 2 marcan la diferencia. Y otra elección que hace Wan en sus películas es la de tener buenos actores. Patrick Wilson y Rose Byrne repiten sus roles, al igual que Barbara Hershey y Lin Shaye.
    La noche del demonio 2 retoma la historia allí donde la dejó La noche del demonio (2010) también dirigida por James Wan. A su vez, la historia vuelve al pasado para descubrir el origen del mal que persigue a la familia.
    Aquí, Wan construye con precisión y tranquilidad la historia, y a medida que el espectador va recibiendo más información la historia asusta cada vez más. Arma una historia compleja y como siempre brilla en la puesta en escena. Sabe que los objetos más inocentes pueden convertirse al moverse por sí mismos en un objeto de terror. Y también entiende que en el sufrimiento de los inocentes se encuentra la clave más perturbadora del género.
    Comparada con El juego del miedo y con El conjuro, esta película está un paso atrás. Pero los que disfrutan del viejo estilo para hacer terror, siempre encontrarán en James Wan a un director digno de seguir.
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  • Blue Jasmine
    Blue Jasmine
    Tiempo Argentino
    El lado oscuro de la vida

    Con una lucidez y una crudeza perturbadoras, Woody Allen saca de la galera una de sus películas más logradas, con buenas actuaciones de Cate Blanchett y Alec Baldwin.

    Woody Allen llega a un film como Blue Jasmine luego de dirigir más de 40 películas y mantenerse activo y prolífico desde la década del '60. Es un cineasta veterano que ha pasado de la comedia al drama sin problema, que ha filmado mayormente en Manhattan, pero que desde el comienzo de su carrera ha salido también a recorrer la costa Oeste de su país, Europa y hasta Centroamérica.
    Varios actores y actrices han ganado premios gracias a trabajar con él, y el propio Woody Allen ya acumula muchos reconocimientos, que incluyen cuatro premios Oscar, tres por guión y uno por dirección.
    Esta leyenda viviente no siempre ha logrado obras maestras y aunque el público nunca se alejó del todo, la crítica durante ya casi dos décadas le desconfía. Lo cierto es que Medianoche en Paris (2011) fue su film más taquillero y su retorno oficial al mercado, además de una renovación entre sus seguidores.
    Ahora, con Blue Jasmine, Allen también demuestra que su cine podrá ser muchas cosas pero no es rutina. Con una lucidez y una crudeza perturbadoras, saca de la galera una de sus películas más logradas.
    La historia es la de Jasmine (Cate Blanchett), una mujer de clase alta que se va a vivir momentáneamente con su hermana Ginger (Sally Hawkins) de clase baja, luego de una terrible ruptura con su marido (Alec Baldwin) que terminó preso (luego sabremos más), quedando ella en total bancarrota. Jasmine se ve a sí misma como una ganadora, mientras que desprecia la condición de perdedora de su hermana. Ambas son adoptadas, lo que explica muchas de sus diferencias.
    El gran mérito de esta película de Woody Allen consiste en que vuelve a sus mejores armas como realizador. La fluidez del relato, la manera en la que Allen se pone serio sin ser solemne, van construyendo una película bella, intensa, una reflexión amarga pero brillante acerca de la condición humana.
    Como en los mejores films del director, los actores brillan y aunque Blanchett queda a centímetros de la sobreactuación, la película no pierde jamás su rumbo y ella finalmente se luce.
    Si Allen había vuelto con films ligeros y amables como Medianoche en Paris y A Roma con amor, con Blue Jasmine retoma su variable más oscura y pesimista.
    Woody Allen nunca se fue, pero aun así festejamos este regreso a la grandeza.
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  • 20.000 Besos
    20.000 Besos
    Tiempo Argentino
    La tan temida crisis de los treinta

    La comedia dirigida por Sebastián De Caro presenta un tono de original con un protagonista que no pretende convertirse en héroe. Diálogos y situaciones que poseen un tono diferente a lo que el cine argentino.

    Es difícil a veces definir qué clase de cine es el que se ha cargado de lugares comunes y clichés hasta que aparece una película que, simplemente, va por otro camino. Una comedia agridulce que elige un tono que no es habitual para nuestro cine, que tal vez sea el eco en las formas más amables del cine independiente americano pero que en definitiva tiene identidad y estilo propios. El protagonista tiene treinta años, un trabajo aburrido, un noviazgo que se termina y una vida que parece haber alcanzado el punto más alto de su crisis. Pero la película no avanza hacia terrenos conocidos. Porque los personajes, los diálogos, las situaciones, poseen un marco diferente a ese cine argentino –o extranjero– donde las películas parecen transcurrir en un mundo tibio, nulo, inexistente. Sin el más mínimo interés por el naturalismo, De Caro logra sin embargo una gran autenticidad emocional en el retrato de su protagonista, con sus contradicciones y sus aspectos menos agradables también.
    Sebastián De Caro podría haber hecho personajes más fáciles, podría haber construido un protagonista más estándar, sin espacios de oscuridad. Pero como los grandes cineastas, prefirió ser honesto consigo mismo y entregarnos un protagonista que se equivoca, que no dice lo correcto, que toma decisiones dudosas, que peca de egoísta o necio, que brilla por su inmadurez y que a pesar de todo lo dicho no es merecedor de menos afecto por parte de la historia y sus espectadores. Los roles secundarios brillan todos, sin duda por méritos de los actores, pero también de una buena dirección. La sinceridad y la honestidad en un film no son necesariamente sinónimos de buen cine, pero cuando se trata de cualidades acompañadas por una buena película entonces sí deben ser destacadas.
    Podrá no parecer 20000 besos un clásico de la historia del cine nacional, pero su originalidad es tan grande que es probable que ocupe un lugar de privilegio de aquí en adelante.
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  • Hannah Arendt
    Hannah Arendt
    Tiempo Argentino
    La enemiga del pueblo

    Hannah Arendt fue una de las más importantes personalidades de la filosofía del siglo XX. Sus reflexiones acerca de los crímenes del nazismo son hasta la fecha motivo de discusión. Su presencia como corresponsal de The New Yorker, en el juicio a Adolf Eichmann realizado en Israel, luego de que este fuera capturado por el Mossad en Argentina, la llevo a acuñar la famosa expresión "La banalidad del mal". Intelectual valiente, no buscó nunca el camino sencillo ni demagógico, lo que le valió tanto elogios como ataques.

    La película se toma el trabajo minucioso de reconstruir aquellos años, incluso combinar las imágenes realizadas para el film con material auténtico del juicio a Eichmann. Posiblemente en esta combinación se hallen algunos de los mejores momentos estéticos del film. En la repetición explícita de algunos conflictos, por otro lado, está lo menos logrado. Pero con virtudes y defectos es justo decir que el tema es tan apasionante y estimulante, y está llevado con tanta fuerza, que es imposible no sentirse interesado de una punta a otra del film.
    La película está escrita y dirigida por una verdadera leyenda del cine alemán, Margarethe von Trotta, directora de clásicos del cine político de su país como Las hermanas alemanas (1981) y Rosa Luxeburgo (1986). Una vez más, se mete con la historia y otra vez cuenta con su actriz favorita, Barbara Sukowa para interpretar a Hannah.
    Sukowa tiene experiencia en interpretar personas brillantes, apasionadas, polémicas. Su rostro le da a Arendt una potencia que la película necesitaba. Hacia el final, frente a una clase, su discurso muestra la brillantez del personaje y el talento de la actriz. El debate no se cierra nunca, la discusión permanece, incluso la propia Arendt vivió cuestionando y pensando sus ideas hasta el final de su vida y la película es fiel a ese espíritu de constante revisionismo.
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  • La noche de la expiación
    ASESINOS POR UNA NOCHE

    Si tuviéramos que ubica La noche de la expiación dentro de un género este debería ser sin duda la ciencia ficción. En un futuro cercano, Estados Unidos ha creado un sistema para resolver el creciente problema de la violencia. Para esto una noche al año se decreta “The Purge”. En esa noche está permitido matar y los ciudadanos deben decidir si encerrarse en sus casa prácticamente amuralladas o salir a matar por las calles. James Sandin (Ethan Hawke), su esposa Mary (Lena Hadley) y sus dos hijos, viven en una lujosa casa que han obtenido por el éxito laboral de él. Su trabajo es vender sistemas de seguridad para que la gente adinerada pueda protegerse en la temible noche de la expiación. Todos parecen tomarse con naturalidad el siniestro sistema y se prepararan rutinariamente para atrincherarse en sus casas. James y su familia delatan, de parte de los hijos principalmente, algunas grietas y contradicciones. A las 19 hs comienzan las doce horas de la ceremonia de violencia de cada año. Y por supuesto no habría película si las cosas no se complicaran mucho en esa noche. El tema de la película sin duda tiene que ver con la naturaleza humana. ¿Es el ser humano naturalmente violento y egoísta o por el contrario es pacífico y solidario? La película encuentra el argumento ideal para plantearse este interrogante. También alude a la idea de las desigualdades sociales, la ineficacia del gobierno para equilibrar esas diferencias y el crecimiento de la violencia en la sociedad. Aunque las máscaras del afiche prometan terror, la película no pertenece a este género y su costado de fantasía tiene que ver con el discurso más que con cualquier otra característica. Las acciones transcurren en el futuro y se adivina un futuro clásico de la ciencia ficción. La distopia (o como otro la llaman, la antiutopía) que hemos leído y visto en 1984, Brazil, Un mundo feliz, Fahrenheit 451Blade Runner y otras historias del género. Acá es llamativa la forma en que no hay ni un solo elemento tecnológico, ningún detalle de escenografía que nos haga creer que es un mundo alejado del nuestro. Ese futuro que describe la historia no podría ser más presente. La ciencia ficción está en la idea de un día legal para el asesinato y en las noticias cuando se habla de “Los nuevos padres fundadores”, pero no pasa de ahí. Tampoco necesita hacerlo. La situación de encierro y opresión, a luz, el sonido, e incluso la violencia, son lo que la acerca al cine de terror al que, como ya se dijo, no pertenece. Algunos lugares comunes, algunas obviedades y ciertas vueltas de guión no muy ingeniosas pueden atentar contra la película, pero a pesar de eso el film de James DeMonaco sale airoso y sus personajes adquieren poco a poco inesperada complejidad. No es agradable ni tranquilizadora, pero justamente en eso radica su encanto.
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  • Chicas armadas y peligrosas
    ELOGIO DE LA AMISTAD FEMENINA

    Las buddy Movies podrían traducirse como películas de compinches. Dos amigos, o colegas, o compañeros accidentales de aventuras, protagonizan estas historias desde el comienzo del cine. En los géneros dramáticos, Butch Cassidy, Arma mortal, 48 hs, son algunos ejemplos de distintas décadas, siempre vinculado al cine de acción. El western, el policial, todos géneros que han sabido desarrollar las buddy Movies. Una interesante excepción, por femenina y por combinar drama y aventura fue Thelma & Louise. Sí, las buddy Movies suelen ser de hombres. Suelen tener, estas películas, mucho humor, pero finalmente es la comedia pura la que ha sabido explotar al máximo esta clase de films. Empezando por Stan Laurel y Oliver Hardy, y llegando a Vince Vaughn y Owen Wilson, pasando por todos los grandes dúos cómicos de la historia del cine. Sí, los voy a mencionar: Dean Martin y Jerry Lewis, Bob Hope y Bing Crosby, Walter Matthau y Jack Lemmon, The Blues Brothers, El mundo según Wayne y en Argentina podríamos mencionar la comedia policial Tiempo de valientes. Otra excepción, en variable femenina y hawksiana fue Los caballeros las prefieren rubias, una de las mejores comedias femeninas buddy Movies de la historia del cine. Esta breve historia es para llegar a esta verdadera sorpresa que aparece en los cines ahora. Empecemos diciendo que el duro trabajo para arruinar la película que se hizo desde el afiche (donde el photoshopeado fue dan burdo e insultante que hasta sus protagonistas salieron a burlarse) y luego desde el título en castellano, no le hace daño a lo importante: La película en sí misma. The Heat es el título original de esta excelente buddy movie protagonizada por Sandra Bullock y Melissa McCarthy.

    The Heat cuenta la historia de dos policías. Una acartonada, del FBI (Sandra Bullock) y la otra mal hablada y ruda, que trabaja de civil en los barrios marginales (Melissa McCarthy). Sí, claro, la base de la buddy movie, la extraña pareja por definición. La base, pero con eso solo no se hace mucho. Y ahí empiezan las sorpresas. La base es seguida por muchos aciertos. En primer lugar, el humor que tiene la película es increíble. Las dos actrices son muy graciosas. Es como estar viendo una película de Martin y Lewis, realmente. Tienen timing, simpatía, química, talento que se comprueba en cada escena. Pero además logran dos personajes humanos inolvidables. Son adorables, queribles de punta a punta. Son dos mujeres solitarias, que luchan contra el mundo y contra ellas mismas. Sin duda hay un buen trabajo en la creación de personajes. No es muy común una comedia protagonizada por una pareja de mujeres, pero además del humor, la película posee mucha emoción, gran inteligencia y en definitiva un enorme elogio de la amistad femenina. No es la primera vez que Paul Feig nos entrega una película con emoción, inteligencia y humor construida a partir de personajes femeninos. Sí, Paul Feig es el director de esa gran película llamada Damas en guerra. Y para que quede claro va de nuevo: las dos protagonistas de The Heat son magníficas. Sandra Bullock recupera su mejor forma como comediante y no le tiene miedo al ridículo. Justamente la comedia de mujeres no suele alcanzar a la comedia de hombres por la imposición de que las mujeres conserven la compostura. Bullock no lo hace y sabe reírse mucho de sí misma. ¿Y qué decir de Melissa McCarthy? Natural born comediante, McCarthy es tan talentosa como querible. Juntas son dinamita, se podría decir, citando otra famosa buddy movie.
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  • R.I.P.D. Policía del más allá
    Policías que luchan contra los muertos

    El director Robert Schwentke (el mismo de Red, con Bruce Willis) encaró una original y arriesgada comedia de hechos sobrenaturales, donde un policía asesinado es asignado a un equipo de oficiales muertos que buscan almas.

    Basada en el cómic de Peter M. Lenkov, R.I.P.D. (Rest in Peace Departament) es un clásico policial de dúo pero ambientado en el género fantástico.
    Un policía corrupto pero arrepentido, Nick (Ryan Reynolds), es asesinado por un compañero y, para su sorpresa, es asignado a un departamento de policía conformado por policías muertos, algo así como un purgatorio. Su misión será atrapar almas escapadas del infierno que deambulan por la Tierra. Aprovechará entonces para resolver ese caso, mientras sigue los pasos de su colega asesino (Kevin Bacon, brillante). El compañero de Nick en su trabajo será Roy (Jeff Bridges, en un tono delirante), un cowboy con el que recorrerá la ciudad.
    Lo mejor que tiene esta película es su tono insólito, cómico e inverosímil, en una apuesta de mucho mayor riesgo que el promedio de películas basadas en cómics. Con gran sentido del humor, con espacio para la sorpresa, con un despliegue visual que no le teme a la falta de lógica, R.I.P.D. Policía del más allá consigue alejarse de la pereza habitual de las películas, a veces logradas, a veces no, que buscan entregar un espectáculo tibio y sin salirse de las reglas.
    Al trío protagónico mencionado hay que sumarle una gran actuación de Mary-Louise Parker, que suma delirio y deja en claro el estilo de la película. Es verdad que la película por momentos parece evocar títulos como Ghost (por aspectos de la trama, no por el tono o la estética) y Hombres de negro (en su estilo de comedia dentro del mundo del cine fantástico) y que no todas sus ideas son originales.Pero sí queda en claro que aun sin ser una película impecable sus búsquedas son interesantes, sus actores son excelentes y la trama se sigue con interés, además de proporcionar genuino entretenimiento.
    Que quede claro, entretiene porque sus personajes son interesantes, porque su historia nos importa, porque sus temas tienen valor. Eso sí, su tono humorístico no es para todos los gustos, porque la película tiene una apuesta al absurdo que la acerca a la lógica del cómic pero la aleja del producto masivo de sencillo consumo. Con limitaciones y todo, R.I.P.D. Policía del más allá es muestra de algo que a veces la cartelera comercial no ofrece: una mirada distinta, en definitiva: una apuesta.
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  • Son como niños 2
    Son como niños 2
    Tiempo Argentino
    Una comedia familiar

    Salvo algunas excepciones, la filmografía de Adam Sandler tiene una coherencia importante en muchos sentidos. Además de dedicarse a la comedia como género excluyente, tiene una productora (Happy Madison, mezcla de dos grandes títulos del comienzo de su filmografía), participa de los guiones, y además de su protagonismo incluye siempre un gran número de actores secundarios que incluyen a clásicos como Steve Buscemi.

    Pero su obra ha ido creciendo con el paso de los años, y sus inquietudes han ido cambiando en algunos aspectos. Son como niños 2 es la primera secuela que hace y el resultado es bueno. Si aquella primera entrega resultaba rutinaria y con poco vuelo, hay en esta segunda parte un encanto natural, un tono más relajado que beneficia mucho al relato.
    Los cuatro amigos que no terminan de madurar y sus historias familiares repiten acá sus gracias, una vez que el protagonista ha decidido volver a vivir en su pueblo. Sin un gran conflicto central, la película se desarrolla con simpatía y muy buenos chistes.
    Los admiradores de Sandler reconocerán la lealtad del actor a su humor y agradecerán, como siempre, su constante amor a la década del 80 y su iconografía. En ese y otros aspectos, Son como niños 2 está claramente por encima de la media de las comedias familiares recientes.
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  • Percy Jackson y el Mar de los Monstruos
    Mitos en la modernidad

    Las sagas literarias para adolescentes son un fenómeno que alcanza al cine de forma constante. En esa línea está Percy Jackson y los dioses del Olimpo, creada por Rick Riordan. La gracia del personaje, Percy Jackson, era que descubría que era hijo de Poseidón, y al hacerlo, descubría también que los Dioses de la mitología griega no eran ficción, sino realidad. Esta revelación daba el puntapié inicial para una combinación entre aquella mitología y el mundo contemporáneo.

    El primero de los films, Percy Jackson y el ladrón del rayo, presentaba al personaje y esta original propuesta entre dos mundos. El resultado era tan interesante en teoría como decepcionante en la práctica. En esa misma línea sigue, lamentablemente, Percy Jackson y el mar de los monstruos. El mar del título no es otra cosa que el triángulo de las Bermudas y hacía allí se dirigen los héroes de la saga para recuperar el Vellocino de oro y restaurar el orden quebrado al comienzo de la historia. Con ciertas ideas simpáticas acerca de los héroes de la mitología griega metidos en el mundo actual, la película intenta sostener la trama pero no le alcanza. El actor Logan Lerman es un Percy Jackson asustado, con poca credibilidad como héroe. La falta de fuerza define a la película y el humor, realmente lamentable, reduce notoriamente el interés. En estas épocas donde la saga de Harry Potter ha llegado a su fin, Percy Jackson podía ser la heredera del cetro, pero a juzgar por los resultados no de una, sino ya de dos películas, es imposible que lo logre. Eso sí, algunos monstruos, hay que reconocerlo, están muy bien.
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  • Las razones del corazón
    LOS ULTIMOS DIAS DE MADAME BOVARY

    Madame Bovary, publicada como novela en 1857, es una de las historias más importantes de la historia de la literatura universal. Controversial para su época, Gustave Flaubert tuvo que soportar incluso que lo llevaran a juicio por ofender la moral de aquella época. El libro fue llevado a la pantalla muchas veces, así como también adaptado como ópera. En el cine las versiones más famosas han sido la de Carlos Schlieper en 1947, protagonizada por Mecha Ortiz, la de 1949 de Vincente Minnelli con Jennifer Jones en el rol protagónica y la de Claude Chabrol en 1991 con Isabelle Huppert como Madame Bovary. Una gran producción está anunciada para el 2014, mostrando la clara vigencia de la historia. Pero ahora es Arturo Ripstein quien ha decidido acercarse al libro. Con su guionista habitual, Paz Alicia Garciadiego, como aliada, arman entre ambos una versión muy distinta a todas las demás. La más revulsiva de las adaptaciones había sido hasta ahora la argentina de Carlos Schlieper, porque el director feminista no sentía demasiada simpatía por Emma Bovary y creía que lo único que debía hacer era marcharse y vivir su vida. Ese enojo hizo que boicoteara con humor y subrayados irónicos gran parte de la trama. Minnelli apostó a su clásico personaje soñador y Chabrol con su actriz fetiche arremetió con ferocidad contra la burguesía y sus costumbres. Ripstein es aquí, por encima de cualquier otra cosa, fiel a sí mismo y despliega un film de una sordidez, una claustrofobia y una angustia terribles. Esta angustia, aumentada por el blanco y negro, no le impide alcanzar altos niveles de poesía e incluso rara belleza. Para quien conozca al director, tal vez no haya grandes sorpresas, pero aun así hay que reconocerle un gran pulso para lo trágico. No le importa a Ripstein el comienzo de la historia y se lanza desde el vamos al clímax de la novela y el desastre. Emilia, así se llama aquí la protagonista, está interpretada por una extraordinaria actriz llamada Arcelia Ramírez. Ella le da vida a uno de los personajes más grandes de la literatura y en el México actual logra que Madame Bovary tenga la misma fuerza y vigencia que tuvo cuando en el siglo XIX fue creada por Flaubert.
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  • Aviones
    Aviones
    Tiempo Argentino
    Lugares comunes del género

    Cars y Cars 2 fueron dos de los más grandes éxitos de los estudios de animación Pixar. Sus personajes, sin duda de los más queridos y populares. Como una ramificación de ese universo, llega esta película sobre aviones.

    Dusty Crophopper es un avión fumigador que le teme a las alturas. Su sueño es competir en carreras de aviones. No hay dudas de que Aviones se enfrenta sin ningún pudor a los más básicos lugares comunes del género de animación. Lo que se conoce como una "underdog story", es decir la historia de un "tapado". No hay una, ni dos, sino docenas de películas de animación que van por esa línea, y aunque algunas consiguen su objetivo, muchas otras no pasan de la rutina y cierto tedio.
    Los admiradores de Cars serán sin duda quienes disfruten más de esta película, porque aun sin ser un proyecto tan ambicioso, la animación es muy parecida y la personalización de los personajes está estructurada de la misma forma. Por lo demás, la película ofrece algunos chistes ingeniosos, muchos bastante rutinarios y los colores y las imágenes propias del estudio y en particular de los films de Cars.
    Los entrenamientos en solitario, las fantasías del protagonista, el héroe proletario que busca acceder a las grandes ligas, el mismo esquema que ha funcionado muchas veces, desde Rocky hasta Turbo. Sí, hace unas semanas se estrenó Turbo, donde un caracol soñaba con competir en carreras de autos. Historias llenas de esperanza, llenas de emoción cuando funcionan, pero que lamentablemente no resultan tan simpáticas cuando se las ve como un armado más cerca del lugar común que de cualquier otra cosa. El sueño de Dusty es simple: demostrar que puede ser algo más que la función de fumigador para la que fue construido.
    Quienes quieran hacer descansar en sus hogares las gastadas copias de Cars y Cars 2, tal vez encuentren en el futuro acá una buena opción, parecida, pero inferior a los films que lo inspiraron.
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  • Séptimo
    Séptimo
    Tiempo Argentino
    En busca del hijo perdido

    La nueva película con el actor argentino más famoso es un thriller donde lo acompaña la española Belén Rueda, la misma de Mar adentro, El orfanato y Los ojos de Julia.

    El peor enemigo que tiene Séptimo es su guión. No hay forma de disfrutar una película que propone una intriga llena de suspenso, y entrega un guión lleno de baches, incoherencias y absurdos inexplicables.
    El director de Séptimo, Patxi Amezcua, es también el coguionista junto con Alejo Flah. En la historia que tan bien vendía el trailer del film, el protagonista se encuentra con su peor pesadilla. Sebastián (Ricardo Darín) se está separando de su mujer, Delia (la actriz española Belén Rueda). Va a buscar a sus hijos al departamento que compartían para llevarlos a la escuela. Sebastián juega con ellos a bajar en ascensor mientras ellos lo hacen por la escalera. Edificio antiguo, con escaleras alrededor del ascensor enrejado, locación ideal para el misterio. El ascensor se traba. Cuando Sebastián llega a la planta baja, los niños ya no están.
    Por motivos obvios, no se puede decir más sobre la trama, pero sin duda este planteo es más que interesante. Eso que vimos en el trailer y que prometía mucho, resulta ser una decepción de proporciones enormes. Y esa decepción ocurre porque las películas no están hechas sólo de lo que prometen, sino de lo que finalmente hacen. La promesa es grande, el desarrollo es más que pobre.
    No todos los guiones tienen que desarrollar la misma forma de verosimilitud. Nueve reinas, El aura y El secreto de sus ojos, sólo por citar tres grandes films protagonizados por Ricardo Darín, tenían su propia lógica, sus revelaciones, sus sorpresas. Lo que no funciona en Séptimo no es una idea global de verosimilitud, sino su propia propuesta. Lo único destacable de la película es el tema que subyace detrás. Sebastián vive, como ya se ha dicho, su peor pesadilla. Y su pesadilla es que su esposa se lleve a sus hijos a España, país de donde ella es oriunda. Todo el film alude a esa pérdida, a ese temor. Y ese mérito hay que reconocérselo, aun cuando la película no logre funcionar como historia de suspenso y misterio.
    Es una pena que la historia se pierda en su absoluta falta de lógica y ofrezca tan obvios baches y situaciones imposibles. Los personajes secundarios tampoco ayudan mucho a lograr interés.
    Ricardo Darín, como siempre, logra que su personaje tenga esa melancolía casi de film noir en cada una de las escenas. Y ese elemento agridulce acompañará al protagonista hasta el final de la historia.
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  • Amenaza roja
    Amenaza roja
    Tiempo Argentino
    Historia de la resistencia

    Basada en la polémica Red Dawn, del director John Milius, se estrenó ayer un film donde aparece un joven Chris Hemsworth.

    Amenaza roja cuenta la historia de una resistencia. Amenaza roja muestra cómo un grupo de jóvenes decide combatir una invasión a su pueblo. Cómo, con inteligencia, coraje y determinación, se oponen al régimen totalitario que se ha impuesto en las calles del lugar que supo ser su hogar.
    Las historias de resistencia siempre son emocionantes, siempre consiguen que el espectador se ponga del lado de los protagonistas, y Amenaza roja no es la excepción. Lo que, sin embargo, va a distraer al espectador es que los realizadores del film no eligieron un contexto de sencilla verosimilitud, lo que puede alejar a quienes vean la película de su team principal.
    El film podría haber transcurrido en la Segunda Guerra Mundial, o podría haber sido un excelente film de ciencia ficción. Sin ir más lejos, la famosísima serie de televisión V Invasión extraterrestre iba a ser primero un film de resistencia durante la época del nazismo y terminó, el mismo guión, transformado en una serie de ciencia ficción. Pero el tema, insistimos, era el mismo: la resistencia.
    Acá se trata de un pueblo en Estados Unidos invadido por fuerzas norcoreanas. Es difícil, para el mundo actual, que un pueblo quede tan fácilmente aislado en ese país, más aun, invadido por una fuerza de otro continente. Si las acciones transcurrieran en otra época u otro país, se podría haber utilizado una metáfora acerca de cómo las víctimas del totalitarismo son dejadas a su suerte por el mundo. Pero eso no pasaría jamás en Estados Unidos.
    Hecha esta salvedad, hay que decir que las escenas de acción están muy bien y que hay momentos particularmente inspirados. Sin olvidarnos nunca de que se trata de un remake del film Los jóvenes defensores (Red Dawn), que en 1984 dirigiera John Milius y protagonizaran, entre otros, Patrick Swayze y Charlie Sheen. Aquel film, hecho en los finales de la Guerra Fría, tenía una ideología más concreta y estaba teñido por aquellas ideas.
    En la película que aquí se estrena, el tema es más universal y trascedente. Como curiosidad extra, se filmó en el año 2009 y se preparó para estrenar en 2010, pero los problemas financieros del estudio la postergaron hasta 2012. Es por eso que un actor hoy famoso como Chris Hemsworth (el protagonista de Thor) luce más joven que nunca. Pero detrás de los datos anecdóticos, Amenaza roja, inocente, sencilla y directa, funciona bastante bien.
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  • Las crónicas del miedo 2
    Saturación de fórmula

    Nunca entenderemos como un título tan bueno como V/H/S se tradujo acá como Las crónicas del miedo. Más fácil es entender que un film de cierto éxito y bajo presupuesto tenga ahora una secuela: Las crónicas del miedo 2.

    La película, que pertenece al casi completamente agotado género de "película encontrada" incluye, obviamente, gran cantidad de material filmado de esta manera. Con algunas licencias poéticas y con muchos disparates estéticos, la película avanza, una vez más. Partiendo de la historia de dos investigadores que persiguen la pista de un joven desaparecido, la película coloca a estos dos personajes frente a una pila de cassettes que incluyen las historias que conforman el film. Estas historias son distintas entre sí y proporcionan la convivencia de diferentes tipos de historias terroríficas. Pero la estética del relato está tan forzada que es verdaderamente cansador seguir esa cámara nerviosa. Las películas de este género suelen ser, y Las crónicas del miedo no son la excepción, feas. Hay planos muy feos, movimientos de cámara horribles, encuadres torpes, situaciones demasiado forzadas que atentan contra la tolerancia del espectador. Para peor, el sonido no es utilizado de forma interesante, sino como una constante ametralladora de efectos que intentan ayudar a que el espectador se asuste. Sí, hay cierto margen para la sorpresa en la película, porque son varias las historias, pero el género ha encontrado su punto de saturación. La moda iniciada por El proyecto Blair Witch (1999) y que alcanzó su mejor momento con Cloverfield (2008) y Poder sin límites (2012) ya debería dejarnos descansar un tiempo. Las crónicas del miedo 2 es la prueba de ello.
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  • Reality
    Reality
    Leer Cine
    ESPERANDO A MR. BROTHER

    Qué tentación citar a Fellini cuando un director italiano muestra un realidad grotesca y farandulesca como lo hace Garrone en esta película. Tal vez un poco más sórdido que aquel realizador, Garrone igual hace su propio recorrido, aunque no habría nada de malo en que haya una influencia de otro director. Luciano, el protagonista, es un pescadero de Nápoles, con lo cual su condición de personaje extrovertido, gracioso e impulsivo parece más un retrato realista que una exageración cinematográfica. Empujado por sus hijos, pero también con ganas propias, Luciano hace un casting para la versión italiana de Gran Hermano. En el casting le va bien y se abre una oportunidad para él, que vivirá a partir de ese momento con cada vez con más preocupante expectativa de la llegada de la televisión.

    A Garrone no le interesa tanto en análisis de la televisión como el seguir de cerca a su protagonista. El lento pero seguro deterioro de Luciano, que escena tras escena, y de forma previsible iré perdiendo la razón a medida que el llamado amenaza con no llegar nunca. Tampoco Garrone deja afuera ciertas connotaciones religiosas, donde el protagonista, ya paranoico cree que sus acciones son castigadas por los largos tentáculos del programa Gran Hermano. Luciano cree que lo observan y toman nota. Atemorizado por quedar afuera, realiza gestos generosos y bondadosos absurdos, que destrozan también su familia. Deja incluso su pescadería para poder seguir a ese Gran Hermano que todo lo ve.

    No es Reality el más original de los films ni tampoco parece ser el análisis más profundo sobre la televisión y su influencia sobre la gente. Pero en su doble sentido televisivo religioso y en el angustiante relato del carismático pescador que pierde el rumbo, la película tiene no pocos hallazgos. Y que sea previsible no es un defecto, es justamente para que suframos más el derrotero de Luciano.
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  • Zambezia
    Zambezia
    Tiempo Argentino
    Animación de Sudáfrica

    El cine de animación tiene en la actualidad un dominio de la taquilla mundial como no había tenido en la historia del cine. El mercado norteamericano parece aumentar la apuesta y en el resto del mundo –Argentina, sin ir más lejos- el top anual suele tener un film de animación o varios en lo más alto. Pero no sólo Estados Unidos lo realiza. Argentina probó suerte este año con la gran producción de Metegol, Europa también suele apostar a este cine, con éxitos como Tadeo, el explorador perdido de España o con films más refinados como la francesa Las trillizas de Belleville. Japón tiene una gigantesca tradición en el animé y con el director Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro) también dio la vuelta al mundo. Zambezia es la confirmación de esta tendencia. Esta película es de origen sudafricano, un país del que prácticamente no llegan películas, de ninguna clase. Al ver este film uno confirma que hacer cine de animación no es fácil. Que desde la técnica las cosas son complejas, pero desde la construcción de la historia lo es aún más. Zambezia no es una gran película y comparada con el cine de animación de Estados Unidos no queda muy bien parada. El film transcurre en el mundo de las aves, contiene los lugares comunes o ingredientes del género. Pero ni su protagonista, ni los secundarios respiran autenticidad o trasmiten emoción. El gran problema del cine de animación –que Zambezia sirve como ejemplo– es que cuando no logra conectar, se vuelve una experiencia aburrida y hasta molesta. Las imágenes de África y la explotación del 3D no alcanzan para sostener un guión que avanza a duras penas. Pero a no engañarse, tampoco en lo visual la película es de primer nivel. Hacer cine de animación es más difícil de lo que se cree, y Zambezia es la prueba.
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  • Cazadores de sombras: Ciudad de hueso
    Amor para adolescentes

    Un fenómeno que no parece encontrar su límite son las sagas romántico-fantásticas para adolescentes que luego de un gran éxito en libro pasan de forma casi automática al cine. Cazadores de sombras: Ciudad de hueso se suma ahora a esta clase de títulos. La trilogía inicial fue escrita por Cassandra Clare y publicada en 2007, 2008 y 2009. Estos best sellers llegaron a la Argentina en el año 2010 y actualmente dos libros más fueron publicados y un sexto está en camino. Se estrena ahora esta primera película y ya está en proceso de realización la segunda. A juzgar por los resultados artísticos se podría imaginar que no llegarán a seis, pero en realidad eso dependerá de la taquilla. Es curioso este género al que pertenecen esta clase de novelas/films. Son como historias románticas de novela rosa mezclada con elementos del cine de terror, pueden pasar al romance más berreta a la acción más violenta. Una especie de combinación para atraer al público adolescente de todo tipo, aun cuando finalmente el público más leal a estos films sean las jóvenes. La protagonista femenina y elegida es Clary, quien en plena New York descubrirá que ella tiene poderes y desciende de los cazadores de sombras, quienes desde hace siglos luchan contra demonios. La lucha del bien contra el mal, está claro, que incluye hombres lobo, hadas y obviamente demonios. Y por supuesto un romance, con un galán que emula esta nueva forma de joven melancólico, pálido y helado que inaugurara con tan poca gracia el muy popular protagonista de la saga de Crepúsculo. Y sí, es inevitable –al menos en cine-. Comparar ambas películas. Nadie que no esté interesado en esta clase específica de films debería asomarse a ver esta película. Quedará en los fans de los libros evaluar el interés que les despierta y dependerá de ellos que la saga siga. En caso de hacerlo, esperemos que sea con mejor puntería. Porque si esta primera versión es tolerable por momentos, es tan solo porque uno recién conoce a los personajes.
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  • Jobs
    Jobs
    Leer Cine
    Tras los pasos de Steve

    Las biografías cinematográficas, los biopics, son un terreno que genera permanente interés tanto en productores como de cine como en los espectadores del mundo. Cada biografía promete trasladar el interés por el personaje directamente a la taquilla. Pero como una forma de qualité moderno (biografías existieron siempre, pero hoy se multiplican) creen que si el personaje tiene valor la película también la tendrá. Se puede filmar una biografía de infinitas formas, no siempre ajustándose a la realidad o preocupándose por crear un estilo afín al protagonista. ¿Cómo decide el director de Jobs encarar la película? Lo hace con los habituales saltos temporales, intentando arrancar de forma tal que las nuevas generaciones entiendan su importancia para el mundo actual. Pero en esa primera escena las cosas se complican. Y si eso ocurre es por su protagonista, Ashton Kutcher. El gran flagelo de las biografías en el cine son los actores. Maquillaje y actuación parecen ser los únicos rubros interesantes, y así tenemos que observar con resignación la forma en la cual el actor de turno sale a hacer su mejor imitación del personaje. Hay actuaciones que se alejan de esta característica, por ejemplo Morgan Freeman haciendo de Mandela en Invictus de Clint Eastwood, Daniel Day Lewis en Lincoln de Steven Spielberg, entre otros. Pero para los demás, la regla general parece ser la imitación perfecta. No se trata de ganar el Oscar a mejor actor, sino a mejor imitador. Kutcher tiene poco vuelo y esto podría beneficiarlo, pero cuando imita la forma de caminar de Steve Jobs, la película completa lo sufre.

    Si el actor pasa de irrelevante a molesto durante todo el metraje, el guión no ayuda mucho a que la historia sea interesante. Interesa, y mucho, lo que Jobs hizo, pero está contado de forma tal que cuesta sentirse contento con el resultado. Lo mejor del film es cuando pasa información concreta, cuando parece un mediocre documental televisivo. Luego, cuando quiere resolver de forma poética y creativa las escenas más importantes de la vida del protagonista, la película muestra con mucha más claridad su mirada mediocre. Cuando se aleja de la información, pierde, pero tampoco es un documental, por lo cual tiene que crear formas de ficción, aunque terminen resultando mediocres. A pesar de lo emocionante que podría resultar observar en primera fila los grandes cambios de la historia, es muy probable que un especial de televisión resulta más entretenido, justo e interesante que esta película que apenas si araña la cáscara de este gran personaje. Mención aparate merece la reflexión final que el film hace, marcando más el triunfo empresarial que la revolución que el mundo ha vivido en las últimas décadas.
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  • Corazón de león
    Que la cosa funcione

    Corazón de León es una gran película. Corazón de León funciona en todo lo que se propone y no pierde el rumbo en ningún momento. Tendrá defectos, se le podrán criticar cosas, pero curiosamente, aunque esas fallas están a la vista, la película les pasa por encima y logra imponerse.

    Corazón de León gana la batalla inicial. En nada más que segundos la película entra con todo, arma personajes, cuenta cosas y se lanza de lleno al encuentro de la pareja. Excelente decisión de guión y acertada puesta en escena para dar más vueltas. Un film que en el afiche delata su gancho comercial, o su chiste, no debe perder ni un minuto de tiempo. Madre, ex marido y aun socio y desconocido que encontró el teléfono que Ivana arrojó, son tres mensajes en el contestador que arman toda la presentación del personaje femenino. Ivana Cornejo (Julieta Díaz) es una abogada que aun trabajo –de forma conflictiva- con su ex marido, que está sola, que tiene una madre de manual y que de pronto recibe, desde su propio teléfono, el llamado de un hombre encantador. Tal vez un poco pesado y pedante, pero sin dudas alguien que sabe cuales sus armas y las usa al máximo. La verdadera protagonista de Corazón de León es Ivana. Ella tiene el conflicto, ella lucha contra los prejuicios, ella debe resolver. Rareza del cine comercial argentino, un personaje femenino más completo y con mayores conflictos que el personaje masculino.

    Ivana conoce a León por teléfono. El punto de vista inicial de la película es el de ella. De ella sabemos cosas, a ella la vemos con sus conflictos, a ella la vemos de cuerpo entero mientras que de León solo vemos un primer plano bien cerrado. Quedan en encontrarse a almorzar para que León le devuelva el teléfono. Llega León y mide un metro treinta y seis centímetros. Es inesperado, no es la estatura promedio, ni siquiera es bajo, es más que bajo. Son sólo cuarenta centímetros dice él, no es nada. Pero lo es. Entonces ahí aparece la película y su conflicto principal. Ivana, como casi cualquier otra persona, sólo piensa en salir de esa situación. Siente vergüenza, incomodidad, incluso culpa por sentir eso. Y todo eso lo vemos en el rostro de la gran actriz protagónica. León, por su parte, sabe que tiene que desplegar todos sus recursos para obtener el tiempo necesario para que ella vea algo más que su estatura. Y lo logra. Y ahí empieza la historia de amor.

    Todo espectador sabe que las películas tienen reglas. No sabemos cuál será el final de Corazón de León pero sabemos que si las cosas arrancan bien, tendrá que haber conflictos más adelante. Y el director consigue –siempre manteniendo el punto de vista de ella- que el espectador entienda esos conflictos. Cuando están juntos es su mundo, el problema es todo lo que los rodea. No está en discusión lo estético. No es una encuesta acerca de qué clase de pareja buscamos o si preferimos tal o cual estatura, tal o cual color de pelo. La película pregunta si uno es capaz de renunciar al amor verdadero por no poder luchar contra las reglas sociales, la presión del afuera, los prejuicios que habitan en todos nosotros. Esa es la pregunta. Esa es la historia. Y eso es lo que tiene que conseguir transmitir la película.

    Mencioné defectos y sí, es así, los hay. Uno es que alrededor del minuto cincuenta un personaje hace una bajada de línea completa que no era necesaria y que insulta de alguna manera no sólo al espectador sino también a la propia película. Haberla evitado habría sido algo bueno. No pasa lo mismo cuando la pareja protagónica discute sobre las presiones sociales y los prejuicios, eso resulta creíble y tiene sentido. Otro defecto es que León es perfecto. Entiendo que no es el protagonista, que puede tener menos conflictos –después de todo el principal lo afecta- pero le faltan matices. Esos matices faltantes no serían un problema excepto por las escenas que el tiene sin Ivana. Si el punto de vista de ella fuera más excluyente, no habría tanto problema, pero cuando él tiene escenas sin ella, la película se olvida de dotarlo –o no se anima- de contradicciones y lados oscuros. Una vez más: entiendo que si la película quiere decir que los prejuicios sociales y estéticos son capaces de hacer rechazar al hombre perfecto, entonces la sociedad está loca, el objetivo está logrado. Pero si queremos crear un personaje completo, el objetivo falla un poco.

    Pero los defectos no evitan que todo lo demás funcione. En una historia de amor que se precie el objetivo principal es que el espectador deseé que los protagonistas estén juntos. Y ese objetivo se logra con creces. Esto se debe al talento y el carisma arrollador de Guillermo Francella y Julieta Díaz. Francella no tenía, nunca tuvo, la obligación de hacer papeles de este nivel. Su popularidad es indiscutible. Pero yo, como cinéfilo, le agradezco su rol en El secreto de sus ojos, Los Marziano, y ahora Corazón de León. Es gracioso, es simpático, es muy talentoso. Ya sabemos que los cómicos suelen tener talento de sobra, más que los actores dramáticos, y Francella lo demuestra. Acá hace todo bien. Tiene un regalo extra, trabajar con su hijo que hace de su hijo. Nicolás Francella tiene talento y, muy valioso para esta película, la gestualidad de su padre. A Julieta Díaz, sin embargo, le toca la parte más difícil. Ivana es un personaje que tiene que cargar con todos los conflictos sin que el espectador le pierda cariño nunca. Díaz es una excelente comediante, excelente actriz dramática y, como su compañero, tiene un carisma indiscutible. Ser excelentes actores pero no tener carisma equivale a nada en el cine, así que carisma es una palabra que no debe ser subestimada.

    Corazón de León es una historia de amor. Con un conflicto visible, claro, inequívoco. Pero también es una metáfora acerca de todos los conflictos que las personas enfrentan al elegir amar. La historia de amor perfecta, amenazada por los prejuicios sociales. Por el no poder luchar contra el afuera que intenta imponer reglas generales. Tiene humor, sí, y podría ser considerada una comedia. Pero Corazón de León tiene mucho de drama también, de película romántica. Y funciona. Funciona cuando quiere hacer reír y funciona, y cómo, cuando llega el momento de la emoción. Si queremos llevarnos una enseñanza, no literal, sino general, acerca de nuestra condición de individuos en una sociedad prejuiciosa que nos puede arruinar la vida, la película ofrece esa enseñanza. No lo tomemos como algo malo, la enseñanza que se desprende podrá ser políticamente correcta, pero sobre todas las cosas es de una gran humanidad.
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  • Aprendices fuera de línea
    Muerte y resurrección de vendedores

    Del director Shawn Levy (el mismo de Más barato por docena y Una noche en el museo) llega ahora una comedia sobre dos pasantes en la empresa Google, un buen pretexto para los chistes de tecnología, geeks y nerds.

    Dos vendedores se quedan sin trabajo cuando la era digital simplemente les pasa por arriba. Su fuerte es el trato cara a cara, el conocer a los clientes, el contacto humano. Pero su tiempo quedó atrás y, aunque son jóvenes, son demasiado viejos para el mercado. Deciden, licencias poéticas aparte, intentar conseguir trabajo en esa empresa que aparece en sus computadoras.
    Así entran como internos en Google, para competir junto con muchos jóvenes brillantes, por un puesto en la empresa. "Son demasiado jóvenes para ser cínicos", dice Nick Campbell (Owen Wilson) cuando les habla a sus compañeros que forman parte de uno de los equipos que busca obtener trabajo.
    Nick Campbell y su compañero y amigo Billy McMahon (Vince Vaughn) son de la vieja escuela y justamente de eso trata la película: de la vieja escuela adaptándose a la modernidad. De ese intercambio (explicitado de forma políticamente correcta por la película) donde lo viejo y lo nuevo se enseñan algo mutuamente.
    El guión es de manual. Desde el mencionado intercambio hasta la historia de amor que uno de ellos tendrá con una empleada de la empresa, pasando por la idea misma de la competencia por equipos para obtener el resultado. Las cosas funcionan, porque Wilson y Vaughn (este último también guionista) son verdaderamente graciosos. No hay duda de que tienen talento y timing para la comedia, lo han probado por más de una década. Pero no estamos ni por asomo frente a una comedia excelente como fue Dodgeball, también con Vaughn, donde todos los clichés eran usados para mejorar la comedia, no para achatarla. Parte de las limitaciones también están en un director como Shawn Levy (Más barato por docena, Una noche en el museo), un realizador de poco vuelo que se sirve más del talento que lo rodea que de sus propia identidad o estilo para filmar.
    Todos los chistes sobre tecnología y sobre aquellos que no la dominan, están presentes, todo los chistes sobre geeks y nerds, también. El carisma de los protagonistas es la metáfora perfecta de la película. Ellos son carismáticos como actores, y sus personajes logran, a puro carisma, conseguir sus objetivos. Hasta incluso se dan el lujo de emocionar. Quedará para cada espectador saber si con eso alcanza para comprar esta película o prefieren dejarla pasar. Yo, porque ellos me caen bien, compro.
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  • Star Trek 2: en la oscuridad
    En la noche más oscura

    A casi 50 años del inicio de una serie televisiva que luego se convirtió en saga cinematográfica, se acaba de estrenar una versión dirigida por J. J. Abrams, el de Lost.

    Viaje a las estrellas (Star Trek) empezó en la década del '60 como una serie sin demasiado éxito que sin embargo se transformó luego en un fenómeno que llega hasta la actualidad.
    Doce largometrajes en total, y varias series posteriores a la original, confirman la vigencia. Sin embargo, con la llegada de un nuevo elenco interpretando a los personajes de la serie original y con J. J. Abrams en la realización, Star Trek parece haber logrado su máximo nivel y salirse de su público cautivo, sus muy fieles fans, para llegar mucho más allá, donde ninguna otra Star Trek había llegado antes.
    Abrams, creador de series como Lost, y director de grandes películas como Misión: Imposible III y Super 8, es lo que marca la diferencia. Cuando en el año 1979 la serie llegó al cine por primera vez, lo que ofrecía era el poder ver en pantalla grande a la nave Enterprise y la película se ocupaba largo y tendido de ello.
    Pero con estos nuevos dos films, Abrams apostó a dos cosas: un elenco brillante y espectacular, y la creación (o recreación) de personajes que lograran cautivar a todos los espectadores que nunca se interesaron en Star Trek. Esta característica se veía claramente en Star Trek (2009) y se potencia y llega a su punto más alto en Star Trek 2: En la oscuridad.
    Todos los personajes son interesantes, todos los actores están bien y, como corresponde, la película tiene un villano memorable interpretado por Benedict Cumberbatch. Los toques de humor funcionan, las escenas de acción son impactantes y el equilibrio entre drama, espectacularidad y emoción.
    Aunque no hay nada kitsch ni retro en la película, aunque no hay nada disparatado ni absurdo ni clase B, hay que decir que el espíritu de la serie original no es traicionado, sino que es mejorado.
    Quienes no hayan oído jamás hablar de la serie o quienes sean fanáticos de la misma, disfrutarán de esta película por igual. No hay misterio, hay oficio para lograr esto.
    No se puede contar nada de la trama por una razón muy simple: estamos frente a uno de los mejores films del año, y cada escena, cada sorpresa, cada acción, valen la pena por sí mismas. A pesar de que muchos creen imaginar cómo será esta película, les digo que está llena de sorpresas, gracias a su extraordinario director y su incomparable elenco.
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  • Los amantes pasajeros
    Almodóvar por Almodóvar

    Desde que la teoría de autor se impuso como una de las lecturas posibles de un film, los directores considerados autores han tenido que lidiar con ella para bien o para mal. Pero peor aún, los críticos y los cinéfilos también. Un film de Pedro Almodóvar no es lo mismo que cualquier otro film. Quien ve un film dirigido por él, espera ciertas cosas, busca ciertas cosas y, para bien o para mal, sabe que verá. El gran conflicto es que se espera de un autor reconocido siempre lo mismo y siempre algo nuevo. Imaginemos a un director intentando algo nuevo y recibiendo como respuestas comentarios negativos diciendo que se traicionó a sí mismo. Luego imaginemos al mismo director repitiendo su antiguo juego y obteniendo como resultado que le reclamen el repetirse a sí mismo. Se puede analizar Los amantes pasajeros como un film que traiciona o que respeta la obra de Almodóvar, pero a la vez, y esto es lo que muchas veces cuesta más, se lo puede mirar como una película en sí misma sin compararla con otras anteriores de su realizador.

    Pensemos en la película como una película de Almodóvar. Elige algunos de los motivos recurrentes en su filmografía: drogas y sexo. Elige un género con el cual se hizo famoso: la comedia. Comedia de drogas y sexo, eso podría ser Los amantes pasajeros. Pero eso no estaría completo, porque la película también es una historia con historias de amor y desamor, también muy cercano al mundo del director. Las primeras comedias de Almodóvar eran primitivas y salvajes. Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, Entre tinieblas y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? lo atestiguan. Luego apareció Mujeres al borde de un ataque de nervios que le dio fama mundial y generó el malentendido de que el director era experto en comedias clásicas. De eso Almodóvar no volvió jamás. Ojo, hizo grandes películas, pero nunca recuperó la espontaneidad, la frescura y el desparpajo de sus primeros films. Su madurez como realizador funcionó mejor con el film noir y el drama. Sólo la comedia romántica Átame! rompía todas las reglas. Ahora vuelve a la comedia, y la mirada más superficial de lo que se supone es Almodóvar queda expuesta. Cómo película de Almodóvar falla, no es un Almodóvar menor, es un Almodóvar que no causa gracias, que no tiene encanto, que tiene una pereza narrativa contraria a las búsquedas del realizador.

    Pensemos ahora esta película como una película que no es de Almodóvar. En teoría es un festejo sin consecuencias de la sexualidad, las drogas, el amor y la música pop. En teoría es, claro, adorable. Pero en la práctica la película es aburrida, por momentos produce vergüenza ajena y sus personajes van mucho más allá de la repetición y la obviedad. Es una comedia y la comedia necesita timing. Y Los amantes pasajeros carece de timing. Su ritmo es malo, torpe, cuando sale del avión se derrumba, cuando un personaje dice algo está tan anunciado que da pena. En teoría podrá ser muchas cosas. En los papeles festejaría una película así. Pero cuando uno la está viendo es otra cosa. Si no fuera una película de Almodóvar sería exactamente lo que es siendo de él: Una comedia mala.
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  • El conjuro
    El conjuro
    Tiempo Argentino
    El demonio vuelve a golpear la puerta

    La particularidad de este film de terror es que está basado en un hecho real y juega con varios de los elementos que causan grandes miedos: muñecos, niños aterrados y posesiones. Buenos actores para un gran susto.

    No hay nada más divertido y ridículo que una película de terror basada en hechos reales. Aunque muchos espectadores puedan creer lo que la historia cuenta, está claro que siempre se trata de tramas disparatadas que asumen una enorme cantidad de hechos no probados. Tal es el caso de El conjuro, que toma a dos "demonólogos" de la vida real, Ed y Lorraine Warren, como punto de partida para la historia. Los Warren investigarán un caso en la casa de la familia Perron, un matrimonio con cinco hijas que sufre una presencia demoniaca en su casa. La película retoma esa década de esplendor para los fenómenos paranormales que fue la década del '70. No sólo porque los hechos que narra el film se ubican en esa época, sino porque remite también a toda una forma de entender el cine de terror a nivel estético y temático. Renunciando en gran parte al brutal género gore y apostando mucho al clima, la película asusta al viejo estilo. Tiene un poco de todo, juega mucho con las cosas que más asustan: muñecas, niños y posesiones. El director, nada menos que James Wan, es un conocedor del género. Su gran aporte ha sido haber fundado la serie de El juego del miedo (Saw), que en aquella primera entrega era una verdadera novedad. Wan permaneció en gran medida dentro del género y acá parece inaugurar una nueva franquicia, ya que el matrimonio Warren tiene en sus expedientes suficiente material para seguir haciendo películas para siempre. Tanto los Warren, como la familia Perron, han narrado esta historia, aun cuando el film preste más atención al punto de vista de los investigadores. Las licencias poéticas del film, por suerte, son las suficientes como para no considerarse tampoco una recreación realista de los supuestos eventos ocurridos en la casa. Wan no sólo crea grandes climas y produce grandes e impactantes sustos, también sabe cómo dosificar el drama para que los personajes nos importen. Y por eso, y a diferencia de lo que ocurre con el cine de terror actual, Wan apuesta a buenos actores. Vera Farmiga y Patrick Wilson como el matrimonio Warren, y Lili Taylor y Roy Livingstone como los Perron, aportan muchísimo más que oficio y hacen mucho más creíble la historia. En cuanto a los efectos especiales, brillan por ser sutiles y no tomar protagonismo. El espectador no atento ni verá que hay efectos, mérito de un director que sabe que un efecto especial de más puede dejar al espectador afuera. No es lo que ocurre acá, donde al entrar, será muy difícil que alguien logre salir sin pegarse un buen susto.
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  • Los Pitufos 2
    Los Pitufos 2
    Tiempo Argentino
    El negocio vs. la película

    En un nuevo exceso del cine industrial que sólo piensa en la taquilla, esta entrega con los famosos personajes de historieta falla en los chistes y la dirección de Raja Gosnell.

    Los Pitufos (Les Schtroumpfs en el original francés) son una creación del dibujante belga Peyo, que los colocó como personajes secundarios en una de sus historietas a fines de la década del '50. Tal fue el éxito de los personajes, que inmediatamente tuvieron sus propias historias y siguieron creciendo hasta llegar a estos dos largometrajes con actores hechos en Hollywood (no los primeros films con Los Pitufos, por cierto).
    En el medio, claro, Hanna-Barbera produjo la famosísima serie de dibujos animados de la cual se hicieron ocho temporadas, siendo uno de los dibujos más animados más exitosos de todos los tiempos.
    La tentación de una película no se hizo esperar, y los resultados fueron buenos para el negocio, malos para el cine. Peor aún, para esta secuela contrataron a Raja Gosnell, un obediente empleado de la industria que –salvo algún error– no ha sido capaz de hacer una película aceptable en toda su carrera.
    De lo peor que ofrece Hollywood, a Gosnell sólo lo respalda la idea de que no interrumpe el negocio haciendo películas buenas. Y eso se nota en Los Pitufos 2, donde ideas aisladas no logran nunca formar un todo con sentido.
    Sí, la voz de Katy Perry (en el original en inglés, claro) y la canción de Britney Spears (que se escucha sobre los créditos finales) sin duda sumarán puntos a las ventas, pero poco pueden lograr para mejorar esta película. Todo el cine industrial busca hacer negocios, no hay duda, pero hay títulos, como éste, que no se preocupan por hacer algo más para los espectadores.
    Los pitufos "de carne y hueso" de las películas son muy tiernos, pero su modernización urbana y su interacción con actores es por lo menos triste. Tanta desesperación por actualizarlos sólo conduce al aburrimiento. Aunque la tecnología de este film muestra un avance técnico en la animación y en los efectos, está la pereza de los chistes.
    Para quienes no hayan visto la primera, esta película podrá ser mediocre, pero para quienes ya han sufrido esta desafortunada adaptación a la pantalla, los chistes resultarán definitivamente agotadores. París de fondo le agrega sólo un poco de belleza y un montón de lugares comunes.
    La vigencia de los pequeños azules no está en duda, tan solo es una pena que no hagan con ellos algo simpático o entretenido.
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  • Red 2
    Red 2
    Leer Cine
    Simpatía forzada

    Red 2 está construida sobre el éxito de Red, el film basado en un cómic que tuvo gran respuesta de taquilla tres años atrás. En algún sentido, esta secuela no podrá ser entendida sin el film anterior, donde el centro de la trama estaba en la idea de que un grupo de agentes en edad de jubilarse demostraban tener la habilidad y la vitalidad para llevar adelante con éxito misiones imposibles. Pero esta secuela no insiste tanto sobre este punto, sino que asume que el espectador ya lo conoce. Gran error, por cierto, ya que será bastante difícil que alguien se enganche con este relato sin conocer el anterior.

    Frank Moses (Bruce Willis) es el agente de la CIA retirado alrededor del cual se arma la trama. El está casado con Sarah (Mary Louise Parker) quien desea ansiosamente abandonar la rutina matrimonial y que su esposo la lleve a vivir las peligrosas aventuras que solía tener. Las aventuras no tardarán en llegar, por supuesto. Como coletazo de la Guerra fría ha quedado un dispositivo nuclear escondido hace décadas que podría ser utilizado. Una serie de personajes se sumarán para sumar intrigas y vueltas de tuerca, siempre manteniendo el tono de comedia de acción que caracteriza a ambos films.

    El problema es que el guión es pobre, las sorpresas son todas irrelevantes, y que el verdadero doble sostén de este relato es el tema y el tono. El tema –o uno de ellos- es reivindicar a las personas que por su edad la sociedad –y el cine comercial- desprecia. Cómo ya fue dicho, esto quedaba más claro en el film anterior. En cuanto al tono, la idea es que estos actores de primer nivel (súmenle a John Malkovich, Helen Mirren, Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones) jueguen con ligereza y simpatía absoluta sus roles. Pero lo hacen con tan poca convicción que consigue el efecto contrario.

    No sé cuál es el concepto que maneja John Malkovich pero a juzgar por lo que hace acá, simplemente no entiende nada. Fuerza la comedia poniendo cara de comediante, algo imperdonable que lo convierte en un personaje insufrible. Lo mismo hacen todos los demás, excepto Helen Mirren, quien no hace comedia ni por un momento y por lo tanto resulta graciosa. De las docenas de chistes tontos que el film tiene, tres funcionan perfecto, los demás son una rutina televisiva de esas que los actores improvisan cuando caen de invitados en algún programa de segunda.

    No está mal recordar que Sylvester Stallone, un actor mucho menos prestigioso que los que aquí aparecen, encaró hace unos años la serie de films The Expendables (inexplicablemente llamados en Argentina Los indestructibles), donde junto con varios veteranos del cine de acción, incluido Bruce Willis, hizo dos enormes películas que funcionaban a todo nivel. ¿Cuál es la diferencia entre la saga de Los indestructibles y la de Red? La respuesta parece simple: Convicción. Stallone cree en lo que hace, lo hace porque lo ama. Acá los actores sólo parece que están para ganar plata sin importa el medio. No importan las intenciones, se podrá decir, sino el resultado. Y eso es lo que estamos juzgando: el resultado es forzado y carece de cualquier asomo de convicción.
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  • Vino para robar
    El vino es el McGuffin

    En una escena de Vino para robar la protagonista lleva puesta una remera del film North By Northwest (1959) de Alfred Hitchcock que acá en Argentina se conoció como Intriga internacional. El 99% de los espectadores no registrará este detalle inocuo pero no gratuito. Algunos le reclamarán al director Ariel Winograd (bastante cinéfilo, como ya demostró en Mi primera boda) esa cita pero no tiene nada de malo. Winograd no lo hace para fanfarronear y la remera no afecta en nada a la película. Ahora bien, tampoco es casual. Digo, no tiene una remera de Psicosis o de Frenesí. Hay algo en Vino para robar que está completamente conectado con el director inglés.

    A los largo de las varias décadas que se extendió la carrera de Alfred Hitchcock, el director mantuvo muchas constantes, variados temas y obsesiones que son el centro de su cine. Uno de los temas favoritos de Hitchcock es la pareja. La pareja vista de dos formas distintas. La pareja en aventura y el matrimonio. En la pareja en aventura, en plena seducción, dos desconocidos se encuentran, uno de los dos es sospechoso de asesinato, es acusado de algo o parece estas chiflado, y sin embargo, la otra persona se enamora perdidamente. En el matrimonio, nadie es asesino, pero la desconfianza es absoluta. Vino para robar suscribe a la categoría pareja de desconocidos al estilo Hitchcock.

    Por supuesto que estas historias, generalmente policiales, relatos con suspenso y sorpresas, son prácticamente comedias. Comedias de suspenso, aventuras románticas, policiales juguetones. Es decir: Hitchcock. Pero este no es un ejercicio cinéfilo, sino que se trata de explicar cuál es el encanto de la película de Winograd. Porque el guión podrá ser imperfecto, la ejecución no siempre impecable, y sin embargo a medida que pasan las escenas Vino para robar se vuelve encantadora.

    Claro que no es verosímil, claro que no todo cierra, pero lo que importa no es eso. Lo que importa es la aventura, la chispa, la gracia. Lo divertido que es para el espectador y para los personajes este juego de idas y vueltas. La simpatía genuina y bien lograda. Claro que del guión no hay que contar nada, porque desde el comienzo la película empieza a plantearle al espectador sus juegos.

    Sí hay que decir que no son pocos los hallazgos. Que los actores secundarios están todos bien –el número de secundarios es menor que en los films anteriores de Winograd- y que el final está muy bien. En cuanto al vino, sin duda se trata de lo que Hitchcock llamaba McGuffin. Es decir: Una excusa argumental para hacer avanzar la trama. El vino no importa, no hay que concentrarse en eso. De hecho la película se guarda una humorada final con respecto a la tan ansiada botella.
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  • Wolverine: inmortal
    Wolverine: inmortal
    Tiempo Argentino
    El sueño de la vida no eterna

    Hugh Jackman vuelve a ponerse en la piel del superhéroe de X- Men en la segunda entrega de esta saga. La historia lo reconecta con su pasado, cuando sobrevive junto a un soldado japonés a la bomba de Hiroshima.

    Marvel Comics encontró en los X Men (creados en la década del sesenta) una franquicia que no parece tener límites. Prueba de ello es la saga independiente que protagoniza el más popular de sus héroes: Wolverine. Hugh Jackman vuelve a interpretarlo aquí, en una historia que explora los fantasmas del personaje, sus dudas, su amarga condición de inmortal. En esta nueva película la historia lo vuelve a conectar con su pasado, cuando sobrevive junto con un soldado japonés a la bomba atómica de Hiroshima. Años más tarde, ese soldado ya anciano, convertido en un multimillonario pero a punto de morir, lo convoca una vez más para expresarle su última voluntad.
    Así que esta vez la historia transcurre en Japón, con yakuzas, ninjas y tren bala incluido. No es un disparate esta rama japonesa del personaje, existente previamente a la llegada de Wolverine al cine. Pero mucho más allá de las conexiones con el cómic, esta película tiene vida propia. Hugh Jackman sostiene sobre sus hombros una trama donde no hay estrellas, más allá de un par de rostros orientales conocidos (nacidos en Estados Unidos o no). Lo mejor de la película es la manera en la que elige su tono y lo sostiene. Con un buen uso del 3D, muy expresivo y funcional al relato, el director James Mangold le da a la película coherencia y estilo. En épocas de films taquilleros que intentan ser muchas películas a la vez, Wolverine decide ser una sola, apuesta a algo, arriesga y gana. No todo funciona y hay algunos personajes flojos, pero en promedio sale airosa. También se da el lujo de jugar con ideas más complejas, como la relación Japón-Estados Unidos, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. La película muestra, después de todo, las consecuencias de la guerra. No nos olvidemos que las historietas son un medio de consumo juvenil, pero también son una forma de arte que hace una lectura del mundo. Dos o tres escenas de acción muestran que la película también sabe entretener e impactar como espectáculo y que Jackman es un buen héroe de acción, a pesar de haber probado muchos otros registros en otras películas.
    Para quienes admiren al actor y a su interpretación de Wolverine, les tengo una buena noticia: habrá más. No hay que levantarse de la butaca, en mitad de los títulos hay una escena muy importante que da información adicional.
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  • Turbo
    Turbo
    Tiempo Argentino
    El nuevo sueño de los campeones

    Un caracol que adquiere poderes sobrenaturales es el eje de este nuevo film de animación con producción de los estudios DreamWorks, que para la versión original convocaron a estrellas como Ryan Reynolds y Paul Giamatti.

    Turbo se suma a la pelea del cine de animación del año 2013. No es cualquier pelea: quien la gane, o quienes salgan airosos de la misma, se quedarán con la taquilla anual.
    El cine de animación ha ido tomando el mercado mundial y en la Argentina suele estar en la cima. Hoy jueves, son cuatro los títulos que buscan quedar primeros en la carrera: las ya estrenadas Monsters University y Mi villano favorito 2, y junto con Turbo la película de animación argentina Metegol.
    Aunque está producida por DreamWorks, Turbo es la tapada de las cuatro, ya que tiene a priori el menor número de público cautivo. Es la historia es la de un caracol con sueños de grandeza. O mejor dicho, con sueños de velocidad. Sí, claro, ese es el gran chiste. El animal famoso por su lentitud, quiere ser piloto de carreras. Bah, quiere ser piloto y auto de carreras al mismo tiempo. La vida proletaria, sacrificada y gris, donde todo puede terminar con la simple aparición de un cuervo, no es para él. Los demás aceptan con amarga resignación, esta rutina y no gritan, ni se desesperan cuando en mitad de la jornada, mientras hablan, uno de ellos es capturado.
    Turbo cuenta la historia de un soñador, de un osado, de alguien que no se resigna. Es esa osadía, la que lo pondrá al borde de un accidente que lejos de matarlo, lo hará renacer convertido en otro. Como un superhéroe, Turbo sufre una transformación física y se convierte ya no sólo en un caracol rápido, sino en uno tan rápido que incluso podría participar en carreras de autos.
    El guión es muy simple, más simple imposible. Todas las costuras y los lugares comunes están a la vista. Quienes hemos visto ya este casi una docena de films de animación, no nos vemos muy sorprendidos por lo visual tampoco. Pero aun así, Turbo termina ganando un poco hacia el final, cuando logra dejar al espectador más indiferente al borde de la butaca.
    Para llegar a ese final pasa tal vez demasiado, pero finalmente llega. Evitar metáforas acerca de esto y el caracol es un lujo que es mejor darse.
    Como dato extra más, hay que decir que el juego de voces latinas en una película en inglés se pierde por completo en la versión doblada de la película.
    Turbo es la opción más simple y directa de las que están en cartel. No hay nada que objetarle en sus ideas, no hay mucho para agregarle tampoco.
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  • Mi villano favorito 2
    Mi villano favorito 2
    Tiempo Argentino
    Un chiste que ya se agotó

    Mi villano favorito (Despicable Me, 2010) era un fallido film de animación que buscaba sumarse a la gran pelea de esta clase de cine por el mercado internacional.

    No tenía muchas ideas interesantes, e incluso algunas cosas parecían directamente plagiadas de otras películas anteriores como Monsters Inc. El cambio de sentido del inocente villano devenido en bueno, era también un recurso propio de los nuevos tiempos. Y para delicia del merchandising y buscando encontrar algo efectivo como la ardilla de La Era del Hielo, estaban los Minions, qué también parecían ser primos de los aliens de la máquina de Toy Story. La secuela de aquel film llega ahora a la pantalla para recuperar el éxito a la vez que darle una nueva vuelta de tuerca. Aquel villano, ya dedicado a la crianza de sus tres hijas, y con sus inefables Minions con algo más de tiempo libre y todos los chistes fáciles habidos y por haber están fuera de los conflictos del primer film. Pero un conflicto debe aparecer y Gru (recordemos que quienes la vean en inglés disfrutarán de la voz de Steve Carell) es convocado por una liga antivillanos para combatir al nuevo villano de turno. Esto permite incorporar personajes, escenarios y situaciones nuevas. Los Minions tienen muchas más escenas delirantes, y no siempre muy justificadas, pero apuestan a la risa fácil del espectador y alguna que otra vez seguro lo obtendrán. Y obviamente la incorporación más importante es el personaje de Lucy (Kristin Wiig en la voz original), la agente antivillana que trae todos los nuevos y chistes y los cambios en el mundo de Gru. Con un poco más de ritmo y con mayor variedad de situaciones que Mi villano favorito esta segunda parte resulta algo mejor, pero está muy lejos de ser una gran película y no llega tampoco a ser una película recomendable. Y por cierto, debo decir algo: no me gustan los Minions. «

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  • El llanero solitario
    EL DESASTRE MILLONARIO

    La primera aparición radial de El llanero solitario data de 1933 y su origen tal vez esté en un personaje de la vida real del siglo XIX, un oficial federal llamado Bass Reeves. No se sabe si esto es realmente así, pero como sea el personaje tiene suficiente material de ficción. La radio fue el lugar donde se volvió famoso y se convirtió en un ícono cultural del siglo XX. Su “Hi-yo, Silver” supo marcar a muchas generaciones, su emblemática bala de plata y su antifaz eran sus marcas reconocibles. Su compañero Toro fue también un fuerte ícono del western pro indio y el más reconocible héroe indio de aquellos años. Toro era llamado Tonto en la versión original, pero como para los países hispanoparlantes esto no significaba lo mismo (Tonto significa salvaje en lengua aborigen) le tuvieron que cambiar el nombre. Lo que si permaneció y fue famoso fue el “Kimosabi” con que Toro llamaba al Llanero. John Reid se llamaba el Llanero cuando no estaba tras su antifaz. Pero de toda la iconografía de aquel héroe, la que más pegó durante décadas fue la música que acompañó al personaje. La obertura de Guillermo Tell, de Rossini, es conocida por muchos como “la música del Llanero solitario”. Así de fuerte fue el personaje, así de famoso.

    El punto mayor de fama lo alcanzó cuando llegó a la TV en la serie que se realizó entre 1949 y 1957. Clayton Moore interpretó al Llanero (excepto en un período donde fue reemplazado) y Jay Silverheels interpretó a Toro a lo largo de toda la serie. El éxito de la serie permitió que se recuperara el programa de radio y que se escribieran libros y también historietas del personaje. Las ramificaciones del éxito fueron enormes. En 1956 y 1958 se hicieron dos películas con los actores de la serie. Son dos films interesantes, claramente pro indios, donde El llanero muestra su gran vínculo con ellos. En el primero, los hombres blancos intentan producir una guerra contra los indios, disfrazándose como tales, cosa que vuelve a aparecer en la película del 2013. Toro es un personaje fuerte, heroico y noble, un verdadero héroe. En El llanero solitario y la ciudad perdida de oro del oro el tono es más de melodrama. Dicho melodrama incluye un discurso de orgullo indio muy moderno y emocionante. El tono es más dramático que en el film anterior, Toro golpea a un hombre blanco en la calle para defender una india y recibe un tiro, por ejemplo. También vemos acá el origen del héroe, la matanza a la que sobrevive y el origen de su condición de personaje enmascarado. Pero esto es narrado con una canción en los primeros minutos, breves, del film. Ambas películas son westerns clase B sin demasiado despliegue, más bien básicos, y ninguno, salvo por los detalles mencionados, es memorable. Muchos elementos igual parecen haber sido la inspiración para las siguientes películas.

    En 1981 William A. Fraker dirige La leyenda del Llanero solitario. El resultado es lamentable. Una película sin encanto alguno, un híbrido sin fuerzas. En el mismo año en que se estrenaba Los cazadores del arca perdida este western de aventuras parecía ir en cámara lenta. Tampoco generaba complejidad o interés. Contaba, eso sí, el origen del héroe y le llevaba mucho tiempo, tanto como le lleva al film del 2013. A eso le sumaba una amistad de infancia que quedó trunca con Tonto. Pequeños momentos de farsa y otros de violencia podrían ser un borrador del nuevo film, pero son pocos, y solo coinciden con la nueva película en que son fallidos. Por motivos incomprensibles, los dos protagonistas del film eran debutantes. El actor que interpretó al Llanero no volvió a actuar nunca más en su vida. Algo raro tenía el personaje, algo complicado, algo difícil de encuadrar en un género y una época. Pero no es el único, El Zorro también tenía problemas parecidos y a juzgar por los dos bodrios que protagonizó Antonio Banderas, no ha podido salir de esa grieta entre el western de aventuras clásico y el cine contemporáneo. El mejor Llanero es el de la serie de TV, aunque esta sería, aclaremos, no está a la altura de la serie de El Zorro.

    Y llegamos al 2013 y una nueva versión de El llanero solitario que dio muchas vueltas antes de llegar a realizarse. Muchas dudas, y muchas cancelaciones. Tal vez no era una buena señal, pero todo hubiera quedado en el olvido si hubiera alguna cosa, cualquier cosa, medianamente rescatable. No hay ninguna, ni una sola, ya hay que decirlo. Esta nueva aproximación al personaje tal vez sea la más recordada por su alto costo y la presencia de actores conocidos. Aun así, hay que decir, que pocas veces el cine industrial ha hecho una súper producción tan fallida como esta. Sus dos horas y media de duración se vuelven eternas. La falta de química del dúo protagónico es la clave del aburrimiento. Es Toro (Johnny Depp) y no el Llanero (Armie Hammer) el protagonista y eso arruina todo, incluyendo el título de la película. Lo arruina porque Hammer tiene carisma cero, es cualquier cosa menos una estrella de cine y Depp, claro, se lleva la película puesta. El director, el guionista, el productor, los espectadores, todos lo sabemos: La estrella es Toro. Si en el papel del Llanero hubiera estado un actor clase A, la cosa hubiera tenido alguna chance, pero esa película no existe. Como una especie de homenaje al más grande bodrio revisionista de todos los tiempos, la farsa patética llamada Pequeño gran hombre (1970) un muy pero muy anciano Toro le cuenta a un nene la historia. Estos diálogos horribles con el nene ocupan casi media hora de película y no aportan absolutamente nada. Si al menos le sacaran esas escenas, la película sería un poco menos insoportable. También hay citas a obras maestras, como The Searchers (1956) de John Ford, y el film tiene escenas en el Monument Valley, lo que resulta una falta de respeto al maestro máximo, teniendo en cuenta los pobres resultados que aquí se logran.

    El llanero solitario es un western en tono de farsa, con un humor pobre y mal llevado, donde los creadores de Piratas del Caribe intentan revivir aquel éxito pero con el género equivocado. Hacer un western comedia de más de dos horas no ha funcionado nunca. El western puede tener humor, pero no con el tono grotesco que acá vemos. Para conformar a todos, el film elige poner a un villano que -literalmente- caníbal y una historia de amor tortuosa que también está matizada con toques de humor irreverentes. Gore Verbinski es un director raro. Ha hecho de todo, ha probado diferentes tonos, pero queda claro que cuando la pifia, lo hace de forma terrible. El film anterior de él era un western, la excelente Rango. Vista después de haber visto El llanero solitario uno ve la ironía, la autoconciencia y la irreverencia que repite en el Llanero, pero como Rango es un film de animación, queda mucho más simpático. Y además logra algo que el Llanero no tiene: emoción. El camaleón (con vos de Johnny Depp) termina siendo un verdadero héroe, la película emociona y es coherente incluso con los temas y la iconografía del género. El llanero solitario no lo consigue. El humor se pasa de tono, la burla constante a todo lo que el personaje representa lastima más a la película de lo que le aporta. Por miedo a ser clásico, termina siendo incoherente. El Llanero tiene algo se superhéroe, pero la película tampoco aprovecha eso y se burla hasta de la máscara. Un vicio del cine actual es contar el origen de los héroes. No lo hacen en diez minutos, les lleva casi un tercio de película. Y acá el problema es que no es uno, sino dos, los héroes que deben ser presentados. ¡No queremos ver más nacimientos de héroes! ¡Queremos que los héroes ya estén nacidos en las películas! Los únicos instantes aceptables del film son cuando suenan los acordes de la Obertura Guillermo Tell de Rossini, pero aun eso queda un poco alargado. Un gran personaje, sin duda, pero que aun espera que se haga con él una película en serio.
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  • Antes de la medianoche
    LA INOCENCIA, LA OSADIA Y LA MADUREZ

    Antes de la medianoche (Before Midnight, 2013) es la tercera parte de una historia de amor iniciada en 1995 con Antes del amanecer (Before Sunrise) y continuada por Antes del atardecer (Before Sunset, 2004). El mismo director, Richard Linklater y los mismos actores, Ethan Hawke y Julie Delpy, interpretando a los mismos personajes, Jesse y Celine. Se trata de una obra única, una trilogía que es una rareza dentro de la historia del cine mundial. Por momentos, claro, no podemos dejar de pensar en la saga de Antoine Doinel que realizó François Truffaut con Jean-Pierre Léaud en el rol protagónica. Aquellos films iban desde la dura infancia del personaje principal hasta sus divorcios y el recuerdo de sus muchos amores. Pero era sólo un personaje y el nivel de desprolijidad le hacía cambiar drásticamente el tono a las cosas. Y aun así, que quede claro, eran obras maestras. Pero Linklater realiza con la ayuda de sus dos actores algo mucho más preciso, delicado, minucioso. La coherencia de los tres films es impecable e implacable. Y más aun, la primera de las películas se convirtió en uno de los grandes clásicos románticos de todos los tiempos. Así que vayamos por partes, literalmente, para llegar al análisis de esta obra que son tres películas pero veremos finalmente que se trata sólo de una.


    Inocencia y juventud

    Emulando las vías de Extraños en un tren (1950) de Alfred Hitchcock, Antes del amanecer mostraba vías que se cruzaban para anunciar las historias que se iban a encontrar. Así, en un tren en Europa, Jesse (Hawke) y Celine (Delpy) se encontraban en un tren. Irónicamente o no, los unía una pareja que se peleaba en voz alta, incomodando a todos en el vagón. Los dos jóvenes, ella francesa, él norteamericano, quedaban entonces separados por un par de metros, leyendo su libro. Y la película de Richard Linklater consigue, gracias a su brillante pero muy sobria puesta en escena, que todo quede al servicio del carisma de sus actores. Hawke, famoso por su enorme timidez en La sociedad de los poetas muertos (1989) es capaz de desplegar todo su talento en la escena número uno de la película. Se nota su tensión, su juventud, sus ganas, su vergüenza. Pero entabla una conversación y la química es instantánea. Delpy, conocida por pequeños papeles y protagonista de Blanc (1994) ganaba pantalla y se apoderaba de la platea. No hay película romántica si los protagonistas no son encantadores y mucho menos si no hay entre ellos algo que nos haga pedir a gritos que estén juntos. El fondo de esa noche juntos será Viena, y en la ciudad irán viendo lugares y conociendo personas. Dos actores, una mujer que lee las manos, un poeta con hambre a orillas del río. Y hablarán, y se enamorarán. Pero no hay peor error que considerar a esta y las siguientes dos películas como meras ilustraciones de excelentes diálogos. Nada más alejado. Richard Linklater hace un trabajo increíble para mezclar el tiempo real con inteligentes, precisas y finalmente cinematográficas elipsis que nos hace sentir el tiempo de una manera única. Vivimos el tiempo real pero la historia no está contada en tiempo real. Y ese es el gran secreto de esta trilogía. El tiempo es la clave de los tres films, tanto dentro como fuera de la pantalla. Cuando la pareja se separa vemos los lugares donde estuvieron, vacíos. Esa ciudad que los vio pasar y ya los olvidó. Seres efímeros somos y la película lo expone. El final es desgarrador, aunque agridulce. Estamos en 1995, no hay internet, no hay email, y ellos se despiden sin pasarse ni una dirección, ni un teléfono, sólo con la promesa juvenil, impulsiva, arrebatada de encontrarse seis meses más tarde en el mismo lugar. La historia podría haber terminado ahí para siempre, pero había más.


    La osadía de los amantes

    Tan solo le basta la escena inicial a Antes del atardecer para conmovernos. Jesse presenta en Paris su libro y en mitad de la presentación asoma Celine. Para los espectadores que hacía nueve años se habían emocionado con aquel gran fin romántico, este momento les devolvía esa química que no se había perdido. Esta segunda parte será un reencuentro entre dos personas de treinta y pico y ya algunos golpes más duros en la vida. Al estilo de esa otra cumbre romántica llamada , la cita de los jóvenes quedó trunca. Sabemos que Celine no fue, pero es un momento terrible cuando descubrimos que Jesse sí concurrió a Viena en la fecha fijada. En este segundo film la estética es más dinámica, sencilla, moderna. Como una extensión de los personajes, en esta segunda parte las cosas son menos inocentes, pero a la vez menos preocupadas por los detalles exteriores. Jesse y Celine ya no interactúan tanto con el afuera, se ocupan de estar ellos dos juntos, aislados del resto. Las revelaciones que cada escena ofrece tienen un crecimiento dramático impecable. Vamos descubriendo información escena tras escena, observamos los cuerpos que aun se desean pero no se tocan. La tensión crece, la angustia también. Tan sólo ochenta minutos le toma al director narrar esta historia en falso tiempo real, con muchas escenas en tiempo real, sí, pero con varias elipsis repartidas de forma estratégica y sutil, una vez más. Extraordinario ritmo tiene esta película y las actuaciones son más sofisticadas que en la primera. El sueño de cualquier actor, tener una historia real para explorar y buscar agregarle capas a sus personajes. Ahora sí, Hawke y Delpy figuran como coguionistas junto con Linklater. No hay improvisaciones, los diálogos están tejidos a la perfección y la puesta elegida de forma minuciosa. El desenlace de la película es una de las grandes cimas de la trilogía. Celine le canta en su departamento un vals a Jesse. Un vals que habla de su noche juntos. Es un momento puramente cinematográfico, solo tiene sentido si se observa a los actores, la distancia física entre ambos y la conexión absoluta en todos los demás sentidos. Un solo abrazo hay en Antes del atardecer. Un abrazo, un vals, y un tema de Nina Simone. Pero eso alcanza para que Celine le asegure a su amado: “Vas a perder ese avión…” y el conteste: “Lo sé”.


    Un amor que no se cae de maduro

    De la nada, casi por sorpresa, apareció un tercer film. Nada sabíamos sobre su realización, sólo supimos que estaba terminado. Una producción pequeña, con muchos técnicos griegos y filmada en Grecia, pasó desapercibida. Pero llegó. Antes de la medianoche es, definitivamente, la prueba del más puro lenguaje cinematográfico. La clave del cine es el tiempo. La clave del relato es la distribución de la información. Ahora la película arranca en Grecia, en el aeropuerto, con Jesse despidiendo a su hijo. En pocos minutos se sabrá en que quedó aquella historia de Paris y en qué situación están ahora él y Celine. Ya no son los jóvenes inocentes que compartieron una noche sin conocerse, ya no son los golpeados pero aun románticos treintañeros que eran capaces de dejarlo todo por amor. Ahora Jesse y Celine están en otra etapa de sus vidas y su relación. Siguen siendo los mismos, en esencia, pero los cambios con respecto a los dos films anteriores son claros. Como los más inocentes espectadores nos quedamos helados cuando la vemos a ella junto al auto esperando a Jesse a la salida del aeropuerto. Del hijo de Jesse sabíamos en el film anterior, pero sin otra pista, ahora vemos dos mellizas durmiendo en el asiento de atrás. Jesse y Celine están juntos, posiblemente desde aquella tarde en Paris y tienen dos hijas juntos. En el auto van los cuatro para desarrollar el primer plano secuencia del film. Un largo diálogo donde todo lo que digan está acompañado por la imagen silenciosa de las dos nenas durmiendo. Podrán decir y hacer lo que quieran, pero esa imagen atrás dice que las reglas han cambiado. Pero son ellos, sin duda son ellos. Y en pocos minutos ya estamos otra vez metidos en la historia. Es una forma genuina de felicidad la que experimentamos al volver a estar junto a ellos. Y el gran acierto del guión, escrito una vez más por Linklater y los dos protagonistas, consiste en encontrar el equilibrio justo entre la madurez y el romanticismo.


    Lo que sucedió aquella noche

    El tercer film de la saga –y nunca podríamos asegurar si es el último- encuentra a los personajes ya no en encuentros románticos, sino en una larga relación. Pertenecientes a dos continentes distintos, con el hijo de él en Estados Unidos, con una ex esposa complicada, los conflictos son otros. Pero en el segundo film habían sufrido por su exceso de romanticismo, así que ahora viven la otra opción. En la casa de un escritor veterano, la pareja reflexiona junto con otras parejas, más jóvenes, más grandes, y también dos personas viudas, acerca de la naturaleza del amor, el matrimonio y la vida de a dos y en familia. Si Linklater hubiera elegido repetir otro encuentro romántico se había equivocado, no hay duda. Así que de lo que trata esta película es del dolor de la pareja en el mundo real, justamente lo contrario a la segunda, que trataba del dolor de haber sido demasiado idealistas y románticos. La naturaleza humana es compleja, el amor es complejo, y los relatos de ese inolvidable almuerzo en Grecia lo acreditan. Lleva mucho tiempo, pero mucho tiempo, crear situaciones tan naturales, hacerle sentir al espectador que todo es espontáneo cuando no lo es. Delpy y Hawke tienen un dominio de sus personajes absolutos. Tienen la edad que el guión dice, tienen la edad del director, el tiempo ha pasado delante y detrás de cámara. El tiempo, una vez más, el tiempo. El tiempo todo lo cambia, el tiempo todo lo afecta. El cuerpo, el amor, el relato cinematográfico. Memorable es la escena cuando ven caer el sol juntos. Es casi una descripción de la pasión romántica. “Está, está, está… ya no está” dicen y se quedan en silencio. Luego vendrá una noche en un hotel. Están en Grecia, pero el hotel es impersonal, anónimo, contradice el afuera. Y tal vez por estar en Grecia llegan a una catarsis (purificación en griego). Lo dicen todo, lo sacan afuera, se liberan y se purifican. No es ni sórdido ni cruel, es un paso para seguir adelante. Ni Jesse ni Celine han bajado los brazos, pero había cosas para sacar afuera y salen en ese momento. Y allí es donde el romanticismo del primer film vuelve a asomar. Renovamos los votos con ellos. Nosotros les pedimos que se arreglen, nosotros queremos que se amen. Nosotros queremos creer en ellos y por extensión en nosotros. El final no será entonces en la habitación, será afuera, en un paisaje más hermoso, más esperanzador, más romántico. La cámara se aleja. No están solo, pero están juntos. Por primera vez en la serie la película termina con ellos dos dentro del mismo plano. Son una pareja, están juntos. Dieciocho años hace que los vimos por primera vez, la misma cantidad de años que pasaron desde que se conocieron. No se trata de tres películas, sino de una gran película dividida en tres etapas. Una pieza absolutamente original y única en la historia del cine. Capaz de explorar emociones e ideas que atraviesan tanto lo que se cuenta como la manera en que los tres artífices de este film se han atrevido a contarlo. No hay más para decir, solo entregarse a esta bella, profunda y definitiva reflexión acerca del amor y la pareja. Antes de la medianoche es absolutamente inolvidable.
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  • Guerra Mundial Z
    CUANDO LOS ZOMBIS NOS ALCANCEN

    Los zombis viven un nuevo esplendor. Son, literal y metafóricamente, no muertos dentro del imaginario del cine. Están más vivos que nunca. Su historial es enorme y atraviesa la historia del cine sonoro, además de su éxito en el videojuego y la televisión. Incluso varias comedias de horror han logrado hacer de los zombis grandes personajes para el humor. Guerra mundial Z es una apuesta fuerte, sin duda la más ambiciosa a la hora de apostar a un cine con zombis. El resultado está a la altura de la exigencia.

    Gerry Lane (Brad Pitt) ha dejado su trabajo en las Naciones Unidas para estar más tiempo con su familia. Pero una emergencia mundial provoco que se lo vuelva a convocar de forma urgente. Convocar y rescatar a la vez, porque está en el medio del caos. Y ese caos es una pandemia fuera de control que no es otra cosa que la propagación de zombis en todo el planeta. Aun antes de que se animen a hablar de zombis, la humanidad va derecho a la destrucción total. O al menos eso es lo que parece.

    Guerra mundial Z se basa en la segunda novela de Max Brooks, nada menos que el hijo de Mel Brooks y Anne Bancroft. Se trata, sin embargo, de una adaptación muy libro, generando un inequívoco protagonista que es el personaje de Brad Pitt. Sin embargo, una mirada al libro podría explicar la estructura del relato, donde hay grandes, impactantes e intensos momentos, aunque la unión entre los mismos sea poco natural. Sin embargo no hay que juzgar el film por su relación con el libro, sino observar como la adaptación imposible es resuelta con reglas básicas del cine clásico, como lo es sin duda el protagónico claro para una sencilla identificación de los espectadores.

    El director Marc Forster, poco interesante director capaz de pasar de un film aceptable a un bodrio legendario, hace su trabajo y la producción se encarga del resto. El primer acierto de la película es que arranca rápido. No hay muchas vueltas. En quince minutos Guerra mundial Z ya corre a todo tren. Se agradece esta urgencia, algo en contra de la costumbre actual de narrar todo desde el principio y de forma minuciosa. A la película se le podrán objetar muchas cosas, pero su energía y su ritmo son indiscutibles.

    La película es enorme, las escenas con las multitudes de zombis son escalofriantes. Aun así, la película se las ingenia para pasar del despliegue descomunal a las escenas de terror más pequeñas, cargadas de suspenso. Pero lo que tal vez le cueste es generar humanidad a la historia en la primera parte. Recién cuando llegan a Israel y aparece Segen, la soldado del ejército (interpretada por Daniella Kertesz) es cuando por primera vez la historia emociona. Gerry salva a la valiente Segen y cumple con la idea del Talmud de que "Aquel que salva una vida, es como si salvase al mundo entero". Aquí es literal, y por lo tanto muy emocionante. Ambos personajes unidos funcionan muy bien y dan lo mejor en la película a nivel dramático. La actriz, además, conmueve más que Brad Pitt, no tan efectivo en esta película, aun cuando su protagonismo y carisma estén presentes.

    Las lecturas sociales y políticas habituales en los films de zombis acá parecen repetirse y hay varias situaciones que invitan a hacerlo, pero no hay una clara e inequívoca interpretación para el todo. El film es pura intensidad y las ideas no son tan evidentes. Pero bastaría ir escena por escena para comenzar a aventurar teorías. Sobre todo en las ideas alrededor de cómo solucionar el gran conflicto del film y también su origen. La naturaleza sabe lo que hace, insinúa el científico, y a juzgar por el final, es posible que se trate de la naturaleza limpiando esa especie numerosa y alborotada que somos los humanos.

    Si hay muchas y variadas escenas memorables, hay que decir que el remate no parece estar a la altura o si acaso podemos hablar de remate. Lo cierto es que de la misma manera que empieza bien arriba, parece prometer seguir arriba por mucho tiempo más aun después de terminar en calma. Es un final un tanto abrupto pero darle un cierre final a todo tampoco habría sonado muy lógico y creíble luego de ver como crecía la situación. No hay que pedir secuelas porque no siempre dan buenos resultados, pero sinceramente tengo ganas de saber cómo sigue esta guerra mundial contra los zombis.
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  • Monsters University
    La traición a la tradición

    Pixar es un estudio de animación que revolucionó para bien la historia del género. Monsters Inc. (2001) fue uno de los títulos más logrados y queridos de dicho estudio. La combinación de comedia de amigos al estilo Martin y Lewis y la ternura infinita que la película poseía era una combinación difícil de resistir. El anuncio de una secuela de un film así podía generar desconfianza, pero teniendo en cuenta los buenos antecedentes de Toy Story y la capacidad de Pixar uno podía ser más abierto. Pero esta vez la confianza ha sido traicionada. El grave problema es que Monster University no es una secuela, sino una precuela. Se le llama precuela a una película realizada después de la original, pero cuya historia transcurre en el pasado de dicho historia. No todas las precuelas están mal, pero hay un problema insalvable en este caso debido a la manera en que los personajes evolucionaban en el film del 2001. Toda la lógica del mundo de Mike y Sullivan se caía cuando conocían a una nena que no les tenía miedo. Todo giraba y no había vuelta atrás. Retroceder la historia a la época en que ambos personajes se conocen en la universidad carece de cualquier valor dramático o interés. Seamos claros: Nada de lo que aprendan tendrá sentido porque ya sabemos que está mal, que es un error, que todas sus certeza se cayeron –para bien- cuando conocieron a la nena en Monsters Inc. Lo único que justificaría este disparate sería, claro, que el discurso del film fuera que en la universidad no se aprende nada bueno. Dudo que esa sea la idea. Para peor, toda la película se construye sobre un océano de clichés universitarios que, aun con tono de parodia, no dejan de ser clichés sumergidos en la más pura rutina. El espectador generoso les regalará algunas risas, pero dependerá mucho de la voluntad del espectador ya que el film por sí mismo no puede hacerlo. Imposible reírse en esta película de Pixar, la menos simpática de toda su historia. Este error conceptual, este pasado sin valor dramático, se ve muy empeorado por un acto deleznable y sin retorno por parte de uno de los dos protagonistas. La redención –obligada- es apresurada y no tiene fuerza alguna. Por primera vez Pixar no solo pierde toda emoción y dramatismo, sino que además hace agua en la ética. El espectador que tenga muy presente Monsters Inc. (2001) entenderá muchas más cosas de Monsters University que aquel que no la recuerde. Pero lamentablemente, podrá comparar ambas y se dará cuenta de cuan decepcionante y poco interesante es esta precuela. Aconsejo buscar una versión con las hermosas voces de Billy Crystal, John Goodman, Steve Buscemi y Helen Mirren. Y quedarse, si tienen ganas, a ver la escena extra al final de los títulos. Pero para ser sinceros, ni siquiera esa escena podrá levantar nuestro ánimo.
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  • El hombre de acero
    El hombre de acero
    Tiempo Argentino
    Un héroe que vuelve a nacer

    Con todos los ingredientes necesarios, el hombre de la capa roja vuelve al ruedo. El pasado y el presente se cuentan de una manera veloz y clara, y el relato es brillante.

    La historia de Superman es una historia gigantesca dentro del cine, la historieta y la televisión. Sin embargo, y como suele pasar, el cine siempre es el más reacio de los espacios para instalar a un personaje. Fue recién en 1978 que, encarnado por Christopher Reeve, el hombre de acero logró convertirse en clásico de la historia del cine.
    Cuatro películas hizo Reeve, terminando con una cuarta más que olvidable. En 2006 se intentó hacer renacer al personaje pero el fracaso fue claro y hubo que llamarse a silencio. ¿Cómo volver a empezar? En Hollywood se ha instalado una idea muy interesante –y de excelentes resultados– llamada reboot. Este "reinicio" permite que los realizadores no tengan que seguir por un camino sin retorno y puedan contar la historia nuevamente desde cero. Tan poderoso es este reboot, tan firme es El hombre de acero a la hora de contar la historia de Kal-El (Superman) que parece ser un renacimiento definitivo. El director Zack Snyder (El amanecer de los muertos, 300) y el productor Christopher Nolan (autor de la trilogía de El caballero de la noche) y su guionista preferido, David S. Goyer consiguen aquí hacer una película enorme, impactante, llena de ideas y de acción.
    La estructura del relato es brillante, la forma en que se cuenta el pasado y el presente del personaje fluye de manera veloz y clara. El elenco es también sólido (Diane Lane, Russel Crowe, Lawrence Fishburne, Michael Shannon) y brilla particularmente la emocionante actuación y sobriedad de Kevin Costner interpretando al padre adoptivo de Superman. No es necesario contar nada del guión, simplemente entregarse a la historia del origen del héroe. No falta espectacularidad, no falta emoción y todo lo que uno espera de Superman aparece. Lois Lane es interpretada por Amy Adams, lo que habla bien de la calidad del proyecto. No quedan dudas de que es el primer film de una trilogía. Como hace unos años pasó con Batman inicia tal vez se haga un poco largo el prólogo, pero acá las cosas finalmente explotan y hay mucha acción. Quedará ahora por saber cuál es el camino a seguir en la siguiente película. El personaje de la capa roja ha vuelto a volar y todo parece indicar que esta vez es para quedarse.
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  • Samurai
    Samurai
    Tiempo Argentino
    El camino del gaucho

    El western no es un género muy cultivado en la historia del cine argentino, aun cuando algunos de sus temas aparezcan a lo largo de nuestra historia. Mucho menos se ha trabajado en el cine argentino una línea narrativa vinculada a los samuráis. Y así, sin aviso previo, tenemos ya un western protagonizado por un samurai y un gaucho.

    Dos seres solitarios claramente emparentados con la figura del cowboy de las películas del oeste. Hombres de pocas palabras y de un deambular permanente, parece que no ha sido esta la clase de personajes que interesaron en nuestra cinematografía. Gaspar Scheuer arma una película única dentro del cine argentino. El hecho de que el film comience hablado en japonés sin duda nos coloca en un espacio totalmente nuevo para nosotros, pero eso no es lo único. El tratamiento de la imagen es maravilloso. Cuando el cine argentino era malo, había un elogio que consistía en decir "no parece argentina". Ahora que el cine nacional realmente está bien, igual hay que decir que Samurai no parece argentina. Y no parece porque sus imágenes son de una belleza distinta, sus personajes se corren de los espacios fácilmente reconocibles dentro del cine nacional. Takeo es un joven samurai que se cruza con un gaucho en su camino por Argentina. Fines del siglo XIX. La familia de Takeo se ha ido de Japón para probar suerte en Sudamérica. Pero el abuelo, fiel al último gran samurai, Saigo, cree que este se ha exiliado en Argentina y que deben encontrarlo. Entre la tierra nueva y la tradición, Takeo emprende un camino exterior e interior que le dará el corazón a la película. Él y el gaucho Poncho negro entablarán también una amistad que atraviesa todo el relato. Bella, verdaderamente sugestiva y hasta emocionante, Samurai no sólo es una gran película, también es la propuesta nacional más original de este año.
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  • Nada es lo que parece
    Nada es lo que parece
    Tiempo Argentino
    El inevitable castigo de las películas ingeniosas

    Las películas no terminan hasta que terminan. Es decir que sus méritos totales se tienen que evaluar al final. No en los últimos segundos, pero sí en el último tercio. Si las promesas deslumbrantes del comienzo, como las que hace Nada es lo que parece, se convierten en una aburrida resolución poco interesante y demasiado ridícula, entonces el film no funciona.

    Nada es lo que parece es, ay maldito defecto, una película muy ingeniosa. No es inteligente, no es brillante, es ingeniosa. Cuatro magos extraordinarios –algunos en problemas– son convocados misteriosamente para realizar el acto más extraordinario jamás realizado. Estos cuatro magos (Jesse Eisemberg, Woody Harrelson, Isla Fisher y Dave Franco) son financiados por un multimillonario (Michael Caine), observados por un develador de trucos (Morgan Freeman) y finalmente perseguidos por un policía del FBI (Mark Ruffalo) y una policía de Interpol (Mélanie Laurent).
    Con este elenco espectacular y con el esperable gran despliegue de producción, el director Louis Letterier (El transportador, Furia de titanes) arma una primera parte divertida y deslumbrante. Cuanto más grande es el interrogante, mayor es la expectativa que genera. Por eso, durante los treinta minutos del comienzo todo será interesante y divertido. Aun con la simpática inverosimilitud del relato, las cosas avanzan y el espectador disfruta del descomunal trabajo de tantos actores importantes. Pero se hacen preguntas, se abren interrogantes, se plantean temas. Y comienzan los giros, continúan las sorpresas, y a esas sorpresas le seguirán otras que se volverán previsibles y ya no nos importará nada. Para cuando llega el tan esperado desenlace y se resuelve el conflicto, es mayor la decepción que la alegría. No son buenas noticias, porque salvo por el guión, todo lo demás en la película parece funcionar. Pero arruinada la historia, se arruina todo, y no tiene solución. En El gran truco, aquella película de Christopher Nolan con Hugh Jackman, la resolución iba a hacia lo fantástico. Acá no diremos a dónde va, no es correcto contar los trucos de los magos ni los finales de las películas.
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  • Héroes del espacio
    Héroes del espacio
    Tiempo Argentino
    Viaje a un planeta oscuro llamado Tierra

    Gary es un extraterrestre controlador de misiones que nunca protagonizó una y ahora deberá ir a la Tierra a rescatar a su hermano. Un buen entretenimiento familiar con grandes trabajos del área de diseño y efectos visuales.

    Visitar un planeta peligroso, que la misión se complique, que el héroe quede atrapado y que el menos pensado de los personajes deba viajar a rescatarlo. Ciencia ficción, sin duda, con sus temas favoritos. Pero Héroes del espacio hace esto desde el punto de visto de los extraterrestres. Y el planeta peligroso y oscuro al que deberá viajar el improvisado héroe es la Tierra. Gary es controlador de misiones, pero jamás ha protagonizado una. Es un teórico, es un intelectual, es un operador. Su hermano, Scorch, por el contrario, es el máximo héroe del planeta, aunque su energía e ímpetu no van de la mano con una gran inteligencia. Cuando Scorch es atrapado en la Tierra, Gary toma la decisión de ir a buscarlo, aun cuando no está preparado para hacerlo. El guión tiene los esperables guiños al género, chistes inteligentes y también de los otros. Y no deja de ser divertido que la película diga que todo avance tecnológico logrado en las últimas décadas se originó a partir de extraterrestres. Pero la historia supera a esos guiños que no hacen a la esencia del relato. Y a pesar de que la película no se eleva a la categoría de clásico, igual cumple con creces con lo necesario para ofrecer un buen entretenimiento. Se nota que está un poco más orientada al público infantil que al adolescente adulto. Hay mucha buena comedia slapstick y hasta una guerra de comida verdaderamente graciosa. Todo esto con simpleza argumental, para que sea de efecto directo y visual. Porque en lo que sí brilla y mucho Héroes del espacio es en la imagen. Los diseños son verdaderamente hermosos y los colores son brillantes en todo sentido. Es un espectáculo visual magnífico que vale la pena destacar. Para quienes la puedan ver en idioma original ahora o cuando salga en DVD, tendrán el lujo de las voces de actores famosos como Brendan Fraser, Sarah Jessica Parker, Sofía Vergara, Ricky Gervais, Jessica Alba y hasta el mismísimo William Shatner (el Capitán Kirk de Star Trek). Quienes la vean doblada al castellano, disfrutarán sin duda el aspecto visual, lo que claramente es el punto más fuerte de Héroes del espacio.
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  • Masacre en Texas 3D
    Masacre en Texas 3D
    Tiempo Argentino
    Una vuelta para empezar de nuevo

    La historia regresa a la versión original a fuerza de citas y clichés, pero consigue su rumbo.

    El espectador recién iniciado o aquel que no ve más que los estrenos, tal vez no conozca El loco de la motosierra (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) de Tobe Hopper. Esa película que cambió para siempre la historia del cine de terror tuvo luego dos secuelas y una remake y algunas desviaciones más. Para quienes sólo hayan visto la remake, la importancia de Leatherface y su familia en la historia del cine resultará nula. La remake se pierde en el montón, no es ni por asomo un clásico. No por nada esta nueva historia que se cuenta en Masacre en Texas 3D intenta ir de lleno hacia la historia original y pasar por alto cualquier secuela. Lo curioso es que a fuerza de citas, juegos, clichés y 3D, la película consigue encontrar su rumbo. Asombrosamente la segunda mitad de la película es mejor que la primera. Y hasta se da el lujo de imitar la vorágine de violencia de la primera, es decir que luego de preparar el terreno comienza la matanza y ya no se detiene más. Claro que no tiene categoría de clásico, pero la presencia de cuatro de los actores del elenco original haciendo pequeños papeles sin duda delata el cariño real por aquel inolvidable clásico. El 3D sirve, como podrán imaginar, para jugar con la motosierra y si se sientan en una fila bien alejada de la pantalla podrán ver como en una escena toda la platea se agacha al mismo tiempo. Aunque derive de la más pura tradición gore y haya escenas terribles, este film homenaje al clásico sin duda es post Tim Burton. O dicho de otra manera: la monstruosidad no está siempre y únicamente en los monstruos. Y a no irse hasta el final de los títulos. Una última escena queda por ver, y vale la pena.
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  • Cristiada
    Cristiada
    Tiempo Argentino
    Guerra entre Iglesia y gobierno

    Hay películas tan carentes de estilo, tan vacías de corazón y autenticidad, que parecen despertar en el espectador la sospecha de un panfleto por encargo. Alguien busca bajar línea de forma clara y sin matices sobre un tema, y arma un proyecto donde los que filman dicho film no terminan de tener la convicción sobre el tema que tratan.

    El resultado es algo como lo que se ve en Cristiada. Claro que esto es una sospecha, lo que se ve en la pantalla es tan sólo un film simplista, aburrido y sin gracia. Producción mexicana hablada en inglés (algo insólito, por cierto) con elenco internacional que narra el enfrentamiento entre el gobierno mexicano y la Iglesia Católica. Entre 1926 y 1929, bajo el gobierno del presidente Calles, las leyes que intentaban restringir los poderes de la Iglesia en la sociedad mexicana fueron trocando en una persecución que terminó en guerra. La película narra todos estos hechos con una clara, inequívoca y sin matices mirada a favor de la Iglesia. Tanto los miembros de la Iglesia, como quienes serán sus aliados, son los héroes de esta película. Independientemente de la simplificación del conflicto que Cristiada hace –y que muchos films suelen hacer frente a grandes temas históricos– lo que principalmente falla es la película como tal. Solemne, rutinaria, sin grandes momentos, el largometraje muestra que aun con un gran presupuesto y un gran elenco, las cosas pueden simplemente salir mal. La mirada unilateral de todo, tan sólo profundiza aun más la falta de interés de la historia. Y el tema más complejo e interesante, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, queda completamente de lado debido a esto. Ni como entretenimiento ni como relato político Cristiada funciona.
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  • Rápidos y furiosos 6
    Rápidos y furiosos 6
    Tiempo Argentino
    Con toda la carne al asador

    La nueva entrega de la sexta edición de la saga de acción consigue seguir el efectivo camino marcado por el capítulo anterior, o sea una gran aventura de alto impacto.

    En doce años, Rápido y furioso pasó de un film taquillero a una serie de seis largometrajes y el anuncio de un séptimo. Pero contrario a lo que muchas veces pasa, la serie en lugar de empeorar ha mejorado. Se degradó, sí, pero para volver a renacer de forma esplendorosa.
    Los primeros títulos estaban centrados en las picadas y desafíos de velocidad muy puntuales. Su universo, machista empeoraba aun más por la poca simpatía que producen dichas picadas. Por eso con astucia los siguientes títulos comenzaron a meterse de lleno en el descontrol, el exceso y el más puro cine de acción, alejándose de ese mundo masivo, pero no tanto. Rob Cohen y John Singleton, dos nombres con carrera, no lograron despegar e hicieron productos taquilleros pero mediocres. Justin Lin se convirtió luego en el director oficial de la saga y luego de dos intentos de renovación, logró dar en el clavo en la quinta y la sexta entrega.
    Estos dos títulos son muy superiores al resto. Tal vez la entrada del agente Hobbs (Dwayne Johnson) le aportó algo de locura y la liberó de un universo cerrado. Las escenas de acción pasaron de ser buenas a convertirse en clásicos del género. Toretto (Vin Diesel) y O'Conner (Paul Walker) han terminado triunfantes en el film anterior, pero a pesar de todo no logran encontrar la paz que han buscado. Lo mismo para el resto del equipo. Por eso aceptan esta nueva propuesta y se lanzan a una aventura enorme por toda Europa.
    Con locaciones memorables como Londres, Rápidos y furiosos 6 sigue poniendo toda la carne en el asador y sigue consiguiendo que el espectador se sorprenda. Acá, llegando más lejos que nunca y tal cual lo habían avisado en la cinco, reaparece Ortiz (Michelle Rodriguez) con una una vuelta de tuerca elemental pero efectiva. Y se repite el elenco principal, más algunos nombres extras que son un lujo.
    No hay que anticipar nada, lo que el espectador espera la película lo tiene. Y tiene más. Hasta el más exigente encontrará escenas de acción más allá de lo imaginable. La tecnología se ha vuelto un aliado invaluable de la saga y lo que se ve, aun siendo increíble, se ve como si fuera real. El impacto está asegurado.
    Elijan la sala más grande, con el mejor sonido y participen de esta fiesta de imágenes en movimiento. Disfruten, como hace más de un siglo ocurre, de ese maravilloso arte llamado cine.
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  • El gran Gatsby
    GRANDES ESPERANZAS

    La novela de F. Scott Fitzgerald vuelve a la pantalla grande de la mano del director de Moulin Rouge y con una actuación de Leonardo Di Caprio legendaria.

    Todo el encanto y la fuerza de una historia como la de El gran Gatsby se juega en la presencia de su protagonista. Leonardo Di Caprio parece haber nacido para interpretar a Gatsby. No es raro que al final llegara el día en el cual el actor se encontrara con el papel de su vida. Si existe justicia en este mundo, Di Caprio debería recibir el Oscar por su actuación en esta película. El actor lo sabe y desde hace tiempo soñaba con este rol. Sabe, como la película de Buz Luhrmann, que Gatsby es un personaje extraordinario. El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald es un clásico de la literatura del siglo XX cuya influencia golpea incluso las puertas del cine.

    Millonario misterioso, personaje fascinante, amado y odiado, el cinéfilo verá fácilmente una conexión entre personaje y el que creara Orson Welles para El ciudadano. La película –tercera adaptación en el cine sonoro que se ha hecho del libro- respeta el narrador de la novela y su punto de vista. Nick Carraway (Tobey McGuire) vive en Long Island, en una pequeña casa entre dos grandes mansiones. Una de ellas está habitada por un millonario llamado Gatsby, quien da las mejores fiestas y sigue siendo a pesar de eso un enigma para todos. Del otro lado de la bahía, vive Daisy, la prima de Nick (Carey Mulligan) y su marido Tom (Joel Edgerton) quienes jugarán un rol clave en la historia.

    La novela se publicó en 1925, en plena “Era del jazz” y no impactó en los lectores. Menos de veinte mil ejemplares la convirtieron en un fracaso. Cuando Scott Fitzgerald murió en 1940, lo hizo pensando que su novela pasaría al olvido. Pero luego de la Segunda guerra mundial el libro se volvió cada vez más popular, a punto de ser texto clave para estudiantes. Fue elegida, además, como una de las más importantes novelas americanas del siglo XX. A pesar del fracaso inicial, igual el cine se sintió atraído por sus páginas desde el comienzo.

    En 1926, sí un año después de ser publicada, una película lleva El gran Gatsby al cine. La película hoy está perdida, pero se puede ver un minuto en la web. Tomen nota de algo: no es una película de época, ya que está filmada en el mismo período del libro. El personaje de Gatsby lo interpretaba Warner Baxter (protagonista luego de Prisionero del odio, de John Ford) y Nick Carraway lo interpretaba Neil Hamilton (años más tarde muy popular por interpretar al comisionado en la serie Batman con Adam West). En 1949 –ya cuando la novela se convertía en un éxito se volvió a llevar al cine. Esta vez haciendo hincapié en el costado film noir y gansteril del personaje. Alan Ladd era Gatsby. Sin embargo la versión que todos recuerdan –y lamentablemente idealizan- es la que dirigió Jack Clayton y protagonizó Robert Redford. En el film protagonizado por Redford, se altera el punto de vista de la novela. Y aunque Nick Carraway (Sam Waterston) sigue siendo un personaje clave, hay muchas escenas de amor –filmadas con unos filtros muy feos- que bordean el ridículo por lo estereotipadas. Ni Redford está tan bien, ni tampoco Daisy (Mia Farrow) se luce. Dicen que Mia Farrow estaba enojada con Redford, que pasaba el día entero viendo televisión y leyendo diarios para estar al día con el escándalo de Watergate. Su interés político se vio recompensado cuando en 1976 hizo Todos los hombres del presidente. Un elenco setentoso que incluía a Bruce Dern y a Karen Black completaba el cuadro. Una curiosidad: la lealtad al libro, salvo el cambio de punto de vista, es notable. Un telefilm en el año 2000 con Tobey Stephen como Gatsby, Miran Sorvino como Daisy Buchanan y Paul Rudd como Nick Carraway. Y una versión pandillera negra con hip hop llamada G en el año del 2002 terminan de cerrar el historial de películas inspiradas en el libro.

    Y ahora llegó una nueva versión que el público parece estar valorando más que la crítica. Pero que está destinada a quedar en la historia por la potencia actoral de Leonardo Di Caprio más allá de cuanto se la valore en general. El insoportable cliché –porque es realmente inaceptable en el siglo XXI- de decir que el film está a la altura del libro no dice absolutamente de la película. De verdad, ¿Qué importa la relación entre ambos textos? Es divertida la comparación, no lo niego, pero no se puede evaluar una obra de arte cinematográfica en base a algo que está afuera de la película. Lo que está afuera de una película sirve para enriquecernos, no para convertirnos en inspectores de similitudes y diferencias. Es más, si de tomar ideas de aquí o allá se trata, las similitudes entre El Gran Gatsby y Grandes esperanzas de Charles Dickens son notables. Y obviamente eso no habla mal de nadie, simplemente de que las obras de arte se comunican, se basan en algo o se inspiran en algo y luego tienen vida propia. Ambas novelas cuentan una historia de ascenso social por amor y una revelación final o un desenlace que hace que toda esa lucha se demuestre fútil o ridícula. Una frase al final de El Gran Gatsby (una historia más trágica que la de Dickens) lo ejemplifica: “Su sueño debió haberle parecido tan cercano que habría sido imposible no apresarlo. No se había dado cuenta de que ya se encontraba más allá de él, en algún lugar- al otro lado de la vasta penumbra de la ciudad, donde los oscuros campos de la república se extendían bajo la noche.”

    Pero yendo de lleno al film de Baz Luhrmann digamos que se trata de un film de un gran romanticismo y de un impacto visual que no tiene retorno. Todas las demás versiones de El Gran Gatsby parecen una kermesse de barrio comparado con el despliegue que esta película tiene. La década del 20 parece más la década del 20 que la verdadera. New York es más New York que la verdadera. Eso es el cine. New York en la década del 20, con su locura, su euforia, con el desastre a la vuelta de la esquina es el marco en el cual se desarrolla esta historia. El Gran Gatsby es tan interesante como su personaje protagónico pero la película deja con la boca abierta en cada escena. Carraway, como los espectadores, irá tratando de entender quien es realmente Gatsby. Como pasaba en las películas de Orson Welles (El ciudadano, Mr. Arkadin, Sed de mal) nos intriga la verdadera naturaleza de ese personaje enigmático, acusado de los peores crímenes y posiblemente un fraude. Aquí las revelaciones serán tan majestuosas que la mirada de Carraway sobre el mundo que lo rodea ya no podrá ser igual. Luhrmann, el mismo director de Romeo y Julieta (la versión con Di Caprio) y de Moulin Rouge tensa las cuerdas del melodrama hasta lograr que una historia tan conocida parezca nueva. Su majestuoso estilo visual se impone desde el comienzo, aun aquí se lo encuentre más sobrio que nunca. Luhrmann ha descubierto que la tecnología actual permite crear imágenes tan bellas como las del cine clásico y a la vez tan reales como las del cine posterior. Lo mejor de dos mundos. Aunque claro, no se imponga jamás una idea realista del cine. La banda de sonido moderna, que incluye a Lana Del Rey entre muchos otros, da cuenta de cómo Luhrmann cree más en su obra que en las convenciones del cine. Y si acaso Di Caprio interpretando a Gatsby merece un Oscar, lo mismo merecen la dirección de arte y el vestuario del film, que son inolvidable. La última parte del largometraje es de un romanticismo abrumador. No se puede adelantar nada de la trama, pero sí vale la pena decir que El Gran Gatsby es un melodrama digno del siglo XIX, escrito en el siglo XX y llevado de forma brillante a la pantalla en el siglo XXI. Los temas del film trascienden a la época. La grandeza del director consiste no solo en mostrarlo, sino en demostrarlo en cada imagen del film.
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  • Scary Movie 5
    Scary Movie 5
    Leer Cine
    LA PESADILLA SIN FIN

    ¿Qué se puede decir de nuevo sobre una serie de parodias que desde su comienzo fueron mediocres y que, como era de esperarse, han ido agotando cada vez más sus propios escasos recursos? Asumamos, como mucha imaginación, que Scary Movie era una comedia aceptable. No lo era, pero para poder estudiar esta nueva entrega, pensemos que la medida es Una película de miedo (Scary Movie, 2000). Nacida como parodia de Scream –a su vez una forma compleja de parodia y película de terror- tenía una serie de ideas y un esfuerzo por parte del elenco que la convirtieron en un punto de inflexión en la historia de las parodias. Fue el comienzo del fin. Luego de Scary Movie vinieron sus secuelas y por otro lado otras parodias espantosas como Epic Movie, Disaster Movie, Date Movie, Vampires Suck, Superhero Movie entre otras (sí, entre otras!). La complejidad de las viejas parodias –nacidas casi con el cine mismo- que fueron de Max Linder a Mel Brooks desapareció sepultada por chistes urgentes, pegados a los últimos títulos taquilleros.

    Así, en Meet the Spartans, se mezcla una parodia de 300 con chistes sobre Borat, Kill Bill y hasta referencias al rapado de Britney Spears. Una parodia más de zapping televisivo que se cine. Cada año parece que la cosa empeora. En Scary Movie 5 esto queda clarísimo. Las parodias son tan coyunturales que algunos de los films que toma de base aun siguen en cartel. Así de rápida es la factura de esta serie. De la participación de los Hermanos Wayans –que han hechos bastantes porquerías desde entonces- en las primeras entregas ha quedado casi nada. Aunque se respetan algunas ideas de la serie.

    Todas las Scary Movie tienen un prólogo. Lo tienen porque lo sacaron de Scream. Y como en Scream ese prólogo está protagonizado por alguien famoso. En este caso Charlie Sheen y Lindsay Lohan. La parodia gira en esos minutos alrededor de Actividad paranormal y mil chistes sobre la vida privada tumultuosa de ambos. Otros prólogos tuvo la serie y funcionaron. Hacer una escena buena no debería ser tan complicado. Pero dos cosas descubrimos allí: primero que el presupuesto es bajo y la filmación berreta y segundo que el guión tiene todos chistes muy malos. Hasta el espectador más perezoso puede imaginar, mientras ve la película, mejores resoluciones para cada situación. Así de malo es el prólogo. Ni hablar del resto.

    Las películas parodiadas principalmente es Mamá (¡estrenada en enero del 2013!) y también El planeta de los simios y El cisne negro (sin comentarios). Pero otra película muy parodiada es Posesión infernal, estrenada en Estados Unidos hace un mes y medio. ¿En qué momento hacen la parodia? ¿Les lleva veinte días? Es absurdo. Pero más que absurdo es malo. El exitismo de los títulos elegidos para parodiar no es el peor defecto, es solo el síntoma. El desastre es lo que vemos en la pantalla. No perdamos más tiempo, aun para los parámetros de quienes creen que vale la pena pagar y pasar noventa minutos viendo algo así, esta película es insoportable. No la vean. No se van a reír, no se van a divertir.
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  • El último exorcismo - Parte 2
    Exprimiendo al demonio

    Hay algo contradictorio en que un film que lleve la palabra último en el título tenga una segunda parte. Aunque un último exorcismo pueda estar dividido en muchas partes, está claro que igual se ve bastante feo cuando esas partes no fueron anunciadas desde el comienzo.

    Por:
    Santiago García
    Este no temor al ridículo en realidad es un llamado de atención para la arbitrariedad y la falta de seriedad de quienes han encarado el proyecto. Como era de esperarse, un film de factura humilde y de estética que coquetea con el registro documental, se convierte en su secuela en un film de ficción completamente estándar, esto no sólo arruina la esencia de la idea original sino que además le quita su única gracia. Poco se puede hacer para interesarse por esta segunda parte. Y aunque la protagonista vuelva a ser la misma (Ashley Bell) y algunas de las imágenes que se hicieron marca reconocible de aquel film, en particular la contorsión del cuerpo, vuelvan a aparecer, todo huele a forzado, a ridículo, a notoriamente gratuito.
    Hay que admitir que los giros que la trama da son tan insólitos que resultan algo simpáticos. El disparate siempre llama la atención. Pero claro, como el film original partía –valga la redundancia– de una idea original y buscaba prolongar su cinismo inicial con algunas ambigüedades finales, acá intentaron despertar al espectador de alguna manera. Aun siendo muy corta, aun sin llegar a los 90 minutos, será una proeza para cualquier espectador sostener con paciencia su lugar en la butaca hasta el final. El último exorcismo parte 2 tiene un destino muy diferente a su antecesora y muchas posibilidades de que, incluso por su título, nadie recuerde que alguna vez se hizo una segunda parte
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  • Spring Breakers: viviendo al límite
    Cuatro días de fiesta y sexo

    Spring Breakers está dirigida por Harmony Korine. Este nombre es casi desconocido para la mayoría de los espectadores. Y es porque el director y guionista de esta película realizó sus títulos más importantes en el cine independiente, casi underground en algunos casos. Pero una de las ironías que posee el cine actual es que los transgresores o supuestos transgresores más rebeldes del cine terminan por ser funcionales a las reglas más adocenadas del cine industrial. O, como en el caso de Spring Breakers, convirtiéndose en un moralista reaccionario. Korine había debutado en el cine con una película deslumbrante llamada Gummo, verdadera rareza inclasificable. Antes había escrito el guión de Kids, de Larry Clark, film con el cual Spring Breakers guarda una cierta similitud.


    Ni Julien Donkey Boy, ni Mister Lonely, ni Trash Humpers nos habrían preparado para este salto de producción e ideas tan poco feliz. Cuatro amigas se toman las vacaciones de primavera (El mítico Spring Break, sinónimo del descontrol en el imaginario popular americano) para sumergirse en una vorágine de sexo, drogas y alcohol. Con un problema que las llevará de lleno a la boca del lobo y a pasar de querer vivir para siempre de fiesta a convertirse directamente en criminales. Una idea un poco simplista y peligrosa, claro está. La película coquetea mucho con ser una simple explotación de cuerpos semidesnudos y hace planos tan vulgares como el más machista y rancio de los videos o programas de televisión. Las cuatro jóvenes protagonistas podrán despertar el morbo de viejos verdes, pero su carga sexual es discutible y la película se regodea sin agregar una sola idea sobre ellas. Una estética insufrible acompaña sin alegría esta no transgresión de un director que solía asumir riesgos y ser original y que aquí decide colocarse en la otra punta del espectro cinematográfico. Una comedia ligera e inteligente como Dulces y peligrosas hizo, hace una década, mucho más por la amistad, la vitalidad y la transgresión femeninas que este olvidable producto sin destino. «
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  • El gran simulador
    La mano del poeta

    Desde un tiempo a esta parte hay gente que insiste en consumir programas de televisión donde se explican los grandes trucos de magia. Un mago enmascarado (porque sabe que hace algo malo) nos explica aquellos trucos que nosotros, con un poco de perspicacia, podríamos deducir. Pero si no somos perspicaces por algo es. Cito la frase final de El gran truco (The Prestige) que dice el personaje de Michael Caine: “Ahora usted está buscando el truco. Pero no lo encuentra, porque no está realmente buscando. No quiere descubrir como es, quiere ser engañado”.

    La fama mundial del señor René Lavand parece insólita cuando uno ve la simpleza con la cual él hace lo imposible. Es otro de sus trucos el moverse con simpleza, con seguridad serena, con un tono calmo que es una marca de fábrica. ¿Quién no conoce a René Lavand? La verdad es que mucha gente hoy no lo conoce. Conocerlo es admirarlo. Nadie le da la espalda al arte de Lavand. Ilusionista que se dedica a la cartomagia (esto último lo saqué de internet, yo simplemente diría trucos con cartas), Lavand es una leyenda dentro de su arte. Para agregar misterio, asombro y admiración por parte de los espectadores, Lavand nació diestro pero por motivos que aquí no explicaré (seamos leales al misterio) perdió su mano derecha y tuvo que aprender a hacer su maravilloso arte con la mano izquierda. Como el más legendario de los deportistas, como el más eximio de los bailarines, Lavand entrenó obsesivamente esa mano y hoy, como más de ochenta años de edad, lo sigue haciendo. Winston Churchill dijo la suerte es el cuidado de los detalles y Lavand es un ejemplo de eso. El mérito de Lavand es que además de tener un talento superlativo, trabaja desde hace décadas, horas por día, para que la suerte lo favorezca.

    Néstor Frenkel, director de El gran simulador, sin duda congenia con estos mundos de ilusión, con estos personajes enamorados del arte, apasionados y agradecidos con su especialidad. Frenkel no se mete con los trucos, a Frenkel no le interesa develarlos. Lo que el director quiere es mostrar la coherencia entre el ilusionista y su universo. Lavand recorrió el mundo pero su lugar es Tandil. Su casa es un templo de lo demodé. De lo maravillosamente fuera de época. También asistimos a su pasión no solo por los trucos de cartas, sino también por contar historias. Guionistas que trabajan con él para que las cartas narren cuentos nacidos ya no en el siglo pasado, sino del anterior.

    No hay que decir nada más. Quienes conocen a Lavand (interpretó de forma magistral a El Turco en la película Un oso rojo, de Israel Caetano) deben ver esta película. Los que no lo conocen, vean esta película y luego metánse en You Tube a disfrutar de sus maravillas proezas sobrias. Un artista de otra época, pero que se puede disfrutar en cualquiera. Lo que él hace no envejece a pesar del mundo actual y los desmitificadores profesionales.

    Sabemos que estos son tiempos aciagos para ilusionistas como el maestro René Lavand, tiempos difíciles para poetas nobles que han perfeccionado el sutil arte de engañar a quien quiere ser engañado en primer término. Claro, el verdadero truco consiste en que el engañado crea, desde lo más profundo de su corazón, que no quería ser engañado. Mantener esa ilusión es tarea de un verdadero ilusionista. Mantener esa ilusión es la tarea del artista. René Lavand, ilusionista, poeta, artista, se merecía una película como esta.
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  • En trance
    En trance
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    GIROS SIN SENTIDO

    En trance comienza como una fina e irónica película de robos de obras de arte. La voz en off del protagonista así lo anuncia. Simon (James McAvoy) trabaja para una casa de subastas y explica el protocolo a seguir en caso de intento de robo durante la subasta. Como se puede imaginar fácilmente, la historia llegará pronto a una subasta y a un intento de robo. Una banda liderada por Franck (Vincent Cassel) lleva adelante la tarea pero descubre que el cuadro ha desaparecido, que se han llevado un envase vacío. De ahí en más buscarán que Simon diga que hizo con el cuadro, ya que él estaba a cargo del protocolo para proteger la obra. Ahí descubrimos que no se trata de un film de robo de guante blanco, ya que una escena de tortura alcanza para alejarla de ese género. Es el momento en que nuestras esperanzas de sutileza, tono juguetón y simpatía se desvanecen por completo. Pero es tan solo el comienzo de los problemas. El conflicto que surge allí es que Simon, quien recibió un golpe durante el robo, no recuerda que hizo con el cuadro. Para recordarlo, tienen la idea de consultar a Elizabeth, una experta en hipnosis (Rosario Dawson) que rápidamente descubrirá la motivación y el dinero en juego y querrá ser parte. Como llegan tan rápido a la hipnosis, eso lo sabrá el espectador más adelante. Todo esto ocurre de forma veloz en los primeros minutos del film. Danny Boyle, el mismo de Trainspotting y Slumdog Millonaire, tiene oficio narrativo y lo demuestra. El problema será la historia. A cada minuto la película se vuelve más inverosímil, pero no en un sentido ligero y agradable, que sin duda le había venido bien y que el propio Boyle supo imprimirle incluso a sus más duras películas. Las escenas son ridículas y los giros de la trama pasan de absurdos a ofensivos, terminando por ser lisa y llanamente aburridos. Muy aburridos. Es muy difícil no sentirse estafado como espectador y es verdaderamente complicado no enojarse con la manera en la que el film saca de la galera cosa cada vez más forzadas. Para peor, la alteración del punto de vista inicial no es otra cosa más que la forma burda en que el largometraje se cree que puede hacer cualquier cosa, total nadie se va a dar cuenta. Tan berreta termina siendo En trance que hasta sirve como ejercicio para que el espectador muestre su habilidad para descubrir agujeros de guión. La falta de rigor y la creación a las apuradas no puede ser disimulada por el oficio de quienes la hicieron, En trance no tiene ninguna clase de coherencia o rigor, ni tampoco sirve como entretenimiento.
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  • Tabú
    Tabú
    Tiempo Argentino
    Más allá del olvido

    A diario vemos películas que arrancan bien y luego van perdiendo el rumbo hasta deshacerse por completo. Esas películas nunca fueron buenas. Por otro lado, hay films que no muestran su juego ni todo su esplendor hasta el final. No hablamos de los últimos minutos, sino de un crecimiento progresivo, sólido, apabullante. Ese es el caso de Tabú, de Miguel Gomes.

    Los primeros minutos de un film suelen definir, todo lo que será el film. Tabú es un ejemplo de los contundentes, aunque el espectador poco atento (o el que llegue tarde) no lo capte. En esos primeros minutos se define el romanticismo arrebatador, la mirada del director y todo su estilo. Milagro cinematográfico esta combinación entre la forma y el contenido de Tabú, anunciado y presentado en la escena inicial.
    Luego, la película abandona ese comienzo romántico y extraño, esa leyenda ambientada en África y pasa a Lisboa en el presente. Allí, una anciana, su mucama y cuidadora y una vecina conviven en un edificio. Esta anciana decadente es por momentos graciosa, por momentos agobiante y en otros está ida, y todo el tiempo parece tener algunas cuentas pendientes con el pasado. Toda esta parte del film es morosa y muchos espectadores podrán sentir que la película no tiene rumbo, pero hay que tener paciencia, porque lo que pasa es que el film de Gomes está tomando carrera para la segunda parte del relato.
    Y esa segunda parte resignifica todo lo visto, le da un significado distinto y termina por mostrar que Tabú es una obra maestra de una grandeza romántica sin comparación en el presente. Para algunos espectadores tal vez sea una película difícil, pero para quienes se entreguen, es sin duda una experiencia inolvidable.
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  • Jugando por amor
    Jugando por amor
    Tiempo Argentino
    Muchas jugadas de pizarrón

    La nueva producción hollywoodense del director italiano Gabriele Muccino es una comedia romántica a la que por momentos le agrega elementos de drama. Y se enreda.

    Las películas no tienen que ser todas imprevisibles; hay muchos géneros e historias cuya base es justamente que el espectador sepa cómo va a terminar y que la diversión consista en ver como desarrolla el camino su director. La comedia romántica es una de ellas.
    Ahora bien, Jugando por amor es una comedia romántica que por momentos es simplemente una comedia y por otros es una comedia dramática. Es decir que su mayor problema es que no define con claridad sus objetivos.
    El director italiano actualmente en Hollywood Gabriele Muccino tiene una interesante carrera donde juega con todas estas ideas de género. En Italia hizo films muy populares como Ahora o nunca y El último beso. En los Estados Unidos impactó con Siete almas y En busca de la felicidad.
    Aquí cuenta la historia de una ex estrella del fútbol inglés (Gerard Butler) que vive en los Estados Unidos e intenta conseguir trabajo en televisión como periodista deportivo y a la vez recuperar la relación con su pequeño hijo. El trabajo y el hijo, el superar aquellos años de gloria y asumir una nueva etapa con madurez. La cercanía aumenta cuando él dirige el equipo de fútbol infantil donde juega su hijo.
    Esos son los temas de la película, al menos los que se presentan desde el comienzo. Sin embargo, el guionista deseó agregar la historia de amor. Y se enredó por completo.
    Jugando por amor tiene algunos momentos cómicos, otros incómodos pero se va desarmando en su emotividad forzada. Muccino maneja, al menos en este caso, mejor el humor que la emoción. Se abandonan situaciones, se prometen cosas y luego todo se va resolviendo de forma acelerada. Esta falta de rigor obedece a que la historia quiere llegar a un final y para que el espectador no adivine ese final es capaz de hacer cualquier cosa con el guión. Pero esto a la película la desarma, no la mejora.
    El ritmo narrativo es bueno, los actores tienen algunos momentos simpáticos y el hijo del protagonista (interpretado por Noah Lomax) brilla en una interpretación sobria y efectiva.
    Justamente la exploración de la relación padre hijo parecía ser el tema original de la película, pero los personajes de la madre (Jessica Biel) y varias madres de otros chicos, interpretadas por Uma Thurman, Catherine Zeta-Jones y Judy Greer, lo complican. Incluso el hombre rico y poderoso que interpreta Dennis Quaid tiene poco para aportar.
    La película es divertida, pero es muy difícil encontrarle un sentido.
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  • Tadeo, el explorador perdido
    AVENTURAS ANIMADAS CON VIDA PROPIA

    Durante años he tenido que sufrir cuando los colegas abusan de un paternalismo provinciano al defender cine de género hecho fuera de Hollywood. Pero de tanto en tanto aparecen películas como Tadeo, el explorador perdido, que hacen que los elogios sean reales, ya que no se trata de un film que debe pedir disculpas a nadie por no estar hecho por la industria más grande del mundo. No estamos hablando aquí del cine de animación considerado arte superior (otro provincialismo, pero ahora de Hollywood) hecho en Francia, por ejemplo. Tampoco hablamos de maestros aislados como Miyazaki o ese gigante ignorado como es todo el animé japonés, siempre lejos de las pantallas comerciales del mundo. Acá estamos frente a un film de puro entretenimiento sin aspiraciones de autor. Una película destinada a todo público, con especial atención en el público infantil pero no el más pequeño, ya que hay aventuras, acción y algunos sustos. Es decir, una competencia en el terreno de los films de Pixar y la tradición Disney en general.

    Así es que Tadeo, el explorador perdido (Insólito: versión local del original, también en castellano, claro, es Las aventuras de Tadeo Jones), film de animación realizado en España, llega para pisar un terreno que pocos se atreven a tocar. Sin paternalismos ni sobreestimaciones, hay que decir que Tadeo el explorador perdido es una divertida y muy lograda película de aventuras, llena de humor y con un ritmo que nunca decae. Una buena película, tan simple como eso. El primer largometraje de un personaje que ya en el cortometraje había mostrado que funcionaba.

    Tadeo, un albañil español que ha soñado toda su vida un explorador aventurero como Indiana Jones, se encuentra de pronto con una verdadera aventura, un tesoro, una chica y unos buenos villanos. Los ingredientes conocidos del género, homenajeado de punta a punta pero con identidad propia. No es el homenaje ni el guiño y nada más, la película funciona aun si el espectador no reconoce ni uno sola de esas citas. De hecho el profesor que tanto admira Tadeo le regala un sombrero que perteneció a Indiana Jones y este le contesta que no le suena. El héroe, muy español a pesar de sus sueños de aventurero de Hollywood, es un personaje que se hace querer. De hecho todos los personajes son interesantes, los cómicos, los malos, los buenos, todos. Y las escenas de aventura funcionan siempre, así como las escenas de humor. Tadeo, el explorador perdido es una gran película, de esas que no hay que dejar pasar.
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  • Oblivion: El tiempo del olvido
    La condición de estrella de Tom Cruise y su talento como actor es lo que permite sostener esta película de ciencia ficción que está protagonizada por él de forma no exclusiva, pero casi. Un soldado veterano ha sido asignado a una misión en un planeta Tierra abandonado por los humanos luego de una gran guerra contra alienígenas. Jack (Tom Cruise) y Julia (Andrea Riseborough) son un equipo que se encarga de patrullar el planeta destruido para asegurarse que se puedan seguir aprovechando los últimos recursos disponibles. Jack patrulla y Julia desde su base-hogar controla toda la operación mientras son supervisados a su vez por sus superiores. Todo parece ser un trabajo rutinario, donde Jack, por momentos de forma visible, por momentos en secreto, posee una enorme nostalgia acerca del planeta que se ha perdido décadas atrás. Pero en sueños el tiene sueños que lo perturban, habita en él una sospecha, una inquietud, algo que no termina de cerrar. La fría vida cotidiana con Julia y la perfección de toda la operación no le aporta a él ninguna forma de tranquilidad, al contrario. Con ese punto de partida al espectador y a Jack solo le queda esperar que pase algo. Y algo, claro, pasará. A la presencia indiscutible del protagonista masculino, hay que sumarle el excelente clima logrado por el director (Joseph Kosinski, el mismo de Tron: El legado), capaz de ir llevando la trama con interés cada vez mayor, con un aprovechamiento de las locaciones abandonadas y los espacios abiertos al estilo del western.

    (A partir de acá se contarán puntos clave de la trama, se invita al lector a dejar de leer si no quiere enterarse de esos detalles.)

    Los fanáticos de la ciencia ficción verán todos los tópicos favoritos del género, con la calidad técnica y el asombro visual del que son capaces las películas actuales. Pero aun dentro de esa tecnología, Oblivion no se olvida nunca de crear climas y personajes y eso es lo que le da mayor fuerza e interés. El espectador verá también la conexión con títulos clásicos del género y como el héroe tiene también esa nostalgia demodé propia de los personajes de la ciencia ficción. Pero hay el sueño recurrente de Jack –Jack, un nombre de héroe popular- algo que sabemos lo cambiará todo. Por eso cuando una nave se estrella en la Tierra y Jack descubre en esa nave criogenada a la mujer con la que sueña, sabemos al instante que todas las certezas que él tenía están a punto de desmoronarse. La frialdad de su compañera, el discurso mecánico de los superiores, todo aquello que nos inquietaba estalla a partir de ese momento. Jack luchará entonces por recuperar su humanidad perdida. Sosteniendo la idea de que detrás de cada ser humano, por más básico y parecido al resto que parezca, siempre hay algo que lo lleva a su condición de tal, con sus valores, sus deseos y sus sueños. Una metáfora sobre la que ha insistido mucho el género a lo largo de los años y que no por eso ha perdido vigencia. Para que todos nos veamos reflejados en Jack, es indispensable que el protagonista sea una estrella como Cruise, cuyo carisma vuelve a quedar en evidencia en esta película. Aunque bordea el western Oblivion sigue siendo principalmente un film de ciencia ficción. Y el cliché de que su protagonista esté fascinado por el pasado, no solo está justificado por la trama, sino que además nos lleva a sentirnos más identificados con él aun. Seamos únicos o uno más entre millones, cada uno de nosotros vive su vida como la única disponible.
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  • Posesión infernal
    Posesión infernal es un ejemplo perfecto de cine gore. La pregunta para muchos será: ¿Qué es el cine gore? El gore es un subgénero del cine de terror cuyo núcleo principal son las escenas sangrientas de violencia explícita, donde los cuerpos son destruidos y mutilados en cámara. Son esas escenas, armadas a partir de elaborados e ingeniosos efectos especiales y complejos maquillajes, las partes más importantes y centrales del género. La historia del gore es extensa, pero más allá de los antecedentes a comienzos del cine, su esplendor surgió en la década del 60, con directores como Herschell Gordon Lewis y George A. Romero. Blood Feast (1963) y 2000 maníacos (1964) dirigidas por Gordon Lewis son casi el nacimiento oficial del gore, aunque vistas hoy parezcan juegos de niños. De hecho, Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock, sin mostrar nada resulta en la memoria del espectador más gore y violenta y puede ser encuadrada en el género. Los films de Romero, por otro lado, como La noche de los muertos vivientes (1968) y El amanecer de los muertos (1973) aprovecha el gore y sus muertos vivos para armar un discurso más complejo cargado de lecturas sociales.

    El género luchó siempre contra la censura y fue creciendo -no solo en Estados Unidos, sino también en países como Italia y Japón- y sumando adeptos entre los espectadores y expertos tras las cámaras. El cine en su conjunto fue incorporando el gore como parte de su universo, en películas como Macbeth (1972) de Roman Polanski, o Corazón valiente (1994) de Mel Gibson, entre muchas otras. Claro que el género también tuvo desde su origen, una fuerte conexión con el humor y una gran cantidad de películas gore tienen mucho de comedia. Una obra maestra del género es Braindead (1992) de Peter Jackson (en Argentina salió directo a video con el nombre de Muertos de miedo). Esta joya neozelandesa tiene un clímax memorable con una cortadora de césped y nada menos que trescientos litros de sangre falsa. También tiene mucho humor y efectos más que ingeniosos para un presupuesto mínimo. En 1981 Sam Raimi dirigió Diabólico (The Evil Dead) otra obra clave dentro del gore paródico. Con muy pero muy poco dinero, con un actor al nivel del proyecto, como Bruce Campbell, y con muchas ideas, la película brilló aun con sus limitaciones. Raimi hizo dos secuelas: Noche Alucinante (1987) y El ejército de las tinieblas (1992). En estas últimas dos películas la calidad era mayor y el humor también. Se podría decir que directamente eras comedias. Eran otras épocas del género, sin duda. Y otra época de Sam Raimi.

    Mientras que el director de la trilogía de Evil Dead se dedica a hacer películas como Oz: el poderoso su corazón por el cine de terror parece seguir latiendo. Con una inteligencia indiscutible, él mismo creyó que era el momento de hacer una remake de su película de culto. Para eso eligió, con todavía mayor astucia, a Fede Alvarez, un director uruguayo que le debe su fama mundial a un cortometraje que publicó en You Tube. Ataque de pánico (2009) se llamaba esa joya de cinco minutos que narraba con una invasión alienígena a Montevideo. Con efectos especiales irreprochables y con una puesta en escena que mostraba un verdadero talento cinematográfico, el corto se volvió un fenómeno mundial (pasó las 7 millones de visitas) que llegó hasta los ojos de Hollywood y de Sam Raimi. Así que Alvarez fue contratado y terminó dirigiendo y escribiendo Posesión infernal, La remake del film de culto de 1981.

    Un film de culto es aquel que es rescatado de un éxito comercial moderado o nulo por un grupo de fans que insisten en ver el film muchas veces e insistir sobre su importancia o sus valores. Pocos espectadores viendo muchas veces un film. Es muy común que gran parte de los films de culto estén asociados al cine de terror y también al gore. Y por supuesto, ya que estamos aclarando términos, se le llama remake a las nuevas versiones de películas ya sea tan solo su guión, o la película en su totalidad. Las remakes, ya lo sabemos, tienen muy mala fama y se les reclama el tener una intención única que es la de ganar dinero como sea. También se las acusa de pertenecer a una época sin ideas nuevas. Pero eso es una mentira absoluta producto de personas que no son capaces de entender la historia del cine o el cine actual en su totalidad.

    Posesión infernal está planteada dentro de un subgénero y vinculada con un film de culto. Una situación compleja como punto de partida, pero por suerte los amantes del cine de terror no son tan miserables y snobs como para juzgar con extrema dureza un punto de partida como ese, al contrario. Las buenas noticias no deben postergarse más: Posesión infernal ya se ha ganado el derecho a pertenecer a la historia grande ya no solo del gore, sino del cine de terror en su conjunto. Sus méritos son muchos y la claridad con la que se aleja de sus contemporáneos es fácil de percibir desde las primeras escenas. Raimi sabía que una película como Diabólico ya era una reliquia y supo que la historia aun podía funcionar en esta época con un nuevo formato.

    Alvarez como director y coguionista y todos los que ayudaron a hacer Posesión infernal buscaron justamente adecuarse a los tiempos que corren, tanto en la puesta en escena como en la lógica del relato, así como también en los efectos especiales y de maquillaje. Es posible que la combinación de todo esto de cómo resultado los mejores efectos gore de la historia. Renegando incluso de los efectos digitales, tratando de llevar todo lo que sea posible a los efectos mecánicos de la vieja escuela. El trabajo que han hecho está bien porque no se han ocupado de que la película funcione en todos los aspectos. Empezando por el guión, donde han encontrado la vuelta para que los protagonistas tengan algún motivo razonable para decidir y a una cabaña en el bosque. También la idea de que la protagonista deba desintoxicarse de las drogas y el juego del pastorcito y el lobo que esto generará le da a la primera parte del film una lógica que ya el género estaba necesitando para escapar de sus propios clichés.

    La forma efectiva en la cual se aplican estas ideas de guión son tan fuertes que por momentos la película consigue aquel impacto dramático que tenía El exorcista (1973) de William Friedkin, una de las obras cumbres de la historia del cine de terror. Sentimos por los personajes una cercanía que no es habitual en el terror actual. Nos angustia muchísimo más cada escena debido a eso.
    En ese y otros aspectos, la superioridad de Posesión diabólica con el respecto a Diabólico es gigantesca. No solo el guión, los personajes y las resoluciones, sino también toda la técnica de la película y la puesta en escena. Diabólico se hacía querer en sus limitaciones y en su euforia, pero ha envejecido sin remedio y salvo la última media hora –con Bruce Campbell como exclusivo protagonista- lo demás ya no tiene la gracia de aquella época. Acá el gore es espectacular, las escenas son fuertes, las ideas visuales se multiplican. En su imaginario terrible propio del género, la película consigue igualmente ser estéticamente impecable. Pero tiene algo más que hace la diferencia y que para el que no conozca el género puede sonar raro. Posesión infernal está hecha con amor por el gore. Y en eso es igual a Diabólico. No hay en la película de Alvarez cinismo alguno, no se trata de un producto que busca facturar subestimando a su propio público cautivo. Estamos frente a una película hecha con convicción y genuina pasión. Mejor aún, a esa convicción y esa pasión, dos cualidades que en el arte no siempre llevan a buen puerto, Posesión infernal le agrega una gran dosis de talento, lo más importante a la hora de hacer una gran película.
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  • La memoria del muerto
    RITUALES FALLIDOS

    El cine de terror crece poco a poco en Argentina, pero con películas como esta queda claro que aun está lejos de conseguir un nivel aceptable.

    Ya podemos dejar de decir que el cine argentino nunca ha incursionado en el cine de terror. De un tiempo a esta parte, y desde los márgenes hasta el centro, nuestra cinematografía ha buscado acercarse cada vez más a este género. Esas búsquedas no son loables en sí mismas, simplemente son búsquedas. El arte, mal que le pese a muchos, no se mide por las intenciones sino por los resultados. Con poco parecen conformarse muchos que han elogiado de forma desmedida esta película. Parapolicial Negro: Apuntes para una prehistoria de la triple A fue el film anterior del director y tal vez de los méritos de aquel film surja el paternalismo indulgente con el cual ha sido observada y criticada La memoria del muerto. Pero es ya una costumbre saludar con excesiva benevolencia las películas de terror locales. Sin embargo, y aun con la mayor buena voluntad, no hay prácticamente nada que se pueda rescatar de esta película. Qué el producto sea vernáculo es anecdótico, esta película fallaría en cualquier cinematografía del mundo. Los primeros minutos del metraje muestra ya ciertas debilidades, arbitrariedades y falta de pulso. Aun así, y como suele ocurrir, un par de golpes de efecto nos hace esperar un poco más. Cuando todo el elenco esté reunido en la casa donde ocurrirán las acciones, ahí queda en claro que las actuaciones no son el fuerte del título, aun con actores que han sabido brillar en títulos anteriores. Los diálogos y la forman en que se dicen son un escollo difícil de pasar. La viuda del muerto que da título al film reúne a aquellos que más lo quisieron en una rara ceremonia en su casa. Cuarenta y nueve días después de muerto –según el budismo tibetano el tiempo entre la muerte y el renacimiento- la esposa planea algo que los demás no saben. La excusa es una carta que el difunto ha dejado para leerle a sus seres queridos, pero hay un plan secreto con la intención que traerlo nuevamente a la vida. Es más interesante dicho que visto, porque de esta idea no se desprende nada interesante en las escenas posteriores.

    Cada personaje se enfrentará a sus propios muertos y traumas, cada uno tendrá su momento de terror mientras transcurre la noche. Sin embargo esto ocurre con tan poco criterio narrativo y con escenas tan carentes de terror que transforman en un tedio, casi en un trámite eterno, el llegar a la otra punta de la película. La memoria del muerto no termina de optar por el terror puro y se concentra en momentos dramáticos que producen vergüenza ajena y donde nos explican todos y cada uno de los conflictos de los personajes. Ni la música, ni la fotografía, ni el sonido consiguen plasmar climas o situaciones que movilicen al espectador. Posiblemente las limitaciones de guión y puesta en escena sean el problema principal y de ahí derive todo lo demás. De este paquete tan poco atractivo tan solo se puede rescatar un muy interesante y efectivo trabajo de maquillaje y algunos efectos especiales vinculados al mismo. Pero a no resignarnos, porque con tan poco no alcanza. La película aburre y se pierde, aun para los flexibles de verosimilitud del género las cosas no tienen sentido. La memoria del muerto no es un producto aceptable o digno, falla de punta a punta y no hay manera de rescatarla. Me gusta mucho el cine de terror, sea del país que sea, y no me molestaría que hubiera grandes exponentes de esa clase de cine en nuestro país, pero no se puede festejar cuando las cosas, como en este caso, no salen bien.

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  • Proyecto 43
    Proyecto 43
    Tiempo Argentino
    Ni para alivianar un viaje en micro

    Proyecto colectivo, con la dirección de Peter Farrely, entre otros, sobre un un grupo de nerds que encuentra videos raros que poco tienen de divertidos. Con referencias a varios films pero sin siquiera rozar sus resultados.

    Proyecto 43 es una película colectiva. Con un hilo conductor que no disimula la realidad de que en esencia se trata de la suma de una serie de sketches sin ningún sentido. O tal vez el sentido sea simplemente buscar la transgresión, el choque y la ruptura. ¿Pero hay realmente una ruptura? Desde lo cinematográfico la película es insufrible. El hilo conductor son unos nerds tontos que para vengarse de un geek que se ha burlado de ellos le hacen buscar un tal Proyecto 43. En esa búsqueda es que van encontrando estos videos raros. Pero claro, no son videos de Internet, sino cortometrajes, ya que no tienen nada de película casera o video prohibido. Es decir, un sin sentido. ¿Pero no podría ser que ese sin sentido sea una cuestión de estilo? Acá es donde viene la asociación que todos los críticos han descubierto. El film es un versión en tiempos de Internet de Mujeres amazonas en la luna (1987) de Joe Dante, John Landis y otros. Aquel film era imperfecto, pero tenía momentos en los que el espectador se podía reír a carcajadas. Nada de eso pasa acá. Las risas son pocas y el asco se impone en la mayoría de las historias. Pero las desgracias no terminan ahí –aunque empiezan ahí, porque una comedia que no produce risas…– sino que se multiplican. El primer sketch es un plagio en versión escatológica de una edición de Saturday Night Live. No será el único plagio, no será el único problema de ahí hasta el final. Plagiar chistes, volverlos asquerosos, mal actuados y sin gracia. Otro problema es lo previsible de la estructura. Todas las historias arrancan de forma tradicional para luego tener una sorpresa asquerosa, fuera de lo común, polémica. Una vez podría funcionar –salvo por el plagio–, pero muchas veces es difícil de tolerar. Algunos hallazgos actorales le dan movimiento a algunas escenas, pero no mucho. Una curiosidad extra termina por dar por tierra el largometraje. La versión que vemos en Argentina no es la misma que en Estados Unidos. Allá, en lugar de los chicos, hay un director de cine. De esa manera se justificaba mejor que los sketches estuvieran narrados como lo están. Pero dudo que haya una idea tan compleja detrás de esto. Si quieren reírse, esta no es la película. Y si son impresionables, tampoco lo es. La suma de tantos nunca antes había producido tan pero tan poco. No vale la pena ni para el cable, ni el DVD, ni en un micro.
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  • G.I.Joe: el contraataque
    G.I.Joe: el contraataque
    Tiempo Argentino
    De absurda es simpática

    Hace unos años un director prometedor como Stephen Sommers terminaba de arruinar su carrera dirigiendo la adaptación al cine de G.I. Joe. Fue uno de los varios films cuyo origen no había sido otro más que la juguetería. Claro que a su vez el juguete se basó en el apodo que recibieron los soldados de infantería anónimos durante la Segunda guerra mundial.

    Pasaron las generaciones y el juguete fue más que un tipo de soldado, se multiplicó, se transformó y lo que verán los espectadores al ir al cine hoy dista mucho de la representación tradicional de las fuerzas armadas. Los dibujos animados también le terminaron de dar forma a estos personajes que los fans reconocerán y que el público en general verá como bastante absurdos. Así que estamos frente a la segunda parte de un film basado en juguetes y dibujos animados. No es lo que se dice un punto de partida muy sólido. Pero justamente por eso esta película sobrevive. Su propuesta es pequeña, absurda y finalmente simpática. Carente de cualquier asomo de sangre o violencia impactante, la película multiplica escenas de acción inverosímiles y en muchos casos espectaculares. Algunas, como la pelea de espadas en la montaña son buenas en serio. Otros momentos, más dramáticos o intimistas serán menos fáciles de disfrutar. Pero con lo justo la película alcanza sus objetivos. El elenco tiene a los carismáticos Dwayne Johnson y Channing Tatum rodeados de actores del estilo de esta clase de films y la presencia de Bruce Willis y del veterano actor Jonathan Pryce le dan algo de lujo extra a esta producción. Tres o cuatro chistes bien ubicados terminan de cerrar bien el paquete. Nada del otro mundo, pero entretenida. Y los que la vean en 3D, tendrán momentos para agachar la cabeza tratando de esquivar las balas.
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  • Jack el cazagigantes
    Jack el cazagigantes
    Tiempo Argentino
    Con el encanto del cuento

    La película recrea la famosa historia de "Jack y las habichuelas mágicas" con una enorme producción. Un genuino elogio del coraje y la lealtad que ofrece asombrosos momentos.

    Acá lo hemos conocido como "Jack y las habichuelas mágicas" (o las habas). Se trata de un cuento anónimo de origen inglés que pertenece a la más pura tradición del cuento de hadas. Jack el cazagigantes es una versión cinematográfica moderna, que participa de esta moda de actualizar los cuentos de hadas para transformarlos mayormente en films de acción. Sea cual fuera su intención en este caso, la verdad es que estamos frente a una película que logra conservar el encanto de los cuentos originales a la vez que ofrece una producción enorme y espectacular. Para los que lo recuerdan, la película tiene la misma base que el cuento, es decir que Jack intercambia su caballo (en el cuento suele ser una vaca) por las habas mágicas y estas al brotar se elevan al cielo, donde hay un enorme castillo donde habita un gigante que posee un enorme tesoro. Acá lo único que cambia es que hay muchos gigantes y el tesoro no es el centro de la trama. Interesante e importante cambio por parte de los realizadores del largometraje. Acá lo que importa es que Jack es valiente y caballeresco. Su nobleza es su máximo tesoro. Hay una princesa que podría casarse con alguien que no quiere, hay un rey y hay unos leales caballeros que darían su vida por su rey y su princesa. El director de esta película es Bryan Singer, el mismo de Los sospechosos de siempre, X-Men, Operación Valquiria y otros títulos. El guionista es Christopher McQuarrie, quien trabajó varias veces con Singer y dirigió Jack Reacher. En la combinación de ambos y de un excelente elenco está el secreto de la efectividad de la película. Hay momentos asombrosos, de esos que le permiten al espectador volver a sorprenderse con el cine. Está en eso el encanto de Jack el cazagigantes, más allá del despliegue tecnológico que hoy todos los films permiten y que no siempre eso los hace mejores. Atentos al final, porque si todo cuento de hadas encierra muchas veces una enseñanza moral, la que aquí aparece es interesante y va mucho más allá de los bienes materiales. No tomemos esto como un dato menor, porque otra característica de esta película es su ausencia de cinismo y su genuino elogio del coraje y la lealtad como grandes valores humanos. Ojalá hubiera más películas así.
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  • Matrimonio
    Matrimonio
    Tiempo Argentino
    La historia de una crisis

    Las ambiciones que animan a Matrimonio no son pocas. Desde lo estético, el film plantea un comienzo con especial interés en el plano detalle, en parte para resaltar que todo, incluso un matrimonio, está hecho de dichos detalles. Pero en parte porque también quiere guiar al espectador por los caminos de un largometraje con dos puntos de vista. El realizador dice haberse inspirado en el Ulises de Joyce y aunque hay algunas referencias y punto de contacto, claramente es sólo una inspiración, ya que no reconocerá el espectador el libro en esta historia.

    Matrimonio es la historia de una crisis, la historia de Molly –como en el libro de Joyce– interpretada por Roth, y de Esteban, interpretado por Grandinetti. Son un matrimonio que parece haber llegado a un punto de no retorno y el film narra un día, el mismo día pero por separado, en la vida de ambos. No hay especial sutileza en el relato y hay cosas que quedan expuestas de forma demasiado directa. La inverosimilitud de muchas de las escenas y de los personajes secundarios que aparecen entran en contradicción con la crudeza realista con la que se describe la amargura de la vida conyugal. Son lo peor de la película los diálogos con esos personajes secundarios, lo forzado de la propuesta con el fin de que la lógica del relato cierre perfecto. Aun así, y con limitaciones y fallas, algunas de estas ideas llegan a encontrar un sentido no exento de emoción e inteligencia. Los actores protagonistas tienen sobrado oficio y pueden jugar bien los roles que sin duda sostienen la trama, pero eso solo no alcanza. Quien apuesta se arriesga a perder y aunque hay aciertos en Matrimonio, el arte se mide por los resultados y aquí hay que decir que son regulares.
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  • Los Croods
    Los Croods
    Tiempo Argentino
    Vivir más allá de la cueva

    El último film animado de Dreamworks muestra a una familia prehistórica que sale de su caverna decidida a explorar el mundo. Con mucha acción, sale perdiendo en los diálogos.

    La lucha por el cine de animación hace años que es sin cuartel. La taquilla de estas películas es enorme y el negocio tan grande que es difícil pelear por estar en la cima. En la Argentina, por ejemplo, la recaudación principal de cada año suele girar alrededor de estos films más que de cualquier otro género.
    Dreamworks es uno de los estudios que salió a ganar esta batalla. Dos sagas como las de Madagascar y Shrek fueron sus caballitos de batalla durante años. No sé si Los Croods se convertirá en saga, pero sí busca convertirse en un éxito de taquilla importante. Por si acaso elige también algo de similitud con La era del hielo, una de las sagas más famosas de los últimos años.
    La historia es la de una familia prehistórica, con un padre (con la voz de Nicolas Cage) que como única solución a todos los problemas tiene como respuesta la cueva. Pero Eep (Emma Stone), su hija, no tiene la misma idea. Ella quiere explorar el mundo, ir más allá, aun cuando ese mundo esté lleno de peligros. El film se basa en la tensión entre esas dos visiones y obviamente el conflicto que los obligará a moverse.
    El mayor elogio que se le puede hacer a Los Croods es su ritmo. La película no decae un minuto, arranca con toda la acción y no hay una sola escena donde esa acción se interrumpa. A su vez, el aspecto visual está muy cuidado y delata una gran evolución en la animación digital.
    La heroína femenina también es un gran personaje, una forma más interesante e inteligente de protagonista, una especie de antiprincesa de Disney. Pero sí sólo se tratara de estas virtudes, Los Croods no tendría nada objetable. Lo complicado es lo demás. Lo que no funciona es ese humor poco convincente y forzado típico del cine de animación sin vuelo. Tampoco funciona el guión en los diálogos y la rutina se apodera de todo. Y ese es el gran dilema de los cines de animación actuales. Tan sólo los de Pixar cumplen taquilla y resultados artísticos de calidad.
    Al ver Los Croods todo resulta frío, calculado, prefabricado. Se deja ver y es un entretenimiento real, pero no hay suficiente material aquí que le permita aspirar a ser un clásico. Se pasa volando, eso sí, y no hay nada molesto u ofensivo. Inocua y divertida, pero con poco riesgo. Más cerca del padre cavernícola que de su osada y luminosa hija.
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  • Efectos colaterales
    Efectos colaterales
    Tiempo Argentino
    Una denuncia que no pasa del ingenio

    El supuesto último trabajo del director Steven Soderbergh, que acaba de anunciar su retiro de la industria del
    cine, se centra en una historia que investiga los intereses ocultos de los laboratorios y los manejos de los médicos.

    Steven Soderbergh no para de filmar, y aunque haya anunciado su retiro, éste aun no se siente en los cines. Y hay que sumarle a eso que los caprichos de la cartelera local han permitido que en menos de un mes se estrenaran dos de sus películas. Magic Mike apareció en la cartelera y tres semanas más tarde llega Efectos colaterales.
    En un comienzo, esta nueva película parece estar en un tono más serio y profundo. Con el antecedente de Traffic –título que le valió a Soderbergh el Oscar a mejor dirección– se podría pensar que esta película tiene como objetivo la denuncia. Y algo de denuncia tiene, hay que reconocerlo.
    La historia que cuenta es la de una pareja que intenta reconstruirse luego de que él (Channing Tatum) sale de la cárcel, encerrado por tráfico de influencias. Pero la felicidad del reencuentro tiene su lado oscuro y ella (Rooney Mara) da señales de depresión. Un intento de suicidio la llevará a un psiquiatra (Jude Law) que conoce en la guardia, y allí se abre una interesante puerta para denunciar el manejo irresponsable de la medicación. Los intereses de los laboratorios, los arreglos con los médicos, y la irresponsabilidad de medicar sin medir las consecuencias parecen ser el centro de la trama. Y lo son, claro, hasta cierto punto.
    Hasta ese punto, la película es atrapante y expone dilemas éticos que hacen que la historia atrape más allá del suspenso. Al parecer, Soderbergh se conforma con esa piedra lanzada al comienzo y no lo lleva más allá. Creerá, tal vez, que alcanza con eso. Y alcanzaría, si la película no empezara a dar vueltas, cada una menos interesante que la anterior.
    Por suerte la caída de la película se produce en el último tercio y no arruina todo lo logrado, simplemente lo diluye. La actuación de Jude Law es lo que ayuda a sostener hasta el final Efectos colaterales. Su trabajo –muy superior al del resto del elenco– le otorga seriedad a un guión que la va perdiendo.
    Es una pena, porque aun en su condición de denuncia la película funcionaba como entretenimiento. Pero deja la denuncia y la sutileza de lado para lanzarse al efecto y el efímero golpe que sorprenda al espectador. Cambia inteligencia por ingenio y sale perdiendo, aun cuando no llegue a derrumbarse del todo.
    Al final, entonces, Efectos colaterales resulta divertida pero intrascendente.
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  • Mi novio es un zombie
    Mi novio es un zombie
    Tiempo Argentino
    Más allá de la muerte

    Los zombies y sus derivados le han dado al cine un material de indiscutible interés. Detrás de estas historias suele haber un trasfondo social que una y otra vez ha servido para denunciar el estado de la sociedad en diferentes lugares y épocas.

    Siendo George A. Romero, el director de La noche de los muertos vivos, el exponente máximo. Claro que el género ha ido creciendo y actualmente ha ampliado sus fronteras en ideas que dejan atrás su origen. Mi novio es un zombie (el espantoso título local que se le asignó a Warm Bodies en nuestro país) es uno de esos pasos más allá dentro del cine de zombies. ¿Una historia de amor entre un joven zombie y una chica viva? ¿Cómo es posible? Al comienzo del film sonará raro una voz en off de un zombie, teniendo en cuenta que su característica principal es la falta de pensamiento. Pero paciencia, esta incoherencia es sólo aparente. También verá el espectador que hay una clara asociación entre esta historia y la de Romeo y Julieta de William Shakespeare. El protagonista se llama R (no recuerda su nombre) y la protagonista Julie y el film, además de las diferencias sociales que los separan (metafóricamente hablando, porque en lo literal los separa la muerte), incluye la famosa escena del balcón.
    La película empieza con problemas pero luego va cobrando fuerza y sentido. Aunque nunca se convierte en una película importante, se ajusta a sus objetivos simples y los sostiene. El guión encuentra su rumbo y todo tiene su lógica a punto tal de volverse incluso emocionante en algunos momentos. Claro que tampoco tiene las complejas implicancias del clásico de Shakespeare ni la potencia de los films de zombies de Romero. Ni lo pretende, se conforma humildemente con combinar algunas cosas de ambos. Una mezcla que no deja de tener cierto encanto y simpatía, hay que decirlo.
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  • En la mira
    En la mira
    Tiempo Argentino
    Dos policías bajo riesgo

    Jake Gyllenhaal y Michael Peña protagonizan esta cinta que muestra, con el recurso de cámara en mano en varias secuencias, un agitado día en la vida de los oficiales.

    Las cámaras en mano se han vuelto casi obligatorias en el cine actual. Y cuando hablamos de cámara en mano nos referimos a aquellas que no están en trípode, que se mueven nerviosamente en cada escena generando confusión y tensión. En la mira tiene un uso y cierto abuso de este recurso. Este claustrofóbico e intenso relato de la jornada laboral y la vida de dos policías basa gran parte de su fuerza justamente en esta tensión y este caos que genera esta herramienta del lenguaje cinematográfico. Pero En la mira tiene otro elemento extra muy de moda en los últimos años y es el de las cámaras manejadas por sus protagonistas. Si bien el registro con cámaras del trabajo de la policía no es algo inventado por la película, hay que decir que En la mira se toma suficientes licencias poéticas sin sentido –como los traficantes con cámaras– que ayudan a la tensión por un lado y distraen la atención por el otro. La cámara en mano es una excusa también para no realizar un montaje impecable, encuadres perfectos y para evitar que el montaje sea también prolijo y exacto. A veces es una buena excusa para directores que no saben dominar el lenguaje del cine clásico. Para subsanar este disparate y estas sospechas los actores (Jake Gyllenhaal y Michael Peña) cumplen bien su trabajo y el director logra mantener el dramatismo escena tras escena. También resulta muy interesante la idea acerca del trabajo de los policías, de aquello que debe vivir a diario para luego volver a sus casas e intentar llevar una vida normal. Testigos de los crímenes más atroces, los protagonistas viven una jornada intensa y demoledora que la película logra en más de un momento captar. Preocupado siempre por describir la vida policial, el guionista y director David Ayer tiene en esta, su tercera película sobre el mismo tema, una mirada que deja atrás el cine de acción y busca más el drama. Ayer dirigió Harsh Times (2005) con Christian Bale y Reyes de la calle (2008) con Keanu Reeves y Forest Whitaker y Hugh Laurie. Ayer también fue el guionista de Día de entrenamiento (2001) con Ethan Hawke y Denzel Washington. Esa experiencia sin duda es la que permite que se pasen por alto algunas inconsistencias que tiene En la mira y se termine imponiendo con seguridad su descripción violenta y angustiante del trabajo policial. «
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  • Hitchcock: el maestro del suspenso
    UN MISTERIO DENTRO DE OTRO MISTERIO

    En Hitchcock se intenta describir la personalidad del mítico director inglés y su matrimonio con Alma Reville, a la vez que se narra el proceso creativo que lo llevó a Psicosis. La superposición de temas resulta demasiado para este pequeño film.


    Meterse con Alfred Hitchcock es meterse en problemas. ¿Qué posibilidades tiene un director desconocido de salir airoso de un proyecto que tiene al director inglés en el centro? Pocas, sin duda. Nadie le pide a Gervasi que sea un genio fundamental de la historia del cine ni que haga una obra maestra. Qué nuestro amor por Hitchcock no nos lleve a odiar ni amar demás esta película.

    Hitchcock arranca con el estreno de Intriga internacional (North by Northwest, 1959) y las dudas posteriores del director sobre qué proyecto llevar adelante. El film cuenta este proceso, los riesgos que asumió y, esto queda claro, la genialidad que tuvo para seguir adelante contra todos los prejuicios. En paralelo la película bucea en los miedos del director y describe su personalidad con un poco de morbo pero siempre con cariño. También busca analizar su matrimonio con Alma Reville, tratando de reivindicar fuertemente la figura de ella.

    Demasiadas cosas al mismo tiempo, demasiados frentes muy complejos cada uno por separado, e inabarcables todos juntos. De dichos frentes el que mejor funciona es el del proceso de elección, desarrollo, filmación y estreno de Psicosis. Resulta incluso muy emocionante el momento del estreno. Y emociona porque nosotros sabemos que se trata de una obra maestra que cambiaría para siempre la historia del cine. Pero la emoción no es completa, como tampoco lo es el humor ni el interés por el protagonista. Esto se debe a varios factores, empezando por el protagonista, Anthony Hopkins, actor de probado talento que lamentablemente aquí realiza una de sus peores actuaciones (recordemos que también falló cuando interpretó a Picasso en el film de James Ivory).

    Pero hay dos elementos de punto de vista que destruyen la potencia del relato. Es un tema que realmente interesa el matrimonio Hitchcock-Reville. Recordemos que la desconfianza dentro del matrimonio es una de las obsesiones de la carrera de Hitchcock (Rebecca, La sospecha, La llamada fatal, Cortina rasgada, entre otros títulos) y por lo tanto es divertido llevar eso a su propia vida. Pero el film, en su afán de reivindicar a Reville, comete el error de abandonar el punto de vista del director y dividir el relato entre ambos personajes. Eso le quita fuerza a la paranoia de Alfred y le quita toda la gracia. Es insólito que, habiendo estudiado a Hitchcock, no hayan respetado las enseñanzas del maestro del suspenso.

    Pero lo peor es toda la subtrama del asesino serial en el cual se basó la novela Psicosis de Robert Bloch. Hitchcock despreciaba el realismo y que no había salido bien parado en la taquilla cuando hizo la película “basada en hechos reales” El hombre equivocado. Aquí, de forma lamentable, insisten sobre ese personaje de asesino de la vida real y lo hacen convivir con Alfred Hitchcock en la imaginación del director. Todas escenas son descartables y hasta me atrevería a decir que si se las quita del montaje no alteran la trama.

    Pasemos para cerrar a los puntos positivos. La mencionada emoción funciona a pesar de la sobreactuación lamentable de Hopkins, y el humor con el que abre y cierra el film, también. El elenco, fuera de Hopkins –y del innecesario personaje del asesino, interpretado por Michael Wincott- es brillante. Brillante y desperdiciado en gran medida, a excepción de Alma Reville (Helen Mirren sin intentar jugar a las imitaciones) y Janet Leigh (Scarlett Johansson en la mejor actuación de su carrera). Además de bien interpretado, Leigh es un personaje luminoso, bello, inteligente, generoso. ¡Qué bien queda Janet Leigh en esta película! Lujos extras son Toni Colette como la secretaria de Hitchcock, James D´Arcy como Anthony Perkins (parecido hasta lo inquietante) , Jessica Biel como Vera Miles y Danny Huston como Whitfield Cook (guionista de Pánico en la escena y Pacto siniestro).

    No debe haber proyecto más difícil para un director que retratar la genialidad de otro director. Alfred Hitchcock es, además, el más popular de los directores clásicos, con lo cual se hace aun más complicado. Hitchcock falla por las limitaciones del director y de la historia, pero no es tampoco una experiencia bochornosa. Siempre pensé como habrá sido presenciar el estreno de Psicosis. A partir de esta película ya lo sé.
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  • Mamá
    Mamá
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    LA MADRE MUERTA

    Andy Muschietti, argentino que debuta en el largometraje, entrega una potente y aterradora película llena de ideas y sentimientos que la vuelven aun más intensa como experiencia de film de terror.

    El cine de terror goza de buena salud. Tal vez no en lo artístico, pero sí en la taquilla. Todas las semanas, o casi todas, un film de terror llega a las salas y se ubica entre los films más vistos. Con la misma seguridad que la mayoría de los espectadores no ve un film de terror jamás, una fiel minoría no se pierde nunca cada nuevo título de este género. Se podría decir que frente a esta demanda constante, las películas salen una tras otra no siempre con la excelencia que deberían. En cada experiencia de cine de terror, aun mediocre, los espectadores sienten que ha valido la pena. Esto, claro, no impide que de vez en cuando aparezca una película del género más inspirada que el promedio, capaz de demostrar que también en lo artístico el género aun tiene mucho por ofrecer.

    Andrés Muschietti –Andy en los títulos de este film hablado en inglés- es un director argentino que realizó dos cortometrajes antes de acceder a este, su primer largometraje. El primero de esos cortometrajes es Nostalgia en la mesa 8 (1999) un sencillo y simpático cuento de fútbol. El segundo, llamado Mamá (2008) es la base de esta película. Tres minutos le alcanzaban a Muschietti para generar un clima enigmático, producir terror y encontrar un remate perturbador.

    Mamá (2013) es una coproducción entre España y Canadá, filmada en este último país y hablada en inglés, por lo cual pasa como film mainstream norteamericano sin problemas. Quedó incluso primero en la taquilla norteamericana en la semana de su estreno. El productor es Guillermo Del Toro lo que le da más chapa en la distribución internacional, aunque aclaremos que Muschietti no necesita ningún padrino para llamar la atención con su película.

    Mamá tiene los elementos fundamentales para hacer la diferencia dentro del género. La historia es original e interesante. Dos niñas son llevadas por su padre –que ha enloquecido y ha matado a la madre de las niñas- al bosque, donde encuentran accidentalmente una cabaña. Dentro de ella, desesperado, el hombre decide matar a las niñas. Pero algo o alguien se lo impide y lo mata a él. Cinco años más tarde, el tío de las niñas recibe la noticia de que han encontrado a sus sobrinas en dicha cabaña, en un estado de deterioro y salvajismo impresionante. Logra que las niñas se le asignen en adopción y junto con su novia van a vivir los cuatro juntos. Pero alguien ha cuidado de las niñas durante cinco años, y ese alguien las acompañará, secretamente, a donde ellas vayan.

    La premisa es inquietante y el terror funciona durante toda la película. No es común que en un film actual del género aun se logre asustar a los espectadores. Ese es otro punto a favor de Mamá: asusta. Como buen film de fantasmas, divide la historia en tres grandes bloques: Suspenso, terror, tristeza. Las historias de fantasmas –y en eso el productor Del Toro es experto- se parecen mucho entre sí. A diferencia del cine gore (no hay escenas sangrientas aquí) las emociones entran en el juego y las motivaciones del fantasma siempre surgen de forma tal que uno se conmueva.

    Las dos nenas protagonistas son piezas claves para que la película funcione, pero la carga dramática recae sobre los hombres de Jessica Chastain (quien debería recibir premios por este film, además de por su brillante actuación en La noche más oscura). Ella compone un papel interesante, el de una mujer que no quiere ser madre y que de pronto se encuentra con dos niñas a su cuidado. Su evolución es clave para el drama.

    Lo más impresionante de Mamá es que además de mantener el interés siempre, consigue armar un desenlace escalofriante, poco tranquilizador pero definitivamente justo. No es un film de terror común y corriente, es la ópera prima de un director y guionista a seguir.
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  • Oz: el poderoso
    EL MAGO QUE HACE DESAPARECER LA MAGIA

    El mago de Oz es uno de los clásicos más queridos de la historia del cine. Muchas veces se ha vuelto sobre ellos y Oz: el poderoso es un nuevo –y fallido- intento por recuperar aquella magia.

    Oz: el poderoso es una especie de precuela del clásico El mago de Oz (1939) protagonizado por Judy Garland. Pero en esencia se trata de una película basada en los textos de L. Frank Baum, el autor del libro que inició este universo de fantasía y que continuó en doce historias más. Las acciones que narra el film son anteriores a la llegada de Dorothy a la tierra de Oz. El largometraje todo el tiempo intenta hacer referencias a aquel clásico del cine tan querido y tan influyente en la historia del cine. Pero no hay mayor comparación para hacer, al menos si uno no quiere enojarse con esta gigantesca producción de Disney. La decepción que produce Oz no está sólo en la comparación, sino en sus propios errores. O mejor dicho, en su muy pobre idea de cómo concebir un buen producto. Con un blanco y negro y una pantalla cuadrada para homenajear a El mago de Oz, la película arranca ya con falta de ritmo, con encanto nulo. Cuando el mago chanta llamado Oz termina –tornado mediante- en la tierra que lleva su nombre, la pantalla se vuelve ancha y a todo color, pero ni eso ni el 3D logran que el film transmita algo de magia.
    Es curioso como aun con toda la tecnología a su disposición, no puedan hacer que el mundo de Oz se vea real; real en el sentido de que tenga fuerza cinematográfica. No es imposible lograr algo de eso, porque aquel título de 1939 brillaba en lo visual. Pero el brillo no es tecnología, el brillo es sensibilidad artística, buen gusto, sensibilidad. Todo lo que le falta a Oz: el poderoso. El casting tampoco funciona porque James Franco no tiene el abanico histriónico que el personaje de Oz requería, Mila Kunis no tiene el rostro para el maquillaje que el film requiere, y Raquel Weisz y Michelle Williams no muestran, a pesar de su probado talento, el más mínimo esfuerzo por darle fuerza a sus papeles. El film sufre de los mismos defectos de Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, de hecho tienen el mismo productor, pero en Alicia, Burton se las ingeniaba para mezclar su gran mundo visual y la película, sin ser personal, encontraba un rumbo. Acá, irónicamente, el único momento bello son los títulos del comienzo, donde parece que estamos, incluso en blanco y negro, frente a un film de Burton. A un film de Burton de los mejores. Lamentablemente la alegría dura muy poco y como ya fue dicho, desde las primeras escenas la película ya se nota desabrida y sin vida. Hemos de asumir, por los trucos del mago, que se trata de un homenaje al cine y su fuerza liberadora. Pero pequeño homenaje es este film para el arte cinematográfico.
    Sam Raimi, director de terror de culto y de tres films de El hombre araña, acá desaparece por completo y entrega una película carente de cualquier encanto. Una pena, porque por cada película mediocre que se hace, se pierde la posibilidad de hacer una realmente buena. Consigan ya El mago de Oz de 1939, esa película sí vale la pena y tiene todo, absolutamente todo lo que Oz: el poderoso no tiene.
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  • The Master
    The Master
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    LAS MANCHAS

    Freddie Quell (Joaquin Phoenix) el protagonista de The Master no es agradable. Su figura notoriamente encorvada es casi animal cuando se lo ve de lejos masturbándose frente al a playa. La guerra termina y él debe volver a la vida real. El examen psicológico que le hacen deja mucho que desear. Tanto por quienes se lo toman como sus respuestas. Nosotros lo sabemos, nos queda claro, su reinserción en la sociedad no será sencilla. En esos minutos el personaje queda definido, en ese prólogo no hay dudas de que se trata de un ser antisocial, sin chance alguna de integración. Anderson entonces decide que el primer trabajo que ese personaje tiene es el de fotógrafo en una gran tienda. De la inequívoca idea de la locura del personaje pasamos a fotografías tradicionales familiares, con luz y gestos de Estados Unidos de la post guerra. La idea de una sociedad bella y feliz, en retratos tan rígidos como inquietantes. Pero el fotógrafo es Freddie y como en el test de Rorschach que le tomaron al salir de la marina, la respuesta frente a esas imágenes es diferente a la de cualquiera. No es sorprendente que frente a esa sociedad que intenta mostrar belleza, bienestar y orden, Freddie termine respondiendo con inquietante violencia. Su posibilidad de integrarse una vez más se deshace. Incluso su pareja sexual ocasional, una modelo que ofrece vestidos en la misma tienda, queda en el camino.

    Desamparado, desclasado, incluso de un trabajo mucho más proletario y marginal en el campo del cual sale corriendo, Freddie va sin rumbo. Un dato muy interesante. Ambos trabajos son perdidos por figuras que podrían representar una figura paterna. En la tienda se pelea con un señor de mayor edad y figura formal y solemne que lo termina corriendo a golpes. Y en el campo le da alcohol clandestino a un anciano que Freddie dice le recuerda su padre. Esa búsqueda y pelea con la figura paterna, y esa búsqueda también de un lugar en el mundo lo llevarán a un espacio tan inestable con el del comienzo: un barco. Pero en ese barco aparecerá un padre en la figura de un líder religioso llamado Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman).

    Lascaster Dodd es la cabeza de un grupo autodenominado La causa. Mucho se ha escrito acerca de que The Master se basa en la vida y obra L. Ron Hubbard, escritor de ciencia ficción y fundador de la Cienciología. Como aquella apuesta que hiciera Orson Welles en El ciudadano al elegir a William Randolph Hearst como modelo de base, Paul Thomas Anderson elige una figura controversial para construir su película. A pesar de varias similitudes, el film no se centra en esta idea como motor de sus temas. Reducir a The Master como una crítica de la Cienciología es como reducir a El ciudadano a una crítica a Hearst y el manejo de los medios. Ambas películas, por suerte, incluyen eso, pero van mucho más allá. Ambos protagonistas sí, hay que decirlo, tienen muy poca tolerancia a las críticas exteriores. Y el sistema de Kane es a través de empresas, de objetos, mientras que el de Dodd es a partir ideas.

    La vigorosa y decidida puesta en escena de Paul Thomas Anderson de todos sus films se confirma y se potencia aquí. La belleza de los encuadres es arrebatadora. Y aunque se trata de un largometraje que posee gran sordidez y se aferra a la imperfección (notoria imperfección) de los rostros y los cuerpos de las personas, hay belleza aun en eso. Aunque tiene muchos momentos claustrofóbicos propios de su cine, Anderson se luce acá en la forma en la que filma exteriores. Su paleta de colores es amplia subyugante, cada escena tiene vida propia. El trabajo de fotografía y de encuadre es intenso y minucioso. Como también nos tiene acostumbrados, la potencia narrativa es excesiva. Las escenas crecen en violencia física pero sobre todo psicológica. El espectador no podrá estar jamás relajado en las más de dos horas de película. La tensión es casi la marca de fábrica de Anderson.

    Al igual que en Petróleo sangriento la relación padre hijo es parte fundamental de la trama. Así como también las conductas enfrentadas entre ambos protagonistas. Paul Thomas Anderson muestra en sus personajes que la pulsión más primitiva del ser humano no puede ser aplacada por la civilización. Tal vez sí para la mayoría de las personas hasta cierto punto, pero no para aquellos que él elige retratar y que son, de alguna manera, muestra de la condición humana en general. Aunque los rodeé un mundo un poco más ordenado, o falso, o capaz de conducirse de forma civilizada, los personajes de Anderson explotan tarde o temprano. En Embriagado de amor el protagonista tiene explosiones de violencia sin consecuencias del todo graves. En un momento le pregunta a su cuñado acerca de consultar a un psiquiatra. Su angustia es porque no sabe si el resto de la gente es como él. Argumenta que él no conoce a otra gente. En The Master el protagonista siente esa soledad, esa conducta aislada que choca siempre al confrontarse con el mundo a su alrededor. Pero Freddie, lo termine de entender o no, es incapaz de integrarse al mundo. Lo perturbador que es aun sabiendo eso nosotros lo vemos interactuar con otras personas a lo largo de la historia, esperando el momento del desastre.

    La mujer que el ha esperado y ha mantenido en su memoria, Doris, ya se ha casado años más tarde cuando Freddie va a buscarla. Se ha casado con un hombre apellidado Day. Freddie sonríe al descubrir que ahora, casada, ella se llama Doris Day. Más allá de los matices y lecturas que hagamos de la carrera de Doris Day hoy, hay que decir que para el imaginario popular ella representa la forma más amable, lavada y feliz de la vida. Ambientada al comienzo de la década del 50, The Master exacerba aun más el contexto su tensión entre el Sueño americano y una realidad más sórdida, más violenta, más salvaje. Realidad que hasta el propio cine de Hollywood de esa década había entendido perfectamente, pero que no se exponía con tanta crudeza desde hacía bastante tiempo. Las criaturas deformes, ambiguas, complejas de Paul Thomas Anderson suelen vivir en momentos de gran tensión, chocando de frente contra su propia naturaleza. En Boggie Nights la idea de retratar ascenso y caída del cine pornográfico en su período histórico más importante, es la manera de llevar este enfrentamiento entre el deber ser que imponen las sociedades y las conductas humanas ingobernables. La sexualidad ocupa un lugar muy importante en The Master, ya que abre y cierra con sexo y el sexo está a lo largo de toda la trama.
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  • Magic Mike
    Magic Mike
    Tiempo Argentino
    Nuevos héroes de la clase trabajadora

    La película de Steven Soderbergh cuenta la historia de un stripper que ahorra para poder armar su pequeño negocio. Una propuesta poco ambiciosa cuyo mayor acierto está en el contexto que envuelve a la profesión de Mike.

    Magic Mike es una película que no está sola en la historia del cine. Es un clásico relato que narra las vicisitudes de un muchacho con aspiraciones que lucha por sobrevivir en un trabajo pasajero, siempre a la espera de cumplir su gran sueño. Este héroe proletario ha aparecido en infinidad de films, con diferentes marcos y estilos, pero siempre con la idea del cuento moral donde el protagonista aprende algo y revisa sus propias ideas. Mike es un stripper que ahorra dinero para poder armar su pequeño negocio. Su ego y su narcisismo no sólo están alimentados por su profesión, sino también por su juventud. Pero no hay misterio en la película, desde el comienzo el espectador con experiencia sabe que debe esperar que algo pase, que el sueño se enfrente con la realidad y la omnipotencia caiga frente a los hechos. Populista, como suelen ser estas historias, la novedad mayor es la profesión del protagonista y el contexto que esto le ofrece al relato. El director de la película es Steven Soderbergh, lo que no hace ni peor ni mejor a Magic Mike, como mucho nos da la pista de que es consciente del género que está trabajando y tal vez por eso la película cumple tan claramente con todas las reglas. Desde hace años Soderbergh ha alternado proyectos artesanales como este, con películas de mayor ambición. Es difícil saber cuáles son mejores, porque en ambos casos siempre les falta algo. Magic Mike pudo haber intentado ser el Fiebre de sábado por la noche, Cocktail, Flashdance de esta generación, pero no lo consigue. Y ese es el problema de las películas pequeñas hechas de forma autoconsciente, pierden ambición en el camino, no llegan a tener la sinceridad necesaria para volverse marcas en la historia del cine. Aun así, el género es efectivo, divertido y la película fluye sin problemas. Los protagonistas son carismáticos y Soderbergh consigue hallazgos visuales que enriquecen la experiencia sin tampoco volverla pretenciosa o preciosista. Un film de objetivos pequeños que el director lleva a buen puerto. Si no supiéramos que la dirigió el responsable de Sexo, mentiras y video y Traffic, no cambiaría mucho la evaluación, porque hasta en eso Magic Mike intenta sumarse al género al no buscar marcas personales reconocibles. Ese injusto término de "película menor" a veces le sienta bien a algunos títulos, este es uno de ellos.
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  • Terror en Silent Hill 2: La revelación
    Un regreso que llega sin interés

    Con el supuesto atractivo del 3D y como secuela de una película basada en un popular videojuego, ahora llega a las salas locales una muestra del género de terror que en definitiva produce más asco que miedo.

    Secuela del film de 2006 basado en el popular videojuego, Silent Hill 2 busca obviamente extender el éxito y mantener el interés. Hay muchas formas, claro, de hacer esto, y Silent Hill 2 opta por una de las más complicadas.
    La idea de la película es explicar, extender, más cosas de las que el film original planteaba. A mayor explicación, menor interés. Peor aún, las explicaciones tienden a forzar tanto las cosas que arruinan no sólo el interés, sino el entretenimiento. En dos escenas la protagonista –su personaje era una niña en el film anterior– que está a punto de cumplir 18 años ya vive la lógica que atravesará todo el film. El mundo real de Heather invadido por las fuerzas que intentan llevarla a ese lugar llamado Silent Hill. Con mucha velocidad la película se mete en tema y con la misma velocidad pierde interés.
    En la película conviven truculentos efectos mecánicos de la vieja escuela cinematográfica, con no tantos, pero muy malos efectos digitales. Muchas escenas, a su vez, exponen la búsqueda del impacto 3D con el que el film se estrena. El padre de Heather desaparece y ella queda sola para enfrentarse a quienes la persiguen. No vayas a Silent Hill, le dice el padre en una carta que le deja a ella. Pero obviamente es allí a donde la película va, luego de explicar una serie de cosas que no aportan, sino que restan mucho.
    Parece ser que es un nuevo defecto del cine de terror el buscar explicaciones y aclarar los puntos ambiguos. Se olvidan que justamente el terror se basa no sólo en lo que se sabe, sino en lo que no se sabe. A medida que el espectador comienza a entender motivos, ideas y a recibir respuestas, el misterio inconsciente que lo ata a estos relatos se desarma.
    A pesar de los rostros de algunos actores conocidos, no es el fuerte de la historia la actuación, y la intensidad dramática que intenta equilibrarse con los momentos de terror no funciona. Los golpes de música y sonido intentan que el espectador se asuste, pero Silent Hill 2 pertenece a los films de terror que producen asco más que miedo. La revelación del título llegará aunque sea difícil para ese momento sentir algún interés por el relato. Definitivamente habrá que poner esta segunda parte en la lista de aquellas que no valen la pena.
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  • Amour
    Amour
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    LA AGONÍA DEL CINE

    En una precisa y poco sentida suma de lugares comunes y elementos crueles, el director Michael Haneke propone en Amour la acumulación de clichés de aquello que se mal entiende como arte.

    Las películas luminosas no ganan premios. Las películas que carecen de crueldad no ganan premios. Los actores que no interpretan enfermos no ganan premios. Así que hacer una película oscura, cruel y con enfermedad es una buena forma de obtener premios. Más de cien años de historia del cine y parece que seguimos en el mismo pantano de lugares comunes. Si hoy Buster Keaton filmara, seguiría sin tener prestigio. Si hoy Hitchcock estrenara, seguiría sin ganar el Oscar. Seamos piadosos y no juzguemos a Michael Haneke por los premios que recibió y las nominaciones que obtuvo. No usemos eso como termómetro de su concepción antigua, pobre y poco cinematográfica que tiene del cine. A Haneke le obsesiona la crueldad, sin duda, y eso no es ni bueno ni malo. Pero como crítico y espectador yo digo que él en Amour no hace nada más que repetir esos clichés que gustan tanto a todos aquellos que desprecian el lenguaje cinematográfico y solo valoran el cine por la bajada de línea que prometen bajar. En el año 2003 un film espantoso por lo vulgar y obvio llamado Las invasiones bárbaras convivió en la cartelera con una obra maestra llamada El gran pez. En ambas un padre agonizaba. En ambas la relación filial debía reconstituirse antes del adiós final. Una decidía hacerlo desde la falta de ideas, desde la más vulgar y llana obviedad. Otra prefería un trabajo mucho más complejo. El gran pez tenía la generosidad de explicar porque el cine muchas veces prefiere mostrar la realidad con un pudoroso y humano lente de ficción y fantasía. Las invasiones bárbaras era para charlar sobre temas, usando como excusa una película carente de cualquier arte. El gran pez era arte, cine, declaración de principios y, además, permitía reflexionar sobre los mismos temas. El gran pez mostraba la ficción y la realidad, explicando porque elegía la primera. Las invasiones bárbaras era como mucho un artículo mediocre para leer en una revista. El gran pez estaba dirigida por Tim Burton, Las invasiones bárbaras por Denys Arcand. El gran pez era cine industrial norteamericano, Las invasiones bárbaras, no. En una había mucho cine, en la otra, nada. Pero claro, no es tan simple el mundo, cada película sabrá cómo, desde el país y las condiciones que haya tenido para hacerse, como encontrar su propio camino. Millon Dollar Baby de Clint Eastwood tenía su crueldad, pero la estética y las ideas del film eran de una profundidad mucho más abarcadora, estaba filmada con una perfección que permitía expresar temas a través de la puesta en escena, no solo de los momentos explícitamente duros que tenía. La escafandra y la mariposa salía del cliché con una potencia narrativa y una estética muy poderosa. Y hace poco, otro bodrio, esta vez de Francia, llamado aquí Amigos intocables mostraba como se podían complementar los peores defectos de Europa y Hollywood en una sola e insufrible película.

    A Michael Haneke se lo tiene en muy alta estima. Cruel y sádico como pocos, ha construido su cine desde su rigor de puesta en escena y con una potente coherencia de principio a fin de la mayoría de sus películas. Quien se mete en una película de Haneke sabe que el cumple lo que promete desde el comienzo. Sus planos largos, estáticos, su renuncia a la música extradiegética, sus angustiantes recursos narrativos, son parte de un estilo. Podrá gustarnos más o menos, pero no es cualquier cosa. Michael Haneke, gracias a esta nominación a mejor director y mejor película, además de película extranjera- se coloca, claramente después de Pedro Almodóvar, como el director europeo en actividad más conocido a nivel mundial. Cumple, sin problema alguno, con todos los lugares comunes más obvios de lo que se supone es arte. Arte mal entendido. Haneke, lamentablemente, recibe todo este reconocimiento por un film de méritos escasos. Pero parece que mostrar agonías es considerado arte en una parte del mundo. Mostrar a un enfermo terminal muchos creen que es arte. Parece mentira, pero sigue siendo así. Desde falta de criterio está hecha la excesiva euforia con que se recibió la actuación de la protagonista femenina (Emmanuelle Riva, la misma de Hiroshima Mon Amour) y la tibieza con la que se ignoró la actuación de su protagonista masculino, Jean Louis Trintignant. Pero obviamente el señor Haneke no se conforma con ser cruel, mediocre y estar desesperado por obtener premios. El tiene que espantar burgueses e ir un poco más allá. ¿Y a dónde va Haneke? Va derecho a la infamia, porque cree que ahí, en esa sordidez solemne y silenciosa obtendrá no solo el reconocimiento de los premios más comunes sino también el saludo de los espectadores más exigentes. Qué Haneke esté nominado al Oscar no habla tan mal de él como de la Academia, que ya a esta altura de la historia debería reconocer sus propios méritos y dejar de correr detrás de esta clase de directores. Haneke tal vez esté empezando la parte más importante de su carrera, y curiosamente parece que empieza a la vez la peor etapa. Pero eso no se puede saber. Lo único que está claro es que Amou es una película espantosa. No puedo dejar de citar al escritor Bret Easton Ellis que la definió de la siguiente manera: “Amour es como hubiera sido En la laguna dorada si la hubiera filmado Hitler”. La paloma merecería un capítulo aparte en la enciclopedia de alegorías berretas de la historia del cine, pero la dejaremos irse volando, junto con el recuerdo de este film.
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  • Los miserables
    LO PEOR DE DOS MUNDOS

    Una de las novelas más trascendentes de la historia del cine se convirtió en musical y de ese musical nació una de las peores películas del cine actual.

    Les Miserables es un musical francés que se estrenó en Paris en 1980, llegó a Londres en versión en inglés en 1985 donde se convirtió en un éxito descomunal. De hecho está en cartel en esa ciudad hasta la actualidad. Pasó por todas las grandes capitales del mundo, incluyendo Buenos Aires y sigue dando vueltas con una enorme aprobación del público. Obviamente dicho musical se basa en el clásico que Victor Hugo publicó en 1862 y que dicho sea de paso no ha perdido nada de actualidad en su lúcida mirada de las injusticias del mundo y la grandeza del espíritu humano. Hay que decir que el musical de teatro no le hacía mucha justicia al libro, pero las comparaciones pueden ser odiosas así que hubo que aceptar las características de cada arte sin juzgarla con las reglas del otro. En el cine sí, hubo muchas versiones no musicales, incluyendo una de 1935 con Fredrich March y otra de 1958, francesa, con Jean Gabin. Cine y televisión siempre se sintieron fascinados por la historia. A diferencia de otros clásicos, la pantalla nunca olvidó este libro y las adaptaciones se sucedieron en diferentes países y décadas. Ahora llegó el turno de Los miserables pero basada en el musical y no en el libro. La mala noticia es que se trata de una película tan mala que impresiona. Bajo la inercia del éxito comercial en el teatro, con el fanatismo por las canciones propio de los admiradores del musical, Los miserables ha sido saludada como una gran película cuando en realidad se trata exactamente de lo contrario. No son muchos los ejemplos donde un film tan indignante sea saludado como uno bueno. No es cuestión de gustos simplemente, la película desafía cualquier sentido común narrativo y se entrega al pastiche visual de forma torpe y ofensiva. El director Tom Hooper revela una insólita falta de pericia para construir escenas musicales, les coloca la cámara encima a los actores que, por estar cantando, no poseen la expresividad que se necesita en un primer plano. Se olvida que esto es cine, se olvida que esos rostros de expresión exagerada no pueden soportar largos primeros planos. Pero no terminan ahí las decisiones anti cinematográficas. Un montaje desprolijo sumado a una cámara inútilmente en movimiento se contradice con los actores petrificados tratando de afinar (sin conseguirlo) sus canciones. Hooper empeora todo con su deseo en exceso obvio de mostrar escenas que no podrían hacerse en teatro, como si esto último significara hacer cine. Lo cómico, es que los decorados son tan falsos y los efectos especiales tan berretas que sinceramente nunca parece cine. Las canciones –algunas ya son clásicos- no consiguen, salvo la del final, sobrevivir a este proyecto fallido e incomprensible. Los actores, todos ellos, están al borde del ridículo. La que más sufre, Anne Hathaway, tal vez incluso gane un Oscar, en el broche de oro para la injusta sobrevaloración de este artefacto llamado película. Russell Crowe, actor de probado talento, se lleva la peor parte, su Javert parece pedir a gritos que le permitan actuar sin cantar. Crowe está congelado, confundido, por momentos molesto, como si supiera de la mediocridad del proyecto. Un último detalle fatal: al igual que en el musical, los personajes más siniestros de la novela, son el alivio cómico. Ya es una notable demostración de banalidad el hacer de esos personajes algo cómico y hasta querible. Eso habla muy mal del musical. El cine lo enfatiza, demostrando que su filiación a Victo Hugo es por lo menos relativa. Ya el musical estaba muy por debajo de la potencia dramática del libro. Pero era su decisión. No debe juzgarse en la comparación, sino en el resultado. En el resultado la película pierde dramatismo e interés al sumársele estos personajes en ese tono. El problema de la película no es sólo ese. El problema es que tiene un director como Tom Hooper, a quien el mundo premió por un film mediocre como El discurso del rey y le abrió las puertas para que siga haciendo cosas como esto que estamos teniendo que tolerar. El musical de teatro ha pasado a lo largo de la historia al cine con grandes resultados. No es el caso de Los miserables, donde el que debe pasar, pero de largo, es el espectador.
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  • Lincoln
    Lincoln
    Tiempo Argentino
    Con universalidad y trascendencia

    La nueva película de Steven Spielberg es un retrato sobre el tramo final en la vida del presidente Abraham Lincoln, que cuenta con las sobresalientes actuaciones de Daniel Day Lewis, Sally Field y Tommy Lee Jones, entre otros.

    La casualidad hace que una vez al año un grupo de películas compitan por los premios Oscar. La casualidad consiste en unir obras maestras como Lincoln de Steven Spielberg con películas olvidables, tan solo porque fueron estrenadas en la misma época. Lincoln es, desde todo punto de vista, un film superior a la mayoría de sus contemporáneos.
    Con un riesgo típico en Steven Spielberg, la película construye con infrecuente complejidad, el entramado político alrededor de la abolición de la esclavitud. No estamos acá frente a un biopic lavado e ilustrativo, sino a una auténtica reflexión acerca de las complejidades de la política. Pero principalmente, Lincoln es la contemplación de la brillantez de un líder capaz de lidiar con fuerzas antagónicas, al final de una guerra, con la esperanza de conseguir una ley que cambie la historia para siempre.
    Basado parcialmente en el libro en Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, el film Lincoln se arriesga al describir al "honesto Abe" luchando con herramientas deshonestas, para conseguir algo justo. Peleando por una causa a todas luces noble e indiscutible, mostrando el lado oscuro del más puro y el más respetado de los presidentes de Estados Unidos. Es inolvidable no solo en ese aspecto, sino también en la manera en la cual pelea, como ser humano, con sus propios fantasmas y dilemas.
    Siendo un film de Spielberg no es raro que la paternidad sea un tema, y verlo a Abraham Lincoln fuera de sí producto del miedo a perder otro hijo, es particularmente movilizador. El retrato de ese prócer brillante y generoso, fuerte y decidido, no había encontrado en el cine una descripción tan perfecta desde que el maestro John Ford hiciera El joven Lincoln en 1939. También Spielberg es un maestro y se atreve a mostrar los claroscuros tanto en la historia como en la imagen, con un trabajo como director que deslumbra por su sobria perfección.
    El complemento ideal para esto son los trabajos actorales. Daniel Day Lewis logra equilibrar su enorme talento con una entrega total a la calidad de la película y no para su propio lucimiento. Sally Field y Tommy Lee Jones secundan con grandeza pero hay muchos más actores que hacen un trabajo impecable.
    Lincoln es un film cuya universalidad y trascendencia lo hacen cercano para cualquiera en cualquier tiempo y lugar. Ese es el mérito del arte cinematográfico cuando está hecho por un verdadero genio del cine.
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  • La noche más oscura
    La noche más oscura
    Tiempo Argentino
    La obsesión como motor de búsqueda

    Kathryn Bigelow, ganadora del Oscar por su film Vivir al límite, vuelve en esta historia a demostrar su maestría detrás de cámara. Maya, la protagonista, tiene el peligroso objetivo de buscar a Bin Laden. Cruda y perturbadora.

    La noche más oscura es el muy feo título local para Zero Dark Thirty (término militar que significa 12:30 AM), la nueva película de Kathryn Bigelow. Directora que ya entró en la historia grande del cine por haber sido la primera mujer en ganar el Oscar a mejor dirección y mejor película con su film anterior, el excelente Vivir al límite. No fue un premio para compensar años de postergación, Bigelow es una directora fuera de serie. Sus films anteriores, Cuando cae la oscuridad, Punto límite, son extraordinarias narraciones llenas de tensión. Su maestría para el relato se hace presente también aquí en esta película. La historia que cuenta La noche más oscura es la de una mujer que está al frente de la búsqueda de Osama Bin Laden. La maestría de Bigelow consiste en convertir en una película de gran suspenso algo cuyo final todos conocemos. Las grandes implicancias políticas que tiene el film se convierten en un material más profundo y trascendente que una bajada de línea. Para Bigelow el centro de la atención está en el personaje principal. Maya es un clásico personaje Bigelow, alguien obsesionado con un objetivo difícil, peligroso, que consume toda la energía y que eventualmente podría implicar la autodestrucción. Aquello por lo que se vive es aquello por lo que se muere, podrían decir sus personajes. Maya deja todo en el camino, pierde todo, se obsesiona y sigue donde los demás ya han abandonado. Su obsesión sostiene la búsqueda. Paga cualquier precio, pierde la noción de todo. Lo mismo que le pasaba a los surfistas de Punto límite o al desactivador de bombas en Vivir al límite. Van en busca de aquello, de ese objeto de su obsesión y no reparan en lo que pasa en el medio. Maya es una persona ambigua, oscura en muchos aspectos, y la película se ocupa de ella y de su obsesión. Pero también es tenaz, comprometida, fuerte, leal a su objetivo. En el extraordinario clímax final (filmado casi en tiempo real) vemos el resultado de su obsesión, el triunfo de su tenacidad. La película abre con una crudeza terrible y termina igual. No es una edulcorada y simpática historia para pasarla bien, su inteligencia claramente la eleva por encima del promedio. La noche más oscura es, por sobre todas las cosas, la confirmación del talento maduro de Kathryn Bigelow, cuya probada fuerza para la narración llega a otro punto alto en su carrera a la vez que sigue explorando los temas que la obsesionan.
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  • Django sin cadenas
    ESCLAVO DE SU PROPIO EGO

    Enredado en su propio laberinto narcisista, Tarantino ofrece aquí un mediocre pastiche de casi tres horas. El director dice haber traído algo nuevo, pero nunca se lo había visto tan viejo como aquí.

    Tarantino siempre ha provocado algo con su cine, nunca ha resultado indiferente. Desde sus films más logrados a los más fallidos, QT despierta pasiones y fanatismos y, en consecuencia, también despierta odios. Por su banalidad vistosa es el ídolo ideal para cualquier acercamiento superficial al cine. Hace más daño que otra cosa con su vale todo y su arbitrariedad absoluta. Es su universo, es su estilo, es su planeta lleno de plagios y relecturas postmodernas. Ha logrado, qué duda cabe, conectar con los tiempos que corren. Y ha conseguido, hay que admitirlo, construir varias escenas memorables. Se podría decir que logra momentos, pero jamás le ha dado coherencia a un film completo. Tarde o temprano su egocentrismo, el enamoramiento con sus propias ideas se manifiesta en muchos casos y le termina jugando en contra.

    En Django sin cadenas todos los defectos de Tarantino se hacen presentes y sus virtudes prácticamente no asoman. Dos o tres momentos de tensión bien logrados es todo lo que se puede rescatar de esta casi tres aburridas de película. Entre los actores, solo Christoph Waltz logra simpatía mecánica y demuestra oficio. Los demás están entre mal y peor, siempre con esa sobreactuación molesta propia del realizador. Pero discutir el estilo tal vez no sea lo más productivo en este caso, mejor es ir a explicar cómo esta vez, aun con sus propias reglas, Quentin Tarantino falla alevosamente.

    Aunque no voy a contar detalles de la trama, es posible que algunos lectores consideren que estoy dando información clave sobre giros de la estructura dramática, así que si no han visto la película pueden dejar de leer ahora. Cuando la trama ya se ha sido extendida por demás, cuando ya se ha hecho algo largo todo, hay un momento que termina por destruir la película. En ese momento el personaje que interpreta Waltz, el Dr. King Schulz (de paso se amiga con los alemanes Tarantino), toma una decisión terrible. Es una decisión arrebatada, forzada por la trama, en contradicción con todo lo que el personaje es. Y produce, además, un baño de sangre enorme, además de poner en riesgo todo aquello por lo cual habían trabajado minuciosamente hasta ese momento. ¿Por qué ocurre algo tan forzado y estúpido? Porque Tarantino tampoco lo pudo evitar, porque enamorado de su propio cine, engolosinado de su estética, decide torcer la trama y alargar inútilmente una película que hasta ese momento ya resultaba agotadora. Para peor, la escena que sigue es un baño de sangre tan mal realizado, tan extendido y tan feo estéticamente que hubiera sido mucho mejor que lo evitaran, no solo en el guión, sino por la caída en picada de película toda.

    El artífice de los films de Tarantino es él, no hay duda, pero hasta su film anterior había trabajado con Sally Menke, una montajista que lo había acompañado en toda su obra. En el documental The Cutting Edge, Menke y Tarantino cuentan como una escena torpe y demasiado extensa se había transformado en una escena brillante gracias al trabajo de Menke. Lamentablemente, ella falleció y su ausencia se percibe en la falta de ritmo de toda la historia. El montaje no hace milagros, pero sin duda puede ayudar. El montaje que le habría venido muy bien a Django sin cadenas para ser no sólo más corta en su metraje, sino para tener más fuerza y sentido.
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  • Hansel y Gretel: Cazadores de brujas
    Una versión deslucida del cuento

    Cierta torpeza visual, el humor mecánico y escenas de violencia bastante descuidadas atentan en conjunto contra la película. Un film que se suma a la relectura de los clásicos de la literatura sin lograr un resultado óptimo.

    La relectura de los cuentos de hadas es desde hace un tiempo una pequeña moda que evidentemente da muy buenos resultados en taquilla. No es la primera vez que esto pasa, pero está claro que es la ola más exitosa de cuentos de hadas adaptados al presente. Incluso hasta el libro Alicia en el país de las maravillas tuvo su versión siglo XXI. Espejito, espejito; Blancanieves y el cazador y ahora Hansel & Gretel cazadores de brujas son ejemplos de cómo el cine parte de personajes de cuentos de hadas clásicos para convertirlos en grandes héroes de acción. No hay nada de malo en esto, siempre y cuando las películas construyan algo, luego de destruir el material elegido.
    Los cuentos de hadas abrevan en una larga tradición popular, congelada (y en muchísimos casos mejorada) cuando gente como los hermanos Grimm decidieron compilar estos relatos de forma ordenada y con criterio estético. También, estos cuentos tenían una función importante en el crecimiento de los chicos y por eso no es lo mismo la versión de los hermanos Grimm que los mamarrachos posteriores.
    Aun así, respetando el derecho a una versión libre de los cuentos de hadas, Hansel y Gretel cazadores de brujas no falla solamente por esto. Al comienzo, el film despliega cierto juego anacrónico intencional (como por ejemplo, dibujos de niños perdidos atados a botellas de leche) pero no va con fuerza en esa dirección.
    Posee algo de humor aunque generalmente muy mecánico y se apoya fuertemente en la violencia gore, es decir, en la sangre a baldazos y las amputaciones en cámara. Estos elementos, que lo haría más cercano a un cine clase B, bien guarro y a la vez encantador, no le alcanza a la película para funcionar. Muchas escenas están resueltas con particular torpeza visual, y la imagen es realmente pobre a pesar de las muchas posibilidades que tenía.
    Algunos apuntes divertidos, como un Hansel diabético (por haber comido demasiados dulces), podrían servir de enseñanza a los niños.
    Pero esta no es una película para niños. Lo que asombra es que aun así se haya estrenado con varias copias dobladas. No es culpa de los realizadores este doblaje, pero parece ser que en todo el mundo la gente lee poco y tal vez por eso se estaría conformando con tan poco.
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  • El último desafío
    El último desafío
    Tiempo Argentino
    Como en el Oeste

    Más de cien años tiene la historia del cine y sin embargo aun hoy hay quienes dudan y siente culpa cuando una película extraordinaria genera un entretenimiento insuperable. El disfrute en estado puro que presenta El último desafío no es casual, no es fácil de crear y está sostenido por el más puro lenguaje cinematográfico. Esta película no debería ser subestimada, al contrario, debería ser prioridad número uno para quien ame el cine. Esta maravilla se sostiene en base a varios elementos a tener en cuenta.

    El primero y principal es el trabajo de uno de los mejores directores del cine contemporáneo: Kim Jee-woon. Su filmografía está llena de excelentes películas. The Quiet Family, The Foul King, A Tale of Two Sisters, A Bittersweet Life, The Good, the Bad, the Weird, I Saw the Devil son los títulos que cualquiera que ame el cine ya debería salir a buscar. En The Good, the Bad, the Weird probó fortuna con el western y realizó uno de los más grandes éxitos de taquilla de su país, a la vez que impresionó a todo el mundo. El último desafío, aun siendo una película contemporánea, es claramente un western hecho y derecho. Justamente el género es otro gran motivo para recomendar esta película. Un viejo comisario (Arnold Schwarzenegger) de un pueblo perdido queda en el camino de un poderosísimo narcotraficante que se fuga hacia México. El FBI va en camino también, pero está claro que la lucha será entre el sheriff, sus ayudantes y el poder gigantesco de los narcotraficantes. El sheriff y su gente podría mirar a un costado, pero esto no es una opción frente a la ética que él tiene. Este tema, muy de western, le da la base dramática y moral a la película, que pone su acento en esta lucha y los valores de los protagonistas. El sheriff y sus asistentes –algo así como una versión moderna de los grupos de profesionales de los films de Howard Hawks– son personajes queribles, simpáticos y están magistralmente interpretados por Schwarzenegger y los demás actores (hay varias sorpresas en el casting). El broche de oro está dado por el humor que la película posee. Toda la violencia y la acción del film están acompañadas por un sentido del humor memorable. Sólo basta sentarse en la butaca y disfrutar.
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  • Tres
    Tres
    Tiempo Argentino
    Cómo equilibrar el triángulo

    Tom Tykwer entró en la historia del cine cuando hizo esa película divertida y vital llamada Corre, Lola, corre. Su energía y sus ideas pasaron por varios títulos interesantes y siempre dividiendo aguas. Algunos lo admiraron desde el comienzo y otros lo calificaron como otro vendedor de humo más. Aparentemente perdido para siempre por el bodriazo El perfume, Tykwer sorprendió hace unos meses cuando se estrenó Cloud Atlas, un film codirigido por él y los hermanos Wachowski.

    Pero antes él ya había filmado Tres (no confundir con el gran film uruguayo estrenado el año pasado) un drama ambientado en Berlín, donde una pareja en sus 40 ve alterada su rutina y su aburrimiento al enamorarse ambos del mismo hombre. Yo no desconfío de Tykwer como cineasta (excepto por el film ya mencionado) pero aun con su oficio los logros que aquí obtiene son escasos. Las ideas se van diluyendo para convertir al film en una rutina tan pesada como la que parecía aplastar a los protagonistas en las primeras escenas de la película.
    Sorprende que la facilidad con la cual films supuestamente innovadores a nivel ideológico sean todavía tan inocentes e irrelevantes. Cualquier comedia de Ernst Lubitsch (director alemán que comenzó los primeros años de la historia del cine) tiene más transgresión, autenticidad y por supuesto ligereza de lo que esta pomposa película de Tom Tykwer posee. No es que el director haya llegado un poco tarde –si fuéramos estrictos llegó 100 años tarde– sino que ni siquiera tiene la gracia o la simpatía de otros directores que ya pasaron por ahí. La escena final de la película es de una obviedad tan tonta y el remate es tan feo que uno se pregunta no sólo dónde quedó la gracia de este realizador, sino dónde han ido a parar los grandes nombres del cine alemán. «
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  • Mentiras mortales
    Mentiras mortales
    Tiempo Argentino
    El millonario en su laberinto

    Robert Miller (Richard Gere), un magnate que a los 60 años intenta vender su imperio y se encuentra en una encrucijada, ya que si esa venta no se produce en tiempo y forma terminará delatando un fraude que ha cometido.

    Toda la vida pública y privada que ha construido parece estar al borde de colapsar, dejando en evidencia su doble moral. Cada paso que da, las cosas se complican más y más, como un circulo vicioso en el cual todo parece ir hacia el desastre sin salida. Su matrimonio, el vínculo con su propia hija con la que trabaja, su amante, sus asociados, todo se enreda más y más.
    Para complicar todo, un policía (Tim Roth) que investiga una muerte estará buscando al protagonista para encerrarlo en la cárcel. La claustrofobia se apodera del relato, pero el problema de la película es que el personaje es incapaz de lograr cualquier tipo de simpatía por parte del espectador. No hay manera de conseguir que uno sienta pena, piedad o afecto por esta caída que avanza sin poder saber cuál será el resultado. Asoman muchos temas en la película, pero la sensación es que todo es tocado superficialmente.
    No se puede decir que la frialdad del film sea accidental, ni que la actuación de Richard Gere no sea impecable con respecto a esta distancia. Esta clase de películas, que solía interpretar tan bien Michael Douglas en los años '80, acá ya suenan a historia conocida. Más allá del desenlace, que no será revelado aquí, la historia no sorprende ni conmueve, ni tampoco se profundiza sobre los temas.
    Los actores están muy bien y el relato es razonablemente sólido. Pero no son suficientes motivos para recomendar una película. Su amargura podrá alejarse del heroísmo y la nobleza del cine de Hollywood, sin embargo esto tampoco es esto un mérito en sí mismo. «
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  • Jack Reacher - Bajo la mira
    La acción de un cazador implacable

    Un gran director y guionista (Christopher McQuarrie, el mismo de Los sospechosos de siempre), un protagonista excluyente (Tom Cruise) y un villano de antología (el mismísimo Werner Herzog) son las claves de un gran film.

    Después del cine clásico, un grupo de directores mantuvo vivos algunos géneros, a la vez que le aportaron nuevos elementos que renovaron ese cine sin dejar de ser leales al relato cinematográfico. Jack Reacher, se podría decir, pertenece a esa clase de film policial de acción que brilló en los años '60 y sobre todo en los años '70 en Estados Unidos. Un héroe ambiguo, solitario, implacable. Un héroe de esos que empezó a poner en duda el concepto de los personajes heroicos en el cine, pero que igualmente generaba admiración en los espectadores. Entre los directores que mejor entendieron este cine estaba Don Siegel, creador de muchos grandes films, incluyendo el clásico Harry el sucio, con Clint Eastwood.
    Quien está a cargo de la dirección y el guión en Jack Reacher es Christopher McQuarrie, el mismo que escribió Los sospechosos de siempre y Operación Valquiria. Pero en Jack Reacher no es sólo la construcción del personaje protagónico lo que va a contracorriente. También lo es la manera de filmar la violencia, la acción, la forma en la cual la película no se distrae en ninguna cosa que no sea una fuerte tensión narrativa.
    Mucho más adulta que la mayoría de los films populares de Hollywood, Jack Reacher es un film con un estilo intencionalmente de otra época y su protagonista un héroe solitario muy también al uso de hace 40 años atrás. Esto no hace que la película se vea antigua, para nada, simplemente que sea sólida, sobria, dura y entretenida. Para eso, la película no sólo cuenta con un gran director y guionista, sino con un protagonista excluyente que sin duda es el gran artífice del proyecto. Tom Cruise se luce en su personaje y le da todavía más potencia al relato.
    El elenco alrededor, Rosamund Pike, Richard Jenkins, Robert Duvall, entre otros, es otro de los pilares sólidos del film. Pero la cereza del postre es sin duda la actuación nada menos que de Werner Herzog, el legendario director alemán de Fitzcarraldo y Aguirre, la ira de Dios. Mientras todos miran la sobreactuación del último villano de James Bond, deberíamos aplaudir la maravillosa actuación de Herzog en esta película, donde realmente mete miedo.
    A los espectadores que le gustan los héroes duros y solitarios, a quienes disfruten un cine de acción adulto, Jack Reacher les va a resultar uno de los mejores títulos de los últimos años. «
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  • La cabaña del terror
    La cabaña del terror
    Tiempo Argentino
    La suma de todos los miedos

    Dirigida por Drew Goddard, coguionista de series como Buffy, Alias y Lost, además del film Cloverfield, ahora llega esta película de terror, en cuyo guión metió mano Joss Whedon.

    Quien siga la cartelera local sabrá que durante todo el año y prácticamente sin excepción, una película de terror está en el top ten de la taquilla argentina. Si hay un género que no está muerto es, justamente, el cine de terror. Sus exponentes se multiplican, se adocenan, se adaptan y siempre sobreviven a todas las generaciones.
    Pocos géneros son tan atacados e incomprendidos por la crítica como el terror, de la misma manera que ningún otro consigue esa fidelidad y esa lealtad noble como la que estas películas poseen.
    La cabaña del terror (otra triste traducción local para The Cabin in the Woods) es cine de terror, pertenece de forma total y absoluta al género y debe ser leída y disfrutada desde el género. No es una burla, ni una traición, ni un film que mira al género desde arriba con soberbia. La cabaña del terror es una fiesta homenaje y ejemplo contundente de la importancia que el género ha tenido en nuestras vidas como espectadores. Es la suma de todos los miedos, pero también la suma de todos los placeres, de todas aquellas cosas que hemos visto a lo largo de los años. Pero claro, no es la clase habitual de film de terror que vemos, porque hace una apuesta tan pantagruélica y barroca que dejará sin aliento a más de uno. Pone toda la carne en el asador, tira manteca al techo, y demás metáforas posibles para decir que lo da todo.
    La brillantez de The Cabin in The woods (su título original remite a los miedos de los cuentos de hadas, tan importantes en nuestro desarrollo como personas) consiste en no parodiar, sino en mostrar el universo completo, el universo que amamos de las películas de terror. La cabaña del terror está llamada a ser un clásico del cine de terror, y claramente está por encima del promedio del género, pero no significa eso que lo desprecie o se burle de él, al contrario. Pocas veces el género fue tratado con tanto respeto como aquí. Las lecturas posibles de la película son muchas y no hay manera de no profundizar en ellas sin contar escenas y momentos clave, por lo cual es preferible no avanzar sobre ellas.
    Como amante del cine de terror, respeto mucho que el espectador se sorprenda con cada nuevo momento y cada nueva situación. Y no se deje engañar por los comentarios, ver La cabaña del terror es ver cine de terror en estado puro. Hay todo lo que el género le da siempre a sus fans y todo aquello que los que desprecian el género odian. El terror ha vuelto a reinventarse, porque nadie podrá jamás terminar con nuestros miedos.
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  • Piñón Fijo y la magia de la música
    Pobreza visual y algunas canciones

    En el traspaso de la pantalla chica al cine, el popular payaso cordobés perdió mucho.

    De la explotación de fenómenos no cinematográficos está plagado el camino al infierno, ya no quedan dudas. A lo largo de las décadas, algo que funcionó fuera del cine, es forzado a llegar a la pantalla grande para extender el éxito. La mayoría de estas experiencias suele pasar al olvido, otras entran en la historia de la infamia. De Piñón fijo y la magia de la música se puede decir que ocurrirá lo primero, seguramente. Difícil es imaginar que alguien con el tiempo intente volver a ver esta película. El principal error de esta clase de producciones radica en creer que el cine es igual a la televisión, donde el nivel de concentración es mucho menor, y por lo tanto lo es también la exigencia. A pesar de su muy corta duración, la película se hace demasiado larga, porque su pobreza visual la vuelve aburrida y porque su guión es excesivamente básico y sin el más mínimo interés. En una pantalla grande, es imposible distraerse, por lo cual la concentración delatará rápidamente las limitaciones que la película tiene. El grillito Cri-Cri (personaje animado) va a buscar a Piñón Fijo a uno de sus shows para que lo rescate a él y a otros insectos de la opresión musical a la que los ha sometido el villano, Cuis, quien no permite que se interprete otra cosa que su marcha. Claro que todos estos personajes animados son pequeños y para que Piñón los ayude este deberá aceptar ser reducido al tamaño de ellos. Así, la película combina animación y acción en vivo con una precariedad que hace años ya no es aceptable en una producción de cine. Los niños fanáticos –pero muy fanáticos– de Piñón Fijo podrán disfrutar tal vez de alguna de las canciones, pero cuesta creer que alguien realmente pueda divertirse, independientemente de la edad. Como contrapunto, y fuera de la historia principal, está el Cabrito, habitual compañero de Piñón Fijo. Sus chistes, un poco más brutales, son menos malos que el resto. Pero para ser sinceros, a esta altura del cine argentino, donde el nivel general ha crecido tanto, películas como estas no pueden ser aceptadas ni perdonadas. No hay que caer en el paternalismo de dejarlas pasar por ser nacionales o para niños. Piñón Fijo y la magia de la música es la clase de película que ya no se hace, y ni como programa de televisión suministrará entretenimiento. Una última cosa: ¿Hay una lectura política detrás de la historia del film? No lo sé, tal vez es darle demasiado a un film que nos ofrece muy poco.
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  • El Hobbit: Un viaje inesperado
    Un prólogo demasiado largo

    Después de la trilogía de El Señor de los Anillos, el director Peter Jackson se sumergió en una suerte de precuela, con las historias previas de personajes como Bilbo Bolson.

    Ya no quedan dudas de la importancia de El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien en la literatura del siglo XX y su influencia en el género fantástico en la cultura contemporánea. Libros, películas, series de televisión, videojuegos, historietas, todo parece haber sido alcanzado por aquella obra gigante que resumía y reinventaba la literatura fantástica de los siglos anteriores. El Hobbit es un libro de Tolkien anterior a El Señor de los Anillos y aunque la película hoy la veamos como una precuela de la trilogía de films dirigidos también por Peter Jackson, lo cierto es que es la trilogía una secuela de El Hobbit.
    La película cuenta la historia de Bilbo Bolsón, quien recibe la visita de Gandalf y un grupo de 13 enanos. La visita es para incorporar a Bilbo a la compañía a fin de recuperar al reino de Erebor de las garras de un dragón llamado Smaug. Aunque en la literatura El Hobbit es un libro mucho más pequeño que El Señor de los Anillos, Peter Jackson terminó por construir una nueva trilogía que comienza aquí con el título de El Hobbit: un viaje inesperado.
    El proyecto cuenta desde el vamos con un público cautivo que sigue estas aventuras por todo el mundo, con el reconocimiento de Tolkien como un autor clave de la cultural del último siglo y un Oscar a mejor película para El Señor de los Anillos: El retorno del rey. Pero esta conciencia y seguridad no le juega a favor a la película.
    Un viaje inesperado es un larguísimo prólogo que, si bien está construido como película independiente, queda claro que no es más que un tercio de una película más grande. Jackson ya demostró que sus películas cobran más sentido cuando están completas y con todas las escenas, cosa que suele ocurrir cuando se editan en DVD o Blu-Ray. Pero en este caso en particular, la película pide a gritos ser más breve y no más extensa. Casi tres horas para contar un tercio de historia esta vez no parece justificarse demasiado.
    Es cierto que la trilogía de El Señor de los Anillos empezaba también con mucha tranquilidad, pero el interés que despertaba era mucho mayor. Acá se nota como han forzado la historia para poder venderla en trilogía. Del despliegue visual y algunas cuestiones técnicas no hay ni que dudar, Jackson sabe lo que hace. Sin embargo se le nota su origen más infantil y una historia así con una duración de tres horas es casi una contradicción. El fenómeno ya está construido. Nadie verá o dejará de ver la película por la crítica, pero con un poco de distancia se deberá admitir que la magia se ha ido perdiendo, y que la historia ya no conmueve como antes.
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  • Diablo
    Diablo
    Tiempo Argentino
    Con la dignidad del cine clase B

    Policial con humor y mucho absurdo sobre un campeón de boxeo retirado y en decadencia que se encuentra con su ex novia y varios personajes inverosímiles. Hallazgo de fin de año.

    El cine argentino tuvo en su edad de oro una fuerte tradición de cine de género, pero luego de la era industrial, nuestra cinematografía se fue volcando hacia otra clase de películas. Si bien muchos cineastas coquetearon con películas de género con espíritu clase B, pocos lograron hacerlo con dignidad. Y es justamente la dignidad lo que define a Diablo. La película de Nicanor Loreti se concentra en la figura de El Inca del Sinaí, un ex boxeador, hijo de un peruano y de vientre judío que se ha retirado del boxeo por haber matado a un contrincante en una pelea. Este campeón retirado (gran trabajo de Juan Palomino) está durmiendo en su desordenada y decadente casa cuando recibe un llamado de su ex novia diciéndole que se quiere encontrar esa tarde. Pero ese es solo el comienzo, porque antes de que ella llegue van a aparecer varios personajes, todos por culpa de su primo, que parece haberse metido en un gran problema. Policial con humor y armado con intencional inverosimilitud, Diablo juega con alegría a divertirse. Como los buenos films clase B, su absurdo no es sinónimo de baja calidad. Con muy pocas locaciones, pero muy bien aprovechadas –la mayor parte del film transcurre en la casa del boxeador– la película tiene ritmo, buenos chistes, divertidas vueltas de tuerca y verdadera habilidad narrativa. Se comparará a Diablo con Tarantino o Guy Ritchie, pero yo la compararía más con el cine clase B europeo de décadas atrás, ese que llegaba bastante seguido a las salas de Argentina. En un momento el primo del protagonista dice "Hay que volver al Colonial", refiriéndose al mítico cine de Avellaneda, donde todo ese cine, y mucho cine erótico solía formar parte de la programación. En algún sentido, la película cumple con el pedido del personaje. Diablo es una muestra más de la diversidad que tiene el cine argentino actual, donde hasta un entretenimiento como este tiene espacio y lo ocupa con indiscutible calidad.
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  • Despedida de soltera
    Despedida de soltera
    Tiempo Argentino
    Mujeres, boda y poca gracia

    Quienes para hacer películas estudian el mercado habrán llegado a la conclusión de que las bodas siguen siendo un material que funciona en taquilla. Pero también, sabrán que de un tiempo a esta parte, la conducta de solteros y solteras en dichos eventos, se ha vuelto también una fuente de dinero en las boleterías. Películas que intentan demoler la solemnidad y la serie del casamiento, buscando las situaciones más absurdas y muchas veces escatológicas y cuyo punto culminante es la boda misma.

    Como se puede ver, tanto en las viejas comedias como en estas nuevas, todo termina en el altar. Despedida de soltera, título local que intenta emparentarla con aquella comedia de la década del '80, sigue la línea de películas como ¿Qué paso ayer? y Damas en guerra. ¿Qué pasó ayer? y su olvidable secuela eran dos comedias machistas sobre el descontrol previo al casamiento, mientras que Damas en guerra era una brillante comedia llena de inteligencia y emoción. Damas en guerra era, además, una comedia escatológica virulenta y al límite, bien al uso de la comedia actual. Es inevitable la comparación con Despedida de soltera, porque en esa comparación se ve con claridad todo lo que aquí falta. Cuatro amigas se vuelven a reunir para la boda de una de ellas, cada una es un cliché diferente, aunque las tres parecen estar de acuerdo en tener una vida poco armoniosa. La que se casa, no es dato menor, es gorda, y menos agraciada que las otras tres para el estándar de belleza de nuestra sociedad. Eso genera angustia y expone a las tres amigas solteras a toda clase de conductas fallidas, destructivas y, también, autodestructivas. Pero no hay ni buenos chistes, ni timing para la comedia y, mucho menos, alguna reflexión interesante sobre esta situación.
    Muchos lugares comunes y poco entretenimiento. La moda de las bodas locas tal vez haya agotado todo su crédito.
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  • Juegos de muerte
    Juegos de muerte
    Tiempo Argentino
    Un festival sangriento

    El cine de terror ha adquirido nuevas formas en la última década. El subgénero conocido como gore, aquel donde la mutilación del cuerpo humano y la violencia se hacen explícitas, ha escalado a una nueva fase dentro de sus propios códigos.

    El gore nació paródico, en parte porque hubiera sido insoportable ver tanta sangre sin la chance de un escape para tanta tensión, en parte porque los efectos especiales eran tan burdos que sí o sí debían causar gracia. No hay fuera de cuadro en el gore. Allí donde los demás cortan la toma o elipsan la violencia, el gore se lanza con todo. Pero films como El juego del miedo y Hostel decidieron dejar el humor de lado, dándole una nueva dimensión al género. Dimensión que alejó por completo a los que no eran cultores del cine de terror en general. Nadie ve películas como estas por error, nadie se las cruza, como se pueden cruzar con una comedia romántica o un film de acción. Y si se las cruza por error, difícil que llegue a verlas completas.
    En 2009 –en los Estados Unidos– se estrenó The Collector, una película cuyo nacimiento fue el crear una precuela de El juego del miedo (Saw) pero que terminó yendo en otra dirección completamente diferente. En otra dirección en la historia, pero no en el gore, en el asesino implacable y en las escenas truculentas. Al éxito de esa primera película le corresponde, claramente, una secuela. Juegos de muerte (The Collection, 2012) es esa secuela que comienza allí donde la otra película termina. Como una ceremonia que los pone en duda y los muestra frágiles e indefensos, los adolescentes del mundo aman este género y siguen todas y cada una de estas secuelas. Acá la apuesta es grande.
    El comienzo, digno de una película gore oriental, no deja títere con cabeza, casi literalmente. Pero hay una sobreviviente y se convierte en la nueva presa de "el coleccionista". Será entonces el sobreviviente de la última película, quien deba –obligado– dirigir un grupo hacia la guarida del asesino y liberar a la joven, por presión del padre de ella, un poderoso millonario. La guarida, un hotel abandonado transformado por el asesino, será el lugar ideal para un festín de trampas, cadáveres y escenas exclusivamente ideadas para quienes ven esta clase de películas. Para quienes lo hacen, la película es recomendable. Impacta, divierte y se gana, porque al final siempre aparece, alguna sonrisa cuando la truculencia alcanza niveles imposibles. Así es el gore.
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  • Néstor Kirchner, la película
    EL TRIUNFO DE LA MEDIOCRIDAD

    La característica principal de este documental centrado en la figura de Néstor Kirchner es la mediocridad. Sin rumbo y torcido hacia un relato coyuntural, la película desperdicia cualquier chance de volverse interesante.

    En el momento de su estreno es casi imposible separar a una película de su contexto. Las críticas, incluso esta, están teñidas por ese contexto. No está mal que así sea. Pero también hay que mirar más allá, hay que ver lo que hay en la pantalla, separado de ese contexto y evaluar su valor. Ninguna película está sola en la historia del cine, pero las películas a su vez deben ser pensadas de forma individual. Ambas cosas deberán ser tomadas en cuenta. Antes del estreno de esta película, todos hablaban ya –con razón- de un cine de propaganda. El cine de propaganda es un cine panfletario asociado al poder de turno. Es decir, si uno hace un panfleto peronista en un momento en el cual el peronismo no está en el poder, ese panfleto no es cine de propaganda. Es más, ese panfleto tiene, al menos en ese aspecto, más dignidad que el cine de propaganda. ¿Cuál es el objetivo de hacer un film respaldando algo que tiene poder? La confirmación y la apuesta a la continuidad de ese poder. Solemos asociar el cine de propaganda a los regímenes totalitarios, porque estos son los que suelen hacer el cine de propaganda más explícito y con menor nivel de complejidad artística. El caso más famoso y más citado será siempre El triunfo de la voluntad (1935) de Leni Riefenstahl. Claro que su mirada del nazismo no estaba exenta de notables recursos visuales, lo que le ha dado aun más fama y ha generado más polémica alrededor de aquel film. Néstor Kirchner: la película está en las antípodas artísticas de Riefenstahl, ya que Paula de Luque no contó ni con los recursos, ni el talento para conseguir un peligroso y efectivo film de propaganda. El cine de propaganda no es solo de los nazis, que quede claro, a lo largo y a lo ancho del mundo, los soviéticos, los norteamericanos, los cubanos, los argentinos, los italianos, prácticamente en todo el mundo han existido ejemplos de cine de propaganda. No todos tan nefastos como El triunfo de la voluntad, pero siempre limitados por su espíritu de propaganda. ¿Acaso no sería Casablanca, a su manera, una propaganda? La obra maestra de Michael Curtiz se podría resumir así: Estados Unidos (Rick) debe dejar de ser neutral e intervenir en los conflictos internacionales para solucionarlos. Claro, es una posible lectura que convive con otras lecturas, niveles, matices y docenas de recursos maravillosos, que incluyen el humor, el entretenimiento, la inteligencia en todas sus formas, incluyendo la emoción. Y hay cientos de ejemplos así. Casablanca, fuera de contexto, se eleva como obra de arte, porque más allá de su función coyuntural, es una excelente película. Cuando el objetivo central es panfletario, cuando la mediocridad comanda un proyecto, la posibilidades de éxito se vuelven escasas. Néstor Kirchner: la película, es un ejemplo, entre muchos otros, de esta mediocridad. Ya se ha vuelto una pequeña historia paralela el como el proyecto original lo tenía Israel Adrián Caetano (el gran director de Pizza, birra, faso, Bolivia y Un oso rojo), y se alejó por diferencias artísticas. Por lo que uno no puede dejar de sospechar (y es sospecha, no certeza) que la mediocridad final de la película fue buscada. En tanto que la mediocridad no tiene riesgo, no tiene matices, no tiene forma, no tiene vida.

    El cine argentino ha tenido mucho cine de propaganda, porque ha tenido mucho cine político. Y no siempre el cine de propaganda ha tenido que ver con defender gobiernos totalitarios, aunque en muchos casos sí. Hay ejemplos memorables, como Después del silencio de Lucas Demare, film de ficción, propagandístico hecho en… ¡1956! Es decir un año después del derrocamiento de Perón. La última dictadura militar supo también tener un cine de propaganda, acorde también al período. La fiesta de todos (1979), festejo del Mundial de fútbol con muchas y variadas bajadas de línea, bajo la dirección de Sergio Renán es un ejemplo, así como también son un claro ejemplo varios de los films dirigidos, producidos y protagonizados por Palito Ortega en aquellos años. La obra de Ortega solo existió durante esos años y su nivel propagandístico salta a la vista. ¿Cómo eran esas películas? Infantiles en la construcción, paupérrimas en la realización, nefastas en las ideas. Pero como dije, el cine de propaganda no es solo para las dictaduras, la democracia también tuvo sus ejemplos. Un gran ejemplo es, claro el díptico de La república perdida y La república perdida II, hechas durante el alfonsinismo, películas que no soportan el más mínimo análisis ideológico sin caerse a pedazos. Durante la última década existió un acercamiento a un cine político que bordeaba permanentemente la propaganda, pero de todos los films susceptibles de ser ubicados en esa categoría, sólo Eva de la Argentina parecía quedar claramente como un ejemplo de cine de propaganda urgente, hecho con desprolijidad y pocas ideas. Al mismo tiempo que se estrena Néstor Kirchner: la película, el canal del estado emite una serie documental de ocho capítulos llamada Clarín: un invento argentino. Aun para los admiradores de Kirchner, ver como una biografía sobre él se termina desviando hacia una guerra sin cuartel contra un grupo mediático resultará triste, además de confuso. Y el resultado, efímero, pasajero, lleno de odio y no del amor que tanto intenta pregonar el film sin conseguirlo.

    Hace pocos días murió Leonardo Favio. Para los que nos dedicamos a la crítica cinematográfica, Favio era un nombre que inevitablemente iba a surgir frente a este estreno. Favio no tuvo que presenciar que usáramos su película Perón Sinfonía de un sentimiento para demostrar como se puede hacer un documental alrededor de una figura política. El Perón de Favio se hizo en la década del 90. Se trata de un descomunal documental de seis horas que nunca logró un estreno comercial y que fue creciendo en el boca a boca a lo largo de los años, consiguiéndose de diferentes formas y siendo exhibido en televisión completo. Favio es totalmente peronista. Su obra es peronista de punta a punta, pero quienes no sean peronistas igual se conmueven con la mirada de un artista acerca de un hombre, una mujer, un movimiento y un pueblo. La película de Favio es panfletaria, aunque no se le puede llamar propagandística, porque no sirvió en nada al poder cuando se hizo. Imagino que si Néstor Kirchner: la películala hubiera hecho Caetano, tampoco habría servido al poder. El primer amo al que debe responder un director es el cine, luego viene todo lo demás, sino no hay obra. Favio es desaforado, inocente, astuto, poético, emotivo, brillante. Su manipulación del material es indiscutible pero no son discutibles sus puntos de vista, sus ideas, su pasión. Sabía lo que hacía y se notaba. Cuando Paula de Luque (quien ya dirigió varios largometrajes, incluyendo Juan y Eva el año pasado) se pone al frente de este documental tan complicado, no logra que veamos esa convicción, esa pasión, esa emoción. Realizada con demasiadas limitaciones, Néstor Kirchner: la películaes esclava del mismo contexto que le ha permitido estrenar en la absurda cifra de ciento veinte salas y tener una premiere en el Luna Park. Estos vientos a favor que la película tiene, le juegan muy en contra, principalmente en la realización, que es lo único que sobrevive a la coyuntura en el caso de ser buena. Entrevistas cortadas con veloces fundidos a negro, no una, sino diez veces, hablan de una falta de criterio estético, porque luego ese abuso no se repite. Hay un interesante riesgo en no poner ni uno solo de los nombres de los que participan de las entrevistas, pero esto sin duda le augura al film una incomprensible lectura en el futuro, ya que son muchos los entrevistados. La voz en off, non plus ultra de la manipulación en el documental, no tiene aquí una presencia tradicional, algo que también podría estar bien. Pero es reemplazada por un gran número de testimonios armados con voz en off. Este recurso le permite al film fingir que no tiene voz en off, y con los testimonios armar una tan manipuladora como la más común y antigua de las voces en off. Inventados sobre la marcha parecen los recursos. Si hasta la historia del chico del violín es más clara e interesante cuando en la televisión oficial lo entrevistaron al propio chico. La película elige, claro, los rasgos que cree más positivos (y ni uno solo ambiguo o negativo) sobre el ex presidente, pero en lugar de elevarlos, los aplasta. Seguro que las historias elegidas son más interesantes en la vida real. El mal cine, achica la vida, la reduce, no la ilumina, no la destaca.

    En la premiere de la película, antes de verla, una actriz dijo: Esta película servirá para que dentro de 50 años los chicos sepan quien era Néstor Kirchner. Si ese era el objetivo de la película hay que decir que, si algo queda claro, es que esta película no sirve para que alguien entienda quien era Néstor Kirchner. Su confusión visual, su poco astuta manipulación, su torpeza narrativa y sus momentos de didactismo no la convierten en una buena guía para entender a Néstor Kirchner como no serviría para entender a ninguna otra persona o época. Un excelente ejemplo es la muerte del protagonista. La inmensa mayoría de los espectadores pensará –nos ocurrió a todos en la función de prensa-, por la música ominosa y las imágenes de vías y trenes, que Kirchner murió en un accidente de tren. Hoy por hoy, eso significa la Masacre de Once, algo que el Gobierno kirchnerista de Cristina Fernández insiste en tapar. En 50 años hay más chances de que los chicos piensen: A Kirchner lo pisó un tren o se murió en esa tragedia que pensar que esa escena representa el asesinato de Mariano Ferreyra, que aparece después en una breve sobreimpresión. Entiendo la metáfora que quieren instalar, ya que luego de esa imagen –incomprensible si se la saca de contexto- se pasa directo al velorio del ex presidente. Esa escena encierra el gran problema de la película. Atrapada en su intención absolutamente coyuntural, buscando maquillar la propaganda, se intenta generar algunas metáforas poéticas y políticas a la vez. Pero la falta de talento, de imaginación, y sobre todo la falta de libertad creativa, la enredan a punto tal de no servir ni siquiera como panfleto. La escena final, la única donde el film se delira hacia un misticismo digno de un folleto religioso evangelista, cae una vez más en la confusión. ¿Qué significa exactamente ese momento? Cualquier cosa podría significar si fueran imágenes complejas, pero cuando se hace una película a las apuradas y sin convicción, es casi imposible lograr un discurso claro y coherente. El peor defecto de Néstor Kirchner: la película, es su aplastante mediocridad.



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  • Curvas de la vida
    Curvas de la vida
    Tiempo Argentino
    La lección del maestro y un homenaje

    Para su primera película, el asistente de dirección y productor de muchas películas de Eastwood decidió convocar al mismísimo Clint. El gran actor llena la pantalla con su presencia y esta sencilla película funciona y emociona.

    Clint Eastwood comenzó a actuar en la década del '50, pero se transformó en estrella una década más tarde. Desde entonces, Eastwood se ha convertido en la máxima estrella del cine contemporáneo. Más de 40 años de estrellato, algo que nadie más que él puede detentar hoy. Su imagen es tan famosa que hasta los que no ven sus películas saben cómo es su cine.
    Su imagen mejoró por el hecho de ser también director, un excelente director, transformándolo en un verdadero maestro para las siguientes generaciones. Eastwood es un modelo a seguir.
    Desde 1993, con En la línea de fuego, que no protagonizaba un film que no dirigía, pero el debut en la realización de Robert Lorenz se convirtió en una obligación para él. Lorenz ha sido durante años asistente de dirección de varios films de Eastwood y productor de otros tantos. Para su ópera prima decidió contar la historia de un viejo sabio, así que era casi inevitable pensar que lo hizo para tener como protagonista a su propio maestro.
    La historia de Curvas de la vida es la de un viejo cazatalentos del béisbol. Gus (Clint Eastwood) sabe todo acerca del béisbol, reconoce, aun siendo un anciano, a cualquier gran jugador que aún está jugando fuera de las ligas mayores. Pero los tiempos cambian y el mundo del béisbol también. Entonces entra en escena su hija Mickey (Amy Adams), una abogada camino a convertirse en exitosa dentro de un importante estudio. El reencuentro entre Gus y Mickey trae nuevamente los conflictos entre ambos y las cuentas pendientes, pero Gus está viejo y sólo Mickey lo puede ayudar.
    Historia de padre e hija, algo que le interesa bastante a Eastwood, como ya demostró en Poder absoluto y Million Dollar Baby, por ejemplo. Lorenz sabe que en su primera película los comentarios acerca de él serán los más obvios. Que no está a la altura del maestro, que es un Eastwood menor, y otros clichés que se pueden escribir incluso antes de ver la película. Pero ese es el objetivo, agradecerle a un maestro, reconocer su talento y homenajearlo.
    Clint Eastwood siempre llena la pantalla con su presencia y la película, sencilla y directa, funciona y emociona. En tiempos mediocres siempre es bueno recordar que hay sabios, que hay expertos, que hay gente que sabe de verdad, como Gus, como Eastwood.
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  • Amanecer - Parte 2
    Amanecer - Parte 2
    Tiempo Argentino
    La ceremonia de cierre

    La película marca el fin de una etapa que con un estética básica y aires de telenovela emociona hasta las lágrimas a sus seguidores. El guión apuesta a la conciliación.

    La saga de Crepúsculo llega a su fin. Cinco películas en total –teniendo en cuenta que Amanecer tiene dos partes– en cinco años seguidos y un fenómeno nacido en la literatura que se hizo extensivo al cine. Esta culminación divide definitivamente las aguas. O se sigue con euforia el cierre de la saga o se la pasa por alto sin problemas. No es el momento de acercarse a estas películas ni vale la pena discutirle a los seguidores acerca de la calidad de los films. Quienes amen la historia de Bella, Edward y Jacob, lleven los pañuelos, porque si hay algún mérito en Amanecer parte 2 es justamente la emoción. Emoción que se logra por llegar al final de la historia.
    Pero fuera del universo de los fans, hay que decir que pocas películas comerciales de esta masividad están tan mal filmadas como esta serie. De las cinco películas no importa si esta es la peor, pero sí está claro que estéticamente es muy básica, incluso torpe. Estática hasta llegar al ridículo, sus aires de telenovela barata la hacen difícil de soportar. Más que una telenovela, parece una fotonovela, pero tampoco es que ese absurdo llega lo suficientemente lejos como para hablar de estilo. La historia comienza con Bella recuperada del parto y convertida en vampiro, y la nueva crisis que supone la llegada de una hija que no se sabe si es como sus padres o no.
    Muchos diálogos estáticos, los mismos efectos especiales lamentables de toda la serie y los mismos actores inexpresivos, llevados ya a límites asombrosos. Pattinson ya demostró que siempre está igual, pero Stewart y Lautner han probado ponerles más fibra a los papeles que han hecho más allá de las películas de Crepúsculo. El único elemento interesante y rescatable de la película es una inusual apuesta a la conciliación antes que a la violencia y la guerra. No es poca cosa resolver una saga con esta idea. La necesidad de espectacularidad de las películas industriales termina siempre en batallas épicas y desaforadas, como única forma de resolver los conflictos, algo a lo que Amanecer parte 2 renuncia con inteligencia y hasta ingenio.
    Si bien las películas llegan acá a un final, no podemos tener la certeza de que este cierre sea definitivo. Ese es el problema con los vampiros, si uno no los mata, son capaces de vivir para siempre. Para siempre, sobre todo en el cine, es mucho tiempo, demasiado.
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  • Bel Ami, historia de un seductor
    La seducción: el arma más poderosa

    Protagonizada por Robert Pattinson, la película basada en un libro de Guy de Maupassant cuenta la historia de un ex soldado que llega de Argelia a París y consigue, sin dinero, abrirse paso en una ciudad efervescente.

    Bel Ami es una nueva versión del libro de Guy de Maupassant, llevada muchas veces a la pantalla en la historia del cine y la televisión. El rostro más reconocido que interpretó a George Duroy, a quien las mujeres llaman Bel Ami, fue el actor de George Sanders. Habrá que ver si Robert Pattinson, estrella de la saga de Crepúsculo logra imponerse como el Bel Ami más famoso, aunque si de los méritos de la película dependiera, ya podríamos decir que no tiene esperanza alguna. En París, en 1890, un ex soldado que viene de Argelia, y no tiene nada de dinero, consigue abrirse paso en una ciudad efervescente mediante su arma más poderosa: la seducción.
    "Las personas más poderosas de París no son los hombres, son sus esposas", le confiesa una mujer, y George descubrirá que podrá conseguir un vertiginoso ascenso si sabe jugar bien sus cartas con ellas. Pero la seducción que Bel Ami deberá emplear para llegar a su propósito, no encuentra un equivalente en la forma en que la película está contada. A pesar de que hay mucho material interesante, la falta de originalidad de todo el relato y la puesta en escena de los directores, la convierte en una película sin gracia, completamente desangelada. No es absurda la elección de Pattinson, famoso por haber interpretado a un vampiro, para este papel.
    Es, Bel Ami, a su manera, un personaje vampírico, un seductor. No discutiremos su fama como ídolo adolescente, pero si hablamos de una película carente de todo carisma, Pattinson es el equivalente actoral en lo que a falta de gracia se refiere. Bel Ami se va oscureciendo y el control inicial que el personaje podía llegar a ejercer, encuentra nuevas barreras a superar, y la historia aristas más dramáticas.
    Es asombroso como la elección de un protagonista termina de hundir a un proyecto, o directamente le impide remontar vuelto. No es que Pattinson no pueda actuar, sino que simplemente este no era un papel para él. Ni actrices como Uma Thurman, Christina Ricci y Kristin Scott Thomas logran escaparse de esta rutina. Casualidad o no, vino a mi mente varias veces la película Relaciones peligrosas (donde Uma Thurman tenía una papel, casualmente) y su actor protagónico, John Malkovich. Aquel no era un galán, pero su capacidad de seducción y la forma en que el director lo filmaba, conseguían darle gracia. En Bel Ami ocurre exactamente lo contrario.
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  • Operación Skyfall
    007: LICENCIA PARA MATAR DE ABURRIMIENTO

    50 años cumple James Bond en el cine, y los productores no encontraron mejor idea que destrozar la franquicia poniendo a un director que ignora el entretenimiento y un villano preso de la sobreactuación. Una verdadera traición a 007.

    James Bond es la franquicia más longeva y fructífera de la historia del cine. Cincuenta años cumple el personaje en la pantalla y esta nueva entrega venía muy recomendada, con un rumor de que era “el mejor Bond de todos los tiempos”. Los rumores incluso, parecían ir tan atrás en el tiempo que hasta podría dudarse de su origen. Pero la bola empezó a correr y tanto el número redondo como la aparición de un director ajeno al género produjeron una revolución. De los escasos méritos de Sam Mendes como director se puede decir mucho, sus films, siempre tendientes al trazo grueso, la reflexión superficial y la solemnidad a prueba de balas, no se parecían en nada a la serie de James Bond. Pero como ha quedado demostrado, la fuerza del personaje equipara a todos los directores, que deben renunciar a su mundo personal para entregarse a los mandatos del famoso agente. Sin embargo, Sam Mendes cae en el peor de los escenarios: no aporta nada valioso como director, pero a la vez impide el normal desarrollo de una historia de acción y espionaje al estilo Bond. Operación Skyfall (en el original sólo Skyfall, sin ninguna operación) es una película hecha desde el desprecio por la franquicia, desde el menosprecio por el entretenimiento y el gran espectáculo. Mendes es un palo en la rueda, no aporta nada nuevo ni nada bueno. Pero claro, frente a un proyecto tan grande culpar sólo al director es demasiado. No se puede saber hasta que punto es responsable, pero es muy posible que lo sea. Pero la idea de colocar al director de Belleza americana frente un film de James Bond parece un plan nefasto. Y de hecho lo es. La franquicia que en algún momento no quiso abrirle la puerta a Spielberg, hoy la entrega a este desastre. Peor aun, el villano no es otro que Javier Bardem, el protagonista de Biutiful de Alejandro González Iñarritu. Es decir, films de prestigio prefabricado, de solemnidad absoluta. Y lo peor es que eso se nota a lo largo de toda la película. Los guionistas –tres en total- provienen de la franquicia Bond en dos de los casos y el tercero tiene un interesan curriculum con buenas películas, así que el director vuelve a ser el punto más bajo. Operación Skyfall intenta refundar la serie, darle giros nuevos, renovar temas, bucear en espacios nuevos. Pero genera una tensión que no resuelve: seguir la tradición o subvertirla. Todo el tiempo en la trama se habla de hacer las cosas al viejo estilo, pero en la película esto no se evidencia. Salvo una buena escena inicial, el resto de la película no tiene nada de la tradición, excepto algunos detalles que llevan al comienzo de todo este fenómeno. Pero el supuesto realismo que apareció con Daniel Craig (esta es su tercera película Bond) no cede acá ni un milímetro y los aires de melodrama que intenta plasmar el director terminan por convertirse en un aburrimiento sin precedentes. No hay película de toda la saga de Bond, más aburrida que Operación Skyfall. Dos horas treinta minutos dura este film. Es cierto que los films de Bond nunca fueron obras maestras, aun cuando muchas de ellas tuvieran encanto o simpatía. Alguna canción excelente o chicas muy lindas o memorables villanos, eran elementos que funcionaron mejor o peor según la combinación de cada título. Se extraña a Sean Connery al ver esta película, y más aun a Roger Moore, y se extraña también a Pierce Brosnan. Incluso se extraña a George Lazenby, quien en su momento protagonizó un Bond con algo de melodrama llamado Al servicio secreto de su majestad. Algunos pequeños detalles sobreviven bien a esta debacle, como por ejemplo de Ralph Fiennes, quien interpreta a Gareth Mallory, un personaje ambiguo que en realidad no tiene misterio para quien conozca la mitología artúrica. Y sin duda el mejor logro es la presencia de Roger Deakins como director de fotografía. Gracias a él, hay grandes momentos visuales, sobre todo en la primera mitad del largometraje. Por aportar belleza y complejidad, hay que agradecerle. El resto son muchas, no pocas, escenas aburridas, sin magia, sólo con diálogos y solemnidad teñida de psicoanálisis barato. Las escenas finales, irónicamente, parecen filmadas en locaciones que hubiera disfrutado y aprovechado un director como John Woo. Al recordarlo uno entiende que más allá de la traición al género, el problema es que a Mendes le falta corazón y compromiso con la película. Si hubiera visto The Killer, tal vez podría haber rescatado al menos algo digno en el final. Pero ni eso. El éxito mundial de Operación Skyfall será el fracaso del entretenimiento y la fantasía, en manos del aburrimiento y la gravedad. No son buenas noticias, claramente.
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  • Frankenweenie
    Frankenweenie
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    EL PERRO QUE VOLVIÓ DE LA MUERTE

    Frankenweenie es un largometraje de animación inspirado en un corto realizado por el propio Tim Burton. La película es una de la más personales y bellas del realizador.

    Frankenweenie es un film que tiene detrás una larga historia, cómo suele ocurrir siempre en el género que tanto ama Tim Burton: el terror. Los primeros trabajos realizados con el cine que tuvo Burton fueron para los estudios Disney, incluso estudió en una escuela que era una cantera de talentos para los famosos estudios. Burton fue uno de los dibujantes de El zorro y el sabueso. El propio director reflexionaría más tarde “Yo no sabía dibujar aquellos encantadores zorritos de Disney. Simplemente no lograba hacerlo. No podía imitar el estilo Disney. A los míos parecían que los hubieran atropellado en la ruta”. En 1984 Tim Burton trabajaba para los estudios Disney, fue allí donde realizó un cortometraje que debía acompañar el reestreno de Pinocho, el clásico de Walt Disney. Ese cortometraje se llamaba Frankenweenie y contaba la historia de un niño llamado Victor Frankenstein no se resigna frente a la muerte de Sparky, su adorado perro, y decide traerlo de nuevo a la vida, tal cual lo hacía su homónimo en la novela y las películas de Frankenstein. Lo filmó en blanco y negro, tal cual lo había hecho con esa pequeña obra maestra llamada Vincent (1982) que también había realizado para los estudios. Pero mientras que Vincent no fue hecho como un corto para difusión comercial, Frankenweenie si debía serlo. Los ejecutivos del estudio consideraron que había desperdiciado los recursos del estudio y la relación entre Disney y Burton se terminó. Acusaban a Burton de hacer un corto demasiado tenebroso. ¿Acaso no era tenebrosa Pinocho? Lo cierto es que los estudios Disney no estaban listos para Burton. Pero Warner sí, quien lo convirtió en un director estrella en los siguientes años. Disney que parece que finalmente entendió a Burton, o al menos entendió que el mundo lo quería, se decidió a estrenar en VHS el corto, pero, insólitamente, con cortes. Unos años después, cuando Burton ya se había transformado en el vocero de toda una generación, se estreno –ahora sin cortes- Frankenweenie como extra en la edición en DVD de El extraño mundo de Jack. El extraño mundo de Tim Burton había triunfado. Muchos años más tarde el propio Burton, ya amigado con Disney, decidió transformar el cortometraje en un largo pero en lugar de actores recurrir a la animación. Eso sí, mantuvo el blanco y negro, absolutamente imprescindible para la lógica del film. De la misma manera que en la década del noventa el director logró obtener luz verde para hacer una obra maestra llamada Ed Wood, acá parece que el éxito de Alicia en el país de las maravillas, realizada para Disney, permitió que Burton se juegue por una estética menos masiva y salde cuentas con su pasado, también dentro de los mismos estudios que hace años lo rechazaron. El resultado está a la altura de lo mejor del director. Frankenweenie podrá ser siniestra y de altísimo impacto estético, pero en esencia mantiene la infinita ternura del realizador por sus criaturas. Frankenweenie no es una película de terror, es una película sobre los personajes del cine de terror, con una mirada comprensiva y humana acerca de la soledad de los diferentes, los marginados, los que no representan la belleza según los cánones actuales. En resumen: el universo de Tim Burton en estado puro. Porque aquí queda claro que recupera todo su universo personal, sus obsesiones, sus pasiones, su cine. Recomendable por su extraordinaria belleza, y recomendable también por la belleza de sus ideas. Frankenweeniee es Tim Burton en estado puro, a todo nivel, una cita obligatoria para quienes amaron Vincent, El joven manos de tijera y El extraño mundo de Jack.
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  • ParaNorman
    ParaNorman
    Tiempo Argentino
    Los herederos de Tim Burton

    El cine de terror tiene una larga historia y también seguidores incondicionales. Entre esos devotos de ese largo historial del género se encuentra Tim Burton. Burton cambió la historia del cine al colocar los personajes del cine de terror fuera del cine de terror, cuando les dio humanidad, sentimientos y miedos.

    Luego de Burton el cine comenzó a buscar personajes por ese lado, tratando de convertir a los viejos monstruos en seres tiernos y marginados. Paranorman, dirigida y escrita por Chris Butler, narra la historia de Norman, un niño de un pequeño pueblo que tiene la capacidad de hablar con los muertos. Todos los fantasmas que habitan en el pueblo sólo son vistos por él, que a su vez es observado como un freak por su familia y su barrio. Pero sobre el pueblo pesa una terrible maldición, causada por un hecho siniestro del pasado. Claramente es un film para niños pero no tan niños, y definitivamente para una generación de chicos posteriores al cine de Tim Burton. La película tiene los esperables gags del cine de animación, con persecuciones, golpes y chistes físicos, pero a la vez tiene una verdadera lectura profunda, que sin duda es lo que le permite obtener sus mejores resultados. Emocionante y tierna como los films de Burton, y con algunos sustos también, Paranorman resignifica a los personajes del género, y reivindica la figura del diferente o el marginado dentro de la cultura. Como Tim Burton lo demostró, y como lo confirma este film, los marginados en el fondo somos todos, porque detrás de cada persona hay un universo que la mayoría desconoce o se niega a conocer. Saludable, divertida y con muy buenos chistes, Paranorman es una película pequeña y efectiva, que se eleva por encima de los productos mecánicos que a veces nos ofrece el cine de animación. Y a la vez, se trata de una película menos infantil en sus ideas que algunos exponentes del género de terror supuestamente para un público de mayor edad.
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  • Argo
    Argo
    Tiempo Argentino
    Verdaderos héroes de película

    Hay películas que si no incluyeran la información de que están basadas en hechos reales, los espectadores estarían convencidos de que están frente a un disparate inverosímil sin conexión alguna con la realidad. Pero justamente ese es el motivo por el cual Ben Affleck decide contar esta historia.

    La película cuenta el plan para rescatar a seis diplomáticos estadounidenses durante la crisis de los rehenes a finales de 1979 en Irán. Mientras ocurría esta crisis, seis personas escaparon en el momento de la toma de la embajada estadounidense y terminaron refugiados en la embajada canadiense. Hasta ahí no hay nada raro ni complicado de aceptar. Lo insólito –y no por eso menos real– es que la CIA planificó un plan de rescate de esos seis ciudadanos con un plan verdaderamente insólito. La idea sería hacerse pasar por un equipo de cine canadiense que va a rodar un film de ciencia ficción y busca locaciones en Irán. Si la película no estuviera basada en hechos reales sería igualmente una obra maestra. El manejo de la narración que tiene Ben Affleck es algo poco habitual en el cine actual y el famoso cliché del espectador al borde de su asiento se aplica perfectamente a esta historia. Igualmente está basado en hechos reales y eso aumenta aun más la sorpresa, ya que uno disfruta de un relato apasionante mientras que no puede creer que sea cierto. Ben Affleck, un galán de cine con una carrera no muy brillante, sorprendió al ganar el Oscar junto a Matt Damon por el film En busca del destino (Good Will Hunting) dirigido por Gus Van Sant. Años más tarde sorprendió con una película extraordinaria, tanto en el clasicismo con el que está narrada como en la complejidad y profundidad de sus temas. Desapareció una noche (Gone Baby Gone, 2006) se llamaba esa sorpresa. Algunos pensaron que era un golpe de suerte, pero Atracción explosiva (The Town, 2010) confirmó el talento de Affleck en incluso su habilidad para el drama y también la acción, siempre dentro de tramas que incluían un crimen. Argo es el tercer film del director al que ya podemos calificar como el mejor director de Hollywood surgido en la última década. El manejo de los tiempos, la habilidad para crear suspenso habla de un realizador con un pulso digno de un experimentado veterano, aun siendo un director en el comienzo de su carrera. Argo está destinada a convertirse en un clásico, al igual que su director.
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  • Dredd
    Dredd
    Tiempo Argentino
    Acción y ciencia ficción con todas las de la ley

    Dirigido por Pete Travis, este film en 3D, basado en un cómic inglés, tiene una estética original con un guión puro y con claridad expositiva propia del cine clase B. Una pequeña gran película para no dejar de ver en cines.

    Son tiempos complejos para la ciencia ficción. En momentos en que el género se pierde –una vez más– en las posibilidades tecnológicas que hoy dan los efectos digitales, de tanto en tanto es un alivio encontrarse con un film directo, duro, que no se aleje de la narración y la historia central que quiere contar. Coherente con el personaje, la película Dredd simplifica y va directo al grano. Basado en el famoso cómic inglés, Dredd tiene a su favor que la versión anterior que se hizo para cine era bastante decepcionante. Algunos pensarán que estamos frente a una remake o que hay que conocer la historieta para comprender la lógica del personaje. Nada de eso. Estamos frente a un film de acción y ciencia ficción hecho y derecho. Capaz de concebir una estética lo suficientemente artística y original como para que no haya tampoco que plantear todo en términos de realismo o verosimilitud. A esto se le suma un uso del 3D verdaderamente logrado y, en consecuencia, justificado. En lo visual, sin duda la película es memorable, y en cuanto al guión, tiene la pureza y la claridad expositiva del cine clase B. Aclarando, para el que aún no lo sepa, que clase B bien entendido es un elogio. Si la sequedad del personaje policía-juez se hace extensivo a la historia, toda la trama de las drogas y su efecto es lo que les abre la puerta a la lógica y el armado visual de gran parte del film. Así que no hay que plantearse Dredd en términos de película pequeña, sino en términos de película pura. La mandíbula cuadrada del actor neozelandés Karl Urban permite darle al personaje del juez Dredd (cuyo casco tapa la mitad del rostro) la fisonomía de héroe duro y sin concesiones. Con clara inspiración en Clint Eastwood, por cierto. Y una gran actriz de la talla de Lena Headey, como Ma-Ma, la villana del film, es otro personaje completamente logrado. No es muy alentador que este relato oscuro y perturbador haya fracasado estrepitosamente en la taquilla norteamericana. Y aunque está bien que eso nos salva de cualquier idea de secuela, habla muy mal de cómo los espectadores hoy se enfrentan a una película buena, sólida y directa. Tal vez no es el más complejo y profundo de los films, pero sí una pequeña gran película que no hay que dejar pasar. «
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  • Hotel Transylvania
    Hotel Transylvania
    Tiempo Argentino
    El exótico hotel de los monstruos

    Drácula es el anfitrión de este hospedaje al que llegan las más famosas criaturas de terror para descansar. Todo va bien hasta que un humano irrumpe en escena y desata el pavor. Con las voces de Adam Sandler y Selena Gomez.

    Pasaron más de 80 años desde que los estudios Universal generaron los mitos del cine de terror que llegan hasta nuestros días. Drácula, Frankenstein, La momia, El Hombre Lobo. Originados en la literatura del siglo XIX y distintas leyendas, el cine tomo ese modelo de la década del '30 y, como lo demuestra Hotel Transylvania, no importan cuantas películas se desviaron de ese camino, siempre se vuelve al origen. En esta película, Drácula está al frente del hotel del título, un espacio donde los monstruos pueden relajarse y descansar del acoso de los humanos. Como festejo del cumpleaños de su hija Mavis, Drácula invita a los más grandes monstruos de la historia. Pero la situación se complica cuando aparece un humano, un joven mochilero que les produce un terror equivalente al que los monstruos suelen producir en los humanos. La comedia queda entonces establecida y no va a presentar muchas novedades al respecto. Pero hay que entender que más allá de la vigencia de los personajes, el mundo ha recibido en los últimos 25 años una figura como la de Tim Burton. Y este ya le ha dado a los personajes del cine de terror una mirada tierna, comprensiva y con sentido del humor. Es imposible no ver al director de El joven manos de tijera en muchos de los personajes que aquí aparecen. Y también es muy complicado no sentir que todos los chistes están gastados, que ya son viejos y repetidos. Genndy Tartakovsky debuta aquí en el largometraje, aunque su trabajo en la animación en televisión es legendario. Entre sus créditos figuran nada más y nada menos que El laboratorio de Dexter, Las chicas superpoderosas, Samurai Jack y Star Wars: Clone Wars. Su estilo de animación se nota en Hotel Transylvania, los personajes tiene las formas duras y cuadradas que con marca de fábrica de Tartakovsky. Sin embargo, la originalidad de la animación tampoco llega muy lejos y la comedia de padre e hija obedece a todos los clichés de esa clase de films. Quienes vean el film en idioma original –la única forma de ver un film, al menos si se lo quiere apreciar como corresponde– disfrutarán de las voces de Adam Sandler y Andy Samberg, así como también de la cantante actriz Selena Gomez. Lo demás es rutina propia, con algunas risas, con alguna forzada búsqueda emocional, pero en cualquier caso, llegando tarde al género y su reivindicación en clave de comedia.
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  • Búsqueda implacable 2
    Búsqueda implacable 2
    Tiempo Argentino
    Acción y venganza en Turquía

    Liam Neeson confirma su gran habilidad para el género en la secuela de esta película dirigida por Olivier Megaton, que no es ni tan espectacular ni tan violenta como la anterior.

    Búsqueda implacable (Taken, 2008) fue una sorpresa. Un film de acción impecable, protagonizado de forma magistral por Liam Neeson, y sin vueltas ni tonterías que distraigan de la trama principal. En una industria que por momentos se pierde en la rutina, Taken golpeaba con dureza y efectividad. La historia era la de un ex agente de la CIA cuya hija era secuestrada para una red de trata de blancas. El desesperado padre no tenía mucho tiempo para encontrarla y arremetía contra su enemigo de manera implacable, como lo explicaba el título en castellano. Una secuela de aquella película, indudablemente iba a partir en desventaja. ¿Cómo podría justificarse una nueva historia igualmente atrapante y movilizadora? Bueno, acá el film parte de la familia de los personajes que el protagonista mató en la primera película y su deseo de venganza. Taken era sobre un violento rescate, Taken 2 es la lucha del protagonista contra aquellos que quieren vengar a los que el mató. Desde el vamos entonces la película tiene un problema. El espectador ya no podrá sentir esa urgencia contrarreloj del primer film y la idea de la venganza de los enemigos complejiza el drama, no la acción. No es que la película cambia radicalmente, pero sin su esencia, todo se reduce a la espectacular suma de escenas de acción y violencia que, además, no es tan espectacular ni tan violenta como la primera. Al repetir el guionista (Luc Besson, el creador de Nikita, El perfecto asesino, El quinto elemento) y el director (Olivier Megaton) de la primera igual se logra coherencia y el drama es efectivo. Liam Neeson confirma su gran habilidad para el género aun a los 60 años, y las presencias de Famke Janssen –la esposa– y Maggie Grace –la hija– le suma fuerza dramática y emocional que le da más sentido a la trama. El villano de turno es Rade Serbedzija, actor croata protagonista de Antes de la lluvia y ya de extensa carrera en la industria de Hollywood. A pesar de todas las limitaciones que ya han sido mencionadas, el entretenimiento funciona y funciona bien, simplemente no al nivel de la anterior. La trama se guarda algunas reflexiones sobre el tema de la venganza y consigue darle al protagonista sus argumentos finales. Pero ya no hay más vueltas que darle a la historia. Así que lo más prudente es que Neeson busque otros films de acción, a la vez que podamos dar por cerrada la historia de este personaje y su atribulada familia.
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  • Resident Evil 5: La venganza
    Alice en el mundo del apocalipsis

    Una nueva entrega de la saga protagonizada por Milla Jovovich, quien ahora se encuentra amenazada desde varios frentes. Un gran despliegue pirotécnico para una historia sin demasiado sentido, aunque rendidora.

    Resident Evil es una serie de películas basadas libremente en el famoso videojuego. Aunque en la Argentina nunca llegó a estrenarse la primera (se estrenó en video con el título de El huésped maldito), con los años la serie fue tomando cada vez más fuerza a punto tal de mostrar el error de aquel primer no estreno con el éxito de las siguientes entregas. Combinación exacta de terror con una dosis de ciencia ficción y mucha acción, las películas se han ganado su lugar. Llegado el turno de la quinta parte, queda claro que el público las ha adoptado y las festeja una tras otra. Sin llegar nunca a ser grandes películas, algunas de ellas resultaron buenos espectáculos visuales. Visuales y sonoros, como lo demuestra una vez más La venganza. Alice, irremplazable y descomunal Milla Jovovich, está ahora frente a una amenaza en varios frentes. La apuesta sube y vamos ahora por las grandes capitales del mundo, para que el despliegue de producción alcance niveles nunca vistos. Y clonación mediante, tenemos la posibilidad de reencontrarnos con algunos personajes, en particular con Rain, interpretado por Michelle Rodriguez que moría en la primera de las películas. Es decir que Paul W. S. Anderson, director de la primera y la cuarta de las películas, pone acá todo lo que tiene, tira la casa por la ventana, por no decir que tira el mundo entero. El resultado es visualmente despampanante, aunque a la vez la historia no parece tener demasiado sentido. Puro espectáculo, puras imágenes impactantes, pura acción. Los fans extrañarán los perros en esta entrega de la saga, pero seguramente sea lo único que extrañarán, porque por lo demás lo tendrán todo. Como siempre, hay muchos personajes femeninos de armas tomar, una marca de la saga. Y Alice sigue siendo la heroína de acción más importante del siglo XXI, y posiblemente uno de los personajes de acción femeninos más importantes de la historia del cine. Aun nos debe Resident Evil una obra maestra, pero paciencia, porque como vienen, creo que van a seguir haciendo películas durante mucho tiempo más. A lo mejor, pasamos de este simple y logrado espectáculo, a un clásico memorable. Mientras tanto, Alice ya forma parte de la historia grande del cine contemporáneo y vale la pena pagar una entrada para ver sus aventuras en pantalla grande.
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  • Días de vinilo
    Días de vinilo
    Tiempo Argentino
    Música y amigos con gran timing

    La comedia de Gabriel Nesci, creador de la serie Todos contra Juan, narra las historias de amor, desamor y amistad de cuatro jóvenes con estilos bien particulares. Una película que consigue emocionar y entretener.

    De la complejidad y la diversidad del cine argentino ya no quedan dudas. Grandes películas han llegado este año, todas diferentes entre sí, cada una meritoria en su propio estilo. Y aunque el año 2011 aún no ha terminado, Días de vinilo podría considerarse como el punto culminante de una producción que se luce también a la hora del entretenimiento. La película de Gabriel Nesci, cuyo principal antecedente es la serie Todos contra Juan, tiene la gracia y el encanto de esas películas que quedan en el imaginario de la gente para siempre. La historia de cuatro amigos –Damián, Marcelo, Luciano y Facundo– unidos por la música a través de los años y en una crisis romántica con respecto a sus parejas o ex parejas, es el centro de esta película tan inteligente como entretenida. Hay películas que nos sacan una sonrisa o de las que uno sale conformándose porque simplemente está bien. Días de vinilo eleva la apuesta. Los personajes son todos divertidos, el humor está resuelto con un timing pocas veces visto y hasta la emoción se las ingenia para aparecer de manera genuina. Cada chiste, cada situación, cada escena está bien lograda. La película tiene muchos personajes y muchas historias y el director y guionista las arma de manera tal que la película no pierde jamás el interés y se disfruta en todo momento. Y en ese entretenimiento descubre con su humor, las limitaciones, contradicciones y miserias de un grupo de personas con respecto a sus afectos pero también a sus trabajos. No alejada de cierta amargura pero llena de energía, la película es movilizadora. Sabe que los tiempos cambian y para llegar a la emoción lo hace desde la autoconciencia, desde la manifestación explícita del arte, estando los protagonistas vinculados de una u otra manera con eso. No hay realmente en los últimos años una comedia argentina con tanto nivel, con tanta inteligencia y con la capacidad de ser también entretenida y masiva. Pero poco importa el país de origen de esta película, más allá de la alegría de ver que se ha hecho acá, la gran noticia es que es la película que vale la pena ver esta semana y uno de los estrenos que no hay que perderse. Días de vinilo reflexiona con inteligencia sobre temas universales, proporciona momentos para reír de verdad y consigue emocionar cuando el espectador cae en la cuenta de la manera en que expone sus angustias a la vez que le entrega a una película inolvidable.
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  • Ruby, la chica de mis sueños
    Lo independiente no se libra del cliché

    El nuevo film de los directores de Pequeña Miss Sunshine no logra captar la frescura de aquella historia y se revuelca en los lugares comunes. Atisbos de comedia romántica con dos protagónicos que atrasan varios años.

    El cine independiente ha existido desde que el cine es cine, pero en los Estados Unidos, el país con la industria más constante y poderosa del mundo, el concepto del cine independiente no era moneda corriente. Por eso, fueron los estadounidenses los primeros en insistir en este término cuando a mediados de los '80 una fuerte corriente cinematográfica comenzó a hacer la diferencia en aquella cinematografía.
    Los nombres han sido y son muchos, algunos extraordinarios, otros no tanto. Pero Ruby, la chica de mis sueños pertenece a una línea muy particular dentro del cine independiente. Más que independiente, podríamos decir que es una película de presupuesto relativamente bajo, con actores famosos pero sin megaestrellas, con una distribución acotada y con el apoyo en la distribución de una compañía mejor. ¿Cómo puede ser que las grandes compañías apoyen al cine independiente? Es que en los '90 el mercado comenzó a descubrir la fuerza de este nuevo cine y el negocio que había en hacer películas no tan caras dándoles a cambio libertad creativa. Algunos directores lo aprovecharon muy bien y encontraron un refugio en esto. Pero el problema es que la fuerte originalidad de aquellas propuestas independientes se ha ido convirtiendo poco a poco en un "género" que, como los grandes géneros del cine industrial, se ha llenado de lugares comunes.
    Los directores de Ruby son los directores de otro famoso film independiente, Pequeña Miss Sunshine, pero acá no logran captar la misma frescura. Así que el joven protagonista de Ruby responde a todo nivel a esos clichés remanidos y hoy definitivamente gastados. El protagonista, interpretado por un típico actor indie como Paul Dano y su chica, también obediente a las reglas de esta clase de cine, en su mirada, su forma de actuar, su pelo, etcétera, conforman una pareja que hace 15 años podría haber sido original, pero hoy está tan gastada como una pareja romántica del más comercial de los proyectos.
    Los secundarios –por ejemplo padres hippies, otro cliché– no pueden hacer la diferencia y el motor de corte fantástico que da origen a la historia no pasa de ser ingenioso pero efímero. Si han visto cine independiente, no verán nada original en esta película, y si no ven cine independiente tal vez les llame un poco la atención, pero luego se preguntarán por qué no es tan divertida o simpática como las demás comedias románticas.
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  • ¿Qué voy a hacer con mi marido?
    Comedia sexual de pareja adulta

    Con un insólito y poco atractivo título que no tiene nada que ver con el original, el director de Marley y yo encaró una historia con un punto de partida interesante y la presencia de Meryl Streep, Tommy Lee Jones y Steve Carell.

    Cuando las películas prometen ser excelentes y al final resultan no serlo, es muy común que el espectador o el crítico crean que la película decae en el final. Pero en realidad las películas son un todo, y si en su último tramo las cosas no terminan de funcionar, entonces la película nunca fue excelente.
    Esta comedia sexual otoñal protagonizada por Meryl Streep y Tommy Lee Jones –y con la participación de Steve Carell y Elizabeth Shue– tiene un punto de partida interesante que invita a creer. Al pasar los 30 años de matrimonio Kay y Arnold se encuentran sumergidos en la apatía y el aburrimiento. Kay es la más preocupada por este malestar e intenta poner en funcionamiento algún mecanismo para recuperar la pasión perdida. Así que es la mujer la que activa en esta pareja la posibilidad de explorar nuevos rumbos, recurriendo a un sexólogo y viajando a un lugar llamado Hope Springs (Hope Springs es el título verdadero sepultado para un patético título en castellano) donde buscarán darle un nuevo enfoque a la vida marital.
    Esta comedia dirigida por el mismo director de Marley y yo y El diablo viste a la moda, deja en claro que, como en sus films anteriores, David Frankel busca explorar más cosas que las que podría prometer una película estándar. Una búsqueda que en este caso encuentra a su mejor aliada en la inagotable y siempre brillante Meryl Streep. Aunque al principio de su carrera no lo aprovechaba, Streep descubrió en algún momento que la comedia es un excelente vehículo para hablar de cosas dramáticas.
    Así, Hope Springs habla del malestar en la pareja y de la angustia puntual de la mujer en el matrimonio. Luego la trama tendrá sus cambios y sus giros y podría discutirse la eficacia de los mismos. Mientras tanto, queda la sensación de un plan mucho más interesante y complejo de lo que finalmente termina demostrando el film que tiene para ofrecernos. No es tampoco algo tan grave, la película se sostiene. El problema es que una vez que nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad han sido estimuladas, han sido encendidas, nuestra exigencia aumenta también.
    Con sus defectos y limitaciones, Hope Springs sigue siendo una película que vale la pena y cuya pareja protagónica demuestra, con su sola presencia, que esa tercera edad a la que ellos pertenecen sigue siendo una parte importante de la vida.
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  • La pelea de mi vida
    La pelea de mi vida
    Tiempo Argentino
    Demasiada TV, muy poco cine

    Cómo sería ver un programa de televisión no muy logrado en pantalla grande? Sería incómodo, aburrido y muy parecido a lo que uno experimenta cuando está viendo La pelea de mi vida. Desde las primeras escenas, la lucha que el espectador tiene que hacer contra la vergüenza ajena es agotadora.

    Dos boxeadores, uno sobreviviendo como puede en Colombia, el otro en la cima de su fama en Buenos Aires. La torpeza narrativa es asombrosa y todo el film parece de cartón pintado. Todo está mal, es falso, está mal preparado. Si aparece un fotógrafo, parece un extra al que le dieron una cámara y no alguien que realmente saca fotos, y así con todo, en todos los niveles. Diálogos imposibles y una música tan omnipresente como inadecuada, hacen más ardua aun la primera hora de película.
    El uso del 3D está en la misma frecuencia. Es inadecuado, torpe y completamente inútil. La última media hora de película, incluso estando llena de defectos, es un poco mejor, en particular porque han puesto un poco más de esfuerzo en filmar las peleas que en el resto de la trama. Si en televisión esta hubiera sido una historia mediocre llena de clichés, en cine se transforma en algo realmente inaceptable.
    En el elenco, Federico Amador es quien está más cerca de lograr un resultado razonable, aunque ni la dirección ni el guión lo ayuden. El resto es directamente para el olvido. Cada escena, cada diálogo, todo queda lejos del humor, la emoción y la acción que, uno asume, pensaron que podía ofrecer esta película. No es tan fácil hacer cine masivo de entretenimiento y es un insulto para los espectadores cuando alguien los subestima pensando que un título como La pelea de mi vida justifica el valor de una entrada.
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  • Ted
    Ted
    Tiempo Argentino
    Inteligencia y humor ácido y divertido

    El anuncio de que Seth MacFarlane iba finalmente a realizar un largometraje provocó en los admiradores de su obra una inmensa alegría. El resultado es sin dudas la comedia del año, con ideas, humor y entretenimiento.

    Seth MacFarlane es uno de los grandes nombres de la comedia televisiva y posiblemente el creador de series mejor pago del momento. En 1999 creó nada menos que Padre de familia (Family Guy), una increíble comedia de animación que funciona como la versión adulta y transgresora de Los Simpsons. Luego le siguieron American Dad y The Cleveland Show.
    Finalmente llegó el momento de pasar al cine, con actores y con un único elemento de animación ?pero digital? que el oso que le da nombre al título del film. Recordemos que MacFarlane siempre pone animales en sus series y que esa marca de fábrica no podía faltar acá. El humor del realizador de Ted no es un humor cualquiera, sus chistes son fuertes y la comedia que él hace no se queda sólo en la transgresión por la transgresión misma. MacFarlane tiene un humor muy inteligente y veloz, que supera ampliamente la incorrección política. En su cine hay una constante crítica a los valores de la sociedad contemporánea, así como también un retrato generacional impecable. La cultura popular de fines de los '70 y principios de los '80 aparece de una u otra manera en su obra y Ted no es la excepción.
    No hay que adelantar nada, es mejor que el espectador se sorprenda, pero quienes se hayan criado con esa cultura, esta película es memorable. Para los demás, todo funcional igual e incluso para quienes nunca hayan visto Family Guy, luego de los primeros golpes, el humor se entiende y se disfruta plenamente. Porque además de ser una crítica al puritanismo y la doble moral, Ted es también una comedia para reírse en serio. Es verdaderamente graciosa y auténticamente inteligente. Ver a un oso de peluche que cobra vida y que cuando su amiguito de la infancia ya tiene 35 años él sigue siendo igual, pero convertido en un atorrante absoluto, puede parecer un punto de partida un tanto brutal, pero sin duda es efectivo. Y la maestría con la que el director –quien también hace la voz de Ted? integra al oso a la historia, habla también de un dominio de la narración cinematográfica, no sólo de los guiones brillantes.
    Ted es la comedia del año, difícil encontrar tan buena combinación entre ideas, humor y entretenimiento. Mark Wahlberg y Mila Kunis, así como un elenco de secundarios provenientes de la televisión de MacFarlane, le entregan a la película una convicción que se ve fácil, pero no lo es. No hay fallas en esta ópera prima y tampoco hay traición a la carrera previa del director.
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  • Todos tenemos un plan
    MILONGA DEL MUERTO

    Film noir –y ópera prima- de Ana Piterbarg que explora con inteligencia y estilo el tema del doble y se pregunta acerca del coraje que habita en las personas civilizadas, alejadas de la violencia y el salvajismo.

    Dos hermanos gemelos (ambos interpretados por Viggo Mortensen), cuyas vidas los han alejado en la adultez, vuelven a cruzarse brevemente en circunstancias muy particulares. Uno de ellos, Agustín, es un médico pediatra, que vive en pareja, con la cual está avanzando sobre la adopción de un bebé. El otro, Pedro, ha cometido un delito de secuestro que ha terminado el asesinato y, sabiendo que sufre de una enfermedad terminal, va a buscar a su hermano. Con poca verosimilitud, bien al uso del film noir, pero al servicio de su tema, Pedro le pide a Agustín que lo ayude a morir, pero se lo pide en su propio departamento en Capital Federal. En cualquier otra circunstancia esto habría terminado en un no, pero lo que Agustín no sabe es que Pedro está en una crisis total. La amenaza de formar una familia que no lo convence lo está llevando a separarse y su insatisfacción es absoluta. El mundo civilizado de Agustín se ha convertido en una pesadilla. Pedro, por el contrario, vive en el Delta del Tigre, lleva una vida marginal y delictiva, y junto con dos socios –uno de ellos amigo de ambos hermanos en la infancia. Se ha metido en un callejón sin salida. Al hermano civilizado le corresponde un futuro civilizado, al hermano salvaje le corresponde un destino violento e incierto. De forma inesperada, o no tanto, Agustín encuentra en la aparición de su gemelo la oportunidad de intercambiar roles. Pero como este es un film noir de punta a punta, el intercambio incluye que Pedro muera, creyendo todos que es Agustín. Claudia (Soledad Villamil, en una gran actuación pero un rol muy pequeño) recibe la noticia de que Agustín no quiere adoptar, luego que quiere separarse y unos días más tarde lo encuentra muerto. Metafóricamente hablando, Agustín no existe más. Agustín se ha convertido en Pedro en todos los sentidos posibles. Y a Claudia se le contrapone Rosa (Sofía Gala Castiglione, en un gran rol protagónico) en quien Agustín verá una nueva forma de relación. Una relación de film noir, condenada desde el comienzo, aunque el vínculo sea más fuerte que el que Agustín tenía con Claudia.

    Todos tenemos un plan tiene una inquietante trama policial, tiene personajes impresionantes (a los mencionados sumemos a ese amigo, Adrián, interpretado magistralmente por Daniel Fanego, quien mete miedo con este papel) y posee una realización impecable. Pero lo que le da fuerza a la historia es justamente ese deseo por lo primitivo que late en el corazón de la civilización. Esa perturbación que lleva a Agustín a convertirse en todo lo que él ha reprimido. El ha llegado más lejos en la vida, ha triunfado según los cánones sociales, pero quiere volver a lo salvaje. Cuando alguien –sin saber que es él, claro- le dice cuan cobarde era Agustín, en su rostro se ve que él ha venido a comprobar si es así. Agustín se convierte en Pedro para saber si tiene el coraje que era marca de su hermano y que en él parecía estar ausente. Ambos hermanos como evidente metáfora de dos partes de un todo. Como escribió Jorge Luis Borges en Milonga del muerto, siempre fascinado por el tema del coraje: “Su muerte fue una secreta victoria. Nadie se asombre de que me dé envidia y pena el destino de aquel hombre.” Todos tenemos un plan golpea en esa inquietud, tan borgiana como universal.

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  • Tinker Bell: El secreto de las hadas
    La pantalla le queda grande

    Del clásico libro de J. M. Barrie llamado Peter Pan existieron muchas versiones teatrales y cinematográficas, siendo la más popular de todas la que produjo el mismísimo Walt Disney en 1953. Allí, y por primera vez, el personaje de Tinker Bell (Campanita o Campanilla, en castellano) cobraba una forma humana y era más que una luz en el relato.

    Los puristas de aquel momento se quejaron por esa forma de mujer voluptuosa que Disney le otorgó. Tenían algo de razón, porque a pesar de ser tan diminuta, el film le da un sutil y pícaro toque sexy al personaje. Aun así, Tinker Bell no tenía diálogos en el film. Pero hasta tal punto fue importante el personaje para Disney, que se convirtió –luego de Mickey Mouse– en el símbolo más fuerte de los Estudios Disney. Es Tinker Bell quien aparece en el logo del Disney Company, rodeando al castillo y simbolizando la magia cinematográfica de todos los films creados por esa empresa.
    Para comprobar hasta qué punto Campanita es considera sex symbol, en Hook, de Steven Spielberg, la interpretó Julia Roberts. Y cuando la animación Disney decidió expandir sus personajes, creando secuelas y ramificaciones, Tinker Bell fue una de las que mejor funcionó. Producto que podía competir con los dibujos de Barbie, y con una simpleza que ya no tenía nada que ver con la creación original de Disney.
    Los films de Tinker Bell no son, a diferencia del Peter Pan original o de las princesas Disney, films para toda la familia. Su estética y su armado es más infantil y su target de nenas es bastante acotado, bordeando también los estereotipos de género en la infancia. Así al film Tinker Bell (2008), le siguieron tres films más y ahora un cuarto, cuyo título original era Secreto de las alas, pero acá se tradujo como El secreto de las hadas. Las secuelas de aquel film fueron creadas para ser estrenadas directamente en DVD, y esta versión no se estrenará en cines en los Estados Unidos, sino que saldrá de forma directa en DVD y Blu Ray en octubre. El guión es simple: Tinker Bell se adentra contra toda advertencia en los Bosques de Invierno y allí descubre algo que obviamente no adelantaremos por ser justamente un secreto. Poco tiene de nuevo para aportar el film, a pesar de su siempre interesante trabajo con las distintas estaciones del año. Destinados a sufrirla mil veces en el formato hogareño, ni el 3D justifica el tener que pagar una entrada de cine.
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  • Dos más dos
    Dos más dos
    Tiempo Argentino
    Entre la osadía y el conservadurismo

    Una pareja integrada por Adrián Suar y Julieta Díaz se ve tentada a entrar al mundo swinger a partir de la propuesta de un matrimonio amigo conformado por los personajes de Juan Minujín y Carla Peterson. Mucho marketing y un buen resultado.

    Si algo se puede decir en favor de los films “de Adrián Suar” que vienen realizándose desde que en los años '90 se estrenó Comodines, es que han intentado mejorar y convertirse en productos cinematográficos de calidad. Pongamos un manto de piedad sobre algunos de ellos, que no merecen hoy revisión alguna, pero recordemos algunos hallazgos de Alma mía y Un novio para mi mujer, aunque esta última tenía también puntos muy bajos. Pero sin duda había intenciones, búsquedas, que distanciaban estos productos de otros bodrios comerciales de nuestra cinematografía.
    Diego Kaplan trajo a estos films un aire renovador y una búsqueda estética en Igualita a mí y mantiene esa búsqueda en Dos más dos. La película promete cuatro personajes protagónicos (dos matrimonios que son amigos desde hace años), pero claramente es la historia de una de las dos parejas, la de Diego (Adrián Suar) y Emilia (Julieta Díaz), una en crisis, que a partir de descubrir que la otra, Richard (Juan Minujín) y Betina (Carla Peterson), son swingers, tienen que decidir si van a probar algo nuevo para renovar su vínculo.
    Pero si acaso la historia está centrada en una pareja, en realidad está aun más centrada en el personaje de Diego, y es él, conservador, tradicional, lleno de dudas, quien llevará de la mano al espectador por este mundo que se abre frente a él. Todo lo que el espectador pueda imaginar sobre esta película es equivocado. Todos los prejuicios del crítico se verán contrastados por un film que no es lo que parece. Dos más dos no es una pavada para armar polémica, no es una película con morbo, es una película inteligente, con una puesta en escena intencionalmente clásica, pudorosa, sutil, fuera de época.
    El que espera descontrol, orgías y desnudos va por mal camino. Acá estamos frente a uno de esos films clásicos, que disfrazados de inocentes o infantiles, terminaban convirtiéndose en obras más adultas e interesantes. Comienza como una comedia que se tuerce al drama, y maniobra con brillantez entre la osadía y el conservadurismo, como suelen hacerlo las personas, después de todo.
    Luego la cosa se vuelve aun más interesante, pero no diremos cómo ni por qué, pero si queda claro que Dos más dos no es lo que parece. Los únicos prejuicios que hay que vencer tienen que ver con la idea del film “escándalo”, que tiene mucho de marketing televisivo, pero que detrás de eso esconde una gran película.
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  • Los indestructibles 2
    Los indestructibles 2
    Tiempo Argentino
    Los dueños del cine de acción

    Una película cuyo guión es un manual de cine de acción de los '80 con los grandes exponentes del género. Bruce Willis, Schwarzenegger, Statham y Stallone entre otros pesos pesados. Héroes populares, fuera de moda pero vivos.

    El género de acción como se lo conoce hoy surgió en la década de los '80. Antes había films de espionaje, guerra, westerns, etcétera. Pero en los '80, con la llegada del video, aparecieron todos esos catalogados bajo un mismo nombre, a la vez que en la pantalla un grupo de héroes se forjaba bajo esta denominación. Algunos venían del cine de artes marciales, como Chuck Norris y luego Jean-Claude Van Damme, otros del fisicoculturismo, como Arnold Schwarzenegger, otros tenían una carrera forjada a partir de haber creado el personaje de un boxeador proletario, como Stallone, y finalmente algunos eran lisa y llanamente, actores con una carrera en la televisión, como Bruce Willis. Los nombres fueron muchos, luego se sumarían más, pero Rambo, Terminator, Depredador, Cobra, Rocky IV, Duro de matar, Desaparecido en acción, Lobo solitario, Retroceder nunca, rendirse jamás, fueron algunos de los títulos de aquel cine de acción de los '80. Volver a reunirlos no era un mero chiste de marketing, era reencontrarse con un grupo de héroes populares, sin prestigio, sin premios internacionales, pero siempre con el apoyo de su público. Héroes olvidados, abandonados en la era digital, la corrección política y un mundo donde la virilidad ha cedido el paso a la metrosexualidad. Fuera de moda, pero vivos, cuando Stallone, director y guionista además de actor, decidió reunirlos en el año 2010, sabía lo que hacía. Estas piezas de museo, tal cual ellos se describen, exponen el paso del tiempo y en su regreso, nos hacen sentir una felicidad relacionada con ese tiempo transcurrido. El éxito y una película inolvidable, los llevó –bien al uso de los '80– a probar una segunda parte con nuevos invitados. La película, cuyo guión es un manual de cine de acción de los '80, tiene una media hora final inolvidable, una fiesta para los admiradores de estos actores. Además, y a diferencia de la primera, todos tienen un papel más significativo, además de Stallone y Statham, los dos protagonistas. Y habrá una tercera, sin duda, porque la felicidad de ver juntos a estos actores, hoy más tiernos y adorables, que peligrosos y serios, es un premio para cualquier espectador que ame el cine de acción. Cine divertido donde veteranos dejados de lado muestran que todavía tienen mucho para ofrecer. Bienvenidos sean, los estábamos extrañando. Gracias por tanto cine.
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  • El vengador del futuro
    El vengador del futuro
    Tiempo Argentino
    La acción antes de cualquier cosa

    La remake de la película protagonizada en los '90 por Schwarzenegger y Sharon Stone regresa con Collin Farrel, Kate Beckinsale y Jessica Biel en los papeles principales. Entretenimiento y acción de alto impacto asegurados.

    Remake de El vengador del futuro, film de 1990 dirigido por Paul Verhoeven y protagonizado por el impar Arnold Schwarzenegger, la en aquel momento ascendente Sharon Stone y Raquel Ticotin, una actriz muy querida entre los cinéfilos, basado en el relato de Philip K. Dick, el mismo autor que fue adaptado a la pantalla grande en Blade Runner (1982) de Ridley Scott y Minority Report (2002) de Steven Spielberg. Es tentador comparar al autor con el film y mucho más aun, comparar esta nueva versión con el film de Verhoeven. Pero para ser sinceros, esto no pasaría de ser un mero ejercicio. Aquel film era raro, irónico y con humor, a la altura de su director y su particular protagonista, acá las cosas son más serias, más oscuras y más ligadas al uso de la ciencia ficción actual. Acá no está Marte y la metáfora del 3º mundo se vuelve más directa debido a eso. Pero no es grave, ya que estamos frente a un film con un despliegue de producción impactante y una vocación de película de acción más que otra cosa. Douglas Quaid (Colin Farrell) es un empleado de una fábrica de robots. Tiene la fantasía de ir a Rekall, una empresa que implanta recuerdos falsos en las personas. Pero al estar ahí, algo falla, y sale a la luz que –tal vez– Quaid sea un espía. Lo sea o no, Douglas Quaid deberá huir del lugar mientras trata de entender la realidad que lo rodea. Correrá hacia su esposa (Kate Beckinsale) para comunicarle la terrible situación, a la vez que sospecha que la mujer que aparece en sus sueños (Jessica Biel) tal vez no sea sólo un sueño. El director Len Wiseman (Inframundo, Duro de matar 4.0) sin duda está más preocupado por el entretenimiento que por las implicaciones filosóficas de la historia. Lo bueno es que a pesar de cierta superficialidad que hay en el film, la acción no se detiene jamás. Si la búsqueda era la de producir un espectáculo enorme lleno de diversión, la búsqueda ha llegado a donde quería. No se puede evaluar una película por aquello que no ha intentado ser, y El vengador del futuro no ha intentado ser un clásico de la ciencia ficción tanto como un impactante film de acción. Su destino debido a esto podría ser limitado, pero mientras uno ve la película, el entretenimiento está asegurado, de una punta del relato.
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  • El camino del vino
    El camino del vino
    Tiempo Argentino
    El drama de perder la sensibilidad

    Un experto en vinos, Charlie Arturaola, pierde el gusto. A raíz de esa desgracia emprenderá un periplo en busca de respuestas. Ficción disfrazada de documental sobre un tema universal como lo es la búsqueda o recuperación del placer.

    Charlie Arturaola es un sommelier extraordinario. Es presentado como una autoridad absoluta. En control de su trabajo, no hay nada que parezca salirse de sus manos. Pero entonces ocurre algo inesperado. La peor pesadilla se hace realidad: Charlie pierde el gusto. No es capaz de sentir el sabor del vino. Este evento súbito, casi mágico, genera una comprensible desesperación en él. Consulta con amigos, con su mujer, trata de pensar cómo resolver esto. En realidad no piensa. Como en Hechizo del tiempo (Groundhog Day) de Harold Ramis, donde Bill Murray recibía un milagro adverso que le permitía aprender algo, en El camino del vino el protagonista tendrá que, en un camino desesperante pero con mucho humor, entender algo que lo ha llevado a ese estado. Inventando los argumentos más delirantes, Charlie hará un camino que lo llevará (o no) a la comprensión y la sensibilidad perdida. No es una película sobre vino –aunque los amantes del vino la adorarán– sino sobre la forma en que todas las personas pueden perder la sensibilidad, como –en particular los expertos– corren el riesgo de perder el origen de su pasión. Carreras hace una apuesta estética también. Su ficción se disfraza de documental, pero no hay dudas de que igual hay un armado dramático, más allá de la historia principal, sin duda construida alrededor del carismático protagonista y su conflicto. Ver a una autoridad convertida en un indefenso personaje, sin duda es una idea interesante y el camino para recuperar la humildad va a haciendo que uno se encariñe aun más con el pobre Charlie. Sus recursos insólitos, sus mentiras, sus deseos de lograr de forma rápida lo que en realidad es un proceso interior. La película amenaza con volverse un poco didáctica en un momento pero por suerte pasa por alto esto y recupera su ritmo y su interés. Hay escenas realmente graciosas y momentos sorprendentes. Con humildad, Carreras hace una película inteligente, de esas que además son fáciles de querer por los espectadores. La búsqueda del placer, o la recuperación del mismo, después de todo, es un tema que no le es ajeno nadie.
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  • Atraco!
    Atraco!
    Tiempo Argentino
    Un insólito robo para la señora

    Las joyas de Eva Perón son el preciado botín en esta película donde transitan personajes de gran melancolía. Guillermo Francella, Nicolás Cabré y Daniel Fanego protagonizan una interesante historia con trasfondo político.

    Film noir con trasfondo político, ¡Atraco! es una película inesperada, fuera de cualquier moda, interesada en esas historias que permiten trabajar a varios niveles a la vez que ofrecen un digno entretenimiento. En el exilio de Perón en Panamá, sus colaboradores se encuentran en problemas para lograr que se traslade a España para vivir allí. Desesperados y sin medios, empeñan las joyas de Eva Duarte en una joyería en España. El problema es que la esposa de Franco, habitué de las joyerías, le hecha un ojo a las joyas y fiel a su costumbre, planifica llevárselas sin pagarlas jamás. Entonces tienen pocos días los argentinos para intentar un insólito robo de común acuerdo con el dueño de la joyería a fin de evitar la pérdida definitiva de las joyas. Los protagonistas son los dos ladrones que llevarán a cabo el robo (Guillermo Francella y Nicolás Cabré), y él, que ha planificado todo el asunto (Daniel Fanego). La historia grande es sólo un fondo, algo que les pasa por encima a ellos pero que en el relato está detrás de los personajes principales. Indudablemente esto intensifica el dramatismo, ya que existe una gran melancolía en la pequeñez de los sentimientos y las ambiciones de estos personajes en relación con las figuras históricas. El mayor acierto de la película es sin duda la melancolía romántica de los personajes principales. Merello (Francella, brillante), guardaespaldas fiel hasta las últimas consecuencias de la ya fallecida Eva Duarte que, ideologías aparte, encuentra en esa figura a la que adora la razón de todas sus acciones; Miguel (Cabré), actor argentino desocupado que llega a Panamá y el azar lo coloca como cómplice para el robo en Madrid. También aparecerá Teresa (Amaia Salamanca) una enfermera que queda involucrada en el asunto de manera clave. En el film noir, el azar siempre juega en contra, sin excepción, y por eso los cruces parecen complicar las cosas desde el comienzo. Y finalmente Landa (Daniel Fanego), un personaje enorme construido por el guión pero también por el actor, que entrega la gran actuación de su carrera. La única –y no pequeña– objeción para hacerle al film es que la puesta en escena cae en clichés antiguos y subrayados. El mencionado Fanego tiene más sutilezas en su rostro que las que puede ofrecer la forma en que es filmado en los pasajes clave de la trama. Aun con defectos, el film sale airoso, porque la historia y los personajes son genuinamente interesantes.
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  • El silencio del puente
    El silencio del puente
    Tiempo Argentino
    Voces sobre corrupción en la frontera

    La diferencia entre un informe televisivo y un documental cinematográfico consiste en la capacidad de concentrar al espectador y mostrarle, sin fisuras ni trucos de edición, una realidad que le es ajena o desconoce por completo.

    El puente San Roque González de Santa Cruz une Posadas, Argentina, con Encarnación, Paraguay. Inaugurado en 1990, el sueño de que dicho puente se convirtiera en símbolo y real unidad entre Argentina y Paraguay se fue deshaciendo frente a la evidencia de algo más palpable y terrible. El puente se convirtió en un puesto de frontera corrupto, convirtiendo a la pauperizada población de la zona en traficantes o cómplices de traficantes. Primero de mercaderías varias, y en muchos casos, finalmente, en narcotraficantes. La corrupción, por supuesto, le abre la puerta a toda clase de crímenes, llegando al homicidio, como se narra en el film. El relato gira en torno a tres personajes, los cuales han luchado o luchan contra el silencio que gira en torno a todo lo que ocurre alrededor del puente. Aurora Lucena, viuda de un gendarme que murió en confusas circunstancias persiguiendo traficantes bajo el puente, y que intenta averiguar las reales causas de la muerte de su marido; la de Eduardo Petta un ex fiscal paraguayo destituido al realizar un procedimiento para evitar el tráfico, y que explica con lujo de detalles la insólita situación por la cual fue desplazado debido a no ser corrupto; y la de Ricardo de la Cruz Rodríguez, un abogado que prepara un informe acerca de la criminalización de la pobreza en la zona. La suma de esas historias y otros testimonios fluctúan entre la desolación de un espacio de corrupción total sin arreglo y la lucha de estos personajes –y la película– por conservar sus valores y su deseo de verdad. Tanto ellos, como la película, confían en que un cambio es posible.
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  • Los tres chiflados
    Los tres chiflados
    Tiempo Argentino
    Sincero homenaje a la comedia física, con respeto y amor incondicional

    Curly, Larry y Moe resucitan de la mano de los directores y guionistas Bob y Peter Farrelly, los mismos de Loco por Mary y Amor ciego. El resultado podrá tener fallas y problemas, pero tiene un trabajo actoral brillante.

    Luego de muchas idas y vueltas (donde se hablaba de estrellas de primer nivel, como Jim Carrey, Benicio Del Toro y Sean Penn en los roles principales) los hermanos Farrelly (los mismos de Loco por Mary y Amor ciego), llevaron a la pantalla al famosísimo y muy querido trío cómico conocido como Los Tres Chiflados. Aquellos cómicos –los tres originales– que comenzaron en la década del '30 y que aún hoy se pueden ver en cable, luego de décadas de admiración por parte de espectadores de todo el mundo.
    Comediantes físicos por excelencia, maestros de la comedia violenta, han sido juzgados, admirados, venerados y rechazados a lo largo de todo este tiempo. No fueron pocas las veces que tuvieron que aparecer en televisión para aclararles a los chicos que la violencia que ejercían sobre sus compañeros era trucada, y los objetos hechos de goma y sin riesgo alguno de herir a nadie. Los Farrelly, por cierto, se guardan una cita final y un chiste extra con respecto a esto último.
    Lo más interesante y arriesgado de esta película, es respetar la esencia del trío que homenajean. Hasta se dan el lujo de separar los tres actos de la película como si fueran tres episodios de Los Tres Chiflados, con el famoso cartel y el título de cada episodio.
    Sin duda todas estas sutilezas, las hay muchas en el film, sean valoradas por los adultos, más que por los niños. Por eso es incomprensible e indignante que el film no se estrene con copias en su idioma original, tan sólo en versiones dobladas al castellano.
    El trabajo actoral es brillante, y el esfuerzo para lograr las voces y los modismos no se reproduce en el doblaje. Tanto Sean Hayes (Larry), como Chris Diamantopoulos (Moe) y sobre todo Will Sasso (Curly) se lucen en sus papeles. Si en los últimos años tantos actores han ganado el Oscar por interpretar a personas famosas, no veo impedimento para que el trabajo de Sasso le permita al menos una nominación.
    Al trío protagónico hay que sumarle a Larry David haciendo de monja (sí, el mismo de Que la cosa funcione, de Woody Allen) y a Jane Lynch como la madre superiora. Esta comedia de los Farrelly podrá tiene fallas y problemas, pero el esfuerzo que han hecho por traer al mundo actual aquel universo, ha sido arriesgado y lleno de valor. Destinada al desprecio fácil, esta película ha sido realizada con respeto y amor incondicional hacia Curly, Larry y Moe.
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  • Soledad y Larguirucho
    Soledad y Larguirucho
    Tiempo Argentino
    Un musical sin guión ni diversión

    La idea de unir a la popular cantante con los personajes de Manuel García Ferré parecía promisoria, pero la realización sólo sorprende por la precariedad de muchas escenas y un guión que contribuye a hundir todo.

    Hay una larga tradición de cantantes protagonizando películas en el cine argentino. Desde el nacimiento del cine sonoro que las estrellas de la música han llegado a la pantalla grande, explotando su talento en vehículos para su exclusivo lucimiento. Dentro de esa línea está, en parte, Soledad y Larguirucho. Pero también la película es, como lo delata su título, una película de animación. Y no una película de animación cualquiera, sino una creada por Manuel García Ferré, el animador que más largometrajes realizó en nuestro país y el creador del personaje de Hijitus (excesiva y torpemente citado en esta película).
    Así que dos géneros se cruzan aquí, instalando a Soledad Pastorutti más como una cantante para chicos que para todo público y trayendo a todos los personajes conocidos de García Ferré, empezando por Larguirucho, pero incluyendo a Cachavacha, el Profesor Neurus, Pucho y Serrucho.
    A pesar de la nostalgia que despiertan estos personajes,a pesar de la simpatía de la voz de Pelusa Suero, a pesar de algunos fondos de animación bellos y a pesar del carisma de La Sole, la combinación de elementos falla: los actores interactuando con los personajes animados son lamentables. Ya no se puede tolerar semejante desprolijidad y apuro para armar lo que sin duda era el elemento más importante del proyecto.
    Las canciones están, casi todas, no filmadas como videoclips sino como actuaciones imposibles de La Sole, con un público tan tenso y poco creíble que destruye todo el clima. Es muy malo el trabajo de los extras en toda la película, tanto que merece ser mencionado. Pero lo que hunde a la película por completo es el guión: la historia está armada de una forma tan torpe, tan gratuita es la suma de escenas y tantos son los desvíos para mostrar las bondades de la provincia de San Luis o las minicuotas de una casa de electrodomésticos, que es arduo seguir la lógica de la narración.
    Al fallar el guión, no se benefician Soledad ni la animación ni las cosas que intentan promocionar. Los 80 minutos que dura aproximadamente la película se hacen eternos. La precariedad de muchas de las escenas ya no es aceptable para un film argentino.
    La Argentina, que en los últimos años ha ganado premios en todo el mundo, incluyendo el Oscar, tiene un cine muy por encima de esta clase de productos. Soledad y Larguirucho es una falta de respeto a la inteligencia del espectador.
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  • Valiente
    Valiente
    Tiempo Argentino
    La princesa colorada que quería vivir

    La primera mujer protagonista de Pixar es una de las mejores historias de Disney. El conflicto principal es claro y no tiene quiebres estéticos fuertes. El film se perfila como la mejor película de animación del año.

    El primer film de Pixar con una protagonista femenina es, como suele pasar con el famoso estudio, una revolución dentro del género de la animación. Esta princesa escocesa se convierte no sólo en esa primera mujer protagonista de Pixar, sino que además es la mejor princesa de toda la historia de los estudios Disney, compañía a la que pertenece Pixar desde hace años.
    Mérida, así se llama la princesa, practica la arquería con pasión, ama cabalgar y está en guerra con los modales y buenas costumbres de una princesa que intenta inculcarle la madre. Lo novedoso e interesante de esta princesa Disney, es que no es ella la que deberá aprender a ajustar al mandato social y a la tradición patriarcal, sino que será su madre la que deberá entender las motivaciones y los deseos de su rebelde hija. Con una economía de recursos asombrosa –pero sin perder ni belleza ni espectacularidad– Valiente (Brave, 2012) es la más sobria de las producciones Pixar.
    Con el marco de la Escocia medieval de fondo, no son pocas las referencias a su mitología y a su universo misterioso, plagado de imágenes profundamente bellas. Incluso en ese aspecto la película es de una rigurosidad que asombra, prácticamente sin guiños ni distracciones inútiles. No tiene quiebres estéticos fuertes como Wall-E ni se vuelve esclava del despliegue multicolor de películas como Cars. Esto permite que el conflicto principal sea claro y directo, que los temas se expongan con claridad y que, más allá de la simpatía de los personajes, se trate de un film que pueden disfrutar por igual niños y adultos, aunque su verdadera dimensión sea comprendida por estos últimos.
    Gustos aparte, pensar que una generación de niños y niñas se formará con un film como Valiente, es pensar que hay un futuro luminoso para las próximas generaciones. Todos los esfuerzos por actualizar a las princesas de Disney habían sido a medias, con Valiente se da por tierra con la mística machista de las estructuras de los cuentos de hadas y por primera vez un personaje femenino es protagonista por sí misma, y no en función de la búsqueda de un príncipe azul.
    Divertida, emocionante e inteligente, Valiente es la clase de películas que hacen que el cine infantil deje ser llamado así y sea denominado simplemente cine. Valiente es la mejor película de animación del año y la única que nadie se puede perder.
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  • El sorprendente Hombre Araña
    Una joya que brilla en un género difícil

    A diferencia de tantas películas con superhéroes, esta cuarta producción sobre el popular personaje de Marvel Comics no cae en errores comunes ni banalidades. El nuevo protagonista (Andrew Garfield) tampoco defrauda.

    Las grandes producciones de superhéroes están a la orden del día en el cine de Hollywood. Se suceden unas a otras y pelean por la taquilla cada año. Las hay buenas, muy buenas, mediocres y también malas. Pero de tanto en tanto aparece alguna que se eleva claramente por encima de las demás. El sorprendente Hombre Araña es una de esas joyas que brillan con luz propia en un género donde no siempre la calidad artística puede imponerse.
    Cuando anunciaron hace un par de años que se haría un reboot (reinicio) de los films de el Hombre Araña, la idea parecía perezosa y propia de un objetivo sólo comercial, pero a la luz de la película que hoy se estrena, fue realmente una idea excelente comenzar todo de cero nuevamente. El dramatismo de la historia de Peter Parker (brillante Andrew Garfield) es mucho mayor y más complejo que en los films anteriores. La película no se pierde en tonterías ni hace concesiones demagógicas. Los personajes están bien construidos, los actores son sobrios, la puesta en escena es dinámica y clara. La acción funciona muy bien, el drama funciona muy bien, el humor funciona muy bien. Y los dilemas de identidad de Peter Parker y sus dilemas morales atraviesan la trama dándole a la película una intensidad emocional que tampoco es moneda corriente.
    Los films de superhéroes, son los films de héroes del siglo XXI. La mitología contemporánea está ahí. Por lo tanto, es ahí donde el tema aparece con notable frecuencia. Y en El sorprendente Hombre Araña vemos el camino que desde la infancia Peter Parker recorre, para descubrir y comprender el valor del heroísmo, el valor de ser bueno. La película deja en claro también que todos podemos ser un héroe, que en todos habita el coraje y que “quien salva una vida, salva a la humanidad toda”.
    Emocionante por donde se la mire, la película conmueve por sus reflexiones acerca del ser humano, sus valores y el sentido de la vida. Hasta se da el lujo, aun siendo un film tan divertido y espectacular, de mirarse a sí mismo y explicarse en varias escenas, como si fuera un film moderno. El sorprendente Hombre Araña es una película enorme, contundente, definitiva. La mejor que se haya hecho sobre el personaje. Y la prueba más clara de que detrás de los films de superhéroes pueden hallarse las grandes preguntas que han obsesionado a la humanidad desde tiempos inmemoriales.
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  • La era de hielo 4
    BAJADA DE LÍNEA

    Cuarta entrega de la saga y primera en 3D. La era del hielo 4 apuesta a la aventura, al mensaje edificante y seguir persiguiendo una bellota difícil de atrapar.

    Cuarta parte de La era del hielo (Ice Age: Continental Drift), como era de esperarse en 3D, representa una mejora con respecto a la lenta pero segura decadencia de la serie. En el año 2002 llegaba aquel primer film, velada remake del western Tres hijos del diablo (Three Godfathers, 1948) de John Ford. Claro que con simpáticos animales, animación y un tono más cómico que dramático, más allá de las primeras escenas. Desde un comienzo las películas de La era del hielo tuvieron buena respuesta del público. Y en particular, uno de sus personajes, Scrat, con su eterna persecución de una bellota, se convirtió en un gancho comercial que supera incluso la fama de las cintas. Con habilidad y buenos resultados, los primeros cortos y avances de las películas siempre tuvieron a Scrat como protagonista, generando una respuesta más que positiva en los espectadores. Así que cada llegada de una nueva película, ya viene acompañada por la simpatía del personaje obsesionado con su bellota. Dicha persecución siempre –en esta película más que nunca– produce las consecuencias más insólitas y siempre genera las escenas de humor más absurdo. Pero los personajes principales, Manny, Sid y Diego, son el motor real de la película y el motivo para seguir la historia. ¿Conflicto? Bueno, se separan los continentes, si eso no es un conflicto, no sé cual podría serlo. Hay también un villano, un pirata que le dará más elementos dramáticos a la película. Una abuelita, una novia para Diego y muchas enseñanzas. Una vez, y respetando la naturaleza de la saga, estamos frente a una road movie, una película de viaje, y como siempre ocurre en esta clase de films, el viaje exterior es la excusa para un viaje interior. Nunca fue muy sutil en sus mensajes La era del hielo y aquí se repite la bajada de línea clarísima con respecto a diferentes valores que la película defiende. Tal vez demasiadas bajadas de línea para una sola película. Un poco obvia y sensiblera en ese aspecto, pero siempre sostenida por los momentos de humor absurdo y, como nunca antes, con una alta dosis de espectacular aventura. Parece que el 3D se ha convertido en una invitación hacia el despliegue de producción y La era del hielo 4 lo confirma. Despareja y no siempre divertida, igual satisface las expectativas de quienes vienen a buscar a sus personajes conocidos. Para el resto, siempre es mejor esperar por el próximo Pixar.
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  • A Roma con amor
    LA EXPERIENCIA, LA AUTOCRÍTICA Y LA PASIÓN

    Viajando por Europa, Woody Allen llega ahora a Roma. Pero se vuelve evidente que esta escenografía es solo una excusa para tratar en forma de comedia los temas que le han obsesionado siempre.

    A Roma con amor cuenta varias historias. Al estilo coral, que tanto le gusta al director, se le suma uno de sus recursos más comunes: desdoblarse él mismo en esas historias. Las cuatro que narra en este film son aspectos de los temas que siempre lo obsesionan. Algunos de ellos llegan hasta el comienzo de su carrera, otros son temas que se han vuelto recurrentes en su cine de los últimos años. Lo que sigue es un análisis de esas historias, y se cuentan elementos importantes de la trama.

    Dos historias son “americanas” y dos son “italianas”. En estas últimas Woody Allen no reprime un homenaje al cine italiano querido por tantos, añorado por muchos, pero esencialmente dejado de lado con los años. ¿Cuántos de los que dicen amar La dolce vita son capaces de citar hoy alguna escena que no sea la de la Fontana di Trevi? Allen, de hecho, se lanza sobre esa locación al comienzo de la trama. Y he ahí un agradecimiento al director, que abandona el turismo y el paisajismo y se mete de lleno en la historia, sin tanta vuelta. El homenaje, por suerte, es narrativo.

    Una conservadora pareja de recién casados llega a Roma para recibir la bendición de los familiares de él. Una vez allí, la novia sale a buscar una peluquería, se pierde y termina encontrándose con su actor favorito. El joven novio, por el contrario, termina enredado con una prostituta. ¡Claro que es El jeque blanco, de Federico Fellini! Es la misma historia, de punta a punta, con las variaciones del caso, aquí la prostituta tiene un rol principal y la joven novia es menos virginal que en el film de Fellini. Si bien esta historia es un homenaje, el tema de la pareja reprimida versus la sexualidad desinhibida es una constante en el cine de Allen, así como también que las prostitutas estén asociadas siempre a una sexualidad sin neurosis. Claro que la prostituta del film, interpretada por Penélope Cruz, ya destinada a ser la Sofia Loren del cine actual para algunos directores, es buena como las prostitutas de los films de Fellini.

    La otra historia italiana es la de Leopoldo (Roberto Benigni), un hombre común a quien nadie le presta atención y cuyas opiniones son, según sus propias palabras, ignoradas por todos. Hasta que un día los paparazzi (recuerden que el término nació en La dolce vita, de Fellini, con el personaje fotógrafo llamado Paparazzo) y los medios se interesan por él, y todas y cada una de las cosas que hace comienzan a volverse interesantes. ¿Metáfora de los Reality Show? No creo. Más bien el tema ahí es otro y es bastante agridulce. Leopoldo, interpretado por un cómico como Benigni, es el alter ego de Allen. Allen, que odia los medios, la fama, las luces y que lo persigan para saber su opinión sobre cualquier cosa. Pero que, y acá hay una confesión inédita en Allen, necesita de esa fama, la desea y en el fondo le gusta. Algo que siempre había negado.

    La primera historia americana es la de John, un famoso arquitecto norteamericano interpretado por Alec Baldwin, que con esos pases de magia termina cruzándose con un joven que es una metáfora de su propia juventud y los errores que cometió en su pasado. John lo seguirá al joven Jack, su pareja Sally y la aparición de Mónica, una amiga de ella que amenazará con destrozar la pareja, cuando Jack se sienta atraído a ella. El propio Allen, maduro, parece recordar sus errores del pasado y saber que no volvería a cometerlos, pero también expone que, como decía Kierkegaard, la vida sólo puede ser comprendida hacia atrás pero sólo se puede vivir hacia delante. La licencia poética y el recurso de hablar con su pasado, una herencia de Bergman que Allen ha usado mucho, le sirve al director para mostrar con humor y piedad este tema.

    Finalmente llegamos a Woody Allen protagonizando la cuarta historia. ¿Qué papel hace el Allen actor aquí? El de… ¡un jubilado que no quiere serlo! Allen, más tierno que nunca, se muestra viejo, fóbico como siempre, aunque dando a entender no puede ni quiere retirarse. Un productor musical “adelantado a su época” qué básicamente es un desastre en muchos aspectos. Como en La mirada de los otros, Ladrones de medio pelo, Scoop, Conocerás al hombre de tus sueños, y otros films de los últimos años, Allen se ve a sí mismo como alguien “qué no ha logrado sus objetivos”. Se critica y se quiere, pero siempre con humor. Acá tendrá una propuesta artística insólita para su consuegro italiano, que no por nada es funebrero. Más gracioso todavía es que la esposa de Allen, Judy Davis en el rol de una psiquiatra, pone en palabras las metáforas obvias, dejando no muy bien parado el oficio al que el director le debe tanto. Finalmente Allen se queda feliz cuando los críticos italianos los llaman “imbecile”. Su esposa le dice que significa: “adelantado para su tiempo”.

    Allen convirtiendo a un enterrador en un artista, jugando –de forma muy metafórica- con la muerte como lo hacía su querido Bergman en En presencia de un payaso- muestra su vitalidad y su deseo aun vivo. Su cine, siempre coherente, encontrará como único escollo cierta falta de autenticidad cuando elija ciertos personajes italianos para narrar el comienzo y el final de la historia, pero son detalles menores para un film inteligente, simpático y sí, muy demagógico en la superficie. Ese es el trato, parece decir Allen: acompáñenme unos años más, yo a cambio hablaré de los temas que me obsesionan, pero con humor, ternura y bellas locaciones. Esto, no deberá el espectador confundirse, está muy lejos de convertir a A Roma con amor en un film carente de profundidad o amarga lucidez. Allen ligero, sigue siendo Woody Allen.
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  • Sombras tenebrosas
    Sombras tenebrosas
    Tiempo Argentino
    Cuando al final todo queda en familia

    Nuevamente juntos, Tim Burton y Johnny Depp se divierten dando forma a una familia disfuncional que convive con un pariente vampiro que resucita en pleno 1972. Todo el elenco (y los cameos) acompañan y realzan la cinta.

    Tim Burton construyó en 30 años de carrera, un número de cortometrajes y largometrajes que cambiar con la cara del cine industrial para siempre. Pero ha sido también la voz de los freaks, de los incomprendidos y los diferentes. Sombras tenebrosas es una comedia familiar, pero de la clase de familia que Burton podría hacer. El protagonista, un héroe de aire gótico llamado Barnabas Collins (Johnny Depp, en la octava colaboración con el director), se encuentra con un mundo moderno cuando luego de estar atrapado en un cajón durante casi dos siglos, logra liberarse en 1972.
    La película jugará a la comedia a la vez que describirá la maldición melodramática y de corte fantástico de la cual Barnabas es víctima. Burton conoce a estos personajes, le resultan familiares los malditos, los siniestros, los perturbados. Supo, mucho antes que fuera una moda universal, que todas las personas tienen un costado oscuro y habitan en soledad su propia condición de diferentes.
    Sombras tenebrosas vuelve a tener a Burton más cerca de un tema que lo ha obsesionado en esta última etapa de su carrera, que es la familia. La familia cobra particular importancia en El gran Pez, Charlie y la fábrica de chocolate y Sweeney Todd. ¿Pueden los fenómenos tener una familia? ¿Podrían Batman, Edward Scissordhands y El jinete sin cabeza integrarse? Esta comedia festiva y oscura a la vez es un despliegue consciente de todos los temas y toda la iconografía del director así como un regreso a sus obsesiones más recurrentes.
    Nadie en normal en un film de Burton, porque la normalidad no existe en su mundo. Pero la aparición de Barbabas Collins le permitirá a sus herederos, abrazar su lado dark con orgullo, sentirse felizmente diferentes y vivir en consecuencia. Si el universo visual de Tim Burton ya no necesita presentación y acá vuelve a ser deslumbrante, sí hay que decir que las actuaciones merecen mención aparte. Depp hace lo suyo con esa libertad que sólo Burton sabe darle y Michelle Pfeiffer realiza por lejos uno de los mejores trabajos de su carrera. Eva Green y Helena Bonham Carter son un lujo extra, pero la cereza del postre es ver al vampiro protagonista hablando con el maestro de vampiros Christopher Lee, y una aparición de Alice Cooper que no tiene desperdicio. Lo que se dice, finalmente, una familia muy normal…
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  • La traición
    La traición
    Tiempo Argentino
    Cine de género hecho por un autor

    El célebre director Steven Soderbergh armó un elenco de lujo para una película de acción y espionaje casi standard, donde el mayor atractivo es la presencia de actores de la talla de Michael Douglas, Antonio Banderas, Ewan McGregor y Michael Fassbender.

    La traición es una película de acción y espionaje protagonizada por Gina Carano, una campeona de artes marciales y modelo de fitness que aquí obtiene su primer protagónico clase A dentro del mundo del cine. Alrededor de la deportista y actriz aparece un elenco enorme formado por Michael Douglas, Ewan McGregor, Antonio Banderas, Michael Fassbender, Channing Tatum, Mathieu Kassovitz, y Bill Paxton.
    Una película de acción con un elenco de lujo y con una heroína de acción que aprovecha su fama previa como deportista no es lo más común que se pueda ver en el género. Este elenco multiestelar y esta producción esconde un secreto: el director es Steven Soderbergh, que saltó a la fama como gran director independiente cuando en 1989 dirigió Sexo, mentiras y video. Luego siguieron otros proyectos personales que se fueron alternando con películas de género taquilleras. Así, obtuvo el Oscar por Traffic y creó éxitos como La gran estafa.
    Esta agente mercenaria, que acepta trabajos de diferentes gobiernos, es traicionada y comienza una persecución internacional donde ella intenta sobrevivir pero también vengarse. El cine de género, el cine popular, no tiene nada de malo, y aunque los héroes provenientes de las artes marciales no suelen tener mucho prestigio, no son pocas las películas entretenidas e impactantes que han realizado.
    Sin embargo Soderbergh no proviene del cine popular. Y en cada uno de estos proyectos, algunos más efectivos, otros más fallidos, siempre transmite en imagen y en las historias, la idea de que él tiene un pie afuera de todo esto. Sí, hay un virtuosismo y recursos ingeniosos y refinados en varias escenas. Pero no tiene el director esa convicción que necesita quien realmente ama el cine de acción. Si no nos avisaran que la dirigió Soderbergh, La traición sería lo que es, sin sumarle puntos extras. Una película un tanto pretenciosa, anticlimática, con varias escenas buenas y con gusto a poco al final del relato.
    El elenco indudablemente ayuda a mantener el interés y Gina Carano es una actriz muy carismática, ideal para esta clase de roles. La traición ocupa un espacio mayor al que le corresponde, no se trata de un film pequeño pero efectivo, sino de una película berreta en envase de lujo.
    Ya nos volveremos a encontrar con Carano en otra película, mientras que a Soderbergh lo encontraremos en un film más cercano a sus verdaderos intereses.
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  • Madagascar 3: Los fugitivos
    Perdidos en Europa a puro circo

    La tercera entrega de esta saga protagonizada por animales que escaparon del zoológico de Nueva York, encuentra a los protagonistas recorriendo varios países con un circo. Nuevos gags para una historia conocida.

    El cine de animación es, desde hace ya varios años, uno de los lugares donde la taquilla estalla año tras año, produciendo éxitos enormes que se siguen multiplicando por todo el mundo. Madagascar forma parte de una de esas series de animación que se han convertido en las favoritas del público.
    Aquellos animales del zoológico de New York que terminan en verdadera tierra salvaje africana, conformaban una clásica comedia de “gente” de ciudad llevada a un universo hostil, peligroso y, en muchos casos, cómico. Alex (Ben Stiller), Marty (Chris Rock), Melman (David Schwimmer) y Jada Pinkett Smith (Gloria) conformaban un cuarteto ideal para la comedia.
    El primer film, recibido con críticas dispares, se estrenó en 2005 y el segundo en 2008. Gracias al 3D, casi todas las sagas que no tenían más cuerda regresan para una nueva oportunidad y, taquilla mediante, tal vez una cuarta.
    En Madagascar 3, no hay absolutamente nada nuevo bajo el sol, aun cuando las aventuras se trasladen a Europa y las locaciones (animadas, claro) ofrezcan un fondo distinto para las aventuras de los personajes. Cada país incluye sus propios clichés, tal vez ofensivos si alguien se los tomara en serio, y a través de las aventuras en un circo y esos recorridos por ciudades es que se sirven todos los gags posibles.
    El ritmo alocado y demencial que toda la serie se repite pero, al igual que en los films anteriores, los chistes son bastantes mediocres y obvios. Hasta los pingüinos, inquietantes y verdaderamente chiflados, ya se han convertido en algo previsible.
    Aquellos que deseen repetir la experiencia de los films anteriores, encontrarán algo bastante parecido. Incluso, alguna escena más arriesgada al comienzo y un universo visual más rico y renovado también les producirá placer. No hay muchas cosas realmente malas en la película, pero definitivamente no hay nada para destacar como verdaderamente bueno.
    Cómo siempre en estos casos, son los personajes nuevos los que captarán la mayor atención. Esta vez la policía francesa malvada (con la voz de Frances McDormand en el original) es posiblemente el gran hallazgo en ese sentido. Nada más.
    Canciones hay, colores hay, chistes tontos hay. Si eso puede conformar a alguien, no saldrá defraudado, ahora si se busca un buen film animación con algo más allá de la superficie, Madagascar 3 no es la película adecuada.
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  • Abrir puertas y ventanas
    LAS HERMANAS

    En su ópera prima, la directora Milagros Mumenthaler construye un relato de sobria brillantez y emoción contundente. Una maravilla que con gran humildad termina por convertirse en una obra gigante.

    Escribir sobre Abrir puertas y ventanas evoca, como siempre al redactar una crítica, las imágenes de la película. En este caso, eso produce inevitablemente una emoción enorme. Cada escena, cada situación, cada detalle se convierten en un armado brillante que desemboca en un final inolvidable. Hay películas que muestran todo su juego desde el comienzo; otras, como ésta, van postergando esa construcción hasta llegar al final. Pero todo el camino conduce a esa emoción profunda, visceral pero también intelectual que nos produce la historia. Tres hermanas viven en una vieja casa donde, desde el comienzo de la película, claramente falta algo. O falta alguien. El relato arranca “empezado”, una situación que marca la decisión de la directora de invitarnos a descubrir eso que no está a partir de detalles. Como Ozu, como Kawase, Mumenthaler filma la ausencia, un arte complejo que requiere confianza y talento. Una ópera prima no siempre trae tanta osadía, y es saludable que alguien se atreva a tanto sin tampoco hacer por eso un film pretencioso.

    Qué placentero es un film cuando nos invita a descubrir cosas cuando esas cosas están frente a nosotros, pero no son subrayadas por nada ni por nadie. Hasta las estaciones del año pasan frente a nuestros ojos sin ser mencionadas. Cada una de las hermanas tiene un universo completo definido por lo que dice, pero más aun por la palabra que no pronuncia, por las cosas que hace, por cómo se para o por cómo reacciona frente a todo. Y la cámara… esos movimientos lo dicen todo.

    Pocas veces una cámara ha podido con tanta claridad narrar historias y emociones. Abrir puertas y ventanas no es una película críptica, está hecha con el corazón, es inteligente y lúcida. Si no se alcanza a leer todo lo que dice esa cámara (obviamente bajo las órdenes de la directora) no será tan fácil dejarse llevar por la emotividad y la grandeza de esta película. En una película en la que desde el guión intencionalmente nos falta información, pero la cámara no deja de darla en ningún momento. Cambian los objetos, las estaciones, las actitudes, los pensamientos. Milagros Mumenthaler filma la ausencia, filma los sentimientos, filma las ideas, los dolores, los miedos. Filma todo lo que no se ve, pero que a través de su mirada y de los inolvidables rostros (y cuerpos) de las actrices se hace presente. No es un acto de magia, es una lección de cine.
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  • Blancanieves y el cazador
    La princesa guerrera y la reina sangrienta

    Una Blancanieves interpretada por la ex Crepúsculo Kristen Stewart, una bruja, Charlize Theron, intensa y dramáticas y los siete enanitos en una revisión del clásico cuento que está vez no tiene mucho de infantil.

    Nuevamente el cuento de hadas de Blancanieves llega al cine. Esta vez adaptando un libro que nos muestra otra Blancanieves, enfocada definitivamente hacia un público adolescente y adulto. Espectacular, original en muchos aspectos, impactante en otros, esta película toma decisiones arriesgadas y consigue alcanzar muchas de sus metas. Al mismo tiempo hay que decir que todo el relato está marcado por una tensión entre las grandes ambiciones de la historia, y las concesiones que hace para no pasarse del todo al lado oscuro del relato. Para empezar hay que decir que la malvada reina, interpretada de forma excepcional por Charlize Theron, es un personaje complejo, intenso y dramático a punto tal que merecía una película para ella sola. Y me pregunto por qué no lo hicieron, ya que hubieran logrado algo verdaderamente interesante. Lastimada por su pasado, enojada con los hombres y temerosa de la vejez, la reina ha enloquecido y es mucho más que una villana, es la conciencia de que el mundo es cruel con las mujeres, en todo sentido. Hasta una relación casi incestuosa con su hermano tiene esta reina, asesina del padre de Blancanieves y esclava y dueña del famoso espejo mágico. ¿Cómo logra Blancanieves meterse en la historia? Con ayuda del guión y del director, sin duda, porque la sacan a la reina del medio y se meten al bosque negro con la joven, donde conocerá a los enanos que serán sus guardianes y sus leales guerreros. Una nota interesante: los enanos están interpretados por famosos actores británicos (Bob Hoskins, Nick Frost, Eddie Marsan, Ray Winstone, Ian McShane…) que efectos especiales mediante, pasan por enanos. Tal vez suene políticamente incorrecto, pero el resultado es asombrosamente efectivo. Pero llegamos a Blancanieves, que al estar interpretada por Kristen Stewart esto nos lleva a pensar directamente en Crepúsculo. Pero no es sólo eso. Mientras que hay un fuerte contenido sexual en la reina, en Blancanieves el sexo se reduce a nada, excepto a dos besos. Y como en la famosa saga protagonizada por Stewart, son dos los candidatos que giran alrededor de ella. Por un lado William, su amigo de la infancia, y por el otro lado el cazador viudo interpretado por Chris Hemsworth, quien al estar en el título el espectador ya va predispuesto a que tenga más chances. No es lo mejor de la película. Con apuestas fuertes pero con debilidades de mercado, esta Blancanieves no apta para niños es un espectáculo que vale realmente la pena, aun cuando no profundice tanto como quisiéramos.
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  • Hombres de negro 3
    Hombres de negro 3
    Tiempo Argentino
    La aventura del salvador del futuro

    Una vez más, a diez años de su último periplo, los agentes J y K vuelven a hacer lo imposible para defender al planeta. Con hábil mano del director Barry Sonnenfeld y efectos en 3D, Will Smith y Tommy Lee Jones entretienen.

    Hombres de negro no fue una película de ciencia ficción más, Hombres de negro surgió en una época donde la ciencia ficción había perdido originalidad. Con un sentido del humor brillante y sorpresivo, la película era no sólo una gran comedia, sino también una gran película de ciencia ficción.
    No había duda de que además de ser un gran entretenimiento, la película era fiel al género al tratar varios temas serios con simpático ingenio. Las migraciones y el miedo al extranjero era uno de los tópicos principales del film, y a partir de allí la historia ensayaba una burla a las instituciones y las costumbres de una sociedad.
    Will Smith y Tommy Lee Jones hacían una pareja perfecta y el director Barry Sonnenfeld aportaba su estética delirante a la aventura. Sonnenfeld, que dirigió la secuela y también esta tercera parte, ya había realizado Los locos Addams pero también había sido director de fotografía de los primeros films de los hermanos Coen, como Educando a Arizona y De paseo a la muerte, entre otros films.
    En esta nueva entrega de los casos de los agentes J (Will Smith) y K (Tommy Lee Jones) la historia conduce al primero de ellos en un viaje en el tiempo, con el fin de salvar la vida de su compañero. Si K es asesinado, todo el destino de la humanidad estará en peligro a merced de una invasión alienígena que dominará la Tierra. Así J vuelve a los años sesenta y se encuentra con un K más joven (Josh Brolin) pero igualmente malhumorado y osco. La comedia y la aventura de ciencia ficción están, obviamente servidas a partir de esta ingeniosa vuelta de tuerca y no son pocos los momentos en los que la diferencia entre décadas da buen resultado para el humor, en particular la aparición de Andy Warhol.
    Aunque ni la segunda parte de Hombres de negro ni esta nueva versión están a la altura de la original, igual hay que decir que acá las cosas funcionan mucho mejor que en la segunda y que a pesar de perder algo de brío hacia el final, va a ser difícil que alguien no sienta simpatía por los personajes. Algunos rostros conocidos, entre ellos Emma Thompson, varios cameos y por supuesto las citas a los films anteriores, cierran un paquete amable y divertido, que como era de esperar, llega en formato 3D.
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  • Los padrinos de la boda
    LAS PEORES COMEDIAS DEL MUNDO

    Del lamentable guionista de Muerte en un funeral, llega ahora Los padrinos de la boda, otro bodrio que, como aquel film, pelea por el podio a la peor comedia del mundo.

    Amo la comedia. Disfruto mucho las comedias y me las tomo muy en serio como películas. Desde el slapstick del cine mudo a la sátira, de la screwball comedy a la parodia, la comedia es uno de mis géneros favoritos. Tengo un solo límite: no me gustan las comedias que no me hacen reír ni una sola vez. Es más, me enfurecen. Hace unos años un bodrio de mal gusto pero sobre todo de mediocre timing, arrasó con la taquilla y el público que jamás entendió ni disfrutó de la comedia decía que era excelente. Esa comedia era la insufrible Muerte en un funeral, dirigida por el director norteamericano Frank Oz pero producida en Inglaterra. Más patética incluso que esta comedia era escuchar a los ignorantes decir “amo el humor inglés”. Tenía esa película tanto humor inglés como las comedias con Olinda Bozán de humor coreano. Ni una risa me produjo semejante porquería. Nadie que ame el humor o comprenda la comedia podía pasar por alto lo mal hecha que estaba. Fui un iluso al pensar que el éxito de la película no iba a tener consecuencias. Las tuvo y acá se estrena con el título de Los padrinos de la boda. Sin duda gracias al aporte del mismo guionista y los mismos productores de Muerte en un funeral, esta comedia vuelve a producir en mí el mismo hermoso efecto: Cero risas. Obviamente, una comedia que produce cero risas produce con el correr de los minutos, furia. Qué un genero tan bueno sea bastardeado de esta manera, es lamentable. La ironía final es que la película no sólo roba mucho de su antecesora, sino que suma plagios u homenajes a ¿Qué pasó ayer?, La familia de mi novia, Despedida de soltero y otros títulos. Poco importa, no será esta la ocasión para cambiarle el (no) gusto a nadie. El que crea que esto merece ser visto y quien tenga la dudosa suerte de reírse aunque sea una vez, que lo haga. Hay gente que ama las malas comedias e incluso las malas comedias sobre bodas. Cómo alguien dijo una vez: Hay gente para todo.
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  • Elefante blanco
    LAS COSAS QUE NO SE TOCAN

    La nueva película de Pablo Trapero es un paso más en su carrera, que por su potencia emocional y su destreza visual, ya entró en la historia grande del cine argentino.

    Alguna vez alguien sostuvo que no valía la pena escribir en contra de las películas, que sólo tenían valor los textos a favor. Esta teoría, con la que no suscribo, tiene igualmente un punto a favor irrefutable: las buenas películas nos explican todo aquello que las malas películas hacen mal. Y si a veces el crítico no logra poner en palabras lo que realmente no le gusta en una película mala, la aparición de una buena responde a todo aquello que no podía plasmarse en un texto. Elefante blanco es el séptimo largometraje de Pablo Trapero quien con una pequeña pero a la vez enorme carrera, ha ido pisando con firmeza y dejando huellas definitivas dentro de la historia del cine contemporáneo.

    Nicolás (Jérémie Renier) ha sobrevivido a la masacre de una tribu a manos de narcotraficantes en el Amazonas y Julián (Ricardo Darín), enfermo, viaja para rescatarlo De regreso, los dos sacerdotes católicos, viejos amigos, unen sus fuerzas para ayudar a la gente de la Villa Virgen, en Buenos Aires. Con ellos está Luciana (Martina Guzmán), una asistente social que trabaja también en pos de mejorar la vida de los habitantes de la villa. Esa es la base de la historia. Está claro que a partir de esto Trapero va a trazar un mapa de la complejidad de ese mundo, de su violencia, su peligrosidad, pero también de sus deseos de salir adelante. El tema no es fácil, y la mirada que la mayoría de los espectadores tienen de ese universo es, por razones obvias, sesgada o incompleta. La misión de Trapero es entonces meternos en ese mundo, es él nuestro guía por ese espacio, como en su momento fue nuestro guía en el mundo obrero de Mundo grúa, en el de la policía bonaerense en El bonaerense, en el de las cárceles de mujeres en Leonera y en el universo de abogados y hospitales en Carancho.

    Para Trapero algunas características son constantes. Su estilo con herencia neorralista, su posible asociación con el cine social latinoamericano, su cámara potente y su fuerza dramática están aquí intactas. Su retrato de la violencia sigue siendo igual de fuerte pero esta vez es más sobrio, más pudoroso, estalla con la misma fuerza, pero sin regodeo alguno. Sus personajes solitarios encuentran una razón de ser una vez más y se integran. Uno imagina a los tres protagonistas como seres solitarios, pero unidos y al servicio de la villa ya no lo son. La protagonista de Leonera no estaba sola porque tenía un hijo y terminan juntos la película, algo parecido ocurre acá, con esa gente que ellos ayudan y que, en definitiva, los reconoce. Y en esa gente, y en las locaciones, Trapero halla la herramienta más valiosa de su estilo: la autenticidad. Al director no le importa tanto el realismo como la autenticidad. Su fuerza dramática consiste justamente en dotar a sus películas de verdad. Esa verdad se la da no sólo su oficio, sino la presencia de verdaderos habitantes de las villas, personajes que ningún actor podría reconstruir y si lo hiciera no sería tan auténtico para la historia que Trapero aquí cuenta. Filmada en varias villas, aunque la trama transcurre solo en una, el resultado que obtiene Elefante blanco es contundente.

    Finalmente la película gana por su complejidad. No tanto por sus personajes, sino por generar aristas que vuelven más sofisticado el mundo que el film muestra. No hay un espacio sencillo donde el espectador pueda acomodarse en una posición tranquila y segura. Las reglas y las situaciones cambian para nosotros como para los protagonistas y la lucha cotidiana está llena de contradicciones y de conflictos sin buenos ni malos. O con buenos y malos pero no siempre los mismos personajes. Hacerse cargo de esa complejidad no le asegura a Trapero mayor popularidad, al contrario, pero sí le otorga una grandeza digna de los mejores cineastas. También hay que decir que, por lejos, esta es la más emocionante y entretenida de las películas de Pablo Trapero. Su séptimo opus es un paso más allá para alguien que nos ha permitido conocer nuevos mundos y, sobre todo, entenderlos. Elefante blanco nos muestra todo aquello que la denuncia demagógica de la televisión o la prensa amarillista nos niega. Y también se hace cargo de una pobreza y una marginación que hace años forman parte de nuestra ciudad y de la que nadie parece ser responsable.
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  • Misión secreta
    Misión secreta
    Tiempo Argentino
    La Guerra Fría ahora se traslada al presente

    Una historia casi clásica del subgénero de los films de espionaje, con intrigas, dobles traiciones y paranoia, aquí con actuaciones de Richard Gere y Topher Grace. Ideal para los amantes de aquellas películas de Este vs. Oeste.

    La Guerra Fría en el mundo real trajo toda clase de consecuencias negativas, pero en el cine ha sido desde el comienzo un material muy rico para grandes películas de espionaje. Con el final de la Guerra Fría, el cine perdió un gran subgénero y toda una producción de films inteligentes y atragantes. Misión secreta (El doble, en el mucho mejor título original del film) recupera aquellas intrigas entre el Oeste y el Este y reaviva aquellos años de paranoia y dobles traiciones.
    Para eso, el guión cuenta con una clásica historia del género. Un senador muere y se cree que el autor es un agente llamado Cassius. Agente que, por otro lado, se supone ha muerto años atrás, lo que obviamente es una metáfora de la muerte de la Guerra Fría. Frente al a investigación estará un joven agente experto en el tema (Topher Grace) que ha hecho un estudio minucioso de la carrera de Cassius y un experimentado pero jubilado agente que forma parte de la Guerra Fría (Richard Gere) que se retiró para quedar alejado de todo ese mundo.
    Lo original del film es que lo que se supone iba a ser la principal intriga se convierte rápidamente en un tema secundario, al revelarse casi al comienzo la identidad de Cassius. Pero claro, no todo es lo que parece y la búsqueda tiene vueltas de tuerca y complicaciones que son el verdadero interés de la película. Esta pareja despareja de investigadores –joven/mayor, universitario/agente experimentado– se encontrará con toda clase de personajes que sumarán intriga y abrirán nuevos interrogantes. Pero el espectador, que ya tiene la información más valiosa desde el comienzo, vivirá con mayor interés y tensión todo el desarrollo de la trama.
    En una película de estas características, es inadecuado hacer un análisis de la historia porque eso llevaría a delatar todo lo que ocurre y es justamente su máximo encanto el ir descubriéndolo. El espectador debe entregarse a lo que propone el relato. Buenas escenas de acción, algunas situaciones de gran suspenso y Richard Gere jugando un rol ambiguo de esos que tanto en tanto disfruta hacer, son lo que mantiene a Misión secreta dentro del estándar. Por otro lado, resoluciones repetidas y ciertos lugares comunes son lo que hacen que la película no puede elevarse por encima de dicho estándar. Aquellos que extrañen la Guerra Fría en el cine será quienes más disfruten de la película.
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  • No te enamores de mí
    No te enamores de mí
    Tiempo Argentino
    Encuentros y desencuentros

    No te enamores de mí busca hacer un retrato sincero y franco de las insatisfacciones y deseos de un grupo de jóvenes que atraviesan, cada uno a su manera, diferentes crisis relacionadas con el amor, el sexo y la pareja.

    Película coral con personajes que se cruzan e historias que se entrelazan, esta opera prima de Federico Finkielstain se despega claramente de una intención infantil o lavada de los conflictos que trata.
    La historia comienza de forma demasiado lineal y luego va volviéndose un poco más compleja. Los actores –a veces bien, a veces no tan bien– van lidiando con situaciones interesantes y adultas, pero con líneas de diálogo que no están a la misma altura. No se trata de diálogos que digan cosas importantes, sino que suenen creíbles y lógicos dentro de las diferentes escenas. La película plantea por momentos algo de humor, pero no lo hace con resultados muy positivos. El humor, de hecho, le da simpatía a personajes que luego se muestran miserables y convierte en tontos a personajes que luego deben ser el sostén final de todo el relato.
    Todo lo mejor de la película está en el centro, cuando el juego se abre del todo y los conflictos son verdaderos conflictos que interesan y producen alguna reflexión. Pero luego las cosas se van rematando con demasiados lugares comunes, con situaciones que en comparación a lo visto son muy previsibles y trilladas y que apagan todo aquello que la historia había encendido.
    Por momentos, el film resulta adulto y serio, luego parece un programa de televisión sin demasiado vuelo. La banda de sonido es, curiosamente, un elemento que ayuda a darle profundidad y generar gran clima, evitando, ahora sí, todos los lugares comunes de la música en el cine argentino. Una vez más, el problema no está tanto en los actores ni tampoco en el director, sino en el guionista. Irónicamente el director y el guionista son la misma persona, así que es Federico Finkielstain, a quien se le pueden atribuir las virtudes y los defectos de esta película.
    La enseñanza de No te enamores de mí vuelve a ser que para que una película supere las buenas intenciones y plasme las buenas ideas que le dieron origen, es imprescindible el tener un guión fuerte que la sostenga.
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  • Battleship: Batalla naval
    Cuando lo que salva es el ridículo

    La película protagonizada por Liam Neeson y basada en un videojuego naufraga en el océano, pero eso sí, con gigantescas escenas de acción. Sin embargo, hacia el final sorprende y gana en entretenimiento y diversión.

    Uno no puede imaginar proyecto más absurdo que una película basada en el antiguo juego llamado Batalla naval. Claro que se refiere a la versión industrializada y no a su aun más antigua (más de un siglo hoy día) en lápiz y papel que generaciones y generaciones han jugado. El juego de colocar barcos propios en una grilla y tratar de hundir los barcos que ha colocado el enemigo en la suya, no es en sí mismo una estructura dramática y aun así, en algún momento de la película la situación se acerca un poco al famosísimo juego. Pero es sólo para justificar el título, ya que por todo lo demás la película es tan parecida a la batalla naval como lo es la gran mayoría de las películas de guerra que transcurren en el océano. La trama es bastante simple. Un joven descarriado encuentra en la marina el comienzo de una nueva etapa, aunque todavía sigue dando tumbos. Su novia es la hija de un almirante y esto ocasiona un conflicto extra más cercano a la comedia que al drama. Su hermano, el serio de la familia, hace lo posible para que él consiga encontrar el rumbo. Pero una amenaza exterior se encargará de que toda la inmadurez sea puesta a prueba de un solo golpe. Battleship, Batalla naval es una película enorme, espectacular, llena de escenas de acción gigantescas y aburridas a la vez. Con esa estética que uno no sabe si es paródica o en serio, digna de películas como Transformers o Día de la independencia, la historia se arrastra por lugares comunes tanto en el guión como en las imágenes, y así transcurren sin ningún empacho una hora y media de no entretenimiento que bordea el ridículo tal vez sin que ese sea su deseo. Algunos personajes extras como un ex marine que ha perdido las piernas, ubican a todo el relato al borde exacto de la vergüenza ajena. Pero ahí, cuando el espectador más despierto cree que nada podrá rescatar a este film del hundimiento total, es cuando justamente la película sorprende. En la última media hora, lejos de estar ya al borde del abismo, se lanza desaforadamente al ridículo, se convierte en una forma festiva y ridícula de película de acción militar y produce varios momentos divertidos y ya sin vergüenza se entrega al disfrute visual y al genuino entretenimiento cinematográfico. Para algunos esta parte será la peor, para otros, como para quien escribe, es lo que justifica el haber sufrido 90 minutos de mala película. Hasta el humor del protagonista y su futuro suegro remata de manera divertida. Ojalá toda la película y no sólo el último cuarto hubieran sido así.
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  • Comando especial
    Comando especial
    Tiempo Argentino
    De regreso a la academia

    Hace unos años la televisión argentina tuvo como uno de sus grandes éxitos a la serie Comando especial donde un galancito que hizo furor entre las adolescentes interpretaba a un policía infiltrado en un colegio secundario.

    El galancito era Johnny Depp. Para él, la serie tenía un espíritu no muy digno, aun cuando le debe a ella sus primeros pasos en el estrellato. Más tarde también se sumaría a la serie el actor Richard Grieco, quien claramente no tuvo luego la carrera de Depp. Años más tarde llega la película e, inevitablemente, no puede tomarse las cosas en serio. Tan sólo le divierte la consigna de los policías metidos en el secundario. También la película le da mucha importancia a la idea de la pareja despareja. Entre el peor alumno de la academia y el menos popular pero más brillante de los estudiantes. Juntos son una pareja de comedia más que de acción, no queda duda. Y la película también explota al máximo la comedia de descontrol estudiantil que ha ido creciendo mucho y retomando importancia en la última década.
    Pero siendo la serie tan discutible, el alejarse de ella beneficia más de lo que perjudica y la película en la comparación sale ganando. Como suele ocurrir cuando se mezcla comedia con cine de acción, la comedia tiene más rigor que la acción y la lógica de ambos géneros no es compatible. Así que algo de pereza en la acción podría resentir algo la película en la segunda parte. Para entonces la comedia ya ha sido realizada con éxito y el daño que se produce es mínimo. Si la comedia adolescente tuvo un esplendor años atrás y ahora ha vuelto, Comando especial tiene la inteligencia de mostrar como todo sigue igual pero a la vez como ha cambiado el mundo. Los que amaban la serie o simplemente la recuerdan con afecto y nostalgia, la presencia de sus estrellas participando brevemente en el film será un regalo que sin duda recordarán. Está claro que esta película no enseña por lo menos algo: cuánto menos se respeta el material original, más posibilidades hay de hacer una película digna.
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  • El útimo Elvis
    El útimo Elvis
    Tiempo Argentino
    La pasión y los sueños de grandeza

    El debut del nieto del legendario Armando Bo es una película extraordinaria, sencilla en su superficie y compleja en realización.

    El último Elvis tiene en su título un juego de palabras. Por un lado, remite a la idea de que es el último de su estirpe y a la vez que estamos hablando de la última etapa de la carrera y la vida de Elvis Presley.
    El protagonista de la película es un hombre cuya pasión es ser Elvis. Tiene una gran voz y para todos es un imitador del cantante. Pero él no lo vive de esa manera. No quiere ser llamado por su verdadero nombre, Carlos Gutiérrez, y salvo cuando la realidad de forma prepotente lo obliga a lo contrario, él se hace llamar Elvis –de Memphis, obviamente. Su vida no es glamorosa, la relación con su hija y su ex mujer no es buena, trabaja como obrero en una fábrica de cocina, donde sólo sus auriculares le permiten seguir conectado con la música. Pero cuando se sube al escenario él es Elvis, tiene estilo, gracia, voz, y dominio de la escena. Son sus momentos de gloria, de felicidad. La película no permite nunca que esos momentos se arruinen, allí Elvis siempre brilla, incluso cuando se va y vuelve al escenario.
    El actor que interpreta a Elvis (no lo volveré a llamar por su otro nombre) se llama John McInerny y es sin duda uno de los pilares que sostienen la película de punta a punta. Todas las escenas lo tienen a él, todo gira en torno a su figura y a su universo. Actor debutante, pero imitador de Elvis en la realidad, McInerny es uno de los hallazgos de la película. Pero el hallazgo mayor es el director Armando Bo (nieto del extraordinario director de El trueno entre las hojas, Fuego y Carne) que en su opera prima tiene oficio y talento para no caer nunca en las tentaciones del novato. Su película, sobria y emocionante, es un lujo narrativo que, aun en sus momentos virtuosos (el plano inicial), no desvía el rumbo del interés principal que es el de contar una historia compleja y llena de matices, con pocos personajes pero con varios temas en paralelo.
    El último Elvis es un extraordinario ejemplo de película sencilla pero enorme. Porque su sencillez está en la superficie que fluye y conmueve, pero no en su realización, plagada de detalles brillantes y de gran complejidad. El director y los actores siempre se llevan las palmas, pero el sonido de la película, la luz y la dirección de arte dan cuenta de que el trabajo serio es a todo nivel. La película, insistimos, habla de muchas cosas, pero sobre todo de la necesidad de grandeza, de la pasión –incluso terrible– y de la coherencia para llevar lo que amamos hasta las últimas consecuencias.
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  • Los vengadores
    Los vengadores
    Tiempo Argentino
    Muchos héroes pero poca película

    Sin relato coherente y con un objetivo claramente ubicado en la taquilla, el film resulta una mezcla trabada de superhéroes que no encuentran su lugar dentro del guión. Un proyecto comercial gigante, pero sin valor artístico.

    Nick Fury, director de la agencia de seguridad Shield, reúne a un puñado de héroes con el fin de formar Los Vengadores, los únicos que pueden salvar a la tierra de una invasión comandada por el malvado Loki. Sinopsis pequeña para un film de gran tamaño. Y es así, finalmente el ambicioso proyecto de juntar a los héroes de Marvel se convirtió en película.
    Se supone que estamos frente al título más esperado de los últimos años, pero en mi opinión estamos frente al peor caso de inercia del cine contemporáneo. La expectativa era absurda porque era obvio que íbamos camino al desastre. Por separado, estos personajes funcionaron mejor o peor en sus películas.
    Cualquier persona medianamente atenta, sin embargo, habrá notado desde hace tiempo que unirlos era un proyecto muy comercial pero de escaso interés artístico. Y así es. ¿Qué pueden ofrecer juntos Iron Man, Capitán América, Hulk, Thor, Black Widow y Hawkeye? Poco, porque cada personaje tiene una identidad y sus universos tienen una lógica y una ética particular. Unirlos es un cambalache aburrido y molesto. Pero además de eso, el guión no puede ordenarlos a todos y los tiene que ir distribuyendo a lo largo de la trama de una manera tan forzada y ridícula que hay que ser demasiado benevolente o complaciente para aceptar semejante arbitrariedad.
    Cada cierta cantidad de minutos –y en medio de las batallas incluso– algún personaje queda “en suspenso” hasta que lo vuelven a meter en la trama. Y otro desastre: tantos héroes que han ganado tantas batallas se enfrentan a un villano que es un pusilánime de autoestima baja y una cara de perrito mojado que falla por completo. ¿Semejante dream team para pelear contra Loki? Los realizadores sumaron, calcularon, vieron que más personajes les sumarían más taquilla y no les importó nada más. Una verdadera pena pensar el cine en esos términos y una gran tristeza que los espectadores se dejen llevar por su fanatismo.
    Los superhéroes parecen agotados por el cine, pero no es así. El film de El Capitán América, el anterior a este proyecto, era bastante bueno. Ni hablar de los héroes fuera de Marvel como Batman, que desde hace años viene protagonizando grandes películas.
    La próxima vez –y me temo que habrá próxima vez– deberían poner menos héroes y mejores villanos, y construir un relato coherente, como el objetivo fuera hacer una buena película, no saquear los bolsillos de los espectadores del mundo. Por lo pronto, el personaje que merece una nueva relectura –en base a los visto acá– es Hulk.
    Su humor, desubicado en la película es, irónicamente, lo único que despierta dentro de este proyecto que nació falso y poco inteligente.
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  • Piratas! Una loca aventura
    Animación con inteligencia y humor

    Con el disparate como estrategia principal, la nueva obra de Peter Lord recobra lo mejor de la animación en stop motion. La técnica y el lenguaje depurado conforman un film muy divertido para grandes y chicos.

    Peter Lord, el director de ¡Piratas!... ya había entrado en la historia del cine de animación por haber fundado nada más y nada menos que los estudios Aardman, en Inglaterra, donde nacieron personajes como Wallace y Gromit, y donde el propio Peter Lord dirigió Pollitos en fuga. Animaciones en stop motion (cuadro a cuadro) para personajes en plastilina han sido su mayor identidad visual y sus películas logran, incluso en la era digital, deslumbrar por su belleza e inocencia a los espectadores de todo el mundo.
    ¡Piratas! Una loca aventura es otra comedia de aventuras del estudio que mantiene la base de los personajes en plastilina y le agrega fondos y efectos (como el océano) más modernos tecnológicamente. El resultado es impactante, pero no sólo por la técnica, sino por la capacidad de Lord de construir un film con un lenguaje depurado, bello. Estéticamente más rico que el común del cine comercial contemporáneo.
    El Pirata Capitán (en inglés la voz de Hugh Grant) es un pirata fracasado, con un grupo de leales –y estrambóticos– marineros más un ave fiel que completa la imagen más depurada de los piratas. La Reina de Inglaterra es su peor enemigo y el desdichado Pirata Capitán no tiene tampoco entre sus colegas el respeto o la admiración que él sueña. Pero los vientos están a punto de cambiar y al cruzarse con un científico algo loco, el Pirata Capitán comienza a soñar con la posibilidad de alcanzar su máxima meta: convertirse en “El pirata del año”.
    Esta base disparatada es el punto de partida del film, pero hay que decir que, siendo leal a los libros de Gideon Defoe en los que se basa, el disparate aumenta porque el científico es el mismísimo Charles Darwin. Él y su mayordomo mono se enredarán con los piratas y se cruzarán con otros personajes como Jan Austen y hasta el mismísimo Hombre elefante. No es fácil lograr que una comedia que apunta principalmente a los niños haga reír con inteligencia a un adulto, pero esto ocurre con ¡Piratas! Los chistes son inteligentes, divertidos y de una sofisticación poco habitual. Hay en eso una coherencia.
    La película de Peter Lord tiene un altísimo nivel estético, y una imaginación visual refinada y su sentido del humor es equivalente. Esto, que quede claro, sin perder nunca el objetivo de ser una película para todo público y conformar a los espectadores de todas las edades.
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  • American Pie: el reencuentro
    Potencial alto, pero resultado pobre

    La película original fue un éxito de taquilla, lo cual provocó secuelas y derivados. Ahora llega la cuarta parte, llena de clichés.

    American Pie provocó en el momento de su estreno, no sólo un éxito de taquilla sino también un renacimiento de la comedia de humor sexual adolescente. Y lo de adolescente no iba por los personajes, sino por la forma en que estaba encarada la historia. A esa película mediocre le siguió otra peor y, sorpresivamente, una tercera parte que por lejos fue la mejor de la serie. Luego aparecieron derivados que utilizaban la franquicia en películas para el mercado del consumo fuera del cine. El reencuentro era lo único que faltaba y aquí llega.
    La fórmula es la misma, los personajes son los mismos y la mayor cantidad de diálogos y situaciones graciosas dependen de que el espectador conozca los films anteriores. Si no los conoce, las risas se van a reducir considerablemente, con series posibilidades de llegar a cero. Las cosas son tan forzadas que la clase 1999 se reúne para el aniversario número 13 de egresados. Algo absurdo que el guión debe explicar para poder arrancar. Y arranca y es una larga serie de lugares comunes del imaginario social. Pasa por todos los clichés y no se saltea ni uno solo, lo que a esta altura parece una falta de respeto para el espectador.
    El potencial del reencuentro era alto, pero el resultado es pobre. En cuanto a los temas acerca de la nostalgia y el paso del tiempo, estos estaban mucho mejor aprovechados en la tercera entrega de la serie, donde a pesar del humor guarro y pícaro, se asomaba un dejo de lucidez que aquí se ha convertido en simple pobreza de guión. Algunos gags son obviamente ofensivos y una vez más la mirada sigue siendo algo primitiva y precaria. En ese aspecto, el personaje que siempre se va a destacar es el de Stifler (interpretado de forma brillante por Seann William Scott) cuya incorrección política desaforada es lo más potente que la película, por su autenticidad y riesgo. Los demás no van mucho más lejos que una telenovela o una comedieta ya pasada de moda.
    En esta época en la que los reencuentros son moneda corriente, American Pie: el reencuentro (como la vida) demuestra que lo que se ha dejado atrás, por algo es y ahí debe permanecer. No hay ningún motivo para ir al cine a ver esta película. Con suerte en alguna jornada de cable podamos reírnos con Stifler o con la vergüenza ajena que provoca siempre el papá de Jim. El resto no importa.
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  • Extraños en la noche
    Extraños en la noche
    Tiempo Argentino
    Dos personajes en busca de un mejor guión

    El regreso de Diego Torres a la pantalla grande cuenta con buenas actuaciones, pero una historia que no cierra bien.

    La comedia romántica es un género complicado. Porque además de la comedia, le tiene que agregar la historia de amor. Es decir que debe equilibrar las risas con la emoción y no perder el rumbo a pesar del cambio de tono. Si a eso se le suma una historia policial, entonces ya son tres las cuerdas que hay que ajustar. Y ajustarlas por separado ya es de por si difícil, pero juntas es una tarea realmente compleja.
    No se puede decir que Extraños en la noche sea un film que intente abarcar demasiado, ya que a pesar de todo lo que le falta para funcionar, igual tiene la acción totalmente concentrada en la pareja protagónica. Y, a diferencia de casi todas las comedias románticas nacionales, los dos personajes protagónicos están bastante equilibrados. Aun cuando Julieta Zylberberg es proporcionalmente menos famosa que Diego Torres, la película no descuida que se trata de una historia de pareja ni se convierte en un show del actor y cantante.
    El problema es que el guión no funciona, que el guión es muy imperfecto y eso debilita todo el trabajo de los actores que, a pesar de su carisma, se ven obligados a lidiar con diálogos imposibles y situaciones que de tan forzadas los dejan en más de un momento en problemas. Las buenas intenciones no alcanzan. Incluso la factura técnica impecable –sonido, montaje, fotografía– no logra encontrar el film que se merece.
    No es fácil escribir un buen guión, pero si se llega al rodaje sin haber alcanzado un cierto nivel, toda la película se verá afectada. Extraños en la noche es prueba de esto. Una ironía final, casi una paradoja, es que los mejores momentos de la película sean aquellas en las que Diego Torres se parece más a Diego Torres. Cuando se asoma la estrella de la música popular, toda la película se ilumina. Tal vez debería retomarse la tradición de su madre, Lolita Torres, y hacer un film de puro disfrute, con canciones y humor, sin tanta vuelta. Repito, una paradoja, ya que el protagonista desprecia ese estilo musical que, justamente, lo que hace que el actor y cantante lleve gente al cine.
    Buenos actores secundarios –en particular Laura Conforte, Alexia Moyano y Fabián Arenillas– y bellas locaciones terminan de armar una película que no funciona porque el guión no funciona y eso empantana todo el proyecto de forma insalvable.
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  • Furia de titanes 2
    Furia de titanes 2
    Tiempo Argentino
    Un paseo por el infierno, con superpoderes

    Ironías de las traducciones. El film original Furia de titanes (1981) y su remake (2010) tenían como título original Clash of Titans, que significa enfrentamiento o choque de titanes. Y esta secuela de la remake tiene como título original Wrath of Titans que sí significa “furia de titanes”. Pero como ya habíamos usado ese título en castellano, hubo que agregarle un número 2.

    Todo esto es anecdótico y simplemente suma una confusión más para quienes estén interesados en recordar tres películas que merecen pasar al olvido. Sólo los efectos especiales, los de 1981 realizados por el legendario Ray Harryhausen, y los de este nuevo film con un nivel de realismo asombroso, permiten distraerse un rato de la pobreza casi reidera y ridícula de estas historias de dioses, semidioses y seres humanos en un marco que nunca aprovecha el potencial de las historias.
    La mitología en el cine no es como la mitología en los libros o en la tradición oral, en el cine todo se plasma en imágenes concretas, y por más extraordinarias que sean las historias, muchas veces se cae en el error de no remplazar las metáforas literarias por las metáforas del cine. Así que aquí tenemos una vez más a Perseo (Sam Worthington) con su papá Zeus (Liam Neeson) y su tío Hades (Ralph Fiennes) esta vez enfrentándose a la posibilidad del fin de la era de los dioses. Pero lo que empieza como una reflexión acerca de la falta de creencias en los humanos, termina simplemente en cualquier lado, en ningún lado.
    Es necesario repetir que algunas secuencias se vuelven insólitamente reales por la calidad de los efectos especiales. También hay que decir que la secuencia del laberinto es la promesa de lo que pudo haber sido el film. Pero el 3D lo vuelve tan oscuro que las escenas de interiores con poca luz no se pueden disfrutar como corresponde.
    Otra mención merecen los actores, que filmaron gran parte de la película con una pantalla verde detrás, sin ver los decorados ni el espacio gigante que los rodea en la mayoría de las escenas. Liam Neeson y Ralph Fiennes parecen particularmente en control de la situación en cada una de sus escenas y cuando están juntos dan la sensación de haberse divertido mucho con sus disfraces y sus súper poderes de dioses. La única esperanza que queda es que no exista una tercera parte, pero algo me dice que nuestras plegarias no serán escuchadas.
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  • Protegiendo al enemigo
    Protegiendo al enemigo
    Tiempo Argentino
    El regreso de la paranoia al cine

    Ryan Reynolds, quien interpreta a un joven agente de la CIA que vive sus días de manera rutinaria, y Denzel Washington, un veterano ex agente, protagonizan esta película de acción con trasfondo político que no defrauda.

    Protegiendo al enemigo confirma que el cine de la paranoia a través de películas de género se ha reinstalado en el imaginario de Hollywood desde unos años. La última vez que esta clase de películas estuvo de moda, fue en la década del ’70. Títulos como Asesinos S.A., y Tres días del Cóndor se convirtieron tanto en grandes entretenimientos como en potentes denuncias hacia las instituciones. Lo mismo ocurre en Protegiendo al enemigo. Un joven agente de la CIA, trabaja de manera solitaria en una “casa segura” (ese es el título original de la película) y vive sus días de forma rutinaria hasta que un ex agente prófugo se entrega a la Embajada de los Estados Unidos en Sudáfrica y llevado a la casa para ser interrogado. Para ese momento, todos los interrogantes se han abierto. El joven agente (Ryan Reynolds) observa los terribles métodos de su agencia, mientras que el veterano ex agente (Denzel Washington) no devela el motivo por el cual huyó para refugiarse en la embajada. Por qué lo siguen, para qué lo siguen y cuánto sabe la agencia sobre el pasado y el presente de ese ex agente, es el cuerpo principal del conflicto y no será aquí develado. Protegiendo al enemigo es generosa en lo que a la acción se refiere, y decidida aunque no feroz con respecto a la denuncia. Excelentes persecuciones de autos, buenas peleas y un elenco más que eficiente, le permiten a la película convertirse en un aceptable entretenimiento con cierto contenido político. Por otro lado, el film no ofrece en momento alguno algo que la pueda diferenciar y elevar por encima del promedio de películas buenas del cine de acción. Denzel Washington demostró –al ganar el Oscar por Día de entrenamiento– que el cine de acción puede ofrecer también un espacio para la actuación y que es justamente el talento actoral lo que eleva a mucho de estos films generalmente bien apoyados en el montaje y el sonido. Ryan Reynolds sabe estar a la altura de la propuesta y Vera Farmiga, Brendan Gleeson, Sam Shepard, Rubén Blades y Robert Patrick son un equipo de actores secundarios que completan la efectividad de un elenco sin fisuras. Cine de acción con trasfondo político, película bien filmada y con gran ritmo, Protegiendo al enemigo cumple con lo básico sin ir mucho más lejos, pero no decepciona tampoco a quien busque lo que la película promete.
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  • Ghost Rider: Espíritu de venganza
    El regreso del infierno tan temido

    La segunda parte de este héroe de historieta no consigue despegar y aburre.

    Marvel Comics le ha dado al cine una inmensa y cada vez más fuerte presencia de grandes personajes. Desde El hombre araña a Hulk, pasando por Iron Man, Thor y El capitán América, diferentes personajes, con diferentes orígenes, han nutrido a la pantalla grande de héroes seguidos por millones y sin señales de agotamiento por ahora. Los vengadores suma de varios de esos héroes, promete ser el punto más alto de la taquilla Marvel.
    Ghost Rider: Espíritu de venganza es, claro, uno de los personajes más oscuros y complejos de toda esta fauna. Este motociclista justiciero que ha vendido su alma al diablo tiene como máximo interés su calavera en llamas y su figura infernal atravesando rutas y terminando con toda la maldad que se cruza en su camino. No está mal que sea Nicholas Cage quien lleve adelante ese papel, ya que da muy bien el rol de antihéroe perturbado.
    En esta, una secuela del primer film protagonizado por el personaje, las cosas no van más allá de lo narrado. El film, bastante claro a la hora de explicar el origen del personaje para no dejar afuera a espectadores nuevos, no consigue nunca despegar. Ni los flashbacks de animación, ni la imagen impactante del protagonista alcanzan para permitir que el escaso metraje se vuelva entretenido o interesante.
    El film naufraga a los pocos minutos y las escenas, aunque con sus intentos de llamar la atención, se van volviendo cada vez más aburridas. Pobre es el destino de un film que busca impactar y divertir e incluso hacer reír y consigue tan solo indiferencia. Todo suena berreta sin ser artesanal y todo parece amateur sin que esto implique riesgo o independencia.
    Nicholas Cage, que viene de capa caída en cuanto a la calidad de sus films, demuestra aquí que no siempre ser taquillero asegura un producto digno. Veremos si el público sigue respondiendo, aun cuando ya pasaron muchos años desde Contracara y sus otros films de género más conocidos, así como también de su Oscar por el drama Adiós a Las Vegas.
    Para los nostálgicos está aquí presente Christopher Lambert, el inolvidable protagonista de Highlander, el último inmortal. Y es bueno recordar aquel film, de corte fantástico, de presupuesto limitado y sin embargo siempre divertido, con humor y hasta emoción. Tres cosas que le faltan a Ghost Rider: Espíritu de venganza, que ya se perfila como uno de los films de entretenimiento menos entretenidos del año.
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  • Enter the Void
    LA CLOACA DEL CINE

    Una vez más, un cineasta ofrece con una irresponsabilidad casi enfermiza una obra pretenciosa y sórdida, intentando vender eso como arte. Lamentablemente, aun sigue convenciendo a algunos. Esperemos –deseamos- que ésta sea la última vez.

    Es posible que el responsable de Enter the Void haya soñado con provocar furia. Tal vez su máxima aspiración sea la de molestar, espantar a los burgueses, como se dice. Pero seamos sinceros, no todo lo que está hecho para irritar es bueno. De hecho, si la intención es solo esa, su pequeñez es doblemente ofensiva. Cuando yo estudié cine en la Universidad de Buenos Aires recuerdo que cada vez que un ejercicio de algún alumno no le gustaba a nadie, inmediatamente éste se defendía con: “Yo intenté irritar”. Con el correr de las clases, eso se convirtió en un chiste interno. Es decir, ante la mediocridad y la falta de ideas, la puerta de salida más fácil siempre es: “yo quise irritar”. Claro que algunos dedican toda su energía a solamente eso. Y no hablemos de directores como Lars von Trier, cuyas habilidades de cineasta le permiten irritar con efectividad inquietante, aceptemos o no su discurso y sus ideas. Enter the Void está dirigida por alguien que no sabe contar historias, que filma de forma arbitraria, ampulosa pero repetitiva hasta el aburrimiento. Irrita, sí, pero no con el contenido, sino con su forma torpe de hacerse el artista, robando las peores características de Stanley Kubrick o directamente toda la secuencia de títulos a Jean-Luc Godard. Pero no le reclamemos a este individuo sus alegres plagios, ni Kubrick ni Godard habrían filmado jamás una vergüenza cinematográfica como Enter the Void .

    Sus largos planos secuencia en cenital convierten a Enter the Void en una película que se halla al borde de producir risa. Sin embargo, el aburrimiento se impone casi todo el tiempo. Si bien algunos planos delirantes pueden invitar a reír, la mayoría de las veces se abren paso otros que de tan abyectos eliminan cualquier chance de vivir ligeramente esta experiencia soporífera y bochornosa. Tal vez le produciría mucha emoción al director que enumeráramos la cantidad de momentos sórdidos, shockeantes o explícitos, pero no es necesario perder el tiempo. Un despliegue de maldad insolente e infantil se combina con una maldad estúpida digna de un canalla. Hablamos, exclusivamente, del que dirigió la película, que tal vez no sea así fuera de la pantalla. Dentro de la pantalla, su cine es el enemigo del espectador (y del cine mismo). Esta cloaca cinematográfica es coherente. Su sordidez malsana es acompañada por una puesta en escena digna de un inodoro de bar. Lo único aparentemente rescatable, los títulos del comienzo, están inspirados en Una mujer es una mujer, de Jean-Luc Godard, un recurso ya usado en otras ocasiones. En el festival de Cannes, donde se presentó –¡increíblemente sin haber sido vista antes!- este film, el director no llegó a entregarla con los títulos. Así que no solo sufrieron una versión más larga de este bodrio de 160 minutos, sino que no pudieron disfrutar de su secuencia de títulos robada. Así es cómo se alimenta a estos directores malos en lugar de abandonarlos cuanto antes en un merecido olvido.
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  • Un dios salvaje
    TORNEO DE LUGARES COMUNES

    Roman Polanski ensaya -en la que sin duda es la peor película de toda su filmografía- un superficial e insufrible ensayo sobre las máscaras sociales. La obra de Yasmina Reza le sirve de base, o más bien de lastre, para hundir al cine de un solo golpe.

    No hay reglas cerradas con respecto a cómo debe ser una película. Pero pasados ya más de cien años de historia del cine, tal vez sea hora de que se deje de insistir en tomar el teatro como punto de partida para un film. La apuesta es, por lo menos, peligrosa. Seguramente muchas grandes obras abrevan en el teatro, desde las adaptaciones de clásicos de directores, como Orson Welles, a versiones de obras menores, como Casablanca, el cine no necesariamente se ve arruinado por elegir ese punto de partida. El problema no estriba allí. El problema resulta cuando cuatro personas paradas frente a una cámara pasan ochenta minutos diciendo obviedades, y a eso deciden denominarlo “película”. El enorme y legendario director Roman Polanski ha trabajado en toda su extensa filmografía la claustrofobia y el encierro, y también probó acercarse a la teatralidad en La muerte y la doncella, pero nunca jamás su filmografía había tocado un punto tan bajo. No hay nada, excepto el plano inicial, que sea rescatable de Un dios salvaje e, irónicamente, no es seguro que ese plano lo haya dirigido Roman Polanski.

    El cine tiene posibilidades maravillosas, muchas de las cuales el director exploró a lo largo de décadas y en diferentes países. Los motivos por los cuales aquí cae tan bajo no tienen que ver con el hecho de que eligió basarse en una obra de teatro. El problema de Un dios salvaje no es la puesta en escena, sino el guión. Todo el guión es lamentable, las situaciones son tan forzadas que cada minuto de la película va en deterioro del buen gusto y la inteligencia del espectador. Verdades de perogrullo inundan todas y cada una de las líneas de diálogo, algo que en cualquier medio, ya sea cine, teatro, televisión o literatura, resulta insufrible. Roman Polanski colaboró muchos años con guionistas brillantes (entre otros, con el impar Jean Claude Carriere), entre esos guiones y el que acá escribe con Yasmina Reza (autora también de la obra en la que se basa el film) parece mediar un abismo. Sin embargo las verdades de perogrullo y los lugares comunes venden bien en el teatro, el cine, la televisión e incluso en los libros en donde obviedades hacen la delicia de muchos. ¿Y con qué se puede combinar eso para que el paquete de mediocridad sea irresistible? Con cuatro sobreactuaciones patéticas que sirven para el supuesto lucimiento de cuatro actores que han sabido hacer su trabajo muchísimo mejor en muchas otras ocasiones. Dos actrices de la talla de Jodie Foster y Kate Winslet hacen aquí todo lo que un actor debe hacer cuando un texto está muerto y un director no sabe hacia dónde ir. Christoph Waltz y John C. Reilly hacen lo mismo. Actúan a la deriva, parecen chicos de nueve años encerrados en el aula y con el maestro ausente. En cuanto al film… para muestra basta un botón. Estamos en el año 2011 (cuando se filmó Un dios salvaje) y alguien, un director y dos guionistas, crean como un personaje adicto a su teléfono, que se desconecta de sus conflictos cotidianos a través de ese aparato. De ese nivel bajísimo está hecha esa película. Celebrarla es festejar la muerte no solo del cine, sino de la inteligencia del ser humano en general.
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  • John Carter: entre dos mundos
    Aventuras y ciencia ficción en el planeta rojo

    Grande es el misterio detrás del fracaso estético de una película. Cuando un film como John Carter: entre dos mundos, que tenía todo para convertirse en un clásico, termina siendo un film irrelevante, es necesario y hasta saludable preguntarse acerca de cuál es el motivo por el cual las cosas no funcionaron.
    La película cuenta la historia de un ex soldado de la Guerra Civil estadounidense que descubre un portal hacia Marte, y de las aventuras del western termina metido de lleno en la ciencia ficción. Claro que esto no es un invento del cine actual, sino que parte de una novela (finalmente una serie de libros) escrita por Edgar Rice Burroughs, el mismo que entre otros personajes supo crear a Tarzán.
    Esta combinación de aventuras y ciencia ficción es una inmejorable plataforma para un film, pero el problema no es la historia, sino la forma torpe con que el director resuelve las situaciones dramáticas y cómo filma a los protagonistas. No es terrible que los actores sean inexpresivos, sino que están mal encaminados y los primeros planos de cada uno de ellos están insertados con una falta de criterio que hasta se podría sospechar que fueron impuestos.
    Las imágenes que mejor funcionan son las de las batallas, los momentos espectaculares y los personajes virtuales. Es notorio que los personajes creados sean más expresivos que los actores. Es notorio y lamentable, no por lo magnífico de los efectos, sino por lo precario de la dirección actoral. Es así que cuando John Carter se vuelve una película interesante, se apaga, y esto ocurre a lo largo de todo el metraje.
    El director de la película es Andrew Stanton, alguien cuyo nombre pocos conocen pero tiene en su haber dos premios Oscar a mejor film de animación, por haber dirigido Buscando a Nemo y Wall-E y cuatro nominaciones a mejor guión, por esos dos títulos y también por haber coescrito Toy Story y Toy Story 3. Con esos antecedentes, es aun más triste ver que su paso al cine con actores no haya podido alcanzar los méritos de su filmografía anterior.
    En una época donde los cineastas de animación están tratando de trascender el género, el viaje entre dos mundos de Andrew Stanton no parece ser tan apasionante y revolucionario como del personaje de su película. Aun así, el espectáculo por momentos funciona.
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  • Inframundo: El despertar
    Inframundo: El despertar
    Tiempo Argentino
    El lado humano de los vampiros

    La cuarta entrega de esta saga de acción y horror mantiene las características de las anteriores, con Kate Beckinsale al frente.

    Con una prolijidad envidiable, la saga de Inframundo tuvo sus entregas en el año 2003, 2006, 2009 y ahora 2012. El éxito de taquilla nunca se llevó muy bien con los méritos artísticos y su público ha sido, sin duda, el único motivo para seguir adelante.
    Inframundo no es una de las sagas más refinadas y no ha logrado tampoco convertirse en una de esas historias que todos conocen. Pero ha logrado anticiparse y aprovechar el éxito de otras sagas de corte fantástico como Crepúsculo. La estética fría, el exceso de cámaras lentas, el tono de toda la serie se mantiene aquí una vez más, porque el gran problema de esta clase de secuelas es la de tener que ser fieles a sus predecesoras y a la vez ofrecer algo nuevo.
    La buena noticia es que acá la película puede verse sin saber nada de los films anteriores, y que las referencias serán captadas por los seguidores sin preocupar a los que por primera vez llega a la historia de Selene. Otra característica a destacar es la brevedad del relato: contrario a lo que suele pasar con esta clase de películas, cada nueva entrega dura menos que la anterior, con lo cual se hace cada vez más directo cada uno de las entregas. Si lo han hecho intencionalmente o para tapar las limitaciones de guión, no importa, Inframundo: El despertar no pierde el tiempo, todo ocurre de manera rápida. Sin duda en el montaje no quisieron dejar nada que distraiga o aburra.
    También aquí la saga reconoce que para esta cuarta entrega se ha servido de otras sagas como Resident Evil o, más notoriamente, de Alien, en particular la segunda de esas películas, con la que Inframundo guarda notables similitudes. Pero es justamente eso, el tomar elementos de Aliens lo que le da su lado más “humano” y permite que cualquier espectador conecte con ella y sus conflictos. Kate Beckinsale vuelve aquí a realizar el papel protagónico, y asombra la manera en que hoy parece más lista para el personaje que hace nueve años.
    Tal vez no sea demasiado conformarse con que el film haga las cosas un poco mejor que sus predecesoras, pero lo cierto es que en sus casi noventa minutos de metraje, Inframundo pone el énfasis en el relato y en el despliegue visual, apenas si se pierde con alguna tontería y con todas sus limitaciones igual llega a buen puerto en esta película que presenta suficientes novedades como para justificar su existencia dentro de la serie.
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  • Con el diablo adentro
    Con el diablo adentro
    Tiempo Argentino
    Los demonios siguen estando de moda

    Suele utilizarse la frase “sólo para fanáticos del género” como eufemismo para decir que la película no debería verla nadie. Los fanáticos del género podrían sentirse un tanto insultados por este término, pero a la vez se puede tomar como un elogio. Un fanático del género puede ser tanto un seguidor ciego, como un experto. Quienes amen el cine de terror, verán en Con el diablo adentro bastante material para el análisis, pero a la vez reconocerán todas y cada una de las cosas que el film hereda, roba, copia o simplemente desperdicia de otras producciones anteriores.
    Por un lado, el siempre atractivo subgénero de exorcismos, aquí se hace presente, mezclado a su vez como ese otro subgénero, el de “material encontrado” (found footage), donde gran parte o la totalidad del film está narrado con imágenes halladas posteriormente a los hechos registrados en dicho material.
    La protagonista del film se ve involucrada en una serie de exorcismos no autorizados, en su camino por averiguar qué fue lo que llevó a su madre, tiempo atrás, a cometer un triple homicidio. Tantos los exorcismos en el cine, como la estética del found footage, tienen siempre licencias poéticas que el espectador sabe aceptar. Pero Con el diablo adentro exagera con esas licencias poéticas, llevando todo a un nivel de caos e incoherencia, donde la promesa de terror se queda en promesa, y donde la falta de lógica –aun dentro de los códigos de género– le pide al espectador más de lo que el espectador le puede dar.
    Los fanáticos del género podrán disfrutar más de esta película en lo que refiere a entender sus errores y recordar como otros films parecidos pudieron llegar más arriba. Los que no conocen el género, posiblemente no entiendan nada y se llevarán de la película tan sólo alguna pesadilla para la siguiente noche.
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  • El Artista
    El Artista
    Leer Cine
    UNA PELÍCULA PEQUEÑA

    El fenómeno de la temporada es, una vez más, una película que promete y vende singularidades varias. Su (supuesto) homenaje al cine y su juego estético parecen ser más que suficiente para muchos, que han decidido darle todos los premios.

    A pesar de todo, Hollywood sigue, aún hoy, teniendo un espacio para la inocencia. La inocencia como para que aparezca un film como El artista y arrase con nominaciones, premios y elogios. Inocencia y un gran complejo de inferioridad que genera que una industria que produce, como mínimo, veinte o treinta películas muy superiores a El artista cada año, se rinda a los pies de esta película como si fuera una verdadera revelación cinematográfica. Es muy difícil, cuando llega esta temporada de premios, mantener la ecuanimidad. La objetividad, se sabe, no existe. Pero sí hay que tener el temple para no enojarse con un film sobrevalorado. Estar sobrevalorado no es un defecto, a lo sumo es una consecuencia de ciertos defectos, pero no siempre. El artista no es una película indignante, es tan solo una película inconsistente, incoherente, carente de profundidad y sentido, aunque no sé si el director buscaba algo más que un juego estético. A juzgar por sus films anteriores, lo que más parece importarle a Hazanavicius es la intertextualidad vacua y la parodia simpaticona. Nominar a El artista a tantos premios es como nominar a los films de Austin Powers. Claro que la saga de Powers no es en blanco y negro, no homenajea a nadie ni hace cosas raras y vistosas. Tal vez al que no es cinéfilo le conmueva ver una película silente (no es El artista el primer caso de film silente fuera de época) y le parezca que en esa supuesta originalidad hay un bien en sí mismo. Pero lamentablemente no hay demasiado para festejar, la película francesa araña apenas los lugares comunes de la nostalgia cinematográfica, volviéndose irritante en la medida en que uno entienda cuan superficial es ese camino. Ya desde los títulos del comienzo uno alcanza a ver un -ya agotado- camino de homenaje, cita e intertextualidad con el período silente del cine que no descubre nada nuevo y que ha sido utilizado en producciones de este estilo desde hace décadas.

    La acción transcurre en 1927. El año que ha quedado marcado en la Historia como el del nacimiento del cine sonoro. La historia es la de una estrella del cine mudo, George Valentin, y de una joven aspirante a actriz, Peppy Miller. La trama se emparenta en la primera mitad con una de las cumbres de la historia del cine: Cantando bajo la lluvia (1952) de Stanley Donen y Gene Kelly. ¡Bah, no se emparenta, se la roba casi completa! Y la segunda mitad se cruza con esa otra obra cumbre del mismo período: el melodrama noir: Sunset Blvd. (1950) de Billy Wilder. En el musical Technicolor de MGM, protagonizado por Gene Kelly, se narra con canciones el paso del cine mudo al cine sonoro; en la segunda, un guionista fracasado se cruza con una estrella olvidada del período silente. Pero tan ambiciosa es la idea intertextual de El artista que más dura es su caída. En un buen día, la pequeña película francesa puede verse como un ejercicio estético tonto y sin demasiado rigor, pero subida la exigencia y a la luz de tantos premios, es hora de tomarse en serio esta película. Recordemos que Cantando bajo la lluvia y Sunset Blvd. no ganaron el premio Oscar a mejor película. De hecho, el musical de Donen y Kelly no fue nominado a ninguno de los premios principales.

    Y tomada en serio, como hay que tomarse todos los films de la Historia, El artista pasa de ser una cosa menor a convertirse en una blasfemia cinematográfica nociva para la actualidad y el futuro del cine. El gran problema de la película tiene que ver con sus serias limitaciones. El comienzo sólo es una serie de viñetas que no superan la parodia o el homenaje que podría hacer un programa de televisión semanal. Por momentos simpática, pero con una falta de rigor que asombra. Asombra que con tan poco se haya llegado tan lejos. El carisma del actor Jean Dujardain, interpretando a Valentin, no le alcanza para sostener la torpeza de una limitada puesta en escena. Ni tampoco la también carismática Berenice Bejo puede sostener con su gran sonrisa una cámara que no logra nunca construir el lenguaje puro y perfecto de los films mudos. Ellos se esfuerzan, la película no los sigue. Ni hablar de la ridícula, absolutamente efectista y sin sentido alguno, escena del sueño, posiblemente la escena más emblemática de la incoherencia absoluta de la película. Pero hay más, porque si acaso todo arranca como una gran nada, cuando el film intente volcarse al drama, expondrá ya no solo falta de rigor, sino que la ausencia de la simpatía inicial termina mostrando cuan fútil es todo el plan. Hazanavicius sigue sacando de aquí y allá muchas cosas, pero la emoción y la intensidad dramática brillan por su ausencia. Si hasta el perro -pariente lejano de Asta, el fox terrier que interpretó a Mr. Smith (merecía un Oscar) en La pícara puritana (1937) y también trabajó en la serie de The Thin Man (1934)- apenas puede tolerar la puesta en escena arbitraria y sin brillo. El insulto final para el cinéfilo vendrá cuando sin ninguna vergüenza, el film tome nada menos que el tema de amor de Vértigo(1958) de Alfred Hitchcock, la cumbre del romanticismo cinematográfico y otra de las mejores películas de la historia del cine. Tampoco Vértigo fue nominada al Oscar a mejor película, por cierto. En una de las escenas memorables de Sunset Blvd. (El ocaso de una vida en Argentina), es decir, en una escena de Sunset Blvd., porque todas son memorables, el guionista Joe Gillis le dice a la estrella retirada Norma Desmond: “Usted solía ser grande”. Y ella contesta: “Yo sigo siendo grande, las películas se han vuelto más pequeñas”. El cine sigue siendo grande, películas como El artista son las que se han vuelto pequeñas.
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  • Jack y Jill
    Jack y Jill
    Tiempo Argentino
    Un 2x1 que resta más de lo que suma

    El punto de partida de esta comedia es la interpretación de dos personajes a cargo del mismo actor, Adam Sandler. Pero el guión no lo ayuda, aunque sí la aparición de famosos como Johnny Depp y Al Pacino.

    Los cómicos son personajes muy particulares. Si uno no conecta con ellos, es muy difícil entender o disfrutar sus películas. Desde Charles Chaplin a Jerry Lewis, los cómicos han sido siempre un tómalo o déjalo. Adam Sandler no es la excepción a la regla, es más bien la confirmación.
    En Jack y Jill, el protagonista de grandes comedias como Happy Gilmore, Billy Madison y El aguador, realiza una de sus apuestas más fuertes: personificar a dos gemelos idénticos (algo científicamente imposible porque uno es hombre y otra es mujer). A esta altura de la técnica cinematográfica, esto no es un problema y las acciones fluyen sin problemas ni distracciones, aun cuando uno sepa que el personaje de Jill es Adam Sandler disfrazado.
    Los problemas de la película no están en su propuesta ni en los primeros minutos del metraje, donde los chistes funcionan y los temores a presenciar una comedia bochornosa se van disipando. Pero el cielo despejado del comienzo pronto comenzará a nublarse. Tan simple como que no tienen suficientes ideas para armar un largometraje y la película entonces debe recurrir a personajes secundarios y escenas gratuitas que no aportan nada excepto minutos para llegar los noventa de rigor.
    Si la película no se hunde del todo es por la cantidad de cameos de amigos del director, y el número realmente alto de cómicos que van a apareciendo a lo largo de las escenas. Mención aparte merece Al Pacino, quien hace de sí mismo en una versión disparatada y auto paródica de su condición de mito cinematográfico. Pero incluso su participación es rara. Intencionalmente o no, la propia película habla de lo bajo que caen las estrellas que se vinculan con empresas para publicitarlas, sin embargo la película lo hace. Incluso tiene un momento un poco ofensivo en cuanto al exceso de publicidad de una empresa de cruceros. En la escena final, donde Al Pacino y el personaje de Adam Sandler conversan, uno no puede terminar de darse cuenta si se refieren al mundo de la publicidad o a la propia película.
    Lo cierto es que aunque el comienzo es bueno y las sorpresas y cameos (David Spade, Dana Carvey, Johnny Depp) abundan en el relato, lamentablemente más de la mitad de la película cae sin salvación en un bochorno que no lo es tanto por los chistes, como por lo poco interesante que resulta el guión.
    Esta versión de Adam Sandler por dos, entonces, termina sumando mucho menos que cuando el actor solo interpreta a un personaje.
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  • Caballo de guerra
    EL HUMANISMO SEGÚN SPIELBERG

    En su nueva película, el más popular de los grandes genios de la historia del cine deja en claro dos cosas: su extraordinaria calidad como cineasta y su profunda convicción humanista.

    Las aproximaciones a una película o a un cineasta pueden ser muchas, y casi las hay tantas como espectadores existen. Pero a grandes rasgos lo que suele verse es que hay quienes evalúan a un film por lo divertido, otros por lo plausible, otros por el tema que dice tratar, otros por su calidad artística. Todo esto puede combinarse de infinitas maneras y varía según el producto que se tiene adelante. Lo que aun hoy me resulta asombroso es la manera en la cual espectadores y críticos son incapaces, muchas veces, de evaluar o valorar la cosmovisión de un film y un realizador. Las películas parecen ser tomadas como entretenimientos superficiales o como denuncias puntuales. Pero casi siempre se pasa por alto el punto de vista que un film y su director tienen sobre el mundo. Esa visión no sólo está expresada en el guión sino, sobretodo, en la estética del film y de su director. Y aclaro varias veces film y director porque obviamente hay films que no tienen a su director como verdadero y único artífice, sino la combinación de varias personas o un autor que no es el director. No es el caso de Caballo de guerra, dirigida por uno de los directores más personales de la historia del cine. No se puede pasar por una película sin preguntarse cuál es su mirada del mundo o sin pensar en que la puesta en escena es donde se expresa con mayor profundidad la mirada artística sobre la existencia humana.

    Caballo de guerra es la expresión pura y genuina de un director y su mundo. Mientras, muchos prefieren correr detrás de los vendedores de espejitos de colores, los efectistas de turno que vienen a descubrir la pólvora donde ya fue creada y no arañan ni en sus sueños la grandeza de los maestros, viejos o nuevos. La coyuntura junta a este film de Spielberg con otros nominados a los premios, entre ellos el Oscar, y existe la tentación de hacer comparaciones. Pero no es justo. Basta decir que films cuyo trabajo de dirección sólo consiste en ilustrar diálogos o directores pretenciosos pero finalmente confusos, o lisa y llanamente cineastas mediocres, no merecerían ser más respetados que Spielberg. Pero es parte de la vida de los maestros no ser del todo valorados en su camino, porque el camino de un artista suele ser muchas veces incomprendido. Spielberg es, entre los genios de la historia del cine, el más popular, pero a la vez el más subestimado por muchos críticos e incluso por muchos espectadores. La respuesta está en el propio cine de Spielberg. Es cuestión de sentarse y mirar. Las películas hacen el resto.

    La Primera Guerra Mundial fue la última guerra donde los caballos tuvieron una participación central. El caballo se convertiría, a partir de allí, en algo del pasado. Caballo de guerra es, a su manera, también algo del pasado, es un film que si bien está realizado con una técnica cinematográfica actual e impecable, resulta anacrónica y old fashioned por elección, estética y moral. Spielberg sabe que la forma de su cine es una forma clásica, sabe que él es anacrónico y no le preocupa. Este año se estrenó también Las aventuras de Tintin –El secreto del Unicornio , en la que hacía alarde de no hacer alarde alguno de modernidad. Una obra capaz de tomar la máxima tecnología digital para tener la estética de un film de aventuras de la década del 30 y del 40. Para quien ame el lenguaje cinematográfico, tanto este film de animación como Caballo de guerra, son dos films bellos, estéticamente complejos y nunca demagógicos. Este aspecto puede llegar a ser pasado por alto por críticos y espectadores, como si acaso no estuvieran en presencia de un arte cinematográfico superior. Como sea, el cine de Spielberg puede ser muchas cosas, pero nunca arbitrario, incoherente o sin sentido. Tiene una estética y una cosmovisión absolutamente definidas.

    (Se advierte al lector que a partir de este momento se analizarán escenas de la trama, quien no desea saberlas antes de ver el film, puede dejar de leer aquí)

    La forma en que la que se cuenta una historia es tan importante o más que la historia misma. Ignorar esto lleva a malinterpretar el cine. Por supuesto que la forma cinematográfica también puede ser vacía y no necesariamente por bella o impactante tiene detrás un sustento moral e ideológico. La manera en que se narra una historia y los temas que se tratan en esa historia deben estar sí o sí íntimamente ligados. En cada decisión de un director hay una moral, una ética que lo diferencia o lo emparenta con otros artistas o intelectuales. En el caso de Caballo de guerra , Spielberg se conecta, claramente, con su maestro. Las referencias fordianas que la película tiene son evidentes. Emily Watson, quien interpreta a la madre del protagonista, es una mujer fordiana absoluta y ¡Qué verde era mi valle! parece asomarse en más de un momento. Sin embargo, lo que Spielberg tomó de John Ford va más allá de encuadres y personajes. Spielberg se relaciona con Ford en su propensión hacia el pudor cinematográfico. En Caballo de guerra no son pocas las escenas que lo demuestran. Muchos personajes mueren en esta película, pero cada una de esas muertes está resuelta fuera de cuadro. El oficial inglés que cabalga sobre Joey jamás cae en batalla: simplemente vemos el caballo corriendo ya sin jinete. Los jóvenes soldados alemanes que son fusilados por desertores mueren fuera de nuestra mirada porque el aspa de un molino se interpone entre nosotros y el momento de su muerte. La niña holandesa simplemente ya no está. Andrew, el amigo de Albert, desaparece tapado por el gas pero no lo vemos caer. Pudoroso es Spielberg incluso en el nacimiento de Joey, donde el director nos evita el poco pudoroso plano del momento del parto, algo en lo que suelen regodearse la inmensa mayoría de los directores.

    Spielberg es un humanista, y esto se trasluce en la importancia que le da a sus personajes y sus características principales. Spielberg encuentra humanidad en todos lados, incluso en los peores momentos. Y no porque intente con esto negar la crueldad o la sordidez del mundo, sino porque busca, a través del caballo protagonista, recorrer el mundo a través de su costado más humano. De hecho Caballo de guerra es una película muy dura, donde presenciamos entre otras cosas, el sacrificio de la generación más joven. Son niños, adolescentes y jóvenes todos los que mueren en la película, nunca una persona mayor. La película muestra esto con ambigüedad digna del cine clásico. Presenciamos los instantes de grandeza en medio de la devastación. Joey cabalga, literalmente, por el valle de la muerte. O como dice un personaje refiriéndose a las palomas mensajeras, vuela por encima de la guerra para poder volver a casa. Se eleva por encima del desastre, no permite que la guerra y la destrucción le quiten su humanidad. No hay que aclarar acá que hablamos de la humanidad de un caballo, obvio juego de palabras para mostrar que es Joey el testigo de la historia. Como el del burro de Al azar Baltasar, es su punto de vista el que nos guía por la historia. A todas las escenas, tarde o temprano, llega Joey. Sin embargo, Spielberg es un director narrativo clásico y una de sus máximas virtudes es no permitir que la historia se le transforme en una alegoría. A diferencia del maestro Bresson, Spielberg sabe sacar el pie del acelerador porque su objetivo no es alegórico y no desea cargar las tintas sobre el caballo hasta transformarlo en pura metáfora. Spielberg es narrativo y consigue que Joey sea un personaje protagónico, que siga siendo funcional al relato, aun con sus fuertes evocaciones religiosas.

    Como buen humanista que es, posiblemente uno de los últimos en el mundo del cine, Spielberg muestra también optimismo. Ese optimismo claramente realzado en esa imagen de Lo que el viento se llevó , que evoca la expresión de “mañana será otro día” inmortalizada dentro de la historia grande del cine. Su optimismo no le hacer perder jamás lucidez ni profundidad ni dureza. Algunos realizadores hacen gala de crueldad y sordidez, Spielberg realiza el camino contrario. Es bueno que el espectador perciba esto y sea capaz de leerlo. No es lo mismo cualquier director, como no es lo mismo cualquier mirada del mundo y es deber y derecho de los espectadores estar atentos a la diferencia. Es Steven Spielberg un director tan clásico y tan extraordinario que muchos espectadores y críticos se entregan al relato y se olvidan de la complejidad del mismo. Pero en Spielberg, como en pocos directores de la historia del cine mundial, el espacio para la interpretación y el análisis es gigantesco. En estas líneas apenas si he podido arañar la superficie de una película enorme y bella, como suele ser toda la obra de Spielberg y como queda demostrado aquí una vez más.
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  • La invención de Hugo Cabret
    EL SENTIDO DEL CINE

    La invención de Hugo Cabret es un emocionante y bello film, en el cual el director Martin Scorsese expone sus temas y obsesiones personales a la vez que realiza una enorme y espectacular oda al cine y su importancia en nuestras vidas.

    El ser humano es una máquina imperfecta y su destino, un misterio. Es posible que la naturaleza sea sabia, pero desde la toma de conciencia acerca de su existencia, el ser humano está enfrentado a preguntas sin respuesta. Cada generación se enfrenta a los mismos conflictos y los vive como si fuera la primera en hacerlo. Lo cierto es que cada generación vive solo una vez y cada persona experimenta en soledad sus angustias existenciales. Esas máquinas imperfectas no lo son necesariamente desde su funcionamiento mecánico, sino desde sus fallas emocionales. Sus piezas faltantes, aquellas que parecen tener la respuesta para la pregunta acerca del sentido de nuestra existencia, pueden encontrarse en cualquier lado, pueden llegar desde los espacios más inesperados. De eso, en parte, trata La invención de Hugo Cabret.

    Hay películas que tienen un encanto irresistible. Películas cuyas historias nos conmueven y sus imágenes nos transportan. La invención de Hugo Cabret, de Martin Scorsese es una película luminosa, una de esas combinaciones que producen un efecto casi mágico. Su director, famoso por hacer film duros y violentos, es sin duda uno de los profesionales más prestigiosos y probados del cine contemporáneo. Scorsese se ha lucido con obras maestras como Taxi Driver, Toro salvaje, El rey de la comedia y Buenos muchachos. Y llegó a ganar un postergado Oscar por Los infiltrados, a mediados de la década pasada. Scorsese renuncia aquí a toda la violencia que caracteriza su cine pero no a sus temas favoritos. El encanto de la película consiste en la genuina inspiración que el tema principal le produce al director. Hugo, tal es el título original del film, cuenta la historia de un niño huérfano que vive en la torre de una estación de tren en Paris. Sin que nadie sepa que él es quien hace que el reloj de la estación se mantenga en funcionamiento. Los tiempos de los demás están regidos secretamente por el niño. Pero hay algo que lo obsesiona: un autómata que su padre ha dejado a medio reparar y que el pequeño Hugo desea volver a poner en funcionamiento. El está convencido de que cuando el autómata funcione, será capaz de transmitir un mensaje de su padre muerto. Pero la máquina no funciona, hay una llave que Hugo no posee, y sin ella toda la maravilla del autómata no logrará jamás desplegarse.

    (A partir de este momento se adelantarán elementos de la trama de la película)

    La pregunta es cuál de los personajes de la historia es aquel con el que Martin Scorsese se identifica más. Hay varios, muchos, más allá del protagonista. Lo cierto es que todo gira en torno a la vocación, a la pasión que anima a las personas hacia alguna tarea en particular. Hugo busca en ese autómata una respuesta, él busca una respuesta, la respuesta será, para los personajes principales de Hugo, el cine. Pero no es necesario ser cinéfilo para entender que en la vocación de las personas muchas veces suele hallarse el sentido de su existencia. ¿Es Hugo Cabret el alter ego del director? También podría ser René Tabard, el cinéfilo historiador, admirador incondicional de Georges Meliés. Y el propio Méliès es un personaje scorsesiano por excelencia. Un visionario incomprendido, un apasionado y lúcido hombre adelantado a su tiempo, un carácter muchas veces retratado en el cine de Scorsese. O tal vez es Isabelle, quien parece destinada a ser quien cuenta la historia de todos, como el propio director de la película.
    Es cierto que el film es un homenaje al pionero más entrañable de la historia del cine, pero más que un homenaje esto es un excusa a través de la cual el director nos dice cómo el cine –o cualquier otra cosa que nos apasione- es la llave que termina abriendo las puertas de nuestra esencia. Ese corazón que finalmente nos explica quiénes somos y para qué hemos venido al mundo. No es tampoco un recorrido histórico sobre la carrera del director de Viaje a la luna (1902) ya que las licencias poéticas que la película necesariamente se toma la alejan de cualquier recorrido riguroso acerca de su verdadera carrera.

    Para muchas personas, Scorsese entre ellas, el cine es el medio a través del cual uno puede hacerse las preguntas sobre la existencia y ensayar respuestas incompletas, que nos ayudan a sobrellevar nuestras angustias. Esa máquina fría –la cámara, el autómata, el cine- tiene la capacidad de expresar todos nuestros sentimientos, nuestras ambiciones, a la vez que nos deslumbra, nos abre el apetito por la aventura e incrementa nuestro gusto por la belleza. Belleza, aventura, emoción, ideas, todo lo que el cine ha sabido darnos desde sus comienzos. El cine ha sido para muchos de nosotros un espacio de revelaciones. Un lugar donde nos hemos visto reflejados, donde aprendimos a explorarnos. Cada nueva película, cada nueva escena, podría ser la que tenga esa respuesta aún no hallada, la llave de aquello que todavía no hemos podido abrir. Scorsese nos brinda un regalo más: además de sus temas, la película tiene la inocencia de quien descubre el mundo. Un director veterano nos lleva al corazón del cine y nos hace vivir la historia con ojos inocentes, ansiosos por ver. Eso la hace emocionante y entretenida, además de todo lo ya dicho. El despliegue visual de Hugo es deslumbrante y arrebatador. Incluso el uso del 3D es el más notable visto hasta la fecha. La película no solo explora el sentido de la existencia y del cine mismo, sino que además es en sí misma una experiencia inolvidable.
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  • Viaje 2: La isla misteriosa
    Las nuevas aventuras de los hijos de Julio Verne

    Cuatro años atrás se estrenaba Viaje al centro de la tierra. Aunque el título podía llamar a error, no se trataba de una adaptación del clásico de Julio Verne. Era, eso sí, una aventura contemporánea donde el libro de Julio Verne tenía participación e importancia y disparaba la aventura de los protagonistas. Viaje 2: La isla misteriosa retoma la línea de inspiración en las aventuras del creador de la ciencia ficción y repite al joven protagonista, ahora sumergido en una nueva historia llena de sorpresas dentro de un lugar perdido en el mundo.
    La isla misteriosa del título es obviamente en alusión al libro de Verne publicado en 1875. Es importante volver a aclarar que no es una adaptación del libro, sino que la literatura de Verne forma parte del universo en el que viven los protagonistas. No son pocas, claro, las conexiones y como ocurría en el film anterior los vínculos son fundamentales. Las libertades que Julio Verne se tomaba con la fauna de la isla son aquí llevadas mucho más lejos a fin de producir una aventura descomunal. Y hay que decir que por momentos lo logran, así como por momentos cierta elección un tanto infantil hace que la película pierda potencia y se transforme en un entretenimiento menor. Parece mentira, pero los espectadores del siglo XXI parecen más infantiles que los lectores del siglo XIX, aun cuando el mundo parece ser hoy un lugar menos misterioso de lo que era entonces.
    Aunque aquí no vuelve a repetir su papel Brendan Fraser, el elenco se las arregla para sostener con simpatía y credibilidad esta historia llena de fantasía. Josh Hutcherson repite su papel, pero se le suman Dwayne Johnson, Vanessa Hudgens, Luis Guzmán y el legendario Michael Caine, como el abuelo del protagonista. El resto es dejarse sorprender y entregarse a la aventura y, tomen esto como un consejo, y a buscar los libros de Julio Verne.
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  • Al borde del abismo
    Al borde del abismo
    Tiempo Argentino
    Un film con destino de cable

    Un policía preso por un robo se escapa para demostrar su inocencia. Esa es la premisa de esta película llena de momentos forzados, torpe y con poquísimos destellos actorales.

    Hay muchas películas en el mundo, las salas de estreno apenas si logran exhibir un porcentaje mínimo. Por eso sorprende cuando aparecen películas como Al borde del abismo, producto menor, fallido, sin encanto alguno, fácilmente remplazable por docenas de otros films con mayores méritos. Estar en una sala viendo algo que parece destinado al cable, no es lo óptimo, indudablemente. El film narra la historia de un policía que fue preso por un robo, pero siendo inocente, se escapa para demostrar su inocencia. Su complejo –y absurdo– plan incluye ponerse en la cornisa de un edificio en pleno Manhattan. Esta historia, ¡una remake de un film estadounidense de 2011!, está llena de momentos forzados, vueltas de tuerca resueltas de forma torpe y momentos que hasta el espectador más distraído descubrirá que no tienen sentido, ni aun dentro de la lógica de la propia película. Man On a Ledge –el título original– tiene los ingredientes que ya vimos muchas veces, el falso culpable, la policía buscando una segunda oportunidad, el millonario inescrupuloso, etcétera. Sin embargo no encuentra la manera de que estos lugares comunes tengan un renovado interés para el espectador. El guión es fallido y desprolijo, pero el trabajo del director no es mucho mejor. La cámara no logra resolver con estilo las situaciones ni crear jamás el clima necesario. Si teniendo un hombre en una cornisa y un robo millonario no se puede crear interés, entonces no hay más que decir. Pequeños, muy pequeños momentos consiguen comprometer un poco al espectador y sin duda son algunas –no todas– actuaciones las que le da a la película un poco de fuerza. Elizabeth Banks, Edward Burns y Sam Worthington hacen un trabajo esforzado para lograr que las fallas de la película no se noten tanto. No lo logran, pero igual merecen una mención.
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  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    LA PANTALLA LE QUEDA GRANDE

    Tomando como base el programa de televisión creado por Diego Capusotto, esta película intenta reproducir los personajes más exitosos y aportar algunas novedades del formato cinematográfico 3D. El resultado es bastante decepcionante.

    Diego Capusotto es uno de los comediantes más originales e importantes que tiene en la actualidad la televisión Argentina. Bueno, el más original en realidad. En televisión demostró, con su programa Peter Capusotto y sus videos, una particular capacidad de entender, discutir e ironizar alrededor de todos los personajes y lugares comunes del rock, además de hacerlo también sobre una galería de personajes con raíces políticas. Pero en lo que a la sátira del rock refiere, el actor tuvo tanta buena/mala suerte que aquellos que son el cliché que él critica, lo adoraron incondicionalmente. Fenómeno de culto por excelencia, su fama se ha hecho extensiva a las redes sociales, donde sus sketches –actuales y de programas anteriores- son vistos y una y otra vez por sus fans. Pero desde el núcleo de su éxito hay algo que quedaba claro: no podría transformarse jamás en un largometraje, es decir, en más de una hora de cine. Aun así alguien creyó que este salto hacia el vacío podía resultar interesante. Luego de unos minutos muy graciosos donde se pone en duda las bondades del 3D y donde se realizan chistes que nunca habían estado en la televisión, la película delata sus limitaciones. Aunque hay ciertas promesas de locura, como ver un primer plano de Violencia Rivas en 3D, aprovechando al máximo el formato, lo cierto es que la intencional búsqueda de la estética berreta queda como tal y no logra convertirse en un elemento extra de humor. La estructura de sketches es de por sí complicada de convertir en película, aunque no es imposible hacerlo. Si a eso le sumamos el agotamiento de muchos de los personajes, el espacio para el disfrute cinematográfico es mínimo y la película, incluso, deteriora nuestra apreciación del trabajo de Capusotto en el televisión. La ausencia de novedad se potencia porque no hay videos ni cortes comerciales (aunque hay sketches que funcionan como chistes extras en forma de publicidades) que aligeren la acumulación de personajes. Y la pantalla grande lejos de ser una aliada termina por agotar al espectador. El aburrimiento, eso que no parecía asomar en el programa, acá se hace presente de forma abrumadora. Hay que ser muy incondicional de Capusotto para reírse durante todo lo que dura su película. Dos o tres sketches son llevados tan lejos en tiempo que son realmente difíciles de soportar, por ejemplo los de Micky Vainilla y Jesús de Laferrere. Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, la película regala –además del mencionado comienzo- algunos apuntes graciosos y bastante lúcidos sobre sus tópicos habituales. Las escenas de Bombita Rodríguez parecen las más interesantes y las que tienen algo de riesgo y osadía. La buena noticia es que más allá de este fallido y olvidable paso de Capusotto por el cine, su trabajo en la televisión aun puede verse. Y Peter Capusotto y sus tres dimensiones tal vez sea el cierre de un ciclo, y a la vez el comienzo de un nuevo proyecto para un autor que en más de una ocasión logró dar en el blanco del humor inteligente.
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  • Robo en las alturas
    Robo en las alturas
    Tiempo Argentino
    Expertos en pochoclo con poco riesgo

    Ben Stiller y Eddie Murphy llevan adelante este film dirigido por Brett Ratner, con soltura pero sin novedad. Una comedia de acción con interesantes recursos que no defrauda pero que tampoco logra salir de los límites del género.

    No es la originalidad lo que convierte a Robo en las alturas en una película aceptable. Tampoco un guión fuerte, ya que en más de un momento la película se empantana y no parece saber muy bien cuál es su rumbo. Lo que en realidad sostiene a esta película de Brett Ratner es el carisma de sus protagonistas, la grandeza de su elenco y los medios de producción que hoy en día una película cuenta cuando es clase A. Y un ingrediente extra: el malestar de la gente con respecto al sistema capitalista. De un tiempo a esta parte Hollywood ha trabajado bastante el odio hacia las injusticias del sistema, las traiciones a los trabajadores y el enriquecimiento ilimitado de los poderosos. Aunque a priori uno pueda imaginar que una variable de La gran estafa (a su vez una remake, no lo olvidemos), Robo en las alturas apuesta más a la torpe rebelión de un grupo de improvisados que al trabajo profesional y brillante de un conjunto de profesionales. Esta comedia de acción, como ocurría con Quiero matar a mi jefe, es más interesante y rica en la mirada que tiene sobre el sufrimiento de los personajes que con respecto a las acciones que llevan luego ellos cuando se rebelan. Eddie Murphy –legendario actor que logró vencer los prejuicios raciales en el cine mainstream– vuelve sobre el personaje de delincuente que lo hizo famoso en 48 hs y Ben Stiller retoma a su clásico personaje neurótico y tenso que lo convirtió en uno de los cómicos más famosos del mundo. Pero hay que decir que el elenco tiene luz propia, y que Casey Affleck, Alan Alda, Matthew Broderick, Téa Leoni, Michel Peña y Judd Hirsch aportan algo más que su gran profesionalismo. Tanto los veteranos –Alda y Broderick y Hirsch– como los dos más jóvenes –Leoni, Affleck y Peña– con su presencia les sacan peso a los dos protagonistas cuando estos ya agotan sus recursos. Mención aparte para Gabourey Sidibe, la recordada protagonista de Preciosa, que aquí demuestra que tiene una carrera por delante. Efectiva, prolija en lo técnico, pero algo limitada en guión y como comedia, la combinación de elementos proporciona en Robo en las alturas un entretenimiento aceptable sin demasiado vuelo. Brett Ratner, director, entre otras cosas, de comedias de acción como Una pareja explosiva, está al nivel del proyecto. Es decir que cumple con lo justo y entrega una película que no hace la diferencia pero no decepciona.
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  • Sherlock Holmes: Juego de sombras
    PERDIENDO EL TIEMPO

    Segunda entrega de la serie de Sherlock Holmes dirigida por Guy Ritchie. Los mismos defectos de la anterior y algunas pocas virtudes que no alcanzan para hacer justifica con tan magnífico personaje.

    A favor de la credibilidad de mi texto he de decir que Guy Ritchie me parecía un director insufrible aun antes de llevar a la pantalla a los personajes de mi escritor favorito. No soy un purista ni me molestan las adaptaciones heréticas y disparatadas de los clásicos. Dentro de la historia de la literatura, incluso, se han hecho más pastiches partiendo de Sherlock Holmes que de cualquier otro personaje creado en el siglo XIX. No es eso lo que hace que los dos films de Sherlock Holmes me resulten por momentos irritantes, pero mayormente indiferentes. La puesta en escena de Guy Ritchie es una pesadilla para cualquier que valore las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Su estilo por momentos es grotesco, por momentos es un cuchillo en la mirada del espectador entrenado. Sus cámaras lentas, desaforadas y carentes de cualquier criterio, son molestas no sólo porque no son bellas, sino porque tampoco encuentran ningún tipo de justificación estética, ni siquiera la del recurso por el recurso mismo. Pero lo que delata la falta de compromiso del director son esos momentos en los que para darle ritmo a un diálogo hace hablar a los actores rápido y hace coincidir sus palabras con cortes a los rostros de cada uno. A cada réplica, un corte. Es una pena que a esta altura de la historia del cine alguien crea que ritmo es cortar rápido. Evidencia este método, por lo menos, una ausencia de confianza en las posibilidades de la cámara y una subestimación del espectador.
    Pero no todas son sombras en esta nueva película de Holmes y Watson. Estamos en un film industrial y por momentos el diseño de producción, el vestuario y todos los detalles de dirección de arte logran mejorar la experiencia. Los actores, aun frente lo artificial y pomposo del estilo Ritchie, consiguen mostrar algo de carisma. Como novedad, el tan mentado homoerotismo entre Holmes y Watson aparece aquí, jugando con algunos dobles sentidos y subtextos, más allá de los obvios celos del detective de Baker Street por el casamiento de su amigo doctor.
    Partir de un personaje tan grande y de un período histórico tan rico e idóneo para desplegar aventuras y misterio, y finalmente llegar tanto solo a estos pequeños detalles es verdaderamente una pena. Pero a esta altura es imposible que la serie, de seguir en manos del mismo director, consiga levantar la puntería.
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  • Historias cruzadas
    Historias cruzadas
    Tiempo Argentino
    Sobre maltrato y segregación

    El director Tate Taylor adaptó un libro que muestra la idea de una joven universitaria que en los años sesenta decide escribir sobre las sirvientas negras de las familias de su pueblo.

    En el estado de Mississippi, Estados Unidos, durante la década de 1960, una joven universitaria, blanca, decidida a convertirse en escritora, elige como tema el relato de las sirvientas negras de todas las familias de su pueblo. Lo que abre un universo hasta ese momento callado de injusticias, postergaciones y maltratos.
    El director Tate Taylor adaptó al cine la novela de Kathryn Stockett, The Help (ese es el título original de la película también) y es posible que ese guión adaptado se lleve al menos una nominación al Oscar. La película recuerda, por su humor, por su melancolía, por su exaltación de la amistad femenina frente a un mundo adverso, a Tomates verdes fritos. Y en cuanto al retrato del sufrimiento de la mujer negra, se la podría emparentar con Preciosa, estrenada hace un año. Al comparar Historias cruzadas con estos films, la película se eleva, ya que queda de manifiesto que aunque por momentos es excesiva y algunos personajes se vuelven un poco cansadores, la fuerza dramática de la película nunca cae en golpes bajos virulentos ni sadismo de ninguna clase.
    De la misma forma que logra mantener el interés narrativo sin perder nunca su camino original. La fuerza mayor que en definitiva tiene la película es su retrato del maltrato y la segregación de un grupo de personas en una época reciente del mundo. Su sufrimiento es tan evidente y tan terrible que hasta el espectador más indiferente se verá comprometido emocionalmente en cada una de las escenas, acompañando el derrotero de un grupo personajes difíciles de olvidar.
    Salvo los personajes sobreactuados (en realidad mal escritos) el elenco se luce y brilla, cada uno en su estilo y personalidad. Hay que decir también que la película busca ser lo más conciliadora y amable posible y que el espectador podrá sufrir pero se encontrará con un discurso más bien esperanzador.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
    Tiempo Argentino
    La inteligencia al poder del revival

    Después de 12 años de ausencia de la pantalla grande, vuelven relanzados por Disney los famosos muñecos que inventó Jim Henson, mezcla de títeres y marionetas. El resultado es tan entretenido como eficaz y tierno.

    Para toda una nueva generación, Los Muppets son una leyenda, un programa legendario, con sus películas y cambios a través de los años. Desde su origen, estas creaciones de Jim Henson marcaron la diferencia en el mundo del espectáculo infantil. Los niños siempre disfrutaron de estos personajes, pero desde siempre, Los Muppets fueron un show adulto, lleno de inteligencia y complejidad.
    Famosos por llevar invitados famosos a su show de TV, cuando los personajes llegaron al cine lo hicieron junto con un número enorme de invitados especiales. En aquella, su primera película, se encuentran las bases más fuertes del film que hoy se estrena. Se repiten, sí, varios invitados especiales, pero sobre todo se recupera el espíritu emprendedor y la ética de grupo de aquella película de 1979 llamada Llegan Los Muppets (The Muppet Movie). También recupera la idea del viaje: mientras que aquella el proyecto era hacer una película (y era nada menos que Orson Welles quien les daba el visto bueno al final) acá de lo que se trata es de salvar el teatro de los Muppets. Y una vez más, la película navega entre una entretenida narración clásica, y la absoluta modernidad de ser un film que reflexiona sobre sí mismo todo el tiempo.
    La película cuenta el proceso por el cual los Muppets vuelven a la fama y cómo ha cambiado, en algunos aspectos, el mundo a su alrededor. La película propone un juego de gran inteligencia, donde las capas de metalenguaje y autorreferencia se multiplican permanentemente, pero esto no impide la emoción y la alegría de los queridos personajes que creó Jim Henson. La renovación generacional y el acercamiento al nuevo público viene por varias vías en esta ocasión. El director es Jason Bobin, director de la polémica serie Ali G, protagonizada por Sacha Baron Coen. La actriz es Amy Adams, premiada y reconocida actriz dramática así como gran comediante. Y los guionistas son dos: por un lado Nicholas Stoller, creador de dos grandes comedias: Forgetting Sarah Marshall y Cómo sobrevivir a un rockero. El otro guionista, productor y protagonista del film, es Jason Segel, una de las grandes figuras de la comedia americana actual. Todos se lucen en lo suyo, aunque Segel por momentos parezca un poco arrastrado por su ego y ocupe un poco más de espacio del que la película naturalmente le habría destinado. El resto de los personajes legendarios de los Muppets, así como algunas estrellas invitadas completan esta fiesta entretenida donde el máximo valor está puesto en la inteligencia de todo el proyecto.
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  • Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma
    LA UNIÓN HACE LA FUERZA

    Cuarta entrega de la serie de Misión: Imposible. Renovada y espectacular, Protocolo fantasma muestra cómo el talento y las ideas son la herramienta fundamental para hacer el mejor entretenimiento.

    Hace unos años leí un artículo donde se analizaba a la figura de John Wayne como un héroe solitario devenido en un héroe grupal, un héroe comunitario. Los ejemplos, obviamente, eran los films que hizo con Howard Hawks. En esos films, y coherente con el cine de este director, el héroe puede ser un líder, puede incluso ser llamado papá por sus amigos, pero no sería nada sin el grupo. La suma de varios es mayor que la fuerza del individuo. Esta idea, sorprendente para quienes opinan sobre Wayne y el cine norteamericano sin saber nada, es mencionada aquí porque la novedad más fuerte que trae a nivel contenido M: I Protocolo fantasma es justamente algo relacionado con esto. En Misión: Imposible (1996) dirigida por Brian De Palma, la historia comenzaba con Ethan Hunt (Tom Cruise) perdiendo a todo su equipo y quedándose sólo. Comienzo raro, claro, para esta versión cinematográfica donde justamente el chiste estaba en el trabajo en equipo. Que la unión hace la fuerza es algo que se ve también en los films anteriores del director Brad Bird, el mismo de Los increíbles, Ratatouille y El gigante de acero. Pero no es la cuestión grupal el único elemento hawksiano de M: I 4. Está también la fuerte presencia de la mujer del grupo, que no es un adorno ni una víctima a ser rescatada. Jane Carter (Paula Patton) es una más de ese grupo, y carga con sus pesares como otros de los integrantes. El grupo, integrando por Hunt, Carter, Brandt (Jeremy Renner) y Dunn (Simon Pegg, el comic relief), tiene una identidad y una fuerza poco habituales para el cine de acción. Cruise abre el juego y lo hace muy bien. Su presencia carismática y poderosa brilla aun más con la decisión de repartir el interés de la historia.

    Esto es lo que le da profundidad, peso, lo que hace que la película se vea completa, humana, que nos emocione, que nos haga sentir parte. Pero por supuesto hay más.

    Misión: Imposible Protocolo fantasma es un espectáculo cinematográfico descomunal. Es una película divertida, bella, enorme, musical. El cine llevado a la manera más pura de placer visual, la sana costumbre de asombrarse, sorprenderse. Vista en pantalla IMAX es directamente abrumadora, una experiencia inolvidable construida en base a fuerza de lenguaje de cine. Cruise comprende a la perfección esta serie de la cual él es el verdadero gran artífice. Con el oficio del director como aliado, Cruise busca darle al espectador el espectáculo más grande del mundo. La sorpresa, el asombro, el suspenso, la emoción. Hasta el sentido del humor de la película es una precisión que asombra. La saga, ya en su cuarta entrega, se pone en duda a sí misma, se discute, se reconoce parte de una serie de lugares ya transitados. E incluso el propio Cruise bromea con respecto a su estatura, porque sabe que de todas maneras sigue siendo un grande. Y de esa grandeza y de esa alegría cinematográfica esta hecha Misión: Imposible Protocolo fantasma.
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  • Las aventuras de Tintín
    Las aventuras de Tintín
    Tiempo Argentino
    Aventuras en estado puro

    El famoso personaje de historietas regresa a la pantalla grande de la mano de dos pesos pesados: Steven Spielberg y Peter Jackson. El entretenimiento está asegurado.

    Tintín es un famoso personaje de historieta creado por el autor belga Helgé. Sus aventuras fueron publicadas entre 1930 y 1976. El mundo entero conocía las historias de este joven aventurero. Varias veces la televisión y el cine probaron suerte con el personaje y sus historias. Pero todo parece indicar que la versión cinematográfica definitiva es la que hoy se estrena, producida por Peter Jackson y dirigida por Steven Spielberg. Y el motivo por el cual esta película tiene destino de clásico está no sólo en la perfección técnica. Ningún recurso es bueno o malo en sí mismo, y de la misma manera que algunos directores desconfían del 3D o de la animación, Spielberg abraza por primera vez ambos recursos y lo hace con el mismo oficio con el que ha construido su filmografía. La profundidad de cada imagen no es sólo un artificio técnico, es la manera brillante con la que el director domina –como nadie actualmente– el lenguaje del cine.
     Y todo esto redunda en un relato perfecto, lleno de aventuras y humor, donde hasta la secuencia de títulos del comienzo es apasionante. Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (aclaremos que el Unicornio es un barco) es una película de género sin contaminación de ninguna clase. No hay mezclas, acá la aventura aparece en estado puro. Para quien quiera saber que es una película de aventuras, esta es, sin duda, la clase perfecta para aprenderlo. Gran parte de la genialidad de Spielberg se ve plasmada en cómo logra que una película de 2011 tenga a la vez el ritmo y la técnica de un film actual, pero en esencia sea como una película del Hollywood clásico. Las aventuras que aquí vemos –una fusión de varios relatos de Helgé– nos llevan a un viaje al pasado por los grandes clásicos del cine de aventuras. Para quienes no sepan nada de cine clásico, todo será nuevo, nada parecido a lo que conocen. Y para quienes conozcan y amen el cine de aventuras más tradicional, esta película será un viaje por todos los universos maravillosos del género. Nadie conoce mejor a los espectadores que Steven Spielberg, películas como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Los cazadores del Arca perdida, E.T. y Jurassic Park lo han demostrado. Ahora ha llegado el turno de Tintín, para sumarse a la lista de clásicos populares que el gran director nos ha dado. La aventura está servida, tan sólo hay que acercarse a los cines y disfrutar.   
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  • Terror en lo profundo 3D
    Terror en lo profundo 3D
    Tiempo Argentino
    Poco terror y nada de profundidad

    Un grupo de jóvenes se convertirá en la presa fácil de un escualo en un film que carece de miedo y de sentido del humor. Lejos de Piraña 3D y a años luz del clásico de Spielberg, la propuesta hace agua por donde se la mire.

    Los tiburones son buen material cinematográfico. Siempre se supo, pero en 1975 el genio de Steven Spielberg creó la más grande película con tiburón de todos los tiempos. Fue un éxito de taquilla, pero Tiburón era más que eso, era una película fuera de serie. A partir de ahí, los temores de la humanidad hacia los escualos volvieron a la pantalla en cientos de films. No sólo fueron tiburones, también se sumaron cocodrilos, caimanes, ballenas, pirañas y pulpos. Algunas fueron buenas, otras mediocres, algunas originales, otras clásicos del cine de culto, pero nadie volvió a estar a la altura de Spielberg. Terror en lo profundo 3D es un nuevo acercamiento a esta clase de historias, intentando a la vez aportar algún elemento original. No demos más vueltas: la película no funciona. Un grupo de jóvenes se convertirá en la presa fácil de un supuesto tiburón y el guión buscará las menos interesantes vueltas de tuerca para volver a sumergirlos en el agua una y otra vez. Que quede claro que lo que falla no es la falta de realismo, ya que esta clase de films necesariamente debe construir un verosímil propio, de coherencia interna aunque los eventos no sean plausibles. La película podría haber tomado dos caminos, como mínimo: el del terror puro o el del terror autoconsciente y con humor. No hace ninguna de las dos cosas. No es ni Tiburón ni tampoco se parece a la festiva y desaforada Piraña 3D, esa gran remake estrenada este año. El humor no aparece hasta el final y el único susto real que el espectador experimentará será el de que la película no termine nunca. Carente de sentido del humor, sin escenas interesantes, con personajes que no logran generar simpatía, toda la película se va volviendo menos interesante a cada escena. Es curiosa también la falta de sangre que la película tiene, teniendo en cuenta que pertenece a uno de los géneros más sangrientos que existen. Y también llama la atención la manera en la que la película evita los desnudos, un recurso que hasta en el film de Spielberg, servía como elemento de vulnerabilidad para los personajes. Estas pistas indican que además de ser un film muy fallido, es además una obra puritana, destinada más al público infantil que el adulto. Y al decir infantil no sólo hablamos de la edad de los espectadores. Ya saben, Tiburón (1975) o Piraña 3D (2011) son dos opciones opuestas pero efectivas si lo que quieren es ver terror con algo de profundo.
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  • Judíos por elección
    Judíos por elección
    Tiempo Argentino
    La búsqueda de la espiritualidad

    El documental tiene muchas funciones. El documental es cine, pero es un cine que construye su relato con imágenes de la realidad. El documental enseña, es un medio para acceder a un conocimiento concreto. Por eso la elección de un tema en un documental es el acceder a un espacio de conocimiento sobre un tópico en particular. Judíos por elección cuenta historias de personas que decidieron convertirse al judaísmo.
    La directora Matilde Michanié, la misma que años atrás estrenó Licencia número uno, un trabajo sobre la Tigresa Acuña, tiene la característica fundamental de un documentalista: la sed de conocimiento. Y sin inocencia, la directora hace de un tema muy concreto, algo más grande. Lo que se podría resumir en algo tan simple como “historias de quienes deciden abrazar la religión judía” es en realidad un universo complejo, lleno de contradicciones, complejidades y objetivos y universos muy personales.
    Como todo documental que cumple su objetivo, Judíos por elección ilumina al espectador y le hace comprender una realidad que posiblemente ignoraba. Tampoco la película se queda en espacios cómodos o complacientes, sino que explora las contradicciones dentro de la religión judía y los temas más ríspidos alrededor de la conversión.
    “La historia del judaísmo es la historia de los cruces, la historia de las mezclas.” El documental de Matilde Michanié es también una historia de cruces, una historia de mezclas. Y en esos cruces está la riqueza tanto de la película como de la vida. Con un toque de humor arranca la película y con emoción termina. Y una frase resume el espíritu del documental: “No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti. Esta es toda la Torá, el resto son comentarios; ve y estúdialos.”
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  • El gato con botas
    El gato con botas
    Tiempo Argentino
    Un animal tan astuto como encantador

    Surgido de la saga Shrek, el gato que cuenta con la voz de Antonio Banderas se independizó, tiene película propia y amenaza con una secuela. Junto a Kitty (Salma Hayek), una hábil compañera de rutas, el felino vive sus aventuras 3D.

    La exitosa serie de películas de Shrek basaba su estructura en parodiar los cuentos de hadas. Dentro de esa saga para público infantil pero con muchos guiños para los adultos, un personaje se destacaba de forma contundente: el Gato con botas. Con la voz de Antonio Banderas, el personaje mezcló desde el comienzo a la creación de los cuentos con el Zorro que interpretara el actor español en la pantalla grande. Sin saber de dónde sacar más plata, los productores de la franquicia vieron que el Gato podía darles un nuevo comienzo. Y así es, porque al menos para una película, el personaje tiene mucho para ofrecer. Desde los films de Shrek, este Gato con botas poco tenía que ver con el que cobró fama gracias a la pluma de Charles Perrault. Tan sólo queda el ingenio y la rapidez mental, pero nada más. Se nota claramente la influencia del cine de Walt Disney, que convierte a todos los personajes de animales casi en personas, alterando muchas veces el sentido de los relatos originales. Donde sin embargo la película gana mucho, es en la coherencia y unidad de personajes. Es un personaje principal bien delineado el que lleva el relato, y aquellos que se le unen, mezclando nuevamente cuentos de hadas, no producen un cambio sustancial en la construcción del personaje gatuno con voz de Antonio Banderas. Una gata llamada Kitty (Salma Hayek) le dará a la película su historia de amor. Y el personaje de Humpty Dumpty, perteneciente a la cultura popular pero vuelto famoso en Alicia en el país de las maravillas, es un viejo amigo del Gato, que generará más de un conflicto dentro de la historia. Más llena de aciertos que de errores, la historia tiene buenos momentos de humor, algo de acción, y el 3D está utilizado de forma correcta. El producto cumple sin maravillar y se pasa rápido entre risas, suspenso y suspiros de ternura cuando el gatito pone sus ojos grandes para conseguir algo. Aunque la falta de vuelo se nota en Gato con botas, hay que decir que no son tantas las películas para chicos taquilleras que salen airosas de la explotación comercial entregando una obra digna. Tal vez lo que provoca desconfianza es saber al final de la historia, que el éxito de esta película provocará una segunda. Como en los cuentos de hadas –y en esta película– nadie quiere matar a la gansa de los huevos de oro. Por lo cual Gato con botas 2, parece ser tan sólo una cuestión de tiempo. <
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  • La última noche
    La última noche
    Tiempo Argentino
    El matrimonio puesto a prueba

    Un matrimonio joven, exitoso, aún sin hijos, lleva una vida normal en la ciudad de New York. Pero desde el comienzo de la historia sabemos que esa normalidad está a punto de caerse a pedazos a partir del surgimiento de la sospecha.
    Joanna (Keira Knightley) y Michael (Sam Worthington) se verán tentados en una misma noche. Ella, por un ex amante que está de visita en New York; él, por una compañera de trabajo con la que deberá compartir un viaje laboral. La premisa es clara y básica. El crecimiento dramático de la película consistirá en el montaje de ambas situaciones, en ver cómo evoluciona la noche de cada uno.
    La película tiene una herramienta fundamental para lograr no sólo el interés de los espectadores, sino también hasta cierto suspenso. Y esa herramienta es la información que los que miran la película tienen y que los protagonistas de la historia no. Joanna sabe que su marido está con esa mujer en ese viaje, le deja una carta escondida en su traje, tal vez por la culpa de una escena de celos que tuvo la noche anterior. Michael, por el contrario, no tiene ni la más remota sospecha de que su esposa se cruzará con ese hombre de su vida. Así que las acciones de ambos se basan en la certeza de que el otro no puede saber lo que ocurre. Eso, por supuesto, genera una responsabilidad y un compromiso en ambos. Y de eso trata básicamente la película, del planteamiento moral que se refleja en lo que ambos decidirán esa noche.
    El espectador se sentirá atrapado por esta decisión y la trama se vuelve cada vez más interesante. Pero lo mejor de la película es también su callejón sin salida. Porque es muy difícil salir airoso de tal propuesta y La última noche logra su cometido a medias. El guión no escapa al lugar común y es una pena que no lo haga. A último momento, el plano final produce una sonrisa en el espectador, tal vez para que no se entere de las limitaciones de la película.
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  • ¿Cómo lo hace?
    ¿Cómo lo hace?
    Tiempo Argentino
    Comedia reaccionaria disfrazada

    La presencia de figuras como Sarah Jessica Parker y Pierce Brosnan no alcanza para remontar la falta wwde brillantez en el humor y la notable falsedad de las situaciones que, en definitiva, son clichés machistas.

    Sarah Jessica Parker es una actriz con una carrera cinematográfica pequeña y no muy relevante pero que un día recibió el llamado de la fama por medio de la televisión. Su personaje de Carrie Bradshow en la serie Sex and the City la transformó en una de las actrices más populares del mundo y también en un referente de ciertas angustias y placeres femeninos.
    Personaje polémico, discutido, pero fundamental de la cultura contemporánea, Carrie no le ha permitido de todas maneras a Sarah Jessica Parker convertirse en una actriz relevante dentro del mundo del cine. Sólo los films basados en la serie le han dado respuesta de taquilla. ¿Cómo lo hace? tiene su tensión dramática y su humor centrado en la figura de una mujer que debe equilibrar su vida laboral con su vida familiar. El conflicto es claro y la comedia en cuestión no está buscando novedades, tan sólo volver sobre un tema que interesa al público actual. Pero el problema de la película no es su tema, el inconveniente está dado por la falta de brillantez en el humor y la notable falsedad con la que aparece cada una de las situaciones.
    No hablamos acá de una búsqueda de realismo; no, para nada. No es realismo lo que se le pide a esta película, sino espontaneidad, credibilidad. En definitiva: el poder identificarnos con la protagonista y su conflicto. Indudablemente, cuando se trata de una película cuya fórmula prevalece por encima de su construcción, lo que se ve todo el tiempo en la pantalla es la intención de explotar la forma y toda la película queda reducida a una excusa. Una lástima, porque el director de la película, Doug McGrath, ha sabido hacer un film interesante, como Infame y ha sido capaz de ser coautor nada menos que de Disparos sobre Broadway, junto a Woody Allen.
    Es hora de empezar a pensar que el formato ideal para Sarah Jessica Parker es la televisión, ya que la pantalla grande no le ha dado todavía el espaldarazo que corresponde. Peor aun, es un poco ofensivo que una película que se presenta a todas luces como un film sobre una mujer independiente e inteligente, pase sin ningún pudor por encima de todos los clichés machistas acerca de las conductas femeninas. Y termine realzando con insólita militancia la maternidad de cualquier mujer como el punto más alto de su existencia. La presencia carismática de Pierce Brosnan es tal vez el único regalo que nos da esta película que nos vende una cosa pero termina entregando casi todo lo contrario.
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  • Happy Feet 2: El pingüino
    Esta vez dejan al espectador helado

    Las nuevas aventuras de este simpático pingüino bailarín resultan decepcionantes, sin un discurso claro, donde la característica del personaje es una perseverancia que no alcanza para transmitir entretenimiento ni emoción.

    Esta secuela de Happy Feet, dirigida también por George Miller, se centra en la historia de Erik, el hijo de Mumble, protagonista de la primera parte. Las frustraciones del pequeño lo llevan a buscar nuevos horizontes y donde se encontrará a sí mismo a la vez que reconocerá el valor de su padre.
    El resultado es decepcionante, más, viniendo de la mano de George Miller. Este director, nacido en Australia, tiene la particularidad de ser uno de los pocos realizadores de cine del mundo cuya profesión original era ser médico. Con una doble vocación sorprendente, luego de dedicarse a la medicina, Miller entraría en la historia grande del cine mundial al crear y dirigir la saga de Mad Max, los films que lanzaron a la fama a Mel Gibson y se convirtieron en un referente del cine contemporáneo. También son de Miller Las brujas de Eastwick y la muy emocionante Un milagro para Lorenzo, donde aplicó sus conocimientos médicos. Con Babe 2: un chanchito en la ciudad demostró una maestría inesperada para los films infantiles, aunque muchos la calificaron de demasiado oscura y siniestra. Como sea, fue otra gran película del director.
    ¿Qué queda aquí de ese cineasta? Poco y nada, hay que decir. Si bien hay escenas de cierto dramatismo en las cuales se ve el oficio del director, la mayor parte del tiempo estamos frente a uno de esos productos neutros, mediocres, que no logran armar nunca un discurso claro.
    Tan confuso como su discurso es su banda de sonido. Qué no logra un collage interesante sino un pastiche intragable difícil de soportar. De hecho, el momento del descubrimiento del talento del pingüino protagonista es uno de los momentos de mayor vergüenza ajena que se hayan registrado en los últimos años. Ni la reivindicación de la música como una forma de paliar la angustia existencial ni el mensaje de trabajar en conjunto para alcanzar los objetivos alcanzan para volver valiosa esta película.
    Eso sí, como en todos los personajes de George Miller, la perseverancia es una característica sobresaliente. Lamentablemente esto sólo no permite ni la emoción ni el entretenimiento. Tampoco los personajes secundarios que intentan ser graciosos lo consiguen. Por los antecedentes del director, lo más generoso es correr un manto de piedad sobre esta película fallida y pasar de largo.
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  • Las acacias
    Las acacias
    Leer Cine
    TRES EN LA CARRETERA

    Ganadora de la Cámara de Oro en el último festival de Cannes, Las acacias es un film minimalista y ascético. Estas características formales no le impiden ser también un film lleno de enorme emoción y gran ternura.

    Las acacias es una película cuya estructura es absolutamente convencional, sus temas son de género –road movie, por mencionar uno- y sus códigos pertenecen en muchos aspectos al cine más comercial. Sin embargo, la película es un prodigio de minimalismo y ascetismo bien entendidos. Con muy pocos personajes –esencialmente tres- y con escasas líneas de diálogo en la primera parte del relato, los temas de la película se expresan con absoluta claridad y una profunda ternura. Las acacias es una de esas películas en las cuales si el espectador se queda afuera del relato o se aburre, no es para nada culpa de la película sino del espectador. La historia es sencilla y el planteo es tan básico como atractivo. Un camionero, Rubén, recibe el encargo de su jefe de llevar a una mujer paraguaya desde Asunción hasta Buenos Aires. Cuando llega el momento del encuentro, el camionero descubre que la mujer, Jacinta, viene con un bebé, Anahí. Hombre de pocas palabras, Rubén acepta en silencio y con extrema dureza la situación. Lo que sigue es el largo camino de los tres y el proceso que provocará profundos cambios en la mirada que cada uno tiene del otro. Como toda road movie que se precie, Las acacias no sólo cuenta un desplazamiento en el espacio –en este caso Asunción-Buenos Aires- sino también un recorrido interior. Ese recorrido está en los ojos de los personajes, en particular en los de Rubén, quien debe hacer el camino interior más largo y modificar la forma en la que se comporta con respecto a Jacinta. Y como todo film minimalista logrado, Las acacias describe el mundo a partir de los detalles. Y no hay que caer en la trampa conformista de decir que en la película no pasa nada, porque pasa de todo. Porque el mundo se muestra frente a nuestros ojos y sólo hay que saber mirar. Y no sólo con los ojos del corazón, porque si bien estos deberían ser una buena guía, no hay que ser tan voluntarista. Hay que observar con la mirada atenta e inteligente de un espectador capaz de darse cuenta de que las palabras más importantes pocas veces se dicen en la vida real, y hay que adivinarlas en los infinitos gestos de las personas. El director Pablo Giorgelli no mira a los personajes desde la butaca director, sino con la mirada humanista que a un buen realizador le permite entender en serio a los personajes. Tampoco pone en sus labios frases de guión, sino genuinas expresiones de personas movilizadas por un sentimiento, pero limitadas por su pudor y su timidez. Un regalo extra es el personaje del bebé, cuya mirada abre el corazón de cualquiera sin que de esto abuse el director o la cámara. Qué un cine tan inteligente y sofisticado –hay hallazgos de puesta en escena que merecerían un artículo aparte- no renuncie a la emoción y la ternura es una gran noticia. Que esto último no le impida ganar en el festival de Cannes uno de los premios más importantes, es también motivo de alegría. Y finalmente, que los sentimientos de las personas no sean explotados de forma vulgar y falsa como lamentablemente solemos ver en el cine más comercial, es lo que termina de exponer los méritos de Las acacias. Una película que a pesar de ser minimalista, es uno de los estrenos más grandes del año.
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  • Amanecer - Parte 1
    Amanecer - Parte 1
    Tiempo Argentino
    Un casamiento con el vampiro

    La cuarta entrega de la saga de Crepúsculo es, a la vez, el principio del fin. La película comienza con la tan esperada boda entre Bella y Edward, momento culminante del amor prohibido entre la humana y el vampiro.

    Desde el año 2008, cada año apareció una nueva entrega de las películas basadas en los best-sellers de Stephenie Meyer, reproduciendo en cine el éxito de los libros. Así, Kristen Stewart como Bella, Robert Pattinson como Edward y Taylor Lautner como Jacob se han convertido en ídolos adolescentes y estrellas de fama mundial.
    Como todo fenómeno de culto, sus seguidores son de una fidelidad absoluta, de la misma manera en que muchísimos espectadores ignoran de qué trata todo el asunto. Pero quien desde afuera vea que es una historia con vampiros y hombres lobos, tal vez crea que la saga Crepúsculo pertenece exclusivamente al cine de terror. Nada más equivocado, los films están mucho más dentro del canon del cine romántico que de los relatos de horror. La historia se sirve de personajes del género, pero en definitiva cada película es principalmente una serie de conversaciones entre los personajes, hablando de amor, lealtad, traición y muy pocas veces pasan al terreno propiamente dicho del cine de terror.
    En Amanecer esto queda clarísimo: durante la primera hora asistimos a todos los lugares comunes de la representación de una boda en el cine, sin que asome, más que en un sueño, otra cosa más que la boda de una adolescente de 18 años que llega virgen al matrimonio y espera su luna de miel. De las casi dos horas de película, hay que decir que los peores defectos de la serie (su estética mediocre, sus diálogos eternos y su repetición de frases e ideas ya expresadas) se hacen presentes en la primera mitad. Quien, a pura voluntad, logre atravesar esta parte se encontrará con un premio en la segunda mitad, cuando el drama crece, cuando la tensión aumenta y cuando realmente pasa algo.
    Allí, y de forma más intensa, aparecen el cine de terror y el melodrama. Las escenas dejan de ser tan lavadas y mediocres y se despiertan conflictos más fuertes. Los personajes, ya conocidos por todos, cobran su dimensión y exponen sus verdaderos valores y su fuerza. Por primera vez les pasa algo fuerte. Cuando eso queda plasmado en la pantalla, la primera parte llega a su fin y se anuncia la segunda parte del capítulo final. Si se mantiene en este tono, será la mejor de las películas de una serie que recién ahora empieza a despertar.
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  • Un amor
    Un amor
    Tiempo Argentino
    Amor y amistad, del pasado al presente

    Los cambios en la vida de dos adolescentes, 30 años después.

    En la década de 1970, dos adolescentes de un pueblo del interior, Lalo y Bruno, pasan sus días compartiendo una amistad profunda, hasta que aparece Lisa, una chica que trastoca por completo el mundo de ambos y les arrebata, a cada cual a su manera, su corazón. Pasaron 30 años desde ese momento y aquellos adolescentes vuelven a encontrarse por primera vez en décadas.
    La película Un amor viaja del presente al pasado y vuelta, explorando los cambios en la vida de cada uno y cómo el paso del tiempo los ha cambiado o no. Apuntes sutiles van descubriendo los motivos y los hechos del pasado que marcaron a fuego a los tres personajes. Si sus miradas pueden parecer ambiguas en un comienzo, al final del relato sabremos mucho más de cada uno de ellos. Claro que para eso se necesitan también grandes actuaciones.
    La película encuentra un hallazgo extra en la actuación de Elena Roger. La famosa cantante y actriz es conocida por haber tenido el papel de Eva Duarte en el reestreno del musical Evita cuando se reestrenó en Londres en el 2006, y también, más recientemente, tuvo un éxito gigantesco protagonizando el musical Piaf. En este, su debut cinematográfico, demuestra que su gigantesco talento incluye también una poco habitual fotogenia. Roger empieza su carrera cinematográfica aquí, pero a juzgar por el resultado debería ser el primero de muchos grandes roles. De su probada capacidad para representar mujeres claves de la historias pasa aquí a este rol intimista, delicado en matices, donde ella se luce al no buscar, justamente, el lucimiento. Esto no habla mal de sus compañeros de elenco, Diego Peretti y Luis Ziembrowski, quienes ya habían mostrado y vuelven hacerlo, sus dotes actorales. La cámara de Paula Hernández, quien ya había mostrado su mirada atenta en Herencia y Lluvia, eligió a los rostros perfectos para sus personajes, tanto cuando están interpretados por los mencionados actores como cuando son mostrados en su adolescencia. Y aunque está claro que Hernández pertenece estéticamente a la generación posterior a la década de los años noventa, su cine cumple también con la emoción y los sentimientos. Impecablemente filmada, la película posee también una calidez y una ternura que movilizará al espectador, sin que esto implique jamás el más mínimo traspié ni un solo momento fuera de tono. Un amor es tan sencilla y clara como su título.
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  • Johnny English Recargado
    Johnny English Recargado
    Tiempo Argentino
    Parodia que no da para más

    El cómico inglés Rowan Atkinson, famoso por su personaje de Mr. Bean, reincide sin gracia en la segunda parte de las desventuras de un agente secreto estilo James Bond.

    En el año 2003 se estrenó Johnny English, una parodia de las películas de James Bond. Este film ignoraba que hacía más de 30 que se venían haciendo, incluso en la República Argentina. Pero, posiblemente alentados por el éxito de Austin Powers, pensaron que Rowan Atkinson –el famoso cómico inglés que interpretó a Mr. Bean– podía renovar esta clase de comedias, aportando una significativa diferencia. Méritos cinematográficos escasos no le impidieron tener una segunda parte debido a la taquilla de la película. Al agente English esta vez lo van a buscar a un templo budista, en lo que ya es un gag agotado incluso para la comedia. Un trauma por una misión fallida en Mozambique lo ha condenado al ostracismo, pero una nueva aventura le da la chance de reivindicarse y curar esa vieja herida profesional. Ojalá se hubiera realizado esta película con esa intención. Pero lamentablemente ya no estamos ni siquiera frente a una comedia mala, sino, directamente, frente a una película que cuesta reconocer como comedia. El director Oliver Parker, famoso por adaptar clásicos británicos como Otelo, Un marido ideal o El retrato de Dorian Gray, no encuentra el tono adecuado y la mayor parte del tiempo no es fácil reconocer los chistes como tales. Desde los títulos del comienzo –que obviamente parodian las secuencias de títulos de James Bond– vemos que la película tiene un despliegue de producción importante, que hay mucha calidad técnica a disposición de la historia pero aun así es muy poco lo que se consigue lograr. Del humor que hizo a Atkinson popular aquí hay muy poco, apenas dos o tres escenas. La mayor parte del tiempo la película intenta tomar cosas de Austin Powers, del detective Frank Drebin que interpretó Leslie Nielsen en La pistola desnuda y el Inspector Clouseau que inmortalizó Peter Sellers. Pero en la comparación con estos personajes English queda en clara desventaja. Ni la presencia de Gillian Anderson (la recordada agente Scully de Los expedientes secretos X) ni Rosamund Pike, quien supo ser una chica Bond en Otro día para morir, justifican con su trabajo el tiempo que lleva ver esta comedia de acción que no tiene casi nada de comedia y muy pero muy poco de cine de acción. Esperemos estar frente al final de otra franquicia fallida, de esas que no aportan nada y desgastan mucho.
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  • La piel que habito
    EL ABOMINABLE DR. LEDGARD

    En su nuevo film, Almodóvar apuesta por completo al amor loco, a la cinefilia más rotunda y al deseo como el único motor de la existencia. Caminando por los límites del cine de terror, el director ha logrado reencontrarse a sí mismo y a uno de sus mejores

    La piel que habito es la nueva película de Pedro Almodóvar. Su nombre, como el de ningún otro director europeo contemporáneo, remite instantáneamente a un universo, a una iconografía. También a un malentendido por el cual no son pocos los que creen que el director manchego es sólo Mujeres al borde de un ataque de nervios, la más popular de sus películas y a la vez una de las que menos lo representa como director. Almodóvar es La piel que habito. Es ese universo oscuro por momentos, y luminoso en otros. Es ese director capaz de mostrar optimismo en lo espacios más siniestros y de sumergirse en la locura como quien recorre un espacio conocido. Él mismo lo dejó en claro cuando filmó un film llamado La ley del deseo y cuando su propia productora llevó el nombre, justamente, de El deseo. Su obra está regida por esa única ley; su espacio es el de la pasión por encima de la razón, el de los caminos que recorren aquellos que saben que más allá de todo orden y civilización, algo primitivo, profundo e incontrolable habita en cada ser humano.

    La piel que habito lo reencuentra a Almodóvar con sus aristas más insólitas e inverosímiles, las mismas con las que se han hecho gran parte de las obras maestras de la historia del cine. Se hacen presente aquí sus maestros, sus referentes cinematográficos por excelencia: Luis Buñuel y Alfred Hitchcock. Maestros del amor loco, estos dos cineastas no midieron ni especularon a la hora de exponer sus universos más oscuros y ocultos. Eso, y su genialidad cinematográfica, los convirtió en lo que hoy son en la historia del cine. Ambos sabían que el deseo era todopoderoso y que el ser humano se entrega al desastre con una convicción que contradice todos los instintos de supervivencia. Almodóvar lo sabe y repite esa misma historia en cuanta ocasión puede. Versión siniestra de Pigmalión (¿acaso no lo son todas?), Almodóvar cuenta la historia de ese objeto del deseo perdido y vuelto a reconstruir. Lo mismo se puede ver en Vértigo, de Alfred Hitchcock o en Más allá del olvido, de Hugo del Carril. No deja de ser interesante que aunque La piel que habito se base en la novela Tarántula, de Thierry Jonquet, sean muchas y muy fuertes las similitudes que tiene con la película Los ojos sin rostro (Francia, 1960), de Georges Franju, obra maestra del terror, verdaderamente de avanzada para su época y un clásico imprescindible. Un detalle: los guionistas de Los ojos sin rostro son nada menos que Pierre Boileau y Thomas Narcejac, los autores de la novela De entre los muertos, en la que se basa Vértigo, de Alfred Hitchcock. Todo este marco de referencias es para explicar que más allá de algún coqueteo con cierto tono plausible que Almodóvar imprime aquí o a allá, en el fondo estamos en el puro terreno de la licencia poética, del disparate total filmado con seriedad pero de forma autoconsciente. Tomarse literalmente esta película –o cualquier otra de la historia del cine- es perder el tiempo. Lo que debe analizarse, como en Buñuel, como en Hitchcock, como en el cine de terror también, es el universo de ideas que el relato expresa. La desesperación de un hombre que entra en un laberinto de locura, venganza y deseo. Un análisis minucioso de la obra nos llevaría a las interpretaciones más asombrosas, más aun si pensamos qué es lo que hace el Dr. Ledgard (brillante Antonio Banderas en la que tal vez sea su mejor actuación hasta la fecha). Es importante preguntarse qué es lo que hace el Dr. Ledgard, por qué lo hace, a quién se lo hace y finalmente cuáles son las consecuencias. Allí se verá claramente el riesgo y la fuerza de la película. Otro film de Almodóvar, justamente, se llamó Laberinto de pasiones. Pero acá la gran diferencia con el comienzo de su obra es que se coloca a sí mismo –el director/el cirujano- como centro de la trama, del desastre y de la locura. Lo mismo que hacía Hitchcock en Vértigo lo hace Almodóvar en La piel que habito: retratar su propia obsesión a través de un personaje obsesivo, enceguecido por la pasión y la locura. La diferencia entre Hitchcock y Almodóvar es que la perfección estética y la fineza del director inglés será siempre una meta inalcanzable para cualquier otro cineasta. Aun así, un buen programa es ver La piel que habito, Los ojos sin rostro y Vértigo todas en un mismo fin de semana. Aunque luego de semejante festín cinéfilo de amor fou es posible que no haya vuelta atrás. Y no debería haberla, porque es mejor sumergirse un par de horas en estos universos de deseo e intensidad convertidos en imagen cinematográfica que transitar por los mediocres caminos del cine naturalista.
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  • Los tres mosqueteros
    Los tres mosqueteros
    Tiempo Argentino
    Los héroes de Dumas en 3D

    Con grandes actuaciones de Orlando Bloom y Christoph Waltz, entre otros, la nueva versión de este clásico incluye varias licencias poéticas que lo actualizan, sin perder la magia.

    Los tres mosqueteros, escrito por Alexandre Dumas en 1844, es uno de los clásicos más grandes de todos los tiempos. Desde el período mudo del cine hasta la recordada versión protagonizada por Gene Kelly en 1948, el libro de Dumas ha demostrado ser inmortal. Las aventuras del joven D´Artagnan y los tres mosqueteros, Athos, Porthos y Aramis, vuelven una vez a la pantalla grande y por primera vez en 3D. Este último dato no debería ser tomado a la ligera, porque si el 3D es la nueva moda tecnológica del cine industrial, queda claro que el film dirigido por Paul W. S. Anderson (Resident Evil) apunta a ser la versión más actual y siglo XXI que se pueda hacer del libro. Lo curioso es que la estructura de la novela está respetada mucho más de lo que parece. Algunas escenas inolvidables están intactas. Claro que hay muchas licencias poéticas y desviaciones. Entre ellas la más espectacular es el barco volador que regala grandes momentos del film. Y tal vez la presencia de Milla Jovovich como Milady obligó a torcer el guión en pos de su lucimiento como heroína de acción, algo que a veces funciona y a veces no. El resto del elenco brilla por la excelente selección en el casting, donde cada actor ha sido elegido para representar a un rol que le calza como guante. Orlando Bloom como el Duque de Buckingham o Christoph Waltz, son dos ejemplos de esto. Es verdad que los amantes de la novela extrañarán algunas intrigas palaciegas, un poco más adultas, y que la historia de Milady es un poco liviana, pero hay que recordar que las películas tienen vida propia. Y esta versión de Los tres mosqueteros no es la excepción. Quienes aún no hayan leído el libro, encontrarán acá una espectacular película de acción y aventura. Y quienes amamos el clásico inmortal de Alexandre Dumas, tendremos la posibilidad de disfrutar de la película y jugar al juego de las similitudes y las diferencias. Por lo pronto hay que decir que el basarse en un clásico le permite a esta película tener un orden dramático y una serie de situaciones que no siempre pueden hallarse en el cine actual. De la mano de Dumas, esta película cumple su función de entretener y maravillar.
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  • Glee 3D
    Glee 3D
    Leer Cine
    La contagiosa alegría de vivir y cantar

    El film no es otra cosa que el registro de un concierto en vivo de este grupo que, de perdedores, ya tiene muy poco. Con un gran uso de la tecnología 3D, el espectador se sentirá parte de la audiencia y coreará más de un éxito.

    De forma explosiva y espectacular, la serie Glee –que salió al aire por primera vez en el año 2009– se convirtió en un éxito sin precedentes que pasó de dominar la televisión a instalarse en el mercado musical batiendo todos los records imaginables en ventas. Lo que finalmente desemboca en esta película que no es una ficción, sino el registro documental en formato 3D de la gira del joven elenco. Si acaso la serie invitó desde su origen a superar los prejuicios y apostó a la integración y la inclusión, hay que decir que este documental hace lo mismo. El más desconfiado de los espectadores, el más cínico de los críticos deberá vencer sus prejuicios y rendirse frente a la evidencia. La clara potencia de esta película y el carisma de los cantantes arrasan con todo, tan simple como eso. Canciones memorables con nuevos arreglos y un despliegue visual arrebatador. En cuanto a la experiencia del 3D, la intención de los realizadores es clara y emblemática. En la película uno no siente que está en el escenario, sino que se ubica con el público. Excelente idea para usar el 3D y mostrar no la fantasía de estar arriba, sino la alegría de estar presenciando el concierto. Las primeras dos canciones ya son capaces de arrancarle una lágrima de emoción a cualquiera y las historias que se van contando a lo largo de la trama refuerzan el espíritu que anima a la serie y a esta película. Sí, Glee es un gigantesco negocio, pero lo es a partir de sostener un discurso humanista noble, valioso, vital. La sensación que trasmite Glee 3D es la de desear vivir. Mucha gente, muchos adolescentes, habrán sentido en algún momento que el mundo les daba la espalda y los dejaba sin luz, Glee captó esa angustia y a la vez captó la euforia y la energía de la gente. Con una selección de algunas canciones extraordinarias y otras no tanto, la película es un huracán de fuerza y emoción. La aparición sorpresiva de una gran actriz (que también trabajó en la serie) es un regalo extra para este concierto película que se pasa volando. No es sólo el show lo que conmueve, es el discurso detrás de ese show. Glee 3D logra algo muy difícil de transmitir en el cine: la alegría de vivir. No deberíamos subestimarlo.
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  • Don Gato y su pandilla
    EL CALLEJÓN SIN LOS MILAGROS

    México y Argentina producen la versión cinematográfica del clásico dibujo animado creado por William Hanna y Joseph Barbera en la década del sesenta. El resultado es muy pobre y bastante decepcionante.

    El aburrimiento no es en sí mismo una categoría estética. Es decir que no puede ser una herramienta de evaluación o interpretación de un film a nivel académico. Aun así, cuando los espectadores estamos frente a una obra que nos resulta aburrida, sabemos que hay algo en nuestra conexión con la obra que está fallando. No podemos decir que es aburrido como única evaluación del texto, pero sí tomar este síntoma como emblemático de las fallas que una película tiene. Esto, claro, es el comienzo de la crítica a Don Gato y su pandilla, film co-producido por México y Argentina y basado en la famosa serie del mismo nombre. Dicha serie de televisión, creada por Hanna-Barbera en 1961 y de la cual se realizaron treinta episodios, no fue un particular éxito en Estados Unidos. Top Cat, tal era su nombre original, se convertiría en un fenómeno de culto fronteras afuera, en particular en todos los países de habla hispana, siendo en México –lugar del doblaje- el espacio de mayor veneración de la serie.
    Pero también en Argentina la serie, que como decíamos sólo tuvo treinta capítulos, gozó de un gran éxito y es recordada por los espectadores de televisión. Debido a esto es que insólitamente Warner Bros. decidió ceder un personaje, del cual poseía los derechos, a otra compañía.
    Todo lo dicho, claro esta, pasa por afuera del film, porque en definitiva lo único que importa son los méritos o la ausencia de los mismos que este largometraje tiene. Y poco bueno hay para decir de esta película, cuya morosidad y falta de ritmo y encanto son particularmente llamativos. Más estáticos que los ya de por sí algo estáticos personajes de Hanna-Barbera, los dibujos se quedan petrificados y los gags pierden todo timing, generando no sólo aburrimiento, sino incluso impaciencia. Sin embargo, una mirada más atenta, develará que lo que realmente falla de Don Gato y su pandilla es el guión. Las resoluciones son poco rigurosas, los giros de la trama son forzados y hay que dotarse de una imaginación superlativa para creer que uno está viendo un largometraje bueno. Entre la animación y el guión –tal vez el segundo se haya visto afectado por el primero- la experiencia de ver Don Gato se vuelve muy poco placentera. Tan solo el primer minuto, con el tema original de la serie, funciona al nivel del material original. El resto es un largo recorrido por una película que falla, que realmente no funciona y que no necesita que seamos paternalistas porque es una co-producción fuera de Estados Unidos. Se puede hacer mejor, no hay que conformarse con esto.
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  • Detrás de las paredes
    Detrás de las paredes
    Tiempo Argentino
    Sólo buenas promesas y algún corte

    Dirigido por Jim Sheridan y con los protagónicos de Daniel Craig, Raquel Weisz y Naomi Watts, el film naufraga en un mar de géneros.

    Un editor literario exitoso renuncia a su trabajo para mudarse a la casa de sus sueños, lejos de la gran ciudad, y de esa forma pasar más tiempo con su familia y escribir su novela. Pero desde el preciso instante en que comienza esa nueva vida, surgen indicios de que en esa casa ha ocurrido un hecho violento, y que las víctimas del mismo posiblemente aún estén merodeando el lugar. Tanto uno que ha sobrevivido, como aquellos que han muerto. Él, su esposa y sus dos hijas comienzan a preocuparse por la historia de su hogar y sus anteriores propietarios. El relato apuesta a tres líneas simultáneamente: busca mantener el suspenso de una historia policial, el miedo de un film de fantasmas y la emoción de una película dramática. La combinación irá dándole a la historia diferentes giros, y aunque podrían algunos de estos ser sorprendentes para el espectador más distraído, lo cierto es que la torpeza en la exposición de ciertos personajes le quita cualquier interés por develar misterios, ya que es más que evidente todo lo que irá ocurriendo. Que un film sea previsible no es un defecto en sí mismo, una película puede tener muestras claras de lo que ocurrirá más adelante y esto, lejos de quitarle encanto, profundiza la empatía del espectador. Pero esto no ocurre aquí, ya que la película gana por momentos algo de vitalidad, pero escena tras escena va perdiendo en promedio todo su interés. Ni Daniel Craig, en una actuación brillante, ni Raquel Weisz, ni Naomi Watts que también demuestran oficio, pueden levantar la falta de rigor y coherencia de las escenas finales. Nos puede gustar más o menos la película, pero queda claro que hacia el desenlace ni el trabajo del director parece estar hecho con el mismo cuidado. Es triste que un director como Jim Sheridan, el mismo de Mi pie izquierdo y En el nombre del padre, no haya podido plasmar aquí su talento, y que haya quedado perdido en una película que promete mucho, pero no logra nada. Leyendo que Jim Sheridan, Daniel Craig y Raquel Weisz se negaron a promocionar el film, es de sospecharse que algún productor con mucho poder y poco criterio decidió darle el corte final al film. Quien quiera que haya mutilado y –seguramente debido a eso– arruinado Detrás de las paredes, debe saber esto: ¡Se nota que alguien metió mano! Si se contrata gente talentosa debería ser para respetar dicho talento. <
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  • Gigantes de acero
    Gigantes de acero
    Tiempo Argentino
    El robot del pueblo, listo para luchar

    Para quien observe el cine estadounidense desde lejos, todas las películas se parecen. Pero para quien conozca bien el cine de los Estados Unidos, Gigantes de acero claramente se coloca del lado de las películas distintas. Aquellas que, justamente, representan a la perfección el estilo del cine industrial que construyó y llevó a su punto más alto Hollywood. Sin ser un film con un director muy personal –Shawn Levy tiene una filmografía de pocos méritos previos–, la película funciona de punta a punta. Se sirve de un montón de espacios y situaciones conocidas, pero las renueva y la ordena de forma tal que, como por arte de magia, vuelvan a funcionar en plenitud. Mezcla géneros, tonos, equilibra cada cosa para que la película se convierta en un placer constante. La historia es bien popular. Un ex boxeador (Hugh Jackman), digno en su momento pero caído en desgracia en un mundo donde los únicos que boxean son los robots, vive apostando y perdiendo, tapado de deudas y con pocas perspectivas luminosas en su futuro. Una chica bonita (Evangeline Lilly), valiente e inteligente, lo quiere bien, pero ya no puede seguir tolerando más esta decadencia que los llevará a ambos a perder la herencia de un viejo gimnasio, metáfora de valores de otra época. A esto se le sumará Max (Dakota Goyo), el hijo de él, que ha perdido a su madre y que por un arreglo poco noble pasará el verano junto a su renegado padre. El héroe en busca de la segunda oportunidad, la chica noble y leal, el niño inteligente y triste, algún villano y, por supuesto, un robot. Un robot que es la metáfora misma de la película. No un bello robot de última tecnología, sino uno creado para ser sparring, para recibir golpes pero no para ganar las peleas. No un ganador, sino un luchador. Con ingredientes tan sencillos pero eficaces, Gigantes de acero –basada en un relato del maestro de la ciencia ficción, Richard Matheson– cumple con creces el objetivo de entretener y emocionar, a la vez de hacer un cuento sobre la dignidad y la lealtad. Le bastarán los primeros minutos de película al espectador para ver a Hugh Jackman más parecido a Clint Eastwood que nunca, como si se tratara de esos films que el actor y director hiciera a fines de la década de 1970 y principios de los ’80. La comparación es la forma más clara de decir que Gigantes de acero es una gran película. <
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  • La quise tanto
    AMORES QUE DEJAN MARCAS

    Historia de amor y pasión, La quise tanto brilla por la sobriedad con la que encara y entiende la naturaleza del amor apasionado entre dos personas cuyo destino cambia de manera definitiva. La quise tanto tiene una gran virtud que es a la vez su gran defecto. Ahora bien, hay que explicar a qué se le llama en este caso virtud, y a qué defecto. Y simplemente para postergar el elogio a la virtud, digamos que ese mayor defecto reside en que la gran parte de los espectadores tal vez se sienta ajena y perdida en esta historia. Incluso podría considerarse un film menor, de aciertos limitados. Pero el motivo por el cual el film renuncia a un prestigio asegurado que tal vez le hubiera otorgado el camino fácil, es justamente su mayor virtud.

    Lo que Zabou Breitman narra en La quise tanto es una verdadera historia de amor. Una historia de amor y miedo, amor y pérdida, amor y pasión. La película, emparentándose con aquel gigantesco melodrama romántico llamado Los puentes de Madison, narra la historia en dos tiempos, con lo cual los primeros minutos aun parecen tibios y demasiado serenos. Pero luego, y como acontece en todo film verdaderamente romántico, el amor se percibe en la pantalla, no en los diálogos, sino en las situaciones, en las miradas, en la química que explota a todo nivel y que parten de la atenta mirada de una directora que sabe captar con cada plano los elementos esenciales del amor fou. Más de una vez, al decir amor fou (castellanización de amour fou), he escuchado que la gente pregunta qué es. Mala señal de los tiempos actuales el hecho de que el amor fou –moneda corriente en la literatura y el cine- no sea hoy tan fácilmente reconocido. A partir del amor fou se han construido muchas obras maestras inolvidables, pero hoy –lo sabemos- sería objeto de burla para los espectadores. ¿Qué destino tendría hoy un film de Minnelli, Sirk o Buñuel? Pero tampoco seamos reaccionarios frente a este presente, ¿qué destino tuvo Vértigo al momento del estreno?

    La quise tanto nos expone esta historia de amor en el mundo contemporáneo. Y también la mezcla con la realidad, con el trabajo, con la familia, con las presiones, con los temores y con las decisiones definitivas. No es una película sencilla para quien haya amado con esa pasión, pero es luminosa en su capacidad de entender la naturaleza de las pasiones desatadas, de las personas entregadas a la intensidad, aun a riesgo de perderlo todo. Más complejo aun es el hecho de que la puesta en escena no sea ni barroca ni melodramática. La directora remarca justamente que el mundo no es un lugar romántico y apasionado, y que estos volcanes estallan en medio de la vida cotidiana. Algunos creen que el amor fou es pasajero. Sin duda confunden un arrebato con el amor fou, que podrá ser cualquier cosa menos pasajero.

    Una vez alguien dijo que nadie moría de amor en el siglo XX. Por extensión hemos de asumir que lo mismo le correspondería al siglo presente. Sin embargo, cualquiera que haya sentido el amor fou en su corazón sabe que, pase lo que pase, ese amor jamás se olvida. Y eso a lo que todos le llaman vida, deja de serlo una vez que las dos partes de una gigantesca llama se separan físicamente. El amor fou deja marca, y esas marcas son para siempre.
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  • Conan el Bárbaro
    Conan el Bárbaro
    Tiempo Argentino
    Un universo de espadas y hechiceros

    La nueva película de este personaje que nace en medio de una batalla remite a las taquilleras de los ’80 protagonizadas por Schwarzenegger y no defrauda en su premisa básica: acción hasta el final de la cinta.

    Una de la consecuencias no planificadas de las remakes –Conan, El bárbaro es, de alguna manera, una remake– es que terminan idealizando los productos en los que se basan. Dos películas de la década de 1980, ambas protagonizadas por Arnold Schwarzenegger, fueron muy taquilleras y le sirvieron al actor de Terminator para comenzar su camino al estrellato. Ni Conan, El bárbaro (1982) ni su secuela Conan, El destructor (1984) fueron obras maestras en su momento ni lo son ahora. Claro que la primera tiene la dirección y el guión de John Milius (el mismo que escribió Apocalypse Now) y todo su universo personal, pero a pesar de eso y un gran elenco, la película era una historia de espadas y hechiceros, un gran género del cine fantástico al cual las historias de Conan pertenecen por derecho propio. El nuevo film remite tanto a estos primeros dos films como a los textos que creó en la década de 1930 el escritor Robert E. Howard. Aquellos films violentos y políticamente incorrectos que no desentonaban tanto en la década de 1980, hoy serían imposibles en un cine de Hollywood que no desea apostar a estas clases de historias sangrientas a la hora del género de aventuras. Hoy por hoy, parece que algunas de las nuevas series de televisión apuestan a un público más adulto que el cine. Pero en ese aspecto, Conan, El bárbaro está a la altura del original. Respetando el espíritu brutal de este personaje que nace en medio de la batalla, con una espada abriendo el vientre de su madre. Es un bálsamo contra el aniñamiento del cine industrial, ver una película como esta, capaz de ser coherente con su propuesta y su universo. Por otro lado, las escenas de acción funcionan perfectamente e incluso sorprenden en varios momentos. La película no se distrae ni se pierde, no se vuelve confusa y va al grano, logrando que sea mucho más efectiva en su objetivo. El protagonista del film, Jason Momoa, es también la figura principal de la serie Game of Thrones y hay que decir que, mérito dudoso, es más expresivo que los otros Conan de la pantalla grande y la televisión. Stephen Lang (el villano de Avatar) compone aquí a otro de sus malvados memorables y logra completar el interés por presenciar esta lucha entre el bien y el mal. En definitiva Conan, El bárbaro no defrauda ni contradice su naturaleza. Acción pura y directa, sin vuelta, de punta a punta de la película.
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  • Winter: El delfín
    Winter: El delfín
    Tiempo Argentino
    Con buenas intenciones no alcanza

    Winter - El Delfín es un drama que narra la historia de un delfín hembra que es lastimado por unos pescadores y rescatado por un niño y un grupo de biólogos que tienen un hospital para especies marinas. Los expertos deberán tomar la dura decisión de amputarle la aleta caudal como única forma de salvarlo, pero a su vez esto no le asegura una esperanza de vida normal. El niño que lo encontró en la playa tiene una especial conexión con él y resulta un elemento fundamental para recuperar a este animal amputado. En paralelo se van desarrollando otras historias, todas vinculadas con la idea de amputación, de falta, de pérdida. Tanto a nivel físico, como emocional. El dato más insólito de esta película es que está basada en un hecho real, lo que hará que los más incrédulos espectadores deban aceptar la parte más cinematográfica del relato, es decir la capacidad de Winter de abrirse paso a pesar de la adversidad. Como dato de color, el personaje del delfín lo interpreta el mismo delfín que dio origen a la película. Sus dotes actorales no serán analizadas aquí, claro, porque en definitiva se interpreta a sí mismo, lo que no le debe resultar demasiado complicado. La película está dirigida por Charles Martin Smith, director menor de basta experiencia, pero más conocido como actor, en particular por su rol de contador devenido en compañero de Elliot Ness en el film Los intocables. Smith cumple con su oficio, sin brillar pero tampoco sin cometer errores. La principal falencia de Winter - El delfín es su acumulación de momentos para llorar. La denominación exacta serían golpes bajos, pero tampoco la película se arrastra a la total falta de dignidad. Un poco de humor y la simpatía de un elenco por demás importante (Ashley Judd, Morgan Freeman, Harry Connick Jr.) le permiten al film mantener un cierto equilibrio. El equilibrio de no desbarrancarse, pero tampoco de elevarse demasiado. El respeto por la naturaleza pero el respeto por la vida en general, tanto la humana como la de los animales, es una reflexión valiosa que la película expone. Aun así, con sus buenas intenciones y su mirada positiva, no le alcanza para convertirse en una buena película que justifique ir a verla al cine.
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  • Noche de miedo
    Noche de miedo
    Tiempo Argentino
    Mi vecino es un vampiro

    En el extremo opuesto de los clichés de películas de vampiros como la saga de Crepúsculo, esta remake de un recordado film de 1986 sobresale por manejar un clasicismo narrativo.

    Noche de miedo es una remake. Sí, otra remake. En este caso del clásico de los ’80, La hora del espanto (Fright Night, 1986) dirigida por Tom Holland. Aquel recordado film, que no era una obra maestra, funcionó muy bien en su combinación de terror y humor, sin que fuera en ningún momento una parodia del género. Se convirtió sin problemas en un film muy querido por los espectadores y hasta tuvo una secuela en el año 1988.
    La nueva versión sorprende por no alejarse del estilo sencillo y directo de los films de aquella década. En medio de la moda de los vampiros en el cine y la televisión, Noche de miedo está en las antípodas de films como los de la saga de Crepúsculo. La historia es la de Charlie (Yelchin), un adolescente que tiene una novia hermosa (Potts), una madre divorciada (Collette), unos amigos tontos, un viejo amigo nerd algo despechado y finalmente un vecino (Farrell).
    En el pueblo aislado donde vive, Charlie termina aceptando una verdad insólita: su vecino es un vampiro. Lamentablemente, el humor de La hora del espanto aquí no aparece en todo su esplendor, excepto en el caso del nuevo cazador de vampiros, que aquí es un mago de Las Vegas (David Tennant). Pero lo más interesante del relato es que a pesar de la modernidad de los efectos especiales, la película conserva una clasicismo narrativo que no se pierde en detalles menores y esto beneficia a todo el largometraje, que resulta siempre divertido y atrapante. Pocos personajes, un despliegue visual exacto, escenas bien logradas y buenos actores, producen una pequeña sorpresa cinematográfica.
    Es irónico que Noche de miedo se destaque no sólo por lo que hace, sino por lo que no hace. Aunque la película tiene sangre, nunca se vuelve excesiva ni morbosa en ese aspecto, aunque es un film de vampiros en una época donde el género ha vuelto, no cae en los nuevos clichés a la moda actual. Y finalmente, cuando tiene elegir como actualizar un film que tiene 26 de antigüedad, lo hace con buen criterio, con ideas acorde a los tiempos que corren, pero sin arruinar la naturaleza del tema y la historia a tratar. Finalmente, para los que vieron el film original en su momento, habrá alguna visita sorpresa que les dará un sobresalto, pero no de miedo, sino de alegría.
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  • Amigos con beneficios
    Amigos con beneficios
    Tiempo Argentino
    ¿Ser o no ser comedia romántica?

    Bajo las órdenes del director Will Gluck (el mismo de Se dice de mí), Justin Timberlake y Mila Kunis (Cisne negro, That 70’s Show) llevan adelante una historia con enredos y situaciones que intentan evitar los lugares comunes.

    La comedia romántica es un género que vive en crisis. No por la taquilla, que siempre responde, sino por los realizadores, que no saben como hacer para ofrecer siempre lo mismo y a la vez algo nuevo. En esa tensión, semana tras semana, aparecen nuevas propuestas, todas buscando ser la diferente, la que sorprenda, la que reinventa el género. Pero el género no es tan fácil de reinventar, como seguimos comprobando incluso acá, en Amigos con beneficios, otra propuesta de renovación que se queda a mitad de camino.
    La película comienza con un ritmo vertiginoso que sostendrá con energía durante la primera parte del relato. Los actores, en particular la pareja central Justin Timberlake y Mila Kunis, cumplen con claro oficio con las consignas del director. Dylan y Jamie se conocen en Nueva York por motivos laborales y ambos vienen de duros reveces románticos. Esta decepción que ambos tienen los lleva a la conclusión de que lo mejor para ambos es formar una pareja sexual sin ningún tipo de compromiso. De ahí que su amistad contenga relaciones sexuales sinceras, directas, sin mentiras ni promesas. Por supuesto que para la comedia romántica, esta innovación es significativa, como lo es más aun que los personajes se burlen del género explícitamente y se quejen de todas sus mentiras.
    El problema es que la película es una comedia romántica, y como tal, tarde o temprano caerá en sus lugares comunes, anulando toda la alegría y la transgresión inicial. La mencionada velocidad se potencia aun más por los diálogos dichos con efectividad y excelente ritmo, por un montaje que enloquece aun más los tiempos de la película pero que, como ya dijimos, se detendrá abruptamente tarde o temprano. A ese corto abrupto del ritmo, hay que sumarle personajes secundarios que ya son otro cliché del género. Sin la promesa de una transgresión, muchas comedias románticas consiguen dar en el clavo, pero una vez hecha tal promesa, los espectadores generan nuevas expectativas.
    Siendo la segunda película de este año en encarar este tema –la anterior es Amigos con derechos, con Natalie Portman y Ashton Kutcher– queda claro que es un tópico que le resulta afín a una generación de espectadores. Lo que el cine aún nos debe es una verdadera comedia –no romántica– donde existan esas amistades. Mientras tanto, estamos asistiendo a una película de género que vestida con un traje diferente, termina siendo más lugar común que nunca.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    Tiempo Argentino
    Un casamiento mixto y caótico

    Natalia Oreiro y Daniel Hendler protagonizan esta comedia de situaciones que transcurre en una fiesta donde nada sucede como fue planeado. Grandes actuaciones y una búsqueda estética que acierta, sobre todo, en el timing.

    Una boda es un espacio rico para el cine. Tanto para la comedia como para el drama. Lo curioso es que en la dirección que tome, el punto de partida será siempre la locura de sumergirse en ese evento social lleno de tensión, alegría, secretas tristezas, excesos de comida, alcohol y baile. Mi primera boda narra la historia de un casamiento entre un joven de familia judía (Daniel Hendler) y una joven de familia católica (Natalia Oreiro). Serán ellos los narradores del film, los que a cámara vayan contándonos la historia y reconstruyendo los hechos insólitos y catastróficos que ocurren en el día de su fiesta de casamiento. Las acciones principales ocurren en una estancia, lo cual permite aislar a los personajes y producir algunas secuencias particularmente inspiradas y graciosas. El mérito más importante de Mi primera boda es el de ser una película más compleja de lo que parece y esconder, detrás de sus muchas situaciones divertidas, un trabajo arduo tanto de guión como de puesta en escena. Hay imaginación, talento y muchas ganas de dar calidad a cada momento. Es verdad que no todos los gags funcionan igual, ni que todos los personajes están bien logrados. Pero hay momentos de una gran ambición que sí logran llegar a buen puerto y que van mucho más allá del trabajo estándar de género. Incluso, inesperadamente, la película hasta se reserva un espacio para la emoción. Dos aciertos logran generar que, a pesar de sus falencias, la película tenga saldo positivo. Por un lado, el renunciar a cualquier forma de grotesco o de trazo grueso en el que suelen caer los films argentinos ambientados en esta clase de situaciones. Jamás se explota aquí el mal gusto ni se elevan las actuaciones por encima de lo necesario. Y el otro mérito es el de proponer, minuto tras minuto de película, cosas nuevas, momentos que muestran que hay un profundo deseo de hacer un cine de buen nivel. En estos días Mi primera boda será comparada con algunas comedias extranjeras recientes. No es justo, porque sinceramente Mi primera boda está por encima de esos títulos, y su nivel estético y profesional es indiscutible. Elogio final a la pareja protagónica. El maravilloso Daniel Hendler no falla y Natalia Oreiro muestra una vez más que sabe muy bien la diferencia entre el cine y la televisión. El director y el guionista de Mi primera boda, también. Y se nota, porque estamos frente a una buena comedia de cine.
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  • No le temas a la oscuridad
    El viejo truco de la habitación de la niña

    El debutante Troy Nixey es el director de este film de terror que contiene elementos clásicos como una antigua mansión, una pareja con una hija y una sensación onmipresente de peligro.

    El cine de terror ha visto siempre en la figura de los niños un aliado valioso para inquietar a los espectadores. En este caso, se trata de una pareja que se muda a una antigua mansión para restaurarla, este cambio sin saberlo llevará a la hija de uno de ellos –el padre– al centro mismo del peligro. Es que la pareja desconoce que año atrás han ocurrido hechos siniestros producidos por seres que aun permanecen en la casa.
    La película está dirigida por el debutante Troy Nixey, pero la identidad visual y temática parece estar dada por su guionista y productor, Guillermo Del Toro. El cineasta mexicano es el creador de films como El espinazo del diablo y Hellboy, y aun sin ser aquí el director podemos ver su presencia. No sólo por el género que tanto ama, sino también por la estética del film y por ese misterioso jardín que recuerda con mucha facilidad al de su El laberinto del fauno. La infancia en general suele aparecer en sus historias, y los eventos espantosos que narra los tienen a los niños como principales protagonistas.
    Sally, la niña en esta película, es hija de padres divorciados, con un progenitor que no termina de saber como educarla aunque haya decidido llevarla a vivir con él y su pareja, y con una madre fuera de escena de la que sólo se sabe que la sobreprotegía. Las cuerdas del suspenso están dadas porque Sally es retraída y está medicada por lo que se abre la posibilidad de que nadie le crea cuando comiencen los hechos sobrenaturales. Incluso el espectador llegará a desconfiar, tal vez, de su cordura.
    Aunque No le temas a la oscuridad brilla más en la creación de climas aislados que en la estructura general del relato, hay que decir que la tensión no decae y que el paso de sugerir a mostrar está bien logrado. Más allá de los detalles del argumento, la película se sostiene y no defrauda, aun cuando tampoco sea una película con aires de clásico del género.
    Una última aclaración es que a pesar de un gran momento sangriento en el prólogo del relato, el resto de No le temas a la oscuridad no se basa en lo sangriento para impactar, sino en ideas más sofisticadas y situaciones creadas desde el trabajo de dirección, los rubros técnicos y un sólido trabajo de los actores. En definitiva una propuesta humilde y efectiva que no pierde el rumbo en ningún momento. Aunque eso sí, el consejo que da el título del film, no es bueno. Tengan mucho miedo a la oscuridad.
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  • El planeta de los simios: (R)Evolución
    Una nueva rebelión en el laboratorio

    El director Rupert Wyatt se anima con otra versión de este clásico y sale airoso. Con alto impacto visual, fuertes emociones y una gran destreza narrativa, la película se convierte en la más adulta e inquietante de la saga.

    En el principio fue una novela, llamada El planeta de los simios, escrita por Pierre Boullé en 1963. Luego vino la famosa versión cinematográfica de dicho libro, en 1968 y protagonizada por Charlton Heston. De esta adaptación surgieron a su vez cuatro películas más, convirtiendo a El Planeta de los Simios en una de las primeras sagas cinematográficas del cine industrial de alto presupuesto. Luego vendría una serie de televisión e incluso un dibujo animado. El eje del primer film, y sobre el cual giraban todos los demás, era la historia de un astronauta que descubría un planeta desconocido donde los monos habían evolucionado hasta convertirse en seres racionales que poseían el don del habla, dominaban el mundo y esclavizaban a los humanos. En el año 2001 el gran Tim Burton volvió sobre la novela con una versión que fracasó y no fue bien recibida por la crítica. Diez años más tarde el estudio 20th Century Fox, que posee los derechos de la saga, decidió volver a empezar. No adaptando la novela, sino tomando, sin acreditarlo, algunos elementos de una de las secuelas cinematográficas. En esta época de excesivas explotaciones comerciales, la noticia que sorprende es que esta nueva versión de El Planeta de los Simios es realmente muy buena, posiblemente la más adulta e inquietante de todas. En la búsqueda de una cura para el Alzheimer, un científico (James Franco) experimenta con monos en el laboratorio de una empresa. Descubre entonces que la inteligencia de la cría de uno de los monos se ha desarrollado de una forma sorprendente. Pero desde el comienzo, se adivina que estos experimentos bordean el desastre, y que sus efectos –como se verá– van más allá de lo que se puede controlar. Esta historia, de claras implicancias políticas y morales, es narrada con una habilidad fuera de lo común por el director casi desconocido Rubert Wyatt. La película tiene un montaje trepidante que hace que el relato avance de forma clara y entretenida, sin tomarse pausa alguna ni distraerse en elementos irrelevantes. La tecnología permite que César, el simio protagonista del film, sea un personaje completo, expresivo, lleno de vida. Lo mismo con los demás simios que aparecen en el film. La ausencia de diálogos de muchas escenas expone la destreza del director para contar con imágenes. Al mismo tiempo, el compromiso de la película de no volverse nunca liviana o infantil permite que se disfrute un espectáculo de emociones fuertes y alto impacto visual. Muchas otras lecturas, sobre todo sociales, pueden verse en este gran film lleno de escenas inolvidables y también de buenas ideas.
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  • Larry Crowne
    Larry Crowne
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    CABALLERO SIN ESPADA

    En su segundo largometraje como director, Tom Hanks muestra no sólo una calidad narrativa por encima del promedio, sino que además aporta una mirada lúcida sobre la realidad actual y reflexiona, con inteligencia y humor, acerca de los tiempos que corren.

    Tom Hanks en un actor inteligente. Quien no pueda verlo, simplemente no ha mirado con atención. Es propio de una aproximación apresurada el pasar por alto el talento de los grandes del cine norteamericano actual. Como director, Hanks ha demostrado ser también un artista con ideas y talento. Se ha mencionado mucho a Frank Capra alrededor de la figura de Hanks, y particularmente de esta película. Y lo cierto es que la mención es adecuada. Larry Crowne puede ser cualquier cosa menos una película pasatista y su mirada del mundo es lo suficientemente crítica y hasta oscura como para darle la categoría de película extraordinaria. El hombre común que interpreta Hanks es el mejor empleado que una empresa pueda tener, y aunque las cadenas de supermercados tienen mala fama, él se dedica con todo su ser a su tarea. Desliza su personaje una frase clave: “No sólo es la política de la empresa, es lo correcto”. Y así demuestra que es un personaje que no tiene la camiseta del lugar donde trabaja, sino la de hacer las cosas bien. La empresa, por otro lado, tiene distintos planes y Larry es humillado y dejado en la calle por un grupo de cínicos que están mejor ubicados en la empresa que él. Los universitarios lo dejan en la calle a él, que ha hecho siempre lo correcto, excepto prepararse en la universidad. Pero son épocas de crisis y para Larry, y por extensión para un país, y por extensión para el mundo, las personas comunes deben hacerse fuertes y volver a empezar.

    Película sobre las segundas oportunidades, sí; cuento amable sobre la capacidad de la gente para reinventarse, sí, también. Pero sobre todas las cosas Larry Crowne es un llamado a la rebelión, es una convocatoria al público para volverse fuerte, para abandonar el cinismo y prepararse para sobrevivir a las empresas y a los bancos. Larry Crowne ha quedado en la calle y para volver al ruedo elige dos caminos: una clase de oratoria, deseo expreso de comunicar de forma correcta. Y una clase de economía, para poder armarse frente a un sistema despiadado. Sin embargo Larry Crowne es una comedia, y no sólo una comedia, sino una comedia romántica. Es una película demodé, pero no por accidente, ni tampoco por error. Larry es calificado como alguien de “la década del 50”, y música de esa época escucha, y en esos años parece haber adquirido sus formas. Pero la película no es reaccionaria, no está enojada con los cambios del mundo, tan solo los describe con simpática ironía para finalmente mostrarlos con sus limitaciones y contradicciones.
    En las clases de economía el delirante profesor (interpretado por George Takei, el recordado Sulu de Star Trek) es claro con los celulares, que si bien son un valioso medio de comunicación, merecen ser limitados. Y no es una cuestión moralista lo que hace que Julia Roberts se enoje con su marido porque mira “porno” (son chicas en bikini) en Internet, sino la forma en que pierde tiempo en ese medio que tanto nos da pero tanto nos sigue quitando a diario.

    No sólo surgirá el amor con su profesora, sino que también Larry descubrirá un grupo de jóvenes que se convertirán en sus amigos. Estos jóvenes son – y así se llaman ellos mismos- una pandilla. Pero una pandilla en la que todos manejan scooters y se parecen más a Nanni Moretti que a una patota de motoqueros. Su saludo para incorporarlo al grupo es el chasquido de la pandilla de West Side Story. De esta manera se confirma la pertenencia de Larry a la década del 50, ya que la nueva generación es una película de los 60. Y esa pertenencia es también cinematográfica. Tom Hanks se siente cerca del cine de los 50, se identifica con el clasicismo narrativo que utiliza en su película, construyendo un relato perfecto, sin fisuras formales de ningún tipo. Con una ligereza que muestra que Hanks confía en sus ideas, la película es bastante dura y el final tiene la ambigüedad de los finales del cine de Capra. La victoria de Larry es moral, pero no termina en una mansión siendo el jefe de una gran empresa, sino empezando muy de abajo. Pero ha generado una red social, ha salido a la calle y se ha liberado de las imposiciones del sistema. Como Moretti, Larry viaja por la ciudad y es libre. Eso también es lo que ha ganado la libertad. Cuando su amiga le cambia el nombre lo apoda Lance Corona. Poniéndole en un solo nombre características de caballero andante y de rey. Eso es, después de todo, este pequeño hombre común que recibió un golpe del sistema y resistió y vivió para contarlo. Ese es el director Tom Hanks, tan ajeno a cualquiera de todas las formas de demagogias del cine actual, que emociona y enfervoriza verlo exponer tanta valentía estética e intelectual.
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  • Linterna Verde
    Linterna Verde
    Tiempo Argentino
    El nacimiento de otro héroe más

    El famoso personaje surgido en las historietas de DC Comics en 1940 finalmente llegó a la pantalla grande, con una producción de 200 millones de dólares. Como protagonista, está el ascendente canadiense Ryan Reynolds.

    Linterna Verde se suma a la larga lista de superhéroes que casi todas las semanas se asoman a la cartelera mundial. Este fenómeno está alcanzando su punto más alto y a pesar de estar al borde de la saturación, sigue consiguiendo suficientes espectadores como para seguir apostando a la misma fórmula.
    Linterna Verde, como Batman y Superman, pertenece al universo de los personajes de DC Comics. No hay un único Linterna Verde en el universo, sino que hay miles, pero la historia se centra en el que pertenece a la Tierra. En nuestro planeta será un superhéroe, pero será uno más entre todos los Linterna Verde que patrullan la galaxia.
    En Linterna Verde volvemos a presenciar todo el proceso de “nacimiento del héroe”. Esto, claro está, se lleva la mitad de la película. En cada uno de estos films, la aproximación al héroe va cambiando, las hay más efectivas y originales, como en Capitán América, o las hay aburridas y carentes de cualquier encanto, como ocurre aquí.
    Lo cierto es que si bien el film intenta construir con fidelidad el universo del personaje, no importa si lo logra o no, porque acá no estamos leyendo una historieta sino viendo una película. Fiel o infiel, si la película no funciona, entonces no sirve. Este héroe intergaláctico carece de todo carisma, la historia de amor está forzada de punta a punta, los villanos apenas si logran asomar como tales y se desdibujan a lo largo de una trama que nunca termina de arrancar.
    Aquí, el protagonista es Hal Jordan (Ryan Reynolds), un atrevido e irresponsable piloto de pruebas que vive con el trauma de haber visto morir a su padre, también piloto, en un accidente. Del proceso de superación de este trauma o de cómo se convertirá este joven en un superhéroe realmente la película no puede ni dar explicación ni hacerlo creíble. Se podrá argumentar que quienes hayan leído todas las historietas del personaje serán capaces de entender todos y cada uno de los detalles sutiles de la trama. Lo cierto es que sin leer ninguna historieta, los films de Batman siempre han funcionado, y lo mismo con otros héroes.
    Linterna Verde no tiene brillo propio, no arma nunca una historia que conmueva y no logra jamás que nos identifiquemos con el protagonista. Partiendo de esas limitaciones, es muy difícil llegar a construir una buena película.
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  • Super 8
    Super 8
    Leer Cine
    LOS CAZADORES DEL CINE PERDIDO

    J.J. Abrams, director Misión: Imposible III y creador de la serie Lost, une fuerzas con el productor Steven Spielberg para llevar adelante una película que es tanto una recreación del cine fantástico de hace varias décadas como también una propuesta original basada en la más pura utilización del lenguaje cinematográfico.

    Ya es conocida la historia de la generación que en los setenta renovó la cara del cine industrial norteamericano. Una generación que se encontró, casi por azar, con todo el terreno libre para poder demostrar su talento. Talento que, claro está, tenían y de sobra. La caída del cine clásico de Hollywood llegó a su punto más claro a fines de los sesenta, no sólo por la victoria de la televisión en los ámbitos más populares, sino también por la muerte –literal- de muchos de los hacedores de aquella jamás superada edad de oro. Estudiantes de cine, críticos y jóvenes cinéfilos tuvieron en sus manos la posibilidad de hacer cine industrial sin renunciar a sus intenciones artísticas o de autor. Entre ellos hubo uno que brilló en su momento y que hoy, a casi cuarenta años de aquel período, lo sigue haciendo: Steven Spielberg. Luego del descomunal éxito del film Tiburón, Spielberg siguió revolucionando el cine popular con películas como Encuentros cercanos del 3er tipo, Los cazadores del arca perdida o E.T. El extra-terrestre. Por esos mismos años sería además el productor de Poltergeist, Gremlins, Volver al futuro, Los Goonies y El secreto de la pirámide, films realizados por otros talentosos directores que entendían el cine desde un lugar semejante. En aquel momento se hacía más hincapié en el dinero que ganaba Spielberg que en su gigantesco talento cinematográfico y su inequívoca capacidad de conectar con el público. Se lo llamaba “El rey Midas”, un elogio que parecía más un insulto que otra cosa, porque en el fondo se estaba despreciando su habilidad para entender al espectador como nadie. La respuesta de la platea frente a este cine solía ser no sólo masiva, sino también apasionada. El espectador se identificaba realmente con lo que veía en la pantalla y sentía que ese cine le hablaba directamente. Spielberg había recuperado el espíritu del cine popular del Hollywood clásico. No el prestigioso, sino el popular. No el que ganaba premios y pasaba en diez años al olvido, sino aquel que perduraba en el imaginario a lo largo de décadas. Aquel cine que supo ser popular pero a la vez inteligente, profundo, artístico. Considero que todo este prólogo es la manera más justa de presentar a Súper 8, dirigida por J. J. Abrams y producida por Steven Spielberg, una película a la altura de su ambiciosa intención de recuperar el corazón de todo este cine perdido.

    Estamos acá frente a un film como los de antes, no por antiguo, sino porque nos conecta con una mirada apasionada del cine, con un sentido artístico, con una profundidad emocional y con un inteligencia no exenta de una gran sentido del humor. Una forma que era la ambición del cine clásico de Hollywood y la ya mencionada generación del 70. Los chicos que protagonizan Súper 8 son personas apasionadas por el cine, por hacer una película pequeña y absurda en súper 8, pero destinados, como todo el que ama el cine, a vivir una aventura fuera de serie. No hay tragedia ni peligro que los detenga, ellos aman el cine, dos de ellos desde la cinefilia incluso, otros desde la idea misma del trabajo en equipo y la lealtad entre amigos. Todos se comprometen con la tarea. Y está claro que Súper 8 entra, desde el título, en la categoría de films que reflexionan sobre el cine mismo. Y el corto de zombies que ellos filman explica en parte el funcionamiento de la propia película y el costado emocional que en definitiva le da mayor dimensión a la historia. Abrams, Spielberg -y hasta George Romero, citado en el corto- saben que un film de zombies no busca retratar el mundo de los zombies y que el cine fantástico no hace otra cosa más que reflexionar sobre nuestra propia experiencia humana. Y eso es algo que muchos espectadores aún no terminan de entender. La muerte, ese tema sobre el cual el cine fantástico nos ha permitido reflexionar infinitas veces, es justamente lo que abre el film. Una fábrica donde ocurrió un accidente e inmediatamente después el velorio de la madre del joven protagonista. Esa muerte es el centro mismo de la película. Todo lo que ocurre a partir de ahí no es otra cosa más que la capacidad que tiene el arte de darle a un tema profundamente perturbador la forma amable de un relato fantástico. Muchos cineastas no son capaces de hacer esto, no tienen el talento ni la generosidad ni la valentía ni la humildad para hacerlo. Desde ese velorio hasta la escena final, lo que presenciamos es el proceso que realiza Joe Lamb (Joel Courtney) entre la desolación de haber perdido a su madre y la aceptación de ese hecho como algo inevitable de la vida. Los Lambs (corderos) son quienes cuidan a todo el pueblo. Elizabeth, la madre, era quien “cuidaba de todos” y murió en un accidente cubriendo el puesto de un obrero que había faltado, y Jackson, el policía que ha quedado viudo y debe proteger solo a todo el pueblo y a su propio hijo. Joel debe renunciar a su madre y enfrentar a su padre. Joel pasa de la niñez al mundo adulto. Y como muchos otros es ayudado en ese camino por el arte, por el cine. Así como también por el despertar del amor y la amistad de sus pares.

    Pero el amor por el cine no está sólo en el guión o en que el relato esté ambientada en 1979, época del esplendor de esta clase de films. Lo está, sobre todo, el hecho de concebir una historia original en el contexto del cine industrial actual. En no utilizar -por una vez- grandes estrellas, en no pertenecer a una franquicia, en no ser una remake, ni una secuela, ni una precuela, ni adaptar un libro, una historieta, un videojuego, un parque temático o una serie de televisión. La herramienta fundamental de Súper 8 es una y solo una: el arte cinematográfico. Una brillante puesta en escena permite que cada minuto del film sea un placer visual, un prodigio narrativo, consecuencia de saber filmar de forma clara, transparente, clásica, donde el virtuosismo jamás destruye la narración, donde nunca el efecto especial se adueña del relato, donde todo está al servicio del film y donde cada espectador puede comprometerse con la emoción en todas las escenas.
    J.J. Abrams dijo que Spielberg se involucró profundamente con todos los aspectos de la realización de este film. Pero no hay que atribuirle al productor más mérito que al director. Sí está claro que Spielberg, productor en los últimos años de films que incluyen obras maestras de Eastwood o los Coen y también bodrios innombrables, ha sentido gran afinidad con este proyecto en particular y conoce el paño lo suficiente como para aportar artísticamente. Pero creo que Abrams –también guionista aquí- ha demostrado con series como la ya mítica Lost, y films como Misión: Imposible III y la nueva versión de Star Trek, que no sólo es un gran narrador, sino que además sabe desarrollar personajes tridimensionales capaces de conmover al espectador.

    No la busquen en DVD, no esperen al cable, no permitan que alguien les cuente la historia, Súper 8 es una película para ver en el estreno, para dejarse sorprender por un relato de esos que llegan al corazón no sólo por la emoción, sino también por la belleza y la lucidez. No todas las películas son lo mismo, no todas entran y salen de nuestras vidas como si nada, y Súper 8 es una de esas que valen la pena disfrutar en todo su esplendor porque ha llegado para quedarse. Porque la película, sobre la que todos coinciden en que emula al cine de Spielberg y compañía de los 70 y 80, no es sólo un homenaje vacío y superficial sino una reflexión sobre la función del cine en nuestras vidas. Sin duda que esta película tendrá un efecto particularmente movilizador en la generación que vivió aquellos films o creció viéndolos en el momento de su estreno o después. Pero no es la nostalgia lo que hace que nos llegue tanto Súper 8. Para muchos de nosotros aquellos films de fines de los 70 y principio de los 80 han quedado muy cerca de nuestro corazón, porque empezamos a amar el cine gracias a esas películas o junto a esas películas. Y es muy interesante lo que hace Súper 8, porque busca parecerse a aquellos títulos, pero a su vez recupera sus auténticos méritos. Las películas que yo veía mientras descubría que me enamoraba del arte cinematográfico se parecen mucho a Súper 8 en la forma exterior, en el género, en muchos pequeños detalles. Sin embargo, lo que me hacer sentir aún enamorado del cine (que es en mi caso una vocación, una carrera y una profesión), y que se refleja en el film de Abrams, no es esa nostalgia. Lo que me conmueve es la forma narrativa, la construcción dramática, la emoción en alto grado, el humor adorable, el espectáculo y el entretenimiento en su máximo esplendor. Súper 8 no sólo nos recuerda el cine con el que crecimos. Súper 8 nos explica por qué vamos al cine, para qué nos metemos en una sala oscura y por qué es una parte fundamental de nuestra existencia.
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  • Copia certificada
    VERDADES Y MENTIRAS

    El salto de Abbas Kiarostami al cine europeo es, en el fondo, un elemento anecdótico dentro de su nueva película, porque tanto en la superficie como en la profundidad, el director iraní mantiene una coherencia formal y temática absolutas.

    Abbas Kiarostami es una leyenda dentro del cine contemporáneo. Durante más de treinta años, y a partir sobre todo del éxito mundial de El sabor de la cereza, el realizador iraní se ha convertido en uno de los nombres más prestigiosos del cine. Varias obras clave dentro de la ficción, el documental y hasta el cine experimental, lo han posicionado como un referente indiscutido. Su obra, coherente y poderosa, se ha ganado por mérito propio ese espacio, y con Copia certificada parece dar un nuevo paso, aun cuando se trate de un film tan nuevo en su cine como parecido a sus obras más representativas. La filmografía de Kiarostami, tanto en su vertiente experimental como de ficción o documental, ha estado siempre muy cerca a ciertos temas e inquietudes estéticas comunes. Esto permite reconocer un film de Kiarostami con gran facilidad. Y es justamente eso lo que pasa con Copia certificada (Copie conforme, 2010), una coproducción entre Francia, Bélgica e Italia. En el plano que abre el film, todo espectador que conozca la obra de Kiarostami deberá ya sentirse seguro de que está frente a una obra del director. Porque no sólo se trata de un plano bello y sugestivo, sino que además anuncia lo que vendrá después. Copia certificada es un film sobre la representación, sobre el discurso, sobre el límite entre la ficción y la realidad, entre el original y la copia. Estos límites y estas ideas aparecen en varias de las mejores películas del realizador, como Detrás de los olivos o Primer Plano.

    Nunca falta quien aventure que estamos frente a un film donde no pasa nada, pero eso es, generalmente, un error de apreciación o un prejuicio del cual el cine iraní suele ser víctima. Porque en Copia certificada, como en toda la obra de Kiarostami, pasa mucho. Y esta idea de que no pasa nada, bastante irritante a esta altura, se refiere a que la película trabaja sus temas de una manera no clásica en la narración. Y busca mayormente un espacio teórico para los temas, pero igualmente plástico y bello en el encuadre. Si el primer plano que aparece en esta película es significativo, el plano final es de una belleza arrebatadora. En un mundo de tanto encuadre feo o irrelevante, Kiarostami consigue transmitir con puras imágenes gran cantidad de ideas. De Kiarostami se pueden decir muchas cosas, pero no que no habla a través del lenguaje del cine. La imagen en Kiarostami es la herramienta fundamental. Y aunque su cine es moderno en la estructura dramática, sus temas no lo son tanto. Salvando las distancias, el plano de apertura de Copia certificada es tan claro como el plano de apertura de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock. Y los héroes de películas como La vida continúa, Primer plano o Detrás de los olivos, tienen el coraje y producen la emoción del más convencional de los héroes hollywoodenses. El cine de Kiarostami no es un cine de otro planeta, no refiere a una especie distinta a la humana. ¿No es el final de Detrás de los olivos el final de cientos de films románticos de la historia del cine? La respuesta es sí. ¿Entonces cuál es la diferencia? La diferencia es la manera en que Kiarostami lo filma, la diferencia está en la forma. Allí donde todos ponen un primer plano de él, un primer plano de ella y luego un plano de ambos, Kiarostami pone un plano general lejano, pero el tema sigue siendo el mismo. Pero si el ascetismo lo vincula con Ozu y Bresson, la originalidad en la puesta en escena suma a esa lista a Ford, Hitchcock y Welles. Porque si se presta un poco de atención –y los que dicen que en Kiarostami no pasa nada, no suelen prestar nada- se verá que ningún gran director filma de manera convencional, todos tienen ideas de puesta en escena que los vuelven irrepetibles. El ascetismo de Kiarostami parece simple y se ve simple, pero como bien dice el personaje protagónico: “No hay nada simple acerca de ser simple”. Copia certificada es una película simplemente apasionante, como lo son Y la vida continúa, Detrás de los olivos o Primer plano. Como en todos los films de Kiarostami –incluyendo el inolvidable documental Alumnos de primer grado- los personajes argumentan, explican y convencen, y nuevamente es el protagonista el que pone en palabras su envidia por la gente que simplemente cree en algo. Y luego agrega que lo complicado es tener que convencer a alguien más. ¿Hay algo más dramático que el tener que convencer a otro de una idea? ¿Hay ejercicio más complejo?

    En todas las sinopsis del film se repiten las mismas: “Es la historia del encuentro entre un hombre y una mujer en un pequeño pueblo italiano del sur de la Toscana. Él es un escritor inglés que acaba de dar una conferencia. Ella es una galerista francesa. Se trata de una historia universal, que podría sucederle a cualquiera, en cualquier lugar.” La sinopsis lo dice todo, y sin embargo no dice nada. Como siempre, pero mucho menos en este caso. No fueron pocos los que vieron una conexión entre esta película y Antes del amanecer yAntes del atardecer, de Richard Linklater, pero esa similitud me parece que está “en la sinopsis” más que en el corazón mismo de la película. Más significativo me pareció el vínculo con Con ánimo de amar, de Wong Kar-wai, en la idea romántica y amarga de actuar roles y dramatizar un conflicto de pareja. Pero una vez más, Copia certificada podrá copiar, inspirarse o simplemente parecerse a estos films (como también a Viaje a Italia, de Rossellini) pero su búsqueda es otra. Si un film de Hitchcock es más que un film de suspenso, y muchas veces es una reflexión sobre la naturaleza misma del cine, uno de Kiarostami realiza la misma operación. Los límites entre la ficción y la realidad -tema tan propio del director iraní- cobran aquí el mismo sentido complejo que en sus otros films mencionados. A medida que la trama avanza (atención: develaré cuestiones importantes de la historia) estos desconocidos que aceptaron actar como matrimonio comienzan cada vez más a mostrarse como un verdadero matrimonio, a punto tal que se podría sospechar que lo son, pero la película no lo aclara, y de hecho lo deja en un espacio de gran ambigüedad. ¿Son un verdadero matrimonio o son una copia de un matrimonio? ¿Es ficción o realidad? No por nada cuando se encuentran con una pareja y discuten sobre una fuente, el señor mayor que le da un consejo al protagonista es nada menos que Jean Claude Carriere, uno de los guionistas más famosos de la historia del cine. Un consejo romántico en manos de un guionista, un guiño casi secreto dentro de un film que de todas maneras juega con esas lecturas a lo largo de toda la trama. Como cierre me gustaría citar un gran film con el cual Copia certificada guarda muchas similitudes: F de falso (Vérités et mensonges, 1974), de Orson Welles. Ese (¿Falso?) documental de Welles es una de las joyas dentro de su filmografía y narra la historia, incluyéndose, de varios falsificadores. De muchas de las cosas que se habla en el film de Welles, se habla también en el film de Kiarostami. F de falso es una película barroca. Magia, cine, arte, estafa, verdades y mentiras, casi una comedia alocada por momentos. Pero en esencia comparte muchos temas con Copia certificada. Allí Welles afirma: “Sin dudas casi todas las historias incluyen alguna forma de mentira”, y viene al caso entonces citar a Kiarostami, quien afirma: “Para atrapar la verdad es preciso en parte traicionar la realidad”. Y estas afirmaciones no se refieren solo al arte en Copia certificada, sino que también hablan de la vida.
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  • Capitán América - El primer vengador
    Un superhéroe de otros tiempos

    En el retrato cinematográfico más importante que se ha hecho del personaje de Marvel, la narración llega hasta nuestros días y cierra el ciclo de films sobre los héroes de la factoría, que en 2012 se reunirán en Los vengadores.El Capitán America fue un héroe de la década de 1940 incorporado años más tarde al universo de Marvel Comics. Esta nueva película basada en el personaje no es la primera, pero sí es la más importante que se haya hecho. La acción, por lógica, transcurre principalmente en la década de 1940, aunque desde el primer minuto de película sabemos que la narración llegará hasta nuestros días. El héroe es elegido primero por su valentía y su humanismo, ya que físicamente es un joven débil rechazado por el ejército varias veces. Pero una vez que acepta someterse a un experimento se convierte en el Capitán América, aunque su fuerza no será utilizada inicialmente para combatir, sino para convertirse en un personaje para vender bonos de guerra. Esto es un guiño al origen propagandístico que tuvo, para luego evolucionar en un superhéroe tal cual se lo conoce hoy. El encargado de narrar la historia del Capitán América es Joe Johnston, un gran director de esos cuyo nombre no es famoso pero sus películas sí lo son. Johnston dirigió films como Rocketeer, Jumanji, Jurassic Park 3, Cielo de octubre, Océano de fuego y El hombre lobo. Aquí, y a pesar de los efectos especiales y el despliegue visual gigantesco que la película posee, Johnston consigue narrar con hábil mano clásica, y con una reconstrucción de un estilo intencionalmente demodé. Esto le ajusta perfectamente al personaje y su historia. También los actores se ajustan a un estilo de otra época y el lujo del elenco permite que la película no sólo tenga acción sino también emoción. Al protagonista Chris Evans (el mismo de Los 4 fantásticos) hay que sumarle a Hayley Atwell (El sueño de Cassandra), Hugo Weaving (Matrix) y dos grandes como Tommy Lee Jones y Stanley Tucci.Capitán America es la última película de Marvel previa al ambicioso proyecto de Los vengadores (2012), donde el Capitán América se reunirá con otros personajes como Iron Man (Robert Downey Jr., Thor (Chris Hemsworth), Hulk (Edward Norton), Hawkeye (Jeremy Renner). La gran pregunta es si se podrá combinar el tono y el estilo visual de cada uno de estos films en una sola película. Y más complicado aun es saber si esta suma de personajes dará la mejor película de Marvel o si por el contrario los personajes fracasarán en su intento por trabajar en equipo. La respuesta la tendremos el año que viene, pero si se quedan hasta el final de los títulos, tendrán una primera pista.
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  • Atrapada
    Atrapada
    Tiempo Argentino
    El regreso del maestro del terror

    El director de Noche de brujas y La cosa vuelve al ruedo con este film donde narra la historia de una joven internada en una institución mental. Sin grandes efectos visuales, expone la angustiante fragilidad de la mente humana.

    Atrapada es una película dirigida por John Carpenter. Para muchos espectadores este puede ser un dato irrelevante, porque no conocen a este director. Por otro lado, para muchos cinéfilos se trata de un evento cinematográfico, ya que dentro del ámbito de la cinefilia Carpenter es considerado un maestro. Películas como Noche de brujas, La cosa, La niebla, Asalto al precinto 13, En la boca del miedo son varios de los títulos que han convertido a Carpenter en el maestro del cine de géneros, en particular del cine de terror. Muchos de los títulos mencionados ya han tenido aceptables o espantosas remakes –irónicamente algunos ya eran remakes, pero excelentes– y otros van camino a tenerlas. Es decir que aunque el espectador no conozca el nombre de Carpenter, si le interesa el cine de terror, debería saber que él es el maestro que han seguido muchos directores actuales. Atrapada cuenta la historia de una joven que es internada en una institución mental, punto de partida ideal para describir la indefensión del individuo frente al sistema. Pero quienes busquen un gigantesco show visual, carente de sentido pero vistoso como en la reciente Sucker Punch no se sentirán a gusto acá. Atrapada es una película con una puesta en escena de otra época. Si tuviéramos que buscar referentes estéticos deberíamos ir hacia la década de 1940 o de 1950, y pensar en directores de cine clase B y en películas como las que hacían los estudios más pequeños, carentes de estrellas y de altos presupuestos. A falta de ganchos comerciales, aquellas películas eran pura habilidad narrativa, imaginación y estilo. Y en eso brilla Atrapada, en su capacidad de mostrar un estilo visual que hoy el cine industrial ha perdido. No hay espejitos de colores acá, tan sólo puro lenguaje cinematográfico. La historia es muy pequeña y muy sencilla y no estamos frente a un clásico de todos los tiempos. Tampoco el guión atraviesa por los espacios más originales del mundo y tal vez no lo intenta tampoco. Sin embargo, y a pesar de sus limitaciones, Atrapada se impone por su potencia narrativa y por la descripción pausada y sutil que hace de la fragilidad de la mente humana. El terror, el verdadero terror que describe Carpenter, es el de la incertidumbre de no sabernos cuerdos o locos. La sensación de que tal vez el mundo esté conspirando contra nosotros o tal vez no. Y en esa duda se resume la angustia real que produce Atrapada.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2
    Un mundo adulto, oscuro y complejo

    Emoción a flor de piel en el desenlace de una historia que marcó a más de una generación. Un mago ya más maduro y sus incondicionales amigos se enfrentan en una batalla final contra Lord Voldemort y las fuerzas del mal.

    Todo tiene un final, todo termina”, decía una famosa canción. Y así es, incluso la saga de Harry Potter llega a su fin. Ocho películas en diez años han convertido al personaje creado por J. K. Rowling en uno de los fenómenos más importantes de la cultura popular contemporánea. La octava película es en realidad la segunda parte de la séptima y es el momento en que todas las fuerzas chocan por última vez.
    Harry Potter (Daniel Radcliffe, en su mejor interpretación del personaje) y sus incondicionales amigos Hermione Granger (Emma Watson) y Ron Weasley (Rupert Grint) se enfrentarán en una batalla final contra Lord Voldemort y las fuerzas del mal. La mismísima escuela Hogwarts estará en peligro y todo puede ocurrir aquí. No anticiparemos nada más, aunque los más fanáticos de Potter ya saben todo lo que ocurre porque han leído el libro. Está claro, por otro lado, que quienes no conozcan al personaje y sus aventuras no deberían ni intentar acercarse recién aquí a la saga.
    Durante todo el metraje las historias que han evolucionado a lo largo de los años van encontrando un cierre y los misterios que aún quedaban por develar se resuelven definitivamente. El director de Hogwarts, Dumbledore, ya ha muerto, Lord Voldemort tiene cuerpo y está en la plenitud de sus fuerzas, por lo que Potter deberá eliminar los horrocruxes restantes para poder vencerlo. Los horrocruxes son objetos en los cuales un ser deposita fragmentos de su alma para convertirse en indestructible. A esta tarea se dedicaron los protagonistas en el film anterior, y aquí llegan al punto culminante. Deberá saber quien conozca bien todas las películas, que la emoción estará a flor de piel desde el primer minuto y hasta el final. Totalmente alejado de los pequeños chistes infantiles de sus comienzos, esta entrega final ofrece un mundo adulto, oscuro y complejo. Tan sólo una objeción: la búsqueda por cerrar bien la historia ofrece varios momentos anticlimáticos que le impiden alcanzar la calidad de los dos mejores films de la saga: El prisionero de Azkaban y El cáliz de fuego, tercera y cuarta entrega de los films de Potter. Sin embargo, ver Harry Potter y las reliquias de la muerte es ser testigo del desenlace de una historia enorme que ha marcado a más de una generación. Para muchos, será la despedida de un referente, de un amigo, de un héroe de anteojos que se sobrepuso a todo y logró crecer delante de nuestros ojos y en la pantalla del cine.
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  • Cars 2
    Cars 2
    Tiempo Argentino
    Los autitos chocadores

    Las películas de los estudios Pixar, y al cual pertenece Cars 2, tienen fama de ser obras perfectas. Films como Toy Story, Wall-E o Ratatouille han sido tan exitosas como a la vez valoradas por la crítica. Buscando a Nemo, Monsters Inc. y la primera Cars han tenido el favor de un público que las ha convertido en clásicos contemporáneos.
    Aunque no todos los films de Pixar han sido tan perfectos como la leyenda cuenta, Cars 2 ya comienza a tener la fama de ser la peor de las películas del famoso estudio. A no preocuparse tanto, quien vea Cars 2 no encontrará un producto mal realizado o visualmente pobre, al contrario, pero lo que falla en esta película es