Robin Hood

Crítica de Santiago García - Leer Cine

EL SURGIMIENTO DE UNA LEYENDA

Robin Hood es un personaje de leyenda inglés surgido en la Edad Media. Hace un recorrido por la literatura, no sólo con relatos anónimos sino también como un personaje de Ivanhoe (1819), el clásico de Walter Scott. Es tal vez Howard Pyle el único escritor que firma, en 1883, una historia completa de Robin Hood que en muchos sentidos es base fundamental para el siglo siguiente en la vida del famoso personaje. Con la aparición del cine se convirtió en protagonista de docenas de films, siendo el de 1938, con Errol Flynn en el papel principal, el más inolvidable de todos. Esa imagen de Flynn, la misma que hemos visto durante años en la colección de libros infantiles Robin Hood, era la de un Robin sonriente, de origen noble, que le quitaba a los ricos para darle a los pobres. Arco y flecha y su traje de color verdad eran su marca. El personaje era el arquetipo ideal del héroe de capa y espada (swashbuckler) que tantos ejemplos tuvo en la literatura desde el medioevo hasta comienzos del siglo XX. Pero para las generaciones más recientes el Robin Hood más conocido es el que interpretó Kevin Costner a comienzos de la década de los noventa. Para los especialistas, por otro lado, el favorito será siempre el Robin viejo que interpretó Sean Connery en Robin y Marian en 1976. El desafío para Ridley Scott era volver el personaje y crear un film que lograra estar entre los más memorables que se hayan hecho sobre el héroe de Sherwood. En Robin Hood, el director de Gladiador y su protagonista, Russell Crowe, intentan recrear el clima y los temas del film que los condujo al éxito y al Oscar al mejor film y al mejor actor. En esa búsqueda se encuentran con una diferencia entre ambas historias. Mientras que Gladiador tenía un personaje protagónico nuevo y, por lo tanto, sin condicionamientos, Robin Hood es un personaje que ya ha tenido infinitas versiones y quien más quien menos conoce su historia. Por eso el guionista Brian Helgeland (el mismo de esa maravilla llamada Corazón de caballero) se encuentra en una disyuntiva: respetar al personaje y hacer otro film más, parecido a todos los anteriores, o buscar hacer algo nuevo, arriesgando aquello que los espectadores esperan encontrar en un film sobre Robin Hood. Finalmente deciden contar el origen de la leyenda, ocupando todo el relato en lo que usualmente ocupaba los primeros minutos de cada aparición del personaje. El film está bien escrito, tiene complejidad dramática y el oficio de Ridley Scott (Alien, Blade Runner, Thelma & Louise, La caída del halcón negro) está bien a la vista. Aquello que decepcionará a los seguidores de Robin tal vez guste a los que nunca se interesaron por el personaje. Y los fanáticos, para alegría de los realizadores, terminarán de ver el film con el deseo de una pronta segunda parte. No una secuela, sino la segunda parte de una historia que aquí queda claramente inconclusa.