Rascacielos

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

SIN VÉRTIGO

Treinta años han pasado desde el estreno de Duro de matar y la obra maestra del tándem Bruce Willis-John McTiernan sigue entregando copias o derivaciones con mínimas variantes. Eso no está mal, al contrario: indudablemente se pudo encontrar ahí un molde narrativo y estético que aplicado de manera pertinente da enormes frutos. Ahí tenemos películas como Riesgo total, Máxima velocidad o El ataque que funcionan como rendidores entretenimientos aún desde sus instancias más ridículas. Pero no es una fórmula mágica, que arroje resultados de manera instantánea, y un film como Rascacielos: rescate en las alturas es un ejemplo de cómo varias tuercas pueden quedar sueltas. O demasiado ajustadas.

No es por pereza que falla la película de Rawson Marshall Thurber, que reúne a priori todos los elementos que corresponden para este tipo de tramas de acción: un edificio ultra-tecnológico y supuestamente impenetrable; un grupo de terroristas que logra infiltrarse con fines muy específicos; el héroe improbable (en este caso, un ex veterano que perdió una pierna) que debe rescatar a su familia y limpiar su nombre; y las probabilidades casi imposibles, que incluyen un incendio que va escalando y devorando cada vez más pisos. Y que encima suma un enorme despliegue de pirotecnia, acrobacias y efectos especiales, más la presencia de Dwayne Johnson, un actor que siempre aporta fisicidad y humanidad en dosis equilibradas. Pero también sobra cálculo y diseño, como si el relato no pudiera ocultar el proceso por el cual encastra todas sus piezas.

Quizás uno de los problemas principales sea, paradójicamente, la estampa de Johnson, cuya centralidad casi absoluta termina devorándose el film, en detrimento de todos sus demás componentes. En un punto ese foco extremo es comprensible, porque estamos claramente ante una película que se construye como un vehículo para su estrella. Pero a cambio, tenemos un villano sin carisma, cuyos motivos son irrelevantes; un núcleo familiar que es supuestamente el impulso para las acciones del protagonista pero que está lejos de generar empatía. Todo en verdad pasa por lo que puede hacer Johnson, lo cual explica que los roles secundarios sean ocupados por estrellas asiáticas –Byron Mann, Tzi Ma, Chin Han, Hannah Quinlivan- en pos de llevar más público de esas latitudes pero sin darles entidad a sus personajes.

En parte Rascacielos: rescate en las alturas parece hacerse cargo de que detrás de toda su parafernalia lo único relevante es la figura de Johnson, por lo que está repleta de guiños y chistes autoconscientes, más un trabajo casi obsesivo en la imagen del héroe –que incluye la mediación por parte de dispositivos como celulares o filmaciones de los noticieros- y hasta una puesta en crisis de sus capacidades físicas por la falta de una pierna. Sin embargo, esa autoconsciencia no sirve para acercar al espectador al relato, sino que tiene un efecto contraproducente: la distancia frente a los hechos narrados es sideral, lo cual lleva al peor escenario para este films, que es la total previsibilidad.

Cuando hablamos de previsibilidad, no nos referimos a que no se pueda intuir cuál va a ser el resultado final (los buenos siempre ganan en este sub-género), sino a que se ven venir todos los giros, dilemas o momentos supuestamente ingeniosos. La única excepción es el último enfrentamiento, donde la película parece liberarse un poco de sus ataduras y juega de manera perspicaz con los espejos y apariencias. El resto de Rascacielos: rescate en las alturas carece de sorpresa y vértigo, un film que se erige como una estructura tan gigantesca como vacía.