Porfirio

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

El valor del personaje

Porfirio Ramírez Aldana es un personaje por demás interesante: quedó postrado tras recibir una bala perdida de la policía en medio de un tiroteo con delincuentes y realizó un curioso proceso para reclamarle al Estado colombiano que lo indemnicen. Claro está, no tuvo demasiado éxito en su pedido. Pero aclaremos: Porfirio es también un personaje real y se interpreta a sí mismo en el film. Y lo que vemos en el film que lo tiene como protagonista es su cotidianeidad, mientras permanece en su silla de ruedas y se relaciona con un entorno particular en un registro conectado con el cine latinoamericano festivalero de las últimas décadas.
La película de Alejandro Landes, conocido en estas tierras por Cocalero, retoma cierto registro documental pero le suma un grado de ficción que hace jugar al film en una línea de intertextualidad constante: el protagonista se recrea a sí mismo, en una película que no es un documental puro y a la vez es una ficción al filo de lo documental. Este juego narrativo pone al film en una instancia crítica: lo que tenemos es un verosímil con pretensión de verdad, pero evidentemente manipulado. ¿Cuánto de esto es entonces tolerable y cuánto necesario, teniendo en cuenta el grado de sordidez que a veces inunda el relato?
Lo curioso y más interesante en el trabajo de Landes, es ver cómo revierte cierta tendencia del cine latinoamericano provocador, un poco en la línea del mexicano Reygadas: aquí hay sexo entre personas que no son las de catálogo (como le gusta al mexicano), pero hay distancia respecto de tomar esto como una reflexión sobre vaya uno a saber qué asunto. Por el contrario, hay disfrute, liviandad, algo de diversión. El sexo en Porfirio no busca el sensacionalismo sino estimular las sensaciones de personajes en condiciones especiales.
De todos modos, se podría decir que a Porfirio le sobran varios minutos de una contemplación repetitiva y que incluso comete el pecado mortal de dejar en off un episodio fundamental para el personaje, el cual no vamos a contar aquí para no frustrar parte de la tensión que adquiere la película sobre el final (pero si tienen ganas, pueden husmear en las noticias en Google). Pero sepan que allí aparecen algunos elementos del thriller y que el director lo maneja con solvencia. Lo curioso es que, por el contrario, opta por “contar” esos episodios de manera verbal, por medio de una canción simpática, sí, pero distante expresivamente de lo que la película proponía hasta el momento. En ese no mostrar para contar de manera oral, se limitan los resultados finales de una película que tiene sus varios atractivos, cinematográficos y políticos.