Pina

Crítica de Demian Paredes - La Verdad Obrera

Sensaciones, conceptos, movimientos, sentimientos

¿Cuál es el límite del cuerpo, su máxima expresión y proyección posibles? Una respuesta puede hallarse en Pina, la nueva película de Win Wenders (Paris, Texas, Wings of Desire, Buena Vista Social Club, entre otras).

Filmada con la nueva tecnología 3D que inauguró la película de James Cameron, Avatar [1], Wenders nos lleva a un impresionante recorrido por algunas de las obras de Pina Bausch, bailarina y coreógrafa; una figura central del teatro-danza [2]. La utilización del 3D le da a Pina un plus que prácticamente transforma al cine, en determinadas escenas, en un vertiginoso teatro donde el espectador termina inmerso en las coreografías. Explicó Wenders en una entrevista: “Era el espacio lo que me había sentido incapaz de dominar. Eso cambió con el 3D” [3].

Como ha relatado muchas veces el director, el proyecto de filmar las obras de Bausch surgió como un plan a realizarse en común con ella misma, en la década del ‘80, y recién con la aparición de 3D se avanzó en concretar el proyecto. Lamentablemente la muerte de Bausch el 30 de junio de 2009 truncó todo, aunque luego Wenders, al ver que la misma compañía de Pina (el Tanztheater que dirigió desde 1973, cuando el ballet de Wuppertal la contrató), fiel a la máxima de ella: “Bailemos, bailemos, sino estamos perdidos”, siguió actuando cada función, terminó por filmar y entregar esta obra.

Hay cuatro obras centrales que se recrean en esta película: Le sacré du printemps (1975), con música de Igor Stravinsky, una obra trágica donde se baila sobre un piso de tierra y se enfrentan y luchan dos bandos: fieros hombres y exigidas mujeres; Café Müller (1978), donde los bailarines y bailarinas danzan “espontáneamente” con los ojos cerrados y sólo hay uno que ver y corre frenéticamente montones de sillas que hay en un cuarto cerrado (esta obra incluso la trajo a Buenos Aires en 1980); Kontakthof (1978), donde utilizó para las diversas presentaciones bailarines/as –incluso amateurs– que van de los 14 a los 65 años; y finalmente Vollmond (2006), donde una lluvia constante y una gran roca son parte de un frenético enfrentamiento (¿búsqueda?) entre los/as bailarines/as.

También, en el teatro o al aire libre, en los impresionantes territorios de Westfalen, el Tanztheater rinde su creativo homenaje a su maestra, no sólo interpretando algunas de sus obras sino danzando ellos mismos como solistas o en pareja. Escenarios sorprendentes; bosques, ríos, montañas, una escalera mecánica, una enorme piscina de club o el famoso monorriel de la ciudad, son aptos para que la cosmopolita compañía (hay de los 5 continentes –e incluso una joven bailarina nacida de dos integrantes del Tanztheater–) dé rienda suelta a su inventiva… muchas veces inspirada en las mismas breves preguntas, observaciones o lacónicas sugerencias de Bausch en el pasado.

De esto último nos enteramos por los breves monólogos que dan los/as bailarines/as (voz en off sobre la imagen de ellos “de civil”), al igual que otras anécdotas, que se combinan e intercalan con algunas breves imágenes de Pina en ensayos y en alguna obra.

De conjunto tenemos entonces una película “apta para todo público”; tanto para los amantes (y practicantes, por supuesto) de la danza contemporánea como para los neófitos. Accesible y amena, es también una película fuerte, donde los cuerpos se exigen (en esfuerzo físico y dinámico) y los espíritus desean o padecen. Donde la mujer en particular sufre y resiste. Y donde todos se expresan: con amor, odio, soledad, locura, alegría y divertimento. Tal como canta la performer Laurie Anderson en un tema de su disco Homeland, “Bodies in motion”: “Somos cuerpos en movimiento / encarnamos el espíritu del movimiento”.

Muchas críticas dijeron lo obvio: esta no es una biopic; quien la mire, no sabrá el contexto socio-político de las décadas donde Pina desarrolló su arte; quien la vea, no sabrá cuáles eran los objetivos de sus obras; quien la vea, no sabrá cómo eran los ensayos. ¿Importa en realidad alguna de estas “carencias”? Una crítica dijo una gran verdad: Wenders realizó “una especie de monumento visual” [4] a Pina Bausch. Y lo logró. Con ella, con la compañía y con su cine (enriquecido ahora por el 3D).

La importancia de esta nueva obra del autor de En el curso del tiempo radica en que fue fiel a una máxima de la coreógrafa y bailarina: no interesa saber cómo se mueve la gente, sino qué los mueve. Pina muestra exactamente eso.