Pesadilla en Calle Elm

Crítica de Bernabé Quiroga - CiNerd

FREDDY'S BACK AGAIN

“One, two, Freddy's coming for you. Three, four, better lock your door. Five, six, grab your crucifix. Seven, eight, better stay awake. Nine, ten, never sleep again”.
Si ves nenitas vestidas de blanco saltando la cuerda y cantando esta canción, estás en problemas. Primero, porque Freddy Krueger anda cerca. Segundo, porque estás dormido y él puede convertir tus sueños en las más horrorosas pesadillas. Así lo hizo durante diez años, desde 1984 con el clásico de horror de Wes Craven A NIGHTMARE ON ELM STREET, hasta 1994 con la aterradora e inventiva NEW NIGHTMARE. Nada ni nadie podía detenerlo. Intentaron quemarlo, matarlo en los sueños y en la vida real, intentaron enterrar sus restos, hacerle frente y hasta pedirle ayuda a su difunta madre y a su hijo bastardo en A NIGHTMARE ON ELM STREET 5: THE DREAM CHILD (1989). Pero Freddy siempre regresaba por los niños de la calle Elm. ¿Cómo? ¿Por qué? El cómo nunca importó, porque en el mundo de Freddy no había reglas - y si las había él podía romperlas o cambiarlas a gusto -. El porqué es simple. En A NIGHTMARE ON ELM STREET 4: THE DREAM MASTER (1988) él lo explicó claramente: “I... am... eternal” dijo. Sí, Freddy Krueger es eterno y nada ni nadie puede detenerlo. Ni un grupo de adolescentes, ni el paso del tiempo, ni las más extravagantes y malas ideas de Hollywood (FREDDY VS. JASON) y, mucho menos, la ya cansina tendencia de renovar clásicos. Así, varios años después de la última pesadilla, unas dulces voces infantiles en nuestros sueños y en salas de cine, anuncian cantando: “Nine, ten, he’s back again”.

Si pensabas que se había marchado para siempre, estabas soñando. En este caso no hablamos de Freddy, sino de Michael Bay y su productora Platinum Dunes. Luego de fallar desastrosamente con las nuevas versiones de THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE (2003), THE AMITYVILLE HORROR (2005) y la pésima FRIDAY THE 13TH (2009), arriesgaron todo una vez más y se animaron a lo impensable: Concebir un remake de A NIGHTMARE ON ELM STREET (1984) sin Robert Englund. Este, tras ocho entregas (contando FREDDY VS. JASON) interpretando magistralmente al deforme, sádico y pedófilo asesino que lo lanzó al estrellato, pasó a formar parte de esos actores de la “old school” y así como si nada, fue descartado de la nueva versión. La excusa es conocida: Una nueva pesadilla requiere de un nuevo Freddy Krueger que el espectador actual pueda digerir: Más cruel, serio, oscuro y “realista”, pero igual de peligroso. Aquí entran en escena el excelente actor Jackie Earle Haley (LITTLE CHILDREN, Rorschach en WATCHMEN) y el director debutante Samuel Bayer. Juntos desafiaron una de las reglas de la cinefilia: Los clásicos son intocables. Y juntos jugaron con fuego, pero milagrosamente - y a diferencia del pobre de Freddy-, no se quemaron, y es interesante ver como lo hicieron.

La historia de esta A NIGHTMARE ON ELM STREET es similar a la primera pero también tiene cambios que la vuelven algo más que un simple remake. La premisa es la de siempre. Sin saber porqué, varios adolescentes empiezan a soñar con mismo hombre: Freddy Krueger. Este tiene el rostro quemado y usa sombrero, buso a rallas y un guante con filosas cuchillas. Pero no solo los atormenta. También los mata. Y si los mata en el sueño, mueren en la vida real. Por eso, intentando mantenerse despiertos, Nancy (Rooney Mara) y sus amigos se unirán para ponerle un fin a estas pesadillas descubriendo un terrible secreto del pasado que los conecta a todos. Hasta aquí tenemos casi la misma historia que propuso Wes Craven hace veintiséis años. Pero los tiempos cambian y los films también, y este remake - uno de los mejores de los últimos años - es la prueba viviente de eso. El film de Bayer no tiene la genialidad de la excelente versión original, pero sí es más seria, sombría, y se anima a cruzar límites que la narrativa de los ochenta no consideraba como aceptable. Desde la posibilidad de que Freddy Krueger sea inocente y que los verdaderos malos del film sean los padres, hasta tocar de manera más explícita temas fuertes como el abuso infantil. Incluso la estructura de la narración está más elaborada. El origen del Amo de los Sueños no se presenta burdamente al principio de la película o como meros flashbacks, y el film no se estructura de acuerdo a las pesadillas/muertes de los protagonistas, a diferencia de casi todas las entregas anteriores de la saga. Es decir, hay diálogos, una historia y personajes que no son los típicos adolescentes norteamericanos. Tal vez los únicos puntos flojos de la película sean la poca participación de la calle Elm, el abrupto cambio del papel protagónico de la rubia Kriss (Katie Cassidy) a la protagonista original Nancy, y el inconsistente final del film. Pero como dijimos antes, sí hay un guión y no solo una excusa para mostrar minas buenas y escenas violentas ¿Escuchaste, Jason Voorhes?

A esta altura, y después de presenciar desfiles de clásicos reinventados, ya es más que obvio que el objetivo principal de los remakes NO es enaltecer a los clásicos, sino atraer al público que no estuvo presente en el primer estreno o no se interesó lo suficiente como para ver las versiones originales. Aún así, PESADILLA EN LA CALLE ELM (2010) tiene también las puertas abiertas para los fanáticos de la franquicia. Desde escenas y planos calcados de films anteriores hasta diálogos que nos recuerdan esas entrañables pesadillas. - ¿Quién no sonrió al escuchar de nuevo “How's this for a wet dream”? Okey, solo los que vieron A NIGHTMARE ON ELM STREET 4: THE DREAM MASTER (1988) - . Inclusive el nuevo Freddy Krueger tiene características del de Robert Englund, pero lamentablemente Freddy Krueger hay uno solo. Aunque la intención del actor Jackie Earl Haley fue buena, su presencia en pantalla justa y su interpretación más que magnífica, la nueva versión de este personaje no termina de convencer. Lo bueno es que, como dije antes, es más serio, sádico, oscuro y “realista” - un poco sexópata, también-, asusta y sigue teniendo frases escalofriantes y momentos inolvidables. Lo malo es el maquillaje (repugnante pero demasiado deforme aún para ser Krueger) y la voz (perturbadora pero de a momentos te distrae, así como la de Batman en THE DARK KNIGHT). Usando todo eso, Jackie construye al Freddy Krueger de una nueva generación que, aunque no logra ni logrará superar nunca a Englund, tiene potencial para superarse a si mismo en las inevitables próximas secuelas.

Desde el punto de vista de la dirección del film, Bayer no se arriesgó demasiado. Todo encaja de manera justa, no hay un sello del director ni elementos ajenos a la franquicia. Simplemente está bien filmada y muy bien editada. Esto, mas el manejo de las luces y sombras en los lúgubres decorados (que juegan un papel importantísimo tanto en lo narrativo como en lo visual), y los efectos especiales, alimentan las escenas de suspense del film. Pero que estén bien hechas no quiere decir que las disfrutemos del todo. Aunque tiene numerosos y sobresalientes momentos gore, A NIGHTMARE ON ELM STREET (2010) abusa más que nada del terror por medio del elemento sorpresa, las apariciones inesperadas acompañadas por abrumadores sonidos. Es decir, el susto fácil al que tan acostumbrado está el espectador promedio. Estos momentos lamentablemente abundan en el film y le hacen perder fuerza dramática. Pero por suerte los protagonistas siempre vuelven a quedarse dormidos y es hora de otra sangrienta pesadilla, una más violenta que la anterior y todas con Freddy Krueger como anfitrión. Pero algo ha cambiado. Estamos en una era en el cine de terror en que el asesino debe mantener un perfil bajo y ha de ser, mas que “en serie”, “en serio”. La extravagancia de las originales (y para algunos, absurdas) pesadillas pasadas, quedaron atrás. Freddy ya no es el ícono del terror que solía convertirse en televisor, marioneta, bruja, teléfono o auto, como lo hizo a lo largo de toda la saga. Tampoco transforma a sus jóvenes victimas en cucaracha o personajes de comics o videojuegos. Las pesadillas perdieron la frescura y la gracia, pero el realismo y la seriedad que ganaron no solo hace estas escenas más aterradoras, sino que también se ajustan a las exigencias del espectador moderno que no quieren ver al asesino usando anteojos de sol en una playa (como pasa en la cuarta parte) ni mucho menos disfrazado de superhéroe (como en la quinta entrega).

Freddy Krueger tuvo que sacrificar muchas cosas para ser recibido por una nueva generación. A Robert Englund, su característico humor negro, su historia original y sus alocadas pesadillas. Pero tuvo que hacerlo para volver a engendrar el terror en las salas. Ahora vuelve a dar miedo, ese miedo que sentimos antes en la película que lo inició todo, en su primera secuela y en la séptima pesadilla. A NIGHTMARE ON ELM STREET (2010) no es el sueño de todos los fanáticos y no supera a la original, pero tampoco defrauda. Y si hay cosas que no nos terminan de convencer de esta nueva versión, ya sabemos porque es. Este es un nuevo comienzo, un nuevo Freddy Krueger y una nueva pesadilla. Lo que pasa es que, cada día, estamos más y más viejos.