Paula

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Paula y la doble moral

La ópera prima de Eugenio Canevari recuerda bastante a La ciénaga, el debut de Lucrecia Martel. No porque sea una copia, un reciclaje o un homenaje, sino porque ambos films comparten una mirada despiadada, impiadosa, pero nunca subrayada ni discursiva, sobre la hipocresía, la doble moral de la burguesía de esos pueblos chicos-infiernos grandes del interior.

Paula es, también, una película de una madurez, un aplomo, una solidez y una convicción poco frecuentes en primeros largometrajes. Todo está muy pensado: lo que se ve y, sobre todo, lo que no. Lo que se dice (poco) y lo que se muestra (suficiente) como para comprender en toda su dimensión, en sus múltiples facetas, en sus distintos matices, los conflictos de una chica que es tan solitaria y tan callada que resulta casi invisible para los demás. Sobria y bella a su manera, pero también descarnada, esta película exhibida en los festivales de San Sebastián, Londres y Mar del Plata es poderosa por lo que expone, pero también por lo que insinúa y hasta por lo que esconde (el uso de la elipsis y del fuera de campo son impecables), con una marcación actoral acorde con el tono austero y riguroso del relato (varios de sus intérpretes son no profesionales).

La Paula del título (Denise Labbate) trabaja como niñera y empleada doméstica de una familia que posee una estancia en Pergamino (la familia del director es de ese origen). Los patrones -un matrimonio que vive demasiado preocupado por sus cosas como para prestarle una mínima atención- cuentan con ella para que se ocupe principalmente de los chicos. Pero Paula ha quedado embarazada y nadie (ni siquiera el hombre que la dejó en ese estado) tiene demasiado interés en ayudarla.

Película sobre la descontención de la mujer en el interior, sobre los mandatos patriarcales y un racismo contenido, pero evidente, Paula también hace un buen uso de ciertos elementos atmosféricos (una perra que es sacrificada por comerse a tres cachorros, el uso de un avión que fumiga glifosato sobre las plantaciones de soja) para demostrar, una vez más, que la violencia, latente y real, psíquica y física, está entre nosotros.