Monger

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

EL QUE DICTA LAS LEYES DEL MERCADO

Jeff Zorrilla, quien ya tiene una larga trayectoria trabajando el formato Súper 8, aborda en Monger el universo del turismo sexual en Buenos Aires y hace la jugada más difícil y arriesgada: tomar el punto de vista del hombre, seguirlo y dejar casi en fuera de campo a las mujeres, para poner a prueba todos los prejuicios situándose en la construcción discursiva del que entabla las reglas del mercado.

El recorte es específico pero bien representativo: un guía sexual llegado a la Argentina desde Texas; una especie de youtuber que quiere superar la marca de 400 mujeres con las que se acostó; y un hombre que quiere quedarse con la custodia del hijo que tuvo con una prostituta. Es decir, lo que prevalece es la mirada del macho, del cliente, del creador de la oferta a partir de la demanda, del que tiene el poder porque tiene la guita y que hace apología de esa posición. Todo el relato que monta Monger está pautado por una notoria sensación de incomodidad.

Pero esa incomodidad no nace solo de ver cómo se cimenta el lenguaje del macho que se cree superior. Poco a poco, lo que se va revelando y delatando es que detrás de esa superficie de prepotencia y pedantería, de discurso machista, misógino, sexista y objetual, lo que queda es la soledad y fragilidad masculina, la necesidad de afecto enmascarada en el raid sexual. Ahí la molestia se redobla, porque ya no resulta tan fácil distanciarse de los personajes cuando muestran sus caras más contradictorias y por ende, humanas.

Zorrilla es plenamente consciente del problema que afronta el espectador y no se la hace fácil, porque jamás juzga a los personajes. De hecho, muestra cómo ellos se juzgan solos, no sólo en sus acciones, sino incluso en cómo hablan de sí mismos. En el medio, se intuye una feminidad que establece un vínculo de retroalimentación con esa masculinidad que bordea lo horroroso.

Monger es también un retrato brutal del capitalismo, de cómo el placer o el deseo más íntimo se convierten fácilmente en mercancía. Y en vez de permitirle al público refugiarse en la cómoda distancia, lo interpela, lo hace ver qué se puede ser cómplice, por acción u omisión. Desde ese posicionamiento, se constituye en uno de los mejores documentales que ha entregado el cine argentino en los últimos años.