Las decisiones formales

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

PRUEBA Y ERROR

Desde su mismo título, Las decisiones formales busca plantar bandera y dejar bien en claro su posición. Por un lado, citando una de las canciones de Alma Catira Sánchez, evidencia que su punto de vista va a estar recortado sobre ese personaje, lo cual implica configurar un mundo propio a partir de esa figura. Por otro, se hace referencia a las elecciones que debe tomar la directora Melisa Aller en función de sostener su punto de vista, condicionando lo que quiere contar: cómo vive Alma, una mujer trans que vende mercadería en el tren Belgrano y en las inmediaciones de Retiro, pero cuya verdadera vocación y forma de expresión pasa por el canto y la poesía.

Aller elige combinar diversos formatos y modalidades, que van desde la textura experimental hasta la ficción narrativa, recurriendo a la imagen blanco y negro como una vía para darle una nueva y mayor profundidad a la Ciudad de Buenos Aires. Es precisamente desde la vertiente formal que el film alcanza mayor altura, porque se compenetra con la marginalidad forzada que expresa la protagonista. Alma es alguien que parece estar a contramano del contexto que ocupa, pero que también es sumamente representativa de ese paisaje urbano que busca expulsarla.

Pero Las decisiones formales falla cuando explicita en demasía lo que ya está dicho por las imágenes y el sonido. De ahí que unos cuantos diálogos y situaciones luzcan forzados e impostados, notándose primariamente las recreaciones ficcionales y ensayadas. Y es una pena, porque la película en su conjunto no pareciera tomar total conciencia de que sus observaciones sociales, culturales y genéricas no necesitan del habla, puesto que ya subyacen en los elementos más cinematográficos del relato -especialmente el cuerpo y los movimientos de Alma-, que son los más ricos y con posibilidad de sacudir la perspectiva del espectador.

La sensación que se consolida al ver Las decisiones formales es que su narración habría lucido más compacta y fluida si se hubiera aplicado a la duración de un mediometraje. Lo que sobra y le da un estiramiento pasa por el componente discursivo antes mencionado, en un film-ensayo que muestra a una cineasta con conocimiento y vigor, pero que aún debe encauzar su mirada.