La rueda de la maravilla

Crítica de Fredy Friedlander - Leedor.com

Cuarteto de personajes con más de un triangulo

El cine de Woody Allen se ha caracterizado casi siempre por el rol central y relevante de algún personaje femenino. Hubo una época lejana en donde la actriz que la interpretaba era siempre la misma, primero fue Diane Keaton y luego Mia Farrow. Pero cuando la relación con esta última terminó bruscamente (para decirlo de manera suave) a principios de los ‘90, comenzó una nueva etapa en su filmografía que coincide con su decisión de dirigir estrictamente una película por año.

Todo esto viene a colación de que si uno repasa los films de los últimos 25 años comprueba que casi todas las grandes intérpretes femeninas han participado en alguna oportunidad (muy a menudo una sola vez) en una de sus películas.

Este mecanismo de alternancia hizo que ahora la elección recayera en Kate Winslet, precedida recientemente por Kristen Stewart, Emma Stone (dos veces) y Cate Blanchett. Es justamente el personaje en “Blue Jasmine” (homenaje a la Blanche Dubois de la célebre obra de Tennessee Williams) el que más se acerca a la Ginny (Winslet) de “La rueda de la maravilla” (“Wonder Wheel”).

Ambientada en la década del ’50 en Coney Island, donde ella trabaja de moza (mesera), su vida es un caos. Casada con Humpty (Jim Belushi), un hombre simple como lo es su trabajo en la rueda gigante (“vuelta al mundo”) y con predisposición al alcoholismo, añora su época de actriz.

Pero todo cambiará cuando entren en escena los restantes intérpretes del cuarteto. Por un lado la aparición de Carolina (Juno Temple), a quien su padre no veía desde hace varios años y que, al ser buscada por unos gangsters, el progenitor acepta resguardar. Y por el otro un joven salvavidas (Justin Timberlake), que a su vez hace de narrador, con pretensiones de escritor. No es casual que su ídolo sea Eugene O’Neill, en otro homenaje de Woody a un escritor admirado.

Hay varios elementos a destacar en la película número 47 del gran director de “Manhattan”, donde el guion de su autoría resulta ser el sostén mayor de su nuevo opus. A ello se agrega la elección de Vittorio Storaro (ya estaba en la inmediatamente anterior “Café Society”) en un puesto que ocuparan en el pasado grandes directores de fotografía como Vilmos Szigmond, Sven Nikvist y sobre todo Carlo Di Palma.

Pero es principalmente la notable interpretación de Kate Winslet la que definitivamente saca a flote a “Wonder Wheel” pese a cierta teatralidad en algunas escenas y a las actuaciones menos logradas de los personajes masculinos. Basta recordarla en su debut en “Criaturas celestiales”, su consagración en “Titanic” o su Oscar en “El lector” y pensar que esas son apenas tres de las más de treinta películas en sus veinte años de carrera cinematográfica.

Si bien la película presenta más de un triángulo, que preferimos el espectador descubra aunque alguno es fácil de imaginar, hay también un quinto personaje que resulta toda una incógnita. Se trata del pequeño hijo de Ginny, que podría tildarse de piromaníaco y que aunque no textualmente remite a algún recuerdo de la infancia (acaso autobiográfico) del propio Woody. No puede ignorarse que Coney Island está en Brooklyn, lugar donde se crio y a cuya montaña rusa subió más de una vez.