Fredy Friedlander
  • Cantidad de críticas: 126
  • Promedio: 67%
  • Críticas favorables: 109/126 (87%)
  • Críticas desfavorables: 17/126 (13%)
  • Diferencia absoluta: 8%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Leedor.com
  • Spring Breakers: viviendo al límite
    Originalidad pese a ciertas reiteraciones

    El mayor mérito de “Spring Breakers. Viviendo al límite” es su originalidad, lo que no necesariamente significa que nos encontremos ante una obra mayor. Algunas críticas incluso llegan al límite de señalarla como potencial película de culto, apreciación que este cronista no comparte totalmente. Hay excesivas reiteraciones comenzando por el título original, el “Spring Break”, algo así como las cortas vacaciones previas a las de verano en los Estados Unidos, término que se deja oír repetida e innecesariamente.
    Por otra parte, el hilo argumental es algo débil aunque se ve compensado con imágenes no habituales en otros films con personajes juveniles, donde prolifera lo escatológico. Afortunadamente aquí no abunda ese tipo de derivación tan frecuente y en cambio hay una buena proliferación de desnudos sin llegar al porno.
    La historia entonces es muy simple al presentar a cuatro jóvenes universitarias que deciden pasar unos días en el estado de Florida. La falta de fondos las lleva a asaltar un bar pero una vez en destino tienen la mala suerte de terminar en prisión, apenas cubiertas por sus bikinis.
    Allí comienza otra historia cuando sorpresivamente son excarceladas mediante el pago de fianzas. Sorprendidas comprueban que quien ha tenido el gesto liberador es un personaje (James Franco) que se hace llamar “Alien”. Y de hecho el mote le cuadra bien ya que tiene una dentadura metálica que justifica su afirmación cuando les dice que: “en verdad no soy de este planeta, miren sino mis dientes”.
    Se trata en realidad de un timador, que parece vivir de la venta de las drogas y que además se considera un “rapero”. Se autocalifica como un G (gangster) con el corazón de oro y con mucho dinero (dólares se ven en abundancia durante todo el film, irónicamente algo que en nuestro país no parece abundar…)
    Luego de que una de las jóvenes, la más apocada, de apropiado nombre Faith (Selena Gómez) decide retornar a su hogar las tres restantes protagonizan en la casa de Alien un episodio violento. El mismo sin embargo no tendrá las consecuencias que más de un espectador podría haber vislumbrado. Muy por el contrario, el vínculo de las chicas con su protector se afianza aunque poco después habrá una segunda partida de otra de las jóvenes (Rachel Korine, esposa del director del film) luego de recibir una herida de bala en un brazo.
    Las dos restantes jóvenes (Vanessa Hudgens, Ashley Benson) protagonizarán aún algunas escenas algo “hot” en la piscina con Alien. Le espetarán repetidamente que es un cobarde y le preguntarán, en forma reiterada, si tiene miedo del ex socio. Y conducirán a una escena final bien resuelta que muestra que Harmony Korine, aún con altibajos, posee un estilo original que lo diferencia de otros directores más convencionales. La música de Cliff Martinez, habitual colaborador de Steven Soderbergh, es otro punto alto a lo que se agrega el inteligente uso de “Everytime”, una famosa canción que forma parte del repertorio de Britney Spears.
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  • El gran simulador
    Otro buen documental del polifacético Néstor Frenkel

    Néstor Frenkel es una figura que podría calificarse camaleónica dentro de la cinematografía local. En su carrera se perfilan numerosas vetas que incluyen la dirección de sonido, el montaje además de ser guionista y director de todos sus films. Es un habitual invitado del BAFICI (“Construcción de una ciudad”, por ejemplo) y en esta oportunidad presenta su quinto largometraje fuera de competición. Salvo el primero (“Vida en Marte”) los restantes pertenecen al género documental tal como acontece con “El gran simulador” que tiene algún punto de contacto con “Amateur”, su inmediato anterior. En ambos casos se ocupa de personalidades singulares, un director de cine “Amateur” en un caso y aquí un mago o como él prefiere que lo llamen ilusionista.
    El personaje en cuestión es René Lavand, tal su nombre artístico, que nació en verdad como Héctor René Lavandera en 1928. Pero su singularidad no responde sólo a ser un famoso artista con las cartas, tanto españolas como de poker, sino a que hace trucos con la mano izquierda, dado que la derecha la perdió en un terrible accidente cuando apenas tenía nueve años.
    Lavand vive en Tandil desde hace muchísimo tiempo y lo acompaña desde hace treinta años Nora Gómez, su fiel pareja. Su hermosa casa contiene lo que él denomina su “laboratorio”, en verdad no mucho más que un paño verde donde ensaya nuevos trucos. Pero además la decoración está compuesta por numerosos cuadros (un fresco famoso con las manos de Michelangelo), su colección de sesenta bastones, sombreros e incluso una espada anatómica para zurdos.
    Frenkel utiliza con inteligencia muchas imágenes de archivo como aquéllas en que se lo ve con Ed Sullivan o Johnny Carson y también en nuestra televisión en la lejana década del sesenta así como sus célebres visitas a sets en Japón y Europa, por ejemplo.
    Quizás una de las mayores atracciones de este sólido documental sean las filmaciones actuales de notables trucos como el de las tres migas o también de las tres cartas que incluyen al as de oro. Pero sólo viendo el film se podrá apreciar la “magia” de René Lavand, quien con sus ochenta y cuatro años es un volcán por lo activo y por como se enfurece por ejemplo cada vez que lo llaman (equivocadamente) a su casa pidiendo un remise.
    Como lo afirma en más de una oportunidad, el mago ilusionista de Tandil se considera un autodidacta ya que todos los libros y técnicas son p
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  • Rigoletto en apuros
    Notable debut de Dustin Hoffman como director

    En 1967 y a la edad de treinta años, Dustin Hoffman inició con “El graduado” una carrera fulgurante con al menos diez títulos difícilmente olvidables. Sólo dos años después, en la que quizás fue su más gran composición como el vagabundo neoyorquino Ratso Rizzo, la ganadora del Oscar “Perdidos en la noche lo consagró definitivamente como uno de los máximos talentos del cine de la época. En la década del ’70, “Lenny”, “Todos los hombres del presidente”, “Maratón de la muerte” y “Kramer vs. Kramer” confirmaron las expectativas. El siguiente decenio aún daría algunos títulos destacables como “Lenny” y “Rain man”. Pero de ahí en más su carrera actoral entraría en una cierta declinación generalmente en roles secundarios como los de la serie de los “Fockers” junto a Robert de Niro entre otros.
    Afortunadamente, Hoffman tomó una decisión tardía y muy celebrable que es la de pasarse del otro lado de la cámara. Y el resultado es “Rigoletto en apuros” (“Quartet”), una pequeña joyita que ya debe ser incluida entre lo mejor de este año en materia cinematográfica.
    El actor, nacido en Los Angeles, no dudó a la hora de elegir la localización en mudarla de continente y por lógica rodearse de actrices y actores ingleses. Y confirmar de esta manera que entre los más grandes intérpretes de cine (y teatro) Gran Bretaña continúa teniendo un liderazgo indiscutible.
    Ambientada en un hogar donde conviven pacíficamente un conjunto de cantantes líricos retirados, la calma se quebrará cuando ingrese Jean Horton (Maggie Smith), alterando la vida de varios de sus ex colegas. Quien más se verá afectado será Reggie, su ex marido, en una notable y muy medida actuación de Tom Courtenay. Difícil olvidar sus grandes interpretaciones en “El mundo frente a mí” (de Tony Richardson) y “El vestidor”. Distinta será la reacción de Cissy, de muy buen carácter, afectada de un deterioro progresivo por perdida de la memoria. Un rol difícil que Pauline Collins (“Yo amo a Shirley Valentine”) sortea con gran profesionalidad. Está también Wilf, el eterno Don Juan, quien se resiste a reconocer el paso de los años y que tan bien compone el escocés Billy Connolly. Este es el cuarteto del título original, que alguna vez cantaron juntos y que difícilmente pueda nuevamente ser recreado. Ocurre que anualmente se celebra en la institución que los alberga el aniversario del nacimiento de Verdi, pero convencer a la recién llegada a volver a recrear “Rigoletto” será el nudo de la trama. En algún momento cuándo le ofrezcan a Jean cantar con ellos les espetará un rotundo “Over my Dead Body!”, pero la réplica “Is that a Yes?” no se hará esperar. A destacar también la presencia de Michael Gambon, otro grande del cine británico en divertido rol.
    Un choque estupendo de actores a los que se agrega una banda sonora compuesta de varios fragmentos de óperas famosas será disfrutado por melómanos y aún aquéllos que no lo sean. Con el plus de que la mayoría de los internos del hogar son verdaderos músicos, cuyos nombres y logros aparecen en los títulos finales como justo reconocimiento a un notable debut en la realización de Dustin Hoffman.
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  • El nombre
    El nombre
    Leedor.com
    Obra de teatro con acertado traslado a la pantalla cinematográfica

    El estreno de “El premio” (“Le prénom”) en Argentina se produce apenas algunas semanas después de su presentación teatral, bajo la dirección de Arturo Puig. El film fue codirigido por Matthieu Delaporte, autor de la obra original, y Alexandre de la Patellière.
    Cinco son los personajes centrales, transcurriendo casi toda la acción en la casa del matrimonio integrado por Pierre y Élisabeth, que interpretan Charles Berling (“Los destinos sentimentales”, “Juegos peligrosos/Ridicule”) y Valérie Benguigui respectivamente. Allí llega Vincent, hermano de Élisabeth, cuya esposa Anna (Judith El Zein) arribará más tarde. También está presente Claude, a quien se lo describe como un “hombre de gran sensibilidad” que de chico era el único varón en las clases de ballet de Élisabeth y que actualmente toca el trombón en la orquesta filarmónica.
    Patrick Bruel (“Un secreto”, “Cena de amigos”) es Vincent, quien al llegar les anuncia que Anna está embarazada y que esperan un varón. Hasta ahí todos contentos pero cuando les anuncia que ya tienen elegido el nombre, los demás tratan de adivinarlo. Como ayuda, Vincent les dice con que letra empieza y como nadie logra acertar finalmente termina por revelarlo. Y allí empiezan las recriminaciones y discusiones por lo inapropiado de la selección.
    La situación se complica mucho más cuando se incorpora Anna a la cena, consistente en couscous y otras delicias típicas de los emigrados franceses de Argelia (“pied-noirs”). Ella habría sido quien eligió el nombre pensado para el bebé (sería un “spoiler” revelarlo acá), pero que en verdad no es el que mencionó Vincent. La ira de los demás comensales se vuelcan entonces sobre la recién llegada. Cuando el marido finalmente aclara que todo era un chiste, ya parece tarde para remediar la situación.
    Esa primera mitad de “El nombre” no es, sin embargo, la más brillante de la comedia al estar demasiado enfocada en el fatídico nombre, que una vez revelado baja el interés del espectador. Lo más interesante está por venir ya que el “ajuste de cuentas” será de todos contra todos.
    Vincent será acusado de egoísta, se descubrirá un “crimen” de la juventud de Pierre a quien se tratará además de avaro (“radin” en francés, mal traducido como “miserable” cuando hubiese sido preferible usar el más apropiado “avaro”). Pero quien más sufrirá los embates del resto será Claude a quien le criticarán su uso y abuso del color naranja en su vestimenta y su dudoso comportamiento con las mujeres. Será el momento de nuevas revelaciones que incluso involucrarán a Francoise, la madre de Vincent y Élisabeth, en corta aparición de la gran Francoise Fabian (“Mi noche con Maud”), a punto de cumplir ochenta años en la vida real.
    Los realizadores logran algo difícil de conseguir como es el traslado de la obra teatral al cine y los resultados son más que alentadores para hacer recomendable la visión de “El premio” y seguramente verla en teatro para comparar ambas versiones.
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  • La reconstrucción
    Primer drama de Taratuto tras tres comedias exitosas

    Juan Taratuto corría el riesgo de ser encasillado como un típico director de comedias comerciales. Tanto su debut (“No sos vos, soy yo”) como su segundo largometraje (¿Quién dice qué es fácil?) además de compartir el mismo género tenían en el rol central a Diego Peretti, a quien a esta altura ya se lo puede calificar como su actor “fetiche”.
    Su tercera comedia (“Un novio para mi mujer”) apuntó aún más alto, comercialmente hablando, al convocar a Adrián Suar, hoy por hoy la máxima figura local en la comedia de la misma manera que Ricardo Darín lo es en roles dramáticos.
    Con esos antecedentes pocos hubiesen apostado a un cambio de registro tan agudo como el que muestra en “La reconstrucción”, cuarto largometraje en su exitosa carrera. Lo único en común con algunos de sus films anteriores es el regreso de Peretti, aunque en un rol totalmente opuesto, lo que valoriza su riqueza actoral. Eduardo, su personaje, es un técnico petrolero que trabaja en el sur argentino, cerca de Río Grande y no muy distante de Ushuaia, a la que se dirigirá al ser convocado por su amigo Mario (Alfredo Casero). Este se encuentra en un estado delicado de salud y necesita que durante unos días, en que se hará unos tests en un hospital, Eduardo lo reemplace en la atención de su negocio de ventas de souvenirs.
    Mario a su vez está casado con Andrea (Claudia Fontán) y tiene dos hijas adolescentes (notables performances de Eugenia Aguilar y María Casali). La galería de personajes se reduce a este reducido núcleo, lo que resulta comprensible dado que Mario y especialmente Eduardo no parecen tener muchos amigos ni familia cercana. En verdad a lo largo del relato se irá revelando que el último nombrado tuvo una esposa y conserva un hijo, del que está bastante distanciado.
    Los dramáticos acontecimientos que tendrán lugar de allí en más son algo previsibles, siendo el título de la película bastante revelador. Pese a lo señalado el enfoque intimista de Taratuto, con predominio de silencios y monosílabos sobre todo en el personaje de Peretti, sostiene la trama y en algunos momentos, como uno cerca del final logran conmover al espectador.
    Es saludable el intento del realizador en su giro dramático y destacables las interpretaciones que consigue de sus actores. Los aspectos técnicos: fotografía (Nico Hardy) y música (Iván Wyzogrod) realzan los logros de “La reconstrucción”.
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  • Efectos colaterales
    ¿Será realmente la última película de Soderbergh?

    Steven Soderbergh es sin lugar a dudas el más prolífico de los directores norteamericanos, superando incluso en los últimos 24 años, desde su auspicioso debut con “Sexo, mentiras y video”, a Woody Allen. A diferencia del realizador de “Medianoche en Paris”, su carrera es algo irregular con algunos otros films destacables (“La gran estafa”, “Erin Brokovich, una mujer audaz”, “Traffic”, “King of the Hill” – no estrenado) y otros de discreto nivel. Soderbergh ha declarado que “Efectos colaterales” (“Side Effects”) su largometraje número 27, será su última película. Posiblemente se trate también de una de las más logradas gracias a un atrapante guión de Scott Z. Burns, que ya lo acompañó en obras recientes como “Contagio” y “El desinformante” (no estrenada en cine).
    Se trata de un thriller, aunque encuadrarlo así quizás resulte algo reduccionista por lo que se podría ampliar la definición de género a “thriller psicológico” que haría más justicia a la propuesta. De hecho dos de los cuatro personajes centrales son psiquiatras, mientras que la mujer en la cual está centrada la acción presenta un típico cuadro de trastorno bipolar. La primera escena gira alrededor del personaje de Emily Taylor Rooney Mara), en los instantes posteriores a la muerte de una persona, como lo revela la cámara al mostrar un piso cubierto de sangre aunque sin identificar al occiso. Inmediatamente la acción retrocede tres meses atrás, momento en que el marido de la joven (Channing Tatum, visto hace muy poco en “Magic Mike” film inmediatamente anterior de Soderbergh) sale de prisión luego de cuatro años por una condena por estafa. El reencuentro parece restablecer la armonía en el hogar de los Taylor, pero poco después ella sube a su auto en un garage y se estrella deliberadamente contra una de las paredes del estacionamiento. Va a parar a una clínica y quien la atiende es el Dr. Jonathan Banks, otra acertada actuación de Jude Law (“Ana Karenina”).
    Comienza entonces una serie de prescripciones de píldoras antidepresivas, algunas en experimentación, con las habituales oscilaciones en el estado anímico de la joven. Habrá así dramáticas situaciones como las que ocurren en una estación de subte, una fiesta en un barco y en su lugar de trabajo – una agencia de diseño gráfico. La trama se vuelve algo más compleja cuando aparece otra psiquiatra (Catherine Zeta-Jones), que es contactada por el Dr. Banks al descubrir éste, que había tratado a su paciente anteriormente.
    El tema de las drogas contra la depresión cobra relevancia a medida que la historia avanza y los efectos colaterales, de allí el título, jugarán un rol decisivo en la última mitad del film. Naturalmente el espectador potencial agradecerá que no se revele mucho más ya que hay aún varias sorpresas que son las que hacen atractiva la propuesta. Digamos sólo que por haber sido el psiquiatra quien prescribiera los medicamentos y otros tratamientos, automáticamente pasa a tener responsabilidad incluso penal en el comportamiento de la paciente. Pero además su relación familiar particularmente con su esposa, que interpreta muy bien Vinessa Shaw (“El tren de las 3:10 a Yuma), se deteriora. El final quizás no esté la altura del resto y ello en parte por cierto desnivel actoral sobre todo en Catherine Zeta-Jones. En cambio lo de Rooney Mara es absolutamente destacable confirmando su crecimiento desde que David Fincher la descubriera con “La chica del dragón tatuado” y antes en un rol menor en “Red social”. Ella sola puede justificar la visión de “Efectos colaterales”, que esperemos no sea la última película de Soderbergh.
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  • Mi novio es un zombie
    Algo más que un film de terror

    El título local de “Warm Bodies” es bastante más explícito que el original y puede llevar a engaño. Más de un potencial espectador podrá sospechar que estará frente a otra más de la larga serie de películas inaugurada por George A. Romero con su “Night of the Living Deads”. Otros podrán imaginar que se trata de una comedia con la improbable pareja de un “muerto vivo” y un/a humano/a. Estarán más cerca de cubrir sus expectativas, aunque conviene advertirles que no encontrarán muchos motivos para reírse.
    El joven realizador Jonathan Levine concreta su cuarto largometraje y segundo estrenado localmente logrando confirmar con “Mi novio es un zombie” las aptitudes mostradas en “50/50”, su obra inmediatamente anterior.
    Para ello se rodeó de un conjunto de intérpretes noveles y algún veterano (John Malkovich) como equilibrado contrapeso.
    El mundo que describe no es muy novedoso pero el tono de la trama sí lo es. Por un lado tenemos a uno de tantos zombies, moviéndose generalmente en grupo y en forma lenta y torpe en busca de carne humana. Lo personifica el inglés Nicholas Hoult, quien hace diez años asumiera el rol del niño que acompañaba a Hugh Grant en “Un gran chico” y al que veremos muy pronto en “Jack el cazagigantes”. Su destino se cruzará con Julie (Teresa Palmer) y el novio de ésta, quien dejará de existir al convertirse su cerebro en alimento del joven muerto vivo. Pero la joven no presenciará ese dramático momento y en cambio será protegida por R, tal el nombre que ella le asignará al balbuciente novel compañero.
    De allí en más las situaciones de acción se multiplicarán dado que en realidad habrá más de una variedad de zombies. Por un lado la de los que como el propio R parecen ir mutando para bien, de allí el título en inglés, y otros de aspecto cadavérico, los temibles “flacos” (bonnies en el original) notablemente ágiles y veloces. A todo esto se agregará un verdadero ejército de humanos que resisten y cuyo líder es nada menos que el citado Malkovich, padre de Julie.
    No conviene agregar mucho más información para no quitarle la sorpresa al espectador. Basta con señalar que sin ser un relato absolutamente original tiene sobrados elementos que justifican su visión. Y entre ellos sobresale una banda sonora notable, además de conocidos temas rockeros.
    La referencia a una clásica de Shakespeare no pasará desapercibida para más de uno que observe los nombres de la pareja central, de singular química y excelente interpretación.
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  • Mamá
    Mamá
    Leedor.com
    Meritorio debut en el largometraje de un argentino radicado en España.


    Estrenada a mediados de enero en los Estados Unidos, llega ahora a nuestras pantallas “Mamá”, cuya singularidad consiste en que su director Andy Muschietti es argentino aunque radicado en Europa desde hace tiempo. En su semana de estreno en Norteamérica, ocupó el primer lugar en la taquilla lo que resulta meritorio. Pero más aún lo es el hecho de que se trata de un producto de gran originalidad dentro de un género (el terror) muy transitado y repetido en los últimos años.

    Fue un cortometraje de Muschietti de apenas tres minutos e igual nombre de 2008, el punto de partida para que Guillermo del Toro (“El laberinto del fauno”) decidiera asumir la producción ejecutiva del largometraje. La filmación se realizó básicamente en las cercanías de Toronto.


    El inicio es impactante con un padre que asesina a su esposa y emprende una feroz fuga con sus dos pequeñas hijas hasta una cabaña en un lugar perdido en medio de un bosque. Cinco años después y en igual sitio reencuentro con las niñas en estado salvaje y con el padre aparentemente desaparecido. La larga búsqueda que había emprendido el tío Lucas (Nikolaj Coster-Waldau), hermano del padre, y su novia Annabel (Jessica Chastain) finalmente logró sus frutos. Pero nada será sencillo para la pareja y particularmente para ella, quien siente gran hostilidad por parte de Victoria (Megan Charpenter) y más aún de Lilly (Isabelle Nelisse), la menor.

    Poco a poco el director y su coguionista Bárbara (su esposa) van introduciendo a la “mamá” que da título al film, interpretada por Javier Botet (un español de extraño y alargado físico con cortas intervenciones en Rec 2 y 3 entre otras). Mezcla de espectro y de bruja el personaje sobrenatural surgirá de las paredes y lo notable es que, a diferencia de otras producciones similares, no se abusa del empleo de los efectos especiales.

    Aquí el terror a menudo es sugerido sea por el sonido o la música e incluso por la mirada de las niñas, que en particular en el caso de Victoria se debate entre su fidelidad a “mamá” y su creciente cariño hacia Annabel. Mención aparte para la actriz recientemente nominada al Oscar en “La noche más oscura”, cuya versatilidad y talento le permite componer a un personaje diametralmente opuesto. La habitual pelirroja exhibe aquí un look de joven rockera de corta cabellera negra y cierta ingenuidad e inocencia, que la muestran no totalmente preparada para enfrentar la diabólica realidad. Y ya que de actuaciones se trata no le van en saga las que logra el realizador de las otras dos menudas intérpretes femeninas.

    La recomendación de la película no se limita esta vez sólo a los habituales amantes del género de terror sino que se extiende a quienes privilegian enfoques novedosos como el que ofrece “Mamá”.
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  • Hitchcock: el maestro del suspenso
    Para mayor lucimiento de Helen Mirren que Anthony Hopkins

    El nombre del film puede sugerir una biografía del maestro del suspenso inglés y llevar a error. En verdad, la acción se limita a unas pocas semanas de la vida de Alfred Hitchcock y quizás hubiese sido preferible que el título aluda más directamente a “Psicosis”, uno de las más célebres obras de su larga carrera. De hecho el guionista John J. McLaughlin reconoce basarse en el libro de Stephen Rebello: “Alfred Hitchcock and the Making of Psycho”.
    Pese a la reserva anterior, quienes quieran conocer algo sobre la vida del director de “Vertigo”, probablemente su obra maestra, no saldrán del todo defraudados. Ocurre que Alma Reville, su esposa y también a menudo coguionista no siempre acreditada, fue una figura central en su vida y en “Hitchcock”, su personaje se revela tan importante como la de su marido.
    Posiblemente el mayor mérito de esta parcialmente lograda película sea la elección de Helen Mirren para encarnar a Alma. Recordemos que ella ya había tenido importantes protagónicos en la década del ’70 (“El mesías salvaje” de Ken Russell, “O Lucky Man!” de Lindsay Anderson) y en los ’80 (“Excalibur” de John Boorman, “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” de Peter Greenaway) y que su carrera no se ha detenido hasta nuestros días (la reciente y no estrenada “La última estación”, junto a Christopher Plummer como Tolstoi).
    La fascinación que “Hitch”, como le decían a menudo, tenía por las rubias es uno de los hechos más famosos de su vida y en esta aparecen en calidad de personajes y/o en fotos, varias de ellas. Se menciona a Grace Kelly, a Kim Novak mientras que Janet Leigh y Vera Miles, ambas actrices en “Psicosis”, son personificadas respectivamente por Scarlett Johansson y Jessica Biel. Quien mejor da el personaje es la primera de las nombradas ya desde su primera aparición cuando la vemos ingresar de espalda bamboleando su trasero. El parecido físico con la esposa de Tony Curtis es razonable aunque a Sacha Gervasi, el director, esto no parece haberle preocupado excesivamente. En efecto, Helen Mirren se parece muy poco a Alma, lo que no es grave porque pocos la han visto en fotos. Quizás se le pueda objetar un poco más la caracterización que hace Anthony Hopkins, ya que sólo de perfil luce cierta similitud física. Esta diferencia notoria es sin embargo compensada por el actor de “El silencio de los inocentes” al lograr una buena imitación de la voz y los gestos (rictus) de su personaje.
    Lo más interesante del film, además de la ya señalada calidad de su principal intérprete femenina, son las escenas de “filmación” de “Psicosis” y en particular la escena de la ducha, donde se sugiere que gran parte del terror que ella genera se debió a la activa participación del maestro blandiendo incluso un cuchillo para extraer de la actriz la mejor interpretación. También conviene resaltar la buena caracterización que logra James D’arcy haciendo de Anthony Perkins. Y para los que idolatran el film, que fue el más taquillero del gran Alfred, digamos que aparecen brevemente actores personificando a John Gavin y Martin Balsam entre otros.
    El espectador encontrará algunas referencias a otros films sobre todo al inmediatamente anterior “Intriga internacional”, extraño nombre con que se conoció “North by Northwest”. Hacia el final un cuervo posado sobre el director señalará al que sería el siguiente opus de su carrera y a una nueva rubia, Tippi Hedren (madre de Melanie Griffith), que se hizo famosa casi tanto por “Los pájaros” como por el acoso y celos de su director.
    En suma, una aproximación algo light a uno de los personajes más famosos del cine, que logrará entretener a muchos pero no dejará conforme a los más conocedores de una mente que fue más tortuosa que la que aquí se presenta.
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  • The Master
    The Master
    Leedor.com
    Sobresalen tres excelentes interpretaciones, todas nominadas.


    Que “The Master” no se haya alzado con ningún Oscar obedece probablemente a dos razones. Por una parte, sus tres actores nominados tuvieron seria competencia en sus respectivos rubros, los que quedaron en al menos dos casos (Daniel Day-Lewis, Anne Hathaway) en manos de los favoritos. Por otro lado, “The Master” no estuvo nominada a mejor película, director, guión o fotografía lo que seguramente le quitó peso a la hora de los premios.

    Paul Thomas Anderson, en lo que es su sexto trabajo como realizador, ya se ha ganado un justificado lugar entre aquellos que son capaces de ofrecer obras de gran originalidad y que escapan a visiones más convencionales en cine. Basta repasar parte de su breve filmografía para corroborar la afirmación precedente. Desde sus segundo film “Boggie Nights/Juego de Placer”, pasando por “Magnolia” y sobre todo “Petróleo sangriento”, que le permitió a Daniel Day-Lewis su segundo de tres Oscars, Anderson ha demostrado ser un director siempre atendible.

    En el caso que ahora nos ocupa, sobresalen las actuaciones por encima de una historia que no a todos interesará con igual intensidad. Que Lancaster Dodd, el personaje que da título al film e interpreta brillantemente Philip Seymour Hoffman como jefe de la “Causa” esté o no inspirado en el fundador de la Cienciología (algo que Anderson no ha confirmado) parece un hecho secundario. La historia ambientada a inicios de los ’50 lo cruza con Freddie Quell (Joaquin Phoenix), veterano marine de la Segunda Guerra Mundial, al que vemos al principio en una playa junto a numerosos compañeros de armas. Ya esa brillante escena inicial acompañada de una extraña percusión, donde Freddie simula hacer el amor con una mujer de arena, sugiere que se está frente a un personaje excéntrico. El siguiente encuentro con un médico del ejército, que le hace ver imágenes abstractas y en las que el joven cree ver exclusivamente órganos sexuales, confirman la sospecha de que se trata de alguien con un comportamiento impredecible. Su apego por la bebida, incluso la preparada por él, y su respuestas violentas como cuando saca fotografías en un centro comercial preceden al encuentro con el “maestro”, que se produce en un barco donde su hija está celebrando su boda.

    De allí en más las vidas de Dodd y Quell quedarán en verdadero estado de simbiosis, pero darán pie a que aparezca un tercer personaje, cuya presencia poco visible es en el fondo relevante. Se trata de Peggy (Amy Adams), la esposa del “guru”, que desde bambalinas parece manejar a su esposo. Esto mismo es lo que sugiere una fuerte escena en un baño, donde ella lo satisface pero al mismo tiempo le señala claramente al marido los límites en posibles relaciones extraconyugales. La sutileza con que el director revela al personaje femenino es uno de los puntos fuertes de la película y una confirmación de que estamos frente a una actriz mayor (recordarla en “El ganador” y “Julie y Julia”).

    Como ha ocurrido con la mayoría de las películas nominadas a los Oscar, se exceden las dos horas de duración. Ello casi inevitablemente conduce a que haya algunas escenas alargadas o parcialmente obviables. Es lo que al menos a este cronista le sugiere una escena, en pleno desierto, en que tanto maestro como discípulo se suben a una moto y la manejan a gran velocidad. Mejor logradas son aquellas en salones y teatros donde se le promete al público “liberarse de sus traumas pasados” o “tomar control de su vida” y que ofrecen la oportunidad de ver a Laura Dern en breve aparición.

    Cerca del final se producirá un reencuentro en Londres, instigado por Dodd quien logra finalmente ubicar a su alejado discípulo. Pero no todo será como antes como sugiere un comentario de la esposa que percibe en Freddie un aspecto enfermizo y al que ve sin intenciones de mejorar. El epílogo resume de alguna manera la afirmación de “que todo hombre necesita de un guía”.

    “The Master” no es un film lineal y por momentos puede desorientar a cierto público acostumbrado a un cine más convencional y predecible. Será sin duda muy apreciado por un público más cinéfilo, aunque las excelentes actuaciones ampliarán sin duda el interés a quienes decidan ver una propuesta original con imágenes que se ven realzadas al estar rodadas en el formato de 70 mm. Muy bella la canción “No Other Love (Can Warm My Heart)” de Jo Stafford. Hay que celebrar el regreso de Joaquin Phoenix (“Gladiador”) al cine. Se ha señalado con justa razón que su personaje no logra la empatía del espectador. Lo que sí se percibe es que en más de una oportunidad no debe haberse ceñido totalmente al guión, lo que enriquece sin duda su notable performance.
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  • El lado luminoso de la vida
    Única nominada en todos los rubros principales

    Un tercio de las nominadas a mejor película se estrenan en el que algunos han bautizado algo exageradamente como “super jueves”, último día del mes de enero del 2013 además de feriado por única vez.
    “El lado luminoso de la vida” no ostenta nombres tan famosos como Tarantino y Spielberg en la dirección, pero posee la singularidad de ser el único de los largometrajes nominados que tiene a sus cuatro actores (principal o de reparto) seleccionados además de los cinco rubros considerados mayores (película, director, actor y actriz principal, guión).
    David O. Russell, su director, no ha tenido demasiada suerte en nuestro país toda vez que dos de sus seis largometrajes (“Flirting with Disaster”, “I Heart Huckabees”) no se estrenaron localmente. Su carrera, no obstante, va en ascenso como lo prueban los dos premios Oscar (sobre un total de siete nominaciones) obtenidos por “El ganador”, su film inmediato anterior y con un tema cercano. Lo que llama la atención es que esos dos galardones fueron a Christian Bale y Melissa Leo, ambos como actores de reparto, pareciendo indicar que una de sus fortalezas está en extraer brillantes performances de sus intérpretes.
    En esta oportunidad ello se ve reflejado por la excelencia alcanzada por Bradley Cooper (“¿Qué pasó ayer?”, “Sin límites”) y Jennifer Lawrence (“Lazos de sangre”, “Juegos del hambre”) en los roles centrales y no debería descartarse que ambos se impongan en sus respectivas categorías. (Ella acaba de ganar recientemente en el Screen Actors Guild).
    Pat Solitano (Cooper) es un hombre que acaba de salir de una institución mental, donde se encontraba internado víctima de un trastorno bipolar que lo ha llevado a alejarse de su esposa. Regresa a la casa de sus padres y sólo piensa en recuperar a su mujer y ello pese a que ella le había sido infiel. En su vida se cruzará su cuñada, la joven Tiffany (Lawrence) y algo menor que él, que conoce a su ex cónyuge y podría ayudarlo a recobrarla. Pero no todo es lo que parece como irá percibiendo el espectador a medida que avanza la narración.
    La relación de Pat con su padre es otro de los puntos fuertes de esta historia y que simboliza en cierta medida el choque generacional entre ambos. Robert de Niro logra por fin superar una serie de actuaciones mediocres recientes y su nominación está plenamente justificada. Los roces entre ambos encontrarán frecuente alivio en la actitud conciliadora de la madre, papel a cargo de la poco conocida Jacki Weaver, quien cierra el cuarteto de las nominaciones.
    El béisbol y la danza tendrán roles preponderantes en la trama que alcanzará un crescendo al final, donde se producirán varios encuentros y desencuentros, no todos tan predecibles aunque bastantes lógicos. “Silver Living Playbacks”, nombre original del film difícil de traducir literalmente, alude a la posibilidad de encontrar un rayo de esperanza en situaciones difíciles como las que aquejan a tantos hogares no sólo en los Estados Unidos sino en otras partes del mundo. Detrás de la aparente simpleza del relato se encuentra un enfoque más profundo, donde sobresale la extraordinaria Jennifer Lawrence con apenas 22 años de edad y un futuro seguramente notable.
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  • Django sin cadenas
    Django, la “D” no se pronuncia

    La carrera artística de Quentin Tarantino es sin duda envidiable y su nombre es hoy en día uno de los grandes e inevitables referentes de la cinematografía norteamericana. Por ello no puede sorprender que su nueva producción “Django sin cadenas” (“Django Unchained”) figure entre las nueve candidatas al máximo galardón de la Academia. Y ello pese a que su realizador, al igual que otros tres colegas, no podrá pretender ser elegido como mejor director, categoría reducida a sólo cinco aspirantes.
    Existe indudablemente un “toque Tarantino” como sucede por ejemplo con algunos otros grandes artistas tales como Woody Allen, Martin Scorsese o el propio Steven Spielberg, cualidad reservada a pocos exponentes del cine contemporáneo. En el caso del director que este año (recién) cumplirá cincuenta años la violencia suele ser una constante y no es casual seguramente que su segundo y renombrado largometraje “Pulp Fiction” fuera rebautizado aquí como “Tiempos violentos”. Pero para reafirmar lo anterior basta recordar otros títulos tales como su opera prima, “Perros de la calle”, las dos partes de “Kill Bill” o la penúltima en la serie (“Bastardos sin gloria”), donde la venganza, los excesos y la brutalidad resultaban una constante.
    Dentro de esa tonalidad, “Django sin cadenas” innova al ser un western, género en el que hasta ahora Tarantino no había incursionado. Hay en este caso una importante concentración de actores y personajes de raza negra, lo que además se entiende al tener lugar la acción mayoritariamente en estados del sur de los Estados Unidos (Texas, Mississippi) y dos años antes de la famosa Guerra Civil norteamericana. Además, el personaje central compuesto por Jaime Foxx, que da título al film, es al inicio un esclavo lo que refuerza la afirmación anterior. Su temprano encuentro y liberación por parte de un falso dentista europeo que lleva el germánico nombre de Dr Schultz (el ganador del Oscar y nuevamente nominado Christoph Waltz) le da un tono inusual y casi farsesco a este último y singular personaje. Lo que pronto sabrá el espectador es que Schultz es en realidad un cazador de recompensas (“bounty hunter”) y que formará una peculiar sociedad con su liberado compañero. Y también comprobará que a este último lo moviliza el deseo de venganza y más aún el de recuperar a su joven esposa Broomhilda (Kerry Washington) de raza negra pero criada en hogar alemán, idioma que ella domina. Obviamente esa coincidencia lingüística hará más fácil la búsqueda de la joven y su comunicación con el dúo central, una vez concretado el encuentro. Y aquí empezará a tallar un nuevo protagonista, Calvin Candie, a quien Leonardo DiCaprio dará precisa carnadura en el último tercio del film, sin duda el más violento, donde para muchos el nombre de Sam Peckinpah (“La pandilla salvaje”) podrá ser una referencia. Esa parte tendrá además a otro importante jugador en escena. Nos referimos a Stephen (Samuel L. Jackson, habitual actor de Tarantino), componiendo a un lacayo negro, que es vergüenza para los de su raza (y que seguramente explica la furia con que Spike Lee viene fustigando, se estima en forma equivocada, al director de esta película).
    La extensa duración, de casi tres horas, permite que la acción se traslade a distintos lugares siempre en busca de posibles recompensas, o premios como le aclara Schultz sobre el significado de la palabra “bounty”, a un Django que nunca la había escuchado previamente. Uno de esos sitios ocupará parte importante del metraje y producirá el encuentro con “Big Daddy”, un rico terrateniente a quien da vida Don Johnson, uno de los tantos actores “recuperados” por el cinéfilo director. Más adelante será el turno de Franco Nero, a cuyo itálico personaje el ahora más confiado Django le explicará que en su nombre la “D” no se pronuncia, afirmación que simbólicamente marcará como el ex esclavo va ganando confianza y seguridad. Durante ese episodio habrá una situación algo cómica, aunque no totalmente lograda en opinión de este cronista, pero que hará reír a más de uno relacionada con unas máscaras (tipo Ku Kux Klan) donde los agujeros para los ojos no están bien ubicados. Y que terminará con profusión de explosiones e incendios espectaculares, que pueden explicar una de las cinco nominaciones (mejor fotografía) que tiene la película.
    Hay como se decía verdaderos homenajes a varios actores, muchos en cortas apariciones y a veces difíciles de reconocer al portar en su mayoría barba y entre los nombres famosos basta citar a Bruce Dern, Russ Tamblyn (el de “Amor sin barreras”) y su hija Amber, Robert Carradine, James Russo, Don Stroud. Y también la mención del nombre de un personaje, Leonide Moguy, a quien algún viejo cinéfilo le resultará familiar. (Nota: se trata del homónimo de un director nacido en Rusia y que luego emigró primero a Francia y durante la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos, con un total de quince largometrajes en su haber).
    “Django sin cadenas” es una notable película que en ningún momento decae en interés. Tiene estupendas actuaciones y numerosos aciertos técnicos. La banda sonora tiene obras compuestas por el argentino Luis Bacalov, James Brown y varias de Ennio Morricone, artista predilecto de los “spaghetti westerns”. Hubiese merecido nominaciones a mejor vestuario y diseño de producción ya que logra perfectamente recrear el año 1858 en que la acción tiene lugar. Hay escenas muy fuertes pero no gratuitas pese a lo cual el humor está a menudo presente. Puede que se lleve algún Oscar y ya ganó dos Globos de Oro (mejor guión y actor de reparto -.Christoph Waltz) pero por encima de todo es una propuesta de un gran realizador que, desde su surgimiento hace 20 años, prácticamente nunca defrauda.
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  • Tesis sobre un homicidio
    Más de un espectador encontrará puntos de contacto entre “Tesis de un homicidio” y “El secreto de sus ojos”, al estar ambas protagonizadas por Ricardo Darín en sendos personajes con más de una similitud, incluyendo la investigación de la violación y asesinato de una joven. Si algo tienen en común ambas producciones es el haber confiado el rol central al actor más taquillero y uno de los más talentosos de Argentina. Las recientes idas y vueltas en sus declaraciones, seguramente en forma involuntaria, ayudarán al seguro éxito comercial del presente estreno.

    Roberto Bermúdez (Darín) es un abogado que ya no ejerce en su profesión y dedica su tiempo a la docencia en la Facultad de Derecho dando cursos de posgrado en derecho penal. Ha publicado recientemente un libro titulado “La estructura de la justicia” y, pese a su prestigio, parece haber perdido el rumbo en su vida al estar separado de una psicóloga y ser proclive al alcohol (whisky).

    Cuando se incorpore a su curso el joven Gonzalo Ruíz Cordera (Alberto Ammann, actor argentino residente en España), que conoció de chico al haber tenido vinculación con los padres de éste, su vida sufrirá un inesperado giro.

    La causa será el feroz asesinato de una joven, que trabajaba en un bar cercano, en el estacionamiento de la Facultad de Figueroa Alcorta, justo en el momento en que estaba dictando su curso. Bermúdez trabará contacto con Laura (Calu Rivero), la hermana de la víctima y comenzará a sospechar que el asesino podría ser el propio Gonzalo. Dicha convicción se convertirá en una obsesión, alimentada por la soberbia del alumno que pone en dudas la eficacia de la Justicia, en sus discusiones con el docente.

    El joven director Hernán Golfrid vuelve a trabajar con Patricio Vega, quien ya había sido su guionista en “Música en espera”, su opera prima. El cambio de género, de la comedia a este drama policial basado en una conocida novela de Diego Paszkowski, está logrado y potenciado al contar con la muy buena fotografía de Rodrigo Pulpeiro y la acertada banda musical de Sergio Moure.

    En el plano actoral son pocas las figuras conocidas, apenas Arturo Puig en el rol de un juez y las fugaces apariciones de Fabián Arenillas y el recientemente fallecido Antonio Ugo. Los casi debutantes Ammann y Rivero no pasan de un nivel discreto en sus respectivas actuaciones pero nuevamente Darín es la gran figura.

    “Tesis de un homicidio” quizás necesitaba de un remate más contundente dada su condición de thriller pero, no obstante, logra su objetivo al mantener el interés y la incertidumbre sobre la verdadera identidad del asesino. El permanente choque entre ambos contendientes es uno de los puntos fuertes de este seguro éxito comercial que confirma que su director, de apenas 33 años, tiene cualidades que auguran un promisorio futuro.

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  • Una aventura extraordinaria
    Supervivencia y singular convivencia de un joven y un tigre de bengala

    Algo sorprendente y digno del elogio está ocurriendo últimamente con la Academia del Cine y sus nominaciones y premios. Basta recordar que la elección como mejor film el año pasado recayó en una producción francesa y que hace apenas cuatro años otro tanto ocurrió con una de origen indio.
    Pues bien, este año ambas cinematografías vuelven a estar presentes. A muchos sorprendieron las cinco nominaciones recibidas por “Amour” incluida la de mejor actriz (Emmanuele Riva), pero quizás aún más que compita dos veces por el premio al mejor film al figurar entre las nueve que aspiran al máximo galardón.
    En cuanto a “Una aventura extraordinaria” (“Life of Pi”), pese a figurar como coproducción entre los Estados Unidos y China, también se la puede considerar (al menos en forma parcial) como india al ser sus intérpretes en su mayoría de esa procedencia.
    Ang Lee, su realizador, nació en Taiwán y este es su doceavo largometraje. Su carrera ha sido desigual aunque en el balance muy destacable. Basta recordar algunos títulos memorables para sustentar tal calificación. Nos referimos a “Sensatez y sentimientos”, “El tigre y el dragón “ y “Secreto en la montaña”, donde ganó como director y mejor música (Gustavo Santaolalla).
    El comienzo de “Una aventura extraordinaria” no es de lo mejor del film, estando ambientado en Pondichery, probablemente el sitio más “francés” de la India. Pi en realidad se llama Piscine y su nombre provoca la burla de sus compañeros de colegio. El cuadro familiar integrado por sus padres y un hermano es el típico de cualquier película de Bollywood y parece presagiar que se está frente a un melodrama de ese origen. Por suerte, a los pocos minutos la decisión del padre de emigrar a Canadá y transportar consigo los animales del zoológico propiedad de la familia produce un giro dramático en la trama.
    Y de golpe el escenario será un destartalado barco japonés donde aparecerá Gerard Depardieu, único actor conocido, en el rol de un muy desagradable miembro de la tripulación y que trabaja en la cocina del navío. Como consecuencia de una terrible tormenta serán pocos los náufragos y entre estos dos, que durante más de una hora, acapararán la atención del espectador. Uno será Pi y el restante un temible tigre de bengala (en verdad digital), que por error lleva el nombre muy humano de Richard Parker y que compartirá por varios meses un bote salvavidas. La “historia extraordinaria” del título alude a la supervivencia y convivencia de ambos protagonistas centrales y a las innumerables vicisitudes por las que deberán atravesar. La situación justifica la aparición de las más diversas especies marinas (tiburones, ballenas, peces voladores, delfines,etc) en un notable trabajo en la fotografía, edición y diseño de producción que justifican las numerosas nominaciones recibidas, casi tantas como la de la más nominada (“Lincoln” con doce).


    Hay aún otra cualidad mayúscula en la propuesta que tiene que ver con las dudas y convicciones religiosas y espirituales del joven Pi Patel (sobresaliente interpretación de Suraj Sharma).
    Cerca del epílogo la propuesta pierde un poco de fuerza, sobre todo en una escena en un hospital, pero la recupera cuando ya en el final hay algunas reflexiones que tienen que ver con la visión que tiene el protagonista desde su mundo, tan diverso al de nuestra civilización occidental.
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  • Jack Reacher - Bajo la mira
    Para lucimiento de Tom Cruise, actor y productor

    Christopher McQuarrie es más famoso como guionista que como realizador al haber ganado un Oscar por el libro cinematográfico de “Los sospechosos de siempre”. Su debut en la dirección en el 2000 tuvo poca trascendencia con el thriller “Al calor de las armas” (“The Way of the Gun”), género en el que reincide con “Jack Reacher: bajo la mira”, su segundo largometraje.
    Sin la presencia de Tom Cruise, en su doble rol de actor y productor, poca sería la atención que el público debería prestar a este entretenimiento con escasos aportes en cuanto a originalidad.
    El dramático inicio, en que un francotirador ultima a cinco personas que parecen elegidas al azar, remite aparentemente a un episodio reciente en un colegio de los Estados Unidos. El asesino es prontamente descubierto por la policía y su caso asignado a la abogada defensora Helen (Rosamund Pike), cuyo padre es el fiscal de distrito (Richard Jenkins, visto hace una semana en “La cabaña del terror”).
    Pero la película dará un giro cuando Jack Reacher, tal el personaje de Cruise y especie de vengador justiciero y ex compañero de armas del presunto asesino, se cruce un día en el camino de la letrada que contratará sus servicios. El la irá convenciendo de que, detrás del múltiple asesinato, hay algo más que un simple caso de gatillo fácil. Y que en verdad, lo que quiere disimular el luctuoso episodio, es una conspiración con la participación de poderosas corporaciones y quizás de algún miembro de la policía y hasta del padre de Helen.
    La trama irá introduciendo numerosos personajes, violentos en su mayoría, que se enfrentarán sucesivamente con Reacher al que no lograrán doblegar. La primera de estas contiendas será contra cinco malévos y la joven Sandy (Alexia Fast, en buena interpretación) que actúa como señuelo. Aún más intenso será el enfrentamiento con un trío de bandidos que rivalizan en cuanto a torpeza. Pero las palmas se las llevará una persecución con autos donde participarán, además de Cruise, numerosos policías y dos delincuentes en otro vehículo. Pese a lo espectacular de las tomas hay mucho de “déjà vu” e incluso en algún momento cuando nuestro héroe se ve obligado a circular en sentido opuesto al tráfico, la forma en que lo va eludiendo suena a falsa o demasiado “preparada”.
    Hacia el final el director logra levantar un poco la puntería al darles más protagonismo a dos personajes relevantes. Por un lado está Robert Duvall quien maneja un polígono de tiro y que apoyará al solitario justiciero. Por el otro Zec, un malvado europeo en otra excelente interpretación, nada menos que del veterano y habitual director de cine Werner Herzog. Todos confluirán en una cantera abandonada en plena lluvia y con numerosos disparos. El previsible final sin embargo tendrá un epílogo que por respeto al potencial espectador no será revelado pero que no aportará nada demasiado novedoso a este aceptable entretenimiento pensado para lucimiento casi exclusivo de su estrella central.
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  • Siete psicópatas
    No está al nivel de la opera prima

    El inglés Martin McDonagh sorprendió hace cuatro años con su opera prima “Escondidos en Brujas”. Ahora con su segunda película no ocurre lo mismo. Ambas tienen en común al actor irlandés Colin Farrell, además de compartir similar género. Pero las analogías terminan aquí.
    “Sie7e psicópatas” (“Seven Psycopaths”) cambia de escenario al trasladar la acción de Europa a los Estados Unidos y termina perdiendo, lo que quizás sea atribuible a que el realizador se pueda haber sentido más cómodo filmando en su propio continente que en Hollywood.
    La idea en si no era mala al mostrar a un guionista (Farrell) que, falto de ideas, busca ayuda en Billy, un imprevisible amigo (convincente Sam Rockwell) para establecer una lista y descripción de los siete psicópatas del t´tulo, para su nuevo film.
    La búsqueda se va encadenando con la aparición de varios personajes, algunos psicópatas y otros víctimas de los mismos, generalmente interpretados por notables actores. Entre ellos sobresale Hans a quien da vida Christopher Walken, recordado por su dramático personaje de “El francotirador” o el más cómico de “Tiempos violentos” (“Pulp Fiction”). No le queda en saga Charlie (Woody Harrelson) a quien Billy le ha robado su perrito, quien merecería ser nominado a algún premio otorgable a animales (recordar “El artista”).
    Hay aún algunas otras apariciones muy festejables como las de Tom Waits (impagable en el epílogo) o la muy episódica de Harry Dean Stanton pero lo que falta es justamente aquello de lo que trata la película, es decir un guión más coherente.
    Se adivinan diversas influencias en “Sie7e psicópatas”, en su mayoría asociadas al cine negro y al thriller. Por momentos evoca a Tarantino, en otros a Guy Ritchie (“Juegos, trampas y dos armas humeantes”) e incluso a los hermanos Coen sin alcanzar la precisión de estos en cuanto a consistencia en la trama en tempranos films tales como “Simplemente sangre” o “De paseo a la muerte”. Algunas escenas serán juzgadas violentas aunque su inclusión resulta justificada.
    La historia pierde un poco de fuerza en su tramo intermedio pero por suerte remonta hacia el final y si hay algo que puede destacarse positivamente es que el cierre convence al develar algunas incógnitas e identidades de más de un personaje, entre los cuales algunos afectados del síndrome del título.
    Lo más probable es que las opiniones de los espectadores sean disímiles por lo que, sin ser una obra mayor, puede ser del gusto de cierto tipo de público no necesariamente complaciente.
  • Curvas de la vida
    Clint Eastwood es el principal atractivo de un film intrascendente

    En los últimos veinte años Clint Eastwood se ha venido afianzando como uno de los mayores directores de la cinematografía mundial. Resulta imposible dejar de recordar títulos tan notables como “Los imperdonables”, “Río místico”, “Milllion Dollar Baby” o “Gran Torino” dentro de su larga filmografía de más de treinta películas como realizador. Desde la última mencionada que no se lo veía como actor, un hecho que es cada vez más esporádico.
    Por ello resulta a priori una noticia saludable recuperar al gran Clint como intérprete, tal cual acontece con el estreno de “Curvas de la vida” (“Trouble with the Curve”). Más difícil de entender es la causa por la cual es sólo actor y no es el director del film, un hecho que obliga a remontarse a 1993 (“En la línea de fuego” de Wolfgang Petersen).
    Quizás haya sido su avanzada edad (supera los ochenta años) lo que lo motivara a ceder la realización al debutante Robert Lorenz, su colaborador como asistente de dirección y productor en los últimos años. Pero la decisión no parece haber sido la más acertada.
    “Curvas de la vida” es una más sobre béisbol, un deporte con el cual la mayoría de los argentinos no estamos muy familiarizados. Gus (Eastwood) es un veterano cazatalentos al que la creciente pérdida de la vista le está jugando en contra. Pero es también un relato sobre la conflictiva relación entre padre e hija, esta última interpretada por la ascendente Amy Adams (“Encantada”, “Atrápame si puedes”). El es un cascarrabias que perdió a su esposa cuando la niña tenía apenas seis años y que la abandonó con unos tíos por motivos que recién se conocerán al mediar la trama.
    La primera mitad del film se sigue con bastante interés merced a la buena interpretación que hace Eastwood. Hay algunas situaciones insólitas sobre todo cuando está al volante de su auto y se queja al afirmar que “unos enanos diseñaron su garaje” luego de chocarlo al salir de éste. O también cuando su hija le pregunta que pasó con el auto abollado y él le responde que es su “garaje que se está encogiendo”.
    Cuando la hija se entera de los problemas de la vista del padre, decide ayudarlo en la tarea de búsqueda de promesas de jugadores noveles, al dominar además nuevas tecnologías electrónicas que el padre desconoce. Pero es en ese momento que aparece una especie de competidor encarnado por Justin Timberlake y la historia decididamente entra en un convencional melodrama con final previsible. Poco aporta John Goodman, que tan bien impresionara recientemente en Argo”, aquí como un directivo del club de béisbol. En otros roles secundarios tampoco se destacan Bob Gunton (también visto en “Argo”), Ed Lauter y Robert Patrick.
    El mayor atractivo de “Curvas de la vida” es la presencia del siempre eficaz Clint, uno de cuyos hijos (Scott Eastwood) también aparece en corto rol.
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  • Operación Skyfall
    La película de M (Judi Dench)
    Hace cincuenta años se estrenaba “El satánico Dr.No”, primera película basada en el personaje de James Bond creado por Ian Fleming. Quien entonces lo interpretara, un joven Sean Connery de algo más de 30 años, volvió a personificar al espía 007 varios años seguidos con títulos tan célebres como “De Rusia con amor”, “Dedos de oro”, “Operación trueno” y “Sólo se vive dos veces”.
    Y de repente el productor Albert R. Broccoli optó por un cambio radical en 1969 cuando reemplazó a Connery por el ignoto George Lazenby en “Al servicio secreto de su majestad”. Pero dos años después volvió al 007 original con “Los diamantes son eternos” y pareció que la fórmula se repetiría.
    No fue así y a partir de 1973 y con notable puntualidad británica cada dos años se estrenaron nuevos films del célebre agente secreto, ahora personificado por Roger Moore. De los siete títulos que compuso el actor de “El santo” rescatamos al menos tres: “La espía que me amó”, “Sólo para sus ojos” y “Octopussy” en 1983. Ese año fue además muy particular pues también se presentó “Nunca digas nunca jamás” con Sean Connery en el rol de 007. Pero como la producción no fue de Broccoli no se lo computa entre los 23 films de la serie que con “007: Operación Skyfall” cumple cincuenta años en 2012.
    La historia continuó con Timothy Dalton en dos oportunidades y Pierce Brosnan en otras cuatro a lo largo de otros 15 años en que Barbara Broccoli sucedió a su fallecido padre en 1996. No fueron grandes realizaciones y recién en 2006 con “Casino Royale” y el recambio de Daniel Craig como nuevo Bond se produjo una verdadera resurrección que pareció tambalear con la opaca secuela “007 Quantum of Solace” de 2008. Por suerte en su tercera caracterización como Bond, Craig nos devuelve al mejor 007 en varios años.
    “Skyfall”, tal el nombre original remite al pueblo de Escocia donde se supone nació el agente secreto y en donde transcurre la parte final de este nuevo opus. Pero antes de llegar a esta localización la acción habrá mudado varias veces de lugar geográfico, algo habitual en este tipo de producto.
    El comienzo es sorprendente con persecuciones en diversos medios de transporte en Estambul, incluyendo su Gran Bazar. La más espectacular será encima de un tren de carga y allí sobrevendrá la primera sorpresa cuando M (Judi Dench) le ordene a una joven agente del MI6 que dispare desde lejos intentando matar al villano. Claro que a esa velocidad y con los cuerpos de ambos combatientes tan juntos, Eve (Naomie Harris) corre el riesgo de no acertar su tiro y quien es alcanzado es nada menos que Bond que cae del convoy al agua. Y en la siguiente escena se la ve a M, su jefa, leyendo su obituario. Han transcurrido apenas unos pocos minutos de las (algo excesivas) casi dos horas y media que dura el film pero no se comete ninguna infidencia al informar que, aunque algo maltrecho, el agente 007 seguirá con vida. De todos modos hay ya aquí varios mensajes, que se vuelven a reiterar más adelante, sobre la fragilidad de la vida y la inseguridad en los tiempos que corren.

    La acción se trasladará ahora a Londres con la aparición de un nuevo personaje de la serie, Mallory (Ralph Fiennes), como máximo responsable del servicio de inteligencia. Tendrá sus roces con M, la jefa de Bond, al señalarle que ella ya está en edad de retirarse. Pero una tremenda explosión en las mismas dependencias del MI6, realizada a distancia por un “hacker”, postergará la partida de la mujer. Y la reaparición con vida de su agente llevará a éste a otros destinos sobresaliendo las escenas en China (Shanghai, Macao) y en particular en un vistoso casino. Allí conocerá a una típica chica Bond de sugestivo nombre (Berenice), interpretada en forma algo opaca por la modelo francesa Berenice Marlohe.
    Recién a mitad del metraje aparecerá el habitual malvado, de nombre Silva, interpretado por Javier Bardem. Su personaje recuerda en alguna medida a Hanibal Lecter aunque aquí se le ha agregado una cuota de afectación sexual y sobre todo una gran perversidad. Habrá una escena increíblemente filmada en el “tube” de Londres, cuando logre que una formación del subterráneo se le caiga literalmente encima a Bond. Y hacia el final, ya en Skyfall, será el turno de un ataque con un helicóptero de los delincuentes, con música ensordecedora, a la casa natal donde hará su aparición el viejo mayordomo de la familia en gran actuación del veterano Albert Finney.
    La dirección estuvo a cargo de Sam Mendes (“Belleza americana”). La fotografía de Roger Deakins realza los aspectos visuales y en roles secundarios debe destacarse a Rory Kinnear (Tanner), cuyo padre Roy se destacó en films como “Help” y “Melody” y Ben Whishaw como el nuevo Q así como la ya mencionada Naomie Harris (“Piratas del Caribe”), cuyo apellido resulta ser Moneypenny, para nostalgia de los adictos a la serie. Para estos este cronista les tira un pequeño “quiz” para el final con varias preguntas: 1) nombre del director que más películas de 007 hizo, 2) qué director de Estados Unidos dirigió alguna/s de las 23 películas de la serie y 3) qué actor o actriz actuó un mayor número de veces a lo largo de toda esta serie, que acaba de celebrar sus primeros 50 años.
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  • Frankenweenie
    Frankenweenie
    Leedor.com
    Interesante nueva versión que es más que una remake del corto original

    Tim Burton dirigió media docena de cortometrajes antes de debutar en 1985 con su primer largo “Pee Wee’s Big Adventure”, curiosamente el único no estrenado en nuestros cines.
    “Frankenweenie” fue su último corto (1984), cuya primera diferencia notoria con la película que ahora se presenta es que tenía actores “de carne y hueso” como Shelley Duvall en el rol de la madre de Víctor Frankenstein.
    De una a otra versión pasaron nada menos que 28 años y quince largometrajes pero lo sorprendente es que la que ahora vemos no resulta una simple remake sino más bien la incorporación de diversos aspectos del universo que Burton fue construyendo a lo largo de casi tres décadas.
    Que ahora se trate de un film de animación no debería del todo sorprender para quienes tengan fresco “El cadáver de la novia”, uno de sus films más originales y en similar formato.
    Lo que si se advierte nuevamente es la recurrencia a un mundo muy negro y hostil, una constante en varias de sus obras. Tal el caso de “Beetlejuice”, “Marcianos al ataque”, “Sweeney Todd” y la más reciente “Sombras tenebrosas”, por sólo nombrar algunas con dichas marcadas características.
    Poco queda del corto original que duraba apenas 25 minutos y donde los detalles macabros eran mínimos. La cantidad de personajes es ahora mucho mayor pero sobre todo se multiplica el número de figuras monstruosas, especialmente hacia el final del relato.
    Lo que Burton conservó es el uso del blanco y negro, todo un acierto de ambientación en escenas tales como la del cementerio de animales y la que refiere directamente a “Frankenstein” en el altillo de la casa del niño (Víctor).
    El personaje del padre de Víctor adquiere aquí mayor relevancia al ser quien le advierte a Víctor que “reanimar un cadáver es cruzar la frontera entre la vida y la muerte y por ello algo bastante peligroso”.
    Por otra parte son innumerables los guiños del director a películas del género fantástico y de terror. La hija de un vecino se llama Elsa van Helsing, hay una tumba donde se lee Shelley RIP (clara referencia a Mary la autora de la famosa novela), en una televisión pasan un film y el actor no es otro que Christopher Lee y siguen las referencias. Al punto que seguramente al espectador más atento se le escapará alguno de tantos homenajes.
    “Frankenweenie” no aburre en ningún momento aunque hacia el final la parafernalia puede resultar algo excesiva. Pero sin duda los adictos a Tim Burton la pasarán muy bien y no se arrepentirán al renovar su fidelidad a un autor original, responsable absoluto del guión del film.
  • La Caracas
    La Caracas
    Leedor.com
    El increíble Gran Premio de la América del Sur de 1948

    Los años 2010 y 2011, con unos 110 estrenos de films nacionales cada uno, parecían a priori señalar que se había alcanzado un techo en el número de novedades cinematográficas locales anuales. Esta suposición tendría además sustento al observarse que la cantidad de estrenos por año en Argentina, alrededor de 300, no ha venido sufriendo sensibles modificaciones en varios años a la fecha. Y que por ende en el bienio 2011-2012 la producción nacional estrenada ya se estaba acercando a un elevado porcentaje de casi 40%.

    Pero 2013 demuestra que la presunción señalada precedentemente no era la correcta. Al terminar octubre ya se han estrenado tantos films locales (alrededor de 110) como en todo 2011 o 2012 y el porcentaje del total ya está próximo al 45%. Esta situación permite más de un enfoque, desde quien festeja la elevada producción como manifestación de una riqueza de talentos hasta aquel otro que considera que esta verdadera “inflación” de producto es excesiva y sin posibilidad de ser absorbida por el acotado número de espectadores locales. Incluso el aumento esperado de espectadores del presente año frente al anterior (se estima un 10% más) no se debe a que se vea más cine nacional. Todo lo contrario dado que el público local tiene una fuerte preferencia por las películas norteamericanas.

    Toda esta introducción tiene que ver con el estreno (local) que ahora nos ocupa de “La Caracas” que sale en dos salas y con apenas cuatro horarios diarios entre ambas. ¿Correrá la misma suerte que otro excelente documental (“Maradona, médico de la selva”) que por falta de espacio ya salió de cartel? Lógicamente si continúa la seguidilla de tres o cuatro estrenos locales por semana las chances de “sobrevida” de estas películas es mínima.

    “La Caracas” es uno de tantos films documentales que se estrenan en nuestro país, pero es también uno de los pocos cuyo nivel roza la excelencia. Es probable que interese más a un público adulto, como este cronista pudo apreciar en una función de la tarde de hoy. Antes de empezar ya se escuchaban comentarios de parte del público a favor de Oscar y Juan Gálvez a quienes consideraban los máximos maestros del turismo de carretera. Ahora bien si, a usted lector, esos nombres no le significan gran cosa o nada es probable que la película no le provocará interés. Pues bien, la recomendación es justamente que no deje de verla y si es muy joven le pregunte luego a sus padres sobre qué sentían ellos cuando se corrían carreras como la de Buenos Aires a Caracas en catorce etapas y 10.000 kilómetros de distancia.

    El director Andrés Cedrón, portador de un apellido famoso y parentesco con el Tata Cedrón, pudo imponer su relación familiar al utilizar las composiciones del célebre músico. Y dicha incorporación se constituye en uno de los máximos aciertos de su debut cinematográfico. Pero además armó una trama dramática que sobre todo será apreciada por aquel que no conozca los detalles de la muy accidentada carrera. Aparecerán nombres tan célebres como Fangio, los nombrados Gálvez, Domingo Marimón, José Froilán Gónzalez (que vive con 90 años!), Eusebio Marcilla (un caballero) y otros no tan famosos como Risatti, Taddía, Urrutia (de destino trágico), Semperana, Víctor García. Y pueblos del interior del país (Balcarce, Cosquín, Junín) así como la presencia institucional del ACA y de YPF.
    Dado que la mayoría de los participantes del Gran Premio de la América de Sur del año 1948, hace 64 años, han muerto los testimonios en su mayoría son de parientes directos incluyendo el muy valioso de Eduardo, hijo del inolvidable relator Luis Elías Sojit. Porque en esas épocas, donde aún no existía la televisión y muchos menos los celulares e Internet, la RADIO era el medio por excelencia.
    Los más veteranos recordarán la famosa frase “coche a la vista” y la competencia feroz entre Ford y Chevrolet y más de uno se sorprenderá al comprobar que Oscar Gálvez, ganador de la primera etapa Buenos Aires-Salta, lo hizo a un promedio de 122 kilómetros por hora.
    Habrá momentos dramáticos como el accidente que casi le costó la vida a Fangio (su acompañante Urrutía no lo sobrevivió) o la definición de la carrera al llegar a Caracas.
    Hacia el final la película hace referencia a un recorrido parcialmente similar que realizaran el Che Guevara y Alberto Granado varios años más tarde, aunque obviamente los medios de transporte y los objetivos eran otros, quizás no tan diferentes al compartir cierta idea de unidad de América del Sur.
    Son un acierto los títulos donde aparece una a una las fotos de los 141 autos participantes junto a las de su piloto y copiloto.
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  • Argo
    Argo
    Leedor.com
    Ben Affleck confirma por tercera vez su talento como director de cine

    Se ha comentado a menudo, y con justa razón, que Ben Affleck parece estar destinado a proseguir una carrera similar a la de Clint Eastwood como director de cine. Tiene más de un punto en común con el realizador de “Los puentes de Madison” y de hecho su primer largometraje (“Desapareció una noche”) está basado en un libro de Dennis Lehane, que también había escrito “Río místico”.
    El segundo film de Affleck (Atracción peligrosa”) mantuvo el nivel de su opera prima y ahora con “Argo” logra un triplete, que pocos realizadores han conseguido desde su debut cinematográfico.
    Lo notable es que las tres obras citadas tratan temáticas muy diferentes, lo que nuevamente valida la comparación con Eastwood. Aquí la trama está basada en un hecho verídico que tuvo lugar a inicios de la década del ’80, cuando el Sha Reza Pahlevi de Persia (Irán) ya había sido depuesto por una revuelta cuyo líder era el célebre ayatollah Khomeini.
    Los primeros minutos de “Argo” recorren en estilo documental y con razonable objetividad los diversos sucesos ocurridos entre mediados de siglo pasado hasta el año 1979. Es en ese momento que se produce la violenta irrupción de miles de manifestantes en la Embajada de los Estados Unidos, cuyos ocupantes en su inmensa mayoría fueron tomados como rehenes. Solo seis de ellos lograron escapar hasta la casa del embajador de Canadá, quien aceptó cobijarlos sin que se enterara el gobierno iraní.
    Pese a los esfuerzos que realizaron los ocupantes de la Embajada norteamericana de quemar o triturar toda la información confidencial allí contenida, momentos antes de ser ocupados, a la larga no pudieron evitar que trascendiera que entre los rehenes faltaban seis personas.
    Allí comienza una segunda parte, cuando la acción se traslada a Estados Unidos y más concretamente a la CIA, donde sus agentes y directivos comienzan a discutir la mejor alternativa para rescatar a sus conciudadanos en Teherán. Aparece entonces el personaje real de Tony Mendez (Ben Affleck mismo) un especialista en la extracción de gente en problemas. A él se el asigna la difícil tarea de rescatar a los seis funcionarios ocultos en la embajada de Canadá.
    Se imaginan varias estrategias posibles pero la que Mendez finalmente logró imponer fue una muy imaginativa consistente en montar una ficticia filmación de una película tipo “Star Wars” en Irán con capitales y personal canadiense y entre estos y con pasaportes falsos a los cuatro hombres y dos mujeres a rescatar.
    Para armar la producción de “Argo”, tal el título del guión seleccionado con acuerdo de la CIA, se contactó a John Chambers, maquillador por ejemplo de “El planeta de los simios” y a Lester Siegel, hábil productor. John Goodman y Alan Arkin encarnan a ambos personajes y logran los momentos más brillantes y memorables de toda la película, todo un acierto de “casting”. Hay aquí numerosas frases irónicas que intercambian ambos hombres de cine como cuando Siegel afirma que “se puede enseñar a un mono a ser director de cine en apenas un día”. Ambos personajes se burlan del guión seleccionado usando la expresión “Ar-goFuck Yourself”, que obviamente pierde gracia con los subtítulos locales. Algunos chistes son algo más obvios como la mención de Marx (Karl), que el productor confunde con su homónimo Groucho.
    Es notable en cambio la escena, que transcurre en el gran bazar de Teheran, cuando una de las dos mujeres le saca una foto supuestamente para la producción del film a un iraní que se revela molesto. Y también la partida desde allí del grupo de “técnicos” cuando las puertas y ventanas del vehículo que los transporta son golpeadas por una turba enceguecida. En ambas circunstancias lo elogiable es la credibilidad que Affleck consigue transmitir al espectador. Prueba de ello son las imágenes comparativas entre escenas del film e imágenes reales presentadas junto a los títulos finales de “Argo”.
    Quizás se pierda un poco ese rigor en la última parte del film, cuando en pleno aeropuerto el personal que controla los pasaportes parece dudar de la autenticidad de sus portadores y el avión de Swissair está a punto de partir. El film se transforma en un thriller, concesión que quizás pudo evitarse, sobre todo teniendo en cuenta que en verdad el retraso se debió a problemas técnicos del Jumbo 747. Y aún más objetable es el final edulcorado cuando Mendez regresa a su casa para reencontrarse con su hijo y su esposa, a punto de separarse de él, con una bandera norteamericana como fondo.
    Pese a dichas concesiones, muy típicas de las producciones de Hollywood, el conjunto es tan sólido que en el balance “Argo” sobresale como un producto que seguramente debería alzarse con justicia con varias nominaciones a los Oscar.
    Todavía un párrafo más para los actores, donde la dupla Goodman-Arkin merecería ser considerada por la Academia. Ben Affleck como actor está correcto aunque nunca descolló como tal (recordar “Peral Harbor”) y se luce en un rol secundario Bryan Cranston. Y al final habrá un “cameo”, que preferimos no revelar, de alguien que ya ganó más de un Oscar en su larga carrera como actor.
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  • El amigo alemán
    Honesta propuesta de condena a regímenes totalitarios

    Este cronista, perteneciente a la misma generación que los dos personajes centrales y con vivencias relativamente similares a ellos, se siente ciertamente habilitado a juzgar con conocimiento de causa la veracidad de la trama de “El amigo alemán”. La nueva película de la directora Jeanine Meerapfel, nacida en Argentina pero residente en Alemania desde hace cincuenta años, continúa en la línea de sus producciones anteriores como “La amiga” y “Amigomío”, con las que curiosamente comparte similares títulos.

    Puede sorprender que en un mismo barrio hayan convivido familias alemanas tan disímiles como las de Sulamit, de origen judío y Friedrich, con padre nazi. Pero ello ocurrió con frecuencia en nuestro país apenas finalizada la guerra y pese a no estar especificada la localización es probable que corresponda a la zona norte de Buenos Aires (Vicente López, Olivos o Martínez por ejemplo).

    El inicio corresponde claramente a inicios de la década del ’50 (los carteles de Perón en la calle no pueden llevar a equívoco ninguno). Lo confirma también la escena en el aula donde a la niña le avisan que está enferma la maestra de “Moral”, mientras que el resto de sus compañeros van a la clase de “Religión”.

    La prematura muerte del padre (Jean Pierre Noher) de la joven dará mayor protagonismo a su madre (una excelente Noemí Frenkel), preocupada por la ola antisemita que comenzó a asolar Buenos Aires en la segunda mitad de la década del ‘50. Habrá referencias a una estudiante judía a quien le grabaron un pecho con una navaja (en realidad fue el caso de Graciela Sirota en 1962) y la propia Sulamit (ya encarnada por Celeste Cid) sufrirá una agresión física por parte de tres jóvenes de la agrupación Tacuara.

    Friedrich (el actor alemán Max Riemelt, visto en “La ola”) por su parte descubrirá el pasado nazi de su padre (Carlos Kaspar) y la complicidad de la madre (Katia Aleman) y se revelará contra ellos. Conseguirá una beca en Frankfurt y una vez llegado allí irá virando ideológicamente hacia la izquierda. Ella lo seguirá algo más tarde en Alemania pero no siempre sus visiones coincidirán, siendo Friedrich el más radical de ambos.

    Se sucederán los gobiernos militares (Onganía, Videla) y habrá momentos dramáticos como uno en la cárcel de Rawson. Pero finalmente la llegada de Alfonsín será el último capítulo de una larga historia de encuentros y desencuentros.

    Es probable que Meerapfel haya querido abarcar demasiadas temáticas y quizás hubiese ganado de haber limitado el espacio temporal a menos décadas de nuestra historia. No obstante, se rescata la honestidad intelectual de su propuesta y la clara condena a regímenes totalitarios (nazismo, Proceso). El mensaje central podría sintetizarse en que una persona no necesariamente es el producto inevitable de sus antecedentes familiares. O más aún, como se afirma en algún momento de “El amigo alemán”, que la historia de la condena a padres intolerantes “siempre se repite”.
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  • Días de vinilo
    Días de vinilo
    Leedor.com
    Una comedia donde se lucen entre otros Inés Efrón, Gastón Pauls y Fernán Mirás


    En el que ya aparece como el año de mayor número de estrenos locales de la historia los géneros que más abundan continúan siendo el documental y el drama. La comedia, en cambio, muestra su tradicional escasa presencia por lo que es saludable señalar la irrupción de una con méritos suficientes para hacerla recomendable.
    “Días de vinilo”, tal su nombre, es la opera prima de Gabriel Nesci con antecedentes en la televisión (“Todos contra Juan”). Una decena de actores y actrices, en su mayoría populares, recrean diversas historias encadenadas cuyo núcleo central lo integran cuatro amigos desde la infancia.
    Facundo (Rafael Spregelburd), uno de ellos, se encuentra frente a la inminencia de su casamiento mientras que su pareja (Maricel Alvarez) trabaja en la radio junto a Luciano (Fernán Mirás) que hace de locutor. Marcelo (Ignacio Toselli) es un fanático de Los Beatles al punto de tener una banda tributo de equívoco nombre (Los Hitles). El restante integrante del cuarteto es Damián (Gastón Pauls), un director de cine olvidadizo cuyo nuevo guión escrito a máquina (sin copia) se perderá en más de una oportunidad. La desesperada búsqueda y recuperación de su libro cinematográfico generará algunos de los momentos más desopilantes además de vincularlo con el personaje de Inés Efrón, posiblemente el más logrado dentro de la amplia gama de caracteres femeninos. Es el caso de Emilia Attias, una cantante bastante desinhibida y también Carolina Peleritti, como una ácida crítica de cine a quien ama y odia al mismo tiempo Damián. El numeroso reparto incluye aún a una joven colombiana (Akemi Nakamura), de origen japonés que se cruza en la vida de Marcelo y cuyo nombre (iniciales) coinciden con la de quien fuera pareja del Beatle que él encarna.
    Hay todavía espacio para varios cameos (Pascual Condito, Lorena Damonte) y uno que en realidad es una personificación de si mismo (Leonardo Sbaraglia). Sus encuentros con el cineasta y los sucesivos cambios del texto del guión que le sugiere son momentos de gran comicidad.
    Desde su título la película anuncia que la banda sonora será un elemento vital y determinante de varias situaciones de la trama. Básicamente las canciones, en su mayoría “covers”, incluyen temas célebres de Queen (“You are my Best Friend”), Phil Collins (“Groovy Kind of Love”) y varios interpretados por The Beats.
    Un final, que lo acerca a muchas comedias norteamericanas, no le resta sin embargo méritos a esta producción nacional que logra mantener la sonrisa del espectador a lo largo de gran parte del extenso y justificado metraje.
  • Buscando un amigo para el fin del mundo
    Logra conmover este relato apocalíptico con dúo de actores notables

    Una película que trata sobre los últimos día en la Tierra, a punto de ser embestida por un asteroide, podría ser una más del género fantástico con importantes efectos especiales.
    Nada más distante de ello es “Buscando un amigo para el fin del mundo” (“Seeking a Friend for the End of the World”), cuyo género sería difícil de definir y que no encajaría dentro del rubro comedia, pese a que su actor principal suele protagonizarlas.
    Steve Carell, visto recientemente en una opaca performance en “¿Qué voy a hacer con mi marido?”, repunta notablemente en el rol de Dodge, un oscuro empleado de una empresa de seguros a quien su mujer acaba de abandonar ante el inminente Apocalipsis.
    Será su encuentro con su vecina Penny, lo que le dará nuevo significado, pese a lo tardío, a su vida. Ella lo acompañará en un viaje en auto escapando de la gran ciudad donde se suceden los disturbios, a la búsqueda de seres queridos y familiares. Keira Knightley (“Piratas del Caribe”, “Nunca me abandones”, “Un método peligroso”) presta su dulzura y profesionalidad a un personaje que tiene indudable química” con el de Carell.
    Se podría asimilar a “Buscando un amigo para el fin del mundo” con una película de camino, que sería una manera de especificar su género. A ello correspondería por ejemplo una lograda escena en un típico restaurant de la ruta, con mucha cerveza y sobre todo drogas y sexo. Y ya desde el inicio este clima, donde se mezcla la desesperación de algunos con los deseos de aprovechar hasta el último momento de otros, se manifestará en una fiesta familiar. Una curiosidad es la presencia de Nancy Carell, que no es otra que la esposa del actor, que ya había aparecido junto a su marido en “Virgen a los 40”.
    Notable es la banda sonora con temas de los setenta y uno, en particular, que afortunadamente se escucha completo en uno de los momentos más conmovedores del film. Se trata de “I Need the Air that I Breathe” del grupo británico The Hollies y la inconfundible voz de su vocalista Allan Clarke.
    La directora debutante Lorene Scafaria sale a flote ante tamaño desafío, logrando transmitir los afectos que afloran en circunstancias tan dramáticas. Es el caso de la doméstica de Dodge, que pese a la inminencia de la catástrofe quiere seguir viniendo a la casa de su empleador. O también la del reencuentro con el padre, otro saludable regreso de Martin Sheen, luego de “El camino”. Pero es sobre todo el dúo central de actores el que logra transmitir algo distinto de lo que usualmente deparan las últimas producciones del cine norteamericano,
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  • ¿Qué voy a hacer con mi marido?
    Amable comedia apta para espectadores poco exigentes.

    El título local con que se conoce acá “Hope Spings” puede llevar a equívocos y hacerle pensar al potencial espectador que se va a encontrar con una comedia del estilo de la última producción de Adrián Suar. Hubiese sido preferible elegir un nombre similar a los utilizados en Brasil (“Un diván para dos”) o Portugal (“Terapia para dos”) por ejemplo, ya que de eso se trata.

    Sin duda el mayor atractivo de la nueva película de David Frankel (“El diablo viste a la moda”) es su dúo central de actores, pese a que en este caso quien sale mejor parado es Tommy Lee Jones. Aunque sea Kay, su esposa en la ficción interpretada por Meryl Streep, quien tome la iniciativa al intentar resucitar un matrimonio de 31 años de existencia, será Arnold (Jones) quien le pondrá el mayor condimento a esta comedia amable y al mismo tiempo dramática por su planteo.

    Kay logra convencerlo de viajar a Hope Springs, en el estado de Maine, para ser atendidos durante unos días por el Dr. Feld (un deslucido Steve Carrell), un terapeuta cuya fama ella registra al visitar una muy famosa cadena de librerías en Estados Unidos.

    La primera cita, que casi termina en un rotundo fracaso, logra sin embargo que la pareja acepte intentar la realización del primer ejercicio. Algo tan simple como probar permanecer abrazados en la habitación de su hotel (sin sexo, todavía) para acordarse como era. A esta altura ya sabrá el espectador que hace mucho que duermen en habitaciones separadas y que la última vez que hicieron el amor fue hace…varios años.

    Y el experimento no fracasa del todo pese a que Arnold sólo cree que el Dr. Feld es un charlatán y que el dinero (una obsesión muy norteamericana) gastado en el viaje podía haber sido destinado por ejemplo a comprar algún “gagdet” o a la adquisición de un plan más amplio de cable televisivo. Pero Kay, en uno de los escasos momentos donde asoma el talento de la reciente ganadora del Oscar femenino, nos transmite su satisfacción ante un primer logro, que no durará mucho.

    En efecto, en oportunidad de la siguiente sesión de terapia, ya no se hablará sólo de la falta de comunicación entre los cónyuges sino que se entrará en un tema más escabroso como es el sexo y las “fantasías” de ambos miembros de la pareja. Y de allí en más quien salvará al film de caer en la total banalidad será el actor de “Hombres de negro”. Su expresividad y la serie de gesticulaciones que realiza durante las sesiones así como los comentarios irónicos que irá haciendo serán el mayor sostén de la acción. Habrá incluso algún momento risible como una escena en un cine, donde se proyecta un famoso film francés (“La cena de los tontos”). U otro en una habitación de otro hotel donde será el turno de otro homenaje fílmico con la voz y la imagen de Humphrey Bogart en “El motín del Caine”, que pasan por la televisión.

    El desenlace es bastante previsible y por ende poco original y probablemente provocará el rechazo del espectador más exigente.

    Tampoco elevará el entusiasmo del cinéfilo la episódica presencia de dos actrices que tuvieron su momento. Ni Elisabeth Shue (“Adios a Las Vegas”) como una barman ni mucho menos Mimi Rogers, que fuera esposa de Tom Cruise y protagonista de “Peligro en la noche” de Ridley Scott y “Horas desesperadas” de Michael Cimino, aquí como una vecina, logran impactar.

    Pese a los reparos, esta comedia logra su objetivo de hacer pasar un rato amable merced a la muy buena actuación de Tommy Lee Jones y a un tema de permanente actualidad.
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  • Ted
    Ted
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    Al fin una película de Hollywood original y con varios hallazgos

    Cuando se repasan los títulos del cine norteamericano que llega a nuestras pantallas se observa un sello característico en la producción de Hollywood más reciente. La falta de originalidad, el abuso en la realización de “remakes” y nuevos capítulos que no parecen tener fin y la proliferación de muestras del género fantástico (terror, ciencia ficción, etc), films de animación y comedias “tontas” hacen al grueso de lo que suele exhibirse en las salas de cine últimamente.

    Por ello debe saludarse el estreno de “Ted”, al apartarse de los géneros más usualmente frecuentados por la cinematografía del país del norte.

    ¿Quién es Ted?: apenas un oso de peluche que es ofrecido a John Bennett, cuando aún es un niño algo introvertido, como regalo de Navidad a los ocho años. Hasta allí nada novedoso hasta que un día John y familia serán sorprendidos al revelarse que el muñeco milagrosamente habla y se desplaza como cualquier otro ser vivo. El espectador deberá desde el inicio aceptar que en Boston, donde transcurre la historia, este fenómeno o milagro de la naturaleza ocurra y no sea objeto de estudio de las autoridades norteamericanas, que no lo capturarán privándolo de su libertad.

    Transcurridas varias décadas reencontramos a John (Mark Wahlberg) y a Ted “adultos” y siempre juntos. El primero está ahora de novio con la bonita Lori (Mila Kunis de “El cine negro”). El oso conserva su tamaño pero lo que ha cambiado diametralmente es su comportamiento. Lo demuestra su predilección por las prostitutas y las drogas, estas últimas a menudo compartidas con su amigo del alma. He aquí el conflicto central del film, ante el cual se debate John al no lograr elegir entre su pareja femenina y su mascota.

    Y pese a las reiteradas promesas a su novia, Ted siempre logrará atraerlo como en una escena, una de las más divertidas del film, en que John escapará de una recepción en casa del jefe de Lori. Al llegar a lo de Ted se encontrará con una fiesta donde uno de los invitados es el mismísimo Flash Gordon (Sam J. Jones), que demostrará su fuerza haciendo un boquete en casa de un vecino. Claro que lo que no esperaba era encontrar del otro lado de la pared a un oriental airado, especie de reencarnación del emperador Ming, con un amenazante pato en la mano.

    Otra de las escenas más graciosas aunque algo violentas del film es la pelea entre John y Ted, donde el espectador asistirá maravillado a lo que la técnica puede lograr hoy en día.

    Entre varios cameos uno será protagonizado por la hija de Ravi Shankar, Norah Jones, en un imponente recital al que Lori, separada de su novio, asistirá en compañía de su jefe seductor. La sorpresa vendrá durante la interpretación de la canción de Rita Coolidge del film “Octopussy”.

    Hacia el final la trama adquirirá cierto dramatismo cuando Ted sea raptado por un padre (Giovanni Ribisi), ansioso de satisfacer el sueño de su obeso hijito de tener un oso parlante. Habrá una clásica persecución en auto hasta un enorme estadio y un final algo previsible pero refrescante.

    La película abunda en imágenes no aptas para los niños y de hecho su visión está limitada a los mayores de dieciséis años. Cierta escatología, muy habitual en comedias del cine norteamericano, aparece también aquí así como escenas de sexo de tono subido pero todo bastante medido y justificado por la trama.

    Lo que es notable es el nivel de la tecnología que hace de Ted un personaje más al que, en este caso no se le puede aplicar el famoso refrán que dice “sólo falta que hable” ya que lo hace y muy locuazmente. Quien le presta su voz es Seth MacFarlane (la serie “Family Guy”), el director debutante mientras que el relator no es otro que Patrick Stewart.

    La banda sonora contiene varios éxitos de Queen y son muchas las referencias a otros films, personajes famosos (John Lennon, Susan Boyle, Sinnead O’Connor, etc) y una divertida parodia de “Fiebre de sábado a la noche”.
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  • 360
    360
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    Muy libremente inspirada en la famosa obra “La Ronda” del austriaco Arthur Schnitzler, a quien Sigmund Freud admirara e incluso conociera, nos llega ahora “360” de Fernando Meirelles.

    La primera versión dirigida por Max Ophuls en 1950 difícilmente pueda ser superada sólo sea por el hecho de contar con un notable elenco que incluía mayoría de franceses y nombres tan rutilantes como Simone Signoret, Danielle Darrieux, Jean-Louis Barrault, Serge Reggiani, Simone Simon, Daniel Gelin y Gérard Philippe.

    La siguiente de Roger Vadim de 1964 tenía lo suyo con la inclusión de Jane Fonda, Anna Karina, Maurice Ronet y Catherine Spaak, aunque sin el brillo de la primera.

    Hubo varias más incluyendo una local de Inés Braun con Sofía Gala, Mercedes Morán, Fernán Mirás y Rafael Spregelburd en un promisorio debut de su realizadora.

    La nueva versión que cambia su nombre pero mantiene la idea de un círculo que se cierra reúne también a famosos y a otros que no lo son tanto. Pero a diferencia de las anteriores no sólo cambian los personajes, en su mayoría episódicos, sino también los países e idiomas. Que se hayan respetado las lenguas originales en que se expresan los diversos personajes es un hecho que merece ser resaltado.

    La acción se inicia y termina en Viena, el sitio donde transcurren los momentos de mayor interés del film. Dos hermanas eslovacas se trasladarán con frecuencia desde Bratislava a la capital austríaca, donde la mayor (Lucia Siposova) ejercerá la prostitución y la menor (Gabriela Marcinkova) hará de una especie de acompañante. La clientela de la primera estará básicamente integrada por altos ejecutivos como el inglés Michael Daly (Jude Law), a quien no todo saldrá como planeado. Claro que su esposa (Rachel Weisz) en Londres tampoco desaprovechara los frecuentes viajes de su cónyuge, mostrando ambos similar debilidad por gente más joven. Pero a la hora de fingir ella, a su retorno, le agradecerá las amables palabras (“nice words”) que su marido le dejara en el celular y que ella obviamente no pudo atender en el momento del llamado.

    Cambio de escenario en Paris con nuevos personajes que incluyen a un dentista argelino que interpreta Jamel Debbouze (“Días de gloria”, Háblame de la lluvia”, “Tres hermanos, tres destinos”), quien sostiene un affaire con Valentina (Dinara Drukarova), su ayudante rusa casada. Las charlas con el imán de la mezquita que suele frecuentar y con la psicoterapeuta que lo trata son un reflejo de sus dos mayores conflictos, uno religioso y el otro más ligado a lo carnal.

    Aún un otro europeo, un ciudadano inglés (Anthony Hopkins) cuya hija abandonó el hogar ante el descubrimiento de las infidelidades de su progenitor, hará de nexo con mayoría de personajes del continente americano. En el avión que tomará hacia los Estados Unidos para verificar si el cadáver encontrado en Phoenix es el de su hija, se topará con la brasilera Laura (Maria Flor) que regresa a su Rio natal, ante las repetidas infidelidades de su ex novio de igual origen. Pero las conexiones aéreas en Denver se verán demoradas ante la incesante nieve que obligará a los pasajeros a alojarse en el hotel del aeropuerto. Y como en “360”todo se encadena aparecerá una nueva figura, la de un pervertido sexual recién liberado de la prisión bien caracterizado por Ben Foster (“El mensajero”, “El mecánico”). Una pena que la situación que se deriva del encuentro de una algo borracha Laura y el poco confiable ex convicto en la habitación del hotel de la primera, en que debe esperar hasta continuar vuelo, sea algo ridícula y poco creíble. Tampoco ayuda mucho lo que puede aportar Hopkins, incluso en una escena posterior en reunión de Alcohólicos Anónimos.

    Meirelles dirige con oficio sin alcanzar el nivel de su obra máxima (“Ciudad de Dios”) y de “El jardinero fiel”, donde ya actuaba Rachel Weisz. Las actuaciones en “360”son desparejas con mayor lucimiento para los personajes eslavos y algunos errores de “casting”, en particular de los personajes que le tocan a Anthony Hopkins y al actor argelino, meritorio por actuar pese a su discapacidad en la mano derecha que suele estar escondida en su bolsillo (también acá). Darle el rol de un dentista no parecía lo más acertado.

    Por suerte la película levanta fuertemente hacia el final cuando la acción regresa a Viena. Allí el espectador asistirá a los mejores momentos del film cuando a las jóvenes eslovacas se les sumen un grupo mafioso ruso, incluyendo un curioso guardaespaldas.
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  • Todos tenemos un plan
    Pese a algunas vacilaciones la debutante Ana Piterbarg logra en el balance un interesante film de género.


    Cuando se cumplen dos tercios de año y un número record de novedades locales (75) es muy poco lo rescatable hasta el presente. En ese sentido, el estreno de “Todos tenemos un plan” representa un poco de aire fresco dentro de la alicaída producción nacional.

    Su realizadora, Ana Piterbarg, debuta en el largometraje y resulta una agradable sorpresa que haya logrado convencer a Viggo Mortensen para su primer protagónico en un film argentino. Como ella misma lo revelara había escrito un guión y se lo envió al reputado actor, nacido en Estados Unidos pero con un pasado de casi diez años en nuestro país. Y a Viggo le gustó, aceptando participar del proyecto que ahora es posible ver hecho realidad.

    Vale la pena destacar la ascendente carrera del actor que se hizo famoso al interpretar el personaje de Aragorn en la trilogía de “El señor de los anillos”, a inicios de la pasada década. Sin duda fue David Cronenberg quien lo ayudó a consolidar la carrera con otra trilogía muy distinta conformada por “Una historia de violencia”, “Promesas del Este” y “Un método peligroso”. Pero lo que ahora parece fácil no fue así al inicio de su carrera. Como él mismo reconociera Woody Allen lo había convocado para “La rosa púrpura del Cairo”, pero lo filmado quedó en la mesa del montaje. De todos modos, su debut fue en un corto rol en 1985 en “Testigo en peligro” (“Witness”), un gran film de Peter Weir. De allí en más y durante quince años y el doble de films nunca logró trascender hasta que Peter Jackson le ofreció el rol consagratorio. (Como señalara en una entrevista fue su propio hijo, un fanático de la obra de Tolkien, quien lo alentó a protagonizar la célebre trilogía).

    “Todos tenemos un plan” es un film de género, básicamente un thriller con un doble rol para Mortensen. Al inicio vemos a Pedro, hombre con barba, que opera su propia colmena de abejas en pleno Delta y del que pronto sabremos que está gravemente enfermo.

    Luego la acción se traslada a la capital donde su hermano gemelo Agustín, casi una copia imberbe, ejerce la profesión de médico. Su esposa (Soledad Villamil) le comenta que los trámites de adopción de un bebé van por buen camino, pero el marido le confiesa que no quiere adoptar a ese chico. Y ella le replica que él necesita urgentemente pedir ayuda y le espeta un “sabes que andas mal”.

    La siguiente escena es fundamental en la trama cuando el hermano enfermo visita al otro en su casa y por causas que no conviene develar Agustín asume la personalidad de Pedro. Las escenas donde se juntan ambos personajes y un único actor (bien Mortensen) las interpreta están técnicamente logradas y el “truco” no se nota y funciona.

    A partir de allí comienza otra película cuando Agustín, ahora con barba, llega al Delta pretendiendo ser su hermano. Los únicos que al principio no lo reconocen son los perros que no dejan de ladrar. Pero logra engañar al resto incluyendo a la joven Rosa (excelente Sofía Gala Castiglione), ayudante ocasional en la recolección de la miel.

    Rosa, o la “pichona” como la suelen apodar, será el hilo conductor de un relato donde harán irrupción una serie de personajes de la vía acuática que incluye a Adrián, un oscuro y peligroso delincuente, otra buena actuación de Daniel Fanego y muy visto últimamente (“¡Atraco!”, “Rehén de ilusiones”). La joven junto a Agustín y Adrián conformarán un peligroso triángulo de amor y odio, a los que se sumarán varios habitantes de las islas y miembros corruptos dela Prefectura.Todo girará alrededor de un crimen anterior (Oscar Alegre como víctima) y la aparición de Rubén, ahijado del hampón, bien caracterizado por Javier Godino (“El secreto de sus ojos”).

    Habrá aún mucha violencia y varios muertos más, incluyendo la reaparición algo fugaz de la esposa de Agustín. Pero sin duda el personaje de Soledad Villamil tendrá poco peso en la historia ya que el grueso del protagonismo se lo llevará la hija de Moria Casán.

    Como acertadamente señala el título del film todos los protagonistas tienen algún problema y pese a algunas vacilaciones del guión y un exceso de idas y vueltas, la directora logra en el balance plasmar un digno film de género policial. Excelente la música de Federico Jusid y Lucio Godoy, elemento fundamental para ambientar un clima sórdido y destacable la fotografía de Lucio Bonelli.
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  • El legado de Bourne
    Un relato de espías convencional con mucha acción y logradas interpretaciones pero sin Matt Damon ni Greengrass.

    “Bourne: el ultimátum”, tercera con el personaje de Robert Ludlum y segunda consecutiva de Paul Greengrass, sigue siendo el punto más alto de una serie que ahora, con “El legado de Bourne” (“The Bourne Legacy”), parece tener un nuevo principio.

    Ya no está Matt Damon ni tampoco Greengrass y de hecho el propio personaje, Bourne, es ahora reemplazado por otro espía de nombre Aaron Cross a quien corporiza Jeremy Renner, recordado por su interpretación central en la ganadora del Oscar “Vivir al Límite”/”The Hurt Locker”. Algunos seguramente recordarán que, antes de dicho premio, el film había sido presentado en la inauguración oficial del Festival de Mar del Plata 2008 en el teatro Auditórium con la presencia de Kathryn Bigelow. Y también que, debido a nuestra mala costumbre de incumplimiento en los horarios, muy pocos se quedaron hasta el final de la proyección para gran decepción de su realizadora que casi pasó desapercibida durante el evento.

    ¿Qué ofrece de novedoso este cuarto capítulo frente a los anteriores? No mucho, ya que se trata de un relato convencional, donde el espectador atisba de antemano lo que puede ocurrir. Habrá varios cambios de escenarios desde un inicio, bastante tranquilo en apariencia en Alaska, hasta un final electrizante en Manila. En este último lugar Aaron y su compañera,la DraMarthaShearing, serán perseguidos por la policía de Filipinas y por un sicario temible de nombre LARX (Luis Ozawa Changchien) en una carrera en moto por la ciudad que será el plato fuerte de quienes amen las películas de acción.

    La trama en sí es algo compleja pero la duración del film (133 minutos) permite ir atando cabos y relacionando personajes. Toda la parte inicial en el estado más septentrional de Norteamérica nos muestra al agente Cross expuesto a lobos hambrientos y a un experimento genético en su cuerpo que busca en definitiva su eliminación. A destacar la persecución a que es sometido, desde la misma central dela CIA, con aeronaves no tripuladas y a como logra zafar de este acoso.

    La película pasa a continuación al laboratorio genético donde trabaja Martha, una notable composición de Rachel Weisz (“La momia”, “El jardinero fiel”). Ella es quien le administra un tratamiento con pastillas de diversos colores al agente Cross. Cuando uno de sus colegas inicie una matanza (algo que se está repitiendo en la vida real de los norteamericanos) logrará escapar pero cuando llegue a su casa otra sorpresa desagradable la esperará. Aunque allí empezará la fuga de la bella doctora y su paciente primero por los Estados Unidos y luego su embarque en avión al Lejano Oriente, previa falsificación de pasaporte y cambio de identidad de ambos fugitivos.

    Quien haya visto el anterior capítulo de la saga reconocerá nuevamente la presencia de varios personajes interpretados por eximios actores tales como Albert Finney, David Strathairn, Joan Allen y Scott Glenn. Entre los nuevos, además de Renner y Weisz sobresalen Edgard Norton y Stacy Keach (inolvidable en “Fat City” de John Huston). A Matt Damon apenas se lo ve en una foto por lo que seguramente en la próxima de la serie nuevamente estará Jeremy Renner (qué parecido su nombre al del actor belga de “Elefante blanco”).

    “El legado de Bourne” fue dirigido por Tony Gilroy, muy conocido como guionista, inclusive de las anteriores de la serie. Aquí comparte el libro cinematográfico con uno de sus hermanos y en su corta carrera como director conviene recordar su debut con “Michael Clayton”, un inteligente thriller. Sin llegar al nivel de dicho film el que ahora se estrena logra entretener y puede justificarse su visión.
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  • Dos más dos
    Dos más dos
    Leedor.com
    La dupla Suar-Kaplan funciona mejor que en Igualita a mí, aqui en tema serio en clave de comedia

    Hace exactamente dos años, “Igualita a mí”, una película dirigida por Diego Kaplan y protagonizada por Adrián Suar se convertía en el film más taquillero del cine argentino del 2010, con algo más de 800.000 espectadores superando así a “Carancho” que hasta ese momento era la nacional más vista.

    Como si fuera un espejo, llega ahora “Dos más dos” con la expectativa de repetir lo acontecido en 2010 para lo cual deberá sumar más espectadores que los 750.000 de “Elefante blanco”, la última de Pablo Trapero.

    Si uno se guía por el espectacular arranque del jueves 16 de agosto, día de su estreno, parecería que la tercera película de Kaplan (“¿Sabes nadar?”) estaría en condiciones de repetir el resultado de su predecesora.
    Pero hay otras razones que apuntalan esa predicción y que tienen que ver con el tema del film y con los actores que acompañan a Suar en esta oportunidad.

    “Dos más dos” hace referencia a dos parejas, donde los maridos son médicos y socios desde hace una decena de años. Justamente la escena inicial muestra a Diego (Suar) y Richard (Juan Minujín) en el momento en que reciben un premio en las XII Jornadas Vasculares. El discurso de agradecimiento lo hace el primero de los nombrados y omite mencionar a su socio, quien lo cuestionará amargamente al haber sido tratado en el evento como un simple asistente.

    Pero no todo parece tan favorable en la vida de Diego cuando Emilia (Julieta Díaz), su esposa, le revela una impactante noticia que le acaba de hacer Betina (Carla Peterson), la mujer del socio, confesándole que son “swingers” desde hace tres años.

    Y Emilia, de rutinaria vida sexual, comienza a madurar la idea de probar la experiencia con sus amigos tratando de convencer a su marido para que hagan la prueba. La primera reacción de Diego es de estupor y rechazo. Sin embargo, sus charlas con su colega y la seguridad con que éste le afirma las virtudes del intercambio de parejas empiezan a desmoronar su resistencia.

    Finalmente deciden ir, básicamente como espectadores, a una fiesta en la casa de un amigo común (divertido Alfredo Casero), totalmente descarriado y libertino. Será uno de los momentos más logrados y jocosos del film con un verdadero “zoológico” humano que sin embargo no logrará doblegar al renuente Diego.

    Claro que una nueva prueba con los cuatro bajo un mismo techo arrojará resultados diferentes y durante la segunda mitad del film se producirán situaciones fluctuantes, bien resueltas por el guión elaborado por Daniel Cuparo y Juan Vera (también productor en Patagonik).

    El tono elegido es de comedia pese a la seriedad del tema. Se podría hasta objetar cierto desequilibrio entre lo que dicen los personajes (con numerosas expresiones sexuales explícitas) y lo poco y nada que se muestra (desnudos pudorosos). Pero lo que puede festejarse es la autenticidad de los diálogos, totalmente creíbles lo que suele ser un defecto de muchas producciones locales.

    Hay también espacio para la reflexión del espectador/a, que seguramente se sentirá más identificado con alguno/s de los cuatro personajes centrales. O acaso será con el de Alfredo Casero? En este último caso, la novedad del fenómeno “swinger” presentada por “Dos más dos” no lo sorprenderá seguramente.

    Finalmente una mención especial a los aspectos técnicos, todos muy cuidados con la participación de maestros como Félix Monti en fotografía, Iván Wyszogrod en música y la inclusión de “Fanky”, la canción de Charly García en el cierre.
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  • El vengador del futuro
    Nada justifica a esta remake absolutamente innecesaria del clásico de los 90.
    22 años es mucho tiempo y más en cine. Por lo tanto una remake de ?El vengador del futuro? (?Total Recall?) podría estar bien justificada en la medida que aportara un enfoque novedoso o superador del planteo original.

    La base es la misma, un cuento de Philip K. Dick cuyo título original y en inglés, para no traicionar el texto, era ?We can remember it for You Wholesale?. La obra literaria de Dick motivó varias películas célebres entre las cuales ?Blade Runner?, de la cual se mencionan también planes de remake o secuela próximamente.
    La versión original de ?El vengador del futuro? fue dirigida en 1990 por Paul Verhoeven, que venía de hacer ?Robocop? y adquiriría aún mayor fama con ?Bajos instintos?, su obra inmediatamente posterior. Sharon Stone, ya estaba en la original que ahora nos ocupa como esposa de Schwarzenegger. Su personaje, Lori, es aquí cubierto por la inglesa Kate Beckinsale, que debutó en ?Mucho ruido y pocas nueces? para luego hacerse popular con ?Pearl Harbor? y ?El aviador? (como Ava Gardner).

    Len Wiseman, que ya la había dirigido en ?Inframundo? y secuela, vuelve a hacerlo aquí, pero valga la aclaración se trata de su marido en la vida real. En cuanto al personaje central, Douglas Quaid, quien ahora asume el rol que tenía Arny es el irlandés Colin Farell (?Alejandro Magno?, ?El nuevo mundo?, ?Escondidos en Brujas?).

    Nuevamente la historia está ambientada hacia finales del siglo XXI, que parecía más lejano en 1990. La tierra ha sido asolada por una guerra química y sólo dos regiones subsisten. Una de ellas, situada en Europa, lleva el nombre de Federación Unida de Bretaña (FUB), dominada por el todopoderoso Cohaagen. El papel que originalmente interpretaba el actor Ronny Cox es ahora asumido por Bryan Cranston (?Pequeña Miss Sunshine?, ?Drive?). La otra zona, conocida como ?La Colonia?, está ubicada en Australia y muchos de los que allí viven viajan en apenas 17 minutos, atravesando el núcleo de la Tierra, para trabajar en la más floreciente zona del hemisferio norte.

    Hasta aquí las similitudes tanto en personajes como en parte de la historia pues nuevamente aparece la Rekall Incorporated, una agencia que ya no será de turismo como en el original (Schwarzenegger acudía a ella para ir a Marte). Ahora Quaid que, al igual que en el original sufría tremendas pesadillas, recibirá una propuesta para superar el trauma del sueño consistente en la implantación de recuerdos ficticios en su cerebro. Le dicen que el tratamiento es seguro y que ?no hay nada que temer?. Obviamente que no será así y de golpe descubrirá que es un espía, que le reemplazaron la memoria y que su nombre verdadero es otro (Carl Hauser). Luego de ultimar a unos diez policías planteará quién es él realmente e incluso dudará si Lori es su esposa.

    Otra chica (Melina) ingresará en su vida, en el original Rachel Ticotin y aquí Jessica Biel, quien parece tener predilección por personajes ?mágicos? (?El ilusionista?, ?El vidente?). Quaid o Hauser, también conocerá al jefe de los rebeldes de La Colonia, de nombre Matthias, rol a cargo de Bill Nighby (?El exótico Hotel Marigold?, ?Inframundo?).
    La historia daba para un planteo interesante sobre cuanto habrá de realidad y cuánto de ficción en la mente de nuestro héroe. En verdad él parece ser un operario en una fábrica de robots de la FUB, a la que viaja diariamente desde la Colonia en un sistema de transporte (the Fall) que se parece a un ascensor que se mueve a gran velocidad. Pero Wiseman ha preferido privilegiar las escenas de acción y el uso de los efectos especiales, que a la postre resultan lo único rescatable de la película.

    Los tiros con armas sofisticadas, propias de un futuro aún algo lejano, no producen heridas visibles en las numerosas víctimas a lo largo de la historia. Ésta no tiene progresión dramática alguna y cuando se llega, extenuado después de tantos disparos, al final de la película el espectador se pregunta qué quiso significar el conjunto. Vale entonces una recomendación: intente ver la versión original, que sin ser un dechado de virtudes, tenía al menos un mensaje y actores mejor aprovechados que los de esta innecesaria remake.

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    Publicado en Leedor el 10-08-2012
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  • Amigos intocables
    “Amigos intocables” (“Intouchables”) llega precedida de un record en Francia que sólo otras dos películas han podido superar. Con algo menos de 20 millones de espectadores, se coloca en el tercer lugar de las más vistas detrás de “Titanic” (20,8 millones de entradas) y “Bienvenidos al país de la locura” (20,5 millones de entradas).

    Hasta el año 2008 la película francesa con más espectadores era “La fuga fantástica” con un notable elenco integrado entre otros por los inolvidables Bourvil y Louis de Funes y el inglés Terry-Thomas. Hubo que esperar más de 40 años hasta que otro film francés desplazara a la famosa comedia de Gérard Oury. Pero ya en 1998 James Cameron, como en la mayoría de los países del planeta, pasó a ocupar el primer puesto en Francia. Y si se le suma lo recaudado por “Avatar” alcanza los 35 millones de espectadores, un record que será difícil de superar.

    Ni los directores de “Amigos intocables” (Olivier Nakache y Eric Toledano) ni aún su pareja de actores centrales son demasiado conocidos en nuestro país.
    Francois Cluzet es de los dos el más popular pues fue a menudo dirigido por el ya fallecido Claude Chabrol. Entre esas películas algunas fueron presentadas localmente (“Un asunto de mujeres”, “No va más”), mientras que “L’Enfer” no se estrenó en nuestro país y las tres fueron coprotagonizadas por Isabelle Huppert. Otros recordarán su notable interpretación junto al músico Dexter Gordón en “Cerca de la medianoche” de Bertrand Tavernier.

    En cambio el más joven de la dupla actoral, Omar Sy, es virtualmente un desconocido en Argentina aunque en Francia ya había sido dirigido por Nakache y Toledano en dos de los tres largometrajes anteriores (“Nos jours heureux”, “Tellement proches”), no estrenados en nuestro país al igual que el primero de 2005 con Gérard Depardieu y Annie Girardot (“Je préfère qu’on reste amis”).

    La trama es aquí bien simple, basada en una historia real, que presenta a dos caracteres totalmente disímiles, donde nunca estará mejor aplicado el aforismo de “los extremos que se juntan”. Driss (Sy) es un joven proveniente de un suburbio pobre, cuyos trabajos ocasionales se alternan con cortas estadías en prisión. Con la necesidad de demostrar que está en busca de trabajo, para gozar de una pensión, cae por azar en la casa del aristócrata y millonario Philippe (Cluzet) en procura del ansiado papel. Pero la sorpresa es mayúscula cuando inesperadamente convence al tetraplégico dueño de casa para terminar trabajando como su asistente, ayudante y también chofer.

    Philippe descubrirá que su vida aún tiene sentido cuando Driss lo vaya contagiando con su permanente optimismo y “buena onda”. Lo notable de “Amigos intocables” es que logra evitar en todo momento caer en el golpe bajo, algo al que son tan afectas otras cinematografías como la norteamericana.

    A lo largo de casi dos horas alternan momentos dramáticos, que lograrán conmover a más de un espectador, con otros francamente cómicos. Al mismo tiempo habrá espacio para la crítica social al mostrar cómo los familiares del potentado se le acercan con un único interés claro: su dinero. Y también lugar para un relato alrededor del hermano menor de Driss y sus malas compañías, que el guión resuelve convincentemente. Pero por sobre todo estará la historia de una amistad que en el título local se ha querido inteligentemente enfatizar.

    Es de esperar que no ocurra, aunque puede temerse que tenga lugar, una remake norteamericana. Podría imaginarse a una dupla integrada por Dustin Hoffman (algún parecido físico con Cluzet) y a un actor joven de color intentando repetir un fenómeno que ya ha conmovido a Francia y al resto de Europa.


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    Publicado en Leedor el 31-07-2012
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  • Batman: el caballero de la noche asciende
    Las películas más exitosas en vacaciones de invierno (La era del hielo 4, Madagascar 3, El sorprendente hombre araña) son en su mayoría secuelas y nuevas versiones de éxitos del pasado. Ahora se agrega “Batman: el caballero de la noche asciende” (“The Dark Knight Rises”) que cerraría (?) una nueva trilogía, siempre dirigida por Christopher Nolan. Este director inglés adquirió merecido prestigio con “Memento. Recuerdos de un crimen”, su segundo largometraje, confirmando su originalidad con la siguiente “Noches blancas” (“Insomnia”).

    La presentación de “Batman inicia” en el 2005 no dejó conforme al mundo cinéfilo. Al fin de cuentas el personaje ya había sido abordado por Tim Burton en 1989 (inolvidable “Guasón” de Jack Nicholson) y en tres secuelas más, hasta el cierre de la serie anterior en 1997. Algunos memoriosos incluso recordarán que ya se había estrenado en 1966 una película del personaje encapotado interpretado por el legendario Adam West.

    La segunda de Nolan en el 2008 (“Batman, el caballero de la noche”) tuvo un plus inesperado al ser la película póstuma de Heath Ledger (otro “Guasón” increíble) y una trama que se seguía con cierto interés. No es el caso de la que ahora nos ocupa.

    Difícil resulta explicar el por qué de tan elogiosos comentarios que viene cosechando tanto a nivel local como por parte de la crítica de su país de origen. Se repiten los personajes y los actores que los interpretan. Michael Caine es nuevamente el mayordomo Albert, Gary Oldman el jefe de policía, Morgan Freeman es Lucius Ford y obviamente Christian Bale es el millonario Bruce Wayne y su alter ego Batman.

    Las pocas novedades las aporta básicamente el cast femenino con Marion Cotillard (Miranda) y Anne Hathaway como Gatúbela. En una de las primeras escenas se la ve bailando con Wayne y más de un espectador se habrá sorprendido al comprobar que danzan al compás de la “Pavana para un infanta difunta” de Maurice Ravel.

    Habrá por supuesto un nuevo malo, de corto nombre (Bane), que interpreta el inglés Tom Hardy y un joven policía (Blake), rol a cargo de Joseph Gordon-Levitt (“El origen”) que, por una mención al final, sembrará la duda sobre si verdaderamente se acabó la serie.

    Ya parece una regla que con cada eslabón de la hasta ahora trilogía se agregan unos diez minutos más, con lo que ésta ya dura poco menos de tres horas, que se sienten. A tal punto que, en algunas funciones como la que le tocó a este cronista, hubo un “intermedio” seguramente para comprar más “pochoclo” y gaseosas.

    Se mencionó la poca originalidad de la trama que plantea nuevamente la posibilidad de que un artefacto nuclear sea explotado en una gran ciudad que no es obviamente Nueva York sino Ciudad Gótica, aunque mucho se le parece.

    Técnicamente la película es impecable lo que se percibe desde el inicio con una de las pocas escenas novedosas que transcurren en un avión a gran altura. Pero esa promesa pronto se desvanece y entra en una larga serie de alusiones a personajes de películas anteriores como el fiscal Harvey Dent o Ducard/Ra’s Al Ghul (Liam Neeson), flash-back incluido. Quien no esté familiarizado con dichos episodiod podrá perderse “algo” pero para la mayoría de los espectadores éste no será el caso. Más aún, si ya disfrutaron de las dos anteriores, el consejo es que reincidan. Para los no adictos en cambio es probable que coincidan con la advertencia inicial de esta nota donde se afirma que las ideas parecen estar agotándose en Hollywood.

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    Publicado en Leedor el 27-07-2012
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  • El dictador
    El dictador
    Leedor.com
    Quien venga siguiendo a Sacha Baron Cohen desde “Borat”, la no estrenada “Bruno” e inclusive su participación en “La invención de Hugo Cabret” sabrá de antemano que le espera al ver “El dictador”, su más reciente opus.

    Y quien haya visto la “cola” tendrá la oportunidad de reírse de nuevo con la primera y muy cómica escena de la película, cuando se lo observa al emperador Aladeen de la ficticia república de Wadiya “eliminando” sucesivamente a sus competidores en una carrera de atletismo.

    De ahí en más se sucederán varios otros momentos muy graciosos a tal punto que uno puede sorprenderse de que la película dure menos de noventa minutos y que pasen tantas cosas en la trama. Prueba de la diversidad es la gran cantidad de personajes con los que uno termina familiarizándose. E incluso de numerosos cameos que incluyen a la muy atractiva Megan Fox, a la que se disfruta apenas un minuto, a John C. Reilly, Edward Norton (¡menos de treinta segundos!) o el francés Gad Elmaleh.

    De todos modos Sacha Baron Cohen estará presente durante casi todo el metraje dado que el tirano tiene varios dobles que obviamente son también interpretados por él mismo. Los otros dos personajes importantes son su tío Tamir en buena composición de Ben Kingsley y Zoey, la angelical Anna Faris, una chica “ecológica” y vegetariana a la que el dictador conoce ocasionalmente durante una manifestación en su contra en pleno Nueva York.

    El director Larry Charles, al igual que en las anteriores “Borat” y “Bruno”, elige a una comunidad o grupo social como foco de sus burlas. En este caso se trata del mundo árabe y más concretamente de líderes como el ex dictador de Libia o de otros emiratos, ricos en petróleo y gas. Si hasta se atreve a mencionar a multinacionales como BP, Exxon y a la misma Petrochina, a la que le promete el ahora muy popular “shale gas” (gas de esquistos). Las escenas con el representante de China en las Naciones Unidas y su dudosa afirmación de que su país es muy democrático o también su debilidad por George Clooney o Edward Norton (de allí su breve aparición) son muy divertidas. Pero además demuestran que casi ningún país o etnia se salva de las críticas muy ácidas del film.

    Incluso los Estados Unidos no salen indemnes por ejemplo cuando se afirma que fue construido por “negros” y es hoy comercialmente manejado por chinos. Hasta Obama es mencionado y mostrado en una escena de la televisión americana. Tampoco deja de estar presente la comunidad judía en por ejemplo una de las últimas escenas, con casamiento y “mazel tov” incluido.

    Habrá varias alusiones a Irán como aquella en la cual Aladeen arenga a su pueblo y les comenta sobre el proyecto de enriquecimiento de uranio con fines exclusivamente pacíficos. Ello quedará totalmente desvirtuado cuando se lo vea visitando un misil y discutiendo con su ministro de defensa sobre la conveniencia de una punta puntiaguda en lugar de redonda y la repetida (en demasía) sugerencia gestual de que le corten el pescuezo a varios de sus súbditos.

    Tampoco faltarán escenas, muy habituales en films con el zafado actor y también guionista inglés, de muy subido tono sexual como una en que descubre que puede procurarse placer erótico sin tener necesidad de pagarle a una belleza como la mencionada Megan Fox.
    Pero detrás de toda la comicidad, que por momentos roza el mal gusto y lo escatológico, “El dictador” es ante todo una historia de amor y una reivindicación de la democracia como forma de vida. La banda sonora es todo un hallazgo con composiciones, algunas muy conocidas, en su mayoría en lengua árabe.

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    Publicado en Leedor el 20-07-2012
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  • El camino
    El camino
    Leedor.com
    Film ?familiar? con picos y valles como el camino que se recorre?El Camino? podría ser conceptuado por más de un motivo como film ?familiar?. Lo es por su producción dado que entre los responsables ejecutivos aparece un cierto Ramón Gerard Estevez, mientras que la dirección está a cargo de Emilio Estevez. Ocurre que el primero de los nombrados no es otro que Martin Sheen, en verdad un seudónimo y padre de cuatro hijos, el mayor de los cuales es Emilio. En el reparto aparece además Renée Estevez, la hija menor de Martin, que tiene un pequeño rol. Digamos para completar que los restantes hijos son también actores: el mediático Charlie Sheen y el menos popular Ramón Estevez.

    Pero lo de ?familiar? también sería aplicable a la trama de la película, ya que en ella el oftalmólogo Tom (Martin Sheen) se entera al inicio mismo que su hijo Daniel (Emilio Estevez) ha fallecido en Francia cuando estaba atravesando los Pirineos. A partir de ese penoso incidente, que determina que Tom se desplace al pueblo donde están los restos de su vástago, se inicia ?el camino? o sea el viaje que emprende para llevar (las cenizas) hasta Santiago de Compostela que era hacia donde se dirigía Daniel. Dato no menor es que padre e hijo no se entendían muy bien y que en particular el primero no acertaba a comprender el costado espiritual de su retoño.

    Esta especie de ?road movie? revela al espectador aspectos del peregrinaje que posiblemente no conozca en detalle. Por ejemplo puede sorprenderse por la cantidad de gente de todo el mundo que lo emprende. O también, como revela uno de los personajes amante de las estadísticas, que las causas que llevan a alguien a cubrir a pie unos 800 kilómetros son las más diversas y no necesariamente por problemas de salud o de fe cristiana.

    Justamente a un hosco Tom se le irán agregando involuntarios acompañantes que han sido seleccionados para darle color a las anécdotas del viaje. El primero en hacerlo será Jost, un simpático y bonachón holandés (Yorick van Wagenigen), cuya motivación central del viaje será la de bajar de peso. Pero su placer y deleite con los platos franceses y españoles (quesos, cordero, etc) que encuentra a lo largo del camino frustrarán el objetivo de su peregrinaje.
    No muy diferente serán los resultados para Sarah (Deborah Kara Unger), cuya promesa de dejar de fumar es más un deseo que una realidad. La última de las incorporaciones será la de Jack, un irlandés cuya obsesión será superar su bloqueo de escritor. En algún momento de la historia, Jost le comentará a Jack su parecer sobre los restantes miembros del inusual cuarteto. Tom le parecerá muy estrecho mientras que encontrará que Sarah es una mujer sexy pero muy complicada.

    Y pese a las diferencias y desencuentros, el grupo irá poco a poco ganando en complicidad y la llegada e ingreso a la Catedral de Santiago de Compostela marcará uno de los puntos más altos de esta desigual producción que, al igual que el paisaje que recorren, tiene sus picos y valles.

    Dentro del reparto sobresale la interpretación de Martin Sheen, quien ya superado los setenta años no para de actuar. De hecho se lo ve en ?El sorprendente Hombre Araña?, otro de los estrenos de esta misma semana. Difícil olvidar su notable capitán Willard en ?Apocalypse Now? y también su destacable debut hace ya 45 años en ?El incidente? de Larry Peerce, junto a Tony Musante. O incluso su rol del padre de su hijo Charlie Sheen en ?Wall Street?.

    Para Emilio Estevez éste es su quinto largometraje como director y segundo que se estrena en nuestro país. Ya se había presentado localmente su segundo y fallido film ?Hombres trabajando? donde su padre y él mismo tenían roles importantes. En cambio sólo se conoció en video ?Bobby? sobre el asesinato de Robert Kennedy, su mejor trabajo como realizador con un elenco notable (Anthony Hopkins, Demi Moore, Sharon Stone). En su nuevo film Emilio se reserva un personaje (Daniel) que obviamente, al morir al inicio, tiene poca presencia.

    A mencionar la presencia de Angela Molina que aparece en uno de los múltiples albergues donde los peregrinos se detienen a lo largo de su largo viaje. Ella será una de las personas que irán sellando el ?pasaporte? que servirá de testimonio de que han cumplido a pie el trayecto.

    ?El camino? tiene entre sus mayores logros el retrato de personajes que uno termina queriendo. En algún momento Tom y el holandés serán percibidos por algún lugareño como recreaciones de Don Quijote y Sancho Panza. Quizás se hubiese ganado en calidad de haber eliminado varios minutos, ya que la duración supera estrechamente las dos horas. Otro reparo podrá ser hecho a que su tipo de cine remite a algo habitual (y hoy antiguo) en la década del ?50 en Estados Unidos. Comparado con las producciones actuales puede sentirse que falta cierto dinamismo y que se privilegia la emoción frente a la acción. Pero por suerte se han sorteado con cierta habilidad los golpes bajos en que se podía haber caído por lo que ?El camino? encontrará su público. No así en su país de origen, dado que hace dos años que se filmó y aún no ha sido estrenado allí.
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  • Sombras tenebrosas
    Los numerosos seguidores de Tim Burton no saldrán defraudados luego de ver su película número quince desde su ya lejano inicio en 1985, cuando dirigió “Pee Wee’s Adventure” que es la única que no se estrenó en nuestro país.

    Mucho se ha escrito sobre la serie de televisión homónima en que está libremente basada “Sombras tenebrosas” (“Dark Shadows”). Pero lo que generalmente no se menciona es que Dan Curtis, su director fallecido en 2006 y a quien Burton dedica su nuevo opus, también dirigió algunas películas. La primera de 1970, que aquí se conoció como “Sombras en la oscuridad” y en Estados Unidos se llamó “House of Dark Shadows”, también tenía como personaje central a un vampiro homónimo que despertaba de un sueño centenario en una mansión de Nueva York.

    El vampiro llamado Barnabas Collins, en esta versión, tiene un “viaje” más largo que va desde fines del siglo XVIII hasta el no tan lejano 1972 en que accidentalmente un grupo de pescadores encuentran el cajón y al abrirlo lo liberan pero pasan a mejor vida. Ya no estamos en Nueva York sino en Collinsport en el estado de Maine. Barnabas, ya saciada su sed de sangre con los infortunados descubridores, sólo piensa en vengarse de la bruja Angelique que lo condenó a permanecer tanto tiempo en el sarcófago.

    Barnabas no es otro que Johnny Depp en su octava película junto al director desde que en 1990 protagonizara “El joven manos de tijeras”. Luego seguirían “Ed Wood” y “La leyenda del jinete sin cabeza”. Pero a partir de 2005, todos los films de Tim lo tendrán a él, como la inmediatamente anterior “Alicia en el país de las maravillas” o “Charlie y la fábrica de chocolate” y “Sweeney Todd”.

    La sociedad entre ambos tiene aún a un tercer integrante, que lleva siete películas en forma ininterrumpida desde “El planeta de los simios” en el 2001. Nos referimos a Helena Bonham Carter, pareja del realizador, que aquí compone a la psicóloga Julia Hoffman, personaje que al igual que varios otros ya estaban en la versión de 1970.

    Eva Green, nacida en Francia e hija de la otrora conocida actriz Marlene Jobert debutó nada menos que en “Los soñadores”, penúltima realización de Bernardo Bertolucci. Angelique Bouchard, tal su personaje, es ahora una directiva de la industria de la pesca que por celos llevó a la muerte desde un peñasco a Josette (Bella Heathcote), a quien amaba Barnabas dos siglos atrás.

    Hay un claro predominio de personajes femeninos en la historia ya que además de los ya mencionados, Michelle Pfeiffer compone a la heredera del imperio de los Collins, su rebelde hija es interpretada por Chloe Grace Moretz y Bella Heathcote es ahora Victoria, la criada que llega a la mansión de los Collins.

    El eje de la historia será la venganza que el vampiro liberado busca sobre la bruja que lo condenó. Habrá varios cruces entreellos y uno particularmente espectacular donde ambos se desplazarán por paredes, piso y techo en donde se mezclarán el deseo carnal y de revancha del infeliz vampiro.

    La ambientación en plena década del ’70 no sólo se verá reflejada en la aparición de personajes típicos, como el de un grupo de hippies que acoge al extraño Barnabas con su vestimenta de otra época. Protagonizarán una escena divertida, donde el grupo de jóvenes alucinados por la marihuana no vislumbrarán lo que les puede pasar en compañía de un ser ávido de otro tipo de producto…Pero será además la música, a lo largo de todo el metraje, la que marque la época. La banda sonora de Danny Elfman incluye además temas tan populares como “Crocodile Rock” de Elton John, “Nights in White Satin” de Moody Blues, “Get It On” de Marc Bolan (T.Rex), “Highway Star” de Deep Purple, “You’re the First, The Last, My Everything” de Barry White y “Top of the World” de The Carpenters. Pero el bonus mayor lo constituirá la aparición en vivo de Alice Cooper cantando sus célebres “No More Mr. Nice Guy” y “Ballad of Dwight Fry”, encorsetado en un chaleco de fuerza similar al que luciera en sus recitales en el Gran Rex (2007) y en el microestadio de Argentinos Juniors, hace apenas un año.

    “Sombras tenebrosas” no es la mejor película de Tim Burton ya que su trama no es tan original como algunas producciones anteriores. No obstante tiene suficientes atractivos que la hacen de visión recomendable. Y entre varios hallazgos ofrece además la oportunidad de ver al maestro Christopher Lee en breve aparición.
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  • Un suceso felíz
    El director Rémi Bezancon se dio a conocer localmente con su segundo largometraje (“Amor en familia”), estrenado hace apenas dos años.

    Ahora regresa con su última película cuyo nombre local “Un suceso feliz”, fiel traducción del original (“Un heureux événement”), resulta en verdad engañoso e irónico a la vez.

    El título alude a la dicha que supone para la pareja de Nicolás y Bárbara el embarazo por ambos buscado y acaecido a pocas semanas de su encuentro casual en el videoclub donde él trabaja. La escena inicial en la que ella elige y él recomienda célebres películas tales como “Un hombre y una mujer”, “La gran ilusión” o “Con ánimo de amar” de Wong Kar Wai es todo un guiño cinéfilo. Y los títulos de esos films aluden ingeniosamente a lo que pasa por la cabeza de ambos jóvenes.

    Pero a medida que avanza el embarazo la felicidad inicial irá derivando hacia una situación no tan promisoria, sobre todo cuando empiecen a tallar los familiares de la pareja. La madre de Bárbara, que interpreta Josiane Balasko (“Demasiado bella para mí”, “Cama para tres”, “El encanto del erizo”) se revelará pronto una pesada carga. Pero peor será cuando, luego de un parto algo complicado, tanto ella como su consuegra se inmiscuyan en el proceso de alimentación de la pequeña Lea. La situación alcanzará su punto más dramático cuando la suegra le traiga a Bárbara la antigua máquina “sacaleche” que usó para amamantar a Nicolás, hasta la edad de cinco años. Será el momento en que la esposa afirme a su marido convencidamente que la suegra la odia.

    Bárbara, brillante estudiante de filosofía no avanzará en su tesis y su jefe le dirá que ha sido decepcionado y no le renovará su cargo docente. Por otra parte desaparecerá en ella el deseo sexual hacia su pareja, cuyo contacto le producirá fastidio. Llegará el momento en que Nicolás plantee la posibilidad de una separación. Tampoco ayudará un “Club de la leche” integrado por madres recientes con curioso parecido al de los “alcohólicos anónimos”.

    Habrá varias idas y vueltas y una resolución que no conviene revelar. Quizás algún espectador encuentre ciertas reiteraciones que pudieron evitarse, pero las buenas interpretaciones salvan al conjunto. Conviene seguir de cerca al dúo de actores central. Louise Bourgoin (Bárbara) es bonita y muy expresiva y su carrera como actriz es relativamente reciente. Pio Marai (Nicolás) tiene un aire que recuerda al Romain Duris de hace unos diez años. En el reciente Festival de Cannes tuvimos oportunidad de verlo en “Aliyah”, una de las más interesantes películas de la Quincena de Realizadores. A destacar también Firmine Richard, en el rol de la partera, una actriz veterana nacida en Guadalupe que debutar nada menos que junto a Daniel Auteuil en “Mamá, hay un hombre blanco en tu cama” (“Romuald & Juliette”).
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  • Prometeo
    Prometeo
    Leedor.com
    El 25 de diciembre de 1979 no fue una Navidad como cualquier otra para muchos cinéfilos, ya que coincidió con la fecha de estreno en nuestro país de uno de los títulos mayores de la historia del cine de ciencia ficción. Ni siquiera cayó jueves (sino martes), aunque en esos años las fechas de Navidad y Año Nuevo, cualquiera fuera el día de la semana, eran habitualmente las elegidas para estrenar títulos de fuerte impacto en el espectador.

    “Alien, el octavo pasajero” catapultó a la fama a Ridley Scott, un director inglés cuya única película anterior (“Los duelistas”) había cautivado a un público selectivo aunque poco masivo.

    Luego siguieron varias producciones destacadas y en particular tres inolvidables: “Blade Runner” (1982), “Thelma y Louise” (1991) y “Gladiador” (2000).

    “Prometeo” es la vigésima película de Scott y se la suele calificar como “precuela” (horrible neologismo) de “Alien”. Esta tuvo varias secuelas incluyendo “Aliens”, la segunda de la serie, que mantuvo el nivel de la primera gracias al virtuosismo de un director, James Cameron, que en ese momento (1986) seguramente no imaginaba lo que le depararía el futuro una década más tarde.
    La novedad, que también aplicó Cameron en “Avatar”, es el uso inteligente del 3D que aquí encuentra nuevamente su justificación al potenciar la sensación de profundidad en el espacio estelar.

    La trama no es muy diferente de tantas otras películas del género fantástico con una nave espacial (Prometeo) que llega a los confines del universo en un futuro algo lejano – corre el año 2093.
    La tripulación incluye a varios científicos entre los cuales la doctora Elizabeth Shaw, personaje central que interpreta Noomi Rapace (muy lejos del personaje de Lisbeth Salander de Millennium que le dio fama). La acompaña su colega Charlie Holloway (Logan Marshall-Green) y el androide David con notable caracterización del ya consagrado y muy habitual Michael Fassbender (“Un método peligroso“, “Shame”), también presente en otro estreno de esta semana (“La traición”). Hay aún otro personaje misterioso, Meredith Vickers, dueña de la nave a quien presta su gélida máscara la muy bella Charlize Theron.

    Y por supuesto una gran variedad de seres extraterrestres, algunos que se nos parecen y otros con tentáculos y fauces dentadas ya vistos en las diversas “Aliens”. Durante algo más de dos horas el espectador asistirá a juegos visuales que difícilmente se le borrarán de la mente, siempre y cuando sea afecto a este tipo de cine. El cronista nunca olvidará la película de 1979 y recordará (con tristeza) el lacónico y preciso comentario que le hiciera su progenitor (que la vio primero) al afirmar que era un film muy cruel. Y ese calificativo puede también aplicarse a esta nueva película.

    Hay al menos una escena antológica protagonizada por el personaje principal femenino, que ocurre una vez que ella descubre que está embarazada de su colega Charlie. Pero lo significativo es que la criatura que se está gestando rápidamente en su vientre no es del género terrestre por razones que el espectador descubrirá al ver el film. Lo notable es que la nave espacial de alta tecnología, recordemos que estamos a fines del presente siglo, dispone de una máquina capaz de operar y extraer el “intruso”. Es una escena fuerte y hasta cruel para el espectador sensible, aunque no gratuita y totalmente justificada.

    Habría bastante más para comentar pero a modo de síntesis se puede señalar que habrá una segunda nave, esta vez extraterrestre, que tendrá un rol fundamental en la última parte del film. Y que al final de cuentas el viaje no será otra cosa que la búsqueda por parte de los humanos de sus antepasados y en definitiva del origen de nuestra especie.
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  • Blancanieves y el cazador
    Dos películas sobre el mismo tema en apenas un par de meses resulta un exceso al que Hollywood nos ha venido acostumbrando últimamente. Primero fue Julia Roberts en el clásico personaje de la reina malvada en la reciente “Espejito, espejito” y ahora es el turno de Charlize Theron en idéntico papel.

    En “Blancanieves y el cazador” (“Snow White and the Hunstman”) el gancho mayor no es sin embargo la actriz ganadora del Oscar por “Monster” y además nominada por “Young Adult”, que definitivamente no será estrenada localmente.

    El mayor esfuerzo comercial está puesto en quien personifica a Blancanieves, la joven Kristen Stewart que ha venido ganando “fans” desde su exitosa interpretación del personaje de Bella Swan en la serie de films iniciada por “Crepúsculo”. Tal es su magnetismo y popularidad al punto que se la vio subiendo la alfombra roja en el reciente Festival de Cannes, al formar parte del reparto de “On the Road” de Walter Salles.

    ¿Qué ofrece de original esta nueva versión del famoso cuento popularizado por los hermanos Grimm? En verdad poco, pero en compensación una gran belleza visual que puede justificar su visión.
    El diseño de la producción revela varios hallazgos comenzando por el inevitable espejo, al que no le cabría el clásico diminutivo si se tiene en cuenta su gran dimensión y curiosa y variable geometría. Allí se irá reflejando el rostro muy bello de Charlize Theron, que sin embargo con el correr del tiempo (y del extenso metraje) irá sufriendo cambios que al final mostrarán su costado maligno y hechicero.

    Por su parte, la joven hija adoptiva irá también mutando pero no tanto en lo físico sino en su carácter hacia un personaje que recuerda notablemente, algo muy señalado por la crítica mundial, a Juana de Arco.

    No faltarán por supuesto los animalitos y otras criaturas del bosque incluyendo un gran reno blanco en una de las escenas más bellas de la película. Tampoco estarán ausentes, encarnados por notables actores, los famosos “enanitos” que no lo son en la realidad (Bob Hoskins, Ray Winstone, Toby Jones, Ian McShane) pero que por esas maravillas de los efectos especiales terminan siéndolo.
    Y habrá aún otro personaje central, al punto de figurar en el título del film. Nos referimos al cazador de Chris Hemsworth que es casi igual al Thor de la muy exitosa “Los vengadores”.

    “Blancanieves y el cazador” fue dirigida por el debutante e ignoto Rupert Sanders y si no se es muy exigente se deja ver no siendo recomendable para los más pequeños por escenas de fuerte impacto visual.
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  • El útimo Elvis
    El útimo Elvis
    Leedor.com
    El primer largometraje de Armando Bo (nieto), acertadamente elegido para la inauguración del reciente BAFICI, ya puede ser ahora apreciado en nuestras pantallas.

    Cerrando el primer cuatrimestre del año, con casi cien estrenos de los cuales treinta nacionales, es probablemente la mejor muestra de cine local vista hasta ahora (excluido el BAFICI).

    “El último Elvis” es una película atípica en varios sentidos. Carlos Gutiérrez (notable debut de John Mc Inerny) es un imitador y fanático del famoso cantante de rock, alejado de los prototipos locales, que se hace llamar Elvis. Si hasta su nombre y apellido (¿artístico?) no suenan argentinos.

    La trama reserva varias sorpresas y sólo conviene decir que se lo ve al principio solo y sin pareja, separado de su esposa Alejandra (Griselda Siciliani) a la que él llama Priscilla. Su pequeña hija (Margarita López), en general, no lo soporta pero una circunstancia fortuita los acercará en más de un sentido.

    Un aspecto notable es la calidad de las imitaciones (interpretaciones) de las canciones de Elvis que hace Mc Inerny. En verdad él tiene una banda de rock que se llama “Elvis vive” y para los fanáticos del famoso músico, que nació en Memphis y murió muy joven en Graceland, seguramente serán muy disfrutados los “covers” de temas tan famosos como “Always in my Mind”, “Unchained Melody” y “I’m so lonesome I could cry”.

    Técnicamente “El último Elvis” resulta inobjetable desde la misma primera y notable toma, en que la cámara virtualmente parece estar subiendo una escalera para al final del ascenso explotar sonoramente.

    Pero además debe elogiarse el guión que el realizador compuso junto a Nicolás Giacobone. A señalar que Bo ya tenía un antecedente importante al haber coparticipado en la escritura de “Biútiful” del mexicano Alejandro González Iñárritu, aquí uno de los productores.

    Este Elvis es en el fondo un personaje solitario y triste y lo que le acontece tiene más de un punto de contacto con el famoso personaje que él busca emular. Pese a trabajar en una fábrica de heladeras, no se siente tal cual es, apenas un imitador, sino como un elegido por el destino.

    Más cercana a las producciones de cine norteamericano independiente que a nuestro repetido cine, que oscila principalmente entre documentales y películas de bajo costo ambientadas en medios rurales, “El último Elvis” es una bocanada de aire fresco que se debe festejar. Por suerte hay varias películas prometedoras para el resto del año, algunas de las cuales estarán en Cannes y que en parte han sido vistas en el 14º BAFICI.

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    Publicado en Leedor el 1-05-2012
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  • El conspirador
    El conspirador
    Leedor.com
    ”El conspirador” (“The Conspirator”) fue filmada en el 2010 y estrenada en Estados Unidos hace un año. Su tardía llegada a la Argentina seguramente responde a las dificultades comerciales implícitas en este tipo de películas históricas, que interesan sólo mayormente en el país donde la trama real transcurrió.

    Se trata del asesinato de Abraham Lincoln acaecido en un teatro de Washington a pocos días de finalizar la Guerra Civil norteamericana. Fue un 15 de abril de 1865 que el actor John Wilkes Booth segó la vida del 16º presidente de los Estados Unidos con un único disparo.
    Los primeros minutos de “El conspirador” recrean con maestría dicho hecho en rápidas y simultáneas tomas. Gran parte del resto del film está consagrado al juicio aplicado a siete hombres y una mujer, acusados de ser los culpables materiales o intelectuales del tremendo asesinato.

    La única mujer fue Mary Surratt, dueña de una pensión donde se alojaban y/o reunían los presuntos asesinos. Hasta el día de hoy se mantiene la duda sobre la posible culpabilidad de ella y el film dirigido por Robert Redford no pretende dilucidar tal cuestión.
    En verdad lo que al célebre actor le interesa es mostrar cómo ya hace un siglo y medio en su país la Justicia, según su visión, privilegiaba sanciones ejemplares en juicios viciados como el que se le aplicó a la madre de John Surratt, quien estaba prófugo.
    Uno de los mayores hallazgos de la película es la composición que logra la ex de Sean Penn, Robin Wright, en la que probablemente sea su mejor actuación desde su papel en “Forrest Gump”.

    La acompaña el joven actor inglés James McAvoy (“El último rey de Escocia”, “X-Men: primera generación”) componiendo al abogado Frederick Aiken a quien el senador Reverdy Johnson encomienda la defensa de la señora. En el rol del senador sudista se destaca otro inglés, Tom Wilkinson, con recordadas participaciones en “Todo o nada” (“The Full Monty”) y “Shakespeare apasionado”.

    Las buenas interpretaciones no terminan en el terceto ya mencionado pues también hay un aporte interesante de Kevin Kline como el Secretario de Guerra de Lincoln, Edwin Stanton. Kline parece haber recuperado en esta película el nivel de los ‘80s cuando se lo vio en títulos como “La decisión de Sophie”, “Reencuentro” y “Los enredos de Wanda”. No desluce Evan Rachel Wood (“Secretos de estado”, “Que la cosa funcione”) como la hija de la Surratt y Danny Huston como el feroz fiscal Holt.

    Los alegatos de Aiken tropiezan contra la arbitrariedad del jurado, integrado por oficiales de la Unión. El pedido de “habéas corpus”, aprobado por un juez, que habría permitido un nuevo juicio esta vez civil (y no militar) llegó pocas horas antes del momento fijado para la ejecución. Al final se señala que el abogado abandonó su profesión legal para incorporarse al recién creado “Washington Post”.

    Redford, en lo que es su octavo film tras las cámaras, mantiene un buen nivel directorial aunque sin llegar a la altura de la que fue su mejor y primera obra: “Gente como uno” (“Ordinary People”). Muchos ven en “El conspirador” una crítica a situaciones legales como la de los prisioneros en Guantánamo en la actualidad, un gesto que lo enaltece.

    ”El conspirador” (“The Conspirator”) fue filmada en el 2010 y estrenada en Estados Unidos hace un año. Su tardía llegada a la Argentina seguramente responde a las dificultades comerciales implícitas en este tipo de películas históricas, que interesan sólo mayormente en el país donde la trama real transcurrió.

    Se trata del asesinato de Abraham Lincoln acaecido en un teatro de Washington a pocos días de finalizar la Guerra Civil norteamericana. Fue un 15 de abril de 1865 que el actor John Wilkes Booth segó la vida del 16º presidente de los Estados Unidos con un único disparo.
    Los primeros minutos de “El conspirador” recrean con maestría dicho hecho en rápidas y simultáneas tomas. Gran parte del resto del film está consagrado al juicio aplicado a siete hombres y una mujer, acusados de ser los culpables materiales o intelectuales del tremendo asesinato.

    La única mujer fue Mary Surratt, dueña de una pensión donde se alojaban y/o reunían los presuntos asesinos. Hasta el día de hoy se mantiene la duda sobre la posible culpabilidad de ella y el film dirigido por Robert Redford no pretende dilucidar tal cuestión.
    En verdad lo que al célebre actor le interesa es mostrar cómo ya hace un siglo y medio en su país la Justicia, según su visión, privilegiaba sanciones ejemplares en juicios viciados como el que se le aplicó a la madre de John Surratt, quien estaba prófugo.
    Uno de los mayores hallazgos de la película es la composición que logra la ex de Sean Penn, Robin Wright, en la que probablemente sea su mejor actuación desde su papel en “Forrest Gump”.

    La acompaña el joven actor inglés James McAvoy (“El último rey de Escocia”, “X-Men: primera generación”) componiendo al abogado Frederick Aiken a quien el senador Reverdy Johnson encomienda la defensa de la señora. En el rol del senador sudista se destaca otro inglés, Tom Wilkinson, con recordadas participaciones en “Todo o nada” (“The Full Monty”) y “Shakespeare apasionado”.

    Las buenas interpretaciones no terminan en el terceto ya mencionado pues también hay un aporte interesante de Kevin Kline como el Secretario de Guerra de Lincoln, Edwin Stanton. Kline parece haber recuperado en esta película el nivel de los ‘80s cuando se lo vio en títulos como “La decisión de Sophie”, “Reencuentro” y “Los enredos de Wanda”. No desluce Evan Rachel Wood (“Secretos de estado”, “Que la cosa funcione”) como la hija de la Surratt y Danny Huston como el feroz fiscal Holt.

    Los alegatos de Aiken tropiezan contra la arbitrariedad del jurado, integrado por oficiales de la Unión. El pedido de “habéas corpus”, aprobado por un juez, que habría permitido un nuevo juicio esta vez civil (y no militar) llegó pocas horas antes del momento fijado para la ejecución. Al final se señala que el abogado abandonó su profesión legal para incorporarse al recién creado “Washington Post”.

    Redford, en lo que es su octavo film tras las cámaras, mantiene un buen nivel directorial aunque sin llegar a la altura de la que fue su mejor y primera obra: “Gente como uno” (“Ordinary People”). Muchos ven en “El conspirador” una crítica a situaciones legales como la de los prisioneros en Guantánamo en la actualidad, un gesto que lo enaltece.


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    Publicado en Leedor el 7-04-2010


    Publicado en Leedor el 7-04-2010
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  • El príncipe del desierto
    Jean-Jacques Annaud es uno de los más prestigiosos directores del cine francés, cuyo debut en 1976 con “Blanco y negro en color” fue toda una revelación. Siguieron varios títulos exitosos como “La guerra del fuego”, “El nombre de la rosa”, “El oso”, “El amante” y “Siete años en Tibet”. Pese a la diversidad de temáticas todas esas películas tenían algo en común al estar filmadas (y en general transcurrir) fuera de Francia.

    Hacía más de 10 años que no se presentaba una obra suya, siendo la última que aquí se vio “Enemigo al acecho”, ambientada en el sitio de Stalingrado. De hecho hasta allí (2001) todo lo que había dirigido tuvo estreno local, pero luego vinieron dos títulos que no llegaron a verse en Argentina.

    Ahora regresa con “El príncipe del desierto” un título posiblemente más comercial y banal que el original “Black Gold”, que claramente alude al petróleo y en particular a su descubrimiento en un “desierto” en pleno Medio Oriente, en la década del ’30.

    En verdad la historia refiere a la rivalidad entre el sultán Amar, interpretado por Mark Strong, muy frecuentemente visto en las últimas semanas en nuestras pantallas al punto que actualmente está además en cartel en “El topo”, “John Carter: entre dos mundos” y “El guardia” (¿será acaso un record?) y el emir Nesib. A este último lo corporiza Antonio Banderas, a quien preferimos en “La piel que habito” y que aquí se expresa en un algo ridículo inglés (además de hacer de… Banderas).

    Más interesante es el personaje de Auda, hijo de Amar pero que por acuerdo con Nesib fue adoptado por este último. Quien lo interpreta es Tahar Rahim, virtualmente desconocido por estas latitudes pese a su extraordinaria actuación en “El profeta”, que debió haber sido estrenada localmente. (No lo fue porque los derechos los tenía una distribuidora “major”).

    El tema central es el descubrimiento del “oro negro” en una zona de nadie entre ambos reinos, conocida como el cinturón amarillo” y la lucha por su posesión, mientras es explotada por un consorcio estadounidense.

    La historia no resulta demasiado impactante, aunque sí lo son las imágenes que muestran una gran producción con miles de camellos, caballos y extras filmadas desde diversos ángulos. A ello se agregan las batallas con tanques primitivos (de inicios de la década del ’30) y aviones también antiguos.

    Hay además una historia de amor, protagonizada por el príncipe Auda y la princesa Leyla, hija de Nesib, en aceptable interpretación de Freida Pinto (“¿Quién quiere ser millonario?”).
    En síntesis, un film recomendable sólo para quienes desean o se conforman con pasar un momento entretenido y gozar de bellas imágenes y de la buena música de James Horner.
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  • La suerte en tus manos
    Daniel Burman podría ser catalogado como el más metódico director argentino de los últimos quince años. Esto lo verifica el hecho de que cada dos años, y siempre en la primera mitad del correspondiente año (par), estrena una nueva película. Esta notable regularidad la logra al ser, junto a Sergio Dubcovsky, el productor de sus propios films pero también al tener un público que lo sigue fielmente.

    Varias de sus mejores obras fílmicas (“Esperando el Mesías”, “El abrazo partido”, “Derecho de familia”) giraban alrededor de un personaje central de la colectividad judía, interpretados regularmente por Daniel Hendler, quien parecía encarnar a un “alter ego” del propio Burman.
    “Dos hermanos”, su película inmediatamente precedente, se alejó de la temática anterior al apelar a Graciela Borges y Antonio Gasalla, dos figuras mayores de nuestro cine y televisión, logrando un producto más comercial pero con sobrados méritos.

    “La suerte en tus manos” se encuentra a mitad de camino entre su obra precedente y las antes mencionadas. Por un lado se trata de un producto que no oculta su costado comercial al incluir a actores de renombre y gran popularidad. Por otra parte, la temática vuelve a mostrar a un joven judío y su entorno y nos sorprende al no recurrir nuevamente a Hendler. En su lugar aparece el músico Jorge Drexler, también uruguayo, en lo que constituye un riesgo al ser ésta su primera aparición protagónica. Debe señalarse que el desafío que planteaba esta situación se constituye en un logro del director ya que el personaje de Uriel es todo un acierto.

    El guión, compuesto por Burman y Dubcosky, es un punto débil al transitar una temática algo reiterada como es el reencuentro de una ex pareja, luego de varios años. Uriel está separado y tiene dos hijos de su primer matrimonio, mientras que Gloria (Valeria Bertucelli), acaba de regresar de Europa acompañada de su novio francés, en momentos en que ha muerto su padre. El reencuentro se produce en Rosario, lugar elegido por el realizador seguramente para justificar la aparición hacia el final de los miembros de la famosa Trova Rosarina (Baglietto, Garré, Goldin, Abonizio).

    Ya una de las escenas iniciales es un poco tirada de los pelos, al menos para este cronista, cuando Uriel visita a un doctor con la intención de hacerse una vasectomía, para evitar dejar embarazada a alguna de sus usuales conquistas. No por casualidad, sus compañeros laborales y amigas/os lo designan “el rey de los telos”. Todo parece por momentos pensado para justificar la presencia de Luis Brandoni en el rol del médico especialista y los juicios y consejos por éste emitidos están impregnados de cierta innecesaria solemnidad.
    Aún más débil resulta el personaje de la madre de Gloria a cargo de Norma Aleandro, que trabaja en un medio radial como locutora con aires de intelectual.

    Resulta forzada la ocultación por parte de Uriel a Gloria de su trabajo en su propia financiera y casi un golpe bajo que ella se entere de la mentira a través de la hija del también fanático del poker y jugador empedernido. Un encuentro con un rabino dentro de un Casino y las opiniones del mismo sobre que está “prohibido jugar creyendo en el azar” y de que “suerte está en nuestras manos” sólo agregan menor verosimilitud a la historia.

    El final remonta un poco al transcurrir en un teatro (IFT) donde se presenta la Trova uruguaya, precedida por un show musical de un grupo de rock (los Azmuts) que aquí se autodenominan “los rabinos de la nada”. Esas escenas finales están bien filmadas aunque uno podría haber esperado del conjunto mayor sutileza que la que exhibe este desigual largometraje.

    Algunas curiosidades a señalar incluyen el coro que aparece a mitad de película y que pertenece al Colegio Pestalozzi. Otra es un nuevo “cameo” del perseverante Pascual Condito, quien ha dejado de ser el distribuidor de las películas de Burman, pero cuya aparición parece ser producto de un amable reconocimiento a una figura que tanto ha hecho en pos de la distribución de películas nacionales.


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    Publicado en Leedor el 31-03-2012
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  • Protegiendo al enemigo
    Fruto del azar se han conocido, casi en simultáneo, películas con temas afines y actores que se repiten. Esta misma semana hubo dos estrenos que comparten algunas coincidencias. “El guardia” y “Protegiendo al enemigo”, siendo la última la que motiva esta nota, tienen en uno de los dos roles centrales a sendos actor de color norteamericano. Aquí Denzel Washington es Tobin Frost, un ex agente de la CIA a quien custodia otro hombre de dicha organización.

    Se trata de Matt Weston, una adecuada interpretación del canadiense Ryan Reynolds a quien se ha visto con frecuencia últimamente (“Si fueras yo”, “Linterna verde”, “Enterrado”, “La propuesta”).

    En “El guardia”, Don Cheadle interpretaba a un agente de otra institución (FBI) y quien conformaba la dupla era el irlandés Brendan Gleeson. Ahora bien, este excelente actor a quien volveremos a ver dentro de poco en “Albert Nobbs” y “The Raven”, tiene en la que ahora nos ocupa el tercer rol en importancia como otro agente de la CIA! (A esta altura algún lector ya debe estar algo confundido por lo que apenas mencionaremos que Liam Cunningham también aparece en los dos estrenos).

    “Safe House”, el título original de “Protegiendo al enemigo” refiere a lugares aparentemente aislados y aptos para alojar y eventualmente interrogar e incluso torturar a delincuentes y otras figuras peligrosas. Allí se encuentra al inicio Weston (Reynolds) en plena Ciudad del Cabo, cuando de golpe debe abandonar la “casa segura” junto a su custodiado Frost. Recalan en un estadio de fútbol con vuvuzelas incluidas (seguramente inaugurado o modernizado para la Copa del Mundo) y muy bien aprovechado por el director del film, Daniel Espinosa, de padre chileno y madre nacida en Suecia, donde mayormente filmó sus películas anteriores.
    De allí en más la acción no se detendrá nunca con la aparición de varios personajes, en desparejas interpretaciones. Vera Farmiga (“Amor sin escalas”) no está bien aprovechada como otra agente mientras que como el gran jefe de la CIA, Sam Shepard sale apenas a flote. Mejor le va a Ruben Blades, como un hábil falsificador de documentos, pero quien más se luce es el ya mencionado Gleeson. Sería injusto no recordar algunas de sus actuaciones anteriores en films tales como “Corazón valiente”, “The General” (de John Boorman) y “Escondidos en Brujas”, cuya dirección estuvo a cargo de Martin McDonagh, hermano de John Michael, el responsable de “El guardia” (más coincidencias aún).

    Entre los aspectos más interesantes del film corresponde destacar la relación que se establece entre el dúo central y los consejos que Frost (un sólido Denzel Washington) le brinda al algo inexperto Weston. Cuando le recomienda no matar a gente inocente e incluso cuando afirma estar orgulloso del joven, se comprenderá mejor el título en español de este vibrante film de acción. El final revela una sorpresa que gira alrededor de un archivo y que dejamos sin revelar para gozo del espectador.
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  • ¡Esto es guerra!
    El afiche de “!Esto es guerra¡” (“This means War”) es suficientemente explícito de lo que se va a ver, al presentar a Reese Witherspoon rodeada de un par de galanes. Lo que es menos claro es la elección de los dos actores que protagonizan el trío, al tratarse de figuras poco conocidas dentro de la cinematografía “hollywoodense”.

    Uno de ellos, cuyo personaje lleva el ridículo nombre de FDR, es Chris Pine, a quien algunos adictos a la ciencia ficción reconocerán de “Star Trek: el futuro comienza” del valorizado J.J. Abrams. El otro, Tuck en este film, es el inglés Tom Hardy quien estuvo en otro capítulo anterior de Star Trek (“Nemesis”), no estrenado por estas latitudes. También se lo vio más recientemente en “El topo”, además de “El origen”.

    Esta opaca comedia parte de un primer pecado capital que es contar con un guión que necesitó de tres (!) personas para su concepción. El producto resultante es absolutamente previsible y la pobreza del libro cinematográfico permite excusar, en parte, a los actores.
    Tanto FDR como Tuck son amigos y compañeros de trabajo en la CIA. Una fallida primera acción de ambos en una fastuosa fiesta en Hong Kong los condena a permanecer sancionados en sus escritorios contiguos. En sus ratos de ocio, en un caso por Internet y en otro vía un videoclub, conocen a una chica que fruto del “destacado” guión es la misma, se llama Lauren y obviamente la interpreta la rubia protagonista.

    La indecisa Lauren sale con ambos, asesorada por Trish, su mejor amiga, cuya “sabiduría” le permite por ejemplo expresar el siguiente consejo: “No elijas al mejor hombre, sino a aquel que te haga la mejor mujer”. La actriz que la interpreta es, la desconocida en cine, Chelsea Handler pero con vasta carrera en la televisión, de donde nunca debió salir. Su personaje es vulgar con frecuentes referencias primarias al sexo, que también hacen el resto de las figuras. Hasta la propia Witherspoon en algún momento le dice textualmente a su amiga que le “sudan los senos”.

    Siendo ambos pretendientes miembros de la CIA utilizarán, sobre todo una vez que descubran que la presa es la misma, los medios tecnológicos de que dispone la agencia. Cámaras ocultas, micrófonos escondidos y otros “gagdets” así como la colaboración de varios compañeros les permitirán saber que pasa cuando no están respectivamente con ella. E incluso molestar al otro, de allí el título del film. En paralelo habrá otra escena de acción, donde reaparecerá el malvado Heinrich en encorsetada composición del alemán Til Schweiger (“Bastardos sin gloria”).

    Es costumbre de este cronista no develar el final, pero en este caso la mencionada previsibilidad haría casi innecesaria dicha prevención. Por un lado, es obvio que los “buenos” vencerán. Por otra parte, el triángulo deberá tener alguna resolución y cualquiera fuera la misma: a) Lauren se queda con uno de los dos, b) abandona a ambos o c) sigue con ambos, daría exactamente lo mismo ya que desde el inicio la situación no resulta creíble para el espectador.
    Entre lo muy poco rescatable se destaca la música con temas populares como “We so horny!” y “My Heart will go on” de Céline Dion, ya usada en “Titanic”, película de la cual se ve alguna imagen al pertenecer a la misma empresa que produjo este olvidable engendro. Del director McG, sólo cabe recordar que sus títulos anteriores incluyen a “Los ángeles Charlie” y se secuela además de una enésima “Terminador: la salvación”.
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  • Drive
    Drive
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    El Festival de Cannes de mayo 2011 quedará en la historia como uno de los eventos de mayor jerarquía artística de los últimos años. Su selección oficial incluyó a “El artista”, la reciente ganadora del Oscar, así como varios títulos significativos tales como “El árbol de la vida”, “La piel que habito”, Habemus Papa”, “El chico de la bicicleta” y “El puerto” (“Le Havre”).

    El último día de la competición (viernes 20 de mayo), cuando ya parecía que se “había puesto toda la carne en el asador”, el Festival nos reservó una sorpresa que ahora nuestro público local podrá “saborear”.

    Se trata de “Drive” la octava película del danés Nicolas Winding Refn, menos conocido que su compatriota Lars von Trier quien también estuvo en ese mismo festival con “Melancolía” y sus torpes declaraciones durante la conferencia de prensa en Cannes.
    El día de la premiación von Trier no pudo asistir, pese a ganar el premio a la mejor actriz. En cambio, Refn sí pudo hacerlo llevándose un merecido reconocimiento como mejor director.

    “Drive” no es más que, lo que la jerga cinematográfica suele denominar, una película de género. Así dicho puede parecer peyorativo pero en realidad no es esa la intención de dicha caracterización. Se trata de un logrado film “negro” o policial, donde impera la violencia a lo largo de buena parte de su metraje.
    Su personaje central y omnipresente (la película bien podría haberse titulado “driver”) es un joven que se gana la vida manejando autos en más de una vertiente. Por un lado como “stunt” en filmaciones y por el otro aceptando trabajos que lo tienen como conductor acompañando a delincuentes que precisan de una escapatoria automovilística. Esto queda claro desde la vertiginosa escena inicial, justo antes de la presentación de los títulos. Este personaje, que tan bien interpreta Ryan Gosling (“Crimen perfecto”, “Secretos de estado”), trabaja además en un taller mecánico, propiedad de un “perdedor” (Bryan Cranston) con diversos contactos con la mafia de Los Ángeles.

    Los encuentros con Irene, una camarera y vecina de departamento, cuyo marido está por salir de prisión producirán un vuelco en la trama sin que se pierda credibilidad alguna. Mérito en gran parte de la sobria actuación de la inglesa Carey Mulligan (“Enseñanza de vida”, “Nunca me abandones”, la inminente “Shame”). La difícil relación amistosa con el marido (de alguna manera rival) de Irene contrasta con la ternura que el “driver” prodiga al hijo de la pareja.

    En la segunda mitad estallará la violencia con escenas de fuerte impacto como la que transcurre dentro de un ascensor, notablemente resuelta pese a lo reducido del espacio. Otra ocurrirá en un prostíbulo y vale la advertencia de que ciertas situaciones sangrientas, pero nunca gratuitas, pueden afectar a algún espectador sensible.

    Hay buenos actores secundarios como Albert Brooks y Ron Perlman, con personajes de discutible ética y con inevitables enfrentamientos con nuestro “héroe”. La estridente música es otro elemento a favor, acompañando muy bien a una cámara inquieta y a una fotografía donde descuellan las escenas nocturnas.
    Hubiese merecido alguna nominación más al Oscar que la única otorgada por la Academia a la edición de sonido, categoría que por otra parte no ganó.

    Publicado en Leedor el 1-03-2012
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  • Poder sin límites
    Chronicle”, tal el título original de la aquí estrenada como “Poder sin límites”, promete más de lo que realmente da. La película largó comercialmente muy bien el día de su estreno (jueves 23-2), superando incluso en número de espectadores a otras novedades nominadas al Oscar. Pero habrá que ver si ese buen comienzo logra continuidad con los días, lo que es de dudar.

    Se trata de un producto que uno podría calificar como típico del cine independiente, pese a que su presentación local es asumida por uno de los grandes estudios “major”.

    Director debutante (Josh Trank), un trío de actores virtualmente desconocidos (Dane DeHaarn, Alex Russell, Michael B. Jordan) en cine y más populares a nivel de televisión norteamericana confirman la independencia antes señalada.

    Y sin embargo a medida que el metraje del film, de apenas 84 minutos, avanza el espectador tiene la sensación de que mucho de lo que está presenciando le resulta familiar o ya visto en otras obras anteriores.

    Apenas iniciado, nuestros “héroes” llegan a una especie de cueva mientras que uno de los tres se empecina en filmar todo lo que van encontrando con su cámara, algo ya visto en “Cloverfield”, “Actividad paranormal o “El proyecto Blair Witch”, por sólo citar algunos de tantos títulos que utilizan similar esquema.

    La novedad consiste en que dentro de esa caverna una sustancia misteriosa les otorgará ciertos poderes sobrenaturales o “sin límites” como versa el título local, que el mismo Superman envidiaría. A partir de allí se sucederán situaciones cómicas (en un supermercado por ejemplo) o más dramáticas como la que involucran un accidente en una ruta provocada por Andrew (DeHaarn), el más conflictuado de los jóvenes. Con una madre gravemente enferma, un padre autoritario y problemas de relación con el sexo opuesto, mucho de lo que ocurre en la historia tiene que ver con el comportamiento de Andrew y su descubrimiento de lo que puede hacer con la extraña fuerza adquirida.

    Entre los pocos logros de la película se puede señalar la eficacia de los efectos especiales que muestran como los tres pueden volar gracias a los poderes recibidos. Cuando los caminos y expectativas del trío comiencen a divergir se alcanzará un clímax dramático que seguramente será disfrutado por los amantes del género fantástico, pero que no agrega nada muy novedoso. Incluso los tramos finales serán algo previsibles y para quien busque algo diferente es poco lo que esta obra le aportará.


    Publicado en Leedor el 24-02-2012
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  • La invención de Hugo Cabret
    LA INVENCIÓN DE HUGO CABRET

    Martin Scorsese tuvo que esperar 26 años, desde sus primeras nominaciones a “El toro salvaje”, para que una película suya ganara los Oscars a la mejor película y director. Fue en el año 2007 en que “Los infiltrados” recibió esos premios así como dos estatuillas más, sobre un total de cinco posibles. Apenas cuatro años antes, “Pandillas de Nueva York” tuvo once nominaciones y se fue con las manos vacías, algo que pocas veces había ocurrido previamente (caso prácticamente idéntico fue el de Spielberg con “El color púrpura”).

    Luego de cinco años de ausencia vuelve a la contienda nuevamente con once nominaciones, una más que su más próximo rival (“The Artist”) y todo parece indicar que entre ambas producciones se llevarán un porcentaje importante de los galardones otorgados por la Academia.

    “La invención de Hugo Cabret” (“Hugo”) tiene suficientes atributos y guiños cinéfilos que permiten asignarle chances de ser la vencedora el domingo 26 de febrero. Y sin embargo, la historia y la suerte algo esquiva de su director plantean razonables dudas a la hora de las predicciones.

    Es muy curioso que las historias de las dos producciones estén ambientadas en épocas similares (segunda mitad de la década del ’20 y principios de los ’30), pero mucho más que ambas aludan a la era del cine mudo. No terminan allí las coincidencias ya que a modo de espejo mientras que “The Artist” es un film mayoritariamente francés pero filmado en Hollywood, la de Scorsese es una producción norteamericana pero que transcurre en Francia (Paris) y con reparto mayoritariamente europeo (en este caso inglés).

    Hay mezcla de ficción y realidad en “Hugo” y todo indica que el personaje central, un huérfano que vive en una estación de tren de Paris (se trata de Montparnasse, aunque cuánto se parece a la Gare du Nord!) sería producto de la imaginación de Brian Selznick, autor de la novela. Hugo Cabret, una excelente actuación del joven actor inglés Asa Butterfield (“El niño con el pijama de rayas”), recala allí cuando su padre (Jude Law, casi un cameo) muere. Es llevado a la estación por su alcohólico tío Claude (Ray Winstone, otro actor inglés a quien Scorsese ya había dirigido en “Los infiltrados”), responsable de que los relojes de la estación estén siempre en funcionamiento y en hora.

    Aparece entonces en escena otro personaje central a la historia, el inspector de policía que junto a su temible y voluminoso perro es el guardián del orden dentro de la Terminal ferroviaria. Sacha Baron Cohen, recordable en “Borat” y en la finalmente no estrenada y aún más zafada “Brüno”, compone a esta temible figura con una pierna mecánica articulada cuyo mayor placer parece ser atrapar niños sin familia para enviarlos a un orfanato. Lo que no sospecha es quien ahora “da cuerda a los relojes” ya no es el tío Claude, que murió al borde del Sena, sino su escurridizo sobrino.


    Pero, la historia sufre un giro importante cuando irrumpe en escena otro personaje, éste real y que hoy aún es reconocido en Francia y en el mundo como “el que llevó la magia al cine”. Nos referimos a Georges Méliès, que estuvo presenciando la función inaugural de los hermanos Lumière y que luego dirigió muchos cortometrajes, con la incorporación de historias y los primeros trucos del cine. “El viaje a la luna” es quizás su obra más popular y algunas escenas aparecen en “Hugo”, así como la recreación de su filmación.

    Es una pena que el inglés Ben Kingsley, que ya había ganado el Oscar por “Gandhi”, no haya sido seleccionado esta vez como actor de reparto. Al personaje de Méliès lo encarna en la época posterior a su fracaso en cine (y antes de su redescubrimiento) cuando realmente tenía un quiosco de golosinas y juguetes en la estación de tren. Su destino se cruza con Hugo, que intenta cobijarse del asedio de la policía. Al principio lo rechaza pero pronto se interesa por la capacidad inventiva del niño, quien había heredado de su padre un muñeco mecánico (“autómata”) que tendrá un rol decisivo hacia el final de la película.

    Hay aún otro personaje interesante tanto por lo que representa al ser un experto en libros, como por quien lo interpreta. Nos referimos a un señor actor (otro inglés más) que el 27 de mayo próximo cumplirá 90 años y que está más activo que nunca. Lejano está el tiempo en que personificaba a Frankenstein o a Drácula (una decena de películas). Christopher Lee, en la década pasada, estuvo en grandes producciones (“El señor de los anillos”; “Star Wars”) e incluso en “Charlie y la fábrica de chocolates”. Se recuerda su paso por el Festival de Cannes hace algunos años y la generosa atención que prestaba a miles de fans que lo querían saludar o le pedían firmara un autógrafo.

    Un mínimo reparo a la película podría ser la vinculación que tendrá el policía (Baron Cohen) con la joven Emily Mortimer (“La isla siniestra”) en la segunda mitad del film, pero es apenas una pequeña concesión a una historia llena de logros.

    Por último cabe señalar que para los cinéfilos, ésta es su película con imágenes de films clásicos de Buster Keaton, Douglas Fairbanks o Chaplin. Y también de Harold Lloyd, colgado de la inmensa manecilla de un reloj, una situación que en la historia de Hugo tendrá su réplica. Se verá tanto en 3D como en 2D y si bien es preferible la primera opción, ambas se disfrutan.

    Publicado en Leedor el 7-02-2012
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  • Los descendientes
    Alexander Constantine Papadopoulos, pese a su origen griego, nació en los Estados Unidos y desde hace quince años es conocido como Alexander Payne.

    “Los descendientes” (“The Descendants”), su quinto largometraje luego de “Entre copas”, es un intenso drama en que se amalgaman su herencia helénica y su conocimiento de la sociedad norteamericana.
    Ambientado en Hawaii nos presenta a Matt King (George Clooney), quien atraviesa una dramática situación al encontrarse su esposa en coma, luego de sufrir un accidente náutico.
    Ese padre de familia, normalmente ocupado y ausente, se ve de golpe obligado a ocuparse de Scottie (Amara Miller), su hija menor de 10 años con serios problemas de conducta escolar. Su hija mayor Alexandra (Shailene Woodley) se encuentra pupila en otra isla y acompañada por Sid (Nick Krause), un colega también adolescente.
    Una vez reunida la familia, Matt percibirá el profundo odio que profesa Alexandra por su madre, por cuya situación no parece sentir pena alguna. La película se toma su tiempo para ir presentando a varios personajes que incluyen a numerosos familiares, amigos y otros que no lo son tanto.
    Pero una vez revelada al padre la causa del desprecio de la hija mayor hacia su progenitora, la película adquiere otro ritmo y gana en interés en la última media hora compensando en gran medida la algo rutinaria marcha que venía teniendo hasta entonces.
    Payne logra los momentos de mayor intensidad cuando se dedica a escarbar la intimidad de las relaciones entre algunos de sus personajes. El apoyo moral que Alexandra aporta a su padre tiene varias instancias memorables. El compañero adolescente de su hija choca fuertemente con Matt al principio, pero se convierte en un fuerte ladero a medida que el drama se ahonda.

    Notable también el personaje del suegro encarnado por Robert Forster (“El camino de los sueños – Mullholland Dr.”) y conmovedora su escena hacia el final con la hija en el hospital. Beau Bridges, hermano en la vida real de Jeff e hijo del ya fallecido Lloyd, logra por una vez una buena interpretación como uno de los numerosos parientes de Matt mostrando que lo suyo no es sólo portación de apellido. En un pequeño papeñ, que recién aparece hacia el final, también se luce Judy Greer (“De amor y otras adicciones”)

    Seguramente sea esta la mejor película de George Clooney como actor. Como director ya había venido mostrando sus cualidades desde “Confesiones de una mente asesina”, su primera realización en 2002, a la que siguieron “Buenas noches y buena suerte” y “Secretos de estado” (“The Ides of March”), aún en cartel en nuestro país.

    Clooney en verdad empezó en la televisión y sus inicios en cine hace 25 años fueron con títulos tan olvidables como “Return to Horror High” o “Retorno de los tomates asesinos”. Hubo que esperar el paso de unos diez años hasta que Robert Rodríguez lo dirigiera en “Del crepúsculo al amanecer” en 1996. De allí en más su carrera como actor fue creciendo de la mano de los hermanos Coen (“¿Dónde estás hermano?, “Quémese después de leer”) o de Steven Soderbergh (“Un romance peligroso”, “La gran estafa”).

    Su único Oscar como actor de reparto lo obtuvo con “Syriana” en el 2005 y ahora va por más. Claro que tendrá que competir con Jean Dujardin, cuya candidatura en “The Artist”, parece bien posicionada. Es seguramente su principal rival, al haber obtenido ambos actores sendos Globos de Oro.
    Similar desafío deberá enfrentar Alexander Payne como mejor director (y película) contra las once nominaciones de “Hugo” y las diez de “The Artist”. Sus chances parecen pequeñas, pero el Oscar siempre reserva sorpresas.

    Publicado en Leedor el 1-02-2012
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  • J. Edgar
    J. Edgar
    Leedor.com
    Un selecto grupo de directores norteamericanos (Woody Allen, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Steven Soderbergh, alguno más) mantiene una notable y exigente regularidad al venir dirigiendo en promedio una película por año. A ellos se suma Clint Eastwood, el más veterano de todos al menos en edad con sus casi 82 años, quien nuevamente se hace presente en la cartelera cinematográfica a inicios de año en Argentina (y generalmente fines del anterior en los Estados Unidos).

    Poca duda cabe de que las fechas de los estrenos de sus películas en su país natal tienen bastante que ver con las nominaciones al Oscar, pero por primera vez en varios años “J. Edgar”, tal el nombre de su nueva produccion, no compite en ninguna categoría.
    ¿Será acaso un olvido de la Academia?. ¿O es que se trata de un film algo menor y/o de contenido no digerible para cierto sector de Hollywood?

    Difícil dar una respuesta definitiva a tales preguntas, aunque es probable que en parte la omisión obedezca a que por una vez la excelencia que tanto caracteriza al director de títulos inolvidables como “Los imperdonables”, “Los puentes de Madison” o “Million Dollar Baby” estuvo ausente.

    El personaje elegido, J. Edgar Hoover, tuvo una muy prolongada actuación al frente del FBI solapándose con nada menos que ocho presidentes de los Estados Unidos que van desde Calvin Coolidge en 1924 hasta Richard Nixon en 1972, año en que J. Edgar fallece a los 77 años. Fue una figura oscura y sin escrúpulos que no titubeaba en utilizar información que guardaba en los archivos del FBI y que podían comprometer a presidentes, políticos y familiares de los mismos a modo de extorsión y para conseguir más poder.

    Con lujo de detalles se muestran los poco ortodoxos procedimientos que empleaba, logrando una acertada caracterización de tan perversa personalidad merced a una buena interpretación de Leonardo DiCaprio, que hubiese merecido sin duda figurar entre la lista de actores nominados al Oscar. Es notable el parecido físico que logran los responsables del maquillaje con el rostro de Hoover anciano y que hacen que DiCaprio esté casi irreconocible.

    Por la historia desfilan numerosos personajes famosos tales como Charles Lindbergh y el célebre episodio del rapto de su hijo, al que la película dedica apreciable metraje. También aparecen logradas caracterizaciones de Robert Kennedy y de la pequeña Shirley Temple y numerosas menciones a la persecución de famosos delincuentes como John Dillinger y Alvin Karpis (Machine Gun Kelly), que fueron liquidados por Hoover.

    La película es distribuida mundialmente por el estudio Warner, famoso porque en las décadas del ’30 y ’40 fue el mayor productor de films de gangsters. Aprovecharon al disponer de una importante filmoteca para intercalar imágenes de películas en su mayoría protagonizadas por James Cagney, notablemente “El enemigo público” y “La patrulla implacable” (“G-Men”).
    Pero donde “J. Edgar” introduce innovaciones, frente a versiones anteriores de la vida de Hoover, es en el tratamiento de su vida privada y familiar. Por un lado se enfatiza el rol de una madre castradora (la siempre eficaz Judi Dench) y por el otro la ambigua relación que mantuvo con su mejor amigo y colaborador Clyde Tolson. Quien aquí lo encarna es el casi desconocido Arnie Hammer (“Red social”) y la clara insinuación de una relación gay es lo máximo que Eastwood y su guionista Dustin Lance Black (“Milk”) hacen, dado que no existirían pruebas fehacientes de dicho vínculo.

    Del resto del reparto sólo se destaca Naomi Watts entre los conocidos. Su personificación de Helen Gandy, la eterna secretaría que lo sobrevivió, es una muy medida actuación y nuevamente los lauros se lo llevan los responsables del “make-up”.

    Pese a los varios aciertos que se han venido señalando a lo largo de esta nota, queda la impresión de que el personaje no es suficientemente atractivo, al menos en nuestras latitudes, como para generar un interés similar al de otras producciones del gran Clint. Sus incondicionales, que son muchos, no saldrán defraudados pero el resto coincidirá en que por una vez la falta de nominaciones (salvo la omisión a DiCaprio antes señalada) resulta entendible.



    Pubklicado en Leedor el 27-1-2012
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  • Secretos de estado
    “Secretos de estado” (“The Ides of March”) destaca estupendas interpretaciones de un cuarteto de actores, que merecerían reconocimiento a la hora de las inminentes nominaciones al Oscar. Sin embargo, es posible que sus nombres aparezcan vinculados, el martes próximo, a otros títulos y no a este cuarto largometraje dirigido por George Clooney.

    Comenzando por el propio Clooney que aquí se ha reservado el papel del gobernador del estado de Pennsylvania (Mike Morris), y que parece tener más chances de ser nominado como mejor actor por “Los descendientes” de Alexander Payne.

    Ryan Gosling es aquí el personaje central (Stephen Meyers), un hombre con poderosa vocación por la política y cuyo mayor pecado es seguramente fruto de su inexperiencia y juventud. Gosling, a quien hemos visto recientemente en atractivos títulos como “Blue Valentine” y “Loco y estúpido amor”, posiblemente sea nominado también como mejor actor pero por “Drive”, un film aún no estrenado localmente y presentado en el último Festival de Cannes.

    El tercero de los notables actores es Philip Seymour Hoffman que compone a Paul Zara, el asesor principal de Morris en las internas por el Estado de Ohío del Partido Demócrata y que tendrá fuertes enfrentamientos con el impetuoso Meyers. El otrora ganador del Oscar podría quedar afuera de la contienda este año ya que es poco probable que sea considerado por su actuación en otra película ”nominable”. Nos referimos a “El juego de la fortuna” (“Moneyball”) del director Bennett Miller (“Capote”).

    Finalmente el cuarteto se completa con el más prolífico de ellos, Paul Giamatti, quien ya ha superado los cuarenta títulos en apenas veinte años. Recientemente se lo ha visto en “El mundo de Barney” e “Intercambio de almas”, ambas anteriores a 2011 y en “¿Qué pasó ayer? Parte II” de ese año. Giamatti podría sí ser nominado por su rol como jefe de la campaña del rival de Morris dentro del Partido Demócrata, al componer a un ser sin escrúpulos, que aprovecha la debilidad del ambicioso Meyers.

    Clooney vuelve a dirigir un film político (ya lo había hecho en “Buenas noches, y buena suerte”) y si bien está basado en la novela “Farragut North” de Beau Willimon (aquí uno de sus coguionistas) reconoce haber incorporado algunos datos autobiográficos, particularmente de su padre e inclusive abuelo (fue intendente de Cincinnati, Ohio).

    Aunque el relato pivotea en forma central alrededor de los cuatro hombres de la política, habrá algunos personajes femeninos que por vueltas de la trama adquirirán trascendencia en los tramos finales. Marisa Tomei, como periodista del New York Times no tendrá muchas oportunidades de lucimiento. En cambio, Evan Rachel Wood (“Que la cosa funcione”) como una joven pasante y pareja ocasional de Meyers le hará algunas revelaciones que tendrán trascendentes consecuencias en el devenir del relato.

    Aunque “Secretos de estado” roza por momentos lo que podría calificarse de relato convencional y ya visto en otros films anteriores norteamericanos, logra sobresalir por más de un motivo. En primer término las ajustadas interpretaciones no sólo de los actores ya mencionados sino de otros en roles menores. La música del notable Alexandre Desplat, que tuviera numerosas y recientes nominaciones al Oscar (“El discurso del rey”, “El curioso caso de Benjamín Button”) y el César de Francia, ganando por “El escritor oculto” de Roman Polanski, es otro elemento destacable. Y finalmente, y pese a las reservas ya señaladas, la temática elegida al subrayar la fragilidad de la lealtad en la política y las consecuencias inesperadas a que puede llevar la extorsión como herramienta de poder.

    Publicado en Leedor el 20-01-2012
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  • Sherlock Holmes: Juego de sombras
    Segundo capítulo de una serie que es cada vez más una de Guy Ritchie y menos de Conan Doyle

    “Sherlock Holmes, Juego de sombras” (“Sherlock Holmes, a Game of Shadows”) es la segunda película sobre el célebre personaje de Arthur Conan Doyle que Guy Ritchie dirige. El realizador, cuya primera notoriedad fue adquirida cuando aún era pareja de Madonna, se hizo conocer cinematográficamente con títulos como “Juegos, trampas y dos armas humeantes”, “Snatch, cerdos y diamantes” y “RocknRolla”, todos thrillers con esquemas repetitivos que nuevamente aplica a la serie protagonizada por Robert Downey Jr.
    Para los seguidores de Ritchie, esta reiteración será seguramente bienvenida pero no pasará lo mismo para quienes añoren al personaje de Doyle, que ya tuvo intérpretes más fidedignos tal el caso de Basil Rathbone o Peter Cushing.
    La crítica suele reconocer dentro de las propuestas cinematográficas a una que califica genéricamente como de “entretenimiento”, entendiendo como tal a la que hace pasar un buen rato pero dejando pocos recuerdos perdurables al cabo de unos pocos días (e incluso a veces un número reducido de horas). Tal el caso de “Juego de sombras”, donde sin embargo se rescatan en primer lugar la notable ambientación (fines del siglo XIX) y además algunas de las interpretaciones, pese a cierta disparidad de las mismas.
    Robert Downey Jr es sin duda uno de los grandes actores del presente, que supo sobrellevar años de crisis personal y diversas adicciones. Nacido en Nueva York, aunque uno podría imaginarlo perfectamente inglés, tuvo composiciones inolvidables como la de “Chaplin” o destacadas como la serie “Iron Man”. Se podrá cuestionar con razón su parecido, no sólo físico, con el detective Sherlock Holmes pero lo que no podrá ignorarse es el magnetismo que le otorga a su personaje. Lo acompaña eficientemente, como el Dr Watson, el muy “British” Jude Law a quien puede recordarse como Lord Alfred “Bosie” Douglas en “Wilde”. La buena biografía del famoso escritor inglés contaba además en su reparto (curiosidades del casting), con Stephen Fry como el autor de “El retrato de Dorian Gray”, aquí como Mycroft, el excéntrico hermano de Holmes. Una de las escenas más divertidas lo tiene desnudo al recibir en su castillo a la prometida de Watson. En este rol vuelve a aparecer Nelly Reilly (“, que ya tuvo mejores oportunidades de lucimiento (Las muñecas rusas”, “Orgullo y prejuicio”), siendo además los roles femeninos uno de los mayores déficits de la película que nos ocupa. En particular desilusiona y casi podríamos decir desentona la participación de la sueca Noomi Rapace (Lisbeth Salander en “Los hombres que no amaban a las mujeres”) y está poco aprovechada, a causa de su personaje, Rachel McAdams (“Medianoche en Paris”).


    Para completar la descripción y de paso interiorizar a nuestros lectores sobre el argumento de la película es el turno de introducir a otro personaje esencial, de presencia casi insoslayable cuando de Sherlock Holmes se trata. Nos referimos al profesor Moriarty en estupenda caracterización de Jared Harris, otro inglés de célebre padre (Richard) ya desaparecido.
    Justamente alrededor de Moriarty girará la historia sobre un proyecto de Alemania para la construcción secreta de armamento (corre 1891) que permita llevarla a tener hegemonía en Europa luego de desatar una Guerra Mundial. Este tema parece que obsesionaba a Conan Doyle pero Ritchie le agrega una trama que recuerda en más de un aspecto a los dos conflictos mundiales del siglo XX. El enfrentamiento del científico con Holmes y el inefable Watson, quien verá así frustrado su ansiado proyecto de luna de miel con su joven esposa, conforman el grueso de la historia que se dilata excesivamente al ocupar algo más de dos horas.
    Objetable también es el abuso de recursos, que ya estaban en la película de 2009, tales como el uso de la cámara lenta y las imágenes anticipatorias de lo que la va a pasar, pergeñadas por la mente de Holmes. Ello sin embargo se compensa con el ya citado preciosismo de las imágenes y la adecuada música de Hans Zimmer.
    “Sherlock Holmes, Juego de sombras” repetirá sin duda las buenas cifras de su predecesora y dejará satisfechos a quienes no sean excesivamente exigentes y se conformen con pasar un rato ameno en una buena sala refrigerada y con alta calidad de imágenes.
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  • Canciones de amor
    La década del ’60 marcó un antes y un después para el género musical en Francia. “Los paraguas de Cherburgo", el film que lanzó al estrellato a Catherine Deneuve, y “Un hombre y una mujer” quedarán como hitos imborrables de un tipo de cine al que volverían a transitar muchos otros realizadores galos, tal el caso algo más reciente de Alain Resnais.

    Pero si bien “Canciones de amor” de Christophe Honoré reincide en el uso de las canciones como forma de expresión o lenguaje de sus personajes, en contraste con las anteriores le aplica un giro al mostrar que el amor puede tener diversas vertientes no limitadas al clásico “chico ama chica”. Y lo hace con gran naturalidad, atreviéndose a presentar situaciones que hace 50 años eran casi tabú.

    Honoré es un interesante realizador de sólida carrera y ocho títulos dirigidos en apenas diez años, a menudo invitado a festivales internacionales como el de Cannes donde en el 2007 “Canciones de amor” sirvió de cierre de tan magno evento. Ha de agradecerse al distribuidor independiente que finalmente ha logrado que una de sus películas sea la primera en llegar a nuestras pantallas. Y el hecho de que la película tenga algunos años no le quita nada en cuanto atractivo o actualidad.

    La división en tres partes precisamente designadas como “La partida”, “La ausencia” y “El regreso” se ajusta a momentos trascendentales en la vida de sus personajes. En el primer tercio domina el amor entre Ismael que interpreta Louis Garrel, actor fetiche del director al haber participado en seis de los ochos films de sus filmografía, y Julie actuada por Ludivine Sagnier (“La piscina”, “ocho mujeres”, “gotas de agua sobre rocas calientes”). Pero la relación entre ambos se ve complementada por la presencia de Alice (Clotilde Hesme) en lo que pronto se revela un triángulo amoroso donde todo se comparte.

    Sobrevendrá una desgracia y ya en la segunda parte cobrarán mayor trascendencia otros personajes, tal el caso de Jeanne, la hermana de Julie en otro rol destacado a cargo de Chiara Mastroianni. En lo que quizás sea un guiño a la ya señalada celebridad que alcanzó su madre en la vida real, la hija de Deneuve estuvo en todas la películas que siguieron a la presente, dirigidas por Honoré. Y en la última (“Les bien-aimés”), reciente cierre de Cannes, actúan ambas además de Garrel y Sagnier!

    El tercero y último capítulo ya tendrá a un nuevo personaje que supondrá el giro antes señalado en la trama. Se trata de la irrupción de Erwann (Grégoire Leprince-Ringuet) con lo que Ismael afirmará la tesis del film de que el amor tiene muy diversas formas de expresarse. Como sustento de la muy convincente propuesta están las canciones del título del film. Lo que podría haberse transformado en algo “invasivo” o poco natural, como en algunos musicales norteamericanos de la década del ’50, aquí la música compuesta por Alex Beaupain juega un rol tan esencial como los actores que la interpretan. Es posiblemente uno de los puntos más fuertes de esta nada convencional producción en lo que a temática y enfoque se refiere.

    Hay aún muchos otros detalles que serán disfrutados por los cinéfilos y hasta un cierto parecido entre el actor Louis Garrel, hijo del director Philippe y nieto del actor Maurice, y Jean-Pierre Léaud, actor este fetiche de Truffaut. No por casualidad el intérprete del personaje de Antoine Doinel es en la vida padrino del joven Louis Garrel.

    Publicado en Leedor el 24-12-2011
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Cuatro muertos ningún entierro

    No son muchas las producciones irlandesas que se estrenan en Argentina. “Cuatro muertes y ningún entierro” es el título local con que se estrena “A Film With Me In It”. El neto cambio de denominación responde seguramente a, al menos, dos razones. Por un lado, el poco atractivo comercial de la traducción literal del nombre original. Por el otro, a que remite a dos films de gran éxito en el pasado. La distribuidora que lo estrena fue la misma de “Muerte en un funeral”, que superó el medio millón de espectadores y al igual que este estreno contenía un reparto y director virtualmente desconocidos. La otra referencia se refiere a “Cuatro bodas y un entierro”, aunque en ese caso con actores (Hugh Grant, Andie McDowell, Kristin Scott Thomas) y director (Mike Newell) conocidos.

    El director Ian Fitzgibbon eligió Dublín como locación y a su compatriota Mark Dowerty para interpretar a un infeliz actor (al que llamó igualmente Mark) y eje del relato. David Doherty, también hermano de Mark en la vida real, hace aquí de cuadripléjico y para facilitar las cosas su personaje también se llama David. Para los hermanos Doherty, como ellos explican en una entrevista, esta decisión facilitó su trabajo. Relevante resulta el mordaz Pierce, interpretado por Dylan Moran, quien en la ficción vive en el mismo edificio que Mark. Keith Allen compone a Jack, el impaciente casero, cansado de que no lo paguen el alquiler en término. Hay además dos mujeres, una es la esposa del frustrado actor y la otra una policía, cuya llegada a la casa tendrá lugar cuando ya se han producido algunas de las muertes a que hace alusión el título local.

    Con muy pocos elementos, Fitzgibbon consigue armar un estupendo thriller alrededor de un personaje con marcada cinefilia. No por casualidad, Mark le cuenta a su vecino cuáles son sus preferencias fílmicas, que incluyen a “Fargo”, “Tarde de perros”, Gene Hackman en “La conversación” y a Martin Scorsese. Y para completar el homenaje cinematográfico, el realizador nos regala al inicio una escena en que Mark es entrevistado por un director de cine en un casting para un rol secundario. Quien aparece en este escena es otro realizador irlandés, el conocido Neil Jordan, responsable entre otras de “El juego de las lágrimas”, “Mona Lisa”, y la recientemente estrenada “Amor sin límites” (“Ondine”).

    Hacia el final, en breve aparición, se lo ve a Jonathan Rhys Meyers (“Match Point”), confirmando una vez más que “Cuatro muertos y ningún entierro” derrocha cinefilia por donde se la mire, para deleite de espectadores ávidos de buen cine.


    Publicado en Leedor el 14-11-2011
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  • La última noche
    La directora norteamericana, de origen iraní, Massy Tadjedin debuta en el largometraje con “La última noche” (“Last Night”). Y lo hace con algunos aciertos, que no logran sin embargo compensar varios fallos de una propuesta sólo parcialmente lograda.

    La muy bonita Keira Knightley (Joanna) es el punto más fuerte de esta coproducción de Estados Unidos con Francia. La joven actriz inglesa se ha convertido en una de las figuras más sobresalientes de la cinematografía mundial mostrando una gran versatilidad a la hora de actuar. Se recuerdan títulos tan diversos como los primeros capítulos de la serie de “Piratas del Caribe” hasta otros más clásicos como “Orgullo y prejuicio” (primera nominación al Oscar), “Expiación, deseo y pecado” y la más reciente y muy dramática “Nunca me abandones” (nuevamente nominada).

    Joanna, tal el nombre de su personaje, es una esposa que al inicio del film comienza a desconfiar de su marido, al ver a éste haciendo arrumacos con una colega de trabajo. Lástima que a Michael, su esposo, lo interprete otro inglés (Sam Worthington) ya visto en “Avatar” en un rol que a diferencia del actual no exigía el mínimo de expresividad, cualidad que aquí se extraña.

    La acción que se desarrolla inicialmente en Nueva York, donde el joven matrimonio reside, sufre una bifurcación cuando por cuestiones laborales Michael debe trasladarse por un corto período de tiempo a Filadelfia, acompañado de otro colega y de la inquietante compañera de trabajo (Eva Mendes).

    Para completar el “cuarteto” y ya partido su marido, Joanna reencuentra a Alex, posiblemente un antiguo amor venido de Francia. Quien compone a este personaje es el actor y director francés Guillaume Canet (“No se lo digas a nadie”), aquí bien aprovechado en el rol de un hombre de la noche con mucho “charme” para las mujeres. Hay aún un quinto personaje, amigo de Alex, quien pese a su breve aparición tendrá un rol importante en el desarrollo de la trama.

    Quien lo personifica es Griffin Dunne, un actor poco visto últimamente y muy recordado por su aparición en “Después de hora” de Martin Scorsese. Una cena compartida con su amigo y Joanna en un restaurant será uno de los momentos más interesantes del film. Lástima que el último tercio de “La última hora” no esté a la altura del resto y que la película termine algo bruscamente y en forma convencional.


    La condición femenina de la realizadora se percibe al inclinarse la historia en favor del personaje de Joanna. Ello en si no sería objetable en la medida en que la evolución paralela de ambos personajes y sus respectivos encuentros justificasen la resolución adoptada. En opinión de este cronista la forma en que se resuelven ambas situaciones no es necesariamente la más lógica. En pos de no develar mucho más al espectador, se prefiere dejar que sea el mismo quien juzgue si la definición está en consonancia con el resto de la trama.


    Publicado en Leedor el 9-12-2011
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  • El precio del mañana
    "Time is Money" en el original y su traducción literal en castellano habría sido nombres más imaginativos para un film con excelente guión

    “El precio del mañana”, título local poco imaginativo del original “In Time”, desmerece una película cuyo primer y gran atributo es partir de una idea sumamente original.

    Acostumbrados, casi se podría decir resignados, a ver películas que parecen copiadas unas de otras y/o remakes de éxitos del pasado, cuál sería nuestra sorpresa al encontrarnos con una que sale totalmente del molde anterior.

    No parece casual la elección de Andrew Niccol como director del presente estreno ya que los dos primeros títulos de su corta filmografía, “Gattaca” y “SimOne”, pertenecen al mismo género que ésta.

    La ciencia ficción posee diversas vertientes dentro de las cuales las obras (y películas) sobre el futuro ocupan un importante lugar aunque no siempre con resultados elogiables.

    Imagine el espectador un mundo donde ya no circula el dinero y donde dicha mercancía ha sido reemplazada por el tiempo del que dispone cada uno de nosotros. Agréguese a esto que, como forma de combatir el crecimiento demográfico, todos los seres humanos estarán “programados” de igual manera. Y que tendremos la misma posibilidad de vivir primero 25 años y a partir de allí un año más pues comenzará a funcionar en nuestro brazo una especie de contador digital en que será posible ver como decrecen los días, horas, minutos y segundos de vida que nos quedan.

    Claro que el año de vida restante se verá reducido cada vez que consumamos ya que la única forma de pagar por un servicio o producto será usando los minutos disponibles. Y habrá también inflación y de golpe un café duplicará el número de minutos necesarios para su consumo.

    La trama es muy ingeniosa y difícil de resumir en el texto, pero anticipemos que habrá formas, muchas “non sanctas”, para conseguir años, días o horas de nuestros vecinos!.

    Habrá también un héroe, como es común en obras del cine fantástico. Su nombre es Will Salas y quien lo personifica es Justin Timberlake (“Red social”, “Malas enseñanzas”, “Amigos con beneficios”), en un personaje que bien podría haber sido interpretado por Jason Statham. El se vinculará con la hija de un magnate, dueño de un banco de tiempo. Ella, rol a cargo de Amanda Seyfried (“Mamma Mia”, “Cartas a Julieta”), al principio no lo apoyará en su lucha por repartir el tiempo que monopolizan gente como su padre, pero…

    No se trata de una obra mayor de la ciencia ficción. Pero la conjunción de un guión muy imaginativo, buenas interpretaciones y un ritmo que no decae hacen de este film un producto que será muy apreciado por los amantes del género.
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  • La mala verdad
    La mala verdad
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    Miguel Ángel Rocca posee una importante experiencia en cine como productor cinematográfico, junto a su socio Daniel Pensa. Juntos habían codirigido “Arizona Sur” hace algunos años. Ahora Rocca se lanza en forma individual en la dirección de un veterano actor de casi 90 años. Nos referimos a Alberto de Mendoza quien con 150 películas en su haber regresa al cine con “La mala verdad”, componiendo a un personaje cuyos costados más oscuros se irán revelando a lo largo del metraje del film.

    El actor, que debutó en cine en 1939 en un pequeño rol en “…Y mañana serán hombres” de Carlos Borcosque (padre), compone aquí a un abuelo autoritario y con particular debilidad por su nieta Bárbara (debut consagratorio de Ailén Guerrero) de apenas diez años.
    El extraño comportamiento de Bárbara en el colegio, manifestado entre otros rasgos por extraños dibujos que la niña compone, no pasan desapercibidos por su maestra (Jimena de la Torre) y sobre todo por la psicóloga del establecimiento educativo (Malena Solda).

    Los diversos intentos de esta última en entrevistar a la madre (Analía Couceyro) no parecen prosperar ya que en su lugar aparece siempre el abuelo o la pareja de la progenitora (Carlos Belloso).
    Hasta que un día decide ir a visitar a la madre a la librería familiar donde trabaja y sus sospechas de que algo extraño pasa en la familia parecen confirmarse. Pero serán ahora las propias autoridades del colegio las que pondrán freno a su investigación y provocarán el alejamiento de la profesional.

    El director no eligió el formato de “thriller” para “La mala verdad”, ya que desde el título mismo el espectador adivina que existen sentimientos enfermizos que vinculan a varios de los miembros de esta familia. Prefirió más bien un formato de denuncia de hechos que son más comunes de lo que parecen y que paradójicamente han aparecido últimamente en forma recurrente en los medios informativos escritos y audiovisuales.

    Tema poco tratado por nuestro cine y que finalmente encuentra en Rocca a alguien que con valentía decidió enfocarlo. Hay en particular un personaje aún no nombrado y cuya breve aparición, cerca del final del film, resulta fundamental en la resolución de la trama. Nos referimos al tío abuelo de Bárbara, que con maestría compone Norman Briski y que le permitirá a la niña, en una hermosa escena, finalmente desentrañar la identidad de su ausente padre.
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  • Eva de la Argentina
    La mayor virtud de “Eva de la Argentina” es su calidad técnica. Se trata de la poca frecuente combinación de dos géneros tan disímiles como la animación y el documental.

    El título del film y su afiche no arrojan ninguna duda sobre cual es la temática, centrada en un personaje varias veces transitado por el cine, inclusive hace muy poco en Juan y Eva.

    María Seoane luce más como realizadora que como guionista, esto último junto a Carlos Castro y Graciela Maglie. Este último reparo se realiza al considerar que nuestra cinematografía tiene una deuda pendiente, no habiendo aún logrado un retrato equilibrado de la figura de Eva Perón. La que aquí se muestra está más cerca de la “santidad” y casi en las antípodas de la “Evita” de Alan Parker.

    Hecha la objeción señalemos los numerosos aciertos que comienzan al enfatizar la belleza de los dibujos elaborados por Illusion Studios, los mismos de “Boggie el aceitoso”, de la mano del fallecido Francisco Solano López (“El eternauta”). La música es otro punto fuerte al haber sido confiada al talentoso Gustavo Santaolalla y en su parte final a León Gieco en la canción “Eva” que este último entona.
    También es destacable la presencia de un personaje animado que hace las veces de relator, nada menos que el trágicamente desaparecido Rodolfo Walsh y a quien le presta muy bien su voz Carlos Portaluppi. Es inevitable la referencia a su libro “Esa mujer”, que explica porque la película le dedica un metraje importante al tema del cadáver de Evita.
    Son acertadas las inclusiones de imágenes documentales de Perón y Evita en los momentos más importantes de la corta vida de esta última. Dichas imágenes, sobre todo las finales cuando ella ya estaba enferma, logran emocionar inclusive a quienes no necesariamente sienten devoción por ella. Ese es quizás uno de los mayores logros de “Eva de la Argentina” a tal punto que dicha sensación de tristeza resulta incluso transmitida por las imágenes animadas.
    El balance es positivo y es de esperar que, aún quienes no sean particularmente afectos a esta visión algo unilateral del personaje, sepan vencer el prejuicio para poder admirar una obra de rara belleza y singularidad.
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  • Detrás de las paredes
    Las películas “Mi pie izquierdo”, “En el nombre del padre” y “Golpe a la vida”, una verdadera trilogía interpretada por Daniel Day Lewis, hicieron conocer en el mundo al director irlandés Jim Sheridan. Su carrera posterior fue irregular pero aún en sus obras menos logradas afloraban elementos de calidad, propios de su virtuosismo.

    “Detrás de las paredes”, ridículo título local de la original “Dreamhouse”, lo muestra en su peor momento artístico pese a contar con un elenco que muchos realizadores envidiarían. A diferencia de obras anteriores en que habitualmente era coautor del guion, éste elaborado por David Loucka, podría explicar en parte la fallida historia. Y a poco de avanzar en el metraje, el espectador ya adivina lo que le está ocurriendo al personaje central, anulando uno de los pocos elementos rescatables que creaban cierto enigma dentro del argumento.

    Daniel Craig es Will Atenton, un escritor a quien se ve renunciando a su puesto de editor para poder dedicarse de lleno a su proyecto de redacción de una novela. Tal decisión motiva las felciitaciones de sus colegas laborales y sobre todo de su familia integrada por su bella esposa, también en la vida real (Rachel Weisz) y sus dos hijas.

    Sin embargo la llegada a la nueva casa no le depara satisfacciones idénticas a su resolución de cambio de vida. Un aparente vecino lo mira con malos ojos y la esposa de éste (Naomi Watts) lo evita, aunque parece saber cosas que tienen que ver con Will y con el propietario anterior de su casa. Podrían darse aún más datos de la trama, pero eso sería quitarle al espectador los pocos elementos que le faltan para entender qué está aconteciendo. De todos modos, y como ya se anticipara, no pasarán muchos minutos más para que todo quede medianamente claro y para que la obviedad se instale y el interés decaiga.

    La resolución es extrañadamente convencional y si después de todo lo apuntado algún desprevenido decide ir a ver el film no podrán, después de haber leído esta crónica, acusarnos de no haberles advertido.
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  • La cocina (En el medio hay una ley)
    David “Coco” Blaustein ostenta una ya extensa y exitosa carrera como documentalista en la que viene recorriendo temas políticos y sociales de nuestra actualidad. Títulos como “Cazadores de utopías”, “Botín de guerra” y “Hacer patria” dan prueba de ello.

    Ya en su film precedente (“Porotos de soja”), que al igual que ahora “La cocina” fue codirigido por Osvaldo Daicich, se percibía su cercanía con el pensamiento político del gobierno actual, cosa que el director, con total honestidad y convencimiento, no procura ocultar en su nuevo “opus”.

    En esta oportunidad se trata de la tan debatida Ley de Medios, cuya dificultosa aprobación fue conseguida hace dos años exactamente.

    El comienzo puede desorientar a más de un espectador al estar ambientado en Neuquén en una pequeña emisora de radio de nombre Wiñelfe. Algún inadvertido hasta podría pensar que se trata de un nuevo film sobre una comunidad que como la mapuche ha sido tema recurrente, dicho esto no en sentido peyorativo, en los últimos años. Pero a poco andar se comprobará que lo que aquí se desea enfatizar es la importancia que tiene la libre expresión de ideas y el pluralismo de opiniones y que no estaba en el espíritu de las leyes anteriores, básicamente originadas durante las varias dictaduras que asolaron a nuestro país durante el siglo pasado.
    El grueso del metraje de “La cocina” está referido al proceso de aprobación de la actual Ley de Medios y si bien se percibe que ambos directores no ocultan su simpatía con el presente gobierno (la persistente referencia al canal TN es testigo) han sabido dosificar las imágenes con amplia presencia de opiniones de opositores al mismo.
    Desfilan, así entre otros, opositores tales como Patricia Bullrich, Ernesto Sanz, Oscar Aguad y Graciela Camaño, cuyas opiniones el documental registra y que se equilibran con figuras del kirchnerismo como Agustín Rossi, Eduardo Fellner o Felipe Boccoli. Y en el medio aparecen entre otros Claudio Lozano o Francisco Delich que, sin pertenecer al gobierno, apoyaron en su momento la aprobación del proyecto.

    Sin esconder su filiación política, el documental constituye un valioso testigo de un debate que finalmente y luego de numerosas enmiendas (y suspensión de artículos) arribó a cristalizarse en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual actualmente vigente.
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  • Un día en Constitución
    Dentro del vasto conjunto de documentales que se vienen estrenando en nuestro país, “Un día en Constitución” no quedará entre lo más memorable de dicha producción.

    Es una lástima porque a las bellas imágenes iniciales les faltó, a modo de complemento, un guión más elaborado. Son esos primeros minutos los más interesantes cuando la cámara va recorriendo los lugares característicos de cualquier estación Terminal de ferrocarril con sus puestos de ventas de comestibles, bares, viejas locomotoras, pantallas con anuncios de horarios de trenes y de videos publicitarios.

    Hasta allí nada inesperado ocurre, salvo que el film irá introduciendo de a poco a varios personajes que uno adivina se irán relacionando entre sí.
    Es el caso de un hombre mayor que duerme en un recoveco de la estación y a quien otro despierta instándolo a trabajar. El primero toma un instrumento musical, que resulta ser un violín además de su medio de vida.
    Una chica con rasgos “provincianos” se encuentra con una amiga y un hombre trajeado la mira con insistencia. El espectador pronto adivina cual es su medio de subsistencia.
    Menos claro resulta el caso de un hombre con portafolio a quien un policía vigila de cerca hasta que, cuando lo persigue por uno de los andenes, le pierde la traza.
    Hay también una extraña y joven pareja. Cuando él expresa ante cámara: “increíble, estamos en Buenos Aires”, queda claro que se trata de un turista del hemisferio norte. Pero la chica, de acento porteño, de golpe desaparece dejando al extranjero sólo en un banco de la estación.
    La galería de personajes se completa con una chica que trabaja en un bar, un hombre con bastón acompañado de un cameraman y un grupo de jóvenes entrenando en una especie de gimnasio de boxeo en pleno subsuelo. Además del público y de gente que desfila dentro de la estación con bombos y cánticos contra la conducción de la Unión Ferroviaria.
    Todo estaba preparado para que algo aconteciera con algunos de las persones antes mencionadas pero lamentablemente hacia el final los esperados cruces de personajes aportan poco interés a la trama. La chica del bar termina de trabajar y se encuentra con el ya no tan misterioso hombre del portafolio. La que acompañaba y aparentemente abandonaba al turista lo vuelve a reencontrar, mientras que el hombre del violín le pide a ella un cigarrillo. Y el día en Constitución termina sin que quede muy claro que quisieron transmitir Juan Dickinson, el director y Enrique Cortés, su coguionista.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
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    Existen dentro del muy frecuentado género del cine fantástico dos vertientes principales. La más habitual contiene a las películas de terror mientras que las de ciencia ficción constituyen una fracción minoritaria pero no por ello despreciable en cantidad. El caso de “Apollo 18”, título original al que la distribuidora local le ha adicionado “La misión prohibida”, podría considerarse un cruce entre ambas categorías.

    El comienzo hasta podría parecer el de un film documental dado que se le comunica al espectador que la misión Apollo 18 existió y que fue la última de un programa que, años antes, llevó a los primeros y “únicos” astronautas a la Luna. La primera mitad transcurre en verdad con pocos sobresaltos para los astronautas Ben Anderson y Nathan Walter, interpretados respectivamente por el canadiense Warren Christie y el británico Lloyd Owen. Ambos, venidos de la televisión, son poco conocidos lo mismo que el director Gonzalo López- Gallego entre cuyos créditos anteriores figura una película (“El rey de la montaña”), no estrenada en nuestro país pese a que el actor principal es nuestro conocido Leonardo Sbaraglia.

    Dado que la duración total es de apenas 86 minutos pronto empezarán a ocurrir una serie de hechos extraños, comenzando con inexplicables interferencias en las comunicaciones con Houston. Pero la gravedad de los hechos se potenciará cuando los astronautas descubran una serie de pisadas que como uno de ellos afirma “no tienen sentido” y hasta parecen no pertenecer al género humano. Es en ese momento en que, más que ciencia ficción, se ingresa en la categoría del cine de terror.

    Dado que se supone que la acción transcurre hacia fines de 1974 en que la tecnología no estaba aún tan avanzada como hoy día, las imágenes que obtienen los astronautas con sus camaritas son en general de pobre definición. Recuerdan inevitablemente a “El proyecto Blair Witch”, una película muy diferente y que sin embargo tiene algunos puntos de contacto con ésta.

    Si no es demasiado exigente, “Apollo 18” puede constituirse en un entretenimiento adecuado, casi artesanal donde lo más interesante son las reflexiones de los dos tripulantes sobre el verdadero motivo de la misión y sobre la sensación de que ambos eran “sacrificables” (expendables), aunque dignos de ser recordados como héroes prestando un supuesto servicio a su patria.
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  • Un año más
    Un año más
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    Nuevamente el británico Mike Leigh bucea con profundidad en la clase media inglesa y lo hace casi exclusivamente dentro del hogar de una pareja madura en la que reina la armonía. Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen) bordean la condición de sexagenarios y se han acostumbrado a que amigos y colegas de trabajo les hagan chistes por sus nombres, que recuerdan a una famosa pareja de gato y ratón.

    “Un año más” (“Another Year”) está dividida en cuatro partes que coinciden con las estaciones del año, comenzando por la primavera en el huerto de la pareja. En esa primera parte, hace irrupción en el relato Mary, la compañera cincuentona de trabajo de Gerri, que arrastra un corto matrimonio sin hijos y mucha soledad. La interpreta Lesley Manville, quien al igual que Ruth Sheen ya coincidiera en algunas películas anteriores de Leigh como la célebre “Secretos y mentiras”, “A todo y nada” y “El secreto de Vera Drake”. Justamente esta última tenía como protagonista central a Imelda Staunton, quien tiene aquí una corta aparición al principio en el consultorio donde revisten ambas mujeres.

    Otro solitario que visita con cierta frecuencia la casa de Tom y Gerri es Ken (Peter Wright), cuya voracidad por la comida y el alcohol y su aspecto descuidado son reflejo de la tristeza en que se debate su vida.

    Pero no todas son “pálidas” en este relato ya que Joe, el hijo del matrimonio, los visita acompañado de la optimista Katie, su nueva pareja. La interpreta Karina Fernandez, quien había debutado en “La felicidad trae suerte”, el film anterior de Leigh, haciendo de profesora de flamenco de Sally Hawkins. Katie recuerda a la Poppy de ese film por su carácter positivo y por la forma en que maneja los celos de Mary, quien pese a su mayor edad tenía alguna expectativa con el hijo de su colega.

    Hacia el final se incorporará Ronnie (David Bradley), el hermano mayor de Tom, cuya esposa acaba de morir. La escena del funeral será patética sobre todo cuando irrumpa el hijo violento de la difunta.

    Lo notable de “Un año más” es como su director logra armar, con historias y personajes en su mayoría grises, un relato lleno de humanidad y que se sigue con gran interés a lo largo de más de dos horas de duración.
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  • Rita y Li
    Rita y Li
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    A lo largo de algo más de 20 años, el cordobés Francisco D’Intino ha venido construyendo una carrera cinematográfica no muy extensa y relativamente discreta, siendo “Rita y Li” su cuarto largometraje. Esta misma semana se estrena el documental “Caicaras, los hombres que cantan”, quinto film de D’Intino.

    La historia es relativamente sencilla y más de una vez transitada por el cine argentino. En este caso Rita es una joven paraguaya que llega a Santa Fe en busca de trabajo. (Curiosamente en “Las acacias”, film de próximo estreno, también uno de los dos personajes centrales es una mujer paraguaya). Rita es conchabada por el dueño de una tintorería (Juan Palomino) de dudosa ética, como lo sugieren las extrañas cajas que llegan diariamente al negocio.

    Pero Rita no está sola ya que junto a ella trabaja una mujer oriental que al principio se muestra algo hostil y muy rígida con su nueva compañera. Li, tal el nombre del personaje, es interpretada por Miki Kawashima cuya actividad artística hasta el presente era en el terreno de la danza. Un error de casting presenta a la bailarina japonesa como una mujer china, siendo en verdad bastante diferentes físicamente las personas de ambos países. Sería similar al efecto que nos produciría ver a un mexicano, por ejemplo, interpretando a alguien de nuestro país.

    Por suerte tanto la debutante en cine de origen japonés como Julieta Ortega, en el rol de Rita, son el punto más fuerte de esta modesta producción, compensando la debilidad de un guión que no brilla por su originalidad. Hay buena química entre ambas mujeres y a medida que avanza la historia se va generando una cierta empatía entre ambas cuando por ejemplo Li acepta cobijar en su propia pieza a Rita, luego de ser ésta acosada por su locatario (Juan Manuel Tenuta).

    Algunos otros personajes completan el reparto. Por un lado no se entiende bien la inclusión de Antonio Birabent, un de los habituales clientes de la tintorería, quien se ocupa de su bebe al estar su esposa, azafata, ausente casi todo el tiempo. Más logrado es el que compone Enrique Dumont (“Rosarigasinos”) como un cafetero ambulante que visita diariamente el negocio. El personaje es simpático y su inclusión parece un homenaje al padre (Ulises), quien había sido protagonista de los tres films anteriores de D’Intino.

    Un final relativamente “feliz” aunque con algún episodio de sangre cierra esta discreta obra dramática que pudo haber volado algo más alto.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
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    Hace cinco años Ariel Winograd sorprendió en su debut como director con la comedia “Cara de queso”, al contar con un elenco multiestelar y una temática judía, donde logró evitar la caída en clichés habituales.

    Ahora en su segunda realización, con un elenco aún más atrayente y una ambientación algo diferente pero cercana en lo temático, los resultados no resultan igualemente auspiciosos.

    “Mi primera boda” transcurre íntegramente durante los preparativos y el desarrollo de un casamiento mixto entre Adrián Meier (Daniel Hendler) y Leonora Campos (Natalia Oreiro), ambos poco creyentes. El lugar del evento es una gran mansión de alquiler algo alejada de la ciudad como lo revelan los caminos que llevan a la misma y el caballo, en que se desplazará Adrián tratando de impedir que lleguen el cura y rabino. La razón de dicha dilación es la base y excusa de un guión poco imaginativo y tiene que ver con la pérdida de uno de los anillos de la pareja como resultado de la torpeza del novio.

    Gran parte de la intriga está dedicada a la búsqueda de la alianza por parte de Adrián quien intenta aplicar sus conocimientos de ingeniero, ayudado por su primo menor (Martín Piroyansky, quien logro mayor lucimiento en “Cara de queso”).

    Mientras el dúo de “nabos” prosigue la búsqueda, el resto de los invitados se pasea por los amplios jardines e interior de la casa, protagonizando una serie de episodios cuyo mayor pecado es el poco humor que de ellos se desprende. Resulta penoso ver a Pepe Soriano en el rol de un abuelo judío flirteador y en busca de un porro, a Imanol Arias como un ex amante de la novia ahora acompañado de una joven (María Alché), a quien persigue la amiga de Leonora y con tendencias lésbicas que encarna Muriel Santa Ana. Tampoco son muy graciosos los “luthiers” Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich en los roles respectivos de cura y rabino. Algo mejor le va a Soledad Silveyra como la madre del novio, pero el que en opinión de este cronista más defrauda es el propio Hendler, a quien parecen sentarle mejor los roles dramáticos que ha venido desempeñando por ejemplo en los films de Daniel Burman.

    Del lado positivo de “Mi primera boda” cabe rescatar su buena factura técnica y un final que compensa en parte la opacidad del resto. Natalia Oreiro es probablemente el mayor atractivo de una comedia que daba para más.
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  • Quiero matar a mi jefe
    “Quiero matar a mi jefe” (“Horrible Bosses”) es una típica comedia norteamericana cuyo principal atractivo, a priori, es su calificado elenco con nombres tan impactantes como Jennifer Aniston, Kevin Spacey o Colin Farrell.

    Por suerte la película no se limita a la simple promesa de verlos en escena ya que la historia, aún con algún altibajo al mediar el metraje, en conjunto logra interesar y por sobre todo divertir.

    El título alude a los detestables jefes de los tres personajes centrales encarnados por Jason Bateman (“la doble vida de Juno”, “Amor sin escalas”), Jason Sudeikis y Charlie Day.

    Quien peor la pasa desde el inicio es Nick (Bateman), cuyo jefe (Spacey) le echa en cara su falta de puntualidad por atrasarse una vez apenas dos minutos y como castigo no le otorga un ascenso “cantado”. Kurt (Sudeikis) en cambio mantiene una excelente relación con su jefe (Donald Sutherland) hasta que éste repentinamente fallece y quien lo sucede es el hijo (Farell), cocainómano y sin escrúpulos. El tercero en discordia es Dale (Day), quien trabaja de asistente de la dentista y ninfómana Julia, en una de las mejores interpretaciones de J. Aniston en su ya rica carrera. Próximo a casarse, Dale sufre un verdadero acoso sexual por parte de su jefa, en los que constituyen algunos de los momentos más desopilantes de la trama.
    Naturalmente, el odio acumulado por los tres amigos y alguna bebida de más en los “happy hours” los llevan a imaginar que debe existir alguna forma de sacarse de encima a tan molestos superiores. Deciden entonces buscar a un tercero que se haga cargo de la tarea, pero tardan en encontrar a la persona adecuada. Cuando finalmente contratan a Dean “Motherfucker” Jones (un brillante Jamie Foxx), éste revela no ser lo que esperaban, es decir un sicario, sino apenas un consultor y caro. Pero al menos reciben una serie de propuestas, muy influenciadas por la cinefilia del asesor, que abrevan en Hitchcock y sobre todo en su famoso “Pacto siniestro” (“Strangers in a Train”).

    En apenas hora y media de duración pasarán muchas cosas más que irán vinculando a varios de los jefes y empleados. Tal el caso de Kurt, cuya fuerte líbido lo llevará a relacionarse con más de un personaje femenino. Los últimos minutos, de gran ritmo, conducirán a un final que pese a ser en parte previsible no desentona con el tono festivo del resto.

    Cabe destacar que por una vez una comedia, algo diferente a otras recientes como “¿Qué pasó ayer?” o “Pase libre”, tiene la virtud de no transitar por las habituales imágenes escatológicas y lindantes con la grosería a que nos tiene acostumbrado el cine norteamericano. Mérito del director Seth Gordon (“Navidad sin suegros”), quien supo sortear con éxito tales lugares comunes.
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  • El planeta de los simios: (R)Evolución
    Acostumbrados y casi siempre decepcionados por tantas remakes y nuevos capítulos de películas comercialmente exitosas he aquí una sorpresa mayúscula para la que cabe una única sugerencia: verla.
    “El planeta de los simios: (R)evolución” es presentada por algunos como una precuela, calificación que se estima la desmerece, ya que se trata de un enfoque y estética completamente diferentes de las seis anteriores filmadas sobre el tema.

    Nacida en 1968 de la mano del director ya fallecido Franklin J. Schaffner (“Patton”), tuvo a inicios de la década del ’70 y en forma desenfrenada cuatro secuelas, a raíz de una por año. La quinta en 1973 pareció señalar que el tema de los “simios” se había agotado y hubo que esperar casi 30 años hasta que Tim Burton dirigiera una lamentable remake de la primera de la serie.
    Ahora, diez años después del fallido experimento del director de “El joven manos de tijera”, nos llega de la mano de Rupert Wyatt, un ignoto (pero talentoso) director inglés, una obra distinta y plena de aciertos.

    James Franco es Will Rodman, un científico que experimenta en una gran empresa bioquímica con simios en búsqueda de medicamentos, uno de los cuales parece tener poderes curativos del mal de Alzheimer, del que padece su padre (John Lithgow). El jefe de Will no está convencido de la eficacia de la nueva droga y decide suspender el experimento, pero no puede evitar que su segundo rescate y se lleve furtivamente a su casa a un pequeño chimpancé, que bautiza con el nombre de Cesar.

    La presencia de César no pasará desapercibida en el vecindario, la acción transcurre en San Francisco, y terminará con el mono en una especie de perrera (“monera” suena raro) donde le tocará convivir con otros simios. Un joven guardia, interpretado por Ton Felton (Draco en “Harry Potter”) maltrata a los animales mientras que su jefe (Brian Cox) poco hace para evitar que los rocíen con chorros de agua o los alimenten deficientemente.

    Los simios lograrán liberarse y armarán una infernal batahola contra las fuerzas del orden en pleno Golden Gate. Ni la policía montada ni inclusive los helicópteros lograrán poner inmediato freno a la rebelión. Entre las escenas maravillosamente montadas habrá una en que entre monos, gorilas y orangutanes frenen a los policías desplazando un ómnibus tumbado en el puente. Por la estructura de metal del mismo se verá ágilmente moverse a los primates y hacia el final, en una escena en el medio de un bosque de sequoias, se producirá el esperado reencuentro entre Cesar y Will.

    César es interpretado por Andy Serkis, un especialista a quien pude recordarse como Gollum en “El señor de los anillos”, mediante el uso de la técnica conocida como “motion capture” (captura de movimiento). El personaje femenino central tiene en Freida Pinto a un buen exponente, entre cuyos antecedentes se cuentan su debut en “Slumdog Milionaire” (“¿Quién quiere ser millonario?”) y posterior actuación en “Conocerás al hombre de tus sueños”.

    La perfecta combinación del gran espectáculo con un planteo moral sobre la legitimidad del uso y maltrato de animales en experimentos por parte de los humanos, hacen de “El planeta de los simios: (R)evolución” una obra sumamente recomendable.
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  • Cowboys y Aliens
    Tanto desde su título original y local como de su dupla interpretativa central, “Cowboys & Aliens” no oculta su condición de film donde se mezclan dos de los géneros más tradicionales del cine norteamericano.

    La primera escena nos muestra a Daniel Craig, habitual James Bond en el último lustro, en pleno desierto de Arizona en 1873, con un extraño brazalete en un brazo. Pronto sabremos que se trata de Jake Lonergan, un fuera de la ley, quien es buscado junto a su banda de forajidos por el robo de un sustancioso botín de oro.

    La acción se traslada a un pueblo cercano, donde el hijo de un terrateniente, Percy Dolarhyde (Paul Dano), anda amenazando a los pobladores con su revolver, aprovechando que el sheriff (Keith Carradine) no lo ve. Pero la llegada de Jake logra poner freno al muchacho, aunque ambos terminan en la cárcel donde no permanecerán por mucho tiempo. Primero aparece el “coronel” Dolarhyde (Harrison Ford), con varios matones a sueldo a su servicio. Pero cinco minutos más tarde y cuando ha transcurrido la primera media hora de las dos que dura la película surgen del cielo unas extrañas naves que siembran el pánico, produciendo explosiones mortales y matando a varios de los habitantes del pueblo.

    De allí en más se irá produciendo, ante la presencia de un enemigo común, un acercamiento entre los diversos personajes mencionados. Ya en la segunda mitad y en pleno desierto hasta los mismos apaches se unirán al numeroso grupo. Pero ahora veremos que del otro lado las naves tienen lo suyo, al ser tripuladas por unas criaturas que obviamente son los “aliens” del título y que los cowboys designan como “demonios”. Pronto sabremos que el oro también a ellos les es apetecible.

    Habrá también algunos personajes femeninos como la esposa fallecida de Jake, quien parece reponerse lentamente de una amnesia que le habrían causado los extraterrestres. Pronto logrará comprender y recordar el origen del brazalete y percibir que en verdad se trata de un arma poderosa capaz de diezmar a sus enemigos. Otra joven, que ya estaba al inicio en el pueblo, tendrá un rol preponderante en la parte final de la trama, siendo interpretada por la muy bella Olivia Wilde (“Tron: el legado”).

    El director Jon Favreau (“Elf”, ambas “Iron Man”), consigue imprimirle gran dinamismo a la acción con bellas tomas del Oeste americano y muy buen acompañamiento musical. Logra además algo que hace mucho se extrañaba y que es recuperar a un gran actor, a quien la suerte le venía siendo esquiva en sus últimas actuaciones. Nos referimos obviamente a Harrison Ford, quien muestra buena química con Daniel Craig, su ocasional compañero de fórmula.
    “Cowboys & Aliens” es entretenimiento asegurado y el placer de un par de buenas interpretaciones.
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  • Ausente
    Ausente
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    Marco Berger se dio a conocer como director argentino hace apenas dos años con su opera prima “Plan B”. En “Ausente”, su segunda realización vuelve a reunir a un reparto de jóvenes intérpretes, algunos ya consagrados, para plantear una temática mezcla de géneros con buenos resultados.

    En su primera parte la acción está centrada alrededor de Martín Blanco, un joven de dieciséis años que interpreta el debutante Javier De Pietro, en vida real algo mayor.

    Durante una clase en una piscina, el joven le pide ayuda a Sebastián (Carlos Echevarría), su profesor de natación, diciéndole que se ha lastimado un ojo y éste lo acompaña a un hospital. Cuando regresan, el compañero de Martín en cuya casa se iba a quedar a dormir ya se ha retirado. El “profe” ofrece llevarlo a la casa de la abuela, que es donde normalmente vive, pero ésta tampoco está presente por lo que termina cobijándolo en la suya.

    Lo que acontece de aquí en más no conviene revelarlo, siendo preferible que el propio espectador vaya descubriendo que hay detrás de esta serie de circunstancias, hay algo más que una situación fortuita.

    Lo interesante es que todo está planteado a manera de un thriller o film de suspenso. Además en la segunda mitad del film la balanza se inclina hacia el segundo personaje masculino, quien sostiene una relación aparentemente estable con una bella joven, muy bien interpretada por Antonella Costa. Será ésta quien empiece a sospechar que no todo anda bien entre ambos y a no comprender la irrupción de Martín en la casa de su pareja.

    Hay otros dos ámbitos donde las sospechas sobre algún tipo de vinculación entre ambos personajes masculinos empiezan a acumularse. Por un lado el colegio, particularmente entre colegas del profesor. Por el otro, una vecina del departamento donde éste vive e inclusive el portero del edificio.

    El desenlace, ya centrado en la figura del profesor, reserva algunas sorpresas pero es coherente con el resto del relato.
    A resaltar los excelentes climas logrados que curiosamente tienen alguna similitud con el último film de Kiarostami, que es posterior a “Ausente”. Y por sobre todo los actores con dos jóvenes “veteranos” como Antonella Costa y Carlos Echevarría que coincidieron en su primer protagónico: “Garage Olimpo”. Javier De Pietro compone acertadamente al perturbador adolescente, bien acompañado por Rocío Pavón (Analía) y Alejandro Barbero (Juan Pablo), sus compañeros de estudio y diversión
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  • Empleadas y patrones
    En “Empleadas y patrones” del panameño Abner Benaim lo primero que impacta es la universalidad de los conflictos planteados. Filmado en su país, los personajes y su situación resultan extensibles a otros países de América Latina.

    Se trata de una curiosa colaboración entre dos naciones algo distantes: Panamá y Argentina. La participación de nuestro país incluye entre otros a su productor ejecutivo (Alejandro Israel), a la empresa de producción Barakacine (Marcelo Schapces) y a otros rubros técnicos como la dirección de fotografía (Alejandra Martín) y la música (Pedro Onetto).

    El inicio, con proliferación de cabezas parlantes tanto de empleadas domésticas como de sus patrones, puede inducir a más de un espectador a temer que lo que va a ver será uno más de tantos documentales convencionales y de escaso interés y originalidad. Pero nada más lejano de ello es lo que ofrecen en cámara las presentaciones de varios personajes, que en su mayoría volverán a aparecer luego “en acción”. Hay entre ellos una voluminosa mujer de raza negra (Rosa), que fue contratada como niñera y que se queja porque su patrona la llama a altas horas de la noche para aportarle un vaso de agua. Como Rosa bien dice “los tiempos de los esclavos ya pasaron” y acto seguido hace una muy cómica observación que alude a flatulencias, dicha en su propia jerga.

    Del lado de los patrones, los hay de muy variado fondo aunque predominan los que se quejan por el comportamiento de las domésticas. Una de ellas incluso deplora que sus empleadas todo lo hagan “por dinero y muy pocas de corazón y con amor”. Es difícil imaginar que las empleadas sientan afección alguna por quienes las someten al uso de uniformes, al aprendizaje de las “reglas de la casa” (incluso en cursos) y al indigno uso de las temibles campanitas, que aún hoy se utilizan (en nuestro país) en hogares de clase alta.

    Pero en donde ocurren fenómenos dispares, que ocupan un porcentaje importante del metraje, es en la relación entre empleadas e hijos/as de los patrones. Hay al menos tres casos, el primero de los cuales presenta a una nena que parece víctima de un ataque diabólico que la impulsa a tirar por el aire sus juguetes. Total, la empleada después los deberá ordenar. Hay otro, algo sobreactuado, en que un niño histéricamente pide un vaso de agua, que nos recuerda a una situación antes referida. Y una tercera, que a modo de balance o compensación muestra a una niña llorando desconsoladamente cuando la empleada debe irse. De los tres es el más convincente no tanto por los gritos de la pequeña sino porque ilustra un fenómeno bastante habitual de afecto que se genera entre ambas partes.

    Finalmente la película no soslaya otra situación habitual que genera la relación entre empleadas y sus patrones e hijos. Nos referimos a cuestiones sexuales, como lo ilustra el discutible comentario de un ex niño que recuerda cuando apenas tenía cuatro años y se bañaba con la “nana”, como la suelen llamar en Panamá y otros países de América Latina. La película no se explaya demasiado en este tema prefiriendo concentrarse con razón en las víctimas mayores de esta conflictiva relación. Las tocantes imágenes de cierre muestran a las empleadas, solas en sus humildes y a veces miserables cuartuchos, y explican por si mismas porque la forzada convivencia no puede ser “por amor y de corazón”.
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  • Loco y estúpido amor
    Hasta el año 2009 el dúo integrado por Glenn Ficarra y John Requa era conocido por su trabajo como coguionistas en films esencialmente comerciales (“Como perros y gatos”, ”Un santa no tan santa”). Todo cambió cuando en mayo de dicho año la exigente “Quincena de realizadores” del Festival de Cannes los invitó programando su primer e interesante largometraje: “I Love You Phillip Morris”, aquí conocido como “Una pareja despareja”.

    Con esos antecedentes y el poderoso elenco que integra su segunda película podía esperarse más de lo que “Loco y estúpido amor” (“Crazy, Stupid, Love”) finalmente ofrece. Y como en forma recurrente acontece con las películas norteamericanas, el arranque es excelente pero a mitad del metraje el embeleso inicial en el espectador se va trastocando en creciente decepción. Al final de las casi dos horas de duración el fastidio que producen las típicas “casualidades” habrán borrado la buena impresión de una primera hora divertida y bien actuada.

    Lo que entonces se rescata permitiendo, pese a los reparos ya señalados, no descartar definitivamente a esta producción son las interpretaciones. Ya en la primera escena en un restaurant en que la cámara muestra el roce “amoroso” de los pies de diversas parejas, hay una, la formada por Carl (Steve Carell) y Emily (Julianne Moore), que desentona. Acto seguido ella le confiesa, a su marido desde hace más de veinte años, que está teniendo un affaire con un colega de oficina (Kevin Bacon) y que no quiere seguir más con él. El asunto pese a lo convencional está bien retratado y gana en interés cuando aparecen otros personajes relevantes a la trama. Por un lado Jacob, un joven exitoso muy bien caracterizado por el ascendiente Ryan Gosling (“Blue Valentine: una historia de amor”) que le empieza a dar consejos a Carl, logrando que éste cambie su “look” y consiga algunas conquistas femeninas, una de las cuales, Kate, es la siempre “sexy” Marisa Tomei (recordar la primera escena de “Antes que el diablo sepas que estás muerto” del lamentablemente desaparecido Sydney Lumet).

    Pero serán justamente Carl y Kate los que protagonicen las “coincidencias” ya anticipadas y que involucrarán respectivamente a la hija mayor (Emma Stone) y al hijo adolescente (Jonah Bobo) de la pareja central. Este último además tendrá una profunda debilidad por su niñera (Analeigh Tipton) algo mayor que él, quien a su vez sentirá pasión por otro de los personajes masculinos ya mencionados. Lo que entonces venía muy bien pierde fuerza a medida que se aproxima el final de uno, en realidad varios, “happy end” al que es tan afecto el público norteamericano.
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  • Los pingüinos de papá
    Mark Waters es uno de tantos directores norteamericanos a quienes, a veces en forma peyorativa, se suele caracterizar bajo la designación de artesanos. Su octavo largometraje está en la misma línea de varias de sus películas precedentes: “Un viernes de locos”, “Las crónicas de Spiderwick” o la inmediatamente anterior “Los fantasmas de mi ex”. Se trata en todos los casos de comedias amables, calificativo también aplicable a “Los pingüinos de papá”, aunque en este caso los resultados sean un poco más destacables. Quizás pueda atribuirse esta mejoría al libro en que está basado, “Mr. Popper’s Penguins”, un clásico escrito en 1938 por Richard y Florence Atwater y que nunca fue llevado a la pantalla. O también a la elección de actores, particularmente dos de ellos.

    Jim Carrey es Mr. Popper, un exitoso y creativo ejecutivo, quien vive separado de esposa (Carla Gugino) e hijos en una lujosa mansión de Nueva York. Su hija mayor (Madeline Carroll) particularmente no le guarda afecto al sentir que el padre privilegió el trabajo, descuidando la atención de su familia. Hay también referencias al padre ya fallecido de Popper, que se las pasaba viajando y comunicándose por radio desde lejanas latitudes.

    Justamente cuando se inicia el film, Popper recibe un regalo póstumo de su progenitor que no es ni más ni menos que el que da título a la obra. Pero en verdad no serán uno sino seis los pingüinos que llegan por correo al departamento y que protagonizarán una serie de divertidas situaciones. Quien más gozará de la visita de las mascotas será el hijo menor de Popper, cuando su padre transforme el piso en que vive en un verdadero hábitat con nieve incluida.

    Una subtrama importante, relacionada con el trabajo del insólito personaje central, será la tarea que le imponen sus jefes de lograr cerrar la compra de un famoso restaurant neoyorquino. Lo que ignora su dueña es que el plan consiste en tirarlo abajo y transformarlo en propiedad horizontal. Y aquí aparece el “plus” prometido para los cinéfilos, dado que quien interpreta a la posible vendedora es una dama inglesa de 85 años en plena forma. Algunos la recordarán por “Travesuras de una bruja”, pero si uno revisa su abundante filmografía se encuentra con la sorpresa de que su debut en 1944 la encuentra en roles no tan secundarios en dos films antológicos. Angela Lansbury debutó junto a Ingrid Bergman, Charles Boyer y Joseph Cotten en “La luz que agoniza” (“Gaslight”) del gran George Cukor. Y como si fuera poco ese mismo año acompañó a la recientemente fallecida Elizabeth Taylor y a Mickey Rooney (que le lleva cinco años con 90 cumplidos) en “Fuego de juventud” (“National Velvet”) de otro grande, Clarence Brown. La sola posibilidad de ver a la veterana actriz justifica esta película que en ningún momento aburre logrando además que los pingüinos, tanto los amaestrados como los digitales, sean otro de los atractivos de esta agradable comedia. Lástima que esté doblada al castellano.
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  • El retrato postergado
    En “El retrato postergado” pueden verse imágenes en que el autor, lamentablemente desaparecido durante la dictadura militar, señala su amor por Chacabuco, su ciudad natal, y por otro de sus lugares favoritos, el Delta.

    En la película de Andrés Nicolás Cuervo se lo ve afirmando que “Buenos Aires sólo me da tristeza por lo que me escapé de ella con Sudeste”. Siendo ésta su primera novela, publicada en 1962 y por la cual ganó el premio Fabril, es bueno recordar que tuvo una digna versión cinematográfica cuarenta años después, de la mano del director Sergio Bellotti. No fue ésta la única de sus novelas llevadas al cine ya que por ejemplo “Alrededor de la jaula” (1966) fue la base de la segunda película de Sergio Renán, conocida como “Crecer de golpe” y estrenada increíblemente en 1977, en plena época del Proceso.

    Lo notable del documental ahora estrenado, hubo uno anterior (“Haroldo Conti, homo viator”) hace apenas dos años dirigido por Miguel Mato, es que se trata de una obra que empezó Roberto Cuervo, padre del joven realizador Andrés Nicolás, y amigo de Conti. Distintas circunstancias entre las cuales la muerte prematura de su progenitor impidieron su terminación. Como señala el hijo, él era apenas un bebé cuando se produjo el deceso de su padre por lo que la obra es un caso bastante singular de una película codirigida por padre e hijo.

    Hay aún algunas otras curiosidades o casualidades como el hecho de que esta película llega justo 35 años después de la fecha estimada de la muerte de Conti y de que acaban de ser condenados por crímenes de lesa humanidad varios de los responsables del centro de detención “El Vesuvio”, donde estuvieron alojados entre otros Haroldo Conti, Raymundo Gleyzer y Héctor Oesterheld.

    Gran mérito del documental es conseguir en apenas una hora abarcar múltiples facetas de la vida del escritor. En ella se compara el ritmo de la vida de Conti con el ritmo del río, el Tigre y su delta y se completa ese paralelo al señalar que “así como el río abraza a las islas, la literatura de Haroldo abraza los personajes y les da vida”.

    Entre los testimonios presentados se destaca el de su amigo Eduardo Galeano cuando señala que Conti no era feliz cuando escribía ya que le costaba hacerlo y que para él la literatura no tenía sentido como mero ejercicio sino como posibilidad “de vivir momentos de su vida”.
    En otro momento del film se lo ve a Conti diferenciándose de Vargas Llosa al afirmar que no amaba la libertad de la misma manera que lo hacía el Nobel peruano. Decía que éste amaba una libertad en abstracto, “la que puede entrar y salir de cualquier parte, pero sin modificar nada”.

    Hay por supuesto apuntes sobre los viajes del escritor en América Latina y particularmente a Cuba, donde recibió el Premio Casa de las Américas. Pudo haber emigrado a la isla y de hecho un tío militar ofreció ayudarlo, pero el prefirió quedarse y correr el riesgo. El 5 de mayo de 1976, una fecha triste para la memoria, fue secuestrado. Haroldo Conti vive a través de su obra y del recuerdo de su figura y de testimonios como el muy valioso que “El retrato postergado” aporta.
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  • Malas enseñanzas
    Jake Kasdan, hijo de Lawrence (“Silverado”, “Wyatt Earp”) recién llega a nuestros cines con su quinto largometraje, pese a que algunos títulos anteriores tuvieron cierto éxito en los Estados Unidos. Y lo hace con “Malas enseñanzas” (“Bad Teacher”), merced seguramente al atractivo que despierta en el público Cameron Diaz, su actriz (y personaje) principal.

    Acostumbrados, casi diríamos resignados, a ver tanta comedia “boba” norteamericana, la que ahora nos ocupa nos sorprende gratamente sin por ello alcanzar a ser una muestra de visión imprescindible. Pero al menos puede ser una razonable opción para pasar un momento disfrutable.

    Elizabeth (Diaz) es una atractiva maestra secundaria que está a punto de casarse con un hombre por su dinero, por lo que abandona el colegio. Pero no llegará a buen puerto su determinación, al interponerse en sus planes una futura suegra, que no llegará a serlo. Abandonada por el rico ex pretendiente volverá al establecimiento de enseñanza y se topará con sus compañeros de enseñanza. La “fauna” que puebla a la escuela es una de los aciertos del film, con algunas interpretaciones destacables.

    Amy es una profesora que compite con Elizabeth en la búsqueda de pareja así como en ganar el premio que se otorga anualmente al mejor docente. Lucy Punch, que la interpreta, ya había sido una revelación en “Conocerás al hombre de tus sueños”, la penúltima película de Woody Allen. Pero aquí su figura se agiganta al tener que enfrentar en duelo actoral a la muy efectiva Cameron Diaz. Lástima que el popular Justin Timberlake, que aquí compone a un profesor suplente poco brillante, no esté a la altura de las dos actrices, que en la ficción compiten por él. Hay aún otros dos personajes relevantes, uno es un profesor de educación física (Jason Segel) siendo la otra la clásica “gorda”, algo tímida y glotona, que muy bien caracteriza Phyllis Smith.

    Una de las obsesiones de Elizabeth es una costosa operación para aumentar el tamaño de sus pechos. Y para juntar los diez mil dólares necesarios no vacilará en aprovechar cuanta oportunidad se le presente. Ello genera algunos de los momentos más divertidos de “Malas enseñanzas”. Pero también habrá otros menos logrados y cercanos al mal gusto donde Kasdan, imitando a tantos de sus colegas, apelará a imágenes escatológicas o baratas de sexo.

    Lo notable es como el director, que va alternando entre momentos brillantes y otras escenas remanidas, logra en el balance salir airoso. A ello contribuyen sin duda las ya señaladas buenas interpretaciones con algún que otro “cameo” (David Paymer) y un conjunto de jóvenes actores en el papel de los alumnos, de los que seguramente surgirá alguna nueva estrella.
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  • Daddy Longlegs
    Daddy Longlegs
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    “Go Get Some Rosemary” y “Ajami” son las únicas dos películas, integrantes de la Quinzaine de Réalisateurs del Festival de Cannes 2009, que integraron la Selección Oficial Internacional del 12º BAFICI.

    La Quinzaine es posiblemente la mayor fuente de películas de nuestro Festival, lo que se explica al ser una de las muestras que más se parece en lo estético y por contenido a la nuestra. No es casualidad que prácticamente la mitad de lo presentado en esa muestra en Cannes 2009 (24 films) esté programada en alguna de las secciones del 12º BAFICI (Panorama, Cine del Futuro, etc).

    Joshua Safdie debutó en el largometraje con “The Pleasure of Being Robbed “ que el año pasado integró la sección Cine del Futuro de nuestro Festival de Cine Independiente. Su segundo film, “Go Get Some Rosemary”, fue codirigido por su hermano Ben, estando ambos en Buenos Aires en este momento.

    Asistimos a una trama bastante delirante cuyo centro es Lenny Sokol (Roonie Bronstein), un padre de familia del cual no sabemos si rescatar su ternura hacia sus dos hijos Sage y Frey (tal sus nombres en la ficción y en la vida real) o rechazar su inmadurez e irresponsabilidad.

    Separado de su esposa, que podría reclamar la custodia exclusiva de los niños, Lenny los recibe en su casa cada tanto y los lleva a la escuela primaria, aunque a menudo no los busca a tiempo. Su profesión de proyectorista en una sala que da films clásicos (por ahí se lo ve a Cary Grant en una película del cine o en un afiche a Micheline Presle) es caótica y a menudo se confía en que un colega lo reemplace o cuide de sus hijos, no siempre en forma exitosa.

    Hay momentos logrados como el de una visita a un museo donde se exhibe un mosquito gigante (y recurrente), o la escena en que los chicos se quedan dormidos (no diremos porqué) así como el desenlace. Otros pueden resultar fatigosos, dada la profusión de tomas con cámara en mano y un uso excesivo de close ups. Film netamente independiente y por ello bien seleccionado para este Festival, gustará sobre todo a las generaciones más jóvenes.
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  • 8 minutos antes de morir
    Ocurre con cierta frecuencia que el título local de una película difiere significativamente del original. A menudo son razones comerciales las que explican tales modificaciones. No es el caso de “Source Code”, que aquí se conoce con el nombre mucho más explícito de “8 minutos antes de morir”. Podrá quizás criticarse esta denominación que devela ya antes de ver el film algo de la trama. Pero no se trata de nada muy grave puesto que apenas transcurridos unos pocos minutos ya se menciona dicho lapso de tiempo. Por otra parte era razonable el cambio de nombre dado que el original, que se refiere a un programa de computación, sería de muy difícil traducción.

    Se trata una vez más de una obra de ciencia ficción, aunque roce elementos de nuestra realidad actual. La dirigió el inglés Duncan Jones, cuyo padre es nada menos que David Bowie.

    El personaje central, muy bien interpretado por Jake Gyllenhall, es el capitán del ejército norteamericano Colter Stevens del que pronto conoceremos cuál ha sido su suerte en Afghanistan. La película lo encuentra al inicio viajando inexplicablemente en un tren que se acerca a Chicago. Junto a él se encuentra una joven (Michelle Monaghan), que parece ser su pareja y al que ella llama Sean, nombre que para el militar no tiene ningún significado como identificación personal.

    Pronto aparecerán otros dos personajes centrales que se comunicarán con la mente del capitán Stevens. Se trata de Goodwin, una mujer con rango militar y de su jefe el Dr. Rutledge, interpretados respectivamente por Vera Farmiga (“Amor sin escalas”) y Jeffrey Wright. Algún espectador podrá sentir que aportan algo de confusión a la historia ya que son ellos quienes, manipulando el tiempo, harán que la escena en el tren (que dura unos ocho minutos) se repita una media docena de veces. Lo interesante es que cada vez la situación será diferente por motivos que es preferible no revelar pero que tienen que ver con la seguridad del país. Lo que si se puede garantizar es que el todo está dotado de una gran coherencia, lo que en definitiva gratificará a quien este buscando una propuesta original y distinta.

    Pese a que situaciones repetidas en el tiempo y a la vez diferentes se daban en “Hechizo del tiempo”, un film muy citado por varios críticos locales y del exterior, no existen en verdad muchos puntos de contacto con “8 minutos antes de morir”. Aquí se trata de un tema fantástico que incluso hace referencia a la mecánica cuántica y a “cálculos parabólicos”, que no deben desanimar a quien no conozca esos temas. Y si usted es una de esas mentes que cree en universos paralelos, lo invitamos a consultar la base de datos más popular del cine (IMDB), donde encontrará un análisis que alude a ese tipo de cuestiones. Para el resto, valga la recomendación de ver esta original propuesta.
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  • Carlos
    Carlos
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    Nacido en 1955 y con una docena de largometrajes en su haber desde su debut en 1986, Olivier Assayas recién fue conocido y reconocido en Argentina hace diez años exactamente.

    Por una parte fue durante el 16º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (marzo 2001) en que se realizó una primera retrospectiva, con cuatro de los ocho títulos que acumulaba su filmografía hasta ese momento. Dicho Festival marcó además uno de los puntos más altos en la historia reciente de dicho evento con la presencia simultánea de nombres tan rutilantes como Nikita Mijalkov, Liv Ullmann, Krzysztof Zanussi, Ben Gazzara,Taylor Hackford, Benoit Jacquot, Maria de Medeiros, Marta Meszáros, Julie Delpy (jurado) y una pléyade de realizadores y actores latinoamericanos, incluidos los locales. Qué bueno sería que en el futuro nuestros festivales volvieran a recuperar el protagonismo que alguna vez tuvieron.

    Pero ya que de Assayas y su film “Carlos” se trata conviene rescatar el nombre de Rubén Katzowicz, un cinéfilo de alma lamentablemente fallecido con apenas medio siglo de vida, quien con su distribuidora Good Movies estrenó por primera vez dos títulos de Assayas: “Irma Vep” y “Los destinos sentimentales”. Vaya con esta nota nuestro sentido homenaje a Rubén.

    Originalmente presentado en el Festival de Cannes 2010 en su duración original de 330 minutos, en verdad una miniserie en tres capítulos, la versión que ahora nos llega dura exactamente la mitad por decisión de su realizador. El no haber visto la versión extendida nos impide la comparación con la que ahora se comenta, cuyo mérito es mantener en vilo al espectador a lo largo de toda su extensión. El trabajo de edición de Assayas puede considerarse exitoso al no notarse que se haya resentido el interés de la trama o la aparición de incoherencias u omisiones.

    El venezolano Ilich Ramírez Sánchez era más conocido por sus seudónimos entre los cuales Carlos y también El Chacal. Esta última denominación puede llevar a confusión ya que otro famoso terrorista, también así conocido, fue llevado al cine por Fred Zinnemann en su célebre “El día del Chacal”. Pero al momento del atentado a De Gaulle nuestro “Chacal” era apenas un adolescente cuya lengua materna era el español. A propósito de los idiomas, y en una muy acertada decisión del director, en “Carlos” cada personaje se expresa en la suya propia por lo que no extraña que se hable en inglés, francés, alemán, árabe o ruso además del castellano.


    Mérito aparte merece la decisión del “casting” que concluyó con la selección de actores en su totalidad desconocidos o noveles. Quien interpreta al rol central es Edgar Ramírez, visto en roles secundarios en “Bourne: el ultimátum “y en la segunda parte del “Che” de Soderbergh. Nadie más alejado del Che Guevara era Carlos, pese a que por momentos por su forma de vestir y hablar parecen similares. Assayas no busca demonizar al personaje pero tampoco crear de él un mito. En sus primeros años de militancia puede haber habido algún grado de idealismo. Pero ya al momento en que, junto a varios compañeros, toman en Viena en carácter de rehenes a los representantes de la OPEP en su reunión en diciembre de 1975 se percibe que lo motivan otras causas como el dinero, la fama y el lujo.

    El director en la edición parece haber privilegiado este episodio europeo posiblemente porque fue muy importante en su “crecimiento” personal, pero también porque está notablemente recreado y encadenado a la posterior etapa en que en avión buscan un lugar en algún país árabe que los acepte acoger.

    La parte final muestra la evidente decadencia del terrorista en que no sólo fue cambiando su accionar y la convicción con que se movía, sino también su aspecto físico degradado por aumento de peso, consumo de alcohol y relaciones ocasionales con numerosas mujeres. El final, y no se comete en este caso ninguna infidencia (“spoiler” como suele decirse en inglés), es conocido al punto de que actualmente sigue en prisión en Francia.

    La oportunidad de conocer la última realización de Assayas se ve realzada al comenzar a partir del martes 21 y hasta el domingo 26 de julio un ciclo retrospectivo con algunas de la obras más importantes de su importante filmografía en la sala Leopoldo Lugones.
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  • Hanna
    Hanna
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    Del director británico Joe Wright, cuyo debut fue en 2005 con “Orgullo y prejuicio” y posterior consagración dos años después con “Expiación, deseo y pecado”, podía esperarse más de lo que su más reciente “Hanna” ofrece. Y eso que cuenta nuevamente con la notable y joven actriz Saoirse Ronan, que tiene apenas 17 años y una muy promisoria carrera por delante.

    A menudo se ha dicho, con justa razón, que una de las principales limitaciones del cine norteamericano es la no mezcla de géneros, de manera que casi todos sus films, excluidos los independientes, pertenecen a uno sólo. Así por ejemplo tendremos comedias (muchas muy tontas), dramas, thrillers, películas animadas o de ciencia ficción.

    No es el caso de “Hanna”, quizás porque se trata de una coproducción de Estados Unidos con Europa (Alemania y Gran Bretaña) y por la procedencia de su realizador del último de los países nombrados.
    Ya desde el inicio se atisba que Wright intentó hacer algo diferente en una escena bastante cruel en que una joven en medio de un bosque helado persigue a un enorme alce al que mata aunque como ella lo dice “apenas errando su corazón”. Esta misma expresión resurgirá hacia el final del relato en inteligente contrapunto.

    La joven vive junto a su padre Erik (Eric Bana) en total aislamiento y pronto sabremos que él trabaja para la CIA en un experimento cuyos detalles conviene no develar salvo la indicación que se relaciona con la fortaleza física de su hija.

    Esta introducción podría perfectamente encajar en el género fantástico o de ciencia ficción, pero luego el film sufre un viraje al thriller en que Erik debe escapar para proteger su vida, separándose de la adolescente que también opta por salvar la suya.
    Es entonces que aparece un nuevo personaje, interpretado por la usualmente excelente Cate Blanchett, que aquí no tiene muchas oportunidades de lucirse, lo que habla más bien en contra de quien la dirige.

    Los cambios de paisajes y países aportan cierto atractivo a esta especie de película de James Bond, al pasar sucesivamente por Marruecos (un país visitado recientemente en dos oportunidades por este cronista y que será objeto de una nota futura en este sitio), España, Francia y Alemania. Hay una buena filmación en un puerto de contenedores, una sesión completa de baile flamenco y ya en la parte final del film varias escenas en Alemania, Berlin entre otras locaciones. Justamente hay un lugar que sería un parque de diversiones dedicado a los hermanos Grimm donde tiene lugar el desenlace de esta movida y algo despareja trama.

    Hay cierto exceso en determinadas situaciones como la persecución que sufre Hanna por parte de un alemán casi albino, un personaje que parece salido de un “comic”. El exotismo de la propuesta no siempre funciona y entre los más destacable conviene mencionar la banda sonora de “The Chemical Brothers”.
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  • X-men: Primera Generación
    Segunda “precuela” de una famosa serie de películas comercialmente exitosas que rompe sin embargo el esquema de previsibilidad.

    La creciente participación de secuelas, remakes y precuelas del cine norteamericano en la cartelera porteña (y mundial) es una realidad inquietante para los espectadores que buscan algo más que un simple cine de entretenimiento, sin imaginación y “pochoclero”.

    Luego de las tres X-MEN, dirigidas en 2000 y 2003 por Bryan Singer y en 2006 por Brett Ratner, se presentó en 2009 una fallida precuela (“X-Men Orígenes Wolverine”) del sudafricano Gavin Hood, que parecía cerrar un ciclo.

    Y de golpe surge otra precuela: “X-MEN: Primera generación” (“X-MEN: First Class), que aparecía a priori engrosando la larga lista de películas comerciales de fórmula. Por suerte no es este el caso ya que por una vez un buen guión y la dirección a cargo del inglés Matthew Vaughn (“Stardust”, “Kick Ass”) logran justificar su realización.

    Sin duda la propuesta será mejor apreciada por la importante legión de espectadores que ya han visto las anteriores y están familiarizados con los personajes principales, en su mayoría mutantes con poderes especiales.

    El comienzo de la que ahora nos ocupa no difiere en mucho de la primera de la serie, al estar ambientada en un campo de concentración en Polonia en 1944. Un muy joven Eric Lehnsherr sufrirá con horror la separación y posterior aniquilación de su madre, que será el germen del que nacerá Magneto, personificado por Michael Fassbender (y en las series anteriores y con mayor edad por Ian McKellen).

    Cambio de escenario para pasar a Inglaterra, también en 1944 para presentar al aún niño Charles Xavier y casi 20 años después, estamos en 1962, al ahora joven profesor de Oxford interpretado por James McAvoy. Para los seguidores evidentemente el mismo que en su madurez encarnaba Patrick Stewart.

    De Wolverine en esta precuela poco y nada, apenas un cameo de Hugo Jackman. Pero sí en cambio un nuevo personaje, Sebastián Shaw, que en 1944 se llamaba Klaus Schmitt dirigiendo el campo de concentración antes mencionado. Un gran acierto del casting de esta “primera generación” es la elección de Kevin Bacon para interpretar al siniestro Shaw. En cambio, aunque no afecte mucho a la historia, un despropósito mostrar al nazi en un paisaje montañoso de Argentina donde se confundieron de “villa” al denominarla Villa Gesell.

    Otros personajes con poderes diversos se irán sumando a lo largo de la primera mitad de la película, destacándose en los roles femeninos Jennifer Lawrence (Raven/Mystique), January Jones (Frost) y Rose Byrne (Moira).

    La extensa parte final de esta precuela estará centrada en un evento real que tuvo en vilo al mundo. Nos referimos a la crisis de los misiles en Cuba que casi enfrenta a los Estados Unidos, era la época de John F. Kennedy, con la Unión Soviética en una posible tercera guerra mundial. Los imaginativos guionistas le agregaron una parte de ficción en la que intervienen los X-men, evitando el conflicto. Hay en esta parte mucha acción con ambas flotas enfrentadas y enfrentando a los mutantes creados por Stan Lee, el artífice de la famosa Marvel Comics.

    Finalmente “X-MEN: Primera generación” le agrega un plus a los fanáticos de la saga al ofrecer una explicación de cómo Erik y Xavier, que se consideraban hermanos (“mutantes y orgullosos”), terminaron enfrentados a muerte en las tres secuelas estrenadas entre 2000 y 2006.
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  • El gato desaparece
    Obviamente nos estamos refiriendo a Alfred Hitchcock, por quien Carlos Sorín siente gran admiración. En “El gato desaparece” hay numerosos guiños que incluyen incluso un Mc Guffin, que no revelaremos. Si hasta el propio Sorín aparece en una escena, emulando los famosos “cameos” tan esperados en las películas del notable director inglés.

    La carrera de Sorín en el largometraje se inicia algo tardíamente en 1986 con “La película del rey” en que un muy joven Julio Cháves interpreta a un director de cine que pretende hacer una película sobre un francés que realmente existió y que se proclamó rey de Araucania y de la Patagonia. Premiada con un Goya a la mejor película extranjera de habla hispana y el León de Plata en Venecia interrumpió casi 20 años dedicados con gran éxito al cine publicitario. Tres años después seguiría la muy fallida “Eversmile, New Jersey” con Daniel Day-Lewis, que no tendría estreno local. Pasaron muchos años y recién a inicios de la década pasada se volvió a hablar de Sorín con dos largometrajes, “Historias mínimas” y “El perro”, que le dieron merecida fama en Argentina. Los tiempos entre estrenos se fueron acortando, aunque con películas poco logradas como “El camino de San Diego” y “La ventana”.

    “El gato desaparece” será probablemente, como el propio director comenta, un caso aislado en su carrera ya que él se siente muy cómodo con las interpretaciones de “no actores”, como él los denomina. De hecho, Juan Villegas (“El perro”) aparece en una breve escena del thriller que ahora nos ocupa y donde Beatriz (Beatriz Spelzini) interpreta a la esposa de Luís (Luís Luque), quien está internado en una clínica neuropsiquiátrica. Casi toda la acción transcurre en una casa, con algún parecido a la de “Psicosis”, adonde regresa Luís en compañía de su mujer. Profesor de literatura con una biblioteca voluminosa lo sorprende la reacción agresiva de Donatello, el gato negro de la pareja, quien parece no reconocerlo. Y de pronto haciendo honor al título del film, el felino no aparece y quien comienza a tener dudas es la esposa. El espectador también duda al no tener en claro si lo que imagina Beatriz es reflejo de un cambio en su marido o de su propio desvarío.

    Por primera vez Sorín usa el Cinemascope, lo que se revela particularmente apto para este tipo de cine de género. También es acertada la música compuesta, como en obras anteriores por Nicolás Sorín, hijo del realizador. A nivel de actuaciones descuella Beatriz Spelzini, quien recientemente ganó un premio importante del cine alemán (Lola) como mejor actriz de reparto en “El día que nací”. Luís Luque la acompaña adecuadamente aunque sin alcanzar el brillo de su compañera, mientras que Norma Argentina cumple bien un rol menor pero de importancia en la trama. Una buena película nacional que demuestra, en claro contraste con la competencia oficial argentina del reciente BAFICI, que se puede hacer buen cine en un “lugar aislado” y con una duración de algo menos de 90 minutos.
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  • Nunca me abandones
    El escritor Kazuo Ishiguro, nacido en Nagasaki pero residente desde su infancia en Londres, publicó la notable novela “Never let me go” hace algo más de cinco años.

    Ya una famosa obra anterior de 1989 (“The Remains of the Day”) había tenido una excelente adaptación fílmica cuatro años más tarde, aquí conocida como “Lo que queda del día”, dirigida por James Ivory y con inolvidables interpretaciones de Anthony Hopkins y Emma Thompson.

    Los antecedentes literarios y fílmicos de Ishiguro, así como su participación aquí como productor ejecutivo, permitían presagiar un nuevo logro con “Nunca me abandones”, filmada cinco años después de su publicación. Lamentablemente este no es el caso al no haber logrado Mark Romanek, su director, transmitir la potencia del relato original. No se trata de un proyecto totalmente fallido dado que cuenta con un elenco sobresaliente, pero en la comparación con el libro se percibe que se pierde gran parte del atractivo del mismo.

    Habiendo visto primero la película con un tema inquietante como es la clonación, este cronista decidió leer el libro y cual sería su sorpresa al comprobar que, a pesar de lo incómodo del tema, se topó con una obra magistralmente escrita.

    El film respeta básicamente la trama del libro pero no logra transmitir totalmente la melancolía del relato, en primera persona, de su personaje central, la joven Kathy H. Su intérprete es la joven actriz inglesa Carey Mulligan de 25 años, que debutara en 2005 en “Orgullo y prejuicio” y se consagrará luego con “Enseñanza de vida” (“An Education”). Se trata de una de los más talentosos descubrimientos del cine inglés y con un notable futuro.

    Al igual que en el libro la acción está dividida en tres periodos de tiempo, el primero de los cuales transcurre durante la niñez de Kathy y de dos compañeros de similar edad (Ruth y Tommy) en una escuela localizada en denominado un pueblo de nombre Hailsham (Inglaterra). La dirección del muy “especial” establecimiento está en manos de la muy estricta Miss Emily (Charlotte Rampling). En claro contraste, Miss Lucy (Rally Hawkins), no puede evitar un día revelar al trío de niños sus condiciones particulares (sus orígenes) siendo por ello expulsada por la directora.

    El libro, en forma más explicita que el film, revela desde el inicio que los jóvenes que están en Hailsham son diferentes a cualquier otro ser humano. En la película cuando empieza la segunda parte de la historia, unos ocho años después, el trío de jóvenes ya percibe claramente cual es su trágico destino. Ruth es interpretada por Keira Knightley, conocida por la serie de los “Piratas del Caribe” y que ya había coincidido con Carey Mulligan en la película donde esta última debutó. Interpretando a Tommy, el joven cuyo amor oscila entre ambas mujeres, encontramos a otra promesa como actor. Se trata del norteamericano Andrew Garfield, visto no hace mucho en “Red social” y anteriormente en “El imaginario mundo del Doctor Parnassus”.

    “Nunca me abandones” es una obra que perturba y no apta para quien busque únicamente entretenimiento. Se la debe catalogar dentro del cine de ciencia ficción o, quizás más apropiadamente, de anticipación dentro del género de cine fantástico.

    Puede no terminar de convencer pero es seguro que, a quien le haya interesado el tema, sólo nos resta aconsejarle que corra a la librería más próxima y se compre el libro. No saldrá defraudado.
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  • Sólo tres días
    Paul Haggis era hasta el año 2005 reputado como un exitoso guionista a quien se debía entre otras la historia de “Million Dollar Baby”, dirigida por Clint Eastwood, que ganó ese año cuatro Oscars (película, director, actriz y actor de reparto).

    En 2006 su segundo largometraje (“Vidas cruzadas”/“Crash”) obtuvo algo sorpresivamente el Oscar a la mejor película, aunque no a la mejor dirección. Luego volvió a dirigir en 2007 (“La conspiración”), siendo “Sólo tres días” (“The next three days”) su cuarta obra como realizador. Se trata en verdad de una remake de un film francés (“Pour elle”), no estrenado en nuestro país, en lo que se está convirtiendo en una modalidad habitual del cine norteamericano. Basta recordar la reciente “El turista” también basada en otro film francés (“Anthony Zimmer”) igualmente no visto localmente.

    La carencia de guionistas del cine de los Estados Unidos es algo que ya no se discute, pero tratándose de Haggis sorprende que, con sus antecedentes como autor de libros cinematográficos, se haya dejado atrapar por una historia tan inverosímil como la que aquí se presenta. Russell Crowe parece estar dejando atrás su momento de gloria cuando, hace apenas una década encadenó, una serie de tres nominaciones al Oscar consecutivas por “El informante”, “Gladiador” (donde ganó) y “Una mente brillante”. Su personaje aquí (John Brennan) es un profesor universitario de literatura a cuyo hogar en Pittsburgh llega un día la policía para llevarse a su esposa Lara, la atractiva Elizabeth Banks (“Zack y Miri hacen una porno”), acusada del asesinato de su jefa.

    De allí en más la vida de John se vuelve un infierno al tener que ocuparse de Luke, su pequeño hijo (una buena composición de Ty Simpkins). Cuenta para ello con la ayuda de su padre, en una feliz reaparición de Brian Dennehy (El vientre del arquitecto”). Pero, incapaz de imaginar que sea su esposa quien mató a la víctima, situación que recién se aclarará al final de los más de 130 minutos que dura el film, elaborará un plan para sacarla de prisión. Y es allí donde “Sólo tres días” gana y pierde a la vez. Para quienes sólo busquen entretenimiento las escenas de la media hora final, llenas de persecuciones en auto, dentro de un túnel de subterráneo o en un aeropuerto serán bien recibidas al estar muy bien filmadas. En cambio para quienes exijan cierto rigor y credibilidad en la trama es probable que la sensación sea diferente. Ya una escena anterior, en que John ingresa a un hospital donde se encuentra Lara y logran escapar pese al enorme despliegue policial parece difícil de asimilar.

    A señalar que este es uno de los films donde el uso de Internet por parte de su protagonista se convierte en una herramienta vital. Sólo de esa manera se explica, por ejemplo, su contacto con un especialista en fugas, casi un “cameo” de Liam Neeson, cuyo personaje daba para más que una fugaz aparición en el film.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    “Battle: Los Angeles”, el más breve título original de la aquí conocida como “Invasión del mundo – Batalla: Los Angeles”, al menos no oculta la verdadera propuesta que hay detrás de esta película básicamente del género bélico.

    Los amantes de la ciencia ficción no se sentirán del todo engañados ya que extraterrestres hay, y en buena cantidad. Lo que al inicio parecía una lluvia de meteoritos pronto se revelará algo diferente, cuando del agua (costa de California) emerjan los invasores. Habrá que esperar media hora, pero la película dura dos, hasta que se perciba que aspecto tienen los alienígenas. Gran decepción pues no son bastante originales ni muy diferentes de los ya vistos en tantas otras versiones de una invasión del espacio exterior.

    Pero en verdad poco a poco el espectador irá comprobando que le vendieron una de ciencia ficción, cuando en realidad es una de “guerra”. Esto no sería tan grave ya que hay relatos bélicos que logran mantener el interés, aunque aquí lo que prevalece es el tedio que produce el “déja vu”. Por momentos uno piensa en películas filmadas muchos años atrás, sobre conflictos que van desde la Segunda Guerra Mundial, pasando por Corea e incluso Vietnam. Muchas de esas producciones tenían un denominador común, que aquí son el eje de la historia: los Marines norteamericanos. Incluso, y para que no quede ninguna duda, en algún momento un teniente le dirá a un soldado que su acción salvadora “fue como la de John Wayne”. Lo cómico es que el soldado le preguntará: “Who the Hell is John Wayne”? (verdadero blooper).

    Aaron Eckhart, un ex actor secundario que últimamente ha venido encarnando roles protagónicos en forma exitosa (“Gracias por fumar”, “Sin reservas”, “Batman, el caballero de la noche”) es aquí el sargento Nantz. A punto de retirarse, recibe la mala nueva que debe quedarse ante la invasión de Los Angeles. Arrastra la mala fama que lo tiene como culpable de la muerte de algunos soldados por decisiones riesgosas y quizás equivocadas durante la guerra de Irak. Será asignado a un grupo de soldados, que al principio lo recibirán con desconfianza. El pelotón está integrado por latinos, negros y orientales mayormente y sin duda el mensaje dirigido, sobre todo a esas comunidades norteamericanas, podría resumirse con “Join the Marines”. Algunos de los actores protagonistas, todos desconocidos, llevan nombres tan insólitos como Ne-Yo, James Hiroyuki Liao o Adetokumboh M’Cormack!.

    Proliferan los golpes bajos, sobre todo cuando un civil de nombre Joe Rincón es herido mortalmente y su hijo Héctor llora su muerte, hasta que éste recibe las palabras reconfortantes del sargento Nantz. Textualmente le dice “Tu papá trató de quedarse contigo. Pero tú eres un hombre valiente. Necesito que seas mi pequeño Marine”. Y el chico parece renacer de las cenizas.

    “Invasión del mundo – Batalla: Los Angeles” fue dirigida por el sudafricano Jonathan Liebesman (“La masacre de Texas: el inicio”) y lo único rescatable son los efectos especiales que hoy en día ya no pueden considerarse un mérito mayor. La música de fondo, solemne y difícil de soportar, está a la altura del resto. Es de Brian Tyler, al que se le deben bandas sonoras de títulos recientes como “Los indestructibles”, “Rápidos y furiosos”, “Rambo – regreso al infierno” o “Alien vs. Depredador 2”. Como se ve en general films de clase B, nunca nominados al Oscar en el rubro musical.
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  • Rango
    Rango
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    Que una película norteamericana animada tenga como nombre original un término español constituye ya una primera curiosidad. Claro que tratándose de un western en que su personaje central toma su nombre de una botella hecha en “Durango” resulta una explicación jocosa, que marca el tono de todo el film.

    “Rango”, al igual que el resto de los numerosos personajes (casi todos animales), es un camaleón o lagartija que de golpe cae en pleno desierto de Mojave, donde lo que no abunda precisamente es el agua. Los habitantes del pueblo donde recala y cuyo sugestivo nombre es “Dirt” (por tierra o polvo) lo convencen para que sea su sheriff. Pero no todo será rosa para nuestro inesperado héroe ya que, al mejor estilo de una de “vaqueros”, aparecerán una serie de intrusos liderados por un tiránico alcalde, una tortuga en silla de ruedas, y su sicario, representado éste por una gigantesca víbora cascabel.

    El género de cine animado continúa sorprendiendo con nuevos productos originales como el de este caso, en que el espectador podrá descubrir numerosas referencias que harán el deleite del cinéfilo. La más transitada será sin duda “A la hora señalada” con Gary Cooper, aunque también será inevitable el recuerdo de los westerns italianos y de quien como Clint Eastwood les debe su lanzamiento a la fama.

    Por una vez no será necesario calzarse los anteojos 3D, pese a que varias escenas podrían perfectamente haber justificado su uso. Lo que puede lamentarse es que no se den casi copias en el idioma original (habría una en La Plata), con lo que se perderá la oportunidad de escuchar a Johnny Depp en el rol central, a Bill Nighy como el gigantesco ofidio y a Ned Beatty como su jefe. De todas maneras el doblaje es bueno y lo que sorprende es que algunas de las voces sean marcadamente de compatriotas argentinos.

    “Rango” fue dirigida por Gore Verbinski, el realizador hasta ahora de la serie de “Piratas del Caribe”, lo que también explica la presencia (voz) de Depp y Nighy. La música es del compositor alemán Hans Zimmer, varias veces nominado al Oscar (una vez lo ganó) y los efectos especiales son de la Industrial Light & Magic de George Lucas.

    Se trata de una producción donde se destaca un ritmo incesante y la excelente calidad de diseño de los seres animados, cuya perfección los aproxima a sus pares vivientes. Imperdible el cuarteto de búhos, especie de relatores de esta original historia.
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  • Desconocido
    Desconocido
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    Coproducida por seis países, la mitad de Europa, y dirigida por el catalán, Jaume Collet-Serra (“La casa de cera”, “La huérfana”), “Desconocido” (“Unknown”) no disimula que se trata en el fondo de un producto comercial norteamericano, pese a la presencia de varios actores europeos necesarios a su ambientación en Berlín.

    La capital alemana es la que más luce en este largometraje filmado hace exactamente un año, cuando transcurría coincidentemente su anterior Festival de Cine. Quien esto escribe puede dar fe de ello, ya que una tarde en que circulaba accidentalmente por la Oranienburgerstrasse (que antes de la caída del muro pertenecía a Berlín Oriental) se topó con un equipo de filmación. De golpe aparecieron Liam Neeson y Diane Kruger entrando a una famosa discoteca (Tacheles), escena que repitieron varias veces y que aparece (para alegría de este cronista) en la versión final del film, recién estrenado en forma simultánea en Estados Unidos, Alemania y Argentina.

    “Desconocido” es el tipo de thriller donde no conviene develar demasiado al espectador. Basta con señalar que Neeson interpreta al Dr. Martin Harris, un científico especializado en biotecnología que llega con su esposa Liz (January Jones) para hospedarse en el famoso Hotel Adlon, donde tiene lugar un congreso internacional. Claro que uno ya está ansioso por saber cuándo le tocará aparecer a Diane Kruger, la otra actriz importante del reparto. La espera será corta ya que Harris volverá al aeropuerto, al haber olvidado un maletín, siendo la joven actriz alemana la taxista (nacida en Bosnia) que lo transportará. La siguiente escena, una de las tantas con persecuciones de autos, será espectacular ya que el Mercedes Benz en que viaja caerá al agua, pero la chica logrará salvarlo y que transporten al científico a un hospital. Allí permanecerá durante cuatro días en coma, para luego despertar aunque con problemas en la memoria. Su esposa no lo reconocerá al volver al hotel, estando además acompañada de otro señor que dice también ser el Dr. Harris. De allí en más entrarán en escena varios otros personajes como un ex agente de la Stasi, interpretado por Bruno Ganz, otro científico, rol a cargo de Sebastián Koch (“La vida de los otros”) y un supuesto amigo que viene en su ayuda de los Estados Unidos, papel a cargo de Frank Langella.

    A medida que avance la trama se irá revelando que existe todo un plan detrás del congreso de biotecnología, uno de cuyos sponsors es un jeque de Arabia Saudita, cuya presencia molesta a más de una empresa multinacional. Pero lo más rescatable de “Desconocido” será el buen aprovechamiento de los paisajes berlineses y una definición no del todo previsible, lo que en este típico pasatiempo resulta aceptable si no se es demasiado exigente.
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  • El discurso del rey
    El inglés Colin Firth es sin duda el más probable ganador en la categoría mejor actor, una de las nominaciones recibidas por “El discurso del rey” (“The King’s Speech”). Se podría incluso especular que, de no haber sido Firth quien interpretara al Rey Jorge VI, la película habría recibido muchas menos de las doce nominaciones que la ponen al tope por encima de “Temple de acero” de los hermanos Coen (diez) o “Red social” con ocho.

    Los posibles ganadores en los diversos rubros serán el objeto de una nota futura a publicarse cuando se acerque la fecha (27 de febrero) de la ceremonia de entrega de las estatuillas. En este texto se intentará analizar, explicar y en opinión de este cronista justificar los merecimientos de la coproducción mayoritariamente inglesa, y con algo de Australia, del virtualmente desconocido y también nominado director Tom Hooper.

    El duque de York, hijo menor de Jorge V, no imaginó seguramente que algún día su hermano mayor Eduardo VIII abdicaría al año de haber sido nombrado rey por querer casarse con una mujer norteamericana, la célebre Wallis Simpson, doblemente divorciada. Quien sería el futuro rey Jorge VI, y padre de la actual reina Isabel de Inglaterra, siempre había sido objeto de burla de su hermano mayor como consecuencia de una tartamudez, que mucho tenía que ver con su desgraciada infancia y que la película va revelando acertadamente y por etapas.

    La trama, no necesariamente fiel a la verdadera historia, le asigna un rol trascendente a la esposa del futuro rey en una excelente interpretación de Helena Bonham Carter (nominada), mejor aprovechada que en varias de la películas recientes de su esposo y director Tim Burton. Será ella quien, sin revelar su identidad y la del marido, visite a un “profesional” que tendría la capacidad de sanear el impedimento del habla de su pareja.

    Hace entonces entrada en escena Lionel Logue, rol asignado en otro acierto del “casting” al australiano (también lo es el personaje que realmente existió) Geoffrey Rush. Recordado por el film “Claroscuro” de Scott Hicks que se llevó un solo Oscar al mejor actor de reparto justamente otorgado a Rush, hasta entonces un desconocido actor que aquí vuelve a ser nominado en esa categoría.

    Cuando se produzca el primer encuentro entre Logue y su paciente, del que ignora su verdadera identidad, el terapeuta le señalará que pese a las claras diferencias sociales entre ambos aquí será mejor que “seamos iguales” y lo tutea llamándolo “Bertie”, ante el disgusto del noble.

    La relación entre ambos se quebrará en más de una oportunidad y se restablecerá gracias a toda una “novedad” de la época (década del ’30), consistente en un fonógrafo que además permite grabar sonidos.

    Son graciosos los ejercicios que debe realizar el futuro rey y las situaciones pueden recordar una circunstancia similar, aunque socialmente invertida, como era la del profesor Higgins con Eliza Doolittle en “Mi bella dama” (“My Fair lady”). Los métodos que usa Logue incluyen practicar el habla bajo el ritmo de canciones como “Swanee River” e incluso el proferir insultos varios, que logran destrabar la tartamudez.

    Uno de los aspectos más impactantes de “El discurso del rey” es como va creciendo afectivamente la relación entre dos personas tan diferentes reservando para los últimos veinte minutos momentos de enorme emoción, cuando el ahora rey deba dirigirse a la nación para anunciar que Inglaterra ha decidido declarar la guerra a Alemania.

    La lectura de un discurso de unas tres páginas que Jorge VI realiza frente a un amenazante y enorme micrófono y con la presencia y guía de su tutor es uno de los momentos más sublimes de la cinematografía ingles reciente. Como fondo se escucha la séptima sinfonía de Beethoven y con la presencia de Logue, cual director de orquesta, orientando a su discípulo para no equivocarse en la lectura de tan trascendente mensaje.

    Entre los muchos otros aciertos de esta película, la mejor de las diez nominadas, señalemos varias brillantes actuaciones de actores veteranos empezando por Claire Bloom (“Candilejas” de Chaplin!) como la reina madre, Derek Jacobi como el arzobispo Lang, Michael Gambon como Jorge V y Timothy Spall como Winston Churchill.

    Atípica frente a productos más tradicionales como el western de los hermanos Coen y la película sobre Facebook de David Fincher, “El discurso del rey” debería alzarse con el máximo premio, aunque nada está dicho a la hora de las definiciones.
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  • Sudor frío
    Sudor frío
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    En notorio contraste con la mayoría de los estrenos nacionales, que raramente exceden la decena de copias y muy a menudo no superan la mitad, “Sudor frío” de Adrián García Bogliano se presenta en 35 salas de todo el país. Y la respuesta del público ha sido más que satisfactoria, al menos en sus dos primeros días de exhibición, superando la marca de 12.000 espectadores.

    Se trata, como se intenta insinuar desde el inicio de esta nota, de un fenómeno inusual dentro de la que podría generalizarse como raquítica producción de films nacionales. Basta recordar lo acontecido durante el 2010, donde más de 100 estrenos argentinos no representaron ni el 10% del total recaudado en boletería.

    Ocurre que detrás de la distribución de este estreno nacional se encuentra uno de los mayores sellos cinematográficos del mundo (Buena Vista). Es el mismo que el año pasado tuvo la película más taquillera del año (“Toy Story 3”) y la argentina con mayor número de espectadores (“Igualita a mí”). La campaña de promoción en este caso ha sido fuerte, con profusión de carteles y afiches.

    Pero la pregunta básica es si tendrá continuidad este favorable arranque inicial. Si uno se atiene estrictamente a lo visto en el cine la respuesta no parece tan concluyente. Llama la atención que el director de la película ya tenga otros cinco largometrajes en su haber desde 2005 y ninguno estrenado. Títulos anteriores como “Grité una noche”, “No moriré sola” y “Masacre esta noche” refieren a una cierta insistencia en temas donde corre mucha sangre y abunda el terror, una vertiente que se reitera en “Sudor frío”.

    Los actores centrales se distribuyen en dos grupos bien diferenciados. Por un lado un trío de intérpretes jóvenes, dos de los cuales por coincidencia tuvieron roles menores en “Diarios de motocicleta” de Walter Salles. El es un inexpresivo Facundo Espinoza y ella la varias veces vista en cine Marina Glezer (“La vieja de atrás”, “Roma”, “El polaquito”). Ambos irrumpen en una casa en búsqueda de otra chica allí atrapada, papel a cargo de la debutante en cine, no así en TV y revistas (Playboy), la sexy Camila Velasco. El otro grupo está constituido por dos ancianos, ex torturadores en la época de la triple A, uno de los cuales tiene dificultades para desplazarse. Que este par de viejos decrépitos (sobre todo uno de ellos) puedan dominar a tantos jóvenes, a los que se agrega al principio otra mujer que al poco tiempo será virtualmente degollada, es una cuestión que el espectador difícilmente puede “comprar”.

    El otro aspecto inverosímil es que con tanta nitroglicerina esparcida en los cuerpos de las jóvenes, la misma no explote. Es más bien la excusa para que Camila Velasco deba desprenderse con sumo cuidado del producto químico haciendo con ello un strip tease, que poco tiene que ver con la supuestamente dramática situación.

    Pero si algo le faltaba a esta película de terror, que no provoca miedo alguno, es la aparición hacia el final de un conjunto de mujeres encarceladas (vaya saber cuánto tiempo), que son liberadas y se abalanzan sobre sus dos victimarios. Allí la profusión de entrañas alcanzará un clímax al que se incorporarán unos vecinos de los ancianos, ocupados hasta ese momento en la ingestión de diversas drogas.

    El inusitado no funcionamiento de los celulares en la casa, la repetida referencia a facebook y varias otras incongruencias terminan por provocar en el espectador una mezcla de asco y sensación de pérdida de tiempo, que ni siquiera una versión moderna del éxito de Manal “Jugo de tomate” logra mitigar. No aconsejable ni siquiera para adictos a este tipo de películas.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    Leedor.com
    De los ahora diez largometrajes seleccionados a mejor película, modalidad iniciada el año pasado, cuatro ya han sido estrenados localmente durante el 2010. “Lazos de sangre” (“Winter bone”) completa la primera mitad, mientras que un intenso febrero en lo cinematográfico espera los cinco títulos restantes.

    Dirigida por la casi debutante Debra Granik, esta producción norteamericana independiente, premiada en Sundance y otros festivales, sorprende al estar compitiendo contra films de realizadores consagrados como los hermanos Coen, David Fincher, David O.Russell y Daniel Aronofsky, seleccionados además en la categoría mejor director.

    De sus cuatro nominaciones: película, guión adaptado, actor de reparto y mejor actriz sólo esta última tendría alguna, remota es verdad, chance de ganar merced a la excelente interpretación de, la hasta ahora desconocida, Jennifer Lawrence. Ella personifica a Ree, una joven de 17 años, que vive en las pauperizadas montañas del estado de Missouri con padre físicamente ausente y madre ídem pero en lo mental, ocupándose de sus hermanos menores de 12 y 6 años.

    Desde el mismo comienzo de la historia se perfila la presencia perniciosa de la droga, que le ofrece un personaje secundario y que Ree rechaza por ahora (“not so far”). Se la ve desesperada echándole en cara a la madre su “ausencia” y pidiéndole en vano que la ayude por una vez. La comida no abunda y sobre la familia pende la amenaza de que los echen a la calle si no pagan dentro de una semana la deuda (fianza) que dejó el padre. Sólo en caso de poder demostrar que el progenitor está muerto podrán permanecer en su hogar. Aparece entonces en acción Teardrop, el tío y hermano del padre (el nominado John Hawkes), un personaje ambiguo que en el fondo teme a su sobrina Ree a la que le reconoce su inteligencia en una escena en que le afirma que el padre, pese a sus defectos, nunca fue un soplón como por ahí se afirma.

    Hay escenas que constituyen verdaderos descensos al infierno como una temprana y muy lograda en un matadero y otra en un bote en que un grupo de vecinos la acompañan en la búsqueda del cuerpo (y las manos) del padre. No menos impactante es el momento en que a la joven protagonista la golpean entre varios en forma amenazante. La situación, ambientada en un país del primer mundo, no tiene nada que envidiar a lo que ocurre diariamente en sectores suburbanos de nuestra capital.

    La única salida, parece afirmarse en más de un momento del relato, es la de que la chica se enrole en el ejército ya que le permitiría embolsar unos 40 mil dólares al cabo de unas pocas semanas. Pero siendo ella menor de edad y no estando sus padres “presentes” queda descartada, ante el consejo del comprensivo militar que la entrevista y le recomienda no enrolarse exclusivamente por el dinero.

    Hacia el final, que no será lógicamente develado, con la aparición del banjo de su padre y algún alivio para los hermanitos (regalo de dos pollitos), se producirán algunas novedades en esta historia que muestra que también en el país del norte hay mucha miseria y desigualdad.

    Recomendable por la ajustada dirección, el logrado clima y por sobre todo la estupenda interpretación de Jennifer Lawrence, toda una revelación.
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  • De amor y otras adicciones
    El mayor atractivo de “De amor y otras adicciones” (“Love and Other Drugs”) es la pareja central integrada por Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway. Décima película de Edgard Zwick, un artesano que se ha especializado en películas de acción (“Tiempos de gloria”, “Leyendas de pasión”, “Valor bajo fuego”, “El último Samurai”, “Diamantes de sangre”), la presente se acerca más a su primer film “¿Te acuerdas de anoche?” con una aún joven Demi Moore.

    Jake Gyllenhaal, quien acaba de cumplir treinta años, es una segura apuesta para un productor cinematográfico. Su padre Stephen lo dirigió en dos oportunidades, en una de las cuales lo acompañó su hermana mayor Maggie. Ambos volvieron a actuar juntos en “Donnie Darko”, film de culto de Richard Kelly, que por extrañas cuestiones de distribución nunca se estrenó localmente. De los diez primeros títulos de la carrera de Jake sólo dos tuvieron estreno en salas en nuestro país, que incluyen a su debut cinematográfico en “City Slickers” (aquí “Amigos…siempre amigos”) cuando apenas tenía diez años. Ese film seguramente será recordado por los más memoriosos pues marcó el regreso, Oscar incluido, de Jack Palance. A partir del 2002 y hasta el presente Gyllenhaal participa en diez películas más todas estrenadas localmente y mayormente exitosas. Pero sería 2005 el año de su consagración definitiva cuando, junto a Heath Ledger, el ganador del Oscar como mejor director Ang Lee los reuniera en “Secreto en la montaña”. Y es precisamente en esa película donde por primera vez se lo ve junto a Anne Hathaway, que allí hace de esposa.
    Anne Hathaway, dos años más joven que Jake, ya era conocida por “El diario de la princesa”, su debut en 2001, pero su consagración definitiva fue junto a Meryl Streep en “El diablo viste a la moda” del 2006. Luego se la vería en “Guerra de novias” y más recientemente en “Alicia en el país de las maravillas”.
    “De amor y otras adicciones” es básicamente un melodrama en que se cruza Jamie, un exitoso vendedor de productos farmacéuticos de un muy famoso laboratorio (Pfizer), entidad que adquirirá gran fama (en el film también) cuando se descubra el Viagra y Maggie Murdock, una chica hermosa que parece tener todo a su favor. Pero a poco que avanza la historia, el espectador se entera de que ella padece del mal de Parkinson todavía en su primera (temprana) fase. A lo largo de casi dos horas se irán produciendo encuentros y desencuentros de la pareja central. Ella sentirá que él estará perdiendo el tiempo a medida que su mal se agrave y él obviamente dudará sobre el camino a seguir.

    Lo más flojo del film son algunos personajes secundarios, particularmente Josh (el actor Josh Gad) como el hermano “nerd” de Jaime, que parece salido de alguna de las tantas realizaciones de Hollywood que nos invaden últimamente ricas en groserías y poco refinadas alusiones sexuales. Tampoco aportan mucho dos veteranos actores (George Segal y Jill Clayburgh, recientemente fallecida) de muy episódica aparición como los padres de ambos hermanos. Algo mejor le va a Oliver Platt como el jefe de Jaime y no desentona Frank Azaria como un médico fácil de convencer.
    En síntesis un film desparejo del que se rescatan algunos momentos logrados que pueden justificar su visión, sin excesivas pretensiones.
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  • Tron: El legado
    Tron: El legado
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    A uno que no ha visto la primera edición de 1982 dirigida por Steven Lisberger (ahora productor), lo tienta poder compararla con la recién estrenada “Tron: el legado”. A falta de disponer una copia del original, resulta útil la lectura de las críticas locales de esa época. La de Adrián Desiderato, publicada el día de su estreno (31 de marzo de 1983), decía: “La era de las computadoras ha llegado al cine…”Tron” acarrea la novedad de su artilugio formal y sus florilegios visuales, orquestados por un complejo sistema de computarización que es el mismo que alimenta los juegos de video”. Lo notable de ese comentario es que se podría aplicar textualmente a la nueva versión que se acaba de estrenar. Pero esa misma traslación de la crítica prefigura la pobreza de este nuevo intento del estudio Disney al no haber aportado mayores novedades, sobre todo a nivel de guión, y alargado la propuesta en más de treinta minutos, superando el conjunto las dos horas.

    Quizás el mayor acierto de “el legado” sea la inclusión nuevamente de Jeff Bridges (Oscar por “Loco corazón”) quien aquí vuelve a interpretar a dos personajes. Por un lado es Kevin Flynn, el padre desaparecido de Sam (el inexpresivo, para decirlo suavemente, Garrett Hedlund) y por el otro Clu, su avatar. Esta última palabra, que ahora ha popularizado James Cameron, da pie para señalar los años luz que separan a este “Tron” del film del director de “Titanic”. Este avatar es un Jeff Bridges rejuvenecido treinta años, un logro cinematográfico de efectos especiales de los grandes estudios de Hollywood.
    El gran problema de esta remake es la falta de interés de una trama que más de un espectador encontrará confusa y que será mejor apreciada por los más jóvenes, sobre todo aquellos que disfrutan de los videojuegos. Los personajes entran y salen del espacio virtual, aquí llamado la rejilla (grid). La estética tiene mucho que ver con este tipo de entretenimiento y para los no adeptos puede generar cansancio la utilización predominante de ciertos colores: sobre todo el naranja y también el negro, blanco y amarillo de muchos de los personajes y ambientes. Sin duda, hecho a profeso, uno terminando extrañando los verdes que recién vuelven a aparecer en una escena final a lo largo de una carretera arbolada.

    Dirigida por el debutante Joseph Kosinski, “Tron el legado” lo tiene nuevamente a Bruce Boxleitner en el personaje que da título al film, a la bonita Olivia Wilde y a Michael Sheen, el mismo de la recientemente estrenada “El día del juicio final”. A señalar la versatilidad de este último actor aquí como Castor, en un personaje totalmente diferente, alter ego de un David Bowie más joven.

    Nota: Este comentario se basa en una versión vista en 2D y en inglés. Es probable que en 3D y/o en IMAX la apreciación crítica cambie algo aunque no se cree que en forma sustancial.
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  • El día del juicio final
    Luego de haber visto “El día del juicio final” del director australiano Gregor Jordan uno logra entender por qué en su país de origen, Estados Unidos, no fue estrenada en cines y fue directamente a video. Ocurre que “Unthinkable”, tal su título final que podría traducirse como “impensable” o mejor aún como “inimaginable”, incomoda. Y por más de una razón.

    Por un lado está su tema central: la amenaza que hace un norteamericano de origen árabe, una excelente actuación de Michael Sheen (“Frost/Nixon, la entrevista del escándalo”), de no detener la explosión de tres bombas atómicas instaladas en grandes ciudades de su país, si no se atienden sus demandas. Está claro que el film explota una fobia que se ha instalado en el país del norte desde el 11 de septiembre de 2001 de que se produzca otro desastre, como el aquí se insinúa.

    Pero hay otro tema que enriquece la propuesta de la película y que tiene que ver con los métodos que se usan, basados en diversas formas de tortura, y que no toda la población norteamericana reconoce ni condena. Aquí la misma la ejerce un personaje detestable de nombre Henry Humphries o simplemente H (Samuel L.Jackson), buen padre de familia pero ejecutor implacable de métodos inhumanos en donde “el fin justifica los medios”. Y ese objetivo es descubrir dónde están las bombas. Para ello someterá al amenazante Steven Arthur Younger (Sheen) a los peores tormentos, amputándole dedos de la mano, aplicándole electrodos en su cuerpo, sumergiéndolo en agua para que no pueda respirar y muchos otros suplicios. Cabe aclarar que estas escenas que llenan buena parte del metraje son de difícil tolerancia para un público sensible y si bien no son del todo gratuitas pueden molestar a más de un espectador.

    A modo de contraste con H se ubica el personaje de la agente del FBI, Helen Brody, que interpreta en forma convincente Carrie-Anne Moss (“Memento”, “Matrix”), quien prueba “por las buenas” de sacarle la información a Younger. Sus intentos fracasan pero también los de H no llegan a buen puerto y es entonces que, faltando tres horas para el posible estallido (y algo menos de media hora de película), la estrategia aplicada será distinta. La misma consistirá en poner frente al terrorista a miembros de su familia (esposa, dos hijos pequeños) y, sin ética alguna, amenazar en aplicarle los mismos métodos (aquí H usará la expresión “unthinkable”). Serán las escenas más duras de soportar (ya se lo habíamos advertido al posible espectador) y el final, algo más convencional, no defraudará a quienes se hayan quedado en la sala hasta la aparición de los títulos. Este cronista confiesa que la película lo atrapó lo suficiente como para no levantarse antes de la butaca y para afirmar que, sin ser un gran film, “El día del juicio final” se deja ver.
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  • Megamente
    Megamente
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    Hace cuatro meses tuvimos oportunidad de comentar “Mi villano favorito”, un film de animación con el cual “Megamente” (“Megamind”), uno de los estrenos de la semana, comparte más de un parecido. Ambos se presentan en versiones 3D y 2D y mayoría de copias dobladas al castellano. Pero donde la semejanza se manifiesta más intensamente es en las características de la figura central, ya que en ambos casos se trata de un “villano” que en el fondo no lo es tanto.

    Este tipo de personaje ambivalente es característico de muchas producciones, sobre todo del cine norteamericano, donde no todo es como parece.

    “Megamente” tiene un comienzo impecable y a gran ritmo con la presentación de dos bebés extraterrestres, el que da el título al film y otro de nombre Metroman que llegan a la tierra (vaya a saber de que otra galaxia) y caen en lugares muy diferentes. Mientras que el primero y central va a dar directamente a una prisión donde los reclusos deciden virtualmente “adoptarlo”, el otro es recibido en un hogar con cuna de oro.
    Pasa el tiempo en Metrociudad y volvemos a encontrar a los ex bebés ya adolescentes. Ya a esa altura el espectador percibe claras referencias a Superman, tanto por el nombre del lugar donde transcurre la acción como por las características de los personajes. Para hacer aún más palpable la semejanza aparecerá Roxanne Ritchi, una periodista de mucho carácter que remite en algunos aspectos a Lois Lane y que se enamora de Metroman y desdeña a su rival, que digamos de paso, es de color celeste y con notorio aspecto extraterrestre.
    Habrá todavía un cuarto personaje importante de nombre Hal (referencia a Kubrick?), cameraman ingenuo enamorado de Roxana, que tendrá fuerte protagonismo en la media hora final, la mejor del film. No conviene revelar mucho más sobre el profundo cambio que sufre Hal (luego Titan) en esa parte final ante la virtual desaparición de Metroman. Sólo decir que dentro de la hora y media que dura “Megamente” entre el inicio y la inteligente conclusión hay en el medio un profundo bache narrativo difícil de comprender. Y que, sin embargo, en conjunto la propuesta convence amén de contar con otros elementos de interés.

    Por un lado, una banda musical sobresaliente con temas de AC/DC, Ozzie Osbourne, Guns N’ Roses, Jeff Lynne (de ELO), Gilbert O’Sullivan, Michael Jackson y música instrumental del gran Hans Zimmer. Por el otro, las voces en la versión original de Will Ferrell, Brad Pitt, Tina Fey y el propio Ben Stiller (también productor).

    Quienes como este cronista vean la copia en 2D y en castellano sentirán probablemente la ausencia de efectos 3D, que parece están bien utilizados, debiendo además soportar términos poco habituales como “recórcholis”, “palomitas” o ignotos como “fiesta lechona”. Pero se regodearán con el resto y con un personaje, aún no mencionado, consistente en una especie de simpático pececito dentro de una traje espacial, que asesora a Megamente.
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  • Skyline: La invasión
    Las últimas semanas del año suelen ser “flacas” en estrenos de calidad, presentándose títulos largamente postergados y de escaso interés, además de material que se sabe será desplazado apenas empiecen a estrenarse los habituales “blockbusters” de fin de año. Uno de estos ya llegó la semana pasada (“Harry Potter y las reliquias de la muerte – Parte1”) y otros lo sucederán como es el caso de “Megamente”, que se estrena la semana próxima.

    “Skyline: La invasión” es un film menor del género de ciencia ficción dirigido por los hermanos Colin y Greg Strause, cuyo único antecedente en el largometraje es la codirección de “Alien vs Depredador 2” Los hermanos Strause son más conocidos en el mundo de Hollywood por su participación en la producción de efectos (FX) en grandes éxitos comerciales tales como “Avatar” y “Titanic”.

    En “Skyline” lo único no convencional son justamente los efectos especiales, mientras que en el resto de los rubros (guión, actores, música, etc) las diferencias con las dos películas de John Cameron resultan abismales. La primera escena ya revela el género al mostrar el cielo de Los Ángeles poblado de luces misteriosas que caen a la tierra. Los personajes principales son testigo de la fuerte iluminación que produce tal invasión pero poco después la acción retrocederá algunas horas y habrá que esperar unos treinta minutos de proyección antes de que se repita prácticamente en forma idéntica esa primera escena impactante. Esa espera de media hora puede llegar a ser soporífera para un espectador algo exigente.

    La pareja central integrada por Jarrod y Elaine llega a California invitada por su amigo Terry, a quien los negocios parecen irle muy bien como lo prueba el lujoso auto con que los busca y el edificio con piscina donde convivirán con su anfitrión. Una vez arribados, Elaine le comunica a Jarrod que está embarazada. Este, interpretado por Eric Balfour es un actor cuya expresión y musculatura recuerdan a un Sylvester Stallone joven, pero aún menos expresivo lo que subraya sus limitaciones. Scottie Thompson (Elaine) es bonita y un poco mejor actriz. El resto de los pocos personajes (excluidos los extraterrestres) se reducen a la novia de Terry, a una amiga (o quizás algo más) y compañero y a un vecino del edificio, de armas tomar.

    La última hora tendrá un crescendo en acción aunque siempre dentro de un relato convencional con visitantes del espacio llegados en grandes naves espaciales y con largos tentáculos, tan habituales en este tipo de seres de otras galácticas. La pareja de Jarrod y Eliane serán virtualmente “chupados” a la nave espacial y en la parte final el estado grávido de ella aportará uno de los pocos momentos rescatables de esta olvidable producción.
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  • Atracción peligrosa
    Hace apenas tres años, “Desapareció una noche” del actor devenido director Ben Affleck sorprendió a prensa y público internacional. El rol principal lo tenía su hermano menor Casey, bien secundado por Morgan Freeman y Ed Harris entre otros.

    La carrera de Ben Affleck como actor no había sido hasta entonces demasiado brillante. Sus inicios, en la primera mitad de la década del ’90, tuvieron al menos el mérito de que fuera dirigido por interesantes directores independientes. Richard Linklater y Kevin Smith, en varias oportunidades, rodaron con él. Pero al entrar al nuevo siglo y cobrar notoriedad con “Pearl Harbor”, “La suma de los miedos” y sobre todo con la no estrenada “Gigli” (un desastre cinematográfico), ganó convicción la sensación de que su fuerte no era la actuación.

    Al ver ahora su segundo largometraje como realizador, se comprueba aún más esa dicotomía que además se refuerza con su también acertada y corta carrera como guionista. En efecto, junto a su amigo Matt Damon supieron ganar un Oscar al mejor libro cinematográfico en 1997 con “En busca del destino”.

    “Atracción peligrosa” (“The Town”) hubiese probablemente sido mucho mejor si Ben Affleck se hubiese limitado a dirigirla. Pero al asumir el rol central de Doug McRay, un ladrón de los que según se dice en el film abundan en Charlestown, un barrio popular de Boston, la película pierde parte de su encanto.
    El comienzo es trepidante con un robo en un banco en que no se ve el rostro de los asaltantes cubiertos con máscaras. Situaciones similares se repetirán y en una de ellas las máscaras usadas representarán a monjas que “protagonizarán” una persecución de autos y patrullas policiales de notable dinamismo. Podría afirmarse que mientras no se le ve el rostro al actor, cubierto por una máscara, resulta soportable su interpretación.
    Pero cuando Doug decide acercarse a la cajera del primer robo, quien obviamente no lo reconoce ahora sin máscara, empezarán los traspiés actorales. No tanto por el lado de ella, Rebecca Hall, vista como Vicky en uno de los más recientes films de Woody Allen, sino de su contraparte.

    Entre los roles secundario se lucen Jon Hamm como agente del FBI y Jeremy Renner, recordado por su papel central en la ganadora al Oscar “Vivir al límite”.

    “Atracción peligrosa” podría haber sido un excelente film. Las limitaciones actorales antes citadas y escenas algo trilladas le restan algo de mérito, conformando sin embargo un producto entretenido y con buen ritmo.
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  • Red social
    Red social
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    Hasta el estreno de “Red social” (“The Social Network), Mark Zuckerberg es (¿o será mejor decir era?) bastante menos renombrado que Bill Gates con quien comparte un mismo medio de comunicación de crecimiento exponencial.

    La historia de Facebook es relativamente reciente y, como en otros casos exitosos de Internet, es protagonizada por jóvenes que en poco tiempo pasaron a integrar la lista de multimillonarios a nivel mundial.

    Basada en “The Accidental Billionaires” de Ben Mezrich, una biografía no autorizada de Zuckerberg y que éste se ha ocupado en desmentir, la atractiva propuesta cinematográfica del guionista Aaron Sorkin encuentra en David Fincher a un director igualmente acertado. Títulos inmediatamente anteriores como “El curioso caso de Benjamín Button” y “Zodíaco” lo señalan como un seguro candidato a las nominaciones al Oscar, cuya carrera recién empieza.

    Una de las virtudes del film de la dupla Sorkin-Fincher es la inclusión de un grupo de actores medianamente conocidos y en ascenso, evitando a nombres más célebres como hubiese sido el caso de Brad Pitt por ejemplo, ya dirigido en tres oportunidades por el realizador nacido en Boston en 1962. De esa manera se distrae menos al espectador que se focaliza más en los personajes que en quienes lo interpretan.

    El rol central recae en Jesse Eisenberg, repetidamente visto en los últimos años (“Historias de familia”, “Adventureland”, “Tierra de Zombies”, “El hombre solitario”) al que muy bien acompaña Andrew Garfield, una revelación como su (ex) amigo Eduardo Saverin.

    Gran parte de la acción transcurre en Harvard, o sea en los pagos del director, en escenas en la universidad que alternan con el juicio que desencadenó la discusión de la propiedad del que se llamaba al principio “The Facebook”, para luego simplificarse a un único término hoy de fama mundial. Más de un crítico ha enfatizado que la película no está enfocada en este fenómeno global, apreciación algo discutible.

    Lo que sí parece innegable es la existencia de un razonable vínculo entre la figura de Zuckerberg y la de Charles Foster Kane, que Orson Welles inmortalizó en su célebre film “El ciudadano”. Ambos personajes comparten similares poderes, antes los de los diarios ahora las “redes sociales”. Y ambos, pese a la clara diferencia en edad, sufren la soledad afectiva como bien lo muestra la escena final con que se cierra la película.
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  • Enterrado
    Enterrado
    Leedor.com
    “Enterrado” (“Buried”) es un film que se resiste a ser clasificado dentro de determinado género cinematográfico, a diferencia de lo habitual en producciones habladas en inglés y particularmente cuando su origen son los Estados Unidos. Dado que la acción aparentemente transcurre en Irak y que su personaje central es un camionero de una empresa contratista norteamericana, misteriosamente encerrado en un ataúd, uno pensaría que se trata de una más de tantas películas del país del Norte.

    No es este el caso como intentaremos mostrar a lo largo de esta nota. Por empezar su director, Rodrigo Cortés, es catalán y su único largometraje anterior (“Concursante”), no estrenado en Argentina, fue protagonizado por Leonardo Sbaraglia en el rol principal (en los títulos finales uno de los agradecimientos es al actor argentino).

    Se indica que el lugar en que fue filmada “Enterrado” es Barcelona y que su país de origen es España. En verdad podría haber sido en cualquier lado dado que todo transcurre dentro del féretro y nunca veremos el exterior. De hecho largos segundos iniciales transcurren en una completa oscuridad y poco a poco se van escuchando algunos sonidos, que indican la presencia de alguna persona que parece estar quejándose o murmurando.

    La luz se hará de repente pero será merced a un encendedor marca Zippo que Paul Conroy logrará prender. Aparecerá entonces un hombre en estado físico bastante deplorable y quien será el único personaje que veremos durante el resto del film. Interpretado por el ascendiente Ryan Reynolds (“Van Wilder”, “Adventureland”, “La propuesta”), además de estar casado con Scarlet Johansson y ser ex pareja de Alanis Morisette, lo que logra el actor canadiense (y obviamente el director) es un “tour de force” al acaparar la atención del espectador por algo más de noventa minutos.

    Poco a poco se irán develando las causas que lo llevaron a tan incómoda y claustrofóbica situación. Quienes allí lo pusieron le dejaron además un celular que será su único medio de comunicación con el exterior. Entre los que hablan con él hay uno de sus captores que exige una alta suma de dinero en concepto de rescate y a quien da voz el actor español José Luís García Pérez. Por esas curiosidades, tuvimos ocasión de conocerlo y hablar con él durante el reciente evento Madridcine, cuando se presentó la excelente “Retorno a Hansala”, donde es el intérprete principal. Los demás actores, evidentemente no visibles, son en su mayoría norteamericanos y algunos algo conocidos, como Samantha Mathis y Stephen Tobolowsky.

    Uno podría tentarse a decir que “Enterrado” es un film de terror, dada la situación que retrata, o también un thriller a lo Hitchcock por la angustia que transmite pero en verdad es bastante más puesto que no se limita a saber si Conroy logrará o no salvarse. Lo que enriquece la propuesta son sus charlas telefónicas con funcionarios del FBI y con la empresa que lo contrató. Las mismas demuestran que en definitiva a nadie le importa mucho el destino de la pobre víctima y que, usando el calificativo en inglés muy apropiado “expendable”, él es sacrificable.

    Para mantener la tensión y evitar que decaiga el interés del espectador, tanto el director como su guionista (Chris Spalding) y director de fotografía (Eduardo Grau) hicieron algunas concesiones discutibles entre las cuales una molesta aparición a mediados del relato y un final que no satisfará a todo el mundo (aunque factible). Pero el balance es positivo frente a la pobreza generalizada de los guionistas norteamericanos, que hacen que hoy a menudo sean mejores las series que sus largometrajes. Y no sorprende que en el último Festival de “Sundance” haya sido saludada como una de sus sorpresas mayores.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    Leedor.com
    “Sin retorno” fue dirigida por Miguel Cohan, un debutante en el largometraje. El libro cinematográfico fue producto de la colaboración del realizador y su hermana Ana, hecho bastante inusual e interesante. Cohan exhibe una larga trayectoria como asistente de dirección de Marcelo Piñeyro, por lo que no sorprende la presencia en el reparto de Leonardo Sbaraglia, habitual intérprete en obras del director de “Las viudas de los jueves”.

    El acierto del casting no se reduce a Sbaraglia, quien aquí compone a un ventrílocuo de nombre Federico. En una noche cualquiera su vida se cruzará, no literalmente, con Matías (Martín Slipak) y con Pablo Marchetti, el hijo en la ficción, de Federico Luppi. En un acertado montaje paralelo, muy típico de films policiales o de suspenso, veremos cómo el azar juntará a estos tres grupos familiares en un accidente de tránsito, de trágicas consecuencias para la familia Marchetti. Tanto Federico como Matías conducen sendos autos, mientras que Pablo lo hace en una bicicleta hasta cometer el error de detenerse en plena calle, cuando una vereda le hubiese salvado la vida.

    Esta especie de prólogo, de adecuado virtuosismo en lo formal, peca sin embargo de cierto carácter previsible de la situación. El espectador estará esperando que pase algo y lo que se puede lamentar, al menos en opinión de este cronista, es que la repetición de un choque se vea como algo forzada. Salvada esta objeción, la película entra en una temática diferente, cuando el falso culpable (Sbaraglia) es acusado de homicidio, mientras que el verdadero responsable (Slipak) zafa del castigo.

    Aquí entran en juego inteligentemente los ya mencionados grupos familiares, particularmente los padres de Matías, que componen con precisión Luis Machín y la crecientemente multifacética Ana Celentano (“Las viudas de los jueves”, “Felicitas”, “El mural”, “S.O.S. Ex”). Serán ellos quienes más alentarán el ocultamiento de la verdad. Serán visitados dos veces por un inspector de seguro (Arturo Goetz), quien le afirma en la segunda oportunidad a solas a Machín que “el relato de su hijo es extraño y nos esta ocultando algo”. Claro que acto seguido le propone que “con un veinte por ciento lo arreglamos”, un símbolo de nuestra endeble justicia.

    Y será esta misma debilidad judicial la que terminará por condenar a Federico a la prisión, ante su desesperación y la de su joven esposa (la española Bárbara Goenaga, la más floja del reparto). Están bien resueltas las escenas en la cárcel, con personajes como el recluso “Kempes” (muy bien Manuel Longueiras) que tendrá decidida influencia en el sorprendente cambio que sufre Sbaraglia, al que apodará “Chirolita” (Obviamente “Kempes” se autodenominará “Chasman”).

    Cuando cinco años después salga de prisión, una idea fija se introducirá en la mente de Federico, quien siente con razón que está en una situación “sin retorno”. Esta parte final será la más contundente y lograda del relato y por respeto al lector no la detallamos y se la dejamos para que la aprecie en toda su magnitud. No saldrá seguramente defraudado y además podrá apreciar como Luppi, a quien los años se la han venido encima, no se ha olvidado de sus célebres actuaciones en algunos films de Aristarain. Sin duda, Cohan se ha dejado influenciar un poco por el notable director de “Últimos días de la víctima”, pero ello no es pecado sobre todo para quien muestra en su opera prima un promisorio futuro.
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  • El baile de la victoria
    Fernando Trueba es uno de los más sólidos y mejor conocidos realizadores españoles en Argentina. Hace treinta años debutaba en el largometraje con “Opera prima” (aquí conocida como “Prima, te quiero”) y desde entonces casi todos sus films fueron estrenados en nuestro país. Títulos tan famosos como “El año de las luces”, “El sueño del mono loco”, la ganadora del Oscar extranjero “Belle Epoque”, “La niña de tus ojos” y “Calle 54” jalonan una carrera impecable que sufre un serio traspié con la más reciente “El baile de la victoria”, insólitamente seleccionada por España para su posible nominación al Oscar extranjero. Detrás de tal decisión deben haber obrado motivos especulativos tales como la posible reincidencia del director a la hora de los premios o el hecho de estar ambientada en Chile, apenas terminada la dictadura de Pinochet. Pero también responden a una profunda crisis del cine español, uno de cuyos síntomas es su casi total ausencia de nuestras pantallas últimamente.

    Basada en el libro del chileno Antonio Skarmeta (“Ardiente paciencia”, “El cartero”) que incluso tiene un “cameo” como un crítico de ballet, bien avanzadas las más de dos horas que dura la película, son demasiados los temas que “El baile de la victoria” pretende abarcar.

    Por un lado hay desde el inicio una trama policial que protagonizarán dos presos recientemente liberados: Nicolás Vergara Grey (Ricardo Darín) y el joven Ángel, pobre actuación de Abel Ayala, mejor recordado por su debut como y en “El polaquito”. Dos personajes en el Chile post Pinochet, interpretados por sendos actores argentinos parece demasiado, pese al esfuerzo realizado por Ayala para disimular su tonada porteña.

    En la historia, Grey sólo piensa en recuperar a su hijo y esposa, esta última opacamente interpretada por Ariadna Gil, una española en otra concesión de nacionalidades. El personaje de Victoria está a cargo de la bailarina chilena Miranda Bodenhöfer, de la que se enamora perdidamente Ángel y que se ha quedado muda desde que sus padres han desaparecido. La escena de danza en el Teatro Municipal de Santiago no alcanza la excelencia con que se la ha pretendido ensalzar y su aporte dramático es escaso. Más ridículas resultan las cabalgatas de su joven aspirante por las calles de Santiago en lo que pretendió ser una alegoría (¿a la libertad?). El robo que perpetúan ambos recientes presos a ex funcionarios de Pinochet parece calcado de tantas películas norteamericanas y el final en plena cordillera de los Andes una postal que no encaja con el resto. Entre los roles secundarios se destacan dos veteranos actores chilenos: Julio Jung y Gloria Münchemeyer, que formaron parte del reparto de la excelente “Coronación” de Silvio Caiozzi.
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  • Amor a distancia
    Drew Barrymore porta uno de los apellidos más ilustres de la historia del cine norteamericano. Su abuelo es el célebre John Barrymore que ya en la época del cine mudo se hiciera conocer en versiones de “Dr.Jekyll y Mr. Hyde, “Beau Brummel” y en el sonoro en “Moby Dick”, “Svengali”, “Arsene Lupin”, “Cena a las ocho” y junto a su hermanos Lionel y Ethel en “Rasputin”. Su padre: John Drew Barrymore, no alcanzó el nivel de su progenitor y además tuvo un paso por las drogas, que muchos años después repitió su hija.

    Ella debutó en el cine con apenas cinco años en “Estados alterados” de Ken Russell pero su primer salto a la fama ocurrió dos años después cuando su padrino Steven Spielberg la dirigiera en “E.T., el extraterrestre”. Seguirían aún tres films más de los cuales destaca “Irreconciliables diferencias” y en menor medida “Los ojos del gato”, sobre cuentos de Stephen King.

    Los siguientes cinco años fueron los peores de su vida cuando se produjo su temprana adicción al alcohol y a la droga, de la que felizmente pudo zafar. Entre 1989 y 1994 actuó en diez largometrajes en su mayoría mediocres, ninguno sorprendentemente estrenado en Argentina.

    La suerte empezó a cambiar radicalmente a partir de 1995 con películas destacables como “Boys on the side” de Herbert Ross (aquí conocida como “Sólo ellas, los muchachos a un lado”), “Batman eternamente”, “Todos te quieren” de Woody Allen y la primera “Scream” (“Vigila quien llama”) de Wes Craven.

    De allí en más su muy prolífica carrera la vio protagonizar dos a tres títulos por año sufriendo además un vuelco al privilegiar las comedias, frente a films de terror y acción. Se la vio junto a Adam Sandler en dos oportunidades (“La mejor de mis novias”, “Como si fuera la primera vez”), Ben Stiller (“Duplex”) y Hugh Grant en la muy agradable “Letra y música”. También en “Los ángeles de Charlie” y su secuela, junto a su amiga Cameron Diaz. Uno de los pocos dramas protagonizados recientemente es “Confesiones de una mente peligrosa”, dirigida por George Clooney. Su película más reciente fue “Están todos bien”, remake de la de Tornatore, con Robert De Niro en el rol central.

    “Amor a distancia” (“Going the Distance”) es el primer film de ficción de Nanette Burstein. Aquí Drew es Erin, aspirante a periodista, quien conoce accidentalmente a Garrett, que viene de ser abandonado por su novia. El “coup de foudre” entre ambos tropieza con la dificultad (que el nombre de la película ya indica), de tener ella su trabajo en Nueva York y él en California. Los repetidos viajes en avión, un recurso repetido que un mapa señala, reúnen a la nueva pareja en diversas locaciones. Lástima que todo ello transcurra con muy pobre comicidad a la que poco ayudan los amigos de Garrett, que protagoniza Justin Long (“Duro de matar 4.0”, “Simplemente no te quiere” donde también actúa ella), además pareja de la Barrymore en la vida real. Uno de su colegas es interpretado por Charlie Day, merecedor del premio al peor actor de este año. Los nutridos diálogos entre los amigos apelan a repetidas referencias a la masturbación, autofellatios y otras prácticas sexuales que son muy poco felices, más bien gratuitas. Por el lado de ella, aparece el personaje de una hermana más bien reprimida (Christina Applegate), con dos escenas de sexo en su casa que provocan tibias sonrisas aunque rozan el mal gusto.

    Alguien podrá objetar que esta nota se ocupa más de Drew Barrymore que de su última película y no estará errado. Ocurre, como se decía al presentar la misma, que lo único rescatable es la interpretación de la actriz. De allí el contenido de esta crónica y la recomendación de, preferentemente, volver alguno de sus más logrados films anteriores.
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  • El hombre solitario
    Sin Michael Douglas, “Un hombre solitario” (“Solitary Man”) no tendría probablemente trascendencia alguna. No sólo porque desde el título del film se sabe que toda la historia gira alrededor de su personaje, sino también porque su interpretación es sencillamente estupenda. Es lícito preguntarse cuánto, de lo que le sucede a Ben Kalmen en la película, se basa en aspectos autobiográficos del actor. A la conocida fama de mujeriego y adicto sexual de ambos, actor y personaje, se agrega una cruel situación actual (muy mediática) que lo tiene con un problema de salud. No deja de ser una ironía del destino que al comienzo de la película a Ben, su médico le señalé también un problema, mismo siendo diferente del que acaba de ser diagnosticado. Claro que “Un hombre solitario” fue filmado hace más de un año, habiendo sido presentada en el Festival de Toronto en setiembre 2009.

    Michael Douglas siempre se resistió a ser solamente conocido como el hijo de Kirk y al hacer un balance (parcial) de su carrera artística puede decirse que logró superar dicho estigma. Con el padre sólo compartió dos films: su debut en 1966 en “La sombra de un gigante” (“Cast a Giant Shadow”), donde su nombre ni siquiera figuraba en el reparto y “Herencia de familia”, donde confluyen tres generaciones (sus padres Kirk y Diana) y su hijo Cameron y que fue un divertimento y la oportunidad de reencuentro con sus progenitores. Pero el actor no será recordado por los dos films antes nombrados, sino por grandes éxitos de público como “Atracción fatal”, “Bajos instintos” o “Acoso sexual”, donde además invariablemente su actuación fue memorable. Y se podría seguir nombrando otros títulos importantes tales como: “Tras la esmeralda perdida” y su secuela “La joya del Nilo”, “Wall Street”, “Lluvia negra”, “Un día de furia” “El juego”, “Fin de semana de locos” o “Traffic” y la que ahora nos ocupa para redondear una docena de sus menos de cuarenta largometrajes. Lo que significa que hoy con 65 años de edad y 45 de actuación, desde su debut, ha habido mayoría de obras relevantes en su carrera.

    En esta oportunidad quienes lo dirigen, Brian Koppelman (también guionista) y David Levien, son prácticamente dos desconocidos (es su segundo largometraje conjunto) y el trabajo que despliegan es discreto y la duración de la obra, apenas 90 minutos, poco habitual en el cine norteamericano. La gran virtud de directores y guionista es haber contado con un grupo de artistas mayores, en roles en su mayoría menores. Susan Sarandon aparece en pocas oportunidades, como la ex de Kalmen, pero cada vez que lo hace luce. Aún mejor le va a Danny De Vito como un amigo (lo es además en la vida real) que asiste al ex hombre exitoso, cuando el mundo se le desmorona. Varios jóvenes se destacan: Jenna Fisher como la hija, Jesse Eisenberg (“Historias de familia”) y sobre todo la bella Imagen Poots como la hija de su pareja (Mary-Louise Parker), cuya seducción inicia la caída.

    Hay diálogos filosos como los que entabla con su ex, quien le echa en cara que lo único que persigue en su vida son mujeres (y muy jóvenes). O el comentario que Marie-Louise Parker le hace cuando le dice que “no cambia las cosas cuando funcionan” y la advertencia, más bien amenaza, cuando le exige que “se mantenga lejos de su familia”, en clara alusión a la hija de ella. “Un hombre solitario” se cierra de una manera que, aunque no revelaremos, parece coherente con el resto de la trama.
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  • Agente Salt
    Agente Salt
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    Phillip Noyce es el más joven de un grupo de realizadores australianos (Bruce Beresford, Fred Schepisi, Peter Weir) que fueron virtualmente capturados por el aparato productivo de Hollywood, adonde emigraron.

    “Agente Salt” es su largometraje número quince, décimo que se estrena en nuestro país, donde se hizo conocer hace veinte años con el notable “Terror a bordo”, protagonizado por una muy joven Nicole Kidman y Sam Neill. De allí en más Noyce filmó casi exclusivamente para los Estados Unidos producciones tan célebres como “Juego de patriotas” y “Peligro inminente”, ambas con Harrison Ford como el Jack Ryan escrito por Tom Clancy y también “Sliver” con Sharon Stone y “El coleccionista de huesos”, ésta última con Denzel Washington y Angelina Jolie.

    Seguramente los productores de “Salt” pensaron en él, dada su doble experiencia en films de espías con Harrison Ford y aprovecharon que ya conocía, por haberla dirigido, a Angelina Jolie. Mucho se ha escrito sobre la deserción de Tom Cruise en el rol central por otros compromisos de filmación, pero si de algo no cabe duda es que finalmente sólo puede celebrarse su reemplazo por la actriz de “Lara Croft – Tom Raider” y “Sr y Sra. Smith”.

    Como sucedía esta misma semana con otro de los estrenos (“El hombre solitario” con Michael Douglas) todo gira alrededor del personaje principal, pese a que en ambos casos se incluye a un grupo de actores secundarios que valorizan la producción. A Evelyn Salt, una agente de la CIA con un pasado en Rusia sospechoso, la acompaña Liev Schreiber (“Desafío”, “Al otro lado del mundo”) y un trío de actores europeos donde sobresale el polaco Daniel Olbrychski, actor preferido de Wajda y Zanussi, además del alemán August Diehl (“Bastardos sin gloria”) y el inglés de origen africano Chiwetel Eliofor (“El plan perfecto”, “Negocios entrañables”).

    “Agente Salt” suma situaciones inverosímiles a lo largo del metraje como son los saltos que realiza Jolie desde unos a otros camiones, sin sufrir rasguño alguno, en una escena muy bien filmada pero poco creíble. Pese a cierta previsibilidad (faltó sólo un cartelito anunciando “Salt 2”) reserva algunas sorpresas sobre la identidad de los espías involucrados, incluida la propia Evelyn. Pero lo que si promete y ofrece es acción vertiginosa sin límites, que no da respiro al espectador. Este cronista la disfrutó quizás porque, desde el inicio, no se propuso buscar mensajes u crearse otro tipo de expectativas que la de pasar un rato entretenido.
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  • Depredadores
    Depredadores
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    Existe cierto paralelismo entre la serie de películas cuyo primer título fueran respectivamente “Alien” (1979) y “Depredador” (1986). En ambos casos se alude a seres de otras galaxias¨y, debido a su éxito comercial inicial, dieron lugar a varias secuelas. Pero mientras que la primera, dirigida por Ridley Scott, tuvo su segundo capítulo (“Aliens”) 7 años más tarde, “Depredador 2” sólo precisó esperar 3 años. Otra de las diferencias es que la misma intérprete central (Sigourney Weaver) se mantuvo a lo largo de los cuatro capítulos iniciales de la serie “alien” durante 18 años y que la realización de los mismos se fue haciendo en forma ordenada y con una razonable periodicidad de en promedio 6 años.

    En cambio, los “depredadores” tuvieron que esperar 14 años hasta reaparecer en su tercera secuela, pero ya no estaban solos como lo señala su título: “Alien vs. Depredador”. A esta pobrísima expresión cinematográfica siguió aún otra peor (“Alien vs. Depredador 2”) y de escasa repercusión en la taquilla.

    Parecía que el ciclo había terminado cuando de golpe aparece ahora “Depredadores”, que mejora un poco el nivel de las anteriores, aunque no la continuidad de la serie, creando cierta confusión. Casi se podría decir que genera una nueva serie, como lo insinúa claramente el final de la que se acaba de estrenar.

    ¿El lector se podría preguntar entonces cuál es el nuevo giro que se introduce y la respuesta la tendría al comprobar, a los pocos minutos de iniciada la proyección, que estos “depredadores” no están en nuestro planeta. O más precisamente que los terrestres que caen, en la primera escena en paracaídas, lo hacen en un astro que no es la tierra.

    A diferencia de las secuelas precedentes, en esta oportunidad se ha convocado a algunos actores más conocidos, comenzando por Adrien Brody (“El pianista”), que no tiene el “physique du role” que su personaje exigía. Algo más acertada fue la elección de la única figura femenina que recayó en Alice Braga, sobrina de la famosa intérprete de “Doña Flor y sus dos maridos”, y que por momentos recuerda a Sigourney Weaver, cuando joven. El resto de los terráqueos, excluido Laurence Fishburne a quien ellos encuentran luego de su descenso, parece una delegación de las Naciones Unidas conformada por actores en su mayoría pocos conocidos. A este cronista le impresiona el nombre de uno de ellos: Mahershalalhashbaz Ali, nacido en California y del resto hay uno que es mezcla de chino y taiwanés (Louis Ozawa Changchien), otro ruso (Oleg Taktarov) y un tercero latino (Danny Trejo), que ya protagonizó doscientos films y series y es amigo de Robert Rodríguez (“Planet Terror”). Este último se ha reservado un rol de productor y mucho hubiese beneficiado a “Depredadores” su presencia en la dirección que ha quedado en mano del realizador de origen húngara Nimród Antal.

    Lo mejor de la película son los efectos especiales y si bien no aburre tampoco aporta mucha originalidad. Para los amantes del género no defraudará, pero para quien busque originalidad como la que se encontraba en la primera de la serie, ésta no es su película.
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  • Cinco minutos de gloria
    La filmografía del director alemán Oliver Hirschbiegel se conoce en su casi totalidad en nuestro país. “El experimento”, su primer largometraje filmado en 2001 y estrenado dos años después en Argentina, resultó sólo parcialmente logrado aunque anticipó el interés de su realizador por el tema del nazismo.

    Habría que esperar hasta el 2004 para que su nombre saltara a la fama con la notable producción “La caída”, que además marcaría un antes y un después en la vida del actor Bruno Ganz.

    Muy fallida, en cambio, resultó su penúltima película (“Invasores”), tercera remake de “Invasion of the Body Snatchers”, cuya original y muy superior de 1956 fuera magistralmente dirigida por Don Siegel y aquí conocida como “Muertos vivientes”.

    Hirschbiegel cambia totalmente de escenario con su más reciente realización: “Cinco minutos de gloria” (“Five Minutes of Glory”) al ambientarla en Irlanda del Norte y basarla en un hecho real sucedido en 1975 en el Ulster.
    Las primeras escenas son impactantes al mostrar el asesinato del católico y militante del IRA, Jim Griffin, que es cometido por el protestante Alistair Little personificado por Liam Neeson. Testigo involuntario de dicha matanza es Joe, el hermano menor de Griffin, quien se encontraba en la puerta de su casa jugando inocentemente con una pelota.

    La acción se traslada casi a la actualidad en que un Joe adulto, interpretado por James Nesbitt (actor de “Bloody Sunday”, de Paul Greengrass sobre un tema similar), recibe una extraña propuesta. La televisión local lo invita a participar de un programa, cuyo leitmotiv son las “reconciliaciones”, a fin de que se produzca su reencuentro con el asesino de su hermano, aparentemente
    arrepentido de lo actuado en el pasado.

    Gran parte de los escasos noventa minutos del film transcurren mostrando los preparativos del programa, con numerosas idas y vueltas y algo de suspenso, llegándose hacia el final al esperado cruce de ambos personajes.

    Deliberadamente se han acentuado y subrayado las diferencias entre ambos, contrastando la aparente calma (o resignación) del asesino con el exacerbado nerviosismo del vengativo hermano de la víctima.

    La resolución de la trama puede considerarse original y algo sorpresiva pero no es ése el mayor mérito de un film algo menor, donde lo que sobresale son las actuaciones que incluyen a la rumana Anamaría Marinca (“Cuatro meses, tres semanas, dos días”) en el rol de una comprensiva productora televisiva.
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  • Mi villano favorito
    Un último film de animación se agrega a la larga lista de estrenos, cuyo objetivo es acaparar la mayor cantidad de gente en unas vacaciones de invierno con gran afluencia de público. Su título original (“Despicable me”) refiere a un ser despreciable o vil, al que aquí se tituló, algo libremente, como “Mi villano favorito”.

    Y el arranque este jueves no podría ser mejor, al ocupar el primer puesto de la taquilla con más de 50.000 espectadores en casi cien salas de cine, algunas en 3D. La gran perdedora fue “Shrek para siempre” que, por un desacuerdo entre su distribuidora (UIP) y dos de las cadenas más importantes de cine, llevaron a que éstas la retiraran de cartel. De esa manera, el film del ogro verde no tendrá ninguna chance de desplazar del primer lugar entre las más vistas a “Toy Story 3”, que al superar los 3 millones de espectadores se asegura prácticamente el privilegio de ser la más taquillera del 2010. Y seguramente la ganadora de algunos Oscars el año que viene por sus excelentes críticas y notable performance a nivel mundial.

    La que ahora nos toca comentar es el primer producto de animación de Universal que aquí se estrena, con lo que queda claro que Disney ya no está sola pues también otros sellos como Dreamworks (acá también distribuida por UIP), FOX (“La era del hielo”) y Sony – Columbia (“Lluvia de hamburguesas”), han venido incursionando en el muy rentable negocio del dibujo animado.

    Codirigida por los debutantes en el largometraje Chris Renaud y Pierre Coffin, de origen francés, introducen a una serie de personajes “nuevos” comenzando por el villano Gru que al final no lo será tanto. Mucho tendrá que ver un trío de huerfanitas que Gru adopta y que lo distraen de su objetivo mayor: nada menos que robar la luna, para superar a otro villano, Vector, su archienemigo. Para lograr su meta contará con un ejército de enanitos amarillos, los minions, con uno o dos ojos, y con el doctor Nefario, un científico que le provee una serie de artefactos al estilo de aquellos usados por James Bond. Como se ve, nada demasiado original, pese a tener a favor no ser pretencioso y lograr entre los más pequeños una notable adhesión, como este cronista pudo comprobar el jueves en una sala colmada.

    Por una vez, las voces en un castellano neutro o, en el caso de Gru, algo germánica están adecuadamente dobladas, aunque es probable que no logren superar a las originales de Steve Carrell y Julie Andrews, entre las más célebres.

    A diferencia de otras película del género, “Mi villano favorito” usa un esquema que se podría asemejar al de una serie de cortos de animación, como por ejemplo del “correcaminos”, yuxtapuestos. Por momentos parece conformado por capítulos entre los que se destacan el inicial (pirámide de Giza), uno que refleja los problemas psicológicos de Gru con su madre y un tercero con las niñitas en un parque de diversiones.
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  • El viaje de Avelino
    La producción anual de documentales en Argentina necesitaba con urgencia un lugar para su exhibición. Desde hace pocas semanas el Arteplex Belgrano ha destinado una de sus salas a la exclusiva proyección de este tipo de expresión cinematográfica. La iniciativa es del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales y se conoce como Incaa-Doc. “El viaje de Avelino” es su primer estreno y sobre el mismo se han vertido opiniones muy diversas, en algunos casos referidas a la obra de Kiarostami. El parangón con las películas de dicho realizador es, en opinión de este cronista, poco justificada ya que lo que se propuso el realizador Francis Estrada es de muy diferente naturaleza.

    En una reciente emisión radial de Cinefilia (FM La Tribu, junto al colega Luis Kramer) se pudo dialogar con Estrada, quien explicó la génesis de su documental. El intento era reproducir, de la manera más fidedigna posible, un hecho que tuvo alguna resonancia en la prensa local, y de hacerlo sin ningún tipo de “amarillismo”. Se trataba del viaje que debió realizar Avelino Vega en el 2005 desde el perdido villorrio de Río Grande (Catamarca), más apropiado sería decir un conjunto de casas miserables, para llevar a una de sus hijas hasta el hospital más cercano en Fiambalá.

    El director optó por una variante difícil de plasmar, la de hacer intervenir a las verdaderas personas y filmarlas repitiendo lo ocurrido poco tiempo atrás. Para ello contactó a Avelino y su hija Nely y al resto de la familia, cuando aún estaba fresco el evento. Ese fue el paso más difícil y mérito del realizador el tesón que puso para convencerlos y al poco tiempo iniciar el rodaje.

    El resultado es un documental de algo más de una hora, correctamente filmado y con medios modestos que no desentonan con el agreste medio en que debió desenvolverse la producción. Se advierte el intento de evitar pintoresquismos, incluso en la música elegida como reconoció Estrada, sin por ello dejar de mostrar escenas clásicas como el acto de carnear un cordero, la reiterada utilización de mulas para moverse en la montaña, la fragilidad de las comunicaciones (nada de celulares ni menos computadoras) y la iluminación nocturna con linterna durante la travesía.

    “El viaje de Avelino” no tiene más pretensiones que la de mostrar con sinceridad la existencia de otra Argentina, lejos de las grandes ciudades. Su mayor mérito es que logra conmover y mover a la reflexión. Se trata de una obra modesta, sin grandes alardes técnicos y a la que se le pueden encontrar defectos o limitaciones. Pero como se indicaba al inicio de la nota no parece justificada su comparación con la del genial iraní, siendo quizás un referente más próximo el no hace mucho fallecido Jorge Prelorán.
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  • Shrek para siempre
    “Shrek” debió terminar en trilogía en el 2007, pero el estudio Dream Works, pensando en sacarle un poco más de provecho al personaje, nos presenta ahora a la que afirma ser la última: “Shrek para siempre” (“Shrek Forever After”).

    En verdad, la serie ya se había agotado hace tres años con “Shrek Tercero”, que fue la peor de las cuatro, lo que no significa que la actual exhiba demasiados méritos.

    Cuando la primera irrumpió en el Festival de Cannes del 2001 produjo una verdadera revolución en el campo del film de animación, al ser presentada en el mayor evento de cine del mundo con claras chances incluso de llevarse la Palma de Oro.

    La segunda, tres años después, volvió a ser codirigida por Andrew Adamson y sin llegar al nivel de la original no decepcionó merced en parte a la incorporación de nuevos personajes donde sobresalió el Gato con botas, con voz de Antonio Banderas en la versión original.

    La ausencia de Adamson (se dedicó a dirigir la serie de “Las crónicas de Narnia”) se sintió en “Shrek Tercero”, donde los numerosos nuevos personajes (Cenicienta, la Bella Durmiente, Lancelot, Capitán Garfio, Merlin, etc.) sólo contribuyeron a crear caos, en medio de un pobre argumento cinematográfico. Es justamente este último concepto el mayor déficit de “Shrek para siempre” que ahora dirige Mike Mitchell (“Gigoló por accidente”, “Súper escuela de héroes”). Aparece en esta oportunidad Rumpelstilstkin, un nuevo personaje que al igual que otros anteriores (Raspunzel, Cenicienta) fueron popularizados por los hermanos Grimm. Alrededor de él gira gran parte de la trama consistente en un engañoso acuerdo con Shrek, que le permitiría a éste recuperar su poder de asustar a la gente a cambio de un día de su vida.

    Hay algo más de ritmo que en la versión de 2007 y nuevos personajes como un ejército de brujas y el flautista de Hamelin, que sin embargo no ayudan mucho a elevar el interés de la historia. En cuanto a los más tradicionales, tanto Burro (voz de Eddie Murphy en inglés) como Gato con botas son los que protagonizan los esporádicos, aunque más cómicos momentos.

    Las canciones están bien elegidas, siendo en su mayoría clásicos temas de rock de intérpretes tan populares como los Carpenters, Lyonel Ritchie y Stevie Wonder.

    Es de esperar que ésta sea la última de una serie que se viene agotando, aunque siempre se podrá temer que pueda resurgir, por ejemplo, siguiendo a alguno/s de los personajes de Shrek. En caso de duda, para el espectador que desee ver un film infantil (con o sin chicos), nuestra recomendación es clara: “Toy Story 3”, que al igual que ésta se puede ver en 3D y también en versión en castellano.
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  • Océanos
    Océanos
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    El 13 de julio próximo, el francés Jacques Perrin cumplirá setenta años de una vida consagrada con enorme fervor al cine. Algunos lo recordarán por su actuación en “Z”, el extraordinario film de su amigo Costa-Gavras, que también lo dirigiera en “Crimen en el coche cama”, debut cinematográfico del realizador griego. Otros lo tendrán presente por su aparición en “Cinema Paradiso” en el rol de Salvatore Toto (adulto). Los más memoriosos rescatarán su etapa italiana con films tan famosos como “La muchacha de la valija” (junto a Claudia Cardinale), “Dos hermanos, dos destinos” (con Marcello Mastroianni) y “El desierto de los tártaros”, todas de Valerio Zurlini.

    El múltiple actor, productor (más de 30 films) y más recientemente director de documentales como el inédito “Le peuple migrateur”, vuelve a este último rol con “Océanos”, junto a su colega Jacques Cluzaud. Se trata de una producción muy costosa al utilizar técnicas de filmación aéreas y sobre todo marinas con sofisticados equipos y cámaras, muchos especialmente creados para esta película.

    “Océanos” se inicia y cierra con un trío de preguntas: “¿Qué es el mar?, ¿Qué es el océano?, ¿Cómo describirlo?”, que un niño le hace a su auténtico abuelo, el propio Jacques Perrin. Lamentablemente la voz que se escucha no es la de éste, ya que la versión presentada en Argentina es en español y la expresividad de quien hace el doblaje deja mucho que desear. Pero el reparo anterior no se limita a esto ya que el mensaje ecológico sólo llega recién al final de los algo repetitivos y extensos (para un documental) cien minutos de duración.

    Del lado positivo, lo primero a señalar son las increíbles imágenes submarinas con especies, algunas conocidas como delfines, tiburones, ballenas, pulpos y rayas y otras de peces que habitan las profundidades de los mares y cuyo aspecto exterior hace pensar en animales antediluvianos. A ello se agregan tortugas, cangrejos, medusas, iguanas, focas y numerosos pájaros marinos. El sonido, sobre todo en el fondo del mar, es otro elemento gravitante aunque por momentos parece algo artificial y su utilización puede aparecer algo abusiva. Esa es, al menos, la impresión de este cronista, ya que distrae la atención del valor más singular del documental, que es el visual.

    Una imagen repetida y dramática es la que se resume en el célebre aforismo: “el pez grande se come al chico”. Delfines y tiburones que se comen a increíbles cardúmenes y verdaderos “vórtices” de pececitos pueden afectar a los espectadores más pequeños. Más patética aún es la escena en que gaviotas, que parecen aviones en picada, atrapan y matan a indefensas tortugas pequeñas. Recuerdan a la película “La familia suricata”, donde otras aves depredadoras hacían algo parecido con los animalitos que dan título a ese film. Quizás hubiese sido conveniente evitar la reiteración de escenas donde mueren tantos animales indefensos.

    Pese a todo, la película es visualmente muy original y es una pena que recién al final se vean imágenes de mares contaminados con envases de plástico y hasta un carro de supermercado en el fondo del agua! Si el mensaje era la amenaza ecológica y la extinción de especies, llega demasiado tarde en el film y es superado por la realidad reflejada por la prensa en este mismo momento al referirse a la contaminación de petróleo en el sur de la costa norteamericana.

    En conclusión, esta producción muy exitosa en Francia y otros países europeos, puede verse por sobre todo por el poder de sus imágenes, muchas inéditas.
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  • Flame y Citrón
    Flame y Citrón
    Leedor.com
    En una reciente emisión del programa radial semanal “Cinefilia” se pudo entrevistar, junto a Luis Kramer, al director y al coguionista de “Flame y Citron”. Ole Christian Madsen, su realizador, venía de terminar la filmación de su siguiente película cuyo sugestivo nombre, “Superclásico”, alude al encuentro entre los dos equipos de fútbol más populares de nuestro país. En cuanto a Lars Andersen, ya entrevistado hace un año en la radio (FM La Tribu), se puede señalar que ha llegado, según parece, para quedarse en forma permanente en Argentina.

    La cinematografía danesa no posee demasiados nombres conocidos siendo quizás Susanne Bier su figura más popular en la actualidad. Dos de sus realizaciones estrenadas localmente, “Corazones abiertos” y “Después del matrimonio”, contaban como intérprete principal a Mads Mikkelsen, a quien se ha visto en superproducciones tales como “El Rey Arturo” y “Casino Royale”. El es ahora Citron, un personaje real que junto al más joven Flame (Thure Lindhart) integraron una pareja de resistentes daneses durante la Segunda Guerra Mundial. La acción se sitúa hacia mediados de 1944, cuando aún Copenhague estaba ocupada por los nazis. Por momentos recuerda a “Black Book” del holandés Paul Verhoeven, otro film sobre la ocupación.

    El pelirrojo Flame es quien ejecuta, a menudo a sangre fría, a colaboracionistas y oficiales alemanes mientras que el más veterano Citron, cuyo seudónimo nace de su pasado trabajo en una fábrica de autos, hace de chofer. Pero a veces los roles se invierten sobre todo porque el joven dice no poder matar fácilmente a una mujer. Justamente será su conflictiva relación con Ketty Selmer (Stine Stengade) una circunstancia decisiva en la vida de ambos. Es poco clara la vinculación de ésta con el jefe de la GESTAPO, Karl Heinz Hoffmann, una buena interpretación de Christian Berkel (“Operación Valquiria”, “Bastardos sin gloria”).

    La oscuridad de los personajes se extiende a otros entre los que se incluye al padre de Flame, en cuyo hotel se alojan militares alemanes de alto rango. Pero incluso la misma se extiende a las propias figuras centrales a los que no se presenta como seres valientes, sino más bien como antihéroes. Esto queda patentizado en una escena en que Citron le afirma a su esposa que, una vez finalizada la guerra, él deberá ir a la cárcel por las cosas que ha hecho y se pregunta qué es la dignidad.

    Como señalara en la entrevista Christian Madsen, la película provocó mucha polémica en su estreno en Dinamarca al mostrar el lado más oscuro de la resistencia, pese a ser en el balance bien recibida. Esta ambigüedad es sin duda uno de los mayores méritos de “Flame y Citron”, un bienvenido estreno en épocas del año en que el grueso de la oferta fílmica se orienta hacia obras pasatistas.
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  • Toy Story 3
    Toy Story 3
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    En 1995 se estrenó “Toy Story”, el primer largometraje de animación totalmente computarizado de la historia del cine, con recursos gráficos tridimensionales. Producto de Pixar, empresa del Silicon Valley, fue dirigido por John Lasseter su verdadero creador. Cuatro años después llegó la inevitable secuela, “Toy Story 2”, manteniendo buena parte de los méritos de su antecesora.
    Después aparecieron otros productos de Pixar, entre los cuales uno dirigido nuevamente por Lasseter en 2006 (“Cars”). Cuando el ciclo de dibujos sobre los juguetes que tienen vida propia parecía cerrado, irrumpe once años después “Toy Story 3”, con un nivel de calidad que denota los notables avances tecnológicos de la animación totalmente digital.

    Si uno quisiera buscar una razón por la cual tras tanto tiempo reaparece esta serie, la respuesta más probable debería encontrarse en el renacer de los films 3D, que en los últimos años vienen proliferando en forma geométrica. Este tipo de películas tuvo un breve auge en la década del ’50 con unos pocos títulos, entre los cuales cabe recordar algunos productos de clase B como “Museo de cera”, “La carga fatal” y “El fantasma de la Rue Morgue”. La moda pronto se extinguió y muy de tanto en tanto reaparecieron otras películas en 3D.

    “Toy Story 3” se puede ver en Argentina en cuatro variantes como producto de la existencia de una versión original subtitulada y otra hablada en castellano y además con o sin 3D. Este cronista la vio sin este último artificio aunque estima que es poco lo que se pierde por no usar los anteojos, especialmente provistos en ciertas salas. En cambio, prefirió verla en inglés ya que las voces originales tienen una frescura que probablemente se pierda en la versión doblada, que sin embargo puede justificarse para los espectadores más pequeños.

    En “Toy Story”, la original, el niño Andy tenía apenas unos seis años y su juguete preferido era Woody, especie de sheriff de trapo cuya voz era y sigue siendo la de Tom Hanks. A Woody le aparecía un rival, Buzz Lightyear (voz de Tim Allen), un astronauta que sin embargo terminaba por ser compinche del vaquero. Aquí Buzz sufrirá más de un cambio por sucesivos “reseteados”, en uno de los cuales lo veremos hablando el español de la Madre Patria. Varios otros juguetes se repiten desde el inicio de la serie, entre los cuales un simpático chanchito alcancía de sugestivo nombre (Hamm), un dinosaurio conflictuado (Rex con voz del frecuente actor de Woody Allen, Wallace Shawn), un perro salchicha y elástico, el tierno Slinky Dog y Mr. Potato Head (voz de Don Rickles).

    En esta oportunidad los creadores de Pixar han agregado algunos personajes más destacándose un oso de peluche de nombre Lotso (voz de Ned Beatty), que esconde, tras su inocente rostro, un perverso personaje. También reaparece la muñeca Barbie, ahora acompañada de Ken, notable composición en la voz de Michael Keaton, que protagoniza uno de los momentos más cómicos de la película en un vestidor. Otros muñecos adquieren mayor relieve como la “cowgirl” Jezzie, a la que le presta su voz Joan Cusack. Incluso hay un personaje que resulta ser un teléfono de juguete, cuya participación tiene lugar en uno de los tantos momentos dramáticos de la historia.

    Al tener Andy edad suficiente para irse a vivir sólo y estudiar en una universidad, los muñecos se ven de golpe obligados a mudarse a una guardería de engañoso nombre (Sunnyside). Cuando a la mañana siguiente el lugar sea virtualmente invadido por un grupo de niños excitados, se verá a los muñecos volando por el aire y en particular al dinosaurio Rex y al matrimonio Cabeza de Papa, buscando partes de su cuerpo. Lo notable de esta propuesta es el ritmo ensordecedor que logra gracias a la tecnología digital de avanzada, de la que hace alarde este film.

    La historia no da respiro y hacia el final entra en momentos dramáticos, que pueden angustiar a los más pequeños. Pero por suerte y como era de esperar en este tipo de producto el final será feliz y al mismo tiempo satisfactorio, sin caer en golpes bajos.

    Lo que si quedará en la retina de grandes y chicos es la añoranza y el cariño, según el caso, por los juguetes. Se podría decir que estos muñecos tienen vida y son capaces de ser tan expresivos como verdaderos actores de carne y hueso. Para muestra basta el ejemplo del oso Lotso, que parece parodiar a gangsters famosos, vistos hace más de cincuenta años en la pantalla grande. En otro extremo ubiquemos al chanchito Hamm, quien hacia el final se imagina interpretando a un famoso personaje de nombre “Hammlet”!
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  • Los senderos de la vida
    Con una población cercana a los cincuenta millones de habitantes Corea del Sur es, seguramente después de los Estados Unidos, uno de los países con mayor porcentaje de espectadores locales. Anualmente un 50 por ciento del público coreano ve films de su país.

    El número de estrenos locales por año en Corea del Sur es de alrededor de cien, contra unos 70-80 en Argentina. Al estrenar allí anualmente unos 350 títulos contra algo menos de 300 en Argentina, los porcentajes de películas nacionales (25-30%) son parecidos en Argentina y Corea. Pero la gran diferencia está en la concurrencia ya que en nuestro país apenas alcanza al 10%, máximo 15% cuando aparece un “El secreto de sus ojos”.

    Todo esto viene a colación de la presentación esta semana en Argentina de ”Los senderos de la vida” (“Treeless Mountain), segundo largometraje de la realizadora So Yong Kim (“In Between Days”). Conocido básicamente en los BAFICI, últimamente se está viendo menos cine del Lejano Oriente. La causa principal es la retirada del mercado de más de una distribuidora independiente especializada en este tipo de producciones, ante el bajo retorno de las inversiones en este tipo de producciones.

    El relato de esta película coreana está centrado en la suerte de dos hermanitas de seis y cuatro años respectivamente, abandonadas primero por el padre y luego inclusive por la madre. Quedan a cargo de una tía alcohólica (hermana del padre), que pronto busca deshacerse de la que considera una pesada carga. Un poco a la deriva, las niñas encontrarán en la abuela materna un respiro luego de un largo deambular sin claro destino.

    El atractivo de “Los senderos de la vida” no radica tanto en su sencillo argumento sino en la notable interpretación de Kim Hee-Yeon en el rol de Bin, la hermana mayor. Cuando en un momento dramático de la trama le dicen que “es igual a la madre” ella responde, con singular agudeza, que ello no es así para nada para luego agregar que “mamá es una mentirosa”, en alusión a la deserción de la progenitora.

    La directora reconoce que su obra es algo autobiográfica lo que le otorga mayor autenticidad a la trama que ella desarrolla. En verdad se trata de una coproducción con los Estados Unidos, pese a estar filmada totalmente en los alrededores de Seúl. Ocurre que el coproductor es el norteamericano Bradley Rust Gray, marido de Yong Kim.

    La película no tiene propiamente un final definido, una prueba más de que aquí lo que se privilegia es la descripción de las relaciones familiares con momentos de gran ternura como las que deparan los juegos de las hermanitas con un chanchito alcancía, que parece tomar vida.
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  • Stella
    Stella
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    “Stella”, presentado en el Ciclo “Les Avant-Premières 2010” es posiblemente el estreno más importante de la semana y seguramente uno de los más desapercibidos. Reducida su salida a pocas salas en tamaño DVD y sin nombres conocidos a nivel de actores y director, sería una pena que los cinéfilos lo dejen pasar de largo.

    Sylvie Verheyde, su realizadora, sólo tenía en su haber dos largometrajes anteriores, desconocidos en Argentina. El tercero que ahora nos llega es un relato fuertemente autobiográfico ambientado hacia 1977, año en que ella tenía algo más de diez años. Su alter ego es encarnado por una joven debutante (Léora Bárbara) de extraordinaria expresividad.

    Stella es una niña cuyos padres conforman una pareja que no se lleva muy armoniosamente y que regentean un bar y pensión de un barrio de Paris (13º arrondissement). La madre, interpretada por Karole Rocher, que ya estuvo en los dos largometrajes anteriores de Verheyde, no le presta mucha atención a la hija y flirtea con algún cliente mientras que el padre (Benjamín Biolay) en cambio intenta transmitirle cariño.

    La familia proviene del norte de Francia, más precisamente de la misma región donde está ambientado otro reciente film galo: “Bienvenido al país de la locura”, el mayor éxito francés de la historia y donde se habla el “Ch’ti”, dialecto de difícil comprensión. La llegada a Paris y el ingreso de la niña a un colegio parisino de clase media alta no se revela tarea fácil, ya que sus nuevos compañeros se burlan en general de ella. Los problemas de conducta y natural distracción y poca constancia de Stella le traerán problemas con varios de sus profesores.
    Su relación amistosa con Gladys (Mélissa Rodrigues), cuyos padres son curiosamente emigrantes de Argentina y más precisamente activistas vinculados al ERP, producirá un vuelco en la vida de Stella de la que saldrá fortalecida. Ambas niñas frecuentarán sus respectivos hogares y establecerán una relación de fuerte camaradería y complicidad.

    Este cronista tuvo oportunidad de vivir en casi la misma época en lugares cercanos a aquél donde transcurre la acción del relato y certifica que la reproducción de la época es impecable, incluidos el ambiente familiar de clase media y la música prevaleciente. En ese período estaban de moda Eddy Mitchell, la diva popular Sheila y los cantantes italianos, que son muy bien rescatados por la banda sonora del film.

    Cabe agregar finalmente que entre los personajes que frecuentan el café de la familia se encuentra uno interpretado por Guillaume Depardieu, hijo de Gérard, que falleciera trágicamente pocos meses más tarde.
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  • Carancho
    Carancho
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    En 1999 Pablo Trapero cobró notoriedad con Mundo grúa, un primer largometraje en blanco y negro que significó el lanzamiento de una carrera cinematográfica ascendente y ahora consolidada.

    Una década más tarde Carancho, su sexta película, lo muestra sólidamente afirmado al contar con un reparto envidiable y una producción de elevada calidad.

    Ricardo Darín es sin duda un actor muy codiciado, basta como ejemplo su reciente participación en la multipremiada El secreto de sus ojos, siendo su participación en el sexto film un logro de su director.

    La carrera de Martina Gusmán pese a lo corta, apenas tres largometrajes todos dirigidos por su esposo, es prometedora sumando a las actuaciones su nada despreciable rol de productora en Matanza Cine.

    La pareja vuelve al Festival de Cannes, compitiendo en “Un certain regard”, luego de haber participado hace dos años en la Selección oficial. El Festival francés suele privilegiar la presencia de apenas algunos pocos realizadores argentinos. Entre ellos se destaca Lisandro Alonso, con una propuesta cinematográfica casi en las antípodas de la de Trapero, y con un tipo de cine muy elogiado por cierta crítica local e internacional, que en opinión de este cronista ha sido francamente sobrevalorado.

    Carancho es un típico film noir, género que ya era popular en las décadas del ‘30 y ‘40 tanto en los Estados Unidos como en Francia. Hay escenas de gran crudeza que probablemente alejen a parte del público femenino, pese que algo de ese clima ya se encontraba presente en Leonera.

    Darín es Sosa, un abogado con pocos escrúpulos que aprovecha o genera accidentes de tránsito para esquilmar a las compañías de seguro. La pérdida de su matrícula, resultado de una mala praxis que él niega, él la atribuye a su mala fortuna. Cuando su vida se cruce con la de Luna (Gusmán), una joven médica venida del interior con algunos problemas de adicción, creerá que su mala suerte empezará a cambiar. La relación de ambos tendrá fuertes oscilaciones pasando de un intenso impacto inicial, al posterior desencanto y siguiente reconciliación. Por momentos las escenas íntimas no terminan de convencer, quizás haya faltado algo de química entre los dos intérpretes principales, pero se compensan con otras muy convincentes teñidas de gran violencia.

    Ambientada en un barrio suburbano, no estarán ausentes temas de gran actualidad como la inseguridad y la corrupción policial. Es notable el nivel técnico con profusión de planos secuencias y muy buenas imágenes nocturnas, dado que la mayor parte de la acción transcurre a altas horas de la madrugada.

    Hay algo de trágico en todo el relato, muy propio del género, aunque la resolución final que, como es habitual no revelaremos, se puede vislumbrar resulatndo creíble.

    Carancho”(¿comprenderán los franceses en Cannes el significado del término?) será un digno representante de nuestro cine. Competirá además con Los labios, otro film nacional recientemente premiado en la 12ª edición del BAFICI.
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  • Hombres de mentes
    Terminado el BAFICI, las distribuidoras locales se disputan las salas cinematográficas con siete estrenos, varios de ellos de gran nivel como “La cinta blanca”, Sólo un hombre” y “Pecados de mi padre”. No puede decirse lo mismo de “Hombres de mentes” (“The Men who stare at Goats”), que reúne sin embargo a un selecto elenco. Los antecedentes cinematográficos de su director, Grant Heslov, lo ubican fundamentalmente como actor de reparto y con vínculos de amistad con George Clooney, al haber escrito junto a éste “Buenas noches y buena suerte” y coproducido “El amor cuesta caro” de los hermanos Coen.

    En esta oportunidad Clooney es Lyn Cassidy, un ex integrante del “New Earth Army”, que vendría a ser un ejército de militares con poderes paranormales. Quien lo contacta es el periodista Bob Wilson (Ewan McGregor) que se propone investigar a los integrantes de esta unidad, que también se hacen conocer como los “guerreros Jedi”. Juntos irán hasta territorio iraquí para rescatar a Bill Django, un líder hippie que interpreta el reciente ganador del Oscar Jeff Bridges y que parece sentirse cómodo e identificado con este tipo de personajes.

    Es grato volver a encontrar a Kevin Spacey (bastante ausente de nuestras carteleras últimamente) como un antipático rival de Django e impresiona bien Stephen Lang, recordado coronel en “Avatar”, que aquí compone un personaje parecido.

    Este grupo de delirantes personajes tiene cualidades especiales y son capaces de matar con la mirada fija, como lo demuestra Lyn (Clooney) en una escena en que ejercita su poder frente a una cabra (de allí el título original).

    Hay momentos divertidos y otros donde la atención decae. Es seguro que la mayoría de los espectadores sentirán un gusto a algo “déja vu”, al presenciar las locuras y desventuras de estos seres bastante alejados de la normalidad. Entre los antecedentes conviene recordar a la muy superior “Trampa 22” (inolvidable Alan Arkin), “El botín de los valientes” (Kelly’s Heroes”) y en menor medida “MASH”, las dos últimas con Donald Sutherland. Este actor, bien podría haber compuesto el rol que aquí tiene Clooney, el que más se destaca en “Hombres de mentes”, un título local con doble sentido bastante bien elegido.
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  • El padre de mis hijos
    El BAFICI, con su oferta de algo más de 400 largometrajes, hará que seguramente pocos espectadores se desplacen a ver uno de los estrenos de la semana. Nos referimos a “El padre de mis hijos” (“Le père de mes enfants”).

    Resulta lamentable que la distribuidora de este film haya elegido una semana tan poco conveniente para su presentación local y lo más probable es que cuando el Festival finalice la película francesa ya permanezca en muy pocas salas.

    Hecha entonces la advertencia corresponde marcar los numerosos méritos del segundo largometraje de la directora Mia Hansen-Love, que fuera presentado en la muestra “Un Certain Regard” del Festival de Cannes 2009.

    Lo primero que conviene señalar es que la historia se basa en un hecho verídico que le sucedió al productor Hubert Balsan de la primera película de Hansen-Love, un hombre virtualmente desconocido en nuestro país. Más aun, es aconsejable no develar dicho acontecimiento para no quitarle interés a la trama.

    El personaje, interpretado por el desconocido actor y reciente visitante de nuestro país Louis-Do De Lencquesaing, se encuentra atravesando una crisis económico-financiera de los proyectos de coproducción de películas de su país, Francia, con otros de Asia (Corea) y Rusia. Esa situación lo lleva a prestar mínima atención a su esposa Sylvia Canvel (Ciria Caselli) y a sus tres hijas. Es la mayor de éstas, Clémence, la que más sufrirá la situación de abandono. La interpreta Alice De Lencquesaing, nada menos que la hija en la vida real del actor que nos visitara.

    Grégoire Canvel, tal el nombre del personaje, se las pasa hablando por celular y manejando a velocidades mayores que las permitidas en las rutas francesas, lo que lo lleva a cometer repetidas infracciones hasta quedarse “sin puntos” en su registro. Pero hechos más graves lo llevarán a situaciones límites haciendo que la historia pivote sucesivamente sobre otros dos personajes, primero la esposa y luego la hija mayor.

    Uno de los méritos mayores del film es la naturalidad con que fluye la historia, otorgándole la directora total verosimilitud a cada uno de los personajes, incluyendo los empleados de la productora cinematográfica.

    Las casi dos horas que dura “El padre de mis hijos” no se sienten en lo más mínimo y sólo cabe repetir la recomendación y advertencia inicial de que nos encontramos frente a uno de los más logrados films estrenados desde el inicio del 2010.
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  • Ernesto Sábato, mi padre
    Mario Sábato es un realizador argentino de 65 años y quince largometrajes en su haber, con una carrera muy irregular. Cuando apenas tenía 18 años realizó “El nacimiento de un libro”, mediometraje referido a la obra literaria de su padre, que fue premiado en su momento. Siete años después tuvo un promisorio debut en el largometraje al dirigir “Y que patatín, y que patatán”, donde echaba una tierna mirada al mundo de la infancia, con un notable elenco que incluía a Sergio Renán, Héctor Alterio y Cipe Lincovsky entre otros.

    Luego la carrera cinematográfica sufrió un retroceso llegando a filmar, bajo un seudónimo (Adrián Quiroga), varios episodios de los Superagentes y de los Parchís, de escaso interés artístico.

    A fines de la década del setenta volvió a hacer cine “serio” al dirigir “El poder de las tinieblas”, basado en el “Informe sobre ciegos” de la monumental “Sobre héroes y tumbas”. En “Ernesto Sábato, mi padre” que ahora se estrena, hay varias escenas de dicho film, siendo su intérprete principal el ya mencionado Renán.

    Pero el grueso de su documental no se refiere a la carrera como escritor de su padre ya que el énfasis está puesto en mostrar aspectos más ligados a la familia de Ernesto, comenzando por su nacimiento en el pueblo de Rojas. Lo notable es que fue uno de diez hermanos, todos varones (el undécimo falleció al nacer) y que su fecha de nacimiento (24 de junio de 1911) coincide con la de otro célebre argentino: Juan Manuel Fangio.

    La decisión del enfoque familiar parece acertada ya que como afirmara Mario, en reciente entrevista durante el programa de radio Cinefilia (FM La Tribu), otros podrán referirse en el futuro con más detalle a la carrera literaria del escritor. Pero es sin duda Mario Sábato quien mayor información dispone por ejemplo sobre su madre, Matilde Kusminsky, a la que Ernesto conociera cuando sólo tenía diecisiete años. La de sus padres fue una pareja que duró muchos años hasta que una enfermedad se la llevó a ella en 1998. Otro aspecto trágico fue la muerte de Jorge, hermano de Mario, en 1995 en accidente automovilístico.

    El documental transmite una gran tristeza y ni siquiera la presencia de nietos, familiares y amigos en varias celebraciones en la famosa casa de Santos Lugares logran disipar esa sensación de soledad en la que se encuentra en la actualidad Ernesto. Preferimos recordarlo en épocas más lejanas (muchas imágenes son de 1995) cuando afirma en cámara que no es una persona muy recomendable y propensa a depresiones. Para los argentinos es un orgullo tenerlo, como lo muestran los testimonios de Magdalena Ruiz Guiñazú y Raúl Alfonsín, al referirse a su trabajo impecable como líder de la CONADEP.
    También resulta emocionante una escena cerca del final del film, filmada en la casa hace pocos años, cuando Sábato recibió la visita de Mercedes Sosa, quien lo homenajeó interpretando una parte del “Romance de Juan Lavalle”.
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  • Hermanos
    Hermanos
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    Parece un lugar común la afirmación de que la remake norteamericana de un film europeo no esté a la altura de la obra original. En el caso que nos ocupa, se trata de una versión casi idéntica de “Hermanos”, que la danesa Suzanne Bier (“Corazones abiertos”, “Después del matrimonio”) dirigiera en el 2004 y que pasó casi desapercibida por nuestras pantallas. En efecto, apenas unas dos mil personas la vieron en su breve estadía por unas pocas salas, en proyección en DVD.

    De manera que para la mayoría de los espectadores no será posible hacer una comparación entre la primera versión y la dirigida ahora por Jim Sheridan, cuyo título original (“Brothers”) y local es idéntico al original. Del notable director irlandés se tenían varios antecedentes destacables, dado que tres de sus siete largometrajes, incluyendo el primero (“Mi pie izquierdo”), contaban con trascendentes actuaciones de Daniel Day-Lewis, quien por ese film ganó el Oscar como mejor actor. También tuvo varias nominaciones “En el nombre del padre”, completando la trilogía “Golpe a la vida” (“The Boxer”).

    En los último años la carrera cinematográfica de Sheridan ha venido declinando, a tal punto que su sexta y muy criticada película (“Get Rich or Die Tryin’”) no se estrenó localmente.

    “Hermanos” se ubica en un punto intermedio desde el punto de vista de su calidad e interés. Contra la opinión mayoritaria de la crítica local, este cronista opina que hay algo para rescatar en este drama, que cuenta con sólidas actuaciones de sus dos protagonistas masculinos centrales. Tobey Maguire, muy conocido por “El hombre araña”, se había destacado previamente en “Las reglas de la vida” (“The Cider House Rules”), basada en la excelente novela de John Irving, uno de los más grandes escritores contemporáneos. Aquí compone a Sam, un marine que es enviado a Afganistán y que como resultado de la explosión de su helicóptero es dado por muerto. A señalar que en la versión danesa, esta escena resultaba casi inverosímil, lo que no sucede aquí.

    Por su parte, Jake Gyllenhaal (“Secreto en la montaña”, “La prueba”, “Soldado anónimo”) es Tommy, casi la imagen opuesta de su hermano, dado que al inicio del film lo vemos salir de prisión.

    El tercer personaje relevante es Grace, la esposa de Sam, en una actuación algo fría aunque correcta de Natalie Portman, de la cual debe destacarse su atrayente belleza. De todos modos, la actuación de la actriz de los primeros episodios de “Star Wars” y de “La otra Bolena” no consigue superar la de Connie Nielsen, en idéntico papel, en la versión original danesa.

    En esta oportunidad adquiere mayor relevancia el personaje del padre de Sam y Tommy, una acertada composición del veterano Sam Shepard. Es esa figura la que desencadena varios de los momentos más graves y dramáticos del film, al realzar la figura del hermano ausente frente a las aparentes carencias del otro. A ello se agrega una creciente aunque algo equívoca relación entre Grace y Tommy y el cariño que éste despierta en la hija de su cuñada.

    La parte final de la película reserva algunos momentos de alto dramatismo, haciendo del conjunto una obra de cierto interés, sobre todo para quienes no hayan visto el original y desconozcan por lo tanto su contenido y desenlace.
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  • Paco
    Paco
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    Transcurridos casi tres meses del año 2010, la presencia del cine argentino en nuestras pantallas se revela mínima. No es que no haya habido estrenos nacionales ya que, sobre un total acumulado de sesenta novedades, la cuarta parte es de dicho origen. Pero el porcentaje del público que las ha visto representa un magro 1%. Es cierto que varios de esos films han tenido una muy limitada salida en una o dos salas, muy a menudo de circuitos independientes tales como el MALBA o la Fundación Proa.

    Difícilmente se vuelva a repetir el fenómeno del año 2009, donde más de un 15% del total de espectadores (33 millones) vio cine argentino. Claro que la mitad de ellos vieron un solo film. Nos referimos obviamente al “El secreto de sus ojos”, gran ganador del Oscar extranjero.

    Es probable que en próximas semanas ese magro porcentaje ascienda cuando se presente lo nuevo de directores tan cotizados como Burman, Trapero u Olivera.

    En todo caso, “Paco” de Diego Rafecas que se acaba de estrenar no contribuirá a ese aumento de audiencia de film locales, lo cual resulta paradójico por más de una razón.

    En primer término se destaca un amplio reparto, pocas veces reunido en un mismo film. Otro aspecto a señalar es el interés que a priori podía despertar un tema no muchas veces tratado en nuestro cine como es el tema de la droga. Finalmente un buen nivel técnico que incluye la excelente fotografía de Marcelo Iaccarino y una buena banda musical (Babasónicos, Tonolec) no se vieron reflejados a nivel de la crítica en los principales medios gráficos. Y el público, al menos en su primer día de estreno, no respondió.

    Diego Rafecas posee una corta carrera como director, que se inicia en el largometraje con la ambiciosa y no muy lograda “Un Buda” en 2005. En 2008 sufre un traspié aún mayor con “Rodney”. “Paco” es, hasta ahora, su film más interesante aunque algo fallido, pese a la riqueza de medios (actores, técnicos) de que dispuso.

    El nombre del film tiene una doble significación dado que a la más obvia, que refiere a la droga que se obtiene como subproducto de la cocaína, le agrega el nombre del personaje central que interpreta Tomás Fonzi. Hijo de una congresista (Esther Goris), con un look parecido a una famosa figura de nuestro país (!) es derivado por su madre a una clínica, que dirige el dúo interpretado por una convincente Norma Aleandro y por Luis Luque.

    En ese recinto transcurre parte importante del film y es allí donde se entremezclan los mejores y más flojos momentos de un relato que se hace demasiado extenso (dura algo más de dos horas). Entre los jóvenes que habitan el centro de rehabilitación se encuentran todo tipo de personajes. Los hay muy efervescentes, como los que componen Guillermo Pfening, Leonora Balcarce y Romina Ricci, o más introvertidos como la más creíble Majo de Lucrecia Blanco, la casi catatónica Belén de Sofía Gala Castiglione o el propio Paco.
    Pero el extenso reparto cuenta aún con otros intérpretes de interés como Salo Pasik como un comprensivo sacerdote empleado en la clínica, Juan Palomino que también lo hace allí como el ”Indio”, especie de guardia nocturna del edificio. Pascual Condito, además de distribuidor de la película, hace su enésima aparición, esta vez como el chofer de la senadora en acertada actuación y Willy Lemos y Claudio Rissi componen dos atormentados padres.

    Son buenas las escenas filmadas en Johannesburgo, donde Paco hace sus primeros pasos en el mundo de la droga, pero aún mejores las que muestran la “cocina” de la droga en medios donde conviven traficantes y el lumpen mundo de los drogadictos.

    A “Paco” le hubiese sido más beneficioso una menor cantidad de historias paralelas (producto del gran número de personajes), logrando de esa manera focalizar el interés del espectador en el personaje central que, por momentos, parece desaparecer de la historia. Igualmente se trata de un film nada desdeñable y sólo parcialmente fallido.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
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    “Loco corazón” (“Crazy Heart”) no es un gran film. Hasta se podría afirmar que su historia es convencional y por ende poco original. Pero hay algo que la distingue del resto de películas nominadas este año al Oscar. Nos referimos a la extraordinaria interpretación que brinda Jeff Bridges, un actor a quien a lo largo de casi 30 años no le han sobrado premios, pese a actuaciones memorables.

    Desde pequeño, Jeff “vivió” el cine en compañía de su padre Lloyd Bridges, llegando incluso a aparecer (sin crédito) en algún episodio de la legendaria serie “Caza submarina”, hacia fines de la década del ‘50. Sin embargo su debut cinematográfico se produjo algunos años antes en el largometraje “The Company She Keeps”, drama carcelario dirigido por John Cromwell, con Jane Greer y Lizabeth Scott y aquí estrenado con el título “Dos mujeres” (a no confundir con la película de Vittorio de Sica). En esa película también aparecen sin crédito, al igual que él, su madre Dorothy Dean Bridges y su hermano mayor Beau, ambos también intérpretes de varios otros films.
    En su apenas cuarto largometraje, “La última película” (“The Last Picture Show”) de Peter Bogdanovich, Jeff fue nominado por primera vez (corría 1971) como mejor actor de reparto. Lo sería aún otras cuatro veces, como su recordada actuación en “Starman”, y por fin este año y ante el clamor de la concurrencia a la ceremonia del Oscar, ganaría un merecido premio que es además un reconocimiento a toda su trayectoria.

    La jalonan ya sesenta películas con títulos tan memorables como “Ciudad dorada” (“Fat City”) del gran John Huston y “Tucker, un hombre y su sueño” de otro grande (Francis Ford Coppola). En “Los fabulosos Baker Boys” lo acompañaron su hermano Beau y una muy sexy y bella Michelle Pfeiffer, mientras que Terry Gilliam lo dirigió en dos oportunidades: la multinominada “Pescador de ilusiones” (“The Fisher King”) y la no estrenada en cine “Tideland” de 2005. Y los hermanos Coen lo hicieron en otra actuación sorprendente en “El gran Lebowski”
    “Loco corazón” del debutante Scott Cooper retoma un tema muchas varias veces visitado por la cinematografía norteamericana. La historia de un hombre, otrora famoso y ahora en decadencia, ha sido aplicada a deportistas (está aún fresca la nominación de Mickey Rourke por “El luchador” el año pasado), actores y también cantantes. Dentro de este último rubro, no pocas veces ha ocupado un lugar central el género de música country, con un antecedente insoslayable como es el “El precio de la felicidad” (“Tender Mercies”) de Bruce Beresford.

    En esta ocasión el nombre del personaje (Bad Blake) parece una ironía ya que se trata de un ser más bien bondadoso, aunque con un pasado algo turbulento. Por algo será que ignora el paradero de su hijo ya adulto, a quien intentará conocer en forma infructuosa.

    De gira en gira por recónditos lugares de los Estados Unidos, se gana penosamente la vida en presentaciones junto a músicos, que van rotando según la región que visita. Cuando se cruce en su vida una joven periodista, encarnada por Maggie Gyllenhall (“La secretaria”, “La sonrisa de Mona Lisa”), junto a su pequeño hijo, Bad recuperará las ganas de vivir y todo se reducirá a saber si logrará o no reencauzar su vida.

    No parece casual la inclusión de Robert Duvall en el rol del mejor amigo del cantante. Más bien hasta parece premonitoria su presencia, ya que el actor casado con una argentina (que aquí pronuncia algunas palabras en español!) ganó su primer y único Oscar en la mencionada película de Beresford en 1983.
    Resulta en cambio más cuestionable la inserción de Colin Farell en el rol de otro cantante de música country en pleno ascenso, a quien se lo ve poco convincente.
    Párrafo aparte para la música del film, con excelentes canciones de T-Bone Burnett y Stephen Bruton, que se llevaron otro Oscar a la mejor canción original. El propio actor canta algunas de ellas.

    Cuando el domingo 7 de marzo pasado fue anunciado el premio a la mejor interpretación masculina, la ovación dedicada a Jeff Bridges fue impactante. La reacción del actor también lo fue al dedicarlo a sus padres, ya fallecidos, con un emocionante “Thanks Ma, thanks Pa”. Fue sin duda el momento culminante de una entrega de los Oscar con pocas sorpresas, salvo la muy agradable consagración de “El secreto de sus ojos” y la dilucidación de quien sería el vencedor entre Bigelow y Cameron, que finalmente dictaminó que por primera vez una mujer se llevara los premios como mejor directora y mejor película, luego de más de 80 años de dominio masculino.
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  • Enseñanza de vida
    Puede considerarse un acierto la libre traducción del título del film inglés “An Education” como “Enseñanza de vida”, al ser un fiel reflejo del contenido de esta historia ambientada en Londres a principios de los’60.

    Fue dirigido por Lone Scherfig, una realizadora danesa de cincuenta años, de cuya filmografía (seis películas) sólo se estrenó una, la interesante “Italiano para principiantes”.

    Como es habitual en la cinematografía británica, hay aquí un nivel parejo en las interpretaciones, comenzando por la casi desconocida Carey Mulligan (“Orgullo y prejuicio”), que pese a tener veinticuatro años en la vida real, asume el rol de Jenny de apenas dieciséis.

    Jenny es una brillante estudiante secundaria además de virtuosa ejecutante del cello, que a causa de este instrumento y una fuerte lluvia traba relación con David Goldman, quien la duplica en edad. Su rol lo asume el actor Peter Sarsgaard (“La huérfana”, Soldado anónimo”), que pese a su apellido y dicción es nacido en los Estados Unidos.

    El padre de la chica, un excelente Alfred Molina, la trata con bastante severidad pero rápidamente se vuelve permisivo al caer en las redes de David, de una escala social superior como lo revela su muy exclusivo auto deportivo y aparente poder económico. Convence a los padres para que junto a su socio Danny (Dominic Cooper) y la algo vulgar novia de éste, bien retratada por Rosamund Pyke (“Otro día para morir”, “Orgullo y prejuicio”) frecuenten restaurants y clubes de jazz a la moda.

    El problema se planteará cuando Jenny empiece a descuidar su educación, su aprendizaje del latín necesario para ingresar a la carrera de literatura en Oxford flaquee y sus profesores vean con malos ojos lo que consideran una regresión. Particularmente estricta resultará la directora del colegio, una corta y bienvenida presencia de Emma Thompson. La situación se volverá crítica cuando David convenza a los padres de llevarla a Paris, cuyo idioma ella domina y adora. A su regreso, le ofrecerá un perfume (Chanel Nº 5) a su principal profesora (buena actuación de Olivia Williams), quien se verá obligada a rechazar el presente.

    Algunas pistas sobre el origen “non sancto” del buen pasar económico de David y otras que se irán conociendo en la última parte del film llevarán a un desenlace que por respeto al potencial espectador se prefiere no revelar. Habrá alguna vuelta de tuerca final que no desmerece a un conjunto muy sólido donde, como se decía al inicio, las interpretaciones resultan un factor descollante.

    Carey Mulligan, que en algún momento recuerda a Audrey Hepburn por su figura y pelo, es la gran sorpresa de “An education”. Ya fue nominada a los Globos de Oro (ganó Sandra Bullock) y ahora compite por el Oscar.
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  • Invictus
    Invictus
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    “I am the master of my fate, I am the captain of my soul” (poema de William Ernest Henley, citado en el film)

    Sobresalen las actuaciones en un correcto film sobre Nelson Mandela que, dado los antecedentes de su director, podía haber tenido más vuelo

    “Invictus” no es un film biográfico sobre Nelson Mandela, pese a girar en torno a su figura. A priori no habría nada que objetarle a Clint Eastwood al haber elegido un enfoque diferente, que en gran parte reposa en el rol que el ex presidente de Sudáfrica asignó al rugby, como medio de unión de sus ciudadanos.

    La acción transcurre en la primera década del ’90, cuando luego de 30 años de cautiverio, Mandela recobra su libertad y al poco tiempo es elegido presidente.

    La primera imagen del film es contundente al mostrar el paso del auto presidencial por un sitio donde, por un lado, se ve a jóvenes negros jugando al fútbol y, por el otro, a los Springboks, mayoritariamente blancos y afrikaners, entrenándose. Ese contraste logra significar lo que fue la entonces recientemente abolida política del apartheid para los sudafricanos. Las referencias a dicho sistema discriminatorio no son numerosas en “Invictus” y sólo en otro momento, quizás el mejor del film, reaparece. Nos referimos a la visita que los jugadores de la selección de rugby realiza a la prisión, encabezados por el capitán Francois Pienaar (un sólido Matt Damon). A través de su imaginación se lo ve a Mandela (Morgan Freeman) trabajando duramente la roca juntos a otros convictos.

    Puede decirse que el film se divide en dos partes que ocupan cada una la mitad del extenso metraje (algo más de dos horas). En la primera vemos al presidente intentando armar su estructura de gobierno, con especial énfasis en los sistemas de seguridad. La necesidad de convivencia entre los guardaespaldas blancos con los nuevos de raza negra muestra el recelo mutuo de ambos grupos. Sin embargo, al poco tiempo se plasma el entendimiento entre ellos, lo que quizás pueda aparecer como una excesiva complacencia por parte del guión. Este tipo de concesiones es probablemente la mayor deficiencia de la película.

    Similar reparo merece la “segunda” parte, cuando se asiste a una serie de matchs de rugby que finalmente llevaron a que Sudáfrica se consagrara por primera vez en la historia campeón mundial de dicho deporte en 1995. El ingreso al estadio de Mandela, vestido con ropa de los springboks es emocionante pero lo que de allí en más se ve resulta poco interesante (para quien no entienda mucho las reglas del deporte de la pelota ovalada) y algo predecible. Esto último puede aplicarse a una escena donde un gran avión se dirige directamente hacia el estadio Ellis Park, recordando a lo acontecido muchos años después en las torres gemelas.

    Dado los antecedentes de Clint Eastwood en films tan impactantes como “Los imperdonables”, “Río místico” y el más reciente “Gran Torino”, queda la impresión que el director prefirió esta vez elegir un tono más leve, sacrificando el vuelo alcanzado en los films anteriores y en otros como “Los puentes de Madison” y “Million Dollar Baby”.

    Pese a tratarse de una obra menor del casi octogenario realizador, se pueden rescatar aun varios momentos en “Invictus” que lo hacen recomendable en un año donde, en cercanías del Oscar, no aparecen muchos títulos de excelencia.
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  • Buenas Costumbres
    Seguramente será ésta la semana cinematográfica más británica del año con tres sobre cuatro estrenos ambientados en Inglaterra

    Además de la presentación de la estupenda “Final de partida”, ganadora (japonesa) del Oscar extranjero del año pasado, la cartelera porteña se renueva con otras tres producciones, todas coincidentemente ambientadas en la Inglaterra de tiempos atrás.

    Por un lado “La joven Victoria” refiere a los primeros años de la reina que gobernó entre 1837 y 1901, destacándose la buena actuación de Emily Blunt (“El diablo viste a la moda”). Cabe el reparo de que supera largamente en belleza a la famosa soberana y al hecho de que la mirada del film es excesivamente complaciente y algo maniquea.

    “Sherlock Holmes” del inglés Guy Ritchie es en verdad una producción norteamericana, pero el personaje creado por Arthur Conan Doyle es absolutamente británico, pese a ser interpretado por el americano Robert Downey Jr,, que ya había recreado a otro inglés, nada menos que a Chaplin. Lo acompaña otro inglés, Jude Law, como un atípico Watson y se distingue Mark Strong como el siniestro Lord Blackwood. Este mismo actor también tiene un rol importante en “La joven Victoria”. Se trata de una versión donde predomina la acción, muy en línea con anteriores films del ex de Madonna (“”Juegos, trampas y dos armas humeantes”, “Snatch, cerdos y diamantes”, “RocknRolla”).

    Finalmente nos queda “Buenas costumbres”, realización a la que se dedica el resto de esta nota. Dirigida por Stephan Elliott (“Las aventuras de Priscilla, reina del desierto”), fue escrita por Noel Coward, bajo el título original de “Easy Virtue”. De hecho hubo una versión anterior de 1928, dirigida por Alfred Hitchcock, pero la referencia termina allí pues se trata apenas de un film mudo de alguien que aún no había alcanzado a mostrar su maestría posterior, básicamente a partir de la década del ’30.

    Sobresalen en “Buenas costumbres” las actuaciones de actores en su mayoría ingleses, aunque quizás sea Jessica Biel quien más sorprenda. La actriz de “Blade: Trinity” y “El ilusionista” compone a una joven y desprejuiciada norteamericana, corredora de autos de carrera, que logra atrapar a un inglés de noble estirpe. Los problemas empiezan cuando John Whittaker (Ben Barnes) llega a la residencia junto a su esposa y ésta debe enfrentar a sus nuevos parientes. El problema mayor será su suegra, que la recibirá con poco entusiasmo y creciente recelo. Interpretado por Kristin Scott Thomas (“Hace mucho que te quiero”), el personaje daba para mayor lucimiento y uno podría imaginar mejores resultados de haber sido la actriz seleccionada una Helen Mirren o Vanessa Redgrave por ejemplo.

    En cambio, es muy adecuada la elección de Colin Firth (“Valmont”, “Mamma Mia!” ) como el hastiado (de su esposa) Mr Whittaker. Una vuelta de tuerca al final lo tendrá como personaje relevante a contrapelo del resto de la familia, cuyas dos hijas chocarán fuertemente con la mentalidad liberal de la visitante. Kris Marshall (“Muerte en un funeral”) compone con acierto a un mayordomo que todas se las sabe.

    Por momentos esta comedia costumbrista apela a un humor algo forzado, como en una escena en la que el perro de la señora Whittaker sufre un contratiempo. Tampoco convencen siempre las salidas brillantes de la joven norteamericana frente a lo opaco de la respuestas de la ama de casa.

    La música es estridente con varios temas de Cole Porter que harían la delicia de un Woody Allen y que acompañan bien a la época en que tiene lugar la historia.

    “Buenas costumbres” es un título no desdeñable que demuestra una vez más la vigencia del cine inglés.
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  • Eden Lake
    Eden Lake
    Leedor.com
    Lo habitual en las críticas de films como “Eden Lake” es su recomendación a los “adictos al género”. Sin embargo, esta afirmación puede resultar injustificada en este caso. Por empezar, no se trata estrictamente de una película de “terror”, género que suele albergar a producciones con elementos fantásticos y por ende alejadas de la realidad. Más bien, en este caso, estaríamos más cerca de un thriller, con el aditamento de ser uno de los más violentos que se han visto en nuestras pantallas recientemente.

    De allí que se hesite en recomendarlo, prefiriendo hacerle la advertencia al potencial espectador. También es necesario aclarar que no estamos frente a una obra maestra, ni siquiera una de esas propuestas de visión imprescindible. Hecha esta salvedad, se puede decir que existen elementos suficientes que justifican una nota y el eventual paso del lector por el cine.

    Se trata de la ópera prima del director británico James Watkins, cuyos mayores aciertos estarían en un muy adecuado casting. Por un lado, un par de actores en claro ascenso: Kelly Reilly (“Orgullo y prejuicio”, “Piso compartido”, “Las muñecas rusas”) y Michael Fassbender (“Bastardos sin gloria”, “Hunger”, “Fish Tank”), encarnando a una feliz pareja que deciden pasar un agradable fin de semana en una cantera abandonada, al lado del lago cuyo nombre (también el del film) se revelará una cruel ironía.

    La pareja se topará con un conjunto de adolescentes y algún que otro niño, en su mayoría actores debutantes o novatos (otro mérito del casting), que les harán la vida imposible. Un involuntario accidente fatal, que se prefiere no revelar, desatará la furia de los “chicos” que empezarán por robarles el auto a sus ocasionales vecinos.

    Hasta aquí la violencia no será mayormente física, sino el producto de amenazas verbales mutuas (excluido el hecho accidental señalado), cuando ya ha transcurrido casi la mitad del metraje. Pero lo que sobreviene de aquí en más se encuadra en una de la progresiones de violencia creciente, pocas veces vistas en la pantalla. Puede discutirse si la misma es o no gratuita, pero lo que difícilmente pueda ser rebatido es que logra movilizar al espectador, quien puede terminar tomando partido, normalmente, por los adultos. El debate sobre la justicia propia y el “ojo por ojo, diente por diente” dividirá seguramente las opiniones pero “Eden Lake”, con sus falencias que las tiene, no nos deja indiferentes.

    Quizás sea difícil creer el comportamiento del personaje femenino, cuando están torturando a su compañero o también su decisión de esconderse en un hediondo basurero. Aunque a favor de ambas situaciones podría afirmarse que en un acto de desesperación todo es posible. El final no desentona con el resto del film, intentando de alguna manera justificar al conjunto. El énfasis que hace en la influencia de la educación de los padres sobre la conducta de los hijos no es en nada original, pero tampoco está de más.

    Se han señalado diversos influjos y parecidos de “Eden Lake” con obras anteriores. No serían ni “El juego del miedo” (en sus diversos opus) ni “Funny Games” los mejores referentes. Más bien nos inclinamos por relacionarla con “La violencia está entre nosotros” (“Deliverance”) y “El señor de las moscas”, que sin duda eran superiores.
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  • Hablame de la lluvia
    El año 2000 marcó el debut en la dirección de largometrajes de la hasta entonces actriz y guionista francesa Agnès Jaoui. “El gusto de los otros”, tal el título de su primera realización, fue inmediatamente un éxito de público y más adelante a menudo premiada en numerosos eventos. Fue incluso nominada al Oscar y también a nuestro Cóndor de Plata como mejor película extranjera.

    Hasta entonces, Jaoui era sobre todo conocida como actriz y coguionista (junto a su pareja Jean-Pierre Bacri) en películas de Cedric Klapisch (“Un aire de familia”), de Philippe Muyl (“Cuisines et dependances”, lamentablemente no estrenada localmente) y sobre todo de Alain Resnais (“Smoking/No Smoking” y “Conozco la canción”). Este director incluso acuñó un nombre ficticio (JABAC) usando las primeras letras de los apellidos de la pareja.

    En el 2004, la fórmula JABAC repitió el esquema de “El gusto de los otros”, pergeñando un segundo largometraje, “Como una imagen”, que ganó entre otros el premio al mejor guión en el Festival de Cannes de ese año.

    Ahora ambos guionistas regresan con “Háblame de la lluvia”, tercera película de Jaoui como directora y cuyo título original (“Parlez-moi de la pluie”) fue extraído de un verso de una famosa canción del gran poeta y cantor George Brassens.

    Los resultados no son tan auspiciosos como en las dos oportunidades anteriores, quizás porque los coguionistas quisieron abarcar demasiados temas al mismo tiempo. No obstante resulta aun posible rescatar ciertos elementos de interés y algunas buenas interpretaciones.

    La actriz-directora se reserva el rol de Agathe Villanova, un personaje que tras su aparente seguridad, se trata de una feminista que decide involucrarse en política, esconde dudas y debilidades. Viaja al sur para reencontrar a su hermana Florence (Pascale Arbillot), cuando se cumple un año de la muerte de la madre. Allí reencuentra a Karim, hijo de la mujer argelina que crió a ambas hermanas y que aún trabaja en la casa natal. El rol de Karim es cubierto por el excelente Jamel Debbouze (“Días de gloria”, “Angel-A”, “Amelie”) en un exótico personaje que además de trabajar en un hotel está incursionando en la realización de documentales, junto a su amigo Ronsard (Bacri). Ambos están realizando un proyecto sobre “mujeres exitosas”, por lo que invitan a Agathe a participar del mismo. (Debbouze tiene el mérito destacable de seguir actuando pese a haber perdido su brazo derecho en un accidente ferroviario, donde además murió un gran amigo. Ambos guionistas reconocen haber escrito el guión como símbolo de amistad hacia el actor de “Amelie”).

    Las numerosas torpezas del dúo de improvisados directores se transforman en algunos de los momentos más logrados de “Háblame de la lluvia”, que a diferencia de las dos películas anteriores, se encuadra más en el género comedia. Se trata además de un film coral al contar con varios personajes adicionales tales como la esposa y una compañera de trabajo de Karim, la pareja de Agathe e incluso al presentar un affaire entre Ronsard y Florence, a espaldas del marido de ésta.

    Quizás sean demasiadas historias simultáneas que dispersan la acción. Al film le hubiese convenido centrarse en uno o dos personajes, pero esta vez los coguionistas eligieron el camino contrario. Pese a los reparos antes señalados el espectador sale en general satisfecho y con una sonrisa, producto de la simpatía de varios de los protagonistas. Por ser diciembre un mes con pocos estrenos para el público adulto, esta producción puede resultar una buena alternativa.
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  • El último aplauso
    Como responsable habitual de la presentación de los preestrenos del Cine Club Núcleo a lo largo de seis años, uno va acumulando experiencias que en algunos casos se vuelven inolvidables. Han pasado desde entonces numerosos directores y actores del cine nacional y en contadas ocasiones del exterior. Pero nunca hasta ahora, este cronista recuerda algo parecido a lo ocurrido el martes pasado (1 de diciembre) en ocasión del preestreno de “El último aplauso”, una coproducción entre Argentina, Alemania y Japón.

    Fue dirigida por Germán Kral, un argentino que hace casi 20 años vive en Alemania (Munich), adonde fue a estudiar cine motivado por una enorme admiración por Wim Wenders, según él mismo confiesa. Uno de sus profesores fue Doris Dorrie (“Las flores del cerezo”), quien le comentó hace algo más de diez años que en su paso por Buenos Aires ella conoció un café que Kral debería algún día visitar. Se trataba del “Bar El Chino”, en el barrio de Pompeya, donde recaló el director en una de sus visitas a su país. Con una muy simple cámara filmó entre otros al propio Chino (en verdad Jorge García) así como a los cantantes en sus casas y en el bar. Como antecedente fílmico merece mencionarse la excelente opera prima de Daniel Burak, que se llamaba justamente “Bar el Chino”, aunque con un enfoque distinto al estar a mitad de camino entre el documental y la ficción.

    La idea de Kral era retornar lo antes posible a Buenos Aires para completar la filmación de un documental. Cuando lo hizo en agosto del 2001 la situación había cambiado ya que el Chino estaba hospitalizado y el hijo de éste había fallecido trágicamente. Al poco tiempo de regresar a Alemania con más material fílmico se enteró de la muerte del dueño del bar y a partir de allí el proyecto fue sufriendo modificaciones, sobre todo porque la mayoría de los cantantes se habían peleado con los nuevos propietarios y quedado sin trabajo.

    Por fin en 2006 se pudo completar la película gracias al soporte de varias instituciones de Alemania, Japón y sobre todo del INCAA. Se logró reabrir el bar con la presencia de los cantantes Cristina de los Ángeles, la increíble octogenaria Inés Arce, Julio César Fernán y el guitarrista Abel Frías además del joven cantor Omar Garré. El show que ofrecieron está registrado, con maestría en la disposición de las cámaras y el registro del sonido en el reducido espacio del Bar El Chino, en la película. El martes 1 de diciembre todos los intérpretes antes mencionados se hicieron presentes ante el público del Cine Club Núcleo al finalizar la segunda función. Fueron ovacionados y de hecho durante las dos funciones, cada vez que terminaba la ejecución de una canción se escuchaban aplausos en la sala. Pero quizás la máxima emoción fue cuando cantaron un tango, acompañados por la guitarra de Abel Frías.

    “El último aplauso” es un magnífico documental que tiene la particularidad de que lo allí acontece resulta un fidedigno racconto de lo que pasó durante casi diez año en la vida de músicos, que cantan fundamentalmente por vocación. Puede afirmarse que el guión se fue alimentando con sus propias vivencias, las que emocionan de la misma manera que lo hizo su reciente presencia en la sala del cine Gaumont. Una experiencia imborrable que el espectador podrá revivir al ver esta notable realización.
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  • Goodbye Solo
    Goodbye Solo
    Leedor.com
    Gracias al esfuerzo que hacen y el riesgo que corren algunos distribuidores cinematográficos, el público argentino tiene acceso a obras que difícilmente interesen a las grandes compañías de Hollywood.

    “Goodbye Solo” no presenta a priori ningún elemento que ayude a su difusión salvo quizás un premio de la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Independiente) en el Festival de Venecia 2008. Muy poco sin duda como para justificar su estreno, particularmente en esta época final del año en que el público comienza a ralear o a buscar fórmulas más pasatistas.

    Su director, Ramón Bahrani, virtualmente desconocido por estas latitudes, es de origen iraní aunque nació en los Estados Unidos siendo éste su cuarto film y primero en estrenarse en Argentina.

    El personaje central es un taxista de origen senegalés interpretado por Soulemayne Sy Savane, quien aquí debuta en el largometraje. Solo, tal su nombre, es una persona muy afable y extrovertido con un natural optimismo. Su carácter contrasta fuertemente con William, un septuagenario que un día contrata sus servicios. El rol es asumido por Red West, otro ignoto actor aunque con una larga carrera en series, televisión y varias películas mayormente inéditas en nuestro país. Sin embargo, Red tiene en su haber una particularidad como es el haber sido, en la vida real, guardaespaldas y amigo, nada menos, que de Elvis Presley. Por otro lado tiene un gran parecido físico e interpretativo y casi la misma edad que Seymour Cassel, actor fetiche en los films de John Cassavetes.

    Los sucesivos encuentros entre tan disímiles personajes serán casi siempre producto del interés creciente que tiene Solo en saber porque su cliente desea que lo deposite determinado día en una montaña rocosa (Blowing Rock), donde circulan fuertes vientos.

    A modo de un thriller, “Goodbye Solo” consigue atrapar al espectador, incorporando a unos pocos personajes más como Alex, la joven hija adoptiva de Solo (brillante actuación de Diana Franco Galindo) y un joven que vende entradas en el pueblo de Winston-Salem (Carolina del Norte), donde transcurre el grueso de la acción.

    Se trata entonces de una obra casi minimalista, que se disfruta de punta a punta en sus apenas noventa minutos y que no debería pasar desapercibida.
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  • Camino a la redención
    “Amores perros”, “21 gramos” y “Babel” constituyen una auténtica trilogía que no sólo comparte el mismo director sino también a un idéntico guionista, Guillermo Arriaga, quien ahora se ha lanzado a la dirección de su propio largometraje.

    “Camino a la redención” no oculta el sello de los films anteriores, al presentar a una serie de personajes que tienen más de un vínculo común, que son retaceados al principio. El espectador irá armando un verdadero rompecabezas, con dos historias paralelas que giran alrededor de sendas figuras encarnadas por Charlize Theron y Kim Basinger. A esos caracteres se agregará otro femenino a cargo de Jennifer Lawrence (Mariana), dando la impresión de que para Arriaga el universo norteamericano (al menos en el film) resulta femenino. No casualmente los principales personajes masculinos son étnicamente mexicanos o más propiamente dicho “chicanos”, lo que reafirma la afirmación anterior. Nick, uno de ellos, interpretado por Joaquim de Almeida tiene un affaire con Gina (Basinger) y sus encuentros furtivos transcurren en una especie de casa rodante (“trailer”) en pleno desierto. La primera imagen del film ocurre en ese sitio y explica de por si sola el título original de la película (“The Burning Plain”).

    La siguiente escena nos muestra a una muy bella Sylvia (Theron), desnuda, observando a través de una ventana y siendo vista por algún curioso, mostrando su intimidad. La historia en esta primera mitad parece inclinarse hacia este personaje transcurriendo en el restaurant en que Sylvia hace de maitre. Pese a que le dice a un cliente que no traba relación con los que alli consumen, su inmediato proceder parece demostrar lo contrario. Ella es sin duda una mujer extremadamente liberal e independiente, cortejada por su gran belleza y atractivo. Pero también se percibe que no tiene muy claro hacía donde va su vida.

    Lo que permitirá ir armando la historia será la relación que se establece entre la ya mencionada Mariana y el joven Santiago (J.D.Pardo), de origen mexicano. No resulta conveniente dar más datos sobre la manera en que se conocen y las relaciones que tienen con los personajes anteriores. Sí anticipar que el conjunto cierra bien y que la progresión dramática está bien dosificada en el tiempo. Un accidente de un avión que fumiga los campos hará que adquiera importancia un cuarto personaje femenino más joven, María, que a diferencia de los anteriores tiene rasgos latinos. Es muy buena la caracterización que logra Tessa La y será la última media hora del film la que redondee la trama.

    Quizás más de un espectador perciba, en algunas de las resoluciones, la presencia de golpe bajo. Más justo sería objetarle al film ciertas situaciones que, por previsibles, no le quitan interés al conjunto marcando un auspicioso debut de Arriaga.
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Hoyts