La era de hielo 5: Choque de mundos

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

MIL INTENTOS Y ALGUN INVENTO

El caso de La era de hielo es uno de los más curiosos del cine mundial, ya que (como se puede ver en este informe de Ultracine) cada entrega superó a la anterior en taquilla y en Argentina, por ejemplo, el cuarto capítulo de la saga es actualmente el tercer film más taquillero de todos los tiempos detrás de Minions y Titanic. Mundialmente, como saga animada, es la más vista detrás de Shrek. Curioso, decimos, porque su valor como producto cinematográfico es bastante dudoso a esta altura y seguramente que su rendimiento en taquilla sea lo único que la sostiene en el tiempo y en la maquinaria de producción. Una quinta entrega ya parece, a esta altura, una exageración.

La primera La era de hielo, allá por 2002, significó una interesante novedad, porque no se sostenía tanto en el recurso humorístico (que por ese entonces estaba sobreexplotado por Shrek) como sí lo estaba en un trío de personajes muy atractivos y en un contexto histórico/geográfico que aportaba a la melancolía que reinaba en el relato: la idea de supervivencia estaba enunciada con amargura y desolación. Incluso era una muy interesante adaptación de Tres hijos del diablo de John Ford. Ninguna de las películas que siguieron está a la altura (ni cerca) y encima se ven invadidas por una indecisión en el tono algo preocupante: el debate sería entre apostar por ahondar en los conflictos de los personajes o entregarse a la diversión histérica del cartoon clásico, explotando hasta el hartazgo las características de cada personaje. Lo que no logran ver sus creadores es que el drama de sus criaturas es a esta altura intrascendente, que los problemas maritales y paternales del mamut Manny ya aburren y que sus miradas sobre la estructura familiar son decididamente conservadoras y anticuadas. Lo que La era de hielo necesita ser es aventura, ritmo, alocamiento.

Y en ese debate entre el “contar algo” y el lanzarse a la aventura, a esta La era de hielo: choque de mundos le lleva unos minutos definirse aunque no lo haga del todo. Porque necesita plantear en el prólogo el conflicto de (otra vez) Manny, ahora enfrentándose al casamiento de su hija y a un yerno que parece medio pelele, y porque ese conflicto reaparece cada tanto retrasando el movimiento y la diversión. Pero es a partir de la reaparición de Buck, aquel gran personaje que energizaba la tercera entrega (y que en la cuarta era torpemente relegado), lo que hace que esta quinta parte adquiera algo parecido a la vida y no se quede en la mera repetición de guiños apolillados. Lo que moviliza a los personajes es pura excusa argumental, y a esta altura nadie debería sentirse ofendido por eso: la presencia de Scrat es ya un autoconsciente guiño sobre lo prosaico que da paso a lo trascendente. Lo importante es que los personajes se mueven, a veces de manera vertiginosa, a veces integrándose con el relato, y la apuesta es ir a mil por hora en una suerte de rally humorístico: como un standapero subido al escenario, tirando chistes a uno por segundo, tratando de embocar las más de las veces y fallando mucho, claro.

De esta manera, la efectividad de la película se debe a la calidad del humor o el timing en la comicidad. Y en una película que apuesta tanto por el chiste (hay una variedad que va de lo sublime a lo bochornoso), y a tanta velocidad, de vez en cuando surge algún invento original y novedoso que la moviliza alegremente (salvo la obra maestra Madagascar 3, pocas han podido hacer eso con tanta eficacia): claro que a lo largo de cuatro películas se han desarrollado tantos personajes, que esa variedad permite que siempre haya alguna tecla que funcione y afine mejor que las otras. Es seguramente su falta de ambición y sus escasas pretensiones reflexivas, lo que hace de La era de hielo: choque de mundos una película disfrutable, aún en sus desniveles, que se integra felizmente a una larga franquicia sobre la extinción. Franquicia que, por otra parte, debería ponerse a reflexionar sobre su propia finitud como propuesta cinematográfica.