La cárcel del fin del mundo

Crítica de Alejandra Portela - Leedor.com

El ex-presidio Ushuaia (o Cárcel de Reincidentes de Tierra del Fuego) hoy es un Museo ganado a la comunidad. Guarda la historia de la ciudad más austral del mundo y de buena parte de la Armada Argentina: la Fragata Sarmiento y Fragata Libertad, la Goleta Espora de Luis Piedra Buena y al Naufragio del Monte Cervantes. El espacio más atractivo de este espacio museístico, claro, es el que pone en escena cuidadosas reconstrucciones de algunos de los presos ilustres que estuvieron alojados allí entre 1904 y 1947 momento en que la cárcel funcionó: el anarquista Simón Radowitzky, Santos Godino, (el petiso orejudo), Mateo Bank, el poeta Ricardo Rojas y más

La cárcel de Ushuaia es tal vez una de esas visitas que todos los argentinos deberíamos hacer en algún momento: un penal que por lo inhóspito de su ubicación y las durisimas condiciones del clima fue durante 43 años el lugar de cautiverio más terrible de la Argentina.

Para Lucía Vassallo, graduada del ENERC directora del documental La cárcel del fin del mundo “recorrer sus muros y escuchar al apasionado guía con su historia da frío y miedo, sensaciones viscerales e incontrolables.” Producida por Habitación 1520,con Benjamín Avila y Lorena Muñoz, la ópera prima de Vassallo se ajusta al conjunto de testimonios de los presos, mediante cartas, fotografías, poemas, algunos de nombres conocidos, otros anónimos. Voces que tienen en común ese espacio de convivencia terrible donde era común la tortura, el suicidio y la mala vidda: “había que tener cuidado con los filos del hielo que hacen cortaduras profundas y dolorosas“, “para lavarnos había que romper la capa de escarcha que cubría los depósitos”

El acierto del documental, además de la fotografía límpida y precisa de Guido de Paula o la bella canción especialmente realizada por Axel Krigyer para la voz de Paula Maffia, es que se adueña de esas voces invisibles a través de la narración potente de Javier Valentín Diment que alterna con situaciones más anecdóticas como la conformación del equipo de rugby “Los presos” ,la cena de las mujeres de la armada o el desfile militar por las calles de la ciudad.

El film tambien va a buscar las miradas actuales, algunas de jóvenes aficionados a la Historia, otras de ancianas descendientes de trabajadores del presidio, o reconstrucciones a través de expedientes judiciales o listados de guardiacárceles. Esas historias le otorgan al pasado una nueva dimensión en el presente que no es totalizadora, que parece errática, que no tiene todas las historias y todos los testimonios pero que es suficientemente justa en sus precisiones y en sus climas, mentales y sociales. Desde las sensaciones personales a las descripciones del trabajo en los bosques, el miedo o los planes de escapar, cosa prácticamente imposible.

Buen debut en el documental de Lucía Vassallo y buena manera de re-conocer uno de los lugares históricos más terribles de la Argentina.