La aparición

Crítica de Rodrigo Seijas - Fancinema

La misma aparición de siempre

Yo soy de esos que se asustan fácil. Cualquier cosa en el cine me asusta. Los típicos truquitos con los ruidos o las apariciones por sorpresa siempre funcionan conmigo. Le tengo miedo hasta a los fantasmas de la derecha destituyente o de la diKtadura.
Lo dicho previamente no es para decir que La aparición no me asustó. Como dije antes, yo siempre me asusto. El problema es que me asusté pero ese escalofrío momentáneo no se prolongó más allá, no se convirtió en temor, en un miedo más permanente, en inquietud. Y eso pasó porque en el film nunca sucede nada relativamente nuevo u original que introduzca nuevas sensaciones. Ni siquiera hay elementos característicos del género dispuestos de otra manera o reelaborados.
Todo es ya visto en La aparición: el relato centrado en un grupo de jóvenes universitarios que realizan un experimento vinculado a lo sobrenatural y terminan abriendo una puerta en otra dimensión a un espíritu maligno que ingresa a nuestro mundo; la joven pareja acosada por ruidos y extraños acontecimientos; la temible criatura arrastrándose; y un largo etcétera.
La aparición pareciera desde el comienzo asumirse como un producto rutinario, realizado al boleo, arrojado a la cartelera, sin razón de ser en absoluto. Hay un leve intento de crear climas a partir de los espacios vacíos, pero todo se queda en la nada. En cuanto a las actuaciones, es llamativo el pésimo nivel: la pareja protagónica, conformada por Ashley Greene y Sebastian Stan, nunca transmite tensión o logra empatía, y hasta podemos ver a un Tom Felton (Draco Malfoy en la saga Harry Potter) completamente fuera de tono.
Quedan entonces las mismas preguntas, repetidas cada año cuando llegan este tipo de films: ¿para qué? ¿Por qué? ¿Es necesario? Y yo, que busco no sacar las conclusiones fáciles respecto a los modos y sistemas de producción hollywoodenses, con La aparición no tengo más remedio que seguir a los detractores que acusan a Hollywood de ser un imperio destructor del buen cine. Maldita sea.