Interview

Crítica de Daniel Cholakian - CineramaPlus+

Steve Buscemi, un actor de un talento y versatilidad notable, hace un gran trabajo en Interview como director.

Pierre Peders es un periodista político que, mientras en Washington se producen importantes hechos en relación al presidente, su editor lo envía a entrevista a Katya, una bella modelo que actúa en telenovelas tontas, y películas de terror para adolescentes. Algo anda mal con Pierre si le asignan este tipo de entrevistas, que no le interesan, y para las que no tiene oficio.

Efectivamente muchas cuestiones personales anda mal, y su trabajo está peligrando. La entrevista con Katya fracasa, tanto por su impericia como por su intolerancia, pero un fortuito accidente hace que él termine en el loft de la actriz. Allí compartirán algunas copas, conversaciones todo el tiempo cruzadas por la ironía y el desprecio mutuo, secretos y momentos de violenta tensión.

La relación entre el periodista experto y hábil, y la rubia tonta, se convierte en un juego del gato y el ratón, donde el ambiente único de la vivienda, deviene espacio dramático, en el que, cada uno a su tiempo, parece listo a cazar al otro. Discernir quién es el cazador y quién el cazado es parte de la tensión que se establece en el espectador.

Steve Buscemi, un actor de un talento y versatilidad notable, hace un gran trabajo en Interview como director. Con una estructura dramática propia del teatro: un escenario, dos personajes, diálogos importantes, logra una muy interesante película. Será a partir del uso preciso de la cámara y el montaje, operando sobre ese espacio físico único, que logrará deconstruirlo y reconstruirlo, para presentar un espacio cinematográfico por momentos asfixiante. La tensión está muy bien dosificada, y en esta precisión rítmica, se verifica el trabajo ajustado tanto en el manejo del espacio como de las actuaciones, impecables.

Interview recuerda a grandes momentos del realismo sucio del teatro norteamericano. Sin embargo está basada en una película del realizador holandés Theo Van Gogh, descendiente del homónimo hermano del gran pintor impresionista. Lo universal, en este caso, es invisible a los ojos.