Ícaros

Crítica de Brian Macchi - Fancinema

El camino

Este documental de Georgina Barreiro posee un tinte “festivalero”, sin que esta calificación signifique un tono peyorativo, sino que apunta a que la estructura de esta producción congenia en mayor medida con un público que va al cine esperando ser sorprendido y abierto a relatos no tan tradicionales, diferente a lo que ocurre dentro del circuito comercial.

Icaros explora el universo espiritual del pueblo shipibo que habita a orillas del río Ucayali, uno de los principales afluentes de la Amazonía peruana. El joven Mokan Rono emprende su camino en el ancestral conocimiento de la ayahuasca, guiado por un sabio chamán y por su madre, maestra curandera.

A través del relato del muchacho, el film va narrando los pasos que va cumpliendo para lograr su objetivo, durante el cual se van observando las diferentes tradiciones de esta comunidad y su relación directa con la naturaleza, circunstancias bien exhibidas por Barreiro.

La directora cuenta esta “aventura” de manera apropiada, sin detenerse en largos planos vacíos (al estilo Terrence Mallick en El nuevo mundo), sino que busca presentar la combinación entre vivencias humanas y naturaleza, mostrando los bellos paisajes de la Amazonía peruana, pero sin regodearse en ellos, apuntando a la conexión entre el hombre y su ambiente.

En este sentido, se destaca la fotografía, como también la gran tarea desde el sonido, logrando por momentos transportar al espectador a esa selva tropical.

Presentando una historia novedosa para la mayoría de los que vivimos en las ciudades, Icaros no resulta un documental de alta transcendencia ni de visión obligatoria, pero es un trabajo correcto, bastante concreto en su búsqueda, que no pretende alardear ni ser más de lo que es: un reflejo de una de las tantas tradiciones de los pueblos originarios de nuestra América.