Hermanos

Crítica de María A. Melchiori - Cine & Medios

Triángulo de ausencias

Los hermanos Sam (Tobey Maguire) y Tommy Cahill (Jake Gyllenhaal) no podrían ser más distintos. Tommy transitó una adolescencia rebelde y se convirtió en delincuente, la oveja negra de la familia; Sam, en cambio, superó los conflictos y se convirtió en la luz de los ojos de su padre (Sam Shepard) eligiendo volverse un Marine como él. Tommy sale de la cárcel y se encuentra con que su hermano ha hecho una buena carrera, además de mantener una familia feliz con su novia de la adolescencia, la bonita ex porrista Grace (Natalie Portman). Pero todo cambia cuando, en mitad de una misión y a los pocos días de reencontrarse con su hermano, Sam desaparece en territorio afgano luego de que su helicóptero es derribado.
Lidiando con el dolor de la familia y el propio, Tommy comienza a hacerse del lugar que nunca tuvo en la vida de su decepcionado padre y de sus sobrinas, a la par que Grace se reconcilia con este cuñado conflictivo pero de buen corazón. No tardará en surgir entre ellos una cálida y pospuesta atracción. Pero en el momento justo, regresa el hijo pródigo (que no estaba muerto, sino secuestrado por talibanes) y las cosas toman un cariz turbio; ni la casa, ni Sam parecen ser los mismos.
En esta remake de la notable cinta de Susanne Bier, estrenada limitadamente en Argentina, el director de "Mi pie izquierdo" y "En América" sale de un ostracismo de cuatro años y nos recuerda cuáles son sus especialidades. La obsesión, la perturbación, la relación de una familia como un todo por sus partes y la esperanza de una redención que no siempre es subjetiva, sino que queda a cargo del espectador. En este caso, trabaja con material sensible al público norteamericano pero trata de darle un mayor relieve a la colateralidad del conflicto bélico, antes que a la sensiblería que este tema pueda generar.
Consigue así un filme de buena factura, sólido en el aspecto técnico y actoral. Podría haber sido mejor sin tanta referencia obvia y remanida a la intervención estadounidense en Afganistán, que habría ganado sus buenos puntos con algo más de sutileza. Recursos que se derrochan en los personajes de Gyllenhaal y Portman (algunos planos que revelan la excelencia de Sheridan en la exploración de personajes) le quedan cortos a Maguire, que excepto por sus expresiones trastornadas post-conflicto es un personaje áspero, poco querible en el sentido cinematográfico de la palabra y bastante más molesto que perturbador.