Germania

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

Raíces, con olor a tierra fresca

Premiada en la última edición del BAFICI, la bella película de Schonfeld destila honestidad.

La vida en el campo tiene sus bemoles, y más si los que viven allí son campesinos que trabajan la tierra o, como en el caso de Germania, viven de la crianza de aves, y no son dueños de hectáreas. Los protagonistas de esta película, premiada en el último BAFICI, son inmigrantes, descendientes de alemanes en Entre Ríos. Son gente de pocas palabras, pero de miradas fuertes. Saben lo que quieren, y si no, apuestan por descubrirlo.

La granja está a poco de quebrar -las gallinas se mueren-, por lo que hay que emigrar. Y los que más sufren son los adolescentes. Hay amistades que pueden quedar truncas, y hay amores complicados que pueden tener finales no deseados.

No es ésta una película de mera observación, sino un trabajo sobre el amor, la necesidad de establecer vínculos ciertos, concretos -la falta de raíz, la emigración de la familia es más que una simple alegoría-, trabajada con una iluminación y un aprovechamiento del campo visual inusual. Maximiliano Schonfeld trabaja con sensibilidad tanta su puesta como el manejo de los actores no actores, haciendo creíble, con un registro entre la ficción y la mirada documental, lo que les sucede a los personajes.

La gran apuesta de Schonfeld es saltar por sobre la valla que sería relatar cómo se relacionan en una comunidad que se supone cerrada -no como los amish de T estigo en peligro, más en la línea de Luz silenciosa, de Carlos Reygadas- y desmenuzar los vínculos.