Explota, explota

Crítica de Mex Faliero - Funcinema

QUEREMOS TANTO A RAFFAELLA

La reciente muerte de Raffaella Carrà habilitó de alguna forma el estreno en salas del país de Explota Explota, musical español dirigido por el uruguayo Nacho Álvarez, que rinde homenaje a la cantante italiana con coreografías musicalizadas al ritmo de varias de sus canciones y que cuenta con un cameo muy simpático. Y si bien podemos señalar el oportunismo del marketing morboso, la propia película aleja los malos presagios a puro color, encanto, simpatía y una ingenuidad deliberada. Explota Explota no solo reproduce las canciones de Raffaella, las baila y las recrea a puro zoom, sino que en su confección hay mucho de lo que era propio en la esencia de la artista: sexualidad enmascarada en una pose kitsch que acaloraba los ánimos más conservadores y movilizaba los tabúes de aquellos tiempos.

Explota Explota está ambientada inteligentemente en la España franquista de los 70’s. Solo allí funcionaría esta trama naif que reproduce la comedia romántica clásica, con una mezcla de culebrón televisivo y un subtexto moderadamente político sobre la libertad y contra las represiones. María (encantadora Ingrid García Jonsson) arranca el film vestida con traje de novia: acaba de pasar algo en el altar y se metió en el primer avión que la saque de Italia y la deposite en “casa”, en España. Finalmente, en ese lugar, el aeropuerto, María encontrará no solo un destino laboral sino también sentimental: se cruzará con Pablo, el hijo del censor principal de la TVE. A partir de ahí comenzarán los cruces típicos de estas historias, entre bailes, canciones y una festividad honesta, nunca impostada.

Si el aeropuerto hace recordar a Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar, también lo hace la utilización del color: el film de Álvarez tiene un poco el espíritu de las primeras películas del director manchego, en una versión un poco light de aquellas obras desenfadadas. También hay desde lo estético algo de Los paraguas de Cherburgo, de Jacques Demy, aunque nunca la melancolía ni la tristeza del emblemático film francés. Y si bien Explota Explota es menos que la suma de sus referencias que mencionamos, no deja de haber en su confección una envidiable naturalidad. Hay una gracia que surge del concepto que trabaja el director y que acompaña con rictus caricaturesco todo el elenco (agregando vestuarios, dirección de arte y fotografía), sumándose a algo que por una vez sí se vive como una fiesta. No sabemos si la fiesta de Raffaella, pero sí al menos a una que nos conduce a ese territorio de fantasía y artificio, lejos de la realidad, que el cine nos lleva cada vez menos.