Elysium

Crítica de Amadeo Lukas - Revista Veintitrés

Con sólo dos –sorprendentes- películas, ambas futuristas, el sudafricano Neill Blomkamp ya se ha transformado en un especialista y acaso referente dentro del género, más que nada por su estilo personal. El cineasta aprecia combinar la ciencia ficción con la denuncia, incorporando lucha de clases, discriminación, opresión, desigualdad y grupos poderosos que sojuzgan a los más débiles, temática que predomina en su nueva pieza, Elysium. Está claro que esta formulación quedó mucho mejor expuesta en Sector 9, obra cuyo género alguien rebautizó como ciencia social ficción, una extraordinaria alegoría acerca del racismo y el apartheid sudafricano. Ese film le permitió a Blomkamp acceder a su segundo film con mayores posibilidades expresivas e intérpretes más renombrados, aunque en este caso haya tenido que adaptarse un poco a los mandatos hollywoodenses, como el hecho que sólo un hombre blanco (Matt Damon) pueda contra todo, incluyendo sistemas infranqueables, duros enemigos y un villano de fuste y muy sádico como el que compone Sharlto Copley. A lo que habría que sumar algunos pasajes del guión poco trabajados y personajes que no hablan español de la mejor manera, un aspecto que, a esta altura, ya no se puede disculpar.

Más allá de estos detalles Elysium cumple con creces a la hora de plasmar en imágenes elementos clásicos y no tan clásicos del género, que en este segundo caso la acercan a tendencias estéticas y visuales más modernas de otros exponentes recientes como Oblivion o Después de la tierra. Damon, como un obrero al que le quedan cinco días de vida y que debe intentar llegar a un paraíso de la opulencia llamado Elysium, pone lo que hay que poner para darle intensidad y credibilidad a su rol, acompañado por un elenco sólo correcto a excepción del mencionado Copley. Notable la música, lo mismo que la imaginería visual puesta en juego.