El hombre de acero

Crítica de Juan Campos - Loco x el Cine

Un buen primer paso para una saga que promete más de lo que muestra.

La expectativa es alta: No solo se estrena Superman: Hombre de Acero (Man of Steel, 2013), sino que también comienzan a establecerse las piedras fundamentales del muro que será, en un futuro cercano, la película de La Liga de la Justicia con la que Warner sueña (y tiene pesadillas) cada noche desde el hit internacional que fue Los Vengadores para Disney/Marvel.

Con la reciente confirmación de que, antes de ver La Liga de la Justicia veremos otra Superman, esta película queda en una posición algo incómoda, pero que en cierta forma la deja bien parada: Zack Snyder, David S. Goyer y Christopher Nolan nos presentaron un mundo, el de Kripton y el de La Tierra en un contexto especial, y es el de la salida a la luz de que no estamos solos en el universo.

Así vemos la historia de Kal-El (Henry Cavill), un bebé nacido naturalmente en un planeta en donde eso ya estaba prohibido, que es enviado a La Tierra minutos antes de la destrucción total de su hogar y, al parecer, de su raza. Así Kal-El se cría como Clark Kent, un jovencito con poderes especiales que no logra controlarlos y que, por eso, es tratado como un fenómeno. No importa lo que sus padres, Jonathan y Martha Kent (Kevin Costner y Diane Lane, respectivamente) le digan, él sabe que es especial, y cuando la verdad le sea revelada, comenzará un viaje para conocer sus orígenes y, además, para ocultarse. Pero en cada lugar sucedió algo que lo obligó a utilizar sus poderes y a volver a desaparecer como un paria entre las sombras.

Pero la llegada del General Zod (Michael Shannon) y Faora (Antje Traue), otros dos hijos de Kripton, obligarán a Clark a salir del closet y, gracias a los sabios consejos que la conciencia de su padre natural (Russell Crowe) le da, el hombre que vivió más de tres décadas entre nosotros se pone el uniforme de la esperanza (eso quiere decir la S de su traje en kriptoniano) y sale a luchar por la raza que lo alojó, no sin miedo a ser temido y expulsado de la sociedad.

Y ese es el punto más fuerte que tiene Superman: Hombre de Acero. No nos construye la historia alrededor de Clark Kent, sino de Kal-El, de Superman, que debe convertirse en ese Clark ñoño y torpe que todos conocemos. Él naturalmente no es así, él es especial, y disimular eso es su verdadero superpoder.

Pero pese a este punto fuerte, y a un buen puñado de buenas escenas de acción, la película termina pareciendo una simple historia de inicios. Más original, con un argumento relatado a través de breves flashbacks en lugar de mostrarnos tooodo de nuevo, pero una historia de inicios al fin. Y eso, para un personaje tan establecido, ya aburre. Otro dilema es la seriedad: Superman puede darse el lugar de ser una película más pochoclera y explosiva, y no necesita para nada esas tomas "artísticas" que tanto le gustan a Zack Snyder, ni tampoco tanta solemnidad a su alrededor. Si, estuvo muy bien cómo adoptaron el código moral de Kal-El, pero lo llevaron a la seriedad extrema. Lo "Nolanizaron" a là Batman. Y es algo que al extraterrestre no le cae muy en gracia.

Por último, los personajes. Solo Superman y Lois llegan a importar, y apenas. Los demás están de decorado, y el nuevo Zod no es un villano demasiado temible. Es torpe, atropellado y paga sus errores de manera muy sencilla. Faora, por otro lado, es una asesina temible, y en ella recae el verdadero protagonismo en el rol de contrafigura.

En definitiva, Superman: Hombre de Acero es la promesa, como lo fue Batman Inicia (Batman Begins, 2005). El camino para este héroe nunca estuvo tan despejado y claro y, admitámoslo, probablemente esta entrega esté al nivel de la original de Richard Donner. Pero aún le falta trabajo, le falta desarrollo y le faltan buenos enemigos.

Lex, te necesitamos. Vení pronto a nosotros.

@JuanCampos85