Dumbo

Crítica de Marcelo Cafferata - El Espectador Avezado

Disney ha lanzado una nueva “línea” dentro de la producción de su estudio que trata de llevar los grandes clásicos e inclusive, los clásicos más modernos, de la animación a la humanización del “live action” –películas con actores de carne y hueso-.
Cuando vimos “Cenicienta” “El libro de la selva” y “La Bella y la Bestia” (aguardamos ansiosamente “Alladin” con Will Smith como el Genio y “El Rey León” con Beyonce, Alfre Woodard, Seth Rogen y James Earl Jones, entre otros) vimos como adaptaban casi en un calco al film de animación, respetando a rajatabla el guion, las canciones, las decisiones de estética y puesta en escena y fundamentalmente el espíritu y la esencia original de la obra.
Es por eso que seguramente, lo primero que impacte en esta nueva “DUMBO” es que está apenas “libremente inspirada” en aquella película de 1941 sobre un elefante bebé, tremendamente ridiculizado en el ambiente del circo debido a sus enormes orejas. Demasiado libremente inspirada, para aquellos que son fanáticos de este querible personaje de Disney.
Apartándose completamente de esta idea que lleva adelante la franquicia de “live action” de Disney, este “DUMBO”, deja de lado casi la totalidad del planteo y del eje central de la historia original de Joe Grant & Dick Huemer que logró convertirse en un súper clásico de todos los tiempos.
Si la intención era alejarse del cuento clásico, al convocar a un director de la trayectoria y del personal estilo de Tim Burton para tomar a cargo esta nueva versión, era de suponer que esta nueva propuesta quedaría impregnada de todo el espíritu y marco conceptual que encierra el universo de Burton para sus queribles personajes “freaks”, ese mundo que él conoce como la palma de su mano.
Burton supo mostrar en cada una de sus creaciones, en cada una de sus criaturas, su verdadera esencia, llegar a su alma, mostrar al diferente con su verdadero ser y ha hecho que sus personajes fuesen mundialmente aceptados, los ha hecho brillar, dejándolos crecer libres, sin ataduras, amándolos tal cual son. “DUMBO” versión 2019, en manos de Burton, se queda a mitad de camino en todo.
Rara mezcla entre los personajes de “Big Fish – El gran Pez” y por momentos una troupe circense que parece salida del musical de Hugh Hackman “El Gran Showman” cuesta entrar en esta adaptación de la historia, a medida que avanza y se aleja cada vez más del cuento que todos esperábamos que nos cuente.
Si vamos a ver “Bambi” sabemos que el bosque se va a incendiar y Bambi perderá irremediablemente a su madre y ahí comenzará su nueva vida. En “El Rey León” sabemos que con un espíritu que sobrevuela un Hamlet del Bardo de Avon versión Disney, Simba perderá a su padre frente a una alta traición familiar.
Es así como sabemos que no solamente Dumbo tiene que lidiar con un bulling permanente dentro de la troupe circense por ser un fenómeno, una rareza dentro de su género, burlado y rechazado por las propias elefantas sino que además deberá enfrentar, como la mayor parte de los personajes clásicos de Disney, la pérdida de su madre en una de las despedidas más dulcemente angustiantes del cine de animación de todos los tiempos al son de “Baby Mine” y una canción de cuna tan hermosa como melancólicamente triste.
Tranquilos: a pesar de que los que hemos pasado los cincuenta hemos sorteado sin ningún conflicto todas las crueldades a las que nos sometió Disney en nuestra infancia, a Ehren Kruger, guionista de la nueva “DUMBO” le pareció mucho mejor idea que la madre de Dumbo salga apenas de viaje por un tiempo.
A partir de ahí, todo el dramatismo de la original, el lidiar con el abandono y la soledad y encontrar en el ratoncito Timothy a su gran aliado, queda desterrado.
Pasada la primera hora de película, Dumbo queda solo como el nombre protagónico que se presenta funcional al ritmo de una historia coral con base en el circo de los hermanos Medici (en manos de su dueño encarnado por un genial Danny de Vito, por lejos, lo mejor de esta nueva versión), los delirios de un excéntrico millonario (Michael Keaton) que quiere llevar a toda esa troupe para que sea la gran atracción de un mundo de fantasía, un gran parque de diversiones en el que Disney pareciese autoreferenciarse y una historia de amor central entre un viudo con dos hijos que vuelve de la guerra y la hermosa trapecista del circo, con su charme y aroma francés.
En una relectura forzosa y por momentos incómodamente caprichosa “DUMBO” redime a la figura materna.
Ya no hay un ratón compinche sino que su gran compañera será la hija del viudo (gran personaje que tiene el physique du rol exacto para una criatura Burton de pura cepa, en manos de la hermosa Nico Parker como Milly Farrier) y los niños ya no será tan huérfanos porque la trapecista Colette, con su alma maternal, no sólo se enamora del viudo sino que intentará cubrir esa ausencia de madre para que nadie sufra ninguna pérdida.
¿Está mal dotar a los personajes de una figura materna y evitar ese sufrimiento que atravesaba todo el cuento original? Por supuesto que no Pero… ¿Que quedó del conflicto principal de la vieja “DUMBO”? Poco y nada. Muchos pensaran que la original era innecesariamente cruel, hasta manipuladora de las emociones del público infantil.
Muchos verán con mejores ojos que la figura materna que al viejo Walt le encantaba borrar de un plumazo (esos Edipos no resueltos…!) acá gane presencia y sea omnipresente a lo largo de toda la historia. Pero se extraña la emoción, la magia que el original transmitía, que contaba además con una delirante escena de elefantes psicodélicos que era toda una apuesta de vanguardia para la época.
Si Disney no quería “calcar” esa vieja Dumbo, por momentos esta nueva versión parece oler a “estafa”. Esperando ver aquella historia, lo que se propone ahora es conceptualmente diferente y abordando ese mensaje de superación –que era claro y conciso en la primera versión- en un contexto confuso entre la parafernalia argumental y los efectos especiales, desplegándose en el tercer acto un ritmo de película de aventuras, en donde todo el espíritu de la original quedó, hace rato, sepultado.
Burton, sabemos, no está en su mejor momento. Y evidentemente encorsetado en un producto familiar de la factoría Disney, no puede desplegar sus alas y crear uno de esos universos oscuros, sombríos y complejos donde suelen habitar sus criaturas y que tan bien le hubiese sentado a la triste historia de Dumbo.
Rodeado de una excelente dirección de arte, meticulosa, cuidando hasta el último detalle y generando que ese mundo del circo sea querible, gran artesano de personajes, gran director de actores, no logra sin embargo que “DUMBO” tenga su marca de autor en el orillo. Sólo en algunos momentos podríamos decir que esas criaturas son indiscutiblemente burtonianas.
Solo en algunas secuencias pareciera expresarse con su verdadero talento y su histrionismo habitual. Lamentable, sólo en algunos pocos fragmentos. Una vez más Burton insiste con Eva Green para un protagónico, que sigue luciendo gélida y con un rictus de villana, para una Colette que necesitaba más corazón y más empatía con esos niños que ansía proteger.
La química con Colin Farrell es escasa –por no decir casi inexistente- y la historia de amor se torna poco creíble. Todo está al servicio de generar un producto de calidad, con lo que superada la decepción inicial de que ese espíritu de DUMBO que estábamos esperando jamás aparecerá, el film de Burton –aun con situaciones que resuenan muy poco con el universo del director- tiene algunos momentos de disfrute y escenas bellamente filmadas.
Aunque tal como Colette, todo es distante, fríamente calculado, visualmente impactante pero con muy poco de contacto con el alma, con esa escena o esa imagen que nos conmueva profundamente.