Dredd

Crítica de Jonathan Santucho - Loco x el Cine

Juez, jurado y verdugo.

Es el futuro, y las calles de Mega City One están repletas de suciedad y sangre. La metrópolis, mayor refugio de lo que queda de Estados Unidos tras el arrasamiento nuclear, sirve de hogar a cientos de millones de personas, quienes cada día tienen que aguantar el aumento de la pobreza y, especialmente, del crimen. Por eso, ha surgido un nuevo tipo de ley: la de los Jueces, que se dedican a fallar, sentenciar y ejecutar a los delincuentes.

El Juez más conocido, respetado y temido de todos es Dredd (Karl Urban), quien es asignado con probar a Cassandra Anderson (Olivia Thirlby), una joven aspirante al trabajo que, si bien no tiene las cualidades necesarias, posee habilidades especiales. Para testearla, van a investigar un triple asesinato en un gigantesco edificio de 200 pisos, una pequeña ciudad para la gente sin muchos recursos. Lo que ellos no saben es que ese es el centro de la operación dirigida por la brutal Ma-Ma (Lena Headey), que maneja la distribución de la droga más adictiva del momento, Slo-Mo, una sustancia que permite percibir las cosas al uno por ciento del tiempo normal. Temiendo que la vayan a descubrir, Ma-Ma decide encerrar a los Jueces en el edificio y ordenar sus muertes. Ahora, Dredd y Anderson tendrán que luchar con todo lo que tienen para sobrevivir el ataque de Ma-Ma, terminar la misión e impartir justicia extrema.

Ese es el conflicto en el centro de Dredd 3D (2012), una nueva adaptación cinematográfica de la historieta creada por John Wagner y Carlos Ezquerra. El personaje ya había pasado antes por la pantalla grande, en la lamentable producción de 1995 estelarizada por Sylvester Stallone, Rob Schneider y Max Von Sydow. En esta oportunidad, los responsables detrás de todo son el director Pete Travis (realizador más conocido por haber hecho Puntos de vista, un film de acción con influencias de Rashomon) y el guionista Alex Garland (quien también escribió Exterminio y Sunshine: Alerta solar), quienes logran crear un universo lleno de vida propia, en el cual la miseria y la inmundicia dominan la vida de la población.

Pero lo que hace que el mundo de Mega City One se destaque por sobre otros es la forma en la que se glorifica la violencia, tanto por los criminales como por la supuesta ley, que la emplea de una forma mucho más excesiva: cabezas explotan, cuerpos arden en llamas, y gente inocente es baleada, atropellada y aplastada. Esto, sumado a la enriquecida mirada de Garland (sagaz en su humor oscuro) y el muy buen estilo visual de Travis (cuyo estilo veloz y brutal brilla, en particular durante las escenas de tiroteos y del uso de Slo-Mo, que justifican la entrada en 3D) crea una obra cautivante en su presentación.

Igualmente, esta historia no se sostendría sin un buen protagonista, y Karl Urban logra cumplir el trabajo, sabiendo interpretar a un hombre autoritario, planeador y letal, que ya ha visto todo, y para el cual la situación infernal que lo confronta es solo parte de otro día de trabajo; una tarea complicada, en especial si se considera que el hombre actúa con la mitad inferior de su rostro (como en los comics, Dredd nunca se saca su casco). Acompañándolo, Olivia Thirlby le otorga el corazón y la emoción necesaria a la película, mostrando a una persona conflictuada que se cuestiona sobre los métodos del sistema al que trata de unirse. Mientras tanto, Lena Headey hace un decente trabajo haciendo de la líder criminal que domina con un puño de hierro a la ciudad, aunque su personaje es algo débil, fallando en resultar una verdadera amenaza y perjudicando la tensión del film.

Violenta, oscura, enriquecida y adictiva en su ejecución, Dredd está entre las mejores (y más sangrientas) películas de acción del año. Con un muy buen elenco, una exhibición dura y cínica del futuro y una buena explotación de los aspectos técnicos, Travis y Garland le hacen justicia al personaje de las viñetas.