Desearás al hombre de tu hermana

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

JUGUETE SEXUAL

Dos hermanitas miran un western en la tele. Una de ellas toma una almohada con la que simula un caballo, comienza a cabalgarla y así, como inocentemente, tiene su primer orgasmo. Y se desmaya. Su hermana, sorprendida, llama a la madre, que entra en escena con una serpiente enroscada en el cuello mientras la música inunda la pantalla con el registro de un culebrón de las cinco de la tarde. Este es el arranque de Desearás al hombre de tu hermana, una secuencia que va de lo provocador a lo incómodo y finalmente a lo ridículo, y que nos invita en esos primeros minutos a ingresar en sus códigos o abandonarla al instante. Porque, avisamos, a partir de allí todo se irá para el lado del extremo y los excesos. La película de Diego Kaplan es unos de los artefactos más raros que ha dado el cine comercial argentino en mucho tiempo.

La primera sensación que tenemos frente a ese arranque es dudar si estamos ante un juego kitsch autoconsciente o ante un melodrama involuntariamente gracioso. Luego, la secuencia de créditos nos permitirá vislumbrar aún más las intenciones del director: Desearás al hombre de tu hermana, con su banda sonora subrayada, su uso del zoom violento, su sexualidad epidérmica y grasosa, y sus líneas de diálogo imposibles, es antes que nada una comedia desaforada que mezcla un poco de aquellas telenovelas autoconscientes y pasadas de rosca del programa televisivo ChaChaCha con el hedonismo puramente estético de los videoclips de Babasónicos. De hecho, una versión del tema Rubí no sólo permite un anacronismo divertido (la película está ambientada en los 70’s) sino el momento de comedia más brillante de toda la película.

La obra de Kaplan aborda el conflictivo vínculo entre dos hermanas, Lucía (Mónica Antonópulos) y Ofelia (Carolina Ardohain), y especialmente su relación con el sexo y el goce; mientras una lo disfruta todo, la otra lo padece. Desearás… hace varias jugadas arriesgadas (de hecho hay mucho más riesgo aquí que en Zama de Lucrecia Martel, película que autoproclama su riesgo a cada instante), pero la principal es la de promocionarse como “la película erótica de Pampita” y atraer a un público que evidentemente busca otra cosa, distinta a lo que finalmente se encuentra. Porque ese juego kitsch con altas dosis de guarrada (incluso con una secuencia seminal que haría sonrojar a los propios hermanos Farrelly) puede ofender a muchos, e incluso sin llegar a ofender se construye desde códigos audiovisuales que no son del gusto de la mayoría o hasta se prestan a ser malinterpretados. Porque la duda es inevitable: ¿son o se hacen?

Claro que Desearás… funciona cuando avanza como comedia excesiva y paródica, y mucho menos cuando a fuerza de flashbacks busca imponer cierta lectura sobre la actitud de los personajes, e incluso reflexionar sobre el deseo y la sexualidad femenina. En esos pasajes el juego de códigos se vuelve mucho más extremo, menos evidente (la luz deja de lado esa textura Clase B setentosa), y por momentos ingresa la duda sobre si el feísmo deliberado es entonces una búsqueda o una consecuencia de su incapacidad por reflexionar con profundidad. Tampoco funciona cuando quiere promocionarse como film erótico, ya que su sexualidad más verbal que visual deja en claro un poco la pose desde la que se edifica la propuesta. En todo caso podemos ver a Kaplan como un director escurridizo -como esta película-, que nos provoca incluso desde su propia filmografía previa: a su arranque indie con la prometedora ¿Sabés nadar? le siguen dos bodrios suarescos como Igualita a mí y Dos más dos. De hecho, Desearás… parece una reversión trash y autoconsciente de aquel intento de comedia swinger espantosa.

Entre las certezas y las dudas nos deja Desearás al hombre de tu hermana, película lúdica que incluso invita a jugar a sus protagonistas: Mónica Antonópulos, Guilherme Winter y Juan Sorini lo entienden y se lucen, Andrea Frigerio también lo entiende pero se pasa de rosca y construye una suerte de Graciela Borges hiperbolizada, y Carolina Ardohain desde su pobre presencia es una real incógnita. El que lo entiende todo es Iván Wyszogrod. De lo que no hay dudas es que Desearás al hombre de tu hermana, con sus momentos de comedia explosiva y lúcida que parte de una puesta en escena luminosa (porque el humor surge de la construcción narrativa, que se impone al aire trágico con el que los personajes parecen transitar la película) es una de las películas más divertidas del año.