Crisálidas

Crítica de Claudio D. Minghetti - La Nación

Mujeres acorraladas por sus angustias

Los directores Julio Midú y Fabio Junco proponen una nueva historia producida íntegramente en Saladillo

Si hay algo bueno que le ocurre al cine nacional es que en los últimos tiempos viene creciendo el interés del interior por querer expresarse también con este lenguaje y medio. Es el caso de Julio Midú y Fabio Junco quienes con sede en Saladillo y Cine con Vecinos, el evento que ellos mismos impulsan entre los vecinos de esa localidad, ha respaldado ya una veintena de largometrajes, solo dos estrenados en salas de Buenos Aires. Lo interesante de estas propuestas es su modo integral de producción, sus presupuestos acotados y por sobre cualquier otra cosa, la participación de los vecinos del lugar. Su cine es popular y sencillo; sus aspiraciones, en la medida que crecen, van apareciendo cada vez con mayor claridad.

Esta vez se trata de una historia que reúne a cinco mujeres que conviven buena parte de sus días en un pequeño taller textil. Marisa (Yeny Mieres) está casada con un peón de campo mayor que ella; Mercedes (Viviana Esains) es de Buenos Aires, de donde llegó junto a su esposo médico y a su hijo en edad escolar; Ana (Florencia Midú) es la más joven de todas y vive con su abuela, con la que no se lleva bien al tiempo que sufre en silencio una enfermedad terminal; Sofía (Natalia Di Gruccio), ya pasó los veinte hace rato y vive con su padre, a quien hace creer que tiene un novio a la distancia con el que se va a casar para evitar esa típica definición de que se quedó "para vestir santos", y Norma (Marcela Moscatello) a pesar de ser la "gordita buena" del grupo, es la que tras la ironía también esconde mucha soledad. Todas cargan en su mochila angustias, depresiones, sueños que no se cumplen y el tiempo que pasa sin que nada cambie, incluso para aquella que espera una señal de su abuela antes de que llegue su fin.

Midú y Junco pasan de los buenos momentos bien trabajados, algunos de intenso drama, a otros más convencionales, pero aún así consiguen lo que buscan: la empatía con el espectador. Los trabajos femeninos, en particular los de Midú y Viviana Esains, se lucen, a diferencia de los masculinos, a los que les falta bastante ajuste, pero no impiden que el resultado sea equilibrado y, por momentos, muy riguroso.