Corazón loco

Crítica de Rodrigo Seijas - Funcinema

LAS VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE LA CUARENTENA

La cuarentena (con su pandemia como disparador) ha tenido un impacto desigual en el mundo cinematográfico, con beneficios y perjuicios, que a veces interactúan de manera inesperada. En el caso de Corazón loco, esa doble vía queda muy clara: si el confinamiento que arrancó en marzo nos salvó de que la nueva película del tándem Suar-Carnevale llegara a las pantallas; lo cierto es que su eventual lanzamiento a través de Netflix hace que ese cine ahora tenga la chance de ser visto por el público a escala global. Por suerte en Corea del Norte no la van a ver y no querrán ir a la guerra contra la Argentina.

Si ya veníamos reconociendo la coherencia que estaba mostrando Suar en su filmografía, a partir de su apego a lo peor del lenguaje cinematográfico, hay que reconocer que ha encontrado en Carnevale un compañero fiel en ese posicionamiento: el atraso narrativo y formal que ya estaba muy consolidado en El fútbol o yo, en Corazón loco se potencia a niveles por momentos llamativos. Ya la historia, convengamos, presentaba algunos riesgos a partir de su molde bastante similar al de la serie Naranja y media: tenemos a Fernando (Suar), un traumatólogo que ha montado una doble vida entre Buenos Aires y Mar del Plata, con dos parejas -Paula (Gabriela Toscano) y Vera (Soledad Villamil)-, dos familias, dos trabajos y dos rutinas que corren por carriles separados, hasta que claro, ellas se enteran de la existencia de la otra y empiezan a delinear un plan para cobrar venganza. ¿Cómo retratar apropiadamente las acciones de un hombre que miente constantemente, pero se justifica siempre a partir de su amor por sus dos mujeres? ¿De qué forma abrazar el humor disparatado o incluso oscuro al momento de narrar las reacciones de dos mujeres cuyos mundos se derrumban? ¿Cómo interpelar las masculinidades y/o feminidades en un relato que puede caer fácilmente en los estereotipos o esquematismos?

El guión de Suar y Carnevale, lo mismo que la puesta en escena del film, no parecen considerar en absoluto ninguno de los dilemas previamente planteados. Si Corazón loco carece de un plano mínimamente emparentado con el cine, las situaciones que va desplegando ni siquiera son dignas de una telenovela barata de los noventa. Del mismo modo, prácticamente no hay chistes en los que se note una mínima originalidad, cierto conocimiento de la comedia, consciencia del material narrativo o un cuidado por los personajes. Apenas si Alan Sabbagh, como un colega de Suar, tiene un par de líneas decentes. Por eso también el descontrol en las actuaciones: Toscano solo recurriendo a muecas o caras tristonas para evidenciar el estado de ánimo de su personaje; Villamil dedicándose solo a gritar, en la que es claramente la peor actuación de su carrera; o Darío Barassi que pareciera pensar que actuar es estar nervioso todo el tiempo, por dar solo unos ejemplos. Y encima tenemos a Suar, tratando en cada escena de llevarse toda la atención posible, con un personaje insostenible en sus comportamientos, pero con el que la película pretende generar una empatía imposible.

Si al film le cuesta un montón delinear y plantear su conflicto central, y luego va dando giros cada vez más arbitrarios, los minutos finales ya entran directamente en el campo de lo inenarrable: un compendio de situaciones inverosímiles e incoherentes pegadas entre sí con la intención de cerrar la trama central a como dé lugar. De ahí que Corazón loco no solo sea un producto -porque no califica como comedia y menos aún como película- carente de gracia, sino incluso agotador. Tanta inoperancia a la hora de narrar cansa, enormemente, incluso aunque se la vea en la pequeña pantalla de una computadora.