Conjuros del más allá

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Un culto extraño.

Segunda película de la dupla Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, The Void prometía ser una mezcla entre dos títulos de Carpenter, Asalto a la Prision 13 y El enigma de otro mundo, aunque no habíamos recaído en que esa mezcla ya existía en otra película del mismo director, El príncipe de las tinieblas, joya oculta en su filmografía, y de la que este film es directo deudor.

Un padre y un hijo acribillan e incineran a una mujer a puro alaridos. Corte de plano y pasamos a un policía, Daniel (Aaron Poole), que en una noche de rutina se cruza con un hombre arrastrándose al que cree borracho, pero al acercarse notará que se encuentra herido. Lo llevará a la sala hospitalaria del pueblo, y una vez allí se irá despertando paulatinamente el horror.

Una de las enfermeras aparece con la cara desfigurada y asesina a uno de los pacientes; afuera, varios hombres encapuchados con un triángulo dibujado en la cabeza se harán presentes para cercar el lugar y no dejar escapar a quienes se encuentren en ese lugar.

En tiempos en los que el digital avanza hasta en detalles absurdos de un modo tan grandilocuente como inverosímil, una película como The Void, con monstruos gigantes hechos con trajes, prótesis, animatronics, y -sobre todo- litros de sangre “real”, se agradece.

Gillespie y Kostanski idearon una película que no se detiene casi en ningún momento, tendrá una pequeña meseta entre las primeras dos muertes y las siguientes, pero nada que interrumpa su desarrollo.

Observando la filmografía del dúo, tanto la anterior película de ambos Father’s Day como sus trabajos individuales, en especial de Konstanski, se nota que ambos son fervientes admiradores del exploitation clásico de los ‘70y ’80; lo cual en The Void vuelve a quedar demostrado.

El homenaje al film de Carpenter queda explícito no solo en la historia de un grupo de personas encerradas, amenazadas por un culto apocalíptico tanto adentro como afuera. Los tonos oscuros, la banda sonora sofocante, el ambiente similar a un western terrorífico, los litros de sangre in crescendo (en esta oportunidad en mucha más cantidad): todo nos hace recordar al gran maestro, tanto que hasta podría haber sido un remake/reboot (de los buenos) de aquella.

Con una creación de personajes bien delineada y que se toma el tiempo para otorgarles distintas características, sobre la mitad del film, cuando se incline por el festín sangriento definitivo, el argumento se debilita. Allí donde Carpenter cerraba la historia de modo convincente, aquí esta se enrarece y habrá que prestarle atención para no perdernos, más entre tanto bicho cada vez más deforme y grande.

Conclusión:
The Void se diferencia del cine de terror actual por intentar volver a los orígenes más arraigados de los ’70 y ’80, su devoción a Carpenter y su bajo presupuesto bien utilizado son elementos que le juegan a favor. Con una historia con algo más de claridad, tendríamos un gran, gran película.