Cetáceos

Crítica de Javier Luzi - Visión del cine

Cetáceos, la ópera prima de Florencia Percia, es una comedia que habla de la incomunicación humana y el deseo siempre postergado en la sociedad actual. Se estrena después de su paso por la Competencia Argentina del Bafici 2017.
Clara (Elisa Carricajo) y Alejandro (Rafael Spregelburd) se han mudado. No han terminado de desembalar las cajas y él tiene que partir a Italia para participar de un Congreso. Ambos son egresados de la carrera de Letras. Ella debería organizar y ordenar todo, mientras espera la confirmación de una beca para su tesis de posdoctorado. Pero también se queda libre de observar su vida.

Una mudanza además de estresante puede ser la posibilidad de cambiar otras cosas. Una vecina del edificio recién llegada de unas vacaciones la lleva a tomar algo con unos músicos extranjeros que conoció en el avión y luego a una fiesta. En la dietética, donde compra productos orgánicos y saludables desconocidos hasta un minuto antes, conoce a una instructora de yoga y Tai Chi y empieza a tomar clases en el parque.

Lo que parece, a simple vista, una mujer empujada por los vientos de la vida a aceptar todo lo que le ofrecen más por un apocamiento de personalidad o la imposibilidad de decir que no, resulta, más temprano que tarde, una apertura a nuevas experiencias o la asunción de que deseo y acción no están yendo por el mismo camino. La joven comienza a mentir y a embarcarse en actividades y situaciones que no son comunes para su transitar acomodado. Siente que algo no está bien y se permite ver qué es.

La ópera prima de Percia nos lleva, a través de Clara, a un viaje de conocimiento y de crecimiento que encadena los sucesos con un humor absurdo que nunca desvaloriza a los mundos otros ni a sus habitantes, en los que y con los que se involucra. No se ríe de ellos por más que puedan parecer embarcados en cosas que bordean cierto estilo de vida new age muy contemporáneo o hagan uso de los grupos o talleres sólo para intentar comunicarse, relacionarse y mantener vínculos que la vida cotidiana y contemporánea no permiten por la vorágine y el ritmo vertiginoso.

Mientras nos reímos y vamos avanzando en los entuertos en los que se envuelve la protagonista desandamos una reflexión que no necesita de explicitaciones en los diálogos para surgir. Y la empatía está al alcance de la mano porque no se subestima ni se hace uso de la burla ni el cinismo posmoderno.

Elisa Carricajo se luce ampliamente para mostrarnos una Clara que va buscándose, alejándose del tedio no asumido, del automatismo y el vacío acostumbrado, yendo de la perplejidad al desconcierto, la aventura y el riesgo. Y lo hace acompañada de un elenco en el que se destacan desde Spregelburd hasta Susana Pampín, Esteban Bigliardi, Carla Crespo y todo el resto que deja su marca hasta en papeles más secundarios y breves.