Cars 2

Crítica de Pablo E. Arahuete - CineFreaks

Una de Bond sobre ruedas

Por lo general, la palabra secuela viene asociada a dos términos que para la lógica de Hollywood suponen necesariamente dividendos: maximización y repetición. Pero en el caso de un proyecto nacido en las huestes de Pixar a esas palabras se le adosan otras como imaginación, creatividad y espectacularidad. Claro que la imaginación al servicio de un relato no garantiza el éxito seguro y mucho menos una recuperación en el ámbito económico, aunque sí lo hace en el terreno puramente cinematográfico porque los increíbles avances de la tecnología CGI (con su nueva estrella de la tercera dimensión) ya no pueden superarse en cuanto a la perfección y entonces la mirada vuela sobre otros elementos o aspectos constitutivos de la película.

En su carácter de secuela, Cars 2 funciona aceitadamente porque no defraudará a aquellos fans que vayan a buscar aventuras de sus personajes favoritos. De hecho, a la galería ya conocida, encabezada por el Rayo MacQueen (voz original de Owen Wilson) y su fiel camarada Mate (Larry the Cable Guy), se sumarán ahora la participación estelar de un agente británico Finn McMissile (nada menos que Michael Caine) y su ayudante Holley Shiftwell (voz de Emily Mortimer), para quienes está reservada una subtrama que hace honor al cine de espionaje, al mejor estilo de James Bond.

Sin embargo, quien se lleva el crédito en esta ocasión es precisamente la grúa Mate que se verá involucrada en la misión sorteando obstáculos a fuerza de torpeza pero con la inquebrantable camaradería y amistad hacia el Rayo. A estos dos pilares de la historia, se agrega un tercer elemento constituido por una carrera cosmopolita donde el Rayo enfrentará a un arrogante Fórmula 1 de origen italiano Francesco Bernoulli, nº 1 (voz de John Turturro), quien le disputa el trono del auto más veloz del mundo en una seguidilla de competencias en las calles de Japón, Italia y el Reino Unido, donde la velocidad y una similitud asombrosa con las transmisiones de carreras reales sin dudas forman parte del mayor atractivo visual y ganan textura gracias a la utilización del 3d.

John Lasseter y Brad Lewis (encargado de la serie Drive para Fox) utilizaron toda la imaginería a su alcance para reinventar el universo de Cars, desplazando la trama a diferentes escenarios sin sujetarse al pequeño mundo de la primera parte en Radiador Springs y además quitaron peso al personaje del Rayo –el menos interesante sin lugar a discusión- para explotar las posibilidades de la grúa, un tanto deslucida y obsoleta pero con gran corazón. Esa inteligente elección aporta una cuota de aire necesaria y funciona de complemento narrativo lo suficientemente sólido para apostar las mejores ideas a la trama de espionaje, en la que más allá de algunas falencias en el guión los creadores se ocupan de entregar lo mejor, equilibrando acción, ritmo y humor, no exento de situaciones emotivas.

Encontrar expresividad en personajes como los de Cars 2 es un verdadero hallazgo que sólo Pixar es capaz de repetir, así como ingeniárselas para introducir en el microcosmos de las tuercas y los motores un relato de espionaje con yuxtaposiciones dialécticas entre lo obsoleto y lo moderno; entre lo alternativo y lo conservador, en un terreno donde pese a los valores de la competitividad terminan prevaleciendo los de la solidaridad y la amistad.