+
Imagen del crítico Pablo E. Arahuete
Pablo E. Arahuete
  • Cantidad de críticas: 725
  • Promedio: 66%
  • Críticas favorables: 547/725 (75%)
  • Críticas desfavorables: 178/725 (25%)
  • Diferencia absoluta: 10%
  • Amar es bendito
    Amar es bendito
    CineFreaks
    El amor y el desencanto

    Si bien se trata de películas distintas puede establecerse un nexo conceptual entre el segundo opus de la realizadora Liliana Paolinelli, Lengua materna (2010) y este tercer largometraje también protagonizado por las actrices Claudia Cantero y Mara Santucho, Amar es bendito porque a la conflictiva de la aceptación de la mirada ante una relación lésbica, que era el eje dramático de la segunda película, ahora se le superpone el desgaste de la convivencia de la pareja y las relaciones tóxicas que giran alrededor cuando no se puede romper un vínculo amoroso.

    El titulo que puede reinterpretarse desde un punto de vista irónico remite a todo lo contrario para el desarrollo de una trama que adopta cambios de registro abruptos y constantes como parte de un juego que la propia Paolinelli parece establecer con el espectador y en el que se subvierten a veces estereotipos en un relato por momentos anárquico, con altibajos, pero en el que se deja abierta la puerta a la reflexión sobre lo que acontece en pantalla y el efecto que eso pueda provocar en cada espectador.

    No estamos en presencia de lo que podría encasillarse apresuradamente como cine lésbico a pesar de que las protagonistas sean en definitiva dos lesbianas, Mecha y Ofelia, quienes apuestan a las relaciones casuales y al intercambio sexual con una tercera Ana Laura –Carolina Solari, amante de Mecha- y un hombre –Carlos Possentini, amante de Ofelia- porque los planteos exceden cuestiones de género, o no se limitan a los códigos de ese tipo de cine por lo general en la doble dirección de la culpa y la redención.

    Tal vez lo que a esta altura ya debería considerarse, superado el prejuicio de cierta mirada conservadora (como le ocurre a Claudia Lapacó en Lengua materna), como parte de una naturaleza diferente y singular pareciera que en el film de Paolinelli formara parte no de lo natural sino del artificio, algo así como un metadiscurso expuesto en la propia película que le juega en contra.

    Amar es bendito por momentos adopta un tono de teatralidad que se enfatiza quizás improductivamente en un guión que las actrices Claudia Cantero y Mara Santucho respetan a rajatabla y eso le resta dramaticidad además de generar interferencias con la apuesta a lo espontáneo con algunos diálogos que si bien son atractivos desde las palabras desentonan en ese contrapunto entre la coloquialidad y la altisonancia.

    Por un lado, el tercer largometraje de la directora cordobesa rompe moldes y estructuras establecidas para construir desde una mirada no complaciente del amor, intuitiva y entregada a los humores de sus actrices, un derrotero distinto para sus protagonistas, Mecha y Ofelia, pero por otro al avanzar en un terreno un tanto ambiguo, donde la incerteza domina la acción y el deseo explota, condiciona de cierta manera la chance de tomar una dirección que encause la historia para trascender la anécdota y así quedarse a medio camino entre la reflexión crítica de los convencionalismos y la transgresión de las formas cinematográficas.
    Seguir leyendo...
  • La mejor oferta
    La mejor oferta
    CineFreaks
    Los falsos autómatas

    No son casuales dos detalles que coronan este regreso grande del genial Giuseppe Tornatore luego de la anodina Baarìa (2009) a las raíces de su mejor cine y a su manejo exquisito de la narración cinematográfica que quedan más que sintetizados en La mejor oferta. Esos dos elementos, que se yuxtaponen a lo largo de una meticulosa trama donde se mixtura una historia perturbadora de amor; el drama existencial de dos personajes en apariencia opuestos pero tan falsos desde los sentimientos como para encontrarse en su camino, con aristas de thriller psicológico y no grandilocuente, son por un lado la idea del autómata y por otro el de la autenticidad y falsificación en el mercado del arte.

    Tampoco resulta casual que el protagonista, interpretado con solvencia por el eximio Geoffrey Rush, tenga por apellido Oldman que traducido del inglés significa algo así como hombre viejo porque precisamente su obsesión por el pasado, por lo arcaico, por ese aura que emana de toda obra de arte y ya no existe es lo que mejor define su conducta y su talón de Aquiles, por decirlo de algún modo. De allí que representar a un martillero experto en subastas de mobiliarios o piezas artísticas de enorme valor monetario lo ubica en un lugar preferencial y que no está precisamente conectado con el mercantilismo en su variante más patética como la de cualquier curador oportunista de estos tiempos, sino con la ambición de conocer y poseer obras u objetos de extraña procedencia.

    Con semejante carta de presentación para completar las esferas de la personalidad del misterioso Oldman, el agregado de su inefable elegancia, reserva para con sus clientes y pulcritud, no hacen más que definirlo como el personaje ideal para llevar a cabo una misión un tanto incómoda: subastar todas las pertenencias de una enigmática joven, Claire Ibbetson (Sylvia Hoeks), heredera de una fortuna obscena, cuya particularidad es no mantener contacto visual con el entorno por un aparente mal físico, ligado con la agorafobia.

    Seducido por el enigma más que por la posible recompensa final una vez tasada cada pieza de la gigante mansión que alberga secretos, las piezas desparramadas de lo que supone podría pertenecer a un autómata forman parte de la red que envuelve a Oldman al tiempo que la inquietud por revelar la identidad de la joven heredera se acrecienta en un juego de contemplación, fisgoneo y peligro latente, que va in crescendo así como un leve enamoramiento a pesar de la sustancial diferencia etaria de los amantes.

    En paralelo, una subtrama que avanza por los andariveles del thriller se acomoda entre los intersticios de un drama existencial de un vigor llamativo que deviene en tortuoso romance como parte de un mecanismo de puesta en escena de una ambición solamente sostenible gracias al talento del realizador de Cinema paradiso (1988).

    Las lecturas posibles sobre La mejor oferta avalan análisis en base al contrapunto de la idea del automatismo contra el libre albedrío cuando el deseo se interpone a la razón porque ¿Acaso existe algo más autómata que trabajar de martillero para engañar con artilugios retóricos a los incautos e ignorantes compradores? Esa es la pregunta que el film no se atreve a responder sin arriesgar un costado de ambigüedad permanente que lo hace acreedor de los méritos necesarios para considerarlo casi al nivel de una obra maestra. Claro está que parte de ese elogio obedece pura y exclusivamente a la soberbia dirección de Tornatore y la actuación de Geoffrey Rush en un rol hecho a su medida.
    Seguir leyendo...
  • El crítico
    El crítico
    CineFreaks
    Lugares no tan comunes

    El crítico, ópera prima de Hernán Guerschuny, es un film que ve de manera reflexiva al cine de género y mira con inteligencia y algo de ironía al cine en general y a quienes nos apasionamos por el séptimo arte y procuramos volcar esa pasión en la crítica de las obras cinematográficas, con nuestras miserias intelectuales, gustos antojadizos y las imperfecciones habituales de todo aquel que indaga desde la sensibilidad o la racionalidad más pura aquello que lo conmueve o lo exaspera.

    Hay dos historias de amor que se yuxtaponen en esta trama –palabra muy usada por quien escribe y algunos críticos- que mezcla a conciencia los elementos de género desde el thriller a la comedia romántica, pasando por el melodrama íntimo y tensan los resortes de las fórmulas y los lugares comunes para construir artificiosamente un verosímil sólido.

    El riesgo de someterse al reducido código y los guiños solamente dirigidos a una minoría afín a los ámbitos en los que circulan la mayoría de los críticos –aquí aparecen por ejemplo Quintín y Leonardo D´Esposito-, léase privadas de prensa en un microcine y charlas en los cafés al término de las proyecciones, es superado porque la estructura narrativa propone un juego que tiene como eje la pesadilla personal del protagonista, Víctor Téllez (Rafael Spregelburd), quien se ve de pronto atrapado en un género que se encarga en defenestrar desde sus críticas para un diario en el que no se encuentra nada cómodo pero que le supone un ingreso para sobrevivir.

    Si bien las costuras de un guión muy atento al detalle y a la construcción del verosímil y de los personajes se notan en demasía, ese reflejo del artificio no malogra la historia y mucho menos el ritmo sostenido para el avance progresivo y no forzado de las situaciones y los conflictos de cada personaje como por ejemplo el de la sobrina de Víctor que juega en este caso la carta generacional para marcar diferencias de gustos y de apetitos cinematográficos, pero también para encontrar el efecto espejo deformado en relación a las relaciones amorosas o los vacíos emocionales que ni siquiera llenan esas películas cursis que a ella tanto le gustan.

    El otro acierto, además de los guiños cinéfilos y la utilización de arquetipos para evitar estereotipos, es sin lugar a dudas la presencia de la magnética y fotogénica Dolores Fonzi, personaje del cual es imposible no enamorarse por esa mezcla de fragilidad y temperamento que emana con absoluta naturalidad cada vez que se pone en la piel de una mujer enigmática como la de esta película. Interés amoroso pero además personaje tridimensional que complementa la fórmula para que funcione una comedia romántica por transmitir esa sensación de química con Spregelburd, en otro rol para el aplauso y en misión Jay Sherman (dibujo animado de un crítico cinematográfico igual de apático y hosco como Víctor).

    Decía al comienzo de este texto que El crítico acobijaba dos historias de amor, la de Víctor con la chica que todos soñamos luego de haber visto Cuando Harry conoció a Sally o de enamorarnos de alguna heroína de la Nouvelle Vague y la del propio crítico ahora devenido director Hernán Guerschuny con el séptimo arte y las películas que hacen que uno ame esta vocación, aunque no pueda despojarse del mote de director de cine frustrado.
    Seguir leyendo...
  • Santa Lucía
    Santa Lucía
    CineFreaks
    Romper el silencio

    Santa Lucía no sólo es el nombre de este documental de Andrea Schellemberg sino que también da cuenta de la historia de un pueblo en la provincia de Tucumán en el que aún descansan muchos relatos y secretos por develarse, ocurridos durante la última dictadura militar y que se relacionan directamente con la desaparición forzada de personas –la mayoría jóvenes- en lo que se conoció como Operativo Tucumán, cuya figura más emblemática no es otro que el ex general Bussi.

    Con un tono un tanto didactista y un tratamiento artesanal en lo que a cine se refiere, el relato sigue los pasos de la búsqueda de la verdad motorizada por la inquietud de Lucía Aguilar. Ella es maestra de historia y además víctima indirecta de la dictadura al contar con un tío desaparecido y en el presente con el mutismo de su madre al ser interpelada sobre el pasado familiar o en sintonía con el miedo que aún persiste entre sus vecinos o en la población de los alrededores cuando se intenta avanzar y saber qué es lo que pasó por aquella época en que los ingenios fueron tomados por el ejército y convertidos en centros clandestinos, como parte del plan sistemático de lucha contra la subversión.

    La investigación de Lucía y su voz en off ocupan el centro de este film, sus preguntas siempre pretenden develar rumores o confirmar datos pero los obstáculos se presentan en cada momento por existir aún un pacto de silencio y el miedo implícito a que la historia se repita como una enorme pesadilla sin fin.

    El material de archivo acompaña cronológicamente y algunos que otros apuntes de la propia Lucía Aguilar reconstruyen los momentos más acuciantes y contextualizan desde el punto de vista socioeconómico el escenario histórico en el que se desarrollaron los mayores atropellos contra las libertades individuales en manos del terrorismo de Estado.

    Santa Lucía no se destaca por sus valores cinematográficos pero sí se encolumna en las filas de los documentales revisionistas contemporáneos que deben difundirse sobre todo a las generaciones más jóvenes para conocer parte de una historia muy negra de la Argentina que todavía presenta sus enormes huecos y grietas y que espera con urgencia interlocutores pero también gente dispuesta a querer escuchar.
    Seguir leyendo...
  • El grito en la sangre
    El lenguaje del facón

    De la misma forma que en Aballay el hombre sin miedo el detonante para el desarrollo de la acción surgía de la venganza, el móvil que arrastra al protagonista joven de esta historia, Cali (Abel Ayala), pensada y escrita por el cantante Horacio Guaraní también es la venganza por la muerte de su padre durante una carrera de caballos.

    El grito en la sangre cuenta entre sus claves con la dirección de Fernando Musa, esta vez completamente alejado de sus mundos adolescentes como ocurría en Fuga de cerebros (1988) o Chiche bombón (2004) para sumergirse campo adentro y abrazar las coordenadas del western y la impronta gauchesca. El resultado de la empresa es positivo al contar con un elenco sólido y la sorprendente participación de un Horacio Guaraní que logra establecer de inmediato un vínculo interesante con Cali, primero ocupando el espacio vacío de un padre, pero destilando cierta ambigüedad a lo largo de la trama que propone su personaje muy bien escrito.

    La historia de amor con ribetes de tragedia al enfrentar clases también gana intensidad gracias a Florencia Otero en el rol de Lucía, quien despierta el contraste sensible ante un universo atravesado propiamente por el machismo de la época –estamos en 1950 en pleno campo- y la hostilidad con la que estos hombres dirimen sus cuentas pendientes con el lenguaje del facón.

    No puede dejar de destacarse y tratándose de una película donde la geografía es fundamental el excelente trabajo de fotografía de Jorge Crespo (de acuerdo a los créditos del film), así como las cuidadas panorámicas para resaltar la belleza del paisaje y el esmerado trabajo en el tratamiento de imagen para hacer de esta película una obra de calidad, salvo algunas deficiencias en el guión pero que son detalles menores a la hora del balance integral de la propuesta.
    Seguir leyendo...
  • Divergente
    Divergente
    CineFreaks
    Serás lo que debas ser

    Nueva franquicia que se somete a las reglas del cine para adaptar la trilogía de Verónica Roth –este es el primer libro al que le sigue Insurgente y Leal- tendiente a ganarse los millones que pueda dejar el público teen cautivo y que puede definirse como una mezcla de Harry Potter con Los juegos del hambre.

    En Divergente, dirigida por Neil Burger (El ilusionista), la idea central es que cada ciudadano de una ciudad de Chicago post apocalíptica debe encontrar su lugar en cinco facciones distintas por las que se dividió a la sociedad con fines dudosos, pero que no hacen otra cosa que reafirmar la idea de control social desde las esferas del poder. Esas cinco castas o facciones reclutan a las nuevas generaciones de acuerdo a su personalidad o característica.

    Sin embargo, como siempre ocurre existe una minoría de desclasados o parias, quienes no pueden integrar ninguna facción. Su cara opuesta son aquellos que se destacan para cualquiera de las facciones y que se llaman, por esa cualidad, divergentes. La divergencia responde a la capacidad de adaptación pero también supone un peligro para el orden instaurado por lo cual se debe aniquilar a este reducido grupo, entre quienes se encuentra como no podía ser de otra manera Tris Prior (Shailene Woodley), cuyos padres integran la facción de la Abnegación mientras que su hermano se ha volcado hacia la facción de la Erudición cuando ella decide formar parte de la casta Osadía, jóvenes intrépidos que se preparan para la guerra y que se destacan por encima de las otras facciones.

    Como introducción de esta saga, el film se toma demasiado tiempo en el desarrollo de toda la etapa de iniciación bajo la fórmula reclutamiento-entrenamiento-enfrentamiento en el campo de batalla. Allí, las peripecias para nuestra heroína de turno acrecientan intensidad, enemigos que aparecen en el camino y un verdadero interrogante hacia el futuro en relación al rol que ocupará de acá en adelante.

    Por supuesto no dejarán de aparecer algunos personajes secundarios de menor atractivo y el interés amoroso en la figura de Cuatro (Theo James), el instructor y líder de la facción Osadía, quien siente un atractivo particular por la misteriosa Tris y su secreto. Las escenas de acción no deslumbran y no superan el grado de prolijidad necesario como para no pasar vergüenza, aunque la trama a esta altura parece demasiado lineal y los personajes unidimensionales mucho no dicen ni tampoco se logra vislumbrar una evolución a nivel temático para despertar cierta curiosidad en la franquicia.
    Seguir leyendo...
  • Ella se va
    Ella se va
    CineFreaks
    Una fuga frustrada

    La experimentada Catherine Deneuve se sumerge en la piel de Bettie, una mujer madura que maneja un restaurante venido a menos, con deudas financieras y el peso de cuidar a su madre para evitar llevarla al asilo de ancianos. Un amante la ha dejado hace poco –su marido murió atragantado por un hueso de pollo- y a eso debe sumarse la inexistente relación con una hija joven, atravesada de rencores y deudas personales, la cual se antepone a los planes de fuga de la protagonista una vez que decide dar el portazo y lanzarse a la aventura con su viejo Mercedez.

    Al comienzo Bettie se deja llevar por ese impulso del descubrimiento y así se relaciona de manera espontánea con algunos lugareños de un pueblo remoto, pero una llamada inesperada de su hija trunca su anhelo de libertad para confrontarla con su pasado de madre ausente que procurará reparar –aunque más no sea desde el intento- haciéndose cargo por un breve tiempo del cuidado de un nieto pre adolescente a quien desconoce por completo y que le transmite desde sus ataques de furia y rebeldía esa suerte de desamparo al quedar a la deriva por las decisiones de su madre.

    El problema con Ella se va reside en la ambigüedad entre lo que podría definirse como road movie por un lado y drama familiar por otro, dado que lo más relevante en este viaje simbólico no es otra cosa que recomponer los lazos emocionales o por lo menos inaugurar nuevos afectos con segundas oportunidades, a pesar que los años hacen mella en el rostro y estragos en el cuerpo. Sin embargo, Catherine Deneuve acusa un envejecimiento digno y una personalidad avasallante que parece por momentos abrumar la pantalla.

    En la intimidad, Emmanuelle Bercot –también guionista- sabe aprovecharla pero en varios segmentos que imponen cierta adrenalina y un trabajo con el físico y las emociones pierde el rumbo y eso se nota en la irregular actuación de la actriz francesa. Otro punto débil de la película lo constituye el reparto, muchas veces no a la altura de las circunstancias tratándose de una propuesta que apela a la mínima expresión, más que a la ampulosa dramatización.

    Ella se va es un film a medio camino entre el relato iniciático y el melodrama de descomposición familiar que parece descansar en demasiadas ocasiones en la ductilidad de Catherine Deneuve y en la manera de filmarla.
    Seguir leyendo...
  • Noé
    Noé
    CineFreaks
    Flor de tsunami

    Dicen que a Dios le llevó siete días crear el universo y a Darren Aronofsky le alcanzó con 138 minutos para convertirse en un cineasta obvio y poco atractivo, dato preocupante tratándose de este autor que por ejemplo abrazó el misticismo con su película La fuente de la vida allá por el 2006, o se atrevió a exponer los lados más oscuros de la condición humana en la perturbadora El cisne negro (2010).

    Noé es un film que pese a su mirada poética y libre del personaje bíblico aquí devenido héroe trágico parece perseguir el objetivo de conformar a todos para evitar controversias teológicas o acusaciones de blasfemia al tomar tan libremente un apartado del Génesis para ilustrar el diluvio universal. Melodrama familiar con madre culposa y padre dispuesto a cumplir los designios de la máxima autoridad sobre la tierra, el relato es sumamente lineal y más que nada poco profundo a la hora de indagar sobre los aspectos menos elementales de la parábola del arca y la historia de este salvador.

    La idea de jugar la carta del antagonista Tubalcaín (Ray Winstone) en representación al hombre en su esencia maligna, egoísta y destructora ante un compasivo humanista como el personaje interpretado por Russell Crowe es un tanto pobre para desarrollar la trama, pero efectiva en función de las escenas de acción donde el foco está puesto en los efectos visuales y las escenas de grandes movimientos de masas. Los animales digitalizados dan vergüenza quizá es por ello que durante todo el metraje permanecen dormidos en el arca susodicha e incluso en pleno batuque cuando se viene el agua.

    No hay que dejar de destacar ese vestuario absolutamente alejado de la época donde ocurrió el supuesto diluvio y mucho menos el aspecto pulcro del pelo de los personajes, que seguramente no se bañaban todos los días. La alegoría que busca estrechar lazos entre aquel diluvio y uno futuro si la humanidad continúa destruyendo el mundo legado por el creador resulta simpática ante tanta falta de ideas en Noé, así como su mensaje ecológico subyacente que se refuerza en el último tramo del film. Quien se roba la película y opaca al resto del elenco es Anthony Hopkins en una composición memorable de Matusalén, híbrido entre un mago escapado de Harry Potter y un anciano con demencia senil.

    La premisa es literal: se viene el agua y no el fuego como estaba previsto y el bueno de Noé se pone en campaña, junto a su familia y los gigantes de piedra prestados por J. R. R. Tolkien, para construir el arca y alejar su propio rebaño de la chusma humanidad que se portó mal por querer parecerse al Creador. Luego, mucha agua y gritos y dolor y angustia y al final la luz que le hace pito catalán a la oscuridad.

    En síntesis: con Noé a Darren Aronofsky también lo tapó el agua.
    Seguir leyendo...
  • Nadie vive
    Nadie vive
    CineFreaks
    La víctima equivocada

    El realizador japonés Ryuhei Kitamura (Azumi, 2003) demuestra pericia en este digno ejemplo slasher que llega con dos años de retraso a las pantallas locales. Nadie vive restaura en su relato un viejo tópico de los años 80 que tiene que ver con el castigo moral a las ovejas descarriadas.

    Típico elemento del cine de terror de aquellas épocas, las víctimas en este caso son los victimarios y así una banda de delincuentes mixta que se encarga de robar casas y cometer otras tropelías por el estilo secuestran a la pareja equivocada y así se sumergen en una pesadilla de tripas y sangre a cargo de un despiadado psicópata, metódico a la hora de cazar a sus presas (particularmente jovencitas).

    El festival de torturas, mutilaciones y litros de hemoglobina está asegurado en una trama que sube en adrenalina y truculencia a medida que avanza, aunque las primeras impresiones de estar frente a un interesante film se van diluyendo tras una prometedora media hora donde todo es factible de ocurrir al verse las víctimas delincuentes en manos de este implacable asesino serial.

    Una pequeña subtrama -que por motivos obvios no se revelará en esta nota- aporta la presencia ambigua de un personaje que guarda una estrecha relación con el pasado del asesino a pesar de volverse recurrente promediando la mitad del metraje.

    Con un reparto aceptable, donde se destaca la composición de Luke Evans en la piel de esta máquina de matar, Nadie vive cumple con las expectativas de un subgénero ya trillado pero que a veces encuentra algún resquicio para sorprender y estremecer a todo aquel público impresionable.
    Seguir leyendo...
  • Capitán América y el soldado del invierno
    Anacronismo 2.0

    Si existía alguna posibilidad de convertir a los superhéroes en un género en sí mismo para la industria hollywoodense sin lugar a dudas los arribos de las figuritas más interesantes de la factoría Marvel abrieron las puertas para generar un nicho importante, capaz de generar enormes dividendos para las arcas.

    Claro que la particularidad del Capitán América, icono de los años 40 nacido de la necesidad de recuperar al héroe norteamericano después de la post guerra, es sencillamente su cuota de anacronismo teniendo presente aquella época en que el mundo se dividía en dos grandes potencias, ambas con el poder militar lo suficientemente importante como para desatar una hecatombe planetaria, única amenaza concreta de esos tiempos.

    Pero estos años de la era post 11S –la referencia surge en los primeros apuntes del film- cambiaron absolutamente el teatro de operaciones para Steve Rogers (Chris Evans), quien además de su incompatibilidad con la cultura actual, sus dificultades de socialización, sumado a los contrastantes modos de vida yanquis debe interiorizarse y asimilar las nuevas reglas del juego de la geopolítica que involucran a su país como el principal promotor de la teoría del miedo y la justificación del uso del poder en función a la disciplina de todo aquel que se considere enemigo potencial de los intereses del Tío Sam. En ese terreno de thriller político símil setentas, elemental pero consolidado al menos en el planteo general, se posiciona esta aventura de acción para dejar como resultado un producto atractivo desde lo visual (en 3D no aporta mucho) pero además con cierta coherencia en lo que a materia cinematográfica y conceptual se refiere.

    Es cierto que al film dirigido por los hermanos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood, 2002) le sobran unos 20 minutos en los que no se desarrolla absolutamente nada porque los aspectos y conflictos de los personajes aparecen temprano afortunadamente, siendo por supuesto el más interesante el dilema de Steve Rogers ante las erráticas políticas internas de S.H.I.E.L.D y su desamparo al convertirse de pistón útil para la maquinaria en pieza obsoleta y peligrosa para los tecnócratas de turno.

    A diferencia de su antecesora, Capitán América el primer vengador, en la que uno de los puntos débiles de la trama obedecía pura y exclusivamente a la poca presencia de un villano de fuste, en este caso las clavijas se ajustaron positivamente para la creación de un antagonista de mayor jerarquía, el ya mencionado soldado de invierno, y que guarda una estrecha relación con el Capitán América que data de un pasado antes de las metamorfosis respectivas sufridas por ambos en esa suerte de sacrificio altruista mal remunerado.

    Sin llegar a los niveles de entretenimiento de la franquicia Iron Man (sencillamente porque Chris Evans no es siquiera 1cm lo que representa Robert Downey Jr) esta segunda entrega del héroe más patriotero y norteamericano del dream team Avengers, Capitán América y el soldado del invierno, supera en varios de sus segmentos el sello de producto pasatista para transformarse por méritos propios en un film de acción con todas las letras, bajo un entramado político que recubre, sin que eso afecte en su integridad a la historia y menos aún al personaje.
    Seguir leyendo...
  • Condenados
    Condenados
    CineFreaks
    A los jóvenes de ayer…

    Carlos Martínez es uno de los tantos presos políticos de la época de la dictadura, sobreviviente a los nefastos años de plomo, desapariciones forzadas y muertes a cualquier hora del día. Su destino de preso allá por los 70 estuvo marcado en el penal de La Plata, la Unidad Nro. 9 en el pabellón número dos dada su militancia en las filas del ERP-PRT.

    En el pabellón uno del mismo penal se encontraban los Montoneros y las autoridades penitenciarias funcionaban bajo las órdenes directas de los militares, quienes comenzaron a desatar operativos clandestinos para aniquilar a la subversión mediante el secuestro de los propios detenidos y también de su entorno más directo como en el caso de Martínez a quien además le secuestraron y desaparecieron a una hermana.

    Condenados es un film sobre aquella época negra de la Argentina más contemporánea y su formato cinematográfico apela a la dramatización para ampliar su efecto emocional y concentrarse en un audiencia potencial mayor que la que podría encontrar afinidad desde el punto de vista generacional con esta propuesta, en la que el propio Martínez no intenta trazar un camino autobiográfico sino que disuelve en lo colectivo, en la multiplicidad de miradas, el objetivo individual.

    Su personaje, el único que aparece en el relato con un apodo y no con el nombre real, es interpretado por Enrique Dumont (hijo del gran Ulises Dumont), quien junto a un ecléctico reparto entre los que se destacan Alicia Zanca, Facundo Espinosa, Ingrid Pelícori y Nicolás Pauls, entre otros, recrean sumariamente el contexto político y el terror de vivir bajo la incertidumbre de la vida y la muerte y ante el desamparo del estado, cooptado por la locura mesiánica de cientos de trasnochados.

    Desde el primer minuto, en la película se ve reflejado un estilo sumamente televisivo que puede ser tomado como muestra de lo que se ha confirmado como serie bajo el título tentativo de Unidad 9 y que de no existir algún imprevisto o contratiempo tiene programado un estreno para el mes de mayo.

    A pesar de ciertos altibajos en lo que hace a aspectos de la narración, el film de Carlos Martínez mantiene una coherencia interna y suma tensiones en el avance progresivo de los capítulos, tanto en lo que respecta a la convivencia en la cárcel como fuera de ella con los familiares o las diferentes estrategias para hacer visible una realidad oscura que nadie se atrevía a cuestionar, salvo que estuviese dispuesto a derrumbar un pacto de silencio e impunidad tras los muros de la indiferencia y del por algo será… ¿Será?
    Seguir leyendo...
  • Tan cerca como pueda
    La fugacidad y un día

    Poco y nada del pasado de Daniel (Daniel Laferrara), protagonista de esta ópera prima del realizador Eduardo Crespo, con la cámara a cargo de Iván Fund, se revela en este sugestivo viaje por distintos rincones de Entre Ríos.

    En Tan cerca como pueda prevalece la contemplación de los pequeños momentos de verdad (una sesión de masajes, una misa de bautismo, una fiesta íntima y familiar) que una cámara atenta capta prácticamente sin proponérselo.

    Escudriñar en la intimidad de los personajes parece ser el único motor narrativo en marcha, dada la ruptura con la linealidad y el uso adecuado de la fragmentación en la información, porque lo que importa en este film no es tanto la historia per se sino aquellos destellos de verdad. Esos que se precipitan al vacío de los cuerpos o se escabullen furtivos ante nuestros ojos cuando la cámara los persigue y los sorprende en la penumbra de una charla o en el murmullo casi inaudible para no despertar otro momento que no sea el de la observación.

    La película de Eduardo Crespo guarda una estrecha relación con otras obras recientes como Hoy no tuve miedo (2011) o un poco más hacia adelante con Los días (2012), ese registro que mezcla realidad ficcional con ficción documental de una manera natural y que consigue una aproximación diferente con el retrato de sus personajes, sin las costuras de un guión que direccione o las marcaciones actorales que quitan espontaneidad y se pierden a veces las atmósferas o los climas.

    En este caso particular, en el debut en el largometraje de Eduardo Crespo se pueden atesorar esos instantes en que el cine saca a relucir su pureza cuando se recupera la alquimia entre la imagen y el tiempo para ganarle a la fugacidad la partida, antes que la realidad funda a negro.
    Seguir leyendo...
  • El pasado
    El pasado
    CineFreaks
    Una familia para desarmar

    Las familias ensambladas son el hilo conductor que atraviesa el universo de El pasado, tercer opus del realizador iraní Asghar Farhadi (La separación, 2011) y nuevamente la inocencia infantil y la mirada de los niños marca el pulso dramático de esta historia de descomposición que tiene por protagonista a Marie (Bérénice Bejó), quien pide a su actual esposo Ahmad (Ali Mosaffa) que viaje de Teherán hacia París para firmar formalmente el divorcio debido a que ella busca recomponer su familia con una nueva pareja, Samir (Tahar Rahim), un joven dueño de una tintorería cuya esposa se encuentra en estado vegetativo.

    Samir tiene un hijo, el pequeño Fouad (Elyes Aguis) que vive con Marie y sus dos hermanastras, una adolescente llamada Lucie (Pauline Burlet) y la más chica Léa (Jeanne Jestin). Ambas soportan las convulsiones afectivas de su madre y sus intrincados escarceos con los hombres sin conocer en realidad qué lugar representan en ese escenario de guerra permanente más allá del rol de hijos tanto biológicos como no biológicos. Lo cierto es que en el instante que Marie decidió darle una oportunidad a Samir en su vida, el pasado de sus anteriores fracasos de pareja parece golpear a su puerta y hacerse presente con la llegada de Ahmad, víctima en cierta forma de las decisiones extremas de Marie que lo involucra en el ojo de la tormenta cuando comienzan a desmoronarse todas las coartadas afectivas o extorsiones a partir de la culpa y salen a la luz secretos que la comprometen y que cambian el punto de vista de Ahmad frente al panorama de desintegración familiar del que es testigo.

    El guión de El pasado despliega varias capas narrativas y funciona como un mecanismo de relojería cuasi perfecto, en el que cada pieza encaja en un verosímil dramático de gran intensidad sin golpes efectistas y ceñidos a las emociones humanas por sobre todas las cosas. El realizador iraní, al igual que en su anterior film La separación, no apela al juicio moral de sus personajes a partir de sus actos sino que pretende comprender sensiblemente la espesura de la existencia humana cuando está en juego nada menos que la búsqueda justificada de la propia felicidad a expensas del dolor ajeno.

    Más allá de tratarse de un cuadro social que hace foco en las nuevas composiciones de familias, surcadas por la urgencia de los adultos de construir núcleos sólidos tomando lo que se tiene a mano cuando en realidad nada se tiene tan a mano, la idea rectora de la película consiste en las resonancias conflictivas sobre los entornos y en las grietas que esos trastornos generan en los eslabones más débiles de la cadena. El punto de vista de los niños, sumado al del extraño que llega a París, permite al director iraní marcar la distancia necesaria para no contaminar su relato y aparecer bajo una mirada menos sesgada desde el punto de vista sociológico. La sensación de desamparo la transmite el rostro compungido del pequeño Fouad, quien muchas veces es tratado por Marie como un adulto cuando se trata nada más que de un niño; la falta de madurez de una madre como ella la refleja la combativa y rebelde Lucie, quien sacude las apariencias simplemente porque no soporta las hipocresías y mucho menos la culpa por ser frontal con sus sentimientos.

    De sentimientos rotos y de las estrategias para recomponerlos o al menos transformarlos se trata El pasado, un relato de corte realista, crudo y sin recetas mágicas, que seguramente deje abierto el debate en un contexto donde cada vez es más habitual encontrarse con familias ensambladas como esta.
    Seguir leyendo...
  • El desconocido del lago
    Cosa de hombres

    La desmesura en el tratamiento de las escenas de sexo explícito entre hombres puede resultar un tanto chocante al espectador que se acerque al universo de El desconocido del lago, film del realizador Alain Guiraudie que explora el mundo masculino a partir de los encuentros azarosos y furtivos de bañistas que buscan relaciones sexuales sin compromiso en una playa aislada del mundanal ruido de la sociedad francesa.

    El punto de encuentro siempre tiene al inmenso mar como testigo de charlas banales o intentos infructuosos de seducción entre los interlocutores. Luego, el ritual del chapuzón a las orillas de la playa o adentrarse mar adentro para encontrar otro tipo de intimidad o jugar peligrosamente a la muerte con un desconocido que atrae por su sexapeal, su virilidad pero también por ese misterio que expulsa todo intento de aproximación o compromiso de otro tipo.

    Los personajes de este relato cuidado desde los aspectos formales no tienen un pasado que pueda conocerse más allá de los escuetos indicios que revelan las conversaciones ocasionales. Están suspendidos en un aquí y ahora atravesado tangencialmente por la libre expresión del deseo y más específicamente por el instinto sexual a flor de piel. Esa desnudez de los cuerpos –frontales, genitales- se traduce también en otra menos visible cuando cada uno se expone tal cual es ante los ojos ajenos.

    Por eso el descubrimiento accidental de un asesino entre esos extraños no resulta tan anormal para aquellos que concurren a esa playa sin preguntarse con quien pasan el tiempo y menos cuándo se concreta el acto sexual. La naturalidad con la que van transcurriendo los pequeños hechos en esta historia es único mérito del tono elegido por el realizador para introducir algunos elementos genéricos del policial en un contexto que parece idílico o soñado.

    Alejado de todo convencionalismo y consciente del riesgo, el uso austero de los recursos cinematográficos aportan al film una atmósfera hipnótica donde cobra un protagonismo fundamental la luz y la oscuridad en una dialéctica interna que permite revelar y ocultar los cuerpos y sus actos para dejarse llevar por un tanteo sensible donde juegan todos los sentidos, especialmente el sonido y el silencio.

    El desconocido del lago no es un film de temática gay con otros aditamentos a pesar que el erotismo y el pornosoft dicen presente sino una película sobre las relaciones humanas, las máscaras sociales y la libertad del deseo.
    Seguir leyendo...
  • Motín en Sierra Chica
    Empanada de preso

    La banda de Los doce apóstoles se hizo famosa en las crónicas periodísticas de los noventa por haber sido responsable de lo que se conoció en la historia del servicio penitenciario argentino como el motín más sangriento, del que existe un libro del periodista Luis Beldi, quien reveló detalles atroces y consiguió testimonios de sus cabecillas, además de numerosos informes periodísticos que más allá de los datos de color y la morbosidad dejaron en evidencia la crisis del sistema penitenciario; las aberrantes situaciones de muchos presos comunes y un sinfín de interrogantes y pases de factura entre las cúpulas del sistema carcelario nacional y las autoridades políticas.

    En el relato cronológico resulta clave la fecha de vísperas de pascuas en el año 1996 cuando en la Unidad N° 2 de Sierra Chica por la tarde y con muy poca seguridad se produjo un intento de fuga de 13 presos con el saldo de uno de ellos muerto (de ahí el nombre 12 apóstoles) que derivó luego en la toma total del penal con más de mil presidiarios -que hicieron las veces de rehenes- a los que se sumaron 13 guardias, dos pastores evangélicos. A horas de iniciado el motín, que rápidamente tomó estado público y se hizo eco en otros penales, se apersonó al lugar la entonces jueza en lo Criminal y Correccional Nº 1 de Azul, María Mercedes Malére, quien ingresó al penal junto a un secretario para mediar en el conflicto, y ambos fueron capturados por los internos.

    La carpintería del penal y el horno de panadería son los elementos más importantes además de la cifra de ocho muertos –presos todos ellos- cuyos cuerpos fueron incinerados o utilizados para la preparación de empanadas, hecho que coronó el trascendido periodístico y que marcó a fuego la anécdota de Los doce apóstoles y sus renombradas empanadas de preso.

    Así las cosas, la ficción de Jaime Lozano -basada en este hecho real- procura ilustrar algunos de los acontecimientos acaecidos en Sierra Chica para transmitir desde la tensión del relato las horas de infierno que fueron oscureciendo a medida que pasaron los días y donde la situación no estaba en absoluto controlada por las autoridades, bajo la amenaza permanente de lo que pudo haber sido una masacre de gran magnitud que no llegó a concretarse por las negociaciones entre los involucrados con el servicio penitenciario.

    El antecedente cinematográfico más cercano en cuanto a película carcelaria es la prolija y artísticamente noble El túnel de los huesos (2011), pero Motín en Sierra Chica se ubica muy por debajo en materia cinematográfica y se aproxima a lo que podría emparentarse con una serie televisiva por los registros actorales y la rusticidad de la puesta en escena. No alcanza jamás el nivel por ejemplo de la serie Tumberos –altamente superior en cuanto a guión y despliegue visual- y esto se refleja en su escasa calidad narrativa a pesar de contar con un elenco aceptable para el convite, donde son notables las diferencias actorales por ejemplo entre Jorge Sesan o Alberto Ajaka en comparación con el resto de sus compañeros, incluida Valeria Lorca en el rol de jueza demasiado sobreactuada para el papel.

    La violencia no se escatima en el registro, que no puede huir de la representación más elemental (duelo de facas, corridas por pasillos) pero la falta de ritmo en una trama con demasiados altibajos se evidencia como un verdadero obstáculo que no deja fluir dramáticamente la historia, sin dejar de mencionar una banda sonora chirriante y molesta a cargo de Alberto Quercia Lagos, que con su omnipresencia perturba la atención del espectador.

    La historia de Sierra Chica y su motín sangriento era más que tentadora para convertirla en película pero a pesar de esas buenas intenciones en esta oportunidad fracasa en todos los aspectos.
    Seguir leyendo...
  • El sobreviviente
    Los muchachos también lloran

    Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch y Ben Foster se disfrazan y juegan por casi cuarenta minutos de pura adrenalina, acción trepidante y exposición física a que son marines sofisticados y altamente preparados para soportar todo tipo de situación extrema en medio del conflicto bélico de Afganistán, donde gracias a los documentales valientes como Restrepo y Dirty wars –nominado al Oscar- se conocen las aberraciones que el ejército de la potencia más letal del planeta comete sobre poblaciones civiles, aldeas de pastores, bajo el pretexto de la lucha sin cuartel contra el terrorismo y el fundamentalismo talibán.

    Por eso, despojado de toda profundidad o manifiesto antibelicista, el director Peter Berg construye una historia de épica heroica a partir de los hechos verídicos que uno de los sobrevivientes, Marcus Luttrell, interpretado por Mark Wahlberg, recoge en sus memorias, en las cuales el director de Battleship (2012) despliega sus obsesiones y su particular modo de patrioterismo y chauvinismo insultantes.

    El comienzo de El sobreviviente condensa desde material de archivo sobre los duros entrenamientos de los Navy Seals, rostros de dolor y una incipiente muestra de sobre exposición de las cualidades heroicas de esos muchachos de pelo raso, las intenciones propagandísticas más allá de los méritos cinematográficos en la puesta en escena y en las secuencias de acción propiamente dichas.

    Al relato central que demora en poner al grupo de cuatro soldados, que tienen la misión de asesinar a un líder terrorista que se esconde entre los civiles, a expensas de la suerte en la montaña y a merced de un nutrido y feroz enemigo que los dobla varias veces en cantidad y poder de fuego lo atraviesa una forzada estrategia de empatía emocional para que el público sufra el destino trágico de estos héroes de carne y hueso que están allí para velar por la libertad de los sojuzgados campesinos causada por los despiadados y malvados talibanes.

    La acción no tarda en aparecer y la tensión cuando el pelotón pierde todo contacto con sus bases y debe sobrevivir día y noche en un terreno hostil, con escasas municiones, comida y un cartel de hombre muerto pegado en la frente si es que el rescate de los helicópteros Apaches no se concreta en la curva de tiempo estimada porque el enemigo no tiene piedad.

    Repiqueteo de balas zumbadoras, caídas libres desde alturas inimaginables y fracturas expuestas son los condimentos físicos que Peter Berg resalta en este entretenido pastiche pro militar al que le sobran por lo menos cuarenta minutos de metraje y drama insulso, así como las cataratas de patriotismo que exuda en cada plano hasta el último aliento de su protagonista y bajo la prédica extorsiva de los créditos finales con la foto de estos muchachos que también lloran.
    Seguir leyendo...
  • Inevitable
    Inevitable
    CineFreaks
    Los amores cruzados

    Destino, azar, amores inevitables se entrecruzan en este relato que el director español Jorge Algora (El niño de barro, 2007) lleva al cine, inspirándose en la obra teatral de Mario Diament, donde el drama y el suspenso se mezclan a partir de una trama sólida que gira en torno a las consecuencias de la toma de decisiones cuando la rutina resulta aplastante en el caso de algunos personajes o el precio de la incerteza que a veces puede pagarse demasiado caro en el caso de otros.

    Por un lado, la descripción de una crisis matrimonial de la pareja conformada por un empleado bancario (Darío Grandinetti) y su esposa psicoanalista (Carolina Peleretti) expone el malestar de sus personajes por la falta de horizonte en sus vidas y la aparente renuncia al cambio arrastrada desde la actitud conformista propiamente burguesa. En paralelo, el errático pero a la vez intenso romance clandestino entre el bancario y una escultora, que vive en el pintoresco barrio de la Boca (Antonella Costa), abre las puertas a la aventura y a los inevitables obstáculos que se presentan en el camino cuando la pasión enceguece a la razón.

    Sin embargo, quien maneja a modo de demiurgo invitado las coordenadas de estos amores cruzados es un escritor ciego –el fantasma borgiano dice presente- interpretado por Federico Luppi, quien desde sus charlas con el protagonista en el banco de una plaza sutilmente interviene en su vida y reescribe metafóricamente su propia historia, quizás deformaciones del oficio de escritor o simplemente como un pretexto para que la soledad no se siente junto a él en esa plaza poblada de inevitables destinos, que el propio ciego desconoce y sobre los cuales no tiene acceso.

    La estructura narrativa simple y prolija empleada para el desarrollo dramático adopta por un lado la sutileza y el símbolo como hilo conductor de un guión que se destaca por algunas frases ingeniosas en el duelo verbal cotidiano entre Luppi y Grandinetti, cuando no le llega el turno a Carolina Peleretti con una paciente, interpretada con corrección por Mabel Rivera. La actriz Antonella Costa, por su parte, compone un personaje de personalidad avasallante, misterio sensual y cierta fragilidad para conseguir de inmediato la atención del empleado bancario, su billetera y el goce del juego prohibido cuando éste se expone y se obsesiona al punto de disfrazarse (convertirse en otro) y perseguirla hasta las últimas consecuencias.

    También se vive desde la propuesta como un juego el coqueteo permanente con los dobleces de las personalidades y el vértigo que implica conectarse con los aspectos más oscuros en las relaciones humanas sin reparar en los daños que pueda causar la necesidad de respirar otro aire cuando la atmósfera parece viciada y asfixiante, en esa letanía permanente que se traduce en la falta de desear un cambio por temor o culpa acumulada.

    El título del film elude precisamente el significado literal de la palabra inevitable para abrir, aunque más no sea desde la actitud inconsciente, la chance de transformarse y mutar hacia otras realidades menos perceptibles cuando la necesidad perentoria de existir parece algo Inevitable.
    Seguir leyendo...
  • El mejor de nosotros
    Todo por un amigo


    El antecedente cinematográfico de Jorge Rocca es el melodrama en blanco y negro Patrón (1995). También en blanco y negro se desarrolla esta suerte de drama de conurbano pero trasladado al interior (rodada en Tucumán) para dar rienda suelta a una adaptación libre de la novela Lanús, del escritor Sergio Olguín y bajo un tono de realismo sucio y desprolijo que por momentos da la sensación de un amateurismo alarmante.

    El mejor de nosotros, así se llama el film, cuenta con un elenco tan dispar en sus actuaciones y tan poco ducho a la hora de decir los textos de un guión que deja bastante que desear, que es muy poco lo que puede rescatarse.

    La historia tiene un costado interesante a partir de la muerte dudosa de un amigo del protagonista y su barra de toda la vida, reunida como pretexto del funeral y donde la sospecha de un asesinato en manos de la policía, tras un robo frustrado, apunta directamente al corazón de una mafia de poca monta liderada por un histórico del barrio, quien levanta quiniela y está involucrado en negocios turbios para los cuales consigue mano de obra desocupada mucho más rápido que lo que tarda el protagonista en infiltrarse en el negocio para descubrir la verdad sobre la muerte de su amigo.

    La presencia de una ex novia del finado, un amigo travesti y una prostituta procuran darle algo de color a este claro oscuro sin sustancia, muy mal dirigido a pesar de contar con el hallazgo actoral de uno de Los Nocheros como Alvaro Teruel y la sorpresa de Claudinna Rukone en el rol de Vanesa la travesti.
    Seguir leyendo...
  • La segunda muerte
    La madre de todas las madres

    Fe y razón son dos fuerzas antagónicas de fuste en cualquier historia que las ubica a la par. Ese equilibrio inestable se rige bajo su propia lógica interna y es precisamente en la distancia entre un elemento y otro por donde pasa el éxito o fracaso de un relato atravesado por las coordenadas de género, que aquí se respetan a rajatabla.

    La ópera prima de Santiago Fernández Calvete (ver entrevista), La segunda muerte, se estrenó en el marco de la sección Nocturna del BAFICI 2012 y tuvo una acogida de público y crítica más que respetable sencillamente por méritos propios y más tratándose de cine argentino independiente que apuesta al género con el consabido riesgo de la empresa.

    El policial de investigación sobrenatural se desarrolla sin tropiezos en la trama pero ese nivel narrativo habilita otras capas más profundas y que se conectan por ejemplo con esa dialéctica representada en una lucha de fuerzas en donde lo desconocido y en su faz más tangible el miedo a lo desconocido ocupan el corazón del texto.

    Para ello desde el guión, autoría del hermano del director, se construyen dos personajes centrales: una policía escéptica y entregada a los métodos convencionales, Alba Aiello (Agustina Lecouna), quien llega a Pueblo chico -así se llama el lugar- para investigar un extraño caso, cuya particularidad es que las víctimas aparecen completamente incineradas por combustión interna.

    A ese dato se suma la correspondencia de testimonios de testigos con elementos en común -que por razones obvias no revelaremos aquí- vinculadas con historias del pueblo y el pasado de cada habitante, que se interconectan con la galería de personajes secundarios, todos ellos poseedores de un secreto a develar en un círculo que ya parece cerrado en un pacto de silencio. El otro personaje que desvía el eje de la investigación y pone en crisis el pensamiento y proceder de la policía está representado por un niño (Tomás Carullo Lizzio) con el don de la clarividencia, explotado por su padre, cuya singularidad es la conexión con hechos del pasado y no con el futuro –retrocognición-, quien a lo largo de la trama entablará una relación particular con la protagonista.

    No es conveniente avanzar en la historia, colmada de detalles, para ir armando un complejo rompecabezas, sin dejar de destacar que estamos en presencia de un relato prolijo pero cuyo fuerte es lo climático y las atmósferas perturbadoras, que con austeridad de recursos e inteligencia parecen claves desde la puesta en escena cuidada y meticulosa.

    El trabajo de las capas sonoras de Sergio Korin para jugar con las dimensiones de primeros, segundos y hasta terceros planos auditivos fuera de campo se amalgama perfectamente con la trémula atmósfera pseudo gótica que atraviesa la investigación policial e introduce al espectador en un vibrante thriller religioso, con buenas actuaciones de Agustina Lecouna y especialmente de Tomás Carullo Lizzio, sin desentonar Guillermo Arengo y Germán de Silva, dos secundarios de peso, con una lectura audaz de ciertos símbolos pero siempre en beneficio de la historia que se desea contar, sin especulaciones o golpes efectistas a último momento.
    Seguir leyendo...
  • Ella
    Ella
    CineFreaks
    Nostalgia por lo humano

    La soledad es un tema universal, el amor también. Ahora bien, con la llegada de la era virtual y la frontera digital a cuestas se han roto y abierto nuevos paradigmas que se entroncan desde las raíces más profundas con aquellos tópicos que desde los ancestros marcan el derrotero de nuestra existencia y que procuran responder tal vez ese interrogante más incómodo que nunca queremos afrontar: ¿Cuál es el sentido de la existencia humana si existe la soledad?

    Tal vez enamorarse; encontrar esa mitad para complementar el propio vacío nos acerque a una respuesta aliviadora, pero conscientes siempre de la fugacidad no nos alcanza y entonces surgen alternativas para no estar solo. Internet y las redes sociales llegaron para ocupar ese vacío; llegaron para destapar nuevos vacíos y de ese nuevo vacío -y tantas otras cosas- es de donde el guionista y director Spike Jonze parte para desestructurar a cualquier espectador que pretenda encorsetar su película en un género o procure traducir en una reseña de qué se trata Ella.

    El futuro en el que se ancla el film está mucho más acá que allá, porque los elementos que se juegan en la trama existen en el presente pero su aplicación y dinámica excede por ahora la realidad. Con esto quiero decir que es factible que una computadora hable e interactúe con un humano -no que evolucione por su pensamiento- ; realice tareas por él a fin de complementar sus actividades y que ese nexo de interacción entre ambos se pueda percibir –siempre desde el punto de vista del usuario- como algo real; como si tuviese entidad, donde lo artificial se ve anulado precisamente por la necesidad perentoria de creer en algo. ¿Acaso el amor no puede entenderse en cierto sentido como un acto de fe que involucra a dos en principio, cuando no a tres o más de tres?

    Ella es un film que abraza la nostalgia por lo humano, dado que el conflicto invisible que arrastra a sus personajes no es otro que haber perdido el tacto por lo humano en reemplazo del no tacto que propone lo virtual. En eso se juega también el cuerpo, lo físico y el deseo no como proyección sino desde lo visceral y la imposibilidad concreta de convertir en acto ese deseo.

    La originalidad del guión del creador de Ladrón de orquídeas es por un lado la efímera sensación de construcción de un mundo perfecto para los ojos del protagonista, Theodore (Joaquin Phoenix), cuya tarea consiste en escribir cartas ajenas o tarjetas de salutaciones y seguir ese derrotero de vidas de terceros que lo conecta con su fibra sensible. Su vida social es tan mustia como la música que escucha y el recuerdo de una relación de pareja idílica lleva fecha de vencimiento dado que su próximo paso en el amor es el divorcio definitivo de aquella mujer que pareció amarlo pero que un día se desencantó por verlo cambiado y decidió dar un paso al costado, dejando una importante herida en Theodore y una cuña imposible de romper en ese círculo vicioso de la interacción con otras personas de carne y hueso.

    La perfección espontánea llega a partir de la instalación de un sofisticado sistema operativo -se acuerdan de la deliciosa Sueños eléctricos, 1984- que cuenta con la particularidad de ir evolucionando a medida que toma contacto con su usuario. Eso para Theodore es Samantha (Voz de Scarlett Johansson), una alternativa virtual que lo va acompañando en su rutina ¿evolución? y que lo entiende, lo valora, lo necesita igual que él en relación a su dependencia. Samantha comprende los sentimientos e indaga acerca de las particularidades que constituyen los avatares de la existencia humana y con esas respuestas refleja las contradicciones y los miedos por los cuales ese mundo perfecto se derrumba.

    La virtud de Spike Jonze es también la de haber creado un personaje absolutamente fuera de campo que tiene más presencia y peso que el propio protagonista, aunque lamentablemente se reconozca muy rápido a Scarlett y entonces se complete ese rostro que nunca aparece y la personalidad avasallante de la actriz surge aunque no se la convoque a pesar de la ausencia del cuerpo. El resto de los laureles se los lleva Joaquin Phoenix en una actuación memorable y Amy Adams que opera como espejo o elemento simétrico para que el conflicto de la incomunicación y la soledad encuentre otros rumbos en paralelo y abra otras grietas. La simetría por ejemplo la constituye el hecho de que ella se dedica a programar juegos interactivos y también esas vidas virtuales forman parte de su propia vida apagada.

    Spike Jonze no comete ningún exabrupto o recae en líneas explicativas para despejar todos los interrogantes que atraviesan el universo de Ella; abraza desde lo formal y la imagen melancólica con tonos opacos (soberbia la fotografía de Hoyte Van Hoytema), la música de Arcade Fire y un texto surcado por diferentes capas narrativas aquel cine contemporáneo y urgente que da cachetazos al Hollywood mediocre, moralista y bien pensante, que adormece con finales felices el espíritu del público en vez de proponerle un puente para que se conecte con lo más profundo de su esencia: su dolor y su creatividad para superarlo.
    Seguir leyendo...
  • Luna en Leo
    Luna en Leo
    CineFreaks
    Diferencias conciliables

    La falta de espontaneidad en los diálogos y una sugerente desconexión entre los protagonistas Ismael Serrano y Carla Pandolfi le juegan demasiado en contra a este segundo opus de Juan Pablo Martínez, Luna en leo, aunque no pueden dejar de destacarse los logros en cuanto a lo formal y al retrato nocturno de Buenos Aires, escenario propicio para historias de amor o de encuentros importantes como el que motoriza esta sencilla premisa.

    Leo (Ismael Serrano) es un español que vive en Argentina y aspira a que le publiquen una investigación periodística para salir de la rutina de escribir horóscopos para el diario, sin saber nada de astrología. Se cita con Luna (Carla Pandolfi), una sensual y confiada treintañera como él para conocerse en un bar pero algo que parece de rango corto, dada las incompatibilidades, se prolonga durante toda la madrugada en charlas triviales, juegos de pool o una cena en un restaurante mexicano para terminar la jornada en un cumpleaños de una amiga de ella.

    En esas pequeñas incursiones rápidamente se definen los contrastes entre Leo y Luna: ella una cínica irresistible –el recuerdo de la Julie Delpy de Antes del amanecer dice presente- y él algo tímido, nostálgico pero positivo ante los cambios que puedan realizar las buenas acciones. Por suerte, desde el guion de Ismael Serrano, Juan Pablo Martínez y Jimena Ruiz no se cae en la tentación de marcar las diferencias de clase y jugar el discurso anti burgués tan de moda últimamente para ir tejiendo desde las mínimas diferencias y detalles los rasgos constitutivos de cada personaje.

    Sin embargo, Carla Pandolfi (Días de vinilo) opaca con su manera de decir y su actuación medida al pobre trabajo de un Ismael Serrano que por momentos parece desconectado o al menos desconcertado con su propio personaje, salvo en aquellos instantes de soledad donde sale el cliché.

    Las referencias a ciertas series o películas son un buen puntapié para el desarrollo de diálogos pero se quedan en la superficie de la anécdota y no funcionan como nexos para dar cabida a otras instancias más profundas en que cada uno exponga sus verdaderos conflictos, contradicciones, miserias y virtudes.

    Luna en leo se queda a medio camino porque a pesar de desbordar en palabras y verborragia -a veces forzada- no le saca el jugo y el brillo a la noche, a sus personajes y a su poca interesante historia.
    Seguir leyendo...
  • El verano siguiente
    Tributo que queda en familia

    Estructurado por episodios coincidentes con las estaciones del año, El verano siguiente es un documental que gira en torno a la banda uruguaya de rock No te va gustar, pero que se concentra en un momento crítico debido a la inesperada muerte de su tecladista Marcel Curuchet –fallecido por un accidente de moto en julio de ese año- en pleno proceso de producción y grabación de lo que terminó siendo su séptimo disco: El calor del pleno invierno.

    El director argentino Gabriel Nicoli logra a través de la cámara adentrarse en ese clima de intimidad de los miembros de la banda durante todo el período de grabación del álbum en el estudio de Montevideo Elefante blanco. Allí, desde febrero hasta septiembre de 2012 se terminó de producir este séptimo trabajo, que para la banda marcó un punto de inflexión tras la ausencia de su tecladista, aspecto que fortaleció anímicamente al grupo a pesar de la tristeza y ese hecho particular se vio reflejado en el show ante 50.000 personas en la costanera sur en 2013.

    Ese hito que marca el desenlace del documental de Nicoli se entronca con los pequeños momentos que fue registrando el realizador argentino donde su líder, el guitarrista Emiliano Brancciari, toma la posta como voz predominante pero sin acaparar completamente el centro de atención, a pesar de que la voz en off que conduce de cierta manera el relato está a su cargo.

    Las diferencias a la hora de elegir canciones, las rencillas entre los miembros de la banda y esa sensación constante de camaradería en los ratos de ocio con torneos de futbol virtual forman parte de las anécdotas que van sumándose a lo largo de 69 minutos sin un hilo conductor pero que seguramente para aquellos fans no resulte importante siempre que algún aspecto no conocido sea revelado. Y en ese sentido es donde El verano siguiente se destaca porque logra mantener la distancia entre persona y personaje sin abusar de entrevistas o puestas en escena para que la obra sea más redonda.
    Seguir leyendo...
  • Mika, mi guerra de España
    Ideales que no mueren

    Los protagonistas de esta historia de amor y guerra son Mika Etchebéhère y su esposo Hipólito, ambos comprometidos desde muy jóvenes con la política pero sobre todas las cosas con las causas que intentaban reducir la brecha de la injusticia en el mundo.

    Así, lo describe el documental Mika, de Fito Pochat y Javier Olivera, con una protagonista singular, revivida en la sentida pero profunda interpretación que la voz de la actriz Cristina Banegas nos regala valiéndose de textos extraídos de las páginas del libro Mi guerra de España, publicado en los 70, elemento que forma parte del operativo de reconstrucción de las vivencias de su autora Mika junto a Hipólito durante su participación en la Guerra Civil Española como parte de la resistencia contra las fuerzas franquistas.

    Un relato que por momentos parece apresurarse en la cadencia estrepitosa como si la memoria buscara ganarle la batalla al olvido para contar una guerra en primera persona luego de muchos años y con las reflexiones que el corazón calla para que las heridas no sean tan profundas.

    El material de archivo que los realizadores eligieron rigurosamente ubican el contexto y entonces las palabras cobran un sentido distinto, así como las fotos o los segmentos de una entrevista para conocer otros aspectos de esta mujer, quien fuera capitana durante la época de la guerra y activa luchadora, desde todos los frentes, por convicción más que ideología política.

    La amplitud del documental y los recursos cinematográficos al servicio del relato para trazar una silueta compleja más allá de su contorno permiten llegar a conocer cómo pensaba Mika Etchebéhère, que con sus 70 años formó parte del Mayo francés desde su incansable militancia por la vida y la justicia social. Vale la pena conocerla como testimonio de una época difícil que cinematográficamente quedó coronada en el documental Morir en Madrid y que ahora reaparece desde un lugar muy diferente gracias a esta obra.
    Seguir leyendo...
  • La corporación
    La corporación
    CineFreaks
    Vidas de plástico

    ¿Qué tan lejos nos encontramos del presente oscuro que atraviesa el universo de La corporación?, el nuevo opus del realizador Fabián Forte (Mala carne, 2003) que ya fuera presentado oficialmente en el 27 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

    La respuesta contempla dos partes porque por un lado la premisa que presupone que el dinero puede comprarlo todo en un mundo ordenado bajo las leyes del capitalismo salvaje y el individualismo a ultranza encajan perfectas en el planteo rector, donde están expuestas sutilmente las aristas negativas que construyen una faceta interesante del protagonista (buena interpretación de Osmar Nuñez), un empresario metódico, seco y pulcro, quien contrata los servicios onerosos de una corporación para así satisfacer todas sus necesidades y deseos, entre los cuales se encuentra la compañía de una misteriosa y sensual mujer (la fotogénica Moro Anghileri) con quien convive bajo el rol de esposa, ama de casa, amante, objeto de deseo y varios etcéteras.

    Pero por otro lado -y este es el costado singular del film- también se desprenden los conflictos internos causados por la imposibilidad de obtener todo lo que se desea –tener un hijo con ella por ejemplo- cuando se es víctima de un entorno de apariencias y artificio autoconsciente para combatir la tristeza de la soledad.
    Estos tópicos, a primera vista separados, se conjugan y amalgaman porque la trama, que adopta diversas texturas en función a una mezcla muy interesante de géneros como la comedia, el drama, el thriller y elementos de la ciencia ficción, se encarga de desarrollarlos equilibradamente respetando siempre el punto de vista del personaje, quien además opera como guionista de su propia vida al escribirle a su mujer rentada diálogos completos como si se tratara de una película centrada en una historia de amor devenida triángulo amoroso para culminar en thriller psicológico.

    En otro orden y ya entrando en el terreno conceptual resulta más que atractivo el artificio de la puesta en escena que expone precisamente ese grado de apariencia constante dado que todo lo que se ve en escena es producto de una construcción previa, cambiante y adaptable que se adosa a la realidad y muestra sus diferentes capas.

    No puede dejar de relacionarse para quien esté familiarizado con lecturas de ciencia ficción –Fabián Forte ha declarado en varias ocasiones su afición por Ray Bradbury, entre otros escritores- la idea central de este mundo artificioso y confeccionado a medida que por su propia inconsistencia, falsedad, estalla o colapsa en el peor de los sentidos, pero tampoco, y ya desde lo cinematográfico, se puede obviar por ejemplo el film de David Fincher Al filo de la muerte (1997) o la serie televisiva -y no muy conocida- Dollhouse (2009-2010) sin dejar por supuesto de mencionar Las mujeres perfectas (2004) protagonizada por Nicole Kidman.

    De estas referencias tanto literarias como cinematográficas el puente intertextual con La corporación resulta más que adecuado porque todas ellas de cierta forma anteponen la dialéctica del automatismo frente al impredecible comportamiento humano y mucho más si se trata de relaciones amorosas en conflicto, algo que ya el propio Forte en su largometraje Celo (2008) exploraba y también desde un relato de obsesión como el que configura este sugestivo y más que bienvenido film argentino, que sabe dosificar el suspenso, habilitar el drama sin forzar situaciones y sobre todas las cosas unir elementos que en apariencia parecen incompatibles pero que con inteligencia y una sensibilidad acorde calzan maravillosamente
    Seguir leyendo...
  • La paz
    La paz
    CineFreaks
    En los confines

    ¿Cómo reinsertarse en el mismo lugar expulsivo que detonó una crisis a nivel emocional si el deseo no existe? Ese es el dilema que atraviesa Liso (Lisandro Rodríguez), un joven que tras un largo periodo de internación en un neuropsiquiátrico recibe el alta para intentar recomponerse en el seno de su familia –padre ausente y madre sobreprotectora- y así comenzar una nueva etapa en su vida.

    Sin embargo, a primera vista el desencanto del protagonista hacia todo aquello que lo rodea marca una frontera entre su mundo y la realidad, umbral que apenas cruza al tomar contacto con su abuela o en alguna charla contenedora con Sonia, la empleada doméstica de origen boliviano que parece entender su silencio y su estado espiritual. Todo contacto con el entorno implica enquistarse y quedar atrapado entre lo que pudo haber sido y no fue, como por ejemplo una relación duradera con una novia (Pilar Gamboa) y el proyecto de tener un hijo, deseo que parece inalcanzable en el presente de Liso tras su recaída que derivó en internación.

    ¿Cuál es la búsqueda de Liso, entonces? La respuesta no es sencilla teniendo presente la connotación del título de este último opus de Santiago Loza –ganador del último BAFICI- en la ambigüedad de lo que significa La paz porque si el concepto se abstrae o vacía de su significado último se transforma en un lugar, es decir en un espacio geográfico concreto y alcanzable si es que se logra destruir las ataduras con el presente y con el pasado. Bolivia representa aquí el no lugar más que el lugar dado que para el punto de vista del protagonista es ese refugio en el que ninguna mirada lo juzga; donde no existe un Liso medicado o un Liso hijo, sino sencillamente Liso. La connotación en este sentido reafirma la búsqueda del cambio y una vez que las raíces se cortan de cuajo florece algo nuevo.

    La cámara a cargo de Iván Fund -también la fotografía- narra desde los espacios que ocupa manteniendo esa distancia necesaria entre los personajes, sin encimarse pero tampoco tan lejos de ellos salvo en los paseos en moto de Liso y su rostro enajenado. Son los reflejos o las expresiones las que dicen más que las escuetas palabras; son las miradas al vacío las que llenan esa atmósfera aciaga, las que atraviesan la quietud de los cuerpos, que en el film ocupan un lugar siempre desde la pasividad, ya sea en la cama, en la posición de tiro o al tomar sol en una reposera.

    La paz se estructura en capítulos hilvanados con meticulosa precisión desde un guión no abarrotado de palabras, minimalista, pleno y austero como la puesta en escena para que el in crescendo dramático se construya paulatinamente y así estalle en un clímax realmente inesperado.

    Cine de contrastes que encuentran desde la imagen su valor expresivo cuando de la monotonía cromática de esa casa familiar se desplaza a los colores vivos de la fiesta de Copacabana y su danza desprejuiciada y alegre.
    Seguir leyendo...
  • Nebraska
    Nebraska
    CineFreaks
    El viajante y el camino

    Parece que para el director Alexander Payne las transformaciones se producen luego de atravesar un camino de aprendizaje que implica retroceder hacia el pasado pero siempre con los ojos para adelante. Es ese recuerdo y la búsqueda el que traza la dirección en todos sus personajes y para los cuales el trasvasamiento generacional –evitemos las alusiones políticas del término- es fundamental. Padres e hijos a veces presentes y otras desde la propia ausencia transitan un sinuoso pero fructífero viaje iniciático y así duelan el ayer para asimilar el aquí y ahora transformado.

    Con Nebraska, la operación resulta similar a lo que ocurría con otro film del director también protagonizado por un anciano, Las confesiones del Sr. Schmidt (2002), en ambas la idea reparadora funciona como un legado para los otros cuando las instancias de la propia existencia se ven confrontadas con el inevitable paso del tiempo y con el inminente final. Por eso un autoengaño es el pretexto que motoriza un reencuentro entre padre e hijo bajo la excusa de ir a reclamar un premio de un millón de dólares por una carta que bajo la argucia publicitaria funciona de carnada para la pesca de incautos o desesperados.

    Claro que el protagonista, Woody Grant (Bruce Dern), viene de un mundo en el que la palabra tenía un valor y por ese motivo considera que lo que está escrito es prueba contundente para realizar un viaje de más de mil kilómetros en la topografía mustia de la América más profunda y bajo el aletargante recorrido, que tiene como destino su pueblo natal, Billings, sus familiares tan lacónicos como él y su historia de vida a través de los relatos ajenos. Su hijo David (Will Forte) llega a comprender a regañadientes que no se trata del viaje insólito en el que se ve atrapado por culpa o cierta lástima ante la fragilidad mental de Woody sino sencillamente compartir la experiencia para llegar a conocer a ese hombre que bajo su mirada sesgada no es otra cosa que un alcohólico irremediable. El resto de los personajes entre quienes se destaca la esposa de Will, Kate (June Squibb) y su otro hijo (Bob Odenkirk) funcionan como el espejo donde esta relación padre e hijo se refracta, como así también el bloque de personajes secundarios, sin otra característica que la de resaltar su ambición y la necesidad de congraciarse con el futuro millonario a quien siempre consideraron un perdedor.

    El desfile de pueblo chico con miseria grande en Nebraska llega como contrapunto de los rasgos más nobles de Woody y David, tal vez un tanto caricaturizado en su antagonista, quien parece dominar el centro con su éxito a expensas de los demás pero nunca Alexander Payne juzga a sus criaturas por sus actos ni por su conducta ética frente a los demás porque los ubica en el corazón de la inercia que precisamente se encuentra en el extremo opuesto a la idea del viaje.

    Despojado de todo espíritu aleccionador y sin forzar moralejas simplistas, el planteo de Nebraska reconcilia con la importancia de mantener la dignidad frente a los obstáculos que se presentan a lo largo del camino. Convertirse en un viajante, a veces a pie como al comienzo del film, solitario, errático y otras acompañado para recoger los frutos y poder transmitirlos a aquellos que valorizan la búsqueda interior sin atajos ni premios millonarios que nos conviertan en otra cosa.
    Seguir leyendo...
  • Errata
    Errata
    CineFreaks
    La odisea interna

    La fragmentación y el corte abrupto con la temporalidad presuponen desde un primer impacto visual la apertura a lo fantástico al hacerse de la multiplicidad de espacios una regla inquebrantable en el universo de Errata, ópera prima del joven Iván Vescovo que explora los límites de la ficción convencional desde la estructura de un policial, colmado de referencias literarias desde los nombres elegidos para cada personaje y mucho más todavía por anclarse en la obra de Borges El jardín de los senderos que se bifurcan.

    Aquello que se bifurca en este opus no es otra cosa que la realidad, siempre marcada por el punto de vista del protagonista Ulises (Nicolás Woller) inmerso en una odisea tras la repentina desaparición de su novia Alma (Guadalupe Docampo), hecho que encuentra una explicación un tanto endeble en un posible secuestro cuya única manera de pagar el rescate es apoderándose de la edición incunable del libro de Borges editado por Sur para la cual existen coleccionistas –Federico D’elia y Boy Olmi en esos roles- dispuestos a vender a su propia madre con total de conseguirla.

    El plan de una estafa en curso se descubre de manera original a partir de los equívocos en el accionar de los personajes o en el reguero de pistas falsas y no tanto que la trama meticulosamente siembra a un ritmo constante, donde también entran en juego las percepciones sobre los hechos y la obsesión cuasi enfermiza por ordenar un caos que se manifiesta con la yuxtaposición de planos de realidad.

    La propuesta de Iván Vescovo deconstruye la idea de la errata como esa equivocación para darle un sentido de construcción de significado diferente, como si se tratara de un apartado autónomo que conduce hacia otra dirección y propone un atajo para desentrañar lo que a simple vista pareciera un error cuando en realidad no lo es.

    En ese juego de vaciar de sentido el concepto también operan las diferentes percepciones sobre la realidad y desde esas percepciones la posibilidad de construir relatos paralelos –aquí el azar se desestima- en los que convive lo onírico con lo pesadillesco como suele ocurrir por ejemplo en el cine de David Lynch. Por momentos el horizonte se pierde en su propia búsqueda estética y desatiende quizás la historia pero nunca la abandona por completo, aunque el desequilibrio entre forma y contenido en Errata es notorio.

    Guadalupe Docampo se destaca gracias a su fotogenia y a la forma desenvuelta con que encara los desafíos en sus personajes, sin atarse a estereotipos o poses, para así encontrar esa dosis justa de misterio que cautiva al no saber realmente hasta dónde controla su interpretación que mezcla esa fragilidad con frialdad de una manera imperceptible.

    Las referencias literarias también forman parte de un juego que el propio Vescovo expone porque todas las características del policial se encuentran dispersas en este mosaico post moderno, que además construye su atmósfera cuando amalgama el blanco y negro de su imagen con la música de Bauer que irrumpe con intensidad en varias ocasiones en el marco de la pesquisa de Ulises y su odisea interna.
    Seguir leyendo...
  • La grande bellezza
    Final de fiesta

    No está. Por más que los ojos de Jep Gambardella (Toni Servillo) acudan desesperados en este hipnótico viaje en búsqueda de algo que lo inspire para llevar adelante su segunda novela; esa gran belleza del título ha desaparecido por completo.

    En realidad para la película del talentoso italiano Paolo Sorrentino lo desaparecido es más intangible que una obra de arte, una película como la felliniana La dolce vita –homenajeada desde lo conceptual en esta ocasión- o un libro esclarecedor, algo así como el aura del filósofo Walter Benjamin o la italianidad por ponerle un nombre.

    Anhelos y añoranzas de un hombre en el crepúsculo de su vida y en el de la Italia de la decadencia que se unen a los fantasmas de un tiempo pasado y cohabitan en esta Roma sin rumbo y travestida que forma parte del escenario del film por el que su protagonista deambula errático y se debate en distintas charlas con amigos o colegas para desencantarse de todo y de todos.

    No es la edad de Jep, no es su tránsito por la última etapa de su existencia aquello que influye sobre su punto de vista omnipresente en esta obra maestra, La grande bellezza que puede llevarse el Oscar el próximo 2 de marzo si la Academia se acuerda del buen cine, que apela a la crítica más rigurosa y virulenta sobre la intelectualidad, sobre las poses esnobistas del arte y la hipocresía de una elite anestesiada por el brillo de oropeles artificiales, fiestas electrónicas donde el exceso prima sobre la cordura.

    A dónde fue a parar esa cultura tan rica y lejana a estos tiempos del post modernismo y de la Italia en la era post Berlusconi, es una pregunta que encuentra sus respuestas en las ruinas por las que se pasea Jep acompañado de su cinismo saludable, de su crítica pero nostálgica mirada sobre su país y su gente desde la distancia adecuada para no contaminarse de esa inercia enfermiza que conduce a la nada.

    La dirección de Sorrentino es soberbia porque logra transmitir con sus imágenes la cosmovisión de su personaje sin traicionarlo desde la estética por la estética misma; encontrando el espacio justo para introducir diálogos punzantes que trascienden la mera bajada de línea como suele ocurrir en este tipo de propuestas en donde la ironía acaba dinamitando todo rasgo de complacencia o ternura frente a lo mediocre pero desde una sensibilidad absoluta y con una concepción artística increíble.
    Seguir leyendo...
  • Salsipuedes
    Salsipuedes
    CineFreaks
    Los gestos del desamparo

    Lo único explícito en esta sugerente ópera prima de Mariano Luque que ya recorrió festivales, incluido el BAFICI, es su título en base al contexto en que se desarrolla una historia mínima e intensa que gira en torno a las micro expresiones de la violencia de género, protagonizada por un matrimonio joven en crisis, interpretado por Mara Santucho y Marcelo Arbach, acompañados de Mariana Briski y Camila Murias.

    Resulta evidente que por momentos el film exhibe los reflejos de una operación de prolongar una idea de mediometraje para convertirla en largometraje y así acumula planos que no contribuyen al desarrollo dramático, pero ese detalle no desalienta porque el trabajo en la puesta en escena al servicio de la poética es impecable.

    La virtud de Mariano Luque es haber encontrado el equilibrio entre lo que la cámara narra y aquello que busca desde un discurso estético, aunque también prevalece el trabajo meticuloso sobre el fuera de campo para definir los espacios invisibles en los que se escurre la violencia entre Carmen y Rafael, o mejor dicho las consecuencias de ese destrato constante por parte del hombre, que se condensan en el rostro de ella, en los arrebatos de rebeldía espontáneos a las apetencias de él o cuando en silencio su personaje transmite toda esa angustia y bronca acumuladas.

    La relación parasitaria no es otra que la que marca el círculo vicioso de la violencia de género por lo general subrayado en el cine argentino, sin matices y con una carga extra de virulencia gráfica para teñir de tono realista la escenificación. El caso de Salsipuedes precisamente es todo lo contrario y en eso reside su fuerza expresiva: en lo que no se ve en pantalla –no es necesario mostrar golpes, agarrones, empujones, gritos, llantos- pero se mira desde el primer minuto hasta el último.

    Ese juego de poder machista de Rafael, del cual ella no puede escapar, también encuentra su costado cómplice en la tibia mirada de su madre en la piel de Mariana Briski (quizá la diferencia etaria entre madre e hija debería haber sido mayor) y un testigo silencioso en la inocencia de la pequeña (Camila Murias), hermana menor de Carmen.

    El contraste de haber elegido la topografía de un camping al que supuestamente llega la pareja para pasar una jornada agradable funciona eficazmente en Salsipuedes para remarcar el agobio y la opresión cuando la fuga responde más al deseo que a la realidad.
    Seguir leyendo...
  • Los desechables
    Los desechables
    CineFreaks
    Un experimento mal terminado

    Los desechables, nueva propuesta de las lides de la FUC, dirigida por Nicolás Savignone es un experimento mal resuelto que nace como parte de la extensión de un taller para actores a cargo de la actriz Andrea Garrote según palabras de su propio director para luego transitar en teoría desde una plataforma cinematográfica el diálogo entre cine y teatro que al juzgar por los resultados en pantalla más que diálogo parece un monólogo que apenas funciona como puntapié de experimentación en lo que a discurso y construcción de personajes se refiere.

    Estructurada en capítulos o viñetas para transmitir una falsa independencia en los relatos que luego se transforma rápidamente y por cohesión dramática en una sola historia, la premisa central inquieta por dejar sembradas muchas preguntas que no obtienen respuesta tanto desde la acción como desde las actitudes de los personajes involucrados.

    No hay que ser demasiado astuto para comprender que todo está librado a la improvisación y en ese nivel de improvisación se nota a las claras la mayor falencia por no saber dirigir a este grupo de actores Maida Andrenacci, Francisco Benvenuti, Miguel Bianchi, Mario Bodega, Ariel Bottor, Nacho Bozzolo, que logran hacer inverosímil la trama no por mérito propio o en busca de un registro surrealista sino por no encontrar matices al texto y a la actuación.

    Los personajes se ven representados como la cara visible de un género y tal vez la búsqueda de la mixtura en el cambio de registro era una idea sólida e interesante pero aquí lamentablemente nunca llega a desarrollarse o a distinguirse, salvo en el segmento Elenco medio estable donde la ironía sobre la intelectualidad, el esnobismo y una subyacente crítica sobre el discurso acrítico surge de manera forzada y con poco vuelo creativo.

    El título de Desechable remite desde una lectura apresurada a todo aquello que se descarta cuando la individualidad o el egoísmo vencen a un conjunto de valores donde entra en juego por ejemplo la ética en los negocios. También son desechables las personas cuando estorban en los planes o en las ambiciones personales, como es el caso de este grupo que trabaja en una empresa de la cual se ha filtrado información vital que pone en riesgo la continuidad de los negocios y para la cual debe existir un chivo expiatorio.

    Así las cosas, traiciones, lealtades, secretos y mentiras se exponen de forma descarnada en un simbólico purgatorio para no llegar a ninguna parte porque no se partió de ninguna parte. No siempre los experimentos cinematográficos resultan atractivos para compartir con el público si es que no se tiene presente el código que los rige por encima de las aspiraciones o buenas intenciones de sus creadores y Los desechables a pesar de su irreverencia formal no aporta nada nuevo ni tampoco seduce con su aparente textura cinematográfica.
    Seguir leyendo...
  • El ojo del tiburón
    Aprendizajes

    En este opus del documentalista Alejo Hoijman predomina el espíritu lúdico al buscar un retrato lindero con el documental de observación sobre dos adolescentes que recién comienzan a transitar hacia la adultez y a aprender el oficio de la pesca de tiburones.

    Los parajes exóticos de San Juan del norte, pueblo ubicado en Nicaragua, conforman una postal donde conviven los aspectos selváticos junto a la inmensidad acuática como dos espacios cinematográficos independientes que para el realizador implican un desafío en términos técnicos –llegar al pueblo implica una odisea dado que no hay caminos más que el río que debe atravesarse en botes- al que se suma su conexión en el rol de observador con sus personajes.

    El doble carácter de persona y personaje también configura lo que para Hoijman marca las diferencias entre documental y ficción desde el punto de vista ético más que estético y para romper la inercia la apuesta se eleva en materia de representación cuando los propios protagonistas observan fragmentos del documental y opinan al respecto, tanto como actores u observadores de sus acciones o palabras que una cámara no invasiva capta con enorme sentido para ir configurando un trayecto narrativo coherente en el que se desarrolla, de manera sutil, este tránsito de la adolescencia a la adultez.

    Son esos rituales de lo cotidiano; esas charlas banales entrecruzadas con salidas furtivas en las que la inocencia infantil muchas veces se ve opacada por la realidad más acuciante y despojado de todo halo bucólico para entregar su cara más cruda y salvaje los puntos fuertes de El ojo del tiburón, así como algunos fragmentos donde la verdad emerge más allá de las poses o máscaras en una constante voracidad por registrarlo todo y desde la mejor distancia posible.

    Es visible también esa idea de búsqueda permanente, caótica, por parte del director de Unidad 25 (2008) para encontrar diferentes subtramas a partir de un punto en común que nunca pierde de vista a sus personajes en lucha constante con sus sueños, su entorno y su propia identidad.
    Seguir leyendo...
  • El almanaque
    El almanaque
    CineFreaks
    Los pasos de la memoria

    Paradójicamente o tal vez el cinismo y la lucidez trasnochada de algunos quisieron denominar Libertad a la cárcel más emblemática de Uruguay (a 50 km de Montevideo) que albergó durante las épocas de dictadura –hoy sigue activa con presos comunes- a presos políticos, muchos de ellos jóvenes estudiantes, militantes, que parecieron cometer el delito de pensar a contracorriente del discurso dominante y que fueron privados de su libertad sin conocer derechos ni algo parecido a lo que en épocas de democracia se denomina justicia.

    Entre ellos se destaca la historia de Jorge Tiscornia, estudiante de ingeniería que estuvo doce años detenido –el realizador estuvo ocho- y encontró desde la más absoluta clandestinidad y puertas adentro un escape creativo e inteligente para no perder la memoria de esos 4646 días de estadía en el penal, registrados bajo un código propio en diferentes hojas de almanaque, las cuales escondió durante todo ese periodo en la parte interior de unos zuecos de madera confeccionados por él mismo y que no despertaron curiosidad o llamaron la atención de sus guardia cárceles.

    El realizador José Pedro Charlo al tomar contacto con el libro autobiográfico de Tiscornia, Vivir en libertad, gestó este proyecto, El almanaque, para reencontrarse con el protagonista y proponerle esta suerte de mecanismo de decodificación de aquellas anotaciones herméticas y así trazar la topografía de los recuerdos, que son un testimonio viviente y de un valor incalculable para reconstruir el día a día en la cárcel y reflexionar a partir de los recuerdos difusos sobre esa lucha silenciosa contra el olvido; contra la incerteza política del momento y sobre todas las cosas contra los momentos más angustiantes de una larga y prolongada pesadilla.

    El trabajo que el propio Jorge Tiscornia se toma desde el punto de vista emocional pero también consciente de que es una manera de reivindicarlo resulta asombroso y conmovedor, así como el constante respeto del director al confrontarlo con un pasado del que nos llega como espectadores muy poca información en pos de conservar el testimonio en tiempo presente y reflejar el aquí y ahora que desde la puesta en escena se reconfigura al volver los pasos sobre las instalaciones actuales del penal en contraste con los archivos fotográficos, otro elemento esencial que también formó parte de esa resistencia secreta para que el olvido no gane la batalla.

    Nada más simbólico que el refugio de esos zuecos imperfectos, artesanales, para sellar conceptualmente hablando los pasos de la memoria, con sus atajos y laberintos, que la cámara lúcida y urgente de este documental recorre desde su proceso transformador y que vale la pena descubrir.
    Seguir leyendo...
  • Deshora
    Deshora
    CineFreaks
    Presas de caza

    Existe un halo de inconformismo en esta pareja que habita el universo para nada bucólico de Deshora, film de la debutante salteña Bárbara Sarasola Day y que se presentó entre otros festivales en el último BAFICI. En un momento del relato, en una charla de esas donde los silencios juegan un rol esencial Helena (María Ucedo) deja entrever en su discurso ese hastío propio de la convivencia junto a un esposo, Ernesto (Luis Ziembrowsky), resignado pero también acomodado a su nueva rutina en el campo como patrón ante peones obedientes que le cuidan la hacienda; como ese macho alfa que debe dominar a la mujer y de vez en cuando permitirse esas aventuras en los prostíbulos aledaños y así volver borracho al hogar.

    Pero ese clima de tristeza, frustración y conformismo se ve profundamente alterado con la llegada del primo de Helena (Alejo Buitrago), un joven dispuesto a pasar un tiempo forzado con ellos tras una rehabilitación. De inmediato la juventud y el ímpetu del extraño pone en jaque a Ernesto y despierta fantasías en Helena para que la atmósfera de apacible letanía se envicie desde el punto de vista del deseo y el juego permanente de los cuerpos, que a veces deviene vouyerismo en la secreta e impune contemplación del acto sexual o en las competencias por ganarse la atención de Helena.

    La realizadora maneja la tensión del relato a fuerza de escenas largas o planos y encuadres cortos para transmitir una sensación de opresión latente que ocasionalmente encuentra respiro en la inmensidad del afuera pero donde parece vedada la palabra o expresión de lo que realmente se siente desde el discurso más que desde el cuerpo.

    La presencia de un tercero trae consigo el vértigo de lo novedoso y de las chances de cambiar que se encuentran ligadas a la aventura de lo prohibido, aunque también la otra cara de la misma moneda refleja la inercia y el propio letargo de esos personajes que por momentos parecen enquistados en la tierra y a toda represión corporal.

    Existe una animalidad que subyace al comportamiento instintivo presente en este escenario de cacería simbólica, retrato del universo masculino desde una mirada muy personal de la realizadora debutante, en el que las presas cambian de rol pero comparten la necesidad constante de la fuga.
    Seguir leyendo...
  • Horas desesperadas
    No me iré sin mi hija

    Queda el interrogante si después de haber participado como protagonista absoluto en esta ópera prima del director Eric Heisserer, Horas desesperadas, el recientemente fallecido Paul Walker hubiese dado un golpe de timón a su vertiginosa carrera actoral o si la fagocitante factoría hollywoodense seguiría explotando su personaje de acción hasta el hartazgo sin posibilidad alguna de salir de esa cárcel llamada fama. Lo cierto es que por su performance en la que ahora por esas cosas del destino se transformará en su última película todo hacía indicar que la estrella de la franquicia Rápido y furioso tenía madera para actuaciones donde el cuerpo es el principal atractivo y el drama queda en un segundo plano.

    La premisa de este melodrama con mezcla de suspenso trae rápidamente a la memoria otra historia de desesperación como John Q (Nick Cassavetes, 2002): un padre dispuesto a todo para la supervivencia de su hija cuando el entorno se ve más que hostil y las estrategias para sobrevivir se cuentan minuto a minuto y con los dedos de una sola mano. También todo transcurre en el escenario de un hospital, en este caso abandonado debido al avance irremediable del huracán Katrina donde se desatan todo tipo de complicaciones que el protagonista deberá sortear en una lucha desigual contra el tiempo y sin otro recurso que su inteligencia y voluntad.

    La trama no tarda en generar la sensación de estar atrapado sin salida cuando todo depende de un respirador que se ha quedado sin batería –un apagón energético- y cuya carga manual es lo único que puede mantener con vida a su hija recién nacida tras la muerte de su madre al darla a luz en ese lugar. Sin embargo, a ese presente en estado puro y salvaje; descarnado y cruel se le adosa primero en forma de relato confesional, pero luego mediante flashbacks, un pasado bastante irrelevante en el que nuestro héroe narra los hitos de su corta relación con la madre de su hija (Génesis Rodríguez) y que le quitan tensión a la película y aletargan un ritmo que requiere mayor destreza en términos cinematográficos.

    La decisión de darle importancia al pasado del protagonista responde más a una falta de pulso narrativo por parte del debutante Eric Heisserer que a los fines dramáticos per se donde Walker demuestra poca convicción en varias oportunidades, pero que se compensan cuando pone en juego su físico en un proceso de paulatino deterioro a medida que transcurren las horas y el desenlace parece golpear sus puertas.

    No obstante, con ciertos reparos debe rescatarse el constante apego de Horas desesperadas a un verosímil que se sostiene a pesar de algunos caprichos del guionista y director Eric Heisserer a la hora de construir el terreno adecuado para este tour de force en el que de todas maneras el actor sale airoso para dejar un grato recuerdo en aquellos fans que vibraron cada vez que pisaba el acelerador y se llevaba el mundo por delante como este padre preocupado por la vida de su hija.
    Seguir leyendo...
  • Esto no es un film
    Esto no es una crítica

    Las alusiones al confinamiento y a la falta de libertad son más que evidentes pero a la vez poéticas en la elección expresa del director iraní Jafar Panahi sobre quien pesa la condena a seis años de prisión domiciliaria sumados veinte años donde se le prohíbe filmar, para concebir esta obra que más allá de sus valores cinematográficos es un manifiesto político quizás más contundente que toda su filmografía hasta el día de hoy.

    ¿Cómo expresar la lucha silenciosa contra la censura; contra la cerrazón del pensamiento sino a través del arte? Porque un artista transforma la realidad y modifica lentamente la percepción sobre esa realidad con la responsabilidad de quien busca una verdad a pesar de la condena social o el prejuicio que dictan las mayorías. Pero el cine en su rol artístico construye además con sus recursos audiovisuales una mirada o discurso que poco tiene que ver con ese fenómeno que aborda desde la cámara y que se ancla con conceptos abstractos, los cuales solamente se reconocen en su poesía de imágenes como en el caso de Esto no es un film.

    Poco importa lo extra cinematográfico que ha tomado características de mito (se cuentan con los dedos de la mano las versiones de cómo llegó el film a estrenarse fuera de Irán) sin dejar de rescatar esa sensación de gustito dulce de venganza por parte de Jafar Panahi y sus cómplices (sobre todo Mojtaba Mirtahmasb) para salirse con la suya sin violar las condiciones de espacio restringido y reglas preestablecidas por quienes lo condenaron al encierro, pues el director nunca toca una cámara, permite que se registre su testimonio y por ende deja plasmado su pensamiento en este documental ingenioso y modelo de perseverancia ante tantos obstáculos absurdos.

    El pretexto que no es otra cosa que la anécdota y que abriga el subtexto del film es bucear entre los límites de lo permitido y lo no permitido (o acaso el arte no es transgresor por esencia) para crear esa película que el realizador iraní anhela llevar a cabo, consciente de su imposibilidad concreta de llegar alguna vez a filmarla. Es la puesta en escena de un cuento de Anton Chéjov (Del diario de una jovencita), que suscita mente narra el drama de una joven iraní que desea estudiar artes y sus padres la encierran como parte de un castigo y cuyo único consuelo es una ventana por la que observa cómo pasa la vida, sin que su imaginación pueda ser reprimida por la otra cárcel: el prejuicio.

    Así las cosas, la cámara es la que se metamorfosea para transformarse repentinamente en esa ventana a donde el régimen no llega y por la cual el director escapa cinematográficamente y rompe la barrera espacial en un abrir y cerrar de ojos.

    Lejos de acomodarse en el rol de incomprendido por el sistema pero sin ocultar esa melancolía y el cansancio por tanta injusticia a cuestas, lo que prevalece en Esto no es un film es la insolencia de aquel que se cree libre solamente porque pretende pensar y expresar lo que siente ante otros que seguramente no piensan igual.

    No estamos frente a un film que baje línea discursiva o esconda esa intención bien pensante sino simplemente somos testigos de un aquí y ahora en el que la creatividad y la voluntad transforman el presente para que en el futuro el final de la película no sea siempre el mismo.
    Seguir leyendo...
  • El sueño de Walt
    Diferencias creativas

    La primera sorpresa ocurre apenas comenzada esta historia, que se ampara en la impunidad maravillosa de la ficción para recrear -muy anecdóticamente- una historia verídica que tiene como principales referentes al visionario Walt Disney y a la autora y creadora de los libros de Mary Poppins, la escritora P. L. Travers, durante las dos semanas que se extendieron las prolongadas negociaciones para que el padre de Mickey Mouse finalmente se hiciera con los derechos de adaptación de la mencionado libro infantil a la pantalla grande en 1964.

    Tras veinte años de idas y venidas con la parca y rígida australiana, defensora a ultranza de la esencia literaria de su institutriz que llegaba azarosamente al seno de la familia Banks para poner orden y disciplinar a los párvulos, envuelta en su rectitud pero con un gran corazón, el persuasivo Walt buscó bajo todos los artilugios posibles seducirla para que diera el visto bueno a lo que finalmente se convirtió en un clásico de la factoría, con actuaciones memorables de Dick Van Dyke y Julie Andrews, con un repertorio musical entrañable y la mezcla de animación con personas de carne y hueso.

    Todos estos elementos creativos aportados desde la imaginería de Walt Disney, confeso admirador de la obra de Travers -además de ser una de las preferidas de sus hijas a quienes hizo la promesa de este film- fueron rechazados de cuajo por la autora australiana y cuenta la verdadera leyenda que se encargó de defenestrarlo hasta que se quedó sin aliento por haber hecho un desastre con sus personajes. Pero el film de John Lee Hancock (Un Sueño Posible, 2009) no pretende erigirse como una biopic sobre ambas figuras sino sencillamente como un recorte significativo para adentrarse en sus particulares personalidades y en cómo el pasado y la infancia tortuosa de cada uno luego definiera por rumbos diferentes y con diferente suerte el destino artístico, por decirlo de un modo sintético.

    La paciencia y perseverancia del dibujante (negociador nato) versus el malhumor y la desconfianza permanente de la invitada de honor forman parte de la dialéctica que define los conflictos a lo largo del metraje, donde los personajes secundarios, entre quienes debe destacarse la presencia del gran Paul Giamatti como chofer personal de Travers, aportan el grado de frescura y emotividad para que la fibra sensible del espectador se conecte con la trama y vibre junto a los personajes.

    Con la clausura ex profeso del rigor enciclopédico y en base al homenaje manifiesto a Walt Disney aunque mucho más a la figura de la controvertida Travers, las eficaces actuaciones de Tom Hanks y Emma Thompson para los respectivos roles aportan una cuota extra al Sueño de Walt Disney (titulo local para Saving Mr Banks), película entretenida y emotiva que seguramente remueva aquellos recuerdos de infancia o despabile pies en las butacas de los cines al reconocerse algunos de los acordes de esas canciones sencillas, pegadizas e inolvidables.
    Seguir leyendo...
  • Código sombra: Jack Ryan
    Es la economía, estúpido

    15 libros, cinco adaptaciones cinematográficas como Juego de patriotas, Peligro inminente y La suma de todos los miedos en las pieles de Harrison Ford y Ben Affleck para hacer una pregunta incómoda: ¿Chris Pine no es demasiado madera para lucir el traje de Jack Ryan? Seguramente el creador de la saga, el ya fallecido Tom Clancy, amado y odiado por Hollywood a pesar de las enormes ganancias obsequiadas desde sus bestsellers a la industria, hubiese bajado el pulgar ante la horrible decisión de casting para reflotar a este personaje poco atractivo en lo que a espionaje cibernético se refiere y pasado de moda para el fantasma de la nueva guerra fría, que en realidad es caliente y solamente concentrada en la economía más que en la política.

    Código sombra procura aggiornarse a los tiempos que corren para adentrarse en la financiación del terrorismo internacional a partir del juego en la bolsa de Wall Street desde el manejo de cuentas fantasmas que invierten en bonos del tesoro y especulan hasta el último segundo con una estrepitosa caída del dólar y la amenaza latente de una crisis económica parecida a la Gran Depresión si es que el astuto Jack Ryan no logra detenerla.

    Geopolítica de manual de primer grado aderezada con insultantes dosis de patrioterismo barato hacen de este producto fast food un enorme hotdog incomible, indigerible y muy poco inteligente desde su planteo elemental, en una trama tan lineal como las curvas de Keira Knightley, aquí en el papel de la doctora Cathy Muller, interés amoroso con el plus de algo de participación dramática para exponer el punto máximo de debilidad de este improvisado Jack Ryan en su versión más patética.

    El villano de turno no podía ser otro que un ruso resentido y para ese infortunado papel el director Kenneth Branagh sumó varios ceros a su caché confirmando que también el amante de Shakespeare hace cualquier cosa por dinero y en esta ocasión no pierde el pulso narrativo, aunque su escasa intervención en escenas comprometidas con la acción son precisamente escasas.

    Muchas veces se dijo que el escritor Tom Clancy cuestionaba la forma en que Hollywood lavaba con moralina sus trapitos al sol y dejaba bien parado a todo estamento o institución gubernamental pero pareciera que los guionistas Adam Cozad y David Koepp hicieron caso omiso por escribir líneas o diálogos tan absurdos como indignantes.

    ¿Habrá más desaciertos con Jack Ryan como éste?
    Seguir leyendo...
  • Escándalo americano
    Algo más que una estafa

    Escándalo americano, nuevo opus del neoyorkino David O. Russell, quien también escribió el guión junto a Eric Singer, es algo más que un ejercicio de estilo sobre estafadores apenas inspirada por un hecho real donde estuvo involucrado el FBI conocido como operación Abscam, que tenía por objeto desenmascarar la corrupción con el pago de sobornos a políticos para llevar a cabo negocios relacionados con el juego, entre otras pequeñeces.

    Los pilares en los que se sustenta esta película con gran cantidad de nominaciones a los Oscars y recientemente ganadora de los Globos de Oro, que sigue llamando la atención a críticos extranjeros, gente de la industria y afines para aparecer como una de las favoritas, se cimentan en dos componentes: un elenco notable (muestra acabada al llevarse dos Globos de oro sus respectivas actrices y el reconocimiento a todo el reparto en los SAG, premios que entregan los actores) y un ritmo narrativo prolijo aunque no complejo pero que gana vigor por conocer al dedillo hacia dónde pretende llegar porque no intenta ubicar al espectador en el incómodo lugar de víctima, que a la larga termina siendo engañada por la manipulación lícita de la puesta en escena, sino que lo introduce en el rol de testigo y cómplice de un plan de diferentes niveles de engaño, condicionados fundamentalmente por las emociones de sus partícipes, elemento significativo que para los cánones de este tipo de propuestas por lo general aparece poco desarrollado u opacado por el principal objetivo de una estafa: timar a la víctima.

    Para ello O. Russell construye con paciencia y verosimilitud un triángulo amoroso en cuyas aristas se encuentra una pareja de estafadores financieros, Irving Rosenfeld y Sydney Prosser, interpretados con enorme solvencia y carisma por Christian Bale (esta vez con las manos vacías en los Globos de oro pero nominado a los Oscar) y Amy Adams respectivamente, quienes hacen de la estafa un verdadero arte pero caen en las redes de Richie DiMaso (Bradley Cooper), un ambicioso agente del FBI que les condiciona la libertad a cambio de la participación activa en un operativo de enormes dimensiones.

    A ese triángulo, de cuyo vértice principal encarnado por Amy Adams se desprende el mecanismo de la seducción como parte del juego de manipulación se le adosan una serie de subtramas lo suficientemente atractivas para desarrollar personajes secundarios independientes y que constituyen desde su presencia el caldo de cultivo para que la misión transite por distintos niveles de complicaciones. Desde ese punto de vista particular, la presencia de Jennifer Lawrence, involucrada afectivamente con Irving pero trastocada desde lo psicológico, es esencial para que la trama fluya y crezca en tensión.

    No es habitual que en un film con alta presencia masculina sean las mujeres quienes lleven a los hombres de las narices, sin contar que más allá de su encanto natural y sexapeal incipiente piensen una jugada antes en el tablero de las casualidades y causalidades.

    El otro aspecto a destacar y ya hablando estrictamente desde la formalidad es el estilo cinematográfico que se respira en cada plano de Escándalo americano, film que hace honor a la impronta híbrida del cine de los 70 con algo de noir pero sin abandonar el sello del director y su lugar de narrador desde las imágenes, los encuadres y la elección de la banda de sonido, elementos que hacen a un combo atractivo que no va a defraudar a espectadores exigentes.
    Seguir leyendo...
  • El juego de Ender
    Enemigos míos

    Aquello que en los 80 sorprendía a los lectores por plantear la virtualización dentro de las prácticas militares para simular guerras contra enemigos potenciales hoy ya existe. En la época en que fuera concebida esta novela por el escritor Orson Scott Card y que se propone como una nueva saga adaptada al cine y orientada hacia el nicho adolescente, sonaba estrafalario inclusive pensar en niños entrenados para la guerra, algo que en estos días ya no se acomoda a los cánones de la ciencia ficción.

    Para los 80 un grupo de niños, expertos en la resolución de combates virtuales como modelo de juego, empleados para convertirse en potenciales guerreros era toda una novedad y desde ese lugar parte la historia de El juego de Ender: preparar un ejército de jóvenes para aniquilar a la raza alienígena que en un pasado atacara al planeta Tierra diezmando la población.

    Así las cosas, nuestro héroe Ender (Asa Butterfield) tiene todas las características para convertirse en el elegido y de esta manera es reclutado por el comandante Graff (Harrison Ford) para ser entrenado bajo una estricta disciplina militar, donde deberá demostrar ante sus pares decisión y rapidez mental para coordinar un ejército y así terminar con el enemigo en su propio territorio. Los formics son unos alienígenas de una morfología similar a la de las hormigas y al igual que estos insectos su comportamiento obedece a una reina, el principal eslabón de una cadena que debe ser destruida para siempre.

    El director y guionista Gavin Hood en una primera mitad pareciera transitar por los caminos habituales de todo film de iniciación militarizante con los estereotipos del caso, léase enfrentamientos antagónicos, desacato a la autoridad, peripecias que pondrán en riesgo el futuro del protagonista durante el arduo proceso de reclutamiento.

    Sin embargo, en una segunda mitad el film vira hacia otros horizontes que hacen foco en aspectos más profundos en relación a la guerra preventiva como estrategia para evitar males mayores sin medir las consecuencias y que representan para Ender un dilema interesante que seguramente se desarrolle con mayor énfasis en la secuela.

    Si bien no estamos ante una película dechada de virtudes tampoco nos enfrentamos a un producto mediocre en cuanto a la calidad y desde el punto de vista cinematográfico porque es de destacarse por ejemplo el diseño de producción para una trama que se desarrolla en su mayoría en escenarios simulados, donde el despliegue visual es importante pero no avasalla con detalles ni atosiga con efectos para dejar fluir el relato de manera prolija y sostenida, hacerlo entretenido gracias a las buenas actuaciones de Asa Butterfield, Harrison Ford y una escasa participación de Ben Kingsley.
    Seguir leyendo...
  • El tiempo de los amantes
    Te vi en un tren

    Los trenes y los relojes marcan las directrices en este microcosmos construido meticulosamente en el film de Jérôme Bonnell, El tiempo de los amantes, cuya traducción del original debería haber sido Un tiempo para la aventura o tal vez un tiempo para la fuga.

    Precisamente es la fuga y la fugacidad lo que define conceptualmente a una breve pero intensa aventura romántica entre dos desconocidos, Alix (Emmanuelle Devos) y Douglas (Gabriel Byrne) en lo que comienza a partir de un intercambio de miradas a bordo de un tren rumbo a París. Ella por motivos laborales y él para despedir a una mujer muy influyente en su vida.

    Ambos personajes comparten con el espectador ese halo de misterio lo suficientemente poderoso para anhelar que ese fugaz cruce en el tren se prolongue durante el resto del film, sujetos al devenir de lo impredecible y expuestos uno frente al otro sin necesidad de otra cosa que ser lo más genuinos posible cuando la pasión se hace carne y la rutina cotidiana se diluye por un periodo efímero donde todo es alcanzable, inclusive comenzar de cero una relación sin estar atado al pasado ni al futuro.

    Es el presente en su estado de máxima pureza aquel elixir que entusiasma y a la vez aturde a la protagonista, actriz de vocación que intenta trazar su propio camino aceptando castings que la llevan por las periferias de Francia, sin un euro en el bolsillo –el apunte de la crisis social en Francia está presente- y desorientada en lo que a su porvenir se refiere.

    El pretexto de un llamado a su novio (siempre fuera de campo) para anoticiarlo de algo importante que nunca se concreta es el aliciente para dejarse arrastrar por el deseo y seguir los pasos, o mejor dicho las huellas imperfectas de ese hombre perfecto que con su mirada taciturna ya expuesta en el tren invita a abordarlo y por qué no contenerlo.

    Así las cosas, los dos extraños se conectan desde la intimidad con ese juego de seducción prohibido que implica el desconocimiento del otro para llegar al extremo y ubicarse en la encrucijada que puede imprimirle un continuará a su apasionada relación casual pero para que ese elemento tome vida y destruya todo lo que constituye el temor a equivocarse parecería no haber tiempo ni lugar propicio para llevarse a cabo.

    Los trenes parten y los relojes no se detienen, pero su avance es tan imperceptible como el instante en el encantamiento que trastoca la realidad y vuelve a ese viaje una aventura en sí. Aunque el destino siga siendo siempre el mismo.
    Seguir leyendo...
  • El misterio de la felicidad
    El temible y letal conformismo

    No es tarea fácil intentar un análisis del último opus del realizador Daniel Burman, El misterio de la felicidad, despojado de un contexto que excede las virtudes y defectos que arrastra su cine pero que a la hora de una aproximación a sus propuestas, a partir de un giro importante hacia una veta más industrial comenzada con Dos hermanos (2009) seguida por La suerte en tus manos (2012) y coherentemente continuada con esta nueva incursión genérica, es fundamental como punto de partida siempre que se considere la búsqueda cinematográfica de Burman con miras a seducir el público masivo. En este particular caso, el director de El nido vacío (2008) apunta todos sus dardos al blanco explosivo que supone contar con un elenco encabezado por Guillermo Francella y la esperada vuelta de Inés Estévez a la pantalla grande para entregar una comedia melancólica y muy poco sorprendente sobre la incapacidad de luchar por los sueños cuando se tiene miedo de fracasar.

    Parece que ser feliz en las circunstancias de la vida, pasados ya los 40 años, es un misterio del que muchos creen conocer la respuesta pero en realidad desconocen el verdadero sentido de la pregunta ¿Qué te hace feliz? Si la respuesta rápida apela al conformismo, de inmediato surge otra pregunta más compleja ¿Por qué creés que sos feliz? Y es hacia ese terreno de ambivalencia; a ese detalle de la foto en el que nadie repara cuando dos amigos sonríen adonde encamina su película Daniel Burman bajo la estructura narrativa de construir a un personaje, Eugenio (Fabián Arenillas), desde su ausencia para comprender –si es que se puede comprender- el motivo de su inexplicable fuga de la rutina y de esa supuesta felicidad cotidiana junto a su amigo y socio Santiago (Guillermo Francella), así como a su monótona convivencia matrimonial con Laura (Inés Estévez). Sin embargo, el punto de vista sobre Eugenio lo aportan dos miradas opuestas (para ella ya no volverá y para él sí) que terminan descubriendo grandes verdades y una afinidad insospechada desde la carencia y la huida temprana de la soledad, entre otras asignaturas pendientes.

    Es así cómo desde un planteo esquemático y concentrado por un lado en la errática pero necesaria búsqueda de Eugenio y por otro en la consolidación de una amistad que puede ir más allá de lo protocolar el film de Burman avanza por un camino unidireccional, sin atajos pero sin cruces o desvíos. Daría la impresión que al guión le faltara una puntada más fina y elaboración en lo que se refiere a la trama per se aunque eso no ocurre respecto a la construcción de personajes teniendo siempre presente las cualidades actorales de Francella y Estévez, a quienes no les cuesta generar empatía desde su particular decepción o sufrimiento que nunca llega a manifestarse hacia el melodrama pero que lo roza de manera tangencial por esa incipiente melancolía que encuentra correspondencia tonal con el color apagado de la imagen.

    La clausura explícita de opacar todo aquello que permita la comicidad salvaguardando esos apuntes costumbristas característicos en el cine de Burman beneficia a Guillermo Francella para mostrar otra arista interesante en su composición de Santiago, que expresa desde lo gestual o en las diferentes modalidades gestuales todo un proceso interno que va transitando por distintas etapas como la negación, la perplejidad, la falta de horizonte, la decepción, la aceptación mezclada con resignación. No es para nada gradual lo que sucede con el personaje de Laura para el cual Inés Estévez parecería haber sacado a su inolvidable Jimena del unitario Vulnerables del placar de los recuerdos y así traspolarla aquí envuelta de verborragia, inseguridad y un excesivo y reiterado tic que arrastra muletillas de antaño y que por momentos fatiga al espectador antes de experimentar la transformación y ocupar el vacío dejado por Eugenio.

    Esa sensación de vacío es la que se respira al tomar contacto con El misterio de la felicidad, un vacío o espacio ambiguo que no se termina de definir a lo largo de todo el metraje y que por momentos se llena demasiado por los clichés del cine industrial para ahogarse en el letargo de la rutina precisamente en una película que cuestiona de cierta manera la rutina; que le sacude el costado épico a lo cotidiano como algunos discursos del cine argentino o más aún de otros ámbitos buscan resaltar para ocultar ese temible pero real conformismo que hace las cosas más fáciles pero menos intensas y atractivas.
    Seguir leyendo...
  • Dos pavos en apuros
    Una verdadera pavada

    Poca imaginación y una notable falta de rumbo son los elementos que prevalecen a lo largo de todo el desarrollo del debut del estudio de animación Real Fx, Dos pavos en apuros, que convocó para su versión original las voces de Owen Wilson y Woody Harrelson, un plus que pocos espectadores disfrutarán en el estreno local con enorme cantidad de copias dobladas.

    La premisa sin resultar una genialidad es apenas simpática y apunta al rescate del héroe colectivo, en este caso los pavos nativos de la época que conmemora el día de acción de gracia, tradición popular enteramente norteamericana que muy poco tiene que ver con la idiosincrasia de estas pampas o latitudes. Sin embargo, la penetración cultural del tío Sam fue lo suficientemente amplia como para que cualquier niño de estas tierras -o por lo pronto su padre- supiese algo sobre la celebración donde se le perdona o indulta la vida a un pavo mientras millares de estas aves son ajusticiadas para formar parte del plato principal de la mesa de los norteamericanos.

    Hábito del consumismo exacerbado o sencillamente el respeto por la tradición, lo cierto es que los protagonistas de esta película, dirigida por Jimmy Hayward también guionista junto a Scott Mosier, intentarán torcer el rumbo de la historia remontándose al pasado gracias a una máquina del tiempo justo el día antes de la primera celebración en que los nativos y los colonos británicos compartieron la cena en el año 1621 donde los pavos corrieron la peor suerte.

    Así las cosas, Reggie (Wilson) y Jake (Harrelson) en misión libertadora de sus congéneres tratarán de convencerlos de que la unión hace la fuerza para enfrentarse a los temibles humanos. El interés amoroso de Reggie es una hembra, Jenny, un tanto aguerrida, así como para Jake el antagonista de turno será el pavo real alfa Broadbeak.

    Algunos gags visuales y referencias a la cultura pop norteamericana como guiño al público adulto no son suficientes para arrastrar al film lejos de la pendiente al vacío en la que cae desde el minuto quince en adelante y la falta de creatividad de sus realizadores no hace más que confirmarlo en un desenlace vergonzoso que por motivos obvios no revelaremos aquí.

    Como producto animado para toda la familia simplemente podemos decir que si bien cumple con sus características formales, es decir la animación es prolija pero no deslumbra a nadie, defrauda en todos los otros aspectos incluidos uno de sus puntos en apariencia fuertes que debería haber sido el humor: humor de pavos.
    Seguir leyendo...
  • Actividad paranormal: Los marcados
    La saga ha muerto

    Marcados sí, pero para el aburrimiento por asistir a la muerte en vivo y en directo de esta franquicia Actividad paranormal, deudora de la digna Proyecto secreto Blair Witch, que demuestra su nula eficacia en materia de sustos y mucho más grave aún su pobre criterio a la hora de mantener al menos la atención en una trama atada con alambre desde el minuto cero.

    Fiel a ese estilo ya desgastado del falso documental, no se justifica demasiado el por qué de la obsesión de los protagonistas por filmarlo todo: graduación de uno de ellos, bromas entre sí y el descubrimiento de ciertas anormalidades en sus conductas que arrastran tal vez el poder oculto de lo que a las claras se entronca con la consabida posesión. El resto no supera la rutina de la mediocridad al que nos tiene acostumbrado este tipo de producto, donde el letargo entre el nopasanadismo y el yameloveiavenir ocupan el centro de la escena mientras la frenética cámara digital empaña cualquier grado de seriedad de la puesta en escena.

    Aquí el descubrimiento de un supuesto aquelarre y una vecina con etiqueta de bruja pegada en la frente son los disparadores para que los mecanismos del terror accionen sus cuerdas aunque resulta tan desafinado este repertorio chicano que en vez de asustar genera risa y no estamos precisamente hablando de una parodia sino de un pretendido film pensado para el grito desconsolado y la taquicardia desprevenida.

    Lo desparejo y básico de este guión que acumula elementos sin siquiera preguntarse el sentido no hace otra cosa que reflejar que esta saga ha muerto, a pesar de que nadie se quiera hacer cargo de su funeral.
    Seguir leyendo...
  • Visiones
    Visiones
    CineFreaks
    El colmo de una falsa gitana

    ¿Cuál podría ser el colmo de una falsa vidente? La respuesta es fácil y se encuentra en la premisa de Visiones, ópera prima de Juan De Francesco –antiguo colaborador de Cristian Bernard y Flavio Nardini- y con guión del debutante en el largometraje, Nicolás Cisco: adquirir el don de predecir el futuro.

    En ese sentido resulta atractiva la propuesta luego de una primera mitad donde en pocos minutos se descubre la mecánica de la estafa entre una falsa adivina caracterizada como gitana llamada Marta (Roxana Randon) que se aprovecha del despecho de sus incautas víctimas mujeres para lo cual es fundamental la acción de su cómplice Esteban (Adrian Ero), quien hace las veces de galán, Don Juan, para enamorarlas y luego de malvado que las deja siempre por otra para que caigan en las redes de las artes oscuras de Marta y así mediante sus hechizos recuperar al amor a cambio de buenas sumas de dinero.

    Un plan perfecto siempre cuenta con alguna fisura y esa no es otra que la ambición de los involucrados, pero para el caso de Esteban se agrega al menú una suerte de revancha personal por un pasado de tortura psicológica y maltrato causado por la falsa gitana.

    Sin embargo, la vuelta de tuerca que da algún respiro a un relato que no podía salir de lo sumario es un recurso simpático del cual tanto guionista como director abusan para que de cierta manera cierre la historia, aunque es justo decir le imprime dinamismo en una trama demasiado básica.

    El pivot y elemento pendular que pertenecen únicamente al punto de vista de Marta se conecta directamente con las visiones reales que ella empieza a tener de manera espontánea y así de esta manera anticipa su destino trágico donde queda desenmascarada la supuesta traición de su socio.

    No obstante, esas visiones en lugar de mostrar fragmentos, o secuencias ambiguas, plasman situaciones o escenas completas para que avance la historia a fuerza de falsos flashforwards a los que se suman forzados flashbacks, completamente funcionales a los justificativos de las acciones. Tampoco ayuda a esta idea la acumulación porque una vez reflejado el mecanismo ya no hay sorpresa alguna, pues cada vez que la protagonista toca las manos de algún personaje, el espectador sabe que viene una visión.

    La experimentada Roxana Randon aporta a su personaje carisma, maldad, algo de humanidad pero se destaca sobre el resto de un elenco de actores desconocidos, con performances bastante flojas, sobre todo el co-protagonista Adrian Ero siempre un registro por encima de lo que su personaje necesita.

    Visiones trata de salirse de convencionalismos o estereotipos jugando a veces al humor pero eso no alcanza para evitar el término de film fallido básicamente por apostar todo a un recurso ingenioso desde el punto de vista narrativo aunque pasible de reproches a nivel conceptual y cinematográfico, así como un desenlace poco sólido.
    Seguir leyendo...
  • La esencia del amor
    Que nunca se acabe la música

    Si se mezclara la densidad dramática de Amour, de Michael Haneke, con la frescura y dinamismo de Rigoletto en apuros, de Dustin Hoffman, se obtendría como resultado conceptual La esencia del amor. En las tres propuestas, el denominador común es la música como terapia para sanar y su efecto positivo para transitar la vejez desde un costado de creatividad y no limitado o coartado por el paso del tiempo o los achaques de la ancianidad.

    Sin embargo, para el caso singular de este film inglés del director Paul Andrew Williams, protagonizado por Vanessa Redgrave y Terence Stamp y coprotagonizado por Gemma Arterton junto a Christopher Eccleston los resortes del melodrama se tensan a niveles tolerables para el espectador, siempre sazonados con grageas de comedia en falso y todo eso se sostiene simplemente por contar con la excelencia del reparto encabezado por esta pareja de la tercera edad que puede dar cátedra de actuación.

    Para salirse del cliché de la composición del personaje, dado que el guión se encarga de construir relaciones más que personas individuales, el aporte de matices de Terence Stamp, y el carisma de Vanessa Redgrave elevan el nivel de la historia, que transita por todos los estadios de un relato que se inserta en los últimos momentos de un largo proceso de deterioro y enfermedad de una enferma de cáncer que encuentra en el coro de la mutual de jubilados la contención y el refugio para su transición hacia el desenlace.

    Arthur, su esposo, carece de la sensibilidad para comprender que debe dejarla elegir cómo desea pasar sus últimos días y será la música o mejor dicho cantar desde el corazón y con el alma lo que termine por conectarlos para siempre.

    Una de las ideas que prevalece a lo largo del metraje es la clausura de la técnica o la perfección en la interpretación de los ancianos coreutas siempre que lo que se cante obedezca a la manifestación de los sentimientos y al des acartonamiento en función a la desinhibición como ocurre con el personaje de Arthur y su paulatina transformación de parco y gruñón a hombre sensible.

    El otro pilar desarrollado desde el guión responde a las conflictivas relaciones entre padres e hijos con un Christopher Eccleston correcto en el rol de hijo no reconocido y distante sin descontar la simpatía de la joven Gemma Arterton, una directora de coro con una energía que contagia a cualquiera.

    La virtud de esta película es saber transitar por los caminos del drama duro sin caer en golpes bajos o chantajes emocionales obtenidos desde manipulaciones poco nobles. Aquí se sacuden las vibraciones de los cuerpos, de las voces y de esas palabras que cantadas llegan a lo más profundo y que forman parte de una música que debería no acabarse nunca.
    Seguir leyendo...
  • Un lugar para el amor
    Escrito y borrado

    Al padre William (Greg Kinnear) los hijos lo respetan un poco por haber escrito un par de novelas exitosas y ser el referente de los aspirantes noveles en términos de literatura. A la madre (Jennifer Connelly) la hija no la quiere ver ni en figurita dado que no le perdona la infidelidad de la que encima fue testigo involuntaria. El hijo Rusty (Nat Wolff) vive a la sombra del padre y de la hermana que acaba de lograr que le publiquen una novela donde saca los trapitos al sol de una familia norteamericana promedio con problemas afectivos.

    ¿El resto de la historia? un sin fin de lugares comunes solamente en el contexto de las idas y venidas amorosas de cada personaje donde los mayores intentan recomponer lazos y los adolescentes enamorarse sin culpa y sin dolor. ¿Acaso se puede? parece que en Un lugar para el amor todo es posible: se sufre un poco ya sea por amor; por el tiempo perdido; por el flagelo de las drogas; por la enfermedad del otro y luego la segunda oportunidad llama a tu puerta y encima en el día de acción de gracias.

    Todo transcurre en el invierno y metafóricamente hablando los corazones fríos de los adolescentes se reblandecen o por lo menos eso le ocurre a Samantha (Lily Collins), la futura Patricia Highsmith, promiscua, orgullo de papá y mamá que conoce al muchachito medio insistente y amante de los policiales para que le cambie la perspectiva sobre la vida y la importancia de los afectos. En el caso de Rusty la historia transita por el despecho y decepción amorosa al elegir una muchacha con algunos problemitas de adicción.

    ¿Moralina barata? sí; actuaciones que valen la pena también pero lo primero que uno debe preguntarse es quien corta el pavo cuando un cine independiente o en apariencia de serlo recurre de manera insistente en el abc del estereotipo sin moverse de ese cómodo espacio que busca empatía directa y no toma riesgo alguno.

    La mesa está servida y comida hay para todos.
    Seguir leyendo...
  • Jackass: el abuelo sinvergüenza
    El mal ejemplo

    Lo primero que puede decirse de este arribo del tándem de infradotados millonarios que pulularon por el firmamento de la MTV durante los años 2000 a 2002 en el programa Jackass, que luego tuviese sus extensiones cinematográficas para mostrar más de lo mismo pero en pantalla grande, es que en esta ocasión optaron por el terreno de la ficción con Jackass, el abuelo sinvergüenza, dirigida por Jeff Tremaine, comedia que se mofa de los lugares comunes de toda película familiera y del corazón.

    En esta oportunidad quien toma la posta del grupo es nada menos que Johnny Knoxville, aunque caracterizado como un anciano, Irving Zisman, quien en el funeral de su esposa recibe la visita inesperada de una hija que le pide hacerse cargo de su nieto Billy (Jackson Nicoll) antes de caer presa. El papá del niño es un motoquero poco afecto a las responsabilidades adultas pero eso no implica que el viejo salga en su búsqueda dado que no puede cuidar a Billy todo el tiempo.

    A partir de ese encuentro fortuito entre abuelo y nieto nace una relación afectuosa pero que se rige por los códigos de la incorrección política exacerbados desde una puesta en escena que distribuye cámaras ocultas a fin de captar las reacciones adversas del inconsciente colectivo con el que interactúan Knoxville y este pequeño bastante convincente en sus intervenciones, capaz de seducir con su inocencia a los transeúntes más incautos o llevar al límite sus acciones, que muchas veces rozan con ese mal gusto propio de la franquicia pero que no es ninguna novedad teniendo en cuenta el nutrido volumen de videos amateurs que habitan la galaxia youtube.

    Algo que caracterizaba a Jackass era ese desafío corporal y de resistencia al dolor en tono de burla que se agotaba a los 15 minutos a pesar de la sofisticación en la broma pesada, algo que les daba el mote de originales a estos muchachos de la cultura MTV y prototipo del americano mediocre con panza de cerveza y neurona sulfatada. Muy difíciles de emular.
    Sin embargo, esa cualidad singular forma parte del pasado y lo que quedó como resabio es este producto por momentos gracioso, que siempre necesita de la complicidad de su víctima predilecta para ser efectivo, porque de lo contrario ya no causa sorpresa una vez que el público se acostumbra a las ocurrencias del anciano; a los cúmulos de situaciones embarazosas -que incluyen escatología a granel- así como a un puñado de escenas donde el objetivo concreto es molestar a la gente como ocurre en un bingo en el que Irving hace de las suyas o cuando irrumpe en un local de strippers masculinos y aterroriza a las mujeres con sus genitales al viento.

    La química entre el niño y Knoxville es lo mejorcito de Jackass, el abuelo sinvergüenza; su parodia de Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006) refleja el patetismo de esas madres capaces de todo para que sus hijas se ganen el concurso y seduzcan al público y al jurado, pero eso no alcanza para superar la medianía, no caer en el chiste obvio y ser una muestra palpable que el humor irreverente es mucho menos interesante e inteligente de lo que parece.
    Seguir leyendo...
  • Boxing Club
    Boxing Club
    CineFreaks
    Un knockout en la intimidad

    Desde el primer minuto, se reconoce en Boxing club una apuesta diferente para retratar el mundo pugilístico por fuera del ring. Es el microclima de un gimnasio, más precisamente el que reina en El Ferroviario perteneciente al gremio de La Fraternidad ubicado en el subsuelo de la estación Constitución.

    Este documental observacional se sumerge en el día a día de estos trabajadores que practican el deporte con la esperanza de profesionalizarse alguna vez y así sacar un rédito económico que los ayude a salir de situaciones apremiantes.

    La cámara de Víctor Cruz (El perseguidor, 2009) acompaña el proceso, escruta sin interferir en el combate silencioso contra la propia impotencia que a veces acarrea un entrenamiento, para esclarecer o por lo menos robarle a la realidad un pedazo de verdad en algunos instantes (la escena sobre la película El padrino es un cabal ejemplo) donde se vuelve invisible o participa con un rol observador y lúcido durante los preparativos de los protagonistas en vistas a la pelea salvadora, relatada por el periodista deportivo Walter Nelson.

    También, la importancia de las palabras del entrenador; su corazón y pasión por lo que hace, conectan a un deporte muchas veces relacionado sólo con la violencia con un costado humano poco reconocido y emotivo que es el elemento que prevalece en este inquietante y atrapante documental hasta el último minuto.
    Seguir leyendo...
  • Huellas
    Huellas
    CineFreaks
    Tras los pasos del abuelo

    Este documental en primera persona toma como punto de partida el viaje de reconstrucción que el realizador Miguel Colombo (co dirigió Rastrojero junto a Marcos Pastor en el 2006) se propuso como parte de un proceso de introspección para encontrar los retazos de historia familiar que le permitieran ponerle un contorno y volumen a los recuerdos de su abuelo Ludovico.

    En primera instancia la desmitificación, mezclada con la urgencia por conocer, marcan el rumbo de su viaje que se bifurca hacia la investigación del pasado en un reencuentro con familiares muy arraigados –muchos de ellos desconocidos para el director- a Ludovico, para así terminar en una travesía por el desierto hacia el encuentro con un espacio escondido que parece un mágico refugio donde el tiempo cronológico se detuvo y las historias volaron con el viento.

    En un segmento, parte de las aristas que atraviesan el enigma de Ludovico lo vinculan con la búsqueda de oro en Argentina o una esvástica, que una lectura presurosa incriminaría de pasado nazi y la preocupación de un nieto necesitado de respuestas en un desierto de preguntas también.

    Las huellas dejan sus rastros y en definitiva de eso trata este intenso camino difuso recorrido por Miguel Colombo, quien toma las riendas y la cámara para adentrarse en su propia historia y enfrentarse con ese miedo que implica la búsqueda de una verdad pero que pese a las conclusiones resulta indispensable llevar a cabo.

    Memoria, historia, identidad, olvido y perseverancia marcan el rumbo de Huellas e invitan al espectador a vivir ese itinerario fascinante desde la emoción más genuina.
    Seguir leyendo...
  • Esclavo de Dios
    Esclavo de Dios
    CineFreaks
    Atentado contra el buen cine

    La precariedad técnica, la falta de ritmo, las malas actuaciones y una historia que podría haber sido mucho más interesante desde sus planteos morales de lo que terminó siendo son suficientes elementos para aventurar que la única polémica posible que puede suscitarse con Esclavo de Dios, del director venezolano Joel Novoa Schneider, responde unicamente a sus valores cinematográficos que son nulos.

    Dicho esto la premisa que baraja la hipótesis de un tercer atentado en 1994 en suelo argentino contra un objetivo judío abre el interrogante sobre los fundamentalismos de ambos lados pero sin ahondar siquiera en aspectos que trasciendan el derrotero básico de todo film de estas características. La idea del terrorista arrepentido no es nueva en el cine y este intento de mostrar el lado humano de aquellos hombres dispuestos a inmolarse en nombre de Alá ya fue sumamente explotado en películas como Paradise now, un gran film palestino del año 2005 del que este intento de película debería haber tomado algún apunte para llegar a un mejor puerto. Si hay algo que debe destacarse de aquel film no es otra cosa que la economía de recursos al servicio de las tribulaciones del protagonista que son las que operan como coordenadas de esta historia.

    No puede decirse lo mismo de Esclavo de Dios porque en su afán de tomar por el carril del thriller desde el enfrentamiento del protagonista, Ahmed (Mohammed Al Khaldi), miembro de una célula dormida en latinoamérica y experto en explosivos que espera la orden para ejecutar el tercer atentado, y su antagonista, David Kollman (Vando Villamil), quien forma parte del grupo de la Mossad instalado en Buenos Aires tras la pista de terroristas árabes, se diluyen las demás subtramas paralelas que no encuentran desarrollo como por ejemplo la conexión local; el doble trabajo de la policía; la familia encubierta y otros asuntos aledaños al conflicto central.

    La idea de equiparar fundamentalismos para no tomar partido por uno u otro personaje no es mala per se pero eso no alcanza para reparar las innumerables fallas en materia de guión, la torpeza narrativa que apela a recursos elementales como flashbacks explicativos (lo del reloj es demasiado burdo por ejemplo) y desinteligencias de ese nivel que pululan a lo largo de la trama que tampoco consigue mantener un ritmo sostenido ya que se contagia de su propia impotencia y falta de criterio a la hora de definir qué se quiere contar.

    Si a esto le sumamos una puesta en escena elemental que por ejemplo en un tiroteo no repara en mostrar sangre en los cuerpos atravesados por balas que suenan como si fuesen de cebita ya es demasiado para soportar cuando se pretende narrar una historia lo suficientemente seria y que puede afectar sensibilidades.
    Seguir leyendo...
  • El otro hijo
    El otro hijo
    CineFreaks
    Orgullo y prejuicio

    El otro hijo, film de la francesa Lorraine Lévy, puede leerse como un alegato profundo sobre la tolerancia y la alteridad. La conflictiva relación entre árabes e israelíes; las fronteras culturales y las del prejuicio religioso o de raza, se encuentran atravesadas tangencialmente desde una indagación o interpelación inteligente bajo el pretexto de un drama que aqueja a dos familias muy diferentes pero que comparten en común un mismo dolor: el intercambio accidental de sus hijos al nacer.

    Basta que un estudio de sangre arroje luz sobre el potencial conflicto para la protagonista de este film, interpretada sobriamente por la actriz y directora Emmanuelle Devos, quien al obtener los resultados de las evaluaciones para que su hijo Joseph (Jules Sitruk) ingrese al ejército israelí descubre que él tiene un grupo sanguíneo diferente al de ella y su esposo militar.

    Zanjada la duda en medio de la turbulenta revelación, que ya de por sí le genera un conflicto extra con su pareja tras la sospecha de infidelidad, todo revela que en el pasado existió una situación desafortunada en plena guerra del Golfo donde por error entregaron su hijo biológico a otra madre mientras que a ella le dieron al bebé de aquella.

    A partir de ese instante, la necesidad de ambas mujeres de conocerse y así poder acercarse en un vínculo a sus respectivos hijos Joseph y Yacine (Mehdi Dehbi) es más fuerte que el prejuicio y la negación de sus esposos, quienes ven desde un orgullo estéril la necesidad de preservación de la familia y los lazos parentales por encima de cualquier carencia afectiva o de búsqueda genuina de la identidad.

    Para esta etapa de descubrimiento del otro y alejada de la rigidez de los adultos, el film adopta los puntos de vista de los hijos, uno palestino y otro judío, dispuestos a superar las barreras de la tradición y fieles a las concepciones modernas que vuelven a definir y a poner en el tapete de la polémica que no hay tantas diferencias como se pretende bajo los discursos reaccionarios desde una y otra parte.
    Seguir leyendo...
  • Machete kills
    Machete kills
    CineFreaks
    Menos revolucionario que antes

    Superada la expectativa de Machete, esa creación del mexicano Robert Rodríguez como pretexto del trailler devenido película en 2010, la saga pedía, de existir la posibilidad de una segunda aventura, un cambio de aire para no caer en redundancias sin menoscabar -claro está- la creatividad del director puesta al servicio de la autoparodia de su propia criatura y del exploitation frente a las fórmulas recicladas del Hollywood decadente que debemos padecer en materia de películas del género acción en los últimos años, que se pretenden desde un concepto serio o solemne y causan gracia sin proponérselo.

    Machete kills es más de lo mismo pero esta vez los dardos venenosos de la crítica social apuntan en el centro del cinismo de la primera potencia mundial en relación a la carrera armamentista y al negocio privado de la venta de armamento. No hay más que ese eslabón, atado a una cadena que se va oxidando a medida que acumula guiños cinematográficos, exacerba los códigos de películas de dobles agentes para caer en los lugares más comunes de la incorrección política.

    La caricatura de la acción llevada al paroxismo consigue su copia en carbónico en la construcción de un villano bipolar (Demian Bichir), híbrido entre héroe revolucionario de los pobres y narco despiadado cuando su fase Jekyll y Hide amnésica explota.

    También explota el mal gusto, el chiste fácil pero efectivo y una galería de personajes desopilantes tal vez pensados para lucimiento de los actores o celebridades convocadas, léase Lady Gaga (lamentable); Mel Gibson, igual suerte que Robert De Niro en la primera película, la sexy Amber Heard en un papel ajustado a sus curvas y Sofía Vergara que hace de…Sofía Vergara.

    La diversión está garantizada -Charlie Sheen es el presidente de Estados Unidos- y el descontrol mucho más aunque ya una tercera parte en el espacio como se anuncia dilapidaría la buena idea del origen de todo que no era otro que un metadiscurso elaborado y con crítica política sobre el rol de la comunidad mexicana en la doble moral norteamericana.
    Seguir leyendo...
  • La boleta
    La boleta
    CineFreaks
    Sueños compartidos

    Un racimo de buenos secundarios, un policial alocado y por momentos al borde del grotesco, ritmo constante y cambios de registro autoconsciente son los elementos predominantes en La boleta, del director Andrés Paternostro, que cuenta con los protagónicos de Damián de Santo, Claudio Rissi y Marcelo Mazarello acompañados de un nutrido elenco donde destaca la figura de Roly Serrano y una simpática aparición de Ricardo Bauleo.

    A las claras se ven transparentadas las intenciones en cuanto a lo formal y al estilo buscado por Paternostro y equipo, que se concentran principalmente en la historia del perdedor Pablo, mote que le calza perfecto al rol de De Santo y a su parte complementaria de la mano de Marcelo Mazarello.

    Soñadores en un mundo o mejor dicho en un país donde cada vez es más difícil sobrevivir y que se ven involucrados en una pesadilla en el corazón de una villa, cuyo dueño apodado Merlín (Claudio Rissi) procura mantener controlada pero al estar rodeado de ineptos su tarea se vuelve más que cuesta arriba. Entre esos indeseables se encuentra un ladrón de bajo perfil (Roly Serrano), quien busca la salvación económica con un secuestro express que por supuesto no sale como se pretende y agrega mayores complicaciones a una catarata de contratiempos que se desatan a gran velocidad y que la trama acumula sin problemas sosteniendo un verosímil que nunca exhibe costuras desde el guión sin escatimar insultos y frases altisonantes.

    En ciertos segmentos el relato busca atajos en el orden creativo como por ejemplo el apunte surrealista o algunas metáforas que funcionan mientras el eje de la comedia no se altera. Si tuviera que buscarse algún referente local en cuanto al estilo de La boleta, la primera candidata no es otra que la película argentina El boquete (2006), de Mariano Mucci, donde también se jugaba la carta del grotesco pero en el caso de una familia disfuncional.

    Para esta ocasión, la disfuncionalidad se da en torno a lo operativo vinculado a la delincuencia y sujeto a la improvisación tan auténticamente argentina cuando el plan b no existe ni siquiera en la cabeza del más lúcido de los villanos, encarnado sin escapar al estereotipo por Claudio Rissi y muy emparentado con el personaje que el mismo actor construyó en 76 89 03 (2000) de Flavio Nardini y Cristian Bernard.

    Un intento de comedia grotesca bien logrado y disfrutable para el público que apueste al cine argentino para identificarse con esas pequeñas historias que se encuentran a la vuelta de la esquina.
    Seguir leyendo...
  • Una familia gay
    Una familia gay
    CineFreaks
    Peguntas que incomodan

    Desde su título ya queda manifestada la idea central de este documental mezclado con ficción del director Maximiliano Pelosi que ya fuera presentado en la sección Panorama del BAFICI y que ahora se estrena comercialmente. La familia homoparental forma parte de un debate social que lejos de estar clausurado cada día cobra mayor envergadura al conocerse los alcances de la ley de matrimonio igualitario y las historias que se tejen detrás de cada trama particular que involucra a parejas gay.

    Por eso partir de la base de interrogarse, una vez conseguido el derecho, el deseo de casarse es un punto interesante y apto para reflexionar conceptos que, con el correr de los años y de los cambios en la forma de pensar a una familia, habilitan otro tipo de unión o construcción familiar.

    Ahora bien, salir en busca de respuestas siempre supone tener en claro lo que se quiere preguntar y en ese sentido Una familia gay trastabilla al poner en primer plano la historia del director Maximiliano Pelosi y su intimidad al mismo nivel que el resto de las anécdotas o testimonios de sus entrevistas, todas movilizadas por sus inquietudes personales, contradicciones y dudas acerca de varios tópicos como por ejemplo el matrimonio, entre otros temas tales como el código civil, la religión, experiencias ajenas y para ilustrar el derrotero personal de esa suerte de investigación se apela a la introducción de elementos ficcionales, que al estar atados a la representación quitan espontaneidad al relato.

    Si bien la idea es aportar ritmo para que la solemnidad no abrume al público el exceso de lo cotidiano y lo mundano le quitan peso a los temas pensados, aunque es justo reconocer la diversidad de voces a lo largo de los 82 minutos de metraje.

    Existe una búsqueda del humor como subrayado de ciertas pautas culturales por contraste o críticas a los preconceptos sobre la cultura gay pero que no son efectivos a la hora de llamar a la reflexión.

    Una familia gay celebra por un lado la libertad creativa de su autor pero esa falta de contención o criterio en cuanto a lo narrativo es precisamente su mayor falencia y queda a medio camino de lo que una propuesta más interesante -tal vez con menos énfasis en lo personal- podría haber generado en pos del enriquecimiento de ese debate social.
    Seguir leyendo...
  • Paranoia
    Paranoia
    CineFreaks
    Absurda como su título

    Tan decorativa resulta la presencia de la sexy Amber Heard en Paranoia como la explicación de los procesos tecnológicos que con un esmero estéril pretenden ganarse la atención del público sin la menor sospecha de que lo que pasa en pantalla no le interesa a nadie.

    Si repasamos que uno de los antecedentes del director Robert Luketic es la mediocre 21 BlackJack (2008) y en menor medida Legalmente rubia (2001) quizá podamos entender el por qué de un film tan torpemente narrado como éste, que al igual que aquella película contextualizada en el mundo de los casinos toma como detonante de conflictos la desmedida ambición de su protagonista.

    El espionaje industrial siempre es un elemento convocante para tramas complejas cuando detrás de los intereses que llevan a ejecutarlo existe algo más que la mera acumulación de dinero o su vertiente menos políticamente incorrecta: la venganza por resentimiento.

    Si todo gira en torno a estas motivaciones, la historia necesita de un ejecutor o chivo expiatorio como es el caso del joven Adam Cassidy (Liam Hemsworth), un ambicioso empleado de la compañía Wyatt Corpp, cuyo jefe (Gary Oldman) pretende robar a la competencia Eikon, presidida por Harrison Ford -su antiguo mentor-, el prototipo de un revolucionario celular. Para ello Adam debe ganarse la confianza de Eikon y una vez ingresado allí robar sin ser descubierto.

    Hasta aquí estamos en presencia del ABC de toda película elemental de este tipo y a pesar de las vueltas de tuerca necesarias para que el relato despegue de una vez por todas es tan evidente el grado de previsibilidad como los pasos en falso bajo el pretendido cambio de rumbo que nunca es tal.

    Si a eso se le suma el desperdicio de un elenco que cuenta con las patéticas actuaciones de Richard Dreyfuss, y los ya mencionados Oldman y Ford a la cabeza, el agravante es aún mayor porque los intentos por darle profundidad a una historia que nunca supera la medianía son vanos.

    Con el plus de un desenlace carente de creatividad, forzado, manipulador, engañoso y con resoluciones de situaciones sacadas de la galera en una película sin magia, Paranoia es un film tan absurdo como su título, el cual esta vez las distribuidoras locales respetaron a rajatabla.
    Seguir leyendo...
  • Este es el fin
    Este es el fin
    CineFreaks
    Banalidad con plata

    Hay que preguntarse qué resulta más irritante al terminar de digerir Este es el fin: que un puñado de actores que están en la cresta de la comedia norteamericana gasten dinero en una broma privada con pretexto de película autorreferencial o que hagan participe a un público consumidor de cualquier cosa de su falta de talento a la hora de pensar en algo parecido a una comedia guarra.

    No es el exceso el problema mayor de este tour escatológico y absurdo con aire de película sino el despropósito de pensar que lo que ocurre en este film puede interesar a alguien más allá de a sus actores participantes y menos si las drogas que comparten entre sí no se distribuyen al espectador.

    La premisa básica nos somete a padecer el encuentro entre el impresentable Jay Baruchel y Seth Rogen para devenir en una fiesta descontrolada en la casa de James Franco, lugar de reunión de otras tantas luminarias de la decadencia hollywoodense actual entre quienes puede destacarse una Emma Watson en rol ya terminé con Harmony y dejen de encasillarme o el propio Franco mofándose de su excentricidad intelectualoide cool que parece molestar a algunos en Hollywood.

    Luego de todas las banalidades y las charlas inconducentes se desata el apocalipsis y la lucha por sobrevivir se complementa con la de la guerra de egos como parte de una alegoría barata y bastante estúpida del mundillo de las celebrities de medio pelo como éstas.

    Los efectos visuales dan vergüenza, así como los infructuosos intentos de sacar algo en limpio de la galería de situaciones absurdas que incluyen sodomización y muertes de actores cuando la tierra se parte y caen a lo más profundo.

    Deberían haber caído todos antes de que comenzara el film pero a veces la magia del cine nos juega estas bromas pesadas y las distribuidoras locales dan cabida a productos mediocres y sin sentido como éste.
    Seguir leyendo...
  • Omisión
    Omisión
    CineFreaks
    Un psicópata con culpa

    Resulta imposible no traer el recuerdo del film Mi secreto me condena (1953) al pensar en Omisión porque más allá de las falencias del guión –que las hay- es notable cómo se desperdicia una premisa que expone un dilema profundo (el secreto de confesión para un hombre religioso) en el orden de la ética y parte de ese desperfecto obedece a la mala elección de Gonzalo Heredia en el rol del padre Santiago, quien se ve absolutamente opacado y eclipsado por la casi perfecta performance de Carlos Belloso, ¿Un psicópata con culpa?

    Ese defecto es insalvable para una trama que debía apoyarse en sus personajes y no tanto en las situaciones que estos enfrentan, sin moverse un milímetro de todo el derrotero de un thriller que encajaría mejor en la televisión que en el cine. Entonces muy poco queda por analizar cuando la historia parece querer contestar preguntas sin que nadie se las haya formulado y de ahí hacia el desenlace con la torpeza narrativa del flashback a cuestas para dilapidar toda opción de atractivo en un film que si bien no presenta desprolijidades en cuanto a lo formal y estructural tampoco encuentra un resquicio para salirse de los cánones convencionales que lo vuelven absolutamente previsible.

    No hace falta ahondar mucho en el argumento porque el conflicto central se juega desde los primeros minutos: un psicólogo adelanta en secreto de confesión futuros asesinatos valiéndose de la prohibición explícita que garantiza su impunidad. El depositario de tal confesión se ve atrapado entre sus actos del pasado -incluida una relación amorosa cortada abruptamente- que irán apareciendo de manera torpe a lo largo de la trama y su inercia propia por no resolver la culpa de los actos cometidos.

    La culpa para un psicópata no existe por lo cual la relación planteada entre el padre y el psicólogo es absolutamente dispar y el equilibrio de fuerzas y mecanismo de manipulación son igual de similares.

    Con semejante desnivel entre el protagonista y su antagonista si el film hubiese optado por darle más protagonismo a la oveja más descarriada de este rebaño que oculta secretos el resultado hubiese sido mucho más satisfactorio.
    Seguir leyendo...
  • El amor dura tres años
    Reflexiones y un aire a cine yanqui

    El amor dura tres años, ópera primera de Frédéric Beigbeder basada en su novela homónima pareciera una máxima al estilo Sebastián De Caro, pero en realidad es una comedia francesa que a pesar de querer tomar vuelo propio con algunos recursos ingeniosos no puede escapar del espejo de la trillada comedia romántica norteamericana.

    No necesariamente eso es malo para un espectador habituado pero sí le quita sustancia y sorpresa a un relato anclado en lo literario que encuentra el cine como pretexto de comunicación más que como puente artístico en sí.

    Si en una película el texto supera a sus personajes hay algo que no funciona y esa es la sensación que termina produciendo este coqueteo constante por el lugar común que se apoya en las idas y venidas de la pareja protagónica, él crítico literario con aspiraciones a escritor y divorciado que vuelve a apostar al amor tras conocer a la esposa de su primo. El, cínico al comienzo y dolido con la experiencia como marca indeleble y ella que representa a la mujer para enamorarse a primera vista no sólo por lo prohibido sino por esa irresponsabilidad y sentido de la libertad a flor de piel.

    El contexto de esta historia se arraiga en lo contemporáneo y apela a los clichés de la informática y las nuevas comunicaciones amorosas desde la impronta de la fugacidad y de ese estado virtual que a veces cobra más realidad que la vida misma.

    A pesar de depositar en un personaje una solapada crítica a los histéricos estereotipos del cine yanqui simplemente subrayando la extravagancia de una francesa hablando el inglés cuando los franceses defienden a rajatabla su propia lengua le suma un puntito a la obviedad de las situaciones que marcan la dialéctica del encuentro y desencuentro.

    Por momentos el humor aparece y está bien logrado gracias a la sobria actuación de Gaspard Proust que se complementa y consigue la química con Louise Bourgoin, de una fotogenia inapelable.

    El amor dura tres años no supera el pasatismo de su propuesta pero entretiene lo suficiente por su frescura que sabe dosificar las reflexiones más profundas con las banalidades sin forzar situaciones, aunque su perfume huele a cine yanqui.
    Seguir leyendo...
  • La carpa invisible. Familia de circo
    Pasen y vean

    A Pablo Magote o al Payaso Casimiro Acosta lo conocimos precisamente como parte de ese nutrido colectivo payasesco del inclasificable Sólo para payasos del director Lucas Martelli y la vida de una familia de circo se vio plasmada en el documental Cirquera de Andrés Habegger y Diana Rutkus, ambos exponentes de ese mundo maravilloso que transforma la realidad desde el lugar del circo y que aparece de una manera diferente ahora en La carpa invisible, familia de circo, del docente y director Juan Imassi.

    Los pocos segmentos de Magote en el film anteriormente citado llevaban la impronta o al menos la sospecha de que había una historia muy interesante detrás, no simplemente por estar en contacto con la adversidad de un payaso no vidente –Pablo se quedó ciego en 2006- sino porque la ceguera en Pablo no lo etiqueta ni lo limita en su rol de payaso o animador de su propio espectáculo, que involucra a toda la familia Magote (su esposa Julieta y sus 4 hijos) desde hace muchos años y que a pesar de la discapacidad del maestro de ceremonias continúa creciendo en sus cálidas presentaciones veraniegas en Aguas verdes, una playa pequeña elegida por la familia para presentarse a diario ante el público compuesto en su gran mayoría por niños y que se sostiene como varios artistas callejeros a la gorra.

    La cotidianeidad de los Magote se encuentra desde el registro documental con una cámara que no busca el encuadre perfecto ni mucho menos el lugar adecuado en la espacialidad cinematográfica pero en la forma se nutre de los sonidos más que de las imágenes.

    Si bien el punto de vista subjetivo de una persona que no ve no puede ser otro que la no imagen, Juan Imassi utiliza este recurso no de forma redundante ni abusiva para que el espectador se sumerja en la realidad del protagonista sin subrayados metatextuales o palabras para configurar su entorno de oscuridad y sonidos que le ganan al silencio. Esa es quizás la virtud más importante de La carpa invisible, familia de circo cuando los sonidos se transforman en palabras y las palabras en sensaciones o emociones, que permiten conocer desde otro lugar cómo viven los Magote; cómo se complementan en el trabajo de circo pero también cómo es cada uno en relación al otro y al personaje que aparece en el espectáculo, por ejemplo la payasa Margarita, puntal tanto del show o de la familia en los momentos críticos pero poseedora de una energía y voluntad arrolladoras.

    Cuando la vida irrumpe en el cine sin artificio estalla la belleza de las pequeñas cosas que siempre es imperfecta, agridulce y finita, pero si la búsqueda es genuina y amparada en la infatigable curiosidad por querer traspasar la barrera de los ojos se llega a la esencia y al verdadero sentido sin importar el resultado estético sino su carácter ontológico.

    La película de Juan Imassi no es solamente la historia de un payaso no vidente, ni su lucha contra la adversidad a partir del humor y de encontrar en lo tragicómico la materia prima para su representación escénica sino la experiencia de haber convivido como testigos privilegiados de un pedazo de historia de una familia con todas las letras que se transforma, discute, crea, se apoya, ama y ríe de sus problemas sin temor a lo que la mirada ajena pueda entender porque es la pasión por el trabajo lo que los termina salvando.
    Seguir leyendo...
  • Mujer conejo
    Mujer conejo
    CineFreaks
    Ya están aquí

    Conejos carnívoros o mejor dicho conejos que comen conejos y mutan en otra cosa, la idea funciona más como una interesante alegoría que desde el punto de vista literal en su aspecto de elemento fantástico dentro de una trama que por momentos coquetea con el policial o con un cine de género más explícito y que forma parte de la superficie del cuarto opus de la realizadora Verónica Chen, Mujer conejo, recientemente presentada en la Competencia Argentina en el Festival de Mar del Plata y que ahora tiene su estreno comercial.

    Los rasgos estilísticos de la directora de Agua quedan plasmados en una utilización autoconsciente de los recursos cinematográficos para dotar a su narrativa sencilla de cierta complejidad, que en este caso particular juega a favor porque aporta a la trama lineal, que tiene por objeto el acoso de la mafia china a una inspectora de habilitaciones del gobierno de la ciudad que no acepta la idiosincrasia de sus superiores y defiende su ética ante la corrupción enquistada en sus narices, una serie de apuntes y subtextos por demás interesantes.

    Desde lo formal por ejemplo la introducción del animé yuxtapuesto a la historia para avanzar cuando el relato da espacio a lo más violento o extraño suma en vez de restar; clarifica ese costado metafórico latente en lugar de estropear el relato porque queda más que claro que los conejos aquí son un pretexto mientras que las consecuencias de sus actos depredadores forman parte del núcleo y del conflicto implícito donde no puede dejar de introducirse una crisis de identidad en Ana (Haien Qiu), la protagonista de rasgos orientales que no habla chino y es mal vista por sus pares de la misma raza.

    ¿Conejos que se multiplican y expanden adaptándose al espacio que invaden? Cuánto de ello se relaciona con la expansión de la mafia china en el seno de la ciudad; en esos barrios multiculturales que han perdido la identidad para mutar en otra cosa. Son preguntas que quedan libradas a la percepción del espectador pero no puede dejar de pensarse que el hecho de no traducir los parlamentos de los personajes chinos más allá de un indicio de incomunicación obedece en lo más profundo a que pese a todo la cultura conserva su cuerpo y alma sin importar el ropaje extranjero que la vista o la contenga. Asimismo, la corrupción es corrupción a pesar de la justificación ética o moral que la disfrace de otra cosa.

    Con un reparto de actores argentinos en roles secundarios que se acomodan perfecto al tono buscado por Verónica Chen se debe destacar la naturalidad de Haien Qiu, artífice de una sutil pero intensa transformación no sólo en el carácter sino desde la conducta.

    La Mujer conejo de Verónica Chen no es una heroína de película clase B como sugiere tal vez uno de los afiches de promoción, no es el estereotipado personaje femenino con rasgos masculinos tan explotado por el cine de género sino que su aspecto inclasificable y mutante la hacen misteriosa y atractiva a la vez como este film alegórico y de género en simultáneo.
    Seguir leyendo...
  • Memorias cruzadas
    El mito flotante

    Existen varias maneras para filmar lo que ya no está, es decir hacer presente la ausencia y aquí es donde la directora brasileña Lucía Murat, en Memorias cruzadas, toma un rumbo por demás arriesgado al incluir en la reconstrucción de una ausencia el mecanismo del mito como esa imagen construida desde la fantasía o el deseo de quien la convoca para despojarla de todas aquellas impurezas que la vuelven perenne.¿ Acaso la memoria es la savia de lo perenne?.

    Interrogantes de esta naturaleza atraviesan el universo del nuevo opus de la realizadora, quien recientemente ofició de jurado en el Festival de Mar del Plata, en consonancia con los tópicos que en su larga carrera viene explorando -este es su octavo film- y que se encuentran profundamente ligados a los roles de la juventud y de la izquierda en las épocas más feroces de la dictadura en Brasil.

    Si bien no puede señalarse que estamos frente a un film de estructura coral, lo cierto es que los puntos de vista y la mirada sobre el pasado -siempre confrontada desde el presente- aparecen de manera fragmentaria y encarnizada en la voz, discurso y el pensamiento de un grupo de amigos militantes convocados por la figura de Ana, antigua compañera de lucha que en el presente se va disipando como su cuerpo que yace en una sala de hospital al que llegó por padecer un cáncer.

    La Ana imbatible; vigorosa; carismática y decidida por convicción a llevarse el mundo por delante es aquella que deambula entre la realidad y la fantasía como ese fantasma cuya rebeldía no es más que aferrarse al recuerdo para no desaparecer. Y es esa quizá la mayor lucha que ese mito de Ana libra más allá del tiempo y del cáncer o de los psiquiátricos que laceraron su voluntad pero siempre convencida de que la batalla por lo que se cree valió la pena.

    Vale la pena entonces el recuerdo no atado a la tristeza sino a la honra de un personaje que para la directora Lucía Murat encarna a un símbolo de la izquierda, Vera Sílvia Magalhães, a quién va dirigida la dedicatoria del film. Esa persona y no personaje es lo suficientemente influyente e importante para dejar su huella en cada amigo (un lujo la presencia de Franco Nero en el elenco), incluso superando una brecha generacional con los hijos de los que en un pasado fueron jóvenes revolucionarios, equivocados tal vez en haber pensado en el camino de la violencia ante una coyuntura aún más violenta pero con la suficiente capacidad reflexiva para admitir los errores.

    Un mito no conoce de errores o por lo menos no hay nadie que lo someta a semejante fragilidad, por eso la Ana representada desde lo fantasmático jamás envejece y contagia esa energía de lo que perdura porque no cambia, como una gota de lluvia que se desliza por el cristal de la vida antes que el limpia parabrisas la arrastre al olvido en ese vaivén que pendula entre lo que fuimos y lo que dejamos de ser.
    Seguir leyendo...
  • La sospecha
    La sospecha
    CineFreaks
    Malos padres

    Con La sospecha se concreta el arribo del canadiense Denis Villeneuve a la maquinaria mainstream con un resultado aceptable desde el punto de vista de las concesiones que muchas veces requiere ponerse el sayo hollywoodense, aunque debe aclararse no con la contundencia que muchos podían esperar teniendo en cuenta sus antecedentes cinematográficos como la magistral Polytechnique (2009).

    Enmarcado como un thriller mezclado de drama intimista, el relato se apoya en la clausura de la redención como vía de escape de las aberrantes conductas humanas que ponen en jaque valores morales cuando de situaciones límites se trata.

    Ya desde Incendies (2010) Villeneuve tensaba las subtramas haciendo gala de un pulso narrativo asombroso para mantener un verosímil en el momento de cruzar personajes e historia pero en el caso particular de esta película, cuyo contexto responde a las reglas de pueblo chico, se nota el obstáculo desde el vamos porque ese verosímil pretende mantener aislada la trama secreta alrededor de la cual gira una sencilla historia de secuestro de una niña Anna Dover (Erin Gerasimovich) y su vecina Joy Birch (Kyla Drew Simmons) para escapar de la dialéctica del policial y sumergirse en la oscuridad de víctimas y victimarios.

    Gracias a la ambigüedad de uno de los sospechosos que puede funcionar como chivo expiatorio para purgar culpas o bien como ese monstruo confeccionado a imagen y semejanza de las fantasías pueblerinas, el relato logra despojarse de una corriente unidireccional y convencional para bifurcar por diferentes senderos que tienen como principal protagonista a un padre desesperado Keller Dover (Hugh Jackman) dispuesto a hacer cualquier cosa para dar con el paradero de su pequeña pero también a escabullirse del acecho del detective Loki (Jake Gyllenhaal), representante de la ley y de los caminos tradicionales que respetan las reglas y que entorpecen las búsquedas en varias oportunidades.

    La sospecha no recae en la confrontación de justicia por mano propia frente a la justicia institucional sino que trasciende esa barrera para detenerse sin juzgar en las acciones desesperadas pero humanas al fin evitando la trampa de lo religioso como faro dentro de la oscuridad. Es la culpa y la expiación lo que está presente en primer plano y la necesidad de venganza como parte del proceso en segundo plano.

    No obstante, hay un problema insalvable que obedece a los puntos de vista que atraviesan este extenso derrotero de casi dos horas y media y que muestra de manera sutil pero detectable fallas a nivel guión. Por punto de vista me refiero exclusivamente a lo que ven y conocen los personajes involucrados en relación a lo que ve y conoce el espectador y en ese sentido por momentos La sospecha se pierde en su propio laberinto y para salir apela al recurso de la manipulación que derrumba la conexión entre las diferentes focalizaciones tanto internas como externas. Si bien este aspecto es visible en muchas ocasiones pasa desapercibido gracias al ritmo y el vértigo emocional que el realizador canadiense consigue por contar con actores que pueden transmitir intensidad como es el caso de Hugh Jackman o la contención de Paul Dano, sindicado como el principal sospechoso del secuestro.

    Sin embargo, La sospecha es un thriller intenso, duro y muy por encima de la media hollywoodense que merece ese reconocimiento al menos por intentar con herramientas nobles sumergir al espectador en una carrera contra el tiempo y donde el enemigo parece estar más cerca a pesar de los velos morales que lo arropan.
    Seguir leyendo...
  • En llamas
    En llamas
    CineFreaks
    Oprimidos, los estamos filmando

    La segunda entrega cinematográfica de la saga literaria creada por Suzanne Collins, a cargo de los guionistas Simon Beaufoy y Michael deBruyn, supera a su antecesora en relación a abocarse de lleno a marcar las coordenadas de la política como parte del gran juego de intereses en este distópico escenario esbozado desde los comienzos en Los juegos del hambre.

    Tiranos estereotipados y oprimidos arquetípicos en medio del culto a la celebridad del post modernismo son elementos sustanciales que definen la dialéctica entre los grupos antagónicos en esta suerte de lucha de clases pop muy lejos de lo que pregonaba la teoría marxista y su materialismo histórico por cierto pero en la que quedan subrayadas las ideas de poder, miedo y control social en manos de los sectores con acceso a los medios de producción, léase para el caso medios de comunicación.

    Si bien la primera película sirvió como puente de presentación de la historia de la heroína perteneciente al distrito pobre, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), junto a su pareja Peeta Mellark (Josh Hutcherson), sobrevivientes y ganadores de la competencia, la trama en esta ocasión los ubica dentro de las propias esferas del poder desde su lugar de líderes carismáticos y con alta imagen frente al pueblo. Aspecto que es utilizado en beneficio propio por la autoridad máxima del Capitolio, el Presidente Snow (Donald Sutherland), quien organiza una suerte de tour de la victoria por los distintos distritos para promocionar las bondades de la corrección política.

    Sin embargo, el mismo pueblo que aclama también reclama mejores condiciones de vida en los distritos ante las políticas de sojuzgamiento. Así, la pareja triunfante se convierte en amenaza para el status quo de los poderosos y las reglas del control social y la expansión del miedo surgen con mayor ferocidad desde un nuevo evento que reúne a los ganadores de antiguos certámenes para que se terminen aniquilando los unos a los otros.

    Los resortes del poder además quedan en manos de un nuevo personaje Plutarch Heavensbee (Philip Seymour Hoffman), al que no le tiembla el pulso para inclinar la balanza cuando la imagen de Katniss se transforma en símbolo de resistencia y no de servilismo utilitario como se pretendía.

    Podría decirse que el director Francis Lawrence divide el relato en dos mitades con diferencia en ritmo e intensidad, algo que por la extensa y exagerada duración -146 minutos- por momentos le juega en contra a la película en su conjunto pero el equilibrio para la acción y el subtexto de las internas, alianzas y traiciones entre los propios tributos o participantes compensa ciertos desniveles en lo narrativo; encuentra los intersticios para la emoción desde lo dramático con algún atisbo de épica en un ámbito hostil y completamente digitado desde el centro para beneplácito de la periferia.

    Lo que prevalece en esta lucha de poderes en definitiva son soslayadamente modelos sociales antagónicos en un escenario pseudoapocalíptico pensado para adolescentes, con una crítica engañosa al mismo sistema que los domestica con productos de esta magnitud, que encajan de maravillas en el cinismo del Hollywood de siempre y que lejos de cambiar gracias a la maquinaria del entretenimiento goza de excelente salud y sin peligro de extinción por mucho tiempo de cara al futuro, colmado de ideas que se reciclan para transformarse en más de lo mismo como por ejemplo esta franquicia fabulesca de gladiadores oprimidos en el circo de los medios de comunicación.
    Seguir leyendo...
  • Tanta agua
    Tanta agua
    CineFreaks
    Relaciones volátiles

    Nada más elocuente que un título como éste para definir una comedia agridulce que gira en torno a las imposibilidades de transformar lo que uno es o representa a imagen de los otros.

    Un padre nunca dejará de ser padre por más que se disfrace de amigo o compinche y un hijo/a jamás abandonará esa mezcla de vulnerabilidad y rebeldía a cuenta gotas como los protagonistas menudos de este relato arrítmico, Tanta agua, que apela al chiste en pequeñas grageas, entre líneas, sin necesidad de utilizar recursos externos más que la mala suerte de un padre divorciado, Alberto (Néstor Guzzini), en plan vacacional con una hija pre adolescente Lucia (Malú Chouza) que ya piensa en conocer chicos más que en pasar las tardes pescando en el río y un niño, Federico (Joaquín Castiglioni), con una personalidad demasiado pequeña como para imponer su deseo infantil por encima de la infantilidad de su progenitor.

    Ana Guevara y Leticia Jorge Romero complementan una tarea de dirección impecable y cada una desde su lugar encuentra el espacio a la expresividad y al uso de la metáfora cinematográfica y de la metonimia al demostrar que se puede hablar del todo exhibiendo alguna que otra de sus partes en una ópera prima con voz propia, que se alzó con el Premio Cine en Construcción en San Sebastián 2012 y fue parte de la Competencia Oficial del Bafici, que ahora encuentra en pantalla en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín hoy viernes 15 hasta el domingo 17 a las 14.30, 17:00 y 19.30 y desde el martes 19 hasta el domingo 24, a las 22:00 en su última función.
    Seguir leyendo...
  • El abogado del crimen
    Narcópolis

    Dos escenas pueden llegar a definir la poco sustancial El abogado del crimen, tal vez el intento de Ridley Scott de redimirse por su solemne Prometeo jugando a transformarse en Tarantino pero con la poco feliz sociedad creativa con el ganador del premio Pulitzer, el octogenario Cormac McCarthy, en su primer intento de guión cinematográfico tras su enorme trayectoria como novelista de, por ejemplo, No es país para viejos luego llevada al cine en el film de los hermanos Coen Sin lugar para los débiles.

    Las dos escenas a las que haremos referencia son lo suficientemente gráficas para justificar los desaciertos de esta película que reúne un elenco de estrellas de la talla de Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Javier Bardem, Brad Pitt, Bruno Ganz: la villana de turno en la piel de la gélida Cameron Diaz que parece haber entendido que la única manera de salir indemne de este mamarracho era jugar al grotesco hace el amor con un auto de alta gama (tiemblan Sharon Stone y sus Bajos instintos) mientras el impávido Javier Bardem con un peinado extraño observa atónito como ella refriega su sexo sobre el parabrisas y la segunda escena ubica a uno de los personajes -que por razones obvias no revelaremos aquí- en un basural como si fuese parte de la misma fisonomía de residuos abandonados por un camión recolector.

    El público pensará de antemano que con semejante osadía Scott y compañía buscaron traspasar los límites del mainstream y apelaron a un recurso irónico para trascender los convencionalismos del género al desnaturalizar y metaforizar una historia de venganza entre narcos que se traicionan y roban un camión que transporta desechos sépticos como parte de una pantalla que oculta un cargamento sustancioso de drogas. A ese detalle basta agregarle que todo transcurre entre la frontera de México con E.E.U.U. para terminar de cerrar un círculo vicioso sin posibilidad de redención alguna porque lo que se subraya desde el punto de vista del protagonista, un abogado (Michael Fassbender) seducido por la codicia y ese mundo de ostentación, poder y animales exóticos, una vez que se entra no se sale.

    Bienvenidos entonces a la narcópolis desde la mirada novelada de Cormac McCarthy mucho más preocupado por las palabras que sus criaturas escupen en medio de reflexiones filosóficas sobre el sinsentido de la vida, lo efímero y hasta valiéndose del pobre Rubén Blades para traer a colación el poema de Antonio Machado que reza caminante no hay camino…; bienvenidos a un despropósito cinematográfico descomunal por su falta de osadía y creatividad a la hora de deconstruir al cine de género –si esa era la intención- y despojarlo de todo condimento atractivo para terminar hablando de sexo sin mostrar sexo, de violencia sin estética y pidiendo a los actores que se tomen en serio ese ridículo derrotero al que son sometidos como ocurre en este film que encima de todo dirige Ridley Scott, quien si bien abandonó su estilo clipero, hiperquinético y recargado de colores fuertes no encuentra el camino para su aventura narco filosofada, publicitaria y aburrida.
    Seguir leyendo...
  • Mar del Plata
    Mar del Plata
    CineFreaks
    Caminos que se bifurcan

    La carencia de pretenciosidad es sin lugar a dudas la mayor de las virtudes de esta ópera prima de los directores y guionistas Ionathan Klajman y Sebastián Dietsch y eso es lo que permite que los realizadores apliquen desde el punto de vista narrativo recursos cinematográficos potentes para llegar a muy buen puerto con Mar del Plata.

    El balneario costero al que hace referencia el título del film es el mejor pretexto no desde lo geográfico sino en su carácter simbólico para que los caminos bifurcados de Joaquín (Pablo Pérez) y David (Gabriel Zayat) confluyan en un lapso de dos días en el que la convivencia y amistad que los une se ve en constante peligro, pero la necesidad de un cambio en sus rutinas hasta el momento es el cemento de contacto para que uno se pegue al otro.

    No hay mejor forma que abordar el pasado de un personaje a partir de su propia mirada desde el presente, ese elemento distintivo permite desde un guión inteligente, con diálogos agudos, construir varios puentes comunicantes entre los personajes sin atarse a una historia que pueda acumular flashbacks y perder sorpresa con el correr de los minutos. A eso debe sumarse la elección de una pareja de actores que resulten convincentes en sus roles de amigos -como en este caso- aunque la decisión que predomine el punto de vista de Joaquín sobre el de David genera con el espectador un grado de complicidad interesante y la chance de romper un molde en la forma de narrar cuando el registro de contar a cámara o reflexionar -con lo que podría definirse una falsa voz en off- permite una mayor flexibilidad en el abordaje de cada personaje desde su propia idiosincrasia, más que por el efecto de sus acciones o conductas.

    Mar del Plata por otra parte es un film que utiliza la estructura de road movie como presentación al igual que sucede por ejemplo en Villegas (2012) de Gonzalo Tobal, que abandona en el mejor momento a sus personajes en una deriva existencial profunda mientras todo parece lúdico o banal con situaciones que no terminan de resolverse o avanzar hacia lugares convencionales para conseguir, en el mejor sentido, desviar la atención del público una vez superada la dialéctica de la rivalidad, los celos, la envidia entre Joaquín y David, quienes son lo suficientemente diferentes en sus personalidades aunque ninguno se despoje del todo del niño interior o ese adolescente eterno, que hace un poco menos cruel la realidad de la madurez tras fracasos en todos los órdenes de la vida.

    La presencia de personajes secundarios funcionales y no de relleno enriquece la anécdota del viaje de los amigos a niveles impensados para cobrar un verdadero sentido y peso en la pareja protagónica, ya sea desde la presencia indeseada de una ex novia de Joaquín (Lorena Damonte), casada con un escritor exitoso (Pablo Caramelo) que opera de antagonista ideal, o en el caso de David la posibilidad de comenzar con una chica joven (Daniela Niremberg) la relación que lo reivindique ante su par que critica su egolatría de manera constante.

    A Mar del Plata, que ya viene recorriendo diferentes circuitos de festivales exitosamente, no le falta ni le sobra nada; es divertida porque no está atada al realismo mustio que a veces el cine argentino abraza con tanta devoción pero sobre todas las cosas es una propuesta tan honesta como audaz que vale la pena conocer.
    Seguir leyendo...
  • Lluvia de hamburguesas 2
    Ecosistema diet

    Ya desde el prólogo que ágilmente resume la historia de la primera Lluvia de hamburguesas (2009) queda definido el carácter de secuela de esta segunda aventura Lluvia de hamburguesas 2: la venganza de las sobras, dirigida por Cody Cameron y Kris Pearn donde la cuota de delirio y creatividad vuelve a ser una de las claves, aunque sin tanta sorpresa como su antecesora.

    Parte de esa falta de sorpresa obedece a una más que inspirada copia de Parque Jurásico al concebir un universo orgánico donde el ecosistema está integrado por alimentos vivientes, de los cuales son reconocibles por la composición de los cuerpos aquellos animales prehistóricos del film de Steven Spielberg. Este detalle no deja de ser vistoso y muy agradable sobre todo para el público al que va dirigido el film, quien se verá cautivado al cien por cien por el estallido de colores e imágenes en pantalla más que por el derrotero de la trama, lineal y predecible.

    Para aquellos adultos que acompañan, los creadores se han tomado varias licencias para construir un antagonista de Flint Lockwood -nuevamente protagonista- con bastantes guiños a la figura de Steve Jobs (el padre del IPhone, IPad y tantas otras cosas), Chester V, quien representa para nuestro héroe el modelo de científico a seguir pero que en realidad persigue un oscuro plan maquiavélico para apoderarse de la máquina que convertía el agua en comida, causal de la creación de este nuevo ecosistema en la Isla Bocado.

    Hacia los recónditos paisajes poblados de hamburguesas del tamaño de un Tiranosaurus Rex, y criaturas similares, deberán partir Flint y su grupo de amigos: su novia Sam; el camarógrafo Manny; el excéntrico Brent; y el oficial de policía Earl, sin olvidarnos claro está del mono que tiene por mascota. La misión consiste en acabar con la amenaza que la nueva fauna comestible llegue a otras ciudades.

    Sin embargo, aquello que parece una amenaza en realidad es una posibilidad de aprendizaje y de reconocimiento de nuevas especies para reforzar por parte de los creadores el mensaje ecológico hacia los más pequeños y por supuesto una moraleja con final feliz en el que prevalece el valor de la solidaridad por encima del individualismo de Chester y su cohorte de secuaces.

    En épocas donde la comida chatarra parece adueñarse de los hábitos alimentarios de muchos niños en el mundo y sobre todo en Norteamérica, la idea de reivindicar lo sano a partir de vegetales o frutas que hasta pueden resultar divertidas escuda un valor noble en una campaña de marketing que el propio film busca ridiculizar a través de la figura de Chester, pero que en definitiva en ese doble discurso permanente termina por cumplir el objetivo mercantilista de siempre. Claro que eso a los chicos no les importará en lo más mínimo cuando rían con las simpáticas frutillas o gocen de los tacos con patas.
    Seguir leyendo...
  • Desierto verde
    Desierto verde
    CineFreaks
    Sembrar conciencia

    Hay dos imágenes lo suficientemente potentes para comprender con cierta vastedad el problema que atraviesa la temática abordada por el documental Desierto Verde, de Ulises de la Orden (Río arriba, 2004): los rostros de las consecuencias de la utilización de agroquímicos y agrotóxicos para mejorar el rinde del suelo y por otro la fachada de la Bolsa de Chicago donde se definen prácticamente las reglas del mercado actual que rigen los sistemas económicos de los países desarrollados y en vías de desarrollo.

    Ambas realidades también se conectan intrínsecamente con una mirada micro y otra macro sobre el mismo fenómeno, pero el origen del problema tanto desde un enfoque como desde otro responde al factor dinero.

    Entonces la primera pregunta que deja planteado este documental, didáctico, de edición agil, es de carácter ético o moral más que económica o coyuntural y que puede resumirse en cuestionar precisamente la idea de progreso en detrimento de la destrucción del medio ambiente y de vidas humanas como parte del daño colateral de un discurso monolítico, reaccionario y peligroso, fundamentado en base a la ignorancia y a los intereses más que a la empírica, y que postula desde su falsedad la defensa del progreso para beneficio de la humanidad futura cuando en realidad descarta notoriamente a esa misma parte que argumenta defender.

    A grandes rasgos, la complejidad del mundo moderno y el avance de las tecnologías han modificado diferentes paradigmas sociales e introducido nuevos desafíos a las sociedades, entre ellos el problema de la alimentación mundial, asignatura crítica que muy pocos países o Estados buscan remediar simplemente porque no es rentable para sus objetivos económicos y políticos, tratándose de la sobrepoblación que acrecienta la brecha entre ricos y pobres. A esa ecuación nefasta se le suma una variable ligada a la economía, la ley de la oferta y la demanda y a caballo de ésta la regulación de los precios en los mercados de capital.

    Una de las mayores ofertas la constituye el sector de la alimentación desde el punto de vista de tratarse de una necesidad básica pero también a partir de los hábitos y las costumbres de las sociedades en el consumo de determinados alimentos. Parte de ese escenario tiene un actor fundamental que hoy significa proporcionalmente la mayor demanda para el sector alimentario porque China -en menor medida Europa- necesita importar alimentos para su consumo interno. Esa es una de las causas que conlleva las consecuencias de la explotación de los monocultivos como la soja y que provocan además de la destrucción del suelo y el medio ambiente la necesidad de mejorar las semillas para hacerlas resistentes a las plagas en corto tiempo.

    Esas semillas que incorporan genes –de ahí el término transgénicas- producto de la manipulación originan cambios no mensurables en el ecosistema pero además incorporan sustancias de alta toxicidad que luego son consumidas por animales o directamente seres humanos en pequeñas proporciones, que con el correr de los años detonan diversas enfermedades como por ejemplo la leucemia. También la exposición en zonas en las que se aplican agrotóxicos trae aparejada la misma pesadilla y es en ese punto crucial donde se detiene Desierto Verde, en la documentación con testimonios de primer nivel de distintos especialistas acerca del flagelo de los agroquímicos en complemento con la historia real de las madres del Barrio Ituzaingó Anexo de la provincia de Córdoba, quienes fueron a juicio contra dos productores por el uso de agroquímicos en campos lindantes con zonas residenciales en las que fallecieron habitantes por presentar claros indicios de envenenamiento o restos de agroquímicos en su sangre.

    Ulises de la Orden explora las consecuencias del boom sojero en Argentina desde dos puntos de vista completamente antagónicos pero no se queda en la anécdota para salir en busca de un contexto más abarcador y global donde entran a tallar voces reconocidas como la de la física india Vandana Shivana para extender un manto de luz frente a tanto oscurantismo e ignorancia respecto a verdades o axiomas que procuran tapar el sol con las manos. La cara oculta de la palabra rentable o desarrollo sustentable tan de moda en discursos políticos de distintas extracciones es miseria, enfermedad y muerte.

    Desierto verde es un alegato contundente y valiente, que afecta intereses por lo que su visionado y estreno resulta más que obligatorio para saber dónde estamos parados no sólo en materia ecológica sino ideológica en base a los números de la economía o las políticas de Estado cómplices que intentan callar realidades no tan venturosas y que no hacen más que preguntarse si las semillas pueden sembrar conciencia cuando los campos ya están completamente arrasados por el pragmatismo y el capitalismo.
    Seguir leyendo...
  • El loro y el cisne
    Cuerpos en fuga

    La tercera película del realizador Alejo Moguillansky, El loro y el cisne, reafirma la misma cualidad que asomaba en Castro y que parece ya una parte constitutiva del estilo del director que tiene que ver con mantener de manera constante algo impredecible, además de su permanente mutación y fuga que se extiende desde lo narrativo hasta los personajes de sus obras.

    La enunciación, el meta discurso y la ruptura con lo convencional prevalecen tanto en Castro (2009) como en este nuevo trabajo que pone en escena la idea del cine que se filma a sí mismo mientras la vida sigue su curso.

    La primera sensación apenas comienza la película responde a una sorpresa que ya toma al espectador desprevenido y que en esencia traza un falso rumbo en el relato: la transcripción en pantalla de una carta dirigida al protagonista del film, Loro (Rodrigo Sánchez Mariño) donde su novia Valeria descarga toda su furia y lo trata de denostar con adjetivos calificativos que incluso terminan confesando arrepentimiento por los besos dados.

    Desde ese inusual inicio rápidamente tomamos contacto con la tarea de Loro en el film de Alejo Moguillansky, el registro de todo lo concerniente al sonido en medio de jornadas de rodaje de un documental para los Estados Unidos que gira en torno al mundo de la danza; a los testimonios de los bailarines y claro está a las conversaciones banales que surgen en el trabajo o en esos momentos de descanso entre los de integrantes del equipo de rodaje, entre ellos el director de cámara (Walter Jakob) o cada uno de los entrevistados para los documentales particularmente aquellos vinculados con una representación de El lago de los cisnes.

    Entre esos personajes circunstanciales destaca Luciana (Luciana Acuña), una bailarina poco convencional que integra un grupo de danza contemporánea llamado Krapp y que para el film aporta el costado snob pero también el reflexivo desde el meta discurso porque si hay algo que Krapp no tiene es precisamente cohesión y sus performances implican desestructurar al límite la normalidad, desde los movimientos espasmódicos hasta las propias palabras para reinventar el lenguaje.

    Lenguaje o texto; formas de decir; coloquialismo o retórica absurda atraviesan el universo de este relato que celebra lo lúdico por encima de una estructura narrativa rígida o clásica pero que en ningún sentido cae en una atmósfera de irrealidad a pesar de todos sus virajes, que pasan por el documental hasta un cine de búsqueda permanente que coquetea con el ensayo o la puesta a prueba de ciertos elementos.

    La particularidad de El loro y el cisne consiste en compartir desde el propio proceso creativo sus limitaciones y desvaríos que pueden resultar algo perturbadores para un público necesitado de otro tipo de historias.

    Ahora bien, cuando aparece la necesidad del cable a tierra emerge un registro íntimo que bucea por la superficie de cada criatura o personaje desde una distancia adecuada y en ese momento resalta la justeza de los diálogos, las coordenadas sólidas de un guión meticuloso y las ganas de hacer cine que hable, además de sus personajes o de los cuerpos que estos ocupan en una danza de desengaños amorosos, del cine mismo.
    Seguir leyendo...
  • Alas
    Alas
    CineFreaks
    Una película, un set

    Alas nació como un proyecto de la carrera de Imagen y sonido de la Universidad de Buenos Aires en el año 2005 y a partir de una serie de contratiempos, sorpresas agradables -otras no tanto- y la extrema necesidad de terminar su primera película, el director Ariel Martínez Herrera junto a un incondicional equipo cumplieron su objetivo y comenzaron a transitar el circuito festivalero como el Marfici para finalmente conseguir un estreno limitado en estos días (Jueves 21hs en Monserrat, Capital; Viernes 20:30hs en San Telmo, Capital; Sábado 21hs en Haedo, Zona Oeste y Domingo 18hs en Palermo, Capital).

    Las condiciones precarias en las que fue concebido y rodado el film, la impronta artesanal de cada una de sus escenas, representan su esencia y desde ese punto es justo reconocer que funciona como un excelente ejemplo de utilización de recursos así como de la reivindicación del espíritu independiente con letras mayúsculas.

    La particularidad obedece a que por circunstancias extra cinematográficas –tal como explicara el propio Martínez Herrera en entrevistas- no se le permitía sacar la cámara del perímetro de la universidad, convertido así en un set de filmación para montar y desmontar decorados como si se tratara de una obra de teatro entre escenas, aspecto al que debe sumarse la utilización de back projecting (pantalla de fondo) para recrear exteriores, elemento que también aporta su cuota de absurdo muchas veces cuando no se corresponde el fondo con lo que sucede en el relato y que también de acuerdo a dichos del director son consecuencia de errores involuntarios.

    El derrotero elegido para contar un día en la vida del oficinista Jiménez interpretado con naturalidad por el director Fabián Forte (La corporación, 2012) avanza en una suerte de compendio de contratiempos y mala suerte en sintonía con situaciones cotidianas con las que cualquier espectador podrá sentirse identificado en más de una ocasión. Esa pesadilla que deviene infierno toma también el recurso narrativo de la road movie y desde ese pilar se van uniendo diferentes personajes circunstanciales, a veces con planteos absurdos y otras con apuntes humorísticos con resultados irregulares.

    Rostros conocidos como los de Nahuel Pérez Bizcayart o el de Inés Efron suman a la propuesta cierta cuota de originalidad. Es destacable sin embargo la puesta de cámara teniendo en cuenta el reducido espacio para organizar también la puesta en escena y la manifiesta exposición del artificio cinematográfico como sucede desde el primer minuto en que se escucha la palabra acción.

    Con sus altibajos e irregularidades que se transforma por la propuesta en méritos más que defectos, Alas respira independencia y contagia su desenfado y desparpajo porque no se cree más de lo que propone y en ese sentido su mayor virtud es hacer de la limitación de recursos un puente de absoluta libertad creativa.
    Seguir leyendo...
  • Dixit
    Dixit
    CineFreaks
    Un testimonio que cala hondo

    Si hay algo que hay que reconocer a este documental de Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez con guión de Alejandro Montiel es haber logrado unir testimonios desgarradores de los sobrevivientes al terror de Estado acaecido entre 1976 hasta 1983, año en que se recuperó la democracia de manera definitiva con un rotundo consenso social y la impostergable búsqueda de justicia por los atropellos y atrocidades cometidas durante la dictadura militar.

    Dixit apela a una dialéctica de contrastes lo suficientemente sólida para comprender el sentido y valor de la memoria y de recordar el pasado para no repetirlo en el presente, tal como lo muestra la selección meticulosa de material de archivo que refleja el tratamiento cómplice y sumiso de los medios de comunicación funcionales al régimen dictatorial para ocultar el horror de aquellos años en que se secuestraron, torturaron y asesinaron a miles de argentinos bajo el pretexto de una guerra civil que jamás existió.

    Pero la fuerza de los testimonios tan crudos como despojados de especulaciones políticas se magnifica al reconocer los lugares o espacios en recorridos desde el presente para reconstruir un capítulo sangriento de la historia contemporánea argentina y con un enfoque abarcador que se extiende desde Buenos Aires con la nefasta ESMA hasta el norte más profundo con La Escuelita pasando por los centros clandestinos El Vesubio, La Perla o el Pozo Arana.

    Son esos rincones a veces reacondicionados y otras desnudos los que conservan los recuerdos más terribles en sus estructuras o en sus paredes y en los que pareciera haberse detenido el tiempo como si se tratara de un segmento de un film de ciencia ficción.

    En los rostros percudidos y ajados de cada testigo que valientemente expone su historia a cámara descansa el consuelo de miles que pasaron por las mismas circunstancias y otros tantos que desafortunadamente no podrán contarnos esa parte de la historia, la cual recién en esta última etapa y a casi treinta años de conseguida la democracia resuena hoy cada vez con más fuerza.

    Sin embargo, más allá del valor de este documental como un testimonial necesario, que reconoce sus propios límites desde el punto de vista cinematográfico, la premisa se resignifica a partir de la figura de Jorge Julio López, secuestrado en 2006 un día antes de conocerse la sentencia por el juicio que lo contaba como principal testigo para condenar a sus torturadores.

    Ese detalle que no es menor cala realmente hondo y llama a la reflexión en estos tiempos de confrontaciones ideológicas, reivindicaciones llamativas y un largo etcétera que seguramente en el futuro se termine por dilucidar.
    Seguir leyendo...
  • María y el Araña
    La niñez partida

    Doble mérito para la directora María Victoria Menis que en este tercer opus, María y el araña, logra extraer una soberbia actuación de la debutante Florencia Salas para contar con enorme sutileza y profundidad una historia pequeña con trasfondo social y que gira en torno al abuso sexual y a la violencia psicológica.

    Basta desplegar el juego de imágenes y de miradas para comprender la situación de la protagonista: una preadolescente que atraviesa la transición hacia la adolescencia desde esa niñez partida, a cargo de una abuela (Mirella Pascual), cuya pareja (Luciano Suardi) encuentra los momentos furtivos para acercarse en la intimidad de su precaria habitación en la Villa Rodrigo Bueno.

    Pese a la situación, María procura continuar con sus estudios y por las tardes ayudar a su abuela con la venta en el subte, mientras el hombre de la casa fagocita tanto la relación de ellas como todo aquello que ambas mujeres aportan en el hogar.

    Entre lo parasitario y la sensación de desprotección, la llegada de un muchacho (Diego Vegezzi) que se disfraza de hombre araña y realiza malabares en el subte abre las puertas a nuevas sensaciones y horizontes que para María implican el escape de esa densa realidad.

    El film de Menis traza un camino de aprendizaje interior -¿Quién dijo que aprender no duele?- en el que el maltrato o el abuso deshonesto también pueden convertirse -aunque sea por un tiempo limitado- en el reflejo distorsionado de una lucha silenciosa en la que se impone el amor por sobre todas las cosas.

    De eso también se ocupa este relato de la directora de El cielito (2004) al abordar esta sensible anécdota de amor adolescente en un contexto cruzado por la violencia del mundo adulto y las problemáticas sociales que al igual que los indicios de abuso a veces no se quieren reconocer y mucho menos ver.

    En tono con un cine de carácter intimista, despojado de sensacionalismo o morbosidad estética pero que no abandona la causa ni tampoco a sus personajes, María y el araña por momentos sacude la pantalla desde sus armas más nobles extraídas de la realidad más pura, con austeridad y al borde del coqueteo con el documental aunque siempre predomine la ficción.
    Seguir leyendo...
  • Olvídame
    Olvídame
    CineFreaks
    Ritos de pasaje

    Varias capas narrativas recubren lo que podría denominarse la cáscara de un thriller con elementos sobrenaturales, dirigido por el realizador Aldo Paparella (Hoteles, 2004), que cuenta con las actuaciones estelares de Antonella Costa, Gonzalo Valenzuela, Carlos Kaspar, César Bordón y Mario Alarcón, producido en el año 2009 y que ahora logra su fecha de estreno comercial.

    Olvídame apuesta por un lado a escapar del convencionalismo de una trama policial básica con asesino serial, que bajo la fachada de predicador y líder de una secta, elige sus víctimas femeninas para una vez consumado el acto sexual violento ahorcarlas en el clímax para luego colgarlas de cabeza y desangrarlas. Este perturbado personaje a cargo de Gonzalo Valenzuela, quien mantiene en vilo al policía Amaya (César Bordón), se cruzará en su camino con su presa más difícil y codiciada: la misteriosa y magnética Ámbar, quien vive bajo la sumisión de un hombre (Carlos Kaspar) que constantemente la denigra y la cela pero que en el fondo procura alimentar esa relación sádica, de la cual en apariencia ella es la que conserva el control.

    Sin embargo, hay un elemento extraño que Ámbar necesita expulsar de su entorno y que proviene de otro plano de la realidad, una amenaza latente que puede llevarla a la muerte. Así, a partir de ese encuentro con Víctor (Valenzuela), quien promete ayudarla y curarla de la maldición que la aqueja, el relato se desvía hacia otros rumbos totalmente alejados del derrotero del psicópata y mucho más afines con lo onírico; con referencias a lo esotérico y a rituales chamanes que la protagonista atraviesa en una suerte de metamorfosis interna con diferentes estados de conciencia, y donde entra en juego el sexo como expresión violenta ligada a lo tanático.

    Lo sexual y sus rituales también juegan un rol importante desde su costado de alivio corporal o para purgar tensiones, en contraste con la mirada erótica que simplemente lo reduciría al exhibicionismo publicitario tan utilizado en producciones nacionales de este tipo.

    No obstante, en ese desafío de salirse de la norma o romper el molde del thriller estándar (debe destacarse la buena fotografía de Ariel Vilches), Olvídame a veces se atosiga de esteticismo o imágenes grandilocuentes y abandona a sus personajes o a la historia a una deriva peligrosa para dejar ciertos huecos narrativos importantes abiertos y que disuaden un tanto la mirada del espectador.

    La truculencia necesaria para definir la conducta del asesino serial, que en la piel de Gonzalo Valenzuela gana cuerpo y peso específico, resulta uno de los aspectos más logrados desde el guión del propio Paparella en colaboración con Roberto Scheuer y Eduardo Leiva Muller, así como la sexualidad de Antonella Costa muy bien elegida para el papel porque logra transmitir además de sensualidad un dolor profundo al saberse buscada por fuerzas extrañas y sometida al poder de los hombres.

    Tal vez la trama no cuente con el equilibrio necesario en el racimo de subtramas que despliega pero eso no implica un rotundo fracaso en el camino tomado por Aldo Paparella con el riesgo que eso conlleva y esa cualidad merece respeto.
    Seguir leyendo...
  • Un camino hacia mí
    Se tú mismo, pequeño saltamonte

    La pubertad es esa etapa de la vida adolescente donde se aprende prácticamente todo lo necesario para convertirse en un exitoso o en un fracasado; mejor dicho en una persona auténtica o en un prototipo autómata y funcional a una lógica donde la diferencia no se valora y lo homogéneo se sobrevalora.

    Con el cine independiente -o ahora mal llamado cine independiente- ocurre algo parecido: excesiva valoración para no hablar de patrones que se repiten y falta de madurez que hace bastante tiempo viene sucediendo, con la sensación de una chatura y carencia de riesgo preocupante. En ese incómodo espacio transita Un camino hacia mí -The way way back-, film iniciático con proyecto de familia disfuncional, que sin caer en moraleja se vuelve por falta de criterio una gran moraleja.

    El protagonista Duncan (Liam James) es el estereotipado adolescente introvertido, invisible a los ojos de su madre (Toni Collette), divorciada, quien pretende encarar un nuevo proyecto amoroso con su flamante pareja (Steve Carell). Lejos de llevarse a las mil maravillas con su padrastro, Duncan entre otras cosas debe soportar calificaciones o en menor medida órdenes de alguien que ni siquiera lo conoce. También convivir con una hermanastra (Zoe Levin) muy poco sociable, entre otros personajes impresentables.

    Así las cosas, lo que al principio puede volverse como el peor verano de su vida toma otro cariz al cruzarse con Owen (Sam Rockwell), figura adulta un tanto inmadura pero con un sentido del humor a prueba de caras tristes, que le transmite esa sabiduría básica para que el muchacho tome coraje y rompa la caparazón de la impotencia en función a su verdadero deseo.

    Camino iniciático en plena pubertad que tiene por objeto la mirada nostálgica de esa etapa de la vida teñida de música de los 80 y que hace culto de la inocencia que nunca debe perderse para ser un poco más feliz siempre que el mundo adulto demuestra sus aristas más crueles, como la que exhibe la madre de Duncan en una postal que destiñe cuando choca con la realidad.

    El problema de los guionistas y directores Nat Faxon y Jim Rash tiene que ver con la falta de profundidad en la problemática y en la forzada transformación en tan acotado margen de tiempo que es lo que dura medio verano. Tampoco ayuda la elección del actor Liam James para el rol protagónico porque su personaje pide mayores matices que esta empobrecida metamorfosis entregada en pantalla.

    Un párrafo aparte merece Sam Rockwell, quien con su aporte de histrionismo pero que nunca avanza hacia el ridículo se lleva las mejores escenas sin demasiado esfuerzo, mientras que Carell apela a su trillado personaje serio y no sorprende en ningún sentido.

    Esa predictibilidad en los personajes, situaciones de manual y conflictos, se traduce también en la trama que nunca se sale de la norma, sigue el camino de la convención sin elegir atajos que podrían haber contribuido alguna marca distintiva que nunca llega.
    Seguir leyendo...
  • La toma
    La toma
    CineFreaks
    El germen de la militancia

    El colegio Nicolás Avellaneda fue uno de los epicentros donde se desarrollaron las modalidades de toma impulsada por centros estudiantiles en procura de una mejoría en la educación pública que fue tomada desde el discurso mediático con posturas maniqueas que tuvieron sus referentes y opinadores desde noticieros tanto oficialistas como opositores, que en lugar de esclarecer el motivo del conflicto lo empañaron y distorsionaron a niveles preocupantes.

    Por eso al introducir una cámara –la realizadora comenzó a registrar desde 2009- con la distancia suficiente para poder escuchar a los protagonistas se toma verdadera dimensión de la agitada y convulsiva realidad que lamentablemente llega tarde a los ojos y oídos de la sociedad, dividida por pancartas y mensajes huecos desde ambos lados y donde no se sabe demasiado qué se defiende y qué se ataca, aunque sí la expresión y la necesidad de un cambio siempre se encuentran vigentes.

    Este documental, La toma, arroja un manto de luz exponiendo testimonios, peleas, ideología y política sin faltar el respeto a sus adversarios pero tampoco ensayando una mirada complaciente y romántica de un conflicto que demuestra por momentos la falta de rumbo más que una dirección a seguir, a pesar de que haya voluntades inocentes y entusiastas como las que surgen en este trabajo equilibrado de Sandra Gugliotta.
    Seguir leyendo...
  • Adoro la fama
    Adoro la fama
    CineFreaks
    Tener y después ser

    ¿Películas que abordan temas superficiales deben ser superficiales? Adoro la fama, nuevo opus de Sofía Coppola parece caer en esta trampa desde su especulativa mirada sobre lo fútil; el mundo de las celebridades, es decir, gente sin talento que es famosa porque todo el mundo quiere ser como ellos, del que son referentes de los nuevos modelos de mayor popularidad en una sociedad como la norteamericana, adscripta al fetichismo y a la celebración absurda de un consumo estéril y de corto plazo, cuya duración se asemeja a los tiempos virtuales en que lo fugaz se emparenta con el click de un mouse y la realidad parece acabarse en el instante en que la moda dicta cómo se debe vivir, sentir o pensar.

    El grupo de adolescentes que Coppola acompaña, con una cámara atenta a los tiempos muertos y por momentos testigo de sus andanzas en un círculo vicioso acotado y vacuo como el que implica irrumpir en casas de famosos –con enormes fallas de seguridad cabe aclarar- y robar para luego exhibirse con fotos en facebook, representa perfectamente la galería de personajes huecos y unidimensionales que por circunstancias ajenas al cine para muchos resultan más que atractivos.

    Sin embargo, ese derrotero que se vale de la impunidad de no haber sido atrapados por las autoridades o pescados infraganti por sus propias víctimas, léase Paris Hilton o Lindsay Lohan, es de mecha corta, así como la película de la realizadora que no puede despegarse un céntimo de un retrato elemental sobre un fenómeno que no necesita demasiada explicación ni cerebro para ser abordado con algo de rigor en estos tiempos donde internet sacudió a los manuales de sociología aplicada para definir y redefinir los conceptos de individualidad, sociedad, entre otras cuestiones.

    Nada se descubre al decir que el film no presenta ninguna falencia en materia de dirección; que pese a lo anecdótico del asunto conserva la suficiente dinámica y ritmo para no resultar aburrido o soporífero; que encuentra sus momentos para la intimidad aunque nunca se contagia de ella, y eso quizás hubiese servido para acercarse más a sus criaturas pero tratándose de Sofía Coppola y sus antecedentes uno siempre anhela más.

    No obstante, en el haber hay que destacar las actuaciones de Katie Chang y Emma Watson como las líderes indiscutidas que entendieron a la perfección su papel, en un segundo término Israel Broussard como ese infaltable amigo gay, para terminar con una estereotipada Leslie Mann en el rol de madre ausente que no hace otra cosa que competir con la hija por la mirada de los hombres.
    Seguir leyendo...
  • Tiempo de caza
    Tiempo de caza
    CineFreaks
    Torturame que me hace bien

    Hay dos clases de torturas que atraviesan el universo maniqueo de Tiempo de caza (Killing season), proyecto que por cambiar de manos en la dirección y en el elenco resulta más que penoso en el balance final.

    La primera tortura es la del espectador que deberá soportar una trama esquemática que gira en torno a la venganza de un soldado serbio (John Travolta), quien tras 18 años de búsqueda da con el paradero de otro soldado norteamericano (Robert De Niro en reemplazo del rol para Nicolas Cage), integrante de un cuerpo de la OTAN que había intervenido en 1995 en el conflicto entre Bosnia y Serbia.

    La segunda tortura es la explícita que abraza los elementos del gore, método de expiación de pecados y culpas que ambos adversarios utilizan en beneficio propio exhibiendo su cuota de sadismo y la irremediable naturaleza asesina que los hermana de cierta manera.

    Ese detalle de la confraternización, sumado al paso del tiempo, es lo que provoca la risa nerviosa en el público que con absoluta justicia puede preguntarse si le están tomando el pelo o sencillamente si se encuentra ante una película mediocre como la que nos atañe.

    Es exactamente lo que sucede promediando la segunda mitad del film: un retroceso preocupante a lo políticamente correcto porque no pueden morirse ninguno de los dos protagonistas por una lisa y llana especulación comercial. Es decir, el maniqueísmo más absurdo en pos de una reflexión antibélica más absurda aún.

    Por otra parte, la mala elección de casting en el caso de Robert De Niro que ya no está para estos trotes –no está para trotar directamente- vuelve tan inverosímil esta suerte de cacería humana con plus redentor incluso para aquellos momentos donde se aprovecha la hostilidad del terreno y la tensión de esa lucha por sobrevivir en los bosques, donde se intercambian roles entre presa y cazador, es poco convincente.

    Tiempo de caza es un flechazo tan desviado que habría que preguntarse si Hollywood está perdiendo la puntería.
    Seguir leyendo...
  • La guerra del fracking
    La Argentina hipotecada

    No será para nada sorprendente que se levante un coro de voces que despotriquen y vilipendien al director Fernando Pino Solanas, hoy candidato a senador por el partido UNEN, de haber hecho un documental proselitista, tendencioso con La guerra del fracking (puede verse gratuitamente y on line por internet) que se inserta dentro del mega ensayo cinematográfico que comenzara allá por el 2003 con la elocuente Memoria del saqueo y que podría considerarse como el séptimo capítulo de esta investigación llevada a cabo por el cineasta sobre los temas urgentes de la Argentina, utilizando el cine como herramienta absoluta de información y también como herramienta política.

    Sostener que Fernando Pino Solanas manipula en beneficio propio la verdad y sólo muestra una campana además de incluirse como voz dominante implica reconocer una batalla perdida porque los datos de la realidad más cruda de las últimas décadas hablan a las claras que no todo lo que brilla es precisamente oro.

    La coherencia en el discurso cinematográfico es algo que cada vez se valora menos en nuestros días y la evolución en el pensamiento, así como la desilusión de los sueños de grandeza del creador de La hora de los hornos (1968), está presente en este nuevo manifiesto que refleja la parte más cruel del capitalismo que tiene que ver con la rentabilidad en función del desastre ecológico que provoca entre otras cosas la extracción salvaje del petróleo con una nueva técnica llamada fracking, la cual consiste sucintamente en la extracción de petróleo y gas que utiliza perforaciones hidráulicas que inyectan presión en rocas blandas, método que ya ha provocado por ejemplo en E.E.U.U. sismos de alto nivel como el ocurrido en Oklahoma en 2011.

    Solanas toma su cámara para testimoniar y apoyar su investigación con datos y la experiencia de entendidos en la materia, quienes analizan las causas y los efectos de este nuevo paradigma en el mundo del petróleo y también revela en primera persona los primeros indicios de que su hipótesis no es descabellada ni antojadiza.

    La guerra del fracking vale mucho más extra cinematográficamente que por su estética simple y televisiva que por otra parte compone el basamento del estilo documental de Pino Solanas, que por momentos puede resultar didactista o cuestionable desde el punto de vista visual pero eso no va en desmedro de su aporte y difusión de la otra cara de la moneda que siempre cuesta reconocer: la improvisada política energética, la ética vendida al mejor postor y la indiferencia de quienes sólo piensan a corto plazo sin importar el futuro ni tampoco aquel pasado que los llevó a ese lugar y que parece otra Argentina.
    Seguir leyendo...
  • Apuesta máxima
    Apuesta máxima
    CineFreaks
    La nueva Cuba libre

    Decir que el guión de esta película es patético y que está cargado de estereotipos ahorra bastante en palabras y sintetiza de cierta manera este aburrido film, Apuesta máxima, que solamente puede explicarse desde el punto de vista comercial porque es indefendible desde cualquier otro margen de análisis.

    Parece que Ben Affleck intentó meter mano en el guión para arreglar algo pero se quedó corto y solamente se explica su participación por el simple hecho de conseguir plata fácil para autofinanciarse con sus proyectos inteligentes. Lo de Justin Timberlake es esperable dado el limitadísimo potencial actoral y la presencia decorativa de la sexy Gemma Arterton es eso: decorativa.

    La trama es básica y se rige por la lógica binaria corruptos y no corruptos; entre los personajes se disputan la jactancia de quién es más vivo que el otro en un juego muy mal desarrollado de lealtades y traiciones entre el protagonista, un estudiante de economía de la prestigiosa universidad de Princeton que para costearse la carrera levanta apuestas por internet y una vez atrapado por el decano decide jugarse su suerte enfrentándose nada menos que al millonario cool, dueño de negocios de apuestas ilegales en paraísos fiscales como Costa Rica –escenario donde transcurre la acción- para echarle en cara que su sistema hace trampa y así ganarse un lugar y la confianza para formar parte de esta empresa.

    Así, el antagonista, interpretado por un Ben Affleck más preocupado por cobrar el cheque que por actuar, le demuestra que por algo es el número uno dentro del megamillonario negocio hasta que su número dos, el ambicioso estudiante de Princeton, lo supere valiéndose de las mismas reglas del juego.

    Por supuesto aparecerá la pátina de corrupción tercermundista de trasfondo; los agentes del FBI honestos y patriotas y toda la sarta de lugares comunes sumada a la insoportable banda sonora latina y colorinche.

    Parafraseando, en este tedioso juego de naipes las cartas están tan marcadas que apostar una entrada es perder el dinero.
    Seguir leyendo...
  • Caíto
    Caíto
    CineFreaks
    Hacer posible lo imposible

    Caito es la extensión al largometraje de lo que fuera allá por el 2004 un cortometraje sobre la historia de Luis Caito Pfenning, hermano del actor, quien protagoniza junto a la actriz invitada Bárbara Lombardo esta mezcla de ficción y documental producida por Pablo Trapero que se presentara en el BAFICI hace un año.

    La idea central es la utilización de la ficción como herramienta transformadora de la realidad. Tanto en aquel corto como en este largometraje, el actor y director Guillermo Pfenning se vale de los recursos del cine para construirle a su hermano, quien padece de una discapacidad motora (un tipo de distrofia muscular), una historia en la que cumpla su sueño de formar una familia propia; cumplir el deseo de ser padre y de que la chica más linda del pueblo le diga te amo en la intimidad.

    Pero sabido es que todo rodaje encierra la idea de familia itinerante, que en este caso particular se yuxtapone desde la representación como en lo concreto para terminar entregando una película conmovedora y honesta que sirve de excusa como declaración de amor hacia un hermano; como documental sobre las dificultades de movimiento y obstáculos que generan la dependencia de los otros y fundamentalmente como un acercamiento de realidades dispares que confluyen en un mismo camino: el de hacer posible lo imposible gracias a la magia del cine.
    Seguir leyendo...
  • El problema con los muertos es que son impuntuales
    Tanatología

    Como idea de exorcizar o quizás por necesidad de catarsis luego de atravesar el umbral entre la vida y la muerte, hecho provocado por una intervención quirúrgica compleja de corazón, el productor y realizador Oscar Mazú llegó a dos conclusiones: el tiempo nos determina que nos vamos a morir por un lado y por otro que la inmortalidad es una sensación que se acaba en un momento en que tomamos verdadera conciencia de que el paso por este lugar es efímero.

    Así, y tras una serie de entrevistas con Ricardo Péculo, el tanatólogo argentino que continúa la tradición familiar y es además una voz autorizada en la materia, el realizador pensó en el mejor vehículo para reflexionar sobre su propia muerte y en general, valiéndose de una mirada que busca desdramatizar a partir de dosis pequeñas de humor negro pero siempre respetuoso de los rituales y de todo aquello que gira alrededor del fenómeno funerario.

    El problema de los muertos es que son impuntuales, título sugestivo si los hay, obedece a una frase del propio Péculo, voz dominante de este documental, que entrelaza momentos íntimos y reflexivos del propio Mazú con voz en off –al final aparece en carne y hueso-, que compara a la muerte con el sexo como ese tabú del que nadie se atrevía a hablar pero que sin embargo estaba arraigado en la gente.

    De esta manera y con un montaje un tanto televisivo se van superponiendo diferentes aspectos siempre relacionados con el antes y el después de la muerte en sí misma, que comprende desde visitas a mausoleos; clases de maquillaje funerario; vidriera de ataúdes de distintos colores y tipos, así como un revelador documento que trae a colación el traslado de los restos del ex presidente Perón a cargo del propio Ricardo Péculo, para quien ese momento histórico es una marca indeleble dentro de su profesión.

    Tal como advierte el comienzo del documental, las imágenes y temáticas que se abordan no son aptas para personas impresionables o a quienes no les interese en lo más mínimo este paseo singular por los rituales de la muerte recomendamos abstenerse.

    A pesar de todo, se aferra a la vida y a una cámara para registrarlo desde un lugar muy personal y honesto pero que se agota en la experiencia del propio realizador.
    Seguir leyendo...
  • Riddick
    Riddick
    CineFreaks
    Renegado arcade

    La tercera aventura del antihéroe, Riddick, que tan bien le sienta a Vin Diesel, Richard B. Riddick es un film con momentos simpáticos, muchos otros antipáticos, que dilapida una interesante historia en una primera mitad aceptable que pese a transitar por todo lugar común de la galaxia entretiene sin más que eso.

    Lamentablemente, cuando surge la impronta del videojuego y de la estética de los fichines que gana por acumulación de alimañas digitales en cambio de peripecias heroicas todo se cae a pedazos.

    En esta ocasión el ex convicto sobrevive a un intento de asesinato y queda solito en un planeta hostil; se hace amigo de un perro -o algo así- al que aprende a domesticar hasta que llega la mala compañía de cazas recompensas que cobrarían doble si es que consiguen llevarse la cabeza del hombre de anteojos saltones en una caja. De ese grupete comandado por el capitán Johns (Matt Nable), quien culpa a Riddick de la muerte de su hijo también convicto perteneciente a un pasado, se destaca el despiadado pero cobarde español Santana (Jordi Mollà); la escultural blonda Dahl (Katee Sackhoff) y en otro orden el siempre listo Karl Urban en el rol de Vaako, quien traiciona a Riddick una vez coronado rey de los necromongers.

    En su primera mitad, el relato adopta el derrotero de la supervivencia en el que Riddick se deberá enfrentar a unas criaturas venenosas y hacerse inmune con un antídoto propio contra ese veneno. En ese corto pero intenso pasaje Vin Diesel aporta todo su carisma y más aún cuando entabla relación con su mascota. Pero la acción llega a partir de la dinámica de una cacería humana que explota las ventajas de conocer por parte del protagonista un terreno hostil para ejercer una guerra psicológica contra el enemigo y obligarlo a rendirse a su voluntad, aunque siempre con la amenaza latente de la traición por parte de sus captores en contraste con los códigos morales de Riddick y su personal modo de entender la lucha.

    Resulta poco productivo entonces que el film abandone la idea de western intergaláctico para el que estaban dadas todas las condiciones. No obstante se optó por la facilidad de caer en la aventura gráfica que hace del cine una extensión del videojuego, fórmula que sin lugar a dudas una vez transcurrida la novedad termina desgastándose y amesetándose como esta franquicia que parece no morir en trilogía, lamentablemente.
    Seguir leyendo...
  • Abril en Nueva York
    Comedia romántica en un país ajeno

    El debut en la dirección del actor Martín Piroyanski, también guionista, transita con irregularidades pero siempre confiado de lo que pueda aportar la pareja protagónica –pareja en la vida real- que interpretan a Pablo y Valeria, dos argentinos que quieren probar suerte en E.E.U.U. para llevar a cabo sus sueños pero que se diferencian básicamente por las energías que cada uno dispone para seguir adelante, así como en el cotidiano esfuerzo para mantener sólida la pareja y de esta manera proyectar un futuro en un país ajeno.

    Carla Quevedo encarna en su Valeria, pujante aunque contradictoria, un prototipo femenino que al cine argentino le viene sumando adhesiones ya vistas en la reciente 20.000 besos de Sebastián De Caro. La cámara le resulta tan natural para su fotogenia que esa simpatía aniñada, mezcla de inocencia y ternura, hacen de sus criaturas personajes queribles a la vez que sufribles. Es ella la que se carga al hombro y a las espaldas tanto la película como la inercia parasitaria de Pablo (el músico Abril Sosa), quien pese a su costado autodestructivo por momentos genera alguna sensación de empatía por un sufrimiento genuino que surge con espontaneidad.

    Martín Piroyanski conoce los riesgos de compartir intimidad y filmarla tal como ocurre en la trama de Abril en Nueva York, pero así y todo continúa fiel a su historia pequeña con la frescura y la libertad para de repente experimentar con la introducción de música diegética que rompe con un naturalismo o pseudo realismo. También se atreve a burlarse con inteligencia de ciertos clichés del género en la elección del antagonista que ubica a Valeria en un dilema amoroso pero que a la vez orienta la historia hacia un espacio menos interesante que el que proponía un registro cómico o auto referencial, explotado en la primera mitad.

    Son destacables los rubros técnicos, particularmente la fotografía a cargo de Pix Talarico y el sonido a pesar de las condiciones en que fue rodada la película.

    Con sus irregularidades a cuestas pero en sintonía directa con su falta de pretenciosidad, esta ópera prima intenta dejar un sello diferente para las comedias románticas pensadas en base a productos norteamericanos y por ese riesgo vale la pena darle un crédito.
    Seguir leyendo...
  • Los quiero a todos
    Seis tristes burgueses que hablan

    Una pareja resquebrajada que acusa en sus rostros y conversaciones lacerantes el tedio y desgaste tras más de una década de convivencia; un muchacho confundido y huérfano de padres que se enamora de su empleada doméstica y le propone repoblar el Paraguay; una errática profesora en plan de fuga hacia otros horizontes que pretende transitar la aventura de ser madre soltera y valerse del esperma de su amigo para cumplir el objetivo o las andanzas de un actor vocacional que vive un tormentoso flechazo amoroso con una chica pero no puede comprometer ni una cuota de cariño hacia ella, son las pequeñas historias que se entrelazan en el microcosmos de Los quiero a todos, ópera prima del dramaturgo y ahora debutante Luciano Quilici, quien buscó trasladar su obra teatral homónima al lenguaje cinematográfico apelando entre otras cosas al recurso narrativo de la enunciación con un resultado óptimo.

    La galería de personajes, que bajo el pretexto de una reunión de amigos para un asado dominguero, encarna a veces desde la individualidad y otras como parejas aspectos propios de una burguesía porteña heredera del menemismo que exhibe sus aristas más visibles en cuanto a la ideología de clase pero también desde el discurso de la frustración y el cinismo propio de un grupo social muy identificado con personas de una franja etaria no mayor a los 40.

    La estructura del relato, que aprovecha la capacidad interpretativa de un elenco sólido donde debe destacarse la performance de Alan Sabbagh (indiscutiblemente un gran actor que promete dar muchas sorpresas de seguir por este camino) por encima del resto del reparto, integrado por Leticia Mazur, Ramiro Agüero, Valeria Lois, Santiago Gobernori y Diego Jalfen, inserta y entrelaza diferentes viñetas como marco de la exposición y enunciación de un conflicto, en el que cobran importancia tanto las palabras como los silencios o aquellos tiempos muertos incómodos que se mezclan con una densidad narrativa y profunda más que interesante.

    Como suele ocurrir con propuestas minimalistas de estas características no todas las historias o anécdotas conservan el mismo relieve de atractivo para el espectador pero lo que sí se respeta desde el punto de vista cinematográfico es la renuncia manifiesta al juicio de valor sobre los personajes y sus actitudes para dejar que emerja un discurso sesgado, aunque reconocible y creíble.

    La eficacia de esta ópera prima reside precisamente en no teñir una atmósfera de absoluta intimidad y pesadumbre con un patetismo incipiente, no por ello menos cínico, que hace dificultoso un camino de identificación emocional con alguno de los personajes.

    Luciano Quilici sabe dosificar desde los diálogos la información para construir con sutileza a sus personajes y por momentos traslada una puesta en escena semi teatral que permite el lucimiento de sus actores sin la consabida sobre actuación que tantas veces malogra películas argentinas similares.
    Seguir leyendo...
  • La noche del demonio 2
    Todo sobre mi madre

    Entretiene pero no asusta, así podría sintetizarse esta manifiesta secuela de la simpática La noche del demonio, que a pesar de la exploración por el ya trillado subgénero de los fenómenos paranormales, introducía la originalidad de un alocado viaje por el plano astral que recién se manifestaba en la segunda mitad de aquella película dirigida con eficacia por el malayo James Wan, quien en esta ocasión vuelve a tomar las riendas detrás de cámara para entregar otra pesadilla de la familia Lambert.

    Desde el vamos el mote de secuela queda más que definido no sólo por la palabra del título que hace referencia a un segundo capítulo sino porque la trama arranca prácticamente pegada con la primera película luego de que Josh (Patrick Wilson), quien había ido al plano astral en rescate de su hijo Dalton (Ty Simpkins) regresa acompañado por un espíritu maligno parásito y encima femenino que le da órdenes al Josh astral para hacerse más fuerte en el plano real y así poseerlo perdurablemente.

    Quien percibe la anomalía y el comportamiento errático de su padre no es otro que Dalton, dado que su madre Reani (Rose Byrne) ahora está más preocupada por defender la inocencia de Josh acusado del asesinato de Elise Rainer (Lin Shaye), la médium que lo conoció en su infancia para bloquear su don pero que en el presente lo ayudó en la inducción para realizar el viaje astral hacia Dalton.

    Ahora bien, las manifestaciones paranormales vuelven a estar presentes en el seno de la familia Lambert repitiéndose aquí el abc de toda casa poseída –en este caso la de la abuela de Dalton- con puertas que se cierran repentinamente, el piano que suena solo, juguetes que se mueven y bullicios de voces del más allá, acompañadas de vez en cuando de apariciones, entre otras cosas.

    Semejante panorama convulsionado motiva la presencia de los psíquicos de turno ya aparecidos en la primera parte y para quienes Wan reserva chistes o gags que malogran algunos climas logrados y dejan en claro la falta de rumbo de esta historia.

    Durante la primera mitad, que a pesar de contar con un ritmo sostenido y buen manejo de los golpes de efecto, el film parece estancado o por lo menos encerrado sobre su misma lógica paradojal que por fortuna se empieza a desentrañar promediando la segunda mitad para repetir la fórmula exitosa desde la puesta en escena de la simultaneidad de planos con el defecto de tomar al pasado de los personajes como eje dramático para justificar las acciones y cerrar un círculo demasiado abierto al comienzo.

    En ese margen donde las historias se entrelazan a partir de vínculos entre los personajes con el pívot depositado siempre en Josh el relato toma características propias de rareza para apartarse un tanto de lo convencional o lo esperado, con giros y vueltas de tuerca que dotan de cierta complejidad a esta segunda parte pero que no alcanzan por méritos propios a convencer sobre la efectividad de ciertas decisiones de guión.

    El principal defecto de La noche del demonio 2 reside en su pereza para sobresaltar al público, ávido de emociones fuertes, que seguramente no comparta el tono humorístico mezclado con un intento de terror que este film del creador de la franquicia Juego del miedo adeuda más allá de que su realizador demuestra conocer al dedillo los yeites y trucos del género, así como un acumulativo homenaje a películas emblemáticas como El resplandor, film al que Patrick Wilson parece conocer de memoria por la caracterización nicholsoniana de su trastornado, bipolar, psicótico afectivo Josh.
    Seguir leyendo...
  • Hábitat
    Hábitat
    CineFreaks
    El lienzo urbano

    Trece segundos – en ocasiones siete- nos propone cada plano fijo de Hábitat para ejercer la libertad de la mirada sobre un encuadre que lentamente sufre la invasión de lo urbano, sin la presencia de lo humano.

    El espacio vacío que forma parte del recorte elegido por el director Ignacio Masllorens para retratar desde la ausencia la presencia por los detalles, que se encuentran en las imágenes que van acopiando fachadas, edificios uniformes en una ciudad donde apenas es audible el revoloteo de algún ave o el ladrido desganado de un perro en una postal barrial decadente, reconoce la marca indeleble de un progreso un tanto cuestionable desde el punto de vista arquitectónico pero inevitable frente a la inescrutable presencia del tiempo. En esa fábrica recuperada, que sin el grito de libertad de sus operarios descansa en silencio la realidad de su lucha invisible, se estrella la desidia o la chatura de algún edificio emblemático que parece reconocerse más por su pasado que por su presente.

    Narración abolida o excluída para que el espacio se reconfigure desde un territorio virgen y novedoso pero que no deja de ser reconocible.

    Una Catedral atestada de símbolos y despojada; un Cabildo con un graffiti en su rostro urbano son parte de una geografía que excede el recorte de la mirada unívoca para abrirse hacia la reflexión más profunda y múltiple, que incluso resulta más que sugestiva al pensarse el título de Hábitat como ese lugar donde se vive y en el que la especie se encarga de perdurar cuando desde las imágenes estáticas de este mediometraje por momentos esa geografía parece abandonada o al menos invivible
    Seguir leyendo...
  • Las amigas
    Las amigas
    CineFreaks
    La carne de la existencialidad

    El manifiesto despojo de la mitología para internalizar en los personajes de Las amigas cierta iconografía relacionada con el vampirismo es el principal atributo de este mediometraje de Paulo Pécora.

    La ausencia de diálogos pero no así de la utilización de una banda sonora compuesta por sonidos característicos –estridencias, ruidos, gemidos- implican por un lado el reconocimiento desde el punto de vista cinematográfico al lenguaje del cine mudo con ciertas búsquedas estéticas hacia el lado del expresionismo alemán por ejemplo pero también como recurso de una puesta en escena que apela a los aspectos compositivos de la imagen desde lo pictórico.

    El Buenos Aires derruido, sucio y lúgubre impone una extraña atemporalidad en pantalla en un relato que atraviesa la condena de la inmortalidad. La metonimia cinematográfica pareciera ser el recurso narrativo que prevalece y sobre todas las cosas una forma de definir a los personajes a partir de particularidades y la austeridad narrativa que hacen a sus características físicas y fisonómicas sin la idea de la estigmatización explícita, pero sí de resaltar la monstruosidad en sus rostros o en fragmentos del cuerpo como las manos en contraste con la intangibilidad de las sombras.

    En la progresión dramática que va desarrollando el relato de Pécora, protagonizado por Mónica Lairana –actriz y musa del director-, Natalia Festa, Gladys Lizarazu, Ana Utrero junto a Andrés Passeri, se intercalan secuencias donde predomina la sensualidad y un erotismo cuidado con otras escenas jugadas hacia los aspectos del salvajismo o la bestialidad que no puede estar ausente en un film habitado por monstruos.

    El deseo, la sangre y la carne o mejor expresado la carnalidad son los elementos que motorizan la acción pero siempre lo que subyace a esta presentación preliminar es algo más profundo conectado con la veta existencial y el cuestionamiento hacia la inmortalidad, tópico explotado por todo el cine de vampiros, a lo que se suma el paroxismo del deseo carnal como fin sin importar el medio.

    Hay buenas imágenes que llegan a convencer desde el punto de vista estético y teniendo en cuenta el escueto tiempo de desarrollo de este cuento tal vez en algunos pasajes se pierde la síntesis de conceptos que afectan al conjunto de la propuesta.
    Seguir leyendo...
  • De martes a martes
    víctimas y victimarios

    Hay dos películas que coexisten en esta ópera prima de Gustavo Triviño ya exhibida en el Festival de Mar del plata, por un lado el retrato intimista de un personaje en latente ebullición con un conflicto interior, a quien todo lo que lo rodea lo condiciona al rol de víctima y por otro un quiebre de registro en la búsqueda genuina de un género para desarrollar un dilema moral como consecuencia de un acto atroz.

    Esa amalgama de elementos, bien equilibrada, define las coordenadas de este micro universo que se presenta como escenario en De martes a martes, con el agregado de una manifiesta huida de los convencionalismos y de las linealidades que pueden definir los rumbos de ciertas películas que construyen en el elemento de la venganza personal una subtrama lo suficientemente atractiva pero se olvidan del desarrollo de las motivaciones que llevaron a ese camino, así como las consecuencias ante los actos.

    Todo camino que implique un dilema de tipo moral como el que atraviesa el protagonista (Pablo Pinto), un fornido joven que a gatas sobrevive y mantiene una familia con un trabajo donde un jefe abusivo (Daniel Valenzuela) utiliza su pequeña cuota de poder y lo humilla cada vez que puede o simplemente recibe maltrato cuando no demuestra un costado sumiso, implica un doble sentido y de la dirección que se elija depende el resultado de ese planteo original.

    En ese punto de inflexión; en la elección del camino es donde el debutante Gustavo Triviño transita con enorme lucidez, pulso narrativo y sensibilidad hacia sus personajes para impregnar en su historia y dejar una marca muy singular que se despoja del lugar común porque propone indagar en la profundidad y no caminar hacia los bordes que casi siempre alejan más que servir como guía o mapa ante la encrucijada.

    La primera mitad de la trama nos presenta el derrotero de un hombre ordinario motivado únicamente por un sueño de tener un gimnasio propio para poder cultivar su cuerpo y fortalecer sus músculos, algo que por el momento resulta inalcanzable –lo consigue apenas unas horas como vía de escape de su actividad laboral- si es que continúa atascado en su rutinaria y gris existencia.

    Juan Benítez parece destinado a repetir una y otra vez su rol de víctima pero un golpe de la realidad completamente verosímil lo pone en otro lugar sin siquiera proponérselo: es testigo de una violación a una kiosquera que conoce y no puede salvar, aunque sí encontrar en esa situación límite la llave transformadora y así convertirse por primera vez en victimario del violador (Alejandro Awada), mediante un chantaje económico en un interesante intercambio de roles donde alguien que pensaba con la impunidad del victimario pasa a ocupar el vulnerable lugar de víctima y viceversa.

    Culpa, oportunismo, individualismo y más preguntas que respuestas actúan como fuerzas centrifugas y centrípetas en este relato sin moraleja ni fábulas subrepticias que no apela a los recursos de la redención o a la mirada que juzga a sus criaturas pero que sabe hacia dónde apuntar cuando necesita tensión o bajar decibeles en procura de las motivaciones o sensaciones emocionales de cada personaje donde es de destacarse el debut protagónico de Pablo Pinto y su contenida expresividad.
    Seguir leyendo...
  • Imágenes paganas
    Los Versos y la ausencia

    La historia del rock nacional post dictadura debe reservarle un capitulo completo a una banda insigne, Virus, que allá por los ochenta marcó un punto de inflexión en el pop y atacó desde un discurso musical y estético a los convencionalismos de un movimiento que luego de la dictadura pareció desinflarse sin aportar novedades en lo que a cultura se refiere.

    Pero Federico Moura, líder y creador de este grupo, conservó en su corto paso por la vida el espíritu de la libertad ante cualquier mirada prejuiciosa que se le antepusiera en su camino artístico para dejar un legado que en este documental de Sergio Cucho Costantino (Buen día día, 2010), construido con pasión, devoción y material inédito, concluye una etapa poco conocida, por no decir oculta, de un cantante genuino y auténtico que parece no haber quedado en el olvido siempre que alguna voz lo recuerde o al menos tararee esas letras vacías y llenas a la vez.

    A veces se respira una atmósfera musical muy en sintonía con lo que podría definirse como ópera rock y esa particularidad se magnifica al apelar a los recursos de la ficción para concentrar cierto protagonismo en un personaje tan ambiguo como fascinante con rostro y cuerpo de mujer que actúa en un doble carácter de testigo y musa que fluye en el devenir de las imágenes y texturas que atraviesan este pequeño y gran universo de versos y de ausencias.

    Imágenes paganas logra equilibrar la balanza entre la admiración y la contradicción de todo fenómeno que se termina convirtiendo con el correr de los años en mito o culto.
    Seguir leyendo...
  • Elysium
    Elysium
    CineFreaks
    El hombre radioactivo

    Si Elysium, nueva incursión en la ciencia ficción con bajada de línea de crítica social del sudafricano Neil Blomkamp hubiese evitado la alegoría facilista que contrapone el mundo de los excluidos y parias sociales ante la frialdad e indiferencia de las clases dominantes -ya explotado en la original Sector 9- estaríamos hablando de una simpática y atractiva película para disfrute de espectadores poco exigentes.

    Pero lamentablemente esta premisa se derrumba dado el tono y registro solemne tomado por el realizador para el subrayado grueso y sin sutilezas de esta suerte de reivindicación de la fuerza de lo colectivo ante el incipiente avance del individualismo, en un futuro (año 2159) que parece destinado a que el bienestar se concentre en una estación espacial alejada de la marginalidad de la Tierra a la que sólo llegan los blancos y ricos para vivir una existencia atravesada por el consumismo, donde las enfermedades se han erradicado y bajo la tutela de una dictatorial Secretaria al estilo Margaret Thatcher (Jodie Foster) que no duda en aplicar la fuerza para mantener el orden y alejar a la pestilente turba que pretende invadir su territorio y utilizar sus recursos no renovables.

    Dialéctica binaria y poco profunda ubican a nuestro héroe, representante de la clase obrera en la piel de Matt Damon a quien el papel de pobre lo excede a pesar del maquillaje y gestos ampulosos, quien como todos sus congéneres padece las injusticias de la patronal y sufre en la fábrica de armas, cuyo dueño (William Fitchner) no puede ser otro que un empresario que guarda secretos en un chip cerebral,obediente de los caprichos de la señora dictadora, un accidente que lo condena a la muerte por haber sido abandonado en una instalación con radioactividad.

    Claro que siempre hay una solución en el anhelado paraíso artificial y la utopía no se evapora como las líneas de este guión chato y sin vuelo, que no hace otra cosa que redundar más allá de reservar en la construcción del villano la brutalidad y violencia adecuada para el enfrentamiento donde prevalece lo maquinal, la estética del video juego que se contagia peligrosamente de la misma lógica de avanzar niveles de dificultad para terminar en un absurdo discurso que hace gala del sacrificio altruista y despierta más que un bostezo cuando el pochoclo ya huele a rancio.

    Alcanzaba con Sector 9 y con la lucidez de administrar pocos recursos en una puesta en escena diferente que en este caso en particular no deslumbra, cansa y aburre, aunque el televisorcito en la nuca de Damon resulta agradable.
    Seguir leyendo...
  • Romper el huevo
    Romper el huevo
    CineFreaks
    De una cáscara a la otra

    Con las películas de Roberto Maiocco se repite una constante que le juega en contra: premisas interesantes que no terminan de concretarse en el desarrollo y se malogran al final.

    Sin embargo, siempre resulta claro un tema o conflicto central, así como los personajes que atraviesan esas peripecias o situaciones como ocurría por ejemplo en Sólo gente (1999) o Un minuto de silencio (2006), en donde ciertos aspectos de la realidad que a veces en el cine aparecen pero en la periferia salen a la luz.

    Romper el huevo utiliza la alegoría y la metáfora de manera efectiva para adentrarse en el sistema absurdo de la burocracia en los ámbitos de la adopción de niños y tiene como protagonista paradójicamente a un relojero, quien repara máquinas de tiempo pero al que -por así decirlo- le llegó la hora. Esa frase es literal al enterarse que su diagnóstico de vida es realmente escaso, dado que le han informado que padece leucemia. No obstante, el destino le juega una mala broma cuando además recibe otra noticia importante por la que esperó doce años y que tiene que ver con la llegada de un niño para adoptar.

    Así las cosas, Manso Vital (debut protagónico de Hugo Varela) deberá transitar por este tramo final de su vida quemando etapas, sin posibilidad de dar marcha atrás y con el objetivo de dejar alguna enseñanza a un hijo que no conoce pero que de a poco descubrirá como parte de su viaje hacia la muerte desde la vida. Para la muerte también hay burocracia, y esa parece ser la primera moraleja de esta fábula que mezcla elementos de comedia absurda con drama familiar que apela al humor para reflejar situaciones absurdas pero que cae en un pozo narrativo al adoptar cambios de registro para los cuales Hugo Varela no es precisamente el actor indicado.

    Pueden encontrarse algunos detalles simpáticos entre los enormes desniveles narrativos que incluyen un guión un tanto flojo, que a veces acierta con el humor y otras erra con el sentimentalismo en primer plano pero del cual no puede dejar de señalarse una falta de rumbo o criterio en función a la historia que se quiso contar.

    Claro que uno se da cuenta que todo gira en torno a la llegada de un hijo y al proyecto familiar en el que se enmarca el protagonista, otrora encapsulado en el cascarón del dolor y el duelo por la muerte de su esposa, a quien promete adoptar un niño, pero eso no logra salir de la cáscara, para jugar un poco con la idea del título ni tampoco ayuda la característica actoral de Hugo Varela que no puede despojarse de su hugovareleidad en ningún segmento.
    Seguir leyendo...
  • Starlet
    Starlet
    CineFreaks
    Caminos y cruces

    Starlet es un relato intimista y una historia de personajes que sigue el derrotero de dos mujeres diametralmente opuestas, la joven y atractiva Jane (Dree Hemingway) y una anciana que le lleva más de sesenta años Sadie (Besedka Johnson), quienes por un hecho azaroso se cruzan en la vida y desde ese instante y por motivos diferentes no podrán separarse.

    Hay simetrías que funcionan para unir a estas dos protagonistas y que se relacionan con el entorno y con la soledad pero de diferentes maneras porque también se puede estar sola en compañía, como es el caso de Jane que comparte junto a dos amigos, un hombre y una mujer, un departamento en el que pasa sus horas entre las drogas y la abulia propia del desencanto burgués.

    Sadie, por su parte vive sola y no es muy sociable que digamos, pero acepta la compañía forzosa de una insistente Jane, movilizada por un sentimiento de culpa y cierta curiosidad ante la misteriosa viuda sexagenaria. Así la acompaña en su rutina que implica por ejemplo acercarla al supermercado con su auto, al bingo, o alguna que otra actividad que implica un movimiento extra. Pero además Jane de vez en cuando trabaja como actriz porno y debe lidiar con un mundo hostil para el que parece entrenada y disciplinada a diferencia de su amiga con quien comparte la vivienda.

    El director y guionista Sean Baker construye con meticulosidad y alta sensibilidad un retrato crudo y humano de la soledad y la amistad entre otras cosas, donde el pasado se manifiesta en pequeñas dosis y detalles que se suman desde una puesta en escena austera y con economía de recursos.

    La debutante Dree Hemingway –hermana de Margot- aporta todo su carisma y fotogenia en cada plano donde la cámara acompaña sin invadir su propio espacio y consigue complementarse con la sorprendente y también debutante Besedka Johnson en un film donde las curvas de aprendizaje y los arcos de transformación de los personajes se producen gradualmente y no llegan de manera forzada así como tampoco las emociones que fluyen y de manera genuina.

    Otro aspecto significativo y que se amalgama perfecto al ritmo y clima del film lo aporta la banda sonora con una selección de temas y leit motives absolutamente funcionales y atmosféricos que recuerdan por ejemplo al cine de Sofía Coppola.
    Seguir leyendo...
  • Chicas armadas y peligrosas
    Elogio a la amistad femenina

    Sin lugar a dudas el reinado de las Buddy Movies femeninas pertenece a Thelma y Louise (1991) porque ninguna de las otras fórmulas que trasladaron la estructura al protagonismo de parejas de mujeres antagónicas o binarias funcionó realmente.

    Por eso Chicas armadas y peligrosas (The heat) en primera instancia resulta una grata sorpresa al recuperar la esencia de las Buddy Movies policiales, pero con el ingrediente de reunir a dos actrices que saben moverse en los caminos y códigos de las comedias como ya han demostrado en diferentes oportunidades y por separado.

    Claro que aquí especialmente los laureles son para Melissa McCarthy, una actriz de facetas más que prometedoras en función a los personajes que le tocan en suerte como es el caso de esta policía ruda y malhablada que patrulla zonas marginales, de métodos poco ortodoxos que incluso desafía a la autoridad y no le hace mella la supremacía machista dentro de la jefatura de policía. Ella desde su temperamento y avasallante personalidad coquetea con los elementos de lo políticamente incorrecto para encontrarse azarosamente su mejor contrapartida en la siempre lista Sandra Bullock, cuya arma secreta continúa siendo esa mezcla de torpeza y simpatía que en esta agente del FBI castigada por ser arrogante y estructurada al máximo realzan sus dotes histriónicas.

    No cabe más que decir de este film entretenido y con momentos logrados entre la comedia y el gag físico que explota ambos cuerpos y la acción en sí misma a la que se debe sumar el costado humano y emocional, aunque la duración sea un tanto excesiva para la propuesta con innecesarias idas y venidas o vueltas de tuerca poco relevantes para una trama que es un pretexto y completamente funcional al desempeño de las dos.
    Seguir leyendo...
  • Son como niños 2
    Un combo de mediocridad y decadencia

    ¿Cuál era la necesidad de una secuela de Son como niños más allá de los dividendos conseguidos en 2010? La respuesta lógica está en la misma pregunta: dividendos garantizados por esa lealtad incondicional a cualquier cosa que tenga el nombre Adam Sandler.

    El creador de Happy Gilmore (1996) y de las comedias con aires transgresores pero de mirada conservadora a la Adam Sandler vuelve con una película decadente, donde ningún chiste hace reír por sí mismo más allá del esfuerzo de sus ejecutantes.

    Son como niños 2 es el equivalente a una cajita infeliz de una compañía de hamburguesas con el aderezo de las papas fritas crudas y ya comidas o masticadas porque esos chistes ya contados 1527 veces y que siempre apelan al guiño escatológico como si escuchar una sinfonía de pedos fuese gracioso colma la paciencia e indigesta.

    Más aún, ver a un Sandler con panza, desganado y lento que a pesar de rodearse de grandes como Kevin James, Chris Rock y David Spade, junto al equipo suplente de Saturday Night Live –usina creativa de los comediantes norteamericanos más interesantes de las décadas pasadas, entre ellos Sandler- no logra conectarse con el ritmo y mucho menos aún con ese simulacro de trama al que puede llamarse historia.

    A saber: el grupo de amiguetes inmaduros sigue en su camino de inmadurez preguntándose qué enseñanza dejarle a sus pequeños vástagos que por supuesto intentarán no repetir el mal ejemplo de sus padres, aunque la brecha generacional sea el mayor de los conflictos. Ahora todos viven en el mismo barrio y ese es el pretexto más idiota que encontró Sandler para justificar una secuela y un reencuentro a las viejas –muy viejas- andadas.

    Señoras y señores el combo de mediocridad está servido con el plus de un revival para los nostálgicos, que hace honor a una fiesta alocada de disfraces ochenteros.
    Seguir leyendo...
  • Buscadores de identidades robadas
    De la misma sangre

    El reconocido documentalista argentino Miguel Rodríguez Arias, creador del emblemático Las patas de la mentira –dado su éxito tuvo incluso programa televisivo propio- narra periodísticamente hablando la historia del Equipo de Antropología Forense Argentino en este necesario film Buscadores de identidades robadas.

    Más allá de los datos históricos que se remontan a los años de fines de la dictadura militar, seleccionados desde material de archivo televisivo, riguroso, mezclado con testimonios a cámara de los protagonistas en el presente Luis Fondebrider, Mercedes Doretti, Patricia Bernardi y Estela de Carloto, el relato maneja un recurso de contraste y contrapunto entre los audios y la imagen.

    En primer término, reconocer fácilmente a las voces de la dictadura y a sus interlocutores más siniestros como el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla cala hondo en la memoria de cualquier argentino y abre el camino hacia la memoria para recuperar a los desaparecidos como temática de una herida que no cierra aún. Y en ese sentido es donde cobra mayor fuerza reivindicar la labor titánica de este grupo multidisciplinario que en las sombras y en la más absoluta soledad perfeccionó técnicas; aunó disciplinas como la antropología y la odontología con el mismo objetivo de recuperar aquellas identidades en las pilas de huesos de los cientos de N/N dispersados en distintos cementerios, como parte del plan de exterminio ejecutado durante el proceso militar.

    También es reconocible la figura insoslayable de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carloto sumado claro está, al norteamericano Clyde Collins Snow para dar inicio a un cambio de paradigma en la ciencia a partir de la incorporación del ADN y de la sangre como elementos vinculantes y probatorios para identificar los restos que el equipo fue hallando y que al día de la fecha asciende a 1200 cuerpos, de los cuales 577 ya tienen identidad.

    Miguel Rodríguez Arias, que también se hizo cargo de la investigación junto a Federico Wittenstein (en los créditos como asistente de dirección), otorga todo el protagonismo al equipo de antropología forense, que si bien ha aparecido en otros documentales como referencia nunca había sido en primera persona.

    Por otra parte, esa posibilidad de reflejar una larga trayectoria a lo largo de casi tres décadas también permite conocer su extensa labor en otros países -ascienden a 45- para entender el verdadero valor y la dimensión de su trabajo que todavía continúa con la misma energía, transparencia, ética y respeto por la memoria y la identidad.
    Seguir leyendo...
  • La sublevación
    La sublevación
    CineFreaks
    Los abuelos de la nada

    Hay un puñado de sublevaciones que surcan el horizonte de esta película co producida entre Argentina, Brasil y aportes franceses, dirigida por el debutante carioca Raphael Aguinaga y que según palabras de su propio director y guionista formará parte de una trilogía: la de ir contra un orden establecido; la de la vitalidad frente al desánimo del espíritu y la de creer en épocas donde el nihilismo prevalece y todo atisbo de sacralidad se cuestiona o banaliza. Pero si a eso se le suma un registro muy en consonancia con la fábula y el protagonismo absoluto de un grupo de ancianos en un elenco de notables actores y actrices de renombre como Marilú Marini, Arturo Goetz, Lidia Catalano, Nelly Prince, Graciela Tenembaum y Juan Carlos Galván la expectativa es aún mayor.

    La sublevación transcurre en la rutinaria vida de estos personajes abandonados a su suerte en un asilo de un pueblito de Buenos Aires –se filmó en locaciones de Bellavista-, aislados del mundanal ruido, de lo que pasa puertas hacia afuera, y solamente conectados con la realidad de vez en cuando por un televisor sintonizado en las noticias o una radio a pilas que debe ser compartida por todos.

    La llegada de un nuevo huésped, Alicia (Marilú Marini), genera cierto movimiento en los habitantes de la casona, así como el arribo no deseado del déspota hijo de la dueña apodado La bruja (Pablo Lapadula) por su maltrato constante y su abuso de poder.

    El relato se estructura por episodios y avanza por los carriles del humor despojado de todo cliché para representar a la ancianidad y elige tomar el camino del positivismo en lugar de resaltar aquellos aspectos negativos e inevitables de la tercera edad.

    No obstante, cada personaje refleja alguno que otro conflicto ligado a la vejez como por ejemplo la soledad, el encierro, los achaques físicos y la desprotección a partir del abandono. A ese registro, que procura mantener el código de la fábula con la manifiesta intención de separarse del corte realista, se le debe agregar un nivel alegórico que resulta el aspecto menos logrado del film, sin que esto menoscabe la propuesta integral, que apela a la vitalidad del espíritu por encima de los contratiempos y resalta la importancia del amor como posible búsqueda al final del camino.

    Un nutrido puñado de ideas atraviesa el microclima de La sublevación y el recurso de la ironía con vistas a una sutil crítica también, quizás no todas lleguen a destino pero las intenciones se notan, así como la posibilidad de escindirse por un segundo del planteo literal para aventurar algunas lecturas metafóricas relacionadas a la historia contemporánea argentina siempre bajo la tentación del título del film y las referencias a la sublevación de un grupo aislado de la realidad por un discurso dominante y dictatorial empuñado en la figura de un personaje apodado La bruja.

    Seguramente su director Raphael Aguinaga no pensó en hacer esta película para hablarnos de la historia política argentina pero por sus características y teniendo en cuenta el elenco, las referencias tangueras y otras tantas -que vale la pena dejar en suspenso al espectador - La sublevación parece una película argentina.
    Seguir leyendo...
  • Percy Jackson y el Mar de los Monstruos
    Pobre mitología

    A esta altura parece una verdad de perogrullo comprobar un axioma tan básico en Hollywood como los indicios de decadencia de la industria del entretenimiento: todo lo que pasa por el tamiz hollywoodense se bastardea, despedaza y banaliza. Pero si a eso le sumamos el vil negocio de seducir al público teenager, cautivo tras la finalización de la saga más sobrevaluada de la historia del cine como Harry Potter tenemos como resultado la apelación a otra saga dirigida al público menudo, que se mete nada menos que con la mitología griega para hacerse un picnic y quitar todo rasgo de complejidad y seriedad a relatos e historias de una riqueza narrativa sin parangones.

    Lisa y llanamente, eso es y será la saga Percy Jackson, cuyo origen literario se ancla a su par literario Percy Jackson y los dioses del Olimpo, del escritor estadounidense Rick Riordan, que cuenta con cinco novelas. El comienzo cinematográfico de este despropósito se remonta al año 2010 con la introducción del personaje en la primera película Percy Jackson y el ladrón del rayo, donde se cimentan las bases de esta mitología pocket con el protagonismo del hijo del dios Poseidón (Logan Lerman), quien además de enterarse de ese pequeño detalle también comienza a conocer que entre los mortales viven los semidioses y que Estados Unidos se parece mucho al Olimpo (no el equipo de fútbol).

    Más allá de la mediocridad habitual de todo tipo de relato para adolescentes, el principal problema de esta saga se multiplica en la segunda entrega, Percy Jackson y el Mar de los Monstruos, dirigida en piloto automático por Thor Freudenthal –recuérdese que su antecedente cinematográfico es Hotel para perros-, es decir, un héroe que no es héroe; villanos que tampoco tienen peso de villanos; referencias a la cultura pop estadounidense y torpeza narrativa en general.

    ¿Cómo salvar entonces un relato donde la palabra aventura parece un holograma defectuoso y las peripecias a las que se someten los héroes niveles de videojuego con baja resolución de pantalla? Eso sintetiza a grandes rasgos esta nueva propuesta en la que el grupo de descendientes de dioses del Olimpo, léase Percy, Clarisse (Leven Rambin) y Annabeth (Alexandra Daddario), hija de Atenea, acompañadas por el sátiro Grover Underwood (Brandon Jackson) y un nuevo personaje, medio hermano del protagonista que viene a representar al diferente porque tiene un solo ojo debido a su origen ciclópeo llamado Tyson (Douglas Smith) hacen de las suyas.

    La misión de estos muchachos no es otra que buscar el Vellocino de oro en manos del cíclope Polifemo para así recuperar la seguridad del campo mestizo y resucitar a Thalía (no la cantante que alguna vez fue virgen), hija de Zeus que se sacrificó para proteger a sus compañeros del ataque de un minotauro robotizado, pariente de algún Transformer segregado de la saga de Michael Bay.

    Así las cosas, y fieles a la premisa que reza la unión hace la fuerza, la aventura –término demasiado grande para el caso- nos traslada al ya mencionado Mar de los monstruos, donde se supone el público debería abrir la boca deslumbrado mientras ingesta pochoclo por ese despliegue visual sin precedentes que no es tal.

    El resto es más de lo mismo y claro tratándose de semi dioses nadie va a pretender que haya un muerto o algo parecido para que la emoción de la épica aflore y la misión se torna prácticamente imposible si dependemos pura y exclusivamente del carisma de Percy, que al igual que Harry Potter le queda bastante grande el traje de héroe pero a diferencia del mago con anteojos acá no hay magia que lo salve.

    Pobre mitología.
    Seguir leyendo...
  • P3nd3jo5
    P3nd3jo5
    CineFreaks
    Ituzaingó silente

    En ituzaingó transcurre esta ópera de tres actos y una coda que como toda ópera no puede ser otra cosa que una historia trágica en la que las almas errantes y adolescentes del cine de Raúl Perrone se vuelven fantasmas o portadores de verdades que parecen no querer escucharse.

    P3nd3jo5 por un lado es el opus número 30 del director y por otro un retorno a su cine de los comienzos pero también la apuesta al cambio y al experimento que significa mutar, transitar por caminos distintos sin perder el horizonte, la brújula y la esencia. Y es en ese sentido donde se potencia haber elegido un registro cercano al cine mudo precisamente para gritar a los cuatro vientos a este ituzaingó silente, con intertítulos, música incidental que mezcla la cumbia electrónica con lo clásico en una textura plástica que abraza la composición 4:3 y explota las virtudes expresivas del blanco y negro, los grises y algunas imágenes de una belleza y poesía inolvidables.

    Se nota cada vez que la cámara sale a la calle o se esconde como cazador furtivo a la espera de sus presas: skaters –algo del film 180 grados se recuerda por momentos- que ensayan el salto al vacío; descreen del futuro pero viven con plena intensidad cada momento como este proyecto del realizador, absolutamente transformador, anárquico y de una potencia visual arrolladora.

    Cuando la experiencia cinematográfica recupera para nuestras retinas títulos ya consagrados por el solo reflejo de encontrar en la pantalla cierto homenaje o indicio, aunque tal vez ninguno de ellos, no cabe otro modo de pensar que existe una sintonía extra cinematográfica pero que sólo se consigue a partir del hecho cinematográfico por eso el lienzo de esta cumbiópera –así la definió su propio autor- se ve salpicado por Dreyer en la inolvidable Juana de arco (1928) o tal vez Coppola y ese recuadro generacional que significó La ley de la calle (1983).

    Todo está ahí en P3nd3jo5, hay que saber buscarlo y apenas dejarse elevar y descender por sus atmósferas densas, crudas, intensas pero de difícil indiferencia a la mirada. La de Perrone es lúcida y autoconsciente porque su poética permanece intacta.
    Seguir leyendo...
  • Séptimo
    Séptimo
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    Séptimo es un thriller, mezcla de policial fallido, que explota al máximo la ductilidad actoral del argentino Ricardo Darín a partir de sus apariciones en otros films de género como El secreto de sus ojos -2009-y la más reciente Tesis sobre un homicidio -2013- pero que a diferencia de estos dos títulos no cuenta con un guión sólido y tampoco con las herramientas necesarias para sostener una premisa ambiciosa.

    Es como esos edificios viejos reciclados: por afuera parece un policial redondo pero cuando se entra en su propia inconsistencia las paredes muestran esas fisuras de un guión terminado a las apuradas y la pintura de la fachada empieza a desteñirse como las ilusiones de estar frente a otra buena película de Ricardo Darín.
    Seguir leyendo...
  • Venimos de muy lejos, la película
    Homenaje a medias tintas

    Muchas veces para definir el rumbo de un documental se necesita responder una serie de incómodas preguntas: qué, quién y cómo. Superada esta barrera casi conceptual aparecerán otras tantas y cada una de ellas determinará una decisión porque cuando estamos ante un hecho registrado -más allá de la subjetividad en que se inscriba el rol de quien observa- se está ante un fenómeno con muchas aristas por explorar.

    Ese es el problema que arrastra este necesario y valorable homenaje Venimos de muy lejos, la película, de Ricardo Pitterbarg, protagonizado en conjunto por los integrantes del grupo de teatro Catalinas Sur, que lleva tres décadas de existencia a partir de la iniciativa de un grupo de vecinos que vieron en el teatro esa capacidad transformadora y encontraron en el barrio de La Boca no solamente un espacio para habitar sino para construir cultura, solidaridad y por qué no decir política.

    En ese sentido, quizá lo más interesante de este documental se concentre precisamente en las discusiones y charlas entre los propios involucrados por definir qué se quiere contar y cómo, lo que sí queda claro es que la obra de teatro Venimos de muy lejos –estrenada en 1990- y la fuerte historia de los inmigrantes dicen presente en una mezcla de puesta en abismo y puesta en escena meticulosa donde lo teatral también ocupa un lugar de privilegio y la representación otro.

    El escaso material de archivo además supone un conflicto para el repaso histórico, y sobre todo a la hora de los elementos que se buscan para suplantar material de aquel pasado de conventillos y oleadas inmigrantes de otra Argentina y entonces audios en off, inserts de imágenes muy trepidantes se entrecruzan en una de las líneas narrativas donde entra a tallar la idea de alegría o fiesta que se antepone a la muerte o al proceso militar con el devenir de las décadas.

    A esa línea argumental se le suma también la historia del padre del director en una suerte de racconto y regreso al barrio como hijo de padre inmigrante pero también padre de un nieto de inmigrante como es el caso del director.

    Ese es quizá el enfoque menos interesante desde el punto de vista ficcional y un lugar para el recuerdo de viejas historias bastante convencional tratándose de un film que pretende mixturar géneros y estilos como si se tratara de un gran collage cinematográfico.

    Venimos de muy lejos, la película tiene buenas ideas en estado embrionario pero que jamás se terminan de gestar por ese vértigo impuesto y la sensación de falta de rumbo permanente, producto de una nula cohesión narrativa, aunque el objetivo de conocer la labor del grupo de teatro Catalinas Sur, así como su apuesta a la cultura popular para hacer de un barrio un ejemplo de acción política, esté logrado.
    Seguir leyendo...
  • Un piso para tres
    Intrascendente comedia italiana

    Si la idea de Un piso para tres, dirigida y protagonizada por Carlo Verdone junto a Pierfrancesco Favino y Marco Giallini era mirar con una sonrisa la crisis económica italiana y particularmente la de la edad cuando se traspasó el umbral de los 50, la misión resulta más que fallida porque a la nostalgia y a la melancolía; al cine rancio de humor ramplón no le gana nadie.

    Tampoco el intento estéril de recuperar -si es que a esta altura en que la commedia all’ italiana fuera recuperable- esa frescura de películas como Amigos míos (1975) o alguna de Mario Monicelli. Lo cierto es que este film, que se estrena en nuestras salas, viene de una Italia golpeada culturalmente hace rato y no es más que el reflejo de la era post Berlusconi.

    La premisa reúne por azar a tres cincuentones, divorciados, con un pasado mejor que su presente que deben convivir en un piso de mala muerte si es que no quieren terminar en la calle. Convivencia, que por sus aristas tratará de sacar rédito de situaciones humorísticas concentradas en el contraste de personalidades, pero de la manera más sencilla como por ejemplo el eje suciedad pulcritud.

    Así las cosas, quien lleva la batuta del relato es Ulises (Carlo Verdone), otrora productor musical que se fundió por haber apostado a una mediocre cantante con quien terminó casándose y con una hija adolescente que puede ver vía Skype ya que está en París. Sus compañeros son un crítico de cine devenido periodista de chimentos que no tiene un euro encima y completa el cuadro el estereotipo del amante italiano que siempre vive de prestado y se dedica a ofrecer favores sexuales a mujeres mayores.

    Parte de los mecanismos del humor que presiona forzadamente Verdone hablan por un lado de una extrema misoginia ya que todo personaje femenino se reduce al escaño de mala y resentida o boba y linda y por otro de un anacronismo alarmante que conspira con alguna ráfaga de humor dispersa a lo largo de las dos horas.

    Es muy poco entonces lo que pueda rescatarse de este producto sobre valorado y mediocre que por esas incongruencias ocupa pantalla para cine europeo, espacio valioso en una cartelera dominada por Hollywood, y eso es más grave que la intrascendencia de Un piso para tres.
    Seguir leyendo...
  • El ataque
    El ataque
    CineFreaks
    Un presidente cool

    Cuesta enumerar las razones por las cuales valorar -si es que ese atributo correspondiera- alguna de las características positivas de este nuevo despropósito industrial hollywoodense que llega a nuestras salas bajo el título de El ataque (White house down) y que tiene entre sus directores responsables al alemán Roland Emmerich y a un elenco demasiado interesante para subirse a este avión sin piloto que se precipita en la primera mitad, con una explosión y detonación de cursilería que salpica y enchastra durante dos horas.

    No voy a concentrarme en el argumento porque es inexistente, sólo basta apuntar que el teatro de operaciones donde suceden las cosas más inverosímiles y absurdas no es otro que la Casa Blanca; que los villanos de turno tienen cara de malos; que el traidor tiene la palabra marcada en la frente desde el minuto uno y que todos los lugares comunes sin excepción a la regla se respetan a rajatabla, además emana una atmósfera de melodrama familiar putrefacto cuando no la sorna a la propia historia, los personajes más planos que una pista de aterrizaje y la subestimación del espectador por partidas equitativas.

    Para poner las cosas en su lugar, cabe agregar que estamos en presencia de una mega producción, cuyo costo ascendió a 150 millones de dólares mientras que Olympus has fallen llamativamente parecida a este film costó 161, aunque al producto de Emmerich y equipo le falta todo: acción, vueltas de tuerca, dirección e ideas.

    Tampoco funciona desde su impronta bizarra o su dejo de incorrección política absolutamente lavada por el más pulcro patriotismo y la reiterada marca de la presidencia Obama detrás. Por eso no es de extrañar que este presidente afroamericano, interpretado por Jamie Foxx, sea un prolífico defensor de la paz mundial que debe cuidarse del enemigo interno, escudado en ese patriotismo recalcitrante y peligroso y el héroe un padre divorciado, a la sazón guardaespaldas de un alto funcionario de gobierno que anhela dar el gran salto y cuidar al presi y que pretende recuperar el corazón de su hija pre adolescente -nunca vi una pre adolescente tan informada y menos aún con ese sentido nacionalista a flor de piel como esta- jugando su carta de rambo con sensibilidad social, personaje que en la piel de Channing Tatun aporta esa cuota de inverosimilitud que el film no necesitaba.

    Incluso si se buscara alguna bondad desde el aspecto visual por el despliegue de los ataques al edificio cuando el servicio de seguridad presidencial parece extraído de un entrenamiento de cualquier ejército de tercer mundo con las explosiones y la balacera incluida da toda la sensación de fallas de continuidad o un insólito reblandecimiento a la hora de la violencia en una película donde los muertos se cuentan a la velocidad de la luz pero en la que no aparece ni una gota de sangre, ningún cuerpo mutilado, decapitado o algo para la platea pochoclera y morbosa de siempre.

    Lo cierto es que Roland Emmerich confirma con El ataque una obsesión que ya había sugerido en Día de la independencia (1996) hace varios años atrás que no es otra que su sueño por ver estallar el Capitolio o cualquier símbolo norteamericano que se precie. Eso sí: el presidente sigue siendo cool.
    Seguir leyendo...
  • Declaración de vida
    La vitalidad abrumadora

    Catarsis o desborde de emociones pululan en el universo mitad real, mitad irreal de Declaración de vida, título local un tanto ambiguo para referirse a La guerre est déclarée y que genera un mejor marco para este segundo opus de la actriz, realizadora y guionista Valérie Donzelli, quien junto a su ex esposo Jérémie Elkaïm –también protagonista del film- tomaron la arriesgada decisión de transmitir a partir de los recursos cinematográficos a mano su experiencia como padres jóvenes que al año de vida de su hijo reciben la terrible noticia que éste tiene alojado un tumor maligno en su cerebro, operable, pero con grandes posibilidades de que los tratamientos no alcancen y la batalla con la enfermedad se termine perdiendo.

    Quizás de eso se trate aquella declaración a la que hace alusión el título original, que a ciencia cierta se desprende de un segmento del film donde la pareja protagónica escucha el anuncio televisivo de la guerra de Afganistán, mientras se preparan para la otra que implica afrontar el largo tránsito durante varios años entre hospitales, quirófanos, operaciones, radioterapias, quimioterapias, angustia, desgano, dolor y desgaste, batallas que van descascarando a la pareja de Romeo y Julieta. La ironía de estos nombres de personajes interpretados como no podría ser de otra manera por la propia Valérie Donzelli y Jérémie Elkaïm suena más como una referencia a la tragedia cuando la víctima es Adán, su pequeño que se aferra a la vida al igual que sus padres.

    Sin embargo, lo trágico nunca deviene melodrama o chantaje emocional debido a la absoluta libertad que se toma la realizadora francesa para estructurar el derrotero de estos padres jóvenes, que pese a las adversidades no renuncian a esa juventud y energía característica.

    La libertad es sinónimo de riesgo y en este caso asumirlo juega a favor desde el punto de vista del despojo de lo lacrimógeno pero sin negar en ningún momento el drama detrás de la historia. Por eso es notable la capacidad para cambiar de registro, tanto en lo que hace a la dirección de Donzelli con una cámara atenta, inquieta, íntima, que a veces deambula por pasillos de hospital o se queda varada en una puerta que restringe acceso para de golpe sumergirse en la vorágine urbana y nocturna o en el descontrol de una fiesta sin que esa continuidad haga ruido en el espectador.

    A eso debe sumarse una banda sonora cambiante que incluso se atreve a un interludio donde los protagonistas cantan y que confirma la fuerza y vitalidad abrumadora de esta autobiografía, que no busca transitar por el camino de la demagogia cuando de antemano expone todos los indicios para un final feliz porque precisamente no se trata de comienzos o finales sino de lo que ocurre entre ambos extremos.

    Tal vez cierto exceso de artificiosidad le juegue algún punto en contra en ciertos momentos pero eso no menoscaba en ningún sentido el valor y la importancia de esta propuesta por su singular y personal enfoque de una temática que para el cine sólo conoce dos o tres direcciones que siempre conducen al mismo destino.

    El destino es exactamente lo que marca el derrotero de esta pareja que vivió la intensidad del enamoramiento a gran velocidad como registra un prólogo brillante y conceptualmente irreprochable para ir reduciendo sus ilusiones y deseos, pero siempre convencidos de que a las guerras se las vence con amor y perseverancia.
    Seguir leyendo...
  • Reality
    Reality
    CineFreaks
    El fin del principio de realidad

    Al director italiano Matteo Garrone se le debe destacar por su capacidad para construir complejos micro universos, orgánicos y llenos de matices por donde escudriñar la realidad de los personajes. Así lo hizo con su debut de El embalsamador (2002), comedia oscura y ácida que se viera en uno de los BAFICIs para luego estremecer con un retrato de la mafia napolitana, crudo y muy visceral, en el film Gomorra (2008).

    Una rápida lectura de su nuevo opus Reality no puede más que acercarlo al homenaje de diferentes directores italianos como el gran Federico Fellini o Dino Risi, dos escuelas o estilos cinematográficos distintos para contar la realidad italiana desde la mirada aguda pero a la vez humana.

    Sin embargo, el universo de Reality si bien guarda una importante vinculación con la idiosincrasia italiana y más precisamente la de una familia de clase media baja que habita un conventillo de Nápoles podría traspolarse a cualquier geografía, siempre que las condiciones, los conflictos entre pares, las metas, las ilusiones y desilusiones se parezcan o guarden estrechas similitudes, más allá de pequeñas diferencias culturales.

    Así es como la globalización también muestra un costado poco visible y simpático, que obedece a los experimentos sociales proporcionados por los llamados realitys, cuya vedette más popular fronteras adentro y hacia afuera -no podiamos estar ausentes los argentinos- no es otra que Gran Hermano. Ese pequeño espacio artificial donde todo aquel que entra a la casa aparenta o actúa un personaje bajo una supuesta espontaneidad que en su existencia real no es y necesita de la mirada permanente de otros para creerse esa falsa identidad.

    La inteligencia de Matteo Garrone fue el haber pensado la dinámica del reality no desde el fenómeno sino desde los efectos nocivos que puede generar en aquellos que no encajan con la estética televisiva propuesta. Hay millones de Lucianos por el mundo a la espera de una convocatoria para formar parte de ese seleccionado mediático, uniforme y bello y entonces salir de la ruina por creerse diferentes a los que los rodea.

    En este caso, el protagonista del film es un padre de familia, napolitano, con hijos pequeños y una pescadería en el mercado del pueblo, que trata de sobrevivir además formando parte de una estafa que implica la utilización de unos beneficios de personas jubiladas con unos robots hogareños, los cuales revende valiéndose de la adjudicación del producto por el que paga mucho menos dinero. No obstante, la realidad de Luciano (Aniello Arena, el dato de color indica que es actor vocacional y que permanece en prisión donde participó de talleres de teatro) comienza a dar un giro de 180 grados cuando aparece la chance de un casting para preseleccionar candidatos al Gran Hermano italiano y tras pasar la primera prueba su esperanza de formar parte de los participantes, junto a todo el apoyo de su familia y de la comunidad, alimentan la ilusión de salir de la chatura para siempre. Pero en ese limbo que implica formar parte de algo más grande y que lo excede también se coquetea con el filo de la realidad para que surja primero una desconexión paulatina con el entorno; la paranoia de sentirse observado por extraños con el objetivo de investigar sus actitudes y conductas que lo llevan a tomar decisiones absurdas.

    El grotesco que caracterizaba a Fellini, las influencias notables del neorrealismo italiano -Luciano parece haber sido rescatado de aquel periodo del cine italiano- y la dosis de comedia clásica italiana forman parte de la plataforma en la que Garrone se maneja para trazar con varios hilos finos la tragicomedia del hombre común en la Italia post Berlusconi, esa nación arrasada desde lo cultural por la impronta televisiva, mediocre y que fue perdiendo su identidad con los años transformándose en un gran decorado para no ver la mugre, la imperfección y todo aquello que provoca la marginalidad o la exclusión social.

    La sintonía entre un reality, sus feligreses incondicionales alrededor del mundo, que observan pantallas sin cuestionar lo que ven, con fe ciega en lo que alli ocurre, entronca de manera perfecta con la crítica sutil a lo religioso y con la necesidad de creer en algo cuando en lo que menos se cree es en uno mismo. Si en Truman show el protagonista anhelaba la libertad fuera del mega estudio, el protagonista de Reality se encuentra en las antípodas porque su libertad es precisamente la que lo condena y lo somete al deseo de querer otra realidad y una falsa sensación de confort y bienestar.

    Matteo Garrone no critica a la televisión ni a los realitys porque forman parte de un sistema indestructible en tanto y en cuanto existan personajes con ese grado de inocencia y vulnerabilidad, capaces de soñar con mundos de cartón pintado como el que aparece al comienzo de la película en una secuencia magistral sobre una boda en un hotel temático para presentar dentro de esa galaxia variopinta, con tíos obesos, otro en silla de ruedas y muchos colores, un planeta solitario llamado Luciano.
    Seguir leyendo...
  • Road July
    Road July
    CineFreaks
    Nuevas rutas que merecen ser recorridas

    Resulta inevitable trazar puentes intertextuales entre dos películas argentinas bastante recientes, Por un tiempo y Villegas, con este film proveniente de Mendoza, Road July, del director Gaspar Gómez.

    Por un lado, por apelar al recurso de la road movie para marcar la curva de transformación de Santiago (Francisco Carrasco), quien se entera repentinamente que tiene una hija de 10 años llamada July (Federica Cafferata), cuya madre ha fallecido a causa de un cáncer y por ese motivo el cuidado de la niña ha recaído desde entonces en su cuñada Valeria (Verónica Nonni), necesitada de que alguien pueda hacerse cargo de su sobrina porque ella no da abasto.

    En lo inmediato, esta historia nos remonta al conflicto central que planteaba el debut de Gustavo Garzón como director en Por un tiempo, en la que el personaje principal, interpretado por Esteban Lamothe, debe hacerse cargo de una hija -en la piel de Tamara Garzón- por un pedido expreso de su madre enferma, ex novia y perteneciente a un pasado lejano. Ese mismo panorama define esta improvisada paternidad, no buscada ni querida por Santiago, quien acepta trasladar a la pequeña a la chacra de su abuela (excelente Bettiana Blum) en San Rafael, a bordo de un destartalado pero entrañable Citroen 3CV, elemento dramático que funciona tanto como lugar de encuentro literal o espacio simbólico para la relación padre e hija durante el recorrido por rutas mendocinas.

    En el film de Garzón, el círculo de confort de Lamothe y su novia se ve enteramente trastocado a partir de la llegada de la extraña pero esa novedad es precisamente la que aporta un cambio en él para replantearse su vida y asimilar el nuevo desafío que implica un vínculo afectivo mucho más profundo y solamente reducido a la intimidad con el otro.

    Sin embargo, aquello que en el film Por un tiempo motoriza un drama desde el punto de vista de la crisis de esa pareja moderna, en Road July se transforma en una road movie y a la vez en un film intimista que goza de muy buena salud por despegarse de los clichés y encontrar un camino propio, que a veces se atreve a tomar atajos con el humor, otras para dejar que fluyan las palabras en diálogos creíbles y no forzados, algo que solamente la magia y la química entre Francisco y Federica puede concretar en varias ocasiones.

    Desde ese lugar de la búsqueda de identidad propia surge la interconexión con el otro film anteriormente citado, Villegas, de Gonzalo Tobal, paradójicamente también protagonizado por Esteban Lamothe y que hace del recurso de la road movie su mayor virtud en el caso particular del pretexto que marca el reencuentro de dos primos y su transformación durante el viaje por otras rutas argentinas.

    Tanto Villegas como Road July expresan una voz distinta; trabajan con el paisaje como trasfondo y no como excusa turística, así como utilizan el recurso de la banda sonora a cargo de Maxi Amué tanto desde sus aspectos incidentales como con la selección rigurosa de canciones para completar un concepto cinematográfico y una mirada personal que se vale del género -o de los géneros- para encontrar vuelo propio con un apego y confianza tácita en la historia y en los personajes.

    Las coincidencias o semejanzas no deben entenderse o malinterpretarse; lejos de despertar suspicacias simplemente hablan de la inauguración o por lo menos del origen de una voz con rasgos de identidad propia que se conectan con ese nuevo cine argentino que rompió estructuras y moldes vetustos con el agregado de ese deseo que expresa y pide algo novedoso dentro de lo novedoso, nuevas rutas que merecen ser recorridas.
    Seguir leyendo...
  • Habi, la extranjera
    Sola en el país de las maravillas

    El magnetismo que desprende la actriz Martina Juncadella en el debut cinematográfico de María Florencia Álvarez, Habi, la extranjera, es lo que atrapa de inmediato al público para adentrarse en una suerte de cuento de hadas urbano, donde se pone en juego la crisis de identidad, la inocencia de la juventud, el desarraigo interior cuando nada forma parte de las raíces y el desamparo. Ese es el tránsito que marca esta aventura iniciática desde el extrañamiento de la joven Analía, llegada a este idílico paraíso de calles angostas, culturas dispersas, pensiones chicas y sueños a la vuelta de la esquina.

    La inocencia, en su faz menos cruel, opera como nexo entre la realidad y la ficción a partir de que la protagonista como parte de un juego se apropia de la identidad ajena para hacer de la otredad su único horizonte, en su camino de exploración y autoconocimiento. Se ve seducida por los cantos de sirena de la comunidad musulmana, sus costumbres, sus rezos y palabras que no entiende pero eso no importa porque ella juega a ser otra.

    En ese sentido, cae como referencia intertextual para este debut de Álvarez en el largometraje, la película protagonizada por Julio Chávez El otro (2007) de Ariel Rotter, quien también asumía el papel ajeno para escapar de una vida rutinaria y gris, pero la diferencia fundamental es que la oscuridad de aquel film en este caso no aparece y es reemplazada por la idea de autodescubrimiento de la propia protagonista, a quien de a poco se le va acabando el idilio e incluso se ve superada por su propia imagen.

    Los personajes secundarios aportan lo suyo y en especial el que interpreta con solvencia Martín Slipak, quien actúa como efecto del reflejo de esa imagen proyectada.

    La inteligencia de María Florencia Álvarez permite que el film crezca y vaya de menos a más sin pretensiones y con un fuerte apego a la historia y a su protagonista, tanto desde el punto de vista que siempre es el mismo como en lo que a puesta en escena se refiere.

    Los pequeños grandes momentos de Habi, la extranjera son precisamente aquellos que surgen bajo la espontánea búsqueda que Martina Juncadella transita sin especulaciones de otro nivel más que la de transmitir sensaciones con el cuerpo; con los gestos o el silencio de una habitación. No hay bosques en este cuento de hadas sin fantasía, sin ogros ni brujas malévolas más que las reales que pueden encontrarse en cualquier lugar del mundo.
    Seguir leyendo...
  • Sip'ohi - El lugar del manduré
    Cuando el río suena

    El Río Bermejo está allí, avanza, fluye y ocupa el centro de este documental etnopoético, Sip''ohi el lugar del Manduré, dirigido por el joven Sebastián Lingiardi, con guión de María Paz Bustamante, presentado en el BAFICI y ganador como Mejor Documental en el 21° Festival de Marsella.

    A diferencia del anterior proyecto que trasladaba al difícil terreno de la ficción un policial, protagonizado y hablado en dialecto wichí y toba que recogía mitos propios de esa cultura llamado Las pistas - Lanhoyij - Nmitaxanaxac (Bafici ’10), en este segundo opus lo ficcional surge como parte conceptual en materia de representación en el que la tensión entre imagen y relato juega un papel preponderante.

    Al igual que ese Río Bermejo, el film, desde su propia estructura narrativa, hace que un relato primario avance y fluya pero al mismo tiempo reciba otras vertientes o capas narrativas, que en definitiva conforman la virtud y los aciertos de la propuesta para la cual la voz en off por un lado y las narraciones orales a cargo de los propios wichís por otro concentren el proceso inconcluso de lo que significa la transmisión oral de las leyendas entre generaciones.

    El conjunto de mitos y leyendas elegidos para conformar la base del documental de Lingiardi cuenta con un denominador común que no es otro que una cosmovisión wichí y la mirada sobre los fenómenos de la naturaleza, incorporando la mitología, la figura del antihéroe pero siempre bajo el compromiso de no traicionar la tradición, la cultura y la identidad.

    Reparo que incluso el mismo trabajo de Lingiardi junto al gestor de la idea, que ya había participado en Las pistas…, Gustavo Salvatierra, quien además es profesor bilingüe y en el caso particular de este film el pivot que regresa a su tierra natal en el impenetrable chaqueño en busca de la preservación de la oralidad y la titánica tarea de la multiculturalidad para con las generaciones wichís más jóvenes.

    De esta manera, muchas veces el peso de la palabra en pantalla desplaza el valor de la imagen aunque Lingiardi y su equipo lograron romper con la dialéctica de la representación y conducir así al espectador desde una mirada más profunda y poética para recoger la riqueza de las historias y las posibilidades simbólicas detrás de cada relato como por ejemplo el que narra la relación de los wichís con el fuego o el que ubica en escena a Takjuaj, una especie de espíritu supremo que no se puede representar con una imagen y para quien se utiliza la pantalla en negro, cuyo protagonismo en los cuentos marca siempre un ciclo donde la vida y la muerte están presentes pero también la chance de volver a nacer.

    Ese volver a nacer se conecta con aquel Río de la cultura wichí, que pese a las piedras o a la falta de inteligencia para abarcarlo sin reduccionismos sigue en la búsqueda de otros afluentes para hacerse más fuerte y así comenzar a sonar.
    Seguir leyendo...
  • La parte de los ángeles
    La redención como inserción

    El realizador Ken Loach se aleja un tanto de los dramas sociales para sumergirse en el terreno de la comedia y retratar las peripecias de un grupo de marginales en Glasgow, quienes han caído por el camino de la ilegalidad y sin llegar a representar lo que podría considerarse delincuentes deben cumplir condena por diversos delitos menores y así realizar trabajos comunitarios.

    La idea de reinserción social así como la de redención se ve directamente asociada con un relato que roza el costumbrismo, no escatima a la hora de mostrar hechos violentos, más concentrado en la historia de las segundas oportunidades.

    Los desvíos morales de los personajes como el protagonista del relato Robbie (Paul Brannigan), padre de un niño pequeño, se justifican de cierta manera al encorsetarlos en un contexto social adverso sin reales posibilidades de ascenso de clase en el que la esperanza está depositada no en el trabajo y el esfuerzo sino en dar el gran golpe que permita a todos ser lo que jamás podrían alcanzar.

    Así las cosas, la oportunidad parece llegar de la mano de la cata de whiskies, en la venta de una botella de ese elixir único por el que se pueden llegar a pagar fortunas y en definitiva aquellos que lo adquieren a veces pueden ser estafados por los propios catadores.

    En la línea del plan que por algún motivo se encuentra sujeto a complicaciones y en sintonía con el derrotero habitual de un grupo de perdedores -pero queribles- La parte de los ángeles transita sin tropiezos moralistas y deja un sabor dulce en el paladar del público que encontrará una rápida empatía con personajes secundarios bien escritos y una interesante historia donde prevalece el intento por cambiar de vida cuando todas las cartas repartidas juegan en contra.
    Seguir leyendo...
  • Renoir
    Renoir
    CineFreaks
    Desde lejos no se ve

    La primera certeza que surge una vez que concluye Renoir, film del francés Gilles Bourdos que toma como punto de partida el libro Le tableaux amoureux, de Jacques Renoir, su bisnieto, es inconsistencia desde el punto de vista narrativo y conceptual.

    Si bien no estamos frente a una biopic tradicional, tampoco el desapego de los convencionalismos o el tránsito por los lugares comunes alcanza como para encontrar un horizonte o norte cuando lo que en realidad prevalece es sencillamente la falta de criterio a la hora de pensar la mejor manera de transmitir el proceso creativo de un pintor de estas características.

    Al igual que en la vida, la representación de lo bello siempre es más atractiva que lo bello en sí mismo y de eso se desprende el genio de un artista: en la forma de percibir la realidad como una armónica contraposición de colores en la lucha permanente entre lo blanco y lo negro, que en el lienzo cobra formas reconocibles y similares a lo que podría considerarse un cuerpo.

    De lo que se mira y cómo se lo ve se pueden encontrar muchísimas maneras cinematográficas de representación pero no se puede dejar de lado quién es el que mira y el contexto en el que esa mirada escudriña.

    Así, este relato propone trasladar el tono y la imagen impresionista como si se tratara de las partes de un cuadro en pleno proceso creativo, con un elaborado trabajo en la puesta en escena con fines puramente pictóricos y representativos, en donde se destaca la fotografía de Ping Bin Lee pero que no logra cohesionar con el escaso desarrollo dramático que reduce la historia al periodo cronológico de un verano en el año 1915.

    En ese breve recorrido por el ocaso de Pierre-Auguste Renoir, en su refugio de la costa azul, desfila por un lado la lucha del pintor impresionista con la artritis; la llegada de la joven y última musa Andrée Heuschling –la composición es perfecta y parece el retrato vivo de cualquiera de sus mujeres en los cuadros- y por otro la extraña relación con su hijo Jean Renoir, recién llegado del frente de batalla y luego futuro cineasta. Esos apuntes son los únicos elegidos para dar cuenta del escenario histórico, con el trasfondo de la Gran Guerra y de un triángulo amoroso que en realidad encubre la disputa entre el padre y el hijo por la misma musa.

    Podría decirse entonces que pese al estallido de la paleta de colores con sus enormes filtros para imprimirle un contraste a la fealdad de la enfermedad o de las situaciones cotidianas y dramáticas del propio protagonista, interpretado con solvencia por el experimentado Michel Bouquet, el film no logra despojarse ni siquiera trascender las fronteras de las impresiones de su propio director como si se hubiese quedado atrapado en su propio lienzo y tapado por las capas menos visibles de su incertidumbre.
    Seguir leyendo...
  • Los amantes pasajeros
    Anexo de la crítica

    -El regreso de Pedro Almodóvar a su universo de la comedia transgresora deja un gusto amargo y sabor a poco básicamente por repetirse, apelar al absurdo sin vuelo creativo, dependediendo de lo que puedan entregar actores y actrices que hacen lo que pueden pero sin divertirse tal como se propone el director y apuesta al homenaje a comedias como las de Blake Edwards entre otros problemas que se arrastran desde el guión. Sin lugar a dudas podría haberse llegado mucho más alto teniendo en cuenta los antecedentes del director y ese reparto ecléctico desperdiciado en esta ocasión.
    Seguir leyendo...
  • Red 2
    Red 2
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    La buena recepción de aquella comedia Red -2010- que adaptaba el comic de culto de DC Comics, escrito por Warren Ellis, y que contaba con el atractivo de un elenco de notables estrellas hollywoodenses no podía dejar ausente la manía de las secuelas y por ese motivo arrastrar una carga de negatividad extra por desgaste más que por impericia a la hora de pensar el guión. El mayor defecto de Red 2 no reside en las correctas actuaciones e intervenciones del elenco o de sus diálogos ingeniosos y el constante juego compositivo hacia la caricatura –la exageración afín con el código comic- sino en el guión de Jon Hoeber y Erich Hoeber que acumula baches, lagunas e inconsistencias varias que por la dinámica de la historia a veces pasan a un segundo plano pero no dejan de generar ruido a la hora del balance final.
    Seguir leyendo...
  • Algunas horas de primavera
    Cuentas pendientes con mamá


    El realizador francés Stéphane Brizé ya nos plantea desde el título una imprecisión temporal que obedece exclusivamente a lo efímero o fugaz que define esta relación entre madre e hijo y que forma parte del centro neurálgico de este seco pero contundente film de cámara, de tono intimista y despojado de todo sensacionalismo o sentimentalismo.

    Si hay algo que prevalece en Algunas horas de primavera es sin duda la enorme distancia afectiva entre los protagonistas: Alain (Vincent Lindon) e Yvette (Hélène Vincent), hijo parco por naturaleza, cerca de los 50, que tras una estadía forzosa en prisión, luego de haber sido condenado por participar en contrabando de drogas al transportarlas en su camión, debe sin desearlo regresar al hogar maternal y así comenzar la lenta reinserción social en un país en plena crisis, mientras que su anciana progenitora encara el último tramo de su enfermedad terminal, aspecto que la lleva a decidir acabar con el sufrimiento en una clínica suiza donde se practica el suicidio asistido para casos como el suyo.

    Poco importa la cárcel, la viudez, como las causas que llevaron a la distancia entre ambos porque si hay algo abolido en este relato es precisamente el pasado o los recuerdos felices y a la vez lo único consumado y tangible, además del férreo y mutuo destrato, es sencillamente el inevitable paso del tiempo.

    Tiempo perdido para la reconciliación; tiempo perdido para dar vuelta la página y comenzar una vida diferente, donde las críticas maternales no empañen cualquier intento de cambio y en definitiva tiempo perdido para recuperar la salud y la palabra justa antes de la despedida.

    Ligado a esa tensión irresuelta que desde el primer minuto hasta el último se contiene en una olla a presión tanto para el caso de Alain que no repara en reprochar a una madre enferma la falta y la convierte en culpable de su propio destino, así como de esa frágil anciana que se ve invadida de repente por un hijo al que no espera, el relato fluye y se reviste de distintos matices dramáticos que van apareciendo sutilmente gracias a las brillantes actuaciones de Vincent Lindon y la experimentada Hélène Vincent porque la cámara los sorprende en el acto del despecho o del reproche, sin contaminar con primeros planos o cortes abruptos el momento de amor odio en la intimidad, que pendula de manera constante.

    Adscripto siempre a la vertiente de los conflictos internos de sus personajes y de las corazas afectivas que de cierta manera los protege, el director encuentra en la trama el espacio adecuado para poner en escena los diferentes estadios del duelo cuando se tiene tan cerca la presencia de la muerte y lo hace sin estridencia ni especulaciones para que al espectador le cueste el doble la identificación primaria y desde esa incómoda pasividad surja el camino tortuoso hacia la reflexión.

    Así como en la primavera estacionaria se renueva por así decirlo el aire y las hojas crecen, también existen aquellas que perecen a pesar de los colores del día o el reflejo de la luna por las noches para acompañar a esos amores que perduran. Ese es el cine que últimamente no llega a nuestra pantalla, como aquellas primaveras de antes colmadas de hojas y matices que le ganaban la carrera al paso del tiempo.
    Seguir leyendo...
  • Sólo para payasos
    La hazaña del fracaso

    Sin pensarlo demasiado, uno podría llegar a concluir que la necesidad de los payasos se vincula de manera directa con la existencia de un mundo al que le cuesta reírse. Guerras, hambre, injusticia, miseria, enfermedades complican un tanto la vida de cualquiera como para no encontrar en el poder sanador de la risa un antídoto aunque más no sea por el instante en que dure una sonrisa. Y en ese momento uno también se vincula con el propio payaso interior; el que rompe con la mirada convencional frente a lo que, en un principio, en el sistema está vedado a la risa: el ridículo, el absurdo, lo imperfecto, el dolor ajeno y hasta el propio.

    Una mirada payaso o payasesca de la realidad implica el riesgo de quedarse solo o de ser tildado en el mejor de los casos de loco por una mayoría que no se atreve a ver lo que la rodea sin etiquetar o categorizar cualquier situación o acontecimiento. En definitiva, todo es tan absurdo que no resiste la más mínima lógica y entonces lo saludable es sacar al payaso interior del espíritu autómata y obediente que nos atraviesa.

    Como no podría ser de otra manera un documental hecho por y para payasos debe ser caótico, anárquico, arriesgado y creativo y eso es lo que ocurre con este rara avis del acróbata de altura devenido cineasta Lucas Martelli, Solo para payasos, que promete un estreno poco convencional en el Cine Gaumont el día jueves 25 de julio para al menos intentar repetir la experiencia que dio marco y vida a este proyecto que ganó en la categoría Documental Digital del INCAA la posibilidad de obtener un subsidio y así finalmente ver la luz.

    En ese acontecimiento que encuentra por un lado el pretexto para reunir clanes de payasos de diversas partes del mundo a una convención y así lograr el gran acto se hilvana la red de contención de este relato en cuyo salto al vacío se cruza un caudal importante de información e historia de los payasos, a cargo de diferentes figuras del quehacer circense, callejero o del teatro para reflexionar sobre una pasión que no sólo se relaciona con hacer reír al otro sino con una filosofía de vida a contracorriente del conformismo.

    De los más de 200 artistas que participaron del documental representando estilos y tipos de payasos, están los naif, los anarquistas, las payasas, y otros alejados del estereotipo se encuentran el catalán Tortell Poltrona (Payasos sin Frontera); Luisito y Pacusito (Hermanos Videla); Chacovachi (Símbolo de los payasos callejeros durante y después de la dictadura); Petarda (Cristina Martí, Clu del Claun); Rik Streiff (ex Triciclos Clos); Toto Castiñeiras (Cirque du Soleil); Tomate; Tenaza; Maku Jarrak; Chicharrita; Casimiro Magote; Morrison; Malabaristas del Apokalipsis (Riki Ra y Mauri); Pedro Peligro (Catalinas Sur); Pablo y Luna (Circo Social del Sur); Circo Manija (Taller de Artistas del Borda); Loco Brusca; Gota; Frágil; León; el Sr. Mikozzi entre otros.

    La ficción que se ancla al documental construye y a la vez deconstruye de manera permanente el hilo conductor de esta trama, que por momentos se adapta a una road movie que integra un viaje en dirigible hacia el destino ya mencionado, junto al derrotero de otros invitados que parten desde sus lugares al corazón de la convención.

    El apunte irónico frente al historicismo llega de la mano de uno de los personajes centrales que intenta dar un enfoque socioantropológico a cámara pero que se ve constantemente interrumpido. También surge una historia de amor entre un payaso y una trapecista, el enfrentamiento de los clanes y las dicotomías entre payaso y clown, que encuentra las más académicas definiciones desde el discurso pero expresa las mayores contradicciones desde la práctica.

    Aquello que se nota permanentemente desde la propuesta cinematográfica en Solo para payasos, de Lucas Martelli y equipo, es saber lo que se quiere contar aunque librado al devenir de lo que ocurre en el campo de batalla donde basta poner la cámara y dejar que los propios protagonistas, algunos con caras pintadas o vestuarios exagerados y otros a cara lavada, jueguen hasta las últimas consecuencias y liberen tensiones para superar los límites de la representación.

    Tamaña tarea conlleva el riesgo pero también el atractivo que el espectador no sepa lo que va a ocurrir a cada segundo y tal vez ese logro incuestionable es lo suficientemente poderoso para que el film nunca deje de fluir, por momentos divertir e incluso emocionar por su enorme poesía, todos esos elementos que hacen de la hazaña del fracaso -¿acaso el payaso no representa un poco eso?- una aventura épica, genuina, universal y verdadera.
    Seguir leyendo...
  • Ladrona de identidades
    A robar mi amor

    Navidad sin los suegros (2008) es una comedia más redonda que Ladrona de identidades y ambas fueron dirigidas por Seth Gordon, cuyos orígenes provienen del documental. Ambos títulos pecan de los mismos errores que obedecen a la capa de corrección política aplicada bajo una prédica conservadora cuando en apariencia las propuestas tienden a ser todo lo contrario.

    Sin embargo, a pesar de este defecto debe reconocerse que tanto un film como el otro cuentan con una buena pareja protagónica y con la cuota de confianza necesaria para que todo el peso del relato y la efectividad de las situaciones graciosas recaigan en los comediantes.

    Para el caso de Ladrona de identidades la mayor cantidad de laureles se los lleva Melissa Mc Carthy (Damas en guerra, 2011), quien por un lado explota sus cualidades histriónicas y desparpajo a flor de piel y por otro las exageraciones de sus volúmenes corporales para demostrar enorme destreza física, sobre todo en gags pensados para su contextura y cuerpo. En esta comedia de enredos de pareja dispareja el contrapeso para que no se desbalancee el exceso lo aporta Jason Bateman, en un rol contenido y adecuado a las circunstancias.

    La premisa es básica y como tal no tarda en definirse el mayor conflicto entre la pareja antagónica: Diana (Melissa Mc Carthy) es una experta en fraudes con tarjetas de crédito que roba identidades y vive la gran vida a expensas de las fallas del sistema financiero y de sus víctimas como es el caso de Sandy (Jason Bateman), empleado y padre de familia sin un holgado pasar económico que se ve de la noche a la mañana envuelto en una trama que implica deudas con seis tarjetas de crédito.

    Así las cosas, el único modo de limpiar su buen nombre y de recuperar su empleo es dar con el paradero de la usurpadora y para ello adentrarse en una aventura a la que se sumarán sicarios, caza recompensas y un sinfín de enredos junto a la ladrona, así como una relación entre ambos que terminará por fortalecer un vínculo entre víctima y victimario.

    Las coordenadas de una buddy movie en el contexto de una road movie están más que presentes en un guión simple que en su primera mitad despliega lo mejor del film y en su segunda lo peor. Y esa descompensación termina por conspirar con el resultado final porque el drama y la justificación de un pasado traumático surgen de manera caprichosa y abruptamente cuando las condiciones para la comedia sin recaídas moralistas estaban servidas en bandeja.

    Con momentos logrados y muy buena química entre Mc Carthy y Bateman, Ladrona de identidades se ubica cómodamente dentro del grupo de comedias blandas e inofensivas a la vez que olvidables y convencionales hasta decir basta.
    Seguir leyendo...
  • Lunas cautivas
    Lunas cautivas
    CineFreaks
    Una birome y una hoja

    Una birome y una hoja en blanco alcanzan para modificar la percepción de la realidad y mucho más si de romper la inercia del encierro de una cárcel se trata para liberarse y hacer de esa reja una chance más que un freno. Esa parece ser una de las consignas invisibles que motorizan este taller de poesía en la Unidad 31 del penal de Ezeiza y que forman parte del marco de Lunas cautivas, documental de la realizadora Marcia Paradiso, ganador del Premio Mejor Documental Nacional en el 14º Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, entre otras distinciones.

    La puesta en escena intenta por un lado reflejar el contacto intimista de la cámara con las protagonistas, focalizadas en tres poetas, Liliana, Lidia y Majo, durante su proceso de transformación a partir de la palabra y de la poesía dentro del penal para afrontar la inminente liberación en el caso de algunas internas y los contrastes que implican vivir en una cárcel y salir transitoriamente para luego regresar. Para muchos el encierro es una palabra pero para ellas fue y es una realidad.

    El énfasis puesto en el aquí y ahora de cada de una de ellas opera como puente con un pasado ligado a los recuerdos y a lo que en algún momento fueron, donde el vínculo con familias, ruidos, fotos o imágenes son lo suficientemente poderosos para que la palabra viaje, evoque, confronte, llore o anhele. Todo eso teñido de absoluta verdad, franqueza como la que se encuentra en esos textos y cierto orgullo por atreverse a romper los prejuicios de la estigmatización y no aferrarse a los errores cometidos en algún momento.

    El equilibrio entre las historias de vida que llega por fragmentos, sin afincarse en prontuarios o causas judiciales, y los textos poéticos que fluyen en cada encuentro y desde la reflexión sobre la propia poesía o la ajena son la mayor virtud de Lunas cautivas, que además nos acerca a la temática carcelaria con un enfoque distinto al habitual y aporta otra mirada sobre un tópico universal, que si bien ha formado parte del documental de observación desde diversos aspectos, por lo general estuvo siempre concentrado en el mundo masculino.

    Por otra parte y más allá de los elementos catárticos aportados por esta actividad coordinada por María Medrano y Claudia Prado – el equipo de rodaje estuvo presente durante un año en el registro de los talleres- es importante rescatar el valor de la poesía como herramienta liberadora ante el encierro mental cuando las barreras del prejuicio social parecen más sólidas que las frías y anónimas del mismísimo penal.
    Seguir leyendo...
  • Esos colores que llevás
    Pasión, emoción y transpiración

    La pasión es algo que no se puede racionalizar ni explicar sin reducirla a un mero estado anímico que mezcla la locura con el enceguecimiento feroz ante cualquier obstáculo de la realidad. Tal vez el lugar más adecuado para llegar a tomar verdadera conciencia de lo que significa no sea otro que el fútbol (ni siquiera el automovilismo o cualquier otro deporte, ya sea individual o de equipo, reúnen estas características).

    El problema radica en ubicar la pasión en otros ámbitos como por ejemplo la militancia política tanto en la coyuntura general como en el microclima particular e interno de un club de fútbol.

    Esos colores que llevás documenta sin otra mirada que la del testigo de un acontecimiento singular y sin precedentes el efecto que genera el amor por un cuadro o el sentido de unión cuando se tiene en claro un objetivo concreto y alejado de toda especulación económica o política que hoy por hoy es exactamente lo mismo.

    El trabajo realizado por Federico Peretti (El otro fútbol, 2009) otorga al hincha anónimo, sin sponsors más que el sentimiento por River Plate, el lugar merecido, esquivando rápidamente los oportunismos y concentrado también en el único y noble objetivo: dejar registrado el proceso de confección de la bandera más larga del mundo dando voz a sus artífices sin distinciones de roles y explotando esa irracionalidad en cada testimonio a cámara, que se suma a las voces de símbolos futbolísticos del pasado para la rica historia de este cuadro centenario.

    Nueve meses de trabajo y de recolección de retazos de trapos que cada hincha aportó –recordemos que en esa época el cuadro de Nuñez intentaba desde la primera B recuperar la categoría-, además de su compromiso y esfuerzo personal, dieron por consumado el desafío de poner a River Plate en el libro Guinnes; recorrer el mundo a través de los medios que se hicieron eco inmediatamente de la hazaña y recuperar la sensación de que lejos de los barra brava y la dirigencia se pueden lograr cosas imposibles como haber llegado a reunir más de 120 mil hinchas el 08/10/2012 desplazados entre la avenida Libertador y Tagle –donde estaba el viejo estadio de River allá por 1923– hasta el Monumental de Nuñez. Una distancia aproximada de 70 cuadras, con una bandera rojiblanca extendida y miles de personas consumando el hito para la historia riverplatense.

    Si algún espectador logra por un momento abstraerse y deja de lado la imagen de River Plate y lo que representa como institución deportiva o club social seguramente entrará en sintonía muy rápido con el trabajo de Peretti, aunque si simpatiza con el millonario mucho mejor aún.

    Lo que debe destacarse es que en Esos colores que llevás no hay jerarquía ni verticalismo a la hora de conocer las voces porque prevalece el hincha por encima del simpatizante o del ex jugador de fútbol para otorgar la verdadera dimensión dentro de lo sociológicamente analizable pero sin escapar ni un segundo de la emoción y la transpiración por lo que se ama.
    Seguir leyendo...
  • Turbo
    Turbo
    CineFreaks
    Molusco supersónico

    Las vicisitudes de la distribución local con vistas a ganarse la parada en materia de estrenos para estas vacaciones de invierno alteraron el panorama cinematográfico de la cartelera y en cierta medida dejaron planteada la desafiante carrera de la animación digital con el crédito argentino Metegol frente a los tanques habituales encabezados por Monsters University -que continúa cosechando dividendos-, seguida por Mi villano favorito 2, por el momento líder en taquilla, y ahora sumándose Turbo, este nuevo contendiente de la factoría Dreamworks, globo de ensayo para la promoción de la serie original Turbo F.A.S.T. a emitirse en 2014 por la cadena Netflix.

    No podrá pasar desapercibido -por lo menos para aquellos que tenemos algo de memoria- que Turbo toma prestado –para utilizar un término feliz- de varios films animados conceptos e ideas para solamente aportar la novedad de un caracol amante de la velocidad.

    En primer lugar, el habitante descarriado dentro de su comunidad que va contra el conformismo de la mayoría y quiere ser otra cosa ya había sido explotado en Hormiguitaz (1998) con mejor sustento narrativo, mientras que Cars (2006) asoma no sólo desde la impronta tuerca sino a partir de la presentación de un reducto comercial venido a menos que repunta económicamente gracias a la novedad del molusco supersónico, por no citar además la presencia de cuervos que diezma a la población de caracoles repentinamente al igual que ocurre en Rango (2011) y la más evidente referencia a la lógica de Ratatouille (2007): pequeño que sueña en grande y logra vencer su propia naturaleza en un camino de autosuperación.

    De este desglose pormenorizado entonces cabe preguntarse ¿qué tiene de nuevo Turbo? La respuesta es sencilla absolutamente nada, pero eso no la condena en términos cinematográficos al exilio ni tampoco la ubica en el rincón que acumula polvo en las repisas, aunque si no existiera la apuesta a la serie televisiva sin lugar a dudas en la vorágine de la animación quedaría relegada y rezagada a pesar de su velocidad en pantalla.

    Como decía, el protagonismo recae en un caracol con sueños de grandeza para quien el peligro debe buscarse en la aventura del afuera y no en la comodidad del adentro, en el jardín lindero a una casa donde las amenazas de lo cotidiano son un niño desalmado que pisaría cuanto caracol se cruce en el camino con su triciclo, la cortadora de césped y los cuervos.

    En el garaje de esa casa, una colección de VHS con declaraciones de un corredor francocanadiense alimenta el sueño de Teo de convertirse en su ídolo automovilístico y alzarse con el trono batiendo records de velocidad. Para que ese verosímil se sostenga a lo largo de la trama, que no repara un segundo en todos los lugares comunes incluida la galería habitual de personajes secundarios, léase caracoles de diversa forma y tipo, que en este caso no opacan al protagonista, el elemento anómalo o accidente otorga a Teo la capacidad de mutar en Turbo y gracias al vinculo con un soñador igual que él, el latino de turno llamado Tito, embarcarse en el desafío de correr las 500 millas de Indianápolis.

    últimamente dentro de cierto sector de la crítica que toma las películas animadas no como lo que son sino que intentan analizarla desde el mensaje o contenido cuando es claro que en estos productos eso es un pretexto más que una definición, debería hacerse hincapié en que las ventajas deportivas no se relacionan con el esfuerzo sino con el doping o la presencia de un elemento ajeno a la naturaleza para desarrollar un poder. Eso es lo que ocurre ni más ni menos que con el voluntarioso Teo al tomar primero una bebida energizante que le otorga a su osadía de querer abandonar a su grupo un plus de valentía necesario para romper la inercia del conformismo, pero lo más llamativo es la accidental caída en un motor de autos para que en su organismo ingrese el óxido nitroso y así modificar su ADN en la metamorfosis de Teo a Turbo.

    Caer en este detalle superfluo y focalizar la crítica equivocadamente en el mensaje resulta poco interesante y en detrimento de lo que realmente importa si de animación digital se trata por lo cual la factura técnica y el uso del 3D en las escenas de vértigo en las pistas son el principal atractivo de este híbrido animado de Dreamworks, con muy poco contenido a la vista, que seguramente vaya perdiendo la pole position en lo que a taquilla representa y esperemos que el responsable de ese traspié sea el crédito argentino.
    Seguir leyendo...
  • Metegol
    Metegol
    CineFreaks
    La épica de los antihéroes

    Igual que ocurre con el fútbol, el estreno de Metegol, la apuesta más ambiciosa de la animación vernácula hasta la fecha, dividirá las aguas con el público y la crítica en dos sectores: aquellos resultadistas que seguirán atentamente los números de taquilla, compararán estadísticas y tal vez maliciosamente busquen paralelismos frente a otras producciones comerciales de similar envergadura, en contraposición a los que simplemente disfruten y valoren la pasión y las ganas de jugar en las grandes ligas, aspecto que Campanella y equipo conservaron desde el primer minuto hasta el último para construir esta película en 3D con el mismo rigor profesional que cualquier film animado de alta calidad y con la conciencia tranquila de que estaban haciendo lo mejor que podían sin traicionar ideas, identidad, creatividad y ese plus de picardía propio de los que sueñan hazañas imposibles.

    El salto cualitativo de Metegol ante cualquiera de las películas animadas argentinas -e incluso latinoamericanas- es irreprochable y notable porque al conocer las limitaciones propias de la tecnología en un aspecto muy técnico llamado renderización se las han ingeniado lo suficiente para explotar los recursos con los que se contaba, agudizando la capacidad para crear escenas y situaciones con un fuerte despliegue dramático más que desde el impacto visual en sí mismo.

    Por otra parte, si bien el germen del proyecto descansa en el cuento Memorias de un wing derecho de Roberto Fontanarrosa, el relato logra equilibrar el folcklore futbolero gracias al aporte en el pulido del guión del escritor Eduardo Sacheri (junto a Juan José Campanella y Gastón Golari) con el prototípico basamento de la comedia costumbrista que rescata valores y nostalgia, muy propios y ligados al director de El secreto de sus ojos (2009).

    La épica de los antihéroes es uno de los pilares de todas las películas del realizador argentino ganador de un premio Oscar y el ejemplo más cabal que se conecta intertextualmente con Metegol no es otro que el de Luna de Avellaneda (2004), que aparece en la figura del protagonista Amadeo (Voz de Damian Masajnik), quien a modo de racconto narra a su hijo en el presente de la historia un relato con tintes de fábula y -enseñanza o moraleja incluida- que forma parte del corazón de esta aventura en la que unos jugadores de Metegol cobran vida y ayudan a recuperar la dignidad a los habitantes de un pueblo que defiende su identidad ante el invasivo progreso y la avanzada capitalista de un desalmado jugador estrella, hedonista y arrogante (voz de Diego Ramos) que regresa al lugar que lo vio partir en su adolescencia hacia el estrellato para destruir todo vestigio del pasado; todo rasgo de grandeza de hombres comunes como Amadeo o Laura (voz de Lucia Maciel) devenida heroína dentro de la misma estructura épica.

    Lo nuevo versus lo viejo; lo imperfecto y vital frente a lo perfecto y sin alma son elementos presentes en la trama de Metegol, sumado también una fuerte presencia de la argentinidad (habrá que ver cómo se las ingenian los demás países para traspolar localismos) o rasgos costumbristas propios del pueblo pequeño que van a encontrar su universalidad en cualquier parte del planeta.

    Personajes arquetípicos, más que estereotipos animados, forman parte de una galería variopinta donde no falta el jubilado, el gallego, el emo, el gordito simpaticón, el cura y la lista podría extenderse.

    Sin embargo, a la hora de pensar a las estrellas del film que no son otros que los jugadores de plomo, la elección de casting fue más que acertada y cada uno aportó desde su actuación una serie de elementos distintivos de personalidad que se ajustan perfectamente a la representación visual. El trío de los verdinegros encabezado por el Capi (voz de Pablo Rago), el Beto (voz de Fabián Gianola) y el Loco (voz de Horacio Fontova) a quienes se suma luego el Liso (voz de Miguel Ángel Rodríguez) conforman lo mejor del film y son los encargados de aportar el dinamismo complementario para cada escena desde lo compositivo hasta el remate justo en el gag o chiste verbal relacionado casi siempre a la mística deportiva. En cada uno de ellos, con un leve esfuerzo de memoria del espectador adulto, se pueden encontrar reminiscencias de jugadores de fútbol como Tarantini, Luque o Riquelme cuando habla en 3ra persona igual que el Beto.

    En conferencia de prensa, los propios protagonistas explicaron que la técnica utilizada en Metegol difiere de la estándar para las películas animadas, donde se agrega la voz a la imagen y se adapta a las características del actor cada personaje. En este caso, ninguno de los participantes tuvo contacto con el dibujo sino que actuaron las escenas y fueron filmados con diferentes cámaras en ese proceso para luego llevarlas a la animación por lo cual el riesgo a que la empresa no alcanzara el resultado esperado en pantalla una vez finalizada la tarea de los más de 50 dibujantes era mucho mayor e irreversible tratándose del presupuesto mega millonario en juego.

    No obstante, a la altura de los resultados y del conjunto todos estos datos informativos resultan anecdóticos porque lo que debe decirse es que Metegol es una muy buena película no solamente por sus atributos técnicos sino porque dosifica en buenas proporciones todo lo necesario para no cansar al espectador con exhibicionismo gratuito en pos de la historia que mezcla humor, drama, acción y apuntes cinéfilos como el del comienzo en claro homenaje a 2001, Odisea del espacio (1968) o a la escuela Pixar en relación al contraste y choque de mundos en un mismo contexto por no citar una referencia tan obvia como la saga Toy Story (cabe aclarar que ya el cuento de Fontanarrosa desarrollaba la idea de los jugadores de metegol de un club que cobraban vida) en un universo campanelliano de la A a la Z.

    Y todo ese valor cinematográfico se resignifica y sobredimensiona al tener presente el desenlace de la película que por razones obvias no revelaremos aquí, simplemente basta mencionar que permite varias lecturas y ya eso es suficiente para una propuesta de estas características.

    El único obstáculo que se le presenta al film de cara a su estreno y futuro desempeño comercial tanto en el ámbito local como puertas afuera obedece al target femenino que posiblemente no adscriba con tanto entusiasmo el código futbolero por excelencia, que es el corazón fundamental de esta épica de antihéroes, donde se pueden dar vuelta los partidos chivos tan sólo con apelar al trabajo en equipo y en pos de un objetivo en el que no importe el exitismo triunfalista o la individualidad exacerbada cuando detrás de eso no hay nada más que una cáscara artificial y carente de sustancia, condenada al olvido mientras que sigan existiendo los valientes que se jueguen por lo que sienten y lo hagan sin miedo al fracaso.

    Larga vida a esos irremediables gambeteadores de lo convencional.
    Seguir leyendo...
  • Post Tenebras Lux
    La burguesía endiablada

    Según el propio director mexicano abucheado en Cannes y mimado por el jurado con el premio al mejor director en 2012 debe tomarse a su película Post tenebras lux como una vasija que cada uno puede rellenar como quiera y sencillamente el contenido de esa vasija no es más ni menos que el cine de Carlos Reygadas desde Japón (2002) y su entrega al naturalismo y a lo salvaje, pasando por la contemplación de Luz silenciosa (2007) a la provocación e ironía de Batalla en el cielo (2005).

    Todo está ahí en ese vacío, vinculado estrechamente con la decadente burguesía mexicana, que ha perdido hasta las ganas de hacer el amor y necesita de la experiencia swinger para recuperar el deseo o de la violencia nada contenida por la propia frustración.

    Esos detonantes estallan de forma no orgánica y caprichosa en el universo organizado por el propio director bajo una impronta un tanto moral que castiga a los malos porque aquí no existen buenos y tal vez el diablo y su cola invisible tengan algo que ver en este estado de anomia y animalidad que supone Post tenebras lux (en referencia al versículo bíblico del libro de Job que reza Después de las tinieblas, espero la luz) donde hasta una canción de Neil young se estropea por la desafinada voz de quien la interpreta o un bolero duele mucho más que lo que puedan transmitir sus palabras al ser destrozado en otro segmento musical.

    Los perros guardan un aspecto simbólico y son depositarios de la miseria humana para que Carlos Reygadas refleje la violencia en el más débil y trate de compensar su perversión e impunidad cinematográfica exhibiendo a sus hijos pequeños, Rut y Eleazar Reygadas, con la inocencia a cuestas, aunque eso no alcanza porque el daño ya está hecho.

    Lo digresivo seguramente espante a un público no acostumbrado a este tipo de cine porque lo que alimenta la trama no son más que viñetas a las que busca extraerse una cuota de verdad o algún momento sublime que en este caso en particular brilla por su ausencia.

    Distinto panorama es aquel que aporta la imagen cuando el director mexicano filma en la quietud de las palabras y deja que el movimiento de la penumbra o los colores que arremeten sutilmente en la imagen narren por sí solos un estado de ánimo, una emoción no contenida o la sencilla vinculación entre el hombre, la naturaleza y un todo metafísico donde bien y mal se unen en una partida de ajedrez eterna.

    La muerte siempre presente y la vida como esa carga insoportable que trata de mitigarse ya sea a través del alcohol, de los vicios o la violencia sin sentido y contra un enemigo poderoso e invisible forman el tríptico que opera con sus propias leyes en esta nueva y perturbadora película del polémico realizador mexicano.
    Seguir leyendo...
  • Woody Allen - El documental
    El ojo complaciente

    La perseverancia es uno de los pocos reconocimientos que deben dispensarse a Robert B. Weide, quien tras 25 años intentó convencer al genial Woody Allen para elaborar un documental revisionista de su obra y que tras el visto bueno del artista se dejó eclipsar por su magnética estatua intocable y no ocultó en ningún momento una profunda admiración por el director de Brooklyn.

    Así nació Woody Allen el documental, que llega en versión reducida a pocas pantallas locales con un nombre tan poco ambicioso como lo que se terminó por conseguir, tanto en los 195 minutos originales como en su formato de 113 minutos como llega en esta oportunidad.

    Woody Allen el documental intenta por un lado descubrir al hombre detrás del artista y lo consigue apenas en el repaso biográfico más que en desenfundar las verdaderas máscaras que se siguen multiplicando como parte de la vitalidad de un indescifrable cineasta y autor que no hizo más que filmar películas (casi una por año desde 1965) cuando comprendió tempranamente que debía tener el control absoluto sobre su trabajo para desnudarse emocional e intelectualmente ante un público que muchas veces no lo comprende.

    Es realmente difícil dimensionar al multifacético Allen Stewart Konisberg si no se lo hace a partir de sus mutantes obras, comedias maravillosas, dramas existenciales e híbridos difíciles de clasificar, y de su evolución como autor así como desde su constante proceso creativo, autorreferencial para ir desarrollando sus propias obsesiones a lo largo de décadas y con una envidiable carrera cinematográfica, que a pesar de sus bajas nunca llegó a tocar fondo ni mucho menos.

    Cualquier título mediocre de Woody Allen –los hay, no se puede negar- sometido siempre al tamiz con aquel de Crímenes y pecados (1989), o Zelig (1983) o Annie Hall (1977) es por lo menos superador de muchas propuestas cinematográficas de directores talentosos como él pero esa necesidad de mantenerse vivo es lo que también lo expone y quizás en eso resida su reticencia a mostrarse en carne y hueso. Sabido es que tiene fobia a las entrevistas y a las conferencias en festivales, también descree de los elogios y los premios.

    Desde el punto de vista cinematográfico, los méritos propios de este documental se agotan de inmediato al apelar al relato compartido por cabezas parlantes de un seleccionado de aduladores –no falta ninguno- encabezado por actores, productores, algún que otro crítico y sus musas femeninas, que no aportan nada significativo ni novedoso al retratarlo tanto en su rol de director como de actor o sencillamente en lo que a su vida privada respecta.

    Quien sí busca analizar sin tanto cholulaje encima y obsecuencia es Martin Scorsese porque logra establecer el equilibrio justo y ubicar en el contexto a un personaje muy complejo, incluso desde su particular manera de trabajar con sus películas.

    Es notorio que si bien Weide tuvo acceso total a la intimidad de Woody Allen (dos años siguiéndolo a sol y a sombra) jamás logró llegar a Woody Allen sin dejarse arrastrar por sus comentarios lúcidos y la seducción de su inteligencia, así como sucumbir frente a esa humildad que no parece a esta altura tan transparente o genuina.

    Lo que no puede negarse y sobre todo en perspectiva es que estamos frente a una persona auténtica y única en su especie, que sigue aún despertando pasiones en la cinefilia, odios, envidias, admiración pero que nunca terminará por definirse ni encasillarse en un panorama cinematográfico cada vez más predecible y servil a las dictaduras de los públicos y sus gustos.

    Para aquellos espectadores dispuestos a reencontrarse con quien fuera durante varias décadas un transgresor con mayúsculas y no desde la pose o la impostura encontrarán en este documental los orígenes de esa rebeldía, aunque sin grandes revelaciones. En cambio, quienes pretendan configurarse de algún modo quién es Woody Allen, absténganse y hagan el esfuerzo de buscar sus películas porque en definitiva su esencia se encontrará siempre allí.
    Seguir leyendo...
  • Cirquera
    Cirquera
    CineFreaks
    La memoria equilibrista

    Y ahí va en vaivén la memoria y el recuerdo de Diana Rutkus en busca de su infancia y su escasa pero intensa experiencia como hija de padres dedicados al circo, madre trapecista y padre domador de leones, quienes hicieron de su juventud y de su pasión heredada de sus propios padres más que un oficio una manera de vivir en muchos lugares y en ninguno a la vez, a bordo de una casa rodante y una carpa en la que desarrollaban todo su arte.

    Para Diana viajar a su pasado desde lo fragmentado y caprichoso del recuerdo, fotos encontradas entre otros elementos, grabaciones magnéticas donde se escucha su cálida voz infantil, junto a su hermano, implica un fascinante y a la vez agotador trabajo de entrega emocional pero también de reflexión para llegar a comprender que desde muy pequeña se diferenciaba del resto de las chicas y que parte de ese viaje la marcaría para siempre.

    Si bien al cumplir los seis años ese idilio para ella se cortó drásticamente dada la situación económica familiar que obligó a abandonar la vida nómade por otra mucho más asentada pero menos interesante, tomar contacto con el circo supone también un reencuentro diferente con sus padres, ya jubilados y retirados de la adrenalina y éxtasis de la carpa llena, alcanzados inevitablemente por la fatiga de los años. Hoy esa casa con ruedas guarda polvo, desorden y tristeza pero algo la retiene en el fondo para que aún no hayan podido deshacerse de ella.

    El tono intimista y no revisionista elegido por Andrés Habbeger y la propia Diana Rutkus para desplegar la propuesta de Cirquera es lo que hace de este documental su originalidad más allá de transitar por un mundo un tanto desconocido para el público en general aunque también limitado y anecdótico.

    No obstante, en ese ida y vuelta que acumula testimonios ligados a la vida circense, material de archivo familiar muy rico y alguna que otra filmación de un espectáculo perdido, se perciben retazos de un mundo singular y ya extinto por los cambios culturales y por la forma de entender lo circense dentro de la dinámica del universo del entretenimiento.

    Circo conecta en Cirquera con alegría, emoción, cuerpo y dolor en las mismas proporciones cuando entra a tallar el paso del tiempo como el único filtro de la realidad pero también en esos ojos encendidos se enquista la infancia de cada uno de nosotros como la de un espectador privilegiado ante algo inexplicable y mágico, que solamente se puede experimentar cuando la sensibilidad vence a la razón.

    En Cirquera conviven finalmente dos homenajes: el que celebra una manera de vivir no convencionalmente, asumiendo los costos de esa soledad buscada, y el del oficio que deviene pasión y jamás deja de existir siempre que alguien lo recupere.
    Seguir leyendo...
  • El chef
    El chef
    CineFreaks
    ¿Otra vez sopa?

    No hace falta tomarse mucho tiempo para comprender de qué va la trama de El chef, comedia francesa vetusta y rancia, solamente amparada comercialmente por la presencia estelar de Jean Reno, quien lamentablemente ha dejado de brillar hace tiempo y transmite un cansancio en pantalla un tanto preocupante.

    Para seguir con términos relacionados a lo culinario debe decirse que El chef, dirigida y escrita por el actor Daniel Cohen, carece de aderezos que la doten de cierta frescura o humor y principalmente porque los protagonistas son como el agua y el aceite: no hay química entre ellos y en ese juego de opuestos -muy opuestos- se nota.

    Alexandre Lagarde es un chef exitoso que en la actualidad pende de los caprichos de su jefe a quien vendió la franquicia de sus restaurantes y que busca por todos los medios que le ceda el control absoluto para incorporar al negocio otra gente más joven. Mientras que Jacky debe encontrar un trabajo para mantener a su futuro hijo y asegurarle a su novia un futuro donde su sueño de convertirse en chef y codearse con los grandes como Alexandre no encaja. Pero todo cambia cuando el azar se cruce en su camino y tenga la posibilidad de mostrar su talento.

    La curva de aprendizaje es el elemento común entre ambos, por un lado para Alexandre Lagarde (Jean Reno) haber conocido a Jacky Bonnot (Michaël Youn) implica recuperar el espíritu y los sabores del pasado cuando las críticas apuntan a que a pesar de su reputación como un chef tres estrellas se repite de manera constante y no se adapta a la nueva cocina, y por otro es Jacky quien sacará de esta relación la mejor tajada al cumplir el sueño de trabajar junto al hombre que admira y de quien conoce vida y obra en calidad de espectador autorizado y cocinero amateur.

    Así las cosas, estos dos mundos se cruzan en el universo culinario y de esta manera entablan una unión de fuerzas para sacar a flote el restaurante de Lagarde que puede pasar a manos de la competencia si es que recibe una mala crítica.

    Elemento débil desde el guión para cohesionar la historia y justificar la unión. No hay escena graciosa que funcione en este relato vacío, ni siquiera en el momento de Santiago Segura, quien personifica a un experto en cocina molecular e intenta infructuosamente aggiornar al protagonista para que abandone la cocina prehistórica. Sin embargo aquello que necesita aggiornarse en este caso es la propuesta, dado que no logra desplazarse un ápice del estereotipo y mucho menos adquirir un ritmo constante para no bostezar.
    Seguir leyendo...
  • Paisajes devorados
    La otra locura

    Rémoro rememora y en el balbuceo de sus pensamientos se vislumbra un atisbo de idea o reflexión sobre el cine y la vida. Y si de cine y vida se trata porqué no hablar de una de las mayores obsesiones del realizador Eliseo Subiela que ya abordara a los locos en aquella memorable Hombre mirando al sudeste.

    Ese podría ser el título de un film de este paciente encontrado por unos estudiantes de cine en el Hospital Borda, quien dice haber sido director de cine.

    Rémoro Barroso en realidad vive en el espíritu intacto del documentalista santafecino Fernando Birri, quien actúa con la espontaneidad adecuada para hacer del registro del falso documental que propone Paisajes devorados algo verosímil pero lamentablemente todo lo que lo rodea en esa puesta en escena es por lo menos artificioso, incluida una mala elección de casting para el rol de los estudiantes que llegan en busca de un documental sobre el misterioso anciano que lanza máximas al aire sin que su barba blanca oculte su manera de entender el cine y la realidad desde su aparente locura.

    Es Subiela quien habla bajo el pretexto de la ficción, con la filmación en digital HD y Birri quien da forma a un manifiesto que podría integrar cualquier postulado cinematográfico para un estudiante que se acerque a la pasión del cine y de la dirección de películas sin temor a la locura.

    Sin embargo, la locura entendida como la ruptura de los convencionalismos que encorsetan la percepción de la realidad es mucho más prolífica y atractiva para ser contada que aquella que deambula en los pasillos de un manicomio.

    Hay buenas ideas en esas máximas de Rémoro que giran en torno al cine, al sueño, al tiempo, a la realidad en contraposición con la ficción, apuntes que no encuentran un cauce sólido en este opus del creador de El lado oscuro del corazón aunque debe destacarse que por momentos ese extraño y fascinante mecanismo que conecta al cine con la verdad aparece gracias al talentosísimo Fernando Birri.
    Seguir leyendo...
  • Calles de la memoria
    El recuerdo paso a paso

    ¿Será el contexto aquel espacio donde se delimita la memoria? O ¿puede ser la memoria la que resignifique el contexto? Lejos de encontrar una respuesta inequívoca cuando se trata de construir el errático mecanismo de la memoria y el recuerdo se está en presencia de un proceso que no acaba jamás; un fragmento flotante del pasado conectado con una Historia y muchas pequeñas historias a su vez entrelazadas y dispersas, que luchan denodada y desigualmente contra dos enemigos invisibles: el olvido y el tiempo.

    ¿Cuándo hay tiempo para recordar mientras la vida transcurre? Esa pareciera ser una excusa que esgrimen aquellos que no quieren recordar y a partir de esa negativa y de su contrapartida activa, múltiple, contradictoria, emocional es que se abren las puertas a la reflexión sobre la representación de la memoria desde la imagen y desde el imaginario social, elemento unificador de esta experiencia documental de la realizadora Carmen Guarini, Calles de la memoria, proyecto que se concreta gracias al apoyo para documentales digitales del INCAA y que se exhibirá en la Sala Lugones del teatro Gral San Martin como parte de una retrospectiva de la directora, quien junto a Marcelo Céspedes crearon en 1986 (al regresar al país democrático de 1983) Cine ojo.

    La originalidad de esta obra obedece en primera instancia a la manifiesta intención de exponer el proceso creativo de un grupo de estudiantes extranjeros de un taller documental bajo la consigna de registrar la puesta en escena del paisaje urbano en el que comenzaron a aparecer en determinados barrios baldosas conmemorativas de los desaparecidos. Cada una de ellas pertenecientes a una identidad, con su fecha en el momento de su desaparición y con alguna alusión breve hacia su persona o rol social.

    La iniciativa responde al trabajo de un conjunto de personas que integran Barrios por la memoria, encargados de un minucioso trabajo de investigación y de la elaboración y confección de las baldosas, quienes siguen soportando a veces la indiferencia y otras el enojo de transeúntes o vecinos que no desean ser invadidos ni confrontados con el pasado, ni mucho menos con los reflejos del terrorismo de Estado.

    Paradójicamente hay quienes pisotearon las identidades porque gran parte de la historia argentina reciente nace y muere en las calles; en los rincones de algún barrio por donde transitaron miles.

    Carmen Guarini deconstruye el proceso de la memoria al utilizar la distancia y la aproximación como elemento dialéctico y lo más significativo es que los protagonistas sean estudiantes extranjeros con miradas nuevas ante un fenómeno social que les resulta ajeno desde su propia historia pero no indiferente al comprometerse desde su propia subjetividad con el entramado creativo y problematizar la representación. Esa problematización de los estudiantes también encuentra sus aspectos refractarios en los interesantes debates entre los actores sociales involucrados, en los que lejos de enfrentar una verdad única y aglutinante aparecen muchos matices y reflexiones que enriquecen el camino elegido por la directora.

    En un segmento de este interesante viaje por los andariveles de la representación se arriesga la idea de que la sumatoria de muchas partes no representa el todo sino que precisamente obligan a que la búsqueda por abarcarlo no cese nunca.

    Mientras esa búsqueda persista como el mismo recuerdo para ganarle al olvido valdrá la pena el esfuerzo, el dolor que implica recordar así tiene sentido y trascendencia.
    Seguir leyendo...
  • César debe morir
    Antes y después del encierro

    Desde que conozco el arte, esta celda se ha convertido verdaderamente en una prisión, reza la elocuente frase de uno de los protagonistas de César debe morir, documental que los hermanos Paolo y Vittorio Taviani presentaran en Berlín con la obtención del premio máximo y que ahora llega a nuestro errático panorama de la distribución cinematográfica local con calurosa bienvenida.

    La cárcel conoce historias de traiciones, lealtades, alianzas, violencias y deshumanización y por eso retomar la tragedia que hace casi cuatro siglos escribiera el dramaturgo inglés William Shakespeare, Julio César, cobra un verdadero significado dada su universalidad así como transformar a una cárcel, espacio acotado si los hay, en un lugar para el ensayo y la interpretación de una obra de teatro a cargo de los propios reclusos sin vocación actoral.

    Al estructurarse la puesta en abismo que sigue paso a paso los ensayos, las discusiones frente al texto y las propias internas de los participantes, los directores italianos (octogenarios debe decirse) aportan un enfoque bastante original para desplazarse en el ámbito carcelario cuando frecuentemente desde el cine documental o la ficción prevalece el estereotipo o la distancia entre los condenados y la cámara pero también en el recorte parcial de la realidad, algo inevitable si de cine se trata.

    El mérito es haber encontrado la grieta o el hueco por dónde mirar y atravesar el alma de los presidiarios, muchos de ellos con penas de cadena perpetua, homicidios y vínculos directos con la camorra que encuentran la catarsis en el proceso de preparación teatral pero también el despojo de las máscaras para desnudar su propia historia de vida antes y después del encierro. Ese operativo de la emoción no forzada aunque a la vez de la impostura en la actuación permanente frente a una cámara testigo por momentos desencaja y sorprende cuando emerge verdad, angustia y cuerpo.

    En el rostro apagado de Giovanni Arcuri seleccionado en un singular casting por el director de la obra se vislumbra esa terrible contradicción que es la condición humana en sí misma, lo más sublime y lo más miserable en su mirada tajante. Algo similar queda para el argentino Juan Bonetti, elegido para interpretar a Decio, quien es nada menos el encargado de la muerte de Julio César para comprender todo lo que está en juego en esta actividad que propone la liberación dentro del propio encierro.

    El comienzo que en realidad cronológicamente se ata al final nos muestra un escenario y actores en escena en el último acto de la tragedia shakesperiana que estalla en un aplauso del público y en un grito guerrero para auto determinarse sin que sospechemos que una vez que la furia se disipe y la alegría se apague quedarán las rejas y el silencio.

    Por fortuna existe este tipo de películas que logran por momentos que esos barrotes desaparezcan y que los hombres detrás de las rejas recuperen aquello que los hizo hombres: la voluntad, la imaginación, las ganas de vivir.
    Seguir leyendo...
  • El llanero solitario
    Vino Toro, el llanero no

    El llanero solitario no es pirata del Caribe a bordo de un caballo. Ahora bien la pregunta incómoda: ¿se sostenía Piratas del Caribe sin Johnny Depp? Hay que sincerarse y formar una mirada en perspectiva para encontrar la respuesta porque muchas de las secuencias de acción de aquella trilogía cobraban particular sentido gracias a las morisquetas y acciones corporales del actor que en este nuevo personaje que extrae algo de Toro (Tonto del original) se carga el film de Gore Verbinski y opaca a todos, incluido al insulso Armie Hammer, a quien el papel de llanero solitario le queda tan grande como el presupuesto volcado para esta fallida operación rescate del ícono televisivo.

    El serial del llanero solitario, quien ya había sido transportado al cine en dos ocasiones, guarda un estrecho vínculo con la infancia de muchos de nosotros que acompañábamos nuestras meriendas frente al televisor blanco y negro para ver siempre la misma historia donde había un indio, un vaquero con antifaz y un caballo blanco peleando contra villanos desalmados y codiciosos.

    Eso era todo y alcanzaba pero claro el cine la necesidad de sorprender y de doblar la apuesta para que el producto final sea rentable es mucha y el riesgo igualmente proporcional a la inversión.

    Por lo tanto hay que decir que la mala decisión de haber apelado a un tono paródico frente a una figura heroica y muy vinculada a nuestra infancia y nostalgia no ha dado los resultados esperados y eso se nota en el exceso, el alargamiento sin sentido de una trama muy poco atractiva y que a pesar de las vueltas de tuerca siempre en el terreno de la obviedad no agrega nada al producto final.

    El film se toma mucho tiempo en desarrollar el pasado y el presente de este funcionario de la justicia devenido justiciero que debe convivir con su yo del deber ser y el deseo de venganza por la muerte de su hermano en contraste con la historia mucho más atractiva de un indio que en el presente es una atracción de circo y en el pasado representante de una cultura aplastada por el hombre blanco, la codicia y el progreso simbolizado en el tren y en la extracción de plata.

    No hace falta agregar ni contar nada sobre la historia que entrelaza como parte del guión el recuerdo de un Toro ya anciano ante un niño que actúa de interlocutor en complicidad con el espectador.

    La acción llega con un abuso del digital para poner en ridículo a otro símbolo como el caballo plata y el subtexto permanente de la parodia y la burla se encargan del resto.

    El llanero solitario no cumple ni siquiera con el objetivo primordial de la aventura básicamente porque la composición de Johnny Depp opaca todo, para bien y para mal.
    Seguir leyendo...
  • La pasión de Michelangelo
    No apto para creyentes

    Muchas veces las películas se terminan malogrando por falta de concepto o malos finales. Un desenlace mal elaborado o al menos mal resuelto modifica en su conjunto el paquete presentado porque el moño es más importante que el envoltorio y en cine el envoltorio se ve antes que el contenido.

    Si de contenido se trata, lo primero que podemos afirmar es que La pasión de Michelángelo, segundo opus del chileno Esteban Larraín – no tiene parentesco con Pablo Larraín- transita por los carriles del cine político a partir de un hecho verídico acaecido en los años 80 en plena dictadura pinochetista, que tiene su epicentro en un pequeño pueblo, cerca de Valparaíso, protagonizado por un adolescente de 14 años, huérfano, quien aseguraba tener una conexión directa con la Virgen Maria, al hacerse portador de un don que le permitía comunicarse para dar cabida a sus mensajes.

    El vidente de Piedra blanca arrastró la concurrencia de miles de fieles, movilizó a los medios de comunicación que explotaron la noticia desde sus aristas religiosas, amarillistas y escapistas de una realidad atravesada por un clima social y político convulsionado, que rápidamente se ajustó a un contexto propicio para manipular desde las altas esferas del poder la relación intrínseca entre la fe y la esperanza cuando la necesidad de creer en tiempos difíciles es mucho más necesaria y redituable.

    La trama avanza por contraste de dos puntos de vista: el del cura vicario Ruiz Tagle (Patricio Contreras), quien es enviado por las autoridades eclesiásticas a investigar y corroborar el acontecimiento de señales milagrosas para oficializar el acontecimiento en el orden institucional y el punto de vista de Miguel Ángel (Sebastián Ayala), el muchacho que se ha convertido de la noche a la mañana en la sensación mediática y en el títere perfecto de la política para amansar las ovejas del rebaño, quien lejos de mostrarse humilde ante sus pares y la comunidad exhibe su vanidad y se rodea de oropeles y un séquito obediente desafiando a su autoridad.

    Todas las condiciones de un thriller religioso están servidas en bandeja teniendo presente la obviedad de un personaje con crisis de fe, a la sazón el jesuita Ruiz Tagle, en pleno trabajo de investigación ante las sospechas de fraude y engaño colectivo a manos de un falso profeta, con un trasfondo político que salpica tanto a la iglesia como al Estado y desde una mirada que no juzga y reflexiona el fenómeno pero que no logra despegarse del esquematismo y el estereotipo.

    Sin embargo , La pasión de Miguel Ángel comienza a trastabillar una vez que todas las cartas se exponen en la mesa y ya no queda mazo por repartir en la caprichosa dialéctica de las compensaciones para no tomar ninguna dirección y despejar la saludable ambigüedad que una película de estas características necesita para tener sentido y coherencia. Ese defecto, que hace a la esencia del film, estalla promediando el final y entonces todo aquel andamiaje revestido de cierta sutileza y prolijidad se desmorona y precipita al abismo de la mediocridad de una manera gratuita y realmente muy poco creíble para dar cuenta de ese recurso facilista paradójicamente llamado la máquina de Dios.

    Da toda la sensación de que el realizador chileno no supo separar la impronta emocional con la distancia y rigor racional para sumergirse en un terreno difícil como el de la fe y mucho menos alcanzó a sugerir, bajo su enfoque manifiestamente no religioso, alguna brecha que fuera lo suficientemente atractiva para dejar la semilla de la duda planteada en el espectador, sin ofender su creencia pero sí descreyendo de los modos en que puede manipularse a los creyentes, algo que resulta universal y no inherente a la idiosincrasia de un pueblo o nación.
    Seguir leyendo...
  • Bárbara
    Bárbara
    CineFreaks
    Entre la represión y el deseo

    Ciertas características de thriller psicológico y drama intimista atraviesan el pequeño, pero bien construido, mundo de este opus alemán del director Christian Petzold (Jerichow, 2008), uno de los referentes a la hora de hablar de una nueva corriente en el cine alemán.

    El contexto de Bárbara, título que además da nombre a la protagonista interpretada nuevamente por la sensual Nina Hoss, es nada menos que la Alemania post nazismo y en vías de la futura aniquilación del Muro de Berlín, que separaba a la parte Oriental de la Occidental marcando divisiones muy fuertes entre los ciudadanos, que iban más allá de las ideologías políticas.

    Así las cosas, tras cumplir una condena carcelaria por motivos que el film no devela, la médica Bárbara acepta trabajar en un hospital provincial junto al doctor André (Ronald Zehrfeld), quien llega a ese lugar más que como elección personal por un problema en el pasado que lo conmina a quedarse allí. Si bien la mujer se dedica sencillamente a su trabajo con diferentes pacientes, entre ellos, una joven prisionera llamada Stella (Jasna Fritzi Bauer), quien encuentra en las internaciones el escape ideal y un joven con tendencias suicidas, comienza a surgir entre ambos colegas una sutil atracción, producto de compartir horas de trabajo.

    Sin embargo, los planes de Bárbara más allá de su vocación médica incorporan a un tercero en discordia, un novio con quien planea fugarse de Alemania a Dinamarca y que aporta un vértice importante en esta suerte de triángulo amoroso, aunque este detalle no ocupa el centro de la trama sino la periferia porque la historia se focaliza principalmente en los conflictos internos de la protagonista, quien se debate entre el deber ser para con la profesión y el deseo por querer modificar su mundo y empezar de cero.

    Hay cierta disparidad en lo que se refiere al progresivo avance del relato y su correspondencia desde el punto de vista visual con un fuerte trabajo de la imagen que acuña un estilo plástico compuesto por colores intensos (rojos, azules) para ilustrar escenas y quitarle una pátina de absoluto realismo y naturalismo a un film que abraza el clasicismo en cada uno de sus intentos por desarrollar la historia.

    El realizador alemán contó con la ayuda de otro director conocido, Harun Farocki, para escribir el guión que apela a la sutileza y a la escasa información para que las piezas del rompecabezas se vayan acomodando, pausada pero ininterrumpidamente.

    Bárbara es un film también sobre el mundo femenino, la represión del deseo y desde su costado más político un interesante modo de reflejar el estado de paranoia social cuando el Estado opera entre las sombras o simplemente actúa sin esconderse.
    Seguir leyendo...
  • La huella del Doctor Ernesto Guevara
    Socialudo y viajero

    Huella y viajero son palabras que deben ir de la mano y que muchas veces no se encuentran nunca en la dialéctica del tiempo. Quien viaja, explora, conoce, transita, es aquel que no se estaciona en ninguna parte y avanza o retrocede sobre sus propios pasos, pero lo único que deja presente es esa marca o huella por cada lugar en el que estuvo.

    Ese es de cierta manera el leitmotiv de este interesante documental La huella del doctor Ernesto Guevara, de Jorge Denti, que toma como punto de partida los dos periplos realizados por el joven médico Ernesto Guevara entre 1952 hasta 1956 junto a su inseparable ladero Alberto Granado (a quien está dedicado este documental) y Galica Ferrer, otro de sus inseparables compañeros de aventuras por la Latinoamérica profunda, pobre y cruel, por la cual viajaron durante varios años antes de que germinara la idea revolucionaria primero en Guatemala y luego al conocer a Fidel Castro y el embrión de lo que tras su partida a la revolución se terminaría transformando en el Che Guevara.

    Si bien la estructura elegida por Denti responde a los códigos del documental más clásico, alternando con un montaje material de archivo, fotos y entrevistas a distintos testigos que dan cuenta de un retrato a primera mano de aquel joven socialudo y viajero -como el propio Guevara se definió en uno de sus escritos- terminan trazando el camino no cronológico para ilustrar anécdotas y experiencias fascinantes en las que se desprenden las primeras características de su profunda convicción y transformación personal, a lo largo de su contacto con los sectores más golpeados e invisibles de los países latinoamericanos condenados por la lógica capitalista a la que debía combatirse desde el primer minuto.

    Así, el trabajo de investigación en alergia; la aguda observación de los modos de vida; la enorme sensibilidad poética para mirar la realidad y no ver simplemente quedan plasmados en los 124 minutos en los que además aparece, a partir de la voz en off, el espíritu de Guevara y de su prosa a la hora de comunicar sus vivencias, miedos, contradicciones y emociones.

    Los pequeños fragmentos de cartas a su madre, a su amiga Tita, en complemento con los testimonios de las diferentes cabezas parlantes seleccionadas con rigor para aportar distintos matices y ángulos en la construcción del personaje suministran la información necesaria para aquel espectador que desconocía la historia y los orígenes del Che, así como funcionan de elemento que evoca y llama a la nostalgia para todo aquel que sí había tenido cierto contacto con su pasado y sobre todo con los comienzos en los que la vocación y el compromiso médico fueron mutando con el correr de una vida agitada a otra vocación mucho más trascendente: la de revolucionario y hombre internacionalista.
    Seguir leyendo...
  • La cacería
    La cacería
    CineFreaks
    La mirada ajena enajena

    El danés, otrora sindicado como uno de los representantes más importantes del Dogma 95, Thomas Veinterbeg ya hace tiempo que transita por otros territorios ríspidos pero no por ello menos atractivos desde el punto de vista cinematográfico, rayanos con la incorrección política siempre reivindicada por el cine convencional o aquel que busca el consuelo redentor de Hollywood para no ventilar las miserias humanas.

    La cacería (título poco feliz para un traducción que en realidad debería haber sido La caza) es un drama social sin moralina barata ni anestesia para espectadores que con frecuencia reaccionan de manera negativa ante propuestas en los que los maniqueísmos quedan absolutamente sepultados por las aristas y los reveces de la condición humana.

    Quedarse con la anécdota de esta historia que propone no un enfoque unidireccional sino precisamente ambivalente, caleidoscópico como si se tratara de un prisma que refleja distintos niveles de realidad se acomoda en el incómodo resquicio entre las víctimas y los victimarios anticipándole desde el primer minuto al espectador la inocencia de un hombre acusado de abuso deshonesto a la hija de su mejor amigo, quien junto a otros niños convive con el acusado durante unas horas en su trabajo de una guardería.

    Lucas (Mads Mikkelsen) es un padre divorciado que lucha por la tenencia de un hijo adolescente, Marcus (Lasse Fogelstrøm), y con la intención de recomponer esa relación comienza a trabajar en la guardería ya mencionada porque además le gusta el contacto con los niños pequeños. Su predilección por la hija de su amigo Klara (Annika Wedderkopp) es evidente, aunque nunca existen indicios de segundas intenciones.

    Sin embargo, la pequeña al no sentirse correspondida por Lucas y tras un límite impuesto por el adulto experimenta una reacción negativa y su enojo se convierte en fabulación. A partir de los dichos de Klara, quien bajo presión de la directora y de su propia madre, vacila pero confirma un encuentro sospechoso, la vida del sospechado cobra un vuelco de 180 grados sin ninguna chance de defensa ante el escarnio social que lo sume en una pesadilla sin retorno.

    Fiel a la idea de poner la otra mejilla, Lucas se resigna ante las infundadas acusaciones de pedófilo como una presa acorralada por la mirada ajena que ya lo estigmatizó a pesar que Klara resulta contradictoria en sus nuevas declaraciones.

    El director de La celebración (1998) ensaya en este film un tratado sobre la mirada de los otros cuando lo que menos está en juego es precisamente la búsqueda de la verdad y si bien no terminan condenando a su protagonista tampoco lo redime en su lucha desigual haciendo de este relato algo mucho más crudo y verosímil porque el espectador conoce pormenorizadamente todos los hechos y saberse depositario de esa verdad automáticamente lo involucra desde su condición de público pasivo, una pieza más del engranaje de la maquinaria social amparada en la hipocresía de la estigmatización.

    El planteo radical de este opus no complaciente resulta por un lado perturbador y por otro esclarecedor acerca de un tema considerado grave y serio que desde la dialéctica cinematográfica la mayor cantidad de veces se somete bajo las coordenadas de la venganza y el maniqueísmo poco interesante en materia conceptual.

    Todo está servido en bandeja para la reflexión y la mayor virtud de esta película se esconde recién en el clímax y en un desenlace absolutamente coherente y orgánico como este audaz trabajo requería para dejar una huella indeleble en cada uno de los espectadores.
    Seguir leyendo...
  • El hombre de acero
    Del superhéroe al hombre

    Hay dos modelos de Superman que pugnan en El hombre de acero, pensada bajo la prédica de Christopher Nolan y sus particulares enfoques filosóficos sobre la figura del héroe y dirigida, así como ejecutada visualmente, por el creativo Zack Snyder. Es decir, que esta nueva franquicia que procura reinventar a la creación de los años treinta, que luego llegara a la pantalla grande para convertirse en icono cinematográfico y arquetipo de héroe, intenta la alquimia entre el Superman de acción y el filosófico con su planteo existencial detrás.

    Empresa desafiante si las hay para tiempos en que Hollywood ya no sabe cómo reciclar fórmulas sin repetirse y donde la idea de industria como negocio multimillonario se liga directamente al cine en su carácter de fuente de entretenimiento y espectáculo de masas más que a nivel artístico.

    La primera novedad se resume en el alto grado de dramatismo e intimidad que atraviesa el universo de El hombre de acero durante 143 minutos –quizás se pueda objetar la excesiva duración- en el que conviven un relato de tipo iniciático como el propuesto desde Batman inicia (2005) a un film de ciencia ficción y acción al estilo Hulk (2003) o Los vengadores (2012). Esa curva iniciática expone desde el punto de vista narrativo el inteligente recurso de la fragmentación de tiempo pasado y presente para introducir los necesarios flashbacks y así reconstruir los hitos que marcan el nacimiento del héroe y su transformación hacia el desenlace del relato.

    La mirada Nolan –por bautizarlo de alguna manera- explora y refleja las fisuras y aristas del conflicto moral por el que debe atravesar el extraterrestre kriptoniano al haberse criado en la Tierra en compañía de la raza humana, infinitamente inferior y débil en relación a cualquier espécimen proveniente de su galaxia ya extinta. El planteo moral dinamita de forma racional los preceptos religiosos más puros pero se arraiga en los mandatos paternos desde dos focos complementarios: la ley de Jor El, padre biológico de Kal El –Superman- interpretado por un correcto Russell Crowe y aquel código ético impuesto desde las enseñanzas a Clark Kent por su padre de corazón, en la piel del siempre eficiente Kevin Costner, granjero de Kansas quien junto a su esposa (Diane Lane) se encargaron de integrar, proteger y a la vez ocultar a este niño llegado desde el espacio y en quien se deposita nada menos que la esperanza de salvación de la humanidad.

    Lo que realmente hace efectiva esta suerte de transformación del personaje desde el aprendizaje y a partir de asumir su calidad de outsider eterno (cada vez que descubre uno de sus poderes ante sus pares humanos debe huir a otro pueblo y comenzar nuevamente de cero) es haber encontrado el equilibrio justo entre infancia, adolescencia y adultez bajo la órbita del mismo conflicto interno: la soledad del héroe.

    El Superman de Nolan y Snyder es un Hombre de acero por su voluntad a prueba de las debilidades humanas; su carácter de hombre superior a todos es la capacidad de empatía emocional con el dolor del otro y la exteriorización del propio sufrimiento y sentimiento de culpa cuando no está a la altura de las circunstancias, sin menoscabar claro está los aspectos racionales que son fundamentales para tomar decisiones ante situaciones límite como aquella que experimenta el niño cuando el micro escolar que lo transporta, junto a sus compañeros de curso, se precipita al agua y sin su intervención hubiese significado la muerte de todos esos niños que descubren sus cualidades en vivo y en directo.

    Superada esta lectura, debe avanzar el análisis a lo que en materia cinematográfica nos atañe y fundamentalmente en relación al estilo y estética del film, la cual abraza la idea de comic, camuflado en una historia de invasión extraterrestre con el propósito de conquistar el planeta Tierra, para desarrollar toda la seguidilla de momentos y secuencias de acción, utilizando al máximo la digitalización para destruir literalmente la ciudad de Nueva York en una pelea cuerpo a cuerpo entre el protagonista y su antagonista el general Zod (Michael Shannon).

    La balanza no se inclina para ningún costado de manera manifiesta, pues cada vez que surge una secuencia de carácter intimista con fines de desarrollo dramático sin sobre explicaciones, con una banda sonora muy acorde a las situaciones -donde por momentos Hans Zimmer se disfraza de Clint Eastwood- arremete otra cargada de caos, destrucción y despliegue visual haciendo gala de un diseño y coreografías complicadas, pero que se comprenden en la imagen y se sienten en el cuerpo como los golpes que cada uno recibe en pleno combate, donde los militares y los humanos se ven relegados en calidad de testigos.

    Las bondades del 3D para una película que no fue pensada para explotar este formato no aportan demasiado a la pirotecnia visual que estalla sobre todo en la batalla final, no ocurre lo mismo en el comienzo que tiene como marco un enfrentamiento galáctico en el propio planeta de Superman, a quien el actor Henry Cavill le encuentra el sayo justo para calzarse e impregnarlo de humanidad, a pesar de la inexpresividad de su rostro.

    Algo similar ocurre con la buena elección de Amy Adams para probarse el traje de Lois Lane, en las antípodas de la insípida Kate Bosworth de la olvidable Superman Returns (2006) y mucho más protagonista en la historia que la reconocida Margot Kidder de fines de los 70. Esta nueva versión que supera con creces la idea de interés amoroso para convertirse en personaje de mayor intensidad, que lucha en un mundo de hombres, genera un lugar distinto para las mujeres en este relato predominantemente masculino.

    Para aquellos que no comulguen con la concepción Nolan encontrarán consuelo en la estética Snyder absolutamente presente en cada plano. No obstante, quienes hayan disfrutado de la renovada trilogía de Batman a partir de haber tomado la posta el director de Memento se reconciliarán y regocijarán con esta nueva incursión que seguramente depare más sorpresas en el futuro e inaugure un antes y un después de este icono del comic y del cine.
    Seguir leyendo...
  • El gran casamiento
    La gran familia conservadora

    El matrimonio y sus votos conllevan sus crisis pero al final siempre termina triunfando el amor. Ese es el mensaje de esta simpática aunque no deslumbrante comedia El gran casamiento, remake del film suizo de 2006, Mon frere sa marie, de Jean-Stephane Bron, cuya particularidad es en definitiva su única virtud: un reparto de lujo en el que se destaca un Robert De Niro ajustado y contenido en base a su galería de tics a los que nos tiene acostumbrados.

    De Niro se complementa con otros actores de la talla de Diane Keaton, Susan Sarandon y Katherine Heigl, secundados también por un desaprovechado Robin Williams en el rol de cura católico que deberá casar al hijo adoptivo de De Niro y su ex esposa interpretada, por Diane Keaton, Alejandro. Alejandro (Ben Barnes) está a punto de casarse con Missy (Amanda Seyfried), hija de una familia conservadora que ve con prejuicio a los latinos como él, pero que harán el esfuerzo por conocer a su futura consuegra y a la hermana del novio, invitadas para encontrarse con los padres adoptivos de Alejandro, sus hermanos Lyla (Katherine Heigl), abogada y soltera y Jared (Topher Grace), médico y soltero también.

    El énfasis puesto en la soltería no es una redundancia a los fines de esta película dado que todo gira en torno a la diferenciación entre los dos estados: casados con hijos y solteros sin hijos.

    Sin embargo, a pesar de bordear un espacio lúdico y un tanto irreverente en algunas situaciones, el conflicto central de esta boda obedece a la impronta de lo sagrado que implica dentro de la doctrina católica mantener los votos del matrimonio. Eso es lo que motiva a que durante 48 horas antes del casamiento propiamente dicho Don (Robert De Niro) y Ellie (Diane Keaton) deben aparentar estar casados para no levantar sospechas frente a las creencias religiosas de la madre biológica de Alejandro, Madonna (Patricia Rae), para quien el divorcio es pecado.

    El director y guionista Justin Zackham (fue quien escribió el guión de Antes de partir, 2007) dota al relato de frescura y en esporádicas situaciones de incorrección política para tocar los tópicos más convencionales que hacen a los valores conservadores como familia, matrimonio, etcétera, en una trama que no alcanza a convencer desde su planteo pero que sin embargo entretiene por mérito de sus intérpretes.

    El gran casamiento es otra comedia que busca el detonante cómico en el enredo y en este caso explota a partir de la forzada relación entre Don y Ellie con la tercera en discordia Bebe, quien vuelve a ocupar el lugar de la segunda y a perder su status y reinado ante la llegada de su amiga.

    Muy poco puede agregarse, salvo la mala elección de los personajes secundarios como la madre latina y la hermana del novio.
    Seguir leyendo...
  • Nada es lo que parece
    Anexo de crítica.

    El director francés Louis Leterrier ha demostrado a lo largo de sus películas de acción como las dos El transportador –The transporter, 2002, 2005- oficio y a la vez desparpajo en lo que a manejo de cámara y dirección se refiere. Su cine maneja el mismo verosímil que las películas clase B pero con presupuestos diez veces mayores a los que puede aspirar un film de esas características y siempre en función al espectáculo cinematográfico como sello personal.

    Cabe preguntarse cuándo un truco de magia es eficaz para responderse si Nada es lo que parece –Now you see me- es igual de eficaz y entonces no queda más remedio que admitir que, a pesar de las trampas de Leterrier y compañía, la digitación del plan maestro queda perfectamente oculta en las numerosas maniobras de distracción, las cuales conducen al espectador por diferentes caminos para que nunca reconozca el verdadero atajo y así llegar a resolver dónde está la falsedad ante los hechos que suceden a gran velocidad frente a sus ojos.

    Nada es lo que parece apela al recurso de la rapidez tanto en la narración como en el montaje para potenciar la distracción y camuflar las enormes falencias del guión, así como las arbitrariedades en función al propósito buscado: sorprender, engañar, burlarse tanto del público como de sí misma. Parte de ese objetivo lo cumple por contar con un reparto muy calibrado y afiatado para esta aventura entre quienes debe destacarse a Jesse Eisenberg y Mélanie Laurent por encima del resto del elenco integrado por Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Isla Fisher, Dave Franco, Morgan Freeman y Michael Caine.
    Seguir leyendo...
  • Un lugar donde refugiarse
    Suéltame pasado

    El sueco Lasse Hallström tiene en su haber algún que otro título digno y muchos otros que pueden pasar al olvido. Entre los rescatables claro está se impone Chocolate (Chocolat, 2000) sencillamente por contar con Johnny Deep y la francesa Juliette Binoche que hacían el deleite del espectador en una historia romántica e insulsa, pero al fin y al cabo llevadera.

    No cabe ninguna duda que con esta adaptación de otra novela de Nicholas Sparks (Querido John), frecuentemente llevado al cine con relatos de amor edulcorados, nos encontramos ante un producto menor que marca sin dudas una caída en el nivel del realizador sueco.

    La diferencia con otros films inspirados en el universo Sparks es que en esta ocasión se ha buscado introducir un elemento de suspenso, con pretensiones de thriller en una trama que jamás avanza hacia un lugar no predecible, pese a que la protagonista intente esconderse. Podría decirse, siguiendo este planteo, que la descubrimos en el primer minuto y también las intenciones del guión (si se lo puede llamar guión) así como el esquemático juego de simetrías entre los amantes, el tufillo maniqueo de buenos y malos y la ingenuidad más absurda que eleva a niveles irrisorios situaciones y desenlaces al servicio de un romanticismo hueco y meloso.

    Un lugar donde refugiarse es el título elegido por la distribuidora local para el original Safe Haven (algo más acorde a lo que realmente ocurre más allá de la referencia geográfica) para adentrarse en el derrotero de la joven Erin (Julianne Hough) en plan de huída para tomar la personalidad de Katie, una dulce muchacha que se enamora del viudo Alex (Josh Duhamel), quien se encuentra a cargo de dos niños pequeños Josh (Noah Lomax) y Lexie (Mimi Kirkland) en un pequeño pueblo cercano a Atlanta.

    Ella se instala en una cabaña en el bosque e intenta recomponer y rehacer su vida como camarera, al tiempo que comienza a enamorarse del vulnerable y sensible Alex, mientras el detective Tierney (David Lyons) sigue sus pasos porque existe entre ellos un vínculo relacionado a su pasado.

    El relato transita por todos los lugares comunes habituales pero lo más preocupante aparece cerca del final con un cúmulo de torpezas, golpes bajos y revelaciones que no sorprenden ni siquiera a aquellos espectadores que se durmieron durante el desarrollo de la película, cansados de ver a la parejita feliz en sus paseos en bote o los escarceos amorosos en plena lluvia.

    Tanto Julianne Hough (la chica de La era del rock) como Josh Duhamel cumplen en sus roles, aunque la química entre ambos no explota jamás en pantalla pese a los fuegos de artificio del 4 de Julio, imagen hartamente utilizada en el cine.
    Seguir leyendo...
  • Hermanos de sangre
    El sacrificio

    El realizador Daniel de la Vega es un batallador incansable del cine de género, más precisamente aquel que se vincula al terror con una fuerte influencia del giallo o de directores como Lucio Fulcci, Bava, por citar los más reconocibles en sus cortometrajes Sueño profundo (1997) o La última cena (1999), premiados en varios festivales. También ha experimentado en carne propia el amargo y doloroso tránsito por las coproducciones con Estados Unidos en los largometrajes Jennifer’s shadow (2004) y La muerte conoce tu nombre (2006), pero nadie le quita la satisfacción de haber dirigido con cámara Panavision nada menos que a Faye Dunaway.

    Partícipe activo en el film de Nicanor Loreti, Diablo, quien ahora se suma a Hermanos de sangre como uno de sus guionistas, junto a Martín Blousson y Germán Val, sobre una idea original del mismo Loreti, esta incursión en el género de la comedia negra con fuertes dosis de violencia y gore significa un saludable cambio de rumbo en su filmografía, sin perder la esencia de su cine y sobre todas las cosas de un estilo que va afianzándose.

    Podría entenderse a esta propuesta como el entrelazamiento de dos ideas muy exploradas por el maestro del suspense Alfred Hitchcock: la del asesinato cruzado y la del héroe o mejor dicho antihéroe sin estrategia que se ve involucrado en una situación que excede su acotado margen de acción y para la cual deberá adaptarse. También se respira en la trama la sutil impronta de las buddymovies al plantear la relación entre Matías Timmerman (Alejandro Parrilla) y su compañero de coro en su temprana juventud Nicolás Galvagno (Sergio Boris).

    Matías responde al arquetípico perdedor, buen compañero de oficina que guarda la secreta esperanza de que su colega Eugenia (Natalia D’Alena) se fije en él y que a pesar de las humillaciones constantes mantiene su espacio sin actuar para modificar el entorno y preso de una rutina agobiante, donde está incluida una novia manipuladora (Rebeca Kohen) y una tía recalcitrantemente conservadora (gran sorpresa de Carlos Perciavalle).

    Sin embargo, su vida se ve alterada a partir de la llegada azarosa de Nicolás, acompañado de Belén (Jimena Anganuzzi) que desde sus comportamientos psicopáticos allana el camino de bienestar del protagonista con el sólo objetivo de evitarle nuevas derrotas y humillaciones a cambio de una amistad incondicional.

    Así las cosas, a fuerza de un humor corrosivo que se ajusta a la perfección entre el tendal de muertos y escenas que pasan del absurdo a la extrema violencia, Daniel de la Vega consigue subvertir la connotación negativa de las malas influencias en un relato que se vuelve verosímil gracias a sus personajes y situaciones y que no busca ningún escape sentimental o moralista de último momento.

    Los personajes de Hermanos de sangre se enfrentan a todo con una impronta heroica a pesar de que eso esté contaminado de muerte, sangre y perversión. Son tan auténticos desde su amoralidad como genuinos en sus últimas intenciones. Lo mismo ocurre desde el punto de vista cinematográfico, que trata de sortear los estereotipos a partir del recurso de la exageración con buenos resultados, inclusive mejores que los de Diablo.

    La invitación a ver un cine argentino de género que no especula un céntimo con convencionalismos está hecha con una película sólida, bien narrada, divertida y original, ahora falta que el público responda como el film se merece.
    Seguir leyendo...
  • Samurai
    Samurai
    CineFreaks
    Tradición, desarraigo y soledad

    Al despojarse de primera mano del anclaje histórico o más precisamente de la reconstrucción episódica de los acontecimientos que anteceden la historia de Samurai, el realizador Gaspar Scheuer, quien ya había incursionado con su opera prima en la épica gauchesca El desierto negro (2007) –inspirada desde lo literario en el cuento del mendocino Antonio Di Benedetto que años después también fuera recreado en Aballay de Fernando Spiner-, propone al espectador un viaje, mezcla de onírico con reflexión, acerca de la condición de los descastados, estableciendo un paralelismo conceptual entre el destino de la tradición samurai y la del gaucho atravesado por la crisis de la tradición en aras del progreso.

    Para tal propósito y desde el punto de vista narrativo, el director imagina la historia de una familia japonesa en el siglo XIX, exiliada tras el proceso de restauración imperial, que por un lado busca mantener la tradición y las raíces en la figura de un anciano (Kazuomi Takagi) para legarle a su nieto Takeo (Nicolás Takayama) la misión de encontrar al último samurai, Saigo Takamori, personaje histórico real que fuera responsable de una revolución para defender el honor de sus pares y muerto en batalla tras las enormes ventajas del ejército enemigo que contaba con poder de fuego, episodio reconstruído por hollywood en el film protagonizado por Tom Cruise.

    A partir de la introducción del mito que rezaba que Saigo estaba vivo y escondido en el campo argentino comienza el derrotero de esta interesante película donde se entrelaza también el contexto de la Guerra del Paraguay a partir del testimonio viviente de un soldado que perdió sus miembros superiores, Poncho Negro (Alejandro Awada), quien se cruzará en el camino iniciático del protagonista.

    En ese periplo por locaciones reales, entre ellos San Luis, donde dialécticamente se tensa la cuerda invisible entre tradición y progreso, los personajes aparecen delineados con fuertes marcas en lo que a idiosincrasia y maneras de pensar se refiere, con un cuidado trabajo en los diálogos y los léxicos, uno de los puntos fuertes del guión también escrito por Scheuer con la colaboración de Fernando Regueira.

    La relación entre Takeo y Poncho Negro marca desde lo simbólico el choque cultural pero también se hace carne en pantalla y pivotea por diferentes estados emocionales y psicológicos que dan marco a los conflictos de manera sutil.

    Samurai abraza los códigos del western con una impronta muy personal que da un espacio privilegiado al tratamiento de la imagen; los encuadres prolijos y una virtuosa fotografía a cargo de Jorge Crespo para que lo paisajístico cobre un verdadero sentido dramático y se integre al lienzo de este cuadro rico en matices, que aporta al cine argentino nuevas maneras de mirar la historia desde otros colores, recupera la fuerza de la imagen como parte de la dinámica del lenguaje cinematográfico para generar en el público un vínculo sensorial que trascienda la intelectualidad y permita desarrollar la sensibilidad por algo que parece alejado u olvidado, pero que vive en la memoria.
    Seguir leyendo...
  • ¿Qué pasó ayer? Parte 3
    Anexo de crítica

    La necesidad de un cambio de aire para encarar la innecesaria ¿Qué pasó ayer? Parte 3 – The hangover Part III- busca sin conseguirlo despegarse de la ecuación olvido/descontrol para suplirla por otra mucho menos atractiva: policial esquizofrénico con curva de maduración y guiños auto referenciales.

    La trama se concentra en la parábola del proceso madurativo de Alan, esta suerte de niño malcriado y caprichoso en el cuerpo del multifunción Zach Galifianakis, quien se carga la película a la espalda cuando otro personaje completamente secundario, que aquí cobra un protagonismo absurdo, como Chow se encarga de tirar ese peso mientras todo el resto sobra.

    Un relato desganado que acumula situaciones no graciosas y que trata con mucho esfuerzo cobrar un sentido de seriedad y sentimentalismo en el tercer acto, que para los fines de un producto de este nivel de mediocridad resulta penoso más que ridículo. Esperemos que esta sea la última porque las drogas y el alcohol siempre causan adicción y las malas películas también.
    Seguir leyendo...
  • Locamente enamoradas
    Cuatro mujeres

    Hay un cine con mirada femenina que resulta mucho más interesante que esta película de neto corte comercial proveniente de Bélgica, Locamente enamoradas, de la directora Hilde Van Mieghem, una actriz con una importante trayectoria que ahora también se dedica a dirigir.

    Bajo un registro que pretende contagiarse de la velocidad de una sitcom como podría ser Sex and the city, las protagonistas de este film coral atraviesan desde diferentes edades el mismo conflicto: los hombres y sus relaciones amorosas.

    La que ocupa el centro es Eva (Aline Van Hulle), preadolescente en estado de ebullición hormonal en busca del primer beso y de la experiencia amorosa en general. Sus modelos a seguir son su madre Judith (Veerle Dobbelaerre), actriz cuarentona que tras un fracaso con el matrimonio encuentra refugio como amante de un poeta maduro que no está dispuesto a abandonar a su esposa para que ella ocupe el primer lugar y entonces cansada de jugar el rol de segunda sale en busca de nuevos candidatos, uno peor que el otro.

    Completan el cuadro, la media hermana de Eva, una joven que intenta despegarse de la esfera paterna para convertirse en mujer, así como la tía de Eva que pretende quedar embarazada y concibe al sexo solamente desde ese lugar hasta que conoce la otra parte con un colega de trabajo.

    Las viñetas que desarrollan situaciones cotidianas como parte del abc del universo femenino exploran temáticas pero de una manera muy superficial a la que se compensa en la vorágine de la trama con algunos recursos ingeniosos desde el punto de vista narrativo, aunque eso no suma demasiado más que nada por las limitaciones del guión y la construcción esquemática de cada personaje, incluido claro está el mundo masculino con todos los lugares comunes a la vista.

    La única cuota de transgresión que se puede reconocer en este poco atractivo film belga es la utilización sin especulaciones de los desnudos y las escenas de sexo que resaltan por un lado la femineidad, la sensualidad de sus actrices y por otro la predominancia de lo erótico como parte del amor, sin un enfoque edulcorado o salpicado de moralina.
    Seguir leyendo...
  • Héroes del espacio
    La familia extraterrestre

    Esta nueva apuesta a la animación de la compañía Weinstein que marca el debut en la dirección del encargado de storyboard en La era de hielo 4, Cal Brunker, arrastra uno de los defectos que últimamente vienen apareciendo en propuestas similares: es demasiado infantil para un público que supere los seis años y muy compleja desde los guiños referenciales a la cultura pop como para que lo entienda el público menudo. Por eso, esas limitaciones condicionan el resultado general, que si bien no defrauda en cuanto a la historia tampoco termina por convencer si se tiene en cuenta la vara con que se mide la animación en los últimos años.

    Dicho esto se puede argumentar que lo novedoso obedece a la elección del villano (Voz en el original a cargo de William Shatner), un humano resentido que captura a todo extraterrestre que aterrice en el planeta para hacerlo trabajar a destajo y explotar su inteligencia en beneficio de la construcción de un rayo para destruir la galaxia. Los héroes en esta oportunidad son dos hermanos azules (¿serán primos lejanos de los de Avatar?) que pese a su rivalidad y diferencias se unen en la causa común: salvar a su planeta y el resto de la locura de los humanos.

    Gary Supernova (Rob Corddry) vive junto a su hijo y esposa, Kip (Jonathan Morgan Heit) y Kira (Sarah Jessica Parker) en el planeta Baab a quince millones de años luz de la Tierra. Su trabajo en la base de la BASA –algo como la NASA pero en Baab- es controlar las misiones encargadas a su arrogante hermano Scorch (Brendan Fraser), el más mediático de la familia, quien siempre se lleva los créditos por poner la cara y el cuerpo ante las amenazas más terribles. Sin embargo, todo se precipita a partir de la existencia de una nueva misión al Planeta oscuro, que no es otro que la Tierra, algo inexplicable para la lógica alienígena.

    Para Gary el peligro no vale el riesgo pero para Scorch es la oportunidad de mantener su status de héroe por los siglos de los siglos. Claro que lo que no sabe el valiente azulito, que tiene un traje parecido al de Buzz Lightyear, es que en el área 51 le tienen preparada una bienvenida poco amistosa y tras ser atrapado por el villano de turno, junto a otros especímenes alienígenas, obliga a que su hermano Gary parta a su rescate para ganarse entre otras cosas la admiración de su hijo, quien ve al tío Scorch como un modelo a seguir.

    Las referencias a la cultura pop norteamericana y algún que otro chiste a los ingleses como el despiadado Simon Cowell o una pequeña participación para el odiado Ricky Gervais aporta la única cuota de humor para los más grandes dejando todo tipo de gag físico para los más pequeños y explotando las características de los personajes secundarios, que son mucho más atractivos que los propios protagonistas. En ese punto se destaca un bicho simpático llamado Doc (Craig Robinson) muy parecido en sus gestualidades y voz al lémur de Madagascar, pero sin mover ningún bote.

    No faltarán las coreografías para que los niños sacudan el esqueleto mientras sus padres soportan la película y tampoco la velocidad en las escenas de acción y el color habitual para un despliegue visual correcto, aunque no deslumbrante en lo que hace a diseño de decorados en particular. Como se trata de un film dirigido especialmente al público infantil tampoco se olvida el mensaje familiar y la fuerza de la unión para vencer al enemigo.

    En resumidas cuentas, Héroes del espacio funciona a medias si se piensa en un espectro mayor como audiencia pero eso no significa que niños de 4 a 6 se aburran en el cine o dejen de prestar atención a estos personajes atractivos visualmente y por momentos graciosos
    Seguir leyendo...
  • TV Utopía
    TV Utopía
    CineFreaks
    El medio es el mensaje

    Vamos al grano: Tv utopía es un documental del director Sebastián Deus, quien allá por los noventa también formaba parte del Canal cuatro utopía, proyecto de autogestión de los vecinos del barrio de Caballito fundado por Fabián Moyano que al no contar con una licencia para transmitir lo hacía desde la clandestinidad y con una escasísima producción y amateurismo evidente.

    Detrás de este proyecto colectivo, que para la década menemista significaba por un lado la identidad de un medio alternativo de comunicación y por otro un sueño hecho realidad para aquellos que jamás formarían parte de ninguna programación de canal de cable o de aire por el contenido y la forma de los programas (a lo largo de diez años hubo de todo incluso noticieros y programas políticos), existe de cierta manera una historia que de acuerdo al punto de vista que la observe podría asociarse a la lucha quijotesca contra los molinos de viento de los grupos hegemónicos pero también es justo reconocer planteada en términos que dentro del ámbito comunicacional resultan por lo menos cuestionables, no tanto desde lo ideológico sino desde los códigos de la comunicación per se.

    Hay dos preguntas incómodas que este loable, aunque con importantes falencias en lo que a la utilización del material se refiere, documental no puede responder desde la propuesta por lo menos cinematográfica que sale a buscar el testimonio de los involucrados y de sus particulares anécdotas: ¿cuánta gente miraba este canal gratuito y de aire que por sus condiciones rústicas transmitía las 24 horas con interferencia? Y la segunda obedece a preguntarse con sinceridad a qué intereses reales afectaba este proyecto comunitario que transcurrida una década intentó recuperar luego un espacio durante la agitada y convulsionada disputa por la famosa Ley de medios con la esperanza de conseguir alguna adhesión a sus ideas cuando la política lo contaminó todo.

    No puede visionarse este documental de buenas intenciones sin tomar como punto de partida una frase del filósofo y teórico canadiense Marshall McLuhan (1911-1980), pionero en muchos temas de debate de teoría de la comunicación que aún hoy continúan vigentes a pesar de los brutales cambios a partir de la digitalización: el medio es el mensaje.

    Sin ánimo de teorizar desde este lugar y simplemente con fines complementarios a este texto podría resumirse el pensamiento del canadiense partiendo de la idea que el contenido de la comunicación es menos importante que el medio que la provoca. Esa pequeña y sutil diferencia entre contenido o mensaje y medio es lo que sintetiza el antes, durante y después del Canal 4 utopía, que por su esencia y origen distaba mucho de lo que puede significar la palabra televisión porque lo que predomina en este medio es la imagen sobre el contenido.

    Muchos de los programas que se transmitían en Utopía, y sobre este particular alcanza con el material de archivo recuperado por Deus -casi 300 horas-, hubiesen tenido mayor impacto en una radio porque carecen de imagen más allá de la exposición de la televisión en crudo y con las impurezas técnicas pertinentes.

    Así, lo que frecuentemente aparece en pantalla y más aún en un documental de estas características es el costado artesanal y voluntarioso pero también su límite cuando se rompe la barrera entre lo que está adelante y lo que está atrás de cámara. El efecto de la desprolijidad muchas veces juega en contra porque a pesar de causar simpatía o gracia en un primer instante luego desnuda con más profundidad los alcances del mensaje en función al contenido. Algo que por ejemplo se toma en solfa en programas humorísticos como los de Peter Capusotto, por citar el ejemplo local más oportuno.

    Sin embargo, también debe reconocerse que el Canal utopía utilizó un espacio en la comunicación para dar voz a otra manera de entender a los medios de comunicación alternativos sin entrar en el debate sobre la legalidad o ilegalidad de sus transmisiones.

    La clave del documental de Deus no es otra que el punto de vista elegido para contar la historia que no presenta dobleces, contradicciones pero es justo decir tampoco transparenta militancia en una época donde no existe el matiz sino el posicionamiento hacia un extremo o hacia el otro.
    Seguir leyendo...
  • Rápidos y furiosos 6
    Anexo de la crítica

    El listón alcanzado por la franquicia Rápido y furioso –Fast and Furious-, sobre todo desde la cuarta y quinta entrega, había llegado por una serie de decisiones acertadas a un nivel superador en lo que a la saga respecta. Pasaron doce años y con Rápido y furioso 6 –Fast and Furious 6-, donde nuevamente Justin Lin se hace cargo de la dirección, dejando en claro que Rápido y furioso 6 –Fast and Furious 6- es más que una película de persecución automovilística aunque varias de sus escenas de acción involucren velocidad y autos. Más allá de estos defectos que seguramente los fanáticos no tendrán en cuenta y le darán la importancia equivalente a la de preguntarse si no es demasiado pesado lo que están viendo, Rápido y furioso 6 –Fast and Furious 6- anticipa que habrá franquicia para rato con una sorpresa luego de los créditos finales pero también que el desgaste se aproxima si es que se transita por el mismo camino, donde el gigantismo oculta las pequeñas grandes grietas de un producto con fecha de vencimiento, adulterada por las grandes explosiones y esa velocidad que se lleva por delante al buen cine de acción, ese en el que cada persecución se comprendía y se disfrutaba de la misma manera. Pablo E Arahuete (6 puntos)
    Seguir leyendo...
  • Cuando yo te vuelva a ver
    Te vi y te perdí

    Hay películas argentinas que por su forma más que desde el contenido funcionarían mucho mejor en televisión. Básicamente porque detrás de los proyectos de este tipo se cuenta con buenos actores, alguna que otra interesante idea pero no se piensa demasiado en los códigos del cine más allá de estar atado a los cánones de un género como en este caso el melodrama costumbrista.

    Según los créditos, Cuando yo te vuelva a ver, cuarto opus de Rodolfo Durán (Terapias alternativas, 2007) se inspira en una idea original de Pascual Condito –para quien se reserva un personaje en la película- y cuenta con el guión a cargo de Gisela Benenzon y Marcela Sluka, quienes desarrollan el reencuentro de dos jóvenes que en los setenta tuvieron un fugaz romance de veinte días y que luego se separaron a causa del exilio para dividir rumbos e historias de vida que en el presente vuelven a unirse.

    Así las cosas, Paco (Manuel Callau) regresa a la Argentina luego de treinta y seis años de ausencia en España para asistir al casamiento de un amigo (Pascual Condito) y pasar unos días con su hermano (Alejandro Awada). Sin embargo, lo que nunca se iba a imaginar, ocurre: en ese casamiento se encuentra Margarita (Ana María Picchio) trabajando en el catering, la mujer que debió abandonar en su juventud y a quien estuvo buscando durante todo su exilio, incluso desde las cartas que jamás fueron respondidas por la destinataria.

    Es en el encuentro de estos dos personajes que se deben esa charla aclaratoria para sanar heridas donde se concentra la trama y en las consecuencias de una toma de decisiones del pasado que alteraron el presente de cada uno de ellos con un denominador común: la frustración.

    El problema del film de Durán obedece al tono y registro elegido para contar la historia en primera instancia por un innecesario subrayado y un excesivo nivel dramático, propio de una novela televisiva de las de antes. Se puede reflejar humanidad en los personajes sin que esas emociones parezcan sobreactuadas y es en ese umbral donde se aprecia una buena película que trata de narrar sin pretensiones una historia sencilla.

    Por otra parte, el recurso del paralelismo y la alternancia en el montaje para que avance la historia del pasado y la del presente a fuerza de flashbacks no es el más adecuado y tampoco equilibrado teniendo en cuenta que toda la carga se deposita en el aquí y ahora de Paco y Marga.

    No obstante, debe reconocerse una buena subtrama en relación al vínculo entre Marga y su hija (Malena Solda), depositaria de todas las frustraciones de su madre y víctima involuntaria de las malas decisiones. Tal vez con un mayor énfasis en esta relación se hubiese alcanzado un mejor desarrollo de la historia de Paco como ese hombre ausente para un relato donde las mujeres son protagonistas y los hombres convidados de piedra, nostalgiosos y poco convincentes.
    Seguir leyendo...
  • Ginger & Rosa
    Ginger & Rosa
    CineFreaks
    Antes de que estalle la bomba

    Desde el comienzo, la vida de Ginger y su inseparable amiga Rosa (Alice Englert) ha transitado por los carriles normales de la adolescencia.

    La contemplación secreta de Ginger en todo lo referente a las actitudes desinhibidas de su compañera de aventuras se irán disipando paulatinamente al descubrir un aspecto un tanto oculto en ella y que está estrechamente vinculado al padre de la protagonista, Roland, un hombre recién separado de su esposa -la madre de Ginger- que abraza el liberalismo en todos los órdenes de la vida tras haber permanecido un tiempo en prisión, con un pasado algo oscuro y varios misterios detrás.

    Roland no tarda en seducir con su aparente tristeza a Rosa, aspecto que genera en ambas amigas un distanciamiento agudo y para Ginger la confirmación que su percepción de las dos figuras idealizadas, su padre y su mejor amiga, son producto de su incipiente inseguridad y tal vez de un avanzado estado de locura.

    Si la adolescencia como etapa conflictiva se entrelaza con un contexto adverso tanto en lo interno como en lo externo, sugerido desde este interesante melodrama intimista, Ginger y Rosa, de la directora británica Sally Potter (que no tiene nada que ver con el mago Harry) y a eso se le agrega una fuerte carga psicológica que no deviene catarsis, es porque el relato se encarga de desarrollar de manera sutil tópicos elementales para el cine, léase los celos, las inseguridades y los deseos reprimidos.

    Sin embargo, lo que puede parecer un pretexto histórico e incluso un capricho encierra su fuerte connotación dramática e imprime en el derrotero de la conflictuada Ginger (brillante actuación de Elle Fanning) un camino lo suficientemente sinuoso para conducirla a un precipicio emocional que con absoluta destreza narrativa se va gestando a lo largo de los noventa minutos.

    Para aquellos que pretendan como siempre un cine digerido y explicativo de las conductas o actitudes de los personajes, este film demuestra precisamente lo contrario y requiere por parte del espectador un esfuerzo extra para ir atando los cabos en la trama, atravesada por momentos de ambigüedad, personajes funcionales a esa ambigüedad y ciertas escenas perturbadoras, aunque no gratuitas.

    El opus de Sally Potter no es una película de fácil digestión dado que transita por los reveses morales sin una mirada acusadora o educativa pero sin abandonar los aspectos humanos detrás de cada conflicto o conducta manifiesta de sus personajes, muy bien escritos desde el punto de vista narrativo y con rasgos distintivos para enriquecer la fauna suelta en esta selva en que se debaten el ser y el deber ser; el deseo y la represión del deseo, la identidad y la libertad, antes de que la bomba del conformismo estalle.
    Seguir leyendo...
  • El gran Gatsby
    El gran Gatsby
    CineFreaks
    Anexo de crítica:

    La sexta adaptación de la novela El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, a cargo del australiano Baz Luhrmann no pasa desapercibida en cuanto a valores cinematográficos y tampoco en relación a la renovada mirada sobre el clásico de la literatura norteamericana por excelencia dejando el interrogante abierto: ¿Baz Luhrmann realiza cine de autor o simplemente construye un cine mainstream de mejor calidad que el habitual? Para aquellos espectadores que no soportaron la ampulosidad de Moulin Rouge! es recomendable abstenerse de esta experiencia porque se verán altamente defraudados y no encontrarán el acartonamiento de Gatsby impregnado por Robert Redford ni la inocencia casi infantil de Mia Farrow por no mencionar ese incipiente anacronismo que mezcla la música jazz propia de la época con la electrónica y el hip-hop. Ahora bien, a los espectadores que hayan vibrado a la par de Romeo + Julieta, llorado con la tragedia de Moulin Rouge!, la concurrencia a las salas cinematográficas es poco menos que obligatoria.
    Seguir leyendo...
  • Pecados
    Pecados
    CineFreaks
    Pueblo chico, secreto grande

    El segundo opus de Diego Yaker, Pecados, gira en torno a una historia de amor de adolescentes en el seno de un pueblo norteño donde la mayoría de sus habitantes guardan un pacto de silencio por el que de manera secundaria se verían afectados los enamorados, de llegarse a revelar el gran secreto.

    Todo indica que cuando existe una red de mentiras, sostenidas a lo largo de los años, en algún momento el peso de la verdad cede por los lugares que menos se esperan para destruir los hilos del silencio. Ese es el detonante que separará a los jóvenes que empiezan a sentir atracción y mirarse de otra manera a la habitual y que en cierta medida altera el orden de la comunidad.

    Bepo (Mariano Reynaga) tiene dieciséis años y vive junto a su abuelo déspota y castrador, interpretado por el experimentado Pepe Soriano, antiguo Luthier que en la actualidad y producto de un avanzado estado de parkinson ve seriamente dificultada su labor. Por su parte, Lourdes (Diana Gómez), de la misma edad de Bepo, vive con su padre (Carmelo Gómez), a quien ayuda en la despensa del lugar. Para el muchacho, cada visita como pretexto de un recado de su abuelo significa unos minutos de contemplación de la belleza de Lourdes, así como la imposibilidad de comunicarle su amor por timidez, aunque ella intuye que la atracción física es recíproca.

    En la intimidad de ambos; en los paseos furtivos por los desolados desiertos salteños, Diego Yaker (Como mariposas en la luz, 2004) construye este romance adolescente prohibido -algo similar ocurría en Dulce de leche (de Mariano Galperín, 2011)-, a la par que la verdadera historia atravesada por los tabúes y prejuicios originados en el pasado avanza por los carriles más convencionales. Sobre este particular, las falencias de un buen guión que por no caer en recursos explicativos desemboca en un hermetismo peligroso para el relato afectan el conjunto de la propuesta.

    No obstante, debe reconocerse un esmerado trabajo en rubros técnicos como fotografía a cargo de Félix Bonnin o una banda sonora con reminiscencias a western compuesta por Rudy Gnutti, a pesar de que el género propicio para aprovechar las bondades paisajísticas no está explorado en este caso, ni siquiera como guía o segunda línea argumental que podría haber aportado a esta historia de amor y enfrentamientos generacionales un costado más atractivo que el trillado drama de pueblo pequeño con grandes secretos.
    Seguir leyendo...
  • Planetario
    Planetario
    CineFreaks
    Padres e hijos por el mundo

    Pasamos por la vida; transitamos un recorrido pero hay un origen en cada historia y un legado destinado a prolongarse en el futuro, que a veces es demasiado intenso como para querer registrarlo en una grabación casera u hogareña.

    El boom de las redes sociales -o de la internet como herramienta de comunicación- ha conformado un mosaico inconmensurable de pequeñas historias que se comparten únicamente con el fin de la trascendencia en ese álbum globalizado y virtual que reserva un minúsculo espacio a la vida cotidiana de millones.

    En paralelo, la moda de las grabaciones amateurs y hogareñas también tuvo su rebote en el ámbito cinematográfico, incluso se volvió, más allá de los fines fetichistas, en una temática con peso propio donde el valor afectivo de cada cinta es mucho más importante que el documento per se.

    Al realizador argentino Baltazar Tokman (Tiempo muerto) lo sedujo de antemano la posibilidad de convertirse en testigo de pequeños momentos importantes para distintas familias a lo largo del mundo; padres que desde los primeros minutos registraron los nacimientos de sus hijos y luego continuaron la tradición de documentar el crecimiento de ellos, así como los procesos en las relaciones entre ambos con el paso del tiempo. Tal vez a este entusiasmo se le sumó la paternidad de Tokman y su decisión de filmar a su hija por lo que es casi seguro haber encontrado nexos con los otros padres a pesar de la distancia geográfica, cultural o idiomática.

    Planetario es la síntesis de veinte años de recolección de material ajeno correspondiente a filmaciones de los padres con sus hijos bajo la técnica found footage (montaje en base a grabaciones ajenas). El hilo conductor no es otra cosa que la paternidad representada a partir del testimonio de seis familias pertenecientes a diferentes latitudes: Polonia, Argentina, Rusia, India, Estados Unidos y Egipto, insertadas a lo largo de los ochenta y seis minutos que dura el documental en el que puede apreciarse el contraste dialéctico como uno de los elementos estéticos y conceptuales, basta como botón de muestra reflexionar sobre los festejos de cumpleaños en el que se advierten las diferencias sociales y el poder adquisitivo de cada familia.

    Los miedos y las inquietudes de cada padre y madre respecto al futuro de sus hijos, al rol desempeñado desde que vieron la luz, también forman parte del núcleo narrativo de este singular trabajo de Tokman junto a la investigación aportada por Irene Hartmann, seleccionado para la Competencia Argentina del Festival de cine de Mar del Plata en 2011, quien tras la autorización de cada uno de los padres involucrados culminó su tarea solicitándoles que respondan a un extenso cuestionario.

    Otro elemento unificador es la fuerte presencia de la religión sobre todo en una familia norteamericana conservadora y creyente, en la que uno de sus hijos fue enrolado por el ejército para combatir en Afganistán. En las antípodas, el padre ruso ateo enseña a su hijo pequeño a manejar armas porque debe prepararlo para sobrevivir. Y de eso se trata la educación en definitiva, en la preparación de los hijos para sobrevivir, algo que nadie puede enseñar o aprender de antemano tal como expresan las dudas de estos padres, orgullosos y devotos de sus retoños como ocurre con la conmovedora historia de la familia argentina Tinde en el norte argentino.

    La virtud de Planetario no reside tanto en el material acumulado sino en la selección metódica y conceptual para trazar las coordenadas de este viaje que se extiende a lo largo del mundo a paso firme y concentrado en la experiencia de ser padre, y mucho más aún de ser hijo.
    Seguir leyendo...
  • Scary Movie 5
    Scary Movie 5
    CineFreaks
    Una parodia para odiar

    Más que parodiar Scary movie 5 es para odiar. Este juego de palabras sin ser brillante ni mucho menos es más eficaz que la galería de chistes insultantes al intelecto que conforman esta patética muestra de que se podía superar el nivel de mediocridad de las anteriores entregas.

    Lejos de la efectiva Una película de miedo (2000) que nació como parodia del éxito Scream todo lo que vino después para esta franquicia vergonzosa fue peor.

    En esta oportunidad la torpeza recae en las películas elegidas básicamente por su proximidad con los estrenos como es el caso de Posesión infernal, donde resulta tan obvio el gag recurrente con la convocatoria de la maldición que ya solamente eso vuelve a este adefesio cinematográfico irritante e insufrible.

    Casi noventa minutos de desperdicio en donde la figura de Charlie Sheen adquiere otro nuevo grado de patetismo y Lindsay Lohan parece recién llegada de una rehabilitación alcanzan para firmar el acta de defunción de un subgénero como el de la parodia y la sátira, al que el gran Mel Brooks honraba hace mucho tiempo y que en la última década ha sufrido las peores vejaciones y maltrato por culpa de películas como ésta.

    Mama, Actividad paranormal y El planeta de los simios son los blancos menos potables para hacer efectivo el recurso, así como El cisne negro donde la carencia de ideas es notable.

    Y si a eso le sumamos la constante apelación a la escatología completamos un mosaico deplorable servido en bandeja y que causa vergüenza porque ni siquiera arranca un vestigio de risa.

    Por la salud mental de los espectadores esperemos que esta vez sea la definitiva y no tengamos que volver a padecer productos infradotados y berretas como este o tantos otros que por fortuna no llegan a estrenarse.
    Seguir leyendo...
  • En otro país
    En otro país
    CineFreaks
    Tres veces Anne

    El título de esta nota no hace alusión literalmente a aquella película emblemática de la generación del sesenta del cine argentino dirigida por David J Kohon, Tres veces Ana (1961), protagonizada por una jovencísima María Váner, sino porque en esta propuesta del realizador surcoreano Hong Sang-Soo el número tres es fundamental y el nombre Anne también.

    El hilo conductor de En otro país es la construcción de un guión que escribe una alumna de cine para un cortometraje que va adquiriendo a lo largo del film diferentes caminos que conducen hacia un mismo lugar, pero en los que la protagonista Anne, interpretada siempre por la francesa Isabelle Huppert, en primera instancia busca algo en un espacio geográfico y cultural con el cual no se identifica en su carácter de extranjera y por otra parte se cruza en el camino de su búsqueda con una serie de personajes masculinos (dos directores de cine, un bañero) con los cuales atravesará distintos estadios de una historia amorosa.

    Ese es a grandes rasgos el universo cinematográfico por donde fluye el relato, que además de apelar a los recursos habituales en la poética del director de Hahaha (2010) como el zoom rabioso para acercarse o alejarse de sus criaturas y la exposición del artificio –incluido la repetición de diálogos- como parte de un juego, explora con sutileza temas universales y espirituales, a saber, el amor, la soledad, la necesidad de parecer otra cosa a la que se es.

    Las tres Anne que pululan por las calles del pueblo Mohang, con una playa; un bañero y un faro, necesitan de alguna manera hallar la guía para continuar con sus vidas. Ese faro que se anhela encontrar cual náufrago en el mar de las decepciones puede relacionarse con la búsqueda de la iluminación del budismo, así como la necesidad, bajo la misma premisa, del despojo para de cierta manera renovar el espíritu. No por casualidad la última historia de este trama circular enfrenta a la protagonista francesa –la barrera idiomática es otro indicio del descontento- con un monje budista, a quien le pregunta angustiada porqué tiene miedo y porqué miente.

    La respuesta a esa inquietud es tan sencilla como profunda: usted tiene miedo porque tiene miedo. Tal vez Hong Sang-Soo desde su filmografía luminosa y sus historias pequeñas de charlas triviales, paseos íntimos y borracheras, intente hacerse la misma pregunta acerca del amor y en su contrapartida la derrota del amor para dibujar con una sonrisa agridulce y melancólica -como el leit motiv musical que introduce en cada segmento- un relato casi rosa atravesado por los mecanismos del subtexto y la meta narración para contar sencillamente la experiencia de enamorarse en un lugar lejano al que se llega buscando vaya a saber qué y sin saber a ciencia cierta si esa aventura tendrá o no su final feliz.
    Seguir leyendo...
  • Leones
    Leones
    CineFreaks
    Transiciones

    Tomar como referencia los tres cortometrajes de Jazmín López para sumergirnos como espectadores en su debut en el largometraje que tuvo su presentación oficial en el reciente BAFICI con un premio especial del jurado es una guía posible para dimensionar el universo de Leones. Al punto que se extrae una frase completa de uno de sus cortos Te amo y morite (2009) protagonizado por Ignacio Roger que se vale de un mecanismo de abstracción o enunciación para describir un personaje.

    También lo lúdico y el bosque como escenario de representación juega un rol trascendente en otro de sus relatos, Juego vivo (2008), que se sintetizan en Parece la pierna de una muñeca (2007), ejercicio cinematográfico para explorar las posibilidades de la narración como contrapunto de la imagen y hacer de esta unión un lenguaje en sí mismo.

    En ese cortometraje, donde la voz reconocible de Inés Efron relata sus impresiones sobre una situación anecdótica en una pileta de natación, la relación entre lo enunciado y lo mostrado se tensa y se vuelve invisible. Esa es la primera línea que cruza Leones: la transición dentro del mismo espacio y la ruptura de la linealidad del tiempo sin perder de vista la continuidad espacio temporal.

    Cabe preguntarse por ejemplo cuál sería el lugar para escenificar el olvido. Tal vez la respuesta se construya en ese bosque donde deambulan un grupo de personajes adolescentes en una búsqueda difusa, pero que guarda relación con algo que ya pasó. Y ese pasado dentro de la trama también se simboliza con un elemento que registra desde una cinta de casette un hecho donde los cinco están involucrados.

    Pero la cámara, que se contagia del devenir y fluye a la par de la narración (muy buen trabajo del uso de la steadicam) es un personaje más de Leones y como tal cobra sentido al deambular separada de los habitantes del bosque.

    Los elementos que se acumulan en esa transición del viaje que parece no tener dirección más que el devaneo literario y el mecanismo de la memoria y del olvido como acompañantes invisibles operan como pistas en lo que a simple vista no tiene lógica pero que esconde una lógica interna que se acomoda y se desplaza en una estructura narrativa fragmentada. El fragmento, entonces, como concepto abre la puerta metafóricamente hablando a la ruptura del tiempo y en ese intersticio se reconstruye la frontera sutil entre los planos de la realidad y aquellos que pertenecen al terreno de la metafísica.

    Bajo esa dinámica también asociada en otra capa de la narración a juegos de palabras (sobrevuela el fantasma de Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, entre otros), que en realidad operan además como indicios, la idea de la muerte se resignifica porque encuentra un lugar y un espacio cinematográfico fértil para dar vuelo a una poética muy personal de esta joven realizadora, cuyo único defecto en esta ópera prima consiste en la elección de casting porque si bien la importancia no reside en los personajes sino en el grupo, no existe diferencia ni matices en los estereotipos y así la identificación con algún punto de vista se vuelve dificultosa y más aún cuando desde una artificiosa naturalidad se revelan las costuras de un tejido narrativo muy bien planificado.
    Seguir leyendo...
  • El último exorcismo - Parte 2
    Exorcizar el mal cine

    La pregunta del millón: ¿era necesaria una secuela de esta película producida por el niño mimado de Quentin Tarantino, Eli Roth? Recordemos que la primera, El último exorcismo (2010) tenía como estructura narrativa el ya gastado falso documental y que más allá de las referencias obvias a El exorcista (1973) se tomaba con muy poca seriedad el tema y aventuraba una interesante reflexión sobre la puesta en escena de la fe a partir del protagonista que no era otra cosa que un falso ministro que lucraba con la desesperación y la ignorancia de la superstición pueblerina.


    Sin embargo, la víctima era una adolescente poseída por el demonio Abalam, quien desataba a partir de la conducta de la pequeña perturbada una tras otra calamidad en el seno de su familia compuesta por un padre y un hermano mayor.


    La novedad de la segunda parte y por ende el mayor defecto que arrastra desde el minuto uno hasta el último suspiro –del espectador tras una jornada de aburrimiento- es el cambio del registro que se despoja del falso documental para pasar al terreno de la ficción clásica, pero donde la torpeza en la dirección a cargo de Ed Gass-Donnelly no se compensa con la patética manera de montar el film.


    No hay efecto bien resuelto ni mucho menos cuando se trata de activar el mecanismo del terror apelando a todos los recursos del golpe de efecto y el sobresalto. La historia también escrita por Ed Gass-Donnelly junto a Damien Chazelle, a partir de los personajes creados por Huck Botko y Andrew Gurland, no se sostiene desde su planteo que vuelve a retomar a la protagonista Nell (Ashley Bell) luego de su traumática experiencia en la comunidad rural donde estuvo a punto de ser sacrificada por la secta satánica pero fue salvada en el último minuto.

    Un tanto más madura, la muchacha ahora es internada en una casa de adolescentes perturbadas y solas con el objeto de una paulatina reinserción. Pero algunos recuerdos del pasado reciente continúan haciendo mella en su cabeza y mucho más cuando reaparece por un lado el fantasma de su padre y por otro Alabam.

    Para salir del lugar común y del tedio garantizado, los guionistas recurren a un par de giros que en vez de corregir el rumbo terminan por hacer de esta mala película un festival absurdo y donde la risa despunta sin demasiado esfuerzo en sintonía con la pregunta incómoda ¿Qué hacemos acá?

    Cuando termina el pochoclo seguramente la respuesta llegará tarde y la sensación de haber malgastado el tiempo acompañará a cada espectador a sus respectivos hogares.

    Salvedades al margen, quien desafíe al aburrimiento de El último exorcismo parte II merece un reconocimiento por lo menos de quien escribe o mejor dicho ser exorcizado para no cometer el mismo error. Están advertidos.
    Seguir leyendo...
  • El gran simulador
    Culto al artificio

    Quienes hayan disfrutado del documental Amateur encontrarán en la nueva propuesta del realizador Néstor Frenkel otro personaje atractivo y entrañable como el prestidigitador octogenario René Lavand y seguramente quedarán igual de cautivados como el director al haber espiado de cierta manera la intimidad de este notable y auténtico ilusionista.

    Claro que al igual que lo que ocurre con un truco de magia todo lo que se deja ver en El gran simulador es en definitiva aquello que habilita el carisma de su protagonista. Pero lo que se esconde o lo que pertenece al terreno de la conjetura, o en el mejor de los casos alimenta un misterio, permanece oculto y al resguardo de cualquier avance o violación de un pacto entre la cámara y su imagen.

    Esta idea que para algunos podría resultar defectuosa en realidad guarda coherencia desde el punto de vista conceptual y sobre todas las cosas mantiene vigente el recurso del artificio cinematográfico como parte esencial del cine.

    El propio René Lavand a lo largo de su enorme trayectoria con sus trucos de cartas recorrió el mundo desafiando a las cámaras de televisión, elemento que siempre utilizó para darle credibilidad a su destreza manual, aunque consciente de que lo suyo no es otra cosa que un acto de ilusionismo. Por eso, al principio explica que la palabra mago no le sienta bien y de vez en cuando intenta justificar sus ardides y encantamientos bajo fines nobles.

    La fascinación de Néstor Frenkel por esta magnética figura, de porte señorial, se transmite de principio a fin y desde ese sentido la utilización de material de archivo -provisto por el propio Lavand- complementa al personaje en varias de sus dimensiones.

    Para el hombre de 84 años al que le falta su mano derecha producto de un accidente que tuvo en su infancia -episodio que también originó el mito con varias versiones sobre el acontecimiento e incluso pusieron en duda su veracidad- queda la intimidad junto a su esposa en una cabaña modesta y muy acogedora en Tandil; en su visita médica de rutina para controlar una artrosis importante y en esos pequeños juegos de barajas que en la charla cotidiana con el director de Buscando a Reynolds van tejiendo un vínculo de camaradería que se refuerza a partir del armado del documental y de un truco donde la mano derecha gracias a la magia del cine aparece junto a la izquierda.

    La otra cualidad que sostiene toda la imaginería de El gran simulador la aporta el propio protagonista con su capacidad de narrador, que viste cada uno de sus trucos de un ropaje muy especial y son su sello distintivo.

    En su nuevo opus Néstor Frenkel reafirma su sensibilidad para extraer momentos de verdad en situaciones de lo más insólitas, donde las máscaras destiñen ese maquillaje que las hace atractivas pero artificiales a la vez, sin embargo, lo más importante es lograrlo desde lo natural y no de manera forzada como en el caso de la visita de un amigo escritor que comparte junto a Lavand un cuento para que incorpore en sus presentaciones. En el abrazo sentido o en la emoción que la cámara de Frenkel capta viven la pureza de su cine. No hay artificio posible para construir esos pequeños retazos de vida y magia.
    Seguir leyendo...
  • Rigoletto en apuros
    Un canto a la vitalidad

    Bajo el ridículo nombre local de Rigoletto en apuros –el nombre original es Quartet y le hace más justicia- se estrena esta película que marca el debut del actor Dustin Hoffman como director para adaptar a la pantalla grande una pieza teatral de Ronald Harwood, que en esta oportunidad también colaboró como guionista.

    La música y la vejez van de la mano en la Residencia Beecham, hogar que necesita financiamiento para no cerrar sus puertas en forma definitiva y así dejar desprotegidos a sus residentes, todos ellos músicos o cantantes de ópera que comparten el último tramo de su existencia contagiando vitalidad pese a los achaques físicos, las enfermedades propias de la edad, porque gozan de la música desde que se levantan por las mañanas; en los ensayos durante el día y a toda hora, tanto dentro como fuera de la casona, dirigida por una médica joven que apuesta a la terapéutica de la tercera edad desde las actividades recreativas hasta el contacto con niños o adolescentes que los visitan y reciben a cambio de clases o de la sabiduría de la edad.

    Los protagonistas de esta comedia humanista, fresca y sencilla son cuatro ancianos encarnados nada menos que por cuatro notables actores que brillan en sus respectivos papeles y aportan su carisma incuestionable en cada escena, donde se nota el oficio para encarar con enormes matices, sensibilidad y riqueza compositiva a sus personajes.

    Entre este cuarteto es de destacarse por un lado Maggie Smith en su rol de la ex diva de la ópera Jean Horton, quien en su época de esplendor artístico también vivió tórridos y fugaces romances que le valieron una reputación bastante cuestionable para la prensa e incluso dejó despechado a Reginald Paget (Tom Courtenay), otro cantante prestigioso que integró el cuarteto en sus épocas doradas junto a su amigo Wilfred Bond (Billy Connolly), un pícaro seductor que no ha perdido las mañas ni el sarcasmo británico tan característico.

    Completa el cuadro protagónico Cecily Robson (Pauline Collins), entusiasta soprano también poseedora de un timbre celestial que padece esporádicas ausencias o pérdida de memoria, aspecto que mantiene en vilo a sus amigos de la residencia.

    La llegada de la flemática Jean, la más prestigiosa de las cantantes de allí, genera revuelo entre los habitantes del lugar pero el principal afectado es Reginald, quien a pesar del dolor por haber sido engañado por ella no deja de sentirse nuevamente impulsado hacia la reconquista de su antiguo y único amor, aunque el tiempo parece no haber cicatrizado aquellas heridas del pasado.

    La posibilidad del reencuentro, superado el rencor, de los cuatro y armar otra comunión de voces para volver a ser disfrutadas en la gala anual por colegas, personal de la residencia y amigos, entre quienes se destaca como gran secundario Michael Gambon, se presenta en la alternativa de interpretar el cuarteto de la ópera Rigoletto y en ese nuevo comienzo renace el valor de la amistad por encima de las rencillas, celos, vanidades y todo aquello que para la juventud resultaba importante y que en la senectud solamente es un mal recuerdo.

    El film de Dustin Hoffman en calidad de director es disfrutable de cabo a rabo básicamente por contar con un reparto de lujo (todos ellos superan los 70 años), en primer lugar por brindarles personajes donde la vejez es un atributo y no una carga o castigo y en segundo término por abordarla desde un enfoque que privilegia la intensidad de vivir más que la irrefutable pérdida de la juventud como parte del proceso natural del envejecimiento.
    Cabe anticipar al público que en los créditos finales hay una pequeña sorpresa que vale la pena descubrir para hacer la experiencia más completa y para salir del cine con el ánimo renovado y el alma reconfortada.
    Seguir leyendo...
  • De jueves a domingo
    Paisajes y desiertos

    La directora chilena Dominga Sotomayor fue una de las invitadas para integrar el jurado de este último BAFICI y su ópera prima fue una de las películas que pudo verse en la edición del año pasado del mismo festival, cosechando muy buenas críticas tanto del público como de críticos por su original propuesta que desde el título De jueves a domingo propone un contacto íntimo como espectador tanto con el tiempo como con el espacio.

    Lo espacial debe dividirse entre el interior de un auto durante todo el trayecto de un largo viaje y lo que pasa en el exterior, en el que una familia atraviesa de distintas maneras -y muy sutiles por cierto- la disgregación y en un terreno más metafórico la muerte como estructura nuclear al quedar sus miembros dispersos y con vínculos que paulatinamente pierden consistencia, aunque nunca se destruyen los roles entre padres e hijos. Dos paisajes que se entrelazan en el relato como el que representa la intimidad de esta familia y aquel que se observa detrás de las ventanas y que muchas veces pasa desapercibido a los ojos del público.

    En otro aspecto puramente cinematográfico debe reconocerse la audacia de esta joven realizadora en plantear desde el punto de vista de una niña de diez años, Lucía (Santi Ahumada), un universo fragmentado y rico en detalles, a quien llegan las impresiones de la disolución de la pareja de sus padres, Ana (Paola Giannini) y Fernando (Francisco Pérez-Bannen), sin enormes estallidos o conflictos matrimoniales, para terminar de armar el complejo entramado de relaciones y pérdidas progresivas: la inocencia, la idealización de la figura paterna, el tránsito hacia la madurez desde la pre adolescencia.

    Por otra parte, cierra el cuadro el hermano menor de la protagonista, Manuel (Emiliano Freifeld), quien desde su presencia infantil y de su constante aburrimiento aporta otra interferencia que desde la distancia de la cámara, no tanto cuando el encuadre se encierra junto a sus personajes, desvía al relato hacia otro tipo de devenir que aquel que sucede en la estructura de road movie, respetada de cierta manera desde la estructura narrativa.

    La otra metáfora que ronda en De jueves a domingo es la de la fragilidad por un lado de la familia; de un viaje hacia algún lugar con el desierto como testigo de la travesía y por otro de esos accidentes que nunca llegan a concretarse pero que sumen a este grupo en un estado de alerta y riesgo permanente, que se sintetiza en la imagen que a la propia Dominga Sotomayor, según sus palabras, le disparó la película: dos niños atados con sogas al techo de un auto, a la deriva pero felices por esa libertad robada al viento en la ruta de la vida.
    Seguir leyendo...
  • Por un tiempo
    Por un tiempo
    CineFreaks
    Vínculos

    Diez años le llevaron al actor y ahora director Gustavo Garzón para terminar trazando las coordenadas de un guión con muchas reescrituras que termina siendo el valor más importante de esta ópera prima intimista y muy personal, Por un tiempo.

    Ese trabajo meticuloso en los diálogos, en abarcar desde lo cinematográfico los aspectos más cotidianos en la vida de una pareja de jóvenes, Leandro y Silvina, que en su momento de mayor felicidad y a la espera de un hijo se ven de repente atravesados por una situación límite e inesperada, se extiende a la excelente elección del elenco para conseguir un reparto ajustado a los fines dramáticos, encabezado por el ascendente Esteban Lamothe, la directora Ana Katz y la revelación Mora Arenillas –elegida tras un extenso casting-, a quien le toca un rol contenido pero muy expresivo desde las emociones y la angustia.

    Garzón se toma el tiempo adecuado para que el relato crezca en el aspecto dramático, matizado con un sutil humor de vez en cuando, y sobre todo a partir del punto de vista de Leandro, arquitecto, quien se entera de la existencia de una hija adolescente, Lucero, tras conocer a la hermana de la que doce años atrás fuese una de las chicas con las que estuvo y que en la actualidad padece una enfermedad que la ha obligado a delegar el cuidado de su hija en manos ajenas.

    Lucero (Mora Arenillas) no puede elegir con quién vivir y tampoco conoce a su padre como para establecer un vínculo desde el comienzo. La falta de comunicación entre ella y Leandro, sumada la interferencia obvia de su esposa embarazada, Silvina, quien debe aceptar la nueva realidad sin elección, genera cimbronazos, reproches, celos, en la pareja y el pequeño mundo de confort y bienestar del protagonista se desmorona en un abrir y cerrar de ojos.

    Nada de lo que ocurre en Por un tiempo resulta exagerado o forzado y es ese verosímil el que realmente permite la reflexión en los intersticios de los conflictos de cada uno de los personajes: en el caso de Lucero desde la transición de la adolescencia hasta la singular situación de abandono por las circunstancias familiares; en el caso de Leandro, el aprendizaje de la convivencia y la aceptación de la paternidad deseada así como la no deseada; para el caso de Silvina, la capacidad de asumir un rol para el que no se está preparado como el de la sustitución pero sin renunciar al deseo genuino de ser madre.

    El debut cinematográfico de Gustavo Garzón no se caracteriza por la originalidad del tópico elegido sino por el tratamiento sobre la superficie dramática, sin aludir a lugares comunes, y concentrado en sus personajes, en las decisiones que conllevan pequeñas acciones para consumar y hacer verosímiles las emociones.
    Seguir leyendo...
  • El nombre
    El nombre
    CineFreaks
    El problema de la connotación

    Llega a nuestras salas El nombre, pieza teatral homónima que en estos momentos subió a escena en el complejo teatral Multiteatro, de Matthieu Delaporte (aquí también guionista y director junto a Alexandre de La Patellière) que dado su éxito inusitado rápidamente se convirtió en una comedia popular taquillera a partir de la traspolación de las tablas a la pantalla grande en un film de cámara, bien actuado, entretenido y llevadero para el público un poco más exigente.

    El vértigo de los primeros minutos con un prólogo que descubre una voz en off de uno de los protagonistas de esta historia ya define el tono sarcástico que se empleará en la trama, la cual se apoya en dos pilares básicos: el equívoco intencional y la idea de la connotación.

    La premisa es sencilla: Elisabeth (Valérie Benguigui) y Pierre (Charles Berling), matrimonio burgués y padres de dos hijos, Apollin (Alexis Leprise) y Myrtille (Juliette Levant), ella mucho más inteligente que su hermano menor, organizan una cena con el pretexto de festejar la paternidad de Vincent (Patrick Bruel), quien además es hermano de Elisabeth y que espera la llegada de su novia Anna (Judith El Zein) y de su amigo Claude (Guillaume de Tonquedec), especialista en la ejecución del trombón y que ante sus amigos se define como Suiza por su neutralidad frente a cualquier conflicto.

    Como Anna no llega, Vincent se anticipa con la noticia y abre el juego con una broma pesada que involucra al futuro niño, fiel a su reputación de chistoso en el grupo. Sin embargo, todo se precipita cuando informa que ha decidido el nombre de su hijo porque sus amigos y hermana no logran adivinarlo.

    Sin preámbulos, sentencia tajante que el pequeño y futuro vástago se llamará Adolphe, que fonéticamente remite a Adolf y así se desata la tragedia.

    El más indignado por semejante afrenta es Pierre, profesor universitario de literatura, dado que esgrime el argumento de lo que connota la palabra Adolf que no puede despegarse de la figura del tirano y genocida nazi, por lo que no está dispuesto a transigir con su amigo de infancia Vincent.

    A partir de esa discusión semántica, pirotecnia verbal de grueso calibre, y en retrueque dialéctico acalorado, cada personaje transitará por una pendiente cada vez más peligrosa que los llevará a sacar los trapitos al sol, con fuertes críticas y prejuicios, donde ninguno queda exento de la reprobación y el estereotipo del que tanto huyen u ocultan desde las máscaras sociales.

    El nombre tensa hasta el último minuto el poder de la connotación por encima de la denotación; desde lo que significa el juego de roles dentro de una dinámica de pareja o por ejemplo de amistad como la que se presenta, y se vale de un guión literario muy bien desarrollado y escrito para lucimiento de sus cinco actores principales, con momentos de mucho humor, otros más reflexivos pero que en el conjunto se amoldan a la propuesta que busca hacer del enredo verbal lo mismo que lo que podría ocurrir con una estructura de comedia de enredos tradicional más concentrada en las situaciones.

    Si bien por momentos pareciera estancarse en una puesta en escena excesivamente teatral –algo que no ocurría en Un dios salvaje, de similares características-, pues todo ocurre en cuatro paredes sin disolución de espacio salvo una pequeña transgresión –torpe- con flashbacks, son los intérpretes y su capacidad compositiva los que apuntalan el relato y en definitiva los que dan valor a las palabras, a los silencios y a los reproches.

    Esta comedia coral de pocos personajes se disfruta más que nada por el grado de identificación que el público puede establecer con algunas de las situaciones pero sobre todas las cosas por apelar a un humor más inteligente cuando busca la sutileza más que el efecto de la risa fácil y eso en el alicaído cartel hoy por hoy se agradece.
    Seguir leyendo...
  • Iron Man 3
    Iron Man 3
    CineFreaks
    El hombre y la máquina

    Empecemos por despejar la gran incógnita ¿esta nueva entrega de la franquicia es superadora de la segunda o es más de lo mismo? La respuesta debe dividirse en dos estancos no compatibles y no es caprichoso el número dos para sumergirnos en el universo propuesto en Iron man 3.

    En primer lugar, estamos frente al capítulo más divertido y entretenido de la saga que sabe en este caso dosificar escenas de acción a todo trapo y donde el 3D post producido no pasa vergüenza, articulando el despliegue visual y el histrionismo del gran Robert Downey Jr, quien ha impregnado de vida propia a este prototipo de acero más allá de la autoparodia sobre su propia y caótica existencia como actor en consonancia con el personaje del excéntrico Tony Stark.

    Por lo tanto decir que la tercera Iron man aporta desde la historia más de lo mismo no es tan descabellado pero eso no implica reiteración o desgaste porque en este particular momento que atraviesa la saga en el que Jon Favreau se baja de la dirección para que lo reemplace el guionista Shane Black (responsable de las dos primeras Arma mortal o El último Boy scout) por un lado se aprecia mayor prolijidad en cuanto a puesta en escena y por otro una sana madurez y frescura que quitan todo tipo de solemnidad a un drama mezclado con aventura y mucha adrenalina.

    Decía anteriormente que el número dos cobra un significado importante en este relato desde el punto de vista conceptual porque si hay una idea interesante en la trama, ésa es la de escisión del hombre con la máquina, particularmente del héroe humano y torturado con el superhéroe de traje y armadura invencible.

    Tony Stark no es Iron man y eso queda evidenciado en el conflicto interno del protagonista, quien no puede sobrellevar sin consecuencias el lastre de su último gran combate junto a Los vengadores. Trauma que detonó ataques de ansiedad y pánico, así como pesadillas que confrontan con los propios demonios internos.

    No por nada, irónicamente, se introduce la historia a partir de una suerte de confesión donde el propio Tony desnuda sus defectos y se lamenta de sus actos por las consecuencias, tanto de su egoísmo como de su irresponsabilidad ante los peligros a los que se enfrenta.

    De este modo, el juego de despojarse de sus emociones y de su armadura lo expone como humano más que como personaje; lo confronta con la imagen que transmite su justiciero vengativo (lo aclara desde el vamos aquí) y además lo enfrenta a la proyección de su villano de turno: un terrorista, El mandarín, con más de un parecido a Bin Laden, que Ben Kingsley se encarga de dotar de humor, personalidad y desparpajo, aunque el verdadero antagonista es un empresario científico que guarda cierto resentimiento pasado en la piel del correcto Guy Pearce, dispuesto a atacar las debilidades y las vulnerabilidades del héroe.

    A fin de evitar anticipos que puedan adelantar sorpresas para una trama que no está bombardeada de giros o vueltas de tuerca forzadas, sólo cabe mencionar que el personaje de Pepper (Gwyneth Paltrow) gana espesura tanto en lo dramático como en lo físico; Don Cheadle se consagra como un gran acompañante y alivio cómico –aunque no le puede ganar la pulseada a Downey Jr- mientras que la incorporación de Rebeca Hall como decodificadora de ADN y de un niño cerebro que entabla una buena relación con el apático Tony y lo reconecta con su chico interior sin caer en sentimentalismos burdos suma elementos atractivos que se acomodan armoniosamente a los acontecimientos.

    Tal vez el único reparo obedezca a la excesiva duración (cabe aclarar que hay que quedarse hasta el final de los créditos porque se incorpora una escena) en la que por momentos se nota un innecesario alargamiento de escenas que podría haberse evitado.

    En conclusión Iron man 3 no defraudará a fanáticos y no tan fanáticos, sencillamente por haber logrado amalgamar la alquimia de una película blockbuster para todo tipo de público: buenas actuaciones, guión sólido y buen uso de efectos visuales.
    Seguir leyendo...
  • Tabú
    Tabú
    CineFreaks
    Oda al relato cinematográfico

    El nombre de Miguel Gomes llegó a la cinefilia local gracias al Bafici con una bellísima película Aquel querido mes de agosto (2008). A partir de ese grato descubrimiento surgió la necesidad de investigar sus orígenes y el dato relevante sin lugar a dudas estaba circunscripto por su carácter de crítico cinematográfico antes que director de cine.

    La referencia no es antojadiza y tratándose de Tabú, su último opus estrenado ahora comercialmente en salas porteñas, mucho menos aún porque sobrevuela el fantasma de aquel film del año 30, de tono antropológico en sociedad entre F. W. Murnau y Robert J. Flaherty, dominante en la primera parte -o capítulo- bajo el título Paraísos perdidos, cuyo extraño formato de 4:3 genera en el espectador sensaciones diversas, así como el poder hipnótico de las imágenes en blanco y negro complementadas con un texto de una riqueza literaria admirable.

    Allí, la voz en off, en contraste con un registro más afín con el cine mudo que con el sonoro, recupera la fuerza del mito o la leyenda para narrar en breves fragmentos una historia de amor protagonizada por un cazador y el espectro de una mujer que lo convoca a los confines del mundo y lo condena a la eterna melancolía, simbolizada en la figura de un cocodrilo que lo enguye.

    Y es la melancolía, por ende el recuerdo y la memoria, precisamente el nexo con la segunda parte de este sugestivo relato la que abre el abanico a diferentes capas narrativas que irán aflorando a la superficie y a un ritmo sostenido para desplegar otra historia de amor donde la principal protagonista es Aurora (Laura Soveral en su faz de anciana y Ana Moreira en su etapa juvenil), primero en un mustio presente que recorre los últimos días de su vejez y luego en retrospectiva hacia su juventud en una colonia portuguesa de Mozambique, tironeada por el amor irrefrenable de un amante aventurero, Gian Lucca Ventura (Carloto Cotta cuando joven y Hernique Espiríto Santo de anciano), y un marido que no merece semejante traición (Ivo Muller).

    Es a través de la mirada de Gian Lucca y de su evocación de Aurora y de ese pasado idílico, a la vez que trágico, donde se desarrolla por un lado la tragedia romántica devenida del triángulo amoroso con la particularidad formal de que imagen y sonido no presentan correspondencia, es decir entre lo que se escucha y lo que se ve no hay una relación dramática pero sí cinematográfica.

    En ese sentido el término de “tabú” podría relacionarse entre otras cosas con aquello que está vedado o lo que se oculta y se vincula estrechamente con lo secreto; que se resignifica en el film de Gomes al apelar como recurso narrativo a la ausencia del sonido directo para reemplazarlo con un discurso más interno o más precisamente una voz en off que cumple la función de lo que significaba el intertítulo para una película muda, que narra en tercera persona a los personajes e intercambia narradores en relación con la primera parte en la que Aurora se construye desde el punto de vista de su vecina Pilar (Teresa Madruga) y su mucama Santa (Judite Evaristo), a quien ella acusa de estar influenciada por las fuerzas oscuras y paganas al sentirse indefensa y abandonada por una hija –siempre fuera de campo- que jamás aparece y presa de un castigo por sus pecados del pasado.

    Tabú condensa metatextualmente lo cinematográfico con lo literario, aspecto formal que para un lenguaje esencialmente visual (de ahí la conexión intertextual con el cine mudo ya mencionada) la introducción de un texto en off generaría más ruido que armonía pero que en este desafío modifica satisfactoriamente la percepción y en un segundo plano el prejuicio que predica que la literatura y el cine no pueden enamorarse sin traicionarse, por lo que se considera a esa unión antinatural también como un tabú.

    Con Tabú Miguel Gomes supera a su Aquel querido mes de agosto en cuanto a propuesta cinematográfica per se y reescribe de cierta forma y sin pretensiones ni arrogancia alguna un más que interesante capítulo del cine moderno que se nutre de dos orígenes: el primitivismo de la imagen y el poder de la imaginación para acompañarla en esta oda al relato cinematográfico.
    Seguir leyendo...
  • Palabras robadas
    Ficciones

    Las decisiones y la culpa atraviesan el universo de esta ópera prima, Palabras robadas –título poco feliz para el original The Words- que apela al trillado recurso de la ficción dentro de la ficción, como si se tratara de un elemento novedoso que no hace más que trasladar a la pantalla una fórmula tan vieja como el cine mismo.

    Los guionistas y directores debutantes Brian Clugman y Lee Sternthal (Tron: el legado) toman la estructura narrativa de un mecanismo de cajas chinas para introducir tres historias, cuyo nexo es un libro y del que se desprenden diferentes capas o ramificaciones que cuentan con el protagonismo de un personaje, siempre escritor.

    Así las cosas, todo comienza con la lectura en público del primer capítulo de una novela a cargo del exitoso Clay Hammond (Dennis Quaid), quien narra la desventurada existencia de un joven aspirante a escritor Rory Jansen (Bradley Cooper), cansado de los fracasos editoriales y a punto de echar todo por la borda.

    Sin embargo, un elemento azaroso durante su viaje de luna de miel con su esposa Dora (Zoe Saldana) en Paris modifica el curso de los hechos y como por arte de magia el escritor fracasado se transforma en la revelación de la literatura joven al publicarse su novela donde cuenta las peripecias de un joven soldado en la Segunda Guerra, su romance con una joven francesa y la tragedia tras pocos meses de felicidad junto a ella.

    La popularidad del joven Rory lo vuelve más vulnerable y cierto secreto que pretende resguardar (unos papeles que encuentra en un viejo maletín en Paris) rápidamente se revela a partir de la introducción de un personaje misterioso interpretado por Jeremy Irons.

    No sería adecuado avanzar desde este lugar en el relato cuando desde el título local se puede anticipar en qué radica el verdadero secreto y por qué gran parte de este argumento toma como uno de los ejes narrativos la culpa sin posibilidad de redención alguna. Lo cierto es que en el campo estrictamente de la ficción habría lugar para la justicia poética pero como en este caso se trata de establecer un límite entre lo real y lo ficticio esa carta no se jugará jamás.

    La moraleja un tanto fácil de comprender y en definitiva lo que da forma a la trama se sintetiza en la premisa de que una vida es más importante que una novela, o que las palabras que construyen esa ficción basada en el hecho real, aunque para eso los autores se hayan tomado cien minutos de película; agregando personajes sin demasiado peso más que el funcional al guión como es el caso de aquel interpretado por la bella Olivia Wilde, quien no aporta mucho pero actúa de elemento revelador para que la historia cierre no tan caprichosamente -como parecía- al entrelazar las dos ficciones, en las que la presencia del anciano misterioso opaca a la figura del joven escritor.

    La falla fundamental de Palabras Robadas no es otra que su predictibilidad, a pesar de los giros y vueltas de tuerca para desviar la atención del espectador y sostener un drama bastante elemental que sale a flote gracias a las buenas interpretaciones de Irons y Bradley Cooper.
    Seguir leyendo...
  • La vida anterior
    ¿Quién engañó a Elena Roger?

    La ópera prima de Ariel Broitman, basada en la novela de la cantante y escritora Silvia Arazi intitulada La maestra de canto, exhibe su mayor defecto desde el comienzo: su ampulosidad. Todo es grandilocuente y trágico al exceso en lo que puede representarse como un sencillo triángulo amoroso, cuyos vértices están conformados por dos cantantes líricas muy distintas; de coloraturas vocales complementarias interpretadas por Elena Roger y Esmeralda Mitre, para debatirse entre envidias, celos y la atención de Federico (Sergio Surraco), pareja de Ana (Roger) que queda obnubilado al conocer a la misteriosa úrsula (Mitre).

    El otro pivot en el relato lo constituye la fuerte influencia y presencia de la maestra de canto, bajo la piel de una correcta Adriana Aizemberg, sabia consejera que atraviesa durante toda la trama el derrotero sentimental de Ana y es receptáculo de sus propios miedos y de sus inseguridades, elementos que transmite en sus performances líricas.

    La ampulosidad de la que se habló al comienzo la arrastra en tono y registro toda la película con una omnipresente y molesta voz en off en carácter de personaje torturado que en este caso le toca a Federico y a su desesperanza tanguera, en contraste con la fortaleza de la ópera como parte de este juego que busca cruzar la música y el estilo desde el sello del contraste pero que no se ajusta armoniosamente con el guión.

    Elena Roger en esta ocasión no descolla ni con su canto y mucho menos desde su actuación contenida y sin matices para un personaje que necesitaba por sus características trágicas mayor intensidad, cuerpo y alma. No ocurre lo mismo con Esmeralda Mitre, aunque su rol es menos interesante desde el punto de vista dramático al ocupar ese espacio de tercero en discordia habitual.

    Por la propuesta y su origen, da la sensación que La vida anterior se fascina muy rápidamente con sus figuras y no deja que ellas crezcan en escena más allá de la exposición en cuadros prolijos donde se puede apreciar un repertorio clásico acorde a las circunstancias y a las potencialidades de cada una de ellas como cantantes notables.
    Seguir leyendo...
  • La esperanza de una nueva vida
    Contigo a la distancia

    El choque de culturas entre Oriente y Occidente y los prejuicios de la Europa globalizada hacia los inmigrantes, que reniega de sus orígenes fronteras hacia afuera, eclosiona en este drama social teñido de historia de amistad y algo más entre una mujer proveniente de China y un marinero de origen eslavo a punto de jubilarse.

    Tanto Shun Li (Tao Zhao) como Bepi (Rade Sherbedgia) comparten entre charlas su afición por la poesía y guardan cierta sensibilidad por la vida, que los separa del entorno, reacio y hostil ante el cruce de culturas y con una fuerte xenofobia detrás.

    Ella, en su condición de inmigrante, adeuda a su amo chino una cantidad de dinero que debe ir pagando con trabajo en los lugares a los que es enviada, primero como empleada textil y luego detrás de la barra de un bar en la ciudad pesquera italiana de Chioggia, frecuentada por Bepi y su grupo de amigos, también pescadores como él.

    La camaradería y caballerosidad de este veterano yugoslavo, un tanto parco con sus semejantes pero muy cortés con la empleada china, cimenta los pilares de una relación que comienza con amistad pero que con el correr del tiempo y la confianza mutua va solidificando un vínculo amoroso que funciona como válvula de escape para mitigar la soledad en el caso del anciano y para insertarse de a poco en una sociedad bastante dura en el caso de Shun Li, cuyo único objetivo es un reencuentro con su hijo residente en su pueblo natal y al que debería ver una vez saldada la deuda.

    El registro cuasi documental que perdura durante todo el desarrollo de la trama, donde se respira la frescura del cine asiático en cuanto a los tiempos y la elección de los elementos minimalistas para contar la historia se mezcla con un cine de tipo social que se acomoda en el contexto de una Europa que atraviesa una enorme crisis de identidad y económica con sectores empobrecidos como es el caso de la ciudad donde transcurre este relato de amor.

    El director Andrea Segre, conocido por sus trabajos documentales, en esta ocasión apuesta a la ficción para encontrar un puente narrativo capaz de transmitir desde la metáfora y la alegoría cinematográfica un mensaje elocuente y crítico desde el punto de vista sociológico, donde el fenómeno de la migración no se tiene tan presente y surge más como un conflicto coyuntural que como un fenómeno social en expansión que avanza hacia otras latitudes.

    No obstante, por momentos La esperanza de una nueva vida parece abandonar la causa para concentrarse en la anécdota de esta particular amistad entre una joven asiática perdida y desamparada en la fría Venecia pero que finalmente puede ser rescatada de ese naufragio por el galante marinero.
    Seguir leyendo...
  • 21 La gran fiesta
    El paroxismo del mal gusto

    A pesar de las estrategias de marketing que intentan vincular a este deplorable film con la saga de la exitosa ¿Qué pasó ayer?, es imposible reírse o divertirse con 21 la gran fiesta básicamente porque sus protagonistas adolescentes son tan malos actores que causan vergüenza.

    Tampoco se salva un guión a cargo de los directores del film Jon Lucas y Scott Moore que acumula situaciones sin ninguna cohesión interna y en función de la escatología o el mal gusto con la sencilla idea de provocar al espectador o al menos robarle una sonrisa con las desagradables escenas que involucran vómitos en cámara lenta o la ingestión de un tampón en estado de absoluta ebriedad.

    Para los norteamericanos eso es gracioso y a esta altura incluso lo consideran transgresor en épocas donde internet ha superado cualquier limite en lo que a mal gusto se refiere y el cine parecería estar en este caso al servicio de ese mal gusto más que de la comedia revulsiva en sí.

    La historia prácticamente es una copia de la fórmula ensayada en ¿Qué pasó ayer? pero con la diferencia de hacer hincapié en el cumpleaños número 21 del joven Jeff Chang (Justin Chon), estudiante aplicado con un padre extremadamente rígido que ve con muy malos ojos los ejemplos de estudiantes desperdiciados a causa de la diversión y el exceso en las fiestas. Por eso, la llegada de dos amigos como Miller y Casey (Miles Teller y Skylar Astin) precipita los acontecimientos a niveles paroxísticos que incluyen drogas, alcohol, mujeres desnudas y un sinfín de humillaciones al protagonista que resuelve todo con una risa enfermiza.

    Fiesta alocada, una fraternidad de mujeres que se vengan del machismo, concursos sobre quién resiste mayor ingesta de alcohol forman parte de este producto maloliente que por esas cuestiones comerciales se estrena en nuestros cines a caballo del éxito de una comedia con similares características pero con buenos actores en su reparto que garantizaban la efectividad de chistes mal escritos pero bien actuados.
    Seguir leyendo...
  • Tadeo, el explorador perdido
    El Indiana ibérico

    Esta propuesta de origen español para todo público y generada a partir del éxito de dos cortometrajes es la carta de presentación del personaje Tadeo Jones: un albañil que de niño soñaba con convertirse en arqueólogo y formar parte de aventuras en busca de tesoros ocultos o misterios ancestrales, pero que se le negaron durante toda su existencia en un trabajo más que rutinario y carente de todo tipo de emociones.

    La idea como concepto y producto cinematográfico tiene por objeto ponerse a la par de los grandes Estudios como Disney o Pixar, aunque con menos ambiciones desde la gestación del proyecto y siempre concentrado en la mirada de afuera más que la de preservar una identidad para el adentro.

    En esa operación es donde se puede notar por un lado el acierto en la construcción de esta aventura animada en 3D, a la que no le falta acción pero tampoco le sobra nivel, equiparándose con cualquier film ATP que no necesariamente pase por el tamiz Pixar, como así también observar ciertas falencias sobre todo en materia de guión más que en lo referente a la dirección o a los rubros técnicos.

    El film de Enrique Gato comete el error de mirarse en un espejo que le queda demasiado grande; se somete de manera constante a una mirada externa con un forzado intento For export que le quita personalidad y lo estanca en un conformismo peligroso. Así, queda desaprovechado el diseño de los lugares en donde se desarrolla la acción como por ejemplo Machu Picchu y se transforma a una interesante leyenda incaica en un mero pretexto narrativo, que para el público infantil debería haber sido tratada con mayor respeto.

    Más allá de estas definiciones y apreciaciones particulares, estamos frente a una película que entretiene y cuenta con una sustanciosa galería de personajes secundarios atractivos, bien construidos desde el guión a cargo de Javier Barreira, Gorka Magallón, Ignacio del Moral, Jordi Gasull y Neil Landau, entre quienes se destaca un loro mudo de color rojo que actúa de alivio cómico, junto a un simpático perro, fiel compañero del protagonista Tadeo, quien se verá por azar involucrado en una expedición hacia el Perú ocupando el lugar de un experto en cultura incaica para dar con el tesoro perteneciente a los incas.

    Allí, además conocerá a la hija de otro avezado investigador de las culturas precolombinas –mezcla de Cachorra y Lara Croft- a quien deberá salvar de las garras del villano de turno, un hombre con una mano mecánica al que sólo le interesa la arqueología como negocio y también deberá alejarla de la influyente presencia de un explorador mediático con intenciones poco claras.

    No obstante, Tadeo, el explorador perdido es un digno intento de animación española destinado al público infantil que a pesar de sus desaciertos seguramente cuente con el apoyo del espectador argentino más pequeño por contar con los ingredientes básicos del entretenimiento: acción, humor y personajes queribles
    Seguir leyendo...
  • Ausencia
    Ausencia
    CineFreaks
    Desapariciones

    A la película norteamericana independiente de terror, Ausencia, que finalmente se estrena de manera comercial en nuestro país, le alcanzan dos elementos efectivos para construirse y lograr con muy poco concluir un film interesante desde el punto de vista del planteo y diferente a lo que se viene estrenando en materia de cine de terror en los últimos años.

    Gran parte de ese mérito debe atribuirse a su director Mike Flanagan, quien desarrolla con meticulosidad un relato minimalista que explota al extremo la idea de las presencias fantasmales, mezclada con la culpa cristiana que alimenta los monstruos internos que toda explicación psicologista reviste de entidad y como parte del juego perverso de la mente.

    A esas fuerzas que se contraponen, el agregado de una atmósfera tensa y atravesada por ambigüedades sumado a una serie de hechos misteriosos más cercanos al policial sobrenatural que a una película de terror en sí misma se le debe agregar una ecléctica galería de personajes secundarios bastante convincentes gracias a buenas elecciones de casting, donde se destaca el actor Morgan Peter Brown, personaje clave sobre el que gira el derrotero de la trama.

    Callie (Katie Parker) visita a su hermana Tricia (Courtney Bell) para ayudarla a cerrar una etapa dolorosa en su vida al haber desaparecido Daniel (Morgan Peter Brown), su pareja, hace 7 años. Sin rastros sobre su paradero y con una investigación policial infructuosa detrás decide declararlo muerto en ausencia para poder continuar con su proyecto de vida y con asuntos legales en vistas a que pronto dará a luz. Todavía el duelo de la pérdida hace mella en su frágil mente y la atormenta la presencia fantasmal del desaparecido Daniel cada vez que intenta olvidarlo.

    En paralelo, su hermana también católica y devota, descubre a metros de la casa un túnel en el que encuentra personas extrañas y que en cierta medida se vincula con la desaparición de Daniel.

    Un hecho inesperado que es conveniente no anticipar aquí modificará drásticamente el rumbo y tono de los acontecimientos para que el realizador saque a relucir algunos trucos y vueltas de tuerca lícitas que hacen de este producto de bajo presupuesto y buenas ideas una propuesta más que satisfactoria tanto para amantes del género como para aquellos que buscan todavía encontrar películas bien narradas y que logran mantener atado al espectador a la butaca a fuerza de pulso y nervio más que de efectos visuales o golpes de efecto.
    Seguir leyendo...
  • Oblivion: El tiempo del olvido
    La nostalgia del ayer

    Una premisa básica como la devastación del planeta Tierra a causa de una guerra contra alienígenas que vinieron a conquistarnos marca el prólogo en off donde el protagonista Jack Harper (Tom Cruise) narra cuál es su función en el nuevo panorama en el que según sus palabras los sobrevivientes humanos ganaron la guerra pero perdieron el planeta.

    Jack es algo así como un encargado de seguridad y mantenimiento de drones programados para aniquilar al enemigo extraterrestre que aún persiste con sus ansias de conquista y que se denominan carroñeros. Trabaja día a día explorando la geografía y las ruinas de lo que quedó tras las batallas -y no fue alcanzado por la radiación- junto a su compañera Vika (Andrea Riseborough) bajo las órdenes de la autómata Sally (Melissa Leo), quien se encarga de dejar todo preparado para que ellos partan hacia Titán, el nuevo planeta cerca de Saturno donde los humanos sobrevivientes comenzarán de nuevo.

    Sin embargo, a pesar de que la memoria de Jack y de los otros soldados fue borrada totalmente, un recuerdo recurrente se niega a desaparecer y lo conecta de cierta manera con un pasado en el que el rostro de una misteriosa mujer (Olga Kurylenko) ocupa el centro de sus sueños en los que se lo puede observar feliz y menos frio de lo que es actualmente.

    Todo tomará otro cauce cuando Jack, en una misión extra oficial, descubre unas cápsulas con presencia de personas, quienes a pesar de ser humanas son objetivo de los drones y entonces ese recuerdo cobrará otro sentido en su vida desde el momento que se reencuentra con Julia, la mujer misteriosa del sueño.

    Poco más se puede agregar (sin revelar información sustancial) sobre esta historia que toma como punto de partida la lucha de un hombre por preservar sus rasgos de humanidad contra la mecanización y la deshumanización en un futuro muy cercano, dominado por un poder en la oscuridad y por manos invisibles que digitan operaciones secretas y manipulan el relato para no perder el privilegio de la dominación sobre la sociedad.

    Tópico que la ciencia ficción ha desarrollado desde Un mundo feliz hasta 1984 pasando por Blade Runner por citar los casos más paradigmáticos donde siempre hay un grupo que resiste al orden instaurado en pos de una lucha desigual por la libertad.

    Tom Cruise se luce en este rol de héroe melancólico y su carisma aparece cada vez que la película lo necesita, aunque el diseño de producción y la puesta en escena son las estrellas del film, dirigido por Joseph Kosinski, quien ya con su trabajo en Tron: el legado demostrara talento para este tipo de megaproyecto en el que los efectos visuales juegan un rol trascendente pero siempre en función a la trama y no a la exhibición gratuita.

    El mayor problema de Oblivion... es la extensa duración teniendo en cuenta un prólogo y una introducción demasiado larga para lo que se quiere contar, defecto que arrastra a lo largo de los 126 minutos de metraje al que le sobran por lo menos 30 minutos y le falta algo más de acción porque no puede negarse la estructura del western impregnada en un producto de ciencia ficción como éste.

    Los personajes secundarios están bien construidos, ninguno desentona pero tampoco brilla por sí mismo como es el caso de las dos actrices principales que se disputan a Jack en un pseudo triángulo amoroso, que no aporta mucho al argumento pero alcanza para disfrutar de dos rostros muy fotogénicos que -por decir de alguna manera- calientan la fría imagen saturada de blancos y falta de personalidad en un mundo donde los sentimientos y las emociones parecen haber quedado en el olvido hasta que un nostálgico se acordó de su humanidad.
    Seguir leyendo...
  • Contrarreloj
    Contrarreloj
    CineFreaks
    Anexo de crítica:

    Contrarreloj confirma que Nicolas Cage ya no se interesa en lo más mínimo por buscar otro tipo de propuestas de mayor riesgo para sus dotes actorales, y que el género de la acción y el tipo de cine pasatista le sientan muy bien y además le suministra a su cuenta bancaria exorbitantes sumas cada vez que pone el cuerpo, los tics y la cara al servicio de la acción y el absurdo en la misma proporción. A pesar de estos notorios desniveles en la trama, ciertas incongruencias y arbitrariedades en la historia, no puede negarse que el film resulte por lo menos entretenido para aquel público que sólo quiere pasar un rato agradable en el cine acompañado de un gigante cubo de pochoclo.-
    Seguir leyendo...
  • Bienvenido a los 40
    La trillada cuarta década

    Con este cuarto opus, Judd Apatow, confirma dos cosas: su incuestionable capacidad para escribir gags o chistes y por otro lado un preocupante reblandecimiento de su posicionamiento políticamente incorrecto cada vez que se trate de hablar o exponer temas vinculados a lo familiar y la institución familia como valor intocable.

    El problema más acuciante de esta comedia Apatow, Bienvenido a los 40 (This is 40) –a esta altura ya es un género en sí mismo como Adam Sandler- que rescata a dos personajes secundarios de la correcta Ligeramente embarazada (Knocked up) como la pareja de Pete (Paul Rudd) y Debbie (Leslie Mann, esposa de Apatow) es sin lugar a dudas la acumulación de conflictos y el exceso en la duración del largometraje al que le sobran más de media hora y por el que desfilan una batería de chistes buenos, malos, y peores, en claras alusiones a los típicos conflictos de las crisis matrimoniales o de los 40 años.

    Tanto Pete como su esposa se ven afectados por el avance de la edad y en el caso particular de ella en la negación del paso del tiempo más allá de las frustraciones personales como madre o empresaria de un pequeño negocio, que no puede manejar con holgadez. Además, ambos son padres de dos preadolescentes, Sadie y Charlotte (Maude e Iris Apatow, hijas del director), quienes suman a los problemas de pareja aquellos relacionados con la adolescencia y los conflictos de comunicación generacional, a pesar de tratarse de padres jóvenes y aggiornados.

    Así las cosas, al derrotero de esta pareja de clase media norteamericana en crisis existencial se le unen un racimo de personajes secundarios interesantes como Larry (Albert Brooks), en el rol de padre de Pete, quien extorsiona emocionalmente a su hijo y vive de sus ahorros sin ningún escrúpulo, o la empleada sexy de Debbie a cargo de la infaltable Megan Fox, quien para este tipo de personajes no necesita ninguna preparación.

    Pese a algunos aciertos en lo que a comedia se refiere, Bienvenido a los 40 no consigue afianzarse durante las dos horas y quince de largometraje, donde la repetición y la reiteración de fórmulas termina cansando al público como por ejemplo las referencias a la serie televisiva Lost y su final incomprensible.
    Seguir leyendo...
  • Jack el cazagigantes
    Anexo de crítica:

    Pareciera ocurrir que en esta suerte de fiebre hollywoodense por rescatar clásicos de la literatura infantil y adaptarlos a las bondades del cine de acción, con la explotación de la tecnología 3D, la industria a veces peca de ingenua de acuerdo al cuento que se toma como referencia para luego aplicarle la fórmula del maniqueísmo y terminar construyendo el enfrentamiento entre el bien y el mal o en su defecto entre las fuerzas de la oscuridad y aquellas pertenecientes a la luz.

    Ahora bien, en ese mecanismo que por un lado mezcla el marketing y por otro el cine, la operación de traslación convierte por ejemplo a la pareja de Hansel y Gretel en temibles cazadores o a Blancanieves en una Juana de Arco pop, por ejemplo. Por eso, retomar la clásica aventura del cuento inglés anónimo Jack y las habichuelas, exponente literario de cuento de hadas emblemático, resultaba un tanto desproporcionado teniendo en cuenta que el atractivo de este relato infantil es un héroe, unas habichuelas mágicas y un ogro que custodia tesoros en un mundo vedado a los humanos.

    No obstante, estos logros en los aspectos narrativo y técnico, Jack, el cazagigantes del director Bryan Singer carece de ingenio y vuelo imaginativo tanto a la hora de construir el mundo de los gigantes como en los momentos de las grandes batallas en los que las coreografías son impactantes visualmente pero no deslumbran. Tampoco lo hace esta nueva versión que parece atrasar dos décadas en relación a los nuevos paradigmas del cine de aventuras.
    Seguir leyendo...
  • Verano del '79
    Verano del '79
    CineFreaks
    Y se venía el fin del mundo...

    La directora francesa Julie Delpy -también guionista en este caso- apuesta por una narración coral en este relato que por momentos coquetea con la comedia de carácter costumbrista para retratar, bajo la representación de una familia de clase media que se reúne en el campo a fines de los ’70, el contexto que marcaba la expectativa sobre la posible caída de la base espacial norteamericana Skylab y el supuesto fin del mundo de acuerdo a las especulaciones del lugar en que semejante aparato se precipitaría.

    El titulo local Verano del ’79 además propone un interesante mosaico de personajes de época que también obedecen a modelos sociales que pueden mirarse desde el aspecto político más que sociológico. En esa familia que se reencuentra con motivos de festejo del cumpleaños de la abuela Amandine (Bernadette Lafont), en la tranquilidad bucólica de la Bretaña francesa, aparecen algunos parientes de derecha y otros de izquierda para enfrentar ideologías mientras las diferencias generacionales se terminan reflejando entre los niños y los adultos.

    En el caso de los infantes se destaca el protagonismo de la pequeña Albertine (Lou Alvarez), niña sabia que vive con unos padres liberales interpretados por la propia Julie Delpy junto a Eric Elmosnino. La educación poco ortodoxa de la pequeña precoz contrasta con la de sus primos, quienes pertenecen a familias menos amplias y más rígidas en sus conceptos educativos y políticos. En los papeles correspondientes a los ancianos realza por encima de sus compañeros de ruta el abuelo con demencia senil, sobreviviente a la guerra, quien se lleva la mejor escena al entonar la balada de los hombres felices ante sus familiares que miran con admiración, tristeza, respeto.

    El fuerte del film, por momentos demasiado ambicioso en lo que a propuesta narrativa se refiere, lo constituye el meticuloso trabajo en el guión y en la construcción de un singular y variopinto grupo de personajes, con un peso dramático importante en cada uno de ellos para que nada parezca forzado dentro de la dinámica de esta particular familia francesa, numerosa, graciosa y que seguramente genere empatía en el público con sus simpáticas ocurrencias o peleas a la hora de compartir un momento importante en la mesa.

    Este tercer opus de la actriz en calidad de directora reafirma su capacidad tanto delante como detrás de cámara y su sensibilidad en la composición de los personajes.
    Seguir leyendo...
  • La reconstrucción
    Las islas y sus archipiélagos

    Si bien la imponente Ushuaia es la geografía elegida para el desarrollo de este drama intimista, La reconstrucción, cuarto largometraje del director Juan Taratuto, quien vuelve a contar entre sus actores con Diego Peretti, acompañado por Claudia Fontán y Alfredo Casero, son en realidad los paisajes interiores aquellos que predominan en la trama del film.

    En esta propuesta diferente encarada por el director de Un novio para mi mujer; un interesante desapego del género de la comedia romántica trabajado en sus anteriores películas para encarar con audacia un coqueteo con el cine de autor, con un meticuloso manejo de los recursos cinematográficos desde el aspecto del lenguaje audiovisual, prevalece el punto de vista del protagonista Eduardo (gran composición de Diego Peretti), un trabajador del petróleo, parco y con un código de conducta muy personal, quien arrastra en su paso algo desganado un pasado que nunca termina por configurarse pero del que Taratuto se encarga de entregar a través de los ajustados y creíbles diálogos la información justa para que el espectador comprenda ciertos impulsos de Eduardo y su hostilidad manifiesta con el entorno.

    Eduardo es una isla conceptualmente hablando pero está rodeado de archipiélagos como Mario (un sobrio Alfredo Casero), un viejo amigo que le pide un favor de esos que comprometen y de los que no se puede retroceder una vez aceptado el encargo: sustituirlo durante un tiempo de ausencia tanto en el manejo de su local de venta como en la atención de su familia constituida por Andrea (Claudia Fontán), su esposa, y dos hijas adolescentes (Maria Casali, Eugenia Aguilar, ambas verosímiles en sus papeles como hermanas), atravesadas por los conflictos familiares cotidianos y también en pleno desarrollo de una edad difícil y definitoria como esa, en el particular escenario de la Patagonia.

    A partir del choque de estas islas en la desolación; en la angustia por la pérdida y durante el "mientras tanto" de un doloroso duelo devenido depresión en el caso de Andrea y malestar e impotencia en sus hijas, Eduardo se sumerge en un viaje iniciático que lo conecta por un lado con un presente distinto al imaginado y con un pasado que necesita ser reconstruido desde los afectos para que el futuro implique la creación de un nuevo puente comunicante para con los otros y lo más importante para consigo mismo.

    La reconstrucción también se ancla en la reparación de los sentimientos para dejar de vivir aislado, a pesar de los sufrimientos que implica comprometerse con el otro cuando todo parece estar encaminado a un viaje solitario y sin rumbo definido.

    El guión que Taratuto escribió con la colaboración de Diego Peretti se encarga de abrir el espacio a la reflexión sobre los grandes temas como la ausencia, la soledad, desde el detalle y con el foco en la subjetividad del protagonista, dado que el espectador observa y mira lo mismo que él; descubre también lo mismo pero no siente igual aquel dolor o la frustración de no cambiar, hasta que se realiza el intento.

    La puesta en escena habilita el espacio cinematográfico para que la distancia entre la cámara y los personajes no contaminen los climas ni tampoco desperdicie el cúmulo de tiempos muertos o silencios incómodos que sobrevuelan constantemente la atmósfera, a veces tensa en el período de convivencia y conocimiento mutuo entre Eduardo y la familia de Mario.

    Tampoco contamina la mirada de Taratuto el paisaje exterior, aspecto de la imagen muy bien aprovechado por la fotografía, así como la presencia de la luz muy distinta para interiores y en sintonía muchas veces con el estado anímico de los personajes.

    El nuevo desafío de Juan Taratuto esta vez también como productor marca un punto de inflexión en su filmografía como ocurriera hace unos años con Pablo Trapero y su personal film Nacido y criado, particularmente rodado en locaciones en los confines del mundo donde el bullicio de lo urbano y la monocromía de sus junglas de cemento no existen para poder escuchar otros sonidos de la vida o el propio silencio de la muerte, mientras los vientos de cambio soplan entre la furia del dolor y alivian las heridas del corazón en un abrazo dado a tiempo antes de que sea demasiado tarde. Nunca es tarde para cambiar y Juan Taratuto lo ha entendido pronto con esta gran película.
    Seguir leyendo...
  • ¿Y dónde está el fantasma?
    Tal como sucede con las propuestas de las parodias, una película que solamente se apoye en chistes acerca de otras películas y en este caso particular con la franquicia de Actividad Paranormal rápidamente la fórmula se agota y comienzan las preguntas sobre el porqué de la insistencia de estos productos, que por lo general no se estrenan comercialmente en Argentina.

    ¿Y dónde está el fantasma? llega con anticipación a lo que va a generar el estreno de Scary Movie 5 donde también se hará mención al grupo de películas que apelan al falso documental tan de moda últimamente y que además han demostrado un agotamiento en cuanto a ideas y aspectos de puesta en escena reiterativos que no conducen a nada.

    Seguirán existiendo aquellos fanáticos capaces a la entrega de bastantes minutos ociosos por un par de sustos en el cine pero también habrá quienes cansados de lo mismo den la espalda en poco tiempo por lo que la idea de la parodia caduca en sí misma.

    Michael Tiddes dirige con desgano una trama que abunda en chistontos y escatología, así como recurre a muchas referencias a la idiosincrasia afroamericana, entre ellas a la manera de hablar o expresiones del gueto que realmente ya no causan siquiera gracia. Tampoco las monerías del actor y en este caso también guionista Marlon Wayans acompañado de la bella Essence Atkins, con escasa participación de David Koechner en el rol de cazafantasmas.

    Pensar a esta altura de las circunstancias en un guión es prácticamente gracioso teniendo en cuenta que la columna vertebral se concentra en los segmentos más relevantes de la saga Actividad Paranormal: una pareja que habita en una casa donde se supone que existe la presencia de un demonio o ente que busca poseerlos y al cual se logra registrar gracias a las grabaciones caseras de un grupo de cámaras instaladas para el monitoreo de toda la rutina hogareña.

    La excusa para abrir la puerta al humor de trazo grueso; a lo chabacano donde sin lugar a dudas entran los estereotipos surge desde el minuto uno hasta el ochenta y seis y apenas se logran contar con los dedos los chistes elaborados que no recurren a las morisquetas y tics del insoportable Wayans o a las guarradas de sus vecinos como parte del mismo plato que indigesta.
    Seguir leyendo...
  • Anna Karenina
    Anna Karenina
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    En esta nueva adaptación de la novela de León Tolstói pugnan dos películas, la que pretende narrar con imágenes la historia trágica de esta heroína del siglo XIX a contracorriente de los preceptos y códigos de la aristocracia rusa, y por otro lado la del artificio y exhibicionismo con altas dosis de esteticismo que en este particular caso le juegan de manera negativa al realizador Joe Wright, hábil adaptador cinematográfico de otros clásicos literarios como Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, pero también responsable de la extraña Hanna.

    El apartado que debe destacarse es el de los rubros técnicos, aspecto lógico teniendo presente el resultado dispar entre narración y exhibición donde el máximo reconocimiento se lo lleva el vestuario ganador del Oscar a cargo de Jaqueline Durran, quien realmente diseñó ropa de época con una enorme precisión desde el punto de vista histórico. También es justo reconocer el puntilloso trabajo en el diseño de producción en las manos de Sarah Greenwood, sobre todo en la continuidad y cambio de decorados a la par de los movimientos de cámara.

    Para los cinéfilos que quieran llevarse un buen recuerdo de esta trágica historia de amor el nombre de Greta Garbo personificando a Anna Karenina quedará por siempre y el resto de sus intérpretes femeninas brillarán por su ausencia, del mismo modo que esta fallida versión del inglés Joe Wright.
    Seguir leyendo...
  • Mi novio es un zombie
    Anexo de crítica

    No por casualidad el protagonista adolescente de este nuevo producto que busca ocupar el espacio dejado afortunadamente por la saga Crepúsculo se llama R como el Romeo enamorado de Julieta -aquí la chica se llama Julie- en esta adaptación extremadamente fresca y libre del clásico shakespereano donde Montescos y Capuletos devienen zombies y humanos y la posibilidad de convivir entre muertos que comen cerebros y se apoderan de recuerdos de sus víctimas es posible gracias al amor. Por momentos inteligente, excelentemente actuada por la pareja protagónica y entretenida hasta el último mordisco.
    Seguir leyendo...
  • Parker
    Parker
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    A pesar de contar con Statham y su presencia como héroe de acción esta alicaída película donde escasea precisamente la adrenalina y las escenas de violencia necesarias para no aburrir además comete la torpeza de introducir el interés amoroso en la insulsa Jennifer López, elemento más que decorativo para este relato clásico y elemental de venganza con un ladrón que se rige por su propio código de conducta y no perdona a quienes traicionan su nivel de confianza. Nick Nolte tampoco se logra despegar de un personaje vacío como el que le toca y si bien no tiene la intrascendencia de la protagonista femenina su peso dramático es realmente nulo.
    Seguir leyendo...
  • La nana
    La nana
    CineFreaks
    Con cama adentro

    Así como Rodrigo Moreno con El custodio lograba poner en un primer plano a un personaje secundario como el encarnado por Hugo Chávez, su par chileno Sebastián Silva en su opus La Nana –que llega con mucho retraso a las pantallas porteñas tras su itinerario festivalero- hace lo propio con la actriz Catalina Saavedra, artífice absoluta de los logrados momentos tragicómicos de este film, que mezcla la sátira solapada a la burguesía chilena a partir del punto de vista de una empleada doméstica con grageas de comedia costumbrista.

    Si en Cama adentro, otro film que marcaba la relación amor-odio entre la señora de la casa venida a menos y su decadencia, en contraste con la complementariedad y sostén afectivo desde el rol de la mucama, en este particular caso se da exactamente al revés: la prescindencia del servicio doméstico para la dinámica de una familia con hijos adolescentes y pequeños, un matrimonio donde el padre se dedica a armar como hobby barcos a escala y la mujer a charlar con las amigas, se manifiesta a partir del conflicto con la mucama cama adentro que lleva trabajando para ellos más de 20 años y que ahora denuncia achaques y cansancio, más el hastío de una agobiante rutina de servidumbre: alistar a los chicos para la escuela, llevar el desayuno a la cama, limpiar la casa de dos pisos, lavar la ropa, el baño, cocinar, servir.

    El rostro avinagrado de Raquel (Catalina Saavedra) ni siquiera se anima con el festejo de cumpleaños número 41, la torta y los minutos en que no debe servir a nadie, algo de vida propia que tampoco los regalos de la señora y el señor Valdes aportan a su mustia existencia de cuatro paredes y novelas televisivas donde las protagonistas sí tienen vida propia; mucho menos cuando se le informa la decisión de incorporar una nueva empleada para ayudarla, dado que su cansancio es más que notorio y su desgano no es muy bien visto por ningún miembro de la familia.

    La llegada de intrusas es una amenaza latente que ponen a Raquel en pie de guerra, sobre todo cuando los verdaderos dueños de la casa no están y ella se apodera del espacio y maneja situaciones de boicot en cada oportunidad donde ve peligrar su reinado. En ese aspecto es insoslayable el buen trabajo de puesta en escena y el manejo y desplazamiento de la cámara que aporta tensión al relato.

    El guión, rico en detalles no narrados, bucea la psicología de su protagonista desde su doble rol de dependencia; desde su intrascendente lugar y su invisibilidad que recién se manifiesta cuando sus emociones afloran.

    No puede pensarse a esta aproximación al mundo burgués chileno como una crítica, con la marcada diferencia de clases, más que como un simpático apunte que se refleja en un puñado de escenas porque el núcleo del film se apoya en los rasgos humanos con un despojo manifiesto de estigmatización tanto de la mucama como de sus empleadores.

    La Nana es un film lúcido y buen exponente de la nueva tendencia chilena que pisa cada vez con más fuerza e identidad en festivales, algo que otrora era impensado y mucho más cuando el cine argentino ocupaba el centro de atención de las miradas extranjeras como ahora sucede con el nuevo cine chileno.
    Seguir leyendo...
  • ¿Y si vivimos todos juntos?
    Honrar la vida

    El segundo opus del realizador francés Stéphane Robelin aborda el tema de la vejez y la soledad de la tercera edad desmitificando todos los aspectos negativos y en franca apuesta al deseo de vivir cuando aún se tienen ganas de hacerlo.

    Los protagonistas de este film que mezcla con sabiduría momentos de comedia, humor y drama, atemperados con cierta crítica social de trasfondo forman parte de un elenco de lujo donde se destacan las actuaciones de Jane Fonda en el rol de Jeanne, quien intenta ponerle un poco de pimienta al último tramo de su enfermedad terminal para dejarle a su esposo Claude (Pierre Richard), quien padece trastorno de memoria reciente, el camino allanado junto a sus amigos de juventud entre quienes se destacan Geraldine Chaplin, casada y propietaria de una casa confortable en la que todos intentarán convivir para escaparle a los geriátricos y acompañarse mutuamente.

    Es de reconocer que estamos en presencia de un grupo de ancianos de clase media francesa, con recursos suficientes como para sobrellevar su situación, sin la intervención del estado o de la seguridad social, aspecto que el film no toca en ningún punto porque se concentra en las peripecias de sus personajes y en esta suerte de experimento de la tercera edad cuando la Europa contemporánea presenta mayores índices de expectativa de vida que hace unos años, experiencia que formara parte de una tesis de un joven etnólogo alemán que se une a los ancianos y registra en un documental su quehacer cotidiano.

    A diferencia de otras películas donde el tema de la sexualidad en la tercera edad o el deseo no se tiene en cuenta, en esta ocasión particular en Y si vivimos todos juntos aparece y siempre ligado al pasado como detonante de conflictos entre los hombres y las mujeres como parte de una subtrama que vuelve más atractiva la anécdota.
    Seguir leyendo...
  • Elena
    Elena
    CineFreaks
    Traición, familia y propiedad

    Elena es el nombre de este drama intimista con algún elemento de thriller que bucea sobre las relaciones parasitarias entre padres e hijos y lo hace a fuerza de una narración sutil y bien trabajada, con un despojo aleccionador o moralista bajo un código de una leve amoralidad.

    El director ruso Andrei Zvyagintsev, quien hace varios años ya había sorprendido con otra película sobre la familia y la relación padre e hijo, llamada El regreso, vuelve a desarrollar una trama atravesada de tensión donde se pone en juego la condición humana desde su faceta menos complaciente.

    Nada se hace por amor en esta película rusa contemporánea que tiene como marco referencial la fría atmósfera de un lujoso condominio habitado por un anciano con dinero, quien convive hace 10 años con la persona que fuera su enfermera, Elena (Nadezhda Markina), que más allá de su rol de ama de casa mantiene con la plata de su marido a un hijo completamente holgazán que ha formado una familia con un hijo adolescente, destinado a seguir los pasos de su padre, una mujer sumisa y un tercero que está por venir.

    Por otra parte, la relación del anciano con su única hija es prácticamente nula hasta que se produce un incidente que provocará un encuentro fortuito entre ambos y a partir de ese hecho toda una serie de situaciones en relación a la herencia y al legado donde la protagonista del relato cobrará un papel decisivo.

    Sin necesidad de revelar más información sobre la trama, lo único que resta por decir es que más allá de su previsibilidad y alguna que otra licencia del guión, Elena es un cruel y despiadado retrato del individuo en función a su comportamiento grupal cuando pesa la progenie y la sangre en algo que se parece mucho a una familia; es un breve tratado sociológico de la conducta humana en situaciones límites cuando los dilemas morales y la culpa religiosa queda fuera de discusión o por lo menos desplazada a un segundo plano.

    La virtud de este film ruso consiste por un lado en la línea que logra trazar su director al tomar distancia de sus personajes con una cámara no intrusiva en rol observador, eso permite a la historia y a sus personajes un mejor crecimiento dramático en el que el uso de los tiempos muertos o los planos secuencia permiten que el relato fluya sin interrupción pero a un ritmo lento que abre el espacio a la contemplación y a la reflexión si es que el público está dispuesto a hacerlo.
    Seguir leyendo...
  • Hitchcock: el maestro del suspenso
    Anexo de crítica

    Sin tratarse de una biopic sobre el padre de La Ventana indiscreta, el guión de John J.McLaughlin se basa en la novela biográfica de Stephen Rebello y se concentra básicamente en el proceso creativo y la producción de la película Psicosis (1960), un hito en la carrera de Sir Alfred y una gema del cine de horror que luego inspiraría hasta el hartazgo a tantos directores como malos plagiadores y copiadores de este realizador británico que jamás fue tenido en cuenta por la Academia y mucho menos por los Estudios hollywoodenses que siempre ponían un pero a sus propuestas alocadas en las que como todo artista con mayúsculas el riesgo de perder prestigio en pos de no repetirse estaba a la vuelta de la esquina.

    Entre los mayores defectos no puede dejar de remarcarse que la elección de Anthony Hopkins para dar vida a Hitchcock no fue la más acertada porque en ningún momento el actor logra desprenderse de su avasallante personalidad y carácter para jugar el rol del director de cine, a pesar de sus esfuerzos por copiar actitudes, gestos, maneras de hablar y un trabajo pormenorizado con el cuerpo que cumple con el objetivo de caracterización no del todo lograda por el maquillaje, pero no llega a deslumbrar.

    El beneplácito de que se hayan acordado de Alfred Hitchcock para esta época de productos sin contenido lamentablemente lleva a preguntarse si era tan difícil realizar una película con mayor peso -como el telefilm de HBO The Girl- a nivel cinematográfico o como reza el mito el indescifrable y misterioso genio anda rondando entre nosotros como un fantasma que no quiere ser recordado más allá de sus obras maestras y prefiere que lo dejen descansar en paz.
    Seguir leyendo...
  • Mamá
    Mamá
    CineFreaks
    El instinto no muere

    El director argentino Andrés Muschietti, actualmente radicado en España, sale airoso en su debut cinematográfico con este relato originado a partir de Mamá, corto de 4 minutos que lleva el mismo título de este film, bajo la tutela nada menos que de Guillermo del Toro, responsable de convencer al argentino para entrar a las grandes ligas del cine industrial con un presupuesto importante que ya se ha recuperado con creces tras su estreno en los Estados Unidos.

    El abandono, la desprotección y el instinto maternal son las ideas nucleares de este relato terrorífico que puede enrolarse en el tipo de terror psicológico sobrenatural con un abundante ingrediente melodramático que sintoniza de manera perfecta con el tono elegido cuando el protagonismo se lo llevan dos hermanas de 6 y 8 años, Victoria (Megan Charpentier) y Lilly (Isabelle Nélisse), a quienes su padre se las lleva a una casona de un bosque para suicidarse junto a ellas debido al embate de una crisis económica que tuvo como principal víctima a la madre de las niñas. Pero la casa está habitada por un ente que pertenece a una joven madre de hace 100 años y que las protege primero de las intenciones filicidas del padre y luego de la presencia de cualquier extraño que rompa el vínculo o lazo emocional entre las tres. No obstante, tras la desaparición de la familia, un tío, Lucas (Nikolaj Coster-Waldau), continúa durante 5 años con la búsqueda de sus sobrinas y para ello costea la logística precaria con la que cuenta hasta que finalmente sus empleados las encuentran. Sin embargo, la prolongada ausencia y el sometimiento a un estado salvaje ha generado en Victoria y Lilly un vínculo demasiado sólido con aquel ente a quien denominan mamá y que se ha instalado en sus vidas a pesar de haber encontrado en su tío y su pareja Annabel (Jessica Chastain), la familia sustituta en lo que significa un intento de reinsertarse a la vida social y familiar.

    Si hay algo que puede definir el derrotero de Mamá es la presencia de lo femenino durante todo el desarrollo dado que los hombres parecen quedar en un segundo plano y por otra parte la justificación de lo monstruoso o lo que está fuera de los parámetros normales planteado como una lucha de fuerzas entre dos mujeres: una que pese a estar muerta no ha perdido su nexo maternal y otra que no necesariamente desea convertirse en madre pero que de a poco transita por ese proceso de manera involuntaria al tener que hacerse cargo de las sobrinas de su novio.

    El otro concepto interesante que maneja con sutileza el director argentino obedece a la idea de relacionar lo fantasmático con una emoción distorsionada que logra materializarse en la figura monstruosa, aceptablemente construida desde los efectos visuales y la contextura alargada que de cierta forma disuelve el aspecto corpóreo cuando el rostro no se encuentra en un primer plano. Al respecto, durante las dos primeras mitades, Andrés Muschietti se las ingenia para dosificar la presencia fantasmal valiéndose de los recursos cinematográficos como las sombras o el poder expresivo de sus actrices menudas a partir de la mirada y de la subjetividad más que de la muestra concreta de la criatura.

    Los climas de tensión y suspenso, algún que otro sobresalto bien logrado, se acumulan frente al drama y en eso es de destacarse la buena actuación de Jessica Chastain con un cambio absoluto de look y personalidad que hacen de esta actriz realmente algo serio en materia de género.

    Tal vez pueda reprocharse la última parte donde el lirismo llega un tanto forzado pero no deja de ser bienvenida la apuesta a algo que huye de los lugares comunes aunque es justo decir cumple a rajatabla con los códigos del género incluso en los momentos en los que debe exponer el artificio y mostrar más de lo recomendado para no despertar suspicacias en aquellos espectadores que siempre buscan ver la misma película de fantasmas.
    Seguir leyendo...
  • Oz: el poderoso
    Oz: el poderoso
    CineFreaks
    El arte de la ilusión

    El doble homenaje a los primeros pasos del cine y a la clásica película El mago de Oz (1939) se encuentran más que presentes en esta auto declarada precuela a cargo del director Sam Raimi y protagonizada por un elenco importante, encabezado por James Franco, Mila Kunis, Rachel Weisz, Michelle Williams y Zach Braff, entre otros, que cuenta además con el aval de los estudios Disney como ya ocurriera hace unos años con la nueva Alicia en el país de las maravillas dirigida por Tim Burton.

    De aquella película de Víctor Fleming en la que se consagrara Judy Garland que mezclaba la fantasía con una historia de iniciación, la esencia de lo mágico a partir de creer continúa intacta en el manifiesto de Oz, el poderoso pero creerle a un embaucador, a un falso mesías (cualquier parecido con un político es mera coincidencia) depende más del truco o del artificio que de la credulidad del público per se.

    Por eso, para disfrutar de esta aventura cinematográfica para todo público con un más que interesante uso del 3d que hace de la ilusión y la falsedad del artificio cinematográfico un valor es necesario fijar un pacto como espectador con lo que la imagen propone y con aquella fábula de redención que termina coronando el derrotero de Oscar Diggs (James Franco). Diggs es un mago de Kansas de principios de siglo, quien realiza un espectáculo bastante rústico en una feria circense a cambio de unas pocas monedas. Dueño de un poder de seducción con el sexo débil, que siempre le trae problemas con sus compañeros de trabajo, el protagonista se sube a un globo para escapar de una golpiza mientras se desata un feroz tornado que finalmente lo conduce a la tierra de Oz. En ese reino multicolor, con monos que hablan y vuelan; con flores inmensas y muñecas de porcelana, vivientes, creen que Oscar no es otro que el mago de la profecía que acabará con el reinado de la bruja mala y recuperará la felicidad de todo un pueblo pacífico que tiene prohibido matar entre otras cosas.

    Sin embargo, los deseos de grandeza y la ambición desmedida de Oscar le juegan en contra al caer en las sugestivas redes de la malvada bruja (Rachel Weisz), quien además ejerce la manipulación de su hermana (Mila Kunis) para convencerla de que la verdadera malvada es la bruja buena (Michelle Williams), interés amoroso que provocará el despecho en una de las dos hermanas, en un doble juego de apariencias donde las máscaras y las pócimas ocultan los verdaderos rostros en un principio hasta que se subvierte el código y la bruja ya no se escude en el rostro del hechizo sino en su verdadero aspecto.

    Como un mecanismo de muñecas rusas que va de la representación a la puesta en escena pasando por la ilusión y finalmente la realidad menos mágica, la propuesta de Sam Raimi expone el artificio sin ocultarlo en efectos visuales o en la parafernalia y pirotecnia visual del 3d. Por otro lado lo exterioriza desde el punto de vista del registro de las actuaciones en primer lugar para generar ambigüedad en los personajes pero sin llegar a la caricaturización de ninguno.

    Esa frescura, exageración controlada, que se respira a partir del diseño visual del mundo de Oz, permite introducir por ejemplo situaciones desopilantes o no tomarse demasiado en serio la épica del viaje exterior pero sí aquella que marca el viaje interior y su arco transformador, tanto para el personaje de Oscar como para el de su antagonista la bruja.

    Así, con el camino amarillo legendario; con un James Franco over the top, vuelos en pompa de jabón, la introducción del zootropo y una banda sonora muy similar a otras de Danny Elfman, la propuesta de la Disney alcanza y no defrauda al gran público y mucho menos a los nostálgicos que ahora encontrarán otro gran pretexto para volver un rato al arco iris algún día y en algún lugar.
    Seguir leyendo...
  • Los días
    Los días
    CineFreaks
    Infancia interrumpida

    Cuando se es chico un aspecto de la fantasía de actuar como los adultos forma parte de los juegos cotidianos. La imitación de lo que hacen los grandes como fumar, decir malas palabras o hablar raro, también entra en el código de un juego.

    Martina y Micaela Mendes tienen 8 años; viven en una casa modesta, en el suburbano barrio de Quilmes, junto a su madre Norma Poncio y a su padre. Duermen en la misma cama; concurren a la misma escuela y van a misa algún que otro domingo. Asisten a clases de catecismo, prontas a tomar la primera comunión, y cuando viajan a capital es para quedar seleccionadas en algún casting con la esperanza de los padres (el hombre prácticamente ausente y fuera de campo) depositadas en el anhelo de que las hijas se conviertan en famosas y ganen el dinero suficiente para paliar la situación económica.

    La infancia de ambas hermanas no dista de la de cualquier niño de esa edad hasta que las circunstancias y la realidad de su entorno familiar se alteran y entonces quedan solas tanto para educarse como para aprender y sobrellevar el tránsito de la niñez a la pre adolescencia a diario, como retrata este documental de observación, opera prima de Ezequiel Yanco, presentado en el Bafici y que ahora se estrena a partir del sábado 9 en un reducido circuito de salas cinematográficas.

    Los Días bucea en la intimidad de estas dos niñas que sueñan con transformarse en la imagen de lo que la televisión les enseña y entonces la espontaneidad demostrada a cámara se contamina de cierta manera en la propuesta, pero la observación no deja que ese elemento exógeno modifique la mirada o actúe disruptivamente en la distancia emocional que es la adecuada, algo muy difícil de sostener tratándose de niños que transparentan su fragilidad y vulnerabilidad, sin especulación o sobreactuación.

    Los tirones de pelo que forman parte de la pelea entre Mica y Martina son creíbles, así como esos berrinches que surgen durante el lapso en que su madre intenta educarlas con ayuda en los deberes escolares o en el acompañamiento doméstico antes de que su situación se modifique drásticamene y tenga que salir a trabajar todo el día.

    Los Días no es otra cosa que una radiografía perfecta de un presente que a veces no se quiere ver y de un futuro mucho más oscuro y peligroso en el que los niños dejan de ser ingenuos e infantiles a fuerza de convertirse sin escala en adultos y adquirir responsabilidades para las cuales no están preparados.

    La virtud en este caso de Yanco respecto a la puesta en escena y al cuestionamiento interno sobre la representación cinematográfica de la infancia es haber encontrado el equilibrio entre el aspecto social y el cotidiano, exponerlo sin especulaciones ni reveses discursivos como dos caras de una misma moneda: la de la supervivencia de una clase media baja que hace mucho tiempo abandonó la infancia, forzada a convertirse en adulta en un país donde ya nada forma parte de un juego, ni siquiera uno de niñas.
    Seguir leyendo...
  • Las edades del amor
    Todo sobra

    El único pretexto para dar luz verde al estreno de esta tercera parte del film coral Manual de amor, que se estrenara hace unos años en nuestro país con singular éxito, no es otro que la presencia de Robert De Niro y Mónica Bellucci, protagonistas del tercer episodio del film que nos compete: Las edades del amor, también dirigida por Giovanni Veronesi.

    La estructura narrativa se apoya en tres relatos que dan cuenta de distintos tiempos para enamorarse, como la juventud, la madurez y la última etapa de nuestras vidas, la cual se identifica bajo el rótulo de más allá. En ese contexto dramático, revestido de cursilería, diálogos imposibles y una música omnipresente realmente perturbadora son evidentes las fallas del guión y el muy desparejo resultado del conjunto de la propuesta teniendo en cuenta además que la única anécdota interesante resulta la menos romántica y a la vez la más graciosa porque gira en torno al cambio de rumbo que sufre un popular presentador de noticieros que vive un tórrido romance con una psiquiatra bipolar. Sin moverse un ápice de la comedia de enredos, este segundo capítulo es el único que vale la pena destacar gracias a las buenas actuaciones de Carlo Verdone y Donatella Finocchiaro.

    El primer episodio donde sobra absolutamente todo es un cúmulo de clichés que recicla la historia de un joven abogado (Riccardo Scamarcio) a punto de casarse con Sara (Valeria Solarino), pero a quien Cupido le juega una mala pasada al ponerle en el camino a una chica durante un viaje por trabajo en Toscana y así quedar tan enamorado como para dudar de su futuro y apostar a otro incierto presente.

    El registro telenovelesco para mezclar el costumbrismo de un pueblo chico resulta realmente insoportable hasta que el alivio llega con el ya citado segundo episodio.

    Respecto al último tramo no puede agregarse demasiado salvo una correcta actuación de De Niro en el rol de un profesor de historia del arte, divorciado y trasplantado del corazón, quien se enamora de la hija de su portero y amigo italiano interpretada por la sensual Mónica Bellucci. Sin embargo, el relato trata de insuflar algo de romanticismo en la ocasional pareja que por momentos se vuelve verosímil aunque en otros parece muy forzado.

    Las edades del amor en definitiva es otro despropósito que arriba a las carteleras locales con un importante número de salas a su disposición para ocupar un espacio que un cine de mayor calidad y también proveniente de Europa necesita y con suma urgencia, pero que lamentablemente se le niega de manera sistemática.
    Seguir leyendo...
  • Antes
    Antes
    CineFreaks
    Generación partida

    Con dos temporalidades bien definidas y yuxtapuestas a lo largo del relato, la ópera prima de Daniel Gimelberg –codirector junto a Csecs Gay de Hotel room- construye un retrato intimista y generacional a fuerza de sutileza y un in crescendo dramático permanente que marca el derrotero del protagonista (Nahuel Viale) en dos etapas claves de su joven vida: un verano donde cumple 21 años y el invierno donde ya cuenta con 23.

    El Nacho del presente es completamente distinto al Nacho del pasado y eso se hace sentir tanto estética como dramáticamente, en una pendiente de desesperación originada a partir de un hecho que no revelaremos aquí pero lo suficientemente importante como para alterar el rumbo de una historia en cualquier circunstancia crítica.

    De forma fragmentada, la trama acopia situaciones que luego de conectarse dialécticamente configuran un mejor mosaico de la personalidad del protagonista y sus actitudes cada vez más angustiantes o peligrosas para el entorno.

    En ese transitar caótico, a veces a la deriva, de las emociones, los recuerdos, amigos que regresan del exilio o novias que se dejan sin saber muy bien porqué, la repetición de conductas o reiteración de situaciones conllevan una carga afectiva que a veces logra transparentar la angustia interior de Nacho si es que la violencia contenida no aflora desde el dolor o el sentimiento de culpa, muchas veces insoportables.

    Antes es un alentador debut en solitario de Daniel Gimelberg que acierta primero en la elección del casting para conformar un buen puñado de secundarios entre quienes debe destacarse Nahuel Pérez Biscayart, Carlos Portaluppi, Guadalupe Docampo, Alejandra Flechner, Horacio Acosta, el español Gabino Acosta y Verónica Llinás, todos ellos muy bien dirigidos y con sustanciales aportes desde sus personajes.

    El segundo acierto lo constituye el guión en materia de diálogos que con el correr de los minutos se aclimatan a la historia y se vuelven naturales al oído, sin excesos verbales o frases grandilocuentes aunque cargados de sustancia.

    En su rol de director, Gimelberg encuentra la distancia adecuada para seguir a sus personajes y de vez en cuando escudriñar con zooms rabiosos al protagonista en sus estados anímicos o perturbaciones de la mente que abren el espacio a otro ámbito mucho más sutil pero que no desentona con el clima de la película, incluso en esas partes más densas e íntimas.

    Esos logros son compartidos gracias a la buena actuación de Nahuel Viale y la fotografía a cargo de Diego Poleri capaz de definir a partir de tonos veteados o colores muy fuertes que estallan en la imagen dos dimensiones disimiles en las que también la música juega un importante papel.
    Seguir leyendo...
  • Broken City
    Broken City
    CineFreaks
    Anexo de la crítica

    No es culpa del chancho sino de aquel que le da de comer, ese podría ser el mejor resumen de este deslucido policial negro dirigido sin mucha idea por Allen Hughes sin la tutela de su hermano Albert esta vez y que cuenta con las actuaciones correctas de Mark Wahlberg y Russell Crowe porque Catherine Zeta-Jones está tan dibujada como esta trama elemental que se adentra en el mundillo de la corrupción política, en Nueva York, sin aportar absolutamente nada atractivo más que algunos gestos simpáticos de la caricatura de un alcalde inescrupuloso encarnado por Crowe, quien intenta ponerse en la palma de la mano a un detective culpógeno al que Mark Wahlberg personifica sin despeinarse.

    La atmósfera del film noir en la decadente Nueva York apenas perceptible configura cierto atractivo estético que se diluye en el tedio de un relato que hace agua por donde se lo mire.
    Seguir leyendo...
  • Cirque du Soleil: Mundos lejanos
    Gira mágica y misteriosa

    Pocos privilegiados en el mundo tienen la posibilidad de asistir cada vez que se anuncia en algún rincón del planeta a un espectáculo en vivo de esta compañía que sigue deslumbrando a los espectadores con su inagotable fuente de creatividad, que fusiona los códigos del circo viejo con el moderno, en un estilo que espectáculo a espectáculo se consolida como único e inimitable.

    Hoy por hoy Cirque du Soleil representa en lo que hace a performances de destreza física, elasticidad corporal y puesta en escena fastuosa lo mejor en plaza artística del mundo no sólo por el nivel de excelencia de sus integrantes pertenecientes a distintas latitudes sino por su propuesta integral y artística que se vale de un trabajo arduo en el perfeccionamiento de coreografías, cuadros o actos, donde el uso sinérgico de lo corporal junto a la tecnología y a la imaginación conforman un concepto muy cercano a la perfección.

    Ahora bien, qué podía surgir de la unión de este colectivo artístico con la cabeza de James Cameron para aportar la experiencia inmersiva del 3D y no perder detalle en el despliegue visual de este espectáculo único llamado Mundos lejanos sino la garantía de calidad que solamente puede apreciarse en cine.

    No alcanzan adjetivos calificativos para describir cada uno de los segmentos que se entrelazan en esta aventura para los sentidos. El pretexto es una mínima historia de amor protagonizada por Mia en busca del volatinero, trapecista de un circo tradicional que cae en su presentación y se sumerge arenas adentro en diferentes mundos a los que la heroína visitará y descubrirá junto a nosotros con la misma mirada de asombro y la inocencia de quien se deja hipnotizar por el fluir de un espectáculo donde están presentes los cuatro elementos pero con predominio de lo acuático tal vez porque el cuerpo humano se compone de un 70% de agua.

    Es el cuerpo y su constante capacidad de transmutación en algo etéreo e ingrávido aquello que prevalece entre contorsionistas, trapecistas y bailarines, quienes acompañan el hilo conductor de este viaje onírico, cinematográfico gracias al director Andrew Adamson (Narnia) delante de la cámara y a Cameron detrás como artífice y voz creadora que pone al servicio del show la profundidad del 3d y el uso de la cámara lenta para apreciar con detalle el movimiento de los cuerpos tanto en el aire como en el agua.

    La banda sonora incidental se acomoda y acopla perfectamente con los climas del show pero merece un párrafo especial el homenaje a The Beatles, con melodías antológicas y reconocibles por cualquiera que alguna vez haya escuchado al menos Lucy in the sky with diamonds, aunque también Elvis Presley dice presente en el convite musical.

    Algo de Alicia en el país de las maravillas; otro poco del Mago de oz; una pizca de Lili (1953) y los guiños pueden encontrarse a montones forman parte de este universo mágico y misterioso llamado Mundos lejanos, que ahora gracias al cine 3D puede descubrirse y por casi 90 minutos viajar con la imaginación a un acontecimiento audiovisual sin precedentes.
    Seguir leyendo...
  • Villegas
    Villegas
    CineFreaks
    Entre caminos

    No siempre se llega a buen puerto cuando se utiliza el recurso del viaje de un punto a otro como curva transformadora de personajes. Si los que viajan son idénticos a los que vuelven; arrastran las mismas virtudes y miserias, eso significa que hay algo que no funcionó en la película.

    Afortunadamente, con Villegas ocurre todo lo contrario y es por eso que la ópera prima de Gonzalo Tobal presentada en la Competencia Argentina en el último Bafici no puede pasar desapercibida o recibir el mote de road movie convencional, aunque su primera mitad adopte los códigos de ese tipo de propuesta, en su segunda etapa el relato se estaciona –por así decirlo- en el pueblo de General Villegas en un muy corto período de tiempo para remover historias y construir desde los fragmentos por un lado la identidad del abuelo que falleció, por otro el retrato de una familia y en un segundo plano la radiografía íntima de un pueblo con más de 100 años de historia.

    La precisión a la hora de delinear el reencuentro entre dos primos, Esteban y Pipa, distanciados, que deben verse nuevamente las caras para asistir a su General Villegas natal y despedir los restos de su abuelo junto a las respectivas familias habla a las claras de un guión de Gonzalo Tobal muy bien escrito que sirve de marco a situaciones cotidianas donde se ponen en juego los sentimientos y se renueva la mirada sobre lo perdido: la familia, la infancia, los amigos, los recuerdos, los miedos y los proyectos futuros. También el contacto con la fisonomía de un pueblo, sus espacios (en especial el campo familiar) y sus rostros.

    Esteban Lamothe y Esteban Bigliardi, indiscutidos exponentes de una nueva camada de actores muy interesantes, merecen un reconocimiento por sus actuaciones pero más allá de eso por lograr el verosímil en el vínculo y en la historia, nunca sobreactuando ese sutil distanciamiento que por momentos parecería reducirse al aflorar los sentimientos ligados a la infancia antes de partir a buscar suerte en Buenos Aires aunque en otros se prolonga cuando las irreconciliables diferencias, Esteban estructurado y a punto de casarse con Rosario mientras que Pipa no tiene conflicto con fluir y dejarse arrastrar por lo que el camino propone, emergen entre reproches, envidias, experiencias distintas de vida y maneras de ser y afrontar los caminos hacia un horizonte.

    Como reza una de las estrofas del leit motiv de Nacho Rodriguez (Onda Vaga): sólo queda salir si hasta los ojos que nos miran están vacios.

    Villegas explora ese vacío que genera todo duelo y hace de la búsqueda su verdadero camino.
    Seguir leyendo...
  • The Master
    The Master
    CineFreaks
    Las causas y sus consecuencias

    Cada película de Paul Thomas Anderson representa un enorme desafío para todo aquel espectador que busca que el cine lo problematice o inquiete a tal punto de dudar de lo que se está observando en pantalla.

    Como si en la textura cinematográfica de cada fresco visual, lo visible o revelado, existiera una capa más profunda e insondable a la que puede llegarse superando el mero formalismo.

    Petróleo sangriento es el ejemplo acabado de esta idea al plantear en los parámetros de un drama intenso y con personajes fronterizos la crítica contundente al modelo capitalista, bandera de Los Estados Unidos y estandarte del falso sueño americano que con The master, último opus de este gran director, se derrumba y precipita desde el costado menos visible que no es otro que el humano.

    Cómo pasar entonces de la tensión irresuelta de conceptos abstractos como poder, sometimiento, obediencia, odio, amor, fe, religión, culto, seudociencia, dogma, sino a través de la historia de un solo hombre o de un grupo de hombres inmersos en un experimento social que pretende elevarse por encima de los valores intangibles para proponer algo nuevo. Si hablamos del hombre en su constante lucha interna por vencer la animalidad intrínseca para conectarse con algo mucho más elevado y trascendente como el espíritu es imprescindible señalar un contexto histórico o época para comprender las causas y las consecuencias.

    La postguerra por ejemplo, escenario donde comienza este viaje iniciático y alucinatorio, significó para el planeta un momento de crisis de valores muy profundo que habilitó la necesidad imperante de unir en vez de continuar fragmentando. Los modelos de pensamiento más radicales vieron en ese momento crítico un terreno fértil en principio en aquellos sobrevivientes y su conflictivo modo de reinserción en un mundo donde la paz y la concordia fueron absolutamente derrotadas y el cinismo y escepticismo superaron con muy poco esfuerzo a la fe o a la esperanza del escape religioso para fusionarse en otras ramas y despabilar conciencias dormidas o masas dóciles que no se atrevían a siquiera preguntarse cuál es el sentido de la vida y qué nos une o separa a los unos de los otros.

    La película de Paul Thomas Anderson establece como estructura central la convulsionada y ambigua relación entre un líder carismático, Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), propulsor errante de una filosofía cuestionadora que se enrola a partir de una serie de postulados en algo que se denomina La causa (aquí se debe agregar el dato que este personaje se inspira en el creador de la cienciología) pero que en realidad puede sintetizar conceptualmente la figura de cualquier gurú, que a fuerza de retórica, técnicas de persuasión y adiestramiento cognitivo acapara voluntades de fieles y los somete a verdades que dan respuestas a las angustias existenciales más primarias pero que también cataliza los deseos individuales para transformarlos en metas colectivas bajo la pretensión de una selectividad frente a la masa ignorante que siempre genera una amenaza para los objetivos de la empresa seudoespiritual.

    En ese camino de reclutamiento de voluntades débiles o necesitadas de contención se atraviesa Freddie Quell (brillante actuación de Joaquin Phoenix), ex marino alcohólico y capaz de elaborar tragos destilando las sustancias más insólitas, que regresado de la guerra no encaja bajo ningún concepto en las coordenadas de la vida mundana ni tampoco califica como modelo para concretar ese ansiado American Dream.

    Conejillo de indias, golpeado por las circunstancias de la vida y el despecho amoroso provocado por el distanciamiento de la guerra; o desafío personal para Lancaster Dodd y su séquito la relación entre maestro y aprendiz se desdobla en un constante juego de seducción y manipulación psicológica en el que el objetivo fundamental consiste en desprogramar los hábitos o derrumbar la estructura psíquica de Freddie para que no reaccione de manera violenta e irracional frente al dolor o la frustración.

    Sin embargo, despojar al hombre de su personalidad para construir uno nuevo no siempre persigue un fin noble y en ese grado de ambigüedad y dialéctica entre dominado y dominador transita de manera vertiginosa la audaz propuesta del director de Magnolia con la mirada escrutadora y poco complaciente ante lo religioso y el libre albedrio en permanente roce pero sin descuidar la vulnerabilidad de los hombres que se estancan en un tiempo o repiten un episodio traumático del pasado que se resignifica en el presente y ahuyenta el futuro. ¿Es posible reparar algo que está roto?

    En consonancia con esta mirada introspectiva se asocia otra mucho más aguda e histórica que se arraiga con la propia historia de una Norteamérica que tras la guerra y las sucesivas cicatrices de otras guerras se enfermó de su propio cáncer social, de lo que puede desprenderse el triunfo del capitalismo salvaje y la ambición desmedida que deja víctimas en un largo tendal hacia un horizonte que parecería ser infinito.

    Como contracara del mito del buen salvaje explotado hasta el hartazgo por el cine, Paul Thomas Anderson intenta desmitificar sin cinismo este preconcepto para ir más allá de los postulados antropológicos o filosóficos convencionales y sumergirse en las profundidades del agitado océano de la consciencia, la irracionalidad, bajo las olas de la sensibilidad y la emoción que estallan en la pantalla y salpican a cada espectador que se entregue al enigmático universo de The master.
    Seguir leyendo...
  • Germania
    Germania
    CineFreaks
    Campo adentro

    El desarraigo y la pertenencia aparecen trabajados en esta ópera prima de Maximiliano Schonfeld, Germania, film que integrara la Competencia Internacional del último Bafici, sin grandilocuencia ni subrayados innecesarios para teñir al relato con un aletargante ritmo y una impronta visual muy personal, que siembra la información a cuentagotas para dejar que los personajes desde su silencio y el juego constante de miradas construyan la historia.

    El protagonismo del relato recae en una familia alemana del Volga, en un campo de la provincia de Entre Ríos (de donde es oriundo el director), que debe abandonar sus tierras y su producción avícola para comenzar de cero en otro lugar dejando atrás toda una tradición y un pasado que parecía mucho más próspero que el presente opaco que se avecina y que llevó a la quiebra de la empresa familiar.

    Brenda y Lucas (Brenda Krütli y Lucas Schel), ambos hijos adolescentes, deben acompañar a su madre viuda en el duro tránsito hacia lo incierto con la sensación de que cierta maldición los acompañará donde quiera que vayan.

    La información que llega de manera ambigua sugiere la presencia de un virus que diezma la población de gallinas o el agua saturada de cloro.

    Schonfeld se vale del recurso de la metonimia cinematográfica eligiendo metódica e inteligentemente qué partes mostrar para dejar el espacio de construcción del todo sin apelar a golpes de efecto y con la absoluta confianza en sus imágenes, aunque tampoco descuida los aspectos relacionados con los dos jóvenes en conflicto permanente al tener que abandonar su círculo de amistad y en el que se desliza cierto amor prohibido entre los hermanos, elementos dramáticos que aportan a la trama la tensión necesaria que sintoniza perfecto con el clima opresivo del film.

    Germania es una propuesta audaz, sutil desde el punto de vista narrativo y con su propio universo y mirada muy particular, que por momentos la asocia con el tipo y estilo de cine del mejicano Carlos Reygadas más en lo que a tono se refiere y al distanciamiento entre la cámara y la acción.
    Seguir leyendo...
  • Terror en Silent Hill 2: La revelación
    Bazofia neogótica

    El axioma reza que segundas partes nunca son buenas; las continuidades por lo general son mucho peores que las primeras películas, si no tomemos por caso Matrix para decir que todo está dicho.

    Sin embargo, a esta altura a nadie le importa absolutamente nada cuando de dividendos se trate, por lo tanto subirse al tren de una franquicia originada por la mente afiebrada de un par de programadores que construyeron un video juego, que se ha vuelto popular en el ámbito de las consolas y que tuvo su aceptable versión cinematográfica en el 2006, comete el pecado de querer repetir ese buen inicio y lo hace de la peor manera: reduciendo a la mínima expresión cualquier atisbo de originalidad, creatividad a la hora de planificar una puesta en escena y colmando la paciencia del público no fanático del juego.

    Esta suerte de mamarracho ciberpunk, Terror en Silent Hill 2, La Revelación (3D), que encima pretende explotar el peor 3d en el que cabezas y dedos mutilados saltan a cámara para que uno los esquive bajo el hueco pretexto de generar la idea de brindarle al espectador una proximidad a esa pesadilla digitalizada y barata, no se contenta con un vacío desde el punto de vista estético sino que además lo prolonga en el tratamiento narrativo con una trama por demás absurda a la que se le suman sobreactuaciones que realmente vuelven a esta experiencia una verdadera pesadilla pero en el peor de los sentidos.

    El argumento es básico y se concentra en las peripecias de la protagonista Sharon adolescente (Adelaide Clemens), quien se muda junto a su padre (Sean Bean) a un nuevo pueblo al resguardo de La Orden, la cual pretende devolverla a Silent Hill, ese oscuro reino de la maldad donde la niña demoníaca Alessa ha convocado a todos los demonios para venganza de sus miserias cuando fuera entregada en calidad de sacrificio.

    También aparecerá en escena un detective (Martin Donovan) y un muchachito enviado por la orden para llevarse a Sharon, aunque se termina enamorando y por ende pasa a ser traidor a la causa. El resto es un cúmulo de monstruos que se apila entre la torpeza de los guionistas, el desgano del director Michael J. Basset, los largos pasillos lúgubres, un parque de diversiones tétrico y freak y el enorme bostezo que genera este insalubre raid al que le falta talento, ideas y sobre todas las cosas actores. Fans le sobra.
    Seguir leyendo...
  • Amour
    Amour
    CineFreaks
    Anexo de Crítica

    -Cabe aclarar de antemano que el estreno de este nuevo opus del director Michael Haneke, Amour, sorpresivamente tenido en cuenta por la Academia como mejor película no hablada en inglés y también como mejor película, suscitará todo tipo de polémicas y abrirá falsos debates sobre los límites de la crueldad en el cine, con detractores que tildarán al director de La cinta blanca como oportunista y provocador profesional y otros defensores de su honestidad y coherencia a lo largo de una trayectoria, que más allá de los premios internacionales y el reconocimiento de la crítica, mantiene un grado intacto de estilo ascético, filosofía profunda y enorme conocimiento de la condición humana sin tapujos, ni concesiones o alivios moralizantes como siempre se pretende desde las huestes de Hollywood y su doble discurso constante.

    Se bastardea tanto el término arte en cine que cuando surge un verdadero artista como Haneke, quien más allá de sus intenciones como cineasta consigue integrar estética, pensamiento, narración, en un discurso poderoso no en términos visuales sino conceptuales, se cae en la obviedad de analizar sus intenciones a partir de lo que se ve cuando en realidad se debería partir desde lo que se oculta o no se revela.

    Amour es una película sobre el deterioro del amor de una pareja de ancianos interpretados por los geniales Jean-Louis Trintignant en el rol de Georges y la nominada Emmanuelle Riva en el papel de Anne.


    El progresivo extrañamiento, las etapas de ausencia y el no reconocimiento de su esposo se prolongan en el tiempo en que transcurre entre silencios, tiempos muertos, actos de cuidado, desprecio, cansancio, dolor, angustia, impotencia, culpa y emociones contradictorias arraigadas a lo más profundo de los sentimientos en un in crescendo dramático donde Haneke no especula un segundo con el atajo moralista para mostrar de manera descarnada hasta dónde puede manifestarse el egoísmo o la bondad entendida desde la empatía con el sufrimiento ajeno.

    Lo mejor que le podría ocurrir a Amour y a Haneke es no ganar el Óscar como mejor película y sí como película extranjera porque la calidad de sus competidoras salvo la chilena deja bastante que desear. Pablo E. Arahuete (9 puntos).
    Seguir leyendo...
  • Carne de neón
    Carne de neón
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    A pesar de las irregularidades e inconsistencias narrativas varias no deja de entretener esta coproducción hispanoargentina más que nada por sus virtudes formales muy cercanas al cine de Tarantino y su estética cuando no se vislumbra el tono de algunas películas de Guy Ritchie, otra innegable influencia para su director Paco Cabezas que se vale de su galería estereotipada de personajes fronterizos y reventados para salir airoso del convite siempre que transita por los carriles del exceso o lo bizarro y se aleja del melodrama que para el registro elegido no se integra en esta trama de prostitutas, mafiosos, travestis y perros que se arrojan por la ventana en medio de un festín de sangre y drogas. Un film pasatista, llevadero y divertido que llega bastante tarde a las carteleras locales.-
    Seguir leyendo...
  • Mala
    Mala
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -No alcanza para eximir del aplazo a Mala con justificar que su director Caetano buscaba filmar un culebrón violento absolutamente despojado de todo contexto social o de corte realista para jugar con el lenguaje de las imágenes y narrar un melodrama nihilista e irónico donde incluso uno de los personajes se llama Carlos Javier como cualquier personaje de telenovela. Ni siquiera como ejercicio de estilo, este sexto opus convence en su viraje hacia el género o coqueteo meta discursivo con el cine clase B utilizando el tópico de la venganza por amor como base de esta premisa, en que a la idea de la mirada ajena sobre el mismo personaje el director de Bolivia la subraya poniendo a cuatro actrices -que por cierto actúan pésimo- en el mismo personaje de una asesina que sólo mata hombres que hacen sufrir a mujeres. Nada se resuelve de manera razonable dentro de los márgenes de lo aceptable para este tipo de propuestas: no hay violencia en exceso; no hay sexo en exceso ni osadía alguna en mostrar cuerpos desnudos o un poco de sangre. Tampoco la simbología o la segunda lectura pretenciosa sobre la imagen que se proyecta y se bifurca en diferentes tipos de mujeres, supera lo predecible, por no decir lo obvio. Mala es mala, no hay otra explicación.-
    Seguir leyendo...
  • El árbol de la muralla
    Sobreviviendo

    El título de este quinto largometraje del director Tomás Lipgot (Moacir) refleja tan vívidamente una imagen para sintetizar un testimonio viviente de lucha ante la atrocidad que cometen los hombres y que tiene nombre y apellido: Jack Fuchs.

    A sus casi 90 años, este excepcional ser humano polaco ha sabido sobrellevar la peor carga de la culpa del sobreviviente al Holocausto sin resentimiento, odio, abatimiento o cualquier acto de desesperación que pudiera conllevar el día después del infierno que tuvo que padecer desde su temprana infancia en el guetto de Lodz con su familia primero y luego en la soledad cuando fue deportado a los campos de concentración de Auschwitz hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

    Recordar aquellos tiempos significa abrir las puertas al dolor y es por eso que durante cuarenta años tomó la decisión de no hablar sobre el pasado e intentó recomenzar una vida en Estados Unidos y posteriormente en Argentina, con una esposa (ya fallecida), una hija y tres nietas, su única raíz familiar que sigue viva.

    Igual que aquel árbol, recuerdo difuso en la mente de Jack, la resistencia, la voluntad y la pulsión de vida pudieron contra la muerte y encontró de cierta manera el camino de acopiar testigos de la historia que intenta ocultarse o negarse aún en nuestros días a través de la publicación de dos libros: Tiempo de Recordar (Editorial Milá, Buenos Aires, 1995) y Dilemas de la Memoria (Editorial Norma, Buenos Aires, 2006), a la que se suman charlas y conferencias en universidades para transmitir a las nuevas generaciones su sabiduría, sus lúcidas reflexiones producto de mucho recorrido y experiencia acumulada con el paso del tiempo.

    Sin embargo, el realizador llegó a conocer a su protagonista de una manera indirecta al ser contactado por la psicoanalista Eva Puente, autora del libro que da título al film, quien pensó siempre que la historia de Jack debía ser conocida como un testimonio muy particular y singular de un sobreviviente al nazismo y fue así como Tomás Lipgot aceptó el desafío de construir el retrato de Jack Fuchs haciéndolo partícipe del proyecto y en la búsqueda permanente y caótica para sortear los lugares comunes de la pornografía de la representación del Holocausto, pero sin desdramatizar el contexto en el que ocurrieron los hechos.

    El material de archivo, de grabaciones de un viaje que el propio Fuchs decidió emprender para volver al lugar de su niñez y no encontrar absolutamente nada, que se suma al propio aportado por esta larga entrevista segmentada, connota de manera contundente los mecanismos de la memoria y el olvido y el abismo existente entre el pasado, los recuerdos, el presente, lo vivido y lo reprimido en varias capas que se van desestructurando a lo largo del relato en primera persona y con la cámara de Lipgot siempre presente y dispuesta a escuchar distintas voces.

    A esa estructura se le debe agregar el aporte significativo del dibujo y animación para recrear las imágenes del pasado a cargo de Nahuel Ferreyra en los dibujos y la dirección de animación en manos de Pablo Calculli, y la utilización del sonido con fines narrativos, donde el trabajo de Andrés Polonsky merece un reconocimiento.

    Cada vez que Jack Fuchs nos interpela con su mirada vital y transparente; nos contagia su energía y tranquilidad la cámara desaparece y la verdad germina entre los escombros del olvido como ese árbol que aferró sus raíces a la vida sin que la muerte pudiera derrumbarlo.
    Seguir leyendo...
  • 5-5-5
    5-5-5
    CineFreaks
    Apocalipsis y obsesión

    La mística, historias y anécdotas relacionadas a la figura del artista Benjamín Solari Parraviccini –no confundir con el comediante Florencio- es un enorme caudal de elementos para cualquier interesado que piense una ficción dado que cuenta con todos los aditamentos y atractivos de cualquier relato revestido de fe, teorías conspirativas, realidades paralelas y un personaje que encierra desde su hermetismo pero a la vez transparencia todas las características para convertirse en gran ordenador o imaginador.

    Al realizador Gustavo Glannini, quien debutara en la desafiante industria con la animación en 3d y confeccionada a partir de software libre, Plumíferos, el coqueteo con el mundo de Parraviccini y sobre todo con sus psicografías, dibujos que el pintor elaboraba en trance y donde además iban acompañados de frases proféticas, le despertó el interés por conocer con profundidad ese universo a partir de la inflexión del 2001 en la que Argentina parecía ser el escenario ideal en el que las profecías apocalípticas se cumplieran.

    Su investigación rigurosa lo conectó con textos pertenecientes a tres discípulos del propio pintor Sigurd Von Wurmb, Pedro Romaniuk y Norberto Pakula, todos ellos especialistas en la vida y obra del autor que en vida lograra reconocimiento del propio presidente Marcelo T de Alvear y que falleciera en 1974 cuando muchas de sus profecías o mensajes premonitorios correspondían a los años 40 o 30.

    A partir de los dibujos de Parraviccini y en especial de aquel que puede interpretarse junto al texto como la predicción del atentado de las torres gemelas, el director ideó un guión que se estructura a partir del derrotero y obsesión de un profesor de filosofía y lógica (Antonio Birabent) de una escuela nocturna que comienza a obsesionarse por una alumna misteriosa y muy atractiva, Amnis (Belén Chavanne), que lo conecta con el universo de las psicografías y luego desaparece sin dejar rastro o pista alguna para que Gabriel encare por un lado una búsqueda de ella y por otro comience a unir una serie de premoniciones para entender un orden y llegar a la conclusión de que el fin del mundo se avecina.

    El otro personaje que talla fuerte en esta historia, representa en cierto modo al propio espectador, está a cargo de Gonzalo Suárez (reconocible tanto por sus papeles televisivos como por la publicidad de la tarjeta de crédito), quien interpreta a Tony, primo del protagonista que descree absolutamente de sus interpretaciones y teorías conspirativas pero que no le quita el apoyo ni un segundo, aunque no puede ocultar una preocupación mayor por su fragilidad psíquica en un momento de crisis muy aguda del protagonista con su ex mujer.

    Gonzalo Suarez además aporta el escape humorístico necesario como contrapunto ante tanto cúmulo de información.

    Si bien la propuesta es atractiva desde el punto de vista de la historia per se y el avance paranoico que contagia la trama, al que se añade una interesante galería de personajes secundarios de corta pero efectiva aparición, entre quienes pueden destacarse Nancy Anka, en el rol de ex esposa, Adrián Yospe, el periodista Rolando Graña, Ricardo Bauleo, Atilio Pozzobón, Daniel Fanego y Norman Briski, la película presenta ciertos altibajos y desniveles narrativos que por momentos la vuelven demasiado predecible.

    Antonio Birabent carga a sus espaldas con un personaje difícil y a veces ese peso se nota en su sobreactuación y falta de ductilidad para resolver escenas que requieren un registro menos grandilocuente.

    No obstante, pese a estos obstáculos debe reconocerse que la apuesta al cine de género y más aquella que abraza un tópico como lo sobrenatural, sin descuidar los elementos constitutivos del thriller psicológico, insumen un trabajo mucho más cuidado y meticuloso en el orden formal y eso 5-5-5 lo logra en gran parte de su desarrollo, con buenos climas, buen manejo del ritmo y una narración prolija que se puede comprender prestando la debida atención y mucho más si se cuenta con algún conocimiento previo sobre Benjamín Solari Parraviccini.
    Seguir leyendo...
  • Los miserables
    Los miserables
    CineFreaks
    El llanto de los oprimidos

    A pesar de los marcados desniveles en cuanto a la integralidad de la propuesta, Los miserables, dirigida por el inglés Tom Hooper, es un musical que eleva el estándar de los musicales cinematográficos de la última década porque su factura técnica y cuidado estético resulta impecable desde todo punto de vista, así como la meticulosa selección del casting para conformar un reparto de actores y actrices multifacéticos que suman voces diferentes, registros altos y potentes que cierran ese anillo de coloraturas melódicas de manera casi perfecta, con las grandes performances de Hugh Jackman y Anne Hathaway como los más rutilantes en los papeles del redimido Jean Valjean y la sufrida Fantine.

    Un escalón por debajo se puede ubicar al neozelandés Russell Crowe en el rol del cuasi napoleónico Javert, antagonista y portador de la Ley que seguirá los pasos del prófugo Valjean a lo largo del recorrido histórico que propone la novela de 1862 del escritor francés Víctor Hugo, inspirada en la historia del delincuente Vidocq, quien purgara sus pecados delincuenciales creando luego el Departamento de policía, hecho que aquí se extrapola a la lucha interna de Jean Valjean y su necesidad perentoria de redimir un pasado tormentoso al hacerse cargo de la pequeña y desprotegida Cosette.

    Si hay algo que destaca este musical trágico, dotado de emoción genuina y épica, desde el punto de vista cinematográfico es su despojo de teatralidad que por ejemplo arrastraba el fallido film Nine o reflejaba en algunos segmentos Los productores. Ese elemento es nada menos que el movimiento a través del espacio escénico, que gracias a la cámara en mano se destaca en escenas de alta tensión dramática o en aquellas que requieren desplazamiento de masas en el cuadro. Las transiciones temporales marcadas con prolijidad por las elipsis que recogen el trayecto histórico que va desde la Revolución francesa hasta el fallido alzamiento de 1832 también guardan una estrecha relación con el movimiento, aspecto que aporta a la estética del film un plus en complemento con lo arrítmico del relato completamente conformado por cantos y canciones del repertorio creado por Boublil y Schönberg, con las letras de Kretzmer que sufren un tanto la pérdida de la cadencia poética del francés, la sonoridad de las palabras, al traducirse al inglés y mucho más aún al español como sucedió en la puesta teatral argentina.

    Tal vez era mucho pedirle a Tom Hooper y equipo respetar el idioma original y un esfuerzo extra para cada actor que sin lugar a dudas hubiese causado más que una sorpresa en las especulaciones de cara a los premios Oscars donde el film cuenta con 8 nominaciones que incluye las ternas principales, aunque es más que probable que pierda como mejor película ante Lincoln.

    Los miserables amalgama en casi dos horas y media una catarata de emociones y despliegue visual donde la fastuosidad se dosifica con la épica del pueblo oprimido en el contexto revolucionario y con trasfondo de crítica social a la burguesía y al poder, pero no abandona en ningún momento la historia de amor o luego el triángulo amoroso entre la joven Cosette (Amanda Seyfried), Marius y la no correspondida Éponine.

    Párrafo aparte merece la dupla cómica y burtoniana encabezada por Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter, alivio cómico frente a tanto drama para que el relato encuentre sus momentos de pausa y el espectador descanse como si se tratara de un intervalo teatral que permite mantener la fluidez de la acción y descomprimir las atmósferas de angustia o pesares que pululan en pantalla entre la fealdad de los mártires, la indiferencia de los poderosos y la fe de aquellos que luchan por lo que creen justo cuando los vientos de la injusticia se acallan frente al murmullo de las multitudes anónimas que cantan y reclaman su libertad.
    Seguir leyendo...
  • La multitud
    La multitud
    CineFreaks
    Sueño de grandeza derrumbado

    Más allá de hilvanar su relato con imágenes poderosas y prodigiosas a veces, la particularidad de este documental, que posa la mirada sobre las ruinas y las consecuencias de un pasado esquizofrénico para reproducirse en un presente igual de enfermo y decadente como el actual es el viaje hacia atrás propuesto por Martín M. Oesterheld para hablar de los fantasmas de la historia; los monumentos de la dictadura militar y la deuda interna argentina que cosecha en el campo del debe la justicia social y en el del haber los aglomerados y asentamientos urbanos donde la indigencia duerme despierta y las multitudes de excluidos pasea entre escombros y sueños rotos.

    Parte de la historia de un país puede reconstruirse solamente con observar su arquitectura o confrontarse con esos esqueletos de hormigón sin corazón ni alma que forman parte del paisaje urbano entre villas, miseria, basura, animales y personas, muchas de ellas provenientes de otras latitudes expulsivas para encontrar consuelo, refugio y un futuro de prosperidad aquí en esta tierra, que se hacen añicos apenas se cruza el Río de la Plata o se toma contacto con el nauseabundo Riachuelo.

    Sin embargo, ese presente está atado a un pasado dominado por la locura mesiánica y asesina de trasnochados que hipotecaron el progreso de una Nación joven con sueños de grandeza y capacidad de sobra para convertirse en potencia mundial; postal desteñida que hoy resulta imposible de comprender dada la destrucción sistemática del tejido social y el permanente retroceso que hace de la repetición de los procesos históricos un símbolo nacional.

    Así las cosas, tanto la Ciudad deportiva de La Boca proyectada en los sesenta en pleno régimen militar como Interama cercana a los 80 devenido luego Parque de la ciudad y actualmente un ruinoso predio que conserva esa inmensa torre como parte de la vista privilegiada sobre el entramado urbano vienen a representar en La Multitud la radiografía exacta de casi tres décadas que evoca a un tiempo pasado de diversión y frivolidad que encontraba en un parque de diversiones el júbilo de miles en épocas nefastas con sus montañas rusas y autos chocadores a pleno, aspecto contradictorio que cualquier argentino que haya vivido durante la última etapa de la dictadura y comienzos de la democracia podrá reconocer sin demasiado esfuerzo.

    No obstante, la unión de estas dos obras yuxtapuestas y escudriñadas no sólo desde el ojo de la cámara lúcida de Oesterheld, sumado a la buena fotografía a cargo de Guillermo Saposnik y el montaje dialéctico de Emiliano Serra y Alejandro Brodershon, sino desde la mirada extraviada de extranjeros ucranianos que desconocen obviamente la historia las vacía de ese valor simbólico e histórico per se para extraer su esencia desde la forma, la silueta, el contorno, lo oculto y lo revelado en un tiempo de urgencia, que se abre en el horizonte y se impone como parte de un enorme cuadro silente y sin movimiento.

    Estáticos, los personajes, un cafetero y una mujer mayor (llegados aquí en los noventa) que hablan un dialecto parecido al ruso, y a la espera; inmóviles, los monumentos de la decadencia, al igual que los personajes sin pasado, sin presente que deambulan alrededor, elementos de la ficción que se entremezclan en esta deriva a la que el director se expone para mostrar la ausencia desde la presencia.
    Seguir leyendo...
  • Lincoln
    Lincoln
    CineFreaks
    Anexo de crítica

    Spielberg estructura su película con una puesta en escena sobria y un tono que se aproxima a veces a la teatralidad porque la importancia de la palabra y los duelos verbales son el mayor caudal informativo del relato, que puede tomarse como una magistral lección de historia desde lo didáctico y con la dosis y el ritmo justos para no caer en una aletargante película discursiva. El director narra con las imágenes y subraya con los diálogos, no al revés como a veces suele suceder en otros proyectos de esta envergadura y en eso reside su mayor virtud como realizador.



    Con este recurso que podría enrolarse en lo clásico pero también en lo metadiscursivo, el clima para la emoción y la intimidad se construye de manera natural y no forzada siempre que todos aquellos elementos complementarios como la música no invasiva de John Williams, o la fotografía de Janusz Kaminski sobre todo en espacios interiores, se integren al film con cohesión y sin grandilocuencia. Esta vez parece haberlo logrado tras los problemas de Caballo de guerra y su carencia de equilibrio en tal sentido.



    El hombre y su tiempo por encima del mito y la reivindicación de su titánica tarea como presidente de una nación dividida quedan reflejados con justicia poética en este atrapante film con grandes chances de llevarse el Oscar como mejor película cuando se revele la incógnita que mantiene en vilo a la industria del cine norteamericano. Pablo E. Arahuete (9 puntos).
    Seguir leyendo...
  • Cracks de Nácar
    No toca botón

    Este singular y extraordinario documental ficcionalizado de los directores Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, Cracks de nácar, hace culto del aspecto lúdico como una celebración de un ritual que jamás debería perderse en la vida porque la conexión hacia un mundo de fantasía -o una realidad diferente a la más acuciante- forma parte de una de las riquezas del alma.

    Pero por otra parte, el trabajo y la aproximación que los realizadores hacen tanto de sus personajes, en este caso nada menos que los periodistas Rómulo Berruti y Alfredo Serra, el primero reconocido como crítico de teatro y cine, conductor del legendario ciclo televisivo Función privada, el segundo, corresponsal de guerra de los grandes diarios, se entrelaza de manera casi mágica con el hobby y pasión que los hermana: el fútbol con botones, juego que trasciende fronteras y reúne ligas y aficionados por todo el planeta, entre ellos, los particulares Rómulo y Alfredo, que se han aggiornado a los cambios tácticos del futbol moderno para adaptar las estrategias de ubicación de sus botones en la cancha de vidrio en la que disputan religiosamente partidos memorables de noventa minutos cuando se enfrentan sus gloriosos equipos Newbery y El pampero cada vez que se encuentran a jugar.

    Ambos se prestan al código y juego propuesto por los realizadores tanto como protagonistas absolutos de este ritual maravilloso que cosecha anécdotas, hazañas e incluso una dedicación casi exclusiva al trabajo artesanal sobre cada botón, que también tiene su historia e identidad como si se tratara de un jugador que ha resistido al paso del tiempo; a las marcas, defectos y el desgaste en el material o sencillamente como protagonistas de partidos imborrables.

    Así, la biografía deportiva del botón Bordenave en el caso de Alfredo o Santiago para el jugador Rómulo Berruti se integra con absoluta coherencia en la dimensión lúdica que prevalece en este relato.

    Lo increíble entonces se mezcla de manera inteligente con lo verosímil y de allí simplemente a la creencia de que todo lo que se ve en pantalla, en ese pseudo registro espontáneo, existe. Ese logro con mayúsculas hacen de este singular film una rara avis dentro del mismo género que apela al humor, a la auto parodia y a la frescura narrativa como tres pilares que sostienen con justeza la película, estructurado en viñetas como uno de los recursos más interesantes para evitar el desgaste, la repetición, en lo anecdótico.

    A lo que debe sumarse un interesante aporte de la animación y la insustituible banda sonora con canciones, cuyas letras repasan la historia de estos dos amigos que en sus épocas de juventud compartieron su pasión por el periodismo, su desencanto por la carrera de abogacía y su niñez interminable (que aún hoy perdura) en el juego de futbol con botones para coronarse Cracks en el manejo de los minúsculos gladiadores de Baquelita, hueso, plástico o el preciado nácar, que hace más fácil el desplazamiento en el campo de juego.
    Seguir leyendo...
  • La niña del sur salvaje
    Anexo de la crítica

    Una parábola sobre el aprendizaje y la madurez de una niña de 6 años, a cargo de un padre alcohólico y enfermo en el distópico micro universo del Mississippi, castigado por la fuerza de la naturaleza y los cambios climáticos que ponen en vilo a la humanidad o por lo menos a una gran parte de ella, son los elementos que predominan en esta ópera prima La niña del sur salvaje - Beasts of the Southern Wild- de corte netamente independiente, dirigida por Benh Zeitlin, ganadora en Sundance y sensación en Cannes y que este mes subirá al podio en la terna de películas nominadas al Oscar.

    El realizador debutante apela a la fuerza de sus personajes para resaltar tanto las cualidades negativas como positivas sin ahogarse en un océano de lágrimas o sentimentalismos pero exaltando siempre las emociones, el vigor y la voluntad.

    Quvenzhané Wallis carga sobre sus espaldas con la enorme responsabilidad del protagonismo y lo hace con tanta prestancia y personalidad que su mundo, tanto interno como externo, se vuelve gigante como esas bestias portadoras de los malos presagios, que sin embargo la respetan en su carácter de heroína, cuando el agua parece haberse llevado todo allá en el sur de los Estados Unidos Post Katrina y pro Obama.
    Seguir leyendo...
  • Las crónicas del miedo
    Play, muerte y tedio

    En la línea de falso documental y explotando el recurso de la antología, o la estructura episódica, para diversificar la propuesta y experimentar con distintos tópicos y estilos del género, Las crónicas del miedo (VHS) entrelaza cinco cortometrajes a cargo de directores familiarizados con el cine de horror y con distintos estilos, que se unen a partir de un relato donde una banda de ladrones que se dedica a filmar sus ataques o atracos para luego venderlos a un cliente es contratada para robar una cinta de video en una casa. Llegados allí, se encuentran con muchos videos y un muerto que los protege.

    En base a la curiosidad y el morbo, con la clara complicidad del propio espectador, los protagonistas se disponen a echarle un vistazo a cada una de las cintas para encontrarse con filmaciones caseras espeluznantes, en las que no faltará truculencia, sangre, vísceras, y algún que otro elemento sobrenatural para que el menú del terror esté completamente servido.

    Igual que sucede con los proyectos colectivos, este film no excede a la regla de la irregularidad y puede medirse con la vara a partir de la originalidad o no de las historias más que de cómo está planteado en la puesta en escena el mecanismo para asustar o perturbar. Tampoco puede dejarse de lado que como ocurre con el estilo del falso documental, una cantidad de situaciones cotidianas o escenas intrascendentes como por ejemplo el trillado personaje que cuenta a cámara banalidades o emite comentarios huecos, abundan y no aportan absolutamente nada más allá que la preparación para que se desate la pesadilla en el momento menos pensado.

    Eso ocurre tanto en la primera historia Amateur Night, de David Bruckner, relectura sobre vampirismo que tiene la virtud de mantener durante su desarrollo la ambigüedad para encontrar un giro inesperado que involucra a un grupo de amigos con intenciones de llevarse a dos chicas de un boliche engañadas para drogarlas y filmar una película pornográfica amateur, pero que no se esperan que sus planes sufran algunas complicaciones con una de ellas.

    El segundo cuento o relato no merece siquiera comentario, simplemente resaltar que es el peor de todos y el que menos se esmera por sorprender o aportar alguna idea creativa. Eso sí sucede precisamente en el homenaje a los psychokillers en el corto Tuesday the 17th, de Glenn McQuaid, que apela a la interesante interferencia en la propia película para dar entidad al asesino enmascarado y violento que acaba con un grupo de adolescentes en un bosque.

    El cuarto relato The Strange Thing That Happened to Emily When She Was Younger, de Joe Swanberg, es quizás el más perturbador en cuanto a la idea en sí pero que se estanca al enfatizar el elemento de la presencia fantasmal en un departamento cuando en realidad daba para mucho más.

    Pero el plato fuerte y verdaderamente horrorífico se sirve en bandeja de plata con 10/31/98, de Radio Silence. Aquí, con pocos recursos y explotando los interiores de una casa grande en la que un grupo decide festejar Halloween y se encuentra que el ático es en realidad un lugar para realizar rituales satánicos, liberan a los demonios y posesos con escenas realmente aterradoras e ingeniosas desde la puesta en escena, y con el pulso justo en el manejo frenético de la cámara y de la tensión dramática, así como de efectos visuales rudimentarios pero de gran eficacia y funcionalidad al relato.

    En suma, Las crónicas del miedo procura condensar varias películas y homenajes en un solo producto exploitation que seguramente será bien recibido por fanáticos del género, respetado por nostálgicos y vapuleado por aquellos con ansias de más.
    Seguir leyendo...
  • La culpa del cordero
    La celebración Rioplatense

    El director uruguayo Gabriel Drak describe en La culpa del cordero el típico derrotero de una familia en apariencia unida pero donde los secretos y las hipocresías forman parte de lo cotidiano y estallan de la manera más predecible en la clásica reunión de los hijos y los padres en la chacra familiar, convocada por la cabeza del conjunto y proveedor Jorge que ha decidido jubilarse y ventilar los trapitos al sol de cada uno de sus hijos, mantenidos siempre económicamente por él y en anuencia de su esposa Elena con quien lleva más de 30 años de matrimonio y casi un tercio de infelicidad.

    El primer problema de esta película es la enorme falencia de todos sus actores, aunque es justo reconocer que Ricardo Couto en el papel de Jorge no desentona tanto ni tampoco sobreactúa los diálogos como el resto del elenco, parejo en su mal desempeño.

    Tampoco el director sabe manejar la tensión para que las revelaciones surjan en los momentos menos esperados como por ejemplo ocurre en la magistral película danesa La celebración, film del Dogma que también toma como premisa la reunión de familia para establecer con trazo fino un retrato descarnado de las relaciones familiares; los lazos afectivos y cinismos bajo el protocolo de las formas que se hacen añicos en dos minutos cuando el pacto de silencio se rompe y la complicidad cae y abre heridas que jamás cicatrizan.

    Sí es de reconocer que pese a la previsibilidad del relato y al esquematismo, Gabriel Drak maneja con criterio la distancia necesaria entre la cámara y sus personajes y también consigue esporádicamente crear climas con muy pocos recursos pero que lamentablemente se malogran por no estar acompañados de buenos intérpretes en las actuaciones.

    Una propuesta Rioplatense con muchas más contras que virtudes y la sensación semiamarga de que la historia si bien es trillada daba para mucho más que lo que termina plasmándose en pantalla.
    Seguir leyendo...
  • Graba
    Graba
    CineFreaks
    La extranjera

    Sergio Mazza abandona el drama rural ya explotado en sus dos anteriores largometrajes El amarillo y Gallero para adentrarse en la citadina Ciudad Luz a partir de una historia bastante oscura y que hace del hermetismo su arma más poderosa.

    Graba se divide en dos mitades muy diferentes donde no necesariamente la suma de estas dos partes arroje como resultado la conformación de todo porque lo fragmentario y lo episódico prevalece en una trama de cierto minimalismo y donde los climas opresivos reinan entre las pocas palabras, tanto del francés como del español, que cortan el silencio entre estos dos personajes que solamente comparten un espacio físico y el sexo como moneda de intercambio y nexo de comunicación.

    María carga con la culpa de un aborto inducido y con la mochila de una vida no planificada en permanente tránsito haciendo valer su condición de extranjera a cada paso y coqueteando con la precariedad de la ilegalidad durante su estadía en París. Jerome es un fotógrafo francés recién divorciado que busca sacar rédito económico con el alquiler de la habitación que ocupaba su pequeño hijo antes de la separación.

    María parece la inquilina ideal porque no habla, consume lo mínimo indispensable y no se mete en sus asuntos ni en su trabajo.

    Sin embargo, en esa convivencia atravesada por el hermetismo de a poco se va rompiendo la caparazón de cada uno y así empiezan a compartir su propio dolor, despojados de toda carga afectiva y entregados a la descarga sexual que el director maneja sin esteticismo y con la crudeza de los cuerpos en acción, donde hasta puede apreciarse alguna escena de sexo explicito muy poco frecuente en el cine argentino, aunque no así en el europeo.

    Precisamente eso es lo que se respira en la atmósfera y la puesta en escena de Graba: una película europea con sus tiempos, sus códigos y sus buenas actuaciones a cargo de la argentina Belén Blanco en el rol de María y Antoine Raux como Jerome, cuyo español es bastante entendible por cierto.

    El único defecto que puede marcarse a Mazza es el abuso de algunos clichés como por ejemplo esos planos contemplativos a la vera del rio que si bien buscan reflejar una rutina seguida de un círculo vicioso por momentos parecen connotar falta de ideas para resolver la inercia del personaje femenino.
    Seguir leyendo...
  • La noche más oscura
    Anexo de la crítica

    Cualquier serie televisiva como 24 o Homeland han abordado esta temática sin ninguna profundidad y abonado a la idea de que bajo tortura se logran resultados positivos; despojadas de un enfoque moral o ético, dado que en el contexto de la guerra parece que todo fin justificara los medios por lo que mostrar de cierta manera que en diferentes puntos no revelados geográficamente agentes de la CIA entrenados torturan prisioneros con las peores técnicas no es novedoso ni tampoco transgresor, aunque este no sea el eje central de esta película.



    Cuánto de cierto o no hay en esta película de la ex esposa de James Cameron en materia de datos comprobables, eso será un verdadero misterio como la propia muerte del terrorista más buscado en la última década, pero va más allá de los méritos que pueda o no tener el film y de las consideraciones políticas que puedan esgrimirse, dado que tanto la presidencia de Bush hijo como la de Barack Obama aparecen mencionadas en un espacio mínimo en esta historia sin diferenciarse en cuanto a la política. También es inexistente o casi nula alguna autocrítica sobre procederes de la propia CIA en relación a su plan y sus métodos para reunir información así como resulta casi ofensivo para otros países también involucrados en la cruzada contra el terrorismo un ninguneo por parte de la realizadora y los productores al volver a elevar al rango de Policía del mundo a Los Estados Unidos, hecho que ya forma parte de la ficción y del pasado histórico de esa nación en el nuevo escenario geopolítico.
    Seguir leyendo...
  • Django sin cadenas
    Anexo de la crítica

    -Fiel a su desenfreno, el autodidacta estadounidense apela al exceso como parte de un discurso cinematográfico propio ya ensayado desde Kill Bill hasta la fecha pero no hace de ese atributo particular y pintoresco la esencia de su obra cinematográfica sino un complemento para vestirla con otros ropajes, que para la industria funcionan como modas pero que en realidad en Tarantino operan en el orden meta discursivo que rompe moldes o convenciones.

    Es como si existiese una norma que dictara el número de balas que deben dispararse en un western. Si la regla dice 100, el astuto Quentin muestra 1000 y lo mismo se traduce en los guiones con personajes en apariencia planos o toscos que de golpe filosofan o mantienen largas conversaciones banales pero de una belleza poco frecuente.

    Conceptualmente no hay fisuras en el planteo de este film, recargado por toda la batería de recursos cinematográficos como por ejemplo el uso del ralenti de la imagen en los momentos de violencia gráfica o de una banda sonora ecléctica y muy climática para cada secuencia que mezcla acordes de los spaguettis western con canciones reconocibles.
    Seguir leyendo...
  • El fruto
    El fruto
    CineFreaks
    De paseo con la soledad

    Los realizadores Miguel Baratta y Patricio Pomares apelan a la mezcla sutil entre documental y ficción con su opus El fruto.

    El protagonista de este relato mínimo es un anciano llamado Juan, a quien se descubre desde el comienzo de forma fragmentaria para luego completar su figura y también su personaje desde sus hábitos, conductas y sobre todas las cosas acompañado de un silencio penetrante en su modesta casa en el pueblo casi fantasma de Carlos Keen, que cuenta con 400 habitantes, entre ellos Juan, y un puñado de personas que irán apareciendo en su recorrido a pie.

    La cámara lo sigue desde una distancia prudencial y a veces descansa al igual que él para reparar en algún detalle o quedar encandilada por el ajado rostro o los brazos enflaquecidos, o aunque más no sea por ese rostro curtido por el paso del tiempo, del que de vez en cuando brotan algunas frases sueltas antes de enmudecer.

    Así, se recogen desde la naturalidad y las charlas cotidianas toda una impronta relacionada con la superstición o las creencias populares, que parecen alimentar las tertulias durante la calma o la quietud de la tarde cuando todo parece tan muerto como las vías del tren del pueblo.

    Juan carga consigo un pequeño árbol que llevará de ofrenda a Filomena, una curandera, si es que ella logra aliviarle el dolor del cuerpo y del alma -por decirlo de alguna manera- porque la muerte acecha a cada paso no sólo desde las historias populares sino desde la más profunda soledad o una tos que corta el silencio pero desgarra el aire.

    El fruto es un interesante acercamiento al universo de un personaje a partir del ojo de una cámara que sabe encontrar el resquicio para ahondar en la intimidad, sin resultar tedioso ni lento desde el punto de vista cinematográfico.
    Seguir leyendo...
  • El lado luminoso de la vida
    Aceptación y adaptación

    Es sabido que a Hollywood le fascinan los relatos de auto superación y más aún cuando se intenta establecer dentro de los códigos cinematográficos un verosímil lo suficientemente sólido para que el circulo que se desarrolla a partir de la dialéctica problema, enfrentamiento, confrontación, aceptación, adaptación y resolución se manifieste gradual y progresivamente, respetando la curva dramática para que los personajes completen su aprendizaje.

    Ahora bien, si a ese cóctel se lo mezcla con elementos de comedia romántica el resultado final puede verse un tanto alterado o desplazado por la anécdota del amor frente al conflicto de la búsqueda de ese amor.

    Por lo general, el público necesita aminorar todo lo referente a lo negativo y al conflicto para recibir un final feliz y aliviador en parte porque el cine muchas veces representa ese bálsamo donde lo posible y lo imposible van de la mano y las soluciones mágicas no se cuestionan, siempre que apelen a remover emociones y no a manipularlas.

    El lado luminoso de la vida (Silver Linings Playbook), nuevo opus del realizador David O. Russell (El ganador) y protagonizado por Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker y Julia Stiles es un film que sabe dosificar las convenciones de una comedia romántica sin dejarse arrastrar por los atajos para desarrollar un drama en el que dos almas vulnerables e inestables desde el punto de vista psicológico se encuentran para ayudarse y experimentar lo nuevo cuando el pasado resulta tóxico, triste y paralizante.

    Así, con la bipolaridad a cuestas y la depresión, Patrick (Bradley Cooper) y Tiffany (Jennifer Lawrence, ganadora del Globo de Oro y del premio del sindicato de actores) vienen a representar para su entorno un problema: la inestabilidad psíquica tras una situación traumática que los ha sumergido en una conducta de fijación que no les permite dar vuelta la página en sus vidas o barajar y repartir de nuevo las cartas para jugar otra mano y de la mejor forma posible.

    Paradójicamente y aunque se hable de un juego no existe azar alguno que pueda afectar el rumbo de estos atribulados personajes más que la voluntad del cambio con el esfuerzo del día a día. Para el caso de Pat, el detonante es la ira o violencia que lo nubla todo y para Tiffany el duelo por la pérdida de su esposo para no caer en comportamientos extremos y autodestructivos.

    El director que adaptó la novela homónima de Matthew Quick despoja la trama de todo psicologismo barato pero no huye del problema psicológico de sus criaturas ni tampoco al sufrimiento que significa no poder romper con obsesiones o estructuras mentales cercanas a las patologías.

    En ese sentido es realmente formidable el trabajo de Bradley Cooper, no así el de Robert De Niro en el rol de un padre supersticioso que solamente se puede comunicar con su hijo cuando la afinidad de las apuestas florece o sencillamente cuando el otro acepta su manera de entender la realidad con la ferviente convicción de que en todo lo que ocurre hay señales o indicios.

    Personaje desaprovechado como éste encuentra su correspondencia en el de Tiffany, quien no puede escapar del estereotipo de la chica medio loca e impulsiva. El resto del elenco cumple con sus roles secundarios (un deslucido regreso de Chris Tucker como alivio cómico o Julia Stiles en el rol de hermana controladora) aunque no se destacan en absoluto.

    Sin embargo, más allá de esos convencionalismos ya mencionados debe reconocerse que David O. Rusell logra que las acciones definan el rumbo de sus personajes y sus contradicciones los muestren ante los ojos del espectador tan vulnerables como genuinos en tiempos de un cine especulativo, prefabricado y archi digerido que es el común denominador.

    Tal vez a esa virtud la avalen los premios en el festival de Toronto, las nominaciones a los American Spirits Awards o al propio Óscar en el rubro mejor película, por ejemplo.
    Seguir leyendo...
  • Mi peor pesadilla
    El groncho y la dama

    Bajo la dialéctica de mundos contrapuestos que se superponen, la directora Anne Fontaine elabora esta comedia romántica poco interesante entre una mujer burguesa interpretada por la actriz Isabelle Huppert y un padre que conoce en una reunión en el colegio de sus hijos, un tanto ausente que se dedica a la construcción en la piel del actor Benoit Poelvoorde, quien pese a su poca cultura y modales un tanto excesivos logra ganarse el corazón de ella una vez que empiezan a entablar una relación despojada del prejuicio de clase.

    Ahora bien, como dice el refrán si la mona viste de seda, mona queda y esto es lo que se desata cada vez que uno u otro intentan encajar en el entorno ajeno: el en el mundillo del arte de vanguardia y ella en un raid en que los permisos y los excesos no están mal vistos ni tampoco la diversión a pesar de su personalidad fría y malhumorada.

    Sin embargo, lo que los une es el cuidado de sus respectivos hijos preadolescentes y la preocupación por su educación, ambos conviven en el mismo techo en tanto la situación del padre no se solucione y pueda mantener la tutela de su hijo.

    El otro eje narrativo en la trama apela al humor grueso a partir del contraste entre la vida burguesa y la llegada de este personaje que pone en conflicto el círculo de confort, así como a partir del sentido común que también provoca en la pareja algunos chisporroteos que devienen en una repentina separación entre la protagonista y su compañero, un editor que encuentra en una chica joven lo que su pareja madura no puede brindarle, el editor está a cargo de André Dussollier, cuyo personaje es bastante insulso en comparación a otras películas en las que sus dotes para la comedia resaltan mucho mejor.

    Resulta poderosamente llamativo que la experimentada Isabelle Huppert se haya inclinado por esta comedia francesa de medio pelo que ahora encuentra un espacio en las carteleras porteñas tras meses de deliberación.

    Hace muchos años el argentino Hugo Moser en un famosísimo programa televisivo llamado Matrimonios y algo más inmortalizó el sketch del groncho y la dama con el genial Hugo Arana en el papel de ese macho, bruto pero sensible, al que esta película no le llega ni a los talones.
    Seguir leyendo...
  • Tres tipos duros
    Anexo de crítica: -Lo que parece una excusa para reunir a grandes actores de la talla de Al Pacino, Christopher Walken y Alan Arkin, aunque es justo decir éste último con una fugaz aparición en pantalla, tiene muy poco de película y mucho de telefilm en el que los actores apelan a la auto parodia y al uso de sus cualidades interpretativas para enriquecer un guión con muy poco material interesante. La fórmula que dio sus frutos a los viejos héroes de acción con las dos Expendables aquí parece quedarse a medio camino y tal vez eso se hubiese reparado con un mejor director.
    Seguir leyendo...
  • Tesis sobre un homicidio
    Anexo de crítica:

    - Con este segundo opus, Tesis sobre un homicidio, en el que a la sociedad Golfrid Vega se une nada menos que el actor Ricardo Darin se confirma por un lado la capacidad del realizador para manejar la puesta en escena y su casi obsesiva preocupación por narrar con imágenes no sólo acciones sino la psicología de sus personajes en desmedro quizás de la trama y concentrado en un guión sólido, con diálogos para que Darin demuestre sus matices en la actuación y que sus personajes si bien tengan similitudes puedan diferenciarse con aportes sustanciales en materia de composición como en este caso particular con el espejo de El secreto de sus ojos, film que también opera dentro del mundillo judicial y donde existe un asesinato y una investigación para dar con el paradero del asesino. Este riesgo desde el punto de vista conceptual sumerge a Tesis sobre un homicidio en un callejón sin salida porque se aparta del canon del policial de intriga para bucear y coquetear con el thriller psicológico olvidándose en gran parte y a propósito del hecho, el cual pasa a un tercer plano en función a la reconstrucción del hecho, que no es más que mental y no factual.

    El público se encontrará ante el dilema y quizás alentado erróneamente a que participará de la experiencia de ver un policial con Darin, quien se carga al hombro tanto las virtudes como los defectos del film, que por razones obvias no revelaremos aquí, pero que hacen a la estructura narrativa y más precisamente a cierto descuido en la puesta en escena tan bien pensada durante la primera mitad.
    Seguir leyendo...
  • Fuerza antigangster
    Anexo de crítica

    El director Ruben Fleischer sale airoso a fuerza de un excesivo formalismo y transita por el ABC del subgénero haciendo de los clichés y de los arquetipos el caldo de cultivo lo suficientemente atractivo para la exageración y la parodia a las películas de gángsters tal como había aplicado en Zombieland. Esquemática pero atractiva en el apartado visual, la película cuenta con un interesante elenco que se ajusta a la perfección a las nulas exigencias del guión donde la cuota de violencia seca y no esteticista se entrelaza con el gore y explota en esos ralentis que inquietan y sacan al relato del realismo sucio para generar otro registro que se acerca al comic o al pulp con personajes que son caricaturas como por ejemplo Mickey Cohen.
    Seguir leyendo...
  • Tres
    Tres
    CineFreaks
    Simetrías y paralelismos

    Tom Tykwer, el realizador alemán que por estos momentos resuena en los oídos de todo el mundo al ser uno de los responsables de Cloud Atlas junto a los creadores de Matrix, se arriesga en este sugerente film que roza por un lado lo experimental y por otro cierta teatralidad para exponer las aristas retorcidas de las relaciones humanas representadas desde un triángulo amoroso con el trasfondo de la crisis de los 40 en su faceta más existencial.

    Eso es a grandes rasgos lo que define el universo cinematográfico de 3 (Drei), un relato plagado de reflexiones sobre la vida, el amor, el sexo y la muerte a partir de la utilización de dos elementos que desde el punto de vista narrativo abren espacios a la multiplicidad y ensanchan las posibilidades de yuxtaponer estas historias de tres personajes: las simetrías y los paralelismos.

    El destino y el libre albedrio así como la trascendencia como meta humana también entran en juego en la trama que desde el primer minuto, donde un travelling -acompañado de una voz en off- nos confronta en nuestra pasividad de espectadores con las ideas que se desarrollarán en el relato, refleja a las claras la ambiciosa película que el director de Corre Lola corre tenía entre manos.

    Los actores Sophie Rois y Sebastian Schipper interpretan en este caso a una pareja alcanzada por la rutina y el desgaste de 20 años de convivencia y con la necesidad de búsqueda de nuevos aires y horizontes, puertas afuera. Ese deseo inconfesable por ambos, quienes continúan interpretando su rol de esposo y esposa en la dinámica de la pareja se ve concretado cuando entra en escena el tercero en discordia en la piel del actor fetiche del cine alemán contemporáneo Devid Striesow.

    El triángulo amoroso no tarda en construirse pero se bifurca en dos direcciones que no son otra cosa que una relación heterosexual y otra homosexual como cachetazo a las convenciones más conservadoras que hacen del matrimonio y la familia nuclear un valor inquebrantable.

    Sin embargo, al elemento de la relación entre los tres se le integran todo tipo de variables rayanas al experimento de carácter social y psicológico, en el que prevalece por sobre todas las cosas la ironía del realizador alemán y para quienes no reparen en este detalle simplemente basta con decir que observen el desenlace del film donde todo ese entramado y circulo cierra de manera perfecta.

    La mezcla de registros que van del melodrama más crudo a los enredos con paso de comedia y a la sobre exposición desde el punto de vista de la actuación son un verdadero hallazgo para una película diferente, que data del 2010 y que solamente se había podido ver en el festival de cine alemán.
    Seguir leyendo...
  • Mentiras mortales
    Anexo de la crítica

    Si bien el guión de Mentiras mortales -Arbitrage- no es un dechado de originalidad, cumple con su cometido al desarrollar con solidez y buena construcción de personajes y conflictos un thriller que escapa del claustro judicial para abordar con eficacia los oscuros intereses de un millonario dispuesto a traicionar valores o principios morales en beneficio de su círculo de bienestar y confort, que sabe nadar en un océano de hipocresías y mentiras sin que el agua termine por ahogarlo en la culpa.

    Los personajes secundarios cumplen un rol importante pero es justo decir que en el caso de Susan Sarandon por ejemplo el arquetipo de la esposa cómplice o negadora se halla bien representado, no así el estereotipo del millonario frio y calculador al que Richard Gere logra aportarle matices y deja crecer escena tras escena en una curva de transformación progresiva que avanza hacia la desesperación.
    Seguir leyendo...
  • Una aventura extraordinaria
    Anexo de crítica

    Varias vertientes narrativas confluyen en la recientemente nominada al Oscar en once rubros Una Aventura extraordinaria –Life of Pi-: en la superficie es la historia de un naufragio protagonizada por Pi Patel –Suraj Sharma en su etapa adolescente, Irrfan Khan para su adultez-quien durante los 7 meses que duró su travesía marítima debió sobrevivir no sólo a la hostilidad de la naturaleza sino a la ferocidad de su compañero de viaje, un tigre salvaje de Bengala perteneciente, como otros animales, al zoológico familiar; más en lo profundo, se despliega la historia de un adolescente que en su niñez procuró abrazar todas las religiones para poder entender finalmente la fe y que en una etapa de crisis espiritual se halla a la deriva por decirlo de algún modo simbólico entre creer y no creer; la tercera corriente que atraviesa este inmenso océano narrativo se entrelaza con la segunda versión de la misma historia y tiene que ver con una épica de la superación en situaciones límites, que se reviste de todos los artilugios de la narración y la imaginación para volverse un relato de dimensiones extraordinarias, como aquellas novelas de Julio Verne o Emilio Salgari, ricas en descripciones de mundos imposibles o desconocidos que invitan a la aventura del conocimiento.

    Poco importa descubrir la manipulación digital para dar vida al tigre o a los animales que sobreviven en el bote junto a Pi, segmento que conmueve por su intensidad dramática además de impactar visualmente gracias a la fotografía del chileno Claudio Miranda, así como tampoco puede dejarse de lado la primera mitad del film donde el director Ang Lee adopta y adapta a su película el estilo de Bollywood-así se denomina a la industria Hindú- con un atractivo arraigo en lo tradicional pero sin descuidar los aspectos formales y sin caer en exotismo carente de contenido.
    Seguir leyendo...
  • Jack Reacher - Bajo la mira
    A las piñas y con sonrisa socarrona

    Con Jack Reacher: Bajo la mira, la garantía de entretenimiento está asegurada si el espectador consiente de antemano que esta nueva adaptación literaria de un personaje con características de héroe, que Tom Cruise encuentra en un momento particular de su carrera, será de aquí en más una auto parodia de sí mismo y una parodia sobre un género más que explotado por la industria hollywoodense y por las malas copias de Francia, por citar claros exponentes.

    Luego de una breve investigación y en base a datos que aportan aquellos fervientes lectores de la creación del escritor Lee Child, en una serie de novelas que ascienden a la friolera de 17 (la que nos compete es la novena) el protagonista Jack Reacher es un rubio que mide dos metros, galán a lo James Bond y dista mucho de esta composición pergeñada por Cruise y compañía.

    La decisión de lavar por decirlo de algún modo todo sex appeal y jugar la carta del histeriqueo masculino es un verdadero hallazgo que se suma a un tono más relajado en lo que a película de género dicta pero sin perder de vista los elementos rectores de un thriller estándar, con una buena trama para desarrollar ideas y mantener la atención de un espectador habituado a jugar el rol de investigador en identificación con el personaje.

    Bajo la estructura clásica de un misterio, en este caso un frio ataque de un francotirador que se cobra la vida de cinco civiles a plena luz del día y que pide una vez atrapado por la policía a Jack Reacher, todos los resortes de una investigación detectivesca, en paralelo a la oficial, y junto a una abogada defensora (Rosamund Pike), quien intentará que a su cliente no le apliquen la pena de muerte promocionada por el fiscal de distrito (Richard Jenkins), revela una compleja red de corrupción ligada a los asesinatos y donde la principal sospecha recae en una constructora multinacional, cuya cabeza operativa no es otra que un villano siniestro al que el genial Werner Herzog le imprime personalidad y autenticidad.

    Atar cabos, trenzarse a las trompadas con un par de muñecos que se cruzarán en el camino y siempre al margen de la ley, son las únicas motivaciones que este vagabundo ex-militar toma de aliciente para transitar una vida opaca, rodeado de cinismo e hipocresía y harto de un sistema que no defiende al más débil y premia al fuerte. Así las cosas, se debe además sumar la presencia de Robert Duvall con su digna vejez a cuestas y un retrueque constante de diálogos filosos con el protagonista para que el convite resulte satisfactorio para todo aquel espectador que vaya a ver un thriller, que no escapa a los lugares comunes y tampoco cuenta con una dirección prodigiosa de Christopher McQuarrie (guionista de Los sospechosos de siempre y también de El turista), aunque el estilo noventoso de la puesta en escena hace que salga airoso en las secuencias de acción –especialmente una persecución automovilística “alla Bullit”- pero sin caer en espectacularidad o grandes despliegues visuales.

    El crecimiento de este nuevo antihéroe, parco, sagaz, dependerá mucho de este primer asalto en una pelea con contrincantes de fuste como Bond, el retorno de Arnold ex-governator y del mismísimo Bruce Willis con otro film de la franquicia Duro de matar, figuritas repetidas pero esperadas para este 2013 que comienza a las piñas y con una sonrisa socarrona.
    Seguir leyendo...
  • Ralph: el demoledor
    Anexo de crítica: -Con este film que amalgama conceptualmente hablando la filosofía y frescura de un dibujo animado acompañado para explotar desde lo creativo con las posibilidades visuales que en manos de personas capaces se vuelve prácticamente infinita, los estudios del ratón más famoso del mundo alcanzan la cima tan buscada y esperada con Ralph, el Demoledor. El nuevo desafío de Disney a partir de este gran paso en lo que a película de animación infantil se refiere es seguir apostando a las buenas ideas más que a la técnica para llevarlas a buen puerto porque en términos formales resulta injusto exigir más a la animación digital, pero al mismo tiempo necesario para que ese maravilloso puente de la imaginación no se acorte en especulaciones comerciales, repetición de fórmulas sin sustancia y sirva de pasaje creativo hacia nuevos y ricos universos como este que puede disfrutarse desde el primer al último minuto.-
    Seguir leyendo...
  • Cloud Atlas: La red invisible
    Anexo de crítica: -Los creadores de Matrix ya habían recurrido en las aventuras de Neo a lecturas filosóficas, nociones básicas de la física cuántica y a Castañeda pero en esta oportunidad con esta adaptación de una novela que en los papeles resultaba infilmable explotan todos estos elementos a un nivel de pretenciosidad a la altura del proyecto que se traían en mano para regalar junto a Tom Tykwer una épica colosal que bajo la dialéctica de la libertad y la presión entrelaza 6 relatos ricos en subtramas y personajes logrando un producto cohesionado, atractivo y sumamente interesante para todo tipo de exigencia de público.-
    Seguir leyendo...
  • Lo imposible
    Lo imposible
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -Un drama duro y muy bien llevado gracias a las impresionantes actuaciones de Naomi Watts y Ewan McGregor, aunque los infantes no se quedan atrás y se complementan con el verosímil de esta trama que bordea los caminos del melodrama familiar en el contexto de una catástrofe natural sin arribar a golpe bajo alguno pero explotando las fibras sensibles y los resortes dramáticos al extremo para ganarse la empatía del público.
    Seguir leyendo...
  • Malditos sean!
    Malditos sean!
    CineFreaks
    Vengo a ofrecer tu corazón

    Fabián Forte y Demián Rugna son dos realizadores independientes vinculados al género fantástico y de horror, batalladores por un cine de bajo presupuesto y de calidad que recién ahora comienza a verse con otros ojos desde las huestes del INCAA.

    Sabido es el rechazo a todo proyecto considerado de carácter menor y el prejuicio del público local cuando de cine argentino se trata y mucho más si detrás de esa palabra se liga otra como terror o ciencia ficción. Por eso Malditos sean! (título anómalo y caprichoso si los hay) es el claro ejemplo de las potencialidades del cine de género bien realizado pero autoconsciente de sus propias limitaciones de presupuesto, con un resultado satisfactorio en lo que a propuesta global implica dado que la unión de dos directores talentosos desemboca en buen puerto siempre que las ideas y el horizonte estén bien definidos.

    El proyecto de Forte y Rugna mama influencias de íconos como Cuentos de la Cripta, Creepshow o Cuentos asombrosos desde el punto de vista de estructura narrativa al entrelazar tres cuentos o historias, cuyo nexo está representado por un personaje intrigante y oscuro que tiene contacto con demonios o puede invocar fuerzas oscuras.

    El curandero Ulises entronca los relatos aledaños, que se contextualizan en diferentes espacios y tiempos. Así, la novedad y el riesgo del meta discurso al apelar a la atroz dictadura militar en el 79 con un grupo de tareas que irrumpe en una vivienda habitada por una anciana enigmática y en busca del tal Ulises, señalado como foco subversivo. Nada más terrorífico que ese momento histórico para hablar precisamente de horror o terror. En continuidad, la segunda historia se concentra en los avatares y la pesadilla psicológica de un asesino a sueldo perseguido por el fantasma de un niño –muy bien logrados los climas y las apariciones- que lo utilizará como vehículo ejecutor de su propia venganza, en la que se destaca una caja que demanda corazones, clara referencia a Clive Barker y su Hellraiser.

    Y el broche de oro es quizá la historia más delirante y donde realmente se destaca el ingenio y la libertad creativa de ambos directores en una mezcla de gore, giallo, humor y cine bizarro en el que un grupo de pitonisas que leen la borra de café reciben la visita de una persona que atrae la mala suerte y en este caso no sólo eso sino que atrae a un demonio sangriento y con la particularidad de seguir a aquellos que poseen algún elemento de oro.

    La amplitud de elementos y detalles de este opus que alcanza grandes picos en lo que a factura técnica respecta, donde debe destacarse por un lado la buena fotografía y los efectos especiales físicos de Rabid FX, son sin lugar a dudas un aliciente para propuestas de este nivel de riesgo que merecen el apoyo del público teniendo en cuenta la enorme cantidad de productos norteamericanos vergonzosos que se estrenan comercialmente con el quíntuple de presupuesto y producción pero vacíos de contenido.

    Los premios que ya obtuvo en festivales especializados avalan su calidad y esperemos que este 2013 sea por fin el comienzo de una nueva era para el cine independiente argentino con apoyo tanto institucional como de audiencia.
    Seguir leyendo...
  • La cabaña del terror
    Sonria... lo estamos sacrificando

    Bienvenido un comienzo de año tras las profecías apocalípticas del fin del mundo donde una película de terror en apariencia totalmente descartable abra el espacio a la reflexión apelando a un mix de recursos e ideas recicladas que dan como resultado la rareza en que se termina convirtiendo La Cabaña del Terror.

    Mostrar estereotipos y convenciones con el fin manifiesto de deconstruir es el principal objetivo que persigue esta película que tiene entre su guionista estrella a Joss Whedon y también a Drew Goddard, quien además se encarga de la dirección.

    Durante los primeros 15 minutos asistimos a la presentación básica de un grupo de adolescentes bellos, dispuestos a pasar un buen rato en una cabaña, alejados de la rutina y preparados para la fiesta y el reviente. No falta el par de féminas sexis, rubia y pelirroja con poco cerebro, el amigo drogón y divertido y el afroamericano nerd que de todas maneras se puede sumar al grupo sin problemas.

    Pero ni bien traspasamos esa barrera del convencionalismo más estructurado, se empieza a notar un ligero cambio de rumbo en la historia cuando aparece en escena una suerte de grupo encargado de informar que las víctimas ya partieron y que todo está en orden.

    La partida en cuestión tiene por destino una cabaña en un pueblo poco amistoso y ese es el escenario que en realidad forma parte de la puesta en escena de una suerte de reality que prepara para cada uno de los participantes involuntarios una serie de torturas seguidas de muerte y perpetradas por diversos monstruos elegidos no por azar y desde un control que monitorea y ejecuta cada acto y capítulo de este macabro espectáculo del morbo, el cual no ahorra en truculencia, sangre, tripas y humor cínico y corrosivo, bajo un pleno uso de su autoconciencia.

    Sin adelantar mucho más de una trama que parte de la idea de la meta narración; del singular desglose de lugares comunes que dialogan intertextualmente desde el relato con diversos estilos del terror y sorprende por los recovecos en los que decide transitar, no es exagerado rescatar una rareza tan bien pensada desde el género o los subgéneros que la atraviesan.

    La muestra de que cuando detrás de un guión existen ideas y riesgo para ponerlas a trabajar y que de ese conjunto se disparan capas narrativas que permiten lecturas distintas sobre un mismo hecho o situación queda reflejada en este film, que por un lado desmitifica que el cine de terror no pueda ser reflexivo o profundo sin dejar de contentar a aquellos espectadores sedientos de gritos histéricos, hemoglobina a borbotones o torturas estilizadas, las cuales muchas veces hacen de la experiencia del dolor ajeno algo tan irreal que se pierde la verdadera dimensión de la emoción.

    La Cabaña del Terror tampoco escapa a su faceta lúdica y entretenida, completamente empapada por una cinefilia no academicista y mucho menos arrogante sino en sintonía con algunos iconos de un terror que ya prácticamente no existe y que buscaba salpicar de cierta forma la conciencia del espectador cuando la sangre y el dolor le llegaban a los ojos y desde los ojos a la cabeza.
    Seguir leyendo...
  • Escuela normal
    Escuela normal
    CineFreaks
    El futuro imperfecto

    Resulta más que una obviedad decir que el interés de la directora argentina Celina Murga por los adolescentes o los niños es evidente desde sus primeros trabajos en lo que a largometraje se refiere. Ella tendrá sus explicaciones o justificaciones para adentrarse en ese pequeño universo, poblado por mentes en desarrollo, que a su vez reflejan el arrastre de ciertas cicatrices sociales que lejos de sanarse supuran y cada vez con mayor intensidad.

    Al practicar un despojo de una mirada ingenua -o con cierto atisbo romántico- en el amplio sentido del término lo primero que se puede descubrir en Escuela Normal, opus documental y fronterizo con la ficción, es que el microclima de un Centro de Estudiantes del colegio Normal 5 de Paraná (colegio al que asistió Murga) funciona como reflejo distorsionado de la realidad política argentina: murmullo de consignas huecas y falta absoluta de propuestas con acciones concretas que hacen del juego de la política precisamente un juego que se debe ganar sin saber muy bien para qué.

    El primer interrogante que lejos de responderse se acentúa es entonces para qué sirve un centro de estudiantes sino para canalizar o representar el interés común de alumnos, en vez de para poner en acción un pseudo proyecto no inclusivo y personalista. Hay muy poca enseñanza detrás de una experiencia de este calibre porque no alcanza con el debate de ideas cuando todo termina siendo exactamente igual.

    La virtud de esta cercanía que logra la realizadora de Ana y los otros con una cámara que procura mantener una distancia dentro de ese caos es justamente multiplicar el atolladero de voces que no conducen a ningún lugar salvo la de los protagonistas de este film: una alumna que cuestiona las referencias a Dios en la Constitución Nacional y que adscribe al lema de su partido que se debe votar con responsabilidad -también es la que cuestiona a un docente la distribución proporcional en un acto comicial donde se reparten bancas-; la infatigable Machaca, quien recorre los pasillos del colegio, soluciona problemas y procura mantener un equilibrio entre alumnos y docentes ganándose cada centavo de su magro sueldo porque no dirige desde un escritorio. Y como contrapartida otra alumna que se da cuenta de que no está preparada para ejercer alguna responsabilidad porque ante la primera crítica recibida, desiste.

    El film de Murga (responsable del guión junto a Juan Villegas) llega justo en un momento donde se habló a lo largo del año que se acaba de ir del voto a los 16 (ya aprobado en el Congreso) y donde la educación a nivel nacional experimenta su mayor decadencia, con deserción de alumnos que deben elegir si trabajan o estudian no por tener la posibilidad de hacerlo -claro está-, en ese sentido es elocuente el corto segmento en que Murga escudriña en la antesala de una reunión entre docentes donde la claridad del análisis y de los problemas de la educación aparecen sin discursos ni falsas estadísticas y acompañados de resignación cuando el Estado está ausente de las necesidades de la gente.

    Ahora bien, en lo que al documental específicamente se refiere el único defecto surge en lo anecdótico y reiterativo que se vuelve este recorrido, dividido entre charlas triviales, clases, preparación para las elecciones estudiantiles y el escrutinio final, que si bien no pierde dinamismo en su conjunto tampoco descubre atajos o espacios novedosos más allá de un acotado mundo escolar. Se recomienda a los lectores interesados ver el documental La Educación Prohibida (Youtube lo tiene disponible) para así comparar realidades y ensanchar la mirada sobre un fenómeno complejo como el de la educación argentina.
    Seguir leyendo...
  • Marley
    Marley
    CineFreaks
    Paz y espiritualidad

    La corta pero intensa vida del artista Bob Marley queda perfectamente resumida en este interesante documental, el único testimonio cinematográfico autorizado por su familia, que cuenta entre sus productores con uno de sus 11 hijos Ziggy Marley y la dirección de Kevin Macdonald, responsable de El último Rey de Escocia y de otro documental llamado Touching the Void.

    Si bien la estructura narrativa no escapa al convencionalismo y al orden cronológico con un enfoque desafectado que reúne por un lado testimonios de familiares, hijos, compañeros, amigos y allegados al cantante y compositor (entre quienes se destacan el propio Bob Marley, Rita Marley, Bunny Wailer, Ziggy Marley, Lee Perry), también exhibe muchas facetas positivas de Bob Marley para erigirlo al nivel de mito pero sin descuidar su parte terrenal, humana y su particular mirada sobre el mundo y la vida desde los postulados de la filosofía rastafari.

    Las imágenes de archivo conseguidas, muchas de ellas aportadas directamente por sus familiares, son tan valiosas como algunos entrevistados que se entrelazan en un relato que maneja el salto temporal de pasado a presente de manera fluida y sin cortes abruptos.

    Los nombres más conocidos que aparecen en pantalla como cabezas parlantes son por ejemplo el de Peter Tosh, guitarrista en un periodo corto del grupo con el que comenzara Marley, The Wailers, quien por diferencias artísticas y personales dejó de participar de las giras que progresivamente llevaron la música reggae fronteras hacia afuera y que a través de su legado musical se expandiera como propuesta pacifista frente a las miserias humanas y a los políticos.

    El compromiso de este cantante que encontró en la música desde su temprana infancia el vehículo catalizador para transmitir su mensaje y sus emociones marca a fuego toda su preocupación vital; toda su lucha silenciosa contra los prejuicios, los odios de clase y sobre todo el racismo al haber nacido como mestizo por ser hijo de padre blanco y madre negra.

    Dos puntos de inflexión marcan el derrotero de su vida y también de este documental que abraza desde sus imágenes el espíritu y la filosofía rasta, recorre cada gira con fragmentos de shows plasmando el crecimiento artístico y la expansión continental: el activismo político sin banderas y con la única consigna que se resume en una poderosa frase One love por un lado coronada en un recital histórico en Jamaica donde logró que los adversarios políticos se tomaran de las manos en plena convulsión y momentos de violencia de la que fue víctima al ser herido de un balazo en un atentado y por otro la lucha silenciosa contra un melanoma que devino en cáncer terminal y que lo apagó para siempre a los 36 años, con el final de sus días en Alemania y sin su maravillosa cabellera rasta, mutilada cruelmente por la quimioterapia.

    Por momentos resulta conmovedor reconocer en un hombre pequeño y tímido a un gigante con un corazón completamente abierto hacia el prójimo y un ego del tamaño de una uña que comprendió rápidamente que la única forma de trascender es dejar de ser lo que los otros quieren que seas y vivir el presente como si fuese el último día, porque el descanso aletarga al espíritu y alimenta la inercia que se manifiesta de diferentes maneras y de formas a veces impredecibles.

    Seguramente este rastaman, sabio y humilde, tuviese sus dobleces como cualquier mortal y sus errores que el documental no descubre ni sale a buscar es cierto pero más allá de ese defecto que puede deberse a un criterio selectivo o de devoción a su figura y su música resulta innegable su transparencia como persona sencilla y su entrega absoluta a la música, al público y a su gente.
    Seguir leyendo...
  • Fausto
    Fausto
    CineFreaks
    Alma mía, mía

    El mítico pacto con Mefistófeles narrado por el escritor alemán Goethe en Fausto es la historia elegida por el cineasta ruso Aleksander Sokurov para dar cierre a su tetralogía sobre el poder y las ambiciones humanas que comenzaran con el film Moloch (1999), luego con Taurus (2001) y El Sol (2005), todas ellas para retratar las figuras de Lenin, Hitler e Hiroito, líderes políticos que ambicionaron el poder hasta decir basta.

    En este caso particular si bien no hay una figura histórica de peso, la premisa que se inspira libremente en los textos del recién citado escritor alemán resalta a dos personajes que llevarán la carga dramática sobre sus hombros durante el desarrollo de las casi dos horas y media de película donde la belleza estética y cinematográfica de encuadres preciosistas contrasta con una fealdad manifiesta en sintonía con las oscuras intenciones del doctor Fausto (Johannes Zeile) que vende su alma al diablo, mejor dicho a un emisario del propio Satanás (Anton Adasinskiy) para obtener por un lado el amor de Margarita, una joven a quien el propio doctor le asesinó a su hermano y por otro a la eterna juventud a pesar del costo que eso puede significar.

    En la primera secuencia donde la cámara desciende desde el cielo hacia la tierra queda planteada entre cadáveres la primera de las preguntas que el film no podrá responder: ¿existe el alma? Para el doctor Fausto el interrogante es el motor de su experimentación, tanto en el campo de la medicina como en el terreno de lo filosófico. Sin embargo, en esa Edad Media donde se contextualiza la película, la muerte, la enfermedad y el hedor de cuerpos que caducan y perecen -como las ideas- ocupan el centro de todo y amenizan un largo camino en el que el protagonista y su acompañante, enviado por Lucifer para tentarlo, intercambian pareceres y se debaten dialécticamente entre los placeres terrenales de la juventud y el sin sentido y la futilidad de la vida.

    Solamente la película de Sokurov encontrará su público en aquellos que conozcan sus anteriores trabajos como El Arca Rusa o Madre e Hijo por citar los más conocidos pero podrá resultar realmente tediosa si se la reduce meramente a la adaptación de la novela de Goethe o si se la toma de manera literal sin capacidad de abstraerse y dejarse llevar por sus imágenes; perturbar por sus monstruos y reflexionar por sus ideas filosóficas y su carácter de ensayo sobre la condición humana en todo su esplendor.
    Seguir leyendo...
  • El Hobbit: Un viaje inesperado
    Épica en tamaño small

    Hay dos antecedentes negativos y uno positivo detrás del proyecto de esta nueva trilogía que rescata la mitología de J R R Tolkien, su mundo de fantasía y heroicidad, que el director Peter Jackson se propone convertir en otro hito cinematográfico como el que generara El Señor de los Anillos, película ovni que marcara un antes y un después en términos de género fantástico cinematográfico con un pesado interrogante que El Hobbit deberá responder: ¿se puede superar aquella trilogía?

    Los antecedentes negativos a los que hago referencia son precisamente el fantasma de la trilogía muy vigente y marcado a fuego en el espectador que vivió en las salas de cine esa épica majestuosa por un lado y por el otro lado el libro en cuestión, ya que la historia central no se conecta del todo con la aventura de Frodo y Aragorn sino que simplemente introduce las peripecias de Bilbo Bolson, personaje secundario si los hay y que fuera opacado por el ya nombrado Frodo en la trilogía de Jackson. Pero en el director es donde se concentra el aspecto positivo de esta empresa; en su capacidad narrativa y en su inventiva visual que se vale de la tecnología y de los recursos del nuevo cine 3D para mutar el concepto de la épica narrativa por el de la épica tecnológica. A El Hobbit, un viaje inesperado le falta épica y dramatismo, pero esa falencia se suplanta con un tono menos solemne y que apuesta a la frescura y al humor para impregnar un viaje iniciático protagonizado por un personaje no apto desde la naturaleza para la aventura toda una serie de elementos que en su conjunto conforman un mix interesante y novedoso, donde sin lugar a dudas el apartado visual se lleva la mejor parte.

    El otro pilar donde descansa la propuesta de Jackson, con la colaboración en el guión de Fran Walsh y Philippa Boyens y algún que otro aporte de Guillermo del Toro -quien se iba a hacer cargo de la dirección- lo constituye la presencia de Martin Freeman (conocido por la serie británica The Office) caracterizando a Bilbo y encontrando el equilibrio justo entre la torpeza del principiante y la valentía y astucia de alguien que en definitiva busca la aventura en el afuera y no en el adentro.

    Parte de esa premisa corona por decirlo de algún modo el planteo básico de este relato elemental que extrae de lo cotidiano o de situaciones mundanas pequeños destellos de hazañas personales como si parte del aprendizaje y del crecimiento -en el sentido iniciático de la palabra- fueran lo suficientemente trascendentes para preparar la aventura. Ese recurso inteligente también está ligado a un evidente manejo de la narración y al operativo de estiramiento excesivo para justificar el desglose de un solo libro en tres películas, con una duración exagerada que seguramente le juegue en contra no tanto a la narración sino a la trama central porque las digresiones y el alargamiento de secuencias no pasa desapercibido.

    El ejemplo de este despropósito aparece ya en la primera mitad en la que el protagonista ve interrumpida su tranquila cena por la llegada de trece enanos y el infaltable Gandalf (Ian McKellen) para persuadir a Bilbo de que se sume a la causa de los enanos: recuperar el reino de Erebor, usurpado por el dragón Smaug, asignatura pendiente de Thorin (Richard Armitage), hijo del rey de los enanos, decapitado por el enemigo en un sangriento combate, donde la espectacularidad del nuevo sistema HER 3D que permite al ojo del espectador ver 48 fotogramas por segundo agrega un plus a la experiencia cinematográfica.

    La incorporación de este formato para algunos será tan contrastante y difícil de asimilar porque las texturas de la imagen se asemejan a la que se puede percibir en un documental pero la belleza intrínseca de la fotografía, sobre todo en paneos de paisajes saturados de brillo y luminosidad por el efecto en el tratamiento de la imagen, se pierde.

    Sin embargo, no se necesita exclusivamente de este sistema para encontrar en cada secuencia de acción la marca distintiva de Peter Jackson y su equipo de creativos para diseñar batallas cuerpo a cuerpo deslumbrantes; vértigo y adrenalina para escenas sofisticadas desde el punto de vista de la puesta en escena y hasta el guiño cinéfilo que por ejemplo transforma a un trío de trolls en Los tres chiflados.

    La yuxtaposición con personajes del Señor de los Anillos que no aparecen en el libro original como la elfa Galadriel también es una jugada arriesgada pero que en el resultado final sale bien porque teje las redes invisibles entre esta aventura y su secuela como si fuese parte de la misma historia cuando en realidad no es del todo cierto en lo que a la saga literaria respecta.

    Párrafo aparte merece el retorno de el Gollum, criatura encantadora y de una sensibilidad impactante que gracias a la ductilidad de Andy Serkis y a su expresividad corporal y gestual engalana la pantalla y el convite en la mejor secuencia de no acción de la película donde se produce un verdadero duelo dialéctico e interpretativo entre Freeman y el susodicho Serkis.

    El Hobbit: Un Viaje Inesperado no defrauda a nadie pero tampoco logra impactar o deslumbrar más que nada por tratarse de una aventura sin la carga dramática y la intensidad de su espejo: El Señor de los Anillos.
    Seguir leyendo...
  • El romance del siglo
    Dos mujeres en pugna

    En su segundo largometraje como directora, la cantante pop Madonna (que por esas causalidades se encuentra en Argentina) utiliza el recurso de la historia especular para adentrarse en la tórrida relación que tuviera el Rey Eduardo VIII (James D''Arcy) con su amante norteamericana Wallis Simpson (Andrea Riseborough) y que se presentara como El romance del siglo, al igual que el título local del film cuando el original es W.E, que hace obvia referencia a las iniciales de ambos amantes.

    En paralelo a lo histórico -que también fuese tomado como subtrama para la película ganadora del Oscar El discurso del rey- se desarrolla otra historia también protagonizada por una Wallis Simpson (Abbie Cornish) completamente alejada de las intrigas palaciegas pero que comparte con aquella mujer que provocó semejante escándalo a la corona británica un derrotero de angustias, maternidades frustradas y violencia más allá del romance clandestino con un poeta ruso que aporta un condimento dramático extra al relato.

    La Wallis del presente mira con un dejo de admiración a la histórica; se deslumbra por ese mundo de joyas y lujo inalcanzable y sufre de la misma manera y los mismos dolores.

    Eso es a grandes rasgos el planteo narrativo que Madonna matiza con una fuerte dosis de esteticismo, encuadres pictóricamente bellos y un estilo similar al que su ex pareja Guy Ritchie emplea habitualmente en sus trabajos y que la diva asimiló sin ningún problema.

    Sin embargo, los raptos de manierismo se agotan en sí mismos y el guión acusa desprolijidades y cierta falta de rumbo que se hace evidente luego de una primera mitad aceptable, con un ligero repunte promediando los últimos 20 minutos.

    Tampoco se puede cuestionar que Madonna haya impregnado a su película con una mirada feminista más que femenina en el amplio sentido del término para dejar un sabor agridulce en el paladar de un espectador más exigente y un eficaz uso de la corrección política a fin de ganar público y evitar todo tipo de controversia, aunque la crítica tanto inglesa como norteamericana haya destrozado su obra y cuestionado sus intenciones.
    Seguir leyendo...
  • Uno
    Uno
    CineFreaks
    Rumbos cruzados

    El debut cinematográfico en solitario de Dieguillo Fernández, Uno, explora por un lado la relación entre un extraño citadino y una niña que ha quedado huérfana y desprotegida tras el suicidio de su padre y por otro los cambios de rumbo repentinos cuando el azar interviene en el camino de los personajes.

    El protagonista de este relato es Sebastián Oviedo (Luciano Cáceres), un arquitecto que está atravesando una crisis con su pareja Ana, quien no tiene intenciones de recomponer la situación. Preso de la inercia y para cambiar un poco de aire, Oviedo pasa por un pueblo muy pequeño y allí lo intercepta Mariela (Camila Fiardi Mazza), una misteriosa niña vestida para comunión que lo considera un enviado de Dios, producto de sus rezos para que alguien se haga cargo de ella al haberse quedado sola en una hostería, única herencia de su padre pero botín de guerra de su enemigo Barrera (Carlos Belloso), quien reclama el lugar y la potestad sobre la niña.

    A partir del encuentro azaroso, Sebastián Oviedo se transforma en Sebastián Cossio dado que la muchacha les dice a los lugareños que se trata de su tío que la vino a cuidar y a vivir con ella.

    Superado por la situación y en medio de una crisis de identidad, Sebastián entabla un vínculo importante con Mariela y asume el rol de tío a sabiendas de que la mentira tiene patas cortas y que no puede hacerse cargo de ella cuando apenas lo intenta con su vida, pero el pasado de la pequeña Mariela interrumpe con más intensidad y eso lo obliga a quedarse más de la cuenta en el lugar para intentar recomponer situaciones y encontrarse a sí mismo además de hacer algo por el otro.

    El film acierta a la hora de construir la relación entre ambos personajes que se va acrecentando con el correr de los minutos en climas de intimidad bien logrados por el director, quien se apoya bastante en la presencia de Luciano Cáceres para conseguir profundidad en la relación.

    El otro acierto es la incorporación de Carlos Belloso como personaje secundario, que hace las veces de antagonista, así como una convincente Silvina Bosco en un doble papel para cerrar un reparto sólido.

    La virtud de Dieguillo Fernández en este debut cinematográfico radica en la sencillez del relato que nunca cae en morosidad o pierde interés a pesar de que se trate más que nada de una anécdota desde el punto de vista narrativo.
    Seguir leyendo...
  • La inocencia de la araña
    Malas Semillas

    Siempre serán bienvenidas las propuestas nacionales de género provengan de donde provengan pero paralelamente a esta afirmación llega otra que va de la mano y que tiene que ver estrictamente con el terreno de la crítica y del análisis del producto final. Una cosa son las intenciones loables y otra muy distinta los logros detrás de esas intenciones. La inocencia de la araña es una película fallida por varias razones que no pueden dejarse de lado.

    En primer lugar la historia no aporta absolutamente nada nuevo ni original a la trillada película de chicas adolescentes obsesionadas por el profesor de turno, quienes en un increscendo de travesuras que terminan en actos peligrosos y presas de un pensamiento mágico propio de la edad –ambas tienen doce- buscan poseer a Manuel (Juan Gil Navarro), llegado desde Buenos Aires para hacerse cargo de la clase de biología y ávido conocedor de las tarántulas y más precisamente de su mascota Ofelia, que lo mira desde la pecera quizá tan obsesionada como sus alumnas Camila y Daniela (Lourdes Rodas y Renata Mussano), una manipuladora sobre la otra.

    Ellas hacen todo juntas, son las mejores en la clase de biología y dentro del grupo despotrican contra las chetas y mucho más aún contra la profesora de gimnasia, Ana Ovejero (Gabriela Pastor), quien rápidamente seduce al profesor y se convierte en enemiga pública número uno de las niñas.

    El gran defecto de esta película dirigida por el formoseño Sebastián Caulier radica en el casting al volcar toda la responsabilidad del relato en dos niñas que no son actrices y que carecen de naturalidad a la hora de hablar o decir el texto de un guión que lejos de apelar al coloquialismo redunda en frases altisonantes, algunas es cierto provenientes del mundo adulto que las protagonistas repiten en este juego de parecer algo que no son.

    El registro elegido, mezcla de tono picaresco con ciertos atisbos de comedia negra, tampoco ayuda dado que la acción se reduce al ámbito escolar y demora bastante en explotar hacia la tensión que la situación reclama. No es coherente desde el punto de vista narrativo el camino de transformación de lo que comienza siendo un juego de niñas (hacen dibujos con corazones, sacan fotos y hasta recurren a la magia negra para hechizar al maestro) a lo que termina desencadenando que por razones obvias no revelaremos pero no hace falta pensar mucho para adivinar el derrotero del film.

    Lo mágico y lo platónico se entrecruzan en esta historia pero de manera muy esquemática y paradójicamente infantil cuando en realidad lo infantil debería haber sido el mundo interior sin psicologismos y no el tratamiento cinematográfico.
    Seguir leyendo...
  • Una mujer sucede
    Tergiversaciones

    Dos elementos que funcionan como pretexto motorizan la trama de Una mujer sucede, ópera prima del bolivariano Pablo Bucca, basada en la novela homónima de Luis Lozano y que se proyectara en festivales: el Truco y un velorio de una misteriosa mujer para dar paso a la subjetividad de los recuerdos.

    La impronta literaria que arrastra desde su guión más que desde la puesta en escena teatral acerca por un lado el operativo de tergiversación de las historias de amor que cada uno de los personajes expone para darle una identidad a aquella muerta, a quien nadie conoce desde un principio pero que luego confiesan en la intimidad de un partido de truco reconocer.

    El truco y la mentira entonces van de la mano y en este caso desde el punto de vista narrativo es una buena herramienta para construir tres relatos protagonizados por tres mujeres muy diferentes, interpretadas por la actriz Viviana Saccone, quien logra diferenciar sus caracterizaciones con personalidades distintas y rostros diferentes.

    La acompañan en este juego Alejandro Awada, quien interpreta a Fernández, un taciturno escritor que asegura que en el féretro reposa Laura, una periodista que lo involucra en la perversión de un militar imposibilitado de tener sexo y Voyeur de manual en la piel de Jorge D''Elía. Esa mujer por la cual siente un verdadero amor luego muta en Sofía para dar pie a la historia de Santos (Eduardo Blanco), quien tras el reencuentro con una antigua amante se ilusiona con una segunda oportunidad. La tercera y última versión de la misma mujer es la más floja en términos narrativos y la que menos tensión aporta a la trama más allá del habitual estereotipo del que lamentablemente el cine argentino no puede escapar: un colectivero apellidado Villalba (Oscar Alegre) se enamora de Rosita, quien gradualmente va perdiendo su visión hasta quedar completamente ciega, pero que logra cumplir su sueño de cantar frente al público gracias a la prueba de amor del hombre.

    Así las cosas, tres relatos hilvanados a partir de la subjetividad de cada personaje intentan revelar el misterio para encontrar en la evocación y el recuerdo su arma de doble filo porque esos flashback conspiran contra la tensión dramática de la propuesta y le quitan peso a los protagonistas de la acción.
    Seguir leyendo...
  • Elsa y su ballet
    Vivir el Arte

    De espaldas a la cámara surge la figura de Elsa Agras, con sus 87 años a cuestas y un bastón que la conecta con el suelo y con las vibraciones que su sensibilidad capta en pleno ensayo donde un nutrido grupo de mujeres no bailarinas -de más de 40 años la mayoría- practican pasos de tap. Las observaciones de la mujer son tan rigurosas como las de cualquier profesor de danza pero a sabiendas de que la imperfección en las coreografías también es igual de genuina que la perfección y que si del otro lado no hay diversión de nada sirve intentarlo.

    Elsa y su ballet es un documental observacional de Darío Doria que se presentó en el festival del Mar del Plata y que se sumerge en el mundo interior de esta octogenaria maravillosa para quien el ballet y el arte en particular es un compromiso y un propósito lo suficientemente fuerte como para aportarle una vitalidad envidiable.

    Su trabajo con amas de casa o mujeres de diferentes profesiones que buscan desinhibirse y hacer algo primero con su cuerpo y segundo con su alma dio origen al grupo 40-90 y es importante a la hora de pensar el arte y en este caso la danza como un vehículo transformador de la realidad.

    Esa saludable caradurez; esa plena confianza en la entrega y la pasión más que en la técnica hacen de la experiencia de este grupo una marca indeleble y muy original, que gracias a la cámara invisible de Doria encuentra la distancia necesaria para que el personaje aflore en todo su esplendor, se magnifica en las imágenes.

    A ese fluido ritmo se debe agregar una buena dosis de humor y el protagonismo de mujeres sencillas que no temen ser coquetas, improvisar o bailar de forma elegante dejando de lado el perfeccionismo pero ejecutando pasos y coreografías que manejan el espacio escénico de una manera particular; así como se despojan del ego para que el baile invada la escena y los cuerpos imperfectos se transformen por unos minutos en algo bello y sobre todas las cosas vivo.

    Elsa Agras es vital porque confía en el propósito: el arte está en el aire sólo basta con dejar que penetre y sentirlo para hacerlo propio.
    Seguir leyendo...
  • 7 días en La Habana
    Lejos de la Revolución

    7 días en la Habana es un film colectivo donde siete directores de diverso origen y estilos cinematográficos intentaron transmitir sus impresiones de la isla desde su condición de extranjeros con una mirada propia y con la intención de alejarse de todo cliché. Así, Benicio del Toro, Pablo Trapero, Julio Medem, Elia Suleiman, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabío y Laurent Cantet realizaron respectivamente un cortometraje pero que en el conjunto del film se interconecta con las demás historias.

    Como suele ocurrir en este tipo de proyectos, el resultado final de la obra es bastante irregular y las diferencias entre directores se plasma en la capacidad narrativa de cada uno, en su creatividad a la hora de narrar sus anécdotas y sobre todas las cosas en sus criterios cinematográficos.

    Entre los siete relatos podrían buscarse algunos elementos en común como por ejemplo los contrastes sociales en relación a cómo vive y dónde vive la población cubana; la sensación de que en cada rincón de la isla se oculta un talento perdido; los embates de la economía autosustentable que marcan el atraso y por otro lado las postales comunes y ordinarias, así como el color y el brillo acompañado de danza y música acorde a las circunstancias.

    Sin enumerar detalladamente cada una de las historias es de destacarse Diary of a beginner del palestino Elía Suleiman, quien fiel a su estilo mudo y a la contundencia de su humor asordinado recorre algunos rincones de Cuba con la mirada del extranjero perplejo pero despojado de toda impronta folletinesca o turística en el cortometraje más político al que se le debe agregar el aporte desde el punto de vista rupturista y estético de Gaspar Noé con un relato de exorcismo a una joven que fue descubierta por sus padres en una relación homosexual.

    La participación del argentino Pablo Trapero resulta apenas simpática, más que nada gracias a la buena predisposición del serbio Emir Kusturica en el segmento llamado Jam Session, donde el director de Gato negro, gato blanco llega a la Habana para recibir un premio por su trayectoria en el cine pero descubre en su chofer a un trompetista excelso y a pesar de no hablar español logra establecer una comunicación a través del lenguaje musical.

    Los europeos Julio Medem y Laurent Cantet eligieron respectivamente resaltar los contrastes sociales: el primero con un triángulo amoroso entre una cantante, un jugador de beisbol en decadencia y un empresario español mientras que el francés intentó mostrar la cara solidaria y la utopía en un grupo de vecinos que se proponen rendir homenaje a Oshum y construirle una fuente prácticamente sin recursos y contando sólo con su capacidad creativa.

    La historia menos interesante es la que encabeza el film a cargo de Benicio del Toro, quien demuestra sus enormes limitaciones tanto como director y guionista además de no conseguir una resolución interesante para su planteo previsible, justificable si se tratara de un estudiante de cine pero no de un director convocado para semejante proyecto.

    Como film colectivo, 7 días en la Habana, deja cierto sabor a poco y la sensación de que fue una oportunidad desaprovechada más allá de la majestuosidad y el magnetismo de ese pequeño país que se hizo grande por su historia y sus epopeyas anticapitalistas del pasado pero que para el presente solamente será un recuerdo o un punto turístico perdido y distante en el mapa del mundo.
    Seguir leyendo...
  • Despedida de soltera
    Chicas muy pesadas

    Pareciera de antemano que un grupo de chicas que se comportan como varones es lo suficientemente irreverente para la decadente nueva comedia norteamericana como para ponerse a trabajar en serio en un guión más o menos gracioso y con alguna que otra idea transgresora.

    De lo escatológico a lo políticamente incorrecto hoy por hoy hay un paso tan insignificante que cualquier marca de originalidad queda absolutamente sepultada por la chatura intelectual de aquellos que pretenden escribir chistes o pensar situaciones delirantes para que la platea estalle en carcajadas.

    Despedida de soltera (Bachelorette) es una comedia de chicas rudas y zafadas que bordea la mediocridad desde el minuto 1 hasta el final y además esgrime ese comodín bastardo de la moralina porque la suciedad que remueve sobrepasa el ombligo y avergüenza a una sociedad tan conservadora como la norteamericana.

    Ya desde el conflicto que dispara el sinfín de situaciones se nota el acotado universo en el que se desarrolla esta ensalada rusa, mal aderezada, que solamente le puede importar al género femenino dado que todo el problema es el vestido de novia estropeado de la potencial amiga que va a casarse y que para el grupo de damas de honor -integrado por tres supuestas amigas- desde siempre era el patito feo. Este patito feo, poco agraciada en el físico, se casa con el príncipe azul tan deseado por todas sus compañeras envidiosas y eso desata el consabido camino de los celos, las envidias y los pases de factura entre cada una, así como esa inevitable reflexión especular de mirarse al espejo y reconocerse acabada, infeliz, mientras la ‘gordita´ logró ser querida y protegida por ese hombre ideal.

    A esa angustia de nivel superlativo se la intenta acallar con un espíritu festivo, desfachatado, donde la cocaína hace las veces de droga social y fuente de diversión y desinhibición que ante tanto tiroteo nunca llega a penetrar en el blanco y se termina diluyendo en lo anecdótico más que en lo patético.

    El elenco de turno para esta fallida nueva comedia producida por Will Ferrel y Adam McKey, dirigida por la inexperta Leslye Headland, reúne rutilantes féminas, graciosas de por sí, de la talla de Kirsten Dunst, Isla Fisher, Lizzy Caplan, estereotipos que van desde la organizadora y controladora a la fiestera y despreocupada, y como no podía ser de otra manera a la tonta enternecedora.

    Cuando en un film el reparto es el que se divierte y el espectador es el que padece la diversión hay evidentemente algo que está funcionando y muy mal; cuando el chiste interno supera al chiste sofisticado y la acumulación no es sinónimo de calidad sino todo lo contrario eso significa que estamos frente a una mala película y Despedida de soltera no es precisamente la excepción a la regla.
    Seguir leyendo...
  • Dulce de leche
    Dulce de leche
    CineFreaks
    Pegoteados

    Valga el uso de la analogía para seguir el correlato de esta película del director Mariano Galperin, Dulce de leche, ganadora del premio Moviecity en el festival de Mar del Plata el año pasado y que cuenta con los protagónicos de Ailín Salas y Camilo Cuello Vitale, quienes componen una pareja de adolescentes en tránsito de enamoramiento y dispuestos a ir hasta el fondo cuando las adversidades se presentan tanto por la presión de los padres de ambos como por los prejuicios de un pequeño pueblo al que se debe sumar la necesidad de todo adolescente en etapa de despertar sexual.

    El amor es como el dulce de leche: todos lo rechazamos porque engorda pero nadie puede dejar de comerlo. Así como cada beso no es igual a otro; cada cucharada de este elixir es diferente y la acumulación provoca adicción dejándose de lado todo aquello que no se circunscribe al placer de empalagarse con ese sabor. Su principal atributo es que su consistencia se vuelve pegajosa, del mismo modo que el enamoramiento en su primera etapa cuando los enamorados no pueden despegarse ni un segundo uno del otro y sufren si es que algo irrumpe en ese idilio al que nadie tiene permitido entrar.

    La sensación de enamoramiento irrefrenable que transmite el film es el principal mérito que hace creíble la historia de Luis y Anita.

    Llegado a Ramallo desde Buenos Aires a pasar una temporada junto a su madre (Florencia Raggi) y a su nueva pareja (Martín Pavlovsky), el muchacho pasa sus horas inmerso en los videojuegos o en charlas intrascendentes con su amigo Pedro hasta que por azar mira por primera vez a Anita (Ailín Salas) y desde ese instante, cautivado por su luminosa sonrisa, queda absolutamente enamorado a pesar que su amigo Pedro también tiene interés en la chica.

    El galanteo de Luis es rápidamente aceptado por ella y de inmediato correspondido en una sumatoria de encuentros (furtivos, clandestinos, como debe ser) donde la intimidad de ambos se preserva ante cualquier amenaza externa pero a medida que avanza el romance y tras los cambios de conducta manifestados en el entorno todo se vuelve cuesta arriba como parte del típico derrotero de la amarga adolescencia y de la sensación de que el mundo en su conjunto conspira contra la felicidad de aquellos que pretenden enamorarse, ya sean padres incomprensivos, amigos envidiosos, o el propio sentido común que ante la irracionalidad y la fantasía expone con dureza los límites de la realidad.

    Dulce de leche aborda de manera ortodoxa el conflicto de la adolescencia en el mundo adulto sin una bajada de línea moralista pero al exponer de manera consciente ese pequeño universo idílico de los enamorados también contrapone el no tan idílico universo del mundo real, con sus dobleces e imperfecciones, sin huir al dolor del crecimiento; a la frustración pero manifestando siempre que toda decisión acarrea responsabilidades y consecuencias, más allá de estar preparado o no para asumirlas.

    El quinto opus de Mariano Galperín (debutó en 1995 con 1000 Boomerangs) es una película bella en cuanto a su estética visual pero presenta falencias en el guión y más que nada en los diálogos al transitar por lugares comunes o redundantes. Tampoco la ayuda la inserción del humor porque le altera el tono al relato.

    Sin embargo, el único motivo por el cual fluye y funciona como historia de amor de adolescentes se debe pura y exclusivamente a la química de la pareja, con una Ailín Salas que transmite mucho más desde su rostro, desde su silencio y misterio que en los momentos donde trata de imprimirle ciertos matices a las palabras.

    En resumen, Mariano Galperín logra construir un retrato bastante verosímil de la adolescencia con imágenes poéticas aceptables, un elenco sólido y una historia con voz propia a pesar de los lugares comunes.
    Seguir leyendo...
  • Las malas intenciones
    Abandonos

    En algún momento se comparó a esta película peruana de la directora Rosario García Montero, Las Malas Intenciones, con el film argentino de Benjamín Ávila Infancia Clandestina por tratarse de un relato que respeta el punto de vista de un niño en un contexto sociopolítico bastante particular en la historia de cada país. Sin embargo, las comparaciones -que siempre suelen ser injustas- en este caso singular son aventuradas debido a que el conflicto central de esta propuesta peruana con coproducción argentina, alemana y francesa recae en la crisis que padece la protagonista (Fátima Búntinx), quien se siente desplazada y abandonada por su familia al enterarse que su madre separada está embarazada.

    Para ella, la llegada de un nuevo miembro al hogar no es otra cosa que una sentencia de muerte que, sumada a la indiferencia de su entorno adulto, despierta una mirada un tanto pesimista sobre el mundo y la realidad circundante para la cual encuentra escape en el terreno de la imaginación al verse envuelta en gestas históricas como heroína y al tomar contacto con eventos de peso y próceres de su país, que está estudiando en las clases de historia del colegio.

    En ese ámbito de angustia y tristeza se desarrolla este drama infantil en el contexto de la guerrilla de Sendero luminoso que por ese momento mantenía en vilo al país con los atentados y las bombas que dejaban sin suministro eléctrico a la ciudad y favorecían la venta de velas, negocio de algunos burgueses entre quienes se encuentra la familia de la protagonista.

    Sin lugar a dudas el fuerte del film de la realizadora peruana se resume más que en su historia en la fuerza de su actriz protagónica Fátima Búntinx, quien se carga al hombro un personaje intenso que no pierde en ningún momento la inocencia pero que experimenta situaciones realmente dramáticas como la enfermedad de su prima adolescente, entre otras situaciones.

    Las Malas Intenciones no funciona cuando de humor negro se trata ni tampoco como exponente histórico para retratar una época contemporánea de Latinoamérica pero sí lo hace a la hora de desplegar toda su artillería dramática y su costado emocional sin rayar en la chapucería sentimental y a fuerza de un tono sutil y bien trabajado desde los diálogos y los silencios sobre todas las cosas.
    Seguir leyendo...
  • Gricel. Un amor en tiempo de tango
    Amores que no terminan

    La ópera y el tango son géneros musicales que comparten descripciones de historias donde los sentimientos a veces trágicos otras no juegan un rol principal y donde las palabras y las frases que se dicen perduran como esos amores que pese al olvido y al paso del tiempo quedan enquistados entre la ilusión de lo que pudo haber sido y lo que finalmente fue.

    Detrás de toda canción o de cada verso hay una historia que le da origen o un sentimiento que la motoriza para que su creador deje plasmada la experiencia de lo vivido o lo sentido. Y si ese autor además cuenta con un don poético cualquier hecho sencillo puede tornarse con las palabras justas en una poderosa historia de despecho; de amor; de culpa, de traición o resignación, teñida de nostalgia o melancolía.

    La nostalgia supone siempre un viaje hacia el pasado mientras que la melancolía deja una foto o un fragmento de ese pasado que se cristaliza en un recuerdo y no se rompe jamás.

    Este prólogo sirve para situarnos en esta propuesta documental, Gricel, un amor en tiempo de tango, del director y cantante lírico Jorge Leandro Colás, quien en el proceso del armado de una ópera para narrar la historia de amor entre una joven y el letrista José María Contursi realiza una investigación para desentrañar la figura de Gricel, esta misteriosa musa que inspirara al escritor a dedicarle el famoso tango que cuenta con la música de Mariano Mores.

    El documental adopta la estructura musical de una ópera al establecerse el espacio para la obertura, los tres actos y el epílogo, donde se entrelaza el viaje desde Buenos Aires a Córdoba para tomar contacto con el lugar exacto donde Contursi y la muchacha vivieron sus años de romance clandestino al comienzo y que tras la viudez del compositor volvió a renacer 30 años después del último adiós y hasta el final de sus días.

    Los testimonios de primera mano que por un lado cuentan historias sobre la pareja donde claro está se destaca el intercambio de cartas o la mirada de la hija de Contursi, que aceptó el romance de su padre y también entendió su culpa y alejamiento, van apareciendo a medida que el director y protagonista del documental indaga y trata de explicarse cómo una historia de amor puede dejar una huella tan grande en el tiempo.

    Existen por otro lado ciertas conexiones entre este documental y aquel realizado por Sergio Wolf Yo no sé qué me han hecho tus ojos al preguntarse sobre el olvido y los recuerdos y salir a buscarlos más allá de que ambos parten de la base de un tango como pretexto de búsqueda.

    Jorge Leandro Colás renuncia a la voz en off para que su película le dé protagonismo a las diferentes voces que pueden señalarse como el coro de esta ópera, que se acerca de manera muy personal y original a la figura de José María Contursi, un letrista y poeta increíble que en su homenaje al olvido y al amor escribió en el tango Gricel:

    Me faltó después tu voz

    y el calor de tu mirar

    y como un loco te busqué

    pero ya nunca te encontré

    y en otros besos me aturdí…
    Seguir leyendo...
  • El ministro
    El ministro
    CineFreaks
    El relato y la realidad

    La política estatal y la honestidad son dos caminos que jamás se cruzan y mucho más cuando se trata del ejercicio cotidiano del poder en el que cualquier ministro, por más rango que posea, es un burócrata en el mejor de los casos o sencillamente un títere acomodaticio manejado en las sombras por algún grupo de interés o por sus propios jefes.

    Todo forma parte del mismo juego, el de la retórica y la imagen que hacen del marketing político lo único que importa cuando la vida o la realidad están tan lejos de ese tablero como aquellas piezas de un ajedrez, arrumbado entre la basura.

    El ministro, del director Pierre Schoeller, con producción de los hermanos Dardenne, es un crudo retrato del mundillo de la política a partir del punto de vista de un ministro de Transporte, interpretado correctamente por Olivier Gourmet, quien domina a la perfección la cintura política, maneja al dedillo los discursos y no se inmuta ante los daños colaterales de su gestión, siempre que eso implique un sacrificio ajeno o un cambio de principios propios para no perder espacio dentro de la estructura del Estado.

    El tono elegido por el director mezcla por un lado la ironía y el despojo de todo acto de piedad frente a sus criaturas de sangre fría, igual que los cocodrilos que aparecen en una de las escenas oníricas del comienzo, recurso estilístico y narrativo solamente utilizado también en el desenlace.

    Con un ritmo sostenido en base al frenético derrotero de este funcionario del Estado que luego de verse afectado por una tragedia en la ruta donde pierden la vida trece niños y en el que la imagen del gobierno comienza a caer en la opinión pública y la fuerte presión de la oposición aprovecha el momento de debilidad para instaurar proyectos privatizadores, el film desnuda en primera medida los resortes de la coyuntura política en los despachos ministeriales, en las reuniones donde se compran y venden voluntades y lo hace con inteligencia y precisión.

    La virtud consiste en haber encontrado un enfoque que no se reduce exclusivamente a la realidad francesa, sino que trasciende las fronteras y es aplicable a cualquier escenario donde el distanciamiento entre los gobernantes y los gobernados es tan evidente como el reflejo de que las palabras no son lo mismo que los hechos y las acciones pero las consecuencias por las decisiones tomadas siguen siendo más importantes que las causas, mientras en el tablero de la política se arrojan los dados que ya están marcados.
    Seguir leyendo...
  • Días de pesca
    Días de pesca
    CineFreaks
    Tirar y recoger

    Juan Villegas, aquel memorable desocupado de la Patagonia que recibía como parte de pago de un trabajo un dogo argentino que alteraba el rumbo de su destino en el film El perro (2004), tenía 52 años y era ayudado por una hija, cuyo esposo -al igual que el protagonista- tampoco conseguía trabajo.

    Ese film de Carlos Sorín dialogaba en términos cinematográficos con Historias Mínimas (2002), y del mismo modo que en el anterior la estructura del viaje operaba en dos sentidos: lo iniciático como un estadío de un cambio de vida, es decir el viaje interior y como trasfondo de un paisaje que se adaptaba a la perfección al derrotero de Juan en sus cruces azarosos con distintas situaciones que también la propia película adoptaba como parte de ese recorrido con una cámara que además de narrar se convertía por momentos en observador.

    Ese método encontró en La ventana su mayor despliegue por tratarse de un viaje contenido en el interior y en los últimos momentos de vida de un escritor de 80 años conectado con lo que restaba de su propio viaje con la espera de la llegada de un hijo para partir sin el equipaje de la culpa y despojado de todo rencor.

    Marco Tucci (Alejandro Awada) también tiene 52 años; ha viajado por diferentes provincias durante décadas como representante de una empresa y ahora transita por el final de su largo recorrido en Puerto Deseado. Su pasado es legible en su rostro, curtido y ajado aunque sutilmente triste por asignaturas pendientes que no hace falta hacer explícitas. El objetivo de su llegada se conecta estrechamente con un doble encuentro, el de la pesca deportiva de tiburones en su condición de neófito y por otro lado el más importante que se relaciona con su hija Ana (Victoria Almeida), quien tuvo un hijo y se asentó como maestra en el pueblo de Jaramillo.

    Carlos Sorín tiene la capacidad de convertir historias pequeñas en odiseas y a sus personajes en protagonistas de ellas porque deben atravesar por una serie de peripecias que los excede. Que mejor odisea que la de apartarse de una adicción como el alcohol que para el caso particular de Marco lo separó completamente de sus afectos; lo cambió para mal en su carácter y en su conducta en la que la voluntad perdió la batalla. Esos afectos desechados por las circunstancias de un pasado que no regresa y del inexorable paso del tiempo en algún momento se intentan recuperar o simbólicamente hablando pescar y así recogerlos para atesorarlos y hacer menos sinuoso un viaje solitario, como la vida misma.

    Días de pesca –producida por el propio Sorín con su productora Guacamole junto con Kramer & Sigman Films- por un lado marca el retorno de Carlos Sorín a otra de sus historias mínimas y temáticas afines a sus películas anteriores con la excepción de su anterior opus, El gato desaparece, film que habla entre otras cosas del cine y del lugar del espectador pero también del encierro de la mente en una ciudad vertiginosa.

    Tal vez la necesidad de escapar de ese encierro es lo que motivó al director a encarar esta gran película, construida meticulosamente desde el punto de vista metafórico porque la pesca en primer lugar se relaciona con la espera pasiva; en segundo término con una lucha personal y un desafío que requiere un aprendizaje y la paciencia para vencer la propia inercia porque en definitiva el verdadero protagonista de esa relación es el pez o tiburón y no quien lo pesca.

    La otra metáfora en Días de pesca no es otra que la del viaje más allá de los paisajes patagónicos del fondo y de la amplitud de ese espacio geográfico desolado que no alcanza para salir del propio encierro en el caso de Marco, dispuesto a lanzar la última línea de su caña al océano incierto de la vida quizás para recoger algún fruto o tal vez para comprender que muchas veces la pesca implica aceptar la devolución del vacío, de la soledad, pero también la chance de volver a intentar y lanzar otra vez en otro océano donde haya más suerte.
    Seguir leyendo...
  • Otro corazón
    Otro corazón
    CineFreaks
    Cosecharás tu siembra

    Otro corazón, opera prima de Tomás Sánchez, pertenece a ese grupo de películas con planteos interesantes pero que al carecer de un criterio no tanto cinematográfico o formal sino más bien conceptual se queda a medio camino de todo lo que propone.

    No está mal cuando se encara una película preguntarse qué es lo que se quiere contar para luego, obtenida una respuesta, buscar el cómo contarlo y hacerlo lo suficientemente claro y atractivo.

    El cine argentino muchas veces en un afán saludable de búsqueda tropieza con la piedra del qué y entonces el cómo pierde sustancia, se debilita y refleja las propias falencias del guión. Eso precisamente ocurre aquí, dado que por un lado se intenta contar una historia que gira en torno a la donación de órganos y eso lo refuerza el patrocinio de una entidad rectora como el INCUCAI o la presencia del doctor Jorge Rodríguez Kissner, un caso modelo de trasplantado con éxito, y por otro se avanza sobre la paternidad y las relaciones familiares en momentos críticos, tanto en el orden emocional como económico.

    Con semejante menú sobre la mesa lo más lógico es que salga algo desparejo y que eso sea tan evidente que por más intentos de corregirlo en el desarrollo dramático nunca se alcanza a reparar del todo.

    Dice el refrán popular que el que mucho abarca poco aprieta y este es el ejemplo más palpable al que se le debe sumar un malogrado reparto que hace lo que puede más que nada porque sabía de qué iba la historia y respetaron la consigna a rajatabla, con el agregado emocional en cada escena y la mala elección de momentos musicales para lucimiento de Elena Roger, en el rol de María, quien no necesita cantar para descollar en pantalla porque su fotogenia no está en tela de discusión luego de su impactante debut en Un Amor; de una Patricia Sosa que aparece realmente poco más allá de acompañar el debut de su hija que también canta y lo hace más que bien.

    El resto del elenco no canta, pero si actúa con corrección tratándose de un relato de estructura coral donde puede apreciarse la diferencia de estilos de actuación por ejemplo entre Mariano Torre y Fabián Gianola, ambos en el rol de hermanos, uno más pragmático que el otro que marcan sus diferencias en relación a cómo vivir y cómo ayudar al padre (Carlos Moreno) en su tránsito final.

    Como decía anteriormente, el eje central es la paternidad: Leo (Mariano Torre) se entera luego de una rutina de chequeo que su padre necesita ser trasplantado del corazón. La noticia lo lleva a decidir en primer lugar un traslado a su casa donde María (Elena Roger) intenta conservar la tranquilidad del hogar dado que está en la última etapa de su embarazo y demanda atenciones que Leo no presta, al verse superado por el problema familiar y además por los negocios de la financiera de su padre al no poder cobrar una deuda de una cooperativa que presenta un plan de reactivación productiva de sus tambos, antes de que Leo –a espaldas de su padre y hermano- les remate la tierra. En contraste, su otro hermano médico (Fabián Gianola) debe soportar constantemente los malos tratos de Leo y su frialdad ante los asuntos relacionados con su padre y los afectos hasta llegar a la desesperación de encontrar el órgano por vías no legales.

    Sin revelar más detalles, un desenlace caprichoso más la inclusión de demasiadas subtramas sin resoluciones empañan todo intento de coherencia y mucho más grave cuando se trata de resolver cada situación sembrando algún mensaje o lección de vida.
    Seguir leyendo...
  • Ni un hombre más
    Instinto de supervivencia

    Resulta alentador -por lo menos desde los papeles- que el cine argentino apunte a un género específico para tratar de sacar el mejor rédito posible pero sin perder esa cuota de identidad y argentinidad en los proyectos. La comedia negra ya de por sí es un subgénero bastante difícil de transitar porque en primer término necesita de personajes oscuros, cínicos e inescrupulosos para avanzar e incorporar a la historia situaciones extremas que lleven a los personajes a tomar decisiones también extremas. Nada mejor planteado entonces que un botín y una sucesión de muertes para que ese motín vaya pasando de un dueño a otro.

    Esa es la buena premisa de Ni un hombre más, debut en el largometraje del avezado guionista Martín Salinas, quien logra a través de un guión bien trabajado mezclar la comedia negra con el suspenso a la Hitchcock en un ambiente semisalvaje del Iguazú estableciendo un simpático paralelismo entre el comportamiento animal de las iguanas y el de los personajes, en especial el referido al género femenino en su disputa territorial por la atracción del macho, donde la destacada interpretación de Valeria Bertuccelli confirma que es la mejor comediante de la camada joven de actores argentinos porque no se pasa de la raya ni sobreactúa sus personajes que por lo general atraviesan momentos de tensión o se exponen a situaciones en las que el humor físico debe aflorar.

    La secunda en ese mismo registro un Martín Piroyansky atento al ritmo de los diálogos y sobre todo a las reacciones para saber interactuar en los momentos justos dejando alguna incertidumbre en el espectador en función a la conducta o derrotero de su personaje.

    Todo comienza con una pareja de secuestradores improvisados (Bertuccelli y Juan Minujín), quienes luego de cobrar el rescate por un anciano encerrado en el baúl del vehículo sufren un doble accidente que los conducirá azarosamente a una hostería, cuyo encargado es el joven Charly (Martín Piroyansky), quien a su vez está esperando la llegada de unos turistas provenientes de Brasil. A partir del encuentro y de una seguidilla de enredos, que van subiendo la tensión y sumiendo a los personajes en una lucha por la supervivencia, la trama va acumulando situaciones cómicas, con diálogos rápidos y no explicativos aunque por momentos trasparentan demasiado los hilos del guión que en pantalla se notan con mucha más nitidez.

    No obstante, pese a algunas fallas en la construcción de los personajes, el tono de la comedia negra jamás se pierde y la operación de mezcla de elementos de género da buenos resultados y todo eso gracias a una buena dirección de actores.
    Seguir leyendo...
  • Otros silencios
    Otros silencios
    CineFreaks
    De Toronto a La Quiaca

    Otros silencios, tercer film del argentino Santiago Amigorena, cuenta con un reparto de actores internacionales e incluso locales y gran parte del rodaje fue realizado en locaciones del norte argentino, más precisamente Jujuy, Tilcara y la Quiaca.

    El relato arranca en Canadá, en la tranquila y apacible vida de una mujer policía (Marie-Josée Croze), a quien le asesinan al marido y a su pequeño hijo en lo que indica un ajuste de cuentas. La herida se hace tan insoportable para la protagonista que rápidamente encara un silencioso plan para dar con el paradero del asesino, un argentino (Ignacio Rogers) apodado Pablito que tras salir de la cárcel solamente jaló el gatillo y acribilló al esposo de la policía y a su pequeño sin preguntarse absolutamente nada.

    Así, en lo que a las claras puede desplazarse dentro de las coordenadas de un relato de venganza que de inmediato se interna en la realidad más profunda de Argentina mostrando la marginalidad que no sale en las postales turísticas, Santiago Amigorena le insume otros elementos que transforman un policial convencional en un viaje iniciático que atraviesa las rutas de todo duelo por una pérdida.

    Aquellas preguntas que el asesino no quiso formularse se hacen carne en la tristeza y angustia de la mujer extranjera, quien toma contacto con una realidad completamente distinta a la de su Toronto; un universo en el que progresivamente irá madurando la idea de venganza como expiación de la culpa pero no como alivio para una herida que jamás cicatrizará.

    El ritmo de la trama se acomoda pacientemente en los tiempos propios del relato, aunque ciertas resoluciones del guión resultan un poco forzadas cuando se trata del policial a secas. Torpezas de personajes para justificar acciones por momentos malogran las buenas intenciones, así como la mala elección del actor argentino Ignacio Rogers para interpretar un personaje fronterizo y marginal porque su naturaleza no lo hace nada creíble. Todo lo contrario ocurre con la actriz Marie-Josée Croze, quien sabe dosificar la procesión interna con la explosión del dolor hacia afuera en el momento justo y sin sobreactuación.
    Seguir leyendo...
  • Cosmopolis
    Cosmopolis
    CineFreaks
    Vidrios polarizados

    Cosmópolis, nuevo opus del canadiense David Cronenberg, es una anécdota más que un relato de ficción basado en la novela homónima de Don DeLillo, que busca a través de un discurso absolutamente crítico y cínico exponer con detalle la futilidad de la vida a partir del avance irrefrenable de un capitalismo salvaje que se ha convertido en religión y ha hecho de la sociedad de consumo su principal fuente de vitalidad, fagocitando voluntades al ritmo de un latido que no descansa y sólo se frena para el recambio de los actores.

    Para esa dialéctica perversa, que mira el mundo desde la más pura abstracción, el afuera o mejor dicho todo lo relacionado a lo externo es pasible de un reduccionismo tan grande que todo se vuelve cuantificable, intangible y virtual. Nada más absurdo entonces como representación de ese concepto que el dinero: una cifra seguida de ceros que determinan quién vive y quién muere, pero así como se acumula también se pierde en un segundo y eso es lo que le ocurre al protagonista de esta larga charla para sordos cuando sus predicciones económicas sobre el avance del yuan, la moneda china, amenazan con destruir su imperio y su fortaleza de bienestar artificial, resquebrajada en gráficas que descienden en pantallas HD.

    Ese presente que en realidad para los fines de este film se disfraza de futuro se escapa si la mirada no lo cruza o confronta como es el caso de la puesta en escena meticulosa, planteada en el interior de una lujosa limusina blanca que recorre lentamente la ciudad de Nueva York en busca de una peluquería para satisfacer los deseos y caprichos de Erick Packer. A bordo de esta nave, cuyos vidrios no dejan tener contacto con el mundo exterior; con la suciedad y los rostros famélicos, se encuentra el recién mencionado Eric Packer (Robert Pattinson), un multimillonario de 28 años, quien pese a las alertas sobre un posible atentado contra su persona desafía su propia inercia y sedentarismo al pedirle a su chofer que lo conduzca hacia la peluquería de su infancia para hacerse un corte de pelo, tal como solía realizar en el pasado que parece lo único real en su existencia.

    A ese templo de la vacuidad rodante se van sumando distintos personajes como asesores de mercado, amantes, doctores, consultores, quienes entablan diálogos filosos con el protagonista en función de una idea integradora del discurso. Así, le llegará también el turno a la función de los medios de comunicación, al sin sentido de acumular riquezas cuando los pobres arrojan ratas a los ricos en medio de protestas antisistema; entre un solipsismo y una radiografía cruel y decadente del mundo postmoderno.

    Cosmópolis nos devuelve a aquel David Cronenberg de Crash o Videodrome -claro está con muchos más años encima y cine a las espaldas- con un Robert Pattinson alejado de las adolescentes de Crepúsculo, reflejando sin fisuras en su actuación el ocaso de un yuppie, acompañado de un racimo de grandes actores como Juliette Binoche, Paul Giamatti, Mathieu Amalric, Sarah Gadon, entre otros, en un film que a muchos les resultará denso y sobre dialogado y a otros muy interesante desde su aspecto formal y transgresor. Pero que a la mayoría le generará indiferencia.
    Seguir leyendo...
  • La casa
    La casa
    CineFreaks
    El polvo de los recuerdos

    Los planos se superponen entre el murmullo que recorre los espacios vacíos de una casa grande y deshabitada. Se sacan las ventanas como parte de un reflejo que calla aunque unos ancianos aparecen y festejan otro año de un niño pero las siluetas son tan difusas que desaparecen entre los sonidos y los últimos estertores de maderas que rechinan y cañerías agredidas por la presión de tanta vida que se escurre en el devenir de las cosas que no tienen nombre ni lugar. Una casa es un lugar a pesar de que nadie esté allí porque el tiempo la cohabita como aquel intruso que está presente y no molesta.

    Todo empezaba en una casa de familia, de afectos, e historias pequeñas o poemas y todo debe terminar en el mismo lugar con el cine más puro, ese que no necesita explicaciones ni relatos lineales que lo ayuden y que Gustavo Fontán moldea con cada vez mayor precisión.

    Con lo difícil que resulta cerrar historias, hacerlo con una trilogía que recorre la intimidad de las vivencias del realizador Gustavo Fontán resulta mucho más complejo y desafiante. Toda clausura implica una pérdida y un desandar misterioso sobre lo ya construido o recorrido desde la poética y desde el cine como vehículo de expresión de ideas y sensaciones.

    Las que deja La casa, final de la trilogía que comenzara con El árbol y siguiera con Elegía de Abril, son de profunda tristeza y dolor, donde el polvo de los escombros se alimenta del polvo de los recuerdos pero se desvanece como aquellos fantasmas que habitaban el espacio de ese recóndito rincón de Banfield, en el que había un árbol; unas acacias; el olvido de un poeta que nadie escuchaba y que se hacía presente desde la ausencia para volverse testigo del paso del tiempo y de la fugacidad de los ciclos vitales. Esos, que al igual que las estaciones, renacen en la brisa del viento que acaricia el follaje de la historia para arrastrar el pasado y pulverizarlo en un irreversible presente y en un golpe que es el llanto de una casa que subyuga el silencio en medio de una pila de escombros anónimos y sin tiempo.
    Seguir leyendo...
  • El cuarto de Leo
    Puertas adentro, puertas afuera

    No todo film de iniciación debe respetar a rajatabla la introducción de un viaje o caer en la codificación de una road movie para fijar etapas de cambio en el derrotero de sus protagonistas, pero eso no significa que no pueda existir.

    Eso es precisamente lo que caracteriza a esta película escrita y dirigida por Enrique Buchichio, El cuarto de Leo, film de iniciación y definiciones en materia de identidad sexual que coquetea sin llegar al fondo con el drama intimista, cargado de tiempos muertos y silencios de un joven que atraviesa una etapa muy personal de dudas y miedos sobre sus deseos y sus propios fantasmas para encontrar un camino que lo haga o transforme en un ser libre.

    Decía al comienzo iniciación desde un punto de vista de partir hacia alguna instancia capaz de desplazar aquello que impulsa a no moverse más que nada por temor a un fracaso amoroso o rechazo de la persona elegida y más aún si se trata de un hombre con deseos de estar con otro hombre.

    El film arranca con una típica charla entre amigos y amigas que gira en torno al sexo y allí se descubre con sutileza que ese es un problema para Leo (Martín Rodríguez). Su compañero de cuarto Felipe no es precisamente un interlocutor válido y tampoco pregunta cuando Leo llega con algún hombre y se meten en su habitación. Ese es el lugar en donde avanza silenciosamente el proceso que afecta al protagonista.

    El otro espacio está representado en sus sesiones de terapia y en sus charlas con un psicólogo (Arturo Goetz), dispuesto a escuchar sin prejuzgar.

    Quien parece no tener tanta paciencia por las indefiniciones del protagonista es Seba (Gerardo Begérez), en quien Leo ve su propio reflejo aunque no puede asumirlo.

    En paralelo se entrelaza con una historia un tanto más dramática cuando se reencuentra con una compañera de escuela que atraviesa por un difícil momento de depresión y que encuentra en él la válvula de escape para su propia angustia.

    Si bien hay una manifiesta disparidad desde el guión en el desarrollo de ambas historias, el contrapeso dramático se logra sin forzar situaciones y gracias a la buena actuación de Cecilia Cósero en el rol de Caro, antigua novia de la primaria que se conecta desde los sentimientos.

    Sin grandes pretensiones y enfocada en los climas más que en las situaciones, El cuarto de Leo se afianza a medida que transcurre y al igual que su protagonista encuentra el espacio y el rumbo para fluir libre y sin ataduras.
    Seguir leyendo...
  • Longchamps
    Longchamps
    CineFreaks
    Perdidos en la realidad

    Longchamps, segundo opus del realizador Andrés Andreani, podría llamarse también Temperley o Avellaneda y sería igual de perturbador o desconcertante para todo aquel espectador que intente sumergirse en esta propuesta radical y a contra corriente de cualquier tipo de cine convencional, incluso desde sus manifestaciones más independientes o experimentales.

    Para tratar de analizar de alguna forma este proyecto no puede soslayarse la forma antes que el contenido porque la primera reflexión que habilita Andreani, proveniente del terreno teatral, se concentra en la representación cinematográfica en toda su esencia, a partir de un arriesgado mecanismo donde ocho cámaras rodaron en simultáneo pequeñas situaciones interpretadas por 24 actores entre los que puede reconocerse a Ignacio Huan de Un cuento chino y a otros ya aparecidos en cortometrajes del director como Segunda Magenta.

    A partir del montaje de lo que esas cámaras registraron en una hora en el espacio de una casa y sus alrededores, se van construyendo las subtramas mínimas de un cine experimental -de ahí su acotado estreno en el centro cultural de la cooperación- que utiliza el fuera de campo como amenaza latente de una Tercera Guerra Mundial, donde la salvación de todos aquellos que están en el espacio de esa casa consiste en encontrar una partitura musical correspondiente al final de la obra Turandot.

    El extrañamiento y el extravío, así como la búsqueda de una identidad son el eje rector de la trama central que conjuga por un lado a los músicos que están allí para interpretar la partitura; a aquellos personajes que no saben quienes son, producto de un juego perverso de una hipnotizadora y a otros seres desperdigados que intentan encontrar un sentido a todo antes que el mundo estalle por la guerra.

    Así como en su opera prima Novak, Andrés Andreani convertía el particular escenario geográfico del Bafici en un espacio reflexivo sobre la búsqueda de la identidad y además se animaba a mirar a una fauna muy singular como la cinefilia desde un ángulo novedoso, con esta nueva y transgresora obra deja la puerta abierta para preguntarnos cuáles son los límites del cine como vehículo narrativo; cuáles son los prejuicios que se deben derrumbar a la hora de plantear un modo de representación como en algún momento lo hicieran los daneses del Dogma 95 y generaran una enorme crisis y polémica en el ámbito cinematográfico y de la crítica como parte de un juego provocativo porque en definitiva de eso se trata el arte: de pensar, cuestionar, destruir y volver a crear una realidad que no existe.
    Seguir leyendo...
  • Y ahora adónde vamos?
    Las bellas y los bestias

    La directora oriunda del Líbano, Nadine Labaki, escribe, protagoniza y dirige esta suerte de fábula antibelicista que adapta de manera muy libre la pieza de Aristófanes, Lisístrata, traspolada al contexto del conflicto entre musulmanes y cristianos en un pueblo donde sus habitantes intentan coexistir respetando la religión y las costumbres del vecino, pero que en realidad es susceptible de caer en la provocación por cualquier piedra que uno u otro bando arroje cuando ninguno está dispuesto a poner la otra mejilla.

    Al drama de una historia donde las víctimas son los hijos, las madres -tanto musulmanas como cristianas- coinciden en una lucha silenciosa para torcer el brazo del machismo imperante y procurar que las bestias no apelen a la violencia y se comporten civilizadamente y en armonía, mientras en la periferia de los pueblos cercanos se matan a cada minuto.

    El imán y el cura también contribuyen a esta pacificación forzosa utilizando los artilugios de la religión como por ejemplo una virgen que llora sangre o que deja un mensaje a través de la mujer del alcalde, quien al igual que sus pares masculinos es bastante corto de reflejos y tiene un cerebro infradotado.

    Maniqueísmos como éste sin embargo no terminan de empañar las buenas intenciones de la directora en Y ahora a dónde vamos, quien trata de sumir la espesura de la tragedia en una historia de amor; teñirla de belleza y mirada femenina para terminar con secuencias musicales que intentan disipar de cierta manera tanto llanto acumulado, sea el bando que sea.

    Quizás la apuesta a lo ingenuo a veces molesta un poco al tratarse de un conflicto tan grave que está muy lejos de resolverse en la actualidad y que necesita un enfoque mucho más profundo desde lo político como para reducirlo a una historia de vecinos que tratan de convivir en el mismo territorio más allá de la obvia alegoría.

    No obstante, el humor permite a la directora de Caramel dejar abierta la puerta a la reflexión y desde ya ubicar al rol de la mujer como energía vital cuando todo lo masculino parece querer o avanzar hacia la entropía.
    Seguir leyendo...
  • Frankenweenie
    Frankenweenie
    CineFreaks
    Los anormales

    Paradojas de los negocios más que del destino marcan el derrotero de este proyecto añejo de animación de Tim Burton que recupera los orígenes de su mejor cine y demuestra una vez más que con talento a veces se puede vencer la rigidez del pensamiento industrial para sembrar alguna semilla de creatividad y dejar complacencias de lado.

    El matrimonio Burton-Disney vivió su primera luna de miel con Alicia en el país de las maravillas tras un prolongado distanciamiento donde prácticamente los estudios del ratón más famoso del mundo cerraron sus puertas a un irreverente dibujante que no se adaptaba al estilo del propio Walt, pero que ya contaba para ese entonces con ideas personales y un universo teñido de melancolía, ternura y finales no precisamente tan felices.

    Elementos políticamente incorrectos que fueron la marca de su cine, así como su rabiosa cinefilia plasmada en cada una de sus obras y su confeso amor por el género del terror.

    Frankenweenie no es una película de terror y tampoco un film para chicos, sino para adultos que todavía anhelan ser chicos; cinéfilos que respetan las locuras de este director, quien en esta ocasión transforma una vieja idea de un cortometraje al que los estudios Walt Disney bajaron el pulgar en la década de los 80 en un largo nostálgico, gótico y deslumbrante desde el punto de vista visual, que no suma por contar con el plus del 3d pero sí por su puesta en escena y el trabajo meticuloso en la construcción de ese universo blanco y negro tan particular atravesado de homenajes a las criaturas del cine de terror, más precisamente a los personajes de la Universal, y a la inocencia infantil con un tema tan espinoso como la muerte de una mascota, Sparky, a quien el protagonista Victor (voz de Charlie Tahan) busca devolver la vida luego de ser atropellado por un automóvil.

    Impulsado por los conocimientos en ciencia que un profesor (voz de Martin Landau) poco ortodoxo pretende inculcar a los cerebros dormidos en el aula y así alentarlos a la experimentación como pretexto de un certamen donde cada alumno presentará un proyecto para la feria de ciencia, el compungido muchacho llega a la conclusión de que aplicando los principios de un experimento por el que una rana muerta estimulada por la conducción de la electricidad pudo moverse ocurriría exactamente lo mismo con el cadáver de su perro atropellado.

    Cine y ciencia van de la mano en este relato porque qué otra manera de hacernos inmortales sino a través de una imagen que perdurará más allá de nuestra existencia cuando alguien rescate algún rollo de película como la que encabeza el maravilloso prólogo de este cuento en el que el creador Tim Burton toma prestado de su obra El joven manos de tijera la atmósfera lúgubre y a la incontrastable voz de Winona Ryder en el personaje de Elsa Val Helsing, la vecina de Víctor.

    Ella también aporta su cuota de soledad como la de todos aquellos niños que protagonizan esta historia: los anormales de siempre que no se adaptan a las reglas de la cultura; los feos que se apartan de los cánones estéticos y que deben inventarse un mundo un poco más justo y bello para despabilar a los adultos que le quitan color y sabor a la vida.

    Y si de vida hablamos, finalmente terminamos aludiendo a la muerte como parte de un ciclo que sin subestimar a la mente infantil, el irreverente dibujante devenido cineasta maldito expone sin negarla pero desde un lugar donde los Quasimodos de la nostalgia hacen sonar las campanas y bajan de la torre de Babel para mezclarse con la imperfección de la realidad, repleta de texturas remendadas como Sparky: el perro que volvió de la muerte para enseñarles a todos que todavía estaban vivos.
    Seguir leyendo...
  • El círculo
    El círculo
    CineFreaks
    Retrato de un sobreviviente

    El Círculo, más que un documental sobre la lucha y resistencia de un preso político uruguayo, Henri Engler, quien estuvo privado de su libertad por la dictadura militar desde el año 1972 cuando fuera herido y capturado hasta 1985 en que junto a otros compañeros denominados rehenes recuperó su libertad, es un testimonio de vida conmovedor, que gracias al excelente trabajo de los realizadores José Pedro Charlo y Aldo Garay se despoja rápidamente de la coyuntura política para trascender hacia aspectos de la condición humana que afloran en situaciones extremas y transforman a las personas.

    El aislamiento y el encierro son dos acciones humanas que destruyen la individualidad; quebrantan la voluntad y en definitiva anulan todo rasgo de personalidad. Sin embargo, hay quienes como Henri Engler logran vencer los propios fantasmas y encontrar un propósito para continuar tras atravesar atrocidades como las vividas en una cárcel durante tanto tiempo.

    Ese es el relato que va emergiendo desde la voz del protagonista, quien rápidamente se apodera de la historia al reencontrarse con su pasado en un viaje de regreso a Uruguay desde Suecia, lugar donde decidió radicarse al haber encontrado el amor y la vocación en la medicina nuclear.

    Paso por paso, la cámara acompaña el derrotero de Engler desde sus orígenes en Paysandú, pasando por el reencuentro con ex rehenes y repasando su historia de militancia estudiantil y luego como parte activa del movimiento de liberación tupamaro, que tuvo también entre sus cuadros al actual presidente de Uruguay Mujica.

    Las palabras de Engler se incrustan en la imagen con la misma fuerza que su ejemplo de resistencia sin que los realizadores apelen a recursos de postproducción más que esos momentos únicos de verdad transmitida desde los ojos o desde los sonidos del dolor en primera persona.

    El Círculo, desde su título hace referencia por un lado a la experiencia mística que fue el salvataje de Engler para no dejarse atrapar por las alucinaciones o la locura que en un momento de su estadía en la cárcel lo acompañó minuto a minuto, pero por otro alude a un punto de partida y otro de llegada que se resume en la trayectoria de una vida intensa, genuina, que no olvidó en ningún momento los principios morales y éticos por los cuales peleó y seguirá peleando.
    Seguir leyendo...
  • Masterplan
    Masterplan
    CineFreaks
    Mentira con patas cortas

    Tras el exitoso documental Novias, madrinas, 15 años que tuvo su estreno comercial hace pocos meses, el esperado debut en la ficción de los hermanos Levy conserva la misma frescura que su documental con el agregado de un humor ácido que por un lado mezcla el derrotero de un loser judío interpretado por el actor Alan Sabbagh, quien influenciado por el ventajero de su futuro cuñado (Pablo Levy) se ve involucrado en una estafa con una tarjeta de crédito para la cual debe armarse una coartada que implica deshacerse de su preciado Siam Di Tella.

    Las tensiones por sostener la mentira generan crisis en este personaje, quien además carga con la culpa por el acto cometido, así como el miedo de ser descubierto tanto por su futura esposa (Paula Grinszpan) como por el investigador de la compañía de tarjetas de crédito (Campi).

    Una galería de personajes secundarios atractivos completa esta buena comedia que seguramente marque el debut actoral de Andrés Calabria, reconocido por quienes hayan disfrutado de Novias… por su arrolladora personalidad y sana locura.

    Masterplan se acomoda por méritos propios dentro del terreno de comedias argentinas con fuerte identidad local pero que no se resigna a despojarse de los códigos del género ni tampoco de un coqueteo permanente con los estereotipos para jugar al límite de lo previsible aunque a veces logra sorprender por algunos arrebatos de originalidad atribuibles a la buena dirección de los hermanos Levy que saben manejar por un lado los tiempos de la comedia y por otro explotar las características actorales de sus personajes y hacerlos creíbles y queribles al mismo tiempo.
    Seguir leyendo...
  • Rawson
    Rawson
    CineFreaks
    Mejor no hablar de ciertas cosas

    El viento remueve el olvido pero también arrastra consigo las resonancias de un eco; de los sordos ruidos -muros adentro- o el silencio cómplice que calla y otorga.

    Detrás de un silencio hay una historia, pero muchos oídos que no la quieren escuchar y quizás así como el dicho popular habla de ojos que no ven existen oídos para seleccionar los ruidos que prefieren no recordar. Esa es una premisa que motoriza la inquietud vital por ir en la búsqueda de una verdad cuando partes de esas resonancias golpean de cerca y confrontan de cierta manera con la propia historia, esa que se reconstruye también de anécdotas, interpretaciones del pasado o secretos que se guardan en lo más hondo por múltiples razones, algunas más comprensibles que otras siempre que se las exponga en un contexto y desde una distancia emocional necesaria.

    El documental Rawson, de Nahuel Machesich y Luciano Zito, indaga desde la saludable distancia del que vuelve a su lugar de infancia con la mirada más abierta y aguda sobre un pasado atravesado de contradicciones e historias oscuras y un presente que parece no querer recordarlo.

    Partir desde las preguntas sin un yo acusatorio es una señal de querer saber algo más y acercarse, aunque sea desde la intención y la necesidad personal, un poco a la verdad. Sin embargo, cuando esa verdad se entrecruza con los resortes invisibles de un pacto de silencio, la búsqueda se transforma en una tarea desafiante para vencer la inercia del olvido y encontrar los lazos -también invisibles- que desentraman una compleja red de conductas y responsabilidades que muchas veces pueden tornarse reprochables o censurables en el tiempo.

    Nahuel Machesich llegó desde Buenos Aires a su casa paterna, ubicada en un barrio a pocos metros de la cárcel, con una obsesión que se transformó en película y junto a Luciano Zito organizó una puesta en escena para compartir su experiencia en un rol casi detectivesco, en busca de rastros que cierren el círculo de la historia de represión y tortura que tuvo como principal protagonista a la cárcel de presos comunes de Rawson, históricamente conocida como un penal que alojaba presos políticos y del que se produjo la fuga de un grupo de internos vinculados con la guerrilla, luego capturados y fusilados en Trelew por la dictadura militar.

    La primera persona, recurso narrativo elegido por los realizadores sin la alternativa de utilizar una voz en off, expone desde lo cinematográfico la intención manifiesta de dejar que el relato fluya a partir de los testimonios de los propios padres de Nahuel, amigos, vecinos y otras voces estrechamente ligadas a las épocas oscuras de ese entorno. Hay un despojo de lo subjetivo en relación a la construcción del meta-relato para no condicionar la búsqueda.

    Ahora bien, que sea fluido no implica en lo más mínimo una correspondencia con los diferentes niveles de testimonio que avanzan por el camino de las preguntas incómodas para seguir las huellas o pistas de nombres claves vinculados a actos de abuso de autoridad o lo que es más grave aún torturas a presos políticos. Así, el retrato de una época que todo el pueblo busca olvidar se desdibuja y vuelve a dibujar en cada caso y paso que tanto Nahuel Machesich y su codirector Luciano Zito se proponen dar en este interesante documental que no pretende señalar con el dedo a responsables pero sí cuestionarlos por sus actos y sus actitudes del presente para entender un poco mejor el pasado.
    Seguir leyendo...
  • Histeria - La historia del deseo
    Vibra, vibra y se apaga

    Histeria es una comedia anacrónica y naif que apela al tabú de la masturbación femenina y de la búsqueda del placer sexual, algo que en el siglo XIX era considerado poco más que una depravación, condenada por el saber médico y la religión. Más allá de la anécdota, cuando una mujer era diagnosticada de padecer la enfermedad de la histeria se llegaba a extremos tales como la extirpación del útero o eran encerradas en manicomios y sometidas a tortuosas prácticas poco santas.

    Pero la película que nos convoca, lejos de explorar sesudamente ese conflicto lo banaliza hasta transformarlo en una historia simple que da pie al humor blanco e ingenuo con el que la directora Tania Wexler parece sentirse a gusto y sólo se remite a un registro prolijo de la acción que plantea por un lado un triángulo amoroso donde dos hermanas, una sumisa y estudiosa de la frenología (Felicity Jones) y la otra rebelde y oveja negra de la familia (Maggie Gyllenhaal), temperamental y decidida a ir contra los mandatos paternos para ayudar a los más necesitados, se disputan la atención de un médico joven y con ideas demasiado modernas de la medicina (Hugh Dancy), quien comienza a trabajar como ayudante del padre médico (Jonathan Pryce), quien dice tener el método para curar el mal femenino con unos masajes manuales que alivian a sus pacientes hasta provocarles el orgasmo.

    Al quinto gemido de felicidad de una galería de mujeres de clase alta con características diferentes, la novedad de Histeria se agota para el público (por lo menos masculino) y el film pierde el rumbo y se torna predecible, con lugares comunes y estereotipos a granel.

    La reconstrucción de época es apenas un pretexto para darle trasfondo a una trama sencilla, que por momentos no acierta en los pasos de comedia dado que este género felizmente fue evolucionando de un siglo a otro, aunque parece que esta directora no se enteró todavía.
    Seguir leyendo...
  • El notificador
    El notificador
    CineFreaks
    El apéndice enfermo

    Hace unos años quienes tuvimos la chance de ver el documental La oficina en el Bafici, del director Blas Eloy Martínez (hijo del reconocido escritor Tomás Eloy Martínez), donde se retrataba la dinámica de una oficina de la inspección general de justicia, notamos que en ese universo existía el potencial para una película de ficción, rica en personajes y situaciones.

    El presagio finalmente se hizo carne en El notificador, film de Blas Eloy Martínez elaborado en base a su propia experiencia como notificador de cédulas judiciales cuando tenía 18 años, trabajo que ejerció por más de 9 años y del que, según propias palabras del director, debió escapar para no ser absorbido y atrapado por esa maquinaria que de cierta manera invisibiliza a las personas.

    Este opus debe leerse como una gran metáfora que muestra de forma palpable e inteligente los mecanismos perversos de la burocracia estatal y el estado calamitoso en el que se encuentra la Justicia argentina a través del derrotero de Eloy (gran actuación de Ignacio Toselli), un notificador joven que debe lidiar a diario con todo tipo de personas a las que tiene que entregar cédulas judiciales, que por lo general no son buenas noticias ya que corresponden a demandas judiciales.

    El automatismo al que debe someterse día a día cuando retira de un mostrador las cédulas en una oficina plagada de expedientes e historias que no se ven, lo confronta con una realidad cada vez más angustiante: retraso en la entrega, falta de sueño, problemas con su novia a punto de abandonarlo, y la imposibilidad de mostrarse distante ante terceros que reciben malas noticias.

    Al igual que sus depositarios, Eloy para el sistema es otro clavo oxidado y absolutamente prescindible ya que su tarea la puede hacer cualquier otro y ese otro, Pablo (Ignacio Rogers), llega como amenaza latente.

    Blas Eloy Martínez dosifica de manera inteligente el humor para hacer de esta opresiva aventura urbana algo más agradable al ojo del espectador sin descuidar en absoluto el conflicto interno de Eloy y su crisis en relación al trabajo, al mandato social y también al pasado que carga simbólicamente en la mochila donde transporta los papeles.

    La distancia que genera el director respecto a su protagonista es lo suficientemente ancha para dejar que fluya este relato que va acumulando tensión al mismo ritmo en que los papeles se entregan y que Eloy desaparece como persona para transformarse en un apéndice enfermo de un sistema más enfermo aún.
    Seguir leyendo...
  • Las mujeres llegan tarde
    Decir no es narrar

    Mi reino por un elenco de lujo como éste, exclamaría cualquier director debutante como es el caso de Marcela Balza, que fuera asistente de dirección del film Tres pájaros y continuista en la película coral Mientras tanto, y que ahora se lanza al desafío de la dirección de su ópera prima Las Mujeres llegan tarde, film que acusa poco trabajo de guión y falta de rigor en la dirección y en la construcción de los personajes para llegar a buen puerto.

    Y precisamente todo comienza en un puerto al que arriba un marino mercante (Rafael Spregelburd), quien entra a un casino para intentar cambiar su suerte y multiplicar una importante suma de dinero que lleva consigo. Allí, se cruza con Gabriela (Andrea Pietra), una copera que trata de seducirlo con el objeto de que le haga un enorme favor: llevarse un bolso con dinero que ella pasará a buscar luego y que acaba de extraer de la caja fuerte del lugar.

    La confianza ciega en el desconocido al que el azar de la ruleta favorece, basta para convencerlo de llevar a cabo la empresa y así se aloja en un hotel familiar venido a menos al borde del remate judicial, regenteado por Regina (la gran Marilú Marini) y su hija Fernanda (Érica Rivas) junto al empleado en la recepción, Ramón (Enrique Dumont).

    Dado que el huésped pide una caja fuerte para guardar sus pertenencias, la sospecha de que tiene dinero no tarda en llegar en las propietarias del inmueble y debido a su apremio económico y al factor ventajoso que se trata de un desconocido que está solo deciden quedarse con el dinero y así salvar al negocio familiar de la ruina.

    Sin adelantarnos, sólo resta por decir que la directora transita por los caminos convencionales del cine de género sembrando un relato con intriga y suspenso pero opta por tomar el camino más básico para este tipo de propuestas sin lograr en ningún momento generar las condiciones adecuadas en términos narrativos y más aún en diálogos para que la historia fluya sin tornarse previsible; resuelta a las apuradas y cometiendo la torpeza de interpretar que al decir o explicar se está narrando.

    Algunos encontrarán la excusa perfecta de errores de principiante pero en este caso especial no sería del todo justa esta argumentación debido a que el guión estuvo confeccionado tanto por la directora como por Luis Gusmán y Dody Scheuer y es notoria la carencia de puntadas finales como para terminar elaborando algo con mayor sustancia.

    Si bien la dirección es prolija en términos formales con una buena fotografía a cargo de Víctor Kino González no ocurre lo mismo a la hora de hablar de la dirección de actores que sin lugar a dudas sostienen con su talento, sobre todo el dúo Marini-Rivas, una enfermiza y simbiótica relación madre e hija postergadas en la vida esperando al hombre que las venga a rescatar cuando ya han llegado tarde a todo. Igual que este intento de cine de género desaprovechado a pesar del esfuerzo y las buenas intenciones: decir no es narrar.
    Seguir leyendo...
  • Alumbrando en la oscuridad
    Parir ideas, derrumbar prejuicios

    Mónica Gazpío, directora junto a Fermín Rivera, de este original documental Alumbrando en la Oscuridad cuenta que en su rol de madre adoptiva un día pensó en cómo se sentiría la madre biológica del que ahora era su hijo y cumplía años como parte de un reflejo de una imagen dividida en un espejo.

    Y mucho de especular y de reflejo precisamente tiene su obra al tomar como tema de abordaje la relación entre padres e hijos a partir de la pérdida o el desprendimiento y por consiguiente su contrapartida en la posibilidad de construir un vínculo o un lazo afectivo inquebrantable desde otro lugar pero sin negar el origen ni el principio.

    La adopción conlleva diversas aristas y muchas de ellas no tienen relación directa con lo esencial: el amor, la contención, las angustias y las expectativas depositadas en un proyecto de familia cuando existen condiciones adversas e imposibilidades del orden físico.

    Existe todo un entramado legal e ilegal que alimenta prejuicios; desanima a muchos y lo que es peor genera cierta indiferencia o mirada sectaria de toda la sociedad como parte de una problemática menor o concentrada en una minoría. Por eso la idea básica de Alumbrando… escapa de este enfoque reduccionista para adentrarse en aspectos más profundos que se preguntan qué es ser padre y cómo se producen los vínculos con los hijos -entre muchas otras cosas- valiéndose de testimonios sin identificación de protagonistas: padres adoptivos, hijos adoptados y profesionales relacionados con la temática desde el aspecto médico, social, psicológico, legal y de la experiencia cotidiana, que aportan una pluralidad de criterios y voces que enriquecen mucho más la temática.

    Además de la estructura coral como base expositiva también Mónica Gazpío apela al recurso de la caracterización por intermedio de actores conocidos como Laura Azcurra, Celina Font, Osvaldo Laport, Mariana Richaudeau y Cecilia Rossetto para preservar la identidad de los verdaderos protagonistas y recrear sus vivencias como testimonio a cámara. Recurso que en su momento utilizara el documentalista brasileño Eduardo Coutinho en su film Jogo de Cena (2007), donde actrices ponían en escena los testimonios de las entrevistas que el propio realizador había realizado a las mujeres reales aunque desde el lado de ese documental con la intención manifiesta de una reflexión teórica sobre el discurso y su puesta en escena o la representación.

    Al comienzo de esta nota se mencionaba la idea del espejo y de su reflejo como parte de una búsqueda de identidad porque en definitiva de eso se trata el reconocimiento de una persona, sea cual sea el origen y su condición más allá de lo biológico y de lo cultural.
    Seguir leyendo...
  • Un reino bajo la luna
    Los inadaptados de siempre

    Llegar a la séptima película con un universo propio, una prolífica galería de personajes disfuncionales pero creíbles y queribles sin agotarse ni repetirse en formalismos pero fiel a un estilo cinematográfico que transita por estos momentos por su etapa de mayor madurez no lo consigue cualquier realizador en estas épocas industriosas y mediocres del cine hollywoodense.

    Wes Anderson ha demostrado a lo largo de sus películas ese inagotable espíritu de romper códigos y moldes a fuerza de talento creativo, un ejemplar uso del humor y la ironía sobre estereotipos pero sobre todas las cosas una profunda sinceridad ante el espectador al hacerlo partícipe de sus alocadas aventuras existenciales dentro de su propia galaxia, atravesada de melancolía, ternura, contradicciones, dobleces morales y personajes con características de antihéroes que se transforman en sus avatares en héroes más temprano que tarde.

    Pero a esas tribulaciones del orden existencial pareciera ahora que se le oponen las historias de amor y el optimismo que encarna una mirada romántica sobre la realidad que transmite cierta cuota de esperanza y de regreso hacia el lugar de la infancia, donde se puede ser feliz alejado del mundanal mundo adulto y más aún de la pesadumbre que implica convertirse en adulto y en mustio receptor de todos aquellos códigos que coartan las ganas de ser libre desde lo institucional a la estructura nuclear de una familia.

    De esas ataduras que funcionan bajo un orden invisible como el que podría encontrarse en cualquier orquesta de música al ejecutar una pieza (algo que en el brillante prologo se desarrolla y cierra en el epílogo durante los créditos finales) en la que cada instrumento cumple un rol diferenciado y ninguno traspasa el límite del otro se pueden encontrar las grietas para escapar y en su versión musical las variaciones que transforman esa estructura rígida en otra cosa diferente, tal vez imperfecta pero genuina al fin.

    Y qué mejor que una pareja de preadolescentes en fuga de amor y dispuestos a huir de la densidad y opresión del mundo adulto para que la grieta del orden moral, cultural e institucional se resquebraje y estalle como ese platillo metálico que corona el compás y marca el pasaje de una estrofa a otra.

    Un reino bajo la luna (Moonrise Kingdom) tiene como protagonistas a Sam Shakusky (Jared Gilman), niño huérfano de 12 años que integra el cuerpo de Boys Scouts y a Suzy Bishop (Kara Hayward), la mayor de las hijas del matrimonio integrado por los abogados Walt (Bill Murray) y Laura (Frances McDormand), insatisfechos en su vida matrimonial y funcionales a la rutina, quienes descubren que su hija Susy mantenía una relación epistolar con el joven rebelde y a partir de ahí encaran una búsqueda junto a los representantes de la institución de Boys Scouts: Randy Ward (Edward Norton), el Capitán de Policía Sharp (Bruce Willis) a quienes se sumará la Encarga de Servicios Sociales (Tilda Swinton) hacia el último tramo del film, en el que un narrador omnipresente -símil Jaques Cousteau- va intercalando datos sobre la odisea y el contexto en el que transcurre.

    La estructura fragmentada permite un mejor desarrollo de los acontecimientos que toman como eje la fuga y la resistencia de la pareja de niños cada vez que la presencia adulta invade y los termina separando para luego volverse a unir y así marcar el destino del relato en un increscendo que acumula situaciones, algunas de ellas jugadas hacia el absurdo, otras teñidas de una pátina emocional y un puñado llevadas al extremo y a lo impredecible en donde Anderson emplea los recursos cinematográficos para enriquecer una trama ambientada en los 60 (no había teléfonos celulares y se escribían cartas manuscritas) con una fuerte impronta estética setentista donde resaltan colores y por momentos aspectos de cómic en los encuadres más allá de los sustanciales aportes de la banda sonora encargada a Alexander Desplat.

    El nuevo opus de Wes Anderson continúa en la línea existencial, melancólica, profunda e irreverente de sus primeras obras pero ahora con más madurez por parte del director y una apuesta honesta por todo aquello que hace a su buen cine.
    Seguir leyendo...
  • Luces rojas
    Luces rojas
    CineFreaks
    La fe del creyente

    En épocas del auge de lo sobrenatural como moneda corriente para el cine y para los falsos documentales llega una película que parte de la premisa sugerente de poner en tela de juicio la realidad de lo paranormal y así dejar abierta la controversia entre fe y razón, elementos muy ricos para confrontar en relatos de género como Luces Rojas.

    Sin anticipar demasiado sobre la trama, que expone por un lado la farsa que existe detrás de todas aquellas actividades de las pseudociencias como la parapsicología desde la presentación de clarividentes truchos, actos paranormales manipulados y una serie de situaciones sin explicación lógica hasta la introducción de un caso de crisis de fe, el film del español Rodrigo Cortés (Enterrado) se estructura a partir del derrotero de un grupo de expertos en detectar fraudes relacionados a episodios sobrenaturales como una suerte de policía que investiga la falsedad y la puesta en escena de esos acontecimientos inexplicables.

    Sigourney Weaver, Robert De Niro y Cillian Murphy son los encargados de llevar a buen puerto la historia con actuaciones convincentes, sin dejar de mencionar a la pasada la presencia del argentino Leonardo Sbaraglia en un rol secundario.

    La ex teniente Ripley en este caso bajo la piel de la doctora Margaret Matheson se dedica a desenmascarar a todos aquellos inescrupulosos –Sbaraglia es uno de ellos y es argentino- que se aprovechan de la necesidad de creer en algo más allá de la razón. La acompaña en su tarea su ayudante, el doctor Tom Buckley (Cillian Murphy) que alterna sus trabajos en la universidad con las investigaciones y para quien la figura de un enigmático clarividente ciego, Simon Silver (Robert De Niro), quien tuvo que retirarse de la esfera pública por un incidente hace unos 30 años en el que también está vinculada indirectamente la doctora Matheson, despierta todo tipo de sospechas sobre sus verdaderos poderes y por un motivo personal se transforma en la obsesión del científico.

    Rodrigo Cortés apela a todos los elementos válidos que le brindan los recursos cinematográficos para jugar el rol de prestidigitador con el público y lo hace a fuerza de ingenio y sin trampas, por lo que su obra es más que atractiva.

    Conocedor de los resortes que se deben ejecutar en una trama donde los elementos del thriller sobrenatural se respetan a rajatabla y en la que no se busca caer en obviedades, consigue un producto que supera el mote de mero entretenimiento para dejar algo más en la mente del espectador que vaya con el propósito de pasar un momento atractivo y en el que pueda dispersar su cabeza sin problematizarse mucho por la propuesta, que sin ser sencilla tampoco presenta un sinfín de vueltas de tuerca, o inconsistencia, como suele ocurrir en este tipo de películas.
    Seguir leyendo...
  • Los salvajes
    Los salvajes
    CineFreaks
    Acariciando lo áspero

    Esta áspera película coral arranca con una fuga de un penal de menores para internarse en otra fuga mucho más compleja y abstracta: la del encierro y ensimismamiento de cada uno de los cinco personajes, jóvenes marginales y jugados a todo o nada, que deben sobrevivir en plena sierra cordobesa a merced de la naturaleza y su hostilidad, pero también amparados por su animalidad e instinto de supervivencia que se mezcla con fuertes convicciones de una fe que trasciende lo religioso aunque todos busquen de cierta forma la redención a ese castigo que implica ser marginal en el mundo.

    Fadel con Los salvajes, opera prima que logró terminar en 5 semanas de rodaje y por la que no sólo se entregó desde el punto de vista artístico sino también físico que le costó accidentarse, se toma todo el tiempo posible en un relato que sabe dosificar la tensión dramática con el vuelco simbólico; lo humano con lo deshumanizante a fuerza de rigor y talento a la hora de crear un espacio completamente funcional a la historia donde los protagonismos divididos, si bien no logran una primaria sensación de empatía con el público tampoco resultan indiferentes o planos en términos estrictamente narrativos.

    En Los Salvajes las balas se escuchan fuerte y no son balaceras, como aquellos westerns que defendían el honor en un duelo y al igual que en este inquietante film lo único que tenía verdadero sentido era la muerte desde su costado ritual pero también como aquel único vínculo real con la vida y la naturaleza, despojada de toda capa bucólica o pintoresca.

    Una ópera prima dura, comprometida con su historia y proveniente de un grupo de cineastas de un talento y potencial que en el futuro quizás produzca el recambio que el cine argentino, luego de aparecer el nuevo cine, anda necesitando. El público debería apoyar este tipo de propuestas que procuran mantener calidad e identidad, algo que ya las vuelve únicas y más que respetables.
    Seguir leyendo...
  • La araña vampiro
    El aguijón interior

    Cabe aclarar que esta película fue presentada en el Bafici de este año, resultó ganadora, con una versión distinta a la final que se estrena comercialmente pero que más allá de esos cambios o retoques finales del propio director la esencia de uno y de otro film quedó intacta. El agregado de una banda sonora diferente y la introducción de una escena sumada a la supresión de 5 minutos del metraje original son los cambios de la nueva película de Gabriel Medina, La araña vampiro.

    Casualidad o no que el director de Los paranoicos comience a armar su relato en base a una estructura precisamente paranoica o en su versión remozada hipocondríaca que no es otra cosa que un aspecto visible de un tipo de paranoia.

    La premisa es muy sencilla: Jerónimo (Martín Piroyansky, premiado por su actuación en Bafici) realiza un viaje junto a su padre (Alejandro Awada) para descansar en una cabaña en las sierras cordobesas, alejada del mundanal ruido y la dinámica citadina. El viaje parece contemplar dos objetivos que de cierta manera se relacionan, por un lado el acercamiento con su padre para romper una distancia y comunicación débil evidente y por otro el cambio de aire para mitigar sus ataques de pánico y atemperar una conducta signada por el temor, la inseguridad personal y el miedo al cambio.

    Con cierta desconfianza, el protagonista realiza el esfuerzo de acomodarse a su nuevo escenario y entorno hasta que un accidente provocado por la picadura de una araña, a quien Jerónimo logra identificar y matar, detona una serie de eventos desafortunados que modifican el rumbo de la historia y el registro paranoico del comienzo se convierte o vampiriza en una travesía caótica, errática, por momentos asfixiante y en otros sumamente hipnótica y de autoconocimiento.

    Al empezar a experimentar cambios en su cuerpo por la picadura, Jerónimo busca respuestas primero en la medicina tradicional y luego acepta transitar por caminos alternativos a los que lo lleva primero una misteriosa joven del lugar (Ailín Salas) y luego un extraño baqueano de apellido Ruiz (Jorge Sesán) con quien emprende una travesía de ascenso y descenso espiritual impresionante.

    Casualidad o no esa es la pregunta que no tiene respuesta en La araña vampiro, sugerente opus donde se habla muy poco pero se dice desde el silencio, o el soliloquio de un baqueano que delira (gran actuación de Jorge Sesán) que las transformaciones personales requieren enormes sacrificios o por lo pronto pérdidas materiales o simbólicas que nos atan a la inercia de nuestro propio temor al cambio o modifican considerablemente nuestro punto de vista en relación a la percepción de la realidad.

    No es nada justo encasillar en un género a esta película audaz dedicada al budismo por su director aunque en ella se jueguen constantemente con elementos y códigos del fantástico o del terror. En resumen estamos en presencia de un film inclasificable, hipnótico, profundo y atractivo desde su concepción cinematográfica.
    Seguir leyendo...
  • Montenegro
    Montenegro
    CineFreaks
    Retrato de la soledad

    La imagen de la soledad y de la libertad se yuxtaponen en uno de los tantos planos que el director Jorge Gaggero logra atrapar en Montenegro, mediometraje recientemente galardonado en el IDFA, festival Holandés, donde además recibió 10.000 euros como parte del premio. Esa yuxtaposición nos muestra a un hombre de 71 años sentado en una mesa, con apenas la luz de una vela que hace un poco menos oscura la imagen pero no así su realidad.

    Juan de Dios Manuel Montenegro es el protagonista de este documental que cuenta con la virtud de la aproximación a la intimidad de una persona que no está acostumbrada a la compañía, más allá de la que le pueden brindar sus perros, uno negro y otro blanco; uno fiero y el otro manso y la esporádica visita de algún lugareño del delta o de su amigo César Engle, tan solitario como él.

    Ya con Vida en Falcon el realizador había demostrado su capacidad para extraer de sus personajes todas aquellas características que los vuelven interesantes desde el punto de vista cinematográfico para encontrar momentos de humor cuando todo indica lo contrario por la situación de desamparo o marginalidad circundante.

    En un primer bloque podría entenderse a Montenegro como un film sobre un ermitaño del delta; hombre de pocas palabras que hace de su libertad y experiencia de vida un testimonio rico pero a la vez entristecedor. Sin embargo, el relato toma otro cariz que incrementa la tensión a partir de una disputa doméstica que deviene en la pérdida del único contacto con otro, que no sea claro está el director y su cámara.

    Acompañar a Montenegro personaje en su trajinar cotidiano, en su caminata dificultosa por la maleza tras haberse quedado sin la canoa de César, su amigo, para ir a pescar resulta tan contundente como mensaje para la película de Gaggero que basta con escuchar ese soliloquio a medio decir para conmoverse y aplaudir de pie.

    El director de Cama adentro deja que el tiempo narre la soledad de un anciano y los achaques de su cuerpo y la vejez incipiente complementan esa historia sin un atisbo de especulación o dejo de formalismo, sin academicismo para dejar un sello indeleble en los ojos y una marca en el corazón.
    Seguir leyendo...
  • Infancia clandestina
    La causa y la vida

    La resistencia armada en la época de la dictadura militar fue reflejada en la película Secuestro y Muerte que recreaba desde la ficción el asesinato del general Aramburu desde su periodo de cautiverio y hasta el juicio popular que determinó su muerte en manos de una célula montonera.

    Infancia clandestina, debut en la ficción de Benjamín Ávila, se inscribe dentro de esta temática pero con la singularidad de que a la carga ideológica -que podría haber orientado el film a un camino menos interesante- se la reemplaza por la fibra emocional y reflexiva a partir del punto de vista de un niño de 11 años, cuyos padres, interpretados por Natalia Oreiro como Charo y César Troncoso pertenecen a una célula montonera que regresa a la Argentina en el año 79 tras el exilio en Brasil y Cuba. A ellos se suman las actuaciones de Ernesto Alterio en el rol del tío y Cristina Banegas como la abuela Amalia, además claro está del protagonismo absoluto de Juan (Teo Gutiérrez Moreno), quien debe además ocultar su verdadera identidad bajo el nombre de Ernesto en un claro homenaje al Che Guevara.

    Si el mundo de los adultos para un niño resulta complejo e incomprensible, qué decir entonces de un mundo adulto donde la convicción por una lucha y el sacrificio pesan más que cualquier otra cosa e incluso ponen en peligro constante al entorno si se pretende amalgamar la causa con la vida. Ese es el punto de inflexión que hace de la infancia de Juan algo muy diferente a la de sus compañeros de escuela y a su existencia de niño en un mundo adulto y violento como el que lo rodea.

    Vivir en la clandestinidad; esconderse con su hermana de un año en un barrio sin saber lo que pueda ocurrir mañana forma parte de esa rutina que Juan y sus padres afrontan minuto a minuto y en esa tensión permanente es donde el realizador Benjamín Ávila saca lustre de su capacidad narrativa, a su utilización de recursos cinematográficos como la animación para desarrollar una cruda historia de amores, pasiones, contradicciones y poca bajada de línea política, donde se trata de rescatar más que nada un contexto histórico atravesado de horror del que no se puede cometer el pecado de querer reivindicarlo pero tampoco olvidarlo o lo que es peor ocultarlo.

    Ernesto Alterio consigue el mejor papel de su carrera cinematográfica tal vez por su conexión directa con el trasfondo de esta historia, pero lo que es indudable es su enorme entrega al personaje del tío. Así forman parte de las grandes escenas del cine aquella del maní con chocolate junto a Teo Gutiérrez Moreno, quien también compone a Juan de manera brillante y conmovedora.

    Un gran elenco para una buena historia, que sin lugar a dudas aporta una mirada distinta, audaz y muy personal sobre un pasado violento y una manera de ver el mundo que hoy quizás ya no se comprende.
    Seguir leyendo...
  • Mensajero
    Mensajero
    CineFreaks
    La mirada impávida

    Hay dos largos travellings que definen Mensajero, este documental observacional del realizador Martín Solá: el primero recoge el testimonio vivo de una procesión en el camino de la Puna y va de derecha a izquierda descubriendo a cada paso ininterrumpido los cuerpos que marchan en fila detrás de la figura de la virgen que encabeza la procesión. Este traveling en movimiento recoge en la profundidad de campo y en el fondo un paisaje desolador que por contraste con la esperanza de la fe sintetiza de alguna forma una idea conceptual, que hace a los hombres dentro del imponente universo de la naturaleza; a lo nimio por sobre lo deslumbrante cuando se trata de pensar el vitalismo sin la presencia humana en un paisaje que deja atónito a cualquiera que lo atraviese con una mirada lúcida como la de Solá.

    El segundo travelling se realiza desde el vagón de un tren, donde la cámara fija en la ventana descubre el camino que pasa por detrás y va de izquierda a derecha contrariamente al anterior. Camino de búsqueda de Rodrigo, personaje de Mensajero, quien abandona su rol de transmitir en el pueblo los mensajes para buscar suerte en el trabajo golondrina de las salinas.

    Otra esperanza que se revela en un escenario de desolación como el del desértico norte argentino en locaciones de Salta y Jujuy a las que Solá llegó con una cámara para descubrir aquello que el polvo y el viento ocultan con su presencia; que a veces parece tapar absolutamente todo y otras remover las voluntades de aquellos que funden sus cuerpos con el paisaje y se entregan a la naturaleza desde su aspecto más hostil y crudo.

    La estética de Mensajero tiene la virtud de la fotografía con un excelente tratamiento de la imagen blanco y negro y los planos fijos como base para crear atmósferas hipnóticas donde sobran las palabras y abundan los silencios.

    Ya desde Caja cerrada, presentada en el Bafici 2008, Martín Solá ensayaba una mirada muy personal y despojada de todo esteticismo para retratar de primera mano los oficios y a aquellos que los llevan a cabo dejando un protagonismo absoluto al testimonio más que a sus inquietudes formales. Mensajero es la muestra palpable que se puede observar un paisaje interior muy rico y profundo sin dejarse atrapar por el paisajismo y la grandilocuencia.
    Seguir leyendo...
  • Tournée
    Tournée
    CineFreaks
    Burlesque y que viva para siempre

    Presentada en la semana del cine francés y también en el Bafici llega Tournée, film crepuscular, nostálgico y fascinante a la vez que marca la tercera incursión del actor francés del momento Mathieu Amalric, detrás de las cámaras además de delante de ellas.

    Tournée (que puede traducirse como El tour) sigue el derrotero de un grupo de mujeres, ya entradas en años que hacen presentaciones de burlesque –mejor dicho algo que se llama newburlesque- y entablan una gira junto a su representante (el mismo Amalric) quien debe lidiar con los divismos y egos de sus representadas durante un largo itinerario que pasa por bares, teatros, pueblos, hoteles, siempre atento a la intimidad del grupo; a sus conflictos internos y sus emociones a flor de piel.

    La película se adueña de inmediato de esa intimidad donde aparecen los rasgos característicos de cada personaje de forma natural y espontánea como aquellas criaturas de documentales que se descubren en medio de un rodaje y cambian completamente los planes del tono de la película. Eso pareciera producirse en varias ocasiones cuando una escena pide llanto y surge la risa rebelde, que rompe el molde y el clima con una fascinante anarquía.

    Como director, el actor francés encuentra la distancia justa para ubicarse con una cámara atenta pero no intrusiva que no le teme a los tiempos muertos ni a los silencios incómodos porque confía plenamente en esa verdad captada en el momento de decir acción.

    Mathieu Amalric con este tercer opus como director homenajea de manera inteligente y sin lugares comunes a los artistas y su desenfado bajo un tono que, despojado de toda solemnidad, se permite algunas buenas dosis de humor, sarcasmo, pero siempre desde un lugar de admiración y respeto por aquellos que rompen códigos y no se contentan con la mediocridad.
    Seguir leyendo...
  • La cola
    La cola
    CineFreaks
    A la espera del milagro argentino

    La Cola, debut detrás de las cámaras del actor Enrique Liporace (también guionista y actor secundario) es una buena idea por su noble intento de reflejar una realidad de lo que se denomina trabajo informal, pero que lamentablemente pierde consistencia en primera medida por el tono de comedia grotesca mezclada con melodrama, que quita cohesión narrativa a un relato donde se ensayan ciertas alegorías pero muy poco desarrolladas desde el punto de vista conceptual.

    La Cola como fenómeno o radiografía social remite a las claras por un lado a la eterna espera de que suceda un milagro en este país y por otro hace alusión a un enorme porcentaje de la población postergada, que guarda el último lugar de una larga fila que avanza hacia un supuesto bienestar y futuro próspero. Sin embargo, también colarse o sacar ventaja de manera poco transparente o abusiva refleja algo de la idiosincrasia vernácula, se trate de la clase social que se trate. El protagonista de esta historia es Félix Cayetano Gómez (Alejandro Awada), padre de una hija que partió hacia París con un mejor proyecto de vida, para quien hay dos cosas que son sagradas: el trabajo como colero, es decir, que ocupa los lugares en las colas a cambio de un porcentaje y realiza tareas de gestor y por otro su devoción a San Cayetano, algo que lo conecta directamente con su más tierna infancia dado que nació en la cola cuando su madre formaba parte de la fila, que año a año pide o agradece al patrono del trabajo.

    El sueño de Félix es ahorrar lo suficiente para visitar a su hija en Francia sin saber que en realidad ella nunca ha viajado y actualmente vive en una pensión en Buenos Aires buscando con su amiga todo tipo de trabajo para poder pagar la pensión y no sufrir un nuevo desalojo. Pero ella mantiene la mentira del exterior enviando fotos trucadas o llamando por teléfono al padre al que da cuenta de su exitoso presente.

    Así las cosas, en la gimnasia de la supervivencia diaria con el anhelo de crear el sindicato de gestores para que la CGT le dé personería gremial, Félix y sus colegas del gremio procuran acaparar todo tipo de actividad que implique el negocio de la espera, aunque se les va acotando el campo por las mafias, los revendedores y las ventas telefónicas. Además de las constantes muestras de falta de solidaridad y la cultura del sálvese quien pueda, que llega hasta los confines de la economía informal también y de la que no puede ser más que cómplice si es que pretende alcanzar su meta del viaje. Enrique Liporace apela a la alegoría para dar un estado de situación en el que las diferentes simbolizaciones de lo que implica una cola a veces encuentran un buen cauce y otras se quedan en la intención, como por ejemplo cuando busca insertar un segmento fragmentado y onírico o explota las virtudes artísticas de Alejandro Awada, quien dota a su personaje de emoción y credibilidad.

    No obstante, resulta despareja la actuación frente a los otros personajes como el de la hija (Lucrecia Oviedo), la amante (Ana María Picchio) o las buenas intervenciones de Aldo Barbero y Daniel Valenzuela al que se suma una simpática actuación de Antonio Gasalla, que se lleva una de las escenas más logradas.
    Seguir leyendo...
  • Salvajes
    Salvajes
    CineFreaks
    Tan solemne que da risa

    Aaron Johnson, Taylor Kitsch, John Travolta, Salma Hayek, Blake Lively y Benicio del Toro se ponen a las órdenes del director Oliver Stone tras su paso anterior por el documental South of Border, en el que presentaba a los mandatarios latinoamericanos.

    Salvajes, su nuevo opus, busca por un lado una estética de la violencia encolumnada en un retrato algo kirch del mundo del narcotráfico mexicano y por otro la ironía de los estereotipos que representan cada personaje, a saber: jefa narco en la piel de Salma Hayek; policía corrupto encarnado por John Travolta; dealers yanquis carilindos que se tratan de pasar de listos en los negocios del cannabis y una blonda en apuros, secuestrada a la que deberán rescatar, interpretada por Blake Lively de la serie Gossip Girl.

    La estructura narrativa, si bien adopta algunos rasgos de estilo stonianos y un montaje atractivo, transita por el derrotero de toda película de venganza en la que victimarios y víctimas se entrecruzan dejando un tendal de muertes en el camino, cargadas de cinismo y violencia. Pero lo más llamativo de este film es el poco criterio de su director para evadir la mera anécdota y forzar -de manera arbitraria- un relato lleno de incongruencias donde los narcos parecen estúpidos y los héroes dealers unos verdaderos estrategas y capaces de enfrentarse a un cartel entero sin despeinarse.

    Si eso hubiese sido parte de la ironía, digamos que Salvajes alcanzaría el estatus de película violenta pero graciosa. Sin embargo, la pátina de solemnidad que la recubre, con dos finales lamentables que no se revelarán aquí, llevan a la conclusión de que estamos en presencia de una película fallida y decepcionante tratándose de un director interesante por lo menos como Oliver Stone, cuya relación con la mística de las drogas en esta oportunidad se hace más que visible.
    Seguir leyendo...
  • Ostende
    Ostende
    CineFreaks
    Voces en el vacío

    Ostende es una ópera prima que fue presentada en el Bafici 2011 y que plantea una intriga con macguffin incluido en un escenario propicio como una playa poco habitada. El relato intenta por un lado inquietar al espectador bajo una ambigüedad que por momentos parece estar asociada a la percepción de la protagonista y por otro sencillamente a las leyes internas que atraviesan la trama.

    Suspicious mind es el ringtone que suena en el celular de Laura, protagonista de esta intrigante película de Laura Citarella, quien tras haber ganado un concurso radial va a parar por cuatro días a un hotel en la ciudad de Ostende para desconectarse del mundo y entregarse a la contemplación de un mar violento y de una playa casi vacía.

    Sin embargo, su tranquilidad comienza a alterarse desde el momento en que aparecen en escena un hombre misterioso, acompañado de dos mujeres jóvenes que despiertan la curiosidad de Laura por sus extrañas conductas.

    A partir de ahí se alimenta la incerteza de un relato que vertebra diferentes historias que no terminan por concluir jamás: la de un mozo que cuenta una idea para una película; la de una cinta que reproduce extrañas voces y la de la propia Laura que juega a ser detective por unas horas recordando a aquella gloriosa película de Woody Allen Misterioso Asesinato en Manhattan, por no citar al fantasma de Hitchcock ya mencionado anteriormente, o al de Rohmer acompañando la trama, que lamentablemente decae promediando la parte final. No obstante, Laura Citarella como directora demuestra pericia en el manejo de la intriga, el ritmo y una sólida dirección de actores.
    Seguir leyendo...
  • Papirosen
    Papirosen
    CineFreaks
    Historia de una familia judía

    Con el auge de las filmaciones hogareñas o home movies, el cine fue encontrando un espacio de exploración dentro del amplio espectro del género documental para despojarse del valor intrínseco como testimonio familiar y encontrar las posibilidades narrativas para abarcar temáticas más universales.

    Una familia, sea del país o región que sea, no deja de ser una familia y eso es lo primero que se percibe en este segundo opus de Gastón Solnicki (Sudden fue su ópera prima), quien consigue ocupar el lugar privilegiado del observador para seguir en un meticuloso relato los pasos de su familia y reconstruir con archivos privados y registros de la actualidad estructurados en una sucesión de capítulos una historia de exilios y supervivencia a la Segunda Guerra Mundial para sumergirse en la tradición judía desde un lugar poco solemne pero con el respeto necesario hacia el pasado.

    Gastón Solnicki cuenta con el invalorable apoyo de sus padres, hermanos, sobrinos y abuela, quienes no ponen obstáculos al retrato más fiel de lo que son, cada uno con sus características, humores, personalidades, rivalidades, conflictos y contradicciones a flor de piel, compartiendo un objetivo común: la honestidad brutal ante un testigo que no es ajeno a la historia familiar; testigo que por momentos molesta con su presencia o con su silencio para dejar trascender esa otra cara de la moneda que muchas veces el cine oculta bajo una falsa idea de unión o lo que es más grave homogeneidad anquilosante.

    Papirosen es un excelente retrato de una familia judía con una rica experiencia de vida pero que no se circunscribe simplemente a la anécdota, sino que la trasciende con una mezcla de emoción, melancolía y sano humor.
    Seguir leyendo...
  • ¡Vivan las antípodas!
    La continuidad de los opuestos

    Vivan las antípodas es un documental de alta riqueza visual y pobreza conceptual del director ruso Víctor Kossakovsky que parte de la idea de trazar una línea imaginaria entre diferentes lugares del globo terráqueo, cuyo punto en común es el término antípodas, es decir, extremos geográficos que son opuestos en la tierra.

    Lejos de una dialéctica de contraste primaria, la marca estilística de este documental de bellas imágenes y de angulaciones radicales de cámara -que ponen la pantalla boca abajo o patas para arriba para enfatizar la idea- es sin lugar a dudas la continuidad. Resulta innegable, más allá de los méritos o no de haber concebido un nexo tan esquemático y lineal, la fluidez con la que se desarrolla este viaje exploratorio por diferentes rincones del planeta haciendo foco en la gente que lo habita; sus costumbres y sus males.

    Así las cosas, del cielo despejado en Entre Ríos, Argentina, a la polución que predomina en su antípoda moderna Shangai, en China, ó del pastoreo de las ovejas en la Patagonia Chilena al apacible y tranquilo lago Baskial solamente queda un lugar para la contemplación; para quedar hipnotizado por la majestuosidad de los paisajes, que se verá interrumpida salvajemente por la furia de la naturaleza en su máxima expresión con el elemento del fuego, representado en la lava en Hawai por ejemplo o las inundaciones donde otro elemento como el agua aparece desde su costado más trágico en Villaguay, Argentina mientras los paisanos, personajes maravillosos, filosofan sobre la subida del río anticipada por las hormigas que subieron repentinamente por el tronco del árbol.

    A no confundir este film, coproducción entre Argentina, Alemania y Holanda, que busca aproximarse desde una mirada asombrada y antropológica con otro muy parecido pero que está en las antípodas cinematográficas por su calidad conceptual como el genial documental Baraka.
    Seguir leyendo...
  • 360
    360
    CineFreaks
    Viaje a ninguna parte

    360 grados representa entre otras cosas la circularidad y en este caso trasladado a la adaptación de la novela La ronda de Arthur Schnitzler que plantea un relato donde las historias y los personajes se entrelazan a partir de elementos vinculantes como en este caso las relaciones humanas en distintas facetas: infidelidad, sexo casual, culpa, redención y segundas oportunidades.

    Sin embargo, el brasileño Fernando Meirelles desarrolla un puñado de anécdotas que desde el punto de vista narrativo no tienen tanto peso como para transformarse en historias a pesar de contar con un elenco de lujo integrado entre otras figuras por Jude Law, Anthony Hopkins, Rachel Weisz, Moritz Bleibtreu, Gabriela Marcinkova, Lucia Siposova, Johannes Kirsch, Juliano Cazarré, Jamel Debouzze.

    Así las cosas, en un viaje a veces turístico y otras no tanto por locaciones geográficas tales como Colorado, Viena, Londres, París y Bratislava cada historia está atravesada por el amor o la falta de amor cuando la infidelidad hace mella en las parejas como la de Jude Law y Rachel Weisz por ejemplo. El desamor de un padre hacia una hija desaparecida y la búsqueda tardía de la redención queda en manos de un genial Anthony Hopkins que experimenta un particular deja vu con una pasajera brasileña en el avión que lo llevará al punto de encuentro quizás con el cadáver de su hija.

    De todas las propuestas la más interesante recae en el derrotero de un abusador (Ben Foster) que debe resistir a la tentación sexual en un aeropuerto dado que su vuelo de traslado se retrasa.
    Seguir leyendo...
  • Mientras duermes
    La mala leche

    Con ciertos altibajos en el guión pero con el nervio adecuado para generar con mínimos recursos tensión y suspenso, Mientras duermes marca un giro de 90 grados en la cinematografía del realizador Jaume Balagueró, referente obligado del cine de terror ibérico más interesante de los últimos años.

    El director de Rec esta vez construye más que un relato, un personaje insertado en una trama básica (edificio, inquilinos variopintos, portero resentido) atravesado por una gama de complejidades que le otorgan singularidad.

    César (Luis Tosar) trabaja como conserje en un edificio de Barcelona manteniendo un trato cordial y servicial con cada uno de los inquilinos. No presenta ninguna queja sobre su rutinario trabajo, soporta estoicamente las represalias del dueño del edificio por sus constantes faltas y fallas, e intenta ayudar cada vez que requieren de sus servicios. Sin embargo, lejos de aquel solícito y bien intencionado portero se oculta un verdadero parásito que como no encuentra sentido a su miserable existencia procura hacer de la vida ajena una verdadera pesadilla.

    César no es un psicópata de manual sino todo lo contrario porque no actúa de forma violenta al menos que sea absolutamente necesario. Se lo podría encapsular dentro del grupo de voyeristas dado que tiene acceso a la intimidad de cada departamento, conoce al dedillo los secretos de todos pero especialmente su obsesión recae sobre Clara (Marta Etura), una joven y entusiasta a la que acosa con cartas anónimas y por las noches vigila sin que ella note su presencia.

    Pero de todas las presas; de todas las víctimas que son tan hipócritas en el trato cotidiano como él -incluida una adolescente que conoce su secreto y lo extorsiona convenientemente-, Clara conserva aún la virginidad en materia de desazón y angustia siempre con una sonrisa a flor de piel que hará que el protagonista tome todo tipo de medidas para sembrar la semilla de la maldad a fin de conseguir borrarle de una vez y para siempre la alegría.

    El acierto de Balagueró obedece en primer término a la excelente elección de Luis Tosar para encarnar a César y parte del atractivo que tiene el film reposa en su perturbadora performance sin exabruptos típicos del cine Hollywoodense y con la capacidad de sorprender al público con sus actos y resoluciones de los conflictos, los cuales irán apareciendo de manera progresiva a medida que suba el nivel de exposición ante su víctima predilecta. Esa consolidación de Tosar en su personaje también se logra gracias a la complementaria actuación de Marta Etura (el resto del elenco no desentona pero tampoco descolla virtudes), cuya simpatía y despreocupación generan el justo contraste ante tanta oscuridad.

    Mientras duermes es un excelente ejercicio de estilo y una muestra cabal de que cuando los mecanismos del suspenso se accionan con rigor, sin subestimar la inteligencia del público; sin apelar a golpes de efecto, pero sobre todas las cosas teniendo siempre presente la idea de conmocionar, se logran películas que no pasarán de largo ante tanta mediocridad dentro del género.
    Seguir leyendo...
  • El circuito de Román
    La invención de Román

    Entre lo vivido y lo recordado, la memoria se desliza como un mecanismo de reconstrucción del pasado. Pero en ese proceso talla -claro está- el desplazamiento de los recuerdos en una lucha o dialéctica en el que uno invade el territorio del otro. Pensemos: qué pasaría por un momento si un recuerdo determinado de una situación supuestamente vivida distorsiona en cadena a los otros recuerdos y entonces la memoria en lugar de reconstruir, crea, inventa, fabula, tergiversa, pero con la misma intensidad que aquella que experimentamos en la realidad. ¿Somos nuestros recuerdos?

    La pregunta no tiene una respuesta univoca y es parte de los debates más profundos que tanto las neurociencias como diversas corrientes de psicología cognitiva buscan responder tomando caminos biológicos, psicológicos, emocionales, etc.

    Sebastián Brahm es un realizador chileno, estudioso y apasionado por estos temas que encontró en el lenguaje del cine en su máxima pureza el puente adecuado para asumir el desafío de contar una historia que desde un meticuloso mecanismo narrativo y una audaz puesta en escena explora los intrincados universos de la memoria y de la creación, pero también de la percepción sobre la propia historia cuando el pasado no es más que una invención. El circuito de Román, su ópera prima, es un rompecabezas de imágenes que van a un ritmo de vaivén y que es justo aclarar somete al espectador a un trabajo extra que lo aparta de su habitual pasividad para armar ese puzzle donde las vivencias del protagonista Román (Carlos Carvajal) ocupan el centro pero a su alrededor y en lo periférico los recuerdos desordenan, perturban, se yuxtaponen alterando el tiempo y el espacio.

    Podría relacionarse en cierta forma con aquella experiencia que tenía el personaje de Jim Carrey en la genial Eterno resplandor de una mente sin recuerdos cuando los mecanismos del olvido entraban en escena. Aquí sucede el camino contrario son los recuerdos y la memoria que evoca la que altera la realidad y marcando una simultaneidad en las acciones.

    Meritoria por donde se la mire, la puesta en escena encuentra el espacio cinematográfico justo para el desarrollo de este arriesgado film que además apela a una teoría sobre la migración cortical que tiene desde el guión muy bien escrito una terminología propia que la vuelve tan atractiva como verosímil.

    Sin intentar una definición de la película de Sebastián Brahm se puede especular con elementos que aparecen: el drama intimista y existencial de un hombre atormentado por la culpa, los celos de colegas y que duda realmente sobre lo que experimenta de manera empírica pero que se ve atraído por el poder de re contextualizar su pasado. Algo que la historia de muchos países latinoamericanos pretenden borrar, pero que la memoria del inconsciente colectivo se encarga de recuperar, casi siempre.
    Seguir leyendo...
  • Elles
    Elles
    CineFreaks
    Sexo, mentiras y dinero

    Sin tapujos, ni especulaciones, despojada de todo esteticismo, Malgorzata Szumowska, realizadora polaca -muy poco conocida por estos confines de la tierra- aborda en Elles (traducido como Ellas) el mundillo de las escorts universitarias en la ciudad de París. Más allá de los lugares comunes cada vez que se habla del tópico de la prostitución, lo interesante del film es que adopta el punto de vista femenino a partir de un doble cruce de miradas: por un lado, la protagonista es una periodista que tiene que entregar en fecha límite un informe sobre el fenómeno de las chicas que se prostituyen para ganar más dinero del que podrían conseguir con otro tipo de trabajo.

    A partir de una serie de preguntas a un grupo de entrevistadas que aportan el otro punto de vista, específicamente dos de ellas, la periodista se va conectando no sólo con un universo completamente desconocido para su comodidad burguesa sino perturbador, al punto de confrontarla con sus propios prejuicios, insatisfacciones sexuales y esa aplastante vida matrimonial que la aleja de todo tipo de felicidad.

    Hijos poco comunicativos, marido ausente y la chatura extrema son elementos que entran en conflicto al vincularse la periodista con las historias ajenas en un intento más que de comprensión, de catarsis o excusa personal para indagar sobre su propio deseo.

    Juliette Binoche encara este papel desde un compromiso absoluto con el personaje y saca a relucir su talento innato para dotarlo de intensidad y dolor contenido, sin llegar a la exageración, gracias a la excelente dirección de la realizadora polaca que mantiene una distancia adecuada entre los personajes y una cámara fisgona que a la hora de resolver escenas de alto voltaje –que no llegan a ser de sexo explícito- logra generar las atmósferas ideales cuando se trata de mostrar tensión, erotismo, sexualidad y sensualidad. De esta última cuota se encargan las jóvenes actrices Anaïs Demoustier como Lola y la magnética Joanna Kulig en el rol de Alicja.

    Elles es un film sin concesiones que en vez de regodearse en lo morboso se encarga de cuestionarse su aparente morbosidad a partir de un abandono consciente de toda moralina salvadora y retrógrada, haciendo foco tanto en los roles sociales que encorsetan a las personas; en la hipocresía y las culpas burguesas, sin un ápice de redención.
    Seguir leyendo...
  • Fuera de Satán
    Fuera de Satán
    CineFreaks
    El impiadoso

    El cine del realizador francés Bruno Dumont se caracteriza entre otras cosas por su austeridad a la hora de planificar una puesta en escena para contar una historia sencilla, de cuyos extremos se desatan todo tipo de elucubraciones metafísicas y una fuerte carga religiosa, que por momentos lo vuelve hermético para un gran público pero también para aquellos que reconocen en el director francés las influencias de artistas como Carl Dreyer, Robert Bresson, entre los más referenciales.

    La idea que resume en cierta forma este opus Fuera de Satán se concentra en la transformación de la bondad a la maldad a partir de los actos de un personaje (David Dewaele), quien mantiene una perturbadora relación con una joven (Alexandra Lematre) en una zona de campiñas (el recuerdo de Flandres es inapelable), completamente sumisa y dependiente de los caprichos del hombre.

    El devenir de su comportamiento noble y servicial hacia la psicopatía guarda una estrecha relación con las formas de la culpa y del castigo desde el punto de vista religioso y la vuelta de tuerca mística no hace más que elevar la apuesta para provocar en el público todo tipo de sensaciones.

    Personajes grises en paisajes agrestes, lejos de la bucólica calma del campo y atormentados por sus propios deseos forman parte de la galería arquetípica que comenzara con el film La humanidad, carta de presentación de este director que hace de cada plano un acto de rebelión estética y de cada premisa un manifiesto sobre el cine y su relación directa con los sentidos.
    Seguir leyendo...
  • El legado de Bourne
    Anexo de crítica: -A diferencia de las anteriores películas protagonizadas por Matt Damon, esta nueva aventura de espionaje y contraespionaje no tiene el peso dramático y la acción que por ejemplo se desplegaba en la última entrega de la trilogía, aunque el director Tony Gilroy aprovecha los momentos de la acción en tres secuencias donde su habilidad en el manejo de la cámara es incuestionable.
    Seguir leyendo...
  • Cuando los chanchos vuelen
    El cerdo los unirá

    Digamos que muchas veces las intenciones, aunque sean loables, no garantizan buenas películas y ese es el caso de esta pseudo sátira política Cuando los chanchos vuelen, que se ubica en el contexto de la Franja de Gaza, territorio geográfico y simbólico si los hay que representa el conflicto entre palestinos y judíos israelíes, separados por un muro en lo material y por las absurdas peleas religiosas en lo espiritual.

    Así de absurda resulta la premisa de esta ópera prima de Sylvain Estibal, la cual apela a la metáfora obvia, a la ironía más elemental para fijar una posición de alegato antibélico en un registro que procura no caer en la gravedad del asunto y encontrarle un costado risueño para que la exageración haga el resto. El elemento de la exageración opera ya desde el vamos en la construcción de los personajes como la del protagonista Jafaar (Sasson Gabai), un pescador palestino que atrapa por azar con su red a un cerdo e intenta por todos los medios deshacerse de lo que se considera, según su religión, un castigo divino. Sin embargo, para sus enemigos israelíes, el animal también es impuro y mucho más si sus patas pisan territorio judío.

    Así las cosas, y atravesando una crisis económica con su mujer Fátima (Baya Belal), el pobre pescador buscará sacar un beneficio al no poder hacer desaparecer al chancho -proveniente de Vietnam- al conocer a una mujer joven que trabaja en el refugio de la colonia, del otro lado del alambrado. La joven Yelena (Myriam Tekaïa) necesita fecundar a las hembras de la colonia y para ello requiere el esperma del cerdo en poder de Jafaar.

    Situaciones como esa y algunas forzadas se repiten a lo largo de la trama, a la que se suman otras donde se pone en juego las aristas del conflicto entre palestinos e israelíes a partir de una mirada crítica en que ambos bandos quedan en ridículo en más de una oportunidad, aunque es justo decirlo los más ingenuos y cortos de cerebro en el film son los palestinos. Pese a los chistes elementales y a un manejo del absurdo bastante ramplón Cuando los chanchos vuelen es una comedia entretenida y diferente, pero nada más que eso.
    Seguir leyendo...
  • Los Indestructibles 2
    Anexo de crítica: -Si hay un acierto que se puede reconocer en esta nueva aventura de Stallone y compañía es que no se toma para nada en serio ni siquiera el argumento, con un guión totalmente arbitrario y flojo desde el vamos. La acción no deslumbra y tampoco la pericia en la dirección de Simon West porque no hay siquiera una escena bien resuelta, más allá del atolondrado movimiento frenético de la cámara. Digamos que la mayoría de los involucrados nunca se destacaron por ser grandes y locuaces actores pero que más allá de este defecto el hecho de no poder hilvanar tres frases juntas pasa desapercibido si se le da al humor el lugar merecido y en ese contexto de relajo total es donde Los Indestructibles 2 gana y se hace amena y divertida.-
    Seguir leyendo...
  • Rehén de ilusiones
    Continuidad e intervalo

    Hace tiempo que Eliseo Subiela no hace una película redonda en lo que a planteo narrativo y conceptual se refiere. Culpa del guión; de la pretenciosidad; de la literalidad a la hora de crear metáforas o alegorías, vaya a saber uno dónde está el error que no lo puede encontrar. Cabe preguntarse si a esta altura del cine argentino de las últimas dos décadas se puede hacer referencia a los desaparecidos o a las épocas de los años de plomo sin resultar obvio o reiterativo. En Rehén de ilusiones pareciera que no o por lo menos no basta con la picardía del chiste fácil o la solemnidad cuando se trata de hablar de temas graves.

    La protagonista de la historia es Laura Quiroga (Romina Ricci), hija de un militar retirado (Atilio Pozzobón), que luego de la llegada de la democracia representa lo que en la jerga se conoce como mano de obra desocupada y en el presente trabaja de vigilador para una empresa de seguridad. Laura encuentra la excusa perfecta para un encuentro con Pablo Dafonte (Daniel Fanego), a la sazón escritor famoso en etapa de bloqueo creativo, casado hace 25 años con una curadora de arte (Mónica Gonzaga), que se vuelve a enamorar al verse en los ojos de Laura y de esa juventud que le devuelve las ganas de tener sexo, proyectar un futuro y escribir una nueva novela.

    Subiela se encarga rápidamente de crear los climas para el erotismo explotando la belleza de Ricci y su fotogenia pero le agrega a ese personaje una cuota de locura interior que la vuelve tan estereotípica como los otros personajes que la circundan y el relato asume un lugar incómodo al querer volcar una serie de elementos para abordar algunos tópicos subielanos como el tiempo, la muerte, el recuerdo, el olvido y el amor.

    Que Ricci o mejor dicho su personaje viva frente al cuartel militar y despotrique cada vez que escucha la marcha y las fanfarrias siendo hija de un militar que la quiere hacer pasar por loca es demasiado esquemático y obvio para dar pie a la subtrama que recupera la idea de que la persona que amas puede desaparecer.

    Utilizar una voz en off declamativa en un escritor que ha encontrado su musa en una ex alumna después de 10 años o que se ve acosado por personajes que llaman a su puerta durante su silencio frente a la hoja en blanco de la computadora también es demasiado para soportar.

    En el film aparece una idea mal desarrollada que tiene que ver con la continuidad y el intervalo o las grietas que se encuentran entre los espacios pensando al cine como esa ilusión de movimiento. Con el film de Eliseo Subiela pasaría algo similar: en la continuidad de su trayectoria cinematográfica quedan esos infinitos intervalos donde se depositaban miradas interesantes que lamentablemente desde hace un largo tiempo hasta ahora se han materializado en la ilusión de ver un buen cine argentino.
    Seguir leyendo...
  • La fuerza del amor
    Una bayoneta y una flor

    La gestora de este proyecto que involucró al director y productor Luc Besson para reconstruir en esta biopic la épica y conmovedora historia de vida de Aung San Suu Kyi, es la actriz Michelle Yeoh (El tigre y el dragón).

    Suu Kyi es una activista y política birmana, quien tras muchos años de arresto domiciliario y penurias de todo tipo, que intentaron quebrar su espíritu, consiguió ser liberada por el régimen militar de Birmania en 2010. Para esa fecha importante, Besson y equipo seguían rodando en Tailandia (en Birmania es muy difícil conseguir permisos) principalmente con el objeto de que el film fuera un vehículo para lograr la liberación de esta parlamentaria, quien en 1991 fue condecorada con el premio Nobel de la Paz y no pudo recibirlo en persona dado que para ese entonces estaba detenida por la dictadura militar, que tampoco reconoció su abrumadora victoria por 82% de los votos en elecciones que se celebraron a partir de la presión internacional.

    Como biopic, La fuerza del amor repasa cronológicamente los hitos en la larga lucha política y social de Aung San Suu Kyi, quien a los dos años se quedó sin padre debido a que fue asesinado por el régimen militar por su lucha a favor de la democracia, la defensa de los derechos humanos y la independencia en los años 40.

    Legado paterno y materno también, ya que su madre trabajó como enfermera voluntaria asistiendo heridos producto de la cruel y sangrienta represión, la protagonista de este relato pudo terminar sus estudios de Filosofía y Letras; se casó con un profesor (David Thewlis, quien hace un doble papel porque también interpreta a su hermano gemelo), con quien tuvo dos hijos y al que tuvo que dejar –incluida su familia- por aceptar la defensa de la causa en Birmania y la insistente negativa de una visa para que pudieran visitarla con más frecuencia.

    Luc Besson, fiel a su línea de heroínas históricas como ya lo demostrara con Juana de Arco, impregna la trama de dramatismo y busca el equilibrio entre las vicisitudes políticas y el triste renunciamiento a la vida social y familiar de Aung San Suu Kyi, mostrándola siempre en su carácter de líder carismática y pacifista pero también poseedora de una voluntad inquebrantable.

    Sin embargo, no se puede alejar ni un segundo del esquematismo, de los lugares más comunes que se puedan imaginar pero las papas las salva la soberbia actuación de Michelle Yeoh –cuyo parecido con la real Suu Kyi es asombroso- quien además de estudiar cada gesto se preocupó por aprender el dialecto Birmano para hacer de su creación personal lo más verosímil posible, tratándose de una ficción. Lejos de sus anteriores actuaciones sin lugar a dudas esta es la mejor de su carrera internacional, al menos.
    Seguir leyendo...
  • Atraco!
    Atraco!
    CineFreaks
    No todo lo que brilla es oro

    Hay dos problemas que arrastra Atraco, coproducción argentina-española, dirigida por Eduard Cortés, también responsable del guión junto a Marcelo Figueras y Piti Español: no acierta en el tono al quedar en una nebulosa entre el policial negro y la estereotípica comedia de pareja dispareja y en la excesiva duración para un relato que tranquilamente puede resolverse en 90 minutos.

    Las actuaciones en este caso tanto de Guillermo Francella en una cabal demostración de su enorme ductilidad para cambios de registro y de Nicolás Cabré en los roles principales no son en sí mismas responsables de una falta de criterio por parte del director para decidir el rumbo de una trama, que parte de una premisa un tanto absurda y que comete el error de avanzar progresiva y cronológicamente. Francella resulta excelente para el aspecto policial y Cabré funcional a una idea más liviana y con paso de comedia, gracias a la enorme generosidad del primer actor. En un orden menos descollante, pero no por ello poco significativo, se destaca Daniel Fanego como Landa, secretario de Perón y Amaia Salamanca, suerte de interés amoroso y femme fatale.

    Con una reconstrucción de época aceptable -aunque hay ciertos errores por falta de rigurosidad- la historia se remonta al año 1955 con el general Perón en el exilio; Franco en el poder de España y un insólito operativo para financiar la estadía del ex presidente argentino en Madrid: empeñar las joyas de Eva Duarte de Perón para recaudar dinero sin que el general se entere. Sin embargo, al aparecer en escena doña Carmen, esposa del generalísimo y amante de las joyas, lo que en un principio parecía funcionar debe sufrir una serie de modificaciones que llevarán a la organización de un falso robo de las joyas para evitar que doña Carmen se apropie de ellas. Los encargados de tal misión serán un viejo guarda espaldas, soldado de Perón, interpretado por Guillermo Francella, a quien acompañará un inexperto actor vocacional que azarosamente se cruzará en su camino, encarnado por Nicolás Cabré.

    Atraco hubiese sido un más que interesante ejercicio de estilo Noir dado que cuenta con todos los ingredientes del género, pero malogra esta posibilidad a partir de la integración de una serie de subtramas que desvían la atención del policial hacia otros carriles que en vez de sumar, restan y eso a la larga se siente en carne propia.
    Seguir leyendo...
  • Todo queda en familia
    La aventura del adulterio

    El matrimonio es como un país que tiene las fronteras cerradas en el que las partes involucradas, ya sea desde la imaginación o desde la acción, se someten a la aventura del adulterio para romper con ese encierro y para descubrir -fronteras hacia afuera- nuevas geografías. Esa aventura que viene acompañada del engaño afecta sin lugar a dudas a aquel que ha depositado la confianza en un amor incondicional, pero que con el paso del tiempo recibe la peor lección que reza que nada es para siempre.

    Cruces amorosos, infidelidades, traiciones y matrimonios infelices son los ingredientes de este film de origen croata, Todo queda en familia, ganador del Globo de Cristal al Mejor director y el European Screen Label al Mejor film europeo del último festival de Karlovy Vary. La estructura coral planteada por los guionistas Rajko Grlic y Ante Tomic, el primero también director, se sumerge en el derrotero de dos parejas burguesas, cuyos hermanos, Nikola (Miki Manojlovic) y Braco (Bojan Navojec) acaban de enterrar a su padre, cuya reputación de mujeriego lo ha acompañado hasta la tumba. Ambos mantienen una relación atravesada por rivalidades, secretos y rencores mutuos.

    Igual que su padre, intentan mantener siempre viva la llama del erotismo por lo que la infidelidad es moneda corriente para su ritmo de vida. Sin embargo, quien vive una doble vida es Nikola, de un pasar económico bastante holgado, que utiliza la complicidad de su hermano, distanciado de su esposa Marta (Ksenija Marinkovi?), en un pasado novia de Nikola. La mayor víctima es Ana María (Daria Lorenci), esposa del protagonista, quien recurre a la fecundación asistida para salvar un matrimonio que se derrumba por la falta de libido de su esposo, atribuida a su incipiente cáncer de próstata, al tiempo que busca no quedarse sola cuando Nikola se muera. Quien juega el rol de segunda, aquella amante postergada que debe contentarse con las migajas en la relación, es Latica (Nataša Dor?i?), profundamente enamorada de Nikola y a la espera de que éste abandone a su esposa definitivamente luego de 5 años de continuos altibajos con su amante.

    Así las cosas y con un tono lacónico en el que apuntes humorísticos acompañan un relato que bordea con el melodrama, en una ciudad tan impersonal como Zagreb, Todo queda en familia avanza a paso lento por las relaciones de pareja que se resquebrajan con el transcurrir del tiempo y reflexiona desde cierta distancia y colmada de melancolía sobre la infidelidad, la imaginación en las aventuras del adulterio, pero muestra de manera descarnada una de las formas más crueles del engaño: la traición al ser amado.
    Seguir leyendo...
  • El dictador
    El dictador
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -Sacha Baron Cohen se encuentra a medio camino de la transgresión desde su costado provocativo pero reflexivo, equilibrado con su otro costado provocativo gratuito y carente de contenido. Tanto Anna Faris, Ben Kingsley como John C Reilly en sus respectivos papeles secundarios, ella como interés amoroso; Kingsley como el conspirador y Reilly en el mismo nivel, cumplen pero no se destacan frente a la omnipresencia de Baron Cohen y su batería habitual de chistes fáciles, sexistas, racistas, desagradables, que le dieran un importante lugar en la televisión norteamericana.
    Seguir leyendo...
  • Los tres chiflados
    Anexo de crítica: -Una muestra de que a veces vale la pena reciclar o reflotar viejas ideas son la clave de este sentido homenaje al trío cómico que supo hacer de la infancia de muchos de nosotros algo más que agradable. Si bien el humor blanco ya está pasado de moda y hoy resulta ingenuo, esta película lo honra gracias a la dirección de los hermanos Farelly y la excelente performance de sus intérpretes.
    Seguir leyendo...
  • Donde habita el diablo
    Más que susto, aburrimiento

    La desgastada fórmula del falso documental necesita con urgencia sangre de cualquier tipo y factor porque si no se seguirán reproduciendo proyectos mediocres como Donde habita el diablo. Ya no basta con el aparente realismo que logra el registro de cámara en mano para transmitir la sensación de verosimilitud y ocultar todos aquellos trucos que permiten desatar escenas plagadas de ruidos, movimientos de objetos y la aparición de espectros cuando detrás no hay una historia atractiva.

    El proyecto Blair partía de esa premisa, la utilización del mito y la leyenda en un contexto tenebroso para generar empatía con un público habituado a otro cine de terror, pero luego de su éxito en taquilla y de sus innumerables imitaciones todo indicaba que la repetición terminaría por agotar la sorpresa con la franquicia Actividad paranormal.

    De casa poseída con fantasma vengativo va la cosa en esta propuesta del director debutante Carles Torrens, producida por Rodrigo Cortés, quien dirigiera Enterrado (film con muchos más méritos que éste). Allí llega un grupo de cazafantasmas, encabezado por el Dr. Helzer (Michael O''Keefe), el técnico Paul Ortega (Rick Gonzalez) y la asistente Ellen Keegan (Fiona Glascott) para dilucidar si efectivamente ocurren fenómenos paranormales en un departamento en el que vive un padre (Kai Lennox), con sus dos hijos: la adolescente díscola (Gia Mantegna), y el pequeño (Damian Roman).

    Debe reconocerse que a diferencia de otras películas donde el retardo entre la normalidad o lo cotidiano y la irrupción de lo anormal tiende a prolongarse demasiado, en este particular caso llega bastante rápido a partir de un puñado de situaciones que desencadenarán una serie de sucesos vinculados al pasado de la familia y transformarán la apacible calma en un campo de batalla.

    No obstante, nada de lo que propone desde su puesta en escena esta ópera prima de origen español provoca miedo o genera algún sobresalto para destacar sino que por la torpeza de su director a la hora de planificar las coreografías y un muy poco creíble elenco genera todo lo contrario: la risa, el bostezo y la pregunta incómoda ¿para qué?
    Seguir leyendo...
  • El chico de la bicicleta
    Anexo de crítica: -Habitual ya para una película gestada desde la lúcida mente de los hermanos belgas Dardenne, el protagonista no es otro que un niño en búsqueda de referentes parentales inexistentes y a la deriva en un mundo hostil, donde la idea redentora de segundas oportunidades -que tanto le gustan a Hollywood- se desechan de antemano así como el sentimentalismo y la edulcorada mirada sobre los personajes y sus conflictos. La contundente mirada, despojada del juicio de sus personajes con el ojo puesto en sus avatares y motivaciones, es lo que hace de esta obra maestra un film imprescindible por nutrirse de temáticas como el abandono, el aprendizaje, el desafecto y la lucha silenciosa por sobrevivir en un mundo vacío.
    Seguir leyendo...
  • 3. ¿Cómo recuperar a tu propia familia?
    Anexo de crítica: -Un relato tripartito con ciertos altibajos narrativos que gira en torno a la descomposición familiar y a la ruptura de lazos cuando el peso de la inercia y el paso del tiempo opera en cada personaje de maneras diferentes: el precoz debut sexual de una hija adolescente rebelde; la necesidad de sentirse útil y activo para un odontólogo sedentario y la reflexión sobre el inevitable camino hacia la vejez y la muerte en una madre ausente, que busca una segunda oportunidad en el amor. Ingredientes sustanciosos que vuelven más amarga por su flaqueza en la profundidad una comedia agridulce como se define desde la propuesta pero que no se termina de decidir en su tono y desacierta en su estructura narrativa.
    Seguir leyendo...
  • Malón
    Malón
    CineFreaks
    Cine militante

    Sosa trabaja en un bar; viaja en tren; entrena como boxeador amateur y en sus ratos de ocio intenta tocar la melodía de Desde el alma con su acordeón cuando no tararea algún estribillo pegadizo o silba la Marcha de San Lorenzo. Pero en realidad, Sosa no se anima a dar un paso más en la relación con Nancy, su vecina, madre soltera que vive en la misma pensión, a quien le lleva comida del bar para ayudarla con Cami, su hija de pocos meses. Así transcurre la monótona y gris rutina de Sosa, de unos 40 años, quien escucha con atención las interminables tertulias de nostálgicos peronistas que buscan recuperar la mística de épocas del General y ensalzan el valor de la militancia, de la pertenencia al movimiento nacional y popular tratando de convencer al escéptico Panero, un taciturno parroquiano que de vez en cuando le da consejos de box a Sosa.

    Vicio del cine argentino de otrora si los hay, las charlas de café donde se arreglaba el mundo aparecen demasiado en primer plano en Malón, ópera prima de Fabián Fattore, cuyo mensaje o sentido final entre líneas no es otro que un eslogan partidario que puede sintetizarse de la siguiente manera: joven argentino, si tu vida no tiene rumbo y estás apesadumbrado por ello hazte militante peronista y así encontrarás un sentido a tu existencia.

    Claro que se podrá decir ante esta acotación personal que la película entrecruza otras líneas narrativas como por ejemplo la insistente aparición de un cuadro llamado La vuelta del Malón, de Ángel Della Valle, pintura que el protagonista observa en una postal y abre una búsqueda individual paralel al relato; o también la imposibilidad de acercarse a Nancy en un coqueteo que no se termina de definir nunca como esa melodía esquiva que no termina por ejecutar con solvencia en el acordeón.

    Sin embargo, el desequilibrio entre estas subtramas y las historias del bar, que pasan por el anecdotario del peronismo básico, incluido Ezeiza claro está, prevalecen en los 75 minutos de un film que por su digresión acumula tiempos muertos de forma innecesaria y apela a metáforas obvias para construir un discurso poco atractivo desde lo cinematográfico y muy subrayado desde sus intenciones extracinematográficas.
    Seguir leyendo...
  • El sorprendente Hombre Araña
    Nuevas redes

    Detrás de todo comic descansa una mitología, eso que en definitiva traza la mística de una historia con ribetes fantásticos o fantasiosos, seguida por millones a lo largo de los años que se comercializa hasta decir basta desde que el cine se pensó también como un excelente entretenimiento para las masas.

    Pero así como el negocio de las secuelas creó el negocio de las precuelas, Hollywood se valió de otro, originado en la idea de remake, y que tiene que ver -más allá de sus fines mercantilistas- con coquetear entre los límites de lo permitido y lo no permitido en relación a volver sobre una historia o personaje, sin traicionar su esencia. La figura del héroe entonces o -en el caso que nos compete- del superhéroe atraviesa el mismo rumbo que el mito al punto de que la importancia sobre el origen es fundamental para dar sustancia al resto de la historia. Conocer los pormenores que llevaron a que un ser común, de carne y hueso, un paria, se transforme de repente en alguien no común y con superpoderes representa para todo fanático lo mismo que para un religioso tener acceso a la Biblia.

    Por eso, El sorprendente hombre araña parte de esta premisa como elemento distintivo de su antecesora, dirigida por Sam Raimi, quien se hiciese cargo del operativo de refrotar al cine a la creación de Stan Lee para que ahora luego de tres aventuras tomen la posta desde el lado de la dirección Marc Webb (500 días con ella) y desde el protagonismo Andrew Garfield (Tobey Maguire, gracias por los servicios prestados) con un planteo distinto y un mayor desarrollo de los conflictos humanos, tanto desde el pasado de Peter Parker –con un misterio sobre la desaparición de sus padres, no resuelto aquí- como en lo que a su destino solitario de héroe se refiere y a la búsqueda de la identidad.

    Ahora bien, la pregunta del millón: ¿era necesario? Creo que la respuesta vendrá con la secuela, dado que con esta entrega a la que Garfield le aporta un costado canchero y adolescente, bastante simpático, no le falta nada para cumplir tibiamente con las expectativas y sobre todo con aquellos fans que buscarán con lupa similitudes y diferencias. Las hay desde el guión básicamente, escrito por James Vanderbilt, Alvin Sargent y Steve Kloves, respecto a la construcción de los personajes. Se debe destacar el prolijo y progresivo proceso de metamorfosis donde además se subrayan ciertos rasgos emparentados con el arácnido que se van incorporando a los hábitos del muchacho adolescente y a la explosión sensible de todos sus sentidos detonada por la picadura de la araña en los laboratorios Oscorp. Emma Stone, interés amoroso de más peso en esta oportunidad, genera mayor química que la pareja anterior. Sin embargo, el antagonista (Rhys Ifans) no está a la altura del villano a pesar de su interesante historia y su motivación que lo lleva a convertirse en el monstruoso lagarto que mantiene en vilo a la ciudad de Nueva York.

    No obstante, gran parte de las escenas de acción a las que el 3D suma realmente poco suceden en las periferias con un destacable manejo del espacio y la puesta en escena, como por ejemplo a bordo de un subte en el que se aprecia la destreza de Parker devenido vengador -con la policía pisándole los talones- y luego sí en el salvador de la comunidad de Nueva York.

    El equilibrio entre acción y emoción está logrado así como la introducción de nuevas redes que seguramente atraparán al público en esta saga que parece haberse propuesto tomar aire e impulso, contagiarse de la mística más que de la estética cómic para tejer un nuevo hombre araña al que ya incluso no le ha quedado canción.
    Seguir leyendo...
  • El gran río
    El gran río
    CineFreaks
    Ya vi, ya sufrí, ya crucé

    La cara invisible del fenómeno de la globalización oculta, en realidad, la tragedia de millones de excluidos que buscan lejos de su tierra un futuro diferente. Aquellos que van a contracorriente del destino por lo general vienen acompañados de historias de vida tan ricas e intensas que podrían condensarse en minúsculas pero a la vez enormes epopeyas, donde la voluntad de la supervivencia vence el en último minuto a la impotencia.

    Muchas de esas anécdotas naufragan sin rumbo por las agitadas mareas del olvido pero aquellas que llegan a buen puerto, las que consiguen quedar a flote, anclan en lo más profundo del corazón sin importar de dónde provengan porque todas atraviesan el mismo gran río: ese que separa a lo posible de lo imposible y que es atravesado a diario por aventureros como David Bangoura.

    David Bangoura (Black doh es su nombre artístico) partió de muy joven de su natal Guinea con rumbo a Europa, a bordo de la parte más peligrosa de un buque mercante entre la hélice del barco y la fatalidad del agua. Fue deportado en cuatro oportunidades en las que recorrió el mundo siempre en su carácter de polizonte, obstinado por querer vivir mejor, pero la quinta fue la vencida cuando por azar quedó varado en el puerto de San Lorenzo, en Rosario.

    Allí, se afincó para descubrir un país donde tras mucho trajinar consiguió convertirse en refugiado como otros de sus pares. Aprendió a hablar castellano, mientras nunca abandonó su meta artística: grabar un disco de rap y hacérselo llegar a su familia de Guinea, quienes por más de tres años no tuvieron noticia alguna acerca de la suerte de David tras embarcarse en un buque Vietnamita que terminó en el puerto de San Lorenzo con varios inmigrantes africanos en su panza metálica.

    Pero como todo buen trovador, David narra su historia en las canciones rapeadas que escribe y el repiqueteo de su mensaje es universal, se entiende sin necesidad de comprender lo que dice y se sintetiza en la contundente estrofa: ya vi, ya sufrí, ya crucé.

    El realizador Rubén Plataneo vio en David la radiografía descarnada de la realidad de los excluidos del mundo globalizado, que además sufren la discriminación por ser africanos para cruzar las fronteras de los prejuicios y navegar por aguas profundas en busca de un horizonte más esperanzador y entonces a través de su película comenzó a pensar en el camino inverso: el de la búsqueda de la identidad de David que se quedó allá en Guinea junto a su madre y hermanos; junto a sus amigos -también músicos como él- que se valen del hip hop para abrir las mentes de aquellos que los rodean y quizá alentar a que otros repitan la odisea de David como de tantos refugiados en distintos lugares del mundo.

    El gran río, título que alude desde la poética a la distancia pero también a la unión de las historias es un documental guiado por la intuición más que por la certeza y desde allí se puede entender con más profundidad que las historias están en el aire y solamente hay que acercarse a ellas sin planes preconcebidos para que se nutran de elementos, matices y texturas distintas; para que un personaje mute a persona en un segundo y para que un relato de vida se transforme en una película de búsqueda y de encuentro cuando su origen era precisamente la pérdida y el desencuentro.
    Seguir leyendo...
  • Cómplices
    Cómplices
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -Ágil desde la estructura narrativa para abrir varias aristas a una trama sencilla de policial clásico, el film aborda y transita por distintas direcciones para sumergirse de manera tangencial en el submundo de la pedofilia; la doble moral burguesa y los ímpetus de la juventud cuando ambición y amor van de la mano. Cómplices (2009) es un interesante producto de género y un buen retrato psicológico sobre la condición humana, sus perversiones, debilidades, deseos y angustias.
    Seguir leyendo...
  • A Roma con amor
    A Roma con amor
    CineFreaks
    Un neoyorquino en su salsa

    La diferencia entre un gag efectivo y uno elaborado reside básicamente en el efecto sorpresa que genera en el espectador cuando todas las condiciones para que pase lo inesperado están servidas en bandeja. Pero justamente ese riesgo de predisponer al público a la risa, sin apelar al golpe de efecto, conlleva la sensación de que no siempre se llegará a buen puerto.

    Woody Allen lo sabe desde hace décadas y es por eso que opta siempre por la auto referencialidad para no dejar ningún cabo suelto ni tampoco mostrarse indiferente frente a esa cantidad de gente que lo sigue cada vez que estrena alguna nueva película, y más en esta etapa europea, por llamarla de alguna manera. Frente a la mediocridad reinante en el campo de la comedia en general, cooptada por lo que se denomina nueva comedia norteamericana, que ya demuestra signos de desgaste y falta de ideas, la nueva propuesta del director neoyorquino A Roma con amor es un bálsamo y un retorno de Woody Allen a su sarcasmo y humor inteligente, para no dejar títere con cabeza en una película decididamente anárquica, cáustica, mordaz, a la vez que graciosa e ingeniosa.

    Un elenco afiatado, en el que destaca Alec Baldwin, quien ya demostró su veta cómica en la serie televisiva 30 rock; Roberto Beningni, mucho más contenido que lo habitual en sus otras películas y la sensual Penélope Cruz -híbrido entre Sofía Loren y las tetonas de Fellini- aportan el registro justo para que la trama, en donde confluyen cuatro historias simultáneas, se nutra de una comedia de enredos amalgamada con cinefilia rabiosa que pone especial atención en las comedias a la italiana, quizás a modo de homenaje al cine de aquella época y a la ciudad que da nombre al título del film.

    El absurdo como basamento para desarrollar el discurso crítico de, por un lado, la frivolidad de las celebridades y por otro la decadencia del propio público que alimenta esa falsedad mayúscula -que se encierra en sí misma cuando se apaga una cámara- es una clara afrenta a la cultura Youtube, que consagra gente común al estrellato en tres segundos y así los destruye a la misma velocidad. Pero completamente consciente de los tiempos que corren; de las relaciones vía mensaje de texto y de los rumbos trazados por GPS tan de moda en el imaginario cinematográfico, Woody Allen sube la apuesta para contar sus historias desopilantes sin el recurso de celulares (de hecho un personaje pierde el suyo en plena Roma en una alcantarilla) y despliega una galería de personajes bien construidos que buscan un rumbo y propósito para sus vidas, sin ayudas de GPS espirituales o geográficos. De ahí el ligero pero contundente revés a todos aquellos turistas que deambulan en contingentes sin saber demasiado qué hacer; de ahí la severa sorna al psicoanálisis (el GPS espiritual con más prensa de las últimas décadas) y como no podría ser de otra forma para un enamorado, neurótico y empedernido -como el autor de Zelig- la arrolladora carga sobre el amor idílico y sus lugares comunes.

    Entonces qué decir de los intelectuales: tampoco en esta ocasión salen indemnes porque el mismísimo Woody encarna a un snob amante de la ópera y productor musical en etapa de retiro, quien junto a su esposa psicoanalista llegan a Roma para que su hija les presente a su novio, abogado de pobres y ausentes que esgrime un discurso antiburgués pasado de moda. El otro pilar de la intelectualidad dinamitado por esta película lo encarna el personaje interpretado por Elle Page (algo así como una Juno pero más histérica) que cita de manera constante e irritante frases de escritores ante un incauto Jesse Eisenberg (actor alleniano si los hay) que se dedica a la arquitectura.

    Sin anticipar demasiado las historias es necesario y justo decir que no hay un balance entre los relatos protagonizados en su mayoría por actores italianos y aquellos concentrados en los estadounidenses, aunque ninguno de los cuatro carece de atractivo y humor a la hora del enredo con un meticuloso texto como soporte en el que aflora la aguda y filosa verborragia del responsable de Bananas.

    A Roma con amor era la película que muchos estábamos esperando tras la reblandecida -pero no por ello menos interesante- Medianoche en París, que confirma un lugar en el podio de los gloriosos escritores de comedia a un director que siempre habla de lo mismo pero se las ingenia para reinventarse y jugarse todo por el cine que le gusta hacer.
    Seguir leyendo...
  • Un amor imposible
    Anexo de crítica: -Lasse Hallström sabe manejar los códigos del melodrama pero a la hora de fusionar este género con el de la comedia romántica, su película pierde peso más que por el reparto, integrado por buenos actores como Ewan McGregor y Emily Blunt, por la falta de criterio para contar una historia que utiliza el recurso del viaje transformador a partir de la empresa alocada de un multimillonario jeque árabe filántropo que quiere introducir la pesca del salmón en Yemen para pacificar al pueblo y dejar un mensaje de esperanza que va contra la corriente, igual que el salmón en este fallido proyecto del director de Siempre a tu lado.
    Seguir leyendo...
  • Sombras tenebrosas
    Anexo de crítica: -El tándem Tim Burton - Johnny Depp vuelve a las andadas para rendir homenaje a la serie televisiva de los años 60 protagonizada por un vampiro rodeado de brujas y lobizones llamada Dark Shadows de la que Depp se confesó fan desde su temprana infancia. Burtoniana a medias, con una mezcla de neogótico y humor que apela al contraste de la cultura pop con el siglo XVIII aunque con pocas ideas, no estamos en presencia de lo mejor que haya entregado el director de El Joven Manos de Tijera a pesar de contar con la sensualidad y fotogenia de Eva Green que es una película aparte.
    Seguir leyendo...
  • Un suceso felíz
    Paternidad en problemas

    La paternidad en los jóvenes, las situaciones comunes del pre y post embarazo y lo que queda luego de convertirse en padres forman parte del universo temático de Un suceso feliz, film del realizador francés Rémi Bezançon, coescrito con Vanessa Portal, que adapta la novela de Eliette Abeccassis del mismo nombre.

    A fuerza de pequeños apuntes que transitan por los lugares comunes de todo derrotero de madres y padres primerizos –aunque la novela refleja la experiencia de una mujer- las inseguridades y peleas de pareja tras las postergaciones de los planes con la llegada de un hijo que lo cambia todo coronan el relato que intenta despojarse de solemnidad y de dramatismo con algunas pastillas de humor, a pesar de concentrarse en los conflictos internos de la pareja desde el punto de vista del hombre y de la mujer en partes proporcionales, con buenas dosis de ternura y reflexiones acerca de la búsqueda de la felicidad, la maternidad, la vida y el amor en particular.

    Rémi Bezançon se pregunta a través de Barbara Dray (Louise Bourgoin), quien se enamora de Nicolas Malle (Pio Marmai), un empleado del video club que intenta ganarse su corazón ofreciendo películas de diversa calidad, dónde empieza el amor para retrotraerse a los momentos felices e idílicos de ambos, pero de inmediato la trama avanza hacia el terreno difuso del final del amor cuando la convivencia ya no se tolera.

    Esa transformación, a veces traumática, otras dolorosa y por momentos aliviadora, marca el ritmo de la película que además cuenta con la participación de la actriz Josiane Balasko (Bagdag café) en el rol de madre de la protagonista, quien aporta su habitual frescura y temperamento a la pantalla.

    Un suceso feliz intenta no caer en la historia rutinaria y estándar, aunque la favorece la identificación primaria con un público joven que se verá reflejado en más de una situación o aquellas parejas que transitan por el camino y la incertidumbre de dar el primer paso y traer un niño al mundo.
    Seguir leyendo...
  • Fuera de juego
    Fuera de juego
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -A pesar de la aceptable actuación de Diego Peretti y los tres minutos y medio de Ricardo Darín, las enormes falencias de un guión sin ideas malogran todo tipo de salvataje para esta comedia que gira en torno al mundillo del futbol y de los negocios oscuros de los representantes pero que llamativamente no muestra escenas de partidos ni de habilidosos jugadores para caer en fórmulas y estereotipos por no citar algunos cameos vergonzosos de Martin Palermo e Iker Casillas.
    Seguir leyendo...
  • La traición
    La traición
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -En lo único que acierta y arriesga Steven Soderbergh es en haber apostado a la atleta Gina Carano para darle la responsabilidad de un protagónico en donde pueda demostrar su destreza física y el dominio de las artes marciales combinadas. Todo el resto es pura espuma: un elenco de lujo que hace el ridículo; una premisa básica que pretende complejizarse inútilmente y una banda de sonido insufrible que a veces golpea más fuerte que la propia Carano.
    Seguir leyendo...
  • Prometeo
    Prometeo
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -Tanto prometía Prometeo que finalmente defrauda a pesar de los estériles intentos del director Ridley Scott por querer despejar todo contacto con el mundo Alien y su mística cuando estamos frente a una nave parecida al Nostromo; Alien parido por un humano y el terror claustrofóbico que el 3D a veces logra realzar y otras apaciguar. El problema de Prometeo es su desmedida ambición de querer alcanzar a 2001, Odisea del espacio y de dejar en manos de uno de los guionistas más aplaudidos y repudiados por Lost un relato de pretensiones metafísicas que parte de tantos interrogantes como de ideas que no llegan siquiera a esbozar una respuesta coherente e inteligente. Superando este escollo, el mérito de Scott recae en el apartado visual y en entregar un relato que no pierde ritmo, tensiona, fluye -en el buen sentido- pero que se cae a pedazos a la hora de resoluciones facilistas e incluso desafía la paciencia de los fanáticos de la saga del monstruo espacial.
    Seguir leyendo...
  • El secreto de Albert Nobbs
    Anexo de crítica: -Fiel a su conocimiento del mundo femenino ya demostrado en películas anteriores donde se destaca la capacidad de dirigir actrices de fuste y una avidez por el melódrama de lágrima fácil, el director Rodrigo García se une a este proyecto muy personal de la ecléctica Glenn Close para concebir un personaje trágico que se debate entre las imposiciones sociales de una sociedad machista y el deseo por lo que verdaderamente la completa como persona en un mundo donde las máscaras y las imposturas se aplauden y la autenticidad aburre y se repudia.
    Seguir leyendo...
  • Mi semana con Marilyn
    Anexo de crítica: -Nunca más desaprovechada la figura del mito de Marilyn Monroe en una película que carece de pasión y emoción básicamente por la carencia de osadía de su director, más preocupado por la belleza de un plano que de la intensidad dramática. No obstante, Michelle Wiliams sale airosa e indemne en su interpretación pero jamás logra brillar ni imponerle su propia creación a una Marilyn arquetípica que no sorprende.-
    Seguir leyendo...
  • El cuervo
    El cuervo
    CineFreaks
    El monstruo interior

    El cuervo no es una biopic sobre Edgar Allan Poe pero abraza la mística de este eximio poeta y escritor del siglo XIX y se contagia de las atmósferas lúgubres descritas con poesía en cada uno de sus macabros relatos por lo que realza al personaje al confrontarlo con el monstruo de su propia creación: un ávido e inteligente lector y admirador secreto que lo desafía tanto intelectual como corporalmente a que lo atrape recreando asesinatos brutales que copian escenas de sus cuentos.

    Esa yuxtaposición de policial gótico, ambientado en Baltimore en los últimos días del poeta y escritor que a los 18 años abandonó a la familia que lo había adoptado y cuya muerte a la temprana edad de 37 años todavía sigue siendo un misterio, con aspectos relacionados a la biografía de Poe forman parte del andamiaje que el realizador James MC Teigue construye y maneja con solvencia al lograr mantener la atención del espectador y el misterio sobre la identidad del asesino serial que acecha la mente de Poe y de su cazador: el detective Fields.

    Así, referencias directas a obras reconocidas como El pozo y el péndulo, El corazón delator, La muerte de la máscara roja, Los crímenes de la calle Morgue, por citar sólo algunas –hay otras que aquellos espectadores familiarizados con sus cuentos encontrarán seguro- operan como postales espeluznantes y capítulos del derrotero del psicópata en cuestión, quien como todo buen villano y antagonista de fuste sembrará las pistas para aproximarse al rescate de la joven y bella Emily (Alice Eve), futura prometida de Poe, raptada, cuya vida depende de la sagacidad del detective (Luke Evans) y del mismísimo autor de El cuervo en una carrera contra el tiempo.

    La interpretación de John Cusack en la piel de Poe es despojada de lo que podría considerarse una copia fiel de acuerdo a los datos biográficos pero tiene una impronta de héroe romántico y trágico a la vez, así como del tormento que implicaba vivir para el poeta, cuya existencia siempre estuvo signada por la muerte, el deterioro producido por el alcohol y su genio incomprendido para la época.

    Cusack se vale de su habilidad para cambiar de máscara en un segundo pasando de la ternura o la tranquilidad a la ira o violencia que caracterizaban al Edgar Allan Poe que describen las biografías o las anécdotas perdidas en el tiempo. El director de V de venganza construye desde lo imaginario y la ficción con datos biográficos el ocaso de un escritor maldito, que gracias al sueño de la razón produjo tantos monstruos como historias macabras maravillosas.
    Seguir leyendo...
  • Blancanieves y el cazador
    Anexo de crítica: -Ignoto para la mayoría pero audaz en su propuesta que escapa de manera rotunda del cliché y el estándar de la mediocridad Hollywoodense, Rupert Sanders despoja a la historia rosa de Blancanieves para sumirla en lo que podría definirse como un anti cuento de hadas bajo una impronta de oscuridad y espesura dramática, sin perder las riendas de un relato que tiene todos los condimentos para la aventura, la épica y la gran interpretación de la sudafricana Charlize Theron que con su sola presencia y sensualidad perversa encarna a una de las mejores villanas de la historia del cine y deja a Blancanieves reducida a cenizas pese a los loables esfuerzos de la insípida Kristen Stewart.-
    Seguir leyendo...
  • Abrir puertas y ventanas
    Duelo en las sombras

    Abrir puertas y ventanas, debut en el largometraje de la realizadora Milagros Mumenthaler, parece encerrar dos ideas desde su título que se ajustan y sintonizan con el clima íntimo del film: el desahogo por un lado, de ahí la apertura y por otro la búsqueda de secretos o de recuerdos tras el encierro que implica un duelo por la muerte de un ser querido.

    Tres hermanas muy distintas entre sí, con su temperamento, Marina (María Canale), Violeta (Ailín Salas) y Sofía (Martina Juncadella) pasan un tiempo relativamente corto en la casa de su abuela, fallecida recientemente. Todo hace indicar, a partir de los detalles e indicios que se van acumulando en una trama donde los diálogos son precisos y no abundan, que fueron criadas por Alicia, esa abuela que ya no está pero que de alguna manera hace de su ausencia una presencia en cada rincón u objeto disperso en la casa. El otro personaje que entra y sale de la casa pero que provoca movimiento en su interior es el vecino-inquilino Francisco (Julián Tello), con quien interactúan las hermanas en disputa permanente por su atención.

    La sutileza con la que Milagros Mumenthaler, que recibió el Leopardo de Oro en Locarno por esta ópera prima, maneja los tiempos y construye los lazos afectivos, al tiempo que transparenta los conflictos, envidias, celos, dolores, frustraciones y angustias, es la mayor virtud de Abrir puertas y ventanas. Sin embargo, ese logro es plausible gracias a la buena predisposición de las tres actrices, entre quienes debe destacarse por su rol de mayor exposición en lo que hace a emociones María Canale –también ganadora en Locarno- en su personaje de Marina, que es quien parece hacerse cargo de asumir el duelo por sus otras dos hermanas y de intentar reconstruir un espacio al que le sobran historias pasadas, recuerdos dulces y amargos, pero al que le falta vida.

    Hay escenas donde realmente aparecen las emociones genuinas y en las que la realizadora desaparece por completo para la contemplación de sus personajes y silencios, aunque existen varios momentos donde la cámara se adueña del espacio, lo recorre, lo habita, lo suelta como si se tratara de un fantasma que ronda a cada paso o un recuerdo que busca su refugio cuando lo único que queda es el vacío.

    Abrir puertas y ventanas es un film no apto para ansiosos; es un viaje introspectivo por el universo invisible de los lazos fraternales, con el ritmo de aquello que no cambia por más que se intente moverlo de lugar como un sillón o un mueble que ocupa un espacio y deja otro espacio vacío. En ese intersticio de lo no dicho; de lo no visto se estaciona Milagros Mumenthaler con una cámara lúcida y una mirada personal y sensible.
    Seguir leyendo...
  • El exótico hotel Marigold
    Anexo de crítica: -Aunque cada vez sean más escasas las propuestas cinematográficas encaradas para un público o franja etaria de mayores de 60 años como El exótico hotel Marigold -sin duda lo peor de John Madden- no puede dejar de subrayarse los puntos negativos que hacen de esta comedia dramática coral, que convoca a un dream team de experimentados actores y actrices británicos, uno más que promociona la rentable filosofía del libro de autoayuda filmado con una sesgada mirada occidental ante una cultura tan rica como la de la India.-
    Seguir leyendo...
  • Hombres de negro 3
    Los pasados posibles

    A veces resulta que el negocio de las secuelas en Hollywood trae gratas sorpresas como Hombres de Negro 3. Esto se debe básicamente a dos factores: la mediocre segunda parte de esta versión del comic de Lowell Cunningham, estrenada hace 10 años, era fácilmente superable por una tercera parte futura con tan sólo ajustar el guión más que la dirección correcta de Barry Sonnenfeld y en segundo lugar que transcurrida esa década de ausencia cierta nostalgia por volver a ver a la dupla encarnada por Will Smith y Tommy Lee Jones, léase J y K respectivamente, hacía más que rentable el proyecto del regreso, valiéndose -claro está- de la vedette del 3d para agrandar el menú.

    Sin preámbulos, lo que realmente funciona en esta nueva entrega, dirigida otra vez por Barry Sonnenfeld y que cuenta con el guión de Etan Cohen, David Koepp, Jeff Nathanson y Michael Soccio, es la historia que apela al recurso de los viajes temporales para remontarse a los años 70 y dar rienda suelta a la imaginación y a la idea retro para introducir la versión de K joven, interpretado por el gran Josh Brolin, a quien se le sumarán personajes como Andy Warhol (Bill Hader) entre otros, con significativos cameos de Tim Burton o Lady Gaga por citar los más representativos.

    También, la participación de la versátil Emma Thompson, quien interpreta a O, interés amoroso del joven K en el pasado -donde aún no había adoptado ese halo de rectitud, seriedad y parquedad-aporta la frescura necesaria para que el humor inocente fluya.

    Pero si hay algo que realmente edifica el relato es haber consolidado el vínculo entre J y K, tanto en lo que al presente respecta como en el pasado que domina la mayor cantidad del metraje. Esa amalgama de humor, acción y emoción son claves para que Hombres de Negro 3 encuentre un rumbo y no se pierda en digresiones o guiños que muchas veces afectan la armonía.

    La premisa opera de pretexto para justificar el viaje hacia el pasado, pues J (Smith) deberá salvar al joven K (Josh Brolin) de caer en las garras de Boris el animal (Jemaine Clement), un extraterrestre que fagocita planetas y a quien K había capturado y encerrado en una cárcel construida en la luna. Pero al escapar, Boris puede viajar al pasado y alterar el curso de la historia con graves consecuencias para nuestros hombres de negro y mucho más aún para el planeta tierra.

    Así las cosas, la receta bien aplicada rinde sus frutos y esta tercera parte es sin lugar a dudas la mejor de la trilogía, con un Will Smith un tanto más contenido pero siempre gracioso, al que le queda perfecto el rol si es que a su lado continúa el contrapunto con Tommy Lee Jones y el hallazgo del casting: Josh Brolin.
    Seguir leyendo...
  • El puerto
    El puerto
    CineFreaks
    El lustrabotas solidario

    Con su habitual laconismo y humor sutil, aunque con una fuerte mirada crítica el realizador finés Aki Kaurismäki entrega en su film más reciente El Puerto una fábula moral donde una comunidad de proletarios, liderados por el protagonista llamado –paradójicamente- Marcel Marx (André Wilms) se encargan de proteger a un niño refugiado Idrissa (Blondin Miguel) proveniente de Gabón, quien viaja de manera clandestina junto a otros coterráneos escondidos en un container hacia Londres pero la embarcación queda en Normandía y debe permanecer oculto en el barrio para no ser deportado ante las autoridades francesas que lo buscan incansablemente.

    Por su parte, el lustrabotas Marx vive con su esposa, quien debe internarse dada que su irreversible enfermedad necesita de cuidados médicos y sus posibilidades de supervivencia son casi nulas, a pesar de que el protagonista no sabe la gravedad del asunto y ocupa su tiempo en la ayuda de Idrissa, el niño refugiado, cuya madre se encuentra en Londres y lo espera.

    Kaurismäki apela a la sensibilidad del espectador para construir su colectivo social en el retrato costumbrista de sus parias consuetudinarios, a quienes imbuye de emoción. Si bien ese armado de los personajes lindantes con estereotipos aparece desde un enfoque humanista, la ironía arremete con ferocidad al explorar el flagelo de la inmigración ilegal desde el punto de vista de las víctimas y de la solidaridad de clase que va más allá del color de piel.

    Sin embargo, el registro elegido no es el melodrama social sino la sátira hacia ese género y en un segundo plano hacia la tendencia moderna del miserabilismo cinematográfico que explota con fines estéticos temáticas serias y siempre llama a la polémica, tanto en la crítica como en el público.

    El Puerto funciona desde el punto de vista narrativo como un fresco social de absoluta calidez bajo la mirada atenta de un director que asume una posición ideológica que se sostiene a fuerza de estilo y talento con un fuerte compromiso hacia la historia y los personajes. Por eso en su calidad de fábula y en su tono irreal se permite dejar todo tipo de injusticia o maldad en un fuera de campo constante para regalar finales felices como respuesta ante las duras políticas de inmigración y las evidentes ausencias de los Estados en la resolución de conflictos sociales.

    En esa galería variopinta de personajes que se cruzan en el derrotero del noble Marx pueden destacarse el inspector Monet (Jean-Pierre Darrousin), el vecino traidor encarnado por Jean-Pierre Léaud, entre otros, a los que debe sumarse el significativo aporte de una banda sonora que como es tradición en las películas de Aki Kaurismäki introduce tangos argentinos, que en la atmósfera melancólica que atraviesa sus mini universos sociales cada día suenan mejor.
    Seguir leyendo...
  • No te enamores de mí
    Historias de amor esquivo

    El título de la opera prima de Federico Finkielstain, No te enamores de mi, quien fuera asistente de dirección en películas como Gigantes de Valdés o El salto de Cristian y guionista de Palermo Hollywood, puede interpretarse como una advertencia o alarma para este racimo de personajes: la mayoría de ellos disconformes con su vida y con sus respectivas parejas, hombres y mujeres que superan los treinta y pico.

    Parece que enamorarse en el film de Finkielstain es algo poco probable cuando está en juego la seguridad emocional; la seguridad económica y en definitiva ceder ante un proyecto en común.

    Así las cosas, como toda película coral, el derrotero de tres parejas diferentes se entrecruza en situaciones azarosas y cotidianas, signadas por algún conflicto de orden afectivo: la historia de Sergio (Pablo Rago) y Paula (Violeta Urtizberea) es la de un matrimonio infeliz en donde entra a tallar la presencia de un tercero, en este caso la amante de Sergio, Alejandra (Julieta Ortega), quien pretende ocupar el lugar de privilegio y dejar de ser la segunda o el juguete sexual de Sergio que sigue con Paula, estudiante de psicología de 24 años un tanto ingenua que hará sus primeras experiencias como acompañante terapéutica de una adolescente, Luli (Ana Pauls), conflictiva, que removerá los cimientos de su estructurada mentalidad para mostrarle el reflejo deformado de lo que la rodea y no ve: un esposo infiel que no la ama.

    Por otra parte, se encuentra la pareja compuesta por Sofía (Mercedes Oviedo), quien acusa desde su tristeza y angustia el distanciamiento de su novio y futuro esposo Maximiliano (Tomás Fonzi), un arquitecto de una familia acomodada económicamente en donde la voz de mando recae en su madre (Luisina Brando) que prefiere que su hijo forme una familia con una chica como Sofía a pesar de no considerarla el mejor partido. Quien llega casi de sorpresa a inmiscuirse en la relación en un momento de crisis es el hermano de Maxi (Guillermo Pfening), un fotógrafo freelance en quien Sofía verá una oportunidad para salir del asedio y la asfixia de convivir con un novio poco demostrativo de interés.

    Bajo un registro que pretende bucear en la intimidad de cada triángulo y con un buen desarrollo de los conflictos entre los personajes, el debut cinematográfico de Federico Finkielstain acierta en el ritmo en que se desarrollan las diferentes situaciones dramáticas y creíbles, pero quizás no logra escapar de la impronta televisiva y por momentos prolonga demasiado las escenas en las que debe destacarse el buen elenco integrado por exponentes de la nueva generación de actores como Violeta Urtizberea, encargada de los apuntes humorísticos y la versátil Julieta Ortega para entregar un personaje con varias aristas dramáticas y muy intenso en lo emocional.

    Tomas Fonzi ratifica su crecimiento como actor desde un personaje metódico y contenido que se lleva las dos mejores escenas del film: una de violencia sexual y otra donde revela un secreto a su pareja encarnada por la magnética Mercedes Oviedo.

    No te enamores de mi es un film correcto desde lo formal, con un interesante trabajo de fotografía, aunque en las escenas de sexo recaiga en los lugares comunes del cine publicitario y en materia de guión tal vez hubiese necesitado alguna puntada más para no caer en lo anecdótico aunque es justo decir que sus diálogos no parecen forzados ni grandilocuentes.
    Seguir leyendo...
  • Essential Killing
    Anexo de crítica: -El director polaco nos entrega un intenso film de supervivencia e instinto sin concesiones y con una fuerte carga de reflexión política despojada de toda bajada de línea pero siempre concentrado en el retrato agudo de la condición humana, con una mirada humanista pero no por ello esperanzadora que encuentra su mejor exponente en la deslumbrante actuación del norteamericano Vincent Gallo. Un relato que nunca pierde ritmo y cobra intensidad por la carencia del diálogo y la violencia contenida detrás de una lucha desigual entre un hombre y un ejército como parte de la moneda corriente de un mundo hostil, absurdo e injusto.-
    Seguir leyendo...
  • 35 Rhums
    35 Rhums
    CineFreaks
    Vidas y vías

    Resulta más que gratificante el estreno con retraso de esta gran película de la realizadora francesa Claire Denis que se había proyectado en nuestro territorio durante el Bafici 11, donde la directora en persona explicaba el difícil proceso de filmar 35 Rhums (2008), obra coral y de una belleza poco habitual.

    Denis se las ingenia para abordar pequeños trozos de vidas y verdades de una galería de personajes entrañables que comparten en común el hábitat de un condominio en París y su condición de extranjeros ya afincados en Francia. Rasgos del colonialismo que propone esta mirada personal de la realizadora para adentrarse en el micro clima y en el mini universo de una comunidad donde la mayor carga recae en la figura de Lionel (Alex Descas), quien vive con su hija Joséphine (Mati Diop) en uno de los departamentos donde comparten todas las noches cuando Lionel regresa de trabajar y ella de estudiar antropología para después atender una disquería, lugar que para Lionel resulta peligroso.

    El resto del cuadro lo componen Noé (Grégoire Colin), el vecino por quien Joséphine siente atractivo pero que no puede penetrar en el estrecho vínculo afectivo con su padre y Gabrielle (Nicole Dogue) que maneja un taxi y contempla taciturna y en secreto al viudo Lionel, quizás esperanzada de que alguna vez él se fije en ella.

    Sin embargo, como uno de los elementos distintivos de esta deliciosa película lo que aparece en un segundo plano cobra sentido en un primer plano y así ocurre con el personajes de René (Julieth Mars Toussaint), compañero de trabajo de Lionel a punto de jubilarse y reflejar en el protagonista aquella cara del espejo que no quiere ver: su propio tránsito hacia la jubilación; el paso del tiempo que lleva a que los padres deban despojarse de sus hijos para que ellos continúen con la vida cuando la estación del final se acerca y el tren se detenga. Entre esas vías que se cruzan en la existencia también se cruzan las vidas de estos seres de carne y hueso, que dicen muchísimas cosas desde el silencio o la mirada perdida sin necesidad de diálogos altisonantes.

    Basta capturar desde la cámara atenta de la directora de Bella tarea (1999) esos climas íntimos acompañados de buena música, sensualidad, melancolía y sabor a eternidad que se hacen tangibles cuando el poder de su cine emerge con vigor y en perfecta sintonía con la vida. Los 35 tragos del título tal vez se refieran a degustar las pequeñas cosas que nos pasan, convencidos de que pasarán y no se volverán a repetir, igual que aquellos viajes que se hacen sin equipaje y sin rumbo definido.
    Seguir leyendo...
  • El campo
    El campo
    CineFreaks
    Anexo de crítica: -En su paso por la ficción, Hernán Belón (Sofía cumple 100 años y Aluap) toma como punto de partida el sutil resquebrajamiento de una pareja joven que busca recomponer en el afuera para no indagar sobre el adentro donde se tensan aquellos nudos invisibles que vinculan a las personas antes y después de quebrarse; las ligaduras a los sueños ajenos para evitar la soledad o el fracaso al no tener claro lo que se desea.-
    Seguir leyendo...
  • Música campesina
    Anexo de crítica: -Ser extranjero en cualquier lugar del mundo trae aparejadas situaciones indeseables que hacen la estadía de cualquier persona algo poco placentero. Sin embargo, Alejandro Tazo, protagonista de este segundo opus de Alberto Fuguet se lanza a la aventura del amor y le sale mal por lo que regresar a su Chile natal implica admitir el fracaso y quedarse varado en Estados Unidos. Una posibilidad de reencontrarse consigo mismo y paradójicamente con sus deseos de volver a las raíces: tocar la guitarra, tener una buena charla con amigos y todo aquello que lo constituye y que en su calidad de extraño ha perdido en un territorio que le resulta tan lejano y ajeno como la música country de Nashville. El cineasta chileno entrega a fuerza de diálogos exquisitos la otra cara de la moneda de lo que podría denominarse sueño americano en una trama sencilla que abraza por momentos un humor refinado y por otros la alienación de su protagonista.-
    Seguir leyendo...
  • Comando especial
    Infiltrados para el descontrol

    Realmente poco importa que en los ochenta haya existido una serie orientada al público adolescente de la época, que arrancara allá por 1987 para culminar en 1991 con un tendal de capítulos y cinco temporadas detrás llamada 21 Jump street.

    De ese producto televisivo norteamericano, creado por Stephen J. Cannell y Patrick Hasburgh, quedan en el recuerdo de cualquier adolescente que hoy ha pasado los treinta y pico dos elementos distintivos: Johnny Depp en sus momentos de principiante -que actuó 80 episodios- y la cortina musical de apertura con un emblemático tema de Bon Jovi en la versión argentina por lo menos.

    Que el tiempo haya hecho lo suyo y la serie para algunos sea considerada de culto es otro cantar que en este caso no nos atañe. Lo cierto es que los reyes del reciclaje, léase Hollywood, retoman la idea de remake de series con voz propia como ya lo hicieran con otras series iconográficas como Los ángeles de Charlie, Los duques de Hazzard, entre otras, en busca de aquellos nostálgicos irremediables y un público nuevo que gracias a la magia de internet como gran archivo planetario de imágenes tomaron de una u otra forma contacto con la serie.

    Por fortuna los directores Phil Lord y Chris Miller evitaron el recuento de la nostalgia para darle vuelo propio a esta comedia adolescente irreverente, que se burla de los estereotipos y contrapone dos épocas diametralmente opuestas a partir de la confrontación de dos personajes que no han llegado a su etapa de madurez a pesar de recibirse de policías y adultos en la vida real.

    En realidad, en 2005 tanto Doug (Jonah Hill) como Brad (Channing Tatum) en su época de secundaria no la pasaban del todo bien. El primero por no ser popular y el segundo por ser popular pero poco inteligente. Así las cosas, Mister Cerebrito y Mister Músculos tuvieron su segunda oportunidad y se enlistaron en la policía soñando con aquel día glorioso de poder atrapar a algún delincuente más allá de la rutina de recorrer las calles a bordo de su bicicleta.

    Sin embargo, el fracaso en un arresto los condena a un castigo que para la policía no es otra cosa que algo degradante: formar parte del grupo de policías que por no poder adaptarse deben cumplir misiones de poca trascendencia como hacerse pasar por alumnos en una secundaria de estos tiempos y desbaratar los planes de un dealer que instaló una nueva droga sintética en los adolescentes por la que perdió la vida un alumno a causa de una sobredosis.

    Pero toda infiltración tiene sus riesgos por los compromisos afectivos y el grado de involucramiento personal y esta misión no será la excepción para estos singulares policías que vuelven a experimentar el desborde de la adolescencia con gusto a revancha por el sufrimiento del pasado traumático.

    Ese intercambio de roles opera como detonante cómico al que se le irán incorporando situaciones que ponen en riesgo la identidad secreta de los policías al punto de exponerlos de tal forma que los planes fracasen en su conjunto.

    Con un guión firmado por Michael Bacall, Jonah Hill y el aporte de Patrick Hasburgh y Stephen J. Cannell (falleció en 2010), Comando especial se ubica cómodamente dentro de las comedias de incorrección política inteligentes con el desparpajo y la lucidez adecuada para superarse a sí misma en cuanto a propuesta y sobre todo partiendo de una premisa tan elemental.

    Si bien el film no es redondo y existe una enorme distancia entre la primera mitad y la última es innegable su efectividad a la hora de poner en Jonah Hill todo el peso de la comedia y en Tatum -que tiene menos expresividad que una guía telefónica- el contrapunto que equilibra el desborde. Tal es la desfachatez de los directores Phil Lord y Chris Miller (responsables de Lluvia de hamburguesas) que reservan un cameo de los principales referentes de la serie, Johnny Depp, Peter DeLuise y Richard Grieco poco habitual y muy gracioso que sorprenderá a más de un espectador.
    Seguir leyendo...
  • 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas
    El exilio de la memoria

    Seiscientos cuadros sobre su pueblo de adolescencia en Francia, pintados a lo largo de varias décadas, son el resultado de un meticuloso y obstinado viaje de la memoria que el pintor Nicolás Rubió lleva a cabo para recuperar aquel pasado de exilio -tras la guerra civil española- que ya no está.

    Quizás la memoria también se exilia, ayudada por el olvido, cuando el irreversible paso del tiempo tiñe todo de una bruma y una nebulosa que quita contorno a las siluetas; destiñe los colores vivos y anquilosa los movimientos para impregnarlos en una imagen fugaz. ¿Se puede filmar la memoria?; ¿Cuál sería el color para el olvido?

    En su ópera prima 75 habitantes, 20 casas y 300 vacas, el director Fernando Domínguez intenta reconstruir gracias a los recuerdos del pintor una parte de su biografía, tal vez la más importante que tuvo como escenario el pueblo de Vielles (cercano a Auvernia, Francia) que sirvió de refugio a la familia del pintor, burgueses a quienes la guerra civil obligó a tomar contacto con la vida rural y una clase social distinta.

    Para Nicolás Rubió esa etapa de su infancia significó el descubrimiento de un nuevo mundo y el vínculo con personas que se llevan sus mejores recuerdos y anécdotas que desde la reconstrucción ficcional de aquella época reproduce incluso el registro de diálogos como si hubiese sido ayer. Sin embargo, aquellos cuadros que con tanto esfuerzo ha pintado y sigue pintando para que la historia no se pierda no pueden devolverle las sensaciones o impresiones de juventud que recrea desde una prosa fluida cuando cumple el rol de narrador desde un voz en off muy bien utilizada durante el transcurso de este documental.

    El trabajo que realiza Fernando Domínguez para encontrar un espacio narrativo y dar curso a este viaje de los recuerdos del pintor consiste en insertar a las vivencias narradas sus propios cuadros en los que los atisbos impresionistas se perciben desde el vamos y más aún como espectadores somos participes del proceso de la pintura y la concreción de un cuadro, que a la distancia no es más que un conjunto de manchas distribuidas sobre una superficie negra y lisa pero que al acercarnos descubre contornos, figuras, paisajes, casitas y vacas, captadas por un ojo desmemoriado pero audaz.

    La obsesión de Nicolás Rubió por atrapar el recuerdo de una casa con la distribución exacta de las ventanas no es más que el pretexto de la lucha desigual contra el olvido y la distancia de un exilio, tanto geográfico desde la distante Argentina como íntimo y personal desde la memoria que huye agazapada como el gato negro que aparece en algún momento del film observando a quien observa.
    Seguir leyendo...
  • La separación
    La separación
    CineFreaks
    Cuando la mentira es la verdad

    En La separación, quinto opus del realizador iraní Asghar Farhadi, premiado en la Berlinale con el Oso de oro y recientemente ganadora del Oscar a mejor película extranjera, las víctimas son la verdad y los niños por los actos mezquinos de los adultos.

    La diferencia entre ética y moral también se pone en juego a partir de situaciones cotidianas que llevan a cada personaje a tomar decisiones que afectan su entorno pero de las que se responsabilizan muy poco. Y hablar de moral en una sociedad tan retrógrada como la iraní es reflejar el peso de la tradición y la religión por encima de todas las cosas. Elementos que son incuestionables y que con inteligencia Farhadi a fuerza de un guión sólido expone sin ningún tapujo.

    El detonante es un pedido de divorcio solicitado por la esposa Simin (Leila Hatami, ganadora del Oso de plata) a su marido Nader (Peyman Moadi, ganador del Oso de plata) tras el rechazo de acompañarla en su proyecto de dejar el país junto a su hija preadolescente Termeh (Sarina Farhadi). El argumento del hombre es que no puede abandonar el cuidado de un padre que padece alzheimer pero a Simin no le alcanza y deja el hogar de todas maneras.

    Por ese motivo, Nader a cargo de su hija debe contratar a una cuidadora para que atienda las necesidades del anciano durante las horas que él no está en la casa. Acompañada por su hija pequeña, la cuidadora realiza su tarea como puede dado que está embarazada.

    Un incidente -que no se revelará aquí- desencadenará una serie de consecuencias que sumergen al relato en una especie de thriller judicial que hace blanco precisamente en las aristas de un sistema jurídico perverso, atravesadas por el prejuicio, las diferencias sociales y la falsa idea de justicia.

    Sin tomar posición en cuanto a juicio de valor sobre sus personajes y equilibrando los puntos de vista, el director iraní escarba en lo más profundo de la condición humana con un retrato descarnado de cada una de sus criaturas con la distancia necesaria para que se muevan en un microclima de mentiras, egoísmos, vanidades, orgullos, contradicciones y vulnerabilidades, que vistas desde los ojos de un niño -en este caso dos niñas- contribuyen a que se pierda la inocencia y lo que es mucho más grave el valor de la verdad.

    Reza el dicho popular que los niños siempre dicen la verdad porque no hay moral que los condicione ni ética que los ate a las vicisitudes de la vida. Sin embargo, cuando esos niños crezcan y se conviertan en adultos conocerán que la justicia no siempre es la búsqueda de la verdad.
    Seguir leyendo...
  • La fuente de las mujeres
    Mucha agua bajo el puente

    De antemano, el director rumano Radu Mihaileanu advierte que la historia que se verá a continuación obedece a un relato o cuento para habilitar el tono y registro de fábula que operará como condicionante en el film La fuente de las mujeres.

    Si nos remontamos a épocas antiguas, el antecedente de esta historia se remonta a Aristófanes y a su obra Lisístrata del 411. Las semejanzas entre aquella obra teatral de la Grecia clásica a la versión moderna orquestada por el director de El concierto son varias.

    Todo sucede en el marco de un pueblo en el norte de África, de fuertes raíces islámicas, donde las diferencias entre mujeres y hombres son más que evidentes al tener ellas que buscar el agua que emana de una fuente, soportando el peso de baldes que deben cargar a diario en un terreno atravesado por piedras y muy riesgoso para su contextura física.

    El accidente que sufre una joven embarazada al tropezar en el camino y así sufrir la pérdida de su bebé despierta la indignación de la joven Leila (Leïla Bekhti), quien se niega a celebrar el nacimiento de otro niño hasta que no cambien las condiciones de sometimiento de las mujeres con los maridos y hombres de la comunidad. Ellos se amparan en la tradición para no hacer el trabajo pesado y depositan en las mujeres esa responsabilidad hasta que la protagonista de la historia, que se diferencia de sus pares por saber leer y escribir, propone hacer una huelga sexual hasta que la situación no se revierta y los hombres carguen con la tarea de la búsqueda del agua.

    Su rebeldía primero recibe un mínimo apoyo de las mujeres del pueblo, cuyo único esparcimiento es la posibilidad de ver novelas mexicanas por televisión y soñar con esas libertades que no tienen, aunque luego con el correr de los días el apoyo es casi unánime. La situación por un lado desencadena un conflicto entre hombres y mujeres, cuyas resonancias atraen otros conflictos de mayor envergadura y no previstos como por ejemplo la disolución de varios códigos que dejan de tener peso entre las mujeres, entre ellos casarse con un hombre para reproducción o la obligación de tener relaciones sexuales porque así lo establece la diferencia de géneros; la ausencia del gobierno en materia de generar mejores condiciones para que el pueblo tenga el agua que necesita y no dependa de la fuente.

    Como toda fábula, el peligro que debe sortear Radu Mihaileanu, más allá de sus buenas intenciones de denuncia sobre la penosa situación de las mujeres árabes, es el verosímil de lo que se está contando y más aún de cómo ese relato puede sostenerse sin que resulte ingenuo o forzado en sus acciones.

    Por ese conflicto -sin resolución- que genera ruido entre un corte realista más centrado en el costumbrismo y con una fuerte mirada ingenua para enfatizar la idea de fábula, el film rebalsa de metáforas y alegorías fáciles que pueden resultar un tanto chocantes así como el poco sutil constaste entre modernidad y tradición, primitivismo y tecnología.

    Así las cosas, esa fuente donde el agua fluye no es otra que la fuente de las ideas que cambian y chocan contra la piedra de la tradición; contra la rigidez de los dogmas que aprisionan el pensamiento o lo dirigen por un único cauce como es el caso de la interpretación de las sagradas escrituras del Corán por parte de los Imanes que son hombres y no precisamente imparciales.

    El atractivo del film lo constituye la fuerza de la protagonista al enfrentarse desde su condición de mujer a un universo machista y retrógrado como parte de la expresión del deseo de libertad, a pesar de los exabruptos y licencias poéticas de Mihaileanu, quien también al igual que en la obra teatral clásica de Aristófanes utiliza la danza y el canto para dejar en claro las ideas.
    Seguir leyendo...
  • Shame: sin reservas
    Tragedia de la vida posmoderna

    Hay dos escenas bien diferenciadas en esta segunda película del interesante director Steve McQueen también guionista junto a Aby Morgan que pueden resumir los aciertos y defectos de Shame: Sin Reservas: por un lado la majestuosa secuencia en la que Carey Mulligan interpreta en un perfecto tono de tristeza, melancolía y carisma la canción New York, New York donde el realizador exprime al máximo la atmósfera intimista y densa que prevalece a lo largo de la trama con una precisión admirable y por otro la que contrasta y que plantea el interrogante de cómo se presentan las escenas relacionadas con actos sexuales bajo la prédica conservadora, a pesar de que estamos en presencia de una producción inglesa que habitualmente son menos mojigatos que los norteamericanos para quienes no existe moral ante el exceso de violencia pero sí cuando de sexo explícito se trata.

    Algo similar ocurre con esta película aunque eso no quiere decir que el relato de alienación y decadencia de su protagonista no esté bien logrado, así como la parasitaria y tóxica relación con su hermana menor Sissy Sullivan (Carey Mulligan), quien llega en el peor momento de la existencia gris de Brandon (Michael Fassbender, intenso y soberbia actuación), un burgués neoyorquino adicto al sexo, que no puede mantener relación alguna con mujeres por más de una hora, salvo cuando contrata prostitutas para descargar su propia miseria y dolor arrastrado por una fuerte sensación de hastío por acumulación de deseos.

    Introspectivo hasta la médula, perturbador por el lugar en el que queda expuesto el espectador como testigo de la degradante metamorfosis del protagonista y su entorno que se va desdibujando como la ciudad que nunca duerme y que oculta detrás del brillo y las luces la tragedia de la vida postmoderna; el sentido efímero de todo lo que lleva al consumo material para tapar el vacío existencial, donde lo único que parece transparentar las heridas narcisistas es el cuerpo tanto desde su aspecto comercial como desde su lado más vulnerable y sagrado.
    Seguir leyendo...
  • El útimo Elvis
    El útimo Elvis
    CineFreaks
    La autenticidad no tiene glamour

    Crepuscular, melancólica, emotiva y profunda son cuatro calificativos que calzan justo en El último Elvis, ópera prima de Armando Bo, hijo de Víctor y nieto del director que junto a Isabel Sarli escribieran un interesante capitulo en la historia del cine argentino, a quien pudo conocerse por haber sido el guionista de la película Biutiful -junto a Nicolás Giacobone, también coguionista de El último Elvis- de Alejandro González Iñárritu que en este caso aparece en los créditos como productor.

    La devoción y la idolatría de figuras populares son dos cosas completamente distintas y de eso se encarga de dar testimonio el protagonista Carlos Gutiérrez (John McInerny, brillante), quien se mimetiza en su vida cotidiana nada menos que con el rey del rock: Elvis Presley. Su casa de Avellaneda, que en realidad pertenece a su madre internada en un geriátrico a quien visita de vez en cuando, refleja la sordidez en la que Carlos vive pero también encierra todas las cualidades de que allí ocurre algo extraño cuando, ya sea desde la voz o la aparición de reportajes o recitales de Elvis Presley en el televisor, la imagen sobre el protagonista se transforma.

    Es que a diferencia de los imitadores de cantantes que aparecen durante el desarrollo de la película en el mundo del entretenimiento donde se desenvuelve Carlos y pelea cotidianamente por el pago de shows atrasados, su particularidad consiste en la encarnación de la figura decadente de Elvis que pese al paso del tiempo conserva intacta su mística cada vez que pisa el escenario aunque se trate de una fiesta de 15, casamientos o amenizar un evento para una sociedad de fomento. Carlos es el último Elvis, el olvidado y postergado, pero en definitiva el más auténtico de todos que no renuncia a su calidad de artista a pesar de estar rodeado de malas imitaciones en un mundo donde lo obsoleto se genera a cada segundo.

    Sin embargo, en ese juego de ser otro y creerse otro –algo muy distinto- se superpone de manera contundente la realidad y la monótona y gris existencia de un cuarentón separado de Priscila (Griselda Siciliani) y con una hija, que se gana la vida como operario en una fábrica que acumula electrodomésticos obsoletos en un gran cementerio de heladeras y otros artefactos.

    No obstante, cada revés de esa realidad cruda y sin demasiados matices no impide que Carlos mantenga firme su proyecto de hacer algo grande para que su hija llamada Lisa Marie (Margarita López, tierna y muy convincente) se sienta orgullosa de un padre ausente aunque la posibilidad de conocerla llegue también bastante tarde.

    El último Elvis es antes que nada el mejor tributo que se le puede hacer al cantante de Memphis por el respeto sobre su figura, que a diferencia de cualquier biopic convencional sobre un artista aquí no se trata de representar ni personificar sino solamente de evocar desde el presente y desde un contexto anómalo un pasado de gloria y por eso la duración de cada número musical, donde se luce John McInerny no sólo por su voz sino por su presencia escénica que fluye en cada plano y encuadre como pocas veces se logra, dura el tiempo que debe durar y aparecen insertadas de forma progresiva y complementaria a la historia.

    Un relato sobre la culpa y la redención al igual que ocurría en Biutiful que se toma las licencias poéticas necesarias para que el camino iniciático y la transformación del personaje resulte verosímil a la trama; un sentido homenaje a los artistas anónimos que huyen de la grandeza y el glamour para vivir con intensidad los pequeños momentos, que en definitiva son los más verdaderos e irrepetibles.
    Seguir leyendo...
  • Los vengadores
    Los vengadores
    CineFreaks
    La base está

    Después de las presentaciones en solitario de los superhéroes más iconográficos de la Marvel era lógico esperar que tras las irregulares películas, Los Vengadores resultara por lo menos mejor que Los cuatro fantásticos en sus dos presentaciones y equiparable a la saga X-men en cuanto a film coral de superhéroes.

    Más allá de las afinidades o no con cada una de las películas de los miembros de este dream team heroico (rocordemos dos películas para Iron man, dos películas para Hulk y una tanto para Thor como Capitán América), pergeñado por la mente del brillante historietista Stan Lee y Jack Kirby que debutara allá por 1963 en el comic, puede decirse con todas las letras no sólo que estamos en presencia de la mejor película colectiva de superhéroes sino que además la menos solemne y patriotera de la década, lo que a estas alturas ya es un valor agregado.

    La premisa que detona la idea de la unión para hacer la fuerza es tan sencilla como efectiva: llegado el hipotético caso de que existiese un enemigo para el planeta tierra, indestructible desde la acción individual, la solución no es otra que el agrupamiento de habilidades y destrezas de cada superhéroe para construir un equipo que en conjunto supere en poder al enemigo.

    Ahora bien, si la hipótesis encuentra asidero en la realidad habrá que ver qué es lo que pasa entre teoría y práctica durante una feroz lucha con resultado incierto. Ese es el eje temático que recorre la superficie de un relato que transita por las peripecias de toda película de superhéroes, léase presentación de cada uno por separado, reclutamiento, enfrentamientos internos y finalmente unión y sacrificio por el bien común, pero multiplicado por cuatro o cinco, depende la lectura que quera hacerse donde se pone en juego la idea de la obediencia, el sacrificio altruista, la soledad del héroe y la tensión constante entre la humanidad necesitada de salvadores y la humanidad responsable de su propia autodestrucción.

    Todas estas ideas desarrolladas con ritmo, diálogos simples y apuntes humorísticos certeros conforman la estructura narrativa de un guión que sabe dosificar el desarrollo de los personajes; las secuencias de despliegue visual y acción trepidante que no para un segundo y que encuentra los momentos adecuados para lucimiento de cada uno sin que ninguno sobre en la ecuación pero con el peso y la presencia justa por nivel de jerarquías.

    Para usar un término futbolero: en este equipo Iron man (Robert Downey Jr) viene a representar a Lionel Messi y Hulk (Mark Ruffalo) al flaco Schiavi porque corta con la dulzura y desarma cuanto equipo contrario intente penetrar la línea de defensa, coordinada por un Capitán América (Chris Evans) que dentro del grupo es el menos pragmático y está pasado de moda en completa coherencia con su historia particular. Pero Messi –para seguir con la metáfora futbolera- sin ayuda no podría distinguirse y eso en el film, dirigido a puro pulso por Joss Whedon, se respeta como esos códigos inviolables, así como la presencia de un antagonista a la altura de las circunstancias que bajo la arcaica estrategia de dividir para reinar genera el suficiente caos para dejar en claro que a veces el poder no se resume en la fuerza sino en la inteligencia.

    Sin anticipar mucho sobre la trama para que el público disfrute, basta con decir que el hermano bastardo de Thor (Chris Hemsworth), Loki (Tom Hiddleston), se apodera del cubo de energía ilimitada Tesseract para reinar sobre la tierra, protegida por su hermano Thor mientras el resto de los superhéroes, los ya conocidos y aquellos que se suman como Viuda negra (Scarlett Johansson) y Ojo de Halcón (Jeremy Renner) se encuentran alejados del mundanal ruido hasta que el espía Nick Fury (Samuel L. Jackson) a espaldas de sus superiores pone en marcha la iniciativa Vengadores a lo que puede ser la última batalla sobre la faz de la tierra.

    Inmejorable debut para una franquicia que de mantener el nivel de esta primera entrega ganará por goleada el campeonato mundial de superhéroes porque cuando la base está, el resto del equipo funciona.
    Seguir leyendo...
  • Las mujeres del 6° piso
    Un burgués gentil

    El realizador francés Philippe Le Guay escribe y dirige esta comedia insulsa ambientada en la Francia de los años 60, época en que muchas mujeres españolas debían huir a la ciudad luz tras los estragos del franquismo para trabajar como mucamas de las clases adineradas francesas.

    La historia gira en torno a la familia Joubert, quienes contratan a María Gonzalez (Natalia Verbeke) para que se haga cargo de los quehaceres domésticos en un piso amplio y lujoso donde quien lleva la voz cantante es Madame Joubert (Sandrine Kiberlain), una avinagrada y aburrida mujer que juega al bridge con sus amigas. Concepción Ramirez (Carmen Maura), tía de María, trabaja junto con otras mujeres españolas -de variada edad- para diferentes familias burguesas y comparten el sexto piso del edificio, donde cuentan con un cuarto diminuto y baño compartido. Pero pese a esos problemas, siempre sacan una sonrisa de la galera.

    Su suerte cambia a partir de que Jean-Louis Joubert (Fabrice Luchini), patrón de María, comienza a descubrir el mundo de las mucamas; interiorizarse sobre sus problemas cotidianos –muchos más interesantes que los problemas financieros- y a valorar su pequeña cuota de libertad al no depender más que de ellas mismas, mientras empieza a ver a María como una mujer valiente y hermosa de la que no tardará en enamorarse.

    Un cambio de conciencia tan radical pone en riesgo su estabilidad matrimonial pero abre las chances a una nueva vida mucho más afín con lo que realmente desea y lo hace feliz.

    Así las cosas, más allá de las diferencias de clase y los roles de patrón y empleadas que se ven trastocados, Las mucamas del sexto piso se concentra en la anécdota más que en el trasfondo bajo un registro de comedia liviana que busca explotar la frescura de un elenco de figuras españolas como Lola Dueñas en un rol de mucama comunista; la fotogénica Natalia Verbeke y la experimentada Carmen Maura para ofrecer un relato pasatista y ameno, aunque sin demasiadas ideas, con personajes muy poco desarrollados en constante coqueteo con estereotipos amigables.

    Si bien la idea de idealizar a los personajes obedece a desdramatizar una historia cuyo contexto no es otro que el del exilio obligado, resulta algo extraño que el director francés lo haya hecho con tanta liviandad y que termine ci