Betibú

Crítica de Guillermo Monti - La Gaceta

El rompecabezas manchado de sangre

El equipo periodístico integrado por la escritora Nurit Iscar -a quien apodan Betibú-, el veterano cronista Jaime Brena y un joven editor de noticias policiales investiga un crimen. Es un caso resonante, que explotó en el interior de un country y encierra una compleja trama de intereses personales.

La participación de muy buenos actores en roles secundarios (Norman Briski, Lito Cruz, Osmar Núñez, Carola Reyna) jerarquiza películas como “Betibú”. Claro, es lo más cercano a un cine industrial argentino. O, mejor dicho, la clase de filmes que se producirían a roletes si en nuestro país existiera una industria. Películas necesarias, bien hechas sin alcanzar alto vuelo artístico -y tampoco lo pretenden-, capaces de traccionar al público a las salas. Cine de género, en este caso policial, que se permite rozar otros temas.

Detrás de “Betibú” aparecen la novela de la exitosa y prolífica Claudia Piñeiro y la producción de Daniel Burman, Diego Dubcovsky y el omnipresente Axel Kuschevatzky. Fuertes espaldas para que el director y guionista Miguel Cohan (el mismo de “Sin retorno”) moviera las fichas de este thriller que no renuncia a las formas ni a los principios de un intríngulis policial con todas las letras. Hay una víctima famosa, crímenes conectados, sospechosos que van descartándose y una foto que se las trae.

Piñeiro ya había escrito sobre la cara oculta de los countries (“Las viudas de los jueves”, llevada al cine por Marcelo Piñeyro), pero felizmente la trama escapa de ese ámbito porque el rompecabezas va armándose en otras escenografías. La búsqueda de esas piezas y las vueltas de tuerca -pocas, pero eficaces- son las que mantienen la tensión.

Los diálogos breves y creíbles son un activo de “Betibú”, tanto como las actuaciones y el oficio con la que están resueltos planos y situaciones. Esa sencillez es toda una fortaleza visual.

“Betibú” ensaya una visión sobre la prensa gráfica, algo estereotipada es cierto, tanto como la construcción de otros personajes (el informante, el comisario de la Bonaerense). Hay trazos gruesos de la relación de Betibú con el jefe de Redacción. También queda algún cabo suelto en el epílogo, que de todos modos se plantea tan abierto como previsible.