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Imagen del crítico Guillermo Monti
Guillermo Monti
  • Cantidad de críticas: 6
  • Promedio: 53%
  • Críticas favorables: 3/6 (50%)
  • Críticas desfavorables: 3/6 (50%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Cacería de brujas
    Nicolás Cage enfrenta al demonio

    Nicolas Cage agarra lo que venga. A veces da la impresión de que ni siquiera lee los guiones; simplemente su agente arregla los honorarios y a otra cosa. Sólo así se entiende el sorprendente desbarrancamiento de una carrera que pintaba para otra cosa. La distancia que media entre "Adiós a Las Vegas" y "Cacería de brujas" es la misma que separa a Mike Figgis de Dominic Sena (o sea, de un cineasta a un realizador de clase "B").

    Ese es el tono de "Cacería de brujas", una de cruzados que renuncian a derramar sangre inocente para terminar enfrentados con el mismísimo Satán. Resulta que el diablo anda por el mundo destruyendo todos los ejemplares del único libro capaz de neutralizarlo. Estamos en la Edad Media y esas cosas pasaban todo el tiempo. Cage es Behmen, el valiente soldado que llevará a una bruja a un monasterio para que la juzguen por... bruja. En el camino pasan un montón de cosas (demoníacas), y cuando llegan al convento el asunto se pone mucho más feo. Junto a Cage se mueve Ron Perlman, uno de esos actores queribles y con futuro de culto, como los personajes que interpreta (desde el Salvatore de "El nombre de la rosa" en adelante).

    La historia de "Cacería de brujas" es previsible hasta niveles insólitos. También los sustos y los pretendidos toques de suspenso. Y de los efectos especiales no vamos a hablar a esta altura del partido. Todo enmarcado por diálogos pomposos. Para peor, Claire Foy no da bruja, por más cara de mala que intente poner.

    Esta película costó 40 millones de dólares. A veces asusta pensar cuánto buen cine podría producirse con esa montaña de dinero.
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  • Piraña
    Piraña
    La Gaceta
    Un lamentable show del mal gusto

    Los productores y el director de "Piraña 3D" -Alexandre Aja- se burlan de las lapidarias críticas que recibe su película y celebran el entusiasmo del público. Destaquemos entonces, para regocijo del señor Aja y compañía- que si usted es fanático de las mutilaciones en directo, los vómitos en tercera dimensión, el dolor y, por qué no agregarlo, las chicas lindas desnudas, "Piraña 3D" es el filme que estaba esperando.

    No es una película divertida, ni original, ni siquiera técnicamente bien hecha (elementos que podrían jugar a su favor). "Piraña 3D" no es más que la banalización de la crueldad a gran escala.

    Pero hay un tema infinitamente más importante que vale la pena tratar. ¿De cuántas buenas películas nos vemos privados los tucumanos al año? ¿Cuántas cinematografías nos son vedadas por falta de salas? ¿Y qué hay de la cuota de pantalla del cine nacional? Se entiende la proliferación de copias cuando de tanques de Hollywood se trata, pero ¿no hay algo mejor para programar que esta auténtica basura?
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  • Temple de acero
    Larga vida al western

    El primer western que filmaron los hermanos Coen fue "Fargo". El marco temporal es lo de menos: el dibujo de los personajes, el sentido de la historia y el entorno -la helada y desolada Minnesota- encastraban en la mitología del género. La diferencia con "Temple de acero" radica en el carácter casi celebratorio de la película. Los Coen reemplazaron la corrosiva ironía y la crudeza de "Fargo" por tópicos indisolublemente unidos a la tradición del western: la soledad -inherente al paisaje-, la redención, el heroísmo y un tono de perenne tristeza, rematada en este caso por un desenlace conmovedor.

    Que lo hayan ensayado en forma de remake no deja de ser coherente. Henry Hathaway no estuvo a la altura del maestro John Ford ni de Sam Peckinpah, pero filmó su "True grit" con oficio y calidad, aunque justo es decirlo, al servicio de John Wayne. A esa altura (1969) Wayne ya era un póster ambulante, y gracias a Hathaway y a "True grit" fue un póster... con Oscar.

    Vale el apunte para valorar el rollo en el que se metió Jeff Bridges cuando aceptó el papel: actuó de Rooster Cogburn y de John Wayne al mismo tiempo, y lo hizo maravillosamente. Al igual que la pequeña Hailee Steinfeld, Matt Damon y un cast que parece elegido por... Ford o Peckinpah.

    La mano de los Coen -rasgos de cine de autor- son pinceladas repartidas aquí y allá. Los diálogos, veloces, punzantes, llevan su sello, en especial los contrapuntos entre Cogburn, el Texas Ranger que encarna Damon y la pequeña Mattie Ross. Hay mucho de homenaje, planos bellísimos brillantemente plasmados por la fotografía de Roger Deakins, y una banda sonora de Carter Burwell que ya merece un lugar en cada discoteca.

    Y también, por supuesto, el inevitable crescendo dramático y violento que propone la novela de Charles Portis. Porque es un western, construído y contado con a
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  • El turista
    El turista
    La Gaceta
    Dos estrellas ( y un filme) a la deriva

    Uno de los (numerosos) problemas que lastran la película es una cuestión de piel. Entre Angelina Jolie y Johnny Depp no hay química, no encienden la pantalla ni se encienden mutuamente cuando se miran o se tocan. Pésimo punto de partida si se tiene en cuenta que esa relación sostiene la historia.

    "El turista" es la aburrida remake de un filme francés de 2005 ("El secreto de Anthony Zimmer"). Florian Henckel von Donnersmarck, el mismo de la excelente "La vida de los otros", filmó con elegancia. Lo de elegante se refiere al vestuario de Angelina y a los soberbios planos de Venecia. Más que un thriller, "El turista" parece una publicidad de maquillajes o de perfumes.

    Depp no le pone mucho hierro al asunto. Hay una trama policial, una banda de mafiosos rusos muy malos y diálogos tan pomposos como superficiales. A la media hora "El turista" ya desbarrancó irremediablemente y no hay modo de salvarlo. Eso sí: Angelina y Johnny cobraron muy bien. Debieron haber destinado parte del presupuesto a contratar un buen guionista.
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  • El origen
    El origen
    La Gaceta
    El perfecto juego de las paradojas

    Paradoja: Idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas. / Aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencia de verdadera.

    No pestañee. No se pierda ningún diálogo. Esto es un rompecabezas -uno magnífico, por cierto- y el extravío de una pieza implica que el cuadro quedará irremediablemente incompleto. "El origen" desafía al espectador; le propone un esfuerzo. Bienvenido sea, como demostración palpable de que Hollywood también es capaz -muy de vez en cuando, eso sí- de levantar un poquito la apuesta. No es Bergman ni Tarkovski, apenas una película inteligente.

    Christopher Nolan esperó 10 años para concretar este proyecto. Escribió y concibió un juego de cajas chinas tan preciso como el engranaje de un reloj. Necesitaba la tecnología justa para desarrollar la formidable ingeniería visual aplicable a la (libre) arquitectura de los sueños. Afortunadamente, los efectos especiales -que los hay, y en cantidad- están al absoluto servicio de la historia. Y esa es toda una novedad.

    Se viene comparando a "El origen" con "Matrix", sobre todo en lo que se refiere a las realidades paralelas y los universos oníricos. Pero Nolan está mucho más cerca de Hitchcock que de los hermanos Wachowski en su concepción del suspenso y en la resolución de sus personajes. La escena de la camioneta cayendo del puente, mientras se desarrollan tres niveles de sueños en distintos planos de tiempo y espacio, es sencillamente perfecta.

    DiCaprio convive con un fantasma del pasado (Marion Cotillard, exquisita). La cara de póker de DiCaprio (foto), esculpida por Scorsese y ampliamente fotografiada por Nolan, le da vida al impenetrable Cobb. Sólo Ariadne (Ellen Page, la adorable Juno), podrá acceder al secreto que pone en riesgo la operación. A esa altura, "El origen" lo mantendrá atornillado a la butaca, sin darle margen para respirar.
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  • Invictus
    Invictus
    La Gaceta
    Clint Eastwood en versión optimista

    Por lo general, los gobiernos le sacan el jugo al deporte para hacer demagogia, para distraer la atención o para canalizar prácticas corruptas. Pero en manos de Nelson Mandela la historia fue diferente. Mandela se valió del rugby para unir a blancos y negros detrás de un ideal, una jugada peligrosa que le salió redonda y sirvió para que las heridas del apartheid empezaran a cicatrizar. El mérito de Clint Eastwood fue haber capturado el espíritu de ese proceso en una película que conmueve e inspira. Porque eso es "Invictus": el relato de un momento histórico filmado con convicción, inteligencia y mucho cariño.
    "Invictus" está basada en "El factor humano", excepcional libro de John Carlin. De esa investigación Eastwood tomó como eje el aspecto deportivo, sin adentrarse más que lo necesario en consideraciones políticas. Tal vez por eso quienes hayan leído a Carlin salgan del cine con gusto a poco. Tampoco está a la altura del mejor Eastwood -el de "Gran Torino", para no ir tan lejos-, lo que no le quita fuerza ni sensibilidad a la narración.
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