Amerrika

Crítica de Lucía Roitbarg - EscribiendoCine

El mal sueño americano

Cuando una película aborda temas de raras connotaciones políticas sin hablar directamente de ellas, invita al espectador a pensarlas desde otros ángulos no habituales. Con Amérrika (2009) la directora Cherien Dabis demuestra una sabia habilidad en este desafío. Más allá de querer indagar en los choques culturales, el film divide a sus personajes de acuerdo a su escala humana y así expone un conflicto universal que excede las nacionalidades.

Muna (Nisreen Faour) y su hijo Fadi (Melkar Muallem) viven en Cisjordania, un territorio palestino ocupado hace ya 40 años. Muna es empleada bancaria y vive en una casa junto a su hijo y su madre, pero debe cotidianamente cruzarse con situaciones desdichadas: encontrarse en el mercado con lo nueva esposa flaca de su ex marido y vivir los constantes maltratos de los soldados en los puestos de control al cruzar la frontera cada vez que va a trabajar. Sorpresivamente Muna obtiene un permiso de trabajo y residencia en Estados Unidos solicitado hacía años. Si bien la oportunidad se presenta como un futuro más auspicioso para Fadi y una nueva vida para Muna, la realidad es que su llegada a América se acercará muy poco a sus expectativas.

Así como el film Visita Inesperada (The visitor, 2007) hacía hincapié en el maltrato que viven los inmigrantes sin papeles frente a las políticas inmigratorias americanas, Amérrika aborda el tema desde las vivencias cotidianas. Ejemplo de ello es el momento en que Muna (ya asentada en la casa de su hermana) decide ir en busca de empleo. Uno de los gerentes bancarios con el que se entrevista le pregunta de qué país proviene. Ella contesta que es de origen árabe, a lo que el hombre replica en un tono entre dubitativo y jocoso: “¡Por favor, no me ponga una bomba!”. Esta escena resume gráficamente uno de los principales temas de la película y también la habilidad de la directora para resumir con muy poco la violencia implícita que encierran ciertos comportamientos humanos frente al mundo de lo distinto.

Cada situación similar del film donde la discriminación está presente demuestra la facilidad de un gobierno para reproducir la ideología a través de mecanismos tan simples como la guerra y el terrorismo. Es este último el que se transforma en un fantasma usado por Estados Unidos como herramienta para tapar las grietas de un sistema cuyas intenciones en política exterior representa el verdadero peligro. Con hacer que un adolescente (y esto la película lo muestra) acepte la idea que cualquier persona que proviene de Medio Oriente es una amenaza, el sistema seguirá en pie. Y también la idea de que lo que hay que temer está afuera y no adentro del país.

Por el tipo de análisis planteado Amérrika bien podría ser un documental político. Lo cierto es que las películas tienen una amplia variedad de lecturas y aquí sólo se propone una. Este es un film interesante, además, desde un punto de vista dramático porque arma una historia sobre la búsqueda de la felicidad, sobre los desafíos, sobre la posibilidad de marcar nuevos destinos que no sean los impuestos por los gobiernos o los que nos tocaron por nacimiento. Cuando un tema es tratado con riqueza argumental y escenas más que convincentes las posibilidades de acercarse al film se expanden y logran siempre desde algún lado llegar al espectador.