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Imagen del crítico Lucia Roitbarg
Lucia Roitbarg
  • Cantidad de críticas: 54
  • Promedio: 60%
  • Críticas favorables: 42/54 (78%)
  • Críticas desfavorables: 12/54 (22%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @luciaroitbarg
  • Medio donde critica: EscribiendoCine
  • Votos de amor
    Votos de amor
    EscribiendoCine
    El amor después del amor

    Los hechos reales que inspiraron Votos de amor (The vow, 2012) tienen claramente una fuerte dosis de melodrama. ¿Qué tópico más novelero que hacer que uno de los protagonistas pierda la memoria? Este film se aferra de los datos no ficticios para construir una ficción melodramática ciento por ciento, aprovechando la impronta de la historia verídica. La combinación perfecta de romance y sufrimiento le otorga a este film un encanto particular.

    La primera escena de la película nos presenta Leo (Channing Tatum) y Page (Rachel McAdams), una pareja feliz, en la plenitud de su vínculo amoroso. Pero el comienzo del film es también el final de esa felicidad: un accidente automovilístico cambia sus vidas para siempre. Page pierde la memoria de los últimos años vividos junto a su esposo y ni siquiera lo puede reconocer. Leo intentará desesperadamente recuperar el amor de su mujer a pesar del estado de ella. Al mismo tiempo, Page se reencuentra con su familia, de quien se había separado años atrás. Pero este regreso al pasado le significará a Leo otro obstáculo más para acercarse a su esposa.

    A lo largo del film, la voz en off de Leo es la que marca el principal rumbo que el director desea adjudicarle a la historia. Según las palabras del protagonista, los impactos son los que otorgan el verdadero sentido a la vida de la personas. Con esta mirada, el film también determina un subtema: la identidad. El impacto no se produce solamente a nivel amoroso sino que también modificará y hará a Page replantearse su profesión, sus vínculos y su estilo de vida. Algo así como una segunda oportunidad, siguiendo un poco el planteo del film. Un planteo poco novedoso y ya usado pero que sigue dando buenos resultados.

    Dicho esto resulta casi obvio entender que la película utiliza todo el tiempo los clichés románticos y los tópicos del melodrama más conocidos. Pero siguiendo dichos pasos el film se sostiene y se consolida. Básicamente, consigue lo que quiere. A saber: la construcción de la pareja feliz, perfecta y linda al comienzo del film consigue que el golpe sea más difícil de asimilar; para los protagonistas, claro está, pero sobre todo para el espectador. Porque en definitiva, lo que verdaderamente importa no es si Leo recupera el amor de Page, sino que el espectador esté todo el film deseando dicho reencuentro, llorando en cada desencuentro y suspirando en cada escena romántica. Nada más ni nada menos.
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  • Cuando te encuentre
    Cuando te encuentre
    EscribiendoCine
    Cuando la suerte trae felicidad

    Una película romántica que muestra el cuerpo de Zac Efron en unas cuantas escenas ya se asegura la visita de unas cuantas adolescentes (y no tanto). Si a esto se le suma un poco de amor, optimismo, y escenarios visualmente coloridos la combinación puede resultar atractiva para cualquier espectador que guste del romanticismo al estilo Holywood.

    Logan Thibault (Zac Efron) es un Sargento de la Marina de EEUU quien en el medio de un combate encuentra la foto de una mujer. Esa foto le trae suerte (el título original del film en castellano es “El afortunado”) y regresa con vida a su casa cuando otros no lograron sobrevivir. Al terminar la guerra Logan decide buscar a la mujer de la foto que le salvó la vida. Cuando finalmente se encuentra con Beth (Taylor Schilling) no puede decirle la verdad y acepta trabajar en su criadero de perros cuando, en la confusión, ella piensa que busca trabajo. La relación entre ellos se hará cada vez más cercana, pero siempre bajo la mirada y la amenaza de su ex marido, el sheriff del pueblo, y la sombra del secreto de Logan.

    Es conocido por todos el papel preponderante que juega el azar en el amor. Este tópico, en el cine, suele rondar casi todas las películas románticas. La idea de la predestinación y las almas gemelas son entonces los derivados argumentales más comunes que estos films suelen adoptar. Pero, seguramente, la intencionalidad de la película cambiará la forma en que estos son mostrados. En Cuando te encuentre (The Lucky One, 2012), claramente, la idea de la predestinación adquiere un papel decisivo y determina la narración en todo momento. ¿Cómo se le podría ocurrir a un espectador que los protagonistas no terminen juntos dadas las circunstancias? Las expectativas románticas de cualquier persona que se acerque a ver este film deberían ser concretadas, o, al menos, la película debería hacernos creer que así va a ser. Y sobre estas reglas básicas se apoya este film. Sobre las reglas de un género que el cine norteamericano no pretende modificar porque son efectivas y venden.

    Con esta escueta aclaración, caer en las mismas críticas hacia las “películas de amor yanquis” sería redundante. Es algo obvio y conocido por todos que a partir del trailer o bien del afiche del film se sabe con cierta certeza qué tipo de producto veremos en la pantalla. Por eso sería difícil que alguien salga de la sala de cine sintiéndose decepcionado. Porque es una película que vende lo que es y que en ningún momento pretende correrse de los lugares comunes del género.

    Sin embargo, sí se le puede criticar cierta falta de pretensión al momento de incorporar algún giro narrativo de cierta originalidad. El melodrama que incorpora la línea argumental de los combatientes de la guerra no resulta del todo verosímil y por momentos aparece forzado. Pero, si de ir a ver una película de amor se trata, la pregunta pertinente sería: ¿por qué no?
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  • Diario de un seductor
    Diario de un seductor
    EscribiendoCine
    Perdidos en Puerto Rico

    El film de Bruce Robinson necesita una figura como la de Johnny Depp para sostener las casi dos horas de duración. En su intento por ser una comedia con contenido ideológico, logra algunas escenas interesantes aunque sólo actoralmente. Aquellas partes más banales, de corte humorístico, fallan. El argumento es inconsistente y se parece más a un film de borrachos que a una comedia.

    Durante los años 60, Paul Kemp (Johnny Depp), un novelista alcohólico, viaja a San Juan, Puerto Rico, para trabajar como periodista en un diario local. Allí se hará amigo de Sala (Michael Rispoli), fotógrafo del periódico, quien le cuenta que el diario está punto de ser desmantelado. Por su parte, el editor, Lotterman (Richard Jenkins), desalienta su pretensión de periodismo serio para vender el “sueño americano”. Mientras tanto, conoce a Sanderson (Aaron Eckhart) un empresario norteamericano quien lo seduce a entrar en un turbio negocio para construir hoteles en islas vírgenes. Paul querrá actuar frente a la injusticia, si bien su alcoholismo y las mujeres serán su mayor problema.

    La comedia es un género que le sienta más que cómodo a Johnny Depp. Películas como Ed Wood (1994), o Charlie y la fábrica de chocolate (Charly and the Chocolate Factory, 2005) son pruebas fehacientes de ello. Pero lógicamente que los buenos guiones (y principalmente una buena dirección) ayudan, y, en este caso, el mayor mérito es del actor. Por tal razón, es un gran acierto su compañero de aventuras en esta película: Michael Rispoli. La pareja consigue las escenas más risibles de la película, aunque el director haga abuso de su estado de borrachera en la mayoría de las escenas. Y, si bien el alcohol es parte de un estado de situación social que se pretende recrear, esto no resulta tan claro en el film, y así se termina banalizando (y aburriendo).

    Por otro lado, el director no se priva se incluir el ingrediente infaltable de cualquier comedia: la historia de amor entre Paul y la sexy novia de Sanderson, Chenault (Amber Heard). Pero su inclusión parece más una distracción visual que una línea argumental relevante. Se suma a esto que las situaciones graciosas o disparatadas, incluso con algunos gags, no consiguen que el film gire hacia un costado más humorístico. Los actores parecen estar solos sin ninguna ayuda, quedando en ellos el peso de la comedia.

    A pesar de que en su publicidad no lo parece, este film no tiene un contenido meramente pasatista, pues denuncia abusos económicos y políticos en Puerto Rico. Si bien lo hace situándolo en una época pasada, el planteo no queda desactualizado en el presente. Con esta intención ideológica, Diario de un seductor (The Rum Diary, 2011) se convierte en un híbrido. Porque a pesar de tener buenos actores y una producción de calidad, no consigue en ningún momento un argumento sólido. Y, ciertamente, le sobran unos cuantos minutos.
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  • El mal del sueño
    El mal del sueño
    EscribiendoCine
    Inmerso en África

    El film de Ulrich Koehler –Oso de Plata como Mejor Director- es un híbrido entre el drama y el misterio. El relato es simple pero atrapante, si bien hay una dosis de ambigüedad e indefinición en el argumento que por momentos confunde. Aunque probablemente sea ese el efecto buscado.

    Ebbo (Pierre Bokma) es un médico que reside en África hace 20 años y trabaja en una epidemia llamada la enfermedad del sueño. Su mujer y su hija desean volver a su país pero Ebbo parece no querer dejar ese lugar que tanto lo cautiva. Pasados algunos años, Alex (Jean-Christophe Folly), un enviado de la OMS de origen africano, arriba al país para evaluar el trabajo de Ebbo. Pero Alex encuentra un panorama desalentador: el programa que aquel maneja está claramente en decadencia y ni este ni nadie en el lugar le ofrecen respuestas satisfactorias que le permitan a Alex entender hacia dónde destinan el dinero enviado por la OMS.

    El mal del sueño (Schlafkrankheit, 2011) no presenta un conflicto muy claro. El film apunta a una problemática más íntima del protagonista, pero que no resulta muy asible. Ebbo es una intriga, una persona que parece saber lo que quiere pero al instante ya no. Porque con la primera media hora del film reconocemos en él a un padre de familia y médico de prestigio decidido a volver a Alemania con su familia y dejar atrás su vida en África. Luego de unos años (y sin saber qué ocurrió en el medio) vemos al protagonista cambiado: alguien inmerso en otra cultura pero también ávido por aprovecharse de ella, de su gente y de su posición profesional, aunque tampoco sea eso al parecer lo que busca realmente. El título del film funciona de manera simbólica representando la vida Ebbo, un ser que quedó adormecido en su accionar, en sus ganas de vivir y de luchar, prácticamente alienado.

    Aunque se puede seguir un argumento sin problemas, es difícil para el espectador entender qué pasa o qué va a pasar, pues nunca sabe más que los protagonistas. No se sabe si sentir pena o desprecio por Ebbo, ni cuál será su próxima acción. Como le sucede a Alex, quien con su mirada de extrañeza ante lo que ve nos representa en sentimiento. Con estas características, el final se auspicia como sorpresivo, pero este no deja de estar en consonancia con la totalidad. Si bien hay un giro cuasi inverosímil, al promediar el film se cierran los sentidos que antes faltaban. Aunque el halo misterioso quede flotando en la superficie.
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  • Sólo por dinero
    Sólo por dinero
    EscribiendoCine
    La caza recompensas

    Sólo por dinero (One for the Money, 2011) se puede clasificar dentro de un subgénero de films denominado “comedias sin ideas y sin comediantes”. Es la clase de película que pretende ganar espectadores con pobreza argumental pero distrayendo el eje con una actriz conocida, simpática y pulposa y con una –si se quiere- posible historia de amor entre los dos protagonistas: los infaltables opuestos que se atraen.

    Las primeras imágenes del film nos informan que la protagonista femenina, Stephanie Plum (Katherine Heigl), está en la quiebra. En apuros y a falta de algo mejor recurre a su primo Vinnie (Patrick Fischler), quien la hace ingresar en el negocio de garantes de fianza. La más abultada corresponde a Joe Morelli ([#16442 Jason O´Mara]), un policía con quien Stephanie tiene cuentas pendientes de la adolescencia, y algo más... Por arte de magia, Steph se convierte en agente, detective y caza recompensas. Entre el peligro y la acción, la atracción entre ella y Morelli comenzará a tomar protagonismo, si bien ni el peligro ni la acción ni la atracción logren algo emocionante en toda la película.

    Convertir a Katherine Heigl en heroína de acción dentro de una comedia ya había sido una de las principales apuestas de Asesinos con estilo (Killers, 2010), con el galán de turno, Ashton Kutcher. El desempeño de Heigl tenía que ver con la torpeza y la falta de experiencia en el manejo de armas y de ahí nacía gran parte de la comicidad del film. En Sólo por dinero esa etapa todavía no fue superada y se vuelven a repetir los clásicos clichés que ridiculizan a la actriz pero la hacen simpática por ello. El toque femenino en las escenas de acción es explotado al por mayor sin desperdiciar ningún plano que muestre el cuerpo de la protagonista para deleite del público masculino.

    Claro que los parecidos con otras películas pueden continuar. Sin ir más lejos, El caza recompensas (The Bounty Hunter, 2010) encuentra a la pareja protagonista en una situación similar pero con los roles invertidos (hombre persigue a mujer). Al menos en este film y el anteriormente mencionado presentaban dos protagonistas para poder sostener o generar la comedia. Si bien no es lo único que falla en este film, es impensable que esta actriz -a la cual le falta experiencia en el género- lleve adelante sola semejante tarea.

    A estas alturas no hace falta decir que el aburrimiento es lo más logrado de la película. Falla como comedia porque sus intentos no están a la altura ni se construyen con una pizca de ingenio. Se abusa de situaciones que ni siquiera resultan disparatadas o graciosas y, aunque rodea el sexo en más de una oportunidad, ni siquiera logra una escena romántica loable. El entretenimiento queda así en el olvido, como también quedará este film.
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  • Moacir
    Moacir
    EscribiendoCine
    Al ritmo de la samba

    Moacir (2011) es el tercer largometraje de Tomás Lipgot luego de Fortalezas (2010) y Ricardo Becher, Recta Final (2010). En esta oportunidad presenta un documental sobre un músico brasilero que reside en Argentina. Decide darle voz a un personaje que tiene mucho para ofrecer al público y que ama la música, pero al cual los infortunios vividos le determinaron un destino desafortunado. Con respeto y con el intento de mostrar a Moacir tal cual es y con sus palabras, Lipgot convierte a su protagonista en un ser querible.

    El director realiza un seguimiento a Moacir, músico y compositor brasilero, durante los días que, junto al músico Sergio Pángaro, prepara la grabación de un disco. Esta, según explica Lipgot, era la excusa para realizar el documental, si bien el disco todavía es un proyecto a concretarse. En esos días que Moacir se convierte en protagonista descubrimos a un hombre que no tuvo mucha suerte en la vida: una infancia pobre y con problemas familiares y, luego ya en Argentina, largos años como paciente del Instituto Psiquiátrico Borda. Con testimonios del mismo Moacir se van mezclando las reuniones con Sergio Pángaro para armar las canciones que conformarán el disco y las escenas se llenan de música y alegría brasilera.

    Otros personajes también aparecen en este documental musical: amigos de Moacir, la licenciada que lo ayudó con su rehabilitación en el Borda, y músicos que colaboran con el disco. El documental está filmado con mucha simpleza. Se trata de acompañar al músico pero no de invadirlo. Sin embargo es el mismo Moacir el que invita a los realizadores a vivenciar su vida y el que incluso opina y sugiere acerca de la realización del mismo. Con un personaje tan accesible y amistoso Lipgot intenta revivir con él los recuerdos que hablen sobre lo que es hoy pero sobre todo aquellos que lo presentan como un músico de samba que lleva en sus venas la alegría del carnaval.

    La cámara registra la vivienda y los lugares cotidianos de Moacir: una pensión y las calles y comercios de Constitución, un barrio que condensa decadencia, pobreza, marginalidad y cuya estética es bastante deprimente. Ese ámbito no le produce extrañeza alguna puesto que su pasado dentro del Borda es descripto por él como un verdadero infierno del cual se siente feliz y orgulloso de haber salido. Su vida es la música y es para lo cual él ha nacido, y esto la película lo deja más que claro cuando Moacir prepara los temas y también cuando los canta.

    La realización de este documental focaliza en un músico, en unos de los tantos músicos de Argentina, pero aquellos que no tienen facilidades para darse a conocer. Con este film Lipgot empieza a hacer justicia de esa situación y, con escasos elementos, logra divertir y hasta por momentos conmover, pero esto último casi sin buscarlo y sin ahondar en conflictos que en nada aportarían a la imagen de este músico tan especial.
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  • Inmortales
    Inmortales
    EscribiendoCine
    Nada nuevo bajo el sol

    La publicidad del film Inmortales (Inmortals, 2011) utiliza orgullosamente como su principal slogan que sus productores son los mismos del film 300 (2006). Esto no lo dice todo, pero si a esta presentación le sumamos las imágenes promocionales, no queda mucho por decir respecto del producto cinematográfico a ser presenciado. En pocas palabras, con muy pocos datos en su haber el público ya sabe qué es lo que verá en la pantalla: mucha sangre, torsos masculinos fornidos, cabezas cortadas por doquier y una trama inverosímil disfrazada de épica. A cambio de pasar dos horas con aire acondicionado, el precio no está nada mal.

    Cuenta el mito que cuando los seres inmortales libraron una batalla, los vencidos, ahora llamados titanes, fueron apresados en el interior del monte Tártaro. Por su parte, los vencedores, ahora los dioses, ascendieron a los cielos. El Rey Hiperion (Mickey Rourke) es quien ahora desea terminar con la humanidad y liberar a los titanes y así destruir Grecia. Pero Teseo (Henry Cavill), un campesino y guerrero elegido por los dioses, es quien deberá guiar a su pueblo para frenar a Hiperion y vengar también la muerte de su madre en manos de aquel. Una joven, valiente y seductora pitonisa auspiciará de guía de este muchacho, y será también quien vehiculice el infaltable romance del film.

    La presencia de Mickey Rourke es probablemente lo único rescatable de Inmortales. Como un despiadado e inescrupuloso villano, su caracterización en el film es más que acertada y acorde a la estética general. Todo lo demás es inconsistente, predecible, aburrido y repetitivo. Esta apreciación no tiene en absoluto que ver con el género del film, sino más bien con su extrema banalización. Es claro que este tipo de géneros se prestan a una estética determinada como la que proponen los productores de 300 y, más allá de los gustos, puede resultar atractiva a cierto público. Pero aquí, todo se torna tan absurdo que llega a resultar cómico. Pareciera ser que los tiempos míticos en el cine abren posibilidades fantásticas sobrenaturales sin rigor alguno y aquí es donde falla la película. Para jugar al relato épico apela a un tono serio y solemne que no deja siquiera lugar para una mínima emoción o espacio a la imaginación del público.

    A esta intrincada historia no le hace falta ningún elemento. O quizás haciendo alarde de sus recargadas imágenes, el relato no se abstiene de incluir nada, excepto la sobriedad. Ni siquiera se pide un poco de coherencia en un film que no busca en ningún momento conectar con lo verosímil, claro está. Pero la caricatura barata, básica, para nada simbólica de los mitos aquí ya aparece como un desquicio sin medida. El relato épico pierde toda dimensión y sentido, y lo que se sobredimensiona son imágenes vacías y hechas para hacer una película más en 3D.
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  • Historias cruzadas
    Historias cruzadas
    EscribiendoCine
    Las venas abiertas de EEUU

    Historias cruzadas (The Help, 2011) es una de esas películas que nos remiten a muchos films pero a ninguno en particular. Tanto por su temática como por la forma de mostrarla y encararla. Y, aunque dicho así no suene prometedor, lo cierto es que esta película atrapa al espectador desde la primera escena. En su amalgama de corrección política con melodrama, y un plus de comedia, vence cualquier prejuicio hacia los clichés holywoodenses (temáticos y estéticos) y nos invita a conmovernos y reflexionar con una buena historia y elocuentes actuaciones.

    El film transcurre en los años ’60 en el sur de EEUU, exactamente en Mississippi, la región más controversial del país respecto de la segregación racial. La película se narra desde la mirada de Aibileen (Viola Davis), una de las tantas mujeres afroamericanas dedicadas al servicio doméstico y a la crianza de los niños de las familias blancas. Skeeter (Emma Stone), una joven blanca de la clase alta y aspirante a escritora, le propone contar su historia, darle voz a quienes no la tienen, para luego ser publicada anónimamente. A pesar del miedo y los prejuicios, Aibeleen accede y junto a ella su amiga Minny (Octava Spencer). El film se va armando alrededor de estos personajes y sus vidas, testimoniando también una época del país.

    “¿Qué se siente dejar todos los días a tu hijo con otra persona para ir a criar a los hijos de una familia blanca?” Esta es la pregunta que inicia Historias cruzadas, la que le hace Skeeter a Aibileen, y con ella se abren una serie de interrogantes que parecen no tener respuesta. Y si bien el tema de la segregación de las razas abre miles de interrogantes, este film hace vivenciales cada uno de ellos. Porque si una persona negra era considerada por los blancos algo así como un ser sin dignidad, ¿por qué motivo confiarían a sus hijos a dicha gente? Por eso este film se construye con el dolor, el sufrimiento, la injusticia de las víctimas y, ¿quienes mejor que los americanos para crear ese lazo de identificación del espectador con los protagonistas y hacer que no decaiga ni un solo minuto?

    Por otro lado, las producciones americanas no tienen competencia si de ambientar un film de época se trata y todo en este film reafirma dicha superioridad. Pero más allá de esto cabe pensar que testimoniar acontecimientos del pasado en el presente dice algo respecto de ese presente, y que ninguna repercusión tendría un film como este si todavía hoy no resonara algo de aquellos tiempos pretéritos. Volver sobre estos temas -dejando por un momento de lado quien gobierna actualmente EE UU- nos habla de heridas abiertas, desde la mirada de Holywood, claro está, pero aún así es una manera de mantener la historia en el presente.
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  • Alvin y las ardillas 3
    Alvin y las ardillas 3
    EscribiendoCine
    La tercera ¿es la vencida?

    Al parecer los films infantiles de animación no se cansan de las sagas. Si un año fue rendidor para una película, pues ¿por qué no continuarlo? Las ardillitas también entendieron la lección número uno de los grandes estudios y volvieron por más. ¿O por menos? Esa decisión la tiene lógicamente el público, específicamente el infantil. Aunque, si el film logra entretener –y recaudar- a pesar de sus ya hartos conocidos posibles sucesos (ardillas en problemas de los cuales deberán salir airosas no sin antes pasar por ritmos varios cantando y bailando), la saga puede continuar ad infinitum.

    Dave decide ir con Alvin y las otras cinco ardillas a un crucero, su destino final es ir a recibir los Premios Internacionales de Música. Pero Alvin parece no entender ninguna recomendación de Dave cuando este le llama la atención por su conducta. Con sus travesuras termina enredando a las demás ardillas, y tras un infructuoso paseo en barrilete, acaban todas perdidas en una isla del océano. Al ir en su búsqueda, también Dave termina perdido allí. No estará sólo sino con Ian, aquel desalmado productor que maltrató a las Chippette y del cual se desconocen sus verdaderas intenciones. Cada ardillita sacará lo mejor de sí para sobrevivir, obviamente lo harán con mucha música y diversión.

    Como pasaba en las anteriores, gran parte del entretenimiento se la otorga la viveza, el carisma y las locuras de Alvin. Sin embargo lo que busca inicialmente el film es conseguir la identificación de los niños con las simpáticas ardillas. De alguna manera, la interacción con la raza humana está puesta al servicio de dicho sentimiento. La desobediencia al adulto, las continuas travesuras con los amigos, el temor a estar perdidos y no ser encontrados, son todas situaciones que intentan reflejar parte del mundo infantil y aquí es donde la película consigue llegar a su público más deseado. Porque más allá de algunos guiños a films como Náufrago (Cast Away, 2000), Alvin y las ardillas 3 (Alvin and the Chipmunks: Chip-Wrecked, 2011) está pensada para movilizar a los más pequeños y robarle quizás alguna mueca a los más grandes.

    Un párrafo aparte merece la música. Los animales de las producciones infantiles con dotes artísticas ya parece ser un clásico. La recientemente estrenada Happy Feet 2: El pingüino (2011), mantiene a los pingüinos al ritmo del tap dance llueva o truene, como también las ardillas no pierden las ganas de cantar aunque el mundo se caiga abajo. La música con su aura mágica para mejorar los malos momentos es un cliché –efectivo, claro está- de más de un film y no sólo infantil. Y no se puede negar que cuando la impronta musical es de calidad y moderna, el film gana algunos puntos y este film no es la excepción. Lo que sí resta, sin embargo, es el abuso de ciertos recursos y ver por tercera vez a las ardillas haciendo lo mismo empieza a resultar un poco tedioso.

    Los productores de esta clase de sagas apuestan seguramente a la renovación del público. Posiblemente muchos niños desconozcan la parte 1 y la 2 y por eso la novedad no es una cualidad ausente en este film. La repetición en sí no es condenable. Pero cuando se convierte en Ley y no en la excepción entonces se entra en una vorágine un tanto viciosa que tiende a menospreciar a un público ávido de historias y completamente abierto a la imaginación y a mundos nuevos. Eso es lo que muchos productores deberían aprovechar, en lugar de aprovecharse.
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Nadie sale vivo de aquí

    La vinculación de los protagonistas con la muerte es el núcleo que desencadena una historia donde el ridículo, lo absurdo y el humor negro nunca descansan. Con un estilo allegado al de Alex de la Iglesia, el director Ian FitzGibbon consigue con Cuatro muertos y ningún entierro (A film with me in it, 2008) una comedia tragicómica con una coherencia estética muy sólida. Entretenimiento asegurado.

    Mark (Mark Doherty) es un actor fracasado que no logra conseguir trabajo para pagar el alquiler de su ya casi destruido departamento. Cada día debe enfrentarse a las súplicas de su mujer para que arregle los desperfectos de la vivienda, a la vez que intenta huir de la vista del propietario para evitar pagar los meses adeudados. El cuadro se completa con su enfermo hermano, anulado mental y físicamente; el perro de su novia y su amigo Pierce (Dylan Moran). Este último se define como “director, escritor y camarero” aunque, si bien no para de proponer ideas para futuras películas, no hace nada de ello y auspicia de consejero de Mark. Un día, sin quererlo, Mark y Pierce se encuentran altamente comprometidos con una serie de muertes, contexto del cual intentarán librarse pasando por las más hilarantes situaciones.

    Esta película tiene un don especial que son los dos actores principales. Sus características físicas y su gestualidad, no podrían ser más perfectas para esta comedia. El director exacerba todas estas formas con la angulación de la cámara, los continuos primerísimos planos de los rostros, la iluminación. Además, cada objeto o persona que comprometen a los protagonistas es subrayado por el plano detalle que, sumado a la música crea un clima enrarecido, donde el director claramente apela al suspenso aunque muchas veces desde lo ridículo.

    Podría afirmarse igualmente que la confianza en la dupla protagónica es sobreestimada. La película se mueve por lugares familiares de la comedia y a veces previsibles, lo cual no la desacredita en absoluto pero, al lucir a los actores, dilata escenas que no provocan giros interesantes a la trama y desacelera cierta agilidad que propone el film. Como contraparte de esto, sin embargo, la película consigue diálogos muy ingeniosos y manejados con un buen ritmo.

    Este film está pensado y filmado como comedia. Los planos ya preanuncian la comicidad de las escenas y en esa redundancia la película adquiere una estética lúdica muy acorde a su planteo. De hecho, el título original del film en castellano significa “una película conmigo en ella”, y este elemento vale ser destacado porque el film también juega con la autoreferencia desde un lugar humorístico y que resultará muy efectivo dramáticamente.
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  • El gato con botas
    El gato con botas
    EscribiendoCine
    Marcando la G del gato

    El gato con botas es originalmente un personaje de un cuento popular europeo. Adaptación va, adaptación viene, en la actualidad sale otra vez a la fama gracias a Shrek 2 (2004). Aquel agraciado y españolísimo gato fue interpretado por Antonio Banderas y, para qué lo vamos a negar, se merecía tener su propia película. Para todos los que se quedadon con las ganas, aquí llegó su momento. Sin embargo, para otros un protagónico quizás sea demasiado. Pero, ¿quién le puede decir que no a un gatito capaz de estremecer con su mirada hasta el más insensible villano?

    La escena inicial nos introduce a un habilidoso y suspicaz personaje que vive fuera de la ley buscando riqueza. Al poco tiempo el gato se encuentra con El huevo (Zach Galifianakis), un viejo amigo -y sí, literalmente un huevo- y su compañera Kitty (Salma Hayek), una sensual y valiente gata. Estos dos fueron a su encuentro para convencerlo de ir en búsqueda de los frijoles mágicos y los huevos de oro, al parecer unos tesoros invaluables. El gato fue, en un pasado, traicionado por quien él consideraba su hermano, el Huevo, y por eso no accede de inmediato. Por él fue deshonrado frente al pueblo y a su madre postiza, y todavía intenta redimirse. Pero claro que, finalmente, es convencido por la linda gatita y así al film no le falta nada: aventura, romance, traiciones y caídas libres en 3D al por mayor.

    Un personaje salido de Shrek 2 tiene algo prometedor. Aquel film manejaba mucho la parodia, tanto de otros cuentos infantiles como de la vida real. Pero ese ingenio no se traslada fácilmente como el personaje. Eso lo omitieron los realizadores. Por eso es necesario advertir a quienes gustaron de la película del ogro que no esperen los mismos resultados. Esta vez los niños saldrán más satisfechos de una película de animación bien hecha, con muchas escenas para el lucimiento del 3D y una historia simple.

    Ahora bien, si de textos que refieren a otros textos se trata, sí se puede relacionar con Shrek 2. No solamente porque el gato con botas es interpretado por Antonio Banderas sino que, además, este simpático y viril felino tiene más de una similitud con el personaje del Zorro, también interpretado por el español. Y las similitudes no se intentan ocultar. Tantos elementos conocidos pero poco reformulados terminan por achatar una película que podría haber continuado la línea humorística de Shrek (2001). Si la originalidad no estaba en los personajes, al menos la historia podría tener mayor vuelo o ingenio. ¿O será que para eso tendremos que esperar la película del burro?
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  • Happy Feet 2: El pingüino
    Felices juntos

    Las aventuras de estos simpáticos pingüinos con “pies felices” continúan en esta secuela para entretener a los más chicos y seguir demostrando que el ritmo y la alegría pingüina están a flor de piel. Entre el góspel y el rap, las escenas de música y baile logran una magia especial. Se suma a esto una calidad visual impecable, indudablemente mejorada con el 3D, que atrae tanto a chicos como a grandes.

    Esta vez es el pequeño Erik (Ava Acres), hijo de Mumble (Elijah Wood) y Gloria (Pink), quien apenado y avergonzado por su incapacidad para bailar como lo hacen sus pares decide abandonar al grupo junto a sus dos primos. Su padre es quien sale a buscarlo, pero al regresar a sus tierras con los niños encuentra a los pingüinos emperadores atrapados por un iceberg gigante. Mumble deberá buscar ayuda para que puedan sobrevivir y salir de allí, si bien la tarea no se perfila como posible frente a semejante desastre natural.

    Hay una historia paralela a la de los pingüinos: la de dos camarones, o krills, Will (Brad Pitt) y Bill (Matt Damon), que deciden apartarse de su grupo por las dudas existenciales de Will, a quien ya no lo conforma su mundo y desea “avanzar en la cadena alimenticia”. Esta inclusión diversifica un poco la película con algo de humor y le agrega otra posibilidad visual al 3D, si bien estos personajes nunca se integran a la historia principal y aparece más como un relleno para darle color (literalmente) al film.

    Como si de un documental se tratase, la idea de grupo como un todo funcional para que la supervivencia sea posible es una característica del film que vale la pena mencionar, ya que más de una vez los problemas se resuelven de ese modo. En este film la danza funciona en este sentido: como un momento de comunión casi ritual. Estas escenas logran cautivar por su calidad musical y coreográfica y hacen honor al nombre de la película. Como era esperable, la banda sonora en general está excelentemente cuidada y es lo que hace distinguir al film de otras animaciones actuales.

    En cuanto a la historia, Happy Feet 2: El pingüino (Happy Feet two, 2011) apuesta a realzar los valores familiares, los de la amistad, y también colocar al amor como el gran motor. Se puede pensar que en una historia infantil como esta, en donde la subsistencia es el objetivo principal de los animales, es interesante transmitir a los niños que tanto la solidaridad como el cuidado del medio ambiente pueden hacer un gran cambio. Pero muchas el intento por dejar mensajes está demasiado presentes y aburre. Esta elección determina que el entretenimiento como fin en sí mismo ceda en pos de mantener el espíritu didáctico, lo cual no siempre resulta una ganancia interesante en un film infantil.
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  • Las nuevas aventuras de Caperucita Roja
    Menos moraleja y más acción

    Las caperucitas rojas de ahora no son como las de antes. El tiempo ha pasado y la protagonista de este tradicional cuento infantil es ahora una súper heroína cinematográfica a quien, incluso, le molesta que la tilden de “niñita”. Junto con la abuelita, el lobo, y unos extraños Hansel y Gretel, entre otros, este film animado para niños se apoya en los textos infantiles para robarles sus personajes y parodiarlos, jugar con ellos y contar una historia de aventuras dinámica, graciosa, y repleta de imágenes reconocibles para los más chicos.

    Mientras Caperucita Roja se entrena con un grupo secreto llamado “Las hermanas de la caperuza”, su abuelita es secuestrada por una bruja con maléficas intenciones. Los agentes de la HEA (siglas que en inglés significan Finales Felices para Todos), comandados por la rana Nicky, deben salir al rescate y para dicha misión convocan a Caperucita. Conseguir el ingrediente secreto de una trufa que hace invencible a quien la coma, es la principal meta de la bruja, pero como sólo la abuela de Caperucita lo sabe no la liberará hasta obtener dicho secreto. Con esta dificultosa y arriesgada tarea, las hazañas de Caperucita y sus amigos consiguen que el film cobre acción y, junto con el atractivo del 3D, mantener la atención de los chicos.

    Siguiendo cierta tradición iniciada por la conocida Shrek (2001), esta película reúne en una misma historia a personajes de distintos cuentos e incluso con sus roles invertidos. Si tradicionalmente el lobo feroz se quería comer a la dulce Caperucita y a su abuela, ahora es su amigo y principal ayudante. Hansel y Gretel tampoco resultan ser los niños inocentes y temerosos del cuento homónimo. Y la abuelita es aquí una agente valiente y temible. En este juego de parodias e inversiones todo se trastoca y resulta cómico y ridículo. Este recurso utilizado por el film abre nuevas versiones de las historias originales y con esto apela un público infantil para nada pasivo.

    Por otro lado, también es factible que los más pequeños desconozcan a los personajes ya que pueden resultar antiguos. O bien que Las nuevas aventuras de Caperucita Roja (Hoodwinked Too! Hood vs. Evil, 2011) tenga algunos guiños no muy fáciles de captar para los más chicos. Sin embargo esta secuela tiene la frescura de los dibujos animados, repletos de gags y situaciones absurdas, y la redundancia necesaria para seguir la historia sin problemas y entretenidamente. Y por supuesto que el placer de los cuentos infantiles, donde los malos son castigados y los buenos recompensados con el esperado final feliz, se mantiene vivito y coleando, aún cuando no todos los malos resulten ser tan malos.
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  • Tres hermanos, tres destinos
    A todo o nada

    La escena inicial de Tres hermanos, tres destinos (Hors-la-loi, 2010) sintetiza con una breve e ilustrativa situación -el desalojo de una familia argelina de sus tierras- el germen de lo que luego deviene en un film sobre la lucha por la liberación de Argelia. El director Rachid Bouchareb se detiene en un hecho histórico para hablar de la libertad y la revolución: cómo se organiza, qué ideas la sostienen, y quiénes son los que las llevan a cabo. Pero también elige representar la injusticia, el sufrimiento y la marginalidad de quiénes padecen la opresión.

    Tras la escena del comienzo, el film muestra a la familia pasados los años: uno de los hermanos, Messaoud (Roschdy Zem), peleando en la guerra de Indochina; Abdelkader (Sami Bouajila), detenido en Francia como preso político y Said (Jamel Debbouze) cuidando de su madre. Al reencontrarse los tres, Said se dedica a buscar dinero en toda clase de actividades clandestinas, mientras que Messaoud y Abdelkader se ponen al mando del Frente de Liberación Nacional (FLN), y los tres quedarán, como bien lo dice su título original, fuera de la ley.

    Si bien este film hace hincapié en un hecho histórico particular, gran parte de su atractivo reside en su valor como drama. Esto no se debe solamente a la relación de los hermanos y su madre, sino que es un elemento intrínseco a la película. Quizás porque cada decisión, cada palabra, o cada paso que deciden realizar les determina gran parte de su vida. Y en este caso no sólo la de ellos, sino la de un país. El dramatismo que resulta de esto es un elemento que también establece el destino del mismo film, en el cual no se puede buscar un respiro de esa densidad durante más de dos horas. La tensión es constante y va in crescendo, y así la película se hace eco del tema que decide tratar: sólo la liberación de Argelia puede terminar y aliviar esa tensión.

    La lucha por Argelia repercute directamente en la vida de estos hermanos y la película lo muestra de un modo efectivo. Sin caer en golpes bajos, pero sí remarcando el sufrimiento de los involucrados y no sólo con escenas de violencia, que son las menos, sino con diálogos más que elocuentes y de mucha claridad. Y esto es así porque el film decide trabajar con un hecho histórico que, si bien conocido por muchos, debe representarse de modo tal que se comprenda el contexto y las ideas involucradas.

    Hay un factor final que hace también atractiva a Tres hermanos, tres destinos, y es el modo en que decide representar la heroicidad. No como una cualidad obvia o natural a las personas sino como algo adquirido por necesidad, por fuerza mayor. Esa heroicidad que de tan humana bordea los límites de la crueldad y el dolor. Un film sólido, de calidad y convincente. Con excelentes actuaciones y una dirección impecable.
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  • Vaquero
    Vaquero
    EscribiendoCine
    Ser o no ser

    La ópera prima de Juan Minujín muestra la vida de un actor de 33 años que enfrenta una crisis existencial desencadenada, entre otras cosas, por su no pertenencia al “sistema”. El tipo de humor que maneja el director está asociado a cierto sarcasmo relacionado a la visión que tiene el protagonista de su propia vida. Vaquero (2010) logra una conexión casi inmediata con el público y consigue captar las situaciones con verosimilitud y elocuencia.

    Julián Lamar (Juan Minujín) tiene un papel protagónico en una obra de teatro pero odia a su compañero de elenco, quien, según él, pretende hacer reír al público robandole las escenas. También desempeña un papel secundario en un film, pero vive acosado por los celos hacia el actor principal, Alonso (Leonardo Sbaraglia), que “seguramente gana en un año lo que él en diez”. Julián tiene la oportunidad de asistir al casting de un film que un reconocido director internacional filmará en Argentina. Apuesta al papel principal, el de un vaquero, pero estará siempre acompañado por sus prejuicios de outsider que lo determinan negativamente.

    Vaquero presenta a un personaje que hace equilibrio entre acomodarse a lo socialmente aceptable y la aceptación de más profundas y oscuras fantasías. A medida que la película avanza la tensión es mayor. Pero esa tensión está contenida al exterior; es su interior el que el director sabiamente descubre al espectador por medio de la voz en off de Julián. Desde las primeras escenas del film sabemos qué es lo que piensa sobre el mundo y la gente que está con él, efecto que genera la complicidad automática: somos espectadores activos que reconocemos sus pensamientos sin escucharlos.

    Julián vive en un perpetuo desdoblamiento: intenta parecer normal por fuera, pero su voz interior es la de un inadaptado social al borde de caer en un colapso depresivo. Esa dicotomía provoca una comicidad relacionada con la crudeza con que se muestra su vida. Una crudeza que se acrecienta y que convierte a la comedia en algo tragicómico. A la vez que Julián desnuda sus miedos, sus fantasías, su perversión, se hace más evidente la distancia entre el deseo y la realidad, y así Julián se descubre como un personaje patético.

    Hay algo que se debe destacar de la película de Minujín: la elección de realizar su ópera prima sobre un mundo que él conoce y al que pertenece. Deja descubrir miserias e hipocresías que son inherentes a este submundo y, si bien dentro de la ficción se relativiza, la intención no deja de ser por momentos crítica. La decisión de hablar sobre un tema familiar le otorga a Vaquero una autenticidad notoria que se refleja en todas las elecciones del director.
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  • Invasión a la privacidad
    El enemigo en casa

    La obsesión de una persona hacia otra es un tema recurrente en el cine. La relación víctima-victimario que se forma suele disparar momentos de tensión dramática que funcionan muy bien. Por ejemplo, aquellos en los cuales el obsesivo (y, por lo general, loco) persigue o espía a su víctima. Este tópico es el cimiento principal, por no decir el único, que sostiene a Invasión a la privacidad (The resident, 2011). Su argumento es débil y las escenas resultan así bastante previsibles.

    Juliet (Hilary Swank) es una médica que vive y trabaja en la ciudad de Nueva York. Tras descubrir que su novio la engaña decide mudarse, y para ello sale en búsqueda de un nuevo hogar. Llega a un edificio habitado por un joven y apuesto propietario, Max (Jeffrey Dean Morgan); y su abuelo, un hombre misterioso que parece guardar algún secreto con su nieto. Las noches de Juliet no se mantienen silenciosas: alguien perturba la tranquilidad que parecía reinar en el lugar y la espía desde la oscuridad. Un ex novio celoso, un extraño hombre mayor, y un amigable propietario se convierten así en tres posibles sospechosos. Pero la intriga no tardará en resolverse y luego que esto sucede toda la historia se convierte en monótona. De hecho hay líneas argumentales que no se terminan de completar y un manejo bastante básico del suspenso.

    La noche en este film tiene dos connotaciones bastante obvias. Por un lado, es el momento de mayor intimidad de Juliet, donde se desnuda y se relaja de sus largos días de hospital. Pero cinematográficamente representa el misterio, lo oculto, el temor y la ansiedad ante lo que no es visible. Con estas premisas se intenta crear el clima general del film. Y, por otro lado, con pistas confusas sobre la identidad del espía, se produce el suspenso y la intriga necesarios para atrapar al espectador. Pero, como si de una receta se tratase, el director Antti Jokinen, abusa de algunos recursos que, si bien funcionan, en su repetición pierden fuerza.

    Avanzada la historia más de veinte minutos un efecto de rebobinado retoma el comienzo de la historia, y avanza hasta el mismo momento pero desde el punto de vista del verdadero espía. Este recurso nos descubre tanto la identidad como la personalidad obsesiva del personaje y sus verdaderas intenciones con la víctima. A partir de aquí el director nos otorga un nuevo saber y nos concede la perspectiva del victimario. Pero al revelar tan rápido la incógnita principal, se queda sin argumento para después y, un recurso que podría haber funcionado para darle más fuerza y originalidad a la historia queda desaprovechado.

    Todos los personajes de Invasión a la privacidad resultan arquetípicos en un film que, por momentos, parece buscar algo más. Por lo tanto, si lo que el espectador espera es ver un thriller más del montón, no saldrá decepcionado. Su visión es adecuada para aquellos días que no se busque ni ambición narrativa ni novedad alguna.
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  • Un año más
    Un año más
    EscribiendoCine
    Año nuevo, ¿vida nueva?

    Para ver Un año más (Another year, 2010) se debe elegir uno de esos días en los cuales la fortaleza de espíritu esté a flor de piel, pues con este film el director Mike Leigh penetra zonas bastante frágiles y dolorosas de los seres humanos. Como si esto fuera poco, el tiempo que se toma para desarrollar la temática es aletargado. Si bien con mucho diálogo y escenas extensas, la película no se torna aburrida pues tiene un buen argumento y excelentes actuaciones.

    Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen) conforman uno de esos matrimonios cuasi perfectos y armónicos. Los años vividos y la experiencia solidificaron su lazo amoroso, el respeto y la confianza. En su confortable hogar reciben cada tanto a Mary (Lesley Manville), compañera de trabajo de Gerri y amiga de la pareja, quien está a punto de tocar fondo: neurótica, depresiva y alcohólica, ahoga sus penas en la casa de Gerri y Tom, al parecer, su único sostén afectivo. Mary está enamorada del joven Joe (Oliver Maltman), hijo de la pareja, si bien él solo la ve como una tía aunque ella no lo admita. Un amigo de Tom, otro alcohólico depresivo, y su hermano recién enviudado son los otros personajes que completan el drama.

    La mirada del director a sus personajes es clave en este film porque hay una intención por exponerlos en su vulnerabilidad, sobre todo a Mary. Mike Leigh logra las mejores escenas cuando busca representar la tensión entre sus personajes. En este sentido, el alcohol se presenta en la película como un elemento clave, pues aquellos que están tristes y deprimidos sólo se dedican a beber y se tornan patéticos a la mirada ajena.

    Pero por otro lado, el film está lleno de momentos de este estilo, y se abusa también de la presencia de la bebida como vía de evasión. Así, su intento por representar temas como la soledad, la depresión, el alcoholismo, y la incomodidad social que producen, se transforma por momentos en un cliché efectista para generar pena y condescendencia.

    Un año más tiene excelentes actuaciones, diálogos efectivos con los que el director consigue un clima espontáneo y familiar, pero parece caer en la trampa del drama, donde los personajes sólo funcionan con un rasgo que los define en todo el film y donde para humanizarlo el dolor no debe faltar nunca. Esta cualidad vuelve un poco denso a un film que tiene una búsqueda noble e interesante.
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  • Linterna Verde
    Linterna Verde
    EscribiendoCine
    Un superhéroe deslucido

    Para todas aquellos ávidos fanáticos de los films sobre superhéroes, el estreno de este Linterna Verde (Green Lantern, 2011) es sin duda un momento para celebrar. Pero una vez que el momento llega, lo ideal sería que esté a la altura de las expectativas. Aquellos seguidores pueden sentir entonces un afecto especial por el film, más allá de sus falencias. Pero para el espectador al que sólo le interesa ver una película sobre superhéroes para divertirse un rato, este film podría ser obviado: como entretenimiento es apenas aceptable.

    Hal Jordan (Ryan Reynolds) es un piloto de pruebas. Un joven valiente, con un espíritu arriesgado, aunque con el recuerdo del accidente de su padre -también piloto- perturbándole la mente. Una noche Hal recibe de un alienígena un anillo verde que le otorga poder, que a su vez se recarga con una batería (la linterna del título). La misión de este extraño ser era encontrar en la Tierra a un individuo lo suficientemente idóneo para convertirse en un Linterna Verde, una fuerza espacial intergaláctica que mantiene la paz y la justicia en el Universo y su fuente de energía proviene de la voluntad. El miedo, por su parte, representa lo opuesto, o sea, la debilidad de estos individuos, de la que se alimenta el mayor enemigo de los Linterna Verde. Hal deberá demostrar que, a pesar de desconocerlo, la elección de Albin fue la correcta, y se enfrentará a su peor enemigo: el miedo.

    La relación de Hal con el nuevo desafío de ser un Linterna Verde se produce como un hecho casi natural. El extrañamiento es un detalle menor, como si convertirse en superhéroe fuera algo de este mundo. Aparentemente también es incuestionable por qué lo eligen a él. Son algunas incógnitas que dan a entender que el film está pensado sin ninguna problematización y en forma lineal. El director Martin Campbell resuelve las escenas referidas a su transformación de un modo bastante aburrido. La trascendencia de su cambio parecería ser menos importante que la relación con Carol Ferris (Blake Lively), la joven y bella piloto, hija del jefe de Hal, ex pareja del protagonista y su actual objetivo de conquista.

    Si bien Hal es un personaje controversial, pues sus debilidades humanas representan su mayor peligro, en el film apenas se destaca ese aspecto. Su condición no lo convierte en el candidato perfecto para ser un linterna verde y eso es un conflicto clave para el personaje. El director se apoya básicamente en el carisma del personaje, y en mostrar de qué manera su nuevo estatus lo ayuda con su conquista femenina. A pesar de tener un personaje tan rico todo se diluye en banalidades.

    Podría esperarse, entonces, que los nuevos universos y seres que conoce este héroe novato sean el fuerte del film, marcando la naturaleza de la película desde sus apabullantes efectos e ingeniosas imágenes. Sin embargo, esta esperanza se desvanece por completo y, así como las escenas del mundo humano se tornan chatas, el universo del cómic también se desaprovecha desde lo cinematográfico, pensándolo más bien como una mera ilustración -valga la redundancia- que como un film en sí mismo.

    Linterna Verde hace un enfoque meramente comercial, cuasi infantil, sin ninguna búsqueda más que usar un nombre conocido para hacer un film sin ambición. Así como Hal se permite arriesgar su vida, la película hace todo lo contrario. Resulta de esto un film pacato, obvio, y sin vuelo.
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  • Una misión en la vida
    Una misión en la vida
    EscribiendoCine
    Recurso humano

    Si bien el director Eran Riklis (La novia Siria, 2004) sitúa su film en Israel y Rumania para mostrar una historia vinculada a su cultura, Una misión en la vida (The Human Resources Manager, 2010) tiene que ver con los vínculos. Riklis propone el restablecimiento de relaciones y valores que en el mundo capitalista tienden a depreciarse, con una historia simple y optimista.

    A través de una publicación en la prensa, la empresa panificadora más importante de Israel aparece difamada por su falta de ética y humanidad. En la noticia se da a conocer que una de sus empleadas fallece a causa de un atentado terrorista y nadie fue a reconocer o reclamar su cuerpo. La jefa de la empresa encarga al Gerente de Recursos Humanos (Mark Ivanir) que limpie el nombre de la panificadora. El reconocimiento de la víctima hasta su entierro quedan así en sus manos, y lo que él consideraba un mero trámite se convierte en una verdadera misión.

    Una vez presentado el conflicto principal, el film se convierte en un Road Movie, con personajes disímiles que se suman al viaje que debe emprender el Gerente para lograr enterrar el cuerpo. En este trayecto, el protagonista se encontrará con el hijo de la fallecida, de origen rumano. Esta relación, a pesar de los problemas de comunicación, es clave para el curso que tomará la historia y para la transformación que el personaje del gerente sufrirá lentamente. Su visión fría y descomprometida frente al asunto que debe resolver empieza a convertirse en una crisis de identidad y un encargo que parecía totalmente ajeno a su vida y su trabajo cotidiano, se le torna su única meta en la vida.

    La película tiene también momentos de humor que, si bien no tienen gran eficacia, son necesarios para alivianar el clima trágico que la presencia del cajón fúnebre instaura en todo el recorrido. Por otro lado, como se menciona al comienzo de la nota, el director no deja en ningún momento de lado el contexto político y cultural de su país y eso es lo que le otorga a Una misión en la vida su idiosincrasia particular. No se pretende indagar a fondo en ese contexto pero con algunos elementos Riklis deja asomar su preocupación por su país, representando esto a través de la forma en que las personas son afectadas en su vida diaria. La historia se resignifica así desde diferentes ángulos que dejan entrever una mirada crítica, y tal vez de cierto dolor.

    Esta película intenta conmover al espectador pero muy sutilmente, sin lugares comunes ni golpes bajos. Porque lo que se pretende principalmente es de dar un mensaje esperanzador, sobre los vínculos humanos y las solidaridad, con un relato claro y simple. Misión cumplida.
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  • Hanna
    Hanna
    EscribiendoCine
    Corre Hanna Corre

    Hanna (2011) es un film de acción pero con un argumento que gira constantemente hacia el drama. Es interesante el vínculo entre las dos facetas, pero ninguna adquiere la fuerza suficiente. El director Joe Wright intenta construir un personaje diferente, inadaptado, aunque cae en ciertos clisés que terminan opacando los aspectos más interesantes.

    Hanna (Saoirse Ronan) es una adolescente que vive en el medio del bosque en Finlandia. Su padre Erik (Eric Bana), un ex agente de la CIA, decidió criarla allí para que no la encuentre una agente de inteligencia (Cate Blanchett), quien los busca por razones que la trama irá rebelando. Erik entrenó a Hanna desde pequeña para matar a esta mujer, por lo que Hanna es una niña un poco salvaje, pero con estudios y conocimientos. El día de salir llega y ella debe luchar por su vida y cumplir con la misión para la que fue criada. Conocer y adaptarse a la vida en sociedad será, además, su otro gran desafío.

    Las protagonistas femeninas en films de acción ya dejaron de ser una novedad. No deja de generar, sin embargo, cierto misterio. Una mujer que encauza su vida hacia un ámbito generalmente masculino, donde el crimen, la muerte y la violencia son moneda corriente no es cualquier mujer. En Hanna, esta idea está doblemente explotada: no sólo que la protagonista es mujer sino que además es casi una niña. De estos elementos se vale Wright para intrigar al espectador: ¿Por qué una niña está entrenada para matar?¿A quién debe ultimar?

    Con premisas claras pero sin esclarecer del todo los motivos, la película alcanza buenos momentos, con escenas de acción muy logradas aunque repetitivas que remiten a Corre Lola Corre (Lola rennt, 1998): muchos momentos muestran a la niña de cabellos rubios corriendo hacia algún lugar para escapar de sus captores. Esos fragmentos están notoriamente dilatados con imágenes altamente sugestivas, mientras que la musicalización eletrónica (de los Chemical Brothers) convierte a cada persecución en un cuasi video clip, otorgando un ritmo visual muy ágil y entretenido.

    Hay ciertas líneas argumentales que se abren pero que no tienen una resolución definida. Hay, también, un énfasis en la reinserción social de Hanna, que sin embargo se desarrolla casi sin complejidad, de forma chistosa y sin proponer una crisis o conflicto. Por otro lado, se presenta la idea de la predestinación al momento de analizar la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos para los que la protagonista fue programada. Pero esto tampoco se complejiza y termina adquiriendo protagonismo la persecución por parte de personajes malvados liderados por una mujer sin escrúpulos.

    Hanna tiene pretensiones estéticas y un argumento aceptable, pero apela más de lo necesario a resoluciones banales y conocidas.
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  • Poder que mata
    Poder que mata
    EscribiendoCine
    El hombre que sabía demasiado

    Del director Doug Liman (Sr. y Sra. Smith, 2005) llega este film basado en el caso conocido como “Plamegate”, en el cual el gobierno norteamericano aparece fuertemente cuestionado por su accionar en temas como la guerra y el terrorismo tras los atentados del 11 de Septiembre de 2001. Poder que mata (Fair Game, 2010) muestra una historia compleja y atrapante, aunque por momentos con demasiada información y excesivos diálogos.

    Valerie Plane (Naomi Watts) es una agente encubierta de la CIA dentro de la división Anti-proliferación de armas nucleares. A pocos meses del atentado terrorista, decide investigar una posible venta clandestina de uranio de Nigeria a Irak para su programa nuclear. Valerie recomienda a Joe Wilson (Sean Penn), su esposo y ex embajador para ese trabajo. En su informe a la CIA, Wilson afirma que la supuesta venta no es un hecho que pueda ser confirmado por los datos recopilados en aquel país. Aun así, el gobierno norteamericano afirma tener suficientes pruebas para declarar públicamente la inminente guerra con Irak. De esta manera, un diplomático intransigente y su mujer se verán altamente comprometidos en un caso de traición, manipulación y abuso de poder por parte del gobierno.

    En el comienzo del film se muestra a Valerie en pleno espionaje y en su trabajo cotidiano dentro de la CIA. En estas escenas se aporta mucha información acerca de las armas de guerra, Sadam Husein e Irak, lo que ayuda a contextualizar pero también a confundir: se propone desde la dirección una puesta ágil pero en escenas repletas de información, con muchos personajes y de palabras poco familiares, dificultando el seguimiento de la trama. Es una vez avanzado el argumento que casi todo lo anterior empieza a cobrar sentido, si bien muchos elementos parecen sobrar.

    El director decide mostrar a Valerie y Joe como una pareja cualquiera, pero destaca que no son ciudadanos comunes: el trabajo que realizan y su vinculación con el Gobierno los posiciona en un lugar secreto y altamente comprometido. La película trabaja esta dicotomía constantemente, pero la pareja cambiará luego de que la trama avance. Cuando se produce el conflicto principal, los protagonistas son representados como verdaderos héroes: dos ciudadanos que siempre trabajaron para su gobierno ahora se convierten en sus principales enemigos. La estructura a partir de aquí es la lucha del bien contra el mal, y bien podría ser como en aquellos films donde el hombre pelea contra un monstruo, al parecer invencible, en este caso la Casa Blanca.

    La propuesta de Poder que mata es propensa a diálogos y/o escenas con carácter de moraleja, lo que se aprovecha muybien. Dado que al film le sobra acción, que el elenco principal es más que valioso y convincente y que la historia es, además, un hecho verídico, dichas escenas son más que criticables y le restan fuerza a un film que habla por sí solo.
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  • Culpable o inocente
    Culpable o inocente
    EscribiendoCine
    Que la inocencia te valga

    Culpable o inocente (The Lincoln Lawyer, 2011) es una película de abogados. Esa es la forma más fácil de definirla a la hora de otorgar una información concisa y práctica para aquel espectador que decida ir al cine. El film es principalmente un thriller, con ingredientes conocidos, pero que no defrauda en absoluto y con un protagonista que vale la pena conocer.

    Mickey Halley (Matthew McConaughey) es un abogado penal que representa a aquellas personas que otros rechazan por cuestiones éticas. Su profesión lo posicionó en un lugar cínico: aprovechando las fallas del sistema judicial y sus defectos Mickey arregla sus casos manipulando gente y engañando incluso a sus clientes. Gracias a su fama consigue representar a un joven millonario acusado de golpear a una prostituta, pero su investigación sobre el caso no resultará la esperada, y se encontrará con un oponente tan sagaz como él, que lo ubicará en un lugar sin salida.

    Mickey trabaja para hacer justicia pero en su accionar bordea el límite entre lo correcto y lo cuestionable. Dicha cualidad es fundamental para completar la trama del film, si bien varias veces se redunda acerca del proceder del protagonista para que el espectador no tenga dudas al respecto. La película convierte a Mickey en un rival difícil de vencer: astuto, rápido, carismático; sin embargo el director produce un giro argumental en el cual será una de sus principales debilidades las que pondrán en juego su carrera y hasta su vida.

    Culpable o inocente es uno de esos films en donde no se puede adelantar gran parte del argumento sin estropear la intriga y es por eso que la información en esta nota puede resultar acotada. Sin embargo, sí se puede mencionar que el film se propone descubrir ciertos vericuetos del sistema judicial que, llevados a la práctica pueden perjudicar a inocentes o favorecer culpables. La película se centra en un personaje que sufrirá una transformación a nivel profesional y por la cual deberá pagar un precio alto. Es en la combinación entre lo general y lo particular que el film consigue su eficacia.

    Si bien muchos elementos para manejar el suspenso y la intriga son típicos de cualquier thriller, la trama se las rebusca lo suficiente para que el interés se acreciente. Podría cuestionarse cierto exceso de información que, en ciertos momentos, puede desconcertar; y también cierta manipulación para hacer del protagonista un héroe. Dado que desde el argumento se pretende utilizar la mala fama de los abogados para construir este personaje, dicha idea podría haberse continuado y hacer una trama aún más solida y coherente con la propuesta original. Aún así, el film no pierde credibilidad y el personaje logra convencer a cualquier audiencia.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    EscribiendoCine
    Un superhéroe suelto en la tierra

    Este film dirigido por Kenneth Branagh es una adaptación del cómic Thor, rey del trueno, y presenta una historia fantástica proveniente de la mitología nórdica. Aprovechando las ventajas del cine 3D esta película se apoya principalmente en los efectos especiales que permiten un despliegue visual único al momento de representar los Reinos desconocidos y los elementos sobrenaturales.

    Cuando Thor (Chris Hemsworth), hijo primogénito de Odín, Rey de Asgard (Anthony Hopkins), hereda el trono de manos de su padre, decide reavivar una antigua guerra. La insensatez y la terquedad de Thor llenan de ira a su padre quien decide desterrarlo del Reino. Cae (literalmente) en el planeta Tierra donde lo encuentran tres científicos, entre ellos Jane Foster (Natalie Portman), quien quedará fascinada con Thor. En su caída el protagonista pierde el arma-martillo que le otorga los poderes supranaturales y sin estos es muy poco lo que puede lograr. “Solo aquel digno de reinar Asgard lo podrá recuperar” afirma el Rey Odín al arrojarlo al vacío. Eso es lo que deberá demostrar Thor, y será la misión que deberá cumplir desde la tierra.

    El director Kenneth Branagh eligió como escenario la ciudad de Nueva México para generar el cruce entre el tiempo mitológico con la modernidad del presente. Al momento de juntar a Thor y su leyenda con los mortales se genera cierto humor, que a la vez produce mayor dinamismo al film. A partir de aquí, el giro romántico entre Thor y la mortal Jane Foster es uno de los tantos ingredientes argumentales que aprovecha el film para no dejar de lado a ningún espectador.

    Porque Thor (The mighty Thor, 2011) es un film ambicioso, de gran presupuesto y pensado para captar multitudes sea como sea. Esto no es condenable siempre y cuando el producto sea de calidad y en este caso lo es. Pero no es más que eso lo que pretende el film y, siendo consciente de esto, se posiciona a la altura de las circunstancias.

    Encontrando en su camino gente que le será fiel y gente que lo traicionará por el poder, el camino que debe recorrer el protagonista es el de la redención. Para ser digno de recuperar el trono Thor deberá aprender de los errores cometidos y dejar de lado su arrogancia. Así la película reivindica la necesidad de mostrar el arduo camino que se debe recorrer para ser un héroe. Convertirse en un ser respetado, al que otros deben obedecer no se produce por poseer un elemento que lo demuestre sino que es el producto de una construcción que, como bien se da a entender en el film, lleva muchos años.

    La intención didáctica y moralizante es parte de estas historias. Para que el orden natural regrese deben pagar los culpables y los buenos reivindicarse. Eso es lo que todos deseamos al ver el film y es lo que el film nos da. Pero es la satisfacción de disfrutar la aventura y la fantasía al por mayor lo que hace de Thor un entretenimiento asegurado.
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  • Una esposa de mentira
    Una esposa de mentira
    EscribiendoCine
    Ridiculez al por mayor

    En las comedias románticas se suelen tolerar los lugares comunes y las fórmulas repetidas porque son parte de ese contrato implícito del espectador con el género. Pero sobre todo se espera permanecer por una hora y media atrapado por los juegos del amor y por el costado gracioso de este. Una esposa de mentira (Just go with it, 2011) parece haber olvidado esta premisa elemental y el disparate se hace parte estructural del film, haciendo de los personajes seres ridículos.

    Danny Maccabee (Adam Sandler) es un cirujano plástico que al comenzar el film nos relata su desdichado casamiento y divorcio ocurrido años atrás. La ganancia de ese fracaso fue la ventaja que le proporcionó con las mujeres usar el anillo de boda y su actuación de hombre sufrido en cada oportunidad de seducción. Sorpresivamente conoce y queda deslumbrado con Palmer (Brooklyn Decker), una joven y atractiva maestra de escuela, quien al descubrir su anillo lo considera un mentiroso. La condición de ella para creer que se divorciará es conocer a su mujer. Danny le propone a Katherine (Jennifer Aniston), su asistente en el consultorio, que tome ese papel frente a Palmer y así conquistar definitivamente su corazón. Esta situación, sin embargo, se extiende y complica más de lo esperado haciendo peligrar su plan inicial.

    Una esposa de mentira tiene un guión tan endeble como la química entre Jennifer Aniston y Adam Sandler. Existe un elemento esencial que debe poseer el guión y es la excusa para que se desarrolle la comedia entre los protagonistas. Esa excusa debe sostener casi toda la trama: hombre conoce a mujer (o viceversa) pero algo le impide estar con ella o él. Ese algo es la excusa y motor del conflicto principal y a partir de ahí se sostiene todo el sentido de las acciones venideras. La rubia que, en teoría, conquista el corazón de Danny y por la cual se desarrolla toda la trama aparece aquí como insignificante, se la representa como tonta e insulsa, y no parece valer el esfuerzo descomunal del protagonista, o sea, toda la película. Esto nos lleva a pensar que entonces son Katherine y Danny los que deberían terminar juntos, pero ni desde la dirección ni desde el guión se sugiere este vínculo como algo deseable para el espectador y, por eso, nada en este film funciona.

    Sería positivo argumentar que a pesar de una trama insostenible la película se luce desde los diálogos o bien con los personajes secundarios. Pero esto tampoco sucede porque el humor que se implementó es naif, burdo, repetido, predecible y aburrido como la historia en general. Los comediantes principales están desaprovechados y deslucidos, la trama aparece como algo tan lejano de la vida real que diluye cualquier identificación y el film termina fracasando a pesar de enmarcarse en un género de gran popularidad del cual parece imposible no salir aireoso.
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  • Líbano
    Líbano
    EscribiendoCine
    La guerra desde adentro

    Es demasiado lo que se tiene que decir de una película como Líbano (Lebanon, 2009) y poco el espacio para hacerlo. Pero si en ese poco se puede transmitir aunque sea la mitad bastaría para hacerle justicia a una película admirable. El film de Samuel Maoz tematiza la guerra del Líbano pero mostrando la parte humana, aquella que una guerra, justamente, no necesita.

    En el primer día de la guerra del Líbano, cuatro soldados israelíes deben luchar desde adentro de un tanque. Su juventud e inexperiencia en situaciones límite y de presión es lo que la película intenta dramatizar. Se suma a ellos el comandante de la tropa, encargado de indicar a los soldados los pasos a seguir y exponiéndolos al rigor de las órdenes que deben cumplir.

    En escasas ocasiones la guerra es retratada en el cine de la manera que propone Líbano. La primera vez que Hertzel (Oshri Cohen), el encargado de disparar el tanque, debe acatar la orden de “fuego”, su mirada es casi la misma que la de las víctimas civiles del lugar que están destruyendo. Lo que se lee en sus ojos es pánico, piedad, pero nunca deseo de matar. En lugar de valentía y odio estos soldados temen por sus vidas, por la de la gente inocente y extrañan a sus familias. Se podría afirmar que el tanque de guerra funciona metafóricamente como la coraza de cada soldado por no salir a un exterior en el que deben necesariamente convertirse en asesinos. Si ninguno de ellos entiende por qué están luchando y por qué deben continuar atacando, un disparo es lo más insignificante, un acto de disociación que enloquecería a cualquiera.

    La representación de la guerra no pretende ir más allá de lo que les pasa a los protagonistas y eso queda claro desde un primer momento. Sus miradas, sus expresiones de temor, sus palabras, es lo que la película coloca en un primer plano. Pero para que esta representación tenga mayor elocuencia cinematográfica hay un trabajo meticuloso del sonido y el fuera de campo. Estos elementos se armonizan perfectamente. El espectador, como Hertzel, ve el exterior a través de la lente del persicopio y escucha lo mismo que los protagonistas. Esta elección, lo mismo que trabajar como escenario el tanque de guerra, con su suciedad, sus olores, su amenaza constante; favorecen el dramatismo que el film necesita.

    Líbano hace verdadero hincapié en lo que significa padecer una experiencia cercana a la muerte. Pero una muerte que es indescifrable, que no se puede prever. La que proviene de unas guerras sin sentido para los que tienen que reclutarse, sin saber cuándo o cómo regresarán a sus hogares. La debilidad del alma humana frente al caos irracional que éstas provocan y que necesariamente deshumanizan. Samuel Maoz se basó en experiencias propias como soldado novato en la mencionada guerra para escribir este guión. Debe ser por ello que fue capaz de presentar esas vivencias de un modo único y carnal, dejando en claro que la violencia de una guerra también es psicológica.
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  • El concierto
    El concierto
    EscribiendoCine
    Tocando por un sueño

    El concierto (Le concert, 2009) es una entretenida comedia dramática que refleja los peores vicios del comunismo aunque sin caer en la solemnidad y con un buen manejo del humor frente a estos. El film de Radu Mihaileaunu, presenta alguna que otra situación poco verosímil, y ciertos efectismos para conmover que redundan, pero sale triunfante en su totalidad.

    Andreï Filipov (Alexeï Gruskov) es un director de orquesta que fue retirado 30 años atrás de su profesión por el régimen comunista, acusado de traidor por formar una orquesta con músicos judíos. Hundido en la depresión y el alcoholismo trabaja ahora en el teatro ruso “Bolshoi” como empleado de limpieza, pero manteniendo candente su deseo de volver a dirigir. Es por dicho motivo que decide robar de la oficina del director un fax en el cuál el teatro “Chatelet” de Francia solicita a la prestigiosa orquesta del lugar para una función. Andreï convoca a su amigo Sasha (Dmitry Nazarov) y a su antiguo manager Iván Gavrilov (Valeri Barinov)-un fanático comunista que traicionó a Andreï en aquel momento- para armar nuevamente la antigua orquesta y, haciéndose pasar por la verdadera, cumplir su sueño de volver a dirigir.

    El Concierto encara un diálogo con un pasado transcurrido 30 años atrás en la Unión Soviética y sólo desde ese cruce tiene sentido la historia de los personajes y su accionar. Este vínculo temporal encierra también un misterio que abre una historia paralela, la de la violinista Anne Marie Jacquet (Mélanie Laurent), convocada también por Andreï para el esperado concierto. La representación de esa historia es por momentos un poco explícita, sumando imágenes que no aportan mucho y le restan una sutilidad que hubiera resultado más acorde al film.

    Pero lo que vale realmente destacar es el equilibrio que la película crea entre el drama y la comedia y si bien argumentalmente está propuesto ese juego, la efectividad de la línea humorística está dada principalmente por los actores. Sí están presentes los estereotipos: los judíos comerciantes, los gitanos que trabajan al margen de la Ley, el fanático comunista; pero siempre desde un lugar de respeto y no de burla. El director no muestra sólo aquellas facetas que le permiten la comedia, y con ello consigue verdaderos y efectivos personajes. Estos complementan la historia principal, si bien con escenas que no resultan tan creíbles pero que no dejan de hacer reír.

    La música clásica tiene por supuesto un protagonismo especial en la película, es la cualidad transformadora de este arte lo que este film reivindica. Ese aura lo convierte en un factor clave dramáticamente. Radu Mihaileaunu arma una historia con situaciones y personajes disímiles, pero consigue armonizarlos de forma natural y obtiene un resultado ciertamente encantador.
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  • Infierno al volante
    Infierno al volante
    EscribiendoCine
    El infierno encantador

    Manejar, matar y nunca morir son las tres principales acciones que describen a este peculiar film rodado en 3D. El actor Nicolas Cage se transforma aquí en un típico outsider con sed de venganza y justicia para dar origen a una película de acción que bordea lo bizarro, lo morboso, y los clichés más elementales, pero que se jacta de ello y así se propone entretener.

    Milton (Nicolas Cage) conduce un auto a toda velocidad: persigue a tres hombres que saben dónde está la niña que busca. Ninguno se lo dice cuando logra alcanzarlos y terminan brutal y sanguinariamente asesinados. Así es Infierno al volante (Drive angry, 2011): muerte, sangres, fuego y tiros por doquier. El destino cruza al protagonista con Piper (Amber Heard), una camarera que acaba de renunciar nuevamente a su empleo y que, sin un mejor lugar donde ir, se une a la causa de Milton. Juntos encaran la búsqueda de su nieta. Un culto satánico, liderado por un despiadado predicador, asesinó a su hija y ahora sacrificará a la niña en la próxima luna llena. Eso es lo que deberán impedir. Su camino no estará libre de obstáculos: policías, sectarios y un misterioso hombre que se hace llamar “el contador” estarán tras ellos sin darles respiro.

    En el combo del género de acción las persecuciones no pasan de moda, tampoco los tiros ni la sangre y mucho menos las chicas lindas y pulposas. Infierno al volante suma el elemento del 3D como un claro signo de renovación para el género en cuestión, si bien todavía su presencia no es más que un adorno que muy poco aporta a la totalidad. De hecho casi no tiene sentido en este film a más no ser por algún que otro efecto visual que tampoco contribuye en mucho. Desde ya cabe aclarar que la credibilidad o fe en el argumento debe ser ciega. No sería apropiado adelantar aquí demasiado pero la película introduce varios indicios que nos dan a pensar que el protagonista no es un humano cualquiera, cualidad que lo hace prácticamente indestructible. Vale aclarar que las explicaciones verosímiles nunca aparecen, pero tampoco importan demasiado. Y esto es así porque nuestra atención no se detiene en esas nimiedades sino en las imposibles formas de la acción, exacerbadas aquí hasta lo bizarro, pero interesantes coreográficamente.

    Seguramente por lo aquí ya expuesto algunos posibles espectadores fueron eliminándose. Este film no es la originalidad en persona, claro está. Con reminiscencias a muchas películas de acción se van armando imágenes muy reconocibles pero la película no se apoya en eso para sobrevivir. Se alimenta antes que nada de otros intertextos. La vertiginosidad de las persecuciones y las escenas violentas están acompañadas por una acertada banda de sonido que es prácticamente metalera en todo el film. Con estos guiños videocliperos y hasta de video juegos, avanza este film lleno de personajes arquetípicos y maniqueos.

    No se iba a perder la película, por supuesto, pulir tanta violencia con un poco de melodrama barato y la redención personal del protagonista. Así que, si con lo anunciado, el lector consigue captar el aire juguetón de este film por ahí logra ir convencido y dispuesto a reír un poco. Si esto no le sucede hay una gran oferta cinematográfica en estos días para elegir.
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  • Amigos con derechos
    Amigos con derechos
    EscribiendoCine
    El sexo tiene cara de mujer

    Amigos con derechos (No strings attached, 2011) intenta retratar las nuevas modalidades posmodernas en cuanto a relaciones respecta. Esta afirmación aunque cierta le correspondería mejor a un film que se toma dicha meta como un fin y en ese retrato dice algo respecto del tema en cuestión. Esta película es antes que nada un intento por vender un producto con dos actores lindos, carismáticos y en boga. El detalle del argumento es menor. Para que su mote de comedia romántica tenga sentido al menos sí se puede vislumbrar un cierto esmero humorístico que le da un aire fresco a una historia con un planteo un poco retrógrado.

    En un racconto de unos minutos el film presenta a Emma (Natalie Portman) y Adam (Ashton Kutcher) de adolescentes en un campamento de verano. Luego de perderse el rastro mutuamente se reencuentran accidentalmente cada tantos años en diferentes circunstancias. Cuando el racconto llega al presente Adam está triste y despechado porque su padre, famoso conductor televisivo negado a envejecer, está de novio con su ex pareja. Decide así llamar a todos sus contactos femeninos para tener sexo. Así es cómo se reencuentra con Emma, quien le propone de allí en adelante convertirse en “sex friends”, ser amigos para tener relaciones sexuales cada vez que ella o él lo deseen, sin ningún tipo de compromiso ni exclusividad que pueda poner en peligro un acuerdo más que feliz.

    La idea general que sostiene el argumento es obvia: trastocar los esquemas tradicionales y posicionar a la mujer en el rol masculino de la relación. De aquí parte el motor del film y también el conflicto. Porque claro…¿qué pasa con los sentimientos?, sería entonces la pregunta del millón. Y este es el camino obvio y aburrido que escoge la película para alargar su duración. Lógicamente la historia se complementa (por suerte) con los personajes secundarios: amigos, hermanos y padres rodean a la pareja protagónica, tanto desde el rol de consejeros como de espejo de sus vidas. No hace falta ser más explícito para demostrar que este film es una comedia romántica sin ningún tipo de novedad y que tampoco aspira a más. Si se menciona esta falta de ingenio es porque en el germen del film hay algo más jugoso que podría haberse explotado para mostrar estas nuevas modalidades.

    Febrero y el aggiornado Día de los enamorados acercan este tipo de películas llenas de color, ágiles y descontracturadas. De esta manera, llegan al espectador unas imágenes hechas especialmente para vender el amor pero ciertamente no lo reivindican, o quizás sí pero en su versión light y vulgar. Tómalo o déjalo.
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  • Las aventuras de Sammy
    Las aventuras de Sammy
    EscribiendoCine
    Una tortuga de película

    Las aventuras de Sammy: En busca del pasaje secreto (Sammy’s avontures: De geheime doorgang, 2010) recrea una inocente metáfora sobre las vicisitudes que se deben enfrentar en la vida para sobrevivir y crecer. Esta producción animada belga apunta a los más pequeños. Su lenguaje, sus diálogos, sus imágenes; si bien naif, consiguen construir un tierno mensaje acerca del camino por recorrer en la vida. En este caso, esa vida es un agradable paseo en 3D por los océanos, que los más chiquitos sin duda disfrutarán.

    Al comenzar el film, Sammy, un simpático tortugo de mar, ya viejo y a punto de ser abuelo, nos introduce en la narración de su propia vida dando comienzo a un flashback que durará todo el film. Así nos enteramos que a los pocos minutos de vida, en un encuentro accidentado, conoce a Shelly, una tortuga de quien enseguida perderá el rastro, pero que Sammy nunca olvidará. Cuando inicia su viaje por el mar se cruza con un tortugo muy sociable llamado Ray, quien se convierte en su amigo y compañero de aventuras y auspiciará como mentor de su vida. Su separación de Ray lo llevará a explorar el mar, sin perder nunca su esperanza de reencontrarse con Shelly. En el medio se cruzará con animales marinos y humanos, y aprenderá a vivir en un mundo no siempre acogedor.

    Tal vez una de las escenas más representativas y elocuentes de la película sea el momento en que Sammy conoce a Ray. Sammy queda sorprendido por su sentido del humor, su simpatía y amor por la vida. En ese instante, desde su pequeña embarcación de madera en el medio del océano le pregunta a su nuevo amigo qué es lo que debe hacer ahora que nació. La incertidumbre ante el futuro y otras cuestiones que aquejan a las personas se plantean con simpleza y dulzura y humor. Pero no todo es color de rosa: este amigable tortugo también sufrirá ciertas desventuras, casi todas vinculadas con la actuación de los humanos. Son ellos los que ponen en peligro la vida en el mar. Tanto desde la contaminación del agua como cuando las redes de los buques pesqueros lo separan por muchos años de su amigo Ray.

    Las aventuras de Sammy presenta animación en 3D y este elemento es esencial a la hora de comentar el film. Porque si bien la película tiene un argumento, esta no es su principal arma para ganarse al público infantil. La realidad es que gran parte del entretenimiento apunta a mostrar los viajes por el fondo del mar que emprende su protagonista. Generar la sensación de los más pequeños de sentir que están nadando junto a la colorida fauna marina es la idea que sostiene gran parte de la fascinación visual del film.

    La oferta cinematográfica infantil no siempre contempla a los más, más pequeños y este es el lugar que viene a cubrir esta película. Como toda producción de cine cuyas estrellas son animales se apunta a generar ternura, y desde la humanización de los personajes también la identificación. Lo que se debe destacar de este film entonces es que si bien no es una producción Disney o Pixar, propone un producto hecho a la medida del público que busca captar, con calidad y buena animación.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    EscribiendoCine
    Corazón valiente

    La directora Debra Granik desarrolla en Lazos de Sangre (Winter’s bone, 2010) una historia de supervivencia, un thriller y un retrato sobre la marginalidad. La protagonista Jennifer Lawrence es su principal apuesta, es ella quien lleva adelante el relato. Su rol activo frente a personajes cuasi pasivos la convierten en una heroína natural que sorprende.

    En un lejano y pobre pueblo rural del sur de Estados Unidos, Ree Dolly (Jennifer Lawrence), una adolescente de 17 años debe encontrar a su desaparecido padre a punto de ser juzgado por la justicia. A riesgo de perder su casa, entregada como fianza por aquel en su última condena, Ree debe enfrentarse a la verdad que nadie, ni siquiera gente de su familia le facilitará.

    La etimología de la palabra protagonista se ajusta con precisión a esta muchacha. Del griego proto (primero) y agon (lucha o partido) se da origen a esta palabra. Porque Ree es ante todo una luchadora, pero no lo es porque sí, sino que su desdichado contexto la convierte en tal. A la adversidad económica y social se suman sus problemas familiares: una madre psíquicamente enferma, un padre drogadicto y ahora desaparecido, y dos hermanos menores de quien hacerse cargo. Estas circunstancias determinan que Ree asuma un rol prácticamente masculino: debe defender a su familia, cuidar a su madre, salir a cazar algún animal para la cena, y ahora hacerse responsable de la búsqueda de su padre.

    Lazos de sangre no escapa al melodrama pero comienza adquirir una estructura policial cuando la investigación de Ree se perfila como un lugar cada vez más turbio y peligroso del que podría no salir ilesa. En un pueblo enviciado por las drogas, el alcohol y la miseria, Ree posee valentía, dignidad e inteligencia. Estas virtudes la enaltecen y la convierten en un obstáculo para aquellas personas que por alguna razón no perdonan a su padre. Los indicios que se van creando sobre su paradero crean una intriga que agrega cierto suspenso. Sin embargo el film no explota a fondo ese camino porque en los silencios cómplices con los que se cruza Ree está todo dicho y no hace falta buscar más allá. La desesperada lucha de la joven es ahora para sobrevivir.

    Al retratar también la imagen de la marginalidad, el lado oscuro de la sociedad, la película logra por momentos aturdir. De alguna manera todos se parecen en su forma miserable de actuar. La vida que lleva Ree y su familia es triste y deprimente. Su única salida posible parece ser unirse al ejército estadounidense. Pero abandonar a su familia no parece entrar en su futuro cercano. Gran parte de la elocuencia del film reside en este retrato de un ambiente frío y crudo que parece no dar respiro.

    Lazos de sangre es una película que tiene una heroína pocas veces vista. Una muchacha que no baja los brazos ante el miedo y que marca la diferencia en un lugar viciado. Hay momentos de cierta crueldad, pero la crueldad de la vida misma: por ejemplo aquella que hace que una niña de 4 años deba aprender a disparar un rifle. En todo el film no nos compadecemos de Ree, por el contrario nos enorgullece su accionar. Las distintas situaciones que se suceden en esta atmósfera gris y dolorosa aún en su frialdad conmueven. Pero esto se produce casi sin intención y aquí reside una de los principales méritos del film.
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  • La mentira
    La mentira
    EscribiendoCine
    Sin querer queriendo

    El film La mentira (A l’origine, 2009) está basado en un hecho verídico pero no lo parece. Lo cierto es que la historia, si bien real, resulta increíble. El director supo explotarla con un dramatismo justo donde la misma sucesión de los hechos crea la tensión dramática que la película necesita sin recargarla de situaciones superfluas. Sin duda, una historia que necesitaba ser contada.

    Paul Muller (François Cluzet) es un ex convicto que apenas iniciado el film da muestras de sus habilidades para robar y estafar tanto a sus colegas como a grandes empresas. Aquellas que alquilan equipamientos para la construcción son su blanco preferido. Buscando información para su próxima estafa llega a una autopista en construcción en el medio de un pueblo. Allí se da a conocer como enviado por una empresa para revisar el estado de la obra. El pueblo se conmociona con su llegada ya que dicho proyecto había sido suspendido dos años atrás dejando sin empleo a gran cantidad de habitantes. Su mera presencia entusiasma a los pueblerinos que enseguida le ofrecen su ayuda y servicios para retomar la construcción. Paul nunca desmiente lo que ellos suponen y así, en el rol del gerente Phillipe Miller, monta una empresa inexistente para reiniciar la obra.

    En un principio lo que tienta a Paul son las coimas que la gente del pueblo le adelanta para que contrate sus servicios. Por lo tanto, resulta dudoso durante el film cuáles son sus verdaderas intenciones: si seguir adelante con la obra o fugarse con el dinero que le dan los proveedores. Entretanto, vemos como la gente del pueblo deposita en Paul todas sus esperanzas para salir de la depresión económica y personal por la falta de empleo. En este sentido, la película propone un doble interrogante: ¿es Paul el único responsable por montar semejante mentira? ¿o el pueblo en su desesperación ayuda a también a forjar un proyecto ficticio? Aquí parece estar la verdadera clave de la historia. Una historia que como hecho verídico resulta impensable y en esa absorción de la realidad por parte de la ficción reside el atractivo del film. La película se encarga de otorgarle una verosimilitud psicológica y sociológica muy acertada.

    La falta de empleo es un tema recurrente en los films franceses y suele representarse al trabajo como afianzador de una identidad. En tanto el pueblo necesita trabajar, Paul necesita encontrar un nuevo camino que lo libere de su pasado. Dado que el film está narrado desde el punto de vista de Paul, se vislumbra la idea que a pesar del engaño hay una conciencia ética en su accionar. Los límites entre la mentira y la verdad se desdibujan de a poco y en esta ambigüedad el film se deleita. La mentira también da cuenta de un sistema lleno de fallas, de huecos, que deja a la gente desprotegida y vulnerable. Allí donde el Estado es incapaz de socorrer la economía de un pueblo la puerta queda abierta a lo imposible.

    Debe destacarse la actuación de François Cluzet. Su personaje se desdobla en el estafador y ex convicto Paul Muller y, por otra parte, en el gerente Phillipe Miller, adorado patrón de la gente del lugar. Su caracterización como también la del reparto secundario (habitantes y empleados que se suman al proyecto de Paul) aportan la dosis realista justa que necesita esta historia inteligentemente elegida y contada.
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  • Las crónicas de Narnia - La travesía del viajero del alba
    El road movie acuático de Narnia

    Las crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba (The Chronicles of Narnia: The Voyage Of The Dawn Treader, 2010), tercera parte de la saga, mantiene la presencia del mundo maravilloso como algo inagotable y a ser explorado. El nuevo personaje que se incorpora, el primo de Lucy y Edmund, será clave en este sentido, pues es quién deberá cambiar su mirada escéptica para abrirse camino en este nuevo universo como también en el otro. Vencidas las resistencias, el mundo no tiene límites.

    En esta oportunidad serán Lucy, Edmund y su primo Eustace los que entrarán a Narnia. Esta vez, la aventura tendrá lugar en la embarcación “El viajero del Alba”. Como parte de la tripulación encontrarán al Rey Caspian, al ratón Reepecheep y otra serie de personajes típicamente narnianos. La misión para la cual deberán unirse será terminar con la isla del mal o Isla Oscura, que produce la desaparición de los barcos y la gente de Narnia en una neblina. Para lograr dicho objetivo deberán reunir las espadas de los 7 caballeros que alguna vez acompañaron al Rey, padre de Caspian.

    A diferencia quizás de sus antecesoras esta parte no presenta escenas de tono bélico (recordemos que en la primera los narnianos se enfrentan con los ejércitos de la malvada bruja y en la segunda con los telmarinos para recuperar a Narnia de los males que la acechaban). En este nuevo capítulo el mal está representado con otras intenciones. Los deseos más oscuros de las personas son el primer obstáculo a vencer y parece ser peor que cualquier enemigo real. La ambición de poder, el deseo de belleza exterior por sobre la interior, y también la avidez de riqueza material son los verdaderos peligros que ponen en riesgo Narnia. Parecería ser que este viaje pone a prueba la fortaleza de los personajes.

    El tono didáctico moralizante se acentúa en esta entrega. La película deja en claro que el viaje es ante todo un medio para aprender. Como leit motiv de la saga, el mundo de lo fantástico funciona como metáfora. En este sentido, el género de aventuras está explotado con esta finalidad. Así nos deja en claro que para convertirse en un verdadero héroe no sólo importa ser valiente sino que la integridad moral juega un papel determinante. La película se apoya en este género de un modo que le sienta cómodo y le da una estructura a la totalidad. Esto permite que toda la historia sea creíble y entremos en ese universo sin objetar su verosimilitud.

    Si bien la película apunta mayormente a un público infantil, por momentos parece excesivo su tono moralizante. Sumada también cierta connotación católica sobre la idea del mal como la tentación, la fruta prohibida. Esto no opaca, sin embargo, las imágenes sorprendentes del film que hará que niños, jóvenes y adultos disfruten en igual medida y se queden con ganas de más.
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  • La reunión del diablo
    La reunión del diablo
    EscribiendoCine
    Cosa del Mandinga

    La reunión del diablo (Devil, 2010) es un film más sobre el ya famoso mundo de lo diabólico. Los directores John Erick Dowdle y Drew Dowdle intentaron abarcar varias historias en una, mezclando redenciones personales en el medio de un film sobre el diablo y su relación con la muerte pero donde la articulación resulta fallida. El resultado es un thriller sobrenatural más con toques de policial sin grandes pretensiones.

    Cinco personas quedan encerradas en el ascensor de una torre de oficinas. Una serie de hechos extraños y violentos comienzan a suceder allí dentro. Estos son inexplicables, pues todos suceden en plena oscuridad. La película alterna entre la paranoia de la gente encerrada y la investigación policial para descifrar quién está detrás de esta escena criminal. Por su parte, el prólogo del film nos introduce en una historia acerca del diablo y su forma de mezclarse entre los humanos para luego llevarse a alguien con él, alguien que está condenado por alguna razón. Esta es la variable que la policía no contempla pero es la que estructura la idea general del film.

    La presencia del detective-policía representa una mirada científica de los hechos: la relación causa-efecto debe ser entendible, explicable y sobre todo visible. Frente a la del policía está la mirada mística del guardia de seguridad (latino por supuesto) que está convencido que el diablo está detrás de todo esto y que ninguna intervención humana lo hará retirarse hasta no cumplir su misión. Si esta tensión o ambigüedad entre dos posibilidades fuese el eje del film mucho más sentido tendría la investigación que lleva a cabo el detective y más interesante se pondría la historia. Pero ya sabemos desde el principio que la intervención diabólica es la que actúa, por lo cual la investigación del detective resulta poco provechosa para el argumento.

    El choque entre el género policial detectivesco con el thriller fantástico produce aquí cortocircuito. La intriga que debería generar un policial nunca se hace presente totalmente y el terror se maneja con recursos obvios y sobrios. Quizás los momentos más logrados se dan entre las víctimas. Sus reacciones frente a lo inexplicable convierte a todos en posibles culpables, pero esta idea no se explota en profundidad y pierde interés.

    En su afán por abarcar varias acciones el film escrito por M. Night Shyamalan hace que la diversidad entretenga. Sin embargo el film se torna bastante predecible y aquí se debilita toda la propuesta. Quizá su intención primera como entretenimiento pasatista esté cumplido pero La reunión del diablo no resiste un análisis que vaya un poco más allá de lo que vemos.
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  • Amor en tránsito
    Amor en tránsito
    EscribiendoCine
    Los amores cruzados

    Luego de ser premiada en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (Mejor Película Latinoamericana) se estrena comercialmente en Argentina la ópera prima de Lucas Blanco Amor en tránsito (2009), film coral narrado en dos temporalidades cruzadas que focaliza sobre las relaciones amorosas en aquellos que pasaron las barrera de los treinta.

    Como su título lo adelanta Amor en tránsito introduce en la primera escena a sus personajes en pleno tránsito por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Las vidas de Ariel (Lucas Crespi), Mercedes (Sabrina Garciarena), Juan (Damián Canduci) y Micaela (Verónica Pelaccini) están conectadas o se conectarán a lo largo del film de diferente manera.

    Con la idea de presentar el tema del amor y los encuentros desde un lugar lúdico, el director propone un paralelismo temático y visual con el juego TEG, en el cual las estrategias de conquista son la principal arma de la que se valen los jugadores. Esta idea le sirve también al director para disparar la otra temática del film: los argentinos que deciden emigrar del país en busca de un futuro mejor. El guión del film se comenzó a escribir en el 2002, momento en el cual muchos argentinos deciden irse del país hacia nuevos destinos. El estreno en el 2010 llega así con un timing un poco desfasado lo que produce que la temática pierda vigencia.

    Amor en tránsito empieza con un dinamismo interesante: mucho movimiento de personajes, de lugares, de cámara. El juego visual con el tablero del TEG como separador de las partes del film es original y la dosis de humor que tienen algunos diálogos hace que se pueda creer en los personajes y que todo tome un tono costumbrista amigable. Sin embargo, la agilidad del comienzo se diluye y sólo se retoma al final. En el medio queda una comedia romántica bastante convencional y por momentos un poco repetitiva, pero que en su conjunto sale airosa.
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  • Actividad paranormal 2
    Actividad paranormal 2
    EscribiendoCine
    Más cámaras, Menos sorpresas

    El film de Tod Williams no atrapa como el anterior. La dosis documental en la manera de filmar se vuelve a repetir, así como gran cantidad de elementos (incluso actores). Podría leerse como un capítulo de una serie televisiva, pues su propuesta apenas se modifica de la otra. Si se hace así podría ser interesante, pero al ser hecha para cine las exigencias son diferentes y no satisfacen.

    En esta oportunidad es una pareja con un niño (al principio recién nacido, luego ya de un año), la hija adolescente del marido y un perro los que viven en una casa habitada por presencias indeseables. Tras una serie de episodios extraños deciden colocar en todos los ambientes una cámara de seguridad. A través de esas cámaras y de (lo que simula ser) una filmadora casera manejada por los protagonistas accedemos a los distintos sucesos.

    Una puerta que se abría sola en el medio de la noche, sombras de personas que nunca se veían, ruidos de origen desconocido eran las situaciones que revelaban presencias desconocidas en la casa habitada por la pareja en Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007). Y todas ellas eran imprevistas. Dado que el espectador de esta nueva película ya estaría familiarizado con estos recursos es esperable que en su afán por producir emociones perturbadoras la secuela del film incursione en nuevas ideas, para que justamente no nos sea posible adelantarnos a lo que va a pasar. Esto, lamentablemente, no sucede, y así se pierde un factor imprescindible del que se valía su antecesora: la sorpresa.

    Se podría afirmar que Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2, 2010) puede ganar a un espectador desprevenido que no conozca la original, pero aún así tiene sus falencias. En primer lugar, la película intenta prepararnos con ciertos datos dispersos. Por ejemplo, el nombre del pequeño es Hunter, que en inglés significa cazador, del verbo “hunt”: perseguir, cazar. Los espíritus obviamente irán tras este. Estos indicios sumado a los momentos atemorizantes tardan en llegar hacen que lleguemos más prevenidos hacia ellas y también más aburridos. La película apela entonces más a nuestra ansiedad que a otra cosa, lo cual no está mal pero con esto sólo no se sostiene un film que se comercializa con otras intenciones. A pesar de los intentos por hacer una película de terror psicológico la idea general es que una familia feliz se ve amenazada por factores paranormales y cómo esto afecta a cada miembro.

    Esta segunda parte presenta un caso nuevo, en un espacio distinto, con más personajes y con otra puesta de cámaras, pero la diferencia sólo parece apostar a estos detalles, ya que por lo que a efectos respecta la originalidad, repentinamente, desapareció. En cierta forma, parece quedar al descubierto las verdaderas intenciones del film: volver a repetir la suerte de la original, o sea, recaudar mucho con poca inversión.
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  • Amerrika
    Amerrika
    EscribiendoCine
    El mal sueño americano

    Cuando una película aborda temas de raras connotaciones políticas sin hablar directamente de ellas, invita al espectador a pensarlas desde otros ángulos no habituales. Con Amérrika (2009) la directora Cherien Dabis demuestra una sabia habilidad en este desafío. Más allá de querer indagar en los choques culturales, el film divide a sus personajes de acuerdo a su escala humana y así expone un conflicto universal que excede las nacionalidades.

    Muna (Nisreen Faour) y su hijo Fadi (Melkar Muallem) viven en Cisjordania, un territorio palestino ocupado hace ya 40 años. Muna es empleada bancaria y vive en una casa junto a su hijo y su madre, pero debe cotidianamente cruzarse con situaciones desdichadas: encontrarse en el mercado con lo nueva esposa flaca de su ex marido y vivir los constantes maltratos de los soldados en los puestos de control al cruzar la frontera cada vez que va a trabajar. Sorpresivamente Muna obtiene un permiso de trabajo y residencia en Estados Unidos solicitado hacía años. Si bien la oportunidad se presenta como un futuro más auspicioso para Fadi y una nueva vida para Muna, la realidad es que su llegada a América se acercará muy poco a sus expectativas.

    Así como el film Visita Inesperada (The visitor, 2007) hacía hincapié en el maltrato que viven los inmigrantes sin papeles frente a las políticas inmigratorias americanas, Amérrika aborda el tema desde las vivencias cotidianas. Ejemplo de ello es el momento en que Muna (ya asentada en la casa de su hermana) decide ir en busca de empleo. Uno de los gerentes bancarios con el que se entrevista le pregunta de qué país proviene. Ella contesta que es de origen árabe, a lo que el hombre replica en un tono entre dubitativo y jocoso: “¡Por favor, no me ponga una bomba!”. Esta escena resume gráficamente uno de los principales temas de la película y también la habilidad de la directora para resumir con muy poco la violencia implícita que encierran ciertos comportamientos humanos frente al mundo de lo distinto.

    Cada situación similar del film donde la discriminación está presente demuestra la facilidad de un gobierno para reproducir la ideología a través de mecanismos tan simples como la guerra y el terrorismo. Es este último el que se transforma en un fantasma usado por Estados Unidos como herramienta para tapar las grietas de un sistema cuyas intenciones en política exterior representa el verdadero peligro. Con hacer que un adolescente (y esto la película lo muestra) acepte la idea que cualquier persona que proviene de Medio Oriente es una amenaza, el sistema seguirá en pie. Y también la idea de que lo que hay que temer está afuera y no adentro del país.

    Por el tipo de análisis planteado Amérrika bien podría ser un documental político. Lo cierto es que las películas tienen una amplia variedad de lecturas y aquí sólo se propone una. Este es un film interesante, además, desde un punto de vista dramático porque arma una historia sobre la búsqueda de la felicidad, sobre los desafíos, sobre la posibilidad de marcar nuevos destinos que no sean los impuestos por los gobiernos o los que nos tocaron por nacimiento. Cuando un tema es tratado con riqueza argumental y escenas más que convincentes las posibilidades de acercarse al film se expanden y logran siempre desde algún lado llegar al espectador.
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  • Secretos de matrimonio
    Secretos de matrimonio
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    La mujer de mi prójimo, mi esposa, mi prójimo y yo

    En una pareja el tercero en discordia es un conflicto común. Sin embargo, cuando los afectados son cuatro y los sentimientos de todos los implicados deben ser considerados, el problema es más grave aún. Este es el gran dilema que padecen los personajes de Secretos del matrimonio (Det enda rationella, 2009). Con momentos de tensión dramática manejados muy hábilmente, este film sueco pone de manifiesto la crueldad, la hipocresía y los misterios que los matrimonios encierran.

    Las vidas conyugales de dos parejas amigas, Erland (Rolf Lassgard) y May (Stina Ekbland) por un lado, y Karin (Pernilla August) y Sven Eric (Claes Roosman) por el otro, se ven perturbadas por la pasión nacida entre Karin y Erland. Para alojar este affaire dentro de su concepción cristiana y en respeto a sus décadas de matrimonio, la solución políticamente correcta para todos resulta en la convivencia de los cuatro implicados, la cual por decantación terminaría con este encandilamiento de los amantes.

    Que los problemas matrimoniales son proveedores vitalicios de recreaciones fílmicas no es novedad alguna. La amplitud de miradas para abordar la temática siempre resulta prometedora. Con este film la veta de la intriga que cada pareja representa para otras está quizás más presente. El estilo de vida de cada una, su forma de enfrentar los problemas, de mantener y reflotar la pasión, etc; son para algunos la fórmula para encontrar o bien la felicidad o al menos el equilibrio emocional. En Secretos del matrimonio, hay reuniones a las que varios matrimonios asisten para hablar de estos temas. Dichas reuniones están coordinadas nada más y nada menos que por Erlan y May y se realizan en el interior de un templo cristiano.

    Más que acertada la decisión del director de plantear este conflicto enmarcándolo en un espacio donde la culpa y el pecado se regocijan por doquier. Y es acá donde la otra cara del deseo aparece, pues en esa avidez por conocer lo ajeno también resuena otro deseo por ocultar las más profundas verdades. En ese vaivén entre la hipocresía social y una intimidad oscura esta película encuentra su dosis de originalidad. Y, como si esto no bastara, decide juntar a los cuatro personajes bajo el mismo techo. Esta decisión le permite al director Jorgen Bargmark con mínimos recursos generar angustia en sus personajes, producir tensión entre ellos, y plantear lo irracional y enfermizo de esta “correcta” solución.

    En un comienzo se hizo mención a la falsedad, la crueldad y el misterio que encierran los matrimonios. Se puede insistir en esta hipótesis y aventurar que estas cualidades están planteadas como inherentes a esta institución. La invitación al debate está más que presente en este film sueco y así es como se debe aprovechar su intención.
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  • Franzie
    Franzie
    EscribiendoCine
    Propuesta Decente

    La ópera prima de Alejandra Marino es un drama con toques de comedia, que son realmente efectivos para la historia. La directora elige darle espacio a la composición de los personajes principales y eso ayuda a que el público los reconozca y se reconozca en ellos. Ciertas decisiones a la hora de transmitir la esencia de sus sentimientos e intenciones son criticables pero la película logra una coherencia estética y argumental muy valorable.

    Franzie (Mimí Ardú) es una mujer que ya supera los cincuenta años y padece una enfermedad terminal. Emanuel (Enrique Liporace), es un escritor que desde hace tiempo no puede escribir nada. Su casual encuentro resulta en una propuesta laboral de Franzie a Emanuel para que este sea su acompañante en eventos sociales y familiares. Con su esposa embarazada y sin empleo, a Emanuel no le queda otra posibilidad que aceptar. La relación entre ellos luego se irá modificando y cada uno involucrará los sentimientos de acuerdo a sus necesidades.

    En la relación que establecen Franzie y Emanuel hay una decisión que no debe dejar de mencionarse. Su acercamiento parece tener por momentos dobles intenciones de parte de ambos pero no quedan nunca definidas del todo. Esto permite darle una apertura a la historia que la salva de caer en un lugar común. Por otro lado, la historia de la madre de Franzie, (una lucida Norma Pons) se va dibujando de fondo como una ausencia que marca al personaje de Mimí Ardú. Estas imágenes aparecen un poco forzadas. De todas maneras tampoco es una idea desacertada sobre todo porque la actriz parece fundirse de forma natural al papel y le aporta una gracia y expresividad únicas que le dan vuelo propio a su participación.

    En ciertas escenas del film se hace presente una intención explicativa. Por ejemplo, cuando Franzie se cruza con su ex pareja y su esposa, la idea queda ya resuelta con las miradas de ellos y su comportamiento. Sin embargo, la situación es retomada en más de una oportunidad verbalmente por los protagonistas y allí se pierde la fuerza que tenía dicha escena. Esto sucede también al promediar el film, donde algunos personajes, el de Emanuel principalmente, cierran con sus palabras el sentido de la totalidad. Esta decisión por parte de la realizadora no desacredita su obra pero resta poder a sus imágenes y le quita al espectador la posibilidad de alejarse del lenguaje verbal cotidiano y dejarse subsumir en el lenguaje artístico, mucho más expresivo que aquel.

    En el film de Alejandra Marino el espectador encontrará imágenes y propuestas temáticas en las cuáles hay una búsqueda personal interesante. Pero más allá de esto lo que debe importar es que cuando una película decide darle espacio a situaciones donde la muerte, la soledad y el miedo están presentes se pueda transmitir al espectador sin necesariamente caer en golpes bajos y lugares comunes. Y Franzie ciertamente lo logra.
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  • Enterrado
    Enterrado
    EscribiendoCine
    Misión imposible

    Para aquel que lo dude y piense que no es posible, sí, la película entera transcurre con el protagonista enterrado en un cajón bajo tierra. Si esto le despierta suficiente curiosidad, y decide acercarse a vivir esta extraña experiencia, seguro que no se arrepentirá.

    Apenas comenzado el film nos enteramos que Paul Conroy (Ryan Reynolds) es un chofer de camiones de una compañía estadounidense que fue enviado a Iraq junto a otros empleados. Un grupo de iraquíes atacan los camiones y, mientras muchos mueren en el ataque, Paul, termina enterrado adentro de un cajón. Su comunicación con el mundo exterior es por un teléfono celular que le dejan sus secuestradores y esa será su única herramienta para salir de allí. Claro que la batería del mismo está por la mitad y también el aire que respira es limitado, por lo cual sus posibilidades de sobrevivir parecen nulas.

    También sobrevivir a la experiencia cinematográfica de contemplar por una hora y media a un hombre adentro de un cajón parece improbable. Sin embargo, el director Rodrigo Cortés la hace más que posible y, lo que es mejor, entretenida. Desde la primera imagen el espectador vive y sabe lo mismo que su protagonista, lo cual es más desesperante aún. Un representante del gobierno americano encargado de toma de rehenes en Iraq tendrá en sus manos su liberación, pero ni Paul ni el espectador sabrán si verdaderamente hacen algo por él pues sólo escuchamos la voz en off del teléfono.

    La utilización del sonido es explotada de tal manera que el mundo exterior está presente pero no visible y su eficacia en pos del suspenso permite agilizar la trama. Al no saber más que el protagonista se crea una tensión dramática que aumenta la desesperanza y la consternación, y el alivio nunca aparece.

    Claro que el uso de estos recursos y el novedoso planteo del film no son suficientes para hacerlo interesante. Por eso cabe decir que la obra también merece crédito por cómo logra representar el miedo del protagonista. Los estados que vive Paul a lo largo de todo el film tienen tal verosimilitud que producen que nunca se presente como inverosímil la propuesta del film. La angustia de saber que no verá más a su familia, la indignación e impotencia frente a la gente que supuestamente debería socorrerlo (que piensan más en la diplomacia que en él) y la desesperación de estar viviendo la propia muerte son los tópicos que hacen que Enterrado (Buried, 2010) supere las expectativas.

    Este film puede no ser del agrado de algunos espectadores a los cuáles les resulte una experiencia de mal gusto o simplemente, como el cine de terror, les provoque emociones indeseables. Pero se debe resaltar que el director nos recuerda co
    n este film que, con bajos presupuestos y buenas ideas, el cine siempre sobrevivirá.
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  • Whisky con Vodka
    Whisky con Vodka
    EscribiendoCine
    Luz, cámara, trago y acción

    El film del director alemán Andreas Dresen es una de esas películas que tienen como escenario principal el de un set cinematográfico. La intención metadiscursiva aparece sola y lo hace con ingenio e ironía, dejando traslucir las pequeñas miserias humanas. Cada personaje puede así lucirse y mostrar sus distintas facetas. Con el encuentro de todas ellas este film se permite jugar y lograr divertir como si se estuviera riendo de sí mismo.

    El principal protagonista de Whisky con Vodka es Otto Kullberg (Henry Hübchen), un actor de cine de larga trayectoria que ya ronda los sesenta años. Su problema con el alcohol lo alejó por un tiempo de su trabajo y ahora, citado para un nuevo proyecto, decide retomar su carrera. En las primeras escenas a rodar Otto se presenta borracho en el set, por lo cual los productores deciden asegurar su film ante una posible recaída del actor. Para ello acuerdan realizar las escenas de Otto por duplicado, convocando para esta misión a un actor de teatro sin experiencia en cine y más joven que él. Esto enloquecerá a Otto pero también vivirá el rodaje como un desafío y una tragicómica autorreflexión sobre su vida y carrera.

    La película refleja en forma contundente aquello que ya aparece en películas que toman al cine como su tema principal. Esto es: que la construcción de una ficción tiene tanto de ficción como la que se intenta realizar. Desde aquí se desprende una ácida mirada hacia el mundo de los actores. Se los presenta como seres egocéntricos, en busca de una constante reafirmación, ya sea a través del reconocimiento de sus pares, del director o bien a través de la conquista sexual.

    Whisky con Vodka (Whisky mit Wodka, 2009) indaga sin embargo un poco más allá de este cliché sobre el mundo actoral y es aquí dónde se produce un desarrollo más original de la temática. Tanto Otto como Bettina (Corinna Harfouch), la otra actriz del film en rodaje, ya son actores consagrados, que brillaron en la pantalla cinematográfica. Aquí el cine se vuelve sobre sí mismo, pues tematiza de esta manera la idea del tiempo, una de la principales cualidades que define este arte. El tiempo cinematográfico es el de lo infinito, del presente eterno. En cambio, fuera de este, queda una realidad finita, donde nada detiene el constante devenir. Aquí están Otto y Bettina haciendo una lectura de lo que fueron y ya no son. Y en el medio de todo esto una película que rodar, un set de filmación y dos ficciones que se mezclan creando un paralelismo.

    Resulta imposible ver este film (y de seguro realizarlo) sin tener presente el film de Francois Truffaut La noche americana (La Nuit américaine, 1973) película sobre un rodaje dónde él mismo actúa y asume el rol del director. Esta referencia obligada se debe a que pareciera ser que el séptimo arte necesita películas que lo tengan en la mira y le recuerden de vez en cuando la pasión, la locura, el talento, los infortunios, la avaricia, la belleza y la nostalgia que lo rodean. Estas verdades son su esencia y lo convierten en ese objeto de deseo llamado cine.
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  • Yuki y Nina
    Yuki y Nina
    EscribiendoCine
    La madurez de la infancia

    Quien decida acercarse a ver este film de Hippolyte Girardot y Nobuhiro Suwa estará aceptando liberar su mente a una interpretación que apela a buscar nuevos sentidos para el mundo infantil. La propuesta puede resultar interesante si es que se acepta y si se logra conectar con las imágenes y los tiempos que para ello se presentan.

    La historia de Yuki & Nina (2009) es simple: los padres de Yuki (Noë Sampy), una nena de aproximadamente seis años, están a punto de divorciarse y su madre decide mudarse de Francia a Japón junto a su hija. La película intentará mostrar de qué manera esta situación conmueve la vida de Yuki, para quien su amistad con Nina se verá especialmente afectada cuando vivan en países distintos.

    Esta clásica situación en la vida de un niño, cuando debe sin quererlo afrontar sus primeras pérdidas y chocar con el mundo adulto, lo deja en una situación frágil y vulnerable. Yuki también padece esto pero ante la adversidad decide actuar. Para evitar el divorcio, creará un plan junto a Nina para llegar al corazón de sus padres, poniendo así en claro que los niños apelan a las emociones, que son su mundo cotidiano, pero que también saben cómo hacer que las cosas cambien.

    La película abre otra idea: que hay un abismo entre el mundo de los adultos y el de los niños, un lugar al que los padres no acceden y al que, quizás, no deben acceder. Una forma de conexión de los niños con la realidad que está por encima del entendimiento de aquellos. Yuki & Nina afirma algo con esto: que los niños no son esos seres a los que les faltan herramientas frente al mundo que les toca vivir. Por el contrario, son personas que se autodefinen y no sólo por oposición al mundo adulto.

    Para presentar estas ideas el film se identifica con una estética en la cual los planos no están al servicio del dramatismo sino que intentan generar una cercanía con Yuki, acompañando su perspectiva y sus sentimientos. El tiempo espera las emociones de los personajes, y hay esperas que son silencios, vacíos que significan, y que son espacios necesarios.

    Luego la historia va adquiriendo un color más poético que está al servicio del cambio que Yuki está atravesando y que intenta unir simbólicamente dos mundos dispares, el de Japón y el de Francia pero también todos sus mundos que se van dividiendo: el divorcio, su separación de Nina, de su padre, de su país.

    Cuando se desea mostrar la complejidad de ciertas relaciones o situaciones, en ciertas películas se desafía al espectador a decidir hasta dónde dejará que una obra cinematográfica lo haga vulnerable a nuevas imágenes, nuevas propuestas. Yuki & Nina está esencialmente atravesada por este desafío y allí puede ganar en riqueza o bien perder al espectador. Depende de cada uno de qué lado dejará caer la bola.
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  • Ni dios, ni patrón, ni marido
    Ni patrón, ni marido, ni dirección

    En Ni dios, ni patrón, ni marido (2009) los códigos cinematográficos aparecen desaprovechados. Esto es notorio en la actuación, en los tiempos, en los diálogos, en el montaje. La película de la directora española Laura Maña tiene la gran ventaja de poseer un elenco de figuras convocantes como Daniel Fanego, Laura Novoa o Jorge Marrale. Sin embargo, esto no impide que la película pierda consistencia.

    Eugenia Tobal interpreta a la anarquista uruguaya Virginia Bolten, quien se convertirá en una activista por los derechos de la mujer en una Buenos Aires de la segunda mitad del siglo XIX. Esta mujer junto con la ayuda de tres obreras de una fábrica textil serán las iniciadoras del diario “La Voz de la Mujer” que intentará concientizar a todas aquellas trabajadoras y mujeres de todas las clases sociales sobre el sometimiento y la explotación de género. Esta acción revolucionaria será la causante de los problemas con la policía, con los propietarios de la fábrica y con el género masculino en general.

    Por otro lado, la película abre otra historia, la de Lucía Boldoni, el personaje de Esther Goris, una cantante de ópera, novia de un senador interpretado por Daniel Fanego y pretendida por Federico (Joaquín Furriel) el joven sobrino del jefe de la fábrica textil. Este triángulo amoroso y el paulatino interés de Lucía por la causa de las obreras siendo ella parte de un mundo burgués será uno de los conflictos que desarrollará el film. Esta línea argumental gana protagonismo por sobre la de Virginia así como también en escenas, muchas de ella ciertamente de más y para lucimiento personal de la actriz Esther Goris.

    Dado que el film intenta dar cuenta de hechos reales, a través de escenas a veces forzadas y de extrema irrealidad, se pretende mostrar qué es la explotación y el abuso sobre las mujeres. La proclama política de Virginia está explicitada en más de una oportunidad con extrema solemnidad para que a nadie se le escape la importancia de dichas ideas. Los diálogos de los senadores y demás políticos discutiendo sobre las bondades de la guerra están recreados de modo tan artificial como aquellas que pretenden aportarle al film cierto costado melodramático.

    La idea de llegar al público con la historia de esta activista política es interesante pues la vida y la lucha de ella lo fueron. Si de estos hechos la directora considera posibles nuevos planteos acordes a los expuestos, doblemente interesantes. Pero el cómo hacerlos interesantes es un problema únicamente cinematográfico y aquí esta la falla de Ni dios, ni patrón, ni marido. El recrear una época a través de la puesta en escena no es un mérito en sí mismo y esto parece confundir a la directora. Esto termina por debilitar un tema que tenía contundencia argumental.
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  • El rebelde mundo de Mía
    Rebelde con causa

    Con un registro cercano al género documental El rebelde mundo de Mía (Fish Tank, 2009) retrata la vida de una adolescente en los suburbios de Inglaterra, con una familia disfuncional y en un ámbito que la desafía a cada paso a perder sus últimos rasgos de inocencia. La directora Andrea Arnold explotó eficazmente las dotes de la joven actriz. Esto, sumado a la mirada subjetiva de Mía que adopta el film, produce la dosis justa de densidad dramática sin caer en un drama angustiante sobre la marginalidad.

    El mundo que rodea a Mía (Katie Jarvis) es inarmónico y se refleja en ella a través de sus modos agresivos hacia los demás. El espacio que transita son los pasillos sucios y angostos de un monoblock y los ambientes precarios apenas subdivididos de su casa. Una casa pequeña, desordenada y, de no ser porque se trata de cine, se podría decir hasta maloliente. Su madre alcohólica con toda su carga violenta y su pequeña hermana grosera y enviciada como la madre son sus personas cotidianas. A ellas se sumará Connor (Michael Fassbinder), el novio de turno de la mamá de Mía y al parecer el único que despierta su atención con sus intenciones entre dulces y paternales.

    El título original de la película posee su simbolismo en esta historia: fish tank es una pecera y el film habla también del espacio y por metonimia de ocupar un lugar. Pero parece haber también dos imágenes que el film busca cargar simbólicamente en la identidad de esta muchacha. Una de ellas es un caballo blanco, propiedad de unos chicos que viven en un descampado, y al cual mantienen atado con cadenas. Mía irá en repetidas oportunidades a intentar liberarlo.

    Por otro lado, ella quiere ser una bgirl, o bailarina de Hip Hop, una danza originaria de los barrios marginales de Nueva York. Este baile tiene algo de masculino, a la vez que, en la mujer, los movimientos deben tener una carga de sexualidad. En fin, una baile que representa fuertemente la personalidad de Mía. Será Connor quien le ofrecerá su ayuda para entrar a una audición de baile y al parecer el único que desde su carisma y seducción puede penetrar en el mundo de esta quinceañera. Pero eso no es todo lo que Connor parece querer de Mía, y se relacionará con ella por momentos como un padre y en otros como hombre. En ese juego límite de tensión y ambigüedad queda atrapado el film y por supuesto Mía.

    A veces la realidad mostrada de manera tan cruda moviliza por sí sola y esto es algo que el film aprovecha significativamente. Pero el principal mérito es haber logrado y captado el trabajo impecable desarrollado por Katie Jarvis. Todo acontecer aparece reflejado en su cuerpo y en su rostro y así se logra esa sensación del presente que por momentos agobia y que pide un respiro. Y en cada detalle el film rebela lo que, al final de cuentas, ella verdaderamente es: una adolescente más, con sus deseos de descubrir, de buscar a alguien o algo que la identifique, y ennoblecida con una inesperada dulzura.
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  • Campo Cerezo
    Campo Cerezo
    EscribiendoCine
    Extraña y fallida comedia

    Campo cerezo (2010) se podría definir como una comedia de enredos sin grandes pretensiones argumentales. Se juega con la exageración y lo absurdo, pero falta un efectivo engranaje y actores más acordes. Esto produce que el espectador advierta sólo el artificio. Los recursos de humor están demodé y en ningún momento generan la comedia.

    Una condesa rusa, Ivana Malova (Marta Bianchi), y su mano derecha, un joven diseñador, llegan a la Argentina al pueblo de Laprida en la provincia de Bs. As. Su idea es comprar Campo Cerezo e invertir para criar chivos de Angora y reproducirlos. Allí llega también Nucha (Ana Yovino), quien luego de pasar cuatro años en la cárcel sale con libertad condicional y se reencuentra con su abuela, la dueña de la propiedad. Nucha sabe que su fallecido compañero le dejó las joyas de su último robo en algún lugar de Campo Cerezo y pretende recuperarlos. Sin embargo, la policía y otro de los ladrones del robo también lo saben y desean el tesoro.

    En el medio hay personajes varios que se suman al enredo: la ya mencionada condesa y su compañero, una especie de vidente, Bobby Maravilla; una amiga de Nucha y también ex ladrona, el veterinario del pueblo y otros más.

    La película de Patricia Martín García delata una factura poco profesional en lo que respecta a la edición. Por ejemplo, la finalización de algunas escenas es retardada y los personajes quedan “pagando”. También hay escenas o fragmentos que están claramente de relleno y su integración en la totalidad no resulta del todo convincente.

    Más allá de esto, el film busca un tono costumbrista y adopta una mirada jocosa respecto de ese pueblo y sus vicios. De ellos se sirve para los momentos de humor: la viveza criolla, los policías vagos e inservibles, la desafortunada realidad de que todos se conocen y todos saben de la vida ajena. Además, se pretende jugar con los gags físicos que están reforzados por sonidos externos de tipo circenses.

    Sin embargo, ningún personaje genera la necesaria comicidad que debería pues ninguno de ellos es un actor de comedia (excepto quizás Roly Serrano, a quien el personaje de policía estilo Jefe Górgory de Los Simpsons le sentó cómodo) por lo cual los chistes parecen mecánicos y quedan frustrados.

    El tono o intención (y sólo esto) de este film argentino se podría comparar con el que posee Los bañeros más locos del mundo (1987). En esta clase de películas se intenta hacer lucir a los comediantes y como de hecho lo son, y efectivos, la comedia surge más allá del lenguaje cinematográfico y todos los absurdos son bienvenidos.

    Si una posibilidad de Campo cerezo era tener un tono disparatado, como de hecho se da a entender con el final del film, entonces se hubiera redimido porque su registro bizarro y ochentoso (temática y técnicamente) no desentonaría en absoluto. Pero lamentablemente Campo cerezo se queda a mitad de camino y en esta falta de determinación se pierde tanto el disparate como la comedia.
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  • Une affaire d'amour
    Une affaire d'amour
    EscribiendoCine
    Sensatez, sensatez y sentimientos

    Este film francés dirigido por Stéphane Brizé es una obra sobre lo no dicho: cada gesto, cada mirada y cada palabra tienen un peso significativo, a los que el espectador deberá dirigir su atención. La película, adaptación de una novela de Eric Holder, concreta con artística belleza la idea del romance.

    Jean (Vincent Lindon) es un devoto padre de familia que dedica sus días a trabajar como albañil y en su tiempo libre cuida y acompaña a su enfermo y longevo padre. Un día en que Jean debe recoger a su hijo a la escuela conoce a Véronique (Sandrine Kiberlain), la sosegada y tímida maestra de Jérémy (Arthur Le houérou), quien al día siguiente solicita a Jean si estaría dispuesto a dar una charla a los alumnos sobre su trabajo. La atracción de Véronique hacia Jean es inmediata y encuentra en una ventana rota de su departamento la excusa perfecta.

    Lo que hace el encuentro más intrigante es que ninguno de los dos protagonistas parecen el tipo de personas que se animarían a mantener una relación de amantes, característica que no se disipa en ningún momento del film. Es así que cada encuentro esta rodeado por un halo de respeto, vergüenza y pasión reprimida en el que cada uno se atendrá a los límites mentales que le impiden consumar su amor.

    El deseo de verse nuevamente hace que Jean encuentre en la música la excusa perfecta para continuar sus encuentros. Tras un fervoroso pedido de él, Véronique accede a tocar una pieza en violín y a partir de allí las melodías se convierten en el leit motiv de su relación. La conexión que hay entre ellos está mostrada de una forma muy sutil: con miradas, con caricias, con mensajes, con excusas absurdas. Y aquí reside el mérito del film.

    A medida que ellos se conocen se advierte en Jean un notorio cambio de humor y un naciente deseo por Véronique. Sin embargo, las obligaciones familiares están allí para marcar el límite y crear la culpa y el dolor, dejando en el miedo y la frustración de cualquier deseo hacia esta mujer. Por su lado, la tristeza que se vislumbra en el rostro de ella parece ahuyentarse estando con Jean. Su vida como maestra nómade imposibilitada de establecer lazos duraderos parecería estar llegando a su fin cuando aparece una leve esperanza en su relación con él.

    Ya promediando el film, parecería estar todo dicho: ninguno de los dos muestra algún indicio que marque un futuro para ambos. Y esta sensación se mantiene hasta el retardado clímax de la historia que marca la necesaria y esperada definición.

    Cuando muchas películas actuales imponen un modo de sentir, de seducir, de mirar, de conquistar o de amar, acercarse a un film como Une Affaire d’amour (2009) ayuda a desarticular la hegemonía de ciertas representaciones gastadas.
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  • El hombre solitario
    El hombre solitario
    EscribiendoCine
    Bastardo sin Gloria

    Un hombre solitario (Solitary Man, 2009) está sostenido principalmente por la caracterización que realiza Michael Douglas de este sujeto particular que no acepta el paso del tiempo. La clave, entonces, es enfocarse en su protagonista. Sus dos directores, Brian Koppelman y David Levien, conciben así un film de cierto intimismo tragicómico con sólo algunos toques de producto hollywoodense, y con participaciones de calidad como la de Susan Sarandon y Dany DeVito en roles secundarios pero no menores.

    Ignorar y negar. Esa es la actitud compulsiva de Ben, el personaje de Michael Douglas. Al comenzar el film, su médico le vaticina una enfermedad cardíaca, pero él prefiere no pisar nunca más un consultorio a realizarse los estudios correspondientes. Seis años después, su vida es la de un hombre cincuentón que se niega a aceptar el paso del tiempo, pidiendo a su nieto que lo llame papá y no abuelo, seduciendo a mujeres menores de 20 años y minimizando los consejos de su ex esposa sobre su dieta alimenticia.

    Inescrupuloso tanto en los negocios como en la vida, en vez de generar una relación paternal con la hija de su novia, la seduce y se acuesta con ella. Pero como no siempre las cosas salen bien, aquello que Ben también ignora es que todo lo que hace o le hace a los demás tiene sus consecuencias y que todo, en algún momento, vuelve. Su vida comienza entonces, a partir de allí, un duro y, por supuesto, solitario descenso.

    Existe un recurso en el grotesco, género teatral popularizado por Armando Discépolo, llamado caída de la máscara. Es el momento en el cual el personaje toma conciencia de lo que es. Esto suele ser su ridiculez y su patetismo; algo que todos a su alrededor ya reconocían con anterioridad. Ben percibe su propio tiempo, en el cual continúa siendo el galán universitario, el empresario exitoso que alguna vez fue tapa de la revista Forbes, el treintañero cuya salud no representa un obstáculo para continuar con su adolescente estilo de vida.

    Su hija, su yerno, su ex mujer y hasta las mismas mujeres que conquista intentan devolverle otra imagen, muy distinta a la que él percibe de sí mismo, pero él permanece inmune a cualquier mensaje. Es innegable que su comportamiento frente a la vida despierta cierta tristeza (tanto a sus familiares y amigos como a los espectadores) pero con ciertas dudas al respecto también. El verdadero motor del film es el camino de debe recorrer Ben para reencontrarse con su presente y con su verdad, que dada su facilidad para evadirlos, será más bien un fuerte golpe que un encuentro.

    Son contadas las veces que Holywood se atreve a dejar de lado el suspenso, la acción, los efectos especiales, o el sexo para darle espacio a historias que buscan apelar al espectador desde otro lugar. Sin grandes pretensiones, Un hombre solitario muestra un film con aspiraciones comerciales pero sin grandes concesiones argumentales.
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  • Como perros y gatos 2
    Como perros y gatos 2
    EscribiendoCine
    Nuevos códigos en el mundo animal

    ¿Quién dijo que perros y gatos no podían ser amigos? Al menos esto es lo que propone la secuela del film Como perros y gatos (Cats & dogs, 2001). En esta oportunidad ambas especies deciden unir sus fuerzas para cooperar en una nueva misión: salvar al mundo de las malvadas garras de Kitty. Con una propuesta aparentemente infantil, el film presenta pequeños guiños y disgresiones que pretenden captar también a un público adulto.

    Kitty, una temible gata sin pelos, intentará hacer sonar desde un satélite un sonido que volverá locos a los perros. Se vengará así de la raza canina responsable de su desgracia estética; y de los humanos, por haberla echado de su hogar al verla convertida en ese horroroso animal sin pelos. Para detener a Kitty estará el equipo de Butch, el ya conocido labrador blanco de la primera parte, quien esta vez reclutará a Diggs, un perro policía aislado de la fuerza por mala conducta. Completan el equipo una paloma mensajera y por último la agente Catherine, una gata gris de la organización MIAU, de la que Kitty desea vengarse también.

    Se podría afirmar a simple vista que esta comedia apela a conquistar a un público infantil. Los animales hablan, realizan travesuras y copian el mundo humano. Pero a pesar de eso la película apela también a un espectador adulto o, para ser más específicos, a un espectador capaz de entender y responder a los chistes que las ingeniosas parodias a otros films producen.

    Kitty Galore resulta desde esta lectura una versión felina del Guasón, quien tras ser amenazada por un perro cae en una olla similar a un ácido fluorescente llena de cera depilatoria. El collar de Butch es una versión del cinturón al que Batman acude ante sus diversas misiones. Y para coronar estas alusiones está el Sr. Tinkles (el gato blanco de la parte uno de la secuela) encerrado en una cárcel de máxima seguridad al estilo de Antony Hopkins en El silencio de los inocentes (The silence of the Lambs, 1991). Los guiños de este tipo están presentes a lo largo de todo el film y son un ingrediente que explícitamente busca la participación de un público adulto para la segunda lectura que los niños tendrán que dejar para más adelante.

    Con una mezcla de acción en vivo y animación por computadora en 3D, la película se maneja con los códigos del género de acción y suspenso para jugar con ellos y parodiarlos a la vez que resultan eficaces a la hora de mantener al espectador atrapado por la trama. Sin dejar de lado por supuesto un cierto toque sentimental que permite lograr el necesario final feliz.

    Como ya se dijo, la amistad entre las dos especies es una temática reiterada a lo largo del film y será la gran revolución que, como el final evidencia, continuará en una tercera misión.
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  • La danse: El Ballet de la Opera de París
    La práctica hace la perfección

    El realizador Frederick Wiseman expone el funcionamiento del Ballet de la Ópera de París. Lo que vemos en la pantalla son bailarines, coreógrafos, músicos; todos ellos uniendo sus saberes y esfuerzos para construir y dar forma a las obras clásicas y contemporáneas del ballet. La danse, el Ballet de la Ópera de París (2009) podrá verse exclusivamente en la Sala Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530).

    El documental intenta que nos adentremos en el ritmo vertiginoso y disciplinario que tienen las clases y ensayos. Casi no hay momentos de distensión, al contrario, la exigencia parece demasiada para concederle tiempo al ocio. Los aspectos administrativos de la institución, guiados por su directora artística, y finalmente el resultado final del todo, es decir, las funciones, completan el panorama de este peculiar submundo.

    Palpitar un poco la trastienda del universo del ballet implica posicionarse en el mismísimo proceso de “producción”, por decirlo de algún modo. La elegancia, lo etéreo, la liviandad, la docilidad de los cuerpos que el público ve en escena al contemplar un ballet son el producto de una serie de mecanismos, reglas, aprendizajes, y sacrificios. Donde un espectador cualquiera aprecia un bailarían girando sobre su eje con una magnífica soltura, elegancia y armonía, la otra cara nos devuelve una realidad distinta: una suma de músculos contraídos, de esfuerzos y trabajos sistemáticos de un grupo de personas dedicadas y apasionadas por la danza.

    Ahora bien, este documental no deja de ser una obra cinematográfica. El director junto con su cámara se convierten en objetos invisibles dentro de cada lugar donde se posicionan. Y eso es más que notorio pues nunca nadie alude a su presencia ni parece perturbar en absoluto la continuidad de las actividades. Esta habilidad le permite sentir al espectador que él está allí sin mediación de la cámara lo cual ayuda a interiorizarse con este mundo. Sin embargo, la sensación general es que por momentos todo se torna muy repetitivo, y tal vez un uso más diverso del montaje podría haber revertido dicha sensación generando una dinámica visual que ciertamente falta. Es cierto también que los films de Wiseman (quien ya tiene amplia trayectoria introduciéndose como observador de distintas instituciones) suelen tener este estilo más allegado al cinema verité y por eso se torna difícil criticar su obra como si fuera cualquier otro documental, por lo cual se deben considerar las limitaciones que este estilo propone.

    Las dos horas y media de duración sumada a su monotonía temática y visual pueden resultar tediosas para aquel que no tenga al ballet dentro de su círculo de intereses artísticos. Pero si el acercamiento posee una mirada curiosa y deseosa de conocer más sobre el mundo de la danza este es el film indicado.
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  • Partir
    Partir
    EscribiendoCine
    El amor mata

    La directora y también guionista, Catherine Corsini, desarrolla en Partir (2009) una historia atrapante. La habilidad en el uso de los recursos fílmicos distingue al film y evita que este caiga en los lugares comunes que los dramas románticos suelen tener.

    Partir tiene un comienzo impactante. En la primer escena del film vemos a Suzane (Kristin Scott Thomas) salir de la cama de su cuarto y a su esposo durmiendo. La cámara acompaña a la protagonista hasta que sale de cuadro. La siguiente imagen muestra el exterior de la casa en plano general con la noche de fondo y ahí se escucha el claro disparo de un arma. La continuidad de esta escena queda inconclusa y el film se transforma en un largo flashback que nos remonta a seis meses antes de ese momento.

    Suzane es una fisiotereapeuta que tras retirarse de la profesión 15 años decide construir una clínica propia en su casa. Su apariencia es la de una mujer feliz, con un matrimonio armónico y dos hijos adolescentes que completan el retrato de la típica familia burguesa. Este retrato comienza a desdibujarse cuando Suzane decide tener un romance con Iván (Sergi López), el albañil catalán que trabaja en su clínica y para ello decide enfrentar a su esposo Samuel (Yvan Attal). La relación se transforma en algo más que un affaire y la posibilidad de consumar dicho amor es el punto de inflexión que pondrá en crisis los valores y prioridades de la vida de Suzane.

    No suele ser lo ideal enmarcar las películas en una tipología pero, si se hace, lo interesante es destacar su unicidad (si es que existe). Partir pertenece a la clase de films que interpelan al espectador, que pueden llegar a incomodar pues generan una cierta complicidad o empatía con el/los protagonistas frente a las elecciones que les tocan vivir. Este planteo se manifiesta en diferentes modos pero quizás la crisis de pareja y la posibilidad de un futuro mejor con otra persona sea una de las más explotadas cinematográficamente.

    Partir incursiona en esta idea pero no se detiene en la mera pregunta “¿y si…?” y esto es quizás lo que el film tiene de distinto y de audaz, y lo que convierte a Suzane en algo más que una psique femenina standard. El camino que decide emprender comienza a delinear cierta imagen de heroicidad que la enaltece pero que abre también el camino del sacrificio arriesgando también la identidad.

    Antes se habló del impactante comienzo del film. Ahora se debe acotar astuto y preciso. La directora logra con una pertinente alteración de la estructura temporal crear y mantener hasta el final el suspenso que ese disparo del principio despierta. La idea de retomar el comienzo al concluir el film no es ciertamente novedosa pero si esta no es utilizada apropiadamente nunca resultará eficaz. En este sentido, el título del film también colabora a abrir la ambigüedad y generar la incertidumbre en el espectador. Este inteligente giro hitchckoniano sumado a la audacia argumental convierten a Partir en una película interesante, lograda y desafiante.
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  • Océanos
    Océanos
    EscribiendoCine
    Mundo Marino

    Océanos (Oceans, 2010) es una suerte de continuación de su antecesor La tierra (Earth, 2009), en el cual los recorridos de las cámaras por los diferentes espacios geográficos rebelaba un mundo animal con sus propias reglas, limitaciones y posibilidades. En esta oportunidad, los directores Jaques Perrin y Jacques Cluzaud, sumergirán las cámaras en la inmensidad de los océanos.

    Y como si esto no diera suficiente muestra de la conciencia ambientalista de Disney, las imágenes también tomarán partido sobre los peligros que corren las especies marinas, señalando al hombre como principal culpable de dichos daños. La voz en off que guía el film es la de un abuelo que responde a su nieto la pregunta que despierta su interés y por supuesto la del film: ¿qué es el océano? Por tanto la película se abre con la mirada del niño puesta en esta gran incógnita y desde allí el film nos sumerge literalmente en las aguas marinas.

    El espectador no podrá más que admirar y sorprenderse con cada una de las escenas. Las ballenas, las focas, los delfines y demás animales son captados en su hábitat natural; y su conducta (que cinematográficamente se convierte en significativos gestos, movimientos y miradas), parece por momentos una puesta en escena de un film de ficción más que de un documental.

    Esta idea ya aparecía en La tierra y sigue logrando la misma eficacia que en aquella película. No deja de despertar ternura cuando se lo propone o bien rechazo hacia las conductas salvajes que en el mundo humano son condenables: la conocida ley de la selva. A medida que avanza el recorrido por el mundo oceánico también se avanza en rareza de especies. Algunos peces parecen verdaderos engendros marinos y otros despliegan una belleza de colores y formas digna de ser admirada.

    El acercamiento extremo con cámaras al mundo animal nos conduce irremediablemente a establecer comparaciones con los documentales del Discovery Chanel o Animal Planet que la mayoría de nosotros ya conocemos. Sin embargo, en Océanos hay una rigurosidad y un planteo cinematográfico que no tienen aquellos y que por tanto la alejan del registro televisivo.

    Por otra parte, en su afán por promover al film a este lugar diferente surge esta intención moralizante respecto del hombre y su maltrato a los animales. Esta idea se concreta con el recorrido del abuelo y el niño por un museo de especies extinguidas y por otro lado, se muestran los buques pesqueros en plena matanza de los grandes peces que minutos antes nadaban libres por el mar.

    Sería engañoso no mencionar al posible espectador de este film que la hora y media de duración puede resultar un poco larga y por momentos soporífera, a lo cual el color azul predominante colabora bastante. Teniendo en cuenta dicha mención este documental merece considerarse porque su realización resulta tan majestuosa como aquello que se desea mostrar y esto le aporta un interés extra.
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    EscribiendoCine
    ¿El fin de los superhéroes?

    En Kick Ass (2009) el director Matthew Vaughn lleva a la pantalla grande un cómic estadounidense. La estética de la película y su tono paródico general son elementos que la acercan a la comedia pero ciertas escenas y líneas argumentales oscurecen la propuesta del film y así su intención inicial se revierte generando un dramatismo que no parece armonizar con la totalidad.

    El film nos introduce en el mundo de tres muchachos adolescentes cuyas cualidades los hacen encajar con los típicos “perdedores” del secundario. Entre unas de sus cotidianas charlas Dave (Aaron Johnson), un estudiante aficionado del cómic, pregunta sorprendido a sus amigos por qué nunca nadie quiso convertirse en un superhéroe. A lo cual estos responden que obviamente se debe a que nadie posee superpoderes, lo cual negaría toda posibilidad para que ello suceda. Su cobardía y torpeza no impiden sin embargo que Dave de rienda suelta a su ocurrencia y con un ridículo disfraz comience a crear a este anti superhéroe llamado Kick-Ass que en muy poco tiempo se hará popular a través de los medios y llevará a cabo sus misiones a través de pedidos en la cuenta de My Space.

    Con cierta reminiscencia al film Supercool (2007), el comienzo de la película tiene algo prometedor en cuanto a las pequeñas conversaciones y vivencias adolescentes permitiendo un tono de comedia que después no se logra mantener. La voz en off del protagonista comentando al espectador sus pensamientos alcanza una complicidad interesante que divierte, así como también lo hace su apariencia torpe y poco masculina.

    Sin embargo, la historia vinculada a la mafia tiene un lado demasiado oscuro y cruel y no posee el aire lúdico que el film adopta en un comienzo. Donde la torpeza e inverosimilitud del protagonista lo conducen al ridículo, los villanos están más cerca de ser los mafiosos despiadados de un film de gangsters. Esto no implica tampoco que deban ser objeto de risa pero el bien y el mal parecen aquí dimensiones opuestas no articulables en una misma película.

    Lógicamente, si el espectador conoce el código del cómic puede entrar en este mundo y disfrutar de una película que entretiene y cuya estética realza su valor. Y para el que se quede con ganas de más, el final ya sugiere una posible continuación.
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  • Regreso a la mansión Brideshead
    Atrapados sin salida

    Regreso a la mansión Brideshead (Brideshead revisited, 2008) nos introduce en una trama cautivante. En este film de época (período de entreguerras), la historia nos permite acceder a un mundo donde la libertad es una ilusión y donde todos quedarán encerrados en una realidad artificial en decadencia pero que se perfila como única e invencible.

    El film comienza con la voz en off del protagonista, Charles Ryder (Matthew Good), quien en un breve prólogo nos hace partícipes de sus sentimientos sobre la historia a desarrollarse. Enseguida se da inicio a un largo flashback que nos sitúa 10 años atrás. En este tiempo, Charles conoce en el campus de la Universidad de Oxford a Sebastian (Ben Whishaw), un joven aristócrata con quien inicia una relación de amistad que rondará la ambigüedad por la inclinación homosexual de este último.

    El lugar que gana protagonismo dramático en el film es Brideshead, la mansión de la familia de Sebastian, que con su magnificencia cautivará a Charles tanto como lo hará su hermana Julia (Hayley Atwell). Más allá del triángulo que construyen estos tres personajes, se encuentra Lady Marchmain (Emma Thompson), la madre de los hermanos. Es ella quien le otorga el verdadero sentido dramático a Brideshead. Una señora de la clase aristocrática, que moldea su vida y la de su familia de acuerdo a los cánones de la fe católica. Su mirada a Charles es pues de desconfianza: su ateismo y no pertenencia a la alta sociedad no lo hacen digno de la amistad de Sebastian y mucho menos del amor de su hija. Su omnipresencia en la vida de sus hijos marcará un fuerte determinismo en el destino de estos.

    Lo cierto es que Regreso a la mansión Brideshead nos sitúa antes que nada en un contexto. El período de entreguerras en una Londres signada por los prejuicios de clase y religión, pero que también es un universo ya en crisis. En este escenario se debatirán los personajes del film, cual marionetas guiadas por una sociedad que no acepta conductas fuera de los límites que impone la religión católica.

    La infelicidad a la que son conducidos los protagonistas los deja en una posición de vulnerabilidad en la cual la presencia de Charles marca un contraste y una posible salida. Este personaje parece ser la opción de Sebastian y Julia para salvarse del destino de culpa al cual los induce la sociedad y la propia familia. Pero la película se encarga de mostrar que esto no parece viable. Desde la puesta en escena la película construye la idea de lo laberíntico para el personaje de Charles. Atraviesa largos pasillos, puertas y arcadas que refuerzan esa idea. La sensación de que no hay escapatoria termina por encerrar a Charles en el mismo espacio “brideshoniano”.

    Como se dijo anteriormente, la historia logra cautivar al espectador. Pero la sugestiva puesta en escena consigue consagrar doblemente el mérito del film.
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  • El plan B
    El plan B
    EscribiendoCine
    Embarazosa Comedia

    Realizar una comedia romántica actualmente es un verdadero desafío, si es que sus realizadores pretenden inyectarle una dosis de originalidad a un género que Holywood mantiene como uno de sus preferidos. En El plan B (The Back-up Plan, 2010), dirigida por Alan Poul, parece existir esa idea, sobre todo al principio, pero sólo se mantiene en intención.

    Zoe (Jennifer López) tiene un deseo impostergable de tener familia a los treinta y tantos siendo mujer soltera, que la conduce a la inseminación artificial o, como bien lo dice el título, al famoso plan b o back up plan. La soltería de Zoe dura poco tiempo, pues apenas comenzado el film surge un más que obvio deslumbramiento entre Zoe y Stan (Alex O’ Loughlin) que por accidente se encuentran tomando el mismo taxi.

    Este personaje, tanto como el de Mona, la amiga y confesora de Zoe, condimentan el film con cierto humor menos naif. Sus pensamientos y consejos sobre lo que significa ser padres se alejan de un tono alentador. “Es lo peor que te puede pasar” le dice Mona a Zoe sobre la idea de tener hijos. “Horrible, horrible, horrible” repite el nuevo amigo de Stan respecto del sentimiento que despiertan los niños.

    El embarazo y todo lo que este trae consigo es un tema ya explotado en otras películas como Nueve meses (Nine Months,1995)y Junior (1994) y, en general, con cierto humor. Las embarazadas atraviesan un cambio corporal, hormonal y emocional que las convierte en un blanco fácil para transformarse en personajes de comedia.

    Sin embargo, esto no funciona en El plan B. Todas las pequeñas destrezas que hace Jennifer López en el film con su panza a flor de piel son esperables. Vestirse con un ajustadísimo vestido y no poder entrar al taxi; o que luego en la fiesta se le rompa al agacharse son gags que ya no nos sorprenden. Al no sorprender por ser ya conocidos, tampoco generan risa y la intención de la escena se pierde. La mayoría de los chistes son obvios. Los gags resultan exagerados y son predecibles. En realidad, todo el film lo es.

    Si de nuevas formas de maternidad se trata, este ítem queda relegado a un segundo o más bien cuarto plano. El film se introduce en el mundo de las madres solteras, pero la banalización del tema resulta insoportable. La parte de comedia deja mucho que desear y en cuanto a las escenas románticas del film, hay demasiados y conocidos clichés, por lo cual El plan B no logra destacarse de los demás ejemplares del género.
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  • Diletante
    Diletante
    EscribiendoCine
    Cuando no huye el día

    Diletante es la ópera prima de la realizadora Kris Niklison, más conocida por su trabajo como actriz y coreógrafa. Este documental, producido por Lita Stantic, es una mirada a la vida de su madre, Bela Jordan, una mujer de 80 años quien vive sola en su estancia de un pueblo santafesino.

    Este film tiene una particularidad en la forma de representar, a pesar de ser un documental: la cámara se detiene por largos ratos en diferentes objetos que integran la vida cotidiana de Bela a través de un plano detalle (primerísimos planos a objetos o partes del cuerpo).

    En Diletante estos planos crean un mundo de iconicidades que como piezas de un rompecabezas arman el mundo de la protagonista, como ella a su vez arma el propio durante el film. Los anteojos de Bela, la lupa, las arrugas de su cara, el rompecabezas, funcionan como íconos de la vejez. Sin embargo también están allí objetos que una señora mayor no suele poseer: la notebook, el dvd, la sierra eléctrica y el celular con el que Bela manda mensajes de texto. Lo novedoso, lo cambiante, lo efímero está ampliamente integrado a su realidad.

    Este contraste de épocas representado en estos planos, comienza a romper con el concepto de lo viejo y -junto a este- de la muerte. Sí entonces comienza a gestarse la idea del tiempo subjetivo. La misma protagonista afirma que cuando uno llega a los 80 años tiene tiempo de hacer lo que quiere y por eso la describe como “la época más linda de su vida”. Se crea una mirada poco usual en lo referente a la vida en la ancianidad. De hecho, Bela no se perfila como una anciana cansada y aburrida sino como un ser en la plenitud de su existencia.

    Hay dos personas más en su mundo: Cata, su mucama, con quien habla todo el tiempo pero que nunca aparece en cámara; y el peón de su estancia, un hombre aislado y de quien nunca escuchamos la voz pero con quien Bela se comunica. Si bien a este hombre, a diferencia de Cata sí aparece en cámara, se rebela como una incógnita para la propia Bela quien lo observa sin entenderlo.

    A lo largo del film los diálogos (más bien monólogos que mantiene Bela con su mucama) están rodeados por un halo de sabiduría y humor. En cada palabra deja entrever una persona lúcida que no está a la espera de la muerte sino que decide entretenerse como elección de vida. A sus 80 años entiende que el goce, la adaptabilidad, la diversión son pilares que nunca deben perderse.

    Por último, es la propia Bela la que concluye y le da un sentido final al film. De esta forma, el espectador puede llegar a entender por qué razón documentar la vida de su madre resulta una decisión más que acertada por parte de la directora.
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